Patrimonio cultural en papel: Ramón A. Urbano y los artistas malagueños
Abstract
Ramón A. Urbano es un escritor malagueño de finales del siglo XIX que desde su papel como director de publicaciones o en las ediciones de sus propios libros en la colección que llevará su apellido se acompañará a menudo de la obra plástica de los jóvenes artistas de la escuela malagueña de pintura, de igual modo que también lo hará con artistas de relevancia nacional. Él es uno de los creadores y promotores de un verdadero patrimonio en papel para la ciudad de Málaga, desconocido y olvidado especialmente en sus aspectos plásticos.
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PATRIMONIO CULTURAL EN PAPEL: RAMÓN A. URBANO Y LOS ARTISTAS MALAGUEÑOS. Inocente Soto Calzado Facultad de Bellas Artes. Universidad de Málaga [email protected] Ramón A. Urbano es un escritor malagueño de finales del siglo XIX que desde su papel como director de publicaciones o en las ediciones de sus propios libros en la colección que llevará su apellido se acompañará a menudo de la obra plástica de los jóvenes artistas de la escuela malagueña de pintura, de igual modo que también lo hará con artistas de relevancia nacional. Él es uno de los creadores y promotores de un verdadero patrimonio en papel para la ciudad de Málaga, desconocido y olvidado especialmente en sus aspectos plásticos. Patrimonio en papel Pintura malagueña Ramón A. Urbano Patrimonio es una palabra unida conceptualmente a la rotundidad corpórea, a la materia, a la fisicidad del objeto y de los espacios, especialmente aquellos que contienen la historia, ya sea la referida a la arquitectura, a la pintura... Una ciudad, patrimonial en sí misma, muestra su historia conservada celosamente1, tanto interior como exteriormente2, y la nomenclatura de sus calles o las placas conmemorativas van informando de los personajes que hicieron posible una gran parte de ese patrimonio. Una urbe como Málaga, preocupada en poner en valor sus posesiones incluso con la creación de un Museo del Patrimonio, ha prestado menos atención a aquellos objetos cuya materialidad es más leve, y que el tiempo y el desconocimiento han llegado a convertir en intangibles. De la misma manera que la escuela malagueña de pintura iniciada en el siglo XIX no ha sido puesta en valor todavía convenientemente dentro del contexto nacional, aunque se tenga en cuenta a nivel regional3, la labor literaria y en prensa de esa misma época ha prácticamente desaparecido de nuestra historia, y en la prensa ilustrada y sus creadores - escritores y pintoresen una época dorada del papel en la ciudad, se encuentra una gran parte del patrimonio malagueño. Málaga ha olvidado históricamente con demasiada ligereza la figura de Narciso Díaz de Escovar (1860-1935) y su labor4, con unos estudios sobre las publicaciones malagueñas que a pesar de su característica iniciática indican fehacientemente que en el papel se encuentra un tesoro inconmensurable. Hay otro gran personaje coetáneo, que compartió con don Narciso no pocas 1 Sauret Guerrero, Teresa, Política Cultural y Coleccionismo Municipal. La Colección de obra plástica del Ayuntamiento de Málaga, Málaga, Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, 2007. 2 Morales Folguera, José Miguel, El museo “en contexto”: el patrimonio históricoartístico urbano. Propuestas de itineriarios desde El Museo del Patrimonio Municipal de Málaga, en Rodríguez Ortega, Nuria (ed.), Acceso, comprensión y apreciación del patrimonio histórico-artístico. Reflexiones y estrategias. El contexto museístico, Málaga, Área de Cultura, Educación y Fiestas del Ayuntamiento de Málaga y Museo del Patrimonio Municipal de Málaga, 2008, pp. 165-184. 3 Quesada, Luis, La vida cotidiana en la pintura andaluza, Sevilla, Focus, 1992. 4 Díaz de Escovar, Nicolás, Bibliografía de la prensa malagueña. Apuntes para la historia del periodismo en la provincia de Málaga, Málaga, El Corte Inglés, 2000.
