Discurso pronunciado durante el acto de la distribución de premios y apertura del curso académico de 1889-1890 / por D. Segundo Moreno Barcia
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ESCUELA ELEMENTAL DE COMERCIO DE LA CORUÑA DISCURSO PRONUNCIADO DURANTE EL ACTO DE LA DISTRIBUCIÓN DE PREMIOS Y APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO DE Í889-189O POR D. SEGUNIX) MORENO BARCIA DIRECTOR Y CATEDRATICO NUMERARIO DEL ESTABLECIMIENTO OCTUBRE DE 1889 COHUIVA José Miguez Peinó y Hermano, Impresores •; a ? . . ... UNIVFRSIDADF DE SANTIAGO
BIBLIOTECA R.is.Kr ESCUELA ELEMENTAL DE COMERCIO DE LA CORUÑA DISCURSO PRONUNCIADO DURANTE EL ACTO DE LA DISTRIBUCIÓN DE PRE MIOS Y APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO DE 1889-1290 POR D. SEGUNDO MORENO BÁBCIA DIRECTOR Y CATEDRATICO NUMERARIO DEL ESTABLECIMIENTO OCTUBRE DE 1889 e l a José Migues Peinó y Hermano, Impresores SAN ANDBÉS, 98, BAJO se. UMVLRSJDALX. DF. SANTIAGO DE COMPOSTLL? u
E x c mo . S r .: S eñ o r es : ed ia n dos cursos académicos entre el día de la ins- /'í ta ^ ac ^ n de esta Escuela elemental de Comercio y ufMydjr el actual momento, en que nuevamente reunidos para la apertura del tercero, aportamos nuestra presencia y atención para realzar esta solemnidad modesta sí, pero nunca bastantemente loada, cuando se la considera bajo el atractivo á la par severo y sencillo, pero siempre con movedor, de la distribución de premios entre los alumnos más aventajados del Establecimiento. Como padres, os hallareis sin duda vivamente interesados en esas emociones íntimas de la familia presidiendo á la vigorización, desenvolvimiento y cultura de las jóvenes generaciones; pues como ciudada nos dignos, os hemos de estimar no menos interesados en el porvenir de la nación que entregareis mañana á esos ni ños hechos hombres, allá cuando en las postrimerías de la vida hayais de legarles con los tesoros de fuerza y experien cias que poséis, la facultad de ir preparando en progresión ascendente y en cumplimiento del más sagrado de los debe res sociales, la prosperidad, el honor y la grandeza de la pátria. Si al invocar ahora el nombre de este Cláustropara ofrece ros el testimonio de su gratitud mas sentida por la honra que le dispensáis, concurriendo al acto que celebramos; si al emprender los trabajos á que por deber y vocación consagra u
4 la vida el profesorado oficial, no expusiéramos ante vos otros en conceptos breves y estilo compendioso algunos pen samientos acerca del presente y el porvenir de estas Escue las, en relación con la experiencia adquirida en los dos úl timos años de enseñanza, tal vez me creería indigno del puesto que ocupo; concedednos, pues, unos momentos de paciente benevolencia. , . . Cierto es que la concurrencia de alumnos aurpentó visi blemente desde el instante en que la educación mercantil, notablemente ampliada y corregida, hubo de adquirir vida propia fuera de los Institutos de segunda Enseñanza, donde por treinta años y con el dictado de Estudios de aplicación, se la veía agonizar entre los desfallecimientos del olvido y la desatención en que la retuvo el Estado. Pero esa afluen cia, si mir arnos al vasto campo donde estas Escuelas pueden y deben espigar, está muy lejos de responder á las exigen cias del Comercio juzgado si no como el más poderoso, co mo uno de los más fuertes brazos que la humanidad ha destinado para remover los obstáculos que de antiguo opo ne la ignorancia al fomento de la riqueza en las naciones, asi como á las relaciones internacionales é intercontinentales que el bienestar las impone necesariamente; porque al pre sente, ni en la cualidad ni en el número, las aptitudes del mercader, concuerdan ni alcanzan á dominar la extensión, movimiento y dificultades que entraña la complejísima pro fesión mercantil, arrastrada á una lucha terrible de toda hora y todo momento, en los diversos mercados del globo. Cuando aquí mismo hará dos años tributábamos calurosos y merecidos elogios al Gobierno por la instauración de las antiguas Escuelas de Comercio, indicábamos con cierta amargura el temor de que el país no supiera ó no quisiera aprovechar oportunamente las ventajas incalculables que supone una institución destinada á formar hombres capaces de labrar por propio esfuerzo, libremente, por modo directo y positivo, su fortuna y su dicha, «Trátase