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UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOBIOLOGÍA DIFERENCIAS EN MEMORIA ENTRE HOMBRES Y MUJERES JÓVENES SANOS: INFLUENCIA DE LAS VARIACIONES NATURALES DE LAS HORMONAS SEXUALES TESIS DOCTORAL Cecilia Otero Dadín Santiago de Compostela
UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOBIOLOGÍA DIFERENCIAS EN MEMORIA ENTRE HOMBRES Y MUJERES JÓVENES SANOS: INFLUENCIA DE LAS VARIACIONES NATURALES DE LAS HORMONAS SEXUALES Tesis doctoral presentada por Cecilia Otero Dadín para optar al grado de doctor, dirigida por la Dra. Dña. Dolores Rodríguez Salgado Santiago de Compostela
Facultade de Psicoloxía Dpto. de Psicoloxía Clínica e Psicobioloxía Campus Universitario Sur 15782 Santiago de Compostela Tel. 981 563100 Fax. 981 528071 DOLORES RODRÍGUEZ SALGADO, Profesor Contratado Doctor en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela INFORMA: Que la Tesis Doctoral titulada “DIFERENCIAS EN MEMORIA ENTRE HOMBRES Y MUJERES JÓVENES SANOS: INFLUENCIA DE LAS VARIACIONES NATURALES DE LAS HORMONAS SEXUALES fue realizada bajo su dirección por Dña. Cecilia Otero Dadín en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela. Que el citado trabajo de investigación reúne todas las exigencias científicas y formales requeridas por la normativa vigente para optar al grado de Doctor por la Universidad de Santiago de Compostela POR TANTO Emite la autorización preceptiva para su aceptación y posterior defensa pública. En Santiago de Compostela, a de de 201 Fdo.: Dolores Rodríguez Salgado Fdo.: Cecilia Otero Dadín (Doctoranda)
A mi abuelo (in memoriam) Todo lo que hago se lo debo a él
El que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra Claude Bernard
AGRADECIMIENTOS Todo el agradecimiento que aquí pueda expresar es ínfimo en comparación con el que me gustaría hacer llegar a aquellas personas que de un modo u otro han hecho posible la realización de este trabajo. En primer lugar, mi más sincero agradecimiento a los voluntarios que han cedido su tiempo y su esfuerzo a la participación en este estudio, pues sin ellos no hubiese sido posible. A los profesionales del Servicio de Endocrinología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela, en especial al Dr. Bernabeu Morón, por su dedicación e implicación desinteresada en este estudio. A Dolores Rodríguez Salgado, directora de este trabajo, por su dedicación, su paciencia y su esfuerzo no sólo en las labores de asesoramiento y supervisión, sino también en el apoyo moral y anímico que me ha brindado a lo largo de todo este proceso. En ella tengo el ejemplo de la superación y la motivación. Gracias por todo. A Elena Andrade Fernández, por su inestimable asesoramiento en la parte metodológica. Sus comentarios y sugerencias han sido, sin duda, una gran ayuda. A todos los profesionales que ejercen la Neuropsicología, tanto en el campo docente y de investigación como en la práctica clínica, y a los que he ido conociendo a medida que este trabajo se desarrollaba. Todos y cada uno de ellos me transmiten lo apasionante que es este mundo, y las ganas de conocer cada uno de sus rincones. A mis compañeros de despacho, de pasillo, de cafés y de sobremesas, Ana, Alberto, Álvaro, Bea, Diego, Fran, María, Nayara, Patricia, Paula y Santi. Su apoyo ha sido un pilar fundamental en esta obra, y un constante aliciente para seguir adelante. De ellos he aprendido y sigo aprendiendo. Gracias por hacerme sentir una más desde el primer momento. A mi familia, mis padres y mi hermano, a quienes agradezco de todo corazón su apoyo incondicional y su constante ayuda, y a mis amigos, quienes han permanecido a mi lado durante toda esta etapa y de quienes siempre he recibido al ánimo que necesitaba. Gracias por estar ahí. Por último, pero no menos importante, mi agradecimiento más profundo a Alberto, mi compañero de viaje, con quien comparto mi proyecto más importante: la vida. Sin su compañía y sin su apoyo no sería la persona que soy.
ÍNDICE GENERAL INTRODUCCIÓN GENERAL ...................................................................................................... 1 I. INTRODUCCIÓN ....................................................................................................................... 7 1. LAS DIFERENCIAS ENTRE SEXOS EN EL RENDIMIENTO NEUROPSICOLÓGICO ..... 9 1.1. El patrón masculino y el patrón femenino de rendimiento neuropsicológico. ................ 13 1.1.1. Habilidades perceptivas ........................................................................................................... 13 1.1.2. Habilidades motoras ................................................................................................................ 15 1. 1. 3. Habilidades espaciales ........................................................................................................... 15 1. 1. 4. Habilidades matemáticas ....................................................................................................... 18 1. 1. 5. Habilidades verbales .............................................................................................................. 19 1.2. Diferencias entre sexos en memoria. ............................................................................... 20 1.2.1. Diferencias entre sexos en memoria para material verbal. ....................................................... 21 1.2.2. Diferencias entre sexos en memoria para material visual. ....................................................... 22 2. LAS HORMONAS SEXUALES Y EL RENDIMIENTO NEUROPSICOLÓGICO .............. 27 2.1. Efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre el cerebro y el rendimiento neuropsicológico. .............................................................................................................. 28 2.1.1. Diferencias anatómicas y funcionales entre el cerebro masculino y el cerebro femenino. ................................................................................................................................ 28 2.1.2. Evidencias acerca de la influencia de los efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico. .................................................................... 32 2.2. Efectos activadores de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico. .............................................................................................................. 35 2.2.1. Influencia de las variaciones hormonales en transexuales sobre el funcionamiento neuropsicológico. .................................................................................................................... 35 2.2.2 Influencia de las variaciones hormonales asociadas a la edad sobre el funcionamiento neuropsicológico. .................................................................................................................... 37 3. INFLUENCIA DE LOS CICLOS NATURALES DE LAS HORMONAS SEXUALES SOBRE EL FUNCIONAMIENTO NEUROPSICOLÓGICO. .................................................... 40 3.1. El rendimiento en memoria durante los ciclos naturales de las hormonas sexuales. ...... 46 II. PLANTEAMIENTO Y OBJETIVOS DEL ESTUDIO ......................................................... 51 III. MÉTODO ................................................................................................................................ 57 1. MUESTRA .............................................................................................................................. 59 2. MATERIAL ............................................................................................................................ 60 3. PROCEDIMIENTO ................................................................................................................ 65 IV. ANÁLISIS DE DATOS Y RESULTADOS ........................................................................... 69 1. DATOS DESCRIPTIVOS DE LA MUESTRA ....................................................................... 71 2. ANÁLISIS DEL RENDIMIENTO EN MEMORIA ................................................................ 73 2.1. Diferencias entre sexos en memoria ................................................................................ 74 2.2. Efecto de la fase hormonal en el rendimiento en memoria de hombres y mujeres y en sus diferencias .............................................................................................................. 78 2.3. Relación entre niveles de hormonas gonadales y rendimiento en memoria .................... 82
V. DISCUSIÓN .............................................................................................................................. 85 1. DIFERENCIAS ENTRE SEXOS EN MEMORIA ................................................................. 89 2. EFECTO DE LA FASE HORMONAL SOBRE EL RENDIMIENTO EN MEMORIA ......... 96 3. EFECTO DE LA FASE HORMONAL SOBRE LAS DIFERENCIAS ENTRE SEXOS EN MEMORIA ........................................................................................................................ 100 4. RELACIÓN ENTRE LOS NIVELES DE HORMONAS GONADALES ENDÓGENOS Y EL RENDIMIENTO EN MEMORIA ................................................................................... 103 VI. CONCLUSIONES ................................................................................................................. 109 VII. CONSIDERACIONES FINALES ...................................................................................... 113 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ....................................................................................... 123 ANEXOS ...................................................................................................................................... 165 ANEXO 1 ................................................................................................................................. 167 ANEXO 2 ................................................................................................................................. 175 ÍNDICES ...................................................................................................................................... 179 1. ÍNDICE DE FIGURAS ......................................................................................................... 181 2. ÍNDICE DE TABLAS .......................................................................................................... 181 3. ÍNDICE DE GRÁFICOS ...................................................................................................... 181
INTRODUCCIÓN GENERAL
Introducción 11 resultados en función de la edad y del tipo de tarea administrado. Los resultados mostraron que existía una ventaja femenina en el rendimiento verbal global, pero sólo en los grupos de edad menor a 5 años y mayor a 26. En aspectos concretos como la adquisición de vocabulario, el patrón de diferencias mostró una ventaja masculina entre los 6 y los 10 años de edad y una ventaja femenina entre los 19 y los 25. Sin embargo, las mayores diferencias entre sexos se observaron en comprensión lectora, en concreto aparecía una ventaja femenina para los niños menores de 5 años, con un tamaño de efecto de 0.3. Más tarde, Hyde, Fennema y Lamon (1990) realizaron un metaanálisis sobre las diferencias entre sexos en habilidades matemáticas. Aunque apreciaron en general una ventaja masculina para estas habilidades, con un tamaño de efecto moderado en estudiantes de secundaria (d= 0.29) y más amplia en universitarios (d= 0.41) y adultos (d= 0.59), también observaron que algunas de esas diferencias dependían del tipo de tarea administrada. Por su parte, el metaanálisis de Linn y Petersen (1985) mostró la existencia de una ventaja masculina en habilidades espaciales. En este trabajo se puso en evidencia que bajo este término se incluyen diferentes tipos de habilidad espacial y que la magnitud de las diferencias entre sexos depende del tipo de habilidad estudiado. Así, las mayores diferencias se observaron en las tareas de rotación mental, y las menores en tareas de percepción espacial. Estos resultados fueron replicados por Voyer, Voyer y Bryden (1995), quienes encontraron que el tamaño de efecto de las diferencias entre sexos para la percepción espacial era de 0.44 y para la rotación mental de 0.56. A pesar de la amplia literatura al respecto, la existencia de diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico a menudo ha sido cuestionada, y se
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 12 considera que es un tema aún sin resolver, debido a la existencia de trabajos que no han conseguido demostrar tales diferencias. Sin embargo, tal y como apuntan Sanders y colaboradores (2002), la evidencia acerca de las diferencias entre sexos no debe ser interpretada en términos absolutos, sino en base al patrón de los resultados obtenidos. Si bien existen muchas investigaciones que no han encontrado diferencias, la proporción con respecto a las investigaciones que sí las evidencian no es de 50/50, tal como cabría esperar si los hallazgos fuesen azarosos. Los motivos por los que existen trabajos en los que no se observan diferencias neuropsicológicas entre sexos son varios. Por un lado, el tipo de tarea utilizado es una variable que se debe tener en cuenta, puesto que los constructos neuropsicológicos que se miden no son unitarios. Así, la función verbal o la función espacial pueden medirse con diferentes tareas que dependen de diferentes procesos cognitivos. Como consecuencia, en función de la tarea utilizada los resultados pueden ser distintos, pudiendo evidenciarse las diferencias entre sexos en la dirección esperada, una ausencia de estas diferencias, o incluso diferencias en la dirección contraria. Por otro lado, el rendimiento neuropsicológico de hombres y mujeres se solapa en gran medida, de manera que hay hombres que muestran un patrón de rendimiento propiamente femenino y viceversa. Por ello, en función de la muestra utilizada los resultados obtenidos pueden ser variables. Por último, los resultados en esta línea de investigación también se ven afectados por el hecho de no tener en cuenta variables que pueden influir en el rendimiento neuropsicológico dentro de un mismo sexo, lo cual puede llevar a obtener datos contradictorios o inconsistentes. Aun teniendo en cuenta estas limitaciones los resultados obtenidos hasta el momento apuntan a la existencia de un patrón de rendimiento diferente entre
Introducción 13 hombres y mujeres. A continuación se exponen los principales hallazgos en esta línea de investigación, y se describen los patrones de rendimiento neuropsicológico que se han evidenciado para hombres y mujeres. 1.1. El patrón masculino y el patrón femenino de rendimiento neuropsicológico. Como ya hemos mencionado, la literatura existente sobre las diferencias neuropsicológicas entre sexos, aunque reciente, es amplia y ha dado lugar a la publicación de varios manuales en los que se recogen en detalle estas diferencias y se exponen las posibles teorías explicativas acerca de su origen (Caplan, 1997; Ellis et al., 2008; Halpern, 2000; Kimura, 2000). A partir de estos trabajos se desprende que el patrón masculino se caracteriza por un mejor resultado en tareas de lanzamiento de objetos haciendo uso de la puntería, en la resolución de problemas matemáticos y de razonamiento abstracto, y en tareas espaciales, fundamentalmente de rotación mental. Por su parte, el patrón femenino se caracteriza por un mejor rendimiento en tareas que implican movimientos motores finos, así como una mayor sensibilidad perceptiva y mejores habilidades lingüísticas. También se ha descrito una ventaja femenina para la memoria, tanto verbal como visual. Sin embargo, en la memoria espacial la superioridad de uno u otro sexo va a depender del componente que se estudie. A continuación se presentan con mayor detalle los datos de la literatura científica sobre las diferencias neuropsicológicas entre sexos en distintas habilidades cognitivas, dejando para un apartado posterior la memoria, que trataremos de manera más amplia por su interés para el presente trabajo empírico. 1.1.1. Habilidades perceptivas
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 14 El estudio de las diferencias entre sexos en percepción se ha centrado tanto en la sensibilidad perceptiva para las diferentes modalidades sensoriales como en la velocidad perceptiva, definida como la capacidad de percibir detalles con rapidez y precisión y cambiar la atención de un estímulo al siguiente con celeridad. Por lo general las mujeres muestran una mayor sensibilidad perceptiva en las distintas modalidades sensoriales. En concreto, en la modalidad auditiva, las mujeres poseen un umbral de detección de tonos puros más bajo que los hombres y presentan un inicio más tardío del declive de la capacidad de audición asociado a la edad (Morrel, Gordon-Salant, Pearson, Brant & Fozard, 1996). Con respecto a las demás modalidades sensoriales, las mujeres también poseen una mayor capacidad para detectar, identificar, discriminar y recordar olores (Doty & Cameron, 2009), poseen umbrales más bajos para la detección de sabores (Baker, 1987b) y muestran una mayor sensibilidad al tacto (Reinisch & Sanders, 1992). Sin embargo, por lo que respecta a la visión esta sería la única modalidad sensorial en la que la ventaja femenina no es tan clara. Así, existen datos que apuntan a que los hombres captan con mayor precisión los objetos y el movimiento dentro del campo visual, a pesar de que las mujeres tienen un campo visual ligeramente más amplio (Halpern, 2000; Kimura, 2000). Además, los hombres son capaces de percibir el parpadeo de una luz a una tasa de alternancia mayor que las mujeres (Ginsburg, Jurenovskis & Jamieson, 1982). Sin embargo, las mujeres mostrarían mayor sensibilidad en la percepción de colores oscuros en comparación con los hombres (Correa et al., 2007). Por lo que respecta a la velocidad perceptiva, parece que las mujeres presentan una mayor rapidez perceptiva en comparación con los hombres, siendo esta ventaja evidente desde la infancia (Jensen, 1998).
