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A Terra: órgano del Centro Gallego, n. 20 (1921)

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ABONA : SUCURSAL CÓRDOBA: CUENTAS CORRIENTES . . . íot RIVADAVIA esq. ROSARIO DE SANTA FÉ Aserradero y (Sarpiníería T)epósito de jYíaderas del país Existencia permanente de puertas y ventanas francisco jGIsina yG¡a. Casilla Correo 4-0 Tjoulevard ffiizmán 23 G -288 ■ Córdoba ■■ Z el ¿fono 2011 Banco Alemán Transatlántico Sucursal en Córdoba: Calle SAN JERONIMO, 132 al 138 í Oficina principal: BARTOLOMÉ MITRE y RECONQUISTA. EN BUENOS AIRES : < Sucursal Núm. 1: CALLAO y CORRIENTES. V Sucursal Núm. 3: Calle LIMA, 1666 SUCURSALES EN : La Argentina : Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Mendoza, Rosario de Santa Fé, — Uruguay: Montevideo. — Chile: Valparaíso, Santiago, Antofogasta, Iquique, Concepción, Valdivia, Temuco. — Perú: Lima, Callao, Arequipa. — Bolivia: La Paz, Oruro — España Barcelona, Madrid. — Brasil: Río de Janeiro, Sao Paulo. C/\S/V M/VTRIjZ Deutsche Ueberseeische Bank, Berlín El Banco se encarga de todas clases de operaciones bancarias. Emite giros sobre todas las plazas comerciales del mundo, descuenta pagarés y letras comerciales; abre cuentas corrientes y recibe depósitos a plazo fijo y en caja de ahorros. El Banco BONIFICA en Cuentas Corrientes .............................................. 1 o/ 0 a plazo fijo ..................... .... ..................................... convencional en Caja de Ahorros sino se retira antes de dos meses desde S c/1. 10 .................................................. 4 o/ 0 «Jorge K.rug, gerente . * k.. Relojería — Joyería — Armería REY HCRÍTIANOS OOMRRA v VENTA de ALHAJAS de OCASION POR TODA COMPRA Y COMPOSTURA HECHA EN ESTA CASA SE DA SU GARANTÍA Haciendo mención de este aviso daremos un lindo DeSPGRTADOR por tan solo $ 3 m/n. 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DE SANTIAGO Ventas por Mayor y Menor [jvaúaiia 230 al 238 Teiétoo sabi Córtta _____ ■ ■ -• ; ''' ‘ ----- -. MOLINO CENTENARIO — IDE — Uosé Minetti y Cía. f <- <- / 'T <- <- f f <- Harinas: 000 Graciela - 00 Graciela - Especial Cero Boulevares Wheelwright y Centenario ■ Córdoba |í VILLA DE MALPICA (CORUÑA) 4 Jabón «Campana ” $ Nuestra Obra de Cultura A ^ .............. \&\\&\ El día 30 de Octubre p/pasado, se llevó a cabo en los salones de actos de nuestra institución el Xantar, que nues  tra Comisión Directiva había organiza  do en honor de la prensa local. Siendo patrimonio de nuestros asociados pagar con demostraciones de simpatía, los servicios recibidos sin fijarse en triqui  ñuelas personales que tanto perjudican a las sociedades y con ellas a los pue  blos. Nuestra sociedad regional tenía con  traído con la prensa de esta ciudad una deuda de gratitud, por la cooperación tan desinteresada prestada por ella a nuestro centro desde su fundación. Sin duda, porque estos paladines del perio  dismo han visto en el Centro Gallego de Córdoba, la gran obra de cultura que paso a paso está realizando. ¿Cómo pagar esta deuda? ¿Cómo demostrar a los periodistas de esta Docta Ciudad, nuestro más sincero agradecimiento? Sentándoles a nuestra mesa, en nuestra misma casa, que es la de ellos, con eso los gallegos de Córdoba pudieron de  mostrar a nuestros hermanos los argen  tinos, su afecto y amistad, haciendo ver a todos esos que hablan de confrater  nidad hispano-argentina que: «Obras son amores y no buenas razones. Estuvieron representadas los diarios «Los Principios», «La Voz del Interior», «La Opinión», «El Tiempo» y «El Diario Español» de Buenos Aires, de  partiendo en camaradería hasta las die  ciocho horas más o menos. A los postres hizo uso de la palabra ofreciendo aque  lla demostración, nuestro actual presi  dente, siguiéndole en el uso de. la misma nuestro consocio y miembro de la J. D., Don Manuel Rapalo, siendo ambos muy aplaudidos. Contestó agradeciendo la demostración, el presidente del Centro de Periodistas señor López Cepeda, teniendo frases de elogio para el Centro Gallego, las que agradecemos; le siguió el gran orador Don M. Maciel, redactor de «Los Principios», habiendo tenido en su pieza oratoria pasajes muy inte  resantes, haciendo historia de la labor de los Españoles en tierras americanas, invitando a las demás sociedades a se guir por el surco trazado por nuestro Centro. Hablaron también: el Secretario de redacción de «La Voz del Interior», señor Berón de Astrada, Ortiz de Gui  nea y otros, estando todos ellos contes  tes, elogiando el progreso y cultura de nuestra institución. Presidía la mesa el señor Intendente Municipal, teniendo a su derecha al presidente del Centro y a su izquierda al señor don Pedro Moreyra, asiduo concurrente a nuestro