Full text
Universida d de Málag a
Dpto. Filologí a Españ ola, Italiana, Rom ánic a
y Teoría de l a Literatu ra
LOS ROMANCES D E SAN JUAN DE LA CRUZ.
CONTEXTUALI ZACI ÓN HISTÓRI CO-LITERARI A Y
ANÁLISI S INTERTEXTUAL
Vol. I
Tesis Doctor al de
M ª JESÚS T ORRES JI MÉNEZ
Dirigida por l a Dra. Dña. Am paro Quiles F az
Málaga 2015
AUT OR: María Jesús T orres Jiménez
http://orcid.or g/0000-0003-1881-1226
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
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No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer
obras derivadas.
Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de
Málaga (RIUMA): riuma.uma.es
AGRADECIMI ENTOS
Cualquier estudioso es cons ciente de que t oda obra de investi gación
requiere un gran esfu erzo individual, pero tambié n reconoce que el
desarrollo de la misma es fru to de u na labor colectiva, cuya apo rtación
hace posible que el p royecto sea culmi nado.
Por ell o, en primer lugar deseo ex presar mi recuerdo y mi má s
profundo agradeci miento a D. C ristóbal Cuevas García, que comp rendió
mi en tusiasmo y ad mir ación por la ob ra sanju anista y confió en mí para
investigar la obra más ol vidada de San Juan de l a Cruz, sus r omances, obra
que a él tanto le hubiera gustado inda gar. En segundo lu gar, a la Dra. Dña.
Amparo Quiles, que ac cedió a continuar la lab or iniciada por el maestro y
que mediante sus co nsejos metodológic os y a sus palabras, sie mpre de
motivación y entusias mo, cont ribuyó a que este proyecto llegara a su fin.
También mi agradeci miento a una reducida nómina de excelentes
profesores amigo s, cuyas orientacione s enriquecieron mis ideas y me
abrieron intere santes y valiosas persp ectivas investigadora s.
En mis agrad ecimiento s ocupa n un lu gar muy destacado miembros
de la orden carmelitana, en especial el padre Fernando Donaire, prior del
Convento de los Carmeli tas d e Úbeda, que c on generosid ad sanjuan ista
nos abri ó las puertas de su conven to, nos permitió acceder a la biblio teca
privada y conoc er prim eras ediciones de la s obra s del santo y nos brindó la
oportunidad de pa sear por el huert o y los cla ustros , donde San Juan pasó
los últimos días de su v ida. Al padre Juan Hida lgo, prior del co nvento de
los Carmelitas de Córd oba, y a don Rafael Martín Por tales, bibliotec ario
del convento, que con profesio nalidad, eficacia y siempre con suma
amabilidad, me sacó de más de un atolladero.
Igualmente, a todo el personal a dmini strativo de la Biblioteca de la
UMA, donde nunca hubo obstá culos sino siempre solucion es a los
problemas que se me iban pres entando.
Mi más sincero agrade cimiento al catedrático D. Juan Jesús Zaro,
que nos puso en contacto con las an tiguas alumnas de la Escuela de
Traducción e Interpret ación, Pilar R ayo y Mart a Marchal, cuyo ap oyo
técnico, eficacia y amabi lidad han sid o inestima bles.
A mi querida familia y amigo s, que en tan tos momentos me han
animado a seguir adelante, y, muy espec ial mente, a Mike Truman, el
“doctorando con sorte”, por su apoyo lo gístico y téc nico y, sobre todo, por
estar siempre a mi lado en los momentos de desánim o y confiar sie mpre
en mí y en e ste proyecto. Mi profun do a gradecimien to a mis seres
queridos ya ausen tes, porque su re cuerdo ha sido un estímul o constante.
Y, cómo no, a fray Juan de la Cruz, que me ha permitido goza r de
sus versos y de sus ex periencias y a quien no le gustaban las perso nas
pusilánimes. Ha sido para mí un modelo de firmeza, constancia y
pa ciencia, que he in tentado se guir a zaga de su huella.
Por último, quede constancia de mi agradeci miento a toda s aquellas
personas que, de al guna manera, han con tribuido a la realizació n de esta
tesis, aunque no hayan sido ex presamente citada s.
Málaga, 28 de Octubre de 2015
ÍNDICE
Vol. I
INTRODUCC IÓN ……………… ………… …………………… …
3
PRIMERA PA RTE . EL PENSAMIE NTO DE S AN J UAN DE LA C RUZ EN
SU CONTEX TO CULTU RAL Y RELIG IOSO ……………… ……… ….
37
1.
B AJO EL SIG NO DE LA MA RGINACIÓN . C ONS IDERACIONES SO BRE LA
BIOGRAFÍA DE S AN J UAN DE LA C RUZ ………… ………………. .
39
2.
L A FORMACIÓN CULTURA L E INTELECTUAL DE S AN J UAN DE LA C RUZ ..
55
3.
E L CONTEXTO HIST ÓRICO Y CULTURAL …………………………. ..
82
3.1.
Consideraciones previas ………………… …………… ….
84
3.2.
Espiritualidad, hu mani smo erasmi sta e iluminismo e n la
primera mitad d el siglo XVI …………………………… ...
88
3.3.
Década de 1550 a 15 59. “Corren tie mpos recio s” …………
10 3
3.4.
El Concilio de Tr ento y su influencia en la espiri tualidad de
la Contrarreforma …… ………………… …………… ….
10 9
4.
C ONFIGURACIÓN DE LA D OCTRINA T EOLÓGICO - MÍSTICA SA NJUANISTA
120
4.1.
La Patrística en la c onfiguración teológico -mí stica de
San Juan de la Cruz ……………………… ………… …...
121
4.2.
El dogma de la San tísima Trinidad ……………………… .
1 32
SEGUNDA PA RTE . ES TUDIO LI TERARIO …… ……………………. .
14 5
1.
L AS RAÍCES ……………………… ………… …………………
14 7
1.1.
La lírica en la tradició n cristiana …………………………..
14 7
1.2.
La lí rica religiosa en los cancioneros colec tivos del siglo XV
y principios del X VI. Del Cancionero de Baena al C ancionero
general ………………………… ……… …………… …...
150
1.3.
Fray Íñigo de Mend oza, fray Ambro sio Montesino y Juan
Álvarez Ga to ………………… ………… ………… ……
160
1.4.
Otros poeta s de la époc a de los Reyes Católico s: fray Juan de
Padilla, Juan del Enci na, Juan de Luzón y Mosén Juan
Tallante ……………………………… … ………………
18 5
1.5.
Fray Bernardino d e Laredo, un represe ntante de la
espiritualidad fr anciscan a …………………… ………… ....
191
1.6.
Poetas y cancionero s de la segunda mi tad del siglo XVI. Del
Cancionero espiritual de 1549 a Jorge de Mon temayor. El
Garcilaso a l o divino de Se bastián de Córd oba … ……………
19 7
1.7.
Cristóbal Cabrera y Jua n López de Úbeda, co etáneos de
San Juan de la Cruz. C oincidencias líricas y temática s en su s
obras ………………………… …………………… …....
215
1.8.
La lírica carmelitana en tiempo de San J uan de l a Cruz ……
233
2.
L A POÉTICA SA NJUANIS TA ………… ……… …………… ……….
24 9
2.1.
Técnicas de la creación li teraria sanjuanista. Las “dos
sendas” ……………………… ……… …………… …...
24 9
2.2.
Ideas, símbolos e i mágenes recurren tes …………………...
26 7
TERCERA PA R TE . LOS ROMANC ES SAN JUANISTAS : IN PRINCI PIO
ERAT VE RBUM Y EL SA LMO SUPER FLU M INA BABILO NI S ……… …
301
1.
L A POÉTICA DEL ROMA NCERO . TEMAS Y FÓRMULAS DEL
GÉNERO LÍRICO NAR RATIVO ……………… …………… ………..
303
1.1.
Origen y tema s del Romancero ………………………… ...
303
1.2.
Estructuras lírico -narra tivas …………………………… ...
31 4
1.3.
La métrica …………………………… … ………………
31 6
1.4.
La formulística y o tros recurso s poético s …………………
31 8
1.5.
Lo espiritual co mo contr afactum de lo épico ………………...
329
Vol. II
2.
L OS ROMANCES “S OBRE EL EVANGELIO I N PRINCIPIO ERAT V E RBUM ” Y
S UPER FLUMINA B ABILO NIS ……………………………… ……...
373
2.1 .
Manuscritos y edicio nes ………………… …………… ….
373
2.2.
El texto de los Ro mances. Criterio s de edición …………….
378
2.3.
Fecha y circunstancias d e su compo sición …… …………...
393
2.4.
La poética de los roman ces sanjuanistas ………………….. .
405
2. 4.1. La métrica: el rit mo poético y la musicalid ad ………...
409
2.4.2. El léx ico ………………… ……… …………… …..
420
2.4.3. La adjetivación ……………………… …………….
426
2.4.4. Uso peculiar de la s formas verbale s …………………
431
2.4.5. Otros rasgos po éticos de los ro mances sanjuanista s ….
447
3.
E L ROMANCE “ S O BRE EL EVANGELIO I N PRINCI PIO ERAT V ER BUM
ACERCA DE LA S ANTÍSIMA T RINIDAD ” …………………………. .. ...
462
3.1.
El título ……………………………… …………… …....
462
3.2.
La composición y es tructura del texto …………………….
462
3.3.
Comentario intertext ual desde una pers pectiva poética y
doctrinal ……………………………… …………… …...
473
3.3.1. La relación intra trinitaria …………………………...
473
3.3.2. La creación … ……………………… …… ……… ..
503
3.3.3. Encarnación y Nacimiento …………………………
523
4.
E L ROMANCE S UPER FLUMINA B ABILONIS …………………………
557
4.1.
Los Salmos y su proyección en la lí rica renacen tista.
Jorge de Monte mayor, Diego Ra mírez Pa gán y Fray Luis de
León ………………………… ………… ………………
557
4.2.
“ El romance según el S almo 136 ” de J. López d e Úbeda.
Convergencias y diver ge ncias con el ro mance sa njuanista …..
577
4.3.
El romance “O tro del mismo que va p or Sup er fl umina
Babilonis ” de Sa n Juan d e la Cruz ……………………… …
585
4.3.1. San Juan de la C ruz y la ex égesis bíblica ……………..
585
4.3.2. Las interpolacione s del romance de San Ju an en el
texto bíblico co mo proy ección de su experien cia vital
y religiosa ……………………………… … ………
589
4.3.3. La formulística de l romancero en el salm o sanjuanista
596
4.3.4. C omentario intertex tual desde una perspe ctiva poética
y doctrinal …………………………… … ………...
602
CONCLUSIONES … … ………………… … ………………… …….
62 9
A PÉNDICES … ………………… …………………… …………. ..
64 1
A PÉNDICE I L ÁMINAS ………………… … ………………… … …
64 3
― Manuscrito de Sanlúcar …………………… …………..
64 7
― Manuscrito de Jaén …………………… ………………
67 1
― Documen tos de la Biblioteca del Co nvento d e los
Carmelitas de Úbeda ……………………… ………… ..
69 5
― Documen tos del Mus eo de San Juan de la C ruz de Ú beda
703
― Documen tos de la Biblioteca del Co nvento d e los
Carmelitas de Córd oba ………………… …………… ..
717
A PÉNDICE I I. T EXT OS A FIN ES …………… … ………………… …
73 1
B IBLIOGR AFÍA ……… ………………… …………………… …...
775
INTRODUCCI ÓN
8
INTRODUCCIÓN
falta de interés po r los mal llamados “poemas men ores” , y cita ndo
sus palabr as aclarab a:
El rótulo parece, además de injusto peligroso, pues sitúa en un plano
secundario a composiciones de altísima calida d, disuadiendo tal vez a
muchos a dedicarles la atención que se merecen. Aquí tienen los
filólogos un rico ca mpo de análisi s, de frutos potenc ialmente
ubérrimos […]. E s curio so, por ejemplo, que no se haya dedicado
todavía a los romances un trabajo crítico - li terario de conjunto
comparable a los que abundan en torno a Cántico, Noche y Llama .
4
Hay que reconocer que, si los romances no alcanz an la altura
lírica de las llam adas ob ras mayores que convierten a estos en la
cumbre de la poesía española , los romances, no obstante, sin p erder
la belleza lírica, ganan en hondura d e contenido doctrinal, y,
también hay que decirlo, su grad o de lirismo es muy superior a la del
resto de los poetas qu e en su tiemp o ensayaron l a m isma f órmula.
Así co mo ponemos de relieve la esc asez de estudi os li terarios
sobre los romances , éste n o es el caso de los estu dios r ealizados
desde la perspectiva de hermenéutic a teológica, co mo los estudios
del padre Silverio de Santa Teresa, Crisóst omo de Jesú s y Lucinio
Ruano. En 19 46 el P. Efrén de l a M adre d e Dios e sbozó el tem a e n
su tesis d octoral, San Juan de la Cruz y el misterio de la Santísima
Trinidad en la vida espiritua l . Más recientemente, han aparecido
estudios, como los de José Vicente R odríguez y Federico Ruiz, o
4
C. Cuevas, “La crítica filológica -literaria sobre San Juan de la Cruz: en torno al
Centenario (1991 )”, en S. Ros García (coo rd.), La recepcición de los místicos: Teresa de Jesús y
San Juan de la C ruz , Salamanca , Universidad Pont ificia de Salamanca , Centro
Internacional Teresiano-Sanj uanista, 1997, pp. 381 - 382.
9
INTRODUCCIÓN
Salvador Ro s, que inc iden tangen cialmente en el tema; otros, como
los de J. Damián Gaitán, Ism ael Bengoechea, Baldomero Jimé nez
Duque, Miguel Ángel Díez y Xavier Pikaza lo tratan en profundida d
y ellos nos han ser vido de guí a en este estud io.
El hecho de que los romance s no hayan tenido la difusión de
que han gozado y gozan los poemas m ayores de San Juan es
fácilmente exp licable. Es precisamente su conteni do doctrinal el
mayor obstáculo para el acceso estético y literario a los textos . En
consecuenci a, nuestro acercamiento a ellos se ha real izado con la
intención de contribui r modestame nte a su esclarecimi ento desde un
punto de vista filológ ico y doctrinal a la vez, sin perder de vista,
claro está, la perspect iva histórica-cultural, sin la que es imposible
llegar a la ca bal compr ensión de la o bra.
A la hora de elegir una metodología, fue decisiva la lectur a de
un artícul o de la Car men Bobes, “Lect uras del Cántic o espiritual
desde la es té tica de la recepción” , pu blicado en el Simposio de San
Juan d e la Cr uz (Áv ila, 1986). La t eoría o est ética de la re cepción nos
permitía hacer un análisis de la obra literaria, no ya desde el punto
de vis ta del estru cturali smo co mo ob ra cerrada en sí misma, sino
desde una perspectiva más amplia e inter dis ciplinar. En la teoría de
la recepción se tiene en cue nta el momento histórico d e la aparici ón
de la obra , el context o social en que se crea y su destinatario , el
estudio del género, así como los valores es téticos de la mism a. Es
cierto que algunos aspectos se aparta n de lo es trictam ente filológico,
pero , desde nuestro punto de vist a, enriquecen la valorización global
10
INTRODUCCIÓN
de la obra. De a hí el tí tulo de la tesis: “Los r omances d e S an Juan de
la Cruz. Conte xtualización hi stórico-literaria y análi sis interte xtual.”
Antes de a nalizar cada una de las partes de l a te sis quisiéramos
aclarar aspectos que han sido decisivos a la hora de enfrentar nos a la
misma. En primer lugar el a utor titula los nue ve romanc es
“Romance sobre el evangel io In principio er at Verbum acerca de la
Santísima Trinidad ” y el número diez “Otr o del mism o que va po r
Super flumina babil onis ”. Los nueve romances son co nsiderado s po r el
santo como u na sola obra, puesto que lo escri be en singul ar y, por
otra pa rte, el título de ambas ob ras no deja lugar a d udas: se trata de
romances, cuyo tema es e l teo lógic o y espi ritual. No hay
ambigüed ades, pues, en cuanto al contenid o temátic o en princip io.
Super flumina Babilonis requeriría una mención aparte, ya que si el
autor no m encionar a el título ni a Cristo, y los ríos de Babilonia se
tr ansformaran en el Ta jo, por ejemplo, se tratar ía de un romance
lírico-narrativo de tema amoroso exclusivament e. Pero,
efectivame nte, los romances reflej an un a temática purame nte
religiosa, con lo cual la metodología para acercarnos a su obra ha
tenido que s er inter disciplinar.
En la primer a parte de la inv estigación se desarrollan aspecto s
biográficos del autor para describir las circunsta ncias vitales en que
creó la ob ra y el ambiente histórico y espiritual de la segunda de
mitad del siglo XVI d el que el auto r part ic ipa. Par a e llo hemos
utilizado las ob ras de autores e histor iadores de reconocida
solvencia. Para los d atos biográfic os hemos hecho uso de la
11
INTRODUCCIÓN
biografía del Santo que realizó Crisógono de Jesús, a partir de la cual
se realizaron las posteriores investigacione s biográficas, entre ellas
los estudios parciales de T. Egido y la más reciente bi ograf ía d e J. V.
Rodríguez (201 2), en que nos hem os basad o.
Por otra parte, y dedicándole otro apartado especial , hemos
analizado la formació n cultural , teológica e intelectu al d e San Juan
de la Cru z, a tr avés de las invest igaciones muy complet as de C.
Cuevas y L. E. Rodrígu ez- San Pedro , que nos han ayudado a
entender l a génesis y d esarrollo del pensamie nto sanjuan ista.
De todos estos aspectos biográfic os destac aríamos l a extrem a
pobreza que vivió el S anto desde su infancia y a lo largo de su vi da
como una condició n vital y como una op ción person al. De ahí la
persistenc ia de su doctrina del desasimient o total: a pa rtir de la nada
lograr el Todo. Es desde y en la pobrez a donde San Juan pr oyecta
su vida y crea su obra. Y la r adicalidad de esta la exper imentó en la
cárcel de Toledo por las terrible s co ndici ones vitales que sufrió en el
convento de los Calzados de Toledo, des de el 3 d e diciembre de
1577 a la víspera de la Asunción de 157 8, fecha en que logró
escapar. Y fue en esas c ircunstanci as ex trema s e n las que
experiment ó las más altas vive ncias espiritu ales y creó una parte de
su obra poét ica de un lirismo sorpre ndente, entre ellas los die z
romances, junt o a la glosa d e “La fonte” y las trei nta y una liras
primeras de l Cántico Espiritual.
Pero, a pesar de esta su extrema pobreza, recibió una
formación intele ctual privilegi ada: en Medin a del Campo estudió en
12
INTRODUCCIÓN
el colegi o de la Compañía y el pa dre Juan Bonifacio, exc e pcional
profesor, inició a Sa n Juan en los estudios humanistas de Gramática,
de Retórica y de Artes. Poste riormente, y ya en la Orden de l
Carmen, realizó sus estudios en la Univers idad de Salam anca, la má s
prestigiosa de España en Human idades, Derecho y Teologí a durante
el siglo XVI. Fue allí donde se inici ó en los estu dios del
escolasticism o tomista y estudios bíblicos. Pero su cultura fu e
mucho más amplia: sus lecturas individu ales de la Biblia y de la
Patrística , posiblemente a través del Breviario, influ yeron también
en la configura ción de su teología mística, además de la mí stica sufí,
si no directamente a travé s de otros escrito res como Ramón Llul l,
Osuna, Lared o… de cuyas obras se puede observar su huel la en la
obra sanjuanista . Tam poco podemos olvidar la influencia en su obra
de la cultura popular , de la que se sustentó en su infancia en Arévalo
y Medina .
En d efinitiv a, su cultura e s amplia y sincr ética, pues vivió la
atmósfera que se respiraba en a quellos años de la se gund a mitad del
siglo XVI es pañol, im buido del espíritu tri dentino y erasmista, de la
belleza y elega ncia de la líric a culta, de la lírica popul ar y del
ambiente musical y lí rico del C armelo que, unido a su exquisita
sensibilid ad y a una experienci a espiritual excepcional , hace que su
obra literaria y mí stica sea únic a, inimita ble y atempor al.
Siguiendo con la teoría de la recepción, nos pareció importante
destacar el ambiente histórico , cultural y espiritu al en que
transcurrió su vida y cre ó su obra poética y d octri nal, pues el s anto
13
INTRODUCCIÓN
vivió inmerso en una de las épocas más ricas, interesantes y más
convulsas de la historia española y él fue hi jo de su tiempo. Para
recabar informació n sobre e sta época nos he mos basado en el
estudio imprescindible de Ma rcel Bataillon, Erasmo y España y en los
artículos recientes del hist oriador Joseph Pérez, conocedor y
especialist a de est e momento históri co, entre otros histori adores.
Nuestro país fue en el siglo XVI un hervide ro de in trigas y de
luchas polític as y espi rituales, no del t odo difer ente al a mbiente que
se vivió en el resto de Europa, aunque co n ciertos mati ces
idiosincráti cos: las peculiarida des sociales, como la confront ació n
entre cristiano s viejos y conversos, que se podrían considerar
auténtic as castas; el d escu brimient o y colonización del Nue vo
Mundo; el espíritu de cruzada para luchar contra el Turco,
añadiéndole el voluntarismo mesiánico para defe nder los valores
católicos que culm inarán en el Concil io de Trento, en la
Contrarreform a; la lucha c ontra la heterodoxia luterana y calvinista y
los movimient os erasmista s, dentro de l a elite intelectu al, al igua l que
la pe rsecuci ón del movimie nto il um inista, de ca ráct er más pop ular,
por la I nquisición, que condenó a la hoguera a numeros os
seguidores o simple mente sospech osos de heterodoxia. San Juan
tuvo contacto con g rupos de co nversos, algunos de el los profesor es
de la universi dad de Baeza y él mismo fue denunciado a la
Inquisición, no se sabe por qu ién ni cómo. Por otra parte, se
sucedieron enfrentamient os bé licos con los Países Baj os y con el
Papado en Rom a, co n el Turco …
14
INTRODUCCIÓN
Pero a l mismo tiemp o, tambié n se d esarro lló una cultura de
extraordi naria riquez a y de singul ar bellez a q ue se refleja en la
creación estética en todos sus órdenes: literario, escultórico,
pictórico y arquite ctónico y musical, to dos ellos imbuidos de un
espíritu religi oso y moral. Bast a con observ ar las grandes o bras
maestras de la segunda parte del siglo XVI que se realizan en
España: San Lorenzo de El Es cori al, símb olo del reinado de Felipe
II, las ob ras pictóricas de un Greco, entre visionario y místic o; la
imaginería rel igiosa de escultores como de Juan de Juni y Alonso d e
Berruguete , Gregorio Fernández, M artínez Mont añés, entre otros,
cuya fi nalidad fue devolver a l pueblo una religiosidad devota y
compasiv a, en contr aste con la religiosida d interior, exenta de toda
visualización plástica.
También es ineludible destacar el desarrollo de un a cultu ra
universitari a y elitista de carácter escolásti co - tomi sta, en torno a
teólogos de la o rden domi nica como Francisco de Vito ria y s us
discípulos Melchor Can o, Doming o de Soto … y de la orden
agustina, en ciudade s como Salamanc a, Alcalá, Va lladolid , Sevilla,
Baeza, Osu na … A ello hay que añadir, como hecho relev ante, el
nacimiento y desarroll o de la Compañía d e Jesús .
Como conse cuencia de este a mbie nte teo lógico -filosófico y
espiritual, fueron numerosas las public acione s de temas religio sos,
donde d est acan mag níficos escritores co mo Fray Lu is d e Gra nada y
Fray Luis de León. Por otra parte, se produce un desarr ollo de la
mística como la franciscana con Francisco de Osun a, fray
15
INTRODUCCIÓN
Bernardino de Lared o y de la mística carmelita na con Santa Teres a
de Jesús y San Juan d e la Cruz como má ximos representantes . La
literatura popular espi ritual tampoco estuvo exenta de esta intensa
religiosid ad y se publicaron cancionero s de temas religioso s
anónimo s, rom ancero s, pliegos sue ltos…
En contraste con t odo ello se realiza, a su vez, una lit eratura
culta de influ encia neoplatónica de tema amoroso y pastor es
idealizados, cuyas obras más represe ntativas son La Galatea de
Cervantes y Los siete libros de Diana d e Jorge de Montemayor. Es la
época en la qu e s e estaba gestand o la obra de l a mayor pe rsonalida d
de nuestras letras, Miguel de Cerv antes. Es este el marco en que S an
Juan de la C ruz crea s u obra literari a y místi ca- teológica.
Siguiendo con la teoría de la recepción y asumiendo el valor
que le concede a la interdiscipl inaridad y reflejando los romance s un
tema rel igioso, como es la concep ción del credo cristiano de la
Santísima Tri nidad, el misterio de l a Rede nción y la relac ión mística
del hombr e con Dio s, nos pareció funda mental documentarnos
sobre estos temas, cuyo orige n estuvo en la Pa t rísti ca. Para ello
hemos seguido el estudio de M . Diego Sánchez, Historia de la
espiritualidad p atrística y la Suma Teo lógica de S anto Tomá s de Aquino.
De la influen cia de la P atrística en la teologí a mística
sanjuanista habría qu e destacar a Orígenes, pu es introduce po r
primera vez en la historia de l a teolog ía mística cristina la
interpretaci ón del Cantar de los Ca ntares bíblico, como la relación del
Esposo-Cristo, con la esposa-el alma o la Iglesia. Además, in tenta
16
INTRODUCCIÓN
interpretar la filosofía pl atónic a a l a luz del c ristianismo e influyó de
manera definitiva en el pensamie nto místic o y teológico posterior.
Un pensador no cristiano, cuya teoría filosóf ica y espiritual
desarrolló aspectos esenciales de la ascesis y experiencia místicas,
fue Plotino. Parece que él mismo vivió experiencia s místicas,
además, intuyó el misterio trinitario e influyó definitivame nte en el
neoplatonism o cristi ano. Pa ra finalizar esta breve síntesis es
necesario citar a Pseudo D ionisio, muy influido a su vez por
Gregorio de Nisa, que desarrolló el neoplatonismo y conoci ó, a su
vez, las aportaciones de Filón y de Orígenes. Su concept o de la fe
como “tiniebla lumino sa” influyó en la místi ca posterior, sobre todo
en la simbología san juanista del “r ayo d e tiniebla” . El pensamien to
de Pseudo D ionisio gozó de un gran prestigio en su tiempo y fue
esencial par a el desarrollo de la mística posterior y en el
pensamiento t eológico- místico del santo.
Por últim o, en este contexto es impr escindible hacer alusión al
dogma d e la Santísim a Trinidad, q ue se desarrolla entre el año 325,
que marca el comi enzo del Concilio Ecuménico de Nice a, y el año
381, cuan do se concluye el II Concilio Ec um énico de
Constantin opla, en donde se afirma por primer a vez la
consustan cialidad de las tres Personas. En su formación
contribuyero n los Santos Padres San Basilio, San Atan asio y San
Agustín y su proceso culminó con la doctrina trinit aria de Santo
Tomás de Aq uino.
17
INTRODUCCIÓN
Estos concept os teológicos se transforma n en los romances
sanjuanistas en ob ra poética d e un in tens o lir ismo y de profunda
afectivida d amorosa. Finalmente, para ver la importancia que San
Juan de la Cruz confiere a la Santísima Tri nidad en su pensamie nto
teológico-místic o, hay que tener en cuenta la postur a que él mismo
mismo manifi esta :
Porque da do que Dios le haga merced [a l alma] de unirla a la
Santísima Trinidad, en que el a lma se hace deifo rme y Dios por
participación, ¿qué increíble cosa es que obre ella también su obra d e
entendimiento, noticia y amor? (CB 39,4).
En la segunda parte de esta tesis hem os realizado un estudio de
los poet as m ás d estacados d e l a lírica religiosa des de l a ép oca de los
Reyes Católico s ― periodo en que surge la tendenci a lírica de los
contrafacta, iniciado por fray Ambrosio M ontesin o ― y que se
desarrolló durante los siglos XVI y XVII. A es ta tendencia literaria
San Juan de la Cruz n o fue ajeno.
Muchos e investiga dores han venido analizando la ob ra poética
de San Juan de la Cruz co mo un fenómeno poético aislado,
excepcional y único, profundizando en cada uno de sus poemas,
interpretando, d e manera pormenorizad a y rigurosa, sus símbolos,
sus imágenes, su léxico, en d efinitiv a, su poética, logran do
extraordi narios resultados, baste con obse rvar la extensa n ómina
bibliográf ic a. Ahora bie n, investigad ores como Emil io Orozc o y
Dámaso Alonso, entre otros, consideraron la obra po éti ca
sanjuanista, no como un hecho aislado, sino dentro del contexto
24
INTRODUCCIÓN
de la carga lírica que encierran. Precisamente , lo que nosotros
pretendemos demostrar en nue stra tesis es que también l os
romances, ge stados en la cárcel, están afectados del mismo lirismo
que los considera dos poem as mayore s y reflejan , aunque de d istinta
manera, sus esquemas estilísticos. Y este ha sido uno de los
objetivos m ás determi nantes de e sta tesi s.
Así pues, San Juan elig ió como arquetip o simbólico la unión
conyugal en los romances In p rinci pio erat Verbum para expresar el
amor e ntre e l Hij o y la huma nidad. Este mismo símbolo e xpresa en
su obra poét ica y doctrinal pa ra expresar su experiencia místi ca. Así
en los romances aparecen conceptos relacionados con el amor
conyugal como esposo, esposa, amado, amada. Apa rece n también otras
imágenes repetidas en su obra poética , como la l lam a , el fuego , la llaga ,
abrasar , herir, matar y las pa radojas dar y quitar vida , morir y resucita r ,
recursos par adójicos que proce den de la lí rica cortes ana.
Los sí mbolos amado y amada no fueron creación exclusiva de
San Juan; co mo sabemos, pertenecen al acervo común d e la
literatura espiritu a l y mística de nuestra tradición. Com o muchos
estudiosos defienden , tienen origen islámic o. El místico murcia no
Ibn Arabi posiblem ente influ y era en la e spiritualidad d e Ram ón
Ll ul l, cuya obra gozó de gran prestigio durante el siglo XVI e
influyó notablemente en la espirituali dad de esta época . E l símbolo
de la llama , siguien do la teoría de L. López Baralt, podría tener un
origen de l a mística sufí, aunque, en realidad, todos los símbol os
referidos a la luz pertenece a las distint as tradiciones místic as:
25
INTRODUCCIÓN
jud aísmo, Pseudo Dio nisio, agnosticism o, helenism o… También la
mística sanjuanista acusó la influencia de la germano – f lamenca :
Ruysbroeck, Tauler… , como obs ervó Hatzfeld.
La obr a místic a de Sa n Jua n es , pues , refl ejo de un sincretism o
espiritual que se hab ía desarrollado durante siglos y que culmina en
el siglo XVI. Él, co mo ho mbre de su tiem po, absorbi ó todas esas
corrientes, creando una obra c ompleja y difícil de clasificar. Es m ás,
incluso podría decirse que su estilo poético está ce rcano a la lírica de
los poetas romántic os, que considera ban la poesía como algo
sagrado y eran conscient es de la insuficiencia de la palabra pa r a
expresar estados inefable s. I gualment e coincide con la poesía
contemporáne a en la irracionalidad y extrañeza expresiva. Por ello
logra una emoción estética muy cerc ana a los gustos modernos , tal
como a nalizó C arlos Bous oño. B aste, además, c omprobar ci ertas
semejanzas de su poética en la obra juanra moniana y la huella de su
obra lírica en poetas de la Generación d el “27” como Jorge Guil lé n,
Luis Cernuda y Emilio Prados, por citar a a lgunos, o en el
pensamiento d e María Zambr ano.
En la tercera parte de la tesis ana lizamos la retórica del
romance ro , para comprobar los aspectos que tienen en co mún los
romances sanjuanistas con el resto de l os romances de la época y
señalar cuáles fueron las aport aciones personal es d el Santo en el
acervo común de este género. Par a ello he mos realizado un es tu dio
intertextu al, analizand o los romances de aquellos escritore s que los
crearon como contrafacta , no obstante, hay q ue aclarar que S an Juan
26
INTRODUCCIÓN
no utilizó este recurso pa ra crear sus roman ces; sí lo uti lizaron otros
autores, como B enardino d e Lar edo, López de Ú beda , etc ., y el
mismo San Jua n e n otro tipo de co mposiciones , como “El
pastorcico ” .
De este análisis, es importante destacar la existencia de una
línea ininterrumpi da, de tem as religioso s y fo rmas métricas,
comprendid a de sde fray Ambrosio Montesino, Juan Álvarez Gato,
pasando por fray Bernardino de Laredo, Cristó bal Cab rera, López
de Úbe da, el Libro de romançes y cop las del Car melo y otro s c ancioneros
espirituale s, hasta ll egar a a utores d el sig lo XVII como Lope d e
Vega con sus Romances espirituales , Alonso de Bonilla con Nuevo jardín
de flores divinas , Alonso d e Ledesma con sus Conceptos espirituales y
J osé de Val divielso con su Ro mancero espiritual … Lo s tem as más
cantados y rep etidos a lo largo de esta época, ― muchos de ello s
como contrafacta de lo épico ― fueron l os d edica dos al Nacimie nto, a
la Rede nción, a la Santísima Trinidad, pero lo s más num eroso s se
refieren a la vida de los santos, siendo los más exitosos San
Francisco de A sís y San Ig nacio de Loyola .
Este estudi o diacrónico, desde el comienz o de los contrafa cta
hasta ll egar al pleno B arroco, nos ha permit ido comprobar có mo se
mantienen las mismas formas métricas mediev ales y populares e
incluso muchos de los temas religiosos durante siglo s, aunq ue es
necesario señalar que en el Barroco se produce un cambio de estilo
total, logra ndo un manierismo y a rtific iosidad en las formas, como
27
INTRODUCCIÓN
contrapunto de la frescura y aparente espontanei dad de la poéti ca
popular y tradic ional,
Así pues, a partir de aquell os recurso s formales del estilo
popular, se fue desar rollando entre los poetas del siglo XVII una
retórica más comple ja y artificiosa, en don de se aúna n el cultismo y
el conceptism o y predominan las antítesis , las paradojas, las
alegorías, los símbolos. Además, se han añadido otros temas de la
filosofía estoica cristiana, que, por otra parte, son una c onstante en
nuestra literatura a scética y religiosa , aunque no exactam ente
mística. En definitiv a, la lírica religiosa sigue una tray ecto ria
ininterrumpida, desde sus comienzo s medievales hasta llegar al
Barroco.
En cuanto al texto d e los r omance s sanjuanistas ha sido
editado con solven cia en múlt iples ocasiones. La presente edición se
ha realizado tenien do en cuen ta el manuscrito de Sanlúcar (MS),
cotejado con el manuscrit o de Jaén (MJ). Seguimos en principio el
manuscrit o de Sanlúcar ( MS), entre ot ras raz ones po r tener
correcciones autógra fas del Santo. Sól o se prefiere el d e Jaén (MJ)
cuando lo pida el contexto y la coheren cia ortográfica de la época.
Se dan en n otas las variantes de uno y otr o códice .
A continu ación, hem os real izado un estudio pormen orizado
desde un punto de vista filológico, deteniéndon os en los a spect os
morfosintáctic os como el uso peculiar de las formas verbales, de la
adjetivació n, un análisis del léxico y de otros elemento s retóricos
comunes al género romancístico. Y sobre t odo hemos analizado la
28
INTRODUCCIÓN
poética sanjua nista que se refleja en l os romances y que repetirá a lo
largo de su obra lírica.
Por otra parte, en los romances So bre el evan gelio In principio erat
Verbum e xpone San Juan una de las cuest iones más compl eja s y
esencial es del credo católico c omo son los misterios d e la S antísima
Trinidad y la Encarna ción. San Ju an de la Cruz estructura el poe ma
en nue ve rom ances. Cada uno d e l os cu ales ref leja e l plan divino de
la Creación y de la Redenci ón. Hay que ten er en cue nta, adem ás, que
la creación de este poema es simultán ea a la creación d e las treinta y
una estrofas del Cántic o espiritual, uno de los tres poem as más b ellos
y espiritu almente más elevad os de su producci ón literaria. L os
romances están impregna dos de su profunda experienci a mística-
amorosa, vivida dura nte su estancia en la cárcel de Tole do. Por ello
su expresión lírica es la epit alámica: mantiene el sí mbolo por
excelencia del matrimonio espiritua l que proyectó en sus poemas
mayores y en El pastorcico .
Comprobamos, pues, có mo e l poema tran scurre desde la
mayor abstracción teológica expresada en los primeros romances,
hasta ll egar a la última se cuencia con que finaliza to do el p oema, en
donde se re fleja e l momento mismo del na cimiento del Hijo d e
Dios, en un humilde pesebre en Belén, que refleja la máxima
concreción.
En es tos romances el es cenario es una pura abstracción, con
una ausenci a a bsoluta de referencia espacio -temporal , sobre todo en
los tres primeros romances . La naturalez a, protagonist a de la lí rica
29
INTRODUCCIÓN
renacentista y con un a presencia ese ncial y simbólica e n el Cántico y
en Noche oscura , en l os romances, sin embargo, es inexi stente: el
espacio e s desnudo y solo c omo único eleme nto materi al y concret o,
aparece el pesebre en el último romance . No obstante, nada más
lejos de encontrarnos con una poesía fría y abstracta, por el
contrario, podemo s afirmar que predom ina un tono de inten sa y
cálida afect ividad amo rosa y belle za expresiv a.
Por otra parte, siguien do con la teoría de la recepció n, si
queremos ser fiel a la finalidad de su obra, tenemos que tener en
cuenta el destinatario de la misma. La obr a sanjuanista no es tu vo
dirigida a los lectores cultos de su tiempo, teólogos y humanist as,
sino a los hermanos y herm anas de su orde n, para aclararles doctrina
y concepto s, a fin de a yudarles a alcanzar la meta de pe rfecció n en
su vida religiosa y en su unión con Dios. Por ello, hemos creí do
necesario para enriquecer la inter pretación de los romanc es realizar
un estu dio interte xtual de sus propios texto s prosísti c os, en los que
San Juan aclara los símbolos, im ágenes y léxi co desde una
perspectiva teológica y místic a, pues, como afirmaba Alexander A.
Parker, sus tratados d octrinal es, en cuanto que son expo sicio nes
teológicas ,
son las joya s enterradas en un mate rial de interés básico para los
teólogos, los joy as mismas son de interés básico para los críticos
literarios y su misión debería ser el de entresacarlas
8
.
8
A. A. Parker, “ La filosofía del amo r e n la lieatura española 1480- 1680”, Madrid ,
Cátedra, 19 86, p. 116.
30
INTRODUCCIÓN
Y es te ha sido nuestro criterio y objetivo también, ya que la
base doctrinal y teológic a posterior, efectivamente , se encuentra
como germen en sus r omances.
