scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Deleite y Beatitud con Pío IX. Poder, Imagen, Ceremonia y Exaltación Personal en Roma (1792-1878)

Robles Robles, Antonia Amor

Abstract

Esta investigación consiste en establecer, en primer lugar y de modo preciso, cuáles fueron los acontecimientos que a instancias de Pío IX, se celebraron públicamente y que tuvieron como escenario las calles y las basílicas de Roma. Así como, determinar igualmente, el reflejo de tales eventos en la vida cotidiana de la ciudad y su proyección más allá de la misma, incluyendo los festejos realizados con motivo de las diferentes conmemoraciones religiosas y políticas abarcadas por su dilatado pontificado. Además de las ceremonias religiosas que tuvieron lugar en Roma con motivo de la exaltación, beatificación o canonización de los españoles en particular. El siglo XIX y el pontificado de Pío IX fue, en los Estados Pontificios, una prolongación anacrónica del Antiguo Régimen. El esplendor de los Siglos de Oro, su boato utilizado como propaganda de un poder que se verá extinguir sin área de influencia, es reproducido de una forma sui generis, manteniendo así hasta casi nuestros días unos artefactos artísticos de sumo interés e imprescindibles para intentar entender aquellas relaciones de poder.

Full text

DELEITE Y BEA TITUD CON PÍO IX. PODER, IMAGEN, CEREMONIA Y EXAL T ACIÓN PERSONAL EN ROMA (1792-1878 ) Antonia Amor Robles Robles T esis Doctoral dirigida por el Prof. Dr . Juan Antonio Sánchez López Departamento de Historia del Arte Universidad de Málaga 2015 AUT OR: Antonia Amor Robles Robles http://orcid.or g/0000-0002-8986-8599 EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer obras derivadas. Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es - 2 - UNIVER SIDAD D E MÁLAGA F ACUL T AD DE FILOSO FÍA Y LETRAS DEP AR T AMENT O DE HIST ORIA D EL AR TE 2015 TESIS DOCT ORAL DELEITE Y BEA TITUD CON PÍO I X PODER, IMAGEN, CE REMONIA Y EXAL T ACIÓN PERSONAL EN ROMA (1792-1878) DOCT ORA NDA: Antonia Amor Roble s Robles DIRECT OR: Prof. Dr . Juan Antonio Sánchez L ópez - 3 - - 4 - a Eloy - 5 - - 6 - Í NDICE CONSIDERACIONES PRELIMINARES, MET ODOLOGÍA Y OBJETIV OS 1 1-16 I. A MODO DE INTRODUCCIÓN: NUEV OS TIE MPOS, NUEV AS Y “VIEJAS” FORMAS P ARA LA CELEBRACIÓN 17-38 II. PIO IX: LA PREST ANCIA Y EL OCASO DE UN AUGUST O Y LUENGO REINADO. LA FIEST A DEL OCHOCIENT OS EN ROMA 39-41 2.1. Juan María Mastai y su contexto histórico 43-50 2.2. Importancia y pr oblemas de s u Sede Apostólica 51-55 2.3. La crítica como elemento acusador de su Pontificado 57-79 2.4. Distintos tipos de celebraciones. La fiesta civil 81-1 17 2.5. Rector Orbis. El Cónclave y la Cor on ación 1 19-14 8 2.6. Finis Gloriae Mundi . Postrimerías y Funerales 149-1 76 III. GLORIA Y HONOR. EL TRIUNFO Y ADM IRACIÓN POP ULAR EN LOS PROCESOS DE LAS BEA TIFICACIONES Y CANONIZACIONES DEL SIGLO XIX. 177 3.1.Del Rito que pr ecede a la Solemne Ceremonia de Be atificación y de Canonización 179-1 93 - 7 - 3.2.La Cer emonia de Beatificación 195-1 97 3.3.La Cer emonia de Santificación 199 -206 3.3.1. Beatificación de José Oriol 207-2 24 3.3.2. Beatificación de Francisco Posadas 225-2 32 3.3.3. Beatificación de Juan Bautista de la Concepción 233-2 38 3.3.4. Beatificación de Julián de San Agustín 239-2 43 3.3.5. Beatificación de Alfonso Rodríguez 244-2 50 3.3.6. Beatificación de Pedro Claver 251-2 54 3.3.7. Beatificación de Juan Grande 255-26 3 3.3.8. Beatificación de Alfonso Navarrete 264-2 69 3.3.9. Beatificación de Alonso de Orozco 270-2 75 3.3.10. Beatificación de Josefa María de Santa Inés 276-2 78 3.3.1 1. Beat ificación de Pedro Sanz 279-2 80 3.3.12. Beatificación de Diego José de Cádiz 281-285 3.3.13. Canonización del Beat o Miguel de l os Santos y de l os Mártires del Japón 286 -299 3.3.13.1. Decorac ión del conjunto y programa iconográf ico 300-3 13 3.3.13.2. Iluminación 314-3 37 3.3.14. Canonización de Pedro Arbués y los Mártires de Gorkum 338-3 64 3.3.15. Canonización de Pedro Cl aver y Alfonso Rodriguez 365-3 68 - 8 - OBJETIV OS En este sentido, la real ización de esta T esis, ha perseguido como objetivos: 1. Establecer , en primer lugar y de modo preciso, cuáles fueron los acontecimientos que, a instancias de Pío IX, se celebraron públicamente y que tuvieron como escenario las calles y las basílicas de Rom a. 2. Determinar , igualmente, el reflejo de tales eventos en la vida cotidiana de la ciudad y su proyección más allá de la misma incluyendo los festejos realizados con motivo de las diferentes conmemoraci ones religiosas y políticas abarc adas por su dilatado pontificado. 3. Relacionar las ceremonias religiosas que tuvieron lugar en Roma con motivo de la exaltación, beat ificación o canoniza ción de los españoles en particula r . Mediante el análisis de la documenta ción referida a los eventos previamente establecidos con esta investigación hem os incidido sobre: 1. Los rituales de cada una de las ceremonias tratando de establecer las pautas or ganizativas, su previsible evolución a parti r de l a época barroca y los componentes propagandísticos polític o-religiosos. 2. La relación de tales celebraciones con la evolución histórica de Roma y de Europa en el siglo XIX. 3. El estudio de la decoración de los espacios escénicos donde esos rituales se celebraron y m ediante el mismo, la recuperac ión documental del patrimonio arquitectónic o y ornamental de carácter efímero, tratando de establecer la existencia de modelos según el tipo de evento. Por tanto, y desde un punto de vista estrictamente cultural, las celebraciones han sido desde siempre de una trascendencia tal que apenas conviene insistir en este punto. La presencia de la fiesta en el O chocie ntos, a través de la acción eclesiástica, es omnipresente: la arquitect ura, la pintura y muy particularmente la arquitectura efímera suponen después, del Barroco, una - 15 - prolongación de la cult ura simbóli ca en este espacio hasta el siglo XIX. A pesar de esta influencia benéfica, esta corriente cultural como decimos no está suficientemente estudiada. Afortunadamente es muy abundante la documentación, incluso sobre temas aparentemente banales, que nos animaron en nuestra inve stigación. El siglo XIX fue, en los Estados P ontifi cios, una prolongación anacrónica del Antiguo Régimen. El esplendor de los Siglos de Oro, su boato utilizado como propaganda de un poder que verá extinguir su área de influe ncia, es reproducido de una forma s ui generis , manteniendo así hasta casi nuestros días unos artefactos artísticos de sumo interés e imprescindibles para intentar entender aquellas relaciones de poder . En todo punto es excesiva la información sobre este periodo. La escasez bibliográfica es el contrapunto paradójico de la ingente cantidad de datos que se encuentran en los depósitos documentales, bibliográficos y hemerográficos de la ciudad de Roma. - 16 - I. A MODO DE INTRODUCCI ÓN: NUEVOS T IEMPOS, NUEV AS Y “VIEJAS” FO RMAS P ARA LA CELEBRACIÓN Roma, como capital de Italia y sede del papa do, ha sido una de las principales ciuda des de Europa en su condición de protagonista de las escenas populares, religiosas y políticas. La Ciudad Eterna ha gozado s iempre de una situación privilegi ada y , ya no tanto por ser la capit al del país, como por ser el centro universal del catolicismo; lugar , por tanto, donde convergen todos los intereses del resto de ciudades europeas. El poder temporal y espiritual de los papas, aún en el Ochocientos, todavía ejercía gran influenc ia sobre las monarquías católi cas existentes. El período que abarca des de el M edievo al Renacimiento significó para esta ciudad, al igual que para otras urbes, un momento decisivo. T ras múltiples acontecimientos preocupantes vividos por ella intensamente como la invasión turca y la Reforma protestante, la ciudad sufre una transformación hasta convertirse de nuevo en la ciudad del cristianismo renovando con ello su milenaria condición de Caput Mundi . Con la fundación de nuevas órdenes religiosas, de iglesias nacionales y con las celebraci ones de los Años Santos y ot ros Jubileos, se origina nuevamente la exaltación del valor universal de Roma, a partir de una presencia cosmopolita en la ciudad que se esgrimía como instrumento para expandir la fe en territorios lejanos. A esta señalada actividad católica le seguía una de ascendencia más cultural, a partir de la creación de - 17 - diferentes Academias y centros artísticos que permitía n el desarrollo y el intercambio ilustrativo de los creadores del momento. Con la progresiva disminución de la importancia pontificia, en cuanto que la actitud mundial solicitaba nuevas pretensiones, Roma como centro mundial desde donde se daban a conocer todos los hechos políticos del resto de países, acabó por convertirse en sede de los representantes de gobierno y como resulta, en sitial de las embajadas extranjera s. Así pues, la im ponente vida pública instaurada por los peregrinos y por los representantes de gobierno y el interés de la Iglesia por la proclamación de la fe, constituyeron las bases de transformación de la ci udad hasta convertirse en la exorbi tante ciudad barroca 1 . Las conciernas políticas, las nuevas reformas urbanas y la monumentalidad artística fue invención política de la antigua Roma como expresión de poder y símbolo de autoridad. Los papas, al igual que los antiguos Césares, restablecieron estas teorías como fundamento y afirmación de los princi pios morales y autocráticos. Roma ahora no sólo utilizará los elementos artísticos de la anti gua ciudad para coronarlos con claros valores religiosos, sino que acabará por convertirse una vez más en la moderna capital cristiana y ejemplo para las demás ciudades del orbe. El mecenazgo de la Iglesia y de las grandes familias exhibe a una ciudad de prestigio y digna de ser nuevamente capital del imperio (cristiano), a partir del variado acopio artístico fruto del patrocinio y de la partici pación de artífices con preclaro tal ento del país. La dilatada conservación de patri monio de la que Roma se beneficiaba atraía, en definitiva, a un gran número de genios que venían a reafirmar sus seres de artista en un ambiente idóneo y universal. A este propósito contribuían l as monarquías extranjeras como la española, creando sedes y escuelas de producción artísti ca para la formación de l a bohemia que tenía en nuestro país exiguo desarrollo. La actitud extranjera consistía en emular a la Ciudad Eterna como centro de la cultura humanística y de creación. N o en balde, promover las Ciencias y las Artes era requisito indispensable de buen gobierno como instrumento de operación del monarca sobre el pueblo, haciendo de ello una fuente de riqueza para el país. Los antiguos Césares dejaban constancia de su autoridad absoluta con infraestructuras megalómanas símbolo de la glorificación del imperio. Ello servía para enmascarar o desviar una realidad caótica y así mostrar una de signo bien distinto, considerablemente más entusiasta y sin hostilidades. La Roma Antigua era la expresión 1 Cfr .: P ASCHINI, P .: Dal mondo r omano al mondo cristiano , Bologna, Licinio C appe lli, 1964, V ol. I - 18 - máxima de gobierno, por tanto, Iglesia y soberanos bajo una clara pretensión cristiana, instaurarán en sus dominios un arquetipo sim ilar de mandato y dire cción 2 . En la corte de los Papas se vivían jornadas de gloria, procurando alejar irritantes visiones y exclui r los trágicos reflejos de la realidad dramática, aunque con ello dieran en ciertas ocasiones una equivoca visión de lo existente. Se trataba de mostrar y demostrar poder , perspectivas insuperables, propio de un gobierno indestructible que sólo optaba por el buen funcionamiento de la ciudad y del mundo católico. Se dejaba entrever , en definitiva, que el pueblo con su apoyo incondi cional había sido el garante en dicha consecución. Roma, heredera de pasadas victorias y fundadora en modo definitivo, resucitaba con la captación del orbe. Por ello, monarcas, famil ias nobles, y sobre todo responsables eclesiásticos hacen de esta ciudad el escenario donde manifestar s u supremacía , con ceremonias y festejos de toda índole en los que participaba la población. Se da paso a la Roma teatral con la más espectacular vida social. Es, en suma, la metamorfosis y la renovación de la Antigua Roma. Con ell o, puede decirse que la citada ciudad, desde sus orígenes, había sido pensada para la fiesta y ella, en si misma, era un escenario inmejorable para e l más grandioso espectáculo que cont emplasen los siglos. En efecto estas ceremonias con aparatos efímeros y todo tipo de esplendor decorativo como entradas de monarcas, nacimientos, desposorios, funerales, hacen de Roma el teatro sobre el cual las diferentes dinastías garantizan con esplendor su potestad. Pero no menos pompa or ganizaba y requería la Iglesia para la celebración de beatificacione s, canonizaciones, Años Santos, el Corpus, etc., en las cuales se dejaba con firmeza la cla ra constancia del poder universal del Catolicismo y de la fe sobre el paganismo de pasadas épocas y sobre las heterodoxias y “desvíos” recientes. T odas estas ceremonias, estas manife staciones artísticas de caráct er efímero, aparte de ser reflejo de poder , poseen una gran importancia porque muestran las posibilidades creativas de cada periodo. Fue en estas obras donde se ensayaron cambios estéticos que luego tendrán sus influencias recíprocas en arquitecturas reales y “permanentes”. Los artífices facilitaban 2 SALERNO, L.: Roma Communis Patria, Bologna, Licinio Cappelli, 1968, págs. 35-69, V ol. XIV - 19 - novedades estilí s tica s y de destacada varieda d, fruto de la libertad imaginat iva, aunque siempre controlados y sujetos a las normas propias de una et iqueta celebrati va. A yudados por las crónicas, estampas, la literatura impresa, etc., artistas y ceremonieros, siempre a partir de estas firmes muestras de perpetuidad, podían dejar constancia de lo que en cada espectáculo se había logrado, comenzando con una extensa y detallada descripción de los hechos y de la obra efímera realizada. Con ello, el lector conseguía trasladarse al lugar de lo ocurrido. Por tanto, las estampas y grabados fijan la imagen de las fiestas y de estas máquinas espectaculares, se divulgaba la nueva imagen de la ciudad y con ellas las obras que los artistas estaban llevando a cabo. Estos espectáculos contribuyeron a acrecentar la admiración que s e despertaba y se tenía por Roma en el resto de Europa, estimulando con ello a que monarcas y nobles de otros países parti ciparan de la vida y de la vanagloria romana, además de propiciar una emulación rival izante y una superación de los fastos en sus respectivas ci udades extranjeras. Por tanto, la ciudad entera se transformaba adoptando la función de escena teatral, o en otros casos de palco escénico y el pueblo junto a los protagonistas de la obra, ya fuesen monarcas, príncipes, papas, etc., podrían formar igualmente parte de ella , ya que, es evidente , sin la presencia y partici pación de estos, la función no existi ría. Este tipo de representaciones, ceremonias, etc., siempre ha sido utilizada y según el periodo con alguna finalida d en concreto. Nunca se hacen por casualidad, ni sin interés. Según las épocas y los mecenas, que son los grupos sociales dominantes, los fas tos se han or ganizado o bien por interés políti co, social, económico o religioso. Es decir , invariablemente para captar a la población ya fuera la Iglesia Católica en momentos de crisis para acoger a incondicionales, o ya fuera el Estado en época de intereses políticos y ministeriales para obtener el apoyo de la población, o, al menos, control arla adecuadament e. Son múltiples las ocasiones en las que la ciudad debe vestirse de fiesta y utilizar sus espacios para ello, los interiores de los palacios en los festejos de carácter privado, o los lugares - 20 - públicos donde el espectáculo es para todos, y más cuando se trata de celebraciones interconectadas con la s coronas extranjeras. Hay una clara distinción en relación al tipo de ceremonias, en cuanto a que unas son profanas como aquellas que hemos citado y que corresponden a la vida humana del monarca o del noble, y aquellas otras, religiosas, dependientes de la vida del pontífice o de los distintos rituales sacros, que también s e convierten en espectáculo. Pero es bastante complejo y de gran enver gadura tratar de fijar una tipología exacta para todas estas celebraciones. En ciertos casos, es casi imposible distinguir cuando una fiesta es “civil” y cuando es “religiosa”, y s obre todo, si lo que queremos es reconocerlas por su despliegue ornamental y suntuosidad, ya que cada una revela características distintas, puesto que en la mayoría de los casos los intereses de Estado o la importancia del homenajeado son quienes marcan la grandilocuencia o sobriedad. P or tanto, fiestas de la misma naturaleza, debido a los cambios estructurales y organizat ivos, así como el tipo de decoración y de arquitecturas utilizadas, ya que como es obvio estas están sujetas a las modificaciones y avances estilísticos y artísticos, impiden hacer una exacta clasificación de cada género. Y s i eso ocurre con l as cerem onias barrocas, no menos sucederá con las decimonóni cas y , sobre todo, de las que aquí nos ocupamos, que son las desarrolladas en el pontificado de Pío IX. Estas fiestas s on la síntesis de todo lo que sucede en cada siglo, y no ya en cuanto a ensayos y estudios artísticos, sino a que el avance humano en ciencia, arte y reli gión va a dejar vislumbrarse con todo detall e, así como la precisa int encionalidad de cada una de ellas. La ciencia moderna en la sociedad del Humanismo, con nuevas conjeturas teórico artísticas, supo entender cuando la Iglesia, como institución huidiza de la razón y de todo lo que suponía conjeturar sobre lo existente, era merecedora de los nuevos cambios sociales, evitando con ello, amenazas, prohibiciones o posibles censuras, aun cuando del sometimiento a determinadas normas sus elementos no estaban excusados. La fiesta no se basa en una mera descripción e interpret ación de lo relati vo entre unos estamentos y otros, ni del esti lo artístico que en ellas se empleaba, sino en un sincretismo entre tipología artística y movimiento filosófico, político y social de cada momento. Es por tanto, por lo que la fiesta se concibe adoptando - 21 - posturas que en muchos casos la Iglesia y la Monarquía no estaban de acuerdo. Con los ceremoniales a lo l ar go de la Historia, se trataba de alcanzar una consolidaci ón de poder 3 . Con la Reforma Católic a se auspicia una serie de transformacione s en emer ge un arte y un pensamiento polític o, social y religioso, basados sobre todo en la recuperación de las conciencias cristianas y en hacer propaganda del catolicismo de acuerdo con las directrices impuestas por el papado y los recursos ”mediáticos” desplegados por algunas órdenes religiosas como los jesuitas, haciendo frente a las teorías de la reforma iconoclasta calvi nista y a aquellas otras que invocaban la razón (Galileo, Giordano Bruno, etc…). En este siglo se quiere persuadir más que nunca a través de las imágenes y la ideología aristotélica fundamentada en la Poética y la Retórica aplicada al campo del arte, era la filosofía más s ubstancial 4 , resultando ser la Escolástica la fuente principal del barroco. Por consiguiente, la éti ca en las representaciones va intrínsecamente vinculada a la vida del individuo. A diferencia de ello, la Retórica, por medio del discurso político-religioso tras poder e imagen, presenta ideas fundamentales afirmadas en el oficio de persuadir , que desde el Renacimie nto se venía aplicando al arte. La Iglesia comienza a difundir un género literario didáctico-devocional destinado al aprendizaje, conocimiento y reflexión sobre el cristianismo, textos acompañados de imágenes que tramitaban sugestión al mismo tiempo (poética y retórica). La ciencia de la persuasión ya aparece con San Ignacio de Loyola en sus Ejer cicios Espirituales que se convierten en símbolo idiosincrásico del Barroco. La gran empresa del Barroco es la defensa y revalorización de las imágenes y , por lo mismo, del arte que las produce. La Iglesia Romana reafirma la necesidad de la demostración visual, estimula el arte, así como acentúa el carácter espectac ular del rito y del culto en las iglesias. Que la Reforma Católic a difunda las imágenes se convierte en un arte parlante, como parlante es la escenografía de la fiesta en los interiores privados y exteriores de los espacios urbanos. Con el discurso se construye la imagen y como tal permite también su descodificación a partir de 3 AA.VV .: Arte, scienza e cultura in Roma cristiana , Bologna, Licinio Cappelli, 1971, págs. 238-250, V ol. XI 4 Cfr .: SEBASTIÁN LÓPEZ, S.: Contrarr eforma y barr oco, lecturas iconográficas e iconológicas , Madrid, Alianza forma, 1989. - 22 - ar gumentos literarios 5 . Sin la lectura correcta de una obra, difícilmente se podrá alcanzar su compresión y la interpret ación adecuada de la obra artística representada. Así pues, estos principios fundamentales del arte basados en la ideología barroca, no sólo se manifestará en el campo de la argume ntación eclesiástic a y las artes imperecederas, ya que el uso de esta doctrina se hará extensible al mundo de lo efímero y de lo ornamental. La representación del festej o como la de l a obra de arte en sí, tal y como hemos c itado, i ba acompañada de una serie de comentarios y estudios analíticos que no sólo ayudaban a conocer la raíz del porqué de lo desarrollado, sino a conocer el entero significado de los aparatos. Estos textos s on imprescindibles para descifrar la iconografía alegórica en ellos empleada. Asimismo, la argument ación auxiliada por la poética barroca y para la fiesta, s erá la misma que se utiliz ará para la celebración decimonónica. Estas declaraciones de lo sucedido a través de la estampa o el grabado, son las que l e otorgaban un ca rácter duradero a la representación del es pectá culo efímero, siendo divulgadas por el extranjero. Roma teatro del mundo, as í llamada por los investigadores y estudiosos del tema, muestra en estas representaciones la finalidad de los siglos precedentes y subsiguientes, una nota de poder en todos los ámbitos a través de la imagen, de la escenografía, de las máquinas pirotécnicas, de la música, etc. Es la recreación de un universo portentoso aseverado por la potestad eclesiástica, que se sufragaba con la cooperación global del pueblo. P ropaganda a través de la imagen y de un vasto panorama teatral, son los claros conceptos del barroco pero, s e ha de insistir , que son los mismos criterios manejados en el siglo XIX. Un siglo éste de aparente modernidad, pero donde la tradición impuesta por la iglesia y auxiliada por los grupos dominantes, s olici tan la conservación del poder temporal de los papas y coartan las nuevas inclinaciones sociales e ideológicas. Pío IX será el último Papa-Rey , con lo cual, hasta ese moment o la sociedad, el teatro de la fiesta, y el ritual eclesiástico, se desenvolverá bajo las normas impuestas por la Roma cristiana y barroca, es decir , con el boato suficiente para prolongarse como centro y paradigm a a reproducir en el resto de paí ses extranjeros. 5 F AGIOLO DELL ’ARCO, M.: “Quarantore, fuochid’allegr ezza, ca tafalchi, maschera t e e c ose sim ili”, En: F AGIOLO DELL ’ARCO, M.; CARANDINI, S.: L ’Effimer oBar occo, Struttur e della festa nella Roma del’600 , Roma, Bulzoni Editore, 1978, págs. 53-63, V ol. II - 23 - El s iglo XVIII formalizó una tentativa de cambio y desarrollo político-social, bas ado en una crítica clamorosa de los principios activos sociales regidos por la Iglesia. La vida era algo más que un proyecto religioso y los representantes de la Iglesia ya no eran los sucesores directos de Jesucristo con los que se obtenía acceso directo de comunicación entre la tierra y el mundo divino. Ante ello, surge una corriente separatista de intelectuales, los cuales a través del impulso y conocimiento de la razón, disiparían el oscurantismo en el que se encontraba inmersa la mayor parte de la población. Se trataba de instaurar un nuevo derecho, una nueva política, una nueva forma de vida, independiente de la T eología y de las normas divinas. Es la creación de una ciudad con ciudadanos y no con vasallos que debían buscar en la religión la salvación y la concepción de su persona. La cultura del Setecientos se iniciará con reticencias sarcásticas, haciendo uso de las fuentes literarias para dejar constancia de sus desazones, ante un universo de escasos “propietarios” que domina la s mentes humanas. Estos grupos dominantes comandados por la Iglesia se fructificaban de aquel otro grupo de firmes incondicionales a los que la preocupante y cruda realidad, azotaba con pobreza y miseria. Las s áti ras en el nuevo género literario no cesaban. En Roma, el Pasquino aparecía cubierto de invectivas hacia la Iglesia y la caricatura “mejoraba” el ambiente virulento. T odo esto que había comenzado en el siglo XVIII no cesará, sino que se expondrá con acrecentada pujanza en el siglo XIX. Después de que el Pontífice Pío IX catequizara una política social asentada en el pueblo para la conquista con é xito de su solio papal, la ci udadanía advirtió rápi damente que todas sus conjeturas quedaban en meras especulaciones. En otras palabras, una vez más se les demandaba apoyo para un régimen que se hallaba en decadencia, puesto que al esplendor del poder temporal se le avecinaba el insalvable ocaso. Nuevamente la Iglesia debía instigar con sugestión y fascinación a una pródiga población de fieles s eguidores, que no conocían otro camino que garantiza ra su orden social. De esta forma fue como el afamado Pontífice encontró su rechazo en el país, y la cultura del momento se valía de irónicas parodias que hacían referencia a su persona 6 para desacreditar su figura. 6 Sobre el tema carica t uresc o que hace alusión al pontificado de Pío IX existe una extensa relación figur ativa hallada durante mis investigaciones en e l Istituto Nazional e per la Gráfica de Roma, las cua les analizaré y mostraré más adelante . - 24 - la preparación de fastuosas máquinas efímeras acompañadas del máximo boato, pudieran monarcas y príncipes de la Igle sia descubrir sus dominios. Estos diseños nos muestran todos los detalles de los aparatos y los diferentes trucos escénicos, como los baldaquinos aéreos, dispersadores de incienso, luminarias, cortinajes, las empalcaduras invisible s que permiten la provocaci ón de efectos de levitaci ón y de aparición en el espacio s imul ando un área con efluvios divinos. T odo ello es el testimonio de la infini ta potencialidad del método escenográfico. El ingenio pirotécnico, a partir del s iglo XVII, vendrá unido a aparatos fugaces, se crearán con el uso de materiales de gran precariedad como es el cartón piedra, madera, tejidos, etc., auténticos trabajos de exponer en diferentes puntos de la ciudad, para s er incendiados como triunfo y desenlace de la celebración 10 . Con la superación del festejo y aplauso general se conseguía un sincronizado éxito de propaganda política y religiosa en tiempos de decadencia. La corona española era asidua de este tipo de espectáculos en la Ciudad de los Papas, porque con sus celebraciones y la benevole ncia y neutralidad de los mismos, reforzaba su potestad concediéndose ambas autoridades divulgación mutua. T odo se revestía de notable rel evancia y significado, nada surgí a de forma azarosa en la Roma teatral. Los lugares elegidos para el desarrollo de la fiesta móvil respondían a criterios bien distintos, es decir cada uno de los ceremoniales disfrutaba de un lugar predilecto, ya fuera por el significado que éste encubriera o ya fuera por la vistosidad que procurara. Así las iglesias y basílicas eran ocupadas por los representantes de la reli gión, mi entras pla zas y palacios se reservaban, cada vez más, para espectáculos de remembranzas y triunfos ministeriales, como los espacios por los que se opta para ovacionar la fiesta republicana. De hecho, el comienzo de la República Romana el 15 de febrero de 1798 y las conmemoraciones que se preparan en es ta época, pasan por ser uno de los agentes motivadores que inciden directam ente en el cambio de estas ceremonias, en cuanto a que toman otro cariz, en el sentido de hacerse más públicas y participativas, en cuanto, se valoran otros principios que no 10 C A V AZZI, L.: “Fochid’allegrazza a Rom a da lcinquecentoall’ottocento”. En: Fochid’allegr ezza a Roma . R oma, EdizioniQuasar , (c at.exp.Palazzo Braschi 15 settembre-31 ottobre 1982 ), pá g. 13. - 31 - están en consonancia con la religión, provocando el surgir de una fiesta con otras iniciaciones sociales, en contra del absolut ismo reinante de los papas. El entusiasmo y la expl osión de libertad de la Repúbl ica Romana a final es del siglo XVIII provocó un cambio en la fiesta y , sobre todo, en los elem entos que se utilizaban para acompañar y dar sentido a ésta. Con cada permuta de poder se det ermina conscientemente un cam bio necesario y de prever en la socieda d, lo cual como tal, oc asiona una nueva forma de promover la s festividades. As í, si el dominio los P apas se demostraba sobre el resto de civilizaciones no católicas que habían pasado por la ciuda d de Roma y que habían sido convenientement e “reeducadas” con símbolos cristianos, (como por ejem plo las antiguas columnas triunfal es romanas), en los arcos de triunfo en el barroco se experimentan soluciones más complejas que recuerdan incluso a las fachadas o a los altares de las iglesias. En estos arcos, por una parte, se unen las características de la arquitect ura teatral de escena frons y , por otro, la experimentac ión y fantasías del movimiento rococó. Los basamentos con figuras alegóricas, emblemas heráldicos portados por ángeles y Famas simbolizan ahora el triunfo mundial de la religión. Se sigue el modelo florentino utilizado en las fiestas de los Medicis en un tipo de arco tradicional coronado por una gran cartela con inscripción que ocupa todo el penacho el cual está flanqueado por balaustres. Son verdaderos arcos escénicos que encuadran la escena trasera donde se dejan ver el arco de T ito, el Coliseo y otros monumentos, coronándose con iconos cristianos. Con los espectáculos propios del nuevo régimen pol ítico (la Repúbli ca), estos s ímbol os s ufrían una conmutación adoptando otro significado con nuevas valencia s ideológicas. Será el caso, entonces, del predicament o adquirido por otros motivos ,el Árbol de la Libertad, y de los lugares donde se desplegaba la celebrac ión, como ejemplos simból icos de presentaci ón de nuevos contenidos. Ahora las alegorías harán alusión a la Igualdad, Fraternidad y Libertad, es decir , las mismas consignas que utilizará la vecina Francia revolucionaria. T ambién se acude a lugares como la plaza de San Pedro, ya que era uno de los lugares que más concentración popular recogía. Se trataba, en este caso, no tanto de “profanar” el lugar , sino de “sustituirlo” por medio de “reconvertirlo”, al tomarlo los revolucionarios para otro fin, es decir , para la unión y encuentro del pueblo que en definitiva era el protagonista. Un ejemplo de estas celebra ciones fue la Fiesta de la Federación de 1798, la cual se propone como icono de la nueva racionalidad - 32 - política y social ( Figur as 1 y 2 ) 1 1 . Para los republicanos franceses y romanos, no se trataba tanto, como dec imos, de profanar con sus celebraciones los lugares del poder pontifi cio, sino de “reeducar” y apropiarse de aquellas esferas que, como ciudadanos libres, del mismo modo les correspondía t ratando con ello de no encomia rse y “comportarse”como verdaderos súbditos sometidos al poder temporal y espiritual de los Papas. Aunque sólo duró 18 meses, la República Romana, dejó nuevas muestras de arquitectura efímera. Los proyectos artísticos para cada ceremonia presentaban cuidadas formas, la escenografía y las máquinas pirotécnicas realizadas por los artistas revolucionarios mostraban una conexión direc ta con las tradicional es fiestas que se habían llevado a cabo en la ciudad de Roma. Por tanto, aunque con connotaciones distintas de las or ganizadas por los Príncipes de la Iglesia, éstas no carecían ni de bel leza, ni de esplendor 12 . T ales conmemoraciones, en su condición de ejemplo de fiestas profanas, nos hacen ver como todas las festividades no son religiosas, demostrándose en sus análisis cómo todas ellas presentan (según el periodo, políti ca en definitiva intereses...) característica s diferentes. Pero hay que resaltar que los diseños efímeros en ninguna de ellas desaparecen y van unidos al carácter singular y especial de lo que va a ser conmemorado. En virtud de lo expuesto, el siglo de la modernidad, el siglo XIX, ingresará de la mano de Pío IX y a partir de 1846, en una actitud de competitividad con las fuerzas liberales del momento comandadas por la clase popular , bur gues a y no menos la nobiliaria. Se iniciará con un sentido la celebración, si decir tiene, de considerable disimilit ud a la de épocas anteriores. Si ésta era utilizada en un principio como propaganda de monarcas cristianos y de príncipe s del catolicismo para fascinar a incondicional es, ahora se destinará para recapitular hazaña s políticas y no precisamente de los Césares Apostólicos. Pero aunque este s iglo s e abata ante el tropiezo de no ser acreditado y distinguido por sus ceremonias, es inexcusablemente por causa de la ignorancia y los prejuicios, porque si de algo disfruta este periodo es justamente de lo contrario. El 1 1 Fi gura 1 : F . Giani, L ’arco trionfale eretto a ponte S. Angelo in ocassione della Festa della Federazione, 20 mar zo 1798, olio su tavola. Museo di Roma, inv . MR 164 (scheda A34). Figura 2: F . Giani, La festa della Feder azione a piazza S. Pietro, 1798, olio su tavola. Museo di Roma, inv . MR 165 (sche da A35). En opus cit.: La festa …págs. 144, 145. 