Full text
TESIS DOCTOR AL
FORMACIÓN E INSERC IÓN SOCIO - LABORAL
DE JÓVENES CON DIVERSIDA D FUNCIONAL
INTELECTU AL. UNA PERSP ECTIVA
PEDAGÓGI CA INCLUS IVA
MARÍA ISABEL NEGRI CORTÉS
MÁLAGA, 2016
Formación e Inserción
Socio-laboral de jóvenes con
Di versidad Funcional Intelectua l.
Una perspectiva pedagógica
inclusiva
Tesis Doctoral de:
María Isabel Negri Cortés
Director:
Dr. Juan José Le iva Oli vencia
AUT OR: María Isabel Negri Cortés
http://orcid.or g/0000-0003-0548-2187
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
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Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
“Una sociedad e s de mocrática en la medida en que facilita la pa rticipació n en sus
bienes de todos su s miembros en condi ciones iguales y que asegura el r eajust e
flexible de sus instituciones median te la interacció n de las diferen tes forma s
de vida asociada” .(John Dewey, Democ racia y E ducación, 1916 ).
“Es cierto que las muj eres y los homb res pueden cambiar el m undo para m ejor,
para que sea menos injusto, pero solo lo logran partiendo desde la realida d
concreta a la que “ll egan” en su generación , y no fundadas o fundados en
devaneos, sueño s falsos sin ra íces, pu ras il usiones.
Lo que no es po sible, sin embargo, es pensar en t ransforma r el mundo sin
sueños, sin utop í a o sin proyecto (…). La transfor mación del mundo ne cesi ta
tanto del sueño como la indi spensable autenticida d de este depende de la
lealtad de quien sueña las condi ciones históricas, m ateriales, según
el desarrollo t ecnológi co y cient ífico del conte xt o soñador.
Los sueños son proyec t os por los cuales se lucha. Su realiz ación no
se verifica fá cilmente , sin obstácul os. Más bien al contra r io,
supone avances , retroce sos, marchas a veces demor adas . Impli ca lucha” .
(Paulo Freire , Pedagog ía de la I ndignaci ón, 2012 ).
A G RA DECIMIENTOS
Estudiar Pedagogía f ue para mí toda una revelaci ón. Descubrí una vocaci ón
que estaba dentro de mí y que has ta entonces ignoraba. Mis años de estudio f uero n
solo e l principio de una trayectoria de aprendizaje y crecimiento personal que me
permitió saber qué qu iero ser y qué quiero hacer en mi vida. Desd e mis comienz os
sabía que no podía conformarme con conocer lo que otros me con taran, con aprender
de libros y experiencias ajenas, y me ilusioné con la idea de hacer un doctorado. De
investigar. De cuestio narm e las distintas real idades educativas y social es , y
observarlas , y co mprenderlas, para poder contarla s a o t ros y para tratar de cambia r
algo en la reali dad que nos rodea .
Ahora que termino de escribir mi Tesis Doctoral, me doy cuenta de que acaba
una etapa muy importante de mi vida. Una etapa llen a de ilusiones y sueños, de
superación y ap rendizaje constantes. Viendo el producto de mi esfue r z o y de mi
dedicación y recordand o los momentos , pe rsonal es y académicos, que he vivido
durante estos años de investigación y reflexión , no puedo evitar emoci onarme y
acordarme de todas las personas que me acomp añaron y me ayuda ron.
Tengo mucho que agrad ecerle a mi director de tesis, Juan, por apostar por este
proyecto desde un primer momento, por su exigen cia y buen hacer, y por su ayuda y
disponibi l idad constante s.
También a las personas que, desinteresada mente, colabora ron en esta
investigaci ón, regalándo me algo tan valioso como el relato de sus propias vivencias y
sentimientos . Gracias a todos los educado res, familiares y jóvenes infor mant es , todos
ellos protagoni stas de este es t udio, por apor tar tanto .
No puedo olvidarme de las personas que cono z co y que m e han acompañado
en estos últimos años, por ofrecerme el cariño , la amistad y los buenos deseos que
todos necesi tamos pa ra segui r trabajando y luch ando por l o que quere mos.
Mi agradecimiento m ás especial va dirigi do a mi madre, Maribel, por t o da su
entrega y generosidad; po r hacer de mis sueñ os los suyos y por con seguir qu e la
lucha más dura m erez ca la pena. También a mi hermana , Susana, por su alegría y
optimismo , por todo lo que compa r timos y el apoyo que me b rinda sie m pre. Y a mi
abuela Conch i, por tanto amor.
Gracias.
9
ÍNDICE
A G R A DECIMIENT O S .............................................................................................. 8
ÍNDICE ..................................................................................................................... 9
INTR O DUC C IÓN ................................................................................................... 13
1. A PROXIMA CIÓN TEÓRI CA A L O BJET O DE LA INVESTIGAC IÓN ................. 17
1.1. La inclus i ón so cial y educativa como promoto ra de ig ualdad de
oportunidades ...................................................................................................... 18
1. 1. 1. La Div ersidad Funci onal como voz de la diferencia en busca de l
empoderami ento social : Ev olución histórica y ter minológica ............................... 18
1.1.1.1. E volución histórica de l a situación de las personas con div ersidad
funcional en nues tr a socied ad ......................................................................... 19
1.1.1.2. Ev olución terminológica de la d iv ersidad f uncional -y otros conceptos
relacionados- has t a nuestros dí as ................................................................... 27
1.1.2. M arco concep tual y situación actual de la i nclusión social ........................ 34
1.1.3. La educaci ón inclu siva: una respuesta pedagógica del siglo XXI .............. 42
1.2. For mación e inserción socio-laboral de jóv enes con Diversidad Funciona l
Intelectua l ............................................................................................................. 59
1.2.1. La f ormaci ón profe sional de los jóv enes con DF I: de los Programas de
Cuali ficación Profesion al Inicial a los Pro g ramas de Formación Pro fesion al Básica 60
1.2.2. Los cen tr os ocupa cionales y el empleo prot egido como herramienta s de
transición al e m pleo o r dinario ............................................................................. 75
1.3. El Empleo con A po yo .................................................................................... 82
1.3.1. De finición y car acterísticas ....................................................................... 82
1.3.2. Estra t e gias y acci ones de inclusi ón laboral en Europa , España y An dalucía 90
1.3.2.1. Est rategias y ac ciones de inclusión lab oral en Europa ....................... 91
1.3.2.2. Est rategias y ac ciones de inclusión lab oral en España ..................... 100
1.3.2.3. Est rategias y ac ciones de inclusión lab oral en Andalucí a ................ 106
1.4. A gentes que influy en en l a inserción socio -laboral de los jóv enes con
Diversidad Fun cional Intelec tual ....................................................................... 113
1.4.1. El papel de los p r o fesionales ante la inserción socio-laboral de l os jó venes
con DFI ............................................................................................................. 114
1.4.2. La impor t ancia del papel de la fa milia durante el p r oceso de formac ión e
inserción socio-lab oral de lo s jóven es con DFI ................................................. 125
2. MET ODOLOGÍA DE LA INVESTIGA CIÓ N ...................................................... 135
2.1. Planteam iento de la inv esti gac ión y exposición de mot i v os ................... 135
10
2.2. Objetiv os de la inv estigación ..................................................................... 138
2.3. Hacia la comp lementariedad de l as metod ologías cuantitativ a y cualitativ a 140
2.4. Metodolog ía cuantitativ a: Diseño y apli cación del instrumen t o de recogida
de informac ión ................................................................................................... 143
2.4.1. Diseño de los instrumentos de reco gida de dat os: dos cuestiona rios ...... 144
2.4.2. Prueba preli minar de los cues tionarios ................................................... 150
2.4.3. Aplicaci ón de los cuestion arios ............................................................... 151
2.4.4. Da tos de la muestra y anál isis e interpretac ión de los resultados
estadí sticos ....................................................................................................... 153
2.5. Metodolog ía cualitativ a: El estudio d e casos como estra tegia de
investigación ...................................................................................................... 155
2.5.1. Selecci ón de los c asos y acceso a los in f ormantes ................................ . 157
2.5.1.1. Crite rios de elección ......................................................................... 158
2.5.1.2. Con tacto y ne g oci ación .................................................................... 160
2.5.1.3. Princi pios de é tica inv estig adora ...................................................... 169
2.5.2. Instru mentos de recogida de in f ormación ............................................... 170
2.5.2.1. Ent r ev istas en pr o fundidad ............................................................... 171
2.5.2.2. Reco pilaci ón documental .................................................................. 175
2.5.2.3. Di ario inv estig ador y observaci ones ................................................. 177
2.5.3. Análi sis de la in f ormación ....................................................................... 179
2.5.3.1. Proceso de categoriz ación ............................................................... 180
2.5.3.1.1. Análisis de los datos cualitativos con el programa infor mático
Nudist- Viv o 8.0 ......................................................................................... 182
3. RESULTA DOS DE LA I NVESTIGA CIÓ N ........................................................ 185
3.1. Informe de los resultados estadísticos de los cuestionar i os ................... 185
3.1.1. Resultado s estadísticos del cuestionario del ámbito f ormativ o -escolar ... 185
3.1.1.1. Resu ltados sobre los datos de identi f icaci ón .................................... 186
3.1.1.2. Resultados so bre las opiniones de los aspectos educativ os y
formativos ..................................................................................................... 193
3.1.2. Resultado s es tadísticos del cuestionario del ámbito soci olaboral ........... 235
3.1.2.1. Resu ltados sobre los dato s de i denti ficación .................................... 235
3.1.2.2. Resul tados sob re las opiniones del ámb ito socio-laboral y el Empleo
con Apoy o ..................................................................................................... 242
3.2. INFOR ME DE LOS EST U DIOS DE CA SO ................................................... 287
3. 2.1. Estudio de caso IES Con cepción Vi llal ba ................................ ................ 287
3.2.1.1. Con texto edu cati vo: IES Concep ción Vil lalba ................................... 287
3.2.1.2. Las famili as ante la inclusi ón educativa, formativ a y socio- laboral de los
jóvenes .......................................................................................................... 298
3.2.1.3. Los p r o fesionales de l a educaci ón y l a formaci ón pro f esional .......... 316
3.2.1.4. Con cepción de inclusi ón e imagen social ......................................... 330
3.2.1.5. Trayectori a personal y educativ a de los jóv enes .............................. 347
3.2.1.6. Val ores y ex pectativ as sobre la formación y v ida adulta ................... 366
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1. A PROXIM A CIÓN T EÓRICA AL OBJETO D E LA
INVESTIGA CIÓN
El cap ítulo que p resentamos a c ontinuación abo rda el marco teó rico
de nuestra inv e stigación sobre la f ormación e inclu sión socio -laboral de
jóvenes con D FI desde una perspectiva pe dagógica inclusi va. A poy ándono s
en diversas fue ntes ci entíficas y normativas de calidad, indagaremos en las
temáticas relacio nadas con la materia a d esarrollar. A sí, este ca pítulo está
dividido en cuatro apartados diferenciados, que detallamos a continuación.
En p rimer lugar, abo rdaremos los fundamentos p olíticos e ideológicos
para la co nstrucción de u na so ciedad y una escuela inclusivas, conociendo
la evolución histórica de las m ismas y realizando un análisis terminológico de
la evolución de este y otros conce ptos relacionados, como e l de diversi dad
funcional.
Dentro de este p ri mer ep íg rafe , dado qu e los principa les textos
científicos y legislativos que encontramos abordan la def i nición y el estudio
de la diversidad f uncional e n general, existiendo escasos documentos de
esta índole qu e tratan de manera especí fica la DFI, ex p ondremos los
contenidos que nomb ramos haciendo ref erencia al colectivo de personas
diversidad funcional, entendiendo que dentro del m is mo se encuentran las
personas con DFI, cuy a situación y e volución so cial y te rminológica se
produce de manera simultánea a la d el colectivo general.
En segundo lugar, hablaremos sobre las d iv ersas estrategias y
programas que existen en la actualidad para la promoción de la cap acitación
profesional y de la o rientación y e l acceso al e mpleo de los jóvenes con DFI,
tanto desde el ámbito educativ o , como des de el contex to de las entidades
sociales que tienen como objetiv o el apo yo a la inclusión s ocio -laboral del
colectivo de personas con DFI.
En tercer lugar, conoceremos de manera detallada la filosof ía y los
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fundamentos del Empleo con Apoyo, como una novedosa estrat egi a p ara la
inclusión laboral de estos jóvenes, e indagaremos en las m edidas que se
ponen en marcha con este fin desde dife rent e s organismos e instituciones.
En cuarto lugar, e xpondremos de m anera crítica y fu ndamentada cuál
es y cuál debe ser e l rol de los p rincipa les agentes implicados e n los
procesos de formación e inserción socio -laboral dirig idos a estos jóvenes.
1.1. La i nc l usión social y educativa como promotora de
igualdad d e oport unidad es
El presente capítulo tiene como objetivo analizar la im portancia de
construir una sociedad inclusiva q ue garantice e l acceso de las pers onas con
DFI a todos los ámbitos d e la v ida ciudadana en las mismas condiciones que
el resto . Al mismo tiemp o, vamos a conoce r la importancia de la educación
inclusiva como mecanismo de tran sforma ción social , que además va a
suponer el poder of recer una educación de c a lidad a los jóvenes con DFI.
1. 1. 1. La Diversi dad Funcional como voz de l a diferencia en
busca del emp oderamiento social: Ev olución hist óri ca y
terminoló gica
En e ste ca pítulo vamos a a naliz ar los d i ferentes enfoques que han
existido y co ntinúan existiendo sobre la con sideración social de las personas
con diversidad fun cion a l, así como la t erminolog ía más relevante qu e ha sid o
utilizada en referencia a este colectivo , pa r a comprender la necesidad de
construir una s ociedad inclusiva que, desde el respeto a la dif erencia,
garantice los derechos de este colectivo.
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1.1.1.1. Evolución histórica de la situación de las personas
con div er sidad fu ncional en nuestr a sociedad
El lugar que han ocupado las personas con diversidad f uncional e n
nuestra sociedad a l o larg o de la hi storia h a sido marcado por una
estratificación vertical que sitúa a la diferencia e n una co ndición de
inferioridad f rente a un a mayoría con siderada nor m al, h aciendo a las
primeras incapaces o m enos válidas que el resto (Soto, 2010). Partimos de
la b ase de que e s la p r opia ma yorí a hegemónica quien construye las normas
de conducta válidas dentro de la socie dad y quien etiqueta y subordina a
este colectivo, def iniendo sus caract erísticas y cap acidades y dejando
implícito a su vez que estas personas debe n ser s ujetos pasiv os, carentes
de control sobre sus propias vidas, abocados a la d isposición d e u na
sociedad hegemónica que les considera menos válidos que al resto (Ba rton,
1998).
Han sido d i ferentes las perspectivas d esde las que se ha considerado
la diversidad f uncional , pero todas han tenido como elemento determinante
el cuestionamiento so b re la ausencia/prese n cia de ca pacidades en estas
personas respecto d e un a m ayorí a social. E n la actu alidad, esta situación se
encuentra en p roceso de c a mbio, cu ando en 20 05, en e l Foro de Vida
Independiente (Romañach & Arnau, 2006), son las propias personas con
diversidad funcional quiene s proponen este nue v o término, da nd o un giro
lingüístico, pero s o bre todo ideológico, a la concepció n de l a div ersidad
funcional dentro de nuestra so ciedad.
Vamos a conocer la trayectoria seguida po r las p ersonas con
diversidad funcional dentro d e nuestra sociedad hasta el momen to en q ue
estas d eciden alzar la voz y def ender sus prop ios derechos. Pa ra e llo,
analizaremos las repercusione s a n iv el person al y social que han tenido los
diferentes enfoques sociales relat iv os al trato social de este colectivo y
observaremos la evolución se guida de uno a otro modelo hasta lleg ar a la
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situación actual, donde las pe rsonas c on diversidad funcional ha n luchado – y
continúan haciéndolo- para formar parte activa de nuestra sociedad.
Puig de la Bellacasa iden ti fica tres modelos o paradigmas en la
evolución de las mentalidades sociale s acerca de la diversidad fu ncional,
donde diferencia entre el model o tradicional, b asado en e l castigo o la
superstición, el paradigma de la rehabilitación, en el que prevalece la
intervención médico -profesional, y el pa radigma de la autonomía personal.
Por su parte, Casado seña l a una distinción similar en cuatro m odelos,
estableciendo el modelo de integración utilitaria, que refleja una aceptación
fatalista de los sujetos, y el m odelo de exclusión aniquiladora, que rechaza y
oculta la diversidad funcion al, siendo ambos equivalente s al primero de los
modelos ante riores. Además define el modelo de atención especificada y
tecnificada, similar a l de re h abilitación que veíamos con a nterioridad y, por
último, el modelo de accesibilidad, que podría ser equivalente al paradigma
de la autonomía personal. Ambos autores están de acue rdo e n señalar que
estas fo rmas de ap reciar y valorar la diversidad funcional no son e xcluy e ntes
entre sí y pueden conv ivir simultá neamente a lo largo de l tie mpo (Puig de la
Bellacasa, 1990 y Casado, 1991; en Egea & Sarabia, 2005). Así,
reconocemos que la me ntalidad social no puede contemplarse como única,
estática y de c arácter homogéneo, sino que d ependerá d el con tex to
sociocultural en que nos encontremos, y pod rá evolucionar en fu nción de la
experiencia y las vivencias que se desarrollen d entro del m ismo , pudiendo a
su vez converger diferentes menta lid ades dentro de un mismo momento y
lugar determinados.
Siendo conscientes de esta idea, si centramos nuestra atención en
una clasificación más actual, Palacios y Rom añach nos p rop onen una
di v isión sim ilar a la de Casad o, diferencia ndo cua tro mod elos principales, en
los cuales podemos apreciar cóm o evoluciona positivamente hasta n uestros
días la consideración social hacia los hombres y mujeres con div ersidad
funcional por parte de la socieda d (Pa lacios & Romañach, 2006; Palacios &
Romañach, 2007; y Roma ñach, 2010).
21
En dicha clasificación encontramos, e n primer lugar, e l modelo de
prescindencia, que determina que el origen de la d iv ersidad funcional
obedece a motivos religiosos, e ntendiendo que estos hombres y mujeres son
innecesarios para la socied ad, po r con s iderar que n o co ntr ibuy en a
satisfacer las necesidades de l a mism a , por albe rgar mensajes d iabólicos,
por pe nsar que son producto d el e nojo de los dioses, o po rque -por l o
desgraciadas - so n vidas que no m erecen ser vividas. De esta f orma, la
sociedad decide prescindir d e los h omb res y mu jeres con diversidad
funcional, ya sea a trav é s de po líticas eugenésicas, o situándolas en e l
espacio de stinado para los anormales o las clases pobres, con un
denominador común marcado por la dependencia y el sometimiento, en el
que asimismo son tratadas como objeto de c aridad y sujetos de asistencia.
Como vemos, e n este modelo el papel que o cupan las pe rsonas con
diversidad f uncional en la sociedad, en caso de te nerlo, es totalmente pasivo
y despierta hacia las mismas, sentimientos de m iedo, lástima o aversión.
Consideramos que este modelo resulta tener un carácte r segregador, por
olvidar y e xcluir a las p erson as con diversidad fun cional en la consti tución de
la sociedad.
Si hablamos de inclusión so cial vemos que, bajo este enfoque, la
existencia de las personas co n diversida d funcional se contrapone al
concepto de normalidad, por lo que sus indeseables vidas no pueden seguir
los mismos patrones so ciales que se han d ete r minado p ara el resto d e
personas que conforma n la sociedad, privándoles a sí de sus principales
derechos, como la libertad o la igualdad.
En segundo lugar, encontramos el modelo médico-reha bilitador o
biomédico, que n o considera innecesarias de ntro d e la sociedad a las
personas con diversidad funcional, siempre que sean curadas o
rehabilitadas. Hahn (1986, p.89) ind ica que este mo delo “impone una
presunción de inf erioridad biológica o fisiológica de las personas
discapacitadas”, es decir, la persona e s conside rada como enf erma,
adquiriendo el rol de paciente, lo cua l contribuye al mod elo de dependencia ,
22
y legitima las visiones individuales méd icas y negativas de la diversidad
funcional en detrimento d e o tros planteamientos, en particular de los p ropios
de las personas con div ersidad fun cional.
El fin primordial de este modelo es la n or maliz ación de estas personas
hasta conseguir ocultar o pa liar las d i feren cia s que po seen, basando el éxito
de la rehabilitación en la can tidad de destrezas o habilidades que logre
adquirir el individuo (Romañach, 2010), lo cual resulta contradictori o con este
principio cuando estamos hablando de que, por su d iferencia, se subo rdina
su voluntad a las directrices del médico, convirtiéndolos e n p ersonas
dependientes y tomand o e n la sociedad u n p apel de carácte r pa siv o,
dependiente y acogido a la asistencia y l a caridad. Este modelo, según
Rodríguez & Ferreira (20 08) parece ser el que ha ca lado más hondo en la
ideología d e nuestras sociedades, i m perando frente a los anteriores y
legitimándose en la actualidad po r la propi a ine rcia social, que se resiste
frente a la evolución e implantación de otros p aradigmas más inclusiv o s.
De tal manera y analizando desde un punt o de vista inclusiv o , este
modelo abre una puerta hacia la normalización de e stas pe rsonas, aunque
con una se rie de connotaciones negativas, pues se sig ue subo r dinando la
diversidad f rente a la elite perfecta compuesta por la mayoría social, y se
habla de diversidad funcional como una ca rencia de capacidades en el
in dividuo q u e d ebe ser co rregida, no res petando en ni ngún momento la
diferencia ni los derec h os f undament ales de l individuo. Es decir, e xiste un
modelo de persona que se considera normal po r po seer unas determinadas
capacidades, y para poder pertenecer a ese g rupo de personas n ormales ,
las pe rsonas con di versida d funcional deben llegar a adquirir dichas
capacidades, negándose a sí m ismos y a las diferen cias que poseen por no
ser consideradas válidas dentro de ese modelo de nor m alidad.
Nuevamente, como hemo s señalado con anterioridad, es la propia
sociedad quien determina qué capacidades son im prescindibles para pode r
acceder a una vida plena y a unos derechos fundamentales.
23
En tercer lugar encontram os el modelo social, ta mbién llamado de
vida ind ependiente (Marañ a, 2011), que sí supone un paso h acia la
normalización de las persona s con diversidad f uncional, po r estipu l ar que las
causas de la m isma son sociales, es to es, que estas personas tienen que
desenvolv erse den tro de una sociedad donde el poder es d e una mayoría
que n o h a tenido en cuenta sus diferencias, y tie nen que vivir bajo la
opresión d el entorno social, p olítico y econ ómico. Considera que las
personas con diversi dad funcional pueden apo rtar a las necesidades de l a
comunidad en la m isma medida que el resto d e hombres y mujeres, p ero
siempre desde la valoración y el respe to de su condición de p ersonas
diferentes (Romañac h & Lobato, 2007; Ferreira, 2010; Lañez, 2010;
Rodríguez-Picavea, 2010; y Romañach, 2010; Moscoso, 2011). Supone el
empoderamiento del indiv idu o, que se convierte en sujeto activo y ci udadano
de pleno derecho. Este modelo “ensalz a las ca pacidades/potencialidades de
la persona que tiene u na d iversidad funcional y, afirma que todas y todos,
personas con y sin diversidad funcion al, te nemos capacidades” (Arnau ,
2014, p.41). En base a e stas ideas, podemos a firmar la importancia de la
transformación de nuestra sociedad en un espacio de c o nviv en cia
democrática, d onde se fomen te la participación de todos los ciudadanos y se
flexibilice la constitución de l os diferentes conte x tos que la componen, tant o
a nivel edu cativo, como económico y social, respe tando las individualidades
de los s ujeto s que conv e rgen e n ella.
El modelo d e vida independiente supone tamb i én un a ví a h acia la
inclusión social, donde los h ombres y m ujeres con diversidad funcional
toman las riendas de su p ropia vida en condición de igualdad de derech os y
oportunidades que las d emás personas. De e sta manera , es la so ciedad
quien determina el mode lo de vida normaliz ado, p ero considera válidas
todas las ví as mientras se consiga el mismo fin. Es decir, las personas con
diversidad f uncional, pa ra tener una v ida normalizada deben acceder a
ciertos servicios, pero no es imprescindible ni son menos válidos p or hacerlo
de una manera diferente al resto.
24
Sin duda, este modelo supone un av a nce para las personas con
diversidad funcional en nuestra sociedad, pues s e reconoce su valor como
personas y su cap acidad p ara vivir su propia vida , dándoles u n lugar similar
al de los otros individuos y dotándoles de muchos de los derechos que
anteriormente se les h abían negado. No obstante, este modelo p resenta
algunas carencias que pretenden ser supera das por el siguiente modelo.
El mo delo de la diversidad, por último , comparte la visión del m odelo
anterior, añadiendo que la situación de diversidad fun ci onal no siempre debe
entenderse co mo un m al o una limitació n. La persona con diversidad
funcional es una persona diferente a otra, cuya pr esencia en nuestra
sociedad debe suponer un enriquecimien to ( Marañ a, 2011).
El cambio más relevan te q ue aporta este modelo es la erradicaci ón del eje
teórico de la capacidad para la apro xi mación al ser humano, sea este
diferente o igual a la mayorí a de la población, para convertirlo en una
cuestión de dignidad. Una dignidad que es inherente a t odos los seres
humanos y que no es tá vi nculada a su capacidad (Romañach , 2010, p.7 6).
Este mo delo na ce en España e n 2006 d e la man o de R o mañach
Cabrero y Pa lacios Rizzo. A rnau (2014) señ ala las características más
importantes de este modelo, que trata de romper con la dicotomía
discapacidad/capacidad, centrándose en la dig nidad intrínseca y extrínseca
de la persona con diversi dad funcional, y que p rocede del p aradigma de
vida independiente, dando valor a la vida de las p ersonas que p ertenecen al
colectivo al que nos referimos.
De e sta manera, se considera que la v ida de las persona s con
diversidad funcional sí merece n ser vividas, que pueden seguir el mismo
modelo de vida que las persona s sin diversidad f uncional, que p u ed en elegir
y to mar sus propias de cisiones, p ero además, se habla de div ersidad o
diferencia como un valor positivo y no como una desgracia, o una ausencia
de capacidades, como veíamos en los modelos ante riores. La relevancia de
este modelo reside en que es la primera vez q ue las persona s con
diversidad funcional deciden a lzar sus v oces, autonomb rándose a sí mismos
a través d e u na terminologí a que do te de una con sideración positiva a e ste
25
colectivo con el objetiv o de transfo rmar la conviv encia entre las pe rsonas
con y sin diversidad fu ncional en nuestra socied ad (Rodrí guez - Picavea,
2010).
El término diversidad funcional nace en enero de 2005 en el Foro de
Vida Independiente, de la mano de Manuel Lobato Galindo (1958 -2009) y
Javier Rom añach Cabrero, do s desta cados activistas en el Mo vimiento
Mundial de Vida Independiente y de la perspe ctiva de Derech os Hum anos
en España. Este concep to supone un cambio cualitativo radical en la
comprehensión humana de esta circunstancia, y po r e xtensión, en la
conviv encia entre unos y otros (Palacios & Rom añach, 2007; Lañez, 2 009;
Ferreira, 2010; Moscoso, 2011; y Arnau, 2014).
Las personas c on diversidad fun cional se han v isto nombradas a lo
largo de la histo ria por personas que no pertenecen al colectivo. Si partimos
de la p remisa de que quien nombra es quien se co nsidera con el poder o la
autoridad suficiente para nomb rar y p rede finir las características de l o tro,
este n uev o giro lingüístico viene marcado p or la a sunción de esta autoridad
por p arte de las personas con div ersidad f uncional, que ahora, en lugar de
asumir las características asignadas por los otros, se ven con el poder
suficiente para autonombrarse y reaf irmar su co ndición de u na ma nera
positiva (Rodríg ue z & Ferreira, 2008).
Romañach Cabrero & Lob ato Galindo definen el término div ersidad
funcional de esta forma:
Las muj e res y hombres con diversidad f uncional somos diferentes, desde el
punto de vista biofísi co, de la mayor pa rte de la población. Al tener
caracterí sticas dif erentes , y dadas las condi ciones de ent orno generadas po r
la sociedad , nos vemos obligados a realiz ar las mismas tareas o f uncion es
de una manera diferente , algunas veces a través de terce ras personas (…)
el término “diversidad f uncional ” se ajusta a una realidad en la que una
persona f unciona de manera diferen t e o diversa de la mayorí a de la
sociedad. Este término considera la diferencia de la persona y la falta de
respeto de las mayorí as, que en su s procesos constr u ctivos sociales y de
entorno, no t iene en cuenta esa diversidad f unci onal (Romañach & Lobato,
2005 ; en Arnau, 2014 , p. 11).
26
Al m ismo tiempo , desde el Foro de Vida In dependiente (s/f), las
personas con diversidad fun cional manifiestan que las diferentes posturas
que han existido respecto al prob l ema de su diferencia, que señala n el
origen de la m is ma e n las pa rticulari dades de la persona, o en la
constitución de la sociedad en exclusiva, no han tenido ningún é xito. Por
ello, co n esta nueva terminología pretenden situar el problema de la
diferencia en un lugar intermedio, que no obvie la realidad.
En efecto, las personas con diversi dad fu ncional asumen y reconocen
que existe la diferencia, pero no la consideran una condición por la que
sentirse inferior o rech azado. Se han visto abocados a sobreviv ir dentro de
una socieda d que tradiciona lmente no h a tenido en cuenta su pr e sencia y
requieren de apoy os materiales y humanos que les permitan acceder a la
misma en igualdad de con diciones. Por esto, su única d esventaja reside en
su manera de desenvolverse dentro de una sociedad que no está preparada
para contar con su presencia por causas ajen as a su condición y a su
voluntad, lo cu al desde nuestra perspectiva, debe ser reconocido como un
mérito personal, más que suponer una discr iminación hacia estas personas.
Las pe rsonas con diversidad fu ncional pretenden que, en ba se a este
concepto, no s olo se r espete y reco nozca su diferen cia (Maraña, 2011), sino
que se valore como una característica que con tribuirá a un en riquecimient o
social y a una convivencia democrática, donde se reconozca a to das las
personas su valor como seres humanos diferentes, libres para elegir su
propia vida y co n igualdad de oportun ida des para acceder a tod os los
ámbitos de la vida, y n o p or una suma de capacidades predeterminadas p or
una mayoría.
33
Quiere esto de cir que so n pe rsonas que poseen diferencias a la hora
de fu ncionar, a la hora de d esenvolv erse e n su d ía a día, pero no p or ello
son menos válidas que el resto ni carecen de capacidades, ni deben ver
mermados sus derechos como ciudadanos. Las pe rsonas con diversi dad
funcional pueden te ne r acceso a todos l os ámbitos de n uestra soc ied ad e n
igualdad de condiciones que el resto si se r ea liz a n las modificacio nes
necesarias a nivel personal y social. Es decir, hablamos de personas que
pueden desarrollar una vida plena, accediendo a los m ismos lug ares y
realizando las mismas a ctiv idades que el resto, pero realizando las
modificaciones pers on ales, materiales y sociales que sean necesarias pa ra
recibirlos; e s decir, pueden alcanzar los mismo s f ines a través de diferen tes
medios.
Es aquí donde su rge el concepto ne ce sida des de apoyo. La s
personas con diversidad f uncional no quieren ser catal ogadas ni
clasificadas. Consideran que cad a persona es diferente en sus capacidades,
su fun cionamiento y s u realidad diaria, por lo que, com o en el caso de las
personas sin div ersidad funcional, no p uede prejuzgarse qué son capaces
de hacer y qué no.
Al gunos autores (Thomp son, Bradley , Buntix, Shalock, Sho gren , Snell
& Otros, 2010) hablan de las nece sidad es de apo yo como constructo
psicológico referido al modelo y la intensidad d e los apoyos ne cesa rios pa ra
que una persona pa rticipe en actividades relac ionadas con el
funcionamiento humano típico. E x iste un desajuste entre el fu ncion amiento
de las personas con div ersidad funcional y l as demandas del entorno e n el
que de ben de senv olverse. De ah í su rgen los apoyos como recursos y
estrategias que mejoran el f uncionamiento humano (Luckasson & Otros,
2002, en Thompson et al., 2010 ; y Snell, Lucka sson, Borthwick-Duffy,
Bradley, Buntix, Coulter et al, 2010).
De esta f orma, las mujeres y ho mbres con diversidad funcional n o se
van a incluir en un g rup o en base a un porcentaje asignado por unos
especialistas, que marcará su nivel d e n or malidad con respecto a l grupo
34
mayoritario, sino que en base a una e valuación ind ividual de sus
posibilidades y su m anera de fu ncionar , se van a establecer unas
necesidades de apoyos que po sibilitarán su acceso a d i ferentes ám bitos y
actividades que an te riormente les hab ían sido ne gados. Los apoyos
recibidos pueden variar de m anera cualitativa y cuantitativa en cada caso y
pueden ser humanos, mate riales o institu cionales , y variables en ca da
momento y lugar.
Romañach & Lobato (2005) hablan d e la utilización del término
diversidad f uncional como sustitutiv o del concepto d e discapacidad
tradicionalmente utilizado. Así, en el caso q ue nos ocupa en est e estudio,
cuando an teriormente hac íamo s referencia a las person as con discapacidad
intelectual, bajo esta nueva te rminologí a u tiliz aremos el concepto personas
con Diversidad Funcional I ntelectual (DFI) , para d enominar a aque l las cuya
diferencia resid e en su funcionamiento a nivel psíquico o intelectual (Foro de
Vida Independiente, 2005; y Lañez, 2009).
1.1.2. Marco con ceptual y situació n actual de l a inclusión
social
La diversidad fu ncion al, según G arcía (20 05) es u na construcción
social q ue tiene su o r igen en procesos soci ales amplios en los que no se
reconoce la diferen cia, y no en e l individuo. De esta f orma, como v eíam os en
el ca pítulo a nterior, la persona con diversidad fun cional es invisible para una
mayoría hegemónica que ha constituido las bases de nuestra sociedad , y no
cuenta con los m ismos derech os que los demás, suponiendo su cond ición
un obstáculo para el acceso a todos los ámbi tos de su vida.
Una de la s mayores barreras de las pe rsonas con diversidad funcional
es la clasi ficación; s e les etique ta, se define su condición p a ra ser
introducidos dentro de u n grupo, atribu yé n doseles unas ca racterí sticas
determinadas en f unción d e l as cuales se l es presupone válido o no para
35
realizar dif erente s tareas. Po r e sta razón, las expectativas sociales respecto
a ellos resu ltan en oc asio nes inferiores a sus capacidades rea les, y están
impregnadas de prejuicios. De esta manera, se co nstruye a su alrededor un
determinado estereotipo que, d e ca ra a la sociedad , va a dificulta r su a cceso
a todos los ámbitos de la misma.
En el presente capítulo co nocere mos los e l ementos que construyen
una sociedad inclusi va y a nalizaremos el papel de las personas con
diversidad funcional dentro de la misma.
Ya sabemos que e l papel de las personas con diversidad fun cional ha
sido el de individuos p asivos, cuya vida merece ser ap artada de la d el resto
de personas, como veíamos en el caso del mode lo d e prescindenci a, o en e l
mejor de los casos, podrían tener una vida como los demás si c onsigue n
desarrollar u nas determinadas capacidades que lo s a cerquen ha cia los
márgenes in staurados dentro de la normalidad , tal como veíamos cua ndo
hablábamos del m od elo m édico (Barton, 1998). En este caso, po dríamos
decir que las personas co n diversidad funcional, de a cuerdo a la asimilación
de ciertos aprendizaje s, pueden llega r a ser integrados en la socied a d.
La integración supone la creación de u na sociedad más igualitaria,
permitiendo el acceso de las p ersonas con d iv ersidad fu ncional d e fo rma
física, social y fu ncional. Pero podemo s encontrar otro concepto incluso má s
completo, que va más allá de la plena in tegración, que ademá s de esto
reconoce u na h ist oria de exclusión que de be ser sup erada y que determ i na
que el proceso de integración de la pe rsona con d iv ersidad funcional debe
estar indudablemente ligado al principi o de i gualda d de oportun ida d es y al
de norma liz ación. Estamo s hablando de in clusión co m o modelo social e
ideológico que a cog e a todos los individuos, indep endientemen te de su
condición social o d e sus capacidades, que les brinda la oportunidad de viv ir
su propia vida en igualdad de d erechos, si endo respetados y reco nocidos
desde la propia sociedad en su conjunto.
36
La inclusión, a d i ferencia de la integración, no exige ún icamente un
esfuerzo por parte del individuo y de los agentes que intervienen en su
proceso educativo -familia, profesionales, e scuela - para alcanzar su
normalización. Paralelamente, exige a la so ciedad en su conjunto un cambio
en sus construcciones relativas a todos los ámb itos de la vida, esto es,
requiere que la sociedad se construya teni endo en cuent a las voces de todos
sus ciudadanos en p os d e garantizar el cum plimiento d e sus derechos y la
satisfacción de sus necesidades. En nuestra legislación se define la inclusión
social como:
El principio en virtud del cual la sociedad promueve valores compartidos
orientados al bien común y a la cohesión social, permitiendo q ue todas las
personas con discapacidad teng an las oportunid ades y r ecursos necesari os
para partici par plename nte en la vida política, económica, social , educati va,
laboral y cu ltural, y para disf ruta r de unas condiciones de vida en igualdad
con los demás ( M SSSI, 2013, en BOE núm . 289, Sec. I, p. 95639 ).
