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Carta Pastoral del Emmo. y Revmo. Señor Cardenal Martín de Herrera, Arzobispo de Santiago, sobre la Sagrada Comunión / [José Martín de Herrera y de la Iglesia]

Santiago de Compostela (Arquidiocese). Arcebispo (1899-1922: José Martín de Herrera y de la Iglesia)

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CARTA PASTORAL TEL E mmo . y R ev mo . S eñ o r tme iim n emi, ARZOBISPO DE pANTIAGOj SOBRE ti S168101 ÍOimiÓH. SI SANTIAGO: Imp. y Ene. del Seminario C. Central 1900 u CARTA PASTORAL DEL E mmo . y R ev mo . S eñ o r MIH ■ lll IHlfl, y^RZOBISPO DE pANTIAGO, SOBRE u SANTIAGO: Imp. y Ene. del Seminario C. Central 1900 ---------- — u - TrtrrnirtTWtrmrmwmTnTmmT CARTA PASTORAL JOSÉ, POR LA MISERICORDIA DIVINA DE LA SANTA IGLESIA R oma na , P r esbít er o C a r dena l M a r t ín de H er r er a y de l a I gl esia , del t ít ul o de S a nt a M a r ía in T r a s -\ pont in a , A r zobispo de S a nt ia go de C ompo st el a , C a pel l á n M a yor de S. M., J uez O r din a r io de su R ea l C a pil l a , C a sa y C or t e , N ot a r io M a yor del R eino de L eón , C a ba l l er o del C ol l a r de l a R ea l y dist inguid a O r den de C a r l os III, S ena dor del R eino , del C onsejo de S. M., et c ., et c . _A-1 -Vezi.era.Tole Deán Ca.Tollá.0 de nuestra Santa Aposte - lica. 37Metropolitana Iglesia de Santiago de Composte  la, a.1 Venerable ^Toad v CaToildo de la Oolegriata de la Cornna, á nuestros Arciprestes, Fárrocos 37demás Cle  ro, á los ISelig-iosos 37Religiosas, 37" á los fieles todos de nuestra .A-rclxídiócesis: FAX VOBIS. — PAZ Á VOSOTROS nuestra Carta Circular de 5 de Diciembre último, T os anunciábamos, Venerables Hermanos y amados hijos, el Jubileo Máximo publicado por nuestro Santísi  mo Padre el Papa León XIII para el presente año de 1900. En ella, indicábamos las obras prescriptas por el Santo Padre para ganar dicho Jubileo, las personas que pueden se UNIVERSIDADE DL SANTIAGO DE COMPOSTELA u - 4 - ganarlo sin necesidad de visitar las cuatro Basílicas ma  yores de Roma, el homenaje que en este año se ha de tributar á Cristo Redentor con actos de adoración, ex  piación, acción de gracias y súplicas, y la obra de pie  dad con que se había de inaugurar el principio de este año último del siglo XIX y del año primero del siglo XX. Hoy tenemos la satisfacción de participaros que el Ve  nerable Pontífice, con una fortaleza muy superior al peso de los años, ha abierto en persona y con toda solemnidad la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro del Vaticano, ha enviado tres Cardenales como sus legados a latere para abrir la Puerta Santa de cada una de las tres Basílicas de San Pablo, San Juan de Letrán y Santa María la mayor; y lo que es aún más estupendo, hallándose ya en la edad de noventa años, ha celebrado la Misa de la' media no  che del día 31 de Diciembre, dando con ello un ejemplo de insigne piedad y de celo apostólico. Muy consoladores son los resultados obtenidos pol  la palabra del Papa invitando á la Exposición, Misa y Comunión en la noche mencionada, y respecto de esta ciudad de Compostela podemos afirmar que ha sido grande el entusiasmo religioso, que en esta ocasión han manifestado nuestros carísimos diocesanos. Por millares se cuentan las comuniones, y Nós celebrando la Misa en la Catedi ’ al, hemos distribuido unas setecientas. Igua  les demostraciones de religioso fervor han tenido lugar en toda la Diócesis, siendo muy notable el recogimiento y devoción de los fieles que asistieron á dichos actos. ¡Loado sea Dios por tan feliz inauguración del Año Santo! y no dudamos que la fe y la piedad de nuestro católico pueblo continuarán manifestándose durante el curso del mismo. Iniciada está ya la idea de una peregrinación á Roma por los fieles habitantes de esta Provincia eclesiástica, y todos aquellos que sin grave inconveniente puedan reali  zarla, practicarán una