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Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la Biblioteca de Menéndez Pelayo

Alonso Veloso, María José

Abstract

Tras el reciente hallazgo de otro libro que perteneció a la biblioteca de Quevedo y conserva numerosas anotaciones autógrafas, el Anticlaudiano de Alain de Lille, este artículo completa la descripción del ejemplar con un estudio detallado de todas sus huellas de lectura, incluidos los subrayados (localización, contenido y relación con las notas marginales). El análisis se detiene en las marcas conservadas en otros tres ejemplares también custodiados en la Menéndez Pelayo de Santander (las comedias de Aristófanes, la Retórica de Aristóteles y la Ilustración a la Poética aristotélica de González de Salas), con el ánimo de confirmar y ofrecer nuevos datos sobre el perfil de Quevedo como lector, patentes asimismo en otros libros que poseyó

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QUEVEDO EN SUS LECTURAS: ANOTACIONES AUTÓGRAFAS Y SUBRAYADOS EN CUATRO IMPRESOS DE LA BIBLIOTECA DE MENÉNDEZ PELAYO MARÍA JOSÉ ALONSO VELOSO. UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA [María José Alonso Veloso, «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la Biblioteca de Menéndez Pelayo», Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703, pp.] Resumen: Tras el reciente hallazgo de otro libro que perteneció a la biblioteca de Quevedo y conserva numerosas anotaciones autógrafas, el Anticlaudiano de Alain de Lille, este artículo completa la descripción del ejemplar con un estudio detallado de todas sus huellas de lectura, incluidos los subrayados (localización, contenido y relación con las notas marginales). El análisis se detiene en las marcas conservadas en otros tres ejemplares también custodiados en la Menéndez Pelayo de Santander – las comedias de Aristófanes, la Retórica de Aristóteles y la Ilustración a la Poética aristotélica de González de Salas–, con el ánimo de confirmar y ofrecer nuevos datos sobre el perfil de Quevedo como lector, patentes asimismo en otros libros que poseyó. Abstract: Following the recent discovery of another book that belonged Quevedo’s and has many handwritten annotations -Alain de Lille’s Anticlaudianusthis article completes the description of the book. It develops an analysis of all traces of reading studying not only the autographed texts but the underlined sections too (location, content and its relation with marginal notes). The analysis includes three other books held by the Biblioteca de Menéndez Pelayo that contain Quevedo’s marginal notes: Aristófanes’s comedies, Aristóteles’s Retórica and González de Salas’ Ilustración. We aim to confirm and provide new data on the profile of Quevedo as a reader that can be traced also in other books that he owned. Palabras clave / key words: Quevedo lector notas autógrafas, subrayados, Biblioteca de Menéndez Pelayo Alain de Lille, Aristófanes, Aristóteles, González de Salas María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 La Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander custodia numerosos fondos manuscritos e impresos relacionados con Quevedo. Junto a ediciones, muchas veces primeras, de diversas obras en prosa1, existen fondos de gran interés filológico, entre los que destaca el manuscrito 100, autógrafo que contiene Virtud militante y Las cuatro fantasmas de la vida. La presencia de Quevedo en esa biblioteca es notoria también porque existen indicios de que a ella fueron a parar papeles y libros muy próximos al escritor. Muestra de tal hecho es que hasta el momento se han descubierto ya cuatro ejemplares con anotaciones marginales autógrafas de su puño y letra2. En este artículo pretendo ofrecer información sobre ellos, con el ánimo de caracterizar los rasgos de Quevedo como lector y anotador. Algunos de los libros son bien conocidos ya3, mientras que otros han sido descritos más recientemente, como el Anticlaudiano de Alain de Lille.4 Los textos anotados por Quevedo y conservados en la BMPS pertenecen a autores, materias y épocas diferentes, aunque debe notarse que en la mayoría de los 1 Epítome, 1620; Sueños, 1627; Desvelos, 1629; Juguetes, 1631; La cuna y la sepultura, 1634; Carta al serenísimo, 1635; De los remedios, 1638; La caída para levantarse, 1648; La fortuna con seso, 1650; Virtud militante, 1651, por citar sólo algunas. 2 Las noticias relacionadas con la construcción de la que pudo ser biblioteca de Quevedo constituyen un campo destacado de estudio para los quevedistas. Muestra de ello son los abundantes trabajos publicados en las últimas décadas, entre ellos los que siguen: H. Ettinghausen, «Quevedo Marginalia: his Copy of Florus’ Epitome», Modern Language Review, 59 (1964), 391398; M.Gendreau, «Quevedo Lecteur de l’Eraceide de Gabriele Zinano», Mélanges offerts a Charles Vincent Aubrun, ed. H. Vidal Sephiha, Paris: Éditions Hispaniques, 1975, volumen 1, pp. 313-320; P. M. Komanecky, «Quevedo’s Notes on Herrera: the Involvement of Francisco de la Torre in the Controversy over Góngora», Bulletin of Hispanic Studies, 52 (1975), 123-133; S. López Poza, «La cultura de Quevedo: cala y cata», Estudios sobre Quevedo. Quevedo desde Santiago entre dos aniversarios, coord. S. Fernández Mosquera, Santiago de Compostela, Universidad, 1995, pp. 69-104; F. C. R. Maldonado, «Algunos datos sobre la composición y dispersión de la biblioteca de Quevedo», Homenaje a la memoria de don Antonio RodríguezMoñino, 1910-1970, Madrid: Castalia, 1975, pp. 405-420; F. Moya del Baño, «Un nuevo y desconocido libro de la biblioteca de Quevedo: Q. Aurelii Symmachi Epistolarum ad Diversos Libri Decem», Amica Verba : in honorem Prof. Antonio Roldán Pérez, coordinado por Ricardo Escavy Zamora, vol. 1, 2005, pp. 695-712; F. Moya del Baño, «Quevedo en los márgenes de su Símaco», Munus Quaesitum Meritis: Homenaje a Carmen Codoñer, 2007, pp. 645-653; I. Pérez Cuenca, «Las lecturas de Quevedo a la luz de algunos impresos de su biblioteca», La Perinola, 7 (2003), 297-333; L.Sánchez Laílla, «Quevedo al margen: tres notas a un comentario aristotélico», Bulletin Hispanique, 105, nº 2 (2003), 489-506; L. Schwartz e I. Pérez Cuenca, «Unas notas autógrafas de Quevedo en un libro desconocido de su biblioteca», Boletín de la Real Academia Española, 276, 79 (1999), 67-91. 3 Es el caso del ejemplar de la Retórica de Aristóteles, cuyas anotaciones dio a conocer L. López Grigera, «Quevedo comentador de Aristóteles: un manuscrito inesperado», Revista de Occidente, 185 (1996), 119-132; y Anotaciones de Quevedo a la Retórica de Aristóteles, Salamanca: Gráficas Cervantes, 1998. Existe edición facsimilar: Anotaciones manuscritas de Francisco de Quevedo a la Retórica de Aristóteles, traducida por Hemógenes Hermolao, Santander-Madrid: Sociedad Menéndez Pelayo y Ollero y Ramos, 1997. 4 M. J. Véase Alonso Veloso, «Quevedo, lector del Anticlaudiano de Alain de Lille. Noticia sobre nuevas anotaciones autógrafas», La Perinola, 14 (2010), 277-303. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 casos el escritor leyó ediciones del siglo XVI de autores considerados ya entonces clásicos: el Anticlaudiano de Alain de Lille, en edición de Basilea, 1536; las comedias de Aristófanes, Basilea, 1542; la Retórica de Aristóteles, Lugduni, 1547; y la Ilustración a la Poética de Aristóteles de González de Salas, Madrid, 1633. En los tres primeros, cuyas portadas identifican al poseedor con su nombre y su firma autógrafos, existen abundantes subrayados en algunos capítulos y el texto está en latín, lo que ratifica la familiaridad de Quevedo con esa lengua, hasta el punto de que algunas de sus notas marginales son referencias latinas y, en menos casos, griegas. En el cuarto, cuyo poseedor no figura de modo explícito en la portada, el texto está en español, no hay subrayados, y las anotaciones quevedianas están muy localizadas en dos pasajes del libro. Los ejemplares conservados en la BMPS constituyen una muestra representativa del proceder quevediano, tanto por la propia heterogeneidad de sus contenidos como por reflejar todas las posibles marcas de lectura e interpretación de los textos descritas hasta la fecha en ediciones que configuraron la que pudo ser biblioteca quevediana: en ellos conviven anotaciones al margen de longitud variable, acompañadas o no de subrayados y debidas a veces también a una segunda o tercera mano distinta de la de Quevedo, subrayados horizontales o verticales y algún otro tipo de señales marginales. Pese a que resulta imposible atribuir con seguridad al escritor trazos manuscritos que no permitan identificar con claridad su caligrafía, como sucede en el caso de los subrayados, el examen detenido de los cuatro libros invita a suponer que Quevedo subrayaba sus ejemplares, por razones de contenido y forma: en los numerosos casos en que coexisten notas marginales y subrayados en la misma página, las primeras guardan una clara correspondencia con los segundos, más evidente en el caso de traducciones o glosas de un texto latino; el trazo de los subrayados parece haberse realizado por lo general con la misma tinta que las anotaciones, ateniéndose a la similitud de su grosor y la tonalidad, un hecho que se hace más evidente cuando coexisten en la misma página dos caligrafías reproducidas con tinta diferente. A ello se añade el dato de que buena parte de los pasajes subrayados muestran afinidad temática respecto a algunos de los motivos presentes, en algún caso de modo reiterativo, en la literatura quevediana o incluso en otros ejemplares con anotaciones autógrafas: las ventajas de la pobreza y los problemas derivados de la riqueza, la codicia femenina, la figura satírica del avaro, María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 las viejas lascivas, los conocimientos filosóficos inútiles, la soberbia… I. El Anticlaudiano de Alain de Lille Este ejemplar, que tuvo al menos un segundo poseedor, permite confirmar rasgos conocidos de Quevedo como lector, a partir de libros localizados anteriormente5: el escritor acostumbraba a escribir su nombre en la portada, muchas veces seguido de una firma autógrafa; hacía observaciones manuscritas marginales, en español, latín o griego6, para destacar alguna palabra o idea, traducir o comentar el pasaje; tales notas suelen ir acompañadas de subrayados heterogéneos, rectos u ondulantes, continuos o discontinuos, horizontales o verticales, y a veces unidos entre sí por un trazo semicircular. Se incluye en primer lugar una descripción del impreso, y después se transcriben las anotaciones y se señala la localización de los versos subrayados, 5 Como en Alonso Veloso (2010) di noticia del hallazgo de este ejemplar, transcribí y contextualicé las notas autógrafas de Quevedo, indicando el tema del pasaje anotado, ahora me limito a trancribirlas y localizarlas. 