scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Dinámica y composición de la informalidad en el área Metropolitana de Buenos Aires: 1974-2009

Persia, Juliana

Abstract

El trabajo describe las grandes tendencias en la evolución del Sector Informal Urbano (SIU) en el Área Metropolitana de Buenos Aires en el marco de las transformaciones económicas e institucionales de los últimos 35 años. El recorrido histórico se efectúa con base en la información que provee la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). En particular, el trabajo analiza las variaciones concomitantes entre el tamaño que adquiere el SIU en el empleo y los cambios en las condiciones en las que opera la economía buscando encontrar evidencia que respalde la hipótesis clásica de que el SIU tiene un rol compensador en el mercado de trabajo, que evita la elevación pronunciada del desempleo. De manera complementaria, se describen los cambios de composición sociodemográfica y ocupacional del SIU, evaluando en cada momento su alejamiento- proximidad respecto de los parámetros de normalidad que establecen las características de la mano de obra y las condiciones de empleo en el sector formal de la economía.

Full text

DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 95 REVISTA ATLÁNTIDA, 2; diciembre 2010, pp. 95-124 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD EN EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES. 1974-2009* Juliana Persia RESUMEN El trabajo describe las grandes tendencias en la evolución del Sector Informal Urbano (SIU) en el Área Metropolitana de Buenos Aires en el marco de las transformaciones económicas e institucionales de los últimos 35 años. El recorrido histórico se efectúa con base en la información que provee la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). En particular, el trabajo analiza las variaciones concomitantes entre el tamaño que adquiere el SIU en el empleo y los cambios en las condiciones en las que opera la economía buscando encontrar evidencia que respalde la hipótesis clásica de que el SIU tiene un rol compensador en el mercado de trabajo, que evita la elevación pronunciada del desempleo. De manera complementaria, se describen los cambios de composición sociodemográfica y ocupacional del SIU, evaluando en cada momento su alejamiento-proximidad respecto de los parámetros de normalidad que establecen las características de la mano de obra y las condiciones de empleo en el sector formal de la economía. PALABRAS CLAVES: Argentina, mercado de trabajo, informalidad, trabajo por cuenta propia. ABSTRACT «Dynamics and Composition of Informality in Argentinean Metropolitan Area. 1974-2009». This paper describes the great tendencies of the Urban Informal Sector evolution that has been placed in the Metropolitan Area of Buenos Aires in the last thirty five years, especially of the economical and institutional transformations. The work is based on the information provided by the EPH (Encuesta Permanente de Hogares) of the INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) and it aims to find evidences of the classical hypothesis, according with the fact that the SIU has a compensatory in labor market: avoiding a marked rise of the unemployment. Complementarily, sociodemographic and occupational changes of the SIU are described in order to compare with the normal parameters established by the characteristics of the labor and the employment conditions in the formal sector of economy. KEY WORDS: Argentina, Labor Market, Informality, Autonomous Work. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:2095 JULIANA PERSIA 96 * Recibido: 29-10-2010. Aceptado: octubre 2010. 1 Es de rigor recordar que el concepto original proviene de los estudios efectuados por la OIT en África, publicados en 1973. PRESENTACIÓN El presente trabajo se propone describir las grandes tendencias en la evolución del Sector Informal Urbano (SIU) en el Área Metropolitana de Buenos Aires en el marco de las transformaciones económicas e institucionales de los últimos 35 años. Se adopta aquí la definición de informalidad que difundió la OIT durante el período 1974-20021, que entiende al fenómeno como el resultado de las estrategias ocupacionales de la oferta para hacerse de ingresos alternativos en contextos donde el empleo es estructuralmente insuficiente. Así el SIU se define como el conjunto de actividades económicas de muy pequeña escala y baja productividad autogeneradas por la oferta frente a la escasez de puestos de empleo. De estas condiciones, derivan en general bajos ingresos. En particular, el trabajo se aboca a analizar las variaciones concomitantes entre el tamaño que adquiere el SIU en el empleo y los cambios en las condiciones en las que opera la economía buscando encontrar evidencia que respalde la hipótesis clásica de que el SIU tiene un rol compensador en el mercado de trabajo que evita la elevación pronunciada del desempleo. Esto es, que crece y decrece compensando en algún grado la insuficiencia dinámica del sector formal. De manera complementaria, se describen los cambios de composición sociodemográfica y ocupacional del SIU, evaluando en cada momento su alejamiento-proximidad respecto de los parámetros de normalidad que establecen las características de la mano de obra y las condiciones de empleo en el sector formal de la economía. El recorrido histórico se efectúa con base en la información que provee la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y aborda un período de fuertes transformaciones en la evolución macroeconómica de la Argentina, en el que se transita desde un modelo de economía cerrada, con fuerte intervención estatal y basado en la industrialización por sustitución de importaciones a la implementación de otro, el neoliberal, centrado en la apertura y desregulación de los mercados. Finalmente se aborda la actual fase de desarrollo, en la que a partir de políticas más activas de intervención sobre las principales variables macroeconómicas se han empezado a revertir parte de los efectos adversos de la reestructuración neoliberal sobre la estructura del empleo y la dinámica del mercado de trabajo. El trabajo se organiza en cinco secciones. En la primera se realiza una breve caracterización del SIU a mediados de los setenta, momento en que la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) alcanzaba su punto culminante e iniciaba, de algún modo, su transformación. Este constituye nuestro año de base. En la segunda se describe el proceso de expansión del SIU durante la primera fase de reformas liberales implementadas por la última dictadura militar. Luego se analiza 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:2096 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 97 brevemente la década del ochenta —como período intermedio entre uno y otro intento