Full text
JOSEFA RIVE RO RODRÍ GUEZ
UNIVERSOS COTIDI ANOS EN LA
NARRATIV A DE FERNÁN CAB ALL ERO Y
JANE AUST EN
Tesis doctoral diri gida por la
Prof. D r. Dña. Amparo Quiles Faz
U niversidad de Málaga
Departamento de Filología Española, Italiana,
Románica y Teoría de la Literatura
2015
AUT OR: Josefa Rivero Rodríguez
http://orcid.or g/0000-0002-9454-2286
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
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Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
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1.I ntroducción
Comencé este estudio e n septiembre del año 1999, un mes después de saber que había
aprobado mis oposiciones de Educación Primaria la cual había preparado durante varios
años. A partir de aquí se abrió una nueva etapa en mi vida, ya que ya no tenía que estu diar
para conseguir un pues to de trabajo ni para engrosar un cu rrículum, sino que podía
dedicarme a estudiar lo que realmente me gustaba.
Primeramente realicé los cursos de Doctora do, todavía un poco perdida y sin saber muy
bien cuál iba a ser mi camino. Tengo que de cir que el curso de Doctorado en L iteratura me
gustó mucho y amplió mucho mis conocimientos sobre li teratura. De aquí nació un poco l a
idea de qu é e ra lo que quería estudiar y fue en el curso de Doctorado don de tuve contacto
por primera vez con Fernán Caball ero y sus novelas. Me gustó tanto que sentí que mis
estudios tenían que i r en esta línea y recordé en ese mom ento qu e ex istía algún tipo de
relación entre estas obr as de Fernán Caball ero y algunas que había leí do algunos años
antes y qu e también me habían gustado mucho: las novelas de Jane Aust en. Al principio
fue solamente una idea que pasaba por mi cabez a, sin establecer relación ninguna entre
ellas.
Ambas autoras ensalzab an en sus obras temas tales como la tradición, el entorno rural, la
preocupación por los pobres, la admiración de l a naturaleza y de sus pa isajes, etc. Estos
temas me ll egaban de lleno, y a qu e mi familia vive en un a alde a pequeña c erca de un
pueblo donde se repro ducen muchos de estos aspectos, sobre todos algunas de las
costumbres de las socie dades rurales pequeñas.
Pensé entonce s en estud iar bien a J ane Austen o bien a Fernán Caballero . Hasta este
momento no se me h abía ocurrido que pudiera ex istir ninguna sim ilitud entre las dos y fue
entonces cuando poco a poco empe cé a es tablecer conexiones entr e ellas y a ver que tenían
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mucho más en común d e lo que h abía pensado. R ele y endo sus ob ras empez aron a aparecer
similitudes y paralelismo s entre la forma de escribir de las dos autoras, entre sus temas, sus
argumentos y su narrativa en general. Más tard e me di cuenta de que ambas er an c asi
coetáneas a la hora de escribir sus obras y de que aunque estaban mu y alejadas en la
distancia, sin embargo, presentaban muchas coincidencias. Es p or ello que decidí hacer el
presente estudio tratando de buscar paralelismos entre estas dos a utoras.
En este trabajo pretendemos lleva r a ca bo un estudio de dos escritoras m uy important es e n
la hist oria de la liter aturas española e in glesa y se podría decir que unive rsal. Estas autora s
fueron relevantes durante el tiempo en el que vivieron como lo han sido después a lo largo
de los años y lo se guirán siendo en el futuro.
Ambas nacieron a finales del siglo XVIII y, aunque J ane Austen murió siendo aún mu y
joven, se puede considerar que escribieron sus obra s en los mismos años, por tanto, son
coetáneas en la producción de sus novelas.
Pese a que en esta époc a la sociedad imponía ciertas restricciones a la mujer, y no se
valoraba que tuviera una formación intelectual, si n embargo, estas autoras gozaban de un a
cultura mu y amplia, bas ada sobre todo en la lectura y en el autoaprendiz aje y fruto del
control social contra las féminas fue el anonimato cre ativo. Jane Austen em pezó a publicar
sus novelas de una form a anónima a través d e u n herma no suyo y únicamente s e conocía
que las novelas p ertenecían todas a la misma persona anónima. Mientras que, por su parte,
Cecilia Böhl de Faber se vio obliga da a adopt ar el pseudónimo masculi no de Fernán
Caballero .
El objeto principal de este estudio es intentar descubrir que entre estas dos autoras, además
de su paralelismo en el tiempo en que vivieron y escribieron y, a pes ar de la gran distancia
ge ográfica qu e las separó, exist ió una forma única y característica de vivir e inte rpretar la
vida en muchos y muy variados aspecto s.
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Jane Austen y Fernán Caballero vivi eron, estudiaron y analizaron la socied ad de su tiempo
desde un mismo prisma de pensamiento. En sus obras se reflejó un a soci edad diferente en
lo superfic ial, pero c asi idéntica en lo más profun do y en lo más important e de su filosofía
y de su fuero interno.
Del mismo modo, cabe señalar que Jane Austen y F ernán Caball ero co mpartieron una
sensibilidad especial h acia la n aturaleza qu e s upieron reflejar en sus obras con una
maestría ejemplar.
La s novelas de Jane Austen y Fernán Caballero , e n consonancia con la época victoriana
en la que se es cribieron, coinciden en tener una función moral y educativa mu y importante.
El público al que iban dirig idas estas novelas era originariamente un tipo de lector joven y
femenino. S in embargo, la ca lidad de estas obras ha traspasado fronteras geográficas y
temporales. Ad emás, en ellas destaca también el uso de la ironía como r ecurso a la ho ra de
presentar escenas, vivencias y caracterizar a los personajes.
En este estudio hemos desarrollado aspe ctos generales que s e presentan de form a casi
idéntica en ambas autoras, tales como el resp eto a la tradición y su oposi ción a la
modernidad, así como su visión particular del entorno rural en contraposición con el
entorno urbano.
Es quizás en estos ca pítulos en los que s e manifiestó de una forma más clara e l fin
moralizador de estas obras tanto de forma indirec ta y ej emplificador como dire cta al lector
a través de exhortaciones y comentarios.
Jane Austen y Fernán Caballero presentan d e un modo casi idéntico l a contraposición
entre el entorno rural y el entorno urbano, haciendo siempre de lo rura l un para íso y de lo
urbano su lado opuesto. Resulta casi singular el tratamiento común que se hace del entorno
costero donde siempr e se resaltan los aspect os n egativos por encima d e los positivos y no
se pone atención al mar o a la c osta como parte también de la naturaleza.
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Nos detendremos tambi én en otros aspectos im portantes tales como la re lación entre la
clase soci al y el escenario y la contraposición en t re ricos y pobres. En el t ipo de sociedad
que se refleja en estas n ovelas el reparto de riquezas entre las distintas clases sociales era
muy desigual. Y es por ello que se dist inguen r asgos mu y importantes para J ane Austen y
Fernán Caballero tales como la caridad, la tolerancia y la humildad.
Todas las obras estudiadas presentan un argumento en torno a jóvenes heroínas que se ve n
envueltas en ciertas precariedades económicas. Pues bien, lo que las autoras que rían
transmitir al lector es q ue en nin gún caso estas heroínas modificaron su conducta y sus
principios morales a causa de su situación económica.
En este sentido, se estudian mujeres buenas y muj eres malas tipo que revel an cómo Fernán
Caballero y J ane Austen ll evan a cabo su función moralizadora y , ade más, ejemplifican
modelos de conductas a seg uir para el posible lector.
Los temas de l a lectura y la religión ponen de manifiesto qu e e ran unas autoras
comprometidas con la formación int electual para la mujer. Ambos apartados se conectan
también con la importancia de la tradición y la familia, y a que la lectura se entendía
también en este ti po de sociedad no solo como una actividad solitaria, sino también como
una actividad que se compartía con la familia en colectividad.
Jane Austen y Fernán C aballero tenían un profundo sentimiento religioso que se reflejó en
todo momento en sus obras, en el caso de Fernán Caballero, los personajes a parecen d e
forma constant e atendiendo a los servicios r eligiosos, rezando, acudiendo a igl esias y
monasterios, etc.
El tiempo, como recurso natura l, se utiliza de forma similar como símbolo para
caracter izar personajes y diferentes esc enas. Sin lugar a dudas , el tiempo atmosférico de
Ing laterra, húmedo y llu vioso, es bien dif erente del tiempo andaluz sie mpre apacible y
soleado. Sin embargo, incluso en este elemento que pue de parecer tan difere nte para
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nuestras dos autor as se puede establecer par alelismo entre ellas en la forma en que los
interpretan y en la que los personajes lo viven.
Ahora bien, el r asgo más característico de J ane A usten y Fernán Caballero es la té cnica de
reflejar los paisajes y los escenarios d e sus novelas. Como se ex plicará más adelante,
ambas coinciden en una técnica minuciosa que dibuja los paisajes y los escenarios con
unas poca s pinceladas y muy pocas p alabras. Un a téc nica que se podría comparar con el
impresionismo en la pintura mediante la cual se realzan los elementos más cara cterísticos
de los distintos paisajes, llega ndo casi a parecer una fotografía de éstos.
Lo mi smo ocurre con las descripciones d e casas en su interior o su exterior, del mobiliario
que se en cuentra en estas casas, d e animales que p uedan habitar c erca de estas casas, de las
plantas, flores y vegetac ión del entorno próximo a estas casas, etc.
En resumen, Jane Austen y Fernán Caballero esc ribieron novelas en las qu e el respeto po r
la tradición y las costumbres de su tiempo era lo más importante. Con sus novelas querían
reflejar un tipo de socie dad que ellas consideraban como la más perfecta. Con sus obras
pretendían par ar el reloj del tiempo para que no pasara y, por si acaso, que sus obras
sirvieran de modelo de lo que de bía ser una sociedad perfecta.
Antes de con cluir este apartado, quiero hacer s aber que este trabajo no hubiera sido posible
sin la ay uda de muchas p ersonas e instituciones que me han ofrecido su colaborac ión.
Quiero por ello ex presar mi agradecimiento a las i nstituciones y, en particular a la Facultad
de Filosofía y L etras y a la Biblioteca de esta Fa cultad, gracias a la cual he podido tener
acceso a una gra n ca ntidad de informa ción. Esta misma biblioteca, a través de su servicio
de préstamo int erbibliote cario me ha permitido tener acceso a libros de bibliotecas en
Ing laterra.
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También quiero tener un agr adecimiento con el departamento d e Filología Española II, qu e
me ofrec ió el magnífico curso de doctorado en Literatura Español a en el que tanto apr endí
y a todos los profesores que formaban parte de estos cursos.
Quiero agradecer a mi famili a su a y uda y su paciencia conmigo mientr as h acía este estudio
y , por últim o, quiero a gradecer también a mi directora de tesis Dra. Amparo Quiles Faz
toda la a yuda qu e me ha prestado. Cuando empec é este trabajo en el año 1 999 -como y a h e
dicho antes- y o y a trabajaba como maestra de edu cación primaria. Esto suponía que debido
a mi horario de traba jo no podía asistir a las tutorías en horario de mañana como siempre
son.
Pues bien tengo que d ecir que mis tutorías con Amparo han sido siempre en horario de
tarde, abriendo su despacho muchas tardes solamente para a tenderme a mí y en pe ríodos
vacacionales.
Allí estaba y o llamánd ola siempre para p edir las tutorías al comenzar la navidad, al
comenzar la semana s anta y al com enzar los meses de verano y ella siempre siempre me ha
ay udado. Además la ma y or p arte de estas tutorías en los perío dos vac acionales en los que
la Facultad estaba y a cerrada por vacaciones han sido muchas vece s en su domicilio
particular.
Aunque ahor a pueda r esultar un poco irónico, no se me olvidará nunca qu e en el año 1999,
cuando mis cono cimientos de informática eran nulos y y o insistía en hacer mi tesis en
máquina de escribir. Pue s bien, mi primera clase de informática en mi vida me la ofreció
Amparo, de motu propio , una tarde ll uviosa de invierno en su domicilio p articular y tengo
que decir que s alí aquella tarde de su casa con un ordena dor pequeño bajo el brazo que ella
me prestaba y que tuve cerca de un año en mi ca sa. No tengo ni tendré nunca palabras para
agradecerle a la Dra. Amparo Quiles Faz toda su ayuda prestada.
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2. Universo Social
2.1. Relación Clase social/escenario.
Fernán Caballero y Jane Austen sentían una admiración esp ecial por la n aturaleza y por los
espacios natur ales; la ad miran y valoran c omo algo vivo y lleno de sensaciones. Las dos
autoras pueden y s aben como transmitir al lector de una form a magnífica ese sentimiento
tan profundo que ellas poseían: la unión per fecta con lo natural.
Es precisamente esta combinación de factore s lo que ha hecho que sus obras sean
consideradas como obra s de arte literarias, y a que no basta solame nte con sentir esa
atracción particular por la naturaleza, sino que es nec esario también saberla transmiti r d e
una forma que el lec tor pueda sentir también esta atracción.
Ahora bien, se debe s eñalar que no son p recisamente las descripciones de la n aturaleza y
de sus elementos lo que más abunda en las obras de e stas autoras. Podría decirse que las
descripciones que s e encuentran en las obra s d e estas autoras no son ni siquiera extensas ni
demasiado descriptivas ni enumer ativas.
Y es prec isamente en e sto en lo que se basa la maestría de Jane Austen y de Fernán
Caballero: ambas se refieren a l a natu raleza d e una form a mu y similar, de forma con cisa y
breve, mostrando los dat os más relevantes y destacados. Y así, en sus des cripciones llama
la atención la forma en que se seleccionan los elementos más importantes de un paisaje o
una esce na.
En cierto modo se podría decir que se busca “fotografia r” los escena rios. El deseo de estas
autoras sería el de tomar una foto de todos lo s escenarios que deseaban que el lector
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“Esta señora, que no to maba en cuenta p areceres ajenos, nunca imponía el suyo a
los demás; rarísima y apreciabilísima cualidad. Pero no así don Martín, que no
había cosa en que no se metiese...
Martín -contestó ésta- en este mundo cansado ni bien cumplido ni mal acabado.
Esta vida es un viaje: ¿a qué anhelar por buen as posadas en que no hemos de estar
sino de tránsito?...
-Déjala Martín -intervino doña Brígida-, deja que cada uno ha ga lo que l e parezca,
en no ofendiendo ni a Di os ni a ti: eso sí es la verdadera delicadeza ¿no digo que en
todo te has de meter , co mo los periódicos?
-Señora -respondió don Martín-, los periódicos se meten en casas ajenas con la s
llaves del sacristán que les ha dado la niña que nació en Cádiz ; pero y o no me meto
sino en la mía.” 10
El aposento de doña Brígida en el campo no tenía el lujo del de la Asistenta ni el de la
marquesa de Aloca z en S evilla, pues era evidente reflejo de su carácter:
“Estaba éste oscuro, y sólo alumbrado por la débil luz de una lámpara. Sobre el
altar había una imagen de la Virgen de los Dolor es. Más abajo a sus pies, sobre un
pedestal de mármol blan co, estaba una ca lavera; en el zócalo del ped estal se leía en
letras negras ese letr ero: L O QUE ERES FUI, LO QUE SOY SERAS. Clemencia
salió tétricamente impre sionada...
(Doña Brígida) ¡Al campo! ¡Ay J esús! El campo es para los lobos; pero anda con
Dios, hija, si te divierte.” 11
10 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 184, 191, 1 94.
11 Í de m, pp. 195, 198.
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En cuanto a J ane Austen todas sus obras mostraban una relación clara y directa entre los
personajes que en ellas apa recían y los lugares y escenarios en los que estos vivían y
desarrolla ban sus experiencias cotidianas. Los p ersonajes de esta autora pertenecían a un
número mu y variado d e clase s sociales. Por un lado aparecían person ajes de un nivel
social mu y el evado que no llegaban a ser de la alta aristocracia y la nobleza, pero sí que
estaban de alguna u otra forma emparentados con ellos. Estos personajes solían ser mu y
ricos y vivían en mansiones gra ndes y lujosas: eran los personajes que se podían permitir el
lujo de tener a diario invitados en sus casas y celebrar mu y a menudo bailes en ellas.
En segundo lugar, apa recen personajes de la pequeña aristocracia. Aunque de ntro de esta
clase social se pod rían hacer algunas divisiones, en general era una clase social que viví a
de una forma mu y acomodada en casas grandes, aunque no mu y lujosas, y con un nivel
económico que les permitía vivir de forma holgada . No tenían que tra baja r y contaban con
criados y tr abajadores a su se rvicio, e in cluso en algunas ocasiones estos personajes
poseían vehículos propio s. De todas formas, la autora calificaba dentro de esta clase soci al
a al gunos miembros de esta como las más pobres por el hecho de no tener una c asa en
propiedad, pu es muchos de estos person ajes contaban incluso c on trabajadores a su
servicio.
2.1.2. Clase social en los escenarios urbanos y r urales
En cuanto a los esce narios descritos Jane Austen hac ía una distinción primord ial entre los
que se refiere n al campo y aquellos que se refieren a la ciudad. Los primeros eran mucho
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más importantes y aparecían más frecuentemente que los segundos, servían muchas veces
para marcar el contrapun to que necesitaba la autora para hacer un cont raste entre el ca mpo
y la ciudad.
La mayor parte de las escenas se desarrollaban en escenarios interiores, normalmente en
las casas donde vivían lo s persona jes y l as grandes mansiones donde estos se encontra ban
circunstanc ialmente invitados.
De hecho, se describen ciertas habitaciones que s e utilizaban con un simbolismo espec ial,
y a fue re por su localiz ación dentro de la casa o por la función principal que se desarrollaba
dentro de ella s.
Pero también aparecían muchas escenas que se desarrollaban en e l ex terior de las casas ya
fuera en el campo y en menor medida e n las calles y los paseos de las ciudades.
Además, entr e los esc enarios exteriores, otro esc enario importante como eran los lugares
cercanos al mar . Entre e llos destac aban las play a s, los pue rtos de mar y los pa seos
marítimos.
Al igual que antes hemo s apuntado sobre el campo, la autora uti lizó el paisaje de pla ya
para plante ar el cont raste entre escenarios naturales y los artificiales. La p laya y el campo
servían p ara caracterizar a los person ajes y para resaltar el lado más o m enos humano de
estos.
En la novela Persuasion podemos apreciar much os de los rasgos que s e han mencionado
anteriormente.
Así, el contraste entre el campo y l a ciudad mar có la distinción clara entr e aquellos a los
que les gustaba el camp o y aquellos a los que n o les gustaba en absoluto. En esta obra la
autora ex tremó un po co la desc ripción de los p ersonajes y a los que les gustaba el campo y
realmente lo amaban, mientras que los personajes a los que no les gustaba no sa bían
admirarlo, mostrando una pre dilección especial por la ciudad.
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Así, Anne, la heroína de esta novela, al contrario que todos los mi embros restantes de su
familia, sentía una sensibilidad espec ial por la naturaleza , sabía valorarla, admirarla y
disfrutarla.
Son precisamente sus dos hermana s las que le ser vían de contrapunto en su caracterización.
Así la obra se ini cia cua ndo su padre planteó a la familia la posibilidad de irse a vivir a la
ciudad de Bath y a Anne no le gustaba la idea. En cambio su herm ana Elizabeth se ilusionó
bien pronto con la idea :
“No se podía hacer nada sin preg untarl e a Elizabe th: pero su inclinación se volcaba
tanto hacia una mudanza que ella estab a feliz de ver que y a se iba a fijar y se iba a
realizar a través de un ay udant e q ue conocían; y ella no dijo ni una palabra que
pudiera suspender aquella dec isión.
Se le dio poder a Mr. Shepherd para que actuara; y t an pronto como se alcanzó
aquel final, Anne que había estado escuchando m u y atentamente, dejó la habitación
para buscar e l confort del aire f río en sus mejillas enrojecidas.” 12
De hecho, Anne se sint ió contenta de poder qu edarse en el campo, a unque para ello
tuviese que ir a casa de su otra hermana y aguantarle, entre otras cosas, sus manías. No
deseaba una mudanza de casa y mucho me nos si el destino iba a ser a una ciudad:
“Y Anne, contenta por ser de alguna utilidad, feliz por tener algo que hacer como
una marcada obli gación, y ciertamente nada preocupada por vivir aquella escena en
el campo, en su muy querido ca mpo, muy dispuesta accedió a quedarse allí.” 13
12 AUSTEN, J., Persuasion, , edited with an introduction b y D. W. Harding w ith a Memoir
of Jane Austen by J.E. A usten Leigh, Great Britain, Peng uin Books, 1965, p. 20.
13 Í dem, p. 27.
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Más adelante, el lector ha encontrado a Anne que había tenido que marchar a B ath a vivir
con su familia. Las descripciones de Bath eran siempre negativas denotando en sus
palabras cierta nostalg ia por la vida rural:
“ Ella persistía en su falta de inclinación determinada por Bath aunque mu y en
silencio; co gió una primera vist a de los numerosos edificios que humeaban entre la
lluvia sin ningún deseo de verlos mejor .
Era principios de febrero y Anne, que llevaba ya un mes en Bath, est aba mu y
deseosa de tener noticias de Uppercross y Lyme.” 14
María J osé Crespo estudió los personajes de Austen y su r elación con el a mbiente que les
rodeaba . Atendi endo a su personalidad, Anne solamente se encontraba a gusto cuando
vivía en el ca mpo y se rodeaba de la ge nte del lugar.
“Las personas no están completos en sí mismos, sino en sociedad. No ha y
problemas de inadecuación, ni de rebeldía, ni de marginación. Al mismo tiempo es
a tra vés de la socied ad y de la vida, c omo el individuo aprende a ocupar el lugar
que le corresponde” 15
La heroína Anne no solo prefería el campo y las personas del campo, sino que se definía
como un personaje que realmente amaba y sentía la naturaleza y el campo.
14 I dem, pp. 114, 137.
15 CRESPO ALLU E, M. J., La prob lemática de las versi ones españolas de Persua sion de Jane
Austen. Crítica de su tradu cción, Vallado lid, Univer sidad de Va lladolid, 1981, Volumen II , p. 347.
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“Su placer en el paseo de rivaba del ejercicio del día, de admirar las últ imas sonrisas
del año sobre las hoja s a marillas y los se tos marchit os.” 16
Pero la naturaleza no incluía solamente al campo, pues también el mar y la playa eran parte
de ella. En las citas si guientes se puede ver cómo Austen contrastó a los p ersonajes con la
naturaleza. Las escenas siguientes se des arrollaron paralelas en el tiempo por parte de
Anne y Henrietta por un lado y de L ouis a por otro. Mientras las dos primeras preferían
pasear por la pla y a, Louisa se decantó por ir de tiendas . Con unas pocas pince ladas, una
vez más, Austen caracterizó a sus personajes:
“Anne y H enrietta, se encontraron al otro día c on que eran l as primera s que se
habían levantado y se pusieron de a cuerdo en dar una vuelta por la playa antes del
desayuno.
Ellas valoraban l a mañana, se gloria ban con el ma r, simpatiz aban con el en canto de
sentir la brisa fresca y est uvieron en silencio.
Ellas también fueron a dar una vuelta antes de que el desay uno estuviera li sto; pero
Louisa acordándose inmediatamente de que tenía que conseguir algo en una tienda,
les invi tó a todos a volver con ella a la ciudad. Todos estuvieron a su
disposición.” 17
Por últim o, en esta misma obra se ha cía mención a la riqueza económica y al lujo de las
casas. Siempre eran los persona jes más relacionados con la ciudad que c on el c ampo los
que aparec ían más preocupados por e l lujo y la ostentación, al igua l que se ha vist o
anteriormente en Fernán Caballero. Este tipo de personajes se caracterizan por estar
16 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 71.
17 Í dem, pp., 87, 88.
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solamente preocupados por su ima gen f ísic a y por el exterior de las person as más que po r
el interior. De hecho, el padre de Ann e aparecía en una escena mi rándose en el espejo.
Solamente los personajes que no se preocupaban por su interior eran las q ue valoraban las
cosas materiales y el lujo:
“Su casa era sin lugar a dudas la mejor de C andem Place, sus salones tenían
muchas ventajas ciertas s obre otros que ellos habían visto y de los que habían oído
hablar, y l a sup erioridad no era menor en el estilo de la construcción ni en el gusto
por el mobiliario.” 18
También María J osé Crespo alude a este h echo, señalando la importancia que los
personajes poco sensibles y po co profundos confieren a las cosas materiales, a l a
ostentación y al lujo.
“Es tanta la im portancia que se adscribe al lugar de res id encia qu e s e no mbra a la
ge nte por su emplazamiento... Así no todas las partes de Bath son dignas de que
alguno de los Ellliot las visite. (Ejemplo la c asa de Mrs. Smith).
En Bath, t anta importancia tiene no solo el tipo de vivi enda sino donde ésta se ha lla
emplazada, las vivi endas no son y a las inmensas mansiones rurales, sino casas de
ciudad.” 19
Por otra parte, en la novela Emma aparecía una relación clara entre la clase social y el
escenario, aunque en ella no había un contraste entre el campo y la ciu d ad tan evidente
como en la obra anterior. La autora describió todos los elementos de la naturaleza por sí
18 Í dem, p. 115.
19 CRESPO ALLU E, M. J., ob. cit., pp. 423, 428.
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mismos, sin necesidad de contrastarlos con lo s elementos de la ciudad. La s grandes
mansiones del campo se relacionaban y se comparaban unas con otra s, además de mostrar
contrastes entre estas g randes mansiones y las ca sas de campo más pequeñas y humildes.
Los héroes y heroínas de esta novela aparecían firmemente arraigados a la clase social a l a
que pertenecían. Pocos e ran los cambios de clase social que ex perimentaban los personajes
en esta obra. Incluso podemos decir que Austen se mostraba un poco reacia a los cambios
de clase so cial que podían experimentar los personajes y que normalmente se realiz aban a
través del matrimonio.
Cuando la heroína d e esta obra, Emma, decidió a coger a una chica hu érfana del pueblo y
tratar de educarla al modo de las jovencitas ricas, se puede ver cómo la autora most raba su
desacuerdo con este h echo. Seg ún Jane Austen, Harriet sería más fe liz si se la dejara en su
mundo:
“Y en lo que s e refiere a Harriet, me aventuro a decir que ella no va a ganar nada
con esta amistad. Hartfield solamente la sit uará fuera de la preocupación que ella
debe tener por los lugares a los que pertenece. Ella se volverá lo bastante refinada
co mo para estar incómoda entre aquellos entre los que ella pertenece por su
nacimiento y sus circunstancias.” 20
Graham Houg h alude tambi én a la re lación entre la clase social y el escenario:
“La clase social a la qu e realme nte p ertenecen su s obras es la p equeña no bleza, un
grupo que s e pued e definir fácilmente en los últ imos años del siglo dieciocho y
20 AUSTEN, J., Emma, edite d with an int roduction by Mary Lasc elles, Gre at Bri tain, Wordswo rth
Classics, 2000, p. 31.
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durante el siglo diecinueve inglés. En el punto final de est a escala se exc luye a la
aristocracia.” 21
Jane Austen presentaba una firme creencia en un ser hum ano qu e se completaba a sí
mismo estando en la sociedad. Esta socied ad era una prolongac ión del mismo hombre y la
sociedad no podía existir si no había un g rupo de personas y el hombre no podía vivir y
desarrollarse de un a forma natural si no estab a d entro de una sociedad. En esta sociedad el
hombre se afirmaba como persona, se desarrollaba y se consolidaba como ser humano.
Austen basó su concepción psicológica del hombre en la corriente psicoanalitíca del
pensamiento, y según e sta corriente, el ser hu man o era un ser social y como tal debía
crecer y desarrollarse.
Para sostener esta teorí a en sus obras, y más concretame nte en esta obra Emma, la autora
redujo el espacio en el que esta nov ela se desarrolló al máx imo. Todas las vivencias y las
experiencias plante adas en ésta sucedían en el mismo pueblo, por lo que el espacio
ge ográfico era mu y reducido.
Austen planteaba una relación directa entre el espac io geográfico y el espacio moral en el
que vivían los héroes y las heroínas de esta novela. L os person aje s se encontra ban de
alguna forma encerrados en el lugar en el que vivían. Y este encierro físico corresponde
también a un encierro moral. Ahora bien, dicho encier ro moral les ll evó en ocasiones a
dudar entr e su de ber y su propio ser interno, les producía u na confusión interior entre lo
natural y lo social. Confusión que no de bía ser t al porque lo que en realidad era fue una
ampliación de su y o, un complementarse de los a spectos social y natural de cada persona.
Malcom Bradbury hace referencia también a este hecho:
21 HOU GH, G., “Narrativ e and D ialogue in Jane Aust en”, en Jane Au st en: Emm a, Casebook
Series, Londre s, The Ma cmillan Pres s LTD, 1968, p. 195.
23
“Las coa cciones d e una sociedad fijada se sienten firmemente y J ane Austen nunca
evalúa los valores que s urgen dentro de este mundo fuera del área en el que se
hacen posibles.
La sociedad en la que tiene lugar esta acción moral es pues un mundo l ocal
limitado y estilizado con sus propios valores operativos y sus cir cunstancias
propias.
El grado de estabilidad social, la precisión de las ex pectativas sociales, las
limitaciones en el comportamiento excéntrico y l as concesiones o la acción violenta
refuerzan y ha cen si gnificativo el orden moral... Todos cr ean un grado alto de
consenso sobre el comportamiento -sobre lo que constitu ye la acción decente.
La gente se define a sí misma por sus acciones y por la forma en que actúan
percibimos si son en la o bra personajes superior es o inferiores tanto en términos
morales como sociale s. El orden social lleva al orden moral.” 22
El persona je de Emma vivía en un pueblo y no salía para nada de allí. Todos los sucesos y
las experiencias d e esta obra o curren dentro del pueblo y sus proximidade s, aunque s e
hacían a lgunas alusiones a hechos oc urridos en Londres, siempre eran de forma indirecta.
Emma vivía encerra da en su pue blo, lo que le obligaba a vivir bajo las li mitaciones y las
obligac iones de la pequeña sociedad pueblerina. Pero la autora no presentó al lector a la
heroína como un perso naje que se sentí a limitado ni frustrado, si no muy al contr ario,
Emma era un personaje que estaba totalmente in tegrada y f eliz en la sociedad en la que
vivía. Tan integrada est aba q ue en cierto modo, pecaba un poco de querer dominar e
imponer sus ideas de una forma totalmente inconsciente.
22 BRADBURY, M., “Ja ne Aust en’s Em ma ”, en J ane Austen : Emma. A ca sebook, L ondres, The
Macmillan Pr ess LTD, 1968, pp. 220, 221.
30
Algunos autores ven en Mansfield una sociedad li mitada, un universo so cial que por su
tradición y sus prejuicio s imponía restricciones a los mi embros que la componían. Una
sociedad rural en la qu e el orden social predomin aba pero que puede tener su lado negativo
para cie rtos personajes. Ciertamente vivir en una sociedad rural limitaba mucho el número
de personas con los que los pe rsonajes se podrían encontrar. Además en las pequeñas
sociedades ru rales sus miembros se conocen ta nto y durante ta nto tiempo, que pueden
producirse circunstancias negativas que afecten a determinados personajes y que, por
desgrac ia para ellos, no caigan en el olvido.
A este temor Scott hacía referencia, a las limitaciones que se imponían en ciertos tipos de
sociedades:
“Nosotros vemos a través de sus ojos más qu e los de los otros personajes, pero
Mansfield Park es sobre la vida dentro un g rupo social como un todo; p or ello la
novela se titula así y no ‘Fanny’.” 35
También L ionel Trilling hacía alusión a las restricciones de la sociedad:
“Pero estas frases, aparte del hecho de que prejuzgan el caso, no sugieren la fuerza
biológica de la resisten cia que ciertos tempera mentos ofrecen a la id ea de la
sociedad como un condición limitadora del espíritu individual.” 36
Pero, dentro de esta sociedad que establecía obligaciones morales y sociales, la autora
abría una puerta a la es peranza y p resentaba un as heroínas que no se sentían en nin gún
35 SCOTT, P. J. M., Jane Aus ten. A R eassessment, USA, V ision and Ba rnes & N oble , 1982, p.
158.
36 TRILLI N G, L., “ Mansfie ld Park”, en Ma nsfield Pa rk, New Y ork, N orton & Com pany, 1998, p.
424.
31
momento encarceladas en el escenario social en el que vivían, sino que trataban de
amoldarse a él y de lu char por r eformarlo como lo haría ella misma. Alg unas corrientes de
pensamiento feminista h an visto en este aspecto de Austen un punto en común con su
propia forma de pensamiento.
Debemos te rminar el comentario de esta ob ra haciendo alusión precisamente al inicio de
ella: cuando ll ega el pers onaje de Fann y a la g ran mansión de Mansfield Park no fue bien
recibida por ninguno de los miembros que allí ha bitaban con la ex cepción de su tí o y su
primo Edmund. Sin embargo, a pesar de que l a alojaron en uno de lo q ue debía ser los
peores sitios de la casa , Fann y poco a poco consiguió salir de este lugar y que el resto de
los miembros la tuvieran en cuenta. Aunque sus comi enz os en la mansión fueron bastante
malos, sin embarg o, el lector tiene la esperanza de que por ser el personaje principal y
porque se la podría clasificar como de un p ersonaje bueno, esta situación cambie a lo largo
de la obra. P or tanto, el emplazamiento fí sico en que Austen sit úa a Fa nny cuando llega a
Mansfield Park tiene un sim bolismo moral claro. Esta heroína comenzó de la nada y a
través de su buen compo rtamiento, al final tuvo s u recompensa. Su sencillez y su humildad
resultaban sorprendentes. “Supongo , hermana, que pondrás a l a niña peque ña en e l
pequeño ático blanco, cerca de las cuidadoras ma yores.” 37
Finalmente, la ob ra Mansfield Park de J ane A usten es quiz ás una de las obras de esta
autora en la que se manifieste de una forma más clara y explícita la contraposición entre el
campo y la ciudad. L a correlación de los personajes principales con el escenario físico y
social del que proceden marcará los caracteres de una forma más patente que en el re sto d e
las obras.
37AUSTEN, J., Mansfield Park, ob. ci t., p. 9.
32
Por otra pa rte, en las o bras de Fernán Caballe ro la contraposición entre el campo y la
ciudad y su influencia en los personajes se manifiesta de una forma aún más clara que en el
caso de Jane Austen.
Si en las obras de J ane Austen el personaje que podríamos calificar como más urbano era
el de Mary C rawford, en las obras de Fernán Caballero los personajes más relacionados
con los escenarios urba nos eran Rita, Clara, Alegría y María.
Tanto Jane Austen como Fernán Caballero coinciden en calificar y descri bir de una forma
muy negativa a los pe rsonajes femeninos que se mueven en entornos urbanos.
Además, ambas autoras coinciden en situar, en algún momento de las obras, a estos
personajes en entornos r urales. Parece como si con este hecho se quisier a acentuar la idea
de que, a p esar de que se les d e una oportunidad de modific ar su conducta y su forma de
pensar interrelacionándolos con el entorno rural, estos personajes no saben aprovech ar la
oportunidad.
Estos personajes que se podrían califica r como “malos” no evolucionan, sino que son
personajes caricature scos que mantienen sus ideales a lo largo de toda la obra.
Entre los personajes caricaturescos femeninos en las obras de Fernán Caball ero
encontramos a Rita, Clara, Alegría y María y todos e llos g uardan correlación con el
personaje de Mar y Crawford. Todas estas mujeres son infieles a sus maridos, así como
alegre s y viv as de genio. C omo diría Fernán Caballero son mujeres que no tienen contacto
ninguno con la natura lez a, que gustan más de la v ida en sociedad y de las fiestas.
El personaje más crue l de todos quiz ás sea el de Rita:
“Rita era de estos seres que pisan con firme paso y frente serena u na senda
torcida...
33
El buen sentido de las ge ntes del campo, que sienten profundamente c uando hemos
dicho, comprenda el carácter de ambas mujeres...
Rita, Rita, no juegues con los hombres...
Venció el Santo An gel de la paciencia, que Dios les envía a las madres desde el
punto que lo son, para servirle de Cirineo e n sus c ruces...
La que es mala hija será mala casa da...
Y les dijo mu y bien, M aría -añadió Pedro-; la mujer hon rada, la pi erna que brada, y
en su casa ...
Dígole a usted M aría -dijo P adre- que Perico ha ría bien en z urrarle l a pavan a, y q ue
y o no le había de decir palabra...
A Rita (tr as la ejecución de su marido) la s acaron a ccidentada al gunas personas
compasivas, y la llevaron a una posada.” 38
Según Víc tor García de la Concha:
“De nuevo son dos hombres, marido y amante, los que caen ví ctimas de la pasión
desapre nsiva de una mujer carente d e principios r eligiosos y educada sin sujeción a
la estricta mora l de su ambi ente.” 39
Alegría, la prima de Cle mencia en la obra del mismo nombre, es tamb ién un personaje
muy apega do a la vida social y alejado de la natural. Casada con un hombre rico, le fue
infiel c uando volvió a la ciudad de Sevilla y éste a l enterarse se marchó a Madrid
38 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., pp. 114, 116, 117, 12 0, 121, 122, 184.
39 GA RCI A DE LA CO NCHA, V., ob. cit., p. 670.
34
llevándose a sus dos hijos. “Alegría al llegar al salón de Cristina, se cogió del brazo de una
amiga , y Clemencia l as s iguió dando el suyo a su tía.” 40
Buena conocedora de las relaciones sociales, Alegría siempre sabía salirse con la su y a:
“Apena s entró, cuando re husando el asiento de preferencia que le brin daba Clemencia,
buscó como el matador en la arena, el lu gar más propicio, y se colocó en frente de Sir
George .” 41
Esa misma noche Alegría se hizo acompaña r de Paco Guzmán, su amante , de ca mino a su
casa. Pero tras dejarla su marido, su amante también la aba ndonó.
“Paco Guzmán, desesperado por lo acaecido, partió por respeto humano a
Extremadura. Alegría se ofendió de esta prueb a de consideraciones sociales y de
respeto a ella, y tra tó de buscar quien la consolase de ausencias.” 42
A pa rtir de ello las se ñoras re spetables de Sevilla chismorre aban sobre lo ocurrido a
Alegría en casa de doña Anacleta. No obstante y a pesar de lo ocurrido, Aleg rí a no
evolucionó en su modo de ser y de pensar a pesar de los castigos que recibió de la vida:
“(Alegría a Clemencia por irse a vivir al campo) -Pero eso es enterrarse en vida -
exclamó Alegría horr ipil ándose...
Novelerías morales -repuso Alegría- ¡Con veinte mil duros de renta, vivir en un
villorro! ¡Vamos, vamos! Eso no es sólo chabaca no, sino estúpido, y no s e ve más
que entre uste des.” 43
40CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 125.
41 Í de m, p. 297.
42 Í de m, p. 311.
43 Í dem, pp. 367, 368.