6 Un uso simultáneo de las tres lenguas se registra también en el ejemplar de la Varia historia de Eliano que le perteneció, por ejemplo en la anotación marginal situada en el capítulo IV, p. 103, donde las notas suelen ir acompañadas de subrayados, aunque ambos tipos de marcas también existen por separado. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 cuyo trazo (por intensidad y relación directa con muchas anotaciones) permite suponer que también se deben a Quevedo. Conviene destacar la gran similitud que existe entre éstos y los del ejemplar de la Retórica de Aristóteles, a los que me referiré más abajo; la relación, un indicio más de la autoría quevediana, se hace patente especialmente en ciertos trazos curvos con que aparecen unidas las líneas horizontales de subrayado de muchos versos en los dos libros, como se aprecia en algunas láminas. Lomo: Anti-Claudianus Portada: [dibujo con motivo vegetal] ANTI- / CLAVDIANI SINGVLARI FE / ∫tiuitate, lepore & elegantia Poëtae libri / IX, non credibili doξtrina, ordine & bre- / uitate compleξtētes τκμκυκλοπαίδιειαμ u- / niuersam, & humanas diuinasque res oēs / in quibus quiuis homo non omnino / άμγσ[Θ] occupari, meditarique debet quasque / quemlibet non pror∫us άθεομ quadante- / nus ∫altem ∫cire, aut certe per om- / nia admirari & ∫u∫pice- / te oportet. / [encima del pie de imprenta, nota manuscrita con letra que parece difrente de la que Quevedo: «Alanus author hujus / operius.»] BASILEAE APVD HENRICVM / PETRVM, MENSE MAR- / TIO, ANNO / [filete] M D XXXVI. [debajo, firma autógrafa de Quevedo: D. franciscus de Quevedo-Villegas [y firma] / Π ζ Π] Colofón: BASILEÆ EXCVDE. / bat Henricus Petrus, mense / Martio, Anno / M D. XXXVI. Preliminares: carece de preliminares legales; los literarios ocupan, con la portada, los seis folios iniciales. Título: [en tinta muy tenue, en el margen superior, anotación autógrafa de Quevedo: «Alanus Autor huius operis. ~». Dibujo vegetal] ANTI- / CLAVDIANI IN NOVEM / LIBROS SEQVENTES / PRAEFATIO. Cotejo: 8°: A8-M4 ($5; 3 en el cuadernillo M7). Paginación: 1h. + 6 ff. (el último sin foliar) que contienen portada y prefacio + 2 h. (la última con anotación manuscrita de Quevedo) + 184 pp. (la última, sin número, contiene un grabado) + 1 h. Ejemplar consultado: BMPS, signatura (466). 7 El símbolo $ indica en todas las descripciones bibliográficas el número de páginas con signatura dentro de cada cuadernillo. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 Anotaciones autógrafas: El ejemplar del Anticlaudiano contiene 64 apostillas marginales manuscritas: de ellas, 53 son autógrafas de Quevedo; 2 (las que tienen los números 51 y 52) son de probable autoría quevediana; 8 (las numeradas como 2, 29, 32, 34, 37, 39, 41 y 43) deben ser atribuidas a otra mano; y 1, la cita de Petrarca en una hoja en blanco (con el número 4), tal vez no sea de Quevedo ni tampoco del segundo anotador. El interés que el texto de Alain de Lille suscitó en Quevedo no es homogéneo en el conjunto de la obra, dado que subrayados y notas se concentran en los cinco primeros libros: el primero contiene 16, el segundo 10, el tercero 6, algunas de ellas muy escuetas, el cuarto 15, el quinto 5 y el octavo sólo una; no existen, en cambio, en el sexto, en el octavo y en el noveno. Por oposición a las del segundo anotador mencionado, las notas de Quevedo son más extensas; cuando se limitan a una única palabra y forman parte de una serie (las artes liberales o alguno de los planetas), se insertan en versos o pasajes que señalan algún rasgo destacado del personaje descrito; y presentan peculiaridades ortográficas o de puntuación (un punto al final del texto de la apostilla) similares a las contenidas en otros libros de su biblioteca con anotaciones autógrafas. 1. Portada: firma autógrafa de Quevedo: «D. franciscus de QuevedoVillegas» (f. 1). Como en otros ejemplares, conviven anotaciones con dos caligrafías diferentes; la otra anotación manuscrita debe atribuirse a otra mano: «Alanus author hujus operius» (f. 1). En el vuelto de la portada, en letra que se supone de Fernández-Guerra: «Aureliano Fernández-Guerra y Orbe (y firma). 2. Al comienzo del prefacio y encima del título, anotación manuscrita con tinta muy tenue atribuible a Quevedo: «Alanus Autor huius operit». 3. Segunda hoja en blanco, tras el prefacio y antes del comienzo de la obra, anotación manuscrita, en letra más pequeña y regular, que no parece de Quevedo: «Petrarcha pag. 1031. sufficiat sibi Anticlaudianus Alani sui, paulo minus taediosus Arcchitriuio poëta ambo barbarici. ~ ~ ~». 4. «solloza» (I, p. 5). Referido a «In quo pubescens tenera lanugine florum […] Producens lachrymas, fontem sudore perenni / Parturit, & dulces potus singultat aquarum» (vv. 61-99)8. 8 Tras la anotación marginal, se señalan el libro, la página del ejemplar anotado y el número de los versos a los que parecen referirse las anotaciones. Como la edición manejada por Quevedo carece María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 5. «edificio» (I, p. 5). «Aëra metitur altis suspensa columnis. / Sidere gemmarum praefulgurat, ardet in auro» (vv. 114-115). 7. «tenebrosi carminis» (I, p. 8). «Gesta ducis Macedum tenebrosi carminis umbra» (v. 168). 8. «Nero» (I, p. 8). «Indulgens sceleri, cogit plus uelle furorem […] Midas, nec metas animo concedit habendi» (vv. 172-176). 9. «quien redimio con mexor cara el caos antiguo» (I, p. 9). «Quis chaos antiquum uultu meliore redemit» (v. 191). 10. «sacra de Christo Domino» (I, p. 10). «Vnaque; quam plures exterminet unda liturae […] Incolat, & nostris donet solatia damnis» (vv. 234-237). 11. «Prudenzia» (I, p. 12). «colla pererrat, / Aurea cesaries, sed acu mediata refrenat / Litigium crinis, & regula pectinis instat» (vv. 271-273). 12. «el litijio de los cauellos» (I, p. 12). «colla pererrat, / Aurea cesaries, sed acu mediata refrenat / Litigium crinis, & regula pectinis instat» (vv. 271-273). 13. «vestido» (I, p. 13). «vestis erat filo tenui contexa, colorem» (v. 303). 14. «la prudencia humana se confiesa ignorante del misterio de la encarnazion de Dios» (I, p. 17). «Non uideo, non concipio, non iudico memet […] Orphana, nec certo claudetur fine uoluntas» (vv. 391-398). 15. «Nota» (I, p. 18). «Sed quia principia nullo concludere fine […] Cedere principijs malo, quam cedere fini» (vv. 420-424). 16. «comparaçion» (I, p. 18). «Qualiter aura fremit, fluit aer, fluctuat unda. […] Vel maris instantes cogat uigilare procellas» (vv. 429-432). 17. «la Razon» (I, p. 18). «Perstat maiori flatu prudentia mentes: / Erigitur ratio, poscitque; silentia nutu» (vv. 435-436). 18. «los insultos del tacto» (I, p. 19). «Vitrea mollities, quae tactus abdicat onmen / insultum, digitique; leues uix sustinet ictus» (vv. 452-453). 19. «L. cretum.» (I, p. 20). «mobile certum» (v. 480). 20. «el oro es el postrero espexo» (I, p. 20). «Auri nobilitas auro decoctior omni […] Tersius, & specie meliori cuncta figurat. Hic rerum fontem» (vv. 483488). de esta numeración, las referencias proceden de la edición de R. Bossuat, Paris: Librairie Philosophique J. Vrin, 1955. Existe una edición de la obra en inglés: Anticlaudianus, ed. James J. Sheridan, Toronto: Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 1973. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 21. «la voluntad. i uestida la mente de palabras, la derrama tratable en los oidos» (II, p. 22). «Anticipare cupit uisus auriga uoluntas. […] Eloquium, sermoque; modum decurrit in istum» (vv. 4-6). 22. «Prudencia» (II, p. 27). «Quam Phronesis? cui cuncta dei secreta locuntur» (v. 147). 23. «rehusa la Prudencia» (II, p. 28). «Sed tamen assensum prudentia sola minorem […] Cogitur, illa negat. meruitque; negatio coge» (vv. 160-162). 24. «la Concordia i su figura» (II, p. 28). «In medium cuncta medians concordia sese» (v. 166) 25. «Razonamiento de la Concordia» (II, p. 30). «Si mea iura, meas leges, mea foedera, mundus […] Vincula, non tantis gemeret sub cladibus orbis» (vv. 213-215). 26. «adoptose los aspides al pecho. Cleopatra.» (II, p. 31). «De facili posset uitasse, nec uxor adoptans / Mammis serpentes, colubros lactasset, & ipsos / Vberibus potans potasset in ubere mortem» (vv. 239-241). 27. «1 libens 2 debret opus tantum 3 torperet nostra» (II, p. 34). «Nos omnes que sola libens et sponte mouere / In tantum deberet opus tantumque fauorem, / Si flamata minus to peret nostra uoluntas» (vv. 306-308). 28. «la mente se haze mano» (II, p. 37). «Quod mens intus habet, sic mentis lingua fidelis / fit manus, & proprio mentem depingit in actu» (vv. 378-379). 29. «Gram.ca» (II, p. 37). Caligrafía tal vez del segundo anotador mencionado. «Harum prima studet ut temo praeambulus axis» (v. 380). 30. «que no proscribe los purpureos fuegos, ni el honor del calor nevado» (II, p. 37). «Sed tamen in ultu perscribit signa laboris / Pallor, sed modicus, qui non proscribit ab ore / Purpureos ignes, niueique; caloris honorem» (vv. 387-389). 31. «la […] lleba» (II, p. 39). El corchete representa lo que parecen dos letras, tal vez una f y una g, quizá de otra mano, o sólo un tachado. «litera non sit […] Vendicet una sibi, redimendo María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 damna sororum» (vv. 436-445). Como se aprecia en la lámina, los subrayados de cada verso se unen con una línea curva. 