Teresa de Escoriaza y sus artículos en "La libertad" (Madrid, 1919-1931)
Abstract
Teresa de Escoriaza (1891-1968) fue una mujer polifacética y carismática que vivió la conflictiva época de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Periodista, traductora, profesora, novelista y locutora, pugnó por los derechos de la mujer a lo largo de toda su vida, configurándose como una importante figura del feminismo español. Gracias a su dominio del francés e inglés, vivió a caballo entre España y Estados Unidos a lo largo de toda su vida, lo que le proporcionó un pensamiento abierto y avanzado para la época.
Full text
TRABAJO DE FIN DE GRADO GRADO EN FILOLOGÍA HISPÁNICA TERESA DE ESCORIAZA Y SUS ARTÍCULOS EN LA LIBERTAD (MADRID, 1919-1931) AUTORA: Dª PALOMA GODOY GÓMEZ TUTORA: Dra. AMPARO QUILES FAZ Málaga, 2016-2017
Índice Introducción .......................................................................................................... 1 1. Notas biográficas .............................................................................................. 2 2. Obra periodística y literaria .............................................................................. 5 3. Teresa de Escoriaza en La Libertad: análisis de textos .................................... 9 3.1. Acercamiento al movimiento feminista ..................................................... 9 3.1.1. Figuras feministas: homenaje a Concepción Arenal ......................... 13 3.2. La lucha contra los tópicos del feminismo ............................................... 15 3.2.1. Tópicos feministas en torno al físico ................................................. 16 3.2.2. Tópicos feministas en torno a la intelectualidad ............................... 19 3.2.3. Tópicos feministas en torno a la moralidad femenina ....................... 21 3.3. Galantería ................................................................................................. 23 3.4. Un tema tabú: la sexualidad femenina ..................................................... 24 3.5. Reflexiones sobre el trabajo femenino en España.................................... 26 3.6. Una mirada crítica: la educación y la cultura de la mujer ........................ 30 3.7. Cambios en la sociedad gracias a las asociaciones femeninas ................. 33 3.7.1. EL Lyceum Club ............................................................................... 34 3.7.2. Asociación Española de Mujeres Universitarias (AEMU) ................ 36 3.8. Teresa de Escoriaza y el voto femenino ................................................... 37 3.9. Notas sobre el matrimonio ....................................................................... 44 3.10. España y el mundo ................................................................................. 46 4. Conclusión ...................................................................................................... 49 5. Bibliografía ..................................................................................................... 52 6. Anexos……. ................................................................................................... 55
1 Introducción Teresa de Escoriaza (1891-1968) fue una mujer polifacética y carismática que vivió la conflictiva época de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Periodista, traductora, profesora, novelista y locutora, pugnó por los derechos de la mujer a lo largo de toda su vida, configurándose como una importante figura del feminismo español. Gracias a su dominio del francés e inglés, vivió a caballo entre España y Estados Unidos a lo largo de toda su vida, lo que le proporcionó un pensamiento abierto y avanzado para la época. No obstante, a pesar de ocupar un importante papel en la historia del feminismo en España, Teresa de Escoriaza no ha sido especialmente atendida por la crítica actual, llegando, incluso, a olvidarse su legado y su figura casi por completo. Pero no es este un caso aislado, ya que otras muchas mujeres que fueron fundamentales en la historia de España han sido relegadas al olvido por diversos motivos, entre los cuales está precisamente el de ser mujeres. Con este trabajo nos proponemos recuperar parte de la obra de Teresa de Escoriaza y contribuir a la labor de recuperación que ya han emprendido otros autores 1 a fin de reconstruir el perfil completo de esta importante figura. En nuestra investigación, hemos tenido que afrontar una serie de inconvenientes que hemos intentado solventar de la mejor forma posible. Entre ellos, destacamos especialmente la falta de medios para consultar algunas fuentes como periódicos no digitalizados o la imprecisión por parte de nuestra autora a la hora de citar algunas personalidades o hechos, lo cual ha obstaculizado o incluso imposibilitado la obtención de ciertos datos. La pionera labor de Teresa de Escoriaza como cronista de la guerra de Marruecos ha generado un campo de investigación interesantísimo al cual se han ido acercando cada vez con mayor frecuencia algunos estudiosos en los últimos años, como la Dra. Marta Palenque o Manuela Marín. Nuestro objetivo, no obstante, es atender a la desconocida obra periodística de esta autora, aportando con ello un importante hallazgo en la causa feminista. El material que hemos analizado pertenece a su producción periodística en La 1 Como Marta Palenque (2006), Marina Carrera (2015), Manuela Marín (2013) o Marta Nadales (2006).
2 Libertad desde sus inicios, en noviembre de 1919, hasta la publicación de su último artículo, en marzo de 1931, abarcando un total de 43 artículos examinados 2 . En sus artículos hemos descubierto una temática diversa más allá de los asuntos de belleza y cuidados femeninos como era costumbre en las periodistas de la época. Destacamos así la crítica que hizo contra el subordinado papel de la mujer española en multitud de ámbitos como la educación, el trabajo o el deporte. Además, denunció otros aspectos de la sociedad española como la hipocresía moral o la extendida falta de motivación cultural. Por otro lado, también interesa destacar las apreciaciones que hizo sobre el país norteamericano desde su experiencia como emigrante durante muchos años. Así, analizó y exploró su cultura y costumbres destacando reiteradamente la inteligencia, tolerancia y avanzado pensamiento de sus habitantes. Mediante comparaciones, incidió en el atraso de la mujer española con respecto a la norteamericana, esperanzada, no obstante, en una mejora de la situación de la mujer en nuestro país. Gracias a este acercamiento, hemos descubierto la figura de una mujer que se mantuvo fiel a sus convicciones feministas y vivió acorde con ellas, abogando por la justicia, la libertad y la igualdad. Por último, me gustaría agradecer a mi tutora el abrirme camino hacia esta línea de investigación, y en especial, hacia esta desconocida escritora. Mediante sus artículos, he podido conocer el complicado panorama al que se enfrentaron las mujeres a principios del siglo XX . Gracias a ellas, hoy vivimos en una sociedad más justa e igualitaria. 1. Notas biográficas Teresa María de la Concepción Escoriaza y Zabalza nació el 7 de diciembre de 1891 en el seno de una familia de clase media en San Sebastián. Tanto su padre, Blas de Escoriaza, secretario del tranvía de San Sebastián, como su madre, Dolores de Zabalza, procuraron una educación completa y avanzada para su hija, contraponiéndose a la básica e insuficiente instrucción propia de las mujeres en aquella época. 2 Ver anexo bibliográfico.
3 Teresa de Escoriaza realizó sus estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros en Madrid. En 1910 se diplomó en la Académie de Bordeax como profesora de francés y consiguió el título de Brevet Superieur. Además, complementó sus estudios formándose también en las Universidades de Madrid y Liverpool, llegando a ser una reconocida profesora de francés y español. El anhelo de conocer mundo incentivado por la valentía, el inconformismo y las ansias de libertad que caracterizaron a Teresa de Escoriaza fueron los detonantes para que, a sus 26 años, partiera a Nueva York huyendo de una sociedad con la que no se sentía identificada. Se ganó el sustento dando clases de español y francés en centros educativos como Mamaroneck en Connecticut, Bryn Mawr College en Pennsylvania o el Montclair State Teachers College en New Yersey. En este último instituto hizo especial mella esta escritora, ya que, como nos descubre la Dra. Palenque: “[…] para varias generaciones de profesores de español fue un referente fundamental y continúa siéndolo en la actualidad de alguna forma: hoy día Montclair State University ofrece una beca anual para realizar estudios en España que lleva el nombre de Teresa de Escoriaza” 3 . A lo largo de su vida también impartió clases en otras instituciones como en el Instituto Internacional de Madrid, en el Merril School de Nueva York, en el Midlbury College de Vermont y en el Bellerive School de Liverpool. Gran amante de la docencia, en varios de sus artículos recordó con cariño esta etapa de su vida: “[que] Torralva Beci me aluda como ‘maestra’, me complace, pues viene a recordarme los gratos tiempos de mis andanzas en el campo de la Pedagogía” 4 . En 1919 Teresa de Escoriaza comenzó a escribir a distancia para el periódico El Liberal de Madrid, lo cual tuvo gran repercusión en su vida profesional. Sus textos, firmados bajo el pseudónimo masculino de Félix de Haro, fueron publicados a lo largo de este año. Los artículos, escritos a modo de crónicas, fueron recogidos con el título “Desde Nueva York”. En ellos se aprecian distintos aspectos y curiosidades de las costumbres y formas de vivir de la sociedad estadounidense, además de noticias de interés 3 PALENQUE, M., “Ni ofelias ni amazonas, sino seres completos: aproximación a Teresa de Escoriaza”, Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, 719 (2006), p. 373. 4 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Ni señorita ni doña”, La Libertad, Madrid, 20-7-1926, p. 1.
4 del ámbito español. Su éxito pronto se hizo notar y la repercusión de sus escritos no dejó de crecer. Escoriaza continuó su labor como periodista en La Libertad tras la desintegración de El Liberal en 1919. Fue entonces, una vez reconocida la valía y calidad de sus escritos, cuando Teresa de Escoriaza decidió firmar con su propio nombre, dejando atrás el pseudónimo masculino que le garantizaba cierta protección dentro de un mundo periodístico mayoritariamente masculino. Al inicio de 1921 esta periodista dejó sus crónicas neoyorkinas a favor de un nuevo cargo: fue enviada como corresponsal de guerra al norte de África con el fin de informar sobre la guerra española con Marruecos. Estas crónicas, tituladas “Del dolor de la guerra” fueron de vital importancia, pues en ellas se describía el conflicto bélico bajo una mirada de increíble sensibilidad, mostrando la visión más humana, dolorosa y desoladora de la guerra. Además, aportó también su perspectiva como mujer, lo que resulta altamente novedoso e inédito en este ámbito. Todas estas crónicas fueron recogidas en ese mismo año en el libro Del dolor de la guerra. Crónica de una campaña en Marruecos, precedido de un prólogo de Antonio Zozaya, amigo y compañero de trabajo de la escritora. Gracias a sus publicaciones, Escoriaza adquirió paulatinamente importancia a lo largo de la década de los años veinte consagrándose finalmente como una prestigiosa y reconocida periodista. Reflejo de esta fama fue el banquete que se celebró en su honor el 20 de noviembre de 1921 en el hotel Ritz de Madrid con el fin de conmemorar su labor como periodista de guerra 5 . En 1922 Teresa de Escoriaza se incorporó a la redacción del periódico La Libertad hasta 1934. Durante estos años escribió sus artículos desde Italia, Madrid y Nueva York. Junto a ello, publicó también en otros periódicos como en Informaciones, Mundo Gráfico o El Eco de Galicia. En todas sus publicaciones Escoriaza dejaba entrever una actitud inconformista y reivindicativa sobre el papel de la mujer, demostrando su cultura y avanzado pensamiento. Es interesante destacar que Teresa de Escoriaza no se limitó al mundo periodístico, sino que se consagró como una de las primeras mujeres que ejercieron como 5 ANÓNIMO, “Consagración de una escritora. El banquete a Teresa de Escoriaza”, La Libertad, Madrid, 21-11-1921, p. 4.