Al analizar las obras de San Juan de la Cruz, nos encontramos
con el problema lingüí stico que toda experie ncia mística conllev a, es
decir, la imposibilid ad de expresar con los términ os lingüístic os
usuales dicha experi encia, que va más a llá d e toda expresión lógica y
racional. Para ell o el místico, como hemo s apuntado anteriorme nte,
tiene que rec urrir a símbolos, alegorías, metáforas e imág enes. Así
pues, nos encontr amos con un léxico que el autor repite como un
leitmotiv a lo largo de su obra. Son palabras claves que se convierten
en símbolo y expresan su cosm ovisión, su manera de entender el
mundo, de proy ectarse en él de u na manera única e irrepetible , q ue
define su creación y po r ello identific amos fácilme nte su obra a
través de estos recursos. Se trata, pues , de un metalenguaje único, de
un idiolecto que l a define y la c aracteriz a.
Por otra parte , si queremos ser fiel a la finali dad de su obra,
tenemos que c onsider ar los términos te ológicos- místi cos que le d an
carácter. De este mo do, el léxi co se ha analiza do desde dos ángul os
distintos: desde un punto de vista referencial y desde un punto de
vista connotativo, para así lograr una com presión lo más cercana
posible a la fin alidad y objetivo del mensaj e, d el contenido místi co -
teológico que el autor trat a de transmitir a sus receptores. Pa ra ello
hemos recurri do, po r una pa rte a diferentes diccionarios como
Diccionario crítico etimológico ca ste llano e hi spánico (DCECH) , Tesoro de la
31
INTRODUCCIÓN
lengua c astellana o esp añola de S. de Cov arrubias, Diccion ario de
Autoridades (DA ) y Diccionario de l a Real Academia española (D RAE ) .
Finalmente , hemos utilizado las “Concord ancias de Sa n Juan de la Cruz”
(ed. electr ónica), que ha sido de una ayuda inestimable para real izar
una hermenéuti ca inte rtextual.
Para la interpretación teol ógica y doctrinal hemos recurri do a la
Suma Teológica de Santo Tomás. Con esta obra el Doctor Seráfico
intentó esclarec er de manera defi nitiva el misterio t rinitario. Y es a la
luz de la teología tomi sta, como t ambién a través de l a Biblia , cómo
el léxico sanjuanista ad quiere nuevas proporciones significativas y
esencial es para la plasmación en los roman ces del dogma tri nitario .
Para ello, ta mbié n hemos recurrido a l os estudios de prestigiosos
teólogos como M. A. Díez, J. Damián Gaitán, X. Pikaza, I.
Bengoeche a, entre otros.
Finalmente , el romance titulado “Otro del mismo que va por
Super flumina B abilonis”, es una pa ráfra sis del sa lmo 136 de la Vulgata .
Tampoco este romanc e se puede considerar una creación a islada del
Santo en el cont exto literario d e su época. En tre nues tros poetas de
los siglos XV y XVI l os salmos más popul ares y gl osados fueron el
Miserere y De profundis . Ya en el siglo XV Pero Guillé n de Segovi a
traduce en verso castellano los llamados “Sie te salmos penitenc iales”
(entre ellos el Mise rere y De profundis ) rec ogidos en el Cancionero general
(Valencia, 151 1) de H ernando del Castillo.
Aunque la lectura e interp retación de los Salmos en la liturgi a
cristiana se mantuvo durante si glos, desde la Pa trística hasta la Edad
32
INTRODUCCIÓN
Media, fue en el siglo XVI cuando los Salmos se convirtieron en
lectura habitual y popular, ya que formaban parte del br eviario y del
libro de las horas litúr gicas. Pero, a l mismo tiempo, fueron de gran
atractivo para teól ogos y poetas y en el si glo XVI se produjo una
eclosión creati va de exégesis y paráfras is de los Salmos . Este atracti vo
por es ta ob ra bíblica, es comprensible si, por una parte, se leen los
poemas d el sa lmist a desde una perspectiv a intimista y espiritual y,
por otra, si se tiene en cuent a las circunsta ncias sociales y religio s as
tan convuls as y polémicas del siglo XVI. De esta forma el poet a se
identific aba f ácilmente con la ex presió n a ngustia da d el salmista, con
su experiencia de abandon o y soleda d, y es te apelaba a la
misericordia divina c on la es peranza de una respuesta co mp asiva. Si
a esto se añade la belleza lírica y la autentici dad de sentim ientos, el
éxito, entre poetas y teólogos y te ólogos-p oetas, estaba asegur ado,
como ha an alizado J. San J osé Ler a .
El gran salmista del siglo XVI fue Fray Luis de León que,
curiosamente, no glosa el salmo 136. Y otros po etas
contemporáne os com o Jorge de Montemayor, D. Ramírez Pagán,
López d e Úbeda glosaron, entre otros salmos, el 136. Los dos
primeros poet as citados lo plasmaron en una estrofa culta como el
terceto, mientr as que López d e Úbeda eligió la fo rma métrica
popular y tradicional del ro man ce, la misma forma elegid a por San
Juan. Así pues, hemos analizado pormenorizadament e cada uno de
estos poem as de tem a bíblico
33
INTRODUCCIÓN
Hemos d edica do u n capítulo a parte a J. López d e Úbeda .
Au nque poeta menor , coincide con S an Juan de la Cruz en utilizar el
metro de carácter popula r como el romance, es decir, una estrofa
popular pa ra un tema teológico . Pero Lópe z de Úbeda no pr oyecta
su propia experienci a de exilio interior, de soledad y abandono. Es
un a obra d e marc ado estilo popul ar, dev ota y sincera des de un
punto de vista espiritual, pero l o re almen te nov edoso es que el
salmo 136 se convierte en la paráfrasis de López de Úbeda en un
romance com o contrafactum de l género é pico.
El salm o 136 de la V ulgat a está compuesto por trece versícul os
y l a par áfrasis del sal mo 1 36 de S an Jua n de la Cruz “Otro del
mismo que va por Super flumina Babilonis” po see sesenta y dos
versos e interpola cuarenta, siguiendo la misma técnica de la
exégesis me dieval.
El proceso de la com posición de la par áfrasis es complejo, ya
que se transforman léxico y sintaxis y se crean interpolacio nes, que
producen el tono ínti mo y personal d el sa lmo, es decir, el poeta lo
hace suyo.
San Juan de la Cruz, d urante su período en la cár cel, leía el
breviario y practicaba la lectio divina , así que l a influencia de la Biblia
fue decisiv a en las obras lí ricas que creó durante su cautiveri o y
después de este, fundament almente el Cántico , cuyas primeras treinta
y una es trof as las compuso allí y es evidente también la influe ncia
bíblica en este romance. Por otra parte, la repetición de los textos
40
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Hiciéronme a mí guardiana de muchas cartas que tenían las monjas
como epístolas de San Pablo, y cuad ernos espirituales altísimos, una
talega llena; y como era n lo s preceptos tantos, me mand aron que lo
quemara todo, porque no fueran a mano de ese Visitador, y retratos
del santo los abollaron y deshicieron.
9
Por otra parte , las primeras biograf ías se realiz aron según los
criterios de las ha giog rafías barrocas, aunque en ellas había da tos e
informacione s f idedig nas refer idas según el testim onio de los que lo
conocieron y trataron. Pero otros hechos, sin embargo, se
desvirtu aron pa ra seguir las pauta s y técn icas hagiográficas, en las
cuales había que m anifestar toda cla se de milagros y hechos muy
ajenos y alej ados, en este caso, d e la vi d a real y de las actividades de
San Juan de la Cruz.
Después d e la celebración del IV Centenario de la muerte d e
San Juan de la Cruz en 1991, se han revis ado algunos datos y hechos
de su biografía, no solo a través de interesantes estudios parciales,
sino también de nuevas biografías que tratan de a unar y de sintetiz ar
los datos testim onial es de las antigua s y ofrecer in formaci ones
novedosas, fruto de rigurosas y reci entes investigacione s,
especialm ente interesantes par a en ten der muchas de las claves de s u
biografía y de sus obra s.
10
9
Cfr . E. Martínez González, “Sa n Juan de la Cruz: pretextos y contexto s para una
biografía”, San Jua n de la Cru z , 46 (2011-2012), p. 16.
41
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Las últimas biografías publicadas han destacado algunos datos
esenciales para entender su pe rsonali dad, su obra y su doctrina
mística. Nos referimos a la pobreza, a su fo rmación cultural e
intelectu al y a su encarcelam iento en el convento de Toledo.
Creemos que estas vivencias influyeron en su a ctitud religiosa y en
su forma d e enfocar un sistema d e espiritualidad contemplativ a, que
engloba t odos los aspectos esenciales y pr ofundos d e la vida d e la
persona.
En primer lugar, la pobreza de su familia condicionó su a ctitud
vital desde d os vert ientes: el desposeim iento de todo lo material y
terreno y la ra dicalida d espiritual evangélic a: “Bienaventur ados los
pobres de espíritu”. Es una experienci a totalizado ra, que abar ca
todos los órdenes de la vida e inclus o las relaciones sociales q ue
mantuvo, tanto dentro como fuera de la Orden. T ambié n su cultu ra
y formación in tele ctual co ndici onaron su doctrina teológica y
mística y en la creación de toda su obra, tema qu e desarrollare mos
en el capítul o siguient e.
Por otra parte, l os meses de encarcelamiento en el convento de
Toledo supusieron una experiencia que inte nsificó y radicalizó aún
más su vivenc ia de pobreza, enriquecien do su vida espiritual hasta
extremos insospe chados. Lejos de crearle una animadversió n con
sus h ermanos calzados y una actitud neg a tiva para c onsigo m is mo y
para su relación con los demás , esta experienci a le supone una
vivencia mística e xcep cional y la cr eación d e la s ob ras más bellas de
su producción poética: las estrofas del Cántico d esde el comienzo
42
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
hasta la estrofa “¡Oh ni nfas de Judea” , la canción “ Que bien sé yo la
fuente que m ana y corre ” y los romanc es dedicados a la Santísim a
Trinidad, In principio erat Verbum , y el romance Sup er flumina Babilonis ,
―este último podría co nsider ar se a utobiog ráfico ― , y Noche oscura.
Aunque este poema no fue compuest o en la cárcel, sí refleja
simbólicam ente su dolorosa e xperienc ia en ella y su huida.
Es impresci ndible poner de relieve la pobreza, tant o la pobreza
familiar como la pobreza conventu a l, ya qu e fue una característic a
que lo acompañó durante toda su trayectoria vital, desde su
nacimiento e infancia hasta su muert e. C. M erí Cuc art, haciénd ose
eco de las palabras de J. Jiménez Lozano, recalca el se ntido de la
pobreza en nuestr o Santo:
Juan de la Cruz […] es un pobre: un hombre sin atributos e invisible.
Tal es lo profundo y pri migenio de su biografía, y eso es lo que
seguirá est ando en ella, en su doctrina místi ca , en s u visión del
mundo y en su actitud ética y estética.
11
Los recientes estudi os biográfico s recalcan este aspecto y
retratan la infancia del Santo, como “un niño de la calle”, “un pobre
de solemnidad”. Es probable qu e su s p adres fueran oriundo s de
Toledo, se establecier an en Fontiveros y se ganaran la vida con el
humilde oficio de tejedores de bur atos. Pero su pobreza se acentuó
aún más cuando falle cieron su padre, Gonzalo de Yepes, y, más
11
C. M erí Cucart, “Unión con Dios. Dinamismo p sicoló gico espiritual en San Jua n
de la Cruz”, en San Juan de la Cruz, 39 (2007), I, p. 91.
43
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
tarde, su hermano mayor, Lu is, a raíz de un a hambruna en la zon a,
provocada p or las m alas cosech as.
Su madre, Catalina Álvarez, aparece en el empadronamiento d e
Medina del Campo como “Catalina, viuda pobre” . Ni siquiera se
menciona su apelli do. Su renta era de un maravedí. Precisamente
para po der a cceder al Colegi o de la Doctrina había que ser pobre y
huérfano. Allí , a la edad de nueve años, aprendió las primeras letras.
Se le enseñaba la doc trina cristiana, a rezar , a ayudar a misa; ten ía
que salir a la calle a pedir limo snas para el mantenimient o del
colegio y asi stir a los entierr os, entre otr as funcione s y labore s.
Poco después, don Alonso Álvar ez de T oledo lo empleó en el
Hospital de las Bubas, y, como afirmó el P. Crisógono de Jes ús,
ejerce tres “o ficios”: recolector d e li mo snas para e l ho spital,
enfermero y e studiante en e l colegio de la Comp añía.
Finalmente , al ingresar en la Orden d el Carmelo v ivió con
pobreza extrema en los conv entos de Duruelo y La Peñuel a y en la
ermita de El Calv ario, pobreza po r la que optó pa ra el res to de su
vida.
12
12
Para más información s obre su biografía, véanse : Cris ógono de J e sús
Sacramentado, Vida de San J uan de la Cruz , Madrid, BAC, 1982, (11ª ed.); T. Egido,
“Los Yepes, una familia de pobr es”, en VV. AA., Aspectos hist óricos de San Juan de la
Cruz, Ávila, Institución Gran Duque de Alba , 1990, pp. 25- 41 ¸del mismo autor,
“Clave s históricas”, en Introducción a la lectura de San Juan d e la Cruz, Salamanca, Junta de
Castilla y León, 1991 pp. 59- 116 ; “Nuevas claves de comprensión his tóricas de San
Juan de la Cruz ”, en S. Ros García (coord.), La recepción d e los místicos. Teresa de Jesús y S an
Juan de la Cruz, Universidad Pontificia de Salamanc a, Centro Internacional de Ávila ,
1997, pp. 293-309; F. Ruiz , Dios habla en la noche. Vid a, palabra y ambiente, Madrid,
Editorial de Espiritualidad, 1990; A. Marcos, “San J uan de la Cruz y su ambiente de
pobreza”, en A. García (coord.), Actas del Congreso Internaciona l Sanjuan ista, Valladolid,
Junta de Castilla y León, 1993, vol. I I, pp. 143- 183; I. Bengoechea , “Autorretrato
44
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Pero otro tipo de pobreza le acompañ ó frecu entemente: la
soledad, el “desti erro” interior y físico, y el desarraigo . Soledad y
desarraigo, tal vez elegidos po r él mismo, co mo actitud vital. Por
otra parte, po r decisiones de la j erarquía de su Or den , el S anto
estuvo obligado a la marginación y el aislamiento en algunos
períodos de su vida: su en carcel amient o en Toledo y los años
transcurrido s en And alucía, alejado de lo s grandes cargos en la
Orden. Com o afirma L. E. Rodrígu ez-San P edro:
Qui zá Fr. Juan de la Cruz no tenía cua lidades, para dicha dirección,
ni le interesaba ni tenía relaciones. Procedía de nivele s de pobreza y
de margina ción, y no de los estratos influye ntes y acomodados,
como el propio Jerónimo Gracián y, de alguna forma la propia Sa nta
Teresa. En contraste con ellos , Juan no mantiene relaciones de
amistades con “grandezas ” nobiliarias o eclesiásticas quiz á con la
excepción de doña A na del Mercado y Peñalosa y de su herman o
don Luis, oidor de la Chancillería de Granada.
13
La pobreza supuso una radicalidad vit al, ― como hemos
explicado ―, que se manifestó en su doctrina te ológica-mística, a
través de una actitud de desprendimient o y desapego , no so lo de lo
material, sino de lo espiritu al e intele ctual y a través de la anulación
poético de San Juan de la Cruz”, San Juan d e la Cruz , 31 -32, (2003), pp. 133- 159; E. J.
Martínez González , “Tras las huella s de San Juan de la Cruz. Nueva bi ografí a , Madrid, EDE ,
2006, y “San Juan de la Cru z: pretextos y contextos para una biografía”, San Ju an de la
Cruz , 46, (201 1-2012), p. 11- 24; J. V. Rodríguez, “El avance de la biografía sanju anista
durante el s iglo XX”, en S. Ros (coord.), Recepción de los místicos …, pp. 271 -272, y San
Juan de la Cruz. La biografía, M adrid, San Pablo, 2012; L uis E. Rodríguez-San Pedro,
“Tras la huella de San Juan de la Cruz. Los contextos de una biografía”, en San Juan de
la Cruz, 46 (2011-2012), pp. 187-206; B . Se sé, “Aut obiogra fía secreta de San J uan de la
Cruz”, San Juan de la Cruz , 46 (2011 -2012), pp. 17 1- 186.
13
L. E .Rodríguez San- Pedr o, “Tras la h uella de San Juan, art. cit., p. 200.
45
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
de lo s sentidos corpor ales e intelectua les, hasta llegar a la Nada. Con
esta actitud consigu e la pleni tud m ás a bsolut a, el Todo. Bas ta
observar el lé xico sanjuanist a, “pobreza” , “vacío”, “desnudez ”,
“desasimie nto”, “des amparo” , “miseria”, “privació n”, “nad a”…
para comprender cómo su opción vocacional, en un principio co mo
cartujo y post eriormente como carmelit a reformado, y su doctri na
mística están condicio nadas absolutame nte por esta experiencia vital
de miseria y desarraig o.
J. M. Martín Portales hace un a nálisis intuitivo y clarivi dente de
lo que supu so para el Santo esta radical ex perienci a de pobrez a:
Hay algo misterioso que se activa desde la pobreza. Es una lástima
que el discurso religioso o ideológico haya convertido esta
experiencia en una meta espiritual, cuando es su propia ba se.
Cuando una persona no se reconoc e pobre es imposible que llegue a
serlo por ningún tipo de ascesis. La pobrez a es algo que no se puede
adquirir. Es, sencillamente, un estado de lucidez, un estado, por así
decirlo, de conciencia no contaminada . […] La pobreza, como modo
de ser de la concie ncia, es el de tonante de la ex pe riencia poética y
mística. Y sólo desde aquí podemos habla r de amor. […] El amo r
vendría a ser, sencillamente el estado de máxima lucidez que a lcanza
el pobre. El amor es una pobreza abie rta y s ólo puede mantenerse si
es capaz de no claudicar de sus condiciones de posibilidad.
14
En otro m omento, t ambién Martín Porta les , al coment ar la
obra de C. P. Thom pson, afirma :
14
J. M. Martín P ortales, “L a mística monoteí s ta entre la fenomenología de la
religión y la expe riencia poét ica ” , San Juan de la Cruz , 39 (2007), pp. 7 2- 73.
46
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
La ex periencia de la pobreza es el gran desencadena nte de la
espiritualidad sanjua nista […] Diríase que San Juan de la Cruz no
amolda su vida a la doctrina cristiana […], sino que ve en ella la
consumación de un camino que est aba recorriendo desde que nació.
[…] Lo mismo que está aquí su opción por la «teología negativa»,
que no es una opci ón metodológica , sino puramente existencial, y su
opción por el Carmelo.
15
Entre las experiencia s más duras y d oloros as d e su vida hay
que destacar su es ta ncia en la prisión de Toledo, desgraciado
episodio al que el Santo hace alusión en contadas ocasiones. A el la
se refiere meta fóricamente e n el romance Super Flumina B abilonis , en
el poema de la Noche oscura y e n su exégesis. Esta experiencia la
comparó con la ba llena de Jonás . En la Noche, al explic ar la terrible
experiencia de la noc he del es píritu, dice:
Así como si, traga da de una bestia, en su vie ntre tenebroso se
sintiese estar dig iriéndose, pade ciendo estas angustias como Jonás en
el vientre de aquella marina bestia ( Jonás , 2,1)
16
Como sabemos a través de sus biógrafos y de numero sos
testimonios de sus hermanos y herm anas de la Orden , en la noche
del 2 a l 3 de d iciembr e de 1577 S an Juan de la Cruz fue apresad o,
junto con el padre Germán de San Matías, por los Calzados,
concretame nte po r el padre Maldo nado, prior de los carmelit as de
Toledo, po r orden del vicario general, fray Jerónimo Tosta do. Lo
15
J . M, Martín Po rtales, “Coli n P. Thomson, una (re)visi ón del san juanismo”, San
Juan de la Cruz, 33 (2004), pp . 159- 160.
16
J.V. Rodríguez , San juan d e la Cruz. La b iografía , Madrid, San Pablo, 2012, p. 320 .
47
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
encerraron durante unos días en el convento del Carme n del cual
logra escapar y volver a la Torre cilla. Allí tuvo oportunidad de
destruir d ocument ación y escritos que podrían co mprom eterle a él y
a sus hermanos descalzos. De nuevo lo apresa ron y se lo llevar on
fuera de Ávila. El padre Germán es conducido por el padre
Valdemoro al convento de l a Moralej a y S a n Juan de la Cruz a
Toledo.
Compareció ante el visitador general, el Tostado , para hacerle
desistir de los nuevos reglame ntos de los Descalzos. Ante la
negativa de fray Juan, fue conde nado a prisi ón por rebel día, t al
como establecen las normas para la Reform a, aprob adas en el
Capítulo General de la Orden del Carmen, celebrado en Piacenza
(Italia) en 1 575.
Fray Juan fue recluido primero en la cárce l conventu al, y dos
meses después , al c onocerse la huida del padre fray Germán de S an
Matías, fue trasladado a un lugar angosto y oscuro, “asfixiante co mo
una tumba”, y teniendo tan sólo como mobiliario una tabla qu e le
servía de cama, con dos mant as para protegerse del frío. Así aparece
descrito el sórdi do habitáculo por diferente s testigo s: Juan de Sa nta
Ana, Iné s d e Jesú s, Ana de San Bartolom é, Isa bel Bautista, Ana de
los Ángeles. Ju an de S anta Ana testificó c on estas p alabras:
Estaba debajo del dormitorio en el cabo de una sala que servía de
hospedar religiosos graves cuando venían, y esta celdilla era para
poner el servicio, porque no tenía más de siete pies de cuadro y la
48
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
luz de una saete rilla que tenía alta, qu e apenas a l mediodía podía
rezar por el breviario el oficio divino con ella.
17
Los te stimonios abunda ro n e n las deposiciones del proc eso de
canonización. José de Jesús María, su primer biógrafo, la describ ió
de la sigui ente maner a:
Era esta cá rcel una celdilla puesta al l ado d e una sala; tenía de ancho
seis pies y hasta diez de largo, sin otra luz ni respiradero sino un
agujero en lo alto de hasta tres dedos de ancho, que daba tan poca
luz que pa ra rezar en su brevia rio o leer en un libro de devoción que
tenía, se subía sobre un banquillo para poder a lcanzar a ver y a un
esto había de ser cuand o el sol daba en el corredor que estaba
delante de la sala ha cia donde este agujero caía. […] A la puerta de
esta celda pusieron un c andado para que nadie pudiese verle ni
visitarle si no fuese el carcelero.
18
E. Pacho cita también las descripcione s de sus biógrafos
Jerónimo de San José, José de Jesús María, Alon so d e la Madre de
Dios. Inocencio de San Andrés, en una relación jurada del 8 de
marzo de 1608 en Vé lez-Málaga, explica: “Metiéronlo en un hueco
de una pared, poco más o menos que una sepultura, pe ro mucho
más alto, sin luz.” Estas descripc iones sobre la oscuridad y la
angostura fueron las más repetidas por testigos co mo la venera ble
María de Jesús, qu e profesó e n T oledo, la M. María d el Sacrame nto
17
Crisógono de Jesús, Vida de San Juan de la Cruz , Madrid, BAC, 1982, (11ª ed.). p.
152.
18
J. V. Rodríguez , San Juan de la Cruz…, p. 304.
49
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
y la religio sa torn era que abrió la puert a d el convento de las
carmelitas , cuando llegó huye ndo de su prisión.
19
Fray Juan de la Cruz pasó los días y las noches, apenas sin
comer, sin pode r cambiar su háb ito, en un as condic iones higiénic as
deplorable s, pasando un frío extremo en invierno y un calor
asfixiante en verano. Su estado físico se fue deteriorando y llegó a
estar muy en fermo. Estas pe nosísim as condicione s se agrava ro n aún
más por el co mport amiento vejatorio y cruel con que sus propios
hermanos Calzados lo trataron. Crisógo no d e Jesús , siguien do
testimonio de Ana de San Alberto e Inés de Jesús, explica los
sufrimient os padecido s por fray Juan :
Cuando, a los cuatro o cinco meses, llegan los asf ixiantes calores del
estío toledano, la cárcel se hace insoportable. A l pobre de scalzo le
comen, a la vez el hambre, la ca lentura y los insectos. La tuniquilla
interior con que entró y que no le permiten ni cambiar ni la var, se le
va cayendo a pedazos, medio podrida en el cuerpo.
20
Uno de los a contecim ientos que alivió, en alguna medida, sus
sufrimient os en los últimos meses, fue el cambio de carcelero en el
mes d e mayo, tal como relata el propio fray Juan de Santa María,
que sustituye al primero. Desde el primer momento le mu estra
compasión y benevol encia: le ca mbia la túni ca vieja por una nueva y
le evita algunos vier nes tener que bajar a l refectorio y recibir la
disciplina circul ar. Acogiénd ose a su pieda d, fray Juan de la Cruz se
19
E. Pacho, San Juan de la Cruz y sus escrito s , Madrid, Ediciones Cristiandad, 1969,
pp. 103- 105.
20
Crisógono de Jesús, op. cit ., p. 155.
56
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
aparecen amalgamados en una unidad metape rsonal como
formulación de ideas objetivas que a nadie se atribuyen .
33
Como afirmaba J. Ba ruzi, Ju an de la Cruz “no cita
incorpora” .
34
Esto fue l o qu e hizo pe nsar a no pocos i nvestig adores
sobre l a es casa formació n sistem ática d el Santo. Pero la c asi escasez
de refere ncias erudit as era debida a que a fray Juan de la Cruz lo
único que le inter esaba era h acerse enten der po r sus receptor es:
frailes y monjas carmelitas, cuya meta era alcanz ar la perfec ción
espiritual. Como él m ismo afirm aba, su finalidad era escribir “ para
algunas personas d e nuestra Sagrada Religión de los primitivos del
Monte Carmelo, así frailes y monjas p or habérmelo ellos pedido”
( Subida, Prólogo , 9).
Por otra parte, las circunstanci as culturales y religiosas de su
época no animab an al S anto a publicar, ya que la prol iferac ión de
iluminados y la consecuente e inmiseric orde pe rsecu ción d e la
Inquisición, no eran lo s requisitos más idóneos para a irear sus
escritos fuera del ambiente conventu al, y allí tampoco eran del gust o
de todos los suyos. Co mo ya explicaba fray José de Jesús María en l a
biografía d el S anto, “ les corría peligro sólo hallarse su nombre en su
poder” .
35
De ahí que mucho s escritos fue ran destruid os.
Como hemos indicado en los datos biográficos, su pr imer
contacto con las letras fu e en el Colegio de Niños de la Doctrina,
33
C. Cue vas, “Estudio literario”, S. Ros García (coord.), I ntroducción a la lectura de San
Juan de la Cruz, Salamanca, Junta de Castilla y León, 199 1, p. 135.
34
Apud C. C uevas, “E studio literario….p. 1 35, n ota 46.
35
Idem , p. 130.
57
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
cercano a la iglesia de la Magdalena de Medina del Campo, d on de
fue a cogido por su extrema pobreza. Pronto destacó por sus
habilidades y buena disposición y fue trasladado al Hospital d e la
Concepció n por req uerimiento del administra dor, don Alonso
Álvarez de Toledo, que permitió a Juan de Yepes que acudiera a
clase al cercano C olegio de los Jesuitas, recién fundado en el año
1551, a demás d e seg uir trabajando en e l Hos pital. C omenzó s us
estudios en el año 1559 y los concluy ó en 1563, es decir, los inició
con 17 años y finalizó co n 21, e dad con qu e in gresó en el Carme lo
de Medina del C ampo.
La formación humanística recibida en el colegio de la
Compañía fue excelente. Los cursos constaban d e Gramáti ca,
Retórica y Artes. Adquiriría, además, conocimientos de las lenguas
latina y griega, de los autores clás icos latinos y españole s
renacentista s, junto co n el estudio d e la Gramática de Neb rija.
Fueron estos uno s años fundame ntales en la formaci ón
intelectu al de S an Juan de la Cruz. Tuvo profesores como el joven
jesuita Juan Gaspar Astete, autor del conocido Catecismo , Juan
Guerra y Miguel de Anda. C. Cuevas sintetiza con precisi ón la
formación huma nística del Santo, recibid a por su profesor Jua n
Bonifacio:
Bajo su guía [de Juan Bonifacio] a prende el Nebrija , ilustrado con
lecturas de Valer io, Máxi mo, Suetonio y Plinio. ‘ A mis discípulos
ordinarios – escribe Bonifacio – les leo C icerón, Virgilio y, alguna vez,
las tragedias de Séneca; Horacio y Marcial expur gados, Salustio,
58
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Livio y Curcio para que tengan modelos de todo: de ora ciones
(piezas oratorias), de poesía y de historia ’ . A ello se uní a los versos
devotos del ca rmelita Battista Spagnuoli – Parthenice Marian a – ,
algunos pasajes difíciles del Oficio Divino, himnos ecle siásticos,
trozos de Padres de la Iglesia y l as Actas y Catecismo tridentinos. Así
se comprende la importancia que la prepar ación literaria tuvo en
esos a ños fec undos, en que, aparte datos eruditos, desarrolla su buen
gusto y su capacidad crítica.
36
Efectivame nte, en tre todos sus profeso res d estacó Juan
Bonifacio Martí nez Benítez, natural de San Martín de l Castañ ar,
diócesis de Ciudad Rodrigo; con él coincidiría años despué s en
Ávila. Este fue discípulo de Luis Vives humanista y pedagogo
extraordi nario, tal c omo se pue de compro bar en sus obras Christiani
pueri institutio y De sapiente fructuoso . Según explica J. V. Rodrígu ez,
“los criterios p edagógicos d e estas obr as iban en contr a del ‘criterio
del rigor’ y nos desvelan los pasos y los puntos capit ales a que se
atiene su labo r formadora de ‘ju ntar las l etras con l a v irtud y la
virtud con las letras’, que era el pr incipal intento de la Comp añía”,
conceptos muy avanzados para su época.
37
Más adelante J. V.
Rodríguez cit a otras re flexiones de Juan B onifac io sobre l a infancia:
Luego la niñez es digna de que Dios haga por ella verdaderos
milagros. Luego no se deben tratar con el desprec io y menos aún
con la crueldad con que algunos los tratan.
36
C. Cue vas op. cit. , p. 145.
37
J.V. Rodríguez , San Juan de la … , pp.1 09- 110.
59
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Esa misma idea de Juan Bonifaci o la encontramos en San Juan
de la Cruz: “Porque, ¿quién jamás ha visto que las virtude s y cosas
de Dios se p ersuadan a palos y c on bronque dad?”
38
Es muy probable que Juan de Yepes conoci era también la ob ra
del General de la Orden del Carmelo, Battista Montuano, (1513 -
1516), titul ada Partheni ce Mariana, con sus 2866 hexámetr os, impre sa
en Medina para que los alumnos d el coleg io de la Co mpañía la
aprendiera n. Segú n J. V. Ro dríguez, esta ob ra pudo influi r en la
descripción de las virtudes teologal es que San Juan de la Cruz realiza
en el capítul o veintiuno de l Libro Segun do de la Noche oscur a.
39
En 1564 profesó en la Orden del Carmelo, en el conve nto de
Santa Ana de M edina, fundado en 1556 por el P. Diego Rengif o,
carmelita calzado, confesor de Carlos V. Se ordenó en el Carmelo
con el nombre de Juan de Sa nto Matía. Despu és de un año d e
noviciado, ingres ó en el colegio c armelitano de Sa n Andrés, s ituado
en los arrabale s de Salamanca, para realizar sus estudios
universitari os.
L. E. Rodríguez- San Pedro, en su estudio “La formac ión
universitari a de San Juan de la Cruz”
40
, ha realizado una rigurosa y
exhaustiva investigaci ón sobre esta import ante etapa de la vida de
San Juan de la Cruz en Sa lam anca, a travé s d e documentos de los
archivos universitarios: libros de claustro, libros de visitas, de
cuentas, de matrículas ; es tatutos y normativ as jurídicas generales etc.
38
Ibid., p. 110.
39
J. V. Rodríguez , op. cit., pp.116- 117.
40
L. E. Rodríguez- Sa n Pedro, “La formación…,”, pp. 22 1- 250 .
60
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Con los datos espigados por Rodríguez -San Pedro es posible
reconstruir la forma ción filosófi ca y teológica que se refleja en la
obra sanjuani sta.
El a specto más importante fue la declaraci ón del propio fray
Juan de Santo Matía en las clases universit arias de “Súmu las” en
diciembre de 1564, documento que zanja la polémica s obre su
asistencia o no asistencia a las aulas universitarias y se constituye
como piedra angular para la reconstru cción d e su currículum
académico. Sin lug a r a dud as, estu d ió Artes en el prim er curs o d e la
Universida d y realizó l os tres años preceptiv os.
Siguiendo con el estudio de L. E. Rodríguez-San Pedro,
contamos además con dat os concretos sobre la presencia de fray
Juan de Sant o Matía en el curso de “Súmulas”: la matrícula de los
frailes d e S an André s el 6 de enero d e 1565 y, so bre to do, su
presencia como oyente en el curso de “Súmulas” (sumario de los
principios fundament ales de Lógica) del doctor Pedro García
Galarza el 20 de diciembre de 1564, fecha en la que declara en el
Libro d e visitas que “su maestro Pedro Garcí a Galarz a no dicta,
cumple con lo s repasos de 2,3 0 a 3, y luego lee la lección de
Vísperas”. La otra visita se realiza el 16 de junio de 1565 con el
maestro Hernando de Rueda, del que declara que “era cumplidor,
leía en latí n bien y a pr ovecho con numerosos oy entes y si n
61
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
multas”.
41
También fu e alumno del c atedr ático en propiedad d e
“Súmu las”, Martín de Peralta.
En los cursos univers itarios de 1565 y 156 6, fray Juan cursó
Lógica en la Facult ad de Artes. Se mat riculó con los frailes del
colegio de San André s el 2 de diciembre de 1566. Es posi ble que
siguiera los e studios de Lógica con Hernando de Rueda, pe ro es
seguro que asistió a las leccione s de fray Ga spar de Torres, que eran
de obligado cumplimiento para “ganar” curso. De la consulta de l os
Libros de visitas de los a ños 1565 y 1566 se ded uce que fray Gaspar
era un cumpli dor intachable, que no hacía uso de sus vacac iones y
que incluso ex ce día en cuarenta días sus lecciones impartida s. Fray
Gaspar de Torres fue una destacada figura en el mundil lo
universitari o de est a época.
Las materias que se impartier on en este curso fueron: Las
“Categorías” ( Predicamento s ), “Filosof ía” de Aristóteles, y “Físicos”,
impartidas por Hern ando de Rueda y Andr és de Morales. Ningu no
de los d os cumplió con los e statuto s y fueron multados. En “Lógica
Magna” se es tudi aron Preámbulo de la Lógica, el Isagoge y las
Categorías , impartidas por fray Ga spar de Tor res.
En el tercer año de estudios, años 1566 y 1567, se constata la
presencia de fray Juan de Santo Matía por varios da tos , entre otros
por la fech a de matríc ula d el 11 de ener o de 1567 y porque e l 2 7 de
41
L. E. Rodríguez-Sa n Pedro, op. cit., p. 226.
62
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
enero acudió a vo tar la catedrilla d e Súmul as, que ganó el doctor
Alvero.
42
Así pues, el currícul um de fray Juan de la Cruz se puede
esbozar de la manera siguiente: asistió a lecciones de Filosofía
Natural con Hern ando de Rueda, así com o a la cat edrilla de Físi cos
y a dos cátedra s de propieda d: Filosofía Natural y Filosofía Moral,
de obligada asistencia par a “ganar” curso. Sus profesores, además de
Hernando de Rued a, f ueron Al onso de Calahorr a, M iguel Fr ancés y
Diego Bravo. Todos fueron multados por no cumplir con el
reglamento. Her nando de Rue da impartirí a, entre otras, dos materias
de Aristóteles: De gene ratione et corruptione y De anima . M iguel Fran cés
impartió, entr e otras mater ias, Fi losofía M oral (Ethica a Nicomachum)
y el Libr o I de la Ethica d e Aristót eles, u no d e los más leídos de la
época.
Aunque no se conse rva en los archivos de la Universid ad
ningún dato sobre su grad uaci ón en Artes, se deduce que concluyó
dichos estu dios, ya que par a matricularse en Teología , era precept ivo
haber super ado los de Artes.
El año 1567 fue especialmente d ifícil para fray Juan de Santo
Matía. El ambiente salmantino era te nso, lleno d e controversia s,
disputas entre los profesores, a las que los es tu diantes no eran
ajenos, pues tomaban partido por unos o por otro s. En la Orden del
Carmelo también se vivieron tensiones . Fray Juan Bautista de Ro ssi
(Rubeo), en una visit a al Convent o de San Andrés en el mes de
42
Idem , p. 232.
63
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
febrero, propone u na reforma que no termina de convenc er. Por
otra parte , la Madre Teresa de Jesús en un e ncuentro con fray Juan
de S anto Matía l e p ropone la p osibilidad de la r ef orma de la Or den,
por la qu e fray Juan no mue stra entusiasm o porque desea ingresar
en la Orden Cartuja, pero, a in stancia de la S anta, no se precipita en
su decisión y así inicia en Salamanca sus estudios de Teología.
También est e mismo a ño es orde nado presbítero.
Por otra parte , las facultades de Dere cho y Teologí a eran las
más prestigiosas de la Universidad de Sa laman ca en aquellos años.
El dominico Fran cisco de Vit oria había renovado el tomismo. Sus
discípulos continuaro n instalados en el si stema tomi sta, aunque se
siguió con la cáte dra de Nominal es d e Escoto. Ta mbi én se inte nta
una conciliació n entre Escolástica especul ativa y Teología
expositiva, síntesis que realizó Melchor C a no en sus estu d ios d e
1563 De locis theologicis , donde usó fuentes bíblic as, patrísticas y
escolásticas p a ra fun damentar su s teorías.
Los estudiante s de 1568 pedían más lecc iones de Bib lia , en
contraposici ón a los ya cargados progra mas de Escolástic a. Como
consecuenci a, se formaro n dos bloques en fr entados: los escolástic os
y los biblist as, los dominicos frente a los a gust inos. Entre los
primeros se encontrab an Francisco Sancho, catedrático de Filosofí a
Moral y c omisario del Sant o Oficio, y Gaspar de Torre s. Las
disputas fueron tan graves que la Inquisición en 1572 encarcel ó a
Grajal, a fr ay Luis d e León y a Cant alapiedra.
64
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
En este ambiente hay que ubicar a fray Juan de S a nto Ma tía en
los años 1 567 y 1568. Posiblemente los estudios re alizados por fray
Juan consistirían en los de Santo Tomás, en come ndados a Die go
Rodríguez. Hubo d e estudiar la primera parte de la Summa theolog ica
sobre la cre ación del mu ndo y del h ombre y sobre las p otencias d el
alma humana , los Salmos del 50 a l 73 y el L ib ro de Miqueas explicados
por Gaspar Gr ajal. Es posibl e que t ambién asistiera a las
Vespertinas, a las de Durando, impartidas por fray Luis de León,
referidas al tema de la fe, y a las del agustin o fray Juan de Gu evar a,
sobre la Prima Secundae de Santo Tomás. Finalizaría con el estudio de
Escoto, im partido p or el l icenciado don Cristóbal V ela, ac erca d e la
resurrección d e los muertos . No sabemos si presenció las clas es de
hebreo impartida s por Martín Martínez de C a ntalapiedr a y Cristóbal
de Ma drigal. Aba ndonó sus curso s de Teología, y no concluyó los
tres restante s.
