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A Terra: órgano del Centro Gallego, n. 49 (1924)

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R. del Franco Luis María Alvarez Manuel Castro López Ramón Marcóte Ignacio Cruces Gumersindo Busto Avelino Rodríguez Elias Godofredo Lazcano Colodrero R. P. Genaro de Artavia José R. Fernández Guillermo Cavaller R. P. Justo Blanco Ochoa Manuel Maciel Dr. Marcelino Aravena La Madrid Catedrático Periodista Escolapio Poeta Publicista Director de «El Heraldo Gallego» Escolapio Poetisa Director de «Correo de Galicia» Publicista Director de «Nova Galicia» Escolapio Publicista Publicista Periodista Director del «Eco de Galicia» Abogado y Publicista Poeta Fundador de la Biblioteca «América Poeta Director de «Caras y Figuras» Capuchino y Publicista Director de «El Trabajo» Poeta Escolapio Periodista Publicista i 4“ A TERRA ” Tiene el heroísmo muy variadas fot- O mas y no siempre es necesario verter sangre para obtener sublimes y victorio  sos resultados. Hay un heroísmo que pudiéramos lla  mar escénico. Lanzarse al mar ignoto en unos barquiohuelos, en los que hoy no nos atreveríamos tal vez a dar un paseo por la playa ; descubrir islas mis  teriosas y opulentos continentes y adue  ñarse de ellos con la rapidez del relámpa  go, al frente de un puñado de valientes, con armas rudimentarias, que hoy daría  mos como juguetes a nuestros niños; completar el mapa de la tierra, sembran  do el suelo de villas y ciudades, agrupa  das en provincias y comarcas, en torno de su capital, como se ordenan las estre  llas del firmamento en constelaciones al  rededor de un astro central, son cierta  mente empresas heroicas, cuyos protago  nistas tienen justísimo derecho a conti  nuar brillando ante el mundo sobre un pedestal. Pero hay otro heroísmo hondo, tran  quilo, silencioso, que nada tiene de apa  ratoso y de relumbrón, y por cierto más consistente y benéfico y así más merito  rio: tal es el del sabio gobernante, que con mano firme y prudente mantiene en pie la obra del bullicioso conquistador y a la sombra bienhechora de la paz im  pulsa la carroza del progreso en los múl  tiples derroteros de la civilización. Para levantar un imperio, basta a ve  ces una espada bien templada y un cau  dillo tan temerario como afortunado ; para fundar una institución, una socie  dad, tal vez sea suficiente un chispazo de entusiasmo, disparado en hora propi  cia, que sólo una vez se presenta en la vida. Para mantener firme, estable y brillante un trono; para conservar en pie y con vigor una institución, requiérense grandes reservas y enormes acopios de sabiduría y de prudencia, y además un coraje a prueba de toda la malicia con que el ariete incansable del tiempo la combate, y el falaz contubernio de la apatía y envidia con que el vecino sin descanso la rodea. Hoy cumple la revista A TERRA el cuarto año de existencia, lo que vale de  cir que no sólo ha llegado a la edad del uso de la razón, sino que también repre  senta un gesto de heroísmo, nada común, en nuestra vida y mundo publicista. El que estas líneas escribe sabe muy bien que A TERRA nació de la nada, y ahora constatamos que esta culta y sim  pática revista ha vivido cuatro años sin laguna, sin interminencias, sin contagiar  se de la endemia que ha seguido la exis  tencia y agotado las reservas vitales de tantas publicaciones similares, que conta  ban con apoyos y subsidios no despre  ciables. Nos complacemos, pues, en declarar que la dirección de A TERRA ha teni  do sabiduría y prudencia y además ver  daderos arrestos de quijotismo para sos  tener hasta la fecha con honra y luci  miento la revista, sin debilidades ni clau  dicaciones y sin dejarse influir por el ma  rasmo desconcertante del ambiente. Justo Blanco Ochoa. “ A TERRA ” 5 REGIONALISMO ********* *** * ** ‘ 1' * ‘ t " ! 1 * ■!■ * » En estas mismas columnas, he tratado algo sobre el regionalismo gallego y su propaganda en América, desde ya, den  tro de la unidad española y bajo una sola bandera. Estas manifestaciones hablan despertado cierta inquietud entre aque  llos elementos que vienen ejerciendo el caciquismo dentro de la colectividad es  pañola, porque aquí, en América, que tanto odiamos al caciquismo, permitimos que penetren en las instituciones, siendo éstos más temibles que los que mero  dean por nuestras aldeas. Algunos de nuestros compatriotas veían en estas manifestaciones y en nuestro Centro, algo así como una espe  cie de separatista o nacionalista; esta  ban muy equivocados los que así pensa  ban, primero, que en Galicia no hay se  paratistas ni nacionalistas; segundo, que no conocen el carácter gallego los que así discurren, pues en nuestra patria chica sólo hay regionalistas, pero espa  ñoles de alma y de corazón. Los dirigentes de nuestra institución, han sostenido siempre este criterio, te  niendo en cuenta los múltiples benefi  cios que