5 locutoras de radio en España al trabajar para Radio Ibérica. Asimismo, participó en un ciclo de conferencias para mujeres en mayo de 1924. Como señala Marta Nadales, “Due to her success in the radio, she soon became not only one of the first female voices in the Spanish radio but also one of the first radio defenders of women’s rights” 6 . También ofreció un curso radiofónico de francés -Curso elemental de francés-, lo que supuso un original y novedoso aporte en el ámbito educativo del aprendizaje de lenguas extranjeras en España. Además de todo ello, ejerció como traductora, elaborando traducciones del francés como La corte de las damas de Marie Deschard en 1922. También escribió una novela, El crisol de las razas en 1929 y prologó en ese mismo año la obra Antología de mujeres donde prestó especial atención a la labor feminista de la poeta Carolina Coronado. En 1936 estalló la Guerra Civil en España y Teresa de Escoriaza, de ideología liberal y republicana, decidió permanecer en Nueva Jersey, alejada del conflicto bélico. Fue en 1938 cuando obtuvo la nacionalidad norteamericana y continuó su labor como docente en Montclair State Teachers College hasta que en 1959 se jubiló, dejando a sus espaldas el reconocimiento y la admiración de sus alumnos. Finalmente, Escoriaza regresó a España, donde falleció el 18 de julio de 1968 en la ciudad de San Sebastián. 2. Obra periodística y literaria La prensa industrial apareció en toda Europa en el siglo XIX , aunque su llegada a España fue tardía. Podemos decir que el mundo periodístico era eminentemente masculino, por lo que pocas fueron las autoras que tuvieron la oportunidad de escribir en este medio de comunicación. Al principio, las mujeres periodistas debían limitarse a escribir páginas específicamente femeninas, donde abordaban temas de moda, recetas de cocina o cuestiones de bordado y costura. Como aseguraba Carmen de Burgos, “la escritora tenía que quedar relegada a ocuparse de modas y frivolidades en periódicos donde directores con menos cultura que ellas escribían los artículos de fondo o las críticas literarias” 7 . No obstante, el panorama periodístico fue cambiando poco a poco, ya que la 6 NADALES, M., “From Carmen Burgos Seguí to Emilia Pardo Bazán: A review of nineteenth century Spanish women travellers”, Revista canaria de estudios ingleses, 72 (2006), p. 136. 7 NÚÑEZ REY, C., Carmen de Burgos. Colombine en la Edad de Plata de la Literatura Española, Sevilla, Fund. José Manuel Lara, 2005. Cit. en QUILES FAZ, A., “Isabel Oyarzábal:
12 En este artículo, Teresa de Escoriaza demostraba una madurez política y civil al concienciar a todas las mujeres sobre la responsabilidad que conllevaba la concesión de los derechos: “¿Deseamos los derechos políticos? Pues comencemos por practicar los deberes políticos” 30 . De esta forma, nuestra escritora combatía la abulia, la dejadez y la pasividad, pidiendo una actitud comprometida por la causa. La actividad del movimiento feminista proporcionaría derechos, pero también conllevaba responsabilidades que eran necesarias asumir y cumplir. Sin duda, este texto suponía un alegato de responsabilidad y compromiso social dirigido a las mujeres, a quienes exigía mantener una actitud activa en ese momento: “Se encuentra nuestra nación en uno de los más intensos momentos políticos y sociales. Aprovechémoslo las mujeres para iniciar nuestra incorporación a la vida pública” 31 . 3.1.1. Figuras feministas: homenaje a Concepción Arenal Como ya hemos señalado, Teresa de Escoriaza fue una firme defensora de la lucha feminista. En numerosos escritos Escoriaza recordaba a aquellas grandes pioneras que abrieron paso a la mujer en el mundo y que hicieron posible que el movimiento creciera y se consolidara. Una forma de contribuir a la causa era rememorar aquellas figuras y divulgar sus aportaciones para que no cayesen en el olvido y el movimiento siguiese evolucionando desde sus iniciales progresos. Pero si hubo una feminista a la cual Teresa de Escoriaza rindió especial veneración fue a Concepción Arenal 32 . En varios de sus artículos 33 manifestó el gran respeto y 30 Idem. 31 Idem. 32 Concepción Arenal fue un referente para otras muchas escritoras, como por ejemplo Isabel Oyarzábal: “Sirva la celebración de este centenario para que la labor de las feministas futuras vaya inspirada en las máximas de mujer tan ilustre, y para que la figura de la gran socióloga adquiera ante la nación el relieve y prestigio que merece”. OYARZÁBAL, I., “Las grandes figuras del feminismo español. Centerario de Concepción Arenal”, El Sol, Madrid, 9-11920, en QUILES FAZ, A., Isabel Oyarzábal: mujer, voto y libertad, Sevilla, Editorial Renacimiento, 2013, p. 219. 33 “Supuesta inferioridad mental” (30-11-1925), “Monumento a Concepción Arenal” (95-1928) o “Más monumentos a Concepción Arenal” (15-3-1929), entre otros.
13 admiración que tenía por la autora gallega, cuya obra llegó a designar como “aquellos libros sagrados” 34 : ella fue una fuente directa de nuestra autora, a la cual tomó como referente ideológico. Admitió en sus escritos que no conoció la obra de Arenal hasta su madurez, cuando Gumersindo de Azcárate la animó a leer su obra, transmitiéndole la pasión y admiración hacia los escritos de esta autora: “¡Quién pudiera haber retenido en la memoria aquellos espontáneos y profundos comentarios a la obra de Concepción Arenal!” 35 . El descubrimiento de los textos de C. Arenal fue revelador para el ideario de Escoriaza: “Y es así como ante mi espíritu maravillado y mi corazón conmovido pasaron tantas y tantas páginas, llenas de elevados conceptos de justicia para la mujer, de perdón para el desvalido […] Y así también como poco a poco fue levantándose en mi corazón el altar donde hoy es venerada la imagen de esta santa laica” 36 . Uno de los temas que trató en estos artículos fue precisamente cómo debía ser homenajeada esta autora 37 . Frente a otras feministas como Clara Campoamor, Nieves García y Gómez o Magda Donato, que proponían dedicarle un monumento en su honor, ella manifestó otro deseo, revelando su personalidad y originalidad. Planteó que para homenajear se debía “representar la obra de aquel a quien se trata de honrar y nunca su figura física” 38 . Por ello, debían ponerse de relieve “las virtudes de caridad, de comprensión, de tolerancia que presidieron a toda su labor” que caracterizaban a esta autora, y con esto, el homenaje se basaría en “un altar dedicado a mantener viva la fe en la causa del feminismo” 39 . 34 ESCORIAZA, T. de, “Más monumentos a Concepción Arenal”, La Libertad, Madrid, 15-3-1929, p. 1. 35 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El monumento a Concepción Arenal”, La Libertad, Madrid, 9-5-1928, p. 1. 36 Idem. 37 El debate sobre cómo se debía rendir homenaje a Concepción Arenal también fue tratado por otras periodistas, como es el caso de Isabel Oyarzábal con su artículo “Las grandes figuras del feminismo español. Centenario de Concepción Arenal”, El Sol, Madrid, 9-1-1920, p. 2. 38 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El monumento…”, art. cit., p. 1. 39 Idem.
14 Sin embargo, el homenaje que pretendía Teresa de Escoriaza no se limitaba a esto, pues más importante aún era atender a la divulgación de la obra de Concepción Arenal. Este debía ser un deber del Estado, ya que su aportación ayudaría realmente a mejorar la sociedad. Por ello, pidió que se abrieran bibliotecas con la obra de C. Arenal y la de todas aquellas personas insignes que merecieran permanecer en el tiempo. De esta forma, Teresa de Escoriaza optó por una reivindicación más comprometida que política sobre la figura e ideario de Concepción Arenal. Un proyecto que, desgraciadamente, no se llevó a cabo. 3.2. La lucha contra los tópicos del feminismo Las desigualdades existentes entre ambos sexos a comienzos del siglo XX se basaban en un sistema de tipologías sexuales apoyado por la tradición occidental: “Una distribución desigual del poder, una relación de dominación-subordinación […] ha provocado a lo largo de los siglos y en todas las realizaciones humanas unas distorsiones psico-sexuales específicas de la personalidad del hombre y la mujer” 40 . De esta forma, la realidad se encontraba dividida en dos ámbitos, uno femenino y otro masculino, atribuyendo a cada uno determinados valores y actitudes 41 : los hombres, inteligentes y fuertes por naturaleza, dominaban los ámbitos intelectuales, políticos, económicos y deportivos, mientras que las mujeres, portadoras innatas de la belleza y los sentimientos, eran vinculadas con la esfera doméstica y familiar. Bajo este contexto histórico-social se inició el siglo XX , cuando se produjeron profundos cambios que afectaron al papel social de la mujer: la vestimenta, el trabajo, la educación, la política… Todo ello contribuyó a que apareciese en esta época el mito de la feminidad. La nueva situación equiparó de forma inaudita a la mujer con el hombre, desdibujándose las fronteras que tradicionalmente se habían impuesto entre ambos sexos. La llegada de la mujer a la vida activa supuso cierto desbarajuste de los roles y actitudes 40 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 99. 41 GÓMEZ-FERRER MORANT, G., Hombres y mujeres. El difícil camino hacia la igualdad, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas-Universidad Complutense, 2002, p. 170.