obra muy meritoria á los ojos de Dios y muy agradable á los del Sumo Pontífice, siendo muy justo que así como el Año Santo de Compostela, exige la peregrinación á esta ciudad y la. visita de la Santa Iglesia Catedral, donde reposan las Reliquias de nuestro Apóstol Santiago, así también en el año del Jubileo de u — o — , Roma sea preciso visitar las Basílicas señaladas por el Sumo Pontíñce. • En cuanto á las obras que han de constituir el homenaje á Cristo Redentor y á su Vicario en la tierra, la Comisión internacional erigida en Roma con la apro  bación del Sumo Pontífice, ha indicado diferentes actos de piedad, que son otras tantas solemnes manifestaciones de los sentimientos de que debemos de estar animados para rendir dicho homenaje con gran provecho de nuestras almas. Estos sentimientos son los de una fe viva, que nos mueva á hacer pública profesión de la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, tan descarada  mente negada y combatida por los corifeos del error en el siglo que va á terminar y á tributarle la adoración que le es debida como verdadero Hijo de Dios; el senti  miento de penitencia por los grandes crímenes y ofensas que se han hecho á nuestro Santísimo Redentor en la presente centuria, cuya historia cuenta tantas páginas de revoluciones, trastornos y desórdenes sociales; de acción de gracias por los beneficios que la inagotable misericordia de Dios ha derramado sobre los hombres, á pesar de tantas ingratitudes é infidelidades; y el de las súplicas que brotan del vivísimo deseo de que en el próximo siglo XX se restablezca en todas partes la soberanía social de Nuestro Señor Jesucristo, Rey de reyes y Señor de los que dominan, quedando como re  cuerdo perenne de este espíritu de oración, la medalla conmemorativa del Año Santo, con la leyenda: Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera y Cristo de todo mal nos defienda. Como complemento del homenaje de adhesión y de amor á nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII, indi  cábamos en nuestra Carta Circular de 5 de Diciembre la conveniencia de hacer una colecta para el Dinero de San Pedro, colecta que Nós mismo deseamos presentar á nuestro Santísimo Padre, como testimonio fidedigno del amor y veneración que le profesamos los hijos del Apóstol Santiago. Entre los medios que el Comité internacional reco  mienda para prepararnos á tributar á Cristo nuestro Re  dentor el homenaje que por tantos títulos le debemos, se — 6 — cuentan: la predicación de la palabra divina, por medio de la cual se conozca más y más al Hijo de Dios hecho hombre; las misiones que tanto sirven para levantar el espíritu religioso en los pueblos; los ejercicios espiritua  les, que tan eficazmente contribuyen á la reforma de las costumbres en personas de todo estado y condición; las fiestas religiosas que son verdaderas manifestaciones de fe de piedad, cuando se celebran con el orden y reco  gimiento debidos; las Comuniones, exposiciones y adora  ciones de Jesús Sacramentado, que debe ser el objeto pre  dilecto de nuestro corazón; y las peregrinaciones que sirven para arraigar más y más el espíritu de piedad, cuando en ellas se guardan la rectitud de la intención y las debidas precauciones para que no se conviertan en ocasión de disipación de espíritu. De todos estos medios, el que Nos parece más condu  cente al fin apetecido, es el de la Sagrada Comunión, y éste va á ser el objeto de la presente C a r t a P a st o r a l i I Comparando las obras preceptuadas para ganar el Jubileo del Año Santo, con las que han de constituir el homenaje á Cristo Redentor en este último año del siglo diez y nueve, vemos que hay entre ellas una perfecta armonía. Ninguno puede ganar el Jubileo sin que reco  nozca prácticamente la divinidad de Jesús, al cual por haberse humillado , haciéndose obediente hasta la muerte muerte de Crus, Dios le ensalmó y le dió un nombre sobre todo nombre, bar a que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre (1). Así también el primer acto de homenaje á Cristo Redentor es reconocerle como Rey de reyes y Señor de los que dominan, como Juez de vivos y muertos, á quién ha sido dada toda potestad en el Cielo y en la tierra. Y como el gran pecado del sip) S. Pablo ad Philip. 