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Universidad de Santiago de Compostela Facultad de Filosofía Departamento de Lógica y Filosofía Moral La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James Nairobis Fuenmayor Tesis doctoral dirigida por: Dra. María Uxía Rivas Monroy Santiago de Compostela, 2011
“Por sus frutos los conoceréis” Jesucristo
A María
7 Índice INTRODUCCIÓN ................................................................................................ 9 Capítulo I Introducción a la doctrina de la verdad en William James......... 25 1.1. Verdad como correspondencia, verdad científica y verificacionismo.........27 1.2. Breve esbozo del contexto cultural e intelectual en el que surge la doctrina de la verdad de W. James .............................................................43 1.3. Conocimiento, realidad y experiencia.........................................................47 1.4. Elementos característicos de la doctrina de la verdad en William James ...57 Capítulo II Verdad como proceso de verificación............................................ 63 2.1. Verificación como proceso de conducción a través de las consecuencias prácticas..............................................................................65 2.2. Verificación para los positivistas lógicos....................................................82 2.2.1. Principio de Verificabilidad..................................................................82 2.2.2. Enunciados básicos o privilegiados .....................................................97 2.3. Verdad ‘descubierta’ vs. verdad ‘que acontece’. Análisis comparativo entre James y los Positivistas Lógicos .....................................................103 2.4. Verdad absoluta como noción reguladora de una verdad potencial mejor.........................................................................................................124 Capítulo III Verdad como coherencia ............................................................. 145 3.1. La importancia del concepto de actuación................................................147 3.2. James, Schiller y Dewey: el énfasis en la conservación de verdades pasadas y la concepción instrumental de la verdad..................................149
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 14 naturales y en el que la metafísica y la teología se consideraban sistemas imperfectos e inadecuados, dominaba durante ese periodo. Según la teoría positivista la ciencia es el único conocimiento aceptable como verdadero, y su método el único que nos permite descubrir la realidad a través de la observación empírica, la inducción y la experimentación; es decir, debe considerarse verdadero aquel conocimiento que sea demostrable por la experiencia, despreciando todos los demás sistemas de conocimiento, aspecto que fue asumido por el positivismo lógico. En los últimos años del s. XIX y primeros del XX –coincidiendo con la época en la que se desarrolla el pensamiento de James– la filosofía cambiará de orientación debido a lo que se ha llamado ‘crisis del positivismo y del racionalismo’. El ser humano de esta época se da cuenta de que la razón no puede explicar toda la realidad por lo que se buscan nuevos enfoques para comprenderla, como los de Nietzsche o Schopenhauer, entre otros. Esto se debe a la propia forma evolutiva que tomó la razón en la Modernidad, que la convirtió en una razón ingenuamente objetivista, en una razón cosificada, positivista, incapaz de elevarse por encima de los hechos para alcanzar el nivel normativo de telos de la humanidad con el que nació originalmente, para desvelarnos los enigmas del mundo y de la vida e impulsar con ello una vida humana conforme a los ideales de verdad, justicia y belleza. Por el contrario, la razón desembocó en un intelectualismo que se pierde en teorías divorciadas de la realidad, con sus consecuencias nada favorables para el ser humano. Observamos como la concepción positivista de la ciencia priva a ésta de todo sentido humano, pues en
Introducción 15 su afán de reducir todo a hechos abstrae y anula el papel del ser humano; el sujeto se ha degradado en favor del objeto. Ahora bien, James y Schiller son conscientes de toda esta situación, se hacen partícipes y abogan por otra forma de concebir el conocimiento que tienda a vincularlo a la acción y a la experiencia humana; el conocimiento es activo y nuestras ideas no son solo una copia fiel de la realidad. El sujeto no es el mero espectador contemplativo. El conocimiento científico va a ser un lenguaje hecho por el hombre y para el hombre, una ‘taquigrafía conceptual’ entre muchas posibles e igualmente válidas. Así tenemos que, James considera que la forma pragmatista de abordar el conocimiento de las cosas se debe al declive que se produjo en esa manera de concebir la verdad científica tradicional –tanto la explicación de los positivistas como la de los racionalistas– que hemos mencionado. Estas concepciones al explicar la verdad como una duplicación exacta de las cosas representadas en el lenguaje y con las características de ser ‘eterna’ e ‘inmutable’, ya no resultaban satisfactorias en virtud de la rápida y enorme multiplicación de las teorías. El pragmatismo de James y Schiller se presenta, entonces, con una noción de verdad científica más flexible y jovial, con un temperamento de renuncia a los estrictos ideales de cientificidad y exactitud, y siempre abierto a posteriores correcciones y progresos, en el cual incluso la fórmula más cierta puede ser un artificio humano, al presentarnos como cocreadores de la realidad. Y, en general, el pragmatismo nos presenta las leyes científicas bajo una concepción instrumental, en lugar de concebirlas como ‘copias internas de realidades ya completas’.