Simbolismo de las aves saturninas en los textos grecolatinos
Abstract
Ancient astrology classified creatures and elements of the natural world in never fixed or closed taxonomies in accordance with the governing planet. Their criteria were used to be very diverse and physical, mythological, religious and other stranger reasons are intermixed in them. In this paper, after analyzing the planet Saturn from the astronomical and astrological point of view according to ancient sources, we study how a small group of birds considered as saturnine by astrologers are characterized by these same sources. Our aim is to determine to what extent their features and behaviour could correspond to a saturnine personality.
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1 SIMBOLISMO DE LAS AVES SATURNINAS EN LOS TEXTOS GRECOLATINOS Cristóbal Macías Villalobos y Delia Macías Fuentes Universidad de Málaga [email protected] / [email protected] Resumen La astrología antigua llegó a clasificar las criaturas y elementos del mundo natural en taxonomías nunca fijas ni cerradas de acuerdo con el planeta que los regía. Los criterios que se seguían solían ser muy diversos y en ellos se entremezclaban motivos físicos, mitológicos, religiosos y otros más peregrinos. En este trabajo, después de analizar el planeta Saturno desde la perspectiva astronómica y astrológica de acuerdo con las fuentes antiguas, nos detenemos a analizar cómo caracterizaban esas mismas fuentes a un pequeño grupo de aves que la astrología consideraba saturninas. Nuestro objetivo es determinar en qué medida la caracterización de estas aves podría corresponder a una personalidad saturnina. Palabras clave Saturno, aves saturninas, astrología, búho, lechuza, cuervo, grulla, simbolismo animal. Abstract Ancient astrology classified creatures and elements of the natural world in never fixed or closed taxonomies in accordance with the governing planet. Their criteria were used to be very diverse and physical, mythological, religious and other stranger reasons are intermixed in them. In this paper, after analyzing the planet Saturn from the astronomical and astrological point of view according to ancient sources, we study how a small group of birds considered as saturnine by astrologers are characterized by these same sources. Our aim is to determine to what extent their features and behaviour could correspond to a saturnine personality. Key words Saturn, saturnine birds, astrology, owl, raven, crow, crane, animal symbolism. 1. P REÁMBULO Según el Picatrix (3, 1, 3), entre los animales regidos por Saturno —que en general se caracterizan por tener color negro y fea figura—, hay un grupo relativamente importante de aves, caracterizadas por tener el cuello largo y la voz grave, enumerándose entre ellas el avestruz, la avutarda, el búho, la lechuza, el cuervo, la grulla e incluso el murciélago 1 . 1 Seguimos aquí el listado que ofrece la traducción de Villegas (1978), que sigue el texto de H. Ritter, quien tradujo el texto del árabe al alemán (Daz Ziel des Weisen von Pseudo-Magriti, Teubner, Leipzig, 1933). En la edición latina de Pingree el número de aves enumeradas es menor, aunque están presentes dos de las más importantes para nuestro estudio, la grulla y el cuervo: [...] et ex avibus omnes collum longum habentes et grossam vocem ut grues, struciones, dugam, corvum. Por su parte, Cornelio Agrippa (Occ. Phil. 25) incluye en su listado de aves saturninas las siguientes: la grulla, el avestruz, el pavo real, el búho, la lechuza, el murciélago, la abubilla, el cuervo y la codorniz (es decir, con algunos añadidos, las mismas de la versión árabe del Picatrix). Estas diferencias, de detalle —pues, en lo esencial, el criterio de
2 En este trabajo, siguiendo con nuestro acercamiento al simbolismo animal desde la perspectiva de la astrología 2 , pretendemos poner de relieve los rasgos principales de este grupo de aves que la astrología, y no sólo la antigua, consideraba bajo la influencia saturnina. Más aún, nuestro objetivo fundamental es demostrar que este tipo de animales, además de cumplir el criterio ya señalado del tipo de cuello o voz —o incluso del color o de su poco favorecida figura—, mostraban otros rasgos, sobre todo en el comportamiento a ellas atribuido, que cuadra perfectamente con el esperado en un "hijo de Saturno". De este modo queda claro para nosotros que, cuando el astrólogo construye sus taxonomías y catálogos de seres del mundo natural según qué planeta o luminaria los rige, tiene en cuenta más criterios de los que declara. Para llevar a cabo nuestro propósito, y por razones de espacio, vamos a tratar sólo cuatro de las aves enumeradas, que consideramos entre las más emblemáticas y representativas entre las criaturas saturninas, a saber, el búho y la lechuza, rapaces nocturnas que a menudo se confundían y que compartían valores simbólicos, el cuervo y la grulla. Para nuestro trabajo, además de los textos astrológicos que presentan la clasificación del mundo natural según el planeta o luminaria que los rige, vamos a partir de los textos grecolatinos principales que se encargan de caracterizarlos, normalmente desde una perspectiva naturalista o paradoxográfica, sin olvidar un componente moral presente en algunos de los autores estudiados. Pero antes de entrar de lleno en la caracterización de los animales enumerados, vamos a permitirnos recordar con el apoyo de los textos —y no necesariamente astrológicos— los rasgos esenciales que definían al planeta según los autores antiguos, tanto desde el punto de vista astronómico como astrológico. 2. S ATURNO DESDE LA PERSPECTIVA ASTRONÓMICA Y ASTROLÓGICA Identificado por babilonios y probablemente egipcios con una suerte de Sol de la Noche 3 , fue considerado uno más de los planetas, al parecer, por el astrónomo Metón, lo cual pudo favorecer la sustitución de su antiguo nombre por el nuevo de estrella de Cronos (Pérez Jiménez 1999: 19). Parece que es de origen egipcio el nombre de Νεμέσεως ἀστήρ que le aplican al astro Vetio Valente (11, 16) y Aquiles Tacio (Intr. Arat. 17), razón por la cual en la teoría de las sortes el κλῆρος de Saturno, el séptimo, se denomina τῆς Νεμέσεως (Pérez Jiménez 1999: 19). En la época helenística, al astro tanto científicos como astrólogos lo denominaban Φαίνων , "Reluciente" 4 . Desde el punto de vista estrictamente astronómico, los antiguos identificaban a Saturno como el séptimo—octavo, si contamos la Tierra, fija en el centro del cosmos— y último de los planetas, cuyo círculo se situaba por debajo del último de los círculos clasificación, cuello largo y voz grave, coincide—, no deben resultarnos extrañas, ya que los astrólogos no manejaban ni taxonomías ni catálogos fijos y cerrados de las criaturas y elementos del mundo natural regidos por los planetas. 2 Sobre las bases metodológicas en que basamos este particular acercamiento al simbolismo animal en la literatura antigua, cf. nuestro trabajo "Simbolismo animal, astrología y sexualidad en los textos antiguos" (en prensa). 3 En inscripciones acadias aparece denominado como Samas (= Sol) y en Egipto se le llama Horus el Toro, durante las dinastías XIX y XX, nombre tomado sin duda de una divinidad solar (cf. Pérez Jiménez 1999: 19, n. 8). 4 Cf. Cic., Nat. deor. 2, 52: Nam ea quae Saturni stella dicitur Φαίνων que a Graecis nominatur. Este tipo de denominaciones, al parecer, surgió en los ambientes griegos alejandrinos que buscaban emplear términos más "científicos" para designar a los planetas, basados en las propiedades visibles de los mismos, alusivas por lo general a su color o a su brillo. Sobre esto, cf. Le Boeuffle (1977: 249-252).
3 celestes, el de las estrellas fijas 5 , donde radicaban las constelaciones y que algunos consideraban además como el asiento de los dioses o la residencia de las almas consideradas puras (los Campos Elíseos) 6 . Por ser el más lejano de los planetas, es lógico que su órbita sea la más larga y que por ello su revolución también sea la más duradera, en torno a treinta años, según la mayoría de las fuentes 7 —en realidad 29 años y 167 días (Le Boeuffle 1987: 234) 8 —; por ello su fama de 'lento' 9 . Desde el punto de vista de su naturaleza física, por su misma lejanía, era considerado planeta frío y húmedo 10 (Le Boeuffle 1987: 234), aunque no falten tampoco los que le atribuyan como rasgo la sequedad 11 —sin duda, por su propia lejanía o quizás al asociarlo con la vejez, como luego veremos—. De hecho, Ptolomeo (Tetr. 1, 4) define al planeta como frío y seco: frío por su lejanía del Sol y seco por estar también muy lejos de las exhalaciones húmedas de la Tierra 12 . Por supuesto, otro rasgo físico debido a su propia lejanía es su pálido o lívido fulgor 13 . Su misma lejanía de la Tierra y el escaso brillo que emite explicarían la atribución del color negro (o de colores oscuros, como el del hierro) al planeta, de modo que suyos son metales y piedras (y animales) de color negro u oscuro —el plomo, el hierro, la obsidiana, el azabache— (Pérez Jiménez 2010: 216). Asimismo, su sequedad —y su posterior asociación a la vejez— hacen suyas las partes secas y duras de la naturaleza, entre ellas las piedras (Pérez Jiménez 2010: 216). 5 Cf., por ejemplo, Apul., Plat. 1, 11: et esse ἀπλανέσι primum ordinem, secundum Saturno datum, Iovi tertium, Martem quartum tenere, enumeración hecha desde la perspectiva del círculo de las estrellas fijas, que pasaría a ser así el primer círculo, mientras que el de Saturno pasa a ser el segundo; Thomas Hobbes, De corpore 4, 26, 5: [...] septimus Saturnus, deinde, in diversis a sole distantiis, stellae fixae. 6 Cf. Cic., Rep. 6, 17: novem tibi orbibus vel potius globis conexa sunt omnia, quorum unus est caelestis, extumus, qui reliquos omnes complectitur, summus ipse deus arcens et continens ceteros; in quo sunt infixi illi qui volvuntur stellarum cursus sempiterni; Petron. 39, 5: Caelus hic, in quo duodecim dii habitant, in totidem se figuras convertit; Macr., Sat. 1, 11, 8: terra vero ἀπλανής , in qua Elysios esse campos puris animis deputatos antiquitas nobis intellegendum reliquit. 7 Así, Cic., Nat. deor. 2, 52: Nam ea quae Saturni stella [...], quae a terra abest plurimum, XXX fere annis cursum suum conficit; Hyg., Astr. 4, 18: Hanc stellam nonnulli Saturni esse dixerunt, redire autem ad signum annis triginta; Macr., Sat. 2, 11, 7: Saturni triginta annos in eadem circumitione consumit. 8 Entre los autores antiguos que más se aproximaron a la duración exacta tenemos, por ejemplo, Vitr. 9, 1, 10, que cifra su revolución en 29 años y 160 días: anno nono et vicensimo et circiter diebus CLX, mientras que Ptolomeo habla de 29 años y 182 días. 9 Cf. Firm., Math. 1, 10, 14: Et tu, Saturne, qui in summo caeli vertice constitutus livedinem sideris tui pigro cursu et tardis agitationibus provehis; Serv., Georg. 3, 93: 'pernix' autem ad equum refertur; nam Saturni stella tardissima est. 10 Así, Aug., Gen. ad litt. 2, 5, p. 38, 21: idem namque adserunt stellam, quam Saturni appellant, esse frigidissimam; Isid., Nat. 23, 2: Frigida Saturni sese quo stella receptat. Por su parte, Servio (Aen. 1, 336) lo considera directamente dios de la lluvia, al asociar la humedad con la frialdad del planeta —y, por ende, con los viejos—: ideo autem hoc dicit, quia Saturnus deus pluviarum est, unde etiam senex fingitur: nam senes semper novimus esse gelidos. 11 Lib. Antimaquis 212, 568: Primo accidit Saturno et quia est frigidus et siccus defendit se; Hermes Latinus 3, 9: Cum igitur frigiditas calori in Saturno dominatur, frigidus et siccus dicitur; Raimundus Lullus, De ente reali et nat. 5, 267: sicut Saturnus, qui multiplicat siccitatem et frigiditatem. 12 Ptol., Tetr. 1, 4: Ὁ δὲ τοῦ Κρόνου ἀστὴρ τὸ πλέον ἔχει τῆς ποιότητος ἐν τῷ ψύχειν καὶ τῷ ἠρέμα ξηραίνειν, διὰ τὸ πλεῖστον, ὡς ἔοικεν, ἀπέχειν ἅμα τῆς τε τοῦ ἡλίου θερμασίας καὶ τῆς τῶν περὶ τὴν γῆν ὑγρῶν ἀναθυμιάσεως. 13 Cf. Juan Escoto Eriugena, Periph. 3, 112: Proinde planeta illa Saturni nomine uocata, quoniam choris siderum uicina est, frigida et pallida dicitur esse.