1!, 8. — i — glo XIX ha sido la negación y destrucción de la sobe  ranía social de Jesucristo, es justo proclamarle á la faz de todas las naciones como Rey de Cielos y tierra á quien todos los sumos imperantes, todos los legisladores y todos los que ejercen algún poder ó autoridad sobre los demás, deben rendirle vasallaje, adorarle y reveren  ciarle, acatando profundamente su soberanía absoluta y universal, su voluntad suprema, su ley santa y sus de  signios adorables. Los que desean ganar el Jubileo del Año Santo de  ben purificar sus conciencias en el santo 1 ribunal de la Penitencia y acercarse al Señor con un corazón contri  to y humillado. Y los que desean tributar á Cristo Re  dentor un homenaje digno del fin de este siglo, han de procurar desagraviarle con obras de penitencia públi  ca, y reparar en cuanto les sea posible, las innumerables ofensas cometidas contra el Señor en el decurso de este siglo, con actos de impiedad, de rebelión y de trastorno social, á fin de que el Señor aplaque su ira y cese en su justo enojo contra las naciones prevaricadoras. A los que han de ganar el Jubileo del Año Santo, se les ordena la oración en las cuatro grandes Basílicas de Roma, que han de visitar por diez ó veinte días. Y en el homenaje á Cristo Redentor se comprenden multiplica  dos actos de piedad, oraciones y rogativas públicas, ac  tos solemnes del culto católico y otras demostraciones del espíritu religioso, que compensen los escándalos y desórdenes de la impiedad y de la disolución que ha presenciado el siglo que va á terminar. Pero nada hay que reasuma todos los sentimientos de los buenos católicos, obedientes y sumisos á la voz del Vi  cario de Cristo, como la Sagrada Comunión, que com  pendia las maravillas del poder, del amor y de la sa  biduría de Nuestro Señor Jesucristo. Plácenos reproducir aquí lo que hace años escribi  mos sobre la institución y excelencia de la Eucaristía, sobre la necesidad y efectos de la Sagrada Comunión, las disposiciones convenientes para recibirla y los efec  tos saludables que produce en el alma de quien la re  cibe dignamente: “ Jesús cumplió lo que había prometido, y llegada Ig u - 14 - cunada d i da en precio de nuestra saltación, y su car  ne para que sirviese de alimento, crean y veneren es  tos Sagrados Misterios de su Cuerpo y Sangre con fe tan constante y firme, con tal devoción de ánimo y con tal piedad y reverencia , que puedan recibir con frecuencia aquel pan sobresubstancial , de manera que sea verdaderamente vida de sus almas y salud per  petua de sus entendimientos , para que, confortados con el vigor que de él reciban, puedan llegar del ca  mino de esta miserable peregrinación á la patria ce  lestial para comer en ella sin ningún disfras ni velo el mismo Pan de Angeles que ahora comen bajó las sagradas especies (1). Y en la sesión 22, cap. VI, dijo: Quisiera por cierto el Sacrosanto Concilio que todos los fieles que asistiesen á las Misas, comulgasen en ellas, no sólo espiritualmente, sino recibiendo también sacrameutalmciitc la Eucaristía, para que de este mo  do les residíase fruto más copioso de este Santísimo Sacrificio. (i) 11 III ‘ ‘ Mas como nadie debe acercarse sin la debida pre  paración á tan Santo Sacramento, por esto San Agus  tín, después de decir: Este pan es cotidiano, recíbelo cada día para que cada día te aproveche, añade: Vive de tal modo, que puedas recibirle cada día (2). Y así, dando una regla general sobre esto, podemos decir que son muy pocos aquellos á quienes puede con  cederse la Comunión diaria; pocos á quienes se les pro  híba la Comunión semanal, con tal que vivan