Discurso inaugural pronunciado el 1º de noviembre de 1887 con motivo de la apertura de la Escuela Elemental de Comercio de La Coruña y curso academico de 1887 á 1888 / por D. Segundo Moreno Barcia
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DISCURSO INAUGURAL PR0HO6I ARG EL l." DE NOVIEMBRE DE 1887 CON MOTIVO DE LA APERTURA DE LA ESfflEU ElElimL DE (OHREIO DE LA GORUÑA y curso académico de 1887 á 1888 POR D. SEGUNDO MORENO BARCIA Catedrático y Director del Establecimiento. JOSÉ MIGREZ PEINÓ Y HERMANO, IMPRESORES Oídle de San Andrés, 98, bajo. 1888
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DISCURSO INAUGURAL PROReSMIA&OEL l.° DE NOVIEMBRE DE 1887 CON MOTIVO DE LA APERTURA DE LA fSI l[l.l ILMimL DE COiRCIO DE LA CORÜÑA y curso académico de 1887 á 1888 POR D. SEGUNDO MORENO BARCIA Catedrático y Director del Establecimiento, JOSÉ M1GUEZ PEINÓ Y HERMANO, IMPRESORES Callo do San Andrés, 98, bíyo. 1888 UN1VLRSIDADL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA u
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^EÑOR pOBERNADOR plVIL. S eñ o r es : a d a podría decir yo ni más exacto ni más co rrecto y elocuente, que lo que acabais de oir en la exposición de motivos trazada por el Mi nisterio de Fomento, al frente del Decreto de 11 de Agosto próximo pasado. Y si en este instante solemne hubiera de ajustarme á la regla normal y ordinaria pre establecida para estos actos, mi misión quedaría limitada á dar las gracias más expresivas á cuantas respetables personas se han dignado concurrir y honrar esta cere monia humilde y sencilla, pero al fin conmovedora, por tratarse de la instrucción pública y porque un nuevo jalón se levanta en los dominios de la ciencia, para indicar de rroteros, sino desconocidos, harto mal explorados por nuestras jóvenes generaciones. u
— 6 — Más al instaurarse aquí la antigua Escuela de Comercio, después de un eclipse fatal de treinta años; al notar no vedad tan venturosa y presintiendo en el porvenir que entraña para la más numerosa, rica y preponderante clase social de la Coruña, se hace preciso, ya que no esforzar un tanto el nobilísimo pensamiento del Gobierno, exhibir siquiera en esbozo un cuadro de nuestras tareas en la es fera docente, para interesaros luego en la vida de esta Escuela, rogándoos por ella y para ella el valioso concurso de vuestra ilustración y de vuestra iniciativa, no menos poderosa que fecunda. Se pretende realizar un ensayo, emprendido en cir cunstancias no muy favorables ciertamente; ensayo que tal vez pudiera fracasar, si persistimos aun en consentir y animar como exclusiva y única para la educación de la juventud, esa corriente clásica que la subyuga pareciendo avasallarla, en tanto olvidamos relegada en eterna pros cripción la económica, positiva ó técnica, que al presente informa las naciones más cultas y poderosas de uno y otro hemisferios; poderosas y cultas, señores, precisamente por haber sabido acopiar los elementos de su prosperidad y pujanza, después de haberlos labrado y recogido con solicitud inteligente, con celo y perseverancia, en los di latados campos de la industria. La industria he dicho; ved aquí la palabra propia para expresar un estado político de que se avergonzaría un griego del tiempo de Esquines; he ahí la función indigna de un patricio romano ó un noble bárbaro, cuando pol la efusión de la sangre y las ruinas causadas á las infor tunadas víctimas de sus furores, podían lograr honores, opulencia, gloria, hasta la apoteosis, en fin! Y es que, envilecido el trabajo y prostituidas las artes útiles al contacto de la esclavitud y la servidumbre, condiciones del vencido, no era posible pensar en que llegaría un día capaz de reparar las injurias del error y del tiempo para levantar el hombre caído, quien ya, transfigurado por el trabajo, habría de sentar la civilización del mundo sobre la acción permanente de esta ley eterna y fundamental de la vida humana. Ahora juzgad del comercio por el odio que inspiraron los pueblos que le ejercieron en la edad antigua; juzgad de esa industria por aquella diviniu
