Conferencia dada en la Sociedad de Ciencias
Full text
CONFERENCIA DADA EN LA SOCIEDAD DE CIENCIAS POR LA ~ftlA. lfftf~n A~PlnIU PAUl DIRECTORA DE LA ESCUELA NORMAL DE MAESTRAS DE MÁLAGA la noche del 28 de En~ro de 1915 IMPRENTA IBÉRICA NUEVA, 315
Sotiedad Malaguena de [ientias BIBLIOTECA Sala ................................. .. .. .. ... ..... ... . .. : .. Esianle . .... : ... . .. . .... . ..... ... .. .. .... .... . .. .... .. . Tabla .... . .. .............. ...... . ... . .. .. .... . , ~ffl Numero .... . .............. . ...... ...... . .... .... .
, .UI..L ;.G [A LAGUE ~ A DE C ¡~r~C IAS BIBLIOTECA , '. - . .... ( I~ J /. ¡' , .('> " , ~ . ¡ ¡" () r · ({....,. 1 r ¡ , ... "1 I : t J.. ; lo- ;. t 7 I .. (1 t ' ~ j.
CONFERENCIA DADA EN LA SOCIEDAD DE CIENCIAS POR LA DIRECTORA DE LA ESCUELR NORMRL DE MRESTRRS DE MÁLAGA la noche del 28 de Enero de 1915 IMPRENTA IBÉRICA NUEVA, 3~
~QO~ ~oo~~ ~oo@ ~oo~ ~ ' ~,o~' ~o,o~' ~"OO~' ~oo oc 00" O" O O ,,00 O" "0 " O" SEÑOI<AS y SEÑORES: Distinción inll1erecida que nunca agradeceré bastante, reql1erimientos de amistad que me Ilonran y sagrados deberes que obligan, me traen a este sitio, en el que ll1e presento sin más títulos que mi calidad de maestra, conocedora de niños, con los que desde mucllos años vivo en contacto íntimo y a los que entrañablemente quiero. Por quererles y por deberme a ellos, vengo aquí deseando que mi palabra, sencilla y humilde como aquellos cuyo bien me impulsa, deje en vuestro oido rumor de simpatía, en vuestro espíritu acrecentamiento de amor yen vuestra voluntad el gerl1Jen de algún propósito que los niños necesitan y yo señalaré. No muy acostumbrada y menos aficionada a hablar ell público, poco bien podré hacerlo; -5 -
con respecto a lél lIlayoríél de los que lile es c uchan, nadél lluevo llegaré a decirles. Perdonadllle por ello en gracia él las razones expuestas y a la sana intención que me guía. Si el hombre fuerél sólo inteligenciél, con la ciencia C0l110 expresión de la verdad tendría bastante, porque la inteligencia sólo de lél verdad necesita. Como el lIombre es también sellsibilidad, apetece el arte, que es copia de la rcalidad embellecida. Ciencias y artes gobiernan, pues, el mundo del espíritu, tendiendo entre ellas y levantando sobre nuestras cabezas el arco triunfal de \;IS l3ellns Letras, que son ciencia y arte a la vo, ako así COIllO la verdad coronada de flores. Ciencias, letras y arte, amasan la piedra angular sobre que precisa construir la vid:] COII1pleta del hombre cimentada por la IlIQral , dirigida por la luz radiante de la verdad pura y animada, por la caricia de la belleza en cuanto es orden y armonía, inútil deslindar campos que se confunden, distanciar verdades que se enlazan, proscribir parte de lo necesario, escatimar el disfrute y posesión de Cllanto ai Sel10r plugo en su previsión magnánima, poner a nuestro alcance. Inútil la discusión sobre el lugar preferente que unos 11 otros estudios deben ocupar en la educación del hombre, según su importancia e influencia beneficiosa. -6-
