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La translatio de los Santos Mártires de Braga a Compostela. Reflexiones sobre el capítulo I, 15 de la Historia Compostelana

Fandiño Fuentes, Rafael

Abstract

Braga, decembro de 1102. No transcurso dunha aparentemente inocente visita pastoral ás prosesións que a igrexa compostelá tiña na zona norte de Portugal, Diego Gelmírez facíase cun importante número de reliquias, deixando a aquelas terras sen os seus celestiais protectores. O suceso, calificado de “roubo” por algúns autores portugueses, aparece, sen embargo, definido como “pío latrocinio” no capítulo I, 15 da Historia Compostelana, escrito pouco tempo despois dos feitos que describe. Baseándose precisamente no contido do devandito capítulo, e incidindo en aspectos como a súa autoría e cronoloxía, o presente traballo trata de ofrecer ó leitor una reflexión sobre algún elementos do relato que, entendemos, pasaron inadvertidos ós ollos da crítica. Ó mesmo tempo, trátase de facer un achegamento ós motivos que puideron levar a Gelmírez a actuar como finalmente o fixo, segundo unha forma de proceder que, por outra parte, non era nada excepcional naquela época.

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Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 119 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA Copyright: © 2017 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC-by) España 3.0. Cómo citar/Citation: Rafael Fandiño Fuentes, “La translatio de los Santos Mártires de Braga a Compostela. Reflexiones sobre el capítulo I, 15 de la Historia Compostelana”, Cuadernos de Estudios Gallegos, 64, núm. 130 (2017), págs. 119-140, DOI: http://dx.doi.org/10.3989/ ceg.2017.130.04 * Investigador en Formación y Perfeccionamiento en el Grupo de Investigación GI-1507-“Medievalismo: espacio, imagen y cultura”, coordinado por la Dra. Dña. Marta Cendón Fernández. Este trabajo se enmarca dentro de la realización de la tesis doctoral Reliquias y relicarios en las catedrales de la Galicia medieval, dirigida igualmente por la Dra. Dña. Marta Cendón Fernández. CUADERNOS DE ESTUDIOS GALLEGOS, LXIV Núm. 130 (enero-diciembre 2017), págs. 119-140 ISSN: 0210-847X DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA RaFael Fandiño Fuentes Universidad de Santiago de Compostela* ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-9872-1185 Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 120 RAFAEL FANDIÑO FUENTES LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA Resumen Braga, diciembre de 1102. En el transcurso de una aparentemente inocente visita pastoral a las posesiones que la iglesia compostelana tenía en la zona norte de Portugal, Diego Gelmírez se hacía con un importante número de reliquias, despojando a aquellas tierras de sus celestiales protectores. El suceso, calificado de “robo” por algunos autores portugueses, aparece definido sin embargo como “pío latrocinio” en el capítulo I, 15 de la Historia Compostelana, escrito poco tiempo después de los hechos que narra. Basándose precisamente en el contenido de dicho capítulo, e incidiendo en aspectos tales como su autoría y cronología, el presente trabajo pretende ofrecer al lector una reflexión sobre algunos elementos del relato que, en principio, han pasado inadvertidos a los ojos de la crítica. Al mismo tiempo, se intenta hacer una aproximación a los motivos que pudieron haber llevado a Gelmírez a actuar como finalmente lo hizo, según un modo de proceder que, por otra parte, no era algo excepcional a aquella época. PalabRas clave: pío latrocinio, Gelmírez, Historia Compostelana, Braga, Portugal, reliquias. A TRANSLATIO DOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIÓNS SOBRE O CAPÍTULO I, 15 DA HISTORIA COMPOSTELANA Resumo Braga, decembro de 1102. No transcurso dunha aparentemente inocente visita pastoral ás prosesións que a igrexa compostelá tiña na zona norte de Portugal, Diego Gelmírez facíase cun importante número de reliquias, deixando a aquelas terras sen os seus celestiais protectores. O suceso, calificado de “roubo” por algúns autores portugueses, aparece, sen embargo, definido como “pío latrocinio” no capítulo I, 15 da Historia Compostelana, escrito pouco tempo despois dos feitos que describe. Baseándose precisamente no contido do devandito capítulo, e incidindo en aspectos como a súa autoría e cronoloxía, o presente traballo trata de ofrecer ó leitor una reflexión sobre algún elementos do relato que, entendemos, pasaron inadvertidos ós ollos da crítica. Ó mesmo tempo, trátase de facer un achegamento ós motivos que puideron levar a Gelmírez a actuar como finalmente o fixo, segundo unha forma de proceder que, por outra parte, non era nada excepcional naquela época. PalabRas clave: pío ladroízo, Gelmírez, Historia Compostelana, Braga, Portugal, reliquias. THE TRANSLATIO OF THE HOLY MARTYRS FROM BRAGA TO SANTIAGO DE COMPOSTELA. REFLECTIONS ABOUT CHAPTER I, 15 OF HISTORIA COMPOSTELANA abstRact Braga, December 1102. During an apparently innocent pastoral visit to the possessions that the church of Compostela had in the Northern part of Portugal, Diego Gelmírez was able to take a large number of heirlooms, dispossessing those lands from their celestial protectors. However, the event called “theft” by some Portuguese authors is defined as a “devout theft” in chapter I, 15 of Historia Compostelana, written soon after the events narrated. Based precisely on the content of the mentioned chapter, and covering aspects such as its authorship or its chronology, this work has the intention to provide the reader with a reflection on some elements from the story that, theoretically, have been unnoticed by the critics. At the same time, its aim is to make an approach to the reasons that may have conducted Gelmírez to act as he finally did, following a procedure that, on the other hand, was not exceptional at that time. Key woRds: devout theft, Gelmírez, Historia Compostelana, Braga, Portugal, heirlooms. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 121 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA Recibido/Received: 13/01/2017 Aceptado/Accepted: 22/05/2017 Dos años después de su elección como nuevo obispo de la sede jacobea, Diego Gelmírez, haciéndose acompañar por un grupo de notables eclesiásticos miembros de su iglesia, ponían rumbo a Portugal. El objetivo aparente era visitar las posesiones con las que la mitra compostelana contaba en aquel territorio. Eran los meses finales del año 1102. Próxima la comitiva a la ciudad de Braga, recibía Giraldo, arzobispo de aquella sede, la noticia de su llegada, disponiendo todo lo necesario para recibir con los debidos honores al prelado gallego, cediéndole –siempre según el relato de la Compostelana– sus propios aposentos en el palacio episcopal bracarense. Un día después, Gelmírez y los suyos recorrían algunas de las propiedades con las que su iglesia contaba en la antigua Bracara Augusta, advirtiendo ya en este primer momento como muchos de los cuerpos santos allí depositados estaban desprovistos de los honores propios de su especial condición. En tanto que guardián de los intereses de su grey, Gelmírez debió de sentirse como el único responsable de remediar tal atropello. Y como tal, a través de un discurso casi apologético, don Diego procedería a dar instrucciones de actuación a sus subordinados, descubriendo al mismo tiempo uno de los “auténticos” motivos del viaje1: Hermanos queridísimos, sabéis que hemos venido aquí para, si hubiera algo destruido o desordenado en estas iglesias y heredades, restaurarlo y ordenarlo con nuestra presencia y mejorar lo que está mal. Pero ahora no se oculta a vuestra diligencia lo que se encuentra en condiciones inconvenientes, pues veis que yacen en ellas muchos cuerpos de santos desordenadamente sin que sean venerados por culto alguno […] procuraríamos enmendar esto e intentaríamos llevar a la sede compostelana los preciosos cuerpos de los santos 1 El que a continuación se ofrece es el primero de los discursos que los diferentes autores de la Historia Compostelana atribuyen a Diego Gelmírez. Sobre los discursos de este prelado en la obra citada, véase Emma Falque Rey, “Los discursos de la Historia Compostelana”, en Lambert Ferreres (ed.), Treballs en honor de Virgilio Bejarano [Actes del IXè Simposi de la Secció Catalana de la SEEC-St. Feliu de Guíxols, 13-16 d’abril de 1988], vol. 1, Barcelona, Publicacions Universitat de Barcelona, 1991, págs. 389-394. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 122 RAFAEL FANDIÑO FUENTES a los que ningún culto se les rinde aquí […] convendrá hacer esto de manera oculta para que la gente de esta tierra […] no promueva contra nosotros una súbita sedición2. Así pues, Gelmírez, no sin antes encomendarse a la ayuda divina, se prepararía para cumplir el ansiado propósito de otorgarle una “mayor dignidad” a aquellas sagradas reliquias. Tras dirigirse a la iglesia de San Víctor y celebrar una misa en ella, el prelado ordenaba a sus servidores que cavasen en la parte derecha del altar mayor donde, según el relato medieval, fue descubierta […] un arca marmórea […] que estaba bajo tierra. Y al abrirla en presencia del señor obispo, encontraron dentro dos cajitas de plata. Y cuando las recibió el mencionado obispo, glorificando el nombre de Dios con salmos y oraciones, descubrió en una de ellas reliquias de Nuestro Santo Salvador y en la otra mostró la de muchos santos3. Tiempo después, Gelmírez se adentraba en la iglesia consagrada bajo la advocación de Santa Susana. En el mismo templo se encontraban también los restos de otros dos mártires, San Silvestre y San Cucufate. Y, del mismo modo que había obrado en la iglesia San Víctor, así lo haría también en la de Santa Susana. De esta forma y luego de la celebración de la misa, don Diego decidía sacar de forma clandestina los gloriosos cuerpos [de San Silvestre y San Cucufate], envueltos en un limpio sudario, de unos sarcófagos poco adecuados4, ordenando la conducción de los mismos a su aposento. Con profunda emoción se haría también en aquel templo con el cuerpo de quien era su titular, la propia Santa Susana, virgen y mártir, a decir de la Compostelana, para cuyos restos dispondría el mismo destino que los anteriores. Pero no habrían de detenerse aquí las ansias de Gelmírez por hacerse con nuevas reliquias. Dos días más tarde el obispo compostelano se dirigía con sus colaboradores a la iglesia de San Fructuoso, sita en los arrabaldes de Braga y en la cual estaban depositados los restos del santo homónimo. Tal y como venía siendo su proceder habitual, Gelmírez celebraría una misa en el templo, tras la cual vestido con los sagrados ornamentos, se acercó a su sepulcro […], con piadoso latrocinio lo 2 Historia Compostelana I, 15. Para las citas en castellano tomamos la siguiente edición: Emma Falque Rey, Historia Compostelana, Madrid, Akal, 1994, págs. 95-96 para la cita. 3 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia…, pág. 96. 4 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia..., pág. 96. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 123 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA sacó […] y una vez robado lo entregó a sus fieles guardianes para que fuera custodiado5. Tomado pues para sí mismo y para su iglesia aquel venerado tesoro, el siguiente objetivo de Gelmírez pasaría por abandonar aquellas lejanas tierras, temeroso de que en algún momento alguien pudiese desbaratar su plan de lograr para las veneradas reliquias un mayor decoro. Sería así como, a la mañana siguiente, don Diego y su séquito iniciarían presurosos el trayecto que habría de llevarlos de vuelta a Compostela. Avanzando por viejos y tortuosos caminos6, el cortejo se iba distanciando cada vez más de Braga. Horas después de comenzado el viaje de regreso, la comitiva se detendría en la villa denominada Corneliana (Correlhã, en la actualidad), cuya pertenencia a la sede jacobea databa del siglo X7. Sería en este lugar donde don Diego, lejos de encontrarse aliviado, sentiría la presión de saber que entre las gentes de Braga había comenzado a extenderse el rumor del robo de las reliquias de aquellos mártires/santos defensores y patrones de su patria8. Fue de este modo como, ante el temor de perder aquellos venerados restos, don Diego confiaría a un arcediano9 de su iglesia la custodia y conducción de los mismos hasta la ciudad 5 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia…, págs. 96-97. 6 Casi con total seguridad el viaje habría discurrido por lo que en su día había sido parte de la vía XIX del Itinerario de Antonino, que unía las localidades de Braga con Astorga. Una vía cuyos orígenes se remontaban, según Caamaño Gesto, a la época del emperador Augusto. Véase José Manuel caamaño Gesto, “Las vías romanas como antecedente y soporte de los caminos medievales de peregrinación”, en Actas Congreso sobre o Camiño Xacobeo en Ourense [Ourense, 29 septiembre / 2 octubre-1993], [Santiago de Compostela], Xunta de Galicia, 1995, págs. 123-133. Sobre el paso de la vía XIX por Galicia, consúltese Benito sáenz taboada, “Aportaciones al trazado de la Vía 19 de Itinerario de Antonino a su paso por Galicia”, SPAL: Revista de Historia y Arqueología de la Universidad de Sevilla, 11 (2002), págs. 389-408. Para ver la evolución de esta vía en la Edad Media, véase la obra de Elisa FeRReiRa PRieGue, Los caminos medievales de Galicia, Ourense, Museo Arqueolóxico Provincial, 1988. 7 …ad quamdam S. Jacobi Villam, quæ Corneliana nuncupatur, dice el texto de la Compostelana. Tomado de la edición de Henrique FlóRez, España Sagrada. Theatro Geographico-Historico de la Iglesia de España, vol. 20, Madrid, Imprenta de la viuda de Eliseo Sanchez, 1765, pág. 39. La Villa Corneliana había sido donada a la iglesia de Santiago por Ordoño II, según consta en un diploma que, con fecha de 30 de enero del año 915 (Era 953), se encuentra contenido en el códice conocido Tumbo A de la referida catedral (fol. 7v). Dicho documento se encuentra transcrito en Henrique FlóRez, España Sagrada. Theatro Geographico-Historico de la Iglesia de España, vol. 19, Madrid, Oficina de la viuda e hijo de Marín, 1792, págs. 352-354; Antonio lóPez FeRReiRo, Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago, vol. 2, Santiago de Compostela, Imp. y Enc. del Seminario Conciliar Central, 1899, apéndice XXXIX, págs. 87-89; y Manuel lucas álvaRez, Tumbo A de la Catedral de Santiago, Santiago de Compostela, Cabildo de la S.A.M.I. Catedral, 1998, doc. 27, págs. 87-88. Sobre las razones que habían conducido al monarca a efectuar aquella donación, véase José Augusto FeRReiRa, Fastos episcopaes da Igreja Primacial de Braga (Sec. III-sec. XX), vol. 1, Braga, Mitra Bracarense, 1928, pág. 115, nota 2; y Fernando lóPez alsina, La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, Santiago de Compostela, Consorcio de Santiago, 2013, pág. 237, nota 348. 8 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia…, pág. 97. 9 En la introducción a la edición castellana de 1950 de la Historia Compostelana, José Campelo definía de este modo las atribuciones del cargo de arcediano: Después de los canónigos cardenales seguían en importancia los arcedianos, a los cuales estaba confiado el cuidado moral y disciplinar de clero y pueblo Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 124 RAFAEL FANDIÑO FUENTES de Tui. Así lo hizo aquel a quien previamente Gelmírez había dado instrucciones sobre su modo de actuar. Pero al llegar a la ribera del río Miño un hecho milagroso estaba a punto de producirse. De este modo lo narra la Compostelana: El río había estado encrespado durante tres días por tan duras tormentas que no había podido ser atravesado por ninguna embarcación. Pero una vez que los cuerpos de los santos fueron colocados junto a su orilla, pareció que el río sintiera respeto hacia ellos, pues, se dice que, una vez que se calmó la fuerza del viento y amainó la tormenta, el río ofreció tanta facilidad para atravesarlo a los que llevaban los santos, cuanta podía ofrecer la planicie de sus aguas, que corrían con tanta tranquilidad, una vez apaciguada la corriente, que ni una sola ola agitaba las aguas10. Atravesado el río, las reliquias quedarían depositadas primero en el cenobio de San Bartolomé11, y más tarde en la iglesia de San Pedro de Cela12. Sería en este antiguo monasterio, fundado por el propio San Fructuoso, donde Gelmírez pasaría a reencontrarse con las reliquias de los mártires/santos bracarenses. Desde aquí ya solo restaba alcanzar la ansiada meta: la villa Sancti Iacobi. A la altura del lugar de Gogilde13, don Diego ordenaría el avance de sus mensajeros, con la en sus respectivas demarcaciones diocesanas, llamadas arcedianatos […]. Eran aquellos como vicarios del arzobispo dentro del propio territorio, y aunque con frecuencia no tenían más que el orden sagrado del diaconado, estaban investidos de jurisdicción eclesiástica […] sobre los arciprestes, párrocos, rectores de iglesias y otros clérigos y aun sobre los religiosos (no exentos) de sus arcedianatos; predicaban la palabra divina y corregían los abusos que allí se introdujesen; testificaban ante el prelado acerca de la idoneidad de los ordenandos; miraban por la conservación y reparación de las iglesias, por la fiel recaudación y transmisión de las tercias eclesiásticas…. Extraído de Manuel suáRez, y José camPelo, Historia Compostelana, Santiago de Compostela, Editorial Porto, 1950, pág. CXXI. 10 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia…, pág. 97. 