4 Lentitud, frialdad, sequedad y palidez como rasgos físicos principales del planeta bastarían —sin necesidad de mitología— para asociarlo con la vejez 14 . Sin embargo, hay que reconocer que esa imagen sólo se hace consustancial al planeta cuando, en el plano mitológico, los romanos identificaron a su dios Saturno —un dios en realidad agrícola 15 — con el griego Cronos 16 —dios profundamente dual: dios de la agricultura, señor de la Edad de Oro, pero al mismo tiempo divinidad triste, solitaria, que reinaba en los últimos confines de la tierra y el mar y que incluso llegó a estar cautivo en el Tártaro (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991: 145) 17 —, apropiándose no sólo de toda su mitología, sino identificándose con el Tiempo 18 y por ende con la vejez 19 . Gracias a ello, el famoso mito de Cronos=Saturno devorando a sus hijos se convirtió ya en la Antigüedad en imagen del tiempo devorando los años, como bien nos dice Isidoro (Orig. 8, 11, 31): Vnde et eum Graeci Cronos nomen habere dicunt, id est tempus, quod filios suos fertur deuorasse, hoc est annos, quos tempus produxerit, in se reuoluit, uel quod eo semina, unde oriuntur, iterum redeunt, si bien esta misma idea ya la había expresado con claridad muchos siglos antes Cicerón (Nat. deor. 2, 64) cuando dijo: Saturnus autem est appellatus quod saturaretur annis; ex se enim natos comesse fingitur solitus, quia consumit aetas temporum spatia annisque praeteritis insaturabiliter expletur. Además, la hoz, que para el primitivo Saturno agrícola era una herramienta de trabajo, por ejemplo, en las vides 20 , y que en el mito de Cronos era el arma con la que éste emasculó a su padre y con la que, a su vez, él mismo lo fue por parte de su hijo 14 Así, por ejemplo, Guillermo de Conches, en sus Glossae super Boethium (In Consolat. 4, 1) afirma: Illa uero stella quae dicitur Saturnus, dicitur senex, quia triginta annos consumit in Zodiaci peragratione; o Juan de Salisbury (Policr. 2, 19, 40): Saturnus ergo, quia frigidus est et senex. 15 Cf. Serv., Aen. 3, 165: Italis enim primus vitem ostendit Saturnus, ut in septimo legimus vitisator curvam servans sub imagine falcem; o Aug., Civ. 7, 3: et Saturnus seminis dator uel sator. 16 En primer lugar, hay que advertir que la asociación del planeta con Cronos fue fundamental no sólo para la caracterización astrológica del planeta, sino también para la propia caracterización mitológica del dios (cf. Pérez Jiménez 1999: 20). Ese proceso de sincretismo ya lo habían realizado previamente los griegos, al identificar a su dios Cronos con el babilonio Ninib-Ninurta. Además, en la caracterización simbólica de Saturno influyó también el sincretismo de Cronos con el egipcio Seth-Tifón, que mató y descuartizó a su hermano Osiris y que encerró sus trozos en un arca con clavos de plomo, metal precisamente de Saturno (Pérez Jiménez 2010: 217). Fruto de esa fusión, sin duda, son saturninos el escorpión y el asno. 17 Hay que advertir que ya en la literatura astrológica antigua hubo una interpretación que identificaba el Tártaro con lo más profundo y denso de la atmósfera, en particular, el Pseudo-Luciano, De astrologia 21: Οὐ μέν οὖν οὐδὲ τὸν Κρόνον Ζεὺς ἔδησεν οὐδὲ ἐς Τάρταρον ἔρριψεν οὐδὲ τὰ ἄλλα ἐμήσατο ὁκόσα ἄνθρωποι νομίζουσιν, ἀλλὰ φέρεται γὰρ ὁ Κρόνος τὴν ἔξω φορὴν πολλὸν ἀφ' ἡμέων καί οἱ νωθρή τε ἡ κίνησις καὶ οὐ ῥηιδίη τοῖσιν ἀνθρώποισιν ὁρέεσθαι. διὸ δή μιν ἑστάναι λέγουσιν ὅκως πεπεδημένον. τὸ δὲ βάθος τὸ πολλὸν τοῦ ἠέρος Τάρταρος καλέεται. Sobre esto, cf. Pérez Jiménez (1999: 26). 18 Esta identificación es fruto de un juego etimológico, de origen órfico o quizás estoico: Κρόνος = χρόνος (cf. Bouché-Leclercq 1963: 94), del que luego se hicieron eco autores diversos. Así, Aug., Cons. euang. 1, 23, 34: Uocatur enim Cronos, quod adspiratione addita etiam temporis nomen est, unde et Latine Saturnus, quasi saturetur annis; Fulg., Myth. 2, 1: quod Saturnus Grece Cronos dicitur; chronos enim Grece tempus uocatur. Según apunta Pérez Jiménez (1999: 25-26), la identificación lingüística entre Κρόνος y Χρόνος "permitió llevar el dios del Tártaro a las estrellas. Pues se presentará su prisión por Zeus como que el tiempo es obligado por los astros a discurrir regularmente". 19 Cuando Ovidio, en Am. 8, 703, califica a Saturno como senex lo hace evidentemente como dios: At cum regna senex caeli Saturnus haberet. Lo mismo hace Virgilio, en Aen. 7, 177. En cambio, cuando Guillermo de Conches (Dragmaticon Phil. 4, 2, 1) dice: Summus itaque planetarum Saturnus dicitur, in peragratione Zodiaci fere triginta annos consumens, unde in fabulis senex fingitur, se conjunta en la misma figura el planeta con su identificación con la vejez fruto de la mitología (in fabulis senex fingitur). 20 Serv., Aen. 1, 3, 165: Italis enim primus vitem ostendit Saturnus, ut in septimo legimus vitisator curvam servans sub imagine falcem.
5 Zeus, se convierte en el Saturno sincretizado en el instrumento con el que actúa el tiempo 21 . Esta identificación con Cronos y, por ende, con la vejez, debida a la mitología, será la que más contribuya a la caracterización astrológica del planeta. Se le supone un anciano prudente, grave, triste, capaz de perjudicar aunque sin ser completamente malevolente 22 , en el que predominan las facultades intelectuales sobre las físicas (Bouché-Leclercq 1963: 94). Con él se asocia la idea de paternidad, a pesar de su vejez, quizás por el hecho de que Cronos era padre de los dioses olímpicos, o bien como un lejano recuerdo de la relación del nombre de Saturno con la idea de simiente 23 . Las desdichas familiares de Cronos explican la asociación del planeta con el celibato y la carencia de hijos, la viudez, la orfandad y la malevolencia oculta; al igual que su vinculación con mendigos, maltratados, cautivos y el ocultamiento tendrían que ver con su derrocamiento y el tiempo que pasó preso en el Tártaro (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991 : 153). Por su parte, la castración de Cronos por Zeus, como aquél había hecho antes con Urano, podría explicar la relación del planeta con la esterilidad, además de relacionarlo directamente con los eunucos, cuyo patronazgo ejerce Saturno 24 , aunque dicha esterilidad podría estar relacionada directamente con la vejez que representa el planeta (Pérez Jiménez 1999: 30). Especial atención merecen los aspectos ctónicos del dios, que podrían explicarse no sólo por el periodo que, según el mito, pasó en el Tártaro, la parte más profunda y oscura del Hades, sino también por la propia lejanía, y oscuridad, del planeta. Como dios del mundo subterráneo tendría, obviamente, relación con los muertos y con ciertos animales a los que la tradición atribuye este mismo valor ctónico del planeta, como serpientes y escorpiones, el cerdo o las cebollas (Pérez Jiménez 2010: 216-219). De lo que no cabe duda es de que, al ser el planeta situado en lo más alto del cielo, ello contribuyó a considerarlo uno de los más poderosos, como bien nos dice Tácito (Hist. 5, 4): seu quod de septem sideribus, quis mortales reguntur, altissimo orbe et praecipua potentia stella Saturni feratur, sin olvidar que, según el mito, hubo un tiempo en que Saturno=Cronos fue señor del mundo y de los dioses. En efecto, antes de caer en desgracia, Cronos detentó el mayor poder en el universo, llegando a adquirir el 21 Cf. Tert., Nat. 2, 12: <Sed> eleganter quidam sibi uidentur physiologice per allegoricam <argu>mentationem de Saturno interpretari tempus esse, et ideo caelum <et terr>am parentes, ut et ipsos origini nullos, et ideo falcatum quia tempore <omnia> dirimantur, et ideo uoratorem suorum quod omnia ex se edita <in semet>ipsum consumat. Por su parte, en Servio (Georg. 2, 406) se alude tanto a esa hoz que cercenó la virilidad de Urano, el Cielo, como a la hoz como instrumento del tiempo: Nam Saturnus dicitur patri Caelo virilia falce amputasse, quae in mare cadentia Venerem creaverunt; [...] alii Saturnum deum esse temporum dicunt, quae, sicut falx, in se recurrunt. 22 No obstante, son muchos los textos que consideran a Saturno directamente funesto. Propercio (4, 1, 84) habla de et graue Saturni sidus in omne caput. Juvenal (6, 569) se refiere al mismo de este modo: Haec tamen ignorat quid sidus triste minetur / Saturni. En el Hermes Latinus (Lib. de sex rerum princ. 2, 8) leemos: cuius qualitate Saturni grauis qualitas interdum temperatur. Juan de Salisbury (Policr. 2, 19) da esta completa caracterización del planeta: Saturnus ergo, quia frigidus est et senex, grauis est et nociuus, et de natura malitiam, morositatem contrahit ab aetate. La consideración de Saturno, junto con Marte, como un planeta maléfico por parte de los astrólogos pudo deberse, en parte, a su comportamiento con su padre y con sus hijos (cf. Pérez Jiménez 1999: 31), si bien para Ptolomeo (Tetr. 1, 5) esa condición se explicaría por la excesiva frialdad de Saturno —y la excesiva sequedad de Marte—. 23 Cf. Adkins & Adkins (2000: 199-200). En efecto, las fiestas principales del dios, las Saturnalia se concebían, al menos originalmente, como "a winter solstice festival to honor Saturn as the god of seed sowing". Con esta misma idea de semilla creemos que usa San Agustín el nombre del dios en el conocido pasaje de Civ. 7, 2: Nam ipse primum Ianus, cum puerperium concipitur, [...] aditum aperit recipiendo semini. Ibi est et Saturnus propter ipsum semen. 24 Sobre este aspecto concreto de la influencia saturnina, cf. Pérez Jiménez (2008).
