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Escritores británicos en Andalucía durante la Guerra Civil - Narración, Literatura Comparada y Periodismo

Burgos Ledesma, Francisco Ramón

Abstract

Abordar el tema de la Guerra Civil española, desde el punto de vista de escritores y periodistas extranjeros, acotado en los británicos y Andalucía, es la base de esta investigación que tiene como objetivo unitario la construcción literaria de la imagen de la contienda en sus simbolizaciones; es decir, revisa la producción literaria de aquel país sobre España, de los extranjeros testigos del enfrentamiento armado, que andaban en busca de la información y la verdad de los hechos por estas tierras.

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VicerrectoradodeInvestigaciónyTransferencia PublicacionesyDivulgaciónCientífica Bulevar Louis Pasteur, 30 (Edif. Biblioteca General) Tel.: 952 13 23 23 E-mail: [email protected] ACUERDO DE EDICIÓN Y DEPÓSITO DE TESIS DOCTORAL EN EL REPOSITORIO INSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA (RIUMA) D./ Dª. _______________________________________________________________D.N.I.___________ Autor de la tesis: _____________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________ Afirma conocer las condiciones en las que el Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica, edita y deposita en RIUMA su tesis doctoral, y que se detallan a continuación: Primera. El autor cede a Publicaciones y Divulgación Científica, sin contraprestación económica, en régimen de no exclusividad y con los permisos pertinentes para cuantas ilustraciones, fotografías, imágenes y citas se incorporan a la misma, los derechos de transformación, reproducción y comunicación pública en su modalidad de puesta a disposición de su Tesis Doctoral. Estos derechos implican concretamente: a) La adaptación del archivo pdf de la Tesis doctoral para adecuarla al formato e imagen determinado por RIUMA, así como incorporar licencia Creative Commons, en su modalidad de atribuciónno explotación comercialno obra derivada (cc by-nc-nd). b) La reproducción de la Tesis en formato pdf para su depósito en el RIUMA. c) La comunicación pública o puesta a disposición de la Tesis en el RIUMA. Para la efectiva cesión de los derechos descritos en el apartado anterior el autor/a ha hecho depósito de la versión pdf de su Tesis Doctoral. La edición de la Tesis en formato pdf se realizará bajo licencia Creative Commons en su modalidad de (cc by-nc-nd). El Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica se obliga a poner en conocimiento del autor tras su depósito en RIUMA la URL asignada a la tesis doctoral. No se asignará ISBN a la edición de la tesis en formato pdf depositada en el RIUMA. Segunda. El autor/a garantiza que es el titular de los derechos de propiedad intelectual de la Tesis Doctoral, objeto del presente Acuerdo, y que por lo tanto está facultado para suscribir el mismo con el Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica, y que no infringe derecho superior de terceros, ya sea de propiedad industrial, intelectual, secreto comercial o cualquier otro que impida o limite el depósito de la Tesis Doctoral en RIUMA. Y para que conste firma En Málaga a ____ de ____________ de 201__ Fdo.: Nombre y Apellidos (del doctorando) Francisco Ramón Burgos Ledesma 24094811B Escritores británicos en Andalucía durante la Guerra Civil - Narración, Literatura Comparada y periodismo 7 enero 6 FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA, ITALIANA, ROMÁNICA Y TEORÍA DE LA LITERATURA Y LITERATURA COMPARADA TESIS DOCTORAL ESCRITORES BRITÁNICOS EN ANDALUCÍA DURANTE LA GUERRA CIVIL NARRACIÓN, LITERATURA COMPARADA Y PERIODISMO FRANCISCO RAMÓN BURGOS LEDESMA DIRECTORES DRA. DÑA. ROSA ROMOJARO MONTERO DR. D. ENRIQUE BAENA PEÑA MÁLAGA, 2015 AUTOR: Francisco Ramón Burgos Ledesma http://orcid.org/0000-0002-5667-8713 EDITA: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercialSinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar, transformar o hacer obras derivadas. Esta Tesis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es - 3 - ÍNDICE PRÓLOGO. 4 INTRODUCCIÓN. 10 CAPÍTULO I. Orígenes y manifestaciones de las visiones románticas y escritos británicos sobre Andalucía. 21 Componentes de la imagen de Andalucía en la creación literaria de los cronistas. 25 Ambivalencia entre el “yo” del escritor y el objeto creado. 34 La singularidad del viajero ante la multiplicidad de sus visiones. 39 CAPÍTULO II. Umbrales de una nueva Andalucía en los textos británicos del tiempo de la Guerra Civil. 52 El inicio de la sublevación. 61 La distribución geográfica y su dimensión social. 66 Centenares de periodistas, escritores, poetas, voluntarios. 71 Construcción del imaginario. 75 Interioridad y exterioridad en la interpretación de la contienda. 89 CAPÍTULO III. La ficcionalización de lo real en aras del discurso literario y del texto periodístico. 94 Pensamiento paradójico. 104 La estética universal del escritor-corresponsal. 122 Crítica del enfrentamiento. 126 Derivaciones textuales e imaginarias. 129 Rumbos cruzados entre la mirada política y la literaria. 132 CAPÍTULO IV. La creatividad británica sobre el enfrentamiento. 135 Escritura creativa y testimonio antibélico. 145 Lo singular y lo general. 154 CONCLUSIONES. 164 BIBLIOGRAFÍA CITADA. 174 - 4 - PRÓLOGO Abordar el tema de la Guerra Civil española, desde el punto de vista de escritores y periodistas extranjeros, acotado en los británicos y Andalucía, es la base de esta investigación que tiene como objetivo unitario la construcción literaria de la imagen de la contienda en sus simbolizaciones; es decir, revisa la producción literaria de aquel país sobre España, de los extranjeros testigos del enfrentamiento armado, que andaban en busca de la información y la verdad de los hechos por estas tierras. Se corresponde con una de las tematizaciones mayores de la creatividad realizada sobre el problema español; fueron un gran núcleo de cronistas, periodistas y escritores que, debido a la situación de nuestro país aportaron testimonios no sólo en el plano de su obra personal, sino también en función de la revelación de los enigmas y secretos que rodearon el enfrentamiento. Fue una tarea en la que los extranjeros testigos de la contienda podían proveer más que los propios españoles, por la censura, el ocultamiento de la información y el control que se vino practicando a todo lo escrito sobre el drama bélico desde el momento de la propia guerra hasta la llegada de la democracia. Ante esa obligada pasividad española y la esporádica participación de los escritores nativos en el relato real de los sucesos ocurridos, numerosos autores británicos se hacen cargo de esa tarea ajena, aspirando a conseguir en su investigación y creaciones la dimensión humana que va más allá de designar a los vencidos y a los vencedores, o las víctimas y los verdugos. Esto da lugar a una producción literaria que no sólo contribuyó al cierre de la época más dramática en la historia moderna española, sino que además participó positivamente en la eliminación de todo tipo de hostilidades y rencores entre la sociedad civil y la clase política, invitando a - 5 - ambas partes a colaborar en beneficio de la causa pública y el cese de la fuga y exilio de los intelectuales. Cabe destacar que, a lo largo de la historia, los intereses colectivos han estado siempre por encima de cualquier otra consideración en lo tocante a la abolición o la imposición de barreras entre el poder y la creatividad, entre la política y la literatura o la opresión y la libertad de expresión. La conmoción provocada por la contienda bélica precipitó que fuera éste el objetivo prioritario de tantos escritores y periodistas extranjeros, en unos años, no lo olvidemos, previos a la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente, España había despertado ya un gran interés, transmitido de generación en generación, entre los románticos y viajeros deseosos de descubrir las herencias y las leyendas, lo medieval permanente en el cruce de culturas, occidental y oriental, que otrora se consolidó en la Península. El planteamiento y el problema de la Guerra Civil española en la literatura británica, asumido como uno de sus temas principales, pone de relieve, tanto por el número de los escritores de aquel país que se han interesado en la contienda, como por el imaginario y la amplia producción literaria y periodística desplegada, su trascendencia y repercusión en la historia y la literatura mundial. Y en este sentido se enmarca el objetivo principal de esta tesis, en la que no sólo se desarrollará cómo la cruel contienda acapara la atención de los escritores y periodistas británicos, sino también, antes, las características históricas de belleza pintoresca y geográfica legendaria. Efectivamente, España, y especialmente Andalucía, venía ejerciendo una atracción irresistible sobre los intelectuales, convirtiéndose la Península Ibérica en un destino obligado de tantos y tantos creadores foráneos. Así, a pesar de que el mito español fuese una constante, muchos de los que con anterioridad habían descubierto los - 6 - paisajes o los pueblos andaluces, o la monumentalidad heredada de las tres culturas, volvieron, sin embargo, a España para cubrir los trágicos sucesos del enfrentamiento armado desatado entre 1936 y 1939. Por tanto, intentamos ofrecer aquí sobre todo ello un análisis y una interpretación crítica de las representaciones que se hacen del enfrentamiento desde el punto de vista de la testimonialidad escrita y de la estética literaria, tanto en los medios de comunicación británicos, como en la creación de escritores y corresponsales de aquel país, testigos de la guerra. Esta óptica en la aproximación al problema español, si bien corre en paralelo a las demás interpretaciones de índole económica, política, ideológica o histórica, entendemos que aporta un corpus de trabajo y una síntesis de estudio desde la perspectiva de la escritura y el espíritu literario; y ello, desde lo foráneo, viene a explicar aspectos que los propios españoles no quisieron o no pudieron decir: “La Pedagogía de la Historia, de una Historia total y comprensiva, ha de vincular siempre el estudio del pasado con la explicación de presente inmediato. Siendo los medios de comunicación, si son utilizados de manera apropiada, una fuente importante de ese conocimiento”.1 En este punto, entendiendo el desarrollo libre sobre una situación de la magnitud como la que nos ocupa, fundamentamos nuestro trabajo en la crítica literaria y en su seguimiento, con metodología comparatista, con conceptos teóricos establecidos por la Poética del Imaginario y las tendencias de mitocrítica y simbólica, sin prescindir de los parámetros sociológicos, históricos o formales que componen la interpretación dialogística de teóricos como Mikael Bajtín, Harold Bloom, George Steiner y las aportaciones nacionales. Todo ello da lugar a una interpretación 1 Juan Antonio García Galindo, Reconstruir el pasado para construir la democracia, Huelva, Comunicar: Revista científica de comunicación y educación", nº 13, 1999, pág. 66. - 7 - exegética con base en las valoraciones crítico-literarias del conjunto de la creación británica, desde el inicio de la guerra hasta su final, y las deducciones que paulatinamente se fueron escribiendo con posterioridad. La dirección de nuestra interpretación atiende al detalle de la estética como fondo expresivo, y a la ética y al mestizaje como interculturalidad, que acaban conformando los parámetros de un único ejercicio crítico. Sirvan, pues, en este estudio las palabras preliminares que Antonio Chicharro dedica al Profesor Sánchez Trigueros, en la Introducción a su libro homenaje, acerca de un nuevo modelo para el estudio de las humanidades: “[Antonio Sánchez Trigueros] argumenta sobre la necesidad de desterrar los discursos monológicos que se tratan de imponer en detrimento de una concepción dialógica y polifónica del ser humano que, sin destino escrito, puede y debe conformar su mundo desde bases solidarias y plurales”.2 Aquí, esa estética se convierte en componente principal, que guía el rescate del olvido de la creación literaria ya existente en torno a la guerra, y las claves que evitan la marginación o el encubrimiento, en los que, en ocasiones, todavía se ha visto envuelta. Igualmente, lo estético como conocimiento de los símbolos, es capaz de ahondar más allá de los límites visibles hasta encontrar aspectos desconocidos en lo antropológico o en los hechos acaecidos. Si buena parte de esta literatura escrita por españoles prescinde del ornato, ya sea por efectos del realismo mimético que sobrevino en la postguerra, ya sea por el ocultamiento ante el peligro de la censura y la prohibición de obras, la literatura de los autores ingleses ofrece en cambio 2 Antonio Chicharro, Antonio Sánchez Trigueros, una clara pasión por la literatura y el teatro, A. Chicharro, ed., Porque eres, a la par, uno y diverso. Estudios literarios y teatrales en Homenaje al profesor Antonio Sánchez Trigueros, Granada, Universidad, 2014, pág. 12. - 8 - perspectivas y formas estilísticas y estructurales más allá de lo dicho, utilizando técnicas formalistas, a veces de cierto vanguardismo y de bagaje fundado en la intertextualidad. El componente ético pone de relieve el compromiso de esta literatura, y ello, entre otras razones, a través de los llamamientos realizados en pos de la recuperación de la memoria histórica, un factor inexcusable en los fundamentos de la reconciliación nacional, lo que posteriormente advino en la Transición, basada en la dignidad, los derechos humanos y la igualdad de todos los españoles ante la Ley democráticamente establecida. Y sin embargo, episodios puntuales como la declaración de persona non grata a corresponsales internacionales, fueron sombras que al principio dificultaron la tarea investigadora e informativa desde España, y pusieron en entredicho la total democratización de las instituciones, dando lugar a dudas de nuevo cuño. El carácter testimonial de estos textos puede ser visto bajo la perspectiva que apunta Rosa Romojaro, al diferenciar ilusión de mímesis de relato puro en relación a la narratividad contemporánea: “Quizás fue Platón, en el Libro III de su República, como se ha venido señalando, el primero en distinguir los dos grandes momentos de narrar, cuyas fronteras, por otra parte, nunca estuvieron claramente definidas: la narración que buscaba la mímesis, la imitación de la realidad, en la que el autor se intentaba desligar del texto y ponía el discurso en boca de los personajes (ilusión de mímesis) y aquella narración simple, en la que el autor nos cuenta los hechos asumiendo el papel de un narrador en tercera persona. Cuanto más escueta, menos detallista, fuera este tipo de narración, más se acercaría al acontecimiento puro, al relato puro, más lejos de la mímesis - 15 - sustituye cualquier débito con las doctrinas o tendencias ideológicas coexistentes en el ámbito contextual. En este aspecto, los autores estudiados tratan de no adherirse a ninguno de los prismas sobre lo inmediato, para que esto último no se convierta en una consecuencia del mundo mental e imaginario del yo propio; ya que lo creado sólo puede admitir motivos de concreción cuando se ha sido capaz de transformar la abstracción y lo inverosímil en lo concreto y lo verosímil, mediante el procedimiento que plasma lo ético. Todo ello se refleja especialmente, entre otras, caracterizadas, como decimos, por la reciprocidad entre el autor y el objeto: El poder y la gloria (1940), El agente confidencial (1939), de Graham Greene; Una mañana de verano de 1934 (1969), Un instante en la Guerra (1991), de Laurie Lee; Espartaco: Los gladiadores (1940), Oscuridad a mediodía. El cero y el infinito (1941), La espuma de la tierra (1941), de Arthur Koestler; Libro de la XV Brigada (1938), de Frank Ryan; El camino de Wigan Pier (1937); o también textos como Los escritores y la Guerra de España, de William Tierney; Homenaje a Cataluña (1938), Mi Guerra Civil Española (1939), de George Orwell; Los primeros días de la Guerra Civil en Málaga (2005), de Gamel Woolsey; The Connolly’s Column. The Story of the Irishmen who fought for the Spanish Republic 1936-1939 (1979), de Michel O’Riordan. Se trata, por tanto, de una relación en la que el sujeto se compromete de forma especialmente intensa con su obra, y con la de sus coetáneos, para someterla a una especie de hipertexto crítico cuyas determinaciones vienen marcadas por un alto sentido de la estética literaria, que, a su vez, se bifurca en un plano de expresividad nunca alejado del fondo. De este manera, el grado de permanencia se advierte en el uso de un procedimiento de impacto del sistema literario sobre el contexto social e - 16 - histórico, referido éste a la máxima implicación del yo en el discurso, permitiendo convertir testimonialmente lo increíble en creíble, y, así, el mundo real y sus sinsentidos cobran una presencia que parece impulsarla, bajo los efectos del poder de la ficción y la fuerza del yo creador, más allá de la contemporaneidad, hasta decalar en el porvenir de sus signos, como atestiguan estudios del tipo Federico García Lorca, T. I (1985) y T. II (1987), de Ian Gibson; La Guerra Civil española (2006), de Paul Preston; Historiadores para después de una guerra (2011), de Antonio Paniagua… Las tendencias artísticas, políticas e ideológicas que intervinieron en el estallido de la Guerra Civil no fueron, pues, un punto de atracción para la intelectualidad británica, ya que ninguna de ellas según lo entendían, se mostraba comprometida con el ser humano, debido a sus posiciones partidarias. Con lo cual, estos escritores vieron que la única posibilidad legítima estribaba en el regreso a los precedentes y orígenes para diagnosticar los motivos que desencadenaron o contribuyeron a la aparición del proceso bélico, y así ayudar a sofocar el cruel enfrentamiento. Este procedimiento, que consideramos como un status questionis principal, con el que comenzamos nuestra investigación, radicaba en establecer desde el punto de vista ficticio una o varias causas vinculadas a la realidad objetiva, y próximas en su credibilidad a lo verdadero. Así, las motivaciones verosímiles, pero de fuentes imaginarias, y la guerra como hecho real, median cada una de las obras de testimonios escritos, en forma de documentos y textos literarios, desempeñando la función gradual de aclarar y depurar lo inmediato y vivencial hasta reducir el ámbito de lo verosímil a la esfera de cierto; de tal manera que todas las imágenes elaboradas van adquiriendo paulatinamente una forma necesaria en la objetividad, y no sólo por la estrecha vinculación del autor con el mundo - 17 - circundante, sino también por la poetización, que permite establecer los contornos de la experiencia mediante el proceder de lo ético. Las transformaciones que de ahí se suceden, incluso en una primera lectura, dan las claves de las diversas tendencias y las varias influencias que confluyeron en esta literatura para formular tanto el orbe textual a que dio lugar la guerra española, como el entramado, específicamente narrativo, realizando sobre ello hasta nuestra misma contemporaneidad. Este sistema narrativo se concibe desde el punto de vista que considera el universo literario no como un absoluto del imaginario, sino como predicados de hechos reales y dinámicos que han de imponerse sobre la inutilidad y caída de lo real. El impacto de ambos mundos sobre el ser y el sujeto creador produce dos reacciones opuestas: por un lado, se adviene la inmovilidad que domina al yo ante el dramatismo de lo real y lo que ha de venir; y por otro, aflora la actitud participativa del sujeto y la interacción de su voluntad con el mundo evocado, a través de cuya ficción o crónica, indirectamente, el autor vuelve a insistir en la mejoría y la transformación de lo social y de lo existencial. No cabe duda que también existían dificultades para el despliegue libre de esta creación en la intelectualidad británica desde los primeros momentos de su contacto con el ámbito bélico español, lo que ocurría no sólo por la censura in situ que se ejercía sobre la libertad de expresión, sino asimismo por el predominio en la creatividad inglesa de un canon sobre lo foráneo vinculado a una literatura emocional, ilustrada y al individualismo esencial que caracterizaba principalmente al llamado grupo de Bloomsbury8, integrado principalmente por Virginia Woolf, Leonard Sidney Woolf, Gerald Brenan, Edward Morgan Forster, Katherine 8 Cfr. Gerald Brenan, Memoria personal (1920-1975), Madrid, Alianza, 1976. - 18 - Mansfield, así como los nombres de los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein; los críticos de arte Roger Fry y Clive Bell; el sinólogo Arthur Waley; el biógrafo Lytton Strachey; el crítico literario Desmond MacCarthy; o los pintores9 Dora Carrington, Vanessa Bell y Duncan Grant. En términos genéricos, todos ellos consideran la creación al servicio del mundo real y vivencial, para dar la voz a las distintas realidades materiales y componentes de la naturaleza, y no como una entidad en sí capaz de introducir cambios en la naturaleza de las actitudes humanas y sociales. Pero en las circunstancias que tratamos, la actividad creativa, además de desarrollarse dando cuenta de todo lo que encuentra en el mundo material, también tendió a juzgar y cuestionar, en el orden estético y en el expresivo, los contenidos hallados en lo existencial; así, se procuró privilegiar el poder cambiante de la literatura sobre las formas de ataraxia o sobre el carácter inmutable del mundo objetivo; estableciendo igualmente relaciones dialécticas entre el contenido, que se corresponde al correlato 9 “Ya he comentado someramente algunos artistas que pasaron por España en los comienzos de siglo XIX, desde David Wilkie que fue el primero en abrir camino a muchos otros, a David Roberts o John Frederik Lewis. Los aquí representados seguirán sus pasos, muchos de ellos identificándose y casi mimetizándose con lo español como el propio John Phillips, que era conocido popularmente como Spanish Phillip o Phillip of Spain. Casi todos pasaron largas temporadas en ciudades como Sevilla de nuevo Phillips o William Ewart Lockhart que estableció en 1872 su residencia en el barrio de Triana. Del mismo modo, Francis