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El Ayuntamiento de Santiago a la Justicia ordinaria por el Comandante militar se ha pasado a esta autoridad para su circulación

Santiago de Compostela. Concello

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\r . l ul i ^ v /' v W v . o » L: J..U u sc UN1VERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA DE SANTIAGO EL AYUNTAMIENTO CONSTITU  cional de esta M. N. y L. Ciudad de Santiago, cabeza de su Partido en la Provincia de Galicia, &c. ■■■ A la Justicia ordinaria del ¡Sepa que con fecha de hoy por el Sr. Comandante militar se ha pasado á esta Autoridad para su circulación el Manifiesto de la Suprema Junta, que es del tenor siguiente: MANIFIESTO (jrallegos generosos: esclarecidos Epañoles de ambos mundos: La perversidad llegó venturosamente al punto de agotar vues  tra paciencia y sufrimiento. Fuisteis en todos tiempos modelo á todas las Naciones, de fidelidad y amor á vuestros Reyes, hasta pasar en proverbio la lealtad castellana, como publican los historiadores extranjeros. Mas este renombre lo habéis real  zado hasta el grado que será en la sucesión de los tiempos la admiración de los que leyeren las páginas de una historia es  crita con la sangre de tantas víctimas, que dejando en horfandad y desvalimiento á sus padres , esposas y hermanos se ofre  cieron gallardas ante las aras de una Pátria que los había me  nester; no para sí porque las naciones nada pierden en el cambio de las dinastíassi solo para rescatar al Rey que ido  latraba , por las excelentes prendas que comenzó á > desarrollar, y por las desgraciadas persecuciones que desde la cuna le ha  bía tramado la maldad. Padres hubo^ y viven otros que han perdido al filo de la espada usurpadora seis y mas hijos, úni  co apoyo de su vejéz cansada: las fortunas de todos, ricos, pobres, comerciantes, artistas y empleados fueron entregadas á la pira horrorosa encendida al rescate del Rey, la cual lo devoró todo: todo hasta las mismas fuentes de la prosperidad general, cuyos manantiales socavára ya la enorme codicia del gobierno anterior* Al fin tras tantos sacrificios, en que no se cuenta el sobresalto que atentó á vuestras vidas, y sosiego do  méstico , habíais creído lograda vuestra dicha , la restauración de vuestra gloria, derechos, dignidad y conveniencias con la restitución de la persona del Rey. Pero ¡cuán al contrario, des  graciados Españoles, sucedió todo! La facción detestable de ego  ístas , se apoderó desde luego de su cetro para teñirlo en la sangre de los hombres de bien inmortalizados por su ciencia y virtudes , por la moderación y desprendimiento con que ha  bían abdicado hasta la esperanza de optar en el tiempo de su mando, y un periodo después, á ninguna recompensa por sus servicios. Millares de familias fueron envueltas en la inicua per  secución, que es la divisa de las,almas viles, siempre incapaces de la compasión , y del perdón de su contrario. En la dictadura de Sila no se ve sino el diseño de las crueles proscripciones, que nos privaron de una infinidad de hombres ilustres, de gruesos capitalistas , dé individuos de todas profesiones; en fin, de las almas sublimes, nacidas para levantar la Nación del tú* mulo en que la sepultara una serie continuada de desgracias . al alto grado de explendor y opulencia á que la convidaban sus fértiles recursos, y la posición geográfica de su suelo. La razón que presidió á esta atroz medida, no se halla consignada en ninguno de cuantos publicistas han transmitido á la posteridad las ideas mas juiciosas. Lock, el mas célebre acaso que conoció el siglo precedente, nos dice que cuando una fuerza enemiga sé apodera de la corteó metrópoli de un estado, no pudiendo ya circular la sangre desde el corazón á los diversos miembros del cuerpo político, éste muere, y sus individuos quedan en el esta  do de naturaleza, es decir, en libertad de adoptar el'gobierno que les acomode. ¿Dónde está, pues, el crimen de tantos desgra  ciados víctimas del furor insano de una vil facción? ¿En ha* ber organizado un gobierno , ocupada la corte y la mayor parte de la Península por las tropas del usurpador que habia disueltp el nacional? ? Estaría el delito en haber formado una Constitu  ción, que si bien no podrá llamarse la obra mas perfecta del humano ingenio-, como exageradamente dijo Adams déla ingle  sa, es al menos una mejora visible del cáos confuso que cubría las de varios de los antiguos reinos que forman hoy la' España? i O seria el crimen haber declarado la - dinastía de Borbon en la persona y descendencia de Fernando VII, cuando éramos" li* bres para adoptar cualquiera otra? Seríalo, sí, seríalo derramar tanta sangre para prohijar á aquel cuando sin su dispendio pudo haberse admitido, al moderado José Bonaparte. Rasgó, pues, la seductora parcialidad la Carta constitucional de 19 de Marzo  de 18 1 2 , el mas robusto título de pertenencia que atribuía al , 6 Rey el derecho á la Corona, después que él mismo y su Padre '1.