Colección de poesías y Discursos pronunciadas por los alumnos del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús... en la Sesión Literaria Infantil... en la noche del 11 de agosto de 1887
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I. premia bfl ^fnno. ^inifamhnto bf Viga. Discurso pronunciado por el alumno in terno del Colegio, D. FEDERICO RRO Y CANTOS. '("J • - ¡c. E x c mo s . S r es . " ’ • ■ ■ S r a s . y S r es ; . . Por segunda vez dejo resonar mi vo? en - esta justa infantil, organizada con motivo de la Reconquista de esta Ciudad: por segunda vez, vengo á hablaros de los hijos de la cató lica España, de la España de San Fernando y de Sta. Isabel, de esta nación guerrera, señora de ambos mundos, de esta nación
que ha visto tremolar su estandarte victo rioso desde el Oriente hasta el Poniente, cu yas gloriosas victorias celebran siempre sus valientes hijos con himnos de júbilo y de entusiasmo, y entre las cuales figura en ma yor ó menor escala la lucha sostenida por el paisanaje gallego en el año 1809, contra el ejército mandado por el general francés Soult á su paso por Galicia;, tema es éste que designó el Excmo. Ayuntamiento para merecer el honroso premio por él señalado para esta S es ió n L it er a r ia I n f a n t il . Escuchad ....... Victoriosas por todas partes las armas francesas á fines del siglo XVIII y principios del XIX: prisioneros, deshechos ó muy que brantados nuestros ejércitos; ocupadas y do minadas por los invasores las provincias del Norte, del Occidente y del Centro de la Pe nínsula, subyagada alguna de las de Oriente y amenazadas las del Mediodía; instalado por segunda vez el Rey José en el trono y palacio real de Madrid, al parecer con más
Dice; suspende la ambiciosa lucha y — :Gloria á Calderón! — sólo se escucha de Norte á Sur, de Lusitania al Ebro. ¡Sublime Calderón! ¿Cómo nombrarte sin arder de entusiasmo en alta pira? ;Cómo un himno entonar, si no comparte mi admiración la desacorde lira.'' ¿Viste el volcan, cuando feroz desata sus torrentes de fuego abrasadores, y en flamígera y ronca catarata despéñase, confunde y desbarata el florido vergel, sembrando horrores? ¿Le viste reventar sobre la cumbre, cual gigantesca antorcha su picacho, arrojando á las nubes un penacho de hirvientes lavas y de roja lumbre.'.... Ese eres tú; la formidable roca por torrentes de ¡deas sacudida: pero el volcan destruye cuanto toca V tú, segundo sol, difundes vida. España entera hoy sin cesar te aclama, de nuestros corazones eres dueño; si vivir es soñar, ¡que hermoso sueño quien vive como tú y vence á la fama!
Soberbios potentados de la tierra, al genio despreciad, porque no mora en el vano palacio que os encierra: el oro que en las arcas se atesora es el cristal de rápida corriente que susurra entre juncos mansamente y vá á trocarse en cieno ó se evapora. El genio, luz de la divina mente, derrama celestiales resplandores y á través de los siglos voladores agigántase y vive eternamente. Iberia sin rival, noble matrona, hoy por el nombre de tus hijos mira, tegiendo al bardo la inmortal corona; hoy lauros sobre lauros amontona, enciende de entusiasmo inmensa pira, estalla en gritos de feliz contento: no igualarás su poderoso aliento, no apagarás los ecos de su lira! ....... J u a n T o má s S il v a n y .
