"Barrio Sésamo" de Saturnino Valladares
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EVOHÉ | 21 “Barrio Sésamo” de Saturnino Valladares SARA FLORES FRAGA Facultade de Humanidades Universidade de Santiago de Compostela “Cuando un poeta define la poesía, en realidad, está definiendo únicamente su propio modo de hacer poesía”. EL POETA Y EL HOMBRE Saturnino Valladares es un poeta lucense nacido en 1978 que, actualmente, se dedica a la docencia y a la investigación en la Universidade Federal do Amazonas, en Brasil. Su interés por la literatura nacería en su adolescencia de la mano del libro Tigres de Ternura, escrito por Claudio Rodríguez Fer quien, en un futuro, sería uno de sus profesores en la universidad y sobre cuya poesía escribiría diversos trabajos. Bajo la influencia de autores como José Ángel Valente, Antonio Gamoneda o del ya mencionado Rodríguez Fer, Valladares inició su obra poética en los albores del siglo XXI con su poemario Las almendras amargas (2000) y, cinco años más tarde, publicaría su segundo libro, Cenizas (2005). Saturnino vivió en Lugo hasta los 20 años, edad a la que empezó a viajar. En un principio se ausentaba de su tierra natal durante periodos cortos. Su primer viaje con una duración superior a un mes fue a Mallorca, durante tres meses. A este le siguieron destinos tales como Edimburgo o Filipinas, hasta que regresó a Lugo con 25 años para iniciar sus estudios universitarios. Valladares afirmó en una entrevista concedida a la revista Evohé en 2016 que su estancia en el extranjero con la morriña por compañera le sirvió para darse cuenta de sus fortalezas y debilidades y que, ante todo, era profundamente gallego. Se graduó en Filología Hispánica en 2009 por la Universidad de Santiago de Compostela. Seis años más tarde, en 2015, presentaría su tesis doctoral en su alma máter, dirigida por Claudio Rodríguez Fer; este estudio, que lleva por nombre Retrato de grupo con figura ausente. Edición y análisis de la correspondencia entre José Ángel Valente y los poetas españoles de su edad, fue merecedor del concurso de la Deputación de Ourense, dio origen a diversos artículos y fue publicado en 2017. Finalizados sus estudios, llega el momento de que Saturnino se inicie en el mundo de la docencia, destino que le estaría esperando en Kazajistán, en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Tras dos años en este trabajo, obtendría su actual puesto en la Universidade do Amazonas, pero el paisaje de Lugo sigue teniendo lugar en su obra. Un año después de graduarse, publica Secretos del Fénix (2010), su tercer poemario, y, cuatro años más tarde, publica el libro al que pertenece el poema que hoy nos atañe: Los días azules (2014), el que considera su obra más personal, pues es donde se reúnen tanto los héroes de su infancia como su familia; en palabras de Claudio Rodríguez Fer, la verdadera protagonista del libro es la madre de Saturnino.
22 | EVOHÉ Actualmente está trabajando en un nuevo poemario cuyo título provisional es Luciérnagas al mediodía, setenta poemas independientes pero que coinciden en el hilo conductor: su historia de amor con una mujer llamada Lucía. EL POEMA Y LA INFANCIA Hoy hablamos del que, hasta la fecha, es el último poemario publicado de Saturnino: Los días azules, libro que nos recibe con un viaje al pasado, más concretamente, a la época más feliz de nuestras vidas, la infancia. El primer poema que nos encontramos en Los días azules es Viaje a Barrio Sésamo, en el que Valladares rememora su niñez, hablando también de uno de los programas de televisión más populares de la época y que da nombre al poema: Barrio Sésamo, show que muchos adultos guardan en su memoria y en su corazón con cariño por ser su primer contacto con el tópico del Prodesse et Delectare. Este programa fue emitido en España por primera vez en 1979 y se mantuvo en antena hasta el año 2000, pero se ha mantenido vigente hasta el día de hoy gracias a películas que cuentan con la participación de actores como Neil Patrick Harris (conocido por su papel de Barney Stinson en Cómo Conocí a Vuestra Madre) o Jim Parsons (más conocido por el nombre de Sheldon Cooper). Cuando hablamos de nuestra infancia, irremediablemente nos invade la nostalgia y rememoramos cosas que nos arrancan una sonrisa, como las meriendas de nuestras abuelas o la emoción con la que corríamos del colegio a casa para ver nuestras series favoritas, así como promesas incumplidas que hicimos fruto de la inocencia. Con este sentimiento nostálgico como tema central del poema, Saturnino Valladares recoge por escrito lo que todos los adultos recuerdan como tiempos mejores. No