Introducción 15 1.1.2. Habilidades motoras El estudio de las diferencias entre sexos a nivel motor se ha centrado, por un lado, en el análisis de la capacidad para utilizar las manos de forma rápida y efectiva durante la manipulación de objetos pequeños. A este nivel parece que existen diferencias en la planificación de los movimientos, ya que las mujeres presentan una mayor eficacia que los hombres cuando la ejecución implica movimientos finos y secuenciales, tales como tocar una serie de teclas en un determinado orden. Sin embargo, los hombres son más rápidos en movimientos simples, como pulsar una tecla repetidas veces con el mismo dedo (Nicholson & Kimura, 1996; O’Boyle, Hoff & Gill, 1995). Algunos estudios han encontrado que esta ventaja femenina se incrementa ante tareas realizadas con los ojos tapados, sugiriendo que esta capacidad de las mujeres está relacionada más con sistemas neurales intrapersonales que extrapersonales (Chipman, Hampson & Kimura, 2002) Por otro lado, los estudios que se centran en la ejecución de ambos sexos en tareas motoras que implican puntería, tales como lanzar e interceptar objetos, han encontrado que existe una ventaja masculina a este nivel (Hall & Kimura, 1995; Watson & Kimura, 1991). Esta ventaja no parece depender simplemente de las características somáticas de los varones, tales como mayor fuerza o constitución atlética, sino que es una habilidad cognitiva que depende de la capacidad de coordinar la identificación de estímulos en el espacio con la capacidad de movimientos amplios dirigidos a un blanco. 1. 1. 3. Habilidades espaciales Bajo el término de habilidades espaciales se han incluido una serie de capacidades tales como la percepción espacial, la visualización espacial, la
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 16 habilidad espacio-temporal, la navegación espacial y la rotación mental. En general, se ha apreciado una ventaja masculina para la mayoría de estas habilidades (Hedges & Nowell, 1995; Hyde, 1981; Linn & Petersen, 1985; Voyer et al., 1995). En concreto, con respecto a la percepción espacial, esta ha sido medida fundamentalmente con pruebas como el Juicio de Orientación de Líneas (Benton, Sivan, Hamsher, Varney & Spreen, 1994), el Test de Figuras Enmascaradas (Witkin, Oltman, Raskin & Karp, 1971) y el Test del Marco y la Varilla (Witkin & Asch, 1948). El objeto de este tipo de tareas es la medida de la dependeciaindependencia de campo, esto es, la percepción de estímulos visuales y de relaciones espaciales en presencia de información distractora. Los hombres muestran una mejor ejecución en estas tareas, presentando las mujeres una mayor dependencia de campo en la percepción espacial (Basso, Harrington, Matson & Lowery, 2000; Halari et al., 2005; Harshman & Hampson, 1983; Kimchi, Amishav & Sulitzeanu-Kenan, 2009; Knez & Enmarker, 1998; Weiss, Kemler, Deisenhammer, Fleischhacker & Delazer, 2003). Por su parte las diferencias entre sexos en visualización espacial son menos claras y, a menudo, inexistentes (Burin, Delgado & Prieto, 2000; Linn & Petersen, 1985; Voyer et al., 1995). La ejecución en este tipo de tareas se basa en el correcto manejo de información espacial compleja siguiendo una serie de pasos. Entre estas tareas se incluye el subtest de relaciones espaciales del Test de Aptitudes Diferenciales (DAT) (Bennett, Seashore & Wesman, 1990), que exige la manipulación de objetos en el espacio tridimensional. La tarea consiste en determinar el tipo de figura tridimensional que se obtendría si se armaran e hicieran girar las figuras bidimensionales que se presentan. Otras tareas de visualización espacial que se utilizan son el subtest de recuento de bloques de la Batería de
Introducción 17 Aptitudes Mecánicas de Mac Quarrie (Mac Quarrie, 1925), en el que se muestran composiciones de cubos y se debe determinar el número de cubos que la forman, o las tareas de rompecabezas. En cuanto a la habilidad espacio-temporal, la cual implica la predicción sobre la velocidad y dirección del movimiento de objetos, se ha observado una ventaja masculina (Contreras, Colom, Shih, Alava & Santacreu, 2001; Contreras, Rubio, Peña, Colom & Santacreu, 2007; Hall & Kimura, 1995; Law, Pellegrino & Hunt, 1993). También se observa esta ventaja en tareas de navegación espacial, en las que los hombres son más rápidos y cometen menos errores en comparación con las mujeres (Astur, Ortiz & Sutherland, 1998; Moffat, Hampson & Hatzipantelis, 1998). Por último, la rotación mental, la habilidad para rotar objetos en un espacio bidimensional o tridimensional en la imaginación, es la habilidad espacial que presenta una mayor diferencia entre sexos, llegándose a encontrar tamaños de efecto próximos a 1 (Linn & Petersen, 1985; Voyer et al., 1995). Para evaluar esta capacidad se utilizan pruebas en las que los sujetos deben identificar el grado de rotación de una figura, o rotar mentalmente una serie de figuras para comprobar si son iguales entre sí o diferentes. Una de las tareas más utilizadas y que de forma más consistente ha mostrado diferencias entre sexos es el Test de Rotación Mental en 3-D (MRT) desarrollado por Vandenberg y Kuse (1978). En este tipo de tareas, los hombres, en comparación con las mujeres, muestran un mejor rendimiento, caracterizado por una mayor rapidez y precisión (Amponsah & Krekling, 1997; Cherney, Jagarlamudi, Lawrence & Shimabuku, 2003; Collins & Kimura, 1997; Delgado y Prieto, 1996; Gouchie & Kimura, 1991; Halari et al., 2005; Halpern & Tan, 2001; Jordan, Wüstenberg, Heinze, Peters & Jäncke, 2002; Karádi, Csathó,
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 18 Kovacs & Kosztolanyi, 2003; Neave, Menaged & Weightman, 1999; Parsons et al., 2004; Voyer & Bryden, 1990; Voyer & Saunders, 2004; Weiss et al., 2003). Puesto que las tareas de rotación mental suelen ser pruebas con tiempo límite, algunos autores sugieren que la ventaja masculina observada desaparece cuando esta limitación de tiempo se suprime (Goldstein, Haldane & Mitchell, 1990; Voyer, 1997). Sin embargo, otros autores evidencian una ventaja masculina aun cuando no se establezca un tiempo límite (Masters, 1998; Resnick, 1993). 1. 1. 4. Habilidades matemáticas Los primeros datos consistentes acerca de las diferencias entre hombres y mujeres en habilidades matemáticas los proporcionó el trabajo de Maccoby y Jacklin (1974), quienes revisaron los resultados de 27 estudios previos, encontrando que estas diferencias dependen del rango de edad estudiado. Así, en los primeros años de escolarización, de 3 a 8 años, no se observan diferencias entre sexos y, si en alguna ocasión aparecen, las niñas aventajan a los niños, mientras que en el grupo de edad de 9 a 12 años, cuando se observan diferencias, los niños aventajan a las niñas. Esta ventaja masculina se observa de forma más consistente cuando se estudian jóvenes de 13 a 21 años. Estos resultados, junto con los de estudios posteriores (Bethencourt & Torres, 1987; Bridgeman & Wendler, 1991; Campbell, 1991; Hyde et al., 1990; Moore & Smith, 1987), apuntan a que las diferencias entre sexos en el rendimiento matemático surgen en la adolescencia y se estabilizan en la edad adulta. Pero las diferencias entre sexos en habilidades matemáticas dependen, además de la edad, del componente matemático que se estudie. Por lo general, los hombres obtienen mejores resultados en la resolución de problemas matemáticos y el razonamiento abstracto, mientras que las mujeres obtienen mejores resultados en
Introducción 19 cálculo y computación (Engelhard, 1990; Hyde et al., 1990; Jensen, 1988; Lummis & Stevenson, 1990; Postigo, Pérez & Sanz, 1999). La mayoría de los resultados obtenidos en el ámbito de estudio de las diferencias entre sexos en habilidades matemáticas provienen de estudios con muestras de estudiantes de primaria y secundaria. En población adulta los trabajos son menos frecuentes, y se basan principalmente en el análisis del volumen de elección de hombres y mujeres de carreras relacionadas con las matemáticas. Sin embargo, los datos así obtenidos pueden no ser útiles para concluir la existencia de diferencias entre sexos en habilidades matemáticas, ya que en la elección curricular influyen variables socioculturales distintas del sexo que, al margen de las aptitudes matemáticas, pueden estar influyendo en la proporción de hombres y mujeres en este tipo de carreras profesionales (García, 2002). 1. 1. 5. Habilidades verbales En general la literatura recoge que las mujeres poseen mejores habilidades verbales que los hombres. Uno de los trabajos de referencia en este ámbito es el metaanálisis realizado por Hyde y Linn (1988) en el que se revisaron 126 estudios sobre las diferencias entre sexos en habilidades verbales, llegando a la conclusión de que existe una ventaja femenina que surge a edades muy tempranas. Así, se ha evidenciado que las niñas presentan una adquisición del lenguaje más temprana (Gazzaniga, Ivry & Mangun, 1998), desarrollan un vocabulario más amplio en los primeros años de vida (Huttenlocher, Haight, Bryk, Seltzer & Lyons, 1991), desarrollan mejores habilidades lectoras y de deletreo (Feingold, 1988; Stanley, Benbow, Brody, Dauber & Lupkowski, 1992) y utilizan construcciones gramaticales complejas antes que los niños (Hyde & Linn, 1988). Sin embargo, las
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 20 diferencias señaladas no se traducen en edades posteriores en un mayor conocimiento del vocabulario o un mejor razonamiento verbal (Halpern, 1992). En la edad adulta, sin embargo, sí se observa una ventaja femenina en tareas de fluidez verbal (Hyde, 1988; Kimura, 1992; Weiss et al., 2003; Weiss et al., 2006), de forma clara para la fluidez fonética, la cual se ha atribuido a la utilización de estrategias de recuperación más eficaces por parte de las mujeres (Weiss et al., 2006). Por el contrario, la superioridad femenina en fluidez semántica no está tan clara, ya que los resultados son dispares y varían en función de la categoría semántica utilizada. Así, las mujeres obtienen mejores resultados cuando se solicitan nombres de colores o frutas (Capitani, Laiacona & Barbarotto, 1999; Kimura, 1994) pero los hombres las aventajan ante la petición de nombres de herramientas o de objetos de una determinada forma o material (Harshman, Hampson & Berenbaum, 1983). Estas diferencias entre sexos en fluidez semántica, por tanto, no parecen deberse a la velocidad articulatoria, sino que se explicarían por variables relacionadas con la representación semántica de cada categoría, el mejor acceso a las etiquetas verbales de los ítems en función de la categoría o la capacidad de recuerdo de los ítems en un período corto de tiempo (Capitani et al., 1999; Kimura, Saucier & Matuk, 1996). 1.2. Diferencias entre sexos en memoria. En el estudio de las diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico la memoria se incluye con menor frecuencia que otras funciones cognitivas. Esto podría deberse a que en la memoria influyen otras habilidades, lo cual dificulta la obtención de resultados consistentes (Stumpf, 1995). En la codificación y recuperación de la información participan funciones como la percepción, la atención, el lenguaje y las funciones ejecutivas. Puesto que, como ya
Introducción 27 bien establecidas, como es el caso de la memoria de trabajo para material verbal. Además se observa claramente que en cuanto a la memoria visoespacial, la superioridad de uno u otro sexo va a depender del componente espacial que se mida, obteniendo los hombres un mejor resultado en el recuerdo de información puramente espacial, y las mujeres en la integración de información visual y espacial. 2. LAS HORMONAS SEXUALES Y EL RENDIMIENTO NEUROPSICOLÓGICO Como hemos visto hasta el momento, en la literatura se han descrito diferencias entre sexos en numerosas medidas neuropsicológicas. La constatación de estas diferencias lleva a plantear la cuestión de cuáles son los factores con los que se relacionan. Distintos tipos de evidencia sugieren que, al menos en parte, las diferencias en los patrones de rendimiento neuropsicológico entre hombres y mujeres pueden estar causadas por factores de tipo biológico: su universalidad o presencia en distintas culturas (Ellis et al., 2008); su presencia en otros primates (Vauclair, Fagot & Hopkins, 1993); la inversión del patrón de rendimiento neuropsicológico en pacientes con alteraciones genéticas que provocan un desarrollo fenotípico propio del sexo opuesto (Imperato-McGinley, Pichardo, Gautier, Voyer & Bryden, 1991; Ross, Roeltgen & Zinn, 2006); o el hecho de que existan diferencias anatómicas y funcionales entre el cerebro masculino y el cerebro femenino (Frederikse, Lu, Aylward, Barta & Pearlson, 1999; Gur et al., 1999; Murphy et al., 1996). Entre los factores biológicos que pueden estar implicados en el desarrollo de estas diferencias, las hormonas sexuales jugarían un importante papel, puesto que representan uno de los factores biológicos que más se diferencian entre sexos
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 28 y, además, presentan variaciones interindividuales dentro de cada sexo. Por un lado, el desarrollo neural de hombres y mujeres tiene lugar en diferentes ambientes hormonales, por lo que los niveles prenatales de las hormonas sexuales se relacionarían con las diferencias neuropsicológicas entre sexos, y numerosos trabajos así lo han evidenciado (Berenbaum, Korman & Leveroni, 1995; Hampson, Rovet & Altmann, 1998; Sanders, Bereczki, Csatho & Manning, 2000). Por otro lado, también las fluctuaciones hormonales que ocurren de forma diferente en hombres y mujeres a lo largo del ciclo vital, ya sea por las fluctuaciones naturales normales, o bien debidas a determinadas patologías o por la administración de tratamientos hormonales, se han relacionado con cambios en el rendimiento neuropsicológico (Hampson, 1990a, b; Kimura & Hampson, 1994; Moffat & Hampson, 1996). A continuación se exponen las evidencias acerca de ambos tipos de efectos de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico. 2.1. Efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre el cerebro y el rendimiento neuropsicológico. Las hormonas sexuales afectan al desarrollo cerebral desde la etapa prenatal, ejerciendo los llamados efectos organizadores (Arnold et al., 2004; Becker, Breedlove & Crews, 1993; Collaer & Hines, 1995; Slabbekorn, van Goozen, Megens, Gooren & Cohen-Kettenis, 1999; Kelly, Ostrowski & Wilson, 1999; Sanders et al., 2002). En relación con ellos se desarrollan toda una serie de diferencias cerebrales entre hombres y mujeres, a nivel anatómico y funcional, que una amplia línea de investigación ha puesto de manifiesto. 2.1.1. Diferencias anatómicas y funcionales entre el cerebro masculino y el cerebro femenino.