6 apelativo de μέγας , epíteto de origen homérico que revela su dignidad real (Pérez Jiménez 1999: 21) 25 . Pero es que además, se le considera la cabeza y el cerebro del mundo planetario, no sólo por su posición elevada, sino porque, según los físicos y los místicos, los elementos más puros y los más intelectuales ascienden hacia las esferas superiores; además, se creía que la inteligencia y la dignidad de los astros va creciendo a medida que se aproximaban a la última de las esferas, la de las estrellas fijas, asiento de la divinidad (Bouché-Leclercq 1963: 95). A este respecto, no debemos olvidar, además, que en ciertos círculos neoplatónicos se identificaba al dios con el Νοῦς , es decir, con la mente, la cual fue una de las razones principales por las que se atribuyó a este planeta la cabeza y el cerebro en la melotesia planetaria (cf. Pérez Jiménez 1999: 25). En fin, la aureola de sabio que rodea a Crono-Saturno también pudo deberse simplemente a la vejez a él atribuida y, como sabio, sería también el rector de la cabeza, la inteligencia y de virtudes como la sensatez, la razón, la prudencia y la astucia (Pérez Jiménez 1999: 40) 26 . Entre los autores de tratados astrológicos, Vetio Valente (1, 11) será de los primeros en hacer una completa caracterización del dios —que después veremos repetida en los textos posteriores, sobre todo los árabes (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991: 153)—, de la cual podemos destacar que rige entre otros elementos del mundo natural el plomo, la madera y la piedra; entre los miembros del cuerpo sobre los que influye se encuentran las piernas, las rodillas, la vejiga, los riñones y los órganos internos ocultos, entre otros; entre las enfermedades a él atribuidas se encuentran las producidas por el frío y la humedad —como la hidropesía, la neuralgia, la gota, la disentería, etc.—. La atribución al planeta de enfermedades provocadas por el frío y la humedad — amén de la asignación de las lágrimas, de los que trabajan con objetos húmedos, las muertes por ahogamiento, etc. — se basaría en la interpretación pitagórica y órfica de Cronos como dios marino y fluvial (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991: 153). En efecto, el antiguo dios Cronos tiene una curiosa, y desconocida, relación con las aguas, de las que luego se apropió el planeta. Así, para los pitagóricos el mar era el llanto de Cronos (cf. Clem. Al., Strom. 5, 8 y Plu., Is. et Os. 32); Filolao (frg. A14 Diels) lo relaciona con los seres húmedos y fríos; Teopompo, al parecer, afirmaba que los habitantes de Occidente llaman Cronos al invierno (cf. Plu., Is. et Os. 69); en fin, los domicilios atribuidos al planeta, Capricornio y Acuario, son signos invernales, y por ello relacionados con el agua, sin olvidar, como ya se ha dicho, que la naturaleza fría atribuida al astro podría explicarse por sus propias características físicas 27 . La caracterización hasta ahora vista de Saturno=Cronos nos permitiría adscribirle tipos humanos muy concretos, en particular, los tristes, los solitarios, los esquivos, los 25 Este carácter regio, que luego fue transferido a la caracterización astrológica del planeta, se basaría también en los pocos testimonios que tenemos sobre el culto de Cronos, como ese sacrificio que se le ofrecía en el monte Cronio, cerca de Olimpia, coincidiendo con el equinoccio de primavera. Se ha pensado que, como sus oficiantes eran denominados Βασιλίδαι o Βασιλᾶες, Cronos habría sido denominado βασιλεύς , por oposición a Zeus (Pérez Jiménez 1999: 21). 26 Esta astucia e inteligencia que caracterizan al dios explicaría que esos sean precisamente algunos de los rasgos que demuestran los animales supuestamente regidos por el planeta, como zorros, liebres, gatos, comadrejas o las aves nocturnas (cf. Pérez Jiménez 1999: 40). 27 Sobre todo esto, cf. Pérez Jiménez (1999: 23-25), quien añade algo muy significativo, que el carácter fluvial y húmedo atribuido a Cronos no es explicable por las condiciones físicas o astronómicas del planeta, sin olvidar que seguramente este carácter húmedo lo tenía ya el Cronos babilónico Ninib-Ninurta, como dios de las tempestades y de los soplos fecundos.
7 desdichados 28 , los ancianos, los que carecen de hijos y los malévolos. A estos tipos la astrología, basándose en la fisiognómica, unió otros muchos, como los mezquinos, avaros, egoístas y los melancólicos (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991: 154) 29 , listado este que en los tratados astrológicos se amplía considerablemente 30 . Finalmente, el planeta tiene su exaltación en el 21 grado de Libra y su depresión en el 21 grado de Aries (Firm., Math. 2, 3, 4); tiene sus domicilios en Acuario y Capricornio, de los cuales Acuario es masculino y Capricornio femenino (Ptol., Tetr. 1, 17; Firm., Math. 2, 2, 5). A pesar de los múltiples rasgos negativos del planeta, cuando estaba en sus domicilios podía producir riquezas y lujo, así como hombres felices y sociables durante toda su vida; médicos, geómetras, gente capaz de profetizar por libros ocultos y conocedores de ritos esotéricos (Klibansky, Panofsky & Saxl 1991: 159-160 y Pérez Jiménez 1999: 41). Vistos los rasgos fundamentales que caracterizan al planeta, pasamos a repasar cómo caracterizan las fuentes, sobre todo antiguas —aunque, haremos unas breves incursiones en las fuentes medievales y renacentistas— a las aves de las que aquí nos vamos a ocupar. 3. E L BÚHO Y LA LECHUZA El búho 31 , sin duda la reina de las rapaces nocturnas, es junto con la lechuza, como veremos, uno de los mejores representantes de lo que hemos dado en llamar aves saturninas. Además, como tendremos ocasión de comprobar, parece claro que el hombre antiguo tenía dificultades para distinguir ambos animales y quizás por ello los consideraba equiparables desde el punto de vista simbólico. En su caracterización de estas aves, Aristóteles (HA 592b 8-15), después de señalar su carácter nocturno, indica que están dotadas de uñas curvas —lo cual las convierte en rapaces—; respecto a su tamaño, advierte que, aunque similares, el búho ( Βύας ) es mayor que la lechuza 32 , hasta el punto de considerar a aquel equiparable con el águila. Se mencionan luego, entre otras, una variedad de lechuza y el mochuelo, todos los cuales son carnívoros. 28 Según Pérez Jiménez (1999: 37), la atribución a Saturno de tipos humanos como los solitarios, taciturnos, esquivos, etc. podría deberse a la prisión o al destierro de Cronos, tras la victoria de Zeus, más que a su tenue luz y a su lejanía en el cielo o a su constitución física. 29 Firm., Math. 1, 2, 2: Si Saturnus facit cautos graves tardos avaros ac tacitos; Math. 3, 2, 24: Quod sic Saturno posito ab eo recedens Luna Marti se coniunxerit, in nocturnis scilicet genituris, faciet insanos lunaticos melancholicos languidos; Hermes Latinus, De trig. sex dec. 32, 20: Si uero male configurabitur Saturnus, facit in malo gaudentes, malorum passibiles, habentes actus humidos et in aquis pericula, aegrotos, phtthisicos, peregrinationum et multorum malorum expertos; Hermes Latinus, Lib. de sex rer. princip. 2, 8: Et in directo eorum altior et cursu tardior est Saturnus, natura frigidus et siccus, ferrei coloris, quod per eius domicilium id est Capricornum, natura melancholicum, probatur, quia hoc signum natura sibi conuenire et ideo illud magis optare legitur. 30 Cf., por ejemplo, Vett. Val. 1, 1: <Ὁ> δὲ τοῦ Κρόνου ποιεῖ μὲν τοὺς ὑπ’ αὐτὸν γεννωμένους μικρολόγους, βασκάνους, πολυμερίμνους, ἑαυτοὺς καταρρίπτοντας, μονοτρόπους, τυφώδεις, ἀποκρύπτοντας τὴν δολιότητα, αὐστηροὺς, κατανενευκότας, ὑποκρινομένην τὴν ὅρασιν ἔχοντας, αὐχμηροὺς, μελανανοείμονας, προσαιτητικοὺς, καταστύγνους, κακοπαθεῖς… 31 Sobre la caracterización del búho en las fuentes clásicas, cf. Pejenaute Rubio (2007). 32 El término que en Aristóteles identificamos como 'lechuza' es unas veces γλαύξ y otras αἰγώλιος , siguiendo en ello la traducción de Pallí Bonet para Gredos, p. 320. Por lo que hemos podido comprobar, hay a menudo dificultades para distinguir en las fuentes antiguas, en particular griegas, de qué rapaz nocturna concretamente se está hablando. No obstante, esa dificultad no afecta a nuestro estudio que es fundamentalmente simbólico.
