El paseo de San Juan: la calle representativa de la ciudad
Abstract
Este trabajo presenta una mirada al Paseo de San Juan, desde un punto de vista que pretende estar entre el análisis histórico-urbanístico y la intención propositiva. Una visión crítica de esta calle que se estructura en tres partes.En la primera se muestra la calle des de un enfoque más general. [...]La segunda parte trata de analizar las dos encrucijadas únicas que tiene el Paseo de San Juan, que son la Plaza de Jacint Verdaguer y la de Tetuán. [...]En la tercera parte, se plantea una comparación de los términos del Paseo de San Juan, contraponiendo sus dos Salones Urbanos. [...]
Full text
EL PASEO DE SAN JUAN LA CALLE REPRESENTATIVA EN LA CIUDAD Tesina final de Máster Manel Valverde Bros Máster en Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura ETSAB, Enero 2011 Tutor: Xavier Monteys Roig
ÍNDICE Introducción 1.- El Paseo de San Juan. Calle y ciudad. 1.1.- Contexto histórico. El Paseo de San Juan como lugar en la ciudad. 1.2.- Las calles vecinas, Marina y Gràcia. 2.- Plazas que son cruces. 2.1.- La Plaza de Jacint Verdaguer. El difícil conjunto. 2.2.- La Plaza de Tetuán. La plaza imposible. 3.- Extremos contrapuestos. 3.1.- Autonomía respecto la calle. El Paseo de Lluís Companys y la Rambla del Paseo de San Juan. 3.2.- Finales Contradictorios. Bibliografía
1 INTRODUCCIÓN Este trabajo presenta una mirada al Paseo de San Juan, desde un punto de vista que pretende estar entre el análisis histórico-urbanístico y la intención propositiva. Una visión crítica de esta calle que se estructura en tres partes. En la primera se muestra la calle des de un enfoque más general. Se subraya el carácter y el uso del Paseo en un contexto histórico para identificar estos valores como argumentos de partida ya des de su génesis, para entender el significado de la calle como lugar en la ciudad. En esta intención de relacionarla con su entorno, también se proponen en esta parte del trabajo algunas comparaciones con otras vías de la ciudad de semejante naturaleza. La segunda parte trata de analizar las dos encrucijadas únicas que tiene el Paseo de San Juan, que son la Plaza de Jacint Verdaguer y la de Tetuán. Para ello se destacan las dos grandes arterias con las que el Paseo se intersecciona dando lugar a estas dos Plazas que no son equivalentes ni se corresponden en su manera de ser comprendidas. En la tercera parte, se plantea una comparación de los términos del Paseo de San Juan, contraponiendo sus dos Salones Urbanos y detectando sus analogías y contradicciones tanto en su forma como en su manera de usarse, valorando especialmente el espacio central que ofrecen. Asimismo se enfrentan sus extremos para poner de manifiesto dos maneras muy distintas de entender el final de la calle. Barcelona, Enero de 2011
3 1.- EL PASEO DE SAN JUAN. CALLE Y CIUDAD 1.1.- CONTEXTO HISTÓRICO. EL PASEO DE SAN JUAN COMO LUGAR EN LA CIUDAD En la tipología de Ensanche, y en especial en el caso Barcelonés, se produce una interesante contradicción dependiendo del punto de vista que adopte el observador. Alguien puede entender y posicionarse en la malla ortogonal con relativa facilidad, sin embargo, estando dentro de esa gran homogeneidad, uno puede llegar a perder la noción de este orden, e incluso llegar a pensar que se encuentra en el más rebuscado de los laberintos. Es por este motivo que, ante tal situación, la mayoría de los ciudadanos nos guiamos más por las excepciones que por la regla, y tratamos de identificar en ese despliegue de calles semejantes, las que presentan características o formalidades que nos orientan y nos sirven de referencia. En este contexto, podríamos considerar el Paseo de San Juan como una de esas excepciones ya que se trata de una de las principales vías de ordenación del Ensanche de la ciudad, y como tal, posee unas peculiaridades que la hacen significativamente diferente a las demás. El papel marginal, con el que se asocia la condición de esta calle, entra en contradicción con la innegable vocación representativa de una de las vías más bonitas de la ciudad, en la que nos podemos encontrar toda clase de motivos monumentales y persistencias espaciotemporales que hacen referencia a la historia y al pasado, tanto de la ciudad como del país. Aún siendo así, el Paseo de San Juan es para muchos una calle desconocida, una calle en la que se producen multitud de situaciones únicas, y existen realidades que no se dan en ningún otro lugar de la ciudad. Cualquiera podría cruzar el Ensanche Barcelonés en dirección Norte-Sur, borrando su paso por dicha calle, aunque su presencia queda claramente manifiesta, y esto tiene que ver principalmente con el uso y el carácter de esta calle. Podríamos corregirnos y, en vez de describirla como una calle desconocida, calificar el Paseo de San Juan como un lugar más bien ignorado. Por tanto, entendemos el Paseo de San Juan, no como una calle más del Ensanche sino como un lugar al que uno va, de manera intencionada a utilizar ese espacio. Una vez expuesto este planteamiento, nos remontamos en el contexto histórico de la calle que hoy conocemos como el Paseo de San Juan, para establecer una analogía con el lugar del que proviene, en el año 1802, y que se encontraba en una explanada baldía entre la ciudad antigua y su fortaleza, la Ciutadella (Fig.11.1). Fig. 11.1. Plano de la Ciudad y del Puerto de Barcelona. Gravado 1.000 varas. A. de Laborde. 1802. En rojo se señala el espacio que ocupaba el paseo de la Esplanada. Fig. 11.2. Plano de la plaza de Barcelona y sus contornos. 4.000 varas. Cuerpo de Ingenieros del Ejército. 1847. En rojo se dibuja el futuro trazado del Paseo de San Juan respecto al originario.