Introducción 29 A nivel anatómico se observan diferencias entre sexos en el tamaño cerebral, apreciándose un mayor tamaño del cerebro masculino en comparación con el femenino (Ankney, 1992). Si bien algunos autores argumentan que estas diferencias se deben al mayor tamaño corporal de los hombres (Gould, 1981; Lewontin, Rose & Kamin, 1984), el cerebro masculino seguiría presentando un tamaño entre un 10% y un 15% mayor que el femenino, aun cuando se realicen correcciones para el tamaño corporal (Ankney, 1992; Rushton, 1992; Rushton, 1994; Gur et al., 1991; Harvey, Persaud, Ron, Baker & Murray, 1994; Willerman et al., 1991). Si se atiende a la composición del tejido cerebral también se observan diferencias, ya que el cerebro masculino presenta un mayor porcentaje de materia blanca en comparación con la materia gris, mientras que el cerebro femenino presenta un mayor porcentaje de materia gris (Filipek, Richelme, Kennedy & Caviness, 1994; Gur et al., 1999). Respecto de los haces de fibras de conexión se observa que la comisura anterior y la adherencia intertalámica presentan un mayor tamaño en mujeres (Allen & Gorski, 1990; Swaab, Chung, Kruijver, Hofman & Ishunina, 2001), y para el cuerpo calloso, las diferencias dependen de la parte que se considere. Así, la rodilla parece ser mayor en los hombres, (Allen et al., 1991; Witelson, 1989), mientras que el esplenio es mayor en las mujeres (Habib et al., 1991; Steinmetz, Staiger, Schlaug, Huang & Jäncke, 1992; Witelson, 1989). Por otra parte, existen diferencias entre sexos en el tamaño de diversas estructuras cerebrales, corticales y subcorticales. Los hombres presentan un mayor tamaño del lóbulo parietal inferior (Frederikse et al., 1999), hipotálamo (Allen et al., 1989; Goldstein et al., 2001; Swaab & Fliers, 1985; Zhou, Hofman, Gooren & Swaab, 1995), globo pálido y putamen (Giedd et al., 1996). Por su parte, las
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 30 mujeres presentan un mayor tamaño del giro temporal transversal anterior (Rademacher, Morosan, Schleider, Freund & Zilles, 2001), giro temporal superior (Schlaepfer et al., 1995), córtex prefrontal dorsolateral (Schlaepfer et al., 1995) y córtex orbitofrontal (Goldstein et al., 2001; Gur, Gunning-Dixon, Bilker & Gur, 2002), así como un mayor hipocampo (Filipek, Richelme, Kennedy & Caviness, 1994; Giedd et al., 1996; Murphy et al., 1996; Szabó et al., 2003), núcleo caudado (Filipek et al., 1994; Murphy et al., 1996; Szabó et al., 2003) y tálamo (Murphy et al., 1996; Szabó et al., 2003). En otras estructuras, tal como la amígdala, los resultados son contradictorios (Giedd et al., 1996; Goldstein et al., 2001; Szabó et al., 2003). Las diferencias cerebrales entre sexos a nivel anatómico también se aprecian en el tamaño relativo de las estructuras de uno y otro hemisferio, ya que existe una asimetría en el tamaño de ambos hemisferios únicamente en hombres, siendo mayor su hemisferio derecho que el izquierdo (Rodié, 2002; Yucel, 2001). Además, los hombres presentan un mayor tamaño del lóbulo parietal inferior y del planum temporal en el hemisferio izquierdo (Frederikse et al., 1999; Kulynych, Vladar, Jones & Weinberger, 1994), mientras presentan un mayor tamaño del hipocampo en el hemisferio derecho (Fukuzaku et al., 1997). Las mujeres, por su parte, presentan una asimetría de tamaño en el lóbulo frontal, observándose una mayor densidad de materia blanca en el lóbulo frontal izquierdo (Szeszko et al., 2003). En el plano funcional también se han puesto de manifiesto la existencia de dimorfismos sexuales, destacando los hallazgos respecto de una marcada asimetría cerebral funcional en el hombre en comparación con la mujer. En varones se observa una especialización del hemisferio derecho para las habilidades espaciales
Introducción 31 y del hemisferio izquierdo para el lenguaje, mientras que en las mujeres el lenguaje está menos lateralizado y más distribuido entre ambos hemisferios (Baxter et al., 2003; Clements et al., 2006). Pero las diferencias entre sexos en la activación cerebral no se limitan a la organización interhemisférica, sino que también se observan en los patrones de activación intrahemisférica, tanto en estado de reposo (Gur et al., 1995; Li et al., 2004; Kawachi et al., 2002) como durante la realización de tareas. En este último caso se ha observado que ante tareas de rotación mental, los hombres muestran una mayor activación parietal, mientras que las mujeres muestran una mayor activación frontal (Weiss et al., 2003); y durante la realización de tareas de memoria verbal episódica las mujeres presentan una mayor activación en regiones temporales mediales en comparación con los hombres (Ragland, Coleman, Gur, Glahn & Gur, 2000). A otro nivel, las diferencias funcionales entre el cerebro masculino y el cerebro femenino también se hacen evidentes ante la diferente prevalencia de determinados trastornos neuropsicológicos en hombres y mujeres. A este respecto destacan los estudios en relación con la afasia, cuya incidencia es mayor en hombres que en mujeres (Villodre Campos & Morant Gimeno, 2006). Estos estudios ponen de manifiesto que las lesiones que provocan una afasia suelen ser más anteriores en mujeres y más posteriores en hombres, lo cual sugiere que el lenguaje se localizaría en áreas más anteriores para las mujeres (Kimura 1983, 1984). También se observa que las mujeres con lesiones en el hemisferio izquierdo presentan un menor déficit lingüístico que los hombres con lesiones similares y, además, determinados trastornos del desarrollo como la dislexia o el autismo, son más frecuentes en niños que en niñas (Gil-Verona et al., 2002).
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 32 Las diferencias entre el cerebro masculino y el cerebro femenino que hasta aquí se han descrito ponen de manifiesto los efectos organizadores de las hormonas sexuales durante el período de desarrollo prenatal. En relación con ello se podría esperar un efecto de los niveles prenatales de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico durante la edad adulta. De hecho, diferentes líneas de investigación evidencian esta relación, poniendo de manifiesto los efectos de las hormonas prenatales sobre el rendimiento neuropsicológico. 2.1.2. Evidencias acerca de la influencia de los efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico. La evidencia empírica acerca de los efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico viene dada por varias líneas de investigación. Si bien la investigación animal proporciona la oportunidad de manipular los niveles hormonales prenatales y observar sus consecuencias, estas prácticas no pueden ser llevadas a cabo en humanos. Por ello la investigación en este caso se ha centrado en el estudio de individuos que han estado expuestos a niveles anormales de hormonas en períodos tempranos de desarrollo, o bien en el análisis de las relaciones entre marcadores físicos de los niveles de hormonas prenatales y el rendimiento neuropsicológico. En el primer caso, una de las enfermedades endocrinas tempranas que se ha estudiado es la Hiperplasia Adrenal Congénita (CAH). Esta es una enfermedad de tipo genético que provoca la exposición fetal a niveles elevados de andrógenos desde el tercer mes de embarazo y consecuentemente alteraciones físicas, más visibles en niñas, como la presencia de genitales ambiguos o una menarquía tardía o ausente (Kelso, Nicholls, Warne & Zacharin, 2000). A nivel conductual se ha observado que, durante la infancia, las niñas con CAH desarrollan juegos típicos de
Introducción 33 los niños, así como un mayor grado de agresividad. En la adolescencia muestran un menor interés por el sexo opuesto, y este suele retrasarse más de lo normal o no presentarse nunca (White & Speiser, 2000). En el plano neuropsicológico se observa que el patrón de ejecución de las niñas con CAH se acerca más al patrón masculino, es decir, muestran un peor rendimiento en tareas verbales (Nass & Baker, 1991) o en tareas de motricidad fina (Collaer et al., 2009) y una mejor ejecución en tareas espaciales (Hampson, Rovet & Altmann, 1998; Nass & Baker, 1991; Resnick, Berenbaum, Gottesman & Bouchard, 1986). Otro trastorno que provoca niveles de hormonas prenatales anormales es el Síndrome de Turner. Es un trastorno genético que se da casi exclusivamente en niñas, por una pérdida de material en el cromosoma X, que entre otras consecuencias provoca que los ovarios no se desarrollen correctamente, lo cual lleva a una baja producción de estrógenos, viéndose también reducida la producción de andrógenos. Por lo que respecta a la conducta, los pacientes muestran cierta inmadurez de carácter y también falta de interés por el sexo opuesto y por asumir el rol de la maternidad. En el plano neuropsicológico se observa una peor ejecución de las mujeres con este síndrome, en comparación con las mujeres normales, en tareas espaciales, mientras se mantienen las tareas verbales (Ross, Roeltgen, Kushner, Wei & Zinn, 2000; Rovet, 2004). Como hemos mencionado existe otra línea de investigación acerca de los efectos organizadores de las hormonas sexuales que se ha centrado en marcadores corporales de los niveles de hormonas prenatales. Esta línea surge a partir del hecho de que los niveles de andrógenos prenatales dan lugar a asimetrías corporales y cerebrales, marcadores que se relacionarían con el patrón de funcionamiento cognitivo (Sanders et al., 2002). Entre otras, se ha estudiado la
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 34 razón de longitud entre el segundo y el cuarto dedo (2D:4D), que es menor en hombres que en mujeres, ya que correlaciona negativamente con los niveles de testosterona y positivamente con los niveles de estrógenos prenatales (Manning, 1998; Sanders et al., 2002). Por ello, se ha tratado de relacionar esta medida con el rendimiento neuropsicológico, fundamentalmente en habilidades espaciales. Los resultados en esta línea de investigación no son del todo consistentes y, si bien algunos de los hallazgos apuntan a una relación negativa entre el rendimiento espacial y la razón 2D:4D, el tamaño de esa correlación es pequeño (Puts, McDaniel, Jordan & Breedlove, 2008). Entre los motivos a los que se atribuye esta falta de consistencia se encuentran la influencia de los niveles adultos de hormonas sexuales sobre el rendimiento espacial, así como la posibilidad de que la diferenciación sexual de los sistemas neurales subyacentes a las habilidades espaciales sea posterior a la diferenciación de la razón 2D:4D (Putz, Gaulin, Sporter & McBurney, 2004; van Anders & Hampson, 2005). Como hemos indicado, el cerebro del hombre y el cerebro de la mujer se desarrollan bajo condiciones hormonales diferentes, lo que provoca un desarrollo diferenciado de ciertas estructuras y funciones cerebrales. Además, las hormonas sexuales presentes en el desarrollo prenatal también parecen influir en el desarrollo neuropsicológico posterior. Pero los efectos de las hormonas sexuales sobre el cerebro y sobre el rendimiento neuropsicológico no se limitan a esta etapa del desarrollo, ya que al llegar a la adolescencia los niveles de las hormonas sexuales aumentan, en relación con la maduración sexual del organismo. Los andrógenos en los hombres y los estrógenos en las mujeres intervienen en el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y en la maduración de la fertilidad. Además, activan aquellas estructuras neurales organizadas durante el período prenatal, lo
Introducción 35 que se conoce como los efectos activadores de las hormonas sexuales (Sanders et al., 2002) que describimos a continuación. 2.2. Efectos activadores de las hormonas sexuales sobre el rendimiento neuropsicológico. Para evaluar los efectos activadores de las hormonas gonadales sobre el rendimiento neuropsicológico se han llevado a cabo diversos planteamientos empíricos. Entre ellos, una estrategia utilizada ha sido la evaluación de la influencia de los tratamientos hormonales sobre el rendimiento cognitivo. Principalmente se ha estudiado su influencia en transexuales, quienes reciben grandes dosis de hormonas durante el proceso de cambio de sexo, y en personas mayores, quienes sufren una importante disminución de los niveles hormonales y pueden necesitar de la administración de terapias de reemplazo. Sin embargo, quizás sea el estudio de las variaciones naturales de los niveles de hormonas sexuales en sujetos jóvenes y sanos el planteamiento que proporciona las condiciones óptimas para valorar los efectos de las hormonas sexuales sobre el funcionamiento neuropsicológico. En este tipo de estudios, se intenta comprobar si, dentro de un mismo sexo, el funcionamiento neuropsicológico varía de forma paralela a los cambios que se producen en los niveles hormonales, sin la presencia de otras variables de relevancia neuropsicológica tal como el envejecimiento. A continuación se exponen los principales hallazgos en el marco de estas tres perspectivas de investigación. En particular nos detendremos en la última mencionada, dedicándole de forma específica un apartado posterior, ya que es la línea de investigación en la que se enmarca el presente trabajo. 2.2.1. Influencia de las variaciones hormonales en transexuales sobre el funcionamiento neuropsicológico.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 36 La transexualidad es definida como una incongruencia entre el sexo biológico y la identidad de género (American Psychiatric Association, 2000). Los sujetos transexuales siguen intensos tratamientos hormonales antes de ser sometidos a una intervención quirúrgica de cambio de sexo. De esta manera, las mujeres transexuales son tratadas con antiandrógenos en combinación con estrógenos durante el proceso de cambio de sexo de hombre a mujer, mientras que los hombres transexuales son tratados con terapia androgénica durante el cambio de sexo de mujer a hombre (Gómez-Gil & Esteva de Antonio, 2006). Los niveles de hormonas sexuales de los transexuales antes del tratamiento hormonal no difieren de los niveles hormonales de las personas de su mismo sexo biológico. Sin embargo, después de tres meses de tratamiento, los niveles hormonales de los transexuales ya se encuentran en el rango normal del sexo opuesto (Meyer et al., 1986). Estos tratamientos, por tanto, proporcionan una situación de grandes cambios hormonales en un mismo sujeto, lo que facilita el estudio de posibles cambios neuropsicológicos asociados a esas variaciones hormonales. Se ha observado que bajo la influencia de la administración de testosterona, los hombres transexuales mejoran su rendimiento en tareas visoespaciales, mientras que empeoran en fluidez verbal. Por el contrario, después de tres meses de tratamiento con antiandrógenos y estrógenos, las mujeres transexuales puntúan más alto en fluidez verbal, mientras que su habilidad espacial se ve deteriorada en comparación con la ejecución antes del tratamiento (Van-Goozen, Cohen-Kettenis, Gooren, Frijda & Van de Poll, 1994, 1995). Sin embargo, hay autores que no observaron cambios en fluidez verbal o en rendimiento espacial en mujeres transexuales tras el tratamiento hormonal (Miles et al., 1998; Slabbekorn et al., 1999)