15 asignados a cada sexo y a partir de lo cual surgió el concepto de “varonización” o “masculinización” de la mujer moderna 42 . Los nuevos comportamientos adoptados por las mujeres eran motivo de desconfianza, incertidumbre o incluso rechazo: “Son pocas las mujeres que pueden prescindir de ser valorizadas por el hombre. Se arriesgan a la indiferencia, al menosprecio […] no son ‘normales” 43 . La imagen de la feminidad suponía una reafirmación de los dictados patriarcales basados en una superioridad masculina, al tiempo que significaba una simplificación de la realidad, donde se le negaba a la mujer su autodeterminación y libertad, propiciando un estado de opresión, sometimiento e injusticia. En realidad, detrás de todos estos prejuicios y críticas de los antifeministas se encontraba la hostilidad y el miedo ante un cambio: “Todos los protestantes del derecho femenino manifiestan su temor de que la mujer se masculinice” 44 . Existía, pues, un interés en perpetuar el mito de la feminidad, basado en la ignorancia, la delicadeza, la debilidad y el recato femenino. Este era el “tipo ideal femenino: un débil muñeco, toda ignorancia, envuelto en la más acerba hipocresía” 45 . A ello, había que añadirle además el esquema de “esposa modelo, casada por amor y atenta sólo al culto del hogar, en que era ídolo su marido; madre amantísima […] cuya inteligencia fue dedicada a educarlos” 46 . Por todo ello, el movimiento feminista tuvo que enfrentarse a una serie de tópicos negativos existentes en el ideario común sobre la mujer feminista, ya que, según esta visión, su adhesión al movimiento tenía una serie de implicaciones físicas, intelectuales y morales. Contra estos tópicos luchó firmemente nuestra escritora en sus artículos, 42 “La infanta Isabel […] un poco virago, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente sportman, generosa, caritativa, melómana”. Vid., DARÍO, R., España contemporánea, Madrid, Visor Libros, 2005, p. 263. 43 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 101. 44 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El nuevo sexo”, La Libertad, Madrid, 9-2-1924, p. 1. 45 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Cultura física femenina”, La Libertad, Madrid, 1-71927, p. 1. 46 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. La virilidad de una mujer”, La Libertad, Madrid, 14-21926, p. 1.
16 decidida a desmontar uno a uno estos falsos mitos y demostrar que la adhesión a este movimiento no suponía un cambio irremediable en la condición de la mujer. 3.2.1. Tópicos feministas en torno al físico femenino La emancipación que perseguía el feminismo se basaba en el libre desarrollo tanto intelectual como físico. Sin embargo, para nuestra escritora, ambas inquietudes no presentaban los mismos obstáculos: “No se le rebela tanto el hombre frente a una mujer que se le equipare en fortaleza mental como frente a aquella que intenta medir con él sus fuerzas musculares” 47 . El vigor físico, tradicionalmente vinculado al “sexo fuerte”, era un territorio exclusivamente masculino hasta entonces. Por ello, que la mujer atendiese al cultivo del cuerpo supuso un gran impacto para aquellos que basaban su supremacía en la fuerza física. Esto se tradujo en un ataque contra la identidad femenina: aquella mujer que potenciara sus capacidades físicas sería asociada a un aspecto varonil, carente de belleza y atractivo: “[…] el antifeminista [lucha] para que prevalezca, bien marcada, la clasificación del género humano en ‘sexo fuerte’ y ‘sexo débil’, a la que cree corresponde, como lógica consecuencia, la clasificación ‘sexo feo’ y ‘sexo bello’, asociado así equivocadamente el vigor con la fealdad y la belleza con la debilidad” 48 . Esta polémica designación que Teresa de Escoriaza puso de relieve sobre sexo débil/sexo fuerte sigue gozando de una gran actualidad un siglo después 49 . 47 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Cultura física…”, art. cit., p. 1. 48 Idem. 49 El pasado mes de febrero de este año, Sara Flores Romero, una joven onubense estudiante de Marketing e Investigación de Mercados y Turismo en la Universidad de Cádiz, emprendió una lucha contra el DRAE. Flores ha llevado a cabo una campaña en www.Change.org con el fin de que se eliminase la definición de “sexo débil” como “conjunto de mujeres” que figura en el Diccionario de la Real Academia Española, llegando a conseguir más de 100.000 firmas que corroboran su multitudinario apoyo. De esta forma, Sara Flores combatió el inmovilismo y la falta de preocupación por exterminar los restos que aún se conservan de una sociedad machista y patriarcal. Podemos comprobar que la lucha feminista aún hoy día tiene muchos aspectos que abordar, demostrando así la vigencia de los artículos de nuestra escritora.
17 Así pues, la cultura oficial había impuesto una serie de cualidades y valores a la mujer y al hombre distintamente. Nuestra periodista desligó los atributos que tradicionalmente habían sido inherentes a cada sexo, considerando la fuerza, la belleza, el valor o la inteligencia cualidades universales. Las mujeres españolas adoptaron la cultura del físico mediante la práctica de deportes por influencias de países extranjeros. Así, se introdujo en las costumbres españolas la figura de la mujer que practicaba deporte como parte de su ocio. Los conservadores intentaron conciliar las cualidades tradicionalmente femeninas junto con la nueva figura social de mujer deportista. El resultado fue la sportwoman, una mujer que mantenía su feminidad mientras practicaba ejercicio físico. Las consecuencias naturales del ejercicio como el sudor, la agitación respiratoria o el agotamiento no aparecían en esta nueva imagen de la mujer, que se presentaba en todo momento delicada, grácil y perfecta. Además, su prioridad al practicar deporte no era el cultivo del cuerpo o la diversión en sí, sino una nueva forma de ocio en la cual primaba una apariencia física impecable. En realidad, era una reafirmación de la base androcéntrica de siempre adaptada a los nuevos tiempos. Las sportwomen era un artificio creado por una sociedad interesada en forjar una determinada imagen de la mujer. Al hilo de ello, Teresa de Escoriaza escribió un interesante artículo en el que resumía sus ideas sobre este tema titulado “Ni marimachos ni sportwomen”. Este texto surgió como contestación hacia otro artículo satírico escrito por Zamora y titulado “Sportwomen y marimachos” 50 . En él el articulista establecía dos tipos de mujeres deportistas: las ‘sportwomen’ y las ‘marimachos’. Zamora describió a la sportwoman como la “muchacha que va al ‘golf’ de Puerta de Hierro y frecuenta los aristocráticos ‘lawn-tennis’ con el primordial objeto de ‘flirtear’ con los niños bien, y solo accidentalmente hace gestos rítmicos, agitando los ‘clubs’ y las raquetas sobre el ‘garzon 50 Creemos que nuestra escritora hacía referencia a José de Zamora, también conocido como Pepito Zamora (1889-1971). Fue un dibujante que de forma esporádica escribía en periódicos durante las tres primeras décadas del siglo XX . Participaba frecuentemente en los diarios Nuevo Mundo y La Esfera. Desafortunadamente, no nos ha sido posible encontrar este artículo de prensa.
18 esmeralda” 51 . Frente a ella, estaba la mujer deportista designada como marimacho, la cual había perdido todo rastro de feminidad y se asimilaba físicamente al hombre. Escoriaza, negando esta clasificación establecida por Zamora, aportaba un nuevo tipo de mujer: “la que se dedica al ‘sport’ por el ‘sport’ mismo y no por sentar plaza de mujer ‘chic” 52 . Estas eran las mujeres reales, las que hacían deporte por diversión, salud y bienestar al igual que los hombres. Con ello, defendió el deporte como una práctica sana para todas las personas independientemente de su sexo. El deporte no debía ser un nuevo medio para perpetuar el sexismo, sino una nueva vía para alcanzar la igualdad social. Teresa de Escoriaza apuntó el peligro que una imagen podía generar en el imaginario de una población 53 . Además, defendía que la cultura física suponía, más allá de la salud y el embellecimiento, un mejor desarrollo de la intelectualidad y de la moralidad, consecuencia de un equilibrio funcional del organismo. “Pues la cultura física femenina por [la] que pugnamos ha de ser tal que procure a la mujer, además de la salud del cuerpo, también la del alma, que se manifestará en un buen humor, en una plácida alegría, en un sano optimismo” 54 . Interesante resultó una cita en la que habló de las mujeres que practicaban el arriesgado deporte de la aviación: “Porque madame Manoury es joven… y hermosa. Claro que lo de hermosa nada tiene que ver con la aviación; pero sí tiene que ver, y mucho, con lo del feminismo” 55 . Escoriaza rompía con el tópico de la masculinización de la mujer deportista: si una mujer exigía su derecho a practicar libremente un deporte, ello no 51 ESCORIAZA, T. de, “Femeninas. Ni marimachos ni sportwomen”, art. cit., p. 4. 52 Idem. 53 Nuevamente vemos la actualidad en otro artículo de Teresa de Escoriaza. Esta escritora ya preconizaba la controversia existente hoy día en el mundo de la moda y la publicidad con respecto a la representación de la mujer: una mujer ideal sin imperfecciones, que ha llegado a propiciar incluso graves enfermedades entre la población. Detrás del interés por fomentar este retrato femenino se encuentra el afán comercial de una sociedad consumista: mediante la manipulación del imaginario, se crean necesidades artificiales infundiendo así un estado de insatisfacción permanente en el público. Estas carencias ―que son realmente psicológicas y no materiales― prometen ser suplidas con la adquisición de productos. 54 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Cultura…”, art. cit., p. 1. 55 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las mujeres tienen alas”, La Libertad, Madrid, 24-41924, p. 1.
