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Una vida ejemplar, o sea La vida de Ginés de Pasamonte, que fue pícaro y ladrón y bogó en galeras de Diego San José de la Torre

Lorenzo San José, Antía

Abstract

Diego San José de la Torre (Madrid 1884 – Redondela 1962) fue un prolífico autor que desarrolló su actividad en el fecundo ambiente cultural de la Edad de plata. De su interés por el Siglo de Oro nace una literatura que se caracteriza por su arcaísmo y por la imitación de los clásicos españoles. El objetivo principal de este estudio es el análisis de su obra Una vida ejemplar: o se La vida de Ginés de Pasamonte (1916), en la cual San José toma el galeote de El ingenioso hidalgo do Quijote de la Mancha (1605) como personaje principal, a partir del cual recrea una narración de su vida como pícaro al modo literario del Siglo XVII. San José fue un escritor muy valorado por el público lector de su época, que sufrió durante la posguerra las consecuencias de su compromiso republicano, lo cual supuso prácticamente el fin de su carrera y de su popularidad. Su obra literaria ha recibido muy poca atención por parte de la crítica hasta la fecha. Este ha sido el caso de Ginés de Pasamonte, novela olvidada, cuyo estudio permitirá un acercamiento a las características de las narraciones que San José publicaba en los años diez. Se buscará en este TFG un estudio integral de la novela (narratológico, temático, estilístico), prestando atención especial a als obras clásicas que el escritor continúa. Se tendrá en cuenta asía el Guzman de Alfarache de Mateo Alemán como modelo más obvio para la construcción del personaje de Ginés, y las continuas referencias a géneros y personajes típicos de la literatura del Siglo de Oro, como relatos de Cervantes (“Rinconete y Cortadillo”, por ejemplo), las jácaras de Quevedo o la literatura de bandoleros. Asimismo, se intentará relacionar esta obra con algunos elementos propios del medio literario de la época, como el casticismo, las colecciones populares o las celebraciones del centenario cervantino. De esta manera se pretende avanzar en el conocimiento de la literatura española que más éxitos tenía entre los lectores de las primeras décadas del siglo XX

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Grao en Lingua e Literatura Españolas Traballo de Fin de Grao Una vida ejemplar, o sea La vida de Ginés de Pasamonte, que fue pícaro y ladrón y bogó en galeras de Diego San José de la Torre Autora: Antía Lorenzo San José Titora: Amparo de Juan Bolufer CURSO 2022–2023 1 Índice Resumen ............................................................................................................... 2 Introducción ........................................................................................................ 3 I. Diego San José de la Torre (1884-1962) ..................................................... 6 II. Historia textual ....................................................................................... 14 III. Análisis narratológico ............................................................................ 34 IV. Influencias literarias y fuentes............................................................... 51 Conclusiones ...................................................................................................... 57 Bibliografía ........................................................................................................ 62 Anexo ................................................................................................................. 65 2 Resumen 3 Introducción Diego San José, fiel amante de los clásicos, escribió numerosas obras donde toma el pasado literario como fuente de inspiración. Una de ellas es su Ginés de Pasamonte. La novela se plantea como una obra que rinde culto al Quijote y a la picaresca, publicada justamente en el tricentenario de la muerte de Cervantes. Así, es una narración tremendamente interesante por recrear el lenguaje, los temas, los personajes y la sociedad de los Siglos de Oro. El objetivo principal de este trabajo será, por ello, el análisis de la obra publicada en 1916 por San José Una vida ejemplar, o sea La Vida de Ginés de Pasamonte, que fue pícaro y ladrón y bogó en galeras. Se atenderá a los rasgos que configuran a su protagonista como pícaro, además de profundizar en otras dimensiones narratológicas como la estructura, la modalización, el tiempo y el espacio. Asimismo, se investigará la historia textual de la novela y cuáles son las fuentes del texto, aparte del Quijote, de las que San José ha bebido para la construcción de su narración. Como objetivo secundario, cabe mencionar el breve estudio que se hará en el capítulo primero sobre la vida y obra de Diego San José. Los motivos de la elección de este tema son diversos. En primer lugar, quiero destacar mi interés personal por la figura de San José por razones de parentesco, al haber crecido escuchando su nombre, puesto que se trata de mi bisabuelo. De este modo, he conocido de primera mano quién fue y he sabido el alto precio que tuvo que pagar en los años posteriores a la Guerra Civil por su compromiso ideológico, lo que produjo el olvido de su obra. Por consiguiente, he decidido estudiar su figura y analizar una de las obras literarias de su prolífica producción escrita con el fin de arrojar algo de luz sobre un autor tan poco estudiado y conocido por la crítica, y contribuir así a la recuperación de su nombre, ya iniciada con la edición reciente de algunos de sus textos. 4 En cuanto al estado de la cuestión, como consecuencia de la falta de investigación sobre San José, la obra que es objeto de mi análisis apenas ha sido estudiada. Solo podré apoyar mi trabajo en la publicación del artículo de Prada “Tres versiones de Ginés de Pasamonte” (1999), el cual solo hace un mero resumen argumental del relato. Existe asimismo una tesis de licenciatura donde se estudia el recorrido biográfico de San José y su trayectoria literaria (Muñoz, 1989), pero de la narración que nos concierne hay tan solo una mención en el listado bibliográfico final. Por consiguiente, la bibliografía sobre la novela es prácticamente inexistente. Por suerte, se podrá acceder al legado familiar para tener acceso de primera mano a la biblioteca y archivo personal del autor. En cuanto a la estructura de este trabajo, el primer capítulo se dedicará a presentar la vida de San José, desde su nacimiento en la capital madrileña y su paso por las cárceles españolas hasta su muerte en Redondela. Se prestará asimismo especial atención la evolución de su trayectoria literaria y periodística. Tras esto, el capítulo segundo estará dedicado al estudio de la historia textual del Ginés, ya que, fruto de mi investigación preliminar, se ha descubierto que existen dos ediciones muy diferentes de la obra. De este modo, se expondrán las principales variantes entre ambos testimonios. En el capítulo tercero, que es el central de mi estudio, se llevará a cabo un análisis narratológico de la obra de 1916, donde se prestará especial atención a la categoría narrativa del personaje. Se buscará identificar y analizar los rasgos que han permitido a San José caracterizar a Ginesillo como pícaro. El capítulo cuarto tendrá como objetivo contextualizar el Gines de San José dentro de las corrientes literarias de los años diez, así como definir cuáles han sido las principales fuentes y modelos que han servido como base para la creación de la narrativa picaresca 5 que se presenta en el relato. Por último, se ha incluido un anexo con diversa documentación que servirá como apoyo para la explicación de ciertos asuntos mencionados a lo largo de este estudio. Por lo que se refiere a la metodología escogida, con el fin de poder estudiar la historia textual de la novela, se hará una búsqueda de testimonios en bibliotecas, archivos y hemerotecas para posteriormente cotejar las variantes principales entre los textos hallados. En el capítulo de análisis narratológico se empleará el método y los conceptos propuestos por Genette (1989). Además, los estudios de Rey Hazas (1999, 2003) sobre la materia picaresca serán especialmente útiles para mi investigación genérica. Finalmente, para el capítulo cuarto se realizará un estudio comparado con algunas obras que San José utilizó como modelo, tales como “Rinconete y Cortadillo”, Guzmán de Alfarache o el Lazarillo de Tormes, entre otros. 6 I. Diego San José de la Torre (1884-1962) Diego San José de la Torre nace en agosto del año 1884 en Madrid, ciudad que acoge toda su infancia y juventud 1 . Sus padres, que gozaban de una posición económicamente saneada gracias al negocio familiar de alquiler de coches de lujo, lo escolarizan desde los cinco años, primero en colegio Montserrat y luego en las Escuelas Pías de San Antón. De esta etapa escolar recuerda amargamente en sus Memorias de un gato (2018: 74) la educación recibida por parte de los profesores en base a la máxima de “la letra con sangre entra”. Estas vivencias lo marcan de tal modo que les dedica dos artículos en el Faro de Vigo: “La letra con sangre entra” de 1959 y “Azotes y bofetadas” de 1960. De este modo, es este cruel sistema el que, muy a disgusto de su padre, le hará abandonar los estudios. San José confiesa en sus memorias: “Mi buen padre -justo es reconocer que con toda razónse daba a todos los diablos con tan pertinaz desaplicación por mi parte y acabó desterrando de mi cuarto todo libro y papel que transcendiese a literatura” (2018: 194- 195). Desde la infancia siente pasión por el mundo literario. Como se narra en Memorias de un gato (2018: 71), en la casa donde vivía frecuentaba la compañía de Isaac Barba, ahijado del afamado compositor Albéniz. Tal era la pasión de la familia Barba por la música que los niños jugaban a representar zarzuelas. En palabras de Diego San José (2018: 71-72): Influenciados por el ambiente filarmónico en que vivían, jugábamos a los cómicos, representando, unas veces en teatro de papel, que hacía muy bien Isaac, y otras, siendo nosotros mismos públicos y actores, las obras que por entonces estaban en boga y que componían nuestro repertorio: La leyenda del monje, Los aparecidos, El monaguillo, El chaleco blanco. 