Relaciones de variables demográficas, personalidad antisocial y estilo de afrontamiento evitativo con el consumo de riesgo de alcohol, cannabis y otras sustancias ilegales.
Abstract
Máster Universitario en Psicología General Sanitaria Por la Ull
Full text
1 Relaciones de variables demográficas, personalidad antisocial y estilo de afrontamiento evitativo con el consumo de riesgo de alcohol, cannabis y otras sustancias ilegales. Autora: Tamara Pazos Fernández Tutor: Juan Andrés Hernández Cabrera Trabajo Final de Máster Máster Universitario en Psicología General Sanitaria por la Universidad de La Laguna Curso 2019-2020
2 Resumen La existencia de relaciones entre la personalidad y las conductas adictivas es un tema de estudio desde los años 70 y aún no se ha conseguido concretar su naturaleza. En este estudio se evalúa la interacción de la personalidad antisocial y el afrontamiento evitativo con el consumo de alcohol, cannabis y otras sustancias, controlando otras variables demográficas. Estas variables se suelen estudiar por separado, pero en pocas ocasiones se estudian conjuntamente. Éste es un estudio correlacional en el que participaron 266 personas rellenando un formulario online. Se pudieron replicar la mayor parte de resultados presentes en la literatura y se hallaron además interacciones complejas entre el estilo antisocial de personalidad y el afrontamiento evitativo. También se halló una relación mayor entre este afrontamiento y las conductas de adicción de más riesgo y los consumos más frecuentes que con la simple presencia de consumo. No obstante, los resultados, pese a ser significativos, no tienen una importancia clara. Es importante entender que el estudio es limitado, por el tamaño de la muestra y por la falta de medición de otras variables que pudieran ser relevantes; por lo que sería interesante para el futuro ampliar el número de variables estudiadas. Palabras clave: personalidad antisocial, afrontamiento evitativo, adicción, consumo de riesgo, drogas, alcohol.
3 Abstract The relationships between personality and addictive behaviors have been a subject of study since the 1970s and their nature has not yet been established. This study evaluates the interaction of antisocial personality and avoidance coping pattern with the consumption of alcohol, cannabis and other illegal substances, also controlling for other demographic variables. These variables are usually studied separately but are rarely studied together. This is a correlational study in which 266 people participated filling out an online form. Most of the results previously found in the literature were replicated and complex interactions were also found between the antisocial personality style and avoidance coping pattern. Furthermore, the influence of the avoiding coping style was higher in the riskier substance use. However, the results, despite being significant, are not very reliable. It is important to consider that this study is limited due to the sample size and the lack of measurement of other variables that could be relevant; so it would be interesting for further investigation to expand the number of variables studied. Key words: antisocial personality, avoidance coping, addiction, risky substance use, drugs, alcohol.
4 Introducción El consumo de sustancias es un tema de especial atención debido a las consecuencias que puede tener para las personas que consumen de manera compulsiva. Además, las edades de inicio de consumo cada vez son más tempranas y el consumo está más normalizado, por lo que la comprensión de estas conductas y su atención cada vez tienen más urgencia. En la investigación se han intentado aislar factores que consigan predecir la adicción para evitarla, así como cuáles contribuyen a su mantenimiento de cara al tratamiento y la prevención de recaídas. En primer lugar, es importante tener en cuenta las variables demográficas. La adicción a sustancias es más común en hombres, con un consumo más temprano, mantenido en el tiempo y abusivo (Alvanzo, Storr, La Flair, Green, Wagner y Crum, 2011). Boscarino (1979), consiguió hacer desaparecer las diferencias en la prevalencia de abuso de la bebida en personas con problemas de consumo de alcohol controlando el sexo, la edad, los ingresos, el estado civil y el nivel educativo; indicando que algunas diferencias en el consumo se explican por factores demográficos. A raíz de hallazgos similares surgieron diferentes teorías para tratar de explicar la conducta de consumo. La personalidad adictiva fue una de ellas, inicialmente definida como un conjunto de rasgos que predisponen a una persona a desarrollar una adicción (Lang, 1983). Asmodeo (2015) recoge las características de la personalidad adictiva que han sido definidas a lo largo de los años: ⚫ Patrón de personalidad que precede a la adicción, cuyas características principales son: baja demora de la gratificación, alta búsqueda de sensaciones, rasgos de personalidad antisocial y alta valoración de la disconformidad.