32. «Logica» (III, p. 42). No parece la caligrafía de Quevedo. «Virgo secunda studet, intrat penetralia mentis» (v. 2). 33. «Lojica» (III, p. 43). Caligrafía quevediana, frente a la anterior. «Praedict, & secum uigiles uigilasse lucernas» (v. 16). 34. «Rhetorica» (III, p. 48). No parece la letra de Quevedo. «Tertia uirgo suo non fraudat munere currum» (v. 138). Más subrayados. 35. «Retorica» (III, p. 49). Letra quevediana. «Rethorici, sic picturam pictura colorat» (v. 169). 36. «Simaco» (III, p. 52). «symachus in uerbis parcus sed mente profundus […] Sensus diuitias uerbi breuitate coartat» (vv. 236-239). 37. «Arithmetica» (III, p. 53). No parece letra de Quevedo. «Quarta soror sequitur, quartae rota prima sororu» (v. 272). 38. «Arismetica.» (III, p. 54). Es la caligrafía quevediana. «Hic pictura loquens scripto clamansque; figuris» (v. 299). 39. «Musica» (III, p. 58). Caligrafía del segundo anotador. «Quinta soror quartae similis gerit ore priorem» (v. 386). 40. «la Musica» (III, p. 58). Letra de Quevedo. «Cernit, & in speculo uultus epulatur ocellus» (v. 397). 41. «Geometria» (III, p. 61). Caligrafía que no parece la quevediana. «Instat sexta soror operi, se funditus urget» (v. 469). 42. «Geometria» (III, p. 62). «E docet, immensum claudit, spaciosa refrenat» (v. 486). 43. «Astronomia» (IV, p. 64). La intervención del segundo (o primer) anotador se acaba en esta nota. «Vltima subsequttur uirgo quae prima decore» (v. 1). En esta página se aprecia de modo muy claro cómo los subrayados y las notas de Quevedo parecen haber sido realizados con la misma tinta, diferente de la del otro anotador, cuyas anotaciones tienen tonalidad más oscura y trazo más fino. 44. «Astronomia —» (IV, p. 65). Caligrafía de Quevedo. «Vestis imardescit gemmis, auroque; superbit […] Dat praecepta suis picturae dote facultas» (vv. 1518). 45. «velocitas equi» (IV p. 68). «Ditat eum, nec in hoc patitur sibi damna quod illum / Respersus candore color subrusus inaurat» (vv. 98-99). María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 de las altas cumbres escarpadas, ni la rabia del viento ni las nubes empapadas de lluvia (v. 104). 36. «uiae saxis callosa» (II, p. 26, v. 102). 37. «Non rabies uenti, non imbribus ebria nubes» (II, p. 26, v. 104). 38. «Morbida Saturni quid mundo stella minetur» (II, p. 26, v. 115). A propósito de la influencia de los planetas (Saturno, Júpiter, Marte y Venus) sobre el hombre, se pondera que Saturno amenaza a la tierra con sus rasgos desagradables. 39. «aut Martis sidus quae bella prophaetet» (II, p. 26, v. 117). Y, a continuación, la guerra que predice Marte. 40. «Sol oculus mundi, fons uitae, caereus orbis» (II, p. 26, v. 121). Se recalca que el sol es ojo del mundo, fuente de vida, vela del universo. 41. «Lucifer & nostri Cillenius assecla Solis / Nascentis uexilla gerunt, famulantur eunti» (II, p. 27, vv. 126-127). El lucífero (Venus) y Mercurio, asistentes del sol, están unidos en su curso. 42. «cur mugiat aer, […] quis corum seminat iras […] Suscipit, & coeli miratur terra sagittas» (II, p. 27, vv. 140-145). El subrayado se refiere al origen de ciertos fenómenos meteorológicos: quién ata la lluvia en las nubes, por qué el aire (trueno) retumba, quién gobierna los vientos, quién planta en ellos la semilla de la furia, por qué la sustancia de las nubes adopta tantas apariencias (densa con lluvia, blanca con niebla, con apariencia de nieve, o toma el arma del granizo y la tierra se asombra con los dardos que lanza el cielo). Tal disertación antecede a la conclusión, enfatizada con una anotación marginal de Quevedo, de que Prudencia es el embjador idóneo, porque ante ella se desvelan los secretos de Dios. 43. «profert, in cuius facie deitatis imago […] Sollicitare queant litisque; creare tumultum […] Dimidiant animas» (II, pp. 28-29, vv. 167-187). En este subrayado concurren otras dos marcas de lectura peculiares: una, que parece característica de Quevedo como lector, consiste en la unión de versos con un trazo curvo; la otra, sólo localizada en dos lugares y tal vez atribuible al segundo anotador, es el símbolo #, situado en el último verso subrayado, al margen izquierdo. Este pasaje cuenta también con apostilla marginal sobre la figura de la Concordia, mediadora de todos los asuntos. De ella se dice que en su rostro brilla la imagen de la divinidad por oposición al aspecto humano. Su cabello brillante se mantiene en orden y no se rompe pese al soplo de Bóreas. Su forma, figura, dignidad, peso… se ajustan perfectamente a su estructura corporal y desempeñan María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 su oficio. Las partes de su cuerpo se unen en paz armoniosa. Su ropa, de apariencia uniforme y de un solo color, se ajusta a sus miembros como si estuviera pintada en ellos. Una pintura da una segunda vida a aquellos unidos por el amor casto, la amistad, la confianza, el afecto verdadero, en cuyo caso una asociación de amor purificado ha hecho uno de dos. Porque David y Jonatham —1 Samuel 18, 1— son dos allí, pero ahora son uno; aunque son individuos separados, son sólo uno en cuanto al alma: comparten sus almas, y cada uno da una parte al otro. 44. «Virginis in dextra foliorum crine comatus […] Pubescit, nec matris humi solatia quaerit» (II, p. 30, vv. 205-207). Una rama de olivo, símbolo del bien y emblema de la paz, madura en la mano derecha de Concordia, tejido con cabello de hojas, pleno de flores, deseando que lleguen las frutas y sin buscar la ayuda amable de la madre-tierra. A continuación, Quevedo pone una nota al razonamiento de la figura alegórica. 45. «Tempestas animi moritur» (II, p. 34, v. 312). Este subrayado, que indica el fin de la tempestad de la mente de Concordia, indecisa, parece servir como conclusión de la triple anotación autógrafa de la página sobre el discurso del personaje. 46. «Ouidii flumen, Lucani fulmen, abyssum / Virgilij, morsus Satyrae, Solonis asilum» (II, p. 36, vv. 361-362). El subrayado, que como en otros casos se cierra con una línea curva que une los versos, se sitúa en una lista de más de cuarenta nombres de autores griegos o latinos. Destaca aquí el fluir del estilo de Ovidio, el destello de Lucano, la profundidad de Virgilio, el aguijón de la sátira y el refugio de Solón. 47. «Sunt tamen in multo lactis torrente natantes / Mammae, sub ducti mentitate damna pudoris» (II, p. 37, vv. 392-393). Quevedo parece haber querido prolongar con el subrayado su glosa de tres versos anteriores (anotación número 30) sobre la palidez y el tono rosado de Gramática, doncella aquí asociada a la maternidad. 48. «dum pocula lactis […] Et eibus & potus in solo lacte resudat» (II, p. 37, vv. 396-398). Sigue la visión maternal de Gramática, con subrayados unidos al final por una línea curva como en ocasiones anteriores. 49. «Vel si dens aliquis aliorum de grege solus / Deuiet, excessum sub iusta lance recidit» (II, p. 38, vv. 407-408). María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 50. «Non pecten castigat eum, non forpicis urget […] Intuitus» (III, p. 43, vv. 19-23). Aunque en esta página existe una nota del segundo anotador, la de Quevedo (v. 16) está más próxima a los subrayados. Aquí se menciona a la Lógica, cuyos cabellos no se dominan con ningún peine, no están sujetos con hebillas ni los cortan las tijeras. 51. «In uultuque; natat color igneus, ignis in ore / Purpureus, roseo uultum splendore colorat» (III, p. 48, vv. 153-154). Como antes, existe una correspondencia entre la localización y el contenido de la nota quevediana y los subrayados, sobre los colores del rostro de la Retórica: el rojo fuego de sus labios y el rosado de su rostro. 52. «& in dictis depictus pauo resultat» (III, p. 52, v. 242). El subrayado sigue a otro de la misma página, en cuyo margen se sitúa una nota autógrafa, y referido a la retórica, con referencias a diversos autores como Símaco y Sidonius Apollinaris, de quien se dice que el pavo pintado encuentra eco en sus palabras. 53. «flore nouo cogens inuenescere ferrum» (III, p. 53, v. 262). Sigue el pasaje sobre la retórica, ahora con una referencia metafórica a su capacidad para hacer florecer con sus «colores». 54. «Et faciem prati praetendit imagine florum» (III, p. 53, v. 267). Con su dibujo de flores —se dice de la Retórica—pone ante la vista una pradera. 55. «Quae numeri uirtus, quae lex, quis nexus, & ordo […] Corporibus, terras coelis, colesti caducis» (III, p. 53, vv. 301-306). El subrayado parece prolongar una anotación autógrafa y un pequeño subrayado sobre la Aritmética, de quien se dice ahora que conoce cuál es el poder de los números, cuál es su ley, su vínculo, su orden, su nudo, su amor, su proporción, su alianza, su armonía, su límite: de qué manera el número ata todas las cosas con un vínculo armonioso, concierta las cosas individuales, dirige el universo, pone en orden el mundo moviendo las estrellas, uniendo los elementos, casando las almas a los cuerpos, la tierra al cielo, lo celestial a lo transitorio. 56. «Quomodo uirgo parit, gignes manet integra, simplex […] Incorrupta manet, partus imitata parentis» (III, p. 55, vv. 313-315). Tras una breve interrupción, siguen los subrayados sobre el arte liberal, cuya figura se usa ahora para reflexionar sobre el enigma de la maternidad de una doncella: de qué forma la virgen permanece intacta dando a luz; aunque única, se multiplica a sí misma, María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 engendra en sí misma y permanece virgen, contrahaciendo el proceso engendrador de una madre. 57. «Auri dans epulas, oculisque; proenua somni» (III, p. 58, v. 400). Tres versos más arriba Quevedo anotó «la Musica» al margen de un verso subrayado parcialmente; ahora parece haber marcado la idea de que las cuerdas de la cítara producen un agradable sonido que es una fiesta para los oídos y el preludio del sueño para los ojos. 58. «Iussit Traicius uates, fractoque; rigore […] Vox cytharae meruit, tenuitque; silentia ferrum» (III, pp. 58-59, vv. 403-409). A propósito de la música nuevamente, se dice en los versos subrayados que con este sonido el bardo tracio, Orfeo, pidió a las piedras que se hiciesen tratables, que los bosques corrieran, que los ríos parasen, que las bestias salvajes crecieran mansas, que los conflictos cesasen. Con sus lamentos venció la inflexibilidad de las Euménides, las hizo ceder a la presión, hizo que la ciudad de Dis (el Inferno de Dante) mostrase una amabilidad paternal y las Furias olvidasen su furia. Con una música tal, Amphion convirtió las piedras tirias en muros, domando de este modo las piedras que sólo la música del harpa podría domesticar, hasta que ningún hacha podría vencer los duros, ásperos peñascos, y su acero quedó en silencio. 