De esta manera, la sociedad admite la pa rtici p ación d e las personas
con diversidad f uncional en to das las esferas v itales, y p romueve la
búsqueda de un bie n común q ue se constituy a de manera d emocrática,
escuchando las voces de todo s los ciudadanos y oto rgando a las personas
con diversidad funcional el mismo v alor y respeto que al resto.
Inclusión Internacional reconoce tam bién la n ecesidad de
participación en las d iferentes dimensiones personales y sociales del
individuo, af ir m ando que “la inclusión se refiere a la o portunida d que se
ofrece a las personas con discapacidad a participar plenamente en tod as las
actividades educativas, de em pleo , c onsum o, recreativas, comunitarias y
domésticas que tipifican a la sociedad del día a día” (Inclu sión In ternacional,
1996; en Tilstone, 2003, p.46) .
Tilstone (2003) a firma que esta def inición trasciende m ás allá de l
concepto de normalización, primando la e x istencia de participación sobre el
concepto de no rmalidad, mientras De Miguel determina que la normaliz ación
requiere pa ra “su aplicación efectiva, de la acepta ci ón so cial y educativa de
políticas d e inclusión social y laboral, que pr om uevan la plena participación e
37
intervención social de personas con discapacidad en los procesos
económicos y sociales” (2010, p .19).
De esta manera, reafirmamos que la normaliz a ción d ebe e star ligada
a la pa rticipación social, a la igualdad de oportuni d ades y a la vida
independiente, y que esta s, junto a las políticas sociales n ecesarias, deben
garantizar la inclusión social de e ste colectiv o. Es decir, la normalización po r
sí misma podría garantiz ar apenas la me ra integración social del indiv iduo
que, adquiriendo hábitos y conductas considerados válidos, accede a los
mismos co ntex tos que el resto , pero no garantiza la p articipación de este
colectivo y la construcción de una sociedad demo crátic a, y po r ende, la
verdadera inclusión social.
La normalización, en e l Rea l Decreto Legislativ o 1/2013, de 29 de
noviembre, se define como “el principio en virtud del cual las pe r sonas con
discapacidad deben poder lleva r u na vida en igualdad de con diciones,
accediendo a los mismos lug ares, ámbitos, b ienes y s e rvic ios que están a
disposición de cualquier otra persona” (MSS SI, 2013, BOE núm. 289,
p.95639). Como vemos, se habla del acceso a los m ismos servicios que el
resto, y del derech o que tienen las personas con diversidad funcional a llevar
una vida en igualdad d e condiciones, pero n o se habla de un cambio social
que contribuy a a flex ibilizar dicha s condiciones e n v irtud de las diferencias
de estas personas.
Siguiendo esta línea, Aradillas (1995) hace una definición más
completa y concisa, recalcando el carácte r de la normalización como un
derecho de las personas con diversidad funcional a vivir de acuerdo con los
hábitos y costumbres prop ias de las personas de su edad, barrio o pueb l o a
nivel so cial y económico, así como a u tilizar los servicios públicos de la
comunidad y a encontrar en ellos la respuesta a sus necesidades, sean
estas de orden sanitario, recreativ o , laboral o inclusivo .
En amba s de finiciones se po ne de manifiesto, de manera más o
menos explícita, la necesidad d el cumplimiento del principio de igualdad de
38
oportunidades para facilitar el acceso y uso de los servici os de la comunidad,
aunque consideramos que la d efinición d e Aradillas podría estar más ligada
al principio de inclusión social , por señalar como asp ecto fundame ntal el
hecho de que la persona con diversidad fu ncional encuentre en estos
servici os la respue sta a su s necesidades. De esta manera podemos
concebir que, para que exista la inclusión social, es clave subrayar la
necesidad de una sociedad que tenga en cuenta las demandas d e todo s los
individuos y no solo las de una ma yorí a , o lo que e s lo m ismo,
comprendemos que se ma nifiesta de m anera ind irecta la necesidad de
participación social de este colectiv o de la que hab lábamos a nteriormente.
Otra principal diferencia que encontramos ent re ambas definiciones, es la
consideración de la última de los n iv eles social y económ i co como
esenciales para la inclusión social, aspect os que tradicionalmente ha bía n
quedado olvidados, centrándose tradicionalmente las acciones dirigidas a la
integración so cial de las p ersonas con div ersidad f uncional a la esfera
personal, desde un enfoque pu r a mente asiste ncial.
Volviendo a los conceptos de participación e igualdad de
oportunidades, T ilston e (20 03) define la inclusión como el proce so por el que
se aumenta la participación y se reduce la exclusión de los ambientes
sociales comune s, mientras De Miguel, de a cuerdo con esta idea, expresa
que "el verdadero sen tido de la inclusión s e entronca directa m ente con el
comportam iento democrático, l a igualdad d e opor tunidades y la justicia
social" (2010, p.191). Por tanto, po demos afirma r que la consideración
positiva de la dif erencia es un valor clave para favorecer procesos de
inclusión social, no limitá ndose dicha consideración a la mera presencia de
los individuos con diversidad fu ncional en las distin tas esferas de nuestra
sociedad, sino fom entando la interrelación entre todos los indi viduos y
reconociendo, respe ta ndo y valorando por igual las necesidade s e interese s
de e ste colectivo. Evidentemente, esta idea implica el reconocimiento de la
diferencia como un valor y n o co mo un a lacra pe rturbadora de dinámicas d e
conviv encia hum ana.
39
De esta forma, ambos au tores reconocen la inclusión como un
proceso participativo y d e d otación d e igualdad de derecho s, que impli can la
inmersión del i n dividuo en la so ciedad a todos los niveles, en situación de
equiparación de oportunidades. Así, la p ersona co n diversidad funcion al, de
tener u n papel pasivo en nuestra so ciedad, en el que recibe apoyos y
accede a los entornos n ormalizados, llega a tener un papel activ o que le
conduce a participar en nuestra sociedad, esto e s, a se r escuchado y
reconocido como un miembro m ás de la misma, en igualdad de condiciones
que los demás. La persona con diversidad funcional no es que sea acep ta da
dentro de nuestra so c iedad, sino que s e reconoce y se a su m e q ue forma
parte de ella. Esto supone la crea ción de una sociedad creada para tod os,
una sociedad más democrática, que respeta y valora la diversidad, d onde se
escuchan todas las voces y se tien en en cuenta las demanda s de todos y no
las de unos pocos.
En e l RD 1/2 013, de 29 de Noviembre, p or el que se a prueba el texto
refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y
de su inclusión social, se def i ne el concepto de igua ldad de oportun idades:
Es la ausencia de t oda discriminación, directa o indirecta, por motiv o de o
por raz ón de discapaci dad, incl uida cualquier di stinción, exclusión o
restricción que tenga el propósito o el efec to de obstaculiz ar o dejar sin
efecto el reconoci m iento , g oce o ej e rcicio en i gualda d de condiciones por las
personas con discapa cidad, de t odo s los derecho s humanos y libertades
fundamentales en los ámbitos polí tico, económico, social, laboral, cultural,
civ il o de otro tipo. Asimismo, se entie nde por igualdad de oportunidades la
adopción de medidas de acción positiv a (MSSSI, BOE nú m. 289, Sec . I,
pág. 95638).
La inclusión parte de la d esventaja social d e este colectivo, b usca ndo
las transformaciones sociales y el reconocimi e nto de la d i ferenc ia, y requiere
de un compromiso com unitario activo, lo q u e a su vez ma nifiesta la
necesidad de cohesión de ntro de la sociedad y no so lo la lucha de interese s
de un determinado grupo.
La inclusión social e stá considerada por Schalock & Ve rdugo como
uno de los indicadores d e calidad de vida, al def inir este térm i no como “un
concepto que refle ja las cond iciones de vida de seadas por u na persona en
40
relación a ocho necesidades fundam en tales que representan el núcleo de
las dimensiones de la vida de cada uno” (20 02, en De Miguel, 2010, p. 10) .
Dentro de esta s ocho nece sidades fundamentales inclu yen tanto el
bienestar emocional y m aterial de la pe rsona, como sus relaciones
interpersonales y desarr o llo personal , que repercuten en el ámb it o p ersonal
del ind ividuo, además de la a utodeterminación e inclusión social y la
dotación de derechos d el individuo, que tienen una repercusión, ta nto a nivel
personal como a n iv el comunitario y social.
Asimismo, el co ncepto de calidad de vida abarca de manera
transversal la s dimensiones educativas, económicas, laborales y sociales del
individuo. Ya hemos visto la importan cia d e la inclusión soc ial como
impulsora de la normalización, integración y participación de los seres
humanos dentro de l a so ciedad. Ahora vamos a c o nocer el concepto de
autodeterminación, que reconoce a la persona con diversidad funcional
como autora de su propia vida, dotándole de p oder en la toma de decisiones
y de responsabilidad sobre sus acciones.
Podemos considerar la a utodeterminación desde dos p e rspectiv a s
complementarias. En primer lugar, podemos hacer referencia a la
autodeterminación como capacidad, englobando en esta las habilidades d e
elección, elecciones y responsabilidad del individuo, considerándola como
una habilidad que pu ede ser adquir ida por las p ersonas mediante
aprendizaje, a través de la interacción co n los otros y con uno mismo.
También p odemos tener en cu enta la autodeterminación co m o d erecho que
garantiza a las p ersonas, independientemente de sus capacidades, la
posibilidad de tener un proyecto de vida, basado en la indiv idua lidad e
identidad y ejerciendo control s o bre sí mi sm os. En el caso d e aquellas
personas co n d iv ersidad f uncional que te ng an la n ecesidad de un m ayor
número de apoyos, la autodeterminación sería ejercida de man era indirecta.
41
De esta forma, se reconoce a las person as con div e rsidad funcional
tanto la capacidad como el derecho a tomar sus propias decisiones y a
determinar su propio proyecto de vida.
En la definición de calidad de vida d e Schalock & Verdu go (2002)
encontramos el emp l eo dentro de las n eces ida des que abarca e l bienestar
material, y el ento rno laboral entre las que abarca la ne cesidad de incl usión
social, reaf ir mándose la inclusión socio-laboral como una de las ví as
principales para alcanzar su c ompleta inclusió n dentro de la comunid ad.
Así pue s, ambos con ceptos so n claves, p uesto que se relacionan y
retroalimentan, y es que “la n orm ali z ación e integración social de los
deficientes mental es adult os depende en gran m an era d el log r o de una
integración lab oral adecuada y de la consecución de unos niveles mínimos
de independencia individual y a daptación de la co m unidad” ( Verdugo, 1989,
p. 11 3; en A radillas, 1995, p. 6 6) . Quizá, por el pa pel pasivo que ha n tenido
que de sempeñar tradicionalmen te las p erson as con diversidad fu ncional
dentro de n uestra sociedad, el empleo sea un f actor clave p ara garantizar la
verdadera inclu si ón social. En efecto, el empleo es un ámbito adulto , qu e
trasciende d el contexto educativo, f amiliar y social de la persona; el e mpleo
consigue liber ar a la persona con diversidad funcional del papel de
dependiente, de “eterno niño ”, que no a sume respon sabilidades y que no e s
capaz de decidir qué quiere hacer con su pro pia vida.
La inclusión social de las personas con diversidad fu ncional en los
procesos económicos y laborales favorece que e stas puedan mejorar su
calidad de vida, así co mo su autonomía y autoestima, y les ayuda a
desarrollar habilidades sociales en un entorno adulto en el que hasta ahora
nos era imposible pensar qu e pudieran acceder las personas que f orman
parte de este colectivo (Scha lock, 2009).
En def initiva, entendemos que resu lta imprescindible la inserción
laboral de las mujeres y hom bres con diversi dad f uncional pa ra garantizar su
inclusión social, p ues su tradiciona l au sen cia e n el mercado labo ral ha
42
legitimado su situaci ón de dependencia y les h a negado lleg a r a v er
reconocido su d erecho a tom ar las riendas de su s vidas, no permitiéndoles
tomar sus p ropias elecciones y asumir responsabilidades propias d e la vida
adulta.
1.1.3. La educació n inclusiva: una res puesta pedagó gica del
siglo XXI
En el ca pítulo anterior conocimos la importancia de con struir una
sociedad inclusiva, en la que las pe rsonas con diversidad fun ci onal puedan
ver recono cidos sus derech os en situación de igualdad y ba jo el respeto a la
diferencia. Pero, para conseguir que e xista u na sociedad sin exclusiones no
podemos o lv idar el pape l de la escuela como instrum ento de reproducción y
legitimación de modelos so ciales , que tradiciona lmente etiqueta y su bordina
a las personas con diversidad funcional y q ue, al m ismo tiempo, es
impulsora de la transformación y el camb io social ( Lópe z Melero, 1 993). En
definitiva, no podemos hablar de so ciedad inclusiv a sin ten er en cuenta la
necesidad de una e ducación inclusiva promotora de igu aldad de
oportunidades y de justicia social (Esca rbajal, Mirete, Maquilón, Izquierdo,
López & Otros , 2012).
En el presente capítulo vamos a indag ar en la importancia de la
escuela inclusiva e n relación con el co ntexto s ocial, y ade más analizaremos
el lugar que han ocupado y que ocup an las personas con DFI den tro del
sistema educativo, en cuanto a espacios y a fundamentos ideológicos.
Desde un punto de vista sociológico, las desigualdades e xistentes
entre los diferente s grupos de la sociedad pueden ser promotora s de una
distribución desigual de los recursos educativos (Gairín, 1 998; en E scarbajal
et al., 2012; y Jim énez & Vilà, 19 99). La escuela d ebe a cog er a un
alumnado con di fe rentes carac terísticas pe rsonales y so cio -culturales, al
cual, sin d istinción de ningún tipo, debe dar u na educación d e calidad en
49
manera crítica las reformas ed ucativ a s españolas que introducen
modificaciones relevantes en la construcción de una edu cación inclusiv a.
La Ley 14/1970, de 4 de Agosto, General de Educación y
Financiamiento de la Reforma Educativa (LGE), es la predecesora a la
LOGSE, y en su preámbulo recoge la idea de la democratización de la
enseñanza, pretend iendo ofrecer a todos los alum nos igualdad de
oportunidades , sin más limitación que la de la capacidad para e l estu dio.
Esta ley, a p esar de pretender regirse por dicho principio, valora la
capacidad, aptitud y aprovechamiento del alumno por encima de otras
variables como la actitud o las ne cesida des e intereses del m ismo. Es decir,
aquellos alumnos que no alcancen las exigencias mínimas f ijadas por la
Administración E ducativ a, no llegarán a conseguir el éxito educativ o, por
primar las necesidades formativas y del mercado laboral s obre las de su
alumnado.
Sin embargo, como hemo s v isto, la Ley Orgánica 1/1990, de 3 d e
octubre, de Ordenación Ge neral del Sist ema educativo (LOGS E), supone un
serio avance hacia una educación inclusiv a, ya que proporciona u n
tratamiento integrador de la Educación Especial, dando u n enfoque más
comprensivo a la edu cación, incorporando la atención a la p luralidad de
necesidades, aptitudes e intereses d e todo el alumnado. Por lo tanto , esta
reforma edu cativ a supone la lucha contra la discrimina ción y la de sigualdad
a través de la v aloración de la v ida comunitaria, pero t a mbién de la
dimensión individual de los e studiantes. De esta m anera, of rece a l individuo
estrategias que le permiten desarrollar su propia ide ntidad, a través de la
aplicación de una evalua ción continua e integ rad ora.
En su plan teamiento ideológico, la Ley Orgánica 10/2002, de 2 3 de
Diciembre, de Calidad de la E ducación (LOCE) dete rmina la con c epción de
una educación para toda la vida, donde las etap as educativas deben ser
dispuestas d e manera continua. Por primera vez observamos el con cepto de
diversidad ref erido al a lumnado, recalcando la importancia de la existencia
de cierta flexibilidad estructural y or ganiz ativa, que p ropicie la adaptación de
50
la educación a diferencias individuales d e aptitudes, necesidade s , interese s
y ritm os de m aduración, a fin de no renunciar a l logro de resultado s de
calidad pa ra todos. Al mismo tiempo, esta re forma sitúa a los alumnos con
NEE en el grupo de Alum nos con Necesidades Educativ a s E specíficas,
junto al alumn ado extranjero y a los que tienen altas cap acida des. Por
último, determina la i mplantación de ay udas y apo yos que garanticen la
equidad educativa para el a lumnado con NEE. En definitiva, la f ormulación
de e sta ley pretende ir m ás allá de la teoría, tratando de prop orcionar a los
alumnos con diversidad f uncional los apoyos y adaptaciones que necesitan
para acceder a una educación de calidad en igualdad de condiciones que el
resto.
La principal aportación de la L ey Orgánica 2/2006, de 3 de Mayo, d e
Educación (LOE) co incide con la int roducci ó n por vez primera del té rmino
inclusión educativa en nuestra legislación. Podemo s observarlo en e l
apartado b) de su artículo 1, entre los principios y fines de la educación:
La equidad , que g ara ntice la igualdad de oportunidades, la incl usión
educativ a y la no discriminación y actúe como elemento co m pensador de
las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales, con
especial atención a las que deriv en de discapacidad. (BOE núm. 106, p.
17164).
Como hemos visto ha sta ahora, en las anteriores reformas educativas
podíamos únicamente obse rv ar ciertas directr ices dirigidas ha cia la creación
de medidas de co rt e inclu siv o, pe ro sin afirmar como f in en sí mismo la
construcción d e una escuela inclu siv a. Est a nu eva redacción su po ne dar un
salto desde la integración de los alumno s con DFI hacia su inclusión, en
tanto que ya no es e l alumnado quien debe tratar de acceder a las
exig encias mínimas d el sistema educativo, sino al contrario. Es el sistema
quien recon oce la d i versidad y heterogeneidad de sus niño s y niñas e
instaura medidas de atención y promoción educativa para ellos y ellas.
La última reforma educativ a que se ha realizado en España, y q ue
todavía se encuentra en proceso de implantación , es la Ley O rgánica
8/2013, de 9 de Di ciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa
51
(LOMCE), y supo ne, desde un a pe rspectiva p edagógica inclusiva, un paso
atrás hacia la construcción de una escuela de e stas ca racterí sticas. A p esar
de conservar las medidas de atenci ón a la diversidad dirigidas al alumnado
con NEE que f ueron constituidas en la últim a reforma legislativ a ,
encontramos algunos puntos contrarios a la puesta en práctica de los
mismos. Uno de e llos se b asa en u no de los fragmentos de este e scr ito, que
señala como imprescindibles pero insuficien tes a las habilidades cognitiv as
del alumnado como elementos fundamentales p ara alcanzar el éxito y la
calidad educativ a, por requerirse a demás el desarrollo d e c ompetencias
transversales. Dicha af irmación, o bviament e, al exigir de la pre sencia de
unas h abilidades c ognitivas dete rminadas, se contrapone a la idea de
ofrecer una educación y f ormación de calidad al a lumnado con DFI, po r
disponer un currículu m ed ucativ o afín a unos estándares de apren dizaje
determinados.
La implantación d e evaluaciones e xternas a l f in al de cada etapa
educativa, legitima la ide a de la homoge neización de las habilidades,
competencias y aprendizajes de los estudiantes, suponiendo un ejercicio de
exclusión para aquellos que no se adapten a las exigencias marcadas por el
currículum escolar, en contra del principio de div ersi ficación e
individualización de los aprendizajes que instituy e la ed ucación inclu siva.
Conociendo los f undamentos y principales ap ortaciones reco gidos en
cada una de las ref ormas educativas realizadas en e l último siglo, tras la
lectura a tenta y detallada de las mismas, pretendemos d isponer además
una comparativa e ntre los capítulo s dedicados a la Ed ucación E special de
cada una de ellas.
La LGE (1970) no s habla de un alumna do deficiente e inadapta do,
cuyo d iagnóstico escolar es respo nsabilid ad de los serv icios mé dic o-
escolares y d e o rientación, y cuya ate nción ed ucativ a co rresponde a los
profesionales de la Pedagogía T erapéutica y a los Centros Especializ ad os.
Como v e mos, el modelo m édico de at ención a los jóvenes con DFI se
muestra presente dentro del sistema educativo y la puesta en práctica de los
52
procesos de a prendiz aje de estos jóvenes se realiza de m anera separ ada al
resto d e la comunidad. Quiere esto de cir que estos alumnos, a p esar de
poder asistir a centros ordina rios, siempre que sus n ecesidades y
características individuales puedan verse satisfechas desde los mismos,
tendrán que ser a tendidos en un régimen educativ o diferen te al resto del
alumnado, desde el cual se les preparará para servirse a sí m ismos y para
sentirse útiles en la sociedad. En los apartad os relativos a la Form ación
Profesional no se menciona la atención a este tipo de alumnado, lo cual no s
da a entender que no son co nsiderados válidos para acceder a ninguna
modalidad de educación postobligatoria.
Volviendo nuestra mirada h acia la LOGSE (1990), ob servamos que
en su apartado destinado a la a tención de los alumnos con NEE, decreta el
uso de adaptaciones y diversificaciones curriculares que permitan l a
participación d e estos en e l p roceso de ap r endizaje, gracias a la presencia
de p rofesionales, medios y m ateriales destinados a tal fin. La e duc ación de
los alumn os con NEE se rige ba jo los principios de normaliz ación e
integración e scolar, dejand o el uso de Centros de Educación Especial pa ra
aquellos casos en los que las n ecesidades de estos no puedan se r
atendidas desde el centro ordinario. En definitiv a , los alumnos con DFI son
reconocidos en su d i ferencia y el sistema educativo trata de ofrecerle s los
medios necesarios para se r atendidos tanto a nivel ed ucativ o , como
formativo o social, teniendo que adaptarse a u nos estándares educativos
mínimos.
La LOCE (2002) sustituye el apartado d edicado a la Educación
Especial por otro titulado “De la Atención a los Alumnos con Necesidades
Educativas Específicas” , d entro del cual encontramos un sub -apartado
destinado a l alumnado que prese nta NEE . Para nosotros, esta m odificación
supone un avance, al no considerar la educación de este tipo de a lumn ado
como un régimen especial ajen o a los procesos que suceden en el sistem a
ordinario de e ducación. No o bstante, estos alumnos son atend idos por
profesionales e speciali zados, y el siste ma educativo po ne a sus disposición
los recursos necesarios para que e stos puedan acceder al cu rrí culum
53
ordinario, lo cual como sabemos, legitima el p aradigma de integración en
educación, donde es el alumno quien debe esfo rz arse para acceder a las
exig encias del currículum e scolar. Al mismo tiem po, en e ste texto legislativ o
se establece la promoción de ofertas formativas ad aptadas a l as
necesidades de estos a lumnos, con la f inalidad de garantiz ar su integraci ón
laboral y social, lo cual su pone un paso adelante en tanto que reconoce las
habilidades de estos para acceder a la vida adulta y al mer cado laboral.
En el ca so d e la LOE (2006 ), el ca pítulo destinado a regular la
situación de los jóvenes con DFI den tro de la escue la se titula “Equidad en
la educación. Alumnado con Necesidades E ducativas de Apoyo E specífico ” ,
y dentro del mismo s e habla d e aquel a l umnado que cuenta con NEE. En
este apartado se ex p one la utilización de apoyos y atenciones p or
diversidad funcional o p roblemas de conducta, rigiéndose la misma bajo los
principios de normaliz a ción e inclusión . P ara ello, se contempla como
prioridad e l acceso de estos alumn os en régimen de esco lariz ación en
centros y a ulas ordinarias, evitando el a cceso a aulas específicas y a
centros de Ed ucació n Especial siempre que p uedan atenderse sus
necesidades personales. Por otra parte, se ratif ica la ide a expresada en la
ley ante rior de f avorecer la continu i dad de estos alumnos en las enseñanzas
pos toblig atorias, pero estab leciendo la adaptación de las pruebas que se
requieran p ara el acceso a cada una de ellas y crea ndo un cupo de rese rv a
dentro de estos n iv eles académicos . De esta manera, se considera que el
alumnado con DFI puede acceder a los procesos eco nómicos y so ciales que
acontecen en la vida a dulta, y se garantiza que su p roceso de inclusión
trascienda a otras esferas de nuestra sociedad.
Por último, debemos reseñar que, además de las ideas previamente
expuestas, la L OMCE (2013 ) no realiz a camb i os signif icativos e n el
apartado dirigido a la atención de los alumnos con NEE, manteniendo las
ideas referidas por el tex to legislativo anterior.
Dejando a un lado estas cuestiones y centrándonos en la definición y
objetivos de la educa ción inclusiva, consideramos signif ic ativo señalar que
54
hablamos d e escuela inclu siv a co mo he rramienta fundamental para fo rmar a
los ciud adanos de una socied ad democrátic a, e n la búsqueda de la igualdad
y la just icia social (Escarbajal et a l., 2012), que se fundamenta en la
atención y el respeto a la div e rsidad d el alumn ado ba jo e l principio de
igualdad de oportunidades. Así, para llegar a abordar todas las
implicaciones que co nllev a pon er en práct ica la creación de una escu ela
inclusiva, vamos a analizar diversas d efiniciones de este concepto en las
que se ponen de manifiesto los principios y objetiv os de la misma:
La finalidad de la inclusión es mucho más amplia que la de la integraci ón.
Mientras que ésta pr etende asegurar el derecho de las personas
(fundamental mente las que presentan al guna discapacidad) a educarse en
los centr os ordinarios, la inclusión aspira a hacer ef ectiv o el derecho a una
educación equitativ a y de calidad para todos los alumnos, ocupándo se
sobre todo de aquellos q ue se encuentran excl uidos o en riesgo de
excl usión, para que puedan conv ertirse en ciudadanos activos y
participativ os, críti cos y solidarios (López-Aznaga, 2011). En definitiv a,
como afi rma Jiménez (2010), la integración es una manera de entender la
diferencia, la inclusión es una manera de entender la igualdad. ( Escarb ajal
et al., 2012, p . 2).
Comprendemos que la diferencia entre e stos dos parad igmas
educativos resid e en que la inclusió n no se co nforma con el acceso y la
atención e ducativa del alumnado con di versidad funcional dentro d el
sistema educativo ordina rio, sino que pe rsigu e al m ismo tiempo e l re speto a
la diversidad d el m ismo. Esta idea se trad uce en u na participación activa de
este tipo d e alumnado, tanto en el propio sistem a educativo como en el
contexto so cioeducati vo a l que perten ece, teniendo en cuenta sus
necesidades e int er eses y f lexibilizando la organización general de estos
contextos, mediante mecanismos de gestión de ca rácter d emocrático.
Gairín reitera la idea de una escuela inclu siv a como promotora de
transformaciones sociales:
Supone, asimismo, un compromiso real con la democra tizaci ón educativa,
al ex pl icitar las intenciones f ormati vas y extender los bene f ici os de una
propuesta a todos los estudi antes. Es aquí donde tiene sentido habl ar de
implicaci ón personal y d e entusiasmo colectivo, del centro educativ o como
unidad básica de cambi o o del reto de las i nnovacion es como ref e renci as
pa ra un cambio más g loba l (2009, en Es carbajal et al., 2012, p .5).
55
Con e sta af irmación e ntendem os que la tran sformación radica
inicialmente en la configuración integral de la escuela, no sol o desde el
punto de v ista legislativ o y cu rricular, sin o también ideológico, donde
además d e una mod i ficación estraté gica, metodológica y proced imental del
sistema educativo en gene ral, el papel de los profesionales de la educa ción,
así como del resto de la comunidad educativa, debe evolucionar en p os de
experimentar ac titudes de participación a ctiva y co operación y de relaciones
interdisciplinares.
La escuel a inclu siv a, co mo marco para el d esarrollo de un conjunto
de valores y cree ncias democráticas, no solo respe ta la diferencia sino que
la v alora como alg o positivo por con siderarla un princ ipio de
complementariedad (Escarbajal e t al., 2012 ). E s decir, la escuela inclusiva
reconoce la heterogeneidad de su a lum nado, pensando e n la d iferencia
como una oportunidad de construir nuevos aprendiz ajes (Moriña, 2008).
Melero (1997) identifica la dif erencia como una apreciación subjetiv a
a p artir de la cu al se pue den originar distintas actitude s, ya sea de rechazo,
aceptación o comprensión, al tiempo que define la div ersidad com o la
identificación de l a persona tal y como es y no co mo se desearía que fue ra o
no fuera , de tal m anera que entendemos l a diversidad como el respeto y la
valoración po sitiv a d e la diferen cia. Educar en la d iv ersidad supone asumir
las diferencias como elemento de p rogreso y rique za de la colect iv idad para
potenciar en las persona s con diversidad funcional las ca pacidades,
habilidades y destrezas n ecesarias para que participen en la toma de
decisiones de la comunidad a la que perten ecen. La educación en la
diversidad supone la construcción de aprendiz ajes y valores , pa rtiendo de
un contexto heterogéneo donde es requisito imprescind ible la f lexibiliz ación
espacio - temporal y de contenidos culturales, a través de metodologí a s d e
trabajo cooperativo y participativo (Melero, 1993).
En el m odelo de integ ració n en ed ucación era el es tudiante quien
tenía que adaptarse a las exig encias de un sistema educativ o que había
sido p ensado para un modelo determinado de alumno ; su éxito dependería
56
de lo cerca que llegase a encontrarse de d icho modelo, tanto a nivel
curricular, como en actitudes y competencias. En contraposición a este
modelo, la inclusión educativ a abo ga por u na flexibiliz ación del sistema
educativo, que se p one a disposición de todo su a lumnad o, teniendo en
cuenta la diversidad del m ismo y respetando la d iferencia bajo los princ ipio s
de igualdad, equidad y participación.
Por último, destacaremos la idea de que educa r e n la diversidad, en
el marco de u na so ci edad demo crática, e s un proceso d iná mico, donde los
aprendizajes dependen d e las ca r acterísticas individuales d e su alum n a do ,
así como de las influencias del entorno educativ o y de los agentes que en él
intervienen. En palabras de Jiménez & Vilà:
Es un proceso amplio, y dinámi co de constru cción y reconstru cción de
conocimiento que surge a partir de la interacción entre per sonas distintas en
cuanto a valores, ideas, percepci ones, intere ses, capacida des, estilos
cognitivos y de aprendizaje, etc., que f av orece la construcción, conscient e y
autónoma, de f ormas personales de identidad y pensamiento , y q ue ofr ece
estrate gias y procedimientos edu cativos ( enseñanz a - aprendizaje)
div ersificados y flexibl es con la doble finali dad de da r respuesta a una
realidad heterogénea y de contribuir a la m e jora y el enriquecimiento de las
condicion es y relacion es sociales y culturales (1999 , p. 38 ).
En definitiva, apostar por la creación de una e scuela inclusiv a im plica
someter el sistema educativo a un proceso de constante cambio, en función
de las demandas del alumnado y de las situaciones derivadas de las
interacciones entre los mismos, de ntro y fuer a del contexto educativo.
En este punto, nos gusta rí a hacer ref eren cia a los a spectos más
pragmáticos de la educación inclusiva, a f in d e comprender cómo es y qué
supone la puesta en práctica de la misma.
En p rimer lugar, debemos hablar de una metodología que considere
las diferen cias individuales del alumnado, para que no sean motivo de
discriminación, sino i n dicadores d el ti po d e apoyos que necesitan (Gin é,
2001). Por lo tanto, la metodología del au l a d ebe sustituir a los modelos
tradicionales de aprendiz aje y ba sarse en los cono ci mientos y ca pacidades
de los que p arte e l alum nado. En definitiva, la metodología debe p erseguir
57
los ob jetivos de un currí culum común (Barri o, 2009) y el ap rendizaje debe
estar centrado e n el aula, teniendo en cuenta las características de todo e l
alumnado. Diversos autores coinciden en señalar la importancia de la
participación de todos los alum nos en los p rocesos de aprendizaje que
suceden de ntro del aula, entendiendo la relevancia del carácter social d e l a
ed ucación (Moriña & Parrilla, 2006 ; Barrio, 2 009; y Susinos & Rod ríg u ez-
Hoyos, 201 1), lo cu al d ebe traducirse en la utilización d e metodologí as de
trabajo colaborativo.
Las metodologías de aprendizaje propias de la educación inclusiv a,
como h emos visto, deben ser f lexibles y de ca rácter cooperativo, lo cual,
como dice Ba rrio (2009) va a po tenciar la participación de todo e l alumnado
y a mejorar las relaciones p ersonales y el respeto mutuo. De e sta m anera,
las m etodologí as de aprendizaje colaborativo, no implican única mente un a
mejora en la calidad de los procesos de aprendizaje de todo el alumnado,
sino también una evolución en los valores de nuestra escuela. Este h echo
favorecerá no solo la educación a nivel individual de los alumnos con DFI y
del resto, sino que además va a contribuir a la construcción de una sociedad
democrática, en la que primen los valores de ig u aldad y diversidad.
En se gundo lugar, la ap licación d e e ste tipo de metodologías requiere
de una adecuada f orm ación del prof esorado. En e ste sentido, autores como
Barrio (2009) apuntan hacia la necesidad de partir de la práctica profesional
y de los con ocimientos previos p ara que e xista un cambio en la fo rma de
ejercer d e los do centes. Es decir, en la formación d el profesorado deb e
primar la reflexión sobre la acción , apostando p or un modelo docente que se
encuentre caracterizado por su compromiso con la educa ción de todo el
alumnado, así como por su interés hacia la investigación y la ind agación de
nuevas prácticas y estrategias.
Por o tra parte, Sales, Moliner & Sa nchiz (200 1) indican además que
la forma ci ón de l profesorado d ebe incluir un a informa ción y cam bio de
actitudes ha ci a la atención a la diversidad y no solo h acia la capacitación
técnica. Por ú ltimo, d ebemos apunt ar las ideas ap ortadas por Giné ( 2001 )
58
de que el trabajo del profesorado se desarrolle tamb i én de manera
colaborativa, fa v oreciendo así el intercambio de experiencias y
estableciendo al mismo tiempo un ejercicio de plani ficación y ayuda mutua
que contribuya a la mejora de la conciencia del equipo docente. Este trabajo
interdisciplinar y de ayuda mutua implica la optimización del u so de los
recursos humanos, y supone una fórmula más de la ex presión de la
participación y democratización del sistema educativo.
En tercer lugar, y te niendo en cuenta la importancia de la utilización
de metodologías colaborativas que a puesten p or la participación de todo el
alumnado, así como de una f ormación de l pro fesor ado basada en la
investigación-acción de la propia práctica docente, la implantación de una
educación inclusiva requiere de un cambio de mentalidad que trascien da
sus p ropios p rincipios retó ricos y que se aventure hacia la realización o
puesta en marcha de acciones educativ as inclusivas.
La puesta en práctica de la educa ción inclusiva re quiere igualme nte
de un cambio en la organiz a ción cu rricular, o rganiz a tiva o m etodológica de
la im plantación de una nueva f ilosofía de la educación (Giné, 2001),
mejorando todo e l sistema p ara co nstruir una e scuela que atienda a las
necesidade s de todos sus estudiantes. Su si n os & Rod ríg u ez-Hoyos (20 11)
nos hablan del reconocimiento de cada alumno como alguien con capacidad
y con oportun idad de participar en los procesos que acon tecen dentro de la
escuela. A sí, la e scuela inclu siv a recon oce y valora a tod o su alum nado y,
por ende, trata de dar respue sta a sus necesidades y demandas, por lo cu al
esta debe estar constantemente sujeta a d ebate y re visión de sus propias
prácticas organizativ as y estructu rales, siendo una institución di námica y
camb i ante que escucha y atien de las voces de aquellos que intervienen en
la misma.
En conclusión, la educación incl usiva surg e como el primer eslab ón
en la co nstrucción de un a s ociedad inclu siv a y de mocrática que a bogue por
la pa rticipación de to dos los ciu dadanos, inde pendientemente de sus
capacidades y nece si dades. La incl u sión educativa imp lica el re speto a la
65
al. (2013), nos hab lan de las características de l alumnado que suele acceder
a e ste tip o de programas. Según los p rimeros, el alumnado que asiste a
es tos programas cuenta con unas ne cesid ades f ormativas prof undas que
requieren de una educación integ ral que le conduzca a solventarlas. Para
Palomares & López (2013), entre este tipo de a lumn os s e encuentran los
jóvenes con d i ficultades en las áreas del apr endizaje que n o desean o no
pueden con tinuar en e l sistema edu cativ o reglado, m ientras los últimos
autores me ncionados aluden a la clasificación de Nieto Cano (2004) que
divide a los alumno s e n riesgo de e xclusión. En e ste grupo observ amos la
presencia de a lumnos que m anifiestan dificultades propiamente cognitiv a s y
del rendimiento académico u otros que se esfuerzan y trab ajan p ero no dan
para más.
Según esta s catalogaciones y d efiniciones, tal y como podemos
deducir, los jóv enes c on DFI son potenciale s d estinatarios de e ste tipo d e
programas. En nuestra o pinión, es cierto que dadas las características
individualizadoras de e stos programas, así com o su ca rácter p ráctico y
potenciador de la transferibilidad de los aprendizajes desde el entorn o
educativo al laboral, los jóvenes co n DFI ti enen m ayores posibilidades de
evolucionar con éxito d entro de los mismos, al contar co n una óptima
estrategia de acercamiento hacia la inserción laboral y h acia el desarrollo d e
habilidades y competencias personales, sociales , profesionales y la b orales.
Tanto los PGS como los PCPI han contado con un considerable
número de alumnos con DFI en su s aulas, pero no podemos concluir que
todos los jóv enes con DFI p uedan acceder a un programa d e estas
características, ni que estos i tinerarios fueran creados con dicha finalidad.
