Fiestas en Nápoles por el nacimiento del príncipe Felipe Antonio de Borbón y Sajonia (1747-1777)
Abstract
Se analizan las fiestas que los reyes de Nápoles organizaron en el año 1747 con motivo del nacimiento del príncipe heredero a las coronas de Nápoles y de España.
Full text
1 FIESTAS EN NÁPOLES POR EL NACIMIENTO DEL PRÍNCIPE FELIPE ANTONIO DE BORBÓN Y SAJONIA (1747-1777) José Miguel Morales Folguera Universidad de Málaga Uno de los acontecimientos más celebrados en el Imperio Español fue el nacimiento de los herederos al trono y, especialmente, del varón primogénito que aseguraba el mantenimiento de la dinastía reinante y, como consecuencia de ello, la paz, la unidad y el desarrollo en todos los territorios donde gobernaba la Monarquía Hispánica. Datos biográficos En Nápoles y Sicilia gobernaba como rey desde 1731 Carlos de Borbón con el título de Carlos VII (Colletta, 1858, 29-102). En el año 1738 contrajo matrimonio con María Amalia de Sajonia y, tras el embarazo de cinco niñas, en 1747 nace el primer varón, Felipe Antonio, que estaba designado a ser el heredero de las coronas de España y de las dos Sicilias. Sin embargo el niño pronto empezó a manifestar su deficiencia mental, por lo que fue excluido de la sucesión, concediéndosele el título de duque de Calabria (Fig. 1). Felipe Antonio nació en el palacio de la Reggia di Portici, donde la familia real se hallaba en ese momento (Fig. 2). Este palacio fue una de las residencias construidas por el monarca en el entorno del Vesubio, que son conocidas como villas vesubianas. En este lugar la familia real solía pasar los veranos y allí nacieron siete de sus doce hijos. A pesar de todos los augurios favorables realizados en su nacimiento, por su enfermedad
2 fue recluido en la Reggia di Portici hasta su muerte ocurrida treinta años más tarde. Sus restos fueron depositados en una capilla de la iglesia de Santa Clara de Nápoles. La iglesia de Santa Clara junto con el Duomo y la iglesia de San Lorenzo fueron tradicionalmente los lugares elegidos por las autoridades napolitanas para la celebración de las exequias de los miembros de la familia real española. En el año 1742 fue elegida por Carlos de Borbón y María Amalia de Sajonia para sepultura de su hija María Giuseppa Antonia. Otros cinco de sus numerosos hijos fueron enterrados sucesivamente en la capilla y poco a poco se fue convirtiendo en cripta real de los Borbones napolitanos. En la capilla se hallan enterrados los reyes Borbones de las dos Sicilias desde Fernando I hasta Francesco II. En total han sido veintiuno los enterramientos realizados entre príncipes, princesas, reyes y reinas consortes. Ocupa un lugar privilegiado en la capilla la sepultura del príncipe Felipe Antonio de Borbón. El monumento fúnebre, obra del escultor napolitano Giuseppe Sanmartino, se encuentra en la pared izquierda, donde se halla la urna empotrada en la pared, sobre la que dos putti apenados señalan respectivamente a la urna y a la cartela, donde aparece la fecha de su muerte y se describe la dedicatoria del mausoleo de Carlos III en 1777, entonces ya rey de las Españas y de las Indias, a su hijo primogénito, el príncipe Felipe (Fig. 3). Portada de la Relación Como era costumbre en todo el Imperio Español, el nacimiento del heredero al trono fue celebrada en Nápoles con numerosas fiestas y se editó un lujoso libro con un extenso texto y numerosas ilustraciones, en los que se describen todos los actos organizados (Narrazione, 1749). Las estampas del libro fueron diseñadas por Vincenzo Re y grabadas por Giuseppe Vasi.