de un ensayo, » decíamos, que tal pudiera fracasar si aun consentimos como ^exclusiva y única para la educación de la juventud, esa » corriente clásica que la subyuga y avasalla en tanto olvi- » damos relegada en perdurable proscripción la económica «positiva ó técnica que actualmente informa y hace florecer «las naciones más cultas y poderosas de uno y otro hemis- «ferios ... Vivimos aún, con ligera variante, en los tiempos »de Cervantes Saavedra donde las armas y las letras se re- «putaban como los dos únicos polos del eje sobre que gira- «ba la civilización de España; más si las letras y las armas «sony han sido dos factores importantes de civilización y u
» poder pero en su tiempo y lugar por modo y ocasión juslamente determinadas, nó los únicos ni menos hoy los más «directamente llamados á sacudir reciamente la miseria, «cuando invade y amenaza aniquilar los grandes y pequeños «organismos.» Y bien, esa corriente continúa potente, indomable y aso ladora. Nuestras Universidades y Academias rebosan ya incapacitadas para contener el número de alumnos que acude á sus áulas. Poco inclinados por el amor del estudio hácia la indagación y posesión de la verdad, ni aun llama dos por esa nobleza ó distinción que parece ser anexa al ejercicio de ciertas profesiones, nuestros jóvenes, en gene ral, no aspiran más que á la posesión de un título que les permita ocupar cómodamente cualquier puesto en las ofi cinas del Estado, sin sospechar siquiera si el servicio se da ña, si el Gobierno se mortifica y si en su obsequio se per turba hondamente el país con menosprecio de las virtudes cívicas, y el criminal abandono de toda ocupación indepen diente y útil ... En vano la prensa de todos los matices en nombre del interés nacional seriamente amenazado, clama porque se ataje el mal y á ser posible se arranque de raíz con mano firme. Sordas al grito de la opinión, nuestras clases produc toras siguen impávidas lanzando las generaciones en el abis mo, donde el mayor número de sus inocentes víctimas no hallará más que la ruina, acibarada y envuelta en el más cruel desencanto .... Do ahí el vacío espantoso en que la producción se axfisia y sucumbe por falta de inteligencias tan enérgicas y fecundas, como sabe crearlas el propio in terés cuando se siente herido por la noble emulación que conduce al predominio en el mercado é implica el progreso industrial en todas las esferas de la actividad humana; de ahí que la Agricultura no acuse otro adelanto, con raras excepciones, que aquel que un día conocieron y aplicaron los romanos del tiempo de Virgilio, ni otra Industria que la que administra el humilde obrero frecuentemente elevado á la categoría de empresario ó patrono, en tanto el Comercio, á menudo y estérilmente, se viene agitando bajo la acción mecánica de nuestros pseudo-negociantes, en gran número nutridos en las defice acias del mostrador ó el almacén. ¿Como luchar por la vida con alguna esperanza de éxito en esa brega formidable iniciada y sostenida de algún tiempo acá por los pueblos más entrados en los adelantos modernos, si nuestra producción resulta escasa y el producto costoso é imperfecto? .............................................................. , En la crisis tremenda porque atravesamos, y a la vez u
6 que nuestros braceros y colonos emigran en número que asusta y aflige el alma, nuestras clases productoras se aso cian y levantan para obtener del Gobierno disposiciones y auxilios que minoren y suavicen el rigor de sus males, cuando en el fondo y en último análisis, así la dolencia co mo el remedio, solo á ellas en verdad pudiera atribuirse. Convendrá siempre acometer aquellas reformas y economías que el tiempo y la experiencia aconsejan, para la buena ad ministración de los Estados; poro proponer para el presu puesto nacional el castigo de aquellos gastos que afectan un carácter reproductivo y el alza de las tarifas por mayor gra vámen en las importaciones do sustancias alimenticias, en buena doctrina, equivaldrá tanto como añadir á los desas tres de la producción, los horrores del hambre y la miseria. Hoy el problema aparece múltiplo por sus datos y do re solución lenta y penosa seguramente; poro desdo la posición tranquila y serena en que hablamos ¿no será lícito quo inte rroguemos osas clases productoras diciendolas: que habéis hecho de vuestros hi jos, qué