11 Translatos itaque per fluvii tranquillitatem Sanctos in Cœnobio S. Bartholomæi, quod in Suburbio Tudæ Civitatis situm est, posuerunt. En la edición de H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 40. Siguiendo los escritos de Ávila y la Cueva, por aquellos años en dicho monasterio asentaba su cátedra el obispo de la sede tudense. Véase Francisco ávila y la cueva, Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy y su obispado [edición facsímil del manuscrito conservado en el archivo de la Catedral de Tui], vol. 3, Pontevedra, Consello da Cultura Galega, 1995, pág. 128. 12 …ad Ecclesiam S. Petri de Cella, quam B. Fructuosus fabricaverat. Tomado de la edición de, H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 40. La parroquia de San Pedro de Cela se localiza en el ayuntamiento de Mos (Pontevedra). 13 …ad Villam quæ Goegildum appellatur. Tomado de la edición de, H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 40. En gallego, Goxilde, pequeño núcleo rural perteneciente al ayuntamiento de Pontevedra, en la parroquia de Santa María de Alba. Para Elisa Ferreira, este lugar debía de gozar de cierta importancia en la Edad Media, tal y como demuestra el hecho de que la expedición bracarense hiciese aquí un alto y no en en el cercano monasterio de Lérez. E. FeRReiRa PRieGue, Los caminos medievales…, pág. 101. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 125 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA finalidad de que advirtiesen al clero y al pueblo compostelanos de la inmediata llegada de los restos sagrados. Fue así como Compostela se preparó para recibir con solemnidad los cuerpos, saliendo al encuentro de los mismos en el lugar del Milladoiro14. Desde allí, una multitud –con Gelmírez a la cabeza de la marcha– procesionaría hasta la basílica de Santiago acompañando a aquellas reliquias, las cuales se constituían como nueva protección para la localidad. Una vez dentro del templo, los restos –con excepción de los de Santa Susana– serían depositados en diferentes altares del complejo apostólico. Era el 19 de diciembre del año 1102. Es en este punto donde se detiene el relato contenido en el referido capítulo de la Historia Compostelana, no sin antes introducir –a modo de elipsis temporal– un inciso para explicar la nueva ubicación que, cuatro años después, se procuraría para los restos de San Fructuoso. Resumidas las ideas generales del texto al que hacemos referencia, procedemos a continuación con algunas reflexiones que consideramos de interés con respecto a su autoría, datación o ciertos aspectos de su contenido. sobRe el autoR En lo que respecta a la autoría del capítulo, podemos decir que hay unanimidad entre los estudiosos a la hora de atribuir a la pluma de Hugo la concepción de esta pieza. En este sentido, es el propio autor quien así lo manifiesta al término del relato: Yo Hugo, canónigo y arcediano de la sede compostelana, que fui conocedor del mencionado secreto, y que estuve presente con ánimo devoto en el descubrimiento de tan grande y tan preciado tesoro y fui fidelísimo consejero y diligente colaborador en la custodia del mismo, he escrito diligentemente el éxito del mencionado suceso y he entregado fielmente su recuerdo a los venideros para que no sea sepultado por la oscuridad del olvido15. 14 …ad locum qui Humiliatorium dicitur. En, H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 41. 15 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia…, pág. 99. Teniendo en cuenta la propensión del scriptorium compostelano en asignar a ciertas personalidades, ya fallecidas, la autoría de determinados textos producidos en su seno –Turpín, Ramiro I, Calixto II, etc.–, podría plantearse la posibilidad de que el relato que nos ocupa hubiera sido atribuido también, de forma apócrifa, a Hugo, con la finalidad de otorgarle una mayor verosimilitud a lo narrado, por haber sido aquel personaje –supuestamente– testigo de lo ocurrido. La aceptación de esta teoría llevaría a suponer que tanto la composición del texto como su inclusión dentro de la Historia Compostelana hubieran tenido lugar con posterioridad al fallecimiento de quien fuera obispo de Oporto, ocurrido en el año de 1136. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, más de una década antes, el Maestro Giraldo señalaba a Hugo –como veremos más adelante– como uno de los autores que le habían precedido en la labor de composición de aquella obra. Ante la ausencia Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 126 RAFAEL FANDIÑO FUENTES Como bien señala Emma Falque, librar aquellos hechos de la oscuridad del olvido suponía plasmarlos por escrito, lo que no era más que la reafirmación de un tópico frecuente en la historiografía medieval16. Ya el autor del prólogo de la Historia Compostelana17 evocaba la memoria de aquellos que le habían precedido glosando las gestas y virtudes de destacados personajes históricos, para que, asimismo, no cayeran en el pozo del olvido borrados de la memoria por la mucha antigüedad o el largo transcurso del tiempo18. A este respecto, no cabe duda de la eficacia de Hugo en cuanto a la transmisión de unos hechos que él había vivido en primera persona y de los cuales también, según algunos autores, había sido principal protagonista19. A él debemos la acuñación de la expresión pio/piadoso latrocinio para definir lo acontecido en tierras bracarenses, expresión que, aunque en desuso, aún ha sido mantenida por algunos autores a las puertas del siglo XXI20. Pero ¿quién era Hugo? Avanzado el siglo XVII, Nicolás Antonio, en su obra Bibliotheca Hispana Vetus otorgaba a nuestro hombre y a un supuesto hermano suyo –Guillermo, para más señas– un origen ultrapirenaico21. Fuera o no así, su presencia en el seno de la iglesia compostelana parece quedar ya testimoniada en 110022. Es en ese año cuando, según recoge en la Historia Compostelana, un tal domino Hugone23, canónigo de la sede jacobea, viajaba a Roma con el objetivo de conseguir una dispensa papal que eximiese a Diego Gelmírez, elegido de elementos que corroboren la viabilidad de la propuesta aquí expuesta, optamos por adherirnos, para el desarrollo de nuestro discurso, a la tesis tradicional, señalando pues a Hugo como autor del capítulo objeto de estudio. 