scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Apropiaciones de la latinidad 'decadente' en el siglo XIX: el caso de À rebours de J. K. Huysmans

Sverdloff, Mariano

Abstract

Como ha advertido la crítica, el tópico de la decadencia latina es central para la historia y la literatura de las últimas décadas del siglo XIX. La imaginación histórica del fin-de-siècle vuelve una y otra vez a la caída del Imperio Romano de Occidente, acontecimiento al que se considera una suerte de prefiguración de la décadence del siglo XIX. Uno de los casos más interesantes de esta reflexión sobre la "decadencia latina" es À rebours (1884) de Joris Karl Huysmans, novela donde se formula explícitamente una teoría de la literatura decadente. Esta teoría permite poner en escena cuestiones tales como la evolución literaria, el uso de la tradición o la antítesis, común en el fin-de-siècle, entre materialismo y espiritualismo. La biblioteca del capítulo III de À rebours se presenta pues como un experimento de lectura sumamente interesante, dado que expresa el "anacronismo" propio de la décadence finisecular: des Esseintes se sirve de la latinidad para presentar una serie de problemáticas que son, sin embargo, netamente modernas.

Full text

APROPIACIONES DE LA LATINIDAD «DECADENTE» EN EL SIGLO XIX: EL CASO DE À REBOURS DE J. K. HUYSMANS Mariano Sverdloff Universidad de Buenos Aires – CONICET [email protected] RESUMEN Como ha advertido la crítica, el tópico de la decadencia latina es central para la historia y la literatura de las últimas décadas del siglo XIX. La imaginación histórica del fin-de-siècle vuelve una y otra vez a la caída del Imperio Romano de Occidente, acontecimiento al que se considera una suerte de prefiguración de la décadence del siglo XIX. Uno de los casos más interesantes de esta reflexión sobre la “decadencia latina” es À rebours (1884) de Joris Karl Huysmans, novela donde se formula explícitamente una teoría de la literatura decadente. Esta teoría permite poner en escena cuestiones tales como la evolución literaria, el uso de la tradición o la antítesis, común en el fin-de-siècle, entre materialismo y espiritualismo. La biblioteca del capítulo III de À rebours se presenta pues como un experimento de lectura sumamente interesante, dado que expresa el “anacronismo” propio de la décadence finisecular: des Esseintes se sirve de la latinidad para presentar una serie de problemáticas que son, sin embargo, netamente modernas. PALABRAS CLAVE: Huysmans, décadence,fin-de-siècle, Historia de la literatura, recepciones clásicas. ABSTRACT «Appropriations from “Decadent” Latinity in the 19th: The Case of À rebours by J. K. Huysmans». As criticism has pointed out, the topic of the latin décadence is central for the history and literature of the last decades of the French nineteenth century. The historical imagination of the fin-de-siècle is haunted by the fall of the Western Roman Empire, an event that is considered a kind of anticipation of the modern décadence. One of the most interesting cases of this reflection on the Latin décadence is À rebours (1884) by Joris Karl Huysmans, a novel that explicitly formulates a theory of decadent literature. This theory allows the discussion of issues such as literary evolution, the use of tradition or the antithesis between materialism and spiritualism. The library of chapter III of À rebours therefore appears as a singular experiment of reading, since it expresses the “anachronism” of décadence itself: des Esseintes uses the Latinity to present problems that are clearly modern. KEY WORDS: Huysmans, Décadence,Fin-de-siècle, History of Literature, Classical Receptions. 0. PRESENTACIÓN Como ha advertido la crítica en diversas ocasiones, el tópico de la decadencia latina es central para la historia y la literatura de las últimas décadas del siglo XIX FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 141 FORTVNATAE, 24; 2013, pp. 141-154; ISSN: 1131-6810 (De Longevialle, 1999; David de Palacio, 2001 y 2005; de Palacio, 1994; Michel, 1983, inter al.). La imaginación histórica del fin-de-siècle vuelve una y otra vez a la caída del Imperio Romano de Occidente, acontecimiento al que se considera una suerte de prefiguración de la décadence del siglo XIX. Este movimiento va acompañado de una marcada revalorización de los períodos