Además de la información expuest a sobre la forma ció n
universitari a del S anto, L. E. Rodríguez-San P edro ha publicado
otro inter esante estudio
43
en el que se añ aden otras r eflexiones y
datos, fruto de posteriores investiga ciones, sob re la formación
cultural de l Santo.
En primer lugar, matiza la idea tópic a y estereoti pada que se ha
venido reflejando de la vida y personalidad de S an Juan de l a Cruz,
como l as de un Santo eremita y s olitario exclusi vamente, cuando en
43
Cfr., L. E. Rodríguez- San Pedro, “Considerac iones s obre la for mación cultura l de
San Juan de la Cruz ”, en S. Ros García (coord.), La recepción de los místicos , Salamanc a,
Universidad Pontificia, 1 997, pp. 3 11- 340.
65
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
realidad, co mo aporta el propio investig ador, d e casi sus cincu enta
años de vida, sól o cuatro años de ell a los pasó retirado e n Duruelo,
Pastrana y El Calvario, dedicado a una vida contemplativ a, el resto
de su tiempo transcurrió en un á mbito urbano. Vivió su infancia y
adolescen cia en Medina del C ampo. Poster iormente realizó toda su
trayectoria personal como fraile del Carme lo en centros urbanos y
esencialm ente universitarios: Salamanca, Alcalá de Hen ares, Baeza,
Granada, sin olv idar sus años e n Ávila, Sego via y Úbed a.
Para Rodr íguez-San Pedro qued an aspect os importantes que
investigar y aclarar en cuanto a su formación intelectu a l. Po r
ejemplo su etap a en Alcalá durant e abril de 1571 y mayo/jun io d e
1572, como rector del colegio de Carmelita s allí fundado. El haber
sido elegido con tal cargo, es porque en la Orden se le consideraría
suficienteme nte prepa rado para el lo. Es decir, de nuevo estuvo en
contacto con el ambiente intelectual y u niversitari o, au nque no
parece probable que en Alcalá continuara sus estu dios de Teología.
Todos estos puntos oscuros le llevan a R od ríguez-San Pedro a
enumerar un a serie de cuestiones p endient es de a claración:
Los interrogantes quedan abiertos: ¿asistió fray Juan de la Cruz a
lecciones, clases o disputas u niversitarias?; ¿qué relación pudo tener
con los ambientes aca dé micos, con la posibilidad de tener acceso a
libros impresos, apuntes y escritos circulantes de alumnos y
profesores?; ¿qué leyó, qué escribió, qué conversaciones mantuvo,
una vez recuperado el universo de la s let ras t ras los paréntesis de
Duruelo? […] Quizá se proveyó de materiales y escritos para su
72
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
mozárabe o m orisca. Como añade C. Cuevas, no hay que olvidar
que en el convento de San Andrés d e Sal amanca se conocerían los
textos d el ca rmelit a ing lés John Baconthorp, qu e tra nsmitió las tesis
de Averroe s sobre la dualidad de fo rma s en el hombre y la
necesidad de la revelación mediante las metáforas y los símbolos y
teniendo en cuenta las teorías de Algazel sobre la imaginación y la
fantasía.
57
Sobre la influencia de la mística sufí, L . López-Baralt
58
reconoce que no es fácil lleg ar a saber con certeza cómo el Santo
llegó a conocer los aspectos más esenciales d e la mística sufí, pues
no sólo existe una influenci a de los sí mbolo s empleados, puesto que
algunos pertenecen a la mística universal, sino l a forma de
expresarlos; tales como el v ino y la embria guez mística, las lámparas
de fuego, la fuente, etc. Pero la más inte resante influenci a es la
concomita ncia de am bos e n la e xégesi s místic a: l os com entar ios
prosísticos a las grandes ob ras poéticas sanju anistas están más
cercanos a la exégesis de los poet as musul manes que a los de sus
contemporáne os.
Siguiendo las reflexiones de L. López-Baralt, P. L. Zambrano
plantea un a serie de cu estiones en caden a:
¿C uá les fueron las relacio nes de San Juan de la Cruz no sólo ya con
el Islam sino con la soci edad de su t ie mpo? Está demostrado que
hubo acusaciones de iluminismo contra el reforma dor del Carmelo:
57
Vid. C. Cue vas, op.cit. , p. 14 2.
58
L. López-Baralt, San Juan d e la Cruz y el Isla m, Madrid, Hi perión 1990, (2ªed.)
73
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
¿D e dónde y por qué partieron estas a cusaciones? ¿Quiénes era n
esos alumbrados con los que se vinculaba a Sa n Juan de la Cruz?
¿C ómo pudo haber sospecha s de herejía contra a lguien quien
después sería Doctor de la Iglesia? ¿Cuá les fueron sus rela ciones con
la omnipotente Inquisición ?
59
Cuestiones son e stas que aún e stán por res olver.
La pervivenc ia de la cultu ra semítica, la hebraica y la islámica,
en el sustrato popular de la España del siglo XVI ha sido estudia da
por C. Swietlicki
60
, que a naliza la influ encia de la c ábala cristiana en
determina dos símbolos y conceptos reflejado s en la ob ra
sanjuanista: así, el concepto de la Redenc ión y la Encarnación en los
romances. El símbolo de la noche, aunque común con la tradició n
mística cristiana , lo acerca a la cábala en cuanto que ambos
comparten el concept o de ‘noc he’ impregn ado de luz y de alegría y
pierde el ca ráct er de a ngustia y tenebrosidad. Tambié n encuentra
semejanzas en a spectos concretos del Cántico Espiritual : la búsqued a
de l os secr etos del Amado, las ‘subidas ca vernas ’ y la ‘interior
bodega’, por ejemplo, están relacionada con la mística cabalística del
Zohar, en l a cual Dios está esc ondido en el secreto palacio del
Amor, et c. Todo ello mezclado con eleme nto s bíblic os, cult os y
populares. Co n respecto a la am algama cultura l de la obra
sanjuanista, la profeso ra Swietlicki afirm a:
59
P . L. Zambrano Carballo, “Recepc ión y recreac ión de la obr a de San Juan de la
Cruz en Las virtudes del pája ro solitario de Juan Goy tisolo”, en Actas del Congreso
Internacional San juanista , Va lladolid, Junta de Ca stilla y Leó n, 1993, vol. I, p. 486 y s s.
60
C. Swietlicki, “Entre las culturas española s: San Juan de la Cruz y la cábala
cristiana popular”, en Actas del Congreso Internaciona l Sanjuanista , Valladolid, Junta de
Castilla y Le ón, 1993, pp. 259- 269.
74
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Es al nivel de la simbología (sobre todo en los símb olos cotidianos y
familiares) dond e la s cult uras orales y populares – cristiana s, judías,
moriscas o conv ersas- mantenían algunos de sus conceptos
culturales y se conv ertían en culturas residuale s al enfrentarse con la s
culturas dominantes y emergentes. Es dentro de este variado
contexto soci o-cultural que he mos de examinarlos aspectos
cabalísticos de la simbología sanjua nista, una s imbología integ rada al
ritmo de la vida espiritual en la España multicultural del siglo XVI.
61
Y más adel ante añade :
Aunque se han seña lado varios datos histór ico s para demostrar que
San Juan de la Cruz fue de sangre conversa (judía o, posiblemente
morisca), no es necesario pr obar su descendenc ia para descubrir que
pertenecía a una sociedad en que la herencia de la cultura de los
cristianos nuevos era not able. En A révalo y Ávila donde San Juan
recibió su formación, florecían familias conversas en profesiones
asociadas a nteriormente con judíos. En comuni dades de este tipo los
descendientes de los conversos formaban una cultura sincrética
adoptando sus viejas cree ncia s a la cultura domina nte, ajustando sus
antiguos símbolos cult urales al nuevo modo de vivi r, y
contribuyendo a una cultura emergente. E s probable que esta
sincrética cultura cristiana de los conversos incluía aspectos de la
cábala que había sido po pulariza da entre el pueblo judío en España
desde el siglo XIII.
62
Por otra parte, hay que señalar la influe ncia de la mística
cristiana. Entre ellos destacan los místi cos de la escuela germano-
61
C. Swie tlicki, op. cit ., p. 261.
62
Ibid .., 261.
75
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
flamenca del siglo XIV: Ruysbroec k, T auler, Suso, Harphius,
Eckhart. Ta l y como C. Cuevas aclara :
Con todos coincide nuestro escritor en impor tantes aspectos
literarios y doctrinales. Así, por lo que hace a Ruysbroeck le recuerda
en la doctrina de los “toques”, la “a dvertencia senci lla y amorosa”, la
“quietud”, la desnudez d e espíritu, la cautela a nte los carismas, y los
símbolos de la fuente, la caza, los mensaj eros, los adornos de l lecho
nupcial, etc. Procede n, en cambio, de Tauler la “noche espiritual”, el
fondo del alma , el “vacío de imáge nes”, […], siendo todavía dudosa
la procedencia de Suso de la doctrina de las “nadas” […]. En
cualquier caso, parece claro que la l ectura de lo s místicos reno-
flamencos tuvo singular importancia en la formación intelectual de
Juan de la Cruz.
63
Su formación filosófica y teológi ca, obtenida e n sus años de
estudios universitarios , de sus lectur as espiri tuales en el convent o de
San A ndrés en Salam anca, y a lo la rgo de toda su trayectori a vital,
fue a ristotélic a-tomista y ne oplató nica. Pensadores como Santo
Tomás de Aquino, por una parte, y Ploti no, San Agustí n y el Pseudo
Aeropagit a p or otr a, j unto con la mística alemana, dejaron un a c lara
impronta en su pensam iento místico teol ógico. De ellos procede n
las ideas sobre e l amor y la belleza.
En cuanto a las lecturas de a utores medi evales, M. A. Díe z
González
64
afirma que tanto Sa nta Teresa como San Juan de la Cruz
63
C. Cuevas, “ Estudio literario ”, pp. 142 - 143. Vid . Cántico espiritual. Poesías…, C.
Cuevas (ed.), p. 72 , notas 28 - 30.
64
M . A. Díaz Gonzá lez , Lecturas medievales de San Juan de la Cruz , B urgos, Monte
Carmelo, 1999, pp. 22 - 31.
76
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
conocieron también a los apócrifos tomistas, algunos anónimos, que
tanto influyeron en la espiritualidad del Siglo XVI, a través de
sermonarios, florilegi os, devocionari os, etc. Uno de los m ás
importantes fue el autor del De moribus divini s y De beatitudine. De esta
última obra que da patente en los romances su influenci a en la
doctrina del misterio de la Santísim a Tri nidad y de la historia
salvífica de la humani dad.
Siguiendo con el análisis d e C. Cue vas, tampoco hay duda de la
influencia de las obras esp irituales de autor es españoles, como Los
Abecedarios de Francis co d e O suna y la Subi da del Monte Sio n de fra y
Bernardino de Laredo, que tan ta influencia tuviero n en la formación
espiritual de Santa Teresa de Jesús. También aparece cierta
influencia de Juan de Cazall a y otros alumbrados en algunos
aspectos de la mística sanjuanist a como la expresión “ escu ra
caligen ” o “pura noticia intelectu al”.
65
Parece que el S anto tambié n
leyó las Can ciones de Santo Tomá s de Villanuev a, opú sculos
castellanos , Canciones y Exp ositio in Ca nticu m ca nticorum que fueron
publicadas en 1572 por el agustino Pedro d e Uceda.
66
Y, por
supuesto, que hubo una influenci a mutua doctrinal y espiritual entre
los santos ca rmelit anos, Santa Teresa y San Juan, a partir del
65
Cfr .,“Esta expresión aparec e en el Apéndice de la obra de Tomás de Cazalla
Lumbre del alma, publica da en Valladolid, N. Tierry, 1528, titulándose el Apéndi ce
Brevecito modo para venir, en algun a manara, en conoscimiento de Dios. Véase la introducción a
la recie nte edición de J. Martínez de Bujanda, Madrid, U.P.S.- F.U.E., 1974, p. 38. El
Modo está en pp.169- 170.” Apud C. Cuevas, San Juan de la Cruz . C ántico espiritual. Poesías,
Madrid, Alham bra, 1979, p. 73, nota 32.
66
Ibid. , p .73, nota 33.
77
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
contacto iniciado en Medina y a travé s de l trato personal y epistolar
y de la lectura de sus manuscrit os.
Parece más discutible y más co mpli cada de valorar la posible
influencia erasmi sta en el pensamiento y en la espiritua lidad
sanjuanista. Según M. Avilés
67
, muy poca debió de ser la influencia
directa de las ob ras de Erasm o, ya que en la época de la fo rmac ión
intelectu al y cultural de Sa n Juan de la Cruz, la s obras del humanista
holandés estaban prohibidas por la Inquisi ción. El predominio y el
apogeo del er asmismo fue en el reinad o de Carlos V y San Jua n de la
Cruz d esarroll a su m adurez in telectua l y espiritual en la época de
Felipe II, en una atmósfera postridentina y co ntrarr eformista. Por
otra parte, la relación en tre Erasmo y la Orden del Carmelo d esde el
comienzo fue de mutuo rechazo, si no de antipatía, al menos fuera
de nues tras fronteras, co mo ha analizado minuciosame nte Miguel
Avilés.
Tampoco San Ignacio de Loy ola fue un entusiasta de Erasmo
y, por consiguiente, en los años en el colegio de la Compañía, no
hubiera podido tener ni siquiera un contacto indirecto . Aunque se
estudiaba la Retórica de Nebrija, en est e mismo com pendio hab ía un
tratado de Felipe Melanchton, pues bien, en el catálogo de la
Inquisición del año 1551 aparecía una serie de a utores ya
prohibidos, entr e otros Lutero y Melanchton, de ello se deduce qu e
67
M. Avilé s , “San Juan de la Cruz y el erasmismo”, en A cta s del Congreso Internaci onal
Sanjuan ista , Valladolid, Junta de Castilla y León, 1993, vol. II, pp. 99- 119.
78
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
este compen dio de Retórica de Ne brija no lleg aría a los estu diantes en
la época de San Juan d e la Cruz.
Se podría contar con una sola excep c ión, en este pe ríodo de
estudios en Medina, que sería la enseñanza ej ercida por Juan
Bonifacio. El sabio jesuita había estudiado Artes en Alcalá, tres años
de Cánones en Salamanca y en 15 57 comienz a su noviciado en el
colegio de l a Comp añía de Medina. En é l hay un claro influjo de los
humanistas de la ép oca, siendo especialmente import ante el del
erasmista Ju an Luis V ives. La obra de Juan Bonifaci o Christian i pu eri
institutio (Salamanca, 1575), cita da anter iormente, posee una huella
clara de De institutione feminae christianae de Vives. Es posible que
también c onociera al guna de l as obras d e Erasmo, p ero Miguel
Avilés no cree po der demostr arlo, ya que en su s tiempos de la
Universida d de Alcalá, en 1550 -1554, no func ionaban las prensas
que publicaban las obras de Erasm o. Es más, hacia 1555 a parece
una or den d e pr ohibic ión, en todos l os colegios de la Compañía, de
las obras Erasmo y Vives, entre otros. Pero po sibleme nte las
enseñanzas de Juan Bonifacio estuvieran impreg nadas, de alguna
forma, de erasmism o.
A pesar del rechaz o mutuo entre Erasmo y la Orden del
Carmelo, como vimos anteriorment e, hubo sus excepciones en
España y, concret a mente en los co nventos d e Castilla y Andalucí a se
aceptaba el erasmismo de una forma más o menos encu bierta. Basta
recordar la obra eras mista Mo dus orandi que, una vez examinada por
el ca rmelit a fray Gaspar Nieto a inst ancias del inquisidor de Sevilla,
79
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Antonio del Corro, fue aceptada y tenida por buena y provech osa.
Tal vez fray Juan de la Cruz hubiera co nocido esta obra en su
estancia en Andaluc ía y este sería otro posible contacto con el
erasmismo, t al como supone Miguel Avi lés.
Otra vía de contacto co n el erasmism o pudo ser a través de
fray Lui s de León, discípulo del erasmista fray Di onisio Vázque z,
que ha bía defendido las tesis erasmistas en la conferencia de
Valladolid en 1527. Según explica M. Avilés , fray Dionisio se
mostraba partidario de mostrar nu evos aspectos de la Biblia y así lo
hizo su discípulo fray Luis de León. El hec ho d e haber traducido y
comentado a lo divi no el C antar de los Cantares para su prima la
monja Isabel O sorio, se pue de relacio nar co n el comentario del
Cántico espiritual, que realizó San Juan de la Cruz, a su vez d iscípu lo
de fray Luis de Leó n, par a la religiosa carmelita Ana de Jesú s.
Ambos escritos pud ie ran te ner filiación con fray Dionisio V ázquez,
como expli ca M. Avilé s:
En todo caso, las agu as del erasmismo se disuelven y se reparten,
conforme pasa el tiempo y deviene n las generaciones humanas , en
multitud de hilos capila res, alguno de los cua les pud o regar
subterráneamente la tierra en que floreció la espiritualidad de Sa n
Juan de la C ruz, como una muestra más de lo que el propio Bataillon
ha denominado el “erasmismo secreto”.
68
De todo ello podemo s deducir que San Juan de la Cruz a dquirió una
sólida formación in tel ectual y cultural , no sólo en los a ños como
68
M. Avilés, op. cit. , p. 110.
80
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
alumno d el colegio de lo s Jesuitas de Medin a y como es tudi ante de
la universidad salmant ina, sino a lo largo de toda su vida: a través de
sus lecturas individual es, de su contacto con la cultura po pular y con
la a tmósf era que se re spiraba en a que llos años de la segu nda mitad
del siglo XVI español, imbuida del espíritu tridentino y erasmista; de
la belleza y eleganci a de la lírica culta, de la iconogr afía religiosa y d el
ambiente musical y lírico del Carmel o. Unido todo ello a una
delicada sensibilidad y a u na experie ncia espiritual e xcepcional, hace
que la obra literaria y mística de San Juan de la Cruz sea única,
inimitable y atemporal .
Como conclusión, ci tamos las palabras c on que C . Cuevas
sinteti za la incar dinaci ón cultural del Santo en su époc a:
Como hombre de su época, nuestro escritor se incardina en la
España de l siglo XVI, aunando el humanismo cristianizado de la
época del E mperador con la espiritualidad postridentina.
Renacentista es su valo ración de la perfección formal y
contrarreformista y medieval, su instrumentación a l servicio del ideal
religioso. Así, la formación humanística es para él un medio de
entender y expresar la rela ción con lo divino, lo que d a a su litera tura
rasgos hieráticos.
69
Todo lo qu e hasta ahora hemo s expuesto ha de ser
considerado como planteamiento ge neral, vá lido para comprender la
obra poética de San Juan e n su conjunt o, p ero como el obj eto
prioritario de nuestr o estudio es el análisi s de los romances, es
69
C. Cue vas, “Estudio litera rio…” , op. cit., p. 131.
81
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
imprescindible proceder a un segundo planteamient o de la cu es tió n,
pormenoriz ando en cad a ro man ce y en cada uno de sus pasajes las
deudas adquiridas por San Juan con sus fuentes (teológic as,
filosóficas, literarias…). Queda, pues, pendiente una segu nda
instancia, e n la qu e int entaremos aplicar a l os te xtos concreto s todo
lo esbozado e n este ca pítulo.
88
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
desarrollo de la imprenta y el uso de la lengua romance lograr on la
divulgación de obras li terarias y religio sas.
71
3.2. E SPIRITUALIDAD , HUMANISMO ERASMISTA E I LUMINISMO EN LA
PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVI
Para e ntender l a espi ritualidad en el si glo XVI es ne cesario
remontarse a l a Baja Edad Media eur op ea y hac er mención de lo q ue
se ha llamado l a devotio moderna . Como ya hemos menciona do, en los
Países Bajos surgiero n unos movimientos espirituales renovadores
dentro de las órdenes religios as y e ntre los laicos, cuya finalid ad era
la contemplación, la ilumin ación y la unión con Dios , a tr avés del
desarrollo de la oración mental , el estudio de las Escritur as y cierta
tibieza en relación con los medios sacramentales y las prácticas
habituales del culto. Todo el lo provocó la d esconf ianza de la
jerarquía ecle siástica y de los teól ogos.
Los orígenes de este movimiento se remontaron a los inicio s
de la plena Edad Media. Nos r eferimos a los begar dos y a las
beguinas. Eran grupos de hom bres y de m ujeres que vivían en
comunidad, dedicados a la oración, a la carida d cristian a y llevaban
una vida de ex trema austeridad, pero sin tener votos expresos, con
lo cual en cualquie r moment o podían abandonar la co mu nidad. Este
modus vivendi supuso p ara las mujeres de aqu el la época un a auténti ca
revolución. Dest acaron mujer es tales co mo Isabel de Schönau,
Hadewijch de Ambe res, Jul iana de Liej a, Ma rgarita Po rete, que
71
Joseph Pérez, op. cit ., pp. 34 - 35.
89
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
murió condenad a a la hogu era. Ya en los si glos XV y XVI la
jerarquía eclesiástica intentó integrarlas e n la orden carmelitana.
También hubo otras mujeres de profunda espirituali dad y v ida
contemplati va que pertenecieron a la vida m onacal como Hil degarda
de Bingen, Beatriz de Nazaret, Ángela de Foliño, Catalina de Siena,
entre otras.
72
A es te movimiento místico medieval habría que añadir los
llamados místic os de la esencia o místic os especulativos, cuyo
iniciador de este tipo de espiritualidad fue el domi nico alemán
Eckhart y sus discíp ulos Tauler y Suso que trataron de li mar las
controversias teológi cas que su maestro h abía prov ocado. A su vez,
influyeron en el huma nista Nicolás de Cusa, en Ruysbroeck y llegó a
su culminación con Tomás Kempis y su obra Imitación de Cristo, en
cuyas páginas se recogen los aspectos espi rituales esenciales d e la
devotio moderna . Así pues, los movimientos reformi stas ortodo xos:
erasmismo, como los he terodoxos : luteranismo y calvi nismo; los
movimient os iluministas y la místic a del si glo XVI, le deben muc ho
a este movimiento espiritu al renovador. A todo ello hay que añadir
otras corrientes espi rituales medieva les como la “vía afectiva ”,
iniciada por Bernardo de Claraval, la espiritualida d franciscana , cuyo
exponente má ximo fue San Buenaventur a, y la místic a de R . Llul l.
Así pues, en España, como en el resto de Europa, se desarrolló
profusament e la espir itualidad h eredada de todas est as corrient es
espirituale s que acabamos de m encionar e i nfluyeron en mayor o
72
Vid., J. M. Martí n Po rtales, “La mística monote ísta…” , pp. 68- 69.
90
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
menor me dida en esa amplia gama de movimientos espirituales d e
esta époc a.
En primer lugar destacaremos la e lite intele ctual, continuador a
de la escolástic a tomista, profesores d e prestigiosas univer sidades
como Alcalá, Salamanca, Valladolid, Sevil la, por citar algunas y que
desempeñ aron un papel fundame ntal en los pr incipi os teológicos y
doctrinales del Concili o de Tr ento. D e los pro fesores de la
universidad de Salamanca destacaron los dominicos, el más
importante fue Fr anci sco de Vitoria. Graci as a él se estu diará a p artir
de 1526 la S uma Teológica de Santo Tomás co mo texto; también
surgió con él el derecho internacional, el derecho de los indios, el
desarrollo de la moral, a l que contribuyó Domingo de Soto ( De
iustitia e iure, 1554). Finalmente d estacam os a Melchor C a no qu e
renovó el escolasticismo en su De Locis theologicis, y participó
eficazmente en el Concilio de Trento. Sin embargo, en los centros
universitari os c omo Sa lamanc a no predominó l a mística, aunque
también se desarrolló la corriente teoló gica franciscana, como
explica M. Andrés Ma rtín:
Los dominicos alcanzaron un récord universitario irrepetible:
mantenerse como titulares en la cátedra de Prima de teología en
Salamanca durante todo el siglo XVI […].La ordenación sistemáti ca
de los estudios human ísticos, filo sóficos y teológic os en la
universidades produjo una pléyade de teólogos y místicos
franciscanos que repusieron en nuestras academias las C átedra s de
Escoto y de San Buenaventura y d ieron aliento a la mística del
recogimiento, especialmente a las provincias que abrazaron la
91
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
descalcez. La segunda ref orma española que sigue a la terminación
del Concilio de Trento es protagonizada especialmente por descalzos
y recoletos en los aspectos de la espiritualidad vivencial.
73
Hay que añadir, a demás, el desarrollo de l a Compañía de Jesú s
a partir del año 1545 , que destacó en los estudios teológi cos con una
proyección mayor hacia el no minalismo, escotism o y humanismo.
Al igual que fue importante tam bién la infl uen cia de la orden
agustiniana en los es tudio s teológicos y bíblicos. Hast a aquí hemos
considerado todo aquello referido a la t eolog ía y al humanismo que
se desarrolló en las uni versidades espa ñolas.
Pero además de este movimiento teológico académico, la
espirituali dad renacentista tomó otros d erroteros. Nos r eferimos al
humanismo erasmista, muy relacionado a ciertos grup os d e
conversos también, pertenecie ntes a un a é lite intelectual y a círculos
muy próximos a l a aristocr acia y a la mo narquía, como fu e el cas o de
los hermanos Alonso y Juan de Valdés. Por otra parte, es necesario
mencionar el movimiento ilumin ista, relacionado tambié n con los
conversos, pe ro al qu e hay que añadir en tre sus se gui dores a grup os
de carácter popular. Y, finalmente , el movimiento místic o
franciscan o co n Francisco d e Osuna y el carmelit ano, cuyos
representante s máximos fueron Santa Teresa d e Jesús y San Juan d e
la Cruz , que consigui eron armonizar experiencia mística y teolo gía
con un rigor i ntelectu al sorpre ndente.
73
M. Andrés Martín, “El pensamiento teol ógico y for mas de religi os idad”, en R.
Menéndez Pidal, Historia de la cultura española. El sig lo del Quijote (1580-1680), Madrid,
Espasa Calpe, 1 996, p. 77.
92
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Joseph Pérez c onsidera que la histori a d e los m ovimientos
religiosos en la España del siglo XVI pasa por tres etapas: des de
principios d e siglo hasta las primeras sesiones del C oncilio de
Trento (1545), el viraje de los años 1550 a 1558 y la se gun da mit ad
del siglo a partir de 1 559.
La primera fas e coinc ide con el reinado de Carlos V. En esta
etapa la religiosidad gozó de cierta liberta d, destacando obras como
Cotemptus Mundi, conocida como Imita ción de Cristo de Tomás
Kempis, l a Vita Chirsti d e Ludolfo de Sajonia, conocida como El
Cartujano y Flos Sanctorum de Jacobo de Vorágine. Esta lit eratura
sirvió de a poyo a los tres movimientos más relevantes del siglo XVI:
erasmismo, ilumin ismo o alum bradismo y recogimi ento.
74
Uno de los mov imientos espirituales más num eroso y má s
perseguido por la Inquis ición fue el d el ilumi nismo o los
“alumbrados” . Se sitúa su origen entr e los años 15 22 -1523 y El
origen del término procede de la sustant ivación d el particip io del
verbo “alumbrar”. Este tipo de misti cismo he rétic o, como hem os
indicado anteriorme nte, surgió como consecu encia de la devotio
moderna medi eval, cuyo origen, a su vez, se remont a a la doctri na
mística de Pseudo Di onisio.
75
Como explica M . Bataillon, iluminismo y erasmismo es tán
íntimame nte relacionados y por ello, el iluminismo se hace mucho
74
Vid . J. Pérez, art. cit . , pp. 38 -39 y A. L . Civeti, Introducción a la m ística española,
Madrid, Cátedra, 19 74, pp. 1 33- 144.
75
M. Bataillon, Era smo y Espa ña, Madrid, Fondo de Cultura Económica , 1989, 3ª
reimpr., p. 166 .
93
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
más co mprensibl e, cuando se lo estudia en relación con el
movimient o erasmiano. Las tendencias de lo s alumbrados of rec en
analogías evidentes con la gran revoluci ón r el igios a que conmueve a
Europa y p or otra parte, habría que distingu ir entre “recogimi ento”
y “dejamient o”:
El recogimiento es la espiritualidad que florece entonces entre los
franciscanos reformados de Castilla La Nueva. E s un florecimiento
del misticismo alentado por Cisneros, que encontrará su ex presión
más rica y matiz ada en el Tercer abecedario espiritua l de Francisco de
Osuna […] E sa espiritualidad se apoya en las enseñanzas de San
Bernardo y de Gersón; es una disciplina del alma que tiende a
prepararla para ‘l a amis tad e comunicación de Dios’ […] Osuna
muestra cómo el conocimiento de Dios, al qu e conduce el
recogimiento, es un conocimiento de l alma purificada por la s
virtudes morales, alumbrada por la virtudes teologales, perfeccionada
por los dones del Espíritu Santo, la s bienaventuranzas evangélicas,
‘teología mística que quiere decir escondida ’, muy diferente de la
teología escolástica […] ‘E l recogimie nto no hace otra cosa sino
vaciarnos de nosotros mes mos, pa ra que Dios se e xtienda más en el
corazón’.
76
Estas pal abras nos hacen pen sar en l a en orme influ encia en
que tuvo el Tercer Abecedario de Osuna en la mística carmelita na. La
mística del “recogimie nto” no había caído todavía, en los in icios del
siglo XVI, baj o la mirada vigilante de la Inquisición, por ello sus
seguidores in tentab an no ser identificados con los alumbr ados o
76
M. Bataillon , op. cit., p p. 167 - 168.
94
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
“dejados” , mucho más sospech osos de separarse de la doctrina
teológica co nvencio nal.
Los se gui dores del ilumini smo practicaban, en general , un
radicalismo moral, una tende ncia a la perfección moral y un
alejamient o de la doc trina tradicion al católica. L o que provocó los
recelos de la Inquisición fue la crí tica claramente realizada contra las
prácticas devotas rutinarias, la devoción de las imágen es, que
considerab an idólatras, la posibilidad de orar no exclusivam ente en
las igl esias, el reun irse en “conventículos”. Coincid ían, sin embargo,
con el movimi ento espiritu al fran ciscano, en darle supremacía a la
oración me ntal.
El movimiento alumbrado tuvo una enorme fuerza en Ca stilla:
Pastrana Toledo, Escalona, Valladolid… En e ste movimie nto
espiritual, las “beatas” ej ercieron u n papel predominante y así
destacaron la madre Ma rta e Isabel de l a Cruz, religi osa de la tercera
orden franciscan a. Esta vivió en Guad alajara en su ci udad natal, en
la parroqui a de Santo Tomás y enseñaba a bo rdar a las hijas d e las
familias pr incip ales de la ciudad . Su seguidor a fue María Cazalla,
hermana del obispo fray Juan de Cazalla , casada con un importan te
burgués, Lope de Rueda; la beata de Piedrah ita y Francisca
Hernández que vivi ó en V alladolid, son algunas d e las más
conocidas .
Entre los varones destacaron el fraile Caz alla, Pedro Ruiz de
Alcaraz, y Franci sco Jiménez de Santo Domingo, entre otros. El
movimient o iluminista estaba muy relacionado con la orden
95
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
franciscan a como la figura de fray Francisco Ortiz. En Escalona fray
Francisco de Ocaña y fray Juan de Olmillos fueron famosos por sus
sermones, éxtasis y pr ofecías, qu e provocaron un gr an r evuelo, y en
no pocas ocasione s tuvo que intervenir la Inquisición para po ner
sensatez a t anta im aginació n desborda da.
77
También el movimi ento iluminista es taba relacio nado con los
conversos. Así los he rmanos Cazalla son hi jos de padre y madre
conversos. Tam bién eran conversos fray Franci sco Ortiz de Toledo,
Isabel de la Cruz, Alcaraz, hijo de un panadero de Guadalajar a,
Bernardino Tov ar y los Vergar a. El era smista Juan Maldonado
registró el rumor general de que los alumbrados del reino de Tole do
eran convers os en su mayoría. M. Batail lon trat a de explicar el
porqué:
Desarraigados del judaísmo, estos hombres const ituyen en el seno
del cristianismo un elemento mal asimilado, un fermento de
inquietud religiosa […] . Son familias que a menudo se han
especializado en el manejo del dinero, que constituyen el elemento
más activo de la burguesía española . Ya sea la causa de su inclinación
más ardiente a las ocupaciones intelec tuales, ya a causa de su poderío
económico, ellas proporcionan a l clero, según parece , un
contingente desproporcionado con su importancia numérica en el
seno de la sociedad española […] Los cristianos nuevos en España
aspiran tanto más ardienteme nte a la libe rtad religiosa, cuanto que se
77
M. Bataillon, op. cit ., p. 17 9.
96
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
sienten amenazados en sus personas y más todavía en s us ha ciendas
por la Inquisición.
78
También los iluminado s, al igual que los conversos, tení an
relación co n la alta nobleza y ocupaban puestos importa ntes de
administradore s, secretarios o mayordo mos. Los caso s más
llamativos, po r citar algunos, fueron el padre de fray Francisco d e
Ortiz, mayordomo del embajador Rojas, y su hermano mayor,
secretario del Almirante de Castilla, don Fadrique Enrí quez; Alcara z
fue cont ador del ma rqués de Priego durant e uno s añ os. Su caso fue
especialm ente relev ante, ya qu e tuvo un a gran infl uencia sobre el y a
anciano marqués d e Villena, don Diego López Pache co, que lo
admitió como criado en su pa lacio ducal de Escalona , pero sus
servicios eran de carácter espiritual. También es digna de mención la
relación de María Cazalla con los d uque s del Infantado , a cu yo
palacio iba con frecue ncia a conver sa r con l a duque sa.
79
También el iluminismo o alumbrismo se exten dió po r la A lta
Andalucía y Extr emadura . Como A. Huerg a afirma, el a lumbris mo
se desarrolló en tierras que esta ban abonadas para ello: B aeza, don de
predicó el beato Juan de Ávila, d el que se puede afirmar que fu ndó
una universidad míst ica en la ciudad, por los libros de caráct er
espiritual que se imprimen allí y, además, las predicaci ones d e los
jesuitas y de los carmelitas descalzos. No hay que olvidar que en ese
tiempo San Jua n de la Cru z estaba en B aeza. Tam bién en Baez a, en
78
M. Bataillon, op. cit. , p p. 180 - 181.
79
Idem, pp. 182- 185.
97
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Úbeda y Jaén apare cieron “l egiones de beatas”. Es importante
aclarar que estas tierras andaluzas estaba n despobl adas d e ho mb res
que se habían ido a Améric a. Estas mujeres vivían en comunidad, en
conventícul os, dedicadas a una vida de piedad y con una actividad
espiritual en la q ue predomi naba el “d ejamiento”.
80
En Zafra y en Llerena y en otras comar cas de Extremadura
también hubo una influencia de la espiritua lidad del beato Juan d e
Ávila y fray Lui s d e Granada. En tre los s eguidore s de los
alumbrado s surgieron numerosos gru pos de beatas, entre ellas
destaca María d e R omera, “hermo sa y moza”. Experim enta ban
falsos a rrobamie ntos místic os y otras aberraciones y por ello fuer on
muy pe rseguida s por la Inquisi ción. Uno de los inquisid ores má s
destacad os , López de Montoya, coment a ba : “Han sido todas
fingimiento y engaño con que han tenido es ta tierra suspensa y
maravillada.”
81
Otro perseguidor de los alumbrados extremeños fue el
dominico f ray Al onso de la Fuente . De stacó como predic ador y
luchó denodadamente contra este movimiento e incluso juzgó de
“alumbradas” las obras d e Sa nta Tere sa. Y, aunque nunca d udó de
su santida d, sí d udó de l a autentici dad de sus obras. T al fue s u
ensañamient o, que el ca rdenal Enrique de Portugal escribi ó a tres
grandes personalidad es de la época co mo fueron el Inquisidor
General, Feli pe II y el Papa , protestan do por esta actitud. De he cho
80
Cfr. Á. Huerga, Predicadores, alumbradose e I nquisi ción , Madrid, Fundación
Universitaria Española, 1973 , p. 57.
81
Ibid., p. 57.
104
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
allí, [en V alladolid] como en Sevilla, se trata sobre todo de un
evangelismo que proclama la salvaci ón por la fe sola y cuyos
partidarios más decididos pertenece n a la aristocracia y a las ór denes
religiosas. Habla r de comunidades protestantes es falsear la imagen
de este movimiento.
91
Si n embargo, Jo seph Pérez discr epa de est a opinió n:
El fenómeno va llisoletano o castellano es un genuino brote de
protestantismo en Espa ña. La situación en Sevilla parece más
confusa: al lado de auténticos luteranos como C ipriano de Valera o
Casiodoro R eina , se sospecha de predicadores como el doctor
Egidio y Constantino Ponce de la Fuente, sucesor del doctor Egidio,
muerto en 1555, a mbos p rotegidos por el a rzobispo Manrique, más
bien erasmizantes y adeptos al humanismo cristiano.
92
De hecho, el doctor Egidio tuvo contacto con el ilumini smo a
través de los hermanos Cazalla. Sin embargo, Const antino Ponce
mantuvo a mist ad con fra y Luis d e Gran ada y algu nos jesuit as, es
decir, con figuras no sospechosas en un principio, y perteneci entes a
la ort odoxia. Pero, efectivamente , aparecieron en Vallado lid brotes
claramente luteranos y a nte el avance luteran o todas las instituciones
políticas y religios as reaccionaro n implacablement e. J. Pérez resume
los acontec imientos intolerantes y virulentos que se vivieron en el
año 1559:
Se celebran los grandes autos de fe con los que se pret ende sofocar
los brotes de herejía. El 22 de mayo en Valla dolid se hace en
91
M. Bataillon, op. cit. , p. 7 06.
92
J. Pérez, art. cit., p. 42.
105
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
presencia de 200. 000 personas y de la regente Doña Juana; el doctor
Cazalla y ca torce reos mueren en la hoguera. E l 8 de octubre,
también en Valla dolid, el mismo Felipe II, que a cab a de regresar a
España, asiste al auto en el que se sentencia a muerte a Pedr o
Cazalla, a Domingo de Roja s y a cuatro person as más. […] En
Sevilla ocurre otro tanto, con los autos del 24 d e septiembre de
1559, el 22 de diciembre de 1560 en el que los resto s del doctor
Egidio son de senterrados y quemados y C onstant ino Ponce de la
Fuente, muerto poco antes en la cárcel, es quemado en efigie como
luterano. Otros a utos se celebran en Sevilla el 26 de abril y el 28 de
octubre de 1562. Antes de salir de Fla ndes, en julio de 1559, Felipe
II había dictado una orden para que los estudiantes españoles de
Lovaina regresasen a la P enínsula en un plazo de cuatro meses. […]
Mucha más trascendencia tiene el Índice, que publica el inquisidor
general Valdés en 1559, p or el c ual se mand an reco ger y quema r los
libros sospechosos y se prohíbe la lectura de mucha s obras
espirituales en romance, entre ellas las de Fray Luis de Granada.