dirección habéis dado ú su in teligencia y á su corazón? Alejados de la herencia de sus antepasados, onagenado el patrimonio do sus mayores, mal invertido ó aplicado el capital y á espaldas de la profesión do sus padres, ¿acaso están en condiciones do aptitud para re hacer la Agricultura, la Industria y el Comercio en ruinas, desde la mesa do cualquier negociado de Política ó Admi nistración, desde las filas del Ejército ó el estrado, des.lo donde alegan muchos sin esperanza do gloria y sin provecho en defensa de la vida, el honor y el interés do sus conciuda danos? Urge oponer un di^ue á osa corriente obstinada y perni ciosa, siquiera en los dominios de la Enseñanza oficia!. Sin menoscabo ni desdoro de la literatura y el arto clásicos, cabe establecer y ordenar una instrucción técnica, integral, sólida y ajustada á las diversas ramas én que se llalla dividida ó clasificada la producción. Pertinente sería asimismo prepa rarla, promoviendo la universalización de los estudios eco nómicos empalmados con la Filosofía moral y el Derecho, á título de elementos, no más, de cultura general para el espí ritu; porque de esa suerte al conocimiento de las leyes del trabajo y las del honor, fundamento inexcusable para el cré dito, respondería el de aquellas reglas de prudencia indis pensables al hombre que vive en relación jurídica con sus semejantes .... Para la enseñanza oficial de Comercio, á esa causa gene ral que obstruye el paso do la juventud hácia los eítudios técnicos, agrégase otra no menos funesta por los efectos ds-
7 . sastrosos que produce, para la misma clase que las provoca y mantiene con tenacidad desesperante. Para el mayor núinero de sus representantes, hállase el Comercio aferrado ya por tradición, hábito ó costumbre, á las viejas prácticas de aprendizaje sin duda conservadas en memoria de los extin guidos gremios ó corporaciones. Abominan y rechazan para sus hijos y deudos la instrucción metódicamente combinada de nuestras Escuelas, y uc plan en cambio para sujetar su inteligencia temprana, el empirismo del escritorio ó el mos trador, siempre desordenado, particular, deficiente ó incom patible con el desarrollo harmónico y total de las facultades del espíritu, tal como lo exige esa estrategia intrincada y di fícil de nuestro Comercio contemporáneo. Imposible será en esa forma, aprovechar debidamente las naturales dotes de nuestra juventud destinada al Comercio; ¿acaso asi se crean verdaderos hombres de negocios, se eleva el nivel de la in teligencia, se cultiva la voluntad y afirma en el corazón el respeto absoluto á la soberana ley de los contratos? Si algu no ha descollado en esas condiciones pésimas, á las exube rancias del genio, á la Naturaleza y no á los hombres habrá debido los cimientos de su prosperidad ó su fortuna, en tan to se observa que la mayoría, la casi totalidad de sus congé neres, vegeta estrecha y pobremei te bajo la obsesión de una voluntad ú opmi<ín agena, subaltcrnizado hasta la muerte ... Suele también acontecer para poblaciones como la Coruña cuyo puerto mantiene constantes y directas relaciones con América, que la emigración, sobre todo cuando arrecí t en su más álgido período como ahora sucede, contribuye por su parte á suspender ó acortar el ingreso de alumnos en las Escuelas de Comercio Espoleados unos por la necesidad, siempre sensible, alentados otros quizás por un optimismo pér fido y halagador, algunos seducidos ó complacientes con ese espíritu de aventura tan propio fie la gente moza, muchos i :dres no vacilan en eúirégur sus hijos á la enseñanza parL uiar ó privada para robustecer sus limitados conocimien tos de párvulo, con muy escasas noticias sobre contabilidad v cálculos exornadas de cuando en veces con alguna que otra regla para mal traducir en lengua francesa; todo en el menor üempo posible, antes de la época en que la ley mi litar contrae la juventud y la exige el tributo de su sangre, en servicio de la patria. Así de esa suerte son enviados á Ultramar muchos niños para entrar en los azares de una vi da preñada do oscuridades y peligros. ¿Han meditado bas tante esos padres desgraciados en la enorme responsabilidad moral que contraen lanzando esos pedazos del alma, desar mados é inexpertos, para emprender la lucha por la exia* UN1VERS1DADE DE SAN 11AGO
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