m. yrEmia nírEtibc por mt í/ijo bt ©iubnb» A VIGO. Poesía dicha por D. ANGEL b UEMBUENA. Aquí en el grato murmullo De tu apacible ribera, Bajo esa luciente esfera Que dá vida al corazón; Ante el magnífico cuadro Que formar solo Dios pudo, Te dirijo mi saludo Y mi pobre inspiración. u
— i4 — ¡Cuan orgullosa te admiro Por tus castillos guardada, Como memoria sagrada De otros dias de esplendor; Iluminando tu puerto Dos faros con su luz pura, Que ofrecen ruta segura Y cambiante resplandor! ¡Con cuanto afán anhelaba Ver en tu ría grandiosa Ya la barca que reposa Sobre su tranquilo tul, Ya el buque voloz y esbelto Que entre su estela de espuma, Envuelto marcha en la bruma Que oculta el espacio azul! Hermosas son tus mañanas, Cuando al despertar la aurora La luz de Febo colora El valle, el monte, la mar; Y poética tu noche Que lánguida se reclina, u
Viéndose en la blanca ondina Múltiples astros brillar. Yo encuentro al pié de tus mares Ese magnético encanto, Que hace modular un canto Al poeta en su soñar, Y percibo entre sus olas Un melancólico acento, Que aumenta más mi contento, Olvidando así el penar. Mi fantasía despierta A la vista de esos montes, Que esmaltan los horizontes Con su diverso color: O ante la extensa campiña Con su vistosa pradera, Dó se eleva placentera Con mil matices la flor. El pensamiento á Dios sube, Si contemplo con anhelo De tu dilatado cielo El puro y nítido sol,
— i6 — O en tus noches misteriosas Entre el azul limpio y bello El fulgurante destello De la luna en su arrebol. Eres la Ciudad hermosa. Cual rica perla escogida. Que al pié del mar dó es nacida Quiere su frente inclinar: Y allí en eterno concierto Te arrullan con gratos sones Las aves con sus canciones Y con sus brisas el mar. E mil ia C a l é F o r r es d e Q u in t er o . u
HV. premia nfrEtibu par $). Jase Jiícra. Los desengaños del mundo. Poesía recitada por el niñoD. MANUEL VALLES IGLESIAS. — Hijo querido del alma'. — Madre del alma querida! — Vuelves al pecho la calma! _ — Tu al corazón das la vida! — Vienes triste, acongojado — Triste, acongojado vengo; — ¿Qué tienes hijo adorado? — No sé, madre, lo que tengo! 2 u
— — 18 — Cuando el hogar dejé ansioso, El bien juzgaba fecundo; Y el corazón candoroso Soñó la dicha en el mundo. Hoy, dolorido suspira; Lo ahogan los desengaños. Mis cabellos, madre, mira! • ;No es la nieve de los años! Blancos están tus cabellos De un rubio ayer tan brillante! — Nevó el dolor sobre ellos! Blanquearon en un instante! El pensamiento golpeando Sin cesar aquí en la frente, Sus raices fue secando Y encanecí de repente. — Tus ojos eran risueños.... — Las lágrimas los nublaron: Que en pos de dorados sueños Sólo decepción hallaron.
- ’ 9 — Vieron donde quiera el vicio. De su poder orgulloso, Ofrecer en sacrificio El débil al poderoso. La virtud, hija del cielo, Olvidada en su retiro. Sin atreverse en su duelo ¡Ay! ni á exhalar un suspiro. — Encanto del alma mia ’ . " Ven y llora entre mis brazos: Mitigarán tu agonía Mis maternales abrazos. Para aliviar tus pesares Diré, con tierno cariño, Aquellos dulces cantares Que oías cuando eras niño; Y si esto á borrar no alcanza Tu inquietud y tu desvelo, Cifra, hijo, tu esperanza En la eterna paz del cielo! u
20 — Si. con tu amor, madre mía. Volverá al pecho la calma, Ya que perdió su alegría Entre martirios el alma: Y del hogar al abrigo. Con este pesar profundo. Madre, lloraré contigo Los desengaños del mundo. D ieg o J ugo R a mír ez . u
rotas las cimas y después el tronco de la muralla dura, con estrépito ronco vá cayendo la férrea vestidura. Ya vaciló una torre... y ya vacila la enemiga legión: fiero el navio recoge herórco su pujante brío y con rudos esfuerzos aniquila blindajes de tremendo poderío. Al peruano cañón, una mordaza oponen de los barcos los cañones que sus cascos reducen á carbones, hasta que cede la enemiga plaza convertida en escombros su coraza. Y en la ruda batalla, cuando erguido, se destacó valiente su noble pecho de altivez henchido, cayó Mendez herido de la guerrera nave sobre el puente. Como mártir la púrpura le aclama; como patriota su valor le abona, y el almirante, que en virtud se inflama, matiza de laureles su corona con las gotas de sangre que derrama.