William Topham se estableció en Córdoba, ciudad en la que murió o el interesante y desconocido acuarelista Albert Moulton Foweraker, que según información recogida se trasladó durante unos meses de 1905 a pintar por Andalucía y fijó concretamente su residencia en Málaga. Todos ellos tienen en común varias premisas, la realización de una pintura de género, patrón estándar que seguían mayoritariamente los pintores victorianos para satisfacer las peticiones de una burguesía media que era la gran demandante de sus obras, estos admiraban en ellas la narrativa, el detalle descriptivo y la caracterización de los personajes, características bien presentes en todas las obras seleccionadas. Este interés por lo narrativo se mantuvo en la pintura británica durante todo el siglo, incluidos muchos de estos pintores topográficos como el mismo David Roberts o los aquí presentes en sus trabajos para la acuarela como Henry Charles Stainer o Henry Charles Brewer en su bella acuarela del Paseo de los Tristes. Río Darro de Granada, 1910”. Lourdes Jiménez, El descubrimiento de España por los pintores británicos, en: Pintores británicos, otra visión de la Andalucía romántica, catálogo de la exposición, Málaga, 2014. - 19 - objetivo, y la expresión, que traduce la esencia de esta objetividad en palabras. Así pues, no es de extrañar que en la base metodológica de esta investigación, las interpretaciones de los textos literarios nos permitiesen vislumbrar la transformación de los mundos contextuales que se desprenden de ellos mediante la ficción, conteniendo la capacidad de ofrecer una imagen que mantiene lo material en lo espiritual, a la espera de su concreción desde la perspectiva y utopía surgida en lo individual; y, tal vez, la impotencia en el encuentro de fórmulas de mundos legítimos y alternativos que variasen la unidireccionalidad de las clases dirigentes y diera luz a la opinión pública, el sometimiento de esta creación a signos finales de utopismo. Estas consideraciones sobre la literatura y los textos que tratamos, desde la tríada temporal de pasado, presente y futuro, ponen en evidencia características sustantivas de este grupo de escritores que pudieron cubrir, los sucesos de la confrontación civil en España, dando lugar, junto a las naturales actitudes improvisadas, a una formulación de horizontes nuevos, creados mediante la compaginación de modos de visión teórica y praxis renovada de escritura y crítica. A su vez, el adentramiento en los conceptos teóricos y en los instrumentos críticos y de estilística narrativa, conseguidos a lo largo de la andadura, adquieren sentido estético cuando se cruzan con la sensibilidad y la emoción del yo creador. Un mestizaje, pues, entre procedimientos textuales y afectismo en la creación que sólo es posible cuando, sobre un acontecimiento histórico de las dimensiones de la Guerra Civil, se proyecta una tendencia literaria que estimula la reacción de los lectores y les invita a participar con su compromiso en la totalidad de lo vivido en su entorno, sin - 20 - discriminaciones. De esta manera, aquellos escritores construyeron su universo imaginario en la senda que permitió su perdurabilidad, adoptando para ello una posición de testigos, pero también integrada en el conjunto de acciones que le ofrecían las circunstancias materiales e históricas, garantizándose, sin duda, con ello la persistencia en el imaginario de su creatividad y testimonio en generaciones, ya fuera por la ejemplaridad en el ideal y en la honorabilidad, ya fuera por la herencia cultural de la que eran portadores, como explica Antonio García Berrio: “La literatura, que es la otra gran institución humana de la experiencia manifestada, alternativa de la racional-filosófica, no puede no obedecer a las condiciones universales de la sensibilidad; por tanto tiempo y espacio se revelan como las condiciones temáticas (explicadas) y estructurantes (textualmente implicadas) de la imaginación literaria”.10 10 Antonio García Berrio y Teresa Hernández Fernández, Crítica literaria. Iniciación al estudio de la literatura, Madrid, Cátedra, 2008, pág. 167. - 21 - CAPÍTULO I ORÍGENES Y MANIFESTACIONES DE LAS VISIONES ROMÁNTICAS Y ESCRITOS BRITÁNICOS SOBRE LA ANDALUCÍA DE PREGUERRA Siguiendo a Juan Antonio Díaz López, la relación entre los viajeros ingleses y Andalucía ha de remontarse a principios del XIX, cuando empezó a fraguarse la gran imagen romántica que hizo posible la llegada de numerosos peregrinos, cronistas y viajeros a España con la intención de descubrir el tesoro que albergaba11. Sin embargo, con la entonces llegada masiva de los extranjeros, en la Península, y especialmente en el Sur, se produjo un fenómeno intimidatorio protagonizado por saqueadores, atracadores y bandoleros al grito de «¡La bolsa o la vida!»,12 frase emblemática, con la que asaltaban a aquellos legendarios viajeros en la región que era paso obligado en pos del nuevo descubrimiento de lo genuino, y que mucho tiempo después, como fenómeno de masas, tomó el nombre de turismo. La Península Ibérica, una tierra que se consideraba peligrosa, cuyos zigzagueantes caminos y escarpadas veredas estaban infestados de atracadores13, y cuyas ventas eran guarida de malhechores, se convirtió no 11 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, Ideal, Granada, 1986, pág. 119. 12 María Antonia López-Burgos ¡La bolsa o la vida! Bandoleros y atracadores de caminos en los relatos de viajeros ingleses en la Andalucía del siglo XIX. Málaga, Caligrama, 2001. 13 “Lo esencial del bandolerismo como agitación campesina o movimiento primitivo de rebeldía, según Hobsbawm, es que se trata de campesinos fuera de la ley, a los que el señorito y el Estado consideran criminales, pero que permanecen dentro de la sociedad campesina. Su gente los considera héroes, vengadores, luchadores por la justicia y en ocasiones, incluso, líderes de la liberación. En cualquier caso, como personas a las que hay que admirar y apoyar. (…) Esta motivación fundamental llevó al bandolero a mostrar un generoso afán de justicia. El primero de los grandes bandoleros andaluces se retrató a sí mismo de esta manera: Diego Corrientes roba a los ricos, socorre a los pobres y no mata a nadie”. Antonio García Benítez, Bandoleros, héroes para el pueblo, Andalucía en la historia, Centro de Estudios Andaluces, 2008, págs. 10-12. - 22 - obstante, gracias a la pluma de estos escritores, en un territorio que comenzó a ejercer una fascinación irresistible entre los aventureros y quienes pretendían averiguar los misterios de aquel país exótico14. En medio de estas oleadas de tantos interesados en España y, especialmente, en Andalucía, numerosos lugares de gran significación, como, por ejemplo, el Palacio de Carlos V, empezaron a acoger encuentros sobre estos viajes. Así, Granada fue convirtiéndose en una de las ciudades con un mayor patrimonio iconográfico (gracias además, a ese rico registro documental, los arquitectos, historiadores y restauradores que actualmente trabajan en la Alhambra, conocen hoy de forma rigurosa cómo eran sus patios y edificios originales y cómo los cambiaron las diferentes intervenciones del siglo XIX). Para ilustrar este impacto exterior sobre Andalucía y subrayar las huellas de los viajeros británicos en el monumento de la Alhambra, un ejemplo es el testimonio de Javier Piñar, comisario de la exposición Luz sobre papel que giró en torno a uno de los principales fotógrafos de la Granada decimonónica, el francés Jean Laurent, quien ya nos recordó que el conjunto nazarí disfrutaba de un registro «excepcional» de entre 3.000 y 4.000 fotografías de la época15. Efectivamente, tras fascinar a dibujantes y grabadores, La Alhambra comenzó a ser fotografiada en cuanto se inventó el daguerrotipo, en 1839. En un coloquio, Piñar afirmó que en el siglo XIX Andalucía era una gran productora de imágenes que, en su mayoría, realizaban y consumían extranjeros bajo la forma de una “antítesis del ideario estético realista”, 14 Juan Luis Tapia, ¡Mister, la bolsa o la vida! Ideal. Vivir, Granada, 2 de septiembre de 2009, págs. 46-47. 15 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en: La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, op. cit., pág. 119. - 23 - según términos de Enrique Baena16. La historia iniciada por «viajeros cultos y diletantes», ya en los años cincuenta y sesenta ve surgir otros modos con una clara intención de difusión comercial, protagonizados, entre otros, por Laurent, Clifford,17 Wilson o Napper. A este respecto y en relación con La Alhambra, señala el autor arriba citado: “A partir de los 70 aparecen profesionales vinculados estrechamente al monumento, que incluso se instalan en la propia Alhambra y comienzan a vivir del naciente turismo de los 80”.18 Aquellos álbumes, fotografías sueltas y colecciones estereoscópicas, es decir, las imágenes en tres dimensiones que había que mirar a través de un artilugio, eran objetos raros y preciosos, que se empezaban a configurar como elementos de la modernidad mediante la imbricación de las artes19. 16 Enrique Baena, El ser y la ficción. Teorías e imágenes críticas de la literatura, Barcelona, Anthropos, 2004, pág. 43. 17 “Era el escritor danés Hans Christian Andersen, (Odense, 1805-Copenhague, 1875), quien visitó Granada en 1862, una experiencia que quedó reflejada en su libro Viaje por España. (…) En una última visita a la Alhambra, Andersen coincidió con Charles Clifford, daguerrotipista británico afincado en Madrid hacia 1850 y primer fotógrafo oficial de la Casa Real española, que acompañó en sus viajes a Isabel II. Andersen lo relata así en su libro dedicado a España: ‘El Patio de los Leones y la Sala de las Dos Hermanas estaban, por orden de su majestad la reina, siendo fotografiados por un famoso fotógrafo inglés; el hombre se hallaba en plena faena, y no se permitía entrar a nadie por temor a que se le molestase’. Clifford retrataba a un grupo de gitanos y Andersen pudo ver algo de la escena ‘a través de los arcos. En un santiamén estuvo hecha la foto; imposible describirla; quizá algún día la vea; pero esta era, con toda seguridad, la última vez que contemplaba la Alhambra’”. Juan Luis Tapia, Hans Christian Andersen, el patito feo en la Alhambra, Granada, Granada Hoy, 2015. 18 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, op. cit., pág. 119. 19 Guadalupe Fernández Ariza pone de relieve la preciosidad de esa relación entre las distintas artes y la estética que se desprende de ello en la posterior literatura de vanguardia: “(…) la nueva estética reafirmó los lazos de una alianza fructífera, heredada del modernismo, y elaboró sus preceptos orientados hacia la doble perspectiva, dando lugar a expresiones artísticas, en la pintura y en la poesía, de audaces e insólitas correspondencias”. Vid. Guadalupe Fernández - 24 - Así lo demostraba también la presencia en ese coloquio de Asunción Domeño, responsable entonces de gestión e investigación del Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra, uno de los más prestigiosos de España. La colección de fotografía española de Laurent, señaló está dominada por los motivos andaluces, que representan un 25% del total, con más de mil imágenes y, entre ellas, la Alhambra que es el monumento más retratado. No en vano, una parte de aquellas fotos expuestas en el Carlos V pertenecían a este museo en el que igualmente figuran grabados de un relieve cuasi fotográfico que captan, en términos de Álvaro Salvador, “con una extraordinaria identificación ese carácter simbólico de la pintura”.20 Al respecto, Asunción Domeño nos recordó que, en los primeros años de la fotografía, los artistas buscaban “la imagen tópica” que los románticos ya habían mostrado en la literatura y los grabados: la Alhambra, el Alcázar de Sevilla o la Mezquita de Córdoba, no sólo eligiendo como único motivo los tipos populares y los monumentos hispano-musulmanes, sino que sus cámaras apuntaban también hacia los elementos más genuinos y de inspiración oriental, como los arcos y filigranas. Más adelante, y conforme avanzaban las posibilidades técnicas, se adentraron en otros lugares o localidades y en otros edificios, generando una imagen de Andalucía algo más cercana a la modernidad al centrar sus focos en las obras públicas (puentes, carreteras y faros que se estaban construyendo), lo que sirvió incluso como campaña publicitaria para la Monarquía. Ariza, (Coord.), Literatura Hispanoamericana del Siglo XX: Literatura y Arte, Málaga, Universidad de Málaga, 2008, pág. 6. 20 Álvaro Salvador, El museo ideal: Gustave Moreau y Julián de Casal, en: Literatura Hispanoamericana del Siglo XX: Literatura y Arte, 1ª ed., Málaga, Universidad de Málaga, 2008, pág. 56. - 31 - le tocó conocer de cerca las contradicciones que se vivían en la España que acababa de perder a Fernando VII, cuya muerte generó el choque de las dos formas de ver el futuro del país, desencadenando la Primera Guerra Carlista (1833-1839), aunque, como decía el viajero, para la mayoría del pueblo español el conflicto carlista era un problema secundario, relacionado principalmente con las provincias del Norte. Borrow mostró un especial interés por la cultura gitana; a ello le debemos la obra Los Zincali: los gitanos de España (1841), de cuya lengua y costumbres había aprendido tanto que se le llegó a aceptar como miembro honorario romaní, pero además también realizó una intensa indagación social y cultural de otros pueblos y gentes de España. Durante cinco largos años (1835-1840), escribió también The Bible in Spain (La Biblia en España) (1843), considerada unánimemente una de las obras maestras de la literatura de viajes del siglo XIX. Sobre la bonhomía y la personalidad de Borrow, el mismo Richard Ford escribió: “Borrow es una buena persona; tiene tanta carne como un huevo y es igual de fresco (...)”.36 La Biblia en España es una obra repleta de observaciones penetrantes sobre individuos representativos o tipos excepcionales, descripciones de paisajes y costumbres, opiniones sobre la lengua y la cultura, análisis de la idiosincrasia, etc. Un libro que favoreció poderosamente la mayor y mejor difusión de la cultura española en general, y la andaluza en particular, en diversos países de Europa. Sin 36 Jesús Ávila Granados, Viajeros por Andalucía, op. cit., pág. 115. - 32 - embargo, la mayoría del clero español se opondría a la propaganda que realizaba este viajero protestante, ya que concibieron su obra como antirreligiosa,37 y así fue declarada por ciertas autoridades eclesiásticas: “Durante mi permanencia en España, la oposición más recia que encontré fue la del clero; por instigación suya el Gobierno adoptaba las medidas convenientes para impedir la amplia difusión del libro sagrado por el país... Había, empero, una parte del clero, pequeña a la verdad, bien dispuesta a favor de la circulación del Evangelio, aunque en modo alguno, inclinada a hacer el menor sacrificio individual por tal fin; éstos eran los que profesaban el liberalismo... No pocos clérigos españoles eran partidarios de ese principio, o al menos se declaraban tales; algunos, con la esperanza de aprovechar el espíritu de los tiempos para su medro personal; otros, por convicción, por puro amor a las ideas. Entre éstos se encontraban, por la época a que me refiero, varios obispos. Pero es digno de nota que ninguno de ellos debía su puesto al Papa, que los desautorizaba, sino a la reina 37 “Borrow pone en sus libros orden sobre la cuestión morisca al denunciar su persecución y éxodo final, y también destaca el Islam, una religión a la que defiende frente al catolicismo del que denuncia su adoración a las imágenes y su concepto e idea de la deidad. El británico incluso, llegará a recoger algunos poemas moriscos y firmará uno dedicado a la expulsión de los nazaríes de la Alhambra. Además, Borrow advierte de que los males de España a lo largo de su historia fueron ocasionados por la servidumbre de sus monarcas al papado católico, al Vaticano y pone en sus escritos y publicaciones españolas numerosos ejemplos de cómo los pagos de todo tipo y no solo dinerarios de España a la Iglesia católico fueron el lastre que impidió un mayor desarrollo”. Juan Luis Tapia, George Borrow, Jorgito, el inglés de las biblias, Granada, Granada Hoy, 2015, pág. 33. - 33 - gobernadora, cabeza visible del liberalismo en España”.38 Por aquella época, exactamente en 1835, otro británico, el filólogo George Dennis −traductor al inglés de El Cantar de Mío Cid−,39 también quedó cautivado por Andalucía, destacando en sus escritos el amor de los andaluces por las plantas, o también la profusión de naranjos y granados que veía por todas partes, además de la “singular belleza de la mujer sevillana”, observando muy especialmente la extendida costumbre de colocarse flores en el pelo para dar signos simbólicos de una fusión anhelada entre la naturaleza y el ser humano, el paisaje y el pálpito emocional o estético: “Incluso la mujer menos agraciada adquiere un aire, por lo menos interesante, si se adorna la negra cabellera con un capullo de rosa, un clavel, o con una ramita de azahar o la flor carmesí oscuro del granado”.40 Sin entrar en la obra relevante de otros viajeros británicos como Benjamín Disraeli (1804-1881) y Augustus John Cuthbert Hare (18341903) 41, la creatividad de los ejemplos estudiados muestra las distintas facetas con que aquellos británicos abordaron el ámbito de lo andaluz, cumpliendo, así, no sólo con una dimensión cronista y antropológica en sus obras, sino que también convirtieron su producción de textos en formas 38 Ibidem. 39 Vid. Oxford Dictionary of National Biography, Oxford University Press, 2004 (original: 1885-1901, t. XIV). 40 Viajeros por Andalucía, op. cit., págs. 115-116. 41 Vid. André Maurois, La vida de Disraeli, Madrid, Ediciones Palabra, 1994, passim; G. E. Fryer, “Hare, Augustus John Cuthbert”, en Dictionary of National Biography, ed. cit., (orig. Supl. 1912). - 34 - principales para una literatura con mayúsculas, en un clima que propiciaría, más tarde, la aparición de nuevos humanistas y escritores destacados (principios del siglo XX). Ésta época vio ya nacer el automóvil, de manera que las nuevas máquinas permitieron ampliar los viajes por la totalidad de los territorios y comarcas, además de Portugal y las tierras del Norte de África. Todo ello, a su vez, significó poder ver que “la curiosidad con que [los españoles] se acercaban [al nuevo invento], fotógrafo incluido, sólo era equiparable al interés, casi de entomólogo, con el que [los foráneos] mirarían nuestro país desde esos extraños asientos”.42 Ambivalencia entre el “yo” del escritor y el objeto creado La imagen fascinante y exótica que provoca España y, en particular, Andalucía sobre los viajeros, sobre todo los británicos, se ve manchada, de tanto en tanto, por los conflictos internos que ocurrieron en la península durante los siglos XIX y XX. Esto dio lugar, si seguimos el principio teórico de identidad/alteridad, a que el parámetro de universalidad que opone ambas conciencias se radicalizara, poniendo de relieve distintas cuestiones que rompen la integración como principio general fundamentador en el universo de simbolizaciones literarias,43 por lo que nuestros autores no pueden evitar adoptar unas posturas pasivas que ofrecen el cuestionamiento de la realidad vivencial, con lo que esto implica en la obra literaria, fenómeno estudiado en el clásico Liberales y 42 Federico Ayala, Verano de 1936, El turista inglés, Abc, Madrid, 21 de julio de 2011, pág. 72. 43 Antonio García Berrio y Teresa Hernández Fernández, Crítica literaria, iniciación al estudio de la literatura, op. cit., pág. 278. - 35 - románticos de Vicente Llorens. La muerte de los británicos John Moore, cantada por Rosalía, o el joven John Sterling, fusilado junto a Torrijos en las playas de Málaga, son ejemplos paradigmáticos. Por otra parte, Inglaterra se convertiría en lugar de exilio dorado, lo que ya en el siglo XX, durante la guerra, ocurriría con figuras tan preclaras como Jiménez Fraud, Luis Cernuda o Arturo Barea, por citar sólo algunos.44 Por lo tanto, la inquietud del viajero ante su propia obra es digna de estudio, comparándola, eso sí, con la de los demás que están en su entorno, lo que se puede apreciar claramente, por ejemplo, en el pensamiento y la obra de Benjamín Disraeli, cuyo caso ofrece un amplio interés al respecto, ya que su educación estética está caracterizada por “la arbitrariedad del arte contemporáneo [que] establece una nueva red de circulación del fenómeno estético, en la cual priman la experiencia y el proceso creativo sobre la obra acabada”.45 Es decir, una creación in itinere, un yo en tránsito, un viajero, que durante toda su vida no ocultó una abierta simpatía por la cultura judía, hecho que, junto a su vocación política, convertida en profesión, en el verano de 1830, a los veintiséis años, le lleva a viajar por España, por el Sur, por Andalucía, atraído por la cultura sefardí, anterior a la expulsión decretada por los Reyes Católicos. Para Disraeli el viaje desempeñaba una función casi de catarsis ante el dolor de la añoranza, del aislamiento y del abandono de sus raíces, quizás el mejor remedio para combatir el fracaso del proyecto de un gran 44 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, Ideal, Granada, 1986, pág. 119. 45 Palabras de Carmen Ruiz Barrionuevo, tratando la, La poesía del espacio…, en: Literatura Hispanoamericana del Siglo XX: Literatura y arte, Guadalupe Fernandez Ariza (Coord.), Málaga, Universidad de Málaga, 2008,, pág. 159. - 36 - periódico, por la caída bursátil y una dramática situación de penuria económica que estaba soportando en Londres.46 Si alguna ciudad española atrajo con especial fuerza a este viajero inglés, fue Cádiz. Disraeli, detallista, encontró un “adorno” tradicional de la cultura andaluza que era parte inherente de la vida cotidiana, y que estaba estrechamente relacionado con la mujer objeto: el abanico, que llamaría poderosamente su atención por los sincronizados y elegantes movimientos que constituían todo un lenguaje, y que incluso intentó traducir: “Lo despliega con la lentitud y elegancia pomposa de un gallo desplegando sus alas y lo agita con languidez o con viveza, pero siempre con belleza... Dolores toca levemente tu codo para susurrarte algo al oído y segundos después Florentina hace lo propio para que también la atiendas”.47 Estos elogios de la tradición andaluza y de las costumbres e idiosincrasia que caracterizaban la cotidianidad de la época,48 eran, por el contrario, denostados por otros autores, como era el caso de Augustus John Cuthbert Hare, quien no ocultó sus críticas a gentes de la vida española cuando, entre los años 1871 y 1872 recorría nuestra geografía quejándose de “la 46 Vid. C. L. Chine, Reseña a The Young Disraeli de B. R. Jerman, Ninenteeth-Century Fiction, Vol. XV, nº 3, dic. 1960, págs. 265-268. 