reformista— para abordar posteriormente, en la cuarta sección, las profundas transformaciones que sufre el SIU en el marco de los cambios estructurales ocurridos en la estructura productiva y la dinámica del mercado de trabajo durante la vigencia del Plan de Convertibilidad (1991-2001). La quinta y última sección analiza las tendencias del SIU en el escenario post devaluación. DATOS Y MÉTODOS El análisis se efectúa con base en la información que provee la EPH, para el aglomerado urbano Gran Buenos Aires2, en el período 1974-2009. La EPH es un programa nacional de producción sistemática y permanente de indicadores sociales que lleva a cabo el INDEC. El propósito de la encuesta consiste en caracterizar a la población en términos de su inserción socioeconómica teniendo peso significativo para su determinación los aspectos sociolaborales. En base a esta encuesta se proporcionan regularmente las tasas oficiales de empleo, desocupación, subocupación y pobreza. A partir del segundo semestre de 2003 la EPH cambió su metodología, pasando de ser una encuesta con relevamientos de tipo puntual a uno continuo. Además se introdujeron importantes cambios en el cuestionario orientados principalmente a mejorar la captación de las formas más ocultas del empleo y del desempleo (INDEC, 2003). Estos cambios produjeron saltos importantes en las series. Sin embargo, dada la falta de un factor de empalme oficial, en este trabajo no se establecen comparaciones entre los niveles que asumen las variables bajo uno u otro tipo de metodología. En cuanto a las definiciones operativas de las variables de interés, se siguieron las recomendaciones de la Resolución Sobre las Estadísticas del Empleo en el Sector Informal de la OIT de 1993. Se consideraron dentro del sector informal a los trabajadores por cuenta propia sin calificación profesional, a los patrones y asalariados de micro-estableciemintos de hasta 5 ocupados, a los trabajadores familiares sin salario y a los trabajadores del servicio doméstico en hogares privados. Por oposición, los asalariados y patrones de unidades productivas de más de 5 ocupados, los asalariados del sector público y los trabajadores por cuenta propia de calificación profesional fueron considerados como pertenecientes al sector formal de la economía. A efectos de poder establecer comparaciones entre los resultados que surgen de la utilización de esta definición (OIT, 1993) con la que actualmente difunde la OIT (OIT, 2002), se hizo mención expresa de la evolución de la proporción de asalariados no registrados ante la seguridad en el interior del sector formal de la 2 Comprende a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital de la Argentina, en la que según proyecciones del último Censo Nacional de Población y Vivienda, habitan actualmente 3.058.000 personas; y un área metropolitana que abarca el territorio del Conurbano Bonaerense en el que habitan 10.010.000 personas. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:2097 JULIANA PERSIA 98 economía. Este último segmento de los trabajadores del sector formal empleados bajo condiciones «informales» conforman, junto a los trabajadores del sector informal, la actualmente denominada Economía Informal. Finalmente cabe destacar que el trabajo focaliza sobre las dos categorías más importantes del SIU, a saber, los trabajadores por cuenta propia no profesionales y los asalariados de microestablecimientos. El menor tamaño de las restantes inhabilita la posibilidad de llevar a cabo análisis estadísticamente significativos sobre sus características. Todas las tablas con información estadística se presentan al final del artículo en Anexo; en el cuerpo, se presentan algunos gráficos para facilitar la lectura. 1. EL SIU ANTES DE LAS EXPERIENCIAS LIBERALIZADORAS Durante las primeras fases de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), el rápido desarrollo de la industria manufacturera en las ramas mano de obra intensivas hizo que dicha actividad tuviera un papel muy significativo en la expansión del empleo. El resultado de ese proceso sobre la estructura ocupacional fue el desarrollo de una clase obrera industrial con una concentración relativamente alta en establecimientos de medianas y grandes dimensiones —en el contexto latinoamericano— y con significativos niveles de sindicalización (Torrado, 1992). Al promediar la década del setenta, los asalariados representaban tres cuartas partes del total de los ocupados en el Gran Buenos Aires. Poco menos de la mitad se ocupaba en la industria y más de ocho de cada diez estaban registrados en la seguridad social. La subocupación tenía un peso desdeñable y el empleo mostraba importantes niveles de estabilidad: más de ocho de cada diez trabajadores llevaba más de un año en su puesto de trabajo (Chitarroni, Cimillo, Kukurutz, 2008). Se trataba, en suma, de un colectivo asalariado con importante peso, con un elevado nivel de protección legal y formalidad, estable y de tiempo completo. El SIU tenía un peso de alrededor del 37,9% en el empleo. Concentrado en torno al comercio al por menor, la construcción, la industria textil, de confecciones y calzados, y el transporte; estaba mayormente compuesto por trabajadores por cuenta propia (TCP) quienes en una muy baja proporción hacían uso del trabajo familiar no renumerado. En efecto, un 43,1% de los puestos del SIU correspondían a posiciones por cuenta propia y apenas un 3,3% a los trabajadores sin salarios desempeñados como ayuda familiar. Por otra parte las microempresas eran responsables del 35,2% de los puestos del sector (6,2% correspondiente a puestos como patrón y 29% a puestos asalariados) y el 18,3% restante se originaba en los hogares privados bajo la forma de empleo en el servicio doméstico. Con una participación del 37,9% en el empleo, el SIU era responsable del 63% de los puestos no calificados y del 64% de los puestos asalariados sin ningún tipo de beneficio social. En él se sobre-representaban además grupos sociodemográficos no centrales de la participación laboral: un 41,1% de la fuerza de trabajo del SIU era mujer en relación al 27,7% de la perteneciente al sector formal; y más del 20% se ubicaba por fuera del rango etario central —de 18 a 54 años de edad— en 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:2098 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 99 relación al 12% de la del sector formal. La fuerza de trabajo del SIU presentaba por otra parte cierto grado de desventaja en su nivel educativo: sólo un 30% —en relación al 45% de la del sector formal— superaba el nivel educativo primario completo (ver tablas de composición en anexo). A pesar de estas desventajas en la empleabilidad de la oferta, el ingreso horario medio3 de los TCP era sólo un 15% inferior al de los asalariados formales. Esta brecha de ingresos se generaba además en los estratos