Introducción 43 alcanzan un máximo de 300 pg/mL durante la fase ovulatoria, y alcanzan un nuevo pico de entre 100 pg/mL y 150 pg/mL durante la fase lútea. Figura 1. Niveles de Estradiol, Progesterona, FSH y LH en las distintas fases del ciclo menstrual. El ciclo menstrual proporciona las condiciones óptimas para el estudio del rendimiento neuropsicológico ante distintos niveles de hormonas sexuales en mujeres. La investigación al respecto se ha centrado en analizar la influencia de estos cambios principalmente sobre aquellas tareas neuropsicológicas en las que se ha visto que hombres y mujeres obtienen un rendimiento diferente (Anexo 1). En uno de los primeros trabajos realizados en esta línea, Hampson (1990a) administró a un grupo de mujeres una serie de test neuropsicológicos en los que hombres y
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 44 mujeres obtienen un rendimiento diferente. Las pruebas fueron administradas en dos fases del ciclo, durante la fase menstrual, caracterizada por niveles bajos de estrógenos y progesterona, y durante la fase lútea media, en la que se dan niveles altos de estrógenos y progesterona. Hizo comparaciones tanto intraindividuales, puesto que todas las mujeres fueron evaluadas en las dos fases del ciclo mencionadas, como interindividuales, ya que en la primera sesión de evaluación un grupo de mujeres fue evaluado en fase menstrual mientras que otro grupo fue evaluado en fase lútea media. En ambos tipos de comparaciones se observó una mejor ejecución durante la fase lútea media en los test con ventaja femenina, esto es, articulación verbal, movimientos motores finos, fluidez verbal y rapidez perceptiva, mientras que se dio una peor ejecución en los test de ventaja masculina, aquellos que miden habilidad espacial y razonamiento abstracto. Además, observó un efecto de la práctica significativo para la ejecución en tareas espaciales en aquellas mujeres que habían sido evaluadas primero en la fase menstrual, ya que se encontraban en las condiciones óptimas para su ejecución favoreciendo su aprendizaje. En un estudio posterior encontraron que estas diferencias neuropsicológicas entre distintas fases del ciclo menstrual se asociaban específicamente con fluctuaciones en los niveles de estrógenos y no de progesterona (Hampson, 1990b). En otros trabajos sobre la influencia del ciclo menstrual en tareas con ventaja masculina, se ha encontrado también una mejor ejecución durante la fase menstrual. Utilizando tareas de rotación mental se ha observado que las mujeres obtienen mejor rendimiento en la fase menstrual y en la folicular que en la fase lútea media (Hausmann, Slabeekoorn, Van Goozen, Cohen-Kettenis & Guturkun, 2000; Maki, Rich & Rosenbaum, 2002; Silverman & Phillips, 1992). Además, se
Introducción 45 observa que existe una relación positiva entre los niveles de testosterona y la rotación mental, mientras que con los estrógenos la relación es negativa y no existe relación con los niveles de progesterona o gonadotropinas (Hausmann et al., 2000). Frente a estos resultados existen estudios que no encuentran variaciones en la ejecución en tareas espaciales a lo largo del ciclo menstrual (Gordon & Lee, 1993; Mordecai, Rubin & Maki, 2008; Mumenthaler, O’Hara, Taylor, Friedman & Yesavage, 2001; Rosenberg & Park, 2002). En algunos de estos trabajos, además, tampoco se encuentran diferencias en rotación mental entre mujeres con ciclo menstrual normal y mujeres que siguen un tratamiento con anticonceptivos, cuyos niveles hormonales se mantienen constantes a lo largo del ciclo (Rosenberg & Park, 2002), ni tampoco entre estos dos grupos y un tercer grupo de mujeres con amenorrea (Gordon & Lee, 1993). Por lo que respecta a la influencia de las variaciones hormonales del ciclo menstrual sobre la ejecución en tareas con ventaja femenina, tales como habilidades verbales o movimientos motores finos, se ha comprobado que ésta mejora con niveles de estrógenos altos (Maki et al., 2002). En uno de los primeros estudios sobre el funcionamiento neuropsicológico durante el ciclo menstrual se encontró que las mujeres en fase preovulatoria obtenían una mejor ejecución en test de denominación y lectura de colores, que mujeres en tratamiento con anticonceptivos y hombres (Komnenich, Lane, Dickey & Stone, 1978). Sin embargo, otros autores no han encontrado variaciones en el rendimiento verbal a lo largo del ciclo menstrual (Mordecai et al., 2008). Por tanto, distintas investigaciones sobre el rendimiento neuropsicológico durante el ciclo menstrual ponen de manifiesto que, durante las fases en las que los estrógenos son altos, como la fase folicular tardía o la lútea media, las mujeres
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 46 rinden mejor en tareas con ventaja femenina, mientras que en fases del ciclo con niveles hormonales bajos, como la fase menstrual, las mujeres rinden mejor en las tareas con ventaja masculina. A pesar de ser esta la tendencia más habitual, hay trabajos que no encuentran relación entre los cambios hormonales en el ciclo menstrual y el rendimiento cognitivo. Sherwin (1994) alude a la posibilidad de errores metodológicos en esos trabajos, basados en una inadecuada elección de las pruebas neuropsicológicas aplicadas o una medición inexacta de los niveles hormonales. Finalmente, también se han observado variaciones a lo largo del ciclo menstrual en tareas de memoria, si bien los hallazgos al respecto son tratados de forma específica en el siguiente apartado, por la relevancia que suponen para el presente trabajo. 3.1. El rendimiento en memoria durante los ciclos naturales de las hormonas sexuales. Como hemos visto, existen evidencias acerca de la relación entre las hormonas sexuales y el rendimiento en memoria que proceden de los estudios sobre el declive hormonal asociado a la edad, las terapias de reemplazo hormonal y los tratamientos hormonales administrados a sujetos transexuales. El estudio sobre el rendimiento en memoria en sujetos jóvenes y sanos en relación con los ciclos naturales de las hormonas sexuales es menos frecuente. Sin embargo, la investigación al respecto desde esta perspectiva se hace especialmente necesaria, pues sólo en este tipo de población se puede estudiar la relación entre las variaciones naturales de los niveles endógenos de hormonas sexuales y la memoria, sin la interferencia de otras variables, tales como las relacionadas con la edad o la condición clínica de los sujetos.
Introducción 47 No tenemos conocimiento acerca de la existencia de trabajos sobre la relación entre el rendimiento en memoria y los ciclos naturales de la testosterona. Las investigaciones en este ámbito se han llevado a cabo, únicamente, en relación con las variaciones en el rendimiento asociadas al ciclo menstrual en las mujeres. Los resultados al respecto no son totalmente consistentes. En algunos estudios se ha observado que la memoria de trabajo para material verbal mejora en aquellas fases del ciclo menstrual en las que los niveles de estrógenos son altos (Konishi, Kumashiro, Izumi & Huguchi, 2008; Rosenberg & Park, 2002). Sin embargo, en un trabajo reciente hemos observado que el rendimiento en memoria de trabajo verbal de mujeres jóvenes es peor durante la fase lútea en comparación con la fase menstrual (Otero et al., 2009). Por lo que respecta a otras medidas de memoria verbal, tales como el aprendizaje verbal o la memoria verbal episódica, los resultados tampoco son concluyentes. Sin bien la mayoría de los trabajos no evidencian variaciones en el rendimiento en memoria verbal a lo largo del ciclo menstrual (Hatta & Nagaya, 2009; Maki et al., 2002; Mordecai et al., 2008; O’Reilly, Cunningham, Lawlor, Walsh & Rowan, 2004; Phillips & Sherwin, 1992; Resnick, Perry, Parry, Mostofi & Udell, 1998), algunos autores observan un mejor rendimiento en aquellas fases del ciclo menstrual en las que los niveles de estrógenos son altos (Castillo, Cely & Manrique, 2008; Islam et al., 2008). La inconsistencia de estos hallazgos podría residir en el tipo de prueba utilizado, las fases del ciclo estudiadas o los días del ciclo escogidos para evaluar dichas fases. La importancia de esta última variable radica en el hecho de que determinados días del ciclo, tales como el primer día de la fase menstrual o los últimos días de la fase lútea, llevan asociados cambios emocionales que pueden interferir en el rendimiento cognitivo.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 48 En cuanto a la memoria visual se observa, por lo general, un peor rendimiento en la fase menstrual en comparación con otras fases del ciclo. En concreto, Phillips y Sherwin (1992) observaron que se producía un ligero empeoramiento en el recuerdo demorado de material visual en la fase menstrual. Por su parte, Postma y colaboradores (1999) observaron cambios en el rendimiento en memoria de localización espacial de objetos a lo largo del ciclo menstrual, de manera que los peores resultados se correspondían con los obtenidos en la fase menstrual. Por lo que respecta a la memoria de trabajo con material visual, la investigación se ha centrado en el recuerdo de imágenes con componente emocional. Los resultados obtenidos muestran diferencias en el rendimiento a lo largo del ciclo menstrual que están en función del contenido de las imágenes. Así, durante la fase ovulatoria, en la que los niveles de estrógenos son altos, se observa un mejor recuerdo de caras masculinas (Vranic & Hromatko, 2008) y un peor recuerdo de expresiones faciales tales como la tristeza o el disgusto (Gasbarri et al., 2008). En otros trabajos se han investigado las variaciones en el rendimiento en memoria implícita a lo largo del ciclo menstrual. Así, en un estudio de Maki y colaboradores (2002) se utilizó, por un lado, una tarea de fluidez semántica en la que se requería la producción de palabras pertenecientes a una categoría semántica incluida en una tarea distractora previa, considerando ésta como una medida de memoria implícita conceptual. Por otro lado, utilizaron una tarea de reconocimiento de objetos fragmentados como medida de memoria implícita perceptiva. Observaron que la ejecución en memoria implícita conceptual fue mejor en la fase lútea media, mientras que la ejecución en memoria implícita perceptiva fue mejor en la fase folicular. Este hecho sugiere que las hormonas
Introducción 49 ováricas inhiben el efecto de facilitación perceptiva. En las mediciones de los niveles hormonales que los autores llevaron a cabo observaron, concretamente, que los niveles de estradiol correlacionaban negativamente con este efecto de facilitación. También Hampson y colaboradores (2004) llevaron a cabo un estudio durante el ciclo menstrual en el que evaluaban la memoria implícita. En este caso utilizaron una tarea con objetos fragmentados, con el objetivo de comprobar si, efectivamente, los niveles altos de estrógenos inhibían el efecto de facilitación perceptiva. No encontraron este efecto de inhibición, pero sí observaron que, tanto los objetos que se habían presentado previamente como aquellos que se presentaban por primera vez se reconocían más rápidamente y con un nivel mayor de degradación en la fase menstrual. De esta forma, los autores sugieren que son los cambios en la precisión perceptiva a lo largo del ciclo menstrual los que están en la base de las variaciones en la memoria implícita visual, y no los cambios en el efecto de facilitación. Sin embargo, Compton y Levine (1997) no encontraron diferencias a lo largo del ciclo menstrual en la precisión perceptiva evaluada mediante dos tareas de percepción de asimetrías, una tarea de tipo verbal, de elección entre palabras y no palabras, y otra tarea de tipo visual, de elección entre caras estructuradas y caras desestructuradas. Respecto a la posible explicación de la presencia de variaciones en memoria a lo largo del ciclo menstrual, Richardson (1991) establece dos posibles hipótesis sobre sus causas, sin bien ninguna de ellas ha podido ser confirmada. Este autor propone que estas variaciones podrían deberse o bien a un efecto directo de las hormonas sexuales sobre las funciones neuropsicológicas, o bien a los cambios emocionales que se dan durante el ciclo. Respecto a la primera afirmación, sugiere
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 50 que las hormonas podrían mediar en los sistemas GABA-érgico y colinérgico de neurotransmisión, por lo que las fluctuaciones en el rendimiento a lo largo del ciclo se darían sobre todo en tareas de retención a largo plazo. Sin embargo, no observó variaciones en el rendimiento en una tarea de pares asociados en distintas fases del ciclo. Con respecto a la segunda afirmación, sugiere que los síntomas emocionales asociados al ciclo menstrual están relacionados, sobretodo, con la ansiedad, por lo que su influencia en la ejecución a lo largo del ciclo debería observarse más en tareas de retención a corto plazo. Sin embargo, en una tarea de recuerdo serial inmediato tampoco observó variaciones a lo largo del ciclo. En resumen, los trabajos realizados en esta línea de investigación sugieren que las fases del ciclo menstrual caracterizadas por niveles de estrógenos elevados se asocian con un mejor rendimiento en memoria, fundamentalmente en aquellas medidas en las que las mujeres obtienen mejores resultados que los hombres. Sin embargo, hay trabajos que obtienen resultados en contra, sobre todo aquellos que utilizan tareas en las que las diferencias entre sexos no están bien establecidas, como es el caso de la memoria de trabajo. La existencia de estos trabajos, junto con el hecho de que este campo de investigación es todavía muy limitado, pone en evidencia que la relación entre los ciclos naturales de las hormonas sexuales y el rendimiento en memoria no está establecida.