35
Por otro lado, y en cuanto al persona je de Clara, la sobrina de la Asistenta protectora de
Elia en la obra del mismo nombre, esta dejó a su marido y se instaló en Se villa a divertirse
con la excusa de que era por prescripción médica. La condesa era una mujer viva, con
mucho mundo recorrido y a la que le gustaba mucho la moda.
“Cuando la condesa de Palma hubo acabado de arreg lar su casa y transformarla al
gusto moderno, a y udad a en esta ocasión por los entendidos consejos de don
Narciso...” 44
Tras organizar una fiesta en su casa, su tía la Asistenta , escanda lizada, le contaba a su
cuñada lo ocurrido:
“No hubiera podido dormir, hermana, si ant es no hubiese venido a desahogarme
contigo, c ontándote el zafarrancho que mi dichosa sobrina ha hecho en su casa.” 45
En la obra Elia según Víctor García de la C oncha:
“De nuevo es el ambie nte de los salones de la sociedad acomodada sevillana el que
es objeto de una a tinada observación.” 46
Clara despreciaba todo lo tradicional y todo lo relacionado con la naturalez a como claro
reflejo d e su personalidad nega tiva . Mu y parecida a Clara es Eloísa, personaje de la obr a
44 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., p. 66.
45 Í de m, p. 67.
46 Histo ria de la Li teratura E spañola, ob. ci t., p. 671.
36
La Gaviota obsesionada por todo lo moderno y l o extranjero. Eloísa se casó con un falso
noble y tuvo un fina l dep lorable:
“¡Qué bien opinan los fr ancese s cuando dicen que pasados los Pirineos empiez a el
Africa!...
¡Canciones españo las! ¡Qué horror! Eso es bueno para el pueblo; no para una
sociedad de buen tono...
Aparece Eloísa r idiculamente vestida a la moda, que volvía de Madrid.” 47
Y en la obra de J ane Austen Northanger Abbey , se puede ver también cómo a la he roína
Catherine le encantaba el campo. Nació y creció en el campo y un buen día en su juventud
se le ofre ció la posibilidad de viajar a la ciudad de Bath. Con este viaje l a heroína tuvo la
posibilidad de comparar la vida tranquila y sos egada del campo con l a vid a más rápida de
la ciudad.
En todas las obras de esta autora ex plicaban las características principales de sus heroínas
de una for ma breve y concisa, tal y como Jose L uis Caramés apuntaba:
“Sus obras van a comenz ar con principios expli cativos y generalmente surgirán
antes de que un nuevo personaje nos sea presentado o antes de rodearlo de un
análisis moral de la acc ión.” 48
Y así, al principio de la obra se p resentaba a Catherine como un a jovencita que aunque sí
que le gustaba el campo , sin embargo no le gustaba cuidarlo. Cuando llegó a Bath y s e
sintió enamorada de su amado llegó a pensar qu e la ciudad también l e gustaba mucho y
47 CA BALLER O, F., La Gaviota, Madr id, Espas a Calpe, 1993, pp. 3 05, 298 , 236.
48 AUSTEN, J., Orgullo y pre juicio, ob. ci t., p. 34.
37
que quizás el campo tuviese un toque de aburrimiento que la ciudad no lo tenía. Todo ello
fue producto de su enamoramiento, de su ju ventud y de las nuev as experiencias y
posibilidades que estaba viviendo a su llegada a la ciudad:
“En efecto, ella no tenía ningún g usto especial po r los jardines; y si ella ha blaba de
algo de las flore s era únicamente por el placer de comunicarse.
‘A usted no le gusta el campo’ ‘Sí que m e gusta. Yo siempre he vivido en el campo
y siempre he sido muy feliz. Pero ciertamente ha y más igualdad de acontecimientos
en una vida en el campo que en una vida en Bath. Un día en el campo es
exactamente ig ual que otro’.” 49
Cuando Catherine lle gó a la ciudad costera d e Bath des cubrió un mundo nuevo d e
posibilidades y diversiones dentro de este nuev o modelo de sociedad. Un nuevo modelo
que contaba también con un orden social y moral en el que Ca therine se vió inmersa y al
cual tuvo que respetar si n que a veces lo compr endiera demasiado. El le ctor obtenía una
visión general de cómo se desarrollaba la vid a en Bath, cuáles eran los principales
acontec imientos sociales, las distint as formas de diversión, etc.
De hecho, Ton y T anner analizaba la re lación entre el orden y la clase social: era necesario
acatar el orden de c ualquier modelo de sociedad para poder integrarse y vivir en ella:
“Hay evidencia amplia a travé s de do cumentos de la época de l a et iqueta tan rígida
que prevalecía en las ocasiones sociales -como si el orden en el baile o en la mesa
de alguna forma a yudaran a preservar el orden en la sociedad en su conjunt o. Había
49 AUSTEN, J., Northanger Abbey, ob. cit., p p. 37, 96.
38
quizás un elemento de deseo, o incluso má gico, pensamiento aquí; pero e stá claro
que Jane Austen lo compartía e n un sentido amplio.” 50
A pesar de que, como cualquier jovencita de su edad se sorprendía por la for ma de vida de
Bath, esta heroína no d ejaba d e r econocer que tenía una sensibilidad espec ial p ara la
naturaleza. Por ello, más adelante en esta misma obra, se pueden encontrar detalles en los
que se demuestra su amor por la vida en el campo, caso de Catherine cuando lle gó a
Northanger Abbey y en seguida se familiarizó con su entorno y su gente:
“Pero yo no n ecesita nin gún motivo para salir f uera. El pl acer de respirar el aire
fresco es suficiente para mí y cu ando el tiempo es bueno esto y fu era la ma y or p arte
del tiempo.
Tales facilidades y tales maravillas le hicieron amar el lu gar y la gente cada día un
poco más.” 51
A su vez, en la obra Sense and Sensibility apr eciamos cómo los personajes principales se
identificaban en ma yor o menor medida con el entorno en el que vivían. La obra se
desarrolla ba principalmente en el campo: empezaba y t erminaba allí, pero en un momento
clave las heroínas hicier on un viaje a L ondres que sería lue go crucial en el desarrollo del
argumento.
Aunque las dos heroínas de esta obra habían n acido y crecido en el campo y en pleno
contacto con la naturaleza, sus rea cciones ante los elementos naturales de una y otra son
muy opuestas.
50 TANNER, T., Jan e Aus ten, Londres, Macm il lan, l992, p. 28.
51 AUSTEN, J., Northanger Abbey, ob. cit., p p. 179, 21 9.
39
Por un lado Marianne, la hermana pequeña mostraba una sensibilidad tan especial por los
elementos naturales de su entorno qu e sorprendía incluso a su hermana mayor a pesar de
que a ésta, como y a se ha dicho, también le gu s taba el campo. “No todo el mundo, dij o
Elinor, tiene tu pasión por las hojas ca ídas de los árboles.” 52
Marianne presentaba un carácter realmente fr esco y natural que sorprendía en muchas
ocasiones a su propia hermana. Su espontan eidad y viveza pl ante ab an un p aralelismo claro
con los mismos elementos de la naturaleza. Al igual que la naturaleza también era
imprevisible y en ocasiones encontramos a Elinor temiendo cual se ría la respuesta de su
hermana a cualquier aco ntecimiento. Así pues, Marianne r epresentaba la pasión y el amor
en grado sumo por el mundo natural.
Cuando las hermana s tuvieron que ir a vivir a una casa pequeña en el campo les fascinó el
tipo de paisaje que rodeaba esta c asa. Ambas sabían admirar y valorar la riqueza de la
naturaleza de una forma especial.
En esta obra la autora utili zó el tema de la naturaleza para clasificar a los personajes entre
buenos y malos. Así, aunque las dos herm anas Bennet demostraban de forma distinta su
amor por la naturaleza y una de ellas era un poco más exagerada en la ex presión de sus
sentimientos que la otra, sin embargo, el hec ho real de que a ambas se unieran a lo natural
era ya un rasgo de su car ácter que las definía com o de buenas personas.
En esta obra Austen pr esenta a unos personajes caracterizados por su mal comportamiento
y que tienen una relación más directa con la ciudad y con el rechazo del campo en ge neral.
Un ejemplo de ello se pr oduce cuando Mr. John, al lleg ar a la que será su nueva casa en el
campo, no se le ocurre ot ra cosa que c ambiarle el aspecto exterior a ésta y cortó algunos de
los árbole s centenarios q ue estaban junto a ella. Las hermanas Ma rianne y Elino r, antiguas
habitantes de e sta casa, c onsideraron el hecho de auténtica aberración:
52 AUSTEN, J., Sense and S ensib ility, ob. cit., p. 1 14.
46
a través de otr as personas: normalment e los personajes masculinos que pertenecen a la
misma familia o bien a través de invitados que las visitan.
Judith L o wder hace alu sión también a las limitac iones de escenarios que este tipo de
sociedad impone a las mujeres:
“Las mujeres, po r el cont rario , normalmente no entran ni salen en absoluto excepto
cuando acompañan a los hombres. L as señoras Bingley s se mueven junto a su
hermano.
Tan limitado es el movimi ento normal de las m ujeres - el paseo a M er y ton está a
solo una milla- ese tip o de paseo de solo tres mi llas a un paso rápido y sin
compañía es un evento. En realidad, el e stado normal de las mujeres es el de no
moverse en absoluto. Es el de escuchar las noti cias o el de leer cartas sobre las
salidas y las llegadas de los personajes masculinos.” 63
La s pequeñas c asas rur ales en las que viven algunos de los personajes austinianos se
consideran también como recurso para c aracterizar a los personajes que e n ellas viven. En
ge neral, son obviamente personajes con escasos recursos económicos y A usten utili za este
tipo de vivi endas para ay uda rse en la descripción de unos personajes qu e quiere definir
como buenos.
Así, varias de sus heroínas viví an al ini cio de las obras en casitas pequeñas de campo. Es el
caso de Marianne y su hermana Elinor, Catherine, Eliz abeth y su hermana Jane y de Fanny.
Todas estas heroínas proceden de hogares pobres y sin emb argo, la autora relaciona estas
casas peq ueñas con la hu manidad, la sensibilidad y el sentimiento de la buena gente.
63 LOWDER NEWTON, J., “Wom en, Power and Subve rsion”, en Sense an d Sensibility and Pride
and Prejud ice. New Caseb ooks, Grea t Britain, S t. Martin’s Press, 1994, pp. 125, 1 26.
47
Y dentro de las clas es sociales más adineradas, solamente la gente que tiene también una
sensibilidad e special es capa z de valorar y admirar la humildad y la senc illez de las
personas que viv en en hogares humildes. Estos son capaces de hablar co n ellos de igual a
igual y olvi dar tanto su posición e conómica como la de sus conter tulios, sin tratar los con
condesce ndencia ni altan ería.
2.1.4. Los personajes errantes
Por su parte, C laudia L. J ohnson en la obra austiniana sugiere un a relación directa entre las
casas peq ueñas de campo de la época y las personas que las habitan:
“En Sense and Sensibility las ca sas de campo p equeñas son como heroínas que
mueren. Aquí los hombres vagos y e goístas gozan viendo la forma de vida
encerrada e incómoda a la que las seño ras Dashwood han tenido que someterse...
La peque ña casa de campo de la se ñora Dashwood sin embargo pre s enta una
sociedad alternativa ( de felicidad).” 64
En la obr a Pride and Prejudice se presenta a un grupo de militares que han llegado al
pueblo de Meryton, lugar muy cercano a donde viven las heroí nas. Esta n oticia supone un
motivo de alegría pa ra estas heroínas ya que con ello lle ga ba nuev a gente al pu eblo y
presumiblemente traerá n nuevas noticias y más vida social.
Por ello, en el escenario de este pueblo tranquilo y ru ral de Mer y ton aparece n nue vos
personajes para el deleite de muchos de sus habitantes:
64 JOHNSON, C. L., Jane Austen: Wom en, Politics and the Novel, Chicag o, L ondon, Universit y
Chicag o Press, 1988, p. 70.
48
“En este momento, en realidad, ellas estaba n bien provist as de noticias nue vas y d e
felicidad por la llegada reciente de un grupo militar al vecindario; iban a
permanecer allí todo el invierno y M eryton iba a ser su cuartel princ ipal.
Sus luga res de residencia ya no er an un secreto, en poco tiempo ellas empezaron a
conocer persona lmente a los oficiales.” 65
Si bien la obra comienza hac iendo alusión a esta noticia como una b uena nueva , sin
embargo, se pue de leer entre líneas una cierta preoc upación por la llegada de e stas
personas. El hecho de que va y an a pasar una tem porada allí desvela que estas personas no
tienen una morada fija y p ropia sino qu e su fo rma de vida se podría calificar como de
nómadas. No han compr ado casas en el pueblo c omo lo hace uno de los héroes buenos de
la novela, sino que van a vivir de alquiler y y a a nteriormente se ha podido ver en la obra
Persuasion c omo Austen no tiene una buena i magen de los personaje s que viven en
régimen de alquiler. Y así, con esta estancia temporal en el pueblo la autora nos está dando
a entender qu e estos pe rsonajes a pesar de la a parente alegría ini cial de al gunos, sin
embargo, ellos trae rán bastantes preocupaciones por lo que se las debe conside rar como de
personajes negativos.
Por su parte, en las obras de Fernán Caball ero , tene mos el mismo ideario, pues tampoco
hay un a buena imagen de las personas que viven err antes y no cuentan con una residencia
fija.
Los personajes qu e aparecen en las ob ras de Fern án C aballero y que g uardan paralelismo
con los errantes de J ane Austen son los contraba ndistas o bandoleros de la época y los
gitanos.
65 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 75.
49
En ambas autoras hay cierta similitud en la visión que ofrecen de los p ersonajes extranjeros
o que llegan en los pueb los pequeños. Estos personajes provocan problemas en g eneral y
se re lacionan con futur os inciertos que están por venir. En ningún ca so se aconseja a los
moradores de los pueblos que se relacionen con estos nuevos personajes qu e aparecen. Este
tipo de personajes carece de recursos ec onómicos, por lo que su re chazo social se hac e aún
más patente.
En Fernán Caballero aparecen los contrabandistas y los gitanos. Fernán Caballero no
llega a criticar a los pri meros sino que los pint a como pobres personas que, por unas
circunstanc ias o por otras, se han visto envueltos en ese mundo. Nos hace ver su lado más
humano y los dibuja pasando frío, durmiendo a la interperie sobre man tas y utili zando
piedras como a lmohadas.
Y serán los contrabandistas los que guarden una re lación más directa con los militares de
las obras de Jane Austen. Aparecen como entes desgrac iados en una sociedad que les
recha za por su pobreza.
Fernán Caballero se apiadó de estos personajes y en nin gún momento aparecían como
seres ne gativos. Todo lo contrario, son hospita larios y acogieron a P erico como a un
hermano cu ando se unió a ellos. “Viste ricamente a la manera de los contrabandistas; su
rostro tostado es duro, osado y sereno.” 66
Otros personajes que se encuentran en las obra s tanto de Fernán Caballero como de J ane
Austen son los gitanos. En ambas autoras los gitanos se relacionan con la n aturaleza, por lo
que se alían a l lado más salvaje de la naturaleza y con el lado más negativo de ésta.
Frente a lo que antes se ha dicho con los contrabandistas y con los m ilit ares, con los
gitanos no hay una imagen positiva de ellos y se les retrata atendiendo a su imagen social.
66 CA BALL ERO, F., La familia d e Alvareda, ob. cit., p. 143.
50
Aunque en algunos momentos tanto Fernán Caballero como J ane Austen sentían lástim a
por ellos, sin embargo en sus obras aparecen tamb ién retratados en es cenas negativas,
añadido a una cierta preocupación por sus escasos recursos económicos.
En las obras de F ernán Caballero los gitanos aparecen en ocasiones mu y p untuales, y en la
mayor ía de las escenas salen mal para dos. Están relacionados con el vicio, con los robos y
con el dinero fácil. En La familia de Alvareda era una gitana vieja la que incitaba a los
contrabandistas a que r obasen en una iglesia.
Un personaje que está en contra d e los elementos naturales nun ca pod rá ser bueno para
Fernán Caballero . “¡Maldita luna! - gritó la gitana.” 67 Ta mbién se re lacionó a los gitanos
con la bu enaventura y l a magia, como v emos e n una niña gitana que le lee la m ano a
Clemencia:
“Cuando me ac uesto en el campo, señorita mía, me meto una cabeza de ajo bajo la
cabecera; para ahuy entar a los bichos venenosos y rezo así...” 68
Para F ernán C aballero todas las p ersonas que vivían en el campo era n buenas y virtuosas,
entre ellas se encuentra también los venteros. T anto en la ob ra Clem encia como en La
familia de Alvareda se desvivían cuidando a Carlos y a Perico respectivamente a pesar d e
que en ese momento eran personas que estaban fuera de la ley:
“Estaban tranquilamente sentados a la lum bre el ventero y su mujer, hechos como
estaban a aquella alternat iva de bull iciosa actividad de día y de completo si lencioso
aislamiento de noc he, como los habitantes de los lug ares pantanosos a sus fiebres
intermitentes...
67 Í de m, p. 172.
68 CA BALL ERO, F., Clemencia, ob. ci t., p. 190.
51
Marta fue incansable en la asistencia del infeliz que se a gitaba en su fiebre en su
delirio de cosas terribles...
Los cuidados d e la buen a ventera, la juventud y robustez de P erico vencieron al
mal, y a l cabo de quince días estuvo capaz de levantarse.” 69
2.1.5. Los personajes masculinos en los esc enarios sociales
Tanto en Jane Austen co mo en Fernán Caballero se muestran personajes masculinos que
se pueden definir como buenos y malos.
En la obra d e Fernán Caballero ha y dos tipos de personajes masculinos: por un lado los
buenos o “poéticos” como los llamaría Víctor Fuentes y por otro la do los malos o
“caricaturescos”, e inclu so ha y personajes que e volucionan dentro de l as obras, y entr e
ellos se puede nombrar a Ventura y Pe rico de L a Familia de Alvare da , y Tiburcio d e
Lágrimas , etc.
Así, Tiburcio es el hijo del alcalde de Villamar en la obra Lágrimas , des crito al prin cipio
de la obra:
“Era esto difícil porque Tiburciño como le ll amaba su madre, malditas l as ganas
que tenía de estudiar, ni menos de salir de Villamar, donde a pesar de no t ener más
de diecisiete a ños tenía ya su novia.” 70
Vemos pues, que era un joven sencillo y que vivía feliz en su pueblo. Pues bien, nad a más
lejos del contraste que se produjo unos años después. El alcalde se empeñó en que su hijo
69 CA BALL ERO, F., La familia d e Alvareda, ob. cit., pp . 147, 149, 153.
70 CA STRO CALVO , J.M., Obras de F ernaán C aballero, Madr id, Atlas, 1961.
52
se se fuera a la ciud ad a estudiar y h e aquí el c ambio que transformó al muchacho tr as su
estancia en Sevilla. No sólo no era y a un jov en ingenuo sino que la re lación con la
sociedad le había hec ho soberbio y , lo que es peor, le había he cho aborrecer el pueblo que
se considera ba como el paraíso:
“...así fue que a Tiburcio no le quedó otro arbitrio que el de volver a vegetar a su
pueblo que odiaba y despreciaba, pueblo qu e tanto había amado S tein, el médico
alemán que pasó en é l tantos años...
Era por c ierto Tiburcio un ente desgraciado en Villamar.” 71
Y para demostrar que Ti burcio no era un ser “poético” - a la manera en que definía a estos
Víctor Fuentes-, se decía de él:
“Nunca se le había ocurrido ir a visita r al soberbio convento abandonado q ue estaba
cerca del pueblo... Nunca había ido a las ruinas del fuerte cer cano que cubría la
hiedra como para consolarlo... Nunca se h abía se ntado sobre las rocas d e la pla y a a
seguir con la vista sus caprichosas posiciones... N unca se puso a escuchar el suave
murmullo de las olas de vera no, que convidan al baño...” 72
Así se presentaba ese personaje que tenía todo ese paraíso a su alred edor y no sabí a
valorarlo y admirarlo y fue ra capaz de hablar de la forma si guiente: “Tr ab ajaré -dijo
Tiburcio- c uando me halle en una esfera, en un círc ulo de acc ión adecuado a mi saber y
análogo a mis miras.” 73
71 Í de m, pp. 131, 133.
72 Í de m, p. 134.
73 Í de m, p. 136.
53
Algo parecido le ocurre a Ventura, personaje de la obra La familia de Alvareda que vivía
en el pueblo de Dos Her manas con toda su f amilia, pero por c ircunstancias de la vida se
vió envuelto en la vida militar. Antes de este hecho, vemos a Ve ntura:
“L os brillantes ojos de Ve ntura s e dulcificaron y entristecier on con una profunda
expresión de lástima y con franca sinceridad del hombre de campo...” 74
También la vida mili tar fue la c ausante d e que Fernando de Guevara, primer marido de
Clemencia en la obra de l mismo n ombre, despre ciara su pueblo:
“Así fue que oto rgó llena de júbilo su demanda, sin poner más condició n que el
beneplác ito de sus p adres.
No podéis dudar que lo otorgue n, ni mot ivos ha y para otra cosa - le dijo Guevara- .
Desde que murieron mis herma nos, el ma yor deseo de mis padres es que me case y
me retire. Por ahora solo pienso en complacerlos en lo primero, porque no me
sien to dispuesto a los veinticuatro años a meterme en el villorro de Villa María.” 75
El que era un mal hijo, como decía la autor a con las mujeres, sería un mal marido. Así pues
los tres personajes anteriores Ventura, Tiburcio y Fernando de Guevara odiaban sus
pueblos, sus familias y por tanto sus orígenes y la tradición.
Dentro de este apartado merece men cionar a don Roque y a don J eremías, estos personajes
de la nov ela Lágrimas s on caricaturescos. Son ejemplos en los que la avaricia está po r
encima d e todo s entimiento. No tienen ami gos ni familia, no quieren a nadie ni na die les
quiere a ellos. Don Roque es muy crue l con su hija Lág rimas. Le gustaba vivir en Cádiz,
74 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 96.
75 Í de m, p. 107.
54
pero no porque le gustaba el mar y l a bahía de Cádiz sino porque a llí veía él que
prosperaban más sus negocios:
“Parec ía natural que con este motivo don Roque, dueño y á rbitro de sus acciones,
hubiese pensado en otro punto para establecerse. Pero no fue así. Cádiz convenía a
sus miras especulativas.” 76
Fernán Caball ero ac usa ba a la población española de olvi darse de la t radición y estar
modernizándose. Sus primeras críticas se dirigieron contra l a nueva clase social burguesa
que estaba naciendo en estos momentos y de la que don Roque y don J eremías eran sus
repre sentantes:
“Estos don entes malignos y despr eciables que n adie de cente en La Habana miraba
siquiera a la cara, fueron recibidos en Eur opa como bellos y apreciables sujetos.” 77
Solamente cuando su hija estaba en el lecho de muerte fu e cuando don Roque tuvo un
pequeño gesto de humani dad y fue ese momento c uando él reconoció el deseo de su hi ja de
vivir en Sevilla:
“Mira, hija mí a -dijo don Roque-..., mira hij a mía, ponte mejor y se hará cuanto
desees; te llevaré a Sevilla, que te sienta tan bien.” 78
76 CABA LLERO , F., Lágrimas, ob. cit., p. 11 0.
77 Í de m, p. 111.
78 Í de m, p. 230.
55
En cuanto a do n Jeremías la autora se expande en las descripciones i rónicas de este
personaje. En una ironía que lleg ó hasta la hora del entierro del personaje:
“En Sevilla lo hallamos establecido en uno de los callejones de los Venerables, no
por simpatía con el nombre sino por ser allí las casas más baratas...
Al otro lado acompañaba don Roque un pobre entierr o en que en una mezq uina caja
iban los mezquinos de los hombres, don Jeremías.” 79
Y por último, dentro de los persona jes masculinos a los que Fernán Caballero criticó
aparece Sir George, p retendiente d e C lemencia. En primer lu gar es extra njero, cosa que
Fernán Caballero odiaba profundamente, y además era una p ersona mu y liberal mientras
que la auto ra era mu y conservadora. Por ello, su relación con Clem encia no p o día
funcionar aunque e n un principio esta estuviera muy enamorada de é l:
“(...)e staban troncadas en ellos las índoles de sus dos países, siendo Sir George con
Clemencia el hombre amable, obsequioso, expresivo y subyuga do, mie ntras el
vizconde se mostraba el hombre comedido, tímido y reservado h asta el punto de
parecer frío.” 80
De nuevo se comp rueba cómo la autora criticó a las personas qu e se ha bían relacionado
mucho en sociedad y desarrollado habilidades sociales con las cuales la a utora no estaba
demasiado de acuerdo:
79 Í de m, pp. 112, 172.
80 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 275.
62
“En su biblioteca él siempre había estado s eguro de tener ti empo libre y
tranquilidad.
Y Mr. Collins, estando en realidad más dispuesto para pasear que para leer estuvo
encantado de poder cerrar a quel libro enorme e irse.” 93
En cierto modo lo que Austen critica en que el se ñor Bennet se enci erre en su bibl ioteca no
era por el hecho de que n o acompañe a su esposa, sino por no preocuparse por la educación
de sus hij as. Considerando el tipo de c arácter qu e tenía su esposa, el señor B ennet debía
haber tomado personal y directame nte las riendas en la educación de sus hij as.
En los estudios sobre esta autora s e comprueba cómo Mar y Poove y hace alusión también a
la bibliot eca del s eñor Bennet y explica qu e las personas no pueden vivir sin preocuparse
por el bienestar de los demás miembros de su familia.
“Pretender que uno p ue de trascender las categorías social es o rehusar a un rol
social (como por ejemplo lo hace el señor Bennet) no solo es irrespons abilidad;
también revela una incomprensión radical del hecho de que par a un individuo que
vive en una sociedad, todas sus acciones están inmediatamente relacionadas con las
acciones de los otros. Y creer que uno puede actuar libremente, incluso cuando los
padres no intercedan, su pone no compre nder la n aturaleza compleja del d eseo y el
modo en que la situación social afecta a la p si cología y al autoconoc imiento.” 94
93 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., pp. 11 5, 11 5.
94 POOVEY, M., “ Wom en, Power and Subv ersion”, en Sense and Sensib ility and Pride and
Prejudice. New Casebook s, Grea t Britain, St. M artin’s Press, 1994, p. 107.
63
2.1.6. El matrimonio, la clase socia l y los escena rios
Los p ersonajes femeninos narrativos aparecen siempre vinculados ma y orita riamente a
espacios interiores.
Además, solo los personajes de una clase social y un niv el económico más alto eran lo s
que se podían permitir i nvitar a sus casas a grandes grupos de personas y obsequiarlas ya
fuera con el té, con magníficas cenas o con bailes.
Por eso no era de extrañar que la orgullosa Lady Catherine de Bourgh de l a obra Pride and
Prejudice invite a la heroína y a los demás miembros del grupo que viaja ban con ella a su
mansión de Rosings. Fue Mr. Collins quien se atrevió a predecirlo: “Confieso, dijo él, que
no me extrañaría que su señoría nos invitara el domingo a tomar el té y pasar toda la ta rde
en Rosings.” 95
Aunque ya comentamos la forma en que la soc iedad ponía limi taciones tanto psíquicas
como físicas a los personajes f emeninos, en esta obra fue la propia Charlotte quien eli gió
tener su habitación de estar en la parte trasera d e la casa como modo de es capar y evitar a
su esposo. En este caso la li mitación física la eligió el propio personaje. D esde la ventana
de esa habita ción no veía a su esposo trabajando en el jardín y el hecho de que fuese una
habitación de un tam año reducido im plicaba qu e é ste no quiciese est ar en e lla. Con lo cual
la habitación de atrás de Charlotte se convierte en su luga r preferido dentr o de la casa, su
lugar de evasión y distra cción. “La h abitación en la que se sentaron las señ oras estaba en la
parte de atrás.” 96 Esto supone lo que, años despu és se denominó “la habitación propia” de
Virginia Woolf.
El personaje d e Charlotte había preferido casarse con un hombre al que no amaba antes
que seguir soltera y arriesgarse, tal vez, a no casarse nunca. Au sten ha cía mucho hincapié
95 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 195.
96 Í dem, p. 202.
64
en el tema del mat rimonio, y así las mujer es s olteras pobres que no s e casaban debí an
sobrellevar una situación realmente mala tal y como lo ejemplificaba la autora en este
personaje.
El “mercado” del matri monio -como lo llaman algunos autor es- era u n tema bastante
relevante entre los personajes de la época, pues con un buen matrimonio, se podía cambiar
totalmente la forma de vida. Clara Tuite hac ía mención a la importancia del y a citado
“mercado” de l matrimonio:.
“Las obras de Austen so n de una tecnología social y cultural complicada que eleva
el género de novela identificada con la muj er a su jerarquía genérica y reivindica la
movilidad social c ambiante de la aristocrac ia baja o de l a alta clase m edia dentro
del merca do del ma trimonio.” 97
D. W. Harding aludía a la situación d e algunos p ersonajes que s e s entían encerra dos en l a
sociedad en la que vivían.
“El funcionamiento de los individuos mientras que son limitados por otros, todos
controlados igualmente por el sistema de fu erzas sociales, era una de sus
preocupaciones generales. El vecindario pequeño de campo con pocos viajes y poca
posibilidad de escapa r d e la familia mediante el trabajo en una or ganización más
grande, preservaba al individuo de tomar el grado de anonimat o que da mos por
señalado.” 98
97 TUI TE, C., Romantic A uten. Sexual Po litics an d the L iterary Canon, Unit ed Kingdom ,
Cam bridge University Press, 2002, p . 10.
98 HARDI N G, D. W., “The D exterity of a Pr actised Writer” , en Northang er Abbey and
Persuasion. Cas ebook Ser ies, London, The Ma cmillan Press, 1976, p. 201.
65
Una de las armas que se utilizaba e n e ste tipo de sociedad para seguir su línea de
mantenimiento tenía relación con el orden en las formas. Este tipo de so ciedad requería
que todo se ejecutase de la forma y en el ti empo convenido. Había en esta sociedad una
necesidad im periosa de guardar las formas y las apariencias. Todo debía hacerse según las
normas sociales establecidas se estuvies e de acuer do o no. La s n ecesidades individuales de
cada p ersona e incluso de cada familia se debían ignorar e in cluso en oca siones esconder
para qu e la sociedad sigui era fun cionando conforme a sus r eglas y p ara n o interferir en la
“buena” marcha de la ciudad. Ton y Tann er hablaba también de la relación entre el orden y
la clase social:
“Existe una evidencia clara a partir de los do cumentos de la época d e l a rí gida
etiqueta que prevalecía en las ocasiones sociales -como si el orden en el salón del
baile o en la mesa de l a cena a y udara de alguna forma a preservar el orden en la
sociedad a una escala may or. Quizás había un elemento de deseo, o incluso mágico,
al pensar esto; pero está claro que Jane Austen lo compartía en un sentido
amplio.” 99
Ahora bien, a pesar de que esta autora compa rtía ciertos ra sgos de la sociedad en la que
vivía, también en sus obras se encontraban muchas críticas a e ste mismo t ipo de socie dad.
D. W. Harding hacía mención a algunas normas y costumbres sociales d e la época con las
que Austen no estaba de acue rdo:
“La vieja idea de que sus obras simplemente ofrecían entretenimi ento par a la g ente
entre los que ella vivía ha dado lugar al reconocimiento en su trabajo de u n disgusto
99 TANNER, T., Jan e Aus ten, Londres, Macm il lan , 199 2, p. 28.
66
mucho ma y or de la socie dad en la que ella parecía estar perfectamente acomodada,
un disgusto a veces implícito, a menudo transmitido de pasada y fácilm ent e
ignora do, ocasionalmente intenso y amargo.” 100
Precisamente po r este desacuerdo con algunos ra sgos de la sociedad en la que vivía,
Austen presentó en muc has ocasiones a al gunos de los persona jes principales actuando de
una forma que estaban intentando llamar la atenc ión del lector. Además eran prec isamente
los personajes que s e podrían calificar como de más “buenos” en las obras de Austen los
que estaban más en d esacuerdo con al gunos ras gos d e la sociedad a la que intentab an
cambiar.
En la obra Pride and Prejudice la autora tr ansmitió la idea de que tanto al héroe como a la
heroína había muchas cosas de su sociedad contemporánea qu e no les gustaban. Por ello,
estos dos personajes en ocasiones actuaban de for ma extraña, pero era porque precisamente
en esas ocasiones estaban denunciando rasgos de la sociedad que les parecían injustos.
Así ll ega mos al personaje de Darc y, quien en un mom ento mu y importante de la obra se
apartó d e la socied ad en la que viví a para pod er demostrar mejor sus s entimientos. Fué e l
momento en que escribió una carta ex tensa a l a heroína p ara contarle cuales eran sus
verdaderos sentimientos y descubrirle toda la verdad del pasado de su familia.
Solo los personajes calificados como “buenos ” eran c apaces de retirarse de la vida social
para refle xionar y bien e scribir o leer algo tan personal como la carta referida.
En la introducción que Ton y T anner ha ce a esta obra se puede ver cómo hacía referencia a
la existencia de esta misma c arta de Darcy:
100 HARDI N G, D. W., “ The Dexterity of a Prac tised Writer”, ob. cit., p. 193.
67
“En esencia una carta se escribe y se lee en retiro de la escena social; esto es
ciertamente verdadero en el caso de l a carta de clarificación ma y or de Darcy. La
carta le a y uda a formular las cosas y transmitir la información de una for ma que no
sería posible en una ocasión social donde la s formas de expresión público
restringen necesariamente las formas má s privadas.” 101
Karl Kroeber analiz ó también la relación de los personajes con la socie dad en las obras
austinianas.
“Para Jane Austen la persona existe solo cuando interactua (en una socieda d). La
diferencia es... que para ella el indi viduo existe dentro de una sociedad demasiado
jerárquica.” 102
En las obras de Fernán Caballero encontramos la relac ión con los hombres en Clemencia:
“¡Cuánta ventaja lleva n las ariscas en presentarse c omo fruta vedada! ¡Cuánto
ga nan las mujeres con h acerse valer! ¡Qué bien habían de tener en cuenta q ue todo
lo que se prodi ga pierde su prestigio, pues mientras más tiene que afanarse el
hombre para conseg uir lo que anhela, más precio lo pone!...
La pob re niña, como el ruiseñor enjaulado en el bullicio del mundo, suspiraba por
la tranquila soleda d de su floresta...
101 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, Great Brit ain, Peng uin Books, 1972 , p. 26.
102 KROEBER , K., “Pride and Pre judice”, Jane Aust en. Bicen tenary Essay s , Cambridg e,
University Press, 1975, p. 150.
68
Hay en esta so ciedad, como en todas las humanas, bueno y malo (hablando de las
mujeres).” 103
Por otro lado, se comparaba al personaje de Clemencia con el de su pri ma Constancia en
cuanto a su relación con la hacienda, y mi entras Clemencia estaba contenta de estar allí,
Constancia lo veía c omo una cárcel:
“ En la orilla del mar tenían los marqueses de Cort egana, un coto agreste y soli tario.
No lejos de la pl aya se levantaba un gran caserío sólido y duradero (como su fe)
pero sin g usto ni comodi dades...
¿Con que ésta es mi cárcel? -dijo con una sonr isa tan amarg a como desdeñosa
Constancia contemplando aquellas destartaladas, vacías, sucias y f rías
habitaciones...
La ca sa solariega de don Martín de Guevara era un edificio en cu ya construcción no
se había ahorrado ni el terreno, ni los materiales, ni el dinero, pero en la que no se
tomó en cuenta ni la c omodidad ni la elegancia.” 104
Por otra parte, Fernán C aballero hacía una c rítica de la sociedad y de cómo ésta etiquetaba
a las persona s llegando en ocasiones a herir profundamente a las personas más sensibles.
“Calla hija, por Dios, calla, para dar ese impulso de baja que la sociedad se
apresuró a seguir, r epitiendo cuando se hablaba de ella: ¿Clemencia ? sí, b onita es;
es una infeliz, ni pincha ni corta. ¡Cuán verdad es que sólo somos en la so ciedad lo
103 Clemencia, o b. cit., pp. 12 0, 141, 76.
104 Ídem, pp. 15 0, 152, 171.
69
que nos quieren hacer! Todos los lugares eran buenos para la modesta niña, siempre
que ellos no alca ncen a herirla...
Es cierto que e l saber da al que lo posee c ierta superioridad sobre el i gnorante...
Cuántas veces he admir ado la delicadeza en su apoge o en las gentes del ca mpo, que
ni aún sabían su nombre...
Pero la socieda d observa poco y mal lo que no se roza con ella...
Inspiraba en la superficie social el interés que desciende, como es el de l os viejos
hacia los niños...
La s gentes osadas gozan en la sociedad unos p rivilegios y primacías q ue hacen
poco favor a los individuos que la forman, pues esto prueba qu e son tan fáciles en
dejarse imponer, como difícile s en dejarse guiar...
Como todo el que siendo pobre, ignorante y viejo, no se pone en su lug ar, a la
sombra, e ra c on razón este fe menino reg azo, de la guerra de la India esp añola un
objeto de ridículo y tedio general...
Dos clases d e cieg os: y ha y otros cie gos torpe mente atrevidos, que andan con
denuedo y alta frente sin detenerse ni c uidarse de tropezar y chocar con cuanto se
les pone delante.” 105
Y en la obra La familia de Alvareda encontramos los ejemplos siguientes:
“En este mundo todo es acostumbrarse, y lo qu e a uno le parece mal, a otro le
parece bien. L a costumbre todo lo allana como la mar y todo lo dora como el sol...
105 Í dem, pp. 92, 176, 182, 7 7, 78, 83, 84 , 84.
70
Entre la gente del pueblo de Andalucía, cad a cual tiene en su memori a tal archivo
de coplas y tan variadas en sus conceptos, que sería difícil se viese una cosa que se
quisiese expresamente y no se hallase en una copla el modo de hacerlo...
El pueblo todo mi ró a l a franca y públicamente arrepentida con caridad, por e l si
mundo llamado culto halla en las dem ás reli giones un motivo más de vituperio... el
pueblo generoso y más just o, honra las señales públi cas de arrepentimi ento y
humillación... Esto es p orque el pueblo rudo no sabe lo que es filantropía; pero
sabe, porque se lo enseña la religión, lo que es la caridad cristiana...
Veíase aquél día la plaza de San Fra ncisco y sus calles ad ya centes cubiertas de una
inusitada multitud de g entes ¿Qué las reunía? ¿A qué iban allí? ¡A ver morir a un
hermano! Pero, no; no a ver morir, sino a ver mata r a su hermano.” 106
Fernán C aballero describió a l personaje d e Elia como un ser tan bonito por dentro como
por fuera, un personaje que amaba la naturaleza:
“Elia se volvió hacia los que entraron, y todos quedaron admirados de su belleza. -
¡Dios mío! Es pre ciso ser bonita como una Venus para p arecerlo aún con se mejante
disfraz.