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 16 Esta forma de concebir el conocimiento, a decir de Perry, representaba una amplia tendencia contemporánea que James y Schiller compartían con otros. Esta tendencia abarcaba: a) una lógica nueva con su énfasis sobre la función instrumental de las ideas, a diferencia de la función representativa; b) las doctrinas de la evolución y del relativismo histórico, que acentuaban el cambio, la plasticidad y la adaptación en el conocimiento humano; c) la vigencia generalizada de la probabilidad y la hipótesis en el método científico. En resumen, la aproximación en lugar de la exactitud, la plasticidad en vez del rigor. Para James las verdades están vivas, nacen y envejecen. Una idea es verdadera si es verificada por la experiencia, es decir, por la vida. La diferencia entre James y los verificacionistas, es que su verdad va a ser verificada por las consecuencias, no va a ser una verdad ante rem, que se anticipa al acontecimiento. Hay que tener presente, y muy claros, los términos de realidad y de adecuación ofrecidos por este autor donde el hombre juega un papel primordial para entender su posición con respecto al tema de la verdad, pues ésta ya no se trata de una verdad absoluta, estática, inerte, la cual, a nuestro juicio, solo es accesible a Dios (de ahí el comienzo de esta introducción), sino una verdad que se hace, y que se verifica. Por este enlace íntimo entre el ser humano y el mundo afirmado por James y Schiller, creemos que la doctrina de la verdad del primero y el humanismo del segundo se presentan como una alternativa válida a esa razón fundamentadora en la cual, a nuestro juicio, todavía hoy estamos envueltos. No obstante la posición de James sobre la verdad ha sido objeto de innumerables críticas, lo que se
Introducción 17 demuestra por el hecho de que, en buena parte de sus obras, James se dedicó a darles respuestas y aclarar las malas interpretaciones o malos entendidos de los que fue objeto. Si bien es cierto que no vamos a centrarnos en las críticas realizadas en contra de James, si trataremos algunas de éstas de forma indirecta al intentar cumplir con los propósitos generales de la investigación que serían: a) Examinar los que desde nuestro punto de vista son los pilares fundamentales en los cuales se apoya la explicación de la verdad en William James, como lo son: el proceso de verificación o veri-ficación –como el propio James resalta– y la conservación de verdades pasadas o coherencia. b) Analizar el humanismo de James y el de Schiller, a partir de un enfoque comparativo. Consideramos que tales propósitos nos conducirán a demostrar las siguientes hipótesis: Primero, la hipótesis de que la doctrina de la verdad de James posee una gran riqueza de elementos y se encuentra articulada en esos dos pilares o principios fundamentales: la verificación y la coherencia, a través de la conservación de verdades pasadas. No obstante, tenemos que resaltar también que el aspecto del humanismo es central en sus planteamientos sobre la verdad. Pues estimamos que este elemento permea toda la filosofía de James y afecta de esta manera a toda su concepción pragmatista. Por ello, creemos que merecía no solo un tratamiento aparte sino también en comparación con Schiller, porque el mismo James hace una defensa del humanismo de éste en sus conferencias de 1907, hasta el punto de
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 18 identificar el humanismo de Schiller con su ‘pragmatismo’, en lo relativo a la concepción de la verdad. Segundo, otra hipótesis que nos planteamos, en virtud de lo anterior, es que para comprender en profundidad en qué consiste el pragmatismo-humanista de James debemos penetrar en el pragmatismo de Schiller, condensado en su concepción del humanismo. Para dar cumplimiento a los objetivos, antes expuestos, nos proponemos: a) Mostrar los distintos elementos ofrecidos por James en su concepción de la verdad, pues, según nuestro criterio, tal concepción no es una posición simplista de confundir lo verdadero con lo útil, o lo útil con lo verdadero, como tantas veces se le ha criticado; o de afirmar que cualquier creencia es tan buena como cualquier otra, sino, por el contrario, nosotros partimos de la hipótesis de que James presenta una visión de la verdad bastante compleja, con aristas de todo tipo. b) De igual manera se tratará de comparar el elemento de la veri-ficación en la doctrina de la verdad de James, asunto tan importante en todo análisis sobre la verdad, con la verificación de los positivistas lógicos. Y tratar de explicar que James no confunde la verdad con el cómo se realiza ésta, una interpretación errónea bastante usual de su concepción de verdad. c) Además con respecto al elemento de la coherencia, por muchos olvidado al estudiar a James, se realizará una comparación con la posición de Davidson al respecto, a fin de probar que James manejaría este elemento como un criterio de verdad.