93
El caso de fray Luis d e Gra nada, co mo otros qu e citaremo s,
son dignos de men ció n, para lleg ar a compren der hasta qué punto se
sufrió la in tran sigencia religiosa en esta época. A pesar de que sus
principios so bre la espiritualidad son escolástico s, la obra del
dominico fray Luis de Granada (1504 -1588) está mucho más
cercana a la espirituali dad afecti va francisc ana. En sus obras Libro de
oración y meditación (1551) Guía de p ecadore s (1556) anima a una
espirituali dad in terior y de rec ogimie nto. Como acabamo s d e
mencionar, sus obras a parecieron en el Índic e en 1559 y censura das
93
Idem , p. 43.
106
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
por M elchor Cano. Posteriorment e fueron aceptadas en el Concilio
de Trento, gracias a la in terve nción decisiva de Carlos Borromeo,
entonces a rzob ispo de Milán. Al igual que con las obras de fray Luis
de Gran ada, otras obras fueron censuradas y luego aceptad as,
después de mínimas correcciones. A sí sucedió con las Obras del
cristiano d e Francisco de Borja y Avisos y reglas cristianas sobre el ve rso
Audi filia del m aestro Juan de Ávi la.
En este orden de acontecimiento s, el recién nombrado
arzobispo de To ledo, Carranza ( 1503- 1576), figura influyente en el
Concilio d e Trento , fu e detenido, no sólo por sus Co mentar ios al
catecismo christiano, sino porque se encontrab an en su pod er
opúsculos manuscrit os de autores como Ju an d e Ávila, fray Tom ás
de Villanueva y fray Luis de Granada.. Como a clara M. Bataillo n
refiriéndose al ilumini smo de los Coment arios,
es una interpretación del cristianismo que acentúa vigorosamente la
fe y la razón y que no res peta mucho el magisterio de los teólog os y
de los filósofos. […] El amor de Dios es p resencia de Dios en el
hombre, pues ‘e l ser que recibe nuestra ánima por unión con el
Espíritu Sa nto es el ser infinito del Espíritu criador. ’ […] En la
oración es donde el alma llama así el socorro divino y esta oración
no tiene ninguna necesidad de las palabras.
94
Y aunque el conteni do doctri nal encierra mayor riqueza y
complejida d lo expu esto e s sólo un breví simo asp ecto de su amplia
doctrina, en la cual Melc hor Cano observ a influenc ias de erasmis mo,
94
M. Bataillo n, op. cit. , p. 71 1.
107
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
luteranismo, calvinis mo, a demás del ilumini smo. Por otra parte,
Cano fue consciente de que si se daba pie a la ten dencia ilum inista,
parte de la doctrina tradicional católic a y de la teologí a escolástica
desaparece rían y se produc iría un auténtico d esquici amiento de la
sociedad. Carranza postul ó, además, una iglesia des prendida de
todos los b ienes m ateria les y el lo supond ría, según Cano, ll egar
directament e a la secularización luteran a. Carranza levantó su
protesta afirmando qu e era inadmisible que se considerara luterano
todo aquello que se ap artase de la tradició n.
La Inqui sición, sin embargo, aceptó los criterios d e Melchor
Cano, a pesar de que incluso en las filas de la orden dominicana ,
hubo defe nsores de la cau sa c arrancist a y ta mbién entre los jesuitas,
como fu e el caso d e Salmerón. Pero a medida que el proceso fue
desarrollán dose en su contra, sus segui dores lo a bandon aron,
excepto Azpilicueta. Su pr oceso se inició en 1559 y finalizó en 1574,
a pesar de que su obra fue considera da ortodox a por el Concil io de
Trento.
95
Como conclusi ón, se puede afirmar que el huma nismo
erasmista fracasó a mediados del siglo XVI, a sí co mo el movimien to
iluminist a, frente a una co rriente intelectu al, elitist a, tr adicional y
escolástica, cuyos representante s máximos se encontraban en tre la
Orden de los dominicos, entre los que destacan Francisco de Vitoria
y Melchor Ca no. Los dominicos, ta l como afirma J . Pérez,
95
Cfr. Marcel Batai llon, Erasmo …, op. cit. , pp. 710-71 3.
108
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
muestran mucha reticencia a la hora de recomendar la oraci ón
mental, que según ellos debe quedar reservada a una élite; ‘los que
no pueden estudiar que hagan oración vocal’, e scribía Francisco de
Vitoria. Melchor Cano, totalmente ‘refractario al misticismo’, como
escribirá Menéndez Pel ayo, fue el que llevó esta posición hasta las
últimas consecuencia s, […] es la que aparece en las censuras que
hizo del catecismo de Carranza y de las obras de fray Luis de
Granada.
96
No obstante, no fueron ellos los únicos que se opusieron de
una forma tan directa a la oración mental, M. Ba tail lon cita al
dominico fray Juan de la Cruz, según él injustam ente olvidado, en
cuya obra Diálogo sobre l a n ecesidad y obl igación y provecho de la oración y
divinos loores vocales, refleja ba su anti erasmismo . M. Bataillo n lo
define com o
un fraile impregnado de humanismo cristiano. […] Maneja un
lenguaje expresivo, rico en imáge nes, que es uno de los grande s
atractivos de su Diálogo . Este respira, desde las primeras páginas, una
melancolía […] que anuncia ya De los nombres de Cristo . Es en suma,
un Anti-Erasmo que se alza en contra de Monochatus non est pietas , un
elogio de la oración vocal y de la obras ce remoni ales en c ontra de los
propagandistas exclusivos de la oración mental y de los ejercicios
espirituales. Pero se parece muy poco a la agresiva Apología de Fr.
Luis de Carvaja l. El propio Fr. Juan de la C ruz, nos dice quiénes ha n
sido sus modelos: San Juan C risóstomo y Ca siano, autor de las
Colacione s tan queridas de Juan de Valdés.
97
96
J. Pérez, art. cit., p. 47.
97
M. Bataillon, op. cit ., p p. 602 - 603.
109
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Con este autor y con las obras de fray Lu is de Granada, Libro
de oración y Guía d e pecadores se cerr aba una época d e la espiritu alidad
española, en la que la Inquisició n simplif ic ó sus cont enidos de
manera que conden ó “misticismo y erasmismo acusándolos de
ilumini smo y luter a nismos d isfrazado s”.
98
3.4. E L C ONCILIO DE T RENTO Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO DE LA
ESPIRITUALIDAD DE LA C ONTRARREFORMA
Resumien do lo que acabamos de explicar en los apartad os
anteriores, en el tran scurso del Concilio de Trento se pusieron de
manifiesto cuatro corrientes de espiritualidad. Una primera corrie nte
de carácter académico-teológico, como lo d efinió C aro Baroja de
“aristocratism o intele ctual”, proc eden te de las universida des y
representado por la orden dominica fundamentalment e con
Francisco de Vitoria y sus continua dores Melchor Cano y Domingo
de Soto, entre otros. Por otra parte, la religiosidad popular d ividi da
en dos corri entes: una tradicional a pegada a todo lo d evociona l y
ritual, es decir, al ca tolicismo tradicional y otra influida por el
iluminismo, totalmente persegui da po r la Inquisición. El
humanismo espiritual, in fluido po r el erasmismo y representado por
fray Luis de Gra nada y C arranza, repr esentó otra corriente. Y,
finalmente , la místi ca, representada po r el Carmelo y la orden
franciscan a. J. Pérez sintetiza esta situac ión:
98
Idem, p. 206.
110
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Desde varios siglos se va realizando en occidente europeo una
profesionalización del sa ber que queda reservad o a una é lite de
clérigos, de doctos, de letrados, y que trae como c onsecuencia una
marginación progresiva de los que no han estudiado […]: estos son
la mayoría del pueblo cristiano.
99
Y en otro mom ento anterior a clara:
Despotismo de la inteligencia, aristocratismo teológico, que llevan,
por un aparte, a mantener a raya a una mas a ign orante e inc ulta, y
por otra parte, a mirar con recelo e inquietud todo lo que se aparte
de las normas fundadas en las doctrinas s anas y aprobadas.
100
Y fu e esta actitud la que tri unfó tras el Concili o de Trento,
aunque todavía en esta primera etapa a parecí an algunos rasgos de
erasmismo. Uno de estos rasgo s esenciales fue e l biblismo y entre
ellos destac ó el humanista Arias Montano (1527-1598). Estudió en
la Universida d de Alcalá y allí sus relaciones con el erasmismo
fueron evidentes . Obtuvo en 1549 la licenci atura en Arte y en 1552
se le otorgó el título de poeta laure ado. Siguió sus estudi os de
Teología y un o de su s profesores de Bi blia f ue Cipriano de Huerga.
Al terminar sus estudios se retiró a la Peña de Aracena y se dedicó
exclusivam ente a estudiar las Sagradas Escrituras. Su propósito era
prescindir de la escolástic a y eso lo emp arentaba relati vamente con
los era smistas, sobre todo en lo que conci erne a la exégesis literal.
Como afirma d e él M. Bataillon:
99
J. Pérez, art. cit., p.46.
100
Idem., p.45.
111
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Nuestro ermitaño es el biblista que seguirá siendo toda su vida, el
hombre que expone su fe ortodoxa en un la tín de impecable
elegancia y que quiere apoyar esta fe únicamente en la Biblia, en
nombre de la cual la combaten los herejes.
101
En 1562 Martín Pérez de Ayala lo llamó de su retiro para
participar en el Concilio de Trent o, donde algunos de los
participantes lo obser va ro n con cie rta retice ncia. C omo capel lán del
rey en el Escori al, instó a Felipe II a que permitier a la publicac ión de
la Biblia Políglota de Amberes y é l se encargó de llevar a cabo la
ingente edición de la Bib lia Regia . En su elaboración y pr oyecto de
tan magna obra, quedaron muy atrás los erasmistas y también los
escolástico s, empeñados en mantener el prestigio de la Vulga ta .
Arias Mon tan o h abía puesto en e lla to da la ci encia del catolicismo y
del hebraísmo para realizarla y h asta la mu erte del Papa Pío V no
llegó la orde n de Rom a para que se pub licara .
No obst ante, L eón de Castro, que fue quien llevó a cabo el
proceso contra los tres profesor es hebraístas de la Universi dad de
Salamanca: fray Luis d e León, Gaspar de Grajal y Ma rtín M artí nez
de Cantalapi edra, in tentó acus ar a Arias Montano po r los mismos
motivos que fueron acusados los profesores ci tados, pe ro su Bibl ia y
él salieron ad elante. E l biblismo de Arias Montano creó escue la en el
monasterio de El Escorial y sus co ntinuad ores fu eron fray Jos é de
Sigüenza y fray Lucas de Alae jos.
102
Podemos concluir esta breve
101
Op. cit. , p. 739.
102
Cfr ., M. Bataillo n, op. cit. , pp . 743 - 748.
112
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
información s obre Ari as Montano con l as p alabras de Bataill on que
sintetizan l a ingente personali dad y obra d e este humanist a:
Arias Montano se formó antes de 1558. Conoció el tiempo en que la
herencia erasmiana era defendida todavía por una selecta minoría
católica deseosa de hacer entrar lo esencial de el la en el c ampo de la
ortodoxia y que veía en ella una prenda de renovación para la Iglesia.
La aspiración a la interioridad, la voluntad de nutrir de sustancia
evangélica la enseñanza cristiana, eran el ementos que esta minoría
había hecho suyos. Arias Montano trabajó pa ra hacerlas triunfar.
[…] Su prudente moderación es la de un hombre que ha vi vido con
intensidad los años en qu e la ortodoxia se estrecha inexorablemente,
y que ha desempeñad o un papel de prime r orden en su
consolidación.
103
Llegamos pues, a pl ena ép oca de Felipe II y al fi nal del
Concilio d e Trento en 1563. Fue en esta époc a cuando se
desarrollaron las obras de los grandes ho mbres de la espiritu alidad
de l a Contrarreform a y de l a es piritualidad postrident ina. Se publ icó
la última obra de fray L uis de Gr anada, Intro ducción a los símbolos dela
fe , mientras que Fr. Luis de León desarrolló su magistral obra
prosística y lírica . Pero la más genuina e xpresión d e la espiritualid ad
española está en la orden carmelit ana. Fue el moment o de l os
grandes mís ticos españoles . En tor no a157 7 Santa Teres a comp one
Las moradas o Castillo interio r y San Ju an de la Cruz, desde 1577 a
1579, comenzaba a r edactar los primer os ca pítulos de Subida del
Monte C armelo en Baeza.
103
Ibid ., p. 748.
113
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Como aclara M. Bataillon, en re alidad la orden el Carm elo
significó un refugio para llevar acabo la oración mental, fuera del
alcance de la Inquisic ión, aun así S anta Teresa de Jesús, como el
mismo San Juan de l a Cruz y sus discí pulos fueron sospe choso s d e
iluminismo en a lgunos momentos. Es más, el je suita Baltasar
Álvarez había sido sospecho so también , por ser confesor de Santa
Teresa, y sus herm anos de la C ompañía lo miraban con cierto
recelo. Por otra parte, fra y Luis de León tuvo que ha cer un a l egato
en 158 8 sobre la ob ra de Santa Ter esa, po rque era cons iderada
sospechos a de iluminismo. Por es tas circunstancias, las obras de Sa n
Juan de la Cruz se publicaron después de su muerte ya bien en tr a do
el siglo XVII. Aun así, fray Basilio Ponce de León, sobrino de fray
Luis de León, y profesor de la universidad de Sal amanca, treinta
años después de su publicación en 1618, tuvo que hac er una defensa
de las obr as de San Juan de la Cruz.
104
Para culmin ar la literatura espiritual de la Contrarreforma ,
tendríamos que mencionar algunas ob ras y autores que marcaron u n
hito transcen dente tanto en su época como posteriorm ente. Nos
referimos a Introducción el sím bolo de la fe de fray Luis de Granada.
Obra de ancianida d que fue una defensa extraordinaria del
cristianismo co ntrarreformi sta y se difundió por toda Euro pa.
En el mismo sentido y, siguien do con la literatura ascético -
mística postridenti na, es necesario citar también al franciscano fray
Diego de E stella, coetáneo de S an Ju an d e l a Cru z y pe rtene ciente a
104
Vid ., M. Bataillo n, op. cit., pp . 750 y 75 1.
120
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
4. CONFIGU RACIÓN DE L A DOCTRINA TEOLÓ GICO-MÍSTICA
SANJUANISTA
La obra poética de los rom ances trata de te ología mí stica. San
Juan de la Cruz logró verter en versos de gé nero popular uno de los
temas teológicos esenciales del Cristian ismo, como es el mist erio
trinitario, la creación del mundo y la Encarnació n y la Reden ción del
hombre. Es un tratado teológico en vers o, d e intenso lirismo, de
sutil afectivi dad y delicados sentimiento s amorosos y es tamb ién un
poema místico en u na doble vertiente: en primer lugar porque
refleja la unión amor osa entre l as tres pe rsonas trinitarias , y e n
segundo lugar porque para San Juan d e la Cru z, como manifiest a en
numerosas ocasiones, su experien cia místi ca es trinitaria. Es decir, es
un tema especialmen te querido para el Santo y esencial para la
comprensión de su concepción y experienci a místic a. Para S an Juan
de la Cruz la mí stica e s
sabiduría de Dios secreta o escondida, en la cu al, sin ruido de
palabra y sin ayuda de algún sentido corporal o espiritual, como en
silencio o quietud, a oscuras de todo lo sensitivo y natural, enseña
Dios oc ultísima y secretísimamente al alma sin ella saber cómo. (CB
36, 12).
Esta experiencia mística se realiza entre la unión del alma y la
Santísima Trinidad, por medio del matrimo nio es piritu al a tr avés del
amor. El pensamient o teológi co y místico, tal co mo lo desarro lla
San Juan de la Cruz , es un comp endio de toda la tradición místi ca
cristiana desde sus orígenes en la Patrística, pasando también por las
121
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
tradiciones místi cas orientales , islámicas y la cabalísti ca cristiana,
hasta llegar a la tradición espiritu al y mística med iev al y renacentist a,
como he mos analizado en el apartado anterior. Es te sinc retismo de
corrientes espirituale s tan diversas, unido a su propia experiencia
mística, cargada de una intensa afectividad y de lirismo de una
belleza inusit ada, es la que se refleja en su obra lírica y pr osísti ca,
incluidos los dos roma nces.
4.1. L A P ATRÍSTICA EN LA CONF IGURACIÓ N DE LA DOCTRINA TEOLÓGICO -
MÍSTICA DE S AN J U A N DE LA C RUZ
Para aproximarnos a la teología místic a y, espe cialmente , para
el estudio de los romances de San Juan de la Cruz, es necesario
remontarnos a la filosofí a neoplatóni ca y a la Pa trística. Aunque ya
en el a partad o anterio r hemos coment ado la importancia de ambas
corrientes en l a f ormación cultural s anjuanista, nos parece nec esario
abordar, aunque so merame nte, el pensamiento del Neo platonism o y
de la Patrísti ca que inf luyeron fund am entalmente e n lo que s e refiere
a la formaci ón del mis terio de l a Trinidad, t ema d e los romances .
Son mu chos los e studioso s de la obra s anjuanist a que han
redundado en esta influencia decisiva en su obra. Si bien las obras
de la Patrí stica no lleg aron a él directamente , bien pudo ser a trav és
de las lecturas del Breviario , de floril egios, de comentari os bíblicos y
122
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
escolástico s, co mo cree, entre otros estudiosos, M. Diego.
110
Siguiendo los estud ios sobre la historia del a Patrística de este auto r,
haremos referencia a los Padr es que influyeron decisivam ente en la
formación del pensamient o teológico-místico sanjuanista y,
especialm ente, en lo que se refiere a la formación del dogma de la
Santísima Trinid ad y su influ encia posterior en la filosofí a
escolástica t omista de la Edad Media.
En pr imer lugar, es necesario citar a Filón de Alejandría,
precursor d el Neoplatonismo posterior, pues s upone un impulso
religioso en el pensar filosófic o. Su vida coinci de con la de
Jesucristo, puesto qu e muere en el año 42 d . de C. y su obra se
encuadra dentro del judaísmo helenístico que tuvo un gran influjo
en el Cristi anismo. Influyó en San Cleme nte de Alejandría,
Orígenes, San Gregor io de Nisa, San Basilio, San Jerónimo, entre
otros. Se le consider ó el primer teólogo cristiano. Perteneció a la
primera comunidad jud ía de Alej andría y su formación fue
platónica, por l o qu e representa el p rimer encuentro entre la cultura
judaica y helénica. Obtuvo una c ultura enciclopédic a y refinada y
estudió la Ley m osaic a y Filosofía, Ci encias naturales, Cosm ología,
Filología y Hermenéu tica de tex tos griego s. Escribió exposici ones
exegéticas sobre el Gé nesis y el Éxodo; sobre la providenci a divin a, la
eternidad del mundo. Una de sus obras fue Vida contemplativa en la
cual expuso el idea l de los terapeuta s.
110
M. Diego , Historia de la espir itualid ad patrística, Madrid, Editorial de Espiri tualidad,
1992.
123
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Según J. Hirschberger, su filosofía está impregnada d e su
origen judaico y bíblico por una p arte, y de platonismo, por otra y
por ello su pensam iento se c entra en tr es pun tos: Dios, la creación, y
el logos. Su concepto de Dios es de un ser tra nscendent e, lo otro, lo
más perfecto que per fecto, y, además, es un Dios personal . Otro
concepto im portante en su pens amiento es el de creación. Pero el
más in teres ante desde un punto de vista teol óg ico es el concepto del
“logos”:
es el logos la idea de las ideas, [ …] el vicario y el enviado de Dios, el
Hijo unigénito de Dios, el segundo Dios; e s la sabiduría y la razón de
Dios por la que el mundo es creado, y es el alma del mundo, que
todo lo anima. C omo se ve, se tiende un puente entre Dios y el
mundo. [ …] Y con ello, nos hallamos a nte un motivo fundamental
de todo el neoplatonismo, motivo también fundamental, de la
teología posterior, una teología negativa que separa a Dios del
mundo.
111
En su obra Migra ción de Abrahán afirma:
Márchate, pues, del elemento terr estre que hay en ti: huye, amigo de
él con todo vigor y plena fuerza de la repugna nte prisión que es el
cuerpo. […] Aléjate también de tu pariente, la sensibilidad.
112
El ho mbre es, en definitiva, un ser co mp uesto de materia y
espíritu, el cuerpo y los s entidos son la prisión del espíritu. Id ea
desarrolla da plename nte en la moral cristiana medieval. Como
111
J. Hirschberger , Breve hist oria de la Filosofía , Barcelona, Editorial He rder, 1968, p.
79.
112
M. Diego Sánchez , Historia de la espiritualid ad …p . 285.
124
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
afirma M. Harl, citado por M. D iego Sánchez, Filón d e Alejandría
fue el represe ntante de un nuevo t ipo de hom bre religioso:
Por la fusión del vocabulario tradicional de los platónicos, de los
datos de su fe, de su experiencia personal, Filón ha elaborado un
lenguaje espiritual nuevo, original, rico, llamado a tene r una gran
posteridad.
113
Posteriorme nte, apa rece en la teología patrística una figura
esencial para la aportación a la místi ca medieval y renac entista, se
trata de Orígenes ( 185 -254). Fue exégeta, teólogo y de profunda
experiencia espiritual, resultó transcenden tal su comentario del
Cantar de los Cantares . Realizó una interpretación individual del
Cantar , es decir, intentó abrir la comprensió n de este poema
amoroso co mo significativo de la re lación esponsal e ntre Crist o y el
alma fiel y desde entonces el Cant ar de los Cantares ha si do un li bro
vinculado estrech amente a la corriente místic a.
114
Por otra parte,
inauguró una corriente exegética que desarro llarán Gregorio de
Nisa, Gregori o Magno, Bernardo de Claraval, entre otros hasta
llegar a la místi ca del Renacimient o, con Teresa de Jesús y Juan de la
Cruz.
De hecho, M. Diego Sánchez, en otro estudio, analiza los
aspectos concretos en que la inter pretación de algunos pasajes del
Cantar de los Cantares de Orígenes co incide c on la exégesis s anjuani sta
del Cántico . Así, por ejemplo la imagen de las ra posas del Cántico
113
Apud , M. Diego Sá nchez , op . cit. , p. 288.
114
M. Diego Sánchez , op. cit., p . 125.
125
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
interpretada po r S an Juan como los “ape titos y movimi entos
sensitivo s” (CB 16,5), los “maliciosos demonios” (CB 16, 6),
Orígenes la interpret ó, desde su pers pectiva platónic a, como “ los
enemigos del hombre interior, las potestades contrarias que asedian
a las almas de los hombres” .
115
Otro aspecto intere sante de su doctrina es la distinción entre
hombre terrestr e y h ombre c elestial, siguiendo la doctrina paulina y
platónica. En el aspecto místico consi deraba que só lo el lengu aje
simbólico era p osible para ac ercarse a ell a. A sí par a ex presar la
experiencia mística co mo una exp eriencia amorosa, creó el símbolo
de la flec ha o saeta de amor. Como explica M. Diego Sánc hez :
El significado de la herida de a mor en el progreso espiritual es el de
demostrar habe r llegado al estado de matrimonio espiritual; es el
signo más evidente de las bodas mí sticas, de haber sido atraído solo
y exclusivamente por los dardos del Verbo de Dios.”
116
Orígenes logró el acercamient o sistemático de la fe y el
platonismo y d e ello surg e el pensamie nto de Greg orio de Nis a, del
Pseudo Dionisio, d e San Jerónimo , d e San Ambrosio, de S an
Gregorio Magno, de San Bernardo, entre otros. Tradicion almente se
juzgó su doctrina como herética y, de hecho, fue excluido del
Breviario hasta la reforma litúrgica del Co ncilio Vatican o II y fue
considerado p or algun os el genio d el cristian ismo.
117
115
M. Diego S.anchez , “La experienc ia patrística de San Juan de la Cruz”, en E.
Pacho, Experiencia y pensamien to en San Juan de la Cruz , Madrid, 1990, p. 94.
116
M. Diego Sánchez , Historia de la espiritua lid ad …, p. 141.
117
Cfr . , M. Diego, Hi storia de la espiritualidad …, pp. 1 18 - 144.
126
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Aunque no se trata de un pensador cristi ano, sin emb argo,
Plotino (204- 266) influyó definitiv amente en el Neoplatonis mo
cristiano y en la mí stica post erior. Es más, intuye el concept o
trinitario y la ascesis p ar a llegar a la unión con el Uno y t al como
considera E . Borrego:
la filosofía de Plotino es mística de sde la raíz de sus formulaciones
más importantes y en ella se refunden los enunciados pla tónicos,
estoicos y agnósticos, [ …] siempre en referencia a los aná lisis
peculiares de l espíritu y de su apertura en lo que en un lengua je de
posterior elaboración hemos llamado transcendencia.
118
Plotino fue continuador del pensamien to de Filón de
Alejandría, y con él se inicia el Neo platonismo . Comienza su
filosofía con una separación marcada entre Dios y el mundo. De sus
conceptos filosóficos , el que más nos interesa es su concepto de la
transcen dencia e inmanenci a de lo Uno y su célebre doctrina de las
tres hipóstasi s (formas de s er): el Uno, el Es píritu y el Alma :
El Uno es Dios; las ot ras d os hipóstasis son extra divinas ― explica J.
Hirs ch berger―; d el Uno procede el Espíritu o el nous . Se le llama
hijo de Dios, es la copia del Uno primordial, la mirada con que el
Uno se mira a sí mismo, idea que más tarde se utiliza rá en la
exposición cristiana de la Trinidad. El espíritu es también ko smos
noetós , es decir el conjunto de todas las ide as de que había hablado
Platón […] El Espíritu r esulta también ser el De miurgo y de él se
desgaja la tercera hipóstasis, el Alma, que e s algo análogo al Espíritu,
118
E. Borrego, “Plotino y J uan de la Cruz. Un análisi s com parativo”, en San Juan de
la Cruz, 20 (1997), p. 311.
127
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
y que está situada entre el Espíritu y el mundo. […].Traducido
éticamente, se trata del conocimiento de la patria anímica y espiritual
del hombre, de su verdadero ser y su mejor yo; es el conocimiento
de lo perfecto, que desde a rriba nos atrae a sí en el Eros y en la
voluntad de l Bien, como lo había descrito ya el C onviv io de Platón y
muchos neoplatónicos no cesan de repetirlo desde Porfirio hasta sa n
Agustín y posteriormente hasta Descartes. Todos ellos saben de la
centella divi na en el hombr e ( scintilla animae ), que es el recuerdo del
Uno, y que nos impele a la interiorizaci ón, a unificarnos con el Uno
primordial. El camino hasta esta meta presupone e n primer lugar la
purificación ( via p urgativa ), y con ello hace que la centella divina brille
mejor en la iluminación ( via illumin ativa ) y conduce finalmente al
retorno al Uno en la unió n ( via unitiva ). Su forma más elevada sería el
éxtasis. Según se dice, Plotino debió experimentarlo en dive rsas
maneras.
119
Plotino y el N eoplat onismo ejercieron un gran influjo en la
Edad Media, a travé s de San Agustín, de Boecio y del Pseudo
Dionisio. Para muchos estudiosos sanjuanist as, la dicotomía entre el
Todo y l a Nad a procede de Plotino. L a Nada se refiere al bajo
mundo de las a parien cias y el To do al mu ndo de arriba, el mundo
supremo de las i d eas y tal como s eñala C. C uevas:
Esta dic otomía entre el mundo de abajo y el mundo de a rriba es,
precisamente, la estructura fundamental de toda su obra, en prosa y
en verso, de San Juan de la Cruz.
120
119
Cfr. J. Hirschberge r, Breve hi storia …, pp. 79 - 83.
120
C. Cuevas , Sa n Ju an de l a Cruz. Cántico espiritua l. Poesías, Madrid, Alhambra, 1979,
p. 67.
128
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Bord aclara que el pensamiento de Plotino es monot eísta y su
Dios es pers onal y analiza, adem ás, el aspecto ascético y místico de
Plotino y San Juan de la Cruz, ambos son optimista s en cuanto a la
caída del alma. Coinciden en que es posible su a scensión, su vuelo
del alma hacia Dios a través de su interioridad, de la soledad y del
silencio par a realizar e sta ascensió n que cul mina en la uni ón.
121
Otra aportació n de enorme influencia para la formaci ón del
dogma de la Santís ima Trini dad fue la de San Ata nasio (295 -373) ,
cuya aportació n en el Concili o de Nicea fue fundame ntal. Perten eció
a los Padres de la Capadocia, defendi ó la divinidad de Cristo frente
al a rriani smo. Atanasio, junto con San Basilio (330 -375), aportó en
el Conci lio de Nicea el conce pto t eológico un a s ustanci a y tres
personas, que se s ancionó en el II Concilio Ecumé nico d e
Constantin opla (381).
Es fundame ntal tamb ién par a la místi ca cristian a la apo rtaci ón
de San Gregorio d e Nisa (335/40 – 395). Fue herm ano menor de
San Basilio, en él se conjuga la filosof ía platónica, el Estoicismo, el
Neoplatonismo de Plotino, de Porfirio y de Jámblico y, en el terren o
de la Patrísti ca, conoce perfectament e las a portacio nes de Filón y de
Orígenes.
122
Para el Nise no existe una tendenc ia innat a en el hom bre a
unirse a Di os, pue s es semejante a É l, aunque cree en l a
incognoscibil idad de la “ousia” divina, (teología apofática y
121
Vid. E. Borrego, art. cit., p. 316.
122
M. Diego Sánchez , Historia de la…, p. 196.
129
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
negativa). En la Vida de Moisés exp one una idea de fe com o “tiniebla
luminosa”, y esta idea la desarroll a San Juan de la Cruz, con la
expresión “rayo de tiniebla” recogida del Pseu do Dionisio.
“Tiniebla” signific a la transcende ncia de Dios a toda criatur a y la
incapacidad del homb re para penetrar en su conocimiento, aunque a
través de la fe y el amor puede llegar a in tuir su co nocimient o.
Como M. Dieg o Sánchez explica , la fe para Gregorio de Nisa
además, de s er “tinieb la lumin osa”:
Es luminosa porque el alma descubre la transcendencia divina; y es
tiniebla oscura o ne gativa no a causa de Dios, que es luz, sino por el
exceso de esa presencia divina que el hombre no puede soportar.
Por eso el símbolo de la tinieb la es paradójico, oscuro y lúcido al
mismo tiempo. Porque, aunque Dios es luz, es el exceso de su luz lo
que el hombre no puede soportar.
123
En palabras del propi o Niseno en su ob ra Vida de Moisés
Porque en esto se halla el verdadero conocimiento de lo que
buscamos, en este ‘ver a través de no ver nada ’ . [ …]. Por eso Moisés
[…] dice que ha conocido a Dios en las tinieb las, es decir, él ha
conocido que la divinidad por na turaleza transciende todo
co nocimiento y toda compr ensión. (II, 162-163).
124
Sin embargo, en la tiniebla, en la oscuridad de la fe, se intuye
un nuevo conoc imiento y una nue va experi encia espiritua l que es el
sentimiento de la presencia divina como algo real. Por el lo, se puede
123
.Op. cit, , p. 201.
124
Apud M. Diego Sá nchez, op. cit., p. 202.
136
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Encarnació n d el Verb o el concepto más importante es que Dios s e
hizo hombre para que nosotros pudiéramos hacer nos Dios y se
manifestó a través de un cuerpo, para que nosotros recib iéramos
una idea d el Padre in visible. ( Sobre la E ncarnación del Ver b o 54 ).
134
En l as Cart as a Serapión defendió también la divinidad del
Espíritu Sant o:
Si nosotros no s hacemos partícipes de la divina naturaleza por
comunicación del Espírit u, sería insensato quien afirmara que el
Espíritu tiene una na turaleza creada y no la naturaleza de Dios. Pues
es por Él por quienes s on divinizados precisamente aque llos en
quienes están en Él. Si Él diviniza, no cabe duda de que su
naturaleza es divina. (1, 23 y 24).
135
Otra aportación importante para entender el concepto
trinitario en la obra sanjuanist a es la aportació n de San Agustín de
Hipona (354-430). La redacci ón del tratado De Trinitate le llevó
dieciséis años de reali zación, desde el a ño 400 a l 416 y, ante t antos
errores como se esta ban comet iendo en torno a este misterio, en
esta obra acl aró:
Estas razones nos llevan a emprender, con la ayuda del Señor, como
se nos pregunta y tanto como podamos, la justificaci ón de esta
afirmación: la Trinidad es un único y verdadero Dios, y es
completamente correcto decir, creer y pensar que Dios, el Hijo y el
134
Idem, p. 186.
135
Idem , p. 190.
137
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
Espíritu Santo son de una misma y únic a substancia. (Libro I, ca p.
II, 4).
136
Como explic a M. Di ego Sánchez, San Agustín en su obra
realiza tamb ién una ex plicación ps icológica de la Trini dad:
El hombre se descubre en un ser existente, pensa nte, amante. La
semejanza trinitaria del hombre está en el hecho, d e que siendo una
trinidad misteriosa, son tres realida des inseparables, una sola
sustancia, porque se relacionan mutuamente: el hombre recuerda por
la memoria, entiende por el intelecto y aquello conocido lo ama por
la voluntad.
137
Por otra parte, consi dera la espiritualida d como un c amino
subjetivo, en el que el ho mbre tendrá qu e buscar a Di os en su
interior, pero este Dios es toda la Trinidad. Esta fue la aportación
más import ante de Sa n Agustín con r especto a l a patrístic a griega.
San Agustín también enrique ció la teo logía d e la Trinidad con
su explicación metafísica-psic ológica: en la vida espiritual d el
hombre: memori a, int eligencia y voluntad, San Agustín observ ó un
reflejo de la vida trinitari a divina: la corresponden cia en tre las Tres
Personas es la siguient e: la Memoria es el Padre, La Mente es el Hijo
( Mens) , Amor el Espíritu Santo ( Voluntas ). Además, ofrece el
argumento de finitivo para afirmar la proced encia del Espíritu Santo
a partir del P adre y del Hijo c omo de un solo principio.
136
Apud M. Diego Sá nchez, op. cit ., p. 256.
137
Ibid., p. 256.
138
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Otro aspecto inter esante que Sa n Agustín exp one sobre la
teología mística es la imago Dei en el ho mbr e, que está referida a la
Trinidad y no solame nte a Crist o:
Con este principio agustiniano ―explica M. Dieg o Sá nchez― la
espiritualidad toma un ca mino subjetivo, en el que el hombre tendrá
q ue buscar y encontrar a Dios en sí mismo […], porque es en el
interior del hombr e donde sucede el encu entro con Dios a tr avés de
sus facultades más altas, donde está precisamente la imagen de
Dios.
138
Finalmente , desarroll ó otra tesis sobre la Trinidad que t endrá
una amplia repercusión en Santo Tomás y muy evidente en el
romance sanjuanista: los actos de la gener ación y d e la espiración
dentro de Dios deben entenderse como a ctos espirituales de
conocimie nto y amor. Körner, refiriéndose a esta idea, observa
có mo po éticame nte San Juan de la Cruz la proyectó en sus
romances:
En sus romances, escrito s en la cárcel, Juan de la Cruz medita con
belleza y profundidad poéticas cómo ca da una de las tres persona s
divinas se sienten atraídas hacia las demás, cómo dos de e llas son
una en el amor hacia la tercera, y las tres son una en su entrega de
amor a las criaturas.
139
Posteriorme nte y ante s de Santo Tom ás, en los comienzos de
la Edad Media, refle xionaron y trat aron de sistematizar la doctrina
138
Op. cit., p. 257.
139
R Körner , “San Juan de la Cruz”. Una guía hacia el futur o”, San Juan de la C ruz,
39 , (2007), p. 291.
139
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
de la Trinidad, Ric ardo de San Víctor, G ilberto de Poitiers, ambos
pertenecie ntes al siglo XII, y Joaquín de Fiore (+1202). En el IV
Concilio de Letrán se le acusó a este úl timo de defender una
cuaternidad. Otros do minicos y francis canos, durant e el siglo XIII,
intentaron seguir sistematizando la doctrina trinitari a. Fue Santo
Tomás de Aquino quien cu lminó todo el proceso teológic o trinitario
desde su orig en.
El c once pto agustini ano sobre l a S a ntísima Tr inidad tendr á
una repercusión fundament al en la Teología d e Santo To más ,
especialment e en la Summa Theo logic a, en el “ Tratado d e la Santís ima
Trinidad” . A partir de esta obra m agna, toda la teología católica
trinitaria h asta nuestro s días est á fundament ada en el t omismo .
Su doctrina es un a sínt esis del neoplat onism o de San Agustí n, y
de l arist otelismo de Boecio, sobre todo de este último. En el siglo
XIII la d iscusión se centró en torno a l problema de las tres
personas. La cuestió n que se planteaba con respecto a las tres
personas era el hec ho de que una persona procede de otra, lo que
constituye la relación, o bien, se debía decir que el fundamento de
las pe rsonas es la misma r elación constituida por el origen. San
Buenaventura defendió la primera solución, mientras que Santo
Tomás defe ndió la segu nda.
En la Edad M edia se defen dió la procedencia del Espíritu
Santo a partir del Padre y del Hijo como de un solo pr incipio, frente
a la tesis defendid a por la iglesia ortodoxa -griega que defendía que el
Espíritu Santo procedía solo del Padre. En el II Concilio de L yon
140
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
(1274) se proclamó como d ogma la primera tesis, basándose en las
Escrituras y en la tradición. En los siglos sig uientes se fue afinan do
cada vez má s e n l os conceptos metafísicos , pero siempr e a partir de
la tesis de S anto Tom ás.
140
Así pues, Santo Tomás define el dogma de la Trinida d,
siguiendo el E vangelio de San Juan y l a teorí a agustini ana:
Por otra pa rte leemos en el apóstol San Juan: Tres son los que da n
testimonio en el ci elo: el Padre, el Verbo y el Espír itu Santo; y al que
pregunta qué son esos tres, se responde: Tres persona s, como dice
San Agustín. Por tanto, no hay más que tres personas en Dios.
141
Y más adel ante añade :
En cambio, estas tres rela ciones, paternidad, filiació n y procesión se
llaman propiedades personales o constitutivas de personas; pues la
paternidad es la per sona de l P adre, la filiación del Hijo y la
procesión, la persona de l E spíritu Santo, que procede. Lo que
procede por vía del entendimiento, como el Verbo, procede en
razón de semejanza, lo mismo que pr ocede por mo do de naturaleza,
y por esto se ha dic ho qu e la procesión del Verbo divino es la misma
generación por modo de naturaleza . En cambio, el amor, en cuanto
tal no procede como semejanza de aquel de quien procede, aunque
en Dios el amor es coesencial en cuanto es divino), y por tanto, la
procesión del amor en Dios no se llama generac ión.
142
Para puntu alizar esto s conce ptos aclara:
140
Cfr . , H. Frie s, Conceptos funda mentales de Te ología … pp. 395 - 412.
141
Santo T omás, Suma teológica. Tratado de la Santísima Trinidad , vols. II y III , Madrid,
BAC, 1959, p. 12 7, (1q.27 -43),
142
Ibidem, p. 127.
141
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
El nombre de Trinidad en Dios significa un número de terminado de
personas. Sí, pues se admite en Dios pluralidad de personas, debe
usarse el nombre de Trinidad, porque lo mismo signif ica pluralidad
en sentido indeterminado que trinidad en sentido determinado.