47 Ibid., pág. 120. 48 “Podemos afirmar, sin miedo, que 'lo flamenco', 'lo jondo' en Granada no pasa al plano de la actualidad hasta que no se produce la famosa invasión de los extranjeros, quienes, sin respeto humano, irrumpen en la sociedad para conocer directamente sus formas de vida, su entorno, su gastronomía, sus cantos folklóricos; se adentran en la Andalucía fantástica y sorprendente que al instante se verá en los libros y periódicos que ofrecen como novedad la 'riqueza folklórica' de un pueblo orgulloso y hospitalario; y que, además, era desconocido más allá de los Pirineos”. Alfredo Arrebola, Lo ‘jondo cala en los extranjeros’, Granada, Ideal, 2014. - 37 - salvaje insolencia de la población gitana, de su burdo lenguaje y de sus maneras y brutal inmoralidad”: “Si una dama inglesa se aventura sola por la zona donde viven los gitanos, una tropa de mujeres jóvenes y niños no tendrá escrúpulos en caer sobre ella, y mientras unos la despojan de su chal y de su parasol, otros llevarán las manos a los bolsillos”.49 Esta preocupación por lo degradado o la propia transgresión que ve entre la gente de España, le hace formular una crítica de sus malos hábitos que afecta tanto a los grupos humanos como a lo sombrío de pueblos y paisajes que transita. Así lo describe en su obra Wanderings in Spain (publicada en 1873), donde refleja ejemplos de estas descripciones en una de las etapas de su viaje de Granada a Málaga: “Alcanzamos Lanjarón por un camino malísimo, bordeado de precipicios y atravesando torrentes. Aquello es un oasis en medio de un horrible desierto. Sus naranjales, que cuelgan del escarpe de la montaña sobre un sombrío barranco, se cuentan entre los más fértiles de España. En un alto peñasco que sobresale de los cerros están las ruinas del castillo moro, pero el pueblo, al que la gente acude 49 Ibid., pág. 121. - 38 - principalmente por sus aguas medicinales, conserva pocos vestigios de sus primeros pobladores”.50 Sobre Málaga, escribe acerca de su influencia inglesa y otros aspectos que transcribimos de la Antología citada: “Málaga es el lugar más caro de España, siendo también aquel donde se observa una influencia inglesa más profunda. Los precios casi llegan a doblar a los de otras ciudades del norte. Nos extrañó que aquella ciudad fuera lugar de retiro para jubilados puesto que, cuando la visitamos, un viento huracanado soplaba del Este y levantaba por todas partes una polvareda de finísimo polvo blanco. El campo que rodea a la ciudad es de tierra de labor cubierta por las fértiles vides de Málaga”.51 Así pues, razones como las vistas que envuelven la misma crítica del objeto creado y, en ocasiones, del entorno circundante descrito en estos textos literarios de los viajeros ingleses, explican la ambivalencia de estos autores ante el mundo que han buscado, y, también, su escepticismo frente a lo que realmente se daba en la representación de la Andalucía exótica, de la riqueza antropológica y cultural de España. El cuestionamiento, pues, de ciertos valores sociales, vistos en su decadencia, y la propia conducta observada en no pocos individuos ponían en tela de juicio para estos viajeros la realidad española soñada, aunque, a la vez, ofreciesen parte de 50Ibid., págs. 147-148. 51 Ibid., pág. 148. - 39 - la faz antagónica de la visión atractiva, trazada anteriormente por bastantes de los viajeros románticos. La singularidad del viajero ante la multiplicidad de sus visiones Geografía y climatología, mosaico de costumbres y formas culturales, factores que representaban el ámbito de lo andaluz y de lo español, hacían posible aquella oleada de viajeros europeos, con la consiguiente aparición de colonias británicas, especialmente en Andalucía. Con datos y reflexiones procedentes de Albert Carreras y Xavier Tafunell (Historia económica de la España contemporánea), Manuel Tuñón de Lara (Historia de España, 8. Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1843-1923), Jordi Palafox, (Atraso económico y democracia. La Segunda República y la economía española, 1892-1936), y Mercè Vilanova y Xavier Moreno, (Atlas de la evolución del analfabetismo en España de 1887 a 1981), Anthony Beevor resume el panorama de aquel país que abría sus brazos a los extranjeros ávidos de hechizo, fascinados por las leyendas, y, ante todo, con disponibilidad económica: “El 66 por 100 de la población activa -más de cinco millones de personastrabajaba en el campo. La minería y una industria modesta y focalizada en Cataluña y el País Vasco daban empleo a un 18 por 100 de los trabajadores, y el resto de la población activa se ganaba la vida en los servicios, sobre todo en el doméstico. Sólo dos ciudades -Barcelona y Madrid- - 40 - sobrepasaban los 500.000 habitantes y cerca de la tercera parte de la población española vivía en comunidades, en muchos casos prácticamente aisladas, de menos de 2.000 almas. La renta per capita no llegaba por entonces ni a la mitad de la que correspondía a la media de Gran Bretaña, Francia y Alemania. La tasa media de analfabetismo era del 64 por 100, aunque en algunas zonas se alcanzaba el 70 y, en el caso de las mujeres, podía pasar del 80 (por ejemplo, en Almería). La mortalidad infantil rozaba el 200 por 1.000 y la esperanza de vida media no sobrepasaba los 35 años de edad, más o menos como en tiempos de los Reyes Católicos”.52 Desde el siglo XIX, las colonias británicas, de carácter más o menos permanente, florecieron en algunas de las ciudades y pueblos de Andalucía. La composición de estos grupos era heterogénea: comerciantes, jubilados, representantes consulares, literatos, pintores, curiosos…, y todos atraídos por el imán cálido y tonificante del Sur de España, un espacio que simbólicamente remitía a la imbricación del pasado y del presente: “(…) de tal manera que parece desaparecer la noción de tiempo. (…) Los recuerdos se van agolpando de una forma en la mente (…) que en el discurso se entremezclan y en ocasiones se confunden”.53 Nombres como Lord Byron, Richard Ford o Wordsworth, en el siglo XIX, y Laurie Lee, Graham Greene o Gerald Brenan, en el XX, 52 Antony Beevor, La guerra civil española, op. cit., pág. 689. 53 Tómase el concepto de José Luis de la Fuente, Cómo leer…, Madrid, Júcar, 1994, págs. 9697. - 47 - cosa, aunque se corre el peligro de la queja», añadió”.64 65 Los días de Brenan allá por 1920, en un lugar de gran atracción y exotismo para sus amigos británicos66, se vieron así animados con las visitas de Duncan Grant, Dora Carrington, Virginia y Leonard Woolf, Bertrand Russell, Lytton Strachey y Ralph Partridge, quienes mitigaron la soledad del escritor, favoreciendo un ambiente público de creatividad cosmopolita y haciendo posibles las diferentes opiniones críticas sobre la realidad española que convergen en formas mixtas de entender la literatura, por una parte, según señala Milán Kundera en Los testamentos traicionados67, como un adentramiento en el contexto y tradición nacional, y por otra, entre los integrantes más sobresalientes del Círculo y los más jóvenes, en una “angustia de las influencias” en el concepto acuñado por Harold Bloom68. Juan Antonio Díaz asegura que a ninguno de ellos le gustaba la denominación de Bloomsbury por ser elitista. Parece que también les molestaba por parecer “petimetres despreocupados por la política”. Más que un nombre o un origen les unía la amistad, y ese fue el motivo de su 64 Juan Luis Tapia, Jornadas sobre Gerald Brenan, Granada, Ideal, 2008, pág 50. 65 “Un hombre bueno, generoso, escritor, valiente, viajero, amigo, timido, alegre, singular, amoroso, distinto, alto, cosmopolita y muchas cosas más murió en un hospital de Londres, en la noche del pasado 10 de eneroy se llamaba Michael Jacobs. Durante 61 años tuvo un oficio, viajar y escribir y el azar, la providencia, el destino o el fatum latino quiso que recalara en Frailes en agosto de 1998, y después convirtió a este pequeño pueblo en su Macondo particular, hasta el punto de que se edificó una casa junto al monte Calvario y la hizo suya y allí ha vivido desde que la terminó”. Santiago Campos, Muere Michael Jacobs, el hispanista de Frailes, Granada, Ideal Granada, 2014. 66 “«Brenan me enseñó que cada escritor tiene su propio mundo idílico, que no tiene nada que ver con la España romántica», comentó. La obra alpujarreña de Brenan fue el equivalente al On the road de Kerouac y produjo una particular peregrinación a estas tierras granadinas de gente en busca de sus paraísos”. Ibid. 67 Cfr. Milan Kundera, El telón. Ensayo en siete partes, Barcelona, Tusquets, 2005. 68 Vid. Harold Bloom, La angustia de las influencias, Caracas, Monte Ávila, 1977. - 48 - visita a ‘Don Geraldo’, como era conocido y llamaban al joven inglés los lugareños.69 Así, comenta Juan Luis Tapia la manera entonces de aquel viaje: “Viajar a la Alpujarra en aquellos años era como ir ahora al Polo Norte, una travesía de riesgo, donde no había caminos y había que llegar a lomos de mulas”.70 Un itinerario afanoso que parece caracterizó las propias vivencias del escritor británico en la Andalucía interior.71 Ante la carencia de influencias en la sociedad española acerca de la creatividad foránea en aquel tiempo, esos viajeros británicos no pudieron inspirar obra creativa alguna en su visita a Brenan. No obstante, los pintores Roger Fry, Grant y la también citada Carrington hallaron en ese paisaje un motivo muy acorde con sus postulados estéticos en la forma más pura. Y así, en vez de construir objetos creativos, obras literarias, o un 69 “Francisco Parrilla Herrera, de 96 años, es el más mayor de la localidad alpujarreña de Yegen. Francisco, acompañado de su mujer Encarnación Montoso Parrilla, de 87 años, indicó ayer a IDEAL que a Gerald Brenan le encantaba recorrer la vega y la sierra de Yegen. «Recuerdo que solía pasar por una finca de mi familia para ir a bañarse en una balsa grande que hay en la sierra. Nuestra finca se llama la Moraleda. Veía pasar a don Gerardo por mi finca en cualquier época del año. Él cogía una cuesta arriba para subir a la sierra hasta que llegaba», relató el anciano. «Siempre que lo veía le pedía una perrilla chica o una perra gorda para comprar algo en el pueblo, y él me la daba», rememoró. Según Francisco Parrilla, «don Gerardo me parecía una persona buena; y a otros, también. Era un hombre alto y fuerte. Le encantaba la música tradicional de la Alpujarra. Yo no iba a las fiestas musicales que organizaba en su casa porque era muy joven, pero Vidal, Manuel, José y otros tocaores acudían a su morada a animar las fiestas que daba el inglés. Brenan hacía muchos bailes en su casa»”. Rafael Vilchez, Jornadas sobre Gerald Brenan, Granada, Ideal, 2008, pág 50. 70 Juan Luis Tapia, La Alpujarra de Bloomsbury, Ideal, Granada, 19 de septiembre de 2009, págs. 46-47. 71 Andrés Arenas, Enrique Girón, Celso González, eds., La Faz de Brenan, Málaga, Miramar, 1998. - 49 - hecho artístico propiamente dicho, formularon visiones, trazos de horizontes e imágenes.72 En cualquier caso, las impresiones de aquellos visitantes de Brenan bien pueden quedar resumidas en las palabras del diario de Virginia Woolf, citadas por Tapia: “Es la luz, desde luego: un millón de hojas de afeitar han quitado la corteza y el polvo, sale por todas partes el color puro, la blancura de las parras; el rojo, el verde, el blanco otra vez del enorme, encorvado, infinito paisaje”.73 Paralelamente, las referencias a aquellos periplos, centrados en Virginia Woolf y sus impresiones sobre España,74 quedaban reflejadas en julio de 1905 por The Guardian en numerosos artículos, como el siguiente fragmento publicado y recogido en el artículo arriba citado: “Los dueños de hoteles están aparentemente sujetos por ese amigable y delicado aspecto del sentido moral que suele llamarse lealtad. De ahí que, cuando preguntamos en Granada si encontraríamos un buen alojamiento para 72 Gerald Brenan, Memoria personal 1920-1975, op. cit. 73 Juan Luis Tapia, La Alpujarra de Bloomsbury, l. c., pág. 46. 74 “«Los clichés persiguieron a Virginia Woolf mucho más allá de su muerte». Lo asegura Irene Chikiar Bauer, profesora, ensayista y periodista argentina, autora de una monumental biografía, la primera en castellano, de la genial narradora británica. Siete años de minuciosa labor ha dedicado a ‘Virginia Woolf. La vida por escrito’ (Taurus), un meticuloso estudio de más de 900 páginas que pretende que «se lea como una novela» sobre cómo la literatura se entrelazó en la enigmática vida de la «revolucionaria» autora de ‘Una habitación con vistas’”. M. Lorenci, Una monumental biografía de Virginia Woolf derriba los clichés sobre la escritora, Granada, Ideal Granada, 2015. - 50 - pasar la noche en cierto pequeño pueblo andaluz donde teníamos que dormir, nos aseguraron que el hotel del lugar era bueno», escribió Virginia. Nada más lejos de la realidad, porque cuando llegaron a aquel pequeño pueblo, tras muchas dificultades por hacerse entender en ‘español de diccionario’, francés e inglés, la joven escritora acabó en una especie de choza. «Se nos condujo a una antesala que era la razón por la que la palabra ‘hotel’ había sido aplicada a la cabaña. Había una cama y un tabique de lona servía de puerta, había agua para lavarse si acordábamos mantener esa respetable farsa, y una vela por si necesitábamos luz»”.75 Ante la voluntad de aquellos visitantes para comprender lo andaluz y lo español, ellos mismos buscaban despojarse de la condición céntrica y excepcional por lo foráneo, es decir, procuraban desembarazarse del cliché sobre el que España siempre había mostrado rechazo. De ello se derivaba que, poco a poco, la balanza de lo singular, haciéndose múltiple, llegara a establecer un cierto equilibrio con el predominio de las leyes de lo autóctono. Si al principio esto se hacía para reclamar los derechos elementales del ser humano, luego, manteniendo este compromiso, se fue dando la conversión en obra artística, para representar la fusión entre el ser y la naturaleza, siempre con la intención de desvelar la sublimidad de lo humano hasta conseguir, finalmente, que el florecimiento de esa inspiración permitiera cambiar la ficción por la realidad, lo inverosímil por 75 Ibid., pág. 47. - 51 - lo verosímil, el tópico en su mejoramiento verdadero…, un desiderátum del gran idealismo europeo. - 52 - CAPÍTULO II UMBRALES DE UNA NUEVA ANDALUCÍA EN LOS TEXTOS BRITÁNICOS DEL TIEMPO DE LA GUERRA CIVIL La variedad de fuentes en la construcción de la imagen literaria creada sobre la realidad española, planteaba, como se ha venido indicando, la cuestión de cómo habría de ser la razonable y ponderativa posición que el viajero debía adoptar en sus escritos y textos literarios, generados en torno al mundo de la cultura y los sucesos bélicos que se estaban desarrollando durante los años treinta del siglo XX. En este escenario, aparecieron viajeros de tendencia anti-bélica y otros, por contra, que mostraban su apoyo incondicional a la lucha por la transformación que se estaba realizando en el país con la abolición del clericalismo, y la realización de los ideales republicanos y sus señas de libertad76. De este modo, ideas sobre la emancipación del pueblo, sin desdeñar aspectos míticos, constituyeron una mirada común que vincula a estos testigos de la Guerra de España; antecedentes que se pueden comprobar en las siguientes palabras de Anthony Beevor: “Ya en el siglo XVIII los viajeros ingleses se sorprendían ante los modos altivos con que, en su opinión, los sirvientes y empleados españoles trataban a su aristocracia. Por ello, aquellos idealistas se habían construido un imaginario romántico de la clase obrera española muy alejado de la realidad y, sobre todo, de las realidades de su propia clase obrera. De modo que 76 Paul Aubert, Luchar contra los poderes fácticos del anticlericalismo, Religión y sociedad en España, Paul Aubert, ed., Madrid, Casa de Velázquez, 2002, pág. 220. - 53 - en el conflicto español creyeron encontrar una atmósfera de pureza y gallardía que, comparada con la complacencia chata que hallaban en su propio país, era muy estimulante”.77 Los ecos de la Guerra Civil sobrepasaron las fronteras nacionales al ser, tal vez, como se suele mencionar, el más pasional de los conflictos del siglo pasado, puesto que una parte considerable de la intelectualidad de Occidente, de un modo u otro, tomó partido sobre esta contienda armada, produciéndose innumerables obras literarias, textos y, asimismo, obras pictóricas reconocidas que desvelaban la tragedia y sus avatares. Metamorfoseó la lírica de grandes poetas, como Neruda o Vallejo, y convocó a escritores como Orwell, Hemingway, Dos Passos, Malraux, entre otros, abriendo caminos de compromiso en numerosos países foráneos. No obstante, hay un frecuente error, de estirpe hegeliana y romántica, que suele identificar a la izquierda política con formas de progresismo y a la derecha con el orden conservador; en un contexto donde la propia modernidad, como paradigma histórico, sucesivo al Clasicismo, se distorsiona desde la misma fuente donde se gestó con la revolución del Romanticismo, y cuya vigencia aún se da78. A título meramente ilustrativo, bastaría con enumerar los gustos estéticos de Lenin y, sobre todo, de Stalin, confrontándolos con los de Rockefeller, para refutar esos equívocos. 77 Anthony Beevor, La guerra civil española, op. cit., pág. 243. 78 Cfr. Alfredo de Paz, La revolución romántica. Poéticas, estéticas, ideologías, Madrid, Tecnos, 1986, passim. - 54 - Ligada a esto, ocurre otra falacia concomitante que consiste en ubicar las expresiones de la vanguardia artística exclusivamente en el bando progresista, creyendo que quienes no se identifican con la novedad, son meros conservadores, si no abiertamente retrógrados79. Nuevamente, valdría la pena verificar cual fue el credo político de T. S. Eliot y Ezra Pound o, en la otra vereda, el de Louis Aragón y Pablo Neruda, todos grandes innovadores o vanguardistas en distintos momentos. Bajo estas premisas, se comprende que, leídos desde el presente, los años de la década de 1930 destilen a cada paso las convulsiones de aquel tiempo tan complejo, de manera que cualquier tratamiento superficial ofrece sobretodo perspectivas maniqueas que se hacen visibles a la hora de las efemérides. Ahora bien, pasada la guerra sí se asienta en el interior “un imaginario de poética trascendental, subsidiario a la espiritualidad católica, en sus más normativos exponentes, que se asocia a ideales estéticos de la belleza clasicista”80. Formas ajenas a lo extranjero en la postguerra, modos interiores, que tienen su contraste en el tiempo anterior; así, Eric Hobsbawm, deteniéndose en los años previos al estallido de la Guerra española, afirma en su conocida Historia del siglo XX que llama la atención cómo la mayoría de los intelectuales occidentales, de distintos signos políticos, se sintieran movilizados por lo que ocurría en España, un 79 Sobre el pensamiento de lo retrógrado vid. el artículo de: José Vidal-Beneyto, No nos callarán, El País, 27 de Marzo de 2004, pág. 8. 80 Enrique Baena, Umbrales del imaginario. Ensayos de estética literaria en la modernidad, op. cit., pág. 42. El mismo teórico añade: “En efecto, se trata de un complejo puente conceptual iniciado prontamente en la década de los treinta, cuya síntesis definitoria conocida fue caracterizada, integrando distintas tendencias, como la rehumanización poética tras el clímax vanguardista y la estética de la pureza”. A propósito de la dramatización entre lo subjetivo y lo objetivo en la creación artística, continúa Baena, consúltese las ideas de Dámaso Alonso desarrolladas en Una generación de poetas españoles (1920-1936), en: Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1978, págs. 155-157. - 55 - país periférico, ausente de todos los grandes cambios que, desde el siglo XIX, habían tenido lugar en Europa. Y agrega: “No es casual que la política interna de ese país peculiar y aislado se convirtiera en el símbolo de una lucha global en los años treinta”.81 Eric Hobsbawm encarnaba en su testimonio las cuestiones políticas fundamentales de la época: por un lado, la democracia y la revolución social, siendo España el único país de Europa donde ésta última parecía a punto de estallar; por otro lado, la alianza de una contrarrevolución o estabilización inspirada por la Iglesia Católica que, históricamente, había mantenido sus formas antagonistas ante las segregaciones y heterodoxias. De los cálculos realizados se despende que 10.000 franceses, 5.000 alemanes y austriacos, 5.000 polacos y ucranianos, 3.500 italianos, 2.800 estadounidenses, 1.500 yugoslavos, 1.500 checos, 1.000 húngaros, 1.000 escandinavos y mucha más gente de otros países vino a pelear en España82. También unos 2.000 británicos (entre los que se incluyen los irlandeses). La presencia en las Brigadas Internacionales de André Malraux o de los alemanes Gustav Regler y Ludwig Renn, del húngaro Mata Zalka, del cubano Alejo Carpentier, así como la simpatía por esa misma causa de Ernest Hemingway o John Dos Passos −presentes en Madrid durante la guerra− y el apoyo de personalidades del cinematógrafo como Charles Chaplin, Clark Gable, Marlene Dietrich, Bette Davis, Paul Roberson o 81 Recogido en Anthony Beevor, La guerra civil española, op. cit., pág. 243. 