Centro y gallego enxebre que no se ruboriza por haber nacido en las montañas de la bella suevia. La fiesta de que nos ocupamos, re  sultó un verdadero acontecimiento so  cial, habiendo nuestro Centro cerrado con broches de oro el primer ciclo de sus reuniones, dándonos estos éxitos aliento para proseguir nuestro anhelo hasta dejar a la colectividad gallega a la altura a que es acreedora. No siendo causa para impedir de llevar a cabo nuestro ideal, la apatía y mala fe de unos cuantos gallegos de pega que se proponen poner obstáculos a la obra meritoria y patriótica emprendida por los socios de este Centro; pero al fin se convencerán esos señores que todo lo que hacemos es por Galicia y para Es  paña y no nos arredrarán miserias que no las tenemos en cuenta, pues, día vendrá que convencidos de la labor emprendi  da por nosotros, abandonen esa actitud sistemática y retrogáda, tan de tiempos ^ antiguos, y nos hagan justicia. □ □ □ □ □ □ □□ □ □ □ □□ □ □ □ 5 jabón “ Reformer^ Nuestros H é roes en Alelilla La Verdad de la Guerra Por su gran interés, copiamos la si- ^ guiente crónica del enviado de «La Voz de Guipúzcoa» en Melilla: «Habíamos prometido relatar con de  talle lo ocurrido en Annual al general Fernández Silvestre. Y vamos a cum  plir lo prometido. Ahorramos los nombres propios. Nos hemos propuestos no dar nombres de los que fueron héroes y de los que de  jaron de serlo. Creemos que nuestra me  jor actitud, pues no queriendo adular a nadie, no queremos tampoco señalar res  ponsabilidades ni hacer acusaciones que serían antipatrióticas en estos momentos. El general Fernández Silvestre había quedado en Annual dirigiendo la reti  rada sobre Igueriben. Lo rodeaban su Estado Mayor. He  mos hablado con un oficial de los que le acompañaban. Silvestre estaba absolu  tamente tranquilo. A las angustiosas preguntas de los que demandaban órdenes, respondía el comandante general, con una sonrisa calmada. Pero los que le conocían adivinaban la gran tormenta que se desarrollaba en su alma, en el trémulo movimiento de la comisura de sus 'labios. Los moros rodeaban la posición. Sus disparos eran certeros, y sus ataques, violentos. Las tropas se retiraban, perseguidas violentamente. El camino quedaba sem  brado de cadáveres. El pánico se había apoderado de todos. Un teniente se acercó a Silvestre: — General, ¿quiere que salga con mi sección a proteger la retirada? Y Silvestre le replicó: — Es inútil, teniente. Ahora solo nos toca ver si podemos salir nosotros. Luego llamó a su hijo. En una car  tulina escribió unas líneas, las cerró en en un sobre, y entregándosela, le dijo: ^ — Vete a tu puesto. Si te salvas en  trega este sobre a Tulio. No lo abras. Que lo conserve. Y le abrazó fuertemente. Sólo enton  ces la emoción asomó al rostro del ge  neral. Unos soldados corrían alocados. Al verlos, Silvestre abandonó el pa  rapeto y corrió hacia los muchachos. — ¿Dónde vais así? — les preguntaba. Los soldados no le obedecieron, y Sil  vestre, corriendo, detuvo a uno, y aga  rrándolo fuertemente, le llevó a su lado. — Espera. Aquí, a luchar. El soldado se atrevió a replicarle: — Estamos perdidos, mi general. — ¿Tienes miedo? —Sí — contestó el soldado. Silvestre entonces le despidió violen  tamente, diciéndole: — Vete, entonces. En Annual solo pue  den quedar los que no tienen miedo. Mientras los moros atacaban Annual en número superior a cuatro mil, Fer  nández Silvestre seguía dirigiendo la retirada, que había adquirido el máximun de desorden. Indiferente al tiroteo horrible de los moros, ajeno al griterío salvaje y gural de los rifeños, que ensordecían, al chi  llar, el comandante general hizo que todos salieran de la posición. Quedaban solo en el reducto unos tres  cientos soldados que hacían fuego con sus fusiles y con cuatro amatralladoras desde el parapeto. Por el flanco derecho quedaba una salida donde era menos intenso el fuego de los sitiadores. Y Silvestre ordenó que los trescientos soldados abandonaran rápidamente el parapeto. Fué un momento de una emoción in  descriptible. . Uno de los soldados, ordenanza de Silvestre, quiso sacarle a viva fuerza: 12 nafta “ Texaco ’ ’ que la contempla, al paso que en manos del malvado resulta un reto a sus mal  sanos propósitos. ¡Cementerio, cementerio, morada del descanso y plantada de mirtos y cipreses, franquéame tu entrada que en tus calles tiradas a cordel, guardas los res  tos de mi amigo Santiaguito; franquéame la entrada que no vengo a averiguar lo que pasa en tu seno; déjame entrar para decir a mi amiguito que su me  moria estará siempre presente en mi corazón, y en lugar de apartar mi vista de lo que pueda recordámela, amaré v los lugares en que habitó; sus amigos serán los míos, sus venerables retratos adornarán las