con su misma sangre, que aún humea, escribió Mendez-Nuñez la victoria, mas al volver sus barcos, no la historia dice que los ha roto la pelea, ¡sino el enorme peso de su gloria! II. Su cacsaa. ¡Aquí nació' Los entusiasmos siento por los recuerdos que la patria encierra y tanto se enardece el pensamiento que al cantar las grandezas de mi tierra nunca en mis labios morirá mi acento. al cantar, por fortuna, á mis hermosos y tranquilos lares, entono mis cantares <i la Ciudad, de Mendez-Nuñez cuna, y á las rías que fueron sus altares. A las aves que amores le dijeron, á brisas que templaron sus dolores, á cielos que, al nacer, sus ojos vieron y á las primeras flores .
que. al morir, le cubrieron. A los lindos verjeles que, bajo unos espléndidos doseles, fueron su hogar, su templo y su delicia, ¡porque el nauta no quiso más laureles que los amantes brazos de Galicia! Cuando sus naves otro mar surcaban y el pabellón hispano defendían las auroras gallegas le alumbraban los himnos de su patria le alentaban y ¡os ojos de Vigo le seguían. Id ahora, las olas, y á su oido, al oido del mártir, dulcemente, exhalad un gemido y besadle en la frente céfiros leves de este Edem florido... Más ¿dónde, donde su sepulcro frió verán en Vigo mis dolientes ojos? ¿dónde hallar del marino los despojos si la playa del Con ya es un vacío en donde nadie rezará de hinojos? ¿Qué queda aquí del héroe venerando, que lauros para Vigo conquistando, se encumbra, se agiganta y se eterniza?
¿qué resta del Titán cuya ceniza nos robó el panteón de San Fernando? Ah, nada resta, soledad do quiera ni una.sola inscripción para su gloria: la plácida ribera que al caudillo engendró pasa á la historia sin ostentar de su hijo la memoria. Explcndida Ciudad ¡oh quien diria que aún no alzaste en la márgen de tu ría una estátua gigante!... ¡y vives, madre ingrata, todavía y no asoma el rubor á tu semblante! ¡Vigo, despierta ya! De tu cultura no reniegues. Ya sé tu noble idea de honrar de tu caudillo la figura, más si surgiese alguna sombra impura que nublase la luz ¡maldita sea! Júralo aquí ante mi rudo acento en el templo del arte y del contento, honrar de Mendez Nuñez la memoria; jura alzar al marino un monumento ¡y entonces serás digna de tu gloria! N ic o l á s T a bo a d a .
$. I. «. AL MAR. Poesía dicha por el alumno interno DON LEOPOLDO DOMINGUEZ. Apacible, tranquilo, nada augura fiereza y dolor en tí: todo convida, como los brazos de mujer querida, á gozar de tu plácida hermosura. La playa lejos, la traición segura, te alzas hasta abatir la nave erguida, la besas, nuevo Judas, en la herida y niegas á los muertos sepultura.
— 32 — Tus ondas finjen el celeste manto y secan las campiñas más hermosas, y de la sed hostigan el quebranto. Amargas son tus hondas procelosas... ¿No lo han de ser, si tu aliento es llanto de náufragos, de madres y de esposas! C á r l o s C o el l o . u
VIL yrEmio br los profcsorES be 2. a rnsEñan^rL Discurso pronunciado por el niño de cin co años de edad, D. MARIANO CARSI Y ALVAREZ, alumno del Colegio del S. C o r a zó n d e J esú s . S r a s . y S r es . Es esta una fiesta infantil á la que todos los niños debemos ayudar cada uno á medi da de sus ffierzas. á fin de que la noche de hoy sea de eterna memoria para vosotros y para nosotros, para ello ruegoos que pres téis atención á las débiles palabras, que en 3 u se