el regionalismo reportaría a la nación entera, y si la propaganda de este ideal se ha hecho con alguna reserva, ha sido motivado a que, teniendo en cuenta el ambiente en que se actúa y no que  riendo ser elemento de discordia y a la vez para no herir los sentimientos de aquellos que confunden regionalismo con separatismo. Hoy podemos encarar el asunto con más libertad, por haber cambiado com  pletamente de aspecto las cosas y las circunstancias, pues ya no sólo son re  gionalistas los catalanes, vascos y galle  gos, también lo son los andaluces, los murcianos, los asturianos, los valencia  nos, los aragoneses y también los caste  llanos. Burgos, representando la región castellana, pide al Directorio la implan  tación del regionalismo, ya es toda Es  paña la que pide el régimen autónomo. Castilla, la región madre de España y de las Nuevas Españas que surgieron en el ‘ Nuevo Mundo, proclama el regionalis  mo, no para separarse de España, no, sino para colocarse en el lugar que le co  rresponde, al lado de la futura grandeza española, sin distingos, pero con los mis  mos derechos que tengan las demás re  giones y conviviendo con ellas en un fra  ternal anhelo, para alcanzar la grandeza de la patria común. Las regiones van a dirigir sus destinos internos, sin la intromisión feudalista; cada una de ellas se afanará por su des  envolvimiento económico, las fuerzas vi  vas de cada región, trabajarán con de  nuedo para conseguir el desarrollo de la industria, del comercio, de la ganadería y de todo lo que cada una produce, pro  curando no decaiga el entusiasmo, man  teniendo latente el ideal por el progreso, a la vez que despertarán el interés en  tre sus conciudadanos para mejorar en lo posible su condición social y cultural. Las ramas de la riqueza regional recibi  rán un grande impulso con el nuevo ré  gimen, siendo de esperar mejores tiem  pos, y España será poderosa y próspera, terminándose de una vez para siempre con esa carcoma política, que se absorbía todo lo que las regiones producían, con  sumiendo la labor parlamentaria con pro  yectos y más proyectos, sin que éstos lle  garan a beneficiar ni a las regiones ni a la patria. Venga en buena hora el re  gionalismo, surjan los pueblos y con ella una nueva España; esto es lo que todos los españoles residentes en América de  seamos. J. Pereira Sainde. Córdoba, abril de 1924. “ A TERRA" o o i Escuela de Veterinaria de Santiago |oo ooo®OOOoo 0 „ „ 0 ° ° » 0 • 0 ° ° c ®(2?V4® 0000 0 ° 0 ® Oo n 0 0, 0 oOO U Ooe»<» Sobre el permanente Habiéndose apersonado a esta secretaría varios asociados manifestándonos que, sin dejar de reco  nocer la razón que asiste a la j. D., verían con agrado se suspendiera el permanente que venía publicándose en nuestra revista social, y teniendo en cuenta lo expuesto por dichos consocios, la J. D. acuerda suspender el permanente, de  jando constancia que los libros que se reclama  ban no han sido devueltos todavía, cuando así sea lo publicaremos en la misma revista para conoci  miento de todos los asociados. LA JUNTA DIRECTIVA MAYO DE 1924. A TERRA ” 13 mffojfbtía*; Ve 11 i ñ a Rapacinas, qu ’ estades de testa, Ay! corré, conxenadas, corré, Mentras eu vou camino da casa Soiñ ’ ás arrastras Levando meus pés. Gozá axiña dos vosos encantos Antre mentras non chega a velléz Eu tamén coma vos fun hermosa, Y-agora non teño Mais que osos e peí. Estes olios qu ’ un tempo brilaron Co ese fogo qu'alcende o querer, Xa non teñen nin brilo, nin fogo, Nin bágoas siquera Por xá nada ter. Eu tamén coma vos, raparigas, N-algún tempo esas ditas gocei, Y-ó pensar n-este día, brincaba... jQue tempos aqueles, Acórdome ben! Cando apenas o sol alumaba, Levantábam'a todo correr, E dempois de peital-os cábelos, Limpab'as magencias Pra logo as poer. Y-ainda gardo no fondo da y-alma A lembranza do meu doce ben Q'eu tamén coma vos tive amores, Amores que foron Pra mais non volver!... Era un mozo meu Xan |hay qué mozol Alto, forte, garrido e cortés: Ainda o vexo c'a sua monteira, Calzos e polainas E zocos nos pés. Ainda o vexo baixar a ruada C'a chaqueta botada 6 través, E lucind'o chaleque de grana, De lenzo a camisa Limpiña de vez. O chegar él, os mozos calaban Y-as miradas pousábanse n-él, Mentras Xan apoyado na moca, A mozos y-a vellos Saudaba cortés. Comenzaba a tocal-o gaiteiro Y-él volvéndos ’ así coma quen, A chaqueta y-a moca deixando, No tato das mozas Fixábase ben. E dempois d ’ atoparme c'os olios, A unha señal que me fixo aprender, Eu baixaba, e no medio da roda Beilaba mirando De reollo pra él. Pobre Xan jCada vez qu'ó recordó Sinto a un tempo door e pracer: Teño pena porque non o vexo E gozo pensando Que pronto o verei. Qué fói d'él? — Ay! calá, miñas nenas Non queirades_ saber que fói d'él : Era probe, soñou co a fertuna Y-a Cuba marchouse Pensand'en volver. Y-aló lonxe, tan lonxe da aldea E sin ter ó seu rente a ninguén Dos que tant'ó