Sill embargo, lIlarcalJ épocas en la vida dc los pueblos estas prefcrencias, y es que con ellas sc busca rCfllcdio a los m;¡lcs quc se padecell, y se vuclven los ojos, ya a la Ciencia COfllO fucnk dc verdad, estímulo de la razón seren<1 y observadora, frcllo de pasiones y desvaríos, obstáculos de ligerczas, compensación de veleidades; ya a las Letras C0l110 rocío que fecundice los estériles campos de corazones secos y allnas atcridas por el soplo helado dc la indlfercncia y el cgoismo. Prcscindamos nosotros de esas divisioncs; abralllOS paso a esa trinídad augusta y consideremos borrados límites y clasificaciones, 110 sólo por estimar quc tal dcbe hacerse, sino por que úlJicalllcntc así podré ~o atrevermc a expOllcr mis pobres y deshilvanadas ideas ante auditorio tan sclecto, y a hablar en un Centro de ciencia de algo tan elemental y tan modesto como es el asunto de Libros y Nii7os. Es tan necesario y tan interesante que los niños lean y de tan gran trascendencia para las sociedades y los pueblos csas lecturas infantiles, que a nadie percatado de estos extremos, y todos debel1los cstarlo, extrañará la atención insistente quc pensadorcs, filósofos, literatos, cicntíficos y poctas dedican y !Jan dedicado a estc vital asunto. Los ninos ncccsitan leer: porque la lectura es el principal Illedio de instruccióll, porque la -7 --
alivio, de aspiraclon intraduciblc por lo perfecta y posible por lo real; pueblo (lLlC yace bajo el conjunto abtulllador de tantas de s dichas, es pueblo próxi mo a la 111 uerte. y COl1l0 esta proximidad 110S ronda, ]¡::¡y que salir dc estos pasos difíciles y llcvar a nucstro pueblo a sitio seguro, dc vivir próspero, trallquilo y elevado. A la llil1ez de hoy, juvcntud de mafiana, hay que encotllcndar el milagro, poniéndola en condiciones de hacerlo; y a tal punto es misión de todos esta encomienda, que ni un solo de entrc nosotros queda exento de cumplirla. En la casa, en la calle, en el tetllplo, en la escuela, en la ciltedrél, el¡ el periódico y el libro, sin descuidar momento ni desdefíar medio en la medida quc cada cual pueda y en la parte que a cada uno toque, hay que declarar guerra a muerte al eltcrnigo y formar cn nuestros niños la cOllvicción íntima y absoluta de que 110 se tielte cnteltditllicnlo para drjarlo yermo e inculto, lli razón para 110 cjcrcitarlo, ni corazón para lJO amar ahnegadarncnte, ni voluntad para no emplearla en el obrar recto, cueste lo que costare: que el Senor nos dotó con explendidez para que hiciéramos buen uso de sus dones, respecto de los cuales tendremos quc rendir estrecha cuenta, y que aquel qu c no 10 hiciere es reo de ingratitud y dc traidora usurpación. - - il -
Hay que considerar a esas pequeI1as almas qUl: IIOS rodean C01l10 si de nosotros procediesen, porquc, el1 cierto modo, nosotros somos su espejo y ellas la illlagen reflejada. y para los hijos, ¿hay algún padre que necesite se Ic encarezca alllor, solicitud y vigilancia? ¿Hay algún padre a quien las fieras, que se desviven por sus hijuelos, tengan que enseI1ar? ¿Hay alguno, por menguado que sea, que no ansíe para esos pedazos de su sér alma perfecta, en la humana acepción de la palabra? ... La ternura, el cariliO y la abnegación brotan en el corazón de los padres como flores benditas plantadas por lIlallO del Altísilllo, pero el Selior sielllbra para todos, porque de todos es Padre; por eso llora sobre los nilios desamparados y se duele tallto del abandono de sus almas; por eso quiere que el paternal aroma de esas flores de alllor llegue a todos los niños; por eso 1I0S oice, C0l110 a hijos de Dios, herl1lanos de lidios, tutores de inocentes, cristianos, patriotas, alllad a la infancia y trabajad por su bien. . Hagámoslo y ayudémonos del libro, porque el libro tiene un raoio ele acción mucho mas extenso que nuestra palabra, nuestro contacto y nuestro ejemplo; porque el libro llega a todas partes; porque cn el libro se deposita nuestra experiencia, nuestro saber, lIues tra s riquezas interiores, el caudal de muchos; por- - I~-
