El "Ícaro" de José Ángel Valente
Full text
Mitos e Lendas | 51 El “Ícaro” de José Ángel Valente MARIANA VERGARA GARCÍA Universidad Nacional Autónoma de México ÍCARO Sobre la horizontal del laberinto trazaste el eje de la altura y la profundidad. Caer fue sólo la ascensión a lo hondo. 1. ANÁLISIS INTRATEXTUAL 1.1. Análisis de fondo o de contenido: la temática a temática del poema “Ícaro” del poeta gallego José Ángel Valente se inscribe en el ámbito mitológico. Para su desarrollo, el poeta se basa en la historia de Ícaro, como indica desde el título. Es necesario, entonces, repasar el mito griego: Dédalo e Ícaro (padre e hijo) son encerrados en un laberinto por órdenes del rey Minos, quien, enfurecido por la ayuda que brindó aquél a Teseo, decide castigar a ambos. Dédalo decide fabricar unas alas para escapar del encierro debido a que las salidas por tierra y agua estaban perfectamente custodiadas. Para unir las plumas al cuerpo utiliza cera de abeja. Antes de emprender el vuelo, Dédalo advierte a su hijo que el calor del Sol podría derretir la cera, por lo que no debía elevarse demasiado. Sin embargo, Ícaro, fascinado por el poder conferido por las alas, se elevó hasta que la cera se derritió. Cae así al mar. En el poema valentiano desarrolla el mito en escasos cinco versos. En el primero de ellos se hace presente el eje “x” donde Dédalo interactúa hasta antes de elevarse con las alas que fabrica: “Sobre la horizontal del laberinto”. Es un primer universo en el que el área de acción es esencialmente el laberinto. El eje horizontal representa lo nivelado y aquello que tiene la misma jerarquía, pero, al mismo tiempo, la imposibilidad de alcanzar el horizonte que parece lejanísimo y, en este caso, es la zona custodiada y controlada por los guardias del rey Minos que impiden el escape de los prisioneros. El contrario de este eje es la verticalidad: el eje “y”. Ante la imposibilidad de escape que implica el universo horizontal, Dédalo, artesano, creador de mundos laberínticos horizontales con sus izquierdas y derechas, fabrica el universo de la verticalidad. Abre entonces otra posibilidad de movimiento y, por lo tanto, de escape. En el segundo verso se presenta la expansión del universo horizontal hacia el eje “y”, el eje de la verticalidad: “trazaste el eje de la altura”. Dédalo es evocado como el dibujante responsable de extender el mundo ahora constituido por otras posibilidades de desplazamiento: el ascenso y la caída, pensada también como profundidad, idea expresada en el tercer verso. Este eje ofrece la posibilidad de ver más allá, de ampliar el horizonte mientras se eleva el vuelo. Al contrario, el descenso se relaciona con la oscuridad y, sin embargo, la conformación del eje “z”: el de la profundidad. De esta manera, la decisión de ascender implica la caída más o menos estrepitosa de acuerdo con la elevación. La conjunción de este y el tercer verso (“y la profundidad”) constituye la L
52 | EVOHÉ unión de opuestos que se complementan: en la altura se halla necesariamente la profundidad. Dédalo e Ícaro, respectivamente, representan la capacidad de alzar el vuelo y al mismo tiempo el riesgo de una caída. En el cuarto verso se concreta la creación del universo abismal. Padre e hijo se separan no en el momento en que emprenden el vuelo, sino en el instante en que Ícaro cae. Ambos (padre e hijo) permiten que el otro sea, que el otro exista como lo que es en los cosmos fabricados. De esta manera el cisma hace posible la creación del nuevo mundo ya no a cargo de Dédalo, sino de su hijo. El último verso (“la ascensión a lo hondo.”) demuestra cómo se nutren los contrarios: sin el padre no existe el hijo y viceversa; sin la caída no existe la ascensión, no existe la altura. Valente muestra así un elemento constante en toda su poética: la “fértil unión de opósitos” según Tomás Sánchez Santiago, presente especialmente en su libro Mandorla. 1.2. Análisis de la forma o de la expresión “Ícaro” se vale de un recurso constante en la poesía de Valente sobre todo en su libro Mandorla: la unión de opuestos. 