Introducción 19 d) Y por último, como ya hemos mencionado, a nuestro juicio el humanismo está presente en todos los planteamientos de James sobre la teoría del conocimiento, y muy especialmente en su doctrina de la verdad, por ello, como un aspecto novedoso nos permitiremos comparar el humanismo de James con el de Schiller, autor que consideramos ha sido injustamente olvidado, y así tratar de mostrar hasta qué punto hay similitud o no en sus planteamientos. Además de estos objetivos generales y sus correspondientes particularidades, nos planteamos también como objetivos específicos: a) Describir, en un breve y sucinto recorrido histórico y a grandes saltos, el camino de la reflexión sobre el tema de la verdad, desde su concepción en los griegos como correspondencia hasta derivar en un verificacionismo, con el fin de entender el pensamiento de James sobre la verdad en el contexto de las principales concepciones dadas sobre ésta. b) Y también establecer la posición de James sobre asuntos como el conocimiento, la experiencia y la realidad, porque, a nuestro juicio, no podemos tener una comprensión cabal de la verdad en James sin clarificar estos conceptos. Todo ello se encuentra reflejado de forma precisa en la estructura del trabajo conformado por cuatro capítulos desglosados de la siguiente manera: El primer capítulo se titula Introducción a la doctrina de la verdad de James, en el cual se presenta, de manera muy general, sin exhaustividad y a grandes rasgos, la evolución de la concepción de la verdad a través de la historia, con el único objetivo de situar a James en la historia del pensamiento acerca de la verdad, al considerar que éste conjuga elementos de las tradicionales teorías de la
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 20 verdad en su original propuesta acerca de la verdad. También se introduce en esta sección el contexto en el que surge la doctrina de la verdad de James para expresar los problemas que le preocupaban a este autor, los motivos que lo llevaron a cuestionar las nociones de verdad ofrecidas en su época y algunas de las influencias que recibió. A continuación, se destacan algunos conceptos que consideramos importantes para entender sus planteamientos, tales como: el conocimiento, la realidad y la experiencia, y los elementos presentes en su concepción de la verdad, que permitirán mostrar la riqueza de componentes que ésta posee. El segundo capítulo se titula Verdad como proceso de verificación; como el nombre indica, en esta parte comenzaremos con la explicación de uno de los pilares fundamentales de la verdad de James la veri-ficación. Los apartados que componen esta sección ayudarán a mostrar la forma particular de concebir James la verificación como guía o proceso de conducción y a esclarecer cómo entiende la correspondencia o adecuación, en lo que se advertirá que mantiene una posición distinta a la tradicional. Asimismo se realizará un análisis comparativo entre los planteamientos de James sobre el proceso de verificación y el de los Positivistas Lógicos sobre este mismo asunto, al dedicar éstos buena parte de sus estudios al tema de la verificación; y de esta manera tratar de explicar que James no confunde la verdad con su confirmación. Y por último, hacer mención a la exposición que James ofrece sobre el tema de la verdad absoluta, en virtud de algunas controversias surgidas al interpretar este aspecto, y porque nos permitirá una mejor comprensión del apartado ‘Hecho y realidad’ en el cuarto capítulo.