que en el libro se pone nllestra alma, inmaterial é intangible, hecha carlle por el domiilio y conocimiento de ese instrulIle:lto l1laravillo::,o, de ese dOIl inapreciable, de ese tesoro sin igual que se llama lengua hablada y escrita, que respondiendo a las solicitaciones de la necesidad, acude desde el primer 1I10mellto y desde el primer albor de nuestra vida, pero no se entrega completa y amorosa, sill regateos ni vacilaciones, sillo a quien la admira y la corteja y en ella trabaja y profundiza. Rindamos tributo al libro y cstudiemos nuestra lengua, y despué::, de cOllocerla, ya formada y rica, en posesión de nuestro léxico y de sus primores, asombro) envidia de otras lenguas menos afcrtunadas, estudiemos por regresión el vocabulario del lliflO, 110 sólo más reducido, mucho l1Iás reducido que el nuestro, sino de un carácter especial y distillto, como reflejo fiel y mallifestación exacta de un espíritu que, si en esencia es el lI1ismc, ell modalidades y puntos de vista es lllUy diferente elel espíritu del hombre. Asuntos para los libros de los nillos? Cuantos puedan con moverles e interesarles, cuantos deban conocer y puedan ensel1arles algo bueno en todo orden de cosas, pero atendiendo él lo que es el nillo, a io que en él predomina la imaginación y a ia conveniellcia de se rvir se de esta facultad. -J I)
Son 1IIuy np rop ós ito l os cuentos, Ins fábulas, la histüria, los vinjes, la s expediciones, los inventos, las biografías, la s descripciones, las n<lrracio!les geográficas, porque al par que educan, desriertnn ideas y proporcionan cono, l imienlos. Aun h:ly má~: todns las lI1 aterias de est udio puedrn figurar, COII tal de que la fOrllla sea secill n, cbra, metódica, espon tán ea, fresG (l(mctiva; hecha, en un a palabra, con la difícil facilidad de que hablabn Horacio. A In cabezn de las composiciolles inf<lntiles, y por derecho propio, figura el cl1e nto, arrobalIIi en to de los lIii l OS. No he co nocido 11110 solo, y llevo visto 111llChos, (]l1e sea illsensible a su e l1C:1I1to. iY (]11(' partido puede sncarse de este efecto, pese a Ins seq uedades del filósofo Ka1lt, qlle los proscribe! P:Hil el cuento 110 ha y cdndes, aunque cada ll11a sen illlpresion<lda co n su lect11r<l de distinto modo y el provecho r es ulte lll ás o !llenos parcial o COlllpletO. E<>te privilegio del cuento radica e1l V:tl i ns C<l u sas: en el cuento cabe todo: illgel1iosicl~l(les, trnvesuras, trabajos, aventuras, peligros, heroicidades, cuadros a pnci bies. situaciones dr<l111áticas, magnificencias varins, experienci <l encubi er ta, belleza visible y radinll te. Su cOtTIprellensiól1 y su goc e, no exige n madurez ni pr ofundidad de espíritu, preparación especial ni esfuerzo penoso; y como en el cuento el triul1fo final suele ser el del bien - 17 -
el alllla del lector se siente satisfecha en ese deseo de justicia, que en el nilio es allhelo anticipado e instintivo, en el liombre es derecllO, es comp ensació n, es aspiración racional y fundada. De ahí el éxito de 10<; cuentos oe hadas, en los cuales el nifto solo percibe creaciones portentosas y brill antes que sllperan al ambicioso ensoftar de su fantasía y que gobiernan y se mezclan al vivi .. de un l11undo imaginario donde las buenas hadils ganan a las l11alils la últiliJa b<ltalla; el hombre, a través del cendal áureo de la poesía simbólica, ve Sil Inundo, pero iln mundo mejor, donde siempre triunfa lo bueno, lo bello y lo justo, porque es, seiiores, el lllunoo del ideal, consuelo santo en el Inundo real que nos rodea y anuncio divino etc aquel otro Illunoo que tr;¡ s de la llluerte nos aguarda. ¡El ideal! Mi IJlente se turba y mis angustins se relluevan al pronunciar estas palabras y considerar lo que quisiera, lo que debiera deciros. No sabré; no acierto. Y sin embaIgo, es idea tan dominante en esta des;¡liflada conversación mía, que cuanto voy dicieJldo esl;'1 sllpeditado y pendiente de es;¡s dos palabrns que al1¡'¡ Cilla Alto y eOI1 claridades de estrellas distinguen Iluestr os oj os, cuando !la se obstinan en inclinarse al suelo y allIlque los empañe la nube del dolor y de la 'll!largura. -IK -