143
El magisterio de la Iglesi a describe el conten ido de la Santísima
Trinidad de la siguiente forma: un solo Dios existe y vive en tres
personas. Estas son d istint as entre sí y, sin embargo, idénticas con la
esencia divin a. La u nicidad de Dios está basa da en la unicidad de la
esencia divina. Por razón de esta unidad se puede afirmar que un
solo Dios existe y en tres persona s como Padre, Hijo y Espíri tu
Santo. Sin em bargo, e l Pa dre no tiene or igen, el Hijo es enge ndrado
por el Padre de la sustancia divina. El Es píritu Sa nto no es
engendra do sino espirado. Procede de una sola espiración, del Padre
y del Hijo, c omo de u n solo princ ipio.
144
Estos concept os teológicos se transforma n en los romances
sanjuanistas en obra po ética de un intens o lirismo y de profu nda
afectivida d amoro sa. Finalmente, y refirién donos a la importan cia
que San Ju a n d e la Cruz confier e a l a Santísim a Tri nidad e n su
pensamiento teológic o-místico afirma lo s iguient e: “porqu e d ado
que Dios le haga merced de unirla a l a Santísima Trinidad, en que el
alma se hace deiforme y Dios por particip ación, ¿qué increíble cos a
es que obre ella también su obra de entendim iento, noticia y
amor? ”. (CB 39 ,4).Y t al como afirma Körn er ,
143
Op. cit ., p. 137.
144
H. Fries, op. cit., p p. 397-399 .
142
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Juan de la Cruz no tiene ambages en afirmar que lo que Dios desea
es hace rnos dioses por part icipación, de la misma manera que Él es
Dios por naturaleza. Con ello el místico no hace más que repetir lo
que de sde Atanasio, los P adres de la Iglesia enseña ron: El Dios por
naturaleza hace del hombre un Dios por gracia.
145
Redundan do en la mis ma idea, expl ica L. Ag uilera:
Resulta clara la dimensión trinitaria de la unión m ística: dimensión
que ya será una consta nte en su obra […] co mo podemos ver
también en L lama de amor viva, donde a signa a cada una de la
personas trinitarias un aspecto de la comunión, el cauterio es el
Espíritu Santo, la mano es el Padre y el toque es el Hijo (Ll B 2,1).
146
145
R. Kö rner, “San Juan de la C ruz. Un guía …”, a rt. cit.,p. 291 .
146
L. Agu ilera , “ La m úsica callada. El s ilencio como lugar te ologal en San Jua n de la
Cruz”, San Juan de la Cruz , 1 (2004), p.142.
143
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SA N JUAN DE LA CRUZ
144
PRIMERA PARTE . EL PENSAMIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
145
SEGUNDA PART E. EST UDIO LIT ERARIO
248
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
a beinte y cinco del mes /
que diciembre se decía
309
Pero, como o bserva V. G arcía de l a Concha :
Entre las dive rsas colecciones de poesía a lo divino mane jadas,
directa o indirectame nte, por las ca rmelitas de Valladolid, destacan
las de López de Úbeda. Apenas si se registra algún poema trascrito
con absoluta fidelida d; menudean las alteraciones de pala bras
aisladas, que arguyen u na transmisión por vía oral y cualquier
composición, aunque de autor conoc ido, es sentida como
patrimonio común, lo que permite ser ampliada o reducida.
310
Finalmente , debemo s añadir que estas com posiciones es taban
realizadas para ser cantadas. Pero ese mom ent o ―explica García de
la Concha― coincidió co n otro decisivo de la poes ía española, a l
cual J. M. Blecua se ref iere al estudiar los po emas incluidos en la
obra del vihuelista Mudarra: Tres libros de música en cifra pa ra vihuela ,
im preso en Sevilla en 1546. C omo a firma el investig ador, se c antaba
todo: de sde Petrarc a a Garc ilaso, a H oracio, las c oplas de M anr ique
y villanci cos y roman ces y concluye Gar cía de la Co ncha:
El L ibro de Romances i C oplas es el testimonio de una corriente poética
que ci rculaba entre todos los conventos teresianos con un acentuado
carácter de anonimia propio de la esencial tradiciona lidad.
311
309
. Ibid. p. XLVI II.
310
Ibid., p. XLXIX.
311
Ibid ., p. L.
249
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
2. LA POÉTICA SANJUANIS TA
2.1. T ÉCNICAS DE LA CREACIÓN LITERARIA SANJUANISTA . “L AS DOS
SENDAS ”
Las primeras obras poéticas que conocem os de San Ju an de la
Cruz son las que realizó en la cárcel en 157 7 . S e desconoce si antes
hubiera escrito otras composiciones, pues no nos han llegado.
Sabemos que Sant a Teresa también escribió en estos mismos años.
También e n 1577 se publica la segunda edición de Boscán y
Garcilaso a lo divino: la primera había sido publicada bajo el título
Obras de Boscán y Garcilaso, trasladas a materias cristia nas y religiosas, por
Sebastián de Córdoba, vecino de Úbed a , en 1575; en 1579 se publicó el
Cancionero general de la doctrina cristiana y en 1582 se edita Vergel de flores
divinas , a mbas de J. L ó pez de Úbeda; en 1585 se publicó la obra de
Pedro de Padilla,
312
Jardín espiritua l , cuando ya había ingresad o en el
Carmelo; contiene est a obra comp osiciones de Cervantes, Laíne z,
López Maldonado y L ope de Vega. Y ya a l f in del siglo XVI, Dieg o
Cortés publicó en 1592 Discurso d el varón justo y en 1594 vio la luz
Vergel de plantas divina s en varios metros espirituales de fray Arcángel de
Alarcón.
312
De él S. G. Armistead ha manifestado que es una figura esencial sobre todo para
el estudio y evolución del Romancero nuevo y lo consid era un buen poeta de entre los
que escribieron hacia 1580, como Barahona de Soto, Cervantes, Espine l, Figue roa,
Góngora, La sso de la Vega Laínez, Lope de Vega, Lucas Rodríguez y Silvestre. “Sin
Padilla en el lugar que se merece , la historia queda disl oc ada e inc ompleta”. Cfr . S. G.
Armistead, “ Prólogo ” de Cancionero de poesías varias (Manuscrito de 1587 de la Bibliotec a
Real de Madri d), Madrid, Vi sor Libros, 1994, pp. XXX- XXXI.
250
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
En estos mi smos años, y co mo hem os visto en el capítulo
anterior, en los conv entos femeninos y también mascu linos del
Carmelo se crea ba una poesía, en alguna s ocasio nes de c arácter
culto, de frailes y monj as, cuyo s n ombre s c onocemos , pero, sin
lugar a dudas, predominaba la lí rica popul ar y anónima , recopilada
por algunas monjas del convento con áni mo d e ser recordada para
ser c antada en determinados momentos y festividades . De es te
ferviente ambiente creativo , dentr o y fuera de los convento s, se
impregnó fray Juan de la Cruz y así participó con sus creac iones
líricas, tanto las de c arácter popular como las de est ilo culto, de es ta
intensa co rrie nte espir itual. Na da es nuevo en la obra lírica de S an
Juan d e la Cruz y, si n embarg o, su creación poética es subl ime y
distinta a l as de sus contempor áneos.
Como ya hem os observado a lo largo d e los capítul os
anteriores, son much os los poetas anteri ores a fray Juan de la Cruz
que en sus creaciones líricas ha bían u nido lo popular y lo culto. Esta
corriente que se inici ó en la Edad Media co n la obra poética de
Berceo, de marcad o c arácter cult o por la métric a emp leada y por su
temática re ligiosa, participaba de una vena popular en cu anto a l
léxico y al es tilo empleado. En siglos posteriores y con unas
composiciones métric as esencialment e popula res y aspectos cultos,
han continuado esta ten dencia en la obra lírica de los franciscan os
fray Íñig o de M endoz a, fray Ambros io Montesino, fray Bernardino
de Laredo, Juan del En cin a, Mosén Juan de Tallante, Cristó bal
Cabrera y en los convent os del Carmel o, entre otros muchos
251
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
autores. E s, p or ta nto, una const ante d e nue stra cr eación poética: l a
pasión por l a lír ica popular en la obra de escritore s cultos y el
hibridismo co nstante entre l o culto y l o popular.
Juan d e Yepes, como hemos visto en sus datos bi ográficos, fue
un niño pobre y pasó parte de su niñez en la ca lle como tantos otr os
niños de su edad y ci rcunst ancias. No es de extrañar que se
impregnara más o menos conscientem ente de lo que oía a su
alrededor: letrillas , glosas, villanc icos, que cant aba n sus vecinos de
Fontiveros y de Me dina. Y, sobre tod o, de su propio h ermano
Francisco, “amigo del tañer y del cant ar”. A ello hay que añadir el
ambiente lírico, festiv o y espiritual, que se vivía en los conventos del
Carmelo. Pero l o m ás importante es su sens ibilidad y capacidad
excepcional para la música y la belleza, captada hasta en lo más
insignific ante e imperceptible. Esta capaci dad fue la que influyó de
una manera definitiva en su creación lírica y, por supuesto, su
profunda experiencia espiritual. Partien do de este condicionami ento
intrínseco de su pe rsonali dad y experie ncia, todo lo que oía, leía,
estudiaba lo tra nsformab a en algo únic o e irrepet ible.
D. Alonso en su obra, ya clásica, La poesía de San Juan de la
Cruz. (Desde esta ladera) ,
313
analizó las ob ras l íric as de carácter popular
del Santo, e i nvestig ó e l origen de estas. Con la intuición que
caracteriz a a nuestro investigador, observ ó los límites ambigu os
entre la lírica popular tradicional castellana y la lírica cancioneril de
313
D. Alonso, La poesía de San Juan de la C ruz. (Desde esta ladera ), Madrid, Aguilar.,
1966, (4ª ed.)
252
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
carácter cult o que en muchas composi cione s líricas se e ntremezc lan
y es en este aspecto donde podemos situar la ob ra lírica tradicio nal y
popular de San Ju an de la Cruz. D. A lonso obser va que
lo ca ncioneril cortesano y lo popular tienen infinitos nexos,
asociaciones y mutuos reinflujos, y esta p enetración de ambas líne as
no hace más que profundizarse a lo la rgo del siglo XVI. Hay, pues,
entre las dos anteriores u na tercera zona, d e límites borrosos, medio
cortesana, medio popular. Es en esta en la que nos va mos a
mover.
314
Sin lugar a d udas, San Juan d e la Cruz c onocía el romancer o
tradicional. Como tantos contem poráneos co mp uso ro man ces, los
nueve sobre e l tema trinitario y de la Redención , In p rinci pi o erat
Verbum y el roman ce sobre e l Salmo 136 , Super fl umina b abylonis ,
temas muy comunes en su época. De hec ho, estos mismos temas
fueron tratados, como hemos vis to, en los romances de López de
Úbeda a la Santísima Trinidad y Super flumina babilonis y, sobre este
último salmo, otras varias composicio nes de d istint os a utores, a sí las
composiciones en tercetos de Jorge de Montem ayor y de D iego
Ramírez Pagán (1562 ). Es decir, su obra lírica popular no es u na
creación aislada y fuer a del contexto religi oso literario de su é poca.
Por otra parte, San Juan también cono ció el cancioner o
tradicional. Como hemos señalado a nteri ormente, el cancione ro
popular y el cult o-cortesano se han influido rec íprocam ente y com o
matiza D. Al onso “cada vez son más frecu entes las formas mix tas.
314
D. Alonso, op. cit ., p. 79.
253
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
Claro está que la v eta d e lo popular no se pierde, y una fi g ura como
la de Lope fielmente la continú a”.
315
También era muy frecu ente que
una letrilla, un villanc ico o un t ema concreto, ya fuese de origen
popular o culto, se recrear a o gl osara por otros poetas y qu e se
llegara a ser totalm ente anón ima.
Pero, además, como hemos venido a nalizan do a lo largo de los
capítulos anteriores, muchas temas de esas composicio nes líricas se
transformar on a lo divi no, a través de los contrafacta . Así pues,
composiciones sanj ua nistas como la glosa “ Por u n no sé qué / que
queda por ventura ” , cuyo origen fue la composición de Pedro d e
Padilla, aparecida en el Thesoro de varias poesías d e 1580, San Juan
utiliza la copla inicial del poet a y recrea, transforman do a lo divi no,
el resto de l a glosa. Ta mbién la com posición
Tras un amoroso lance
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance
Esta imagen de la caz a de amor ya apareció en Gil Vicente y en
Juan del Enc ina. De este últim o su letrill a dice a sí:
Montesina era la garza
y de muy alto volar:
no hay quien la pueda tomar.
De claro tem a amoro so, Sa n Juan de la Cruz la transforma en
una composici ón ese ncialmente mística. Pero aparece un precedente
mucho más cercano a la glosa sanjuanista, encontrado po r F. L ópez
315
D. Alonso , op. cit ., p. 82.
254
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
Estrada en la ob ra Floresta de varia poesí a del doctor Diego Ramírez
Pa gán, publica da en 1562, cuando San Ju an de la Cruz contaba con
veinte años.
316
Entre la poesía de Diego Ramírez Pagán y la
composición sanjuanista, no solo se d a un a coincidencia temáti ca,
sino incluso aparecen versos similares: Así la composici ón de
Ramírez Pag án dic:
cuanto más alto subía,
tanto más bajo y rastrero
se quedaba.
Y la de S an Juan de l a Cruz:
cuanto más alto subía…
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba.
Además coincide n repeticiones en la rima en – aba, -ía; aliteraciones
como la san juanista:
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto…
y la de R amírez Pag án:
volaba con tanto tiento
y estaba con tanto miedo…
Pero D. Al onso
317
aun e ncuentra otros precedentes in mediat os
a la glo sa sanjuanista; es un a composición de un libro de músi ca de
1557, cuyo tema a lo d ivino es una bellísim a ale gorí a de la
Encarnació n:
Por las más altas montañas
316
D. Alonso, op. c it. , p p. 91-93 .
317
Ibid ., p. 94.
255
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
el ñeblí Dios descendía
a encerrarse en las entrañas
de la sagrada María.
tan alto gritó la garza,
que “ecce ancilla” llegó al cielo,
y el ñeblí bajó al señuelo
y se prendió en una zarza.
Sin embargo, de la composici ón que comi enza “ Con arrimo y
sin arrimo ” , se desco nocen los precedentes anónimos o de autores
conocidos . Se trata de una gl osa de carácter popul ar. El poem a de
nuestro mí stico titu lado Cant ar del alma que se huelga de conoscer a Dios
por fe, comie nza con el estribillo:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.
Y repite el últim o verso en cada una de las estrofas. Por otra parte,
el comienzo del estribillo por el nexo “que” enunciativo,
característico del estilo popular, forma part e de la lí ric a tradicional
castellana , e inclu so el tem a con l a mism a temática espiritual, ya
había aparecido en otros poem as anónimos. D. Alonso analiza y
comenta vari os aspect os de esta comp osició n y le sorpre nde el uso
del verso culto italiano, el endecasíl abo tal como aparece en el
código de San lúcar de Ba rrame da y así com o el léxico “fonte”. Este
término es un galleguismo o un a rcaísmo, pero el poem a sanjua nista
no coi ncide plenamente con los versos paralelí sticos de la canci ón
de amigo de la lírica galaica-portugues a, aunque en la canci ón
sanjuanista aparece el dístico con estribillo. Para D. Alonso “font e”,
podía tener una relaci ón m ás directa con el léxico “fontefrida” del
256
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
romance Fonte frida, f onte frida y con amor, donde tampoco la o se
diptonga.
De todo ello deduce D. Alonso que el origen de esta
composición debe ser muy antiguo: en ella se entre cruza la lírica -
galaico portugue sa y la tradicional castell ana. A est o habrí a que
añadir el us o del metr o culto ende casílabo, haciendo del poem a u na
creación híbr ida entre lo culto y lo popular.
318
Por otra parte, las composiciones escritas en las fo rma s
métricas cultas ital ianas, como la lira y el sex teto , cuyos tem as se
refieren a su experien cia místi ca, también poseen car acterístic as del
lenguaje popular. En el po ema Cántico espiritual, escrito en liras y que
posee may or número de estrofas, aparece u n sincretism o léxico de
las fuente s más diversas, desde elementos bíblicos procedentes del
Cantar d e los Cantares, que provoc a una atmósfera impr egnada de
exotismo, hasta el uso de cultism os de la poesía garcilasist a, que le
infiere un matiz de suavidad y delica deza, pasando po r el lengu aje
popular propio del le nguaje de pastores y neologismo s propios de l
poeta. De esta form a encontramo s aspec tos d el habla po pular,
coloquial y afectiva mezcl ados, como : “past ores”, “carillo”, “ejido ”,
“majadas”, “g anado”, “manida”, “adamar”, “palomica”, “avecica”,
“collado”, “vi da mía” , “pastores” , “otero”...
También en la obra doctrinal en prosa encontramos es te léxico
popular, así por ejemplo en la obra en prosa Llama aparecen
nombres de ofic ios como desbastadores, entallador es, perfiladores,
318
Cfr. D. Alons o, La poesía de.. . , pp. 95- 104.
257
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
pulidores, pintores y rematadores, o bien proce dentes de otros
campos l éxicos: bodeguería, trig o... El léxico empleado por el Santo
es a mplísimo , como todos los diferentes recursos retóricos que u s ó
en sus escrito s.
319
Por otra parte, es fundament al en la ob ra sanjuanista
considerar la veta culta, que inclus o i mpreg na sus comp osiciones
líricas de carácter popular y tradici onal castell ano y e n su obra
prosística. De esta v eta cu lta se empapó como estu d iante en el
colegio de los jesuitas en Medi na y en su s años universitari os en
Salamanca. Del colegi o d e los jesui tas de Medina, como indicamos
en su biografía, destacó un profesor excelente, el padre Juan
Bonifacio. Con él se inició en las humanidade s: la tín, retórica, la
Gramática de Nebr ija, el estudio de los clásicos latinos y es posible
que, en el colegio , los d iscípulos de Juan Bonifacio hubiera n leído
las obras de G a rcilaso.
320
El uso de l a lira en sus obr as Cántico espiritual, Noche oscura, y e l
sexteto
321
en Llama de amor viva, entronca al poeta con la lírica culta
319
Cf r. E. Pacho, “Lenguaje técnico y lenguaje popular en Sa n J uan de la Cruz”, e n
J. Lara y J. A. Va lente (ed.), Hermenéutica y m ística. Sa n Jua n de la Cruz, Madrid, Tec nos,
pp. 197 - 219.
320
L. Fernández M artin, sugiere que “es casi seguro que el joven Yepes fue lector
del Archipoeta ―Lope lo llamaba así― porque parece que su maestro en Retórica en
Medina del Campo, Juan B onifacio hacía leer e imitar a poetas españoles, entre ellos a
Garcilas o”. Apud F. Lázaro Ca rreter, “La poética de San Juan dela Cruz”, en Actas del
Congreso Interna cional Sanju anista , Valla dolid, Junta de Castil la y León, 19 93, vol. I., p. 26.
321
El propio san Juan define el sexteto: “La compos tura destas liras son como
aquell as que en Bos cán e stán vueltas a lo divino, que diçen: “la soledad s iguiendo, /
llorando mi fortuna, / me voy por los caminos que se me ofrecen, etç ., en las cuales hay
seis pies, el cuarto sue na con el primero, y el quinto c on el segu ndo, y el sesto con e l
terçero”. En C. Cuevas (ed.), Llama de amor viva. , Poesías, Madrid, Taurus, 1993, pp. 168-
169. Para más i nformación v éase p. 16 9, nota 12.
264
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
tran scen diendo”, relacionada con otras expresiones de carácter
intelectu al: “entender no entendiendo”, “saber”, “no sabiendo” ;
“que los sabios arguyendo / jamás le pueden vencer”; “consiste en
summo saber / qu e no hay f aculta d ni scençia”… Y termi na el
poema:
consiste esta summa scençia
en un subido sentir
d e la divinal esencia…
Está claro qu e la “summa scençia” que tran sciende todo
conocimie nto, se ref iere al conocimiento directo de la esencia
divina, aprehen dida a través de la experiencia mí stica. Es lo que el
poeta defi ne en divers a s ocasi o nes como “ciencia mística” ,
imposible de conocer por los medios na tura les del en ten dimiento y
que ni los s abios pueden e ntender.
En los romance s sanjuani stas In principio erat Verbum , al tr atarse
del tema la Santísim a Trinidad, en los dos primeros romances
aparecen térmi nos y conceptos de la filosof ía y teología escolást icas:
“principio”, “ser”, “sustancia”, “infinito” “ esencia” , “Verbo” ,
“ Espíritu ”, “eter no”, “origen” , “divinid ad”, “finit o”, etc.
Sin em bargo, considerando que la obra lírica sanjuanista es
mística, el léxico teológ ico -místico , tanto en su ob ra lírica como en
prosa es tá utilizado de una forma muy pe culiar, y, quizás, ahí
radique su extraordin aria originalid ad. Tal como observa E. Pacho,
en el léxico se da una “curios a interferencia entre el lengu aje popular
265
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
y el té cnico en fr ay Juan de la Cruz” .
331
En su s obras mucho s de los
tecnicismo s de la teol ogía mística, se crean a t ravés de su experiencia
mística y cont inúa exp licando:
En sus escritos se produce continua mente un cruce entre dos líneas
le xicales: la ex perimental y la científica […]. La más abundante es,
sin duda, la primera. En lí neas ge nerales, el curso li ngüístico va de lo
místico a lo teórico y de l o popular o vulgar a lo culto y a lo téc nico
[...]. Lo cierto es que el léxico de la teol ogía mística ha asumido
abundantes elementos provenientes del lenguaje sanjuanista, tanto
en su vertiente culta y técnica como en su nivel popular.
332
San Juan de la Cruz, como afirma E. Pacho, no entr a en
disquisicio nes entre lo vulgar o p opular y l o culto y afirm a:
En la práctica , fr ay Juan utiliza todos lo s recurso s y registros del
lenguaje, según se le presenta ocasión y en consonanc ia con lo que
juzga más adecuado y eficaz con el intento que persigue al escribir
333
.
Por otra parte, L. López -Baralt ha d efinido el lenguaje
sanjuanista co mo “lengu aje infinito”
334
y ello quier e decir que un
mismo poema, un m ismo verso, un solo término pueden recibir
diferentes interpretaciones, es un uso, en definitiva, a rbitrario del
léxico. Aunque E. Pacho se refiere al comentario exegético d e sus
poemas, algunas de sus a nálisis y co nclusiones s e pueden extrapolar
a la obra lír ica:
331
E. Pacho, “Lengua je técnic o y lenguaje popular en Sa n Juan…”, op. cit., p. 198.
332
E. Pacho, art. c it. pp. 199-2 00.
333
Idem, p. 206.
334
Apud E. Pac ho, art. cit., p. 2 10, nota 21.
266
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
En ellos se trata con libertad inusitada el vocabulario, como si cada
término fuese susceptible de a doptar los más variados significados.
La fluctuac ión de l lenguaje produce una semántica muy rica pero
desconcertante […] . Es claro que el lenguaje “c orr iente” o vulgar
está inducido por el figurado y ambos llevan al culto o técnico.
335
Los ejemplos serían num erosísi mos , pe ro de nuevo insistimo s
que lo más interesant e y ex traordin ariamente original es esa mezcla
de lo culto y de lo popul ar y coloquial en su lírica y en su prosa,
dotándola d e una extraordinaria riqueza léxi ca y originali dad
expresiva.
Imprescindi ble en la creación li teraria sanjua nista es destacar la
influencia bíblica y ell a está presente d esde la simbología bíblica de
carácter nupci al del Cantar de los cant ares hasta la recreación del Salm o
136, Super flumina Babilonis, hasta el uso de l léxico bíblico. Este es
muy abundante y procede fundamental mente del Ca ntar de l os
Cantares : “esposa” , “esposo”, “ciervo”, “paloma”, ninfas “de Judea” ,
“leones”, “cuevas de leones”, “ cedros”, “color mor eno” ,
“granadas”, “guirnaldas”.. . El po eta en el Cántico crea un sincretismo
de d iversos element os, como lo p astoril, la influencia de la lí rica
garcilasiana , el léxico bíb lico, popular y afectivo, lo que le confiere a
esta obra lírica de San Juan de la Cruz un tono exótico, colorista,
sensual y extraordin ariamente novedoso . To dos estos eleme ntos
procedentes de paradigmas léxicos diversos, co nfiere al poema una
335
Ibidem, p. 210.
267
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
belleza, originalid ad y rareza difíciles de imit ar, haciendo de toda su
obra lírica ú nica e irre petible.
Este aspect o peculiar de l a elección y comb inación de un l éxico
procedente de campos semántic os tan diversos y tan amplios, se
puede trasladar tambié n a su obra doctrinal en prosa, a la cual habría
que añadir latinismos y el léxico científic o y técnico de la teolo gía
escolástica y mí stica, además de la creaci ón de neologismo s , tal
como hem os señalado anteriormente .
Su ob ra doctrinal y mística en prosa t ambién es singul ar y
única, de tal manera que ha creado una cien cia mística diferente y un
punto de refere ncia ya cl ásico para el es tu dio de la mística de to das
las épocas y todas las religiones , como afir man mu chos estudi os os
de su obra.
2.2. I DEAS , SÍMBOLOS E IMÁGENES RECURRENTES
En la obra poétic a de San Juan de l a Cruz el símbolo las
alegorías y las imágenes se convierten en el único modo posible de
verter su inefabl e experiencia mística. Todos los estudiosos de la
obra sanjuanista coinciden en a firmar que su poética consiste en la
creación de un lenguaje fi gurado y de un universo lingüístico,
entramado en una tradición espiritual y li teraria, que él ha recreado y
renovado por su propia experiencia mís tica. Como afirmó E.
Orozco:
Se comprende , pues, la imposibilidad y la lucha que experimenta el
místico al no poder expresar su conocimiento directo de la grandeza
268
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
divina. La conclusión es cl ara: el lenguaje en su aspecto lógic o,
racional, como medio de transmi tir un conoc imie nto, es el más
inadecuado para intentar decir algo de lo incomunicable, de lo
inefable.
336
El propio San Juan de la Cruz, en muchas ocasiones, confiesa
la im posibilidad de expresar su profunda experiencia místi ca: en el
Prólogo al com entario doctrinal de Llama de amo r viva :
Alguna repugnancia he tenido, muy noble y devota señora, en
declarar estas cua tro cançiones que Vuestra Merced me ha pedido,
porque, por ser de cosas tan interiores y spirituales, para la s cuales
comúnmente falta len guaje ― porque lo spiritual exçede el sentido― ,
con dificultad se dize al go de la subs tançia: porqu e tambié n se habla
mal de las entrañas del spíritu s ino es con entrañable spíritu .
337
Sin embargo, es en el Prólogo del C a nto espiritual , d onde explica
con claridad su actitud frente a la teología, la mística y la expresión
poética. La cita es de todos conocidísima y a ella se han referido
todos los estudioso s de la obra sanjuanista, pues, a pa rtir de est as
palabras suyas, expres a la base de su teoría mística y poétic a. De esta
forma se puede comprender todo su peculiar sistema espiritu al y
literario, e s decir, su propio si stema ret órico y espiritual:
no pienso yo ahora declarar toda la anchura y copia que el espíritu
fecundo del amor en ella s lleva; ante s sería ignorancia pe nsar que los
dichos de a mor y de int eligencia mística (cuales son las presentes
336
E. Orozco, op. cit., p. 54.
337
San Juan de la Cruz, “Prólogo” de Llama de a mor viva, C. Cuevas, (ed.), Madrid,
Taurus, 1993, p. 16 5.
269
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
canciones) con alguna manera de pala bras se pueden bien ex plicar,
porque el Espíritu del Señor, “que ayuda a nuestra flaqueza”, como
dice San Pablo, morand o en nosotros, “pide por nosotros con
gemidos inefable s”, lo que nosotros no podemos bien entender ni
comprehender para lo manifestar […], porque esta es la causa por
que con figuras, comparaciones y semejanzas a ntes rebosan algo de
lo que sienten, y de la abundancia d el espíritu vierten secretos
misterios, que con razones lo declaran.
Las cuales semejanzas no leída s con sencillez de espíritu de amor e
inteligencia que ella s llevan, antes parecen dislates que dichos
puestos en raz ón, según es de ver en los divinos Cantares de
Salomón y en otros libros de la Sagrada Escritura, donde , no
pudiéndose dar la abundancia de su sentido po r términos vulg ares y
usados, habla el Espíritu Santo misterios en extrañas figuras y
semejanzas. De donde se sigue que los s antos doctores, aunque
dicen y más digan, nunca pueden acabar de declararlo por pala bras
[ …] .
Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante
inteligencia mística, no se podrán de clarar al justo, […] sino solo dar
alguna luz en general[…], po rque los dichos de amor es mejor
dejarlos en su anchura […], porque la sabiduría mística, la cual es
por amor, […] no ha men ester ente nderse para hacer efec to de amor
y afición en el a lma, porque es a modo de fe, en la cual amamos a
Dios sin entenderle claramente.
338
En est a “dec laración de principi os”, afirm a la imposibilidad de
explicar con “términos vulgares y usado s”, en qué consiste la
338
San Juan dela Cruz, “Prólogo” del Cántico espiritual, P. Elia y Mª J. Mancho, (eds.)
San Juan d e la Cruz. Cántico es piritual y poesía c ompleta, Madri d, Critica, 200 2, pp . 3- 4,
270
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
“ sabiduría m ística” , y por ello es necesario recurrir a “figura s,
comparaciones y semejanzas”, inspir adas por el Espírit u, tal como
se expresó este en las ob ras de la Sagrada Escritura ; y, además, no
leídas con “ espíritu d e amor ” y con “ intelige nc ia mística ”, más bien
son “ dislates”, y añade que, ni siquiera l os santos doctores con toda
su sabiduría, ha podido explicarlas. Finalmente, el místi co manifiesta
que estas pal abras no son para ser entendi das, sino para in fundir el
amor que proviene d e la fe , y esta es oscura, como incomprensibl e
es Dio s. Por consigui ente, el escritor místico ha recurrido a lo que
mejor conoce y lo más semejante a su propia experienci a, la Sagrada
Escritura, com o elemento a nalógico a su exp eriencia.
Como manifesta ba C. Cuevas, San Juan de la Cruz era muy
conscient e d e su labor como escritor, de su finalidad como tal, y
también a quien iba dirigida s u ob ra. Era consciente de l a suma
importanci a de us ar los i nstrumentos adecuados de expresió n, p ues
de ellos d ependí a el conmov e r a l lector o al oy ente , “movere ” o, por
el co ntario, apartarlo de su objetivo. Como ya hem os indic ado en
otros momentos , San Juan de la Cruz obtuvo, en sus años de
estudiante en el cole gio de los jesuitas de Medina, una profun da
formación humanística y la base fundament al de sus es tu di os
consistían en la Retórica y la Gramática. Y de hecho reflejar á los
instrumentos retóricos en s u ob ra de manera in tuitiva, logrando un a
elevada e insuperable perf ección lírica. T al como afirm a C. Cuev as:
Mientras más se investigan sus escritos, mejor se descubre […] su
condición de escritor nato, domina dor reflexivo y experimenta l de
271
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
todos los recursos del idioma . Desde la organiz ación general del
poema […] a los más mínimos detalles de retórica y de estilo, todo
obedece a un propósito cla ro de carácter a rtístico […] en palabra
sabiamente manejada.
339
Redundan do en esta misma idea, F. Láz aro Carre ter a firma ba
que la poética sanjuanista hay que d edu cirla de su propia obra
creativa y lo qu e est á claro es q ue
la poesía forma parte de su vida con integración absoluta: constituye
su medio de relación con lo sobrenatural, y no es, por tanto, un a
actividad ma rginal, sino instrumento de su propia salvación y de su
acción apostólica”.
340
Por otra parte, el inv estigador relaciona su actividad poétic a
con la filosofía platónica-agustini ana, en la cual Dios es considera do
como la Suprema Belleza, por lo que no es de ex trañar que S an Juan
de la Cruz utilizara todos los recursos posibles par a crear su ob ra d e
la manera má s perfect a posible. Como afirm a ba F. Láz aro Carret er:
Crear he rmosura en el Renaci miento, implica compa rtir con Dios
uno de sus poderes; de ahí la ape lación de “divinos” que recibieron
muchos artistas.
341
De ahí que el poet a creara su propia poética con recurs os
como el símbolo, sí miles, alegorías, oxímoros, ausencia de
adjetivació n, recurso s que tantos estudiosos han analizado y
339
C. Cuevas, “A spectos retóric os en la poesía de San Juan de la Cruz , Edad de Oro,
XI, (1992), p. 30.
340
Art. cit., p. 36.
341
Art.. cit., p. 37.
272
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
valorado. Pero lo realmen te excepcional en su poética es l a
imposibilid ad de interpret ar racionalment e sus símbolos e imágen es
plasmados e n toda su obr a.
En los romances S an Juan repit e el símbolo que eligió para
expresar su inefable expe rienci a mística, el símbolo conyugal:
amado-amada y esposo -esposa del libro bíblico El Cantar de los
Cantares. En los romances el esposo simboliza al Hijo y la esposa
simboliza la humanidad. Baruzi, refiriéndose a l símbolo como
expresión de una experiencia mística y como vehículo estético d e
dicha experien cia, expl ica:
Un símbolo casi nunca se realiza en su esenc ia. Para que se dé un
símbolo auténtico, no de be habe r correspondencia ex acta entre los
diversos planos de la experienc ia ni estos pueden sustit uirse
indiferentemente uno por otro. El símbol o exige que no tratemos de
expresar más la ima gen por la idea que la idea por la imagen. El
símbolo emana de una adhesión de nuestro ser a una forma de
pensamiento que existe en sí misma […]. Hay símbolo siempre que
no se dé una comparac ión entre un mundo de imá genes y un mundo
de ideas. […] El simbolismo nos reve laría tal vez directamente un
hecho que ningún otro modo de pensamiento nos hubiera permitido
alcanzar. Y desde ese momento, no habría ya traducción de una
experiencia mediante un símbolo; ha bría, en el sentido estricto del
término, experiencia simbólica .
342
342
J. Baruzi , Sa n Juan d e la C ruz y el problema d e la experiencia mística , Valladolid, Junta
de Castilla y León, 1991, p p. 331- 333.
273
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
Y más adelante añ ade res pecto al símbolo y , concret amente, al
símbolo del matrim onio espir itual:
Un símbolo místico que no llegue a hacernos sentir, aun dentro de la
cadencia de las imáge nes, la h ondura de la experiencia, no es más
que un pseudo-símbolo. El verdadero símbolo se adhiere
directamente a la experiencia. No es la figura de una experiencia. Y
así es, en último análisi s, como el simbolismo se diferencia del
alegorismo […]. Quizá vamos ent reviendo ya lo qu e Juan de la Cruz
fue en su imaginación profunda: cuanto en él hubo de algo
verdaderamente grande fue símbolo puro. Su expe riencia original fue
simbólica, y no alegórica […]. E l pseudo - símbolo del “ma trimonio
espiritual ”, que Juan d e la Cruz toma prestado de una larga tradición,
[…] habría arruinado definitivamente su pe nsamien to si toda su
dialéctica mística no se hubie ra visto animada por símbolos
verdaderos, ajenos has ta e n s u expresión plástica a nuest ra forma de
representación.
343
Y, para explicar la soluci ón al posible pseudo -símbolo d el
“matrimonio espiritu al” seguimos exponiendo las propias palabras
de Baruzi, pue s nos p arece del m áximo inter és:
Mediante una poderosa síntesis, Juan de la Cruz supo fundir la s
imágenes legadas por el lirismo bíblico, o las proporci onadas por una
tradición hierática, con las sus citadas en él por el drama vivido. Más
aún, los dos movimientos no están separados sino por nosotros, que
no podemos verlos en su verdad. Para Juan de la C ruz la lectura es lo
que seguramente para todas las mentes creadoras: una ex periencia. Y
la emoc ión que siente cuando deja vagar dentro de sí la s imáge nes
343
Idem, pp. 334- 335.
280
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
refiriéndose a la experiencia de la unión mística en S an Juan de la
Cruz, explica cu áles so n las consecue ncias:
ese movimiento unitivo es tambié n una revelación, una revelación de
la verdadera belleza y esencia de ca da cosa crea da, enra izada en la
belleza de Dios . Cada una de estas criaturas es distinta de Dios
aunque absolutamente dependiente de él; y el alma, al unirse en la
contemplación de Dios, llega a conocerlas como inmanentes en él
[…]. “Conocer por Dios a las criaturas, y no a las criaturas por
Dios”. Es una afirmación muy auda z, que el alma conoce y
comprende el significa do de tod o, a l contemplar y comprender todo
desde una perspectiva divina.
357
Pues bien, siguiendo esta argumentac ión , nuestro inve stigador
se pregunta qué lugar ocupa el a rte literario en la vida espiritual y su
respuest a es la sigu iente:
La multiplic ación de las cr iaturas, cada una de las cuales contiene
“alguna idea de la bondad y perfecci ón del C reador”, tiene
implicaciones lingüísticas. Conduce a la multiplica ción de la
metáfora. Las metáforas, como las criaturas que representan, tienen
su origen en Dios y sin É l no podrían existir; son, al fin y al cabo, las
palabras del libro de la creación.
358
La teoría d e C. P. Thompson se puede sintetizar afirmando
que Dios se comunica por metáforas y que todo lo creado es una
metáfora de Dios. Esta ide a fue sugeri da analizando la obra
357
C. P. Thompson, art., ci t., p. 85.
358
Idem , p. 82.
281
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
prosística de fray Lui s de León. Thompso n, resumien do las ideas del
poeta y teól ogo salm antino explica:
La metáfora es la expresión literaria de la naturaleza de la creación,
ya que por ella una cosa puede describirse en término de otra, ya que
am bas se originan en Dios. Esto podría denomin arse una teología
más que una teoría de la metáfora. De ello se deduce que el lenguaje
metafórico participa en cierto sentido del lenguaje de la reve lación,
que la comprensión de metá foras puede llegar a ser un m edi o de
contemplar a Dios que es su origen. Dios mismo, como generador
de la multiplicidad de la creación y su representación ve rbal en
metáforas, es representabl e por el mayor número d e metáforas. […]
Metáforas, en otras pa labras, es el libro de la creaci ón en forma
lingüística.
359
Relacionado también con la retóri ca y símbolo sanjuanistas, es
imprescin dible destac ar el uso de la polisemia léxica, lo que en gran
medida car acteriza la obra poética y pr osístic a de S an Juan de la
Cruz. E. Pacho expli ca cómo la experiencia inefable del S anto le
obliga a crear, se podría decir, un sistema léxico nuevo, ya que la
palabra como un signo compu esto de un si gnif icante y un
significa do y u na reali dad nombr ada, e s insufici ente y limita da, p ues
la experiencia mística se puede considerar apofática. A pa rtir de esta
premisa u n léxico de uso corrient e no puede expres ar lo que es
inefable, para p oder ex presar la experie ncia místi ca el léxico
359
Ibid ., p. 83.
282
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
“adquiere connotacio nes se mánt icas nuevas e imprevisibles” .
360
El
estudioso lo define en otro moment o como el “embruj a miento de la
inteligenci a por la le ngua”
361
Continuando con l as pa labra s E.
Pacho:
El lenguaje técnic o y corriente resulta demasiado angosto, po r
cuanto denotativo y restringido a un significado concreto y cerrado.