5 ⚫ Las personas con personalidad adictiva tienen patrones de pensamiento y comportamiento predecibles, incluyendo: preocupación por las drogas, consumo compulsivo, consumo a pesar de las malas consecuencias y preferencia de las drogas sobre otras actividades importantes. ⚫ Las personas con personalidad adictiva tienden a volver al consumo de drogas u otros comportamientos compulsivos durante o después de un tratamiento como resultado de este tipo de personalidad. Sobre la personalidad antisocial, ésta se ha asociado en estudios recientes con el consumo abusivo de sustancias, en concreto de alcohol (Hahn, Simons y Hahn; 2016). Otros estudios, como el de Carou, Romero y Luego (2017) encuentran esta relación de personalidad antisocial, concretamente en sus facetas de impulsividad y búsqueda de sensaciones, no sólo con el alcohol, sino con otras drogas ilegales. Respecto a la impulsividad, criterio diagnóstico para la personalidad antisocial en el DSM-5 (APA, 2013), se puede decir que está presente en las conductas de adicción: suelen consistir en una gratificación inmediata usualmente acompañada de consecuencias aversivas a largo plazo (Lang, 1983). Se observa también en la investigación reciente un patrón impulsivo en las personas con Trastorno por Uso de Sustancias (APA, 2013). Otro de los factores relacionados con la personalidad antisocial que se ha mostrado relevante para el abuso de sustancias es la búsqueda de sensaciones (Kay, Lyons, Newman, Mankin y Loeb, 1978; Goldstein y Sappington, 1977, y Haagen, 1970). En el modelo de Hahn et al (2016), se relacionan cinco facetas de la impulsividad, entre las cuales se encuentra la búsqueda de sensaciones, con la personalidad antisocial y ésta a su vez con
6 el consumo de alcohol y con los problemas de alcohol, siendo la correlación mayor con los problemas que con el consumo. No obstante, algunas afirmaciones entrarían en conflicto con la asunción de la existencia de la personalidad adictiva (Asmodeo, 2015): ⚫ No existe una evidencia amplia de su existencia. ⚫ Podría ser un resultado del abuso de sustancias, no un predictor. ⚫ La conducta de las personas que, tras un tratamiento, vuelven a consumir o tener otras conductas compulsivas, podría ser una consecuencia del fracaso de la terapia y no de la personalidad adictiva. En el texto de Lang (1983), no encuentra un grupo de características psicológicas necesarias y/o suficientes para el desarrollo de una adicción, aunque sí se encuentran una serie de factores que podrían contribuir a desarrollar, mantener o recaer en una adicción: ⚫ Conducta impulsiva, baja demora de la gratificación, rasgos antisociales y tendencia a la búsqueda de sensaciones. ⚫ Alta valoración de la disconformidad y bajo compromiso hacia los logros socialmente valorados. ⚫ Sensación de alienación social y tolerancia a la desviación social. ⚫ Sensación de alto estrés. Se encuentra una relación concreta entre el afrontamiento del estrés evitativo y el consumo de marihuana. Jessor (1979) encontró tendencia a consumir marihuana en personas que rehúyen los logros socialmente valorados y cuya expectativa de obtener satisfacción mediante ellos es baja. El consumo de marihuana puede ser visto como una forma de afrontar la expectativa de fracaso, según Carman (1974), aislando a los consumidores de información aversiva.