y porque en esa amargura y ese dolor sirven precisamente de amparo y de sosten, y porque son escudo en las batallas de la vida, y porque nos ayudan a vencer tentaciones de pequeñeces y de rastrerías, y porque son renovación de fuerzas interiores y por lo que nos mejoran y eniloblecen y nos levantan sobre las miserias de la vida, reverenciémoslas como trazadas por la mano de Dios, que con ellas quiso darnos una prueba más de su bondad infinita, puesto que, colocadas en el camino sin fin que 'lOS separa de la perfección excelsa, le parte, le divide y produce la impresión consoladora de algo que por llIás reducido y más humano y menos perfecto está casi a nuestro alcance. Porque el ideal, como sabemos, está un punto más adelante de donde concluye la posible y corriente capacidad humana y empieza la asistencia sobrenatural y divina; esto es, lo suficientemente cerca para que no resulte insensata la aspiración a realizarlo, lo bastante lejos para qué' no se traduzca nunca por entero. Tiene que ser así, pues en cuanto se tradujese, dejaría de ser el arquetipo o ¡HOtOtipo único de perfección relativa y se apagaría en nuestro corilzón la antorcha del deseo hacia un mejorall1iento progresivo y constante. Pero estas palabras hasta aquí liada más que lI1arcan el límite de lo hUlIlano realizabIr, desaparecen el! la claridad irradiada de los - I~-
caracteres escritos que forman esas otras dos voces el ideal; de la misllIa nlanera que los astros muy próximos al Sol fUllllell su luz, como tributo de respeto y vecindad amorosa, en la deslumbrante y espléndida del rey de la vida. De aquí que no sabiendo su lugar cierto, podamos seguir en nuestra carrera generosa sin temor al /lO puC'c/o que el espíritu débil deja escapar, desalelltado, cualldo el término está muy lejos o el camino es lIluy áspero. Y así, COIllO dice el ilustre pensador americallo José Emique Hodó, ,< la humanidad, a través de la dura experiellcia de los siglos, rellueva de generación en gClleraciólI su activa esperanza y su ansiosa fé en un ideal; y del renacer de las esperanzas liulllané1S y de las promesas que fían al porvr.nir la realidad de lo mejor, adquiere su belleza el alllla jo\'en .• y del fondo de la vida surge el 110 i/l/porta, altanero y hernIOSO desafío a los pesinlÍslrlos y mar en que se ahogan los egoislllos utilitarios. y no bien la eficacia de ·un Ideal ha muerto, la humanidad viste otra vez sus galas nupciales para esp.erar la realizaciólI del ideal soliado, con nueva fé, con tenaz y conmovedora insistencia. Porque el ideal, que en si es uno, como uno es el bien, como tina ('s la verdad, como una es la belleza, en su constitución es vario, lespondiendo su unidad a la del espíritu y su \'él-