19 implicaba un aspecto varonil. El ejercicio físico era totalmente compatible con la belleza y la feminidad. 3.2.2. Tópicos feministas en torno a la intelectualidad femenina La cultura era un terreno vedado al que generalmente solo podían acceder los hombres 56 : “A él se deben los descubrimientos, la ciencia, el trabajo físico; a ella corresponde el trabajo doméstico, la instrucción moral de los niños. […] La mujer que tratara de consagrarse a las ciencias o a la política dejaría de ser mujer” 57 . El componente emotivo, supuesta cualidad inherente a la naturaleza femenina, parecía ser incompatible con el desarrollo intelectual. Como consecuencia, toda mujer que estuviese interesada en el mundo del saber era “inmediatamente criticada por los que la rodean, calificada de marisabidilla, y amenazada de no poder casarse” 58 . Así, la mujer de principios del siglo XX se encontraba totalmente coaccionada en asuntos que concernían a la cultura y la instrucción. Aunque las estadísticas oficiales señalasen un 36% de mujeres analfabetas en 1900 59 , Rosa Capel llega a cifrar hasta un 71,4% de mujeres analfabetas en este mismo año 60 . Las inquietudes intelectuales en una mujer se traducían en un alarde pedante que incomodaba y que llevaba al rechazo tanto de ellos como de ellas. Teresa de Escoriaza mostró, a través de múltiples ejemplos, la compatibilidad entre el saber y la feminidad, y ponderó el valor espiritual que añadía el conocimiento a cualquier ser humano. El desarrollo intelectual y personal no conllevaba una modificación física: “¿Por qué la belleza y la juventud habrían de estar reñidas con la inteligencia y el valor?” 61 . 56 Rubén Darío empleó el término “cerebros viriles” para elogiar la inteligencia de Emilia Pardo-Bazán y Concepción Arenal. DARÍO, R., op. cit., p. 264. 57 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 198. 58 Ibidem, p. 202. 59 CUESTA BUSTILLO, J., Historia de las mujeres en España. Siglo XX, Madrid, Instituto de la Mujer, 2003, p. 39. 60 CAPEL, R., El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1930), Madrid, Ministerio de Cultura. Instituto de la Mujer, 1986, p. 362. 61 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las mujeres tienen…”, art. cit., p. 1.
20 Esta asociación arbitraria reprimía injustamente a la mujer, la cual se veía obligada a renunciar a sus inquietudes intelectuales para evitar ser excluida y rechazada: “A esto, solo a esto, queda reducida la mujer de hoy, que no pudiendo sustraerse a la sacudida espiritual de las nuevas corrientes, se aferra en conservar la apariencia exterior de la mujer de antaño, reprimiendo sus naturales ímpetus, disimulando su conocimiento de la vida y ahogando sus sentimientos exuberantes” 62 . Teresa de Escoriaza expuso la situación penosa y dramática que vivía la mujer española en aquel momento: la mujer que se avergonzaba no era la ignorante, sino la que tenía deseos de aprender. Mediante una denuncia de la opresión femenina, esta escritora intentaba hacer reflexionar para que todas las personas tuvieran la posibilidad de alcanzar un desarrollo intelectual sin ningún tipo de condicionantes: “Cuánto mejor sería, en lugar de contener esas fuerzas arrolladoras, darles cauce para obligarlas a seguir rectamente su curso y hacerles llegar a buen término, e impedirles así que tomen rumbos sinuosos” 63 . 3.2.3. Tópicos feministas en torno a la moralidad femenina Otro ámbito que se cuestionó en los ataques contra las mujeres feministas fue la moralidad. La polémica sobre este aspecto partía de una desigualdad social: no se exigían los mismos principios éticos para el hombre y para la mujer: “El patriarcado, a través de la evolución histórica, consolidó y mantuvo esta posición secundaria de la mujer respecto a la construcción del devenir histórico, poniendo como centro de la trayectoria vital de sus integrantes la función maternal” 64 . La identidad de la mujer se forjaba a partir de la constitución de una familia. Aquella mujer que tuviese aspiraciones sociales, políticas o laborales más allá de su labor 62 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Cultura…”, art. cit., p. 1. 63 Idem. 64 FRANCO RUBIO, G. A., “La contribución de la mujer española a la política contemporánea: de la restauración a la Guerra civil (1876-1939)”, en CAPEL, R., op. cit., 1982, p. 243.
21 como esposa y madre era una mujer inmoral, irresponsable e indigna. Se entendía que biológicamente la mujer tenía como única prioridad el cuidado de sus seres queridos. Cualquier actividad fuera del hogar “desorienta a estas de su verdadera vocación como esposas y madres” 65 . Como apunta Christine Fauné 66 , la mujer a principios del siglo XX tuvo un papel marginal en la sociedad debido fundamentalmente a un sistema legislativo discriminatorio. Sin embargo, existía un factor aún más decisivo que propiciaba esta situación: “la influencia extraordinaria del discurso de la domesticidad en el asentamiento de las bases ideológicas de género en la sociedad” 67 . Este se basaba en un prototipo ejemplar de mujer, cuya vida estaba totalmente enfocada a las labores domésticas y al cuidado de la familia. La maternidad se constituía como el culmen de su realización personal. Según esta imagen, la mujer representaba el “ángel del hogar” 68 : “Amor, abnegación y ternura son los sentimientos de que Dios ha impregnado el alma de la mujer. Curar, consolar y sostener es su destino en la tierra. La dulzura y la suavidad […] son parte de su naturaleza” 69 . Una vez casada, la mujer perdía todo atractivo sexual que pudo tener en el noviazgo, y su motor vital era el amor infinito: “Mientras haya en su seno un hálito de vida, ha de amar siempre” 70 . Los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que trajo el nuevo siglo contribuyeron a forjar un nuevo prototipo femenino: “la nueva mujer” o “mujer 65 GARRIDO, E., op. cit., p. 471. 66 FAURÉ, C., op. cit., p. 562. 67 Idem. 68 “The angel in the House’ es el título de un poema de Coventry Pattmore que dio nombre al arquetipo femenino que empieza a difundirse desde Inglaterra a partir de la Revolución industrial”. GÓMEZ-FERRER MORANT, G., op. cit., p. 168. 69 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 171. 70 Ibidem, p. 173.
28 conciencia de su propia potencialidad y lucha para ser reconocida socialmente” 100 . Pero, “¿Qué carreras, profesiones u oficios es capaz de desempeñar la mujer? Pues esos, todos esos que es capaz de desempeñar el hombre” 101 . Teresa de Escoriaza dejó claro que en el mundo laboral no deberían existir distinciones sexistas, defendiendo un estado de libertad, donde cada individuo pudiese realizarse como persona y poner a prueba sus propias capacidades y competencias sin distinción de géneros: “Para demostrar si servimos o no, pedimos se nos dé acceso libre a ellos. Y no que se nos cierre brutalmente el camino; es decir, sin razón y sin justicia de ningún género, como viene ocurriendo con demasiada frecuencia” 102 . En opinión de nuestra escritora, el trabajo dignificaba a la persona al darle independencia y autonomía. El trabajo, por tanto, debía ser un derecho universal. Además, defendió el valor y la dignidad de cualquier tipo de trabajo para ambos sexos. Sin embargo, Escoriaza no siempre se mostró tan imparcial en cuanto a la asignación de trabajos para el hombre y la mujer. De forma aislada, en el artículo “Feminismo y galantería” sí explicitaba roles según el sexo ―en este caso, marginando a los hombres― al establecer puestos laborales exclusivamente femeninos. En este doble discurso cuestionó la capacidad, la profesionalidad y la seriedad que pudiera tener el hombre en trabajos que antaño fueron relacionados con el sector femenino: “Quien en realidad no venía ocupando el puesto que le correspondía en muchos casos era el hombre. ¿O es que este va a pretender ahora que su puesto está en las mercerías para despachar a la mujer cintas y perifollos; en las zapaterías, probándole el calzado; en las peluquerías, ondulándole el pelo; en los comercios, haciéndole el artículo de sus prendas más íntimas?” 103 . Por otro lado, la autora desmontó la idea de la incompatibilidad entre el trabajo femenino y el cuidado de la familia: “[…] el trabajo de la esposa, lejos de significar ‘el 100 CAPEL, R., op. cit., 1982, p. 244 101 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las carreras propias de la mujer”, La Libertad, Madrid, 10-9-1926, p. 1. 102 Idem. 103 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Feminismo…”, art. cit., p. 1.
29 abandono del hogar’, contribuye a la creación de uno más” 104 . Además, los beneficios económicos del trabajo de la madre contribuirían al mantenimiento familiar, mejorando así la calidad de vida de los hijos. 3.6. Una mirada crítica: la educación y la cultura de la mujer A partir de la Revolución del 68 hubo un interés por la renovación educativa en España, en cuyos planes también fueron incluidas las mujeres. Estas reformas, que alcanzaron ámbitos tanto intelectuales como sociales, fueron realmente polémicas 105 . Este debate perduró hasta principios del siglo XX y giró fundamentalmente en torno al contenido de la instrucción que debía impartirse a las mujeres 106 , pues estos contenidos estaban enfocados a lo que se consideraba connatural a ellas: “Para los hombres, el desarrollo intelectual y la capacitación profesional serán la vía fundamental. Para las mujeres, en cambio, la educación debe tener un carácter más moral que intelectual, ya que su función social no tiene lugar a través de una labor profesional, sino a través de la familia” 107 . De hecho, Isabel Oyarzábal distinguía tres tipos de educación femenina: la mujer de clase obrera, que aprendía a leer, escribir, aprender Religión y coser; la mujer de clase media, que además aprendía nociones básicas de Geografía, Gramática, Historia y Francés; y por último, la mujer de clase acomodada, que “tiende a perfeccionar lo antedicho, añadiendo algunas asignaturas de lucimiento y adorno” 108 . 104 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El trabajo de la mujer”, La Libertad, Madrid, 9-41927, p. 1. 105 Muestra de ello fueron el Congreso Nacional Pedagógico y el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano ―celebrados en 1882 y en 1892, respectivamente― donde se trató el tema de la educación femenina. Una de las ponencias más importantes fue la de Emilia Pardo Bazán sobre La educación del hombre y de la mujer, donde exigió responsabilidad educativa para las mujeres y el derecho de ejercer cualquier profesión, abogando por la libertad, felicidad y dignidad femenina. GARRIDO, E., op. cit., p. 464. 106 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 204. 107 GÓMEZ-FERRER MORANT, G., op. cit., p. 173. 108 OYARZÁBAL, I., “De la cultura y educación de la mujer en España”, El Sol, Madrid, 31-3-1919. Cit. en QUILES FAZ, A., Isabel Oyarzábal: mujer, voto…, op. cit., pp. 167-168.