8 Después de esta caracterización general, el autor se centra sobre todo en la lechuza, de la que en HA 616b 25-27 se indica que habita en las rocas y las cavernas, amén de ser cobarde, aunque de gran inteligencia, lo cual le permite asegurarse el sustento. De todos estos rasgos, el de la inteligencia es de gran importancia, pues será habitual en el resto de aves saturninas, como veremos, aunque en el caso de la lechuza se trata de uno de sus rasgos más icónicos como ave sagrada de Atenea, diosa de la razón y la inteligencia 33 . En la caracterización de la lechuza, hay un pasaje en Aristóteles, HA 609a 8-18, donde, al dar cuenta de la amplia gama de enemigos de este ave, después de señalar la proverbial enemistad con la corneja —ambas devoran sus respectivos huevos, la corneja los de la lechuza al mediodía, la lechuza los de aquella por la noche—, se refiere el procedimiento que siguen ciertos pajarillos para atacarla: vuelan a su alrededor, acción que se denomina "admirar" (a la lechuza, se supone) — Τῆς δ' ἡμέρας καὶ τὰ ἄλλα ὀρνίθια τὴν γλαῦκα περιπέταται, ὅ καλεῖται θαυμάζειν —, llegando a arrancarle las plumas. Por esta razón los pajareros 34 utilizan lechuzas como reclamo para cazar pajarillos. Creemos que esta anécdota, referida luego también por otros autores 35 , pudiera relacionarse con la capacidad atribuida a este ave para atraer a sus presas y capturarlas, por tanto, una manifestación más de su inteligencia, rasgo éste que, como ya hemos insistido, es muy saturnino. Por su parte, Plinio el Viejo, en Nat. 10, 34, nos da una completa caracterización de estas aves, en particular del búho (bubo), que luego veremos repetida muchas veces en otros autores. De entrada, afirma que las aves nocturnas tienen garras curvadas —uncos ungues et nocturnae aves habent—, como ya había afirmado Aristóteles, y carecen durante el día de una visión aguda —omnium horum hebetes interdiu oculi—. Respecto al búho, afirma que es un ave fúnebre y considerada como siniestra en todos los auspicios públicos —funebris et maxime abominatus publicis praecipue auspiciis— (sin duda, por ser ave de mal agüero 36 , otro rasgo que veremos repetido en muchas ocasiones); prefiere vivir en lugares desiertos, desolados, fúnebres e inaccesibles — deserta incolit nec tantum desolata, sed dira etiam et inaccessa—, otro rasgo recurrente. Por todo ello la califica de noctis monstrum, comparando su canto con una especie de gemido —nec cantu aliquo vocalis, sed gemitu—, lo cual sin duda contribuye a aumentar el carácter siniestro del ave 37 . Por todo lo dicho, no es de extrañar que su aparición se considerara de mal augurio, como se encarga Plinio de subrayar en Nat. 10, 35. Así se considera un funesto presagio su aparición en las ciudades o a la luz del día —itaque in urbibus aut omnino in luce visus dirum ostentum est—. En cambio, el autor afirma conocer muchos casos de 33 Sobre la relación del ave y la diosa, cf. Meillier (1970). Quizás, como una prueba más de la dificultad para distinguir el búho y la lechuza, históricamente ha ocurrido que el búho sea asociado también con la sabiduría, de ahí que se convierta en símbolo del abogado, la ley y el derecho (cf. Cárdenas Gutiérrez 2006: 84). 34 Sobre la figura del auceps o pajarero en el mundo romano, cf. Montero (2007). 35 Esta anécdota fue ampliamente recogida por otros autores, como Ael., NA 1, 29; Aes., Fab. 106 (Halm); DL 4, 42. 36 Como ave de mal agüero, no debe extrañarnos que a veces se clavara su cadáver en las puertas de las casas para protegerlas —en un claro ejemplo de magia apotropaica—, como nos refiere Apuleyo (Met. 3, 23). 37 Según Ovidio (Met. 5, 539-590), el búho, al que denomina foeda uolucris, uenturi nuntia luctus, ignauus y dirum mortalibus omen, es el resultado de la metamorfosis de Ascálafo, hijo de Orfne, ninfa del Averno, y del Aqueronte después de haber revelado que Prosérpina, la hija de Ceres, había roto su ayuno y había tomado unos granos de una granada en el Hades, por lo que ya se condenó a permanecer al menos una parte del año en el mundo subterráneo como esposa del rey infernal.
9 ciudadanos particulares para los cuales el ave no fue funesta, después de haberse posado en sus casas —privatorum domibus insidentem plurium scio non fuisse feralem—. Tal es su fama de ave siniestra que, habiendo penetrado un búho en el santuario del Capitolio durante el consulado de Palpelio Histro y L. Pedanio, la ciudad de Roma debió purificarse en las nonas de mayo de ese año —Capitolii cellam ipsam intravit Sexto Palpellio Histro L. Pedanio cos., propter quod nonis Martis urbs lustrata est eo anno—. Respecto a la lechuza (noctua), es muy interesante lo que nos revela Plinio en Nat. 10, 39, referido al modo como este ave hace frente a sus enemigos, utilizando una estrategia que califica de "inteligente" (sollers): cuando se ven rodeadas por un gran número de enemigos se defienden con sus patas boca arriba y colocándose en un sitio angosto se protegen completamente con su pico y sus uñas —maiore circumdatae multitudine resupinae pedibus repugnant collectaeque in artum rostro et unguibus totae teguntur—, sin olvidar que en estos lances a veces cuentan con la ayuda de una especie de halcón. Añade luego, siguiendo a Nigidio Fígulo, que las lechuzas hibernan 60 días y que pueden producir nueve tipo de sonidos distintos —et novem voces habere tradit Nigidius—. En Nat. 10, 76 se nos informa de que no hay lechuzas en Creta y que, incluso, si se introduce una allí muere 38 . Esto en relación con el tema que nos ocupa es muy interesante, pues no olvidemos que en Creta fue donde, según el mito, se crió Zeus y fue allí donde pudo evitar ser devorado por su padre Cronos=Saturno. Por su parte, los cretenses explicaban esto diciendo que, como regalo a la isla, Zeus les otorgó estar libres de animales perjudiciales (cf. Martínez Saura 2007: 194). Otro rasgo de la lechuza, compartido con el resto de aves saturninas aquí estudiadas, es su capacidad de predecir el tiempo que va a hacer. Así, en Nat. 18, 362 nos dice que si mientras llueve la lechuza emite su particular sonido (garrula) anunciaría buen tiempo, en cambio anunciaría tormenta si lo hace con buen tiempo. En un repaso por la obra de Eliano, que sólo trata de la lechuza, además de insistir en su mala visión durante el día y de su enemistad ya casi proverbial con la corneja (cf. NA 3, 9 y 5, 48), lo más interesante lo encontramos en NA 1, 29, donde se pone de relieve su astucia y se la compara con las brujas, pues cuando es capturada es capaz de capturar a sus cazadores — Αἱμύλον ζῷον καὶ ἐοικὸς ταῖς φαρμακίσιν ἡ γλαῦξ. καὶ πρώτους μὲν αἱρεῖ τοὺς ὀρνιθοθήρας ᾑρημένη —. Además, describe el modo como consigue hechizar a otras aves para a fin de cuentas cazarlas: así, dice que, de noche, con su susurro las encanta y las incita a posarse a su lado; además, supuestamente, de día es capaz de cambiar de cara, provocándoles un gran terror. Evidentemente, este supuesto poder, sin excluir otras lecturas, sería una demostración más de su viva y despierta inteligencia. Otro rasgo señalado por Eliano es que la lechuza es también ave capaz de anunciar el tiempo. En efecto, en NA 7, 7, se afirma que el siseo de la lechuza, si se produce con tiempo tempestuoso, anunciaría tiempo bueno y día radiante; pero si el siseo se produce con tiempo bueno, se producirá una tempestad — εἰ δὲ εἴη χειμέρια, ᾄσασα γλαῦξ εὐδίαν μαντεύεται καὶ ἡμέραν φαιδράν· ἐὰν δὲ εὐδία μὲν ᾖ, ἣ δὲ ὑποφθέγγηται, χειμῶνα δεῖ προσδέχεσθαι— , información idéntica a la ofrecida por Plinio. Otro rasgo fundamental del ave, ya advertido por Plinio, es que se trata de un ave de mal agüero. Así, según Eliano (NA 10, 37), cuando un hombre se embarca en un negocio y una lechuza se sitúa a su lado acompañándole, no se trata de un buen augurio: Ἡ γλαῦξ ἐπί τινα σπουδὴν ὡρμημένῳ ἀνδρὶ συνοῦσα καὶ ἐπιστᾶσα οὐκ ἀγαθὸν 38 Sobre esto mismo, cf. Antig., frag. 52A Dorandi; Ael., NA 5, 2.