7 Recientemente, se encuentran estilos de afrontamiento no centrados en el problema, concretamente estrategias de aceptación y desentendimiento conductual, en personas que presentan problemas con el cannabis (Cáceres y Valdez, 2016). Bucker, Zlovensky, Farris y Hogan (2014) también encontraron que la evitación experiencial, específicamente la evitación conductual, juega un rol importante en las conductas de consumo de cannabis. En otros estudios, sin embargo, no se observan diferencias en características de personalidad en ninguna de las sustancias (Miller, Forcehimes y Zweben, 2011). Leshner (1997), describió la adicción como una “enfermedad del cerebro”, puesto que hay alteraciones observables en los cerebros de los individuos adictos, las cuales persisten el tiempo, haciendo a los consumidores más proclives a volver a consumir. Esto explicaría las recaídas sin recurrir a rasgos de personalidad. Otras variables extrañas que podrían sumar o restar importancia a la influencia de la personalidad en el consumo son las percepciones individuales, los valores, las actitudes y otras psicopatologías (Lang, 1983). Existen varias hipótesis de por qué se ha propagado el mito de la personalidad adictiva. Una es la del sesgo retrospectivo: los clínicos recordarán los casos que cumplan sus creencias; además, lidian más con personas con personalidades problemáticas que con aquellas situadas en la media. Otra es la alta comorbilidad entre el Trastorno por Uso de Sustancias y el Trastorno de Personalidad Antisocial, comorbilidad que puede estar en parte explicada porque en el TPA se contempla la presencia de delincuencia como criterio diagnóstico, mientras que, en el TUS, la delincuencia puede surgir como medio para conseguir la sustancia o para solventar las pérdidas de dinero debidas al consumo. También, debido al extendido uso del psicoanálisis durante el
8 siglo XX, es posible que haya habido un cierto sesgo a explorar los traumas y la personalidad de los consumidores para explicar el consumo (Lang, 1983; Doweiko, 2012). Quizás lo que se ha encontrado sea una “personalidad de tratamiento”. Es probable que las características psicológicas mostradas sean el resultado de una adicción. Además, no se ha probado que estas características sean estables en el tiempo y aparezcan antes de la adicción, durante la misma y después de consolidar la abstinencia (Asmodeo, 2015). Resumiendo, no existe una evidencia clara y generalizable de que la personalidad adictiva sea una causa del desarrollo de una adicción. Es probable que la personalidad influencie los procesos adictivos y viceversa, y las características que han definido la personalidad adictiva pueden ser resultado del proceso de adicción y no predictores del mismo. No existen estudios longitudinales que puedan demostrar que la personalidad adictiva es persistente en el tiempo y que se presenta en todas las fases de la adicción; ni tampoco que muestren qué estresores interactúan con la personalidad para llegar al consumo (Lang, 1983; Asmodeo, 2015). El presente estudio pretende evaluar la importancia de la personalidad antisocial y el afrontamiento evitativo sobre las conductas de riesgo de consumo de sustancias. Se hipotetiza que la personalidad antisocial sería una buena predictora tanto de la presencia de consumo como del mantenimiento riesgoso del mismo, mientras que las estrategias evitativas del afrontamiento sólo serían relevantes para predecir el mantenimiento del consumo (incluído dentro del consumo de riesgo) y la mayor frecuencia de éste, una vez ya se ha estabilizado. Método Participantes En el estudio participaron 266 personas rellenando un formulario online. La difusión del formulario se realizó mediante redes sociales.