4 Fig. 11.3. El paseo de la Esplanada. Litografía principios s.XIX. El uso de la nueva naturaleza urbana reflejado de manera más o menos idealizada. En la figura 11.1, vemos el emplazamiento del Paseo de la esplanada (Fig. 11.3), observando que este privilegiado lugar, se encontraba en el límite de la ciudad, un lugar al que se llegaba yendo hacia la Ciutadella y que estaba al margen de las últimas edificaciones. En la figura 11.2, se muestra superpuesto que el trazado que ocupará el Paseo de San Juan en el posterior ensanche. Esta calle, que tenía que enlazar la Barceloneta con la Vila de Gràcia, Cerdà lo previó de 50 metros, uno de las más anchas de la nueva ciudad. En un principio se la nombró calle 35, y cuando en 1863 Víctor Balaguer recibió el encargo de dar nombre a las calles del Ensanche, la bautizó como Calle de San Juan, ya que era la continuación, formando un ángulo obtuso, del Paseo del mismo nombre que entonces aún existía. Se conoce que el paseo de la Esplanada cambió de nombre debido a la celebración en ese lugar de la noche de San Juan (Fig. 11.5). Es curioso contraponer las situaciones expuestas en la figuras 11.1, 11.2 y 11.3, y observar como la nueva calle, a parte del nombre, hereda tantas condiciones de género, uso e incluso objetos de mobiliario urbano (Fig. 11.4) del original paseo, que aún se mantienen hoy día, pero a su vez, lo que en la ciudad antigua era un límite, adquiere una incuestionable naturaleza central en su futura ubicación. Fig.11.4. Foto en sepia del Paseo de la Esplanada. Estanque y fuente de Hércules al fondo (Actualmente en la esquina del Paseo de San Juan con Còrsega). Álbum de Bellezas de Barcelona. (Archivo fotográfico Barcelona). 1870-1879. Fig. 11.5. Planos donde se refleja el cambio de nombre de Paseo de la Esplanada a Paseo de San Juan.
11 Partiendo del Paseo de San Juan como vía de origen o de referencia, se aprecia que no existe una correspondencia exacta entre el Paseo de Gràcia y la primera de las particiones estructurales que dividen la trama cada cinco manzanas, ya que esta se corresponde con la calle de Caspe. De hecho si no fuera por la plaza de Urquinaona que remata esta calle por su extremo inferior, nada denotaría esta condición jerárquica oculta en esta vía. Existe una deformación del ritmo de la malla debido a la preexistencia geométrica del Paseo de Gràcia para otorgarle a éste el carácter de vía principal que no se manifiesta en Caspe. Así se identifica un paquete de tres columnas de manzanas que son las que conforman dicho paseo y la Rambla de Catalunya. En el dibujo se demuestra en rojo, que esta franja de tres manzanas deformadas se corresponde exactamente con cuatro de las que podríamos considerar de medida estándar. Para descifrar esa anormalidad nos vale referenciarnos con la calle de Enrique Granados, que sí se corresponde con el segundo trazado estructural, o dicho de otra manera, con la décima manzana. Al fijarse, existen atributos en esta calle, como la encrucijada de Letamendi, de morfología parecida a la de Tetuán, y su remate inferior con el edificio de la Universidad, que argumentan que se trata de una de las vías ordenadoras del Ensanche. En esta comparación podría relacionarse también la Plaza de Cataluña con el Paseo de Lluís Companys, dos espacios públicos representativos, en el pie de ambas calles, que actúan de charnela entre el casco antiguo y el inicio del trazado de las mismas. Existe una apreciación interesante en el Paseo de San Juan ya que, a diferencia de la Gran Vía de les Corts Catalanes que separa cincuenta metros manzanas de tamaño estándar, consigue su espectacular anchura reduciendo las manzanas que lo delimitan. En el dibujo se indica en rojo esta alteración de las medidas que deberían tener estas islas edificadas. También es interesante ver cómo llegan estas dos calles al barrio de Gràcia, observando como acaba incuestionablemente el Paseo de San Juan al encontrar ese tejido urbano y como, de una manera progresiva, el Paseo de Gràcia va perdiendo sección para penetrar en la trama del territorio que lleva su nombre.
12 La comparación entre el Paseo de San Juan y la Calle Marina, se propone desde el punto de vista de sus parecidos razonables. Fig. 12.6. Arco del Triunfo. Puerta de entrada al Paseo de San Juan. Al fondo del plano, las torres de Mapfre y del hotel Arts. (Reencuadrada de la Revista ON134 1992). Fig. 12.7. Torres Mapfre y hotel Arts, como puerta de entrada a la calle marina e hito visual. Fig. 12.8. Parecidos razonables. Comparación del Paseo de San Juan con la calle de Marina. Dibujo del autor.