59. «arcanum colei causasque; fugaces / Venatur uisus, mentisque; preambulus illi / Nuntiat, & crebro mentem docet assecla mentis» (IV, p. 64, vv. 57). Entre este subrayado y el siguiente, Quevedo sitúa una nota referida a la Astronomía, de quien ahora se afirma que localiza los secretos de los cielos y sus escurridizas causas, y presenta un informe a la mente. 60. «& hospitium peregrino grata planetae / Donet, & ipsius proprium comunicet illi» (IV, p. 65, vv. 34-35). Generosamente, se añade, ofrece hospedaje gratis a los planetas peregrinos y comparte lo que posee con ellos. 61. «Quae mora Saturnum retinet» (IV, p. 66, v. 45). En referencia al período sideral de Saturno, se menciona su demora. 62. «Athlantis uirtus, coeli sine pondere pondus / Gestat» (IV, p. 67, vv. 6768). La fuerza de Atlas soporta las estrellas, y él mismo las usa como punto de apoyo. 63. «Diuinam sudasse manum» (IV, p. 67, v. 82). El carro construido para emprender al viaje hasta Dios muestra con su sola apariencia que la mano divina y Minerva (diosa de las artes) han trabajado duro en él. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 64. «nec gramen curuat cundo. / Sed celeri cursu terram delibat cuntis» (IV, p. 68, vv. 101-102). Comienza un largo pasaje profusamente subrayado y anotado sobre los cinco caballos que tiran del carro, que parecen evocar los del carro del sol. Referido al primer caballo, se dice que sus pezuñas golpean la hierba, pero no dejan huellas. 65. «Sed leuis aura suos stupet inuenisse uolatus» (IV, p. 68, v. 104). El aire suave está sorprendido de que haya obtenido su movilidad, y Bóreas está asombrado cuando su velocidad le deja atrás. 66. «Anticipat monitum calcaris, sponte meatum / Aggreditur, facilique; tamen frenatur habena» (IV, p. 68, vv. 108-109). El caballo no espera el recordatorio de la espuela, sino que por propia iniciativa emprende su camino y se guía por un ligero toque de la rienda. 67. «non aura tamen fugitiua secundum / Praeuenit» (IV, p. 69, vv. 125-126). La brisa no puede dejar atrás al segundo caballo, pues corre con igual velocidad. También en este caso existe una anotación marginal previa, acompañada de subrayado: «el otro cauallo. 2.». 68. «In uultu gerit illle patrem, dum reddit Eoum / Gestibus, huncque; suum forma probat esse parentem» (IV, p. 69, vv. 133-134). En apariencia, este segundo caballo lleva la imagen de su padre, porque imita los saltos de Eous, y su belleza prueba que es su descendiente. 69. «Subtilis respergit eum mixtura coloris, / Sed fugiens oculos uisum color ille recusat» (IV, p. 70, vv. 148-149). Este subrayado se sitúa próximo a otra nota marginal; en estos versos, el tercer caballo aparece manchado con una sutil mezcla de tonos; su color, a excepción de los ojos, desafía el poder de la vista. 70. «Flos uiolae perfundit eum, rosa ebriat auras […] Mercatus, proprium uectigal soluit eidem» (IV, p. 70, vv. 152-158). Este subrayado se cierra con una nota autógrafa sobre el cuarto caballo. Aquí se señala que el olor de la violeta le empapa, la rosa embriaga las brisas a su alrededor, y la nariz está saciada con la fragancia del tomillo. Una yegua, inexperta en el apareamiento natural, lo aguanta: ella no conoce al semental, pero, satisfecha con el gusto del aire conyugal, resulta impregnada por el coital Céfiro. Con el regalo de este caballo, Céfiro adquirió el amor de la Naturaleza y le pagó un precio adecuado. 71. «In nullo patiens eclypsim muneris huius» (IV, p. 71, vv. 166). Referido también al cuarto caballo, como el subrayado siguiente. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 72. «Glaucus ei color arridet, respergit eundem / Imber, & irriguo ros compleuit imbre iugalem» (IV, p. 71, vv. 180-181). Su color gris le favorece, la lluvia le baña y el rocío cae sobre él en una ducha húmeda. 73. «Vestit aum color obscurus, quem possidet ipsa / Nigredo, nullum secum pasura colorem» (IV, p. 72, vv. 205-206). En la misma página existe también una anotación marginal dedicada al quinto caballo, a quien cubre un abrigo oscuro en el cual predomina el negro y que no admite matices. 74. «Cur Phoebus sitiens aestuque; caloris anhelus […] Vasa, cyphos imbris pluuiaeque; lagenas» (IV, p. 74, vv. 251-254). El subrayado se corresponde con preguntas de Prudencia sobre Febo: por qué, sediento y jadeando por el calor del fuego, sacó tragos de Océano, dio la vuelta a su taza para derramar en las nubes, colgó en el aire denso cubos de tormentas, cálices de varias duchas, botellas de lluvia. 75. «Qualiter agricola Zephyrus sinc uomere terras / Excolit, & florum segetes extollit in hortis» (IV, pp. 74-75, vv. 264-265). Sigue inquiriendo cómo Céfiro (viento agradable de la primavera) cultiva la tierra sin agricultura y embellece los lechos de flores en el jardín. 76. «O fastus uitanda lues, fugienda charybdis […] Quo certant uenti, quo fulminis ira tumescit» (IV, pp. 76-77, vv. 307-335). El largo subrayado sobre la soberbia va acompañado de la nota autógrafa «el fasto o soberbia». En él se la califica como mancha del orgullo que debe ser rechazada, Caribdis que debe ser rehuida, falta grave, aflicción universal, peste general, puerta del pecado, madre de los vicios, fuente de iniquidad, semilla del odio, cazador de conflictos. Orgullo que está cayendo cuando sube, que está tiñendo toda su floración, que se está condenando al tiempo que se levanta, que se desmorona cuando ha alcanzado una posición ventajosa, que se hincha cuando está a punto de caer, que no puede soportarse a sí mismo y, poniéndose por encima de sí, sufre una caída debajo de sí: no puede sostenerse, es más, es derrocada por su propia masa y cae por su propio peso. Conduce al hombre a buscarse a sí mismo fuera de sí María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 mismo; el hombre sale de sí y se pone contra sí, en discrepancia consigo mismo: olvidándose a sí mismo, fracasa en reconocerse; pasando el límite, él se mantiene en su camino, intentando ser más de lo que puede ser y descontento con lo que tiene, él desea ser más grande que sí mismo y se fuerza a superarse. Perdiendo lo que busca, lo que echa de menos, deseando lo que le engaña, anda tras el falso honor. Esta peste desvirtúa el bien, desfigura lo honrado, descompone el carácter, hace huir a la justicia, arruina lo útil. Oscurece las rosas, esta nube ennegrece las estrellas de la virtud, porque debido a su oscuridad sufren un eclipse. Por esta mancha un Ángel, expulsado del reino de los cielos, destronado de su asiento, quebrado por su vanidad, rebajado por su orgullo, arruinado por su envidia, paga por su pecado con el exilio y por su culpa con el sufrimiento. A continuación, se marca un pasaje relacionado con los fenómenos atmosféricos: se describe el lugar donde las formaciones de nubes del cielo en su propia noche tejen su manto de oscuridad, donde las nubes colgantes recogen agua, donde el granizo se endurece para caer, donde los vientos pelean, donde la furia de los relámpagos aumenta… 77. «quo splendor & ignis / Iura tenent, lux grata micat, sed coniuga luci / Lucis blanditias retrahit uis ipsa caloris» (IV, p. 78, vv. 342-344). Sigue la descripción de un lugar donde el brillo y el fuego dominan. Una luz placentera centellea aquí, pero el poder del calor, que está unido a la luz, deshace sus encantos. 78. «de pauperat illam […] Detrimenta luunt, uel eadem diuite gaudent» (IV, p. 78, vv. 357-363). Existe una nota en el margen izquierdo sobre la luna, cuya música es más tenue que la de las esferas celestes, y cuyo influjo se pondera en estos versos subrayados: funciona como una cuerda más baja, produce un acorde menor y difícilmente merece su lugar en la lira. Aquí, con amplia visión, Prudencia ve las menguantes de la luna, los cambios, el curso, los movimientos, las dificultades: cómo ocurre que Febo, pese a ser su compañero, le roba a ella la luz mientras ella, por otra parte, le roba su prerrogativa de brillantez y, produciendo una falsa noche (eclipe total de sol), hace que los hombres teman y crea la apariencia de noche cuando no es noche; por qué la luna causa los humores, por qué el mar paga un castigo por los déficits de la luna y se recogija cuando ella es rica (está llena). María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 79. «Litigat, & radio lucis magna umbra diescit» (IV, p. 79, v. 368). Sigue refiriéndose a fenómenos asociados a la luna. 80. «Et lucis scaturit fons uiuus, uena caloris / Manat, splendorisque; noui thesaurus abundat» (IV, p. 79, vv. 371-372). Al margen del verso anterior, Quevedo anotó «Sol.»; los subrayados siguientes hablan del lugar donde la fuente viva de luz sale a borbotones, donde el calor se origina y existe una abundancia de resplandor inusual. 81. «nunc tumidos sectari deuia sola / Maiestate iubet» (IV, p. 79, vv. 378379). Siguen subrayados sobre el sol, con los planetas a su servicio, cuerpos altivos siguen por la senda indicada por su majestad. 82. «Qualiter alternans uultus aetatis in ortu […] Sol profert, unusque; dies complectitur aeuum» (IV, p. 79, vv. 381-385). También en relación con el sol, se establece una asociación metafórica entre las edades del hombre y los momentos del día: cómo el sol, cambiando su apariencia, llega a ser al comienzo de su curso un niño, al mediodía un joven adulto, al final un hombre y, por la noche, un completo anciano; así, el sol despliega una edad aparente que difiere cada hora, y en un solo día recorre una vida completa. 