aventuras artísticas y culturales desde y por su ciudad: Ramón Antonio Urbano Carrere (1865-1913), que con su famosa firma Ramón A. Urbano habitó Málaga la mayor parte de su vida y recorrió las calles de su ciudad natal, entre el pasaje Álvarez y San Juan de Letrán, Casapalma, Granada o Molina Larios, llevando ediciones y cultura más allá de esos límites físicos, encontrándose presente además con asiduidad y periodicidad en Madrid o Barcelona. El escritor va a coincidir en el tiempo y en muchas páginas de revistas con paisanos –figuras señeras de las letrascomo el propio Narciso Díaz de Escovar, Salvador Rueda (1857-1933), Manuel Martínez Barrionuevo (1857-1917) o Arturo Reyes (1864-1913). Urbano, de profesión procurador, ha pasado a la historia como un destacado escritor de éxito, figura del periodismo local, cronista de la ciudad, poeta, novelista y dramaturgo (con incursiones en la zarzuela), ensayista, director de publicaciones periódicas y editor5 con una colección propia con su apellido, la Colección Urbano. En una fecha tan temprana como 1903 es reseñado en el catálogo de periodistas españoles comenzado por Manuel Ossorio y Bernard, y aunque en su entrada hay algunos errores de fechas, ya se registran sus premios en más de treinta certámenes provinciales y sus colaboraciones en periódicos y revistas de muy diversa índole6. Muy importantes son sus contactos en el mundo editorial, tanto en Madrid como en Barcelona. El librero Innocenci López Bernagossi (1829-1895) fundó en la ciudad condal las longevas y emblemáticas revistas ilustradas La Campana de Gracia en 1870 y posteriormente La Esquella de la Torratxa en 1872; a la muerte de este, su hijo Antoni López Benturas (1861-1931) heredó la Llibreria Espanyola y siguió editando las dos publicaciones7. Ellos serán los distribuidores en Barcelona de los libros editados por Urbano, a pesar de que en 1885 el escritor malagueño, en su condición de secretario de la Junta Poética Malacitana, mantuvo una dura polémica, finalizada a las puertas de los tribunales, con el redactor P. del O. en la misma portada de la publicación de López8, que tal y como tituló el redactor catalán despertó la Cólera malacitana9. Uno de sus grandes contactos en ese mundo literario y editorial nacional será Carlos Ossorio Gallardo (1864-1921), con quien publicó en Barcelona Cómica bajo su dirección y a quien homenajeará en una portada10 presentándolo como director de la revista barcelonesa El Gato Negro11. En Madrid trabajará con la conocida librería de Fernando Fe, y será presencia constante en una de las revistas ilustradas con mayor tirada del momento, Madrid Cómico, donde se le puede encontrar desde 1892. En uno de sus momentos de mayor gloria y fama a nivel nacional, la revista le dedicará una portada del dibujante Modesto Méndez Álvarez (1885-1940), uno de los talentos para el nuevo siglo construyendo la historieta española12; en ella Álvarez, con una innovadora mezcla de fotografía y dibujo, 5Jiménez Morales, María Isabel, Ramón A. Urbano Carrere (1865-1913). Apuntes biográficos, en Jábega, nº 60, 1988, pp. 68-74. 6 Ossorio y Bernard, Manuel, Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, Imprenta y Litografía de J. Palacios, 1903. 7 Solà i Dachs, Lluís, L’Humor Català II. La prensa Humorística I, Barcelona, Bruguera, 1978, p. 11. 8 La Esquella de la Torratxa, nº 355, 31/9/1885. 9 La Esquella de la Torratxa, nº 358, 21/11/1885. 10 El arte moderno, nº 8, 31/12/1898. 11 En El Gato Negro del 7/1/1899 se puede encontrar una colaboración de Urbano. 12 Cuadrado, Jesús, Atlas español de la cultura popular. De la historieta y su uso 18732000, Barcelona, Sinsentido, 2000.