16 E. Falque Rey, Historia…, pág. 64, nota 4, y pág. 99, nota 162. 17 En dicho prólogo se hace mención del traspaso de la dignidad metropolitana de la sede emeritense a la compostelana. Esto, tal y como apuntó en su día J. Campelo, conduce a situar la redacción de este fragmento introductorio con posterioridad al año 1120. Véase J. suáRezJ. camPelo, Historia..., pág. 18, nota 2. 18 Historia Compostelana I, Prólogo; E. Falque Rey, Historia…, pág. 64. 19 Nos referimos al protagonismo que ciertos autores han otorgado a la persona de Hugo, haciéndolo responsable del transporte de las reliquias entre Correlhã y Tui. Sobre este aspecto trataremos más adelante. 20 Sirvan como ejemplo de ello, entre otros, los siguientes artículos: Manuela domínGuez, “Gelmírez y el Furtum Sacrvm”, en Luis García Moreno (ed.), Santos, obispos y reliquias. Actas del III Encuentro Internacional Hispania en la Antigüedad Tardía. Alcalá de Henares, 13-16 de octubre, 1998, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2003, págs. 155-161; José Mª díaz FeRnández, “El ‘Pío Latrocinio’ de Gelmírez”, en Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez [catálogo de exposición], Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 2010, pp. 158-165; Perfecto PeReiRo lázaRa, “El Pío latrocinio”, Libredón, 61 (2014), págs. 62-63. 21 Hugo item Portucalensis antistes, Gallus natione, ut creditur, tam ex hoc eius quam ex Guilielmi cuiusdam nomine, qui se, his diebus quibus Hugo Sedem hanc tenuit, fratrem se Episcopi cuidam instrumento subscripsit. En Nicolás antonio, Bibliotheca Hispana Vetus, vol. 2, Madrid, Apud Viduam et Heredes D. Ioachimi Ibarrae Regii Quondam Typographi, 1788, pág. 19. 22 Anselm G. Biggs sitúa la llegada de Hugo a España en torno al año 1094 acompañando al cluniacense Dalmacio, el cual había sido designado obispo de Compostela. Véase Anselm Gordon biGGs, Diego Xelmírez, Vigo, Edicións Xerais de Galicia, 1983, pág. 24. 23 Historia Compostelana I, 9; H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 28. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 127 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA nuevo obispo de Compostela, de su consagración romana24. Apenas dos años más tarde, el 22 de abril del año 1102, un Hugo Capellanus25 figuraba en la nómina de canónigos que juraban fidelidad a dicho prelado. Muy poco tiempo después la Historia Compostelana sitúa a duos ex Canonicis nostris, videlicet Hugonem, et Didacum26 nuevamente en Roma, donde –como ya hemos señalado anteriormente– obtendrían del Papa Pascual II la bula Sicut injusta petentibus, dada en Letrán el día 1 de mayo de 1102. A finales de ese mismo año Hugo sería uno de los elegidos para formar parte de la visita “pastoral” que a tierras portuguesas realizaría Diego Gelmírez y la cual es objeto de este capítulo. Dos años más tarde, Hugone Cardinali Capellano27 se trasladaría por tercera vez a Roma. Lo haría en compañía de otros canónigos y nuevamente del propio Gelmírez para, en esta ocasión, hacer solicitud del privilegio del palio ante el Santo Padre. Aquel periplo viajero llevaría a Hugo por, entre otras localizaciones, Toulouse, Moissac, Limoges, Cluny… amén de otros lugares en los que la iglesia de Santiago tenía propiedades28. En definitiva, todas aquellas misiones daban buena cuenta de la alta estima de la que había gozado Hugo en su paso por la sede jacobea. Una trayectoria “compostelana” que, al menos en teoría, llegaría a su fin en el año de 1112, coincidiendo con su elección como nuevo obispo de Oporto29. Y decimos “en teoría” porque, en la práctica, Hugo seguiría colaborando puntualmente con la iglesia regida por Gelmírez durante largos años. Así lo demuestra su envío a Roma en 1115, donde conseguiría del Papa Pascual II la bula que, por motivos bélicos, dispensaba temporalmente al prelado compostelano de su asistencia a las reuniones de los concilios provinciales30. No obstante, y sin lugar a dudas, aquella estrecha colaboración alcanzaría su cénit en el año de 1120 cuando, 24 En virtud del privilegio Veterum synodalium –dado por Urbano II en 1095– una vez hecha su elección, los obispos compostelanos debían ser consagrados directamente por el Papa en Roma. Este hecho, en opinión de Fletcher, debió de encender el ánimo del clero bracarense, de cuya iglesia había sido sufragánea Compostela. En Richard A. FletcheR, A vida e o tempo de Diego Xelmírez, Vigo, Editorial Galaxia,1993, pág. 141, nota 34. En la misma página, el citado autor señala los motivos que podrían haber llevado a Gelmírez a solicitar la dispensa papal de su consagración en Roma. Sobre el proceso de elección y consagración de Gelmírez como obispo véase Ludwig vones, Die ‘Historia Compostellana’ und die Kirchenpolitik des Nordwestpanischen Raumes. 1070-1130. Ein Beitrag zur Geschichte der Beziehungen zwischen Spanien und dem Papsttum zu Beginn des 12. Jahrhunderts, Colonia, Bohlan,1980, págs. 100-148. 25 Historia Compostelana I, 20; H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 56. 26 Historia Compostelana I, 14; H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 34. 27 Historia Compostelana I, 16; H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 44. 28 Antonio lóPez FeRReiRo, Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago, vol. 3, Santiago de Compostela, Imp. y Enc. del Seminario Conciliar Central, 1900, págs. 269-270; A. G. biGGs, Diego Xelmírez, pág. 60. 