82 Con motivo del 50 aniversario de la contienda, la Brigada Lincoln publicó un álbum de fotos de la guerra, en cuyas imágenes se identificaron a milicianos que parecían de origen chino. Vid. David Valera, Brigadistas chinos contra Franco. Ideal. Granada, 2013, pág. 61. - 56 - Charles Laughton, entre tantos otros, demostraban las repercusiones de un conflicto que, según los versos del gran inglés W. H. Auden, ocurría “En ese árido cuadrado, en ese fragmento desgajado de la cálida África, tan toscamente unido a la ingeniosa Europa”.83 Ahí, en la metáfora de Auden, sin duda el más notable exponente de la generación de poetas británicos de 1930, “nuestros pensamientos tienen cuerpos”.84 En el prólogo de Poesía inglesa de la guerra española, una antología preparada por William Shand y Alberto Girri, publicada por El Ateneo en 1947, Guillermo de Torre escribió: “Los intelectuales ingleses se solidarizaron con España en todo sentido. Algunos dieron sus vidas como Ralph Fox, Julian Bell, Charles Donnelly, John Cornford (este último murió luchando en la Brigada Internacional al día siguiente de cumplir sus veintiún años). Pero no sólo los más jóvenes y nuevos, sino los que eran ya notorios en aquellas fechas, como Auden, (Stephen) Spender, (Cecil) Day Lewis, Herbert Read, (J.) Bronowsky y otros, dejaron oír sus voces solidarias en poemas que rebasan el interés circunstancial y adquieren valor permanente”85. Se trataba de un eje axial en la literatura europea, y así lo testimonian las distintas antologías anteriores a la antedicha, que enumera Valentine Cunningham en las palabras preliminares de su Spanish Civil War Verse (Penguin Books, 1980) –entre estas, And Spain Sings: Fifty Loyalist Ballads, adapted by American Poets (1937), de M. J. Bernardete y Rolfe Humphries, que incluye versiones de Katherine Anne Porter, y a Miguel Hernández traducido por William Carlos Williams; Poems for Spain (1939), de Stephen Spender y John Lehmann; The Heart of Spain: Anthology of Fiction, Non Fiction and 83 Anthony Beevor, La guerra civil española, op. cit., pág. 243. 84 Ibidem. 85 Ibidem. - 63 - Viñas, que se apoya en el historiador militar y ex comandante Gabriel Cardona, para reafirmar lo extraño del procedimiento.99 Amado Balmes, sufrió al final un episodio oscuro, detectado por los cronistas, aunque éstos reconocieran que no existían evidencias documentales que pudieran probar directamente otro tipo de muerte. Se subrayaban los documentos inaccesibles o desaparecidos, entre ellos la autopsia Balmes, o las comunicaciones entre Franco y Mola previas a la sublevación, aunque sí se pusieran de manifiesto algunos indicios durante la instrucción del sumario: la pérdida del arma y la guerrera de Balmes, por ejemplo. La viuda del general solicitó que se declarara a su esposo muerto en acto de servicio, lo que le fue denegado, por “pequeños incidentes” y por considerar “una imprudencia el haber colocado sobre el vientre una pistola encasquillada”. La muerte de Balmes ponía así en evidencia un conflicto de carácter circular, en el que se confundían todos y cada uno de los participantes. Este laberinto fue resaltado por los corresponsales extranjeros como una trama donde la inocencia o culpabilidad de este o aquél bando simbolizaba las terribles circunstancias que, paradójicamente, más calaban en el pensamiento inglés. Dice Santos Juliá, comentando el texto de Ángel Viñas: “El libro en el que explica sus sospechas sobre el posible asesinato de Balmes que ordenaría Franco está publicado, como la mayoría de los suyos, por Cátedra, se titula La conspiración del general Franco y nació de 99 Entrevista a Ángel Viñas, por Juan Cruz, El País, 22 de mayo de 2011. - 64 - su deseo de investigar la hostilidad británica hacia la República. Como tuvo que buscar en el origen inglés del Dragon Rapide y de su tripulación, halló que este avión voló a Las Palmas en circunstancias que permiten dudas; esas dudas le llevaron a hacer pesquisas que están a medias entre el historiador y el detective. Juntos en la misma persona el historiador y el detective, Viñas llegó a conclusiones que arrojan dudas muy serias sobre la versión oficial: la muerte de Balmes pudo haber sido un asesinato premeditado y alevoso”.100 Más adelante, también destaca el testimonio crítico Viñas sobre los entresijos doctrinales de los inicios y del propio conflicto: “Soy de los que creen que el franquismo montó una historia, un dogma, un corpus de doctrina para explicar los orígenes y el desarrollo de la Guerra Civil y sus consecuencias. Y ese dogma no tiene mucho que ver con la realidad”.101 Esta mirada hacia atrás gira también en incógnitas en torno a la figura de Franco, como hombre astuto, sin la amplia experiencia de un general, pero sí con bastante en el manejo de una guerra colonial, en un contexto completamente subdesarrollado, como fue el de su tiempo en el Protectorado norteafricano. Quizá un estratega, disciplinado según sus intereses: 100 Santos Juliá, loc. cit. 101 Santos Juliá, art. cit. - 65 - “Es un general cortesano y un general político. Eso es lo que hace en la República. El hombre de Estado que sabe anticipar el futuro... eso son bobadas inventadas para alimentar su ego. En tiempos de la República tiene muy claros cuáles son sus intereses, a los que sirve con disciplina y rigurosidad. Un hombre disciplinado”.102 Una perspectiva sobre la figura de Franco que gira en torno a una actitud y a un jefe militar capaz de ponerse al frente de cualquier enfrentamiento bélico.103 Pedro Sainz Rodríguez lo escribía en los siguientes términos: “toda la operación que Franco monta en Las Palmas está orquestada para ponerse al frente del ejército de Marruecos”.104 Este era, sin duda, su objetivo inmediato en julio de 1936, para alcanzar el mando de una poderosa maquinaria de guerra, que habría de dar una ventaja muy importante en el principio de la contienda. La muerte de Balmes quedó atrás cuando el propio Franco asistió al entierro, disipando con su presencia cualquier duda sobre el accidente, tanto en la opinión pública nacional como en los corresponsales extranjeros, al tiempo que se desentendía de cualquier responsabilidad. 102 Ángel Viñas, Todo empezó un 17 de julio, Barcelona, www.elperiodico.com, 17 de julio de 2011. 103 Stanley Payne, El régimen de Franco (1936-1975), Madrid, Alianza, 1987, pág. 79. 104 Ángel Viñas, La conspiración del general Franco, Barcelona. Crítica, 2012, págs. 12-13. - 66 - El futuro dictador ya se encontraba en plena actividad y su objetivo era sublevar las guarniciones de Tenerife y de Las Palmas. La distribución geográfica y su dimensión social Hasta los primeros días de agosto no quedó clara la distribución de las dos zonas ni se hicieron reconocibles los frentes105. En relación con Andalucía, los territorios ocupados por los sublevados fueron Huelva, Sevilla, Cádiz, Granada (ciudad) y el Protectorado. En el resto de España, las regiones de Galicia, Oviedo (ciudad), León, Castilla la Vieja, Álava, Navarra, Aragón, Cáceres, Canarias, Mallorca e Ibiza. Las provincias que seguían bajo la soberanía gubernamental eran Asturias, Santander, Vizcaya, Guipúzcoa, Cataluña, Levante, Castilla la Nueva, Badajoz, Menorca, y la mayor parte de Andalucía.106 A partir de ahí se puede deducir cómo la amplitud del enfrentamiento, reduciéndolo al ámbito andaluz, conforma una compleja repartición territorial que afectaba a todas las comarcas meridionales de España: “Entendemos por Guerra Civil en Andalucía el proceso histórico, globalmente definido, que de manera desigual tuvo como ámbito la región andaluza, y en su interior una diversidad de mecanismos y fenómenos local, comarcal o provincialmente desarrollados”.107 105 La guerra civil española, op. cit., pág. 114-115. 106 Ibidem. 107 La Guerra Civil en Málaga, op. cit., pág. 9. - 67 - Así, el 17 de julio de 1936, la rebelión, junto al componente militar, se puede decir que se iniciaba teniendo ya también una dimensión social. Comenzaba una “guerra ciudadana”,108 tal y como lo testimonian las investigaciones periodísticas y textuales de los escritores foráneos y especialmente los británicos. En Andalucía, en líneas generales, el posicionamiento de trabajadores y campesinos en un lado, y el de propietarios en otro, era real, aunque tuviese un cierto componente maniqueo, perspectiva que se ha planteado como una de las primeras causas del conflicto, cuyo inicio podría considerarse en la radicalización de la reforma agraria, a partir de las elecciones de febrero, así como en la beligerancia de los terratenientes frente a ella. Sin embargo, y pese a esta dimensión social de la contienda, y a que, en la Península, la guerra comenzó y terminó en Andalucía (salvo muy concretos acontecimientos bélicos), la región no fue un importante campo de operaciones, aunque sí de acciones represivas109. Una represión, entre el 19 de julio de 1936 y primeros de abril de 1937, que en ambos lados fue dramática. Más incontrolada en el bando republicano, como se testimonia en las crónicas y la crítica anglosajona, y más sistemática en el bando 108 “«Mi idea es que el lector se lleve una impresión aproximada de cómo era la vida en esos años de guerra, por eso no solo toco el tema de la represión, que fue dolorosa e importante, sino que a mi me interesaba ver qué instituciones funcionaban en esa época, tales como el Consejo Municipal, que hoy llamaríamos Ayuntamiento, cómo fue la economía de guerra, qué problemas había, si los abastecimientos eran suficientes o no y no he olvidado que la ciudad de Guadix fue la capital militar en la zona, era el lugar donde confluían la mayor parte de las tropas camino del frente, muy cercano, en el Puerto de la Mora, el Peñón de la Mata... (…) qué hacía la gente, a qué se dedicaba, si había cine..., en definitiva dar una visión general de la comarca en esa época y especialmente una visión un poco alejada, sin apasionamiento y valorando las cosas en su justo término, sabiendo además que en una guerra civil, en un bando y en otro había personas de una gran estatura humana y de una gran talla y también personas indeseables, tanto en un bando como en otro»”. Santiago Pérez, La Guerra Civil fue una desgracia para todos y letal para nuestro desarrollo, entrevista en: Ideal Granada, 2014. 109 Vid. Ángela Cenarro, Tradición y renovación. Los historiadores británicos ante la España contemporánea, Historia Contemporánea, nº 20, 2000, págs. 65-102. - 68 - nacional.110 En cualquier caso un escenario trágico e inhumano en el que los términos de guerra, represión y muerte irrumpieron brutalmente: “En suma, Andalucía fue un escenario dramático en el que se instaló la represión, tanto en las ciudades, como en el medio rural. Entre otros muchos trabajos que se podrían señalar, los estudios de A. Nadal para Málaga, Moreno Gómez para Córdoba, Gibson y Gil Bracero para Granada, Quirosa-Cheyrouze para Almería, Espinosa Maestro para Huelva y N. Salas, Espinosa Maestro y Ortiz Villalba para Sevilla, han rastreado cuidadosamente este fenómeno, mostrándonos sus diversas formas y tratando de cuantificar sus posibles víctimas”.111 En esta situación, podríamos destacar la figura de Blas Infante, ejemplo de cómo, de inmediato, se sesgó lo ideológico en los considerados como líderes andaluces. El 6 de agosto, a bordo del Dragon Rapide, procedente de Tetuán, Franco aterriza en Sevilla. Y aunque Mola era el director del golpe, tras la muerte en accidente de Sanjurjo el 20 de julio, el general recién llegado se convierte en el militar del momento. A partir del 29 de julio se pone en marcha el ejército de África, que se trataba de la única fuerza capaz de desequilibrar la balanza. En muy 110 Vid. Juan Hidalgo Cámara, Represión y muerte en la provincia de Granada, 1936 – 1950, vol. I y II, Almería, Arraez Editores, 2014. 111 Juan Antonio Lacomba, Historia contemporánea de Andalucía. De 1800 a la actualidad, Editorial Almuzara, Córdoba, 2006, pág. 187. - 69 - poco tiempo, y merced a la trascendental ayuda alemana, llegan a la Península 1.500 hombres, quizás en el primer puente aéreo de la historia, más otros 2.500 en buques protegidos por los cazas italianos112. ¿Pero quién era Franco y qué pretendía? se preguntan las redacciones de periódicos de todo el mundo. Un testimonio es el siguiente: “8 de agosto, después de atravesar los «salones magníficos» del palacio de Yanduri, cuartel general de los nacionales en Sevilla, Félix Correia, corresponsal del Diario de Lisboa, entra en el despacho del general. Lo recibe de pie, sonriente, optimista, en uniforme de campaña (…). Un hombre de estatura normal, rostro afeitado y frente alta.113 El ejército, afirmó, ha tenido que intervenir porque estaba preparada, para este mes de agosto, una revolución social destructora y sangrienta (…).114 Había que salvar a la patria del caos y de la vergüenza en el que se encontraba y evitar la hecatombe que se preparaba”.115 Hubo con anterioridad otras declaraciones a periodistas extranjeros (a Jay Allen, por ejemplo, en Tetuán, a finales de julio, a 112 Toda esa intervención extranjera en la guerra de España tenía su otro lado, desde el punto de vista literario que era una polifonía textual, un hibridismo de manifestaciones significativas; es decir, un mestizaje que iba más allá de la simbiosis entre ensayismo sociológico-testimonial y narración o lirismo, también literatura de compasión. La guerra es relatada a base de una variedad de voces narrativas, haciendo heterogéneo el discurso y el lenguaje. Véase, Mijael Bajtín, Estética de la creación verbal, Madrid, Siglo XXI, 1982; y Problemas de la poética de Dostoievsky, México, FCE, 1988. 113 La guerra civil española, op. cit., pág. 246. 114 Ibid., pág. 247. 115 Ibídem. - 70 - quien Franco le dijo entonces el propósito de su empresa), pero las citadas arriba sí parecen ser las primeras dónde expresó claramente sus motivos e intenciones. La entrevista, publicada el 10 de agosto en el Diario de Lisboa, tuvo gran repercusión internacional y fue reproducida en Gran Bretaña por el dominical News of the World, que compró los derechos mundiales. Ya a finales de 1936 las provincias de Huelva, Cádiz, Sevilla, Málaga y gran parte de Córdoba quedan bajo el dominio de los sublevados, por lo que los cronistas dan cuenta de cómo Andalucía queda prácticamente inmóvil hasta el final de la contienda,116 no por razones ideológicas, sino simplemente por la correlación de las fuerzas en presencia, aunque desde aquí se impulse el avance hacia Extremadura y Castilla: “A finales de marzo de 1939, como en el resto de España, la guerra se acababa en Andalucía. Desde la caída de Málaga y el posterior avance de las tropas franquistas hasta posiciones cercanas a la provincia almeriense, hechos producidos un par de años antes, apenas habían variado los frentes de batalla en la región. Es decir, tras finalizar el primer invierno vivido en conflicto, el Gobierno republicano sólo ejercía el 116 “Nuestro siguiente destino: el frente de Granada, uno de los más extensos. Las circunstancias, muy similares a Córdoba. La capital estaba tomada por los facciosos, y los aledaños por las fuerzas leales. Curiosamente, la mayoría de los milicianos y de los soldados de Infantería de Marina eran levantinos. Al mando de las operaciones, el combativo comandante Rívadulla. La falta de víveres en la capital obligaba a los rebeldes a realizar incursiones en los ricos cortijos cercanos en busca de ellos.. (…) En todo momento estábamos acompañados de otro ejército, el de los campesinos, que aparte de luchar, si era menester, se encargaba de que no se perdiera ni una sola espiga de trigo, de recoger los garbanzos y de cuidar los olivos”. A. Febus (Juan Manuel Menéndez), La epopeya del 'Chato'. Del New York Times al campo de concentración de los Almendros, Madrid, Bubok Publishing, S.L., 2014. - 71 - control en las provincias de Almería y Jaén (salvo unos pocos municipios en esta última), en las comarcas orientales de Granada (Guadix-Baza) y en algunas localidades del norte de Córdoba. Así, cuando había transcurrido poco más de un semestre de guerra, los sublevados ya habían dominado seis de las ocho capitales andaluzas, permaneciendo únicamente Almería y Jaén en zona republicana. De hecho, la provincia almeriense fue la única que se mantuvo íntegramente en dicha zona durante todo el tiempo que duró el enfrentamiento armado. Además, no llegaron a existir frentes de guerra establecidos en su circunscripción durante los 33 meses que duró el conflicto”.117 Centenares de periodistas, escritores, poetas, voluntarios… Como ya hemos apuntado, no hay otra guerra en los tiempos modernos que haya provocado tan intensa emoción y, por otra parte, tan extremas parcialidades. La causa española fue la causa de todos los pueblos; por una parte, se hablaba de «guerra santa» y de «cruzada»; por otra de «paraíso proletario». Los que llegaban eran conscientes enseguida de que en España la lucha no sólo era de bandos, sino también de ideas, o de ideales, lo que va más allá de lo singular para fundirse en las raíces 117 Rafael Quirosa-Cheyrouze y Muñoz, El final de la guerra civil: Almería, marzo de 1939, en: Andalucía en la Historia, nº 5, 2004, págs. 27-31. - 72 - colectivas de los mitos culturales y de la historia, encontrándose, en términos de Ignacio Prat, con “un dolor que el equilibrio arrasa”.118 A esa llamada, que era histórica y vaticinadora, acudieron así centenares de periodistas, además de los voluntarios que, también, ejercieron en algún momento tareas informativas. Los grandes periódicos y revistas del mundo enviaban a sus mejores profesionales a un conflicto en el que se dilucidaba el modelo ideológico y político que habría de ahormar un futuro que tan incierto se presentaba a mediados de los años treinta. Muy pocos quedaron al margen de uno de los dos bandos; ninguno dejó de reflejar aquella tragedia como un problema irremediable que parecía acompañar a España desde los dramas de Calderón de la Barca, pasando por la obra teatral de Federico García Lorca, y llegando incluso a nuestro presente para reflejarse simbólicamente en los textos dramáticos de Miguel Romero Esteo119. Se escribieron, en definitiva, poemas, reportajes, folletos, novelas, narraciones, prosas, etc., y se rodaron películas; se tomaron igualmente miles de fotografías y fueron pintados también los horrores de la guerra. Es por ello, por lo que en esta investigación no buscamos exclusivamente destacar los artículos o reportajes más conocidos de los escritos en España por los corresponsales extranjeros, tampoco hacer la selección de los más verídicos o de los más objetivos, como único corpus. Casi ochenta años después del comienzo de la Guerra Civil, cuando ya los historiadores han desvelado la práctica totalidad de lo acontecido, nos interesa menos la exactitud del dato del cronista que la intensidad de su descripción y la emoción de su mirada directa sobre los sucesos narrados, 118 Ignacio Prat, Márgenes de Aire nuestro, en: Estudios sobre poesía contemporánea, Madrid, Taurus, 1982, pág. 182. 119 Pedro Aullón de Haro, La obra dramática de Miguel Romero Esteo, int. a Tartessos, Pipirijaina-Diputación Provincial, Málaga, 1983. - 79 - Pero la Guerra Civil no sólo desencadenó respuestas, declaraciones más o menos políticas de estos escritores, sino que también a lo largo del conflicto e incluso después, sería motivo nuclear de escritura para todos ellos, generando una abundante creación literaria134, además de la oportunidad para iniciarse en la acción, es decir, en la exploración directa de las circunstancias concernientes a la idiosincrasia excepcional de España y los españoles135. Todos ellos se volcaron de una forma u otra con su causa, que venía a llenar vacíos ideológicos, y acaso también literarios: “Fue sobre todo la Guerra Civil lo que transformó el hispanismo en el Reino Unido. Durante y después del conflicto, se despertó en este país un enorme interés por España. Este interés puede atribuirse a distintos motivos. Uno era la percepción generalizada de que el conflicto era una guerra civil europea en miniatura, o una guerra entre la democracia y el fascismo, según algunos, o entre el comunismo y la tradición, el orden y la religión, según la derecha. Evidentemente, estas visiones pecaban de un cierto reduccionismo, ignorando las realidades específicas del conflicto español. Pero el instinto político de los que se lanzaron a defender la República en las Brigadas Internacionales o detrás de 134 La rememoración también puede ser considerada como una forma de ahuyentar la historia y de buscar refugio personal y espiritual. Véase: Mircea Elíade, El mito del eterno retorno, Madrid, Alianza Editorial, 1985. 135 Una originalidad que se averigua mediante la mentalidad de los propios buscadores de la forma de ser española, lo que caracteriza la creatividad de los viajeros y los peregrinos extranjeros por España durante la contienda. Véase a este propósito los argumentos antropológicos del mismo Mircea Eliade, La nostalgie des origines. Métodologie et histoire des origines, cap.: Paradis et utopie: géographie mythique et eschatologique”, París, Gallimard, 1971, págs. 185-206. - 80 - las líneas o en las páginas de los periódicos era mejor que los políticos británicos y la burocracia sindical, para quienes España y luego Checoslovaquia eran «países lejanos». Por el contrario, para los primeros, el desenlace del conflicto era de una importancia vital para el futuro del continente europeo. El compromiso de varios intelectuales británicos con la causa de la República es bien conocido y las opiniones del pueblo inglés que se reflejaban en las encuestas durante la segunda mitad de la Guerra Civil sugieren que la mayoría apoyaba a la República y sólo una pequeñísima minoría sentía lo propio hacia los nacionalistas. Según el British Institute of Public Opinion en 1939, el 72 por 100 de los encuestados apoyaba a la República y tan sólo el 9 por 100 a los Nacionales, quedando un 19 por 100 sin opinión”.136 Las motivaciones para interesarse por España sin duda eran múltiples, incluso muy personales (como la de Stephen Spender, que participó activamente en todas las actividades antifascistas, pero que también vino a España en busca de alguien muy querido, que se había enrolado en las Brigadas Internacionales), pero se pueden clasificar sucintamente en cuatro bloques: en primer lugar, la consideración de la guerra española como una especie de ensayo general del futuro inmediato que llegaría con la Segunda Guerra Mundial, en la que Europa entera quedaría atrapada y en la que se iba a 136 Sebastian Balfour, El hispanismo británico y la historiografía contemporánea en España, http://www.ahistcon.org/docs/ayer/AYER31_10.pdf, págs. 167-168. - 81 - dilucidar el enfrentamiento entre los sistemas democráticos y los totalitarios137. En segundo lugar, y vinculado a lo anterior, la defensa de la España de las luces, republicana y democrática, del oscurantismo dictatorial que contradecía el grito histórico que venía clamando la libertad138. En tercer lugar, la continuidad de la tradición británica, nacida con Peninsular War, ya que esta guerra de 1936 adquiría tintes de aquella otra guerra romántica, hecha de pequeñas tragedias y no de grandes batallas, como afirmaba Arthur Koestler en su respuesta a Authors Take Sides, dando lugar, además, a representaciones de espacios y gentes en el límite de otros horizontes de civilización, con imágenes visionarias más propias en ocasiones del sueño que de la realidad139. Y en cuarto lugar, una razón, aplicable sólo a aquellos que tomaron parte en la contienda de una manera física: adquirir las experiencias que avalaran la credibilidad de su compromiso político.140 Conviene, ahora, hacer mención especial a los jóvenes escritores que se adhirieron a la causa republicana, ya que, a menudo, sus motivaciones fueron de orden personal y altruista antes que políticas, como es el caso de Julián Bell, poeta allegado al Círculo de Bloomsbury (hijo del crítico de arte Clive Bell y de la pintora Vanessa Stephen y por tanto sobrino de Virginia Woolf), huyendo de su pasado, fue uno de esos voluntarios141. Sus 137 Para el sentido de la amplificación de la guerra española a nivel europeo y mundial, hay que recurrir a una interpretación de los fenómenos sociales, culturales e ideológicos de España y los españoles más allá incluso de su realidad histórica. Véase: Mircea Elíade, El mito del eterno retorno, op. cit., págs. 39-52 y 89-142. 