habitual  mente en gracia, tengan deseo de recibirla y cuenten con el consejo de un buen Director; muchísimos los que pueden comulgar dignamente cada mes, y ninguno debe faltar á la Comunión á lo menos una ves en el año. El precepto terminante de Jesucristo, el ejemplo de los Apóstoles y de los primeros cristianos, la práctica constante de los Santos, las disposiciones repetidas de (i) Sess. i3, cap. VI1L (2; De verbis Domini serm. 28, apud S. Thom. 3. a p. q. 80, art. 10. — 15 — la Iglesia, y la sanción penal con que, bien á pesar suyo, ha acompañado sus leyes, ¿nada dicen ni signifi  can para los que dejan pasar años y años sin acercar  se á la Mesa Eucarística? Todos los Teólogos convienen en que el cristiano está obligado á recibir la Sagrada Comunión por derecho divino muchas veces en la vi  da, y por derecho eclesiástico una vez á lo menos ca  da año. Hay, en efecto, ocasiones y motivos graves para que, sin perjuicio de cumplir con el precepto de la Comunión anual, el cristiano comulgue con la debida preparación. Tal sucede cuando recibe alguno de los Ordenes sagrados, cuando profesa en un Instituto Re  gular, ó ingresa en alguna Congregación en que se prescribe la Comunión. También ha de amonestar el Párroco á los que van á contraer el Santo Sacramento del Matrimonio á que se preparen con la Confesión y Comunión, y todos los cristianos deben recibir al fin de su vida, si les fuere posible, el Santísimo Viático. Finalmente, siendo la frecuencia de los Santos Sa  cramentos un medio eficacísimo para lograr la extir  pación de los vicios, la victoria contra las tentaciones, la constancia en el bien obrar, el cumplimiento exac  to de los deberes del propio estado, y la santificación del alma, es evidente que todo cristiano que desea de veras su eterna salvación, debe frecuentar la Sagrada Eucaristía, preparándose al efecto con el Sacramento de la Penitencia, y acercándose á la Mesa Eucarística en los días que le permita un celoso y discreto Direc  tor. No tendrán que replicar los infelices cristianos que se condenan, dice San Francisco de Sales, cuan  do el justo Jues les haga ver su necedad de morir espiritualmente, pudiendo con gran facilidad mante  nerse vivos \' sanos, comiendo su Santísimo Cuerpo, que para este fin les había dejado. u ! Miserables! les dirá: ¿por qué habéis muerto, teniendo á vuestra dis  posición el fruto y manjar de vida?^ (1). Muy de la  mentar es el abandono de este importantísimo deber por parte de muchos pecadores, que aún invitados por los Ministros del Santo Evangelio, se excusan con frívolos (i) Introducción á la vida devota, parte i?, cap. XX. se UNIVLRMDADL DE SANTIAGO DF C.OMPOSTEI/ u - 16 - pretextos, si es que ya no rechazan con desprecio el divino llamamiento al Eucarístico banquete, y mueren sin los auxilios de los Santos Sacramentos en justo castigo de su obstinación y dureza. ¡Ojalá entendieran su verdadero bien, y supiesen apreciar la grandeza y excelencia del don con que les brinda el Señor en el Santísimo Sacramento del altar! Ahora, dirigiéndonos á los fieles que no sólo cumplen con el precepto de la Cowmnión Pascual, sino que fre  cuentan la recepción de la Santísima Eucaristía, no podemos menos de otorgarles una bendición particular por el consuelo que Nos proporcionan con su conducta verdaderamente cristiana. Dios Nuestro Señor los con  serve en tan piadosa costumbre, edificando á todos con su buen ejemplo y aplacando la ira de Dios con sus oraciones por los pecadores. Si el humilde y cari  tativo Abraham rogó por los moradores de las ciuda  des nefandas, y encontró al Señor tan dispuesto á hacer misericordia con ellas, que no las hubiera castigado si hubiera habido en ellas tan sólo diez justos, ¿con cuánta mayor razón debemos esperar que las oraciones de centenares de personas piadosas, que frecuentan la Sa  grada Comunión, han de hacer una santa violencia al Sagrado Corazón de Jesús, desagraviándole