— 34 — este momento de entusiasmo pronuncien mis labios, escuchad: Yo admiro como canta el pajarito en me dio de la enramada y como cruza por de lante de mí sin que mi mano pueda aprisio narle. Yo me lleno de alegría al ver que después' de la tenebrosa noche vuelve á aparecer el claro día. Yo miro con asombro que de un astro que llaman Sol se desprenden multitud de hilos dorados que dan calor y vida á todo cuanto existe, y con su claridad hermosea la natura leza, y en mi deseo de saberlo todo preguntó siempre ¿quién es el que dirije los rayos del Sol ?quién el que dá fuerza á^os pajaritos para volar por el espacio? y quién el que hace que á la noche suceda el día? y una voz misterio sa me responde siempre que todo cuanto existe lo dirije AqUél que nos ha criado, y que es nuestro Padre á quien liaríamos Dios. Si, Sres., porque aunque todavía no he llegado á esa edad enque la razón con su clara é inestinguible luz va pasando de todo u
lo material y finito, que nos rodea á lo in material c infinito llegando en su veloz ca rrera ante el Supremo artífice del Universo, puedo sin embargo deciros lo que me ense ñan mis mayores, esto es, que Dios es el que dirije la inmensa rmíquina del Universo y que por lo mismo á El debe tributársele siempre alabanza. Sras. y Sres., he terminado ya pero antes permitidme que desplegando la bandera del entusiasmo que hoy en mi reina, pronuncie el justísimo tributo de gratitud á todos los que han contribuido á este acto y particu larmente á los dignos profesores del C o l eg io d el S. C o r a z ó n d e J esú s , al que tengo en gran gloria pertenecer, que habiendo conce dido un premio para esta S esió n (cuyo tema he procurado desarrollar) han dado á de mostrar una vez más el gran interés que tie nen por que el niño lleve en su inteligencia gravada el lema de nuestros dias, esto es ILUSTRACIÓN y MORALIDAD. H e d ic h o .
bd Oeoburo ^niino DISCURSO SOBRE L-A Inmortalidad de la Iglesia católica. Dicho por el alumno externo D. 1 OMAS RIVERA. S r a s . y S r es . Cuando en alas de la mente hacemos una excursión por el vasto campo de la historia, y vemos tantos hombres, tantas cosas v tan tas instituciones que pasaron; cuando vemos desaparecer al antiguo Egipto, tan orgulloso un dia con la riqueza de sus ciudades, con la gloria de sus Faraones y con el poder de sus armas, y contemplamos las ruinas de Babilonia, aquella ciudad soberbia, llena-en otro tiempo de maravillas, con sus palacios, sus templos, sus jardines suspendidos en el aire, y rodeada de enormes murallas, un sentimiento de tristeza nos sobrecoge al ver como pasaron tanto esplendor y civilización, tanta gloria y poderío, sin dejar en pos de sí
— 44 — ni la leve huella que deja el ala de un pájaro al rozar la tersa superficie de un tranquilo * a D° .......... cuando vemos descollar (dos pueblos poderosos, Grecia tan culta, tan sábia, con sus filósofos, con sus poetas y sus inimitables artistas; y Roma, tan poderosa, con sus grandes oradores, sus elocuentes tribunos y sus invictos guerreros, que había llevado las águilas desde las costas del Atlán tico hasta las riberas del Eufrates, y desde los abrasados desiertos de la Libi^. hasta los nebulosos pantanos de la Germania; la ad miración que esos pueblos nos inspiran cede ante el desaliento que se apodera de nosotros al ver como desaparecieron cuando parecían eternos por su pujanza y espíritu conquista dor, sojuzgado el primero por la espada del segundo, y pisoteado éste por los fogosos corceles de Atila y Alarico, y desgarrada la púrpura de sus envilecidos Césares por el hacha salvaje del feroz Odoacro ........... Y si de la historia antigua venimos á la moderna y vemos á la desgraciada Polonia, cuyos va lientes hijos, acaudillados un día por el gran
