"La ciudad-jardín de Tapiola": palabras de Hertzen
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Jorge Torres "La ciudad-jardín de Tapiola". Palabras de Hertzen 6 Los mitos, en su simplicidad, suplantan a la razón y a la realidad. Impiden conocer existencias y situaciones siempre más intensas que aquellas fábulas que pretenden desvelar un contenido moral. Algo así sucede con la arquitectura fi nlandesa del pasado siglo: parece inevitable su identifi cación con la abundante producción que Alvar Aalto dejó en su tierra. Sin embargo, descubrir la presencia de arquitectos como Arno Ruusuvuori, Viljo Revell, Aulius Blomstedt, Aarne Ervi, Pentti Ahola, Kaija y Heikki Siren, es un privilegio para todo arquitecto interesado en la verdad, en la esencia de una modernidad todavía vigente. Y si este descubrimiento se concentra en un ámbito relativamente reducido como es el núcleo de Tapiola, no hace sino revelarnos que aquellos arquitectos y sus obras no responden a una mera casualidad, sino a una actitud y unos principios compartidos, al menos, por un grupo de profesionales altamente cualifi cados. Esta es la razón del interés que tiene el conjunto urbano de Tapiola. Sus obras allí reunidas introducen una serie de cuestiones que en la posguerra europea reclaman una nueva refl exión. En primer lugar, la reconsideración del urbanismo moderno, desde la idea de ciudad jardín a la Carta de Atenas y, de aquí, a la revisión de los últimos CIAM. Otras preguntas versarían sobre las aporías del New Empirism como versión de una modernidad “humanizada” o como desviación de la racionalidad profunda que caracteriza al proyecto moderno. La relación entre arquitectura y ecosistema es otro argumento que merece un nuevo examen a raíz de la necesidad de construir en un excepcional entorno natural. También, se nos propone la cuestión entre la coexistencia entre lo privado y lo público, entre la residencia y el edifi cio representativo, entre privacidad y comunidad. Incluso la necesidad de identidad y signifi cado reclamados por la sociedad y que debe ser depositado en signos arquitectónicos. Estos son algunos de los argumentos que se destilan de una lectura de Tapiola. Pero, sobre todo, es su misma arquitectura la que llama poderosamente nuestra atención. Casi como denuncia frente a lo que nos rodea. Como afi rmación de su confi anza en la modernidad como proyecto, como sistema para enfrentarse de forma veraz a los problemas que la sociedad nos propone en cada época y lugar. Tapiola es una ciudad creada ex novo a partir del año 1951 tras la adquisi1
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8 3 4 ción de unos terrenos situados en el término municipal de Espoo, a escasos nueve kilómetros al oeste de Helsinki, y sobre una superfi cie de 240 hectáreas. Fue planifi cada inicialmente por Otto-Ivari Meurman -partidario de la preservación de grandes espacios naturales en los que se inserta edifi cación de baja densidaden colaboración con Blomstedt, Ervi, Revell y Tavio, quienes fi nalmente condujeron una planifi cación más densa y cercana a los postulados de Le Corbusier y la carta de Atenas. De este modo, se daba audiencia a distintos tipos de edifi cios -torres, viviendas aisladas, pareadas y bloques linealesacomodados en el terreno natural. La operación fue dirigida por Heikki von Hertzen (1913-1985) un singular hombre de leyes absolutamente consciente de la necesidad de concertar estudios sociales, políticos y económicos con la planifi cación del estado y sus ciudades con el objeto de garantizar su progreso “espiritual” y “material”. Hertzen, como director ejecutivo de la Federación para el Bienestar de la Familia y la Población de Finlandia (Väestölitto) presentaba la ciudad de Tapiola, como un programa consciente, casi experimental, donde se hiciese frente a estos retos: “En 1952, una sociedad privada, Asuntosäätio (Fundación de la Vivienda), respaldada por seis importantes empresas de servicio público, comenzó la construcción de una pequeña ciudad en el seno de una naturaleza aún intacta, con el fi n de abrir una vía en la nueva concepción moderna de la arquitectura y el urbanismo”.1 Asuntosäätio, fundada en 1951 y de la que Hertzen fue su director, tenía el objetivo de desarrollar la producción social de alojamientos y la construcción de “conjuntos residenciales modernos dotados de parques y jardines” para los futuros habitantes “y más concretamente para los jóvenes”. Se partía del rechazo de la ciudad existente caracterizada por un “terrible tráfi co de vehículos, una tensión nerviosa continua y la abundancia de gases nocivos, hollín y polvo”, es decir un medio biológico no conveniente para el hombre. Y así el programa establecía un precepto básico: “Este principio es la base del proyecto de la ciudad-jardín de Tapiola. En Tapiola, la Fundación había pretendido crear un ambiente favorable tanto para la expansión de la vida familiar, como para el reposo o incluso para las distintas actividades recreativas. Los niños deben ser educados con seguridad, en un medio tranquilo y reposado. El