II. PLANTEAMIENTO Y OBJETIVOS DEL ESTUDIO
Planteamiento y objetivos del estudio 53 Como hemos visto previamente, el estudio de las diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico ha arrojado algunos resultados controvertidos, sin embargo han llevado a hablar de un patrón de rendimiento neuropsicológico típico de cada sexo. Así, el patrón masculino se caracteriza por un mejor rendimiento en el uso de la puntería, en la resolución de problemas matemáticos y en habilidades espaciales. Por su parte, el patrón femenino se caracteriza por un mejor rendimiento en tareas que implican movimientos motores finos, así como una mayor sensibilidad perceptiva y mejores habilidades verbales. Por lo que respecta a la memoria la dirección de las diferencias depende del componente estudiado. Por lo general se ha descrito una ventaja femenina para la memoria verbal y visual, aunque en algunas medidas de memoria de trabajo también se ha evidenciado una ventaja masculina. Las mujeres también presentan un mejor rendimiento en ciertas medidas de memoria espacial, tal como el recuerdo de los objetos que forman un conjunto, si bien en otras medidas, tales como el recuerdo de las distancias relativas entre los objetos o el aprendizaje de rutas, se observa un mejor rendimiento masculino. Entre los factores determinantes de la existencia de diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico tienen cabida factores de tipo biológico, y entre estos destacan las hormonas sexuales. Durante la vida adulta los niveles de hormonas sexuales varían en función de una serie de ciclos naturales, como son los ciclos diurno y estacional de la testosterona en varones y el ciclo menstrual en las mujeres, que pueden influir en el rendimiento neuropsicológico de personas jóvenes y sanas. Las investigaciones respecto de esta posible influencia sugieren que la testosterona mantiene una relación en forma de U invertida con el rendimiento espacial. De esta manera, el mejor rendimiento espacial en hombres se da por la tarde y en primavera, cuando los niveles de testosterona son más bajos. Por lo que respecta al ciclo
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 62 orden unas series de números que el examinador presenta oralmente, y dígitos en orden inverso, en la que se deben repetir al revés otras series de números. Se obtienen dos puntuaciones, correspondientes con la serie más larga recordada en cada una de las partes. Evalúa memoria auditiva inmediata, atención y resistencia a la interferencia. 3.- Subtest Letras y Números de la Escala de Memoria de Wechsler (WMS III) (Wechsler, 2007). Consiste en la presentación oral por parte del examinador de listas de longitud creciente formadas por letras y números mezclados y ordenados al azar. La tarea consiste en repetir cada lista de una manera concreta, diciendo en primer lugar los números, ordenados de menor a mayor, y a continuación las letras, ordenadas alfabéticamente. Se obtiene una puntuación correspondiente con la serie más larga recordada. Esta prueba mide memoria de trabajo. 4.- Test de Copia de una Figura Compleja (Rey, 1987). Consiste en la copia de una figura, y transcurridos tres minutos, sin previo aviso, se requiere la reproducción de memoria. Al cabo de 20 minutos, también sin previo aviso, el examinado debe reproducirla de nuevo. Se obtiene un puntuación de la exactitud de la copia y otras dos de las reproducciones de memoria. La primera se utilizó para obtener información acerca de los aspectos visoconstructivos en las reproducciones de memoria. Este test evalúa la capacidad constructiva visoespacial, la memoria visual, la capacidad de procesamiento cognitivo teniendo en cuenta las estrategias de resolución de problemas y las capacidades de organización y planificación. 5.- Test de Retención Visual de Benton (Forma C, Administración A) (Benton, 1981). Consiste en la presentación, durante diez segundos cada una, de diez láminas con figuras impresas, requiriendo a la persona evaluada su reproducción inmediata una vez retirada cada lámina. Esta prueba nos proporciona una puntuación del número de láminas
Método 63 reproducidas correctamente, que mide la eficacia general de la ejecución. Además, se tuvieron en cuenta las puntuaciones para los siguientes tipos de error: distorsiones, perseveraciones, rotaciones, desplazamientos y errores de tamaño. Mediante esta prueba se evalúan habilidades visoconstructivas, memoria visual y percepción visual, así como organización espacial y memoria visoespacial. 6.- Test de Memoria de Objetos y Localización Espacial (Silverman & Eals, 1992). La tarea consiste en observar durante un minuto una lámina que contiene representados 27 objetos. Acto seguido se presenta una segunda lámina con 47 estímulos, entre los cuales se encuentran los 27 objetos presentados en la primera lámina. Se deben tachar los 20 objetos que no estaban representados en la primera lámina, para lo cual se dispone de un minuto de tiempo. Por último, se presenta una tercera lámina en la que aparecen representados los mismos objetos que en la primera, pero algunos de ellos están cambiados de lugar. La tarea en esta ocasión consiste en rodear aquellos objetos que aparecen en el mismo lugar que en la primera lámina, y tachar aquellos otros que aparecen cambiados de lugar. Transcurridos 20 minutos desde la presentación de la primera lámina, se vuelven a presentar la segunda y la tercera lámina, con el objetivo de obtener puntuaciones de recuerdo demorado. La puntuación considerada en la segunda lámina consiste en el número de aciertos (memoria visual de objetos) y en la tercera, en el resultado de restar el número de errores al número de aciertos (memoria de localización espacial). Evaluación del estado de ánimo Se llevó a cabo una evaluación del estado de ánimo con el objetivo de controlar las posibles diferencias entre sexos y/o entre fases hormonales al respecto, puesto que tales diferencias podrían mediar en el rendimiento en memoria.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 64 En una primera fase de la investigación se administró a los participantes (n=40) el Inventario de Depresión de Beck (Beck, 1978), tomando su puntuación total, por ser una de las pruebas más utilizadas para la valoración del estado de ánimo en la línea de investigación en la que se enmarca el presente trabajo. Sin embargo, posteriormente se valoró la aplicación a la muestra restante (n= 35) del Perfil de los Estados de Ánimo, más conocido por sus iniciales en inglés, POMS (Profile of Mood States; McNair, Lorr & Droppleman, 1971,1992). El POMS es una prueba adaptada a nuestro medio en muestras de estudiantes universitarios (Andrade, Arce & Seoane, 2002; Arce, Andrade & Seoane, 2000; Balaguer, Fuentes, Meliá, García-Merita & Pérez, 1993). Permite obtener tanto una puntuación en depresión, como en varios factores relacionados adicionales. Por ello representa una medida más ecológica del estado de ánimo para el tipo de población estudiado en la presente investigación. En concreto, la forma del POMS elegida está compuesta por 44 ítems, referidos a seis dimensiones afectivas: Estado Deprimido, Cólera, Tensión, Fatiga, Vigor y Amistad. Dicha versión ha sido publicada por Andrade y colaboradores (2010), quienes informaron de su estructura factorial con deportistas adultos. Posteriormente también comprobaron la invarianza del modelo de medida con muestras procedentes de la población no-deportista (Andrade, Comunicación personal). En nuestro caso consideramos la puntuación total en esta prueba, como un índice general del estado de ánimo. Dicha puntuación se obtiene sumando los valores correspondientes a las dimensiones negativas (Estado Deprimido, Cólera, Fatiga y Tensión) y restando los correspondientes a las dimensiones positivas (Vigor, Amistad) (Andrade, Arce & Seoane, 2002; Andrade et al., 2010; McNair, Lorr, & Droppleman, 1992). Niveles de hormonas gonadales En aquellos participantes que dieron su consentimiento (n= 35) se tomaron muestras de sangre para la determinación de los niveles de varias hormonas gonadales. Su
Método 65 extracción y posterior análisis fueron realizados en el Laboratorio de Endocrinología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) por personal cualificado, y supervisados por el Dr. Bernabeu Morón. Todas las extracciones tuvieron que ser realizadas por la mañana, debido a la disponibilidad horaria del laboratorio. Mediante técnicas de radioinmunoensayo se determinaron los niveles totales de estradiol y testosterona en hombres, y de estradiol, testosterona y progesterona en mujeres. 3. PROCEDIMIENTO Todos los participantes en la presente investigación fueron evaluados en dos ocasiones, los varones en función del ciclo diurno de la testosterona, y las mujeres en función del ciclo menstrual. En cuanto al ciclo diurno de la testosterona, los varones fueron evaluados coincidiendo en una ocasión con la primera hora de la mañana, fase de niveles hormonales altos, y en la otra con la última hora de la tarde, fase de niveles hormonales bajos. Además, para controlar el efecto de la hora del día sobre el rendimiento neuropsicológico las mujeres también se evaluaron en una ocasión a primera hora de la mañana y en la otra a última hora de la tarde. Con el objetivo de contrabalancear el posible efecto de la hora del día sobre la primera exposición a las pruebas, la mitad de todos los participantes fueron evaluados por primera vez por la mañana mientras que la otra mitad fue evaluada por primera vez por la tarde. En cuanto al ciclo menstrual las mujeres fueron evaluadas en una ocasión durante la fase menstrual (días 2-5 del ciclo), fase de niveles hormonales bajos, y en la otra ocasión durante la fase lútea media (días 17-23 del ciclo), fase de niveles hormonales altos. Del mismo modo que la hora, la fase del ciclo menstrual se sometió a un procedimiento de contrabalanceo. Así, la mitad de las mujeres fue evaluada por primera vez en la fase menstrual, mientras que la otra mitad fue evaluada en la fase lútea. Entre la
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 66 primera y la segunda evaluación, tanto de hombres como de mujeres transcurrieron aproximadamente 15 días, ajustándose al período entre las fases del ciclo menstrual consideradas. Una vez establecidas las citas para las evaluaciones neuropsicológicas, las mujeres recibían una llamada el día anterior, con el objetivo de confirmar el día del ciclo en el que se encontraban. Además, los participantes que accedían a que se les realizase la analítica sanguínea eran citados el día antes de la evaluación para entregarles el volante médico que debían presentar en el centro hospitalario, ya que debían acudir a realizar las extracciones de sangre por la mañana antes de la evaluación. En el caso de las mujeres se tomaron muestras de sangre en dos ocasiones, coincidiendo con las dos fases del ciclo menstrual en las que se evaluaron. En el caso de los hombres se llevó a cabo un único análisis, coincidente con la fase hormonal alta, ya que como hemos indicado las extracciones sólo se podían realizar por la mañana. Los resultados de las analíticas se remitían junto con un pequeño informe en el que se recogían posibles anomalías en los niveles hormonales registrados. Si estas aparecían los sujetos eran excluidos del estudio. Por este motivo, fue excluida una de las participantes, puesto que los niveles hormonales no confirmaron la fase lútea. Por lo que respecta a las sesiones de evaluación neuropsicológica, todas se llevaron a cabo en la Unidad de Neuropsicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela. En la primera sesión se procedía, en primer lugar, a completar la entrevista que se había iniciado telefónicamente, para recoger datos acerca de antecedentes clínicos, el consumo de sustancias psicotrópicas y el estado médico actual del sujeto. En segundo lugar se administraba el Inventario de Lateralidad de Edimburgo (Oldfield, 1971). Posteriormente se llevaba a cabo la exploración neuropsicológica, utilizando el protocolo descrito en el apartado de material, y siguiendo
Método 67 las instrucciones que indican los respectivos manuales de aplicación. Las características de la aplicación de las pruebas fueron constantes para todos los sujetos, siendo la duración de su administración de 50 minutos aproximadamente. Una vez finalizada la exploración neuropsicológica se realizaba la evaluación del estado de ánimo. En la segunda evaluación se procedía de manera similar, si bien no se volvía a administrar la entrevista, sino que simplemente se confirmaba que los datos obtenidos en la primera evaluación no habían cambiado, sobre todo en lo referente a estado de salud y medicación. Además, el Inventario de Lateralidad de Edimburgo (Oldfield, 1971) no era administrado en esta ocasión. Por lo que respecta a la exploración neuropsicológica, en esta segunda sesión, y puesto que no existen versiones alternativas para todas las pruebas administradas, se optó por utilizar de cada una la misma versión que la utilizada en la primera evaluación.
IV. ANÁLISIS DE DATOS Y RESULTADOS
Análisis de datos y resultados 71 Para dar respuesta a los objetivos planteados en la presente investigación se llevaron a cabo diversos análisis de datos, empleando para ello el paquete estadístico IBM SPSS Statistics v.19.0 (IBM, 2010). 1. DATOS DESCRIPTIVOS DE LA MUESTRA En primer lugar, se llevó a cabo un análisis descriptivo de la muestra respecto a edad, estado de ánimo y niveles hormonales, así como edad de menarquía y duración del ciclo en las mujeres (Tabla 2). Tabla 2. Descripción de la muestra [Media (SD)] Hombres (n= 36) Mujeres (n= 39) Edad 19.89 (1.45) 19.31 (1.379) Edad de menarquia 12.74 Duración ciclo (días) 28.67 (0.89) Hombres Mujeres Mañana Tarde F. Lútea F. Menstrual Estado de ánimo Inventario de Depresión de Beck (n= 20 hombres; 20 mujeres) 4.35 (3.483) 4.15 (3.281) 5.5 (5.166) 5.45 (5.286) POMS (n= 16 hombres; 19 mujeres) -0.88 (22.48) - 3 (15.74) -8.16 (19.83) -8.47 (19.65) Niveles hormonales (n= 16 hombres; 19 mujeres) Estradiol (pg/ml) 26.88 (17.093) - 171.52 (85.89) 32.44 (19.913) Testosterona (pg/ml) 7.03 (1.943) - 0.52 (0.15) 0.48 (0.153) Progesterona (ng/ml) (n= 14 mujeres) - - 10.02 (7.60) - Mediante la realización de la prueba t de Student para muestras independientes no se apreciaron diferencias significativas en edad entre el grupo de hombres y el grupo de mujeres (t73= 1.779, p= .079).
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 72 Con respecto al estado de ánimo, se llevó a cabo un ANOVA de medidas repetidas, tomando como factor intrasujetos la fase hormonal y como factor intersujetos la variable sexo. Los resultados no mostraron, ni para la puntuación en el Inventario de Beck ni para la del POMS, un efecto significativo del sexo (Beck: F1,38= .796, p= .378; POMS: F1,33= 1.242, p= .273), la fase (Beck: F1,38= .289, p= .594; POMS: F1,33= .13, p= .72), ni de su interacción (Beck: F1,38= .104, p= .749; POMS: F1,33= .072, p= .791). Para analizar las diferencias en los niveles de estradiol y testosterona entre hombres por la mañana y mujeres en las fases lútea y menstrual se realizaron dos tipos de pruebas t de Student. Por un lado, se realizaron pruebas t para muestras independientes, con el objetivo de comparar los niveles hormonales de los hombres en comparación con los niveles de las mujeres en cada una de las fases hormonales, y por otro lado, una prueba t para muestras relacionadas, para comparar los niveles hormonales de las mujeres entre ambas fases. Los resultados se ajustaron a las diferencias esperadas. Por un lado, en comparación con los de los hombres, los niveles de estradiol en mujeres eran significativamente más altos durante la fase lútea (t32= -6.61, p<.001), pero no se apreciaron diferencias entre hombres y mujeres durante la fase menstrual (t32= -0.902, p= .38). Los niveles de testosterona, por su parte, eran significativamente más altos en hombres en comparación con las mujeres, tanto en la fase lútea (t32= 14.197, p<.001) como en la fase menstrual (t32= 13.307, p<.001). Además, en las mujeres los niveles de estradiol eran significativamente más altos durante la fase lútea en comparación con la fase menstrual (t17= 6.688, p<.001), mientras que no aparecieron diferencias significativas entre la fases del ciclo menstrual para los niveles de testosterona (t17= 1.595, p= .129). Finalmente se debe indicar que los niveles de progesterona para la fase lútea media se corresponden con los propios de esta fase del ciclo. Todos estos datos validan las fases del ciclo menstrual individual consideradas.