debemos olvidar tampoco la ya mencionada inocencia, que, bajo mi punto de vista, constituiría uno de los subtemas. Es un hecho que los niños tienen una imaginación desbordante y que, en la mayoría de los casos, son fáciles de entretener, por eso, no es infrecuente, aún hoy en día, escuchar a niños pequeños diciendo que quieren visitar un mundo fantástico que nosotros como adultos, sabemos inexistente. Todos podemos estar de acuerdo en que dar forma a un recuerdo es algo muy difícil y que está irremediablemente condicionado por el subconsciente de la memoria, pero Saturnino logra hacerlo en tan solo cincuenta y seis versos. La disposición del poema ya da cuenta de que nos encontramos ante una métrica libre, así, por ejemplo, en la primera estrofa nos encontramos con versos endecasílabos. El reparto en estrofas tampoco sigue una pauta concreta, así nos encontramos con cuatro estrofas que comprenden una cantidad diferente de versos; así, vemos cómo la primera se compone por un total de dieciséis versos, la segunda y la cuarta están conformadas por un total de diez versos y la tercera por veinte, siendo esta la más extensa. Al igual que la métrica, la rima también es libre y, casi en su totalidad, asonante, y es que son contadas las ocasiones en las que podemos ver versos que rimen y, cuando lo hacen, no siguen un patrón. De este modo, en la primera estrofa, nos encontramos que regiones (en el primer verso) rima en asonante con botines (en el décimo verso) o rosa (en el tercer verso) que rima con protectora (en el
EVOHÉ | 23 decimosexto verso). En la segunda estrofa es donde nos encontramos con el único ejemplo de rima consonante que vemos en el poema, lo que vemos en una de las frases del conde Draco: helado de piña para el niño y la niña. Es también en esta estrofa, más concretamente en el verso cuarenta, donde nos encontramos con una rima interna, también asonante: a Juan Olvido, cabeza de grillo. Si hay algo que podamos encontrar en abundancia dentro del poema, son las enumeraciones. En la primera estrofa vemos cómo, mediante el uso de subordinadas y coordinadas, Saturnino describe el parvulario y la vestimenta de su hermana, mientras que en la tercera hace mención a varios de los personajes de Barrio Sésamo, así como a las lecciones que estos enseñaban. Por otra parte y siguiendo en la misma línea, podemos encontrar ejemplos de polisíndeton en la primera estrofa, en concreto, el uso de la conjunción y en construcciones en las que no sería necesaria, como vemos desde el verso trece hasta el dieciséis: y su cuello del color de espinete, y calentaban su cuerpo el abrigo, los guantes, el gorro de lana y mi voz de lluvia y cristal, fiel y protectora. Si bien las enumeraciones y las conjunciones se acumulan, los verbos llegan a omitirse, como podemos ver en el verso veinticuatro: Todo (está) listo, sentados, y la música... El léxico utilizado por Valladares en este poema no presenta grandes complicaciones, aunque debemos tener en cuenta el llamado salto generacional. Como ya he mencionado, Barrio Sésamo dejó de emitirse en el año 2000 y, a pesar de que es un programa que se ha hecho hueco en la cultura pop, un lector joven podría dudar a la hora de reconocer a Chema o a don Pimpón, más cuando, debido a la globalización, Gustavo es ahora más conocido como Kermit. Otra palabra que más que desconcierto genera curiosidad es la referencia a un bocadillo ballena, que hace referencia a una broma personal con su primo, a quien en el poema vemos mencionado como Tatá, quien le hacía bocadillos con varios embutidos. Con respecto al nombre que se le da a su primo, podemos asumir que se trata de un apodo que el chico recibió por parte de algún familiar de corta edad (tal vez por el propio Saturnino) pues es sabido que los primeros sonidos de los niños son simples y, por lo general, suelen referirse a sus familiares con la repetición de una misma sílaba, que consiste casi siempre en la unión de un fonema consonántico con la vocal [a]. Al ser un poema actual que, además, intenta reflejar la infancia, no es raro encontrar coloquialismos, como es el caso de bocata en el verso veintiuno en vez de bocadillo. En una evocación constante al pasado, vemos cómo casi todos los tiempos verbales elegidos por Saturnino están conjugados en pasado, tanto en pretérito perfecto simple como en pretérito imperfecto. Vemos en este poema una escasez de adjetivos, lo que contrasta con la abundancia de sustantivos. Las descripciones tienden a realizarse mediante construcciones ajenas al sintagma adjetival, como podemos ver en el verso trece, donde en vez de decir que la bufanda de su hermana es rosa, Valladares opta por utilizar una frase preposicional y decir que es del color de Espinete. Refiriéndonos