de los ultra  jes que recibe en su Sacramento de amor, y moviéndole á que toque los corazones de aquellos que no le adoran como deben, ni le reciben cuando están obligados á ha  cerlo? Clamen al Señor los buenos católicos, suplan con su fervor el retraimiento de tantos otros que andan extra  viados por los laberintos de las pasiones , y el Señor , rico en misericordia, la usará con aquellos, para que vuelvan sobre sí y se conviertan de veras á Dios. Para lograr tan excelente resultado, es preciso que la preparación á la Sagrada Comunión sea cada día más diligente: que con el estado de gracia se junte un vehemente deseo de recibir el Cuerpo y Sangre de Je  sús Sacramentado, para creer más y más en su amor. Tu j>rinciTal designio en la Comunión, dice al alma devota San Francisco de Sales, ha de ser adelan  tar cu al amor de Dios, arraigarle en tu alma, \ tener en Él tu consuelo, pues justo es que recibas IINIVERSIDA* DL SAN llAGu - 17 - ' por amor lo (pie sólo él amor pudo hacer que se te diese (1). Además, debe ejercitarse el que va á comul  gar en actos de fe, esperanza, caridad y contrición; debe tener recogido su espíritu y ocupado en la gran  deza del don que va á recibir; ha de decir con toda sinceridad aquellas humildes palabras del Centurión: Señor, yo no soy digno de que entréis en mi casa; mas decid tan sólo una palabra, y mi alma quedará sana y salva. K la limpieza de la conciencia ha de ir unida la del cuerpo, el ayuno natural y absoluto de comida y bebida desde la media noche precedente, la modestia en el vestido, el silencio dentro del templo, la meditación y oración acomodada al acto, y el cui  dado de no llamar la atención de los demás concu  rrentes. Después de recibida con toda reverencia la Sagrada Comunión, el católico fervoroso adora, alaba y bendice al Señor que tiene en su pecho; le rinde humildes acciones de gracias; le pide la completa re  misión de sus culpas; renueva el propósito eficaz de nunca más pecar; se ofrece al servicio de Dios; le expone sus necesidades; pide por las de la Iglesia y del Estado; ruega por la propagación de la Santa Fe católica y por la conversión de los pecadores, y re  comienda á la Divina Misericordia las almas benditas del Purgatorio, empleando en este piadoso ejercicio, por lo menos, un cuarto de hora. Cuando á la Sagrada Comunión la preceden, acompa  ñan y siguen estos actos, son grandes y muy saludables los efectos que produce. Porque no sólo nos libra de la muerte, dice San Cirilo de Alejandría, sino también de todas las enfermedades. Porque sosiega Cristo , perma  neciendo en nosotros, la ley cruel de nuestros miembros, corrobora la piedad, extingue las perturbaciones del ánimo, cura á los enfermos, restablece á los heridos, y, como buen Pastor, que dió la vida por sus ovejas, nos levanta de toda caída (2). Por la participación de los divi  nos Misterios, nos hacemos, en lenguaje de San Cirilo de Jerusalén, concorpóreos y consanguíneos de Cristo, ( i ) Introducción á la vida devota, part. 2. a , cap. XXL (2) Lib. IV in Joan., 17. se VMVLKS1DADL DE SANTIAGO DE COMPOSTF1 u - 18 - Cristíferos, esto es, que llevamos á Cristo en nues  tros cuerpos cuando recibimos en nuestros miembros su Cuerpo v Sangre: así, según San Pedro, nos hacemos, participantes de la naturaleza divina (1). Porque asi como aquel, dice San Cirilo de Alejandría, que . echare cera derretida en otra liquidada, preciso es que mezcle enteramente la una con la otra, así también el que recibe la Carne \ Sangre del Señor , se une con Él de tal ma  nera, que Cristo se encuentra en él, y él en Cristo (2)., Y esto es conforme á lo que dijo el mismo Cristo: Asi como me envió el Padre que vive, v yo vivo por el Padi c, así también el que me come, él mismo vivirá por mi (3). La Sagrada Comunión, no sólo mantiene la vida de la gracia, sino que la aumenta; no sólo borra los pecados veniales, sino que preserva de los mortales (4). En este