83. «qui totus in igne uaporans […] Nequitia docet esse trucem, laeditque; ueneno» (IV, p. 81, vv. 417-431). También este subrayado conlleva una anotación, en este caso sobre Marte: consumiéndose hasta el final en fuego, conoce sólo la furia y la tormenta del fuego. Allí el invierno no gime, ni la primavera cautiva con su sonrisa; el otoño no muestra su plenitud: siempre hay verano. Marte, brillando con fuego, domina, prolífico en ira, sembrando las semillas de la guerra, sediento de disputas, más sediento aun de nuestra sangre, desterrando la paz, erradicando los tratados. Engalanado con la cola de un cometa ardiente, se entretiene violando la lealtad de un país y desbaratando las fortunas de los poderosos. Él prepara las armas a los hombres, lidera a los fanáticos, siembra las semillas de la insolencia, apadrina la ira, debilita el amor. Su simple rostro muestra lo que su corazón está planeando, y su color rojo proclama el veneno de su ira interna. 84. «Tempestate soni languens» (IV, p. 81, v. 436). La sirena del retumbante Marte suena más alta. 85. «Stellarumn uulgus […] Veris, praedicat Taurus, Geminique; lacones» (V, p. 85, vv. 31-36). Sobre los signos del zodíaco: Cáncer brilla, Leo arde, Virgo trae la cosecha, Libra hace el día y la noche iguales, Escorpio se vuelve violento, María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 Chiron (Sagitario) trae el frío, Capricornio trae la helada, Acuario desborda, Piscis está empapado, Aries retoza, mientras Taurus y Géminis tienen un brillo especial, porque portan la primavera. 86. «Inque; supercilio mundi stetit, anxia mente / Fluctuat, in uarios motus deducitur, haeret» (V, p. 85, vv. 42-43). Situada en la cumbre del mundo, la embajadora ante Dios titubea agitada y es arrastrada en diferentes direcciones. 87. «Ebrius erraret pes ipse, pedisque; lucerna […] Emphatice lucis splendor purgatus inignit» (V, p. 86, vv. 52-56). Sus pies deambularían ebrios y la vista, que alumbra a los pies, enfrentada a la luz de allí, parecería ciega. Esto no sería porque allí domina la oscuridad, sino porque el resplandor puro de las luces que se reflejan pone la noche brillante. 88. «audax / Improbitas hominis, praeceps audacia tendit» (V, p. 86, vv. 6465). Se rechaza la improbidad presuntuosa del hombre, la inmoderada temeridad. 89. «ut stellas praeditet fulgure […] Lumen adoptiuum largiri cesset olympo» (V, pp. 87-88, vv. 92-94). En un pasaje sobre la guía que se ofrece a la Prudencia (Teología), también con anotación marginal de Quevedo, se señala que añade resplandor a las estrellas, con quienes lo comparte, y que fue hecho por su hermana, con el propio Olimpo. 90. «Inflammat diadema caput, quod lapade [Quevedo parece haber escrito alguna letra encima de la a y la p] multa […] scintillans lapidum duodeno sidere fulget» (V, p. 88, vv. 101-103). Descripción de su diadema: hace que su cabeza relumbre; centelleando con el lustre de las gemas, encendido con oro, reluce con un grupo de doce piedras. 91. «Dona, coelesti perstans mea carbasa uento» (V, p. 96, v. 305). 92. «miratur aquas, quas foederat igni […] Nexus, amicitia fallax, umbratile foedus» (V, p. 96, vv. 311-318). Pasaje subrayado a continuación de la oración a Dios de la voz poética, destacada por Quevedo con una nota al margen; se relata la unión de elementos discordantes: en su viaje busca el agua unida al fuego en lugares sin separación, donde la llama no interfiere en el agua ni el agua —un elemento contrario— contiende con la llama, sino que más bien ellas dejan a un lado su batalla. Nunca más pretenden recordar su natural repugnancia: están atadas por un asentimiento discrepante, una discordia concordante, una paz hostil, una poco fidedigna confianza, una ficticia unión amorosa, una engañosa amistad, un pacto sombrío. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 93. «Pendeat, & donet sitienti pocula flammae, / An glatiem gerat in specie, reddatque; figuram / Crystalli, perdatque; suum liquor ipse liquorem» (V, p. 97, vv. 330-332). También sobre la discordia de los elementos, se subraya ahora que concede tragos al fuego sediento; hace que este líquido contenga el hielo; le transforma en cristales y pierde su liquidez. 94. «Nec matrix terrena finus expandat eidem […] Cogat aquas, supraque; liget quasi carcere clausas» (V, p. 97, vv. 337-341). El subrayado consiste ahora en una línea vertical ondulada al margen derecho, con la que se destacan versos que insisten en la idea de la unión entre el fuego y el agua, aquí presentada como encerrada en una prisión. 95. «Nam qui furtiuo lapsu quasi nesciat ignis / A superis rorem descendere, somniat ille» (V, p. 97, vv. 342-343). Siguen las referencias al fuego y al agua: el filósofo que sueña que la humedad desciende de arriba por una caída furtiva, desconocida al fuego, está falto de razón, un falso profeta. 96. «Ad uultus ignis minime dignata liquari» (V, p. 98, v. 356). De ninguna manera —se añade— se digna fundirse en la cara del fuego. 97. «Pax expers o dij, requies ignara laboris» (V, p. 99, v. 380). Parece haber llamado la atención la sentenciosidad de este verso subrayado y el siguiente: paz libre de odio, descanso que no conoce el trabajo duro. 98. «saties fastuidia nescit» (V, p. 99, v. 383). La afirmación de que la abundancia no conlleva el exceso —una afirmación marcada con una cruz (+) al margen derecho— enlaza con la idea se conformarse con lo necesario, la de una plácida medianía. 99. «Non hic ambiguo graditur fortuna meatu» (V, p. 99, v. 385). Sobre la Fortuna, se afirma que aquí no sigue su curso impredecible. 100. «Tristibus infirmat» (V, p. 99, v. 387). Expresión paradójica sobre la prosperidad con desgracia, la alegría con tristeza. 101. «Quae senij metas attingit, plena dierum […] Quae iuuenile docet aeuum, contraque; locuntur» (VI, p. 109, vv. 67-71). Los últimos subrayados destacan un pasaje sobre una mujer que está alcanzando la ancianidad —llena de días, su cabeza espolvoreada con cabellos grises y la escarcha helada de la edad—, pero todavía no surcan su rostro las etapas tempranas de la vejez: esa cara juvenil no deja traslucir sus años, pero el cabello gris cuenta una historia diferente, porque la belleza de su semblante se opone a sus cabellos grises. Nuevamente, los María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 26. «Et mihi non placet: hocque; enim repente ualde […] Ad uirum nihil integrum est operantis» (p. 19, vv. 353-355). Es sospechoso que quien se ha hecho inmensamente rico de repente sienta temor. 27. «Quod nihil manifeste integrum est nullius: / Sed sunt lucro omnes minores, subditi» (p. 20, vv. 362-363). Se constata que no hay nada bueno en nadie: todo el mundo se deja vencer por el afán de lucro. 28. «Sed neque; aspectus ipse secundum sedem se habet, / Sed est manifestus quiddam malefacienti» (p. 20, vv. 367-368). Como indicio de culpabilidad, se señala que ni siquiera dirige su mirada al suelo, y por ella se descubre a quien ha cometido algún delito. 29. «Os obturans nummis rhetorum» (p. 20, v. 379). Se propone tapar con dinero la boca de los oradores para que no se sepa en la ciudad. 30. «Per Hestiam?» (p. 21, v. 395). Subrayado con anotación ya transcrita. 31. «Quis certe medicus est nunc in ciuitate? / Neque; enim merces nihil est, neque; ars» (p. 21, 407-408). Se niega que haya médicos en la ciudad, porque no hay sueldo ni oficio. 32. «Forte Erinnys est ex tragoedia. / Videt certe furiosum quid & tragoedicum»; (Plutus, acto IV, p. 22, vv. 423-424). Se especula que puede ser la Erinia de alguna tragedia, por su mirada delirante y trágica13. 33. «Rex Apollo & Dei, quò quis fugiat?» (p. 22, v. 438). La irrupción de Penia, diosa griega de la pobreza equivalente a la Egestas o Paupertas latina (como Pluto es dios de la riqueza), hace que invoquen a los dioses para que les ayuden a huir. Se inicia un largo pasaje, centrado en la pobreza, que se encuentra entre los que parecen haber despertado un mayor interés durante la lectura. 34. «Paupertas enim est ô agricola, qua nusquam / Nullum natum est animal perniciosius». (p. 23, vv. 442-443). Aclara un personaje que se trata de la pobreza, el ser más mortífero conocido. 35. «Si omnibus hominibus praebemus bonum? […] Facite iam hoc quodcunque; uobis uidebitur» (p. 23, vv. 462-471). La línea vertical destaca la respuesta a la pregunta de Penia, quien inquiere si creen que no hacen ningún mal con su intento de devolver la vista a Pluto; frente a ellos, que suponen que beneficiarán a todos expulsando a la pobreza, Penia defiende que ése sería el peor 13 Las Erinias eran las diosas griegas de la venganza, como relata, por ejemplo, Hesíodo, en Teogonía 184. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 mal posible y quiere dejar claro que es la única responsable de todos los bienes que tienen y que viven gracias a ella. 36. «O tympana & et cyphones non auxiliabimini? / Non oportet molestè ferre, & clamare antequem discas» (p. 24, vv. 476-477). Un personaje pide que vengan en su ayuda un potro de tortura y grilletes; Penia replica que no hay que llorar ni gritar antes de saber. 37. «Sufficientes putas certe mortes uiginti?» (p. 24, v. 483) Se pregunta si veinte muertes son suficientes. 38. «Manifestum quidem ego puto cognoscere hoc esse monibus similiter […] Malos autem & impios horum contraria certe» (p. 24, vv. 489-491). El corchete vertical recalca la idea de que todos consideran justo que vayan bien las cosas a los hombres honrados, y mal a los malvados y ateos. 39. «Multi quidem enim hominum existentes ditescunt mali […] Agunt male, & esuriunt, cum teque; plurima versantur» (p. 25, vv. 502-504). El lamento pondera que muchos malvados están cargados de riquezas conseguidas con métodos delictivos, mientras personas excelentes padecen hambre y conviven con la pobreza. 40. «Duo senes consocij nugandi & insaniendi» (p. 25, v. 508). Se menciona a dos viejos charlatanes y despistados. 41. «quis enim dite scens / Periclitans circa animam sui ipsius hoc facere?» (p. 26, vv. 523-524). Se subraya que nadie querría, siendo rico, dedicarse a algo que ponga en riesgo su vida. 42. «culicum, & pulicum» (p. 26, v. 537). Se subrayan dos tipos de insectos: mosquitos y pulgas. 