12 TITTONI, M.E.: “I l Sacro e nt usiasmo della libertà. Feste r i voluzionarie a R oma 1798/1799”, En: opus cit.: L a festa ..., págs. 142-149. - 33 - eclecticismo de estilos en la fiesta y una evidente continuación de lo efímero darán fe de ello, mostrándonos y demostrándonos que las “viejas” representaciones aún disfrutarán de enorme vitalidad en este pe riodo decimonónico romano. Los conflictos sociales en la recient e sociedad romana germinaban y se expandían firmemente. Ahora se trataba de exigir un nuevo concepto de vida, en el que ya la diferencia de clases no era substancial. Al presente, se demandaba un horizonte de subsistencia distinta al de entonces, con condiciones mejorables, sobre todo para esta naciente clase de acaudalados mercantes que poseía el poder político. Es entonces cuando el V icario de Cristo y su cohorte tendrá que operar interesándose y apostando sin figuras por la propaganda ideológica y escenográfica, porque ya no se trataba de controlar a una masa que dedicaba todos sus esfuerzos a llevar una vida pensada hacia Dios y para el servicio a la Iglesia. En éste período será, no lo olvidemos, cuando el carácter mayestático de monarca s y papas comenzará a derrumbarse. Ahora se iniciaba un domini o de nuevos gobernantes laicos y de regímenes constitucionales que intentaban, de algún modo, ganar terreno y hacer de Europa un orbe industrializa do, emancipado de la religión y con conexiones externas. Se constituía , en definitiva, una nueva era en la que la religiosidad sufría un irreversibl e crepúsculo y las clases sociales pedían su recompensa con un sistema de autonomía. Semejante contexto afectará, como ya se ha dicho, a la firmeza del poder temporal 13 que se había hecho en más de una ocasión perpetuo. Este Poder fue regentado por los Padres de la Iglesia y mantenido por los monarcas extranjeros los cuales se rendían mutua pleitesía. Este sistema fue una de las causas por las que se exigió un cambio repentino del gobierno, ya que se encaminaba a una devastación del mismo convirtiéndose en una especie de “dictadura divina”, la cual como explica Luciano Nasto, sólo fue interrumpida brevemente por la ocupación francesa. En palabras del ya citado autor , esta situación que s e daba en Roma en particular fue provocada por una serie de causas, seguidamente enumeradas: “La amplia red asistencial, obs tinada clausura al mundo exterior y la larga continuidad del gobierno”. En este sentido, sería Pío IX quien valiéndose del aparato de los actos más solemnes protagonizaría una auténtica ofensiva y 13 En: Opus Cit.: NASTO, L.: Le feste ... pág. 1. - 34 - una línea de acción por la defensa de la Iglesia cuestionada en varios países, acompañándola de beneficencia, obras de la aprobación de nuevas congregaciones religiosas y todo lo que procurara una recuperación de la Fe 14 . Que la fiesta religiosa conviviera con la cívica sin que carecieran de suntuosidad, ni la una ni la otra, era una evidencia. Lo que ahora s e intentaba con las ceremonias urbanas era adquirir una permuta de l os roles y papeles de los titulares de l a obra a representar , instaurándose en la mayoría de los casos un galim atías ya que al trueque y a la renuncia de poderes ninguna de las jerarquías se hallaba di spuesta. En definitiva, los pontífices del Ochocientos se permiten llevar a cabo la realización de diferentes dedicaciones para prescindir del caos que entre los miembros de la s ociedad se podía crear con la exclusividad de festejos religiosos, incl uyendo en ell as un carácter más ocurrente y voluble del que pudiera formar parte toda la ciudadanía. Se gratifica con esta versatilidad una participación masiva y una alabanza de las potestades pontificias. Pero continuará la “Roma Santa”, mostrándose cada vez más bella y elogiada en sus ámbitos cristianos y pres umie ndo de lugares privilegiados donde realizar sus funciones. Por tanto, como consecuencia de lo antedicho, las ceremonias religiosas seguirán siendo las protagonistas. Para s u consecución, estos fastos necesitarán adaptarse a movimientos artísticos nuevos con los que poder plasmar no solo los adelantos y pericias de los arti stas por los Pontífices elegidos, sino los intereses personales que los Papas (Pío IX en particula r), pudieran pos eer en cuanto a sus actuaciones como patronos de los óbitos con los que obtenían fama y prestigio. Por todo ello, y a lo largo de este es tudio, podremos analizar y advertir las características y particularidades de las distintas ceremonias, así como los tipos de celebraciones que tuvieron lugar en los años de existencia de Juan M aría Mastai, el Papa Pío IX . Fiestas religiosas y profanas, que vienen marcadas por la m ultitud de canoniza ciones, y beatificaci ones, sin olvidar el reconocimiento de la Concepción sin mácula de la V irgen con la declaración de su pertinente 14 R AGGI , P .: La Nona Cr ociata. I volontari di Pío IX in di fesa di Roma (1860- 1870) , Ravenna, a cura della librería T oni ni, 2002, pág. 60. - 35 - Dogma. Con ellas, el poder , la imagen y la exaltación del Pontífice se ponían de manifiesto y estaban garantizados auspiciando con ello el culto a la personalidad, en complicidad con la exaltación tri unfalista de la ya erosionada i nstitución pontific ia. - 36 - Figura 1 : Arco t riunfal erigido e n el Puente de Sant'Angelo en ocasión de la Fiest a de la Federac ión, 20 de mar zo de 1798. En la imagen vemos el arco del tr iunfo que se alza ante el C astill o de Sant 'Angelo, f ortaleza propiedad de los papas y com o tal, símbol o del cristi anismo y ta mbién de la opresi ón del poder papal en cuanto cárcel para sus enemigos y opositores. En este caso se representa la superior idad y dominio de la revoluci ón f rente a un Pí o VI destr onado y expuls ado de la ci udad. En defi nitiva el anticler icalismo f rente al cat olicismo. - 37 - Figura 2 : La Fiesta de l a Federación en l a plaza de San Pedro, 1798. Al igual que en épocas pasadas, las fiest as sir vieron par a conmem orar acont ecimientos y demostra r la superioridad entr e dist intas civilizac iones, religiones y el cristi anismo sobre la herejía, de ahí las columnas conm emorativas o los ar cos uti lizados, recordando a l os alz ados en otr o tie mpo para celebrar las vict orias de los Césares y de los que pos teriormente se servirá n los Papas y par a el mismo fin. En esta imagen, la pol ítica im perante intent ará exponer algo equivalent e; esto es : el hecho m ismo de reali zar una fiesta civil ante el má ximo s ímbolo de la crist iandad, fue pa ra demostrar que el lai cismo de las pol íticas libe rales se imponí an a lo que ellos consider aban ideas caducas y cas tradoras de la Revolución. - 38 - II. P IO IX: LA PREST ANCIA Y EL OCASO DE UN AUGUST O Y LUENGO REINADO. LA FIEST A DEL OCHOCIENT OS EN ROMA Dios bendito, que humilla y exalt a, ha querido elevar mi miseria a la más sublime dignidad de esta tierra. Hágase siempr e su santa voluntad. En cierta manera conozco la gravedad casi inmensa de tal car go y conozco asimismo la pobr eza, por no decir la ver dadera nulidad, de mi espíritu. Haced r ogar y r ogad por mí. En cuanto a vosotr os, amados hermanos, os abraz o de todo corazón en Jesucristo y en vez de exaltar , compadeced a vuestr o hermano que os da a todos la bendición apostólica (Pío IX) Este estudio tiene como objeto dar a conocer la importancia y significación de la fiesta durante el pontificado del sobrescrito Papa. Sin embargo cada vez es más reconocida s u enver gadura y relevancia más allá del Barroco, siendo de gran importancia destacar , su gran alcance durante el solio de Pío IX, cuando el hecho festivo adqui ere un boato especial, emul ando, o incluso nos atreveríamos a afirmar , que se convierten en una prolongación de las fiestas desarrolladas en los siglos XVII y XVIII. Una exaltación del ceremonial, en definitiva, que sólo - 39 - marcará la diferenci a con las de las superadas centurias en lo referente a las tendencias artísticas, por cuanto todas las celebraci ones serán realizadas y planific adas con la misma finali dad. Aunque, previamente hayamos hecho una apreciación sobre lo progresivamente conocido que en este lapso va haciéndose más parte de la historiografía por sus espectáculos y festejos, sí es cierto y destacable de evidenciar , insistimos, lo escasamente valorado que ha s ido y el escaso prestigio adquirido por la fiesta del Ochocient os en Roma a causa de su desconocimiento. Sustancialmente, porque durante un tiempo considerable se ha pensado que tras el Barroco no había existido nada igual y , en este trabajo, está clara nuestra de intención de demostrar que, efectivamente , hay vida después del Barroco, en lo que a la fiesta atañe. Precisamente es aquí y ahora, con Pío IX y con sus antecesores ochocentistas. Aún debiendo todos librar las batallas más complejas contra la heterodoxia y el laicismo generaliza do, será en este momento cuando estos espectáculos alcanzan de nuevo un esplendor excepcional. Si en el Setecientos el fin últim o fue demostrar poder , preponderancia y superioridad, Pío IX deberá actuar y realizar lo mismo, para en momentos convulsos mostrar y evidenciar su intento de dominio y hegemonía y preservar de todo influjo revoluci onario, lo que, durante siglos la Igl esia Católica había construido. Así pues, a lo lar go de su existencia el Pontífice intentará defender con sus acciones los derechos de la Sede A postólic a y los de la cristiandad, evi tando que el anticlericali s mo se apoderara del espíritu de un orbe, que hasta el momento había creído firmemente en los administradores de la Iglesia. Un Papa adorado por muchos y odiado por otros, hubo de enfrentarse a una de las empresas más comple jas de la Historia. De hecho, con él comenzaba, por primera vez en la existencia del catolicismo, un período a gobernar sin poder político. En otras palabras, el poder temporal de los papas quedaba en las sombras del pasado. De tal forma, que a Pío IX le tocará adquirir y conjugar durante su pontificado, confianza y vigor y dotar de eficiencia y facultad sus prácticas, destinándolas por entero a la evangelización, en el desesperado empeño por consolidar , así, la unidad de una Iglesia rota por el descreimiento y la irreligiosidad. - 40 - ser los papas “consustancialmente” conservadores y extemporáneos, cuando el mundo debía marchar hacía cam inos democráticos y plurales. - 47 - Figura 3 : Folio para el escrutini o de la maña na para la el ección del nuevo Papa tras la muerte de Gregorio XVI. Present es en el cóncl ave 1846. - 48 - Figura 4 : La Santidad de Nuestro Señor Pío IX el 16 juli o, día en el que concedió l a amnistía a los presos polí ticos. - 49 - Figura 5 : Alegoría de la amnistí a concedida por Pí o IX el 16 de j ulio de 1846 - 50 - 2.2. IMPORT ANCIA Y PROBLEMAS DE SU SEDE APOSTÓLICA A pesar de gobernar un pontifi cado cargado de dificultades, conflictos políticos, guerras y luchas de poder entre los distintos mandatarios y fuerzas europeas, P ío IX no abandonó su propósito de otorgar todo lo necesario a los fieles del cristianismo. Creía en el mantenimi ento del poder espiritual s obre todas las cosas, aunque ello significara sacrificar la pérdida del poder temporal. En todo momento se había generado un gran equívoco s obre su persona y su popularidad: él no era un polític o y , por tanto, debían dejar de verlo como tal. El Papa, simplemente, había sido elegido por el orbe católi co para conservar un poder que ya había sido constituido hacía siglos, fuera de cualquier cuestión política y lejos de intereses jurisdiccionales, puesto que la s oberanía temporal de los papas había sido conformada y aceptada por el catolicismo com o poder independiente. Sin embargo, el hecho de jugar con es te concepto para ultrajarlo y amonestarlo, obligó que Pío IX tuviese que permanecer en el exilio algo más de un año. Y aunque tras su regreso fue alabado por muchos ( Figur a 6 20 ), la lucha no había terminado. Las revelaciones callejeras y las manifestaciones escritas se harán eco de numerosas sátiras, caricaturas y críticas que situarán al Pontífice en la peor de las posiciones. Una nueva etapa estaba por comenzar , la de la pérdida total del poder temporal, al menos, en lo que a su tradicional forma se refiere. Con todo, tras su destierro el Papa tuvo clamorosos recibimientos allá por donde iba. Hasta s u retorno a la Ciudad Eterna, la población lo arropaba con afectuosa aceptación, una vez allí, las salvas disparadas desde el Castillo de Sant’Angelo anunciaron s u llegada. En San Juan de Letrán lo esperaba el cuerpo diplomático, el Sacro Colegio Cardenalicio y la comisión municipal, para rendirle el merecido homenaje . Una vez finalizado el t ributo, la comiti va puso rumbo desde el citado tem plo hasta San Pedro, para continuar con los act os demostrativos de entrega y fidel idad al Pontífice. 20 Figura 6 : Pío IX retorna de Gae ta. En: (I)stituto (N)azionale pe r la (G)ra fica, Roma, cromolitografia/ca rta (FN33704). - 51 - La Basílica V aticana fue iluminada y decorada como para las celebraciones de otras muchas cerem onias propias de esta soberbia ciudad y que conoceremos y estudiaremos a lo lar go de nuestro recorrido por los acontecimientos celebrativos de la sede apostólica de P ío IX. Declaraciones de beatificación, santificación y el tan ansiado Dogma de la Inmaculada, s erán ejemplo de ello, ennobleciendo por tanto, el pontificado de este sobres ali ente y controvertido Papa. Así pues, este célebre evento se produjo en medio de un gran entusiasmo, que demostraba los verdaderos sentimientos que los ciudadanos de Roma le profesaban al Príncipe de la Cristiandad. En ese momento, todos los campanarios de la Ciudad Eterna indicaban que el exilio del papa había cesado, los bronces elevaban s us voces al cielo agradeciendo a éste el feliz retorno. El P apa, en su carruaje y rodeado del ejército francés, bendecía a la población que s e arrodillaba ante é l. Entre la multitud s e dejaron ver representantes del clero galo, a los que el Pontífice se dirigió para ofrendarles unas emot ivas palabras, que conmovieron hasta provocar las lágrimas de todos los all í presentes: Ah aquí mi buen francés, el hecho de que haya r egr esado se debe a ellos . Así pues, y cuando la procesión inició nuevament e la marcha, el castillo de Sant’Angelo izó la bandera pontifical en unión al es trepi toso eco que dejaban a lo largo de las orillas del río las descar gas de los cañonazos. Anunciaban el retorno de Pío IX. El cortejo se iniciaba con los Generales del Estado Mayor Guesviller y Lauvan, les acompañaban en su carruaje el comisario de Policía y el secretario de Prefectura. T ras ellos, los tres cardenales de la comisión de gobierno, un grupo de dragones papales y un destacamento francés a caballo formaban la avanzadilla. Detrás les seguían un pelotón de dragones, gendarmes franceses y un piquete de la guardia noble, precedidos todos ellos por el baterista de la demarcación papal. Junto a ellos, el carruaje de Pío IX avanzaba sobre un lecho de flores que se extendía a modo de alfom bra, mientras era conducido por s eis caball os blancos guarneci dos de oro. El coche fue seguido por un gran número de personas que acompañaban al Papa hasta s u destino, la Basílica V aticana. Allí les esperaba el líder del ejército francés Baraguay d’Hilli ers y el príncipe Altieri ataviados con sus galas de honor . Una vez en San Pedro, recitaron oracione s en - 52 - agradecimiento por lo acaecido y entonaron el T e Deum, mientras Pío IX bendijo a todos los allí presentes. Fue una jornada memorabl e para el V icario de Cristo y para la Ciudad Eterna. La Historia nunca lo olvidará y registrará en sus anales como día glorioso el de las celebraciones festivas de 12 de Abril de 1850. Francia se había ganado de la religión y del mundo entero el mérito de haber hecho posible el retorno de l Papa ( Figura 7 21 ). T ras múltiples intentos por conservar los Estados Pontificios, Pío IX tuvo que rendirse ante los adalides del Risorgim ento. La cuestión romana acababa con la lucha titánica de un Papa que había intent ado febrilmente sal vaguardar y proteger la he rencia del Pescador . Así que, cuando Víctor Manuel II consumó con la unificación italiana s us deseos de apoderarse de los dominios pontificios y , con ellos, también de su poder temporal, Pío IX no sólo hubo de firmar las capitulaciones, sino que cuando s e adentró en el interior de la ciudad Leonina, no volvió a frecuentar las calles de Roma hasta hacerlo un lustro después. Sólo que en el interior de su ataúd, antes de ser enterrado en la iglesia de San Lorenzo in Damaso, donde hasta el día de hoy descansan sus restos. 21 Figura 7 : Página de un periódico parisino donde Francia ponía de manifiesto la colaborac ión prestada al Papa devolviéndole sus territorios y con ello fac ilitándole su retorno tras el exilio en Gaeta . El país galo se encumbraba tra s su hazaña histórica c omo el gran benefac t or del c ristianismo. - 53 - Figura 6 : Pío IX retor na de Gaeta. El Santo Padr e aparece ante las puertas de San Juan de Letrán arropado por dignat arios diplom áticos, la comisión municipal, el pueblo de Rom a y el Sacro Colegio Cardenalici o que lo esperan ante las puert as de la Basí lica con l a Cruz procesional y el pa bellón basili cal o umbell a, para rendi rle su merec ido homenaje y posteriorment e iniciar e n procesión la marcha hasta San Pedro. - 54 - Figura 7 : Entrada del Papa Pío IX en Roma tras su exil io en Gaeta - 55 - - 56 - Figura 8 : Una paradoj a católica - 63 - Figura 9 : Mi cora zón - 64 - Figura 10 : Un triste recuerdo - 65 - Figura 1 1 : T eatro de Gaeta - 66 - Figura 12 : Un bocado indigest o - 67 - Figura 13 : La m arioneta - 68 - Figura 14 : El juego - 69 - Figura 15 : La Hidra - 70 - Figura 16 : T izón de i nfierno - 71 - Figura 17 : La orden de Caín - 72 - Figura 24 : Un acto de Justicia - 79 - - 80 - 2.4. DISTINT OS TIPOS DE CELEBRACI ONES LA FIEST A CIVIL Aunque hasta el momento una amplia mayoría haya dado a conocer las acciones de Pío IX como personaje hos til al mundo moderno y como responsable de los enfrentamientos con las libertades del liberalismo, hay que advertir que su labor pastoral fue inmensa ya, que sus intereses fueron siempre los religiosos y debemos destacar de s u largo solio cuestiones tan importantes como, la declaración del dogma de la Inmaculada, las numerosas beatificaciones y canonizaciones, el Concilio V aticano I, así como la tan criticada y polémica definición de la infalibilida d pontificia 39 . Y todo ello, indiscutiblem ente, afectó de manera notable a los ceremoniales y los desarrollos festivos que tuvieron lugar durante s u papado, por cuento las ceremonias religiosas convivieron con las políticas. Si se celebraron con excepcional boato las devocionales y relacionadas con la Iglesia , tambié n lo fueron aquellas que poseían una notable car ga política y que sur gieron paralelas a las cuesti ones revolucionarias y las exigenci as del momento. La concesión de la amnistía no sólo fue convenientemente celebrada el 17 de julio de 1846, tal y como muestran las relaciones oportunas ( Figura 25 40 ), s ino que para su aniversario este hecho siguió siendo conmemorado y todas las disciplinas artísticas se unían para engrandecer hecho tan laudable. Así pues, y del mismo modo, todos los 12 de abril para rememorar la vuelt a de Pío IX de su exilio en Gaeta, fueron i gualmente recordados. El día de la celebración del perdón una multitud de romanos se agolpó en la plaza del Quirinal para agradecer al Príncipe de la Iglesia tan importante hecho, mientras todos pedían al unísono ser bendecidos por él. El acto de la bendición fue solicitado a lo largo de la noche, a la par que los cánticos y la música sonaba sin cesar . Una enorme lengua de fuego de los cientos de 39 C ARCEL OR TÍ, V .: Pío IX. Pastor universal de la Iglesia , V alencia, Edicep, 2000, págs. 59-61. 40 Figura 25 : Fr ontispicio de la crónica de la descripción de la fiesta de la celebración de la conc esión de la amnistía . GERARDI, Filippo M.: Il Per dono. Feste del popolo r omano , Livorno, 1846. - 81 - antorchas portadas por los ciudadanos, vencían la oscuridad. Al día siguiente continuaron las celebraciones, ovaciones, muestras de agradecimiento y de júbilo por parte de la ciudadanía que se agolpaba una vez más a las puertas del palacio papal. U nos con antorchas iluminaban todo el perímetro, otros llevaban banderas blancas con la inscripción de V iva Pío IX y otros acompañaban con aplausos al coro y a la banda que interpretaba unos versos que habían sido compuestos para la ocasión, aunque casi de improvisto por los maestros Pietro Paolo Sgambati y Giovanni De Paolis: 41 V iva viva il NONO PÍO Su gridiam, fratelli, insieme; Egli è dono a noi d’un Dio, E dell’ara e soglio onor e; V iva il Padr e, il buon Pastor e, Che alla gr eggia il ciel donó. T utti intorno vuole i figli Che cir coudino il suo tr ono: Riedan pur e dalli esigli Sia letizia, pace, e amor e; V iva il Padr e, il buon Pastor e, Che alla gr eggia il ciel donó 42 . El alba alcanzó a todos los allí presentes y el anuncio del nuevo día recordaba a los fieles que la fiesta debía continuar . Las muestras de júbilo conmovieron al Pontífice, que al s alir en su carroza hacia la iglesia de Padri della M issone para escuchar misa se encontró con un río de gente que lo esperaba y acompañaba a su paso por la ciudad. Las campanas anunciaban su marcha, las fachadas y los balcones de los palacios y de los edificios resplandecían con una soberbia decoración, al espectáculo le acompañaba la lluvia de pétalos y de flores que caían desde el cielo para alfombrar las calles que recorría el coche papal ( Figura 26 43 ). Pío IX no pudo 41 Ibidem: Il Per dono , págs. 8-9. 42 Ibidem: Il Per dono… págs. 8-9. 43 Figura 26 : Arco triunfa l erigido en honor de Pío IX, después de l edicto del perdón, 1846, tempera, a tribuido a - 82 - contener las lágrimas de satisfacción al ver las muestras de devoción que el pueblo de Roma le había ofrendado. Si este espectáculo estaba sujeto a uno de los mayores triunfos de la modernidad, su prolongada celebración recordaba a las conmemoraciones triunfales de los antiguos Césares. Y a de vuelta al palacio, el Papa volvió a recibir las mismas muestras de adoración popular . La noche del 19 de julio la ciudad resplandecía como nunca, los fuegos artificial es , la música y los cantos, rompían el silencio de la noche. Pero esta maravilla y espectacul aridad sólo se debió a una única palabra “Perdón” pronunciada al efecto por él. Un año después, esta concesión exitosa volvió a ser conmemorada ( Figura 27 44 ). Así que, para el citado aniversario, el espacio de la plaza del Pópolo fue convertido en un es pléndi do teatro donde se iba a representar un grandioso espectáculo en honor del gran Jerarca de Roma. Una vez más lo efímero se ponía al servicio de la fiesta. Por tanto, una estatua obra del escultor milanés Carlo De Ambrogi con la imagen de Pío IX, sería el núcleo del escenario. T anto el monumento como el e spacio giraban en torno a la i mportancia que tuvo la declaración del perdón por parte de Pío IX , es por lo que en las tres gradas que servían de basamento y sobre las que se alzaba la escultura, fue escrito con letras de oro el texto del decreto de la Amni stía. A su vez, en cada es quina del último escalón del podio, fueron colocadas las V irtudes de las que hubo de servirse el Pontífice para conceder la citada indulgencia laica. Por consiguiente, la Religión , la Caridad , la Prudencia y la Justicia , fueron el conjunto escultórico que acompañaba a la efigie del P apa ( Figura 28 45 ), siguiendo las más academicistas y declamatorias convenciones del monumento público dec imonónico. A. V iviani, MR, 4202. Particular . En: L a festa a Roma. Dal Rinascimento al 1870, V ol. 2. A Cura di: F AGIOLO, Marcello, Roma, Umberto Allemandi, 1997, pág. 184 44 Figura 27 : Frontispicio del libro sobre la celebración del anive rsario del perdón conc edido por Pí o IX a l os presos políticos. En: MA TTHEY , C.: Gran festa notturna che l’alta nobiltá di Roma dá nella Piazza del Popolo per L ’anniversario dell’ Amnisti a , Roma, T ipografía Menicanti, 1847. 45 Figura 28 : Monumento efímero para conmemor ar el aniversar i o de la c oncesión de la amnistía por parte de l Pontífice Pío IX. En: Ibidem: Gran festa notturna… pág. 1. - 83 - La imagen de la Religión s ostenía en una mano la cruz y en otra una vara de olivo, con estos símbolos se quería poner de manifiesto que la religión de Cristo es la reli gión de la paz y que, como tal, había sido l a promotora de un episodio así. La Caridad, una de las principales y más importantes de las virtudes, muestra el amor hacía D ios sobre todas las cosas y hacia el prójimo, como Pío IX hiciera con el pueblo romano. La escultura fue creada con la llama de la sabiduría, mientras un niño pequeño se apoyaba en la matrona que sujetaba a un pequeño en los brazos: La ar diente llama, con su vivacidad nos enseña que la caridad nunca cesa de actuar , amando siempr e, según s u costumbr e 46 . La Prudencia, la excelencia de esta virtud es tan elevada e importante, por que con ella se r ecuer dan las cosas del pasado, se or denan las pr esentes, y s e pr evén las futuras, a tal punto que el hombr e que de ella car ece no podrá r ecobrar lo que per dier e, conservar lo que posee, ni alcanzar finalmente cuanto espera 47 . La Justicia. Bien podemos definir a la Justicia com o aquel hábito según el cual el hombr e justo, por su pr opia elección, es dador y dispensador tanto del bien como del mal, para sí mismo y los otr os, o entr e unos y otr os en su caso, según su calidad y actuando de acuer do con la pr opor ción geométrica o la aritmética; teniendo como fin último la utilidad y la belleza, a la pública felicidad acomodadas 48 . A sí pues, tanto la Prudencia, como la Justicia son las virtudes de actuar de manera justa, tal y como hizo el Pontífice concediendo el perdón a cientos de prisioneros. El podio donde reposa el pedestal que sostiene a la figura de Pío IX fue decorado con bajorrelieves alusivos a acontecimientos vivi dos por el Papa. Sobre estos grabados pétreos, cuatro pequeñas aguilas reposaban sobre unos festones a los pies de la escultura del Santo Padre. Al conjunto escultórico neoclá sico le acompañó una fastuosa obra pirotécnica . Un templo 46 R IP A, C .: Iconología I Madrid, Akal, 1996, pág. 163. 47 Opus cit: Iconologia II …pág. 233. 48 Opus cit: Iconologia II …pág. 9. - 84 - dedicado a la paz ubicado en el Pincio, culminaría la espléndida fiesta conmemorativa ( Figura 29 49 ). Aparatos efímeros de cartón, telas, madera, fuegos artificiales, de compleja estructura y diseño estudiado y cuidado, s on elaborados con el fin de ser incendiados al final de la celebración. Estas fastuosas creaciones realizadas por los mejores arquitectos y artistas del momento son una expresión de júbilo popular , es la apoteósica culmina ción de lo celebrado. Con estas máquinas s e festejaban tanto acontecimientos religiosos, monárquicos, de las grandes familias, como civiles, en el momento en el que Roma comenzó a experimentar en su tejido ideológico los efectos del liberalismo. Por otra parte, a lo largo del siglo XIX, estos armazones efímeros van adquiriendo la capacidad de adaptarse a los progresos estilísticos y van experimentando superaciones extraordinarias. Complejísimas máquinas pirotécnicas, verdaderas estruc turas arquitectónicas, que emer gen de la naturaleza del nuevo parco elegido donde s er exhibidas: el P inci o, que es ahora el es cenari o donde los artistas dan rienda suelta a su imaginación con estos complicados artilugios. El color de las centel leantes luminarias, la explosión de cientos de petardos, la neblina del humo y el olor a pólvora, confieren al espacio un aspecto de confusión, desconcierto, a la par que una pasmosa admiración. Estupefacci ón ante esas admirables creaciones, donde el engaño, el fingimiento, era la parte es encia l, puesto que eran capaces de inventa r con eleme ntos de lo más verosímil, como árboles, fuentes, lagos, jarrones, flores, bastidores y tejidos, efectos y situaciones de lo mas fabuloso. Estas obras de arquitectura efímera, acompaña ron a Pío IX a lo lar go de su Pontificado, en un momento que como ya hemos comentado, las llaves supremas se hallaban en crisis. Así que, si por algo fue caracterizado su reinado, fue por la pompa y suntuosidad de sus ceremonias, donde fue capaz de compaginar la religiosidad de las mismas, con las exigencias del ideal político del m omento y adaptar ambos concept os, buscando la adecuación y la com patibilidad. 