24 | EVOHÉ todavía a este verso, podemos ver también una metáfora. Que Saturnino se refiera a la bufanda de su hermana mencionando a Espinete sirve para generar en el lector la imagen de un tono de rosa concreto y muy llamativo que contrasta con el otoño lluvioso en el que están los dos niños. El poema da inicio con un contraste que, cuanto menos, sorprende. Mientras que la referencia a doctas regiones da una imagen solemne, esta se ve relajada con el verso siguiente: de la plastilina y el mandilón, dos elementos característicos de los jardines de infancia. En los dos primeros versos de la segunda estrofa nos encontramos con un hipérbaton. En la lengua castellana, lo más común es que sea el sujeto el que inicie la frase, pero en este caso, las manos de la abuela, que realiza la función sintáctica de sujeto, se encuentra en un punto intermedio entre los dos complementos directos: el pijama y las zapatillas de zarpas enormes. Las zapatillas de zarpas, además de ser una imagen, presentan una aliteración por la repetición del sonido [θ]. La cuarta estrofa da inicio con una personificación: una promesa se durmió en el aire que es seguida por una sinestesia: de las tardes azules de la infancia. Este último ejemplo puede hacer referencia al título del poemario o a la cita de Antonio Machado que precede a las composiciones de Valladares: Estos días azules y este sol de la infancia. A pesar de que mucha gente asocia el color azul con el frío, durante siglos se ha creído que este color representa la protección, pues se cree que nos hace sentir tranquilos. Aún existe la creencia de que las habitaciones pintadas en azul son las ideales para los niños, debido a que así tendrán una ayuda para centrarse en la vida y en los estudios. El color es muy importante no solo en este poema, sino en todo el libro. Ya en el título vemos mención al color azul, cuyo significado ya se ha explicado. De igual forma, la obra se divide en tres partes, llamadas de forma homónima a los colores primarios; vemos cómo el orden va de menor a mayor intensidad, pasando del azul al verde y culminando con el rojo, lo que da cuenta de que el orden no ha sido elegido al azar. Podemos afirmar que, en este poema en concreto, el sujeto poético coincide con el poeta, pues habla de algo tan personal como es su propia infancia. Esto nos lleva a ver al autor como uno de los personajes del poema, pero no es el único que podemos encontrarnos. Podemos dividir a los personajes dependiendo de si son personas reales o si son habitantes de Barrio Sésamo. Así, en el mundo real nos encontramos con: • Saturnino. De él podemos ver su afán de proteger a su hermana menor y de hacerla feliz, llegando a prometerle que, algún día, la llevaría al lugar al que soñaba con ir. • La hermana del poeta. Vemos que es una niña vivaz y alegre que, en un día de otoño, va corriendo entre los charcos, vestida de colores alegres y sonriente, a pesar de que su ropa ocultaba este gesto al mundo. Es posible que la dedicatoria (A Yeyi) se refiera a ella.
EVOHÉ | 25 • La abuela de los niños. Aunque solo se hace mención a ella en cinco versos, podemos verla como la abuela que todos tenemos en el subconsciente, la misma que nos esperaba a la salida del colegio con ropa caliente y la merienda recién preparada. • El primo Tatá, de quien ya hemos hablado antes. Dejamos ahora de lado el mundo real para pasar a uno imaginario. Los personajes que se mencionan de Barrio Sésamo reciben apenas una mención en el poema, pero para entender la referencia, debemos saber quiénes eran los personajes concretos que eligió Valladares de entre todo el elenco del programa. • Chema, el panadero y Ana eran de las pocas personas reales que podíamos ver en el programa y que interactuaban con las marionetas. • Las marionetas. Saturnino hace una selección de entre todos los muñecos que aparecían en el programa: - Espinete: Fue el protagonista de la versión española del programa y es conocido por su color rosa intenso. Creado por Kermit Love por petición de la Televisión Española para que el programa contase con un animal más característico del país. Fue interpretado por la actriz Chelo Vivares, actriz destacada por su labor en el mundo del doblaje y esposa del actor que daba vida a Chema el panadero, el fallecido Juan Ramón Sánchez. Su impacto en la cultura pop fue tal que Jordi Villacampa, exjugador del Club Joventut de Badalona, adoptó su nombre. - Don Pimpón: Es un personaje también exclusivo de la versión española, y su papel era el del