9 De las 266 personas se desestimaron 65 por tener edades y/o ingresos que supusieran una desviación notable de la muestra. Así, se eliminaron todos los sujetos mayores de 32 años y cuya unidad familiar ingresase aproximadamente más de 5000 euros al mes. De los 201 participantes restantes, 115 (57.21%) fueron mujeres y 86 (42.79%) fueron hombres. 140 de los participantes tenían estudios superiores (69.65%), 53 estudios medios (26.3%) y 8 estudios básicos (3.98%). La media de la edad fue de 23.13 años, con una desviación típica de 2.96. La media de ingresos fue de 1754.43€ mensuales, con una desviación típica de 997.57€. De estos participantes, 181 (90.05%) habían consumido alcohol alguna vez en su vida y 20 (9.95%) nunca consumieron alcohol; 95 participantes (47.26%) habían consumido cannabis alguna vez y 106 (52.73%), no; 31 participantes (15.42%) habían consumido otras sustancias y 170 (84.58%) no. Las sustancias que integran dicha categoría están desplegadas en el anexo. Instrumentos Para recabar los datos se utilizó un formulario en la plataforma “Google Forms” que se incluye en el anexo. Primeramente se recabaron algunos datos demográficos (género, edad, nivel educativo e ingresos) y referentes a los hábitos de consumo (frecuencia y antigüedad). Seguidamente se realizaban cuatro pruebas psicométricas cortas: ⚫ Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT; OMS, 1992). Consiste en un cuestionario de 10 preguntas de opción múltiple de respuesta que evalúa el consumo de riesgo y perjudicial de alcohol. Se calculó su fiabilidad y fue de α=.77. Tiene una alta validez, oscilando su correlación con otros test de screening de alcohol (CAGE y MAST) entre r=.78 y r=.88, respectivamente (OMS, 2001).
16 Gráfica 3: Interacción de las puntuaciones cuartílicas del CEPER-III y el COPE sobre el consumo de cannabis. Cuando se analiza la interacción triple para el consumo de cannabis, se observa que los hombres que se sitúan en el tercer cuartil del CEPER-III y del COPE son más probablemente consumidores que las mujeres de esos cuartiles (t(168)=2.75, p<.01). La misma interacción aparece cuando nos situamos en el cuarto cuartil de ambos cuestionarios (t(168)=2.13, p<.05).
17 Por otro lado, las mujeres que se sitúan en el segundo cuartil del COPE y en el primero del CEPER tienen menor probabilidad de ser consumidoras que las que se sitúan en el cuarto cuartil del CEPER-III (t(168)=-2.8, p<.05). En el caso de los hombres, estas diferencias sólo aparecen comparando el segundo cuartil del CEPER-III con el tercero (t(168)=-2.91, p<.05). Los hombres que se sitúan en el cuarto cuartil del COPE y en el primero del CEPER-III son menos probablemente consumidores que los que se encuentran en el tercer cuartil del CEPER-III (t(168)=-2.79, p<.05) y en el cuarto (t(168)=-2.86, p<.05). Gráfica 4: Interacción de las puntuaciones cuartílicas del CEPER-III y el COPE con el género sobre el consumo de cannabis
18 Respecto al resto de variables, el test de Levene dio resultados significativos habiendo varianzas mayores en grupos mayores, así que se analizaron con otras técnicas. En el análisis logístico, los niveles de las variables en el intercepto son: ser hombre, con estudios básicos, con ingresos y edad media (de la muestra) y con puntuación mínima en el CEPER-III y el COPE. Al pedir el análisis logístico en función de la presencia o ausencia de consumo, encontramos que la única variable que aumenta significativamente la probabilidad de consumo de alcohol es tener unos ingresos mayores a la media (p<.01). Para el consumo de cannabis aparece ser mujer como factor protector (p<.05) y tener unas puntuaciones mayores en personalidad antisocial como factor de riesgo (p<.01). Para el consumo de otras sustancias aparece una edad mayor a la media como factor de riesgo marginalmente significativo (p=.08) y mayores puntuaciones en personalidad antisocial como factor de riesgo (p<.01). Tabla 4: Coeficientes de la regresión logística prediciendo la ausencia o presencia de consumo B exp(B) p Alcohol Intercepto 2.88 17.76 <.000*** Ingresos (tipificado) 1.16 3.2 .005** Cannabis Intercepto -.74 .47 .15 Género (mujer) -.73 .48 .019* CEPER-III (sumatorio) .05 1.05 .003** Otras Intercepto -3.7 .02 <.000*** Edad (centrado) .13 1.13 .08 CEPER-III (sumatorio) .06 1.06 .003**
19 No obstante, las funciones no son buenas predictoras del consumo. En el caso del alcohol, la función predice todos los casos como consumidores. En el caso del cannabis, la función clasifica bien al 58.24% de los no consumidores y el 60.95% de los consumidores. En el caso de otras sustancias, la función es 100% precisa para los que realmente no consumen, pero clasifica bien sólo al 4% de los que sí consumen. En cuanto al consumo de riesgo, sólo se encuentra como resultado significativo tener estudios superiores como protector a la hora de tener un consumo de riesgo de sustancias (p<.001). Tabla 5: Coeficientes de la regresión logística prediciendo el consumo de riesgo B exp(B) p AUDIT Intercepto -26.28 0 .99 Inicio del consumo 4.12 61.25 .99 DAST Intercepto -.51 .6 .48 Estudios medios -1.19 .3 .15 Estudios superiores -2.99 .05 <.001*** Sin embargo, estas funciones predicen todos los casos como de consumo de bajo riesgo. Al predecir la baja o alta frecuencia de consumo, sólo se obtiene como factor protector significativo ser mujer para el consumo de alcohol (p<.05).