13 Al contrario que en la contraposición anterior, ver juntas estas dos calles, invita a destacar de una manera más clara el espacio vacío que su contorno edificado. De esta manera, y de un modo muy visual, uno se percata de que existen unos parecidos formales lo bastante significativos para que sean el nudo gordiano de esta comparación. En el encabezamiento de ambas calles existen unas construcciones características, que se implantan a modo de puerta de la calle dominando así su perspectiva y, en un caso más que en el otro, señalando su posición en la ciudad (Fig. 12.6 y 12.7). En ambos casos, estas puertas, han sido construidas en el contexto de un gran acontecimiento para la ciudad, el Arco del Triunfo como puerta de entrada a la Exposición Universal del 1888, y los dos conocidos edificios tipo torres levantadas en motivo de los Juegos Olímpicos del 1992, cuyas figuras y volúmenes se asemejan pretendiendo aparentar una unidad, no siendo así con sus formas estructuras, que se manifiestan claramente distantes. En cualquier caso ambas representan una puerta de entrada hacia la calle que presiden y, en algún contexto, hasta podrían entenderse como puertas de la ciudad. Tal como se muestra en el dibujo Fig. 12.8, también existen correspondencias en la manera como estas calles ascienden por el falso llano de la ciudad. Las dos calles son atravesadas por la Diagonal y la Gran Vía, dos de los ejes más extensos de la ciudad, generando encrucijadas únicas, y tal como se muestra en el dibujo, existe también otra intersección en diagonal en ambas calles y en una posición relativamente equivalente, en Marina producida por la prolongación de la Meridiana hasta el Parque de la Ciutadella, y en el paseo de San Juan por la Carretera de Ribes, que insinúa el trazado del antiguo Rec Comptal. También es curioso comentar que las dos calles tienen casi exactamente la misma longitud considerando el tramo que lleva el nombre que las identifica (sin contar el Paseo de Lluís Companys en el caso del Paseo de San Juan), pero resulta más interesante fijarse en qué pasa con estas calles cuando finaliza su trazado. La Avenida Diagonal es para las dos un cruce significativo ya que a partir de este encuentro, conservan su nombre, pero ambas cambian su sección. En la calle Marina es evidente su estrangulamiento hasta llegar a la Sagrada Familia, y en el caso del Paseo de San Juan, aunque se mantiene su dimensión, existe un cambio en la tipología de su sección transversal al pasar a ser una Rambla hasta llegar a la Travessera de Gràcia. Es en este punto, donde finalizan las calles, cuando se produce en ambos casos una situación equivalente al encontrarse con trazos en diagonal, o más bien en contra-Diagonal, que finalizan en otro espacio público representativo de la ciudad. El trazado del Paseo de San Juan, esquivando las construcciones que lo rematan, se enlaza con la calle Pi i Margall para ir a parar al Parque de las Aguas, y el de la Calle Marina con la Avenida de Gaudí para confluir en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.
14 2.- PLAZAS QUE SON CRUCES 2.1.- LA PLAZA DE JACINT VERDAGUER. EL DIFÍCIL CONJUNTO La intersección entre la Avenida Diagonal y el Paseo de San Juan es conocida como la Plaza de Jacint Verdaguer. En ella está ubicado el monumento representativo al personaje y como todo hito, es una clara referencia para el paseante, pero… ¿dónde está la plaza? Para situar el enclave desde la perspectiva de ciudad, se propone el punto de vista del dibujo (Fig. 21.1) donde se señala el contorno edificado que delimita las dos calles. El Paseo de San Juan se muestra en toda su extensión, y la Diagonal se acota entre la Plaza de Francesc Macià y la Plaza de les Glòries. Se plantea esa visión parcial y relativa de la avenida por dos motivos; por ser el tramo que se desarrolla a través del ensanche más consolidado, y para descubrir que las dos calles interseccionan en la plaza de Jacint Verdaguer, quedando divididas en segmentos proporcionalmente equivalentes respectivamente. Fig. 21.1. Posicionamiento relativo a la ciudad y relación proporcional con la Avenida Diagonal. (Dibujo del autor) La plaza de Jacint Verdaguer es la intersección entre la Avenida Diagonal y el Paseo de San Juan, pero en realidad en la encrucijada aparece una tercera calle que influye significativamente en la percepción de este lugar (Fig. 21.2 y 21.4). Se trata de la calle Mallorca que atraviesa el cruce, sin pasar por el centro geométrico de la intersección entre las dos calles de mayor envergadura. Este hecho es el argumento causante de la multiplicación de esquinas que se origina en este enclave, y también es determinante a la hora de intentar delimitar el borde físico o el perímetro edificado del mismo. Es como ver la imagen más característica del trazado de Cerdà, el espacio de los cuatro chaflanes (versión magnificada de las tradicionales cuatro esquinas), expuesto a una incómoda deformación (Fig. 21.5) al tratar de encintar imaginariamente el lugar, uniendo todas sus fragmentadas esquinas. Igualmente, podríamos pensar que en este punto se sucede la superposición de tres órdenes, pero sin ser nada fácil establecer algunas relaciones jerárquicas ya que la intersección predominante se produce entre dos vías de igual intensidad. R. Venturi expresa en el libro “Complejidad y contradicción en la arquitectura”, estas situaciones denominándolas “direcciones contradictorias” cuando se producen contigüidades