- Y más adelante en los araos, cuando veía una bri llante concurrencia “Señoras, me
decía: <<más bonita es Elia que todas é stas>>.
Tía -añadió, dirigiéndose a la Asist enta- me la llevo; y a la hora de la tertulia, la
volveré a t raer vestida como se debe; pues así, h echa una caricatura como está, no
se puede presentar delante de na die...
106 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., pp. 46, 109, 160, 178.
71
La s escenas d e la naturaleza hacen profunda impresión en las almas cultas que han
ensancha do los lími tes de sus sensaciones, o bien los corazones que han sufrido y
gozado, que esperan y se inquietan con ve hemencia.” 107
Y por último nos encontramos con el personaje d e Lágrimas, el cual compartía las mismas
caracter ísticas que Elia y Clemencia:
“La pobre ni ña, que tan poco lugar ocupaba en t odas partes, que no se oía nunca,
que no llamaba la atenc ión...
El roce c on Reina y con la socieda d las había hecho menos ariscas...
¿Y la pobre Lágrimas, J enaro, esa p erla qu e n o has sabido apreciar? - Es fruta
vedada. Fa bián la guarda un cancerbero porque representa un capita l.” 108
Y así, en la obra Lág rimas Fernán Caballero criticó a la socieda d:
“Europa, Eu ropa, hija m ía, te ha d ado por el dinero como a buena vieja , y te vas
volviendo todo lo sin gracia de un ávaro...
La s otras niñas eran d e gentes humildes, la ma yor parte huérfanas, que o bien sus
parientes o algunas personas caritativas o bien la s mismas monjas mantenían en el
convento.” 109
107 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., pp. 61, 96.
108 CABA LLERO , F., Lágrimas, ob. cit., pp. 143, 143, 195.
109 Í dem, pp. 111, 126.
78
camino plagado de vivencias y experiencias. La tradición podía ser un estado de m adurez
al que lleg aban los personajes: un punto c ulminante al que se llegaba después de un
proceso.
Por otra parte , el respeto por la tradición no estab a relacionado en estas obra s con la eda d
biológica d e los personaj es, sino que era al go innato a los personajes sea cual sea su ed ad.
En la introducción que se hizo a Sense and Sensibility se la definió como una novela mora l.
“Al final se forman dos paralelogramos que demuestran por un lado armonía
sincera (Elinor y Edwa rd, Marianne y Brandon) y por otro lado un a armonía
superficial ( Luc y y Robe rt, John y Fann y Dashwood). Como ocurre normalmente,
Jane Austen nos a yuda a apreciar el valor real d e las cosas m ediante la
y uxtaposición con al go apare nte o con una versión parodiada de la misma.” 124
También Marily n Butler hiz o mención al aspecto moral de las obras de la autora, pues el
hecho de que escribir novelas mora les era mu y común en la época.
“La novela didá ctica l a cual compara las cr eencias y la conducta de dos
protag onistas con el fin de encontrar a una totalmente justa y a la otra tot almente
equivocada parece que estaba particularmente de moda durante los años 1795 - 6…
Por su natura leza Sense and Sensibility es irremediablemente didác tica. Todos los
novelistas que elig en el camino del contraste lo hacen para expli car alguna
ideología.” 125
124 AUSTEN J., Sense and Se nsibility, edited wi th an in troduction and notes by Stephen Arkin,
Great Brita in, Wordswor th C lassics, 2000, p. 9.
125 BUTLER, M., “Sensib ility and Jacobini sm”, en CLARK, R., Se nse and Sen sibi lity and Pride
and Prejud ice. New Caseb ooks, Grea t Britain, S t. Martin’s P ress, 1994, p. 38.
79
P. J. M. Scott calificó también a Sense and Sensibility como una novela moral:
“ Sense and S ensibility , por tanto, se de bería leer como una novela moral.
Seguramente fue concebida de este modo por la autora, y esto se puede comprobar
desde el principio hasta el final desde el punto de vista de una empresa diseñada
para e sto.” 126
Frances Beer habló más de trasce nder que de transgredir lo moral en la época de Austen.
“El dilema al que se enfrentan Catherine y Elizabeth – del mismo modo que el de todas las
heroínas de Austen y Bronte- es el de trascender y no el de transgredir.” 127
Lo moral entendido como contraste entre dos pol os se puede ver también en las palabras de
Richard S impson: “ Pride and Prejudice y S ense and Sensibility estaban diseñados
claramente para mar car contrastes, y por contraste para enseñar algo sob re la calidad d e los
actos que se nombraban en los títulos.” 128
Asimismo J ane Austen reconocía que tanto la raz ón como la sensibilidad en su justa dosis
eran moralmente bue nas, tal y como lo afirmó Ian W att:
“La ma y or importancia de Sense and Sensibility en la historia de la nov ela – y para
nosotros- está en que J ane Austen desarrolló por primera vez una forma de
narra tiva que articulaba conflicto entre tendencias contrarias a su eda d: entre la
126 SCOTT, P. J.M ., Jane Aust en. A Reasses sment, U.S.A. , V ision and B arnes & N oble, l982, p.
116.
127 BEER, F., The ju venil ia of Jane Au sten and Cha rl otte Bronte , Inglaterra, Penguin Books,
1986, p. 30.
128 SI MPSON, R .,”Her ‘amiable’ inte lligence”, en Sense and Sensib ility, Pride a nd Prejud ice and
Mansfield P ark. Casebo ok Series, Lon don, The Ma cmillan P ress, 1976, p. 63.
80
razón y la locura , entre la mente observadora y la emoción del corazón, entre s er
sensible y ser sensato.” 129
La novela era una obra moral que tenía que tener siempre un objetivo didáctico: “Este fin
didáctico es mu y evident e en Sense and Sensibility donde el egoísmo y la sin razón de la
‘sensibilidad’ de la heroína se c orrige con una dosis adecuada de sensatez” 130
Martin Price en sus estudios sobre la producción de Austen mencionó el aspecto mor al en
sus obras: “El novelista debe siempre tener en cuenta el conflict o que se produce entre el
código de una socie dad y el códig o del principio moral.” 131
Mientras que Richard M cDonald aludía al asp ecto didáctico de las obr as de Austen y lo
aplicaba concretame nte a la obra Emma :
“ Emma es, entre otras muchas cosas, p rimero de todo una novela d e educación.
Comparte de la tra dición ll amada “bildungsroma n” basada en que jóvenes heroínas
aprende n lecciones importantes de la vida a pa rtir de los eventos que les ocurren
dentro de los arg umentos.” 132
Y del mismo modo se al udió también a la obr a Emma en la cita si guiente: “En todas sus
novelas J ane Austen e s pr incipalmente una e scritora mora lista que tra ta de e stablecer
criterios de juicio y con ductas correctas en la vida humana.” 133 Y Malcom Bradbury fue
más allá y habló más que de una e scritora moral de un mundo moral: “L o que tiene que
129 WATT, I ., “Sense Trium phantly Introduced to Sen si bility”, en ob. c it. p. 129.
130 SOUTHAM, B. C ., Sense and Sen sibilit y, ... ob. cit., p. 17.
131 PRIC E, M., “Austen: Man ners and Morals”, BLOOM , H., Jane Au sten. Modern C ritical
Views , New Yo rk, C helsea H ouse Publishe rs, 1986, p. 168
132 McDONA LD, R., “And v er y g ood lists they w ere…” , A companion to Jane Aus ten studie s,
London, Grennwood P ress, 2000, p. 100.
133 LODG E, D., Jane Austen : Emm a: A casebook , Lond res, The Macmil lan Press L TD, l968, p.
130.
81
hacer Jane Austen por tanto en Emma es establecer juntos un mundo social y un mundo
moral, sentando este último un nivel de acc ión y juicio mucho may or que el primero.” 134
Ahora bien en medio de esta cont radicción entre los mundos moral y soci al, Mary P oove y
lanzó un voto a favor de la sociedad de la época y afirmó que era ne cesario para la person a
ser social: “La s prerrogativas de la sociedad, sugier e Austen, a veces hacen necesarios los
secre tos y l a r epresión; pero si uno se somete a la sociedad, todos sus sueños se harán
realidad.” 135
2.2.2. Tradición y matrimonio
El matrimonio es un tema que se refleja de forma muy clara en las obras d e Jane Austen y
Fernán Caball ero , pues el matrimonio se identifica tot almente con la tradición, tal y como
Malcom Bradbury c orroboró:
“Todas las novelas de J ane Austen son novelas doméstic as, novelas ce ntradas en el
matrimonio; la may or parte del comentario y de la discusión moral se dedica a
definir las condiciones de un buen matrimonio y un buen matrimonio que contrasta
con todos los otros de la novela y los supe ra.” 136
134 BRADBURY, M., “ Persuasion Ag ain”, Northang er Abbey an d Persuas ion, Cas ebooks Ser ies,
London, The Ma cm illan Press, l976, p. 218.
135 POOVEY, M. , “I deologic al Contrad ictions an d the Co nsolations o f Fortu ne”, Sen se and
Sensibility an d Pride and P rej udice. New Casebook s, Great B ritain, S t. Martin’s Press, 1994, p.
193.
136 BRADBURY, M., “ Persuasion Ag ain”, en ob. c it., p . 224.
82
Mary Poove y no solo af irmaba que el matrimonio era al go bueno para el indi viduo, sino
que fue más allá al afirm ar que desde el estado del matrimonio el individuo podí a influir de
una forma positiva e n la misma sociedad:
“Su unidad más pequeña – el matrimonio- significaba par a Austen el ideal de unión
de deseo individual y de responsabilidad social; si una mujer pudiera expresarse de
forma le gítima solo c on eleg ir el casarse y con sostener su matrimonio, sugiere
Austen, a través de su m atrimonio, no solo puede satisfacer sus propias necesidades
sino que puede influir a la sociedad.” 137
Por otro lado, Johana M. Smith criticó la concepc ión del matrimonio de A usten:
“Las novelas como estas que Jane Austen escribía se esperaban que tuvieran un fin
de manuales de buena conducta, pero s e podrían culpar por predi car valores y
expectativas sociales falsas.” 138
Al hilo de esta línea, en la introducción de la nov ela Lady Susan, se hacía alusión a que el
matrimonio no solo era una buena opción para la mujer sino que debería ser el único
camino que la mujer tomara conforme a la filosofía conservadora y tra dicional de la autora:
“No había otra salida: las heroínas no pod ían hacer otra cosa más qu e casarse. El período
137 POOVEY, M., “I deol ogic al Contrad ictions an d the Co nsolations o f Fortu ne”, Sense and
Sensibility an d Pride and P rej udice. New Casebook s, Great Bri tain, St. M artin’s Press, 1994, p.
203.
138 SMI TH, J. M., “The Oppo sitional Re ader and Pride a nd Prejudice ”, en A compa ni on to Jane
Austen studies, Lon don, Grennwood Press , 2000, p. 30 .
83
de antes d e casarse era la part e más d ecisiva de la vida de una mujer y el único pe ríodo
donde la elección tenía una parte esencial.” 139
Pero quedaba mu y claro en las obras de Austen que aunqu e el matrimonio er a el estado
ideal de la mujer, esta nu nca debía casarse sino e ra por amor. En ningún m omento aparecía
alguna heroína que se casase por dinero o por b uscar una posición social. A pesar de la
necesidad de entrar en el estado del matrimonio, Austen no traicionó su filosofía y su
forma de pens ar y renegó del matrimonio sin am or verdadero. D e nuevo en la introducción
de la obra Lady Susan s e aludía a este aspecto:
“Pero los personajes f emeninos de Jane Austen o al menos aquellos personajes que
aparece n para se r consid erados di gnos de respeto, no se c asan por dinero. Muy al
contrario, todas sus heroí nas se casan por amor y aunque algunas de ellas t ienen la
suerte de casarse con hombres ricos, no ha y abso lutamente ninguna posibilidad de
que se ca sen por buscar s u dinero.” 140
A su vez, se trató la relación entre los matrimonios y el dinero en la intr oducción que s e
hizo a la obra Pride and Prejudice :
“El dinero es un problema posible (nunca un pr oblema real) y el cortejo tiene sus
propios dramas; pero todo tiende hacia l a consecución de ma trimonios
satisfactorios – que es justo como una sociedad alcanza su propia continuidad y
minimiza la posibilidad de algún cambio violento.” 141
139 AUSTEN, J., Lady Susan. Los W atson, Barcelona, A lba ed., 2 000, p. 20.
140 Ídem , p. 21.
141 AUSTEN, J., Pride and Prejud ice, edited w ith an int roduction and notes by Vivien Jones with
the original Pe nguin Cla ssics I ntroduction by Tony Tanner, London, P enguin Boo ks, 1996 , p. 8.
84
Ahora bien, el estado d el matrimonio no debía ent enderse en la mujer como una restricc ión
de su propio y o personal sino todo lo contra rio. Para Austen el matrimonio significó
también un estado de liberta d: “F inalmente se debe decir que no hay ninguna ra zón liviana
– ni siqui era voluntad inconsciente- pa ra el amor de Darcy y Eliz abeth y esta libertad
constituye su felicidad particular.” 142
También Elizabeth Langland aludió al tem a del matrimonio: “ Pride and Prejudice
demuestra a través d e v arios de sus matrimonios los lazos que deb en existir entre el pasado
y el presente.” 143
El estado del matrimonio correspondía al est ado ideal dentro de una sociedad tradiciona l,
y a que conduc ía a la formac ión de una familia y para Austen la famili a e ra lo más
importante que exist ía en l a vida humana, p or ello el matrimoni o significaba la
constitución de una nueva familia y el re speto a la tradición en general.
Y si el matrimonio era lo más importante que existía en la vida para Austen, “los
enamorados de las nov elas de Austen tienen que aprender a distinguir no solo la
discreción de la avaricia sino también la s inceridad de la emoción romántica.” 144
Y ello se reflejó principalmente en la obra Pride and Prejudice donde la heroína fue capaz
de visl umbrar lo qu e realmente le convenía y no se dejó llev ar po r falso s prejuicios. S u
mente sensata la llevó a coincidir en un mismo p unto con su amado:
“ Pride and Prejudice está diseñada premeditadamente… su modelo muestra un
encanto en la simetría de la correspondencia y la antítesis. Este modelo está
formado por líneas conv ergentes y divergentes y a causa d el movi miento de d os
142 LANG LAND , E., “Chance and th e Hierarchy of Mar riages in Pride and Pr ejudice ”, en J ane
Austen. Modern C ritical Views , New York , Chelsea H ouse Publishe rs, 1986, p. 2 3.
143 COON ER, L. A ND LA MBDIN, R. T., A companion to Jane Aus ten studies, Lon don,
Grennwood P ress, 2000, p. 47.
144 SOUTHAM, B. C ., Sense and Sen sibilit y, ... ob. cit., p. 191.
85
personas que están situadas aparte se llega a un climax de máxima hostilidad y a
partir de e ste doblar sus cursos hacia una comprensión y una amistad mutuas.” 145
En la obra inconclusa de Austen Sandition se aludía también a la relación entre el
matrimoni o y la familia y su relación con la tradición y el lugar de orige n: “Al haberse
casado mu y jóven es y h aber tenido una f amilia mu y numerosa sus movimientos se habían
limitado siempre a un círculo pequeño; y ellos e ran más viejos por sus há bitos que por su
e dad.” 146
En las obras de Auste n era a la ho ra del matrimonio cuando los personajes femeninos se
definían al t ener ‘buenos’ o ‘malos’ sentimientos. Para Aust en los personajes “buenos ”
debían respetar la tradición y por lo tanto d ebían dejarse aconsejar por s u s ma y ores a l a
hora de la elección de la pare ja. Por otro lado, los personajes considerados como ‘buenos’
tenían siempre un punto más de posibilidad a la hora de s er eleg idos en m atrimonio y a qu e
se valora ba a los person ajes tolera ntes, respetuosos y obedi ent es a los ma y ores y aunque
parec ía haber una contradicción en que se casen por amor y en qu e se dejen aconsejar por
la opinión de los mayores a la ho ra de elegi r pareja, sin embarg o, esto no era así en ningún
momento. Si bien los personajes ‘buenos’ se d ejaban g uiar por los may ores esto no se veía
en las obras de Austen como una privación de su libertad. Todo lo contrario, se presentaba
como un signo mu y v alioso el hecho de que los jóvenes atendieran al consejo de una
persona mayor que les guiase en sus vidas. P ara ellos era una suerte tener gente alrededor
que se pr eocuparan de el los. El respeto a la tradi ción se viví a como una libertad para los
personajes femeninos. Y dicha libertad s e engrandecía aún más con los consejos de las
personas mayores. Por ello, se valora ba en estas obras a los jóvenes dóciles y con un
carácter bond adoso. Y de ahí que los personajes masculinos que estuv ieran buscando
145 Ídem , p. 161.
146 AUSTEN, J., Sandition , o b. cit., p. 163.
86
pareja valorasen que los personajes femeninos fueran dóciles tanto como su belleza y su
carácter . La docilidad y la bondad de carácter eran virtudes a tener en cuenta en las jóvenes
heroínas.
Katrin Ristkok al tratar la obra Northanger Abbey aludía a este hecho: “Pero lo que hace
la relac ión más firme es que Catherine es r ealmente buena y Henr y, com o la misma J ane
Austen, admira la bondad más que la inteligencia.” 147
Marilyn Butler mencionó también cómo el p ersonaje mas culino principal de Persuasión
valoró la bondad en su prometida: “L o que ocu rre en Persuasión , la elección de Anne
como esposa por parte del Wentworth, y el des cubrimiento del valor im plícito de dicha
elecc ión, v a en línea co n la filosofía conservadora de todas las d emás novelas de Jane
Austen.” 148
Ahora bien, fue en esta novela, Persuasión, una de las últimas que Austen escribió en una
etapa ya más m adura de su vida y de la que se dice que podría ser su autobiografía, donde
la filosofía de la autora daba un paso h acia de lante y este se resumía en adoptar una
posición menos radical de la que había tenido hasta aquí. Por primera vez en las obras de
Austen, un personaje m ayor se equivocaba dan do un consejo a la joven heroína que le
marcará e l resto de su vi da. Robert Hopkins ana li zó este nuevo aspec to de la autora:
“Dando a el egir entre p rudencia moral y el verda dero amor, Pe rsuasión aboga por
el am or… En Persuasión J ane Austen ha trasce ndido los límites de un sistema
potencialmente d emasiado calculador y c errado de moralidad comunitaria presente
en sus primeras obras.” 149
147R I STKOK, K., “The fou r fi ctions of Northanger Abb ey” , en Jan e Austen. B icenten ary essay s ,
Cam bridge, University Press, l975 , p. 91.
148 AUSTEN, J., Persuasion, , ob. cit., p. 225.
149 HOPKI NS, R., “Moral luck and judg m ent in Jane Austen’s Persuasion ”, en Jane Austen ,
Londres, Macm il lan, l992, p. 272
87
Todas las obras d e J ane Austen tratan el tem a del matrimonio, tal y como lo afi rmó K ettle:
“Si Emma no trata de valores sociales que se dan en las rel aciones interpersonales (y
especialmente en el matrimo nio) es difícil im aginar entonces sob re lo que trata. ” 150
Mientras que I an Fergus relacionó la tradición y el matrimonio:
“Prisión , salvación, liber tad, protección: términos como estos y otros muchos que
implican el ejercicio del poder – auto ritarismo, c onsecuencia, g obierno, dominio,
sumisión, independencia- se aplican continuamente en Mansfield Park a los detalles
de vida doméstica, particularmente al cortejo y al matrimonio.” 151
Austen creía en la familia y en los lazos de unió n familiares, pues esta debía permanecer
unida y cada miembro de la familia debía desarrollar su papel de forma adecuada. J oseph
Lew reflex ionó: “Austen nos rec uerda las di ficultades de un control a distancia.” 152 L a
larga ausencia del patriarca de la casa de Mansfield Park se conviertió en l a causa de todos
los problemas que aparecieron después. Lionel Tri lling estudió la filosofía conservadora d e
Austen:
“Ch arlote Bronte despreciaba a Austen por represe ntar al hombre y a la mujer como
poco más que señoras y caballeros… y las obje ciones de Emerson a Austen son
rápidas y comple tas. Él dice que ella es ‘estéril’ y la califica de ‘vulgar’. 153
150 LODG E, D., Jane Aus ten: Em ma: A casebook , Londr es, The Macm illan Press L TD, l968, p.
98.
151 FERGU S, I., “Pow er and Mansfield Park ”, en Mansf ield Park... ob. c it., p. 419.
152 LEW, J., “ That Abom i nable Trafficc : Mansfield Park and the Dy nam ics of Slavery ”, en
Mansfield P ark, ob. cit., p. 502.
153 TRILLI N G, L., “ Mansfield Park” , en Mans field Park , ob. cit., p. 423.
94
de estos personajes pero que sin embargo a yudan mucho al lector a la hora de entender
mejor el carác ter de los diferentes personajes.
Así se puede ver a los p ersonajes realizando acti vidades lúdicas u ociosas que para na da
son menos importantes que las ac tividades principales como desarrollar una profesión, etc.
Ambas autoras describen al lector las actividade s y las costumbres de personajes tanto
femeninos como masculinos. Algunas de las costumbre s son la práctica de la caza, los
viajes, etc. Otra costumbre típica de la gente de la época tanto en Andalucía en las obras de
Fernán Caballero como en Inglaterra en las ob ras de J ane Austen es la de sentarse toda la
familia al calor de la cop a en invierno. Esto se puede ver tanto en la clase rica como en la
pobre y se puede ver un ejemplo de esto en la novela L a famil ia de Alvareda: “Hallaron a
Ana sentada a la copa, punto de reunión a l cu al se rodean las familias en invierno.” 169
Este tex to contrasta con el que a continuación se destaca en cuanto a la cla se social, pero la
acción que realizan es la mi sma de estar al calor de la cop a en este pasaje de Elia : “A las
diez de la noche d el men cionado día estaban sentadas a un magnífico brasero de caoba y
azófar la marquesa y su hija Esperanza cuando oyeron a un coche que llegaba
acelerada mente, y se paró a la puerta .” 170
Otra tradición mu y común sobre todo en los hombres del pueblo y del campo es la
costumbre de ir a cazar. Esto se puede ver en varios episodios relacionados con e l
personaje de Perico e n esta preciosa escena de La familia de Alvareda:
“No obst ante, a la c aída de un a hermosa tarde de enero del año 1810 hubiese
podido oírse la sonor a y fresca voz de un joven como de veinte años qu e, con la
169 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, Barce lona, Luis de Gar alt ed., 1990, p . 44.
170 CABA LLERO , F., Elia, Madrid, Alianz a, 1968, p. 66.
95
escopeta al hombro, caminaba con p aso firm e y li gero por una de las vere das
trazadas en los olivare s.” 171
También en esta misma obra se puede v er otro tipo de costumbre s como que las muj eres
hilaban y hacían calcet a por la noche al calor de la lumbre: “Ana tomó su huso y se puso a
hilar; Elvira a hacer ca lceta; P edro, que oc upaba el sillón, s e puso a picar un cigar ro.” 172
Los hombres cultivaban ellos mismos el tabaco que fumaban y luego en las noches l ar gas
de invierno, tras haberlo secado, lo picaban y guardaban: “Sacó una bola de tabaco, hecha
de piel de conejo, y se pu so a hacer un cigarro.” 173
En una época como ésta en la que no existían bancos ni formas de obtener dinero cuando
se necesitaba, la gente h umilde tenía por costumbre prestarse dinero los unos a los otros.
Este dinero se prestaba y era luego devu elto sin concesiones ni inter eses. C on este hecho la
autora quiere destaca r la solidaridad del pueblo ll ano. Del mismo modo critica también a l a
nueva clase social que nacía en ese momento: la burguesía a la que ella tacha de poco
solidaria y de poco r espetuosa con la tradición. Según Lanzagorta: “ La buena ge nte, el
vivir llano, la buena maestra Doña Pobreza que nunca intentará corromper a los demás. ” 174
Por tanto, continuando con la misma obra anter ior se puede leer:
“María t enía allí una deu da que cobrar y , necesitando en esta ocasión d e todos sus
fondos, aprovechó la ida de su antig uo amigo para ir acompañada…
171 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 35.
172 Ídem , p. 45.
173 Ídem , p. 58.
174 ORTIZ DE LA NZAGOR TA, J.L., Fernán Caball ero. Entre la luz y las lá grimas, Sev illa,
Andaluzas Un idas, 1985, p. 13.
96
Pero señor – contestó María- a quien s e le presta es a los pobres.” 175
También se puede v er en las novelas d e Fernán Caball ero otro costumbre mu y tí pica del
pasado como era l a de criar a los niños en los conventos como una señal d e religiosidad e
incluso de orgullo famili ar. Así, tres de los pe rson ajes femeninos principales de las nov elas
de Fernán Caballero se han criado en conventos: Elia, Lág rimas y Clemencia.
“Elia – contestó con visible afectación la Asistenta - está más bonita que nunca, seis
años ha en un conv ento porque se me de cía que la mi maba mucho, y que no
aprendía nada a mi lado.” 176
“(Iné s sobr e Elia) Es preciso considerar las cosas más seriamente; no se puede dejar
el porvenir c omo una vel eta al soplo del oca so.” 177
“(De L ágrimas) Educar a los niños en los conventos no estila ho y día. L a madre que
pensase e n eso sería tenida por una madre mu y tirana y anticonstitucional.” 178
“(De la m arquesa de A locaz)…que criada en un convento sin más nociones ni
educación que las que se necesita para formar una mujer virtuosa, una buena madre,
una mujer de su c asa, sin jamás haber leído un libro, ignorando del todo las
melifluosidades de novelas…” 179
El maltrato a los animale s también era una prác tica frecuente en esta época y este hecho
aparece reflejado en las obras que ocupan este estudio. Fernán Caballero estaba en contra
175 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., pp. 57, 58.
176 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., p. 50.
177 Ídem , p. 57.
178 CABA LLERO , F., Obras de Fernán Caba llero. Lág rimas, ob. ci t., p. 26.
179 Ídem , p. 144.
97
de este maltrato a los animales y lo d enuncia y critica siempre que suced e tal y como se
puede comprobar e n la ci ta siguiente de la nove la La familia de Alvareda:
“Verdad es, hermana – respondió Ang el dándole desfachatadamente un varazo a la
burra sobre la cual le había sentado su pa dre…
Perro que t rajo V entura (del extranjer o) bien lava do, bien pelado y al que Melampo
peg ó…
En vano le pega ba Perico (a su perro), en vano le daba puntapiés Ventura…” 180
Por últim o se debe señalar que Cecilia Böhl de Faber estaba totalmente en contra del
maltrato a los animales y c ritica también con ello al go tan típico español como es las
corridas de to ros. Es en una plaza donde María, el personaje principal de L a Gaviota
conoce al tor ero Pepe Vera, qu e más tarde se convertirá en su amant e. La descripción de la
plaza y la fiesta de los toros está llena de connotaciones negativas: “Aquella reunión
inmensa a la que acude toda la población de la ciudad.” 181
Una de las costumbres españolas que nunca ll egó a gustar a Fernán Caballero es la de la
fiesta na cional de los to ros. En todas sus obras aparecen tex tos que critican este tipo de
fiestas. El lugar en el qu e se ubican, las plaz as de toros, casi siempre en ciudades, aparece
y a relacionado con el rechazo a la tr adición y el culto a la modernidad . F. Caballero , que
abogaba por una vida tr anquila y en consonancia con la naturaleza estaba totalmente en
contra de este tipo de fiestas y las relaciona con temas tales como el adulterio, la
perversión, e tc.
En otra ocasión el maltr ato anterior se ha ce aún más g rave porque esta v ez se aplica a l a
mujer, tal y como se encuentra en la ob ra Clemencia en el personaje de doña Eufrasi a. Lo
180 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, pp. 86, 99.
181 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 243.
98
que resulta curioso al lector es que la autora lo criti ca pero no con la sufici ente veh emencia
que sería d e esp erar. “Doña Eufrasia siempre fue honrada como una buen a navarra y unas
cuantas bofetadas hab ían cimentado sólidamente su respetabilidad e n los campamentos.” 182
Por otro lado, Cecilia Böhl de Faber, en su inc esante halago a la gente de l campo, alaba
también la costumbre de tener a nimales domésticos en las c asas. Para e sta a utora, la
atmósfera beatífica de los animales domésticos se aúna al sentimi ento religioso. Así refleja
en sus novelas una imagen idí lica de un para íso terr enal donde los animales y los hombres
viven en perfecta armonía. El profundo sentimiento re ligioso de la autora s e hace p atente a
lo largo de tod as las obras y se refleja en l a elección que lleva a cabo de los animales que
aparece n en sus obras. E n su may oría son animal es domésticos, como se verá más adelante
y los salvajes los relaciona con el mal. L as citas siguientes co rresponden a La familia de
Alvareda: “ Un ruido que se o yó hacia la pu erta del patio que daba al corra l selló de
repente los labios de María.” 183
En esta misma obra s e puede v er como los niñ os ponen un nacimiento para c elebrar la
pascua tal y c omo es cost umbre en navidad:
“Habían llegado entre tan to las alegres Pascuas de Navidad y habíanle pue sto a los
niños un hermoso nacimiento que c ogía y cubría de lentis co, romero,…
El día de Pascua, Perico o yó misa temprano y s e fue a dar una vuelta a su trigo, por
haber sa bido que andaba n cabra s por el término…
La tía María dice que lo único que añora del pueblo es que no puede seguir con sus
devociones.” 184
182 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 83.
183 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 94.
184 Í dem, pp. 119, 131.
99
Cabe señalar que todas las alusiones que se encuentran en esta obr a a curas, monjas y
misioneros son positivas: “ Los misioneros pr edicaban de noch e y la igl esia se ll enaba d e
un pueblo que venía a oír la palabra de Dios, que enseña al hombre a ser bueno y
humild e.” 185
Por otro lado se d ebe afirmar que en medio d e este mundo tan religioso, asombra al lector
esta fra se en esta misma obra por la crueldad de su contenido. Puede sorprender al lector
como las personas tan religiosas y virtuosas que la autora describe en sus obras son
capaces de llegar a juzgarse entre sí y llegar a estos extremos: “Sobre cinco postes ve cinco
cabezas humana s.” 186
Tanto en las obras de F ernán Caballero como d e J ane Austen s e en cuentran numeros as
tertulias entre los personajes independiente ment e de que sea n estos personajes más o
menos ricos y se hac e alusión también a los juegos y diver timentos que t enían tanto a l a
hora típica inglesa del té como en las noches lar ga s de la estación invernal así como los
días de ll uvia que no permitían que l os personajes saliesen de sus casas. Así lo recog e
Según Langa L aorga:
“Por esto en las obras de Cecilia, las escenas en que se describen las te rtulias de la
clase alta, su forma de v ida, sus relaciones sociales, etc. en aquella otra e n que se
estudia a l a burguesía comercial ga ditana, la realidad adquiere toda su fuerza.” 187
En todas las obras que ocupan este estudio se pue den ver ter tulias y jueg os. Así en
Clemencia se pue den leer estas citas:
185 Ídem , p. 158.
186 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 143.
187 LANG A LAO RGA, M.A., “Fernán Cab allero, el refle jo de una época ”, Cuadern os de
Historia Mod erna y Con tem poránea, 7 (1986), p. 150 .
100
“A casa d e la marquesa concurrían bastantes gentes de noche para formar
propiamente una tertulia…
Don Galo era un necesario en la tertulia de l a mar quesa porque era el complemento
de la lotería, e ncargado como estaba de sacar los números…
La tertulia era ya bastante numerosa aque lla noche, y cosa extraña y no vist a,
habían dado las nu eve y el exactísimo don Galo Pando no había hecho aún su
aparición.” 188
También en la nove la Elia se pueden ver estas tertulias:
“A la noche se reunió la ter tulia…
Diciendo esto, s e alejó de la Asistenta, y s e ac ercó a la mesa en que j uga ba su
cuñada.” 189
Y lo mismo en la novela Lágrimas: “Entre tanto se iban reuniendo los tertulianos en casa
de la marque sa.” 190
E igualmente en La Ga viota: “Un a de las ventajas que llevamos a otras nociones es no
vivir a galope (dijo Rafael en la tertulia) . ” 191
2.2.4. El papel de la mujer en re lación con la tradición
188 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 116.
189 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., pp. 64, 124.
190 CASTRO C ALVO, J.M., Obras de Ferná n Caballe ro. Lágr imas, Madrid, A tlas, 1961, p. 162.
191 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 270.
101
Mención especial dentro de este capítulo de tradi ción y modernidad merece la mujer en las
obras de J ane Austen y C ecilia Böhl de Faber. P ara ambas el mejor p apel de la mujer tanto
en la sociedad ing lesa como en la sociedad anda luza es el de buena esposa y buena madr e.
En el caso de Fernán Ca ballero tal vez se justific a porque a ella le faltó su madre durante
la infancia y la adolescencia. Cecilia ensalza a la mujer virtuosa, la mujer limpia y
primorosa, la que lo da t odo por sus hijos. La mujer de este ti po recibe siempre casti go po r
sus ac ciones. Esta muje r está representada por pe rsonajes como M aría en L a Gaviota, R ita
en La familia de Alvareda, Eloísa también en La Gaviota, Clara en Elia, Al egr ía e n
Clemencia, etc.
Así R ita, Alegría y Marisalada son castig adas con dureza por Cecilia por el hecho de ser
infieles a sus maridos. T ambién tienen en común estos tres personajes que carecen de amor
por sus hijos y se pued en ver en va rios pasajes des preciándolos. N o s on virtuosas ni
bondadosas, por el contrario, son eg oístas, presumidas, arrogantes y soberbias.
En La familia de Alvareda se critica al personaje de Rita con la si guiente frase que sintetiza
todo el pensamiento de Cecilia Böhl de Fa ber:
“la que e s mala hija es m ala ca sada…
Durante este ti empo, R ita que a gua rdaba en v ano a Perico en su reja, estab a
impaciente e inquie ta.” 192
Por otro lado, el personaje de Clemencia en la obr a homóni ma repre senta a la mujer buena
y virtuosa mientr as que s u prima Alegría representa todo lo contrario. El m ismo nombre de
Alegría y a ofrece al lecto r una idea de su carácter. Tampoco su madre la marquesa se libra
192 CABA LLERO , F., La familia de Alvareda, ob. cit., p. 48.
102
de la crítica en esta cita: “Como si no tuvies e bastante con dos hij as ¡me manda Dios esa
sobrina¡ Una sobrina, la cosa más inútil del mundo.” 193
Estas frase s en boca de Alegría ex plican perfec tamente su carácter:
“¿Y por qué sería una locura volve rse a c asar? Porque perderías tu libertad –
contestó Alegría con más malicia que se sue le pon er a esa necia y re petida frase…”
¡Niños! Esa plaga, esa carga, e sas trabas que acaban con la paciencia, que destruyen
el físico, que quitan e l gusto y e l tiempo para todo.” 194
A lo que le contesta Cl emencia: “Hijos y pollos todos son pocos.” 195 La descripción de
Alegría se completa e n la obra:
“Así un leve resfriado q ue había tenido Clemencia, fuel el que le sirvió para ir a
casa de éste una prima n oche.
Pertenec ía Ale gría a la clase de muj eres desalmadas que se confi esan en sí mi smas
coquetas… Pero pertenecía también, sin ella confesarlo, a la más perversa variedad
de la especie…
Alegría, como las mujeres de su especie, sentía hacia los hombres, en ludib rio de su
sexo, la propensión que es propia de éstos hacia las mujeres, aumentada por la necia
vanidad de verse rode ada de ena morados o aspirantes y e l perverso anhelo de
triunfar delante de otra s mujeres, sobre todo si éstas valían más que ella…
193 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 73.
194 Í dem, p. 270.
195 Í dem, p. 270.
103
Clemencia nunca había sentido celos, y tampoco nunca había comprendido que
hubiese muj eres que pro vocasen a los hombres y menos que esto lo hiciese una
mujer casa da…
Sí, señora, así lo ex igía s u abuela que qu ería verlos, y como él pasa de bu en hij o ha
complacido a su madre, aunque y o hubiese preferido que se hubiesen quedado.” 196
Tampoco los hombres que no son buenos padres o buenos maridos se li bran de la crítica de
Fernán Caballero. Así, en Clemencia, se encuentra el personaje de P aco Guzmán, el
amante de Ale gría, que es definido por Cecilia de esta man era: “Pe rtenecía Paco a un a
clase de hombres poco comunes en Espa ña, pero que no obstante se encuentran.” 197
En este apartado Cecilia aprovecha para alabar las virtudes del hombre español en
contraposición con el ex tranjero. Es quizás el personaje de Sir George, pretendiente
extranjero de Clemencia en la obra homónima, el que repre senta el modelo de hombre de
este tipo mejor carac terizado por Fernán Caballer o :
“¡Dios mío! – p ensó Clemencia- ¡qué! ¿ nad a vibra y a en su corazón? Ni la
relig iosidad, ni l a naturaleza, ni el amor patrio, n i el amor a la familia, ni la amistad,
ni la carida d…
Así es: cuando no se puede ser otr a cosa más divertida, s e hace uno padre d e
familia. Clemencia sintió partirse su corazón con cuanto agudo ti ene el dolor y
amargo la humillación…
Vosotros los españoles – dijo Sir George-, que penetró las gra ves ideas de
Clemencia, entendéis el amor como un esclavo ca utivo…
Habla Sir George de las bodas y de lo efímero del amor…
196 Ídem , pp. 295, 296, 299, 310.
197 Í dem, p. 311.
110
satisfactoria en la socied ad. En la introducción a la novela Pride and Prejudice se ha ce
alusión a este tema:
“Es una sociedad que destaca el control social sobre el éx tasis indi vidual, la
formalidad sobr e la info rmalidad, la limpi eza sobre el abandono co rporal y la alerta
en la conc iencia sobre lo s estados románticos.” 214
“Pero en Pride and Prej udice se nos muestra como vienen a juntars e la energía y la
razón, no tanto como una reconciliación de o puestos sino un matrimonio de
complementarios.” 215
Michael Alex ander exponía: “El sentido engloba la razón, es la habilidad para decir la
verdad a partir de la fa ls a razón. Al principio estaba más relacionada que opuesta a la
sensibilidad, la capacidad para e l sentimiento moral.” 216
Graham Hou gh afirmó que había mucho realismo en sus obras y que se hacía una
descripción muy porme norizada de los personajes:
“Es importante tener las ideas claras acerca de la f orma y los límites del realismo de
Jane Austen…
Sus novelas están firmemente inmersas en la realidad social. El dinero, la posición,
el matrimonio y l as relaciones personales se consideran como hechos, no com o
elementos de f antasía. L as formas de comportarse, las relaciones soci ales en el
214 AUSTEN, J., Pride and Pr ejudice, Great Br itain, Peng uin Books, 1972 , p. 35.
215 AUSTEN, J., Pride and Pr ejudice, Great Br itain, Peng uin Book s, 1972, p. 46.
216 ALEXAN DER, M., A Hist ory of Eng lish Litera tura, Great B ritain, Palg rave Fou ndations,
2.000, p. 176.