querían jcoitadol Coméuno a tristeza, De pena morreu!... Desd'entón seu amor m ’ acompaña, Y-o conservo no fondo do ser Coma fogo que viv'antre cinzas, Qu ’ axiña s'alcende Lembrándome d'él. Pro xa afina o roncollo o gaiteiro Y-os foguetes estoupan a vez: Xa se sinten ruxir castañolas Y-a caixa redobra Y-o bombo tamén. Todo é bulla, e pracer, y-alegría... Ay! corré, picariñas, corré, Mentras eu vou curband ’ as espaldras Mirando pr ’ a térra Que m ’ ha de comer. J uan G arcía SAN M1LLAN “ A TERRA ” Camicflóini de Carmiava! Vuela, vuela, vuela. . . la niña aquella . tiró una flor. Vuela, vuela, vuela. . . y en la serpentina tírale la gracia de una ilusión. Tú repartes rosas, ella jazmines. Yo no sé cuál gana a cual en color. ; Blancuras nupciales muestra su pecho tú muestras los fuegos del corazón. Vuela, vuela, vuela... y en la serpentina alas de suspiros y una emoción dale que te guarde para sus sueños, que para tu dicha será mejor. Mira los encantos de esa sonrisa. Tintineos tiene de una canción bajada del cielo para sus labios en ondas de nácar del mismo Sol. Arlequín se ríe de tu inocencia. Frescas alegrías canta' Pierrot. Carnaval, en tanto, vuelca en los aires perfumes de nardo, luces de amor. \ uela, vuela, vuela. . . y en la serpentina tírale, si puedes, tu corazón. Tú repartes rosas, ella jazmines : Más los sueños tienen un solo Dios... GODOFREDO LAZCANO COL ODRERO Córdoba, 1924. “ A TERRA ” 15 AMARGURA ESPECIAL PARA “ A TERRA” Madre. ¿ Por qué tanto te afanas y tanto empeño tienes en perdonar la falta de esa mujer fatal ? ¿No destrozó mi alma con su negra perfidia? ¿No es ella la causante de todo éste mi mal? ¿ Por qué, madre querida, me aconsejas que olvide y su traición ^perdone por ser santo el perdón ? ¿Cuando ella^pensó que mi alma hundiría en las amargas sombras de perpétua agonía de triste remembranza de este fatal amor? Madre: Yo no perdono; no puedo perdonarla, y contra todo afirmo que es mala la mujer. ¡ Es mísero reptil que se arrastra en el lodo pues, del principio al fin, es causa del mal todo y en el divino verbo no conjuga el querer. m □ * * * Más... di, madre querida. ¡Aunque a mi mal no cuadre veo que eres mujer y siempre me has querido! — ¡ La cosa es bien sencilla ! ¡ La mujer, hijo mío, deja de ser mujer al pasar a ser Madre. MANUEL FERNANDEZ GONZALEZ □ TUBERCULOSIS Los Sueros SAT, antituberculosos de los y eminentes sabios biólogos inventores, Dr. • Riera Vaquer y Profesor F. Sugrañes, de Barcelona, aprobados por el Departamento Nacional de Higiene, Certificado 6620, SON de resultados maravillosos. - Libros de su bibliografía e informes pídanse a Busto, Mos  quera y Cía. Cabildo N. 470, Buenos Aires. □ i6 “ A TERRA ” (Conclusión) X En la cumbre. — Herida de muerte. — El ocaso. — Bajo el pabellón bicolor. De vuelta de Burgos a la residencia de Madrid donde yo estaba de comuni  dad, Jorge emprendió su trabajo con el mayor entusiasmo. La revista adquirió en pocos meses el crédito y renombre que había perdido en otras manos inex  pertas; los púlpitos de la Coronada Villa resonaron con la elocuencia arrebatadora del novel orador; el Ateneo se honró con sus conferencias científicas; la iglesia de San Cines se hizo pequeña para contener el escogido concurso de hombres de to  das ideas, de todos los partidos, que acu  dían a escuchar la autorizada palabra de Tamayo. Pocas veces se había oído una voz tan suave y tan convincente a la vez, una voz que por manera maravillo  sa sabía llegar a las reconditeces del co  razón humano y remover allí todos los obstáculos que se oponen a la compren  sión y convicción de los grandes ideales cristianos que él exponía con inagotable copia de ciencia sagrada y profana en una locución insinuante y elegantísima. Todos veían ya su sienes ceñidas con la mitra episcopal. La fama de la orden crecía con la de Tamaño ; la Academia de Ciencias Morales le hizo su 'socio; otras instituciones y sociedades naciona  les y extranjeras se honraron con su nombre : estaba en la cumbre de la glo  ria. Hasta en el confesonario se puso de moda su apellido, y la humilde capila que la orden poseía en Madrid se tro  có bien pronto en una de las iglesias más elegantes y concurridas. Así pasaron cuatro años. En la época de vacaciones obligadas para los que viven en ese horno incandescente que se llama Madrid, Jorge iba a Burgos. Yo le acompañaba algunos días, y con los otros amigos de la infancia pasábamos una temporada deliciosa. ¿Cómo olvidar aquellas excursiones a Fres-dél-val, a San Pedro de Cardeña, a la Cartuja, a las Huelgas, en que las distracciones de la caza, unas veces, de la fotografía otras, a la amenidad de los parajes se juntaba la conversación siem  pre culta y oportuna de Jorge, que sabía leer en cada piedra y contar con natural elegancia las maravillosas historias de todos aquellos lugares, archivos de nues  tras grandezas regionales? ¿Quién