15 violentas con notorios contrastes de dirección de intensidad parecida, dentro del conjunto. Estas pueden percibirse de distinto modo cuando uno se mueve en el espacio que delimitan. Del mismo modo, estudia las superposiciones de diferentes órdenes en un mismo plano, refiriéndose en especial a algunos ejemplos de la arquitectura gótica y renacentista como la catedral de Gloucester (Fig. 21.3) y a las fachadas manieristas y barrocas, donde se da esta situación. Él habla de edificaciones, pero en cualquier caso, propongo intencionadamente esta analogía con el enclave urbano. Fig. 21.2. Fotografía ortogonal re encuadrada de la encrucijada. (Icc) Fig. 21.3. Órdenes superpuestos. Arcadas y contrafuertes de la catedral de Gloucester. (Complejidad y contradicción en la arquitectura). Fig. 21.4. Sección transversal de las calles que intervienen en la encrucijada. De izquierda a derecha; Avda. Diagonal, Paseo de San Juan (Rambla), Paseo de San Juan (tramo central) y calle Mallorca. (Dibujo del Autor) Fig. 21.5. Determinación de los límites físicos (esquinas) de la Plaza de Jacint Verdaguer, como deformación del chaflán del ensanche Barcelonés. (Dibujo del Autor)
16 Fig. 21.6. El gran vacío. El enclave según Cerdà. En gris se muestra la situación real actual. (Dibujo del autor) Fig. 21.7. Hueco de entrada en el Millowner’s Building de Ahmedabad. Le-Corbusier. Ver como estaba pensado este enclave por Cerdà al proyectar el Ensanche, nos da pistas para introducir un nuevo punto de vista, otra mirada para entender y analizar esta situación, el gran vacío. Cito textualmente a Venturi en su libro antes comentado, cuando escribe sobre la contradicción adaptada, “correspondiente al tratamiento de guante blanco, que la contradicción yuxtapuesta implica un tratamiento de shocks”… “Le-Corbusier nos ofrece un ejemplo moderno y raro de contradicciones yuxtapuestas en el Millowner’s Building de Ahmedabad, (Fig. 21.7). Desde el acceso principal sur, el diseño repetitivo del brisesoleil crea ritmos que se interrumpen violentamente por el hueco de la entrada, la rampa y las escaleras. Estos últimos elementos consistentes en diferentes diagonales, crean contigüidades violentas, en relación con las divisiones rectangulares y estáticas de los pisos enmarcados en una forma semejante a una caja”… De nuevo propongo la contraposición de un enclave urbano con una situación existente en un edificio, pero el planteamiento expuesto está estrechamente relacionado con el estudio de este enclave, las yuxtaposiciones de diagonales y perpendiculares, también dominantes la planta de la Plaza de Jacint Verdaguer, crean direcciones contradictorias. Fijarse en cómo se suaviza en el edificio, el encuentro de la rampa y las escaleras por el gran hueco único y por el ritmo modificado de los elementos en esa parte de la fachada, puede compararse con la estrategia seguida por Cerdà de abrir un gran vacío en este encuentro, en aquél contexto para situar un gran hipódromo para la ciudad (Fig. 21.6). Se redibuja en negro la propuesta del plan Cerdà, contrapuesta con la situación actual en gris. En efecto, la plaza de Jacint Verdaguer es un conjunto difícil que cambia constantemente en función de la posición del observador. En esto juega un papel determinante el monumento a Jacint Verdaguer situado en el centro de la encrucijada. En el año 1912, dos años después de la muerte del poeta Mossèn Jacint Verdaguer, se convocó un concurso para diseñar el proyecto de un monumento. El ganador fue el equipo formado por el arquitecto Josep M. Pericas y el escultor Joan Borrell, al final también participaron los hermanos Oslé que habían presentado un proyecto alternativo. De Borrell es la estatua de bronce de Mossèn Cinto y las de piedra, alegóricas a la poesía en la base del monumento son de Llucià i Miquel Oslé, estos relieves que conforman el friso que envuelve todo el monumento son alusivos a poemas de Verdaguer. La primera piedra se colocó en el año 1914 aunque las obras no acabaron hasta 1924.
17 Fig. 21.8. El cruce de la Diagonal con el Paseo de San Juan sin el monumento de Jacint Verdaguer en el Centro. (Fotografía re encuadrada por el autor) Fig. 21.9. Perspectiva desde la calle Diagonal. Relaciones entre monumento y contorno. Fig. 21.10. Fotografía del monumento, con el borde edificado aún sin consolidarse. Fig. 21.11. Dibujo de la inflexión propuesta por R. Venturi en la Piazza del Popolo, Roma. (Complejidad y contradicción en la arquitectura) El monumento es considerado, como un objeto de orientación en el enclave, adquiere la categoría de mojón ya que es un punto de referencia en el cual el espectador no entra en él, sino que le es exterior. Por lo común se trata de un objeto físico definido con bastante sencillez, y es característico que se le vea des de muchos ángulos y distancias. También varía su percepción en escala de forma considerable en función de la posición del observador y del paisaje de fondo con el que se le contraste, destacándose ya sea respecto al contorno inmediato edificado de la plaza o buscando referencias más lejanas. Como el uso de mojones implica la opción de un elemento entre una multitud de posibilidades, la característica física clave de esta clase es la singularidad en su contexto. Tomando como punto de partida la idea expuesta por R. Venturi en Complejidad y contradicción en la arquitectura, cuando escribe sobre lo que él llama la inflexión a escala de la ciudad procedente de la posición de los elementos que no están inflexionados en sí mismos (Fig. 21.11), presento los dibujos de la figura 21.12. Unas series de conjunto de la Plaza de Jacint Verdaguer, para identificar las parejas de manzanas de edificios cuyas características formales quedan relacionadas por el grado de concavidad de sus ángulos, siempre considerando el monumento como referencia central, y para manifestar, dibujando también el entorno en sección, las cambiantes distancias que éstos mantienen respecto a este mojón central.