111
sentido superficial, las dobleces en la conducta y los discursos que las acompaña n
se observan y se estudian con una fidelidad mu y cuidada.” 217
En la introducción a Sens e and Sensibility se aludí a a esta oposi ción figurada entre l a razón
y la sensibilidad:
“El final para Elino r y Marianne es irónico en un sentido amplio y el lector puede
comprender porqué el libro invoca a la razón y la sensibilidad, no la razón o la
sensibilidad y en qué grado debería estar compuesta la mezcla para traer más
felicidad que an gustia.” 218
Tonny Tanner señaló el aspecto psicoanalítico que se puede adivinar en esta muestra de
opuestos en relación a la misma Austen:
“Se hace claro que ella puso tan to de sí misma en Marianne como en Elinor, por lo
tanto se puede imaginar en esto una pará bola psicológica escrita en parte para
beneficio propio –las dos hermanas encontrá ndose en un ser único.” 219
De alg una forma esta oposición se reflejaba claramente en la obra Pride a nd Prejudice , en
la que sus dos personajes principales pa recían estar sujetos a una oposición inicial que más
adelante se transformará con un encaje de piezas en la que los personajes se
217 HOU GH, G., “Narrativ e and D ialogue in Jane Austen” , LODGE, D AVID, Jane A usten:
Emma: A cas ebook , Londre s, The Macmillan Pr ess L TD, l968, p. 198.
218 AUSTEN, J., Sense and S ensib ility, New Yor ik, Airm ont Publishi ng C ompany , Inc., 1965, p.
4.
219 T ANN ER,T., “Secrecy and Sickness in Sens e and Se nsibility”, SO UTHAM, B. C., Sense and
Sensibility, P ride and P reju dice and Mans field Park. C ase book Ser ies, London, The Ma cm illan
Press, l976, p. 14 2.
112
complementaría n el uno al otro. Se parte, por tanto, de dos posiciones dif erentes pero no
para enfatizar la oposi ción sino para ver el proceso de acercamiento. Mar y Lasc elles hacía
la siguiente afirmación:
“ Pride and Pr ejudice no está diseñada d e forma arbitraria; su modelo muestra un
encanto ig ual entre la simetría de la corre spondencia y en la antítesis; pero hay una
notable diferencia en la construcc ión. Este m odelo está formado por líneas
converge ntes y dive rgentes acorde al movi miento de dos p ersonajes que se
muestran dist antes hasta que encuentran un clímax de hostilidad mutua y a partir de
aquí doblan su curso hacia una amistad y una comprensión mutuas.” 220
En una sociedad en l a que se valora ba la tradición por encima de todo, era más importante
la familia que e l individuo aislado:
“la ve rdadera natu raleza del individuo como miembro de una sociedad; la familia
como unidad social básica y no el ciudadano individual, la tra dición y la
convención como guardiane s y p reservadores de valores sociales y cultur ales; y las
emociones domésticas como el suelo d e cultivo natural para los s entimientos del
individuo.” 221
220 LASCEL LES, M. , Jane A usten and h er Art, Great Britain, Ox f ord Pape rbacks, 1963, p. 160 .
221S CHOFI ELD, M. A. AND MACHESKI , C., Fetter’d or Fr ee? B ritish Wom en N ovelis ts,1670 -
1815, London, O hio Univ ersity Pre ss, 1986, p. 285.
113
2.3. Ricos versus `pobre s
En las obras d e Fernán Caballero y Jane Auste n las relaciones sociales entre las clases
burguesas y populares son siempre positi vas. La s autoras no tratan la forma de vida de las
clases populares y, los p obres son siempre humildes que se conforman con su posición.
Según Langa L aorga en Fernán Caballero :
“ese afán de reflejar una rea lidad que la rodea pero a la que tiene acceso solo desde
un doble prisma: el de hija de burg ueses con un nivel cultural elevado y esposa de
marqués, por una parte , y el de, c asi podríamos considerar, extranje r a, por otra…
En estos discursos, así c omo en los temas propios de cada novel a, se ataca sob re
todo a la burguesía, al poder del dinero, a las ideas liberales más pro gre sistas, a la
falta de relig iosidad de esos que Cecilia llama despectivamente positivos… ” 222
La ura H amblin afirma sobre Austen: “Austen es una artista en la observación que hace de
las clases soci ales de élite, el diálogo entre ellas y lo absurdo de sus rituales…” 223
Asimismo, Judith Lowder a lude al tema de la economía en la vida real de Jane Austen:
“En realidad, lee r las ca rtas de J ane Austen – con su preocupación directa por las
finanzas y los p eniques- es hacerse cons ciente de las contingencias que el dinero y
los asuntos monetarios tenían sobre su propia experiencia de mujer soltera.” 224
222L A NGA LAO RGA, M.A., “Fernán Caba llero, el refle jo de una é poca”, Cuadernos de
Historia Mod erna y Con tem poránea, 7, (1986), p. 15 0.
223 HAMBLI N, L., “O n the virtues o f Scout Hal f Boots”, en A compan ion to Jane A usten studi es,
London, Grennwood P ress, 2000, p. 226.
224 LOWDER NEWTON, J., “Wom en, Power and Subve rsión”, en Sense an d Sensibilit y and
Pride and Pr ejudice. New Caseboo ks, Gr eat Brita in, St. Martin ’s Pres s, 1994, p. 1 22.
114
Ambas autoras coinciden en alabar las virtudes de la gente del entorno rur al y, entre ellas,
se destaca como una vi rtud importante el cuid ado de la economía do méstica. Fe rnán
Caballero critica a los ricos orgullosos y el m aterialismo de la vida urbana e n su no vela
Elia: “(En las ciudades) las saludes se a niquilan y los caudales se disipan…” 225
El lí mite del org ullo aparece en Lágrimas cuando el pe rsonaje de Tibur cio clasifica a las
personas se gún el dinero que tienen en: “Buen sujeto, mu y apreciable, bello sujet o,
excelentísimo sujeto…” 226
Se critica duramente a l a burguesía, como clase social emergente y pod erosa. Entre los
repre sentantes de esta nueva bur guesía, se hallan personajes como don Roque, el padre d e
Lágrimas en la obra del mismo nombre. L as críticas qu e este personaje re cibe son a veces
muy dur as, y a que se le c alifica de poco caritativo y de s er persona que se mueve por s u
propia conveniencia.
“Don Roque se hizo de rogar, no por el almuerzo, puesto que estaba preparado el
suyo en el vapor, pero p orque deseaba adquirir algunas noticias locales del alcalde
que le eran n ecesarias y sobre todo por aquellos que y a anotamos de qu e el rico ,
sólo por serlo, se cree co n derec ho a todo…
Puesto que don Roque nunca ha bía mirado con buenos ojos a los pesos duros…
Que el hombre se pr esentaba poseedor d e un millón de duros debía necesariamente
de ser un césar para toda mujer nacida y por nacer…
Roque la Piedra, Señora mía, puede y quiere picar alto…
La s d eudas carcomen c omo un fuego la paz de la vida; reb ajan la más a lt a
superioridad a la esfera de la más baja inferioridad.” 227
225 Caballero, F., E lia, ob. cit., p. 146.
226 Caballero, F., Lág rimas. O bras de Fern án Caba llero, ob. cit., p. 115.
115
Tanta fe tení a don Roque en el dinero que pensaba que estaba por encima de la salud. Es
por ello que llega a pedi rle al médico en el lec ho de muerte de su hija que la cur ase costa ra
lo que costase. Con este episodio Fernán Caballe ro hace de nuevo una crítica severa de l a
burguesía del momento:
“Preciso es que me la curéis, don J uan de Dios, preciso. Y si no, ¿para qu é sirven
vuestra ciencia y vuestr os libros ? No repare usted en medios ni en cos to s, aquí
estoy yo para salir a todo.” 228
El personaje de don Roque, ejemplo del poder del dinero de los advenediz os o nuevos
ricos, representa un arquetipo esencial, al qu e, Fernán Caballero critica como ejemplo de
esta nueva clase social – la mercantil del nuevo cuño-, por los problemas económicos que
sufrió tanto su padre como ella misma a lo largo de su vida.
Es por ello también que los personajes buenos y virtuosos no quieren tener relac ión con la
burguesía más ex trema de la época. Malcom Bradbur y en su artículo sobre la novela
Persuasión de Jane Austen hace alusión a este tema: “Pero al mismo tiempo, Anne se está
alejando cada ve z más de su familia, a causa de su extravagancia a pesar de la pobreza.” 229
En la novela Clemen cia también critica F ernán C aballero a algunos p ersonajes jóvenes
ricos que se dedican a gastar el dinero y a vivir la vida ale gre mente:
227 Ídem , pp. 208, 214, 214, 2 15, 224.
228 Ídem , p. 231.
229 BRADBURY, M., “ Persuasión Ag ain”, en Nort hanger Abbe y and P ersuasion, Casebooks
Series, London, The Macm illan Pres s, l976, p. 218.
116
“¿Quiere usted creer que me escribe mi hermana d e Madrid que no ha y quien sujete
al loco de mi hijo Gonzalo y que se va a Paris? ¡A Paris, e se foco de cor rupción!
… -dijo Paco Guz mán, que era un joven bien p arecido, de una noble y pudiente casa
de Extremadura…” 230
La riqueza en la a ristocracia, en cambio, no es criticada, pues se considera unida a su
estatus social. Esto se pue de ver en la novela Clemencia con el personaje del joven
marqués d e Valdemar el cual si guiendo los consejos de su familia h abía acudido obediente
a Sevilla para pedir la m ano de Constancia: “El n ovio, que llevaba el título de marqués de
Valdemar…” 231
Sin embargo, no todos los persona jes r icos se comportan de la misma forma. F ernán
Caballero y Jane Aust en describen a otro tipo de ricos que s e r elacionan normalmente con
los pobres: son los buenos, caritativos y humildes. En el caso d e J ane Au sten, algunos d e
estos personajes son Elizabeth Bennet en Pride and Prejudice, Anne en Persuasión, Mr.
Knightley e n Emma , entre otros personajes.
Mientras que en el ca so de Fernán Caballero apare ce un número aún ma yor de personajes,
como es el ca so de don Martín en Clemencia:
“Como hombre qu e sab e es cuch ar, siempr e con respeto y deferencia, d on Martín
hablaba recio, pronto y resuelto, y con el mismo tono al rey que al pordiosero; esto
es, un tono natural, llano y decidido.” 232
Fernán Caballero describe a la gente rica del pueblo andaluz en Lágrimas:
230 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 78, 87.
231 Í dem, p. 89.
232 Í dem, p. 165.
117
“Au nque respectivamente ricos, el tío Juan López, su muj er y sus hijos traba jaban a
la paz de sus criados y así en un v asto pati o… trabajaban va rias muchachas
sentadas d elante de mes itas bajas que ll aman es cogedore s esc ogiendo tr igo p ara
enviarlo a la tahona. ” 233
Tampoco el personaje de C lemencia en la obra homónima se vanagloria de su riqueza y
habla con humildad en este pasa je:
“¿Ves tú? – le dijo éste al oído ¿Ves malva-rosita, como es bueno ser rico?
-Mejor es ser bueno –contestó ella.” 234
La siguiente descripción destaca por la ironía a la hora de caracterizar a los pretendientes
de la heroína Clemencia:
“Era S ir George inmensamente rico y espléndido sin fausto, por lo que le llamaban
en Sevilla Monte-Cristo, así como al Viz conde, en vista de su estatura y de ser mu y
realista, le ha bían puesto Carlo Magno…
Entre las personas que f ueron presentes en casa de Clemencia se distin guían dos
extranjeros de alta c ategoría, el uno inglés, el otro francés, que habían venido a
pasar el invierno en la pr imavera que dura nte esta estación goza Sevilla, la noble y
destronada reina de Andalucía.” 235
233 CABA LLERO , F., Lágrimas. Obras de Fe rnán Cabal lero, ob. cit., p. 136 .
234 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 242.
235 Ídem , pp. 74, 273.
118
2.3.1. El nivel económico en relación con las moradas de los personajes
Como símbolo de riqueza y poder, Fernán Caballero y Jane Austen hacen uso de las
descripciones d e las c asas para señalar indirectamente y diferenciar entre los personajes
ricos y los menos ricos. Así se puede leer en Fernán Caball ero en La familia de Alvareda:
“La casa de la familia de Perico era espaciosa… E n medio del espacioso patio…
Frente por frente de la casa de los Alvareda estaba situada la pequeña casa de
María, la madre de Rita.” 236
En la introducción de J ane Austen a Mansfield Park se hace tambi én alusión a la
utilización de las casas para describir el nivel económico de los personajes:
“Sus casas, sus terrenos y jardines, sus viajes a Londres, sus carr uajes, sus criados,
sus gobernantas, sus pianos y la fruta que aparecía sobre sus m esas eran señales de
riqueza y estatus.” 237
En cuanto a la clase pobre a ndaluza, Alicia Langa Laorga señala que :
“Al analizar la influencia ideológica veremos cómo Cecilia sil enciará aquellos
datos que no convengan a su tesis, como por ejemplo, el hambre de tierras de los
236 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., pp. 39, 41.
237 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 14.
119
campesinos, a los que describirá como resignados con su suerte y agradecidos a sus
señores…” 238
Para Alicia Langa L aorga la clase b aja andaluza en las obras de Fernán Caballero aparece
dibujada a grandes rasgos y sin detalles. L a autora intenta reproducir un ambiente lo más
real posi ble en e l qu e no se vislumbren grandes problemas y que no estr opee esa imagen
que quería transmitir de fe licidad pastoril. Cecilia Böhl de F aber intenta que se refleje en
sus obras de modo mu y firme la solidaridad que e xistía entre las personas de la clase pobre
como un rasgo muy importante que las carac terizaba. Por otro lado, se c ritica a la nueva
clase social emer gente, la bur guesía, la ambición y el pode r del dinero y la forma de pensar
progresista. Jose Manuel Castro ha ce referencia a la pobreza en las obr as de Fernán
Caballero:
“La pobreza es el motivo que implora para justificar su pasión de publica r lo que
tiene escrito…
Por su origen, por su fortuna y situa ción de la casa de sus padres, por sus
matrimonios – sobre todo el segundo con Arco He rmoso- nunca debió de hallarse en
trances apurados; disminuía, a veces, eso sí, su fo rtuna; pero ni aún en el momento
en que va al Alcazar pue de afirmarse que lo hace por carecer de medios; le encanta
vivir en un palac io, le a grada, sobre todo, que ésta sea concesión regia. ” 239
Al contrario de lo que ocurre en J ane Austen, en l as obras de Fernán Cab allero apenas se
encuentran person ajes de clase media. De los mu y ricos s e pasa a los mu y pobres. Entre
estos personajes mu y po bres aparecen criadas y c riados, amas de llaves, gita nos, persona s
238 LANG A LAO RGA, M. A., “Fernán Cab allero, el reflejo de u na época ”, art. cit., p. 145.
239 CASTRO C ALVO, J.M., Obras de Ferná n Caballe ro, Madrid , Atlas, 1 961, p. 8 5.
126
“Como he prometido a tu madre, debo aconseja rte este enlace, pues si tú llevas
caudal, él te da una posición y un rango distinguido en el mundo.” 256
En la introducción a la n ovela Mansfield Park de Jane Austen se hac e tam bién alusión a la
herenc ia que va a recibir uno de los personajes principales como es Mar y Crawford.
“Un cinco por ci ento de su fortuna de veinte mi l libras serían mil li bras al año y
este dinero era más qu e suficiente; en efecto era suficiente pa ra c ubrir algunos de
los aspectos ele gantes d e una forma de vida de un nivel alto como puede ser u n
carr uaje” 257
En las obras de est as dos autoras abundan las refer encias al tema de los mat rimonios que se
producen por móviles e conómicos, alg o muy co mún en la épo ca. En nu merosas ocasiones
se puede v er a personajes may ores aconsejando a las jóvenes que se casen con muchachos
ricos. Aunque en algunos casos como el de Con stancia, prima d e Clemencia, no logran
convencerlas:
“La ma rquesa h abía hablado sobre este asunto a Constancia, y con asombro suy o la
había hallado mu y mal d ispuesta para este ventajoso y brillante enlace…El novio,
que llevaba el título de marqués de Valdemar…” 258
Tampoco lo gran convencer al p ersonaje de Clemencia la segunda v ez que debe casarse. S e
debe r ecordar que para su primer matrimonio ni siquiera se molestó su tía la marquesa en
256 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., p. 186.
257 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 15.
258 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 89, 89.
127
pedirle su opinión sobre el que ha bía de s er su futuro mar ido. En esta ocasión su suegro
don Martín, a difere ncia de la vez anterior, sí que le pide opinión pero a ella no le importa
el tema económico y , po r ello, recha za casarse con su primo tal como qu ería don M artín
para que la fortuna de la familia quedase en casa:
“Pues, sobrino, ahora es el caso d e decir aquello del más ruin de la manada…
aceitera…ace itera… porque he pensado que os ca séis, y así todo se queda en
casa.” 259
El personaje de C onstancia en Clemen cia rehu só casarse po r dine ro y por ello tr as l a
muerte del hombre que amaba, su descripción es:
“Nadie hab ría reconocid o en ella la elegante joven que fue; su traje era más que
modesto, er a pobre;… y su cabello primorosamente alisado, estaba sujeto con dos
peinecillos sobre sus sienes, sin ningún gé nero de pretensión.
Esta abnegación del pl acer de a gradar y de la s atisfacc ión d e ‘parecer b ien’ es el
más heroico que en a ras de la severa virtu d puede ofrece r como sa crificio l a muj er;
y este mérito, ma yor de lo que los hombres creen, solo se ve en España.” 260
Fernán Caballero no deja pasar la ocasión para ejempl arizar con sus opiniones en favor de
la pa tria. Sin embargo, también aparecen a lgunos personajes que con una menta lidad
diferente, sí llegan a casarse por din ero y valoran la economía por encima de todo , caso de
la novela Cleme ncia:
259 Í dem, p. 231.
260 Ídem , p. 266.
128
“Si desde que la había visto la vez primer a s e había hallado arrastrado por la
seducción violenta que ej erce la hermosura sobre los hombres viciosos…
Entonces se obstinó, imp lorando por cuanto aún vibraba n en él, amor propi o, deseo
material, ca pricho y org ullo en no dejarse suplantar a toda costa.” 261
En esta misma obra se encue ntra el personaje de Alegría, la prima de Clemencia, que es un
personaje paralelo al d e l a Gaviota. Ambas s e des criben como malas hijas, malas esposas y
malas madres. La s críticas de Fernán Caballero hacia este tipo de personajes son muy
duras evidentemente y consecuenteme nte al final ambas pagarán por sus acciones; pu es la
justica poética y mora lizante de la autora no les deja otra alternativa narra tiv a:
“Alegría estaba hecha al bello ideal de la elegancia, un figurín de moda, al tipo del
supremo buen tono…
…y hiciste bien en estarte a la mira y a guantarte, porque, hija mía, el dinero, el
dinero es el todo; sin dinero, ¿qué se hace ? ...” 262
2.3.4. I mportancia de las cuestiones ec onómicas
Donald Green h ace alusión a la import ancia del dinero y los asuntos económicos en las
novelas de Jane Austen.
261 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 277, 279.
262 Í dem, pp. 269, 269.
129
“El dinero, y a se h a señalado con f recuencia, t iene una gran importancia en las
novelas de J ane Austen – como en las de otros muchos novelistas - si se considera la
gran importanc ia que siempre ha tenido para la avaricia de la raza humana.” 263
Rebeca Stephens Duncan señala la importancia del dinero en estas novelas:
“L os estudiosos del siglo veinte confirman la importancia que da Austen al dinero y
a la propiedad. Casi todos los personajes se definen en términos de valor
financier o.” 264
La preocupación por los asuntos económicos de estas autoras ante el desigual reparto de la
riqueza en la época era evidente: “… la riquez a estaba distribuida entr e un número de
personas mucho menor de lo que es el caso hoy en día.” 265
Graham Hough alude a que el lengua je que aparece en las novelas de J ane Austen
pertenece a la clase media:
“Todos sus personajes s on aquellos que s e podrí an encontrar en el salón de la casa
de un ca ballero. Por ta nto los dialectos y el lenguaje popular están excluidos.
Ninguno de sus personajes son int electuales ni religiosos por lo tanto el discurso
aprendido y profético e stá igualmente ausente.” 266
263 GREEN E, D., “Jane Au sten’s m onsters”, en Jane Au sten. Bicentenar y essays , Ca m bridge,
University Press, l975, p. 2 70.
264 STEPHENS D UNCA N, R., “A cr itical Histoy of Sense and Sensi bility ”, en A c o mpanion to
Jane Austen st udies, Londo n, Grennwoo d Press, 2 000, p. 25.
265 AUSTEN, JANE, Mansfie ld Park, edi ted by Claudi a L . Johnson, New Y ork, Nort on &
Com pany, 1998, p. 14.
266 HOU GH, G., “Narrativ e and D ialogue in Jane Austen ”, Jane Austen: Em ma: A c asebook ,
Londres, The Macmillan P ress L TD, l968, p. 186.
130
P. J. M. Scott hace mención a las dificultades de las jerarquías sociales más pobre s en la
época de Austen.
“Toda la novela está organizada en torno a mostrar al lector la crue ldad radical
inherente en un a organización social en la que e l estatus y el rango aparecen para
hacer sentir a unos dominantes y a otros dependientes.” 267
María José Crespo critica a parte de la clase soci al alta que no tiene prof esión ni a y uda a
las clases más ba jas, para ello se basa en el personaje de Sir Elliot en la nove la Persuasión :
“Sir W alter Elli ot… es en primer lugar una sombra en la felicidad de Anne y en
segundo, representante de una clase que J ane Austen está poniendo en duda: la
aristocracia sin ning una uti lidad en la socieda d.” 268
Claudia L . Jonson hace una crítica a la nobleza de los t iempos:
“Austen completa su crítica de la familia noble registra ndo su impacto en una
heroína la cu al, aunque e s un modelo de virtud y g ratitud social, es traicio nada por
uno de los miembros en los que ella más c onfía.” 269
267 SCOTT, P. J.M ., Jane Aust en. A Reasses sment, U.S.A. , V ision and B arnes & N oble, l982, p.
135.
268 CRESPO ALLU E, M. J., La prob lemática de las versi ones españolas de Persua sion de Jane
Austen. Crítica de su tradu cción, Univers idad de Va lladolid, 1981, V olum en I y II, p. 360.
269 AUSTEN, J., Mansfield P ark , edited by Claudia L. Johnson, New Y ork , Norton & Company ,
1998, p. 96.
131
La situación e conómica de los person ajes de la época de J ane Austen y Fernán C aballero
puede cambiar mucho en función de que los per sonajes sean masculinos o femeninos. En
el caso de dificultades ec onómicas la situación siempre será peor para l a m ujer que para el
hombre. En la ma yoría de los casos dependía de conseguir un buen m atrimonio para qu e
su situación económica c ambiara o mejorara . Harold Bloom alude a este hecho:
“Austen era muy consciente de cuanto más dependientes eran las mujeres que los
hombres en la sociedad de su tiempo. La aristocracia b aja dependía d e parientes
más ricos y socialmente prominentes para los asuntos legales y el avance
profesional. P ero mientras que los homb res como el padre de Austen y sus
hermanos tenían oportun idades de moverse de la posici ón de dependientes de un
patrón a ser patrones ellos mismos, las mujeres como Austen, su madre y su
hermana permanecían siempre de pendientes.” 270
Judith Lowder seña la la diferencia económica e ntre los hombres y las mujeres de la época:
“L os privile gios del hombre y particularmente su posibilidad de acceso al dinero les
hace sentir autónomos. También les hac e sentir que ti enen poder para controlar a
otras personas, espec ialmente a las mujeres que es con quien lo intentan.” 271
Dentro de este apartado de los aspectos económicos de los personajes no se debe obviar
que el acceso a la literatura en g eneral y a los libros en particular d ependía obviamente del
270 BLOOM, H., Jane Austen. Modern Critical Views , New York, Chelsea House
Publishers, 1986, p. 217.
271 LOWDER NEWTON, J., “Wom en, Power and Subve rsion”, Sense and S ensibility and P ride
and Prejud ice. New Caseb ooks, Grea t Britain, S t. Martin’s P ress, 1994, p. 127.
132
nivel económico d e los persona jes. Así Delia Da Sousa afirma que el alq uile r de libros y
periódicos funcionaba muy activamente en la sociedad de la época:
“El hecho de alquilar los libros y los pe riódicos es algo que podría sonarnos
peculiar a nosotros pero vale la pena recordar qu e para la ma y oría de la población
del siglo die cinueve, el alquiler era una costumbre mu y normal.” 272
2. 4. Rural/Urbano
El tema rural-urbano es una c onstante en las obras que o cupan este estud io. En todas las
obras de Fernán Caballero y J ane Austen se encuentra n numerosos ejemplos de la
oposición existente entre ambos aspectos que, preocupaban enormemente a estas autoras y
por ello los uti lizan en m uchos sentidos dist intos. Por un lado ha y mu chas oca siones en las
que ambas autoras esc riben sobr e temas rur ales o u rbanos d e un a f orma indistinta
explicando las ventajas y las desventajas de cada uno de estos dos medios.
Por otro, Fernán Caballero y Austen utilizan estos tema s y , más aún, aprove chan la
oposición de los significados de ambas p ara realzar las características y l as cualidades de
todo el mundo rural. En otros momentos las autoras utilizan de forma g eneral la oposición
entre los aspectos rura les y urbanos para a y udarse en la caracterización de sus personajes.
Pero las más de las ve ces e l lector aprecia c omo Fernán Caballero y Austen utilizan los
temas rurales y u rbanos para a yudarse en su deseo de transmitir un a lección de moralidad,
y a que existe en todo momento un anhelo de tra nsmitir valores y normas. Todas las
272 DA SO USA CO RREA, D., The Nineteent h -Century Novel. Real isms, London, R outledge,
2000, p. 25.
133
novelas tienen un componente didáctico y ped agógico mu y importante y e ste component e
tiene una de sus bases p rincipales e n la ejemplificación de modelos rel acionados con los
temas rurales y urbanos.
Fernán Caballero y Austen tratan de buscar to dos los aspectos posibles de los temas
rurales y urbanos que le ay uden en su arg umentación y , son muchos y m uy diferentes los
que se tra tan en sus obras. L as auto ras siempre que tienen ocasión enf atiz an la oposición
que existe entre los temas rurales y urbanos pero cuando estos aspectos son mu y diferentes
simplemente los definen por separado.
Así, los temas urbanos se relac ionan con aspe ctos tales como el mundo de los negoc ios, los
cambios de residencia t emporales y los viajes de placer. Del mismo modo, se relacionan
con todo lo que incluy e un cambio de tendencias y l a moda en general. Dentro de estas se
puede hablar de c ambios que se somet en a modas pasajeras como pod ría ser la forma de
vestir, la deco ración de l as casas tanto en su interior en lo que al mobili ario y la d ecoración
se refiere como en su ex terior en cuanto a la disposición de los jardines y los paisajes
cercanos a las casa s y el tipo de plantas y árboles.
Tanto Fernán Caballero como Austen ponen en cuestión también otros aspectos
relacionados con la vida social de los personajes tales como los tipos de reuniones que se
celebran y los escenarios en los que se rea lizan las diferentes inte racciones entre los
personajes. Así, se puede ver como los escenarios en los que se producen lo s encuentros en
los lugares urb anos son mucho más va riados y más distantes, fríos y an ónimos que los
siempre más re ducidos y limi tados espacios rur ales.
Entre los espacios urbanos se pued en citar algunos de los qu e son más crit icados por estas
autoras tales como los teatros de la época, los grandes salones de bailes, los parque s de la
ciudad, las tiendas y lugares públicos tales como parque s y paseos.
134
Los temas urbanos se relacionan con aspectos tales como la diversión y el entretenimiento
desmesurados. Ambos re lacionados más con la perversión que con un grado de felicidad
adecuado. También en torno a los temas urbanos s e puede ver a un grupo social de la época
que no era del todo del gusto de estas autora s como pueden ser los militares.
Austen critica duramente en sus ob ras a los militares. Y, más aún, a los mili tares qu e
desempeñan sus funciones en tierra. En cuanto a los militares que lo hacen en el mar se
puede decir que en algunas ocasiones aparecen también criticados pero esto ocurre en
menor número y grado que los anteriores y esto podría deberse al hecho d e de que Austen
tenía un hermano que era militar en la marina.
Por otro lado, el mundo urbano se relaciona con aspectos ne gativos como la corrupción y
la contaminación del aire. Este tema contrasta con el hecho de qu e todas las obras se
desarrolla n en su ma yor parte en el mundo rural pero cuando s e hace referencia al mundo
urbano se a lude a la falta de calidad de su aire, su agua, su río y sus alrededores en general.
Otro aspecto negativo del mundo urbano al qu e h acen alusión Fernán Cab allero y Auste n
es a la r apidez del ritmo de vida de la ciudad. S e hac e un a crítica d e la for ma de vida de la
ciudad en general. D e es ta marcha tan rápida se derivan un a gra n falta de moralidad y de
reflexión. Y uno de los temas fundamentales en los que se refleja la falta de sensate z de la
vida en la ciudad es en el tema del cor reo como se verá más adelante.
Austen y Fernán Caballero critican el hecho d e que la gente de la ciudad no tiene tiempo
o, no se molesta en busc ar el ti empo necesa rio para escribir cartas. No se debe olvidar que
la lectura y la es critura de cartas a los familiares y amigos más próximos era un tema mu y
importante en esta época. El hecho de que no se escriban cartas en la ciu dad se relac iona
con la falta de consideración y de respeto hacia los demás que se produce en esta.
Por otra parte, el mund o urbano en estas obras se rel aciona también con otro aspecto
negativo como es el de la soledad en los personajes. A pesar de que en la ciudad se vive en
135
medio de más g ente que en el campo, sin embargo la r elación entre lo s personajes del
medio urbano es un a rela ción más fría y distante q ue la que s e produ ce entr e los personajes
del mundo rural. El anon imato característico de la vida en la ciudad se traduce en que las
relaciones sociales entre las personas se endurecen, se hacen más difí ciles y, en definitiv a,
en que los personajes se sienten más solos.
En su extremo más ne g ativo el mundo urbano aparece también relacionado con la
aparición de enfermedades y, con temas tales como la perv ersión en las r elaciones
amorosas. Así, la ma y oría de las infidelidades qu e aparecen, tienen su origen en las
estancias e n la ciudad de los personajes que las protagonizan.
Pues bien, no es solamente en las ob ras de estas autoras donde s e encuentran referencias a
los aspec tos negativos d e la vida en genera l en la ciud ad sino que , est as alusiones, se
pueden encontrar tamb ién cuando algunos aut ores escriben sobre la vida personal de
Austen.
2.4.1. El entorno rura l y el entorno urba no en relación con la bio grafía de las autoras.
Jane Austen vivió siempr e en el campo h asta el momento en que su familia por causa de la
enfermedad d e su p adre, tiene que cambiar su residencia y se t raslada a vivir
temporalmente a la ciudad de Bath.
David Cecil en sus estudios afirma que Jane Austen sufr e un desmay o en el mismo
momento en que se entera que su familia se marc ha de lo que para ella era el mundo rura l
maravilloso de Steventon en el que había pasado toda su infancia y parte de su juventud.
142
También este mismo hecho se pu ede ver e n La familia de Alvareda: “El pueblo s e
componía de algunas calles anchas, formadas por casas de un sólo piso labradas en
cansada s lí neas re ctas, q ue desembocaban e n una gran plaza de arenisca.” 288 Y lo mismo
sucede en la obra Elia : “A riesgo de p arecerte un sevillano oscuro e in a movible, te diré ,
Clara, que a veces me aburrí allí, y que jamás me aburro aquí.” 289
Sin embarg o, la ciudad a la que más v eces se hace referenc ia en todas las obras de Fernán
Caballero es, sin duda, Sevilla y es por tanto la ciudad que se tom a como ejemplo ma y or
de degra dación de la vida en la ciudad. F ernán Caballero , una apasionada de la vida en el
campo, ensalza en todas sus obras el modo de vid a del campo, sus gentes, sus costumbres y
sus ventaja s. L a ciudad sig nifica el peligro, la co rrupción y representa también el eleme nto
natural frente a l fabricad o por el hombre. Según Víctor Ga rcía de la Concha:
“Frente al mundo rur al, Sevilla implica p eligros y caídas, pero ma y ores son las
tentaciones y perversida des que una capital como Madrid entraña…
En la pugna campo -ciudad ve la escritora un problema nacional: lucha de la
tradición de signo cristiano contra e l positivismo de signo liberal e irrelig i oso.” 290
2.4.3. El entorno urbano de las ciudade s de costa
El tratamiento que se hac e de las ciudades costeras se produce de una forma ca si idéntica
en estas dos autoras: un rechazo total por las ciudades que están situadas c erca del m ar. En
288 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, Barce lona, Luis de Gar alt edito r, 1990 , p. 33.
289 CABA LLERO , F., Elia, Madrid, Alianz a, 1968, p. 83.
290 GARCÍ A DE LA CONC HA, V., Historia de la Li teratura E spañola, S. XI X, Madrid, Espa sa
Calpe, 1997, p. 668.
143
el caso d e Jane Austen la ciudad de mar más criticada y que aparece en ma y or número d e
ocasiones es Bath y en el caso de C ecilia Böhl de Faber es Cádiz. Así aparece en la
siguiente descripción de Cádiz hecha en Lágrimas. Es necesario explicar que debido al
hecho trá gico de qu e s u madre había mue rto en un naufragio, el p ersonaje odi aba
profundamente el mar y todo lo que rodeaba a éste: “Esto es Cádiz, una cárcel grande
rodeada de mar” 291
Son varias las ciudades costeras inglesas que se mencionan en l as obr as de Aust en co n
connotaciones negativas. L as principales ciud ades son Bath, Bristol y Clifton. Estas
aparece n rel acionadas con el mundo de la diversión sin c ontrol, con la perversión, con l a
especulación económic a y con otros muchos aspectos negativos. Es justo en el ti empo de
esta autora cuando empiez a a hablarse por primera vez del beneficio para la salud del clima
costero en Inglaterra y cuando comie nzan a aparecer los primeros enclaves turísticos
costeros. Esto hace que se reúnan muchas f amilias en torno a estas ciudades de costa. Más
tarde estas ciudade s se convierten en puntos de r eunión importantes para gra ndes masas d e
ge nte y el motivo y a deja en este mom ento de s er la salud o si lo es, se comparte con otros .
Se pone de moda p asar cortas estancias en las ciu dades costeras y a que son lugares donde
se concentra la gente y por tanto la diversión está asegur ada. Maggie L ane hac e alusión en
su obra a la aparición d e las g randes ciudades costeras como punto d e encuentro y d e
diversión.
“Así se añadió otra c ategoría en el siglo diecio cho con la emergencia de un tipo
nuevo por completo de ciudad: el resorte de moda pa ra la diversión. Bath era el
primer ejemplo y e l más espléndido.” 292
291 CASTRO C ALVO, J.M., ob. cit., p. 183.
292 LANE, M., Jan e Austen ’s England, Great Britain, Ro bert Hale Lim i ted, 1986, p. 29.
144
Es también esta misma autora la qu e se refiere a las ciudades de Bristol y Clifton como
p untos de encuentro y d e moda en el momento. “En su ficción, desde el principio, Bristol y
Clifton se asocian con la salud.” 293 Susan Sniader hace alusión a la ciudad de Bath y más
concre tamente a sus aspectos negativos. Esta autora relaciona la ciudad de Bat h con la
soledad como aspecto negativo. “...el aumento de la soledad y de la dep endencia que s e
produce por la muerte del padre de Austen y por el traslado de Bath.” 294
2.4.4. Contraste entre las ideolog ías rural y urbana
Mansfield Park es la obra d e Jane Austen en la que m ás claramente se manifiesta la
oposición entre los temas rural y urbano. Esto ocurre tanto en el desarroll o ge neral del
argumento de la ob ra co mo en la caracterización de los personajes que l a form an. Es la
obra en la que más ejemplos se pueden encontrar de la oposición existente en la ideología y
la ética de la autora respecto a la oposición entre lo temas rurales y ur banos. Es en esta
novela donde s e puede encontrar un ma y or contraste entre los personajes de campo y lo s
personajes de ciudad. La obra empieza de sarrollándose en el c ampo y ensalzando las
virtudes propias de los pe rsonajes que viven en el entorno rural. En un momento dado de la
trama llegan a este luga r personajes nuevos pro cedentes de la ciudad. Estos si mbolizan
todas las características de los person ajes de l a ciudad. Henr y C rawford representa el
hombre elegante y culto de ciudad. Su hermana Mar y Crawford simboliza la belleza, la
espontaneidad y la vive za propia de la gente ciudad.
293 I dem, p. 110.
294 SNIA DER LAN SER, S., Fictions of A uthority. W omen Writers and Nar rative Vo ice, London,
Cornell Un iversity Pres s, 1992, p. 79.
145
Desde el mismo moment o en que aparecen en la obra son admira dos y envidiados por
todos los personajes del medio rural. Ahora bien, esto ocurre tan solo hasta que el tiempo
pone las cosas en su lugar y se demuestra en la obra que lo que todos admiraba n era en
realidad un a gran máscara que ocultaba el vi cio y la perversión de la v ida propia d e l a
ciudad. Ba rbara Hard y compara a Ma r y Crawfor d con la heroína Fann y y define a las dos
como de extremadamente opuestas. Así, se establec e una r elación entre las artes y los
distintos tipos de personalidad.
“Mary es el mundo interior, lo su y o son las artes i nteriores y las luces: las velas, no
las estrellas, la música, no la poesía... Nosotros sabemos que a Fann y le gusta la
literatura p ero no la mú sica y la pintura y ahí e stán las im pl icac iones s ociales y
morales. Esta novela pone en consideración la educación y parece que a veces
critica la música y l a pintura como disciplinas típicas de lucimiento, mi entras que la
ve la litera tura, al menos en este c aso, como una pa rte seria de la edu cac ión
moral.” 295
Del mismo modo, se relaciona el entorno físico rural en el que se d esarrolla su argumento
con el desorden y la falt a de disciplina. La f alta de moralidad de los p ersonajes de ciudad
se sim boliza en el hecho del adulterio que se p roducirá más adelante entre dos d e los
personajes. Se puede hablar en este punto d e la exist encia de un paralelismo claro ent re
este adulterio y el romance que habían tenido anteriormente Frances Ward, la madre d e l a
heroína Fanny y su pa dre el Lieutenant Price. Este último, al igual que a hora Henr y
Crawford representa el mundo del mal que irrumpe en medio de la tranquil idad del medio
295 HARD Y, B., A reading of Jane Au sten, Londres, T he Athlone Pr ess, 1979, p. 62.
146
rural. John Sutherland hace alusión también a estos dos personajes y a su simbolismo
dentro del arg umento de la obra.