literarios “de plata”, por ejemplo la literatura griega bizantina o la literatura latina imperial, cristiana y del alto medioevo1. Uno de los casos más interesantes de esta reflexión sobre la “decadencia latina” es À rebours (1884) de Joris Karl Huysmans, novela donde se formula explícitamente una teoría de la literatura decadente. Esta teoría permite poner en escena cuestiones tales como la evolución literaria, el uso de la tradición o la antítesis, común en el fin-de-siècle, entre materialismo y espiritualismo. La biblioteca del capítulo III de À rebours se presenta pues, como un experimento de lectura sumamente interesante, dado que expresa el “anacronismo” propio de la décadence finisecular: des Esseintes se sirve de la latinidad para presentar una serie de problemáticas que son, sin embargo, netamente modernas2. 1. EL PAPEL DE LAS HUMANIDADES EN EL SIGLO XIX. CANON Y DÉCADENCE Tal como ha planteado Françoise Waquet en Latin or the empire of a sign (2002) desde una perspectiva europea y Philippe Cibois en L’enseignement du latin en France, une socio-histoire (2009) restringiéndose al ámbito francés, hasta el siglo XIX el latín fue la experiencia básica de formación letrada. Aprender gramática era aprendergramática latina.Citemos al respecto a Desiré Nisard, quien defiende en sus Études de moeurs et de critique sur les poëtes latins de la décadence (1834) la enseñanza del latín apelando a la íntima relación que une a la lengua de Roma con el francés: Étudier le latin, c’est en effet reculer l’étude du français jusqu’à ses éléments primitifs, jusqu’à l’origine d’où notre langue a tiré les grands caractères qui l’ont faite héritière de l’universalité des langues grecque et latine. Je ne fais pas ici une spéculation arbitraire, je ne parle pas de mon chef; j’exprime un fait dont tous les esprits cultivés en Europe sont d’accord, et que les plus éminents attesteraient tous en langue française, s’ils y étaient conviés. Et ce fait est une réponse invincible à ceux qui veulent retrancher le latin de l’éducation publique, ou, ce qui revient au même, ne lui faire que la part d’une connaissance accessoire. Regardez ce qu’ils proposent de vous dérober: la connaissance de votre propre langue! Un de mes collègues et amis, dont vous avez applaudi souvent le savoir ingénieux et sûr, M. Ampère, a dit devant vous: FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 142 1Para el análisis de la construcción de Bizancio en el fin-de-siècle, cf. Delouis, 2008. 2Para la noción de anacronismo, cf. Didi-Huberman, 2008. ‘Les mots latins sont la langue française elle-même; ils la constituent. Il ne peut donc être question de rechercher quels sont les éléments latins du français. Ce que j’aurai à faire, ce sera d’indiquer ceux qui ne le sont pas.’ Et encore: ‘La grammaire française est entièrement latine. Le fond du vocabulaire l’est également. L’immense majorité des mots français a une origine purement latine.’ Ainsi, voilà ce qu’on veut que vous ignoriez. C’est plus de la moitié de votre langue; à moins qu’on ne prétende savoir une langue quand on ne la sent pas. Or, on ne sent une langue qu’autant qu’on en perçoit la force étymologique. Cela est d’une vérité saisissante, pour un très-grand nombre de mots dont l’origine est une image qui peint la pensée, et non simplement un signe arbitraire qui ne fait que l’indiquer. Fermer les livres latins, ce serait fermer la plupart des livres français aux plus beaux endroits. En effet, les plus délicates beautés d’expression de nos grands écrivains sont le plus souvent latines (Nisard, 1849: t. 2, 325-326). La cultura latina, lejos de ser un simple recuerdo pedagógico sin contacto con la realidad inmediata, mantuvo un estrecho diálogo con la coyuntura histórica más apremiante. La identidad entre virtud pública y privada que planteaba la ideología jacobina, se inspiraba en modelos clásicos: en las imágenes idealizadas de Atenas o Esparta, o en figuras como Licurgo, Catón, Bruto o Cicerón (cf. Cánfora, 1980; Cibois, 2009)3. Del mismo modo, el aprendizaje del latín estaba estrechamente unido al proyecto del Estado-nación; así, por ejemplo, Napoleón favoreció la enseñanza del latín a causa de su utilidad para desarrollar el pensamiento práctico (cf. Falcucci, 1939: passim). El latín fue además objeto de intensos debates. Los liberales oscilaban