30 A pesar de los proyectos educacionales y las polémicas generadas, la realidad es que el siglo XX irrumpe en España “con una gran lacra social: las altas tasas de analfabetismo se sitúan muy por encima de las medias europeas” 109 . Este analfabetismo afectaba en mayor medida a las mujeres. No obstante, se llevaron a cabo una serie de medidas que propiciaron el descenso de esta proporción de forma significativa mientras iba avanzando el siglo 110 . Podemos destacar la ley del 23 de junio de 1909, la cual amplió la obligatoriedad de la enseñanza primaria para las niñas hasta los doce años, lo que incrementó el porcentaje al 57% de alumnas en la escuela 111 . A partir de esta ley aumentó el número de escuelas femeninas, como La Farigola, fundada por María de Baldo en 1923 en Barcelona 112 . Por otro lado, la orden del 7 de septiembre de 1910 permitió el acceso a los estudios medios y superiores a las mujeres 113 . Josefina Bustillo aclara que en los años en que se desarrolló la Primera Guerra Mundial el alumnado femenino de estudios secundarios era menor del 4%; sin embargo, a finales de 1920 se elevó el porcentaje al 18% 114 . La paulatina incorporación de la mujer al sistema educativo a principios del siglo XX fue un proceso evidente. Sin embargo, un gran número de mujeres seguía sin recibir ningún tipo de educación y la mayoría no pasaba de los estudios primarios. Además, el contenido educativo para las mujeres permaneció invariable. La educación femenina era aceptada por muchos como un mal menor, que podía llegar a ser necesario en tanto que los conocimientos aprendidos contribuirían a formar buenas esposas y madres 115 . 109 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 466. 110 En 1900 el 71,4% de las mujeres eran analfabetas frente al 55,8% de los hombres; mientras que en 1930, el porcentaje descendió al 47,5% de las mujeres y al 37% de los hombres. CAPEL, R., op. cit., 1986, p. 362. 111 PERINAT, A. y MARRADÉS, M., op. cit., p. 468. 112 GARRIDO, E., op. cit., p. 265. 113 Ibidem, p. 471. 114 CUESTA BUSTILLO, J., op. cit., p. 39. 115 GARRIDO, E., op. cit., p. 471.
31 El feminismo fue un movimiento que atendió de forma especial a la educación y la cultura femenina. La educación era importante ya que combatía los grandes males relacionados con la ignorancia, como la manipulación, la dominación o la abulia. La instrucción era un punto primordial para hacer posible la mejora de la sociedad: no solo ayudaba a las mujeres a avanzar, sino que, como afirmaba Teresa de Escoriaza: “No es tanta la ignorancia de la mujer como la incultura del hombre la que nos impide avanzar por el camino del progreso” 116 . La falta de educación provocaba un alto nivel de ignorancia en las mujeres. Así lo denunciaban escritoras como Isabel Oyarzábal: “De tal falta de ambiente y vida intelectual son responsables […] las limitaciones que cercan a la educación femenina, no considerándose necesario el desarrollo de la mentalidad” 117 . No obstante, una vez aceptada la necesidad de educar a las mujeres, surgían otras cuestiones: ¿Responden a las mismas necesidades lectoras ambos sexos? ¿Está el género femenino preparado para todo tipo de libros o hay lecturas más idóneas para ellas? 118 Teresa de Escoriaza abogó por una enseñanza libre y no dogmática y defendió la capacidad lectora femenina: “[…] conceder a la mujer libre acceso a la biblioteca. Esto debe ser la acción particular a la que deberá unirse la acción general del Estado” 119 . Afirmaba que la cultura era un proceso lento y continuo, que se iba adquiriendo y mejorando de forma paulatina. Por ello, rechazó la idea de imponer una serie de lecturas de un alto grado de dificultad con el fin de proporcionar una cultura de calidad para aquellas mujeres que aún no tenían la suficiente formación: “No se trata de redactar una lista de libros y autores para contribuir a elevar el nivel intelectual femenino por medio de la lectura. Lo que ha de hacerse antes es enseñar a la mujer a leer” 120 . Además, la 116 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las carreras…” art. cit., p. 1. 117 OYARZÁBAL, I., “Lo que leen las mujeres II”, El Sol, Madrid, 15-4-1918. Cit. en QUILES FAZ, A., Isabel Oyarzábal: mujer, voto…, op. cit., p. 127. 118 Las encuestas en prensa sobre qué leían o qué debían leer las mujeres fueron muy corrientes. Podemos destacar, por ejemplo, la llevada a cabo por M.ª Luz Morales en El Sol el 16 de abril de 1927. 119 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. La mujer y la literatura”, La Libertad, Madrid, 16-71927, p. 1. 120 Idem.
32 formación de un canon literario para mujeres no tenía sentido porque “no tenemos todas la misma capacidad mental ni las mismas inclinaciones sentimentales” 121 . Lo primordial, según Escoriaza, era establecer una base educacional sólida, y así, las mujeres podrían desarrollar un espíritu crítico que les permitiese juzgar, valorar y apreciar ‘la buena literatura’. 3.7. Cambios en la sociedad gracias a las asociaciones para las mujeres La etapa de finales del siglo XIX y principios del XX fue una época de cambios que afectaron a la estructura económica, social, cultural y política de España. Si bien la llegada del movimiento feminista por influjo de otros países como Inglaterra o Francia fue uno de los grandes responsables de estas transformaciones, hay que matizar que no fue hasta la década de los 20 cuando se formaron los primeros grupos feministas en España 122 . No obstante, las agrupaciones españolas no tenían tanta repercusión política como las de otros países, pero lucharon por integrar a la mujer en la sociedad mediante reivindicaciones de carácter cultural y pedagógico fundamentalmente 123 . Las mujeres que se asociaban en este tipo de agrupaciones eran mujeres con cierto nivel de instrucción, que accedieron a la enseñanza superior y desempeñaron profesiones liberales. Estas asociaciones fueron realmente beneficiosas para las mujeres, debido a que propiciaron una concienciación política y una evolución ideológica en muchas de ellas. Los puntos clave de todas estas agrupaciones giraban en torno a la instrucción y cultura femenina y en la ayuda a las más desfavorecidas. Teresa de Escoriaza vio en estas agrupaciones una oportunidad de progreso y mejora de la sociedad, aunque no todas las instituciones merecieron la misma opinión para la escritora. Teresa de Escoriaza, propulsora infatigable del movimiento feminista, opinaba que no todo era justificable: “No creo, no, que está bien hecho cuanto hacen las mujeres. […] Soy amiga de la mujer; 121 Idem. 122 CAPEL, R., op. cit., 1982, p. 245. 123 FOLGUERA, P., op. cit., p. 54.
33 pero más amiga de la verdad” 124 . Estableció una distinción entre labores beneficiosas, que contribuían a mejorar la situación de la mujer en la sociedad; y labores perjudiciales o inútiles dentro de la actividad feminista y de ayuda a la mujer. Entre estas últimas situó las actividades realizadas por el Lyceum Club. 3.7.1. El Lyceum Club El Lyceum Club español fue una asociación de mujeres creada en 1926 y presidida en sus inicios por María de Maeztu. Entre sus socias figuraban personalidades tan importantes como como Clara Campoamor, Victoria Kent, Zenobia Campubrí, Ernestina de Champourcin, Maruja Mallo, Concha Méndez, Carmen Baroja, María Lejárraga, Carmen Conde o Elena Fortún 125 . Como nos señala Quiles Faz 126 , esta asociación incluía, a imitación del modelo británico, secciones de Literatura, Música, Artes Plásticas e Industriales, Ciencias, Música, Artes Sociales e Internacionales. Entre las actividades que este Club desarrollaba, podemos destacar las salas de exposiciones y conferencias, cursillos, bibliotecas, conciertos, salón del té, guardería infantil, etc. Entre sus conferenciantes y colaboradores ―reconocidos intelectuales, científicos y artistas tanto nacionales como extranjeros― destacaron nombres tan importantes como Federico García Lorca, Miguel de Unamuno o Rafael Alberti. El Lyceum Club tuvo una gran repercusión social y cultural en la España de entonces: “Sin duda, para estas mujeres modernas el Lyceum club supuso la posibilidad del reconocimiento de su capacidad de actuar, la apertura de un espacio dirigido por y para ellas y sus capacidades artísticas e intelectuales” 127 . Sobre esta entidad Teresa de Escoriaza mantuvo una postura totalmente adversa y hostil, que se tradujo en una dura crítica hacia la asociación y a las mujeres que la 124 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El verdadero club de las mujeres”, La Libertad, Madrid, 12-1-1926, p. 1. 125 QUILES, A., “Literatura española y mujer”, asignatura de Grado en Filología Hispánica, UMA, 2015-2016, pp. 7-8. 126 Idem. 127 Ibidem, p. 9.
34 componían: “Me propongo a combatir un proyecto femenil con apariencias de feminista […] alzo la voz y digo que se equivocan los que proponen fundar un Club de mujeres” 128 . La escritora no acogió al movimiento feminista ciegamente, sino que cuestionaba aspectos que a su parecer eran ilícitos, desacertados o innecesarios. De esta forma, hacía prevalecer sus propias convicciones por encima de cualquier movimiento, buscando siempre la coherencia y la fidelidad para con sus ideales. No obstante, la gran carga de hostilidad y prejuicios con los que se enfrentó a dicha asociación nos parecen injustificados: “Pero si os sentís espíritus fuertes, si en vuestro snobismo queréis tener gesto de ironía, pensad que la burla ha de ir contra vosotras esta vez. ¡Oh, la caricatura, qué fuentes de inspiración ha de tener en vuestro Club!” 129 . Expresiones como estas desestimaban un proyecto de progreso, llevado por mujeres que intentaban integrarse y hacer avanzar a la sociedad española. No obstante, hay que aclarar un matiz que puede llevar a error. Los ataques volcados a esta entidad no deben interpretarse como resultado de una postura sexista. La crítica no nacía de la consideración del Club como un lugar reservado exclusivamente para hombres. Lejos de ello, lo que Escoriaza criticaba era el Club en sí, lugar inútil e improductivo a su parecer, sin ser significativo el sexo de sus socios: “Humarada pestífera de tabaco, tazas de mal café y discusiones estúpidas. Esta es la parte positiva del Club” 130 . Su crítica se basó en un desajuste de las prioridades en las labores sociales: “Tea-rooms cuando no existen comedores económicos; salas de lectura, cuando no hay suficientes bibliotecas públicas; […] lo superfluo, cuando escasea lo indispensable” 131 . Además, hay que decir que detrás de su rechazo hacia esta organización también se encontraban motivos políticos e ideológicos. Escoriaza recurrió al argumento del abandono del hogar como forma de persuadir a sus lectores y convencerlos de la imposibilidad de conciliar el Club con la vida diaria: 128 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. El verdadero…”, art. cit., p. 1. 129 Idem. 130 Idem. 131 Idem.
