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Pensar escribiendo: los diarios de prácticas y el desarrollo de saberes experienciales

Blanco-García, Nieves,Caparrós-Martín, Ester,Molina Galvan, Mª Dolores,Sierra-Nieto, José Eduardo

Abstract

El Practicum es un período formativo en el que nuestras/os estudiantes están muy cerca de la “practica del oficio”. Como todo oficio de lo humano, el oficio docente se desvela en toda su complejidad. Nuestras/os estudiantes descubren de forma muy viva y encarnada, que la realidad que enfrentan está atravesada de paradojas, de dificultades, de posibilidades, de frustraciones, de tensiones. El Practicum puede ser, entonces, una ocasión excepcional para acercar-los a una práctica de indagación y reflexión, tomando la (su) experiencia como eje de sentido. Lo que nos orienta es poder vincular la experiencia con el saber de la experiencia. Buscando una mediación adecuada entre la acción y la reflexión. Nos preocupa: ayudar a nuestros estudiantes a ejercitar, a cultivar y ampliar su capacidad de ver. Su capacidad reflexiva. Y su capacidad para mostrar algo de la realidad que transitan. Y lo que traemos, en este texto, es todo el trabajo que hacemos con los diarios; pues los diarios se nos revelan como una herramienta fructífera desde la que hacer este recorrido entre la experiencia, el saber de la experiencia y la experiencia de saber.

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PENSAR ESCRIBIENDO: LOS DIARIOS DE PRÁCTICAS Y EL DESARROLLO DE SABERES EXPERIENCIALES Nieves Blanco Universidad de Málaga [email protected] Ester Caparrós Universidad de Almería [email protected] Dolo Molina Universidad de Valencia [email protected] J. Eduardo Sierra Universidad de Málaga [email protected] Resumen. El presente trabajo es fruto de nuestra experiencia de asesoramiento en el Practicum de las titulaciones de Educación Social y Educación Infantil, en distintas Universidades (Almería, Málaga, Valencia). En él, reflexionamos sobre el sentido de las prácticas y cómo buscamos -a través del acompañamiento en la escritura de los diariosdesarrollar la disposición hacia el autoconocimiento, poniendo palabras a lo que las y los estudiantes viven, piensan y sienten. Partimos de entender que el oficio educativo requiere desarrollar y activar saberes de la experiencia; aquellos que vinculan ser y saber, demandando un aprender a partir de lo que vivimos y el sentido que le damos. Desde esa orientación, concebimos la educación como una experiencia de relación con una misma o uno mismo, con la alteridad y con el saber. Las prácticas juegan un papel enormemente rico, pues significan contextos en los que las y los estudiantes han de contrastar su pensamiento educativo declarado con aquello que experimentan en las relaciones educativas. Nuestro papel como asesoras/es consiste en motivar y acompañar un pensamiento sobre lo vivido, y reflexionar acerca de las formas particulares en que logramos concretarlo. En ese acompañamiento, la escritura desempeña un papel muy relevante, pues a través de ella alcanzamos una consciencia más elaborada de nuestro pensamiento; hasta el punto de que, creemos, es escribiendo como el saber pedagógico toma su forma. En este trabajo trataremos de desarrollar qué clase de escritura motivamos, y cómo favorecemos ese pensar escribiendo que buscamos. En nuestro contexto de trabajo, la escritura es abordada fundamentalmente a través de los diarios, que son el objeto de atención en esta comunicación. Aprender a escribir con las particularidades que el oficio educativo demanda, implica grandes retos y presenta numerosas dificultades, que son las que tratamos de reconocer y acompañar como asesoras/es. A cada estudiante le pedimos que lleve un diario de sus prácticas, y le planteamos su uso como una herramienta de aprendizaje, no sólo como un registro de hechos. Detenerse a escribir lo acontecido en una jornada es una tarea de una complejidad mayor de lo que aparenta. La narración de acontecimientos puede dar pié a un pensamiento en diferido acerca de lo que una determinada vivencia entraña. A menudo percibimos como las y los estudiantes tratan de salvar con cierta superficialidad dicha narración; esta es sin duda una de las dificultades a cuidar. La escritura debe responder a los modos singulares en que cada una y cada uno experimenta los contextos y se desenvuelven en las relaciones educativas. En este sentido, no habrá dos diarios iguales, incluso cuando compartan un centro de prácticas. Respetar la singularidad de lo vivido es un aprendizaje importante, y la escritura debe ayudar a cultivar el pensar en primera persona. Escribir permite fijar lo vivido, y lo vivido es siempre singular. El valor formativo de los diarios está en la posibilidad que otorga a cada quien de pensarse en términos únicos dentro de un contexto educativo que es más amplio. Y ahí la escritura deberá apoyar las disposiciones a mirar desde sí y a mirar-se; a cultivar una escucha que es siempre de una, de uno. Las y los estudiantes viven el tiempo de prácticas como una exposición a situaciones diversas frente a las que necesitan poder posicionarse; y muchas de las dificultades que narran tienen que ver con la urgencia por saber responder adecuadamente ante ellas. En el seguimiento de los diarios se aprecia bien la tendencia a describir lo que ocurre, en lugar de atender a lo que les ocurre en relación a lo que viven y con quienes lo viven. Nuestro acompañamiento se concreta a través de una lectura minuciosa y periódica de sus diarios, que se traduce en una devolución con anotaciones y comentarios (por ejemplo, insistiendo en que miren un mismo asunto desde el punto de vista de quien lo experimenta; o instándoles a que se preguntan por lo que pueda haber en juego más allá de lo evidente) que les permitan ir reconociéndose en la escritura -en sus riquezas y posibilidades, también en sus limitaciones-. Devoluciones que se acompañan del trabajo que realizamos en los seminarios, donde dedicamos tiempo a compartir en grupo muchas de las situaciones significativas que rescatan en los diarios, aportando nuevos puntos de vista. Para que este acompañamiento pueda fructificar en su sentido formativo, tratamos de cuidar las relaciones educativas (que se dan en los seminarios y también en el intercambio on-line); siendo conscientes de que toda actividad de evaluación, para que pueda ser acogida con autoridad, debe poder nacer de una relación de confianza. Con la escritura ocurre esto mismo: la exposición personal que la escritura supone, debe poderse dar en una marco de relaciones de confianza para que los estudiantes las reciban como una posibilidad de aprendizaje. Tratando de respetar el sentido inicial que en cada quien se despierta ante una situación vivida, pero buscando que dicho sentido pueda madurar en una pensamiento con más recorrido. Que busquen aquello que están poniendo en juego en sus valoraciones de los acontecimientos; de manera que la escritura sea un medio y una posibilidad para reconocerse en sus miradas y sensibilidades, para revisarlas, para resituarlas. Y todo ello supone también prestar atención a cómo nosotras experimentamos el proceso de acompañamiento.