hubiera adivinado que tan pronto aquella naturaleza privilegiada iba a recibir la herida más profunda que uno pudiera imaginarse? El año de 1918 fué fatal para España. La epidemia de gripe hizo estragos sin cuento. Pareció como que la muerte, no saciada aun con la horrible carnicería de los campos de batalla, aspiraba a llenar A TERRA ” 17 su vientre sin fondo con las vidas más caras, con la flor de la juventud. La ciu  dad de Burgos fué una de las más casti  gadas por el terrible flagelo . Víctima de ella sucumbió casi fulminantemente, en menos de dos días .Rosario. Al siguien  te la seguía en el sepulcro, Anita, que se había contagiado asistiéndola. Cuando Jorge adivinó más bien que supo la no  ticia ¡ ya era tarde ! Llegó con tiempo para asistir al entierro de su prima. Dos días nada más estuvo en Burgos. Lloró sobre la tumba de sus padres y de sus hermanas y de su prima, y de  jando el arreglo de todos los negocios en manos de su afligido tío don Pedro, salió de Burgos para no volver más a él. Allá en el viejo cementerdo al pie del Castillo, y el nuevo de San José quedaban ente  rrados para siempre sus amores e ilusio  nes de la tierra, su nombre y su fama, que él había sacado del vulgo anónimo hasta enaltecerla junto con el de la orden a que pertenecía. Aquellas muertes súbitas, inesperadas, fueron una espada de. das filos que hi  rieron su corazón y su mente con una herida, por la que brotó el torrente ava  sallador de sus antiguos dolores, de sus ilusiones juveniles, de sus luchas ínti  mas, de sus desvanecidos sueños. Todo confundido en informe masa bajo el pe  so de la cual se desplomó su personali  dad, con dolor profundo de sus amigos y admiradores. De vuelta a Madrid renunció a la Di  rección de la Revista, se dió de baja en todas las sociedades, y no volvió a subir ni una sola vez más a la cátedra sagra  da. Su pena era tan grande que ni en el seno de la amistad encontraba lenitjvo. — Ya he llenado mi misión en este mundo. Con mi esfuerzo he proporciona  do intensas alegrías a aquellos corazones que tan unidos estaban al mío; con el trabajo de mi pluma he aliviado el dolor de los últimos días de mi hermana; con la gloria de mi nombre he procurado el honor de mi corporación. Ahora todo ha pasado para mí. No queda otra reali  dad que el dolor de no haber nunca po  dido conseguir mi fin, el dolor que los demás me.creyesen feliz en mis triun  fos, sin adivinar la pena intensa, con que cada uno de ellos llenaba mi alma... Así me hablaba algunas veces en el seno de la amistad, en los momentos en que su alma buscaba alguna que la com  prendiese. Pidió y obtuvo que le exone  rasen de todo trabajo por algún tiempo, alegando que el esfuerzo mental de los últimos años y el sentimiento de la pér  dida de seres tan queridos le habían per  judicado notablemente la salud. Y en verdad se había resentido mucho. Adelgazó y se cubrió de una amari  llez histérica, experimentando a la vez grandes trastornos en el sistema nervio  so. Se alejaba de toda compañía que no fuese la mía y se volvió exigente, sus  picaz. Como con nadie sino conmigo se expansionaba, los demás apenas se die  ron cuenta de la gravedad de la ‘ situa  ción. Hablé con los superiores, y conse  guí que lo trasaladaran a él, y a mí tam  bién, para asistirle más de cerca, al con  vento de la Nava pintorescamente situa  do en un pueblecito de este nombre, al pie del Guadarrama junto a un bosque de pinos. Su salud física se restableció bastante con aquellos aires puros, con aquellas emanaciones salutíferas de los bosques. Pero su espíritu sufría con la idea obse  sionante de que su misión en este mundo había terminado. Estaba convencido de que su vida había sido una dolorosa equivocación; se sentía desquiciado; no estaba donde debía estar; contra toda su voluntad las pasiones humanas le ha  bían conducido hasta el puesto en que se encontraba. Parecía cosa extraña que él, que tan certera vista había tenido para analizar los estados morbosos del espíritu de los demás, no lo tuviera para conocer el suyo. Pero ésta era la reali  dad. Su corazón sentía en aquellos mo  mentos un vacío que nada la podía lle  nar. Los ejercicios de piedad, que no omitía, eran para él un tormento: le avi  vaban cada vez más recuerdos dolorosos que le hacían sufrir. A veces sentía en aquellas soledades de la sierra las voces de los seres queridos que le llamaban desde la tumba. En Madrid hizo mucho revuelo la des  aparición de Tamayo del escenario social. Unos dieron la noticia de que se había vuelto loco ; otros de que a causa de la gripe se había quedado imhabilitado para todo trabajo mental. Poco a poco, como va desvaneciéndose la luz del sol en el ocaso, se fué desvaneciendo la memoria de Tamayo, en el ambiente social de la córte tan versátil, tan caprichoso. Otros nombres hirieron la atención y suscita  ron la curiosidad del público siempre 18 “ A TERRA ” ávido de novedades. Al cabo de un año nadie se acordaba de Jorge Tamayo, que entregado a sus melancólicos pensamien  tos y a la lectura de sus libros vivía, bien despreocupado de la opinión ajena, en el apacible retiro del Guadarrama. Un acontecimiento con caracteres de desastre nacional, la catástrofe de Anual y de Arriut vino a levantar el sentimien  to del patriotismo que parecía apagado en el país. Fue una explosión, que cual la de un volcán alumbró siniestramente la nación y levantó en ella una olada regeneradora de vergüenza colectiva. Surgió la idea de organizar en forma un cuerpo de legionarios extranjeros, y gra  cias a la actividad y patriotismo de' un hombre joven y organizador, el coronel Millán Astray, la Legión Extranjera fue un hecho, y su eficiencia plenamente quedó demostrada en triunfos ininte  rrumpidos en la sangrienta campaña de reconquista. En la primavera de aquel año, Jorge y yo volvimos a Madrid. Jorge parecía sanado del todo aunque continuaba re  traído. En el mes de agosto solicitó de sus superiores permiso para incorporarse como Capellán voluntario en la Legión Extranjera. Como éstos se lo negasen con muy buenas razones, quedó, al pa  recer, aquietado sin dejar traslucir lo más mínimo de lo que proyectaba en vista de esa negativa. Ni a mí mismo me quiso decir nada. Iba en busca de la muerte, él, para quien la vida las más veces triste, pocas alegre, algunas explendorosa, otras oscura, no había sido sino, como el decía, una equivocación sin rectificaciones posibles. En casa de un amigo, político notable, arregló una falsa documentación bajo el nombre de Jorge Tamayo, con el que hasta aquí le hemos conocido, pero que no era el suyo. Tomó el tren en la esta  ción del Mediodía, a donde fui a despe  dirle por última vez, con inmenso dolor de mi alma, y le dejó en el Escorial don  de un amigo suyo le brindó hospitalidad por -espacio de dos meses. De allí par  tió perfectamente equipado y recomen  dado para Melilla, donde se inscribió como simple soldado en heroica Legión. Cuando la muerte vino a su encuen  tro en las ardientes tierras africanas, ni los que más íntimamente le trataron su  pieron adivinar el drama doloroso de aquella alma noble y sensible a quien una bala enemiga vino a traer la libertad. Sobre su tumba se derramaron lágri  mas, se depositaron flores: que bajo la humilde sotana, como bajo el austero uniforme de legionario fué siempre Jor  ge un leal amigo. Fajo el pabellón bicolor, sangre y oro, halló el principio de una libertad eterna, aquel que no fué sino la víctima igno  rada de las viles pasiones de la sangre y del oro, que le impulsaron por sende  ros de la vida que nunca fueron de su elección. Una de las muchas lecciones que a cada momento dá al observador atento esta existencia de convencionalismos y exterioridades, de mentiras y de insin  ceridad en que sin querer confesarlo se arrastra el hombre en un continuo e in  tenso dolor. FIN t*fr**** , H , ***«H»,fr » * »t« ■!< >|« »t» <i i H n Aueiino Rodríguez migueiez El 16 del pasado mes, ha fallecido en Vigo, el señor Avelino Rodríguez Miguélez, hijo de nuestro distinguido cola  borador, don Avelino Rodríguez Elias. Su muerte inesperada, repercutió hon  damente en la colectividad gallega radi  cada en esta República, entre la que go  zaba de generales simpatías. Figura destacada entre la juventud in  telectual gallega, hombre de acción y de actividad incansable, de profundos sen  timientos humanitarios que exteriorizaba en las múltiples obras de caridad a que constantemente se consagrara. El infortunado joven muere a la tem  prana edad de 24 años, habiendo sido el sepelio de sus restos una sincera demos  tración de los afectos que había sabido conquistarse durante la existencia En la conducción del cadáver al ce  menterio iban dos presidencias en el due  lo. Una la formaba lo más destacado de la representación civil de la ciudad de la Oliva; la otra iba formada por el cuerpo consular, en la que figuraban todos los cónsules y demás funcionarios de los consulados extranjeros en Vigo. El joven Rodríguez Miguéfez, desem  peñaba actualmente el cargo de admi  nistrador del importante diario vigués “ El Faro de Vigo ” , y era representante consular del Paraguay, en aquella ciu  dad. Descanse en paz, y lleguen hasta su fa  milia nuestros sinceros votos de condo  lencia, • ‘ A TERRA ” 19 Ir As meiciñas d ’ o tio Culleres ' “ ti o ^ O0o Pro meu amigo doutor Carlos C. Quiroga. OoooocP ©®<Í) o 9 0 ^> oooo C — E logo? Seica non estades avinzadas con don Cairos? — Polo visto próelle algo, tío Culle  res? — Dígocho por tí, Visita. — E quén lie contóu nada? — Miña filia, sonc'he can vello. — Y-a vosté quen ’ o manda meterse no que non H ’ importa? — Visita... ascoita. Ascoita e non t'enfades, que. cho dijo pol ’ o teu ben Van xa pra catro días que te vexo ras  caros cuadrís. — Nádegas, dirá. — Bueno; como