entre el reconocimiento de su prestigio como instrumento de acceso a la cultura universal, y su rechazo en tanto herencia del Antiguo Régimen. En este sentido, quizá el embate más significativo fuera La question de latin (1885) de Raoul Frary, texto donde se ataca a la lengua latina con argumentos que preludian a los que se emplearían en el siglo XX: falta de utilidad, distancia con la vida práctica, necesidad de aprender idiomas modernos antes que lenguas muertas (Cibois, 2009: 130 y ss.). Por su parte, los católicos exaltaban al latín en tanto signo de la continuidad entre el mundo pagano y el cristiano, y entre Roma y Francia. Joseph de Maistre, expone en Du pape (1819) un contundente elogio de la lengua latina como instrumento de conquista y civilización. El latín, en tanto “signe européen”, es, a su juicio, el garante de la universalidad y la perduración de la Iglesia: (...) Quelle idée sublime que celle d’une langue universelle pour l’Église universelle! D’un pôle à l’autre, le catholique qui entre dans une église de son rit, est chez lui, FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 143 3Cf. particularmente al respecto “El clasicismo de la política jacobina”, en Cánfora, 1980: 17-33. et rien n’est étranger à ses yeux. En arrivant, il entend ce qu’il entendit toute sa vie; il peut mêler sa voix à celle de ses frères. Il les comprend, il en est compris; il peut s’écrier: Rome est toute en tous lieux, elle est toute où je suis. La fraternité qui résulte d’une langue commune est un lien mystérieux d’une force immense. (...) Rien n’égale la dignité de la langue latine. Elle fut parlée par le peuple-roi qui lui imprima ce caractère de grandeur unique dans l’histoire du langage humain, et que les langues même les plus parfaites n’ont jamais pu saisir. Le terme de majesté appartient au latin. La Grèce l’ignore; et c’est par la majesté seule qu’elle demeura au-dessous de Rome, dans les lettres comme dans les camps. Née pour commander, cette langue commande encore dans les livres de ceux qui la parlèrent. C’est la langue des conquérants romains et celle des missionnaires de l’Eglise romaine. (...) Qu’on jette les yeux sur une mappemonde, qu’on trace la ligne où cette langue universelle se tut: là sont les bornes de la civilisation et de la fraternité européennes; au-delà vous ne trouverez que la parenté humaine qui se trouve heureusement partout. Le signe européen, c’est la langue latine. (...) Enfin, toute langue changeante convient peu à une religion immuable (De Maistre, 1843: 156-163). No podemos entrar aquí en una descripción detallada del estado de las humanidades del siglo XIX, para lo cual remitimos al lector a la exhaustiva investigación de Clément Falcucci, L’Humanisme dans l’enseignement secondaire en France au XIXesiècle (1939); simplemente nos interesa subrayar que en todos los escritores se advierte una constante presencia de la lengua y la cultura latinas. Victor Hugo componía, de niño, versos en la lengua de Virgilio; François René Chateaubriand interpreta en Génie du christianisme (1802) a la lengua y la cultura latina como el órgano que asegura la continuidad espiritual del cristianismo a través de los siglos, e incorpora gran cantidad de citas latinas en sus Mémoires d’outre-tombe (1850); Léon Bloy recurre constantemente a autores cristianos latinos, y en La femme pauvre (1897) incluye dos páginas en latín del Liber revelationum caelestium de Santa Brígida; Charles Baudelaire, además de incorporar diversas citas de autores como Lucano, Horacio y Virgilio, incluye en Les fleurs du mal (1857) un poema en latín rimado, Franciscae meae laudes; Charles-Augustin Sainte-Beuve, en sus Vie, poésies et pensées de Joseph Delorme (1829), reescribe y traduce diversos poemas romanos y griegos; Stendhal hace hablar a Julien Sorel en latín en varios pasajes de Le Rouge et le Noir (1830), y dedica numerosas páginas de suVie de Henry Brulard (1890) al tedio que provocaban las composiciones escolares latinas; Arthur Rimbaud, como se sabe, ganó concursos de poesía latina en métrica clásica. Ahora bien, el estudio del latín proveía el relato, repetido una y mil veces, de la caída de Roma y del surgimiento del cristianismo: la décadence era interpretada como el necesario preludio del renacimiento espiritual a manos de la fuerza FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 144 ambigua (destructora y regeneradora) de los bárbaros. Es de este relato, tal como expone Marie-France David en Antiquité latine et Décadence (2001), del que se nutre la novelística histórica católica de los años ’40, primera expresión de esa línea que culminará hacia fin de siglo en las novelas estilo Quo vadis? (1896) de Henryk Sienkiewicz, que anticipan el género cinematográfico “peplum”. Textos como Fabiola (1852) del Cardenal Wiseman, Callista (1855) del Cardenal Newman o Aemilianus ou le soldat martyr (IV esiècle) (1861), del Abad Hennart, retoman tópicos planteados por Chateaubriand en Les martyrs (1809) y ficcionalizan la oposición entre mártires virtuosos y romanos decadentes que tanta resonancia tendría en la literatura popular y en el cine ya entrado el siglo XX. En el campo de la crítica literaria, la metáfora de la decadencia, luego de ser provocativamente revalorizada por escritores como Charles Baudelaire o Théophile Gautier, influyó en la formulación de las poéticas y modificó la percepción de la historia literaria4. En el corazón del pensamiento histórico del XIX se asiste a un verdadero Nachleben del lenguaje de la inmoralidad latino: tópicos tales como el triunfo de la apariencia sobre la realidad, el afeminamiento de las costumbres, o la oposición refinamiento-barbarie, que los oradores romanos utilizaban para fustigar a la impudicia de sus contemporáneos, sirven para caracterizar la supuesta decadencia social y cultural de la Francia decimonónica. Se asiste a un complejo juego de reelaboraciones: por un lado, la literatura y la historia clásicas aportan las diversas articulaciones del discurso de la decadencia, pero por el otro, estas mismas categorías son FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 145 4Dice Gautier, en su prólogo de 1868 a Las flores del mal: “La qualité du XIXesiècle n’est pas précisément la naïveté, et il a besoin, pour rendre sa pensée, ses rêves et ses postulations, d’un idiome un peu plus composite que la langue dite classique. La littérature est comme la journée: elle a un matin, un midi, un soir et une nuit. Sans disserter vainement pour savoir si l’on doit préférer l’aurore au crépuscule, il faut peindre à l’heure où l’on se trouve et avec une palette chargée des couleurs nécessaires pour rendre les effets que cette heure amène. Le couchant n’a-t-il pas sa beauté comme le matin? (...) Le poëte des Fleurs du mal aimait ce qu’on appelle improprement le style de décadence, et qui n’est autre chose que l’art arrivé à ce point de maturité extrême que déterminent à leurs soleils obliques les civilisations qui vieillissent: style ingénieux, compliqué, savant, plein de nuances et de recherches, reculant toujours les bornes de la langue, empruntant à tous les vocabulaires techniques, prenant des couleurs à toutes les palettes, des notes à tous le claviers, s’efforçant à rendre la pensée dans ce qu’elle a de plus ineffable, et la forme en ses contours les plus vagues et les plus fuyants, écoutant pour les traduire les confidences subtiles de la névrose, les aveux de la passion vieillissante qui se déprave et les hallucinations bizarres de l’idée fixe tournant à la folie. Ce style de décadence est le dernier mot du Verbe sommé de tout exprimer et poussé à l’extrême outrance. On peut rappeler, à propos de lui, la langue marbrée déjà des verdeurs de la décomposition et comme faisandée du bas-empire romain et les raffinements compliqués de l’école byzantine, dernière forme de l’art grec tombé en déliquescence; mais tel est bien l’idiome nécessaire et fatal des peuples et des civilisations où la vie factice a remplacé la vie naturelle et développé chez l’homme des besoins inconnus. (...) Ainsi Baudelaire, qui, malgré son peu de succès aux examens du baccalauréat, était bon latiniste, préférait assurément, à Virgile et à Cicéron, Apulée, Pétrone, Juvénal, saint Augustin et ce Tertullien dont le style a l’éclat noir de l’ébène. Il allait même jusqu’au latin d’Église, à ces proses et à ces hymnes où la rime représente le rhythme antique oublié” (Gautier, Théophile, “Notice” en Baudelaire, 1868: 15-16). utilizadas para leer a la literatura antigua y moderna y para formular una teoría de la evolución cultural y lingüística. Surge así una historiografía literaria que utiliza los tópicos