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La interculturalidad como respuesta pedagógica y social ante los delitos de odio y los crímenes contra la humanidad

Leiva-Olivencia, Juan José,Pareja-de-Vicente, Dolores,Matas-Terrón, Antonio

Abstract

En los últimos tiempos estamos asistiendo al auge del populismo xenófobo y también totalitario en distintos países de la Unión Europea. Pudiera parecer que las lecciones de la historia se olvidan con el transcurrir de los años. Por este motivo, y a la luz de los acontecimientos que estamos viviendo en estos momentos, especialmente por el imparable flujo migratorio a las costas y fronteras europeas (italianas, griegas y españolas), así como la grave situación humanitaria de las familias y menores sirios en territorio europeo, pensamos que es momento de detenernos a repensar en la educación que queremos y, de forma expresa, en cómo podemos impulsar la interculturalidad como una respuesta pedagógica y sociocultural ante el maltrato, dejación, odio e indignidad que viven cientos y miles de personas que parecen resultar invisibles ante instituciones, organismos diversos e incluso la sociedad. En este trabajo vamos a defender la idea de la existencia de luces y sombras de la interculturalidad como respuesta pedagógica para prevenir y, sobre todo, para educar en el valor de la riqueza de la cultura de la diversidad e inclusión como caminos propicios para generar concordia, paz, solidaridad, justicia, igualdad y libertad. Son los valores que podamos construir entre todos los que fortalecerán la transformación de la sociedad en una humanidad inclusiva e intercultural, respetuosa con la diferencia e implacable contra los males de la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

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LA INTERCULTURALIDAD COMO RESPUESTA PEDAGÓGICA Y SOCIAL ANTE LOS DELITOS DE ODIO Y LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD Juan J. Leiva Olivencia Dolores Pareja de Vicente Antonio Matas Terrón Universidad de Málaga Resumen En los últimos tiempos estamos asistiendo al auge del populismo xenófobo y también totalitario en distintos países de la Unión Europea. Pudiera parecer que las lecciones de la historia se olvidan con el transcurrir de los años. Por este motivo, y a la luz de los acontecimientos que estamos viviendo en estos momentos, especialmente por el imparable flujo migratorio a las costas y fronteras europeas (italianas, griegas y españolas), así como la grave situación humanitaria de las familias y menores sirios en territorio europeo, pensamos que es momento de detenernos a repensar en la educación que queremos y, de forma expresa, en cómo podemos impulsar la interculturalidad como una respuesta pedagógica y sociocultural ante el maltrato, dejación, odio e indignidad que viven cientos y miles de personas que parecen resultar invisibles ante instituciones, organismos diversos e incluso la sociedad. En este trabajo vamos a defender la idea de la existencia de luces y sombras de la interculturalidad como respuesta pedagógica para prevenir y, sobre todo, para educar en el valor de la riqueza de la cultura de la diversidad e inclusión como caminos propicios para generar concordia, paz, solidaridad, justicia, igualdad y libertad. Son los valores que podamos construir entre todos los que fortalecerán la transformación de la sociedad en una humanidad inclusiva e intercultural, respetuosa con la diferencia e implacable contra los males de la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Palabras clave: Interculturalidad, valores y educación, cultura de la diversidad, educación inclusiva. Introducción En esta época de globalización cultural y tecnológica, la información llega a todos los rincones del mundo y podemos tener acceso de forma rápida e inmediata a múltiples fuentes, noticias, datos y, con suerte, también a conocimientos valiosos. Decimos con suerte, porque en ocasiones necesitamos de forma inexcusable procesar reflexiva y críticamente información que está en “bruto”, para intentar extraer aprendizajes relevantes que podamos compartir con las personas, las comunidades y el mundo científico en general. En estos momentos donde hay personas que sufren falta de libertades, de expresar sus ideas, de ser y estar en contextos tiranos y antidemocráticos, hoy más que nunca, requiere que mantengamos la firmeza, las convicciones y los valores de inclusión, justifica y libertad para todas y todos. Además, se tiende, por desgracia, a establecer procesos discursivos y comunicativos que banalizan el holocausto judío, y, sobre todo, a legitimar