43. «quae resonantes circa caput dolorem» (p. 26, v. 538). Crémilo increpa a la pobreza por sus males, en referencia a los insectos antedichos, que molestan con su murmullo en torno a la cabeza. 44. «Exuscitantes, et dicentes, esuries, sed surge» (p. 26, v. 539). Los insectos despiertan al pobre y le recuerdan su hambre. 45. «Ad autem haec, pro pallio quidem habere uestem laceram: pro autem lecto, / Lectum iuncorum cimicibus plenumn, qui dormientes suscitat» (p. 26, vv. 540-541). La línea vertical apunta versos sobre los efectos de la pobreza: en vez de mantos se tienen harapos; en vez de cama, un jergón lleno de chinches, que desvela a quienes están acostados sobre él. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 46. «Et stoream habere pro tapeto marcidam: pro autem puluinari […] Bonorum onmibus hominibus ostendo te causam existentem? (p. 27, vv. 542-547). Línea vertical y subrayado del último verso, en un pasaje sobre las miserias de la pobreza: en vez de alfombra, se tiene una estera deshilachada y, en vez de almohada, una piedra bajo la cabeza; para comer, en vez de pan, hojas de berza, y en vez de galletas, rábanos; en vez de taburete, un orinal desportillado, y, en vez de artesa, un tonel viejo. Irónicamente, se pregunta cómo la pobreza pretende ser la causa de innumerables beneficios para todos los hombres. 47. «Igitur mendicitatis paupertatem dicimus esse sororem?» (p. 27, v. 549). Se propone, a modo de pregunta retórica, que la pobreza es hermana de la mendicidad. 48. «Mendici quidem enim uita (quam tu dicis) uiuere est nihil habentem […] Parcens & laborans relinquet neque; sepeliri» (p. 27, vv. 552-556). Se distingue la vida del mendigo y la del pobre, el último con rasgos que recuerdan el concepto de la dorada medianía: el mendigo vive sin tener nada; el pobre, hace economías y se dedica a trabajar, no le sobra pero tampoco le falta nada. 49. «Et consilio & aspectu. apud hunc quidem enim pedibus laborantes […] Apud me autem macri, & graciles, & inimicis tristes» (p. 27, vv. 559-561). Penia se defiende, refiriéndose a los efectos de Pluto: quienes le siguen tienen gota y amplia barriga, son de piernas gordas y sebosos; por el contrario, los pobres son delgados y molestos para sus enemigos. 50. «Quod uenustas habitat mecum. Pluti autem est, iniuria afficere». (p. 28, v. 564). Oposición entre la prudencia y la soberbia: la pobreza recuerda que el prudente habita con ella, mientras que la soberbia es asunto de Pluto. 51. «Considera igitur in ciuitatibus aduocatos: quia quandoquidem […] Insidianturque; multitudini, & populo pugnant» (p. 28, vv. 567-570). El corchete vertical marca las palabras de Penia, quien constata que los políticos se portan honradamente con el pueblo y con la ciudad sólo mientras son pobres; cuando se enriquecen con los bienes comunes, se convierten en unos canallas, conspiran y se enfrentan a las masas. 52. «Sed non dicis mendacium horum nihil, quamuis ualde inuidens existens, / At non minus nihilo lugebis, neque; sic superbies» (p. 28, vv. 571-572). Su interlocutor reconoce que no miente, aunque es muy deslenguada, pero le advierte María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 que no dejará de llorar, ya que trata de convencerles de que es mejor la pobreza que la riqueza. 53. «Sic dignoscere difficilis res est iustum» (p. 28, v. 578). El subrayado señala que es muy difícil reconocer lo justo. 54. «Sed ô priscis consilijs uere laborantes mentibus ambo» (p. 28, v. 581?). Increpa a quienes tienen tapada su mente con las legañas de Crono (Saturno). 55. «Non enim persuadebis, neque; si persuadebis» (p. 29, v. 600). Afirmación paradójica de Crémilo: Penía no le persuadirá de que lo bueno procede de la pobreza, ni aunque le convenza. 56. «Laudabo bonos habentem filios, & / Magnum hominibus lumen Aesculapium» (p. 30, vv. 639-640). Después de que Carión anuncie el éxito de su amo, pues Pluto ve gracias al curador, señala que elevará su clamor por el buen padre Asclepio (dios médico), considerado luz para los mortales. 57. «Audi igitur, ualde ego res / Ex pedibus in caput tibi omnia dicam» (Plutus, acto V, p. 31, vv. 649-650). Carión dice a su mujer que le contará lo sucedido (la curación) de los pies a la cabeza. 58. «Cur senex frigido mari lotus?» (p. 31, v. 658). Se acaba de contar que bañaron a Pluto, antes desgraciadísimo y ahora feliz; la pregunta refleja incredulidad ante la idea de bañar al viejo en agua salada y fría. 59. «Vnus quidem Neoclides, qui est quidem caecus, / Furans autem uidentes superauit» (p. 31, vv. 665-666). Se habla de Neoclides, un ciego que roba aun mejor que los que ven. 60. «non thus enim pedo» (p. 33, v. 703). Señala que sus ventosidades no tienen buen aroma. 61. «Primum autem omnium Neoclidae pharmacum […] Et cepe syluestre. postea aceto diluens sphettio» (p. 33, vv. 716-720). Descripción de las prácticas curativas: se machacó en el mortero un ungüento adecuado para Neoclides, con tres cabezas de ajos de Tenos; después se mezcló con jugo de higuera y lentisco y se aplastó todo; a continuación, se diluyó la mezcla con vinagre de Esfeto. 62. «Nullus enim nobis ingredientibus nunciabit / Quod farinae non sint in sacco» (p. 35, vv. 762-763). Cuando entren en casa nadie les dirá que no hay harina, en referencia al éxito de Plutón y el reparto de riquezas. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 63. «Et anunciens portabo fundibilia / Tamquam nuper emptis oculis ego» (p. 35, vv. 768-769). El personaje entra en casa para llevar regalos de bienvenida para esos ojos, como se hace con los esclavos recién comprados. 64. «Et adoro primum quidem Solem, / Postea uenerandae Palladis solem» (p. 35, vv. 771-772). Pluto, ya con vista, dice postrarse ante el Sol y luego ante la llanura de Palas. 65. «Ostendam in posterum omnibus hominibus, quod / Inuitus me ipsum prauis indulgebam» (p. 35, vv. 780-781). En el futuro demostrará que se entregaba a los malvados contra su voluntad. 66. «He autem amphorae uino nigro odorifero» (p. 36, v. 808). Carión, exultante por la riqueza que le rodea, habla de las ánforas y de un vino negro que huele a flores. 67. «Me autem emisit sumus. non possibilie enim / Intus manere erat, mordebat enim palpebras mei» (p. 37, vv. 822-823). El personaje afirma que le ha hecho salir de casa el humo, indicio de abundancia: no es capaz de seguir allí dentro, porque le «muerde» los párpados. 68. «Ad Deum / Venio: magnorum enim mihi est bonorum causa» (Plutus, acto VI, p. 37, vv. 828-829). El hombre justo se dirige hacia el dios, en reconocimiento de sus grandes beneficios. 69. «Et ter infortunato, & quarter, & quinquies, / Et duodecies, & decies millies, heu, heu» (p. 38, vv. 852-853). Un sicofanta (delator profesional, que buscaba el ascenso adulando a los poderosos) se queja de ser tres, cuatro, cinco, doce y diez mil veces desdichado. 70. «Quàm superbus ô Ceres introiuit» (p. 38, v. 873). 71. «Sycophanta. IV. Manifestum quod esurit» (p. 39, v. 874): Sicofanta está evidentemente rabioso. 72. «Hoc quidem igitur auxiliari legibus iacentibus, / Et non indulgere unquam si quis peccet» (p. 40, vv. 915-916). El hombre justo acusa a Sicofanta de meterse en todo, lo contrario de hacer bien a su ciudad como pretende; replica Sicofanta que defiende las leyes establecidas para que no se las contravenga. 73. «Hei mihi misero, expolior in die» (p. 40, v. 931). Denuncia a gritos Sicofanta que le desnudan en pleno día. El hombre justo le había propuesto aprender otro modo de vivir, y él rechaza diciendo que no lo haría ni aunque le María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 entregaran a Pluto en persona y todo el silfio de Bato (vv. 925-926), pasaje que suscitó una anotación marginal ya comentada. 74. «Postea ubi melius dedicabitur […] Plutum autem ornare uestibus honestis decet» (p. 41, vv. 939-941). Se subraya que a Pluto hay que adornarlo con mantos sagrados. 75. «si autem socium cepero aliquem […] Ciuium neque; concilium» (p. 41, vv. 946-951). Sicofanta advierte que, si consigue alguien que le apoye, hará que ese dios tan poderoso reciba su merecido, porque mina las bases de la democracia y no cuenta con el Consejo ni con la asamblea ciudadana. 76. «Sed non fortita bibebas in scriptura. / Cauillaris? ego autem tentigine consumpta sum ualde misera» (Plutus, acto VII, p. 41, vv. 973-974). 77. «Omnia faciebat ornate mihi; & bene» (p. 41, v. 979). Una vieja, descrita con rasgos caricaturescos, dice que su antiguo amante hacía todo por ella muy bien. 78. «Et haec igitur non gratia coitus / Petere me dicebat, sed amicitiae causa» (p. 41, vv. 990-991). Añade que incluso eso, las relaciones sexuales, se las pedía por amor y no con avaricia. 79. «Vt meum pallium ferens meminerit mei» (p. 43, v. 992). Señala que, al llevar su manto, se acordaba de ella. 80. «Manifestum quod moribus aliquis non malus erat: […] Primo autem à paupertate omnia comedebat» (p. 43, vv. 1004-1006). Sobre los cambios operados en su antiguo amante, dice que sus maneras no son de malvado; que ahora que es rico no come lentejas, mientras que antes la pobreza le obligaba a comer de todo. 81. «Et per Iouem si tristantem sensisset me / Nitaruculum & Batiolum per diminutionem dicebat» (p. 43, vv. 1011-1012). Rememora la vieja que, si la notaba triste, la llamaba patito y pichoncito. 82. «Mysterijs autem magnis euntem […] Sic uehementer zelotypus adolescentulus erat» (p. 43, vv. 1014-1017). Recuerda que un día su celoso amante le propinó golpes un día entero, sólo porque la había mirado un hombre. 83. «Et manus undique; pulchras habere me dicebat. / Quando porrigebant dragmas viginti» (p. 43, vv. 1019-1020). Su amante alababa sus manos preciosas, cuando le daban veinte dracmas. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 84. «Non imperitus erat homo: sed sciebat / Anus luxuriosae stercora comedere» (p. 44, vv. 1024-1025). Reflexiona el interlocutor de la vieja que era un tipo nada lerdo, pues sabía arrebatar los bienes de una vieja lasciva. 85. «Igitur in qualibet soluebat nocte tibi» (p. 44, v. 1032). Pregunta si no le pagaba cada noche. 