“Mientras tant o, irónicamente, la disciplina de Mansfield Park se rompe en piezas
con los adulterios. Pienso que J ane Austen eligió a un lieutenant de la marina no
porque ella lo hubiera imaginado en el fondo de su memoria sino por alg ún pr e -
argumento en el que ella ve ía el romance de Miss W ard y su pret endiente
inadecua do en cu alquier detalle. Ella lo eligió porque el se ajustaba bi en al modelo
temático de su novela: Mansfield Park o la disciplina.” 296
Es just o al principio de la novela cu ando el lector puede ver como l a madre de la heroína,
Fanny, se casa con su padre deso ye ndo los consejos de su familia. Aunque en este
momento aún no se sabe como ha ido ese m atrimonio, la autora no ta rda m ucho en mostrar
al lector los resultados desastrosos del mi smo y casi al final de l libro vuelve a ha cer
mención a la mala marcha de este matrimoni o ratificando así lo que se había temido al
principio. Se puede hablar aquí una vez más d e una lección cl ara de mor alidad de Austen
hacia las jovencitas que se dejan llevar por pretendientes que no les convienen.
“Pero Mi ss Frances, qu e se había casado como se suele de cir para no hacer caso a
su familia, y fijándose e n un L ieutena nt de la marina sin educación ni fortuna ni
conexiones, lo hizo todo muy a su ma nera.” 297
296 SUTHERLA ND J., W ho betrays E lizabeth Benn et? F urther Puz zles in Cla ssic Fiction,
Oxford, Oxfor d World’s C lassics, 1999, p. 27.
297 AUSTEN, J., Mansfield P ark, ob. cit., p. 5.
147
Una parte importante de la crítica que hacen al mundo urbano tanto Fernán Caball ero
como Austen se centra en el consumismo y en el seg uimiento de la moda que se ll eva en
éste. La ciudad es el centro económico por excelencia donde se llevan a cabo la
principales transacciones comerc iales y a se a a grande o a pequeña escala. Es el lugar
donde los persona jes realiz an sus compra s. Este consumismo se relaciona también con el
mundo de lo c ambiante y d e la mod a. Son los personajes femeninos de ciudad los qu e
visten los vestidos y los complementos más al estilo de la última mo da. Con ello, las
autoras aprovechan para criticar los personajes femeninos de sus obras que viven en la
ciudad basándose en el c onsumismo y en el seguimi ento de la moda. Claudia L . Johnson
señala este aspec to:
“Prime ro, la economía e n los tiempos de Austen era una economía principalmente
local y agraria, lo que significa entre otras cosas que el coste de muchos elementos
de consumo no es com parable al coste que tie nen ho y en día en una economía
urbana e industrial. La ropa, por ejemplo, que no estaba manufacturada, era mu y
cara y la comida era normalmente más barata.” 298
En claro contraste con el consumismo de la vi da en la ciudad se puede e ncontrar la
descripción sig uiente en una obra de Fernán Caballero que alaba la humi ldad y la falta d e
consumismo de la vida en el campo. “Parece allí la tierra más humilde y el sol más
sonriente, si es lí cito expresarnos así. ¿ Cuál es el encanto que existe en una natur aleza
inculta y uniform e? 299 L i onel Trilling en su artículo sobre Austen alude al hecho de la
relación que se e stablece entre el mundo urbano y los asp ectos ne gativos. Para Austen la
298 AUSTEN, J., Mansfield P ark, ob. cit., p. 14.
299 CABA LLERO , F., Clemencia, Madrid, C átedra, 1984, p. 154.
148
contraposición entre el mundo rural y el urbano es tan grande que el mundo urbano a veces
puede llega r a arruinar y causar pérdidas graves al mundo rural.
“Nosotros pensamos en ella (la ciud ad) como la escena y la c ausa d e la pérdida de
la integridad simple de l espíritu -en nuestros sueños nuestro verdadero y o s e
encuentra en el campo... S ir Thomas es el principal enemigo del estilo de Londres...
Mansfield se opone no s olo a Londres sino también a lo que implica Portsm outh
cuando Fanny va allí a visitar a su familia.” 300
En esta misma lí nea de considerar la ciudad como la causa de todos los desastres
incluye ndo no solamente los que ocurren en l a ci udad sino también aquellos que ocurre n
en el mismo entorno rural se relaciona el mund o urbano con la falta de amplitud en la
mente de los personajes, la falta de conocimiento claro, la falta de estima personal, el deseo
de devaluar hechos im portantes, etc. Ton y Tanner indica que el mundo urbano y , más
concre tamente la ciudad de L ondres se comp aran con el mundo del m al, el vicio y en
definitiva, el exceso de diversión.
“Pero Londres, el mundo de libertad, divertimient o y moda, n o tenía virtud es que le
salvaran... Porque si Mansfield, en su mejor parte, mejora a la gente, Londres, en su
peor parte, la pervierte .
Es un mundo d e apariencias falsas sin fin, un mundo en el qu e los modales
sustitu y en los deberes morales, un mundo que cede a la decepción, a la
manipulación y a la explotación.” 301
300 TRILLI N G L., “Mansfield Park”, ob. c it., p. 43 1.
301 AUSTEN J., Mansfield Park, Great B ritain, Peng uin Classic s, 1966, pp. 14, 15.
149
Y si la ciudad tiene una visión tan mala mucho peor es la visión que presenta Austen de los
personajes que proceden de la ciudad y que como ya se ha dicho antes irrumpen de pronto
en el mundo tranquilo de Mansfield Park.
“Desde el principio se i dentifica a los Crawford con Londre s. ...Ellos han sido
influenciados ne gativamente y substancialmente corrompidos po r su in mersión
prolongada e n el mundo amoral y a justado a la moda de Londres.” 302
La forma de vida en la ciudad en las obras de esta autora se relaciona con una vida social
bastante ajetreada. A causa de esto y de los bailes, los paseos por las calles y los parques,
el tiempo empleado en i r de tiendas y en l as compras, a los p ersonajes les qu eda poco
tiempo para la reflexión interior. Pa ra Austen una fo rma mu y imp ortante de hacer
reflexión interior es escribiendo cartas. Así, el hecho de que un personaje escriba c artas
denota que este muestra un respeto especial por las personas a las que esc ribe y rep resenta
que la persona tiene la madurez suficiente co mo para sentarse a reflex ionar sobre lo s
acontec imientos qu e ocurren a su alrededor en su vida cotidiana, describirlos y opinar
sobre ellos.
En la cita siguiente se puede obse rvar como Edmund, nada más ll egar a la ciudad, se deja
llevar fácilmente por l a f orma de vida urbana y se olvida d e escribir la carta que le había
prometido a su prima para comunicarle su llegada. C on la llega da a la ciudad el personaje
se vuelve de repe nte egoísta y poco respetuoso.
302 I dem, p. 14.
150
“Perdona qu e no te ha ya escrito ant es. Crawford me dijo que estabas deseando d e
tener noticias de mí , pero me fue imposible escribirte desde Londres y por tanto me
persuadí de que compre nderías mi silencio.” 303
En The Postcolonial Jan e Austen se hace mención a la influencia de los aspec tos negativos
urbanos en los personajes y de nuevo a los hermanos C rawfor d.
“Es la superioridad de sus parientes y de sus amigos los Crawford lo que amenaza a
tirar todo lo que Fanny m antiene en su corazón. El hábitat natural de los C ra wfords,
Londres, es siempr e un objeto de sospecha en Mansfield Park y en la may oría de
las novel as de Austen.” 304
Además de Londres, en Mansfield Park aparece también otra ciud ad que es Portmouth.
Portmouth está situada junto al mar. Es en esta ciudad donde se h abía criado F ann y junto a
sus padres h asta qu e se mar cha a vivir con sus t íos a Mansfield P ark. A usten define esta
ciudad como si de una jaula se tra tara lo que contrasta fuerte mente con su situac ión
estratégica junt o al mar. Además, P ortmouth aparece como una ciudad desordenada,
contaminada y en general ll ena de suciedad. Cuando años después de su ll egada a
Mansfield Park, Fann y t iene que volver a Portmouth a visitar a su familia biológica se
encuentra allí realmente mal. Y con ello Austen aprovecha para volver a recalcar todos los
elementos nega tivos de la forma de vida en la ciudad.
303 CABA LLERO , F., Mansfield Park, ob. cit., p. 285.
304 YOU -ME PAR K AND RAJESWAR I SUNDER RAJAN, The pos tcolonial Jan e Austen,
London, Rou tledge, 2.000 , p. 87.
151
“Perderlo s porque ella estaba en medio del encierro y el ruido, tener aislamiento,
aire mal y olores malos sust ituidos por libertad, frescura, fragancia y v erdor, e ra
infinitamente peor.” 305
Por otro lado Austen hace mención también al teatro. Y se d ebe señalar que en esta obra
Austen hace una crítica muy severa d e este. El teatro se r elaciona con la gente de la ciudad
y con los aspectos urbanos. En esta obra de esta autora a los personajes caracterizados de
buenos no les gusta el tea tro. Entre estos están los person ajes principal es de la obra: Fanny,
Edmund y Sir Thomas.
Cuando los hermanos Crawford llegan de Londres proponen a los jóvenes de la familia
Bertram representar una pequeña obr a de teatro. A los héroes y a las heroínas buenas de
esta novela no les gusta l a idea p ero sin embargo se ven envueltos por la situación y tienen
que participar de alguna u otra forma en la re presentación de la obra y en su ensay o. Todo
termina cuando r egresa Sir Thomas y la representación se tiene que ca ncelar por completo
debido al carác ter serio e intransigente de éste.
“No, no, eso no ocurrirá. Su señoría está equivocada. No ha y ningún teatro en
Everingham. Y él miró a Fann y con un a mirada e xpresiva que signi ficaba de forma
evidente que aquella señora nunc a perdonaría un teatro en Everin gham.” 306
También Fe rnán Caballero , presenta un a visión muy nega tiva de los teatros. Además de
ser un tipo de edificio qu e pert enece a las ciudades, los teatros son lugares de perversión y
de desarrollo del mal. En la cita si guiente Fernán Caballero alaba de nu evo la form a de
vida en el campo sirvién dose para ello d e todo lo que no ti ene lu gar en és te. “ Los teatros
305CABA LLERO , F., Mansfield Park, ob. cit., p. 293.
306 I dem, p. 230.
254
Fairfax por las buenas virtudes de ésta. Ella ab usa de Miss Bates por s u propia
care ncia esencial de ternura y bue nas intenciones.” 506
R. E. Hughes alude al personaje de Emma y a su pape l de manipuladora y controladora de
las situaciones y de los p ersonajes.
“El tema sub y acente en esta novela es la educación de Emma W oodhouse; y la
ironía recurrente es que Emm a, la cual debe convertirse en alumna, insiste en actuar
como una profesora.” 507
Por otro lado, otros autores afir man que la mujer que se describe en la sociedad de Austen
tiene un p apel social difícil de desempeñar. Los mismos valore s sociales y p ersonales se
contradice n a la hora de desc ribir lo que debía ser la mujer virtuosa y buena de la época.
Algunos autores señalan que debía ser complicado p ara la mujer encontrar el equilibrio
perfecto entre la independencia y la dependencia, entre el silencio y el discurso.
Es por esta causa por lo que algunos autores justifican de alguna manera el
comportamiento del personaje de Emma basándo lo en un desaju ste del equilibrio entre el
rol social y personal de la mujer. Sandra Gilbert y Susan Gubar aluden en un artículo a este
tema:
“Aunque todas las muj eres pueden estar, al i gual que lo está ella, divididas entre el
deseo conflictivo de afirmación en el mundo y el retiro a la se guridad del hogar -
discurso y silen cio, independencia y dependencia - Austen expli ca que este
506 BOOTH, W., “Co ntrol of Distance in Jane Au sten’s Emm a ”, Emma. Casebook Series,
London, The Ma cm illan Press L TD, p. 198.
507 HUG HES, R. E., “The E ducation o f Emm a Woodhouse”, Emm a. Casebook Ser ies, London,
The Macm illan Press L TD, 1968, p. 1 89.
255
conflicto psíquico puede resolverse. Y a que la relación entre la identidad personal y
el rol social es tan problemático para las muje res, el ser fuerte solo puede sobrevivir
con una doble visión sostenida.” 508
La mujer mala d e las obras de Austen se cara cteriza por ser una muje r mu y despi erta, viva
e inteligente. Ahora bien, para esta autora la inteligencia es un rasgo que puede ser
negativo para las mujeres. Una inteligenc ia viva y rápida puede llevar a la mujer por
senderos equivocados. Joseph W iesenfarth hac e alusión también a la intelig encia en la
mujer. “La escena es un producto de la inteligencia de Emma y la in teligencia es un
aspecto negativo del carácter e n la novela.” 509
La figura de la mujer “mala” se d escribe en las o bras de Fernán C aballero y Austen como
una mujer or gullosa de sí misma y vanidosa. Es una muj er inteli gente y vi va y como y a s e
ha dicho anteriorme nte la autora aprovecha en todo momento para hace r su crítica de este
tipo de personajes. La ci ta siguiente p ertenece a la presentación mi sma del personaj e de
Emma.
“El mal verdadero de la s ituación de Emm a era el poder de tener libert ad para obr ar
en un grado mu y alto y una disposición a pens ar demasiado bien d e ella misma;
estas eran las desventajas que amenazaban destruir a sus muchos
entretenimientos.” 510
508 GILB ERT, S. M. AND G UBA R, S., “Jane Auste n’s Cov er Story, Jane Austen : Emm a.
Casebook Ser ies. Rev ised Edition, London, The Mac m illan Press LTD, 1 968, p. 211.
509 WI ESENFARTH, J., “ Em m a: point counter poin t”, Jane Austen. Bi centena ry Ess ays,
Cam bridge, University Press, 1975, p . 209.
510 AUSTEN, J., Emm a, ob. cit., p. 1.
256
El persona je de Emma, al ser hué rfana de madre, había sido consentida por su padre como
un medio de compensar esta falta. El hecho de que su única hermana estuviera ya casada
desde mu y jovencita y viviendo fuera del pueblo desde hacía mucho t iempo la h abía
llevado desde mu y pequeña a convertirse en la dueña de su casa. Había tenido total libertad
para gobernar y organizar su casa. Ello le había llevado a desarr ollar un comportamiento
muy di ferente del de la s jóvenes propias de su edad. Le había hecho m adura r antes de
tiempo y al no tener a s u lado una persona fuerte que la guiara y l a aconsejara la había
hecho convertirse e n una hij a malcriada y or gullosa de sí misma.
Aunque en ocasiones en sus obras Fernán Caballero y Aust en criticaran la figura de la
madre qu e no ejerce bi en sus funciones sin embargo, el hecho de qu e las principales
heroínas de sus respectivas novelas sean hué rfanas de madre hac e pensar que ha y un deseo
de evitar criticar el papel de la madre y las funciones de esta en sus obras y tal vez por ello,
la relac ión madre hija aparece tan poco en sus obras.
En la int roducción que Mary L ascelles hace a l a obra Emma de Austen hace mención al
hecho de qu e son mucha s las obras de la época en la que ap arecen h eroínas a las que les
falta la figura de la ma dr e en su educac ión:
“Una e ducación defectuosa era e l tema favorito en una é poca c uando muchas
novelas se escribían por, para y sobre las mujeres: las madres tenían que estar locas,
ausentes o muerta s; los padres o guardianes excéntricos.” 511
Al igual que se ve rá más adelante cuando s e trate otras obras se deb e señalar que en est a
novela la figura de la mujer “mala” se relaciona con la buena s alud física del personaje. El
personaje de Emm a se transmite al lector como un persona je fuerte física y psíquicamente .
511 AUSTEN, J., Emm a, ob. cit., p. 10.
257
Es capaz de or ganizar y manejar su ca sa y de cuidar y g uiar a su p adre. S e maneja t ambién
por sus tierras y su pu eblo y a s ea por motivos de necesidad o por plac er. Emma r eboza
salud y llen a su casa con su sola presenc ia. Roger Sales alude a la bue na salud de esta
heroína:
“Se ha sugerido aquí que una de las formas que Emma uti liza para hacerse con el
poder es por su determinación de estar bien. Su salud robusta es alaba da a través de
los contrastes que se hacen con la aparición de mujeres en fermizas y débi les tales
como I sabella Knightle y , Harriet Smith y Jane Fairfax.” 512
En Persuasion se puede apreciar como se hace u na crítica fuerte al p apel de la madre. Por
un lado, la heroína principal Anne , aparece como huérfa na de madre c on lo que sus
virtudes se enfatizan aún más y a que a pesar de haberse criado sin madre y con el solo
apoy o de un a bue na amiga y a pesar de tener un padre como el que tenía, Anne es un a
criatura tremendamente virtuosa y un modelo a seguir.
Por otro lado, en esta novela ap arecen dos personajes que representan a la figura de la
mujer “mala” y t ambién de la “mala” mad re. A mbas son de distintas generaciones p ero
tienen en común que no desempeña n correctamente su papel de madres.
La prime ra de estos personajes a la que se podría definir como de madre mala es la
hermana d e esta h eroína Anne: Mary . Mar y es madre de dos niños pequeñitos. Para este
personaje los niños son pequeños diablillos que no la dejan divertirse . Se queja de que por
culpa de ellos no pued e salir a divertirse tanto como quisiera y de que tiene que cuidarlos
cuando están enfermos.
512 SALES, R ., Jane Austen a nd Representations of Rege ncy England, Londr es, Routledg e, 1996,
p. 169.
258
En las siguientes citas se puede ver en boca del mismo personaje como no ti ene interés
ninguno por realizar bie n su papel de madre:
“Creo que Mrs. Charles no está mu y contenta con qu e y o no les invite más a
menudo; pero ya sabes e s una lata tener niños con uno a los que uno tiene que estar
vigilando a cada momento.
Así que nos van a dejar a las dos solas con este pobre niño enfermo,! y no va a
venir una criatura a vernos en toda l a ta rd e¡. S abía que esto iba a pasa r. Esta es
siempre mi suerte.
Yo creo que estoy tan contenta con mis hijos como cualquier madre p ero no creo
que sea y a de uti lidad en la habitación del pequeño enfermo C harles, pues y o no
puedo estar siempre riñendo y consolando al pobre niño cuando está enfermo.” 513
El segundo personaje al que se h ace una crítica fuerte en su pap el de mad re en esta ob ra es
el personaje de Mrs. Musgrove. Esta señora tiene un nivel económico bastante alto aunque
lleva un estilo de vida austero como correspon de a la gente buena del campo se gún la
autora. Por un lado Austen alaba este estilo de vida. Su casa es mu y grande pero la
decoración de é sta es también austera, escasa y a ntigua.
Pero a pesar de este est ilo de vida que engra ndece a Mrs. Musgrove según Austen, el
personaje falla en su pa pel de madre. Tiene dos hij as y dos hijos, todos ma y ores y no se
preocupa lo suficiente por su educación. Falla sobre todo en la educación d e sus hijas. Mrs.
Musgrove no se ha preocupado de transmitirles valores morales como el respeto a la
tradición y a los ma yor es, el gusto por la naturaleza, el ahorro económico, etc.
513 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., pp . 37, 46, 47.
259
Por todo esto, las jovencitas se dejan llevar por la moda de la época, se v uelven locas po r
viajar a la ciudad y no m uestran el debido respeto ni a sus padres ni a las tradiciones. Son
jovencitas egoístas y presumidas que se cr een superiores a sus semejantes. Quizás por ello
Austen idea para una de ellas, Louisa, el episodio en el que se cae en el paseo marítimo de
Bath. Es un castigo par a ella por esta r exhibi endo en público su incipiente relación co n
Wentworth. Juliet McMaster trata ta mbién este episodio:
“Y Louisa es culpable no de mostrar una exuberancia física sino de flirtear de
forma calculada: ella no quiere saltar, quiere que el Captain Wentworth la ‘haga
saltar’, y e s solamente para mostrar su felicidad por lo que ella salta de nuevo.” 514
María José Crespo alude al papel de Mrs. Musgr ove como madre. Según esta autora J ane
Austen se excede en la descripción que hace de e lla:
“Mrs. Musgrove... pesad a y se guramente poco inteligente, pero que no ha cometido
ningún delito grave como para ganarse los s arcásticos comentarios de la autora a
los que nos vamos a r eferir... ¿porqué se ensaña J ane Austen de este mo do con la
pobre Mrs. Mus grove?... el ridículo de la afectación, la vergüenza ajena q ue siente
Jane Austen ante la gorda Mrs. Musgrove, suspirando a deshora y exageradamente
es lo que desata su burla... la diferencia ente v erdaderos y falsos sentimientos y
entre la libre ex teriorizaci ón de éstos y el autocontrol emocional.” 515
514 McMASTER, J. AND STOVEL, B., Jane Austen bus iness. Her wo rld And he r pr ofession,
Londres, Macm il lan, 1996, p. 3.
515 CRESPO ALLU E, M. J., La Problem át ica de la s Versiones Esp añolas de Jane A usten. Crít ica
de su traducc ión, Vallado lid, Univ ersidad de Valladolid.Secret ariado de Pub licaci ones, 1981,
Volum en I y II, p. 164.
260
En Lady Susan de J ane Austen, el personaje que lleva el mismo nombre reúne también
todos los rasgos de la típica mujer “mala” en las obras de Austen. Es un personaje mu y
inteligente y sabe utili zar su inteligencia en su propio provecho. Tiene un don de palabra y
una gracia especial al hablar que le hace mu y fácil poder manipular a la gente que tiene a
su alrededor. Tiene una seguridad en sí misma y un o rgullo excesivo y es eg oísta y
avariciosa al máximo. Siente una predilección especial por la ropa, la moda y el cuida do
del aspecto personal.
Se podría decir que el personaje de L ad y Susan reúne en uno a todas las características
esenciale s de la mujer “mala” de las obras de esta autora. Como madre, utili za a su hija en
su propio provecho económico intentando casarla con un hombre mu y rico.
Tara Goshal Wallace en su libro sobre Austen hace alusión al personaje d e Lady Susan y
relaciona la habilidad e n el lenguaje con la mentira y la falsedad.
“En realidad, Lad y Susan sugiere que la habilida d con el len guaje s e relacion a no
solo con la falta de sentimientos sino t ambién con la distorsión de la ve rdad.” 516
En la obra Pride and Prejudice, el papel de la mujer “mala” está representado por una de
las hermanas menores de la heroína Eliz abeth: Lydia, la cual es una jovencita qu e vive en
el campo y qu e no se sie nte a gusto allí. En vez de fijarse en los jóvenes que viven en su
mismo pueblo, Ly dia sue ña con casarse con un mi litar que la saque del mis mo. Por ello, su
preocupación y oficio principal es, el d e relacionarse con todos los militares que llegan al
pueblo.
516 GOSH AL WALLA CE, T., Jane Au sten and Na rrative Authority, Lond on,Macm illan, 1995, p.
9.
261
“La atención de las jóve nes y a no se iba a recuperar. S us ojos vagaban por la calle
en busca de los oficiales.
Kitty and Ly d ia estaban lejos de envidiar a Miss L ucas y a qu e Mr. Coll ins era
solamente un párr oco.
Por la tarde Ly dia estaba deseosa de caminar rápidamente a Mery ton y ver como
estaban todos; pero Elizabeth se opuso enérgicamente a e ste plan.” 517
Por otro lado, el personaje de Ly dia se presenta desde mu y pronto en la novela como d e
manipuladora de su herma na peque ña Catherine. Ly dia es más orgullosa y tiene más
seguridad en sí misma. Cuenta también con una facilidad de palabra mucho ma y or que la
de su hermana. Ly di a no respeta l a tradi ción ni a l os mayores. Tampoco sa be ni le interes a
guardar l as formas en lo s acontecimientos sociales. Su hermana pequeña, con un carácter
bastante más inseguro, se deja lleva r por ella.
“Catherine estaba desco ncertada y no dio ninguna respuesta; pero Ly dia, con una
indiferenc ia perfecta, continuó ex presando su admirac ión por el capitán Carter.
Catherine, con un espíritu débil, irritable y compl etamente bajo las órdenes de
Ly dia siempre había es tado preocupada por sus consejos; y Lydia, egoísta y
despreoc upada, apenas les oiría un momento. Mientras hubiera un oficia l en
Mery ton ell as flirtearían con él; y mientr as Mer y ton estuviera a un paseo de
Longbourn ellas irían siempre.” 518
John W iltshire considera el h echo de que en sus obras siempre se comparan las respuestas
de unos y otros personaje s:
517 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., pp. 11 5, 16 8, 249.
518 I dem, pp. 76, 241.
262
“...Austen continuamente invita a su s lectores a no reírse d e lo excéntrico, de lo
extremo o de lo raro... sino a buscar y d arse cuenta de las sim ilitudes que ha y
dentro de las diferencias... así Pride and Prejudic e le pide al le ctor que compare la
respuesta de Elizabeth Benne t a la propuest a de Mr. C ollins con la respuesta de
Charlotte y a comparar el comportamiento de el Colonel Fit zwilliam con el de
Wickham.” 519
Otro personaje que aparece en esta misma obra y que se define como un persona je “malo”
es la hermana de Mr. Bingley. Una de las característi cas principales de este personaje es la
de ser mu y urbana. En l a naturaleza, Miss Bingley v e un entorno descono cido y enemigo.
Por ello, se ex traña de q ue Eliz abeth hubiera andado una distancia tan larga par a ver a su
hermana. “¡Caminar tres mi llas o cuatro o c inco o las que sean sobre sus propios tobill os
en medio del barro y sola, además sola!” 520
La s h ermanas Bingley se carac terizan por su gusto por la moda y por la apariencia física.
Además tienen otros gustos “modernos” como pueden s er la mús ica italiana. Este hecho
denota su falta d e respe to por la tradición, su consum ismo ex cesivo y su gusto por las
cosas efímeras.
“Y Mrs. Hurst, ocupa da principalmente en jugar con sus pulseras y sus anillos, se
unía de vez en cuando en la conversac ión de su hermano con Miss Bingle y .
Su figura era elegante y ella c aminaba bien; p ero Darc y , al que se debía todo,
estaba aún ocupado inflexiblemente.
519 WI LTSHIRE, J., Recreati ng Jane Au sten, United Kingdom , Ca m bridge Universit y Press,
2001, p. 74.
520 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 82.
263
Después de tocar algunas canciones italianas, Miss B ingle y varió el concierto con
una canción típicamente escoc es a.” 521
Una de las obras de J ane Austen en la que se hace una crítica más severa y extensa del
papel de la mujer mala en la época vi ctoriana es Sense and Sensibility. El mismo título de
la obra anticipa la contraposición entre lo bueno y lo malo. Al comienz o de la lec tura se
conoce a las dos heroínas, las cuales, aunque hermanas, tienen caracteres mu y dife rentes.
También aparec e otro personaje en el papel de “mala”: Mrs. John Dashwood, se desc ribe
de una for ma mu y diferente a la de Marianne y a que es la muje r egoísta y avara por
excelencia. Si bien, Marianne no se preocupa en ning ún momento por lo material o lo
económico, Mrs. J ohn D ashwood está en el otro ex tremo: es fría y calculadora. Una mujer
eg oísta y nada solidaria que no se preocupa por los demás, más avariciosa que ambiciosa.
Austen no duda en c riticarla d esde mu y al princi pio. Con esta brev e descripción, el l ector
toma el primer c ontacto con el carácter de Mrs. John Dashwood.
“Si él se hubiera casado con una muj er más am igable, podría haberse h ech o un
poco más respetable de lo que era: e incluso quizás él mismo se hubiera hecho más
agrada ble; pues él era mu y joven cuando se casó y estab a muy enamorado de ella.
Pero Mrs. John Dashwood era una ca ricatura intensa de él mismo; y aún más
estrecha de men te y egoísta.” 522
Tara Goshal W allace s eñala el papel de manipu ladoras que realizan algunos personajes
femeninos en las obras de Austen:
521 I dem, pp. 99, 100, 96.
522 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 4 1.
270
La cita anterior sirve de contraste para la siguiente en la que la situación es bien distinta .
De nuevo, a trav és de la ironía, Austen presenta dos formas d e ver la vida totalmente
distintas. Marianne podría definirse como un personaje claramente antisocial mientras que
las hermanas S teele son todo lo contrario. Se dese nvuelven perfec tamente en la mascarada
social de la que s e ha hablado anteriormente. Son personajes fa lsos e hipó critas que jue gan
el papel que más les conviene en cada momento dentro de la sociedad e n la qu e se
encuentran inmersas. Po r todo ello, se distinguen también visiblemente d el personaje de
Elinor. Elinor respeta a l a sociedad y sabe mover se dentro de ella pero no se aprovecha ni
actúa para su propia con veniencia. Todo lo contr ario, en ocasiones, su bondad ex cesiva le
lleva a perjudicarse a sí misma.
Se podría hablar aquí de un triángulo en cu anto a tres formas bien dist intas de enfrentarse a
la sociedad del momento: Marianne, Elinor y las hermanas Steele. Ahora bien, como si d e
una lección de mor al se tratara, Austen establece bien claro cual es la mejor de estas tres
visiones de la vida. Sin lugar a dudas, la de Elinor. Se podría decir que la visión de Elinor
es la menos ex trema de las tres. Este personaje respeta las normas de la so ciedad en la que
vive y sab e manejarse en ella pero no jue ga, no actúa, no int enta aprovecha r s e de las
situaciones ni de otros personajes que no se pan manejarse tan bien como ella.
La s h ermanas Steel aparecen al principio de la obra antes de su pr esentación como unas
jovencitas a las que les g usta mucho vestir a la moda c on lo cua l Austen int rodu ce y a al
lector en lo negativo de sus caracteres.
En la siguiente cita se puede leer como, nue vamente, Auste n con una economía de
vocabulario sorp rendente, describe como van a ser las que más tarde se conocerán
hermanas Stee l.
271
“Las jovencitas lle garon; su apariencia no e ra vulgar ni antigua. Sus vestidos e ran
muy elegantes, sus modales mu y correctos, se mostraron encantadas con la casa y
se excedieron en halagos con el mobiliario, y ocurrió que ellas eran tan admiradoras
de los niños que L ad y Middleton ha bía formado una opinión bue na de ellas antes
de que hubiera pasa do una hora de su estancia en la casa.” 535
Stephen Arkin explica la forma en que Aust en contrasta el c arácter de las dos jóvene s
heroínas:
“Donde Marianne trata de expresarse ella misma, Eli nor se las arregla p ara pasar
desapercibida y Jane A usten ha eleg ido esta d iferencia entre ellas incluso para
contrastar sus figuras.” 536
Mary Poove y menciona al tratamiento que ésta le da a las mujeres y su forma de
relacionarse c on los hombres:
“A la e dad de diecisiete años, la ed ad del desen lace fatal de su madre y la edad
actual de Marianne, ella también evadió a su guardián masculino y se fugó con
Willoughby. Ahora, preñada, abandonada, pobre y miserable, esta Eliz a es un
segundo monumento a los excesos pasionale s d e las mujeres. L a ansi edad intensa
que Brandon muestra aq uí está producida por su miedo al apetito sexual femenino.
Es mucho mejor mantener a la mujer inocente, pr otegerlas de ellas mismas y
protegerla s de los hombres por su volatilidad inn ata.” 537
535 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 1 41.
536 I dem, p. 17.
272
En las obras d e J ane Austen solamente se enc uentra a un personaje que es infiel a su
pareja. Es el caso de Ma ría Bertram en la obra M ansfield Park. De ella se hablará en este
mismo capítulo más adelante.
En el ca so de las obras de Fernán Caballero , la autora llega un poc o m ás lejos que J ane
Austen y describe en sus obras episodios concretos de infidelidad. Con ello pare ce querer
justificar porqué el castigo que estos personajes reciben al final de las obras es aún ma y or
de lo que ocurre en el c aso de J ane Austen. Los personajes femeninos malos de Ferná n
Caballero son ca stigados con mucha más dureza que los de Jane Austen.
Algunos de los personajes que se encuentran en esta situación son Rita, Alegría y l a
Gaviota. Estos personajes salen bastante mal parados al final de sus respectivas obras po r
el hecho de s er infieles a sus maridos. También ti enen en común estas t res muj eres que
carece n de amor por s us hijos y se pu eden v er en varios pasajes despreciándolos y
tratándolos de una for ma poco adecuad a. No son virtuosas ni bondadosas y , por el
contrario, son eg oístas, presumidas, arrogantes y soberbias.
En la obra La familia de Alvareda, el personaje de Rita es criticada con la siguiente frase
que sintetiza todo el pensamiento de Ferná n Caballero:
“l a que es mala hija es mala casada...
Durante este ti empo, Rita que aguardaba en vano a Perico en su reja, estaba
impaciente e inquie ta.” 538
537 POOVEY, M., “I deol ogic al Contrad ictions an d the Co nsolations o f Fortu ne Sense and
Sensibility an d Pride and P rej udice. New Casebook s, Great B ritain, S t. Martin’s Press, 1994, p. 96.
538 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 48.
273
Por otro lado, el personaje de C lemencia en la novela homóni ma, representa a la mujer
buena y virtuosa mi entras que en la misma obra la que es su prima Alegría repre senta a la
mujer buena y virtuosa. Represe nta todo lo contrario. El mi smo nombre de Alegría da la
idea de su carácter . Tampoco su madre la marquesa sale mu y bien parada en esta c ita:
“Como si no tuvi ese b ast ante con dos hijas ¡m e manda Dios es a sobri na! Un a
sobrina, la cosa má s inúti l del mundo.” 539
Estas frase s en boca de Alegría explican perfectamente al lector su carácter:
“¿Y porqué sería una locura volverse a casar? Porque perderías tu libertad -c ontestó
Alegría con más malicia que se suele poner a esa necia y repetida frase...
¡Niños! esa plaga, esa carga, esas trabas que acaban con la pacienci a, que destruyen
el físico, que quitan e l gusto y e l tiempo para todo.” 540
A la que le contesta Clemencia: “Hijos y pollos todos son pocos.” 541 De tod as las obras de
Jane Austen en la que se encue ntran más ejemplos de crítica a la mujer mala es e n
Mansfield Park. También es en esta obra donde se halla un númer o m a yor de person ajes
que juegan el pap el de muj er “mala”. Así se p uede decir que los pers onajes más fríos,
calculadores y con más mala conci encia se pu eden encontrar junt os en esta obra. Estos son
María Bertram, Mary Crawford y Mrs. Norris.
Mrs. Norris es la tía viud a de las heroína s de la novela. Es la típica mu jer fría, ca lculadora
y m anipuladora. Ahora bien su maldad será castigada al final d e la obra. Y el castigo que
539 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 73.
540 Í dem, p. 270.
541 Í dem, p. 270.
274
recibe este person aje apa rte de ser un castigo fuer te se hace más duro porque el castigo se
centra m ás en l a figura d e su sobrina p referida qu e en ella mi sma. Mrs. Norris y su sobrina
se ven obligadas a retira rse a una vida anónima y sin lujo. Todo lo contrario de lo que
habían estado acostumbradas.
En la introducción que s e hace al New Casebook de Sense and S ensibility and Pride and
Prejudice se hace la siguiente descripción del personaje de Mrs. Norris.
“La típica mujer arpía y regañona, con frecuencia se la describe como tonta,
repugnante, dotada de locuac idad y manipuladora, una mujer que parece hundirse
en su propia im potencia pero que en realidad se las arregla siempre pa ra h ablar con
su cuñado y llevarlo a su ca mpo.” 542
María y Louisa Bertram repre sentan en esta obr a a dos jovencitas mu y ricas, e goístas y
despreoc upadas. Su única preocupación es la de casarse bien para poder seguir
manteniendo a su alrededor ese entorno rico al que están acostumbradas. S on jovencitas
muy pre ocupadas por la moda y poco respetuosas con la tradición.
Claudia L . Johnson habla en su libro de cierto paralelismo entre María Bertram y Fanny: su
actitud y su forma de enf rentarse a un matrimonio que ambas no desean.
La misma autora anterior hace alusión a que para María Bertram el matrim onio es un pacto
económico más que amoroso.
542 CLAR K, R., Sense and Se nsibility and P ri de and P rejudice, New C aseboo ks, Great Britain,
St. Martin’s P ress, 1994, p. 16.
275
“Para ella, el matrimonio con Rushworth no es un servicio voluntario hacia un
hombre nuevo sino la ‘independencia’ de Mansfield y el ‘escape’ de Sir
Thomas.” 543
El personaje de María Bertram guarda un para lelism o similar con el de Aleg ría en la obra
Clemencia. L a descripción siguiente que Fernán Caballero hace de este personaje eng loba
su c oncepc ión de lo que ella define como la mujer “mala”.
“Así un leve r esfriado q ue había tenido Clemen cia, fue el que le sirvió para ir a
casa de éste una prima noche. P ertenecía Ale gría a la clase de mujeres des almadas
que se confie san en sí mismas coquetas... Pero pertenecía también, sin ella
confesarlo, a la má s perversa variedad de la especie...
Alegría, como las mujeres de sus especie, sentía hacia los hombres, en ludibrio de
su sexo, la propensión q ue es propia de éstos hacia las mujeres, aumentada por la
necia vanidad de verse rodeada de enamorados o aspirantes y el perverso anhelo de
triunfar delante de otra s mujeres, sobre todo si éstas valían más que ella...
Clemencia nunca había sentido celos, y tampoc o nunca había compren dido que
hubiese muj eres que provocasen a los hombres y menos que ésto lo hic iese una
mujer casa da...
Sí, señora, así lo ex igía s u abuela que quería verlo s, y como él pasa de bue n hijo ha
complacido a su madre, aunque y o hubiese preferido que se hubiesen quedado.” 544
543 JOHNSON, C . L., “Con fusions of Gu i lt and Rev olutions of Mind”, Mansfield P ar k, edited by
Claudia L. Johnson, New Y ork, Norton & Com pany, 1998, p. 464 .
544 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 295, 296, 2 99 y 310.
276
Y por último, dent ro de este c apítulo, se va a tra tar el personaje de Mar y Crawford de la
misma obra Mansfield Park . Mar y Crawford sería un personaje m ás de l a actualidad d e
nuestro tiempo que de los tiempos de esta autora. Para Austen e ra un a jovencita que
contrastaba en sí misma. Por un lado repre senta la juventud, la belleza, la alegría y las
ga nas de vivir. P ero por otro lado representa la ciudad, la moda y la falta de respeto por la
tradición, por la religión y por la naturaleza. Y pa ra Austen esto último es más imp ortante
que lo primero, con lo cual el p ersonaje, no se li bra de la crítica dura de la autora. Lionel
Trilling hace a lusión al personaje de Mar y Crawford.