— 7 — dad mensagera que se le asignó en el Olimpo de los antiguos dioses, si por igual era protectora de mercaderes y ladrones. ¡Ah, señores! No parece sino que los grandes génios, que la historia inmortaliza, han gastado su vida entera en vituperar esa profesión nobilísima. Felizmente esa época pasó; así los individuos como las naciones imprimiendo á sus energías direcciones nuevas, procuran por su bienestar por manera más eficaz y orde nada mediante el esfuerzo de sus facultades anímicas cuidadosamente educadas, de suerte que respondan, bajo la presión de la necesidad, á las exigencias siempre cre cientes del hombre, que pugna por desenvolverse y per feccionarse sin descanso, sin tregua y sin medida. Pudie ron ayer las generaciones, asistidas de la astucia y la violencia, aspirar por la ocupación al bien, harto pasagero y por demás amargo y penoso; hoy es imposible deman dar á cañonazos el pan de cada día; preciso es obtenerlo ya con laboriosidad y con ingénio, bajo el manto augusto y reparador del derecho y la justicia. Por desdicha, no es en nuestra patria donde los conoci mientos económicos se han popularizado más, ni donde con más ahinco se ha despertado el ánsia de prosperar ó hacer fortuna, cultivando las artes de la paz; con ligera variante vivimos aun en los tiempos de Cervantes Saavedra, donde las armas y las letras se estimaban como los dos únicos polos del eje sobre que giraba la civilización de España; á poco más en aquellos tiempos en que los graves y portentosos acontecimientos geográficos que se ñalan los siglos xv y xvr, no parecen haber servido más que para ensanchar por América la arena del combate y dar salida al furor guerrero acumulado en el pecho pátrio, por setecientos años de lucha durante la reconquista del suelo nacional; en tanto aquí, en Europa, nuestros padres se mostraban disgustadísimos y profundamente preocu pados á causa de la heterodoxia de entonces...! Cierto es que las armas y las letras han sido y son dos factores im portantísimos de civilización, pero en su tiempo y lugar por modo y ocasión justamente determinados; pero no los únicos ni ménos hoy los más directamente llamados á sacudir réciamente la miseria, cuando invade y amenaza aniquilar los grandes y pequeños organismos. UNiVLKSIDADL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA u
— 14 — de una industria extensa, un comercio activo, una marina potente y un dilatado imperio colonial, en verdad ele mentos positivos para construir la gloria y explendor de un gran pueblo; vedla, no obstante su orgullo de raza, confesando en el Congreso de educación de 1884 el des fallecimiento y la inferioridad de sus hijos mal preparados para el comercio, por el empirismo del mostrador y el escritorio; notad como acepta los servicios del extraño para luchar en los mercados sin perjuicio y sin descanso, aprovechando el presente en tanto se dispone para el porvenir, creando y mejorando sus centros docentes de instrucción mercantil; la lección ha sido severa, pero la Gran Bretaña, á todas luces, sabrá utilizarla! Así nosotros ¿acaso no tendremos derecho para esperar algo parecido en nuestra patria? ¡Ah, señores! ojalá que ejemplos tales sacudieran la atonía y promovieran la iniciativa prove chosa y fecunda de nuestras clases productoras, para el desarrollo y mejora permanentes de la instrucción técnica en España! Sin embargo, pecaría de ingrato si en esta solemnidad, y á nombre del Cláustro de Profesores, dejara de expresar el profundo agradecimiento que á todos nos anima hacia la Cámara de Comercio, por su generoso concurso pres tado para la instalación de esta Escuela; á la Excma. Di putación provincial y al Instituto, siquiera por su coope ración, al fin de dar honroso y breve cumplimiento á las disposiciones emanadas de la Superioridad; al Excelentí simo Sr. Capitán General del distrito militar de Galicia, al Sr. Alcalde popular, á las dignas representaciones del Consejo de Agricultura, Industria y Comercio, Instituto, Academia de Bellas Artes, Magisterio y demás Corpora ciones oficiales, centros y sociedades mercantiles, al comercio en general, á la Corufia entera, hoy representada aquí para honrar esta fiesta modestísima de la instrucción pública. De vuestras atenciones de hoy, señores, espero la resuelta y animosa protección del mañana, al menos en beneficio de este establecimiento llamado á señalar sende ros luminosos para que vuestros hijos sepan recorrerlos con relativa holgura, en obediencia fatal é ineludible de las leyes eternas de la actividad y la vida. — H e d ic h o . La Coruña l.° de Noviembre de 1887, í u
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UNIVERSIDAD! DE SAN I JACO DE COMPOSTELA