Roberto Segre: el profesor inconforme
Abstract
Escribir, hablar, comentar o polemizar sobre Roberto Segre, la persona o su obra, es una tarea nada fácil pero si importante para entender la construcción del pensamiento acerca de la cultura material latinoamericana; de esa manera conceptual sintetizaba generalmente un fenómeno tan complejo cuando se refería a la arquitectura y las ciudades, de un continente abigarrado y multicultural, de distinción e identidad particular. Sin embargo, su amplia cultura y capacidad que rayaba en la erudición, le permitió introducirse en el arte y los problemas sociales del continente.
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ACE 23 ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME DANIEL GONZÁLEZ ROMERO Y MARÍA TERESA PÉREZ BOURZAC Cómo citar este artículo: GONZÁLEZ, D. y PÉREZ, M.T. Roberto Segre: el profesor inconforme [en línea] Fecha de consulta: dd-mm-aa. En: ACE: Architecture, City and Environment = Arquitectura, Ciudad y Entorno, 8 (23): 65-76, 2013. DOI: 10.5821/ace.8.23.2602. ISSN: 18864805.
ACE 23 ROBERTO SEGRE: THE NONCONFORMIST PROFESSOR Key words: Roberto Segre, architecture, Latin American material culture. Abstract Write, speak, discuss or argue about Roberto Segre, the person or his work is not an easy but an important task to understand the construction of thought about Latin American material culture. In this conceptual manner he synthesized such a complex phenomenon when referring to architecture and cities, a colorful and multicultural continent, with distinction and a particular identity. However, his broad culture and capability that bordered on erudition drew him into art and social problems of the continent.
65 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME GONZÁLEZ ROMERO, Daniel 1 PÉREZ BOURZAC, María Teresa Remisión inicial: 12-4-2013 Remisión definitiva: 1-7-2013 Palabras clave: Roberto Segre, cultura material latinoamericana. El afortunado encuentro Escribir, hablar, comentar o polemizar sobre Roberto Segre, la persona o su obra, es una tarea nada fácil pero si importante para entender la construcción del pensamiento acerca de la cultura material latinoamericana; de esa manera conceptual sintetizaba generalmente un fenómeno tan complejo cuando se refería a la arquitectura y las ciudades, de un continente abigarrado y multicultural, de distinción e identidad particular. Sin embargo, su amplia cultura y capacidad que rayaba en la erudición, le permitió introducirse en el arte y los problemas sociales del continente. Lo cierto es que Segre, como comúnmente le conocíamos, de intensa vida intelectual siempre causó polémica y debate. De recia personalidad y arrebatada presencia, lo fue hasta los últimos días en los que tuvimos la suerte de compartir sus y nuestras ideas y comentarios. Siempre abierto y dispuesto al diálogo, enfático en sus posiciones teóricas, no se tiene duda que con Segre se ha ido una de las personalidades más influyentes del pensamiento progresista, marxista siempre en deconstrucción, del mundo intelectual de nuestro continente y otras latitudes del mundo en las que se reconoció su genio y aportaciones. Por circunstancias diferentes y en lugares diferentes le conocimos, yo en México y Mayte en Santiago de Cuba. Por mi parte (Daniel) le conocí por los años ochenta y desde entonces tuve la oportunidad de ser su alumno y amigo, no obstante su incesante lejanía territorial envuelta en sus andanzas universales. Mayte lo encontró en una conferencia cuando ella estudiaba Historia del Arte en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Si bien siempre lo tuvimos presente entre nuestros años y días de trabajo académico, animados por los bosquejos de sus ideas y posturas personales, saber de su fallecimiento, lamentable y lamentado por quienes estuvimos de alguna manera cerca de él y de su obra (incluso aún por los muchos que solo lo conocieron por su obra escrita o por momentos entre sus amenas charlas o en las muchas conferencias que impartió por casi toda la geografía del mundo), desataron una cierta necesidad de tomar un tiempo para intentar volver a resumir o recordar, así de simple y complejo, el pensamiento y sentimiento de lo que nos legó, de cerca y de lejos, y atisbar en la 1 Daniel González Romero y María Teresa Pérez Bourzac, son profesores investigadores del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara; miembros del Sistema Nacional de Investigadores-SNICONACYT, México.