3 El libro tiene una portada con grabado de Carlo Gregori, en el que una asamblea de figuras mitológicas da la bienvenida al primogénito con un texto latino inscrito en una cartela: Te nascente Puer, rerum spes altera, solvit vota haec, el plausus dat tua Parthenope. Nam regnat, et regnis pacem peperere Parentes, tu rata perpetuo, quae peperere, facis. En la base del grabado un breve texto explica la significación de la representación, que tiene como fondo una perspectiva de la ciudad de Nápoles, la bahía y el Vesubio, de cuya cúspide surge una fumarola. En el centro de la composición el príncipe recién nacido, envuelto en pañales, es presentado por la Fe a varios personajes que simbolizan a la ciudad de Nápoles, el río Sebeto y la sirena Parténope acompañada de sirenas cantando y tañendo la lira, y a una personificación de la Reggia di Portici, que lo acoge con los brazos abiertos junto con una doncella, que le ofrece todo tipo de frutas. Encima del recién nacido se halla Palas con el escudo cristalino, donde se aprecia la cabeza de la Medusa. La diosa de la inteligencia le ofrece una corona, instruyéndole para un gobierno en paz. A la derecha la Fama alada toca la trompeta. Por encima de Palas las tres Gracias lo adornan con sus virtudes y favores. A la derecha Astrea sujeta la balanza, como símbolo de la Justicia, mientras que una ninfa muestra tras el hombro de la diosa un ramo, que puede relacionarse con uno de sus atributos, las espigas. Coronan la composición Marte recostado, cuyos atributos guerreros son portados por dos putti, y la Inmortalidad rodeada por el ouroboros, llevando un cetro en la mano derecha y un libro abierto en la izquierda (Fig. 4). El nacimiento del príncipe Felipe fue celebrado en la corte napolitana con la realización de los tres principales actos, que se solían organizar en las numerosas fiestas de la Monarquía Hispánica: el baile en la gran sala del Palacio Real, la construcción de
4 arquitecturas efímeras y lanzamiento de fuegos artificiales, y la serenata en el Teatro Real de San Carlos. El baile en la Gran Sala del Palacio Real Como en todas las grandes ocasiones, las fiestas por el nacimiento del príncipe se iniciaron la mañana del 4 de noviembre del año 1747, cuando los reyes acompañados de damas y caballeros de la corte llegaron a la Gran Sala del Palacio Real, llamada de la Guardia, que fue adornada para el acontecimiento por Vincenzo Re Parmigiano, célebre pintor teatral y ayudante de la Real Florería, que también llevaría a cabo las decoraciones del teatro, la máquina de fuegos artificiales en el Castel Nuovo y la gran cucaña erigida en la Plaza Real (Narrazione, 1749, 5-6). La Gran Sala fue decorada con damascos de color dorado. Los capiteles de las pilastras se adornaron con vasos dorados, los espacios entre las pilastras con pendones, los remates de las paredes con figuras de bajo relieve y el cielo de la sala con damascos, campeando en el centro una gran figura de la Fama, como se puede observar en la lámina II. Toda la sala estaba rodeada por la parte superior con un balcón de hierro adornado con telas de color crema recamadas en oro y damascos dorados guarnecidos de plata. De la parte inferior del balcón surgía a manera de un anfiteatro una gran escalinata con tres órdenes de gradas, todas cubiertas con tapices, donde se encontraban todos los caballeros y las damas. En el centro había un gran espacio despejado para el baile (Fig. 5). Como se observa en la lámina III, en el frente de la sala había un rico pabellón de terciopelo de color crema con franjas de oro, donde se habían colocado cuatro órdenes de asientos para los músicos. El otro frente de la sala, que era el más cercano a los apartamentos reales, por donde se realizaba el ingreso, se hallaba adornado de igual
5 manera, situando en el mismo tres ricos asientos para los virreyes. Pendían del techo de la sala lámparas de cristal con numerosas velas, colgando de las paredes numerosos espejos con lámparas, que en conjunto daban a la sala una gran iluminación. El baile se inició con la llegada de los monarcas, que iban acompañados de ilustres caballeros del reino. Cucaña en la Plaza Real Delante del Palacio Real se erigió una gran máquina, denominada cucaña, que representaba una amena colina adornada alrededor con árboles y plantas, entre los cuales se observaban pastando bueyes, ovejas, cabras, puercos y otros animales domésticos junto a otros animales salvajes. Sobre la cima de la colina se veía una gruta, que estaba recubierta de alimentos, quesos y carnes, que imitaban el estilo rústico (Narrazione, 1749, 12). La gruta estaba organizada en tres órdenes superpuestos, que disminuían en altura y que terminaban en una torre apuntada rematada por una escultura, que portaba en la mano una cornucopia, representando a la Abundancia. Alrededor de cada una de las terrazas había una barandilla con balaustres y vasos, adornados con comestibles, arbustos plantados con frondosas ramas, de las cuales colgaban carnes y animales, en vez de frutas, brotando de algunos de los vasos agua en forma de chorros. De los lados de la gruta surgían dos arquerías con escalinatas recubiertas de queso. Las arquerías curvadas terminaban en una terraza adornada con balaustres y vasos. Las arquerías estaban también adornadas con todo tipo de alimentos imitando la arquitectura rústica (Fig. 6). De la zona central de la colina surgían dos fuentes de agua, que formaban dos lagos, donde había muchos pájaros acuáticos, surgiendo del fondo del agua dos grandes
6 antenas con altas palmeras, de una de las cuales colgaba ropa de mujer y de la otra ropa de hombre. En la zona inferior de la colina el suelo estaba adornado con una gran número de aves de corral dispuestos en praderas adornados con arabescos de diferentes colores, que imitaban los jardines secretos del monarca. Estas praderas estaban rodeadas de caminos con setos, que tenían de tramo en tramo pilares con jarrones con árboles plantados. En el centro de cada uno de los jardines laterales había dos surtidores, que vertían el agua en sendas tazas rehundidas en el suelo. En medio del jardín había una fuente monumental que, en vez de agua, vertía vino, tal y como se observa en la lámina XI. La cucaña estaba custodiada por soldados y rodeada por el pueblo de Nápoles, que esperaba la orden del rey para poder acceder a los comestibles y subir a la cima de las antenas para poder coger las vestimentas como premio a su destreza. Arquitecturas efímeras y fuegos artificiales en el Castel Nuovo Por la tarde se mostró el Castel Nuovo maravillosamente iluminado y adornado con globos y vasos transparentes, al igual que la cerca que lo rodeaba (Narrazione, 1749, 13). Los bastiones estaban unidos por una balaustrada con los balaustres pintados como si fueran de mármol. De ellos surgían arcos transparentes adornados por la parte superior con globos y por la inferior con pendones, y también con vasos transparentes de vivos colores vagamente pintados. Entre los arcos había pilares rematados con globos, de manera que todo el conjunto tenía el aspecto del pórtico de un delicioso jardín, como se puede observar en la lámina XII de la Relación. En el arco central de cada una de las fachadas había un medallón con inscripciones.