Sobieski, salvaron la Europa de una invasión agarena, borrada hoy del mapa y repartida inicuamente entre las tres grandes potencias del Norte; y á Venecia, la orgullosa reina de los rnares durante la edad media, esta ciudad que levantando su frente por entre las ondas del Adriático, envió sus temidas naves a las riberas del Asia y del Egipto; perdidos hoy su esplendor é independencia y convertida en una ciudad célebre sólo por los venerandos recuerdos de una eclipsada grandeza; cuan do, en fin, echamos una mirada sobre nues tra España, la altiva y poderosa nación de Garlos I y Felipe II, señora un tiempo de dos mundos, la vencedora de los árabes en las Navas, de los franceses en San Quintín y en Pavía, y de los turcos en Lepanto, y la vemos hoy tan pequeña que apenas se la distingue, el pensamiento se contunde } no puede menos de ver en el fondo de esos he chos la mano de Dios, que dirige toda la historia ............. Pero bien, Señores, entre tantos escombros y ruinas de lo pasado, ¿náda ha quedado en pié? De tantas institu-
cipnes, derribadas por la implacable mano de los siglos, no permanece una siquiera, resto de ese naufragio? Si, Señores, una so brevive, y precisamente la más combatida, la más calumniada, la más persiguida, la que más poderosos enemigos ha encontrado en su camino. ¿Sabéis quien es? La iglesia católica ............................ Apenas nace, sus primeros vagidos son ahogados por roncos gritos de destrucción y de muerte, y los po- # derosos emperadores de Roma manchan su cuna con su sangre generosa. ¿Qué importa? La Iglesia católica atravesó por espacio de tres siglos el Mar Rojo de las persecuciones cesáreas, escondida en las Catacumbas, de donde le sacó Constantino para sentarla en el Capitolio, arrojando de allí á los falsos dioses del Imperio .................. Pero entonces hijos ingratos arrullados y educados en el . regazo maternal de la Iglesia, manchan la pureza inmaculada de sus dogmas con innu merables herejías, patrocinadas por los en vilecidos emperadores de Oriente y los fu- ' nestos nombres de Arrio, de Nestorio, de
Eutiques y de Pclagio, recuerdan dias de lu to y llanto para esa madre cariñosa ........ En el siglo octavo, levántase Mahoma en la Arabia, y allegando millones de fanáticos sectarios, declara guerra implacable y de estermínio á la Iglesia, que registró en sus glo riosos anales nuevos mártires, inmolados por la cimitarra mulsumana .............. Siglos más tarde Enrique VIII y Ana Bolena arran can de la religiosa Inglaterra una fé arraiga da en aquellas islas desde los tiempos de la hcptarquía: Lutero subleva la Alemania con tra la autoridad de los Pontífices, Zuinglio enciende una guerra religiosa que ensan grienta los campos de la poética Suiza: Calvino propaga en Francia sus errores, y sus sectarios, conocidos con el nombre de hugo notes, saquean sin piedad las iglesias y los monasterios de aquella católica nación ..... A mediados del siglo pasado los falsos filósofos y los enciclopedistas, corifeos de la más ho rrible impiedad, en su odio á la Iglesia pro movieron la revolución más desastrosa y cruel que han presenciado los siglos, que hi
zo rodar por el cadalso la inocente cabeza de un rey infortunado, y arrancó á Dios de sus altares, para sustituirle con una vil é in munda cortesana .......... Y enmedio de tan tas borrascas, y luchando con tan encrespado oleaje, -vése flotar tranquila la misteriosa barquilla de Pedro, que marcha segura al deseado puerto, se vé á esa Iglesia, de pié entre sus implacables enemigos de ayer y de hoy, viéndoles caer á su derecha y á su iz quierda derribados por la mano de Dios. Pronto hará dos mil años que está pasando continuamente bajo el fuego cruzado de to dos los errores, pronto hará dos mil años que se vé perseguida sin cesar hasta por sus mismos hijos, y sin embargo ahí está delan te de nosotros respetada siempre, admirada, fuerte, inmaculada, inespugnable; porque tiene por garantía de su inmortalidad estas palabras de Dios, que fué su fundador: «Las puertas del infierno jamás prevalecerán con tra tí. A o estaré contigo hasta la consuma ción de los siglos.» H e d ic h o .