Limita y encoge en exceso la amplitud de lo que se sabe por
experiencia. Esta tiende de por sí al lengua je connotativo, por lo
mismo, a lo figurado y simbólico . [ …] Es, ni m ás ni menos, la
poesía.
362
Pero ello prov oca no pocas ambigüedade s a la hora de una
comprensión de su obra poética, de ahí, como aclara E. Pacho, la
continua sospecha d e los teól ogos a nte tan tos “ dislates” y
“desatinos” que provocan los “dichos de amor” del S anto. Pero aún
más se acentúa el problema, cuando un término concreto es
polisémic o, por ejempl o el términ o “ciervo” es el a ma do, pero en
otro contexto es la concu piscenci a, o bien, “noche oscura”, puede
referirse a disti ntos estado s o momentos espirituales del alma. Así
pues, tal como afirma E. P acho:
el lenguaje se vuelve calidoscópico […] o también ‘le nguaje infinito’,
según se ha escrito más acertadamente. […]En ellos (en los
comentarios en prosa) se trata con libe rtad inusitad a el voca bulario,
como si cada término fuese susceptible de adoptar los más variados
360
E. Pacho, “Lenguaje técnico y lenguaje pop ular en San Juan de la Cruz”, art. cit .,
p. 218.
361
Ibid., p. 218.
362
Art. cit., pp. 204 - 205.
283
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
significados. La fluctuación del l engua je produce una semántica muy
rica pero desconcertante.
363
Ahondando en el análisis de E. Pacho, J. González Cuenca
aporta do s sistema s posibles de investig ación p ara un a nálisis de los
aspectos líricos de la obra sanjuanista: se trata de la anagogía y la
isotropía. El inv estiga dor pa rte de l a bas e d e qu e la obra s anjuani sta
es una “opera a perta” y tal como él mismo e xpresa:
Lo estrictamente lírico y lo estrictamente religioso y doctrinal s e
entrecruzan tan endi abladamente que al final carece objetivamente
de sentido toda pretensión de fijar arquetipos, stemmata , …
364
Su caso difier e, no ya d el erudito sino del poeta o creador , qu e
se ha formado como lector sistem ático e interesado en determin adas
obras que, m ás tar de, las ha utilizad o para su creación conscie nte o
inconsciente mente. Todo lo opuest o se prod uce en S an Juan de la
Cruz. Co n el lo J. González Cu enc a no afirma que sea u n poeta
exclusivam ente vision ario, sino que
San Juan tiene su propio sistema, su Retórica, bien definidos, pero
está sometido al fluir de su vida y su vivencia marca damente
religiosa.
365
Por consiguiente, no se puede desde criterios léxico-
semántico s previame nte establecido s, acomo darlos a su obra
363
Ibid., p. 210.
364
J. Gonzále z C uenca, “Un aprendido canto: la tradició n en la técnica poétic a de
San J uan de la Cruz”, e n Actas del C ongres o Internaci onal Sanjuanista , Salamanca, Junta de
Castilla y Le ón, 1993, vol. I, p. 208.
365
Idem, p. 209.
284
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
creadora. Su análisis ha de realizarse d esde su pr opio sistem a, de ahí
que Gonz ález Cuenc a considere l os méto dos cit ados, el sentido
anagógico y la isotropía, adecuados a una obra “ que se escapa una y
otra vez a la coherencia de signi fi cado” ,
366
dicho con sus propias
palabras, el senti do anagógi co de interpretaci ón consist e en
considerar
que la s pala bras articuladas en discursos lingüísticos romperían la
convenciones léxico-semánticas y has ta la leyes normales de la
metaforización y simbolismo para alcanzar una especial libertad
expresiva y connotacional. [ …] La anagogía es la capacidad de la
palabra para prod ucir combinaciones inespera das y provocar
extrañas rea cciones que rozan los dominios de la psicología
profunda.
367
Como compl emento de este tipo de análisi s González Cuen ca
propone la is otopía, enten diéndola
como capacidad de atracción comb inatoria de los semas de un
semema (lex ema) a l sintagmarse con otro; cua ndo en la rea lidad del
discurso se produce el contacto, se genera una red i sotópica que
enriquece el texto.
368
Y en proporción a la riqueza de las redes isotópic as que crea el
poeta, así ser á la calidad y belleza po étic as. Efe ctivamente , tal c omo
expone J. Go nzález Cuenc a:
366
Ibid., p. 209.
367
Art. cit., p. 211.
368
Art. cit., pp. 212 - 213.
285
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
La poesía de San Juan está construida con unos materiales léxicos -
semánticos tan ricos y tan certeramente a rticulados en el discurso
que, difícilmente, puede darse mayor densidad (y, por lo tanto,
calidad) poética.
369
El poeta ha elegido variados elementos lé xico-semánticos,
metafórico s y simból icos de la t radición culta y popular, los ha
unido sintagm áticamente cre ando relaciones isotópicas
sorprendente s; ha creado , gracias a su sensibilidad, intuición y
capacida d poéticas, u na obra líric a y prosí stica que se escapa d e
cualquier análisis filológico conve ncional. Y quizás con ambos
sistemas, c omo propone e l investig ador, se pueda desentrañ ar y
desvelar e l “misterio” que env uelve toda su ob ra.
Hasta aquí he mos analizado la poética sanjuanista a luz de sus
propias palabras y través de las teorías de algunos estu diosos de est a,
como único medio posible de co mpre hender su obra lírica y
prosística.
Como hemos señalado anteriormente, el arquetipo si mbólic o
que Sa n Juan de la Cruz eligió para expres ar su ex perienc ia místi ca
en su obra literaria y doctrinal fue la unión conyugal: esposa -esposo,
amado-amada . H. Hatzfeld, res pecto a este símbolo e xplica:
El matrimonio místico, p or eje mplo de cada místico en particular,
constituye para la conciencia y tradición católica más bien que un
arquetipo psicológico una realidad espiritual y una analogía
individual de los múltiples significados figurados del amor nupcial
369
Ibid., p. 213.
286
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
descrito en el Cantar de los C antares , aludie ndo a una revela ción de las
relaciones entre Dios y el pueblo judío en la antigua ley, entre Cristo
y la I glesia en el Nuevo T estamento, entre el Espíritu Santo y María
en la obra de la Enc arnación y de la Rede nción, entre la Santísima
Trinidad y los bienaventurados en el ciel o. Hay aquí rea lidades
analógicas y esca tológicas . No hay duda de que algu nos de los
místicos españole s combinan conscientemente su caso analógico de
amor con los prototip os y tipos de la t radición bíbli ca y
eclesiástica.
370
La a ma da, como expresión d el amor entre Dios y el a lma, se
t rata de un a relación analógica ― según explica B. W. Wardropper ―
para exponer lo incomprensible o incomprendid o mediante lo
comprendido , es una fo rma de unir el eros y el ágape. Consi dera que
el a mor cortés era fácil de transformar en divino , ya qu e la actitud
del poeta hacia la amada era casi relig iosa y el pla tonismo
renacentista “cultivó aú n más esta tendencia a equi parar el a mor a
Dios y el amor a la dama”.
371
B.W. Wa rdr opper más adelante cita las
palabras de Marín Oce te, que analiz a la obra de Greg orio Sivestre :
El ca mino del platonismo que lle vó, en España , desde la admiración
por la belleza conc reta a la devoción por la belleza espiritual del
alma, y de aquí a la aspiración a la divini dad, origen de todas ellas,
vino a resolver la oposici ón medieval entre el amor divino y amor
humano, y a hacer posible que las mismas expresiones cantasen a la
370
H.Hatzfel d, Estudio s literari os sobre m ística española . Madri d, Gr edos, 1976, (3ª e d.) ,
p. 32.
371
B.W. Wardro pper, Historia de la poesía…, pp. 59 - 60.
287
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
amada y a la hermosura infinita del crea dor, sin ningún modo de
sacrilegio.
372
L. López Bara lt sobr e el Cántico afirma: “n adie como San Ju an
de la Cruz ha sabido entender los “ dislate s” d el poema salom ónico,
y los llega a aclimatar como nadie e n sus propios versos
delirantes ” .
373
Ella ha defendid o también la tesis de la influe ncia
islámica de la místi ca sufí e n la elecci ón de S an Juan de la Cruz del
símbolo nupcial, así como anteriormente, M . Asín Palacios y más
recientement e C. Cuevas. Este, a propósito de l sí mbolo conyugal,
esposo/es posa, expl ica que la literatur a suf i popularizó parejas de
enamorados, en cuyos amores plasma alegóricame nte los dis tint os
grados de la unión mística e ntre el alma y su creador: Yusuf y
Zulaykha, Layla y M achnun , Salaman y Absa l son la encarn ación del
“amigo” y d el “a mado ” en la literatura i slámica.
374
Pero también su in flu encia se ha podido realizar través de lo s
místicos y fil ósofos occident ales mediev ales com o Ruysbroe ck ,
375
Eckhart y Lu lio.
R. Lulio fue uno de los místic os má s islamiz ados, al que
Hatzfeld le llamaba el “sufí cristiano”, cuya influencia del místi co
murciano Ibn Arabi es evidente, tal como lo demostraron Julián
372
Apud B. W. W ardropper, op. cit., p.153.
373
L. López B aralt, San Juan de la Cruz y el Islam, Madrid, Hiperión, 1990, (2ª ed.), p.
396.
374
C. Cuevas, El pensamiento del I slam. Contenido e historia. I nf luencia en la mística euro pea,
Madrid, Istmo, 197 2, p. 20 6.
375
Para un estudio sobre la infl uencia de Ruysbroeck en la mística sanjuanista, véase
H. Hatzfeld, “Infuencia de R aimundo Lulio y Jan van Ruysbroeck en el lenguaje de los
místicos espa ñole s”, en Es tud io literarios sobre mística … ., p p. 37- 121.
288
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
Ribera, Menéndez Pelayo y el citado H. Hatzfeld , en tre otros.
Posibleme nte fu era u no d e l os autores qu e S an Juan del Cru z leyera
en sus años d e Salamanca , pues su fama como maestro místico fue
importantísim a en la Europ a medieval y re nacentista.
Su poema místico Llibre d’amic e amat, interpol ado en el relato
El Blanquerna – com o explic a L. López Baralt― “describ e la
búsqueda mística del Amado (Dios) por el amigo (el alma). Hay un
recuerdo evi dente del Ca ntar de los Cant ares” .
376
C. Cuevas , re specto a la i nfluencia de Lulio e n la liter atura
ascético-míst ica del si glo XVI explica cómo el franciscan o y
cardenal Ximénez de Cisneros cost ea las ed icione s de la obras
lulianas y escri be así a los jura dos de M allorca :
Tengo grande a fición a todas las obras del doctor R aimundo Lulio,
doctor iluminadísimo, pue s son de una gran doctrina y utilidad, y, a sí
creed que en todo cuanto pueda proseguiré en favorecerle y trabajaré
para que se publique y lean en todas las escuela s.
377
Así pues, podemos imagin ar la gran difusión que adquirieron
las ide as lulianas en el si glo XVI. En el pensamiento de R. Lulio
influyó, además del murciano Ibn Arabi, también el filósofo
cordobés A verroes.
Otro símbolo místico es “la llama”, esenci al en la mística
sanjuanista y, relacionado con ella, el sí mb olo de las “lámparas de
fuego”. L. López -Baralt reco noce que el símbolo de la luz es
376
L. López-Baralt, op. cit ., p. 3 18.
377
C Cueva s, op. cit ., p. 280.
289
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
universal, com o apare ce en Jerarquí as celestes del Pseudo D ionisio . La
investigad ora, citando a Mirce a Eliade, co nsidera que el sím bolo d e
la luz a parece en l as distintas cultura s: judaísmo, helenism o,
gnosticismo , sincretismo y cristianismo . Sin embargo, L. López -
Baralt observa simil itudes e ntre los suf ís y S an Jua n en la
concepción de este símbolo. A su vez lo s suf ís estuvieron influ idos
por las ide as platónic as fundidas co n las de Plotino y Zoroast ro y
otros sabios persas. Para S an Juan la “ llama de amor viva ” simboliza
el alma en el momento de su tran sfo rmació n en Dios y en este
mismo sentido aparece en Kubra, ade más, e ste símbolo está
ampliament e desarrol lado en A lgazel e Ibn Arabi.
De hecho, a l igual que en estos místicos , el símbolo de las
“ lámparas de fuego ” aparece en la obra sanjuanista. En el
pensamiento islámi co este símbolo procede del Corán. Pero
también su origen está en el Cantar d e los Cantares, libro que cita el
propio S an Juan: “Co noce aquí b ien el alma la ver dad de aque l dic ho
de e l Es poso en l os Cantares , cuando dijo qu e las lámparas del amor
eran lámpara s de fueg o y llamas”.
378
Fundamental en la expresión mística del Santo es e l símbolo de
“la noche” , pues represe nta, junto al del amor conyugal y la llama,
uno de los m ás esenciales en la teorí a místic a sanjuanista , de hech o
H. Hatzfeld, c on respecto a este símbolo , afirma:
Toda la materia prima del símbolo, estructura del símbolo, concepto,
ritmo y terminología de la noche oscura, sus sinónimos y antónimo s,
378
. Cfr., L. López- Baralt, op. cit ., pp. 249- 261 .
296
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
simbolistas y los surrealistas […]. El romántico aspiraba a l infinito, el
simbolista creía que podía descubrirlo, el surrealista creía que podía
cr earlo.
395
Sobre esta m isma ide a insiste Ab rams:
Seguimos sin darnos cue nta de hasta qué punto los conceptos y lo s
patrones de la filosofía y de la literatura románticas son una teolog ía
desplazada y reconstruida o tambié n una forma secular izada de la
experiencia devota .
396
En este senti do Mª J. Fernández L eborans aport a una
esclareced ora visión entre las analogí as y diferencias del símbol o
místico y del símbolo poét ico:
Los símbolos místicos, en la medida que se expresan
lingüísticamente, presentan notables analogías con los símbolos
poéticos, con respecto a su estructura interna y su forma de
manifestación lingüística. Símbolos místicos y poét icos presuponen
395
Balakian, El mo vimiento simbolista. Madrid, 1969. p p 29- 30. Apu d por J. Lara
Garrido, Estudi os sobre San Juan de la Cruz y la Mística del Barroco, I , Universidad de
Granada, 1994, p. 315.
396
M.H. Abrams, El Romanticism. Tradición y revolución . Madrid, 1992. p. 253. Abrams
analiza en la obra de Words worth y lo conside ra como figura emergente de una larga
tradición litera ria que él denomina “teodicea del paisaj e”, que consiste en “encontrar
significados morale s y teológic os en las cu alidades estét icas del paisaje ”. Apud J. La ra
Garrido, Estudios sobre San Jua n de la Cruz …, p. 317. Es necesario también mencionar el
estudio de H. Hatzfeld donde relaciona a P. V aléry co n San Juan de la Cruz, “Pau l
Valéry descubre a San J uan de la Cruz”, en Estudios literario s sobre… , pp. 349-356 .
Siguiendo este tipo de a nálisis, r elacionando los compone ntes estilísticos de la
“mística” de la poesía contemporánea con la mística sanjuanista y el simbolismo, es
necesario s eñalar el estudio de F. J. B lasco Pascua l, La poética de Juan Ramón Jiménez.
Desarrollo, contexto y sistema, Salamanca , Universidad de Salamanca, 1981 . Como el autor
matiza, no es necesario insistir en que el éxtasis poétic o en Juan Ramón no posee el
carácter místico sanjuanista; s in embargo, la actitud de ambos frente a la creación
poética que exige el silencio y la r enu ncia fre nte a lo absoluto, sí se puede considerar
similar.
297
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
el a cceso misterioso, revel ado a la a fectividad humana como una
fuerza incontrolable de a tracción. El s ímbolo no const ituye, una vez
creado, la “ de velación ” manifestada de la esencia del misterio; el
misterio ha sido sólo aprehendido únicamente por la emotividad,
provocando la expia ción anímica del poeta o del místico […]. E l
poeta esencialmente místico reduce a un plano sensible lo
sobrenatural, en sentido ascendente -descendente, mientras que el
poeta “a lo divino” prof undiza en la natur aleza sensible y la
trasciende en su expresión poética, como refl ejo de lo sobrenatural,
en sentido descendente-ascendente.
397
La mi sma aut ora cita a J aspers, cuy a s palabras son también
esclareced oras: “El simbolism o encierra d e una forma u otra,
elementos de misticis mo [… ] To da la nat uraleza es u n lengua j e
divino, ci frado de símbolos”.
398
C. Cuev as, matiz ando aún más el
sentido del sím bolo en la lírica sanju anista, af irma:
En cua lquier ca so, el símbolo encie rra una polivalencia ilimitada,
capaz de múltiples interpretaci ones. A l elegir una desde su espec ífica
sensibilidad, el receptor enc ontraría en él la posibilidad de
entenderse a sí mismo. Y es que el símbolo conecta visceralmente
con la ex periencia viva, superando cua lquier alegoría o imagen, que
no consiguen sino yuxtaponerse mecánicamente.
399
Y añade:
397
Mª J. Fernández Leborans , Los campos semánticos de luz y oscuridad en la Mística
española. (Estracto de la Tesis Doctoral), M adrid, Facultad de Filosofía y L etras,
Universidad Co mplutense, 1 975, pp. 21- 22.
398
Apud Mª J . Fernández Le borans, Los campos semántic os de luz …, p. 22.
399
C. Cue vas, San Juan de la Cruz. Poesías. Llama d e amor viva . Madrid, Taurus 1993,
p.41.
298
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
No es el símbolo en san Juan de la C ruz un a p osteriori que traduc e
vivencias en pa utas verbales, sino una peculiar forma suya de
aprehender el mis terio. El poeta siente la purificación como noche , la
unión como consumación del amor, y la plenitud final como llama .
[…] No son, pues, sus versos reflejo de su exper iencia, sino que son
su experiencia en estado naciente.]
400
Y más adelant e aclara có mo San Juan desde su formación
humanística en Medina, “se había acostumbrado a ver el universo
como un inmenso mundus symb olicus […]. A ello contribuyero n,
además de sus estudios de teologí a simbólica, sus lectu ras
espirituale s y de exege sis mística”.
401
Concluimo s e ste análisis co n l as pa labra s de Mª Jesús M ancho,
que, al analizar las formulaciones paradójic as del estilo sanjuanis ta
en el símb olo de la “noche” , afirma que el sí mbolo es lo más
esencial de la retóric a y del cor pus poét ico sanjuan ista:
Y es que el símbolo es una unidad poética compleja y dialéctica, capaz
de conciliar contrarios . Dicho de otro modo: la complej idad significativa
de los símbolos conlleva la virtualidad de compaginar y ha cer
coexistir significados de signo contrarios bajo la misma cobertura
significante. El símbolo constituye, pues, una especie de unidad
ambivalente dotada de una estructur a dual, características de la s
imágenes gra ndiosas y n ucleares q ue se erigen en una espec ie de
400
Idem , p. 45.
401
Idem, p. 47.
299
S EGUNDA PARTE . E STUDIO LITERARIO
metáforas totales de una obra literaria. Y esto se evidencia con toda
claridad en la noche sanjuanista.
402
402
Mª J Mancho, “Recurso s léxic os - semánticos en San J ua n de la Cruz”, en Palabras
y símbolos en San Juan … ,1993, p. 45.
301
TERCERA PARTE .
LOS ROMANCES SAN JUANISTAS: IN PRINCIPIO ERAT
VERBUM Y EL SAL MO SUPER FLUMI NA BABILONIS
302
.
303
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
1. LA POÉTICA DEL ROMANCER O. TEMAS Y FÓRMULAS DEL
GÉNERO L ÍRICO NA RRATIVO
1.1. O RIGEN Y TEMAS DEL ROMANCERO
Menéndez Pidal define los romances como “poema s épicos -
líricos breves que se cantan al son de un instru mento, sea en danza
corales, sea en reuniones tenidas para recreo o para el trabajo en
común.
403
M. Díaz Roig define el ro mance co mo
una composición con u n número inde terminado de versos de
dieciséis sílabas (o de doce) con rima asonante, que rela ta, con estilo
propio una historia de interés general y que, por tanto, es retenida y
repetida por una parte de a quellos que la oyen, d ifundiéndose a sí en
el tiempo y en el espacio.
404
El or igen de los romances lo intuyó R. M enéndez Pidal
considerán dolos como una parte fragme ntada de los antigu os
cantares de gesta que, a medida que se iban repitiendo, quedaban en
la memori a de los oyentes las partes más atractivas y más del gust o
de estos, f ormándo se así u na nueva cr eación poétic a, indepe ndiente
del cantar de donde surgió. El pueblo, por consiguiente , los
reelabora y añad e aspectos líricos, imaginativ os y subjetivos y, de ser
un poema épico y na rrativo, pasa a ser un po ema épico -lírico o un
poema dramáti co-lí rico, donde pre dominan los element os
dialogístic os; a sí desaparece el aspecto narrativo para alcanzar una
“intuitiva situ ación dr amática” en palabr as de R. Men éndez Pidal .
403
R. M ené ndez Pidal, “El romancero. Su transmisión a la época modern a”, en
Estudios sobre el Romance ro”, Madrid, E spasa Calpe, 1973, p. 359.
404
M. Díaz Roig, El ro mancero viejo, Madrid, C átedra, 1992, ( 17ª ed.), pp. 9- 10.
304
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
De los castillo s y lu gares de ba talla donde se cantab an los
cantares épico s ante caballeros y guerr eros, pasó el romance a
cantarse entre los mercader es, artesanos, labradore s, en las plazas de
los pueblos. Desapare cida la a ristocraci a feudal, aparece una nue va
clase burgue sa con otr os gustos y otr as form as de ver la v ida.
405
Sin em bargo, el asp ecto tradicional pe rdur a y así se r ecrean los
mismos temas y pers onajes de la épica en lo s romances antiguos:
don Rodrigo, Los siete infante s de Lara, Fernán González, el
Cid…Tam bién aparecen personaje s de la corte de Carlomagno: d on
Roldán y doña Alda, el marqu és de Mantua y Valdovin os,
Montesinos , Rosaflori da, la lin da Melis enda…T odos refl ejan m ás
intensidad sentimental y mayor número de asp ectos líricos que
épicos. Así pues, aparecen nuevos tem as como los romances
fronterizos: “Álora la bien cerca da ” , “ Abénam ar Abénam ar ”…
También desde el punto de vis ta de los á rabes se cre an roman ces
como la pérdida de la Alh ambra. R. Menéndez Pidal define estos
romances, junto a lo s moriscos como “una muestra precio sa del
contacto de la poesía popular árabe y la cristiana”.
406
Así se describe n
los atu endos brillantes de oro y grana, plumas , a lbornoc es
colorados… Todo es vistoso y sensual también en los romanc es
moriscos que se desarroll an durante los siglos XVI y XVII , donde
predomina el tema am oroso con su s celos y desdenes.
405
Cfr . R. Menénde z Pidal, Estu dios sobre el Romancero, Madrid , Espasa Calpe , 1993.
406
Ibid. , p. 35.
305
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Los roman ces de los siglos XV y XVI se cantaro n en la corte
de Enrique IV, de los Reyes Católicos y, pos teriormente, en la corte
de Felipe II. En esta época los tr atadistas Salinas, M ilán, Narváez,
Mudarra, Valderrában o, Pisador y Fuenllana incl uyer on en sus ob ra s
algunos romances . Sus temas inspirar on obras teatrales y
narraciones de los escritore s de los s iglos XVI y XVII y del
Romanticism o. R. Menéndez Pidal explica c ómo en la corte d el rey
Enrique IV
al decir de un cronista, “cantaba muy de toda música, ansí de la
Iglesia como de romances o ca nciones, e había gran plazer de
oírlas”. El romance de la muert e injusta que de los caballeros
Carvajales era uno de los que “solía oír ca ntar muchas veces la Reina
Católica, enterneciéndose del agravio manifiesto qu e hizo el rey don
Fernando a estos caba lleros ” […]. Felipe II, cua ndo aún era niño de
ocho años conocía ya bast ante romancero como para sacar agudezas
infantiles.
407
También, como sigue se ñalando Menéndez Pidal , el bibliófilo
Fernando Colón, ― hijo d e Cristó bal Colón y fundad or de la
Biblioteca Colom bina de Sevilla ― , en Medi na del Campo en 152 3,
compró multitud de romances en pl iegos sueltos que añadió a su
tesoro bibliográfico. También fue el caso de Juan Díaz de Reng ifo
que en su Arte poética considera los romances como la más efic az
poesía histór ica.
408
407
Ibid. p. 50.
408
Ibid. pp. 50- 52.
312
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
En segundo lugar considera el Romancero co mpue sto po r
temas de la épica nacional y ex tran jera que surgieron en contact o
con los cantares de gesta, las novelas y crónicas históricas. En terc er
lugar incluye los romances de estilo can cioneril que aparecen a
finales del si g lo XV, es el que se denomina “novelesc o”,
emparenta do con lo s temas baladísticos europeos. Y, finalmente , los
de tema religio so, m uy escaso, ya que el romancero, tal como lo
expresa Di Ste fano,
es esencia lmente profano, son pasiones netamente humanas y
terrenales […] e incluso podemos decir que falta un sentido de la
transcendencia.
416
Otra forma de clasific ación se establece t eniendo en cuenta la
época d e la compos ición. Así se clasifican en viejo, nuevo, vulgar y
tradicional. El roman cero viejo se refiere a lo s más antiguos, cuyo
origen es medieval o al menos los testi moni os son los más antiguos.
P. Díaz-Mas consider a que el romancero viejo se refiere a aquellos
romances docum entados a final es del siglo XV hasta m ediados del
siglo XVI y aquellos que han llegado po r tradición oral , pero cuyos
temas “sospechamos de venerable antigüedad porque recrean algún
episodio de la poesía culta medieval de otros países o tienen
equivalentes en la b aladíst ica europea”.
417
El romancero nuevo está formado por aquellos creados por un
poeta i ndividu al, es el caso de Lo pe d e V ega, Cervant es o G óngora,
416
G. Di Stefan o, op. cit., p. 48. V éase, ade más, las páginas 47- 49.
417
P. Díaz Más, op. cit . , p. 8.
313
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
que mantiene la métrica y el estilo arcaizante, pero sus temas pue den
ser pasto riles, burlescos o espiritua les y también se sigue recreand o
el tema morisco. Muchos d e ellos se tran smitieron oralment e y por
este motivo se desco nocí a el autor y se consideran anónim os. El
romancero vulgar es el que se crea a partir del siglo XVII para uso
de las clases popular es urbanas que, posteriormente, pasarí a a la s
zonas rur ales y se tr ansmitían a través de plie g os suel tos , a veces
cantados por ciegos , d e ahí que t ambién se denomine romance de
ciego. E ste tipo de romances car ecía de calidad li terar ia. El
romancero tradici onal tal como explica P. Dí az -Mas, suele aplic arse
a los romances de t odos las épocas y de t odos los estilos que se han
transmitido or alment e, cantados y ha tenido un a gran expansi ón
geográfic a.
418
Siguiendo a Menén dez Pidal, tambié n los romances se pueden
clasificar, segú n su estilo y de este modo se cl asific an en juglarescos,
artificiosos , eruditos y a rtísticos. Los romances juglare scos estaba n
cantados por juglares y se acomoda ba n a los nuevos gustos. Los
artificiosos o tr ovado rescos se c antaban en l a corte y recre ab an
temas de la lírica popular y el roma ncero, es el caso de los autores
Gil Vicente, Juan del Encina, e ntre otros. Los eruditos son
creaciones, realizadas en la primera mitad del siglo XVI o
anteriorment e, de poetas d esconoci dos, cuy os temas se inspiran en
hechos bíblicos o crónic as hi stóricas. Los artísticos se refi eren a l as
418
Idem, pp. 6- 10.
314
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
creaciones de poetas cultos y están re lacionados con el llama do
Romancero nu evo.
419
1.2. E STRUCTURAS LÍRICO - NARRATIVAS
Menéndez Pidal cl asifica los poemas líricos narrativos en tres
tipos: romance-cu ento, ro ma nce-escena y romance-diálogo. Di
Stefano incluye el romance-diálogo en el romance-escena y lo
considera com o una varieda d de e ste. Au nque en el Romancero
aparecen romances con el primer tipo d e estructura, una narración
breve, la estructura que ca racteriza al romancero, siguien do l os
criterios de Di Stefano, es el ro man ce-escena. Resumim os sus
consideraciones sobr e la formalización de la estructura que
caracteriz a el romance-escen a. En primer lugar es imp ortante l a
actualización de los hechos en un presente inme diato, c on fórmu las
como “H elo, he lo por do viene…”; apóstrof es o la forma
autobiográfi ca y el comienzo abrupto “in media res”. A través de
estos recursos se consigue que el público no solo sea un
destinatario , sino espectador y te stigo de los he chos. No obstant e, el
diálogo es el r ecurso más expresiv o y c aracterísti co de l roman ce
lírico-narrativo . El diálogo, no solo expresa un pensami ento a través
del juego dialéctico de pregu nta y respu esta, ll eno de expresividad,
sino qu e el diá logo posee “ una función informativa” sobre aspe ctos
esenciales del relato.
420
Otro recurso fo rmal de la estructur a de lo s
419
P. Díaz Mas, op. cit., pp.10 -11.
420
G. Di Stefan o , op. cit., pp. 2 4- 29.
315
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
romances, com o consecuenc ia de su fragment arismo, es el fi nal
truncado, c on lo cual s e trata de u na estructu ra abierta.
Pero también hay que tener en cuenta que el romance como tal
relato que es, se estr uctura en n o pocos ca sos en intro ducción,
desarrollo y conclusión. Tambi én se ha tratad o de aplicar la teo rí a
narrativa de Vla dimir Pro pp y, efect ivame nte, ha hab ido a lgunos
intentos para poderl os aplicar a algunos ro mances en concreto.
Pero, en general, los temas y l as formas del Ro mancero son tan
diversos y tan a mpli os que es casi imposible enmarcarlos en un os
modelos formal es muy co ncretos y det erminados.
Sin embargo, D. Cata lán, siguien do la teorí a d esarrollada por
C. Segre en su obra Las estructuras y el tiempo, expone un mod elo
semiótico para analiza r el Romanc ero, en la a rticulació n d el nivel del
di scurs o, del ni vel de la fábula, en los a ctant es o element os
funcionales.
421
A los que hay que añadir otro elemento más d e
análisis semi ótico que es el concepto de secu encias. En definici ón de
D. Catalán un a secuencia
es una representación, al nivel fabulístico de un evento o conjunto
de eventos que dan lugar a una situación nueva, modificando la
relación entre las “dramatis personae” .
422
Para concluir, D. Catalán consider a que el romance como
género refleja “una historia a travé s de un “dis curso” doblement e
421
D. Catalá n, “Análisis semiótico de estructuras abierta s : El modelo “Romancero”,
en El Romancer o hoy. Poética, Madrid, Gredo s, 1979, p. 23 1, nota 1ª.
422
Idem, p. 239, nota 27 .
316
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
articulado: a) métricamente; b) dramáticame nte.
423
Es decir, el
discurso romancísti co utiliz a un modo de representación dram ática.
Los relatos reflejan una tr ansformació n de los dramatis personae , hay
un a ntes y un d espu és, u n transcurrir del tiemp o. Esto, junto al
aspecto formal métri co es lo que aporta su esencialidad como
género.
1.3. L A M ÉTRICA
Como sabemos los romances se componen por un a serie
ilimitada de versos octosílabos con rima asonante en los pares. Así
es co mo aparecían tr anscritos en todos los manuscritos antiguos y
en t odas las impre ntas. Sobre est e aspecto T . Na varro Tomás aclara
que
por influencia del octosílabo trovadoresco y por mayor comodidad
de la lectura, los romances se escribie ron desde el sigl o XV en líneas
de ocho sílabas. La fo rma a ntigua de sus ver sos, tal como Nebrija lo
recordaba, era semejante a la de antiguos poemas épic os, aunque de
medidas menos va riables. Los músico s Narváez y Salinas, en el siglo
XVI, y algunos críticos modernos, entre el los Milá y Ménedez y
Pelayo, prefirieron restituirlos a su primitiva re presentación. Ha
prevalecido, sin embargo, la costumbre de imprimirlos como
composiciones octosilábicas.
424
423
D. Catalá n, art. cit., p. 233.
424
T. Navarro To más, Métrica española. Reseña histórica y descriptiva , Barcelona, Labor,
1986, p. 69.
317
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Actualmente muc hos ed itores lo imprimen en versos de
dieciséis s ílabas , posibleme nte no de manera caprichosa, pue sto qu e
en los canci oneros musicales así aparecieron tran scritos. A este
respecto, Di St efano co nsidera que
señalan períodos musicales de die ciséis sílabas e incluso de treinta y
dos, n unca de ocho […]. La medida octo silábica no es siempre fija,
ya que se encuentran con frecuencia versos de sie te o de nueve
sílabas, ya sean en textos tradicionales y popular es, ya sea en lo s
juglarescos o a rtificiosos […], pero se trata siempre de casos
esporádicos [...] Por otra parte, la repa rtición estrófica es extraña al
romance en su forma originaria y corriente; sólo a finales del siglo
XV, por influjo de la música que abarcaba períodos de tr einta y dos
sílabas que no de di eciséis, hubo ca sos de romanc es organizados en
cuartetas, sin que esto se reflejara en la asonancia, que no variaba a
lo largo de todo el romance. La moda de la cuarteta arraigó con más
fuerza y extensión a finales del siglo dieciséis.
425
A. Quilis explica lo siguient e con re specto a la disp osición
métrica del romance en el Barr oco: “L os romance s cultos o
literarios de esta época muestran algunas innovaciones con relaci ón
a los populares y en tre la s más import antes destaca la disposición en
cuartetas .
426
También R. B aehr, a p ropósito de ell o, ex plica:
A finales del siglo XV se manifiestan también otras do s
peculiaridades: Iª La tendencia a la disposición en cuartetas, que se
425
G. Di Stefan o, op. cit . p. 44.
426
A. Quilis, Métrica española, B arcelona, A riel, 1988, (4ª ed.) , p. 149 .
318
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
explica por el creciente carácter lírico de l romance en esta época: 2ª
El añadido de cortas composiciones líricas (villancic os, ca nciones)
como remate de la piez a (desfecha) . [ …] Desde Gabriel L obo Las so
de la Veg a (1589) se a segura la disposición en cua rtetas como unidad
de composición, y a ella se aspira como en forma cons ecuente.
427
Los romances de San Juan de la Cruz están form ados por dos
composiciones distintas : el titulado “ Romance sobre el e vangelio “In
principio erat verbum” acerca de la Santísima Trinidad y otro titulado
“ Otro de él mismo que va por Super flu mina B abilonis ”. Ni en el
manuscrit o de Sanlúc ar ni en el de Jaén los romances sanju anistas
están distribui dos en cuartetas, a unque algunos in vestigado res
actuales pre fieran edit arlos en est a estrofa.
San Juan titula los romances sobr e la Santísim a Trinida d en
singular: “ Romance sobre el evangelio In principio erat verbum acerca
de la Santísima Trinidad ” , es d ecir, l a consider a una obra co mple ta,
aunque esté estructur ada en nueve romances a los que en algunos
casos los encabeza co n un título o, si mplemente, con la
enumeración , como aparece en la edición facsími l y he mos expuesto
en la transcr ipción.
1.4. L A FORMULÍSTICA Y OTROS RECURSOS POÉTICOS
Todos los invest igadores d el romancero coinciden en observar
una poética que se repite como fórmulas fijas que es lo que le
ca ra cteriza como géne ro poét ico. Estas fórmu las comprende n desde
427
R. B aehr, Manual de versificación española , Madrid, Gredo s, 1989 , (4ªed), pp. 214-
215.
319
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
aspectos estilíst icos repetitivos hasta expresi ones fijas, que le infi ere
un carácter arcaizante y tr adicional. R. Menéndez Pidal a propósito
del estilo de los roman ces viejos ca stellanos a firma:
Los romances se distinguen por una extrema sencillez de recursos,
que se manifiesta en la abstención y eliminación de eleme ntos
maravillosos o extraordinarios ora en la parquedad ornamental, en la
adjetivación reprimida, ora en la versificación asonantada monorrima
[...]. Con esta sencille z de recursos , los romances a lcanzan gran
viveza intuitiva de la escena, emoción llana y fuerte, elevación moral,
aire de nobleza.
428
También M. Alvar, al explicar los medios e xpresivos del
Romancero vi ejo, afirma que
si las gestas perviven en el romancero, no es menos cierto que se
continúan en unas fórmulas lingüísticas que establecen esa rara
continuidad formal desde los más viejos testimonios épi cos hasta la
época en que los romanceros s e recogen, y aún de spués: se intentan
temas nuevos con viejos recursos
429
A propó sito de esto Leo Spitzer observaba como el oyente “se
siente subyugado por un formulismo in herente al género […],
formulismo que erige una arquitectura propia por e ncima del
relato”.
430
El a nálisis de est os recursos poéticos, en un principio, se
fueron s oslayando, por esa sensació n de “n aturali dad” y
428
R. Menéndez Pidal, Flor n ueva de romances viejos, B uenos Aire s, Espasa Calpe,
1969, (18ª ed.), p. 2 4.
429
M. Alvar, El romance ro viej o y tradicional, Méjico, E d. Porrú a, 1971, p. LXXIX.
430
Apud G. Di Stefano, op. cit., p. 29.
320
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
“espont aneidad” que este género poético rezuma. D . C a talán afirma
al respecto:
Al negar artificio a la poesía tradicion a l y ponderar su na turalidad
primaria y elemental, se confundió la carencia en ella de los “afeites”
característicos del arte dominante en cada época […] con una
ausencia, imposible, de “arte”.
El pr opio Menéndez Pida a claraba que la “sobrieda d” no es el
resultado de una “esp ontaneida d natural”, sino que esa “sobri edad”
ha sido buscada, “art e hay en la poesía tradicional, como en toda
verdadera p oesía; “el no aprendi do canto es s olo el de las aves .”
431
Siguiendo con e l an álisis de D. Catalán, m uchos estudiosos del
romancero, desde Rut h Webber H ouse (195 1)
432
, han observado en
el estilo del romance una constante formal que se ha venido
llamando l enguaje f ormulísti co. Con re s pecto a este, D. Cat a lán
aclara
que una fórmula es una expresión lexicalizada de un conte nido. No
cabe, pues, habla r de fórmulas o (tópicos) de contenido. Lo que sí es
posible es la existencia de ex presiones lexicalizadas , formularias, en
diferentes “niveles” de organización del relato: hay fórmulas que
pertenecen al discurso , esto es, que se utilizan como significantes de
unidades informativas de la intriga , y fórmulas de intriga, esto es
431
D. Catalán, “Poética de una poesía colec tiva”, en Arte poética del romancero oral.
Parte 2º. Memoria, in vención, art ificio, Madrid, Siglo XX I, 1998, p. 148.
432
Apud D. Ca talán, op. cit ., p. 146.
321
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
motivos tópicos, medi ante los cuales se ex presan artísticamente
secuencias de las fábulas.
433
.
Más adelante sigue explicando que las “ f órmulas del discurso son
tan tropos como lo es la metáfora” . Gracias a ellas se puede
reconocer el lenguaje romancístico como tal. Por otra pa rte, existe
un “ vocabulario” poético y continua e xplica ndo: “el léxico” poét ico
de carácter formular io empleado para expresar la intriga incluye
todas las partes de la “oración”.