paredes de mi habitación: lejos de huir de su sepulcro, en él quiero meditar la fragilidad de la vida humana y reanimar mi ternura hácia él; déjame decirle que presente estará en mi me  moria hasta que mi alma vaya a acom  pañar a la suya en la región de los difuntos. ISIDORO PALACIOS Córdoba, 26 de Noviembre de 1921. En una oscura boardilla, húmeda y sin un cristal, vive Rosa la modista con su hermanita Pilar. Cose, cose, la primera, cose, cose, sin cesar; pues la otra hace seis meses que enferma del pecho está. Por la ventana entra un fíío!. . .. — Rosita, ¡ no cosas más ! ¡si yo me pusiese buena para poderte ayudar!. .. . ¿Que es lo que te dijo el médico? le oí decir que estoy muy mal y que debo de ir al campo; eso te dijo ¿verdad? — ¿Porqué no te acuestas? debe ser muy tarde ya, y está haciendo tanto frío!. . . . anda, te vas a enfermar!. . . . Y Rosa no oye sus súplicas, piensa solo en terminar, pues en casa, ifo hay un cuarto ni nada más que empeñar. N? 1 Un viejo verde, hace días, $ ofrecióle un dineral; ^ pero a que costo ¡ Dios mío ! ^ horror le da el recordar ^ lo que aquel hombre le dijo; ^ y ella es honrada, ¡caray! Todos los días la sigue, ^ a donde quiera que va, i, y por más que ella le diga: ^ señor: dejeme usted en paz; * más él se empeña en seguirla $í y no sabe que hacer ya. || Ayer, le contó sus penas y y en vez de inspirar piedad, $ le exigió el sacrificio ¡j¡ con más empeño y maldad. $ ¿Qué hacer? ¡Dios mío! $ mi hermana, muriendo está ¡j¡ y por más que pido al cielo, ^ ni que comer tengo ya. Á V Y aquella Rosa tan buena, $ de una honradez ejemplar sacrificóse obligada, ^ por socorrer a Pilar. I CARAY. □□ □ \n\ □ □ □□□ □ □ □ □ □ □ □ Verba “Ildefonso" N© TE VAYAS TODAVIA ... Esta es mi última palabra, no te vayas sin oírla, porque quiero que comprendas mi dolor cuando te vayas... No te vayas, no te vayas; Ven a ver abrir mi herida, ven mi dicha a despedirla, ya que el mar de mi esperanza para siempre está sin playas. Si te vas mi amor, te juro, quedaré con la agonía, con el frío de la muerte, con la duda de tu amor. Mi soñada, mi adorada, No te vayas, te lo pido, no te vayas todavía, ven escúchame siquiera mi amargura y mi dolor. Al pensar que tú te ausentas yo me paso noche y dia, sin poder calmar mi lloro, sin poder dormir jamás. Alma mía novia mía, no te vayas que yo te amo, que yo te amo todavía, como nunca, como nadie en el mundo amara más. Ven y deja que recline mi cabeza en tu cabeza ven y déjame que bañe con mis lágrimas tu frente. Vida mía novia mía. Ven y escucha el ¡Ay! postrero de mi barbara tristeza, que al morir aunque te fueras con mi muerte indiferente. Moriré con tu mirada bajo el cielo de tus ojos quedarán para «in eternum» en tus manos mis despojos. Vida mía, novia mía; Moriré aunque soñando que me quieres todavía, moriré con el consuelo de tus labios... ¡novia mia! Cuando el tren al partir lance su aullido y lances despidiendo tu mirada, piensa ante todo mi perjura amada que en ese instante quedaré vencido. Que el alma de un cuerpo se habrá ido sujeta a su pasión, encadenada, a esa bóveda azul inescrutada y que yerto mi cuerpo está tendido. Con un raro temblor en la mirada exhalando un adiós para la amada, que me arroja a vivir, allá en lo arcano. Partido el corazón dentro del pecho, el cristal del veneno ya deshecho... y un rimero de versos en la mano! B autista M arasso R occa . Córdoba, Noviembre de 1921. 14 Vinos Oporto y Jerez “ Copa ” Memorias de mi viaje Segunda Parte Por JOSÉ CARBALLO ! A tierra ! Obscuros nubarrones cubren el firma  mento, dando al día un aspecto lúgubre. Una ligera llovizna, moja la cubierta de la motora que nos conduce a tierra des  cribiendo al caer en el mar sus gotas, pequeños e innumerables círculos. Al desembarcar, mi equipaje, es condu  cido al Edificio de Viajeros donde, un teniente de carabineros, después de revisar su contenido en una forma brusca y torpe, saca de su interior una caja de habanos que a no dudar habrá hecho humo. A la salida, changadores de ambos sexos se disputan el llevar el equipaje con gran alboroto, dando motivo a incidentes sin importancia. Nosotros, nos encaminamos a casa. A mi paso parece qué todo se ha empeque  ñecido: antes las calles, me parecían más largas y anchas, las casas más grandes y así ; las puertas, las ventanas, etc. Ya cerca de mi casa, veo en el balcón dos niñas ; en una reconozco a mi her  mana, la otra ¿ quien será ?.... A la puerta de calle salen curiosas ve  cinas que enteradas de mi llegada, desean conocerme unas y verme otras. Ya en la puerta, subo las escaleras a saltos Desde que entré en casa, son tantas las emociones sufridas en corto tiempo que su narración me seria imposible. Después de ii años de ausencia volvía a ver a mis