49 Figura 29 : Máquina Pirotécnica con el templo de la Paz. En: Opus c it: Gran Festa nott urna …, págs. 1-10 - 85 - Arquitectos de renombre como Luigi Poletti y V ir ginio V espignani, fueron los máximos representantes de este ti po de máquinas pirotéc nicas y perecederas. El ne oclasicismo y las depuradas formas del primero, conviven con el eclectici smo y la utilización de elementos de diversos estilos del segundo, que se ponen al s ervici o de estas fiestas y de Pío IX. A Poletti se le deben espectaculares creaciones para la canonización de los mártires del Japón o la definición dogmática de la Inmaculada Concepción y a V espignani trabajos de la última década del Papado tales como la del Silabo 50 o la realizada en la plaza de los Santos Apóstoles para el aniversario del retorno del Santo Padre de Gaet a. El 12 de abril de 1850 el Papa regresaba de su destierro entre multitud de aclamac iones como hemos descrito anteriormente. Un acontecimiento que acabó por convertirse en fiesta nacional. Por tanto, la idea de festejar el 12 de abril significó solemnizar al mismo tiempo un hecho político y religioso, por cuanto encarnó la salvación del Papa de manos del “monstruo” de la Revolución. Durante años, el V icario de Cristo, tuvo que aprender a convivir con reivindicaciones y celebraciones que recordaban las viejas glorias del pasado romano. El “demiur go de la nueva era” para muchos tuvo que hacer frente a la crisis ideológica, el escepticismo, el cambio en la mentalidad, la carestía y el conflicto, que como es obvio afectó a las manifestaciones festivas, debiendo éstas conjugar el component e religioso y político, incluso laico, de manera ecuánime. No tuvo que ser nada fácil que desde su coronación, cada grupo o círculo aguardara ver en Pío IX unos anhelos que, has ta el momento habían sido imposibl es de cumplir: En Pío IX los constitucionalistas querían ver a un príncipe liberal, los r epublicanos a un pr esidente, los unitarios al gobernante de un estado unificado, los federales a un gobernante de una Italia federal, en él los neocatólicos veían al r estaurador del papado 51 , en definitiva, una promesa que llegaba para impartir justicia. Sin embargo, todo acabó por convertirse en una utopía incompatible con la actividad y soberanía pontificia. Justamente por todo, hubo de saber 50 Fochi D’Allegr ezza a Roma Dal Cinquecento Al l’Ottocento (A cura di: CA V AZZI, L.), Roma, Edizioni Quasar , 1982, págs. 100-101. 51 NASTO, L.: Le feste civil a Roma Nell’Ottocento, R oma, Gr upo Editoriale Internazionale, 1994, pá g. 34. - 86 - combinar estos afanes con sus verdaderos empeños, realizando una fiesta acorde a los tiempos modernos, pero llena de sentim iento, esperanza y religi osidad. En tiempos de Pío IX la fiesta estuvo unida como todas las anteri ores a la ovación y deseo popular , pero s obre todo se convirtió en esencial para adquirir con ella, el asentimiento ineludible de cada movimiento político. As í pues, y acogiéndose a los procesos evolutivos que s e sufrieron a lo largo de más de tres décadas de pontificado, Pío IX en los momentos menos turbulentos pudo disfrutar de la fiesta como generatriz de espacios insólitos, de escenas llenas de fantasía y exuberante decoración, con los mecanismos propios del Barroco y con la clara intencionalidad insistimos, de generar estupor y júbilo en los espectadores. Enormes máquinas pirotécnicas, empalcaduras y la magia de lo efímero volvía a usarse para afianzar y robus tecer el poder del sucesor de Pedro, calando en una población t odavía ignorante y ávida de satisfacciones. En consecuencia, la última década del s olio papal, vino marcada por la ocupación de parcos y lugares tanto de la ciudad como fuera de ella. Se trataba de que el espectáculo dejara su huella por cada rincón de la ciudad e invadiera con sus creaciones cada es pacio y tal y como ocurriera en las jubilosas épocas del pasado, la Santa S ede, dejara constancia de su soberanía. Ejemplo de este despliegue es lo que se organi zaba para la celebración de la fiesta nacional cada 12 de abril y concretamente las realizadas para 1867, aunque las de 1870 le ganaran en número y se convirtieran, a su vez, en una de l as últimas grandes celebraci ones de la Sede Apostólica. Fastuosas máquinas pirotécnicas cargadas de luminarias y colosales obras de ingeniería efímera se habían erigido para glorificar los triunfos y logros del Papa. Los trabajos más destacables, principales y de compleja elaboración fueron los ubicados en la plaza de la Minerva, Ponte, la Rotonda, el Colegio Romano, Campo di Fiori, plaza Montanara, los S antos Apóstoles, Campitelli y San Lorenzo in Lucina. En otros escenarios secundarios como en plaza Colonna, el Foro T rajano, plaza Navona, plaza Borghese, Serpenti, Ripetta y Santa María in T rastevere 52 , también se desarrollaron soberbia s invenciones. 52 Il 12 April e a Roma. M emorie dedicate alla Santità di N. S. Papa Pío IX feliceme nte r egnante, Rom a, T ipi dell’Osservatore Romano, 1867, pág. 16. - 87 - La tramoya erigida en la Plaza del Colegio Romano era una enorme máquina de estética neogótica apeada en un basamento rectangular , sobre el que se alzaba una estructura porticada con una hornacina en el centro, flanqueada y coronada por bajorrelieve s que hacen alusión a la fe, al bautismo y al misionado apostólico. El interior del nicho lo ocupaba una escultura con la alegoría de la Religión, que sostenía en una mano la cruz y en otra el cáliz, mientras descansaba sobre un globo terráqueo ( Figura 30 53 ). En la plaza de la Minerva se construyó un colosal monumento neoclásico coronado con la figura del Redentor que descansaba s obre una peana, siendo esta el final de una estructura decreciente octogonal ubicada sobre un basamento rectangul ar . En cada ángulo, cuatro estatuas alegóricas con la Religión que sujetaba las tablas de la ley a modo de nuevo M oisés, la T ribulación con la corona de es pinas y la cruz, la Esperanza con el ancla y la rama que brota y la Paz que sostenía el olivo con guirnaldas de flores, flanqueaban el monumento como V irtudes que también habían ac ompañado al pontífice a lo lar go de su mandato ( Figura 31 54 ). Sobre la P orta Settimi ana una maravi llosa y vistosa pintura representa ba la expulsión de Heliodoro del T emplo cuando decidió inca utar el tesoro de Jerusalén para las arca s reales: Per o cuando ya se encontraba con s u escolta junto al T esor o, el Soberano de los espíritus y de toda Potestad se manifestó tan esplendor osamente que todos los que se habían atr evido a venir con él, heridos por el poder de Dios, quedar on sin fuerzas y acobar dados. Por que se les apar eció un caballo montado por un temible jinete y ricamente enjaezado, el cual, arr ojándose con ímpetu, levant ó contra Heliodor o sus cascos delanter os. El jinete apar ecía cubierto c on una armadura de or o. T a m b i é n se l e a pa rec i e ron ot ro s do s j ó v e n e s d e e x t ra o r d i n ar i o v i g or , r esplandecientes por su hermosura y vestidos espléndidamente: ellos se pusier on uno a cada lado y lo azotaban s in cesar , moliéndolo a golpes. Heliodor o cayó en tierra, 53 Figura 30 : Monumento erigido en el Colegio Romano . En: Ibidem…Il 12 Aprile, pág. 17. 54 Figura 31 : Monumento ubicado en la plaza Minerva. En: Opus cit: Il 12 Aprile, pág. 19. - 88 - Figura 26 : Arco triunfal erigido en honor de Pío IX, de spués del edict o del perdón, 1846 - 95 - Figura 27 : Frontispici o del libro sobre la cel ebración del ani versario del pe rdón concedido por Pío IX a los presos pol íticos - 96 - Figura 28 : Monumento ef ímero para conm emorar el a niversario de l a concesión de l a amnistía por parte del Pontífice Pí o IX - 97 - Figura 29 : Máquina Pirotécnica con un templo de La Paz 1847 - 98 - Figura 30 : Monument o erigido en el Colegio Romano - 99 - Figura 31 : Monument o ubicado en la plaza Minerva - 100 - Figura 32 : Pintur a sobre la expul sión de Heliodoro del T emplo de Je rusalem - 101 - Figura 33 : Arco de T riunfo en vía del Serpenti - 102 - Figura 34 : Monument o en San Lorenzo i n Lucina - 103 - Figura 35 : Decorado en el puerto de Ripetta - 104 - Figura 42 : Monumento en plaza Campitel li - 1 1 1 - Figura 43 : Aparato en Bor go Nuovo - 1 12 - Figura 44 : Máqui na en la plaza de los Santos Apóstoles - 1 13 - Figura 45 : Pórtico del Foro T raj ano - 1 14 - Figura 46 : Decoración de Mont e Cavallo - 1 15 - Figura 47 : Alegoría del Pontificado de Pío IX - 1 16 - Figura 48 : Pio I X afronta el nauf ragio de la Iglesia con el apoyo de las vi rtudes. 1871 - 1 17 - - 1 18 - 2.5 RECT OR ORBIS. EL CONCLA VE Y LA CORONACIÓN Cuando muere un Papa se hace otro. Eso es lo que dice la Iglesia cuando el Pastor Universal ha sido alcanzado por la m uerte. Diez días después de la muerte del Papa entran en cónclave los cardenales. Una vez en el interior , se clausuran todas las puertas y ventanas del lugar elegido hasta que se dé lugar a la celebración del mismo. Cuando se halla todo dispuesto, se le reparte a cada cardenal una cédula donde poder ubicar el nombre de a quel que quieren sea el ele gido. Posteriormente se procede con la elección de los escrutadores y de los encargados de recoger los votos de los cardenales enfermos. Así que, para ello, el último ca rdenal diácono coloca sobre una m esita, que está situada delante del altar , las bolas que vuelca en una bolsa con los nombres de los cardenales de donde saldrán los seis para realizar las funciones antes citadas. Posteriormente, se depositan las cédulas en un cáliz que se tapa con una patena y se procede con el recuento ( Figura 49 74 ). En el momento en el que cualquiera de los papables obtiene las dos terceras partes de los votos, éste es declarado Sumo Pontífice. Una vez aceptado por su parte el cargo de Padre Santo y elegido el nombre que quería llevar , todos los cardenales acuden para hacerle la primera adoración ( Figura 50 75 ). El Cardenal P rotodiá cono, acompañado del M aestro de Ceremonias que porta una cruz, se asoma al balcón para anunciar al pueblo de Roma la elec ción del nuevo Papa. En nuestro caso, pronunciando las siguientes palabra s ( Figura 51 76 ): A N U N T I O V O B I S G A U D I U M M A G N U M : P A P A M H A B E M U S . ¡EMINENTISSIMUN AC REVERENDISSIMUN DOMINUN JOANEM MARIA MAST AI- FERRETI S. R. E. PRESBITERUM CARDINALEM QUI SIBI NOMEN IMPOSU IT PIUS IX! “ Os anuncio una grande alegría: tenem os por Papa al Eminentísim o y Reverendísimo 74 Figura 49 : Escrutinio para la elección de l Papa. En: Descrizione delle sacr e funzioni che hanno luogo dopo la morte del Sommo Pontefice, Roma , Presso Giovanni OlivieriT ipografo dell’Università Romana. En: Archivio delle Celebrazioni Litur giche del Sommo Pontefice, Roma, V ol.680, pág. 541. 75 Figura 50 : Primera adoración de los ca rdenales al Papa tra s su elección. Ibidem: Descrizione …pág. 543. 76 Figura 51 : Publicación del nuevo Pontífice en la Loggia di Monte Cavallo. Ibidem: Descrizione …pág. 553. - 1 19 - cardenal Mastai-Ferreti, Presbítero de la S anta Iglesia Romana que ha tomado el nombre de Pío IX 77“ . Mientras los estrepitosos aplausos se mezclaban con las salvas del Castillo de Sant’Angelo, con los tambores y las trompet as, el Maestro de Ceremonias se encar gaba de vestir con los hábitos pontificale s al nuevo Sucesor de Pedro, antes de que nuevamente los cardenales le prestaran veneración y fuese present ado por primera vez a su pueblo. El conclave fue celebrado el 14 de junio en la capilla Paulina del Palacio del Quirinal. Un velo de seda de color violáceo dividía la capilla en dos partes. Sobre el altar campeaba un cuadro representando el descenso del Espíritu Santo sobre los A póstoles. En las gradas del altar se levantaba el trono para el futuro Papa. Adosados a las paredes, surgí an cincuenta y dos tronos con baldaquinos verdes y violetas. En el centro del cuadrilátero se colocaron unas mesas con asientos para los cardenales que fueran llegando en comitiva, y más allá, hacia el altar , sobre una gran mesa, la urna para las cédulas de la elección, el cáliz para recoger los votos de los pres entes, la bolsa para el s orteo. Detrás del altar se dispuso una estufa de hierro, para quemar , después de cada votación, las cédulas, cuya humareda es signo de que la votación todavía no es definitiva ( Figura 52 78 ). Una insólita palidez cubría el rostro de M astai, por haber sido elegido es crutador , a él le correspondía leer las cédulas. El escrutinio que según el ceremonial debe repetirse has ta que uno de los candidatos obtenga las dos terceras partes de los votos, se había ya verificado tres veces y el cardenal Mastai veía recaer en su persona los votos que iba perdiendo el cardenal Lambruschini y los s ufragios repartidos entre todos los purpurados. En el segundo turno había ya ganado cuatro votos Mastai, y en el tercero leyó once veces tan s olo el nombre de Lambruschini y veinte y siete el suyo. 77 Abbé Michel André: Diccionario de D er echo Canónico. Arr eglado a la Jurisprudencia eclesiástica española antigua y moderna , Madrid, Imprenta de D . José G. de la Peña, 1847, T omo II. 78 Figura 52 : Dibujo del Conclave del que salió elegido como Papa Pío IX Mastai Ferre t ti. En: Archivio delle Celebrazioni Litur giche del Sommo Pont ef ice, Roma, V ol.680 Disegno del Conclave per l’elezione di Pío IX. - 120 - tanto, las campanas de la ciudad, las salvas de la Guardia Suiza, la banda de música y los cañones del Castillo de San Ángelo, a nunciaban al mundo el m ajestuoso instante. Llegada la tarde , los palacios del Excele ntísimo cuerpo diplomá tico, de los Cardenales, de los Prelados, de los Príncipes, de la nobleza y la fachada de la Colegiata de Santa María in V ía Lata a la cual había pertenecido Pío IX como canónigo, así como las principales calles de la ciudad, fueron ricamente iluminadas 92 . Además, nuevamente como para otras celebraciones, la plaza del Popolo sirvió de escenario. Los fuegos artificiales que se incendiaron por la noche valieron para conclui r con todo lo acontecido ( Figura 61 93 ). Por otra parte, no sería hasta septiembre del mismo año, cuando tras la toma de posesión como Obispo de Roma en San Juan de Letrán ( Figura 62 94 ), se convirtiera de manera defini tiva y a todos los efectos en el Pastor Universal de la Iglesia. Así pues, el 8 de septiembre de 1846, s e celebró la s olemne toma de posesión de la cátedra apostólica e n la citada Basíli ca de Roma ( Figura 63 95 ). Esta iglesia que ha visto pasar millares de generaciones, que ha contenido en su recinto cuatro concilios generales sirviendo de sepulcro a gran parte de los papas, es la catedral de Roma. En San Juan de Letrán; tiene su cátedra el papa como obispo de la Ciudad Eterna. Es la pri mera iglesia de los cristi anos, y así se lee sobre su fachada y sobre sus puertas: Basílica Lateranensis, Ómnium Urbis et Orbis Ecclesiarum Mater et Caput. (“La Basílica de Letrán, madre y cabeza de todas las iglesias, de la ciudad y de el mundo”) 92 Diario di Rom a, mar tedí 23 giugno, 1846, nº 50. 93 Figura 61 : Dibujo sobre la toma de Posesión del Pontífice. En: Archivio delle Celebr azioni Litur giche del Sommo Pontefice, Roma, V ol.680. 94 Figura 62 : Cavalgata que se or ganizó para la solemne toma de posesión de Su Santidad Pío IX en la Basílica Lateranense e l 8 de noviembre de 1846. En: Esatta Relazione della Cavalgata con la Quale la Santità di N. S. Papa Pío IX. Si portó a pr ender e el solenne possesso della Basilica Lateranense e delle cer emonia che in essa seguir ono il gi orno 8 nove mbr e 1846, Roma . En: Archivio delle Celebrazioni Litur giche del Sommo Pontefice, Roma, V ol.680. 95 Figura 63 : Il Sommo Pontefice Pío IX. Pío IX in processione verso la Basilica Later anense, litografia/car t a. En: (I) stituto (N)azionale per la (G)r afica, Roma, (FC123914). - 127 - Los papas toman posesión de su silla apostólica en ella. Esta ceremonia, la más suntuosa del pontificado, se hace bien en la forma solemne, o en la forma semi-publica, o en la forma privada, y aun algunas veces en secreto como lo hizo Gregorio XVI. Pío IX quería dar a este acto solemne todo su brillo, empero la escasez del erario público le hizo reducir el ceremonial a la forma semi-pública adoptada por P ío VII. Más de ochenta mil personas llenaban el inmenso recinto de la plaza de San Juan y más de cuarenta mil extranjeros habían venido de todos los puntos para asistir a esta ceremonia. En aquel mismo día dirige el pontífice una encíclica a todos los obispos del orbe católico, que puede considerarse como su programa espiritual, implorando de la divina clemencia la plenitud de las luces, para e l gobierno de la iglesia , concediendo un jubileo t emporal. 96 El gozo que significó la elección de J uan María M astai como V icario de Cristo, al que muchos consideraron el gran demiur go, se puso de manifiesto con las sobresalientes cant atas, que Gioachino Rossini compuso para él tras alcanzar el solio pontificio ( Figura 64 97 ). Las concesiones a nivel político habían alimentado muchas esperanzas entre la población, que veían al Papa como el gran libertador y el guía para emprender la s enda del progreso. Un nuevo Papa que sabría aunar los valores tradiciona les de la Iglesia, con los nuevos principios de la libertad propios del liberalismo. De esta forma, se quiso lisonjear al Santo Padre con el ofrecimiento de un himno. Se trata de una ópera construida a modo de marcha, fácil de ent onar y tambié n de memorizar por el público, con una melodía simple, popular , caracterizada por pocos elementos constructivos, pues to que la finalidad es la de ensalzar los valores del soberano y acercar al público hacia su persona. Para ello, hace uso del cr escendo con el que aumenta la intensidad con la progresiva entrada de voces y de instrumentos 98 . El himno tiene carácter solemne, celebrativo, 96 Opus cit: Revolución de Rom a… págs. 47-48. 97 Figura 64 : Libreto de las cantatas que Rossini compuso para Pío IX tr as su elección como nuevo Pontífice. Ad Onor e del Sommo Pontefice Pío IX. Cantata , Poesía del Conte Giovanni Marche tti, Música del Cav . Gioachino Rossini, Bologna, T ipografia Sassi, 1846. 98 MARIOTTI, A.: (A cura di) Munera i doni di Pío IX , S enigallia, Soprintendenza per i Beni Artistici e Storici delle Marche, 2001, pá g. 50. - 128 - exhortativo, justificado con la presencia de un ritmo incisivo, marcado por un andante regular y un allegr o maestoso en 4/4 ( Figura 65 99 ). Así pues, y tras todo lo analizado y descrito con respeto al principio mismo de este pontificado que no pasa indiferente por sus desalientos y complicacione s, emprenderemos ahora el estudio de su final. 99 Figura 65 : Detalle de la partitura de las Cantata s en honor de Pío IX. Opus cit: Munera i doni… pág. 51. - 129 - Figura 49 : Escruti nio para la elección del Papa - 130 - Figura 50 : Prim era adoración de los cardenales al Papa tras su elección - 131 - Figura 51 : Public ación del nuevo Pont ífice en l a Loggia di Mont e Cavallo - 132 - Figura 52 : Dibujo del Conclave para l a elección de Pío IX - 133 - Figura 53 : Retrato del Papa Pío IX tr as su proclamaci ón - 134 - Figura 54 : Pío IX con los hábitos pont ificales - 135 - Figura 55 : Dibujo de l a adoración prest ada al Pontífi ce en el al tar mayor de la Basí lica de San Pedr o. - 136 - Figura 60 : Apoteosis del Pontific ado de Pío IX. En la imagen el Papa aparece sobre la piedra símbolo de la Iglesi a flanqueada por los cuatr o Evangelistas y vestido con los ornamentos pontifica les . En una mano port a las llaves y en otra l a Sagradas Escrit uras. Sobre su cabeza se posa El Espíri tu Santo y una corona de angelotes a modo de nim bo lo rodean. - 143 - Figura 61 : Dibujo sobre la tom a de Posesión del Pontífice - 144 - Figura 62 : Cabalgat a que se organizó para la solemne tom a de posesión de su Santidad Pío I X en la Basílica Lateranense el 8 de septiembr e de 1846 - 145 - Figura 63 : El Sumo Pontífic e en procesión a la Basílic a Laterane nse el día de su coronación como obispo de Roma. Las c alles se enc ontraban r epletas de una mul titud que a su paso lo vitorea ba y se postraba ant e él. En la im agen aparece l a Roma crist iana que se er ige sobre las ruinas de la Roma profana. La soberbia marcha papal deja const ancia de su poder , m ientras recorre los foros i mperiales. El deteri oro del Colise o y del arco de Constantino encarna n a un paganismo superado - 146 - Figura 64 : Libret o de las cant atas en honor del Sumo Pontífi ce Pío IX, real izadas por Gioachino Rossini - 147 - Figura 65 : Detal le de la pa rtitura de las cantatas en honor a Pío I X - 148 - 2.6. FINIS GLORI AE MUNDI . P OSTRIME RÍAS Y FUNERALES (...) La notte ch’i’ pas sai con tanta pi età. E come quei, che con lena aff annata Uscito fuor del pelago alla riva, Si volge all’aqua perigli osa, e guata; Così l’animo mio, che ancor fuggiva, Si volse indietr o a rimirar lo passo, che non lacio giammai persona viva. Poi ch’ebbi riposato il corpo lasso, Ripr esi via per la piaggia diserta,... (La Commedia di Dant e Alighieri. Dell’Inferno canto primo ) La muerte y el s enti miento de caducidad de la vida han estado presentes en el pensamiento religioso y filosófico a lo largo de toda la Historia, convirtiéndose además en motivo constante de inspiración en la literatura y el arte. En esta parte del trabajo se hace un análisis de la muerte, de lo que puede ser con o sin tormento y de las tentac iones a las que nos vemos sometidos los mortales a lo largo de nuestra vida. Ciertament e la obs esión por la muerte se expresa como una realidad inmutable que no sólo dominaba las categorías sociales y culturales, sino que al considerarse esta temática como algo cotidiano y que se asimilaba con serenidad, afectaba de igual modo al ritual funerario que al resto de las festividades, tanto de épocas pasadas, como de las posteriores decimonónica s de gran interés artístico e iconográfico. Así pues, la meditación sobre la vida y lo concerniente a la antagónica muerte, será una persistente temáti ca que domine a la socie dad y a todos los periodos históricos y artísticos. El ocaso de este augusto y luengo pontifi cado llegó y lo hizo el 7 de febrero de 1878. Pío IX abandonó este mundo un mes después de que lo hiciera el causante de la pérdida de sus dominios y de su posterior prestigio, Víctor Manuel II. Pronto el mito de Pío IX y la Sede apostólica más larga de la Historia quedarían en el recuerdo, mientras que la monarquía italiana seguiría recibiendo mue stras de afecto. - 149 - La mañana del citado día, el Papa era consciente de que a la edad de casi ochenta seis años, había llegado la hora de su ida de esta vida. Así fue, y rodeado como nadie de obispos, cardenales y prelados, ya que ante el estado anómalo que presentó la noche anterior , hizo pensar a todos que el momento de su muerte estaba próximo. Solicitó que le administraran los sacramentos y pidió al Cardenal Peni tenciario Bilio, que continua ra con la oración por los moribundos que había inicia do, la cual servía para que el alma cristiana del difunto abandonase este mundo, invocando con ella la intercesión de los ángeles y de los santos. Se iniciaba su memento mori hasta que, a las seis menos cuarto, exhaló su últim o soplo de vida. P o r Ars Mor iendi s e entiende los orígenes de la tipografía con reflexiones, plegarias e ilustraciones que s irven como preparación para la muerte o el “arte del buen morir”. Un quasi “género” literario didáctico-devocional destinado al aprendizaje y conocimiento de la muerte propuesto para todas las clases sociales 100 . Este tipo de obras comienzan a divulgarse a principios del siglo XV , cuya función era la de hacer meditar sobre la muerte, y sobre el significado de las tentaciones depravadas; es decir s obre el pecado, para así alcanzar una expiración sin sufrimiento. En la cultura cristiana evitaban la condena eterna del divagar por el pur gatorio o, en su defecto, el enjuici amiento y castigo del infierno. Demontre con sus incitaciones, inte nta apoderarse del alma del moribundo, a la par que las fuerzas divinas ansían refrenarlo. Es la elección de las virtudes o del vicio a partir del recuerdo del sufrimiento padecido por Jesucristo (como se nos da a conocer en la D ivina Comedia ). Se recapitula con ello, el origen del hombre y la catástrofe del mundo teniendo en s u raíz el pecado, como consecuencia de las tentaci ones que provocaron las fuerzas del mal capitaneadas por la figura de Satanás. Como resultado de este ardid, se obtiene la trasgresión e incumplimie nto de las reglas de Dios engendrando la podredumbre de la creación y el castigo del sueño eterno. 100 En: Enciclopedia Cattolica, Citt à del V aticano , Roma, per l’ Enciclopedia Católica e per il libro católico la parte editoriale è curata dalla Casa editrice G. C. Sansón-Firenze , 1949, págs. 28-30. De esto deriva el pequeño tratado del Cardenal Capra ni ca y su popula rización española “ El arte del buen morir”. - 150 - Los tratados siempre iban acompañados de ilustraciones que es lo que propiciaba el interés inteligi ble y la claridad e xpositiva en los diferentes estrat os sociológicos. Se conocen tres tipos de obras diferentes, aunque con la misma intención y en un espacio de tiempo preciso, aunque las disparidades son claras. Por tanto, mientras que la primera obra conocida hacia 1465 según Antonio Romeo 101 carece de ilustraciones, centrando más su atención en un repertorio de oraciones y cavil aciones, las posteriores ediciones dedican gran parte de su interés a las representaciones figurativas con imágenes expresivas y dramáticas. Se hace un análisis de la muerte, de lo que puede ser morir y ser condenado, con o sin tormento y de las tentaciones a las que nos vemos sometidos los mortales a lo largo de nuestra vida. Por tanto, comienza ya, a finales del siglo XV , una nueva reinterpretación de este tipo de tratados, los cuales a partir de los pasajes de la Biblia y de la vida terrena padecida por J esucristo, ens eñan a que el Ars m oriendi existe y está interrelacionado con un Ars vivendi , el cual llega a ser no sólo necesario, sino imprescindibl e. Órdenes religiosas como aquellas de los predicadores dominicos y franciscanos dedican gran parte de su vida a la medi tación del memento mori , es decir , al momento de la muerte y a la descripción pavorosa de la agonía, con el fin de infundir el temor e inducir a los fieles a la reflexión sobre las banalidades de la vida terrena, asumiendo el ensimismamie nto devoto como único medio de salvación. Por tanto, a través de la estampa, penetró en la vida cotidiana y religiosa el patét ico testimonio del tema escatológic o de edades pasadas, aunque autores profanos también acudieron a ellas para dar y brindar sus propias interpretac iones y esclarecimientos de la muerte. Si hacemos un recorrido por la Historia, nos damos cuenta que ése era el principio que existía en todas las culturas, ya no sólo en las occidentales, s ino también en las orientales era de gran interés. Así pues, y desde épocas tempranas, es importante saber cómo culturas diferentes han testimoniado y evidenciado un importante compromiso y respeto hacia los difuntos, y en 101 Opúsculo anónimo atribuido a un obispo de W orms llamado Matteo di Krakow , o al cardenal y arzobispo de Fermo llamado Domenico Capranica. En : Ibidem : ... Eciclopedia Cattolica . - 151 - directa relaci ón a ello como últi mo deber rendido, al funeral. L a muerte y el sentido de caducidad de la vida han es tado siempre presentes en el pensamiento hum ano y , a partir de la Edad Moderna, se acentuará con apoyo de las fuente s literarias y gráficas. De hecho, el ser humano siempre ha intentado tratar de buscar una respues ta a la muerte, en el tentativo de verlo como un evento terrorífico y de desasosiego. Por ello, la hora suprema fue vista no como el final de la vida definit iva, sino como el tránsito ha cia una existencia m ejor . Contemplar la defunción como algo trágico, terrorífico y escalofriante, s ur gió en la Edad Media. Una época s ombría en la que, por multitud de acontecimientos surgidos, (guerras, epidemias, la peste negra, la carestía, etc.), la población se veía reducida a su más mínima expresión, sorprendida por la fatal y agónica en la mayoría de los casos y s iem pre siniestra, figura de la muerte 102 . Europa se encontró desbas tada y desolada, la vida resultó ser demasiado breve y la necesidad de vivi r , convertía al hombre en un ingrat o pers onaje. L os falle cimientos por tanto, eran multitudinarios y la muerte golpeaba a todos por igual, sin interesar ni distinguir al seno familiar al que se pertenecía. Nadie elegía, ni se preservaba de ella. Esto provocaba una exaltación del dolor por la pérdida de la persona querida, pero también, hacia delibe rar sobre la fugacidad de la vida, el tempus fugit , provocando una actitud derrotista que convertía al individuo en un s er egoísta tal y como nos apunta V ovelle 103 . La angustia, la ansiedad y la desesperación de no saber cuándo iba a llegar s u propia hora, le preocupaba y le aterrorizaba, mucho más, que el indivi duo que acababa de fenecer . Desde edades tempranas, la Iglesia ya fuera en momentos de esplendor , ya en situaciones de crisis, intentaba explicar y justificar su existencia con el objetivo de poder alcanzar la eternidad y para ello, se servirá de las diferent es disciplina s artísticas. De esta forma, mediante la representación de imágenes inteligible s y claras, se pretendía la captación del cosmos católico y procurar una inmejorable conducta, para así optar a una cotidiana vida cristiana a través de la cual y como consecuencia, se garantiza el acceso al mundo Divino. S e acude a este lenguaje con 102 Passim: ARIÈS, Philippe: L ’Uomo e la morte dal medioevo a oggi, Roma, Oscar Mondadori, 1992. 