18 Fig. 21.12. Relaciones entre la forma de las manzanas (grados de convexidad), y el mojón. (Dibujo del autor)
19 Partiendo de la descripción de un mojón, refiriéndose al monumento, y extrapolando esa idea, no está fuera de lugar identificar y asignar esta denominación a los edificios construidos en las pequeñas parcelas residuales, resultantes de la macla entre la Avenida Diagonal y la cuadrícula del Ensanche. Es precisamente en el entorno de este enclave, donde se producen el número más elevado de estas situaciones, quizá la más conocida sea la Casa de les Punxes, de Josep Puig i Cadafalch. Son edificios que no se identifican por su esquina achaflanada, sino por su angulosidad característica. Esa concavidad pronunciada, hace de ellos elementos de referencia visual, y los convierte en edificios especialmente cambiantes dependiendo de donde se encuentre el observador, que crea la imagen ambiental como un proceso bilateral entre él y el observado. Identificaremos por tanto ese atributo, como una cualidad monumental en los edificios con concavidades pronunciadas. Si los mojones aislados, a menos que sean dominantes, tienden a constituir referencias débiles en sí mismos, si están congregados, se refuerzan entre sí y no tan sólo con carácter aditivo. Kevin Lynch, en su libro de La imagen de la ciudad, afirma que los observadores familiarizados desarrollan agrupaciones de mojones a partir del material menos promisorio y dependen de un conjunto de signos integrados, cada uno de cuyos miembros puede ser demasiado débil para que quede registrado. Las marcas pueden estar dispuestas asimismo en una secuencia continua, de modo que todo un recorrido se reconozca y resulte cómodo a través de una sucesión de detalles familiares. Fig. 21.13. Secuencia monumental de mojones, con la Sagrada Familia como confín visual. Propongo el dibujo de la figura 21.13, como analogía a este argumento y también para evidenciar que existen en el lugar unos límites que van más allá de los físicos o el borde inmediato. Así se enseña otra manera de identificar hasta donde llegan los límites de este enclave. Se trata de los límites perceptivos-visuales y es sugerente ver las puntas de las torres de la Sagrada Familia (Fig. 21.14 y 21.15) a modo de confín de la calle Mallorca y como a un elemento más, perteneciente a esta secuencia monumental y que da un sentido general de orientación en el lugar estudiado.
20 Fig. 21.14. Superposición de tres situaciones monumentales. Fig. 21.15. La calle de Mallorca desde la encrucijada. La Sagrada Familia como límite visual. Muestra documentada de situaciones urbanas donde la concavidad pronunciada de las construcciones juega un papel monumental. Fig. 21.16. Esquinas de izquierda a derecha: Calle Triangle-Rec (Barcelona), Saint Denis, Rue Beauregard (París). Transformación urbana, o sustitución de un elemento del conjunto por otro semejante en geometría, dimensión y contexto. Fig. 21.17. Transformación urbana. Sustitución de un elemento del conjunto. Flatiron Building 1902, NY. (Dibujo del autor)
27 El 31 de enero de 1904 se colocaba la primera piedra de uno de los monumentos más conocidos de Barcelona, y a la vez uno de los más polémicos, el del Doctor Robert en la Plaza de la Universidad. Su popularidad promovió el monumento costeado por subscripción pública, y se encargó el trabajo al escultor Josep Llimona. El arquitecto Domènech i Montaner, que al principio estaba dentro del proyecto, lo abandonó. El monumento tardó seis años en acabarse, y fue inaugurado el 13 de noviembre de 1910. Entonces ni sus promotores ni los asistentes sabían que no llegaría a estar treinta años en aquél emplazamiento. Después de la Guerra Civil se desmontaron algunas de las estatuas que representaban o tenían algo que ver con el catalanismo. En enero de 1940, un año después de la ocupación de Barcelona por las tropas franquistas, empezó a ser desmontado el monumento al Doctor Robert. Ante la sospecha de su destrucción, la hija del escultor fue autorizada a visitar el almacén de la calle Wellington donde se conservaban todas sus estatuas, para comprobar su existencia. Fig. 22.13. Emplazamiento inicial del monumento, y proceso de deconstrucción y posterior reconstrucción en su ubicación actual. (Monuments de Barcelona. AVENÇ) Fig. 22.14. Imagen re encuadrada de la situación actual del monumento. Vista poco común del mismo des de el eje de la Gran Vía.