1 La mayor parte de la información de este apartado ha sido seleccionada del prólogo de Memorias de un gato, escrito por Miguel Ángel Buil Pueyo (2016), y de “Introducción a la vida y obra de Diego San José” por María José Muñoz Pérez (1986). 7 Además, aunque su padre, don Juan Manuel, intentó alejarlo inútilmente de la literatura fue quien, irónicamente, expuso a Diego al mundo teatral por ser un gran conocedor y admirador de los autores del momento. Disfrutaban prácticamente de todas las funciones teatrales que se daban en el Madrid de la época, despertando en el niño un gran interés por el teatro. En Gente de Ayer San José rememora esas tardes infantiles: “Bien se me acuerda que era una de aquellas lejanas y nostálgicas tardes infantiles en que me llevaban al teatro y con la que estaba soñando toda la semana” (1952: 47). Este despertar literario se sacia con las primeras lecturas de la niñez, entre las que destacan Perrault, Grimm o Andersen, que posteriormente serían sustituidos por los Episodios Nacionales de Galdós o los clásicos del Siglo de Oro. En la adolescencia comienza a escribir sus primeros versos a escondidas de su familia. En su eterno afán por disuadir a San José de su pasión literaria, su padre consigue que entre como discípulo de Alejandro Saint-Aubin, pintor costumbrista. Sin embargo, Saint-Aubin, que paralelamente a su labor artística colaboraba con El Liberal y posteriormente con El Heraldo, fue la vía ideal para que San José comenzase a tomar contacto con el mundillo literario del momento a través de las diversas tertulias que se celebraban en el estudio del pintor en la calle Huertas. Saint-Aubin era gran aficionado a la literatura y conocedor de las grandes figuras teatrales del momento. La heterogénea tertulia del pintor era frecuentada por diversas personalidades en los primeros años del siglo XX, entre las que destaca Valle-Inclán y la que se convertiría en su futura esposa Josefina Blanco, Martínez Sierra, Benavente, Pío Baroja, Pérez de Ayala o Enrique de Mesa. En palabras de San José (2018: 180-181): Al promediar la tarde, comenzaba a ser el estudio un deleitoso rinconcillo del Parnaso por la gente que solía acudir a visitar al maestro. […]. Allí vi por primera vez a Benavente, casi recién salido del cascarón, a raíz del externo de su bellísima comedia La comida de las fieras. Cierta tarde, asistió Galdós a la lectura de la adaptación escénica de su novela La familia de León Roch, hecha por dos redactores del Heraldo (Jerique y Roca), que no fue del agrado de Don Benito. 8 San José, refiriéndose a Saint-Aubin, comenta: “quiso ser mi maestro de dibujo y no fue sino el inductor de mis hazañas literarias, pues que dejé a un lado el carboncillo y los lápices por la pluma” (2018: 165). Por esta época también fue escribiente en los juzgados de las Salesas y secretario particular de Don José Canalejas, cuñado de Saint-Aubin. El joven escritor no tardaría en iniciar su carrera literaria. Publica sus primeros versos en Madrid Cómico dirigido por Sinesio Delgado y en Vida Galante dirigida por Eduardo Zamacois. En relación con Vida Galante, San José comenta en Memorias de un gato: “Esta alegre revista de Barcelona, como Madrid Cómico, admitía la colaboración espontánea y sostenía correspondencia con los aspirantes a “genios” que, solo por “amor al arte”, escalaban las satinadas páginas de dichas publicaciones” (2018: 196). De este modo, San José envía un romance titulado “Dama de muchos galanes” que será finalmente publicado. Tras esto, 1908 será el gran año en que el joven escritor estrena su primera obra teatral, Un último amor, en el Teatro de la Princesa. Es una comedia en verso basada en un episodio biográfico de Lope de Vega que inaugura su producción dramática: “enjareté una piececilla dramática cuyo tema tenía por asunto el erótico idilio de la postrera hija del «Fénix» con un prócer cortesano” (San José, 2018: 204). El estreno fue un rotundo éxito: “Al día siguiente, la crítica me trato con toda clase de elogios” (San José, 2018: 207). Esta primera comedia es solo el principio de su producción teatral. En 1911 estrena junto a Enrique Reoyo la adaptación del drama de Víctor Hugo El bufón del rey. Posteriormente, en 1918, estrena El manteo prodigioso con la colaboración de Nieves Suárez, y en 1923 en el Teatro Español una refundición de La ilustre fregona de Cervantes. De este modo, como vemos en algunas de las obras mencionadas – que suponen solo una muestra de su producción teatral –, el denominador común de su trabajo 15 de la obra, como borradores fechados, reseñas o cartas del autor, por lo que, por el momento, no se puede precisar la fecha de la publicación de ningún otro modo. Al igual que el título, las dedicatorias también varían entre los dos testimonios, ya que al ser publicados en años distintos la primera perdió todo el sentido: en A se lee “a la altísima memoria del Príncipe de los ingenios españoles, D. Miguel de Cervantes Saavedra, en el tercer centenario de su muerte”; mientras que en B “a la altísima memoria del Príncipe de los ingenios españoles, Don Miguel de Cervantes Saavedra, el más fanático de sus devotos”. En ambos casos, a esta dedicatoria le sigue un prólogo que coincide en los dos testimonios. Lo constituye un fragmento del capítulo XXII de la primera parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Cervantes: 2015: 204- 206), pasaje donde se presenta al personaje de Ginés de Pasamonte, un condenado a galeras que promete la publicación de un libro titulado La vida de Ginés de Pasamonte. La variante más obvia entre el testimonio A y el B es la adición de una segunda parte al completo con diecisiete capítulos, tal y como prometía Ginés al final de la primera desde galeras: Meditando en el banco, descansando de ayunos y azotes, a tiempo que medite mi revancha, tendré lugar de escribir la parte segunda desta vida ejemplar. Esta de ahora, si no cambia la suerte, recelo que tendré que dejar empeñada por lo que me den. (San José, 1916a: 173) De este modo, mientras que A está compuesto por un prólogo y una primera parte, B contiene el mismo prólogo, una primera parte con ligeras variantes que se comentaran a continuación, y una segunda totalmente inédita. Conviene en este punto hacer un resumen del argumento de la parte primera para poder entender las referencias que se harán a lo largo de este trabajo. El relato se abre con la genealogía de Ginés. Con motivo de una venganza familiar, sus parientes maternos 16 asesinan a su padre. Ante este panorama desolador, su madre decide que se mudarán a Sigüenza, donde se amanceba con un clérigo al que un Ginés todavía niño utilizará como diana de sus travesuras. Una de las maldades que lleva a cabo consiste en atar unos cencerros a la cama del clérigo, para que, cuando se fuese a “echar la siesta” con su madre, el lecho sonase estrepitosamente, poniendo de relevancia la lascivia del cura. Ginesillo pagará por esta travesura, ya que su madre y el religioso planean enviarlo con algún amo tan pronto sea posible. Así, pasa al servicio de don Francisco y doña Ana, un matrimonio de edades muy desiguales y mal avenido. Ginesillo comienza a hacer de alcahuete de la joven, pero don Francisco descubre la infidelidad y son castigados sin salir. Cuando termina el encierro, el anciano encarga a Ginés entregar un saco de monedas en el pueblo. Sin embargo, las intenciones del pícaro son bien distintas, puesto que huye con el dinero a Sevilla. En el camino hacia la ciudad hispalense, Ginés hace una parada en Córdoba, donde busca hacer, como lo llama él, su “primer negocio”. Intenta robar al recaudador de impuestos, aunque sus planes se truncan, por lo que Ginés tiene que huir de la ciudad. Una vez en Sevilla, se hace esportillero por ser el mejor modo de ejecutar el oficio de ladrón. Su primer cliente, o más bien víctima, es un hidalguillo al que Ginés roba el encargo. Es interceptado en su huida por comitiva de ladrones que le presentará a Monipodio y lo introducirá en los más bajos fondos de la ciudad. Se une a ellos, a los que debe pagar una tarifa por robar. Pasa dos años viviendo de este modo, pero le empieza a molestar tener que rendir cuentas a la archicofradía de ladrones, ya que, “aquella vida fiscalizada […] comenzó a darme fastidio y nostalgia de la libertad perdida” (San José, 1916a: 86). Por tanto, decide abandonar Sevilla y, en la ruta hacia Zalamea, roba una mula a un arriero. Al llegar al 17 pueblo, es descubierto por el dueño del animal hurtado, por lo que va a la cárcel por primera vez. Lejos de sentirse intimidado por estar entre rejas, Ginesillo hace muestra de su ingenio y valía. Su carácter osado produce una reyerta que termina con la fuga de Ginés y otros tantos presos. El pícaro huye hacia Sierra Morena, y, en el camino, libera a un hombre atrapado en un cepo. Para sorpresa de Ginés, el desconocido se presenta como capitán de bandoleros. El joven pasa desde ese momento a ser su confidente y se integra a la perfección en la banda. Permanecerá con ellos más de cinco años. Su mayor golpe es el robo a una rica dama que porta unas valiosas joyas. Ginés urde el plan: se disfrazarán de gente de ciudad, y romperán el coche de la muchacha para, casualmente, ofrecerles el suyo para viajar y así tenderles la trampa. Dejan a la joven y a su mayordomo atados a un árbol y huyen con el botín. Ginés espera una parte mayor de la recompensa por haber diseñado la maldad, pero, desafortunadamente para él, no es así y recibe lo mismo que el resto. Indignado, se pelea con el capitán y termina asesinándolo. Ante esto, huye a la Serranía de Córdoba. Haber cometido este crimen trastoca a Ginés hasta el punto de que decide “alejarse” temporalmente de la mala vida. Se hace “caballero de industria” y vive cinco años entre Valladolid, Madrid, Barcelona y Portugal. Posteriormente, conoce a doña Carmela, una viuda rica. Ginés ve una oportunidad de negocio, por lo que la seduce y organiza una boda para poder disfrutar de su dinero. A la celebración acude el hermano de la novia, don Tirso. La anagnórisis viene dada porque don Tirso no es otro que el mayordomo de la dama a la que robaron en Córdoba. A consecuencia de esto, Ginés es arrestado y condenado a galeras. Cuando parece que el pícaro está a punto de tener una vida mejor y más asentada, la Fortuna se sitúa en su contra. 