Análisis de datos y Resultados 73 2. ANÁLISIS DEL RENDIMIENTO EN MEMORIA Previamente al análisis estadístico de las diferencias entre sexos en memoria y la influencia de la fase hormonal sobre ésta, se realizó una transformación de las puntuaciones directas obtenidas por los participantes en los distintos test de memoria (en el Anexo 2 se muestran las medias de las puntuaciones directas). Esta transformación tenía un doble propósito ya que por un lado trataba de reducir el elevado número de medidas utilizadas en relación con el tamaño de la muestra, y por otro nos permitía trabajar conceptualmente con medidas más globales, relacionadas con distintos procesos de memoria. Para ello, en primer lugar, se realizó un análisis factorial de componentes principales (con rotación varimax) con las puntuaciones directas de las pruebas neuropsicológicas que obtuvieron los participantes en la primera sesión de evaluación. Se tomó la solución de un modelo de ocho factores que explica un 75.42% de la varianza total. El criterio de corte para incluir una medida en el factor fue que su relación con el mismo superara el valor de .40. En la Tabla 3 se recogen cada uno de estos factores con las medidas que incluyen y su carga en orden descendente, así como el porcentaje de la varianza que explican y su denominación, que pretende ser un reflejo del principal aspecto de memoria que miden. En segundo lugar, se obtuvieron para cada sujeto ocho puntuaciones compuestas de memoria en cada sesión de evaluación. Para su cálculo se promediaron las puntuaciones de la correspondiente sesión, convertidas a z y ajustadas en dirección, según su inclusión en cada uno de los factores obtenidos con el Análisis de Componentes Principales. Estas puntuaciones compuestas o de factor fueron las consideradas en los análisis estadísticos realizados para dar respuesta a los objetivos planteados.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 80 59.986, p< .001), Memoria de trabajo (F1,71= 4.907, p= .030) y Memoria visual de forma y tamaño (F1,71= 7.717, p= .007), así como una significación marginal en Memoria visoespacial (F1,71= 3.757, p= .057). En todas estas medidas, para cualquiera que sea el orden de fases de evaluación, se observa una diferencia a favor de la fase hormonal correspondiente a la segunda sesión (Gráficos 6 y 7). Los contrastes a posteriori mostraron que la diferencia era significativa en Memoria y aprendizaje verbal (Para 1ºfase alta – 2ºfase baja F1,71= 21,474, p< .001. Para 1ºfase baja – 2ºfase alta F1,71= 22.504, p< .001), Memoria visoconstructiva (Para 1ºfase alta – 2ºfase baja F1,71= 28.999, p< .001. Para 1ºfase baja – 2ºfase alta F1,71= 30.988, p< .001) y Memoria visual de forma y tamaño (Para 1ºfase alta – 2ºfase baja F1,71= 3.695, p= .059. Para 1ºfase baja – 2ºfase alta F1,71= 4.022, p= .049). Sin embargo, no mostraron significación ni en Memoria de trabajo (Para 1ºfase alta – 2ºfase baja F1,71= 2.20, p= .142. Para 1ºfase baja – 2ºfase alta F1,71= 2.712, p= .104) ni en Memoria visoespacial (Para 1ºfase alta – 2ºfase baja F1,71= 1.929, p= .169. Para 1ºfase baja – 2ºfase alta F1,71= 1.833, p= .180). Gráfico 5. Memoria visoespacial de hombres y mujeres en función de la fase hormonal
Análisis de datos y Resultados 81 Además, los contrastes a posteriori mostraron que en Memoria visual de forma y tamaño para la fase hormonal alta el rendimiento era significativamente mejor en el orden 1ºfase baja – 2ºfase alta, por tanto cuando es la 2ª sesión de evaluación, que en el orden 1ºfase alta – 2ºfase baja, cuando es la 1ª sesión de evaluación (F1,71= 7.606, p= .007). Sin embargo para la fase hormonal baja no existían diferencias al respecto (F1,71= 0.058, p= .810) (Gráfico 8). Por tanto, los niveles hormonales bajos en un encuentro inicial con la tarea facilitarían la ejecución posterior cuando los niveles son altos. Por lo que respecta a la interacción entre la fase hormonal, el sexo y el orden de evaluación, el ANOVA de medidas repetidas no mostró que su efecto fuera significativo en ninguna de las medidas de memoria consideradas (Tabla 3). Finalmente, en el ANOVA realizado con los datos de la primera sesión de evaluación no se observó un efecto significativo de la fase hormonal sobre el rendimiento en ninguno de los componentes de memoria, ni de su interacción con la variable sexo (Tabla 4). Gráfico 6. Componentes de memoria que muestran diferencias entre fases para el orden de evaluación 1ºfase alta-2ºfase baja. -0,3 -0,2 -0,1 0 0,1 0,2 0,3 1ªsesión-Fase alta 2ªsesión-Fase baja Puntuaciones Z Sesión - Fase hormonal Memoria y aprendizaje verbal Memoria visoconstructiva Memoria de trabajo Memoria visual de forma y tamaño Memoria visoespacial
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 82 Gráfico 7. Componentes de memoria que muestran diferencias entre fases para el orden de evaluación 1ºfase baja-2ºfase alta Gráfico 8. Memoria visual de forma y tamaño en distintas fases hormonales en función del orden de evaluación. 2.3. Relación entre niveles de hormonas gonadales y rendimiento en memoria Para examinar las relaciones entre los niveles endógenos de estradiol y testosterona y la ejecución de memoria se llevaron a cabo análisis de correlación y de -0,3 -0,2 -0,1 0 0,1 0,2 0,3 1ªsesión-Fase baja 2ªsesión-Fase alta Puntuaciones Z Sesión - Fase hormonal Memoria y aprendizaje verbal Memoria visoconstructiva Memoria de trabajo Memoria visal de forma y tamaño Memoria visoespacial
Análisis de datos y Resultados 83 regresión con los datos de la primera sesión de evaluación de los participantes que realizaron la analítica hormonal (9 hombres y 19 mujeres). Por una parte se realizaron correlaciones producto-momento de Pearson entre las medidas de memoria y los niveles de estradiol y testosterona para cada sexo (Tabla 6). Se optó por la utilización de coeficientes de correlación parciales ya que los niveles de estradiol y testosterona no son independientes entre si (Simpson et al., 2002). Además, se utilizaron pruebas de significación unilaterales, ya que era esperable una relación positiva entre las medidas de memoria que muestran ventaja masculina y los niveles de testosterona, pero negativa con los niveles de estrógenos, y viceversa en el caso de las medidas que muestran ventaja femenina. Tabla 6. Correlaciones entre los niveles de Estradiol y Testosterona y las medidas de memoria en la primera sesión de evaluación [r (p)]. Hombres Mujeres Estradiol Testosterona Estradiol Testosterona Memoria y aprendizaje verbal .061 (.443) -.083 (.423) -.385 (.057) .400 (.050)* Memoria visoconstructiva -.592 (.061) .194 (.323) .064 (.401) .075 (.383) Memoria visual de objetos y localización espacial .158 (.354) .443 (.136) .194 (.220) -.215 (.196) Memoria visoespacial -.217 (.303) -.214 (.305) .-.046 (.429) .378 (.061) Susceptibilidad a la interferencia .-240 (.284) -.072 (.433) -.265 (.144) .199 (214) Memoria de trabajo .100 (.407) -.240 (.283) -.469 (.025)* .163 (.259) Memoria visual de forma y tamaño .456 (.128) .442 (.136) -.415 (.044) * .306 (.108) Memoria auditiva inmediata .311 (.227) .201 (.316) .188 (.227) -.219 (.191) *p<.05 Los resultados de los análisis de correlación mostraron, en el caso de los hombres, sólo una relación negativa con significación marginal entre los niveles de estradiol y la Memoria visoconstructiva (r= -.592, p= .061). En el caso de las mujeres, los niveles de estradiol mostraron relaciones negativas significativas con Memoria de trabajo (r= -.469, p= .025) y con Memoria visual de forma y tamaño (r= -.415, p= .044) y
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 84 marginalmente significativa con Memoria y aprendizaje verbal (r= -.385, p= .057). Con respecto a los niveles de testosterona en mujeres, se observó una relación positiva con Memoria y aprendizaje verbal que fue significativa (r= .40, p= .05), y con Memoria visoespacial que sólo alcanzó significación marginal (r= .378, p= .061). Por otra parte, para comprobar en que medida los niveles de hormonas gonadales podrían predecir el rendimiento en memoria de hombres y/o mujeres, se realizó un análisis de regresión lineal múltiple de pasos sucesivos para cada sexo. En el caso de las mujeres, se observó un modelo predictivo significativo para la Memoria de trabajo (F1,17= 4.501, p= .049) en el que se incluían únicamente los niveles de estradiol (β= -.458; R2= .163, p= .049), indicando que altos niveles predicen un peor rendimiento en esta medida (Gráfico 9). No se observó ningún otro modelo predictivo significativo para las demás medidas de memoria en mujeres. En el caso de los hombres, no se observó ningún modelo predictivo significativo. Gráfico 9. Relación lineal entre los niveles de estradiol y el componente de Memoria de trabajo en las mujeres .
V. DISCUSIÓN
Discusión 87 El presente trabajo se enmarca en el ámbito general de estudio de las diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico y de los posibles factores que modulan su existencia. En concreto, su objetivo general es estudiar las diferencias entre hombres y mujeres jóvenes sanos en memoria y el efecto sobre ella de las variaciones naturales en las hormonas sexuales. Antes de centrarnos en la discusión de los objetivos específicos planteados es necesario tener presentes algunas cuestiones del presente trabajo relevantes para la interpretación de sus resultados. En primer lugar, en el presente estudio se han controlado variables extrañas relevantes por su posible influencia en el rendimiento neuropsicológico, tales como la edad, el nivel educativo, la lateralidad manual y el estado de ánimo, así como variables relacionadas con el ciclo menstrual, tales como la edad de menarquía y la duración del ciclo. En relación con ello se ha utilizado una muestra de adultos jóvenes sanos, estudiantes universitarios. Todos los participantes eran diestros, puesto que la lateralidad manual es un indicador de la organización funcional interhemisférica, la cual se desarrolla bajo la influencia de los niveles prenatales de las hormonas sexuales (Bryden, Hécaen & DeAgostini, 1983; Hécaen, DeAgostini & Monzon-Montes, 1981; Kimura, 2002; Lake & Bryden, 1976; Levy & Marylou, 1978). Además, se ha tratado de controlar el estado de ánimo, como variable que puede verse afectada por las variaciones hormonales y que, a su vez, puede influir sobre el rendimiento neuropsicológico (Golub, 1980; Mazur & Lamb, 1980). A este respecto no se han observado diferencias en el estado de ánimo entre sexos ni entre fases hormonales. Finalmente, en el caso de las mujeres, se han controlado la edad de menarquía, con el fin de seleccionar aquellas mujeres que han tenido un desarrollo hormonal dentro de la normalidad, y la duración del ciclo, puesto que en mujeres con ciclos regulares es posible calcular las fases hormonales con mayor
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 88 precisión. Así, sólo se han incluido aquellas con una edad de menarquía de entre 12 y 14 años y una duración del ciclo de entre 28 y 30 días. En segundo lugar, se comprobó que en aquellos participantes a los que se tomaron medidas de los niveles hormonales endógenos, éstos se encontraban dentro de los rangos normales para la correspondiente fase hormonal. También se comprobó que estos valores mostraban las diferencias esperadas entre sexos y entre fases hormonales. Así, los niveles de testosterona eran mayores en hombres que en mujeres en cualquier fase hormonal. Los niveles de estradiol, por su parte, eran mayores en mujeres en fase lútea en comparación tanto con las mujeres en fase menstrual como con los hombres. En tercer lugar, como medidas del rendimiento en memoria hemos utilizado las variables obtenidas tras el análisis factorial de las puntuaciones específicas de los tests. Con ello se reduce el número de medidas de memoria a analizar, y se evita la comisión de errores tipo II. Además, se consigue trabajar con una estructura más simple en la que están recogidos, a través de medidas más robustas, los distintos procesos de memoria evaluados. Los resultados de este análisis factorial mostraron que las puntuaciones relacionadas con el recuerdo de material verbal se agrupan en tres dimensiones que tienen que ver respectivamente con un factor que hemos denominado Memoria auditiva inmediata formado por el span de Dígitos directos; un factor de Memoria de trabajo, que incluye las puntuaciones de span de Dígitos inversos y de Letras y números; y en tercer lugar con el denominado factor de Memoria y aprendizaje verbal en el que se agrupan las puntuaciones del Test de Aprendizaje Audioverbal de Rey, excepto la de diferencia entre el quinto y sexto ensayo. Esta última, junto con la puntuación de errores de perseveración del Test de Retención Visual de Benton, forma un factor de Susceptibilidad a la interferencia. Por lo que respecta a los demás factores, todos incluyen puntuaciones de test de
Discusión 89 recuerdo de material visual. En concreto, las puntuaciones de aciertos, con carga negativa, y errores de desplazamiento del Test de Retención Visual de Benton forman un factor de Memoria visoespacial, el cual se relaciona con el recuerdo de la configuración global de la lámina. Las puntuaciones correspondientes a los errores de distorsión y tamaño de este mismo test se agrupan en otro factor que hemos denominado Memoria visual de forma y tamaño, ya que refleja el recuerdo de estas dos características concretas de las figuras. Por su parte, los errores de rotación, también de este test, se agrupan con carga negativa con las puntuaciones del Test de Memoria Visual de Objetos y Localización Espacial. Las puntuaciones de este último factor, al que hemos denominado Memoria visual de objetos y localización espacial, se relacionan con la capacidad de recordar los objetos y su localización sin tomar en cuenta la posición en relación a las demás figuras. Por último, las puntuaciones del Test de la Figura Compleja de Rey se agrupan en un único factor que refleja un componente de Memoria visoconstructiva. Teniendo en cuenta estas consideraciones previas, se presenta a continuación la discusión de los resultados obtenidos, ordenados en función de los objetivos específicos propuestos. 1. DIFERENCIAS ENTRE SEXOS EN MEMORIA El primer objetivo planteado en este estudio era comprobar si existen diferencias entre hombres y mujeres jóvenes sanos en memoria. Cuando se ha comparado su rendimiento tomando las dos ocasiones en que fueron evaluados, se ha encontrado una ventaja masculina en Memoria auditiva inmediata. Además, se han encontrado otros resultados que, si bien no alcanzan significación estadística, parecen indicar la tendencia a una ventaja masculina en Memoria de trabajo para material verbal y una ventaja femenina en Memoria y aprendizaje verbal. No se observaron diferencias entre sexos en Memoria visoconstructiva, Memoria visoespacial, Memoria visual de forma y tamaño,
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 96 en la que observaron una ventaja masculina. Sin embargo, la tarea utilizada por estos autores está compuesta por diez objetos, por tanto es más compleja que el test de Retención Visual de Benton, empleado en el presente estudio, en el que sólo se debe recordar la distribución global de una lámina compuesta por tres figuras. El bajo nivel de complejidad de las pruebas utilizadas también podría ser la razón de que no hayamos observado diferencias entre sexos en el componente de Susceptibilidad a la interferencia. En un estudio llevado a cabo por Mefoh (2010) se observó una ventaja femenina en la resistencia a la interferencia retroactiva y proactiva en una tarea de recuerdo de pares asociados de palabras. Sin embargo, la complejidad de esta prueba es mayor que el grado de dificultad del Aprendizaje Audioverbal de Rey o el Test de Retención Visual de Benton aquí utilizados, en los que el rendimiento de uno y otro sexo se acerca al techo de la prueba y no se ve influenciado por la interferencia. En un trabajo realizado por Salgado y colaboradores (2011), también se observó una ventaja femenina en la resistencia a la interferencia retroactiva, en este caso medida mediante el Test de Aprendizaje Audioverbal de Rey. Sin embargo, en este trabajo se utilizó una muestra de diferentes rangos de edad y nivel educativo, y observaron que ambas variables afectaban también al rendimiento, de modo que la resistencia a la interferencia era peor en los participantes de mayor edad y menor nivel educativo. Por tanto, parece que en una muestra de estudiantes universitarios, la complejidad del Test Audioverbal de Rey no sería suficiente para que surjan diferencias entre sexos para este aspecto de la memoria. Este hecho pone de manifiesto que la aparición de diferencias entre sexos podría depender de variables sociodemográficas como la edad o el nivel educativo, las cuales han sido controladas en el presente trabajo. 2. EFECTO DE LA FASE HORMONAL SOBRE EL RENDIMIENTO EN MEMORIA