138 Vid. Enrique Gómez-Reino, “La libertad de expresión en la II República”, Revista de Derecho Político, nº 12, invierno, 1981-82, págs. 159-187. 139 La asociación de España/Andalucía con el oriente permite la consideración de verla como un espejo en el que proyectan búsquedas, ansias, así como una idealidad más estética que real. Véase: Eduard W. Said, Orientalismo, presentación de Juan Goytisolo, Barcelona, Debolsillo, 2003. 140 Juan Antonio Díaz López, España en la Inglaterra del siglo XX: Hispanismo, Libros de Viajes y Novelas, op. cit., 1983, págs. 312-315. 141 Cfr. Linda Palfreeman, Salud! British Volunteers in the Republican Medical Service during the Spanish Civil War, 1936-1939, Sussex Academic Press, 2012. - 82 - testimonios tienen credibilidad cuando, como conductor de ambulancia en la terrible batalla de Brunete, duda del propio Congreso Internacional de Escritores que se celebraba en aquel entonces en Madrid. Con todo, tal vez Stephen Spender sea el mejor ejemplo del autortestigo inglés. Miembro ya notorio del grupo de Auden de poetas y de dramaturgos, había mostrado durante los años treinta un deseo y una capacidad sobresalientes para estar en el centro de toda novedad. Sus ideas políticas marxistas sólo en parte se debían a la moda, y su conocido tratado político, Forward From Liberalism de 1937, da la medida de su desarrollo intelectual, ya que en su origen estribaba un enfrentamiento al liberalismo ortodoxo de su padre y de su tío (los dos, miembros eminentes del Partido liberal). La guerra de España estaba perfectamente de acuerdo con su reciente conversión a la doctrina marxista, e igualmente con un profundo romanticismo derivado de una poética heredada de la propia tradición anglosajona hacia la creatividad142, aunque el hecho de que viniera a la Península impulsado por motivos de referencias literarias y psicológicos le dificultara una comprensión más verdadera de los acontecimientos. Los numerosos artículos que escribió sobre España se refieren frecuentemente a las bases de su propia visión, que mezclan rebelión personal frente al pasado e ideas del marxismo como fuerza creadora moderna143. En ocasiones, por ejemplo en su poesía lírica, que se da de forma más breve y acaso más neutra (en la que el poeta desea controlar su yo), Spender logra hacer abstracción completa de sus propias confesiones para adentrarse emocionalmente en la contienda. Sus Thoughts during an Air Raid son uno de los mejores poemas ingleses sobre el enfrentamiento. 142 Vid. Gustavo Correa, Estudio preliminar, Antología de la poesía española (1900-1980), t. I, Madrid, Gredos, 1980. Compárese ese signo neorromántico con las propias poéticas de signo distante surgidas coetáneamente en España. 143 Ian Hamilton, Spender’s Lives, The New Yorker, 28 febrero, 1994. - 83 - Posteriormente, cuando ya Spender se había sentido próximo a la causa anticomunista (siempre por motivos que no respondían stricto sensu a lo político), recompuso una vez más la versión de sí mismo y de la guerra de España. En The God that Failed (El Dios que cayó), de 1950, declara cómo se unió al Partido Comunista y su venida a España por «impulsos emocionales»; y en sus memorias, World Within World, de 1951, escribe que a España le dedicó la mayor parte de su tiempo y de sus esfuerzos, y también para lograr la libertad de un amante a quien las Brigadas Internacionales habían encarcelado. Spender tal vez representa mejor que otros todo cuanto hay de ingenuo, o de personal, o de apolítico en los escritores ingleses que participaron en la Guerra de España144. Es la quintaesencia del neorromántico inglés, emulando intensamente a Shelley y Byron. Una misma tradición que lo situó al lado de la República, y, a la vez y sin mostrar contradicciones, con ciertas ideas próximas a la causa nacional.145 Louis MacNeice fue una excepción entre estos escritores ingleses (tal vez a causa de su origen irlandés). Su viaje en sí era ya algo fuera de lo común. Llegó a España a finales de 1938 (las Brigadas Internacionales ya se habían marchado y la República se desmoronaba) y de inmediato se dio cuenta de la situación verdadera. En un excelente artículo que publicó en el diario londinense The Spectator (20 de enero de 1939), describe el arrojo y la desesperación de la ciudad de Barcelona asediada. Todos sus compañeros conocían el valor del pueblo español, en todos los sentidos, 144 Véase su selección poética traducida recientemente: Ausencia, presente y otros poemas, Barcelona, Lumen, 2007. 145 El compromiso de Spender como sus amigos del Grupo Auden, con el mismo W. H. Auden, Louis MacNeice o Christopher Isherwood, fue intenso en aquel momento, como recuerda en su libro Los años treinta y los posteriores, de 1979. - 84 - pero fue preciso un escritor del talento de MacNeice para lograr ir más allá de los lugares comunes, para reproducir de tal forma la verdad de lo visto. Algunos de sus textos, siempre con estilo y calidad literaria, sólo fueron publicados después de su muerte. Sus memorias The Strings Were False, publicadas en 1966, comprenden, además, su diario y otros escritos sobre las experiencias españolas. Con todo, es su poema Autumn Journal, de 1939, el que constituye su mayor testimonio literario sobre la cuestión. Sin embargo, el ejemplo más reconocido de un escritor británico en España, que se distinguió claramente de todos sus colegas, fue George Orwell. Siempre se vio a sí mismo como un no-conformista,146 y por eso podía evitar la moda y situarse en una tradición literaria mucho más amplia: aquella que se refiere a la crítica y a la del “hombre honesto”, de la que se consideraba un portavoz.147 Siendo así, Orwell vino a título individual y luchó junto a los comunistas. Escribió el que ha sido 146 “Es importante detenerse en lo que ha significado para la comprensión de la historia de la Guerra Civil española el papel de Orwell. Porque, de igual manera que Orwell crearía más tarde un ‘modelo orwelliano’ de interpretación de la sociedad soviética, si bien no publicó sobre el conflicto español trabajos tan ‘teóricos’ como Animal farm o 1984, sus impresiones sobre nuestra guerra han generado una especie de modelo orwelliano, que ha inspirado, con sus respectivas variaciones y aportaciones, a sectores anarquistas, poumistas, trotskistas y otros”. Albert Escusa, ¿Quién fue realmente George Orwell?, http://www.eroj.org/comun/orwell2.pdf. 147 “El escritor pasó a la fama a raíz de su participación en la Guerra Civil española. Como miembro de un pequeño partido político izquierdista británico, el Partido Laborista Independiente (ILP en inglés), llegó a Barcelona a finales de 1936 y fue voluntario al frente de Huesca, donde combatió entre las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Aunque nunca estuvo en la órbita de lo que se llamó “comunismo oficial”, en su experiencia española se sitúa el momento de desencanto total hacia esta doctrina y hacia la URSS. Orwell pasó a la posteridad por obras como Homenaje a Cataluña (su particular visión del conflicto bélico español), Animal farm (Rebelión en la granja) y 1984. Animal farm se escribió para satirizar la Revolución rusa de 1917 y su desarrollo posterior, y 1984 para mostrar el funcionamiento del socialismo soviético de manera análoga a un siniestro mundo totalitario. Por esto mismo ha sido glorificado como un mito por la izquierda anticomunista y por sus apologistas, como un revolucionario valiente, honesto y sincero que ante todo buscaba la verdad”. Albert Escusa, ¿Quién fue realmente George Orwell?, op. cit., - 85 - catalogado como mejor libro sobre la guerra en inglés: Homage to Catalonia, fechado en 1938.148 Todo este vaivén entre escritores, poetas y cronistas en la España en conflicto estaba en ideas que forjaban formas excluyentes de ver España. En el interior los reflejos en la prensa de todo ello eran candentes. Un ejemplo lo tomamos de los columnistas granadinos de Patria e Ideal: los «rojos» no eran verdaderos españoles, sino seres corrompidos por el «materialismo», la «masonería», el «judaísmo» y el «marxismo» foráneo. Ante razones como estas, Miguel Ángel del Arco Blanco explora las entonces maneras de las vivencias en aquella idiosincrasia, y lo hace en un artículo del que transcribimos un fragmento: “La guerra era necesaria para «despertar a la Patria adormecida», y así lavar «con sangre el pecado de España, para conseguir un renacer grandioso de prósperas y gloriosas gestas». Como se escribiría en un semanario falangista de octubre de ese año, era «preciso amputar el miembro gangrenado, para que no perezca el organismo entero». Es importante reflexionar sobre la responsabilidad de escritores y periodistas a la hora de justificar e incitar la represión”.149 La reciente exposición Corresponsales en la Guerra Civil española, 1936-1939, organizada por el Instituto Cervantes de Nueva York y la Fundación Pablo Iglesias, recogía las treinta mejores crónicas publicadas 148 Murray A. Sperber, “Los escritores ingleses”, en: Los escritores y la Guerra de España, op. cit., págs. 51-58. 149 Miguel Ángel del Arco Blanco, La Granada de aquel verano. Una ciudad entre la victoria y la muerte, Granada Hoy, 14 de agosto de 2011, pág. 49. - 86 - por la prensa internacional durante los tres años que duró la contienda. Entre sus autores se destacan los nombres de Ernest Hemingway, George Orwell, John Dos Passos, Antoine de Saint-Exupéry, que, junto a otros, se convirtieron en paradigmas de los escritores que ejercieron de corresponsales. Aquellos que, por ejemplo, vivieron la tremenda experiencia del sitio de Madrid, y aquel espíritu popular de resistencia, se convencieron de lo que en realidad sustentaban a aquellas gentes de corazón republicano. En algunos casos, como el de Ernest Hemingway, Jay Allen, Martha Gellhorn o Louis Fisher, su convicción era firmemente partidaria de la República, lo que no fue en detrimento de la veracidad de sus crónicas. Este compromiso llevó a ciertos comentaristas a poner en duda la validez de esos escritos, sin embargo, estos escritores y periodistas fueron los que produjeron algunos de los reportajes más perdurables, dando lugar también a unas perspectivas del imaginario en los textos que formulaban “(…) sendas de la inmensidad de lo vivido, sin la mediación figurada ni los esquemas de ficción”; traía la supremacía de la reflexividad con las connotaciones de lo igual y de lo extraño, de la visión interior y de las designaciones exteriores”.150 Según apunta Miguel Ángel del Arco, Hanighen explicaba que “prácticamente todos los periodistas destacados en España se convirtieron en hombres distintos en algún momento después de haber cruzado los Pirineos”151. Tras haber vivido las circunstancias españolas durante un tiempo, las dudas de sus directores (lejanos, en Nueva York o Londres) les parecían interrupciones carentes de importancia. Porque se habían 150 Umbrales del imaginario. Ensayos de estética literaria en la modernidad, op. cit., pág. 77. 151 Miguel Ángel del Arco Blanco, La Granada de aquel verano. Una ciudad entre la victoria y la muerte, l. c., pág. 49. - 87 - convertido en participantes, más que en observadores, del horror, la tragedia y la aventura que suponía la guerra. Paul Preston152 entiende por ello que el conflicto fue uno de los primeros que tuvo una cobertura masiva en decenas y decenas de países del globo. Según el propio historiador153, la contienda española supuso el comienzo de una nueva etapa para el periodismo, una de las más peligrosas hasta entonces, ya que los corresponsales trataban de esquivar la censura interior procurando que sus periódicos no les mencionaran como autores de sus artículos.154 Es cierto también que entre los partidarios de Franco se encuentran creadores, cuyo número va aumentando paulatinamente, entrando incluso algunos a formar parte del gobierno británico. La política inglesa pronto se percató de la amenaza que representaban tanto los comunistas como los fascistas para la estabilidad en Inglaterra. A través de Gerald Brenan sabemos, por ejemplo, la prevención contra los “rojos” del gobierno británico y cómo la llegada a Gibraltar de los que componían, entonces, la denominada colonia británica supuso una primera oleada informativa anti-republicana, ya que estos residentes en la región, y especialmente en Málaga, escribieron y contaron las “atrocidades rojas”, horizontes que Nicos Poulantzas investigó específicamente en sus respectivos libros Fascismo y dictadura, publicado 152 “‘El final de la guerra’, que esta semana publica la editorial Debate, no es realmente un libro de suspense pero Preston ha escrito un muy detallado relato de lo acontecido en el Gobierno de la República española en las últimas semanas de su existencia y, aunque el lector conoce el desenlace, la trepidante trama de sucesos y conspiraciones aproxima la experiencia a la lectura de una novela”. Íñigo Gurruchaga, Paul Preston reivindica al presidente Negrín, Granada, Ideal Granada, 2014. 153 Paul Preston, Amenazados, ametrallados e inspirados. Corresponsales en la Guerra de España. Artículos, Centro Virtual Cervantes. http://cvc.cervantes.es/actcult/corresponsales/. 154 Alberto Pena, Periodismo, guerra y propaganda: la censura de prensa… Estudios sobre el Mensaje Periodístico, vol. 18, nº 2, 2012, págs. 563-576. - 88 - en 1973, y La crisis de las dictaduras, de 1976.155 El desarrollo de todo ello más tarde se explicaría teóricamente en las relaciones entre la crisis política y la crisis económica, ya que esta última “no se traduce ni forzosamente, ni simultáneamente, ni de manera unívoca en crisis política y crisis del Estado”.156 Acerca de la situación en Málaga se originó en la prensa británica una auténtica controversia, a favor y en contra de lo que venía ocurriendo, y en la que participaron Brenan, Koestler y Sir Peter Chalmers-Mitchels, en los periódicos The Times, News Cronicle, Manchester Guardian y el Daily Telegraph, cuyo corresponsal en Gibraltar recibía y protegía a los refugiados de la Málaga afín a la República, y después narraba todo lo que éstos contaban157. La confrontación entre liberales y conservadores se iba extendiendo, así, a las filas de los corresponsales y los periodistas, tanto nacionales como extranjeros; ello daba lugar a lo que Jean-Pierre Coin ha llamado modos de la política-crítica, un concepto que se perfila como “punto de sensibilidad teórica en relación a los movimientos sociales158. Esta polarización constituyó, pues, una visión dicotómica que condicionaba el imaginario de aquellos escritores que cubrieron las distintas fases de la contienda, aunque, poco a poco, las posturas se aproximaran cada vez más a una imagen utópica que permitiera la paz, la convivencia y el cese de las 155 Nicos Poulantzas, Fascismo y dictadura, Madrid, Siglo XXI, 1973; y La crisis de las dictaduras, Madrid, Siglo XXI, 1976. 156 Nicos Poulantzas, Problemas actuales de la investigación marxista sobre el Estado, en: Para un análisis marxista del Estado, Valencia, Pre-Textos, 1978, pág. 34. 157 Antonio Nadal Sánchez, El terror en la revolución española. Una propuesta para el estudio de la represión en la fase de hundimiento del Estado Republicano (julio-septiembre de 1936), Inédito, Málaga, pág. 13. 158 Jean-Pierre Coin, Por una nueva práctica de la política, en: Para un análisis marxista del Estado, Valencia, Pre-Textos, 1978, pág. 965. - 95 - puede ser aplicable a la gran mayoría, por no decir a todos, de los relatos en inglés sobre la Guerra Civil”.174 Así pues, un factor determinante de la perdurable memoria legendaria de la Guerra de España se debe no tanto a los intelectuales de aquellas Brigadas Internacionales que, salvo excepciones como la de Gustav Regler, no tuvieron en sus filas escritores consagrados, sino a creadores cuyas obras sobre España serían las que, casi siempre, los consagrarían de forma definitiva.175 Lo vivido generó, por tanto, una creación literaria sobre la Guerra cuya calidad estribaba justamente en lo humano y sus ansias frente a la tragedia, destacando la narrativa, en tanto que género de ficción por excelencia, de construcción de mundos posibles, y contando con el acerbo, como imagen histórica, que los principales escritores-viajeros habían forjado anteriormente: una imagen con un alto componente de ficción (el caso de Roberto Arlt).176 De este modo, la universalidad del género novelístico, y la base de las propias narraciones que se creaban, ponía de relieve el internacionalismo, y lo arquetípico, del conflicto español, haciendo posible que la producción literaria fuese cada vez más amplia. Para Ricardo de la Cierva las sucesivas revisiones históricas planteaban críticamente aspectos llevados por la ficción en los textos novelísticos: 174 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en: La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, op. cit., pág. 120. 175 Cfr. Ramón Tamames, La República. La Era de Franco, vol. 11 de la Historia de España, Madrid, Alianza, 1973, pág. 41. Manuel Tuñón de Lara, La II República, en: La caída del Rey, Madrid, Historia 16, Extra XXIII, octubre 1982, pág. 125. Véase, además, los historiadores que analizan El estado de la cuestión: Manuel Azaña, Ínsula, nº 526, octubre, 1990. 176 Rita Gnutzmann escribe a este propósito sobre la obra de Roberto Arlt, escrita en España durante la contienda. Vid. Roberto Arlt. Innovación y compromiso: La obra narrativa y periodística, op. cit., pág. 178. - 96 - “Afortunadamente, y gracias a la profunda revisión de los hispanistas −Raymond Carr,177 Stanley Payne, Edwar Malefakis y otros varios−, la historia universal lleva ya muy enmendado, aunque sea una generación después, un camino tan brillantemente falseado por la novela universal”.178 En la convulsa primavera de 1937, una y otra zona españolas se aprestaban a una profunda renovación política, resultando dramática, y desde luego nada frecuente, la posibilidad de trazar historias separadas. Todo era común en sus distintas idiosincrasias, y en ambas, es decir, de una y otra España, habían desaparecido, como fuerza configuradora, los intelectuales, el orgulloso estamento que, desde 1914 a 1931, pensó convertirse en vanguardia de una reforma nacional profunda; porque se entendía, como escribe Julián Marías, que “(…) la literatura ha sido el gran instrumento de interpretación de las formas de vida humana, y por tanto la base de la inteligibilidad de la historia”.179 La imagen exterior persistente sobre la guerra de España, pues, fue transmitida al mundo por un conjunto de intelectuales extranjeros y casi siempre a través de obras de ficción; por eso no debe extrañar el carácter tan expresivo como integrado de elementos ficticios. Y ocurrió así, efectivamente, como precisaba Ricardo de la Cierva, porque “los intelectuales extranjeros vinieron a llenar el vacío dejado por los 177 “Raymond Carr, fallecido el domingo a los 96 años, fue el gran historiador de la España contemporánea, se le consideró creador de la escuela británica de hispanistas y también dedicó parte de su carrera de investigación a temas latinoamericanos”. Agencia EFE, Fallece Raymond Carr, el historiador que ayudó a entender mejor España, Madrid, EFE, 2015. 178 Ricardo de la Cierva, Historia básica de la España actual (1800-1975), Barcelona, Planeta, 1974, págs. 403-404. 179 Julian Marías, Literatura y generaciones, Madrid, Espasa-Calpe, 1975, pág. 188. - 97 - intelectuales españoles”180, exiliados por falta de la libertad de expresión durante el enfrentamiento; un contexto en el que, para Anthony Beevor, la Guerra Civil española fue uno de los pocos conflictos modernos cuya historia la escribieron con mayor eficacia los perdedores que los vencedores181; y añade: “Como demostró la Guerra Civil española, la primera baja de la guerra no es la verdad, sino la fuente de la que procede: la consciencia y la integridad del individuo”.182 Pero la labor informativo-descriptiva de ninguna manera puede organizarse en el vacío, ni a partir de la nada; se requieren, al menos en su gestación, dos elementos básicos y prácticamente obvios. En primer lugar, se necesita de la existencia de una mínima conciencia y sensibilidad hacia el tema por parte de la opinión pública; y en segundo lugar, la clara voluntad, por parte de las agencias de prensa, los rotativos y los periodistas, de incidir sobre esa opinión pública, más o menos latente, en un sentido o en otro, según puntualiza José-Mario Armero.183 En un principio, para la opinión pública mayoritaria, la libertad y la democracia se encontraban gravemente amenazadas, y en España la amenaza que se cernía sobre ambas se presentaba al lector, desde un punto de vista casi shakesperiano, al introducir en el hombre todo ello como su 180 Ricardo de la Cierva, Historia básica de la España actual (1800-1975), op. cit., págs. 427428. 181 La guerra civil española, op. cit., pág. 8. 182 Ibid., pág. 370. 