padres, y a mi madre en que estado : una enfermedad cruel, va agotando la existencia de aquella mujer que un año antes su robustez era envidiable. ¡ Pobre madre mia !... Después de comer, recibo la visita de varios amigos de la infancia, departiendo con ellos breves momentos sobre cosas de Vigo y América. Más tarde, acompañado de mi padre, - siguiendo una de sus viejas costumbres, nos dirijimos al Café Nuevo. “ En el Café ” Al abrir la puerta, una atmósfera pesada de humo hace dificultosa mi respiración ; el recinto esta lleno de gente y no hay casi un hueco donde meterse; todos juegan al dominó, juego tan popular que la in  mensa mayoría de los hombres pasan las horas de ocio en dicho entretenimiento. El ruido producido al golpear las fichas sobre la mesa de mármol y los gritos de los jugadores, es ensordecedor. Un pianista de tranga ejecuta al fondo del salón una cantidad de piezas de mú  sica. Rodea el entarimado donde está el piano, una cantidad de mesas de billar, donde los aficionados se entretienen, mien  tras un número crecido de curiosos, dis  cuten con apasionamiento, las jugadas de unos y otros. Después de tomar café y jugar un buen número de partidos al dominó, salimos de allí ; y sin rumbo fijo, caminando por una y otra calle, va mi padre enseñán  dome las novedades que para mí hay a nuestro paso. “ E.a Ciudad ” Vigo, es una ciudad hermosísima cons  truida al pié Monte del Castro ; su actidad comercial, es insuperable en la región gallega, posee muchísimos edificios mo  dernos ; obras colosales de cantería de una arquitectura original, de aspecto muy bo  nito. Las calles son pendientes en su ma  yoría; así que de tanto subir y bajar, el que no está acostumbrado, no desea más que sentarse a donde quiera que llegue. Volvemos a casa temprano, entretenién  dome en charlar con mi madre, conversa  ción que se reanuda después de cenar hasta las dos de la madrugada ; ¡ tiene tantas cosas qne decirme y preguntarme...! Al levantarme al día siguiente ya la luz del sol, dejábase ver por los cristales de la ventana del fondode mi habitación. Es un día espléndido. Pronto estoy en la calle; y solo, en alegre corretear, me complazco en hacer revivir los hechos más insignificantes de mi infancia. Subiendo la calle del Placer, sigo al Castro por la Ronda. Ya al pié del monte, empiezo la ascensión por un tortuoso ca  mino, aspirando el aroma que exhalan los árboles y la yerba, aun húmeda esta, por el rocío de la noche. Encuéntrome pronto en la cima, al lado del castillo y cuartel de artillería; desde Cigarrillos “ Hoyo de ÍXlonterrey** i5 allí , todo es encantador, admirable : al frente vese la ciudad en masa de donde se destacan sus hermosos edificios, la ba  hía, la Guía y una pequeña cordillera al otro lado de la ría, donde se ven muy diminutas las casas de las pequeñas aldeas que pueblan aquellos cerros. Dando vueltas por el monte, noto en el conjunto de la vejetación exuberante que me rodea, la falta de aquellos corpulentos pinos que han sido talados sin piedad, a causa del lucro de sus dueños, a quien poco importa la belleza de sus pinares. Hay en el monte, muchísimas casas para tai desconocidas y tan bonitas ....! Llego a la Traída de aguas donde me detengo un buen rato ; haciendo el des  censo por el ancho camino que va a San Roque. \ Cruzando la llanura donde está el cas  tillo San Sebástián y cuartel de infantería bajo por « Los Castaños » hasta el Paseo de Granada con rumbo a casa. Llego a las once; mi hermano (que me esperaba) me convida a tomar el aperitivo que el acostumbra, trasladándonos al «Bar de Blanco » en la Avenida Montero R íos , allí nos sirven mariscos de varias clases con el consabido vino blanco: ¡ que per  cebes ! ¡ que necoras ! ¡ que camarones ! — ÜMás percebes! grita mi hermano y al rato una chica flacucha y simpática, pone sobre la mesa una fuente de lo pedido. A las doce y media volvemos a casa dónde se nos espera para comer. Después de tomar cafe en el Nuevo mi padre y yo, nos fuimos a la « Alameda »: este es un paseo hermoso aun que pe  queño; a ambos lados tiene hermosos jar  dines con gran cantidad de frondosos árboles. Al subir del paseo al jardín, de .uno de los lados, está la estatua del héroe del Callao, Dn. Casto Mendez Nuñez; y en el jardín de enfrente el busto del insigne poeta gallego Curros Enriquez. Sentados en uno de los bancos del pa  seo, oímos la Banda Municipal que ejecuta un basto programa. De la Alameda subiendo por la calle Colón, llegamos a la del Príncipe; en esta última, entramos por donde converge con la otra, en la hermosisima Avenida de Urzaiz. Todas las noches en la calle del Príncipe, hay un paseo de moda, y es tal la aglomeración de gente, que en el es  pacio de cinco o seis cuadras, no puede