De acuerdo a esta afirmación, revisando nuestra legisla ción educati va
encontramos que la Orden de 19 de sep ti embre de 2002, por la que se
regula el periodo de formación para la tran sición a la vida adulta y labo ral
destinado a los jóvenes co n nece sidades educativas especiales , esp ecifica
como principa les acciones f ormativas los P GS esp e cíficos para el alumnado
con NE E por razón d e discap acidad, y los programas de tran sición a la vida
66
adulta y laboral (P.T.V.A.L.) . Debemos destacar que este texto legislativ o
supone, en el momento de su publicación, una e v olución significativ a en
cuanto a la programación educativa ofrecida hasta el momento a sus
destinatarios. El cambio m ás importante de la m isma viene de la man o de la
inclusión en el currículum de los ámbitos de au ton omía p ersonal en la vida
diaria y de inte gración social y com unitaria (León et al., 2 006). No obstante,
en su A rtículo 2, establece las características que d eterminan el a cceso de
los usuarios de cada uno de los itinerarios que hemos mencionado :
1. Los programas correspondi entes al peri odo de f ormación para la
transición a la vida adulta y laboral están de st inados a los jóvenes q ue
hayan f inali zad o la f orm ación básica de carácter obligatorio en un aula o en
un centr o especí f ico de educación especial con adaptaciones muy
significativ as del cu rrículo.
2. Al finalizar el período de formaci ón básica de carácte r ob ligatorio, el
equipo educativ o decidirá, en función de las c apacidades, ha bili dades y
destrezas alcanz adas por el alumnno/a, qué tipo de programa ha de cursar
para lograr los objetiv os del periodo de f ormación para la transición a la vida
adulta y lab oral. (CEC, B OJA núm. 125, p . 2).
Atendiendo al texto que citamos, debemos ser con scientes de que
nuestro sistema educativ o se enca rga de valorar y clasificar al alumn ado con
NEE en función de sus habilidades y competencias cognitivas y so ciales,
estableciendo los itinerarios educativos a los que deben asistir una vez
finalizan la etapa de educaci ón obli gatoria. Así , a qu ellos jóvenes que
cuentan con mayores necesidades de apoyo so n e nviados a cen tros y aulas
que les proporcionen una atención educativa específica para el alumnado
que co mparte sus mism as ca racterísticas. Esto s alumn os, si cuentan con un
nivel suf iciente d e autonomía pe rs onal y social, podrán acceder a unidades
específicas de PGS o, en caso contrario, tend rán que asistir a un P.T.V.A.L.
A la luz de e sta valoración, d ebemos concluir a firmando que los PGS
o los PCPI de ca rácte r o rdinari o dejan una puerta abierta al alumnado con
DFI que cuen tan con una serie de habilidad es y compe tencias mínimas que
les han propiciado desarrollar su trayectoria educativa dentro de centros
educativos ordinarios, gracias a la presencia de adaptaciones curriculares y
apoyos educativos poco significativos. Es d ecir, son jóvenes que desde su
acceso al sistema e ducativo ha n adquirido sus apren dizajes e n contextos
67
inclusivos, y que cuen tan con un n iv el a ceptable de competencia curricular y
de hab ilidades pe rs onales y sociales, de acuerdo a las exigencias de las
enseñanzas que mencionamos. En def initiva, estamos hablando de jóvenes
con DFI que se acerca n a un determinado niv e l de normaliz a ción.
Volviendo a la naturaleza y organización d e los PCPI, a continuac ión
vamos a realizar un profundo análisis comparativo respecto de los nuevos
Ciclos de FPB, considerando la organización, estructura y funcionamiento de
ambos, apoyándonos en los aspectos normativ os d e los mismos y en las
opiniones de diversos inv estigadores en esta materia.
Los PCPI, tal como afirman Pa l omares & L ópez (2013), se encuentran
enmarcados e n el modelo de escuela inclu siv a, teniendo como piedras
angulares los principios de atención a la div ersidad y d e e quidad e n la
educación, recalcando que la diferencia debe f ortalecer el grupo. De h echo,
estos programas aparecen e n el Título III de la LOE (2006) destinado a la
Educación Se cun daria Ob ligatoria, siendo entendidos como un a m edida de
carácter comprensivo de l sistema educativo que a boga por la prolo ngación
de la escolariz ación de todos los jóvenes, y por su posterior incorporación al
mercado laboral.
Los Ciclos de FPB se def inen en e l apartado X del P reámbulo de la
LOMCE (20 13) como una de las m edidas para f lexibili zar las tr ayectorias
educativas, contribuyendo a q ue cada estud iante pueda des plegar tod o su
potencial. A l mismo tiempo, p ersigue n la existencia de una mayor
permanencia de esto s alumno s dentro del sistema educativo. En def initiva,
podríamos refe rir que los objetivos y constitu ción d e am bos programas son
similares. No obstante , la lectura atenta y detallada de la LOMCE nos hace
observar la principal mo dificación que suf ren estos programas: en su Artículo
39.3 expone que “la formación profesional comprende los Ciclos de
Formación Profesion al Básica, de grado medio y de g rado superior (...) ”
(LOMCE, BOE núm. 295, Sec. I, p. 97886). Es decir, y a no suponen una
medida compensatoria de a tención a la diversidad d el alumnado, sino que
pertenecen a las etapas de educación pos tobligatoria, aun qu e a fectan a los
68
estudiantes de la ESO.
Nogués (2014) critica duramente este hecho apoy ándose en e l
primero de los objetiv o s de la LOMCE de reducir la tasa de abandono
escolar. El a utor considera que a e ste tipo de formación se derivan los
alumnos que no e stán alcan zando las comp etenci as e xig ida s en la ESO
(entre los cuales se encuentran los jóvenes con DFI) y que, de se guir
matriculados abandonarán, definiendo esta situación como un ejerci cio de
segregación. A l enviarles a los Programa s de FPB, si d eciden a bandonar, ya
no constarán como alumnos de ESO sino de FPB y no se entenderá como
abandono temprano. De e sta manera, el porcentaje d e titulados en E SO
aumenta y ta mbién e l número de titulados en f ormación profesiona l, y
aparentemente mejora la calidad y el é x ito de nu estro sistema educativo.
Desde nuestra pe rspe ctiva, n os parece un auténtico d islate el hecho de que
se promueva, e n rea lidad, un pretend ido m aquillaje d e datos so bre la
inclusión y exclusión d e esto s jóvenes que, hasta la f echa, han s ido y son
susceptibles víctimas del denominado fracaso escolar.
Los requisitos de acceso d e ambo s programas también difieren de
una normativa a otra, ampliando la última de estas la e dad de acceso . L a
LOE, en su Artículo 30.1., espe ci fica los r equisitos que d ebe cumplir e l
alumnado que desee acceder a e stos progr amas. Los alumnos deben tener
más de 16 añ os y no hab er obtenido la titu lación de Gradu ado en ESO.
Excepcionalmente, los alumnos de 15 años que hayan cursado el primer
ciclo de ESO y no estén en condicion es de promocionar a 3º, y que h ayan
repetido un a vez en Secun daria, podrán acceder a u n PCPI siempre que se
comprometan a cursar el 2º curso de estos programa s. Por su pa rte, la
LOMCE en su Artículo 41.1 detalla que la edad de acceso a estos
programas se s itúa entre los 1 5 y 17 añ os de edad, y que es requisito el
haber cursado el primer ciclo de ESO, y ex cepciona l mente el segundo.
Además, los alumnos deben ser propuestos por el equipo docente p ara su
ingreso en este tipo de programas. Como podemos observar, los FPB limitan
la eda d m áxima de a c ceso de l alumnado, excluyendo d el sistema ed ucativ o
formal a aquellos que superen los 18 años. De e sta manera, los jóvenes que
69
quieran obtener una titulación oficial, deberán optar po r obtener el Grad uado
en ESO a través de la Edu cación d e Adultos . Deb emos tener presente que
los destinata rios de los PCPI son jóvenes que, por d iv ersas circunsta ncias ,
no c onsiguen alcanzar los objetivos propuestos por la ESO. Acc eder a un
programa de fo rmación pro f esional puede ser una med ida acertada para
ellos, por contar e sto s con una m etodologí a dif erente, po r su aplicación
práctica de los aprendizajes y por su organización más f lexible e
individualizada. Deriv a rlos de nuev o a un programa de ESO, e n este caso
para adultos, resulta cua nto menos contradictorio y desesperanzador para
estos jóvenes.
Respecto a la organización de ambo s programas formativos, la Orden
de 24 de Junio de 2008, por la que se regulan los programas de cualificación
profesional inicial , dispone que la duración de los PCPI será de dos cursos
académicos, de jando a todo s los a l umnos repetir un a vez, y do s vece s en el
caso de a lumnos con NEE (CE CD , BOJA núm. 157). En el caso de los
Ciclos d e FPB, el Real Decreto 127/2014, de 28 de Febrero, manifiesta que
la d uración d e estos será de dos a ños y que los alumn os podrán repetir
hasta dos veces (M ECD, BOE n úm. 55 ). Sin contemplar otras cuestiones
derivadas de los módulos a cursar y los objetivos exigidos, podemos
observar que no existe ninguna medida d e compensación para el alumnado
con NEE en la regulación de los FPB. Mientras , los contenidos de los PCPI
se organizan en base a la siguiente estructur a:
A rtícul o 30. Programas de cualificaci ón profesional inicial (…) 3. Los
Programas de Cual ificación Profesion al incl uirán tres tipos de módulos :
a) Mód ulos espec í f icos referidos a las unidades de competencia
correspondien t es a cua lificaciones de nivel uno del Catálogo
citado.
b) Mód ulos formativ os de carácter general que amplí en
competenci as básicas y f avorezcan la tr ansici ón del s istema
educativ o al mundo laboral.
c) M ódu los de caráct er voluntario para los alumnos, que conduzcan
a la obtención de l t í tulo de Graduado en E ducaci ón Secund aria
Obligatoria y q ue pod rán cursarse de m ane r a simultánea con los
módulos a los que se refieren los anteriore s párra fos a) y b) o una
vez superados es tos. (LOE, BOE núm. 106, p . 17171 ).
70
En la Orde n de 24 de junio de 2008, por la que se regulan los
programas de cualificación profesional inicial, se detallan los módulos que se
incluyen en cada una de e stas categorí a s. De esta manera, en el apartado a)
se incluirán aquellos que estén referidos a las unidades d e competencia de
Niv el 1 del Catálogo Nacional de Cuali f icaciones y Formación Prof esional ,
así como un módulo de f ormación en centros d e trabajo, a fin de afianzar las
competencias adquiridas. En e l apartado b) se encuentran el módulo de
proyecto emprendedor, el de participación y ciudadanía, y un tercero de libre
configuración. En el último módulo se encuentran el módulo de
comunicación, e l social y el c ientífico -tecnológ ico (C EC , BOJA núm . 157).
Como podemos obs ervar, los mód ulos o bligatorios se d irig en a la
adquisición de competencias y habilidades personales, so ciales, laborales y
profesionales que pretenden garantizar al alumno una i n serción de c alidad
en el m ercado de tra bajo. El m ódulo voluntario consta d e a prendizajes de
carácter academicista, a f in de que el alumno alcance los objetivos y
competencias mínimos exig idos para la obten ción del Graduado en ESO.
Por su parte, los Ciclos de FPB sig uen la estructura que mostramos a
continuación:
Artícul o 42. Contenido y organizaci ón de la ofert a . (…) 4. Los ciclos de
formación profesional bási ca g a rantizarán la adquisici ón de las
competenci as del aprendizaje permanente a trav és de la implantación d e
enseñanz as org aniz adas en los siguiente s blo ques:
a) Bloque de Comuni cación y Ci encias Sociales
1º. Lengua Cas tellana
2º. Lengua Ex t ranjera
3º. Cienci as Sociales
4º. En su caso , len g ua c oo ficial.
b) Bloque de Ci encias Apli cadas
1º. Matemáticas Aplicad as al Contexto Personal y de Aprendizaje
en un Ca mpo Profesion al
2º. Ciencias Aplicadas al Contexto Personal y d e Aprendizaje en
un Campo Profesional (LOM CE, BOE núm. 295, Sec. I , p.
97889).
Podemos darnos cuenta de que, mientras en los PCPI el alumnado se
forma en u na e specialidad profesional a través de la práctica y del
aprendizaje de con ocimientos aplicados a l ca mpo laboral, adquiriendo al
mismo tiempo otras competencias útiles e n el ámbito so ci o -profesional, los
71
alumnos de los programas d e FPB centran sus aprendizajes en la
adquisición de contenidos académicos aplicados en ocasiones a las
características del ámbito profesional. Desde nuestro punto d e vista, en e l
segundo caso corremos el riesgo de que los ap rendiz ajes que se imp arten
no respondan acertadamen te a las n ecesidades e inquietudes de su
alumnado. Al mismo tiempo, el aprendizaje de una especialidad profesional
viene marcado por la adquisición de materias instrumen tales ajena s al
campo laboral elegido por el alumno, lo cual va a dificultar la ap lica ción
práctica de los aprendiz a jes y su transferibilidad al entorno laboral.
Como hemos referido con anterioridad, los PCPI tienen como
novedad respe cto de los PGS la acred itació n de la formación. En el caso de
los alumnos q ue superen los módulos obligato rios mencionados, dicha
acreditación se realiza mediante una certi ficación académica expedida po r
las administraciones educa tivas, que tendrá efectos de acreditación de las
competencias profesionales ad quiridas en relación con el S istema Nacional
de Cualificaciones y Formación Profesional. Los alumnos que además
cursen satisfactoriamente l o s módul os v oluntarios, obtendrán el título de
Graduado en Educación Secundaria, pudiendo acceder si lo des ean a u n
Ciclo Forma tiv o de Grad o Medio (CFGM) . Por su parte, lo s nuevos
programas de FPB conducirán a la misma acreditación d e competencias
profesionales que los PCPI. El artículo 42. 4 de la LOMCE afir ma:
(…) Las enseñ anzas de la Formación Profesional Básica garantizarán al
menos la f ormación necesa ria para ob tener una cualificación de niv el 1 del
Catálogo Nacional de las Cual ificaciones Profesi onales a q ue se refiere el
artícul o 7 de la Ley Orgánica 5/2002, de 19 de junio, de las Cuali ficaciones y
de la Formación Pro f esiona l. (BOE nú m . 295, Sec. I, p. 97889) .
Este título profesional b ásico, a l igual que en el caso de los PCPI,
permitirá al alumno a c ceder a un CFGM. En e l caso d e n o su perar todo s los
bloques pro fe sionales en el tiempo de permanencia máximo, se dará a l
alumno un certificado académico de a quellos bloq ues y mó dulos que sí ha ya
superado, e l cual te ndrá efectos académicos y d e a creditación pa rcial
acumulable a las competencias prof esionales adquiridas en relación con el
72
Sistema Nacional de Cualif icaciones y Form ación P rofesio nal. Por otro lado,
los FPB no conducen a la obtención de u n título de Graduado en ESO como
ocurría en el caso de los PCPI. En e ste caso, los alumnos ten drán que
superar una prueba para conseguirlo.
Respecto a las medidas de a tención a la d iversidad, vamos a analizar
cuáles so n las i niciativas planteadas ta nto a nivel esta tal como a utonómico
para satisfacer las n ecesidades d e aquellos alumnos que presentan
dificultades para acceder al currículum educativ o.
Palomares & López (20 13) refieren que l os P CPI deben generar
ambientes de apre ndizaje que, a provechando las capacidades, respondan a
las características, intereses y e stilos de aprendiz aje de cada a lumno ,
potenciando su m áximo desarrollo. A su vez, García -Ruiz & Sá nch ez (20 12),
manifiestan que e sto s programas deben estar dotados de un carácter
especial y adaptarse a las características concreta s del colectivo de
estudiantes a l que trata d e dar un a respuesta educativa de calidad. Si
además consideramos la Orden de 24 d e jun io de 2 008, por la q u e se
regulan los p rogra m as de formación profesional inicial, que en su título
preliminar afirma que “la ofe rta de p rogram a s de cu alificación profe sional
inicial en Andalucía estará en caminada a satisfacer las necesidades
personales, sociales y educativas del alumnado, adaptándose a las
características de este” (C EC , BOJA núm . 157 , p. 7), debemos con cluir
afirmando que la oferta formativa de estos programas e st á encauzada a
abordar la he terogen eidad d e un alumnado que procede de diferentes
colectivos que tienen a sus espaldas una larga histo ria d e exclusión. Por lo
tanto, resu lta significativ o señ alar que la meto dologí a utilizada desde los
mismos debe ba sarse e n la individualización de los aprendizajes a través de
unas estrat egias puramente práctic as .
Considerando estas id e as, y teniendo en cu enta las ne cesida des de
apoyo que p resentan los jóvenes con DFI para acceder al sistema ed ucativ o
y al mercad o laboral, la lectura y análisis de l a citada Orden no s desvela que
existe un a oferta de programas especí ficos para el alumnado con NEE que,
73
teniendo d iferentes tipos y grados de ca pacidades personales de orden
físico, psíquico, cognitivo y sensorial, te ngan u n nivel de autonomía personal
y so cial que les permita acceder a un trabajo, pero no a un prog ram a de
cualificación profesional ordinario. Desde es tos programas e xiste al mismo
tiempo la p osibilidad, para a quellos a lumno s que lo requieran, de realizar
adaptaciones curriculares en f unción de las características específicas de
estos. El número de alumnos de cada u na de esta s un idades e spe cíficas e s
reducido, en función de los tipos de necesidades de apoy o de estos.
En los PCPI ordina rio s, el número máximo de alumnos a utoriz a do es
de 2 0. Pueden ser admitidos h asta tres alumno s con NEE en ca da u no de
estos grupos, reduciéndose el n úmero total de alumnos a 15 para poder
atender con mayor eficacia a la diversidad del alumnado. Con la
implantación de la LOMCE, se mantiene la existencia de unidades
específicas d e FPB y el nú mero de alumnos por gr upo dispue stos en los
PCPI (MECD, BOE núm. 55, Sec. I). Al m ism o tiempo, el núm ero de
alumnos de los grupos ordinarios sigue siendo 20 . S in embargo, aunque en
estos grupos pueden continuar existiendo 3 alum nos con NE E en régimen
de integración, el nú m ero total de a lumno s en el grupo será de 20. Por lo
tanto, aume nta l a ratio d e alumnos en estas aulas, pe rjudican do así la
atención integral e individualizada de su s estu diantes, dificultando la
flexibilización y adap tación de los co ntenidos a las n ecesidades de cada uno
de los alumnos, tengan o no NEE. En nu estra opinión, esta cir cunstancia
supone un paso hacia atrás en la calidad de estos programas fo rmativ os, así
como en la ca lidad de la atención a la d i versidad por parte de nuestro
sistema educativo.
Y es que el prob lema de la FPB con respecto a la inclusión educativ a ,
desde n uestra perspectiva, es que este tipo de programas resultan ser u na
medida estructural de atención a la diversidad, que va a f avorecer la
exclusión de los alumnos con NEE del sistema educativo o, en el mejor de
los casos, va a supon e r que tengan un a tit ulación i nferior al Graduado en
ESO. El pro blema que subyace es em inentemente de corte co nceptual, y es
que se pretende incrementar el número de titulados en formación
74
profesional, y para que e s tos estudiantes no se m archen de l sistema
educativo, se l es proporciona una se gunda o portunidad, de peor calidad y
con un título con menor prestigio so cial y académico que el Graduado en
ESO.
Igualmente, en la LOMCE no qued a claro cómo se debe abordar la
atención a la div e rsidad en esta e tapa ed u cativa, q u e se gún este tex to
legislativo, e s o bligatori a. Es decir, para m uchos estudiantes, los programas
de FPB constituyen el ú ltimo p eldaño de la enseña nza o bligator ia hasta
cumplir los 16 años, de ta l manera que no podemo s hablar de que esta sea
una medida de educación compensatoria que atienda a la equidad de todo el
alumnado.
En co nclusión, los prog ram as d e formación p rofesional destinados a
los jóvenes que no logran alcanzar los objetivos de aprendizaje fijados por el
sistema educativ o , resultan ser una medida a certada para facilitar la
continuidad de esto s dentro de l mismo y su posterior acceso a la vida adulta
y labo ral. Pensamos que es importante que en estos p rogramas se abogue
por la implantación de una m etodologí a práctica, capaz de atender a las
necesidade s del alum nado, y que dichos programas estén ce ntrados en l a
adquisición por p arte de e stos de habilidades y com petencias socio -
laborales, en contra de exig en cias academicistas y homogeneizadoras.
Al mismo tiempo, a pesar de co mpartir f ines parecidos, n os
mostramos escépticos en cua nto al tránsito d e los PCPI hacia los FPB como
una me dida de me jora de la calidad de la e ducación. Los PCPI, al ofrecer
una doble titulación y p resentar los módulos más academicistas un carácter
optativo, f acilitan que los jóvenes con DFI vean al menos certificado s u
aprendizaje en competencias profesionales, suponiendo e ste hecho una
plataforma de acceso al me rcado laboral ordinario. Sin embargo, en n uestra
opinión, los Ciclos d e FPB, d ada su estructura, organización y exigenc ias
curriculares, pueden resulta r menos a sequibles p ara los jóvenes con DFI, no
permitiéndoles e n much as o casiones obtener la titu lación profe sional
correspondiente.
81
planteamiento a l conocer las siguiente s consideraciones que a parecen en el
Real Decreto 290/2004:
La duración mí nima del enclave será de tres meses y la duración máxima de
tres años, y se podrá prorro gar por periodos no i nferiores a tres mese s hasta
alcanz ar la indicad a duraci ón máxima.
(…) El enclave solo podrá prorrogarse si el centro especi al de empleo
acreditara que la empresa colaboradora u otra empresa del mercado
ordinario de trabajo hubieran contratado con carácter inde finido a
trabajadores con discap acidad del enclave a los q ue se re fiere el artí culo
6.2, según la sig uien t e proporció n:
a) Cuando se trate de enclaves que ocupen hasta 20 trabajadores , un
trabajador , como míni mo.
b) Cuando se t rate de enclav es que ocupen a un número supe rior de
trabajadores , dos tr aba jadores, como mínimo. (MTAS, 2004, BOE núm. 45,
p. 8388).
De este artículo destacaremos dos ideas que argumentan nuestro
de sacuerdo con la idea de estos autores de que los enclaves labo rales
facilitan la c ontratación de l os trabajadores co n div ersidad funcion al dentro
de la e mpresa ordinaria. Por un lado, p ara que un trabajador sea
obligadamente contratado en la empresa ordina ria, debe h aber pasado tres
años trabajando dentro del enclave la boral. Por otro lado, que una v ez
transcurridos los tres años, solo será exigida la contratación indef i nida de un
trabajador o dos por más de 20 trabajadores que se guirán dentro del enclave
laboral. De esta manera se perpetúa en al m enos u n 95 % de los
trabajadores del enclave labo ral la situación d e trabajo en un e mpleo
protegido, retrasándose por tiempo indefinido su tránsito al empleo den tro de
la empresa ordinaria.
Tanto en el ca so de los Cen tros Ocupaciones como de los CEE,
consideramos que son contextos segregadores donde las personas con DFI
acuden m ás con el ob jetiv o de o cupar su tiemp o que de acceder al mercado
laboral ordinario. El miedo d e las familias, la propia inseguridad del in dividuo
y las retice ncias d el mercado laboral hacen que se perpetúe la estancia de
estas p ersonas en estos servicios p rotegidos. En el caso de los CEE, al
funcionar como empre sas, tienen que sacar adelante un trabajo p r oductivo;
cuando uno de sus trabajado res adquiere las competencias necesarias para
realizar dicho trabajo productivo, e l CEE procurará ma ntenerlo dentro de la
82
empresa en lugar de dejarlo ir al m ercado laboral , para compensar las
carencias de otros trab ajadores que aún estén adquirien do dichas
competencias, por lo cual e ste tipo de serv icios vela más por su propia
superviv encia que po r la calidad de vida del usuario.
Desde nuestra perspectiva, pa rece lógico su brayar que s ería
necesaria una m odi f icación a nivel legislativo que determinara clar amente
los límites del uso de los servici os protegidos pa ra garantizar l a inclusión
laboral y social de estas personas , e v itando así que se dé un mal uso de los
mismos. Ad emás, sería necesario promover la concienciación d e todos los
agentes que inte rv ienen e n el proceso f ormativ o -laboral del in dividuo, para
que tengan claro los fine s de este tipo de servici os y d en un adecuado uso a
los mismos.
1.3. El Emp l eo co n A po y o
En es te capítulo c onoceremos la definición y caracte rí sticas de la
metodología d e Em p leo con Apoyo co mo herram ienta pa ra la inclusión
socio-laboral de los jóv e nes co n DFI , y analizaremos las implicaciones
prácticas d e la im plan tación de la mism a. Conjuntamente , observaremos la
realidad a ctual de esta práctica, estudiando las diferentes ini ciativas
legislativas e institucionales a nivel e uropeo, nacio nal y autonómico que
existen p ara e l fo mento de l empleo de este colectivo en empresas del
mercado laboral ordinario.
1.3.1. Defin ici ón y características
El E mpleo co n Apoyo surg e e n los año s 19 70 y 1980 en paí ses
anglosajones como Esta dos Unidos y Canadá, al reconocer que los
programas de rehabilitación y f ormación profesional que fueron creados par a
la fo rmación y prom oción pa ra el empleo de las personas con diversidad
funcional, realmente han contribuido po co a la integración laboral de este
83
colectivo. Se considera que el m ero entrenamiento en habilidades laborales
no es suficient e para encontrar y conserv ar un empleo. En este contexto,
podríamos con siderar a Paul W ehman (1992) como el teór ico inspirador de
esta metodología de trabajo que de fine como:
Un empleo competi tivo en entornos integrados, p ara aquellos individuos que
tradicionalmente no ha n tenido esta opo rt unid ad, util izando entrenad ores
laborales preparados adecu adamen te y fomentando la formación
sistemática, el desarrollo laboral y los ser vi cios de seguimiento entre otr os.
( W eh man, Moon, Everson, W ood & Barcus, 1987; en Verdugo , 2006, p.
144).
Más ade lante completa esta definición recalcan do el ca rácter
remunerado de la actividad, así como la presencia d e apoyos y la n ecesidad
de f lexibilidad dentro de l puesto de trabajo, ha ciendo hincapié en que no
debe confundirse esta mo dalidad de empleo con otra de tipo fo rmativo u
ocupacional. Deja también de mani fiesto que e l empleo supone un puente
para la promoción de la inclusión social del colectiv o .
Empleo r emune rado para personas con discapaci dad intelectual para las
que el empleo competi tivo al nivel o po r encima del sal ario mí nimo es
especialmente dificultoso, ya que por causa de s u discapacidad necesitan
apoy o continuado para ejecutar su trabajo. El apoyo es proporcionado a
través de actividades como en t renami ento, superv isión y tr anspor te. El
Empleo con Apoyo se desarrolla en una variedad de ambientes, y en
particular, en los lu g ares de trabajo en lo s que las persona s con
discapacida d se encuen tran e mpleadas.
El Empleo con Apoy o es una combinaci ón del empleo y de servi cios a lo
largo del tiempo. Es un tipo de empleo, no un método de preparación para el
empleo ni un tipo de actividad de los servicios. Es una vía poderosa f lex ible
para asegurar los bene ficios normales deriv ados del empleo, proporcio nar
apoy o cont inuad o y apropiado, cr ea r oportunida des, y alcanzar participación
plena, integración y f lex ibilida d (W ehman , Sale & Parent, 1992; en Verdugo,
2006, p.144) .
Consideramos esta medida de inserción laboral mu cho má s adecuada
que los cen tros o cupacionales y los CEE por su carácter inclusivo, ya que
permite de sde el p rin cipio la participación de las personas con DFI en los
entornos laborales, ajustándose estos a las necesidades del trab ajador,
mediante la utilización de los apoyos que nec esite.
Verdugo (2006) nos p resenta la de finición o ficial en Estados Unidos
de la publicación de McGayg h ey & Man k (1999), donde vemos que la
84
inserción laboral d ebe centrarse en la pe rsona, teniendo en cuent a además
de sus capacidades, sus intereses personales:
Empleo compet i t iv o en ambientes integrados de tr abajo , o empleo en
ambientes integrados de t raba jo en los que los trabajadores están
trabajando hacia el empleo competitivo, consistente con las potenciali dades,
recursos, prioridades, capaci dades, intereses y elecciones realizadas por las
personas... para person as con discapacidade s más signi ficativ as: (a) p ara
las q ue el e mpleo competitiv o t radicionalmente no ha tenido lugar, o (b) para
las que el empleo competitiv o ha sido interrumpido o intermitente c omo
resultado de una discapacida d significativa, y quienes, po r causa de la
naturalez a y se verid ad d e su discapacida d, necesitan servici os inva sivos de
empleo apoy ado ( p.145) .
Es decir, el Empleo con Apoyo se desenvuelv e dentro de un ámbito
competitivo y p roductivo, por lo que el trab ajador a sume responsabilidade s y
debe cu mplir con u nos determ i nados ob jetiv o s. Por otra p arte, vemos que
debe tenerse en cuenta, a demás de sus potencialidades y capacidades, sus
intereses y e lecciones, y es por esta razón que el trabajador con DFI toma r á
sus prop ias decisiones y, e n la m edida de sus posibilidades, podrá de cidir e l
tipo de trabajo que quiere desempeñ ar. En este tipo de empleo, los
profesionales actuarán com o orientadores o guías del proce so de o rientación
laboral, pero escuchar á n e n to do m omento las demandas de las persona s
con DFI y no sus propias directrices o lo s deseos de las familias, pues de
otro modo la inclu sión labo ral sería un proceso p asivo, donde las decisiones
son tomadas por otros agentes.
A lo largo de los a ños 80, la metodología d e Empleo con A poy o
comienza a extenderse por Eu ropa, en países co mo Francia e Italia, p ero no
es h asta pr incipios de los 90 que, tomando com o p rincip al referente a
W ehma n, comien z an a ponerse en marcha este tipo de práct icas en España.
Verdugo, co mo uno de los principales investigadores españo l es en este
campo, basándose en las definiciones del autor e stad oun idense y junto a
Jordán de Urríes, propone la siguiente definición:
El empleo integr ado en la comunidad dentro de empr esas normaliz ad as,
para personas con di scapacidad que tr adici onalmente no han tenido
posibil idad de acceso al mercado laboral, m edia nte la provisión de apoyos
necesarios dentro y f uera del lugar de tr abajo , a lo larg o de su vida laboral y
en condiciones de empleo lo m ás similares posible en trabajo y sueldo a las
85
de otro trabaj ador sin discap acidad en un puesto equiparabl e dentro de la
misma empresa (Jordán de Urríes & Verdugo, 2001; Verdugo & Jordán de
Urrí es, 2001; en Ve rdugo, 2006 , p.145) .
Como h emos visto, el Emp leo con Apoyo, o empleo integrado, está
dirigido a las personas que, por vivir en una co ndición de desventaja so ci al
debido a su diversidad funcional, se han v isto segregados del mercado
laboral ordina rio. Al mismo tiempo , como ca r a cterística principal, destaca la
presencia de apoyos dentro del puesto de trabajo que pe rmitan al trabajador
adecuarse al m ismo para obtener un rend imiento equiparable al de cualquier
otro.
Verdugo & Jor dán de Urrí es (200 7) reconocen la necesidad d e
proporcionar una fo rmación estratégica d entro de l lugar de trabajo, así como
de realizar u nas modif icaciones laborales, para que e x ista un mayor
equilibrio e ntre las habilidades del trabajador y los re quisitos del puesto de
trabajo. Esto es, para que la inclusión laboral se produ zca, e l trabajador
debe ser f ormado en el puesto de trabajo y adquirir co mpetencias
personales y laborales, pe ro además e l entorno laboral debe flexibiliz arse y
adaptarse a las necesidades de apoyo del trabajador con DFI, fa cilitando su
acceso y exigiéndole que realice determinadas ta reas en la medida d e sus
posibilidades.
La legislación español a, en su Real Decret o 8 70/2007, d e 2 de julio,
por el que se r egula el programa de Emp l eo con Apoyo como me dida de
fomento de emp leo de personas con discapacidad en el mercado ordinario
de trabajo , n os presenta una definición algo más concisa, pero que inclu ye
los elementos más imprescind ibles:
Conjunto de accion es de orientación y acomp añamiento indi vi dual en el
puesto de t rabajo, pres tadas por prepa radores laborales especiali zad os, que
tienen por ob jeto facili tar la adaptación social y laboral de trabajado res con
discapacida d con especi ales dificultades de i nserción laboral en empr esas
del mercado ordinario que trabajan en condiciones similares al resto de los
trabajadores que dese mpeñan pues t os e quival entes. (M TAS, 2007, BOE
núm. 168, p. 30619).
86
De esta cita podemo s ob servar que , al igual que ocurre en la primera
definición que vimos de W ehman, se nombra e xplí citam ente la presencia de
profesionales c u ali ficados que actúan como m ediadores dentro del entorno
laboral, apoyando las tareas de apren dizaje del puesto de trabajo y de
socialización con los co mpañeros. De nuevo se recalca la importancia de
tener unas condiciones labo rales equiparables a la del resto de trabajadores.
Pero esta definición hace referencia a l Empleo con Apoyo como una
metodología d e trabajo que se d a so lo en e l mome nto de la inserción lab oral
y de la ada ptación al pu esto, sin tener en cue nta otras dim ensiones
personales del trabajador co n DFI antes, dur ante y después de la m isma.
La Eu ropean Unio n of Supported Employment (EUSE) co nsidera
insuficiente e sta d efini ció n por centrarse en e l mero con tex to de l puesto de
trabajo, y conside ra el modelo de Empleo con Apoyo como u n sistema
puesto en ma rcha por varias entid ades, que se divide en varias fases:
valoración y diagnóstico inicial del trabaj ador, búsq ueda de e mpleo y
acciones de intermedi ación laboral, ajuste de los apoyos d entro y fu era d el
entorno laboral, y mantenimiento y seguimiento del puesto de tr abajo.
Por su parte, Ara d illa s (19 95) identificó solo tres fases dentro de l
proceso de Empleo con Apoyo pero, como v a mos a exponer, no se ce ntra
solo en el contexto laboral: en primer lugar nos habla de orientación, en la
que se contem plan los programas de orientación profesi onal y vocaciona l, se
delimita el perfil profesional del usuario y se realiza una detección de
necesidades formativas; en segundo lugar, señala la importancia de una
adecuada formación , que debe ser ind ividualiz a da y deb e cap acitar a la
persona con d iversi dad f uncional para su acceso a un puesto de trab ajo
ordinario. En este tipo de programas se f or ma al usuario en habilidades de
ajuste p ersonal y social, así como e n nociones de acercamiento al me rcad o
laboral. Por último, se realiz a la inserción laboral, donde el usuari o recibe
apoyo y seguimiento dentro del puesto d e trabajo para el m antenimiento d el
mismo a lo largo del tiempo.
87
Asimismo, Egido (2009) hace una estructuración más exhaustiva de
este p roceso, dentro del cual identifica cuatro fases que fa vo rece rán e l
correcto funcionamiento de la inserción labo r al del u suario. En p ri mer lugar
nos prop one la creación del perfil profesional del candidato y su posterior
orientación labo ral; en se gundo lugar, la bú squeda a ctiva de un e mpleo
acorde a sus características persona les e inte reses; a contin uación, la
adaptación al pu esto de trabajo y el entren a mien to e n las tareas a realizar y,
por último, el seguimiento del desarrollo laboral.
Por ello, y como hemos ex presado co n anterioridad, l a me todol ogí a
de Empleo con Apoy o a barca todo el proceso d e inserción laboral del
individuo, desde la orientación pr ofesional y búsqueda de un empleo
adecuado a su perfil laboral, ha sta la obtención y adaptación del pu esto de
trabajo y la f ormación en las tarea s a realiz ar dentro del m ismo, para
terminar con el seguimiento p untual de los profe sional es de este tipo de
servicios para el mantenimiento del puesto de trabajo, el cual debe tener
unas condiciones similares a la s de cualquier otro.
Cabe destacar que, a e xcepción de Aradillas (1995), en el rest o de
autores y especialistas sobre la temática (Egido, McGayghey & Mank,
Verdugo & Jordán de Urríes, y W ehman), así com o de instituciones
nacionales e internacionales (EUSE, Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales, y Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igua l dad), podemos
observar la ausencia de re f erencias a u na f o rmación previa e n habilidades
de ajuste p ersonal y social y en nociones de acercamiento a l mercado
laboral, que debe ser ad aptada a las necesidades del individuo y que
facilitará al trabajador con DFI la a dquisición de los apren dizajes de ntro del
propio puesto de trabajo.
La caract erística principal de este proceso de inserción l a boral es la
presencia de apoyos que acompañan y ay udan al individuo en su proceso de
adaptación y de desarrollo profesional. Thomp son et al. (2010) su brayan las
necesidades de a poyo com o un constructo social basa do e n la p remisa de
que e l f uncionamiento humano está influido por e l nivel de con gruencia en tre
88
la cap acidad individual y los entorno s en los que se e spera que u n ind ividuo
funcione. Por lo tanto, e l ob stáculo de las pe rson as con DFI para acce der a
un e ntorno laboral ordina rio radica e n las e xigencias de u n entorno que no
ha tenido en cuenta sus dificultades. La p resencia de apoyos
individualizados, de diferente tipo e intensidad, suponen u na ví a de acceso a
un contexto norma li zado, comprendiendo a las person as desde sus
necesidades de apoyo y no de sde s us déficits.