434
Así pues pueden ser verbos
simples, modifi cado a través de adverbi os en algunas ocasione s , con
el significado de “aprestars e rápidame nte”, sustantivos, que
significan “heridas morta les” , adjetivos con el significad o de
“suntuoso” e “inhóspito”; y termina exponiendo, “la formul a se nos
identific a como el “léxico” básico, con que se construy e en forma
escénica la intriga. Se halla om nipresent e.”
435
Por su parte, Di Stefa no ha analizado el formulismo como una
expresión poétic a característic o del romance ro:
Aquí los ras gos ex presivos son sustancia misma de l mensaje poético
y estructuran los segment os narrativos en ritmos que tienen mucho
de cadenci a ritual es lo que se suele llamar el estilo ba ladístico o
formulístico […]; es el estilo de la canción popular épico -lírica de
muchos países y de todas las épocas.
436
433
Idem ., pp., 149 - 150.
434
D. Catalá n, op.cit., p. 158.
435
Ibid ., p. 158. Las cu r sivas y los ent recomillados pertene ce n al autor.
436
G. Di Stefan o, op. cit. , p. 30.
328
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Uno de los aspectos formale s comunes son las estructur as
binarias en un a y otra composi ción. Es tructuras binarias de tip o
A+B / 8+8: [A] “ Caminito de Aragón, [B] se paseaba el arriero ”.
También aparec e en la lírica popular castellana y l a lírica-galai co
portuguesa, en la copl a y en la seguidilla : [A] “ Solíades ven ir, a mo r ;
[B] agora non ve nides, non ” .
La lengua del romance como la del villancic o se ha definido, en
la expre sión acu ñada po r D . Alonso al analizar el Poema de Mío Cid,
como “lengua de rápida andadura”, que se refiere a una
construcció n oracional breve, con frecuenc ia la yuxtaposició n, y con
períodos oracionales muy sencillos, en lo s que predomina la
parataxis y la hipotaxis . T ambién a e sta característic a s e debe el
predomi ni o d el su stantivo y del verbo frente a la escas a presencia
del adjetivo .
Finalmente , otros rasgos muy caracterí sticos en el romance y
en el villancico son el discurso dialogístic o y la s inte nsificac iones, a
través de la exclam ación, d e la interjecci ón y a través de la s
reiteraciones : “Rey don Sancho, rey don Sancho”, “Que por mayo
era por mayo” .
447
De hecho, muchos de es tos rasgos poético s se refle jan en los
romances s anjuanist as, como v eremos m ás adel ante.
análogo al que hemos citad o, véase la obra de M . Díaz Roig: El Romancer o y la lírica
popular moderna , México,El Cole gio de México, 19 76.
447
Vid . Sánchez Romeralo, op. cit., pp. 207- 231.
329
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
1.5. L O ESPIRITUAL COMO CONTRAFACTUM DE LO ÉPICO
En el Romancero tradicional l os romances de tema religioso
son muy escasos, y a que el romancero, tal c omo afirma Di Stefan o,
“es esencialme nte profano, son pasiones netamente humanas y
terrenales […] e incluso podemos d ecir que fa lta un sentido de la
transcen den cia”.
448
No obst ante, aparecen los rom ances d e tema
religioso en la tradición oral y como hemos expuesto en los
capítulos anteriores, también los escritores cultos cre a ro n historias
hagiográfic as y otros temas devocionales basados muc hos de ellos
en los evang elios apóc rifos y leye ndas pi adosas.
Por otra pa rte, W. H. Gon zález
449
considera que en lo s
romances tradicionale s españole s a parecen temas como la infancia
de Jesús , la vida de María y los anteceden tes familiares de amb os,
recogidos de los evangelios apócrifos. En este aspecto se opone al
criterio de M. Bataillon que afirmaba que la lí rica religi osa españ ola
no reflejaba dichos te mas.
En el imaginario popular, desde el origen del cristianismo
estos tema s d espertaban la curiosidad y se repetían leyendas y
acontecimi entos que pasaron algunos d e ellos a la tradició n piadosa
cristiana como los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, el lienzo de la
Verónica, y otros de los Evangelios: el nacimiento d e Jesús en una
cueva, rodeado de un buey y la mul a, los Reyes Magos, la huida a
448
G. Di Stefan o , op. cit., p 48.
449
W. H. Gonzále z . “ El roma ncero s acro y la literatura apócrifa ” , en El Romancero.
Tradición y pervivencia a fines del siglo XX , Actas del IV Coloquio Internacional del Ro mancero,
Cádiz, U niversidad de Cádiz , 1989 , pp. 371- 379.
330
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Egipto, Longinos…Estos temas aparec en inclui dos en la obra de
Jacopo de Voragine en su Leyenda aúrea , pero después d el Concil io
de Trento estos temas a penas se tratan por un afán de pureza y
ortodoxia. Sin embargo, en la tradición po pular permanecier on
siempre y, precisam ente, se transmitieron a través del romance de
tradición oral y tambi én en escritores religi osos proven ientes de la
espirituali dad francisc ana y la ten dencia de la devotio m oderna .
450
Para la d ifusión de estos roman ces y de otras comp osiciones
sacras de carácter culto y de tema profano, fueron determinantes las
ediciones de cancione ros. De el los habría que d estacar, dentro de la
difusión de la poe sía religiosa, Canc ionero de d iversas obras de / nuevo
trobadas: todas compuso / estas hec has y corregidas por el pa / dre fray
Ambrosio Montesino d e/ la orden de me nores . (Toledo, 16 de junio de
1508 ). Muchos han considerado como el Canci onero más a ntigu o es
el que co mienza con la composición de fray Iñigo de Mendoza, Vita
Christi .
451
Pero el aspecto que más nos interesa d est acar es el
contrafactum de los roman ces de tema épico a tema religioso. Estos
contrafacta seguían las mismas pautas poéticas del género
romancístico.
M. Darbord
452
las recoge de l Cancionero musical de Palacio ,
― también c onocido c omo Cancioner o de B arbieri ―: “ Quien mal os ha
enojado ” para “ Quie n te ha niño tornado ”; “ La zorrilla con el gat o ”
450
Vid., W. H. Gonzá lez . “ El romancero …, ar t. cit. , pp. 371- 379.
451
Cfr., A. M ª Álvarez Pellitero, La obra lingüística y literaria de Fr. Ambro sio Mo ntesino ,
Valladolid, U niversidad de V alladolid, 197 6.
452
Cfr .Para el estudio de la obra de fray Ambrosio Montesino consúltese M.
Darbord, La p oésie Réligieuse d es Rois Catholi ques … , pp . 14 3- 232.
331
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
para “Al se ren o está el cordero”; “ A la puerta está Pelayo ” para
“ Desterrado pa rte el ni ño ”; “Ya cantan lo s gallo s / buen amor y
vete” para “ E l rey de la gloria ”; “ Nuevas te traigo carillo ” para
“Nuevas t e traigo Bat ista…”
Fray Ambrosio Montesino fue uno de los poetas de lirica
devocional que compuso numerosas composiciones líricas y
romances sobre diver sos tema s religiosos y devocionale s, así a la
Santa Custodia, a San Juan Bautist a, a Santa Mº Magdalena, al
Nacimiento de nuestro Salvador; un romance heroico sobre la
muerte del príncipe de Po rtug al; a San Juan Evangelista y un
romance a la Santa llaga del Señor. De ell os hay qu e destacar su
musicalida d, sus suaves hi pérbato s, la elecc ión de la a djetiva ción y
de un léxico eu fónico, la dulzur a y sentiment alismo en la expresión y
un gran sentid o de la plastic idad.
Uno de los ro man ces que nos interesa destacar es el dedicado a
“ San Fra ncisco de Asís ” , uno de los santos más venerados en la
devoción popul ar y cantados por diverso s poetas, así co mo reflejado
en la iconografía de la pintura de los Siglos de Oro. Es te romance
fue encargad o por “el señor don fray. Fran cisco Ximén ez, carde nal
de Es paña y arçobispo de T oledo”; est á compu esto a lo divino,
siguiendo el romance: “ Mis a rreos son las armas / mi descanso el
pelear”.
453
453
Versos de un romance antiguo muy popular cuy os versos dicen así: “Mis arreos
son las armas, / mi descanso el pelear, / mi cama las duras peñas, / mi dormir siem pre
velar./ Las manidas son e scuras, / los caminos por usar, / el cielo c on sus mudanzas /
ha por bien de me dañar / andando de sierra en sierra / por orillas de la mar, /por
332
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Este romance que es honrra y gloria de Sa n Francisco hizo fray
Ambrosio Montessino por mandato del reverendísimo señor fray
Francisco Ximenez cardenal de España y arçobispo de Toledo
454
Andauasse san Francisco: por los montes apartado,
sobre las nuues tr aspuesto , en Dios uiuo trasformado;
sus ojos llouian agua s, de lloroso y fatigado
de temor si le quedaba: por plañir algún pecado,
mas no eran menos grandes las del segundo nublado
de miedo que no le fuesse el juez del mundo ayrado
y de verse tan ausente, de Cris to su enamorado.
La tibieza era su muerte, su vida fundar su est ado
en tal alta perfeción, que no tiene mayor grado;
de flamas de caridad, de contino fue abrasasdo
y de pobres y leprosos, derretidor s ojuzgado.
Vsaua de duras peñas, por blanda cama y estrado,
ayunar sin comer nada, era su mejor bocado.
Sospiros sonables tristes, su canto más acordado;
de espinas y duras guijas, no lo defendio calçado;
sayal áspero uestía, junto al cuerpo remenda do.
Su oratorio fue el sereno, en yelo más de stemplado
y somirse pos la nieue: des nudo y apa ssionado;
érale oro potable, su llorar demasiad o.
Por castigar los plazeres, del vano tiempo pasado;
silencio fue su lenguaje, y los yermos su poblado;
estregaba en los çarçales, su cuerpo muy delicado,
por tener dentro en la carne, espiritu libertado.
Estas cosas te tr axeron, padre bie naventurado,
a que los choros del cielo, s iempre andauan a tu lado.
Hecho sol tu entendimiento, de deuoto y alumbrado.
Tu cuerpo fue relicario, en fragua de amor labrado,
probar si mi ventura / hay l ugar donde avadar / pero por vos, mi señora ,/ todo se ha
de comportar”. Su título en las colecciones de romance s es a La cons tancia. Cfr. en
Cancionero de Romances , impreso en Ambere s sin año. Edición facsímil con una
introducción por R. Menénde z Pidal, Madrid, Centro de Estudio s Históricos, 191 4, fol.
252; y Roman cero general o Colección de ro mances casetella nos , anterio res al siglo XVIII,
recogidos, ordenado s y anotados por don Agustín Durán, Madrid, B .A.E. T. X,
Rivadeneyra, 1859. Apud M. Querol Gavaldá, La música en la obra de Cervantes, Alcalá de
Henares , Cent ro de Estudio s cervantino s, 2005, pp. 48-4 9.
454
Utilizamos la edición facsímil del Cancionero (Toledo 190 8), Cieza, “…. la fonte que
mana y corre, 1964, fol. XXI. Respetamos la grafía , solo actualizamos la a centuación y las
mayúsculas, a fin de fac ilitar su lec tura.
333
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
de mano del rey del cielo, que cruz biua te ha tornado
y de su vida muy alta, sobie natural trassado,
en ti relumbran sus llagas, en pies, manos y costado,
no con menos hermosura, que luze el cielo estrellado.
La lançada que ya muerto, no s intio crucificado.
Tú, su alférez, la sentiste, de su mano traspass ado.
deste misterio quedaste sucesor deificado,
de su uida y de su muerte, sobie quantos ha criado.
Quién dirá la hermosura: que ha tu al alma cobrado
Si tu cuerpo que es en ves; de tal gloria fue dotado.
El romance posee la siguiente estructura narrativa: al comienzo
aparece un n arrador objeti vo que d e scribe la vi da de San Fr ancisco,
llena de pobreza, de rigores y penitencia, pero hacia la mitad del
desarrollo del roma nce, fray Ambrosio introduce al personaje
protagonist a en segun da persona tú : “ Estas cosas te traxero n, padre
bienaventur ado ”. Esta segun da parte es u n canto de alabanza y de
veneración a l Santo, descrito c on una aut éntica dev oción.
El romance sigue las pautas del géner o, incluyendo las
fórmulas de la retórica, que ca racteriz a al género épico. Así pues,
fray Ambr osio usa las estructura s bi na rias, el pleonasmo, los versos
antitéticos y contrapo siciones:
“la tibieza era su muerte, su vida fundar su estado”
“Vsaua de duras peñas: por blanda cama y estrado”
“Ayunar sin comer nada: era su mejor bocado”
“Sospiros s onable s tristes : su canto más acordado”
“Su oratorio fue el sereno, en yelo más destemplado”
“Érale oro potable, su llorar demasiado”
“Silencio fue su lenguaje, y los yermos s u poblado”
“Estregaba en los çarçales, s u cuerpo muy delica do”
“Tu cuerpo fue relicario, en fragua de amor labrado”
334
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Pero el po eta ref leja una co mposici ón más com pleja en las
imágenes y contr aposi ciones y, sobre todo, el uso de la adjetiv ación
de gra n delicadeza lírica y muy presente en el poema: “duro”,
“blando”, “delica do”, “apasionado”, “devoto”, “alumb rado”… La
selecció n del léxi co y la composici ón compl eja del poema refleja la
síntesis perfecta entre lo popular y lo culto en este tipo de
composición.
En el Libro de romance s y copl as del Carmelo d e Valladolid aparece
una versión si milar sin indicar el a utor ―, siguiendo el cri terio de
anonimia que predomina en este tipo de cre aciones y en el ambiente
en que se realizan―. Efectivamente, se trata de una c opia del
romance de f ray Ambrosio Montesino, posiblemente, transmiti da
oralmente. Sin emb argo, entre a mbos r omances se aprecian
variaciones consi derables, de tal manera que el romance del libro del
Carmelo se puede considerar una recrea ción breve del de fray
Ambrosio, posee cuarenta versos, frente a los setenta y cu atro
octosílabos (tr ei nta y siete v ersos de di e ciséis sílabas) del rom ance de
fray Ambrosi o.
“ Romançe de san francisco ”
455
Andabase san Françisco
por los montes apartado
arrebatado en las nubes
y en Dios vivo transformado
ayunar sin comer nada
era su mejor vocado
de pobres y de leprosos
455
Libro de romances y copla s del Carmelo de Vallad olid , o p. cit . p. 159 , nº 165.
335
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
era todo su cuydado
sayal aspero traya
junto al cuerpo y remendado
de espinas y duras guijas
no le defendía calçado
entregaba en los çarçales
y sumase entre la nieve
desnudo y apasionado
erale manjar muy dulce
el llorar demasiado
de temor que no le fuese
el divino juez airado
estas cosas te tr ajeron
padre bien aventurado
a que los coros del çielo
tu cuerpo fue un relicario
en fragua de amor labrado
de mano del rrey del çielo
que en cruz viva te a tornado
en ti relumbran tus llagas
pies y manos y costado
no con menos hermosura
que luz del çielo estrellado
la lançada que le dieron
no sintió el criçificado
tu su alférez la sentiste
y el te hiriera de su mano
quien dira la hermosura
que tu alma vbo cobrado
viendo el cuerpo que es envés
ser de tal gloria dotado.
Fin
Es in teresante se ñala r que aparecen versos comunes entre
ambos romances, como se pue de observar, a unque ofrecen
variaciones léxicas notables. Lo más destacable en el segundo
romance, el del conve nto del Ca rmelo, además de s er m ás breve, se
caracteriz a por el predo mi nio d e los rasgos de los romances líricos
frente a los épicos. Es d ecir, la copista ha seleccionado los rasgos
336
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
líricos y devocional es y ha omitido el aspecto épico que aparece en
la s descripciones del romance de f ray Ambrosio. Así pues, en el
romance ca rmelitan o p redomina lo lírico y devocional frente a lo
épico.
Por últ imo, queremos citar algunos verso s del rom ance del
Nacimiento,
456
ya que el aspecto plástic o y descripti vo, a través de
enumeracion es de opósitos, le confier e un tono intenso y expresi vo.
En el desenlace del poema, el poeta realiza un monólogo interior,
una reflexión, para pasar de inmediat o a una oración de súplica a la
Virgen para que int erceda p or el poeta franciscano qu e aparece c on
su propio nom bre.
Algunos rasgos formales de este romance coinciden con
algunas constantes estilíst icas de los romances épicos. Así aparece n
las anáforas , las estructuras sintácti cas rep etitivas de opósi tos , las
descripciones , las exclamaciones e invocaci ones, y la inclusión del
propio n arrador en e l poem a, e n e ste caso con el n ombre del auto r,
fray Ambrosi o Montesino:
[…] sin ricos aparadores
sin braseros sin cortinas,
sin duques por s eruidores
sin baston y sin corona:
de lauor de esmaltadores.
sin estoque, sin celada,
sin grandes, embaxadores;
456
Jus to de Sancha, Romancero y cancionero sagrados , Madrid, B.A .E., 1952. El título del
romance que a parece en Cancionero de Fray Ambrosio Mo ntesino es: “ Este romance del
nascimiento de nuestro Salva dor metrificó f ray Ambrosi o Mont esino, a pedime nto de
doña Juana de Herrera, priora de Santo Domingo el Real, de Toledo ”, p. 437. Lo
reproducimos en el Apé ndice II de nuestro es tudio.
337
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
un pesebre era su trono,
dos bestias s us valedores;
heno se viste por oro,
no ropa de brosladores,
un portal son sus posadas:
no labrado de pintores.
¡Oh Dios mio, quién te viera
en tan baxos disfavores,
pues buen tiempo es ya mi alma,
que lo siruas y lo adores:
Y que tú, Virgen pía y Madre,
por el Montesino implores …
Muchos de estos versos que hemos ci ta do recuerdan algunos
del romance de La jura de Santa Ga dea , sobre todo los que se refieren
a las descripciones por medio de opósitos , que se puede considerar
un rasgo formulísti co:
las riendas traigan d cuerda y no con frenos dorados;
abarcas traigan calzadas y no zapatos con lazo;
las piernas traigan desnudas, no calz as de fino paño;
trayan capas aguaderas, no capuces y tabardos ;
con camisones de estopa, no de holanda ni labrados…
457
También algunos roman ces de fray Bernardino de Laredo
están creados al son de romances épicos que é l mismo cita, como ya
hemos coment ado ant eriormente:
458
“Romance al glorioso es admirable pa triarca sant joseph. Ca ntase al
tono. Gente va muy sufici ente a he cho determinado a talar
liberalmente a Granada lo sembrado”.
457
P. Díaz Mas, op. cit. , p. 1 98.
458
Lo reproducim os en el Apé ndice II
344
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
La ca tólica C ompañía de Jesús, con ser menos popula r en sus
manifestaciones, tambié n se conc ibe como orga nización militar en
cuanto a la disciplina exigida a sus miembros. En el siglo XVI no
solo San Ignacio, sino Santa Teresa de Jesús y Juan de Va ldés – y
mucho antes San Francisco - se consideraban ca balleros andantes de
Cristo.
464
Efectivame nte, S an Ig nacio funda su orden co n el nombre de
Compañía de Jes ús, es decir, con un nomb re militar, y concibe su
orden c omo “ej ército espiritual”. N o h ay que olvi dar, pues, qu e S an
Ignacio en su vida secul ar fue s oldado, y acab ó su s años como
“General” de la orde n. Ant eriorme nte había escrito Ejercicios
espirituales , co mo méto do para l a profundiza ción en la pe rfecció n de
la vida cristiana. El romance “A San Ign acio de Loyola ” de Lóp ez
de Úbeda
465
es tambi én un claro e jemplo de contrafactum de lo épico.
Cuando esa grande Alemania
de herejes toda se ardí a,
que aquel perverso Lutero
por ella esparcido había;
cuando África y Europa,
Asia y los que en ella habí a
irritan á todo el cielo
con su grande tiranía,
persiguiendo á nuestra Iglesia
con su grande apostasía,
inficionando á sus hijos
con peste de rebeldía.
Se levanta un caballero,
464
B.W. Wardro pper, op. cit., p p. 15 y 16. También Or tega y Gasset, refiriénd os e a la
lucha contra el protestanti smo, afirma que San Ignacio “creará para combatirlo una
Orden al contrario de las tradicionales, tomando como modelo precisamente el
instituto más secular que existe el ejército […]. La Compañía de Jesús es un ejército “a
lo divino”, en En t orno a Gali leo . Apud J. Lara , op. cit. pp. 3 54- 355.
465
Justo de Sancha , op. cit. , composició n nº 335 , p. 121.
345
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
que Ignacio por nombre había ,
ilustre y de noble sangre,
diestro en la caballerí a,
de un ánimo invencible
cual esta empresa pedía.
Discurre por ese mundo
Por ver si en él hallarí a
caballeros y soldados
de fuerzas y valentía,
que la bandera de Cristo
defiendan en compañía .
Hace luego se eche bando,
que en todo el mundo se oí a,
que cualquiera que quisiere
llevar á Jesús por guí a,
que su divisa y renombre
luego al tal se le daría.
Y por dalles mayor brío,
De sí mención no hací a.
Acuden muchos soldados
de gran precio y valentía,
con las armas y atambores,
a lo que el bando decí a;
gente ilustre y valerosa,
en letras y prelacía,
de toda suerte y estado,
cual el bando lo pedía.
Cuando Ignacio vio á su lado
juntarse tal compañía,
con ánimo valeroso
a todos así decí a:
“ Caballeros esforzados,
a quien corazón dolí a,
Mirad y tended los ojos
a los heridos que habí a;
por tanto, gente esforzada,
pues esta empresa no es mí a,
libertemos a los hombres
de tan grande tiranía.”
Observamos desde e l comienzo có mo el poeta present a a
Ignacio d e Loyola como un caballero cristiano, de gran ánimo y de
346
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
ilustre sangre, cuyo cometido consi ste en “combatir” la herejí a
luterana, enemig a común de la I glesia:
Se levanta un caballero,
que Ignacio por nombre había ,
ilustre y de noble sangre,
diestro en la caballería,
de un ánimo invencible,
Él y su compañía se comporta n como un ejército valeroso. Así
aparece un léxico épico y militar: “ caballero s ” , “ soldados ” ,
“ bandera ” , “ fue rza ” , “ valentí a ” , “ arm as ” y “ atambores ”:
Caballeros y soldados
de fuerzas y valentía,
que la bandera de Cristo
d efiendan en compañía. […]
Acuden muchos soldados
de gran precio y valentía,
con las armas y atambores
a lo que el bando deci a;
gente ilustre y valerosa
e n letras y prelacía,[…]
A todos así decí a:
“ Caballeros esforzados,
a quien coraz ón dolí a, […]
Libertemos a los hombres
de tan grande tiranía.
San Ignacio areng a a sus “caballeros esforza dos”, como lo
haría un jefe militar con su ejé rcito, para luchar contra la “tiranía”
luterana y as í la liberar a la Iglesia. E s intere sante señalar un a de los
virtudes d e San Ig nacio y de su compañía qu e López d e Ú bed a
destaca, a demás de ser valerosos, la de se r “gente ilustre en letras y
prelacía”, es decir, valora su formación te ológica c omo “ arma” para
“combatir” l a herejía.
347
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
López de Úbeda escribe ot ro romance a San Ignacio que posee
también el léxico, ra sgos es tilí sticos y f órmulas épicas característico s
de la retórica del género épico. S in embargo, en éste romance resalta
las cu alidades del Santo desde un aspecto espiritual del que el
anterior carec e. Lo t itula “Al mismo Sa n Ignacio”.
466
Siempre lo tuviste, Ignacio,
seguir la caballeri a,
si empre las grandes haza ñas,
fueron de tu animosí a,
siempre ese pecho animoso
de más alto fin se guí a,
siempre en toda cuanta empresa
tu gran prudencia fue guía,
siempre fue tu fortaleza
la que todo lo vencía.
Nunca desmayaba Ignacio,
nunca victoria perdí a
por falta de buen consejo,
ni menos de valentía.
Pero nunca tan ilustre,
nunca ansí acertado habí a […]
Comienza el romance con un vocativo, diri giéndos e a la
se gun da persona, “Si empre lo tuviste, Ignacio,”, así pues los diez
primeros versos d el romance van dirigidos a la segunda pers ona ,
Ignacio, que es person aje protagonista , y exalta sus cualidades com o
caballero. En estos versos se repite la fórmula épica d e l a anáfora,
“siempre”. En los versos si gui entes se repite “nunca” como op ues to
a “siempre” A p artir del verso décimo aparece San Ignacio descri to
en tercera persona: “Nunca desmayaba Ignacio, /nunca victo ria
466
Justo de Sancha, op, cit , co mposición nº 336, p.124. Lo reproducimos comple to
en el Apéndic e II.
348
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
perdí a”. Destaca el poeta una serie de cualid ades : pruden cia,
fortaleza, sagacidad, valentía, fortaleza. H asta este momento se
pondría pensar en las cualidades de un héroe épico, sin embargo,
más a delante introduce las cu alidades cristianas del S anto, con lo
cual el cará cter épico s e mitiga frent e a lo espiritual .
Siempre va Ignacio el má s pobre,
siempre sus gastos hacia
de aquella rica pobreza
que á Dios prometido habí a; […]
Pero siempre el buen suces o
Ignacio á Dios referí a.
Siempre su saber profundo […]
con una risa severa
su santidad encubría. […]
Y con paternal clemencia
hermano á todos se hacia.
En este romanc e la batal la que libran Ignac io y su compañía es
la de l a santida d, es d ecir, ya no trata de ve ncer la herejía c on
argumentos , sin o con su propio esfuerzo espiritual y fraternid ad
cristianas.
Los romances de López de Úbeda poseen todas las
característ icas del género romanc ístico: rec urr encias léxic as,
repeticiones , anáforas, ex clamaci ones, diálogos, la rima en – ía , el uso
de los tiempos verbal es en pasado, ya que so n ro mances narrativ os
en su mayoría; or aciones breves, sintaxis suelta con predominanci a
del asíndeton y de la parataxis; sin em bargo, la adjetiv ación y las
imágenes que en el romance tradicio nal no son frecuentes, en los
romances de López d e Úbeda aparecen con cierta frecuencia . Si n
349
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
embargo, carec en d el lirismo y de la ap arente esp ontaneida d y
frescura del r omance é pico tradicio nal.
467
También Lope de Vega creó un romance d edica do a Ign acio
de Loyola co mo con trafactum de lo épico , en su obra Romances
espirituales, y el título es “ A Sa n Ignacio de Loyola, cuan do colgó la
espada en M onserrate ” .
468
En aquel monte serrado,
donde gusta de vivir
aquella serrana hermosa,
más bella que Abigai l,
a cuyo niño le ponen
una sierra, por decir
que instrumentos de Jos ef
no los aparta de sí.
Un soldado vizca íno,
y cansado de servir
guerras del mundo, en Navarra,
contra las flores de lis,
la espada al altar ofrece,
porque se quiere ceñir
armas que conquistan almas;
que Dios se lo manda así.
Mirándole está Jesú s,
y la boca de rubí
467
B. W. Wardropper considera a López de Úbeda un mal poeta, un poeta de
“tercera clase”: “López de Úbeda nos ilustra la rutin a c ontrafactista en que caí an
algunos poet as s in talento. Sus obras sólo tienen el interés como fenómeno cultu ral” .
En Hist oria d e la…, o p. cit. p. 165. Más adelante y explic a ndo la importanc ia del géne ro
romancístico entre los contrafac tista, también opina negativamente sobre unas
versiones a lo divino realiz adas por López de Úbeda: “López de Úbeda compuso las
tres conocidas versione s div inas, que no encier ran para nosotros más interé s que s us
pésimos villancicos contrah echos”. En nuestra opinión, es verdad que muchas de sus
composicione s carecen de lir ismo y adolecen de un prosa ísmo ramplón, pe ro otras, por
los eje mplos expuest os, no carecen de cierta habilidad en la versificación y de grace jo
popular. Cfr. En Hi storia de la …, op. cit. p. 188.
468
Justo de Sancha , op. cit ., composición nº 337, p. 124 . Este romance lo
transcribimo s con la ortogra fía actual, ya que el texto fuente es del s iglo XIX y no se
corresponde con la o r tografí a original de l texto.
350
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
bañó de risa y de glo ria
sobre tu blanco marfil;
porque ver que un vizcaíno
la dorada trueque allí
por una cruz de madera,
los niños hará reí r.
Mas dicen que fue alegrí a
de ver qué quiere esculpir
su santo nombre en los pechos
del más bárbaro gentil;
porque ha de hacer compañí a
que por él vaya a morir,
desde la dichosa España
hasta las islas de Ofir;
que adonde el fiero Luzbel
sembraba torpe mai z,
han de sembrar pan del cielo
con ricas aguas de abril.
Mucho le pesa al soldado
de verse cojo al salir
a guerra tan peligrosa,
que se han vuelto más de mil;
pero díjole una voz:
“ Ignacio fuerte, partid;
que no ha menester los pie s
quien ha de ser querubín.
Cubrid con alas la Iglesia,
que el Jacob aquien serví s,
de todas las religiones
ss quiere hacer Benjamín.
No se ha de preciar España
de Pelayo ni del Cid,
sino de Loyola solo,
porque aser su sol vení s.
El nombre tenéis de fuego,
Mas no es mucho presumir,
quien a Jesús acompaña,
de abrasado serafín.
Haced vuestra compañía,
y tomad el nombre aquí ;
que os esperan enemigos
en el Japón y el Brasil.
Los principios no os espanten,
351
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
pues con tal nombre salí s;
que donde Dios da el principio,
seguro tenéis el fin.
A la envidia, aunque es tan fuert e,
pisad la dura cerviz;
que si es gigante la envidia,
vos sois piedra de David. »
El romance de Lope de Vega pertenece al grupo del
romancero nuevo, al igual que los de López de Úbeda. No obstante,
se observa entre ambos a utore s una gran diferencia forma l y
estilística en la creación poética: el romance de Lope es más
complejo, arti ficioso y cultista que los romances d e Úbeda,
realmente pr osaicos y faltos de lir ismo, en ge ne ral.
El romance de Lo pe de Vega posee un a introducci ón en que se
alude a su estancia en Monserrat, cuan do ib a d e peregrinación a
Tierra Santa. Allí en el monasterio cister cie nse es tuvo algunos d ías e
hizo confesi ón gener a l. Dura nte una noche veló armas ante la
imagen de la Vi rgen more na, qu e tiene al Niño Jesús en sus brazos.
Entre a lusiones e imá genes Lope describe este momento de la vida
de S an Ignacio
En aquel monte serrado,
donde gusta de vivir
aquella serrana hermosa,
más bella que Abigail,
a cuyo niño le ponen
una sierra, por decir
que instrumentos de Jos ef
no los aparta de si;
Un soldado vizcaí no,
y cansado de servir
guerras del mundo, en Navarra,
contra las flores de lis,
352
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
la espada al altar ofrece,
porque se quiere ceñir
armas que conquistan almas;
que Dios se lo manda así.
A continu ación, el poeta alude a su vida de soldado en la que
participó en muchas ba tallas y en la última de ellas r esultó
gravemente herido, de ahí la alusión que hace el poeta a su cojera.
Fue a partir de su estado de gra vedad, cerc ano a la muert e, cuan do
se produce su profunda transfo rmación espiritual.
469
A continuación
oye la voz de Jesús qu e lo invita a formar parte de otro ejército en el
cual no necesita su fuerza física, sino espiritual y Jesús lo anima a
realizar otra gr an emp resa:
“ Ignacio fuerte, partid;
que no ha menester los pies
quien ha de ser querubín.
Cubrid con alas la Iglesia,
que el Jacob a quien serví s,
de todas las religiones
os quiere hacer Benjamín.
No se ha de preciar España
de Pelayo ni del Cid,
sino de Loyola solo,
porque ser su s ol venís …
Así pues, las alusiones épicas son menores: se cita a Pelayo y al
Cid, y algunas expresion es, en este caso una paranomasia, co mo
“armas que conquistan almas” y perífrasis metonímica: “contra las
flores de lis” , en lugar del ejército francés. A bundan, sin embargo,
469
Como s abemos, durante su convalecencia , leyó libr os de caballería, vida s d e
santos, entre ellos la de San Francisco de Asís y Santo Domingo, y la Vida de Cristo de
Ludolfo de Sajonia, traducida por fray Ambrosio Mont esino. Todo ello i nfluyó en su
vida espiritua l y en el “carácter militar” de su orden. Él fue nombrado al final de su
vida “Genera l” de la Compa ñía.
353
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
las a lusione s bíblicas y religiosas: Abi gaíl ,
470
Luzbel, Jacob,
Benjamín, David. Pero, efectivam ente, donde se observa u na gran
diferencia en el aspecto formal. Las fórmulas épicas son e scasas y el
estilo cult ista y artificioso es lo que determina al romanc e. Entre
otros aspectos res alta el us o d e la adjetivación y de imágenes tan
poco frecuente en el roma ncero. Así aparecen imágenes tales como
“aquella serrana hermosa/más bella que Abigaí l”, para referirse a la
Virgen; “el nombre tenéis de fuego” ;
471
“boca de rubí”; la
sinécdoque “l a dorada trueque a llí /p or una cruz de ma dera ” , así
pues “ la dorada ” se refie re a la espada y es te ca mbio de la espada
por una cruz de madera hará reír a los niños . También apreciamos e l
uso de la par anomasia como mont e “serrado ”, “serra na” y “sierr a”:
En aquel monte serrado,
donde gusta de vivir
aquella serrana hermosa,
más bella que Abigai l,
a cuyo niño le ponen
una sierra, por decir …
A ello se añade el uso de l a adjetivación: “bl anco marfi l”, “fiero
Luzbel”, “dich osa España”, “bárb aro ge ntil”, “ric as agua s de abril”,
“abrasado ser afin”.
En conclusión, nos encontramos con un texto pe rtenecie nte al
romancero nuevo, con un estil o cultist a y artificioso , con lo cual e l
poema alcanza cotas muy elevadas de lirismo, con imáge nes y
470
Abigaíl, fue una moabita, terc era esposa del rey David, elegida por su inteligencia
y prudencia. La tradición judía la considera una de las s ie te mujeres profetisas del
Antiguo Testame nto.
471
Tal vez el poeta relacione e l nombre Íñigo con “ig neus”, fuego en la tín.
360
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
muerte del Mae stre don Rodrigo y así se reflejan en los versos de
Ledesma:
Minado le tiene el tiempo;
en juventud no te notes;
que es soldado fugitivo,
y el paso del tiempo corre.
Solo co n la “lima” de la contrición y la fuerz a de la voluntad se
pueden romper “las cadenas”, “flanquear las puertas d e acero” y
vencer a es e “gigante enorme” que es el pr opio pecado, el m al:
Ahora viene de paz;
no le irrites ni le enojes,
que son, si blandos sus ru egos,
irreparables sus golpes.
En esta guerra de amor
mil medios de paz escoge,
que siempre ruega quien ama,
aunque más poder le sobre.
Tres banderas s acará,
todas de varias colores,
que declaren su designio,
y paz o guerra pregonen.
La primera será blanca,
que es la Hostia, la cual pone
como bandera de paz
a los que en gracia la comen.
la segunda es colorada,
cuyos rojos arreboles
son de su sangre vertida
a fin de rendir al hombre.
La tercera será negra,
y esta pondrá cuando torne
a dar el último asalto,
sin que a ninguno perdone.
Cuando despliegue las dos
será tiempo de perdones;
no aguardéis a la tercera,
que a fuego y sangre la pone.
361
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
En estos versos apare ce la paz e incit a al hombre a que no la
rechace. A continuaci ón aparecen tres banderas : una es blanca y el
blanco es el color a le górico de la Hostia sagrada, que solo los que
estén en gracia la podrán comer, otra bandera es roja, de “rojo s
arreboles” color d e la sa ngre de Cristo. Y a esta se debe acoger el
hombre para su salvación definitiva. Pero vendrá una tercera
bandera d e color neg ro , color que hac e alusión a la guerra y a la
muerte, pero a esta el hombre no debe aguardarla, po rqu e ya no
habrá tiempo para la salvac ión. Terminada la “arenga”, la
predicació n del Bautista, le llega injustament e su muert e por decir la
verdad, con la alusión a Herodes “un rey d e arma”, y a su
decapitaci ón, “a la cabeza asestóle”, que recuer da la mu erte del
Adelanta do:
Esto dijo; y un rey de armas,
a la cabeza asestóle;
que por decir las verdades
este premio dan los hombr es .
Como conclusión, se puede a firmar que es un romance
complejo en su f orm a y se puede definir com o conce ptista. Las
numerosas referencias épicas han adqu irido un carácter alegórico,
con alusio nes bíblicas y religiosas. E l roman ce de A. de Ledesma es
una alegorí a barroca y el estilo sencillo y popular del ro man ce
religioso del Re nacim iento ha desaparecido, pero no así ni el gén ero
ni el tema como contrafacta de l o épico.
También cont emporáneo de A. de Ledesma y de Lope de Vega
fue José de Va ldivielso, poet a perteneci ente al Barr oco liter ario,
362
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
pero sigue la tendenci a d e los contra facta c omo otros muchos poetas
coetáneos. Nació en Toledo, probablemen te entre 1560 y 1565 y
murió e n Madrid en 1 638. Obtuvo el cargo d e capel lán m ozá rabe d e
la catedral d e Toledo . Fue a migo de escrit ores com o Lop e de Vega,
Cervantes, Salas Barbad illo y a dmirad o por A. de Rojas Zorrilla y
por B. Gracián. Al canzó una gran fama en su tiempo, de hec ho su
obra el Romancero espiritual fue edita da en cuatro ocasion es en muy
corto pe ríodo de tiempo, entre 1612 y 161 4. En el Romancero
espiritual aparecen fo rmas líric as populares de la Edad Media co mo
los romances, villancicos, se gui dillas y al mismo tiempo se aprecian
rasgos del estilo barroco co mo el conceptismo , las alegorías,
metáforas y símbolos de c arácter r eligioso. Fu e tam bién un
magnífico escritor de autos sac ramentale s. Un o de los temas más
repetidos d el Romanc ero espiritual, es la exaltación del Sant ísimo
Sacramento , tema muy apreciado por el poe ta.
Esta obra por su género, por su es t ilo y temática a lo divino
pertenece a la época medieval. J. de Valdi vie lso, continúa, pues, con
la tendencia iniciada a finales de la Edad Media con escritor es como
fray Am brosio Montesin o, Ju an del Enci na y J. Ál varez Gato d e l os
contrafacta . Es ta mism a tendenci a fue compartid a también por sus
coetáneos Alo nso de Ledesm a y Alonso d e Bonill a.
Las composiciones d e J. de Valdi vielso fueron creadas para ser
cantadas y para d ifundir y exaltar la devoción religiosa. La obra lírica
de J. Valdivielso es en muchas casos, un contraf actum del a mor cortés:
el amor entre la amada, el alma, y Cristo, que es el amado. Como
363
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
indica J. M . Aguirre, los códigos del amor co rtés no es ta ban nada
alejados del sentimien to afectivo espiritual: Cristo puede pos eer las
mismas características del a ma nte: discre to, constante , virtuoso,
noble. Así pues, J. de Valdivie lso pertenece a ese grupo de escritores
que logran e n su obra un equilibrio preciso e ntre lo cu lto y lo
popular. Y su ob ra nos p ermite afirmar que ex iste u n h ilo
ininterrum pido de lite ratura “a lo d ivino” desde finales del siglo XV
hasta los Siglos de Oro. Su obra lí rica, como la d e otros escritor es
medievale s y renacentista s , co mo fray Ambrosio Montesin o y San
Juan de la Cruz, y barrocos, como Lope de Vega, es una síntesis
perfecta entre las formas de la li teratur a popular mediev al y la
literatura cu lta.