transitar vehículo alguno a su marcha normal, Eos novios, son infaltables a este paseo noturno donde van acompañados, de perso  nas de la familia; generalmente van juntas varias niñas del mismo barrio y las que no tienen novio, hacen lo que aqui se llama: «tirar del carro». Nos unimos a la muchedumbre y nos dedicamos a dar vueltas, hasta las 9 V* hora en que la gente empieza a retirarse y las luces de las tiendas y casas de ne  gocio apáganse dejando la calle casi a obscuras pues solo la alumbran de trecho en trecho los focos del alumbrado pú  blico. Continuará. CASA INTRODUCTORA — Tejidos - Mercería - Ropería - Sombreros — Ventas por mayor y menor iiio Propietario de los afamados Trúes de un ancho y doble, Marca LA ROSARINA — A y A — A --- - ------------- — ------------------------------------------ SIN COMPETENCIA ----------------------------------------------------------- - ----- 219 - San Jerónimo - 231 — Córdoba i6 Jabón “ Campana ” Olg>v*->T-= O 00 o ■■■ ■ Encantador grupo de las niñitas María del Carmen, Sofía y Tota (Hijas de nuestro consocio D. Manuel Osorio) ¡III b IPIIMII b II b IÍ b IIMII b I íb I b II b I b I b II b II b II b II b IIII b I unonn Recomendamos Citar el nombre de esta revista, a todo interesado por alguno de los avisos. A todo socio tenga presente que las instituciones viven exclusivamente de las cuotas de los mismos y de su pun  tualidad en hacerlas efectivas. Que todo asociado al cambiar de do  micilio, debe de pasar una nota por escrito a secretaría. A los señores anunciantes que sus respectivos avisos se insertarán, hasta que ordenen lo contrario por escrito a la administración de la revista. Que cuando un socio quiera darse de baja, lo notifique por escrito a secreta  ría. A todo aficionado que quiera formar parte en el cuadro escénico, se anote en la lista que a tal efecto está a disposi  ción de los mismos, en secretaría de 21 a 23. Adquiera todo socio su correspondien  te carnet; todos los días de 21 a 23 en secretaría. ha presentación en todo festival de la correspondiente invitación sin cuyo requisito no se permitirá la entrada. A los socios, se inscriban en el coro, cuyos ensayos han empezado bajo la A dirección del maestro señor Blas Cerdá. «Jabón Campana* 17 SUBLIME AMOR Por WALDO ISAIAS SUAREZ Buenos Aires, Octubre de 1921. A mi sincero amigo JOSE M* OTERO. O tero : El hombre, que es sobre la tierra el ser más sabio, él que todo lo quiere y el que todo lo puede; se vé de continuo vencido por el ser más débil. Unas veces es Sansón y lo vence Dalila; otras veces es Holofernes y lo vence Judith; y otras veces ....... A tí, que sabes mi triste secreto dedico este tema, y aunque humildemente desarrollado, dada mi irremedia  ble pequenez, merece que poses tu vista en sus desali  ñados renglones y solo deseo recuerdes es obra de un amigo. W aldo I. S uárez . ¡unn PKEGunrñ hl lector ! ¿No habéis sentido agitarse en el fondo de vuestro pecho una fibra sin nombre; no habéis sentido un anhelar inquieto, un goce doloroso, una ansie  dad sin forma; no habéis tenido sueños en que visteis cruzar ante vuestros ojos una forma vaga, desconocida y que sin embargo, halaga y hace sentir el des  pertar.... ? EL AUTOR. ¿ Qué es el amor ? ¡Este nombre, lo escribe la aurora lo dicen serenas, las olas del mar ..... el ave que canta, la fuente que llora la estrella que brilla, el corazón que adora.... vivir es la dicha, vivir es; amar .... 1 «El Amor» es la emanación más dul  ce del corazón humano. Es el don más precioso que colocó Dios en el alma de las criaturas; por eso de él nacen las más santas virtudes. Sin el amor, la vida sería para la humanidad un tránsito aún más abru  mador, más interminable. Negarle en absoluto, fuera discrepar en gran manera del libro de la razón. Negarle en parte, fuera también desco  nocer hasta los hechos más nimios que nos enseña la experiencia. El amor es cosmopolita, siendo patri  monio no solo de las almas privilegia  das, sino hasta de los seres más abyectos, más desgraciados; solo que en éstos, degenerado, pervertido, se haya despo  seído en esas virtudes, que son conse  cuencia inseparable del amor santo que como herencia bendita nos legó El Mártir de la Cruz. El olvido es la degeneración más re  pugnante del amor. Ea simpatía es como los dedos de la mano, se tocan pero no se confunden, es por decirlo así, la fri  volidad del amor. El amor no pervertido, es esa vague  dad dulce y consoladora; ese fluido misterioso y santo que sienten las al  mas que se comprenden y comunican, ese no sé qué imposible de definir, pero que subyuga, fascina y regenera. El, es calmante de nuestros pesares, tras de los cuales entrevemos dias de futura gloria. El dulce afecto que nos conduce a la perfección, mostrándonos las