Introducción 21 El tercer capítulo se titula Verdad como coherencia, y está dedicado a lo que consideramos el otro pilar principal de la doctrina de la verdad de James, la conservación de las verdades pasadas. De manera general esta parte nos permitirá tener una idea más clara de la coherencia en James, al exponer las razones que condujeron a este autor a introducir este elemento en su interpretación de la verdad y, también, su forma de concebirla, al hacer más notoria la importancia del concepto de actuación y su concepción instrumental de la verdad. Además se comparará este elemento de la verdad, tan importante en James, con una explicación más reciente sobre la coherencia aportada por Davidson, con la finalidad de mostrar hasta qué punto son coincidentes sus planteamientos al considerar que este último posee una orientación pragmatista en sus explicaciones sobre esta materia; y que ambos parecen concebir la coherencia como prueba o garantía de la verdad. Y por último, tenemos el cuarto capítulo titulado El humanismo: Schiller y James, en el que analizamos algunos planteamientos generales del pensamiento de Schiller, así como la comparación de su humanismo con el de James, en virtud, a nuestro criterio, de su influencia recíproca. En este capítulo se presentan los aspectos generales de la vida y obra de Schiller así como los lineamientos generales de su pensamiento, en el que se trata la oposición al idealismo absoluto y al naturalismo, el énfasis en el hombre y el enfrentamiento con la lógica tradicional. Igualmente en este capítulo se realiza un análisis comparativo entre el humanismo de F. C. S. Schiller y el humanismo de William James, destacando que ambos autores relacionan la verdad y la utilidad, le dan mucha importancia a las
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 22 verdades previas, que consideramos es la ‘esencia’ del humanismo, y también se presenta la posición de estos autores con respecto a la noción de hecho y realidad, destacando las similitudes y diferencias entre ambas concepciones humanistaspragmatistas de la verdad. En lo relativo a los aspectos metodológicos, debemos mencionar que en el texto principal de esta investigación se optó por recurrir a las traducciones existentes de las obras originales, y de no existir estas se recurrió a la traducción personal de las mismas. De igual forma, aclaramos que en las citas directas o textuales se cita autor-fecha y la correspondiente página; y, cuando se trata de un confróntese, además de los datos señalados, se decidió especificar el título de la fuente a que se refiere en el cuerpo principal del trabajo. Para finalizar debemos mencionar que con este trabajo solo pretendemos hacer más clara la posición de James en relación con el tema de la verdad, tratando de sistematizar y organizar los elementos principales que en ella intervienen y que están disgregados en la obra de James, y comprender mejor sus motivaciones, y así romper con una visión simplificadora de su propuesta en términos de interés particular o mera practicidad, deshaciendo los prejuicios que hay sobre la misma. Y, de igual manera, otro interés adicional es rescatar el pensamiento de Schiller que consideramos valioso, tanto para entender mejor a James, como por su forma, también completamente novedosa, de afrontar en su época los problemas cognoscitivos. Creemos que más allá de las críticas, que muy bien puede ser tema de otra investigación, sus aportes nos pueden ayudar a
Introducción 23 construir una ciencia y una filosofía más acordes con el bienestar humano y no el económico. Con esto solo queremos manifestar nuestra muy modesta contribución, y que somos conscientes de muchas inadvertencias, saltos u omisiones en el desarrollo de la misma. A nuestro juicio, y enlazando con una de las citas del comienzo de la introducción, estos autores se nos presentan con unas ideas que contribuyen a seguir avanzando en la búsqueda de tan ansiado tesoro como es la verdad.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 30 ciencia moderna radica en su ser exacta, segura, a diferencia de la ciencia de los griegos y medieval cuya característica era un tipo de saber hipotético, deductivo, contemplativo, especulativo, cuya esencia no es ser exacto, sino buscar la verdad por inclinación natural, por la verdad misma; en cambio en la modernidad se busca dominar la naturaleza, el sujeto busca disponer del mundo y para eso necesita un conocimiento exacto, seguro, válido, que le brinde la confianza necesaria, y para lograr esto se vale del método científico que garantizará al hombre ejercer este poder sobre la naturaleza. Así tenemos, que la intencionalidad cartesiana era fundar las bases para la reflexión científica moderna. El