18 De este modo, sale de camino a Andalucía. Bogó en galeras más de cuatro años y tras esto, es puesto en libertad sin ningún tipo de esperanza de reinserción: “repartiéronnos […] para tornar a hacer méritos que de nuevo nos llevaran a remar de balde en las galeras del Rey” (San José, 1916a: 163). Ginés vive en Talavera una temporada, donde acude a un garito en el que se reunía, en sus palabras “lo más florido y rameado del hampa” (San José, 1916a: 167) para planear sus hurtos, aunque, sorprendentemente, no se quiere ver inmiscuido en ningún crimen. Sin embargo, el pícaro se ve envuelto en una reyerta causada por un jaque que intenta vengarse de un enemigo secuestrando y subastando la virginidad de su hija. Ante esto, Ginés sale en defensa de la muchacha y ataca al malhechor. Tras una gran pelea, el pícaro se despierta en el hospital. Ginés salió erróneamente condenado a galeras por diez años más, ya que en el reporte de los sucesos aparece como otro de los bellacos que se disputó a la joven, y no como su defensor. Parte a la mar junto al jaque causante de su desdicha, y es justamente en este punto desde donde arranca la segunda parte que figura en el testimonio B. Aunque entre A y B apenas existen variantes estilísticas, sí hay cambios en la numeración de los capítulos por la inclusión de uno totalmente nuevo en B (capítulo III). Asimismo, aunque el texto permanece prácticamente intacto, en los capítulos I, II y VIII de B se insertan fragmentos que completan la información dada en A. De este modo, en el capítulo I de B hay una adición de material textual de tres párrafos, donde la voz narrativa aclara en qué momento se casan sus padres: Más de seis años que estuvieron casados por el gusto de sus cuerpos y por la gracia de Dios, no más angélico que yo vino a visitarles […] al cabo de otros cuatro años vínole en gana a mi señora autora de legalizar el agradecimiento por mediación de nuestra santa madre Iglesia. (San José, 1922: 15-16) 19 Frente al testimonio A: “al cabo del año que era cumplido el primero aniversario de la viudez, vínole en gana de legalizar el agradecimiento por mediación de la santa madre Iglesia” (San José, 1916a: 23). Hay otra adición en este mismo capítulo, ya que mientras A termina con la partida de madre e hijo hacia Sigüenza tras el asesinato del padre de familia y la pérdida de la cosecha por un incendio, B incluye seis párrafos a mayores a modo de cierre. En este pasaje la voz narrativa relata como la mayoría de los hombres se querían aprovechar de su madre en el camino, ya que “como la miraban hermosa y sin amparo, todos querían aprovecharla para sembradura de aquel pecadillo por el que a todos nos perdieron nuestros primeros padres” (San José, 1922: 18). De igual forma, en el capítulo II del testimonio B se añade un párrafo final a modo de cierre, que conecta e introduce el capítulo siguiente, el III, que es una adición de la edición de 1922. Ginés menciona “cierta bellaca industria en que dio el tío […] para explotar la credulidad y las faltriqueras de los bobos” e invita al lector a continuar la lectura: “dobla, pues, la hoja, compadre lector” (San José, 1922: 29). De este modo, el mayor cambio viene dado por la incorporación de un capítulo III totalmente novedoso, titulado “Donde Ginesillo cuenta la milagrosa industria del cura y el sacristán Pasillas, para alucinar bobos, y de cómo se deshizo la influencia sobrenatural”. Básicamente, un Ginés todavía niño relata la envidia que siente su “tío” – que no es otro que el clérigo con el que vive amancebada su madre – ante el milagro que se produjo en un pueblo vecino, protagonizado por la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Hoyo, que siempre reaparecía en la cueva donde fue descubierta. Ante esta situación, el clérigo se alía con el sacristán Pasillas (quien, por cierto, es un personaje totalmente nuevo, introducido por primera vez en este capítulo, y no presente en la edición de 1916), para inventarse un milagro en torno al Cristo de la Agonía de su iglesia. Comienzan a difundir que la estatuilla suda, lo cual no es más que una estratagema por la 20 cual colocan una esponja mojada bajo el cabello del Cristo que simula el efecto del sudor. Aunque al principio consiguen enriquecerse por los peregrinos que acuden, son finalmente descubiertos por el Obispo, y el canónigo es enviado fuera de Sigüenza a modo de castigo. En el capítulo siguiente Ginés es contratado como paje y abandona el hogar familiar. Es interesante el carácter crítico de este capítulo hacia la Iglesia y las motivaciones económicas de algunos de sus representantes, ya que conecta con una línea temática e ideológica que se inicia en el Lazarillo y que ataca la religiosidad falsa y la avaricia del clero. Cabe recordar que, de los nueve amos de Lázaro, cinco pertenecen a la clerecía y todos ellos se comportan de un modo reprobable. De este modo, Ginés, al igual que Lázaro, crece con unos valores morales totalmente invertidos. Finalmente, en el capítulo VIII del testimonio B está la última adición. Son cinco párrafos donde Ginés, que trabaja de esportillero para una comitiva de ladrones en Sevilla, pone de relieve su talento para la profesión de pedigüeño y ladrón: “ninguno entre todos los notables de la pedigüeñería mostraba más arte que yo para ablandar los corazones duros y reacios a la limosna” (San José, 1922: 60). Asimismo, en el testimonio B hay pequeñas modificaciones textuales que no afectan a la trama, sino que son variantes meramente estilísticas que se dan en los capítulos II, VIII, X, XII, XIII. Por ejemplo, en el capítulo II de A figura “la mi madre”, mientras que B escribe “mi madre”, o “en toda la tarde” en A por “ya en toda la tarde” en B. Además, en este capítulo hay un error de omisión: la voz narrativa quiere expresar que en la casa del cura no se pasa hambre, por lo que aparte de la vigilia de Cuaresma, no había otras en todo el año (San José, 1916a: 23). Sin embargo, en el testimonio B se puede leer “celebrábanse otras en todo el año”, mientras que, en el A, como es correcto, aparece en forma negativa: “no se celebraban otras en todo el año”. De igual manera, en el capítulo VIII de B aparece “en el oficio de esportillero más comestibles y voluntades robé que un 21 corsario de Argel” (1922: 69), mientas que en A se decía “en el oficio de esportillero, más comestibles y voluntades robé que Caco” (1916a: 85). Por lo demás, hay modificaciones menores en los capítulos X o XII relativas al sistema de puntuación, como la adición de comas o símbolos de exclamación. Cabe destacar que para este trabajo se ha utilizado una edición de 1922 perteneciente al autor, por lo que hay pequeñas anotaciones autógrafas hechas por Diego San José sobre el texto impreso, que ponen de relieve el interés del autor por corregir y revisar su obra. Sabemos con certeza que se trata de su letra porque se han cotejado varias cartas autógrafas del archivo familiar y se comprueba que coincide con la caligrafía que aparece en el testimonio B. De este modo, en el capítulo II añade un “no” a “celebrábanse” (1922: 23) para solventar el error de omisión comentado anteriormente; en el capítulo IV de B corrige “siete años contaba” por “once años contaba” (1922: 38); en el capítulo VI de B reemplaza “condición” por “servicio” (1922: 58) y en el VII “Huelva” por “Écija” (1922: 53); en el VIII modifica “mía” por “coima” (1922: 62); en el XIII añade “luego” en “se apee luego del coche” (1922: 90); en el XIV cambia “hundida” por “hendida” (1922: 93), y, por último, en el III de la segunda parte, sustituye “aunque” (1922: 118) por “magüer”, probablemente por el tono arcaizante de este último. Asimismo, el ejemplar utilizado en este estudio contiene numerosas ilustraciones originales de Andrés Martínez de León 2 (véase anexo 3) e incluye una dedicatoria autógrafa del dibujante a San José: “A Diego San José, autor de este libro, en testimonio de mi admiración y amistad”. 2 Andrés Martínez de León (1895- 1978) fue un poeta e ilustrador sevillano conocido principalmente por su popular personaje Oselito y por sus crónicas taurinas. Consolida su carrera durante los años 20 y 30 en diarios como El Noticiero Sevillano, El Liberal, El Heraldo de Madrid o El Sol. Puede consultarse su biografía en la web de la Fundación Martínez de León. http://www.fundacionmartinezdeleon.com/Andres-Mart-nez-de-Leon/. 