16 volado desde el templo de Cástor y Pólux hasta la tienda de un zapatero y al que éste había enseñado a hablar 50 , se presentaba en el foro y saludaba al mismísimo emperador y al propio pueblo romano allí congregado, hasta que otro zapatero, vecino del dueño, por envidia y alegando que le había ensuciado con sus excrementos unos zapatos, lo mató, lo cual provocó una gran conmoción en el pueblo que asistió en masa a su funeral, siendo incinerado su cadáver junto a la vía Appia, mientras que el zapatero malvado fue condenado a muerte. También, en NA 10, 125 se refiere cómo un cuervo, que no podía alcanzar para saciar su sed el agua de lluvia acumulada en una urna, fue llenando de piedras la urna hasta que por fin el agua estuvo al alcance de su pico. Asimismo, en NA 18, 362 nos indica que el cuervo, como otras aves saturninas, también es capaz de predecir el tiempo que va a hacer. En concreto, cuando emiten su peculiar graznido de manera continua y sacuden sus plumas, predicen buen tiempo; en cambio, si ese graznido se deja oír sólo a intervalos, se puede esperar lluvia acompañada de fuerte viento: corvique singultu quodam latrantes seque concutientes, si continuabunt, serenum diem; si vero carptim vocem resorbebunt, ventosum imbrem. Otro detalle que refiere Plinio, y que no hemos encontrado hasta ahora en las fuentes consultadas, es que el cuervo es un ave longeva. En efecto, como dice en NA 7, 153, siguiendo a Hesíodo 51 , atribuye a la corneja nueve veces la duración de la vida humana, al ciervo cuatro veces la de éste y al cuervo tres veces la del ciervo, aunque el autor considera fabulosos estos datos: Hesiodus, qui primus aliqua de hoc prodidit, fabulose, ut reor, multa hominum aevo praeferens, cornici novem nostras attribuit aetates, quadruplum eius cervis, id triplicatum corvis, et reliqua fabulosius in phoenice ac Nymphis. Evidentemente, la longevidad debe tenerse como otro rasgo saturnino relevante, dado que el dios es la encarnación de la vejez, en parte porque el planeta es también el que más tarda en recorrer su órbita. Finalmente, Plinio (NA 10, 33) señala un rasgo que este animal comparte con otras aves saturninas: se trata de un animal considerado de mal agüero, en particular cuando ahogan su voz como si estuvieran siendo estrangulados —pessima eorum significatio, cum gluttiunt vocem velut strangulati—. Por tanto, de la caracterización del ave hecha por Plinio, el rasgo más sobresaliente vuelve a ser el de su notable inteligencia, sin olvidar su consideración de ave de mal agüero y su supuesta longevidad. Uno de los autores antiguos que más espacio le dedica al cuervo es Claudio Eliano. Éste (NA 2, 49), en su caracterización del animal, destaca el comportamiento que, supuestamente, tiene con sus crías, que cuando han alcanzado la mayoría de edad son expulsadas del nido, por lo que deben buscarse la comida por su cuenta: τούς γε μὴν νεοττοὺς τοὺς ἐκτραφέντας τῆς ἑαυτῶν ἕκαστος καλιᾶς φυγάδας ἀποφαίνουσιν· ὑπὲρ ὅτου ** τροφὴν μαστεύουσι, καὶ τοὺς γειναμένους σφᾶς μὴ τρέφουσιν. En contraposición con este comportamiento, según Eliano (NA 3, 43), cuando el cuervo, ya viejo, no puede criar a sus polluelos, se ofrece a sí mismo como alimento, de forma que los hijos devoran al padre. De ahí vendría el dicho de : "un mal huevo de un mal cuervo". Eliano (NA 2, 51) también se hace eco de la costumbre del animal de picotear los ojos, sólo que, según el autor griego, lo hace cuando ataca a animales de un tamaño 50 Sobre la capacidad de reproducir el lenguaje humano de estas aves, cf. Ov., Met. 2, 534-541, quien afirma que, aunque estas aves eran originalmente blancas como las palomas o los gansos, por causa de su charlatanería fueron castigadas adquiriendo su característica negrura: Lingua fuit damno: lingua faciente loquaci, / qui color albus erat, nunc est contrarius albo. 51 Ninguna de estas referencias se ha encontrado en la obra de Hesíodo que ha llegado hasta nosotros.
17 considerable, como el asno y el toro: se posa en el cuello de estos, picoteándolos y saltándoles los ojos 52 : ὁμόσε γὰρ καὶ αὐτὸς τοῖς ζῴοις χωρεῖ, οὐ μέντοι τοῖς βραχυτάτοις, ἀλλ' ὄνῳ τε καὶ ταύρῳ· κάθηταί τε γὰρ κατὰ τῶν τενόντων καὶ κόπτει αὐτούς, πολλῶν δὲ καὶ τοὺς ὀφθαλμοὺς ἐξέκοψεν ὁ κόραξ. En este caso, Eliano depende de Aristóteles (HA 609b 5-6), cuando afirma que el cuervo es enemigo del toro y el asno, porque vuela sobre ellos, los golpea y les pica los ojos 53 . Nos atreveríamos a asociar los hábitos carroñeros del animal con la relación de Saturno con la muerte y el mundo ctónico, a partir de su presencia en el inframundo el tiempo que pasó preso en el Tártaro. Respecto a su voz, Eliano (NA 2, 51) nos informa no sólo de que es el ave con la voz más penetrante, sino que posee una gran variedad de registros, de forma que, si se le enseña, es capaz de reproducir la voz humana 54 : ἦν δὲ ἄρα ὀρνίθων πολυκλαγγότατός τε καὶ πολυφωνότατος· μαθὼν γὰρ καὶ ἀνθρωπίνην προΐησι φωνήν. Más adelante, en NA 6, 19, se indica que el cuervo tiene la habilidad de imitar los sonidos, entre ellos, el ruido de las gotas de lluvia al caer. Esta habilidad del animal para imitar todo tipo de voces bien se podría considerar una prueba de su inteligencia. Otro rasgo del cuervo, que coincide con lo que ocurre con otras aves saturninas, es que es capaz de prever el tiempo que va a hacer. Así, Eliano (NA 7, 7) afirma que si el cuervo grazna, a la vez que bate las alas, anuncia la proximidad de la tormenta. Asimismo, si el cuervo —así como la corneja y la graja— grazna bien entrada la tarde, anuncia la llegada de tormenta: κόραξ δὲ ἐπιτρόχως φθεγγόμενος καὶ κρούων τὰς πτέρυγας καὶ κροτῶν αὐτάς, ὅτι χειμὼν ἔσται κατέγνω πρῶτος. κόραξ δὲ αὖ καὶ κορώνη καὶ κολοιὸς δείλης ὀψίας εἰ φθέγγοιντο, χειμῶνος ἔσεσθαί τινα ἐπιδημίαν διδάσκουσι. Eliano también se fija en ciertos comportamientos de este ave que bien podrían considerarse prueba de su inteligencia. Así, en NA 2, 48 relata el curioso modo de actuar que tienen los cuervos de Egipto y Libia: los primeros atacan y destruyen el navío de aquellos marineros que se han negado a ayudarles mientras, como mendigos, pedían ayuda a orillas del Nilo; los segundos, cuando con sus picos no llegan al agua de las vasijas que los hombres colocan en los tejados de sus casas, transportan con sus picos y garras guijarros que echan en el agua, subiendo ésta así de nivel 55 . 52 Eliano (NA 2, 51) alude también a su rivalidad con un ave, el esmerejón, una rapaz diurna del género del alcotán y el cernícalo (cf. también Arist., HA 609b 34) —en NA 4, 5 y en 5, 48 se señala como enemigo al milano (cf. también Arist., HA 609a 20 y Cic., Nat. deor. 2, 49), en 6, 45 se le hace enemigo del halcón marino—, y de su amistad, curiosa, con la zorra. En la fábula, esa supuesta amistad no impide la rivalidad entre ambas, como demuestra la conocida fábula de Esopo del cuervo y la zorra (nº 124 de la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), que describe lo que podríamos llamar un certamen de astucia, donde vence la zorra, mientras que el cuervo queda como un insensato y falto de juicio. 53 A este respecto, sin duda, los hábitos carroñeros del cuervo son los que explican su presencia en fábulas como "El burro, el cuervo y el lobo" (nº 190 de las fábulas de Esopo según la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), donde un burro con una herida se puso a rebuznar y dar saltos después de que un cuervo se le puso encima y le picó la herida —no olvidemos que el cuervo es enemigo del asno—; o "El cobarde y los cuervos" (nº 245 de las fábulas de Esopo según la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), donde un cobarde que va a la guerra y se asusta al escuchar los graznidos de los cuervos, afirma después de vencer su miedo: "Vosotros, graznad tan fuerte como podáis, pero no vais a probar mi carne". 54 Sobre esta capacidad de los cuervos y otras aves para hablar, cf. Porph., Abst. 3, 4. 55 Eliano, ante el comportamiento de los cuervos libios, aduce que estos animales han descubierto por un extraño instinto dado por la Naturaleza que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar. Se trata de una curiosa formulación de la ley de impenetrabilidad de los cuerpos (cf. Díaz-Regañón 1984: I, 142, n. 32).
18 Asimismo, en NA 2, 49, siguiendo a Aristóteles (HA 618b 11), afirma que los cuervos son capaces de distinguir entre lugares prósperos y fértiles y los que son áridos, pues en los primeros van en bandadas y en los segundos en parejas. Evidentemente, lo que nosotros podríamos considerar un ejemplo de adaptabilidad al medio, sería a su vez un caso de comportamiento inteligente 56 . Del testimonio de Eliano, uno de los más completos entre las fuentes antiguas, queremos destacar su actitud ante sus crías, no tanto porque las expulse del nido cuando pueden valerse por sí mismas, sino porque los padres, ya ancianos, están dispuestos a servir de alimento a su descendencia, lo cual contradice la imagen de padres crueles que hasta ahora teníamos de estos animales. También su hábito de picotear los ojos de sus enemigos y cierta inclinación por la carroña, que relacionaría a esos animales con la muerte —y quizás con los aspectos ctónicos de su mentor planetario—. En fin, junto al hecho de que son capaces de prever el tiempo, en particular la tormenta, rasgo que por repetido no deja de ser interesante, lo más importante quizás sea el buen número de testimonios reunidos por Eliano respecto a la más que acreditada inteligencia de estos animales, entre las que quizás se podría incluir su facilidad para reproducir la voz humana, si se le amaestra para ello. En fin, entre los testimonios sobre el cuervo en la Antigüedad no podemos omitir el de Isidoro, en este caso relativamente breve, pues en Orig. 12, 7, 43 se limita a señalar que recibe su nombre del sonido que emite, su conocido graznido — Corvus, sive corax, nomen a sono gutturis habet, quod voce coracinet—. Añade también que no se ocupa suficientemente de sus crías hasta que, por la negrura de sus alas, las reconoce como suyas, tras lo cual pasa a alimentarlas abundantemente: Fertur haec avis quod editis pullis escam plene non praebeat, priusquam in eis per pinnarum nigredinem similitudinem proprii coloris agnoscat; postquam vero eos tetros plumis aspexerit, in toto agnitos abundantius pascit. Finalmente, también señala sus hábitos carroñeros, en particular su predilección por los ojos de los cadáveres: Hic prior in cadaveribus oculum petit. En los textos bíblicos el cuervo es ante todo ave carroñera y como tal uno de los animales impuros (Lev 11, 15), que muestra una gran afición a sacar los ojos a sus víctimas (Prov 30, 17). A su consideración no le ayudó mucho su comportamiento durante el diluvio, pues según Gen 8, 7, después de soltar Noé un cuervo, este jamás volvió a entrar en el arca 57 (como sí hizo la paloma soltada posteriormente). Quizás el hecho de ser un ave funesta, relacionada con la muerte, además de solitaria, pues no suele ir en bandadas como el resto de los córvidos, explique mejor el pasaje de Is. 34, 11, donde, para decir que el país de Edom quedará desierto de sus habitantes, se afirma que en ella habitarán únicamente, entre otros animales, el cuervo (cf. Mariño Ferro 1996: 123). 56 Sin embargo, en la fábula de Esopo titulada "El cuervo y la zorra" (nº 124 de la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), en esta suerte de competición entre animales astutos, el cuervo es vencido y acaba convertido en imagen de la falta de juicio y la insensatez. También en el ámbito de la fábula, podríamos asociar con un comportamiento inteligente la desvergüenza y osadía que demuestra el animal al saquear las ofrendas de los altares de los dioses, como se recoge en la conocida fábula de Babrio "El cuervo enfermo" (nº 78 según la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), donde un cuervo, aquejado de una grave enfermedad, después de pedirle a su madre que rece por él a los dioses para recuperarse, recibe de su progenitora la respuesta de que difícilmente ningún dios le ayudará, cuando no hay dios que no haya visto su altar desvalijado por él. 57 Aunque pueda parecer sorprendente, este comportamiento del cuervo durante el diluvio se convirtió en un motivo frecuente en el arte cristiano primitivo y luego en el arte bizantino. Sobre esto, cf. Gutmann (1977).