sagrado convite, dice Santo Tomás de Aquino, se recibe á Cristo , se renueva la memoria de su Pasión, el alma se llena de gracia, y se nos da una prenda, de la gloria venidera (5). Porque el mismo Jesucristo nos ha dicho que el que come su Carne y bebe su Sangre, tiene dere  cho d la vida eterna, y Él le resucitará en el último día. Gracias sean dadas á nuestro buen Pastor, que ha instituido tan maravilloso é incomprensible Misterio pa  ra demostrarnos las inagotables riquezas de su amor hacia el hombre, y para proporcionarnos el mayor consuelo que nuestro corazón puede apetecer en este valle de lágrimas. Démosle, por nuestra, parte, sinceras muestras de gratitud, y procuremos recibir dignamente la Sagrada Comunión. Vosotros, VV. HH., los que ejercéis el sublime minis  terio del Sacerdocio; los que consagráis el pan y el vino en el altar, y recibís diariamente el Cuerpo y Sangre del Señor, debeis dar ejemplo de vida intachable, y estai siem  pre preparados á la digna recepción del Santísimo Sa  cramento. Porque si tanta pureza de vida se requiere en los seglares pitra comulgar algunas veces, y tanto mayor, (i) Cateches. mytag., 4. (2) Lib. IV in Joan., 17. (3i Joan., cap. VI. (41 Innocentius tertius, lib. IV, De Myster MySS., cap. XL1V . (5/ Opuse. ÜQ. DL SAN I LA - 19 - cuánto mayor es la frecuencia con que comulgan, ¿cuál deberá ser la del Sacerdote? ¿Cuánto más puro no debe ser quien goza de tal sacrificio? dice San Juan Crisóstomo. ¿Cuánto más resplandeciente que un ra^o solar no debe ser la mano que distribuye esta Carne, la boca que se llena del fuego espiritual , y la lengua que se enrojece con la sangre en extremo terrible? Piensa con qué honor has sido distinguido y de qué mesa disfrutas... No se acerque á ella ninguno que sea in  humano, ninguno que sea cruel y sin misericordia", ninguno absolutamente inmundo. Esto digo á los que comulgan y á Dosotros los Ministros. Porque tam  bién es necesario dirigiros la palabra, á fin de que distribuyáis estos dones con mucho cuidado. No pe  queño castigo os aguarda si siendo sabedores de la culpa de alguno, le concediéreis ser participante de esta Mesa; su sangre será demandada de 'vuestras manos: ya sea alguno Jefe militar , ya Prefecto, ya Principe coronado con diadema, si se acerca indig  namente, prohíbeselo; mayor potestad tienes que él. Para esto os ha señalado Dios con tal honor, para que discernáis tales cosas. En esto consiste 'vuestra dignidad, en esto 'vuestra seguridad , en esto toda 'vuestra corona; no en andar de una parte á otra, vestidos de un alba y de una túnica esplendente (1). si en el Antiguo Testamento se dijo: Santifíquense los Sacerdotes que se acercan al Señor, no sea que los hiera (2), á los de la Nueva Ley, á quienes ha hecho Jesucristo depositarios, digámoslo así, de su Cuerpo y de su Sangre, por necesidad se les exige mayor santidad y pureza. ¡Ay del Sacerdote que se atreve á celebrar ni una sola vez sacrilegamente! ¡Cuántos, dice San Agustín, reciben este Sacramento del Altar (ya celebrando la Santa Misa, ya acercándose á la Sagrada Comunión), y mueren, y mueren por recibirlo! Por lo cual , dice el Apóstol: Come y bebe su misma condenación. ¿Por ventura no fué veneno para Judas el bocado del Se- (i) Homil. 6o,AdpopuL antioch. (2) Exod., rg, 22. u Hor? Y no obstante, lo recibió. Y cuando lo recibió, en él entró el enevftigo: no porque recibió cosa mala, sino porque siendo malo, recibió mal al que es bue  no. Ved, pues, hermanos, comed espiritual mente el pan celestial, llevad la inocencia al Altar. Aunque los pe  cados sean cotidianos x no mortales, antes de acer  caros al Altar, procurad decir: Pcrdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos á nuestros deudores" (l). — (Véase nuestra C a r t a P a st o r a l fecha 5 de Marzo de 1887). IV De aquí fácilmente se deduce que el acto de piedad más adecuado á los tiñes del Jubileo Máximo del Año Santo y del homenaje