7 La inscripción del lado de la Fuente de Venus era la siguiente: PHILIPPO FILIO PHILIPPI HISPANIARUM REGIS NEPOTE LUDOVICI DELPHINI PRONEPOTE MAGNI LUDOVICI GALLIARUM REGIS AB NEPOTE En el centro de la Fuente del Espejo se colocó la siguiente inscripción: QUI IDIBUS JUNII ANN. MDCCXXXXVII NATUS AUGUSTISSIMAE GENTIS ORBIS TERRARUM PARTI MAXIMAE DOMINANTIS SPEM PROPAGAT Sobre uno de los balaustres colocado frente al Jardín real se hallaba la siguiente inscripción: CAROLUS UTRIUSQUE SICILIAE REX AMALIA POTENTISSIMI SARMATARUM REGIS FILIA PARENTES PUBLICI LAETENTUR Y finalmente sobre la puerta del castillo se ubicó la inscripción: AUGUSTAE GENTIS PLURIMARUM GENTIUM PRIMA SPES NEAPOLI NATUS GAUDETE NEAPOLITANI
8 MAXIMO GENERIS HUMANI BONO Las cuatro grandes torres del castillo estaban adornadas con fanales y globos transparentes, sobre los que se alzaban cuatro pirámides con los escudos reales de la Casa de Borbón en las bases de las cuatro caras, y sobre las puntas numerosos globos de diferentes colores que, dispuestos de forma ordenada e iluminados, formaban una bella composición (Narrazione, 1749, 14). Para poder gozar los soberanos de la perspectiva se construyó sobre la muralla del Jardín Real, ubicada en frente del castillo, un bello casino con cinco espaciosos balcones de hierro. Las paredes estaban adornadas con paños festivos, espejos con luces de cera, y fanales en la cornisa. El balcón central estaba cubierto con un majestuoso pabellón y con un bello tapiz (Fig. 7). Quedaba finalmente por admirar la monumental Máquina de Fuegos Artificiales, erigida en la plaza del castillo, que estaba construida de madera y tela pintada con arquitecturas fingidas que simulaban mármoles esculpidos. La altura de la máquina era de 260 palmos y simulaba un majestoso templo, situado en el centro de la plaza y erigido sobre un alto zócalo con 12 palmos. Se ascendía a lo alto del zócalo por dos amplias escalinatas, una de las cuales miraba a la plaza y la otra al castillo. Ambas tenían a su alrededor una balaustrada pintada en verde viejo, adornada con jarrones, que arrojaban llamas a manera de hachones. En los cuatro lados contiguos a dichas escalinatas había cuatro pedestales cuadrados, separados del cuerpo del templo, sobre los que había cuatro estatuas de figuras desnudas recostadas entre arbustos y jarrones, que representaban a los cuatro principales ríos de la tierra. En el centro de la terraza del zócalo, sobre cuatro grandes basamentos de 15 palmos de altura, se encontraban cuatro pórticos con forma de cruz y grandes arcos, que
9 componían cuatro fachadas iguales. En el centro del templete, sobre un alto pedestal, se erigía una estatua que representaba la Pública Felicidad. Cada uno de los espacios situados entre los arcos estaban adornados con pórticos cuadrados formados por columnas estilizadas de orden corintio, al fondo de la cuales se situaba una puerta, que conducía al interior del templo. Las columnas estaban unidas por la parte inferior con balaustradas, existiendo otras similares sobre las cornisas, que se adornaban con grupos de esculturas y jarrones, de los que salían llamas. Sobre los cuatro grandes arcos se veían medallones de forma oval rodeados con cartelas, sobre los que había en cada uno dos figuras aladas con una trompeta en las manos, representando a la Fama. Los medallones contenían las siguientes inscripciones: El primero ubicado en la fachada principal: MAGNI PUERI SPERATE VIRTUTI En el segundo a mano derecha: FORTUNAE DOMUS AUGUSTAE En el tercero de la izquierda: FUTURO ITALORUM TUTORI Finalmente en el cuarto: UTRIUSQUE SICILIAE VOTUM IMPLETUM Asimismo sobre los arquitrabes de los pórticos había cuatro medallones con versos tomados de antiguos poetas latinos, ingeniosamente apropiados al nacido Príncipe Real. El primero de la derecha: DIS AEQUA PROPAGO
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