475
Todo ello se puede apreciar en composicio nes donde a parece n
algunos contrafacta de romances tradicionales muy conocidos y
populares aún en su é poca. Así el titulado “ Romance al clav o de l os
pies de Iesu C hristo N uestro Señ or ” :
476
Por el rastro de la sangre
que el amante Iesús dexa,
a la vista de la cruz,
dolorosa el alma llega….
Este comienzo del romance es un contrafactum del que
comienza:
Por el rastro de la sangre
475
Cfr. J. M . Aguirre, (ed.) “Introduc ción”, J. de Valdiv ielso, Romancero espiritual,
Madrid, Espasa Ca lpe, 1984, pp. IX-LXXXV III.
476
J . de Valdivieso, op. cit ., pp . 157 -161. Respetamos la grafía que aparece en la
edición de J. M. Agui rr e
364
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
que Durandarte dejaba,
caminaba Montesinos
por una áspera montaña.
Este romance fue muy popul ar d urant e los siglos XVI y XVII
por las numerosas adaptacio nes qu e se h icieron, e ntre ell as tr es
versiones d e López de Úbeda, en las Dura nda rte es sustituido por
Adán, por Cri sto y por Santa Inés.
477
Otro titulad o “ Rom ance a las lágrim as d e u n pecad or ”
comienza:
Bien podéis, ojos, llorar,
no lo dexéis de vergüença,
y si la avéys de tener
de no llorar culpa sea.
Es un contrafactum del romance que comienza “ Bien podéis, ojos,
llorar, / n o lo dejéis de vergüe nzça ” .
478
El “ Romance de un d esengañ o ”
479
es un contrafactum de otro
dedicado a don Álvar o d e Lu na qu e comienza: “Los que e n l a m esa
del mundo / p onéis la vida al tablero” . Exist e otro romance t ambi én
dedicado a don Álvaro de Luna que co mie nza igua l que el anterior,
con algunas variante s: “Los que a la mesa de l mun do / echáis la vida
al tablero, / oíd a vn acuchill ado / que tiene el cuchillo al cuello”. El
personaje históric o de don Álvaro d e Luna ejemplific a con su vida y
su trágico final los temas que ya desarrolló Jorge Manrique en sus
Coplas, que él mismo cita, y que J de Valdivie lso vuelve a recrear: la
brevedad de la vida, la van idad d e los placeres y la fugacidad de la
477
J. de Valdiviel so , op. cit. , p. 156 .
478
Idem. , p. 16.
479
Idem., pp. 40- 43.
365
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
belleza y de l a juve ntud, y la llegad a inex orable de la mu erte. Temas
estos que también había tratado brevemente el poeta A. de Ledesm a
en el rom ance dedicado a S an Juan Bautista. Citamo s, pues, algunos
versos signific ativos del romance d el J. de V aldivieso:
Los que a la mesa del mundo
coméis los gustos de asiento,
oýd a un acuchidado
a quien desengaña el tiempo.
En esta engañosa mesa
me dio el mundo lisonjero
todos los principios dulce s,
t odos los postres acebos. […]
¡Qué de loçanos plazeres
que soño mi pensamiento,
y bien los llamo soñados
porque soñaba despierto!
En la noche de mis años
va mi vida anocheciendo
que es la vida sol de un día
casi al mismo nacer puesto.
marchitose mi frescura,
¡qué mucho, si era de heno!,
y las flores de mis días
en flores al fin se fueron.
Con el lienço de mis canas
me va amortajando el tiempo,
ya niguno se amortaja
sino al que tienen por muerto. […]
No os engañe la hermosura,
que es un retablo de duelos,
que si corréis la cortina
hallaréis un esqueleto.
No os fiéis de la salud,
que es un músico instrumento
que quando suena mejor
salta la prima más presto. […]
Miradme en aquesta cama,
de temor elado el cuerpo,
ya en los braços de la muert e,
la voz turbia y ronco el pecho.
366
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Ay, Dios, qué será de mí!;
¡ay, Dios, que todo lo temo,
dolores, muerte, juyzio,
alma, culpas, Dios, infierno!
De espejo quiero serviros;
miraos en aqueste espejo,
ved que os representa al vivo,
pues os representa muertos. […]
por descargo de mi alma
os doy aquestos consejos:
advertid que son verdades
para el passo en que me veo […]
En los primeros ver sos el poeta se dirige a todos a quel los que
viven los placeres de es ta vida y, para ello, emplea una a legorí a: la
vida como un a mesa q ue nos invita al placer
Los que a la mesa del mundo
coméis los gustos de asiento
Pero la mesa es enga ñosa , y con un a antítesis explica có mo
todos los dulces placer es pronto se convert irán en am argor:
En esta engañosa mesa
me dio el mundo lisonjero
todos los principios dulce s,
todos los postres acebos
Y en esta parte aparec e un tema mu y tra ta do en el Barroco: “la
vida como su eñ o”:
Que soñó mi pensamiento,
y bien los llamo soñados
porque soñaba despierto
Otro aspecto que invita a la reflexión es la breveda d de la vida,
reflejada con la imag en de la vida como sol de un día y la juv entud
que el poeta la compara co n la fragili dad e inconsistenci a del h eno:
367
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
que es la vida sol de un día
casi al mismo nacer puesto.
Marchitose mi frescura,
¡qué mucho, si era de heno!
Estos dos últimos versos recuerda n a los versos manriqueños
de la estrofa XVI “¿Qué fuero n sino verduras / de las eras”. A
continuaci ón refleja una ima gen muy expresiv a: las canas aparec en
como lienzo que amortaj a al difunto, ejemplificand o el símbolo del
paso del tiemp o y la llegada de la muerte :
Con el lienço de mis canas
me va amortajando el tiempo,
y a ninguno se amortaja
sino al que tienen por muerto.
Estos versos, ademá s, recuerdan a otros de un gran poeta,
obsesionado con el paso del tiemp o y l a lleg ada de la mu erte, como
fue Quevedo. Este ideario po ético se repite obsesiv a y
magistralm ente en su s so netos, incluso en los de tema amoros o,
pero fundamentalmen te en los metafísicos. Veamos el los tercetos
del soneto 41:
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difuntos .
480
Esta mism a visión ba rroca de la existe ncia, pes imista y
desolador a, se vuelve a repetir en l a refle xión de Valdivie so s obre la
480
F. de Quevedo, Parnaso Españ ol (1648), en J. O. Crosby (ed.), Poesía v aria , Madrid,
Cátedra, 19 94, (9ª ed.), pp. 1 58- 159.
368
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
brevedad de l a belle za y de la juventud a través de la imagen
antitética entre la hermosura y el esqueleto, que se observ a al
descorrer l a cortina y ref lej a lo engañoso de la belleza, de las
apariencias y de todo s lo s placer es, en suma, la tran sitoried ad de la
juventud y l a belleza y la llegada i nexorable de la muert e.
No os engañe la hermosura,
que es un retablo de duelos,
que si corréis la cortina
hallaréis un esqueleto.
Estos versos reflejan, en definitiva, los mismos temas de
algunas pinturas del Barroco, como la titulada “Finis gloriae mundi”
de Valdés Leal. Esta misma imagen de la mu erte se vuelve a repetir
de una maner a expresi va y efectist a en los sig uientes ver sos:
Miradme en aquesta cama,
de temor helado el cuerpo,
ya en los braços de la muert e,
la voz turbia y ronco el pecho.
A su ve z, también nos e voca el símbo lo quevediano y
calderonaniano cu na / sepultura . Finalme nte, el poeta se dirige a
Dios con temor y nos invita a una reflexión con términos como:
“ved”, “miraos”, “miradme”, puest o que lo que él describe de su
propia existencia con tra zo efectist a es “e sp ejo” de nuestra propia
vida. Y el poeta nos invita a esta reflexión como descargo de su
propia conci encia.
También escribió tercetos a lo divino como contrafacta de
algunos tercet os de la Égloga II de Garc ilaso de la Vega.
369
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Transcribim os dos tercetos a mod o d e ejemplos. Los tercetos de J.
de Valdivielso s on los sig uientes:
481
¡Ó pan del cielo, cómo veo presente,
en viendóos, la memoria de aquel día
de que el alma temblar se siente!
En vuestra institución vi mi alegría
escurecerse toda y enturbiarse,
quando murió de amor la vida mía.
Los de Garci laso de l a Vega:
¡Ó claras aguas, cómo veo presente,
en viendóos, la memoria de aquel día
de que el alma temblar y arder s e siente!
En vuestra claridad vi mi alegría
escurecerse toda y enturbiarse,
quando os cobré, perdí mi compañía .
Como se puede observar, Valdiv ie lso transcribe versos
completos d e Garcilaso y en otros solo modifica una palab ra:
“ claridad ” / “ institución ” , o bien un verso completo como el último
verso del se gun do ter ceto, que es distinto, except o la p alabra in icial
“quando”.
También el romance “A la conver sión de la M agdale na ”
482
es
un contrafactum de la alegorí a de la ca za de amor y d el romance “ A
cazar va d on Rodrigo ” , entre otros:
Salió el Dios de amor de caça,
y viola volar altiva,
y disparó la escope ta
de su palabra divina.
481
J. de Valdivie lso, op. cit ., pp. 93 - 94.
482
J. de Valdivie lso, op. cit., pp. 100- 102.
376
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Introducci ón p or e l P. B ernardo de la Virge n del Carmen, y a lgunas
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Mancho ( ed s.), Barcelona, Críti ca, 2002, pp. 223-240.
2.2. E L TEXTO DE LOS ROMANCES . CRITERIOS DE EDICIÓN
El texto de los romanc es sanjua nistas ha sido editad o con
solvencia en múlti ples ocasione s, no si endo necesario proceder
ahora a su repr oducción con criterios distin tos de los ya u sados. La
presente edici ón, hecha directame nte sobre el m anuscrito de
Sanlúcar (M S), y cotejada con el manuscrito de Jaén (MJ) , responde,
con leves alter aciones, a la transcripc ión del original, bien entendid o
que no se trata de una mer a transcrip ción paleográfi ca .
486
Seguimos
en principio el manuscrito d e Sanlúc ar (MS) , entre otras razones por
tener correccione s autógrafas del Santo. Sól o se prefiere el de Jaé n
(MJ) cu ando lo pida el conte xto y la coherencia ortográfica de la
época. Se dan en not as las variante s de uno y otro có dice.
En cuanto a los cri teri os de la edición, hay que tener en cuenta
lo que advierten críticos tan solventes como el P. Lucinio Ruano
que, si guiendo el texto de S a nlúcar, hace correcciones , como los
andalucismo s, “que el Santo nunca usa, atribuib les únicamente al
copista” .
487
-En concr eto se ha r espetado la grafía original de x ( dixo ), ç
( braço ) , ss ( desseo ), z ( de cir ), qu ( quando ).
486
En los do s códic es se ob serva una notable ine s tabilida d de las grafí as, e inclu so
en el mismo c ódice alternan mismo y mes mo, o baxo y bajo , con toda na turalida d.
487
Lucinio Ruano, Ob ras de San Juan… , op. cit., p. 392 , nota 1.
379
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
-Se respet a la grafía original de el, en lugar d el actual artículo
contracto del .
-Se respeta los cultismos gr áficos en c asos como sant , s ancto ,
archángel, jerarc hía, pero en notas advertimos de su correcta
pronunciació n.
-Se respeta la vacilac ión mesmo / mismo y los andalucismos
conosca por conozca.
En el caso de haber retoc ado las grafías se hace con arreglo a
los siguie ntes criterio s:
-En el caso d e la gr afía original u /v se reserva la u para el valor
vocálico y la v pa ra el consonántic o: verbo (por uerbo ), valía (por
ualía ).
-La grafía y con valor vocálico se transcribe como i : infinit a (por
ynfinta ), po sseía (por posseya ), deleite (por deleyte ) …, se exceptúa el caso
de la conju nción y , que, c omo es lógico , se mantien e.
-Se r egular iza f (por ff ) y l (por ll ) por tr a tarse de la forma
habitual de estas grafí as: difiere (por diffiere ), diferenç ia (por differençia ),
colocava (por collo cava ).
-Acentuamos la interjección ó (actualmente oh ) para
distinguirlas de otras f ormas con d istinta función (di syuntiva).
-En los imperfectos de indi cativo actualm ente a caba dos en -
aba, se respeta la forma or iginal - a va (- au a ): morava ( moraua ), l levava
( llevaua ).
-En l as fo rmas d el actual verbo haber (en la grafía original auer ),
aparte de transcri bir la u consonánt ica co mo v , a tenor de lo dic ho,
380
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
se ha suplementado la h etimológic a inicial para facilitar la
identific ación del verbo: havía (por auia ), reclin arla he (por recl inarla
e), hale siem pre co ncebido (por ale siempre co ncebido )…
-En la d emarcación de palabras se ha procedido a deshacer las
aglutinacion es, según el uso actua l, rest aurando, si es preci so, la
vocal elidida: en el (por enel ), que el (por quel ), y en (por yen ), se ab rasar ía
(por sabrasari a ), de este (por deste ).
-Se observa una gran inestabilida d gráfica tanto en el códice de
Sanlúcar (MS) c omo en el de Ja én (MJ).
- El uso de mayús cula s y d e minúscu las, así como los signos de
acentuación y pu ntuación, se acomo da a las normas actua les.
381
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
“R OMANCES S OBRE EL EVANGEL IO I N PRI NCIPI O ERAT V ERBUM
ACERCA DE LA S A NCTÍSSI MA T RINID A D ”
I.
En el principio morava
488
el Verbo y en Dios bivía [1]
en quien su felicidad
infinita posseía.
El mismo Verbo Dios era 5
que el principio se dezía.
Él morava en el principio
y principio no tenía.
Él era el mesmo [2] principio
por eso de él carecía. 10
El Verbo se llama Hijo
que del principio nacía.
Hale siempre concebido [3]
y siempre le concebía, [4]
dale siempre su susbtancia 15
y siempre se la tenía.
Y assí la gloria del Hijo
489
es la que en el Padre havía
y toda su gloria el Padre
en el Hijo posseía. 20
Como amado en el amante
uno en otro residía
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía,
con el uno y con el otro 25
en igualda d y val ía.
Tres personas y un Amado
entre todos tres havía;
y un amor en todas ellas
un amante los hazía; 30
y el amante es el amado
en que cada qual vivía;
que el ser que los tres posseen
488
[1] MS: biuia ; MJ: uiuia .
[2] MS: mesmo ; MJ: mis mo.
[3] MS: concebido ; MJ : c oncevido.
[4] MS: conceb ia ; MJ: conce via.
489
[5] MS: de ellos ; MJ: dell os .
382
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
cada qual le posseía
y cada qual de ellos [5] ama 35
a la que este ser tenía.
490
Este ser es cada una
y este solo las unía
en un inefable nudo [ 6]
que dezirse no savía [ 7] 40
por lo qual era infinito
el amor que las unía,
porque un solo amor tres tienen,
que su esencia se dezía;
que el amor, quanto más uno [8], 45
tanto más amor hazía.
II. D E LA COMUNICACIÓN DE LAS T RES P ERSONAS
En aquel Amor inmenso
que de las dos procedía,
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo dezía,
de tan profundo deleite 5
que nadie las entendía,
solo el Hijo lo gozaba,
491
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende
de esta manera dezía: 10
— Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía.
Y si algo me contenta,
en ti mismo lo quería;
el que a ti más se parece, 15
a mí más satisfazía,
y el que en nada te semeja,
en mí nada hallaría.
En ti solo me he agradado,
¡ó vida de vida mía!. 20
Eres lumbre de mi lumbre,
eres mi sabiduría;
490
[6] MS: nudo ; MJ: mod o . En MJ hay una tachadu ra y a continua ción nudo . San Juan
escribió al ma rgen nudo .
[7] MS: que decir no se sab ia ; MJ: que decirse n o sabia.
[8] MS : uno ; MJ: une .
491
[9] MS: complacia ; MJ: co mplazia .
383
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
figura de mi substancia
en quien bien me complacía [9]
Al que a ti te amare, Hijo, 25
a mí mismo le daría,
y el amor que yo en ti tengo
492
[10]
esse mismo en él pondría,
en razón de haver amado
a quien yo tanto quería―. 30
III . D E LA CREACIÓN
— Una esposa que te ame,
mi Hijo, darte quería,
que por tu valor meresca [ 11]
tener nuestra compañía,
y comer pan a una mesa 5
de el mesmo [12] que yo comía,
porque conosca [13] los bienes
que en tal Hijo yo tenía,
y se congracie conmigo
de tu gracia y loçanía. 10
— Mucho lo agradesco, [ 14] P adre,
— el Hijo le respondía —
a la esposa que me dieres
yo mi claridad daría,
para que por ella vea 15
quánto mi Padre valía
y cómo el ser que posseo
de su ser le recibía .[15]
493
Reclinarla he yo en mi braço,
y en tu amor se abrasaría 20
y con eterno deleite
tu bondad sublimaría.
492
[10 ] MS: yo en ti tengo ; MJ: y o te tengo .
[11] MS: meresca ; MJ: mer ezca.
[12] MS : de el mes mo ; MJ: del mi smo.
[13] MS: conosca ; MJ: conozca .
[ 14] MS: mu ncho lo agradesco; MJ: m ucho lo agradeszco.
493
[ 15] MS: recibia ; MJ: receuia.
[16] MS: bajo ; MJ ba xo .
384
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
IV. P ROSIGUE
— Hágase, pues — dixo el Padre — ,
que tu amor lo merecía.
Y en este dicho que dixo
el mundo criado ha bía.
Palacio para la esposa, 5
hecho en gran sabiduría,
el qual en dos aposentos,
alto y bajo [16], dividía;
el baxo [17] de diferencias [18]
494
infinitas componía; 10
mas el alto hermoseava
de admirable pedrería.
..Porque conosca [19] la esposa
el Esposo que tenía,
en el alto collocava [20 ] 15
la angélica jerarchía ;[21]
pero la natura humana
en el baxo la ponía,
por ser en su compostura .[22])
algo de menor valía. 20
.Y aunque el ser y los lugares
de esta suerte los ponía ,[23]
Pero todos s on de un cue rpo
de la esposa que dezía;
quel el amor de un mesmo [24] Esposo
495
25
una esposa los hacía.
Los de arriba poss eían [25]
el [26] Esposo en alegría;
494
[17] MS bajo; MJ: baxo.
[18]. MS: diferencias : M: diff erencias
[19] MS: conosca ; MJ: c onozca .
[20] MS: colocava ; MJ: c ollocaua.
[21] MS : gerarquia ; M J: jera rchia . Pronúnciese jerarquía [22] MS: por ser en su compostu ra ;
MJ: p or ser en su ser c ompuesta . Las edicione s de J . V. Ro dríguez y Mª J. Mancho recogen
la versión del MS. C. Cue vas elig e la versión del MJ.
[23] MS: partia ; MJ: ponía . No s inclina mos por pon ía del MJ por coherencia semá ntica,
recogido también p or J .V. Rod ríguez, D. Indurá in y Mª Jesús Mancho. Partía e n la ed ición d e C.
Cuevas.
495
[24] MS: mesmo ; MJ : mismo.
[25] MS: posseian : MJ: posseyan.
[26] MS: el esposo ; MJ : al esposo .
[27] MS: abajo ; MJ: abaxo .
385
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
los de abajo [27] en e sperança
de fee que les infundía, 30
diziéndoles que algún tiempo
Él los engrandecería,
y que aquella su baxeza
Éll se la levantaría
de manera que ninguno 35
ya la vituperaría,
porque en todo semejante
Él a ellos se haría,
y se vendría con ellos
y con ellos moraría; 40
y que Dios sería hombre
y que el hombre Dios sería,
y que [28] trataría con el lo s,
496
comería y bevería [29]
y que con ellos contino [30] 45
Él mismo se quedaría
hasta que se consumase
este siglo que corría,
quando se gozaran juntos
en eterna melodía, 50
porque Él era la cabeça
de la esposa que tenía,
a la qual todos los miembros
de los justos juntaría,
que son cuerpo de la esposa 55
a la qual Él tomaría
en sus braços tiernamente,
y allí su amor le daría;
y que assí juntos en uno
el Padre la llevaría, 60
donde de el mesmo [31] deleite
que Dios goza gozaría;
497
que como el Padre y el Hijo
y el que de ellos [32] procedía,
el uno vive en el otro, 65
496
[28] MS: y trataria ; MJ: y qu e trata ría .
[29] MS: beveria : MJ: bebería .
[30] MS: contino ; MJ: continuo . Los editore s anteriormen te citados elig en contino.
[31] MS: de el mesmo ; MJ: del m ism o .
497
[32] MS: dellos ; MJ : de ellos .
[33] MS: sospiros ; MJ: suspiro s .
392
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
con mi paladar se junte
la lengua con que hablava,
si de ti yo me olvidare [ 80 ]
en la tierra do morava.
¡ Sion, por los verdes ramos 45
que Babilonia me dava,
de mí se olvide [ 81 ] mi diestra
que es lo que en ti más amava,
si de ti no me acordare
en lo que más me gozava, 50
y si yo tuviere fiesta
y sin ti la festejava!
¡Ó, hija de Babilonia,
mísera y desventurada!
¡Bienaventurado era 55
aquel en quien confiava,
que te ha de dar el castigo
que de tu mano llevava,
y juntará sus pequeños
y a mí , porque en ti llorava, [ 82 ]
509
60
a la piedra que era Christo
por el qual yo te dexava!
Debetur soli gloria vera Deo
509
[8 2] MS: lloraua; MJ: espera ua. C Cueva s, MªJ. Mancho y J. V. Rodr íguez recogen llorava ; D.
Induráin esperab a..
393
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
2.3. F ECHA Y CIRCUNSTANCIAS DE SU COMPOSICIÓN
Como acabamos de ver en los capítulos anteriores , el ambiente
carmelitan o era especialmente dado a la creación del canto y de la
poesía a lo divino, de ca rácter tradi cional y popular y es en este
contexto d e religi osidad y d evoción donde tene mos que situar los
romances de Sa n Juan de la Cruz, junto a sus rest antes glosas y
canciones de carácter tradicional. Por consiguiente, no se trata de un
hecho es porádico y aislado el qu e San J uan creara este t ipo de
composiciones . Antes de en trar en el Carmelo y de se r estudiante en
Salamanca, su propia familia ―en es te caso ya hicimos referen cia a
su hermano Francisc o― y su contacto con el ambiente popular en
Medina del Campo, propiciaron el conocimient o de estos géne ros
tradicionales d e moda, cantados por todos.
Los investigadore s de la obra sanjuanista, a través de sus
biógrafos y d e numer osos te stimonios d e sus her manas y hermanos
de la orden, corroboran con datos suficientes que la fecha de la
composición de lo s romances y otras poemas se crearon entre
diciembre de 1577 y agosto d e 1578, durante los meses de
encarcelamie nto en el convent o de los carmelitos calza dos de
Toledo, tal com o expli camos e n los datos bi ográficos.
510
Sin embargo, en los manuscrit os de Sanlúcar y de Jaén, a pesar
de que fueron los primeros poemas realizad os, no a parecen
dispuestos con un criterio cronológi co. E. Pacho considera que los
510
C fr. Re miti mos al capítulo “Bajo el Signo de la marginación. Consideraciones
sobre la biografía y personalidad de San J uan de la Cruz” de nuestro actual estudio,
donde explica mos las circun stancias de su encarce lamien to.
394
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
criterios acerca de la a usencia de orden ación cronológi ca son
debidos a una fi nalidad orientativa: “Primero los poemas y
canciones en lira, luego la s coplas y las glosas con técnic a estrófi ca
variada y, p or fin, los r omances”.
511
V. García de la Conch a coinci de plena mente con E. Pacho con
respecto a la orde nación de la obra poétic a sanjuanista y aclar a que,
tal c omo aparece en los manuscrit os del Cántico A de S anlúc ar,
Bruselas, etc. , no aparecen dispuestas a través de un cri terio
cronológic o, sino que ob edece n a un c riterio ge nérico. Explica
García de l a Concha:
Bajo el título de Ca nciones se a grupan los poemas Cántico, la Noche y la
Llama ; a continua ción se coloca n tres C oplas: Entréme d onde no supe,
Vivo sin vivir en m í y T ras un amoro so la nce ; siguen “Otras cancio nes “a
lo divino”, reducidas, a pesar del título plu ral, al Pastorcito; despué s, el
“cantar” de la Fonte ; y, por último, la serie de R oman ces.
512
En el manuscr ito de Jaén, se vuelve a repetir la misma
ordenación, con la so la d iferenci a de la inclusión e n las Coplas y las
Glosas Con a rrimo y s in arrimo y Por toda la hermosura. Sin embargo, los
romances, junto con las liras 30-31 del Cánt ico , fueron las primeras
composiciones conoci das de San Juan de la Cruz, aunqu e segú n las
investigaci ones d e E. Pacho, probab lemen te, hubo otros poem as
anteriores: Vivo sin vivir en mí y Entréme donde no supe. E. Pacho,
511
E. Pacho, San Juan de la C ruz y sus escr ito s, M ad rid, Ediciones Cristiandad, 1969,
pp. 89 - 90 .
512
V. García de la Concha, “Conciencia estética y voluntad de estilo en San Juan de
la Cruz”, Boletín de la Bibli oteca Menéndez Pela yo , nº 46, (197 0), p. 379.
395
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
siguiendo el criterio de la tercer a edición de 1955 de las ob ras
sanjuanistas, realizada por el P. Lucinio, coincide con este en
constatar que es tas obras son an teriores a los Romances :
“Posiblement e, - escribe- esta poesía fue inspirada y co mpuest a en
Ávila bastante a ntes de 1578” y cit a el an álisis del P. Lucin io:
Dado el paralelismo entre glosas, metro, ideas y, a veces, pa labras,
con otra de Santa Teresa que, según Yepes, la escribió en 1573 , y
según Efrén, en Pascua d e 1571 , es de suponer tal cosa, sobre todo
teniendo el ejemplo del Vejamen (o certamen) espiritual, en el que
ambos Santos se desafiaban en un noble torneo de pensamiento y de
espiritualidad. Desde 1572 hasta diciembre de 157 7 estuvo el Santo
en Ávila y fue confesor de Santa Teresa.
513
Y añade E. P a cho:
Teniendo en cuenta las circunstancia s que rodean la composición
teresiana, es muy improbable que se inspirase en la sanjuanista d el
mismo tema. El proceso inverso s e presenta históricamente más
aceptable. Supuesta la prioridad de la glosa teresiana y su influjo en
la de fray Juan, la de este no puede ponerse a ntes de 1572, cuando, a
súplicas de la Reformadora, viene a dirigir espiritualmente la
Comunidad de la E ncarnación de Ávila. Hasta que en 1577 es
trasladado violentamente a Toledo, el trato entre ambos santos fue
demasiado frecue nte e íntimo para que no llegase a conocimiento de l
joven Descalzo la poesía teresiana.
514
Y continúa su argum entación el P . Pacho:
513
E. Pacho, op. cit , p. 93, nota 82.
514
E. Pacho , op. cit., p. 94.
396
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Si nuestra suposición res ponde a la realidad, y la copla Vivo sin vivir
en mí es anterior a los versos de la prisión, resulta que la primera
poesía sanjuanista llegada hasta nosotros es la copla que comienza
Entréme donde no sup e. El hecho de ocupa r siempre el primer puesto,
incluso en los repertor ios que alteran el orden de Sanlúc ar y Jaén,
como el de Granada y Burgos, tiene motivación segura, la más
plausible es , sin duda, su prioridad cronológica , inc luso respecto a
Vivo sin vivir en mí . Debió nacer en Ávila, en el conocido ambiente
de poesía devota y entroncada con algún perca nce místico, en claro
paralelismo genérico con la glosa teresiana y la may oría de las
restantes composiciones sanjuanistas” .
515
Son muc hos los te stimonios de l as he rmanas y he rmanos de la
Orden que citan los poemas que compus o en prisión. Uno de los
acontecimi entos que alivió en alguna medi da sus sufrimientos en los
últimos mese s de su encarce lamiento fue el cambio de ca rcelero en
el mes de mayo relat ado por fray Ju an de Santa María qu e sustitu yó
al primer vigil ante y, tal como explicam os en el 1º capítulo,
acogiénd ose a su bondad y a su compasión, fray Juan se atrevió a
pedirle “un poco de papel y tinta, porque quería hacer algunas cosas
de devoci ón para e ntreteners e”.
516
Y este hecho es de gran importanc ia para inclinarse hacia la
escritura real de los po emas que había previamente creado y
aprendido de memoria y saca rá de prisión aquella noc he de la fuga.
El esta do dep lorable en que llegó el S anto fue desc rito por las
515
Idem, p. 96.
516
Crisógono de Je s ús, op. cit., p. 159 .
397
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
primeras testigos que lo vieron aparecer: la torn era del monasterio,
Leonor de Jesús y las novicias Constanz a d e la Cruz y Francisc a de
San Eliseo. A sí lo refe ría la madre Co nstanz a de la Cruz:
La mañana que salió el Santo de la pris ión […] yo estaba novicia en
Toledo. Vile tan desfigurado que parecía estaba más para la otra vida
que para ésta”. Y más adelante añade: “Hizo muy grande compasión
a todas verle; venía con una s otanilla negra muy vie ja, y tan aca bado
que no se atrevieron a darle na da de comer, si no u nas peras asada s
con canela.
517
También en esas primeras horas en el co nvento de las
descalzas fray Juan de la Cruz dice hab er co mpuest o cancio nes y
romances se gún la declaració n de las religiosas a ntiguas de Tole do,
las ya cita das Leonor de Jesús y Fran cisca de San Eliseo, más el
testimonio Francisca de San Alberto , y María de S an Ángelo que
citamos a co ntinuació n:
Y estuvo todo el día contando los muchos trabajos que había
padecido allí. Las muchas mercedes que Nuestr o Señor le había
hecho; y a tiempo se le ausen taba y de jaba en tinieblas interiores
junto con las ex teriores, Allí compuso canciones y ro mances altísimos del
misterio de la Sa ntísima Trinidad . Esto nos contó él mismo el día que
estuvo allí; y estamos aquí cuatro monjas que le vimo s y oímos
contar estos trabajos .
518
Además de los romances sobre la Santí sima Trinidad, los
testigos menc ionan el Cántico, una breve canció n solo citada por.
517
E. Pacho , op. cit., pp. 1 09-11 0 , notas 18- 20 .
518
Idem , p.111, nota s 21- 23.
398
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
Magdalena del Esp íritu Santo, Cantar del alma que se huel ga d e conocer a
Dios por fe y el r omance sobre el Salmo S uper flumina Babylonis.
519
Como afirma E. Pacho, la comp osición del romance sobre el Salmo
136 creada en la cárcel también e stá atestig uada por Ana de S an
Alberto y Magdalena del Espíritu Santo, María del Sacramento y
María de la C ruz (Mac huca).
520
También se cuent a con l as declaracio nes de Magdalen a del
Espíritu Santo referid as al Cántico : “y d e éstas (obras), y con esta
estima, tiene el Conde de Arco unas liras o líricos con su glos a y
declaració n a cada co pla, cosa muy delicada y espiritual, que
comienzan : Ad ón de te escondiste ” .
521
Por otra parte, el hecho de conserv ar el S anto esta s
composiciones en su memoria y la creación d e Cántico, lo corr obora
Francisca de la M adre de Dios que estuv o en el primer encuentro
del Santo con las desc alzas d e To ledo, m ás tarde c oinci de con él en
Beas, y lo tra tó durante muchos años. Afirma Francisca de la Madre
de Dios en el pr oceso informativo de Beas:
Y que en la dicha prisión había estado como nuev e meses, y que era
mucho el consuelo que tenía en a quella estrecha cárcel, porque le
parecía estaba en el cielo, y que le visitaba Nuestro Señor, y que
519
Idem, p. 113.
520
Idem , p. 113, nota 25 .
521
Idem, nota 26, p. 11 4.
399
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
particularmente había comenzado a cantar aquella canción que dice
Adónde te escondiste, Amado / y me dejaste con gemido , etc.
522
E. Pacho cita el t estimoni o d e Jerónimo de Sa n José,
refiriéndose a los nueve romance s como una so la obra poética que
distribuye temáticam ente en cuatro partes: las referi das al misteri o
de l a Trinidad, Creación, Encarnaci ón y Nac imie nto del Hijo de
Dios; y a ñade S uper flumina Babylonis . Es ta misma afirmación está
te stimoniada por Isabel de Jesú s María:
Acuérdome también qu e, en aquel rato que le tuvimos escondido en
la iglesia, dijo unos romanc es que traía de ca beza ―y una religiosa
iba escribiendo― que había él mismo hecho. Son tres y todos de la
Santísima Trinidad, tan altos y devotos que parecen pe gan fuego; y
en esta casa de Cuerva los tenemos que empiezan: “En el principio
moraba el Verbo, y en Dios vivía”. Esto pasó est ando yo novicia en
Toledo
523
Ana de San Alberto también testimoni a estos hechos desde el
convento de Car avaca, a tr avés de un a carta le c omentaba a P.
Provincial: fr ay Alons o de Jesús María:
Yo le pregunté a lgunas cosas de la que allí le había dado Nuestro
Señor. Díjome […]: ‘Dios me quiso probar, mas su misericordia no
me desamparó. Allí hice aquellas canciones que comienzan Adónde te
escondiste, y también otra canción que comienza Por cima de las corrientes
que en Babilonia hallaba’. Todas estas canciones están en los libricos
522
Idem , nota 30, p.116. Esta decla ración coincide con la de Ana de San Alberto
sobre la compo sición solo m ental del C ántico en la c árcel.
523
Idem. , pp. 113- 114.
400
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
que yo envié al P. fray José de Jesús María. Díjome que con estas
canciones se entretenía y las guardaba en la memoria para
escribirlas.
524
Uno de los testimonios más completos y precisos es el de
Magdalena del Espíri tu Santo, cuyo encu entro con el Santo se
produjo en Beas. En cierta forma, entran en contra dicción, según
analiza E. Pacho, con las palabras de las do s monjas arriba
mencionadas:
Sacó el santo Padre, cuando salió de la cárcel, un cuaderno que
estando en ella había escrito de unos romances sobre el Evangelio In
principio erat verbum y unas coplas que dicen: Qu e bien sé yo la fu ente que
mana y corre, aun q ue es de no che y las canci ones o liras qu e dicen, Ad ónde te
escondiste hasta la que dice Oh ninfas de Judea. [...] Este cuaderno que el
Santo escribió en la cárcel, le dejó en el convento de Beas, y a mí me
mandaron trasladarle algunas vece s. Después me le llevaron de la
celda, y no supe quién.
525
Eulogio Pach o explica a co ntinuación:
L as determinaciones de la M. Magdale na sobre el Cántico espiritual , y
la inclusión en el repertor io toledano del poemita l a Fonte que m ana y
corre complementan los otros testimonios sin que pugne n con el los .
[ …]. C uando la M. Magdalena parece entrar en pugna con las
monjas de Toledo, es cuando afirma que tanto el C ántico como la s
otras p oesías la s sacó de la cárcel escritas ya en un cuaderno, mientras
524
Idem , p.114.
525
Idem, pp. 115- 116.
401
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
las deponentes mencionadas, y otros testimonios, dan a entender
que las guardaba en la memoria para luego escribirlas.
526
Pero como con cluye e l propio E. Pacho lo más incuestionabl e
es que l as compuso e n la prisi ón.
Son numeroso s los testimonios que corroboran la creación de estas
obras en la prisión toledana, entre otros citamos a fray Juan
Evangelista, secretario pe rsonal e importante colaborador del Santo
durante nueve u once años, I nocencio de san And rés, posiblemente
otro religioso que durante más tiempo acompañó al santo; F lorenc ia
de los Ángeles, María del Sacramento, rel igiosa del convento de
Caravaca, que escribe al P. Alonso de Jesús María con fecha del 7 de
noviembre de 1614, cuando lle gó el santo a C aravaca por primera
vez, siendo rector de Baeza, contó ‘que en a quell a carce lilla había
compuesto lo que escribió sobre el lib ro d e los C antares y d e la Santí sima
Trinidad y el s almo Super flumina Babylonis. A demás, los testimonios de
María de la Encarnación, María de san José, Isabel de Cristo, entre
otros.
527
Sin embarg o, afirma E. Pach o que
lo que no queda del todo claro es si procede n de la prisión toleda na
los nueve romances mencionados por Jerónimo de san José, o sólo
los tres primeros, que tr atan directame nte sobre la Trinidad. E sto
parece deducirs e de la aseveración explícita y restrictiva de Isabel de
Jesús María .
528
526
Idem , p. 116. Para más completa información véase E. Pacho, op. cit ., pp 118-120,
notas 31- 41 .
527
Idem, p. 120, nota 36.
528
Idem, p. 113, nota 24.
493
T ERCERA PARTE . L OS ROMANCES SANJUANISTAS
concreto del Padre, ‘cre ador del cielo y d e la tierra’ (credo), y
presentado como palacio de los esposos .
651
En la o bra sanju anista esposa es un térm ino clave y polisémico,
pues a veces se refiere al alma, otras a la humanidad y a la Iglesi a: en
el libro bíblico del Cantar de los Cantares se int erpreta al Amado como
Dios y la e sposa, la Iglesia. En la obra sanjuanist a espos a,
dependien do del contexto e n que aparece, se pued e referir a un o d e
estos tres significados: “Este vers illo se entiende harto propiamen te
de la Ig lesia y de Cristo, en el cu al la Ig lesia, Esposa suya, h abla con
él, diciendo: ...”(CB 30,7); espo sa también se refiere a al alma: “E n
esta p rimera canción el alma, he rida ya y enamorada del Verbo Hij o
de Dios , su Esposo , deseand o unirse c on él por c lara y ese ncial
visión [«Bg» unión]” ( CB 1,2). En los ro ma nces, sin embargo, esposa
se refiere a l a humanid ad.
Por otra parte, es in teresante destacar el signif icado léxico
esposo/a. Se observ a una sutil evolució n desde su signific ado
etimológico prometi do ( sponsus ) hasta el moderno uso referid o a
casado/a, es decir , que ya se h a realizado la ceremoni a del
matrimonio. Con este signifi cado ya a parec e en Berceo, pe ro no en
el Cid.
652
651
M. A. Díez, a rt. cit . ., p. 498.
652
Cfr. DECH , esposo/es posa. Curi os amente Covarrubias solo recoge el
significado etimológico: “Los que se han dado palab ra de ca samiento, o sea, de
presente o de futuro”(p. 51 1). Mientras que el DA introduce los dos s ignific ados: “El
hombre y mujer que se han dado palabra de casamiento, sea de presente o de futuro.
El uso tiene introducid o lla marse esposo y espo sa a los casados” (p. 613. ). Y en el
DRAE en la primera acepc ión: “persona que ha contraí do esponsales”; y la segund a:
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