Concepto de la fiebre / Tesis del doctorado en la Facultad de Medicina de Narciso Carrero Goyanes
Full text
— 1.
Concepto de la j-iebre. se IMVCRSJDAL i DE SANT¡AG( • DE COMPOST -' u
UMVLKSlDAll DE SANTIAGO 1 DE COMPOST-l
y#,; ' u S( IINIVERSIDADE
EXCMO. SR. Señores: Lejos de mi ánimo el dudar de la benevolencia que siempre en semejantes casos habéis otorgado, manifestando una vez más, que al lado de la ciencia crece la bondad; pero si esta consi deración es para mi un motivo de aliento en este solemne acto, la es casez de mis propios merecimientos, y la pobreza del trabajo que tengo el honor de presentaros, son motivos más que suficientes para solicitárosla de nuevo . Si pobres resultan siempre todos los trabajos noveles ,■ el mió ante vosotros tiene que serlo mucho más, porque á la falta de conocimientos científicos, u
■ - 6 — une la de los literarios que de algún modo pudieran enmáscarar la deficiencia de los primeros; pero se guro de hallar en el sabio la cariñosa indulgencia que constituye una de sus más nobles virtudes, y en el juez la dulce equidad que temple el rigor y se veridad de la justicia, me propongo en este discurso tratar del importante tema del Concepto de la jiebre.
— 13 — debido al roce de la sangre contra las paredes de los vasos, cuya opinión sostenía Haller nueve años des^ pues . Las primeras nociones cpie encontramos más aproximadas á la verdad son las de A an Helmont, quien cree que el caloT* resulta de la efervescencia producida por el contacto de ciertas sustancias en el organismo . Posteriormente Amberger concibe la idea de trasformaciones ei los tejidos que compara á la combustión de sustancias vegetales, y Mayow entrevé en 1764 el mecanismo de la respiración, pues dice que la sangre venosa se trasforma en ruti lante por la mezcla con un elemento del aire, dando lugar á desprendimiento de calor la fermentación que por esta mezcla se produce, cuya hipótesis fué más tarde robustecida con el descubrimiento del ácido carbónico por Boyle y con el del oxígeno por Priestley quien además estudia la acción de este cuerpo sóbrela sangre. Partiendo de estos conocimientos, Lavoisier lleva á cabo sus notabilísimos trabajos y demuestra la es trecha unión que existe entre la oxigenación de la sangre y la producción de calor; comparando la res piración con las combustiones mide la cantidad de carbono quemado y la de oxígeno absorvido, y rela cionándolas con el calor producido trata de probar ayudado por Laplaee, que esta combustión basta pa ra sostener en el cuerpo una temperatura constante. LMVFRSIDADF DE COMPOSTELA u
-11 - Esta concepción de Lavoisier es muy simple, por que si bien es cierto que habla de cambios químicos que tienen lugar entre el carbono por una parte y el oxígeno por otra, nada dice sin embargo acerca del sitio en, donde los tales cambios tienen lugar, cu ya determinación han llevado á cabo sus sucesores y en especial Regnault , Berthelot y Chevreul , los que siguiendo por la senda trazada por aquel gran genio han conseguido demostrar que la nutrición es un acto muy complejo, y que las combustiones son una larga serie de reacciones químicas que tienen lugar no en el pulmón, sino en la intimidad de los tegidos, teniendo por Objeto la formación de sustancias que ó ya se fijarán en estos ó ya serán eliminadas por la orina, hígado (materias azoadasincompletamente oxigenadas) y pulmón (nitrógeno ácido carbónico y agua'. . . Pero en el organismo hay algo más que conside rar que esta producción de calor, en el organismo hay pérdidas muy considerables que tienen lugar por el pulmón, por la piel y por las secreciones, por donde se desprende gran parte del calor producido, ■ existiendo por lo tanto dos factores completamente opuestos, uno positivo de producción y otro nega tivo de sustracción. Bajo la acción del sistema nervioso estos do.s factores producción y gasto se equilibran en el esta do normal, de tal manera que mantienen al organisse UNIVERSIDADE DE SAN I JACO DE COMPOSTELA u
-15 - mo en una cifra constante ele .temperatura casi inva riable, y ¿ligo cási, porque si bien es. cierto que esta cifra sufre algunas variaciones relacionadas con el sitio en donde se aprecie, la influencia de las comi das, edad, sexo, raza, climas etc., son tan pequeñas • estas alteraciones que podemos considerarlas como nulas bajo.este punto de vista. ■ . Además de estas pequeñas oscilaciones de' tem peratura el organismo puede sufrirlas más conside rabies, siendo en especial dos factores los que á esto dan lugar, los grandes trabajos musculares por una parte y por otra las insolaciones. Estos dos factores originan elevaciones termométricas muelio más con siderables que las anteriores en especial cuando se combinan, pues como hace notar muy bien Richet en su notable obra sobre el calor animal, es raro que la , temperatura exterior llegue á elevar la normal de el hombre cuando este se halla en reposo,, siendo nece sario que ejecute movimientos para obtener estos resultados, como se ha comprobado repetidas veces en medicina militar por las observaciones de solda d )s en marcha, y en los segadores de las grandes planicies de la América del Norte á las orillas del Mississipí. ■ • • , Pero estas alteraciones de la tempei ‘ atura normal del cuerpo (pie como acabamos de ver sufre el hom bre por diferentes causas, estas hipertermias ¿pode mos nosotros considerarlas ‘ como fiebres? UNIVERSIDADE