queira... Decía que xa vai pra cuatro veces que te vexo coa mau cintur ’ abaixo, e queroche dar ’ unha meiciña, boa e barata. — Gárdea pra vosté qu ’ inda, gracias a Dios, lie teño con que pagala. — Estas rica, enton? — Probé como sempre, tío Culleres; mais non cubiz ’ o de ninguén. — Sobrouche d ’ os cornecelos? — Non: d ’ o que a vosté se lie perdeu... Pro déixeme que vou por ’ un feixe d ’ erba e fáiseme tarde. — Díxenche que m ’ ascoitaras, Visita. En quérote ben, y ’ heit ’ aconsellar, ¡aind en rabee!, com ’ un pai. — Send ’ así, fale. — ¿ Próench ’ as nádegas ? — Proen. — ¿Sacal ’ o coiro coas uñas? — Algunas veces. — Dóeche. — Decote. — Arrímate e ouve. No lameiro de doña Piepita, preto d ’ o regato, hoy uns amieros moi pechos. — Xa o sei. ¿E pra eso tanta cousa? — Non t ’ apures. Cerca d ’ o valado está a herba que mesmo paresce un Jeito. O día de San Xuan, érgueste cedo, co luceiro; vas alí, íspeste e refrégaste no ohan . RezasH ’ un. padrenuestro santo e vísteste. — E si me ven ? — Xa che dixen c ’ os amieiros son moi pechos. Soio que te miren os coellos. Pro ises... non teñen malícea. Si te revolcas ben, váuches ’ os graus. — Así o farei. (Visita, vintecatro de San Xuan, an  tros arbres). — ¡Ay, Dios mío, si me olían por eiquí!... ¡ Uy, qué fría está a herba!... ¡Ay, qué medo!. . . ¿Ora il será un coello ó que se move?... ¡Tío Culleres! — Non t ’ asombres. Tatúen che me proía e viñen facel ’ o mesmo... Polo Ledo. Córdoba, abril d ’ o 1924. 20 “ A TERRA ” Axudate que píos te axudará ¡ I Cóntanvos cousas pelengrinas de can  do Dios Noso Señor andaba pol-o mundo levando na sua compaña ao señor San Pedro. Vouohe contar unha d ’ estas tradiciós se tés pacencía para me lér. Antre das moitas térras que visitóu, unha d ’ elas foi a fermosa térra gallega, e dinnos que, en de chegando a Galicia, Noso Señor quedouse ademirado do vi  roso de nosos campos, do frorido das nosas veigas, do misterioso das nosas carballeiras e soutos, dos risoños vañes, dos eraros ríos e das frescas fontes, e de tan  to e tanto ben como o Pai Eterno acugulóu as cheas riba do chan gallego. Os que nos contan esta historia, dinnos tamen que o Divino Mestre dixo a San Pe  dro, que se, cando o demo levouno á cima do monte para tentarlo lie amostrando a maor do mundo, lie houbera feito ollar a térra gallega, quizaves houbéralle sido mais traballoso o recuar diante da tenta  ción. Eu n ’ ó sei, pois no mundo haberá térras feiticeiras, mais tan faiticeira cal a térra gallega non a pode habere, que Dios tan só fixo unha Galicia en n-ela debeu estal-o Paradiso. II Un dos días do vran que mais quencía, fuxindo da rayóla e corredoira arriba, cara a Canás, iban Noso Señor y-a sua compaña, o señor San Pedro. En de chegando ao cume do monte, sentáronse n-un piñeiral, pois iban con pouco folgo pol-a camiñata. Cando mais entretidos parolaban arre  creando os olios co a vista das lindezas da parroquia de Sergude, que testa co a de Cañás, e que ollaban aos seus pes no fondal do monte, oiron, dadas preto d ’ eles, grandes esclamaciós que saían d ’ unha congostra que viña á dar onde eles esta  ban. Ergueuse Noso Señor, y erguese San Pedro, e foron vel-o que aquelo pedería sere. III Alí cerquiña, e no mais fondo e no mais estreito da congostra, dera a volta un carro, pol-o mor das moitas rilleiras que tiña o camiño, que sempre están mal coidados na aldeia, e fai que sexan perigosos de por sí. O bon do peisano, axionllado no me  dio da congostra e de cara ao seu carro, tiña tirada a monteira da caohola, a agui  llada á seu rente, alevantando as suas mas ao Ceo, non facía outra cousa de mais proveito, no medio dos seus saloucos, que a pregar a Dios e á todol-os san  tos para que viñeran na sua axuda. — Dios me valla!... ¡Os santos do Ceo me axuden!... ¡Qué vai sere de mín!... ¡Rastra cando estarei aquí!... ¡ Pobre de mín ! — y outras esclamaciós pol-o xeito era só ó que se lie ocurría ao paisano, para sair do apretó, e nin se da  ba mais maña nin parecía pillar carraxe pol-ó que lie pasaba. Moveuse a piedade do señor San Pe  dro ao vel-as mágoas de aquel vendito de home, e moito ao vere a sua conformidade diante de aquel trabado, e dixole ao Divino Mestre : — Ou Señor! ¿El non sería ben que lie botáramos unha man ao carro de este pobre home? Non deu fala Noso Señor é fíxolle siñal a Pedro de que chamara adiante. IV Rosmando pol-o baixo iba San Pedro, un pouco atrás de Noso Señor, quen fa  cía non paraba n-elo mentes, e ríase caladiñamente do que lie pasaba ao seu compañeiro, pois lía no seu pensamento como n-un libro. Preto xa de Cañás, onde iban na bus  ca de casa cubería para pasal-a noite "A fERÉA" que chegaba, n-unha corredoira fonda e no mesmo canto d ’ un regacho atopa  ron outro carro virado pol-o moito carreto que levaba e pol-os moitos tropezós que dera pol-o camiño nos petoutos de que estaba cheo. O carreteiro no facía