inferiores del cuentapropismo: en el percentil 10 los TCP ganaban un 30% menos que los asalariados formales ubicados en igual percentil. En consecuencia, se asume que en esta etapa del desarrollo de la industrialización sustitutiva las ocupaciones autogeneradas de muy baja productividad eran de una magnitud muy reducida en el sector cuenta propia. La mayor parte de la literatura focaliza sobre la situación de bienestar que ofrece todavía en este período el cuentapropismo no profesional4 en el GBA, el que —a diferencia del menos estructurado presente en otras economías de la región— habría surgido principalmente por, y para, atender las necesidades de una amplia clase media, en el contexto de la escasez de empresas de tamaño pequeño o mediano dedicadas a las actividades en las que típicamente se desarrolla el SIU (MTSS, 1980; 1986; Sánchez, Palmieri y Ferrero, 1976; Tokman, 1997)5. Por oposición, los asalariados de los microestablecimientos percibían ingresos significativamente inferiores a los de los asalariados del sector formal. En 1974 el ingreso horario medio de los asalariados informales se encontraba un 34% 3 En este trabajo el análisis de los ingresos se basa en información sobre ingresos nominales —no se considera la evolución del poder adquisitivo del ingreso— y siempre se utiliza el ingreso horario dado que no se ha podido estimar el mensual (por la falta de información sobre la cantidad de horas trabajadas en varios años de la serie). En todos los casos se analizan brechas o distancias relativas del ingreso informal al salario formal; comparando los ingresos en su valor promedio y en distintos puntos de las distribuciones percentílicas. Se seleccionaron los percentiles 10, 25, 50, 75 y 90, tomando a los dos primeros y dos últimos como representativos de las escalas inferiores y superiores de la distribución. 4 Dadas estas características algunos autores se refirieron al concepto de cuentapropismo satisfacer, concepto que designa a las unidades económicas que en vez de maximizar beneficio se satisfacen con la obtención de beneficios adecuados. Otros autores refirieron al concepto de cuasiformal (Sánchez, Palmieri y Ferrero, 1976) con el objeto de dar cuenta de los mayores grados de estructuración —relativa al promedio latinoamericano— de las pequeñas unidades productivas captadas bajo la definición de SIU las que en Argentina (Córdoba) estarían «a mitad de camino entre lo formal y lo informal». 5 El modelo explicativo clásico asume que en América Latina el SIU se origina en los albores de la industrialización por sustitución de importaciones. El propio proceso de industrialización opera como polo de atracción de migrantes rurales a las ciudades que luego la industria no es capaz de absorber dada la situación de dependencia que exige un número relativamente alto y creciente de recursos por trabajador empleado en relación a la situación que enfrentaron los países desarrollados al momento de su expansión. Todo esto en contextos de ritmos aun elevados de crecimiento vegetativo que agravan la presión de los «excedentes laborales». El caso argentino se apartaría de esta pauta de desempeño, atravesando buena parte de la industrialización sustitutiva sin problemas significativos de oferta excedente. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:2099 JULIANA PERSIA 100 por debajo del salario formal, y esta distancia se replicaba de manera homogénea en los distintos puntos de la estructura percentílica del ingreso. Aunados a los menores ingresos, la intensidad del no registro y la menor antigüedad media producían un fuerte contraste con la situación del colectivo asalariado formal, de importante peso y elevado nivel de sindicalización. Sobre este tipo de puestos de trabajo informal —así como sobre el servicio doméstico en hogares— siempre existió consenso respecto de su funcionamiento como ámbitos de inserción laboral típicos para los estratos más bajos y desfavorecidos de la sociedad. 2. LA EXPANSIÓN DEL SIU DURANTE LA PRIMERA EXPERIENCIA REFORMISTA DE LA DICTADURA MILITAR (1976-1980/82) La performance de la economía fue fuertemente afectada por la política económica de la dictadura militar, la que tuvo por objetivo central liberalizar la economía y transformar la estructura económica heredada del período de industrialización sustitutivo previo. Estas transformaciones —viabilizadas a través de la apertura de la economía, la liberalización financiera y el disciplinamiento brutal de los trabajadores y sus organizaciones— se desplegaron a lo largo de casi cinco años sin que la economía entrara en recesión. Entre 1976 y 1980 el ritmo de crecimiento del PBI (a precios de 1980) fue de 3,8% anual, crecimiento levemente inferior al experimentado entre 1970 y 1974, que fue de 4,0%. Recién a partir de 1980 cayó el nivel de actividad (8,7% entre 1980 y 1982), en medio de una profunda crisis financiera derivada del endeudamiento externo y la elevación de las tasas de interés internacionales. Si bien las reformas liberalizadoras no se extendieron explícitamente al mercado de trabajo —ámbito en el que por el contrario se procedió a una activa intervención del Estado a través de medidas tales como el congelamiento de salarios y la intervención de sindicatos—, éstas afectaron fuertemente la dinámica del mercado de trabajo. En particular, la administración cambiaria vigente entre 1978 y 1981, en conjunción con la sobrevaluación de la moneda doméstica, determinaron fuertes reasignaciones de recursos a favor de los sectores no comercializables que tuvieron efectos persistentes sobre la estructura del empleo y la dinámica laboral6. Produciéndose un quiebre respecto de la tendencia de largo plazo previa, en el período de administración militar, el producto industrial creció menos que el promedio y el número absoluto de asalariados en la industria se redujo un 33%. 6 Los más bajos niveles de protección comercial descolocaron varias actividades domésticas, reduciendo sus porciones de mercado y provocando incluso cierre de líneas de producción. A su vez, la necesidad de ganar competitividad con rapidez en un contexto de apertura, por una parte, y el cambio de precios relativos a favor de los insumos y la maquinaria importados, por otra, indujeron en las firmas una significativa reducción de mano de obra por unidad de producción. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20100 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 101 Esto llevó a que la industria pasara de representar el 44% del total del empleo asalariado en 1974 al 30% en 1982. La reducción del sector industrial fue marcadamente diferencial de acuerdo al tamaño de los establecimientos. Los grandes establecimientos industriales fueron responsables del 55% de la destrucción de puestos formales en la actividad en el período a pesar de representar el 30% del empleo manufacturero en 1974. Fueron en efecto las empresas más dinámicas las que, aprovechando la tasa de cambio que abarataba las divisas, se equiparon e importaron nuevas tecnologías informatizadas para innovar en procesos. A su vez, también en este segmento de empresas, el proceso de reconversión dio lugar al cierre de plantas —algunas empresas transnacionales (ETN) abandonaron el país en el período— y al redimensionamiento y fusión de empresas. A la par de estos cambios que implicaron una transferencia brutal de FT entre sectores, el desempleo se mantuvo en torno al 3,5%7 de la PEA. Es justamente este hecho el que lleva a postular que el crecimiento de las actividades informales — en particular del TCP— operó en el período como una malla de contención del desempleo. En efecto, durante el período 1974-82 el empleo en el sector informal urbano creció a una tasa promedio anual del 3,2% mientras que el sector formal se redujo anualmente un 1,3%. Dada esta dinámica el SIU incrementó su participación en el empleo en 7,7 puntos porcentuales, pasando de representar el 37,9 en 1974 al 45,2% en 1982. Vis a vis, el sector formal pasó del 62 al 54,8% del empleo en el período. Con énfasis en distintos aspectos causales, los principales estudios sobre informalidad en la Argentina sostienen que —durante la última administración militar— la transferencia de trabajadores desde la asalarización al trabajo por cuenta propia se dio en el marco de una ventaja del ingreso por cuenta propia sobre el salario formal. Entre las causas de esta ventaja se señala que el control de precios implementado por la dictadura militar en el período 1976-1978 afectó fuerte y diferencialmente al segmento regulado de la economía (Diéguez y Gerchunoff, 1984); que la política cambiaria del período siguiente, 1978-81, generó incentivos favorables al tipo de actividades que desarrollaban los TCP (en particular, la construcción y los servicios); y que el contexto inflacionario operó en igual dirección dada la mayor capacidad que tienen los trabajadores autónomos —en relación a los dependientes— para defender sus ingresos8. Asimismo se señala que tanto el contexto 7 Si bien se supone que este nivel de desempleo subestima el realmente existente, ninguna de las correcciones efectuadas sobre la tasa de desempleo para incorporar el retiro de la «oferta desalentada» llevan a que este indicador supere el 7% de la PEA. Por otra parte, este último nivel resultaría de todos modos reducido respecto de la desocupación vis a vis el nivel de actividad económica de la década del sesenta, así como respecto del nivel teórico del «desempleo friccional» estimado para el período en 3-4% de la PEA (Schvarzer, 1997). Para una mayor discusión sobre la incidencia del «desempleo oculto» en el período, ver Sánchez, Ferrero y Schultess (1979); Beccaria y Orsatti (1979). 8 Los TCP y pequeños empresarios, a diferencia de los trabajadores en relación de dependencia, fijan el precio de sus servicios con un modelo implícito de mark up, positivamente asociado al nivel de la tasa de inflación. Ver Diéguez y Gerchunoff (1984). 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20101 JULIANA PERSIA 102 expansivo (Nun, 1989) así como el hecho de que no existieran empresas de tamaño mediano prestadoras de servicios de reparación ni supermercados (MTSS 1980, Beccaria, Carpio y Orsatti, 2000) habrían favorecido el éxito de los emprendimientos por TCP iniciados en el período. Los ingresos por cuenta propia, en efecto, mejoraron su situación relativa —al salario formal— respecto del año base 1974. El ingreso medio horario de la ocupación principal de los TCP informales pasó de ubicarse un 15% por debajo del salario formal medio en 1974 a equipararlo en 1980. Este incremento benefició al cuentapropismo en general; no sólo disminuyó la brecha en el ingreso medio sino que también lo hizo en los percentiles 10, 25, 75 y 90. Los asalariados informales, por su parte, también mejoraron su ingreso horario medio respecto del sector formal —el que pasó de representar el 66% del ingreso formal al 76%—; sin embargo, esta mejoría fue claramente inferior a la que experimentó el trabajo por cuenta propia. A su vez, la expansión del SIU fue acompañada de cambios significativos en la composición sociodemográfica del sector (en relación a 1974). Dentro del trabajo por cuenta propia creció de manera significativa la proporción de los jóvenesadultos (de hasta 34 años), mejoró el nivel educativo de la FT (aunque en menor medida que en el sector formal) y creció la proporción de varones (4,5 puntos porcentuales). Todos estos elementos tienden a asemejar el perfil de los TCP al de los asalariados formales, lo que es compatible con el proceso de transferencia de obreros industriales formales al SIU. En suma, el crecimiento del SIU se da en un período de contracción de oportunidades de empleo formal en la industria —que se está reconvirtiendo— y de fuerte represión del colectivo asalariado, sus organizaciones y representaciones políticas. Las transiciones entre sectores y categorías ocupacionales se producen con un nivel muy bajo de desempleo, el que habría cabido esperar se incremente por la mera «fricción» de las salidas desde puestos en la industria hacia otros destinos laborales. Es justamente este hecho el que a menudo se cita entre los argumentos en favor de la idea de que en el período los pasajes desde el trabajo asalariado al trabajo por cuenta propia fueron de carácter mayormente «voluntarios». En otros términos, se sostiene que dichos pasajes no se produjeron luego de períodos de desocupación intermedia, sino que quienes salieron de la industria se volcaron al trabajo por cuenta propia sin pasar por un período de búsqueda de empleo. La mayor estructuración (en relación al tipo medio latinoamericano), el carácter voluntario de las transiciones y la prosperidad económica de los emprendimientos por cuenta propia de este período, han sido características utilizadas para diferenciar éste cuentapropismo del de «subsistencia». Tal operatoria con frecuencia también ha llevado a sustraer la generación de actividades por cuenta propia en este período histórico del marco del análisis del subempleo o la terciarización espuria de la economía (aspectos contenidos dentro de la matriz de pensamiento que da origen al concepto de SIU). En tanto no tienen los rasgos de las actividades de subsistencia y parecen responder a la demanda de ciertos bienes y servicios, se supone que no reflejan comportamientos asociados al refugio ocupacional. Sin embargo, hay claros indicios de que al nivel macro responden a la caída absoluta del empleo formal, lo que ocurre —hasta cierto punto— de manera independiente del tipo de atribu05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20102 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 