66 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez persona que puede por su valía no desaparecer de la memoria de todos, por la trascendencia de su pensamiento y por su legado intelectual regado por los países de América, la original, no aquel nombre del territorio del que por medio del marketing y la costumbre se cuela y trasmite entre los vasos comunicantes de la dependencia, para apropiarse de este; o incluso allí en aquella superficie hacia el norte continental. En este texto se encontrarán una serie cambiante de anotaciones, ya que ambos llevamos un contacto y amistad en tiempos diferentes con el maestro. Es por eso, por la fortuna de habernos contado entre sus amigos, que este trabajo se articula de forma coloquial, para darle el matiz de lo personal y lo libre del ser que ahora añoramos. Si cabe aquí, además, recordar con cariño a Lourdes Martí y Conchita Pedroza, a sus hijos, a quienes yo (Daniel) conocí pequeños en Cuba, personas quienes formaron parte de su irradiada y fragorosa vida. A Roberto lo vimos, y charlamos largamente, por última vez, en Río de Janeiro en el mes de octubre pasado (2012). Conversamos con él durante la celebración del VIII Congreso Internacional Ciudad y Territorio Virtual, en el que nos brindó una brillante conferencia magistral plena de conocimientos y salpicada de anécdotas, esas que acumuló durante su prolífica vida intelectual. Paseamos por Río de Janeiro y cenamos y charlamos largamente -tratándose de la arquitectura y ciudades no se podía hacer de otra forma con elen el famoso restaurant La Chica de Ipanema. También recorrimos las calles de la ciudad, especialmente las que se sitúan a lo largo de la playa de Ipanema y las del barrio de Leblon; allí en este último lugar otro día comimos una pizza y algunas cervezas. Nos contó de su último viaje a Europa, de los edificios de la ciudad y de los libros en los que estaba trabajando sobre la arquitectura de Río; de lo que pensaba y había escrito sobre Oscar Niemeyer y de su relación con este personaje, de su casa en Niteroi. Crítico abierto, como siempre, hablamos de su vida académica en la Universidad Federal de Río de Janeiro, a la que agradecía el cobijo que le dieron. En lo personal (Daniel), me unía a Segre una amistad que fue una suma de afectos y discusiones, pero que siempre fueron una semilla derramada para cultivar convicciones y tareas intelectuales. En mi caso y en el de Mayte, su amistad fue siempre un aliento para seguir estudiando los complejos procesos de las ciudades y de la arquitectura; de las transformaciones que desde el imaginario particular de la modernidad, transferida a nuestros contextos latinoamericanos, han configurado los paisajes urbanos y ambientales de la realidad presente que día a día cobra sus facturas. Lo conocí (Daniel) a través del maestro Rafael López Rangel y estreché su amistad durante su estancia en Guadalajara (México), y luego cuando participé en octubre de 1988 en la presentación del libro La Ciudad: concepto y obra (1987), producto de un coloquio previamente realizado que coordinó el maestro Jorge Alberto Manrique, por entonces director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (en adelante, UNAM), institución que junto con el Instituto Nacional de Bellas Artes (en adelante, INBA) organizó el acto. Asistí a invitación del propio Segre, del que me tocó en suerte resumir y comentar su trabajo; para lo cual fui recomendado por López Rangel, a quien he considerado en mi formación como mi otro maestro. La experiencia de esta convivencia intelectual y las personalidades que se reunieron entonces fue un acontecimiento que marcó una ruta en mi carrera. Se reunieron en esa vez: Xavier
67 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez Rubert de Ventos, Sonia Lombardo de Ruiz, Elisa García Barragán, George Kubler, Corrado Maltese, Carlos Monsivais y Oscar Olea, además de López Rangel y Segre, entre otros importantes estudiosos, quienes transitaron por una intensa discusión sobre el tema. Segre -no faltaba másanimó la discusión con su postura marxista-latinoamericanista, por aquellos años estrechamente vinculado con los procesos de la revolución cubana y los movimientos reivindicativos del continente. Fue así, que ese momento se convirtió en un aliento para confirmar orientaciones y reciclar la jornada hacia mi formación académica y científica, ya que allí, y en el intercambio de enfoques ideológico-académicos con Segre y López Rangel, encontré el refresco para la resaca de mi paso por la Facultad de Arquitectura, cuyo énfasis conservadurista, de oculto y