cal o outro. Pre  gar non pregaba á Dios nin aos santos, antes barafustaba e raxaba por todol-os dioses con cada estocación que adoecía ; mais tras de cada fala poñía todal-as suas forzas para libral-o carro do atáscamento. A ouvir tal, San Pedro quixo arredrar de alí a Noso Señor, mais éste, lonxe de facer caso ao que San Pedro lie decía, falóulle así : — Xa ves, Pedro, agora temos oca  sión de ahondo para facer unha das obras de caridade. Irnos a axudar á este borne para que salla do seu apuro. Ollou espantado Pedro para o seu Mestre, mais non se estreveu á dar un chío, e calou coma un peto, sendo ben mandado, y entre os tres amañaron o ca  rro n-un verbe, e despois de darlle as gracias falou o carreteiro ao seu gando e foise c ’ o seu carro, mais ledo que un cuco. V Camiñaba San Pedro detrás do Divino Mestre rosmando de novo, pero moito mais forte que a derradeira ves, non comprendendo como Noso Señor deixara sen prestarlle axuda ao prmieiro Home, cando pregaba ao Ceo e en troques de  ralle axuda á quen tiña unha boca tan rachada. 2i Deixaba o Divino Mestre que Pedro rosmara ó que quixera, pois aproveitaba de cote todal-as ocasiós para lie dar insiños á quen tiña no inzo para destí  nalo á sel-o cimento da Igrexia, e quería ver hastra onde chegaba a pacencia de Pedro. A este He non cocía o pan no corpo, como din, e tanto devanaba os miolos, que se non deprocatou do terreo que tripaba, e, ao daré un tropezó n-un pelouro, pegou un pulo para non caer, herrando ao mesmo tempo, e sin ó querer facer: — ¿Por qué fixo eso? Virou a cabeza Noso Señor, sonriéulle e ollandoo con unha d ’ aquelas olladas que chegan hastra ó mais fondo do peito, respondeulle : — Pedro, o primeiro esperaba todo do Ceo e nada poñía do seu seito. O segun  do, é certo que falar non fajaba muy ben, mais se axudaba. Así, pois, non te esquenzas de esto que che digo : Axúdate que Dios che axudará. VI E corín dorado, meu conto está arre  matado. Todol-os contos teñen o seu intríngulis. Cal un dos estudiantes que, camiñando de Peñafiel a Salamanca, sou  po desenterral-a alma do licenciado Pe  dro García, cousa da que o outro estu  diante se mocaba, tí saberás tiradle o miolo ao meu conto. Xan Do Martinete. Farmacia y Droguería “ OBISPO SALGUERO ----- JXJ AIST Unico concesionario para Sub América de los afamados e.pecíllcos BRONCOGAN para la TOS y RAQUISAN, tónico reconstituyente del ____________ Doctor Schneldern de la universidad de Berlín E. Ríos esq. O. Salguero Teléfono 3490 - Córdoba 28 “ A TERRA ” que apoyen y aprueben una petición tan justa y patriótica, y los trabajos llevados hasta la fecha con feliz resultado, no sean nulos ni estériles. También hemos seguido sosteniendo sin el menor obstáculo, el servicio mé  dico gratuito, atendido gentilmente por los doctores Quiroga, Garre Argento, Moreyra Bernal y La Madrid, quienes han atendido en todo momento a todo socio que de sus servicios han necesitado, y por cuyos patrióticos servicios esta Junta Directiva está sumamente agrade  cida. Merecen consignarse, asimismo, 'im  portantes donativos de parte de los si  guientes señores: el señor Juan A. Mén  dez, hizo donación de dos hermosos ma  pas de Italia y España ; el señor Waldo Suárez, una buena cantidad de obras pa  ra la biblioteca; el señor Antonio Boullosa, un valioso mapa de Galicia. Existen además otras donaciones deta  lladas en los libros de actas y que aquí pasamos por alto en obsequio a la bre  vedad. Dignos en un todo de nuestra gratitud son estos rasgos dé generoso desprendi  miento y un noble estímulo por la pros  peridad de la Institución, de todo lo cual nos complacemos en dejar expresa cons  tancia ante vosotros. Nuestras relaciones de cordialidad con todas las instituciones hermanas, se han acentuado durante este último tiempo, procurando por nuestra parte fomentar  las secundando todos aquellos actos de solidaridad e iniciativa común que redun  daron en mayor provecho y prestigio co  lectivo. Nos honran muy particularmen- ! te con su amistad, fuera de la capital, el Centro Gallego de Buenos Aires, Hogar Gallego de Rosario, Centro Gallego de Rosario, Centro Gallego de Habana, la Real Academia Gallega, así como tam  bién los Ateneos y corporaciones regio  nales más importantes. Para terminar, agradecemos a la Co misión de Fiestas la voluntad que en to  do momento ha puesto al servicio del Centro y al Director de la Sección De  portes, señor José A. Piñeiro, por su en  tusiasmo y cooperación al frente de la misma, como asi mismo a todos los so  cios que desinteresada y voluntariamente ■ han apoyado las iniciativas de esta Junta Directiva, en bien de la Institución. Juan P. de Santiago. Presidente Manuel Rúa. Secretario LUGO - Plaza de la constitución 29 "A TERRA ’ " ESTADO ACTUAL DE LA SOCIEDAD AL 30 DE ADRIL DE 1924 . ACTIVO Muebles y Utiles, según inventario .................................................................... Recibos a cobrar ........................................................................................................... Caja C. de Fiestas ...................................................................................................... Alquileres a cobrar ...................................................................................................... Efectivo en caja ........................................................................................................... Total $ 11 . 