plasma el éxito de Girones en 1900 y de Fortaleza en 1901, los orígenes malagueños del escritor con el escudo, las vistas de la Farola y Gibralfaro y la temática andalucista no exenta de modernidad [Figura 1]. Consecuente con el concepto de prensa ilustrada, las publicaciones de Urbano se caracterizarán por contar con la colaboración de los artistas del momento, especialmente de los malagueños. Así ocurrirá en las revistas donde su nombre aparece en la dirección, y el primer artista unido a su nombre será José Santiago Gutiérrez (1865-1925), un dibujante aficionado que posteriormente sería más conocido como actor profesional. A él se debe la parte gráfica de las primeras publicaciones dirigidas por Ramón A. Urbano: El Album en 1883 y de Málaga Cómica en 1885, caricaturas de cierta inmadurez plástica. También a él se deben las ilustraciones de En la caleta, subtitulada Romance de ciego, un trabajo ya más consolidado fechado en 1887, aunque Santiago es, no obstante, un dibujante con muchas limitaciones formales y expresivas13. La dirección artística de la revista El Renacimiento, desde 1888 hasta 1893, le va a permitir auspiciar el desarrollo de la segunda generación de pintores malagueños, ya que esta quiere ser reflejo de las manifestaciones artísticas y literarias de la ciudad. Francisco García Santa-Olalla (1870-1895), será uno de los colaboradores más prolíficos en esa etapa. Nacido en Málaga, recibe clases en la Academia Provincial de Bellas Artes de Málaga, siendo discípulo de Joaquín Martínez de la Vega (1846-1905). Nuestro artista dibujante se titula la portada donde aparece el joven pintor [Figura 2], posiblemente en un autorretrato14. En uno de sus últimos dibujos publicados, titulado La recobera, la leyenda que lo acompañaba decía así: En vista de que no vende Ni los huevos ni los pájaros A Buenos Aires se irá El día menos pensado15. Francisco García Santa-Olalla se fue a Brasil en 189016. Residió durante un tiempo en Vargem Alegre (municipio del estado de Minas Gerais), instalándose finalmente en Río de Janeiro, conocido en la época como Rio Antigo. A pesar de la lejanía, su trabajo se publica en Almanach de La Esquella de la Torratxa pera 1892 y en la revista catalana durante ese mismo año. En la Exposición General de 1894 celebrada en Río de Janeiro obtiene medalla de oro de tercera clase con Colón ante la Corte española después de su retorno de América. Teniendo en cuenta que José Garnelo y Alda (1866-1944) había presentado en la Exposición Internacional de Madrid de 1892 Primer homenaje a Cristóbal Colón y el mismo tema al año siguiente en la Exposición Universal de Chicago, donde obtuvo medalla de oro, el óleo de Santa-Olalla es una curiosa mescolanza de pintura de historia española decimonónica desde una visión americana, con una gran influencia en la pintura brasileña17. En una cabecera posterior, El Arte Moderno, Urbano le dedicaría portada e interior al artista, con noticias vagas 13 Jiménez Morales, María Isabel, La obra literaria de Ramón A. Urbano Carrere, en Jábega, nº 62, 1988, pp. 69-80. Aunque la autora habla de discrepancias sobre las fechas de edición, varias de las ilustraciones de Santiago llevan anotado junto a su firma 87. 14 El Renacimiento, nº 18, 3/2/1889. 15 El Renacimiento, nº 34, 26/5/1889. 16 Algunos autores lo hacen en México. Véase Palomo Díaz, Francisco José, Historia Social de los pintores del siglo XIX en Málaga, Málaga, ed. del autor, 1985, p. 275. 17 Teixeira Leite, Jose Roberto, Pintores spanhóis no Brasil, Sao Paulo, Espaço Cultural Sergio Barcellos, 1996.