183 José-Mario Armero, España fue noticia. Corresponsales extranjeros en la guerra civil española, op. cit., pág. 16. - 98 - propia realidad dramática, que se daba en su mismo país184. En estas apreciaciones coincidían asimismo aquellos que no sólo estaban dispuestos a informar sino también a defenderlas. De hecho, y salvo excepciones, como hemos tratado, el arquetipo del corresponsal extranjero estaba sujeto más que a unas motivaciones nítidamente ideológicas, a impulsos apasionados y románticos en defensa de los conceptos antedichos.185 Los periódicos no podían recoger aún, en los inicios, las escasas y contradictorias noticias, pero sí algunos de los acontecimientos que enmarcaban el comienzo de la sublevación militar. Muchos “sueltos” daban cuenta de detenciones de elementos falangistas o derechistas por todo el país: en Jaén, en Madrid, en León, etc. Y se explicaban las circunstancias de la muerte en Canarias del general Balmes. De otro lado, por toda España se sucedían las manifestaciones de protesta y dolor por el asesinato de José Calvo Sotelo. Las ediciones vespertinas de los diarios, como Abc de Madrid, pudieron añadir notas de cierre sobre ello que sólo reflejaban el comunicado del Gobierno. Luego vino el silencio en numerosos rotativos, aunque los más importantes siguieron dando cuenta de los sucesos africanos en ediciones que pudieran ver la luz. Era un hecho que las redacciones estaban siendo depuradas de las personas que formaban parte de los grupos de derrotados en cada lugar. De forma espontánea, los trabajadores de diarios como La Vanguardia de Barcelona o también Abc de Madrid improvisaron directrices, acatando y distribuyendo las directivas del Gobierno, ya el día 19, cuando todavía 184 Julian Marías, Literatura y generaciones, op. cit., págs. 188-211. Y también: Antonio García Berrio, ya que vemos en ello un componente de dramatización literaria: el texto teatral tiene existencia sustancial desde su redacción; pero no alcanza verdadera consistencia histórica hasta el momento en que trasciende la conciencia de su autor y acaece para otros, lectores, oyentes y espectadores”, Crítica literaria. Iniciación al estudio de la literatura, op. cit., pág. 326. 185 Ibid., pág. 17. - 99 - estaba sin vencer la resistencia de los sublevados del general Fanjul en el cuartel de la Montaña. Mientras, en Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano consolidaba su victoria con la ocupación del Abc andaluz, y desde sus páginas se hacía eco de los primeros llamamientos de Franco, emitiendo también sus propias proclamas que advertían sobre el no acatamiento a los vecinos del barrio de Triana.186 La prensa, como reconocía en su primera página el diario madrileño La Libertad, alcanzaba en aquellos días unos éxitos de ventas sin precedentes. Los ejemplares se agotaban luciendo en su portada el anuncio de que la censura había visado su contenido187. A su vez, cada periódico estaba realmente controlado por algún partido político o sindicato, que modelaba sus consignas en las circunstancias que se daban con el gabinete de Martínez Barrio. El tono se volvía así acorde con la situación. Informaciones de Madrid titulaba el día 23 con una alabanza a “la gesta gloriosa de julio, con fuerte optimismo acerca de la victoria”. Y el Abc de Sevilla abría su primera ese mismo día con un “Viva España” que era contestado en el mismo diario en Madrid, al día siguiente, con un “Viva la República”. La sobriedad en los titulares tardaría en volver. Y así, por ejemplo, La Solidaridad, controlado por anarquistas, emitía llamamientos para que los voluntarios de la libertad se unieran a las columnas que se dirigían hacia Aragón para conquistar Zaragoza. Rara vez, los periódicos, incluso 186 Véase: Rita Gnutzmann, Roberto Arlt. Innovación y compromiso: La obra narrativa y periodística, op. cit., págs. 172-173. 187 Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, algunos escritores y corresponsales revisaron decisiones que se dieron con la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), ya que su poder creció entre 1933 y 1936, sobre todo desde el paso de Gil Robles por el ministerio de guerra en 1935, donde consiguió aumentar las partidas económicas del ejército y desde donde colocó a generales “africanistas” en los altos cargos. Véase: Ramón Tamames, La República. La Era de Franco, en: Historia de España, op. cit., pág. 41. - 100 - los de mayor solera, conseguían controlar sus impulsos combativos188. El Sol de Madrid, fundado por Nicolás María de Urgoiti, el día 21 publicaba igualmente una portada acerca de que el Gobierno había dominado la rebelión militar. Y La Vanguardia, dos días después, destacaba casi como soflama que una columna de fuerzas leales marchaba sobre los sediciosos de Zaragoza. Datos ya históricos y de sobra conocidos que se emparejaban con otras actitudes de contención, lo que evidentemente provocaría muchas tensiones, como las que sufrió Manuel Chaves Nogales, director de Ahora, de Madrid, un republicano confeso, que, sin embargo, vivió amenazado por los extremistas, ya que consideraban sospechosa su sobriedad. A propósito de esta compleja red periodística y literaria en aquellos momentos, Jorge M. Reverte escribe lo siguiente: “Fueron días de prensa de combate, de enrolamiento, que distribuía consignas con cada noticia. Eso sí, en la zona republicana hubo siempre polémicas, puntos de vista diversos. En la franquista, sólo algún choque soterrado”.189 En lo que se refiere a nuestro grupo estudiado, Beevor nos recuerda que: “Víctimas y a la vez vehículos de la propaganda de guerra, los corresponsales de periódicos extranjeros cayeron muchas veces en la 188 Dos periódicos representaron ambas tendencias contendientes en España: Abc de Madrid, y la Vanguardia de Barcelona. Su equilibrio se rompió con el estallido de la Guerra Civil, que presagió Manuel Azaña, el presidente español tal vez más moderado de entonces: “Nosotros no hemos venido a presidir una guerra civil (…) pero si alguien la provoca (…) nuestro deber, señores diputados, tranquila y sonrientemente estará siempre al lado del Estado republicano”. Véase: Manuel Tuñón de Lara, La II República, en: La caída del Rey, op. cit., pág. 125. 189 Jorge M. Reverte, Y así lo contó la prensa, El País, Madrid, 18 de julio de 2006, pág. 30. - 101 - trampa de dar por buenas informaciones sensacionalistas que les llegaban de parte interesada o que recogían ellos mismos sobre el terreno y que la confusión, la fugacidad de los acontecimientos o las precarias comunicaciones no les permitían verificar. Las primeras impresiones que enviaron algunos periodistas, sin comprobar los datos que les facilitaban los responsables de prensa de los nacionales, hicieron mucho daño a la imagen de la República en el exterior...”190, para llegar a afirmar que “Los violentos excesos de que daban cuenta muchos periódicos calaron hondo entre los círculos diplomáticos y conservadores británicos”.191 Durante los primeros días de la lucha, efectivamente, poco pudieron hacer de facto los corresponsales de guerra para verificar la certeza y las circunstancias de los hechos, siendo, en ocasiones, víctimas de sus propios clichés sobre el carácter violento de los españoles, al dar crédito a narraciones fantasiosas, cuando no totalmente mendaces, de los que las protagonizaban. Es conocido el suceso narrado acerca de un grupo de obreros de Barcelona que –dijeron– estaban cubiertos de sangre por la matanza que habían llevado a cabo el 19 de julio, pero eran, en realidad, “trabajadores de un matadero que habían salido a la calle con sus ropas de faena en los momentos de la sublevación militar”.192 Todo ello conformaba una información sometida al pormenor de la guerra de una parte, que caracterizaba el periodismo del bando nacional, y de otra, una información más social, que constituyó el objetivo principal de los simpatizantes republicanos193. Durante la guerra misma, la República pudo haber ganado batallas ante la opinión pública internacional, pero 190 Anthony Beevor, La guerra civil española, op. cit., pág. 117. 191 Ibidem. 192 Ibidem, pág. 118. 193Vid. Rafael Guerrero Moreno, La Prensa de la Segunda República: breve aproximación como contexto vital de don Diego Martínez Barrio, Ámbitos, nº 7-8, 2º semestre 2001, 1er. semestre 2002, págs. 327-337. - 102 - fueron los nacionales los que, al final, ganaron la guerra mediática porque tuvieron la capacidad de concentrar todos sus esfuerzos en una selecta y poderosa audiencia en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Se apostó, como recuerdan tantos historiadores, a una carta ganadora: el miedo al comunismo que galvanizaba los sentimientos conservadores y religiosos de aquellos a quienes se dirigían. Luego, la ayuda militar rusa a la República no hizo sino confirmar las sospechas de los simpatizantes de los nacionales e incrementar su desconfianza hacia el gobierno republicano. En esas condiciones, que caracterizaban al orbe europeo, la realidad internacional entonces, la expresión de la experiencia que pusieron en marcha los republicanos se resume en los siguientes términos: “Los argumentos de la República eran simples, quizá demasiado simples: su gobierno, que había sido elegido democráticamente en febrero de 1936, había sufrido un golpe de estado a cargo de generales reaccionarios apoyados por las dictaduras del Eje. La República luchaba por la causa de la democracia, la libertad y la ilustración contra el fascismo”.194 A su vez, un nuevo factor se incorpora activamente al bando nacional, la Iglesia Católica, que aportaba con su doctrina una suerte de ilusiones y esperanzas que generaban sus ideales.195 Con lo cual, en julio de 1936, la prensa católica internacional se había volcado en apoyo del levantamiento, denunciando con acritud el anticlericalismo de la 194 Cfr., La guerra civil española, op. cit., pág. 352. 195 Gabriele Renzato, Ambiguité de la violence politique: la persécution religieuse durant la guerre civile espagnole (1936-1939), Cultures & Conflits, nº 9-10, 1993, págs. 99-112. - 103 - República, la profanación de las iglesias y la muerte de sacerdotes. Se dieron también otras acusaciones graves, propagadas por esta prensa como la violación de monjas, etc.196. Incidentes que sirvieron de motivo en el mundo católico para lanzar una campaña general de gran repercusión.197 Sin embargo, en 1937, los nacionales empezaron a sentir que estaban perdiendo la batalla de la opinión pública internacional. Varios factores les eran adversos. Primero, había una diferencia fundamental de actitud entre los mandos militares republicanos y los nacionales en su relación con la prensa. Éstos últimos veían con frecuencia en los periodistas a espías potenciales y no les permitían libertad de movimientos, sobre todo cuando podían ser testigos de episodios sangrientos. De ahí que los corresponsales de la zona nacional no podían competir con los de la zona republicana a la hora de obtener relatos personales realizados en el fragor de la batalla, tan estimados por la profesión. Los periodistas y cronistas extranjeros, autorizados a entrar en zona nacional, descubrieron enseguida las dificultades dichas y la obligación de someterse al dictamen oficial. Y así, en muchos casos, y en la zona nacional especialmente, la crítica pasó a ser autocrítica, dando lugar a formas textuales que, sin desvincularse de la realidad circundante, ofrecían modelos de vida más humanos y pacíficos, permitiendo la construcción de ideales sin recurrir a actos violentos. Esa negación de la violencia no sólo fundamenta la escritura periodística de los británicos testigos de la guerra española, sino también el “camino” que ensayaban con la intención de conjugar la distinta posturas, aún las más opuestas y enfrentadas; había que sacar lecciones de todas ellas, subrayar su irrelevancia y denunciar su futilidad, permitiendo la creación de un imaginario, desde un punto de vista literario y utópico, 196 Cfr. Vicente Cárcel Orté, Mártires del Siglo XX. Valencia, BAC, 2011, págs. 101-109. 197 Antony Beevor, La guerra civil española, op. cit., págs. 353-354. - 104 - donde el porvenir pudiera contemplarse en condiciones muy distintas de aquella actualidad. Pensamiento paradójico La aparición y desarrollo de la radio198 como medio de comunicación permitió el aprovechamiento de sus posibilidades por parte de los periodistas y de otros profesionales para ejercer influencia sobre un público amplio, mediante la emisión de espacios en los que el propio informador también desempeñaba funciones de actor: en eternos diálogos y monodiálogos se propagaban las consignas de los principales bandos de la contienda. Este papel se transmitió también al periodista corresponsal viajero de la prensa escrita, que convertía de la misma forma los textos escritos en monodiálogos o en diálogos filosóficos y literarios con personalidades del mundo real y referencial.199 Se trata de un sistema en cuyo presupuesto destaca la idealidad del sujeto creador, y del autor, capaz de transformar el mensaje real en un 198 “Entre los elementos imprescindibles con que debe contar un ejército moderno para sostener una guerra se encuentra la radiodifusión. La radio puede ser en campaña una poderosa arma de guerra para transmitir órdenes secretas, sorprender las del enemigo o lanzar noticias falsas que produzcan desconcierto en el adversario. No obstante, la radio adquiere tanta o más importancia que en el campo de batalla en las retaguardias de los bandos en lucha cuando se trata de una contienda como la Guerra Civil Española en la que éstas, por el propio carácter del conflicto, presentaban un importante número de saboteadores, espías o, simplemente, desafectos. Las noticias de los avances y conquistas que, a través de las ondas, llegan a los partidarios en el territorio del enemigo, la difusión que éstos hacen de las mismas para desmoralización de los combatientes y su retaguardia o la utilización de emisores-receptores para comunicar clandestinamente con el otro bando, constituyen modos de actuación habituales entre los integrantes de la población emboscada que se halla en territorio enemigo”. Javier Cervera Gil, La radio: un arma más de la Guerra Civil en Madrid, Madrid, Historia y Comunicación Social, núm. 3, 1998, pág. 263. 199 Cfr. Javier Guerrero Gil, La radio: un arma más de la Guerra Civil en Madrid, Historia y Comunicación Social, nº 3, 1998, págs. 263-293. - 111 - comprenderse mejor y, en consecuencia, se sientan solidarios en sus problemas y en sus objetivos”.217 Pero el principal papel del cine, como pieza clave para aliviar el drama bélico, residía en el ambiente lúdico que se generaba en el pueblo, y en los extranjeros. En efecto, ante la desilusión de la guerra, el humor y la ironía constituyeron la otra faz de aliento entre los brigadistas, que parecían sobreponerse a la agonía previa que les suponían las batallas. Lo ilustran las conocidas escenas, grabadas meses antes de la derrota final, cuando los republicanos ya habían perdido Teruel y los nacionales se lanzaban a cerrar la pinza del frente de Valencia. La crítica coyuntura no impedía que esos brigadistas tuvieran tiempo para prescindir de sus armas: en los documentales era posible ver a la gente del campo enseñar gustosamente el arte de las viñas a los que llegaban, y éstos, a su vez, participaban en las recolecciones de cosechas, etc. Las imágenes recogen asimismo exhibiciones deportivas con las que los brigadistas divertían a los campesinos, o bailes con mujeres de distintos pueblos que acudían a conocer a los llegados del extranjero. Siempre, estampas de una convivencia fraternal. En cuanto al fotoperiodismo, varias figuras foráneas resultaron relevantes en su cobertura del conflicto a través de sus retratos penetrantes y expresivos. Entre ellos, los más reconocidos, Robert Capa y Gerda Taro. Ambos, con una mirada especial de tremenda fuerza, nos enseñaron la guerra con un halo muy particular de extraña inquietud, convirtiendo aquella España bélica en el punto de encuentro y explosión de una 217 Román Gubern, Historia del cine. vol. 1, Barcelona, Editorial Lumen, 1971, págs. 369-370. - 112 - generación joven de fotógrafos de periodismo que llegaron entonces a su madurez profesional con imágenes de fuerza espectacular. Algunos de ellos nos recordaban al precursor antiguo del fotoperiodismo español de guerra, Enrique Facio, que cubrió con Pedro Antonio de Alarcón los comienzos de las campañas africanas. Aquellas instantáneas suyas eran estáticas porque precisaban largos periodos de exposición, y, además, se movía lentamente con un carromato, que era ambulancia, tirado por caballos donde iba el laboratorio móvil218. El teatro constituyó la forma literaria que a los corresponsales británicos más les desvelaba el pensamiento paradójico en torno a la guerra y la naturaleza dramáticamente dual del enfrentamiento. El mismo Federico García Lorca, antes del conflicto, según recuerda Marías, hizo varias declaraciones en esa dirección sobre el teatro y sobre su teatro219. Unas declaraciones que muestran, a un tiempo, la lucidez de su conciencia crítica y la progresión creadora hacia un teatro más desnudo y más esencialmente humano. Francisco Ruiz Ramón, lo destacaba así: “Cuatro meses después de hacer estas declaraciones, Lorca era fusilado. La última etapa de su dramaturgia iniciada con La casa de Bernarda Alba, cima de esa desnudez clásica hacia la que se dirigía Lorca, quedaba definitivamente interrumpida”.220 218 Virginia Ródenas, Rafael Moreno Izquierdo «Es mentira que la guerra civil sólo la retrataran extranjeros», Abc, 7 de junio de 2011, pág. 72. 219 La teatralidad a que se refiere es “el dramatismo interno, intrínseco, de la vida humana (…) El drama es el hombre mismo. Quiero decir, cada uno de los hombres y mujeres, personajes chicos o grandes, que Shakespeare hace vivir. (…) El drama verdadero y originario, (…), reside en la realidad de cada uno de ellos, pase lo que pase y aunque no pase nada”. Véase: Julian Marías, Literatura y generaciones, op. cit., pág. 204. 220 Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español, 2. Siglo XX, Madrid, Alianza Editorial, 1971, págs. 189, 190 y 1991. - 113 - La teatralización, el desdoblamiento ínsito a la naturaleza de lo dramático, llenaba la forma estética de percibir la realidad. Lo visto connotaba la crítica, como se podía comprobar en el caso de Alejandro Casona, seudónimo que ha quedado como nombre, sustituyendo al suyo (Alejandro Rodríguez Álvarez), que inició su carrera de dramaturgo con el estreno en 1934, en el Teatro Español de Madrid, de La sirena varada, a la que en 1933 se le había concedido el Premio Lope de Vega. “Antes de que Casona saliera de España a principios de 1937, su relieve era ya el de un autor conocido y estimado por otras dos piezas estrenadas con éxito: Otra vez el diablo (estrenada en 1935, aunque escrita en 1927), y Nuestra Natacha (1936); obras de una poética teatral en las que el dramaturgo se involucra no sólo con la fascinante singularidad de esta creación dramática, tomando cuerpo en sus sucesivas concreciones, sino, igualmente, lo que comporta de fondo universal en cada obra y en su totalidad, cifrado aquél en el signo de los grandes modelos que suscita, desde Shakespeare, Cervantes, Calderón y Molière, hasta Wilde, Ibsen, Strindberg, Chéjov, Pirandello, Valle-Inclán o García Lorca, (…)”.221 A la significación de este autor con las obras mencionadas, hay que añadir dos piezas más de menor importancia, El crimen de lord Arturo, adaptación teatral del cuento de Oscar Wilde, cuya primera versión fue estrenada en Zaragoza en 1929, y El misterio de María Celeste, escenificación de una novela de Hernández Catá, escrita en colaboración con éste, y estrenada en Valencia en 1935, además de dos textos dramáticos cortos (Sancho Panza en la ínsula y Entremés del mancebo que casó con mujer brava), escritos ambos para el Teatro ambulante o Teatro del pueblo, cuya dirección se le 221 Umbrales del imaginario. Ensayos de estética literaria en la modernidad, op. cit., pág. 149. - 114 - encargó a Casona en 1931. De este «teatro» diría años más tarde el mismo Casona: “Era un teatro como el que pasa en la carreta del Quijote: sencillo, montado casi siempre en la plaza pública, con un escenario levantado con maderas toscas por los propios muchachos artistas... El camión que nos conducía hacía su aparición en una aldea, tocábamos los heraldos como en pleno siglo inicial del teatro 'en el corral de doña Elvira', y en pocos momentos estábamos ya en función, regalando a aquella pobre gente olvidada un poco de recreo y bienestar espiritual”.222 Paralelamente a aquella visión del mundo, en el escenario prebélico y bélico, habría que hacer ahora una referencia a la obra dramática de Max Aub −representativa por su significación y también su valor, por su cantidad y por su condición de testimonio del tiempo−. Se dividió en tres etapas o épocas cuyo eje es causa y a la vez, raíz, de los cambios temáticos y formales, es la Guerra Civil223. De la manera más decisiva, es decir, aún más incisiva que en otros autores dramáticos, su obra constituyó la experiencia radical que era fundamento de su creación literaria, ligándose entrañablemente a su propia vida en términos de gran compromiso. En su obra y su vida hay una máxima voluntad de no olvidar, una memoria dolorosa e intensamente constante que permanecía fija en la sima de la guerra. Parece como si esta memoria y voluntad de no olvidar se 222 Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español, 2. Siglo XX, op. cit., págs. 245-246. 