conocimiento es posible en la medida en que exista un sujeto distanciado del objeto, de tal forma que pueda pensar y razonar, ordenadamente y con certeza. Descartes nos presenta la razón como herramienta de claridad y distinción; deseaba validar la racionalidad humana como principio del conocer. Descartes utilizó la duda como método y sometió todo conocimiento a duda con el fin de encontrar una verdad de la que no pudiese dudar ni el más escéptico. Con su certeza “Pienso, luego existo”, alcanzó una base segura y firme, más allá de toda duda se encuentra nuestra propia existencia y esto es una evidencia. Serán aceptadas como verdaderas, entonces, aquellas ideas que sean claras (ciertamente presentes a la conciencia) y distintas (distinguidas con precisión de otras ideas)5. 5 Explica Descartes: “Estoy seguro de que soy una cosa que piensa; pero ¿no sé también cuáles son los requisitos precisos para estar cierto de algo? Desde luego, en este mi primer conocimiento nada hay que me asegure su verdad, si no es la percepción clara y distinta de lo que digo, la cual no sería, por cierto, suficiente para asegurar que lo que digo es verdad, si pudiese ocurrir alguna vez que fuese falsa una cosa concebida por mí de ese modo claro y
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 31 El conocimiento lógico y matemático recobra su seguridad y pretende erguirse como fundamento, un piso sólido del conocimiento científico. A Descartes su criterio le da seguridad en la búsqueda de la verdad absoluta. Los filósofos racionalistas pretenden un saber total, absoluto, vinculado a su concepción metafísica de la realidad; en general, defienden una verdad concebida como la única respuesta, determinada y completa de la cual no se pueda dudar. Lo importante ahora es la idea del método. En vista del rigor, exactitud, certeza que exigía la ciencia moderna se necesitaba un método, un proceder seguro que evitara las dudas e inseguridades, un camino para alcanzar la verdad o la objetividad del pensamiento, un conjunto de pasos, de procesos que permitan comprobar empíricamente o de manera racional lo que está en el pensamiento6, lo único de lo que no se puede dudar, según Descartes. Ahora se trata de verificar, constatar los diferentes hechos a través de un método riguroso y adecuado que nos ofrezca su certeza. Se limita el saber a lo comprobable7. distinto; por lo cual me parece que ya puedo establecer esta regla general: que todas las cosas que concebimos muy clara y distintamente son verdaderas” (Descartes, 2002: 165 y 166). 6 Tal conjunto de pasos conforman las célebres reglas del método de Descartes: “[...] en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera: Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinara en cuantas partes fuera posible y en cuantas requiriese su mejor solución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente. Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada” (Ibídem: 82). 7 El ideal de conocimiento perfilado por el concepto de método consiste en recorrer una vía de conocimiento tan reflexivamente que siempre sea posible repetirla, pero esto supone necesariamente una restricción en las pretensiones de alcanzar la verdad. Si la verdad supone la verificabilidad, el criterio que mide el conocimiento no es ya su verdad, sino su certeza (Cfr.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 32 Ya no se trata como en la cultura griega de la verdad que se identifica con el ser de las cosas, con la realidad misma; sino de un criterio de verdad que dé seguridad y certeza, pero ésta no va unida necesariamente a la verdad. En las épocas anteriores a Descartes se había considerado como un hecho que la verdad se mostraba espontáneamente al ser humano, y éste estaba dotado de capacidades especiales para descubrirla. Con Descartes se alcanza una seguridad, una certeza intelectual completa que todo ser humano puede obtener, siempre que utilice un método adecuado; lo más importante para la verdad va a ser el uso adecuado del método8. En la época moderna, por tanto, se interesaron por desarrollar un conocimiento secular sobre la realidad, desvinculado de la explicación religiosa medieval y que, sobre todo, tuviera algún tipo de verificabilidad, certeza (racionalistas) o validación empírica (empiristas). La nueva ciencia se basaba en la obtención de un conocimiento probado a partir de la utilización del método, de la observación y la experimentación, a diferencia del conocimiento tradicional que se deducía fundamentalmente de los textos y verdades clásicas. Se buscaba descubrir las leyes que rigen la naturaleza para predecirla. Para el mecanicismo de Gadamer, “Qué es la verdad”, en: Nicolás y Frápolli, Ob. cit. p. 436). Para satisfacer este ideal de certeza, el ideal de verificación supone la limitación del saber a lo comprobable. 