ÍÍ. no hablan podido conservarla: y sin otro legítimo masque el de la fuerza, le sentó ,en el trono al favor del decreto de 4 de Mayo , por el que se ofreció congregar unas Cortes indigestas, insignificantes y que solo parece habían de intervenir en la con  cesión de impuestos. Mas ni aun eso se cumplió en el trans  curso de seis años; antes bien dando la mas clara prueba de que solo se había tratado de fascinar la Nación con tal oferta, se conculco abiertamente , imponiendo sin las Cortes una con  tribución general directa, sin equidad, exorbitante en su cuota, y contraria á los mas sanos principios de economía, la cuál se exigió desde luego con vejaciones las mas enormes, con despro  porción é injusticia, sin plantear al mismo tiempo el ahorro de los innumerables empleados de la Hacienda, que es el bien único de una contribución directa, sino por el contrario aumentándo  los en las antiguas oficinas , y creando otras de nuevo con comisionados gruesamente dotados , que cual plagas fueron sem  brados sobre los exangües pueblos para formar una estadística que no conocían, que es realmente casi impracticable, y que para ser siempre imperfecta y sujeta á variaciones, que nece  sitarían numerosas y perpetuas oficinas, por la alteración de los valores y precios, del sistema y calidad del cultivo, de la transmisión del dominio y su división en alto y bajo , y hasta de la posición física del territorio , necesitaría un siglo como se empleó en la de Milán, única que se sabe haber Hel  gado al estado imperfecto en que se halla. Si en este ramo los desórdenes llegaron á su colmo, no fueron menores los que se ► padecieron en todos los demas. Nos hemos visto sin considera  ción entre las potencias extrangeras por la ineptitud del gabi- * nete, cuando podíamos haber conseguido el respeto de la mis  ma Europa, que admiraba nuestra bizarría. Sin erario, sin cré  dito, sin marina, este elemento el único quizá que necesitaba2, UNIVEKS1DADL DE SANTIAGO DE COMPOSTEI j nibs para conservar las Américas, y extender el comercio de nuestra situación peninsular: el egército, el benemérito egército desatendido y condenado á la desnudez .y miseria en -recompensa de sus heroicos servicios: la administración de justicia , bien et mas grande que disfrutan los hombres en el estado de sociedad, y el único que los llamó á formarla, fluctuando entre las ma  nos de Ministros reducidos á la suma estrechez , entre tanto qué se planteaban en la Corte para recreo sumptuosos edificios que solo deben emprenderse con los sobrantes, según ley de eco-* nomía, y lo que enseña la historia haberse égecutado siempre en España y en todas partes: los hombres de mérito postergan dos y confundidos en la obscuridad, mientras aparecían al rede  dor del Solio los mas ineptos que eran condecorados con las primeras dignidades , aunque alguno carecía de capacidad para obtener empleo público-, según las leyes de España: atendidos exclusivamente los sectarios del destructor sistema, y aun entre estos prevaleciendo el capricho y el favor contra la j usticia con  mutativa: las mismas autoridades de ley condenadas á la mas arbitraria nulidad por la subrogación de las cámaras secretas y obscuras, cuyos miembros siendo desconocidos, podían á su sal  vo dislocarlo todo, como lo hicieron, sin riesgo de responder á nadie con su opinión ni persona : la restauración'de los Jesuí  tas en la ocasión en que apénas podía sostenerse el clero nece  sario para el pasto espiritual de las almas : la provisión de to* das las prebendas y beneficios vacantes, que formaban ya el mas pingüe recurso del Estado: la pérdida y transmisión á otras po  tencias de varias posesiones de nuestra América : la guerra con  tra nuestros hermanos en el resto de ella para arruinar sin fruto estas dos preciosas partes del globo: en suma una disolución ge  neral en lodos los ramos de administración , que no perdonó á clase ni á individuo, el exterminio de todos los raudales de la conveniencia pública, las pesquisas, las inquisiciones, los cadal  sos siempre alzados para extinguir las diversas llamaradas del fuego patriótico que se manifestaron con tanta repetición y ener  gía, como tenia el gobierno de estolidez y barbarie para no comprender que era preciso desterrar las causas <que las produ  cían, ó perecer en el incendio: tales fueron, ó Españoles, los frutos recogidos de tanta sangre, derramada^ de tanto trastorno se IIXIVÍRSlDADr DE SANTIAGO DE COMPOSTELA u 1 y desasosiego padecido, cuyo alivio