103 VOVELLE, Michel: La morte e l’Occidente dal 1300 ai giorni nostri , Laterz a, Roma-Bari, 2000, págs.74-78. - 152 - 3.3.7. BEA TIFICAC IÓN DE JUAN G RANDE El sevillano Juan Grande o Juan el Pecador , s obrenombre que el mismo adoptó, decidió abandonar su vida y su trabajo para dedicarse a su verdadera vocación, la de consagrarse por completo a Dios. Comenzó su nueva vida regalándola a los enfermos y a la gente necesitada y para ellos fundó el H ospital de Nues tra Señora de la Candelaria. T uvo conocimiento de la Institución fundada por Juan de Dios y decidió unirse a ella, acogiéndose a sus reglas y aplicándolas en su hospital . Juan Grande por tanto, decidió dedicarse en cuerpo y alma a cuidar y servir a enfermos y fue precisamente por ello, y por intent ar salvar a la población de Sevilla de una terrible epidemia de pes te, por lo que acabó muriendo tras contagiarse de la enfermedad ( Figura 109 201 ). Como en todas las beatificaci ones, para la de Juan Grande que fue celebrada el domingo 13 de noviembre de 1851, la Basílica V aticana lució sus mejores galas, obra del arquitecto Antonio Sarti. Luminarias, damascos, sedas, pinturas, bajorrelieves, todo un despliegue ornamental conformaba la escena, que se acompaña ba no sólo de una gran cantidad de asistentes, civiles y miembros de la iglesia, los cuales fueron ubicados en distintas tribunas, sino que las inscripciones alusivas a la vida y obras de Juan Grande, dominaban el conjunto. Debajo del estandarte del pórtico de entrada se leí a ( Figura 1 10 202 ): 201 Figura 109 : Grande, Giovanni. G. C. si offr e vittima per la cessazione della peste. Incisione da una tela di anónimo del XIX sec. Milano, Istituto dei Fatebenef ratelli. JUAN GRANDE En: Bibl iotheca Sanctorum, I st ituto Giovanni XXIII della Pontificia Universitá Lateranense, Roma, Città Nuova Editrice, 1965, V ol. VII, pág 146- 147. 202 Figura 1 10 : B. Giovanni Grande Il Pecador Religioso Professo dell’O rdine di S. Giovanni di Dio. En: V ita del Beato Giovanni Grande detto el pecador . Religioso pr ofesso dell’or dine ospitali er o di San Giovanni di Dio . Scritta da un sacerdote de l lo stesso instituto, Roma, Stabil. T ip. Di G. A. Bertinelli, 1853. - 255 - IOANNI. GRAN DE. EX. ANIMI. DEMISSIONE. PECCA T ORI CARMONAE. NA T O. EX. O RDINE. SANCTI. IOANNIS. DE DEO VIR TUTUM. MERITIS. ILLUSTRI PROIGIORUM. GLORIA . PRAECLARO A. PÍO. IX. PONTIFICE. MAX IMO BEA TORUM. COELITUM. HONORES DECERNUNTUR VIII. JDUS. NOV . A. R. S. MDCCCLIII 203 Sobre la puerta mayor , debajo del cuadro donde están representados los dementes curados por el beato tras imponerles la s manos y hacer sobre ellos la señal de la cruz ( Figura 1 1 1 204 ): BEA TUS. IO ANNES. AMENTIUM. ET . DELIRANTIUM SUPER. CAPUT . MANUS. PROTENDENS EOS. SIGNO. CRUCIS. AD. MENTIS. SANIT A TEM. REDUCIT 205 En las puertas lateral es: Iº DILIGES. DOMINUM. D EUM. TUUM. EX. T OTO. CORDE. TUO ET . IN. T OT A. ANIMA. TUA. ET . IN. T OT A. MENTE. TUA Matth, 22. IIº DILIGES. PROXIMUM. TUUM SICUT . TE. IPSUM Matth, 22 206 203 Giornale di Roma, Martedí 15 Novembr e, Roma, Num. 259, 1853. 204 Figura 1 1 1 : B. Giovanni Pecador dell’ordine di S. Giovanni di Dio che gua risce miracolosamente i dementi. En: Opus cit: V ita del Beato… 205 Opus cit: Giornale… 206 Opus cit: Giornale… - 256 - En los bajorrelieves de la tribuna se representa la carida d que D ios supo infundir desde su juventud sobre el protagonista fi gurando en la en la prime ra inscripción ( Figur a 1 12 207 ): BEA TUS. IO ANNES.ADIIUC. ADO LESCE NS FRAETUS. MAGNAE. DEI. MA TRIS. PRAESIDIO. SEMET . TOTUM. DEO. DEVOVET DETRACTIS. QUEIS. UTEV A TUR. VESTIBUS. RELIGIOSO. INDVITUR. HABITU EAQUE. INARDESCIT . CHARIT A TE. QUAE. MAGNUM. IN. DIES INCREMENTUM. CAPIT . La caridad ejercida sobre el prójimo durante treinta años es el motivo de la segunda, que también recuerda su titánica labor de asistencia con los enfermos, has ta el punto de llevarlo él mismo a hombros: BEA TUS. IO ANNES. IN. MISERICORDIAM. NA TURA. PRONUS MISERICORDIAM. IN. AERUMNOSOS. TRIGINT A. AN NOS. EXCOLIT DONEC. IN. HAST AE. REGIAE. NOSOCOMIUM. P ESTIL ENTIA. AFFECTOS HUMERIS. DEPOR T ANS MESERICORDIAE. VICTIMA. PESTILENTIA. ET . IPSE CONSUMPTUS. OCCU MBIT Primer Milagro L ’Idr opica sanata IN. AGRO . TIBUR TINO ANNA. PETROSANTI ASCITE. CER T O. MORITURA BEA TI. IOA NNIS. A. PETRO. BOMBELLO ICONEM. T ENET IOANNIS. OPEM ANNA. CUM. LACR YMIS FER VENTIUS. IMPLORA T INDORMIT SANA. EXPERGISCITUR 207 Figura 1 12 : B. Giovanni Grande detto Pecador . En: Opus cit: V ita del Beato… - 257 - Segundo Milagro Il Ferito GENEROSUS.MARIAN I IN. FORO. TIBUR TIUM RIXANS FERRO. PECTUS. ET . GUTTUR TRANSFIGITUR MORITURUS. GENEROSUS IOANNIS. IMAG INEM AMPLECTITUR POENITENTIAM. ET . VIT AM IMPETRA T 208 Llegadas las cuatro de la tarde, su Santidad acompañado de su noble corte, se dirigió a la Basílica a venerar al recién declarado beato. Al mismo tiempo, para tan dichosa ocasión las fachadas del T emplo y del Hospital de San Juan de Dios fueron ilumi nadas, la música sonaba y la multitud se prodigaba para celebrar y honrar la entrada del novel beato Juan Grande en la Gloria ( Figura 1 13 209 ). 208 Opus Cit: Giornale… 209 Figura 1 13 : B. Giovanni Grande Detto Pecador ric evuto nella gloria celeste da Ma ríaSantísima della’Arc. Raf faele dai San Gio. Evang. Ago stino e Gio di Dio. En: Opus cit: V ita del Beato… En la imagen pode mos ver a Juan Grande tra s llegar al cielo acompaña do del Arcángel San Rafael que se enca r ga de guiar a los enfermos al Paraíso. Allí es r ecibido por San Juan de Dios fundador de la orden que lleva su nombre y a la que se unió posteriormente Juan Gra nde, igualmente la V ir gen, el apóstol San Juan Evangelista y San Agustín, lo acogen en el Reino de los Cielos. La escena la envue lve un grupo de angelotes y dos de e llos portan los atributos de estos benditos de la Orden Hospitalaria. - 258 - Figura 109 : Juan Grande se ofrece ser víctima de la peste para que ésta ce sara - 259 - Figura 1 10 : B. Juan Grande El Pecador Reli gioso Professo de l a Oden de S. Juan de Dios - 260 - Figura 1 1 1 : B. Juan el Pecador de la orden de San Juan de Dios que cur a milagrosam ente a los dementes - 261 - Figura 1 12 : Juan Grande llam ado el Pecador - 262 - Figura 1 13 : B. Juan Grande ll amado el Pecador recibido en l a gloria por María Santísi ma, el Arcángel Rafael y por los Sant os Juan Evangelist a, Agustín y Juan de Dios - 263 - 3.3.8. BEA TIFICAC IÓN DE AL FONSO NA V ARRETE Alfonso Navarrete, tras dedicar su vida a ejercer un verdadero apostolado ayudando a los pobres y consolidando entre la población el cristianismo, acabó siendo víctima de las atrocidades y persecuciones que llevaron a cabo los miembros de la guardia del emperador nipón, el cual, para evitar que la pobl ación japonesa se uniera a la re ligión católic a, ordenó acabar con la vida de todos estos predicadores, que fueron decapitados 210 . Justamente por todo lo dicho, el domingo 7 de julio de 1867, tuvo lugar en la Basílica V ati cana por disposición del Papa Pío IX, la beatificación de Alfonso N avarrete junto a la de los siguientes compañeros márti res del cristianismo ejec utados por su labor evangelizadora en Japón, Pedro de Ávila, Pedro de Zúñiga, Carlos Spínola, J uan F iraj ama o Díaz, Lucía Fleit es y demás compañeros, hasta llegar a un t otal de 205 personas. La decoración utilizada para la ceremonia fue la que s e usó en la canonización de Pedro Arbués y los M arti res de Gorkum, aunque el arquitecto Fontana encargado de la construcción de ambas funciones hubo de hacer algunas modi ficaciones. Los estandartes fueron s ustitui dos por otros que representaban los milagros de los venerables. El gran triángulo ( Figura 1 14 21 1 ) que se puso en el presbiterio para cerrar el ábside, fue remplazado por una pintura en la cual aparecía la gloria con los bienaventurados ( Figura 1 15 212 ). D ebajo del altar se colocó otra pintura que mostraba el martirio de San Pedro. Lo demás continuó como en la anterior representación, aunque se ha de señalar que no gozó del mismo 210 ALFONSO NA V ARRETE En: Bibliotheca Sanctorum, Istituto Giovanni XXIII della Pontificia Universitá Lateranense, Roma, Città Nuova Editrice, 1965, V ol. IX, pág 774-776. 21 1 Figura 1 14 : T riángulo decorativo que se uso para c errar el presbiterio donde se ubico el trono c on la Silla Papal. En: CARULLA, J. M.: Roma en el centenar de San Pe dr o. Descripción de las fiestas que han de celebrarse en la ciudad eterna, con motivo de aquella solemnidad, y de la c anonización de varios mártir es. V iaje de Madrid a Roma, visitando a T urín, Flor encia, Milán, Nápoles, V enecia,T rieste, V iena, París, etc. Madrid, Impr enta y libr ería de Gaspar y Roig, 1867, pág. 277. 212 Figura 1 15 : Grabado con Alfonso Navarrete y sus compañe ros mártires. En: MASETTI, T ommaso: I Martiri dell’or dine de’ pr edicatori che tra i ccu uccisi per la fede nel Giappone fur ono ascritti al catalogo de’Beati dal r egnante sommo Pontefice Pío IX comentario storico , Roma, T ipografia di Bernardo Morini, 1868. - 264 - candelabros y cubierta por un velo que impedía que pudiera verse antes de que concluyera la solemnidad. Y aunque es te cuadro, por disti ntos infortuni os ya no se conserva, dos de los estandartes que se realizaron para la beatificación, si que podemos contemplarlos en el Monasterio de la V id. A mbos trabajos fueron encargados a los pintores Monti y Gagliardi y en ellos se representa la aparición de la V irgen a Alfonso de Orozco ( Figura 1 17 y Figura 1 18 218 ). Estas obras pictóricas, así como otras donde se exhibían los milagros realizados por el candidato, se colocaron en las paredes de la Basíl ica. Además de toda la decoración descrita, el espacio necesitó de un homérico empleo de luces para que todo él pudiera brillar de manera excepcional, singular y deslumbrante. Asimismo, antes de que todo comenzara, l os asistentes distinguidos aguardaban en la t ribuna. Llegada la hora, los Cardenales de la Sagrada Congregación de Ritos, los Auditores de la Rota, los Consultores de la Sagrada Congregación y los Religiosos Agustinos, precedidos de la guardia Suiza, procesionaron con sus mejores galas, capas con armiño, manteletas y roquetes se exhibían entre la c oncurrida presencia de espectadores 219 . Conseguida la debida autori zación, el Maestro de ceremonias pontificias, Monseñor Riggi, leyó en voz alta desde el púlpito el D ecreto de beatificación del venerable Alfonso de Orozco. Seguidamente se entonó el T e Deum, mientras que los Maestros de ceremonias levantaban el velo que cubría el cuadro con la efigie del Beato ( Figura 1 19 220 ), así como el que ocultaba las reliquias. T erminado el himno de San Ambrosio y San Agustín, se cantó la oración propia del Beato mientras se incensaban el cuadro y las reliquias. Durante la comunión, la música y cantores sonaban, as í como, retratos y c ompendios con la vida del Beato, fueron repartidos entre los insignes asistente s. 218 Figura 1 17 : Aparición de la V i r gen, de Monti. PP . Agustinos, Monasterio de Santa Ma ría de la V id (Bur gos). Figura 1 18 : Aparición de la V i r gen, de Gagliardi. PP . Agustinos, Monasterio de Santa María de la V id (Burgos) . ITURBE, Antonio: “Iconogra fía del Beato Alonso de Orozco” En: Figura y obra de Alonso de Or ozco, O.S.A. (1500-1591). Actas de las jornadas del IV centenario de su muerte, Editadas por Rafael Lazcano , Madrid, Editorial Revista Agustiana, 1992, Pág. 84. 219 L ’Osservatore Romano, nº 13, Martedí, 17 Gennaio, 1882. 220 Figura 1 19 : Grabado con la efigie de Fray Alonso de Orozco. En: CAMARA, Fray T omás: V ida y Escritos del Beato Alonso de Or ozco de la Or den de San Agustín pr edicador de Felipe II , V alladolid, Imp. Y Lib. De la V . de Cuesta e Hijos impresores del Real Colegio de PP . Agustinos Filipinos, 1882. - 271 - Acompañado de su noble corte vestidos con los mejores de los atuendos, León XIII s e dirigió a la capil la Sixtina, donde no sólo adoró al Santísimo Sacramento, sino también veneró al recién declarado Beato. A esta ceremonia acudieron también todos l os Agustinos de Roma. Cuando hubo finalizado este acto, y según la costumbre, al Papa se le hizo entrega de una reliquia, de un ramo de flores, de un ejemplar de la vida de Alfonso de Orozco y de varias estampas grabadas en papel de seda con ribetes de encaje de oro. A partir de ese momento el Santo Padre s e retiró nuevamente a su Palacio acompañado de los maceros y de su corte. D e la excelsa galería de invitados ha de destacar la de Margarita de Borbón, esposa del Duque de Madrid, acompañada de sus parientas, otras grandes de E spaña. Entrada la noche, todas las Iglesias de los Agustinos y la de Santiago de los Españoles en Roma, fueron iluminada s 221 . 221 Opus cit: V ida y Escritos… págs. 569- 575 - 272 - Figura 1 17 : Aparición de la V irgen, de Mont i. PP . Agustinos, Monas terio de Santa María de la V id (Burgos). - 273 - Figura 1 18 : Aparición de l a V irgen, de Gagliardi. PP . Agusti nos, Monasteri o de Santa Mar ía de la V i d (Bur gos). - 274 - Figura 1 19 : Grabado con la ef igie de Fray Alonso de Orozco - 275 - 3.3.10. BEA TIFICAC IÓN DE JOSEF A MAR ÍA DE SANT A INÉS T ras quedar huérfana muy joven y sobrevivir a difíciles episodios vitales, la venerable valenciana decide ingresar en el monasterio de Agustinas Recoletas de Benigamín, de ahí que s e la conozca también con ese s obrenombre. D estacó por s u espiritualidad, sencillez y por sus labores taumatur gas que realizó por intercesión divina . Iniciadas las causas de beatificación tras la ratificación de sus milagros, finalmente fue decretado dicho reconocimiento por el papa León XIII el 26 de febrero de 1888 en la Basíli ca V aticana 222 . Para el augusto evento, se necesito de un amplio repertorio decorati vo que doto de gran solemnidad a la celebración. La grandiosa aula fue decorada con numerosas luminarias, que como en todas las beatificaciones servían para crear gran expectación entre los asistentes. La fachada principal y las paredes del interior de la sala, fueron decoradas con estandartes con la efigie de Josefa María de Santa Inés ( Figura 120 223 ) y sus milagros, obra del pintor Giuseppe Sereni. Como ocurriera con la canonización de sor Francisca Dorotea, todo quedó reducido a descripciones documentale s y bibliográficas pero a un escaso desarrollo art ístico 224 . T erminada la ceremonia y la visita del pontífice, el Pos tulador de las Causas y el V icario general de los Agustinos descalz os, ofrecieron al Papa un precioso relicario, además de un compendio con la vida de la novel Beata y la efigie de la misma, presentes que tambi én fueron dispensados entre la noble corte de purpura dos. 222 JOSEF A MARÍA de Santa Inés. En: Bibliot hec a Sanctorum, Istituto Giovanni XXIII della Pontificia Universitá Lateranense, Roma, Città Nuova Editrice, 1965, V ol. VI, pág 1243. 223 Figura 120 : Retrato de la Beata Josefa Ma ría de Santa Inés de Benigámim. Estampa de finales del siglo XVIII – principios del XIX que re produce el retra t o de la Bea ta Josefa maría de Santa Inés, entre sus manos tiene e l libro de oficio divino y como vitela la estampa de la “O” con Ecce Homo, popularmente llamada “el Redonet”, era analfa beta y al mirar la estampa de la Santa Imagen podía re zar el Oficio Divino en el coro, como el resto de las religiosas. Autores: Fernando Selama y V icente López. En: Museo nacional de c erámica y Artes Suntuarias Gonzalez Mar tí CE4/04135. 224 ARANDA BER NAL, A.; QUILES, F .: “El valor de la imagen en el pr oceso de beatifica ción y canonización de Sor Francisca Dorotea ”, en Laboratorio de Arte 13, Sevilla 2000, páginas 363-370. El balance del proceso de canonización de sor Francisca Dorotea quedo reducido - 276 - Concluido el proceso y retirado el Pontífice a sus dependencias acompa ñado por su noble corte, el Embajador de España junto a una muchedumbre de fieles, permanecieron en el edificio para rendir culto a la recién declarada Beat a, todo un or gullo para la citada nación 225 . 225 L ’Osservatore Romano nº 51, Martedí 28 Febraio, 1888, pág. 3 - 277 - Figura 120 : Retrato de la Beata Josefa Mar ía de Sanata Inés de Benigámim. Est ampa de final es del siglo XVIII – principios del XIX que reproduce el retrato de la Beata Josefa marí a de Santa In é s, entre sus manos tiene el libro de oficio divino y como vitel a la estam pa de la “O” con Ecce Homo, popularment e llamada “e l Redonet”, era analfabeta y al mirar la estampa de la Santa Im agen podía rezar el Oficio Divino en el coro, com o el resto de las reli giosas. - 278 - 3.3.1 1. BEA TIFICA CIÓN DE PEDRO SANZ Apenas era un joven cuando decidió con paso firme consagrarse y dedicarse a la vida cristiana con gran devoción y con los votos de pobreza, obediencia y castidad en la Orden Dominica. El reti ro, la oración, la lectura de libros santos fueron los medios empleados para el caminar por las sendas de la perfección cristiana 226 . N o obstante, la vida le preparaba empresas más complejas, así que sus trabajos como misionero y evangelizador en China acabaron en una violenta persecución y martirio contra los cristianos. Pero será León XIII quien, en reconocimiento por lo acaecido y por los tormentos sufridos, quien lo eleve a los altares introduciéndolo en el catálogo de los venerables tras la beatificación, acto que tendrá lugar el 14 de mayo de 1893 227 . Como en las anteriores beatificaciones, la Basílica V aticana fue ricamente decorada e iluminada para la soberbia ceremonia. En el altar se alzaba el cuadro con la imagen de Pedro Sanz y de los laterales de la sala pendían los estandartes con los milagros realizados y aprobados para la beatific ación. El coro dirigido por el maestro Meluzzi, acompañaba a la celebración de la solemne misa, mientras se distribuía entre los asistentes la vida y la imagen del recién declarado beato y de sus compañeros mártires. Llegada la t arde, el Papa acompaña do de su noble corte y de l os Eminentísimos y Reverendísimos cardenales, se di rigieron a la Basíl ica a venerar a l os Beatos. Expuesto el Santísimo Sacramento y realizada la adoración, fue rezado el Rosario, cantada una antífona y el T antum er go , mientras el Santo Padre incensaba una vez más al Sacramento. Seguidamente, el Postulador de la Causa hacía entrega de los habituales regalos a Su Santidad. Finalizado el acto, 226 GARCÍA, C.: Reseña histórica de la vida y martirio de los VV . Sr es. Sanz y Serrano y PP . Alcover , Royo y Diaz de la or den de pr edicador es , Madrid, Imprenta y litografía de los huérfanos, 1893, págs. 48-82. 227 PEDRO SANZ. En: Bibliotheca Sanctorum, Istituto Giovanni XXIII della Pontificia Universitá Lateranense, Roma, Città Nuova Editrice, 1965, V ol. XI, pág 643-644. - 279 - el Papa s e vio obligado a honrar a la multitud de devotos que se agolpaban en el augusto templo para venerar y los Beatos y para recibi r la Apostólica Bendición 228 . 228 L ’Osservatore Romano nº 1 10, Roma13 Maggio 1893, pág. 3. L ’Osserva t ore Romano nº 1 1 1, Roma 15 Mggio 1893, pág. 3. - 280 - A la citada función llegaron sacerdotes, cardenales, arzobispos, obispos, etc, de todas partes del mundo. Decía el Pasquino: “ il Papa par tirá pr esto per che giá incarta San Pie tr o ” 236 . Numerosas fiestas fueron celebradas en el Palaci o Español, las calles estaban dominadas por una enorme masa clerical. T odo se centraba en el cercano domingo que era uno de los más destacados días de la Historia y del pont ificado de Pío IX. Jornada de gozo era para toda la Iglesia Católica y mucho más para la española, por la resonancia alcanzada por los 27 valerosos en el seno de su gloria. Los proemios organi zados por los cardenales y ceremonieros serán de una esmerada disposición; siendo necesaria, no s ólo la labor decorativa y la or ganización del cortejo, sino la celebración de misas en tres de las cuatro Basílicas Patriarcales, y la expos ici ón en cada una de ellas del Santísimo Sacramento con los prelados especialmente indumentados para la ocasión ( D ocumento 2 237 ). Los preparativos de la ceremonia se realizaron con todo el cuidado y minuciosidad que precisa un acontecimiento de esta índole; todo debía estar perfecto en un día tan especial para 236 El Pasquino era una estatua par l ante a la que se le colocaba n escritos anónimos de contenido satírico. Con este Pasquín la muchedumbre se mofaba de Pío IX por la numerosa ca noni zac i ón. En: GREGOROVIU S, F .: Diari di Romani (1852-1874) , Roma, Franco Spinosi editore, 1969, pág. 210. 237 (A)rchivo de ( C)eremoniales (P)ontificios: Relación de la fiesta deCanonización de los Mártir es del Japón y del Beato Miguel de los Santos, Roma 8 de Junio de 1862 , vol: (799), (pp 22-23). Documento 2 : La Santidad de Nuestr o Señor Papa Pío IX queriendo con incesantes súplicas r ecurrir al Altísimo para que con la abundancia de su luz se digne a asistir en el importantísimo acto de la futura canonización de los Beatos Pietr o Battist a, Paolo Miki con los r espectivos compañer os Mártir es japoneses, y Miguel de los Santos; como también para implorar espec ialmente de la infinita misericor dia de Dios por los cristianos fieramente perseguidos en T okio y Conchinchina, consuelo y fortaleza por confesar nuestra Santa Fe, y sufrir hasta la muerte los más atr oces tormentos; se celebrará a las seis de la tar de del próximo domingo 1 1 del corriente mes de may o de 1862 en la Basíli ca Lateranense ; el 14 del mismo mes en la Basílica V aticana; y en el siguiente domingo 18 de mayo en la Basílica Liberiana. En cada una de las enunciadas Basílicas Su Santidad una vez adorado el Santísimo Sacramento expue st o por los objetivos indicados a la pública veneración de los fieles, asistirá al canto de la Letanías de los Santos, del himno V eni C r eator Spiritus, y T antum er go, r ecibiendo al fi nal la bendición del Augustísimo Sacramento. Se le ofr ece la noticia a vuestra Rever endísima Eminencia, donde queriendo que intervengáis, se le pue da encontrar en la r espectiva sacristía de las mencionadas Basílicas con hábito car denalicio con r oquete, mamteleta, y muceta de c ol or r ojo. En cuanto a la visita de la Basílica de San Pedr o se advierte, que avecinándose la llegada de Su Santidad, los Eminentísimos Padr es de la sacristía pasarán al l ugar pr eparado, donde está expuesto el Santísimo Sacrame nto. El Caudatario irá vestido con hábito telar pavonazo, y ferr ojalón negr o . - 287 - todos los miembros de la Iglesia. Las arquitecturas en materiales perecederos, las pinturas, las luminarias..., nos mostraban todo un despli egue ornamental. La ciudad se metamorfoseaba en un espacio mágico, dando cabida a las más fantástic as, variopintas y sublimes decoraci ones de todo tipo. Pendían de las fachadas de las iglesias colgaduras, acompañadas de todo un mosaico de luminarias, donde el delicioso aroma a flores y frutas creaba un halo de fulgurante belleza. Numerosos escenarios formaban parte de todo un ritual eclesiásti co en la Roma Católi ca. El decorado debía ser de tal grandeza que, para ello, se necesitó recurrir a los mejores profesionales. Al arquitecto Luigi Poletti, se le encomendó la dirección y ejecución de toda la labor arquitectónica del mayor templo del mundo. AnnibaleAngelini se encar gó de llevar a cabo la decoración ornamental. Por tanto, ambos junto a carpinteros ebanistas (Luigi V igneri, Antonio Casetta), cerrajeros (Luigi Sottovia), bordadores (A. Camillo, Filippo Mustidi, F . Soladi, Celeste Rossi), orfebres (Angela Nobili, Pietro Ossani), estucadores (Giuliano Corsini), Cartoneros (Battista Celli, Giuseppe Fornari, Filippo Cartoni), doradores (A nnibale A ngelini , Pasquale Fiorentini, Raffaele Ferrari), cereros (Carlo Andrea Geraldini, Giovanni Fratellini), escultores (Simonetti Luigi) y pintores (D omenic o V entura, Ale ssandro Marini, Francesco Coghetti, Cesare Dies, Giangiacomo, F . Grandi, Martinari, Cavardini, Manno Sozzi) ( Documento 3 238 ), dotaron de forma a la que sería la gran fiesta de los Sacerdotes y del siglo XIX. P ara la celebración de la canonización se gastaron 80.000 escudos, 10.000 de los cuales fueron invertidos en cera 239 . Con ello Pío IX pudo hacer alarde de l a magnificencia de su papado, con un alarde sin lími tes y donde no se escatimó en la eje cución de los fastos. Poletti, arquitecto de gran gusto y conocimiento, fue uno de los máximos exponentes del eclecticismo académico de San Lucas. A lo largo de su carrera tuvo numerosos encargos de prestigio, entre ellos la reconstrucción de San Pablo Extramuros (1833), la reconstrucción de 238 Documento 3 : (A)rchivo della (P)ostulazione (G )enerale: Congr egazione economica della Canonizzazione dei SS. XVI Martiri del Giappone e di S. Michele De -Sanctis, Rendiconto Generale. Romae ex T ypografhia Rev . Camerae Apostolicae, 1864 , págs. 500-528. 239 Opus cit: Diari ..., pág 210. - 288 - Santa M aría de los Ángeles (1836), los teatros de T erni, Rimini, Fano, el proyecto de la Columna de la Inmaculada Concepción (1855) y la sistematizac ión de la plaza Pía (1856) 240 Pero fue en su última obra reconocida, el aparato decorativo para la canonización de los Mártires del Japón y del Beato Miguel de los Santos donde dem ostró toda su audacia y pericia . Su o bj et i vo p r in c ip al er a d o ta r a t od o e l c on j un to d e ar m on í a y el e ga n ci a, complementándose el interior con el exterior . La obra cons iste en crear un espacio semejante al infinito, tratando de hacer hablar a los corazones de todos los fieles con una formidable ornamentación cargada de simbología. Esa tarea a la que se tuvo que enfrentar Luiggi Poletti -or ganizar un conjunto expresamente tan colosal para la fiesta- precisaba de gran sabiduría. El artista, de forma bell ísima, s upo elaborar la escena del que habría de ser el teatro de la gloria. Los mártires de la fe inmolados en tierra pagana eran representados en el emulado paraíso a través de pinturas y tapices que col gaban del techo, como si de a lgo fantástico se tratara . Por toda la ciudad se habían colocado panfletos indicando la hora a la que s e comenzaba con la apertura de las cuatro entradas de la Basílica V aticana para conseguir un acceso ordenado como indica el ( Documento 4 241 ), ya que como s e comenta en todas las distintas fuentes documentales, plaza y ba sílica estaban abarrotada s de público. A visados a dicha ceremonia por el Prefecto quedaban también los obispos y los consultores de la Sacra Congregación de Ritos, los cuales debían encontrarse a las siete de la mañana en la cancel a de la Capilla Si xtina para dar comienz o a la procesión ( Documento 5 242 ). 240 Opus cit: Corpus delle Feste ... pág. 438. 241 Documento 4 : En el próximo domingo de Pentecostés 8 del corriente me s, celebrándose por la Santidad de Nuestr o Señor la solemne canonización en la Patriar cal Basílica V aticana, serán abiertas las cuatr o puertas principales de esa Basílica a las cinco de la mañana, por la cual a todos indistintamente será permitido el ingr eso y la salida, permaneciendo por ello pr ohi bido durante la pr ocesión. La otra puerta denominada de Santa Marta será abierta a las cinco y media de la mañana. La entrada por esta puerta es permitida sólo a los personajes privilegiados y distinguidos, y a todas aquellas personas dotadas de nuestr o bill ete, los cuale s juntos en el interior de la Basílica, se dirigen a la tribuna a la cual son destinados. A.C.P .: Opus cit: Relación de la fiesta de ..., vol. 799, pág. 105. 242 Documento 5 : Debiendo V . S. Ilustrísima, y Rma. intervenir con los otr os consultor es de la Sacra Congr egación de Ritos a la sol em ne canonización de veintiséis Beatos Mártir es del Japón y del Beato Miguel de los Santos, que Su Santidad r ealizará la mañana del ocho de junio, en que se cele bra el domingo de Pentecostés, se complacerá enc ontrarle en hábito pr elado, a las si ete de la mañana fuera de los cancelos de la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico V aticano, donde será avisada para avanzar en pr ocesión según el método de la - 289 - No eran pocos los peregrinos y fieles que, venidos desde todas partes del mundo, querían ser bendecidos por el Papa. Ciudadanos y extranjeros se agolpaban a las puertas de San Pedro desde horas muy tempranas para poder presenciar la inminente ceremonia; naturalmente, los personajes privilegiados por su rango, tenía n asignado acceso y tribuna donde acomoda rse. T odavía no había amanecido, cuando miles de personas se dirigían ya, unos a pie y otros en carruaje, hacia la Basílica de San Pedro. Roma se vestía de fiesta, y las banderas ondeaban en todas las torres mientras la artillería del Castillo de Sant’Angelo anunciaba el nuevo día. A las siete de la mañana descendía por la escalera regia la cabeza de la procesión que tras dividirse en dos filas al llegar al patio, se dirigía a través de la columnata hacia el interior del T emplo. Con velas encendidas avanzaban, y entonando el A ve Maris Stella , pedían la intercesión de la V irgen en la solemne función rel igiosa 243 . La procesión era inicia da por los alumnos del Hos picio Apostólico y los huérfanos de la Casa Pía, seguidos por los religi osos de las órdenes mendicantes monásticas y de los canónigos regulares, para concluir con el vice gerente, los ministros del tribunal y el Excelentísim o Cardenal V icario 244 . Continuaban con los estandartes de los 27 beatos, los mini s tros del tribunal de la Sagrada Congregación de Ri tos, consultores y prelados. El primero en ser representado fue el beato Miguel de los Santos, guiado por la Archicofradía del Gonfalone con hachas encendidas y cuatro padres de la misma orden portando los cordones de seda del estandarte. En segundo lugar iba el beato Paolo Miki y sus compañeros mártires, conducidos por los hermanos del Oratorio de Santa María de la Piedad y de San Francisco Javier; cuatro padres de la Compañía de Jesús llevando los cordones y seis de la mi sma congregación con hachas iluminando la imagen. El último estandarte, el de los mártires misma pr escrito por Su Santidad a la Basí lica V aticana . Ibidem: vol. 799, pág. 1 1 1. 243 Oración que por a ntigua costumbre se entonaba e n estas ceremonias. Giornale di Roma nº 130, lunedi 9 giugno 1862, pág. 517. 