35 “El hogar quedaría abandonado y vería morir la sacra lumbre a cuyo calor se amparan los hijos, si la esposa, al tiempo que el esposo, desertan de él para ir al Club” 132 . Reprochaba el mal uso y la degradación de los clubes por parte de los hombres, y sobre ello fundamentó su crítica hacia esta asociación femenina, suponiendo una situación similar. “¿Estaréis como los clásicos ‘clubmen’ con la copa en una mano y el cigarro en la otra? A no ser que penséis ocupar el corrillo de la polémica y la murmuración haciendo calceta…” 133 . Escoriaza proponía dos únicas posibilidades para la constitución y desarrollo del Club femenino: por un lado, un intento de imitación a los hombres ―los cuales son descritos por nuestra escritora como ociosos―; por otro, la práctica de labores domésticas dentro de un ambiente que se presupone cultural. Creemos, pues, que esta escritora parte de un prejuicio que le llevó a un irremediable simplismo. La autora no llegó a contemplar la posibilidad de que mujeres consiguiesen su pretensión inicial al fundar el Club: desarrollar actividades intelectuales y culturales que contribuyesen a un enriquecimiento compartido. 3.7.2. Asociación Española de Mujeres Universitarias (AEMU) Frente a su opinión sobre el Lyceum Club, Teresa de Escoriaza destacó otras instituciones que sí consideraba productivas y beneficiosas para el progreso del género femenino, como el caso de la Asociación Española de Mujeres Universitarias (AEMU). Esta asociación ―también denominada JUF, Juventud Universitaria Femenina― nació en 1920 de la mano de un grupo de mujeres universitarias, entre las que destacaron Clara Campoamor, Matilde Huici, Elisa Soriano y Gimena Quirós 134 . Sus fines eran únicamente culturales y universitarios, independientes de la política o la religión. Su objetivo era “convertirse en un centro donde se conciencie la mujer de su situación dentro de la sociedad; de lo que son y lo que deben ser sus actuaciones en la vida cotidiana y ciudadana” 135 . Mediante esta asociación, aquellas mujeres con una mayor formación 132 Idem. 133 Idem. 134 CAPEL, R., op. cit., 1986, p. 479. 135 Idem.
36 ofrecerían su ayuda para mejorar la vida de las mujeres más indefensas 136 . Su mayor aportación fue un importante incremento de la mujer en la vida universitaria. Ya en el propio título del artículo — “Institución digna de apoyo” —, expuso su sentir con respecto a esta agrupación. A diferencia de la anterior, Escoriaza consideraba a la Asociación Universitaria Femenina como un fuerte motor para promover la justicia y la igualdad en la sociedad española: “No creemos que sea impulsado por la galantería hacia la mujer por lo que el alcalde debiera haber accedido a la pretensión de las mujeres universitarias, sino por un móvil de estricta justicia, dados los propósitos altruistas que su propaganda revestía: limpiar la sociedad de injusticias y errores” 137 . Según nuestra escritora, la labor ejercida por esta asociación sí suponía un gran avance que llevaría al progreso de la mujer en la sociedad. El beneficio de esta asociación no se encontraba solo en la propia situación de la mujer a la que ayudaban, sino que todos los ciudadanos debían admirar “el rasgo generoso, la conducta abnegada y el espíritu levantado de mujeres que sienten, piensan y obran” 138 . 3.8. Teresa de Escoriaza y el voto femenino En España, la organización colectiva de mujeres en pro de sus derechos políticos se produjo de forma tardía en comparación con otros países europeos. Esto se debió, entre otros factores, a la lenta implantación de la industrialización en el país y al escaso desarrollo del sistema liberal 139 . Además, “la mayoría de las organizaciones femeninas 136 Como nos señala Escoriaza, el lema de esta institución era: “A la madre abandonada, a la menor desamparada o en peligro, a la mujer toda indefensa ante cualquier problema o conflicto en que necesite orientación médica, jurídica o social; a la obrera, a la mujer sin ayuda ni apoyo, las mujeres universitarias españolas ofrecen consejo, dirección, aparo espiritual, jurídico, médico y social. Las mujeres universitarias, que tuvieron la fortuna de alcanzar un mejor nivel cultural con que embellecer su vida, consideran un deber entregar el espíritu y la voluntad a la defensa y mejoramiento de todas las mujeres, sus hermanas -Asociación Universitaria Femenina, Carrera de San Jerónimo, 58, de siete a nueve”. ESCORIAZA, T. de, “Institución…”, art. cit., p. 1. 137 Idem. 138 Idem. 139 GARRIDO, E., op. cit., p. 482.
37 no eran sufragistas ni se habían caracterizado por su reivindicación del voto femenino” 140 , por lo que su acción era fundamentalmente social y cultural. Tampoco los socialistas apoyaban de forma unánime la concesión del voto femenino 141 . Por ello, hasta los años treinta no hubo un clima favorable para el arraigo de un feminismo liberal de carácter verdaderamente político. Elisa Garrido sitúa la primera vez que se llevó a cabo un debate en España sobre el voto femenino el 20 de julio de 1877: “Los debates sobre el sufragio universal, propiciados por los liberales, fueron frecuentes y el voto de la mujer se encontraba también en el seno del debate” 142 . Por su parte, Montserrat Roig 143 apunta que fue Carmen de Burgos quien propuso por primera vez una encuesta en la prensa sobre la concesión del voto de la mujer, en 1906 144 . Años después, el conservador Manuel Burgos y Mazo elevó al parlamento el 13 de noviembre de 1919 “un proyecto de ley electoral en el que se igualaba la capacidad de elegir de las mujeres con la de los hombres, aunque no se las consideraba como potencialmente elegibles” 145 . El 12 de abril de 1924, Miguel Primo de Rivera concedió el voto a las mujeres solteras y viudas, excluyendo a las casadas para así evitar que lo ejercieran contra sus maridos 146 . Con la llegada de la Segunda República el 14 de abril de 1931 se concedió a la mujer ser elegible pero no electora; sin embargo, poco después, el 1 de octubre de ese mismo año, tras largos debates entre partidarios y detractores del sufragio femenino, se aprobó finalmente el voto femenino en España con 161 votos a favor y 121 en contra. Entre los partidarios, podemos destacar a Clara Campoamor, quien defendió con una clara fundamentación feminista el sufragismo femenino en contra de su propio partido. Según Campoamor, los derechos debían ser universales y la Constitución así 140 FAURÉ, C., op. cit., p. 562. 141 Ibidem, p. 563. 142 GARRIDO, E., op. cit., p. 483. 143 ROIG, M., op. cit., p. 198. 144 COLOMBINE, “El voto de la mujer”, El Heraldo, Madrid, 25-11-1906, p. 1. 145 GARRIDO, E., op. cit., p. 484. 146 ROIG, M., op. cit., p. 247.
44 repetido tópico del hombre que perdía su libertad y voluntad al casarse con una mujer. Así, el matrimonio se concebía como una carga impuesta, de la cual huían los hombres: “En vuestro honor, célibes convencidos, solteros empedernidos, entono estas lamentaciones a modo de oración fúnebre […]. Ya no se volverá a contemplar vuestra placentera sonrisa, […] vuestro paso firme y ligero tornárase pesado y vacilante bajo la carga abrumadora del matrimonio” 172 . Desde esta perspectiva, el hombre perdía todo atisbo de vida y alegría cuando se casaba: “No hay razón para ese castigo, que también alcanza al resto de los mortales, a quienes se nos priva del ornato que para la sociedad constituye el hombre soltero y sin preocupaciones. Pues allí donde este acude penetra la ráfaga de alegría que se desprende de su ser” 173 . En cuanto a la visión femenina del matrimonio, es interesante destacar el artículo “Esposos a precio fijo” 174 como referente para fijar la postura que adoptó nuestra escritora. En él atendió a una ley que puso en vigencia Mussolini donde obligaba a aquellas mujeres que quisieran casarse con un oficial del ejército a entregar una dote de 90000 liras 175 . Nuestra escritora criticó este decreto italiano por considerar que fomentaba la cosificación de la mujer: el dinero que debía aportar la esposa funcionada como aderezo del objeto adquirido con el fin de hacerlo más llamativo y atractivo para ser aceptado. Para Escoriaza, con este tipo de prácticas se menospreciaba la dignidad femenina aceptando una desigualdad en la valía de las personas según su sexo. Fiel a su estilo, esta periodista abordó este tema desde una posición irónica y burlona, evidenciando así una situación a su parecer ridícula y vergonzosa. 172 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. A casarse…” art. cit., p. 1. 173 Idem. 174 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Esposos a precio fijo”, La Libertad, Madrid, 26-11926, p. 1. 175 Desafortunadamente, no hemos podido encontrar ninguna referencia de este decreto italiano.