La necesidad de a poy os de una persona puede v ariar ta nto en
número como en naturaleza y son u na característica má s duradera que
temporal, por lo que, ad emás de una e valuación fiable d e las ne ce sidades
personales de l usuario, es n ecesaria la realización de un a juste co ntinuo
entre sus necesidades y pref ere ncias y los a poyos que recibe. T ho mpson et
al. (2010) señalan la importancia, a lo la rgo d e este p roce so, de una
adecuada co ordinación e ntre las familias, las escuelas y las a gencias d e
adultos que presten este tipo de servici os.
La prestación de apoyos a persona s con diversidad f uncional d ent ro
del puesto de trabajo, hace p osible su desarr ollo en un en torno laboral
normalizado. Dentro de los apoyos en el puesto de trabajo, encontramos los
apoyos naturales como una importante v ía de normalización.
Centrándonos en los apoyos naturales, observamos que son
“aquellos a poyos p r oporcionados en e l entorno de trabajo que son
coherentes con la cultura del luga r d e trabajo y pueden a yudar a la pe rsona
no solo en e l trabajo, sino también fu era de él” (Kierna n, 2001, p. 60). Dicho
de otro modo , según Verdugo (2006) y Verdugo & Jordán de Urrí es (2007)
los apoyos na turales se identifican con cualquier estrat egia, recu rs o, relac ión
o interacción que se produce dentro d el pu esto de trabajo y que es
proporcionada por pe r sonas, p r ocedimientos o equipamiento s que provienen
del propio entorno laboral. De e sta manera , estamos hablando de
experiencias y situaciones reales que no son mediadas a través de un
profesional o un se r vici o pre viamente pensado y e structurado pa ra la
inserción laboral de la persona, lo que garantiz a una inclusión más e ficaz.
89
Ciertamente, este tipo de a poyos suponen una m ediación de
aprendizaje desde un pu nto de vista pe dagó gico y social, ya que l a idea es
construir p uentes cognitiv o s y co nductuales que fa ciliten a l joven con DFI su
progresiva y óptim a inclusión socio -laboral, y esto implica atender a un a
concepción más bien constructivista de las relaciones personales
favorecedoras del bie nestar y buen rendimiento d el jov e n en su puesto de
trabajo. De esta manera, e l acceso de l jove n con DFI a un empleo no so lo
supone un beneficio ind ividual y persona l d el propio trab ajador, tanto en su
dimensión laboral como social, sino que implica además una optimización
del entorno laboral a nivel global d esde un a perspe c tiva human iz adora,
propiciando relaciones sociales heterogéneas que favorecen el acercamiento
de l as personas con y sin DFI. Como consecuencia de dicho acercamiento,
la visión social acerca de este colectivo evoluciona, su perando barreras,
prejuicios y estereotipos sociales.
Encontramos el término tipicidad en relación a la presencia de a poy os
natura l es, que hace referencia al grado de similitud entre las caracterí sticas
de acce so, d esarrollo profe sional y social del em pleo de la persona con DFI
y de o tros profesional es que ocupen ca rgo s similares dentro de la misma
empresa. La existencia de una mayor tipicidad no implica el abandono de l os
apoyos nece sari os para el co rrecto funcionamiento de la pe rsona dentro del
puesto.
Otro de los elementos claves para la form ación en el puesto de
trabajo y la inclusión d entro del entorno lab oral es la figura de l preparador
laboral. El pre parador lab oral es un profesiona l esp ecializ ado en fo rmación
laboral que a compaña al trabajador con DFI dentro de la empresa, aunque la
duración e intensidad del apoyo de be variar en f unción d e las necesidades
concretas d e cada trabajado r, adaptándose su intervención en fu nción de las
diferentes situaciones que se presentan dentro de l contexto laboral.
El papel de este profesional, además de fa cilitar los aprendiz ajes
laborales al trabajador, aporta seguridad tanto a e ste como al emp resari o
que le contrata y a su s com pañeros. Pallisera (2005) re fleja la importancia
90
de est a figura por ser valorada m uy positivame nte po r las e m pre sas, tanto
que supone que de no haber interv enido, muchas personas no habrían
podido integrarse laboralmente .
De tod as las op ci ones de e mpleo que veremos en esta investigación,
la metodología de Empleo con Apoyo e s la ú nica m edida que consideramos
realmente inclusiv a, p or su aplicación de ntro de un entorno ordinario y por
permitir a l joven con DFI compa rtir unas condiciones si milares a las que
disfrutaría cualquier otro trabajador en el mismo puesto de trabajo.
Por lo tanto , y a la lu z del análisis expuesto de la cu estión, podemos
afirmar que e l Empleo con Apoy o es una metodología inclusiva de trab ajo
que se centra en las capacidades e intereses de la persona, y q ue adopta
las medidas n ecesaria s para garantizar el acceso de la persona con DFI a
un e ntorno normalizado. La implantación de apo yos es elemental, med i ante
la adaptación del puesto de trab ajo a las caract erísticas del trabajado r, así
como l a f ormación y acom pañamiento por parte del preparador laboral, y la
presencia d e o tros apoy os natu rales que pueda n e ncontrars e dentro d e la
empresa.
1.3.2. Estrategias y acciones de incl usión l abora l en Eur opa,
España y A n dalucía
A continuación vamo s a con ocer las me didas legislativ as e
institucionales m ás r elevantes , emprendid as a nivel e uropeo, nacional y
autonómico con el objetivo de po tenciar la inserción laboral de la s personas
con diversidad funcional. Al mismo tiempo, nos detendremos en describir y
valorar de manera crítica las im plicaciones y consecu encias que p odrí an
devenir de la implantación de las mismas.
En estas líneas, haremos referencia al cole ctivo de personas con DFI ,
por se r nu estro centro d e interés, aunque esto s p rogramas y acciones s e
97
enmarca dentro de la Estrateg ia Euro pea por el Empleo (EEE ), puesta en
marcha en el Consejo Europeo de Luxemburgo de noviembre de 1997.
Existen dos programas op erativos Equal, uno inicial que tie ne lugar en
los añ os 2000-2006, y e l segundo p rograma , que tiene lugar en e l periodo
comprendido entre el añ o 2007 y e l 2 013. Dentro d e este programa se
enmarcan las prioridades relativ a s a a poyar e l d esarrollo local, aprovechar
las ventajas y el potencial de empleo de la so ciedad de la información , e
integrar las políticas de igu aldad de oportunidades entre homb res y m ujeres.
Además, contribuyó a l f omento del d esarrollo sosten ible y la protección d el
medio ambiente (CEE Cast illa- La Manch a, 2014). Se rige b ajo los principios
de complementari edad, capacitación, innovación, coopera ción transnacional,
igualdad de op ortunidades, e nfoque int egra do y co ncentración y capa cidad
de trans ferencia. Destacaremos de este p rog ram a que en la ejecución de los
proyectos que se lleven a cabo dentro del m ismo, es elemental para las
personas con DFI que se rijan bajo el p rincipio d e ig ua ldad de
oportunidades, que garan tiz a la equidad en el acceso al me rcado laboral de
los destina tarios, a sí com o que exista una adecuada difu sión a niv e l
internacional para que, a través de otras experiencias, se puedan superar las
barreras ideo lógicas que siguen existien do e n nuestra sociedad y que
perjudican el acceso al empleo de estos colec tivos.
Sabemos que la Unión E uropea cuenta con el Fondo Social Eu ropeo
como p rincipal estrateg ia de financiación y promoción del empleo y de la
mejora d e la fo rmació n p rofesional y las condiciones laborales de tod os los
ciudadanos de la m is ma, en la búsqueda de la equidad y la igualdad de
oportunidades. T ambién hemos cono ci do las diferentes iniciativas
comunitarias que se han p uesto en marcha desde la creación del FSE donde
tiene cabida la promoción d e la f ormación profesional e i nserción l aboral de
las personas con diversidad funcional.
A continuación vamo s a conocer cómo, de sde Europa, se impulsa d e
manera directa la implan ta ci ón del emp leo ordinario de las personas con DFI
a través de la metodología de Empleo con Apoyo en los d i ferentes estados
98
miembros. La principal institución p r omotora de esta metodología de emp leo
es la European Union of Supported Employment (EUSE).
La EUSE es una Organ iz ación no Gu bernamental que se forma en
1993 con el o bjetivo de facilitar el E m pleo con Apoyo en toda Europa. Es
miembro del Foro Europeo de la Discapa c idad (EDF) y de la A sociación
Europea de Servicios p ara Personas Discapacitadas (EAS PD). A ctualmente
está f ormada por 18 países, que son: Alemania, Austria, Dinamarca,
Escocia, Esp aña, Gales, Grec ia, Italia, Islandia, República Checa, Inglaterra,
Irlanda, Irlanda del Norte, Finlandia, Noruega, P a íses Bajos, Portugal,
Suecia y Suiza (EUSE, 20 14).
La EUSE trabaja para facilitar la difusión d el Em pleo con Apoy o en
toda Europa, a través de la promoción de dicho modelo, del interc a mbio de
información y con ocim iento de buenas p rácticas, así como del de s arrollo d e
servici os m odelo. Al mismo tie mpo, la EUSE proporciona una plataforma
para la creación de una red de contactos con otras organiz a ciones y
asociaciones tanto a niv el e uropeo como a niv el mun dial (EUSE, 20 06).
Con el ob j etivo de compartir experiencias sobre esta metodo logí a d e
trabajo, en la búsqueda de la difusión y m ejora de la práctica de la misma,
esta organización conv oca la l lamada Conferencia de la EUSE, que es de
carácter bianual y cada vez se ce lebra en una ciudad d iferente de los
estados miembros.
Otras d e las acciones emp rendidas p or esta organiz ación son el
intercambio de información a través d e circulares, bolet ines, correo y p ágina
web, así como la creación de rede s de contacto entre las organiz aciones
europeas y el trabajo con otras organiz a ciones a nivel mundial. Por o tro lado,
realiza otras fun cione s, co mo influir en la política económica y so cial de la
UE, crear nuevas asociaciones nacionales , asistiendo y apoyando o tras
organizaciones e n la creación de sus p r opias asociaciones naciona les,
además de hacer c ampaña y presio nar en favor de los derechos de las
personas con diversidad fu ncional que sufren los ob stáculos d e impo rtantes
99
barreras so ciales a la hora de acceder a una f ormación profe sional y a un
empleo, y por último, i nvestigar y e laborar modelos de buenas prác ticas, de
formación de personal , d e estándares de calidad, de autode fensa, de
capacitación y de legislación (EUSE, 2006).
Muchos han sido los avances en materia de e mpleo que se han
producido gracias a la int ervención de esta o rganiz a ción, pe ro todaví a está
inconclusa la elab ora ción de un inf orme sob re la situación legal y de
regulación de l Empleo con A poy o en los distintos países de la UE, aunque
cada vez son más los países que contemplan una regulación específica del
mismo, lo cual supone un claro impu lso en su desarrollo (INICO, 2002). Con
la creación de una regulación específic a común a todos los países
miembros, se facilitaría la pu esta en marcha de los proyectos llevados a
cabo por las inst it uciones sociale s de los d iferentes estados, a l mismo
tiempo que se evitarían abusos y malas prácticas en la inserción laboral de
los trabajadores con DFI.
En definitiva, hemos podido observar u n alto grado de compromiso
por p arte de la Unión Europea hacia la inclusión socio -laboral de este
colectivo, a través de la imp lantación de d iv ersos programas de impulso d el
empleo, destinando un presu puesto conside rable hacia la f inanc iación de
estos. Dichas líneas de actuación resultan positiv a s y de un gran alcance ,
por suponer a demás el intercamb io de información en c uanto a estrategias y
medidas de inserción laboral, que p ueden contribuir a la d ifusión del Em pleo
con Apoyo e n los distintos países, promocionando modelos de interv e nción
que servirán de ejemplo a futuros programas.
Bajo e stas consideraciones, te ne mos que recalcar la ne cesida d de
establecer una continuidad entre las líneas de actuación propuestas a n iv el
europeo y las prácticas puestas en m archa por los países miembros, lo cual
supondrá una mejor gestión de los recursos disponibles, que repercutirá en
una difusión más óptima y e ficaz de la implantación de programas de
Empleo con Apoy o, facilitando la inserción laboral de las personas con DFI.
100
1.3.2.2. Estr ategias y acciones de inclusión lab oral en Españ a
Respecto al ámbito nacional, la primera referen cia legisl ativa de
apoyo a la inserción lab oral de las personas con DFI la encontramos en la
Ley 13/1 982, de 7 de a bril, de integración social de las personas con
discapacidad, que nace con el objetivo de aprobar la atención y los apoyos a
estas personas y sus f amilias. Esta ley supone un gran avance en la
situación social y laboral de las personas con DFI por implantar medidas de
equiparación de o portunidades que garantizaban su s derechos a través de
apoyos co mplementarios, ayudas técnicas y servicios espe cializados que le s
permitieran alcan zar la plen a inclusión social. Así, en su artículo 37
especifica el d erecho de este colec tivo a incorpo rarse d entro de l m ercado
laboral ordinario o, en su defecto, de acceder a u n puesto d e trab ajo en un
centro protegido :
Será f inal idad primor di al de la política de empleo de t rabajado res
minusv álidos su integración en el si stema ordina rio de traba j o o, en su
defecto, su incorporació n al sistema productivo mediante la f órmula especial
de trabajo protegido que se menciona en el artí culo cuarent a y uno ( 1 982,
BOE núm. 103 ).
De este mod o, se reconoce a e ste colectivo la posibilidad de participar
en los contextos laborales y eco nómicos, aunque podemos entrever que se
pretende realizar cierta d istinci ón en función de las cap a cidades d e los
trabajadores, encauzando su inserción la boral a espacios más o menos
inclusivos. E s posible que d icha distinción tenga que v e r con el tip o de
diversidad fu ncional de d ichos trabajadores, en cuy o ca so conside r amos que
aquellos que poseen una DFI e stán abocados a acceder a estos ú ltimos,
viendo sesgadas sus oportunidades de inclusi ón social.
Por otra pa rte, esta misma ley en s u Artículo 34.2 re fiere la
recuperación profesional de los trabajadores con diversidad funcion al a
través de medidas f ormativas, entre las que podrá incluirse la fo rmación
dentro de la empresa:
Las activ idades f ormativas podrán i mpartirse, además de en los Centros de
carácter g eneral o especial dedicados a ello, en las Empresas, siendo
101
necesario en este último supuesto , la f ormali zación de un contrato especial
de formación p r ofesi onal entre el minusv álido o, en su caso, el repre sentante
legal, y el empresario, cuy o contenido básico deberá ser f i jado por las
normas de desarrollo de la presente Ley, en relación con lo dis puesto en el
artícul o once del Esta tuto de los Traba jadores ( 1 982, BOE nú m. 103 ).
A pesar de las diferencias devenidas de la modalidad de contratación,
podemos considerar las idea s plan tea das en esta cita como un antecedente
de la metodología de E mpleo co n Apoyo, por plan tear que la form ación
profesional se produzca dentro del puesto de trabajo.
Bajo estas ideas, pensamos que esta medida legislativa supone un
serio avance en mate r ia de inclusión so ci o -labo ral de las personas con DFI,
y que contribuye se riame nte al im pulso de la contratación laboral de estos
trabajadores dentro del m ercado laboral ordinario , aunque e videntemente
presenta ciertas insuf iciencias, de las cuales algunas se ha n ido salvando en
posteriores decretos legislativos.
A p esar d e que el anterior documento podía insp irarnos a lgunas ideas
de las depositadas en la m etodologí a d e E mpleo con A poyo, no es ha sta
1991 que llegan a España las p rime ras manifesta ci ones de la misma de la
mano del Simposio In ternacional de P alma de Mallorca. E n este S i mposio se
dieron a conocer experiencias internacional es sob re esta me tod ología de
trabajo, como la norteamericana, en cabez ada por W ehman, y la irlande sa,
encabezada p or Lync h, y o tras experiencias na cionales c omo el P royecto
Aura, que es promovido p or Canals y Dom énech en Cataluña, y T reball amb
Support, promovido por Bellver, Moll, Roselló y Serra, en Baleares (Martí n ez,
2001; y Canals, 2003).
El Proyecto Aura de Barcelo na nace en 1989 como una iniciativ a
pionera en España en la imp l antación de l Empleo con Apoyo, que dirige su s
acciones ha cia la inclusión so cio -la boral de pe rsonas con S índ rome de
Down (Verdugo, Jo rdán d e Urrí es & Be llver, 1998; y Sanahuja, Núñe z &
Jurado, 2001). Este programa, además d e promover la inserción labo ral de
este colectivo, aboga por la pa rticip ación social y la ind ependencia personal
de e s tos, trabajando bajo tres programas básicos, que son:
102
- Programa de autonomía personal y fo rmación laboral prev ia.
- Programa de preparación, inserción y seguimiento labor al.
- Programa de formación continua.
Proyecto Au ra es u na entidad sin ánimo de lucro, que nació como
asociación y que desde 2004 adquiere el carácter de fundación p riv ada.
Actualmente cue nta con nume rosos programas de a poy o a la vida
independiente y a la inserción so cio-laboral de personas con Síndrome de
Down y e s miembro de la EUSE y la AESE (Fundación Proyecto Aura,
2014).
Por su pa rte, el programa Treball amb S uppo rt h a p ermitido demostrar
la utilidad de la metodologí a y procedimientos de esta fórmula de empleo
para que diferentes colectivos de personas con d iv ersidad f uncional puedan
obtener y mantener un puesto de trabajo en el mercado ordina rio (Verdugo
et al., 1998).
Así, la presenta ción de am bas iniciativas en el Simpo sio de P alma de
Mallorca supone un a vance en cuanto a la aparición y el im pulso de nuevos
programas de inserción socio -laboral bajo la metodologí a d e Empleo con
Apoyo en España, que contribu ye al m ismo tiempo a la im plantación de una
serie de me didas legislativas, inst itucionales y so ciales q ue supon drán la
consolidación de esta fórmula de e mpleo a nivel nacional.
Cuando hablamos de medidas de impuls o a la implantación d el
Empleo co n Apoyo en Esp aña, tenemos que mencionar la fun dación en
1993 de la Asociación Española de Empleo con Apoyo ( A ESE), que co incide
cronológicamente con la creación de la EUSE. E sto se debe a que Espa ña,
junto a Irlan da, Portugal e In glaterra, resulta ser p ionera en la implanta ció n
de esta metodologí a d e inclusión la boral en Europa, po r lo que dichos p aíses
se co nstituyen como miembros f undadores de e sta institución (Verdugo &
Jordán de Urríes, 2002; Canals, 2003; y AESE).
103
El represen tant e español d e la EUSE es Miguel Ángel Verdugo
Alonso, directo r del Instituto Universitario de Integración a la Comunidad
(INICO), cu ya labor se dirige a la inclusión social de las personas con
diversidad funcional, abordando sus investigacione s temáticas relativas a la
participación, la calidad de vida y la inclusión e ducativa y laboral, entre otras.
Podemos e ncontrar numerosos e stud ios impulsados por esta institución
sobre el acceso a l empleo d e personas c o n DFI bajo l a metodología de
Empleo con Apoyo, lo cual ha contribuido a la difusión de la práctica de l
mismo, así como a una m ejora de la con ci enciación so cial hacia la inclusión
laboral de este colectivo.
Volviendo al á mbito legislativo, la Ley 51/2 003, de 2 de diciembre, d e
igualdad de oportunidades, no discriminación y acce sibilidad universal de las
personas con discapacidad, supuso un renovado impu lso a las políticas d e
equiparación de las personas con diversidad f uncional , por centrarse en l a
lucha hacia la no rma liz ación y a ccesibilidad un iv ersal d e este colectivo.
Respecto al ámbito formativo y socio -laboral, se recoge la necesidad de
realizar en el entorno de trabajo las a daptaciones n ecesarias para que estas
personas puedan desarrollar su actividad con total normalidad. Como
vemos, estas medidas van d irigidas a la flexibilización de los ento rno s
laborales, que deberán a daptarse a las necesidades y demandas de los
trabajadores con diversidad funcional.
Respecto a la normativa relativa al Empleo con Apoyo, no es hasta
2007 que se aprueba el Real Decreto 870/2007, de 2 de julio, por e l que se
regula e l programa de Empleo con Apoy o como m edida de fome nto d e
empleo de personas c on discapacidad en el mercado ordinario de trabajo, en
el que se recogen las políticas y prácticas relativas a esta fó rmula,
realizándose una def in ición de esta m etodolo gí a, y e xplicitándose el p roceso
de puesta en marcha y de con cesión de subvenciones d e la mism a, así
como las relaciones entre las disti ntas entidades que colaboran en el
proceso y la im plicación de los p rofesionales dentro de estas (MT AS, 2007).
Tras la lectura y análisis d etallado de este t exto legisl a tivo , podemos decir
que e sta medida co ntribuy e a que se produzca un a mayor difusión de
104
programas de e mpleo promovidos p or las instituciones so ciales de apo yo a
la inclusión socio-laboral de las p ersonas con DFI que se en marquen en esta
metodología de tra bajo. Al m ismo tiempo, la pro moción d e ince ntivos
económicos y la regulación salarial facilitan el p roceso de co ntratación de los
trabajadores con DFI, produciéndose adem ás una evolución resp ecto a la
concepción d e la s ociedad en g eneral , y de los e mpresarios en p articular ,
sobre las habilidades profesionales de e stas personas, que g racias a este
tipo de programas pueden darse a conocer como trabajadores dentro del
mercado ordinario.
Otra p olítica destinada a la mejora de la situación socio -laboral de las
personas con DFI, la en contramos en e l Real Decreto Le gislativ o 1/2 013, d e
29 de n oviembre, po r el que se aprueba el Texto Re fundido de la Ley
General de derechos de las person as con discapacidad y de su inclusión
social, entre cuyos objetiv os se encuentra:
Será f inalidad de la política de empleo aumentar las t asas de actividad y de
ocupación e inserción laboral de las personas con discapaci dad, así como
mejorar la calidad del empleo y dignificar sus condiciones de trabajo,
combatiendo activament e su disc r iminaci ón (M SSSI, 2013a , Art. 37 ) .
Como podemos deducir de la p resente cita , las políticas y prácticas de
inserción socio -laboral, no solo van en cauzadas hacia el acceso al mercado
productivo, sino también a l desarrollo óptimo del mismo mediante la mejora
de sus co ndiciones, con el objeti vo de equipararse a las de l resto en la lucha
de este colectivo contra la exclusión o discriminación de cualquier tipo.
De manera simu ltánea a la publicación de e s te documento se divulga
el Plan Naciona l de Acción para la Inclusión So cial del Reino de E spaña
2013- 2016, q u e incluye un apartado e specí fico a la i m plantación de
medidas d estinadas a la inclusión social de personas con d iv ersidad
funcional, teniendo como intereses principales el acceso al m ercado
productivo y la vida independiente (MSSSI, 2 0 1 3b).
Entre las líneas de intervención recogidas e n e ste documento
dirigidas a ta l fin, se hace especial én fasis en el empleo, la educación y la
105
formación de las pers onas con d iv ersidad funcional y su p articipación en los
diferentes ámbitos sociales. Al m ismo tiem po, entre sus ob j etivos se
encuentra la m ejora de la capacitación prof e sional a través de una oferta
integrada y adaptada a las necesidades del mercado laboral y a los intereses
profesionales de este colectivo, así como la necesidad de realizar ca m pañas
de difusión inf ormando a e stas personas d e los recursos comunitarios de los
que pueden disponer, entre otros.
Resulta significativo señalar que, a pesar d e ser difundida desde e l
año 2005 la te rminolog ía propuesta por el colectivo al que no s refe rimos que
pretende sustituir la denomina ci ón de personas con d iscapacidad por la de
personas con diversidad f uncional, tanto en el Real Decreto 870/2007, co mo
en e l Real Decreto Leg islativo 1/2013 y en el Plan Nacional de Acción para
la In clusión Social del Reino de España 2013 -2016, que son publicadas
posteriormente, se sigue manteniendo la tradiciona l denominación propuesta
por la OMS. Bajo nuestro punto de vista, resulta co ntradictorio regular las
políticas d e inclu sión social de este co le ctivo sin ten er en cuenta las
demandas y a vances realizados po r el m ismo, lo cual no s hace pensar que
la imp lantación de dicha s políticas pod ría resulta r insuficiente en su puesta
en práctica, no permitiendo alcanzar los objetiv o s fijados.
En def initiva y a la luz del análisis realizado, consideramos que la
legislación existente relativa a la inse rción lab oral de las personas co n
diversidad funcional, así como la c oncerniente a l a im plantación y práctica
del Empleo con Apoyo, resu ltan completas e n su formulación y objetivos.
No ob stante, queda much o p or h acer en pos de la inclusión laboral y
social de este colectivo, p or lo cual consideramos que sería necesa rio
invertir en la p romoción de progra mas de inse rción laboral ba jo la
metodología de Em pleo co n Apoyo , a sí como co ncienciar y sen sibili zar a los
empresarios y a la sociedad e n general en la búsqueda de una aplicación
activa de dichas políticas.
106
La inclusión socio-laboral no puede quedarse mera mente en la
redacción de documentos institucionales, sino que debe ser u na
problemática a tratar desde los e ntornos cotidianos, como las empresas, las
instituciones de apoyo a la inserción social de pe rsonas con diversi dad
funcional y las propias person as de este colectiv o y su s f am ilias . Con este
fin, se hace ne cesario e l diá logo social en la bú squeda de la satisfacción de
las demandas y las d ificultades d e e ste colectivo, en la crea ci ón de una
sociedad con stituida bajo los principios de igualdad, dem ocracia y
participación social. En concreto, en el caso de las personas con D FI, sería
además necesa rio realiz ar una co ncienciación y sensibilización a nivel social
e inst itucional, que conduz ca a superar las barreras de venid as de sus
propias dif ic ultades, mejorando la imagen so cial que existe resp ecto a este
colectivo como trabajadores y como personas autónomas e independientes.
1.3.2.3. Estr ateg ias y acciones de inclusión l abo ral en
A ndalucía
Respecto a las medidas para el impu lso de la inclu sión laboral de las
personas con DFI e n el ámbito aut onómico, t enemos que detenerno s en
primer lugar, en el análisis m inucioso de La Le y 1/1 999, de 3 1 de m arzo, de
Atención a las Person as con Di scapacidad en Andalucía, que se promulga
con el f in d e establecer un m arco común de interv ención a todos los
sistemas públicos, que g a rantice la partici p ación social y la igualdad de
oportunidades de este colectivo en todas las es feras de la vida humana.
Esta ley, en su artículo 19 determina como objetiv o s para garantizar la
inclusión social y l aboral, el po sibil itar un a Formación Profesional
Ocupacional que capa cite a las pe rsonas con diversidad funcional para su
integración en el mercado de trabajo, al mismo tiempo que se p otencia la
inserción laboral prioritari amente en el sistema ordinario de trabajo. Po r o tro
lado, en su artículo 20, reit e ra esta idea apostando por la ad opción d e
medidas que fomenten la contratación de las personas con d iv ersidad
113
y so cial de personas con diversidad fu ncional f ísica y orgánica. E ste tipo de
programas p resenta grandes v entajas, por ce ntrar sus e sfuerzos en la
inserción de este colectivo en exclusiva, por lo cual su gestión podría resultar
más eficaz en la persecución de los objetivos co n los que h a sido
constituida. No obsta nte, no h emos encontrado ningún p r ograma similar con
los m ismos objet iv os y la misma difusión y alcance , que se en cuentre
dirigido e n exclusiva ha cia la promoción socio -laboral d e p ersonas con DFI,
por lo que valoramos que sería po sitiv o la im plantación de a lgún servicio d e
esta índole, que f acilitara el desarrollo activo de lo dispuesto en la legisl ación
autonómica y en los distintos plane s mencio nados.
Como conclusión, p odemos a firmar que An dalucí a se en cuentra
comprometida co n la inserción l a boral en particular y la inclu sión social en
general de las pe rsonas con diversidad fu ncional, y que así lo demuestra en
su legislación vigente y en los programa s empren didos a tal f in. No obstante,
sería ne cesaria la coordinación de e stos programas con la labor realizada
por las ONG e institucione s sociales constituidas co n el mismo objetivo, que
promueva el emp rendimiento d e acciones que sigan una misma línea d e
actuación, para contribuir al alcance de los prop ósitos de inclusión d e una
manera más eficaz.
1.4. A gen tes que i nflu y en en la inserción socio -labora l de los
jóven es con Div ersidad Funcional Intelectual
El capítulo que exponemos a continuación, pretende abordar la
importancia atribuida a los principales agente s que inciden duran te el
proceso de fo rmación e inclu sión socio -laboral de jóvenes co n DFI, los
cuales son identificados como los profesionales y las familias. En el primer
subcapítulo, detallaremos cuál debe se r e l papel de los p rofesi o nales del
ámbito educativo y f ormativo y del contexto socio -labo ral resp ectiv a mente,
analizando la im portancia de su intervención, a sí como las dificultades a las
que estos deb en enfr entar se. En el segundo subcapítulo, tratar e mos de
114
comprender y especificar cu ál es y cuál debe ser el papel que adoptan la s
familias durante to do el proceso de de sarroll o y crecimien to personal qu e
experimenta el joven con DFI hacia la inclusión laboral y social e n la vida
adulta.
1.4.1. El papel de los profesion ales ante la i nserc ión socio -
laboral de los jóv enes con DFI
Uno de los p rincipales a gentes para la promoción de la inclu si ón
social y laboral d e los jóvenes con DFI son los profesionales encargados de
la educa ción, fo rmación y orienta ción de los mismos, tanto desde el ám bito
educativo com o desde los programa s y en tidades sociales constituidos a
este fin. Dada su importan cia, resu lta significativo señalar y definir los
principios que deben regir las accion es de planificación e interv e nción que
sean i mplementadas por estos p rofesionale s d esde los dos contextos a los
que hacemos referencia.
A este respe cto, P ereda, D e Prada & Actis (20 03) identifican a los
funcionarios y profesionales de la asistencia, depos itarios de las normas y
garantías sociales, como principales agentes promotores de la integración
social de las pe rsonas con diversidad funcional. Dichos autores consideran
que e stos cu entan con u na p osición de m ediadores entre el poder político, la
actividad económica y las familias, por lo que se encuentran en una situación
favorable para conocer los puntos flaco s del resto de a gentes y realizar las
propuestas oportunas, con el f in de lograr una práctica social e fectiva.
Indudablemente, la intervención directa de l os prof esionales en los d iv ersos
contextos socioeducativos, prom ueve que estos conoz can de cerca la
realidad de la p r oblemática formativ a y socio -laboral a la q ue se enf rentan
los jóvenes con DFI, así co mo las fó rmulas de int er acción ex istentes e ntre
estos y los a gentes ya m encionados , y las demandas y necesidades que se
emiten de s de el e ntorno f amiliar. De esta p osición privileg iada como
participantes d irectos y testi gos del proce so f ormativo y de inserción so cio -
115
laboral, rad ica la importancia de l rol de los profesionales, que cuentan con la
experiencia e info rmación suficientes pa r a diseña r d iv ersas estrate gias
adaptadas a la realidad de los jóvenes con DFI y a la situación política y
socio-laboral actuales, en rela ción a las exig en cias del mercad o de t rabajo.
La tradicional exclusión de los jóvenes con DFI del mercado de
trabajo, así como la compleja situ ación en la q ue se encuentra este e n l a
actualidad, son circunstancias que perjudican el proceso de ins erción laboral
de estos jóvenes y q ue pueden re p ercutir negativ amente en su s deseos y
expectativas de vida. Como dice Pallisera (2010 ), las dudas sobre las
posibilidades d e las p ersonas con div e rsidad funcional pa ra su inclusió n
social y labo ral af ecta n también a los profesiona les, y con ello condicionan
las o portunidades rea les de inclusión. En este sentido, para evitar el rech azo
y la falta de confianza de nuestra sociedad y de los empresarios, es preciso
que los profesionales de la acción f ormativ a y de inserción laboral crean
firmemente en l as potencialidades de los jóvenes. A sí, la práctica de los
educadores debe regirse por una convicción plena , que al m ism o tiem po
resulte objetiv a y realista hacia las capacidades de los jóvenes con DFI
como trabajadores.
Para que la confianza en estos jóvenes como trabajadores sea
posible, de be ir aco mpañada de un cambio de perspectiva por parte de los
profesionales, donde se considere al futu ro trab ajador como u n i gual, que
puede y de be manifestar sus inte reses y to mar sus prop ias d ecisiones
(Pallisera, 2010). En palabras de Pereda et al. (2003), se trata de evitar que
el sujeto con diversidad fu ncional se vuelva objeto d e intervención pa ra los
profesionales e in stituc ion es. Por lo tanto, la relac ión entre el joven con DFI y
los a gentes implicados en su proceso de inclusión socio -laboral debe ser
“recíproca y flexible, donde ambas partes entren en un proceso activo de
intercambio con vistas a un fin que no debería ser otro - a medio o largo
pla z o- que la capacidad d e autonomía del sujeto y, por tanto la n o
dependencia institucional” (Pereda e t al., 2003, p. 149).
116
Se trat a, por tanto , de fomentar la independencia de sde el propio
hacer de la persona con DFI, esc u chando sus demandas y necesidades y
dejándole actuar y decidir por sí m ismo, orientando las acc iones
profesionales a que este adquiera el m áximo nivel p osible de
autodeterminación y ca lidad de vida. En e ste sentido, es preciso repensar el
rol del ed ucador e implementar una nueva manera de hacer, lo cu al requiere
además de u na form ación específica en contenidos, estrategias y actitu des,
y de g e nerar una n uev a perspe ctiv a en la organización de los serv icios
(Pallisera, 2 010). De esta manera, los profesionales no son quienes deciden
en función de sus conocimientos y de sus valoraciones y percep ciones
ac erca de las capacidades y posibilidades de la persona con DFI, sino que
se co nvierten e n guías y orientadores del aprendizaje que, a t ravés del
diálogo y la escucha a ctiva, se encargarán de asesorar y de brindar los
apoyos que nece sita al futuro trabajad or con DFI, de jánd ole tomar
elecciones y emprender las acciones que repercuten en su prop i a v ida.
Si centramos nuestra aten ci ón en el ámbito escolar, o bservamos que
Pallisera & V ilà (2005 ) valoran e l centro ordinario como esp acio
potencialmente f avorecedor de las inserc ion es la b orales. Es d ecir, las
posibilidades de promoción y acceso al em pleo y a la inclusión social
durante la vida a dulta de la persona con DFI son mayores si el desarrollo
integral de esta se p roduce e n un conte xto ed ucativo inclu siv o, q ue
propiciará el establecimiento de relaciones sociale s heterogéneas y e l logro
de un may or n iv el d e a utonomía e independencia personal. Por otro lado,
que la persona con DFI asista a un centro ordinario reducirá la posibilidad de
que e sta sea víctima de l a estigmatización social producida por la
segregación y catalogación prop i a d e los sujetos que son env iad os a centros
específicos de Educa ci ón E s pecial.
Al mismo tiempo , Vilà, Pallisera & Fullana (2010), valoran
especialmente la importancia de la educac ión secundaria obligatoria en la
posterior inse rción laboral de los jóvenes co n DFI, lo cual nos ha ce pe nsar
que la capacitación y f ormación en habilidades para el e mpleo no debe
demorarse a la finalización de los estudios ob ligatorios de estos jóvenes.
117
Así, dentro de l o s contextos a los q ue hacemos referencia de be mos
considerar la v u lnerabilidad d e los jóv enes con DFI en los proce sos de
transición a la vida adulta y lab oral que, d e a cuerdo a las ideas expresadas
por Pallisera, Fullana & Vilà (2012), requiere de u na acción de orientación en
la etapa se cundaria con énfasis int encional en la promoción de estrategias
favorecedoras de la inclusión socio -laboral. Va lorando e sta idea, de bemos
ser conscientes de que e l p roceso de inserción laboral no puede aborda rse
una vez que el joven con DFI ha f inaliz ad o su educación dentro del sistema
educativo f ormal, sino que las a cciones em prendidas desde la institu ción
educativa deben ha cer frente a esta problemática, en cauz ando sus
objetivos, organización y e strategias a tal fin.
Abordando la temática referida , encontramos que en el A rtículo 5.2
del RD 127/2014 de l a LOMCE se d etermina que “los criterios pe dagógicos
se ada ptarán a las caracte rísticas específicas de los alumnos y las a lum nas
y fom entarán el trabajo en eq uipo. Asim ismo, la tutoría y la o rientació n
profesional tendrán especial consideración” (BOE núm. 55, Sec. I, p.20157 ) .
Indiscutiblemente, se ha ce imprescindible la lab or de los orientadores de los
centros e ducativos y d e los tu tores de cada grupo -clase co mo responsables
de la f ormación p ara el emp leo de los jóvenes con DFI, en tanto que d eben
perseguir la transferibilidad de los ap r endizajes adquiridos por el alumnado
hacia las exigencias y características impuestas desde e l merc ado laboral. Al
mismo tie mpo, debe n ser capaces de aten der a la d iv ersidad de su
alumnado, emprendi endo metodo logí as educativ as d e co op eración y
globalización de los ap rendizajes que les p ermitan alcanzar estos objetivos.
No o bstante, para ello es preciso que el trabajo de todo el e quipo docente se
realice de manera interdisciplinar, contribu ye n do así al desarrollo autónomo
del alumno, a sí como a la adquisición de hab ilidades y com petencias de
índole laboral y social.
En el cas o de los programas de Forma ción Profesional Bási ca,
obs erv amos que uno de los principios de la a tención integral a su alumnado
es el trabajo interdisci plinar d el profesorado, ta l como se define en la Orden
de 9 de junio de 2015:
118
La persona q ue ejerza la tutoría deberá coordinar la relación entre los
departamentos de f a milia profesional que pudieran existir, el Departa mento
de Orientación, el profesorado que imparte docencia en el g rupo y la
persona responsable del seguimiento del módulo profesional de Formación
en centros de traba jo. (CECD , BOJA núm. 124 , Art . 8 .5., p. 6).