- 1GEs muy cierto que uno de los síntomas de la fie bre el más característico y al mismo tiempo el más fácil de apreciar, es el aumento anormal de la tem peratura del cuerpo, pero no por este solo hecho se constituye la fiebre, porque en este caso las hipertermias que sumariamente acabamos de indicar so lían con iguales títulos incluidas en el grupo de las fiebres. La necesidad de esta distinción fué ya sentida por los clínicos de épocas anteriores, pero á pesar de sus trabajos sobre este asunto tan espinoso, es preciso llegar á nuestros dias para encontrar una exphcación satisfactoria de esta distinción que la clí nica hace mucho tiempo viene observando, viniendo en efecto Lówit á sostener en sus notables lecciones sobre la fiebre , que lo que distingue á ésta de lahipertermia, es el trastorno del poder regulador del sistema nervioso que parece está dispuesto para mantener temperaturas más elevadas. De esta opi nión participa también Richet para quien el carácter distintivo de la fiebre está en la alteración del poder regulador del sistema nervioso central, ti atando de demostrar con hechos esta hipótesis, y al efecto dice, que si una persona sana ejecuta un gran trabajo muscular, á pesar de estíi gran producción calorífera la temperatura de su cuerpo apenas llega á 38° por que la regulación interviene y restablece el equili brio alterado por esta adición de calor, siendo por
-17otra parte esta pequeña elevación térmica eséncialmente pasa (jera, lo que la distingue de la fiebre, por que en esta' habiendo menos producción (según se puede demostrar por datos aun imperfectos ú la tem peratura se eleva de 37° á 40° y aún más. Por otra parte dice este sabio fisiólogo, si se observan tres personas teniendo una 39 D , otra 41° y la tercera 37°, no puede decirse que: los dos primeros estando fe bricitantes carezcan de poder regulador, pues por el contrario la marcha de la temperatura es en ellos tan regular como en el individuó sano, y nada podía modificar esta temperatura de los unos y del otro, puesto que si se les expone á los tres al frió, ellos conservan su propia temperatura de 39°, 41° y 37°, y si por el contrario se les somete al calor se conse guirá el mismo resultado, y los dos febricitantes con algunas décimas ó centésimas de grado conservan sus 39° y 41° lo mismo que el individuo sano que no pasará de 37°. Estas conclusiones que los fisiólogos modernos deducen de sus notabilísimos trabajos vienen no solo á confirmar, sino que también á explicar el con cepto de los clínicos que desde tiempos muy lejanos tenían de la fiebre, á la que consideraban como una elevación sostenida de la temperatura del cuerpo por encima de 38°. u
III. Una vez sentada esta distinción entre las hipertermiasy el proceso febril, veamos ahora aun cuan do á la Hjera de que manera tiene lugar esta eleva ción de temperatura. Teniendo el organismo un calor fijo cuyo carác ter dimana de la regulación de dos factores el uno de producción y el otro de pérdida teóricamente considerado se puede concebir su au n.mto por los siguientes procedimientos . l .° Por producción de calor, siendo normales las pérdidas se encuentra aumentada la producción . 2 .° Por retención de calórico, es decir que per maneciendo constante la producción hay disminu ción de pérdidas . ' * 3 .° Y por último que aumentada la producción las pérdidas están también aumentadas. Supuestas teóricamente estas tres condiciones veamos ahora cual es la que con más frecuencia se realiza, estando cada una de ellas sostenida por per sonas muy eminentes. La primera teoría ó sea la de la producción del calor, cuánta con muchos partidarios pudiendo de-
-19cirs^ que es á la que por lo general se adhieren los patólogos. Esta teoría no ha nacido en nuestros dias puesto que ya Lavoisier, (pie con justicia puede ser considerado el creador de la fisiología, atribuía la liebre al aumento de las combustiones orgánicas. El in'imero que confirmó en la práctica, esta teo ría por medio del calorímetro fue Liebermeister, que ayudado por sus discípulos Kernig y Hattwig hizo uso del método de los bulos fundándose en el principié siguiente: si un cuerpo en las mismas con diciones de. calor permanece cierto tiempo á la mis ma temperatura, debe de producir tanto calor como pierde, por lo que determinando éste se sabrá la can tidad (fe aquél. Posteriormente Mosso ha hecho ex periencias más precisas, viendo aumentar la radia ción al mismo tiempo que la témperatiira central en un perro infestado por el estafilococo, Richet obser vando en su calorímetro de aire los efectos que so bre la termogónesis tiene la picadura de ciertas re giones cerebrales, y otros muchos observadores ha ciendo uso de aparatos más ó menos perfeccionados, todos los cuales han comprobado el aumento de la producción de calor. Como en un principio los calorímetros eran apa ratos muy {loco precisos, obligaron á los fisiólogos á abandonar esta calorimetría directa para averiguar de una manera indirecta la cantidad de calórico pro ducido por los cambios intraorgánicos, deduciendo se UMVLRS1DADL DE SANTIAGO u