45 “Es privilegiada la situación en que, gracias al musolinesco decreto, se encuentran las muchachas casaderas italianas para poder resistir las irresistibles seducciones de aquellos bellísimos y elegantísimos oficiales, que son fascistas, además, para mayor encanto” 176 . Los principios del siglo XX fueron una época de cambios sociales muy importantes que afectaron al día a día de los ciudadanos. Entre estos cambios, uno que suscitó especial conflicto fue el divorcio; y nuestra escritora, siempre al día en temas de interés y noticias de actualidad, también trató este tema en sus artículos. Escoriaza adoptó una postura tolerante al no condenar el divorcio. Con una actitud comprensiva y abierta, entendió que si un matrimonio se rompía era porque realmente esa conjunción no era el estado idóneo para esas dos personas y, por tanto, lo mejor era la separación. La oleada de divorcios que asolaba durante esta época a numerosos países ―citaba a Norteamérica, Rusia o Turquía, entre otros― no debía contemplarse como un proceso apocalíptico: “[…] aquellos que resistan a esta expurgación, los que se mantengan firmes a pesar de todo, será porque su constitución es perfecta” 177 . No obstante, en alguna ocasión Escoriaza manifestó cierta desconfianza hacia algunos divorcios, pues denunció que, en algunas ocasiones, estos se realizaban de forma injustificada: “Me divorcio por mis hijos’ me decía hace mucho una señora, precisamente de Nueva England; y ante mi asombro, me explicaba que porque quería que sus hijos conservaran ‘intacta la idea de la santidad del hogar’ no consentiría que estos volvieran a presenciar otra desavenencia entre sus padres. Por lo visto, a la primera pelea había pedido el divorcio por incompatibilidad de caracteres…” 178 . 176 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Esposos a precio fijo”, La Libertad, Madrid, 26-11926, p. 1. 177 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. La crisis del matrimonio”, La Libertad, Madrid, 28-11927, p. 1. 178 ESCORIAZA, T. de, “Desde Nueva York. Del matrimonio y del divorcio”, La libertad, Madrid, 29-11-1919, p. 5.
46 3.10. España y el mundo Tras abandonar España, Teresa de Escoriaza residió en numerosos lugares del mundo a lo largo de su vida. Como apunta Marta Nadales, “Her strong personality, nonconformist character and will to improve the life style and situation of women, increased her passion for travelling” 179 . El conocimiento de nuevas culturas y formas de vida le proporcionó un enriquecimiento personal y una mirada mucho más global. La observación de las distintas sociedades le permitió establecer comparativas con España, a la cual concebía como una nación atrasada y de rancias costumbres. En concreto, la mayoría de sus atenciones estaban puestas en el país norteamericano, lugar ejemplar para Escoriaza, cuyas avanzadas costumbres y libertad de pensamiento la situaban como referente del mundo 180 . Por ello, a través de sus escritos intentó concienciar de la necesidad de cambio y progreso que debía alcanzar nuestro país. Así, esta periodista expresó su animadversión hacia determinados hábitos y prácticas en España. Denunció, por ejemplo, el vicio de criticar como actividad típicamente española: “Además el público heterogéneo no se contenta con el papel de espectador […] emiten así su juicio sobre si la novia es hermosa o fea, joven o vieja, y sobre si el novio es buen mozo o si es un tipo grotesco” 181 . Otro reproche irónico lo dirigió hacia a la incultura imperante de España, donde se premiaba la ignorancia y se ocultaba el saber: “¡Un libro que se comenta! […] De nuestro país, las pocas gentes que leen, si un libro les hace pensar o sentir, se lo callan. Parece como si avergonzase hablar de esa cosa fútil que se llama literatura” 182 . Muy relacionado con este tema, señaló el vicio de la insincera pedantería, que afectaba tanto a hombres como a mujeres. Paradójicamente, aquel que realmente tenía conocimientos los ocultaba por miedo al rechazo, mientras que los incultos alardeaban de sabiduría. Por último, también aludió al carácter irrespetuoso e intolerante de los españoles, quienes 179 NADALES, M., art. cit., p. 135. 180 Al igual que nuestra escritora, Isabel Oyarzábal también se interesó por Estados Unidos, del cual destacaba: “La modernidad de muchos aspectos del modo de vida […] así como el espíritu de las instituciones y colectivos, que parecía aspirar en todo momento al bien común”. MENA DE PABLOS, M., “Una malagueña ante la Estatua de la Libertad”, TSN. Transatlantic Studies Networ. Revista de Estudios Internacionales, 2 (2016), p. 3. 181 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. En honor de la novia”, La Libertad, Madrid, 29-111927, p. 1. 182 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Una vida…”, art. cit., p. 1.
47 ridiculizaban o atacaban aquello que no entendían o no compartían: “¡Es tan fácil reír cuando no se sabe hacer otra cosa!” 183 . Por el contrario, la estimación que tenía de las costumbres y los hábitos de la sociedad norteamericana no se correspondía con la española. No obstante, hay que destacar que las diferencias más señaladas entre las dos sociedades atendían en mayor medida al sector femenino. Teresa de Escoriaza enalteció a la mujer norteamericana y la propuso como un referente digno de imitar para el resto de las mujeres, especialmente para las españolas 184 . La mujer norteamericana era pionera en todos los ámbitos posibles: “La norteamericana, avanzada de todo movimiento feminista” 185 . Esta gozaba además de astucia y poder persuasivo, lo que denotaba un alto grado de inteligencia: “La yanqui ha conseguido el voto sin tener que recurrir a violencia alguna, y el norteamericano se lo ha concedido […] por la sencilla razón de que esta tiene el arte de saber pedir” 186 . Para la escritora, en Estados Unidos había sido posible la consolidación del movimiento feminista debido a que el pensamiento que imperaba era avanzado y liberal: “El feminismo […] ese árbol que en algunos países ha echado profundas raíces y está produciendo excelentes frutos” 187 . Mientras, “la mujer española no puede cobijarse aún bajo la sombra protectora de ese árbol frondoso, y la que logra asirse a sus más débiles ramas corre el peligro de quebrarse y estrellarse en la caída” 188 . Sin embargo, a pesar de la aparente inferioridad de la mujer española en consideración de nuestra escritora, Teresa de Escoriaza señaló una serie de cualidades inherentes a su carácter. Por cuestiones políticas y culturales, la mujer en España aún no 183 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las carreras…”, art. cit., p. 1. 184 Isabel Oyarzábal también compartía este pensamiento: “Para Isabel Oyarzábal Norteamérica era el modelo a imitar, un moderno país en el que la mujer alcanzaba cotas inimaginables para la España de la época, y de ahí que ensalzara su educación universitaria”. Crf., QUILES FAZ, A., “El oficio de escribir. Isabel Oyarzábal en El Heraldo de Madrid (19271929)”, en GÓMEZ YEBRA, A., Patrimonio Literario Andaluz. Libro Homenaje al Profesor Cristóbal Cuevas García, V, Universidad de Málaga, 2013, p. 172. 185 ESCORIAZA, T. de, “Desde Nueva York. La mujer fuerte”, La Libertad, Madrid, 292-1920, p. 3. 186 ESCORIAZA, T. de, “Desde Nueva York. La norteamericana…”, art. cit., p. 4. 187 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las mujeres…”, art. cit., p. 1. 188 Idem.
48 había podido dar el paso definitivo hacia el verdadero cambio, pero sus dotes y características innatas —inteligencia, bravura y fortaleza— le ayudarían a lograrlo. Si bien la autora admiró a la mujer norteamericana, la española también mereció su reconocimiento por su espíritu valeroso e indomable, el cual le conduciría al éxito: “La mujer española no es, por naturaleza, ese ser débil e inconsistente, tierno e irresponsable, que los hombres quieren hacer de ella para su mayor conveniencia y placer; la mujer española es, como ha dicho muy bien Valera ‘angelical’ y ‘robusta’ 189 . Aunque, a primera vista, estos dos conceptos de dulzura y fortaleza parezcan dispares, son, sin embargo, las sólidas columnas base firme del carácter de la española” 190 . 4. Conclusión Con este análisis hemos querido descubrir una importante figura en la lucha feminista a través del periodismo de los años veinte en España. Desde su juventud Teresa de Escoriaza demostró la valentía, coraje e independencia que la caracterizaron durante toda su vida. Sus constantes viajes y distintos lugares de residencia le proporcionaron una mirada global del mundo, y junto con su actitud tolerante y abierta, le hicieron desarrollar un espíritu crítico, maduro e inteligente. Profesora de español y francés, columnista en los periódicos españoles más importantes e influyentes del momento, corresponsal de guerra, escritora de novelas, traductora, locutora de radio, conferenciante…, Escoriaza no se conformó con el papel de esposa y ama de casa que la sociedad esperaba de ella por el mero hecho de haber nacido mujer. Con un gran compromiso ideológico, Escoriaza se erigió como una acérrima defensora de los derechos y la libertad de la mujer, denunciando en sus artículos multitud de ámbitos en los que el género femenino ha sido marginado a lo largo del tiempo. En sus escritos, nuestra autora exploró la sociedad española de principios del siglo XX , 189 Teresa de Escoriaza rescata estos términos del libro Genio y figura de Juan Valera, publicado en Librería de Fernando de Fé, Madrid, en 1897. 190 ESCORIAZA, T. de, “Crónica. Las mujeres…”, art. cit., p. 1.
49 analizando las virtudes y defectos que encontraba al relacionarla con las de otros países extranjeros como Estados Unidos. Tras un análisis exhaustivo de sus artículos en La Libertad, podemos destacar: - Teresa de Escoriaza se erigió como defensora del movimiento feminista, el cual, según su visión, no buscaba la lucha contra el hombre, sino la integración de la mujer en el mundo. Exigió en numerables ocasiones una concienciación y responsabilidad a las mujeres, ya que tenía claro que la concesión de derechos conllevaba el cumplimiento de unas obligaciones. Además, propuso el trabajo femenino como la medida más eficaz para conseguir la emancipación de la mujer, ya que este proporcionaba capacidad de autodesarrollo, independencia y dignidad. - Su aportación también residió en la lucha por eliminar del ideario colectivo todos aquellos tópicos que dañaban la imagen de la mujer feminista. Se preocupó por desterrar el mito de la feminidad de una sociedad que poco a poco se abría paso hacia la igualdad de géneros. Aseguró que el feminismo no era sinónimo de un aspecto físico varonil, poco atractivo y desaliñado. Demostró que las inquietudes intelectuales y culturales no eran síntomas de una personalidad pedante o pretenciosa, condenando términos como ‘sabionda’. Además, evidenció la perfecta compatibilidad entre el cuidado del hogar y la familia con un espíritu feminista, sin que ello implicase una disminución del sentido de la responsabilidad o la pérdida de los sentimientos. - Esta escritora comprendió que la galantería era una reafirmación del dominio patriarcal. Los cuidados a la mujer respondían a una supuesta fisionomía más débil y frágil, frente a la naturaleza fuerte y valiente del hombre. Para Escoriaza, la designación de ‘sexo débil’ o ‘sexo bello’ para la mujer y ‘sexo fuerte’ para el hombre no representaban la realidad, y por ello debían eliminarse del lenguaje común. - Teresa de Escoriaza perteneció a ese reducido grupo de periodistas mujeres que se atrevieron a escribir sobre el sexo, más aún, sobre la sexualidad femenina. Abordó el tema de forma sana y natural, entendiendo que su práctica era parte constituyente en la vida de las mujeres al igual que en la de los hombres. Condenó la hipocresía que rodeaba este tema y los tabúes que la sociedad imponía y que afectaban mayoritariamente a las mujeres.