20 Tabla 6: Coeficientes de la regresión logística prediciendo la frecuencia de consumo B exp(B) p Alcohol Intercepto -.48 .62 .04* Género (mujer) -.69 .5 .03* Edad (centrada) .05 1.05 .35 Cannabis Intercepto -49.11 0 1 Duración del consumo 12.38 236901.6 1 La función de la frecuencia del consumo de alcohol predice a todos los sujetos como de frecuencia baja de consumo. La función del cannabis predice bien el 100% de los casos, pese a no arrojar predictores significativos. Al solicitar los análisis discriminantes se obtuvieron los siguientes resultados. Los análisis MANOVA fueron significativos para las funciones de ausencia o presencia de consumo de cannabis (F(199,1)=3.1, p<.01) y de otras sustancias (F(199,1)=2.69, p<.05). No fue así para las demás funciones. Sin embargo, las lambdas de Wilks de las funciones resultaron ser altas. Tabla 7: Funciones discriminantes Λ Wilks F p Abstinencia-consumo de alcohol .97 5.11 .02* Abstinencia-consumo de cannabis .91 19.08 <.000*** Abstinencia-consumo de otras sustancias .92 16.54 <.000*** Consumo de bajo-alto riesgo de alcohol .83 7 .12 Consumo de bajo-alto riesgo de otras drogas .86 9.84 .002**
21 La tabla de coeficientes típicos, no típicos y de estructura, así como las gráficas de las funciones discriminantes, se encuentran en los anexos. Las puntuaciones en la función superiores a 0 serían las de presencia de consumo o consumo de alto riesgo, mientras que las inferiores al 0 serían las de ausencia de consumo o consumo de bajo riesgo. Las variables relevantes para realizar la clasificación, según sus coeficientes de estructura, fueron: ingresos mayores para diferenciar a los consumidores de alcohol de los no consumidores; género (ser hombre) y puntuaciones mayores de personalidad antisocial para diferenciar a los consumidores de cannabis de los no consumidores; puntuaciones mayores de personalidad antisocial y afrontamiento evitativo para diferenciar a los consumidores de otras sustancias de los no consumidores; edad (ser mayor), estudios (superiores) y antigüedad del consumo (más tiempo consumiendo) para diferenciar a los consumidores de alcohol de alto riesgo de los de bajo riesgo, y afrontamiento evitativo (puntuaciones mayores) para diferenciar a los consumidores de sustancias ilegales de alto riesgo de los de bajo riesgo. Se encuentran posibles patrones supresores en el género para el consumo de riesgo de alcohol, e ingresos, CEPER-III, COPE y duración del consumo para el consumo de riesgo de otras sustancias. Esto se observa en que sus coeficientes típicos son superiores a los de estructura y podría deberse a la ausencia de control sobre otras variables relevantes. Se encuentran posibles redundancias en el COPE para el consumo de otras sustancias, y la edad y los estudios para el consumo de riesgo de alcohol. Esto se observa en que sus coeficientes típicos son menores a los de estructura. La función discriminante para el consumo de alcohol clasifica correctamente a un 60% de los no consumidores y un 56.9% de los consumidores. La del consumo de cannabis clasifica correctamente a un 65.26% de los no consumidores y a un 52.83% de los consumidores. En