Es po r esto que consideramos esencial el pape l del tutor d el grupo -
clase para que los itinerarios educativos a im plantar puedan establecer una
coherencia práct ica entre los a prendizajes de las d iferentes mate rias, co n el
objeto de proporcion ar a los jóvenes con DFI u na f ormación profesional de
calidad.
Como h emos visto en este texto legislativo, la L OMCE valora como
figura clave en la coordinación del trab ajo de to dos los profe sionales al tuto r
de cada grupo -clase. Bien es cierto que, dada su cercanía y trat o d irecto y
continuado con sus alumnos, la persona que ejerce la tu torí a es una fuente
esencial de con ocimi e nto e información acerca d e las caracterí sticas y
necesidades individuales de cada uno de ellos. Pe ro no podemos o lv idar el
indispen s able papel que juega el orientador u orientadora del centro
educativo du rante el proceso de planificación de la carrera profesional del
joven con DFI.
Y es que, tal como afirman Cutanda & Go nzález (2015), el papel d el
Departamento de Orientación resul ta fundamenta l para el desarrollo del
trabajo cooperativo, y al mismo tie mpo, p a ra m ejorar las di ficultades de
coordinación que pueden surgir entre el p rofesorado implicado en e l
desarrollo de l os módulos profesionales d e estos programas y en los de
competencias bá sicas, una co ordinación, según Maguilot, a to das luces
necesaria (201 0; en Cut anda & González , 2 015). El éxito d e la intervención
educativa debe obedecer, por tanto, a una responsabilidad compartida,
basada en la comunicación y el trab ajo en equip o, y no en actua ciones
individuales y desconectadas.
Por último, debemos reseñar a demás la importancia del papel de los
orientadores educativos, en sus competencias relativas a la orientación
profesional, en tanto que s us co nocimientos sobre el ámbito fo rmativo y
119
socio-laboral , su disposición y aptitud hacia el a sesoramiento y su capacidad
de vincular las competen cias profesionales con las exigencias del mercado
de trabajo, resultan apremiantes en los momentos de incertidumbre y cambio
social y laboral que a contecen al alu mnado de estas etapas educativ a s.
Otro d e los p rincipios fundamentales que debe regir el trabajo de los
profesionales de la acción educativ a y de formación profesional de los
jóvenes con DFI, ad emás de la atención a la diversidad d e su a lumnado, es
la visibilización y escucha a ctiva d e los propios estudiantes. Pallisera (2010),
indica que es n ecesari o que el joven man i fieste sus propios intereses y
pueda toma r sus propias decisiones, mientras los docentes deben aceptar
que ellos no son quien es mejor saben lo que necesitan los estudiantes,
ayudándoles a formular planes de fu turo basados en sus capacidades,
necesidades e interes es. La in vestig adora va m ás allá d e la mera adaptación
de los a prendiz ajes y apuesta por una co laboración activa en tre los docentes
y e l alumnado, confiando e n que los profesionales ofrezcan a lo s jóvenes
con DFI un a pr endizaje ba sado en la pa rticipación social y la
autodeterminación.
Cuando pretendemos reflexionar a cerca de la fo rmación recibida por
los p rofesionales implicados en el proceso educativo y formativo -esco lar de
los jóvenes con DFI observ amos que, para avanzar en la buena ejecución de
las práctica s educativas, hay que incluir estas en los proceso s de formación
de los profesionales e ducativos, tomando com o objetivo principal que el
joven sea el protagonista del itinerario que debe llevarle a la inclu si ón socio -
laboral (Pallisera et a l., 2012). Es decir, la forma ción de los docentes debe
estar basada e n las prop ias p rácticas e ducativ as, que p roporcionarán un
conocimiento más acertado de la realidad del sistem a educativo a ctual y de
las dificultades a las que tienen que hacer fren te los jóvenes con DFI para
alcanzar la inclusión a nivel educativo, social y laboral.
Roselló & V ergés (2008; e n Pallisera, 2 010) reflexionan sobre las
debilidades del p roce so que mencionamos, d ebidas a la dispersión de los
servici os d e orienta ción p ara el empleo y a la falta d e info r mación de los
120
profesionales de la e ducación sobre ellos. Esta situación supone po r ta nt o
una barrera hacia el conocimiento de los recursos y po sibilidades existentes
para las p ersonas con DFI, limitando de este modo las a cciones formativas y
orientativas dirigidas a e stos alumnos, que desde los servicios sociale s
suelen ser canalizados hacia servici o s es pecializados. Resu lta necesario a
este f in, proporcionar a los p rofesionales de l sistem a educativo, a través d e
la forma ción pe r manente, un conocimiento exhaustivo de los recursos
sociales y comunitario s del área de referencia del centro escolar, que les
permita e s tablecer relación con los m ismos, a f in de te ner una información
pormenorizada y realista de la situación del mercado laboral y de las
posibilidades reales de los jóvenes con DFI d entro del m ismo. Con dicha
información, a continuación se deberían ree n cauzar las acciones e ducativ as
del sistema educativo, a fin de instituir un a continuidad real entre los
aprendizajes proporcionados d esde ambos servicios y las demandas del
mercado de trabajo.
Si centramos nuestra atención en la acción de los profesi o nales del
ámbito social, abarcando las prácticas de f or mación e inse rción laboral,
debemos con si derar las ap ortaciones de Lucas, Arias, Ovejero, Cruz,
Retortillo & Rodríguez (20 05), que no s hab lan de u na estrategia de
intervención basada en la persona, hacien do que esta tenga una
participación a ctiva durante todo el p roces o . A su vez , esto s autores nos
indican que la clav e del é xito depende en gran medida d e los s ervici os d e
apoyo y orientación, que son quienes van a co ntribuir al crecimiento int egral
de la persona, al m ismo tiempo que efect úan el proceso de intermed iació n
con el e ntorno empresarial y la intervención d irecta dentro del contexto
laboral. Por esta razón, con si deramos que estos profesionales deben estar
formados en las actividades a ejecutar y que deb en proporcionar a los
jóvenes co n DFI las herramientas n ecesaria s p ara llegar a desenvolverse de
manera autónoma dentro de un puesto de trabajo. Así, tal com o indican los
ya mencionados autores, los profesiona l es deben utilizar programas e n los
qu e se diseñen estrategias con objetivos de limitados, co nside rando los
recursos que necesitan para atende r a las necesidades d el usuario y
aquellos con los que realmente cuentan.
121
En definitiva, los orientadores, f ormadores, técnicos de empleo y
preparadores laborales, entre otros profesionales que participan en este
proceso, deben ser conscientes de cuáles son las fo rt alezas y deb ilidades de
cada u no de los potenciales trabajadores y, en base a e sto, trazar un
itinerario o programa a seguir para a lcanzar l os objetivos propuestos, siendo
todo esto d ispuesto en constante co o peración con el pro ta gonista d e la
intervención .
El objetivo deseable para alcanzar la a utodeter minación y la plena
inclusión de la persona con DFI durante su vida adulta , es ob tener un puesto
de trabajo en el mer ca do laboral ordinario, para lo cual requiere de una
formación adaptada a sus necesidades que le hab ilite para acceder a las
exig encias del m ismo. En este contexto, los preparadores laborales son los
principales agentes d e p rovisi ó n de a poyos pa ra que el proce so de inserción
laboral finalice con éxito (Verdugo et a l. , 1998; y Aren as & González, 2010).
Según Pa llisera, Fullana & V ilà (2005 ), es fu ndamental el acompañamiento
en la empresa por parte del preparador labo ral, aunque su m isión no es
simplemente esta, sino que su inte rv ención comienza m ucho a nte s , durante
la orientación, preparación y bú squeda de un emp leo para el trabajador con
DFI. A e ste respecto, Arenas & González (2010 ) especifican que e l
preparador laboral se encarga de d iseñar, junto a l trabajador, los dife rentes
itinerarios laborales, además de valorar p rogramas y actividades necesarios
para que la inse rción se lleve a ca bo con éx ito , a luz de las características
personales, fa miliares y sociales, lo cu al implica e l conocimiento p revio de la
persona.
Como podemos comprender, este es un proceso participativo, d onde
el preparador lab oral debe dar al futuro trabajador un papel activo,
escuchando sus demandas e intereses y tenien do en cuenta s us
capacidades y posibilida des dentro del mercado de trabajo. Al mismo
tiempo, estos autores nos hablan de la n ecesidad d e que el profesional de la
inserción lab oral llegue a e mpatizar con la problemática del joven con DFI a
través de la propia experiencia de inserción y d e la inter a cción con el mismo,
122
compartiendo así éxitos y fraca sos, sin olvida r que e l p rotagonista de l a
acción es la persona con DFI.
Considerando las f unciones especificadas an teriormente , debemos
mencionar que las f ases que d ebe seguir el preparador laboral dur an te el
proceso de inserción d e la perso na con DFI en el m ercado de trab ajo ,
basándonos en la secuenciación de Arenas & González (2010 ), han de ser
tres:
- Fase inicial: Aba rca aspecto s del desa rrollo d e la persona lidad del
joven co n DFI para facil itar su incorporació n a l m ercado de trabajo,
que pueden realiz arse con el g rup o de ig uales, en talleres de
inserción y con otros com pañeros q ue ya se encuentran trabajando.
Es decir, hablamos de refo rz ar el proceso de s ocialización e
independencia personal del fut uro trabajador.
- Fase d e acompañamiento: el trabajador aprende el trabajo
trabajando. Para ello, el preparador la b oral d ebe intervenir con la
persona y e l e ntorno, decidiendo los ti e mpos d e acompañamiento,
intensidad de apoyo, e tc. La duración e intensidad de los a poyos, tal
como af irman Pallisera et al. (20 05), puede variar en función de las
necesidades concretas de cada trabajador.
- Fase de se guimi ento o control: cuando la persona ya ha adquirido
cierta autonomía en la em presa, e l pa pel del preparador lab o ral e s el
de resolver las di f icultades que se presenten. Par a ello realiz a rá un
análisis de la situación y pon drá a disposición de la persona y el
programa de inserción los instrumentos necesarios.
Las a ctitudes iniciales en la inse rción laboral p or part e de los
empresarios o agentes laborales son f recuentemente d e escepticismo,
siendo e l compromiso de facilitar el apo yo necesario por parte del servicio de
trabajo con apoyo y los ben eficios económicos , lo que contribuye
decisivamente a que ace pten partici pa r en la experiencia d e inserción
(Pallisera, 2010 ). Al mismo tiempo , Jordán de Urríes (201 0) señala que ha
existido un cambio de perspectiva respecto al rol de l preparador laboral en el
129
en Pallisera, 2010) reiv ind ican e sta hipótesis, asumiendo que la implicación
familiar en las actividades e scolares y extraescolares , su apoyo y un as
expectativas ade cuadas colaboran inf luyendo positivamente, tanto en el
proceso de tran sición como en el logro de objet iv os postescolares
relacionados con la inclusión. Por u n lado, si el trabajo que se rea l iza d esde
el centro educativo pe rsig ue en todo momento la autonomía e independencia
personal del alumno con DFI, y dentro d e dicho proceso se encuentran
implicadas las f amilias, tanto a nivel de o rientación c omo de fijación d e
objetivos y d e intervención, dando una continuidad desde e l h ogar fam iliar a
los valores y co ntenidos aprendidos, consecuentemente el alumno se
encontrará me jor p reparado para acceder al mundo laboral u na vez f inalice
su p roceso educativo y fo rmativ o . P or otro lado, si hablamos de familias que
se preocupan por la ed ucación y biene star de sus hijos , e n m uchas
ocasiones estamos h aciendo r ef erencia a familias de un nivel sociocultural
determinado, que cuentan con una situación y predisposición fa vorable a la
inclusión socio -laboral d e sus hijos e hijas, ajen os a otras p roblemáticas de
exclusión social.
Es d ecir, en m uchos casos es posible que la clave del éxito d e la
futura inserción lab oral se a la implicación de las f amilias, pe ro la implicación
de las familias depende en gran medida de la situación socioeconómica y
cultural que acontec e a estas. Hablamos de que, e n f unción de su
procedencia, los alumn os con DFI tienen diferente s puntos de partida h acia
la inclusión socio -la boral, y a esto se debe el éxito de su inclusión en la vida
adulta.
Igualmente , Pallisera (2010) enfatiza en la importancia de potenciar
desde los servicios educa tivos la co laboración entre f amilia y e scuela, a f in
de abogar por e l futuro é xito de la inclusión en e l mercado de trabajo
ordinario. Además, junto a Vilà y Pallisera (2006), p ropone dife rentes líneas
de actuación a emprender desde el centro escolar:
- Ge nerar expectativas realistas sobre l as posibilidades de la persona
con diversidad funcional en relación a su inclusión laboral y social.
130
- Facilitar asesoramiento y orientación para que desde el ámbito
familiar se potencie la má xima autonomía y au todeterminación de la
persona.
- Of recer información ex h austiva tanto a la fam ilia como al alumno
sobre las alternativas de forma ci ón postobligatoria y las distinta s
opciones laborales. E ntre estas alt e rnativ a s, cuentan con un papel
fundamental para la transición a la vida adulta, los programas d e FP B ,
anteriormente denominados PCPI.
- Esta blecer una dinámica de colaboración desde e l inicio de la
Educación Secundaria. Construir u n círculo de apoyo potent e para
hacer frente a las incidencias que pudieran p roducirse durante el
tránsito a la vida adulta y laboral.
Desde el contexto e ducativo, en colaboración con los p rofesio nales
implicados, el rol de la f amilia debe se r e l de co l aborar con las acciones
pr omov idas d esde el mismo, participando en todo el proceso de orienta ció n
y de toma de decisiones. Al mismo tie mpo, estas tendrán que informarse y
formarse sobre las posibilidades de inclusión social y lab oral que desde la
sociedad se ofrecen a las personas con DFI, a fin d e estar capacita da s para
apoyar a sus h ijos e h i jas en los momentos de tránsito que transcurren hacia
la formación profesional y/o hacia la inserción laboral.
En otra instancia, n o po demos olvidar que el proceso de inserción
laboral form a p arte de la tran sición a la vida a dulta por parte del jov en con
DFI, y po r lo tanto, la actu ación d e la familia debe def i nirse y limitarse en la
búsqueda d e la a uto determinación e independencia del f uturo trabajador.
Así, en los estudios realizados po r V a ls et al. (2003), encontra mos q ue
algunos servicios de orientación e inserción laboral consideran i nnecesario el
contacto fam iliar porq ue están trabajando co n adultos, y pien san que d e esta
manera e stos alcanz arán una mayor norma liz ación, independencia y
autonomía, y a que, c o mo indican Mora et al. (20 07), los padres de las
personas adultas con DFI inte rfieren en su desarrollo a utónomo y lim itan su
capacidad de a utodet erminación. Quizá e stas premisas resulten demasiado
extremas o arriesgadas, ya que la p ersona con DFI general mente requiere
131
de una serie d e apoyos que fa ciliten las dif icultades devenidas por las
exig encias de un mercado laboral que no ha tenido e n cuenta sus
necesidades, además de un r efu erzo emociona l q u e aporte s eguridad y
confianza en la llegada a entornos para él desconocidos. Sin o l vidar que
cualquier joven, durante este tipo de proces os marcados por el c ambio, la
inestabilidad y la confu sión requiere del ap oy o , la compren sión y el co nsejo
de su familia, independientemente de sus característica s personales y
sociales.
No obstante, estamos de acuerdo con Per alta & Arellano (2010) en
que las familias d eben ser realistas y conoce r q u é ámbitos, d ecisiones,
acciones o tareas deberían depender d el control persona l de sus h ijos y
cuáles se escapa n de sus compe tencias. Y es que, como indican Vals et a l.
(2003), en o casiones, las e xpectativas de la fa milia no son realistas porque
estas no tienen cl aro cuál e s el rol que debe a sumir la persona con DFI.
Cuando las familias localizan sus expecta tivas e n un n iv el muy alto , pueden
llegar a e xigir a la pe rsona con DFI unos resultados que se en cuentren por
encima de sus posibilidades reales, llegando a perjudicar su autoestima,
mientras que si sitú an su s expectativas p or deb ajo de las ca pacidades d e la
persona con DFI, están limita ndo el desarrollo de su autonomía y s u p roceso
de inclusión socio-laboral, llegando a la sobre protección.
Las fam ilias deben potenciar, desde una perspectiva realista, la
autonomía e independencia de la persona, e vitan do la sobre prote cción
(Peralta & Arellano, 2010; y Vals et al., 2003) o, ex presado de otro modo:
La sobreprotec ción por parte de l a famili a y de los pro fesionales, apoy ada en
la visi ón de l as personas con di scapacidad como eternos “niños ” inci de
negativ ament e en su d esarrollo, restándoles autonomí a y perjudicando su
autoconcepto. Esta actitud promueve la aparición de patrones diferentes de
conducta social y personal a lo larg o de la vida adu lta, q ue se irán
agravan do, sobre todo cuando la estructura f amiliar de ref erencia, va
desapareciendo (M i llán , Meleiro & Quintana, 200 2; en et al., 2007 , p . 36).
Como vemo s, la sobreprotección f amiliar pone en peligro las acciones
inclusivas h acia el p leno p rogreso de los jóvene s con DFI en su vida adulta,
132
infantilizando la conducta de estos y eximiéndolos de las responsabilidades
personales y sociales que conlleva el tránsito a dicha etapa.
Para salvar este tipo de situaciones , Vals et al. (200 3) proponen la
reorientación de las d inámicas f amiliares, co n la f i nalidad d e que e stas
puedan ser posibilitadoras y no limitadoras de la inclusión social de estos
jóvenes, no solo como trabajad ores sino también como ciudadanos. Al
mismo tiempo, pensamos que es funda mental q ue exista una relac ión
adecuada e ntre las f amilias y los servic ios de inserción laboral, para que
este sea un proceso cooperativo, donde se realice un reparto de tareas y
responsabilidades y una coordinación ef icaz de los apoyos disponibles
(Peralta & Arellano, 2010). Asimismo, como indican Pallisera et al., “ se
deben evitar las interferencias de la familia en los p rocesos de inserción
evitando las relaciones directas entre esta y la em presa” (2005, p . 309),
dejando el rol de la med iación entre la persona con DFI y el entorno lab oral
al preparador laboral y al resto d e profesionales especializ ados.
Indagando en e l papel de las familias durante el p roceso de trán sito a
la v ida ad ulta con re sp ecto a su relación con los serv icios de inserción
laboral, de be mos ser con scientes de que la relación entre las familias y los
profesionales de estos servicios resulta clave para explicar la relev ancia del
éxito de las inse rcio nes (Vals, Vilà & Pallisera, 2003; y P allisera e t al., 2005).
Turnbull et al apuntan hacia una relac ión de trabajo cooperativo entre am bos
agentes, en luga r de un a actividad pu ramente f ormativa y d e carácter
unidireccional, donde los padres también son proveedores de información
(1999; en Vals et al., 2003 ).
Turnbull, Turnbull, Edw in & S oodak (2006; en Peralta & Arellano,
2010), proponen el Enfoque Centrad o en la Familia, que debe abarcar el
proceso de inserción laboral desde el d esa rrollo e ducativ o de los jóvenes
con DFI hasta e l momento d e a cceder al m ercado de trabajo o rdinario,
suponiendo esta cu estión el establecimiento de relaciones colaborativas
entre los a gentes e ducativos, profe sionales y f am iliares. Estos au tores
estipulan siete principios que d eben caracterizar este tipo d e relaciones,
133
como la comunicación abierta, la co mpetencia prof esional, e l respeto, el
compromiso, la igualdad, la defensa de l os derechos y la confianza. Ba jo
este modelo, e l rol d e las f amilias adquiere un carácter activo, co laborando
estos a un m is mo n iv el que los profesionales, es d ecir, e stableci endo u na
relación de igual a igual e n la que se reconoce la co mplementariedad de las
acciones de ambos agente s y se respetan los valores y creencias de a mbos
(Peralta & Arellano, 2010).
En este punto, a sumi e ndo la idea de u n trabajo c o laborativo entre
familias y profesionales, debemos mencionar las n ecesid ades de
intervención expresadas po r Va ls, Vilà & P allisera (2003) extraídas de sus
investigaciones sobre esta temática:
- L as investigadoras n os hablan de una n ecesidad de relación
continuada y sistem ática de las f amilias con los profesionales d e los
servici os. De esta manera, se establece una relación de co nfian za
entre ambos agentes y e xiste u na continuidad y coheren cia en tre el
trabajo inici ado desde los entornos familiar y formativo-lab oral.
- A su vez, recalcan la importancia de compartir objetivos y estar de
acuerdo con los itin e r arios diseñados d esde los servici os. Además
indican que d eben e vitarse los conflictos que surjan entre la d iferencia
del f uturo deseable de las f amilias y el posible, y la dife rencia d e
motivaciones, intereses y expectativas en tre las f amilias y los
servicios. El diálogo y la participación conti nuada son piezas claves
para alcanzar este objetiv o.
- T ambién inciden en la trascenden cia de informar a las familias desde
los servicios de inserción de todas las accion es a emprender.
- Po r último, entre las funcion es de las f amilias, co nsideran signif ic ativa
la colaboración en otros aspectos ajenos a la inserción laboral, q ue
son imprescindibles pa ra una correcta socializ ación y un e xitoso
desarrollo de la inclusión social y que req uieren de u n refuerzo
constante, tales como la puntua lid ad, la higiene p ersonal, la
autonomía, etc.
134
Nos gustaría just i ficar este planteamiento bajo las aportaciones de
Vals, Vilà & Pallisera (200 3), que especifican que la información
proporcionada por las fa milias es necesaria para los p rofesionales, así co mo
la de otros miembros de la comunidad, valorando a l mismo tiempo la
importancia de i m plicar a la persona con DFI e n todo e l proceso de
orientación e inserción socio -laboral.
En definitiva, se trata d e encauzar las a cciones y los esf uerzos d e la
persona con DFI, la familia y los profesionales de las a cci ones f ormativas y
socio-laboral es en una m isma dirección, definiendo un objetivo comú n ha ci a
la inclusión plen a de l futuro trab ajador durante la vida adulta. Los objet ivos
del p roceso de inserción se f ijarán ten iend o e n cuenta las percepciones,
necesidades y demandas de to dos los agentes que inte rv ienen d entro del
mismo, sin olvidar a la pe rsona con DFI, con cretando cuáles son las
funciones y competencias a a sumir por cada uno de ellos e instaurando unos
límites que potencien la autonomía del suj eto con DFI.
135
2. METODOLOG Í A DE LA INVESTIG A CIÓN
En el capítulo que a continuación p resentamos vamos a exponer los
planteamientos y objetivos de los que p artimos en la investigación recogida
en estas páginas, y a j u stificar la metodología seguida dentro de la misma.
En el caso de la m eto dología utili zada, querem os explicar d e m anera
metódica las f ases seguidas de ntro de nuestra investigación , prese ntando
los pa sos que hemos seguido tanto e n la vertiente cuantitativa c om o en l a
cualitativa de nuestro estudio.
Concretamente, abordaremos las diferentes fases del proce s o d e
diseño y aplicación del instrumento de recogida de da tos cuantitativ os,
dentro del cual hemos optado por la creación de dos cuestionarios . Además
reseñaremos la p uesta en m archa de nuestro estudio cualitativo, a través de
la p resentación d e nuestros d os estudios de ca so, ref lejando el proceso de
selección d e los ca sos que h emos llevado a ca bo, así como los instrumentos
utilizados para la de recogida de in formación de los mismos: entr evistas a
profesionales, f amilias y jóvenes con DFI que con viven en el contexto
formativo-escolar y socio-lab oral elegidos, d iario de investigación y
recopilación document al. Por último, expo ndremo s de manera detallada los
pasos seguidos para la exposición y análisis de la in formación recogida.
2.1. Planteamient o de la investig ación y exposición de
motivo s
El origen de nuestra investigación surge de la nota ble problemática
que se plantea a los jóvenes con DFI con la finalización de sus estudios
obligatorios y su acceso a la vida adulta e ind ependiente. T ras la pertinente
revisión bibliográfica, h emos sido c onscientes de que los estudios sobre la
inclusión del colectivo de personas con DFI se centran pre f erentemente en el
136
ámbito educativo, abordando concretamente la vida escolar de estos, que
indiscutiblemente abarca su desarrollo infantil y su adolescencia.
De esta ma nera, el resto d e conte xtos y proce sos vitales de las
personas con DFI má s í ntimamente lig ados co n su evolución y promoción
social quedan e n el o l vido. En el tránsito a la vida adulta de los jóvenes con
DFI no existe u n paradigma que determine su de stino y su s o portunidades
de crecimiento, más allá de la segregació n en entidades d edicadas a la
asistencia social, p or lo que nuestro interés es a ten der a otras fórm ulas más
inclusivas que f omente n la justicia social y la igualdad de oportunidades para
estos jóvenes.
Tras una intensa reflexión so bre la temática ex puesta, nos hemos
decantado p or el estudio de la formación profesional y la inserción socio -
laboral de los jóvenes con DFI, a través del estudio de estos do s contextos a
través de las consideraciones y testimonios d e los agentes que interactúan
dentro de los mismos. La moti vación de dicha elección se debe a varias
razones:
- En primer lugar, la formación de la inv e stigadora de este estudio se
ha centrado preferentemente en la inclusión educativa y social de
niños y jóvenes con NEE, teniendo experiencia profesional en
diferen tes institucione s de la provincia, por lo que cuenta con u n
amplio conoci miento de la p roblemática a la que debe enfrentarse
este colectivo en su lucha p or la plena inclusión . S us prácticas en la
Asociación Down Málaga, y la realización de su te sis de Mást er
titulada “ “Interacciones sociales en el Síndr o m e de Down: realidad y
expectativas. Una experiencia con jóvenes y a dultos d e la asociación
Down Málaga” , le a yudaron a conocer las posibilida des y
potencialidades que tienen estos jóv e nes para llegar a alca nzar sus
objetivos durante la vida adulta, así como las b arreras y p rejuicios
sociales a los que tienen que enfrentarse cada día y las escasas
oportunidades de promoción social que se les brindan.
137
- En segundo lugar, consideramos que ha existido en nuestra sociedad
un camb io de paradigma respecto al p apel y a la situación social de
las persona s con DFI, que de asumir un rol de e ternos niños, por su
carácter pasivo y dependiente, se convierten en adultos
independientes que actúan como principales conductores de su
propia vida. Con e ste cambio d e perspectiv a , los jóvenes con DFI
saben que pueden elegir acerca de su propio destino, teniendo la
oportunidad de acceder a aquellos entornos en los que no han estado
presentes tradicionalmente.
- En tercer lug a r, co mpren demos q u e el ac ce so a u n e mpleo para
cualquier pe rsona es una de las b ases necesarias para alcan zar la
plena inclusió n en nuestra sociedad . El empleo supone el a cceso a
los p rocesos e con ómicos y sociale s y se erige como un punto de
partida hacia otras esfe ras que abarcan la realización plena del
individuo dur a nte su v ida adulta. Po r lo tanto, acced er a un empleo
contribuye a la p romoción de la autonomía e indep endencia pe rs onal
de los jóvenes c on DFI, y sup one la plen a expresión de la
democracia, facilitando su participación social y su autodeterminación.
- En cuarto lugar, la crisis eco nómica que atraviesa nuestro p aís desde
el añ o 2008 ha pro ducido una n otable reducción d el e jercicio de los
derechos de las personas con DFI, ralentizando su proceso de
inclusión y de participación social. Lo s reco rtes económicos
realizados por el últim o Gobierno ha n provocado la retirada de ayudas
económicas que perciben muchos de estos jóv enes y esto ,
consecuentemente, supone el desamparo d e los mismos resp ecto a
una sociedad que no se responsabiliza de sus necesidades de
asistencia, cuidado y de sarrollo persona l. Ante dicha perspectiva, se
hace aún m ás necesari o el de sempeño del rol profesional por par te
de esto s jóvenes, a f i n de n o depender eternamente d e la ate nción
económ ica y p ersonal de las familias.
- En quinto y ú ltimo lug a r, la responsable de nuestra investigación,
gracias a su trayectoria socio -profesional, es consciente de cuál es la
principal preocupación de las f amilias de los jó venes con DFI respecto
al futuro de sus hijos. Estas familias manifiest an cierta inse gurid ad,
138
miedo y de sconcierto pensando en el día que e llos no estén,
temiendo que el destino de sus hijos se conduzca hacia la
segregación social y la de s atención personal a nivel económico e
institucional. Por lo tanto, considera que resulta prioritaria la inclusión
de estos jóvenes en los p rocesos laborales, g arantizando así su plena
independencia socioeconómica, que les va a f acilitar poder vivir de
manera autónoma, recibiendo e n ocasiones la ayuda de inst ituciones
y programas de orientación y apoyo a la vida independiente.
2.2. Ob jetivos de la investig ación
El trabajo de inv e stigación que presentamos ti ene como objetivo
general describir, a naliz ar y com prender los proce sos y relaciones que
transcurren e n los contextos formativos y so cio -laborales a los que acceden
los jóvenes co n DFI un a vez f inalizan su proceso de educa ci ón obligatoria,
partiendo de las experiencias, percepciones y o piniones de los profesionales
implicados e n los mismos, a sí como de los propios jóvenes y sus familias.
Desde una perspectiva inclusiv a , q ueremo s ser con scientes de cuáles so n
las oportunidades reales d e acce so al empleo que tienen e stos jóvenes,
analizando la ca lidad de los procesos educativos, formativos y de o rientación
e inserción laboral , y valorando la organiz ación , gestión y prom oción de los
mismos.
A continuación e xponemos los objetivos esp ecíficos derivados de
nuestro estudio, teniendo en cuenta el foco p rincipal d e la investigación, así
como el proceso de análisis y reflexión que se ha desarrollado d urante el
transcurso de la realización de esta tesis doc toral:
a) Conocer la configuración del contexto f orm ativo -escolar e n el
que conviven los jóvenes co n DFI que f inaliz an sus estudios
obligatorios.
145
d) Id enti ficar el tipo de formación profe sional m ás idóneo para la
posterior inserción laboral de estos jóvenes, y conocer la
calidad y utilidad de la misma.
e) Explicitar la percep ción social sobre la DFI dentro del centro
educativo y con ocer las relaciones soc iale s establecidas p or
este tipo de alumnado.
Si hablamos d e nuestro cuestionario so cio -laboral
3
, n uestr a s
finalidades son:
a) Reseñar, según los pro fesionales de las entidades sociale s que
abogan p or la inclusión socio -lab oral de los jóvenes con DFI,
las expectativas d epositadas en el a cceso a l e mpleo y la vida
adulta por pa rte de los usua rios de los p rogramas de fo rmación
para el empleo y de sus familias.
b) Describir la situación socio -laboral d e los jóvenes co n DFI y las
oportunidades que les of recen los diferentes program as y
herramientas de formación e inserción laboral.
c) Conocer la opi nión d e los pro fesionales d e estas e ntidades
sobre las características de los puestos de trabajo susceptibles
de ocupar por estos jóvenes y las condiciones de los mis mos.
d) Abordar las posibilidades d e inserción y promo ción socio -
laboral de los jóvenes con DFI, reconociendo las variables que
intervienen en dicho proceso.
e) Descubrir e l papel de los d i ferentes a gentes de interv en ción
dentro del proceso de o rientación, fo rmaci ón e inserción laboral
y las relaciones entre los mismos.
Nuestro interés se basa en l a recogida de información general, que
nos va a conducir a tener una visi ón global sobre la realidad existente d entro
de cada uno de los contextos. Por esta razón, h emo s rea liz ado dos
cuestionarios de preguntas cerradas, sencillos en su comprensión y
3
Ver Anexo II.
146
cumplimentación, con el f in de facilitar este proceso, reduciendo
considerablemente nuestro margen de errores.
El prime r cuestionario va dirigido a los profesionales que i ntervienen
en el contexto f ormativ o -esco lar, es d ecir, a los docentes, orientadores y
personal de apoyo de div e rsos ce ntros e ducativos de Málaga Capital. Los
centros educativos pueden ser centros ordinarios o específicos, p úblicos o
concertados, en los que se imparte la etapa de Educación Secundaria
Obligatoria, contando ad emás algunos de ellos con p rogramas d e e d ucación
post-obligatoria o de Formación Profesional.
El segundo cues tionario conduce nuestras inquietude s hacia los
profesionales de l contexto so cio-laboral que desempeñan su labor en
diferentes instituciones sociales de n uestra ciudad, cuy o s destinatarios
pertenecen al colectiv o de personas con DFI. E stas e ntidades sociales so n
organizaciones sin ánimo de lucro, que cuentan con programas para la
orientación y form ación para el empleo , a sí co mo con servici os y
herramientas para la inserción y promoción laboral de sus usuarios.
Teniendo en cuenta los ob jetivos que nos f ormulamos y el contexto al
que nos dirigimos, d ebemos mencionar que el proceso d e l dise ño de los
cuestionarios se origina en el momento de e legir las te máticas a abordar e n
nuestro proceso de re cogida de información, así como a la hora de decidir el
formato del instrumento.
La elaboración de ambos cuestionarios se desarrolló a lo la rgo de tr es
meses, tiempo durante e l cu al la autora y el director de esta Tesis Doctoral
se reu nían cad a dos semanas, para discutir y pe rfilar las caracte rísticas de
los dos instrumentos. En un principio, se optó por la realización de u n únic o
cuestionario que a bordara de m anera conjunta los dos con textos, compuesto
por 50 ítem s, pero f inalmente, dadas las particularidades de cada uno de los
contextos y la esca sa f lexibilidad de las preguntas a realizar, se d ecidió que
serían dos los instrume ntos de recogid a de inf ormación y que se f ormularían
147
cuestiones más concretas, adaptadas a la estructura y configuración de cada
uno de los entornos estudiados.
Tras la realización de varios borradores de cada uno de los
cuestionarios, cuidando en todo momento la red acc ión y el f orm ato de los
mismos para un m ejor en tendimiento y comp r e nsión por p arte de los
participantes de nuestro estudio, obtuvimos dos do cument os de recogida de
información , que indag a n de manera clara y concisa e n los testimonios y
opiniones de los profesionales de ambos contextos. De esta ma nera, gracias
a la discusión y e l aná lisis realiz a do en las se siones de tra b ajo que
mencionamos, ajustamos las cuestiones abordadas en nuestros
instrumentos a las variab les que intervienen en ca da uno de los pr oceso s y
las relaciones entre las mismas.
Al f inal de dicho proceso, habíamos desarrollado dos cuestionarios
compuestos 30 ítem s f ormulados en Esca l a Likert, do nde las opciones de
respuesta son 4 o 6. Decid imos que lo más adecuado sería proponer un
número d e respuesta p ar, a fin de evitar la se lección de valores intermedios
que podrían sesgar nuestras indagaciones.
Una vez f inalizado todo e l proceso de discusión, reda cción y edici ón
de los dos cuestionarios, solicitamos la validación de los m is mos por pa rt e
de varios expertos universi tarios, que cue ntan con amplia experiencia en la
investigación de las tem áticas se leccionadas, lo cual ha sido garantía de
rigor científ ico e n un tipo de trabajo de investigación de co rt e interpretativ o
como es el nuestro.
A la v ez, e laboramos u na crede ncial
4
dirig ida a los resp onsables de
cada uno de los centros e instituciones visi tadas, con el f in de a utorizar
nuestro a cc eso a cada uno de ellos, que además no s serviría p ara la
realización de las tareas de reco gida de i nf ormaci ón d e nuestro estu dio
cualitativo. En dicha credencial se expone el origen de nuestro interés en
4
Ver Anexo III.
148
acceder a los distintos ce ntros, así como los o bjetivos y prete nsiones de
nuestra investigación. Al mismo tiempo , se garantiza la co nfidencialidad en
el tratamiento de la información obtenid a , de ac uerdo a nuestra é tica
profesional e investigadora.
La elección de las temáticas a abordar se basó e n nuestros
conocimientos sobre los contextos a estudiar, así como en e l análisis del
tejido so cio-educativ o de la pr ovincia, tarea que se realizó con la a yuda de
las páginas web d e algunos de los centros visitados. De f orma paralela, la
pertinente revisión documental y bibliográfica, nos permitió conocer más
detalladamente la problemática que querem os abordar y, conside rando los
trabajos de Pa llisera (2003a, 2 006b, 2 011), Rub io (2003, 2006) y Verdugo &
Jordán de Urríes (2007), configuramos nuestros cuestionarios abordando los
objetivos que no s planteamos , y eligiendo cuáles son los temas que más se
ajustan a nuestros intereses investigadores.
El p rimer instrumento de recogida de in formación, r elativo al ámbito
formativo-escolar, pretende señalar las v alorac iones y percepciones de los
profesionales e ducativos relativos a la edu cación y fo rmación profesional de
los jóvenes con DFI. Dicho cuestionario aborda las siguientes temáticas:
a) Dato s personales. En este apartado abordamos seis cuestiones,
en las cuales se recoge e l sexo y la edad de los participantes, así
como el tipo de centro donde trabajan, e l puesto que ocupan, s u
formación y sus años de ejercicio profesional .
b) Opiniones sobre los a spectos educativos y for m ativos. Este bloque
está formado p or 24 cuestiones, d entro d el cual se indag a sobre
los siguientes elementos:
a. Organiz ación y estructura d el sistema educat ivo .
b. Formación de los profesionales .
c. Percep ción de l a DFI en nuestra sociedad y relaciones
sociales de los jóvenes.
d. Implicación y participación de las familias.