del lenguaje moralista romano para leer los textos de los llamados períodos decadentes, sean estos modernos o antiguos. Un ejemplo extraordinario de esta dinámica son los Études de moeurs et de critique sur les poètes latins de la décadence (1834) de Désiré Nisard, donde se dice que la Farsalia es un “corps humain fait de pièces de rapport”5. Es notable que para definir el estilo de la Farsalia el crítico francés acuda a la metáfora de la desintegración corporal, metáfora esta que, como han señalado entre otros Catharine Edwards (2002) y Shady Bartsch (1997), es central en el discurso moralista romano. Recordemos que el mismo Lucano, para representar la catástrofe suicida que implica la guerra civil describe literalmente a Roma como un cuerpo desgarrado (Ph. 1.3, por ejemplo). 2. Á REBOURS DE JORIS KARL HUYSMANS COMO EJEMPLO ILUSTRATRIVO DEL DISCURSO DE LA DÉCADENCE EN LA LITERATURA Estamos pues, ante la intersección de un discurso clásico y una serie de problemáticas absolutamente modernas. Por un lado, los textos parecen apoyarse en el pasado grecolatino; pero por el otro, esta declamada reminiscencia sirve para describir fenómenos propios de un siglo XIX burgués y revolucionario. Como ha dicho Calinescu (2002), la noción de décadence es una de las formas que la modernidad decimonónica encontró para metaforizar el cambio histórico. À rebours de Joris Karl Huysmans es un excelente ejemplo de este uso productivo, en un contexto novedoso, del discurso de la decadencia, tal como se observa en el capítulo III de la novela, en el que se describe la biblioteca latina del duque Floressas des Esseintes. El catálogo se inicia con una comparación entre la lengua del siglo de oro latino y el estilo francés de Luis XIV, donde se deplora la homogeneidad de la retórica y el vocabulario de los llamados períodos clásicos. Sigue luego una larga parrafada contra Virgilio. Se acusa al mantuano de plagio y se denuncia por monótona la factura de su hexámetro. La Eneida es denigrada en virtud de su mecanicidad, de la búsqueda permanente de sorpresa del estilo, de la falta de carácter de Eneas, un personaje incapaz de tomar decisiones por sí mismo. El inventario de la biblioteca continúa con acusaciones contra el Horacio de las sátiras, pues estas obras des Esseintes las encuentra forzadas y pomposas, plenas de “grâces éléphantines” (Huysmans, 2005: 600). Luego sigue un largo párrafo FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 146 5“Le Pompée de Lucain ne présente pas ce caractère de conséquence et d’unité, rien ne se tient dans cette bigarrure et dans cette maladroite création; le grand y jure à côté du petit. Il semble voir un corps humain fait de pièces de rapport, dont toutes les parties ne seraient liées entre elles que par de grossières coutures, comme dans un mannequin de guerre” (Nisard, 1849: t. 2, 65). contra los períodos de Cicerón, donde el dandy rechaza “le flux de ses rengaines patriotiques, l’emphase de ses harangues” (Huysmans, 2005: 600). Leemos a continuación una crítica contra César y Séneca, contra los historiadores Salustio, Suetonio, Tito Livio y una reivindicación (esperable, si se piensa en los complicados giros de su sintaxis) de Tácito, “le plus nerveux dans sa concision apprêtée, le plus âpre, le plus musclé d’eux tous [entre los historiadores]” (Huysmans, 2005: 600). Encontramos en estas descripciones una característica frecuente en la obra de Huysmans, la clasificación de los estilos según una adjetivación médica, la apreciación crítica como clasificación de humores o complexiones fisiológicas; así de Cicerón el dandy deplora “la pesante masse de son style, charnu, nourri, mais tourné à la graisse et privé de moelles et d’os, les insupportables scories de ses longs adverbes ouvrant la phrase, les inaltérables formules de ses adipeuses périodes mal liées entre elles par le fil des conjonctions” (Huysmans, 2005: 600), mientras que en el caso César “réputé pour son laconisme (...) l’excès contraire se montrait alors, une aridité de pète sec, une stérilité de memento, une constipation incroyable et indue”; Séneca es “turgide et blafard”, Suetonio “lymphatique et larveux” (Huysmans, 2005: 600). Sigue el catálogo con una parcial aceptación de Lucano, quien finalmente es rechazado a causa de su excesiva preocupación formal, (“ces sonorités de