-20 - aquel de la dosificación de sus productos, cuyo méto do más seguro que el anterior, ha dado los mismos re sultados como lo demuestran las siguientes indica ciones: Entrelos diferentes investigadores que han estudiado las, variaciones que el ácido carbónico ex perimenta en su secreción citaremos á Liebermeister Leyden, Frankel, Pflüger, Wertehin etc., cuyos re sultados sin embargo no están absolutamente de acuerdo, pero haciendo caso omiso de resultados ' parciales y contradictorios, pqjede decirse que en sus observaciones estos autores han hallado un aumento considerable de ácido carbónico en los procesos fe briles, cuyo aumento puede elevarse como máximo en el hombre á un 20 ó un 30 por 100. Este aumento de ácido carbónico exhalado que principia con el proceso febril, aunque variable es constante como lo ha comprobado Leyden en casos # en que faltaba (-1 escalofrío, continua durante el fastigium y en general adquiere un desarrollo tanto mayor, cuanto más elevada es la temperatura fe bril , hasta que por último en la defervescencia, esta exaltación sigue una marcha progresivamente des cendente y concluye por hacerse normal . Pero no es solamente por el pulmón por donde tiene lugar esta exajerada exhalación de ácido car bónico, porque también Ewald ha demostrado que la cantidad que se encuentra en las orinas está tam bién, aumentada, y Neumann asegura que sucede
-21otro tanto con las pérdidas que insensiblemente tie nen lugar por la piel . Una vez admitido el aumento de ácido carbóni co eliminado por el proceso febril, no ha sido inter pretado de la misma maneríb pOr todos los observa dores, pues mientras que unos ven en él un aumento de las combustiones de las que es su consecuencia, otros por el contrario sostienen que esta mayor ex halación es debida á una eliminación superabundaiite aun cuando pasajera del ácido carbónico normal , siendo esta manera de ver de Senator acérrimo par tidario de la teoría de la retención del calórico, quien cree (pie el organisnío tiene én estado normal cierta cantidad de ácido carbónico en reserva, que deja es capar durante la fiebre por la acción de los movi mientos respiratorios acelerados. . Ahora bien de estas dos interpretaciones ¿cual será la verdadera? ó en otros términos ¿tenemos al gún medio que nos demuestre si la mayor cantidad de ácido carbónico que en la fiebre se exhala existía ya formado en el organismo ó es producto de una nueva formación? indudablemente que lo hay , porque siendo el ácido carbónico un compuesto de dos ele mentos, uno de los cuales el carbono proviene de nuestro organismo y el otro que es el oxígeno del aire exterior, determinando si existe mayor consumo de este se tendrá resuelto esta cuestión , para lo cual hay que llevar más adelante el interesante estudio
— 22 — de los cambios gaseosos. Este, estadio ha dado por resultado á diferentes observadores y en especial á Zunlz ) Lilienfeld que la cantidad de oxígeno uti lizado se halla aumentado, lo mismo que k de CO; exhalada sin variación sensible en la relación de C0 ,2 siendo únicamente Werthein el que señala resulta dos contradictorios, afirmando que el consumo de O se encuentra disminuido. Según esto podemos considerar en la fiebre una exageración de las oxidaciones orgánicas normales , pero (pie según Finkler esta exageración no'está en relación con el aumento de temperatura, entrañando esta falta de concordancia un interés de primer or den, pues hace, presumir que el aumento de oxida ciones no es la única causa del aumento de tempe ratura en el proceso febril, induciendo á sospechar la intervención de otros factores. Estos mismos resul tados ol>tu\o también Liebermeister en una fiebre intermitente, de la que dicé que si bien es cierto que comprobó el aumento anormal de la exhalación de CO , este aumento no es proporcional al de la temperaturíi . Otro de los cuerpos sobre los cuales la atención de los observadoras se ha dirijido para que pudiese darnos idea de los cambios que en el organismo se operan bajo la acción de la fiebre, es el ázoe, pero como hace notar con mucha oportunidad Hayem. la determinación de este cuerpo no tiene tanta impor se UMX'LKSIDADL DE SANTIAGO DE COMPOSTEL A u