Discusión 97 El segundo objetivo del presente trabajo pretendía comprobar si las variaciones naturales en las hormonas sexuales de hombres y mujeres jóvenes sanos afectan a su rendimiento en memoria. Nuestros resultados ponen de manifiesto que no influyen de forma significativa, ni en hombres ni en mujeres. Sin embargo, en aquellas medidas de memoria en las que se observa un efecto conjunto de la fase y el sexo se aprecia que el cambio a lo largo de los ciclos hormonales es distinto en hombres y mujeres, pero estas diferencias son comentadas en el siguiente apartado. En el resto de medidas de memoria estudiadas en el presente trabajo no se han observado variaciones a lo largo de los ciclos hormonales. En el caso de la Memoria de trabajo verbal, Rosenberg y Park (2002) sí encontraron variaciones a lo largo del ciclo menstrual, observando un mejor rendimiento en la fase ovulatoria, pero no hallaron diferencias entre la fase lútea y la fase menstrual, al igual que en el presente trabajo. En la fase ovulatoria los niveles de estrógenos son más altos que en la fase lútea, lo cual sugiere que amplias variaciones en los niveles de estrógenos sí podrían afectar al rendimiento en memoria de trabajo verbal. Sin embargo, en contraposición a estos resultados, Konishi y colaboradores (2009) observaron un mejor rendimiento en tareas de memoria de trabajo verbal durante la fase menstrual en comparación con la fase lútea. Al igual que estos autores, en un trabajo previo, hemos observado un mejor rendimiento en memoria de trabajo para material verbal durante la fase menstrual en comparación con la fase lútea (Otero et al., 2009). El hecho de que en el presente trabajo no se hayan encontrado estas variaciones podría explicarse por la agrupación de las medidas en los componentes principales. Así, si bien en la investigación previa se encontraron variaciones en la prueba de Letras y números y no en el span de Dígitos inversos, ambas medidas han sido consideradas conjuntamente en el presente trabajo, lo cual podría explicar la ausencia de resultados significativos a nivel estadístico.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 98 Con respecto al resto de medidas estudiadas y en las que no se han observado variaciones a lo largo de los ciclos hormonales (Susceptibilidad a la interferencia, Memoria visual de forma y tamaño, Memoria visoconstructiva y Memoria visual de objetos y localización espacial), la literatura ofrece pocos datos. Phillips y Sherwin (1992) tampoco encontraron variaciones según la fase del ciclo menstrual para la memoria visual de formas geométricas. Por su parte, con respecto a la memoria visual de objetos y localización espacial, Postma y colaboradores (1999), en la línea de nuestros resultados, no observaron cambios a lo largo del ciclo menstrual en la capacidad de recordar la asignación de cada objeto a su posición original. Puesto que, como ya se ha mencionado, algunas de las pruebas utilizadas en el presente trabajo son susceptibles de un efecto de aprendizaje diferente en hombres y mujeres, se ha considerado de interés analizar la posible influencia de la fase hormonal en ese efecto. Los resultados mostraron que, como sería de esperar, el rendimiento en Memoria y aprendizaje verbal y Memoria visoconstructiva era mejor en la segunda sesión de evaluación, para cualquiera que fuese el orden de evaluación de las fases. Esta tendencia también se observa para la Memoria de trabajo verbal, aunque en este caso las diferencias entre la primera y la segunda sesión no son significativas a nivel estadístico para ninguna fase hormonal. Ello guardaría relación con el hecho de que la capacidad de memoria de trabajo es menos susceptible de aprendizaje. En Memoria visual de forma y tamaño sí se apreciaron diferencias según el orden de evaluación. Así, se observaron diferencias en el rendimiento durante la fase hormonal alta, siendo mejor cuando esta coincidía con la segunda sesión de evaluación. Sin embargo, el rendimiento durante la fase hormonal baja era similar tanto si se trataba de la primera como de la segunda sesión de evaluación. Este hecho parece reflejar un efecto facilitador de la fase hormonal baja para el recuerdo visual de forma y tamaño, ya que
Discusión 99 cuando la primera sesión de evaluación tiene lugar durante esta fase da lugar a una mejora significativa en el recuerdo en la segunda sesión. Este mismo efecto también tiende a darse en la Memoria visoespacial, aunque en este caso las diferencias entre sesiones de evaluación no fueron significativas a nivel estadístico. Si bien no hay trabajos previos en los que se haya evidenciado esta influencia de la fase hormonal sobre el aprendizaje de tareas de memoria visual, este efecto de aprendizaje sí se ha observado en otras tareas relacionadas. Así, Hampson (1990a) también encontró un efecto significativo del ciclo menstrual sobre el aprendizaje en tareas espaciales, de manera que realizar la tarea por primera vez durante la fase menstrual favorece su aprendizaje de cara a la segunda sesión de evaluación. Además, Hampson y colaboradores (2004) observaron cambios en la precisión perceptiva a lo largo del ciclo menstrual, de modo que las mujeres reconocían de modo más rápido y preciso objetos desfragmentados durante la fase menstrual que durante la fase lútea, lo que podría influir en la capacidad de aprendizaje de estímulos visuales. En nuestro trabajo esta posible influencia de la fase sobre el aprendizaje para el recuerdo de estímulos visuales se observa en ambos sexos, lo cual sugiere que bajos niveles de hormonas sexuales tanto en un sexo como en otro facilitan la percepción y/o codificación de material visual, mejorando la ejecución de la segunda sesión de evaluación. Teniendo en cuenta los resultados de trabajos previos, cabría plantearse la existencia de un nivel óptimo de estrógenos para este aprendizaje. Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de considerar en futuros estudios sobre diferencias entre sexos no sólo el efecto de la fase hormonal sobre la medida considerada, sino también sobre el aprendizaje. Por ello, también sería de interés profundizar acerca del efecto de los ciclos hormonales sobre la memoria implícita, un aspecto que se ha estudiado aun de modo muy limitado (Hampson et al., 2005; Maki et al., 2002).
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 100 3. EFECTO DE LA FASE HORMONAL SOBRE LAS DIFERENCIAS ENTRE SEXOS EN MEMORIA Nuestro tercer objetivo era examinar el efecto de las variaciones naturales en las hormonas sexuales de hombres y mujeres jóvenes sanos sobre sus diferencias en memoria. Al respecto, hemos encontrado que efectivamente hay medidas en las que la existencia de diferencias entre sexos depende de la fase hormonal en que se encuentren. Es el caso de la Memoria auditiva inmediata, en la que hay una ventaja masculina cuando ambos sexos están en fase hormonal baja pero no cuando están en fase hormonal alta. Si bien no resultaron significativas las variaciones en el rendimiento en esta medida ni en hombres ni en mujeres a lo largo de sus respectivos ciclos hormonales, lo cierto es que los hombres tienden a mejorar en esta medida por la tarde, mientras que el rendimiento femenino empeora durante la fase menstrual. Estas tendencias provocan que durante la fase hormonal baja los niveles de rendimiento de uno y otro sexo se distancien. En trabajos previos no se han observado variaciones a lo largo del ciclo menstrual en esta medida (Castillo et al., 2008; Phillips & Sherwin, 1992), y para los ciclos en varones no se han realizado estudios. Este aspecto de memoria, como hemos visto, parece verse afectado por los cambios hormonales ocurridos durante la adolescencia, y que derivan en una ventaja masculina, sin embargo, no deja de ser susceptible a las variaciones hormonales ocurridas en la vida adulta, que atenúan o acentúan esas diferencias. Este hecho podría explicar que algunos trabajos no hayan encontrado diferencias entre sexos en memoria auditiva inmediata al no controlar los ciclos hormonales. Así, como hemos visto Duff y Hampson (2001), utilizando la misma prueba y una muestra similar a la del presente trabajo, no encontraron diferencias entre sexos, quizás debido a que no hayan tenido en cuenta las fases hormonales en hombres y mujeres.
Discusión 101 El efecto de la fase hormonal sobre las diferencias entre sexos se observa también en las medidas de Memoria y aprendizaje verbal y Memoria visoespacial que, si bien no alcanza la significación estadística, informa acerca de una tendencia. Así, en la Memoria y aprendizaje verbal, los contrastes a posteriori mostraron una ventaja femenina únicamente durante la fase hormonal alta, pues el rendimiento femenino tiende a mejorar durante la fase lútea, mientras que el rendimiento de los hombres tiende a empeorar durante la mañana. Si bien en muchos trabajos no se han evidenciado variaciones en el rendimiento en memoria verbal a lo largo del ciclo menstrual (Hatta & Nagaya , 2009; Maki et al., 2002; Mordecai et al., 2008; O’Reilly et al., 2004; Phillips & Sherwin, 1992; Resnick et al., 1998), en otros se ha evidenciado un mejor rendimiento durante las fases del ciclo menstrual correspondientes con niveles hormonales altos (Castillo et al., 2008; Islam et al., 2008). Castillo y colaboradores (2008), a diferencia de los trabajos realizados en esta línea, comparan la fase ovulatoria, en la que observan un mejor rendimiento, con la fase menstrual. En la fase ovulatoria los niveles de estrógenos son más altos que en la fase lútea, lo cual sugiere que amplias variaciones en los niveles de estrógenos son necesarias para observar un efecto significativo sobre el rendimiento. Nuestros resultados apuntan en esta dirección, ya que las mujeres mejoran en la fase lútea, lo que unido a las variaciones en los hombres por el ciclo de la testosterona da lugar a un distanciamiento del rendimiento de ambos sexos. Por ello, estos resultados sugieren la necesidad de tener en cuenta las variaciones hormonales en el estudio de las diferencias entre sexos también en memoria y aprendizaje verbal. Además, también sugieren la necesidad de estudiar la influencia de los ciclos naturales de la testosterona sobre el rendimiento en memoria verbal de adultos jóvenes, puesto que no se dispone de estudios que analicen esta relación.
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 102 Por otra parte, en Memoria visoespacial, si bien los contrastes no mostraron diferencias entre sexos en ninguna fase hormonal, la dirección de los cambios en las fases del ciclo hormonal es diferente en hombres y mujeres. Así, el rendimiento de las mujeres mejora en la fase hormonal alta, o lútea, comparado con la fase menstrual, mientras que en el caso de los hombres ocurre lo contrario, mejorando su rendimiento en la fase hormonal baja, es decir por la tarde. Esta tendencia es consistente con trabajos previos que evidencian un nivel óptimo de testosterona para el rendimiento espacial, obteniendo los hombres mejores resultados por la tarde o durante la primavera (Kimura & Hampson, 1994; Kimura & Toussaint, 1991; Moffat & Hampson, 1996) y con aquellos que evidencian una mejor capacidad para recordar la localización espacial de los objetos al reproducir su posición original en mujeres durante la fase lútea (Postma et al., 1999). Finalmente, la tendencia a una ventaja masculina en Memoria de trabajo verbal que encontramos en el presente trabajo parece independiente de las variaciones hormonales. Sin embargo, esto podría deberse al hecho de considerar de forma conjunta los resultados obtenidos en los test de Dígitos inversos y Letras y números. En un trabajo previo hemos observado una ventaja masculina independiente de los ciclos hormonales en Dígitos inversos, pero en Letras y números la ventaja masculina únicamente era evidente durante la fase hormonal alta, pues las mujeres empeoraban su rendimiento en esta prueba durante la fase lútea (Otero et al., 2009). En cualquier caso, los resultados obtenidos no apoyarían la hipótesis propuesta, al comentar la ventaja masculina en memoria de trabajo verbal, acerca de un mejor rendimiento en memoria de trabajo verbal por una mayor capacidad de memoria auditiva inmediata, puesto que, de ser así, el rendimiento femenino en memoria de trabajo mejoraría durante la fase lútea, al igual que en memoria auditiva inmediata. Por el contrario, los resultados irían en consonancia con la hipótesis de la utilización de estrategias visoespaciales para la ejecución de tareas de memoria de trabajo
Discusión 103 verbal, puesto que el rendimiento de las mujeres en tareas visoespaciales mejora durante la fase menstrual (Hampson 1990 a, b). Los resultados aquí expuestos en relación a las diferencias entre sexos y las variaciones en el rendimiento asociadas a los ciclos hormonales nos llevan a plantear la necesidad de tener en cuenta las variaciones hormonales ocurridas durante la vida adulta en el estudio de las diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico, en particular en medidas de memoria auditiva inmediata, memoria y aprendizaje verbal y memoria visoespacial. Sin embargo, no se descarta que también deban tenerse en cuenta en otras medidas que en el presente trabajo no mostraron un efecto significativo por un posible efecto techo, el tamaño de la muestra utilizada o la consideración de varias medidas de forma conjunta. 4. RELACIÓN ENTRE LOS NIVELES DE HORMONAS GONADALES ENDÓGENOS Y EL RENDIMIENTO EN MEMORIA El último objetivo del presente estudio era analizar la relación del rendimiento en memoria de hombres y mujeres con sus niveles endógenos de hormonas gonadales. Por lo que respecta a las mujeres, se ha observado que los niveles de estradiol se relacionan negativamente con la Memoria de trabajo verbal y la Memoria visual de forma y tamaño y tienden a una relación negativa con la Memoria y aprendizaje verbal. Además, el único modelo de regresión lineal múltiple que resultó significativo, tanto de los realizados en hombres como los realizados en las mujeres, predice un peor rendimiento en Memoria de trabajo verbal en mujeres ante niveles altos de estradiol. Por su parte, los niveles de testosterona se relacionan positivamente con la Memoria y aprendizaje verbal, y tienden a una relación positiva con la Memoria visoespacial. Por lo que respecta a los hombres, no se evidencian correlaciones significativas entre los niveles de testosterona y el
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 104 rendimiento en memoria, mientras que los niveles de estradiol tienden a una relación negativa con la Memoria visoconstructiva. Con respecto a la relación negativa entre los niveles de estrógenos y la Memoria de trabajo verbal en las mujeres, estos resultados van en consonancia con el mejor rendimiento observado en esta medida durante la fase menstrual en un trabajo previo (Otero et al., 2009). Como ya hemos mencionado, el hecho de considerar de forma conjunta las medidas de Dígitos inversos y Letras y números ha podido dar lugar a una ausencia de variaciones a lo largo del ciclo en el presente trabajo. Por otro lado, esta relación negativa con los niveles de estrógenos también apoyaría la hipótesis de la utilización de estrategias visoespaciales para la ejecución de tareas de memoria de trabajo verbal, puesto que bajos niveles de estrógenos se relacionan con un mejor rendimiento visoespacial en las mujeres (Hampson, 1990; Hausmann et al., 2000). Relacionado con el efecto de los estrógenos sobre determinadas habilidades neuropsicológicas, Goldstein y colaboradores (2001) han estudiado cómo es la distribución espacial de los receptores estrogénicos en aquellas áreas cerebrales que se han diferenciado entre sexos en etapas muy tempranas de desarrollo, sin descartar la influencia que las hormonas sexuales ejercen en esas mismas áreas durante la vida adulta. Estos autores encontraron que en áreas de los lóbulos frontales existen receptores de estrógenos, lo cual sugiere que el desarrollo de los lóbulos frontales está influido por las condiciones hormonales tempranas y de la adolescencia, y que, posiblemente, bajos niveles de estradiol hayan favorecido el desarrollo de áreas prefrontales que, en la vida adulta, intervienen en la resolución de tareas de memoria de trabajo verbal. Asimismo, los datos del presente trabajo sugieren que bajos niveles de estrógenos durante la vida adulta favorecen la resolución de este tipo de tareas, y que es posible que esa ejecución esté relacionada con la utilización de estrategias visoespaciales. Este hecho nos lleva a sugerir
Discusión 105 la existencia de un nivel óptimo de estrógenos para el rendimiento en memoria de trabajo verbal, correspondiente con bajos niveles en mujeres, y que este nivel acercaría el rendimiento de hombres y mujeres en esta medida. Por lo que respecta a la Memoria y aprendizaje verbal, la relación observada con los niveles hormonales muestra un efecto positivo de la testosterona en las mujeres, mientras que los estrógenos tienden a influir de modo negativo. Estos resultados contrastan con la ventaja femenina observada en el presente trabajo que, además, se hace más evidente durante la fase hormonal alta. También discrepan de aquellos trabajos que evidencian un efecto positivo de los estrógenos sobre la memoria verbal en las mujeres posmenopáusicas que reciben terapias de reemplazo hormonal (Carlson, 2000; Drake et al., 2000; Hogervost et al., 2000; LeBlanc et al., 2001; Wolf & Kirschbaum, 2001; Yaffe et al., 2007;) Sin embargo, también hay trabajos que evidencian un efecto negativo de la administración de estrógenos durante la etapa posmenopáusica en memoria verbal (Maki, Gast, Vieweg, Burris & Yaffe, 2007; Resnick et al., 2006). La relación entre los niveles hormonales endógenos y el rendimiento en memoria ha sido poco estudiado en adultos jóvenes. Los resultados existentes muestran una relación negativa entre la testosterona y el recuerdo verbal demorado (Mordecai et al., 2008) y una relación positiva entre los niveles de estrógenos y el aprendizaje verbal (Phillips & Sherwin, 1992) en mujeres. El hecho de que hayamos observado un mejor rendimiento en mujeres durante la fase lútea y una relación negativa con los niveles de estradiol sugiere que hay otros factores en torno al ciclo menstrual que pueden estar influyendo en esos resultados. Puesto que hemos controlado aquellas variables relacionadas con síntomas premenstruales, al evitar los días del ciclo en los que estos suelen aparecer, así como con el estado de ánimo, es posible que otras hormonas estén influyendo sobre la memoria verbal, o que sea la combinación de varias de ellas las que influyan sobre el rendimiento.