timbres, ces éclats de métal, ne lui masquaient pas entièrement le vide de la pensée, la boursouflure de ces ampoules qui bossuent la peau de la Pharsale”, Huysmans, 2005: 601). Finalmente llegamos a Petronio y Apuleyo. Al Satiricón en particular se le dedica un largo elogio: Petronio es definido como un “observateur perspicace, un délicat analyste, un merveilleux peintre”, pues “il déroulait la menue existence du peuple, ses épisodes, ses bestialités, ses ruts”. La lengua de su obra tiene ... un style d’une verdeur étrange, d’une couleur précise, dans un style puisant à tous les dialectes, empruntant des expressions à toutes les langues charriées dans Rome, reculant toutes les limites, toutes les entraves du soi-disant grand siècle, faisant parler à chacun son idiome: aux affranchis, sans éducation, le latin populacier, l’argot de la rue; aux étrangers leur patois barbare, mâtiné d’africain, de syrien et de grec; aux pédants imbéciles, comme l’Agamemnon du livre, une rhétorique de mots postiches (Huysmans, 2005: 601). Des Esseintes comienza a interesarse por la literatura latina cuando ingresan en esta toda una serie de discursos heterogéneos6. Claramente lo que se expone aquí FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 147 6Esta es la impresión que tiene el dandy des Esseintes de la lengua de Apuleyo: “Cet Africain le réjouissait; la langue latine battait le plein dans ses Métamorphoses; elle roulait des limons, des eaux variées, accourues de toutes les provinces, et toutes se mêlaient, se confondaient en une teinte bizarre, exotique, presque neuve; des maniérismes, des détails nouveaux de la société latine trouvaient à se mouler en des néologismes créés pour les besoins de la conversation, dans un coin romain de l’Afrique; puis sa jovialité d’homme évidemment gras, son exubérance méridionale amusaient. Il apparaissait ainsi qu’un salace et gai compère à côté des apologistes chrétiens qui vivaient, au même siècle (...)” (Huysmans, 2005: 603). es la ruptura del vínculo, tantas veces exaltado por los nacionalismos, entre lengua y nación. No debemos subestimar las implicaciones políticas de esta actitud. Recordemos que estamos en el contexto del exacerbado nacionalismo de la ideología de la revanche: en 1882 Déroulède, Martin y Faure fundan la Ligue des patriotes, en 1886 Drumont publica La France Juive, y por esos años inicia su auge el boulangismo7. Digamos asimismo que en esta defensa de Petronio y Apuleyo frente a Virgilio estamos muy cerca de la oposición entre épica y novela que desarrolla Mikhail Bajtin en Teoría y estética de la novela (1989), quien también menciona los ejemplos del Satiricón y el Asno de Oro, pero con un matiz ciertamente diferente; pues si Bajtin ve en la novela una ampliación y un enriquecimiento del sentido, el descubrimiento de una palabra polifónica “viva”, aquí esta ampliación del sentido es el índice, por el contrario, de una degradación y de una pobreza del sentido que terminará por aniquilar a la lengua misma. El catálogo continúa con una reseña del método descriptivo de Petronio, que es interpretado como una suerte de naturalismo ante litteram: Ce roman réaliste, cette tranche découpée dans le vif de la vie romaine, sans préoccupation, quoi qu’on en puisse dire, de réforme et de satire, sans besoin de fin apprêtée et de morale; cette histoire, sans intrigue, sans action, mettant en scène les aventures de gibiers de Sodome; analysant avec une placide finesse les joies et les douleurs de ces amours et de ces couples; dépeignant, en une langue splendidement orfévrie, sans que l’auteur se montre une seule fois, sans qu’il se livre à aucun commentaire, sans qu’il approuve ou maudisse les actes et les pensées de ses personnages, les vices d’une civilisation décrépite, d’un empire qui se fêle poignait des Esseintes et il entrevoyait dans le raffinement du style, dans l’acuité de l’observation, dans la fermeté de la méthode, de singuliers rapprochements, de curieuses analogies, avec les quelques romans français modernes qu’il supportait (Huysmans, 2005: 602-603). Nos encontramos aquí (“tranche découpée dans le vif de la vie romaine”), en una clave fácilmente reconocible, con una referencia a Zola. Pero se habla también una “langue splendidement orfévrie” y de la absoluta impersonalidad del observador (“sans que l’auteur