244 A.C.P .: Relazione con osserv azi oni di Alessandr o T ortoli Cerimonier e pontificio, sul modo con cui fu schierata la pr ocessione del cler o secolar e e r egolar e, eseguita dalla capella sistina alla Basí lica V aticana gli 8 di giugno 1862 in occasione della Canonizzazione di S. Pietr o Bat tista e compagni martiri, e di S. Michele de Sant i confesor e. - 290 - franciscanos era trasladado por los cofrades de las Llagas, iba precedido no sólo de miembros de la Orden Seráfica como en los dem ás, sino que a las veintitrés efigi es acompañaban también, dos descendientes del beato Martí n de la Ascensión. De todos los emblemas que representan a los beatos como imagen de devoción, los estandartes son los que ostentan un mayor valor s imból ico, por cuanto insignia convocativa y anunciadora por excelencia en todo cortejo procesional. Estos eran paseados por toda la procesión con las efigies de cada uno de ellos, como si de s u propia persona se tratara. Se representaba la entrada del Santo en el Cielo, el Reino de Dios (la Basílica V aticana) en la finitud de la tierra, y el estandarte ideaba e idealizaba su real figura. Finalizado el viaje por todo el recinto, s e situaba en la Cátedra de S an Pedro (el lugar más glorioso), produciendo un extraordinario efect o entre los concurrentes 245 . Seguía l a comi tiva c on los altos di gnatarios, i ndividuos de los colegios, de la corte pontificia, obispos, arzobispos, cardenales, etc. Los conservadores, el senador de Roma, el príncipe asistente al trono y los dos maestros de ceremonias iban más cerca de Su Santidad. El Papa en sedia gestatoria (portado por los s ill eros), con mitra (símbolo de s oberanía y del poder papal) y capa plurial pontificia, era escoltado por la Guardia S uiza, camareros secretos de capa y espada, maceros y palafreneros, mientras bendecía a los fieles que se arrodillaban a su paso. Detrás cerraban el séquito el auditor de la c ámara, el tesorero gene ral, el mayordomo, l as corporaciones del colegio de protonotarios y generales de las órdenes. Esperaban la llegada de Su Santidad no sólo los miembros del corte jo que iban a acompañarlo, sino también el cuerpo diplomático, los grandes personajes romanos y foráneos, el Rey y la Reina de las Dos Sicilias, la reina viuda de Nápoles, sus hijos los Condes de T rani, los Condes de T rapani y Doña María, Infanta de Portugal 246 . 245 (Sobre este y otros aspe ctos del tema...passim), CASALE, V ittorio: “Quadri di Canonizzazioni” in: Pittura in Italia , V ol. II Roma, 1990. 246 Opus cit: Giornale di Roma... - 291 - Y a sentado el Papa en el presbiterio y antes de dar comienzo a la ceremonia, recibía la obediencia de todos los mie mbros de la Iglesia con un besamanos. - 292 - Documento 2 : Relación de la fiest a de Canonización de los Mártir es del Japón y del Beato Miguel de los Sant os, Roma 8 de Junio de 1862. - 293 - Documento 3 : (A)rchivo de lla (P)ostula zione (G)enerale: Congr egazione economica della Canonizzazione dei SS. XVI Mart iri del Giappone e di S. Mi chele De-Sanctis, Rendiconto Generale. Romae ex T ypografhia Rev . Camerae Apostol icae, 1864 , - 294 - Documento 3 - 295 - Documento 3 - 296 - intercolumnios, lunetos, puertas de entrada, nichos, etc se des plegaba n de forma primorosa ( Figura 129 254 ). Sobre la puerta de entrada, además de tapices y bajo el escudo del Sumo P ontífi ce, se había colocado una inscripc ión con letras doradas en la que se pedía la intercesión de los márt ires y de San Pedro en los malos momentos. Inscripción: TE. PETRE. VOSQUE. CAELITUM. NO VENSILES SUPPLEX. ADO RA T . RITE. GENS. FIDELIUM PROCUL. FREMENTIS. VIS. F ACESSA T . TURBINIS ET . F AUST A . LASSIS. SOSPITENTUR. SAECULIA 255 Junto al epígrafe se emplazaron los ángeles del martirio y de la religión obra del escultor Simonetti, como sím bolos del triunfo de ésta a tra vés de una muerte victoriosa. La armonía decorativa de toda la escena perseguida por Poletti se conseguía también con el ornato de la nave transversal y de las laterales (de las que pendían medallones con galones bruñidos) y con la del trono (elemento esencial de la representación, por ser el lugar donde s e celebraba la Li tur gia). Una gran colgadura, recogida por pomos dorados, s e extendía a ambos lados del presbiterio para dar cabida al trono, de estructura cuadrangular con columnas rematadas con capiteles corintios, que sostenían el entablamento con la representación del escudo papal y de 254 Figura 129 : (C)entro di (S)tudi sulla (C)ultura e (L`)imagine di ( R)oma: Suntuoso aparat o nella Basílica V at icana per la solenne canonizzazione dei XXVI martiri del giappone e del B. Michele de Sancti s, ce lebrata dalla Santita di N. S. Papa Pí o IX il di VII giugno MD CCCLXII., 628 GS. 255 A. H. C.: Opus cit: Appara to per ... pág. 22. - 303 - cuatro virtudes referidas a los Santos (Prudencia, Esperanza, Pureza y Penitencia) 256 . Sobre és te una representación en forma de t ondo nos mostraba a los veintisiete virtuosos en la Gloria. Bajo el baldaquino emer gía el sitial destinado al Sumo Pontífice, al que se accedía por medio de una escalinata tapizada en terciopelo rojo; un luneto con la figura de Dios y los Santos Pedro y Pablo lo coronaban 257 . De la gran varieda d de elementos re alizados expresamente para la canoniz ación, los cuadros que se exponían en la Basílica constituían un elemento importante dentro de la labor ornamental. Eran el objeto parlante y narrativo, suponiendo el ápice figurativo e ideológico de la obra. Los cuadros de canonización pueden ser clasifi cados en dos grupos: retratos (en los que se incluyen los estandartes) y los propios de la historia del Santo. D e los estandartes ya referimos que se trataba de uno de los eleme ntos principales por el hecho de representar al Bienaventurado como si de su persona real se tratara, adquiriendo consecuentemente el papel de alter -ego . La existencia de estos estandartes no era muy duradera pues iba unida a la de la misma celebración. Esto es, la fiesta concluí a y la utilidad de l os estandartes (ya estuvieran colgados de facha das o en el interior) también fenecía con ella. Que su conservación fuera efímera, venía totalmente unida a la función casi nula que este tipo de cuadros solía presentar por sus grandes dimensiones, siendo reutil izados sólo en algunos casos como objeto decorativo dentro de conventos, sacristías, etc. En el caso, por ejem plo del gran lienzo ovalado pintado en 1769 por Carlo V alloni para la canonización de San Francisco Caracciolo, fundador de la Orden de los Clérigos menores. En 1770 la misma obra fue “reciclada” y enviada desde Roma para presidir los festejos celebrados en la iglesia de esta Orden en Málaga, pasando después de la Desamortización a la Catedral, donde hoy se encuentra 258 . 256 Estas virtudes son fundamento de todas las virtudes mora l es (f e, esperanza y caridad) cuyo objeto directo es Dios. 257 A. P . G.: Opus. Cit: Congregazione economica... 258 Br eve noticia de la solemne Beatificación del V . Siervo de Dios Francisco Carracc i olo napolitano, fundador de los Clérigos Regular es Menor es, Málaga, 1769. V i d. ESCALERA PÉREZ, R., L a imagen de la sociedad barr oca andaluza. Estudio simbólico de las decoraciones efímeras en la fiesta altoandaluza. Siglos XVII y XVIII, Málaga, Universidad-Junta de Andalucía, 1994, págs, 352-354. - 304 - Los retratos y obras sobre la vida e historia de los santos se des tina ban como regalo de la orden religiosa al Pontífi ce y cardenales, para lograr la divulgación y propaganda del canonizado que tanto ansiaba ésta para prestigiarse, como ya apuntábamos.T ales pinturas al óleo no eran destinadas a demostrar la destrez a artística o excel encia plástica de sus autores. Se trat aba de una presentación didáctica en la que se narraba a través de imáge nes de la vida, milagros o hechos prodigiosos, en suma, el proceso por el cual se justificaba la canonización. Pero los cuadros destinados al Papa, cardenales o a personaj es ilustres, presentan diferencias: son verdadera s obras de arte en las que el artista ponía más esmero presentándonos no sólo el gus to estético del comitente, sino ta mbién el de la cul tura del momento 259 . Para los fastos que nos ocupan, el prime r cuadro que se expuso, a la derecha de la nave central, fue el de dos jóvenes franciscanos que s e dirigían a recibir el martirio. En el segundo cuadro se representaba a San Miguel de los Santos como serafín en la ciudad de Baeza librando a una enferma de la muert e. En el tercero se veía al jesuita San Juan de Goto, cuando se disponía a sufrir el martirio y fue parado por un anciano en el camino para alentarlo y confortarlo en tan valiente decisión. E l cuarto muestra, en cam bio, el éxtasis de San Miguel de l os Santos durante la celebración del Sant o Sacrificio de la Misa 260 . Y a en la nave lateral, el pri mer medallón presentaba a los tres mártires jesuitas il uminados por rayos que se desprendían del Cielo. Otro hace alusión al encuent ro de los mártires jesuitas en la cárcel de Meaco con l os padres franciscanos. Sobre una de las capillas, se veía a San Miguel de los Santos curando a un miembro de la orden religiosa de los T rinitarios Descalzos. 259 CASALE, V i ttorio: “I quadr i di canonizz azione: Lazza ro Baldi, Giacomo Zoboli. Produzione, riproduzione e qualitá”, en: Paragone Arte , nº 389, 1979, págs. 33-61. 260 Se trataba de los lunetos que en la na ve central ce rraban los huecos de los arcos y que en la f igura 50 podemos apreciar . - 305 - En la quinta colum na, un enfermo tras beber el agua e n la que estuvo sumer gido el cordón de San Pedro Bautista, pudo experime ntar cómo dicha agua curaba de todos los males. En la segunda tribuna se representaba a los tres jesuitas crucificados y rodeados por aves de rapiña sin atreverse a toca r los sagrados restos. Junto al pres bite rio, el séptimo cuadro mostraba a un grupo de peregrinos en el lugar santo pidiendo un trozo de los vestidos com o reliquia de Kisai Jaime. En el octavo cuadro es taba San Francisco de Pariglia curando con la señal de la cruz a un indio que había sido mordido por una serpiente. Saliendo del t rono, al otro lado de la ci tada nave, se encontraba el noveno cuadro otra vez con San Francisco de la Parigli a curando a una india a la que posteriorme nte convertía al cristianismo. El noveno mostraba uno de tantos milagros de San Miguel de los Santos curando de cáncer a una devota. En el décimo estaba San Pablo Miki en la cárcel de O saka instruyendo y bautizando a los infieles. Entre éste y el undécimo cuadro que mostraba al trinita rio curando a todos los enfermos que se acercaban al convento y se mostraba, en concreto, a San Pedro Bautista c urando a la hija del j aponés Cosimo Y oya. Y para terminar con la breve descripción de los óleos (apoyada en las inscripciones latinas que cada uno de ellos portaba), se advertí an en los tres últimos cuadros a Pedro Bautista y Miguel de los Santos curando a los enfermos milagrosamente y a Pablo Miki predicando la religión cristiana en la plaza de Meaco 261 . Por las razones antes expuestas,tales pinturas no pasan de s er obras de medi ana cate goría, siendo más importante su programa instructivo que su representación formal, apoyándose para ello en el efecto que causaba la iluminaci ón del T emplo como si de un verdadero teatro se trat ara y resaltándose de entre los claroscuros aquel lo que se estimaba convenient e. 261 Opus cit.: La cruz ...págs. 69-73. - 306 - Figura 123 : El mart irio de los Santos. Márti res de Nagasaki el 5 de Febrero de 1597. Grabado del si glo XVIII - 307 - Figura 124 : (A)rchivium (R)omanum (S)ocie tatis (I)es u: (SS. Mart ires) - 308 - Figura 125 : San Miguel de los Santos, (Grabado al cobre). Barcelona, Archivo Históri co de la Ciudad. - 309 - Figura 126 : Sección de la nave t ransversal de l a Basilica V aticana, decorada el día de Pentecost es1862. - 310 - Figura 127 : Sección de la nave t ransversal de l a Basílica V aticana, decorada el día de Pentecost es1862. - 31 1 - Figura 128 : La canoni zación de San Fel ipe Neri. - 312 - Figura 130 : C. S. C. L. R.: Solemne canonizaci ón de 26 Marti res del Japón e del B. Miguel de los Santos cele brada en la Basi lica V at icana por part e del Sumo Pontí fice Pío I X el día 8 j unio 1862. (G)ener alizia dei (G)esuiti. Figura 141 :C. G. G.: Grabado de SS. Martiri Giapponesi e S. Michele de Santis. Figura 142 : C. G. G.: Grabado de los Santos Mártires del Ja pón y San Miguel de los Santos recibidos por la Inmaculada en las pue rtas del cielo. Figura 143 : C. G. G.: SS Pier Battist a e X XII Compagni Martiri della Riforma Francescana. Figura 144 : C. G. G.: S. Pir Battist a e ve nt idue suoi compagni dell’Or di ne di S. France sco, martirizzati nel Giappone nel 1597 e caniz zati da S. S. Papa Pío IX nel di della Pentecoste 8 Giugno 1862. Figura 145 : C. G. G.: I SS. Martiri Pierbattista Commissario. Figura 146 : C. G. G.: ISS. Martiri Francescani Pierbattista Commissario. Figura 147 : C. G. G.: V entitre Franciscani e tr e Gesuiti martirizzati nel Giappone ne l 1597. Canonizzati da SS. Papa Pío IX nel Giorno della Pentecoste 8 Giugno 1862. Figura 148 : C. G. G.: ISS. Martiri Franciscani Pierbatista Commisario. - 319 - Figura 131 : Esta pintura es un ejemplo de cómo podía haber estado ilum inado el Casti llo de San Angelo para ese día. Girandol a a Castel Sant ´Angelo, 1874/1880 ci rca, olio s u tela. Roma, MR 361 (Scheda A43). - 320 - Figura 132 : C. S. C. L. R.: Banquete cardenalicio en la Bibliot eca V at icana por la Canonización de los 26 Mar tires del Japón y de Miguel de los Santos (8 junio 1862). - 321 - Figura 133 : A. C. P .: Iconografí a de la me sa del almuer zo del día 9 junio 1862 en l a Biblioteca V aticana. - 322 - Figura 134 : Disposición de la mesa donde fueron ubicados t odos los invit ados. - 323 - Figura 135 : A. C. P .: Diseño de una medalla, como testi monio perenne com o muestra de veneración y reconocimi ento por parte de los Romanos devot os de la Sant a Sede y que desean dedicar a los Obispos de las distintas diócesis por asi stir a l a solemne Canonizac ión el día 8 de junio de 1862. - 324 - Figura 136 : Ejemplo de las pinturas que decoraron el espacio de San Cri sógono. San Miguel de los Santos entr ando en la Gloria acompañado de un gr upo de ángeles y querubines que portan sus atributos. - 325 - Figura 137 : Máquina pir otécnica en el Pincio con el T em plo sobre los 26 Martires de l Japón, 29 junio 1862. - 326 - Figura 138 : Los tres Santos Mártir es Paolo Michi, Giovanni Soan o di Goto e Giacomo Chi sai. En: Solenne Canonizzazi one di V enti sette Beati nella Basili ca V aticana nel 1862. Storia Martirio e compendio delle vite dei ventisei marti ri Giapponesi vit a di S. Mi chele dei Sant i. Cer emonie della Canonizzazione, Descrizione dei Dipi nti posti nella Basili ca V aticana , Roma, Stabiliment o T ipogr . Aurelj E C. , 1862 - 327 - Figura 139 : S. M iguel de los Santos de la Orden de los T rinitari os Descalzos. - 328 - Figura 146 : C. G. G.: ISS. Martires Franciscanos Pedro Bautista Comisario. - 335 - Figura 147 : C. G. G.: V eintitrés Franciscanos y tres Jesuitas marti rizados en Japón en 1597. Canonizados por SS. Papa Pío IX el día de Pentecostes 8 juni o 1862. - 336 - Figura 148 : C. G. G.: ISS. Martires Franciscanos Pedro Bautista Comisario . - 337 - 3.3.14.CANONIZACI ÓN DE PEDRO ARBUÉS Y LOS MÁRTIRES DE GO RKUM Si ya para la cri stiandad la celebra ción del día de l os Santos Pedro y Pablo es de extremada importancia, aún tuvo más significación el oficiado en 1869, ya que coincidiendo con el mismo, tuvo lugar la inclusión en el canon de los Santos a veinticinco mártires que habían perdido sus vidas por la fe católica . Para la realización de la colosal obra de arte efímera, Pío IX encargó el trabajo al ilustre arquitecto Francesco Fontana. Fue tan espectacular la labor arquitectónica y decorativa y el conjunto fue construido con tanta armonía y unidad, que para aquellos que nunca habían visitado el T emplo vaticano fue imposible hacerles creer que en el aspecto deslumbrante que presentaba se trataba de los arbitrios de lo efímero y no de la arquitectura real. Los terciopelos, los cortinajes, los flecos y cordones de oro, las coronas y festones de flores, los tejidos, lámparas, candelabros, elementos que sirvieron para cubrir y decorar paredes, columnas, arcos. T odo el espacio fue creado con una gran maestría escénica y filosofía programática, preservando sobre todo el equilibrio entre la obra original y la efímera superpuesta es por ello mismo, el concepto de la función religiosa, al ser concebida tan cuidadosamente y con tanto despliegue técnico, permitía que la arquitectura original se fundiera con la arquitectura “provisional”. La parte clave de la decoración fueron los imponentes estandartes como elementos primordiales que se colocaron por doquier , siendo todos acompañados de una inscripción. La fachada principal, el cancel de entrada a la Basílica y el interior de la misma sirvieron de soporte para estas obras de arte. El frontispicio de San Pedro se abría a la plaza con tres gallardetes con pinturas de es tos héroes del catolicismo. El del centro representaba el martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo acompañado de la sigui ente inscripción: - 338 - HONORI. PETRI. ET . P AULLI MAGNORUM. APOST OLORUM ANNO. A. NA T ALI. EORUM. DCCC. SUPRA. M. SACRA. SOLLEMNIA. SAECULARIA. ET . VO T A CUST ODIBUS. URBIS AUCT ORIBUS. A MPLITUDINIS ET . DIGNIT A TIS. EIUS (“Sagradas fiestas seculares en honor de Pedro y Pablo, grandes Apóstoles, en el año de su nacimiento, hace diez y ocho siglos. V otos a los cus todios de la capital, cuya grandeza y dignidad han constituido”) El de la derecha representaba en la gloria a los M ártire s Gorgomienses con una inscripción que decía: RELIGIOSI. V IRI EX. PLURIBUS. SACRIS. ORDIN IBUS. XV CURIARUM. RECTORES. IV . GORCOMIENSES CA THOLICA. FIDE. SANGUINE. ADSER T A. INSIGN ES PII. IX. PONT . MAX. DECRET O AD. SANCTORUM. MAR TYRUM. RELIGIONEM CONSECRANTUR SIC. EFFULGENTE. UNIUS. DIEI. GLORIA UT . SA CRORUM. TRIUMPHA LIA. MILITUM MAGNORUM . PRINCIPUM. TRUMPH IS CONSOCIENTUR (“Por decreto de Pío IX, Pontífice M áxim o, se otor ga el culto propio - 339 - de los santos M ártire s a quince varones religiosos pertenecientes a muchas órdenes s agradas, y a cuatro gorgomienses, rectores de la curia, insignes por su fe católica y Por su sangre derramada. En la gloria resplandeciente de un día, juntanse así los triunfos de guerreros sagradas con los príncipes insignes”) A la izquierda, en otro de los tapices, se representaron el resto de los virtuosos héroes martirizados: IOSAPHA T O. ARCHIEPISCOPO. POL. PETRO. ARBUESO. MA R TIRIBUS P AULLO. A. CRUCE LEONARDO. A . POR. M. CONFESSORIBUS MARIAE. FRANCISCAE. A. VULNERIBUS . I. C. GERMANAE. COUSINIA E. VIRGINIBUS PIUS. IX. P . M. MAGNOS. SU PERUM. HONORES. DECERNIT AMPLIFICA T ORIBUS. GLORIA E CA THOLICAE. FIDEI CUIUS. MAGISTERIA HAC. DIE. PETRUS. IN. URBE. CONSECRA VIT 272 (“Decreta los grandes honores de los santos a Josefat, arzobispo de Polonia Y a Pedro Arbues , mártires, a Pablo de la Cruz y Leonardo de Puerto Mauricio, confesores ; a María Francisca de las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo y a G ermana Cousin, vírgene s, Pío IX, 272 Descrizione delle Dec orazione idéate dall’Ar chitetto C av . Fontana e dei Dipinti della Basilica V at icana pel centenario di S. Pietr o e per la Santificazione dei 25 Beati epigrafi lat ine disposte nel pórtico e ne ll’interno del T empio, R oma, Leona rdo Olivieri Editore, 1867, págs. 17-22. - 340 - Pontífice Máximo, engrandecedor de la gloria de la fe católica, cuyo magisterio de Roma c onsagra Pedro en el presente día”) Atravesado el umbral de la fachada principal y ya en el pórtico de entrada, s e podía continuar apreciando la maravillosa obra pictórica que se hallaba colgando de las paredes. En esos siete estandartes Leonardi represent ó el martirio de ca da uno de estos bienaventurados por la causa y que en breve formarían part e del Index Sanctorum . Llamó poderosamente la atención no sólo el conjunto de pinturas que ya en el interior de la Basílica se podía apre ciar , sino especialmente l a calidad de aquel esta ndarte que realizó Piat ti y que representaba la solemnida d centenari a de San Pedro, el que con su mensaje dejaba perplej a a la multitud de fieles que asistían al evento, ya que en ella s e hacía alusión a la devoción que le profesan los visitantes de la Basíli ca a la tumba del Pescador: APOSTOLICA. SEPULCRA CHRISTIANORUM. EX. OM NI. SAECULO ET . REGIONE. HOM INUM FREQUENTIA. CELEBRANTUR QUAN. PIET A TEM. A . MAIORIBUS HEREDIT A TE. ACCEPT AM O. CIVES. O. CA THOLICAE. GENTES NEPOTIBUS. INTEGRAM AMPLIFICA T AMQUE. TRADAMUS 273 (“Los cristianos de todos los siglos y de todas las regiones veneran con gran concurso los sepulcros de los Apóstoles, por piedad que han recibido de sus mayores. ¡Oh, ciudadanos! ¡Oh, católicos! Entreguemos a nuestros descendientes esta herencia entera y acrecentada”). 273 Opus cit: Descrizione…pág. 23. - 341 - Y a en el interior del T emplo, cabe subrayar cómo de los arcos de la nave central pendían los estandartes con los milagros obrados por los beatos y que les habían valido para iniciar sus procesos de canonización. Un verdadero escaparate donde se nos narraba la vida, los prodigios y se daba a conocer la imagen de los mártires que se convertían en ejemplo de imita ción por velar y defender con su sangre la fe católica. Habían emulado con sus vidas virtuosas y con su muerte, lo padecido por Jesucristo. Según rezan las inscripciones dedicatorias, se hace presente el deseo de pervivencia de los personajes como “espejo moral” y referente para los creyentes de todo tiempo. Acompañaba a esta narración visual, todo un conjunto de elementos que s irvie ron para dar valor y dotar de esplendidez al trabajo emprendido por el egregio arquitecto Fontana. Cómo previamente hemos señala do, el maestro intentó m antener un equilibri o entre ambas arquitect uras para evitar estridencias decorativas y así conseguir solidez y , armonía con su trabajo. De tal manera que muchos de los adornos imitaban a los ya existentes, dándoles golpes de efecto, modificándoles el color , incorporando relieves o forrándolos con telas y tejidos lograba conceder al conjunto un aspecto totalmente distinto y nuevo. Se trataba de revestir , no de disfrazar un entorno que desde su concepción fue decla rado como único y espectacula r . La es cenografí a intent aba reproducir el mundo celestial . Para conseguirlo, el fondo de los intercolumnios fue coloreado de azul, sobre el mismo, estrellas áureas fueron diseminadas y para los perfilados de estos elementos sustentantes, el dorado se convirtió en indispensable. Guirnaldas de flores se entrelazaban entre las columnas, de las arcadas de las naves pendían festones con colgaduras de sedas bermejas, adornadas con franjas doradas y con un acabado perfecto, que junto al decorado de estrellas, aportaban un aspecto asombroso. De las cornisas pendían paños de terciopelo rematados con flecos dorados y sobre ellos se colocaron grandiosos estandartes orlados en oro y color cerúleo que, a su vez, decencian de las ménsulas sujetados por cordones que s e prolongaban hasta los extremos. Estos estandartes representaban los milagros realizados por los que iban a s er inscritos en el catálogo de los héroes del Evangelio ( Figura - 342 - 149 274 y Figura 150 275 ). El espacio íntegro de la Basílica estuvo decorado con la presencia no sólo de es tos pabellones, sino de guirnaldas de flores que se entrecruzaban por los frisos, columnas y pilastras. No obstante, otros ele mentos decorat ivos formaban parte de toda la tramoya escenográfica, l os emblemas de las Órdenes a las que pertenecí an los beatos, los escudos del Pontífice y de los mona rcas que habían solicitado di cho reconocimiento, m osaicos que fueron utilizados para aportar luminosidad, grupos de cornucopias que se ubicaron a distintas alturas de los muros y del resto de elementos arquitectónicos y como en otras ceremonias religiosas o luctuosas los elementos arbóreos y florales tuvieron un destacado papel. Así pues, la vegetación presenta connotaciones simbólicas, la iconografía cristiana con ello, reviste de victoria y de triunfo a este tipo de espect áculos. La hiedra, las palmas, el laurel o la flora utilizada en los festones o coronas que decoran toda la Basílica tienen un significado sustancial e histórico. El follaje, al igual que la pirotecnia, las luminarias, los dispensadores de incienso o perfumes, no dejan de ser objetos que forman parte del decorado de estos aparatos efímeros, que aportan extravagancia y simbología, aunque claro es tá, siguiendo el decoro exigido en este tipo de fastos religiosos. Por ello, ya sean estos espectáculos cristianos o profanos, estos eleme ntos contienen un marcado signifi cado. La palma debe su significado sobre todo al que aportan los Evangelios: triunfo y pasión, por cuanto representa la entrada triunfal de Jesucristo en J erusalén como Rey y su pos teri or padecimiento por todos nos otros. De ahí que el color rojo sea igualmente significativo en estas ceremonias, como símbolo de la sangre derramada por todos nosotros para el perdón de nuestros pecados, al igual que nuestros santos mártires habían entregado sus almas en pro del cristianismo. Por ello, son condecorados con el símbolo de la victoria, la palma, por ser héroes de la cristiandad que han combatido y triunfado sobre el mal de la herejía. Asimismo, sobre la hiedra, V irgi lio dice que esta hierba ha de enlazarse con el laurel , ambas se mantienen siempre 274 Figura 149 : Pr ogetto non eseguito dell’apparato della Basíli ca V aticana per la Canonizzazione del 1867. En: Istituto nazionale per la Grafica, Roma. 275 Figura 150 : Decorazione della Basílica V aticana in occasione del Solenne Centenario della Gloriosa norte di S. Pietr o e della Canoni zzazione dei Be ati Giosefat vescovo, Pietr o Arbués, Paolo della Cr oce, Leonar do da Porto Maurizio, Francesca delle Cinque Piagui, Germana Cousin e XIX Martiri Gor cominensi celebrato il 29 Giugno 1867 dal Sommo Pontefice Pío IX. En: Opus cit: Istituto… - 343 - frescas y verdes y hacen referencia a la inmortalida d, a la virtud, a la vict oria, a la verdad, a la perseverancia, a la gloria militar , y a la fama, de ahí que la corona de laurel fuera el premio máximo 276 . Simbolismo pagano, que es utilizado igualmente por el catolicismo para reflejar el triunfo y la consecución de la vida Eterna, mediante la entrada en la G loria de estos soldados de Cristo. Destacar también de todo el conjunto, la parte primordial del templo: el ábside, donde no sólo se concentraban los estandartes referidos, sino en la que se descubría un enorme triángulo con destellos de lumi narias que se dejaba ver de sde la entrada del m ismo, simbolizaba l a Santísima T rinidad y , a diferencia de otros artistas, Fontana quiso dej arlo desnudo, sin situar en él ningún cuadro con la imagen de los venerables. T oda e sa emulación de la G loria aparecía rodeada de querubines, de luces cente lleantes y de nubes que lo envolví an todo. Bajo la Cátedra de San Pedro, sobre un elevado basamento, se erigió un cuerpo corintio formado por pilares y columnas cubiertas de seda encarnada, con listas de oro. En los capiteles descansaba una riquísima decoraci ón, en medio de la cual se leía la siguiente i nscripción formada por letras azules sobre campo de oro, armonizándose perfectamente con los demás adornos de la Basílica: CA TE DRA. PETRI. MAGISTERIUM. FIDEI. CENTRUM. U NIT A TIS. (“La cátedra de Pedro es magi sterio de fe y centro de la uni dad”). En el intercolumnio de en medio, se colocó el trono pontificio. Y los demás, fueron adornados con estandartes y con ricos cuadros en cuyo fondo azul se ostentaban estrellas parecidas a las del resto de la s naves. En la parte s uperior del cuerpo, se colocó un adorno bellísimo formado con flores graciosamente colocadas y con seis candelabros correspondientes a las citadas columnas. En 276 ALCIA TO: Emblemas , Edición de Santiago Sebastián, Madrid, Akal, 1993, págs. 247-251. - 344 - La costumbre de las oblaciones, tomada de la ley rúbricasantiguas, no s e adoptó en todas las canonizaciones, sino que tuvo principio el año 1390, en tiempo de Bonifacio IX, cuando la canonización de Santa Brígida 285 . No obstante, es un acto que tal y como nos especifica Jacinto Amici en su obra, el Sacro Rito de la Canonización cuenta con una asentada tradi ción histórica y un profundo simbolismo eclesial : Nadie ignora que el rito de las oblaciones es antiquísimo en la Iglesia. Apenas cr eado el hombr e, oyen Caín y Abel la voz de la naturaleza, y estimulados por ella, pr esentan al Señor las primicias de todo cuanto poseen. Noé, salvando del diluvio, hace igualmente al Señor sus oblaciones. El m ismo Dios mandó a Moisés en la ley escrita que jamás compar eciese ante s u pr esencia sin algún donativo, y que s e le ofr eciesen las primicias de las m ieses, de los frutos y de los ganados. El cielo mismo llama con una nueva estr ella a los r eyes Magos para que vayan a tributar místicos donativos a Jesús. Desde los primer os siglos continúan las oblaciones de los fieles a los sacer dotes en el tiempo del divino sacrificio, como pr efiguradas ya en la ley mosáica, según el par ecer de san Gr egorio VII: por que no solo se ofr ece el pan o la harina y el vino para el uso del sacrificio, más también otras muchas cosas de valor para el sostenimiento de los Ministr os del Santuario. Finalmente, en la canonizaci ón de los Santos, en virtud de la antigua discipli na, se ofr ecen al Pontífice el pan, el vino, las tórtolas, las palomas y algunas especies de pájar os para simbolizar las místicas signifi caciones que contienen estos objetos, alusivas a las virtudes ejer citadas por los nuevos santos. Los cirios tienen diversas significaciones. La Iglesia r epr esenta por medio del pascual, a Jesucristo r esucitado, que permaneció en el mundo hasta el instante de su ascensión maravillosa. Al afirmar nuestr o adorable Redentor , según el Evangelio, que los cirios son la luz del mundo y que no pueden ocultarse, aludió a los discípulos y a todos los que siguieran en adelante sus huellas. 