22 En cuanto a la segunda parte, comienza con un epígrafe donde se aclara la compleja transmisión del texto, lo cual remite al tópico del manuscrito encontrado, ya parodiado por Cervantes. Este juego entre autor ficticio y editor viene adelantado en la edición de 1916, puesto que se señala en el título de la portada que la obra “la halló y publica ahora por primera vez Diego San José” (San José, 1916a: 163). Además, este editor es quien presuntamente escribe los subtítulos de cada capítulo, dado que hay un cambio entre la voz del narrador homodiegético del texto narrativo (Ginés) y la presente en dichos subtítulos, propia de un narrador heterodiegético. Véase, por ejemplo: “Capítulo Primero: Donde Ginesillo cuenta su ascendencia y hace devota y gustosa memoria de los días de su infancia” (San José, 1922: 19). Diferenciamos así tres niveles: el autor real, Diego San José; el autor ficticio, Ginés; y un editor que se pretende hacer corresponder con el autor real: Esta segunda jornada de La Vida de Ginés de Pasamonte fue vendida por su autor a un mercader de libros de Valencia, el cual según documentos que obran en manos de quien ahora la publica, pagó por ella mucho menos del precio en que fue empeñada la primera. (San José, 1922: 113) A continuación, el relato se abre con un prólogo donde se apela directamente al “amigo lector”, en el cual, mediante la captatio benevolentiae, Ginés justifica el estilo descuidado de su redacción: Estos folios íbalos escribiendo conforme los vivía, y luego cuando hallaba algún rato de lugar procuraba ordenarles y aún corregirles algo. Así y todo, temo que se trasluzca la priesa, pero, por otra parte, pienso que lo que puedan perder en floreos y cuidados de estilo (que no me tengo por estilista) ganado lo llevan en espontaneidad. (San José, 1922: 115) Esta segunda parte está llena de nuevas anécdotas de un Ginés más desmotivado que nunca por haber sido condenado injustamente (“y es que como entonces me perdieron por hombre honrado, hacíase muy más cuesta arriba; porque nunca las vejaciones y los 23 castigos pesan tanto como cuando son injustos” San José, 1922: 118). Las desventuras del galeote comienzan cuando el grupo de presos hace noche en una venta. Ginés roba una gallina para ganarse el favor del comisario, pero el ventero descubre el hurto y es castigado con cincuenta varazos. El capítulo III “En el que Ginesillo refiere el providencial encuentro que tuvo la cuerda de galeotes con el famoso don Quijote de la Mancha, en el que hallaron toda la libertad” es especialmente interesante por reproducir literalmente partes del capítulo XXII de la primera parte del libro cervantino, todo enmarcado por la introducción y cierre narrativos de San José. En palabras de Juan Manuel de Prada (1999: 137): “aunque la expresión verbal sea idéntica, la versión de Diego San José es incalculablemente valiosa por lo que tiene de empresa complejísima de mimetismo”. Es interesante ver las dos perspectivas desde las cuales se narra un mismo encuentro. Por un lado, tenemos la visión que da el narrador heterodiegético de la obra cervantina a medida que caballero y escudero se aproximan al grupo de galeotes y, por otro, está la del propio Ginés, narrador homodiegético: […] don Quijote alzó los ojos y vio que por el camino que llevaba venían hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos; venían asimismo con ellos dos hombres de a caballo y dos de a pie. (Cervantes, 2015: 199) Cruzando íbamos el campo de Calatrava cuando por el camino que llevábamos vimos acercarse a dos hombres: caballero el uno en un flaco rocín y el otro en un lucido rucio. El de a caballo tenía porte militar, entre antiguo y moderno, y tirando mucho a lo extravagante. (San José, 1922: 132) Tras una breve introducción de San José a la escena del encuentro entre don Quijote y los galeotes, se pasa a introducir casi literalmente el pasaje del Quijote (2015: 200-202) 24 dentro de la narración homodiegética de Ginés, donde El Caballero de la Triste Figura somete al grupo de galeotes a un interrogatorio exhaustivo sobre las causas que los han llevado a tan triste estado de aprisionamiento. Contrasta el lenguaje meticuloso y cuidado de don Quijote con las respuestas en tono burlesco que dan los galeotes. Así, emplean “cantar el ansia” por “confesar” o “untado con ellos la péndola del escribano” por “sobornar al funcionario”. (1922: 34-35). La comicidad de este episodio se produce por los equívocos lingüísticos, ya que los galeotes utilizan un registro distinto, en el que las mismas palabras tienen significados diferentes en el argot o jerga de los delincuentes, lo que provoca que don Quijote no entienda la naturaleza de los delitos por los que están condenados. En todos los casos, San José señala la procedencia ajena del texto con comillas, para poder diferenciar qué texto es el escrito por él y cuál por Cervantes. El autor madrileño empleó este mismo recurso en la adaptación que hizo de “La Gitanilla”, novela ejemplar cervantina llevada a las tablas en 1923. Tal y como explican Montero y Álvarez: Es conveniente destacar el hecho de que San José en su adaptación incluya, en un gran número de intervenciones, reproducciones literales del texto de la GMC que aparecen entrecomillados para diferenciarse de aquellos que son de cosecha propia; y es precisamente en estas intervenciones en las que se puede apreciar la caracterización lingüística de los personajes en la GSJ. (2020: 153-154) Los únicos cambios que alteran la literalidad con que se copia el texto son los que hace San José para evitar mencionar el nombre de “don Quijote”, ya que, en su narración, contada desde los ojos de Ginesillo, el hidalgo es todavía un desconocido que no ha tenido tiempo de presentarse. De este modo, sustituye don Quijote por “el curioso” (133), “el hombre” (133), “su merced” (134). “el caballero” (134), “el hidalgo” (135), “el preguntón” (135), “el otro” (135) o “el examinador” (136). 31 Una vez hecho el recorrido argumental por la parte segunda del Ginés, es necesario volver a mencionar el artículo publicado por San José en 1916 en la revista La Esfera. Se acompaña de una ilustración firmada por Ricardo Marín 3 donde se ve a un Ginés ataviado de feriante y acompañado de un mono, lo cual se refleja en varios episodios del testimonio B, por lo que quizás San José ya tenía en mente la redacción de una segunda parte cuando publicó este artículo o bien el dibujante simplemente está recordando la narración cervantina. Cuenta con dos partes diferenciadas: en la primera, un narrador heterodiegético repasa el recorrido vital del protagonista desde que es liberado por don Quijote del grupo de galeotes, lo que se corresponde, argumentalmente, con el capítulo XXIII de la primera parte del Quijote. En la segunda, separada por unos símbolos, se produce un salto temporal hasta el presente del narrador, que coincide con la celebración del tricentenario del Quijote. Es necesario, llegados a este punto, destacar la polémica que hubo en la época sobre esta conmemoración. Por ejemplo, se hizo un concurso para erigir un monumento conmemorativo y el fallo del jurado fue muy criticado. De hecho, los años pasaron y el monumento no se llegó a construir. Guereña (2014: 91) pone de manifiesto la importancia de la celebración en las siguientes líneas: El tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote en 1905 iba, pues, a representar sin duda una ocasión idónea para llevar a cabo o proseguir un proyecto nacionalizador -no sin problemas, desde luegodentro del marco de una conmemoración nacional de gran envergadura. En este punto se sitúa Ginés, que no ha muerto, sino que queda en la tierra “para guía y enseñanza de rateros” (San José, 1916b: 13). El galeote decide acudir a dicha celebración en la corte en busca de don Quijote y Sancho, que viven eternamente aún sin ser espíritus 3 Ricardo Marín Llovet (1874-1942) fue un pintor y dibujante que ganó gran fama por sus ilustraciones de Don Quijote (como es el caso) y por su pintura taurina. Colabora con revistas como Madrid Cómico, La Esfera y La Vida Literaria, entre otras (Rubio, 2008: 117). 32 fruto del éxito literario de la obra cervantina. Al no encontrarlos, decide aprovechar la ocasión para llevarse el dinero del tesoro destinado a la fiesta. La voz narrativa sugiere que no es motivo de arresto, ya que “no ha hecho más de lo que pensaban algunos galeotes de levita” (San José, 1916b: 13). Con esto, se critica que otros “galeotes de levita”, es decir, otros “ladrones vestidos de etiqueta” refiriéndose a aquellos pertenecientes a clases altas y educadas, también hayan pretendido incurrir en el mismo robo que el pícaro. Además, no deberían formar parte de la celebración porque no han leído el Quijote, ya que “no conocieron más de la cubierta” del libro (San José, 1916b: 13). Es igualmente interesante la mención que se hace a las memorias de Ginés, lo que constituye la autobiografía ficticia que San José publicaría posteriormente. Se comenta que sus “memorias, para duelo de la briba y la truhanería, quedáronse en la cárcel de Ciudad Real” (San José, 1916b: 13). Aunque en los testimonios A y B no se especifica la ubicación de las memorias en la cárcel, sí que se dice que quedaron empeñadas. De este modo, aunque hay puntos convergentes con la trama de B (el robo del asno, el escondite en Sierra Morena ayudado por pastores…), se narran hechos que no serán recuperados en ninguno de los testimonios, como los trabajos a los que se dedica Ginés tras abandonar al grupo de bandoleros del que formaba parte: “de entonces fue de todo, perrero en la catedral de Sigüenza, alguacil de la chancillería de Valladolid, licenciose de escribano en Medina y aun fué poeta de comedias, las cuales, naturalmente, robaba hechas” (San José, 1916b: 13). Tras este capítulo donde se han estudiado los dos testimonios del Ginés de Diego San José (1916a y 1922), así como el artículo dedicado al pícaro (1916b), es evidente la intrínseca conexión de la parte segunda con la obra cervantina por el ejercicio de imitación que se lleva a cabo, todo dentro de una trama episódica perfectamente ensamblada. San José ha sabido recoger al personaje de Ginés nacido de la imaginación 33 de Cervantes para darle un pasado y un futuro. Lo ha dotado de vida como un personaje ajeno al Caballero de la Triste Figura, con sus propias vivencias, preocupaciones y ambiciones. La inserción de pasajes extraídos directamente del Quijote es totalmente innovadora en relación con la parte primera que se presenta en la versión de 1916a. De este modo, el homenaje a Cervantes es total, ya que la ampliación narrativa hace que la obra se vea mucho más conectada con la novela cervantina que la primera parte, al establecer puentes directos entre las dos obras. Para finalizar, la falta de atención que ha recibido el Ginés de Pasamonte de Diego San José hace que apenas haya bibliografía donde se estudie la historia textual. De hecho, solo contamos con un análisis superficial de Prada (1999) que se centra en el resumen argumental de la novela. Así, tras cotejar las dos versiones, confirmo la existencia de una segunda edición ampliada y revisada por el autor publicada en 1922, cuyas principales diferencias han sido analizadas a lo largo de este capítulo. 