se montre une seule fois, sans qu’il se livre à aucun commentaire”), características que nos recuerdan a los Goncourt o Flaubert. Estamos ante una suerte de teoría del realismo decadente, según la cual la capacidad de observación de un buen novelista es proporcional a su posibilidad de trabajar, sin emitir juicios de valor, con citas de los diversos discursos sociales. Estamos ante una exigencia mímetica, que contrasta con el supuesto torremarfilismo (y consecuente antirrealismo) en el cual FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 148 7Cf. Potolsky, 2006. Aunque tampoco deberíamos pasar por alto aspectos menos “políticamente correctos” (para nuestra perspectiva actual) de Huysmans, tales como su antisemitismo (sobre el frecuente escamoteo de esta cuestión por parte de la crítica, cf. Seillan, 1997). Por otra parte, hay que recordar que el tópico de la decadencia, más allá de sus ambiguas implicancias literarias, en la arena política estaba monopolizado fundamentalmente por la derecha (ya fuera legitimista, orleanista o bonapartista); cf. al respecto El Gammal, 1983. quiere sumirse a veces a los autores decadentes en bloque. Se hace aquí presente la impronta naturalista que marcó los inicios de la carrera literaria de Huysmans. Ahora bien, luego de la etapa por así decir autoconsciente, formalmente elaborada de la decadencia, la de Petronio y Apuleyo, viene un período que atrae a des Esseintes por su ingenuidad y torpeza, el de los primeros polemistas cristianos en lengua latina. Así, por ejemplo, el apologista Tertuliano gusta a des Esseintes porque en el De cultu feminarum condena los adornos y el maquillaje de las mujeres: la ingenuidad de este punto de vista diametralmente opuesto al suyo, hace sonreír al dandy. También fascina a des Esseintes la antítesis entre la predicación de Tertuliano y los excesos del emperador que le fue contemporáneo, Heliogábalo. El dandy se interesa asimismo por los “vers tendus, sombres, sentant le fauve, pleins de termes de langage usuel, de mots aux sens primitifs détournés” de Comodiano de Gaza (Huysmans, 2005: 606). El rapto de Proserpina de Claudiano fascina a des Esseintes a causa de su carácter extemporáneo y arcaizante, pues cantaba las tradiciones de Roma cuando los bárbaros ya atravesaban las fronteras del imperio. También resulta atractivo Prudencio (“malgré tout, il se sentait un faible pour les affectations et les sousentendus de ces poésies fabriquées par un ingénieux mécanicien qui soigne sa machine, huile ses rouages, en invente, au besoin, de compliqués et d’inutiles”, Huysmans, 2005: 609). El capítulo se cierra con la declaración de que la literatura del siglo Val IX es preferible a la escolástica, “logomachie du moyen âge” (Huysmans, 2005: 614), en virtud de la rudeza formal y la candorosa ingenuidad con la que tras la caída del Imperio Romano los monjes cocieron en un “pieux ragoût” las sobras poéticas de la antigüedad: L’amas de suie des chroniques et des livres d’histoire, les saumons de plomb des cartulaires allaient s’entasser, et la grâce balbutiante, la maladresse parfois exquise des moines mettant en un pieux ragoût les restes poétiques de l’antiquité, étaient mortes; les fabriques de verbes aux sucs épurés, de substantifs sentant l’encens, d’adjectifs bizarres, taillés grossièrement dans l’or; avec le goût barbare et charmant des bijoux goths, étaient détruites (Huysmans, 2005: 614). Puntualicemos algunas características del ciclo histórico y cultural que se describe en este capítulo: a). La evolución literaria de una literatura decadente puede resumirse en las siguientes etapas: I. clasicismo (que implica una lengua y una ideología nacional ya establecida y una retórica oficial); II. inicio de la decadencia (la literatura tiene una forma autoconsciente, todavía sofisticada, que puede describir, de modo naturalista, esa decadencia); III. momento ingenuo de la decadencia, cuando la descomposición se ha realizado completamene y se ha perdido la sofisticación del momento anterior, y hay un trabajo formal pretencioso y torpe; IV. nuevo clasicismo (la logomaquia de la Edad Media escolástica). En consecuencia, la obra que es un modelo sin reservas para des Esseintes es el Satiricón, pues hay todavía en ella una forma precisa (“la fermeté de la méthode”) FORTVNATAE, 24; 2013, PP. 141-154 149