50 - Se preocupó incansablemente por la educación y la cultura de la mujer. Denunció la alarmante situación de analfabetismo e incultura que predominaba entre las mujeres españolas. Defendió una instrucción asequible, igualitaria y libre para todas las personas. Inculcar el hábito de la lectura debía ser una prioridad estatal en la formación de las niñas y jóvenes para que estas pudiesen desarrollar una capacidad crítica y progresar intelectualmente. - Atendió también a la labor eminentemente social y cultural que llevaban a cabo las asociaciones femeninas de aquel momento. Si bien consideraba que estas traían beneficios a toda la sociedad, como es el caso de la Asociación Española de Mujeres Universitarias (AEMU), no todas ellas consiguieron su respeto y admiración. Nuestra escritora atacó duramente al Lyceum Club femenino al considerarlo una agrupación inútil y perjudicial, debido a que distraía a sus componentes, tanto ellos como ellas, de su deber en el hogar. - El sufragio femenino fue otro de los puntos clave en los escritos de Teresa de Escoriaza. En este aspecto ofreció una opinión compartida por los partidos de izquierda: según esta periodista, la mujer española no estaba capacitada para votar. La influencia del varón, la incultura o la abulia eran, entre otros, los argumentos que le hacían negar el sufragio femenino. Por el contrario, defendía el derecho del voto femenino en otros países como Estados Unidos o Inglaterra. - Con referencia al matrimonio y el divorcio, nuestra escritora mostró una actitud totalmente abierta y tolerante, atendiendo a las repercusiones sociales de este tipo de enlaces tanto desde una perspectiva masculina como femenina. Defendió el divorcio como un derecho constitucional, aunque no en todos los casos le parecía estar justificado. - Por último, hemos destacado las diversas comparaciones que realizó entre España y Estados Unidos. Criticó duramente ciertas las costumbres españolas, como la intolerancia o la pedantería y evidenció la preocupante falta cultural que reinaba en España, especialmente en la población femenina, en comparación con el país norteamericano. Escoriaza sitúo a la mujer estadounidense como modelo ejemplar al que debían imitar las españolas por su mentalidad abierta, su compromiso político, su interés cultural y su inclinación al deporte. No obstante, la mujer española también gozaba, según nuestra escritora, de una serie de cualidades naturales que la llevarían a conseguir el progreso de la sociedad española.
51 Teresa de Escoriaza fundamentó su lucha ideológica y periodística sobre los valores que ella creía universales: la libertad del individuo, los derechos humanos y la justicia social. Su aportación periodística contribuyó al legado de todas aquellas mujeres feministas que nos abrieron el camino hacia una sociedad más igualitaria y justa. Sus méritos pueden servirnos de ejemplo hoy día. Por ello, creo necesario rescatar del olvido a esta relevante figura de la historia del feminismo español. 5. Bibliografía Fuentes generales: ANÓNIMO, “Consagración de una escritora. El banquete a Teresa de Escoriaza”, La Libertad, Madrid, 21-11-1921. CAPEL, Rosa (ed.), Mujer y sociedad en España 1700-1975, Madrid, Dirección General de Juventud y Promoción Socio-cultural, 1982. ---, El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1930), Madrid, Ministerio de Cultura. Instituto de la Mujer, 1986. COLOMBINE, “El voto de la mujer”, El Heraldo, Madrid, 25-11-1906, p. 1. DARÍO, Rubén, España contemporánea, Madrid, Visor Libros, 2005. CARRERA, Marina, Teresa de Escoriaza: una mujer en la guerra de Melilla, TFG, Universidad de Málaga, 2015. https://riuma.uma.es/xmlui/bitstream/handle/10630/12317/TFG%20para%20RIUMA% 20FINAL.pdf?sequence=1 CUESTA BUSTILLO, Josefina (dir.), Historia de las mujeres en España. Siglo XX, Madrid, Instituto de la Mujer, 2003. DESVOIS, Jean Michel, La prensa en España: (1900-1931), Madrid, Siglo Veintiuno, 1977. DUEÑAS, Blas, “Teresa de Escoriaza: 1861-1968”, en Escritoras españolas en la prensa, 1868-1936, Antología didáctica. http://www.escritorasenlaprensa.es/ EZAMA, Ángeles, “Las periodistas españolas pintadas por sí mismas”, Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, 767 (2014), pp. 1-13. http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/1938/2227 FAURÉ, Christine, Enciclopedia histórica y política de las mujeres, Madrid, Akal, 2010. FOLGUERA, Pilar, El feminismo en España. Dos siglos de historia, Madrid, Pablo Iglesias, 2007.
52 FUENTES, Juan Francisco, Historia del periodismo español: prensa, política y opinión pública en la España contemporánea, Madrid, Síntesis, 1998. GARRIDO, Elisa, ORTEGA, Margarita, SEGURA, Cristina (coord.), Historia de las mujeres en España, Madrid, Síntesis, 1997. GÓMEZ-FERRER MORANT, Guadalupe, Hombres y mujeres. El difícil camino hacia la igualdad, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas-Universidad Complutense, 2002. MARÍN, Manuela. "Colonialismo, género y periodismo: cuatro mujeres españolas en las guerras con Marruecos (1909-1927): Carmen de Burgos, Consuelo González Ramos, Teresa Escoriaza y Margarita Ruiz de Lihory”, Revista Clepsydra: revista de estudios de género y teoría feminista, 12 (2013), pp. 11-41. http://publica.webs.ull.es/upload/REV%20CLEPSYDRA/122013/Clepsydra%2012%20(2013).pdf MENA DE PABLOS, M.ª Mar, “Una malagueña ante la Estatua de la Libertad”, TSN. Transatlantic Studies Networ. Revista de Estudios Internacionales, 2 (juliodiciembre 2016), pp. 1-7. http://transatlanticstudiesnetwork.uma.es/wpcontent/uploads/2016/08/Maria-del-Mar-Mena.pdf MORALES, M.ª Luz , “¿Qué leen las mujeres?”, El Sol, Madrid, 16-4-1927, p. 9. NADALES, Marta, “From Carmen Burgos Seguí to Emilia Pardo Bazán: A review of nineteenthcentury Spanish women travellers”, Revista canaria de estudios ingleses, 72 (2006), pp. 129-142. http://publica.webs.ull.es/upload/REV%20RECEI/72%20- %202016/RCEI%2072%20(2016).pdf PALENQUE, Marta, “Ni ofelias ni amazonas, sino seres completos: aproximación a Teresa de Escoriaza”, Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, 719 (2006), pp. 363-376. http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/36/36 PERINAT, Adolfo y MARRADÉS, M.ª Isabel, Mujer, prensa y sociedad en España 1800-1939, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1980. PIZARROSO, Alejandro, “El periodismo en el primer tercio del siglo XX”, Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, 186 (2010), pp. 45-54. http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/1189/1194 QUILES FAZ, Amparo, “El oficio de escribir. Isabel Oyarzábal en El Heraldo de Madrid (1927-1929)”, en A. Gómez Yebra (ed.), Patrimonio Literario Andaluz. Libro Homenaje al Profesor Cristóbal Cuevas García, V, Universidad de Málaga, 2013, pp. 155-179. ---, Isabel Oyarzábal: Mujer, voto y libertad, Sevilla, Editorial Renacimiento, 2013.
53 ---, “Isabel Oyarzábal: una voz feminista en la prensa”, en PALOMO, P. y NÚÑEZ REY, C. (eds.), Sofía Casanova y las periodistas de entresiglos, Madrid, UCMEspéculo, 2017, pp. 141-153. ---, “Literatura española y mujer”, asignatura de Grado en Filología Hispánica, Universidad de Málaga, 2015-2016. ROIG, Montserrat, La mujer en la historia a través de la prensa: Francia, Italia, España: S. XVIII-XX, Madrid, Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Mujer, 1990. TORRES FLORES, Antonio, Mujeres de palabra: crónica de las pioneras del periodismo en femenino, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2011. Artículos de Teresa de Escoriaza en La Libertad: - “Desde Nueva York. La norteamericana en las elecciones”, La Libertad, Madrid, 13-11-1919, p. 4. - “Desde Nueva York. Del matrimonio y del divorcio”, La Libertad, Madrid, 2911-1919, p. 5. - “Desde Nueva York. La mujer fuerte”, La Libertad, Madrid, 29-2-1920, p. 3. - “Desde Nueva York. El problema del celibato”, La Libertad, Madrid, 7-5-1920, p. 4. - “Femeninas. Ni marimachos ni sportwomen”, La Libertad, Madrid, 18-6-1921, p. 4. - “Crónica. El nuevo sexo”, La Libertad, Madrid, 9-2-1924, p. 1. - “Crónica. ¿Libres o esclavas?”, La Libertad, Madrid, 18-3-1924, p. 1. - “Crónica. Las mujeres tienen alas”, La Libertad, Madrid, 24-4-1924, p. 1. - “Crónica. Si las mujeres mandasen…”, La Libertad, Madrid, 30-7-1924, p. 1. - “Crónica. A casarse tocan”, La Libertad, Madrid, 24-3-1925, p. 1. - “Crónica. Un límite a mi feminismo”, La Libertad, Madrid, 16-8-1925, p. 1. - “Crónica. Supuesta inferioridad mental”, La Libertad, Madrid, 30-11-1925, p. 1. - “Crónica. El verdadero club de las mujeres”, La Libertad, Madrid, 12-1-1926, p. 1. - “Crónica. Esposos a precio fijo”, La Libertad, Madrid, 26-1-1926, p. 1. - “Crónica. La virilidad de una mujer”, La Libertad, Madrid, 14-2-1926, p. 1. - “Crónica. El feminismo militante”, La Libertad, Madrid, 30-3-1926, p. 1.