34 III. Análisis narratológico En este capítulo se realizará un análisis narratológico de la obra que es objeto de nuestro estudio, y se comentará, en orden; la estructura, la modalización, los personajes, el espacio y por último, el tiempo. Se prestará especial atención a la noción de personaje, ya que el aprovechamiento que hace San José de Ginés, figura del Quijote, es lo que motiva toda la narrativa. Ginés de Pasamonte (1916a) se divide externamente en un prólogo y una “parte primera”. Esta, a su vez, contiene dieciséis capítulos. En cuanto a la estructura interna, San José toma el esquema de viaje propio de la picaresca que se impone con el Guzmán de Alfarache, frente al modelo del Lazarillo, cuyo protagonista pasa de amo a amo. De este modo, se trata de una estructura itinerante y episódica, lo cual constituye el molde perfecto para la narración autobiográfica del pícaro. En cuanto a la modalización, Ginés de Pasamonte sigue el modelo de la novela picaresca prototípica que utiliza un narrador homodiegético que cuenta su propia vida. De este modo, hay un doble plano temporal configurado por el yo narrador, situado en el eje temporal en el que se realiza el acto narrativo, cuando el pícaro acumula ya cierta edad y está a punto de salir de galeras, y el eje en el que se sitúa el Ginés protagonista de los acontecimientos que se van narrando, que no es más que el “yo” pasado rememorado por el protagonista adulto. Así, se produce un juego temporal entre estas dos instancias, típico de los relatos autobiográficos cuya narración es ulterior, donde a medida que avanza el relato la distancia temporal entre los dos planos es menor. Solo en dos ocasiones el Ginés que escribe desde galeras inserta sus juicios, véase “once años contaba yo entonces; treinta y dos tengo ahora; aún no se me ha borrado del pensamiento el trazo de su imagen” 35 (San José, 1916a: 44) y “aquella tarde, y la que ahora me lleva por segunda vez a galeras, han sido las únicas […] que han manchado mis manos” (San José, 1916a: 143). La primera frase del libro es tremendamente interesante por definir con extremada claridad ese narrador autodiegético a través del pronombre personal tónico de la primera persona: “yo, señor, no soy así como se quiera flor de inclusa ni fruto de hospicio” (San José, 1916a, 19). Además, se dirige a un “señor”, lo cual remite directamente al inicio del Buscón de Quevedo: “Yo, señor, soy de Segovia” (Quevedo, 1948: 11). Esto es un hecho prácticamente aislado, ya que no se vuelve a dirigir a una segunda persona hasta la página que cierra la obra: “En fin, amigo lector, quien quiera que fueres, hasta pronto” (San José, 1916a: 173). Por consiguiente, en el desenlace se produce un cambio y el narrador se dirige entonces al público lector. Este es precisamente uno de los rasgos definitorios de la autobiografía picaresca, ya que el apicarado, que es narrador y protagonista; plantea un juego dialéctico con el destinatario de su relato, que pasa a ser testigo de su recorrido vital. De este modo, está en su mano compadecerse del pícaro a la vista de las desgracias narradas, lo que enlaza directamente con el fin apologético de la picaresca. De esta manera, Lázaro se dirige a “Vuestra Merced” para explicar su “caso”; Guzmán se dirige al “lector”, al igual que Ginés, para explicar las adversidades que marcan su vida y que finalmente lo han llevado a la conversión. En el caso que nos atañe, Ginés busca explicar los motivos que lo han llevado a acabar en galeras. De este modo, el lector juzga en todos los casos a los pícaros, entendiendo que la suma de dificultades que han tenido que vivir sirve, en parte, como un pretexto justificativo para las complicadas situaciones en las que se encuentran (Rey Hazas, 1999: 40-45). La única ocasión donde hay un cambio en el narrador es, como ya se comentó en el apartado dedicado a la historia textual, en los subtítulos de los capítulos, donde se da voz a un narrador heterodiegético que se corresponde con el editor, como se ve por 36 ejemplo en el capítulo XVI: “Donde se cuenta cómo Ginesillo entra en Sevilla con muy buen pie” (San José, 1916a: 73). Asimismo, el formato de los subtítulos constituye otra conexión directa con el modelo picaresco, donde es habitual encontrar subtítulos largos y descriptivos también con un narrador heterodiegético. Por ejemplo, el capítulo II del Guzmán lleva por subtítulo “Guzmán de Alfarache prosigue contando quiénes fueron sus padres. Principio del conocimiento y amores de su madre” (Alemán, 2015: 137). Ginés alcanza gran perfección formal a lo largo de la obra como narrador. En parte, esta facilidad a la hora de redactar se puede atribuir a que Ginesillo estuvo escolarizado, como explica en el capítulo III: “Para prepararme a la marcha pusiéronme por entonces a la escuela, a la que asistí con más aplicación y constancia de la que hacían esperar mi natural inquieto y travieso” (San José, 1916a: 29). De hecho, en su propia casa se preocupan por su estudio: “tomábame el tío lición en casa” (San José, 1916a: 29). De este modo, San José se ha preocupado de dotar a su protagonista de una cierta alfabetización que pueda sostener que un galeote como Ginés haya escrito una autobiografía perfectamente hilada. Mateo Alemán fue todavía más precavido, ya que tuvo la genialidad de convertir a su Guzmán en un hombre culto tras su paso por la Universidad de Alcalá, lo que acredita totalmente la perfección formal de la obra. En cambio, el caso del Lazarillo es muy diferente, ya que su buena redacción no está justificada para un hombre sin estudios como Lázaro (Rey Hazas, 1999: 30). El siguiente punto trata el análisis de los personajes. Es interesante comenzar con el origen de Ginés de Pasamonte ya en la narrativa cervantina, pues es de donde se extrae la figura del pícaro y el mote de “Ginesillo de Parapilla” 4 , utilizado en varios momentos 4 El mote de Parapilla quizás venga de una frase italiana usada para incitar a la persecución de un delincuente: “Para! Piglia!” (Cervantes, 2015: 205). 37 de la narración. Tradicionalmente se señala que la posible fuente de inspiración para Cervantes en la creación del personaje está en la figura real de Jerónimo de Pasamonte: En este galeote ha querido verse un trasunto de Jerónimo de Pasamonte, personaje histórico que combatió en Lepanto y a quien Cervantes conoció, compuso una autobiografía y, últimamente, ha sido propuesto como autor de la segunda parte apócrifa del Quijote, publicada bajo el pseudónimo de Avellaneda. (Cervantes, 2015: 205) En relación con este “préstamo” que San José se permite hacer al tomar a Pasamonte de la novela cervantina, se puede utilizar la noción de personaje transficcional, migrante o reubicado (François & Ceballos, 2018), concepto definido inicialmente por Richard-Saint Gelais. Básicamente, San José recoge al personaje de Ginés y lo incluye en un universo ficcional creado por él mismo, pero que es una continuación del que está presente en el Quijote. Básicamente, se limita a crear una narrativa en la que integrar el personaje de Ginés, otorgándole unos antepasados, unos intereses y una historia, en definitiva. De este modo, estamos ante el primer uso literario de un personaje transficcional que define José María Guelbenzu: Según José María Guelbenzu, son dos los posibles usos literarios de un personaje ajeno: por una parte, el que «persigue reeditar al personaje en su ambiente» y, por otra, el que consiste en sacar al personaje de su medio para someterlo «a toda clase de vejaciones […] o manipulaciones». Corresponden a la primera tendencia las clásicas prácticas hipertextuales de la continuación, precuela, ciclo y serie, mientras que el segundo uso supone la inmersión de un personaje creado por mano ajena en cronotopos y esquemas actanciales distintos de aquéllos en los que vio la luz. (François & Ceballos, 2018: 8) Por lo que se refiere a la caracterización del personaje, la primera descripción que llega al lector de Ginés, personaje protagonista, es la que está en el prólogo. No es fruto de la autoría de San José, sino de Cervantes, tal y como se ha explicado. El retrato está puesto en boca de un narrador heterodiegético que lo describe en la cuerda de galeotes, lo que constituye una de las pocas caracterizaciones directas de Ginés, ya que son muy poco 38 frecuentes a lo largo del texto narrativo. Normalmente, se emplea la técnica