o reescribir historias pasadas con significados aparentemente nuevos, pero que no lo son en absoluto. Precisamente, son los grupos políticos y los propios políticos totalitarios y populistas los que en estos últimos tiempos intentan justificar prácticas, informaciones e incluso situaciones sociales y políticas graves. Un ejemplo de ello lo encontramos en el régimen totalitario implantado en Venezuela, por Chávez y ahora por Maduro. Un régimen, que precisamente tiene también similitudes históricas con los procesos políticos acontecidos en épocas pasadas y que nos recuerda que, el populismo y totalitarismo se alimenta y se nutre de la pobreza, la corrupción y el odio para generar más pobreza, corrupción y odio, pero con la reificación del otro como legítimo no otro en su diferencia personal, social y cultural, es decir, como un enemigo a combatir, a enfrentar, que no confrontar, y que requiere el más absoluto de los desprecios. Decimos esto porque, precisamente, hace ya algún tiempo, Luis Almagro, secretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos) respondió a lo siguiente al actual presidente de Venezuela. De forma concreta, Luis Almagro señaló que "Nicolás Maduro banaliza el Holocausto y distorsiona un capítulo negro de la historia para beneficio de su dictadura". Este político, una de las voces internacionales más críticas con el gobierno del actual presidente venezolano llega después de unas controvertidas declaraciones de éste, que afirmó lo siguiente: "somos los nuevos judíos del siglo XXI que persiguió Hitler, así somos, no llevamos la estrella de David amarilla aquí, llevamos el corazón rojo de ganas de luchar y de pelear por la dignidad humana y los vamos a derrotar a estos nazis del siglo XXI, a estos fascistas". ¿Cómo es posible tanta banalización del holocausto judío? Y, precisamente, ¿cómo se atreven precisamente a esgrimirlo aquellos grupos de poder político que persiguen la democracia, la inclusión, la diversidad y la libertad? Es el mundo al revés. Los verdugos ahora pretenden ser víctimas y convertir a las víctimas en verdugos. Esto, por desgracia, es un motivo conductor común en muchos contextos políticos, sociales e incluso educativos. Pareciera que no existen verdades ni elementos racionales nítidos, claros, y que todo está fundamento en una moralidad más bien relativas, o mejor dicho hiperrelativista. La modernidad líquida de la sociedad actual tiene sus pros y contras, y desde luego, la banalización del holocausto, así como de la violencia ejercida contra los más vulnerables y débiles, la discriminación, la falta de libertades políticas y sociales, la pobreza, las injusticias y las desigualdades sociales son aspectos que no podemos tolerar ni justificar, en ningún caso. Pero este rechazo no puede legitimar prácticas excluyentes, totalitarias y populistas, reaccionarias y/o de ruptura con la democracia, la inclusión y la libertad como valores supremos, válidos y fundamentales para la generación de prosperidad, armonía, concordia y desarrollo sostenible para todos y todas. Volviendo a un ejemplo particular, el de Venezuela, sabiendo que hay otros en otros contextos del plano internacional, sigue afirmando que Almagro que en este país se están cometiendo crímenes "de lesa humanidad" con "el asesinato y la tortura por motivos políticos". Igualmente, afirma que: "Las Fuerzas Armadas no pueden seguir matando y torturando gente impunemente. El asesinato y la tortura por motivos políticos, por pensar diferente, es Crimen de Lesa Humanidad, delito internacional". En este punto, el contraste de pareceres, la crítica, la diferencia y diversidad de pensamiento ha sido, y por desgracia, sigue siendo, motivo clave para el establecimiento de unas políticas sistemáticas de exclusión y tortura. Pensar diferente, sigue siendo hoy, motivo de odio humano y de crímenes contra la humanidad. En otro país fundamental para la estabilidad y la prosperidad en el mundo, en Turquía, también existen tendencias dogmáticas, muy críticas con el mundo judío y, en general, con todo el mundo y los valores occidentales. De hecho, el presidente turco afirmó que “es deber común de todos los musulmanes abrazar la causa palestina y proteger Jerusalén”. Ni que decir tiene que esto resulta preocupante para los amantes de la libertad y de la inclusión, porque parece que puede ser un llamamiento nítido al mundo musulmán, en general, para mantener y acentuar posiciones agresivas contra un país como Israel. Igualmente, parece paradójico que algunas fuerzas políticas denominados progresistas en España no condenen el genocidio que está llevando a cabo