-29hoy con mayor número de partidarios. Cnanto pu diéramos decir de ella sería una repetición de lo an teriormente indicado . Esta teoría ha sido comprobada prácticamente por los concienzudos estudios de Richet en su céle bre calorímetro de sifón, sobre varias series de cone jos cpie con este objeto había elejido, estando con formes sus resultados con los obtenidos por Liebermeister en el hombre, y Senator y Finkler en los ani males . . . Recientemente Laugíbis ha hecho con el calorí metro de Richet una serie de mediciones calorimé tricas en los niños, habiendo demostrado que en las fiebres y en particular en las bronco-pneumonías al mismo tiempo que la temperatura rectal aumenta, se ve aumentar también la radiación calórica, de suerte que hay á no dudar, producción más grande de ca lor por una parte y por otra un aumento en la ra diación . Como consecuencia de todos estos estudios, con cluye Richet manifestando que hoy podemos acep tar como demostrado, sino para la totalidad á lo me nos para la generalidad de los casos, que las indica ciones del termómetro y del calorímetro marchan a la par . , - VNIVERSIDA
Siendo hoy un hecho demostrado y aceptado pol la mayor parte de los médicos de que en la fiebre existe no solo aumento en las combustiones, sino también en las pérdidas de calor, róstanos saber por que mecanismos se verifican estas alteraciones. Anteriormente hemos visto que el equilibrio tér mico que en el estado normal tiene el organismo es debido al sistema nervioso, que armonizando la pér dida de calor con su producción mantiene el cuerpo á una temperatura constante, y si esto sucede en el estado fisiológico cabe suponer que en el patológico el mismo sistema regulador de estos dos factores tan antagónicos se halle alterado, puesto que el febrici tante calentado por una cauSa interior como dice muy bien Hayen, hace esfuerzos para desembarazar - se del exceso de calor, pero sin conseguirlo . Que esta perturbación del sistema nervioso es más que una simple hipótesis, lo demuestra las nu merosas modificaciones vaso-motoras y secretorias que durante el proceso febril tienen lugar, entre las cuales podemos citar las siguientes: durante el pe ríodo de escalofrío la piel palidece por contracción de
- 31 - sus vasos, sucediendo a esta fase otra de dilatación en que aquella se enrojece, cuyas fases constructoras y dilatadoras han sido observadas perfectamente por Senator en la oreja del conejo. El sudor que aparece en el hombre sano como acto de defensa cuando su temperatura se eleva, falta también en el febricitante en el que según Leyden se suprime no solo durante el escalofrío sino también en el período de calor. Otro de los fenómenos que nos demuestra la alte ración del sistema nervioso durante el proceso febril es la exageración de los efectos de la fricción cutánea , pues si en el hombre sano pasamos sobre su piel una punta blanda ó una uña, se da lugar á un surco blan co que luego se transforma en rojo congestivo, cuyo fenómeno mucho más exajerado en la fiebre había llamado poderosamente la atención de Trousseau que le designaba con el nombre de raya meningítica, por creerlo equivocadamente como propio de este padecimiento. Citaremos por último como fenómenos caracte rísticos de trastornos vaso-motores, las oscilaciones relativamente muy extensas que en la temperatura de la piel tienen lugar en el estado febril . Por lo anteriormente expuesto se ve de una ma nera clara y terminante, que el sistema nervioso durante el proceso febril se halla alterado, pero ¿po demos nosotros ir más allá y averiguar en que con siste esta alteración ?
. -32Cuando en anteriores líneas nos ocupábamos en distinguir los procesos febriles de las demás hipertermias, decíamos que en aquellos el carácter esen cial era la perturbación del poder regulador del sis - tema nervioso, que en los individuos febricitantes parecía dispuesto para grados más elevados que en «1 estado normal; que la elevación de temperatura que en un individuo sano puede acarrear un trabajo violento solo durará un tiempo muy corto , pues inmediatamente se producirá una compensación consecutiva al aumento de las pérdidas del mismo , en especial por la piel que funciona como una vál vula de seguridad bajo la acción dél sistema nervio so, y que si sometíamos á individuos febricitantes á la acción de diferentes temperaturas, veíamos que estos según Richet conservan su calor anormal, de la misma manera que una persona sana conserva el suyo sometido á las mismas alteraciones, pero siendo á la larga más fácilmente vencido el de los organis mos enfermos que el del sano . A estos mismos resultados nos conducen también los notables experimentos de Pñüger, quien ha visto á los animales casi inertes caer bajo la influencia térmica, cuando la acción del sistema nervioso era destruida , lo que no sucedía en los animales sanos que colocados en las mismas condiciones de calefac ción luchaban con ella por medio de las péfdidíis-. De todos estos hechos y otros varios que pudiése UMVLRSIDADL DE SANTIAGO DE COMPH«T e W u