29 Según la Historia Compostelana, previamente Hugo habría sido elevado al grado de presbítero por el arzobispo de Braga, Mauricio Burdino, condición sine qua non para su consagración como obispo. Véase, Historia Compostelana I, 82. 30 Historia Compostelana I, 105. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 134 RAFAEL FANDIÑO FUENTES llevado poco tiempo atrás. Un encuentro que habría de ser fructífero para Giraldo, al conseguir del Sumo Pontífice la expedición de un total de cinco bulas, dadas en Letrán el día 1º de abril de aquel mismo año. En palabras de J. Augusto Ferreira, aquellos documentos papales pela gravidade da sua materia explicam suficientemente os motivos da […] viagem de S. Geraldo a Roma, e pela uniformidade da sua data mostram que foram solicitados persoalmente pelo Santo65. De entre los diplomas pontificios, uno dirigido a Diego Gelmírez centra nuestra atención: la bula Et fratrum relatione accepimus66. En ella67, el Papa Pascual II instaba a Gelmírez para que procediese con la devolución a Braga de las parcelas que poseía su iglesia en las parroquias de San Víctor y de San Fructuoso68. Pese a que nada se dice en el documento acerca de las reliquias sustraídas ni, por consiguiente, de la restitución de las mismas a Braga69, cabe la posibilidad de que con aquella bula Pascual II hubiese tratado de dar respuesta –sino en su totalidad al menos en parte– a una hipotética reclamación del arzobispo bracarense, consecuencia en gran medida de los hechos descritos por Hugo y acaecidos poco tiempo atrás. 65 J. A. FeRReiRa, Fastos…, vol. 1, pág. 221. 66 De entre las cinco bulas, la única que tenía que ver con la Iglesia de Braga. Las otras cuatro bulas expedidas por Pascual II son las que siguen: Strenuitatis tuæ, dirigida al conde don Henrique; Justitiæ ordo efflagitat, con destinatario el obispo mindoniense; Noueris nos, para el obispo de Coimbra, don Mauricio; Conquestus est apud nos, destinada a don Pelayo, obispo de Astorga. En, J. A. FeRReiRa, Fastos…, vol. 1, págs. 220-221; y Maria da Assunção Jácome de vasconcelos y António de sousa aRaúJo, Bulário Bracarense. Sumários de Diplomas Pontifícios dos Séculos XI a XIX, Braga, Arquivo Distrital de Braga, 1986, págs. 34-35. 67 El texto de esta bula, contenida en el Liber Fidei de la catedral de Braga, ha sido publicado íntegramente en: A. lóPez FeRReiRo, Historia de la…, vol. 3, págs. 67-68. También en, Carl eRdmann, Papsturkunden in Portugal, Berlín, Weidmannsche buchhandlung, 1927, con la bula editada como doc. 5, en las págs. 158-159. Precisamente debemos a los estudios de Erdmann la aceptación del año 1103 como fecha de expedición del documento papal al que hacemos referencia. Un estudio minucioso del contenido de la bula y su relación con la llamada Crónica de Braga en Avelino de Jesús da costa, “O bispo D. Pedro e a organização da diocese de Braga”, en IX Centenário da Dedicação da Sé de Braga [Congresso Internacional. Actas], vol. 1, Braga, Universidade Católica Portuguesa, 1990, págs. 378-433, especialmente págs. 398-406. 68 La bula a la que hacemos referencia hundía sus raíces en una errática donación, por la cual se asigna al rey llamado Ordoño la entrega a favor de Compostela de una parte de la ciudad de Braga. A su vez, el recuerdo al monasterio de Cordario, que, con motivo de la restauración de la diócesis bracarense, el rey don García de Galicia había donado presumiblemente a la iglesia jacobea, permutándolo por las propiedades que Santiago tenía en Braga y alrededores, las cuales habrían de formar parte de la dotación de la diócesis recuperada. Sin embargo, la proclamación de Sancho II como rey de Galicia permitiría a la iglesia compostelana seguir conservando aquellas posesiones. Sobre la dotación que don García había establecido para la restauración de la diócesis de Braga véase A. de J. da costa, “O bispo…, págs. 403-405. También se refiere a esta dotación, Demetrio mansilla Reoyo, “Formación de la provincia bracarense después de la invasión árabe”, Hispania Sacra, 14 (1961), págs. 5-25; pp. 6-7. En lo que respecta al monasterio de Cordario, afirma López Ferreiro que estaba en posesión de la iglesia compostelana desde 1028, en virtud de una donación efectuada por Bermudo III; de ser así, la actuación de don García habría quedado limitada a la ampliación de dicha donación. En A. lóPez FeRReiRo, Historia de la…, vol. 3, pág. 228, nota 1. 69 Curiosamente, tampoco tanto en los concilios romanos de 1103 y 1104 como en el concilio de Carrión, celebrado en febrero de 1103, se registra mención alguna acerca del robo de las reliquias a Braga. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 135 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA Pese a haber logrado el aval papal, Giraldo nunca llegaría en la práctica a disfrutar del pleno control del centro de su diócesis. Con una iglesia cada vez más pujante y poderosa, Gelmírez conservaría la propiedad y el usufructo de aquellas posesiones, al menos de forma continuada, hasta el año 110970. Planteados los hechos, no parece que en la alegada falta de culto residiese el auténtico motivo que había llevado a Gelmírez a proceder en 1102 al traslado de las reliquias de los santos bracarenses a Compostela. En nuestra opinión, y pese al desarrollo aparentemente casual de los acontecimientos71, la decisión sobre el modo de actuación en los templos de Braga podría haber sido tomada por el prelado con antelación al inicio del viaje. Una acción premeditada, llevada a cabo por Gelmírez y los suyos, que bien pudo haber sido planteada en principio como un desafío frente a la sede de la que, siglos atrás, Compostela había sido sufragánea72. En otras palabras, podríamos estar ante la demostración práctica del ejercicio del poder de Gelmírez sobre unos lugares que, aunque