minorías y grupos terroristas de corte yihadista, y esto se produjo en 2016, en el Parlamento Europeo (ver Resolución RC-B8-0149/2016). De la misma forma resulta incomprensibles y están fuera de lugar algunas campañas que se llevan a cabo en las redes sociales y en otros espacios públicos de carteles netamente antisemitas desde determinadas fuerzas políticas autodenominadas progresistas y transformadoras. Ante ello, la desde la embajada de Israel aseguraron que “el uso de estereotipos tomados de la iconografía antijudía, tristemente famosos por su utilización propagandística en el periodo más negro de la historia europea, merecen la condena firme y sin reservas de todas las fuerzas democráticas españolas”. Además, afirman que “no hay nada que pueda justificar el uso de caricaturas antijudías, y no cabe guardar silencio ante esta expresión flagrante de antisemitismo”. Desde nuestro punto de vista, el odio, el frentismo, la irracionalidad, el dogmatismo y la sinrazón política nunca pueden constituirse en referentes políticos, ideológicos, éticos o morales de confianza. No son fiables, y demuestran la bajeza moral de quienes están permanente ofendiendo porque no tienen argumentos sólidos ante la democracia y los valores de la diversidad, la inclusión y la libertad. Otro aspecto importante del rasgo distintivo de la banalización y de la reducción histórica del holocausto que se une al desconocimiento y a la propia ignorancia de la monstruosidad que supuso el holocausto judío lo hemos podido observar en la proliferación de algo que sobrepasa lo que sería el llamado humor negro, especialmente si esto tiene la proyección y difusión que supone que lo han hecho políticos. Principios de interculturalidad ante la educación y enseñanza del holocausto La sociedad de hoy vive inmersa en tiempos de incertidumbre en todos los niveles y dimensiones. La rapidez e inmediatez de los acontecimientos y la naturaleza compleja y multicausal de los conflictos humanos nos hace repensar los valores sobre los que sustentamos las prácticas sociales, culturales, éticas y educativas. Debemos subrayar la existencia de luces y sombras en la configuración emergente de la educación intercultural como una respuesta ineludible para transformar la sociedad y la escuela en más humanidad e inclusión. La diversidad es lo común y lo común es la diversidad en este mundo actual donde necesitamos reafirmar los principios y valores democráticos ante la propagación de discursos y movimientos populistas, xenófobos y totalitarios que rechazan la convivencia y el diálogo intercultural. Por este motivo, aportamos algunas ideas pedagógicas para la generación de procesos formativos y de innovación en interculturalidad en los centros educativos. Frente a toda la situación compleja de reducción y banalización del holocausto, así como del incremento de actitudes políticas populistas y totalitarias, vamos a plantear ahora algunas ideas que pueden ir articulando progresivamente una didáctica de la educación intercultural, obviamente desde un enfoque pedagógico democrático e inclusivo. Así, desde nuestro punto de vista, una didáctica intercultural haría referencia al conjunto de significados, ideas y motores de cambio e innovación educativa y no estarían vinculados al desarrollo de acciones de tipo cognitivista, sino, sobre todo, de iniciativas y diseños didácticos imbricados en el desarrollo de una Educación Personalizada y Comunitaria (EPyC) donde los docentes y, en general, toda la comunidad educativa, atendamos las necesidades personales de aprendizaje desde una perspectiva intercultural de todos los estudiantes, sean del contexto cultural que sean. Este enfoque supone una reconceptualización del valor educativo intercultural, en la medida en que son intervenciones de corte emocional, ético y procedimental, las que son de mayor interés para el fomento de una cultura de la diversidad en la escuela respetuosa con todas las singularidades y personalidades existentes en los escenarios educativos (López-Melero, 2004). Plantea precisamente el profesor Beaudoin (2013) que se requiere una escuela para cada estudiante, porque cada estudiante es sujeto de un desarrollo cultural, cognitivo y emocional distinto. Es decir, aunque los estudiantes vivan y convivan en un contexto cultural común, las personas tenemos el talento y la creatividad de poder traducir de forma íntima e irrepetible los significados culturales, de tal forma que no podemos limitarnos a decir que un estudiante esté limitado por su cultural, o que esté absolutamente determinado por su cultural. Precisamente el enorme potencial del valor