-33ramos citar, deduce Hayen que el mecanismo de la regulación térmica está trastornado , padeciendo una debilidad relativa durante el curso del proceso febril . Vil Una vez conocida la naturaleza de la alteración del sistema nervioso, que en la fiebre trastorna la regulación de la temperatura, róstanos tan solo estu diar las causas que tales alteraciones originan . Concretándonos tan solo á las fiebres, y dejando á un lado el resto de las hipertermias que no pueden ser confundidas con aquellas por razones que al prin cipio hemos indicado, vemos que las múltiples cau sas á que los autores atribuyen este fenómeno mor boso, pueden reducirse á dos grupos; el primero y más general comprende las intoxicaciones microbianas y orgánicas, y el segundo las alteraciones del sistema nervioso. El primero es un grupo perfectamente defi nido, cuyos límites van ensanchándose cada vez más por los interesantísimos estudios de ’ que ha sido y está siendo objeto, no así el segundo que fundándo se en algunas observaciones no siempre bien recojidas, y algunos experimentos de laboratorio, ve reducirse cada día más su ya pequeña extensión. Digamos algo de cada uno de ellos . u
-34Las relaciones del proceso de putrefacción con las fiebres sépticas, no ha permanecido oculto á los escrupulosos observadores.de tiempos anteriores, co mo se desprende de la lectura ' de los clásicos anti guos (Hipócrates, Celso y otros varios médicos), co mo también de las obras de los cirujanos de los siglos XVI y XVII, entre ellos Paracelso , Pareo, etcétera, pero sin embargo la historia científica de las fiebres sépticas no empieza hasta el año 1822, en el que un célebre médico francés, Gaspard de SaintEtienne, consiguió determinarla fiebre séptica en los animales de experimentación, dando de esta manera una prueba segura de su existencia. Estos trabajos son tanto más notables, cuanto que gaspard no par tía en sus experimentos de procesos quirúrgicos, sino de su observación médica en una serie de personas que habían enfermado por ingerir agua en putrefac ción procedente de una fuente. Este hecho le indujo á crear líquidos pútridos por la maceración de sus tancias orgánicas animales y vegetales, cuyos líqui dos inyectaba en pequeñas cantidades debajo de la piel y en el interior de las venas de los animales de experimentación, haciendo constar la enfermedad en ellos y eventualmente la terminación fatal . Estos interesantísimos trabajos de Gaspard, que daron por algún tiempo olvidados á causa de la poca atención que le prestaron los hombres de ciencia, hasta que en el año de 1864 dos cirujanos alemanes, SG UMVLRSJDADL DE SANnAGD DE COMPOSTELA u
-35Webery Billroth, emprendieron dé huevo las inves tigaciones de aquel célebre médico, obteniendo, la fiebre en los animales de experimehtaoión por la in yección de líquidos icorosos ó de pus, cuyos resulta dos" fueron desde entonces comprobados por gran número de experimentadores, los cuales atribuyeron • á los microorganismos que tanto abundan en estos líquidos de inyección, la acción piretógena de los mismos, creyendo que el aumsnto de la temperatura en la fiebre, era debido á la acción de la vida de los microbios, (pie por las combustiones de su nutrición daban lugar á cierta cantidad de calor, que se unía á '• la de los organismos á expensas de los que se des arrollaban . Posteriormente, y teniendo en cuenta que los líquidos pútridos con los que se hacían las inyeccio nes experimentales, no eran cuerpos tan simples que solo contuviesen microbios, sino que por el contra rio son muy complejos, hallándose formados de qna parte sólida (microbios, restos de tejidos) y otra líquida qiie tiene en disolución diferentes sustancias químicas, se trató de averiguar el papel que cacla una de estas sustancias tiene en la termogénesís, pareciendo al principio de muy fácil resolución este problema, puesto que la filtración podía separar es tas dos clases de sustancias, p^ró desgraciadamente en la práctica es muy difícil de conseguir esta sepa ración, porque los organismos inferiores atraviesan UNrvTRSrDADF DE SANTIAGO DL COMPOS ILLA