285 Opus cit: Descrizione delle Cerimonie… pág. 18. - 351 - Se ofr ecen, por consecuencia, en la cer emonia de la canonización al vicario de Jesucristo par a denotar que en aquel día de júbilo ha puesto en el candelabr o las acciones y las virtudes de los hér oes, a fin de que iluminen a todos los fieles con el esplendor de su ejemplo. Brilla en los Santos ver daderamente la sublime abnegación con que siguier on las pisadas de Jesucristo r epr esentado en la cera. En la cer emonia de canonización los panes como principal sustento y que ya Dios mandó a los hijos de Israel, que pr epararan la mesa con doce panes, para que r econociesen su beneficio y confesasen que le debían la existencia, s ignif ica que los Santos enriquecen con nuestr os hér oes a la Iglesia triunfante, dando a la que milita nuevos pr otector es y nuevos ejemplos. Sobr e la significación del vi no. En la ley mosáica, en virtud del pr ecepto dado por Dios, ofr eciáse para r ociar las víctimas. Que quiso significar con él su pr opia sangr e, al instituir el sacramento de la Eucaristía. Enseñó el Redentor a sus discípulos que él era la vid y ellos los pámpanos y que por consiguiente solo darían fruto adhiriéndose a su persona sagrada. Unidos los canonizados en el mundo con la ver dadera vid, que es Cristo han pr oducido el fruto, esto es, el vino de la devoción, de la car idad y de la compunción, por lo cual han mer ecido ser intr oducidos con la esposa de los sacr os cánticos en la mística bodega y em briagarse con la abundancia y riqueza de la casa de Dios en la celestial Jerusalén. Son varios los sentidos espirituales que la oblación de las palomas encierra. La paloma es primeramente mensajera de paz. Enviada por Noé después del diluvio universal volvió con una rama de olivo. Llamóla por esto T ertuliano pr oclamadora de la paz entr e D ios y la tierra. En la cer emonia de la canonización se ofr ecen las palomas como nuncios de aquella paz deleitable que gozan los santos, después de concluida la guerra que sostuvier on valer osos contra el mundo, el demonio y la carne. La paloma simboliza también al Paráclito. El Espíritu Santo tomó varias veces su forma y especialmente al ser bautizado Jesucristo. Según San Cipriano, la tomó por que aquel animal es sencillo y alegr e y por que car ece de hiel, pr opiedades con las que s e denotan los efectos de bondad, candor , júbilo espiritual, ver dad, piedad, caridad y mansedumbr e pr oducidos por el Espíritu Santo. - 352 - La oblación de las palomas tiene por objeto manifestar que los canonizados fuer on vivo templo del Espíritu Santo, cuyos dones lograr on. Las palomas que se pr esentan en la cer em onia, simbolizan la tierna devoción de los santos a la pasión de Nuestr o Señor Jesucristo y la constante meditación de la misma. Y a en la ley antigua, símbolo de la nueva, según el Apóstol de las gentes, estaba pr escrita la oblación de las tórtolas. Según Durando, el doble númer o de dichos animales significa la limpieza y puridad de la mente y del cuerpo, que no pueden conseguirse sin un continuo llanto por las pr evaricaciones pr opias. Como este animal tiene además el instinto de gemir siempr e, figura los lamentos del H ombr e D ios por los pecados de los hombr es y r epr es enta el dolor que a los s antos pr odujer on. T ienen también su significación los demás animales que se ofr ecen. Repr esentan la caridad y el ar diente amor que los santos pr ofesar on a Dios. V iven sin duda en la tierra, per o colocan en Dios su corazón y su mente, se r epr esentan en ellos las almas de los fieles y su fortaleza en el s ervicio de Dios. Así las almas de los santos, encerradas en el cuerpo, cuando se ven libr es de la prisión del mismo, vuelan contentas al único objeto de sus deseos, a la gloria 286 . En otras canonizaciones anteriores, el maestro de las ceremonias abría las jaulas para que los pájaros de la ofrenda alzaran el vuelo. Sin embar go, para evitar alborotos en el interior de la Basílica, este mome nto tuvo que verse suprimido. La bóveda de la Basílica V aticana parecía haberse quebrado para descubrir a la Jerusalén celestial presente en todo momento y que desde las alturas había contemplado brillar a la Iglesia de Dios en la tierra. T erminada el solemne ceremonial, el S anto Padre subió a su silla gestatoria ( Figura 155 287 ) y fue trasladado a sus aposentos privados, fue dirigido hasta la sala de los paramentos, donde pudo desvestirse de su indumentaria papa l. 286 Opus cit: Roma en el centenar… págs. 287-291. 287 Figura 155: El Papa Pio IX sobre su Silla Gestatoria. En: Opus cit: Roma en el ce nt enar… pág. 161. - 353 - Así pues, y habiendo llegado a su fin esta fastuosa ceremonia, la población allí presente comenzó a salir de la basílica, aunque no sin antes contemplar la esplendidez decorativa y el despliegue es cenográfi co vivido y s enti do, ya que la conjunción de todas las artes, la música, la pintura, la arquitectura, había dejado estupefacta a la multitud de fieles que había asistido a la celebración. Un inmenso rio de gente recorría y avanzaba por todos los espacios cercanos al T emplo, aún con expresión de asombro comentaban con entusiasmo lo inmenso de la celebración y lo esplendoroso de lo ocurrido. Se había verificado, una vez más, la carismática integración de las Artes aunque en un contexto plenamente posbarroco. La Iglesia triunfante volvía a exhibi r al mundo la grandilocuencia y la preeminenci a de su poder . Es por ello que el ensalzamiento y alabanza que se había realizado de estos héroes del Evangelio, fue tan com pleto como brill ante ( Figura 156 288 ). Las formalidades que marcan la apoteosis y constituyen la honorífica trayectoria de un venerable son aquellas donde se reconocen s us heroicas virtudes en pro del cristianismo y que, dada su significación y trascendencia, requieren de una preparada organi zación. A sí pues, las beatificacione s y canonizaciones, tal y como hemos podido vislumbrar , han sido ejemplo de ello. Aparte de que han servido de importante soporte donde poder mostrar los diferentes avances artísticos, que aunque su función principal fuera la didáctico devocional , ello no significa que los distintos artistas no expusieran y plasmarán sus originales y modernas invenciones acorde con los estilos del momento y ello lo podemos apreciar si comparamos los aparatos decorativos de la descrita canonización, con otra celebrada en tiempos de Benedicto XIII ( Figura 156 289 ), donde las característica s dieciochescas se dejan ver por todo el espaci o. 288 Figura 156: La Basílica de San Pedro iluminada en la vigilia de la fiesta de los santos Pedro y Pablo y puede servirnos como ejemplo para saber como en tiempos de Pío IX se c ubría de luminarias la fac hada del T emplo. Anónimo, Basilica di San Pietro iluminata (1856), incisione colorata, Roma, Museo del Floklore. En: CARDILLI, Luisa: Feste e Spettacoli nelle Piazze Romane , Roma, Librería de llo stato, 1990, pág. 66. 289 Figura 156: Apparato nella Basí lica V aticana per le canonizzazioni del 1726. Disegno a penna acquerellato, mm 370x588. Attribuito a Antonio V aleri. En: Il Museo di Roma racc ont a la città. (A cura di Rossella Leone, Federica Pirani, María Elisa T ittoni, Si monetta T ozzi), Roma, Gangemi Editore, 2002, p ág. 104. - 354 - No obstante, la estética teatral de la puesta en escena de estas ceremonias muestran para lo que realmente fueron concebidas y máxime si hablamos de las des arroll adas en el período de Pío IX, para, mediante la pompa y el boato sin límites e incluso excesivo, mostrar la superioridad y grandilocuencia de su reinado. Aunque algo más propio e idiosincrásico del Barroco, este aspecto tuvo igualment e especial protagonismo en e l Ochocientos. A la vista de lo expuesto, debemos insistir , aunque sea a costa de reiterarla, en la suntuosidad de estas manifestaciones, que se incrementa sobre todo en las del citado Pontificado, por cuanto los cambios y devenires políticos europeos, protagonizados por el Liberalismo y la decadencia aceleran la caída en picado de la superioridad de la iglesia y del régimen tradicional. T ales cambios afectaron, como es obvio, no s ólo a las cuestiones gubernamentales, sino que como consecuencia de todo ello, a este tipo de celebraciones. No en balde, los distintos países europeos debían adaptarse ahora, no sólo a los nuevos sistemas polític os liberales, con un protagonismo bur gués cons agrado tras las revoluciones, sino que con ello, se le decía definitivament e adiós al absolutismo del Antiguo Régimen, a l os dominios papales y a los distintos asuetos sacros con el boato y s untuosidad donde el Papa-Rey ponía de manifiesto su poder total. Sería, entonces, cuando la fiesta religiosa va perdiendo protagonismo en pos de la civil y profana, quedando las aquí descritas reducidas y relegadas a un plano s ecundari o, ejempl o elocuente de ello, son las últimas canonizaciones de este siglo, y que contemplamos en e l presente capítulo: l as de Pedro Claver y Alfonso Rodríguez. - 355 - Figura 149 : Proyecto no realizado de l Aparato de la Basíli ca V at icana para la Canonización de 1867. - 356 - Figura 150 : Decoración de la Basíli ca con ocasión del Splemne Centenar io de la Glori osa Muerte de San Pedro y de la Canonización de los Beatos: Giosefat obispo, Pietro Arbués, Paolo della Croce, Leonardo da Porto Maurizio, Francesca del le Cinque Piagui, Germana Cousin y l os XIX Mártires Gorcominenses, celebrado el 29 de j unio de 1867 por el Sumo Pontífice Pío IX. - 357 - Figura 151 : Acto s olemne de la Canonización - 358 - Figura 152 : Exterior de la Basíl ica V at icana y la plaza de San Pedro el día de l a canonización - 359 - Figura 153 : Luigi V anvitell i, modelo de la ilum inaria de l a cúpula de San Pedr o. - 360 - Figura 157 : Retrato de San Pedro Claver - 367 - Figura 158 : E jemplo de i luminación tant o de la plaza, como de l a fachada de San Pedro. - 368 - - 369 - - 370 - IV . EL PROCESO DOGM ÁTICO DE LA INMACULADA CONCEPCI ÓN Y SU M ANIFEST ACIÓN ICONOGRÁFICA Excedes en la hermosura de la carne a todas las mujer es y en la excelencia de santidad, sobr epujas a los Ángeles y Ar cángeles (San Buenaventura) A lo lar go de la Historia la Iglesia Católica, pocos asuntos teológi cos han sido objeto de tantos debates, discusiones y polémicas como el de la Inmaculada Concepción de la V ir gen María. El presente trabajo analiza las circunstancia s que jalona ron el último acto en la trayectoria secular de esta devoción mariana como fue su definic ión y proclamació n dogmátic a por Pío IX en 1854, en el transcurso de una solemne Misa Pontifica l celebrada en la Basílica de San pedro con una pompa sin precedentes, tal y como demuestran los aparatos escénicos y la teatralidad litúr gica previstas y diseñadas para la ocasión. - 371 - - 372 - 4.1. ANTECEDENTES Y CONTROVERSIAS SOB RE LA CONCEPCIÓN INMACU LADA DE LA VIRGEN QUE P REC EDEN A LA DEFI NICIÓN DOGMÁTICA Muchos fueron los siglos que hubo de esperar el universo católico para que Pio IX, ex catedra , definiese el Dogma de la Inmacula da Concepción mediante su bula Ineffabilis Deus: Con los términos Inm aculada Concepción se indica la doctrina católica según la cual la Bienaventurada V ir gen María, desde el pr imer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio que Dios Omnipotente le concedió, en pr evisión de los méritos de Jesucristo Salvador del géner o humano, fue pr eservada inmune de toda mancha de pecado original 292 . Hasta llegar al tan deseado fundamento, centurias de controversias entre maculistas e inmaculistas caracterizan e identific an este acontecimi ento, que conduce a ambas escuelas hacia vivos combates que se discuten en cual quier escenario. El primero de los grandes privilegios concedidos por Dios a la V irgen María fue el de su inmaculada concepción, y es precisamente esta citada dispensa, la motivadora no s ólo de grandes investigaciones por parte de los primordiales e insignes teólogos de la Historia, sino de l a búsqueda clari ficadora y evolución de un criterio c oherente e n torno suya que, final mente , condujo a la consecución de l a Inmaculada Concepción como dogma y princ ipio innegable. El culto a la V irgen - que tiene como punto de partida de forma oficial el Concilio de Éfeso en el 431 tan difundido por todo el mundo cristiano - apenas si aparece en los Evangelios, pe ro sí podemos considerar el primer capítulo del Génesis, también denominado Protoevangelio, 292 CÁRCEL OR TIZ V .: Pío IX. Pastor Universal de la Iglesia , V alencia, Edicep, 2000, pag. 79. - 373 - cómo el texto f u nd a me nt a l donde se habla de la existencia de la V irge n en la mente de Dios desde el comienzo de los tiempos, a la par que se menciona e insin ú a como María no contrajo el pecado original: “Dios dijo a la serpiente: Pongo perpetua enemistad entr e ti y la mujer y entr e tu linaje y el suyo, é ste te aplastar á la cabeza y tú le mor der ás a él el calcañal”. (Gén. III, 15) 293 . Es cuestió n de fe, y parecía más que evi dente, que la V irge n era madre de Jesucristo y que su naturaleza hipostáti ca la convirtiese, a su vez, en madre de toda l a humanidad. Sin embar go, lo que no parecía estar muy claro es que María, como tal engendradora de Jesús, fuese concebida sin pecado. A sí pues y desde edades tempranas tal y como se exponía en el apócrifo Protoevangelio de Santiago, escrito en el 150, la idea del culto mariano, que surge primero en Oriente y que tuvo su posterior difusión por todo Occidente 294 , ya implicaba la ausencia del pecado original en M aría, a diferencia de cualquier otro humano que nace con él y solamente por el bautismo queda lim pio de él . Con ello vemos cómo la devoción y veneración al misterio era patente aunque el cul to al mismo, al igual que su dogma, atravesó un mar de dificultades. Está claro que en todo este arduo proceso han existido tres etapas, por no hallarse de forma manifiesta en las escrituras la concepción inmaculada de la Santa V ir gen, como previamente hemos advertido. La primera, consiste en la creencia implícita de que su origen estuvo desprovisto de la mácula del pecado original, ya que su vir ginidad está contenida en la maternidad divina. En esta época s obresale el papel y las palabras de San Agustín que sirven como elemento clarificador y para acrecentar aún más las creencias s obre el hecho entre los fieles: 293 TRENS, M.: Santa María. V ida y leyenda de la V ir gen a través del Arte Español , Barcelona, Editorial Eugenio Subirana, 1954, pág 1 1. 294 STRA TT ON, S.: La Inmaculada Conce pción en el Arte Español . En: Cuadernos de Arte e Iconografía, Madrid, Seminario de Arte Marqués de Lozoya de la Fundac ión Universitaria Española, 1998, T omo I, vol. 2, pág. 78 - 374 - “En r elación con ella, y por r espeto al Señor , no puede ni siquiera suponerse la existencia del pecado” 295 No obs tant e, los estudios realizados por el propio “Doctor de la Gracia”, sobre el pecado original y la transmi sión de este a través de la concupiscencia de nuestros padres, hicie ron que el proceso de doctrina sobre la Inmaculada se retrasara. Al mismo tiempo en dicha etapa se incl uyen incontestables cree ncias, que desde el Concilio de É feso tanto en la Iglesia de Oriente como la de Occidente, hacen que la celebración de la V irgen forje l a mariolatría y a su vez incrementaran el florecimiento de nuevos sostenedores y paladines inmaculi stas. El s egundo de los momentos es el de las pugnas y des encuent ros entre los doctores y santos padres de la Iglesia del Medievo 296 , los cuales consideraban que para que María fuese redimida del pecado debía haber estado, al menos, un instante en el mismo. San Buenaventura y Santo T omás, entre otros, serán, por tanto, los doctos que s e decidirán a poner en duda este privilegio. Y el tercero y definitivo, es el que concede la exención a la V irgen, respondiendo con teorías categóricas a las críticas que dejarán de ser inmarcesibles o sempiternas, para convertirse en Dogma. D uns Escoto será el inaugural protagonista en defender la cuestión que nos ocupa. De la misma forma, y por lo a ntes dicho, se le puede atribui r el apelativo de gran i nstigador entre las órdenes históricas por excelencia, como son los franciscanos y dominicos, por provocar y renovar entre ellos una gran competencia, que por razones obvias, era más que evidente hasta el momento y que el tema en cuestió n seguirá acrecentando. A mbas escuelas pretenderán hacer prevalecer sus creencias y salir victoriosos los unos sobre los otros, pero los maculistas dominicos lo tendrán complicado, ya que s i por algo es también conocido el Doctor Sutil, es por 295 AA.VV .: Mariología. En: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, La Editorial Cristiana, 1964, pág 21. 296 PEINADO GUZMÁN, J.A .: “La controversia teológica medieval inmaculista”, A nales de T eologí a de la Universidad Católica de la Santísima Concepción , vol . 16-1, 2014, págs. 55- 82. - 375 - el gran mérito de frenar las declaraciones preconizadas, no sólo por los miembros facundos de la Orden de Predicadores, sino de todos aquellos que seguían dichas conjeturas. Lo que no habrí a imaginado S anto T om ás en absoluto, es que sus palabras s obre el concepto de la Inmaculada Concepción podrían haber sido utilizadas por Pontífices y teó ricos eclesiásticos como motivadoras de la declaració n del Dogma. As í pues, y basándose Escoto en sus discursos contrarios: “ Dios puede haberlo hecho, per o no es conveniente, no era necesario que en la descendencia concebida la santidad fuese algo inmediato…por ello no s e concedió ni a la Bienaventurada V ir gen ni a nadie que no fuese Cristo 297 ” Responderá diciendo: “ Potuit, decuit, er go fecit. Dios pudo hacer inmaculada a su Madr e; era conveniente que la hi ciera, luego la hizo 298 ” Por consiguiente, lo que sí es más que irrefutable, es que hasta el siglo XIV todas las declaraciones doctrinarias sobre el concepto de la Inmaculada Concepción eran negativas y no será por tanto hasta las desarrollada s por Escoto y asentidas por sus seguidores, las que realmente impregnen de manera cate górica a la sociedad del moment o, hasta llegar a la aceptac ió n universal dogm ática. Mientras llegabase instante, los dos grupos de teólogos continuarán sus disputas incesantes, unos respaldados en la “opini o Scoti ” y otros bajo el patrocinio T omista 299 . La experimentada devoción a la V ir gen que sur ge en la Edad Media fue consecuencia del acuciante desarrollo en la creencia de Cristo como hijo de María V irge n, y tuvo como c ons ec ue nci a un a multitudinaria conversión al cristianismo. Al asumir Cristo el papel de 297 STRA TT ON, S.: La Inmaculada ...pág 5. 298 ROYO MARÍN, Antonio: La V ir gen María. T eología y espirituali dad marianas. En: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, La Editorial Catolica, 1963, pág 73. 299 P . AMOROS, León: La significación de Juan Duns Escoto en la historia del Dogma de la I nmaculada Concepción, Madrid, V erdad y V ida, 1956. - 376 - facilitado el camino a favor de la exaltación de la V ir gen, se ha necesitado de mi nuciosos estudios y de diferentes pruebas e interpretaciones, para que concluyese en una definición dogmática. España se vio implicada en el asunto desde el primer momento, por ser una de las primeras naciones católicas más d e v o t a s q u e rindieron culto a la Inmaculada. Se crearon, a petición de los monarcas, no sólo tropas de caballería, edificios, órdenes religiosas, etc., con el nombre de la Inmaculada, sino que para acceder a algún car go académico se debía profesar obediencia al gran misterio de la V irgen. Por ello, la ciudad de Salamanca, que, durante siglos, había sido considerada como la diosa de la sabiduría (por alber garse en ella los mayores eruditos) a la que Pontífices y reyes habían rendido homenaj e, tuvo mucho que ver en la promulgación del Dogma. Y a siglos antes de que tuvieran fin las pesquisas realizadas sobre la Inmaculada, por ser la prestigiosa Universidad poseedora del conocimiento de todos los grandes acontecimie ntos históricos acaecidos, y por ello representante de la Nación Española, sería la que a petición de Felipe III, fue requerida para dar su opinión en el tem a tratado. La insigne U niversidad por medio de solemne votación acordó e l 17 de abril de 1618: Hacer Estatuto de tener , enseñar , defender y pr edicar que la Santísima Madr e de Dios y Reina del cielo, fue pr eservada de toda mancha de pecado original, y que así lo pr ometieran y juraran los que se graduasen o incorporasen a esta Universidad. 313 No obstante, a la citada Unive rsidad le precedieron otras muchas, como la de V alenci a, la cual ya desde el siglo XVI manifestaba su respeto e interés hacia la figura de María y s e unía a la defensa de la doctrina inmaculista. Que España tiene una gran tradición mariana es más que evidente y ello, en cierto modo, ayudó a conseguir el tan ansiado fin. Y a así lo demostraban los grandes jerarcas españoles del siglo XVII, s eguidos de la misericordiosa fe popular , donde a través de Cofradías y Hermandades promovían el culto a la Inmaculada 314 . Los monarcas que han 313 La Cruz : revista religiosa de España y de más países católicos, dedicada a María Santísima, en el misterio de su Inmaculada Concepc ión, Sevilla, Imprenta y Librería de D. A. Izquierdo, 1861, pág 351. 314 OR TEGA, A.: La tradición concepc ionista en Sevilla. Siglos XVI-XVII , Sevilla, Imprenta de San Antonio- Convento de San Buenaventura, 1917. - 383 - formado parte de la Historia de España, los Concilios en los que tuvieron participación los prelados españoles, unidos al afá n del más insigne Papa del siglo XIX, y que tanta fe había demostrado tener a la concepción sin mácula de la V ir gen, s erán los que consigan dignificar la citada figura con la ansiada definició n dogmát ica. Felipe IV fue un gran ejemplo de la adoración y devoción que siempre manifestó hacia la Preservación de María hasta tal punto, que ni el mismo Pío IX, aun siendo el artífi ce del reconocimiento final, pudo desarrollar una labor tan fervorosa, como demuestra este juramento llevado a cabo por sus procuradores y celebrado en Cort es en la villa de Madrid en 1621: L o s ca va l le r o s de las Ciudades, juntos en forma de Reyno, en virtud del poder especial que para este efecto tenemos de las ciudades y villa, cuios Pr ocurador es somos, y por lo que a cada uno nos toca por Nos y nr os. subcesor es pr ometemos a la SS.ma T rinidad y a la Beatisima V ir gen María, Madr e de Dios y Señora nra.de tener y celebrar el Misterio de su Purísima Concepción, en la cual fue pr eservada de la culpa y mancha del Pecado original, y que celebrando y solemnizando el dho. misterio, los Pr ocurador es que por tiempo fuer en, juntos en Cortes, y en forma de Reyno y en su ausencia la diputación del Reyno, y comisión de Millones le har emes cada año una fiesta con su octava, conforme a las r eglas del Br evario y Misal Romano: Así lo votamos, pr ometemos y juramos: Así Dios nos ayude y estos Santos Evangelios 315 A s í que, no s ólo la labor de este rey fue capital, sino la de todos los antecesores y descendientes del mismo, que junto al ardor de la nación española, tuvieron un papel de suma relevancia, para la definición del misterio. No obstante, numerosas eventuali dades retrasaron el tan ans iado momento y con ellas la festividad y culto de la Inmaculada. Pero la insistencia a modo de “cruzada” que se inició en España, ha sido incomparable a la de otros países, por cuanto ninguno, s iendo rigurosos, ha podido equiparar su celo y entusiasmo con el del citado estado. Por todo, y en agradecimiento a España, Pío IX materiali zará y conmemorará el acontecimient o, 315 FRIAS, L.: “España por la definición dogmática” e n: Razón y Fe. Número extraordinario de 1904, págs. 104- 105. - 384 - ubicando en la plaza de la Ciudad Santa que lleva el nombre de la señ alada nación, un monumento en recuerdo et erno a lo logrado , según estudiaremos más adelante. Sin embar go, y tal y como hemos s eñalado previamente, s i espinoso fue el camino hacia la consecución del dogma, igual de peliagudo fue intentar determinar la fecha con la que conmemorar y celebrar la pureza de la V irgen. La liturgia ya existía desde los primeros tiempos por cuanto des de antiguo y , ademá s de predicar y enseñar todo lo relativo a la fe, los cristianos, también empezaban a aplicar los ritos de celebración en memoria y conmemoración de los santos, de los mártires, de Jesucristo y de la V irgen como madre protectora y mediadora entre lo divino y lo terrenal, gracias a su naturaleza hipostática. En la primitiva Iglesia tenemos indicios de su celebración, pero no será hasta el Canon de San Andrés de Creta entre el 660 y el 740, cuando realmente t engamos constancia de su festividad: “Hoy celebramos, oh piadosa Ana, tu concepción, por que libr e de los lazos de la esterilidad, concebiste a la que contuvo a Aquel a quien a ninguna cosa puede contener” 316 Y aunque en Occidente dicho culto se demorará todavía más, si lo comparamos con la Iglesia de Oriente, nuevame nte la nación española pone de manifiesto su clamor mariano mostrando ya desde el s i g l o VII dicho fervor , tal y como se nos muestra a través de la vida de San Ildefonso de T oledo . El día de la celebración de la Inmaculada, según apuntamos, se haría de manera oficial por Sixto IV el 8 de diciem bre. Pese a las concesiones y mercedes que se adquirían con los siglos, gracias al impulso español y los deseos pontificales, ello no dejaba de ser suficiente, puesto que la afirmación y reconocimient o definitivo no llegaban a su fin. Así que, poco a poco, no sólo se irá aceptando como fiesta de precepto el día de la Purísima Concepción, sino que en todos los rincones de España y del orbe católico s e hará resonar con muestras de alabanza el nombre de la Inmaculada Concepci ón de la V irgeN 315 . 316 Ibidem: La Inmaculada ...pág 152. 315 ROMO, Judas José: Discurso sobr e la Inmaculada Concepción de María, dedicado a S. M . La Reina Doña Isabel II (Q. D . G) , Sevilla, J. M. Geofr i n. T ipógrafo honorario de la Real Cámara de S . M, 1850, págs. 87-133. - 385 - Por todo, debemos saber cómo, aun siendo la li tur gia el elemento que precede al Dogma cuando se habla de la doctrina mariana, es precisamente el culto rendido durante siglos en todos los confines del mundo a la M adre Purísima, lo que ha hecho que estacreencia se antepusiera a la declaración y se convirtiera en un discurso con mucho más peso y firmeza. Es por ello, que se dilatara todavía más la consecución del Dogma no cobraba sentido. - 386 - Figura 159 : Joan de Joanes. La V irgen “T ota Pulc hra”. V alencia, Iglesia de l a Compañía. (foto: Arxiu Mas). - 387 - Figura 160 : Rubens. La Inmaculada. Madrid. Museo de l Prado - 388 - 4.2. HONOR Y GLORIA: LA CONMEMORAC IÓN Y DEFINICIÓN DO GMÁTICA T ras varios siglos de reflexiones y controversias sobre el misterio de la Inmac ulada Concepción, s e decide en el siglo XIX concluir y encontrar una resolución definitiva al exasperante dilema. Será el Papa Pío IX -considerado por algunos el eterno príncipe y por otros un censurador anatematiza do y antisemita-, el respons able de la proclamación del Dogma de la Inmaculada 317 . Así, tras su flamante elección como Papa y por atender los deseos del colectivo, ordena crear en 1848 un consejo donde cardenales y teólogos se encar gasen de estudiar y dar veracidad al tem a en sí. Sin embar go, fue el 20 de noviembre de 1854, tal y como nos lo revelan las crónicas y por mandato del Papa, cuando se dio comienzo en una solemne audiencia a la votación del ya citado Dogma ( Documento 7 318 ). Para tal evento se precisaba de una caterva de sacerdotes de diferentes grados y ataviados para la ocasión, tal y como se especifica en un comunicado realizado por el Prefecto de las Ceremonias a todos los participantes. La asamblea se llevó a cabo en la Sala Ducal del Palacio V aticano, la cual presentaba una perfecta ordenación del espacio para ser ocupada por cada uno de los allí presen tes ( Figura 161 319 ). A la bajada de las escaleras de acceso al trono, en el que se había colocado un gran crucifijo, una enorme alfombra sobre la que se situaron tres sillones para los cardenales, hacía diferenciar el espacio reservado a los altos cargos eclesiásticos. A la derecha de estos ocuparon el sitio los secretarios de los aceres eclesiásticos, es decir , (aquellos encarga dos de llevar a cabo el buen funcionamiento de lo que se iba a celebrar), y a la izquierda se sentó el prefecto de las 317 8 de diciembre de 1854. Ibidem: Pío IX …, pág 77. 318 Documento 7 : En: Relazione di quanto ha pr eceduto accompagnato, e susseguito la funzione della Definizione Dommatica de SS. Immac olata Concezione di Maria V er gine. Ar chivo delle celebrazione litur ghiche del Sommo Pontífice. Comunicado realizado por el Prefe cto de las Ceremonias Pontificias, donde se espe cifica la indumentaria que deberá vesti r la f ami lia pontificia y el lugar donde se ll eva rá a cabo e l proceso previo par a la definición dogmática. 319 Figura 161 : Plano de las estancias V aticanas y de la Sala Duc al. Ar chivo delle Celebrazione litur gi che de l Sommo Pontífice. - 389 - ceremonias. De forma paralela eran dispuestas dos hileras de tres bancos para los obispos y tras ellos y dándoles la espalda a l os cardenales, en dos bancos, se colocaron los teólogos consultores. La Sala estaba ricamente decorada con tapices, aderezos dorados, tejidos de damasco y todo cubierto de alfombras que cerraban la gran escena donde, como si de un teatro se tratara, cada pers onaje, en función de su linaje , rango, ocupaba su sitio correspondiente. Eso ocurría en todas las ceremonias religiosas y no menos en esta, debiendo entrar cada asistente por distintas puertas. Así, en este ceremonial de preludio al Dogma y siguiendo el esquema que nos presenta la figura 161 , los obispos se dirigieron en procesión por la logi a más cercana al presbiteri o donde fueron sentados, mientras la Guardia Suiza custodiaba entradas y salidas. El Papa, desenvuelto y valeroso impulsor de la causa, procedió con la votación que tuvo como resultado satisfactorio, que el 8 de diciembre de 1854 se produjera la definici ón y proclamació n dogmática. 320 Por fin, el deseo de España en su conjunto, de teólogos, cardenales, de la Iglesia de Oriente y Occidente, etc., y de los fieles en general se vieron cumplidos tras tantos años de espera. El 8 de diciembre del mismo año, a las 8 de la mañana , la multitud agolpada a las puertas de San Pedro esperaba a la figura del Papa que descendiera por la Escalera Regia con su séquito para comenzar con la ceremonia de proclamación del misterio de la V irgen. Dentro de los tres episodios más importantes en cuanto a festejos se refie re en el pontificado de Pío IX, esta solemnidad es tá considerada como una de las más fas tuosas del mundo católico ( celebrada en Roma), junto a la inge nte y ya estudiada canonización de los Mártires del Japón y San Miguel de los Santos 321 . Ello se da a conocer en el extenso epitafio que en palabras de Mar cello Fagiolo permanece escrito sobre la t umba de Pío IX en San Lorenzo Extram uros: La pr oclamazione del dogma dell`Immacolata Concezione (1854), il viaggi o nelle pr ovincia dello stato Pontificio (1857), il concilio V aticano e il dogma dell ´Infallibilita papale (1869) . 322 320 Ibidem: Relazione di quanto... 321 ROBLES ROBLES, A. A.: “Deleite y Beatitud con Pío IX. La Fiesta de Canonización: Los Martires del Japón y San Miguel de los Santos”. En: Boletín de Arte nº 21, Universidad de Má laga, Departame nto de Historia del Arte, 2000, págs 243- 262. 322 F AGIOLO, Marc ell o: “Pío IX: il canto del cigno della r eligione”. En la Festa a Roma dal Rinascimento al - 390 - Para tal ocasión Roma se vistió de gala: fue un gran día de fiesta al que acudieron gentes de todas partes del mundo. Las calles se adornaron con gran esplendor a base de telares, sedas multicolores, guirnaldas de flores e imá genes de la V ir gen que pend ían de balcones y ventanas advirtiendo a la muchedumbre del día glo rioso que s e celebraba. En los palacios, los blasones en tapices bordados daban a conocer la devoción de sus ocupantes, como muestra parlante, además de situar dentro de muchos de ellos pequeñas capillas consagradas a la V irgen. 