riedad a las distintas époc:ls, circunstancias, Ilecesidades y deberes de los pueblos y de los individuos. Por eso cada época y cada pueblo, cada so· ciedad y cada persona, debe atender con preferencia y cuidado más exquisito y conciencia más estrecha a la custodia y veneración de los ideales parciales que lI1ás necesite o mas en peligro vea, al llIodo que cuida, defiende y repara los tesoros que m,ís precie., las obras de arte que llI,ís admire, aquello que llIás ame, los elementos de vida que 111ás falta le llagan. Ofensa hacia vuestra cultura y petulancia en mí, sería su seiialamiento. De ideales amenazados, construcciones que flaquean y luces s,lIvadoras qlle amenazall extinguirse, quiéllno sabe en los tiempos presentes? Quién que piense C0n alguna elevación de espíritu y anhele inte11salllente y vea y observe, 110 distingue el peligro, encarnado ell las tropas enemigas? Mandadas vienen por la faltn de fé, de sinceridad, de entusiasmo, de actividad, de verdadero patriotismo, de alegría interior, de esa alegría que, con la esperanza, te je la juventud eterna del alma de los pueblos. Temibles caudillos, que entre los pliegues de vuestra bandera 110S traeis i1Iu er te afrentosa, sin lucha y sin gloria: os conocemos.-Para batirlos en reti rada, seilOl es, debemos congrega rIlOS, n por- - 21 -
tando, con cuanto buen deseo haya en nuestros corazones, aquello de que cada uno disponga: unos su sencillez, otros Sil ciellcia; unos su carid<ld, otros su talento; unos su elevada posición, otros su trab<ljo humilde; unos el ímpetu que abre 1<1 brecha, otros la perseverancia que la agranda y a 1<1 que n<lda se resiste; unos su dulzura, otros su fuerza; unos su actividad, otros su arte; y fodos el amor, el en· tusiasmo, la fé. Y C0l110 alllbiente, el espíritu de sacrificio y la renuncia de vanidades porque tod<l lucha noble así 10 exige y porque no h<ly buena obra cOlllún qlle prospere, sin cerrar los ojos sobre la conveniencia y el halago propios. Vosotros, padres y madres; 110 caig<lis nUIIC<l en la tentación de ap<lrtar <1 vuestros hijos del deber arriesgado y heróico porque en él se expongan sus intereses y hasta su vida misma; no limiteis el circulo de sus virtudes (JI hogar y a la familia; no les hagais creer nunca que hay algo a su alrededor que a ellos 110 importe, pues que, según sabeis por S<llla moral, no hay ell 13 vida acto cOllcreto indiferente; no les dejeis pensar en ningún tiempo que su mundo empieza y acaba en ellos, y los suyos; no escucheis estas voces que son las del egoismo, de Ull egoismo qlle no por ser el santo egoismo paternal es lIIellOS censumblc. y vosotros, seI1ores, cuantos l11e oís y que - 22
al esr:ucharllle dais la m<Ís amable prueba de paciencia, ayudadnos a los maestros yeducadores; dignaos sumaros a nosotros los humildes y acercaos al nifío trabajando para él. No os asusten las dificultades de la empresa; la buena voluntad podrá con todo. AyudaLlnos a infundir en el Ili l io ideas y aspiraciones elevadas, que más tarde, cllando son hombres, se congregan para formar el ideal tan necesario al indivíduo como a la sociedad que, privada de ideales, tiene que rendirse al 111aterialismo suicida, que es su muerte. Trabajad con fé, y el fruto responderá a la siembra; poned vuestra alma entera, y salvando la distancia que os separa del niño, os encontrareis con la suya. Y pues las buenas lectmas contribliyen, cual ningún l11edio, a la preparación del ideal, acudamos a ellas. Si de pronto 110 tropezais con asunto que os parezca propio para libro de niñas, no le hace; COIl tal ele que le hableis de algo grande y e11locionante, el niiio os entiende. No fueron ciertamente escritos para nhios el Robinsón Crusoe, símbolo de un carácter decidido y enérgico, ni esa maravilla arquitéctónica en el 111undo de las Letras que se llama el Quijote, ni esa joya de patriotismo científico que se titula " La estrella polar' y se debe a un escritor de regia estirpe, el duque de los