86. «Ab enim dolore liquefacta sum ô amicissime» (p. 44, v. 1035). A partir de este punto, comienza la descripción de la vieja, de acuerdo con las pautas de la tradición satírica: encanecida, arrugada, consumida, con una única muela, maquillada, untada con pez para que no se hunda… La mujer justifica su actual estado: el dolor por la pérdida del amante la ha consumido. 87. «Contrarium passus est alijs igitur. / Inebriatus enim (ut uidetur) acutius uidet» (p. 44, vv. 1048-1049). Como pasa a todos los hombres, la vista del amante es más aguda cuando está borracho. 88. «Si enim ipsam una sola scintilla ceperir, / Tanquam antiquum ramum oleaginum comburet» (p. 45, vv. 1054-1055). La vieja decrépita está tan seca que, si salta sobre ella una sola chispa, arde como rama seca de olivo. 89. «Si autem eluitur haec fucatio, / Videbis aperte uultus incisiones» (p. 45, vv. 1065-1066). A propósito de sus afeites, se advierte que, si se lava toda la capa de maquillaje que lleva, se le verán claramente los jirones de la piel. 90. «Diu quondam erant fortes Milesij» (p. 45, v. 1076). En alusión a sus muchos años, se enuncia la frase hecha «En otros tiempos eran valientes los milesios». 91. «Igitur Trygoepus haec omnia medebitur» (p. 46, v. 1088). 92. «Vt constanter ô Iupiter rex, uetula / Tanquam ostreum adolescentulo inhaeret» (p. 46, vv. 1096-1097). Se pondera la fuerza con que la vieja lasciva se pegaba al mozo. 93. «Iupiter, ô agricola uult / In eadem uso commiscens Scutella / Simul omnes in barathrum inijcere» (Plutus, acto VIII, p. 47, vv. 11081110). Júpiter pretende batirlos y arrojarlos al abismo. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 94. «Nos? M[H]ER. Quia grauissimas omnium rerum […] Sacrificabit: male enim curabatis nos tuns. (p. 47, vv. 1113-1118). El corchete vertical destaca versos en los que Hermes les acusa de haber hecho la más terrible de todas las cosas: desde que Plutón empezó a ver, nadie ofrece sacrificios a los dioses. Carión replica que no volverán a dárselos, por no haberse ocupado de ellos. 95. «Nunc autem esuriens cum pede supra pedem in altum requiesco […] Aliquando talia bona habens» (p. 47, vv. 1124-1126). Hermes se lamenta de pasar hambre subiendo por los aires, en alusión a su condición de dios mensajero. Carión contesta que es justo que le ocurra, porque les castigaba algunas veces, pese a conseguir cosas buenas de ellos. 96. «Hei mihi autem poculo aequaliter aequali mixto» (p. 47, v. 1133). 97. «Patria enim est omnis ubi faciat aliquis bene» (p. 48, v. 1152). El último subrayado marca la idea sentenciosa de que patria es todo lugar en que a uno le va bien. 98. «Sed non possum miser domire morsus […] Ipsa enim foenora procedunt» (Nebulae, p. 52, vv. 12-18). Ya en la siguiente comedia, Estrepsiades no consigue conciliar el sueño, agobiado por los gastos y las deudas de su hijo, obsesionado con los caballos mientras su padre cree morir cuando pasan los plazos y los intereses aumentan. 99. «Hem, utinam pronuba periret male, […] Haec autem rursus, unguento, croco, mixtione in ore linguarum» (p. 53, vv. 42-51). El corchete vertical señala un pasaje en el que el personaje desea mala muerte a la casamentera que le indujo a casarse con su mujer. Se contraponen el campo y la ciudad: él vivía una agradable vida rústica, sin lavar, tumbado y con abundantes productos naturales; casado después con una mujer de la ciudad altanera y voluptuosa, seguía paladeando la abundancia, y ella buscaba productos lujosos y besos lascivos. 100. «bibulam accendisti lucernam» (p. 54, v. 57). Recrimina a su criado por haber encendido la lámpara, calificada como «bebedora», en alusión al gasto. 101. «Quia crassas imposuisti papyros» (p. 54, v. 59). Su enfado es mayor porque ha usado una mecha gruesa. 102. «Quando tu magnus existens currum impelles ad ciuitatem, / Quemadmodum Megaclees uestem subtilem habens» (p. 54, vv. 69-70). Recuerda los sueños de grandeza de su mujer a propósito de la llegada del hijo de ambos a la edad adulta. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 103. «Quomodo certe suavissime ipsum excitabo? Quomodo? […] Osculare me, & manum da dexteram» (p. 54, vv. 79-81). Despierta dulcemente al hijo y le pide que le bese y le dé su diestra. 104. «Animarum sapientum haec est schola» (p. 55, v. 94). En referencia a la escuela de Sócrates, se dice que es el «cavilaterio» de mentes sabias. 105. «Pallentes, nudos pedibus dicis, / Quorum infelix Socrates, & Chaerephon.» (p. 55, v. 104). De Sócrates y sus seguidores se afirma que son bocazas de cara pálida que andan sin sandalias, como el desdichado Sócrates y Querefonte (el primero caminaba descalzo, y el segundo salía sólo de noche como vampiro). 106. «Sed si quid curas paternas farinas, / Horum fias mihi linquens artem equitandi» (p. 55, vv. 106-107). Pide al hijo que, si le importa la manutención de su padre, se haga uno de ellos y abandone la afición por los caballos. 107. «quos nutrit Leogoras» (p. 55, v. 109). El hijo arguye que habría de darle los faisanes que cría Leógoras. 108. «Haec audiens ipsarum uocem anima mei uolauit. / Et subtilia dicere iam quaerit, & de sumo philosophari» (p. 63, vv. 318-319). Encuentro entre Estrepsiades y Sócrates, en el cual éste le habla del conocimiento infundido por las nubes. El primero ironiza, asegurando que por eso al oír su voz su alma emprende el vuelo y ansía ya decir sutilezas y discutir bobadas respecto al humo. 109. «Nunc iam despicis ipsas nisi lippis cucurbitis» (p. 63, v. 326). Sócrates le conmina a contemplar las nubes, que están a su vista si no tiene unas legañas como calabazas. 110. «Non enim per Iouem sciebas quod plurimus hae nutriunt sophistas, […] Nihil facientes, nutriunt ociosos quod has laudant» (p. 63, vv. 330-334). Sócrates pregunta si no sabía que las nubes alimentan a los sofistas, «adivinos de Turios, expertos en medicina, melenudos que sólo se ocupan de sus anillos y de sus uñas, dobladores de estrofas para coros, embaucadores aéreos y vagos a quienes alimentan sin mover un dedo, porque ellos las hacen Musas de sus versos». 111. «similes sunt igitur lanis uolantibus» (p. 64, v. 342). Las nubes se parecen a copos de lana volantes, no a mujeres como otras nubes. 112. «Et prius Iouem uere putabam per cribrum mingere» (p. 65, v. 372). Sobre el origen de la lluvia, Estrepsiades dice que antes tenían por verdadero que Júpiter orinaba a través de una criba. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 113. «Quando repletae sunt aqua multa, & cogantur ferri […] Inter se incidentes rumpuntur, & sonant» (p. 65, vv. 375-377). En cuanto al origen de los truenos, explica Sócrates que las nubes, llenas de agua y en movimiento, caen pesadamente unas sobre otras, estallan y retumban. 114. «A teipso ego te docebo». (p. 66, v. 384). Sócrates ilustra la explicación con un ejemplo sobre los retortijones de estómago, más próximo a su interlocutor. 115. «Per Apollinem, & grauia facit statim mihi & turbauit […] Et quando caco, ualde tonitruat pappapappax quemad modum illae» (p. 66, vv. 387-390). El corchete vertical marca versos en los que Estrepsiades reconoce haberle sucedido lo mismo, con gran dolor: los jugos retumbaban como el trueno y hacían un ruido terrible: primero despacio, después en aumento y, en el momento de defecar, con una retahíla de truenos seguida, como la de las nubes. 116. Subrayado: «Haec igitur & nomina inter se tonitrus et crepitus similia». (p. 66, v. 393) Deduce que por esa razón se parecen los nombres trueno y pedo, fijándose tal vez en este caso en el juego paronomásico. 117. «Siquidem percutit periuros, quomodo igitur non Simonem inussit? […] Et quercus magnas, quid patiens: non enim iam quercus peierat» (p. 66, vv. 398401). El corchete vertical destaca palabras de Sócrates: se pregunta por qué Júpiter no ha disparado sobre tres perjuros, como es su costumbre, y arroja sus rayos sobre otras cosas, como las encinas frondosas, que no perjuran. 118. «Quando in ipsas uentus eleuatus declusus est […] extrafertur austerus propter densitatem» (p. 66, vv. 403-405). Sigue la explicación de Sócrates: cuando el aire seco se eleva y encierra en las nubes, sopla como una vegija, las rasga y sale fuera con gran violencia debido a la presión. 119. «Per Iouem, ego igitur aperte passus sum hoc aliquando Iouialibus. […] Oculos mei sparsus est, & combussit uultum» (p. 67, vv. 407-410). El corchete vertical subraya el asentimiento de Estrepsiades, quien relata haber tenido una experiencia semejante durante unas fiestas: intentando asar el estómago de una víctima, olvidó darle unos pinchazos, de modo que se hinchó, estalló y le salpicó a los ojos su contenido, quemándole la cara. 120. «O magnae sapientiae desiderans homo a nobis […] Et optimum hoc putas (quod decens prudentem uirum)» (p. 67, vv. 411-417). El corchete vertical subraya una intervención del Corifeo, dirigida al hombre que ansía obtener la más grande sabiduría; se le augura felicidad entre los atenienses y helenos, si tiene María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 Velilla en Aragón. que se muebe i suena por el lugar donde esta colocada apto a alguna repercusion de viento señalado. D. fr.co de Quevedo.». IV. Conclusiones A la vista de los cuatro ejemplares de la BMPS, es posible proponer ciertas pautas generales sobre el comportamiento de Quevedo como lector y comentador de los libros que pertenecieron a su biblioteca particular. 1. El examen de los subrayados existentes en algunos de los libros que contienen sus anotaciones autógrafas invita a suponer, con las debidas precauciones, que aquellos también se deben mayoritariamente a su pluma. Tal hipótesis se ampara en dos hechos: coincidencia del tono, la intensidad y el trazo de las anotaciones marginales con los de los subrayados; y correspondencia muy acusada entre el contenido de unas y los otros, hasta el punto de que la doble marca de lectura coincide en buena parte de los pasajes, como sucede en otros ejemplares que le pertenecieron, como la edición de la poesía de Píndaro (Basilea, 1535) o la de Séneca (1555), entre otras que se podrían mencionar. La relación entre ambos tipos de huellas de la actividad quevediana se aprecia de modo especialmente claro en los libros de Aristóteles y Alain de Lille, en páginas donde coinciden anotaciones de un segundo lector y las debidas a Quevedo. Son múltiples los ejemplos que se podrían aducir, pero pueden mencionarse las páginas 6 y 7 de la Retórica, así como la p. 64 del Anticlaudiano. A ello se añade la ausencia generalizada de subrayados en páginas que sólo despertaron el interés anotador del otro poseedor del libro, como sucede en las pp. 8-24 de la obra de Aristóteles. 