552.20 » 416.00 > 83.00 » 210.00 » 168.75 $ 12 . 429.95 PASIVO Al señor Miguel Marot s/f ...................................................................................... Al señor Félix Marzano s/f ...................................................................................... A Casa Biffignandi s/f ............................................................................................... Al Banco Español ........................................................................................................ Al señor Pedro S. Moreyra s/f ............................................................................... Alquiler casa social ...................................................................................................... Al señor Juan P. Santiago s/f ............................................................................... Al señor Santiago Rey s/f ...................................................................................... Á1 señor Francisco Rossi s/f .............................. .. .................................................. Al señor Francisco Serricchio s/f ......................................................................... Al señor Luis J. Piazza s/f ...................................................................................... A Casa Bartolas s/f .................................................................................................... Total 390.00 38.00 36.35 1308.00 300.00 300.00 88.30 .' 1.00 6.00 8.60 6.80 100.00 2 . 603.05 RESUMEN ACTIVO ....................... , .................................. $ 12 . 429-95 PASIVO ........................................................... * 2 . 603.05 CAPITAL LIQUIDO ................................ > 9 . 826.90 ***+*******w*****<^^*****w*****^^*^**' i ^^*" í ^^^******* i **** LIBROS RECIBIDOS “Pascualito ” — Novela por el señor Manuel Acosta y Lara. — Madrid, 1924. Llega a nuestra redacción esta nueva novela del ilustre autor de “ Sangre Ex  tranjera ” , que está obteniendo con ella un éxito brillantísimo. “ Pascualito ” , es un obra muy intere  sante, de ambiente y personajes anda  luces, admirablemente descritos y defi  nidos. Como la fama del señor Acosta y Lara va extendiéndose con rapidez y con jus  ticia, nos limitamos a consignar la apari  ción de esta nueva novela, seguros de que han de leerla, con el lógico interés, todos sus muchos admiradores. El depósito exclusivo de las obras del señor Acosta y Lara, en Argentina, está establecido en la librería “ El Ateneo ” , Florida 371, Buenos Aires; al cual ha  brán de dirigirse las personas que deseen adquirir “ Pascualito ” y “ Sangre Extran  jera ” . Libros en venta — “ Momentos de Galicia ” , por Pórtela Valladares, $ 1.00. “ Cousas Gallegas ” , por Fortunato Cru  ces, $ 2 . 00 . “ O Cantar dos Cantares ” , por Avelino Rodríguez Elias, $ 1.50. “ Pingas d ’ Orballo” , por Roxeho Ro  dríguez Díaz, $ 2.00. Se reciben encargos de cualquier obra de carácter regional o de autores galle  gos. A aaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaá A LOS COLABORADORES ERPORTANEOS La Dirección se reserva el derecho de dar curso a las colaboraciones no solici  tadas, no teniendo obligación de devolver los origínales. TTTfTTTTYVTYVVTVTVTTYTTTVTYTTY ^ ^=-=s» « MARGARITÍÑA » Todas las señoras y señoritas de la República Argentina, deben leer la no  vela de “ Una señorita de Compañía ” y “El sácrificio de una mujer ” , lindísimas novelas morales, interesantes, sentimen  tales, de Pérez Capo. Son los libros de moda. Dos pesetas cada novela en todas las librerías. Del mismo autor: “ Margaritiña ” (no  vela gallega) cinco pesetas. IMPORTANTE Rogamos encarecidamente a nues  tros asociados dejar en su casa al  guna persona encargada de abonar ios recibos a nuestro cobrador, a los efectos de evitar irregularidades en la administración. ¡)<^^0-0<>(><>0-000-0<K>0-0-0-CK>0 <K><><>0-00<KK> C Eduardo Berruti “ Casa Óe Cambio - Pasajes Marítimos LOTERIA NACIONAL Y CAJAS POPULARES PROVINCIALES Calle Rivadavia 402 - Teléfono 2457 - Córdoba Dirección Telegráfica “ BERRLTi ” OOOOOOOOOC O-OOOOOO-OOOOOOOOO-OOO-OC “ La Flor del Dia ” Acordamos CRÉDITOS a pagar en lO MENSUA  LIDADES y sin intereses, pudiéndo comprar Vd. en iguales condiciones que al contado. 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