1.2.1. El nivel fónico El poema está compuesto por 5 versos de metros variados. El primer verso es endecasílabo con acentos en la primera, sexta y décima sílaba; el segundo está conformado por 9 sílabas poéticas con los acentos en la segunda, cuarta y octava sílaba; el tercero es un verso hexasílabo con acento en la última sílaba; casi al final del poema, el cuarto verso es un pentasílabo, con los acentos en las sílabas 2, 3 y 4; finalmente, el quinto verso está conformado por 6 sílabas poéticas, con los acentos en la tercera y quinta sílaba. 1.2.2. El nivel gramatical El poema se inaugura a través de la preposición “sobre”, la cual nos posiciona de inmediato en un lugar en específico. Este espacio se aclara de inmediato con el adjetivo “horizontal”, seguido del sustantivo “laberinto”. Dos de los verbos expuestos en el poema se encuentran en pretérito perfecto (“trazaste” y “fue”), uno en segunda persona José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer en Almería
Mitos e Lendas | 53 del singular y el otro en tercera persona del singular; el tercer verbo está en infinitivo. La conjunción copulativa “y” une el segundo y tercer verso. La mayor parte del poema está conformado por sustantivos (“laberinto”, “eje”, “altura”, “profundidad”, “ascensión”) que en ocasiones son reforzados por adjetivos (“horizontal”, “hondo”). 1.2.3. El nivel léxico-semántico En general, el léxico del poema abarca un campo semántico definido: aquél que hace referencia a los espacios. La primera palabra que se hace presente nos coloca de inmediato en un sitio (“Sobre”). A continuación, la imagen poética de un espacio amplio y extendible se hace presente a través de los sustantivos “laberinto”, “eje”, “altura” y “profundidad”. Al mismo tiempo, el verbo “trazaste” alude a un fabricante-dibujante e implica la posibilidad de expandir (trazando-dibujando y borrando) el lugar en el que comenzó el poema. El segundo verbo (“Caer”) representa por sí mismo la primera expresión de la acción fundamental: el desplazamiento entre los lugares trazados por el aludido anteriormente. El tercer verbo en pretérito perfecto (“fue”) y el adverbio “sólo” suponen que la acción significó una única cosa: “la ascensión a lo hondo”, con lo que concluye el poema. Estos dos últimos versos construyen un oxímoron acentuado aún más con el adverbio: como si la contradicción de “elevarse hacia abajo” fuera algo evidente que no necesita de explicaciones. Así, el elemento más destacable dentro del poema es el oxímoron presente en el último verso. Los antónimos “ascensión” y “hondo” se unen sintácticamente para crear la sensación de contrariedad que se acentúa debido a que se encuentran en el mismo verso y, por lo tanto, cierran el poema. 1.2.4. El nivel pragmático Como he mencionado anteriormente, el poema se inaugura con el campo de acción: es el comienzo de una narración. Sin embargo, en el segundo verso se alude a un interlocutor desconocido para quienes no estén familiarizados con el mito. La lectura es, en muchas ocasiones, un ejercicio de predisposición. Un lector que conozca la historia de Dédalo e Ícaro sabrá de antemano los posibles vínculos entre el poema y el mito. Debido a que los títulos, como los paratextos que son, predisponen de especial manera la lectura, se sabe de qué tratará el poema. Así, la intertextualidad en “Ícaro” se presenta de manera evidente. El verbo “trazaste” en el segundo verso habla a Dédalo, mientras que los últimos dos versos hacen referencia a la parte que desempeña Ícaro en el mito. Es importante resaltar que, de acuerdo con Claudio Rodríguez Fer, estudioso de la obra de José Ángel Valente, el halló su inspiración en un mural de Picasso durante el tiempo que estuvo trabajando en la UNESCO de París. Así, esta obra valentiana no sólo es fruto de la intertextualidad, sino de la unión de lo visual con lo escrito. 1.3. Análisis de la estructura La división que se puede establecer, a pesar de la brevedad del poema, inicia con el título: proporciona una idea de la temática del poema. La siguiente sección del poema está delimitada por los primeros tres versos, donde se hace referencia a la labor que desempeña Dédalo como constructor y creador de laberintos y diversos artefactos. La última sección se compone por los últimos dos versos: es la presencia de Ícaro, con quien finaliza el mito y, al mismo tiempo, el poema.
54 | EVOHÉ Saturnino Valladares, Antonio Gamoneda y Claudio Rodríguez Fer en el Aulario del Complejo Docente del Campus Terra de Lugo (2015).