XI. ^rrmiu JlÜnm ^rrcirít. HIMNO. Poesía dicha por el núlo D. ENRIQUE IGLESIAS VEIGA. ¡Dia terrible, lleno de gloria, lleno de sangre, lleno de horror; nunca te ocultes á la memoria de los que tengan patria y honor! - Este es el dia que con voz tirana Ya sois esclavos, la ambición gritó; Y el noble pueblo, que lo oyó indignado, Muertos, sí, dijo, pero esclavos nó. El hueco bronce, asolador del mundo. AI vil decreto se escuchó tronar: Más el puñal, que á los tiranos turba, Aún más tremendo comenzó á brillar. 4 se u:;r.T»iiDADt
— 5o — ;Ay, cómo viste tus alegres<alles. 'fus anchas plazas, infeliz Madrid; En fuego y humo parecer volcanes, Y hacerse campos de sangrienta lid! La lealtad y la perfidia armada, Se xió aquel día con furor luchar: Volviendo el pueblo generosa guerra Por la que aleve le asaltó en su hogar. ¿Y á quién afrentas proponéis, tiranos? ¿A quién al miedo imagináis rendir? ¿Al fiel Daoiz, el leal Velarde, Que nunca saben sin honor vivir? El mundo aplaude su respuesta hermosa: Tender el brazo al tronador metal, Morir hollando sus contrarios muertos, Y ser de gloria á su nación señal. Temblando vimos al francés impío, Que en cien batallas no turbó la faz, De tanto joven que sin armas, fiero, Entre las filas se le arroja audaz. Víctimas buscan sus airadas manos, Más el terror les arrancó el puñal; u|
— 5i — Y ¡ay! que si el dia fue funesto y duro, Aun más la noche se enlutó fatal. ¡Noche terrible al angustiado padre Buscando el hijo que en §u hogar faltó! ¡Noche cruel para la tierna esposa, Que yermo el lecho de su amor halló! ¡Noche fatal en que preguntan todos, Y á todos llanto por respuesta dan! Noche en que truena de la Parca el fallo, Y ¡ay! dicen todos, ¿quiénes morirán? Sensibles hijas de la hermosa Iberia, Pues sois modelas de filial piedad, Los ojos, llenos de ternura y gracia, Volved en llanto á la infeliz ciudad: Ved á la muerte nuestros caros hijos Entre verdugos el traidor llevar; Y el odio preste á vuestros ojos rayos, Si de dolor ya no podéis llorar. ' Esos que veis, que maniatados llevan Al bello Prado, que el placer formó, Son los primeros corazones grandes En que su fuego libertad prendió. u
Vedlos cuan firmes á la muerte marchan. Y el noble ejemplo de morir nos dan; Sus cuerpos yacen en sangrienta pira, Sus almas libres~al empíreo van. Por mil heridas sus abiertos pechos, Oid cuál gritan con horrenda voz: «Venganza, hermanos, y la madre España Nunca sea presa del francés feroz.» Entre las sombras de tan triste noche, Este gemido se escuchó vagar: «gozad en paz ¡oh del suplicio gloria! Que aún brazos quedan que os sabrán vengar. ¡Noche terrible, llena de gloria, Llena de sangre, llena de horror, Nunca te ocultes á la memoria De los que tengan patria y honor! J u a n B a u t is t a d e A r r ia z a
Pra que viran á falta si á había Y andar todo en craro, Qu ‘ o demais eu sey qiV hoxe protexen A todo-l-os ratos. D : alí un pouco salindo pra tora Tamen d ; o buraco O probiño d ‘ o rato terceiro Atrápame un gato E pensando n ‘ o conto qu ‘ os vellos Oyeu n ‘ o buraco. «mala morte me mate, decía. Por burro é por parbo, Que razón aquel rato che tiña D £ os homes falando O decir que non teñen nin pinga De miolo n'o cacho Porque cando ó que falan prautiuan Todo say furado .......... ■Si é verdade á ¿ustión proteutora Qu £ acaben c-os gatos'.!... M. M a r t ín e z G o n z á l e z .
XIV. ^rEiniu íte 9t X rilu ^ SÍIJ ViHor^ Aspiraciones del Alma. Poesía dicha por el niño D. ADOLbO CAMBRA. Soy un gusano del suelo Cuyo anhelo Se alza á tu eterna beldad; Soy una sombra que pasa, Mas se abrasa Ardiendo en sed de verdad.
Soy hoja que el viento lleva, Pero eleva A Tí un susurro de amor ...... Soy una vida prestada, Que en su nada Tu infinito ama, Señor. Soy un perenne deseo Y en Tí veo Mi objeto digno, inmortal; Soy una inquieta esperanza Que en Tí alcanza Su complemento final. Y Tú, que este anhelar del alma entiendes, Y en quien su alta ambición reposo alcanza, Hoy que en sublime fé mi pecho enciendes, Préstale alas de fuego á mi esperanza. G er t r u d is G ó mez d e A v el l a n e d a .
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