tráfi co no tiene que ser dominante, debe someterse a las restricciones necesarias, y sólo subsistir en la medida en que es útil a los habitantes. Tapiola ha sido fundada para las personas que creen en la importancia de estos principios, y que los aprueban. Así se defi nen los objetivos y las condiciones de la Fundación en un folleto publicitario distribuido a las personas que buscan un apartamento en Tapiola”. Esta declaración se articulaba sobre tres grandes cuestiones: un planeamiento en tensión entre la idea de ciudad jardín y la ciudad moderna; la preservación e imbricación con la naturaleza; y una meditada política residencial. Páginas 6 y 7: 1. Heikki von Hertzen junto a una maqueta del centro de Tapiola. (MAF) 2. Otto-Ivari Meurman. Maqueta de Hagalund, 1945. (MAF)
9 En primer lugar, el proyecto urbanístico no debía conducir a una ciudad jardín desmembrada como un barrio dormitorio de la capital del país. Había una clara conciencia de la necesidad de un equilibrio entre una densidad baja -inicialmente limitada a 65 habitantes por hectárea y unos 15.000 residentesy la identifi cación con una ciudad a la que se pertenece y en la que se convive. El plan contemplaba la subdivisión del lugar en tres zonas separadas por espacios ajardinados y la creación de un centro urbano reconocible que otorgase un mínimo sentido comunitario a toda la intervención. Este albergaría servicios administrativos, locales comerciales, centro cultural, edifi cios deportivos y escolares, piscina cubierta, parques y espacios destinados al aparcamiento. Los equipamientos se completaban con la construcción de un gran estanque en el lugar de la cantera de grava existente, una iglesia, un cinematógrafo, y otros centros escolares. Además se reservó un área para industria ligera “que utiliza la electricidad y que no causa ni ruidos ni humos” para garantizar el trabajo de un 15% de la población, y un gran centro industrial al oeste de Tapiola para que, en su conjunto, la mitad de la población encontrase su medio de subsistencia en el entorno. Así mismo, la importancia del medio natural adquiere toda su relevancia desde el mismo momento de su concepción. No podía ser de otro modo en un lugar absolutamente privilegiado de la orilla del Golfo de Finlandia, con una suave orografía y una naturaleza todavía intacta: “Los constructores quisieron edifi car Tapiola a escala humana, teniendo en cuenta la personalidad del individuo y su contacto íntimo con la naturaleza. La belleza del medio, la vegetación bajo su forma original, la silueta del paisaje, deben ser conservadas por todos los medios. En oposición al medio urbano, caracterizado por el predominio del ámbito construido, los promotores de la ciudad-jardín de Tapiola quisieron conferir la primacía a la Naturaleza. Desde el punto de vista arquitectónico, los edifi cios se supeditan al paisaje. La red de las comunicaciones se reduce al mínimo estricto y sigue dócilmente la confi guración del terreno. Sendas para los paseos en verano y pistas de esquí en invierno conectan las viviendas con la naturaleza circundante. Los habitantes de los edifi cios de varias plantas tienen también la posibilidad de alquilar un pequeño jardín en los alrededores próximos”.2 Del mismo modo, la cuestión de la residencia requiere un especial esmero dado que la operación exigía la captación de una población proveniente de otros lugares. Evitar la condición de desarraigo y fomentar la eclosión de una nueva comunidad se convierten en una tarea primordial. En este sentido, la actividad de los servicios de información y propaganda se inició desde los primeros momentos de su planifi cación. Se imprimieron folletos con los tipos de apartamentos, características, sus precios y formas de pago. La Fundación para la Vivienda también organizó exposiciones con los tipos de viviendas, incluso recorridos en autobús desde Helsinki para visitar el interior de los diversos hogares. Y no sólo eso, la comunidad tenía 3. Tarjeta postal de la Fundación de la Vivienda. (FV) 4. Viljo Revell. Apartamentos Säästökontu, Tornitaso y Nelostorni, 1959-61. (FV) 5. Maqueta del centro de Tapiola de la década de 1950. (MAF) 5
10 6 su propio periódico, Tapiola tänään (Tapiola hoy) publicado y fi nanciado por la Fundación, con el objeto de proporcionar información de carácter general a los habitantes. Existía además un boletín para facilitar el establecimiento de los nuevos residentes, que “en un tono humorístico”, también trataba de “enseñar buenos modales a los niños y a sus padres” y agilizar “el contacto entre los habitantes”. Respecto a la política de alojamientos propiamente dicha, la Fundación de la Vivienda optaba por promover la adquisición más que el alquiler, pues “es muy natural que la posesión de un apartamento aumente la seguridad social y la prosperidad del hombre y su familia”. Igualmente, se trataba de construir apartamentos grandes, hasta el máximo permitido por la normativa y así acogerse a las ayudas fi nancieras estatales. La diversidad en superfi - cies y tipos de viviendas es, como relata, Hertzen, sufi