nebuloso, recalcitrante, espectro católico atribuido a su fundador, en la universidad en la que estudié, me había convertido en una especie de germen dañino para las aspiraciones de lo que significaba ser arquitecto y dedicarse a cultivar el pensamiento crítico sobre la arquitectura y sus autores; condición que ha permanecido hasta años recientes, ante los reactivados residuos conservaduristas, que eluden las contradicciones manifestadas por el sistema neoliberal, su impacto, dominante y vigente en las economías del mundo. Pero especialmente tuvimos la suerte de su amistad y gozar de largas conversaciones, de escuchar sus alegatos conceptuales, en Cuba y otras ciudades del planeta, que fueron incluyendo sus sacudidas teóricas de la historia arquitectónica y urbana de América Latina, de sus críticas al capitalismo y de sus clases en la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (en adelante, ISPJAE), institución de la que fue distinguido profesor. Tuve (Daniel) también la suerte de compartir con él gracias y desgracias de la vida intelectual y personal tanto en su casa en El Vedado, como en restaurantes, bares y sitios de La Habana; lo mismo en México y otros países donde pudimos encontrarnos. Durante una visita a Cuba acompañando al licenciado Raúl Padilla, ex-rector de la Universidad de Guadalajara, por entonces Director de Investigación Científica y Superación Académica de dicha universidad, en la que yo fungía como Secretario, compartimos una amplia reunión con Segre, lo que se convirtió después en una importante y amplia cercanía académica con aquel país. Mayte lo conoció en su ciudad, Santiago de Cuba, durante la celebración de un congreso de Arquitectura en el marco de la presentación de su libro Arquitectura y Urbanismo de la revolución cubana. Después de la charla (Mayte), lo encontré y pudimos dialogar acerca del contenido de su publicación y de la importancia de su trabajo, ya que no había hasta entonces ningún texto que tratara de las obras arquitectónicas y urbanísticas resultado del trabajo de la revolución, pues como él explicó los textos con los que se enseñaba en Cuba era de épocas pasadas y de rancia postura conservadora, como eran el de Banister Fletcher y Joaquin Weiss o retraducir los contenidos de los libros de Bruno Zevi, Carlo Gulio Argan y L. Benévolo. Como él había estado en México donde conoció a Daniel, quien habló con él sobre mi persona, tuvo a bien dedicarme su libro en el que anotó una dedicatoria en la que se podía leer “A Mayte, intensamente recordada en tierras mexicanas”. Fue éste un primer encuentro que prosiguió con el detalle de haberle acompañado para asistir a la conferencia que el dictó en la Biblioteca Elvira Cape de la ciudad, sobre la arquitectura y las transformaciones urbanísticas de Roma y París de los últimos años.
68 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez En posteriores momentos tuvimos la suerte de hablar con él y degustar de su pláticas y versiones intelectuales, lo mismo de pasear y charlar amenamente, pues era un gran charlista, pródigo en conocimiento y, contrario a su expresión seria y dura externa de su carácter, sustanciaba sus comentarios y críticas con irónicas, ingeniosas y agudas versiones y anécdotas, tanto suyas -como cualidad escondida le gustaba a veces reírse de sí mismocomo de otros personajes que había conocido y con los que había convivido. Durante los años de su estancia en Cuba tuvo una sensible cercanía con los miembros del poder político e intelectual, durante su etapa revolucionaria más encumbrada. Entre otros con Raúl Castro y con Fidel Castro, a quien entregó y dedicó parte de su obra; con Ernesto “Che” Guevara, Iván Espín, Osmany Cienfuegos, Ricardo Porro, Eusebio Leal, entre otros; además de personalidades como Armando Hart y Fernando Salinas, su gran amigo (con quienes una vez gozamos de su amena charla durante una cena en casa de Hart). Lo mismo sucedió con artistas del canto nuevo: Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Osmundo Machado y Hugo Consuegra tuvieron que ver con su tarea inicial al ver el método y contenido que utilizaban para enseñar. Tuvo cercanía y colaboró con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, donde se relacionó con artistas cubanos contemporáneos y con quien luego fue su compañera hasta sus últimos días, Conchita Pedroza. Ese interesante y lúdico personaje latinoamericano Roberto Segre Prando nació en Milán (Italia), el 14 de octubre de 1934, y murió en Niterói, Río de Janeiro (Brasil), el 10 de marzo del 2013. Argentino por adopción, rastro que nunca