— 36los mejores papeles de filtro, siendo vínicamente la arcilla propuesta por Klebs la que da mejores resul tados, aún cuando de una manera absoluta no impide el paso á algún cuerpo sólido . Separadas de este mo do las sustancias é inyectadas aisladamente, se ob servó que el líquido que pasara por el filtro, conser vaba , aún cuando en grado • moderado , el poder de desarrollar la fiebre, mientras que las sustancias retenidas por él é introducidas en igual cantidad determinaban una fiebre intensa y con frecuencia mortal . Como estos experimentos al mismo tiempo que incómodos eran inseguros, se trató de ensayar en los animales varias sustancias químicas existentes en los líquidos pútridos, y obtenidas lo más aislada mente posibles, resultando de todos estos trabajos que los productos finales de la putrefacción como el COy el amoniaco, lo mismo que los gases que en este proceso se desprenden, carecen de propiedades febriles, pero no así las materias albuminoideas pri marias y sus productos finales, de los cuales llegó á obtenerse, especialmente por Bergmann, una sustan cia cristalizada en agujas (pie recibió el nombre de seprina, y que inyectada en pequeñas cantidades en los animales de experimentación daba lugar á la muerte . Estos trabajos dieron lugar á una nueva teoría que colocándose en frente de la microbiana, conside u
raba los procesos febriles ele naturaleza tóxica , cuya teoría, presentida por Toussaint en 1878, y sosteni da por Chauyeau en el siguiente año, recibía una deinostración indudable por los trabajos de Bouchard sobre la orina de los coléricos, de Charrin sobre la piociánina, de Roux y Chaniberland sobre el vibrión séptico, y por los de Serafini, cpie obtenía la hipertermia en los perros por inyección de los cultivos este rilizados del bacilos de Frielander. Los notabilísimos trabajos de Charrin y Ruffer, lian dado la primera demostración precisa, estando basados sobre cuatro series de conejos conteniendo cada una de ellas tres de estos animales, á los que se les ha inyectado en el mismo sitio la misma cantidad de caldo de buey, en el que se había cultivado el bacilo piociánico, excep to á los de la primera serie, en los que el caldo estaba virgen de todo cultivo y al mismo tiempo esterili zado ; en los de la segunda serie el cultivo era des provisto de todo germen por simple filtración; en los de la tercera además de ser filtrados por la porce lana, eran anteriormente esterilizados por el calor á 115°; y por último, para los de cuarta serie tan solo habían sido esterilizados por la misma tem peratura de 115°, pero no filtrados, conteniendo por consiguiente cadáveres de microorganismos y restos de estos mismos. Las alteraciones térmicas que en todas estas series de animales se presentaron, fueron desiguales, no solo en intensidad sino también en
duración, pues mientras que en los de la primera habían tan solo sufrido una elevación de 0.8° al cabo de cinco horas, desapareciendo esta pequeña alteración al poco tiempo, en los de la segunda y tercera serie la elevación fué de 1.5°, siendo 'mayor la duración de este desequilibrio en los de esta última, pues al cabo de 48 horas se apreciaba aun l.° por encima de la normal, cuyos resultados son casi idén ticos á los de la cuarta serie, con la diferencia de que en estos la temperatura se había elevado á O; 2.° más que en los de la precedente . . Estos curiosos trabajos, nos demuestran que los productos solubles de los cultivos, pueden desarro llar elevaciones térmicas absolutamente privados de todo germen, no solo vivo sino también muerto, co mo resulta de las experiencias de la segunda y ter cera serie . Prosiguiendo por esta vía, logra Roussy en 1889 producir la fiebre en los animales, por la inyección de un fermento soluble, y en el mismo año Bouchard obtiene el mismo resultado con productos de micro- .bios diferentes, lo mismo que otros muchos ob servadores, entre ellos Koch con la tuberculosis, Bering, Roux y Yersin con los cultivos del bacilo diftérico . Hay entonces como acabamos de ver en los cul tivos de ciertos microbios, productos que originan la fiebre, pero estos productos ¿proceden de una secre-
-4o - comprobada por Courmont y Doyen . Esta sustancia que se encontró en las toxi -infecciones, es debida á los trastornos nutritivos q le en los tejidos tienen lugar á consecuencia de talos procesos. La presencia de estas sustancias en la fiebre es de gran importancia, porque parece que viene á con firmar una de las hipótesis de la misma, que en su excelente tratado de el calor animal indica Richet, pues habla de una auto-inLección por retención de productos que deben de ser eliminados, en contrapo sición de las infecciones venidas del exterior por la acción de los microorganismos. ¿Podrían estas sustancias considerarse algún día como inmediatas productoras de la fiebre? porque si bien es cierto que Gautier lo mismo que Courmont y Doyen las han encontrado en la sangre en los ca sos de toxi-infeccioues, sabemos según el mismo Gautier nos manifiesta en sus excelentes trabajos de química biológica, que estas se forman continuamen te en el estado normal, por hidratación de las sustan cias albuminoideas en el interior de casi todas las células, y que una vez formadas son expulsadas al exterior por diferentes emuntorios, en especial por la saliva y orina en donde se les ha encontrado. Una vez admitida la existenciíi constante de es tas sustancias en nuestro organismo , lo que resulta indudable por los trabajos de tan eminentes obser vadores, ¿por qué mecanismo dan lugar á la fiebre?