de la caracterización indirecta a través de acciones y palabras para perfilar la personalidad, y no el físico, de Ginesillo: Tras todos estos venía un hombre de muy buen parecer, de edad de treinta años, sino que al mirar metía el un ojo en el otro: un poco venía diferentemente a los demás, porque traía una cadena al pie, tan grande, que se la liaba por todo el cuerpo, y dos argollas a la garganta […]. (Cervantes, citado en San José, 1916a: 7-8) Este fragmento revela que cuando Ginés va a galeras tiene unos treinta años, además de que físicamente es un poco bizco. Este estrabismo es el único dato concreto que se dará sobre su apariencia física, ya que en ningún momento se hace ningún tipo de descripción de su apariencia a lo largo de la narración. Como se ha indicado, Ginés se caracteriza sobre todo por sus acciones y por los diálogos que mantiene con el resto de los personajes, los cuales son normalmente caracterizados, aunque vagamente, desde la óptica del pícaro. Así, la imagen que llega a nosotros del elenco de figuras de la obra siempre está subordinada a la visión personal del narrador-protagonista, con un punto de vista tan único que la realidad, y consecuentemente los personajes que se va encontrando a lo largo de su recorrido vital, están siempre subjetivizados y deformados bajo su prisma. Lo mismo ocurre con la caracterización de Ginés, ya que, realmente, está practicando autoanálisis al hablar sobre sí mismo, por lo que nunca se puede estar seguro de que se esté valorando correctamente. De hecho, como pícaro, es esperable que su valoración sea poco fiable o engañosa (Bal, 1985: 97). De este modo, la mayor parte de las escasas caracterizaciones que se hacen de Ginés vienen de su propia boca. En los capítulos iniciales hay referencias al modo en que el Ginesico se desarrolla, siempre relacionadas con su corpulencia: “yo, diz que crecía y me desarrollaba como una bestia salvaje, que no teniendo más de cinco años, no había 39 quien no se pensara que tenía siete” (San José, 1916a: 29); “medraba como un ternero” (San José, 1916a: 30); con su carácter malicioso “yo, que fui precoz para todo lo bellaco” (San José, 1916a: 33), y con su agudo intelecto, “como era fino de cabos” (55), “dejando a todos maravillados de mi conocimiento y aplomo en la ciencia de la briba y la gallofa andante” (62). Por tanto, Ginés destaca desde bien niño por su astucia. Esto no es solo sensación suya, ya que se confirma por la caracterización que da uno de los comensales de la posada en la que Ginés se detiene al comienzo de su huida a Sevilla: “no es lerdo, y ya sabe hacer pinicos en la vida” (San José, 1916a: 59). Antes de nada, es interesante ver como a lo largo de la trama Ginés repite el esquema actancial que propone Rey Hazas (2003), por el cual el pícaro pasa por tres fases: tentación – pecado – frustración. Estos tres puntos se repiten de manera constante a lo largo de la vida de Ginés, y son los que de algún modo articulan la trama. Como ejemplo de esto, véase el episodio narrado en el capítulo V. En la ciudad de Córdoba, Ginés intenta hacer su primer “negocio”. Aprovecha la oportunidad de que al recaudador de impuestos se le cae una llave (tentación) para robarla y entrar en su posada a robar el dinero recaudado (pecado). Sin embargo, el ayudante del cobrador se da cuenta de la pillería del niño y lo encierra, ante lo cual, Ginés tiene que escapar por una ventana (frustración). Este episodio es también interesante por la crítica que se hace contra el sistema de recaudación de impuestos: “esto de pagar por la fuerza, so capa de necesidades del Estado, los vicios y regalos de otros, es cosa que siempre sacó a la gente de sus casillas” (San José, 1916a: 65). Además de esta anécdota, se dan otras muchas situaciones donde el esquema formulado por Rey Hazas es perfectamente aplicable, como el hurto de las mulas en Zalamea, que le supone una noche en la cárcel (capítulo VIII); o el robo a la dama casada con el Virrey de Perú en el capítulo XII, que le terminará costando su primer viaje a galeras. 40 A continuación, es conveniente estudiar la figura de Ginés como personaje pícaro, para lo cual se han seguido principalmente las propuestas de Rey Hazas en sus estudios sobre el género La novela picaresca (1990, 20-31) y Deslindes de la novela picaresca (2003, 51-62, 97). En primer lugar, los ascendientes del pícaro tienen unos valores morales totalmente deformados, por lo que marcan el modelo que él seguirá a lo largo de su vida, predestinándolo desde antes de su nacimiento. Esto, de algún modo, busca dar una justificación a su malicia: el pícaro no es del todo responsable de sus malas acciones, ya que está estigmatizado desde la niñez. Sin embargo, Ginés, más allá de avergonzarse de su genealogía, la ensalza; aunque debemos entenderlo desde un punto de vista irónico: “tuve mis ramas frondosas de ascendencia y fueron mis antepasados muy fieles y pundonorosos servidores de monarcas y grandes” (San José, 1916a: 19). La ironía viene dada porque sus antepasados sí han servido a grandes personalidades, pero de la peor de las maneras: su bisabuelo fue calabocero mayor de la Inquisición y su abuelo arcediano de la Iglesia de Sepúlveda y “cabalgador de las mejores mozas que se crían a la margen de Segovia” (San José, 1916a: 20). De él nace su padre, que es alguacil de la Audiencia de Ciudad Real, además de culpable de diversos “trapicheos”. Por tanto, sus familiares estuvieron, efectivamente, al servicio de reyes, pero del modo más bajo posible (calabocero, alguacil). El único que sí tiene un buen puesto es su abuelo, que fue arcediano. Sin embargo, es su falta de moralidad lo que lo convierte en un ser deshonesto e inmoral, puesto que no respeta el voto de castidad, por lo que la obra ya se abre con una actitud crítica hacia el clero, lo que constituirá una constante a lo largo del libro. De este modo, en el caso de Ginés, a diferencia de lo que ocurre en el Lazarillo o en el Guzmán, no se ve ningún tipo de afán de justificación ni vergüenza ante las profesiones de sus antepasados, de hecho, se enorgullece de su genealogía: “yo, señor, no 47 trazar perfectamente el recorrido vital de Ginés es un mapa. La consulta de la cartografía literaria que he elaborado y que sigue los pasos de Ginesillo a lo largo de esta primera parte, ilustra y ratifica esta característica de la novela (véase anexo 4). Además, el esquema de viaje propio de la picaresca permite que a través del recorrido por diferentes lugares se introduzcan en la narración tipos y personajes de extracciones muy diferentes, por lo que es el pretexto perfecto para la censura de ciertos tipos y comportamientos sociales. De este modo Ginés pasa, en orden cronológico, por Almodóvar del Campo, Sigüenza, Alcalá de Henares. Sevilla, Zalamea, Sierra Morena, Córdoba, Valladolid, Madrid, Barcelona, Portugal, Medina, galeras en aguas andaluzas, Marbella, Talavera de la Reina y de nuevo galeras. También tienen cierto protagonismo algunos espacios cerrados como la posada donde para Ginés en el capítulo III o la cárcel del IX, por contener personajes de la más baja clase, ya que en ellos Ginés se encuentra con estafadores, por un lado, y con presos, por otro. Obviamente, por ser Ginés un narrador homodiegético, el espacio está focalizado. Se nos transmite lo que Ginés ve, lo que percibe, las localizaciones están limitadas a su visión. Sin embargo, hay una carencia prácticamente total de descripciones. Normalmente, el único atributo que da de los lugares es el que deriva de la inclusión de algún adjetivo, que tampoco aporta mucho a la determinación de sus cualidades, como “ciudad famosa” para referirse a Sevilla (74) o “ciudad mora” para referirse a Córdoba (65). Para referirse a Sigüenza, Ginesillo la designa como “la ciudad de las amas y los curas” (44), como parte de la crítica que se hace al clero, y por ser Sigüenza el lugar donde su madre se amanceba con el religioso. Son bastante interesantes los espacios de Sevilla (en concreto el barrio de San Salvador) y Sierra Morena por ser focos del mal, tanto en la narrativa de San José como en “Rinconete y Cortadillo”. En ambos casos, Sierra Morena aparece como refugio de 48 ladrones, ya que por ser un espacio natural amplio es el lugar ideal para que los que viven al margen de la ley se puedan resguardar. En segundo lugar, Sevilla es el centro neurálgico del crimen, pues es la ciudad donde en ambas narrativas se encuentra la comitiva de ladrones dirigida por Monipodio. A su vez, esto es reflejo de la realidad histórica, ya que la ciudad hispalense concentraba un gran número de criminales y personas que vivían al margen de la ley. De este modo, Ginés nos muestra los distintos lugares por los que se va moviendo a medida que pasa el tiempo, perfectamente reconocibles, de manera realista y verosímil. A continuación, se pasará a analizar el tiempo del relato. En cuanto al tiempo en que se ubican los acontecimientos narrados, es sencillo precisar que se trata del siglo XVII en España, tan solo por el mero hecho de que Ginés se inserta en el mismo universo ficcional que el que ocupaba en el Quijote. Igualmente, esta idea se ve reforzada por varios datos que se dan a lo largo del texto. En primer lugar, cuando Ginés habla de sus antepasados, cuenta que su bisabuelo vivió en tiempos de la Reina Católica (San José, 2016: 20-21), lo que lo sitúa necesariamente entre la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI. Además, un tío abuelo fue pirata coetáneo a Francisco Pizarro, que vivió su edad adulta en la primera mitad del siglo XVI. De este modo, la cronología encaja perfectamente: Ginés habría nacido a finales del XVI. Hay otra referencia histórica digna de mención, donde