103 tos micro que asumen los emprendimientos. En otros términos, no es necesario asumir una lógica especular entre el nivel micro y el macro; y —desde la perspectiva adoptada— es en este segundo nivel donde se define la informalidad: es la sobredimensión de la pequeña escala mercantil y el artesanado lo que pone en debate la capacidad del capitalismo periférico para absorber y asalarizar a la población. En el período final de la dictadura militar volvió a producirse un nuevo incremento significativo de la informalidad urbana en un contexto donde ya no sólo operaban los efectos adversos de los cambios estructurales sobre el empleo sino la coyuntura económica crítica. El endeudamiento externo, el estancamiento, el desequilibrio fiscal y la inflación se agudizaron durante el último tramo de gobierno militar, en medio de desordenadas políticas de ajuste implementadas para hacer frente a las nuevas condiciones externas de alza de las tasas de interés y de una profunda crisis política que llevará a la transición democrática. A principios de 1981 se produjo una secuencia de fuertes devaluaciones —que conllevaron a un retroceso del PBI de más del 10% entre 1979-80 y 198283— y la inflación pasó de una tasa del 101% en 1980 a 343% en 1983, alimentada —en parte— por un déficit público que en 1982 llegó a superar el 10% del PBI (Gerchunoff y Llach, 1998). En este contexto, la desocupación creció, pasando del 2,3% de la PEA en 1980 a un valor medio del 4,5% en los dos años siguientes. Inicialmente, entre 1980 y 1981, la ocupación en el SIU acompañó la contracción de la actividad económica, reduciéndose un 2,6%. No obstante, al año siguiente, 1981 y 1982, experimentó un pico de crecimiento del 10% que compensó su pérdida inicial y la del sector formal, continuamente deficitario. Este accionar contribuyó, en efecto, a reducir el nivel potencial de desempleo que podría haber experimentado la economía. Existen indicios de que fueron otros los segmentos sociodemográficos los que concurrieron en esta coyuntura al sector informal, además de haber empeorado la suerte de quienes probablemente continuaron volcándose al SIU desplazados por la reestructuración y crisis de las grandes empresas industriales9. Específicamente, aumentó la participación de la FT procedente de hogares situados en los dos quintiles inferiores de la distribución del ingreso per cápita familiar la que pasó del 30,5% en 1980 y al 39,3%, en 1982 y la presencia de FT secundaria que ocupa el lugar de hijo en el hogar. A su vez, acompañando estos cambios de composición del cuentapropismo, el servicio doméstico —una de las categorías más marginales del empleo— experimentó una variación positiva del 25%, contribuyendo enormemente al crecimiento agregado del SIU. 9 Aun cuando se mantenga el perfil socio-ocupacional de los trabajadores que se vuelcan al cuentapropismo, una cosa es iniciar un emprendimiento con años por delante de situación expansiva que tener que atravesar el período generalmente más duro inicial en condiciones de crisis. Es justamente la posibilidad de elegir el momento oportuno de iniciar un emprendimiento por cuenta propia la que, entre otras cosas, diferencia al pequeño empresario (entrepreneur) del cuentapropia informal. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20103 JULIANA PERSIA 110 En la segunda mitad de la década, una vez avanzadas las reformas y superado el shock financiero que trajo aparejado la crisis mexicana de fines de 1994; se dio en el país un fuerte crecimiento del producto bruto interno —entre 1996 y 1998 creció al 6,0% anual— y del empleo que creció al 4,8% anual. Sin embargo, la mayor parte del empleo generado fue de tipo precario, no registrado ante la seguridad social. El no registro entre los asalariados pasó del 33 al 38% entre inicios y fin del modelo de la convertibilidad. Esto también explica por qué el desempleo no descendió más en este período expansivo. La alta inestabilidad asociada a los puestos precarios que se generaron desde mediados de la década, incrementó las entradas y salidas, hacia y desde el desempleo (Beccaria y Maurizio, 2005), que se mantuvo por encima 13% de la PEA. El empleo asalariado informal empezó a crecer y se transformó en el componente más dinámico del SIU. El cuentapropismo, por su parte, se estancó luego de la contracción intensa del período 1993-1996. Como resultado de estas dinámicas, en 1998 el SIU llegó a perder casi 5 puntos porcentuales de su participación en el empleo —respecto de su nivel más alto a inicios del régimen de la convertibilidad— y cambió su composición, tornándose ésta mayoritariamente asalariada. En tanto, la novedosa asalarización del SIU, ocurría en un período en el que las empresas de mayor tamaño llevaban a cabo procesos de externalización20, surgieron hipótesis que vincularon ambos procesos. Esto es, se hipotetizó que el dinamismo del empleo informal (y su evolución pro-cíclica) podría deberse a que las microempresas se estaban integrado a los circuitos dinámicos del capital, proveyéndoles a las más grandes servicios (Cimillo, 2000). Sin embargo, aun cuando las actividades vinculadas a los servicios a empresas observaron cierto incremento entre los asalariados informales, su peso no superó en ninguno de los años considerados el 10% del empleo informal. El conjunto de microempresas, en realidad, conservó sus rasgos asociados al sector informal tradicional concentrado en las actividades del comercio (en torno al 25%)21 y en los servicios personales de baja productividad y el transporte. A fines de 1998, la reactivación económica se vio nuevamente interrumpida por el impacto negativo de las crisis financieras internacionales, en primer lugar la Rusa y luego la crisis Brasileña, principal socio comercial de Argentina. En esta 20 En el caso argentino, es amplia la evidencia respecto de que la desverticalización productiva del sector manufacturero durante el período en la convertiblidad se originó principalmente en la sustitución de valor agregado doméstico por mayores contenidos de origen externo (Bisang, Bonvecchi, Kossacoff y Ramos, 1996). La subcontratación y externalización se habría dado para algunos servicios como los de limpieza, seguridad, contabilidad y marketing (Esquivel, 1997), y habrían sido unidades productivas pequeñas y medianas (no las microempresas informales) las depositarias de este proceso. 21 Algunos estudios sobre movilidad laboral sugieren que parte de la pérdida neta de los trabajadores por cuenta propia se debió a su traspaso a microempresarios (Persia, 2006). En el contexto de procesos de concentración de los espacios que ocupaban los cuentapropias en la esfera de la circulación; del pequeño almacén atendido por sus dueños se pasó al minimercado, a kiosco por 24 horas y con servicios de delibery; lo que necesariamente implicó contratar fuerza de trabajo. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20110 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 111 coyuntura se produjo un pronunciado deterioro de los términos del intercambio que conllevó a un aumento del déficit de comercio exterior. Posteriormente, a mediados de 2001, la actividad económica sufrió una abrupta caída y la masiva huida de activos externos comprimió la liquidez. Esta situación desembocó en el incumplimiento de pagos y, finalmente, en la devaluación del peso y el cierre del ciclo de la convertibilidad. Entre 1998 y 2001, el PBI experimentó una variación negativa del 8,5%, la que se intensificaría entre 2001 y 2002. El empleo formal se redujo un 10%, acumulando así una reducción muy superior a la de la crisis de mediados de los noventa y, en términos relativos, más concentrada en el sector servicios. En este contexto, el desempleo volvió a superar el 20% de la PEA. A la par del fuerte proceso de destrucción de empleo formal, el trabajo por cuenta propia se activó nuevamente y experimentó una variación positiva del 10% entre 1998 y 2001. Este crecimiento fue acompañado de un fuerte deterioro en la calidad de este tipo de inserción laboral. En 2001 el ingreso horario medio de los TCP se situó un 22% por debajo del formal y, novedosamente, el ingreso de los estratos superiores del cuentapropismo (percentil 75 y 90) se ubicó también por debajo del salario formal, manteniendo una brecha mayor al 15%. A su vez, la subocupación horaria pasó del 26% al 34,3% entre los TCP. Entre otros factores, estos eran indicio de que las actividades menos estructuradas y de subsistencia habían llegado a abarcar enormes porciones del segmento de trabajadores por cuenta propia. Posteriormente, la devaluación y la emergencia de un nuevo proceso inflacionario profundizaron el ya complicado panorama laboral, y agudizaron la caída del empleo. GRÁFICO 2. COMPOSICIÓN DEL SIU. PRINCIPALES COMPONENTES: TCP NO PROFESIONALES, ASALARIADOS DE MICRO-ESTABLECIMEINTOS Y TRABAJADORES DEL SERVICIO DOMÉSTICO EN HOGARES PRIVADOS Fuente: Elaboración propia en base a datas de EPH-INDEC. Ondas octubre. Nota: No se grafican las categorías patrones de micro-establecimientos y trabajadores sin salario como ayuda familiar por ser componentes con una participación inferior al 10% en la ocupación del SIU. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20111 JULIANA PERSIA 112 5. EL SIU EN EL PERÍODO POST-CONVERTIBILIDAD A partir de mediados del año 2003, como resultado de la intervención activa del Estado y la implementación de nuevas políticas de desarrollo, la economía argentina inició una fase de crecimiento que obtuvo como principal resultado un cambio de tendencia en la evolución del trabajo, el empleo y los indicadores sociales (Panigo y Neffa, 2008). A la rápida mejoría en los indicadores del mercado de trabajo también contribuyó, en una primera etapa, la difusión del Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados (PJyJHD). En el GBA, los beneficiarios del PJyJHD con contraprestación laboral llegaron a representar alrededor de dos puntos de la tasa de empleo en el momento de mayor difusión, el primer semestre de 2003, para a partir de allí descender rápidamente. Hacia 2005, el desempleo había descendido al 11,6% de la PEA —luego de superar el 20% en 2002—, siendo residual el número de beneficiarios del PJyJHD. Entre 2003 y 2008, se registró una etapa de crecimiento sostenido del PBI, el que aumentó a una tasa de 8,5% anual promedio. El mantenimiento de un tipo de cambio elevado constituyó un factor determinante en la recuperación del nivel de actividad agregada, produciéndose cierta re-sustitución de importaciones en ramas que habían experimentado un fuerte deterioro durante el período del tipo de cambio apreciado. El régimen macroeconómico emergente modificó los precios relativos de la economía y las rentabilidades sectoriales. Los puestos de empleo crecieron al 2,6% anual entre 2003-2008 en el GBA, dinamizados inicialmente por el crecimiento de la construcción y luego por el de la industria. El empleo asalariado en el segmento formal creció al 7,9% anual, siendo a su vez muy elevada la tasa de crecimiento de los puestos registrados ante la seguridad social. Por otra parte, dentro del sector formal tendió a «normalizarse» la intensidad de las jornadas de trabajo (creció la ocupación plena en detrimento de la subocupación y sobreocupación horaria) y a aumentar significativamente la proporción de puestos de trabajo con antigüedad mayor al año. El SIU, por su parte, creció pero a un ritmo muy inferior al del empleo formal; al 1% anual en igual período. Su crecimiento fue a su vez algo más intenso en los años inmediatos a la salida de la convertibilidad, en los que creció en particular el servicio doméstico (al 8,8% entre 2003-2006). Por varios motivos era esperable que el cuentapropismo de tipo más estructurado emergiera nuevamente por la protección brindada por el tipo de cambio. No obstante, pasada una breve etapa inicial, el TCP tendió a reducir su participación en el empleo, y a reducir también su participación en los estratos socio-económicos medios. De igual modo era esperable que el consabido crecimiento de las pequeñas empresas (Attorresi y otros, 2009) tuviera un reflejo estadístico en el crecimiento del sector informal. Sin embargo, es probable que, aun cuando de pequeño tamaño, las empresas que germinaron a inicios del período postdevaluatorio hayan logrado rápidamente crecer y sobrepasar el límite superior del sector informal —fijado en 5 ocupados— en el contexto del dinamismo económico. En efecto, en la posdevaluación, el empleo asalariado informal tuvo un ritmo de crecimiento inferior al 1% 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20112 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 113 anual, lo que redujo su participación en el empleo, e incluso su participación dentro del SIU.Resulta del todo evidente que la participación del SIU en el empleo ha sido declinante en el escenario posdevaluación. Esto de algún modo constituye la contratara de la «función refugio», para un contexto de fuerte crecimiento de las oportunidades de empleo en el sector formal y de reducción sostenida del desempleo. Cabe no obstante destacar que la fuerza de trabajo alojada en el SIU vio incrementadas sus desventajas respecto de la del sector formal. En el contexto de las tendencias inflacionarias —que volvieron a hacerse presentes luego de una década de convertibilidad monetaria—, los ingresos de la economía informal, en particular, los ingresos de los TCP quedaron rezagados en relación al salario formal beneficiado por la intensa actividad sindical. Asimismo las políticas públicas orientadas a combatir el trabajo en negro lograron un fuerte impacto sobre el sector formal más fácilmente