á Cristo Redentor al finalizar el presente siglo, es la Sagrada Comunión dignamente re  cibida; porque nadie puede recibirla dignamente sin practicar actos de adoración y alabanza, de expiación y penitencia, de acción de gracias y de súplicas. ¡Feli  ces nosotros y feliz la presente generación á la cual se ofrece esta rara coincidencia y esta ocasión tan oportuna de hacer grandiosas demostraciones del es  píritu religioso, que sirvan para disipar las nubes \ lavar las manchas de las' prevaricaciones cometidas en el siglo XIX y anunciar una aurora feliz al siglo XX! Las promesas de Nuestro Señor Jesucristo no dejarán de cumplirse en el transcurso de los siglos, y por gran  des que sean las borrascas que se levanten contra la navecilla de San Pedro, ésta, dirigida por habilísimo ti  monel y defendida por la virtud del divino Capitán Cris  to Jesús, llegará á puerto seguro de eterna salvación. La Sagrada Eucaristía es, como nos dice San Agus  tín (2), Sacramento de.piedad, signo de unidad y vínculo de caridad, y los tres grandes elementos con que los católicos debemos organizar nuestra acción contra los enemigos-de la Iglesia de Cristo, son: los ejercicios del (r) Tract. 26 in Joan. (2) Tract 26 in Joan. - 21 - culto á Jesús Sacramentado, la Comunión de su Cuerpo y Sangre y las obras de caridad que brotan del fuego del amor que Jesús Sacramentado enciende en nuestros corazones con la frecuencia de la Sagrada Comunión. En todos tiempos los fieles de Cristo acudieron confiada  mente al Tabernáculo de nuestros Altares, que es el Arca del Nuevo Testamento, para implorar la Divina misericordia, en medio de las mayores calamidades y desgracias. Ante Jesús Sacramentado expusieron sus ne  cesidades y aflicciones, pidiendo el remedio de ellas; y for  talecidos con el Cuerpo y Sangre de Cristo vencieron á los tiranos, confesaron la fe ante los perseguidores de la Iglesia, defendieron los derechos de ésta y salieron ani  mosos por los fueros de la verdad y de la justicia. La Sagrada Comunión fue la que estableció y consolidó en el pueblo cristiano la verdadera fraternidad, sostenida por la práctica de las obras de misericordia espirituales y corporales. ■ La Sagrada Comunión ofrece siempre ante los Al  tares un espectáculo edificante, viéndose unidos hom  bres de toda clase y estado, de toda edad y condición, ricos y pobres, nobles y plebeyos, recibiendo todos un mismo pan y alimentándose con el mismo Cuerpo y San  gre de Cristo. La Sagrada Comunión extingue los odios y los rencores, reconcilia los enemigos, reprime los ímpe  tus desordenados de la ira, inclina el ánimo á la manse  dumbre, dilata el corazón del rico para hacer bien al pobre, y hace á éste paciente en medio de sus privaciones y miserias. La Sagrada Comunión solemnemente admi  nistrada á los niños, es un espectáculo tan tierno y con  movedor, que no es posible contemplarlo sin admirar la ternura del Sacratísimo Corazón de Jesús, que se comu  nica á los pequeñuelos, oculto bajo las especies Sacra  mentales para tomar posesión de aquellas almas inocentes y conducirlas por el camino recto y seguro que las hace llegar al Reino de los Cielos. La Sagrada Comunión administrada con la debida solemnidad en cada parroquia á los enfermos é impedidos de la misma en el tiempo de Pascua, impresiona viva  mente á los que con los ojos de la fe contemplan á Jesús Sacramentado, recorriendo las calles ' y entrando en las se UMVFRSIDADF DL SANTIAGO DECÓMPOSTF1 ■ u — 22 — casas de los enfermos y de los impedidos para enrique  cerlos con el don de su Cuerpo y Sangre, que les forta  lece para llevar con paciencia sus dolores y tristezas, y acumular méritos para la vida eterna. Finalmente, la Sagrada Comunión llevada como Viáti  co á los que se hallan padeciendo una enfermedad pol  la que peligra su vida, despierta en los corazones de los fieles los más dulces afectos y las más tiernas simpatías en favor de aquellos á quienes