“Mary Crawford está concebida -está c alculada- para g anarse la ad miración
encantada de cualquier l ector. Es todo poder e inteligencia. S u mente es tan viva y
tan competente como su cuerpo. La ironía es su modo natural y nos vemos
obligados a verla casi como la voz de nu estra autora lo mismo que ocurre con
Elizabeth Bennet.
En Mar y Cr awford ten emos el primer ejemplo b rillante de un personaje moderno y
distinto, un personaje que cultiva el estilo d e la s ensibilidad, la vi rtud y la
inteligenc ia.” 545
Alistair Duckworth se hace mención también al personaje de María Bertram y a su relación
con la religión.
“Su desprecio de la religión, tan evidente como se hace en los comentarios de
María como en el re chazo presente de la capilla, negará la dim ensión religiosa de
la clase poderosa terra teniente.” 546
545 TRILLI N G,L., “ Mansfield Park”, ob. ci t., pp. 426, 4 28.
27 7
También se debe d ecir q ue tampoco los hombres que no son “bueno s” padres o “buenos”
maridos se libran de la crítica de las autoras.
Así en Clemencia de Fernán Caballero aparece el personaje de Paco Guz mán, el amante
de Alegría, qu e es definido así por C ecilia: “Pertenecía Paco a una clase de hombres poco
comunes en Es paña, pero que no obstante se encuentran.” 547
Dentro de este apartado, C ecilia aprovecha para alabar las virtudes del hombre español en
contraposición con el ex tranjero. Es quizás el personaje de Sir George, pretendiente
extranjero de Clemencia en la obra homónima, el que repre senta el modelo de hombre de
este tipo mejor carac terizado por esta autora:
“Así es: cuando no se puede se r otra cosa más divertida, se h ace uno padr e d e
familia. Clemencia sintió partirse su corazón con cua nto agudo tiene el dolor y
amargo la humillación;...
¡Dios mío! -pensó Clemencia- ¡qué! ¿nada vibra ya en su corazón? Ni la
relig iosidad, ni la naturaleza, ni el amor pa trio, ni e l amor a la familia, ni la
amistad, ni la carida d...
Vosotros los españoles -dijo Sir George-, que pen etró la graves ideas de Clemencia,
entendéis el amor como un esclavo cautivo...
Habla Sir George de las bodas y de lo efímero del amor...
¡Ah!, no creo que h a y a una sola española q ue ll ama a su lado al hombr e que sin
razón se separa de ella...
Clemencia, herida de l a manera más crue l es in esperada por esa c arta qu e no ha y
pluma española que hubiese podido escribir, pretex tó una indisposición...” 548
546 DUCKWOR TH, A., “ Man sfield Park : Jane A usten ’s Grounds o f Being ”,ob. cit., p. 442.
547 CABA LLERO , F., Clemencia , ob. cit., p . 311.
278
Además de a los hombres infieles y ex tranjeros, Cecilia critica en sus obras a los hombres
de la vida mi litar. Ell o tal vez pueda deberse a la influencia negativa que debió causarle su
primer marido. Así se ex presa Manier en su artículo: “ La desilusión de Fernán con los
militares y c on lo que representa la institución militar se hace muy clara.” 549
4. El mundo vege tal y natural
4.1. El tiempo
Fernán Caballero y Jane Austen utilizan el tiempo como recurso en todas sus obras. En
algunas escenas, uti lizan el paso del tiempo para ayudar a d ar sensación de lentitud o
rapidez en el transcurso de los acontecimientos y exper iencias que suceden en sus obras, en
otras, el ti empo y sus posibilidades se uti lizan para enfatizar acontecimientos o para
ay udarse en la descripción de personas, cosas y lugares.
Ambas autoras relac iona n los acontecimientos o desc ripciones positivas de las cosas con
los meses en los que hace buen tiempo y las negativas con los meses más duros del
invierno. También, el tiempo futuro qu e esta po r lle gar o, el tiempo p resente, en el que
suceden determinados ac ontecimientos, pueden servir como p remonición d el futuro
desarrollo de los mismos.
548 Í dem , pp. 326, 311, 335, 3 37, 342, 345.
549 MANI E R., “Cecilia Bóhl de Faber y Larr ea <<Fe rnán Cabal lero>> (17 96 - 1877)”, en Spanish
W omen Writers, Wespor t, Grenwood P ress, 1993, p. 71.
279
Por otro lado, se puede hablar en este capítulo del tiempo de las distintas estaciones del
año. En las obras de las autora s se encuentran múltiples refere ncias tanto a las estaciones
del año en sí como al pa so o a la transición de unas estaciones a otras.
Fernán Caballero y J ane Austen se sirven en muchas ocasiones del tiempo como recurso
para enmarcar o enfatizar muchas de las ex periencias de sus personajes. Como no podí a ser
de otro modo, las autoras relacionan en muchas oca siones experiencias o presentimientos
negativos con el invierno y experiencias más felices o positi vas con la primavera y el
verano.
El otoño está relacionado may oritariamente con aspectos negativos en las vivencias de los
personajes y también con presentimientos inciertos de acontecimientos que están por
llegar. Se relaciona est a estación con el miedo, el temor y el pesimismo. También se pued e
encontrar esta estación e n las novelas de ambas a utoras relacionada con la s ciudade s y con
todo lo que se podría ag rupar como temas urbanos.
El tiempo es un elemento mu y importante en todas las obras de C ecilia Böhl de Faber y d e
Jane Austen. En algunos mom entos, se encuentra en relación con los personajes como
recur so literario y , en otros momentos, las autoras lo utiliz an como presagio de
acontec imientos venider os.
En otras ocasiones, se muestra a algunos de sus personajes principales bien mirando al
cielo o hablando del tiempo meteorológico. Se debe señalar que no todos los personajes
pueden apa recer así. Esto está rese rvado solo para los personajes más sensibles y más
sencillos. Solo para los persona jes que se consideran más humildes y nobles de corazón.
Fernán Caballero y Au sten, debido a qu e, eran personas mu y conservadoras, confiaban
más en el pasado que en el futuro y abo gaban siempre por lo tradicional en todos los
aspectos de la vida. En algunas ocasiones da la sensación de que, las autoras, quisieran
parar el re loj del tiempo en la époc a que constituía su presente.
286
De nuevo s e puede v er el invierno y el mal tiempo relacionado con las ciudades en el
momento en que Lady Rusell l lega a Bath:
“Cuando Lady Rusell, no mucho después, entraba en Ba th en una tarde h úmeda y
conduciendo a través de las calles desde el Old Bridge hasta Camden Place...” 564
Ahora bien, si para S ir T homas, de Mansfield Park, la vuelta a su casa seguramente estaría
relacionada c on sentimientos positivos, el hecho está presentado de forma negativa y
haciendo también alusión al otoño porque e stá tomado desde el punto de vista de sus hijos.
“Noviembre era el mes fij ado para su retorno. Sir Thomas escribió sobre esto con
tanta decisi ón como su experiencia y su ansiedad le permitían.” 565
4.1.3. El tiempo y su simbología e n relación con la estación de invierno.
La esta ción invernal se presenta muy diferente en los lu gares geográficos que s e están
tratando como son I nglaterra y el sur de España , sin embarg o, se trata de igual fo rma po r
ambas autoras. En ambos casos el invierno, al igual que antes se decía con el otoño, se
relaciona con acontec imi entos y sucesos negativos.
Ahora bien la diferencia tan grande qu e ex iste entre el invierno en estos dos luga res s e
refleja de una forma muy clara en la cita sig uiente en la que Fernán Caballe ro hace alusión
564 Í dem, p.114.
565 AUSTEN, J., Mansfield Park, ob. ci t., p.76.
287
al invierno en el sur de España de esta manera: “.. .que habían venido a pasar el invi erno en
la primavera que durante esta estac ión (el invierno) goza Sevilla.” 566
En Inglaterra el tiempo del clima es mu y diferente. L os invi ernos en Inglaterra son bastante
fríos, lluviosos y , sobre todo, largos. El mal tiemp o obliga a la pobla ción a estar más
tiempo dentro de la casa. I mpide sin remedio en muchas ocasiones la salida de la casa. La
autora J ane Austen no nie ga el asp ecto negativo que este h echo pued e tener para la
población y m ás aún par a la población joven, m á s deseosa de diversión y salidas y qu e son
los personajes principales en casi todas las nove la s de esta autora.
Así se encuentra a uno de los personajes de la novela Persuasion precisamente preocupada
porque el mal tiempo en ocasiones impedía que se celebr aran los bailes típicos de la época:
“Quince revueltas heladas de invierno le h abían visto abr ir todos los bailes que
permitía un vecindar io e scaso y quince primaveras mostrar sus encantos; al mismo
tiempo ella viajaba a Londres con su p adre y disfrutaba d e algunas semanas todos
los años del gran mundo.” 567
La ma yoría de las vec es esta autora relaciona el mal tiempo con la ciudad y el buen tiempo
con la vida en el campo. Así en casi tod as sus obr as se puede ve r que l a ma y or parte de l as
experiencias que suceden en las ciud ades ocu rren en invi erno. Con esto la autora r elaciona
el aspecto negativo del tiempo con su rechazo por la forma de vida en las ciudades. Casi
todos los personajes principales que viajan a las ciudades en las obras de J ane Austen
viven allí experiencias negativas o bien están tan deseosas de volver al campo que mu y
rara s veces disfrutan de su estancia allí.
566 CABA LLERO , F., Clemencia, Madrid, C átedra, 1984, p. 273.
567 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 4.
288
Así en la obra Pride and Prejudice tras el viaje a la ciudad de J ane se comprueba que el
viaje ha sido infruc tuoso ya que ésta no ha podido ver a su enamorado.
“Yo no me permitiría e n consen tir que tu hermana hubie ra estado en la ciudad
durante tres meses el invierno pasado, que yo lo hubiera s abido y qu e se lo hubiera
ocultado. “ 568
También Marianne, uno de los personajes principales d e Sentido y Sensibilidad , tiene una
mala experiencia en la c iudad con su enamorado y a que es al ll egar a la ciudad cuando
descubre que éste no quiere continuar la relación con ella.
“Antes de que la criada les hubiera encendido el fueg o al día siguiente o de que el
sol hubiera g anado terreno a una mañana frías y triste de ene ro, Marianne, a medio
vestir, estaba de rodillas contra uno de los sitios de la ventana en busca de la poca
luz que podía entra r por ella y escribiendo tan rápido como un contínuo af lorar de
lágrimas le permitía.” 569
Y más aún, es a la hora de plantear cualquier viaje a la ciudad, incluso más que estando y a
en la ciudad, cua ndo aparece en seguida la relación con el invierno y con el mal tiempo en
ge neral. La autora hace la referencia al mal tiempo como premonición de las ex periencias
negativas que se sucederán luego en la ciudad.
En la obra Mansfield Park , Fann y se entera de que su competidora por el amor d e su
primo va a ir a la ciudad el próximo invierno a verle de la siguiente maner a:
568 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 380.
569 AUSTEN, J., Sentido y Se nsibilidad, ob. c it. p. 193.
289
“Veré pronto a tu p rimo en L ondres; él habla de que estará allí bastante pronto; y
Sir Thomas me atrevo a decir que a principios de la primavera.” 570
También es en invierno cuando Fann y comienza su triste viaje a Ports mouth a
visitar a su familia biológica.
“Con pensamientos como éstos entre cientos de otros, Fann y procedió en su viaje,
segura y contenta, y tan rápidamente como puede esperarse en el mes difícil de
febrero.” 571
En la obra Sentido y Sensibili dad el personaje principal int enta r echazar tam bién
infructuosamente la s pro puestas que le hacen sus vecinos de visitar la c iudad.
“¡Oh! Mi amor, e xclamó Mrs. Palmer a su esposo, que entraba en ese mismo
momento. Debes ayudarme a convencer a Miss Dashwood pa ra qu e vengan con
nosotros a la ciudad e ste invierno.” 572
“¿Estará usted en la ciudad este invierno, Mi ss Dashwood ? Dijo con su
acostumbrada complacen cia. Es seguro que no.” 573
Pero a pesar de no qu erer d ejarse convencer “su salida se produjo en la segunda
semana de enero. L os Middletons les seguirían a la semana siguiente.” 574
Por otro lado, el invierno se r elaciona también con la movilidad de la s personas. Los
personajes de un nivel económico más bajo o lo s que tienen siempre su residencia en el
campo, ven como los personajes de un nivel econ ómico más alto pasan los meses más
570 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 247.
571 Ídem , p. 255.
572 AUSTEN, J., Sentido y Se nsibilidad, ob. c it., p. 134.
573 Ídem , p. 168.
574 Ídem , p. 174.
290
duros del invierno en la c iudad y los meses más cálidos del verano en el campo. Este hecho
trae como consecuencia que la vida social en el campo durante los meses de invi erno baja
bastante de nivel y a qu e la población se re duce. Y esto se re fleja eno rmemente en las vidas
de los personajes principales de J ane Austen que no ocultan su disg usto por ésta causa y s e
puede ver mu y bien en l a obra Persuasion donde el grupo de jóvenes que habían venido a
Netherfield a pasar e l ver ano llega el momento en que regresan a la ciudad.
“Caroline dice dedicididamente que nin guno del grupo re gresará a Hertfordshire
este invierno” 575
“L os días pasaban sin traer ningún indicio de que él volviera a Neth erfield en todo
el invierno; un rumor que irritaba a Mrs. Bennet y que ella nunca llegó a
contradecir; como si fue ra una escandalosa mentira.” 576
Ahora bien, el invierno no sólo se relaciona con una tra nquilidad de smesurada en el
campo. También e n la ciudad puede ocurrir esto. Ello se puede comprob ar en Persuasion:
“Era principios de febrero y Anne que llevaba ya un mes en Bath, estaba deseosa de
tener noticias de Uppercross y Ly m e.” 577
Ahora bien, para las personas más tranquilas y conformistas, el invierno se hace más fácil
de llevar. El personaje e n el que se puede ve r este hecho no podía s er otro que la tie rna y
dulce Fanny de Mansfield Park.
575 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice , ob. cit., p.158.
576 I dem, p. 172.
577 AUSTEN, J., Persuasion , ob. cit., p. 137.
291
“A pesar de todo fue un invierno cómodo para ella; pues aunque éste no trajo a
Willliam a I nglaterra, la esperanza de su llegada que no se perdía, era su ficiente.” 578
Por últim o se puede decir que en la obra Emma , el hecho de que la posible proposición del
personaje Frank Churchill ha cia Emm a se produ jera también en invi erno tiene relación
directa c on el aspecto negativo de esta proposición.
“La proposici ón de Frank Churchill, prevenida solo, como cre ía Emma, por la
llega da de su padre, ocurre dentro de casa en febrero, todavía la estación negativa;
y es natural imag inar que no era en absoluto una p roposición sino un preludio de la
confesión de su compromi so con J ane Fairfax el cual sim bolizaba la esterilidad de
la relac ión de Emma con Frank.” 579
Pero también se puede uti lizar el tiempo como recurso para ridiculizar a l os personajes y
así lo hace Fernán Caba llero con algunos de ellos relacionándolos con el
invierno y con el mal tiempo en su obra Lágri mas :
“Todas las nubes de otoño estaban resumidas en la feísima cara de don Jeremías
Tembleque...
(De doña Eufrasia )... sino que sobre todo cua nto hay ec haba sus fallos, como una
nube sus granizos.” 580
Igualmente e n la obra Cl emencia de Fernán Caballero se hallan ejemplos de este tipo:
578 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 27.
579 AUSTEN, J., Emma , ob. ci t., p. 61.
580 CASTRO C ALVO, J.M., Obras de Ferná n Caballe ro, Madrid , Atlas, 1 961, pp. 151, 84.
292
“(De Pe pino) No faltaré, usía; antes faltará el sol...
(De S ir George) ¡ Luz fugitiva que de la oscuridad salió para volver a hu ndirse en
ella!” 581
4.1.4. El tiempo y su relación con la estación de la primavera
Llega la primavera y con ella empieza la llegada de gente de la ciudad al campo en las
obras de Austen. El prim ero que aparece en la obr a Emma es Frank Chur chill, el cual lle ga
y t rae consi go una gran ale gría al p rincipio, se i ncrementa n las reuniones, los bailes, las
excursiones, etc.
“...así que tene mos la posibili dad ag radable de visitas de Frank dur ante toda la
primavera y precisame nte la estación d el año que y o hubiera el egido par a ello: casi
los días más largos, el tie mpo ge nial y a gradable, siempre invitando a salir y nunca
hace demasiado calor pa ra el ejercicio.” 582
La primavera está relac ionada también con los buenos sentimientos, con la alegría, la
ternura, el agradecimiento, etc. Así en Mansfield Park , se pued e ver a Fann y a gradec ida
porque le ha yan dado una habitación sin tene r en cuenta si ésta era buena o mala y si le
encendían o no la chimenea.
581 CABA LLERO , F., Clemencia, Madrid, C átedra, 1984, pp. 98, 36 4.
582 Í dem, p. 271.
293
“El aspecto era tan favorable que incluso sin una chimenea era habitable en muchas
mañanas de la temprana primavera y d el otoño tardío, para un a mente tan deseosa
de querer como la de Fanny y mientras hubiera un rayo de sol, ella esperaba que no
la aparta sen de allí, incluso aunque llegara el invierno.” 583
Este mismo personaje sabía disfrutar en primav era del jardín y de las plantas de la casa de
su tía como ninguno de los que vivían en esa casa:
“...esa estación, que a pesar de sus caprichos, no puede ser despreciada, y viendo el
emerger de su belleza, desde las flores más tempranas, en las cálidas divi siones de l
jardín de su tía hasta el abrir de l as hojas de las pl antaciones d e su tío y l a g loria de
sus bosques.” 584
La primavera, al estar relacionada, con cosas b uenas y positi vas en las obras de Jane
Austen, no puede d ejar d e estar relacionada más c on el campo q ue con la ciudad. Por ello
se observa que los personajes ven la llegada de la primavera como una puerta de la
espera nza y como una ilusión por la vuelta al campo.
En Mansfield Park , Fanny desea que llegue la primavera para volver al campo:
“La Semana Sant a llegó particularme nte tarde este año, como por des gracia y a
había considerado, al sa ber que ella no tendría oportunidad de dejar Po rtsmouth
hasta después de esta.” 585
583 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 106.
584 Í dem, p. 292
585 Í dem, ob. cit., p. 292.
294
También para los dos personajes prin cipales de Sentido y Sensibilidad , la llega da de la
primavera significa la partida de Londres hacia el campo.
“Al comenzar abril, y b astante temprano aquella mañana, los dos grupos de la plaza
de Hanover y la calle Berkley, partieron de sus respectivas casas, para encontrarse,
según cita, en e l camino.” 586
Y si en I nglaterra la primavera es b ella y alegre en Andalucía no puede ser menos. Bécher
en su artículo sobre Fernán Caballero habla así sobre el clima anda luz: “Era un dulce
rincón al egre y festivo de la h ermosa Andalu cía, que al guna vez , la risueña Pri mavera
señaló por suyo.” 587
Y para terminar con la primavera se debe señalar que Marí a J osé C re spo en su obra
relaciona el final de l a obra Persuasion con la primavera y a que al fina l de esta obr a el
personaje pr incipal resurge del “invierno” en el que esta ba para llegar a una nue va
primavera en su vida.
“La historia d e Anne se halla parangonada con la naturaleza y sus estaciones; la
novela comienza en otoñ o y finaliza en primavera que coincide con la recuperac ión
del amor y de su perdida lozanía:’bloom’. 588
586 AUSTEN, J., Sentido y se nsib ilidad, ob. cit., p. 298.
587 BECH ER, H., “Pensam ientos españ oles de d oña Fran cisca de Larrea Böhl d e Faber”, Bole tín
de la Biblio teca Menénd ez Pelayo , 316-335 (1931 ); l (1932), p. 330.
588 CRESPO ALLU É, M. J., La prob lemática de las versi ones españolas de Persua sion, ob. cit.,
p. 157.
295
4.1.5. El tiempo y su re lación con el verano
Se pasa ahora al verano y se encuentra esta estación r elacionada con el disfrute, el
optimismo y con la alegría. La llegada del v erano ayuda a los pers onajes a tom ar
concienc ia de su propia felicidad personal y les invi ta a relacionarse más con los otros
personajes de las novelas. En cierto modo se puede decir que el calor del verano a yuda a
los personajes a superar su timidez o su fa lta de comunicac ión y contacto con otras
personas.
El verano es la estación del año más directamente relacionada con la juventud, con el amor
y el romanticismo. Así en Mansfield Park J ane Austen justifica que tan sólo la ll egada d el
verano, con sus element os propios y en estrecho contacto con la naturaleza, es suficiente
para hacer aflorar e l amor.
“Una mujer, guapa, joven, viva , con un harpa tan elegante como ella; y ambas
situadas junto a un a v entana, diri gida hacia el campo, y un empezar d e hierb a
pequeña, rod eada de arbustos en medio del foliaje rico del vera no, era lo sufici ente
para captar la atención del corazón de cualquier hombre. La estación, la escena, el
aire, todos eran propicios para la ternur a y el senti miento.” 589
También hace referenc ia a las noches cálidas de vera no con su halo de romanticismo.
Como si resultara i mposible para los personajes no enamorarse en una de estas hermosas
noches de verano.
589 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 47.
302
En algunas ocasiones simplemente la llegada de un nuevo día sirve a los personajes de las
novelas de esta autora p ara renovar su confianza o c entrar sus esperanzas en qu e algún
acontec imiento positivo pueda surgir.
Así se ve como en la obra Emma el personaje prin cipal renueva su espíritu un tanto abatido
con la llegada de una nue va mañana.
“La juventud y la alegría de la mañana se unían en una relación feliz. Emma se
levantó aquella mañana más dispuesta a ver a livio al mal del día anterior y a
intentar librarse de el.” 605
“El viento cambió a un cuarto más suave; las nube s desaparecieron; el sol apareció;
era verano otra vez.” 606
Del mismo modo se puede ver como la mejora del ti empo tras el mal tiempo anterior
normalmente a causa de la lluvia o de las nubes y el desp ertar d e un nuevo día en el que
luce o al menos se visl umbra el calor del sol, hace que se renueven las esperanzas de los
personajes con respecto a los acontecimientos qu e se esperaban o que surjan en ese nuevo
día. Esto se puede observar en Northanger Abbey :
“El día trajo consigo un a mañana mu y sobria; el sol hacía solo a lgunos esfuerzos
por aparecer; y Catherine por esto auguró que todo sería más favorable a sus
deseos.” 607
605 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 121.
606 Í dem, ob. cit., p. 374.
607 AUSTEN, J., Northanger Abbey, ob. cit., p. 99.
303
“A las doce y m edia, cuando la at ención ansiosa de Cathe rine al tiempo estaba
perdida, y ella y a no podía esperar ninguna señal de que se a rreglara, el cielo
empezó voluntariamente a aclararse. Un rayo de s ol la co gió bastante por s orpresa;
cuando mi ró alrededor l as nubes se estaban y end o, y ella volvió inmediatamente a
la ventana para ver y a nimarse con la feliz visión.” 608
Se relaciona también la llegada del nuevo día con una mejoría de la salud en algunos de los
personajes y e specialmente si el nuevo día se presenta con un buen tiempo atmosférico.
“L os paseos de Fanny comenza ron de nuevo a l día siguiente, como hacía una
mañana estupend a de fresco, menos calurosa que el tiempo que había hecho ha sta
entonces, Edmund confi ó en que se re stablecier an bien sus pérdidas de salud y
bienestar.” 609
La ll egada de un nuevo día con buen tiempo se relaciona también con la posibilidad de
poder salir a la na turaleza a hacer ejercicio y a di sfrutar d e ella. En todas las obras de Jane
Austen se a precia mu y frecuentemente como los personajes salen fr ecuentemente a hacer
algún tipo de ejerc icio físico, juegos o a disfrutar en general de la naturaleza.
“...y Mari anne y M argaret dirirgían sus pasos una mañana memorable hacia una de
estas colinas, atraídas por el brillo del sol parc ial de un cielo lluvioso e inca paces de
soportar el en cierro qu e le había oc asionado la ll uvia pesistente de los dos días
anteriore s.” 610
608 Í dem, ob. cit., p. 100.
609 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 54.
610 AUSTEN, J., Sentido y Se nsibilidad, ob. c it., p. 73.
304
También se encuentran ocasiones en que Jane Austen describe el tiem po atmosférico en
algún momento determinado sin re lacionarlo con ningún acontecimiento en particular.
“La mañana era bastante buena aunque había llovido toda la noche y a que las nubes
se estaban dispersando por el cielo y e l sol aparecía frecuentemente” 611
P.J.M. Scott en Jane Austen. A reassessment. explica al lector que todos los
acontec imientos que ocurren en las ob ras de esta autora se pr esentan siempre durant e el día
y no durante la noche.
“Asimismo Austen no nos transmite los pensamientos nocturnos de los personajes,
éstos no tienen su eños, y nin guno d e los episodios ti ene lugar t ras la caída de la
actividad del día.” 612
Son muy mu y pocas las escenas qu e ocur ren dura nte la noche y si l o hacen no son esce nas
de importancia trascendental dentro de la novela. Se puede encontrar a Mr. Knightley al
principio de la nov ela E mma charlando con el p adre del personaje qu e lleva este mi smo
nombre haciendo alusión a la luna pero sin que ocurra nada de un a importancia particular.
La escena viene más bien a reflejar que el señor Kni ghtle y tenía por costumbre visi tar
frec uentemente la casa.
611 Í dem, p. 93.
612 SCOTT, P. J.M., Jane Aust en. A reassessmen t., U.S.A. , Vision and B arnes & N oble, 198 2,
p.28.
305
“En absoluto, señor. Ha ce una bonita noch e de luna llena; y tan suave que tengo
que retirarme un poc o de su gran hoguera.” 613
En Mansfield Park se puede observar también como se re laciona la noche y más aún las
noches largas d e invierno con la soledad. Así la autora just ifica que el personaje de Mrs.
Norris aunque no es un p ersonaje mu y del gusto de la autora pasara l os días en la gran casa
de Mansfield Park.
“Y cuando lle garon las largas noches de otoño, ella estaba tan cog ida por estas
ideas, en la triste soledad de su casa del campo, que se obligó a tomar refugio
diurno en el comedor del parque.” 614
Decir también qu e el y a mencionado autor Ed gar Shanon en su artículo so bre J ane
Austen conclu ye que “era de no che el día que Emma descubre las aspir aciones de
Harriet hacia Mr . Knightle y .” 615
4.1.7. Principales elementos del tiempo atmosférico
En todas las obras de la s do s autora s s e en cuentran alusiones a los elementos principales
del tiempo atmosférico. Entre ellos, los qu e aparecen más frecuentemente son el vi ento, la
lluvia, la tormenta, la nieve y las nubes.
El viento aparece repres entado de forma n egativa unas veces; otras, positiva. En cuanto a
las primeras podemos e ncontrar ej emplos evidentes en las fuertes r achas de viento que
613 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 5.
614 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 28.
615 SHAN ON, E. F., Em ma: Character and Constru ction , ob. cit. p. 143.
306
provocan ruidos estrepitosos al chocar con la s casas y los á rboles; o cuando es el
responsable de atraer oscura s nubes, que previsiblemente dejarán lluvia.
Así en N orthanger Abb ey , Catherine, el personaje femenino principal, casi se muere de
miedo la primera noche que pasa en la que ella pensaba que era la terrible abadía de
Northanger a causa d e la s fuerte s ráfagas de viento. En cambio, unos días después, cuando
y a ha salido de su e quívoco y e stá preocupada por otros acontecimientos se halla a l
personaje en esta nue va s ituación:
“Y aunque el viento era f uerte y con frecuencia pr oducía ruidos extraños y potentes
dentro de la casa, ella lo escuchaba todo porque estaba tendida en la cama despierta,
una hora de trás de otra.” 616
Tampoco a las jóvenes heroínas de Sense and S ensibility les agradaba el viento, que les
trae unas nubes muy pesadas cuando están disfrutando de uno de sus paseos por el campo.
“Ellas se dirigieron alegr emente hacia las partes b ajas, disfrutando a la vez que iban
penetrando d e cada paisaje que proporcionaba el cielo azul; y cu ando sintieron en
sus rostros un vendaval emergente de viento fuer te del suroeste, sintieron el m iedo
que había prevenido a su madre y a Elinor compartir estas sensaciones
maravillosas.” 617
En cambio, en otr a escena de esta mi sma obra se ve como el p ersonaje de Mar ianne des ea
que el viento ca mbie el cli ma y mira por la ventana, añorando este deseo.
616 AUSTEN, J., Northanger Abbey , ob. cit., p. 225.
617 AUSTEN, J., Sentido y Se nsibilidad, ob. c it., p. 74.
307
“ Y Marianne estaba tod o el tiempo ocupada en observar la dirección d el viento,
observando las variac iones del cielo e imaginándose un cambio en el aire.” 618
Ante la imposi bilidad de bajarse del carruaje en el que había tenido que subirse con Mr.
Thorpe, Cath erine, en N orthanger Abbey de cide que al no poder d e fo rma alguna c ambiar
las circunstanc ias, intentará disfrutar del paseo:
“Y dándos e cuenta de que el animal continuaba del mi smo modo tr anquilo, sin
mostrar la más mínim a apariencia de vivacidad incómoda y sin preocupación d e
que fuera más rápido, se dio a sí misma a disfrutar del aire y del ejercicio de la
clase más vi gorosa, en un día bueno y suave de febrero, con la conciencia d e
sentirse segura.” 619
En Pride and Pre judice la connotac ión negativa que posee un viento fuerte está
relacionada con uno d e los personajes más controvertidos de l a novela: Miss de Bourgh.
Así Eliz abeth se queja de que ésta no ha dejado a su amiga Charlotte ent rar en la gran c asa,
lo cual parece y a un augurio de los problemas futuros que ella tendrá posteriormente en la
obra con esta familia: “Ella está siendo muy cruel al mantener a Charlotte fuera con todo
este viento, ¿por qué no entra?” 620
La lluvia aparece representada con connotaciones negativas la ma yoría de l as veces en la s
que se alude a ella. L a obra Em ma comienza haciendo alusión a un episodio en el qu e la
lluvia apare ce en un momento bastante inapropiado porque se va a celebrar una boda.
Además dicha boda tenía un aspecto negativo para el personaje principal y su acompañante
618 Í dem, p. 183.
619 AUSTEN, J., Northanger Abbey, ob. cit., p. 82.
620 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 194.
308
porque significaba la salida de casa de una amiga mu y querida de la familia con lo cual el
hecho de que lloviera en e se día se puede ver también como re lacionado con el “aspecto
negativo” que para esta familia tenía el acontecimiento.
“¡B ueno! Esto es bastante sorprendente, tuvimos una gran cantidad de ll uvia aquí.
Llovió copiosamente fuerte durante una hora, mientras de sa y unábamos, yo quería
que aplazara n la boda.” 621
Un claro ejemplo lo enc ontramos en el comienz o de Emma , donde l a lluvia amenaza la
cel ebración de una boda. Este elemento propiciaba la marcha de una ami ga mu y querida d e
la familia, con lo que podemos relacionar este aspecto ne ga tivo con las co nnotaciones de la
lluvia.
En esta misma obra se puede v er también que la ll uvia acompaña el día e n que Emma se da
cuenta d e que está enamorada d e Mr. Knightley y piensa que éste no la corresponde. La
presenc ia de la lluvia en ese momento enfatiza la tristeza que siente la enamorada.
“La ta rde d e este día fue muy la rga y melancólica en Hartfield. El t iempo añadió lo
que pudo de pesimismo. Se asentó una lluvia fría y torm entosa y no parecía julio
sino en los árboles y los arbustos, a los cuales estaba d espojando el vi ento y lo
larg o del día, el cual hacía esta vista cruel del paisaje aún pesado de ver.” 622
La lluvia como aspec to nega tivo tiene relación también con el sentimiento de miedo en los
personajes, como en la primera noche que el perso naje principal de Northanger Abbey pasa
muy asusta da en esta abadía.
621 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 5.
622 Í dem, p. 372.
309
“La noche era tormentosa; el viento había es ta do soplando a intervalos toda la
tarde; y en el moment o en que el grupo se l evantó, ll ovió y sopló el viento
fuertemente.” 623
En todas las obra s de Au sten, la lluvia aparece como causante d el encierro en el hogar que
causa e l disgusto de los personajes.
“Cuando eran casi las on ce, unas pocas gotas de l luvia menuda sobre las ventanas
captaron la atención de los observadores ojos de Catherine, y un `’¡Oh¡, querido,
creo que va a llover’; brotó de ella en un tono abatido.” 624
“Hemos tenido lluvias tan seguidas casi desde que empezó octubre, que hemos
estado casi encerra dos juntos en la casa durante algunos días.” 625
“Si no hubiera h abido u n baile en Netherfield para ten er al go de que hablar, las
jóvenes señorita s Bennets habrían estado en un e stado lamentable en este tiempo,
pues desde el día de l a i nvitación hasta el día del baile, hubo tal sucesión de lluvia
que les impidió en seg uida su paseo a Mer y ton.” 626
“L os bailes p rivados en el parque comenzaron; y las fiestas en los días de lluvia se
celebraban tan a menud o como permitía el mes de octubre c hubascoso.” 627
Un últ imo ejemplo lo encontramos en relación a la visión negativa de l a autora hacia la
ciudad. Así en Pe rsuasio n durante la visita de Anne a Bath el tiempo siempre es contrario:
623 AUSTEN, J., Northanger Abbey, ob. cit., p. 172.
624 Í dem, p. 99.
625 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 125.
626 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 131.
627 AUSTEN, J., Sentido y Se nsibilidad, ob. c it., p. 84.
310
“Ella insistí a de un modo determinado aunqu e si lencioso en su rechazo de Bath;
captó la prime ra imagen difusa de los edificios difuminados bajo la l luvia, sin
ningún deseo de verlos mejor.” 628
Hay personajes que consideran la lluvia de forma posi tiva e, incluso, sac an provecho d e
el la. Es el caso de dos p ersonajes caracterizados por la autora como e goístas y vanidosos.
El primero de ellos es el personaje del señor Brandon en la novela Sens e and Sensibility
muy al principio de la obra en el momento en el que no se conoc e bie n y la aut or a lo
presenta como un personaje muy negativo.
“El honor estaba y a otorgado y entonces él partió, para h acerse a sí mismo más
interesante en medio de una fue rte lluvia.” 629
En esta misma línea se alude la seño ra Bennet en la obra Pride and Prejudice , quien en su
anhelo de ver a todas sus hijas casadas, envía a su hij a Elizabeth a casa del señor Bingle y
una tarde lluviosa c on la esperanza de que no pudiera volver si la lluvia arrec iaba.
“No, querida, mejor que no va y as a caballo, porque parece que va a l lover, y
entonces tendr ías que qu edarte toda la noche .” 630
628 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 114.
629 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 7 5.
630 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 77.
311
Como contrapunto a su madre, Eliz abeth temía que la lluvia hubiera dañado la salud de su
hermana y al ll egar a la casa del señor Bin gley y ve r que ésta no estaba demasiado mal,
queda prof undamente ali viada.
“Sus esperanzas estaban cumplidas; J ane no había estado mu cho tiempo fuera antes
de que lloviera fuerte.” 631
En la obra Mansfield Par k , la declaración amo rosa de Crawford a Fann y s e produce en una
mañana lluviosa y tormentosa, pue sto que para ella e ste a contecimiento era negativo.
Después de haber rechazado esta declar ación amorosa tan poco deseada , Fann y se
encuentra en un estado e special de calma y paz i nterior. La autora sitúa e n medio de una
tormenta este acontec imi ento tan nega tivo para el per sonaje.
“...y la tarde se presentó con más armonía para Fann y y más alegría de esp íritus de
las que ella ha bía esperado tras una mañana tan tormentosa.” 632
Este hecho tiene paralelismo con otro momento en la obra Sense and Sensibility en que el
personaje de Marianne encuentra también la paz después de una gran tor menta. L a autora
Mary Poovey hace referencia a esto:
“Es esta p az ética que mi entras Marianne due rme arriba silenciosamente y un a
tormenta violenta asalt a la casa, la qu e Wil loug hby invade cuando
melodramáticamente entra en e l salón.” 633
631 Ídem , p. 77.
632 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 220.
318
En esta misma obra ante rior se puede ver como l a espera de al go bu eno ya s ea un baile o
un viaje como en esta ocasión ha cen un poco m ás ll evadero el paso del ti empo para el
personaje de Eliz abeth. En estos ca sos aunque Jane Austen quiere hacer h incapié en que el
tiempo parece que pasa más lentamente en el entorno rural y aún más lentamente en los
meses de invierno, sin embarg o, siempre ha y una esperanza de luz al final del camino.
“Con ningún evento má s importante que este de la familia Longbourn y variado
algunas veces por poco más que un paseo a Meryton, al gunas veces sucio y otr as
frío, pasaron Enero y Febrero. Marzo iba a llevar a Eliz abeth a Hunsfor d.” 650
Según Lionel Tr illing,
“El tiempo juega un p apel im portante en E mma ; en ninguna otra novela de J ane
Austen es la su cesión de las estaciones, y del frío y el ca lor de tanta importancia
como si lograr el punto q ue normalmente hace el i dilio pastora l que parece el único
obstáculo que el hombre tiene que superar es el meteorológico.” 651
Asímismo, A .Walton Litz en su artículo sobre las obras de Jane Austen afirma: “El curso
de la vida de Emma Woodhouse está profundamente relacionado con el ciclo de las
estaciones.” 652
650 Í dem, p. 187.
651 TRILLI N G, L., “ Emma an d the Leg end of Jane Au ste n”, Jane Austen: Em ma: A Casebook ,
Londres, The Macmillan P ress L TD, 1968, p. 13 1.
652 Walton Litz, A ., “New L andscapes”, P ersuas ion by Pa tricia Mey er Spacks, Lon don, N orton &
Com pany, 1995, p.217.
319
En su obra Emma , Jane Austen aprove cha para homenajea r a su país en uno de los
capítulos finales de la ob ra cuando todos los personajes están y a contentos y la armonía y
la paz reina de nuevo en la obra.
“Era un bonito pa isaje d e dulce p ara el ojo y el espíritu. La vegetación inglesa, la
cultura ing lesa, el confort inglés visto bajo un sol brillante que no era opresivo.” 653
Dentro de este apartado del ti empo no se puede dejar de hacer referencia a uno de los
períodos tan importantes dentro del año como es la Navidad. A pesar de s er una época tan
relacionada con la familia, la autora no la describe con profundidad en ninguna d e sus
obras aunque sí la r elaciona ex plícitamente con la reunión de los miembros de la familia.
Así en Persuasion y en Pride and Prejudice se puede leer:
“Y su madre y su padre, que debían est ar de vuelta a ti empo para recibir a sus hijos
pequeños para la s va caciones de navidad, apenas tenían esperanza de que les fuera
permitido traerlos con ellos.” 654
“El lunes si guiente, la señora Bennet tuvo el pla cer de recibir a su he rmano y s u
esposa, que ve nían como de costumbre a pasar las navidades a Longbourn.” 655
Algunos estudiosos de las obras de J ane Austen afirman qu e la autora se obst ina con el
pasado y con situar todas las vivencias de sus obras en un tiempo ina movible. Critican
también en Jane Austen que algunos de sus personajes se sienten envejecidos cuando aún
653 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 317.