¿será por una mayor formación ó será por su lenta eliminación ? Si esto fuese así, ¿cabría suponer que muchas afecciones nutritivas en las que se demuestra la gran cantidad de materiales de excreción, el elemento fe bril reconociese el mismo mecanismo?, así á lo me nos parece demostrado en la gota y en la fiebre de fatiga por Bouchard, en la clorosis por Ughetti, en el bocio exoftálmico por Guinon, en la leucocitemía por Ronques, y en otras varias afecciones por dife rentes observadores. Y por último ¿podrían considerarse como fiebres de idéntico mecanismo las producidas experimen talmente por la inyección de diferentes sustancias orgánicas dentro de la más severa asepsia?, pues sabemos que la fiebre ha sido obtenida con las inyecciones de sangre por Mayen, Miiller y Liebreicht, con el suero por Sevestre y Roger, Roux y Chamberland con el extracto de bazo de rata, Re pine con extracto acuoso de riñón normal, y otros muchos observadores con diferentes sustancias co mo son cápsulas suprarrenales, pulmón, hígado, te jido muscular etc. Siendo ciertos todos estos hechos ¿no se podría invocar para todos ellos el mismo mecanismo, una excitación de los centros nerviosos por las sustan cias piretógenas formadas en nuestros tejidos, ya por la acción de los microorganismos y sus produc-
-47tos, ya por ciertos trastornos morbosos de la nu trición? VIII. El otro grupo de causas que habíamos indicado pueden producir la fiebre, son las alteraciones del sistema nervioso, las cuales indicadas ya hace tiem po por los autores parecen haber sido observadas no solamente sobre casos clínicos de lesiones trau máticas y procesos morbosos, sino que también ex perimentalmente sobre animales en nuestros labo ratorios. Las observaciones clínicas correspondientes á lesiones traumáticas de los centros nerviosos que en la ciencia existen, son tan solo en número de ocho de las cuales dice Richet, que su modo de acción se manifiesta con tanta claridad como en las más bellas experiencias fisiológicas. Estos casos se refieren á aplastamientos, contusiones y traumatismos de la médula espinal; todos ellos han sido seguidos de muerte como se ve por el siguiente cuadro: se UNI\TRSIDADF DE SANTIAGO u
Temperaturas Observaciones Autores Terminación 43. ° 9 Fractura de la columna vertebral cervical tomada en el año 1837. . . : ., . 42. 0 4 Fractura de la 6. a vértebra cervical (cin cuenta horas después del acc : dente). . 44. 0 0 Fractura de la 12 dorsal y de'irio Ireme.is. 43. 0 8 Fractura de la 6. a cervical (19 horas despues del traumatismo) ............................ 42. 0 9 Fractura de la columna .vertebral. . . . Idem Idem 43. 0 4 Fractura d^ la 7. a cervical (10 horas desp ’ ues del traumatismo) ........ Brodie.. . Billroth. . Simón.. . Frerichs. . Fischer. . Weber.. . Quinche. . Nieden. . Muerte Idem Idem Idem Idem Idem Idem Idem Por poco que nos fijemos en este cuadro, com prenderemos que por los datos que en él se expo nen, nó podemos llegar de ma manera tan deci siva á las conclusiones de Richet, es decir dé que en todos los casos citados, la fiebre reconoce por causa la excitación física de los centros nerviosos; para que esto fuese así era necesario que la obser vación se hiciera inmediatamente después del trau matismo, y antes de que otras causas absorciones de derrames, restos de tejidos, inflamaciones) pudieran originarlas, y en éste concepto vemos que tan solo el caso de Nieden en el que la temperatura to mada. diez horas después del traumatisiíio era de 43° 4, y aun el de Frerichs con 43° 8 diez y nueve horas después del accidente, parecen reconocer aquel origen, en todos los demás ó. bien no se consigna la
-49hora en que ha sido tomada la temperatura, ó como en el caso de Billroth este tuvo lugar cincuenta horas después de la lesión, autorizándonos por con siguiente á sospechar la intervención de otros fac tores que diesen lugar á la fiebre, en especial la ab sorción de los derrames sanguíneos y restos de te jidos que indudablemente tuvo que haber dado la naturaleza de la lesión, cuyos derrames ya en el primer dia producen la elevación de temperatura, por lo que aun hace dudar del mecanismo de los casos de Nieden y Frerichs. Además de estas lesiones traumáticas existen ciertos procesos morbosos de los centros nerviosos como son hemorragias, esclerosis y tumores, que provocan con frecuencia elevaciones térmicas, las que si bien es cierto que algunas veces encuentran explicación satisfactoria por inflamaciones consecu tivas que originan (cerebro, meninges, ependimo) y otras por convulsiones que algunas veces les acom pañan, hay casos en los cuales no vemos alteración ni trastorno alguno por cuyo mecanismo podamos explicarnos las elevaciones de temperatura que ori ginan, teniendo entonces que admitir la existencia de un desarreglo en el sistema nervioso central, co mo más claramente parece indicado en la histeria, en la que según Barié y Debo ve es algunas veces tan solo la fiebre el único síntoma, que se prolonga durante semanas y meses, conservando mientras tan4 u