8 La siguiente cita de Heidegger condensa la importancia del método para Descartes a fin de poder establecer la verdad: “Lo verdadero es sólo lo asegurado, lo cierto. Verdad es certeza, certeza para la cual resulta decisivo que el hombre como sujeto esté en ella en cada caso seguro y cierto de sí mismo. Por ello, para el aseguramiento de la verdad en cuanto certeza es necesario en un sentido esencial el pro-ceder (Vor-gehen), el asegurar-de-antemano. El «método» adquiere ahora un peso metafísico que está por así decirlo inscrito en la esencia de la subjetividad. «Método» ya no es simplemente la secuencia de algún modo ordenada de los diferentes pasos en los que se mueve el examen, la demostración, la exposición y la correlación de los conocimientos y fragmentos doctrinales en el modo de una «summa» escolástica, la cual tiene una construcción regulada y siempre recurrente. «Método» es ahora el nombre del proceder asegurador y conquistador frente al ente para ponerlo en seguro como objeto para el sujeto” (Heidegger, 2000: 141).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 33 esta época, el cual afirmaba que la realidad, o cuando menos toda realidad natural, tiene una estructura comparable a la de una máquina, de modo que puede explicarse a base de modelos de máquinas, lo esencial consistía en la idea de que la diversidad de lo observado se reduce total y perfectamente a las consecuencias de un grupo de leyes cuantitativas que gobiernan el comportamiento de algunas entidades básicas, por ejemplo la posición, la velocidad. El sujeto, el individuo por sí solo, por su sola razón, por sus propias fuerzas debe encontrar la verdad, pero ésta sigue siendo entendida como correspondencia con la realidad. Descartes y el cartesianismo le dan impulso al conocimiento racional y tienen gran influencia durante la época moderna. De esta manera, con la filosofía de Descartes se inicia una etapa en la que prevalece la razón, el intelecto; la época del racionalismo o del intelectualismo que se extiende sobre los problemas del mundo, de la ciencia y de la vida9. Es precisamente a este auge del intelectualismo que sobrevive en los filósofos idealistas al que se enfrenta William James. Los racionalistas reducen todo ser a contenido de pensamiento, la verdad tendrá que fundarse en el pensamiento mismo y por tanto, en sus leyes formales. Se visualiza el problema al que se enfrentan los racionalistas, a saber, como conjugar las verdades “racionales” con las verdades “empíricas”. Para los empiristas, por su parte, las verdades son fundamentalmente verdades de hecho. Una proposición puede considerarse verdadera y, en general, un producto cualquiera de la actividad humana puede considerarse válido, 9 Cfr. García Morente, Lecciones preliminares de Filosofía, 2007, p. 157.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 34 únicamente si los elementos que resultan pueden ser hallados en la experiencia y están vinculados según un orden, que es el mismo de la experiencia. Hume nos dice que el único fundamento sólido que podemos dar a la ciencia ha de radicar en la experiencia y la observación10. Expone un fundamento nuevo, que ya no va a ser solo la razón. Su tesis es que debemos aplicar el método experimental, que con tanto éxito se ha aplicado al campo de las ciencias naturales, al estudio del hombre. El método debe ser inductivo más bien que deductivo. Para Hume lo más relevante son las impresiones11; en consecuencia, solo se pueden tener creencias del mundo exterior; lo único de lo que podemos estar seguros son las impresiones. Nos encontramos en Hume con un positivismo y con un fenomenalismo, pues lo dado son las sensaciones12. En Hume a diferencia de Descartes ya no está presente la noción de certeza, no hay seguridades, solo podemos tener creencias del mundo exterior, como 10 “[...] todas las leyes de la naturaleza y todas las operaciones de los cuerpos sin excepción son conocidas únicamente por experiencia [...] En vano [...] deberíamos intentar determinar cualquier suceso concreto, o inferir cualquier causa o efecto, sin la ayuda de la observación o de la experiencia” (Hume, 2002: 92 y 93). 11 Señala Hume: “Todas las ideas, especialmente las abstractas, son por naturaleza débiles y oscuras. La mente no tiene más que un dominio escaso sobre ellas [...] Por el contrario todas las impresiones, es decir, todas las sensaciones, tanto las externas como las internas, son fuertes y vivaces. Sus límites se encuentran determinados con más exactitud, y no es fácil caer en el error o en la equivocación en lo que a ellas respecta (Ibídem: 81). A su vez, afirma: “todas nuestras ideas no son más que copias de nuestras impresiones, o, en otras palabras, que nos es imposible pensar en algo que previamente no hayamos sentido, ya sea mediante nuestros sentidos externos o internos”. “[P]ara conocer del todo la idea de poder o conexión necesaria, examinemos su impresión; y para encontrar con mayor certeza la impresión, busquémosla en todas las fuentes de las que puede tal vez derivarse” (Ibídem: 120 y 121). 