223 Cfr. José Antonio Pérez Bowie, Sobre el compromiso de Max Aub: la literatura como rebelión y como evolución, Revista de Occidente, nº 265, junio 2003, págs. 39-52. - 115 - hubiera convertido en un imperativo categórico que dirigía su creación y, al tiempo, lograba el acceso buscado a la interpretación de la realidad. Y ese “no olvidar” desempeñaba asimismo una función estética, es decir, lo que recibía el espectador, y lo que fundaba la crítica: la “intuición”, según lo decía Dámaso Alonso: “intuimos con toda nuestra psique, puesta de modo automático en una especie de vía muerta, o de ensueño, o de momentánea infancia, o de día de domingo, es decir, en un estado no hábil, no práctico, no comercial, puro, libérrimo, iluminado”.224 La segunda etapa, la de la Guerra Civil, fue más escasa en sus obras por la omnipresencia de la tragedia y de sus amenazas constantes”225; escribe y estrena El agua no es del cielo en 1936, la loa Las dos hermanas, también en 1936, y el auto Pedro López García, en el mismo año. De estas obras teatrales, el autor sólo publicará años después Pedro López García, bajo el epígrafe muy certero de Teatro de circunstancias. En 1939 apareció con este título el volumen que contenía varias piezas que escribió Max Aub durante la Guerra Civil, y de ellas, como acabamos de decir, sólo publicó una, Pedro López García, en el tomo I de Obras en un acto. De las otras escribió sumariamente su autor: «Ya no valen la pena». Obras teatrales −«pasos o entremeses», las llamaba Max Aub−, recordadas por los autores británicos, que formaban parte de ese repertorio llamado «teatro de urgencia», que fue seguido por tantos dramaturgos, que eran también poetas y narradores, es decir, a veces noveles como autores teatrales, entre los cuales, además de Max Aub, figuran entre otros Alberti, Miguel Hernández, Rafael Dieste, José Bergamín, Ramón J. Sender, Manuel Altolaguirre, Germán Bleiberg, etc. 224 Dámaso Alonso, Poesía Española, Madrid, Gredos, 1950, pág. 35. 225 Cfr. Raymond Carr, La tragedia española. La Guerra Civil en perspectiva, Madrid, Alianza, 1986. - 116 - Se crearon, así, textos dramáticos, en la senda de lo trágico proveniente de la antigüedad, que no revelan sino esa conciencia como proyección del grupo sobre el personaje, es decir, una culpa, una carga, de un miembro del grupo en el que se encuentra, por el sentimiento que le impone la sociedad, reducido a la impotencia, la individualidad, la soledad.226 No obstante, raras veces ese teatro alcanzaba calidad dramática, como sucede, con pocas excepciones, a todo arte de propaganda, de cualquier clase que ésta sea. Este teatro surgía con fines muy inmediatos, sin intención clara de pervivencia, para servir a un auditorio muy concreto y en circunstancias también específicas. En múltiples ocasiones estas piezas no pasan de ser discursos a varias voces elementalmente dramatizados, sin que se encuentre, salvo en ocasiones contadas, la fórmula teatral adecuada para expresar con profundidad los contenidos227. Una gran repercusión e incidencia tuvo también en los extranjeros la obra dramática de Miguel Hernández,228 que fue escrita entre 1933 y 1937, y que consta de cuatro piezas largas: Quién te ha visto y quién te ve y sombra de los que eras (1933-1934), Los hijos de la piedra (1935), El labrador de más aire (1937) y Pastor de la muerte (1937), todas ellas en verso, excepto la segunda, en prosa con canciones líricas intercaladas; junto a estas, también escribió cuatro mini-piezas, de una sola escena cada 226 Otto Rank, El mito del nacimiento del héroe, Barcelona, Paidós, 1991, pp. 14 y ss. 227 Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español, 2. Siglo XX, op. cit., págs. 269-278. 228 “Miguel Hernández no podía dejar de escribir. Era su obsesión en la cárcel, mientras soñaba con volver a abrazar y besar a su mujer Josefina y a hijo Manuel Miguel. Hasta el último momento esbozó sus ideas y sus relatos, cuyos manuscritos recupera ahora la Biblioteca Nacional. Son sus últimas obras que llenan de dibujos y frases seis pequeñas hojas de 12 por 19 centímetros, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y con los bordes envejecidos e irregularidades. Por el tamaño y la descripción, los expertos dedujeron que son hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco”. Daniel Roldán, La última evasión del poeta, Granada, Ideal Granada, 2014. - 117 - una, que recuerdan el drama griego229: cabe destacar La cola, El hombrecito, El refugiado y Los sentados, reunidas bajo el título común del Teatro de guerra en 1937. En la “Nota previa” a esta edición de su obra teatral, Miguel Hernández expresaba algunas de sus ideas sobre el teatro revolucionario, sobre la evolución del suyo propio y sobre los propósitos, las causas y la función del mismo. Ruiz Ramón lo destaca en su Historia del teatro español: “No había sido hasta ese día (18 de julio de 1936) un poeta revolucionario en toda la extensión de la palabra y de su alma. Había escrito versos y dramas de exaltación del trabajo y de condenación del burgués, pero el empujón definitivo que me arrastró a esgrimir mi poesía en forma de arma combativa me lo dieron los traidores, con su traición, aquel iluminado 18 de julio. Intuí, sentí venir contra mi vida, como un gran aire, la gran tragedia, la tremenda experiencia poética que se avecinaba en España, y me metí, pueblo adentro, más hondo de lo que estoy metido desde que me parieran, dispuesto a defenderlo firmemente de los provocadores de la invasión. (...) Una de las maneras mías de luchar, es haber comenzado a cultivar un teatro hiriente Y breve: un teatro de guerra. (...) Creo que el teatro es un arma magnífica de guerra contra el enemigo de enfrente y contra el enemigo de casa. Entiendo que todo teatro, 229 Como referencia se puede consultar, Alberto Díaz Tejera, Ayer y hoy de la tragedia, Sevilla, Alfar-Universidad, 1989, págs. 69-70, 111-113; Jean Duvignaud, Sociología del teatro, México, FCE, 1981, págs. 31-32. - 118 - toda poesía, todo arte ha de ser, hoy más que nunca, un arma de guerra. (...) Con mi poesía y mi teatro, las dos armas que más relucen en mis manos con más filo cada día, trato de hacer de la vida materia heroica frente a la muerte. (...) Yo me digo: si el mundo es teatro, si la revolución es carne de teatro, procuremos que el teatro, y por consiguiente la revolución, sean ejemplares (...). Cuando descansemos de la guerra, y la paz aparte los cañones de las plazas y los corrales de las aldeas españolas, me veréis por ellas celebrar representaciones de un teatro que será la vida misma de España, sacada limpiamente de sus trincheras, sus calles, sus campos y sus paredes”.230 La cita es muy representativa del sentido dramático que se trasladaba, como actitud y literatura, a los propios corresponsales que también empezaban a formar parte de esa sociedad creativa. En su seno, incluso los considerados poetas y críticos por excelencia en la historia contemporánea de la literatura española, como Pedro Salinas, empezaron a ser conocidos por el público por ser dramaturgos y autores de obras teatrales, pues había en ellos orbes míticos, trágicos y antiguos, a la manera de “Filoctetes que quiso conquistar las armas sagradas de Aquiles; o Prometeo que rechaza toda conciliación con Zeus; o Edipo a quien la conciencia común recuerda que ha cometido un crimen que ignoraba”231. 230 Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español, 2. Siglo XX, op. cit., págs. 309-310. 231 Enrique Baena, El ser y la ficción. Teorías e imágenes críticas de la literatura, op. cit., pág. 155. Se trataba, en efecto, de poetas y dramaturgos españoles que recuerdan a los propios autores de la tragedia griega, quienes elaboraron poéticas sobre textos dramáticos a través de su propia inmersión “en la vida normal sobre casos singulares. Y esos casos empezaron a - 119 - Así, entre 1936 y 1951, Pedro Salinas escribió catorce piezas teatrales, de las cuales dos fueron en tres actos y el resto en un solo acto. La crítica teatral ha resaltado cómo todas ellas constituyeron un valioso y emocionante testimonio de esa pureza intelectual y artística, de honda raíz humana, que sólo pueden entenderse y valorarse en su exacta significación si no se olvida la intención creadora que les dio origen, el gran drama, con la intención clara y presente en todas y cada una de estas piezas que, brevemente, podría formularse así: una esforzada voluntad de salvar el mundo de la humanidad, el que el hombre ha ido haciendo y deshaciendo, llenándolo cada vez más de su angustia y de su desesperanza; un hombre culpable y un mundo convertido en espacio de toda culpa, que debe ser condenado, y desenmascarado, y vituperado, porque es un infierno, o un páramo, donde el individuo está atrapado irremediablemente. De esperanza, tantas veces irrisoria, y de ese mundo, el teatro contemporáneo es testigo y juez lúcido, inmisericorde y amargo, cargado de trágica razón y de no menos trágica sinrazón, levantando nuevas formas de proceso. Todo ello se ofrece en una poética dramática que asciende de lo real, pero sin que se desvincule de su realidad, debido a las fuerzas sociales, las convulsiones o las doctrinas que dan unidad a ambos extremos, caracterizando al individuo en la colectividad, y a esta en aquel232. Lo dicho son los términos para una estética teatral inmersa en la propia escritura inglesa, y que Pedro Salinas lograba recoger en un gesto que, a veces, podría parecer de evasión, pero cuyo fundamento último, manifestarse por medio de la exageración, de la hybris, es decir, del desbordamiento voluntario de la razón”. Véase: Albín Leskey, La tragedia griega, Barcelona, Labor, 1973, págs. 111-112, 146-147, 153-155. 232 Vid. André Helbo, Código y teatralidad, en: Semiología del teatro, Barcelona, Planeta, 1975, págs. 129-143. - 120 - como el de los corresponsales tratados, es de un humanismo esencial, difícil, al ensayar en su teatro un rescate del mundo, y para conseguirlo ha de volver del revés las máscaras trágicas, pero también las cómicas, y no para negarlas ni escamotearlas sino para buscar en su envés su razón de amor233. La índole de esa razón de amor constituye un término final, deseado y quimérico, pero también el motor inicial de su creación dramática, y su compromiso humano. Sólo ese radical humanismo, tan sentidamente cervantino, puede ayudar a entender el sentido esencial de sus teatralizaciones234. Sin ese espíritu que emana del Quijote, se podrían convertir en un bello y gratuito juego de ideales al margen del núcleo de todo el teatro contemporáneo, apareciendo como lo que no son; es decir, unos textos literarios creados con frases brillantes, siempre bien construidas, donde lo importante no es ya quién las dice ni a quién ni en qué situación, sino lo dicho. Y ésta es, en efecto, en la mayoría de las piezas su apariencia, su modo de ser estilístico, pero no su verdadera naturaleza, no su verdad dramatúrgica. En el teatro contemporáneo, circunscrito a aquel tiempo, no se escribía como lo hace Salinas, y ello porque se mostraba algo distinto y a veces opuesto, en relación a lo que el autor quería, y desde un punto de vista distinto, y también a veces opuesto. Ruiz Ramón explica certeramente este punto de vista singular, entre 233 Se ha señalado que Pedro Salinas viene a marcar una continuidad en la larga senda de lo utópico frente a lo trágico, con predecesores como Fernando de Rojas, Garcilaso de la Vega, Fernando de Herrera, Lope de Vega, Quevedo, Meléndez Valdéz, Espronceda Bécquer, Machado, etc. Para todos ellos, “La interpretación poética del amor, que influye decisivamente en la realidad de cada sociedad, acontece solo en contados momentos de la historia, y hay largos periodos en que el hombre carece de una interpretación original de esa esencial dimensión de la vida humana que salva. Véase: Julián Marías, Literatura y generaciones, op. cit., pág. 68. 234 Vid. Pedro Salinas, Don Quijote y la novela, en Ensayos Completos, vol. III, Solita Salinas de Marichal, ed., Madrid, Taurus, 1983, págs. 66-70. - 127 - tendencias existentes en los prolegómenos y en la Guerra Civil. Los periodistas y escritores británicos ansiaban trasladar la voluntad de formular corrientes en las que no sólo el pasado debía sobrevivir en la historicidad y sus legados, sino también la perduración de un mundo real transformado en lo sustancial, y volcado en actitudes colectivas positivas249. Frente a ello, Ángel Viñas subrayaba los entresijos doctrinales de los inicios y del propio conflicto: “Soy de los que creen que el franquismo montó una historia, un dogma, un corpus de doctrina para explicar los orígenes y el desarrollo de la Guerra Civil y sus consecuencias. Y ese dogma no tiene mucho que ver con la realidad”.250 Desde fuera, no obstante, muchos podían ver cómo el pasado, en su sentido casi mítico, sufría alteraciones en función de las conveniencias políticas; lo que ya era evidente en la historia ideológica de las grandes potencias, como venía pasando en la Unión Soviética bajo el mandato de Stalin. Y en nuestro caso, fue mucho más exagerado porque también el movimiento contra los adversarios era de otra magnitud, aunque, en lo sustancial, los enfoques tratados en el conflicto español no eran diferentes del enfoque de Stalin, en los servidores propagandistas del poder. En el bando nacional se trataba de una reinvención histórica, que servía para explicar las fuentes del Alzamiento, no siempre explicable 249 Vid. El conocido volumen del periodista inglés, Henry Buckley, Vida y muerte de la República Española de 1940, Espasa, Madrid, 2004. 250 Santos Juliá, art. cit., pág. 24. - 128 - según lo transcurrido en el siglo XX, tras los procesos de industrialización, las nuevas formas de instrucción, el pensamiento moderno e incluso las mismas vanguardias; es decir, un devenir de ciclos orgánicos donde está involucrada la misma literatura y los textos relacionados con transformaciones lógicamente vinculadas251. Un carácter donde se cruzaban varias simbolizaciones: la tremenda caída de aquella imagen creadora que antes había privilegiado el Romanticismo, junto a la quiebra de la mirada inglesa, que entendía como el ser de España estaba inmerso en las tierras andaluzas, lo que años después denominó Manuel de Montoliu El alma de España252. Una perspectiva, la crítica de la guerra, que a veces se enmascaraba de humor negro o ironía trágica, adquiriendo una función de crítica ácida que se enfrentaba directamente a aquella realidad: un doble horripilante, según la teoría de Clément Rosset253. Imagen de creación con signos de idealidad y pureza ancestral, lo andaluz, obvió, entonces, la dramatización de lo existencial, aunque sin desvincularlo completamente de sus orígenes y fuentes; es decir, se crea un imaginario pasional y emotivo, para así aproximarse a lo existencial; signos también hacia la esperanza y el porvenir. Así ocurre, igualmente, con lo imaginario que se sitúa en una sombra entre los sentidos al buscar al menos el hueco entre la guerra y la paz, la libertad y la opresión, los nacionalistas y los republicanos, los liberales y los retrógrados, etc.: 251 Guillermo Díaz-Plaja, El estudio de la literatura (los métodos históricos), op. cit., pág. 57. Véase, también, Philippe Van Tieghen, Tendances nouvelles en histoire littéraire, París, (sin indicar la editorial), 1930, pág. 48. 252 Manuel de Montoliu, El alma de España, Barcelona, Ed. Cervantes, 1940. 253 Véase: Clément Rosset, Lo real y su doble, Barcelona, Tusquets, 1993, pág. 104. - 129 - “La sociedad conflictiva desapareció por un cierto espacio de tiempo, pero porque al igual que los antiguos conquistadores romanos las fuerzas nacionales crearon un desierto al que llamaron La Paz”.254 Derivaciones textuales e imaginarias La contienda, analizada desde un punto de vista foráneo, permitía a los escritores y corresponsales ingleses la reflexión que distinguía las dobles perspectivas que caracterizan la guerra, tanto en el bando nacionalista, que ofrecía una imagen del conflicto promoviendo los valores y los ideales tradicionales, como el bando republicano, en su mayoría, de sus consignas con valores populares o de renovación.255 Esta visión crítica, que también ofrecía otras caras, quería poner de relieve la enseñanza histórica y, en lo posible, una lección moral para que pudiera minorar aquel choque fratricida; en lo teórico se daban posibles soluciones, aunque las tensiones, muy graves generalmente, imperaban en lo social. Se desprende de aquellos textos que la recurrencia a la guerra era siempre una muy pésima decisión política y una trágica opción humanitaria, provocando no sólo sufrimientos inenarrables a la población afectada, sino también enormes devastaciones en todos los órdenes de la vida socio-económica, con la destrucción de la fibra moral que sostiene unida a toda colectividad cívica, así como conllevando un legado de 254 Edward Malefakis, Economía, sociedad y política en la Andalucía del primer tercio del siglo XX, en: Aproximación a la Historia de Andalucía, Barcelona, Editorial Laia, 1981, pág. 342. 255 Cfr. Gabriel Jackson, El papel de los corresponsales extranjeros en la guerra civil, en: Periodismos y periodistas en la Guerra Civil, Ed. Jesús Manuel Martínez, Madrid, Fundación Banco Exterior, 1987, págs. 37-44. - 130 - penurias y heridas, tanto materiales como espirituales, que tardarán generaciones enteras en ser superadas y cicatrizadas.256 Ya adelantamos que el orbe clásico estaba presente en sus escritos, y que veían todo ello como una vieja enseñanza que ya fue conocida y trasladada por Cicerón: “Cualquier tipo de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil”.257 Esa misma enseñanza de fuentes clásicas, tan del gusto de los ingleses, fue también apuntada por el presidente Azaña en un conocido discurso en el Ayuntamiento de Barcelona con ocasión del segundo aniversario del comienzo de la contienda (el 18 de julio de 1938). En la senda de ese dictado clásico, en publicación de Enrique Moradillos, transcribimos un fragmento de aquel discurso, cuyo contenido se emparentaba a los textos que tratamos: “Yo creo que si de esta acumulación de males ha de salir el mayor bien posible, será con este espíritu, y desventurado el que no lo entienda así. No tengo el optimismo de un Pangloss ni voy a aplicar a este drama español la simplísima doctrina del adagio de que «no hay mal que por bien no venga». No es verdad, no es verdad. Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten 256 Vid. Juan Marichal, El intelectual y la política en España (1898-1936), Madrid, Residencia de Estudiantes-CSIC, 1990, págs. 9-23. 257 Vid. Cicerón, Pro Plancio, edición, introducción y notas de W. H. Auden, Londres, MacMillan and Co. Limited, 1897. - 131 - que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”.258 Estas claves, casi ocho décadas después, se han ido interiorizando y generando gran interés entre los españoles. Las numerosas encuestas realizadas por distintos periódicos, ofrecen datos significativos. Por lo general, una mayoría de los encuestados se muestra partidario de que se investigue lo relativo a la Guerra Civil, se descubran las fosas comunes y se rehabilite a todos los afectados, mientras que un porcentaje minoritario está en contra.259 Aquellos corresponsales británicos, acabada la guerra, mantuvieron un espíritu cercano a lo que últimamente se ha venido produciendo. Corresponsales y posteriormente hispanistas británicos vivieron ese devenir de situaciones hasta la Transición y posteriormente, dando cuenta asimismo de las evidentes divisiones de opiniones. 258 Enrique Moradillos, 1936. Los mitos de la Guerra Civil, Grupo Editorial 62, Barcelona, 2005, págs. 224-226. 259 Cfr. J. S. Pérez Garzón, E. Manzano, R. López Facal y A. Riviere, La gestión de la memoria. La historia de España al servicio del poder, Barcelona, Crítica, 2000. - 132 - Estas tensiones que se han reproducido recientemente sobre la memoria histórica de la guerra, con argumentos encontrados, supusieron ya entonces un obstáculo al proceso de la recuperación de aquella.260 Rumbos cruzados entre la mirada política y la literaria Incidir en la interpretación histórica de los motivos que contribuyeron al estallido de la Guerra Civil, desempeña una función principal en las explicaciones y las ideas genéricas que, en torno al conflicto, poseía el escritor o el periodista británico testigo del enfrentamiento. Se trataba también de la construcción, en aquella dramática actualidad, de un imaginario que pudiera caracterizarse por una relación dialéctica entre la inmersión literaria y el orbe político, lo que daba lugar a formas de memorialismo hacia el pasado y, a la vez, hacia el futuro, teniendo a la guerra y sus circunstancias dramáticas como el propio pasado261. Esta combinación permite al yo que escribe cambiar de posturas críticas e inventar áreas con soluciones nuevas, llevando los textos a modos de realismo, para encarar el problema de lo real en un marco capaz de ser expresado, y, a la par, a una crónica que derivaba el ejercicio de la crítica a actitudes políticas e ideológicas poniendo en tela de juicio la labor 260 Julián Marías, tratando este terreno, hablaba de la actitud de la clase política de no volver a reabrir el debate sobre los crímenes cometidos durante el conflicto armado por el predominio de “La vacilación y oscuridad de las opiniones sobre España, dentro y fuera de ella, proceden de muchas causas, la mayoría de las cuales convergen en una: la confusión entre el Estado y la sociedad. Las influencias recíprocas de uno y otra son, naturalmente, enérgicas y decisivas; pero sus realidades son estrictamente diferentes”. Véase, Meditaciones sobre la sociedad española, op. cit., pág. 9. 261 Vid. entre otras novelas, de Arthur Koestler, Diálogo con la muerte (un testamento español); de Gustav Regler, La gran cruzada. Madrid, Tabla Rasa, 2012. - 133 - de las clases dirigentes españolas262. Tendencias en la escritura sobre la guerra española que aparecían en los periódicos ingleses, si bien en el interior, en Andalucía, en un caso paradigmático como el Ideal de Granada, según dice Amanda Martínez: “La realidad atroz de entonces escapa a sus páginas. No suele haber menciones a la violenta represión desencadenada entonces. (…) El silencio era sinónimo de la muerte, como algún personaje del teatro de Lorca había presagiado”.263 De este modo, lo que se escribía para fuera de España daba cuenta asimismo de cómo el ámbito contextual de la contienda desvelaba, a través de los lugares con triunfo del Alzamiento y de sus manifestaciones periodísticas, que existían dos fórmulas de entender el ser español, lo que oscilaba entre lo verdadero y su contrario264. Y así, los columnistas granadinos forjaron una forma de ver España en los periódicos Patria e Ideal, basada en la idea de que quienes no participaron de la idea patriótica nacional no era verdaderos españoles, si no seres corrompidos por el “materialismo”, la “masonería”, el “judaísmo” y el “marxismo” foráneo”.265 Abundando en esto mismo, en estos medios, los periodistas representaban al republicano como un ser inferior, que carecía de valores 262 Cfr. Thomas Hugh, La Guerra Civil Española, Barcelona, Mondadori, 2001 (reedición), y sus declaraciones a El País, 22 de noviembre de 2001. 