sobre su pronta defunción y un recuerdo a su obra18. José Fernández Alvarado (1865-1935) ingresó en 1881 en la Escuela de Bellas Artes, siendo discípulo de Ferrándiz como se declara en el catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892; también se le menciona como alumno de Emilio Ocón Rivas (1845-1904) en la cátedra de Marina creada por la Diputación y recibiendo lecciones de José Moreno Carbonero (1860-1942)19. Reconocido a nivel nacional por sus resultados en las Exposiciones Nacionales, en 1892 su cuadro Costas de Málaga consiguió mención honorífica, y en 1895 y 1897 conseguirá medalla de segunda clase con Sudeste y Nuevo Peligro. El primer trabajo de importancia que Fernández Alvarado realiza con Urbano será para Romancero. Colección de leyendas originales de Ramon A. Urbano, editado en 1890 con sus ilustraciones junto a las de José Blanco Coris (1862-1946). En 1892 otros dos libros de Urbano llevarán su arte en las portadas: Piedras Falsas [Figura 3] y Multicolores. La Castañera se publica también en 1905 con una acuarela suya reproducida en la portada. En cuanto a las revistas, en El Renacimiento colaborará fundamentalmente en 1893, con varios dibujos, entre los que se cuenta el utilizado como portada de la colección de artículos Multicolores20; en El arte Moderno, dos portadas en 1899 reproducirán sus cuadros y se le dedicará un artículo a su figura21. José Blanco Coris, discípulo directo del creador y promotor de la pintura malagueña del siglo XIX Bernardo Ferrándiz y Badenes (1835-1885)22, compartirá junto a José Fernández Alvarado la parte gráfica de Romancero en 1890, y en 1902 compartirá el honor de las ilustraciones de Humo: poesías originales con Diego García Carreras (1879-1956). En la reaparición de la revista El Renacimiento en ese llamado número prospecto23 José Blanco Coris ilustraba un texto de Ramón A. Urbano absolutamente entregado, léase literariamente, a la estética de las malagueñas cajas de pasas, envases donde la litografía a color, el cromo, era parte esencial. El artista muestra una magnífica obra costumbrista, espléndidamente resuelta en unos grises que interpretan las luces y sombras de un patio y que ni la parquedad de los medios reproductivos consigue minusvalorar. Diego García Carreras, discípulo de Antonio Muñoz Degrain (1840-1924) y pintor y escultor24, será uno de sus colaboradores predilectos, ilustrador de El Arte Moderno y magnífico portadista de Bajo-relieves y Novela de amores y desventuras [Figura 4] en 1911 y de Los Gaitanes [Figura 5] en 1912, y de trabajos como De capa y espada en 1908 y La diosa en 1910, estos dos junto a Joaquín Capulino Jáuregui (1879-1969), con quien le unía una gran amistad25 además de sus colaboraciones en El Arte Moderno. 18 El Arte Moderno, nº 17, 31/3/1899. 19 Peña Hinojosa, Baltasar, Los pintores malagueños en el siglo XIX, Málaga, Instituto de Cultura de la Diputación Provincial, 1964, pp. 31, 84, 99. 20 El Renacimiento, nº 58, 8/4/1893. 21 El Arte Moderno, nº 13, 20/2/1899 y nº 16, 20/3/1899. 22 Cuenca, Francisco, Museo de Pintores y Escultores Andaluces, Málaga, Unicaja, 1996. 23 El Renacimiento, nº 36, 15/5/1892. 24 Olalla Gajete, Luis F., La pintura del siglo XIX. Museo de Málaga, Madrid, Ministerio de Cultura, 1980, p. 102 25 Sanjuán López, José Miguel, Vida y obra del pintor Joaquín Capulino Jáuregui, Málaga, Universidad, 1999, p. 35.
Joaquín Capulino Jáuregui, pintor trashumante como muchos en busca de la seguridad económica de la docencia, cursaba los estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes cuando se datan sus colaboraciones en la revista de Urbano, la mayoría fechadas en el año 1898 e impresas al comienzo del año siguiente. Otros artistas malagueños están presentes junto a la firma de Ramón A. Urbano en ese cambio de siglo, como el joven y prometedor Francisco Boigas Aguilar (18841902). Forma parte de la última generación de pintores malagueños del siglo XIX, junto a Pablo Ruiz Picasso (1881-1974). Francisco, que ya había obtenido un premio en el concurso del Liceo de 1895, con 11 años –Picasso también había sido premiado en el mismo concurso a la edad de 14 añospublica con 15 años en El Arte Moderno, tanto ilustraciones como los propios diseños de algunas cabeceras como las de Noticias y Publicaciones. La empresa en la que podrá dejar representados, con su obra y con su propia imagen, a una gran