2. Aunque varía según obras y pasajes, Quevedo parece haberse regido por una dinámica lectora y anotadora bastante coherente y constante: acompaña sus anotaciones de subrayados en aquellos casos en que su comentario es una traducción o glosa de un texto latino, como en las pp. 31 y 83 del Anticlaudiano y en la p. 114 de la Retórica; incluye palabras o frases breves, a modo de síntesis temática, a veces sin acompañarlas de subrayado, por ejemplo en las pp. 68, 69, 70 y 72 del mismo libro; escribe notas sin subrayado, por ejemplo cuando no se refiere a una parte concreta del texto, sino al conjunto de un apartado, como sucede al comienzo del capítulo XXX del libro I de Aristóteles, p. 103; en otros casos, señala sólo con subrayados pasajes que suponen una prolongación de la materia María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 destacada al margen, como en las pp. 76-77 sobre la soberbia; introduce ciertos subrayados característicos, rematados por una línea curva que une el final de varias líneas (en casos raros, el comienzo de las mismas), y que parecen indicar una voluntad de destacar de manera especial ciertas partes del texto. La presencia de estos trazos peculiares tanto en el Anticlaudiano (pp. 43, 46, 48) como en la Retórica (pp. 59, 61, 135, 306, por lo general acompañados de glosa autógrafa), pero también en el libro de Versos de Fernando de Herrera de 1619 que poseyó (p. 21915) y en su ejemplar de las obras de Séneca (p. 182, por ejemplo) puede esgrimirse como una prueba más de la autoría quevediana de los subrayados. Por otra parte, en los subrayados coexisten los trazos continuos y los discontinuos, a veces en una misma página y en ocasiones ondulantes, como se observa en las pp. 124, 126, 133-134, 169, 224, 240 de Aristóteles. Mayores dudas plantean ciertas marcas que, por su rareza y su sola presencia en uno de los ejemplares, podrían haberse debido a una mano diferente de la de Quevedo. Es el caso de los subrayados verticales en forma de corchete que se sitúan al margen de algunos pasajes en el libro de Aristófanes, localizados en las pp. 47, 53, 66, 67. No obstante, debe notarse que la existencia de otro supuesto anotador —la portada desvela que tuvo un segundo poseedor— no puede ser confirmada, pues no hay más notas que las de Quevedo; además, no existen diferencias apreciables en la tinta de las dos notas y la de los subrayados en su conjunto. Otros símbolos, como una cruz (+) al lado de un subrayado en el Anticlaudiano (p. 99), son de probable autoría quevediana, pues existen en otros ejemplares que le pertenecieron, como Versos de Fernando de Herrera (la introducción y pp. 8, 10, 17, 18, 19, 27, 88, 89, 93, 99, 102), Varia historia de Eliano (capítulo XIV, p. 243), o las obras de Séneca (pp. 69, 183, 936). Aunque la mayoría van acompañados de anotación autógrafa, en algún caso existe sólo un subrayado y esa marca. 3. Notas marginales y subrayados muestran una acusada coincidencia temática con algunos motivos que Quevedo recreó, a veces de modo reiterado y por extenso, en su literatura. Aunque su contextualización en la obra quevediana es 15 La obra se custodia en el Seminario Diocesano de Vitoria. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 materia de otro artículo actualmente en preparación, es posible mencionar algunos muy significativos. a) La pobreza virtuosa frente a la riqueza corruptora, tema central de la comedia Plutus de Aristófanes profusamente subrayado en el ejemplar que perteneció a Quevedo, fue materia habitual en la poesía y la prosa quevedianas. Aparte de sus abundantes menciones en Doctrina moral, La cuna y la sepultura o Epítome a la vida de Tomás de Villanueva, recuérdese que «Pobreza» es la segunda de Las cuatro fantasmas de la vida16, y que Quevedo trató sobre la «Avaricia», en relación con la riqueza, en otro tratado moral, Virtud militante. b) La opulencia y los males a ella aparejados, como la obesidad y la enfermedad, son objeto de subrayados en Plutus de Aristófanes y merece amplio comentario por ejemplo en «Enfermedad», cuarto capítulo de Las cuatro fantasmas de la vida (pp. 398-400, 408, entre otras), aunque también en «Pobreza» (p. 322). Piénsese, por otra parte, que otro ejemplar que formó parte de la biblioteca quevediana, De varia historia de Eliano, mereció tres notas autógrafas y varios subrayados a propósito del rechazo social y político contra los gordos17. c) El insomnio del personaje abrumado por las deudas derivadas de los gastos excesivos de su hijo, en Nebulae de Aristófanes, recuerda al del avaro descrito en la cuarta peste de Virtud militante, «Avaricia», que «ni gastaba otra luz que la del día, porque el sol se la daba de balde» y que «acostábase de memoria» (p. 542)18. 16 Francisco de Quevedo, Las cuatro fantasmas de la vida, ed. A. Rey y M. J. Alonso Veloso, en Obras completas en prosa, «Tratados morales», vol. IV, tomo I, Madrid: Castalia, 2010, pp. 287444; para «Pobreza. Segunda fantasma de la vida, segundo miedo de la vanidad», véanse las pp. 320-368. 17 El ejemplar se custodia en la BNE, con signatura R/9560. Las notas y subrayados son: «aut corporis impinguatione crassiore, quàm ut exercitijs conueniret, praeditus esset», «gordos Por ley los lacedemonios bedaron los gordos i el engordar» (en «Lex Laconica de corporum colore, & bona habitudine, item de praepinguibus», XIV, p. 241); «corpore pinguescentem, atque; ingrauescentem crassitie, propter luxuriam & otium è concione, spectantibus», «gordo Nauclides desterrado por gordo»; «ctantibus uniuersis deduxerunt, & exilij mulctam ei minitati sunt, nisi uiuendi rationem istam […, sin subrayar] Etenim ipsius formam & corporis habitudinem, dedecus adferre Lacedaemoni, & legibus»: «gordo Juzgaron que un gordo era afrenta de aquella republica i de las leyes—» (XIV, p. 242). 18 Francisco de Quevedo, Virtud militante, ed. A. Rey, en Obras completas en prosa, «Tratados morales», vol. IV, tomo II, Madrid: Castalia, 2010, pp. 445-559; para «La avaricia. Cuarta peste del mundo», véanse las pp. 541-559. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 d) La sátira contra el saber inútil y las sectas filosóficas, argumento básico de Nebulae (pp. 55-82) que parece haber despertado un gran interés de Quevedo lector, constituye el tema central del capítulo IV de Doctrina moral19. e) La soberbia, que da título y es tema único de la «tercera peste del mundo», en Virtud militante (pp. 512-540), sugirió una nota marginal y un amplio subrayado de unos 30 versos entre las páginas 76-77 del Anticlaudiano. La imagen del soberbio que se despeña cuando sube se desarrolla, por ejemplo, en las pp. 537538 del tratado quevediano. f) Sobre la ira y el airado, que suscitaron abundantes anotaciones autógrafas y subrayados en la Retórica de Aristóteles, en las pp. 107, 166 y 169, diserta Quevedo en Doctrina moral (pp. 124-134); o en Virtud militante, por ejemplo en relación con la soberbia (pp. 533-536). g) La causa de fenómenos atmosféricos, como las nubes o los truenos, cuenta con pasajes destacados en Anticlaudiano (pp. 74, 75 y 77) y Nebulae (pp. 64-67). En la comedia de Aristófanes, el tema adquiere matices abiertamente burlescos y escatológicos asociados a ridículos quehaceres filosóficos. Quevedo recreó tales ideas en su prosa burlesca, especialmente en Gracias y desgracias del ojo del culo20. h) También en el ámbito burlesco, aunque algunas veces disimulado bajo apariencia de materia amorosa como en ciertos poemas de la musa Erato21, la caricatura de las mujeres viejas y lascivas es subtema predilecto en la sátira «contra mulieres» quevediana. Los subrayados en el Anticlaudiano (p. 109) y, de manera más acusada, en Plutus (pp. 41-46) esbozan los rasgos característicos del tipo social denostado, reiterados en la poesía burlesca o también en un relato satíricomoral como los Sueños: su lujuria, sus intentos de seducción de amantes jóvenes, su extrema delgadez, las canas de sus cabellos, los surcos de las arrugas de su cara, su falta de dientes, su abuso de los afeites para disimular la edad… 19 Francisco de Quevedo, Doctrina moral del conocimiento ptopio y desengaño de las cosas ajenas, ed. M. J. Alonso Veloso, en Obras completas en prosa, «Tratados morales», vol. IV, tomo I, Madrid: Castalia, 2010, pp. 3-179; para el capítulo cuarto, véanse las pp. 138-161, en especial la cita de Persio que caricaturiza a los falsos sabios, pp. 140-141. 20 Ya advirtió tales coincidencias A. Azaustre, en su edición de la obra, en Quevedo: Obras completas en prosa, «Obras burlescas», dir. A. Rey, vol. 2, tomo 1, Madrid: Castalia, 2007, p. 510, nota 56. 21 Véanse, por ejemplo, los sonetos «Ya, Laura, que descansa tu ventana» (13) y «Cuando tuvo, Floralba, tu hermosura» (47), en Francisco de Quevedo, Poesía amorosa (Erato), ed. A. Rey y M. J. Alonso Veloso, Pamplona: Eunsa, en prensa. María José Alonso Veloso «Quevedo en sus lecturas: anotaciones autógrafas y subrayados en cuatro impresos de la BMP» Manuscrt.Cao, nº 8, ISSN: 1136-3703 Los datos esbozados permiten confirmar que Quevedo fue un lector atento y activo: leyó, interpretó, subrayó (con trazos variables) y anotó (mediante las técnicas de la traducción, la glosa y el comentario) numerosos pasajes de los ejemplares que poseyó. Las huellas de sus lecturas traspasaron con frecuencia el ámbito de su biblioteca particular para acabar nutriendo su propia literatura. Los perfiles de su actividad erudita de interpretación de pasajes de autores clásicos, propia de un humanista del siglo XVII, siguen desvelándose en los márgenes de sus libros.