se va á administrar el Cuerpo de Cristo, como Viático para pasar felizmente del tiempo á la eternidad. Quisiéramos que en todas las pa  rroquias de esta Diócesis y particularmente en las de las ciudades, se llevase el Santo Viático á los enfermos con toda la solemnidad posible y con la asistencia corres  pondiente del Clero y de los fieles de cada parroquia; porque hemos visto con gran dolor ser llevado el Sa  grado Viático sin el debido acompañamiento y sin la reverencia y solemnidad que debe darse á un acto tan importante del culto divino. ¡Ojalá que con ocasión del Año Santo se adoptara la resolución de fundar la Cofra  día del Santísimo Sacramento en todas las parroquias, tanto urbanas como rurales, y que hubiese siempre sufi  ciente número de Cofrades de uno y otro sexo, que acom  pañasen al Señor con luces encendidas, cuando se lleva á los enfermos! . “ Con aprobación del Papa Paulo III, se erigió en Roma la Cofradía del Santísimo Sacramento, como medio de que los fieles se inflamen en el amor y veneración para el Augustísimo Sacramento, acompañándole con el po  sible esplendor y honor al llevarlo de la iglesia á casa de los fieles enfermos, y el mismo Papa concedió después por dos Constituciones, que los Cofrades del Santísimo Sacramento gozasen de los mismos privilegios concedi  dos á esta Hermandad erigida en la iglesia de Santa María Supra Minervam, en Roma, habiéndose recomen  dado por Inocencio XI en su Constitución Injimcti nobis de 1678, que se crease en todas las parroquias, colmando de dones espirituales á todos sus afiliados 14 (1). También recomendamos para mayor honra y gloria (t) Constitución CXXV de las Sinodales de León, dadas en i8g3. - 23 - de Jesús Sacramentado, la adoración continua del San  tísimo Sacramento, ya se halle reservado, ya expuesto, porque para adorarle y rendirle nuestros homenajes no hace falta la exposición, y Nós hemos aprobado la Aso  ciación establecida en esta Metrópoli para llenar tan piadoso objeto, de modo que nunca falte quien visite á Jesús Sacramentado para adorarle, alabarle y pedirle mercedes. Mucho nos place también la Adoración nocturna del Santísimo Sacramento, mirando esta Asociación como una Orden Sagrada de caballeros cristianos que militan bajo la bandera de Jesús Sacramentado, acudiendo con puntualidad á prestar el servicio que les marca el Regla  mento como buenos soldados de Cristo, que si adoran á Jesús en medio del silencio de la noche, recogidos dentro del templo á puerta cerrada, no es porque se avergüen  cen de confesar á Cristo delante de los hombres, sino porque no habiendo podido acudir al templo durante el día á causa de sus ocupaciones, suplen esta falta invo  luntaria, y la compensan, empleando periódicamente una noche en adorar á Jesús Sacramentado. Muy dignos de alabanza son tales caballeros cristianos en esta época de tanta indiferencia religiosa y de tan general corrupción de costumbres, siendo de gran utilidad espiritual para el pueblo cristiano, que vivan en él almas tan generosas, que en aquellas horas de la noche en que los mundanos se entregan á los desórdenes del vicio, ellos levantan sus manos ante Jesús Sacramentado para aplacar la ira de Dios y mover el Sacratísimo Corazón de Jesús á que toque el de los pecadores para que se conviertan y vivan. Finalmente, no queremos concluir esta C a r t a P a s t o  r a l , sin hacer un llamamiento particular á nuestros ama  dos Párrocos, á lin de que en el santo tiempo de Cuaresma en que vamos á entrar, procuren preparar ásus feligreses á la digna recepción de la Comunión Pascual; y les encar  gamos que preparen con singular diligencia á los niños á la primera Comunión, enseñándoles la Doctrina Cristia  na, dándoles instrucciones especiales para disponerse á comulgar dignamente, y solemnizando, cuanto les sea po  sible, en el acto de la Sagrada Comunión. ¡Ojalá que este Año Santo comulguen santamente todos aquellos á quic-