fiscalizable. En efecto, mientras que la proporción de trabajadores no registrados se redujo prácticamente a la mitad en el sector formal (pasó del 33% en 2003 al 17% en 2009); en el segmento informal la reducción del trabajo en negro fue inferior al 10%. En suma, existe hoy una proporción menor de fuerza de trabajo alojada en el SIU, pero su situación relativa respecto del sector formal es hoy peor que en el pasado. CONCLUSIONES La participación del SIU en el empleo del aglomerado urbano GBA creció intensamente en el último cuarto del siglo XX, período en el que pasó del 38 al 45% del empleo, transitando incluso por una etapa intermedia —principios de los noventa— de valores próximos al 50%. Esta dinámica se dio en el marco de la pérdida de oportunidades de empleo en la industria, la que reduce su peso en la estructura del empleo asalariado, pasando del 44% al 18%. De manera coherente con la terciarización de la estructura productiva característica del período, el empleo formal tendió a favorecer en el largo plazo a la población de mujeres, aunque tampoco llegó a alcanzar valores adecuados, cuando esta población aceleró su ritmo de incorporación a la actividad laboral desde mediados de los ochenta. A partir del análisis de los incrementos y reducciones netas del empleo, pudo en efecto apreciarse que, hasta principios de los años noventa, el SIU respondió exitosamente a la disminución e insuficiencia de la demanda de empleo así como a las variaciones en la tasas de participación. En diferentes contextos y bajo el predominio de estos diferentes factores, el SIU fue cambiando de composición. Así se feminizó y re-masculinizó, se aproximó y alejó del perfil del sector formal, se tornó albergue de capas medias o bajas. En claro contraste con esta naturaleza cambiante —y propia de un sector residual—, el cambio de composición en el sector formal evolucionó bajo la modalidad de tendencias: en el largo plazo se feminizó, se precarizó, incrementó las credenciales educativas. Con frecuencia se ha discutido si el tipo de cuentapropismo predominante en la Argentina —o mejor dicho del de buena parte del período estudiado— res05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20113 JULIANA PERSIA 114 ponde en efecto a la caracterización del SIU, en cuanto sector refugio. En estas discusiones generalmente se asume una relación especular entre el plano micro y macro: para actuar en el ajuste del mercado debe cumplirse con las características de ser ocupaciones refugio, entre otras, ser de subsistencia, de baja productividad relativa, involuntariamente de tiempo parcial. Así las características de nivel micro se toman como indicativas de la función compensadora a nivel macro. Nuestra interpretación sugiere una conclusión algo distinta. El caso argentino da varios ejemplos de períodos de ajuste y reestructuración que inducen la proliferación de actividades por cuenta propia de tipo más estructuradas o satisfacer. El desplazamiento «voluntario» hacia el «trabajo propio» puede darse, más aun, es muy probable que se dé en contextos de reestructuración donde los despidos proveen de indemnizaciones y éstas del capital para iniciar los emprendimientos. Esto ocurrió al menos en dos oportunidades durante el período abordado (1974-1980 y 1991-1993), en donde a su vez la reestructuración fue de la mano de la expansión de la actividad y del consumo. Ahora bien, esta modalidad de cuentapropismo —altamente representativo en el caso argentino— no es tan resistente a las recesiones, ni a su propia masificación, ni a la intromisión de agentes más capitalizados, como son las actividades de subsistencia que supone en términos clásicos la teoría (y de las cuales no se puede «caer» dado que son el piso de la subsistencia). La brutal caída del número de trabajadores por cuenta propia más estructurados que se produce a mediados de los años noventa lo ejemplifica. Allí el desempleo alcanzó al 20% de la PEA y el SIU, lejos de compensar, contribuyó a la destrucción neta de empleo. Ya desde inicios de los noventa el SIU se asalarizó. De modo tal que a diferencia de lo que acontecía en décadas anteriores, en los años noventa el cuentapropismo dejó de definir la dinámica general del sector. A su vez, desde mediados de la década —y sobre todo hacia fines de la misma—, el cuentapropismo se convirtió en expulsor neto de capas medias y se nutrió de otros segmentos poblacionales, más ajustados al patrón clásico latinoamericano. En el transcurrir de este proceso, el número de trabajadores alojados en el SIU se mantuvo prácticamente inalterado, ocultando profundos cambios de composición que tornaron complejo el discernimiento respecto del accionar, pro o contra cíclico, del SIU. Esto llevó a un intenso debate en la Argentina de los noventa. Era esperable que el cuentapropismo más estructurado —altamente arraigado en la cultura laboral— emergiera nuevamente como una opción laboral para las capas medias, luego de que la salida de la convertibilidad modificara los precios relativos de la economía. No obstante, pasada una breve etapa inicial, el TCP tendió a reducir su participación en el empleo y su participación en la ocupación de los estratos medios. El empleo asalariado informal, a su vez, también redujo su participación, y de manera más intensa, perdiendo además participación dentro del empleo SIU. Resulta del todo evidente que la importancia del SIU en el empleo ha sido declinante en el escenario posdevaluación. Esto de algún modo constituye la contratara de la «función refugio», para un contexto de fuerte crecimiento de las oportunidades de empleo en el sector formal y de reducción sostenida del desempleo. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20114 DINÁMICA Y COMPOSICIÓN DE LA INFORMALIDAD... 115 Sin embargo, cabe no perder de vista la situación relativa de la fuerza de trabajo alojada en el SIU —respecto del sector formal— que es hoy peor que en el pasado. TABLA 1. VARIACIONES ANUALES DEL NIVEL DE POBLACIÓN EN LAS DISTINTAS CATEGORÍAS DE ANÁLISIS. AGLOMERADO URBANO GBA OCUPADOS EN EL SECTOR FORMAL OCUPADOS EN EL SECTOR INFORMAL ACTIVOS OCUPADOS DESOCUP.PATRÓN ASALARIADO TOTAL PATRÓN TCP ASALARIADO SERV.AY. FLIAR TOTAL Y TCP DOMÉS. 1974-1980 0,8 0,8 0,2 5,7 -0,9 -0,5 4,2 3,6 3,8 0,3 -3,7 2,9 1982-1980 0,6 -0,2 31,2 -5,1 -2,7 -2,8 10,7 -0,3 3,4 12,5 -4,9 3,5 1974-1982 0,7 0,5 8,0 2,5 -1,3 -1,1 6,5 2,7 3,9 3,4 -3,7 3,2 1985-1982 0,8 0,5 9,7 7,2 1,4 1,8 -13,6 0,5 -0,7 -1,4 5,5 -1,2 1985-1987 3,2 2,9 9,4 -4,4 3,3 2,6 32,2 2,0 0,8 6,8 -26,3 3,3 1990-1987 1,6 1,3 7,0 8,2 -1,6 -0,9 0,8 0,7 9,1 3,2 59,0 4,3 1990-1982 1,8 1,5 10,7 4,8 0,7 1,0 -0,1 1,0 3,4 2,4 6,7 2,0 1993-1991 3,8 1,3 48,6 1,4 2,7 2,6 14,3 2,3 -8,0 5,0 41,2 - 1995-1993 1,8 -2,7 43,1 7,6 -1,1 -0,5 -13,2 -6,3 -2,4 -4,6 0,6 -5,1 1998-1995 1,6 3,3 -6,6 2,2 4,6 4,4 4,2 -2,4 6,6 2,1 1,7 2,0 2001-1998 -0,2 -2,5 14,7 -5,1 -3,6 -3,7 -5,6 3,6 -3,7 -4,4 -18,1 -1,8 2001-1991 1,6 -0,1 32,4 0,7 0,5 0,5 -1,1 -0,6 -1,5 -0,8 -1,1 -1,0 2006-2003 1,0 3,5 -11,6 1,6 10,1 9,4 8,7 1,0 0,3 8,8 -5,2 2,2 2009-2006 0,7 1,1 -2,5 6,4 3,4 3,6 8,2 0,2 0,5 -0,9 -8,4 0,4 2009-2003 0,9 2,3 -6,6 4,1 7,3 7,0 9,5 0,6 0,4 3,8 -6,2 1,3 Fuente: Elaboración propia en base a datos de la EPH-INDEC. Datos con redistribución de no respuesta. GRÁFICO 3. VARIACIÓN PORCENTUAL DEL PRODUCTO BRUTO INTERNO. A PRECIOS CONSTANTES DE 1993 Fuente: Cuenta Nacionales – INDEC. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20115 TABLA 2. COMPOSICIÓN. CARACTERÍSTICAS DE LOS PUESTOS Y DE LOS PERFILES SOCIODEMOGRÁFICOS. EN % SOBRE EL TOTAL DE CASOS DE LA CATEGORÍA. POBLACIÓN TOTAL, GBA SECTOR FORMAL (ASALARIADOS) 1974 1980 1982 1985 1987 1990 1991 1993 1995 1998 2001 2003 2009 Calificación del puesto1 Puestos profesionales 6,4 7,4 8,6 10,6 11,6 14,2 12,6 10,1 9,2 11,1 12,0 12,7 11,7 Puestos calificados 56,9 54,1 55,4 62,6 58,8 59,3 61,0 73,0 71,9 70,8 69,6 69,7 72,7 Puestos no calificados 36,6 38,5 36,0 26,8 29,6 26,5 26,4 16,8 18,9 18,1 18,4 17,6 15,7 Antigüedad** Menor a 12 meses 13,9 16,7 - 9,2 22,1 20,9 20,9 28,2 24,9 27,1 20,8 20,1 14,7 Acc.a beneficios Sin registro ante la S.social - 9,1 - 11,3 - 13,7 16,0 17,0 18,7 22,2 21,2 26,4 17,6 Intensidad de la tarea Subocupados visibles - 3,4 3,8 4,8 - 5,7 4,4 6,1 8,7 9,2 11,8 10,5 5,0 Ocupados plenos - 61,3 60,9 61,3 - 56,7 57,8 51,8 52,8 49,1 48,1 50,1 60,5 Sobreocupados - 35,3 35,2 33,9 - 37,6 37,7 42,1 38,5 41,7 40,0 39,4 34,4 Ingreso individual 1º quintil 4,5 4,8 7,6 3,1 3,8 3,6 3,3 4,1 3,4 4,7 6,6 5,1 6,4 2º quintil 14,7 16,7 11,5 15,1 15,2 13,3 16,4 18,4 15,4 15,4 10,3 14,7 16,4 3º quintil 26,8 25,9 25,2 26,8 23,9 25,0 25,3 22,2 24,0 22,2 22,5 23,2 25,0 4º quintil 28,6 28,4 27,2 27,5 28,4 29,9 26,6 27,2 30,0 28,9 28,6 28,3 26,4 5º quintil 25,4 24,2 28,5 27,6 28,6 28,1 28,4 28,0 27,1 28,8 32,1 28,7 25,8 Sexo Varón 72,3 70,1 66,7 67,0 67,0 65,3 64,9 65,7 63,2 61,2 60,0 60,7 59,8 página siguiente 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20116 Grupo de edad 0-19 8,7 7,7 5,2 4,9 6,1 4,2 5,4 5,1 4,3 3,6 2,5 2,0 2,3 20-39 53,6 53,7 54,0 53,9 53,1 57,3 54,3 53,4 57,4 56,3 55,2 55,7 55,1 40-59 34,6 35,9 36,8 37,0 36,7 34,5 35,2 37,3 34,6 34,7 38,3 36,0 36,0 60 y más 3,1 2,7 4,1 4,1 4,1 4,0 5,1 4,2 3,7 5,4 3,9 6,3 6,6 Posición en el hogar Jefe 56,7 54,7 54,5 54,6 55,8 53,8 54,4 63,8 52,5 51,7 51,6 54,8 49,5 Cónyuge 11,4 10,4 13,3 15,3 14,3 18,3 16,1 18,8 15,7 16,5 19,9 19,2 21,2 Hijo 24,3 27,5 25,4 23,8 24,8 23,3 23,7 31,7 25,1 25,5 23,6 21,7 23,9 Otro 7,6 7,4 6,7 6,3 5,1 4,5 5,8 7,0 6,7 6,4 4,9 4,3 5,5 Máximo nivel alcanzado hasta PI 21,5 14,8 13,4 11,9 10,5 7,2 7,6 7,4 5,8 3,8 3,9 3,3 3,2 PC 33,6 33,0 31,5 30,0 27,8 27,6 26,7 24,5 26,0 21,3 18,4 17,0 15,7 SI 17,8 18,6 17,8 19,0 19,7 18,1 18,7 20,4 17,5 19,0 14,8 15,2 13,3 SC 13,3 17,1 19,3 18,0 17,2 20,4 20,7 20,4 19,2 19,6 21,6 20,0 23,7 UI 8,6 8,7 8,9 10,3 10,7 11,0 11,6 11,9 14,7 17,0 17,4 16,3 16,2 UC 5,2 7,8 9,0 10,9 14,1 15,7 14,7 15,3 16,8 19,2 23,9 28,2 27,9 Ingreso per cápita del hogar 1º quintil 13,1 16,0 13,8 13,6 13,3 10,6 12,3 13,4 12,3 12,3 10,7 3,5 3,5 2º quintil 17,0 16,1 17,5 15,4 15,7 17,0 15,8 14,3 16,6 14,6 15,7 10,6 11,3 3º quintil 18,3 19,2 18,2 20,2 20,2 17,9 20,0 20,8 19,3 20,5 19,5 19,3 19,0 4º quintil 25,0 24,9 23,0 25,0 23,8 25,4 24,6 25,7 25,1 24,6 24,6 28,1 27,5 5º quintil 26,5 23,8 27,5 25,8 27,1 29,2 27,3 25,9 26,7 28,0 29,5 38,6 38,7 Fuente: Elaboración propia en base a datos de EPH-INDEC. Período 1974-2002, ondas octubre. Período 2003-2009, segundos semestres. Notas: 1. La serie experimenta un cambio marcado entre 1991-1992, período en el que también cambian las categorías de la variable. Específicamente desaparece la categoría «semicalificada». 2. La serie experimenta un cambio abrupto en 1987, período en el que hay un cambio en el tipo de registro de la información. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20117 TCP INFORMALES 1974 1980 1982 1985 1987 1990 1993 1995 1998 2001 2003 2009 Calificación del puesto1 Puestos calificados 65,3 60,4 60,9 78,5 66,8 63,7 75,1 72,4 67,2 69,3 - - Puestos no calificados 34,7 39,6 39,1 21,5 33,2 36,3 24,5 27,6 32,8 30,7 - - Antigüedad Menor a 12 meses 8,7 10,4 - 12,6 21,4 23,0 23,0 25,9 28,6 29,8 27,4 19,6 Intensidad Subocupados visibles s/d 7,1 10,4 11,6 13,6 14,4 15,1 23,3 26,9 34,3 29,9 24,0 Ocupados plenos s/d 41,6 34,7 40 29,7 29,7 32,2 24,9 25,7 25,2 34,9 37,8 Sobreocupados s/d 51,3 54,9 48,4 56,7 55,9 52,7 51,8 47,4 40,5 35,2 38,2 Ingreso individual 1º quintil 15,9 11,2 17,3 8,1 13,7 14,1 12,4 18,7 20,4 27,4 30,3 37,7 2º quintil 15,2 11,7 8,5 17,7 13,3 16,1 16,7 14,3 18,6 21,5 26,5 22,7 3º quintil 19,9 18,6 23,6 18 20,8 15,1 21,7 21,9 21,6 18,0 17,0 13,1 4º quintil 22,4 26,2 26 29,7 27,2 23,3 23,2 21,4 20,4 17,0 14,5 15,7 5º quintil 26,5 32,2 24,6 26,6 25,1 31,3 25,9 23,7 19,0 16,1 11,7 10,9 Sexo Varón 70,3 74,8 73,3 73,7 73,4 73,5 70,7 72,8 68,1 66,1 66,6 64,4 Grupo de edad 0-19 1,6 2,2 1,2 2,2 3 2,8 2,4 2,6 1,9 2,9 2,8 2,0 20-39 35,2 44,2 43,9 42,4 42,3 42 40,9 40,4 35,6 36,1 34,6 33,3 40-59 49,8 42,8 43,8 44,9 42,9 43,9 44,1 45,6 51,2 48,3 46,8 46,8 60 y más 13,4 10,9 11,1 10,5 11,8 11,4 12,6 11,4 11,2 12,7 15,8 17,9 página siguente 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20118 Posición en el hogar Jefe 64,8 64,3 61,9 65,9 65 65,8 61,8 62,1 62,3 63,4 61,5 59,1 Cónyuge 20 17,2 17,2 18 18,5 15,9 18,3 17,4 20,0 17,4 20,9 22,8 Hijo 10,4 12,5 15,8 11,6 12,4 14,3 15,1 16,1 13,1 15,3 13,8 13,9 Otro 4,8 6 5,1 4,4 4,1 4,1 4,9 4,4 4,6 3,8 3,8 4,2 Máximo nivel alcanzado hasta PI 27,2 21,5 18,1 15,6 14,7 10,4 10,1 11,2 12,5 9,4 8,9 11,0 PC 40,4 41,2 38,4 43 37,4 40,4 34,3 33,2 29,5 33,2 30,1 26,3 SI 16,2 18,5 22,8 21,4 23,5 20,9 21,0 23,6 24,8 21,2 23,5 20,4 SC 9,2 10,3 13,2 12,5 12 18 20,3 16,9 20,9 18,1 19,8 24,6 UI 4,2 6,4 5,5 4,2 7,8 6,8 9,3 8,2 7,2 10,1 9,6 8,6 UC 2,8 2,2 2 3,2 4,6 3,6 5,0 7,0 5,2 8,0 8,0 9,2 Ingreso per cápita del hogar 1º quintil 15,4 12,5 19,0 16,4 20,8 20,0 15,4 21,5 22,8 27,0 19,1 20,2 2º quintil 18,6 18,0 20,3 15,6 16,8 15,9 18,5 17,4 19,4 21,2 20,3 19,3 3º quintil 19,2 22,5 19,7 19,7 22,0 21,2 21,0 21,8 21,7 18,6 20,7 19,6 4º quintil 24,5 25,6 22,7 25,3 23,5 21,4 22,7 21,4 20,1 19,1 21,8 22,2 5º quintil 22,3 21,5 18,4 22,9 16,9 21,5 22,4 17,8 16,0 14,1 18,2 18,8 Fuente: Elaboración propia en base a datos de EPH-INDEC. Período 1974-2002: ondas octubre. Período 2003-2009: segundos semestres. Notas: 1. La serie experimenta un cambio marcado entre 1991-1992, período en el que también cambian las categorías de la variable. Específicamente desaparece la categoría «semicalificada». 2. La serie experimenta un cambio abrupto en 1987, período en el que hay un cambio en el tipo de registro de la información. 05 J. Persia.pmd 16/02/2011, 8:20119