cientemente amplia: “La Fundación intenta construir apartamentos tan grandes como lo permita la normativa. Los mejores tipos de viviendas familiares son las casas pequeñas (5 estancias, cocina, baño y sauna, 100 m²), y los apartamentos de las casas en hilera (4-5 estancias, cocina, baño, 87m²). Los edifi cios de varias plantas destinados a las familias tienen generalmente 3-4 pisos, sin ascensor. Los apartamentos más habituales son los siguientes: 4 estancias, cocina, baño, 87m²; 3 estancias, cocina, baño, 58-72 m², 2 estancias, cocina, baño, 46-56 m². Las viviendas en altura son poco habituales y generalmente están formadas por apartamentos de una o dos estancias para las familias sin niños, las parejas jóvenes o las personas solas. (Una pareja joven cuya familia aumenta, obtiene autorización para cambiar de apartamento). Los apartamentos de una estancia también cuentan con todas las comodidades. Su superfi cie varía entre 24 y 34 m² ”. Esta diversidad en la dimensión y tipo de apartamento respondía, también, a la voluntad de crear una “comunidad modelo donde las distintas clases sociales viviesen una al lado de la otra y se entendiesen”. Tras la segunda fase de construcción de la ciudad, las estadísticas mostraban que un 24% de la población respondía al “1er grupo social (profesiones liberales, personas con estudios universitarios, etc.)”, un 34% al “2º grupo (pequeños comerciantes, artesanos, empleados de ofi cina, etc.)” y un 42% a vendedores de comercios, empleados de restaurantes, pequeños empleados de ofi cinas, etc. La distribución de los alojamientos fue inicialmente controlada por un Comité nombrado por la Dirección de la Fundación, con el objeto de asignar un 85% de los alojamientos desde un punto de vista social. El 15% restante se reservó a las “personas útiles al desarrollo de la ciudad-jardín” como obreros para el mantenimiento de los servicios técnicos, médicos, funcionarios, especialistas, etc. A partir de estos planteamientos “los arquitectos gozan de la mayor libertad a la hora de equipar las piezas y desarrollar los barrios”, incluso tenían la posibilidad de hacer propuestas alternativas que debían ser estudiadas
11 por una comisión compuesta por “ingenieros, arquitectos, expertos en cuestiones de alojamiento, decoradores de interior y amas de casa”, en un claro reconocimiento de la labor interdisciplinar y la participación ciudadana. De hecho, la gestión del desarrollo urbano se confi aba a una sociedad formada por representantes de la Fundación y por habitantes de Tapiola cuya proporción iría en aumento conforme se incrementase la construcción de la ciudad. Así mismo, junto a la construcción por medios tradicionales, se ensayó con procedimientos industriales y elementos prefabricados. Sin embargo, la industrialización no fue económicamente ventajosa, por lo que ésta fue relegada por la Fundación de la Vivienda. Tampoco lograron mucha aceptación las cocinas abiertas, las “barras americanas” o el uso del ladrillo visto en el interior y, así, sufrieron la modifi cación de sus habitantes. Con el paso de los años la ciudad de Tapiola fue acusada de elitista y ajena a la vida real, incluso se consideraba que la vida en los suburbios naturales podía producir problemas mentales. En 1967, en el seminario ¿Qué podemos aprender de Tapiola?, organizado por la Asociación de Arquitectos Finlandeses, se censuraba su diseño como cosa del pasado y se preconizaba un retorno a la densa ciudad tradicional. Hoy contemplamos Tapiola como una experiencia ciertamente optimista en crear un hábitat ideal para el desarrollo del individuo y la familia en un inmejorable medio natural: una “Arcadia feliz”. Este es el signifi cado de Tapiola, “hogar de Tapio”, dios del bosque del Kalevala 3, que ahora es habitado por el hombre. Pero, sobre todo, valoramos aquellas preguntas que se hicieron estos intelectuales y arquitectos sobre la arquitectura, la ciudad y el bienestar humano. Y también gozamos con sus respuestas que, tras cuarenta años transcurridos, nos muestran su plena vigencia. Quizás hoy envidiemos esta confi anza social en el planeamiento y en el proyecto de arquitectura, acompañados por la presencia de la naturaleza, como garantes del bienestar de sus habitantes. Tapiola es, para nosotros, una venturosa muestra. Notas: 1. Heikki von Hertzen, “Tapiolan puutarhakaupungin suunnittelusta”, en Arkkitehti-Arkitekten enero/febrero 1956. Traducción Déborah Domingo. 2. Todas las citas corresponden al artículo de Hertzen. 3. El Kalevala es una epopeya fi nlandesa recogida por el poeta fi nlandés Elias Lönnrot a partir del disperso repertorio de cantos populares transmitidos de generación en generación por bardos karelianos como Arhippa Perttunen y Ontrei Marinen. Jorge Torres Cueco es arquitecto y catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Valencia. Es Investigador Principal de InPAr, Grupo de Investigación de Proyectos Arquitectónicos. Universidad Politécnica de Valencia. 6. Tarjeta postal de la Fundación de la Vivienda. (FV) 7. Vista aérea del este de Tapiola. (FV) 7