aventurero de la serie. Fue interpretado por Alfonso Vallejo, que inspiró el aspecto del personaje. - Coco: Es uno de los personajes más populares del programa. Creado por Jim Henson y más conocido como Grover en la versión original del programa, Coco es conocido por enseñar a los niños las diferencias entre cerca y lejos. Además de su papel habitual, interpreta también a Supercoco, una parodia de Superman. - Epi y Blas: Conocidos como Bert y Ernie respectivamente en su versión original, es difícil imaginar a uno sin el otro. Sus apariciones se convirtieron en una de las atracciones principales de Barrio Sésamo y su influencia fuera del programa fue tal que, en 2012, los responsables del telescopio de neutrinos IceCube bautizaron a dos neutrinos superenergéticos como Bert y Ernie. - Juan Olvido: Llamado Forgetful Jones en la versión original, era un vaquero caracterizado por su mala memoria. La frase que vemos en el poema: Juan Olvido, cabeza de grillo, solía estar en boca de su novia, Clementina, que era quien solucionaba todos los problemas del hombre. En España, su voz fue Carlos Revilla, conocido por ser también la voz de Homer Simpson en los Simpson hasta su muerte en el año 2000. - Triqui: Más conocido por todos como el Monstruo de las Galletas. Destacaba por su forma de hablar brusca, llena de onomatopeyas y frases simples que manifestaban su ansia por comer galletas o su emoción por estar comiendo. El personaje ha ido cambiando desde su primera aparición en
26 | EVOHÉ pantalla y, en la actualidad, enseña a los niños las ventajas que trae consigo el tener una alimentación variada. - La gallina Caponata: Es otro de los personajes exclusivos de la versión española del programa, siendo una versión del personaje americano Big Bird, conocido en España como Paco Pico. Dentro de la serie, era quien enseñaba a los niños a leer y fomentaba su curiosidad por saber más. - Jaca Paca: llamada Fred the Wonder Horse en su versión original, era una yegua que solía acompañar a Coco en sus veces como sheriff, aunque el animal solía presentar más lucidez mental que su jefe. - El conde Draco: llamado Count von Count en su versión original (haciendo un chiste con el título nobiliario y su papel dentro de la serie, que era el de enseñar a contar) era un vampiro inspirado, en cierto modo, en el conde Drácula, aunque siendo una versión más suavizada del mismo. Este es uno de los personajes que puede llegar a presentar dificultad con respecto al nombre, pues un lector joven que no esté familiarizado con el programa bien podría confundirlo con un personaje de la saga literaria de Harry Potter: Draco Malfoy. - La rana Gustavo: Conocido como Kermit the Frog en la versión original, es el protagonista del programa The Muppet Show, aunque hizo apariciones ocasionales en Barrio Sésamo. Creado por Jim Henson, es la única marioneta de las que hemos hablado que tiene el honor de tener su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. El discurso del poema es directo, con la salvedad de los versos cuarenta y nueve y cincuenta, en los que vemos citada una frase de Saturnino a su hermana: Un día te llevaré a Barrio Sésamo, cuando sea grande, para jugar. De igual forma que un niño pasa a la adolescencia y posteriormente a la edad adulta, el poema se desarrolla de manera lineal, aunque con un salto temporal de varios años, y es que la composición inicia una tarde, a la salida del colegio, y termina años más tarde, con un Valladares ya adulto que se pregunta si su hermana todavía recuerda las promesas que le hacía de niño y si lo ha perdonado por no haber podido cumplirlas. En unas pocas líneas, Saturnino Valladares es capaz de generar en el lector un profundo sentimiento de nostalgia que lo lleva a recordar su propia infancia. Me permito añadir que, siendo esta una época crucial en cada uno de nosotros, apenas he percibido diferencias notorias entre los primeros años de un integrante de la Generación X con respecto a una millenial; si bien pueden cambiar los programas de televisión y los héroes que cada generación tiene durante la niñez, una cosa es segura, y es que los niños seguirán siendo seres inocentes que no ven nada raro en la relación entre dos personas tan diferentes como Gustavo y Peggy ni en que uno de los Teletubbies llevase un bolso rosa aún siendo un chico y a los que no les importa si Epi y Blas son solo amigos o si, como se ha confirmado hace pocos meses, mantienen una relación amorosa, porque para un niño eso es secundario, lo que busca es pasar un buen rato. Esta es una lección que nosotros, como adultos, deberíamos aprender de nuestros niños interiores.