149
e. Metodologí as d e ap rendiz a je y estrat egias de apoyo pa ra
atender a la diversidad del alumnado.
f. A poyo social e institucional externo al ámbito educativ o .
g. Oportunidades de promoción e inserción soc io -laboral.
h. Variable de género.
El otro instrumento de recogida de información, relativo al contexto
socio-laboral, pretende inda gar en las opiniones y actitudes de los
profesionales de la inclusión de estos jóvenes en nuestra sociedad,
relacionadas con los proce sos de orientación y f ormación para el emp leo y
de inclu sión social y labo ral. Este cuestionario recoge las siguientes
variables:
a) Datos personales, comp uesto por seis ítems. En e ste bloque se
abordan dimen siones como el sexo y la eda d de los participantes,
el centro en el que desempeñan su labor, su puesto de trabajo, su
formación y sus años de ejercicio profesional.
b) Opiniones sobre el ámbito socio -laboral y el E mpleo con Apoyo,
formado por 24 í tems, relat iv os a los sig u ientes fa c tores de
incidencia:
a. Programas d e fo r mación pa ra el empl eo: utilidad y
posibilidades de promoción.
b. Expectativas de vida de los jóvenes.
c. Agentes q ue intervienen en el proceso de i n serción socio-
laboral.
d. Condiciones laborales.
e. Variables relativas a la metodología de Empleo con A poy o
(preparador lab oral, adaptaciones del puesto de trabajo,
etc.).
f. Im plicación y participación de las familias.
g. Oportunidades de inclusión socio -laboral.
h. Va ri able de género.
150
2.4.2. Prueba preliminar de los cues tionarios
Tras la confección de nuestro cuestionario y la redacción de nuestra
credencial, procedimos a la rea liz ación de la prueba piloto d e n uestros
cuestionarios.
Debemos tener e n cuenta que ant es de esta prueba piloto, la autora
de esta investigación y su director de tesis se reunieron pa ra la rev isión de
ambos cuestionarios, con e l fin de que estos fu eran lo m ás concretos posible
en cuanto a la in fo rmación que pretendíamos recabar, y de q ue las
cuestiones estu vieran formuladas de manera compren sible, precisa y fácil de
responder.
Una vez superada s estas revisiones, elaboramos cuatro cuestionarios
de cada uno de los á mbitos y solicitamos a algunos de los profesionales
participantes de nuestro e studio que los cumplimentaran para nuestr a
prueba p iloto. De esta mane r a pretendía mos de sc ubrir el tiempo que se
dedica a la cumplimentación de cada un o d e ellos, así como las dudas o
dificultades que pudieran plantearse a los p r ofesionales a la hora de re alizar
los mism os. Además queríamos ver si esto s recogían la inf ormación que
necesitábamos, si su estructu ra era la adecuada y si e ra necesario que
reformuláramos algunas cuestiones o que añadiéramos o modificáramos
alguna de las respuestas a señalar.
Co n esta prueba piloto lleg amos a perfeccionar el pla nteamiento de
algunos de los ítems, modificando aquello que no f uera comprensible para el
lector, lo que nos iba a garantizar po steriormente una recogida de
información más simplificada, intensa y rig urosa .
151
2.4.3. A pli cación d e los cuestion arios
La recogida d e información o aplicación de los cuestionarios se llev ó a
cabo e n u na única fase, visitando de m anera simultánea los centros e
instituciones relativos a ambo s contex to s. Dicha reco gida de infor ma ción
comienza en abril de 201 3 y se prolonga hasta enero d e 2014, dad a la
diversidad y el núm ero de centros ubicados en dife rentes zonas de la capital,
así como la disponibilidad de los profesionales vinculados a cada un o d e los
mismos.
Para acceder a dichos centros e institu ciones, establecemos
comunicación te lefónic a con los responsables de los mismos, h ablando con
los directores, jefes de estudio u orientadores en el caso de los ce ntros
educativos, y co n los r esponsables del servicio de fo r mación y empleo, o los
directores, e n el caso d e las entidades sociales. Una vez realiza m os la
primera visi ta, e ntregamos algunos cuestionarios, dependiendo del volume n
de profesionales que nos h an sido espe ci ficado s previamente, y
concretamo s una fecha para la rec ogida de los mismos ya cumpli men tados.
Los centros ob j eto de nu estra investigación se di f erencian en d os
contextos:
- Form ativo- esco lar: dentro de este ámb ito encontramos centros del
sistema educativ o f ormal púb licos y concertad os que cuentan con
niveles de Educación Secundaria Obligatoria. E s tos centros
pueden ser desde centros ordina rios que atienden a la diversidad
del alumnado y que gen eralmente cuenta n con un aula de apoy o a
la int egración, hasta centros esp ecí f icos de Educación Especial.
Algunos d e ellos cuentan ademá s con p r ogramas de fo rmación
profesional para los jóvenes con DFI e n la modalidad de
integración educativa o con itinerarios especí ficos para e ste tipo de
alumnado. En total hemos entregado nuestro cuestionario a s e is
centros educativos de Málaga Capital:
152
- IE S Concepción Villalba, elegido para nuestro primer estudio
cualitativo, que cuenta con itinerarios de PCPI dirigidos a la
atención del alumnado con NEE.
- Un centro específico de Edu cación Especial público con
programas de PCPI.
- Un centro específico de Educación Especial co ncertado que
cuenta con programas de PCPI.
- Dos Institutos de Educación Secundaria.
- Un ce ntro concertad o de Edu cación Infantil, Primaria y
Secundaria, que cuenta con programa s d e formación
profesional, entre los que se e ncuentran l os PCPI.
- So cio-laboral: en e ste contex to e ncontramos diferentes
instituciones sociales de la provincia , que se co nstituyen
principalmente como asociaciones u ONG y que cuentan con
talleres ocupacionales y/o program as de fo rmación pa ra e l emp leo
y la orienta ción e inserción lab oral de los jóvenes co n DFI. Hemos
contado con la participación de nue v e entidades so ci ales de estas
características, u bicad as e n Málaga Capital, cuyas características
detallamos a continuación:
- A sociación la Unión, elegida pa ra uno de nuestros estud ios de
caso, que cuenta con u n cen tro ocupacional, un CEE y un
Servicio de Formación y Em pleo, y que utiliz a la metodología
de Empleo con Apoyo en los procesos d e inserción laboral.
- Una asociación de padres de personas con D FI que comparten
un m is mo diagnóstico clínico, que cue nta con programas de
formación para el empleo y de o rientación e inserción labora l
bajo la metodología de Empleo con Apoyo.
- Dos asociaciones de padres de personas con DFI, que cu entan
con un centro ocup acional, un programa de fo rmación y un
servici o de o rientación laboral.
- T res talleres ocupacio nales.
153
- Una asociación de padres q ue cuenta con un programa de
inserción laboral.
- Una asociación de padres q ue cuenta co n un c e ntro
ocupacional, un CEE y un servicio de inserción laboral.
Una vez hemos finalizado el proceso de implantación y recogida d e
los cuestionarios del ámbito formativo -escolar y socio-labo ral, llega el
momento de analizar l os datos que nos of r ecen los p rofesionales de ambo s
contextos. Co n este objetivo, debemos iniciar la inf ormatización de los da tos
a través del programa estadístico SPSS 12 .0 , pa ra m ás adelante proceder al
análisis y valoración de los mismos.
2.4.4. D atos de la muestra y análisis e interpreta ción de los
resultados estadísticos
En la realiz ación de nuestro estudio estadístico h emos utiliz a do una
muestra de 75 cuestionarios, 38 de ellos relativos al ámbito formativo -
escolar, y los o tros 37 al socio -laboral. La muestra participante s en nuestro
cuestionario formativo- es colar se compone de 20 mujeres y 18 h ombres,
mientras los participantes en nuestro cuestionario socio -laboral son 12
hombres y 24 mujeres.
La muestra del ámbito f ormativo-escolar se compone de los do c entes,
orientadores y p ersonal de apoyo de diferentes centros educativos de
Málaga Capital, que cuentan con niveles edu cativ o s d e Educa ci ón
Secundaria y post - obligatorios, como los itinerarios de PCPI. Los
pa rticipantes del contexto socio -laboral so n los profesionales que
desempeñan su actividad en diferente s entidades sociales que dirig en su
labor hacia la formación y el emp leo de pers onas co n DFI en nuestra ciud ad,
y que se iden tifican como preparadores y orien tadores laborales, monitores y
profesionales de apoyo al ajuste personal y social, entre otros.
154
A través de los conoci miento s que tenemos d el tejido socio -educativ o
de la ciudad, y de la consulta en b uscadores de Internet que nos conducen a
las p áginas web d e los dife rentes centros, pud imos averiguar si esto s se
ajustaban a las d emandas propuestas des de n uestra investigación. En el
caso del ámb ito socio -laboral, la m ayorí a de los profesionales de las
entidades sociales que visitam os se dedican a la asisten cia personal d e los
usuarios, y en nu estro estud i o queríamos centrarnos ú nicamente en aquellos
que dirigen su labor hacia la formación para el empleo y la orientación e
inserción laboral. Al encontrarnos que el volumen de este tipo de
profesionales en la m ayorí a de las entidade s sociales resulta ser muy
escaso deb i do a la b aja demanda s o cial de este tipo de servicios, tuvimos
que visitar un mayor número de centros de esta índole.
En e l proceso de entrega de los cuestionarios, llegamos a deposi ta r
hasta 6 0 en el caso del ámbito formativo -escolar, y 5 0 en el socio -laboral. En
el primer ca so, nos dev o l vieron 3 8 cum plimentados, y en el segundo 37. En
algunos de los centros tuvimos que insistir a trav és d e llamada s telefónicas y
correo electrónico, a fin de poder recoger algunos cuestionarios más. Tras la
segunda reco gida de cuestionarios en algunos de l os cen tros, decidimos que
contábamos co n un volumen considerable de información para nuestro
estudio cu antitativo y comenzamos a realizar el análisis y valoración de los
datos obtenidos.
Decidimos, dadas las caract erísticas de nuestro estudio y la escasa y
limitada población que utilizamos, r e alizar un análisis de scriptiv o que no s
facilitaría la visualización y comprensión de los resultados obtenidos. Gracias
al Programa de Análisis Esta dístico SPSS 1 2.0 hemos podido reco ger y
utilizar toda la información obten i da.
Para comenzar con nuestro análisis descriptivo, en primer lugar
realizamos una lectura de todos los cuestionari os, a f in de comprobar que la
cumplimentación de l o s mismos era válida p ara n uestro análisis , aunque
finalmente no tuvimos que invalidar nin guno de ellos.
257
Estamos d e acue rdo con esta visión de los profesionales, ya que
valoramos el Empleo con Apoy o como una m edida d e inserción lab oral
inclusiva, en cuanto que no segrega a los jóvenes con D FI a entornos
apartados donde ún ic amente conviv en con otros usuarios con su m is ma
condición. Los apoyos su ponen u n elemento indispensable a la hora de
desarrollar un pue sto de trabajo dentro del mercado ordinario, favoreciend o
además el aprendiz aje pa ulatino de actividades y com petencias laborales y
abriendo un abanico de oportunidades tanto a nivel laboral, co mo social y
personal que de o tra manera n o podrían disfrutar. Los centros ocupacionales
presentan gran a cept ación como espacios a decuados para estos jóvenes,
mientras los CEE son los espa cios menos adecuado s, según nuestros
participantes. Esta d is tribuc ión de los datos podría de terminar una div isión
de los jóvenes con D FI en función de sus l imitaciones; es decir, los mejor
capacitados deberían acceder al mercad o laboral, utilizando la metodologí a
de Empleo con Apoyo, mientras los que cuentan con un nivel inf erior de
habilidades y competencias sociales y lab orales deberían permanecer e n los
talleres ocupacionales. De a hí que p odamos observ a r una nue va
segregación o discriminación dentro del propio co lectivo de pe rs onas con
DFI, donde uno s tienen más oportu nidades que otros para disfrutar d e una
inclusión socio-labo ral satis f actoria.
La mayor ba rrera para la inserción lab oral de los jóvene s con DFI en
entornos ordinarios resulta ser para un 9 ,10 % de los p rofesionales que han
participado en nuestro cues tionario relativo al ámbito socio -laboral, la f alta de
apoyo familiar, para un 9,10 % e s la f ormaci ón de los jóvenes, a l a vez que
para un 2 4,20 % es la competitiv idad y escasa f lexibilidad d el mercado
laboral, para un 15,20 %, el rechazo y los prejuicios sociales y, f inalmente,
un 42,40 % de los profesionales determina que la mayor barrera de estos
jóvenes a la hora de acceder al mercado laboral es la mentalidad social, que
tradicionalmente aboca a estos indiv idu os a una condición de dependencia.
258
Gr áfico 45
Realizando un a nálisis d e los resultados obtenidos que n os muestra
este gráf ico, observ am os que la gran m ayorí a de los p rofesionales
considera como la mayor barrera para la inserción laboral de los jóv enes con
DFI a la m entalidad so cial, que trad ic ionalmente aboca a estos individuos a
una condición de dependencia, mientras ninguno de ellos piensa que los
prejuicios de los empresarios constituyan un o bstáculo a e ste f in . Pese a
esto , estipula mo s que a l af irmar que el principal ob stáculo sea la menta l idad
social, conse cue ntemente la co n cepción de los empresarios sobre los
jóvenes con DFI como trabajadores se ve afectada negativamente.
Encontramos también un gran volumen de participantes que identi fica la
competitividad y e scasa flexibilidad del mercado laboral como una dificultad
de los jóvenes con DFI p ara a cceder al me rc ado laboral ordinario, lo cual de
nuevo está íntimamente relac ionado con la m entalidad social, que no conf ía
en q ue estos jóvenes sean ca paces de d esempeñar un puesto de trab ajo
0,00%
5,00%
10,00%
15,00%
20,00%
25,00%
30,00%
35,00%
40,00%
45,00%
0,00%
9,10% 9,10%
24,20%
15,20%
42,40%
LA MA YOR BA RRERA PA RA LA INSERCIÓN LA BORAL DE
LOS JÓVENES CON DIVERSIDA D FUNCIONA L INTELECT UAL
EN ENT ORNOS ORDINA RIOS ES:
LOS PREJ UICIOS DE L OS
EMPRESARIOS
LA FALTA DE APOYO FAMILIAR
LA FORMA CIÓ N DE L OS JÓVENES
LA COMP ETITIVIDAD Y ES CASA
FLEXIBILIDAD D EL MERCADO
LABORAL
EL RECHAZO Y LOS P REJUICIOS
SOCIALES
LA MENTAL IDAD SOCIA L , QUE
TRADICION ALMENTE ABO CA A
ESTOS INDIVI DUOS A UNA
CONDICIÓN DE DEPE ND ENCIA
259
competitivo. Por último, e l resto de las res puestas de distribuyen entre la
falta de apoyo f amiliar, la f ormación de los jóvenes y e l rechazo y los
prejuicios sociales.
Respecto a estas últimas vari ables, es innegable que e n un mercado
laboral complejo, dinámico y competitivo, que exige cada vez un a mayor
cualificación profesional a todos los trabajadores, los jóvenes con DFI se
encuentran e n u na situación de desventaja o ind efensión, da das las escasas
opciones fo rmativas a las que p ueden a cce d er, unidas a lo s tradicionales
prejuicios sociales que han tenido que suf ri r y que sufren en los dife rentes
entornos sociales, por lo q ue la convergencia de estas dos circu nstancias
podría limitar sus posibilidades de acces o al mercado laboral.
Por o tra parte, estimamos funda mental el papel de la familia den tro
del proceso de inserción laboral de estos jóvenes, por lo que el apoyo de las
mismas resulta imprescindible, ya que estos jóvenes depen den económica y
socialmente de e stas, y d e otro modo no co ntarían con recur sos su f icientes
para abordar su tránsito a la vida ad ulta. En e l contexto donde nos
movemos, los jóvenes con DFI asisten a centros o cupacionales, CEE o a
servici os de apoy o a la formación e inse r ción laboral d e esto s jóvenes,
recursos que generalmente so n buscados po r las f amilias que, en mayor o
menor medida, p ersiguen la inclusión social y el desarrollo person al íntegro
de estos . Así, las f amilias se ocup an de solucionar e l desplazamiento de los
jóvenes a las instituciones u ONG, asumen la respo nsabilidad de realizar los
pagos de las cuotas solicitada s en las m ism as y, en la m edida de lo posible,
coordinan sus accion e s con las directrices d e l os profesionales de esto s
centros. Todas esta s acciones seguro van a suponer un incre m ento de la
empleabilidad, el b ien estar so cial y la inclusión so cio-laboral de los jóvenes
con DFI, pero no podemos olvidar que existen o tras familias que, por falta de
recursos e conómicos y/o socio -culturales, no son capaces de realiz ar una
orientación positiva a sus hijos (o hermanos , nietos, etc.) que le s lleven a
alcanzar estas mismas metas.
260
En definitiva y co mo conclusión al análisis realizado en esta cuesti ón,
la m entalidad social es el factor que clarame nte aleja a e stos jóvenes de una
plena inclusión social y laboral. No se trata de co ndicionantes económicos,
tampoco en una época de crisis e conómica com o la que lle vamos viviendo
desde e l año 2 008, se trata de una m entalidad anclada en clichés y
estigmatizaciones que limita al joven con DFI, considerándolo menos válido
que al resto frente a las e xigencias de una sociedad claramente
individualista y segregadora.
Preguntamos a nuestros especialistas e n f ormación para e l empleo e
inserción lab oral de jóvenes con DFI : para un b uen funcionamiento del
proceso de in clusión socio -laboral es nece sari a, principalm ente, la
colaboración entre los d os siguientes agentes; a cuya cuestió n el 14,70 % de
ellos responde que so n los profesionales edu cativ o s y las familias, e l
11,80 % afirma que la má s relevante e s la colaboración en tre los
pr ofesionales educativos y la empresa, el 2,90 % incide en la importancia de
la empresa y la f amilia como colaboradores principales en e l proceso de
inserción socio-laboral, m ientras e l 29,40 % apunta que estos so n los
profesionales d e la orienta ción para el empl e o y las entidades s ociales, el
26,50 % se decanta por los profesionales de la orientación para el emp l eo y
la f amilia y, en último lugar, el 14,70 % de los profesionales indica como
imprescindible la colaboración entre las entidades sociales y la fam ilia.
261
Gr áfico 46
El gráf ico que presentamos nos muestra que los profesionales
participantes en n uest ro cu estionario tienen muy claro que p ara un bu en
funcionamiento del p roceso de inclusión so cio-laboral, es n ecesaria
principalmente, la co laboración entre los profesiona les de la orientación para
el empleo y las entidades sociales, seguidos de la colaboración e ntre los
profesionales de la orientación para e l empleo y la f amilia, por lo que vemo s
que co nsideran elem ental el papel d e los p rofesionales d e la o rientación
para el empleo en constan te coordinación con otros agent es.
El pape l d e esto s profesionales se fu ndamenta en la dinamiz ación d e
las realidade s de los entorno s form ativ o y lab oral, que generalme nte se
encuentran considerablemente alejad os y de scontextualiz ados el uno d el
otro. La inte racción de los orientadores laborales con las entidades sociales
y la familia contribuyen a m ejorar l a forma ción de los jóvenes con DFI en pos
de que adquieran un mejor conoci miento de las necesid ades d el me rcado
0,00%
5,00%
10,00%
15,00%
20,00%
25,00%
30,00%
14,70%
11,80%
2,90%
29,40%
26,50%
14,70%
PA RA UN BUEN FUN CIONA M IENT O DEL PROCESO DE
INCLUSIÓN SOC IOLA BORA L ES NECESA RIA ,
PRINCIPA LM ENTE, LA C OLA BORA CIÓN EN TRE LOS DOS
SIGUIENTES A GENTES:
LOS PROFES I ONALES E DUCATIVOS Y
LAS FAMILIAS
LOS PROFES I ONALES E DUCATIVOS Y
LA EMPRESA
LA EMPRESA Y LA FAMIL IA
LOS PROFES I ONALES D E LA
ORIENTAC IÓN PARA EL EMPLEO Y L AS
ENTIDADES SO CIALES
LOS PROFES I ONALES D E LA
ORIENTAC IÓN PARA EL EMPLEO Y L AS
FAMILIA S
LAS ENTID ADES SOCIALES Y LA
FAMILIA
262
laboral y potencien y mejoren aquellas aptitudes y actitudes que se requieren
para su inclusión socio-laboral, construyendo la orientación y formación
profesional u n puente en tre las accio n es emprendidas po r las entidades
sociales y las demandas d el m ercado laboral. Por el contrario, los
profesionales rechazan la idea de que resu lte d e importancia la colaboración
entre la empresa y la fam ilia, por la adquisición de independencia y la
asunción de responsabilidades, y apenas unos cuantos refl ejan como
imprescindibles para el bue n f uncionamiento del proceso d e inse rci ó n socio -
laboral, la e sencial colaboración e ntre los profesionales educativos y la
familia, los profesionales edu cativ o s y la e mpresa y las entidade s sociales y
la familia.
En esta oca sión planteamos a los profesionales que de sarr ollan su
actividad laboral en el ám bito socio -laboral trabajando con jóvenes con DFI ,
la siguiente cuestión: en la p ráctica del Em pleo con Apoyo , es
imprescindible, principalmente, la colaboración entre los d os sig u ientes
agentes, a lo cual un 19,40 % de e stos piensa que esto s agentes son el
preparador laboral y la familia, un 55,60 % opina qu e son l a empresa y el
preparador laboral, un 2,80 % dice que resultan ser la f amilia y la empresa,
existiendo tamb ién un 16,7 0 % que determina que los profesionales
educativos y el preparad or laboral son los agentes que de ben colaborar
principalmente en este p roceso, y un 2,80 % que dic e que estos tendrían
que se r las e ntidades sociales y la fam ilia, además de un 2 ,80 % que p ie n sa
que serían las empresas y las entidades sociales.
263
Gr áfico 47
Los resu ltad os obtenidos en esta cuestión reflejan de m anera
evidente que los profesiona les que participaron en la cumplimentación de
este cuestionario identifican como imprescindible en la práctica del Empleo
con Apoyo, principalmente, la colaboración entre la e mpresa y el preparador
laboral, f rente a todas las de más op ci ones. Que dan descartadas en e sta
ocasión, la colaboraci ó n entre la familia y la emp resa, entre las en tidades
sociales y la familia y entre la e mpresa y la s entid ades sociales, estando
presentes d e manera poco significativ a la colaboración entre e l preparador
laboral y la f amilia, y entre los pro fe sionales edu cativ o s y el pr eparador
laboral, quedando latente que en la pr áctica d el Empleo con A poy o es muy
importante la presencia del preparador lab oral en colaboración con diversos
agentes.
Aun así, n o podemos olvidar la impo rtancia del trab ajo interdisciplinar
entre los diferentes agentes que inte rv ienen en e l proceso d e inserción
laboral de los jóvenes con DFI. Es importante que tan to l os pad res com o las
entidades sociales, la empresa y los pre paradores laborales, estén en
constante comunicación para solventar los conflictos que puedan producirse
0,00%
10,00%
20,00%
30,00%
40,00%
50,00%
60,00%
19,40 %
55,60 %
2,80%
16,70 %
2,80% 2,80%
EN LA PRÁCTICA DEL EMPLEO CON A POYO ES
IMPRESCINDIBLE, PRINCIPA LMENTE, LA COLA BORACIÓN
ENTRE LOS DOS SI GUIENTES AGENTES:
EL PREPA RADOR LABO RAL Y LA
FAMILIA
LA EMPRESA Y EL PR EPARADOR
LABORAL
LA FAMILIA Y L A EMPRE SA
LOS PROFES I ONALES E DUCATIVOS
Y EL PREP ARADOR LABO RAL
LAS ENTID ADES SOCIALES Y LA
FAMILIA
LA EMPRESA Y LAS EN TIDADES
SOCIALES
264
y paliar las dif icultades que el trabajador con DFI pueda tener dentro de su
puesto de tr abajo. No obstante, estamos ha blando de la inclusión so cio -
laboral de estos jóvenes, que supone su acceso a una vida adulta, que debe
ser lo m ás normalizada posible, b uscando en to do momento la autonomí a
personal y la independencia de e stos, por lo que n o es aconsejable abusar
del apoyo de los agentes implicados, fomentando en la m edida de lo p osible
que el propio trabajador sea capaz d e utiliz ar estrate gias ef icaces que le
permitan actuar como cualquier persona adulta dentro del entorno laboral.
Como hemos visto, en el proceso d e inserción laboral mediante la
metodología de Empleo con Apoyo, la f igura fundament a l es la del
preparador labo ral que se m ani festará co mo u n puente entre el trabajador
con DFI y el entorno de trabajo normalizado. Por el contrario, en e st a f órmula
de contratación el papel de la f amilia n o resulta tan imprescindible, pues
estamos hablando de entornos inclusiv os que dirigirán al joven con DFI a
acceder a la vida adulta de manera independiente, po r l o que el resp aldo
familiar m ás bien pe rj u dicaría esa ad quisición de indep endencia personal y
social. E n este contexto, la fa milia supone un apoyo pa ra e l trabajador pero
no int erviene durante el proceso de inserción socio -labo ral, contribuyendo a
una mejora de la autonomía, la capacidad de t o ma de decisiones, la
asunción de responsabilidades y la resolución de conflictos por pa rte de
este.
Cuando preguntamos a los profesionales p articipantes en nuestro
cuestionario relativo al ámb it o socio -laboral cuál es el factor más im portante
para que el proce s o de inserci ón laboral, en la modalidad de Empleo con
Apoyo, resulte satisfactorio , el 5, 60 % s eñala que este es una orien tación
profesional a decuada, un 8,30 % indic a que es u na f ormación previa en
competencia laboral, a la vez q u e un 63, 9 0 % s e decanta po r dotar al
trabajador de apoyos adecuados a sus capacida des p ara desempeñar su
trabajo como fa ctor más importante para u na inserción laboral satisfactoria
bajo el modelo de Empleo con Apoyo, y un 22,20 % de los pro f esionales
manifiesta que este f actor es en contrar e n los compañe ros apoyos natu rales
que le permitan una mejor inclusión.
265
Gr áfico 48
De los datos obtenidos percibimos que los prof esionales tienen claro
que el f actor más importante para que el proceso de inserción laboral en la
modalidad de Empleo con Apoyo resulte sati sfa ctorio, es dotar al trabajador
de apoy os a decuados a sus cap acidades para desempeñar su trabajo .
Algunos también proponen que encontrar en los compañeros ap oyos
naturales que le permitan una mejor inclusión socio -laboral es un facto r d e
gran relevancia, po r lo que p odemos deducir que los trabajadores que
realizan su actividad profesional en e l ámb ito socio -laboral con jóvenes con
DFI dan suma imp ortancia a la p resencia de apoyos de ntro del proceso de
inserción laboral bajo la metodología de Emp leo con Apoyo.
Y es que los apoyos, of recen a estos jóvenes la posibilidad de realizar
una serie de tareas de dete rminada m anera y con un nivel de cogni ción que
no serían capaces de ef ectuar de otro modo , pudiendo alcanzar así el
máximo desarrollo de su p otencial intelectual . Por otra parte, una orientación
profesional adecuada y una f ormación previa e n comp etencia laboral n o son
0,00%
10,00%
20,00%
30,00%
40,00%
50,00%
60,00%
70,00%
5,60% 8,30 %
63,90%
22,20%
¿CUÁL E S EL FA CTOR MÁS IMPORTA NTE PA R A QUE EL
PROCESO DE INSERCIÓN LABORA L, EN LA MODA LID AD DE
EMPLEO CON A POYO, RESULTE SA TI SFA CTO RIO?
UNA ORIE NTACIÓN
PROFESIO NAL ADECUAD A
UNA FOR MACIÓN P REVIA EN
COMPETENC IA L AB ORAL
DOTAR AL TRAB AJADOR DE
APOYOS ADECUADO S A SUS
CAPACIDAD ES PARA
DESEMP EÑAR SU TRABAJ O
ENCONTRAR EN L OS
COMPAÑER OS APOYO S
NATURALES Q UE LE PERMITAN
UNA MEJO R INCLUSIÓN
SOCIOLABO RAL
266
factores que e stos profes ionales de terminen necesarios dentro de este
proceso, ya que como hemo s visto , el Empleo con Apoyo, a lo largo d e su
propia práctica proporciona los conocimientos nece sari os p ara que el joven
con DFI sea capaz de desempeñar su puesto de trabajo.
Si de cimos que el trabajo de aprender y adaptarse al puesto d e
trabajo es responsabilidad del trab ajador y del preparador labo ral , un 8,60%
de los profe sionales del ámbito socio -laboral e stá d e acu erdo, ma r cando la
opción sí, exclusiv amente , u n 1 7,10 % señala que sí, aunque se agradece el
apoyo de sus compañeros para una m ediación n atural , y un 57,10 %
determina que sí, y además la empresa debe promover este p roceso. De
igual modo, u n 17,10 % de los profesionales d ice que no, el prep arador
laboral actúa como guía, pero no es responsa ble del proceso de adaptación.
Gr áfico 49
La postura de los profesionales aparece clar a dentro de este gráfico;
la mayorí a pien sa que el tra bajo de apre nder y ad aptarse al p uesto d e
trabajo sí es responsabilidad de l trabajad or y d el preparad or laboral, y que
0,00%
10,00%
20,00%
30,00%
40,00%
50,00%
60,00%
8,60%
17,10 %
57,10 %
0,00% 0,00%
17,10 %
EL TRA B A JO DE A PRENDER Y A DA P T ARSE A L P UESTO DE
TRA BAJO ES RESPONSA BILID AD DEL TRA BAJADOR Y DEL
PREPA R A DOR LA BOR AL:
SÍ, EXCLUSIV AMENTE
SÍ, AUNQUE S E AGRADECE EL APOYO DE
SUS COMPA ÑEROS PARA UNA MED IACIÓN
NATURAL
SÍ, Y ADEMÁS LA E MPRESA DEBE
PROMOVER ESTE P ROCESO
NO, ESTA RES PONSABILIDAD ES DE LA
EMPRESA
NO, EN NINGÚN CASO ES
RESPONSABILIDAD DEL TRABAJ ADOR
NO, EL PREP ARADOR LABORAL A CTÚA
COMO GUÍA, PE RO NO ES RESPO NSABLE
DEL PROCES O DE ADAPTACIÓN
273
Gr áfico 53
De manera e vidente, los profesionales están a favor de que las
personas con DFI de ban cobrar el mismo salario que cu alquier compañero
que d esempeñe u n p uesto similar, incluso contando con apoyos, siemp re.
Son m uy po cos l os que piensan que esto d eberí a ocurrir en la mayoría d e
los caso s, y casi ausentes los que están de acuerdo c on que esto suceda
raras veces o nunca.
En efecto, son las en tidades sociales q uienes proporcionan los
apo yos nece s arios a l traba jador, m ientras las empresas y a cu entan con
beneficios f iscales por la co ntratación de es tos trabajadores, p or lo que , si
están realizando un traba jo productivo en el que rinden como cualq uier otro,
es justo que e l salario que reciba n sea el m i smo. No ob stante, más allá de l
salario percibido, sería necesario conocer y a nalizar e n p rofund ida d las
prácticas devenidas de la co ntratación d e estos empleados. E n ocasiones,
con el único fin d e percibir las sub venciones e incentivos correspon d ientes,
las empresas formalizan contrat aciones temporales po r una jornada de
escasas horas d onde, obviamente, la remuneración que recibe el emp leado
resulta ser mínima. Con esta s p r ácticas no se f avorece en absoluto la
independencia económica y social de los jóvenes con DFI, y a que no pue de n
0,00%
20,00%
40,00%
60,00%
80,00%
100,00% 80 ,60%
13,90 %
2,80% 0,00%
LA S P ERSONA S CON DIVERSIDA D FUNCIONA L I NTELECTUA L
DEBEN COBRA R E L MISMO SALA RI O QUE CUA LQUIER
COMPA ÑERO QUE DESEMPEÑE UN PUESTO SIMI LA R, INCLUSO
CONTA NDO CON A POYOS:
SIEMPRE
EN LA MAYOR ÍA DE LOS CASOS
RARAS VECES
NUNCA
274
prescindir de las prestaciones económicas de las que suelen beneficiarse ni
del apoyo económico de la f amilia. En nue st ra o pinión, este tipo de prácticas
más que responder a una responsabilidad social corporativ a , corr esp onden a
una u tiliz a ción negativ a de la contratación de trabajadores con DFI,
respondiendo a p rinc ipios capita listas y discriminad ores, po r perseguir
objetivos ún icamente eco nómicos y por a tentar contra la dignidad del
trabajador.
Para la elección de los apoyos pa ra los trabajadores con Diversidad
Funcional In telectual debe t enerse en cuenta, esp ecialm ente , en la opi nión
de los p rofesionales que trabajan en el ámbito socio -laboral co n e ste tipo de
jóvenes, e l nivel de competencia laboral según un 25 ,8 0 %, las
características de l puesto de trabajo se gún un 26 , 60 %, la fo rmación previa
del trabajador segú n un 16,10 % de estos trab ajadores, las habilidade s
sociales del trabajador según un 12,90 %, el número de dificultades del
trabajador según el 19,40 % y, para terminar, las pref er encias profesionales
y m otivaciones personales del trabajador según e l 3,20 % de los
profesionales.
275
Gr áfico 54
Com o podemos observ a r, la opinión de los profesionales se
encuentra ba stan te repartida entre todas las op cione s, ocupando los dos
primeros puestos en cua nto a percepciones má s extendidas, el nivel de
competencia laboral del trab ajador y las ca racterísticas del puesto de trabajo
como principales f actores a te ner en cuenta a la hora de elegir los ap oyos
para los traba jadores c on DFI. Resulta muy significativo que haya muy pocos
profesionales que defiendan que las preferencias profesionales y
motivaciones personales d el trabajador sean esenciales para la elección de
los apoyos, por lo que nue stra percepción general es que la elección de los
apoyos depende esen cialmente de los profesionales que intervienen e n e l
proceso de inserción, es d ecir, de personas ajena s al prop io tr abajador que
no cuentan con la opinión del mis mo.
0,00%
5,00%
10,00%
15,00%
20,00%
25,00%
30,00%
25,80 %
22,60 %
16,10 %
12,90 %
19,40 %
3,20%
PA R A LA ELE CCIÓN DE LOS A POYOS PA RA LOS
TRA BAJADORES CON DIVERSIDA D FUNCIONA L INTELECTUA L
DEBE TENERSE EN CUENTA , ESPECIALMENTE:
EL NIVEL DE CO MPETENCIA
LABORAL DEL TRABAJADOR
LAS CARACT ERÍSTICAS DEL
PUESTO DE TR ABAJO
LA FORMACIÓ N PREVIA DEL
TRABAJADO R
LAS HABILIDA DES SOCIALES DEL
TRABAJADO R
LA NÚMER O DE DIFICULTADE S DEL
TRABAJADO R
LAS PREFERENC IAS
PROFESION ALES Y MOTIVACIONE S
PERSONAL ES DEL TRABAJADOR
276
Cuando hablamos de inclu sión socio-laboral n o solo e sta mos
hablando de la p r esencia de los jóvenes con DFI dentro de los entornos
sociales y labo rales, sino que estamos también afirmando que este p roceso
de inclusi ón implica la p articipación de e stos como personas adultas que
llevan un a vida indep endiente. Por lo tanto, n os parece necesario para que
la inclusión s o cio-laboral sea realmente satisfactoria, que el joven con DFI
pueda tomar su s propias d ecisiones y sea consciente de las accion es
emprendidas a lo largo de t o do su proc eso d e f ormación, ori entación e
inserción laboral.
Por otro lado, resulta llama tivo el dato de que la f ormación no es lo
más importante en la elección d e los apoyo s del trab ajador, lo cual puede
ser debido a la escasa tran sferibilidad de los contenido s adquiridos por e ste
durante todo su proceso formativo, desde su vida esco lar hasta la realiz ación
de estu dios de forma ci ón profe sional o la f ormación en habilidades laborales
realizada desde los centros ocupacionales o los CEE. En base a esta idea,
recalcamos la n ecesidad de revisar y mejorar las metodolog ías de
aprendizaje utilizadas en las d i fe rentes inst ituciones formativas , pues
después de años de p ermanencia dentro de estos espacios, el trabajador
con DFI en ocasiones tiene que partir de cero en e l aprendizaje de las ta re as
y ha bilidades a d esempeñar dentro del p uesto de trabajo. Dadas las
fortalezas y las de mandas de este colectivo e s necesa rio señalar la
importancia de enfocar su apren dizaje desde la ad quisición de habilidades y
competencias sociales y laborales, que le ayuden a ad aptarse a cua lquier
contexto y además a trasladar los conocimientos adquiridos a los mismos.
Cuando planteamos a los especialistas que trabajan en el sector de la
formación para e l empleo y la inserción laboral de los jóvenes con DFI que el
preparador laboral debe ser elegido teni endo en cuenta una serie de
factores, el 3 6,40 % de e stos indica que debe ser elegido considerando su
conocimiento del p uesto de trab ajo asignado al trab ajador, el 6,10 % cree
que de be tenerse en cuen ta su af inidad c on el trabajador, el 48,50 % de
ellos piensa que es mejor fijarse en su formación sobre la inserción laboral
277
de este colectivo y el 9,1 0 % restante está a f avor de centrarse en sus
habilidades de mediación y resolución de conflictos.