pedagógico de la interculturalidad reside en la generación de sinergias en la convivencia y en la interacción personal y comunitaria (Soriano, 2007). De alguna forma, hablar de procesos educativos interculturales implica la aceptación de que la hibridación cultural atraviesa a cada estudiante de una forma singular y única (Coulby, 2006), y que cada estudiante construye sus identidades desde unas formas más bien transculturales que incluso nos permiten identificar el cuestionamiento de si todavía podemos hablar de interculturalidad o interculturalidades. Siguiendo con la conceptualización de la didáctica de la educación intercultural, podemos plantear a continuación algunas ideas que consideramos que dan sentido y configuran de manera ineludible los principios y prácticas educativas interculturales en las sociedades complejas y dinámicas donde vivimos, y que proporcionan orientaciones para educar para prevenir el odio y, por ende, combatir activamente actitudes complacientes o de legitimación de los delitos contra la humanidad y el holocausto (Leiva, 2015 & 2017 a) La didáctica de la educación intercultural es dinámica, proactiva y potencia la autoestima y la interacción de todos los agentes educativos y sociales. b) El valor pedagógico de la didáctica de la educación intercultural radica no tanto en la estructura de la diversidad cultural, sino en el funcionamiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje y su optimización como modos democráticos, críticos y dinámicos de autorrealización personal y comunitario. c) La didáctica de la educación intercultural pone el acento en el componente emocional y relacional de la educación. d) Supone un conjunto holístico de acciones pedagógicas que acontecen en las escuelas y en los entornos comunitarios, pero también son acontecimientos internos, esto es, depende de las individualidades de los distintos miembros de la comunidad educativa, en su interioridad. e) Implica educar por, para, desde y en la libertad. Educar no es domesticar, y no es posible ni deseable afrontar la educación intercultural desde parámetros de uniformización de comportamientos o de reconocimientos de identidades estancas en los estudiantes. f) Requiere una conjunción interdependiente de participaciones e innovaciones por parte de todos los agentes educativos, sin ningún tipo de excepción. Cada agente debe participar de forma activa para la mejora de la calidad de la educación y de la mejora de la convivencia escolar. El sentido didáctico intercultural se vehicula a través del desarrollo personal y éste es indisociable de una mejoría de procesos experienciales de convivencia positiva en espacios comunitarios. g) Estos procesos constituyen un eje vivo de una configuración pedagógica inclusiva, en la que todos y todas no pierden su idiosincrasia como sujetos con talento, creatividad, pensamiento crítico y competencias interculturales h) Necesita de la adopción práctica del aprendizaje de competencias interculturales, por lo que las vivencias y experiencias deben estar presididas por habilidades como el diálogo, la escucha activa, la empatía, el respeto y la asertividad. No hay hueco para el rencor ni para la discriminación, ni tampoco para el miedo y la invisibilidad de la diferencia cultural. La diferencia cultural es un elemento que nos enriquece y que no debe suponer impedimento para establecer consensos o espacios de encuentro. Mirar con ojos de interculturalidad en la escuela como respuesta al odio En el desarrollo práctico de la educación intercultural podemos vislumbrar aspectos positivos y otros menos positivos o directamente negativos. Algunos deberán ser fomentados desde los equipos directivos de los centros formativos (Soriano & Peñalva, 2011), comprometidos con el desarrollo pedagógico inclusivo y la cultura de la diversidad, por un lado; y otros deberán ser corregidos, revisados o reducidos a su mínima expresión, por el bien comunitario y el bienestar psicológico de estudiantes y familias. En todo caso, cuando proponemos mirar con ojos de interculturalidad nos referimos a una actitud, a un talante de respeto a la diversidad, y de profundo respeto a cualquier tipo de diferencia personal, social, cultural, ideológica, política, porque precisamente en el respeto está el cimiento, el basamento fundamental para poder dialogar, escuchar y tender puentes. Frente a posicionamientos pedagógicos simplistas o reduccionistas, o aquellos que en apariencia defiende una pedagogía crítica no respetuosa con la diversidad, la interculturalidad se muestra como la más adecuada de las respuestas socioeducativas porque se