miserias de la vida. El luminoso meteoro que luciendo perenne en el al  ma, irradia focos de eterna luz, allí don  de hay una lágrima que enjugar, una pena que compartir, porque él inspira la fé, la esperanza y la caridad; porque él vela el sueño del tierno pequeñuelo que sonriente en el lecho de la infancia desconoce las penalidades de la vida. Porque él más tarde, en las palabras de una madre, disipa las nubes de tristeza que obscurece la felicidad del hijo de su alma. Porque él pone la elocuencia de la inspiración en la mente del Poeta. Por  que él guia la flamígera espadadel in  trépido guerrero que pelea por la santa independencia de su Patria. Porque él dirige los pasos del hombre para soco  rrer al hombre. Porque él en fin va envuélto en el suspiro a la plegaria que Jabón “ Campana" iS el pobre desheredado dirige al cielo de  mandando misericordia. ¡Desgraciados los que no sabiendo dominar sus pasiones, desconocen sus inefables dulzuras...!... ¡Desgraciados, sí! porque ellos buscarán tranquilidad y no la encontrarán; buscarán placeres y sus placeres serán tal vez espinas punzadoras que llenen de luto los dias de su mísera existencia .... ¡Ah!... si el hombre frívolo parara en su insensatez la vertiginosa carrera que le conduce a la infelicidad, y dirigiendo una mirada a su alrededor quisiera comprender que las miserias y pequeñeces de la vida solo se endulzan al sacro fuego del amor; la humanidad li  gada entonces más intimamente por tan hermosa cadena, sobrellevaría con me  nos duelo y tristura el mar de decep  ciones que sobre ellas pasan como un eterno anatema: más el hombre egoísta por costumbre, suele solo amar lo ab  soluto y desdeñar torpemente la ley que un Dios escribiera con caracteres de sangre en su cadalso afrentoso. ¡Cuan dulce es amar!... ¡Qué ideas tan puras se funden al suave calor de un amor verdadero! ¡En qué mundos de ternnra se mece el alma al exhalar tan vírgenes emana  ciones!... ¡Qué afectos tan distintos y agradables siente el corazón al amar! ... El amor del prójimo es benéfico cual un rayo de sol, porque él es emblema de las almas sensibles. El de la familia es el fresco rocío que descendiendo sobre nuestro ser, disipa las borrascas de la vida, porque él re  cuerda los deberes y acrisola los senti  mientos. El amor de amante es alegre cual una alborada de Mayo dulce como un concierto de ruiseñores .... ¡Qué encantos tiene la primavera de la vida, cuando una voz regalada mur  mura al oído palabras de ternura que llegan hasta el fondo del alma, como una melodía celestial! ¡Cuantas veces este amor siendo cas  to, trueca en perlas las lágrimas del infortunio!... ¡Cuantas veces este amor eleva a la cumbre, estando yá en las puertas del desastre! Bien dice Víctor Hugo: «el amor de amante es ser dos y no ser más que '' uno: dos seres fundidos en un angel  es el cielo......... El amor de hijo es puro como el aro  ma de la humilde violeta; tierno y dul  ce como el canto del ruiseñor; él da al corazón un calor bienhechor y santo. El de madre .... , es inmenso como el pensamiento; misericordioso como la ca  ridad. El, es la alegría de su espíritu, el talismán que tiene siempre abiertas las puertas de su corazón, el amor de los amores, el que más se asemeja al divino, porque siempre vá envuelto en la más evangélica unción.... ¡Cuan inagotable es su dulzura! Verla sentir por nosotros, contar los latidos de nuestro corazón, estrecharnos contra su palpitante seno, sembrando de besos nuestra frente y ofrecer a Dios en una plegaria, su vida en cambio de la nuestra. ¡Madre....! nombré bendito, tierno cual el suspiro del áura, dulce como la feli  cidad; nombre que llevamos escrito con caracteres indelebles, nombre que no disipa la distancia, que no se pierde en la ventura, que no desaparece en medio de las más fuertes conmociones, hijas del dolor o del placer.... ¡Madre....! palabra mágica cuyo eco penetra en todos los corazones; palabra que encierra un poema de ternura, sa  crificios y amor ... Por eso se ha dicho con tanta ver  dad como elocuencia: «nada hay en el mundo superior a una mujer...., como no sea una madre». Ea madre es el faro que nos ilumina en las densas nebulosidades de la vida. La madre es el eslabón primero de esa interminable cadena llamada Sociedad; el ángel que vela nuestros sueños in  fantiles, la que recoge nuestro primer aliento, nuestro primer suspiro y la que imprime el primer beso de Amor en nuestra frente. La madre es una brillante perla que se alza sobre el inmenso lodazal de la vida; es un néctar delicioso, una esen  cia que nos endulza y perfuma el cáliz del dolor. La madre cifra toda su dicha en la ventura de sus hijos: la madre corre un tupido velo sobre su pasado, y se olvi  da de su presente y no tiene