28 En 1974, la prensa empezó a preguntarse sobre los monumentos desaparecidos durante el franquismo y en 1977 el alcalde de la ciudad aseguró la reconstrucción del monumento en su emplazamiento original. Problemas técnicos derivados de las instalaciones del metro aconsejaron otro emplazamiento, y finalmente se decidió que iría en la Plaza de Tetuán donde en 1985 fue reinaugurado. En la secuencia fotográfica (Fig. 22.13), se muestra el proceso durante el cual el monumento cambia de ubicación, y la manera como se conservan y distinguen todas sus partes para ser de nuevo colocadas. Fig. 22.15. Cambio de ubicación del origen real de la ciudad al origen teórico del ensanche. (Dibujo del autor) Contraponiendo los dos emplazamientos (Fig. 22.15), la Plaza de la Universidad (primer entorno edificado de la ciudad fuera murallas) y la Plaza de Tetuán (teórico origen del ensanche de la futura ciudad), se propone el enfoque de este viaje como el desplazamiento del origen real, al centro o origen teórico de la nueva ciudad.
29 3.1.- AUTONOMÍA RESPECTO LA CALLE. EL PASEO DE LLUÍS COMPANYS Y LA RAMBLA DEL PASEO DE SAN JUAN Tanto en su extremo más próximo a la montaña como en el que se encuentra más cercano al mar, el Paseo de San Juan está rematado por dos espacios urbanos característicos y estrechamente vinculados por cómo se relacionan con la calle en la que se ubican, y porque en ambos casos ésta los aísla de su entorno, dejándolos en una posición central y evidenciando su carácter autónomo respecto a la misma. Ambos podemos comprenderlos como Salones Urbanos (Fig. 31.1 y 31.3) y, a parte de su autonomía, también los distingue la forma en que se usan y la percepción unitaria que uno tiene de estos lugares. Comprimido entre el Arco del Triunfo y el parque de la Ciutadella se encuentra el Paseo de Lluís Companys, antiguo Salón de Víctor Pradera. Resulta sencillo identificar un lugar así ya que des de su génesis fue pensado como una gran puerta para la Ciudad. En aquél contexto, el espacio era conocido como la Avenida del Paseo de San Juan y fue un gran esfuerzo urbanizador de la zona fuera murallas. También representó la puerta, o más bien el hall de entrada, a la Exposición Universal del 1888 y desde entonces adquiere un trascendental papel representativo en la ciudad ya que en él, han estado toda clase de motivos relacionados con la representación de la ciudad y del país (en el punto 1.1 del presente trabajo se describen estas referencias). Fig. 31.1. El Salón de Víctor Pradera y el Paseo de Lluís Companys. Dos lugares autónomos y unitarios. En las fotografías de la figura 31.1, se muestran dos vistas elevadas del Salón y del Paseo en su conjunto, para destacar el carácter autónomo de este lugar respecto la calle y la percepción unitaria que uno tiene de él, al comprender fácilmente que todas sus partes forman parte de un mismo conjunto, valor aún más magnificado cuando era el Salón de Víctor Pradera. Cabe destacar que este proyecto de reforma fue el que recuperó la idea del eje central de circulación que atraviesa el Salón asemejándose más, a como era el lugar cuando se proyectó por primera vez y a como lo conocemos en la actualidad.
30 Fig. 31.2. Sección del conjunto mostrando el aparcamiento subterráneo del lugar, que únicamente se manifiesta por la alteración topográfica que se aprecia des de la calle que lo rodea. Farolas modernistas de Pere Flaqués. Como muestra de la gran cantidad de detalles que identifican el lugar como un sitio especial, se enseñan los dos episodios de la figura 31.2. Aquí, el diseño urbano adquiere otra dimensión, ya que se percibe un refinamiento fuera de lo normal en elementos de mobiliario urbano, como por ejemplo las farolas-banco modernistas que existen en este lugar, diseñadas por Pere Flaqués, y en su día, entendidas por algunos como “incomprensibles y extraños monolitos”. La posición de las mismas estaba pensada para dominar la iluminación de tal manera que se consiguiera una espacio más acogedor, esta intención también reafirma la voluntad de liberar ese espacio del resto de la calle. Algo similar pasa en el otro extremo de la vía, donde des de la calle Mallorca hasta llegar a la Travessera de Gràcia, el Paseo de San Juan cambia de nuevo su sección ofreciendo sin concesión su gran espacio central a modo de Rambla. Este tramo de la calle se conoció al ser inaugurado como el Salón de García Hernández (Fig. 31.3) nombre que adquirió entre el 1931 y 1939, siendo rebautizado en este mismo año como el Paseo del General Mola hasta el 1979. Desde entonces es conocido como el tramo que queda por encima de la Avenida Diagonal del Paseo de San Juan. No oficialmente, desde 2005 también como el Passeig de Sant Joan de Dalt. Fig. 31.3. Tramo de la calle también denominado “Salón”. La Fuente de Hércules como centro del conjunto, para entenderlo como una unidad urbana. Fig. 31.4. Tramo en estudio. Unidad urbana que mantiene simetría respecto a un centro. (Dibujo del autor)