la ilusoria esperanza ci “ fraba únicamente en la restitución del Rey. Mas este no es en culpa de tamaños desórdenes , ni los Reyes pueden jamas obrar con malicia ni contra los intereses de sus pueblos, por estar iden^ tificados con los de ellos mismos. Ministros ineptos , egoístas, y aun peí veisos solo' atentos a labrar su fortuna y la de sus deu^ dos, esos son los culpables, y esos ¿oíos deben responder á la Nación de sus quebrantos: contra éllos, pues, valientes egércitos leales Gallegos, contra éllos solos habéis alzado el grito de la humanidad, que os prescribe el deber de vuestra conservaciónsí: esta ley inmutable legitima el simultaneo y general movi  miento con que acabais de proclamar vuestra libertad, y la fi  delidad al Rey, adoptando la Constitución de 812, admitida^ jurada, y puesta en observancia por el voto unánime de toda la Nación ai tiempo de su regreso. Toda Galicia/que forma la sexta parte de la antigua España con dos millones de habitan-' tes, rompió el silencio en que pudo hasta aquí ahogar sus amar  gos sentimientos, que no son otros que los que animan á los de  mas habitantes del resto de ambas Españas, y los que ha pro-» clamado el egército expedicionario en la Isla de León, donde no solo se hizo fuerte, sino que corre sin estorbo las Andalucías, afirmando el sistema de libertad que los pueblos ánsian, y se apresuran á plantear. Esta explosión no costó ni una gota de sangre, y el mayor orden reina en todos los ángulos de esta vasta Provincia, merced á la civilización y cultura de sus mo  radores, á la uniformidad de sus sentimientos, y á la santidad de su causa, que no debe mancharse con el odio ó la vengan  za por resentimientos anteriores, que supisteis perdonar genero  sos y obedientes ¿ la Religión santa que profesamos. Contra tari saludables votos en vano la perfidia intentará seguir conducien  do la docilidad del Rey á sus inicuas miras ; él mismo verá abierto ante sus ojos el abismo en que le precipitaron los que no buscaban mas que la propia fortuna á expensas de su opi  nión y de la méngua del amor de sus pueblos: en vano pro  curarán hacerle ver en vuestra resolución , á la par heroica y fiel hacia la Real Persona , que se trata de atentar contra esta. Nada menos, valientes^ humanos, Católicos Españoles. Léjos está dé nuestro corazón el horroroso sacrificio de Luis XVI, u I que grabó sobre la Francia el borron mas execrable , que no bastarán á lavar ni la lejanía de los siglos, ni las muestras de la mayor fidelidad sucesiva: lejos está de nuestros santos sen  timientos la horrible conducta de un Cromvel con la Real Per  sona de Cárlos I: Otras son nuestras costumbres, nuestra índolé y moderación: Otra nuestra sagrada Religión que no se a altera con la mezcla de los sectarios , que turbaron aquellos reinos: otra en fin, nuestra fe al pacto social,¿que hemos ju  rado y estrecha hoy los vínculos de nuestra fraternidad. Sí, Españoles, él consagra la santa máxima de que la persona del Rey es sagrada é inviolable, y no está sujeta á responsabilidad; y de este axioma, que hemos jurado por los Santos Evange  lios, no es dado resilir. En vano, otro si, los pérfidos le pin  tarán como probable sostener el partido que los afirma en la arbitrariedad, y en el desorden: la Nación toda está resuelta: el Egército unánimemente decidido. ¡Desgraciado el que ten  tase resistir á la voluntad-general que clama, Constitución , para afirmar nuestra dicha con la del Monarca , y consolidar la unión de que nos tenia privados la incoherencia de nuestros antiguos reglamentos! Funesta seria la suerte de tales monstruos, si por desgracia apareciese alguno, que no puede esperarse. Por que ¿en qué se ha de fundar su temeridad? ¿acaso los Pueblos no son árbitros para gobernarse del modo que mejor les parezca sin atentar al sosiego de los demas? ¿Puede nadie inquietar  los en su interior cuando no' traspasan los limites de la mo  deración y del derecho de gentes? ¿No están autorizados para sacudir el yugo de la arbitrariedad y despotismo ministerial, arrancar á su Rey de las garras de la pérfida seducción, es  trecharlo entre sus filiales brazos y cobijarlo dentro de su co  razón? Sola la fuerza pudiera sofocar estos imprescriptibles de  rechos, y esta fuerza no existe, no puede combinarse, seria impotente contra el voto uniforme de veinte millones de ha  bitantes de ambas Españas, que claman á una voz por la Constitución del 19 de Marzo de 1812, que han jurado y • puesto en observancia, y que restablecerán para felicidad du- , radera de la Nación y de su Rey , sin vejaciones de ninguna * especie , sin derramar una gota de sangre , llevando por guia la moderación , la dulzura , la fraternidad , que asegura á todos Sí UNIVERSIDA DE SANTIAG u