otro por- ^ venir que el de sus hijos con los cuales Jabón “ Campana,, 19 ríe si gozan y padece dolores acerbos si los sufren ellos. La madre no tiene otro febril deseo que el placer y la gloria de sus hijos. El corazón de una madre es la pira inextinguible del amor, el manantial de los sentimientos elevados, el raudal de la ternura, el foco de las grandes ideas. ¡Sacrificio y abnegación!... ¡Hé aquí sintetizada la historia de la buena ma  dre! La madre expresa el ideal del amor divino descendiendo al corazón de la mujer: Toda la poesía del hogar está reconcentrada en la madre. El alma de la madre es una égloga, su corazón un idilio, su mirada un poe  ma, su palabra una balada de amor. ¡Cuan dulces son los acentos de una madre, cuando éstos salen de su alma! Lira hermosa que parece pulsada por ángeles y serafines...! La madre es nues  tro genio mentor y el ángel que cierne sus insensibles alas sobre nuestras fren  tes; es un oasis en los desiertos de la vida. El aturdido despreocupado, el indife  rente y el libertino, sienten redoblar el latido de sus corazones al recordar el nombre de la mujer que les dió el ser. La madre, es en la tierra una envia  da, una mensajera del paraíso para lle  varnos a él; es la gran influencia del Universo porque sobre sus rodillas se forma la Sociedad. Las épocas en que más genios han florecido han sido las épocas en que han brillado mejores ma  dres. ¡Madres....! el cetro del mundo os per  tenece: Vuestro porvenir aparece radiante y esplendoroso, iluminando el panorama de vuestras prerrogativas riente y na  carado. Ya que las modernas sociedades han sacado a la mnjer de su abyección, del polvo en que yacía para erigirle un suntuoso y elevado pedestal, correspon  ded a la dignidad de los principios pro  clamados en esta era culta y civiliza  dora. La mujer está destinada a ser la gran figura de la humanidad: ¡madre!... Y para educar la mujer el alma de su hijo, para desenvolver en su corazón los sen  timientos elevados, debe conocer la jus  ticia a que todas las cosas deben estar encadenadas. La importancia de la mujer en la vida moral y física, es grande, inmensa, inconmensurable. Dice Scott, célebre novelista y poeta escocés:.... «Honrad las mujeres, ellas cubren de rosas celestes el camino de nuestra vida; ellas formado los muchos afortunados de amor, y bajo el púdico velo de las gracias alimentan la flor inmortal de los buenos sentimientos. La gran idea que hoy debe agitar a la humanidad es educar a la mujer para madre, porque la mujer necesita culti  var el alma de su hijo, desenvolviendo en su corazón los sentimientos puros y generosos, y la madre no podrá inspi  rar la virtud y el heroísmo, si no ha recibido una educación levantada». Daniel Stirner célebre escritor inglés dice: «Los deberes de la maternidad son compatibles con las grandes ideas, mien  tras que no podrían amalgamarse con los pensamientos frívolos. Una mujer en el momento que lacta a su hijo pue  de soñar con Platón y meditar con Descartes; y por eso bueno será su hu  mor y no se alterarán las cualidades de su leche; pero la que se adorna se aci  cala, brilla y.... en fin, intriga; se irrita  rá, se marchitará su seno, y el hijo sufrirá. ¿Porqué pues los hombres rechazan tan duramente a la filósofa mujer, y su  fren con tanta paciencia a la coqueta?» «El porvenir de una criatura es casi siempre obra de su madre» decía Na  poleón I, y este aserto es muy verídico, porque las ideas que la madre inculca al niño son las que vierte el hombre en la plaza pública. La dicha de las futuras generaciones debe esperarse de la mujer; está llama  da a enarbolar la bandera del progreso. La mujer ha de transformar la faz moral del Universo, porque la educación que ella dé a sus hijos no ha de tener por objeto (como hasta ayer) reproducir indefinidamente en las generaciones fu  turas los errores de las generaciones pasadas alimentando necias preocupa  ciones, vulgares trivialidades, debilida  des pueriles y ridículos absurdos. El ideal de todo lo grande, no debe buscarse en el pasado, sino en el por  venir. La mujer debe desenvolver a su hijo la razón, dejándole la conciencia. 