31 No es descabellado tratar con cierta analogía este lugar respecto al Paseo de Lluís Companys. Aquí también se identifica ese carácter de autonomía y de unidad que representa el conjunto respecto a la calle. La Rambla del Paseo de San Juan, se estructura en seis tramos cuyo centro está ocupado por la Fuente de Hércules (Fig. 31.4), originariamente ubicada en el antiguo Paseo de la Esplanada, e incluso se mantiene una simetría global respecto a este centro a la hora de disponer las fuentes o estanques que existen en ella, denotando que se pretende cierta unidad en su diseño. Fig. 31.5. Estanques ocupando el eje del Paseo, con algunas parcelas aún sin edificar y el monumento a Jacint Verdaguer en el fondo. (Un passeig pel Passeig de Sant Joan de Dalt. Archivo administrativo de Barcelona) Una vez descritos estos enclaves, se quiere cuantificar su superficie ya que se trata de una de las más extensas áreas de espacio público ofrecidas en la ciudad donde no se impone un uso determinado. Para tal propósito, resulta interesante la comparación con otras calles conocidas de la ciudad, cuyas características de ocupación y actividad en su parte central puedan asemejarse. Sorprende ver la desproporción entre la superficie central del Paseo de San Juan y a la Rambla, una calle quizá más fácilmente identificable por esta cualidad. Fig. 31.6. Cuantificación y comparación del espacio público ofrecido en el centro de la calle en tres de las vías de la ciudad donde se expresa más claramente esta situación. (Dibujo del autor)
32 Estos dos Salones urbanos, también se caracterizan por su manera de usarse. La cualidad más significativa es la posibilidad de ser fácilmente adaptables a cualquier uso, o dicho de otra manera, su flexibilidad de uso como espacio urbano. Esto provoca en ambos casos, que se fomente la ocupación temporal de los mismos. Fig. 31.7. Uso del Salón de San Juan, hoy Paseo Lluís Companys. Fig. 31.8. Inauguración del tramo superior del Paseo de San Juan. 1930. Biblioteca exterior y Pabellón de lectura situados en el mismo centro de este tramo. Fig. 31.9. Uso flexible del espacio público. Situación actual donde se muestra el uso de la rambla de este tramo, con la peculiar manzana de los “Bloques de Elizalde” al fondo creando una forma urbana de parque-bloque-calle no muy frecuente en el Ensanche.
33 Tanto la Rambla del Paseo de San Juan como el Paseo de Lluís Companys, se rellenan de actividad, durante un tiempo determinado y esa actividad coincide con la presencia de habitantes temporales. En ocasiones se convierten en lugares para la intimidad y para compartir determinadas prácticas de encuentro que no permiten ser modeladas ni fijadas. Ocupaciones tanto personales como colectivas que no tienen la ambición de establecerse. Ése carácter temporal alenta continuas resignificaciones, que pueden ser tan diversas como las que se enseñan en las figuras 31.7 y 31.8, y permite entender estos dos emplazamientos como lugares que se encuentran en un constante encenderse y apagarse. Tiene bastante que ver en ello, el hecho de que en los dos lugares que se contraponen, existen unos límites hiper definidos que, aparte de resaltar la autonomía del lugar, también contribuyen a excluirlos del borde que permanece anexo a las edificaciones de la calle. Este resto de la calle queda irremediablemente convertido en un espacio residual, que en muchas ocasiones es usado solamente para desplazarnos a más velocidad por esta vía, liberando el amable espacio central para ser utilizado de manera más calmada. ¿Las podríamos ver como las calles de los Domingos? Fig. 31.10. Contraposición entre la elegante balaustrada que resigue el perímetro del Paseo de Lluís Companys, y los arbustos recortados a modo de barrera de la Rambla del Paseo de San Juan. La escalinata de acceso al centro del Paseo de Lluís Companys, manifiesta la voluntad de excluirse de la calle que pasa rodeándole.
34 El análisis del uso adaptable y en cierto modo flexible, de estos dos lugares, invita a una reflexión sobre lo que ocurre en el tramo de la calle que queda comprendido entre estos dos extremos. Fig. 31.12. El tramo central del Paseo de San Juan. (Dibujo del autor) Fig. 31.13. Proyectos de reforma donde se propone extender la Rambla hasta el Paseo de Lluís Companys. (Servei de planejament de l’Ajuntament de Barcelona) Seguramente sea por el hecho de ser el tramo menos humano de la calle, esta parte central del Paseo de San Juan ha sido objeto de crítica y foco de atención ya desde hace muchos años. Siempre se le ha atribuido cierto carácter marginal, aunque todas las intenciones y propuestas para reformarlo se han basado en la misma estrategia; intentar controlar y eliminar un determinado caos mediante la utilización de franjas de usos especializados. Excepto alguna propuesta de reforma que planteaba otras alternativas (Fig. 31.13) todas las demás, incluso la aprobada y recientemente empezada su ejecución, han tenido como hilo conductor ese criterio. Fig. 31.14. Propuesta de reforma aprobada que se llevará a cabo en este tramo. Todas las que se estudiaron se basaban en la especialización de usos por franjas para controlar el caos en la calle. Sería cuestionable si esa segregación de usos por franjas, puede contribuir a mejorar las necesidades urbanas que plantea este enclave, en cualquier caso parece ser una alternativa bastante convincente para la mayoría y muy tentadora para ser reproducida en muchos otros lugares de la ciudad.