perdió, Segre estuvo siempre comprometido con la realidad social que le incluía y con el estudio y la manifestación clara de los problemas y la lucha por resolverlos. Durante los cursos dictados en la Escuela de Arquitectura y los talleres de Autogobierno de la UNAM, en 1977, y durante su estancia como profesor huésped en la Universidad de Guadalajara (lo que gestionamos y nos empeñamos que sucediera), expuso algunas bases conceptuales e ideas que soportaban la tesis que se convirtió, desde aquel momento, en nutriente particular de las materias de historia y teoría de la arquitectura, enmarcadas en un marxismo-progresismo de diversos matices y contextos. Tal fue el impacto que acusaron sus clases durante su estancia en Guadalajara, que los estudiantes le solicitaron y a lo que accedió ser padrino y llevar el nombre de Generación Roberto Segre como distintivo. Como todo ser lleno de proyecciones y actividades intelectuales, fue un individuo que siempre causaba polémica y discusión, no solo acerca de lo que planteaba sino también por su carácter y personalidad. Como ser humano tuvo sus fobias y sus devociones, pero entre todo ese cúmulo de distintivos sumados en una sola persona, Segre era y fue un gran amigo, creía en la amistad como un vínculo trascendente. Quizá su continuo andar por el mundo entre los vaivenes de sus cambios de sede, entre las distancias y el tiempo, visitas temporales a países y lugares, instituciones y amistades, le llevó a hacer de la amistad una guía singular de su vida. En la obra e ideas de Segre abrevamos en lo particular esa condición intelectual que creemos haber conservado. Ser inconformes y escarbar en el fértil campo de las culturas, unidas y variadas de nuestros países, como uno de los legados imprescindibles de la memoria, que fue
69 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez el germen de su fidelidad con la tierra y los lugares que alimentan los momentos y etapas de la construcción cultural que nos identifica como una comunidad concreta en el ámbito mundial. Decir que Segre fue un intelectual es algo simple y a la vez complejo -como lo fue-, que nos remite especialmente a la historia de la arquitectura, sus procesos históricos, como también a los acontecimientos políticos e ideológicos que avivaron la segunda mitad del siglo XX, especialmente los tiempos modernos y contemporáneos, siempre bajo una perspectiva profundamente crítica y marcadamente ubicada en el continente latinoamericano. A él (entre otros con los que en ocasiones pudimos intercambiar ideas) corresponde sin duda el ser pionero y sembrador de inquietudes en este extenso campo. Para Roberto Segre la inconformidad era su alimento, estado particular con el que se convertía en Roberto Segre, el maestro y amigo que compartía sus disquisiciones y sus fraguas intelectuales. Tal postura le significaba una lucha constante por dejar la huella de las capacidades creativas de la humanidad y de las personas. Tal y como siempre discutimos y asumimos, el trazado de sus y nuestras ideas -contrastadas por su sano fervor latinomericanistanos llevaron a quienes recorremos las veredas del conocimiento de las urbes y edificaciones, a reconocer el espíritu de sus aportaciones. Su obra ha impreso una huella indeleble en el análisis de las contradicciones del sistema capitalista y del espectro del ordendesorden de los regímenes que han construido una realidad materializada; así como de quienes han gestionado y puesto en forma, a los autores, de la realidad social y funcional de las estructuras ambientales conformadas; de las obras de arquitectura y de la construcción de las ciudades; del arte de su tiempo, que simbolizaba el pensamiento creador sustantivo. Entre sus legados encontramos lo que él y Fernando Salinas (a quien lo unió una gran amistad) nos entregaron, como fue la conceptualización clave e innovadora, con categoría conceptual para el análisis que denominaron las estructuras ambientales. Dirigida especialmente hacia todo lo que ejemplificaba la producción de la cultura material: la ciudad y la arquitectura, quizás al revés, primero la arquitectura y anexa en todo los demás aquello que configuraba la construcción y transformación continua del hábitat de nuestro continente. Su tesonera forma de estudiar, de conocer y comunicar lo que sabía, su prolífica obra plasmada en cientos de artículos, libros y conferencias, en sus clases universitarias, constituía su aliciente esencial para seguir adelante con la tesonera producción de sus trabajos. Su avidez por trasladar sus extensos y eruditos conocimientos del arte, la