20 Jabón ‘ Campana* Es preciso conceder libertad para ma  tar la hipocresía. El espíritu no debe llevar nunca antifaz. ¡No obliguéis a un niño a que mien  ta, sino queréis hacerlo ruin! No hay misión más elevada para una mujer que la de madre, si la llena cum  plidamente. La aureola de la maternidad es su mejor diadema. No existe vejez para la buena madre; deja de ser bella sin pesar, al ver que su hijo comienza a serlo; la abnegación de su amor le ofrece más goces por los triunfos de sus hijos, que por los suyos. Una mujer coqueta deja de serlo al estrechar en sus brazos al ser que vive de su vida: se desprende de cuanto tie  ne relación consigo misma y no piensa más que en adornar el ángel que llena completamente su alma. ¡Cuan conmovedor será al ver en la India a una madre con su hijo exánime en los brazos queriendo embellecer la muerte y prodigándole tantos cuidados a la vida! Las mujeres de esos paises, cuando ven a sus hijos helados por el soplo de la muerte, eligen un Arce cubierto de flores encarnadas y festoneado de guir  naldas de apio que exhalan suave fra  gancia, entrelazan las ramas y forman una cama flotante, en la cual colocan con delicadeza los despojos queridos de la inocencia. En estas aéreas y fantásticas tumbas, penetrados los cuerpos de substancias etéreas, sepultados entre las espesas ho  jas y olorosas flores, refrescadas por el rocío y embalsamadas por brisas perfu  madas se ven columpiados por los vientecillos, los restos infantiles, tal vez en las mismas ramas en que el ruiseñor ha hecho oir su doliente melodía, o donde ha colgado su nido la paloma. ¡Qué tiernas y poéticas son estas costumdres Indianas! ¡Felices las buenas madres! Un caso que merece ser conocido por la elocuen  te demostración de los nobles sentimien  tos de las madres, es el siguiente: Un célebre caballero paseaba una tarde con una dama en elegante carre  tela; habiendo manifestado su deseo de visitar el cementerio en su compañía, ésta .fina y complaciente accedió a tal petición. Llegaron a la tranquila mansión de los muertos, se apearon del carruaje y recorrieron las más soberbias galerías, ¿onde se hacía insultante alarde de la v opulencia, concluyendo su fúnebre gira en una sombría placeta de cipreses: en el más obscuro rincón de ésta, alzábase una modesta lápida blanca ... ; la curio  sidad hizo separar a la dama, las hojas que cubrían una negra inscripción, y al leerla, quedó grave y pensativa, per  diendo la sonrisa que constantemente jugueteaba en sus carmíneos labios. Había leído la siguiente inscripción: ¡Duerme en paz, madre mia, tu hijo copiará tus santas virtudes ... ! Aquella señora que no había pensado más que en derrotar con la mirada de sus ojos que ostentaba como dos puña  ladas a sus rivales; aquella que aspira  ba de .continuo la atmósfera del aplau  so...., tuvo envidia de la pobre Muerta cuya inscripción le había inspirado. Desde entonces abandonó la vida de salón y se consagró a la educación de sus hijos anhelando merecer la sencilla frase que había impresionado su alma. Ojeando un libro de poesías, encontré, una preciosa oda dirigida á una Madre, a cuyo poeta inspiró en los versos si  guientes: ¡Para mi, qué fuera el mundo sin tu sombra y sin tus besos, sin los dulces embelesos de tu cariño profundo! ¿Qué fuera?.... Dolor fecundo! en otros nuevos dolores: manantial de sinsabores y de padecer continuo; largo y medroso camino; sin luz, sin aire, sin flores. ¡Madre!, flor de rica esencia que Dios concederme quiso: puerto que feliz diviso en el mar de mi existencia. Nunca, nunca la conciencia por tí me grite ofendida;' nunca dolorosa herida por mi tu pecho taladre, que al que le falte una madre debe faltarle la vida. ¡Oh madres, de vosotros es el reino de la tierra! Teneis conquistada vuestra libertad y con ella vuestros derechos. Podéis practicar lo que os dicte vues  tro corazón sin barrera alguna; podéis obrar obedeciendo vuestros impulsos su  blimes podéis purificar las costumbres y levantar las ideas, pues sois fuertes por medio del gran amor que abrigáis. ¡Felices los que al cruzar la carrera de la vida saben amarla santamente, porque ellos darán paz a su conciencia . y sosiego a su espíritu....! labón “ Refórme*" úí novelista gallego y Director Oe «Vida Gallega» de Vigo revista que tanto se ha distinguido por sus iniciativas patrióticas en la actual campaña de marruecos Sanatorio Anti-tuberculoso de la Coruña -«»•=»» i Automóviles BUICK V7 nir COITIIEim U. T. 3501 = La Reyna de las máquinas de escribir CONFORT - ELEGANCIA Y SOLIDEZ * ----- — 151 - Independencia -157 r? Córdoba <S>-=S><gí»^í» ¡Llegó ! Un grandioso y variado surtido de TRAJES y Pijamas en la — — — I CASA ARES! ij? — :: Sastrería y Confecciones :: — ^ '4 4 San Martín 75 ^ T eléfono 2731 CÓRDOBA ¡jj “ La Artística ” Casa Introductora SURTIDO GENERAL EN ARTÍCULOS PARA FOTÓGRAFOS CUADROS — OLEOGRAFÍAS GRABADOS, ETC. — PAPEL PINTADO VIDRIOS — ESPEJOS CONSTRUCCIÓN DE MARCOS PARA CUADROS SE COLOCAN VIDRIOS A DOMICILIO 50 - Colón - 54 — Córdoba CONSULTORIO DEL Dr. Alfredo Carré Argento f GARGANTA, NARIZ Y OIDOS GARGANTA, (AUTOVACUNA ANTIOCÉNOSA) Tratamiento médica y uacuna terapico a I de ia ocena y para-ocena ^ | Rivadavia, 279 — Teléfono 3205 f Bonificación a los socios del Centro Gallego ^ 4 ' $ PORTA Hnos. 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