-50to los enfermos la integridad de sus funciones, en flaqueciendo unas veces y engordando otras. En cuanto á los datos obtenidos sobre animales de experimentación, los resultados han sido contra dictorios como vemos por los trabajos de Tscheschichin, que separando el bulbo de la protuberancia demuestra que el cerebro ejerce un poder modera dor sobre las combustiones, Brück y Gunther lle gan á la misma conclusión, pues obtienen hipertermias generales por la excitación del bulbo una vez separado de la protuberancia, Naunyn y Quinche consiguen también hipertermias por la sección de la médula, y por último Wood destruyendo las circun voluciones de los dos lados obtiene también efectos térmicos generalizados/ Como vemos por lo anteriormente expuesto, aquellos experimentadores trataron de demostrar el papel moderador que el cerebro ejerce sobre la termogénesis, lo cual en estos últimos tiempos lia sido rechazado en especial por los notables experi mentos de Richet, que operando .sobre conejos, hun de la punta de un estilete resistente en un punto que, equidistante del surco interhemLsférico y la ór bita, esté colocado sobre una línea imaginaria, que desde el tercio anterior de una órbita vaya á igual punto de la opuesta. La dirección dada á este ins* frumento tiene que ser perpendicular á la base del cerebro, porque 'si se desvía hacia atrás lesionando u
-51 - el merocéfalo daría lugar á graves trastornos de la motilidad, y sí hacia adelante no se obtendría ningún efecto térmico. En casos de feliz éxito se ve elevar á dos grados la temperatura normal del conejo en menos de una hora, persistiendo por algunos dias sin que el animal presente ninguna otra alteración, pues come, juega, corre y duerme como antes de la picadura, tan solo que durante este tiempo consume - más oxígeno y elimina más CO 2 , notándose única mente un poco más de actividad en él. En vista de estos curiosos trabajos de Richet, y previendo algunos*" experimentadores la existencia de centros termógenos, dirigieron sus trabajos en busca de ellos como lo han hecho Aronsohn, Sachs y Ott, en especial este último, que llegó á admitir seis centros térmicos en cada hemisferio, de los cua les dos son corticales y cuatro básicos; los dos pri meros llamados crucial y silviano poseen una ac ción termotáxica, dando lugar su destrucción á una hipotermia relativa; mientras que los otros cuatro situados en la base del cerebro son termogenéticos, elevando la temperatura por su escitación, siendo por consiguiente antagónicos délos primeros. Estas conclusiones no han sido admitidas por los demás fisiólogos y en especial por Mosso, que niega terminantemente la localización de las funciones ter mógenas , estando completamente de acuerdo en este punto con el mismo Richet, quien refiriéndose á los u
-52trabajos de localización de Aronsohn y Sachs, mani fiesta que no puede admitir la existencia de una escitación limitada á un centro termógeno, cuando únicamente lo que hay según deduce de sus trabajos, es una excitación general no solo para las funciones químicas sino también para las psíquicas, como lo demuestra la mayor animación de los conejos sobre quienes ha experimentado, y esta interpretación de una excitación general independiente de todo centro termógeno, la encuentra demostrada por la eleva ción de temperatura que obtiene en los animales, á quienes después de la trepanación lia verificado la cauterización de diferentes puntos de la super ficie del cerebro por medio del fenol, para evitar de esta manera todo proceso infeccioso. De todos estos trabajos de laboratorio que hasta la fecha se han verificado, tan solo podemos lógica mente deducir la importancia que sobre la termogénesis tienen los centros nerviosos. Los nervios periféricos á su vez, han sido también acusados de producir la fiebre por acción refleja , cuya hipótesis nació de la observación de Claudio Bernard sobre un caballo, en un casco del cual se ha bía hundido un clavo. Richet que con vivo interés ha estudiado este asunto, manifiesta que no solo expontáneamente no se ha vuelto á observar caso algu no, sinojque ni la experimentación ha conseguido obtener resultado ninguno puesto que en los conejos UN^RSIDADE DF SANTIAGO DECOM/DSTLLA
-53- . en los cuales se había cauterizado , excitado ó corta . do el nervio ciático, su temperatura tomada una ó dos horas después no había experimentado aumento alguno de importancia, deduciendo de sus estudios tan notable fisiólogo, que en conjunto la fiebre no puede ser un fenómeno reflejo . IX Como síntesis de todo lo anteriormente indicado respecto al concepto actual de la fiebre, pueden de ducirse las siguientes conclusiones . l .° La fiebre es una exajeración de los actos normales de la nutrición. 2 .° Esta exajeración obedece á una alteración de los centros inervadores, y 3 .° Las causas que determinan esta alteración de los centros nerviosos son de dos órdenes, ó bien lesiones materiales de los mismos, ó bien la acción de ciertas sustancias procedentes unas del exterior (microbios y sus productos), y otras del interior de nuestro organismo y (pie deben de ser eliminadas productos de escreción). . HE DICHO. J/arcíso Carrero Qoi/anes. u
Esta memoria ha sido leída el día 9 de Noviembre de 1900, ante el tribunal formado por los Eres. Bodrigu.es (presidente), Criado, Gaedea, Loza g Valcorva (secretario), habiendo obtenido la calificación de Sobre saliente. u