22 cuanto a la de otras sustancias, clasifica bien al 71.18% de los no consumidores y al 45.16% de los consumidores. La función para el consumo de riesgo de alcohol clasifica correctamente al 76.27% de los consumidores de bajo riesgo y al 100% de los consumidores de alto riesgo. La del consumo de riesgo de otras sustancias clasifica bien al 78.33% de los consumidores de bajo riesgo y al 80% de los de alto riesgo. Discusión En este estudio no se encuentra influencia de la edad sobre el consumo más que como factor de riesgo marginalmente significativo para el consumo de drogas. En el análisis discriminante se encuentra que cuanto más alto se puntúe en edad mayor puntuación en la función de consumo de riesgo de alcohol, pero puede estar siendo un factor redundante. En cuanto al género, se observa que los hombres consumen alcohol más frecuentemente que las mujeres; de hecho, ser mujer aparece como factor protector tanto para el consumo de alcohol como para la frecuencia del consumo. El análisis discriminante no aparece como un factor que establezca claras diferencias, pero podría haber incluso un patrón de supresión para discriminar entre consumidores de alcohol de alto y bajo riesgo. Se encuentra que los hombres son más consumidores de cannabis que las mujeres; esto se observa en la comparación chi-cuadrado, en el ANOVA, en la regresión logística y en el discriminante. Los hombres consumen cannabis más frecuentemente y tienen puntuaciones mayores en el cuestionario DAST que las mujeres. También se encuentra que cuando nos movemos en puntuaciones medias-bajas de afrontamiento evitativo, las mujeres son menos consumidoras de cannabis con puntuaciones bajas en personalidad antisocial que las que puntúan alto. Esta diferencia no se da en los hombres.
23 Con respecto a los hombres, las diferencias encontradas en la interacción del CEPER-III y el COPE con su consumo de cannabis son difícilmente interpretables, y parecen más una desviación de la muestra. Todos estos resultados sobre el género están en armonía con el estudio de Alvanzo et al. (2011), salvo las interacciones género-afrontamiento evitativo-personalidad antisocial. En cuanto a los estudios, se observa que las personas con un nivel educativo bajo obtienen puntuaciones de riesgo en el test DAST. En la regresión logística, tener estudios superiores aparece como factor protector de consumir drogas de forma riesgosa, lo cual se refleja en el coeficiente típico de la función discriminante. Los ingresos aparecen como factor de riesgo en la regresión logística de la frecuencia de consumo de alcohol. En la función discriminante para la presencia o ausencia de consumo de alcohol, se aprecia cómo los ingresos son una variable que diferencia a consumidores (más ingresos) de no consumidores (menos ingresos). Todos los resultados respecto de las variables demográficas replican los encontrados por Boscarino (1979). Esto es bastante llamativo, teniendo en cuenta que el tamaño de la muestra es relativamente reducido, mayormente universitario y de una cohorte diferente. La personalidad antisocial está más presente en aquellas personas consumidoras de cannabis según la regresión múltiple, dato también visible en la regresión logística, donde aparece como factor de riesgo para el consumo de cannabis, y en la función discriminante como factor que sitúa a los sujetos en “consumidor”. Las mismas asociaciones aparecen para el consumo de otras sustancias ilegales. Las personas que presentan consumos de riesgo de drogas ilegales parecen poder ser predichas por la función discriminante según su puntuación en personalidad antisocial, pero es probable la presencia de una variable supresora. Cuando entra en juego el factor