654 AUSTEN, Per suasion, ob. cit., p. 10 8.
655 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 177.
320
son demasiado jóvenes. Uno de los investig adores que sostiene esta hi pótesis es Mary
Waldron:
“Para muchos de los contemporáneos de Austen su fracaso a la hor a de curarse a sí
misma de esta atracción mal asentada podría se r interpretada como debil idad e
incluso obst inación en este pasado pesado. Ahor a podríamos describir esto como
una pérdida de energía moral y reconoc erlo como una forma destru ctiva de
esclavitud. Su actitud está r esumida en su respuesta física a l a vida de porque ella
había aba ndonado el bail e para dedicarse a acompañar a otros.” 656
De gran inter és es la aportación de B. C . Southam en la introducción de su edición de
Pride and Prejudice , donde analiza la obsesión de la autora por el pasado.
“La imagen general que el libro da es de una pequeña sección de la socieda d
encerrada en un momento casi inalterable en el que muy poco puede o debe
cambiar. En la ma y or parte de la obra la gente es tá tan asentada y es tan repetitiva
como las rutinas li gadas y los actos so ciales establecidos que dom inan sus
vidas.” 657
656 WALDRO N M., Jane Aus ten and th e fiction of her tim e, United Kingdom , Cambridge
University Press, l999, p. 9 5.
657 SOUTHAM, B. C ., Sense and Sen sibilit y, Pride and Prejudic e and Man sfield P ark. Casebook
Series, London, The Macm illan Pres s, l976, p.7
321
Continuando en esta misma lí nea, J ulia Kavanagh afirma que mostrar la vida en su aspecto
cotidiano, era su ambición.” 658 Claudia L . J ohnson, refie riéndose a Persuasion e studia el
enfoque de l tiempo en es ta obra;
“Esta novela ( Persuasion ) está llamando la atención constantemente de un hueco
temporal... Aquí como en ning una otra novela, se nos apunta constant emente al
pasado. L os años que tr aen al Admiral a un estado de prominencia son los que
marcan la división entre el viejo estilo inglés y el nuevo estilo inglés y sus hijas
modernas.” 659
Quizás una de las conclusiones más relevantes que se han hecho sobre el tema es la de M.
La scelle:
“La constante característica en todas las ocasiones de la representación de l ti empo
en Jane Austen es esta: que está bas ada en su (perfeccionada gra dualmente) técni ca
para utilizar la conciencia de los personajes como un medio de comunicación con el
lector.” 660
658 KAVANAG H, J., “From l ife of Jane Austen”, Persuasion by Patricia Meyer Sp ack s, London,
Norton & Com pany, 1995, p. 211.
659 JOHNSON, C . L.,” Th e unfeudal tone of the present d ay”, Persuasion by Patr icia Mey er
Spacks, London, No r ton & Com pany, 1995, p. 288.
660 LASCEL LES M., Jane Au sten and he r art, Great Britain, Ox ford Pape rback s, 1963, p. 194.
322
4.2. El agua
El agua es un elemento im portante en J ane Austen y más aún en las novelas de Fernán
Caballero .
El mi smo título de algunas de ellas hace referencia de alguna forma al a gua. Por ejemplo
La Gaviota es un pájaro que vive entre el agua y la tierra, igual ocurre con la novela
Lágrimas. La s primeras escenas de estas obras se desarrollan en el mar. S egún Chevalier 661
las significaciones simbólicas del agua pueden reducirse a tres temas dominantes: fuente de
vida, medio de purificac ión y centro de re ge neración. En Asia es el ori gen de la vida y
elemento de la regeneración corporal y espiritua l, el símbolo de la fertilidad, pureza,
sabiduría, gracia y virtud.Origen y vehículo de toda vida: la savi a es agua y en ciertas
alegorías tántricas, el ag ua representa a prana, el soplo vital.
El agua d el cielo es medicamento y elix ir de inmortalidad. Se puede dec ir también que el
ag ua ritual de las iniciaciones ti betanas es el símbolo de los votos, de los compromisos
adquiridos por el postulante. El agua puede considerarse en dos planos rig urosamente
opuestos; pero de nin gún modo irreductibles. El agua es fuente de vida y fuente de mue rte,
crea dora y destructora .
La s formas de referirse al ag ua son mu y dife rentes en estas obras objeto de este estudio.
Entre ellas se encue ntran: ol as, tormentas, ensenadas, fue ntes, acequias, ríos, mares, etc.
En el segundo párrafo d el primer capítulo de La Gaviota se puede leer: “El int erior del
buque prese ntaba el triste espectáculo del principio de un viaje marítimo.” 662
Esta frase podría hacer pensar al lector qu e está invitado a ha cer ese viaje que no parec e
que vaya a s er mu y bu eno a trav és de esta le ctura. Sin embargo no es así. Tampoco
invitaba a hacer e se viaje el tiempo atmosférico:
661 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos, Barcelona, He rder, 19 86.
662 CABA LLERO , F., La Gaviota, Madr id, Espasa C alpe, 1991, p. 70.
323
“...el paqu ete de v apor se alejaba de las costas n ebulosas de Falmouth, azotando las
olas con sus brazos, y de splega ndo sus velas pard as y húm edas en la neblina.” 663
Por suerte el tiempo cambia en cuanto el personaje llega a España. Se puede ver aquí
también como la autora está comparando de una forma indirecta el clima en ambos países.
Según Castro en su estudio preliminar sobre las obras de la autora:
“L os tipos fuerte mente realistas como Fray Gabri el, don Modesto Gue rrero y Rosa
Mística tan estrechamente vinculados a las criaturas galdosianas, aparecen
engarzada s en el marco de tierra, mar y c ielo.” 664
Aunque en las obra s de J ane Aust en la ma y oría de las alusiones a los pa isajes
corre sponden al entorno rural, se debe decir que t ambién se encuentran algunas alusiones
al paisaje del medio marítimo en obras como Persuasion, Mansfield Park y también en la
obra sin terminar de la autora Sandition. Estas alusiones pertenecen a p equeños pueblos
junto al mar como es el caso de Bath que surgían como centros turísticos en la épo ca d e la
autora.
4.2.1. Relación entre los personajes y el agua como elemento del mar
Para Elizabeth Bowen, el agua s irve a Austen en la obra Persuasion como recurso p ara
caracter izar las situaciones y los personajes.
663 Ídem , p. 69.
664 CASTRO C ALVO, J.M., Obras de Ferná n Caballe ro, Madrid , Atlas, 1 961.
324
“El paisaje y el paso d e las estacion es son parte de la t extura de la histor ia. Aquí,
como en ningún otro trabajo de Jane Austen reboza la poesía de la na turaleza de las
montañas, los bosques y el mar.” 665
Desde un principio s e deja ent rever en la obra La Gaviota qu e ha y personas cultas y
poéticas que s aben mirar a la naturaleza y son capaces de valorar y admirar la b elleza de
sus paisajes. Esto ocurre principalmente con el personaje de Stein y con el conde Almansa.
Ellos no solo son capaces de mirar al mar, sino de sentirlo e interpretar su mensaje. La
mayor ía de las citas que suceden a este párrafo están r elacionadas con La Gaviota y el
personaje de Stein.
“...y mir ando al mar; el cual, como para lucirse, v enía a ostentar en los costados del
buque sus perlas de espu ma y sus brillantes fosforitos.” 666
Esta imagen del mar en Alemania contrasta fuertemente con la primera imagen de l mar qu e
el personaje principal encuentra en Andalucía:
“Así lle gó a la cima de otra altura, d esde don de se desenvolvió a su vista un
magnífic o paisaje. El terreno descendía con imperceptible declive hacia el mar, que
en calma y tranquilidad, reflejaba los fuegos d el sol en su ocaso, y p arecía un
campo sembra do de brillantes, rubíes y zafiros.” 667
665 BOWEN, E., “A Masterp iece o f Delicate S trength” , Northanger Ab bey and Per suasion,
Casebooks Se ries, London, The Macm i llan Press, l976, p. 168.
666 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 72.
667 Í dem, p. 82.
325
Esta pintura positiva se convierte en presagio de la buena fortun a que le espera al personaje
en Andalucía. Al contrario de cuando salió de Alemania hacia la guerra de Navarra y el
mar estaba tan embravecido.
Al igual que los personajes miran al mar, éste también les mira a ellos. Es tan importante el
mar en La Gaviota que incluso en algunas oc asiones como se ha visto anteriormente, se
personifica:
“Cuando se ofr ecía esta grandiosa esc ena, sin más espectadores que el de sierto, la
mar y el firmamento, no parecía sino qu e pa ra ell os sólos se había levantado aquel
edificio y se celebraban los oficios divinos .” 668
Otro mom ento en que el persona je d e Stein prese nta al lector el mar en to da su plenitud es
el día en que va a visitar por primera v ez la cuev a de Santaló. De nuevo un buen au gurio,
al igual que l a primera v ez que ve el mar en A ndalucía. Tras casarse con la Gaviota, ambos
se trasladarían a vivir a esta cueva y pasaron en ella momento s mu y felices.
“Abríase paso la ma r por entr e dos altas rocas, p ara formar una pequeña ensena da
circular , en forma de herradura, qu e estaba rod eada de finísima arena, y p arecía un
plato de cristal, puesto sobre una mesa dora da.” 669
Sin lugar a dudas es un a descripción d e las más bellas que se pueden encontrar en estas
obras. El lector puede imaginarse perfectamente e l paisaje. Por ello no puede extrañar que
cuando más adelante San taló pide a Stein que se v enga a vivir a la cueva con Gaviota, éste
acceda de momento.
668 Í dem, p. 96.
669 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 133.
326
También al duque d e Al mansa impresionó mucho este p aisaje. Y como para completar la
descripción anterior se encuentra esta otra :
“La mar impulsaba blanda y p ausadamente sus olas hacia los pies del duque, como
para darle la bie nvenida.” 670
Por tanto no se sabe si fue más la belleza del pais aje o la belleza de la vo z de la Gaviota la
que le impulsó a preguntar: “¿Hay sire nas en estas olas, o ángeles en esta atmósfera?” 671
Seguramente sería la c ombinación de ambas cosas.
Sin embargo no siempre las alu siones al mar tien en rasgos tan positivos como se acaba de
ver. En otras ocasiones se alude a él con un sentido ambiguo:
“...en la inm ensa extensión del Océano, tan espl éndido como tr aidor; un as veces
manso y tranquilo como un cor dero, otras agitado y vio lento como una furi a.” 672
También se puede ver este c arácter ambiguo cuando Stein le dice a la Gaviota:
“Mira la mar: ¿oyes cómo murmuran sus olas, con una voz tan llen a d e encanto y
de terror? , pare cen murmurar grave s secretos en una lengua desconocida. Las olas
son, María, aquellas sirenas seductora s y terribles...” 673
670 Í dem, p. 211.
671 Í dem, p. 211.
672 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit., p. 99
673 Í dem, p. 191.
327
Por otro lado se encuentran descripciones mu y bellas del mar en La Gaviota puestas casi
siempre en boc a de Stein o del duque de Alman sa. La misma mañana en que Stein visita
por primera vez el pueblo lo encue ntra el lector paseando por delante del convento:
“La mar, que no a gitaba el soplo más ligero, se mecía blandamente, levant ando sin
esfuerzo sus olas, que los reflejos del sol doraban, como una reina que deja ondear
su manto de oro.” 674
También se pued e leer este texto la primera vez que Stein va a la cueva donde vivía la
Gaviota:
“Abríase paso la mar par a form ar un a pequ eña ensenada circ ular y p arecía un plato
de cristal, puesto sobre una mesa dorada.” 675
Y para Teresa Cased a “la aldea de Vill amar ex presa suficientemente su c arácter
marino.” 676
Otra descripción preciosa del mar se pue de ver en el siguiente pasaje de Clemencia :
“Ved esas agua, ora corran alegres, ora duerman tranquilas, siempre brillantes como
lo que es puro, siempre transpar entes como lo que es sincero; v ed ese mar que
anonadada en su inmen sa fuerza la pequeñez y debilidad del hombr e y de sus
obras.” 677
674 Í dem, p. 103.
675 Í dem, p. 133.
676 CASED A, T., J., “Cos tumbrismo y estética li teraria de Fern án Cab allero”, Cuadernos d e
investigación F ilológica, XII- XII I (1987), Log roño, p. 69- 82.
677 CABA LLERO , F., Clemencia, Madrid, C átedra, 1984, p. 325.
334
hacia la playa, en la que aún venían soberbias las olas cual mont es de ag ua a arrojarse
sobre la arena .” 698
También esta c ita relaciona el mar con los malos presagios:
“Don Galo hiz o tal movimi ento de sorpresa que e l licor que c ontenía su copa tuvo
las oscilaciones de l flujo y reflujo del mar.” 699
Según Chevalier 700 a las olas en China se las considera n moradas de dr agones y símbolo de
pureza. Esta diversidad, en ap ariencia co ntradictoria, se debe a que toman si gnficado de
dos aspectos diferentes de la misma forma oceánica: por el ritmo ondulante, las olas se
relacionan con los dragones; por la espuma blanca con la pu reza. No h a y aquí
ambitendencia sino y ux taposición. De l mi smo m odo el a utor ex plica sobre el mar que su
sentido simból ico corresponde al de “océano inferior” al d e las aguas en movimiento,
agente tr ansitivo y mediador entre lo no formal (c obre, gases,...) y lo formal (tierra, sólido)
y analógicamente entre la vida y la muerte. El m ar, los océanos s e consideran así como l a
fuente de la vida y el final de la misma. Volver al mar es como retornar a la madre, morir.
Por ello, las refere ncias a la mar enfurecida son a vece s mu y crudas en las obras de Fernán
Caballero, sobre todo en Lágrimas:
“Ya pasaban por encima de él olas e spumosas, como una garra con blancas uñas
que alargase la mar para asír a su pre sa...
El barco e staba preso ent re sombrías muralla s de agua de una altura espantosa...
698 Í dem, p. 163.
699 Í dem, p. 355.
700 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos , Barcelona, He rder, 19 86.
335
...en que con redoblada fuerza sonaban en sus oidos los horribles mugidos de la
mar y lo s a gudos bramidos del viento.” 701
La s hermosas descripcio nes de la playa que se m encionaban antes en boca de Stein en La
Gaviota contrastan con la sig uiente de Lágrimas :
“Hemos ido algunos días a la pla y a, donde tan ásperamente vien en las aguas d el
mar a amargar a la arena. Hay sitios en que se ag olpan rocas como soldados que
opusiese la tierra a la invasión del mar.” 702
4.2.4. La s fuentes y su si mbolismo
Según Cirlot 703 , las fuentes simbolizan la fuerza vital del hombre y todas las s ustancias. Su
sentido como centro se refuerza y ratifica cua ndo en un plan arquitectónico (claustro,
jardín o pórtico) la fuente ocupa el lugar cent ral. Es propio en construcc iones románicas y
gótica s. La fuente en el j ardín cerca do si gnifica constancia en la adversida d y tamb ién que
ese recinto puede considerarse sagrado.
Para Chevalier 704 la hospitalidad e xige que se of rezca agua fresc a al visitante y que se le
lave los pies a fin de asegurar la paz de su descanso. Los jardines d el Paraíso tienen
arroyos de a guas viva s y fuente s.
701 CABA LLERO , F., Lágrimas.Obras de Fe rnán Cabal lero, ob. ci t., pp. 107, 1 07, 108.
702 Í dem, p. 218.
703 CIR LOT, J.E., Diccionar io de los S ímbolos, Ba rcelona, Labo r S.A., 1978 .
704 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos, Barcelona, He rder, 19 86.
336
En las obras de Ferná n Caballero es frecuente la presencia d e fuentes. Las fuentes
repre sentan la vida para el campo andaluz en el cual las escasas ll uvias hacen que sea
necesario situar los huertos cerca de ellas para poder regar los cultivos.
En todas las obras de Fe rnán Caballero que ocu pan este estudio aparecen fuentes, tal y
como se puede ver en la obra Elia:
“Fue nte que en medio de l patio ofrecía sus frescas ag uas al que entraba...
Solo la fuente, pura y li mpia, seguía tranquil a con su clara vo z, su suave y
monótona cantinela, a jena, cual la niñez y la inocencia.” 705
Del mismo modo, en L a Gaviota , en medio del convento de Villamar, lu gar emblemático
de la solidaridad, no podía faltar una fue nte:
“En medio se alzaba una fuente alimentada por una noria que estaba sie mpre en
movimiento. R epresentaba una de las obras de mi sericordia, fi gurada por una mujer
dando de b eber a un pere grino, que postrado a sus pies, recibía el agua en un a
concha que ella le prese ntaba.” 706
Fernán Caball ero prefie re la vida en el campo frente a la vida de la ciudad. Quiz á sea esta
la razón por la que en la descripción de la fuente del fragmento anterior se detenga much o
más que en la que a cont inuación presentamos, q ue se localizaba en casa de la condesa de
Algar, y de la que ape nas se nos informa salvo de que está c onstruida en mármol.
705 CABA LLERO , F., Elia, ob. cit., pp. 36, 179.
706 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 96.
337
“Las tertulias se reunían en aquellos patios delici osos, en que las hermosas fue ntes
de mármol, con sus juguetones saltaderos, desaparecían detrás de una gran masa de
tiestos de flores.” 707
La s referencias a las fuentes ti enen siempre connotaciones positi vas. Están también
relacionadas con la gratitud como se pue de ver en Clemencia:
“Porque la gratitud en los corazones sanos y generosos es como el saltadero d e
ag ua, que solo necesita una re ndija para brotar puro y vivaz.” 708
No solo en el int erior de las casas se encu entran f uentes, también s e pued en encontrar en el
campo, como en este lugar e n La familia de Alvareda:
“En el mismo instante brotó al pie del ce rro una hermosa fuente de siete caños, que
aún corre hoy y lleva el nombre de fuente del Rey.” 709
Igualmente en Lágrimas aparecen fuentes: “En el centro, un m edio ca scarón d e huevo
figuraba la fuente d e alab astro.” 710 La fuente se utiliza para comp ararla con el carácter del
personaje de Lágrimas :
707 Ídem , p. 221.
708 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p . 93.
709 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 72.
710 CABA LLERO , F., Obras de Fernán Caba llero, ob. c it., p. 119.
338
“Son estos pobres entes desgraciados, sin fuerzas físicas ni morales, como un ténue
manantial de agua clara, que sin caudal ni pode r para abrir un a senda, vuelve a
consumir la tierra y a absorber el cielo.” 711
4.2.5. El simbolismo de las agua s continent ales: ríos, pozos y o asis.
Por otra p arte s e pueden ver también referencias a los ríos. Según C hevalier 712 los ríos
pueden ser corrientes benéficas o d ar abrigo a monstruos. En este punto, puede r esultar
extraño que Sevilla aparece descrita con la mayoría de sus monumentos más importantes,
no ocurre así con su río ni con los numerosos puentes que cruzan a éste . La autora parece
no querer relacionar Sevi lla con el agua. Esto da la imag en de que la civilización corrompe
mientras que lo natura l c omo el agua ayuda al espíritu.
En cambio, sí h ace re fere ncia Fernán Caballero al caudaloso río que pasa al lado del
pueblo de Villamar y que a y ud aba a mantener sus campos v erdes, tal y como se pued e v er
en La Gaviota:
“En aquel punto se hallaba el pueblo de Villamar, situado junto a un río tan
caudaloso y turbulento en invierno, c omo pobre y estadizo en ve rano.” 713
Además de se r e l típico río andaluz parece que salva c on sus ag uas al pueblo de la
destrucción que supone la c ivilización.
711 Ídem , p. 142.
712 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos, Barcelona, He rder, 19 86.
713 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 103.
339
Según Chevalier 714 , el arroy o , el río y el mar representan el curso de la existencia humana
y las fluctuaciones de los deseos y los sentimi en tos. La perversión está representada por el
ag ua mezclada con la tierra o estancada, que h a perdido su propiedad purificadora: el
fango, el lodo, el pantano. L os ríos son agentes de fertilización de orig en divino. Béche r y
Fontana, respectivamente, han sabido materializar estas ideas:
“El apacible murmullo d el arro y uelo, el b ramido del mar, la luz amar illa de la luna,
los suspiros del ruiseñor, del genio de la m elancolía, los perf umes de las flores y de
la maleza del ca mpo - y ya hemos enume rado casi todos sus motivos- .” 715
“El arro yo representa la vida y la corriente de con ciencia en la qu e vive la
humanidad.” 716
En La familia de Alvareda se pueden leer estas bellísimas descripciones de un río:
“Después de subida la altura, el camino la vuelve a baja r por el lado opu esto y lle ga
a un vallecito por e l cual pasa el arro yue lo.
Ha lavado éste tan primorosamente su cauce, que solo se compone de brillantes
guijarros y dora da arena...
Apagaron su s ed en el arro yo, en encendieron una hoguera, entrada qu e fue la
noche, y todos ec haron a dormir - Die go y Peric o.” 717
714 Diccionario d e Símb olos, ob. cit.
715 BECH ER, H., “Pensam ientos españ oles de d oña Fran cisca de Lar rea Böhl d e Faber”, Bole tín
de la Biblio teca Menénd ez Pelayo, 316- 335 ( 1931); (1 932), p. 320.
716 FONTANA , D., El lenguaj e secre to de los símbo los, Madrid, C í rculo de l ectores , 1993, p.
112.
717 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., pp. 31, 163.
340
También Fabián, compañero de piso y estudi os del personaje anteri or en Sevilla, es
comparado con un río en estos frag mentos:
“Pero tú, Fabián, padre Dauro, manso río (así llamaba Marcial a Fabián por su
suave carácter, de sde que le y ó las poesías de Martínez de la Rosa...
Te enga ñas, manso río, si crees que fundo mi ambición en cosa tan mezquina...
Yo, hijo mío, no so y tan manso como tú, so y un torrente y quiero me ter ruido,
mucho ruido.” 718
La identificación d el río con el curso de la p ropia exist encia es un elemento que aparece,
por ejemplo cua ndo Marcial quiere conv encer a su prima Reina de que se ca se con él en
vez de con Jenaro: “Reina, R eina ¿a qué batallar contra la corriente que nos arrastra si nos
condu ce a la fe licidad? ” 719
Al ig ual que los ríos se enc argan de transportar el ag ua por el campo, también las acequias
la llevan de un lado a otro en las huertas y huertos. A C ecilia Böhl de Faber le
impresionaron tanto las huertas y sus acequias que las compara con oasis:
“La huerta de l convento era un oa sis en medio del desierto...
...el murmullo de sus acequias...
El convento se situaba e ntre el cielo y el desierto.” 720
718 Ídem , pp. 154, 155, 155.
719 Í dem, p. 189.
720 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 98.
341
Según Chevalier 721 , en la Biblia los pozos de los desiertos y los manantiales que se ofre cen
a los nómadas son otros tantos lugares de alegrías y de asombro. Cerca de los manantiales
y los pozos tienen lu gar los encue ntros e senciales. Cerc a d e ellos nace el amor y se
preparan los matrimonios. L a marcha de los hebreos y el caminar de cada hombre d urante
su peregrinación están ínt imamente liga dos al contacto exterior o interior con el ag ua; ésta
resulta un ce ntro de paz y de luz. Fernán Caball ero refleja este hecho en s us obras. Así, es
en la huerta del convento donde la tía María y don Modesto Guer r ero planean el
casamiento de Stein y la Gaviota.
Por todo ello, se debe de cir que el ag ua aparece t ambién como oasis en m edio del desie rto.
El personaje de Stein en La Gaviota encuentra mu y p ronto en el libro cuatro oasis: el
convento, la cueva, e l pueblo y la huerta.
“Aquella noble estructura...(e l convento) colocada entre el cielo y el desierto...
Llegados que fu eron, se sorprendió Stein de h allar en medio d e aquella uniforme
comarca, de tan grave y seca natur aleza, un lugar frondoso y ameno, que era co mo
un oasis en el desier to (la cueva)...
Formaba todo esto (la hue rta) un pequ eño oas is, en medio del desierto seco y
uniforme...” 722
721 CHEVALI ER, Diccionario de los S ímbolos, Barce lona, Herd er, 1986.
722 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , pp. 95, 133, 9 8.
342
4.2.6. El agua de la lluvia y sus diferentes connotaciones
En relación con el a gua aparece también la lluvia. S egún Chev alier 723 , el agua d e ll uvia
aparece como un signo de bendición y sabiduría. En el cora zón del sabio reside el agua, él
se asemeja a un pozo y a una fuente y sus palabras tienen la fuerza del torrente. Los ríos
son a gentes de f ertilización de ori gen divin o. Las lluvias y el rocío aportan su fecundidad y
manifiestan la benevolencia de Dios. Por esta razón, se pide el agua en la oración; es objeto
de súplica. Seg ún este autor, se puede distinguir entre a gua femenina y agua masculina. El
ag ua femenina es el a gua dulce, el agua del lago, el agua estancada. El agua masculina es
el ag ua oceánica, espumosa, fec undante. El agua estéril y el ag ua fecunda nte se
diferencian, según Hesíodo, por la invasión del amor. Asimismo, para Cheva lier el a gua
del cielo es medicamento y elixir de inmortalidad y representa la fecundidad.
Según Fontana 724 , como b endición del cielo d adora de vida, la lluvia ha simboliz ado el
favor y la reve lación divinos, el descenso de la gracia sobre la tierra .
Puede llamar la atención al lector en estas obras cuánto agrade la gente del campo la lluvia,
lo cual se puede ver en La familia de Alvareda: “B ienvenida ha sigo el a gua, mae María -
dijo Perico- , que la tierra tenía sed.” 725
En algunas oca siones, la lluvia fuerte llega, in c luso, a asustar a al guno s persona jes de
ciudad. Tal es el caso de C onstancia, prima de Clemencia o de María en La familia de
Alvareda:
723 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos, Barcelona, He rder, 19 86.
724 FONTANA , D., El lenguaj e secre to de los símbo los, Madrid, C í rculo de l ectores , 1993, p.
112.
725 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 88.
343
“Mae M aría -respondió éste-: estáis asustada y o s sobrecogéis: ¿no ois que son las
canales?” 726
Otras veces, y en esta misma obra , la lluvia y el agua se utiliz an con sentido fig urado:
“Ya escampa y ll ueven chuzos -dijo Rita con aire socarrón y si guió cosiendo como
si tal cosa...
En ag ua de rosas se habrá usted de bañar - respondió Rit a- si corriese una poca...” 727
El agua de la lluvia a parece con connotacion es negativas en La Gaviota: “Los a guaceros
de Andalucía , que parece n más destinados a azotar la tierra que a regarla.” 728
En esta misma obra se e ncuentran también referencias al agua en el romance de l a Vir gen
de Valme. Este tipo de oraciones de r u ego y súplica de ll uvias a la Virgen son mu y
comunes en la tradición folklórica de Anda lucía.
En Ing laterra, el tiempo y el clima son muy di ferentes. Los inviernos ingleses son bastante
fríos, lluviosos y , sobre todo, largos. El mal tiempo obliga a la pobla ción a estar más
tiempo dentro de la casa. Impide, sin remedio, en muchas ocasiones la salida de la casa. L a
autora J ane Austen no nie ga el asp ecto negativo que este h echo pued e tener para la
población y m ás aún par a la población joven, má s deseosa d e div ersión y salidas y qu e son
los personajes principales en casi todas las nove la s de esta autora.
726 Í dem, p. 95.
727 Í dem, p. 115, 116.
728 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 381.
350
lágrimas le han hecho surcos, está más delgada que la guada ña de la muerte, y no goza de
salud.” 745
Hay otros personajes que, al contrario que S tein en L a Gaviota, no saben mirar al mar ni
saben valorarlo y la autora los describe como seres poco sensibles. Tal es el caso de Reina,
la amiga de Lágrimas:
“Siempre estás c on la mar, la mar, la mar. ¡Qu é cansera de mar!...
La mar no es más que mucha a gua, mu y estúpida, que va donde le viento l a lleva, y
que a nadie puede ni mojar la punta de l pie sino la va a buscar.” 746
En conclusión, el agua está relac ionada con la enferme dad y con la muerte o con la
destrucción cuando es turbulenta. Cuando es buena se relaciona con el paso del ti empo: la
misma tradición y las mi smas costumbres que se puede n ver en los árboles. El agua puede
producir paz o caos. Está relacionada además con la verdad (por la cristali no que no puede
esconder nada), con la fe e, incluso, con la relig ión porque bendice a unos sí y a otros no.
Del mismo modo, el agua está rel acionada con unos personajes más qu e con otros. La
mayor ía de las descripci ones del mar están puest as en boca o en el p ensamiento de Stein o
de Lágrimas, a la que se encuentran en multitud d e ocasiones mirando al mar. Además, su
carácter en l a obra es t ransparente como el agua, lo que se v e. En cierto pasaje se dice de
ellos que se rían capaces de asistir a un a fiesta d e máscaras y no darse cuenta de que los
asistentes llevan care tas.
El agua se relaciona con Fray Gabriel (las lágrimas de Fray Gabriel) de La Gaviota . Este
personaje es tr ansparente como el agua y se presenta al le ctor en muchas o casiones
alrededor de las acequias y las norias de agua. Tan transparente llega a ser que a veces
745 CABA LLERO , F., La familia de Al vareda, ob. ci t., p. 188.
746 CABA LLERO , F., Lágrimas.Obras de Fe rnán Cabal lero, ob. ci t., pp. 143, 1 84.
351
parece invisible. Y ejem plo de ello es cu ando el duque de Almansa no le hizo a él ningún
regalo por no haberse dado cuenta de su presencia.
Otros personajes que están directamente relacion ados con el agua son el mismo duque y
Santaló. A ambos se les describe como mu y buenas personas. R esulta curioso al le ctor que
los personaje femeninos tengan menos re lación con el agua y ésta se li mite a poco más que
a las tareas de limpieza, y a que las mujeres d el pueblo, se gún Fernán Caballero, son
pobres, pero limpias.
4.3. Los pa isajes
Cuando se procede a estudiar sus obras, se puede ver que si en alg o coinciden J ane Austen
y Fernán Caballero de una forma casi exacta es en su especial admiración de los paisajes.
Ambas los admiran en general, con todos los elementos que los confor man po r separado,
en particular.
Aunque los paisajes que se describen en sus obras son totalmente opuestos, la forma en que
estas los ensalzan y admiran es idéntica.
En las obras de estas aut oras, los paisajes no son, en modo alguno, simples escenarios en
los que se desarrollan la s vivencias y ex periencias de los personajes, sino que más bien
ocurre todo lo contrari o. Tienen un papel muy im portante y son parte esencial del
argumento de todas las obras.
Como y a se ha mencio nado, las descripciones de los paisajes en las obras de Fernán
Caballero corresponden al medio ambiente típico de la zona sur de España. En el caso de
352
Jane Austen, las descripciones corresponden a los verdes y frondosos campos
caracter ísticos de Inglaterra .
Fernán C aballero y J ane Austen eran unas enamoradas de los paisaje s de sus respectivas
tierras y lo demuestran e n sus obras, principalmente mediante la p reocupación porque s e
conservaran los c ampos y todos los paisajes, en general, tal y como e llas los habían
conocido.
Fernán Caballero y Jane Austen demuestran en sus obras un gusto especial por los campos,
por los paisajes natura les y por los lugares en los que no se notaba la presencia de l hombre.
Aunque como s e podrá ver a continuación, s e d escriben t ambién lu gares donde se h ace
patente la mano d el hombre, a lo la rgo de todas s us obras, sin embarg o, se puede ver cómo
ambas autoras valoraban más los luga res en dond e se había respetado a la natura leza y no
se había intentado modificarla.
Los paisajes que se reflejan en las obras de estas autor as corresponden e n su mayoría al
entorno rural. Se describ en los alrededores de las casa s pequeñas de campo, de las grande s
mansiones, de los conventos, los l ugares a donde los personajes solían ir a pasear y a cazar,
etc.
También ha y descripciones puntuales de los lu gares por donde los persona jes pasa n en su s
viajes o se desplazan e n cortos tra y ectos de unos lugares a otros.
Pero no es solo en el ent orno rural donde se encuentran estas alusiones a los elementos de
la naturaleza. La s autoras hacen mención, en alguna ocasión, al paisaje natural que se
puede encontrar en las c iudades, ya sea en sus parques o en los alrededores de estas.
Aunque como se ha dicho anteriormente la mayoría de las alusiones a los paisajes
corre sponden al entorno rural, encontramos varia s alusiones al paisaje marítimo.
353
Esto se puede ve r en obras de J ane Austen como Persuasion , Mansfield P ark y también en
su obra inacaba da Sandition. Estas alusiones pert enecen a pueblos pequeños junt o al mar,
como es el ca so de Bath que surgían como centros turísticos en la época de la autora .
En el caso de Fernán Caballero se encuentra n alusiones a paisajes marítimos,
principalmente e n las obr as Lágrimas, La Gaviota, Clemencia y Elia.
4.3.1. Paisajes del entorno rural
En las obras de Jane Austen las primeras alusiones a los verdes y ma ravillosos valles
ingleses se pueden encontrar en la obra Sense and Sensibili ty quizás una de las más
relacionada c on la naturaleza.
“Todo el c ampo que las rodeaba abundaba en paseos maravillosos . Las bajadas
grandes que las invitaban desde casi todas las ventanas de la casa de campo a
buscar el disfrute exquisito del aire en sus rostros, eran una alternativa feliz cua ndo
el barro de los valles cercanos ce rraba mejores bellezas.” 747
“Ba jo la entrada d el valle, donde el campo, aunq ue todavía rico, era men os salvaje
y más abierto, se extendía ante ellos una franja estrecha de el camino que ellos
habían recorrido la primera vez que vinieron a Barton.” 748
747 AUSTEN, JANE, Sense a nd Sensibility , edited with an introduc tion and n otes b y Stephen
Arkin, Grea t Britain, Wordsworth Classics, 2 000, p. 7 3.
748 Idem , p. 112.
354
“Ahora, Edward, dij o ella llamando su atención hacia el prospecto, aquí está el
valle de Barton. Mira arriba hacia el y qu edate tranquilo si puedes. Mira esas
colinas. ¿ L as viste al guna vez iguales? A la izquierda está el parque d e Barton,
entre esos bosques y pl antaciones. Puede que v eas el final de la casa. Y allí, baj o
esa colina m ás lejana qu e se eleva con tanta grandeza, está nuestra casa d e campo.”
749
“Yo lo considero un campo mu y bonit o -las co linas son moderadas, los bosques
parecen llenos- buena madera y el valle parece confortable y con ricas mesetas y
varias g ra njas limpi as dispuestas aquí y allí.” 750
En sus estudios sobre Jane Austen, la autora María J osé Crespo estudia la aparición de los
paisajes en las nove las de la autora:
“Su familia alude al amo r al campo y a la natur aleza de J ane, aunque en s us obras
no se recrea en la re pro ducción de escenarios n aturales, sí ha y p resencia de un
paisaje humanizado: la mano del hombre es claramente perceptible.” 751
B. C. Southam , al trata r sobre la bio grafía de e sta autor a alude al t ratamiento de los
paisajes y los contextos:
“El contexto de su vida -sus esc enas mat eriales y sus lugares, sus enc uentros y
relaciones sociales- es tratado de una forma mu y viva y d ramática e n las novelas,
749 Í dem, p. 114.
750 Í dem, p. 122.
751 CRESPO ALLU É, M. J., La prob lemática de las versi ones españolas de Persua sion de Jane
Austen,
355
más penetrante y concretamente de lo que una biografía más extensa pudiera
lograr.” 752
Fernán C aballero y Austen muestran una gran preferenc ia en todas sus obra s por los
paisajes li bres y poco modificados por l a mano d el hombre. Admiran los paisajes naturales
y los paisajes poco humaniz ados donde la naturaleza se expresa tal y como es.
“Edw ard regresó junto a ellas con una admiración viva del campo que las rodeaba;
en su paseo hasta el pueblo, él había vist o muchos lugares del valle con la ventaj a
del que camina; y el mismo pueblo, con una situación mucho mejor que la casa d e
campo, permitía una vista general d e conj unto, que le había agradado
enormemente.” 753
En la introducción a la obra Sense and Sensibility de Jane Austen se refleja esta opción:
“Y Jane Austen no sería la primera persona en se ntir que hay algunos árboles a los
que es mejor dejarlos en pie y algunos invernaderos a los que es mejor dejarlos sin
construir.” 754
A. Walton Litz hace alusión a los paisajes naturales en la obra Persuasion de J ane Austen:
752 SOUTHAM, B. C ., Sense and Sen sibilit y, Pride and Prejudic e and Man sfield P ark. Casebook
Series, London, The Macm illan Pres s, l976, p. ll.
753 AUSTEN, JANE, Sense a nd Sensibil ity, edited with an introduc tion and n otes b y Stephen
Arkin, Grea t Britain, Wordsworth Classics, 2 000, p. 1 21.
754 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 1 0
356
“La prime ra p arte de Persuasion retrata a Ann e Elliot en contra de u n paisaje
natural, y es aquí donde se concentra el nuevo romanticismo que en cuentra J ane
Austen. Una vez que la acción se mueve a Ba th desciende una atmósfera
claustrofóbica y el mundo externo se vuelve insubstancial.” 755
En línea con la afir mación de Walton L itz, en Persuasion se puede leer el siguiente pas aje
en el que la autora de scribe el escenario de una forma breve y maravillosa.
“Y, sobre todo, Pinn y , con fosas verdes entre roc as románticas, dond e los bosques
dispersos de árboles y l os huertos que han crecido luj osamente declaran que han
pasado muchas ge neraci ones desde que el primer derrumbe p arcial d el precipicio
preparó la tierra para un estado como éste, donde se ex hibe una e scena ta n
maravillosa y tan e ncanta dora.” 756
A Cecilia Böhl de Fa ber le interesaba tanto la de scripción de la Andalucía que ella tanto
amaba como la narra ción del argumento de sus novelas. En sus obras d escribe al lector lo s
paisajes de tal forma que parece que éste los está viendo. Es capa z d e resaltar detalles que
no todo el mundo es capaz de ver. P or ello, cuando son los personajes los que describen los
paisajes, estas desc ripciones sólo pueden estar hechas por aquellos personajes mu y
sensibles que al igual que ella admiran la naturaleza y todos los elementos que la
componen de una forma mu y e special.
Julio Rodríguez-Luis en su introducc ión a la obra La familia de Alvareda hace men ción a
la predilección que Cec ilia siente por los paisajes naturales:
755 WALTON LI T Z, A., “ Per suasion: Form s of Estrang em ent”, Northanger Abbey and
Persuasion, C asebooks Series, London, Th e Macm illan Pres s, l976, p. 235.