263 Amanda Martínez, Ayer fue declarado el estado de guerra, Ideal, 16 de julio de 2011, pág. 13. 264 Véase: Herbert Rutledge Southworth, El mito de la cruzada de Franco, París, Ruedo Ibérico, 1963. 265 Miguel Ángel del Arco Blanco, La Granada de aquel verano. Una ciudad entre la victoria y la muerte, op. cit., pág. 49. - 134 - morales, de heroísmo, de valentía o de fe. Y de esa manera, como relataban los cronistas, el ser partidario de la República se convirtió en una característica que conlleva al error, al mal y a una moralidad deleznable266. Modos contestados por la prensa inglesa pero que, sin embargo, en nuestro país llevaron a una concepción del “enemigo” completamente deshumanizada, justificándose en ello la represión, descrita, por ejemplo, por Ángel Gollonet Mejías y José Morales López en el volumen Rojo y Azul en Granada. Respecto a ello Miguel Ángel del Arco escribe lo siguiente: “En él se glosan las atrocidades cometidas por los republicanos, cuestionando su humanidad, mientras que se oculta la represión franquista. La guerra era necesaria para «despertar a la Patria adormecida», y así lavar «con sangre el pecado de España, para conseguir un renacer grandioso de prósperas y gloriosas gestas». Corno se escribiría en un semanario falangista de octubre de ese año, era «preciso amputar el miembro gangrenado, para que no perezca el organismo entero». Es importante reflexionar sobre la responsabilidad de escritores y periodistas a la hora de justificar e incitar la represión”.267 266 Cfr. Michael Richards, Un tiempo de silencio, Barcelona, Crítica, 1999. 267 Miguel Ángel del Arco Blanco, La Granada de aquel verano. Una ciudad entre la victoria y la muerte, l. c., pág. 46. - 135 - CAPÍTULO IV LA CREATIVIDAD BRITÁNICA SOBRE EL ENFRENTAMIENTO La visión exterior de la contienda pone de relieve, incluso hoy mismo, la evolución de un proceso, que empezó por enfrentarse a lo establecido, pasó por momentos de duda y llegó a la crítica, yuxtaponiendo ejercicios sobre lo textual y lo extratextual, bajo conceptos de poética en los que se dan la mano la paradoja y la tragedia, y que ponen de relieve todos los elementos que mantienen lo literario en permanente relación con el mundo objetivo y real268, señalando el engranaje de dos mundos, el interior y el exterior, visto perfectamente por los británicos, que simbolizó en España la eterna confrontación entre el ser y su entorno, junto al resto de conflictos circunstanciados. En esa creatividad se ha fijado un microcosmos de lo español caracterizado por una red de relaciones entre conceptos opuestos, contradictorios y dramáticos, estableciendo un pacto entre la obra y el creador, junto a las circunstancias y lo histórico269. A partir de ahí, aunque esta interrelación entre la crítica inglesa y la literatura y las circunstancias bélicas responde al impulso y la creatividad de los escritores, poetas y periodistas testigos de la Guerra Civil, como se puede comprobar a lo largo de la narración de Gerald Brenan, a veces, como es el caso del mismo Brenan, se tiende a establecer rupturas entre el ejercicio de la crónica y el ejercicio de la literatura, dando lugar a un corpus de orden variado que oscila con los ingredientes del relato 268 Véase un panorama bibliográfico sobre ello en Bihes, Bibliografía de Historia de España. La Guerra Civil (1936-1939), Vol. I, nº 7, 1996. 269 Cfr. Andrés Trapiello, Las armas y las letras: Literatura y Guerra Civil (1936-1939), Barcelona, Destino, 2010. - 136 - autobiográfico, la narratio periodística y el toque de historiador y narrador intuitivo que siempre ha sido270. Así, su cercanía a lugares, a hechos y personajes, imprime un sello inconfundible a las páginas de su Memoria personal que dedica a la Guerra civil. Su residencia en Churriana le permitió vivir y observar el ambiente del pueblo y de la cercana Málaga, combinando en su producción distintos registros, en los que no faltaba, con la finalidad de arraigar un acento de agria ironía, el tono clarividente sostenido por la unión y desunión de lo que veía, y también por el conformismo o reticencia en las circunstancias históricas que vivió en Andalucía271. Estado de quiebra, tras momentos de pérdida de la unidad, que afectaron a su producción literaria, desvelando la complejidad que constituía el oficio de escribir, siendo, además, extranjero: “No es muy difícil simpatizar con los impulsos destructivos de los revolucionarios; el problema, en la mayoría de los casos, es estar de acuerdo en si son capaces de realizar algún bien. Lo que me disgusta mucho de ellos son sus ideas doctrinarias y su espíritu intolerante”.272 Desde su residencia personal de Churriana, a 8 kilómetros de la capital malagueña, donde se había instalado a raíz de su matrimonio con la escritora norteamericana Gamel Woolsey, y donde había recibido 270 Cfr. la biografía de Brenan de Jonathan Gathorne-Hardy, El Castillo interior, Barcelona, El Aleph Eds., 2002. 271 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en: La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939. op. cit., pág. 121. 272 Ibid., pág. 122. - 143 - comienzo de la contienda, ya que ambos esperaban con gran expectación una solución no violenta. Una vez empezada la guerra, Brenan se mostró siempre más activo e inclinado hacia la República y la clase trabajadora, mientras que Woolsey fue más pasiva y procuró mantener un distanciamiento y una actitud moderada283. También ambos sufrieron la melancolía que les provocó la actitud de la mayoría de sus compatriotas residentes en España, a los que no les preocupaba lo más mínimo los padecimientos de los españoles. El atractivo de lo español que le empujó a su decisión de vivir aquí, además del intento por recuperar la salud, consistía en que España había adoptado una posición neutral en la Primera Guerra Mundial y la mente de Brenan no asociaba este país con ese período de amargo recuerdo para él. Luego, la decisión de dejar Yegen y mudarse a Churriana fue por «encontrar una casa más accesible y en un lugar más civilizado», y porque Brenan quería buscar un entorno que le recordara a Gamel su infancia en Carolina del Sur y que la hiciera feliz284. El matrimonio esperaba vivir en paz, sin muchos gastos, y lejos de los problemas de Europa. Gamel escribía que en este remanso de paz «era maravilloso no tener que hacer absolutamente nada, sólo tomar el sol todo el día como los lagartos a la sombra de los altos y encalados muros del jardín. En un clima tan caluroso no hay nada tan agradable como una gran 283 Si la actitud de Brenan ante la contienda española se manifiesta por un apoyo incondicional a la República, y la de Gamel se muestra más moderada, la postura de ambos escritores, por muchas divergencias que tengan, ofrecen unas atractivas fórmulas de compromiso. Vid. S. Guardeño, Gerald Brenan y Games Woolsey, testigos de la historia, art. cit. 284 La unión entre la búsqueda de la paz, antes de la guerra española y mundial, y la búsqueda de un lugar, que le hiciera recordar la inocencia de la infancia, fueron, efectivamente, las dos causas que permitieron la permanencia de Gamel Woolsey en España, y precisamente en Churriana. Vid. The Queen of Spain’s Literary Past, Olive Press. Spain & Gibraltar’s Latest News, 15 oct. 2007. - 144 - casa andaluza, alegre por el resplandor de las flores, limpia y fresca en cualquier época del año».285 Estos deseos de paz muy pronto los romperían las noticias de un levantamiento en Málaga y de que habían prendido fuego a la ciudad. Escribe Woolsey: «Málaga, extendida a lo largo y ancho de la bahía, estaba bajo una cortina de humo. La ciudad se ocultaba y el humo se adentraba en el mar. Málaga estaba quemándose». Luego nos da cuenta de cómo empezaron a aparecer camiones repletos de hombres armados que bajaban por la carretera a gran velocidad, levantando el brazo izquierdo con el saludo del Frente Popular (el puño cerrado y el brazo doblado), gritando ¡Salud! y cantando la Internacional. Eran milicianos, prosigue, que las iniciales de los partidos de la izquierda, UGT, CNT y FAI; y sigue: «había habido una lucha entre algunos soldados que habían intentado asaltar el edificio del Gobierno Civil y los guardias de asalto y los soldados abandonaron a sus oficiales. Luego, al alba, los barrios pobres se levantaron y quemaron muchas casas...»”.286 285 Gamel Woolsey, El otro reino de la muerte, op. cit., págs. 31-32. 286 Ibidem. - 145 - Escritura creativa y testimonio antibélico La crítica y la sensibilidad no fueron ajenas a un amplio número de escritores británicos. Graham Greene (Reino Unido, 1904 – Suiza, 1991), a quien debemos, entre otras renombradas narraciones, El poder y la gloria, siempre con la meta principal de explorar la confusión del hombre moderno, mediante temas de política o moralmente ambiguos en el trasfondo contemporáneo287, de cierta fama cuando estalló la Guerra civil, ya había mostrado su interés por España en varias novelas como Rumour at Nightfall (Rumor al caer la noche, 1931), una narración sobre las Guerras Carlistas que nunca llegó a ver su reedición. Lo hispánico primó en gran parte de su obras escribiendo novelas sobre México, como la citada El poder y la gloria (también editada como The Labyrinthine Ways, de 1940), sobre Cuba (Nuestro hombre en la Habana, de 1959), sobre Paraguay (Viajes con mi tía, de 1972), sobre Argentina (The Honorary Cónsul, de 1973), y otra vez sobre España (Monseñor Quijote, de 1982), además de un testimonio acerca del presidente panameño Omar Torrijos (Conociendo al general Torrijos, de 1984). Esta atención hacia España y lo latinoamericano tenía que ver con la propia religiosidad de Greene, convertido al catolicismo en 1926, y, a la vez, con una compleja relación con la izquierda política:288 287 Esta ambigüedad, que pronto busca concretizarse en lo real y en lo vivencial, es construida a través del procedimiento invocativo de la estructura antropológica espacio-temporal de la sensibilidad como fundamento de la universalidad estética que se emplaza sobre una base subjetiva. Véase Emmanuel Kant, Crítica del juicio, Madrid, Espasa-Calpe, 1977, versión española de M. García Morente, especialmente: Introducción, IV, págs. 78-86. 288 Niall Bins, Graham Greene, o el dilema de un católico de izquierdas, en: La llamada de España. Escritores extranjeros en la Guerra Civil, Montesinos Ensayo, 2004, pág. 84. Subraya también su fascinación por países donde “la política pocas veces ha significado una mera alternancia entre partidos electorales rivales sino que ha sido una cuestión de vida y muerte”. - 146 - “Es destacable el por qué Graham Greene no participó de una manera activa en todo ese proceso de fervor intelectual en torno a la Guerra Civil española, y esto podría explicarse quizás debido a su tendencia de izquierdista católico que entraba en conflicto con la matanza de religiosos en España. Además, también veía con recelo y hasta desprecio –continúa Niall Bins– el entusiasmo revolucionario de intelectuales como Spender o Johen Langdon Davies, “extremistas de izquierda que dan la impresión de una falta de dureza intelectual (…) pero que están encantados con la violencia y la crueldad en teoría, aunque en ellos no es tanto una actitud racional como una reacción sentimental a su propia blandura”.289 Sin embargo, aunque Greene no tomara parte activa en el conflicto, encontró una vía de compromiso a través del apoyo al pueblo vasco. Llegó incluso a emprender un viaje a Bilbao, antes de ser tomada la ciudad, con la intención de dar una alocución por la radio en su defensa, pero en Toulouse el piloto que lo llevaba prefirió volverse aduciendo que no quería arriesgarse en un momento tan tenso del bloqueo. Será con su novela The Confidential Agent (El agente confidencial, de 1939), tan reputada posteriormente290, y que años más tarde conocería adaptaciones para la radio en el programa “Escape”, de Ken Croasen (emitido el 2 de abril de 1949, protagonizado por Berry Kroeger), cuando, 289 Ibidem. 290 Cfr. Véase la estela de la novela, por ejemplo en: Luciano Curreri, Mariposas de Madrid. Los narradores italianos y la guerra civil española, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2009, pág. 33. - 147 - aunque de forma indirecta, abordará el problema de la contienda en España. La mayor popularidad de este texto fue el obtenido en su versión fílmica, manteniendo el mismo título del libro; película interpretada por Charles Boyer (Luis Denard), Lauren Bacall (Rose Cullen) y Peter Lorre (Contreras), bajo la dirección de Herman Shumlin y con la productora Warner Bros; fue estrenada el 10 de noviembre de 1945. En el libro, la nacionalidad del agente queda indefinida, aunque en la película era español. Novela de suspense, surge justamente cuando estaba escribiendo El poder y la gloria, acerca de la persecución religiosa de la que fue testigo. Greene, en plena redacción de esta novela y falto de dinero, decidió concebir algo más ligero, y escribió El agente confidencial en tan sólo seis semanas, una obra con todos los recursos del suspense, manejados magistralmente por el escritor,291 con una tematización literaria que supera los límites, las fronteras y cualquier sectarismo292: “Aunque la novela está situada exclusivamente en Inglaterra, es el clima de fatalismo que se desprende del protagonista lo más interesante. “D” es un hombre traumatizado por la experiencia de la guerra: por la muerte de su mujer −fusilada “erróneamente” por los nacionalistas− y por haber pasado él mismo seis meses en la cárcel y más tarde cincuenta y seis horas enterrado en un sótano después de un bombardeo. Tiene la sensación de estar llevando consigo la guerra y todo el clima de horror y desconfianza de su país. La novela 291 Vid. Graham Greene, Ways of Escape, Londres, Random House, 1980, págs. 69-71. 292 Vid. Antonio Sánchez Trigueros, El concepto de sujeto literario y otros ensayos críticos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, págs. 21 y ss. - 148 - refleja una Inglaterra ensombrecida, en 1938, por la depresión, la miseria humana, la indiferencia ante los problemas ajenos y el terror a la inminente guerra contra Alemania”.293 La conclusión llevaba también a ver cómo en Inglaterra, el país de “D”, no había esperanza para el futuro. En paralelo a esa percepción, el escritor sostenía que también entre los republicanos españoles se cometían tantas atrocidades como en el otro bando; existiendo una correlación similar de desconfianza, corrupción, fusilamientos, e idéntica atmósfera de sospecha y traición. Coetáneamente, el poeta, novelista y escritor británico Laurence Edward Alan “Laurie Lee” (Reino Unido, 1941 – 1997) ofrecía un punto de vista autobiográfico en la percepción de la tragedia, y lo hizo a través de sus vivencias en un pueblo de las costa granadina, relativamente cercano a Málaga, que llamó Castillo. Aunque sus conocimientos sobre España eran limitados, comprendía las razones de sus amigos pescadores y campesinos que tomaron partido por el Gobierno de la República. Como gran parte de los británicos, recogió noticias contradictorias sobre el Alzamiento, pero fue muy sensible al drama de esas pobres gentes, según recoge Juan Antonio Díaz López.294 Su trabajo más reconocido es la autobiografía publicada como trilogía: Cider with Rosie (Sidra con Rosie, 1959), As I Walked Out One Midsummer Morning (Una mañana de verano de 1934, publicado en 1969) y A Moment of War (Un instante en la Guerra, 1991). El segundo y tercero 293 Niall Bins, Graham Greene, o el dilema de un católico de izquierdas, l. c., pág. 88. 294 Juan Antonio Díaz López, Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, op. cit., pág. 123. - 149 - de estos libros autobiográficos tienen relación con su llegada a España y su implicación en el conflicto, tomando parte posteriormente con las Brigadas Internacionales, experiencia que ha sido cuestionada, al señalar algunos críticos que tan sólo fue una fantasía del propio escritor. Después de estos libros, continuó escribiendo hasta 1951, aunque antes, durante la Segunda Guerra Mundial, realizó varios documentales. Su producción ha venido siendo reconocida tanto en poesía, como por sus relatos breves, ensayos, libros de viaje y obras para la radio. Pero su gran aporte relativo a la contienda se encuentra en su segundo libro autobiográfico As I Walked Out One Midsummer Morning (Una mañana de verano de 1934), publicado ya en 1969. Aquí Lee narra cómo, cansado del ambiente que se respiraba en la vida londinense, decidió recalar en España, llegando a Vigo, en julio de 1935, con un violín como único compañero de viaje. Un motivo, la musicalidad, que acompañó a la escritura de este autor británico, como una fuente de sensibilidad y emoción en sus palabras creadoras y testimoniales. Sus primeras impresiones de España se resumen así: “Lee atravesó España pasando por Valladolid, Segovia y Madrid hasta llegar a Almuñécar, donde se instaló a finales de año, encontrando trabajo en un hotel. De su viaje, relató cómo Valladolid la encontró “dura como sus sílabas” y dominada por un medievalismo asfixiante, llena de soldados, sacerdotes y mendigos. - 150 - Mientras tanto, Madrid le deslumbró como ciudad y capital”.295 Su estancia en Almuñécar fue la que le llevó a implicarse en la realidad social y política del país, al sentirse afectado por la miseria del pueblo, que vivía del mar y la caña de azúcar. Pero, su verdadero acicate llegó a través de su relación con un camarero, el anarquista Manolo, según dejó escrito. Laurie Lee, en opinión de Niall Bins, y coincidiendo en parte con la visión de otros escritores británicos sobre España, como la de Gerald Brenan, percibía en esta efervescencia popular algo mucho más antiguo que una simple confrontación política, es decir, se trataba para ellos de una especie de anarquismo ibérico profundamente arraigado en los ciudadanos. Tras los momentos iniciales de la guerra, comenzó la violencia con indiscriminados asesinatos de civiles, como el caso que ocurrió en un pueblo cercano, con la muerte de cinco pescadores a manos falangistas, y del que Lee dio testimonio, o, de otra parte, con la muerte de un joven falangista de veinte años en Almuñécar por un disparo en la cabeza. Viendo el desarrollo de los acontecimientos, el joven escritor aceptó embarcarse de vuelta a Inglaterra, y, ya en Londres, comprobar cómo muchos de sus compatriotas miraban a España como “uno de los últimos teatros de romanticismo político” −según sus palabras−. Al final del segundo tomo autobiográfico, Lee opta ya por dejar atrás esa idea que lo perseguía, relativa al abandono de sus círculos en España, y de nuevo con su violín, y su mochila cargada de libros, papeles y una cámara, viaja al sur de Francia para alistarse en las Brigadas 295 Niall Bins, El violinista de Almuñécar: los dos viajes de Laurie Lee, en: La llamada de España. Escritores extranjeros en la Guerra Civil, Montesinos Ensayo, 2004, pág. 92. - 151 - Internacionales.296 Allí, según relata, en su encuentro con agentes en Perpiñán, no le informan de las Brigadas y Laurie Lee decide por su cuenta cruzar los Pirineos, llegando como pudo gracias a que un anarquista francés le acompañó finalmente hasta la frontera. El tercer volumen de su biografía, A Moment of War (Un instante en la guerra) no fue publicado hasta 1991. La visión de la contienda que ahora nos ofrecía rompe con las expectativas de esperanza contenidas en el libro anterior (la mañana después de su llegada, fue encarcelado acusado de espía). Este libro provocó la polémica en torno a la participación o no de Lee en las Brigadas Internacionales −que según Niall Bins fue cierta−; aunque sí que parece dudosa su presencia en la batalla de Teruel,297 Lee retrata un país muy alejado de los encantos iniciales que le sedujeron en su primer viaje: “Yo había conocido España a la luz brillante y restauradora del sol, cuando hasta su pobreza parecía cubrirse de orgullo”; “ahora los pueblos estaban arrasados por la “pestilencia paralizante” de la guerra, un silencio antinatural, lo asfixiaba todo y la miseria era atroz, siberiana: “ésta era una España extendida y muerta sobre una losa, un cadáver helado”. A la inversa de Laurie Lee, lo que caracteriza el testimonio de Arthur Koestler (Hungría, 1905 – Reino Unido, 1983) es el fatalismo, como verdadero documento humano: 296 César Vidal, Las Brigadas Internacionales, Madrid, Espasa-Calpe, 1998, pág. 44. 297 El violinista de Almuñécar: los dos viajes de Laurie Lee, en: La llamada de España. Escritores extranjeros en la Guerra Civil, op. cit., pág. 95. - 152 - “El caso de Arthur Koestler es paradigmático. Húngaro, más tarde nacionalizado británico, escritor primero en alemán y después en inglés, comunista, espía, corresponsal de guerra, aúna al creador literario, al militante comprometido y al ser humano atrapado en la vorágine demencial de una guerra”.298 Para cubrir la guerra, lo habitual era enviar corresponsales que estuvieran del lado que el correspondiente periódico apoyaba. Algunas excepciones confirmaban esta regla: Kim Philby, por ejemplo, ya era comunista on anterioridad, lo que afectó a la imagen conservadora que como corresponsal del Times, tenía ante los nacionales. Arthur Koestler, en parte fue otra excepción: en los primeros momentos actuaba secretamente enviando informes a los soviéticos, y, aunque representaba al News Chronicle, periódico londinense de izquierdas, empezó su trabajo de corresponsal en España ante los nacionales, en Sevilla; y cuando el periodista alemán Strindberg, que conocía su filiación, lo delató, tuvo que huir, enfrentándose a diversos trances: “Luis Bolín, el jefe de prensa de los nacionales, no llegó a tiempo de detenerle como espía porque Koestler ya había regresado a territorio republicano, pero consiguió atraparle durante la caída de Málaga. Sólo las presiones de la prensa británica y estadounidense le libraron de la muerte”, según escribe Beevor.299 Su obra Spanish Testament (1937) puede leerse como una forma de Bildungsroman, de iniciación al conocimiento de los años treinta. En la 298 Vid., Testimonios literarios ingleses de la Guerra Civil en Andalucía, en La Guerra Civil en Andalucía Oriental 1936-1939, op. cit., pág. 120. 299 La guerra civil española, op. cit., págs. 357-358.