arquitectura y la ciudad, fueron sus grandes retos. En el contenido del libro Las Estructuras Ambientales de América Latina, Segre profundizó en los problemas urbano-ambientales del continente y en la configuración moderna de las urbes, sus vaivenes históricos y las influencias exógenas que impactaban en su producción. En este texto hace alusión precisa a la relación resultante de las políticas públicas y a las acciones que fueron causa y esquema territorial de una urbanización extensiva, irregular, informal, y del caos urbano que se origina en las tendencias tecnocráticas del pragmatismo oficial y privado de la planeación urbanística y de las arquitecturas emblemáticas, que reproducen y contradicen a la ciudad tradicional mediante la construcción de nuevas centralidades, desde lo cual implantó una posición teórica sobre este fenómeno que consideraba adecuada para el estudio de las grandes ciudades latinoamericanas en su trayecto hacia la metropolización.
70 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez En ese libro trascendente y de actualidad reconocida, se pretenda o no, descubrió en las contradicciones vinculadas campo-ciudad y los desajustes regionales e interregionales, en la migración masiva que ocupaba el suelo de la ciudad funcional, en la pobreza acumulada espacialmente, en la precariedad de los habitantes del sector rural y en las condiciones de la producción y los trabajadores urbanos, algunas de las causas de los desequilibrios más agudos de la realidad de muchos países. Pasó revista, en su avezada crítica, a la realidad dependiente de los estados latinoamericanos cuyas insuficiencias crónicas y acumuladas no lograban establecer las respuestas necesarias para resolver las tendencias históricas que les afectan. Por esa vía propone la necesidad de modificar los modelos tradicionales de hacer ciudad, del uso de las tecnologías obsoletas y acercar las adecuadas a su contexto y realidad, y pone énfasis en la participación de las comunidades para alentar los procesos democratizadores. Con referencia a México, apuntó los problemas de la vivienda y alineó su crítica a la entonces reciente Ley General de Asentamientos Humanos y al Programa Nacional de Planeación Urbana correspondiente, que la Secretaria de Asentamientos Humanos y Obras Públicas estableció como modelo. Desde este tema asoma su estudio al modo de producción y los signos del poder confabulados que se encuentran en estos procesos, resumidos en el sistema de cambio y valor social, encadenados desde la construcción de las arquitecturas emblemáticas y los planes urbanos, a la espacialidad zonificada, y a la reproducción de medios y programas culturales que se comprenden en la estructura semiótica de lo social. En este libro suma su calidad intelectual como arquitecto, urbanista, sociólogo y pensador de la economía, lo que practicó ávidamente en su etapa argentina, donde convivió su cualidad de profesor en arquitectura y su trabajo en la bolsa de valores. Lo cierto es que Segre nos dio, en esta obra, una vía iniciática y herramientas conceptuales para estudiar desde la perspectiva propia la realidad urbana y arquitectónica particulares, con el evidente objetivo de tratar de encontrar explicaciones en el cultivo de los estudios propios, el horizonte que permitiese clarificar una historia y un destino; lo que fue y es aún proseguido por muchos para buscar y discernir sobre los fenómenos que son terreno intrínseco por analizar y buscar encontrar respuestas, a pesar de la actual presencia de cierta ambigüedad y adosamiento ideológico que deambula entre las aulas y centros universitarios. Pero entre las tareas que siempre le caracterizaron, en todo lo que hizo y produjo, fue su constante lucha por sustentar y superar la cuestión ideológica, inscrita, oculta o no, en las posiciones críticas urbanas y arquitectónicas, remitidas al marxismo y su ortodoxia, especialmente las estructuras dominantes de la ideología conservadoras y multiplicadoras del status quo prevalecientes y trasmitidas en la mayoría de las escuelas de arquitectura en Latinoamérica. Tal argumento lo llevó siempre dentro y fuera de Cuba, lo que le valió descalificaciones y separaciones, contra las que siempre mantuvo una franca disposición al debate. Pero más allá de todo, lo innegable fue su marcada influencia en la producción de las frecuencias progresistas o calificadas de izquierda, en el continente latinoamericano y en otros sitios del mundo. Especialmente las dirigidas al discernimiento de la realidad cubana, de Latinoamérica y en los últimos años de la brasileña.