Gr áfico 55
En ba se a los resultados o btenidos en e sta cuestión, observamos que
los profe sionales que traba jan con jóvenes co n DFI pien san e n la fo rmación
sobre la inserción laboral de este co lectiv o com o una característica
fundamental a la h ora de e legir al preparador lab o ral, a unque también ha y
un nume r oso grupo que se decanta por el con ocimiento del puesto d e
trabajo asignado al tr abajador que tenga el mism o. La afinidad que tenga
con el trab ajador y las habilidades de mediaci ón y resolución de conflictos no
son f actores a valorar a la hora de elegir al prep arador laboral según los
profesionales que participaron en este cuestionario.
En nuestra opinión, es importante que el prepa rador laboral conozca
el puesto d e trab ajo a desempeñar por el joven con DFI, así como que sea
capaz de actuar como p uente entre las demandas de la empresa y las del
trabajador, pudiendo además resolver las incidencias que se p rese n taran en
el desarrollo del mismo. Ge neralmente, los prepa radores labora les suelen
ser integradores sociales o tien en titulaciones relacionadas con este ámbito
0,00%
5,00%
10,00%
15,00%
20,00%
25,00%
30,00%
35,00%
40,00%
45,00%
50,00%
36,40 %
6,10%
48,50 %
9,10%
EL PREPARA D OR LAB ORAL DEBE SER ELEGIDO TENIENDO EN
CUENTA :
SU CONOCIM IENTO DEL PUESTO
DE TRABAJ O ASIGNAD O AL
TRABAJAD OR
SU AFINIDAD C ON EL
TRABAJAD OR
SU FORMACIÓ N SOBRE LA
INSERCIÓ N LABORAL DE ESTE
COLECTIVO
SUS HABIL IDADES DE M EDIACIÓN
Y RESOLUC IÓN DE CO NFLICTOS
278
profesional, por lo que se encuentran fa miliariz ados y se nsibilizados con la
inclusión socio-labo ral de estos jóvenes y cuentan con habilidades
adaptativas y de resolución de conf lictos , que les pe rmiten aprende r y
enseñar a l m ismo tiempo las tareas a realizar dentro d el puesto de trabajo,
buscando a su vez la coordinación co n el resto de agentes implicados en
este proceso.
Por otra parte, planteamos en nuestro cuestionario relativo al ámbito
socio-laboral cómo debe ser un puesto de trabajo de stinado a u na persona
con DFI , a cu ya pregunta un 48,60 % d e los profesionales que
cumplimentaron d icho cuestionario m ani fiestan que e ste debe ser igual al de
otros compañeros que desempeñen un p uesto de trabajo simila r , a la vez
que un 2 8,60 % cr ee que e ste debe es ta r especialmente pensado p ara él,
mientras un 5,70 % de ellos señala que es prefe rible qu e realicen p oca
variedad de tareas , y un último 17,10% manifiesta que esta cuestión es
indiferente, siempre que –el traba j ador- cuente con compañe r os que puedan
funcionar como apoyos naturales.
Gr áfico 56
0,00%
5,00%
10,00%
15,00%
20,00%
25,00%
30,00%
35,00%
40,00%
45,00%
50,00%
48,60 %
28,60 %
5,70%
17,10 %
¿CÓMO DEBE S ER UN PUESTO DE TRA BAJO DESTI NA DO A
UNA PE RSONA CON DIV ERSIDA D FUNCIONA L INTELECTUA L ?
IGUAL AL DE OTROS COMPAÑEROS
QUE DESEM PEÑEN UN PUESTO DE
TRABAJO SIMILAR
DEBE ESTAR E SPECIALMENTE
PENSADO PARA É L
ES PREFERIBLE QUE REALICEN P OCA
VARIEDAD DE T AREAS
ES INDIFER ENTE, SIEMPRE QU E
CUENTE CO N COMPAÑERO S QUE
PUEDAN FUNCIO NAR COMO A POYOS
NATURALE S
279
Observamos que la opción que determina que un puesto de tra bajo
destinado a una pe rsona con DFI debe ser igual al d e o tr os compañeros que
desempeñen un puesto de trab ajo similar, se alza como la m ás votada por
los profesionales que trabajan dentro del ámbito socio -laboral, mientras la
opción menos recu rre nte pa ra estos e s que, dentro de l puesto de trabajo, es
preferible que realicen poca variedad de t areas.
Es cierto que el puesto de trabajo que deben ocupar los trab ajadores
con DFI tendrí a que ser similar al de cualq uier otro trabajador, siempre qu e
se realicen la s adaptaciones necesarias y cue nte con los ap oyos adecuados,
y también resulta acertado que este no deba ser un puesto do nde el
trabajador realice poca variedad de tareas. La inse rción laboral debe
constituir un reto p ara e stos jóvenes y no debe estar anclada en el
conformismo por parte d el trab ajador , ni en la negación de capacidades p or
parte de los a gentes que intervienen en el proceso, por lo que en fun ción de
las particularidade s personales del trabajador, debe promoverse que e ste
realice actividades más allá de sus limitaciones para n o verse anclado en la
repetición de tareas que no favorecen su crecimiento personal y social. P or
esta razón, desde el sistema educativo y d uran te el proceso de form ación,
orientación e inserción lab oral , debe f omentarse en los jóv enes con DFI la
adquisición de competencias y a ctitudes que les garantice n ser versátiles
como trabajadores. Por últim o señalaremos que un buen número de
profesionales ind ica que el pu esto de trabajo d ebe e star e spe cialmente
pensado para el trabajador con DFI, y muy p ocos que es indiferente, siempre
que cuente con compañeros que puedan funcionar c omo apoy os naturales.
Tras la oración, en un proce so de negociación, para que un
empresario de cida contrat ar a una p ersona con DFI, e l prep arador labo ral
debería destacar …, plan tea mos hasta seis po sibles argumentos, de los
cuales los profesionales, en p rimer lugar, se ñalan en un 68,80 % que
debería destacarse la f ormación y las capacidades del trabajador, u n
21,90 % indica que tendrían que ser las ayudas económicas y
desgravaciones fiscales, a la vez que un 3,10 % de los profesionales ind ica
que el preparador laboral, durante el proceso de negociación con el
28 0
empresario, debería resaltar las posibilidades de inclusión social d el
colectivo al que pe rtenece , y un 6,30 % que debería a rgumentarse la
responsabilidad social de la emp resa, respecto a la igualdad de
oportunidades.
Gr áfico 57
La f ormación y las capacidades d el trabajador se alzan
indiscutiblemente como e l argumento más válido, según los trabajadores de l
ámbito socio-laboral, que debe rí a d estacar el preparador laboral en un
proceso de n egociación para que un empresario de cida contratar a u na
persona con DFI. El resto de argumentos apenas son valorados p or estos
profesionales, cuando ningun o de ellos refiere que los apo yo s que el
trabajador recibirá y l a publicidad y mejora de la empresa resulte n ser un
argumento que debiera destacarse, y muy p ocos que las p osibilidades d e
inclusión so cial del colectivo al que pertenece o la responsabilidad social d e
la empresa , respecto a la igualdad de oportunidades, lo sean. Un escaso
número de profesionales i den tifica las a yudas económicas y d esgravaciones
0,00%
10,00%
20,00%
30,00%
40,00%
50,00%
60,00%
70,00%
68,80 %
21,90 %
0,00%
3,10%
6,30%
0,00%
EN UN PROCESO DE NEGOCIA CIÓN, PARA QUE UN
EMPRESA RIO DECIDA CONTRA T AR A UNA PE RSONA CON
DIVERSIDA D FUNCIONA L I NTELECTUA L, EL PREPA RADOR
LA BORAL DEBERÍA DESTA C AR:
LA FORMACIÓ N Y LAS
CAPACIDADES DE L TRABAJADOR
LAS AYUDAS
ECONÓMICA S/DESGRAVACIONES
FISCALES
LOS APOYOS Q UE EL TRABAJADOR
RECIBIRÁ
LAS POSIBILIDADE S DE INCLUS IÓN
SOCIAL DEL CO LECTIVO AL QU E
PERTENEC E
LA RESPON SABILIDAD SOCIAL DE
LA EMPRES A, RESPECTO A LA
IGUALDAD DE O PORTUNIDA DES
LA PUBLICIDAD Y MEJORA DE LA
IMAGEN DE LA EMPRESA
281
fiscales como un a j ustificación a exponer por parte del preparador laboral al
empresario.
Y es que, si hablamos de inclusió n, como en cualq uier otro proceso
de contratación laboral, lo más importante es que el trab ajador sea capaz de
desempeñar el pe r fil laboral demandado. La utilización de otros a rgumentos
de índole e conómica o ética suponen una discriminación en sí misma , que
nada contribuirá a mejorar la im agen de este colectiv o, ya que la primera
responde a intereses personales y a la u tiliz a ción d e la DFI como un
negocio, y la segunda otorga un trato condescendiente hacia este co lectivo,
haciendo que la contratación se realice por pena o por sobreprot ección.
En la siguiente cuestión p reguntamos a los profe sionales que
desarrollan su actividad laboral dentro del ámbito socio -laboral, si las familias
de los jóvenes con DFI so n partícipes en el p roceso de ins erción laboral y
mantienen un contac to frecuente con los orientadores y preparadores
laborales, a lo cu al e l 45,50 % responde que sí, siem pre, el 4 8,50 %
reconoce que sí, aunque los contactos suelen ser puntuales, cuando un
3,00 % de ellos afirma que no, pues co nsideran que el joven de be ser
independiente y tom ar sus propias decisiones, y e l resta n te 3 ,00 % apunta
que no, en ningún caso las fam ilias deben ser pa rtícipes del proceso de
inserción laboral.
282
Gr áfico 58
De f orma indiscutible, las respuestas de los participantes en e ste
cuestionario se dividen en tre las dos opciones afirmativas, pred ominando el
grupo que indica que la s familias de los jóvenes co n DFI sí son partícipes del
proceso de inse rción labo ral y mantienen un contacto f recuent e con los
orientadores y prep aradores laborales, aunque los contacto s suelen se r
puntuales, y a continua ción, el grupo que p iensa que esto sí ocurre siempre.
Hay un irrisorio grupo de p rofesionales que inclinan su respuesta hacia las
opciones negativas: no, consideran que el j oven debe ser independiente y
tomar sus propias decisiones y no, en ningún caso.
La implicación de las familias a lo larg o de este proceso es
fundamental pero, si hablamo s de inclusión social e n la vida adulta del joven
con DFI, es positivo que las interv enciones de estas sean puntuales, dejando
lugar al incremento d e la autonomía e independencia personal de este.
Los profe si onales e s pecializados en e l ámbito socio -laboral, al
plantearles que, por lo general, las expe ct ativa s de las familias sobre el
acceso al empleo de l os jóvenes con DFI, son aco rdes a l nivel de auto n omía
y competencia laboral de e stos, indican en un 64,70 % que esto suce de la
0,00%
10,00%
20,00%
30,00%
40,00%
50,00% 40 , 50%
48,50 %
3,00% 3,00%
LA S FAMILIA S DE LOS JÓVENES CON DIVERSIDA D FUNCIONA L
INTELECTUA L S ON PA RTÍCIP ES DEL PROCESO DE INSERCIÓN
LA BORAL Y MAN TI ENEN UN CONTACTO FRECUENTE CON LOS
ORIENTA DORES Y PREPA RADORES LA BORALES:
SÍ, SIEMPRE
SÍ, AUNQU E L OS CO NTACTOS
SUELEN SER PU NTUALES
NO, CONSIDER AN QUE EL
JOVEN DEBE SE R
INDEPEND IENTE Y TO MAR SUS
PROPIAS D ECISIO NES
NO, EN NIN GÚN CASO
289
andando, el resto tiene que recurrir al u so de transporte público, coche,
motocicleta o del transporte escolar del propio centro.
Debido a sus amplias instalaciones y a su s numerosos recur sos
materiales y human os, el IES Concepción Villalba p osee una extensa ofe rt a
educativa y de servicios para atender a la s particularida des de todo su
alumnado. Los itine rari os educativos que oferta el centro van desde la
educación obligatoria hasta las d i ferentes modalidades de fo rmación
profesional, configurándose del siguiente modo:
- Ed ucación Secundaria Obligatoria, existiendo hasta ocho líneas de
enseñanza en el primer curso.
- Ba chillerado en sus tre s modalidades.
- Ciclos Form ativos de Grado Medio, en cuatro especialidades:
o Cocina y Gastronomía
o Gestión Administrativa
o Jardinería y Floristería
14
o Laboratorio
- Ciclos Form ativos de Grado Superior, ofe rtando hasta seis itinerarios:
o Administración y Finanzas
o Laboratorio de Análisis y Control de Ca lidad
o Gestión y Organiz ación de recursos naturales y p aisajísticos
o Inte rpr etación de la Lengua de Signos
o Prevención de Riesgos Profesionales
o Química Ambienta l
- Form ación Profesional Básica (FPB), llamados P rogramas de
Cualificación Profesional Inicial (PCPI ) en el m omento de n uestra
investigación:
o Primer curso, contando con tres especialidades
15
:
Auxiliar de Jardines, Viv e ros y parques
Auxiliar de Reparación de Calzado y Marroq uinería
Ayudante de Cocina
14
En adelante, hablarem os de CFGM de J ardinería, que es la form a abreviada o co loquial
que utiliza tod a la com unidad educativ a par a referirse a este program a.
15
En adelante h ablarem os de PCPI de Jardinería, PCPI de Marroquinería y PCPI de
Cocina, respecti vamente, que es la f orm a abreviada o c oloquial que ut iliza t oda la
comunidad e ducativa par a ref erirse a estos progr am as.
290
o Segundo curso
- Prep aración de Acces o al CFGS en la especialidad de Ciencias.
Las insta laciones del centro son de gran m agnitud, dividiéndose el
complejo educativo en varios edif icios. En primer lugar, existe u n edificio
principal, donde además d e las aulas dirigidas a la e ducación y formación
del alumnado y los de spachos de los distintos depa rtament os, p odemos
encontrar u n servici o de reprografía, una s ala de profe sores y u na sala de
juntas, a sí como una sala de exposiciones y un salón de actos. En el e xterior
de este edi f icio hay un aud itorio, donde se representan d iferentes
espectáculos y recitales a lo largo del curso. En segundo lugar, hay otra
construcción destinada al á rea de cien cias, donde podemos encont rar varios
laboratorios, y otra destina da al á rea de lenguaje, donde existe una sala de
lenguaje, otra de audiov isua les, un laborat o rio de idiomas y un au la d e
dibujo. En tercer lugar, podemos observ a r la p resencia de un edificio que
funciona como biblioteca, y otro deno minado edificio d e fo rmación
profesional, que consta de un aula de i nf ormática y un aula de apoyo a
hipoacúsicos. Cerca de este último se encuentra la c afetería y el comedor
del centro, que pueden ser u tiliz a dos por to da la comunidad educati va.
Todos los edificios tienen los recursos materiales necesarios para a tender a
las diferentes necesidades educativas de l alumnado, d isponiendo ademá s
de herramientas de nuevas tecnologías aco rdes al u so de cada una de las
salas. Por último, en las inmedi aciones de este gran complejo, podemos
hallar una residencia d e estudiantes y amplias zonas deportivas formadas
por una pista polideportiva, una pista de atletismo, un campo de f útbol y u na
piscina.
Dadas sus amplias dim ensiones y su e xtensa ofe rta forma tiva,
podemos a firmar q ue es este un c entro de g ran tama ño, en el cual se
encuentran cursando sus estudios más de 1600 alumn os. Respec to al perfil
del a lumnado que asiste al IES Concepción Villalba , esto s proceden de las
barriadas más próximas al mismo, pe rteneciendo a familias de origen
sociocultural medio. Los alumnos “tienen entre 12 y 23 años y se atiende a
291
las NEA E
16
en la eta pa Secundaria, en los PCPI d e NEE y en los CFGM qu e
tengan a algún alumno de estas características”. (Diario de In v estigación 1 ,
p. 1). Es decir, la oferta educativa resp onde al p rincipio de igualda d de
oportunidades, ofertándose apoyos al alumnado con di f icultades en todas las
etapas educativas , o al menos en aquellas a las que normalmente accede.
L a diversidad de l alumnado es un a seña de ide ntidad de este centr o,
por lo que los jóvenes con DFI no encuentran dificultades para sentirse
integrados, debido a que cuentan con una numerosa rep resentación, ta l y
como manifiesta Isabel, que estudi ó psicopedagogí a y , desde hace siet e
años, es una de las dos orientadoras de las que dispone el c entro:
En todos los niveles desde la ESO t enemos alumnos discapaci t ado s y
tenemos una variedad tremenda, por q ue hay chicos con discapacidad
cognitiva, visual , auditiva, motórica... ( …) Ahora mismo te ne mos un 10% de
alumnos discapacitados. En nuestro centro hay 150 alumnos y yo creo q ue
están ya acos tumbrados . Aquí en general hay mucha variedad. (Entrevist a a
Isabel, orientado ra, p. 7).
No obstante , la atención a las NEE d el alumna do se encuentra
sometida a ciertos lí m ites relativ os a las capacidade s y a la autonomía
personal de cada joven. José, técnico e spec ialista en Hostelería y T urismo ,
trabaja desde h ace 21 años c omo prof eso r de c ocina, de los cuales l os
últimos 11 años ha desarrollado su labor e n e l taller del P CPI de NEE. Tal y
como d ice e ste profesor “normalmente, el a lum nado que e stá en este tipo de
centros, com o e l nuestro, es un alumnado con mayor capacidad. En centro
específico term inan los alumnos más afectados”. (Entrevista a Jos é, profes or
de taller de PCPI Cocina, p. 1 1). Por lo cual, observ am os que d esde la
Administración Pública se e stá realizando una distinción importante entre
qué alumnos merecen ser ate ndidos desde el sistema educativo ordinario,
garantizando su inclusión social y e du cativ a , y cuáles de ben se r apartados
del mismo, teniendo que asistir a centros específicos, donde su proceso de
aprendizaje y socializació n se va a ver marcado por una situación de
aislamiento y discriminación.
16
NEAE: Necesid ades Espec íficas de Apo y o Educat ivo ( Le y Orgán ica 2/2006, de 3 de
m ay o, d e Educación) .
292
El IES Concepción Villalba depende económi cam ente d e los recursos
destinados por la Junta de Andalucía, los cuales son valorados
positivamente por el personal de l centro aunque, tal y como af ir ma Isabel , en
ocasiones no son suficientes para atender a todo el alumnado:
Nosotros tenemos muchí s imos recursos compa rados con otros centros que
he estado yo. Aquí alucino. Nosotros tenemos 5 profesores de apoyo a la
integración a sordos, 4 intérpretes de si gnos, todo el prof eso rado de los
PCPI, que es ex clusivo para los PCPI de NEE y ordinarios, 5 PT, qu e yo
creo que ning ún centro tiene tantos, en el Departamento de Or ien t ac ión
somos dos orientadoras y t enemos 3 m onito r as que atien den al centro . Lo
que pasa q ue también tenemos unos 1700 o 1800 alumnos, q ue no es que
nos den todos esos recursos porque sí, pero que es lo de siempre, si t e dan
más pe rsonal, les encue ntr as ocupación. (Entrev i sta a Isabel, orientado ra, p.
8).
El con tex to de nuestra investigación se ha centrado en los programas
de P CPI (FPB en la actualidad), concretamente en los itinerarios di rigidos a
la atención del alumnado c on NE E , por lo que a c o ntinuación vamo s a
describir y ex plicar las características del entorno formativ o de los mismos.
En el primer curs o de PCPI los alu mnos tie nen q ue superar tres
asignaturas obligatori as y o tras tre s opta tivas, dependiendo d e la
especialidad que vayan a curs a r, las cuales y a hemos mencionado co n
anterioridad. En el caso del PCPI de Aux iliar de Reparación de Calzado,
Marroquinería y Reali zación de A rtículos de Guarnicionería, el núme r o de
asignaturas optativas es cuatro. L as clases de los PCPI del centro
transcurren entre el aula ordinaria y el aula -taller de cada especialidad, y
existen dos grupos de alumnos:
- A u no de ellos acu de el alumnado de frac aso escolar, que por su s
circunstancias personales o de origen sociocultural no ha podido
finalizar su s estudios obligatorios con éxito. En este grupo se incluyen
a aquellos alumnos co n dificultades de aprendiz aje que tie nen ciertos
inconvenientes para acced er a las exig encias del programa educativ o,
aunque no tienen un gran desfa se respecto del nivel d e exigencia en
materias instrumentale s de e stos módulos, pudiendo cursar los PCPI
con adaptaciones curriculares no significativ as.
293
- Al otro grupo a sisten los alumnos con NEE que, por e l nivel d e
exig encia aca démico y por la rigidez en las metodologías de nuestro
sistema educativo, tampoco han podid o obtener el título de ESO , y
requieren de una adaptación curricular signif icativ a para acceder a los
contenidos de dicho programa formativ o .
Atendiendo a otros de talles e n cuant o al f uncionamiento y
organización de esto s grupos, de bemos tener en cuenta la descripción que
reza a continuación:
Los tres grupos de 1 º de PCPI cuentan con un Itinerario ordina rio, donde
acuden los alumnos de fracaso escolar, y otro de NEE, para atender a la
div ersidad del a lumnado. Estos úl timos pu ede n repetir has t a tres v eces
dentro de una misma especiali dad de PCPI y, si no han cumplido la edad,
pueden cambiar se a otr a especial idad. Despué s, si aprueban 1 º de P CPI
pueden acceder al 2º curso, donde el tiempo dedi cado al taller se sustituy e
por otras asignaturas instrumentales . Pueden estar hasta dos años y, si
aprueban, salen con un título equivalente al Gr aduado Escolar, con
especializ ación en la rama profesional que hayan elegido. M e pl anteo, si
estos alumnos van 3 años a una especialidad, y el 2º curso lo hacen de otra,
qué cual if icación profesi onal es la q ue realmente tienen. (Di ario de
Investigación 1, pp. 1- 2 ).
En efecto, la principal diferen cia en cuanto a la organización y gestió n
de los dos grupos se e ncuentra en e l tiempo d e permanencia aceptado en
cada caso, es de cir, los alumnos con NEE p ueden permanecer hasta cinco
años d entro del programa, mien tras los a lum nos de l otro grupo solo pueden
estar tres. Otra de las ideas q ue extra emos de esta últi ma cita es que los
alumnos tienen la posibilidad de c a mbiar de especialidad para p ermanecer
más años dentro del sistema educativo y a sí retrasar su salida del m ismo el
máximo tiempo posible.
Si con tinuamos obser vando las d i ferencias exi ste ntes entre los dos
grupos de PCPI, enc ontramos que el número d e alumnos ta m bién resulta
ser u na de ellas: “en un PCPI o rdinario trabajan 20 alumnos y e n un P CPI de
NEE trabajan 8, en teoría, porque aquí so n 2 5 y 10”. (Entrevista a José,
profesor de tall er de PCPI Cocina, p. 3). De esta manera el trabajo con este
tipo de alumnado p uede ser más individualizado, propiciando que su s
294
profesores p uedan darle la atención que requieren y ada ptar la metodolog ía
y los ritmos de aprendiz aje a las n ecesidades de cada uno .
Dirigiendo nuestra mirada hacia las características del alumnado que
asiste a los grupos de PCPI de NEE, para h acernos una id ea de cómo
puede resultar e l trabajo dentro de clase en relación con otras variables que
intervienen dentro del con texto formativo-laboral, vamos a conocer la
configuración de uno de los grupos del centro, que corresponde al PCPI d e
Ayudante de Cocina.
El alumnado de FPB p rocede de l a E.S.O., no ha biendo alcanz ado los
objetivos de dicha etapa, comp rendiendo edades desde lo s 15 a los 20
años. Este año también ten emos repetido res del antiguo PCP I de NEE .
El g rupo-clase está f ormado por 5 alumnas y 4 alumnos de Necesidades
Educativ as Especial es, derivadas de distintos tipos y g rados de Diversidad
funcional; una alumna presenta sí ndrome de Dow n, mientras el resto tiene
retrasos madu rativos y mentales medios, con certificados de discapacida d
que sobrepasan en la may or ía de los casos el 50%. (Docu mento 1A, p. 6).
Cabe señalar que dentro d e este grupo el alumnado se caracteriza
por contar con unas características m uy diversas, p or lo que sus de mandas
educativas y sociales e stán sometidas a grandes divergencias. En p rimer
lugar, la edad de l alumnado, que en ocasiones determinará su
comportamiento y su s inte racciones sociales, ademá s de su grado de
madurez y responsabilidad. En s e gundo lugar, sus dife rentes necesidades
de apoyo, así como los condicionant es de riv ados del etiquetaje y
catalogación de la DFI, que dete rminarán la m etod ologí a a seguir d entro del
aula, y los ritmos de apre ndizaje de cada uno. En tercer lugar, el hecho de
que e xistan alumnos repet idores y otros de nuevo ingreso rep ercut e
directamente en la d i námica del au la, ex istiendo conceptos académicos ,
competencias y normas de comportamiento que los a lumnos más veterano s
ya conocen y el resto no. De esta m anera, el trabajo del profesor debe ser el
de adaptar, a través de d i ferentes metodologías de trabajo, los aprendizajes
individuales de cada uno de los alumnos.
En base a esta idea, e n un o d e los documentos relativ o s a las
programaciones didácticas de las a signaturas a imp arti r e n estos programas
295
formativos e ncontramos la siguiente cita, donde se esp ecifican las
estrategias a seguir pa ra atender a la diversidad del alumnado que asiste a
estos grupos:
Como no todos los alumnos y alumnas pued en seg ui r el mis mo ritmo de
aprendiz aj e, tanto por su propi o desarroll o psicológico como por muy
div ersas circunstancias personales y sociales, la atención a la div ersidad del
alumnado y de situaciones escolares se convierte en un elemento
fundamental de la actividad educa tiva. Es t ablece mos dos nivel es:
- Las incluidas en el Pl an de atenci ón a la Di versid ad del Cent r o.
- Las adaptaciones en el a ula.
- La adaptación de p ruebas.
- Utilizar un len g uaje claro y sencillo
- Añadir sinónimos a las pal abras poco frecuentes.
- Preparación de activ idades alterativ as.
- La secuenciación p r o gresiv a de las activ idades.
- Primar el fondo sobre la forma.
- Valorar los procesos de aprendiz aje frente a la memoria. (Docu m en to
2A, p. 29 ).
En definitiv a, el contex to fo rmativo de los PCPI de NE E viene
determinado por el respeto a la d iv ersidad de su alumnado, tomando como
referencia las necesidades de apoyo y las potencialidades de cada uno de
los alumnos, y estando el proceso educativo ma rcado por la ex istencia de
diferentes ri tmos d e aprendizaje y p or la aplicac ión de u n a metodología
práctica que adapte las competencias a las demandas de su alumnado.
En relación a la oferta edu c ativa de los PCPI de l centro, el número de
plazas v ien e delimitado p or v arias situaciones q u e suceden dentro del IES
Concepción Villalba. Por un lado, ta l y com o apunta Isabel , “norm almente los
alumnos que acceden a los P CPI del centro llevan aquí de s de la ESO,
muchos de nuestros alum n os entran con 12 o 13 a ños y están a quí h asta
que ya no pueden seguir p or la edad o hasta qu e d eciden irse” . (Entrevista a
Isabel, orientadora, p. 3). Esta c ausa, unida a la que po ste riorm ente
relatamos, dificulta la s elecciones de acuerdo a las especiali d ades de
formación profesional de los jóv e nes con DFI de la provincia.
El jefe de estudios me cuenta q ue en cada PC PI de NEE pueden ad mitir
hasta 8 o 9 alumno s y que estos pueden pe rmanecer hasta tres cursos en el
mismo. Me expo ne la problemática que se presenta cada vez que estos
alumnos repiten cu rso, pues el número de plazas ofertadas se r educe cada
año, no pudiendo admitir más q ue a uno o dos por curso en cada
296
especiali dad, q uedando la of erta de PCPI de NE E muy reducida . Ade m ás
los alumnos q ue acced en a los PCPI suelen ser los mismos q ue han
cursado la ESO en el m ismo centro, no q uedand o muchas opciones para el
alumnado que vien e de otr os centros. (En la prov incia solo conocemos este
y otr o centro más q ue oferten PCP I de NEE). (Di ario de I nv estigación 1, p.
3).
Es decir, la of erta de especialidades d e PCPI de NE E es red ucida, ya
que existen escaso s centros que gozan de apenas dos o tres posibles
itinerarios f ormativos, donde en cada uno de e llos solo e xisten 8 o 10 plazas.
A su vez, los jóvenes que han cu rsado sus estudios de ESO d entro de l
centro e ducativo Concep ción Villalba acceden preferentemente al primer
curso de los PCPI. Y como hemos visto , el número de plazas of ertadas cada
año resulta ser mu y inferior al número total de alumnos permitidos, ya que
muchos de ellos optan por repetir cu rso con el objetiv o d e permanecer el
máximo número d e años posible dentro del sistema educativo. Dadas las
circunstancias, e l tránsito de los jóvenes con DFI a estos estudios de
formación p rofesional resulta ser esca so, existiendo mu cho s jóvenes que no
pueden acceder o que no pueden elegir el itinerario que les gustarí a.
Atendiendo a las infraestructuras utiliz adas por los grupos de alumnos
de PCP I de NE E del IES Concepción Vil lalba, así como a los recu rsos
humanos y m ateriales de los que disponen dentro de los mism os, h emo s de
señalar algunas ideas que expondremos detall adamente.
En nuestra visita a este centro, pudimos conocer las aulas y los
talleres de cada una d e las especialidades, así com o otras inst alacion es
cercanas a los mismos.
En el centro hay un módulo aparte con los talleres de Formación
Profesional, donde además se encuentr a la ca feterí a y los huertos do nde
trabajan los alumnos de j ardinerí a, tanto de PCPI como de CFGM. Está un
poco apartado del módul o principal del centro y les resulta difíci l desplaz arse
de una parte a otra del centro a los alumnos, espe cialmente a aquell os que
están en sil las de rueda s. (D iario de Inv estig ación 1, p. 4 ).
En el m ismo pa sillo donde encontramos las aulas de marroquinerí a y
jardinerí a podemos encontra r el baño de este módulo, especialme nte
preparado para el alumnado de NEE, pues cuenta con una zona adaptada
para minu svál idos, además de una ducha y una camilla para aquel
297
alumnado que no sea c apaz de contr olar sus necesida des y q ue neces ite
ayud a para asearse y v estirse. (Diario de Inv estigación 1, p. 7 ).
Tal como vemos, el contexto donde se desarrollan los PCPI, tanto los
del itinerario ordinario como l os dirigidos a los e studiantes con NEE, se
encuentra apartado del resto del complejo educativo. Esto supone una
mayor especialización y eficacia e n la e volución práct ica de sus
aprendizajes, aunque también puede desencadenar cierto aislamiento a
nivel de so cializ ación de todos e stos jóvenes. No obstante, las
infraestructuras están espe cialmente diseñadas p ara garantiz a r una
formación profesional de calidad, contand o con las adaptaciones y los
recursos nece sari os para t odos los alumnos, aborda ndo tanto su s demandas
individuales como las ca racterísticas de cada especialidad f ormativ a. En el
caso de a quellos que tienen NEE, podemos com probar que los espacios
destinados a su desarrollo formativo constan de las adaptaciones
arquitectónicas ne c esarias para atende r a sus necesidades f ísicas y
cognitivas.
Si hablamos sob re la dota ción de recu rsos económicos, d adas las
características de las especialidades de e stos itinerarios, los g rupos deben
estar co n stantemente organizando activ idades extraordinari as p a ra poder
seguir abasteciéndose y no ver paraliz ado su proceso formativo.
El centro recibe basta ntes r ecu rsos econó micos, pero el v olumen d e
alumnado y la cantidad de especializaci ones q ue existen hace q ue r esulten
insuficiente s. En los talleres de PCPI de manera esporádica organizan
mercadillos, en el caso de marroquinerí a, o alguna comida para f amiliares y
amigos, en el caso de cocina , para ob t ener recursos económicos con los
que poder se g uir trab ajando. (Diario de Investiga ción 1, p. 2).
Este tipo de a ctiv ida des, además de su principal objetivo, co ntribuy en
a mejorar la socializ ación de este a l umnado , instituyendo nu eva s vías d e
relación con el entorno educativo y social, y al mism o tiempo suponen la
adquisición de nuevas competencias para la organización y gestión de
eventos y para el trab ajo en equipo, que seguro le resultarán m uy útil es en
su crecimiento pro fesional y personal.
298
Por últ imo vamos a conocer el volumen de recu rsos humanos que se
destinan a la formación profesional de estos jóvenes. Como hemos visto
anteriormente, reciben la ayuda del personal de apoyo a la integración, com o
los monitores de apoyo o las maestras P T:
Respecto al pro fesorado, en concreto de PCPI , cada especiali dad cuenta
con un profesor de tal ler y un prof esor de mater ias i nstrumen tal es,
cualquiera de los dos puede ser el tutor del grupo. Este año todos los
profesores de aula-taller son t utores de sus g rupo s, es por esta raz ón por l os
que decidi mos que fueran los ent r evi st ados. (Di ario de Inv estigación 1, p. 2).
Es decir, en todo momento hay un profesor que atiende a la formación
profesional de t odo el alumnado de estos grupos, en carg á ndose uno de e llos
de la f ormación e n contenidos académicos y el otro de la f ormación práctica
en la especialidad profesional elegida.
En de finitiva, el IES Concepción Villalba es un centro educativo que
apuesta por la inclusión socioeducativ a de todos sus alumnos y que , además
d e proporcionar una edu cación obligatoria de calidad que atienda a la
diversidad bajo e l principio de igualdad de oportunidades, pr e tende ser un
referente en cuanto a posibilidades de inserción so cio -laboral de los jóvenes
con DFI, ofertando una f ormación p rofesional e specializ a da adaptada a sus
características personales y a s us intereses. Centrándonos en el con texto
formativo de los PCPI de NE E, este preten de ser un entorno inclusivo, donde
prima la individualiz a ción de los aprendizajes ba jo una metodo l ogía práct ica
y diná mica que desp ierte la motivación de su alumna do desde un co ntexto
integrador.
3.2.1.2. Las fa milias ante la inc l usi ón ed ucativa, for mati va y
socio-labora l de los jóv enes
Durante el proce so educativo y de f ormación p rofesional que cap a c ita
a los jóvenes con DFI pa ra su a cceso al empleo y la vida a dulta, la fa milia se
constituye como un o de los principales agentes de orientación e interv ención
directa. Así, la guía y el ap oyo fa cilitados por las f amilias condicionan e n
305
formación y orientación p rofesional de calida d , y que especialmente, el papel
del orientador resulta de gran impo rtancia. Dado e l gran v olum en de
alumnado que e xiste dentro del centro e sta profe sional no puede i mplicarse
como deb iera en este proceso, pero co nsider a mos que debería adquirir el rol
de proporcionar información y f ormación suficientes en esta m ateria a
ma dres, p adres e hijos. Este tipo d e i nformación y forma ción están
relacionadas con hacer con scientes a todos e llos d e la importancia de
adquirir co mpetencias sociales y prof esionales, así como de fa cilitar
herramientas d e orient ación y bú squeda de empleo. D e manera simultánea,
el orienta dor debe trab ajar d e manera interdisciplinar con el resto d e
profesionales, con el objetivo de satisfacer las ne cesidades de cada alumn o
y de sus padres y madres.
Si abordamos el tema de la implicación de las familias en el p roceso
educativo y de fo rmac ión pro fesional de sus hijos, de scubrim os q ue, p or lo
general, los padres de los jóvenes con DFI suelen ser los m ás
comprometidos. A continuación vamos a co nocer la percepción que tienen
sobre este tema algunos de los profesion ales entrevistados.
Fernando, Ingeniero Técnico Agrícola, trabaja desde hace 22 años
como profesor de fo r mación profesional y desde h a ce 14 atiende a alumnos
con NEE. Es e l profesor de taller del CFGM de Jardinería, en cuyo grupo hay
dos a lumnos con DFI integrados. En su entr evista nos relata cuáles son las
características que definen a las familias de este tipo de alumnado.
Sí, las famili as siempre se implican. Normalm ente las familias de es tos
alumnos son muy combativ as porque desde q ue sus hijos son pequeños
siempre han estado luch ando. Desde que nacen han tenido que batallar con
médicos, a suntos socia les, etc. Son los únic os que aparecen por las
reuniones de padres, los únicos que vienen a recoger las notas, a pre guntar .
Siempre son las madres y l os padres de los alum nos de E ducación Espec ial.
Siempre. (Entrevista a Fernando, pro f esor de taller de CFGM Jardinerí a, p.
3).
Paula también n os habla de su buena experiencia, v alorando
positivamente la implicación de las familias de estos jóv enes.
306
Las familias se impl ican muchísi m o. Cada vez que necesitas al g o de ellos,
acuden. Si les propones una estrategia la acepta n, hay mucha coordi nación
entre los padres y los profesores para la m ejora del alumno, para el bien del
alumno. Mi experienci a es buenísima con respecto a los padres , se impli can
muchí simo. Puede haber algún caso puntual que no colabo ran t an to por
alguna dificultad social aso ciada, por que v iven en un área mar ginal, no
tienen muchos hábi t o s de esta r pendiente a la educaci ón de sus hijos, tien en
muchos problema s, etc. Esos casos solamente son los que la familia no se
ha impli cado, pero el resto siempre, en los 23 años que llev o, he visto
mucha colaboración por parte de los padres. (Entrev ista a Paula, profes ora
de taller de PC PI Marroquine ría, p. 8 ).