pertenecían jurídicamente a la iglesia que él regía, estaban “embutidos” en el territorio de otra diócesis– en este caso de Braga– y, por consiguiente, alejados geográficamente de Compostela73. Éste, si bien podría ser un motivo que justificase la acción llevada a cabo por el famoso obispo, tal vez no fuera el único. Así, con una basílica románica en construcción, aquel supuesto acto de rebeldía permitía a Gelmírez disponer de nuevas reliquias, tan necesarias como imprescindibles de cara a la dedicación y consagración de altares74. Al mismo tiempo no podemos descartar una supuesta confianza del prelado en atraer para su sede un flujo de peregrinos procedente del norte de Portugal, fenómeno éste resultante de la devoción hacia los titulares de aquellas reliquias. Planteadas nuestras hipótesis, no queremos dejar de referirnos aquí a la teoría expuesta en su momento por Manuel Luís Real. Según este autor, ante la intención por parte de Braga de hacer de su catedral un 70 En ese momento tiene lugar por parte de Gelmírez la dación en préstamo y usufructo a Mauricio Burdino de las aquellas posesiones que la iglesia compostelana tenía en Portugal, entre los ríos Limia y Duero, y que incluía las arriba citadas. En Historia Compostelana I, 81. Sobre esta donación véanse las notas 44 y 45. 71 Gelmírez llega a Braga y, una vez allí, constando la falta de reverencia hacia las reliquias, decide actuar en consecuencia. 72 Recordemos aquí la ya mencionada concesión del privilegio de exención, que había otorgado Urbano II a la iglesia compostelana en 1095, y por el cual aquella sede pasaba a depender directamente y en exclusividad de la iglesia de Roma. En Historia Compostelana I, 5. 73 Suscribimos aquí las palabras de Ermelindo Portela, cuando, a propósito de la acción de Gelmírez, dice que se trata […] de un acto de afirmación propia que expresa […] que la dependencia directa de la Santa Sede y, por tanto, la independencia frente al nuevo arzobispo [refiriéndose al metropolitano de Braga] se ejerce incluso en la propia ciudad de éste. Véase Ermelindo PoRtela silva, Diego Gelmírez (c. 1065-1040). El báculo y la ballesta, Madrid, Marcial Pons, 2016, p. 35. 74 El II Concilio de Nicea (año 787), en su Canon VII, establecía que ninguna iglesia podía ser consagrada si carecía de reliquias. En Antonio lóPez FeRReiRo, Lecciones de arqueología sagrada, Santiago de Compostela, Seminario Conciliar Central, 1889, pág. 525. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 136 RAFAEL FANDIÑO FUENTES importante santuario de peregrinación –equiparable al de otros centros de culto europeos–, la acción de Gelmírez pudiera haber estado encaminada a lograr el perjuicio de la sede lusitana, neutralizando con ello su posible y directa competencia con respecto a Compostela75. Recuperando el sentido de nuestro discurso, resta referirnos ahora a otro pasaje, también contenido en el capítulo I, 15 de la Historia Compostelana, y en el cual lo real se funde, presumiblemente, con lo imaginado: nos referimos al paso de las reliquias entre las localidades de Correlhã y Tui. Cuenta Hugo en su narración que Gelmírez, ante el temor de verse privado de su tesoro por una posible sedición del pueblo portugués, había delegado el transporte de las reliquias entre aquellos dos puntos geográficos a un fiel colaborador suyo, no sin antes aleccionarlo sobre su modo de actuar. Será precisamente el desarrollo de aquella misión la ocasión aprovechada por el narrador para introducir el único acontecimiento claramente milagroso de todo el relato: el apaciguamiento de las aguas del río Miño, al depositarse junto a ellas las sacrosantas reliquias. Un pasaje no ajeno a otros relatos hagiográficos76 y que, en este caso, no tiene otra razón de ser que justificar –a través de aquel aparentemente hecho milagroso– que era deseo de la divinidad el que las reliquias reposasen en Compostela. 75 Manuel Luís Real apela al temor de Gelmírez, ante la posibilidad de que estableciese esa competencia entre ambas sedes eclesiásticas, como el principal motivo para su actuación en Braga. Según este autor, se remontaba a finales del siglo XI el intento de creación de aquel santuario de peregrinación, en el cual se habrían de concentrar las reliquias de algunas de las más importantes figuras del santoral hispánico. Véase Manuel Luis Real, “O projecto da Catedral de Braga, nos finais do século XI, e as origens do románico portugês”, en IX Centenário da Dedicação da Sé de Braga [Congresso Internacional. Actas], vol. 1, Braga, Universidade Católica Portuguesa, 1990, págs. 435-512; especialmente las páginas 475-477. La misma idea aparece recogida por José maRqués, “Las diócesis portuguesas hasta 1150”, en Fernando López Alsina (ed.), El Papado, la Iglesia Leonesa y la Basílica de Santiago a finales del siglo XI, Santiago de Compostela, Consorcio de Santiago, 1999, págs. 177-214; pág. 208. En nuestra opinión, el temor de Gelmírez a la competencia de Braga es en cierto modo infundado, pues Compostela contaba con el peso de una tradición reconocida en todo Europa y asentada nada menos que en el supuesto lugar de inhumación del Apóstol Santiago el Mayor. Este hecho no excluye sin embargo que, de ser cierto el proyecto de creación de aquel santuario, Gelmírez quisiese asegurarse para sí la posesión de unas reliquias que, hasta aquel momento, estaban custodiadas en templos portugueses que eran propiedad de su iglesia. 