19 La relación que los antiguos establecían entre estos animales y la divinidad, se confirma también en la Biblia por el hecho de que Dios prefirió enviar a un cuervo para llevarle comida al profeta Elías, que se ocultaba junto al torrente de Carit (1 Re 17, 4 ss.). Como ave inmunda y repugnante la volvemos a encontrar en Apc 18, 2: "Y exclamó con mucha fuerza, diciendo: Cayó, cayó Babilonia la grande: y está hecha morada de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas las aves asquerosas y abominables" 58 (cf. Lurker 1994: 80). Como suele ocurrir con animales de la riqueza simbólica del cuervo, éste tiene una notable presencia en los bestiarios medievales. Así, el Bestiario Toscano (p. 20), a partir del hecho de que el animal no atiende a su prole hasta confirmar que es suya después de haber adquirido el color negro de su plumaje, no deja al ave en buen lugar desde el punto de vista simbólico, pues, según el autor, es Dios el que da de comer mientras tanto a los polluelos. El hecho de que este ave extraiga los ojos cuando ve un hombre muerto —y a continuación los sesos— lo compara con la actuación del diablo, que cuando encuentra a un hombre en pecado, le saca los ojos y le extrae el cerebro, es decir, le aleja del bien: porque cuando el hombre peca, en la práctica muere, quedando así a merced del diablo. Muy diferente es la caracterización que del ave nos hace el Bestiario de amor (pp. 29-30). Pues, igual que el cuervo se vuelca en sus crías una vez que éstas han adquirido su característico plumaje negro, del mismo modo el amado solicita la atención de la amada y el cuidado del amor, una vez que aquél le ha revelado su amor. Asimismo, igual que el cuervo lo primero que busca en un cadáver son sus ojos, a través de los cuales extrae el cerebro, de igual modo actúa el Amor, que se apodera del hombre a través de los ojos. Por su parte, el Bestiario de Oxford (pp. 53-55), que repite casi literalmente lo dicho por Isidoro sobre el animal, distingue tres sentidos simbólicos aplicables al cuervo: serviría para designar al predicador, al pecador y a veces al diablo. Respecto al primer sentido, el cuervo sería el sabio que predica en voz alta, recordando la negrura de sus faltas. Y como sucede con las crías del animal, él sabe que los discípulos tienen fe al nacer, pero o no saben considerar su propia debilidad, o eliminan de sus recuerdos los pecados pasados. Sin embargo, él sabe que hay que recordarlos para luchar contra la gloria de este mundo. Y sólo aplacará el hambre de los discípulos cuando ha comprobado sus progresos (es decir, cuando se han deshecho de la gloria temporal y cuando más han avanzado en su arrepentimiento). La equivalencia entre el cuervo y el pecador se establece por el hecho de que, como el cuervo, el pecador se cubre con las plumas negras del pecado. También porque los pecadores distraen a los hombres piadosos con sus bienes. Además, igual que el cuervo no volvió al arca de Noé, bien porque se ahogó en las aguas del diluvio o porque prefirió entretenerse con la carroña que encontró, el pecador prefiere ante todo aplacar sus deseos carnales, presa de sus preocupaciones externas. Pero el cuervo puede designar también a los jefes de la Iglesia, manchados por el fango de sus pecados, o a los magnates del poder y a los altos dignatarios, que, mientras predican el ayuno a las multitudes congregadas en las iglesias, ellos comen carne incluso en los días de cuaresma, por lo que siembran la duda en el pueblo. Por su parte, Tomás de Cantimpré (lib. de nat. rer. 5, 31), después de reunir prácticamente todos los testimonios aquí recogidos para caracterizar a este ave 59 , una de 58 Citamos según la versión de Torres Amat, Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata latina teniendo a la vista los textos originales, Alfredo Ortells, Valencia, 1988. 59 Cantimpré se hace eco, entre otras cosas, de que al graznar sólo sabe decir cras, cras ("mañana" en latín), o que hasta el séptimo día no alimenta a sus pollos, precisamente porque tardan siete días en
20 las escasas conclusiones morales que extrae es que, igual que el cuervo (improba avis) es capaz de derrotar a animales más fuertes que ella —se hace eco de su enemistad con el toro y el asno, a los cuales ataca hasta cegar—, así también la mujer malvada es capaz de vencer a hombres fuertes: Sicque improba avis fortia animalia vincit; et improba mulier fortes viros deicit. En suma, como ave impura y con mala prensa en los textos bíblicos, a pesar de que ocasionalmente Dios la emplee como su emisario, no es de extrañar que en los bestiarios medievales, a pesar de alguna nota positiva, como hemos visto en el Bestiario de amor, se la asocie con el pecado y el pecador, e incluso con el diablo. En el periodo renacentista, el cuervo aparece en la Iconología de Cesare Ripa relacionado con la Indecisión, el Infortunio y la Venganza. Respecto a la Indecisión (Iconología I, pp. 515-516), Ripa se la imagina como una mujer ya vieja que se representa sentada, con un pañuelo negro ciñéndole la cabeza y un cuervo en cada una de sus manos cantando. El hecho de figurar la Indecisión bajo la apariencia de una vieja es porque en la vejez la persona se vuelve más cobarde e irresoluta, mientras que lo de los cuervos cantando se debe a que era creencia extendida que, cuando el cuervo cantaba decía, en latín, cras, cras, 'mañana, mañana', igual que los irresolutos que prefieren dejar para mañana las decisiones que no se atreven a tomar hoy 60 . En cuando al Infortunio (Iconología I, p. 523), el cuervo vuelve a aparecer en la representación que en este caso se figura a un hombre vestido con túnica de color castaño oscuro, con dibujos de casas y construcciones en ruinas. En cambio sus brazos, piernas y pies los tendrá desnudos, sin tocado en la cabeza, con una Cornucopia en la mano derecha, vuelta hacia el suelo y vacía, y en la izquierda un cuervo. El uso del animal se justifica, según Ripa, porque los poetas lo han considerado ave de mal agüero, es decir, como aviso o presagio de infortunios y desgracias por venir. Y como tal aviso ha de servir al hombre de advertencia para apartarse del camino de las acciones indebidas. Por último, Ripa (Iconología II, pp. 390-391), en una de sus dos figuraciones de la Venganza, la que representa como mujer armada, con una llama sobre el yelmo, que aparece con la mano izquierda cercenada, mientras sujeta con la otra un puñal dispuesta para atacar, indica que a uno de sus lados ha de colocarse un cuervo que sujeta con el pico a un escorpión, mientras que éste con su aguijón herirá al ave en la mitad del cuello. En esta figuración, el cuervo es imagen misma de la venganza, pues él que pretendía provocar la muerte del escorpión capturado, resulta muerto por la acción del funesto aguijón de este. Finalmente, el texto se ilustra con el emblema CLXXIII de Alciato, que reproduce fielmente la figuración que sugiere Ripa, texto que a su vez es una variante de una conocida fábula de Esopo, la de "El cuervo y la serpiente" (la nº 128 ennegrecerse sus plumas: [...] corvus pullos ovis eductos non pascit, donec suos comprehendens plumis nigrescere viderit. Septem itaque diebus sine ulla cibi alimonia manere feruntur, septimo vero die nigrescunt. Además de contar la anécdota del joven cuervo parlante en la Roma de Tiberio, recogido por Plinio, Cantimpré también atribuye una larga vida a estas aves —Vivit autem in annos plurimos, et sic omne corvinum genus—, que llegan a acoplarse en vuelo —volando coeunt aliquando—, una proverbial enemistad con los búhos (que en otras fuentes se atribuye a otro de los córvidos, la corneja) y una de las principales pruebas de su inteligencia, el ser capaces de alcanzar el agua de un depósito o vasija echando piedras en ella —[...] compertum est, ut si aliquo profundo loco repperissent, ubi colli brevitate obstante pertingere minime potuissent, ilico aggregare lapillos in aqua, quoadusque adeo ascendat aqua, ut eam rostro possit attingere et concupito latice satiari. 60 Esta misma razón, la idea de que va a haber un mañana, llevará a representarlo como símbolo de la esperanza (cf. Mariño Ferro 1996: 123).