se nombran los Reinos Castellanos de Indias: “tomé el camino de Andalucía […] entendiendo que aquella parte de España era la antesala de las Indias” (San José, 1916a: 53). Por otro lado, en relación con el tiempo narratológico, el relato sigue al personaje apicarado desde la niñez a la madurez. Si tenemos en cuenta que la narración comienza cuando Ginés tiene cinco años, el tiempo narratológico abarca un total de veinticinco años aproximadamente, tal y como podemos ver en la siguiente cita: “once años contaba yo 49 entonces: treinta y dos tengo ahora” (San José, 1916a: 44). Además, el final es abierto con motivo de que vida del pícaro todavía no ha terminado, por lo que el desenlace no puede estar definido. Aunque no hay alteraciones cronológicas como analepsis o prolepsis, puesto que se presenta un orden temporal cronológico o lineal, en el análisis de la duración se observan variaciones entre lo que dura el tiempo narrado de la historia y el tiempo que le dedica el narrador a contarlo en su discurso. Por ejemplo, la infancia de Ginés hasta los diez años ocupa tan solo unos pocos párrafos. En general hay un ritmo narrativo bastante rápido por la ausencia casi total de pausas. No hay digresiones morales, a diferencia de lo que ocurre en el Guzmán, ni largas descripciones. Rara vez, como cuando habla de doña Ana y su infeliz matrimonio con don Francisco, el narrador se demora un poco más en describir la situación. Otro de los pocos momentos donde hay una pausa en la narración es cuando se hace una crítica de las apariencias de la corte (San José, 1916a: 41-42). Básicamente, Ginés afirma que sin dinero no se puede ascender: “lleva allí un hombre la mitad de su vida, si no es que ya nació en la mesma Puerta del Sol, y aunque tenga buen discurso, como no posea dineros y se pase de bruto, renqueando y trampeando habrá de vivir” (San José, 1916a: 42). Se debe tener en cuenta que es el narrador homodiegético, Ginés, el que decide que ritmo quiere marcar y a qué episodios quiere dedicarles más tiempo. Hay bastantes escenas donde el tiempo de la historia se iguala al tiempo del discurso, como en los diálogos donde se les da voz a los diferentes personajes que Ginesillo se va encontrando. También hay algunos resúmenes donde se condensa el tiempo de la historia y, de hecho, el carácter autobiográfico del texto hace que toda la obra sea un resumen en sí, ya que Ginés intenta sintetizar en unas páginas todo su recorrido vital hasta el momento en que narra, por lo que, necesariamente, la narración va 50 a estar plagada de resúmenes y elipsis. Un ejemplo de resumen es la condensación que hace de un lustro en un párrafo: “desta suerte, merced a la credulidad de los tontos, aire de los vanos y estulticia de los pedantes, viví ese lustro, repartiendo el tiempo entre Valladolid, Madrid, Barcelona y Portugal” (San José, 1916a: 146), o el resumen de dos meses en unas pocas palabras: “[…] hube de quedarme por la fuerza de unas pertinaces calenturas. Más de dos meses tuviéronme con pasaporte extendido para el otro mundo” (San José, 1916a: 147). También hay muestras de elipsis, que se da cuando se silencia un segmento temporal, omitiendo los hechos que han ocurrido: “poco tiene que contar mi viaje hasta el día en que entré en Sevilla” (1916a: 73), o “no hay para qué referir una a una las jornadas que anduvimos hasta llegar a la cuna de la Giralda, ni los capítulos bellacos que nos acaecieron en el camino” (1916a: 157-158). En resumen, tras analizar la estructura, la modalización, los personajes, el tiempo y el espacio del Ginés de San José podemos concluir que lo que define esta narración es la estructura del relato itinerante propio del género picaresco, especialmente en sus semejanzas con el Guzmán de Alfarache. De este modo, un narrador autodiegético, Ginés, narra de manera lineal su trayectoria vital, en la cual se va encontrando con una variedad de personajes que representan los bajos fondos, lo que constituye una autobiografía ficticia encuadrada dentro de un espacio y un tiempo históricos muy concretos e identificables para el lector, en la que tiene mayor peso la acción que la descripción de ambientes o la psicología de los personajes. 51 IV. Influencias literarias y fuentes Este último capítulo se presenta como una ampliación del análisis expuesto en el apartado tercero sobre personajes y técnicas narrativas, ya que se profundizará en las fuentes que San José toma como modelo para la construcción de su relato picaresco. Por otra parte, se intentará contextualizará la obra del autor en la literatura española de su época, además de analizar qué factores llevaron al autor a la escritura de una novela de las características del Ginés. Como se ha repetido a lo largo de este estudio, resulta evidente que la obra clave para el Ginés de San José es la novela española por antonomasia, es decir, el Quijote, ya que se toma de ella el personaje de Ginés de Pasamonte a través de un proceso de transficcionalidad. Volviendo a la primera aparición que hace el condenado a galeras en el capítulo XXII, es tremendamente interesante el diálogo que se establece entre don Quijote y el reo en relación con la autobiografía que este último está escribiendo: — ¿Tan bueno es? —dijo don Quijote. — Es tan bueno —respondió Ginés—, que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o escribieren. Lo que le sé decir a voacé es que trata verdades, y que son verdades tan lindas y tan donosas que no pueden haber mentiras que se le igualen. — Y ¿cómo se intitula el libro? —preguntó don Quijote. — La vida de Ginés de Pasamonte —respondió el mismo. — Y ¿está acabado? —preguntó don Quijote. —¿Cómo puede estar acabado —respondió él— si aún no está acabada mi vida? Lo que está escrito es desde mi nacimiento hasta el punto que esta última vez me han echado en galeras. (Cervantes, 2015: 206) Como se ve en el fragmento citado, ya en el siglo XVII, a pesar de la reciente publicación del Lazarillo en 1554 y del Guzmán en 1599 y 1604, Ginés se refiere al “Lazarillo de Tormes y [a] todos cuantos de aquel género se han escrito”, por lo que Cervantes ya tiene en mente una concepción del género picaresco a pesar de la corta distancia temporal que lo separa de la obra anónima. En palabras de Rodríguez Álamo: 52 La crítica ha visto en este pasaje el mejor análisis estructural de la novela picaresca que tanto éxito tenía ya en la república de las letras. Cervantes observa con gran claridad virtudes y problemas del género, pues como dice el propio Ginés […] “lo que le sé decir a voacé es que trata verdades y que son verdades tan lidas y tan donosas que no puede haber mentiras que se le igualen. (2015: 283) De este modo, para el momento en que Cervantes escribe su Quijote, ya hay una cierta noción de cuáles debían ser los rasgos del género picaresco: el Lazarillo es la obra de referencia, el protagonista es un pícaro o personaje de mala vida que “trata verdades”, todo a modo de autobiografía, que debe ser verídica y verosímil. Por lo que se refiere a los modelos en los que se ha inspirado San José para la construcción de su obra, destaca la novela apicarada de “Rinconete y Cortadillo” para la creación del capítulo sexto de la primera parte. Salvando las grandes distancias como el punto de vista heterodiegético de la novela ejemplar y el homodiegético propio de la picaresca que emplea San José, las similitudes son más que evidentes. En este caso, no se da la literalidad que San José empleó al reproducir algunos capítulos del Quijote en la parte segunda de su libro, tal y como se explicó en la historia textual, sino que se limita a escoger detalles argumentales, personajes y motivos. San José ha tomado de la novela corta, en primer lugar, las localizaciones espaciales como el escondite en Sierra Morena, Sevilla como centro del hampa y la mención al barrio de San Salvador. Además, es obvio que se ha basado en “Rinconete y Cortadillo” para emplear a Ginés en el oficio de la esportilla. Curiosamente, en ambas narraciones el único encargo de los protagonistas será a manos de un hombre que desea complacer a una mujer. Rincón se estrena con un estudiante que desea enviar provisiones a casa de su señora, quien hará un banquete con amigas (Cervantes, 2002: 202), y Ginés lo hace con un hidalguillo que le pide que entregue la esportilla en casa de una dama que le martiriza el corazón (San José, 1916a: 75). 