VII. CONSIDERACIONES FINALES
Consideraciones finales 115 Como ya hemos visto, la línea de investigación sobre diferencias entre hombres y mujeres en el rendimiento neuropsicológico ha dado lugar a la descripción de patrones de rendimiento propios de cada sexo. Sin embargo, estos perfiles de rendimiento pueden ser discutibles, pues los resultados no han sido del todo consistentes, sobre todo en lo relativo a algunas funciones neuropsicológicas. Es el caso de la memoria, en la que según el constructo medido y la tarea utilizada, los resultados apuntan en una dirección o en otra. Con el presente trabajo hemos pretendido comprobar si existen diferencias entre sexos en memoria, incluyendo en el estudio las variaciones naturales de las hormonas sexuales como posibles moduladoras de esas diferencias. Se trata de un enfoque novedoso en el marco de la investigación sobre las diferencias entre sexos en el rendimiento neuropsicológico, pues si bien los trabajos previos han estudiado la influencia de las variaciones hormonales en tareas en las que previamente se habían descrito diferencias entre sexos, en el presente trabajo pretendemos comprobar si es la influencia de esas variaciones en el rendimiento lo que determina la existencia y dirección de las diferencias. Para ello hemos sido rigurosos con los criterios de inclusión y exclusión, obteniendo así una muestra de adultos jóvenes y sanos, homogénea en cuanto a variables como la edad, el nivel educativo, la lateralidad manual o el estado de ánimo, relevantes también para el rendimiento neuropsicológico. Este control nos permite atribuir de modo más fiable los cambios observados en el rendimiento a las variables estudiadas. Sin embargo, también supone una cierta limitación del trabajo, ya que nos lleva a ser cautos con la extrapolación de los resultados obtenidos a la población general. En el presente trabajo hemos encontrado que algunas diferencias en el rendimiento en memoria están condicionadas por los ciclos hormonales, de modo que la ejecución de hombres y mujeres puede ser diferente en una determinada fase hormonal,
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 116 pero no en otra. Estos datos nos permiten concluir que, al menos en algunas medidas de memoria, las diferencias entre sexos dependen de la fase hormonal en la que estas sean examinadas. Por tanto, se pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta los ciclos naturales de las hormonas sexuales cuando se estudian las diferencias neuropsicológicas entre sexos, y que el estudio de las diferencias entre sexos al margen de los ciclos hormonales supone un enfoque simplista e incompleto. Es probablemente por este motivo por el que la literatura al respecto no ofrece resultados del todo consistentes, evidenciándose diferencias entre sexos en algunos trabajos y no en otros. Analizando la manera en la que los ciclos hormonales influyen sobre el rendimiento en memoria, así como sobre la existencia y dirección de las diferencias entre sexos, observamos que esa influencia no es simple ni previsible. En un principio cabría pensar que el rendimiento en aquellas medidas que muestran diferencias entre sexos se distancie a la par que los niveles hormonales de ambos sexos. Sin embargo, hemos observado que esto no siempre es así, pues en algunas medidas las diferencias son mayores en aquellas fases hormonales en las que los niveles de estrógenos en mujeres y de testosterona en hombres son más bajos y, por tanto, más similares entre sexos. Por ello, hemos propuesto la existencia de un nivel hormonal óptimo para el rendimiento en algunas medidas de memoria. La existencia de este nivel hormonal óptimo podría estar en la base de mecanismos de compensación propuestos por algunos autores, cuya función sería acercar la conducta de uno y otro sexo (De Vries, 2004; McCarthy & Konkle, 2005). Así, si bien a nivel neuroanatómico y neurofuncional el sexo masculino se diferencia del femenino, la evolución y la adaptación al entorno han podido llevar al desarrollo de estrategias de compensación, de modo que el papel de las hormonas sexuales podría ser el de atenuar más que acentuar las diferencias entre sexos. De esta manera los ciclos hormonales pueden contribuir no sólo al alejamiento entre el rendimiento masculino y el
Consideraciones finales 117 femenino, sino también a su acercamiento. Desde este punto de vista, los ciclos hormonales son una variable importante a tener en cuenta en el estudio tanto de las diferencias como de las similitudes entre uno y otro sexo. Este esfuerzo por la compensación de las diferencias entre sexos explicaría la utilización de diferentes estrategias por parte de hombres y mujeres para la resolución de las mismas tareas. Así, tal y como sugerimos en base a nuestros resultados, es probable que las mujeres posean una mayor capacidad de memoria de trabajo verbal, sin embargo, el uso de estrategias visoespaciales para la resolución de estas tareas podría igualarlos y/o incluso provocar una ventaja masculina. De hecho para la resolución de estrategias visoespaciales también se ha propuesto la existencia de un nivel hormonal óptimo, correspondiente con los niveles más bajos en uno y otro sexo, es decir, cuando más se acercan entre sí. En esta línea, en el presente estudio hemos observado una relación negativa entre los niveles de estrógenos y la memoria de trabajo verbal, así como una tendencia a la ventaja masculina en esta medida. Respecto a las limitaciones del presente trabajo, el tamaño de la muestra utilizada es reducido en relación con la población a la que se pretenden generalizar los resultados. Sin embargo, el hecho de que aun así surjan tendencias teóricamente consistentes con la literatura al respecto nos hace pensar que en muestras mayores esas tendencias se convertirían en resultados significativos y concluyentes. Por ello hemos tomado en consideración y discutido aquellos resultados que mostraban un nivel de significación marginal. En relación con esta limitación y con otros aspectos del presente trabajo nos planteamos una serie de recomendaciones para los posibles futuros estudios que se realicen en esta línea de investigación. En primer lugar, la utilización de muestras de mayor tamaño permitirá confirmar los datos aquí obtenidos y concluir con mayor firmeza acerca de las tendencias
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 118 observadas. Asimismo, la utilización de muestras pertenecientes a diferentes niveles educativos permitiría una mayor generalización de los resultados. En segundo lugar, relacionado con los efectos techo que hemos encontrado en algunas de las pruebas aquí empleadas, parece recomendable que se recurra a tareas más complejas sobre todo cuando se estudian muestras de alto nivel educativo como la utilizada en el presente trabajo. Con ello se podrá comprobar la existencia de diferencias entre sexos y la influencia de los ciclos hormonales evitando el efecto techo propio de tareas más sencillas. En tercer lugar, se recomienda que futuros estudios recurran a estrategias que permitan salvar parte de la inconsistencia de resultados en la literatura sobre las diferencias neuropsicológicas entre sexos debida a la utilización de diferentes tipos de tareas para medir, en principio, un mismo constructo. No debemos olvidar que lo que valoremos como rendimiento neuropsicológico dependerá de cómo se conceptualice y mida. Al respecto puede resultar útil la realización de análisis de componentes principales que aúnen diferentes medidas de memoria en constructos más robustos, como hemos llevado a cabo en el presente trabajo. Tal y como hemos propuesto en base a nuestros resultados, las diferencias entre sexos en algunas medidas pueden deberse a la utilización de diferentes estrategias de codificación o recuperación por parte de uno y otro sexo. La utilización de diferentes tipos de tareas para medir un mismo constructo puede dar así información sobre las estrategias utilizadas para su resolución. En cuarto lugar, parece importante que en futuros trabajos se tenga en cuenta el efecto de la práctica que puede surgir al medir algunas funciones de modo repetido, así como el posible efecto del sexo o de la fase hormonal sobre ese aprendizaje. Tal y como hemos observado en algunas medidas de memoria, realizar las pruebas por primera vez en una fase o en otra condiciona los resultados y, también cabe la posibilidad de que esa
Consideraciones finales 119 facilitación en el aprendizaje tenga lugar de modo distinto en un sexo y otro. En relación con ello, la investigación futura debería intentar abordar aspectos relacionados con la memoria implícita y la facilitación perceptiva, que aquí directamente no han sido estudiados. Por último, la medida de los niveles hormonales endógenos, en el presente estudio sólo se ha podido realizar a una parte de la muestra, y además las medidas de los niveles de testosterona en hombres sólo se pudieron tomar durante la mañana. Es evidente que, aunque aportan información, sería necesario que futuros estudios consideren el ciclo diurno de la testosterona en varones y obtengan medidas de los niveles de testosterona también durante la tarde, con el fin de disponer un mayor grado de variabilidad. Ello permitirá comprobar el papel de las hormonas en el rendimiento de los hombres con mayor fiabilidad. Además, sería de interés que en futuros estudios se tomasen medidas de otras hormonas en mujeres cuando se considera la influencia del ciclo menstrual en el rendimiento neuropsicológico pues, como hemos visto, puede que no sólo sean los estrógenos los que se relacionen con el rendimiento. También se debe tener en cuenta la posibilidad de que sean los niveles relativos de una determinada hormona con respecto a otras lo que influya en el rendimiento, y no los niveles hormonales absolutos. Por otra parte, aunque no eran objeto del presente estudio otro tipo de hormonas distintas de las sexuales, como las del estrés, en futuros trabajos se podrían considerar ya que no debemos olvidar que estas hormonas interaccionan, por lo que podrían intervenir también en la modulación de las diferencias neuropsicológicas entre sexos. En cualquier caso, como hemos indicado anteriormente, el presente trabajo pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta los ciclos naturales de las hormonas sexuales cuando se estudian las diferencias neuropsicológicas entre sexos. Además, sugieren la necesidad de estudiar la influencia de los ciclos naturales de la testosterona
Diferencias en memoria entre sexos y hormonas sexuales 120 sobre el rendimiento en memoria de adultos jóvenes, puesto que no se dispone de estudios que analicen esta relación. Finalmente, consideramos necesario mencionar las aportaciones científicas y clínicas derivadas de los resultados obtenidos por el presente trabajo y por trabajos futuros en esta línea. En primer lugar, estos resultados deben considerarse en relación con los datos clínicos sobre las importantes diferencias que existen en la afectación de hombres y mujeres por determinadas enfermedades del desarrollo, neurológicas y psicopatológicas. Así, por ejemplo, la demencia tipo Alzheimer, los trastornos de ansiedad y depresión, el Síndrome de Williams o la anorexia nerviosa afectan mucho más a mujeres que a hombres; sin embargo, el autismo, la dislexia, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad o la afasia afectan mucho más a hombres que a mujeres. Al respecto se deben destacar las teorías que explican estos contrastes en base a las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres, como la propuesta por Baron-Cohen (Baron-Cohen, Knickmeyer & Belmonte, 2005), según la cual el autismo no sería más que el reflejo de un cerebro extremadamente masculino, mientras que un cerebro extremadamente femenino podría guardar relación con la presencia de un Síndrome de Williams. Por otra parte, en una sociedad que busca optimizar el rendimiento, y que cada vez promociona más el entrenamiento de las funciones cerebrales para ser individuos más eficientes, conocer el momento óptimo para entrenar una determinada función supondría un paso más hacia ese objetivo. No queremos con esto decir que ser hombre o mujer o estar en una fase hormonal u otra suponga un estatus inferior con respecto a los demás, pues en todas esas condiciones funcionamos de modo similar y dentro de los rangos de la normalidad. Sin embargo, conocer el momento óptimo para entrenar una determinada función o para adquirir nuevas habilidades supondría optimizar el resultado y economizar
Consideraciones finales 121 en tiempo y recursos. Además, lejos de suponer una razón para la diferenciación entre individuos, podría ser un aliciente para la igualdad, pues trabajando o entrenando en el momento adecuado sabemos que el rendimiento de ambos sexos puede acercarse en mayor medida. Siendo individuos biológicamente muy diferentes, la ejecución de hombres y mujeres podría igualarse si se consideran sus peculiaridades y los posibles procesos de compensación que podamos presentar. Para finalizar, no debemos olvidar que los datos obtenidos en el presente trabajo y las conclusiones derivadas de él deben ser entendidos dentro del rango de la normalidad, y que están basados en promedios de grupos, y nunca un individuo es un promedio. Además se ha indicado que nuestras creencias y estereotipos acerca de cual es la realización cognitiva de “nuestro grupo de referencia” pueden afectar a nuestra propia ejecución (Steele, 1997). Si consideramos “nuestro grupo de referencia” en función del sexo, deberíamos pensar que ciertos estereotipos, presentes incluso en materiales de divulgación científica, podrían estar detrás de ciertas diferencias cognitivas entre hombres y mujeres.
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