parte de sus colaboradores gráficos será El Album artístico. En 1896 Urbano Carrere llevará la dirección del álbum publicado por la Junta de Festejos del barrio de Nuestra Señora de la Victoria. De evidente cariz religioso en su concepción, su interés se centra en la recopilación de los trabajos, tanto literarios como plásticos, de los artistas malagueños. En él podemos encontrar a toda una pléyade de pintores malagueños – más de 30-, junto con alguna incorporación de otras escuelas regionales íntimamente relacionadas en el momento, como la granadina en el caso de Rafael Latorre Biedma (1872-1960) y fotógrafos como Miguel Osuna Carnerero (activo entre 1875-1924). Urbano permite también mostrar a través de sus publicaciones la cercanía a finales del siglo XIX entre fotografía y pintura, con el desarrollo del fotograbado como nexo de unión. En su Guía de Málaga de 1888, escrita en colaboración con José Duarte, ya se ofrecían imágenes de Manuel Rey Muro, Manuel Gartner de la Peña, hermano del pintor José Gartner de la Peña (1866-1918) y otros26. Su poemario Girones llevaba una fotografía en la portada, y especialmente la novela Fortaleza contará con tomas de Álvaro Cappa Muñoz (1863-activo en 1920), fotógrafo, pintor y hermano del pintor Xavier Cappa Muñoz (1856-1909) y de José Ponce Puente (1862-1931), también pintor y profesor de la Escuela de Bellas Artes. Sus apariciones en Barcelona Cómica, El Gato Negro u Hojas Selectas en la ciudad condal y La Gran Vía, Madrid Cómico, Blanco y Negro o Instantáneas en Madrid le harán compartir el papel con los mejores talentos gráficos nacionales; sus libros se beneficiarán de ese hecho, ya que en 1894 saldrán sus poesías bajo el título Vida cómica con una portada a color de Ramón Cilla Pérez (1859-1937), posiblemente uno de los mejores trabajos del dibujante. Cilla ha sido uno de los autores más prolíficos de la ilustración española, con un estilo peculiar centrado fundamentalmente en el dibujo humorístico. Su producción incontrolada y su repetitividad le valió en su día el reconocimiento de su fama y las críticas por parte del joven Rubén Darío: Nadie es exactamente como lo que Cilla dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la realidad27. No obstante, en casos como el de la composición para Urbano, hay que reconocerle su versatilidad y profesionalidad. Otra magnífica portada, la de la novela Moisés [Figura 6] en 1903, se debe a Narciso Méndez Bringas (18681933), pintor y dibujante también prolífico, con más de 40 años en su carrera profesional de dedicación a la revista Blanco y Negro28, capaz de provocar en 1901 las 26 Fernández Rivero, Juan Antonio, Historia de la fotografía en Málaga durante el siglo XIX, Málaga, Miramar, 1994, pp. 148 y 180. 27 Darío, Rubén, España Contemporánea, París, Garnier Hermanos, 1900, p. 191. 28 Casado Cimiano, Pedro, Diccionario biográfico de ilustradores españoles del siglo
reacciones y la ironía de los jóvenes artistas agrupados en Arte Joven con Picasso a la cabeza como director artístico: Participamos a nuestros lectores que Méndez Bringa, el genial dibujante de “Blanco y Negro”, no colabora en “Arte Joven”29. A muchos de los artistas malagueños que construyeron un patrimonio artístico sobre el papel, al igual que a Ramón A. Urbano, no se les ha dedicado ningún hito a la altura de sus afanes que permita sentir su paso por una ciudad que amaron y que vivieron a pesar de las miserias: Arturo Reyes, Díaz Escovar, Anaya, Sánchez Rodríguez, Urbano, trabajan en su ciudad con el mismo inquebrantable tesón de los héroes del último bizarro drama galdosiano, gastando sus energías de hombres y de artistas en el empeño nobilísimo de hacerla progresar, de metamorfosearla, de reivindicarla…30 Se ha pedido muchas veces, por voces muy autorizadas, y es hora de hacer su patrimonio tangible. XIX, Madrid, Ollero y Ramos, 2006. 29 Haro, Salvador; Soto Calzado, Inocente, Plásticas de la narración, en Haro, Soto, Rafart (coms.), Viñetas en el Frente, Barcelona, Museu Picasso, 2011, p. 135. 30 Pellicer, Julio, Moisés, novela de Ramón A. Urbano. Madrid, 1903, Helios, diciembre 1903, p. 628.
Figura 1: Ramón A. Urbano, Dibujo de Modesto Méndez Álvarez. Madrid Cómico, nº 51, 21/12/1901.
Figura 2: Nuestro artista dibujante, Dibujo de Francisco García Santa-Olalla. El Renacimiento, nº 18, 3/2/1889.
Figura 3: Piedras falsas, por José Fernández Alvarado. 1892.