fundamenta en la legitimidad de la diferencia ideológica, de la diferencia personal y emocional, y, por supuesto, de la diferencia cultural. Por todo ello, nos atrevemos a plantear algunas faros de esperanza o luces para el desarrollo didáctico intercultural para prevenir y erradicar actitudes de inhibición, negación o banalización de los delitos de odio, contra la humanidad, y también ante el holocausto: - La interculturalidad ayuda a la promoción de la resiliencia personal y colectiva - La interculturalidad estimula la creatividad y el pensamiento crítico - La interculturalidad es una respuesta pedagógica y social eficaz frente al holocausto - La mediación intercultural tiende puentes de convivencia y construye huellas de humanidad En primer lugar, la interculturalidad es hoy una praxis pedagógica que ayuda, de forma inexcusable, en la promoción activa de la resiliencia, en el sentido de movilizar recursos de empoderamiento personales para su puesta en práctica en todo tipo de situaciones. Ni que decir tiene que la entendemos como la habilidad interior para afrontar adversidades, pero va más allá del mero afrontamiento conductual, cognitivo y emocional. Estamos de acuerdo con Dervin (2015) cuando plantea que la resiliencia es un “motor” de cambio interno que puede contar a otras personas, y, por ende, a colectivos y grupos humanos. Tiene que ver con aspectos de la creatividad personal y social, y con recursos de personalidad que pueden ser tratados y promovidos en contextos educativos de diversidad cultural, donde precisamente es tan importante y necesario prevenir cualquier atisbo de complacencia con el holocausto. No hay espacios intermedios entre la humanidad y la monstruosidad de su legitimación, no es posible tolerar la intolerancia suprema de quienes todavía hoy tienen actitudes que niegan el holocausto, o lo ven como un problema o disfunción administrativa. No se puede jugar con los sentimientos, la memoria y el recuerdo de millones de personas que fueron masacradas por su religión, ni por su diversidad en su orientación sexual, étnica o ideológica. Lo que nos hace humanos es precisamente nuestra diversidad. En segundo lugar, la interculturalidad es un estimulante que retroalimenta y nutre la creatividad de múltiples formas y modos de proceder. En sí, al construir permeabilidades conceptuales y suponer interacciones interculturales, va a favorecer el pensamiento divergente y la puesta en práctica de iniciativas creativas (Kinginger, 2015). La creatividad es un principio y valor clave en la educación del siglo XXI. Las escuelas y los centros de formación deben estar impregnados de sensibilidad creativa, y aquí la interculturalidad puede generar motivaciones y hechos creativos si se dan las condiciones de libertad, respeto, dinamismo y sistemas atribucionales basados en la legitimidad de la diferencia y la inclusión. El éxito del talento de cada una de las personas en los centros educativos depende de cómo abordar de forma integral la cualidad creativa como valor, intrínsecamente vinculada con la diferencia cultural (Holmes, Bavieri & Ganassin, 2015). En tercer lugar, la educación intercultural es una respuesta decidida y firma ante cualquier atisbo de discriminación, racismo y xenofobia (Arnáiz & Escarbajal, 2012). La educación no puede admitir ningún tipo de tolerancia hacia esta lacra. Los seres humanos merecen todo el respeto, todos y cada uno de ellos, y ninguna cultura está por encima de otra, por lo que debemos fomentar la interculturalidad porque defiende la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad entre personas y comunidades (Punteney, 2016). Ni que decir tiene que esto supone un elemento clave dentro de lo que sería una educación con convicciones democráticas firmes ante cualquier posibilidad de conceder espacios a los intolerantes que rechazan o niegan el holocausto, o que se ponen de perfil cuando se ataca el mundo judío. Tan deleznable es esto como actitudes y acciones que han podido denigrar a otros colectivos, pueblos y personas. En cuarto lugar, la interculturalidad puede favorecer las respuestas psicosociales y educativas con la mediación intercultural. La mediación es un sistema de interacción comunicativa y de comprensión del escenario comunitario de diversidad cultural, entendido como puente de convivencia. La diversidad es lo común y lo común es la diversidad en los contextos de desarrollo humano en los que vivimos, y hace falta herramientas prácticas como la mediación. Siguiendo a Escarbajal (2010), podemos subrayar que son herramientas que conciben la globalidad de la diferencia y ayudan a las