21 de la edición de Bádenas de la Peña y de López Facal), donde el cuervo, buscando una presa fácil, atrapa una serpiente dormida que, revolviéndose, le muerde mortalmente 61 . Pero no podemos concluir aquí la caracterización del cuervo, pues, además de su filiación saturnina, el cuervo es también animal solar. Así Picatrix (2, 10, 51), al describir el modo de confeccionar un talismán del Sol, para que un rey venza y domine a todos los demás reyes, indica que en la piedra que servirá de soporte al talismán debe representarse la figura de un rey sentado en un trono, con corona en la cabeza y un cuervo delante. Por su parte, Agrippa (Occ. Phil. 1, 23) dice expresamente que el cuervo es animal solar, como el gallo, por el hecho de que estas aves, por así decirlo, aplauden con cantos la salida del sol. Su carácter de ave solar es confirmado también por Eliano, que hace de ella un ave al servicio de Apolo. En este sentido, en NA 1, 47 explica que la razón por la que el animal sufre en verano una sed atroz 62 se debe a que, estando al servicio del dios, no cumplió con rapidez el encargo del dios de que fuera a buscar agua, sino que prefirió quedarse en un campo de trigo todavía verde a esperar que madurara para picotear el grano, desobedeciendo así al dios. Asimismo, en NA 1, 48, señala que, como animal de Apolo, es apropiado para la adivinación, empleándose para los vaticinios, sobre todo sus graznidos 63 : Ὁ κόραξ, ὄρνιν αὐτόν φασιν ἱερόν, καὶ Ἀπόλλωνος ἀκόλουθον εἶναι λέγουσι. ταῦτά τοι καὶ μαντικοῖς συμβόλοις ἀγαθὸν ὁμολογοῦσι τὸν αὐτόν, καὶ ὀττεύονταί γε πρὸς τὴν ἐκείνου βοὴν οἱ συνιέντες ὀρνίθων καὶ ἕδρας καὶ κλαγγὰς καὶ πτήσεις αὐτῶν ἢ κατὰ λαιὰν χεῖρα ἢ κατὰ δεξιάν. Pero además, en NA 2, 51, después de mencionar que es el ave que más variedad de registros de voz posee y que ésta depende del talante que en cada momento tenga, afirma que su voz adopta un tono sagrado y profético cuando enuncia las respuestas de los dioses: εἰ δὲ ὑποκρίνοιτο τὰ ἐκ τῶν θεῶν, ἱερὸν ἐνταῦθα καὶ μαντικὸν φθέγγεται Como ave de Apolo no debe extrañarnos que habite en lugares consagrados al dios. Así, Eliano (NA 7, 18) recoge la noticia de que en una zona de Egipto, en una comarca llamada Copto, habitan sólo dos cuervos, lo cual se explicaría por el hecho de haber allí un templo dedicado a Apolo, a quien este ave está consagrada. Respecto a los usos mágicos del cuervo, hay un buen número de ellos con resonancias saturninas. Así, Plinio (Nat. 29, 109) se hace eco de un remedio a base de huevo de cuervo para la alopecia: el huevo ha de batirse en un recipiente de cobre y aplicado en la cabeza previamente rapada, garantizándose que volverá el color negro a los cabellos. No obstante, quien haga esto debe ponerse aceite de oliva en la boca hasta que se seque el mejunje, pues de lo contrario se le pondrán los dientes negros; además esto ha de hacerse a la sombra y no lavarse hasta pasados tres días: corvi ovum in aereo vase permixtum inlitumque deraso capite nigritiam capilli adfert, sed, donec inarescat, 61 Si bien en la moraleja no se refiere para nada la idea de venganza, sino que se censura a aquellos que ponen en riesgo su vida por buscar un tesoro. 62 Referida también por Plin., NA 10, 32. La versión de Ov., Fast. 2, 243-266, es algo diferente a la de Eliano —el ave se detiene en una higuera a la espera de que los higos, todavía verdes, se pusieran dulces— y achaca su retraso e incumplimiento del encargo a una serpiente que habría en la fuente. Además, el relato de Ovidio explica, mediante catasterismo, la existencia de las constelaciones del cuervo, la copa (o cratera) y la serpiente. 63 Su valor de animal profético también viene confirmado por la fábula, como la de Esopo de la corneja y el cuervo (nº 125 de la edición de Bádenas de la Peña y López Facal), donde una corneja, que envidia los dones proféticos del cuervo, empieza a graznar a unos caminantes que, espantados por sus graznidos, huyen.
22 oleum in ore habendum est, ne et dentes simul nigrescant, idque in umbra faciendum neque ante quadriduum abluendum. Del mismo remedio se hace eco Eliano (NA 1, 48). En este caso, además de la evidente relación con Saturno de la cabeza y del color negro, quizás merezca fijarse en que el recipiente en que ha de batirse el huevo ha de ser de cobre, metal de Venus (cf. Picatrix 2, 10, 6, que lo llama rubeum, o "bronce rojo"; Agrippa, Occ. Phil. 28), quizás para que comunique al mejunje el poder generativo de la diosa). En fin, las embarazadas, según Plinio (NA 30, 130), deben tener cuidado con los huevos de cuervo, pues si por casualidad una de ellas pasa por encima de un huevo de este ave abortará por la boca: ovum corvi cavendum gravidis constat, quoniam transgressis abortum per os faciat. Por su parte, el Picatrix, dentro del gran número de fórmulas mágicas que refiere en las que se emplea el cuervo, da un cierto número de ellas donde la referencia a Saturno es explícita. Así, en 2, 10, 11, afirma que la forma de Saturno es la de un hombre con cara de cuervo y pies de camello, sentado en un trono, con una jabalina en la mano derecha y un dardo en la izquierda. Asimismo, en 2, 12, 47, asocia con el signo de Escorpión la figura de un cuervo o la de un hombre con un cuervo en su mano, figura que debería aplicarse a las enfermedades del apéndice intestinal —según los principios de la melotesia zodiacal, aunque el intestino también sería órgano regido por Saturno—. En fin, en 4, 2, 19, se describe un tipo de ceremonia que los hindúes harían a Saturno en la cual, tras practicar el ayuno durante siete días, se le sacrifica un cuervo negro. En 4, 6, 2, se describe la fórmula para hacer sahumerios a Saturno en la que se emplea sesos de cuervo, además de grulla 64 . Finalmente, el Libro de la utilidad de los animales (pp. 91-93), que trata del cuervo a la vez que de sus congéneres el grajo y la urraca y que tiene al primero como ave muy sagaz, entre sus remedios mágicos, afirma que, si se quema un cuervo negro y se amasan sus cenizas con aceite y con el mejunje resultante se unta la parte del cuerpo donde se haya caído el pelo, éste vuelve a salir. En relación también con el pelo, si se coge un cuervo y se echa vivo en un recipiente calafateado nuevo, donde se han de verter tres cucharillas de vinagre y dejarlas unos días hasta que se estropee, y se pulveriza en un almirez de plomo —metal de Saturno, no lo olvidemos— y con el producto resultante se unta el pelo, lo pone negro y lo tiñe 65 . 5. L A GRULLA Respecto a su apariencia física, Aristóteles (HA 519a 1-3) afirma que este ave, que normalmente es de color gris ceniza, va ennegreciendo conforme envejece: [...] τοὺς ὄρνιθας, κατὰ μὲν τὰς ἡλικίας οὐδὲν μεταβάλλει, πλὴν γέρανος· αὕτη δ' οὖσα τεφρὰ μελάντερα γηράσκουσα τὰ πτερὰ ἴσχει —información ésta que vuelve a dar en GA 785a 21-25—. A este respecto, resulta interesante para nuestro propósito que sea precisamente en su vejez cuando el animal ve ennegrecerse sus plumas. En cambio, poco "esperable" en un ave saturnina es el carácter gregario que, según Aristóteles (HA 488a 3-4), demuestran las grullas —se habría esperado más bien un 64 Entre otros remedios mágicos a base de cuervo negro, en 3, 10, 3, se recomienda el empleo de su sangre junto con otros muchos compuestos para confeccionar un talismán que protege de las armas de los enemigos. En 3, 11, 22 se describe un tipo de sahumerio para provocar la enemistad y la discordia en el que se emplea sangre de cuervo y buitre, otra ave considerada saturnina. 65 Otros remedios recomendados por este tratado: con la sangre de cuervo seca se pueden rellenar las fístulas y curarlas. Disuelta en licor y administrada a una persona, ésta lo odiará. Disuelta en vinagre y aplicada a quien tenga inflamación del bazo, lo cura.
23 animal de hábitos solitarios y taciturnos—, pues, como veremos a continuación, se trata de un ave migratoria que, cuando emprende su viaje a la zona de Egipto desde su hogar tracio para pasar el invierno, lo hace formando grandes bandadas. Además, no sólo se trata de animales gregarios, sino que poseen jefes (cf. Aristóteles, HA 488a 10-11). Como tendremos ocasión de comprobar ahora, el hecho de estar sometidos a un jefe sí podría tener alguna conexión con la rección saturnina. Otro de los rasgos destacados de las grullas, según Aristóteles, es su indudable inteligencia, de la que habla extensamente en HA 614b 18-30: Φρόνιμα δὲ πολλὰ καὶ περὶ τὰς γεράνους δοκεῖ συμβαίνειν . Las pruebas son muchas y muy diversas 66 : 1) su capacidad para acometer migraciones a grandes distancias (para lo cual vuelan alto para ver más lejos), durante las cuales se posan en tierra si ven señales de mal tiempo: ἐκτοπίζουσί τε γὰρ μακράν, καὶ εἰς ὕψος πέτονται πρὸς τὸ καθορᾶν τὰ πόρρω, καὶ ἐὰν ἴδωσι νέφη καὶ χειμέρια, καταπτᾶσαι ἡσυχάζουσιν ; 2) el hecho de poseer jefes o guías, que utilizan una especie de silbidos para conducir a las demás: Ἔτι δὲ τὸ ἔχειν ἡγεμόνα τε καὶ τοὺς ἐπισυρίττοντας ἐν τοῖς ἐσχάτοις, ὥστε κατακούεσθαι τὴν φωνήν ; 3) El hecho de que, mientras el resto de sus congéneres duermen, el jefe de la bandada se mantiene alerta y vigilante ante cualquier peligro: Ὅταν δὲ καθίζωνται, αἱ μὲν ἄλλαι ὑπὸ τῇ πτέρυγι τὴν κεφαλὴν ἔχουσαι καθεύδουσιν ἐπὶ ἑνὸς ποδὸς ἐναλλάξ, ὁ δ' ἡγεμὼν γυμνὴν ἔχων τὴν κεφαλὴν προορᾷ, καὶ ὅταν αἴσθηταί τι, σημαίνει βοῶν . De estas costumbres que denotan "reflexión" o "inteligencia", quizás una de las más relevantes sea el comportamiento de los jefes, que velan por las demás no sólo durante su viaje migratorio, sino incluso cuando hacen una parada para descansar. Quizás de aquí derive el hecho de que a veces la grulla sea considerada en la literatura posterior símbolo de la fidelidad y la vigilancia 67 . En lo relativo a su sexualidad, Aristóteles (HA 539b 30-33) explica que en estas aves durante el coito el macho salta sobre la hembra y la cubre, durando muy poco la unión —a pesar del tamaño del ave—, como sucede en los pájaros pequeños: τὰ δ' οὐ συγκαθείσης τῆς θηλείας, οἷον αἱ γέρανοι· ἐν τούτοις γὰρ ὁ ἄρρην ἐπιπηδῶν ὀχεύει τὴν θήλειαν, καὶ συγγίνεται ὥςπερ καὶ τὰ στρουθία ὀξέως. Obviamente, no estaríamos ante un animal fogoso o ardiente en el amor, sino ante uno de naturaleza más bien fría y seca, muy saturnino por tanto. El fruto de la cópula suelen ser sólo dos huevos (cf. Aristóteles, HA 615b 18) 68 . 66 Que el hombre antiguo tenía a la grulla como animal inteligente no sólo lo demuestran los textos naturalistas, enciclopédicos o paradoxográficos, sino también el "humilde" género de la fábula. Al menos esta parece la interpretación más plausible para la fábula de Babrio titulada "La grulla y el pavo real" (nº 65 según la edición de Bádenas de la Peña & López Facal 1985: 337), donde la grulla cenicienta presume ante el pavo real, de plumas de reluciente oro, de ser capaz de volar cerca de los astros y el Olimpo, mientras éste sólo es capaz de hacerlo a ras del suelo, como los gallos. La moraleja en este caso es contundente: "Preferiría ser admirado con un traje raído que vivir sin gloria con ricos vestidos". Es decir, se está relacionando a la grulla con los espíritus elevados y, por ende, con la actividad intelectual. 67 Curiosamente, ese es uno de los valores predominantes del ave en el mundo celta, al menos según Charrière (1966). 68 Si hacemos caso a Eliano (NA 15, 9), hay un pez que él denomina grulla de mar, que habrían nacido del repentino deseo de copular que experimentaros las grullas cuando escapaban de los fríos tracios. No consintiendo las hembras llevar a cabo la cópula en el aire y no pudiendo los machos contenerse, muchos dejaron caer su semen en el mar, quien lo acogió y lo guardó, engendrando este tipo de pez que, por su forma, nos recuerda al ave. Esta historia nos recuerda lejanamente el nacimiento en el mar de la diosa Afrodita al caer en él los genitales de Urano cercenados por Crono=Saturno.