756 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 81.
357
“Las des cripciones d e las localidades s on ex actísimas y las de los pe rsonajes
parecen retratos de Ve lazquez; tan a l vivo y con una mano tan maestra e stán
dibujadas y coloridas.”
Asimismo, Víctor García de la Concha , al analiz ar las obra s de Fernán Caball ero se refiere
al tratamiento de los paisajes que realiza:
“En el caso de Fernán ha y t ambién voluntad de abandonar las exaltadas fantasías en
favor d e ambientes próx imos y cotidianos, p ero al re crearlos literariamente proc ede
introduciendo drástica s discriminaciones.” 757
También Rafael Castil lo hace men ción especial a la forma en la que la aut ora describe los
paisajes en sus obras:
“La descripción d e ti pos y p aisajes estaba en el centro de su inter és, que ho y
podríamos llamar a rqueológico, por preservar la peculiaridad cultural de España, y
m ás concretamente de Andalucía.” 758
757 GARCI A DE LA C ONCHA, V., Historia de la Li teratura E spañola, S. XI X, Madrid, Espa sa
Calpe, 1997, p. 663.
758 CASTI LLO, R ., “Los prólogos a las nov el as de Ferná n Caballero y los prob lemas del
realismo”, Le tras de Deu sto, 8- 15, (1978), p. 189.
358
4.3.2. Los pa isajes en relación con las distintas estaciones del año
El tiempo atmosférico en las distint as estaciones del año produce cambios en el paisaje que
ambas autoras reflejan en sus obras. Además, demuestran claramente su preferencia por los
paisajes de la primavera y el estío por encima de las estaciones frías. Se puede observar
que ha y más descripciones de los paisajes donde predomina el buen tiemp o, a pesar d e que
en Inglaterra son más largos los períodos d el año en los que reina el tiempo más contrario y
adverso. En el caso de Fernán Caballero, sí resulta lógico porque el clima bueno del sur d e
España se mantie ne durante la ma yor parte del año.
Según Elizabeth Bowen, en su estudio sobre los paisajes en la ob ra de Aus ten P ersuasion,
la autora se sirve de los paisajes como elementos que le ayudan a caracterizar las
situaciones y a los personajes:
“El paisaje y el paso de las estaciones son parte de la tex tura de la historia. Aquí,
como en nin gún otro tr abajo de J ane Austen reboza la po esía d e la naturalez a de las
montañas, los bosques y el mar.” 759
En todas las obras de Fernán Caballero y Jane A usten se evidencia el am or de las autoras
por la natura leza y más aún por los paisaje s de s us respectivos países. L os típicos verdes
campos ingleses se describen al lector con gran admiración. De igual forma ocurre con el
medio ambie nte d el sur de España aunque se a bien diferente del de Inglaterr a. Ahora b ien,
el grado de admiración de ambas autoras es el mismo.
Aunque ning una de las descripc iones son extensas ni enumeran gr an cantidad de los
elementos de estos paisajes, sin embargo, sí se puede afirmar que estas autoras ofrecen
759 BOWEN, E., “A Masterp iece o f Delicate S trength” , Northanger Ab bey and Per suasion,
Casebooks Se ries, London, The Macm i llan Press, l976, p. 168.
359
unas pinceladas majestuosamente dibujadas con las que s e ilumina en la mente del l ector
de forma muy breve y concisa, lo que las autoras quieren transmitir.
A.Walton L itz tiene una opinión similar al respecto y en esta obra se aprecia claramente el
cambio de las e staciones y las r elaciona con el estado anímico del per sonaj e principal:
“L os capítulos bas ados en Somerset están repleto s de referencias al paisaje otoñal,
el cual domina las emociones de Anne...; mientras que las escenas de Ly me se
suavizan por el paisaje r omántico.” 760
En la obra Sense and Sensibi lity se hace alusión a un pa rque de Londres y , aunque no se
describe, se u tiliza como elemento que a legra la visit a de los persona jes a este lugar.
“El tercer día, sobrepasando su conocimiento de los particulares, fue un domi ngo
tan bonito y tan agrada ble que les llevó a todos a los jardines de Kesin gton aunque
era tan solo la seg unda semana de marzo.” 761
En referencia a este tema, M. L ascelles dirá:
“El paisaje de Jane Austen dice poco en sus nov elas; pero ese poco es la cue stión.
Ella da, como una mujer de campo lo haría, el con dado y la estación y espe ra al ojo
760 WALTON, LI T Z, A., “ Per suasion: Form s of Estrang em ent”, Northanger Abbey and
Persuasion, C asebooks Series, London, Th e Macm illan Pres s, l976, p. 228.
761 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 2 71.
366
“En ese condado (Derb yshire) habí a mucho que ver, lo suficiente p ara ocupar l a
mayor parte de sus tre s semanas; y esto para Mrs. Gardiner tenía una fuerte
atracción pec uliar.” 778
En esta mi sma línea los persona jes d e esta aut ora se puede obs ervar un paralelismo entre el
paisaje y su personalidad. Solo los personajes que tienen una s ensibilidad profunda y
sincera son capaces de valorar y a preciar realmente la naturaleza.
En la introducción que Stephe n Arkin hace a la novela Sense and Sensibility hac e mención
a este paralelismo:
“En la época en la que Jane Austen escribía, que era la época de Coleridge y
Wordsworth, había una creencia firme en que la forma en que un individuo
respondía a la n aturaleza era al mismo tiempo una revel ación de las dispo siciones
de su paisaje interior, que la naturaleza es lo que quera mos que sea y lo qu e
queramos llamarla .” 779
Kenneth L. Moler compara la na turaleza con el lado sensible de las personas.
“Es posible también que algunas de las reflexio nes sobre la naturaleza de la última
parte de Mansfield Park se ha y an diseñado para contrastarlas con las respuestas
pedantes tempranas a la belleza de la naturaleza . ....compara con las rapsodias
778 I dem, p. 264.
779 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, edited wi th an introduct ion and no tes by Step hen Arkin,
Great Brita in, Wordswor th C lassics, 2000, p. 26.
367
sobre los árboles de hoj a perenne y las noches brillante s, el pasaje en q ue Fann y
entre la miseria de Portsmouth, piensa en la primavera en el campo.” 780
Barbara Hard y trata igualmente el tema de la naturaleza en las obras de esta a utora:
“Fa nn y r econoce en la naturaleza las cosas que e stán bajo ella misma, au nque ella
siente una conexión entre ellas, y se muestran con ese humor ligero con el que J ane
Austen modela su solemnidad.” 781
La re lación entre el a mor por los paisajes y la sensibilidad en los persona jes la refleja
también en su obra Clara Tuite.
“Est a sustitución tropoló gica de los arbustos por la memoria, la cual identifica el
amor de la naturaleza con el buen gusto y la sensibilidad (la cuál la poseía Fann y y
Mary no),...” 782
Algunos auto res coin ciden en afirmar que el gusto por el campo y po r la na turaleza se
aprec ia más en las últ imas obras d e J ane Austen q ue en l as primeras. D e las primeras ob ras
se puede decir que es en Sense and Sensibility donde se nota una ma yor atención por los
paisajes y por los ca mbios en la naturaleza con el devenir de las estaciones.
A medida que se va pa sando por las obras de Austen se puede v er cómo en ellas van
aumentando las alusiones a la n aturaleza. Se deb e señalar que estas alusiones no son en
780 MOLER , K.L. ,” The two voices of Fanny Pr ice” , Bicentenary Essay s, Cambridg e, University
Press, l975, p.17 8.
781 HARD Y B., “The objects in ‘Mansfie ld Park ” , Bicentenary Es says, Cam bridge, Univ ersity
Press, l975, p. 19 0.
782 TUI TE C., Romantic Au sten. Sexua l Politi cs and The Literary Canon, Un ited King dom,
Cam bridge Univ ersity Press, 2002, p . 148.
368
ningún caso des cripciones larga s de los paisajes ni de los elementos de la naturaleza. En la
mayor ía de los casos s e trata d e pinceladas majestuosamente dibujadas por la autora .
Descripc iones muy b reves y precisas donde sin embargo se ofrece una visión general y
muy completa d e la escena que la autora quiera hacer v er al lecto r en ese momento. Al
igual qu e ocurre con l a n arración de los ac onteci mientos, Austen describía a l as pe rsonas o
las escenas, con pocos detalles importantes y con los que, sin embargo, se obtiene una
visión mu y completa. El lector sient e que no necesita m ás d atos o más extensión en las
descripciones para conocer lo qu e la autora qui ere transmitir. A. Walton Litz en alusión a
este tema indica:
“Pero con Mansfield P ark empieza a emerger una sentimiento nuev o por la
naturaleza externa, y en Emma se puede en contrar un uso expresivo del paisaje que
contrasta bruscamente co n las descripciones de la ficción primera.” 783
Como ya se ha dicho ant eriormente, Austen dif erencia en sus personajes a los que les gusta
y a los que no les gusta l a naturaleza. Ella se muestr a más inclinada hacia los primeros. Por
esta razón, Maggie L ane señala:
“La observación d e la naturaleza y el disfrute tranquilo de las estaciones son
cualidades esenc iales en los personajes preferidos de J ane Austen.” 784
Al hilo de lo anterior, se puede ver en la obra Sense and Sensibility que la autora contrasta
fuertemente a dos de los personajes principales en cuanto a su relación con la naturaleza.
Por un lado, Marianne a dora y disf ruta enormem ente la naturaleza; por ot ro lado, Edward
783 WALTON LI T Z, A, “New L andscapes” , Pe rsuasion , edited by Patricia Mey er Sp acks, p. 217.
784 LANE, M., Jan e Austen ’s England, Great Britain, Ro bert Hale Lim i ted, l986, p. 62.
369
Ferrars, un personaje típico de ciudad, aunque no es tipificado como un pe rsonaje malo, sin
embargo, sí se sirve de él la autora para continuar con su crítica de todos los personajes d e
ciudad.
Stephen Arkin en su I nt roducción a la obra Sense and Sensibili ty hace mención a este
hecho:
“Otro ejemplo de como cambia el lenguaje según el punto d e vista se encuentra en
las conversaciones entr e Marianne y Edwards Ferrars sobre el paisaje local.
Marianne responde a todo el panorama d e colinas, bosques y plantaciones y habla
de ‘ gra ndeza’; Edward mira la condición de el ca mino, piensa en el i nvierno y
habla de sucie dad.” 785
También en la obr a Pride and Prejudice aparece otro personaje que no sabe valorar la
naturaleza. Es el c aso de Mr. C ollins. Sin embargo, se d ebe destacar que l a visión que la
autora da de este perso naje es muy distinta del anterior y de otros per sonajes e n otras
obras. Por un lado, se puede ve r que est e personaje ti ene su r esidencia en el campo y s e
encuentra a menudo dentro de la obra ocupado en las labores de arreglo del jardín de su
casa.
Se observa más adelante que el personaje posee muchos conoc imientos sobre el campo y
las tierras que ha y alrededor d e su casa. Sin em bargo, se comprueba qu e dando un p aseo
por el campo con otros personajes la autora lo descri be como un gran conocedor de los
parajes del lugar donde v ive, no sabe admirarlos n i apreciarlos. Así durante este p aseo, Mr.
Collins les señala a sus compañeros y les nombra cada uno de los elementos más
785 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, edited wi th an introduct ion and no tes by Step hen Arkin,
Great Brita in, Wordswor th C lassics, 2000, p. 25.
370
significa tivos del paisaje con los que se van encon trando pero realmente no los alaba ni
parece disfrutarlos como lo harían los otros personajes:
“Aquí, marcando el rec orrido a través de ca da camino y cada cruce, y sin permiti r
apenas un momento p ara expresar las alabanzas que él pedía, c ada vista era
señ alada con una ve locidad que dejaba la belleza completamente atrás.” 786
Austen aboga en sus obras por los paisajes tradicionales y por el respeto a los paisajes tal y
como son, sin modificarlos y sin que se note en ellos la mano del hombre. Mee en sus
estudios hace a lusión a ello.
“Su relación emocional cercana con lo que se representa como un paisaj e
tradicional, la avenida de robles de Sotherton, implica que ella está arraigada
emocionalmente al paisaje tradicional inglés d e una forma qu e los urbanos
Cra wfords que son más modernos, no lo están.” 787
Austen critica en sus obras las modas que estaban surgiendo en su época en cuanto a la
decoración de los jardines. En varias obras se pue den leer alusiones a las n uevas tendencias
que surgían en estos tiempos. La s nuevas modas que ve nían impli caban muchos cambios
en los paisajes tradicionales. Se ll ega ba incluso a la tala de grandes m asas de árboles
cercana s a l as casas. Cl audia L. J ohnson en sus estudios sobre Austen hace referencia a
este hecho:
786 AUSTEN, J., Pride and Prejud ice, Great Br itain, Peng uin Book s, 1972, p. 192.
787 The postcolon ial Jane A ust en , ob. cit. , p. 82.
371
“La belleza principal d e un parque consiste en el verde unifo rme; lí neas o nduladas
contrastan unas con otr as en formas muy variadas; los árboles se ag rupan para
producir luz y sombr as para most rar la va riedad s uperficial del suelo; y una franja
indivisible de pasto.” 788
“Dado que la belleza del campo de recreo y l a rentabilidad de una granja son
incompatibles, es tare a del gusto y la prudencia disfrazar al últim o y limitar al
parque de tal forma que se pueda obtener un escenario de parque sin mucho g asto
ni extravaga nci a.” 789
En ning una de las obr as se describe c ómo podría ser un a granja de su ti empo ni se hace
mención al trabajo en el campo. El campo que aparece en estas novelas es más bien el
campo que se asocia con la aristocr acia terrateniente de la época. Tan solo en la obra Pride
and Prejudice se encuentra una alusión a un a granja, aunque sin describir la. Aún así esta
alusión hace que se int ensifique el reflejo de la pobre za en la que vivía la familia del
personaje pr incipal.
“Pero mi querida, tu padre no puede es tar sin los caballos, esto y segura. Ha cen falta
en la gra nja, Mr. Bennet, ¿ verdad?” 790
Carlos Pujol describe también el paisaje del Steventon natal de Austen como un lugar sin
riquezas ni ostentación.
788 AUSTEN, J., Mansfield P ark , edited by Claudia L. Johnson, New Y ork , Norton & Company ,
1998, p. 386.
789 Í dem, p. 387.
790 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 77.
372
“Su Steventon natal era un pueblecillo con po co más d e un c entenar de habitantes
que vivían en modestas casas esparcidas en am bos lados del camino; una tierra
pobre, de verdes colinas sin gran abundancia de árboles. Un poco más lejos rodeada
de olmos, la casa parroquial, entre prados, con s u jardín y su huer ta; una i glesia
muy antigua y una casa solariega , la única residencia señorial del lugar oculta a su
curiosidad por unos sicómoros.” 791
Por otro lado, se d ebe señalar que aparecen personajes que están más relacionados con el
campo y con la natur aleza, en e l s entido en que se mueven m ás por ella físicamente y otros
personajes que no lo están tanto.
En ge neral es siempre la gente joven la que pasea y se mueve por los escenarios naturales.
Los p ersonajes ma yor es, sobre todo los padres y las madres d e los per son ajes principales
aparece n más rel acionados con el hogar y poco deseosos de estar en el exterior, incluso se
puede decir en al guna s ocasiones con cierto temo r a la natura leza ya sea por el mal tiempo
o por lo abrupto de c ierto s paisajes.
Podría decirse qu e los personajes qu e aparecen más frec uentemente en p aisajes exteriores
se les puede considerar, en cierto modo, “libres”, no solo en el movi miento, sino también
en su pensamiento. Tiene n una mentalidad más abierta y más tol erante. El hecho d e ab rirse
físicamente al espacio exterior les ll eva a abrir ta mbién su espacio interior y , con ello, a
cultivar y enriquecer su mente.
En la int roducción a Pride and Prejudice que h ace To n y Tanner hace referencia a este
tema:
791 AUSTEN, J. con notas by C arlos Pujol, ob. c it., p. 14 .
373
“Este tema d el espacio s ocial es important e pero otra cosa se puede decir sobre lo
que nos podemos referir como espacio o franja mental y su efecto en el lenguaje.”
792
“Obviamente esta gente es capaz de pensar fu era de su contexto social y por ello la
mente y la conversación de Eliz abeth no se limita a lo que ella ha visto u oído
dentro de su propia familia.” 793
Los pe rsonajes que se andan y se mueven más po r el campo se caracterizan por tener una
mayor profundidad psico lógica. Mientras los qu e permanecen en el interior de sus ho gares
son más limitados, más simples e incluso más temerosos en muchos aspectos de su vida
cotidiana.
El ejemplo más claro de esto se puede ver en la obra Pride and Prejudice . Es la única de
las obras en la que se puede ver a un person aje f emenino moviéndose por la naturalez a po r
una necesidad real. El camino que recorre Eliza beth desde su casa a la del señor B ingle y
para cuidar de su hermana enferma refleja que el personaje no ti ene miedo de relacionarse
directamente, y a la vez sola, con la naturaleza. Esto a su vez se ref leja en su modo de
pensar, ya que la misma no tiene miedo a las convenciones sociales ni a otros personajes.
Este es, como y a se ha dicho antes, el personaje en el que más claramente se ve la relación
con la n aturaleza. Del mi smo modo su valentía y su capa cidad de tom ar decisiones a la
hora de ha cer sola es e viaje se refleja directamente en su valentía y su capacidad de
decisión personal. Todos e stos ra sgos no se pueden dar si no e s en un pe rsonaje con una
mentalidad clara, abier ta y directa.
792 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 31.
793 I dem, p. 31.
374
“Y Eliz abeth continuó su camino sola, cruzando un campo detrás de otro con un
paso rápido, saltando sobre cercas y sobre charc os con una actividad im paciente, y
encontrándose por fin a la vista de la casa, con los tobillos cansados, las medias
sucias y la cara brilland o con el calor del ejercicio.” 794
En un sentido diferente, pe ro con i gual t rasfondo psicológico, se pue de o bservar cómo el
capitán W entworth se desvía del camino por donde todos pasean para dirigirse a ve r a su
hermana. Se puede deducir de este gesto que su mente no se limita al camino por el qu e
iban, sino que es una mente abier ta y es capaz de dejar al grupo que supone la ma y oría y
no seguir ese mismo ca mino.
“El grupo que caminaba había cruzado el c amino y estaban ascendiendo a un estilo
que estaba en frente, y el Admiral estaba poniendo su caballo en movimiento de
nuevo, cuando el c apitán W entworth salió un momento de la valla para de cirle algo
a su hermana.” 795
De nuevo en esta misma obra se pueden ver a los persona jes p aseando p or los campos y
observando e l paisaje.
“Esta pradera grande bo rdeaba un camino cu y a senda al final de éste había que
cruzar, y cuando todo el grupo alc anzó la verja d e salida, el carruaje que avanzaba
en la misma direc ción y que se había e scuchado durante alg ún tiempo estab a
llega ndo y resultó que era la carroza del Admiral Croft.” 796
794 Í dem, p. 79.
795 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 77.
796 Í dem, p. 76.
375
Emma en la obra homónima sale a p asear por los alrededores d e su casa y se mueve más
que los personajes más may ores de la misma. También ella al ig ual que Eliz abeth es capa z
de separarse del camino principal y del grupo y tomar otro diferente. Esto se corresponde
con su personalida d madura y su capacidad de decisión.
“Ansiosa por sepa rarse de ellos tan lejos como pudiera, pronto cogió un a vereda
estrecha que subía un poco por un lado del camino dejando a los otros juntos en la
parte más a ncha del carril.” 797
Los caminos son fuente de curiosidad para la gente que vive en la tranquilidad de la vida
en el campo. A causa de lo estático de los paisajes, un camino por el que transiten personas
o carruajes de la época es siempre una ex cusa p ara introducir un punto de dinamismo en
dicho paisaje. Este hec ho puede produc ir un cambio en la conve rsación y s uponer un tema
nuevo del que partir, y más aún, entre personajes jóvenes, como s e puede apreciar en l a
cita siguiente .
“Desde el salón no podían distinguir nada en el camino y estab an obligados a
dirigirse a Mr. Collins para s aber que carruajes pasaban y especialmente cuantas
veces Miss de Bourgh pasaba en su carroza, lo cua l nunca dejaba de venir a
infor marles a unque ocurr ía casi todos los días.” 798
797 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 77.
798 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 202.
382
Entre los personajes que saben andar por los caminos y conocen bien el lugar donde viven
se encuentra Mr. Collins en Pride and Prejudice. El person aje se mue ve bien por los
campos ce rcanos al l ugar donde vive y es un gran conocedor de ellos, pero sin embargo no
sabe hacer un alto en el camino para disfrutar d e la belleza de estos. Con ello, la autora
transmite la sensación de que este personaje no tiene la sensibilidad suficiente para
disfrutar y admira r la naturaleza, a pesa r de vivi r en contacto dire cto con e lla, lo que podría
agravar este hecho a ún más.
“Aquí, diri giendo el recorrido a través de todos los caminos y los cruces de los
caminos y no dejándole s apenas un momento para las alaba nzas que él pedía, todas
las vist as eran señaladas con una rapidez que dejaba la belleza completamente
atrás.” 811
Por otro lado, se puede i ndicar que la estrechez y lo reducido de los caminos no permite
caminar en línea a grupos de personas, con lo cual los pe rsonajes tienen que a gruparse en
grupos mu y p equeños o dividirlos y ver de qué forma lo hacen. A usten aprovecha
nuevamente este mot ivo par a diferenciar a los personajes más sensibles de los menos
sensibles de sus obras. S olamente los personajes sensible s se dan cuenta de que los
caminos son vías estrechas por las que ha y qu e dividirse a la hora d e caminar y más aún s e
dan cuenta de que no se puede marginar a ci ertos personajes por este hecho. Estos
personajes se preocupan de que nadie de los que los acom pañan en sus paseos se sienta
discriminado por e l lug ar que oc upa en e l curso del mismo. Pero pa ra esto ha y que tener
una sensibilidad espec ial y no todos los personajes los t ienen.
811 Í dem, p. 192.
383
“El fín de Anne no era e star en el camino de nadie; y aunque los caminos estrec hos
a través de los campos hacían necesario muchas separac iones, se mantení a con su
hermano y su hermana.” 812
“En una banda larga de tierra del prado, donde había espacio amplio para todos,
ellos estaban así divididos, formando tr es grupos distintos. ” 813
“El camino solo admitía a tres. Mr. Da rcy se dio cuenta de su crueldad y dij o
inmediatamente, -Este camino no es lo sufic ientemente an cho para nuestro grupo.
Mejor vayamos a la avenida.” 814
Por último, los caminos se relacionan también con la esperanza . Son una vía de luz en la
oscuridad que ll eva a la luz total. S imbolizan, por tanto, la esperanza e n el alma y los
sentimientos de los persona jes. El anhelo de tiempos futuros que están por lleg ar y en los
que se confía para que mejoren las situac iones p resentes.
En Pride and Prejudice en un a c arta que Charl otte esc ribe a su amiga Elizabeth just o
después de ll egar a Rosings tras su boda con Mr. Collins, este personaje le cuenta que todo
ha sido de su agrado en este lugar nu evo para ella y para esto h ace m ención de las cosas
que más le han gustado y, entre e llas, menciona también los caminos.
“Ella escribía content a, p arecía rodeada de comodidades y no mencionaba nada qu e
no pudiera alaba r. La ca sa, el mobiliario, el vecindario, los caminos, todo era de s u
gusto y el compor tamiento de Lad y Catherine era de lo más amistoso y atento.” 815
812 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 70.
813 Í dem, p. 76.
814 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 97. 814I dem, p. 192.
814 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 70.
814 Í dem, p. 76.
815 Í dem, p. 183.
384
En los verdes campos ingleses, debido a la gran cantidad de precipi taciones existen
numerosos ríos, arroyos, lagos y todo tipo de lugares donde se recoge este agua de lluvia.
El verde de los campos g ana en armonía con el azul o el transparente del color del a gua,
que corre o se acumula. Nueva mente se debe recordar que la autora no describe con
profundidad ninguno de estos lugares dond e se encuentra el a gua. Pero tampoco deja d e
mencionarlos y en ocasiones los describe al le ctor con unas pocas característica s mu y
simples pero con un a habilidad que hace qu e el lector sea perfectamente capaz de
imaginar se ese lugar que, por otro lado, se presenta casi siempre como idílico.
Del mismo modo, por la forma de d escribirlos d e la autora, sus palabras denotan un gusto
especial e l hecho de que estos lugares estén precisamente en su país.
Pues bien el primero de los lugares dond e se e ncuentra el a gua y que se enc uentran más
frec uentemente en las ob ras de Austen son los ríos. No son grandes ríos lo s que aparecen
en sus obras, sino más bi en ríos pequeños o arro yos que circulan cercanos a las casas y por
lugares por donde los personajes suelen dar sus paseos.
En la siguiente descripción de la o bra Pride and Prejudice se puede v er claramente el
hecho y a mencionado anteriormente de que la autora no describe el río con profundidad.
Pero, eso sí, con una simple mención de éste en dos ocasiones, el lector puede im aginarse
fácilmente toda la belleza de la escena:
“Entraron en los bosques y despidiéndos e del río para un r ato, subieron a u no de los
campos más a ltos de sde donde, e n partes donde la abertura de los árbole s daba al
ojo poder para expandirse, había muchas vistas del valle preciosas; las coli nas
delante con la fila lar ga de bosques ex tendiéndose sobre muchos, y oc asionalmente
parte del arroyo.” 816
816 Í dem, p. 274.
385
También se enc uentran algunas alusiones en este apartado del agua al mar y l a pla ya . En el
capítulo sobre la biografía de Jane Austen se explica que a la autora l e gustaba más el
campo que la pl a y a y que en las ocasiones que tuvo que viajar a la ciu dad de Bath fu e
siempre por necesidades de su f amilia, y no por el gusto su y o. De todas formas se debe
señalar que al igual que era una persona sensible en cuanto a los paisajes de interior, esta
sensibilidad la mostraba también a la hora de admi rar los paisajes marítimos, por ello
encontramos en sus obras algunas descripciones muy be llas de este tipo de paisajes. Así, en
Persuasion, se puede leer esta hermosa descripc ión de la ciudad costera de Lyme:
“Su bahía dulce y retirada, daba la espalda a preci picios oscuros, dond e fragmentos
de rocas b ajas entre las arenas hacían de esta es cena la más bonita para ver el fluir
de las olas y para senta rse a contemplar las sin cansarse.”
“Ellos fueron a la arena a ver el fluir d e las olas que una brisa fina del sureste
estaba tray endo con toda la grandeza que una orilla tan fina admitía.” 817
Incluso en la obra Mansfield Park se puede ver una descripción encantadora del mar a
pesar de ocurrir el hecho de que el personaje prin cipal no disfrutó en absolut o su visita a
esta ciudad c ostera.
“Y todo se veía tan bo nito por la influencia d e este cielo y los efectos de las
sombras pro yectándose u nas en otras, sobre los barcos de Spithead y la isla de más
abajo...” 818
817 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., pp . 81, 87.
818 AUSTEN, J., Mansfield P ark , ob. cit., p. 278.
386
En la obra Sandition, obra incompleta que se d esarrolla en ciudades cost eras, aparece la
siguiente de scripción de un paisaje marítimo.
“La br isa más pura y fina del mar en la costa -como y a es sabido- un baño
excelente en arena dura y fina de aguas profundas a diez yarda s de la orilla, nada de
barro, na da de algas, nada de rocas con fango.” 819
Además de los ríos y las play as se encuentra también en la obr a Pride and Prejudice una
alusión a los lagos y, aunque no se les describe de ninguna manera, sí que se les relaciona
con la ilusión de experiencias positivas que están por llegar.
“La visi ta a los l agos er a ahora objeto de sus pe nsamientos más diferentes; era su
mejor consuelo para todas las horas de incomod idad q ue la falta de al egría de su
madre y de Kitt y hacían inevitables.” 820
Se debe señalar que todas las refe rencias tanto a l os elementos de la naturaleza, en g eneral,
como a los ríos, en p articular, se encuentran cuando el personaje p rincipal viaja a
Pemberley. Por lo tanto, la relación d e este lugar con el agua s e puede entender como una
señal de buen augurio.
“Ahora habían entrado a un bonito c amino junto a la orilla d el a gua y cada paso
traía una caída más nota ble del terreno, o un alcance más pr eciso de los bosques a
los que se estaba n acerca ndo.” 821
819 AUSTEN, J., Sandition, o b. cit., p. 160.
820 AUSTEN, J., Pride and P rejud ice, ob. cit., p. 263.
821 Ídem , p. 273.
387
En muchas ocasiones, aunque Austen no describe los paisajes que mencio na en sus obras,
sin embarg o, se puede afirmar que por las palabr as que emplea en sus descripc iones, se ve
que la a utora está encantada con estos paisaje s y se re fiere a ellos como s i se trataran de
auténticos paraísos.
“A un lado pod emos ver la pista det rás de la casa, un bonito bosque en pendiente, y
en el otro lado tenemos una vista de la iglesia y del pueblo, y b ajo ell os, esas
hermosas colinas escarpadas que tantas veces hemos contemplado.” 822
El amor que la autora siente por la naturaleza se puede apre ciar en much as de sus obras
gracias al esmero con que hace las descripciones.
“Y, sobre todo, Pinny, c on sus abismos verdes entre roc as romántic as do nde los
bosques dispersos de á rboles y los huertos que han crecido lujosamente declaran
que muchas gene raciones han pasado desde que el primer derrumbe parcial del
precipicio preparó la tierra para un estado como éste, donde se exhibe una esc ena
tan maravillosa y tan e ncantadora.” 823
Carlos Pujol hace referencia también a la forma en que ésta se refiere a l os paisajes en sus
obras:
822 AUSTEN, J., Sense and S ensibilit y, ob. cit., p. 9 8.
823 AUSTEN, J., Persuasion, ob. cit., p. 81.
388
“Y sin embargo Jane Austen va a inventar un mundo tranquilo, un remanso de paz
en el que la costumbre y el deco ro se han convertido en le y es inviolables.” 824
Y nada mejor que terminar este capítulo con la escena en la que el personaje de Emma en
la obra de título homónimo después de oír la anhelada declaración de su amado, colmada
de felicidad, mira a su alrededor y siente que e stá en el mismo paraíso.
“Se sentaron a tomar el té -el mismo grupo alrededor de la mesa- ¡cuántas veces lo
habían hecho! ¡Y cuántas veces sus ojos h abían mirado los mismos arbustos en
medio del césped y observado el mismo efecto precioso de l sol por el oeste!” 825
4.4. Los árboles y las plantas
En todas las obras de Fernán Caballero y de J ane Austen se pueden enco ntrar alusiones a
la flora de l lugar en el que se desarrollan sus historias.
Como ya se ha dicho anteriormente, tanto Cecilia Böhl de Faber como Jane Austen eran
unas grande s admiradora s del campo y de todos y cada uno de sus elementos.
Así, en las obras de ambas escritoras en contramos referencias a especie s autóctonas de
Ing laterra, en el caso de Jane Austen, como el roble, el n ogal o el olm o; y de Andalucía en
Fernán Caballero : el olivo, el pino o la higuera.
824 JANE AUS TEN, con nota s de Carlo s Pujol.
825 AUSTEN, J., Emma, ob. ci t., p. 383.
389
Ambas coinciden en valorar más los árboles tradicionales y centenarios que los árboles
jóvenes o peque ños. En g en eral, los que aparecen descritos más frecuentemente son
ár boles grandes, robustos y frondosos.
Aunque e n menor medida, en el c aso de Austen, apa recen también referencias a algunos
árboles fr utales, como lo s perales, naranjos y limoneros.
En las obras de estas autoras contrasta la flora inglesa y andaluza. Mient ras que en el
paisaje inglés de Austen ha y grandes bosques de árboles altísimos, en el andaluz de Fernán
Caballero apare cen pinos carra scos, cipreses o palmeras pero aparecen casi siempre como
ejemplares aislados o en grupos muy reduc idos.
También aparecen muchas descripciones de plantas. Entre ellas, en el caso del campo
típico inglés hay alusiones a arbustos, matorrales y a cereales como el trigo y el maíz. Se
encuentran vege tales y plantas típicas del huerto como la patata.
En el caso del campo an daluz , destac a el h echo de que se m encionan una gran cantidad d e
plantas diferentes, que en muchos casos no son conocidas por los ciudadanos. Fernán
Caballero no solo los nombra en sus obras, sino q ue los describe y los sitúa cor rectamente
en su lugar, lo que da la idea al lector de que debió estar enormemente interesada en todo
lo que se refería a la flora tí pica andaluza.
Asimismo, en las obras de ambas autoras aparecen nombres de frutas muy variadas como
pueden ser las fresas, los albaricoques y las uvas.
Po r últim o, estas autoras hacen mención a las flores cuando se describe n con gusto los
paisajes rura les. Entre l as flores preferidas de las autoras se encuentran las rosas, los
geranios, los jac intos, las viol etas, las azucena s, el jazmín o el clavel.
390
4.4.1. Tratamiento de las descripc iones de los árboles y su simbolismo
Fernán Caballero y Aus ten sentían una admiración especial por los árboles g randes y
centenarios. Por ello apar ecen en sus obras mu chas alusiones a á rboles tales como el roble,
el olmo, el noga l, el castaño, el ciprés, etc.
En las obras de Fe rnán Caballero se encuentra u na gran cantidad de alus iones tanto a los
árboles como a las plant as y estas se encuentran tanto en las d escripciones de interiores
como de exteriores. L a autora se refiere c asi siempre al campo andaluz. Sin embarg o, la
primera referencia a un árbol que se puede leer en la novela La Gaviota se refiere al campo
alemán del que proc ede el personaje masculino principal de la obra. S e encuentra en una
conversación entre Stein y el duque de Almansa e n el que este dice:
“Ba jo los tilos que hacen sombra en la puerta de mi casa abracé po r última vez a mi
buen padre y a mi querida madre... ¿Y qué me queda ahora? I r a reposar mi cabeza
y mi corazón a la sombra de los tilos de la casa pat erna.” 826
A partir de aquí el lector está situado en el campo andaluz, no tan frondoso como el
alemán, y en el cual se p uede observar a este mis mo personaje hu ye ndo d e un toro “entre
carrasca s y lentiscos” 827 .
Javier Herrero descibe c arac terísticas de l os árboles tales como: antig üedad, sombra, fe y
tronco. Así, en la visi ta de Stein a Sevilla en L a Gaviota se dice: “En la orilla opuesta se
826 CABA LLERO , F., La Gaviota, Madr id, Espasa C alpe, 1991, p.80.
827 Ídem , p. 82 .
391
alzaba el convento de lo s Remedios, con su corona de cipreses, cu y as elevadas copas se
erguían soberbias.” 828
Esta predilección de Fernán Caballero por el mu ndo arbóreo tiene relación con la h erencia
familiar. Y así, en un ensayo de la madre de la autora titulado “Cintra” , recogido por
Béc her 829 se mencionan muchos árboles: robles, naranjos, álamos, cipreses, olivos y
laureles. En ellos se observa que la pasión que Fernán Caballero siente por el campo
andaluz es en buena parte heredada de su madre.
Por otro lado, en una carta que Fernán Caballero le escribe a su ami go J uan, recogida por
Dieg o de Valencina, se d efine a sí m ism a de la siguiente forma: “So y un roble que no hay
temporal, por recio que sea, que lo desarraigue ni aún lo doble.” 830
Los árboles simbolizan la tradición. No solo la tr adición de padres a hijos, sino también la
tradición c atólica. La costumbre de cuidar, regar, podar y t alar los árboles se entiende
como una señal de obedi encia y resp eto a los mayores. L os hijos deben h acerlo igual que
lo han visto hacer a sus padres. En La Ga viota Fray Gabriel también cuida los árboles del
convento al i gual que su s antec esores: “Pero des de que se vendió la noria, no puedo regar
ni un palmo de tierra; de modo que se e stán secando los naranjos y los limones.” 831
Tanto Fernán Caball ero como Jane Austen hac en alusión en sus obras a numerosos
árboles. En el caso de Fernán Caballero, los árboles aparecen acompañando a las casas.
Uno de los árboles más comunes son los cipreses. Según Cirlot 832 , el ciprés es el árbol
consagra do por los griegos a su deidad inf ernal. Los latinos ratificaron en s u culto a Platón
828 CABA LLERO , F., La Gaviota, ob. cit. , p. 255.
829 BECH ER, H., “Pensam ientos españ oles de d oña Fran cisca de Lar rea Böhl d e Faber”, Bole tín
de la Biblio teca Menénd ez Pelayo , 316-335 (1931 ); 1 (1932), p . 99- 110.
830 VALENCINA , F.D., de. “Cartas familiares de Fernán Caba llero”, Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, II (1907), p. 112.
831 CABALLERO, F., La Gaviota, ob. cit., p. 94.
832 CIRLOT, J. E., Diccionario de Símbolos, Barcelona, Labor S.A., 1978.
398
En las obras de Fernán Caballero no se encuentran apenas referencias al roble, al olmo o
al nogal tal y como corr esponde al paisaje del campo andaluz. Sin embarg o, sí que ha y
alusiones a árboels qu e también son altos y grandes, como el pino, la p almera y la higue ra.
Estos árboles no suelen a parecer en grandes grupos, sino más bien aislados rodeando a las
casas. De todas formas, Fernán Caballero los describe con la misma admiración con la que
lo hace Austen.
Los escasos bosques que se encuentran en Andalucía se co mponen normalmente de pinos .
Según Becher 851 , la blanca poblac ión de Chiclana resaltaba entre el p erpétuo verdor de sus
bosques de pinos. Así, será en la obra Clemen cia, donde más alusiones se observa a los
pinos:
“En el mismo vallado se levantaban dos a ltos pino s...”
“L os pinos se pusi eron a susurra r aún más suave mente pareciendo imponer silencio
a la natura leza con su dul ce ceceo para oír la palabra de Dios.” 852
En estas novelas también se encuentran higueras y olivos. Según C hevalier 853 , con el olivo
y la vid, la higuera es un o de los árboles que simbolizan la abundancia, pero también tienen
su aspecto ne gativo: puede conv ertirse también en el árbol malo y en la simbología
cristiana, re presenta la Sinag oga, que, por no haber reconocido al Mesías de la Nueva
Alianza, no lleva y a f rutos. Árbol sagra do de las tradiciones indomediterráneas, la higuera
está asocia da frecuentemente a ritos de fecundación.
Así, en La familia de Alvareda se halla esta descripción del cor ral de la casa:
851 BECH ER, J., “Pensam i entos españo les de doña Fra ncisca de La r rea Böh l de Fab er”, Boletín de
la Biblioteca Menéndez Pelayo, 316- 335 (1931); 1 (1 932), p. 1- 45.
852 CABA LLERO , F., Clemencia, ob. cit., p p. 199, 200.
853 CHEVALI ER, J., Diccionario d e los Sím bolos, Barcelona, He rder, 19 86.
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