35 Fig. 31.15. Calle en Amsterdam donde se ignora por completo el uso de cada franja especializada. Otros ejemplos de caos en la calle. Para concluir este punto, retomamos la mirada a los extremos de la calle como lugares autónomos o Salones urbanos de la ciudad, para centrar la atención en la relación que mantienen estos lugares con el entorno más inmediato de la ciudad. Para ello, se propone la comparación de las figuras 31.16 y 31.18, donde se pretende enseñar que en ambos casos ocurren episodios que mantienen ciertos parecidos. Se consideran las manzanas edificadas que delimitan los Salones, como unos perímetros reguladores que intentan igualar la apariencia de las dos caras opuestas de la calle, escondiendo o dejando atrás situaciones especialmente singulares y análogas. En los dibujos se muestra en rojo ése denominado perímetro regulador de edificaciones, que sería lo que conformaría las paredes o los cerramientos de estos dos Salones urbanos. Contraponiendo ambas situaciones se podría relacionar el tejido del barrio de Gràcia con el del casco antiguo de la ciudad, ambos preexistentes al Ensanche y de alguna manera perfilados para adaptarse a su trazado regular. También se podrían asociar las parcelas del tramo superior que se corresponden al originario Camp d’en Grassot, y aún mantienen los pasajes interiores que atraviesan las manzanas y que se corresponden aproximadamente con las antiguas divisiones agrícolas, con las que están detrás del Palacio de Justicia ya que a éstas también les quedan señales de las primeras parcelaciones de la zona. Estas alineaciones eran las delimitaciones de los campos de conreo y se caracterizaban por su perpendicularidad aproximada respecto el trazado del Rec Comptal, actual Calle de Ribes. Como curiosidad, explicar la existencia en el Paseo de San Juan, de una manzana atípica del Ensanche que no obedece a la tipología estándar y se estructura mediante bloques aislados (Fig. 31.17). Ésta se sitúa en la esquina de la calle Còrsega con el Paseo y se corresponde con la antigua fábrica de componentes mecánicos Elizalde que ocupaba toda la extensión de la manzana. Así, estos han sido apodados comúnmente como los bloques de Elizalde. Cabe destacar, en contexto con el tema que se trata, la posición en paralelo del bloque que tiene frente al Paseo de San Juan, también con una vocación reguladora de la calle y ofreciendo una situación urbana de parque-bloque-calle no muy frecuente en el Ensanche.
36 Fig. 31.16. Plano y fotografía aérea de la Rambla del Paseo de San Juan, con el barrio de Gràcia y el Camp d’en Grassot en ambos lados. En rojo se enseña el perímetro regulador. (Dibujo del autor) Fig. 31.17. Manzana de bloques en el Ensanche, que se corresponde con la antigua fábrica de componentes mecánicos de Elizalde. Destacar la posición del bloque paralelo al Paseo de San Juan. Fig. 31.18. Plano y fotografía aérea del Paseo de Lluís Companys, con el casco antiguo de la ciudad y las alineaciones perpendiculares al trazado del antiguo Rec-Comptal (Calle de Ribes). En rojo se enseña el perímetro regulador. (Dibujo del autor) Fig. 31.19. Fotografía histórica y superposición del entramado de los campos y parcelas con el ensanche de la ciudad.
43 Fig. 32.13. Propuesta de una improbable prolongación del Paseo de San Juan, des de la Torre del Gas hasta el Parque Güell como inicio y final de la calle representativa.
45 BIBLIOGRAFÍA 1.- Galera, Montserrat; Tarragó, Salvador. Atlas de Barcelona: (Segles XVI-XX). 2ª ed. Barcelona: Col.legi d’Arquitectes de Catalunya, 1982. 2.- González, Antoni. El camp d’en Grassot, familia i territori. Barcelona: El autor. 2008. 3.- Lynch, Kevin. La imagen de la ciudad. Barcelona: Gustavo Gili, 2001. 4.- Venturi, Robert. Complejidad y Contradicción en la Arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 1972. 5.- Fòrum Universal de les Cultures 2004. Cities, corners. Barcelona: Fòrum Barcelona, 2004. 6.- Fabré, Jaume. Monuments de Barcelona. Barcelona: L’avenç, 1984. 7.- Serra Riera, Enric. 12 tesis en relació al procés de transformació de l'eixample Cerdà de Barcelona. Barcelona : ETSAB, 2010. 8.- Coromines Ayala, Miquel. Los orígenes del Ensanche de Barcelona. Suelo, técnica e iniciativa. Barcelona: UPC, 2002. 9.- Solà-Morales, Manuel de. Cerdà / Ensanche. Barcelona: UPC: ETSAB, 2010. 10.- Rowe, Colin. Collage City. París : Centre Georges Pompidou, 1993. 11.- Torres i Capell, Manuel de. Inicis de la Urbanística Municipal de Barcelona. Barcelona: Ajuntament: Corporació Metropolitana, DL 1985 12.- Magriñà, Francesc. Cerdà 150 anys de modernitat. Barcelona: Fundació Urbs. i Territori Idelfons Cerdà: ACTAR, 2009 Hemeroteca: La Vanguardia, 24 de Abril de 1991 30 de Enero de 1934