323 La Ciudad Eterna se convirtió en un gran coliseo con diferentes escenarios situados por todas las calles y rincones de la ciudad, en donde la población y vi sitantes se transformaban en l os propios personajes de la obra a representar , estando protagonizada por la figura del Papa y como escenario principal l a Basí lica V ati cana. Llegada la hora, la comitiva comenzó a desplegarse encabezada por los procuradores del colegio que se pusieron los primeros. Después, el predicador apostólico, el confesor y los procuradores de las órdenes mendicantes, seguidos de los ayudantes de cámara, clérigos, capellanes secretos y comunes, etc . T odos dispuestos en doble fila lucían sus mejores galas: el rosa de las túnicas, el negro, el violeta, el rojo de los sayos, los paños de sedas, encajes y armiño, reunían una gran variedad y lujosa vistosidad. En esta procesión, como en todas las demás, se exigí a una cuidada distribución de los participantes. Del cortejo formaban parte todo el clero s ecular y regular de Roma, acompañados de sacerdote s venidos de todas partes y escoltados por la Guardia Suiza. U n conjunto en el que se podían di stinguir partes bien diferenci adas. Después de la cabeza procesional se continuaba con los prelados, los clérigos de la Cámara y por último los auditores de la Rota entre los cuales es taba el maestro del Sacro Palacio . Éstos iban precedidos por el maestro del Sacro H ospicio que llevaba la Cruz Pontificia y por los portadores de incensarios que dulcifi caban al ambiente con su peculiar perfume. Seguidam ente, y 1870. (A cura di: Marc ello Fagiolo), Roma, Edito da Humberto Allemandi, 1997, vol: II, pág 150. 323 Corpus delle Feste a Roma/2. Il Settecento e L´Ottce nto . (A cura di: Marcello Fagiolo), Roma, Edizioni de Luca, 1998, pág 372. - 391 - tras ellos, se dejaba ver la parte más vistosa del s équit o, en cuanto a lujoso derroche de indumentarias se refiere, en la que iría la destacada figura del Pontífice. Por tanto, la Serie de los Mitrados se abría con, el diacono y subdiácono griego, arzobispos, obispos, el V enerable Col egio de Cardenale s , los magistrados del Colegio Romano , el V icecamarlengo de la Santa Iglesia, los soldados suizos, la guardia noble, alabarderos, camareros secretos, maceros, los maestros de las ceremonias, el Decano de la Rota, el Auditor de la Cámara Apost ólica, el mayordom o, el maestro de cámara y los Padres G eneral es de la orden de los mendicantes que cerraban el cortejo. Aquí s e hacía alarde de un gran día en todo el orbe católic o, luciéndose atavíos de extraordinaria riqueza y finura: T elas bordadas en oro y plata, s edas, tules y damascos cubrían a los representant es de la Iglesia. 324 En medio de todos ellos iba el Papa en s u sedia al que la multitud aclamaba, y mientras se agolpaban para verlo pasar , los flabelos, con enormes plumas blancas, agitaban el aire. Los cantos del excelso coro, el sonar de los tambores y la fragancia de las flores e incienso, anunciaban la l legada del Pontífice a la Basí lica V aticana . P ío IX, como sucesor de Pedro y Nuncio de Cristo, era conducido al i nterior del T emplo mientras cant ores y fieles entonaban: T u es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam 325 El Papa, coronado con la T iara Papal y en su sedia gestatoria , a s u paso por toda la Basílica iba bendiciendo a los fieles que es peraban con ansia el comienzo de la ceremonia, mientras que el ánimo de todos crecí a cada vez m ás. El V icario de Cristo, invocando a la Suprema Corte Celesti al, pedí a intercesión para tan laborioso ceremonial que constituía un momento de nuevo júbilo en la tierra y en el cielo , motivo de glorioso bienestar en toda la Iglesia católica. 324 CICCOLINI, S.: La cer emonia nella Basíl ica V aticana il Di VIII Decembr e MDCCCLIV , Orvieto, presso Sperandio Pompei, 1855, págs 8-1 1. 325 “Tú eres Pedro, y sobr e esta piedra c onstruiré mi Iglesia“. Idem: La cer emonia … pág 12. - 392 - una de las tres virtudes teologales, nos acerca a la Inmaculada como intercesora por la cual se aguarda de D ios su gracia en este mundo y la gloria eterna en el reino de los cielos, en completa relación también con el nacimiento de su hijo 338 . No en balde, la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María es la esperanza que cumple la promesa de salvación hecha al género humano por Dios, al principio de los tiempos, tras la caída del Pecado Original. El rojo de los escalones, recuerda la túnica que lleva la V irge n como reina de los cielos en m uchas de sus representaciones iconográficas, además de otor garle el s ignifi cado de la vir ginidad desde su concepción, vir ginidad en su expectación y virginidad después de dar a luz a su hijo, afirmado esto en la Edad Media. Es por ello, por lo que muchos artistas alemanes del siglo XV , han representado en sus obras círculos rojos sobre el sarcófago de Cristo, ya que éste sal ió de él de forma mil agrosa como del vientre de su madre . Por tanto, estas manchas rojas simbolizan los sellos inviolados . 339 La blancura del altar donde se ofició la misa del Dogma, nos mostraba igualmente vir ginidad, castidad, pureza y candidez como atributos asignados a la V ir gen. 340 No había llegado aún el instante de la ceremonia, cuando los grandes de la I gl e si a y los nobles personajes que acudieron a ella , se situaban en el T emplo jerárquica mente mientras esperaban que el Papa ocupara su trono a modo de baldaquín colocado en el presbiterio y frente a ellos. De la misma situación y privilegio no gozaron el resto de los concurrentes aún perteneciendo a la alta sociedad, ya que como d i j i m o s antes y como ocurre en todas las ceremonias, cada uno ocupa su lugar según su rango social y cuidando el protocolo. Bajo los arcos entre las pilastra s que se hallan en el l ateral del t rono pontificio se deja ban ver: La Princesa de Sajonia, los embajador es de los pr í ncipes cat ólicos de la Sede Apostólica y los duques del ejér cito francés . A los lados del gran altar s e sentaron las matr onas r omanas y los extranjer os . Por úl ti m o, los r eligiosos y caballer os , se acomodaron en el recinto entre el presbiterio y el lugar de l a Confesión. 341 338 V ir gen en la espera del parto, denominada con el nombr e de Nuestra Señora de la Expec tación o de la Esperanza . En: REAU, L.: Iconografía del Arte Cristiano... pág 97. 339 Ibidem: Iconografía del Art e Cristiano …págs 96- 97. 340 BARCIA, R.: Sinónimos C astellanos , Madrid, Da ni el Jorr o, editor , 1910, págs. 30-32. 341 CICCOLINI, S.: La Cer emonia … pág 16. - 399 - La aglomeración en San Pedro fue tal, que aunque sus dimensiones eran y son lo bastante consideradas como para alber gar a un gran número de individuos, no se podía dar cabida a todo el personal entusiasta. Así, las naves y el pequeño pasaje que circundaba la enorme cúpula, se encontraban totalmente colmados. 342 Una vez que todos se habían establec ido en sus puestos, el espléndido coro comenzó a cantar cuando el Papa se hubo acomodado. Seguidamente Cardenales, Arzobispos, O bispos, Abades y Penitenciarios V ati canos, tributaban al Santo Padre homenaje religi oso a través de sus reverencias. Las atenciones y cumplidos que profesaban al Pontífice variaban según la idiosincrasia, rango, clase y condición de cada uno de ellos. Por tanto, los Cardenales se acercaron con la cabeza descubierta inclinándose hacia él, besándole la mano derecha como sucesor de Pedro la cual tenía cubierta con su capa pluvial dorada . Pos teri ormente, Arzobispos y Obispos con las mitras en las manos haciendo una genuflexión, le besaron las rodillas manifestando el agradecimiento a Dios Padre por encomendarse al Pontífice en la labor del perseguimiento de una unidad católica. Y por último, los Abades y los Penitenciarios mediante su prosternación y besándole el pie, le consagraron testimonio de significación religiosa. 343 Concluido el acto de presentación, se proseguía con la preparación de la Mesa para la ceremoni a, al tiempo que el coro entonaba la salmodia . Por tratarse de un acto no sólo importante, s ino también anhelado y ansiado para el mundo católico después de la demora de tantos siglos, s e r e q u e r í a d e una elaboració n extraordinaria no s ólo en cuanto a ornamentación y carga simbólica, sino en el procedimiento de llevar a cabo la funci ón. Para ello, el Pontífice ayudado por uno de los cardenales, fue descubierto de sus vestiduras: del manto, del alba, del cíngulo, del amito, de la cruz y de la estola, para s er ataviado con los ornamentos pontificales, que habían sido portados por un grupo de prelados. T unicela, dalmática, guantes, casulla, pectoral, palio y m itra , cubrían al Santo Padre a la espera de que 342 Ibidem: La Cer emonia … pág 17. 343 Idem: La Cer emonia … pág 18. - 400 - otro de sus Cardenales le colocara su preciado anillo pontifical. 344 Y a preparado, bendijo el incienso que fue esparcido por todo el espacio con su singular aroma como en todas las ceremonias de culto, y prosiguió acompañado de los Sacros M inistros para comenzar con el sa crif icio eucarístico en el transcurso de la Misa Pontifical . El Evangelio fue leído en latín y en griego, simbolizando la unión de la iglesia de Occi dente con la de Oriente. Un gran sile ncio reinó en toda la Basíli ca después de la lectura, porque, por fin, lo pretendido se estaba consumando. En ese momento, un grupo de dignatarios eclesiásticos haciendo el papel de embajadores de la iglesia, se presentaron a los pies del trono ( el Car denal Macchi, D ecano del Sacr o Colegio, junto a los Decanos de los Arz obispos y Obispos pr esentes en la sacra función; Monseñ or Luigi Maria Car delli, Arzobispo de Acrida; Monse ñor Laudisio, Obispo de Policastr o; el Arzobispo del rito griego, Monseñor Stefano Missir de Ir enopoli y Monseñor Edoar do Hur muz de Sirace del r it o armenio ) 345 para realizarle al Pont ífice en lengua lat ina una petició n ( Figura 167 346 ): Quod tam diu Cristiana Religio vehe menter exoplat ac votis ó m nibus postulat, t u nempe ad Sanctissimae Dei Genitricis V ir ginis Mariae laudem, gloriam ac veneratione amplificandam, Immaculata ipsius V ir ginis Conceptio supr emo et infallibili T uo indicio definiatur , nos, tu a Sanctitate T ua in hac aniversaria de Beatae V ir ginis Conceptu festiva celebritate huius modi publi ca vota compleantur , sacri Car dinalium Collegii, catholicorum Antistitum et Chrsti fidelium nomine humill ime et enixissime flagit amus. In hac igitur augusta incruenti Sacrif iciiactione, i n hoc templo Apostolorum Principi sacr o, atque in tam solemni amplissimi Senatus, sacr orumque Antistitum et populi fr equenti aplaceat T ibi, Beatissime Pater , A pos toli cam T uam attoller e vocem, ac dogmaticum de V ir ginis Deiparae Conceptione pr onuntiar e Decr etum; ex quo gaudiumerit in caelis, totusque in orbe terrarum mundus exultabit quam maxime. 347 344 Idem: La Cer emonia … pág 25. 345 CANESTRI, Alberto Monseñor postulatore dell a c ausa del Servo di Dio Papa Pío IX: L`Anima di Pío IX quale si revelò e fu compre sa dai Santi, Marino, T i pograf í a Santa Luc ia, 1966, vol. 2, pág, 329. 346 Figura 167 : Proclamación del Dogma de la Inmac ulada el 8 de diciembre de 1854. I dem: L`Anima di Pío IX… pág. 305. 347 “El acceso por desear y anhelar , que desde tan lar go tiempo ha hecho la Religión Cristiana por acr ecentar el gozo, gloria y veneración a María V ir gen, Santísima Madr e de Dios, del que fuese de infalible y supr emo juicio vuestr o definiendo el Concepto Inmaculado, nosotr os con humildad y ar dor en nombr e del Sacr o Colegio de Car denales, de Obispos Católi cos y de los seguidor es de Cristo r ogamos a su Santidad que en el próximo año llegue el día dedicado a la Inmaculada Concepción, com o voto de común solicitud. Por tanto hacia la acción - 401 - A esto respondió el Pontífice diciendo: Gratísima quidem cor di Nostr o accidit, V enerabiles Fratr es, vestra postulatio, qua universae Ecclesiae nomine a Nobis eti am atque exposcitis, tu Dogmaticum de Immaculatas anctissimae Dei Genetricis V ir ginis Mariae, omniumque nostrum amantissimae matris, Conceptione Decr etum, iam diu a cat ólico orbe tanto per e exoptatum ac votis ómnibus expetitum, tandem pr onunciar e velimus. Ant equam ver o Nostram pr oferamus sententiam, volumus, omnes una Nobiscum implorar e ferventissimis pr ecibus gratiam Spiritus Sancti, qui unus estl uminis fons, tu Eli us nutu ac duct u tantam r em, tam gravem, tam sanctam expedir e valeamus. 348 Elevándose y alzando los ojos al c ielo el Pontífice con vehemencia acla mó diciendo: O Spirito Cr eator e 349 . A lo que rápidamente respondi ó el coro entonando: V isita, soggiunge, le menti dei tuoi, e della grazia superna riempi que ipett i, che tu cr easti 350 . augusta del Sacrificio incruento, en este momento erigido al Prín cipe de los Apóstoles, y con tanta solemne fr ecuencia al amplísimo Senado, de Obispos y del pueblo fiel, o Padr e Beatísimo, pedimos alzar vuestra Apostólica voz, y pr onunciar la Definición dogmática sobr e la Concepción Inmaculada de la V ir gen Madr e de Dios; qué será gozo para el cielo, y e l orbe enter o exultará de extraor dinaria al egría”. En: Ibidem: La Cer emonia …págs 27, 28. 348 “ Muy grata ver dad vuelve a Nuestr o corazón, V enerables Hermanos, vuestra postulación, donde en nom br e de toda la Iglesia se ofr ece con calur osas aspiraciones, a fin de que venga de una vez pr onunciado por Nosotr os el Decr eto Dogmático, desde tan lar go tiempo con tanto ar dor deseado por el orbe católico, y por voto general demandado, en torno a la Inmaculada Concepción de la Santísima Madr e de Dios, María V ir gen. Per o antes de hacer pr onunciar Nuestra sentencia queramos implorar todos juntos con fervor de plegaria la gracia del Espíritu Santo, única fuente de luz, a fin de que por la voluntad e inspiración suya nos sea concedido llevar a cabo, tan grande solemne y santa cosa ”. En: Ibidem: L a Cer emonia …págs 28, 29. 349 CICCOLINI, S.: La Cer emonia … pág 29. 350 “ V isi ta, añade, a las mentes de l os tuyos, y de la gracia Supr ema r ellena los pechos de los que tú cr easte ”. En: Ibidem: La Cer emonia …pág 29. - 402 - Pero el gran revuelo organi zado por la masa ansiosa y obcecada, impedía que tanto el coro como el Papa continuaran con s us oraciones. El fervor y fe en ellos era tal, que nos hace com pre nder cómo la religión no habí a perdido interés y magnitud en el pueblo, en el siglo XIX, que seguía poseyendo la confianza y convicción de que todos s us males serían disipados y sus ilusiones logradas a través de la encomendación a Dios y ahora a la Inmaculada, la cual era y había sido para muchos en todas las épocas, intercesora y mediadora de los infortunios y virtudes. Es por ello, por lo que el heredero de Pedro sentado en su Cátedra haciendo de maestro a los fieles como hiciera antaño su predecesor , intentaba dar quietud y sosiego para proseguir con la lectura de los sagrados misterios. Con ello, se aceptaba y s e creía fielmente en la V irgen Inmaculada, doctrina revelada por D ios y que sos tiene la Concepción de la V irgen sin pecado original, por privilegio s uyo. Mientras s e iban pronunciando estas palabras, y aportando los ar gumentos teológicos de dicha creencia, las tradiciones antiguas de Oriente y Occidente y los testimonios de las órdenes religiosas que habían hecho posible tal declaración, las lágrimas afloraban de los ojos de todos los asistentes y de los del Papa. La ceremonia estaba tocando su fin y todos saltaban de gozo 351 . En la ceremonia no estuvo aus ente tampoco la sugestión propia del “milagro”. Al tiempo que Pío IX invocaba al Espíritu Santo y a toda la Corte Celestial, el cielo que había permanecido cubierto de nubes en el momento preciso de la definición, modificaba s u aspecto, dejando brillar el sol, el cual penetraba por los ventanales de la cúpula revistiendo la Basílica de fulgurante luz. Los rayos bañaban con su color áureo toda la decoración, mostrando la magia de la arquitectura efímera y la fascinación del rostro del Pontífice. Este hecho, que no era sino una muestra de más la ineludible superioridad de la naturaleza, sería considerado como algo “sobrenatural” originado por la satisfacción de Dios Padre, por haber aceptado y proclamado a la V irge n como Reina del Cosmos y sin pecado concebida por obra suya. La escena que acabamos de des cribi r , aparece muy bien reflejada e n l a Figura 167 , donde se puede percibir perfect amente parte de la ambientación empleada como base para llevar a cabo el ceremonial. En ella, s e exhibía Pío IX 351 Ibidem: L`Anima di Pío IX …pág 330. - 403 - con parte de su cohorte que le rinde pleitesía por tratarse del representante de la Iglesia. El Pontífice se deja ver en actitud orante arropado por los singulares ornamentos de su sitial, y con gozoso viso suscitado por el destello de luz que tanto él como el resto de los presentes querían pensar que se trataba del Espí ritu Santo. Detrás del baldaquino se aprecia la arquitectura desprovista de cualquier decoraci ón, y coronando la representación, unas figuras que apenas si se dejan ver , sugieren la representaci ón del mundo divino entre nubes y ángel es . Apenas dispuso Pío IX acomodarse en su sedia gestatoria una vez finalizada la solemnidad, cuando un Prelado Clé rigo de la Cámara Apostólica ( Salvator e Nobili V itelleschi ), se dirigió a él y arrodillándose, le mostró una maravillosa diadema que llevaba en un cojín realizado en nobles tejidos de terciopelo y ribeteado con cordones. El oro puro con todo tipo de incrustaciones de piedras preciosas, topacios, amatistas, granates y aguamarinas, provocaron una pasmosa admiración. El presente se debió a la generosidad del Cardenal de Santa Ágata y a su predilección por las piedras preciosas con el fin de que, en tan importante día, la imagen de la Inmaculada pudiera l ucir el símbolo de su entroniz ación. Una vez santificada la corona, el Papa en procesión portado en su silla y acompañado de toda la Curia y Corte, iba bendiciendo a todo el pueblo para dirigirse a la capilla donde se exponía el Santísimo Sacramento. Ese lugar que era el destinado para la salmodia, había sido edificado por Sixto IV por una razón de peso, basada siempre en la figura de la Inmaculada y en sus Santos protectores, San Francisco y San Antonio, ambos franciscanos. Aquí encontramos el fehaciente testimonio de la creencia absoluta en el misterio de la Concepción, apoyada por la Orden Franciscana y negada por otros muchos hasta este momento. Es por ello, por lo que el intento fallido de Sixto IV y su logro definitivo con P ío IX , responde a un esfuerzo continuado y labor ló gi c a. Au n qu e solamente Sixto IV pertenecía a la Orden de Frailes Menores, el deseo de Pío IX por conseguir y “construir” un pontificado con fama y notoriedad llevaron a este último a la res oluci ón del tema, pesando más sus ambiciones de vanidad personal, que sus ideales religiosos. - 404 - Sixto IV pensó lo que le debía a la V irgen como intercesora, y es por lo que eligió la Basílica V aticana y no otra, para realizar tal cons trucci ón, donde, por supuesto, la presencia de Ella no faltaría ni la suya tampoco. Es deci r , por expreso deseo del fina do a través de la p ro m ul ga c ió n d e u na b u la , éste des ignaba como lugar de enterramiento dicha capilla. Suntuosidad y opulencia es lo que mostraba esta capilla del Coro situada al sur de San Pedro, elaborada con ricos materiales. El ábside estaba rematado con el fresco de Perugino sobre la Inmaculada, anteriormente descrito . T ras la reconstrucción de la Basí lica, con U rbano VIII, y en 1626, se realiz ó un nuevo altar consagrado a la Inmaculada . Este Papa, caracteri zado por ser autoritario y de fuerte cará cter , no podía permitir que la presencia de Sixto IV ensombreciera s u protagonismo en la Basílica Patriarcal, y más t o d a v í a a partir de la reconstrucción y de la participació n de Bernini que le permitía vanagloriarse. A sí pues, la primitiva pintura que coronaba el ábside fue sustituida por una obra de Simone V ouet , con el deseo de que el concepto de Sixto IV desapareciera. Esto no fue empresa fácil para el Papa Barberini, ya que la capilla sería reconocida siempre como Sixtina y el culto de la Inmaculada se preservaría eternamente. El monumento funerario s egún Gr egor ovius del primer Papa-Rey 352 fue trasladado a la Capilla del Sacramento. Por tanto, según nos informan las fuentes de la época en el libro sobre la ceremonia del profesor Stefano Ciccolini , tras su muerte, el cuerpo de Sixto IV depositado en la capill a del coro, tal y como él había ordenado. Sin embargo, tras la remodelación de la Basílica, ésta quedo destruida, y es por lo que su monumento funerario fue trasladado a la Capilla Sacramental, Sixtina o Capilla del Coro, como nos aparece en otras fuentes bibl iográ ficas 353 ( Figura 168 y Figura 169 354 ). La capilla fue demolida como es bien sabido por documentación actual sobre Sixto IV y sobre Urbano VIII 355 . Pero esto da lugar a controversias y desconciertos en lugar de procurarnos 352 Ibidem: I Papi Storia e Segr eti …pág 594. 353 “Mientras se entonaba el T e Deum…El Papa se dirigió a la capilla sixtina donde depositó una cor ona de or o sobr e la cabeza de la V ir gen” . En: VERC ESI, Ernesto: Pío IX , Barcelona, Luis de Car alt Edi tor , 1953, pág 190; “T erminata in San Pietr o la messa pontificale e cantato il T e Deum , Pío IX si portò pr ocesionalmente alla capella del cor o e l’incor onò l`imagine delle V er gine ivi venerata”. En : Ibidem: L`Anima di Pío IX …pág 333. 354 Figura 168 y Figura 169: Cuadro de la Inmaculada Concepción e n la Basílica de San Pedro. En: Minister o per i Beni e le Atti vità Culturali, Roma, (S Pietr o C). 355 BENZI, F . : Sisto IV Renovator Urbis. Ar chitettura a Roma 1471-1484, Roma, Of ficina Edizioni, 1990, pág 202. BORSI, F .: Bernini Ar chitetto , Milano, Electa, 1980, pág 345- 346. - 405 - una aclaración en cuanto a la colocación del difunto se refiere, ya que las versiones no coinciden las unas con las otras. Siguiendo las fuentes una vez más, éstas nos dicen que cuando Sixto IV dedicara su capilla a la Inmaculada (como hiciera con la S ixti na donde s e encuentran los frescos de Miguel Ángel) por ir en total relación con la concepción de su hijo, ésta sería consagrada a Dios, pasando a ser entonces una capilla sacram ental 356 . T ras todos los reemplazamientos sufridos en la Basílica, como conclusión del polémico tema de la ubicación del recinto de Sixto IV , la bibliografí a acerca de P ío IX antes citada, nos deja di cho que el Pontífice con todo su cortejo se dirigió a la capil la (con los numerosos calificati vos con los que se le había dotado) para coronar solemnemente la imagen de la V irgen, y en la que se encontraban los restos de su antecesor en una losa situados 357 . Reiteración de lo anterior es lo que se puede percibir en estas páginas; es decir , lo que había comenzado como un p ro c ed im i en to por parte de Sixto IV concluye de idéntico modo con Pío IX, aunque con la salvedad de haber conseguido este último, la ú nica pretensión por la que se celebró este ceremonial: l a proclamació n del Dogma. Una vez, todos dentro de la fastuosa capilla , a la que como al resto de la Basílica no le faltaban ornamentos que suplementaran lo inmutable, el Pontífice concluía con la última dedicatoria a la V ir gen. Mientras se entonaba la antí fona, la suave m úsica de fondo que acompañaba con sus acordes hacía todo más hermoso. Así pues, el Papa con la diadema en sus manos, ascendió por una pequeña es cale ra imperial a un palco elaborado con materiales perecederos, que se superponía y superaba la altura del altar , dejando al descubierto aquello que únicamente se quer ía ver , es decir , la efigie de la Inmacul a d a ( Figura 170 358 ). Se trataba de un mosaico realizado sobre la base de una pintura de Pietr o Bianchi y Mancini en el s iglo XVIII, 356 Ibidem: La Cer emonia …pág 41. 357 “[...] La tumba de Sixto IV fue abierta y el cuerpo del Papa descubierto...Asimismo fue abierto el ataúd del sobrino de Sixto, Julio II, y los r estos que habían sido pr ofanados por las tr opas del Condestable de Borbón fuer on enterrados de nuevo en una fosa junto a los huesos de su tío”. En: LEES-MILNE, James: San Pedro de Roma. Historia de la Basílica, Barcelona- Madrid, Editorial Noguer , 1967, pág 235. Esta investigación nos advierte de la existenc ia y ubicación de los restos de Sixto IV , pero como el resto de la bibliografía sigue siendo escasa informa ción. Las fuentes de la é poca nos dicen que en la supue st a ca pi lla del cor o en una losa sobre el suelo se encontraba el finado, así que probablemente se tratara de la misma fosa. 358 Figura 170 : Coronación de la Inmaculada por Pío IX. En: La Sala dell’Inmacolata, Minister o per i Beni e le Attività Culturali , Roma, (Rom a V at . D10). - 406 - c o m o “restauración” y recreación d el f r e s c o que primeramente hiciera Perugino. El lienzo original de Pietro Bianchi (1694-1740) muestra una elegante y libre composición es pacia l de gran armonía en las figuraci ones, al representar a la V ir gen Inmaculada con un coro de ángeles y querubines en presencia de San Gregorio Nacianceno, Doctor de la Iglesia griega, junto a San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. Se conserva en la Basílica de Santa María degli Angeli 359 e dei Martiri. Pronunciadas estas palabras: Com e per le nostr e mani tu sei cor onata quaggiù in terra, così noi tua mer c è meritiamo venir cor onati di gloria e di onor e lassù in cielo da Gesù Cristo tuo Figliuolo 360 se prosiguió con el rit ual de la coronación canónica de la ima gen, verificándose entonces el supremo y emotivo momento de la imposición solemne de la diadema en las sienes de la V irgen. La corona refiere visualmente ante los ojos de los fieles la condición de María como Reina del F irma mento y Reina del Paraíso 361 . Su imagen coronada aparece, por tanto, como el más perfecto reflejo de l a luz divina, su Hijo Jesucristo. Desde el punto de vi sta iconográfico, son muy numerosas las alusiones bíblicas que justifican la configuración emblemática de las imágenes de la V irgen como Reina y Madre Pura, Limpia e Inmaculada en su Concepción. Abundando en esta tesis, el Ceremonial de los O bispos sentencia que con este rito los fieles confiesan que la bienaventura da V irgen, asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, es tenida e invocada con justicia como Reina, puesto que es Madre y Socia de Cristo, Rey de todos, que adquirió la heredad de t odos los pueblos con su preciosa sangre 362 . Como tal, la litur gia específica de la coronación fue compuesta en el siglo XVII, aunque no fue incluida en el Pontificale Romanum , hasta 1897, c on el título de Ritus servandus in 359 DE LA CAMP A CARMONA, R.: “La proclamación del Dogma de la I nmaculada Concepción”. En: Boletín de Cofradías , Sevilla, nº 502, 2000, pág 37. 360 “Como por nuestras manos tú er es cor onada aquí abajo en la tierra, así nosotr os a mer ced tuya mer ezcamos ir cor onados de gloria y de honor allá arriba en el cielo, por de Jesucristo tu hijo”. En: Ibidem: L a cer emonia … pág 43. 361 PERALES PIQUERES, R. M.ª.: “Igna cio del V illar y la iconografía de las coronas de l grupo e scultórico de Santa Ana T riple”, AA.VV .: T i pologías, T aller es y punzones de la Orfebr ería española. Actas del IV Congreso Nacional de Historia del Arte, Zaragoza , 1984, pág. 269. 362 Caer emoniale Episcoporum , V aticano, 1985, n.º 1033. - 407 - cor onatione imaginis Beatae Mariae V ir ginis . Con este gesto hacia la Inmaculada, Pío IX manifestaba públicamente cómo la Realeza de María emana y procede de la Majestad Divina de Cristo, Único Mediador , Único Salvador , Único Redentor y , consecuentemente, Único Soberano. Así lo expresaba en la invocación ritual pronunciada por él mismo en los instantes previos a la imposición de la corona a la Imagen de la V ir gen. El boato parecía no terminar nunca, y el pueblo con adhesión fervorosa, al decir de las crónicas, no cesaba de llorar . Consumada la solemne declaración, Pío IX conmovido y agotado, se dirigió a su recinto privado, tras haberse desprendido de las vestiduras pontificales. Las campanas de todas las iglesias y los cañones del Castillo de San`t Angelo , sonaban a fiesta por toda la ciudad de Roma . T odo había concluido con júbilo, aunque muchos no pensaban lo mismo . Un claro ejemplo es lo que s upone para Fer dinand Gr egor ovius este acontecimiento, descrito en su Diari Romani que, con total libertad de expresión, manifiesta: Il giorno 8 dicembr e fu data la solemne pr oclamazione dell`asur do dogma dell`Immacolata Concezione. V idi a San Pietr o la pr ocessione di 250 vescovi. Ogni giorno feste e musica sacra. 363 Los ciudadanos se apresuraban para adornar balcones y vent anas con bonitos telares. La ciudad entera se preparaba para la fiesta n octurna ( Figura 171 364 ). Las luminarias y fuegos artificiales e r a n lo más vistoso de la noche, brillaban por todos los rincones y fachadas de los edificios. No se trataba de una fiesta para ricos con grandes palacios, sus aderezos y juegos de luces resaltarían sobre el resto, pero el pueblo llano en la medida de s us posibilidades, participaba de igual modo para festejar la velada con alegría y diversión. Los barrios, calles, palacios, etc., con todas sus gentes, no eran los únicos en 363 Esto es muestra de cómo parte de la sociedad, que no paga na por ello, se mofaba de la gran cantidad de fieles seguidores que llevaban e l catolicismo a grado sumo. GREGOROVIUS, F .: Diari Romani (1852-1874) , Roma, Franco Spinosi Editore, 1969, pág 23. 364 Figura 171 : Aunque esta imagen no c orre sponde con el citado día, sí nos puede servir como ejemplo para ve r la manera en la que la ciudad de Roma tributaba grande s agasajos a la fiesta. CAGG I, I.: “ Festa dei Moc oletti”, 1837. T empera su carta, Rom a Muse o del Folcklore MR 524. En: Ibidem: La Festa a Roma …vol. 2, pág. 172. - 408 - sulla canonizzazione de Santi analogo alle solenni feste di S. V erònica Capuchina dedicato a sua eccellenza r ever endiss. Monsig. Gio. Niccolo De Mar chesi T anara Ar civescovo di Urbino dal Cav . Giuseppe Andr eocci in mezo dalla T ipografìa Bellotti , Roma, T ipografia Bellotti, 1841.  Cor onazione del Sommo Pontefice Pío IX , Roma, 21 de giugno 1846.  Delle funzioni e cerimonie del le Canonizzazioni solenni che si cele brano nella Basilica V aticana, Descrizione delle cer emonie che si celebrano nella Basil ica V aticana per le solenni canonizzazioni dei santi con le aggiunt e di br eve notizie della vita dei 27 santi canonizandi nel mese di giugno 1862 e int orno le decorazione ed i dipinti del T empio V aticano , Roma, Coi tipi del ven. Osp. Di S. Michele Leonardo Olivie ri edit. 1862.  Descrizione dell' aparato fatto nella B asilica V aticana per la solenne Canonizazione di 27 beati , Roma, 1862.  