71 ACE© AÑO 8, núm.23, OCTUBRE 2013 | ROBERTO SEGRE: EL PROFESOR INCONFORME Daniel González y María Teresa Pérez La disposición de una cualidad Luego de un lustro de participar como profesor en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, Segre llegó a Cuba en 1963 para seguir lo que en el fondo fue su vocación esencial. De esta forma pasó a convertirse en profesor de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo en la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, en La Habana. Comenzó a dar la clase Historia de la Arquitectura y desde entonces nunca abandonó su andar por esa vía. En 2007 recibió el Doctorado Honoris Causa por el ISPJAE. Se desempeñó como asesor de la UNESCO, institución de la que recibió el encargo de organizar el libro América Latina en su Arquitectura, publicado en 1975. La Fundación Guggenheim le otorgó una beca para la investigación y publicación de Arquitectura Antillana del siglo XX, editado en 2004. En conjunto, escribió y publicó más de 30 libros y 450 artículos, sobre los temas de arquitectura y urbanismo que fueron su dedicación. Siglo XXI Editores publicó su libro Las Estructuras Ambientales de América Latina, México (1977). En 1994 inició su paso como profesor de Postgrado en la Planificación Urbana en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en Río de Janeiro, en lo que fue su último trayecto. En 1993, la Facultad de Arquitectura le publicó un trabajo denominado La Habana: Una Modernidad Atemporal (La Habana, 1993); en el que expresó que La Habana es la única ciudad “museo” de la Primera Modernidad en América Latina, y agregaba En la mayoría de los centros urbanos del Continente y el Caribe, los años cincuenta abrieron un proceso de transformaciones radicales, asociadas a un período de bonanza económica y de fuerte impulsó a las construcciones, tanto del Estado “benefactor” como de la iniciativa privada. En aquellos días de la revolución triunfante, este ensayo le causó, por su crítica a la producción arquitectónica de Cuba -absurdamente acusado por algunos de diversionismo ideológico-, un cierto rechazo a sus argumentos y presencia. Sin embargo la calidad de sus trabajos y el obstinado quehacer depositado en éstos, no fue nunca un obstáculo para que se reconocieran sus aportaciones. De entre su extensa obra, de la cual afortunadamente tenemos una buena parte, cabe decir, desde la experiencia propia sobre la persona y el profesor Segre, que la obra de la que estaba especialmente orgulloso era el magistral texto Arquitectura y Urbanismo Modernos: Capitalismo y Socialismo publicado por la Editorial Arte y Literatura en La Habana en 1988. Todos los que estudiamos arquitectura por aquellos años tuvimos que leer (se suponía al menos en nuestra facultad) el libro de Leonardo Benévolo, Historia de la Arquitectura Moderna, publicado por la Editorial Gustavo Gili en Barcelona; traducido del original editado originalmente en italiano por la Editrice Gius, Laterza y Figli en Bari. Para él, esta obra representaba uno de los ejemplos de la manera en que se dirigía y manipulaba el conocimiento de la arquitectura y el urbanismo hacia la conmemorativa reproducción de los hechos materiales y ambientales del capitalismo más pertinaz y conservador. Por tal motivo, su libro, en el que revisó los contenidos de la modernidad arquitectónica en el mundo, sus ejemplos más emblemáticos, le gustaba calificarlo y ostentar que había escrito la opción antitética al libro de Benévolo: el Malévolo; que representaba el análisis necesario desde premisas teóricas apoyadas en la vigentes tesis del marxismo, las que permitían construir y sustentar la indispensable versión social que eludían los textos dominantes, para comprender, en aquellos años de los movimientos sociales en curso en América Latina -especialmente lo sucedido en Cuba-, el contexto propio materializado en su propia producción arquitectónica y urbana.