24 En cambio, no parece casar bien con el carácter melancólico atribuido a los seres saturninos su conocida fogosidad en el combate, que, según Aristóteles (HA 615b 1618), llega a ser tan violento que es fácil capturarlas durante el mismo, pues no huyen: Μάχιμοι δὲ καὶ αἱ γέρανοί εἰσι πρὸς ἀλλήλας οὕτω σφόδρα ὥστε καὶ λαμβάνεσθαι μαχομένας· ὑπομένουσι γάρ. Evidentemente, esta fogosidad en la lucha sólo podría ser explicable por una posible influencia marcial. En suma, a partir de la completa caracterización aristotélica, podemos considerar saturninos en la grulla el color negro que adquieren sus plumas en la vejez, su demostrada inteligencia durante sus largas migraciones, el hecho de poseer jefes (que amén de demostrar una compleja organización social, podría tener relación con el papel "regio" desempeñado por Cronos=Saturno) y la escasa fogosidad que demuestran durante su apareamiento, más propio de pajarillos que de aves de ese tamaño. En cambio, no encuentran explicación desde la rección saturnina ni su tendencia gregaria ni su fogosidad en el combate. Siguiendo con la caracterización de estas aves, pocas novedades aporta Plinio el Viejo, quien en NA 10, 80 se hace eco del hecho de que estas aves con la vejez cambian de color: quod in grandiore alitum genere grues tantum; hae enim senectute nigrescunt, aunque quizás aquí lo más relevante es que se la considera dentro de las aves augurales: Alia admiratio circa oscines. Fere mutant colorem vocemque tempore anni ac repente fiunt aliae, quod in grandiore alitum genere grues tantum. En NA 10, 60 alude también al hecho de que en mitad de su viaje migratorio arrojan las piedras con las que se han lastrado y cuando tocan tierra vomitan la arena que se han tragado: certum est, Pontum transvolaturas primum omnium angustias petere inter duo promunturia Criumetopon et Carambim, mox saburra stabiliri; cum medium transierint, abici lapillos e pedibus, cum attigerint continentem, et e gutture harenam. Asimismo, en NA 10, 59 recuerda Plinio el curioso procedimiento que utilizan por la noche los centinelas para no dormirse: sujetan con la pata una piedrecita, que sueltan si llegan a dormirse, con lo que se dan cuenta de su negligencia: excubias habent nocturnis temporibus lapillum pede sustinentes, qui laxatus somno et decidens indiligentiam coarguat. Las grullas, como el resto de aves saturninas, suelen prever el tiempo que va a hacer. A este respecto, ya Virgilio (Georg. 1, 374-375) las hacía anunciadoras de la lluvia, pues cuando ésta se acercaba, el ave huía hacia los profundos valles: numquam inprudentibus imber / obfuit: aut illum surgentem vallibus imis / aeriae fugere grues. A este respecto, también Plinio (Nat. 18, 362) se hace eco de unos pocos pronósticos. Así, las grullas cuando se apresuran en su vuelo tierra adentro anuncian viento; en cambio, cuando vuelan alto en silencio pronostican buen tiempo: item mergi anatesque pinnas rostro purgantes ventum, ceteraeque aquaticae aves concursantes, grues in mediterranea festinantes, [...] grues silentio per sublime volantes serenitatem. En cuanto a su sexualidad, en Nat. 10, 143, Plinio se limita a señalar que la hembra durante el coito se mantiene de pie: coitus avibus duobus modis, femina considente humi, ut in gallinis, aut stante, ut in gruibus. Mucha más información nos aporta Eliano, quien se detiene especialmente en aquellos comportamientos del ave que podríamos considerar inteligentes, los cuales derivan en general de sus hábitos migratorios, cuando, al acercarse el invierno a su patria de Tracia, organizan su desplazamiento a las tierras del Nilo en grandes bandadas 69 . 69 Sobre tales migraciones, cf. también Hdt. 2, 22; Arist., HA 597a 4-6.
25 Según Eliano (NA 2, 1), antes de emprender el vuelo, todos los miembros de la bandada tragan una piedra que les sirve de lastre contra el ímpetu de los vientos: λίθον δ' ἑκάστη καταπιοῦσα, ὡς ἔχειν καὶ δεῖπνον καὶ πρὸς τὰς ἐμβολὰς τῶν ἀνέμων ἕρμα —piedra esta que cuando regurgitan sirve de piedra de toque para el oro (cf. NA 3, 13) 70 — . Eliano describe, asimismo, un extraño comportamiento de estos animales. Cuando ya se disponen a emprender el vuelo, la grulla más vieja da tres vueltas a la bandada, cae al suelo y exhala su último aliento. Tras esto, las demás entierran su cadáver y es entonces cuando emprenden su viaje migratorio —que, de ser cierto, revelaría comportamientos propios de seres humanos—: μελλουσῶν δὲ αὐτῶν αἴρεσθαι καὶ τοῦ πρόσω ἔχεσθαι, ὁ παλαίτατος γέρανος περιελθὼν τὴν πᾶσαν ἀγέλην ἐς τρίς, εἶτα μέντοι πεσὼν ἀφίησι τὴν ψυχήν. ἐνταῦθα οὖν οἱ λοιποὶ θάπτουσι μὲν τὸν νεκρόν 71 . Asimismo, en NA 3, 13, describe con todo detalle su perfecta organización cuando van a emprender el vuelo de migración hasta Egipto: son guiadas por las más viejas, mientras que el centro es ocupada por las más jóvenes (e inexpertas), situándose otras aves mayores cerrando la marcha. Además de este papel relevante concedido a las aves mayores y más expertas, su formación adopta una forma de triángulo para que, al encontrarse con el viento, puedan henderlo fácilmente 72 . Pero no terminan aquí los comportamientos que revelan inteligencia. Así, también en NA 3, 13, cuando se encuentran con un águila —una de sus principales enemigas (cf. también NA 2, 39)—, se disponen en círculo y amenazan con atacarla. Asimismo, cuando descansan en tierra, mientras la bandada duerme, tres o cuatro vigilan el sueño de las demás, y para no dormirse, reposan sobre una sola pata, mientras que con la otra levantada sostienen con firmeza en la garra un guijarro, para que, si se duermen, el guijarro caiga y se despierte con el ruido. De otro lado, respecto a su capacidad para prever el tiempo, Eliano (NA 1, 44) afirma que el graznido de estas aves provoca chaparrones: Τῶν γεράνων αἱ κλαγγαὶ καλοῦσιν ὄμβρους, ὥς φασιν· 73 . Asimismo, en NA 3, 13, considera que deben conocer muy bien el mapa de la tierra, la naturaleza de los vientos y las variaciones de las estaciones, pues son capaces de escoger con precisión el momento exacto en que deben 70 A este respecto, Aristóteles (HA 597b 1-3) considera esta historia una fábula: Τὸ δὲ περὶ τοῦ λίθου ψεῦδός ἐστι . Por su parte, el Bestiario de Oxford (p. 63) afirma que no sólo se lastran con una piedra en la pata, sino que también tragan arena. Por su parte, Plinio (Nat. 37, 187) habla de una piedra preciosa que denomina geranitis, que procedería del cuello de la grulla y que seguramente correspondería a la piedra que supuestamente regurgitarían estas aves tras servirles de lastre. Asimismo, Tomás de Cantimpré (Lib. de nat. rer. 5, 55, 19-22) afirma que las grullas tienen una piedra en el estómago que vomitan y que mediante el fuego se puede convertir en oro, explicando que seguramente se trata de oricalco (auricalcum), del cual se puede obtener oro de excelente calidad. 71 ¿Cómo podríamos interpretar desde la perspectiva astrológica este peculiar comportamiento de la grulla vieja, que con su actuación y súbita muerte señala al resto de la bandada que ha llegado el momento de emprender el vuelo? Esto quizás tendría que ver con el papel rector de Saturno y su relación con la vejez. 72 Sobre este aspecto, cf. Plutarco (De Soll. Anim. 967b-c), donde se indica que estos animales adaptan la forma de sus bandadas cuando vuelan a los fenómenos atmosféricos. Por su parte, el Bestiario de Oxford (p. 63), que se extiende en comentar el comportamiento del ave, pone de relieve el sentido de solidaridad de la bandada, pues no sólo reemplazan a la que las guía cuando ésta da señales de agotamiento —cuando la guía se queda ronca, pues las dirige dando órdenes de viva voz—, sino que si algún miembro de la bandada desfallece hasta el punto de no poder continuar su vuelo, sus compañeras se ponen debajo y la llevan a cuestas hasta que recobra sus fuerzas. 73 Según Tomás de Cantimpré (Lib. de nat. rer. 5, 55, 10-12), cuando divisan nubes de lluvia, graznan de modo muy ruidoso y avisan a su guía para volar más rápido: grues si prospexerint nubes pluviosas, clamant et vociferant sollicitantque ducem celeriores captare volatus.
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