24 evitación, se observa que puntuaciones altas en afrontamiento evitativo previenen una asociación entre las puntuaciones altas de personalidad antisocial y consumo de cannabis, mientras que con puntuaciones medias-bajas en el COPE las personas se ven influenciadas por la personalidad antisocial para consumir. Todos estos resultados están en armonía con la literatura que previamente ha relacionado la personalidad antisocial con el consumo de drogas ilegales (Carou et al, 2017; Hahn et al, 2016; APA, 2013; Lang, 1983). Parece que sí existe una mayor asociación entre el estilo antisocial y el consumo de cannabis que el que se encontraba en otras cohortes. Es llamativo que la personalidad antisocial mantiene interacciones con la ausencia o presencia de consumo, pero no con el consumo de alto y bajo riesgo, ni con la frecuencia del mismo. No se encuentran asociaciones entre la puntuación en el CEPER-III y las variables relacionadas con el alcohol. Esto entraría en conflicto con parte de la literatura al respecto (Hahn et al, 2016; Kay et al, 1978; Mankin y Loeb, 1978; Goldstein y Sappington, 1977, y Haagen, 1970). No obstante, en esta muestra se toma a una población normativa, por lo que la simple presencia de consumo de alcohol no debería de asociarse prácticamente a ningún factor. Sí es llamativa la ausencia de relación con las puntuaciones del AUDIT. Las puntuaciones en afrontamiento evitativo son mayores en los consumidores de otras sustancias ilegales aparte del cannabis; ello se observa no sólo en el contraste T de Student, sino también en la función discriminante: las personas con mayores puntuaciones en el COPE se sitúan en valores que los clasifican como consumidores. No obstante, los valores del COPE podrían estar siendo redundantes. El afrontamiento evitativo también sirve para diferenciar entre las personas con consumos de sustancias ilegales de alto riesgo y de bajo riesgo, estando más presente en las personas con
25 consumos de mayor riesgo. Con respecto a esto último, se detecta un posible patrón supresor, es decir, el afrontamiento evitativo podría ser aún más importante de lo que los datos muestran. Jessor (1979) y Carman (1974) ya hipotetizaban que el consumo de cannabis podría estar relacionado con la evitación del malestar. En estudios recientes, Cáceres y Valdez (2016) y Bucker et al (2014) encontraron resultados parecidos a los del presente estudio: que la evitación conductual y experiencial está estrechamente relacionada con el consumo de cannabis. Respecto a la antigüedad del consumo, aparecen en la regresión múltiple correlaciones positivas y fuertes entre la frecuencia y la antigüedad de consumo de todas las sustancias. También se encuentran correlaciones positivas entre la antigüedad del consumo de alcohol y el AUDIT; reflejadas en la función discriminante, en donde un consumo más antiguo situaría a un sujeto como consumidor de riesgo. La antigüedad de consumo de cannabis y el DAST también correlacionaron positivamente. Esta relación no se vio reflejada en la regresión logística ni en el análisis discriminante, por lo que es dudosa. Es necesario tener en cuenta de cara a toda esta discusión de resultados que la regresión logística no predice bien ninguna de las variables analizadas, y que las funciones discriminantes para la ausencia o presencia de consumo, tanto de alcohol, cannabis, como otras sustancias ilegales, no discriminan mucho mejor que el azar. Las funciones para discriminar los consumos de riesgo son algo mejores, pero aún así no son buenas. Conclusiones El presente estudio pretende esclarecer, dentro de sus límites, algunas de las relaciones entre la personalidad antisocial, la tendencia a la evitación, el consumo de sustancias y el consumo de riesgo, teniendo en cuenta factores demográficos.
32 Consumo de riesgo de otras sutancias Género .13 .06 -.12 Edad .01 .02 -.08 Estudios -1.09 -.54 -.42 Ingresos 0 .29 .08 CEPER-III (sumatorio) -.08 -.88 -.16 COPE (sumatorio) .14 .93 .55 Duración de consumo -.91 .45 .2 Gráficas de funciones discriminantes
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