De ambas evidencias podemos deducir varias ideas, que no s resultan
interesantes para comprender cuál es el pe r fil y la manera de actuar de las
familias de los jóvenes co n DFI que cursan sus estudios de PCPI en el IES
Concepción Vil lalba. En primer lu gar , como af irma Fernando, estas son
familias combativas, es decir , son padres y ma dres luchado r es que se
encuentran comprometidos con la educación y f ormación de su s hijos. Esto
puede d eberse, en nuestra opinión, a que desde que sus hijos nacen estas
familias tienen que adopta r un papel especialmente activo en su educación,
buscando co nstantemente n uevos recursos e información y acudiendo a
diferentes especialist as. Este proceso les ha servido a de más para
comprender la importancia de la inte racción con los p rofesionales para que
su hijo m ejore en su desarrollo cognitivo, académico, autónomo y so cial. E n
segundo lugar , so n padres y m adres que ace ptan y pon en en m archa
cualquier estrategia o propuesta que les hagan los profesionales con el
objetivo d e que sus hijos sigan mejorando en sus competencias y
aprendizajes. Es decir , su ac titud es flexible y dinám ica y están a biertos a
probar nuevas metodologías si eso va a beneficiar a sus hijos.
Probablemente la experiencia les h a en señado a no estancarse, a no segu ir
un único modelo metodológico en educación, a combinar la intervención de
diferentes d isciplinas y a saber q ue a me dida que sus hijos progresan, las
intervenciones que se realiz an con ellos deben adapta rs e a su prog reso
evolutivo. Para ilustrar esta s dos últimas argumentaciones, co ntam os con el
testimonio de Enrique:
Enrique: Nosotros estuv imos mirando incluso en otr as partes de España,
porque nos daba igual coger, yo estoy j ubilad o, coger, vender aquí la casa y
marchar a viv ir a otr o. Estuve mirando in cluso en Cataluña, en la Faix eda.
(Entrevista a Enri que y C armen, pad res de alumn a, pp. 14- 15).
307
T a l es el compromiso de esta fami lia con la e ducación d e su hija, que
están dispuestos a establecer su vida e n cualquier otra parte del país si esto
va a resu ltar p ositivo para e lla. Otro aspecto que nos gustaría destaca r , es
que no encontramos diferencias en cuanto a la im p licación de p adres y
madres en el proceso educativo y formativo -lab oral d e sus hijos. En e l caso
de Enriq ue y Carm en, am bos ma nifiestan u n grado de interés y co mpromiso
similar , y aúnan sus e sfuerz os en la persecución de un ob jetiv o común ha ci a
el bienesta r de su hija a lo largo de toda la vida. No obstante, debemos se r
conscientes de la sit uación fam iliar de estos pad res y recorda r que hay
muchas familias que siguen el mode l o tradicional del patriarcado, en el cual
el pa dre es quien de sempeña u n puesto de traba jo y la madre se ocu pa de
las tareas domésticas y el cu idado de los hijos. En estos casos, n os
planteamos que la implicación d e uno y otro podría no s e r la misma y
pensamos que result aría nece sario p romov er un ca mbio d e men talidad,
donde ambos se impliquen y se com prometan por igual en la educación de
sus h ijos. De esta manera, ambos deberán conducir su s acciones hacia un
mismo f in, propo rcionando desde casa y e n colaboración con el centro
educativo, los apoyos y a ctividades que beneficien el crecimiento educativo,
social y formativo-laboral de su s hijos.
En ú ltimo lugar , y t eniendo presentes las dos ideas expuestas
anteriormente, debemos reflexionar sobre la tradicional mentalidad social en
la que las personas con DFI son consi derados se res dependientes y
pasivos, incapaces de actuar y decidir po r sí mismos. Bajo este paradigma,
las fam ilias de estos jóv enes af rontan la DFI a sumiendo que van a tener que
dirigir las acciones de su s hijos durante e l resto de sus vidas. Dada e sta
condición de dependencia a tribuida a estos jóvenes, las familias tienen que
implicarse en el proceso educativo, asumiendo a veces acciones y tareas
que corresponden al p ropio alumn o. Por lo tanto, e s importante que los
padres y mad res sean conscientes de que su implicación debe ser la
justamente n e cesaria y dejar espacio y libertad s uf icientes para q ue lo s
jóvenes con DFI tengan la m adurez imprescindible pa ra poder asum ir sus
propias responsabilidades.
308
Bajo esta con dición de de pendenci a, las alumnas entrevistadas
aceptan las d ecisione s tomadas p or su s f amilias, sin cuestionarse qué es lo
que realmente quieren hacer.
Entrevistadora : ¿Tú elegiste apunta r te a este PC PI?
Cy nthia: Lo eligió mi ma dre.
Entrevistadora : Lo eli g ió tu madre, pero ella sabe lo que a ti te gusta, ¿n o?
Cy nthia: Sí. (Entrev ista a Cynthia, alumna PCP I M arr oquinerí a, p. 1).
Entrevistadora : ¿El año que vi ene qué quieres hace r?
María: Lo que mis padre s digan.
Entrevistadora : ¿Y si no te gusta? ¿No te i m po nes?
María: M e da igual.
Entrevistadora : ¿Quier es t ermina r de estudiar o prefie res se g uir aquí ?
María: M e ir ía y a. (Entrev ista a M aría, alumna de PCPI Jardi nerí a, p. 4 )
Estas jóvenes han asumid o que este tipo de e lecciones son
competencia d e sus progenitores y evitan tener que a bordar e sta
responsabilidad. Toda la vida han de pendido de lo que sus fa milias decidían
que hicieran, sin pretender manifestar su opinión en ningún momento,
acomodándose a la di n ámica de de jarse llev ar po r aquellos qu e me jor las
cuidan. En este tipo de situaciones los padres deben b uscar la participación
de las jóvenes para evitar la perpetuación de conductas infantiles y de falta
de madurez. En el ca so d e Cynthia, tal com o nos relata su madre, la fa lta d e
iniciativa afecta a todos los aspectos de su vida cotidiana.
Natalia: A ella es que es o es lo que le falta much o, iniciativ a en las cosas. Si
tú la mandas, ella lo h ace, pero no tiene esa iniciativa de decir: mamá,
¿ahor a q ué ha go? Yo quiero hacer esto, yo quiero hacer lo otro…sino que
digamos que deja deci dir a o t ros, en ese aspec to (…)
Entrevistadora : A no se r que ya no le guste nad a y te diga que no.
Natalia: No, no, aquí no quiero estar, no quiero ir. Pero hasta ahor a, donde
ella ha ido, yo he decidido llevarla, yo le preg unto si q uiere ir, pero ella no te
dice a nada que no . (…) S e ha encontrado a r ropa da, y se ha encontrado
muy arropada ta m bién por nosotro s, entonc es digamos es una parte
cómoda q ue no sotros también n o le hemos plan teado q ué hacemos aho ra.
También yo creo q ue ella piensa que t odav ía es chica, que t odaví a ella tiene
que con tinuar con el colegio, el instituto , lo otro, lo otro. La que me plan t eo
soy y o el año q ue v iene qué hacemo s, ¿qué hacemos el año que vi ene?
Entrevistadora : Pero igual debería también empez ar a tomar sus propias
decision es.
Natalia: Ho m bre claro. Pero el la nunca toma de cisiones. A ver, y o por
ejemplo en la casa yo le digo: Cynthia, mira coge y limpi a el cuarto de baño,
haz esto, haz lo otro, y lo hace, pe ro no toma la in iciativ a, pero no dice ahora
que mi madre no está y estoy yo aq uí , voy a hac er estoy y lo otro, no, si yo
309
no se lo dig o no lo hace. Tienes tú que estar dicién dole haz esto…
(Entrevista a Natalia, madre de alumna, pp. 9- 10).
Tratar a los jóvenes co n DFI como niños hace que se sientan y ac túen
como ta les, a pesar de que po r su edad hace tiempo que d ejaron de serlo.
En el d esarrollo de la autonomía e independencia de estos jóvenes es
preciso que, a demás d e se r capaces de ejecutar ciertas ta reas por sí solos,
sean capaces d e valorar y compren der cuándo deben rea liz arlas, y es
responsabilidad de las familias hacerles adquirir este tipo de habilida des y
competencias. L a capacidad de toma de d ecisiones y de reso l ución de
conflictos tienen q u e ver con el empoderamien to social del colectivo, es
decir, van a prom over que las pe rsonas co n DFI sean e scuchadas y que
sean capaces de pensar p or sí mism a s, ten iendo así en cuenta sus
demandas e intereses d e prime ra m ano y no desd e el pu nto de vista de sus
familias. En el proceso de adquisición de estas capacidades, el pape l d e la
familia es el de informar, asesorar, a consejar y prop orcionar las ventajas y
desventajas de las diferentes opciones que se les presentan a estos
jóvenes, dejando que finalmente tomen libremente sus elecciones.
Continuando en el análisis de la idea de que las fa milias deben dejar
lugar pa ra que los jóvenes co n DFI tomen sus p ropias d ecisiones y asu man
progresivamente sus responsab ilidades, José no s explica cómo las fa milias
de s us alumnos, en ocasiones tratan de i mplicarse de masiado, llegand o a
los límites de la sobreprotección, y a este efecto analiza las causas d e que
esto ocurra.
La mayorí a de las f amilias se implica y mucho. Quizá no sea una frase muy
correcta, pero los padres de estos chicos pecan un poco de pesados. Les
gusta mantener contacto conmigo a base de notas en la agenda, que eso
muchas veces, yo se lo expl ico a los padres, que no ayuda porque eso lo
que hace es infantiliz ar a los chicos. Pero sí, la f amilia normalmen t e se
implica. T en go la suerte de que si llamo a al g una famili a para hablar con
ellos o les pido colaboraci ón en casa para que los chicos hagan tareas en
casa, o les pido cualquier otra cosa, normalmente siempre responde , po rque
además son f ami lias con una sensibil idad especial hacia sus hijos. No es lo
mismo que tú tengas un hijo que es un buen estudiante y que se
desenv uelve bien, que sabes q ue no te tienes que preocupar por él, a que
tengas un hijo con una discapacidad, q ue sabes qu e es mucho más
vul nerable. Entonces e stán más enci m a de ell os, algunas vece s los
sobreprote g en. Nosotro s al empez ar el curso hacemos una entrev ista
personal al alumno, y entonces empezamos a conocerlo y despu és
310
llamamos a la f amil ia para comen t ar sus resul tados y poder hacernos una
idea de cuál es su entorno social, cuál es su entorno familiar , q ué le pasa al
chico, po r dónde quiere i r , q ué le gusta, qué le disgusta , y a parti r de ahí
comenzamos a trabaja r con ellos. La colaboración por parte de los padres
siempre suele ser muy buena. (Entrevi sta a José, profesor de taller de PCPI
Cocina, p. 6 ).
Como podemos ob ser var, el e xcesivo contacto de las f amilias con los
profesores puede infantilizar a los jóvene s con DFI. Po r esta raz ó n, es
necesario potenciar la adquisición de habilidades sociales y estr ateg ias de
resolución de conflictos que les ayuden a ser capaces d e d esenvolv erse de
manera ef icaz dentro y fuera del aula. E n estos casos, el papel de los pa dres
y m adres es el de fomentar actitudes donde el alu mno actúe de forma
autónoma, evitando que se acostumbre a que hagan todo e n su lugar.
Por otro lado, José explica que estas f amilias tienen una sensibilidad
especial ya que, como hablábamos antes, ha n tenido que vivir un proce so de
lucha y apren dizaje que le s ha hecho ser más comprensivos con las
necesidades y dif icultades de sus hijos. Adem ás, co nsiderando la situación
de vulnerabilidad e n la que, po r la cultura social del ento rno se encuentran
muchos de estos jóvenes, los padres y madres promueven un mayor número
de int eracciones con el p rofesorado. Considerando lo anterior, es necesa rio
que exista u na colaboración entre los profesionales y las f amilias, donde se
establezca e l papel que ha de d esempeñar cada uno de ellos y se de limiten
los límites e n los ap oyos y a yudas que recibirá el alumno dentro y fue ra del
centro educativo.
Definitivamente, desde nuestro punto de vista resulta muy
enriquecedor e n el proceso educativo d e estos jóvenes e l h echo de que el
profesorado, aparte de cono cer al alumno , se entre viste con las f amilias,
obteniendo informació n relevante que le a yudará a mejorar e individualizar
de manera ef icaz sus estrate gias de intervención. Debemos ser conscientes
de que todos los alumno s no parten del mismo pu nto en su proceso de
aprendizaje y d e que e sto depende, en cierta med ida, del contexto f amiliar y
social en el que se desenvuelv e n.
311
En nuestras entrevistas hemos podido observar que la int eracción de
las f amilias con los profesores resulta ser constante, m ientras la relación con
las orienta doras se limita a una me ra reunión previa al ingreso del alum no en
los programas de PCPI.
Entrevistadora : ¿Las famili as se implican en el p r oceso?
Isabel: Y o creo que sí . Normalmente en es ta época, sob re todo jus t o cuand o
empiez an con la orientaci ón vocacional han veni do muchísimas famil ias de
alumnos con NEE a h ablar con migo. Para los PCP I ordi narios, q ue ha
habido 40 solicitudes, no ha venido ninguna f amili a. Y o creo que sí que se
implican , de estas solicitudes yo cr eo que han veni do prácticamente tod os a
hablar con migo.
Entrevistadora : Una vez que acceden a los PCPI, ¿si guen impli cados,
hablando con los p rofesores?
Isabel: Con los p rofesores sí, con el Departa mento de Or ientación ya no
tanto. (Ent r evi st a a Isabel, orientado ra, p. 7 ).
Como ya hemos po dido descubrir , la im plicación del depa rt amento de
orientación del centro en la formación de los jóvenes co n DFI que cursan los
PCPI de NEE en el IES Co ncepción V illalba , resulta s er muy limitada. Las
familias acuden a este servicio durante el proceso de orien tación profesional
de los alumnos para conocer las opciones a las que pueden acc eder sus
hijos y el funcionamiento y organización de las mismas, sin ex istir ninguna
continuidad en su i nte racción con e l mismo. Apreciamos qu e resulta
necesaria la colabo ración y el trabajo inte rdi sciplinar en tre los orientadores,
los p adres y m adres y los dife rentes profesionales que intervienen en el
proceso educativo y formativo del alu mno, con e l f in de co nocer mejor s u
evolución personal y social y así poder abordar d e manera más eficaz la
adaptación individualiz a da de sus aprendizajes, da ndo una respuesta de
calidad a sus demandas y necesidades.
La falta de comunicación e ntre los diferente s servicios p uede
desencadenar que existan situaciones de co nflicto en las que el resultado no
resulta ser el más beneficioso para el alumno con DFI.
Isabel: T e encuen tras con padres q ue vien en obcecados en que su hijo
tiene q ue estudiar cocina por ejemplo, y cue sta mucho aseso rarles. Se les
aconseja, pe r o al fina l siempre deciden ellos.
Entrevistadora : ¿Y aciertan?
Isabel: No siempre . A la vista está que hay alumnos matriculados en
312
especiali dades q ue yo creo que no debe rí an estar , pero como t enemos que
admitirlos pues ya está, no hay otra. (Entrev ista a Isabel , orientadora , pp. 3-
4).
Muchas familias, buscando lo m ejor para sus hijos, piensan que son
ellos quien es mejor los conocen y n o se de jan asesorar po r los profesiona les
especializados del centro, tomando en muchos casos decisiones
equivocadas. Este tipo de d ecisiones van a condicionar el fu turo e scolar y
profesional de estos jóvenes, por lo cual de nuevo reafirmamos la necesidad
de que exista una comunicación adecuada e ntre los orientadores y las
familias, don de aparte de los gustos e inq uietudes de estas ú ltimas, se
abor den las características y necesida des de los jóvenes y se busque la
opción formativa que mejor se ajuste a estos.
No obstante, como declara Susana, a pesar de la buena disposición
general de las familias, existen e x cepcione s en las que estas no se im pli can
lo suficiente en la educación y formación profesional de sus h ijos. La
profesora nos explica cómo trabaja c on aquellas que sí decide n co laborar
con ella.
Entrevistadora : ¿Las famili as se implican? ¿ T rabajáis con el los?
Susana: Algunos más, otros men os, menos de lo que se debiera . La verdad
es que son pocos los que se i mplican.
Entrevistadora : Y los que se implican, ¿có mo trabajái s con ell os?
Susana: Si hay alguna cosa q ue les queramos comenta r , se lo comentamos
y rápidamente vienen . La verdad es que activ ida des conjuntas con ellos no
hacemos. Si hay algún problema puntual o alguna co sa pun tual que
queramos comen t ar , no s pone mos en contacto y lo habl amos. El otro día
vi nieron los padres de un alumno, estuvieron aquí charlando de cómo iba su
hijo, pero nunca plante amos ninguna activ idad con ellos. (Ent revista a
Susana, pro f esora de taller de PCP I Jardinerí a, p. 4 ).
La comunicación e ntre la prof esional y las f amilias se f undamenta en
entrevistas pe riódicas en el c entro educativo cuando s u rge algún tipo d e
conflicto p ersonal o d entro de l au la, siendo insuficiente e ste tipo de
interacciones para proporcionar una atención efectiva a los e studiantes.
Según esta profesora, además se debería realizar alguna actividad conjunta
con ellos, es decir, aparte de servir com o guías y mediadores del
aprendizaje, las f amilias podrían adoptar un rol a ctivo d entro del au la. Con
esta finalidad, habría que realizar algún ejercicio de conv ivencia que propicie
313
un acercamiento entre toda s las f amilias, y que promueva que todos p uedan
conocer y particip ar del trabajo que se lleva a cabo en el aula o el tall er.
En esta ú lti ma parte de l p resente epígrafe, queremos conocer y
analizar có mo afrontan las familias de los jóvenes con D FI que a si sten a los
PCPI de NE E del IES Concepción V illalba el fu turo de sus hijos, tanto a nivel
académico como profesional y social.
Con este fin, v amos a conocer la opinión de Fernando, que afirma q ue
existe un cambio en las expectativas familiares , debido a la evolución del
pensamiento de nuestra socie da d, que abo ga cad a d ía má s por la inclusión
de las persona s con DFI en los entornos normalizados, como es el me rcado
laboral.
Entrevistadora : ¿Qué opinas de la inserción laboral de las personas con
discapacida d intelectual y qué cree s que pued e sup oner en la sociedad y
para ellos el que es tén en un pues t o de t rabajo?
Fernando: (…) Despué s, a la familia le da más t ranquil idad para el f uturo,
porque saben que no v an a depender de ell os siempre (…).
Entrevistadora : ¿Y a nivel social qué crees que sup on e?
Fernando: A nivel social es importantísi mo que se vea a este tipo de
personas ocupando puestos de trabajo. Hac e algunos años estaban
"aparcados" en sus casas, no salían de ahí porqu e estaban mal vistos . Eran
una car g a para la f amil ia y no se plan teaban el que pudieran llegar a ser
independi entes, ni integr arse socialmente, ni mucho m enos desempeñar un
trabajo. (En t revi st a a Fer nando, pro f esor de taller de CFGM Jardinerí a, p. 1).
En el planteamiento q u e nos hace Fernando comprobamos cómo ha
cambiado e n las ú lti mas d écadas e l pa pel de las personas c o n DFI en
nuestra so cieda d. D e ser considerados d ependientes y tener que
permanecer e n el hogar familiar sin posibilidades de vivir plen amente, estas
personas pueden conseguir un empleo, lo cual además de me jor ar su
autonomía e independencia personal, repercute po sitiv amente en la
satisfacción de las familias, que ven cómo su s hijos pueden acceder a la
vida a dulta y no van a depender de e llos durante to da su vida. El mayor
miedo de los padres y madres d e las per sonas con DFI es qué va a ocurrir
cuando ellos ya no es té n , por lo que la evolución de la situación social d e
estos jóvene s aporta cierta tran quilidad a estas familias, que depositan sus
esperanzas en que esto s jóvenes encuentren un trabajo y pueda n
314
independ iz arse en un futuro, accediendo al menos una v ivienda tutelada.
Cuando preguntamos a los padres de las alumnas de los PCPI de
NEE cuáles son su s planes de futuro en el moment o en que sus hijas
finalicen su proceso de escolarización, su s r espuestas vien en marcadas po r
cierta duda y desconcierto.
¿De lo que ella va a hacer el año que viene? bueno yo creo q ue eso ella
como hasta ahora he sido yo la q ue me he preoc upado de eso, pues ella ya
se deja llevar un poco. A lo mejor el año que viene, como ha esta do aquí ,
bueno pues, a ver ¿el año que vi ene q ué v amos a hacer? Tenemos que
buscar esto, tenemos que buscar lo o tro. Ella acepta muy bien las cosas. No
suele… (En t revi sta a Nat alia, madre de alumna, p. 9 ).
Enrique: Entonces yo no sé cuál va a ser el f ut ur o, no lo sé, en principio lo
tenemos un poco ne g ro. T end r emos q ue empez ar a mirar ot ra vez , a ver ,
porque además esto evolucion a, porque estas asociaciones depende n
mucho de las subvenciones y las ayudas que les den a las personas o a la
institución y , como eso está cambiando conti nua mente, no se sabe lo que va
a haber . (Entrevi sta a Enrique y Carmen , pad res de alumna, p. 15 ).
De los testim onios que e xponemos extraemos varias idea s. Por un
lado, observamos que la tom a d e de cisio nes de este tipo de asuntos resu lta
ser resp onsabilidad d irecta d e las famili as, dond e g eneralmente es tas
jóvenes ace ptan de buen grado aquello que sus madres y padres les
propongan. Siendo conscientes d el momento vital en el que se e ncuentran,
en e l que deben elegir y perseguir nu e vas m etas y asumir nuevas
responsabilidades que les conduz can a lograr u na m ayor madurez y
dependencia, recalcamos de nuevo la ide a de que las f amilias impliquen a
los jóvenes con DFI en los procesos de toma de decisiones q u e van a
afectar a su vida cotidiana en un futuro a corto y largo plazo.
Por otro lad o, las familias no co nocen cuá les son las posi bles
opciones a las que pueden acceder sus hijas dada la escasa información
que existe en nuestra socied ad, y te niendo p resente que la s pocas
oportunidades de la s q ue pueden disfrutar estos jóv enes p resent an una serie
de trabas y dif icultades, de bido a los escasos recursos destinados a la
atención de este colectivo y a las barreras institucionales y burocráticas
existentes. Es decir, el fu turo de los jóvenes con DFI depende, además de la
321
mentalidad social inculcada desde la escuela, d onde los contenidos s e
dividen y sepa ran en diferentes materias. Con esta orga nización n o se deja
lugar pa ra que exista tra nsferibilidad entre los aprendizajes de u na materia a
otra, o de la escuela a la vida cotidiana del alumno. Es necesari o , po r lo
tanto, que exista una evolución en la cultura de la escuela, donde se
conciencie a los do c entes de la importancia d e que las h ab ili d ades y
competencias personales, so ciales y laborales sean un tema transversal a
todo el proceso educativ o y fo r mativo de los estudiantes .
Para que los a prendiz ajes puedan ser tran sferibles y aplicables a la
vida pe rsonal y social y al desarrollo de un empleo, es n ecesario a demás
que exista un traba j o interdisciplinar d e los profe sionales implicad os. Isabel
nos explica que en e l proce so de orienta ci ón profesional, trabaja de m anera
colaborativa con los profesores de los PCPI y los profesionales de apo yo a la
integración.
Isabel: Normalmen te los alumnos que acceden a los PCPI del centro llevan
aquí desde la ESO, muchos de nue stros alumnos entran con 12 o 13 años y
están aquí hasta que ya no pueden se guir por la edad o has ta q ue decid en
irse. En esos a ños tienes contacto con la familia, pero los que m ás contacto
tienen real mente son los profesores y los P T .
Entrevistadora : ¿Y en la orientación profesional?
Isabel: Pues dependi end o del caso, normal mente se hace de manera
interdiscipl inar , t raba jando los PT y los t u tores en colaboraci ón con el
Departamento de Orientaci ón. (Entrev ista a Isabel , orientadora, p. 3 ).
Sin embargo, una vez el alum no a ccede a su itinerario formativo,
quienes se ocupan de todo el proceso de aprendizaje y crecimien to personal
del a lumno son los pro fesores de las materias instrumentales y los
profesores de taller , con la ayuda de los PT y el resto del p ersonal de apoyo
del centro.
Isabel: Lo q ue ocurre e s lo que te he dicho ant es: yo realmen te no tengo
tiempo de atender ni a ciclos ni a PCPI, ni a muchos . T engo mi horario
asignado: cuando recibí el reparto con las dos horas que estamos aquí (en
el despacho) yo dije que yo me encargaba de ciclos y al f inal estam o s de
trabajo hasta arriba. Si m e requi eren voy y sino, es q ue no t en g o tiempo de
atenderlos siquiera . A p rincipios de curso sob re t odo sí que hacemos más
labor con ell os. A los prof eso res les expl ico las características de los
alumnos que tienen , vemos los informes psicopedagó g icos , los resúmenes
que hayan dejado los pr ofesores de antes, etc. A principio de curso sí que
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les doy mucha inf orma ción de los alumnos q ue tenemos, pero duran te el
resto del año y a los pobres están más abandona dos.
Entrevistadora : ¿Entonce s el tema de las práct icas lo gestionan los
profesores?
Isabel: Si, y las prácticas de los ciclos son los pro f esores t a mbién los q u e lo
organiz an, los centros de prácticas los bus can ellos. ( Entrevi st a a I sa bel ,
orientadora, p . 7 ).
Observando las dos citas de la e ntrevista a esta profesional, sabemos
que existe un a inte nción po r pa rte de todo el equipo docente de atender a
los alu mnos co n DFI de mane r a int erdisciplinar, aunque dado el gran
volumen de trabajo de todo s e llos, y e specialmente de la orientado ra, la
puesta en práctica de esta e s trategia de trabajo no resu lta ser la de seada.
No obstante, la orientadora trata de informar y acon sejar a los docentes,
poniendo a su disposición to da la infor mación disponible que necesitan pa r a
que pu edan planificar la intervención educati va que rea liz a rán a lo largo de
todo el curso.
La orientadora , a mi parecer , y a pesar de mostrar bastan t e interés y
preocupación por la situación de este alumn ado, debi do a su ampl io
vol umen de trabajo, realiz a una intervención algo supe rficial dentro del
proceso educativ o de este alumnado, li mitándos e su f un ción a la orientación
inici al de las f amil ias y a la información previa de los tutores sobre las
caracterí sticas del alumna do de nuevo in greso. El despacho de orientac ión
se encuentra bastante al ejado de las aulas -tall er por lo que, para cu al quier
necesidad q ue se pudier a plantear den tro de estas aulas, tendrí a q ue acudi r
expresamente , siempre que sus o tras obligaci ones se lo permitieran . Es
perfectamen te co mprens ible q ue con estos recursos la orientación educa tiva
de este alumnado no sea t odo lo intensa q ue debe ría. ( Diario de
Investigación 1, p. 6 ).
Estamos h ablando de un centro educativo que tiene que asumir una
gran can tidad d e alumnos, en el que solo h ay do s o rientadoras para atender
a las particularidades de to do el alumnado, cuando ad emás una de ellas se
encuentra de ba ja y n o ha sido sustituida. Por lo ta nto, po demos percatarnos
de que los recursos of ertados desde la institución educativa resulta n ser
insuficientes para que e l trab ajo de los profesionales del centro sea lo
bastante eficaz en la atención integral de la educación de todo s los alumnos.
Si seguimos habla ndo de los p rofesionales como recursos human os
que tienen la función de atender a las d i ferencias individuales del alumnado,
así com o de apoyar el traba jo dentro del aula encontramos que, según los
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profesores, el tiempo que reciben la ayuda del personal de apoyo a la
integración resulta ser insuficiente.
T en go una profesora de PT que v iene una serie de horas a la semana, quiz á
sería más conveni ente que vi niera más horas porque es un gr upito muy
heterogéneo , con muchas necesidades po r la discapacidad t an g rande q ue
tienen los alumnos. Quizá que estuviera más t ie mpo conmigo sí me vendrí a
bien. T engo varios alumnos q ue no pueden comuni carse, normalmen te el los
me entienden pero no pueden hablar , entonces tengo intérp retes de len g ua
de signos que vienen una serie de horas a la semana y me ayudan también.
(Entrevista a Susana, p rofesora de tall er de PCP I Jardinerí a, pp. 5- 6 ).
Debemos ser conscientes de que el a lumnad o que asiste a un aula de
PCPI de NEE posee una s características m uy diversas, y a veces incluso
cuenta con un gran número de necesidades de apo yo, p or lo cual para
realizar una atención individualiz a da y de calidad con cada uno de ellos, hay
momentos e n los que no es suficiente el trabajo de un único p r ofesional. La
intervención intermitente de los profesionales de a poy o a la integración
dentro del a ula dificulta la continuidad de l os aprendizajes, tenie ndo qu e
abandonar los a lumnos las tarea s que estén realizando e n función de la
disponibilidad de estos do centes .
Y recursos personal es pue s también porque se nota mucho, los profesores
cuando están solos están más agobiados, solo para darl e una tarea a cada
uno pierden mucho tiempo, porque son todas distintas, son 8 niños haci endo
cada uno una ac tivi dad diferente. Cuando has terminado de poner tare a a
todos tienes que e mpezar otra v ez porque ell os necesitan que estés
pendiente. Cuand o llegamos alguna de nosotras, pues ap rovechan e sos
momentos para hacer al guna cosa para la que necesiten más ay uda. La
falta de recursos personales también nos limita bast ante en ese aspecto.
(Entrevista a Rocí o, maestra P T , pp. 6- 7 ).
La presencia de un mayor nú mero de profesionales dentro del aula
aumenta la calidad de las intervenci one s educativas, pe rmitiendo que to dos
los alumnos puedan aprender a la vez y n o tengan que estar p arados
esperando la atención de sus profe sores. Para paliar la ausencia de med ios
personales que atiendan a todos los e studiantes, los docentes pueden
recurrir a estrategias de apoyo en tre iguales, donde los j óvenes además
podrán adquirir compete ncias y hab ilidades de co operación, trab ajo en
equipo y socialización, co nstituy éndose esta práctica como un apoyo e xtra
para atender a todo el alumnado.
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Si ab ordamos d e manera crítica la fo rma de trab ajar de l profesorado
de los ta lleres de PCPI, descub rimos que la flexibilización e individualiz a ción
de los aprendiz ajes en base a las características personales de los jóvenes,
es una práctica recurrente. Paula nos relata cómo adapta el currí cu lum
establecido a las necesidades de su aula taller.
Paula: Y o pre f iero ese módulo sustituirlo por uno en el que el alu mno
adquiera unas destrez as q ue le permitan en un f uturo conse guir un trabajo,
que es de lo q ue se trata . Eso ya es flexi ble dentro de m i aula.
Entrevistadora : T e vas adaptando a cada uno. . .
Paula: Exacta m ente , aunque en el cur rícul u m es diferen te pero ya te
adaptas tú como profesional .
Entrevistadora : V as po tencian do las habil idades q ue ves que tienen.
Paula : Cl aro , tú v es la s necesi dades y ac túas sobre eso. Quizá en l os
contenidos t eóricos , pues en la prác tica sabes ya más o menos cómo tienes
que organiz ar las clases. (Entrevi sta a Paula , pro f esora de t aller PC PI
M arroquinería, pp. 4- 5 ).
Para esta profesora e s preferible que el alumno adquiera unas
destrezas personales, que le van a f acilitar acceder en el futuro al mercado
laboral y de senvolv erse en otros e ntornos sociales, a que a prenda un a serie
de contenidos a cadémicos que podrían ser o lv idados f ácilm ente . En
ocasiones, las dificultades co gnitiv a s y sociale s de los alumnos hacen que el
aprendizaje de los contenidos curriculares teng an que demorarse.
Pero es que cuando llegó, a mí ni me hablaba. En estos tres años me he
tenido que dedicar más a las habil idades personal es q ue a la formación
profesional en sí, porqu e si la chica ni siquiera m e saluda, ni me da los
buenos días cuando llega, yo no m e voy a poner el primer día a pedirle que
cocine, po rque no lo va a hacer . (Entrev ista a José, profesor de t aller d e
PCPI Coci na, p. 14 ).
Como refiere José, e s evidente que el proceso de f ormación
profesional d e esta alumna no p uede iniciarse en condiciones normales,
dado que su comportamiento dentro de l aula no es el más propicio para tal
fin. Así, los pr ofesionales de ben ser pa cientes y comp rensivo s con su
alumnado, exig iéndoles e n función de sus capacidades y aptitudes,
buscando e n todo momento que estos se sientan cómodos y p uedan llegar a
estar dispuestos a emp ezar a trabajar dentro del aula o del aula -ta ller.
De bemos p ensar, por lo tanto, que los prof esionales de la acción educativa y
formativa-laboral, deben contar con la s uf ic iente sensibilidad para detectar
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las ne cesida des de sus alumnos, conociendo e l punto de partida de los
aprendizajes académicos y personales de cad a u no de ellos, y sa ber
discernir las prioridad es e ntre los con tenidos cu rriculares y las com petencias
sociales y laborales q ue deben ir adquiriendo a lo l a rgo de su proceso de
formación. De esta manera, la fu nción del docente de la form ación
pr of esional de jóvenes con DFI es l a de educar y fomentar el de sarrollo
autónomo y el creci m iento personal de estos, más allá d e l as metas
dispuestas desde el itinerario profesional que se encuentran imparti endo.
Como hemos visto, una de las características que deben tener los
docentes que impartan la fo r mación profesional d e los jóvenes con DFI es la
sensibilidad y comprensión hacia las dif icultades y características
personales, educativas, sociales y laborales de su alumnado. Es por esto
que colaboran con las familias a nte situaciones que suponen un co nflicto
para estas, como ocurre en el momento de la evaluación de sus hijos e hijas.
Enrique: Sí, sí, cla ro, porque están m uy limit ados aún, porque llevan el
apoy o de los prof es ores que se sensibi lizan, porq ue normalmen te si te
aprueban un primer curso, ya no haces más, tú puedes estar 3 años en el
PCPI siempre q ue te suspendan. Si los profesores no colaboran con las
familias para suspende rles y q ue si gan repitien do hasta el máximo q ue son
los 3 años, el prim e r año a la calle, y no ha y n ada m ás, es el míni m o del
míni m o, y en 2º de PCPI igual, si el primer año te dan el aprobado, a hacer
puñetas, entonces te permiten 2 años en el 2º de PCPI, pues aprovechamos
que los profesores colaboran contigo para que estén dos años, pero es así.
(Entrevista a Enri que y C armen, pad res de alumn a, pp. 12 - 13 ).
Este p adre considera que los pro feso r es tienen la suficiente
sensibilidad e im plicación pa ra comprender la problemática que se les
presenta a estos a lum nos en el m oment o de su salida del sistema educativo,
por lo que con tribuyen a que e sta pueda ser prolon gada el m áximo número
de años posible. Con esta actuación, además se están comprom etiendo a
dilatar al máximo el proceso e ducativo y formativo de estos jóvenes, con el
fin de que incrementen y ref uercen sus habilidades y com petencias para el
empleo, y apren dan con m ayor p rofundidad los con tenidos decretados en el
currículum escolar.
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Asimismo, en nue s tras e ntrevistas a los p rofesionales del centro,
hemos podido descubrir que esto s se sien ten m uy comprometidos con la
evolución y el crecimiento de estos jóvenes hacia la vida adulta, llegando
incluso a extralimitarse e n su s fu nciones y a rea lizar actu aciones que
contribuyan a tal fin fuera de su horario la boral.
El año que estuve trabajando de AL tení a que ir a las tiendas de los chin os y
cargarme de cosas por q ue yo necesi to para trabaja r globos, pomperos,
silbatos y cosa s de es as, y si no hay , no puedo trabajar . Y tenía que
comprarlo yo pero claro, eso te lo puede s permi t ir , gastarte al mes 20€ en
materiales, pero en orde nadores ya no puedo (Entrevista a Rocí o, maestra
PT , pp . 6- 7 ).
Rocío, para poder desempeñar su lab or profesional adecuadamente,
procurando que exista una evolución fa v orable e n la adquisición d e los
aprendizajes de su alumnado, tiene que aportar sus propios recu rsos. Es
decir , no se conforma co n los recursos materiales ofertados de sde el centro
educativo por consid erar que son escasos y que no van a ayudarla a
proporcionar un a a ten ción d e calidad a sus a l umnos. Por esta razón, d ecid e
comprar e lla misma aquello que necesita p ara trabajar , teniendo que invertir
un tiempo extra, además de realizar un esfuerz o e conómico para a s umir sus
funciones d ocentes. Al igual que Rocí o , José se mu estra como un docente
comp r o metido con su trab ajo, que cre e firmemente e n las posibilidades de
promoción de los jóvenes que se e ncuentran f ormándose e n su taller d e
Cocina.
Y o hago un es f uerz o también po rque me tengo q ue multipl icar , tengo que
hablar con el empresari o, tengo q ue co ger mi coch e, t e ngo q ue salir , tengo
que hacer el seguimien t o, y ahora m ismo lo úni co que nos hacen a los
profesores es meternos más horas, quitarnos dinero, entonce s, la gente está
quemada, se junta todo. Si no hay dinero, no hay alegrí a, t odo se compl ica y
por supuesto cosas sociales m ucho más, así q ue así estamos. (Entrev ista a
José, pro fesor de taller de PC PI Cocina , p. 14 ).
La lectura de esta cita n os hace destacar la importancia de que desde
la inst itución educativa se promuevan unas co ndiciones l aborales d ignas,
que aporten a los d ocentes el bienestar y la motivación laboral suficientes
para efectuar su trabajo de fo rma rigurosa y eficaz. En este p unto, d ebemos
hacer hincapié e n la dimensión emo cional del docente, que hoy en día tiene
que soportar numerosas resp onsabilidades, a la vez que lidia con las
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