53 Del mismo modo, en ambos casos los muchachos son interceptados por la archicofradía de ladrones, y en el diálogo que se establece entre los mozos y los bandoleros, se repiten expresiones. Véase, por ejemplo: “Sepa, prosiguió, que por acá tenemos nuestra aduana e inquisición donde ha de darse conocimiento y parte de cuanto se tome al descuido […] Esto ha de ser, según pinta […] como pagar almojarifazgo de ladrones” (San José, 1916a: 77-78) y “¿Cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?” y “¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor Galán?” (Cervantes, 2002: 206). Por tanto, es evidente que San José ha tomado de la obra cervantina términos tan específicos como “almojarifazgo de ladrones” o “aduana”. Posteriormente, y aunque en el caso de San José no se profundiza en la caracterización del espacio ni de los personajes, tanto Rinconete y Cortadillo como Ginés acuden al lugar donde se reúne el hampa sevillana, presidida por Monipodio. Mientras que Ginesillo apenas dedica tiempo a reproducir diálogos que muestren el lenguaje de germanía, en el relato cervantino se da lo que Rey Hazas califica de “entremés novelado” (2003: 423), por la abundancia de la modalidad dialogada. La última similitud entre ambas obras, y la más obvia, es la presencia de figuras como Monipodio, Pipota, Maniferro o Cariharta. De este modo, San José repite la técnica que utiliza al extraer a Ginés del universo cervantino del Quijote en este capítulo, aunque de un modo mucho menos profundo, ya que estos caracteres son totalmente secundarios y no tienen especial peso en la trama. Ahora bien, el gran modelo en el que probablemente Cervantes ya se había inspirado para la creación de Ginés es, sin duda alguna, Guzmán de Alfarache, novela prácticamente coetánea a la publicación del Quijote. El pícaro creado por Mateo Alemán en 1599 parece ser el personaje en el que se basa Ginesillo, ya que ambos son presos condenados a galeras desde las cuales escriben un relato autodiegético en el que narran 54 su trayectoria vital. Además, tanto la obra de San José como la de Alemán presentan una estructura itinerante y episódica que yuxtapone las aventuras del protagonista. De este modo, ambos relatos se alejan del Lazarillo, obra fundacional del género picaresco, ya que no comparten la estructura basada en la sucesión de amos. Sin embargo, aunque el pícaro de Alemán es el modelo esencial para Ginés, las diferencias son evidentes. En primer lugar, Ginés no se convierte al final de la obra, mientras que en el caso de Guzmán sí vemos un pícaro adulto arrepentido. Además, el relato de San José no contiene los sermones del Guzmán, sino que es un relato centrado en la acción y no en las digresiones morales. De este modo, carece de cualquier intención adoctrinadora. Asimismo, es obvio que, aparte de los modelos mencionados, San José fue probablemente conocedor de otras narraciones apicaradas como “El coloquio de los perros”, La pícara Justina de López de Úbeda, La hija de la Celestina de Salas Barbadillo o, por otra parte, de las jácaras de Quevedo, tal y como se evidencia en la inclusión del lenguaje de germanía. Es probable que estos textos también hayan servido como referencia para el escritor madrileño, sin embargo, debido a los límites de extensión de este trabajo, no se han podido analizar las semejanzas. En definitiva, se ha comprobado que San José sigue el esquema de la picaresca más tradicional adaptado a su propio estilo, ya que crea un modelo más centrado en la acción que en la reflexión moral que presenta el Guzmán. De este modo, San José toma las características que más le interesan, que son justamente la itinerancia y la sucesión de aventuras. Así, aunque existieron otras fuentes al alcance su mano, considero que lo que hace San José es continuar, a su propia manera, con esa tradición picaresca iniciada en 1554 y consagrada en el libro de Alemán, si bien Ginesillo no es bajo ningún concepto ni como Lázaro ni como Guzmán. 55 En la segunda parte de este capítulo enmarcaremos la publicación del Ginés de San José dentro del contexto literario español en el año 1916. Como se ha comentado en el capítulo dedicado a la historia textual, el relato picaresco se plantea como un homenaje de corte arcaizante a Cervantes en el tercer aniversario de su muerte, tal y como se ve en la dedicatoria incluida en el libro: “A la altísima memoria del Príncipe de los ingenios españoles, D. Miguel de Cervantes Saavedra, en el tercer centenario de su muerte” (San José, 1916a: 5). San José no fue el único que realizó este tipo de literatura donde la inclusión de un personaje transficcional permite continuar y ampliar su historia en su ambiente, ya que 1915 y 1916 fueron fechas clave por celebrarse el evento de la conmemoración cervantina. De este modo, florece la reedición de obras clásicas y de estudios como los de Ménendez Pelayo que buscan ahondar en el pasado filológico español (Val, 2012: 213). Ello llevó a la intelectualidad hispánica a echar la vista atrás sobre la historia literaria española. Este momento coincidió con una fase de la evolución del Modernismo literario que supuso su moderación. Val (2012: 210) plasma esta idea en el siguiente párrafo: El inicial modernismo de los primeros años del siglo no ha dejado de ser atacado desde varios flancos y desde temprana fecha comienza a experimentar los primeros síntomas de esa transformación española que José Carlos Mainer llamó acertadamente “la doma”. La reacción antimodernista, como hemos detallado, tomaba dos caminos estéticos: por un lado, muchos autores optaron por la introspección y ensayaban una literatura que exploraba rincones anímicos y sentimentales y por otro, las obras iban adquiriendo tintes y tópicos patrióticos y despojándose de cualquier resto modernista europeizante. Dicho lo anterior, y sumado a las críticas que venía sufriendo la corriente modernista más extranjerizante, en los años diez entra en auge la corriente del modernismo castizo, término acuñado por Ara Torralba (1996), aunque este es un concepto que todavía no está muy asentado en la tradición hispánica. A pesar de que la recreación literaria de las obras del pasado que lleva a cabo San José no se podría encajar en esta tendencia, sí es cierto que podría relacionarse con esta corriente por alejarse de los modelos franceses y por 56 hacer una literatura más sobria basada en las fuentes españolas. De este modo, su gusto por la literatura áurea y el arcaísmo de su estilo literario nos hace pensar que San José quizás se hubiese podido alinear con los intereses casticistas de este grupo de autores, aunque su ideología no sea tan conservadora. Por otra parte, también existe en paralelo una línea de teatro poético modernista de corte histórico, representada por autores como Villaespesa o Marquina, con piezas como En Flandes se ha puesto el sol (1909). Son obras que echan la vista atrás, muchas veces al momento álgido del Imperio Español, ya que su foco de atención son las historias antiguas del pasado nacional. Valle-Inclán, aunque salvando grandes distancias, también escribió obras de teatro poético modernista en verso como Cuento de abril (1910). De este modo, por cronología y similitudes temáticas, parece que, de modo preliminar, las obras de San José responden al mismo gusto de los espectadores que aplaudían el tipo de teatro llevado a cabo por Marquina y Villaespesa. Sería necesario estudiar con mayor profundidad la trayectoria literaria de un autor tan prolífico como San José para confirmar si, finalmente, se puede asociar con las tendencias que acabo de exponer. Como hemos visto, la práctica recreadora de la literatura del siglo XVII que San José lleva a cabo en su Gines de Pasamonte podría relacionarse con las obras que publican en fechas similares otros escritores que, lejos de tomar como modelo las novedades foráneas, miran hacia la tradición hispánica. 63 Quevedo, Francisco (1948). "Historia de la vida del Buscón". La Novela Española, nº 17, Toulouse, pp. 1-60. Lustonó, Eduardo (1872). Cancionero de obras de burlas provocantes á risa. Madrid: Imprenta de J. M. Pérez. Machado, Manuel (1913). “Elogio del autor destas rimas por el poeta Manuel Machado”. En San José, Diego Libro de diversas trovas. Madrid: Imprenta Helénica, pp. 9- 11. Montero, José & Álvarez, María (2020). “La gitanilla en dos tiempos: de Miguel de Cervantes a Diego San José”. eHumanista, 8, pp. 145-165. https://www.ehumanista.ucsb.edu/cervantes/volumes/8. Muñoz, Mª José (1986). Introducción a la vida y obra de Diego San José. Memoria de Licenciatura. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Prada, Juan Manuel de (1999). “Tres versiones de Ginés de Pasamonte” en Nuevas visiones del Quijote. Oviedo: Nobel, pp. 115-158. Rey Hazas, Antonio (1990). La novela picaresca. Madrid: Anaya. Rey Hazas, Antonio (2003). Deslindes de la novela picaresca. Málaga: Universidad de Málaga. Rodríguez Álamo, Francisco (2015). Cervantes y la picaresca. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid. Rubio, José (2008). Retratos en blanco y negro. La caricatura de teatro en la prensa (1939-1965). Madrid: Centro de Documentación Teatral. San José, Diego (1916a). Una vida ejemplar, o sea, la vida de Ginés de Pasamonte que fue pícaro y ladrón y bogó en galeras. Madrid: Biblioteca Hispania. San José, Diego (1916b). “Figuras del Centenario. Ginesillo de Parapilla”. La Esfera, nº 125, 20 de mayo, p. 13. 64 San José, Diego [1922]. Ginés de Pasamonte. Esta es la vida que el famoso pícaro inmortalizado por la pluma de Miguel de Cervantes se dejó empeñada en la cárcel. V.H. Sanz Calleja: Madrid. San José, Diego (1935). “Sección de rumores”. Heraldo de Madrid, n.º 15.280, 29 de enero, p. 4. San José, Diego (1952). Gente de ayer: retablillo literario de los comienzos del siglo. Madrid: Instituto Editorial Reus. San José, Diego (1959a). “Comentarios del momento. La letra, con sangre entra”. Faro de Vigo, 24 de abril. San José, Diego (1959b). “Carta a un amigo. Recuerdos”. Faro de Vigo, 16 de junio de 1959. San José, Diego (1960). “Azotes y bofetadas”, Faro de Vigo, 16 de junio. San José, Diego (2016). De cárcel en cárcel. Sevilla: Renacimiento. San José, Diego (2018). Memorias de un gato: itinerario de una vida apacible que pudo ser trágica. Sevilla: Renacimiento. San José, Diego (2020). Por Dios y por España. Sevilla: Renacimiento. Val, Beatriz (2012). Vida y obra de Mariano Miguel de Val: fundamentos del modernismo castizo. Tesis doctoral. Zaragoza: Universidad de Zaragoza. 65 Anexo Figura 1: Diego San José retratado por Ángel de la Fuente, 1924. Recuperado de https://madripedia.wikis.cc/wiki/Diego_San_Jos%C3%A9_de_la_Torre. Último acceso 08/12/2022. 66 Figura 2: “Ginesillo de Parapilla”, en La Esfera, mayo de 1916. 67 Figura 3: algunas de las ilustraciones y dedicatoria hechas por Andrés Martínez de León en la edición del Ginés de 1922 perteneciente al autor. 68 69 70 71 Figura 4: cartografía literaria que incluye las principales localizaciones del recorrido vital de Ginés. Realizado con mymaps.com.