76 Sirva, a modo de ejemplo, el traslado de las reliquias de San Othmaro desde la isla de Werd hasta la abadía de Saint-Gall que él había fundado. Tomamos la narración de la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine en la traducción de José Manuel Macías. Dice así: Fueron, pues, los religiosos a la isla, exhumaron el cuerpo de su prelado, lo colocaron en un navío y lo llevaron a Saint-Gall. […] A pesar de que durante la travesía del lago Constanza se desencadenó una terrible tempestad de vientos y olas, la nave en que iban los venerables despojos del santo prosiguió su ruta con toda normalidad, y sin el menor contratiempo llegó a puerto felizmente. En Santiago de la voRáGine, La leyenda dorada, vol. 2, [J. M. Macías, trad.], Madrid, Alianza Editorial, 1987, pág. 839. Curiosamente, si atendemos al contenido de la Vita Fructuosi, ya en vida del santo parecen asignársele algunos hechos en cierta medida milagrosos, asociados a un dominio sobre las aguas. Véase, a este respecto, M. C. díaz y díaz, La vida..., especialmente las páginas 88 y 90 [89 y 91 para la edición latina del mismo texto], 102 [103] y 104 [105]. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 137 LA TRANSLATIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE BRAGA A COMPOSTELA. REFLEXIONES SOBRE EL CAPÍTULO I, 15 DE LA HISTORIA COMPOSTELANA Dejando al margen la increíble verosimilitud de aquel suceso, centramos nuestra atención en la identidad del personaje al que don Diego había encomendado la desafiante misión del paso de las reliquias entre Portugal y Galicia. El hecho de que Gelmírez pusiese bajo la responsabilidad de un subordinado tan preciada carga nos invita a pensar en el recurso a una persona de su más estrecha confianza. Por otro lado, aunque Hugo calla el nombre del individuo en cuestión, sí nos dice que se trataba de un fiel arcediano77 de la iglesia compostelana, casualmente la misma dignidad eclesiástica con la se definía el propio autor en el párrafo que sirve de colofón a su relato. Este dato, unido a la afirmación de su papel como testigo directo y colaborador en la custodia de aquellas reliquias, ha llevado a que autores tales como Rodrigo da Cunha78, J. Mª. Zepedano79, Vicente de la Fuente80, Antonio López Ferreiro81, Luís Sala Balust82 o Anselm Gordon Biggs83 situasen a Hugo como protagonista de aquel pasaje de la narración. De este modo, Hugo se convertiría también en protagonista de los hechos que narraba. De ser así, no le habría sido difícil haber hecho pasar por real el acontecimiento aparentemente milagroso ocurrido en el Miño y del cual él habría sido único testigo –si exceptuamos la posible presencia del diácono que acompañaba al arcediano y que sería el encargado de trasladar las reliquias a la iglesia de San Pedro de Cela–. El problema surge desde el momento en el que sabemos que Hugo no era arcediano en 1102, un título que sí ostentaban a comienzos de aquel año tres canónigos, cuyos nombres eran –a decir de la Compostelana– Gaufrido84, Juan85 y Oduario86. La reiteración en el cargo de la persona encargada del transporte de las reliquias87, así como el aparente desempeño de aquella dignidad en el momento de los hechos narrados llevan a descartar el protagonismo de Hugo para aquel pasaje. Es posible que nuestro hombre omitiese de forma voluntaria el nombre 77 Historia Compostelana I, 15; E. Falque Rey, Historia..., p. 97. Fideli Archidiacono, en la edición de H. FlóRez, España Sagrada, vol. 20, pág. 39. 78 R. da cunha, História…, vol. 2, pág. 20. 79 José Mª zePedano, Historia y descripción arqueológica de la basílica compostelana, Lugo, Imprenta de Soto Freire, 1870, pág. 191. 80 V. de la Fuente, Historia…, vol. 4, págs. 26-27. 81 A. lóPez FeRReiRo, Historia de la…, vol. 3, pág. 224. 82 L. sala balust, “Los autores…, pág. 48. 83 A. G. biGGs, Diego Xelmírez, pág. 57. 84 Este Gaufrido era el mismo que, en 1101, había sido enviado a Roma en compañía de Munio Alfonso, siendo resultado de aquel viaje la bula Justitiae ac rationis, dada por el Papa Pascual II. Véase Historia Compostelana I, 11 y I, 12. 85 Juan Rodríguez, según López Ferreiro. Véase A. lóPez FeRReiRo, Historia de la…, vol. 3, pág. 250. 86 Aparecen figurando como tales en el listado de los setenta y dos canónigos que, en abril de 1102, habían jurado fidelidad al obispo compostelano. Véase Historia Compostelana I, 20. 87 Tres son las veces que Hugo se refiere la figura de aquel arcediano, llamándolo como tal. Aunque Hugo era también arcediano en el momento de escribir aquellas líneas, no parece probable que llevase al presente de los acontecimientos narrados un cargo que sólo ostentaría años después. Cuadernos de Estudios Gallegos, LXIV, núm. 130 (2017), págs. 119-140. ISSN: 0210-847X. DOI: 10.3989/ceg.2017.130.04 138 RAFAEL FANDIÑO FUENTES del arcediano88 con el fin de no restar protagonismo al que, por aquellos años, era su señor y a quien hacía responsable, por otra parte, de “éxito” de la misión. conclusión Es más que probable que la cercanía demostrada por el autor con respecto a la figura de Gelmírez le llevase a edulcorar ciertas partes de su narración, hasta el punto de exonerar de cualquier culpa al que, por aquellos años, era su señor. Una suavización de los hechos a la que contribuiría, en mayor o menor medida, el espacio de tiempo transcurrido entre lo “vivido” y lo “narrado”; un breve lapso temporal, suficiente como para matizar los recuerdos o amoldarlos a los intereses particulares de cada uno de los protagonistas. biblioGRaFía Almeida, Carlos Alberto Ferreira de, História da Arte em Portugal. Arte da Alta Idade Media, vol. 2, Lisboa, Publicaçōes Alfa, 1988. Antonio, Nicolás, Bibliotheca Hispana Vetus, vol. 2, Madrid, Apud Viduam et Heredes D. Ioachimi Ibarrae Regii Quondam Typographi, 1788. Ávila y la Cueva, Francisco, Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy y su obispado [edición facsímil del manuscrito conservado en el archivo de la Catedral de Tui], vol. 3, Pontevedra, Consello da Cultura Galega, 1995. Bango Torviso, Isidro, “El arte prerrománico”, en Juan Antonio Ramírez (dir.), Historia del Arte. La Edad Media, vol. 2, Madrid, Alianza Editorial, 2004, pp. 107-146. 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