Descrizione della cer emonie di 25 beati, Roma , Olivieri, 1867.  Descrizione delle cerimonie che si cel ebrano nella Basìlica V aticana per la solenne canonizzazione di venticinque beat i, con un cenno delle canoni zzazione sotto il pontificato di P ìo IX , Roma, L . Olivieri, 1867.  Descrizione delle cerimonie dei Santi canonizzandi 1862 , Roma, Olivieri, 1862.  Descrizione delle decorazioni ideate Dall 'Ar chitetto Cav . Fontana e dei Dipinti della Basilica V aticana pel Cent enario di S. Pietr o e per la santificazione dei 25 Beati Epigrafi Lat ine disposte nel portico e nel l'interno del T empio , Roma, Leonardo Olivieri Edi tore-T ip, 1867.  Diario di Roma, martedí 23 giugno, 1846, nº 50.  Diario di Roma nº47Mer coledi 15Giugno 1825, Roma, pr ess o il Cracas, 1825.  Diario di Roma nº64 sabato 1 1 Agosto 1821, Roma, pr esso il Cracas, 1821.  Diario di Roma nº78 Martedí 28 Settembr e 1819, Roma, pr esso il Cracas, 1819.  Diario di Roma nº87Mer coledi 2 Novembr e 1825, Roma, pr esso il Cracas, 1825.  Diario Or dinario nº78 27 settembr e 1806, Roma, pr es so il Cracas, 1806. - 500 -  Dipinti ed Epigrafi i n onor e di S. Michele dei Santi nel solenne T riduo che a memoria della sua Canonizzazione i T rinitari Scal zi eseguir ono nella lor o Basilica di S. Grisogono ne di 19, 20, e 21 Aprile , Roma, Stabilimento T ipografico Aureli e C., 1863.  DISPOSIZIONI: Della Commissione speciale deputata dalla SANTITÀ DI NOSTRO SIGNORE Papa Leone XIII per la solenne cer emonia della pr ossima Canonizzazione del 15 Gennaio 1888 e susseguenti Beatifi cazioni, r elative alla distribuzione delle tribune e de i posti nel piano dell 'Aula della Basilica V aticana , Roma, 1888.  Giornale di Roma nº 130, lunedi 9 giugno 1862.  Giornale di Roma, Lunedí 1 Luglio, Roma, Num. 147, 1867.  Giornale di Roma, Lunedí 8 Luglio, Roma, Num. 153, 1867  Giornale di Roma, Martedí 15 Novembr e, Roma, Num. 259, 1853.  Giornale di Roma, Martedí 23 Settembr e, Roma, Num. 218, 1851.  Il 12 Aprile 1867 a Roma, memorie dedicat e alla Santitá di N.S. P apa Pío IX Felicemente Re gnante , Roma 1867, 21 giugno, Roma, T ipi Dell'Osservatore Romano, 1867.  Il Giubileo pontifi ciale di sua Santità P ío Nono , Roma, T ipografía dei Fratelli Monaldi, 1871.  La Canonizzazione de Alfonso Rodriguez , Roma, L' Osservatore Romano Anno XXVIII-nº 15, Lunedì 16 gennaio, 1888.  Le sacr e funzioni che hanno luogo dopo la morte del Sommo Pontifice, sino alla cr eazione publicazione, e possesso del sucessor e. Incise in rame, ed accompagnata da una dettagliata descrizione, e spie gazione opusculo che si publica periodicamente in segueta dell a morte del Sommo Pontifice Pí o VII , Roma, Della stamperia Olivieri , 1823.  L ’Os servator e Romano nº 1 10, Roma13 Maggio 1893.  L ’Os servator e Romano nº 1 1 1, Roma 15 Mggio 1893.  L ’Os servator e Romano nº 51, Martedí 28 Febraio, 1888. - 501 -  L ’Os servator e Romano, nº 13, Martedí, 17 Gennaio, 1882.  L ’Os servator e Romano, nº 13, sabato 14 gennaio, Roma, 1888.  L ’Os servator e Romano, nº 15, lunedí 16 gennaio, Roma, 1888.  L ’Os servator e Romano, nº 93, Martedí 23 April e, 1894.  Osservazioni per Ben Regolar e il cor o de I cantori della capelle Pontific ia T anto nelle Funzioni or dinarie, che straor dinarie fatte da Andr ea A dami Bolsena tra gl'Ar cadi Caricle Piseo, maestr o della medesima capella, e Benefiziatto di S. María Maggior e sotto il Glorioso Pontificato di Papa Cl emente XI e dedicate alla Santità Sua, Roma, Per A ntonio de'Rof fi alla Pia zza di ceri, con Li cenza de Superiori, 171 1.  Relación de adorno y culto de l Glorioso San Juan de la Cruz en la Iglesia de Carmelitas Descalzas de Santa Ana y San Jose de esta Corte, con el moti vo de su canonización , Madrid, 1727.  Relación de la solemnidad con que en Roma se hizo la Canonización de S. Pedr o de Alcantara y S. María Magdalena de Pazzi , en 28 de Abril de 1669 Lisboa, Domingos Carneiro, 1669.  Relacion de los sucesos que ha tenido la Igl esia de Japón, desde septiembr e de 1632 hasta 20 de febr er o de 1634 , Mexico, Francisco Salbago, 1635.  Relatione de molti che hanno partito con tit olo christiani nel giapone dal l'anno 1626 fino a quello de 1628 , Stefano Paolini, 1636.  Rito e Cerimonie per le Be atificazioni e Canoni zzazioni , Milano Soc. Editrice , V ita e Pensiero, 1947.  RONGIER, Silvestre y D. Filiberto Abelardo Diaz: Historia de la Canonización de los mártir es del Japón y del beato Miguel de los Santos, con la extensa y ve ridica r eseña de los actos y las festividades que se han celebrado en Roma durante la permanencia del episcopado católic o, V al encia, 1862.  Scritta da un sacer dote dello stesso instituto V ita del Beato Giovanni Grande, detto el pecador , r eligioso pr ofesso , Roma, T ipografia di G.A.Bertinelli, 1853.  Sobr e el Siervo de Dios Giuseppe da Cadice , Roma, L'Osservatore Romano, 1894. - 502 -  Solemne Canonizzazione di ventisette B eati nella Basil ica V aticana nel 1862, Storia del martirio e compendio delle vi te dei ventisei martiri Giapponesi vita di S. Michele dei Santi cerimonie della canonizzazione, descrizione dei di pinti posti nella Basilica V aticana , Roma, T ipografia Aurelia, 1862.  T riplice Omaggio all a Santità di Papa Pì o IX nel suo Giubeleo episcopale of ferto dalle tr e r omane, Accademie pontif icia di ar chelogia insigne delle arti denominata di S. Luca Pontifici a de nuovi lincei, Roma, T ipografia della Pace, 1877. - 503 - VII. B IBLIOGRAFÍA  "Il fondo di disegni "Luigi Pol etti" a Modena", Modena, novembre 1992 nº 6.  “Documenti e studi sulle cause dei Santi”, Roma V aticana, 1963. (A. P . FRUT AZ, La Sezione storica della S. Congregazione dei Riti - Origini e metodo di lavoro, Roma 1963).  A A . V V . : Bi bliot hec a Sanctorum Roma, Ist itut o Giovanni X XIII del la P ontif ici a Università Lateranense , T ipografìa di Città Nuova Editrice, 1965, 13 voll., voll: I, III, IV , VI, VII, IX, X, XI.  A A . V V . : El culto a los Santos , Madrid, Secretariado Nacional de Litur gia, colección Pastoral A plicada, 1990.  AA.VV .: Storia dell'Itali a Religiosa. L'Età contemporánea , V ol. 3, Roma, Laterza, 1995.  AA.VV .: Storie di viaggiatori italiani, L'Oriente , M ilano, Electa, 1985.  ABBAD RIOS, F .: Las Inmaculadas de Murillo , Estudio Crítico, Barcelona, Editorial Juventud, 1948.  ABBÉ MICH EL A.: Diccionario de D er echo Canónico, arr eglado a la jurisprudencia eclesiástica española anti gua y moderna , Madrid, Imprenta de D. José G. de la Peña, 1847, tomo 2 y tomo 3.  ALARCON Y MELENDEZ, J.: "Presagios y frutos de la Definición. España y el Papa de la Inmaculada", 1904, Nº Ext raordinario 168-201, Razón y Fe. - 504 -  ALCIA TO: Emblemas , Edición de Santiago Sebastiá n, Madrid, Akal, 1993.  ALDAMA, J. A .: “L a fiesta de la Conce pción de María”. En: Bibli otheca Hispana; Revista de Información y Orientación Bibliográficas. Sección 1, volumen 19, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient íficas, 1961.  ALF ARO, J.: La fórmula definitoria de la Inm aculada Concepción , Roma, Academia Mariana, 1956.  AL TEA, C.: Historia del Palacio de España en Roma , Madrid, Dirección General de Relaciones Culturale s Ministerio de A suntos exteriores, 1972.  AMICI, G.: Il sacr o Rito della Canonizzazione , Roma nella stamperia Cracas, 1807.  AMOROS, L. : La s ignificación de Juan Duns Scotus en la historia del Dogma de la Inmaculada , Madrid, V erdad y V ida, 1956.  A N T O N E L L I , F . : De inquisitione medico-legati super miraculis in causis , Roma, Racc.Gen.Dir .can.IV , 1637.  ARAGONES VIRGILI, M.: Historia del Pont ificado, Siglos XVIII al XIX, V ol. III., Barcelona, Casa editoria l Rafael Casulleras, 1945.  ARCE, J. : Funus Emperatorum: Los funerales de los Emperador es r omanos, Madrid, Alianza, 1990.  ARRIGHI, G.: Roma e il Pontifice ne lla canonizzazione de Santi, Roma, Ferraioli, 1867.  AR T AUD DE MONT O R, A.: Historia del Papa León XII, Madrid, Establecimi ento tipográfico Manuel Pita , 1850.  AR T AUD DE MONTOR, A.: Historia de l a vida del pontificado, vida, r einado, per egrinación y muerte del Papa VII, Madrid, Imprenta de la compañía tipográfica, 1838. AUBER T , R.: Il Pont ificato di Pio IX Parte Prima (1846-1878). En: St oria della Chiesa dalle Origini Ai Nostri Giorni, V ol. XXI/1-2, T orino, Edi trice S.A.I.E., 1970.  AUBER T , R.: Pío IX y su época , V alencia, Edicep, 1974.  BAILLET A.: Les vies des saints , Parigi, Chez Louis Roulland, 1739.  BALMES, J.: Pío IX , Madrid, D.E Aguado, 1847.  BENEDETT O XIV : De Servorum Dei beati ficatione et Beatorum canonizatione , 1839- 1842. - 505 -  BER TE LLI, S.: Il corpo del r e: sacraliti del poter e nell'Eur opa medievale e moderna , Firenze, ponte alle grazie, 1990.  BIANCONI, L. e PESTELLI, G.: (A cura di:) VIALE FERRERO, M.: "La spettacolarità. Luogo t eatrale spazio scenico" en: Storia dell'opera it aliana, T orino, Sociedad italiana di musicología, 1988.  BONA VENIA, G. : D ella Medesima Compagnia , V ita di S. Alfonso Rodriguez Coauditor e temporale de C.D.G ., Roma, T ipografia V aticana, 1888.  BONET CORREA, A.: Figuras, modelos e imágenes en los tratadistas españoles , Madrid, Alianza Forma, 1993.  BORDONI F .: Opus posthumum consistens in diversis meditationibus super m iraculorum e s s e n t i a m e t q u a l i t a t e m q u o f a c i l i u s a p e r i t u r a d i t u s a d b e a t i f i c a t i o n e m e t canonizationem , Parma, 1909.  BOSIO, L.: (A cura di:) Mostra iconografica Aloisiana, Città di Castiglione delle stivier e, Nobile collegio delle V ir gini di Gesù, 1968.  BOSSSI , G. : La Pasquinata. Quod non fecerunt barbari fecerunt Barberini , Roma, Librería Enrico Fi liziani, 1898.  Br eve Relatione del martirio D'undici r eligiosi dell'or dine di S. Domenico, seguito nel Giappone del 1618 e 1622 , Roma, l'Erede di Bartolomeo Z annetti, 1624.  BRUCKBERGER, R.: El valor humano de lo santo , M adrid, Ed. Rialpi, 1953.  BUJANDA, J. : Manual de T eología Dogmática, Madrid, Editorial Razón y Fe, S.A., 1962.  CAL VO SERRALLER, C.: La imagen r omántica de España. Arte y Ar quitectura del S. XIX , Madrid, Alianza Forma, 1995.  CAMPORI, C.: Notizie Biografiche del commendator e, Pr of. Luigi Poletti modenese ar chitetto di S.Paolo di Roma , M odena, Nuova Alfa Edit oriale, 1992.  CAMPORI, C.: Biografia di L uigi Poletti Ar chitetto , Modena, T ipi di G.T -V incez i e Nipoti, 1881.  C AM P O R I , C. : Ricor di di Giuseppe Obici scultor e Modenese , Modena, T ipografia dell'Erede Soliari, 1865. - 506 -  CANESTRI, A.: L ’Anima di Pío IX quale si riveló e fu compr esa dai Santi , V ol. 2, Marino, T ipografía Santa Lucia, 1966.  CAPOLA VORI IN FEST A. Effimer o bar occo a Lar go di Palazzo (1683-1759), Napoli Electa, 20 dicem bre 1997-15 marzo 1998.  CARCEL, V . : León XIII y los católicos españoles , Navarra, Eunsa ediciones, 1988 .  CARCEL, V .: Pío IX , Madrid, Edicep, 2000.  CAREAGA, M.: "Mariología", T omo I, Madrid, Editorial Cat ólica, 1964.  CASADO, O.: Mariología clásica española, T omo 1º, La Inmaculada Concepci ón en su pr oblemática T eológica, Madrid, Ephemerides mariologicae, 1958.  CASALE, V .: L´ar te per le canonizzazioni. L´attivit à artística intorno alle canoni zzazioni e alle beatifi cazioni del seicento , Roma, Allemandi, 201 1.  CASALE, V .: (A cura di) T rattato della pittura e scultura. Uso et abuso lor o (1652), Roma, Libreria edi trice Canova, 1973.  CASIERI, A.: Il miracolo nelle cause di beatificazione e di canonizzaz ione e posibilità di aggiornamento , Roma, Pontifical University of St. Thomas Aquinas, 1990.  CASTIÑE IRAS GONZ ÁLE Z, A.: Intr oducción al método Iconográfico , Barcelona, Ariel, Patrimonio Históric o, 1998.  CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A.: Intr oducción al método iconográfico , Barcelona, Ariel, 1998.  CASTRO, M : “Mártires franciscanos del Japón”, en ALDEA V AQ UERO, Q .; MARÍN MAR TÍNEZ, T . y VIVES GA TELL, J . (Coords .), Diccionario de H istoria Eclesiástica de España, vol. 3, Madrid, CSIC, 1973.  CA TT ANEO, R.: L 'ar chitettura in Italia, dal secol o VI al mille cir ca , V enecia, Ongania, 1888.  CECCHETELLI-IPPOLITI, R.: Riti funebri per la morte del Papa , Perugia, V . Bartelli, 1919.  CIAMPI, I.: "V ita di Giuseppe V aladier , architetto romano", Roma, T ipi di Mario Armandi, 1889. V olume I, 103-182, V ita di Romani Illustri orfanotrofio Comunale di Roma. - 507 -  CIAMPI, I.: V ita di Giuseppe V aladier , Roma, T ipografia delle Belle Arti, 1870.  CICCOLINI, S.: Delle oblazioni pr esentate al Sommo Pontìfice nella canonizzazione de'beati e del lor o mistico significato , Roma, Coi T ipi della S. C. Propaganda Fide, 1862.  CO M AN D UC C I, A. M .: I Pit tor i itali an i de ll 'O tt oc en to , Di z i on a ri o Cri t i c o e Documentario, Milano, Casa Edi trice Artisti D'Italia, 1934.  COMANDUCCI, A. M.: Dizionario illustrato dei Pittori, Disegnatori e Incisori italiani moderni e contemporanei (1800-1900), Milano, Grafitalia già Pizzi & Pizio, 1945.  Corpus delle Feste a Roma/2. Il Sett ecento e L´Ottcento . (A cura di: Marcello Fagiolo), Roma, Edizioni de L uca, 1998.  COST ANTINI, C. e G.: Fede ed Arte . Manuale per gli artisit, Roma, Pontificia Commissione Centrale per L ’A rte Sacra, 1949  CRESPO, F . : Relación de los Martyr es que este año pasado de 1624 han padecido martyrio por nuestra fe, en la corte del Emperador de Japón. Por el Padr e Francisco Cr espo, pr ocurador general de la Compañía de Iesus de las Indias, sacada de las cartas, que han enviado al parr oco pr ovincial y otr os r eligiosos de la misma Compañía, que estan en Misión en aquellos Reynos, Madrid, Andres P arra, 1625, Iaponia Relationes Epistolae Etc.1557-1730.  CRISPOL TI, F . : Pío IX, Leone X III, Pío X, Benedetto XV , Milano-Roma, Aldo G arzanti, 1939 .  CUENCA T ORIBIO , J. M.: Sociedad y Cler o en la España del XIX , Córdoba, Publicaciones del Monte de pi edad y Caja de ahorros de Córdoba, 1980.  DALLA P IEVE, P . P .: V ita del Be ato Diego Giuseppe da Cadice sacer dote pr ofesso dell ' Or dine de minori Cappucini , Roma, T ipografia Salviucci, 1894.  DA VY , M.-M .: Iniciación a la simbología Románica , El siglo XII, Madrid, Akal, 1996.  D A V Y , M . - M . : Iniciaci ón a la simbología Románica, el s iglo XII , traducción de Madalena Pascual, Madrid, Edici ones Akal, 1996.  DE BOURMO NT A.: Index pr ocessuum authenticorum beat ificationis et canonizationis , Anacleta Bollandia na, t. IV , 1886. - 508 -  MASDEU, J. F .: V ida del B eato José Oriol , Barcelona, Compa ñía de Jordi Roca y Gaspar , 1807.  MASDEU, J. F .: V ita s anta del novel lo beato Giuseppe Oriol , Roma , nella Stamperia di L. Perego Salvioni, 1806.  MA TTEI, R.: Pío IX Con il testo integrale del Sillabo , Milano, Piemme, 2000.  MERRA, E.: L'Immacolata ed il s ecolo XIX, Bologna, T ipografia e Libreria Pontificia Mareggiani, 1871.  MIR Y NOGUERA, J.: L a Inmaculada Concepción , Madrid, Sáenz de Jubera, Hermanos, 1905.  MOLI NAR I P .: I santi e il lor o culto, Collectanea Spiritualia , 9, Roma, Pontificia Universita Gregoriana, 1962.  M O L TO R . P . , C . : Relationi dell a gloriosa morte di nove Christiani Giaponesi, martirizzati per la Fede Cattolica ne i Regni di Fingo, Sassuma e Firando, nel marzo del 1609 e 1610 , Roma, Bartolomeo Zannetti , 161 1.  MONTI, C.: Compendio de lo sucedido en el Japón desde la fundación de aquell a cristiandad. Y r elación de los martir es que padeci er on estos años de 1629 y 30. Sac ada de las car tas que es cribier on los Padr es de la Compañia que alli asisten , M adrid, Imprenta del Reyno, 1633.  MORÁIS A.: Pedr o Luis Alonso de Or ozco: Un Santo en la Corte de Felipe II , Madrid, Revista A gustiniana, 1991.  MORENO GARRID O, A .: La iconografía de la Inmaculada en el grabado granadino del siglo XVII , Madrid, Cuadernos de Arte de la Fundación Universitaria Española, 1986.  MORONI, G.: Le cappelle Pontific ie car denalizie pr elatizie opera storico-litur gica di Gaetano Mor oni Romano primo aiutante di Camera Sua Santità Gr egorio XVI , V enezia, T ipografia Emil iana, 1841.  MORONI, G.: Dizionario di Eruduzione Storico-Ecclesiastica , V enezia, T ipografía Emiliana, 1841.  MUÑOZ, A.: Iconografía della Madonna, Firenze, Alfoni e V enturi, 1905. - 515 -  MUÑOZ, J.: La r evolución de Roma. Historia del poder temporal de Pío IX , Madrid, Establecimie nto tipográfico de Mell ado, 1849.  NADAL, J.: ¿Qué es un Santo? Cuándo lo es y por qué , M adrid, Ciudad Nueva, 1999.  N A S T O , L . : L e f e s t e ci v i l a Ro m a ne l l ’ O t t o c e n to , R o m a , Gru pp o E d i t or i a l e Internazionale, 1994.  NA V AS, L.: "Cincuenta años después. Una corona a M aría Inmaculada", 1904, Nº Extraordinario 219-245, Razón y Fe.  NA V ASCUÉS, P .; QUESADA, M. J .: El Siglo XIX. Bajo el Signo del Romanticismo , Madrid, Silex, 1992.  NAZ, R.: Causes de bèatification et de c anonisation , in D.D.C., Parigi 19.  NEGRO, S.: Seconda , Roma, 1850-1870, Con 79 illustrazioni in 48 tavole fuori testo (da documenti fotografic i dell'epoca), Milano, Edi tore Ulrico Hoepli Milano, 1943.  Nel XVI centenario dalla dedicazione della Ar chibasilica Lateranense del SS. Salv ator e, 9 novembr e 324, 9 novembr e 1924 , Roma, 1924.  NI CO D E M I, G.: La V ir gen desde sus orígenes al r enacimiento y la V ir gen en el Renacimiento y en el Barr oco, M adrid, Editorial V oluntad, 1924.  NOE, V .: Le tombe e i monumenti funebri dei Papi nella Basilica di San Pietr o V aticano , Modena, Franco cosimo Panini Edit ori, 2000.  NOE, V .: La Madonna nella Basilica V aticana: I misteri della vita di María , Rom a, Città del V aticano, 1994.  NOS MAR TYRS Catalogue des pèr es et fr er es de la compagnie de Jèsus, qui dans les fers ou dans les tourments, ont sacrifiè leur vie pour leur foi ou leur vocation, Paris, T ypographie M.R. Leroy , 1905.  O’CONNOR, E.: The Dogma of the Immaculate Conception History and significance , Paris, University of Notre Dame Press, 1958.  OLLER, J.M .: España y la Inm aculada Concepción de la Santísima V ir gen , Madrid, Lib. de G. del Amo, 1905.  Orationes Et Pr eces Recitandae In Cor onatione Papae , Roma, Ex T ypographia Rev . Camerae Apos tolicae, 1740. - 516 -  ORDOÑEZ, V . : Los Santos, Noticia diaria , Barcelona, Herder , 2009.  ORLANDIS J.: Historia de la Iglesia, iniciación teol ógica , Madrid, Rialp, 2002.  ORSINI, L.: Sacrarium Apostoli cum, T orino, Fondazione Pietro Accorsi, 1997.  OR TEGA, A.: La Inmaculada Concepción y los franciscanos , Loreto, Imprenta de San Antonio, 1904.  OR TEGA, A.: La tradición concepci onista en Sevil la. Siglos XV I-XVII , Sevi lla, Imprenta de San Antonio-Convent o de San Buenaventura, 1917.  P ACHECO, F .: El Arte de la Pintura, Edición, intr oducción y notas de Bonaventura Bassegoda i Hugos , Madrid, Cátedra, 1990.  P ALOMINO, A.: (Prólogo de Juan A. Cean y Bermúdez), El Mus eo Pictórico y Escala Optica , Madrid, Aguilar , 1947.  P ANOFSKY , E.: Estudios sobr e iconología , Madrid, Alianza Forma, 2002.  P A N OF S K Y , E.: Idea: Contribución a la Historia del Arte, Madrid, Ensayos Arte Cátedra, 1989.  P ARDO, A.: El culto a l os Santos , Madrid, Promoción popular cristiana, 1983.  P ASCHINI, P .: Dal mondo r omano al cristiano , Bologna, Licinio Cappell i, 1964, vol. I  PEINADO GUZMÁ N, J.A.: “La controversia teológica medieval inmaculista”, Anales de T eología de la Universidad Católic a de la Santísima Conce pción, vol. 16-1, 2014.  PEINADO GUZMÁ N, J.A.: “la iconografía Inmaculista de Alonso de Mena y su escuela de Granada”, Iberan Revista digit al de Historia nº19 Enero/ Abril, 2014.  PEINADO GUZMÁN, J.A.: “La iconografía Inmaculista en la escultura del S. XVII. Pervivencias y distanciamientos del modelos canesco”, Cuadernos de Arte Universidad de Granada, 30, 2013.  PEREZ-SANCHEZ, A. E.: Pintura Barr oca en España 1600-1750 , Madrid, Manuales Arte Cátedra, 1992.  PEREZ, N.: La Inmaculada y España , Santander , Sal T errae, 1954.  P E R G O L I Z Z I , A . M . D . : La pr oduzione artistica di beatificazione nel settecento . Università di Roma, La Sapi enza, Facoltà di Magistero, Unive rsità di Roma, 1992-93. - 517 -  PETRI, P .: Le scie nze e le arti sotto il pontificato di Pío IX , Roma, Multigrafica editrice, 1865.  PETRUCCI, A.: 1888-1968 Gli incisori dal sec. XV a sec. XIX , Roma, Istituto Poligrafico dello Stato, 1958, In: L'opera de l genio itali ano all'estero,  PETRUCCI, A.: 1888-1968 L'incisione italiana. L'ottocento , Roma, Danesi, 1914,  PIACENTINI, E. : Il martirio nelle cause dei Santi , Roma, Libreria Editrice V aticana, Città del V aticano, 1979.  PICINELLI, F .: Mundus Symbolicus , Cologne Sumptibus Hermanni Demen , 1694.  PICINELLO, P .: Mundus Symbolicus, in Emblematum Unive rsitate , Coloniae Agripinae, Sumptibus Hermanni Demen, 1694.  PIETRANGELI, C. : I dipinti del V aticano , Milano, Magnus Edizione, 1996.  PIETRANGELI, C.: Il mus eo di Roma , Bologna, Cappelli Edi tore, 1971.  PIETRANGELI, C.: Il palazzo apos tolico Lateranense , Firenze, Nardini Editore, 1991.  PIETRANGELI, C. : La Basilica di San Pietr o , Roma, Nardini, 1989.  Pío IX nelle monete e nelle mediglie , Roma, Modesti, 1979.  PISAPIA, M.: La fama di Santità nelle caus e di Beatificazione e Canonizzazione dei Servi di Dio , Roma, Facoltà de diritto canónico Ponti ficia Studiorum Universitas, 1981- 1982.  PLANELLA, J.: "Presagios y frutos de la Definición. La Purísima de Juan de Juanes", 1904, Nº Extraordinario 149-167, Razón y Fe.  POLETTI, L.: Ar chitetto (1792-1869), Bologna C á t a l o g o d e l l a m o s t r a . M o d e n a , Fano, T erni 1992-1993, 1992.  POLO Y PEYROLON, M.: V ida de León XIII, Extracto de sus principales documentos públicos y r elación de sus fiestas jubilar es , V alencia, Imprenta de Manuel A lufre, 1888 .  POL VERANI, A.: "Il Papa della Inmacolata", Roma, Libreria Editrice V aticana, 1987, Cap. V I 1 14-135, V ita di Pío IX, Studi Piani 5, Collezione fondatta e diretta da Mons. Antonio Piolanti postulat ore della causa del V enerable Pío IX.  POL VERARI, M.: (A Cura di), Francesco Podesti, Milano, El ecta, 1996. - 518 -  PORCACCHI, T .: Funerali antichi di diversi popoli , et nationi: f orma, or dine et pompa di sepoltur e, di ess equie di consecrationi antiche et d'altr o con le figur e in rame di Gir olamo Porr o , V enetia, appresso Simon Galignani, 1574.  POU Y MAR TI, J.: Embajadas de Feli pe III a Roma pidiendo la definición de la Inmaculada Concepción de María , Madrid, Editorial Seráfica, 1932.  QUILES, GARCÍA, F .: “El venerable Fernando Contreras, un S anto para la catedral de Sevilla”. En: Bol etín de Arte nº 20, Universidad de Málaga, 1999.  RAGGI, P .: La Nona Cr ociata. I V olontari di Pío IX in defesa di Roma (1860-1870), Ravenna, Librería T onini, 2002.  REAU, L.: Iconografia del Arte Cristiano, Iconigrafía de la Biblia Nuevo T estamento , Barcelona, Edicione s del Serbal, 2000.  REVILLA, F .: Diccionario de Iconografía y Simbología , Madrid, Cátedra, 1995.  REVILLA, F .: Diccionario de Iconología y simbología , Madrid, Cátedra, 1995.  RICCA-BARBERIS, M.: Funerali , Milano, Societá editrice libraría, 1906.  RINALDI, R: Roma Papale, dalla r epública alla monar chia 1849-1870 , Roma, Nuova Editrice Spada, 1992.  RIP A PERUGINO, C.: (A cura di: Piero Buscaroli y prefazione di Mario Praz ), Iconologia Milano, TEA, 1992.  RIP A, C.: Iconología , V ol. I-II, Madrid, Akal, 1996.  R O D R I G O , R . : Manual para instruir los pr ocesos de Canonizaciòn , Salamanca Universidad Pontificia, 1988.  RODRIGUEZ, F .: Catálogo de l os r eligiosos de la Compañia de Jesus, que fuer on atormentados y muertos en Japón por la fe de Cr isto, año de 1632 y 1633. Sacado de las cartas annuas que llegar on este año de 1635 a Lisboa con la Nave Capitana de la India Oriental , Madrid, Andres de Parra, 1635.  Roma dei fotografi al te mpo di Pío IX 1846-1878 , T orino, Einaudi, 1977.  Roma dei fotografi al tempo di Pio IX 1846-1878. Fotografia da collezioni danesi e r omane , Rom a Palazzo Bras chi, Museo Thorvaldsen-Copenaghen y Archivio Fotografico Comunale-Roma, 1977. - 519 -  ROMANI S.: Canonizzazione , Roma, in Enciclopedia Catt olica, 1957.  R O M A N I S . : Le cause di beatif icazione e dicanonizzazione , Roma, in Monitore Ecclesiastico, LXI, 1936.  ROMO, J. J.: Discurso sobr e la Inmaculada Concepción de María dedicada a S. M. la Reina Doña Isabel II , por el Cardenal de Romo Arzobispo de Sevilla, J. M. T ipógrafo honorario de la Real Cám ara de S. M. 1850.  ROSSI S.: (A cura di) SCienza e Miracoli Nell’A rte del 600. Alle origini della Medicina Moderna , Milano, Electa, 1998.  ROUSSEAU J.: Bèatification et canoni sation, in Revue de l´Université d´Ottawa, 1931- 1932-1933.  ROYO MARÍN, A.: "La V irge n María T eología y espirituali dad marianas", Madrid, Editorial Cristi ana, 1968.  ROYO MEJIA, A .: Evolucion historia de la prueba de la her oicidad de las vi rtudes en las causas de los santos en los siglos anterior es a Benedicto XIV , Granada, Archivo T eológico Granadino, 1993.  SABBA TUCCI, G. e VID OTT O, V .: Storia contemporánea L ’Ottocento , Roma-Bari, Editori Late rza, 2002.  SALERNO, L.: Roma Communis Patria , Licinio Cappelli, 1968.  SALOTTI C.: Beatificazione , Roma, in Enc. Catt., 1949.  SALOTTI, C.: V ita di S. Giuseppe Oriol, sacer dote e Beneficiato di Bar cellona , Roma, T ipografia Pontifici a Dell' Istituto Pío IX, 1909.  S A L V A D O R , Fe d e r i c o : Del culto a la Inmaculada (externo e interno ), G ranada, T ipografía López de Guevara, 1907.  SÁNCHEZ CAM ARGO, M anuel: La muerte y la pintura española , Madrid, Editorial Nacional, 1954.  SÁNCHEZ LÓPEZ, J.A.: “Rex Martyrum, Sol Salutis. El Palacio Cristológico”. En: ARCOS VON HAAR TMAN, E. (Coord.), Retrato de la Gloria. Restauración del Altar Mayor de la Catedral de Málaga , Barcelona, W interthur , 1999. - 520 -  SCHANZ P .: Apología del cristianesimo , vers. Ital. Di Pellegrinetti E., Firenze, Librería editrice fiorent tina, 1909.  SCHÜTTE, G.: Il Cerimoniale per i missionari del giappone, Roma , Edizioni di stori a e letteratura, 1946.  SCHÜTTE, J. F .: "Documentos del <Archivo del Japón> en la Biblioteca Nacional madrileña", Madrid, Raycar , 1970, nº 79.  SCHÜTTE, J. F .: Il primo annuncio della Fede Cristiana in Giappone, i missionari gesuiti del XVI e X VII secolo, Roma, T ip. Pontificia Università Gregoriana, 1981.  SEBASTIAN, S.: Contrarr eforma y Barr oco , Madrid, Alianza forma, 1989.  SER VOLINI, L.: Dizionario illustrato degli incisori italiani moderni e contemporanei , Milano, Görlich, 1955.  SGARBOSSA, M.: I s anti e i beati della chiesa d'occidente e d'oriente , Milano, Poline Editoriale l ibri, 1998.  SODERINI, E. : Il Pontificato di Leone XIII, Milán, Mondadori, 1932.  SOLA, F . de P .: La Inmaculada Concepción, Estudio histórico-dogmático-li túr gico , Barcelona, Lumen, 1941.  SOLÀ, J . M. : San Pedr o Claver , apóstol de los negr os , Barcelona, Editorial de V . e H. de J. Subirana, 1888.  SOSA W AGNER, F .: Pío IX. El últ imo soberano , Zaragoza, Ed. Y alde, 2.000.  S P A G N E S I , G . : L'ar chitettura a Roma al tempo di Pío IX (1830-1870), Roma, Multigrafica Edit rice, 1976.  ST OICHIT A, V .: El O jo Místico. Pintura y visión r eligiosa en el Siglo de Or o español , Madrid, Alianza Forma, 1996.  STRA TT ON, S.: (traducción José L. Checa Cremades): "La Inmaculada Concepción", Madrid, Fundación Universitaria Española, Seminario de Arte <Marqués de Lozoya>, Segundo semestre, T omo I, nº2,3-219, Cuadernos de Arte e Iconografía.  SUBIAS GAL TER, J.: Imágenes españolas de la V ir gen , Barcelona, Ediciones Selec tas, 1941.  T ARCHIANI, N.: L'ar chitettura italiana del l'ottocento , F irenze, Nemi, 1937. - 521 -  TEA, E.: La madonna nella pittura italiana , Bergamo, Istituto Italiano d’Arti Grafiche, 1961.  TERENZI, S.: (A cura di: CARDILLI, L uisa; CAMBEDDA , Anna) "Gioacchino Ersoch. La costruzione artistica del luogo Urbano", Roma-Palazzo delle Esposizioni, Edizioni Carte Segrete, 1991.  TICOZZI, S.: (Socio ordinario dell 'Accademia di Belle A rti di carrara, del'Ateneo di V er on a) , Dizionario degli ar chitetti, scultori, pittori, intaglieri in rame in pie tr e pr eciosa in acciajo per medaglie e per caratteri, niellatori, intersiatori, musaicisti d'ogni età e d'ogni nazione , Milano presso Luigi Nervetti T ipografo-Librajo, 1831-1832, 4 vol.  T OCCI, V .: Dizionario di mitología , Milano, Edizioni Librarie Ital iane, 1954  TRENS, M.: María. Iconografía de la V ir gen en el Arte Español , Madrid, Plus Ultra, 1954.  TRENS, M.: Santa María, V ida y Leyenda de la V ir gen a través del Arte Español , Barcelona, Subirana, 1954.  V AL TIERRA, A. : San Pedr o Claver , Madrid, Biblioteca de autores cristianos, 1985.  V ARELA, J.: La muerte del r ey: el cer emonial funerario de la monar quia española , 1500-1885, Madrid, T urner , 1990.  VENTURI, A .: La Madonna. Svolgimento artistico delle rapr esentazioni della V er gine, Milano, Ulrico Hoepli Edit ore, libraio dell a real casa, 1900.  VERAJA, F .: Le Caus e di Canonizzazione dei Santi, Commento alla legislazione e guida pratica , Città del vaticano, Li breria Editric e V aticana, 1992.  VERCESI, E.: Pío IX, Barcelona, Luis de Caralt, 1953.  VIALE FERRERO, M.: Arazzi italiana del cinquecento , Milano, V allardi, 1963.  VI A LE FE RR ER O , M. : Filippo Juvarra, scenografo e ar chitetto teatrale , T orino, Edizioni d'arte frat elli, Pozzo, 1970.  VIGENZO, S.: La scultura italiana dell'ottocento, Milano, Casa Editrice Ceschina, 1932.  VISCEGLIA, M. A. e BRICE, C.: "Ceremonial et rituel á Rome (XVI e XIX)", Roma, Ècole Française de Rome Palais Farnèse, 1997. Collection de l'Ecole FranÇaise de Rome. - 522 -  VISCONTI, P . E.: "Un archeologo al servizio di Pio IX", Roma, Musei e Gallerie Pontificiale, 1999.  V ita del Beato Giovanni Grande, detto el pecador , r eligioso pr ofesso , Roma, T ip. di G. A . Bertinelli, 1853.  VITELLESCHI, G. M.: Della Medesima Compagnia, Compendio della vita di San't Alfonso Rodriguez, Coauditor e T emporale , Roma, T ipografia B. Morini, 1887.  VITELLESCHI, M .: Relatione delle persecutioni mosse contr o la fede di Christo in varii r egni del Giappone ne gl'Anni 1628, 1629, e 1630 , Roma, Francesco Corbelletti, 1635.  V O L P E , G . : Italia Moderna 1815-1915 , Milano, Istituto per gli Studi di Politica Internazionale, 1943.  VOVELLE, M.: La morte e l'occidente dal 1300 ai nostri giorni, Roma, Laterza, 1986.  W ADD ING, L UKE, PRESBEIA: Sive legatio Philippi III et IV Catholicorum Regum Hispaniarum ad SS.DD.NN. Paulum PP .V et Gr egorium XV de defienda contr oversia Immaculatae Conceptionis beatae vir ginis Mariae per illustrisimum et r ever endisimum d o m i n u m f r . Antonium a tr ejo episcopum car thaginensium, r egium consiliarum et orator em et or dine minorum Lovanii , Exof ficini Henrici Hasteni i, 1624.  WIND, E.: La elocuencia de los símbolos , Madrid, Alianza Form a, 1993.  WOODW ARD, K.: La fabricación de los Santos , Barcelona, ediciones B, 1991. - 523 -