12 “Remata el empirismo inglés de Hume en un positivismo, en una negación de los problemas metafísicos [...] no llega a poner en entredicho la ciencia; pero le pone un basamento, un fundamento caprichoso: el fundamento de la ciencia es la costumbre, el hábito, la asociación de ideas; fenómenos naturales, sicológicos, que provocan en mí la creencia en la realidad del mundo exterior. Hume cree que el hombre es un ser de acción, el hombre necesita actuar, necesita vivir y para vivir necesita contar con ciertas regularidades de las cosas. Aquellas regularidades de las cosas que salen bien [...] adquieren poco a poco el carácter de verdades”. (García Morente, 2007: 186).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 35 decíamos antes. Ahora bien, Hume sí cree que es posible el conocimiento de la ciencia, pero éste ya no sería un conocimiento exacto, sino que simplemente, por medio de las asociaciones de ideas estamos acostumbrados a creerlo así, por hábito; la ciencia es probable por la acción del ser humano. Esta dirección a lo concreto, a la acción va a ser una de las características del pensamiento de James y del pragmatismo en general, como se verá más adelante; no en vano se señala a Hume como predecesor del pragmatismo. Este autor ejerció gran influencia en James, su temperamento, su manera de intuir la realidad se hace presente en el espíritu y la tradición de James a la hora de analizar los problemas. Ambos se constituyen como una reacción contra la especulación metafísica, se manifiestan contrarios a un intelectualismo en el que todo parece previsto y ordenado, defienden la libertad individual, son nominalistas y así no tienen que ocuparse de abstracciones. Se resisten a elaborar grandes sistemas, comparten la legibilidad de sus discursos y la tendencia al humanismo con su falta de certezas absolutas y la tolerancia a la pluralidad. En virtud de lo dicho consideramos a Hume de vital importancia en la doctrina de James. A su vez ese empirismo tradicional le va servir a James de base para desarrollar su posterior empirismo radical. Sin embargo hay una diferencia fundamental entre el empirismo tradicional y el de James. El empirismo tradicional sostenía que las relaciones entre las cosas no son dadas, sino que el espíritu las pone por medio de asociaciones de ideas. Para James los elementos de la experiencia se alojan en una matriz de relaciones y ambos se dan en la experiencia misma.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 36 Hasta este momento presentamos dos opiniones contrastadas la del racionalismo y la del empirismo, ahora mostraremos algunas ideas de Kant acerca de la verdad. Contra la tendencia del empirismo inglés (Hume, Locke, Berkeley, entre otros) reaccionó Kant con su idealismo trascendental; sin olvidar que éste se presenta como un intermediario entre las dos posiciones en conflicto: no se pueden conocer los fenómenos de la naturaleza mediante el puro pensar (especulativo), el cual es vacío; tampoco se pueden conocer mediante las puras intuiciones, las cuales son ciegas. Solo la conjunción del pensamiento con la intuición permite el conocimiento efectivo de lo real13. Kant toma de Hume, quien lo despertó de su ‘sueño dogmático’, que la experiencia nunca puede proporcionar un conocimiento universal y necesario14, pero, a su vez, va más allá y explica que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, no obstante, no por eso se origina todo él en la experiencia15. Kant acepta la definición tradicional de la verdad del conocimiento, la cual se expresaba en términos de adecuación del conocimiento con el objeto. Pero la acepta como mera definición nominal y la rechaza como definición real, debido a su círculo vicioso; y esto lleva a Kant a situar el problema de la verdad en el problema del criterio de verdad, se hace 13 Cfr. Kant, Crítica de la razón pura, 1973, p. 202. 14 “La experiencia no da nunca juicios con una universalidad verdadera y estricta, sino con una generalidad supuesta y comparativa (por la inducción), lo que propiamente quiere decir que no se ha observado hasta ahora una excepción a determinadas leyes [...] la universalidad empírica no es más que una extensión arbitraria de valor, pues se pasa de un valor que corresponde a la mayor parte de los casos, al que corresponde a todos ellos [...]” (Kant, 1973: 149). 15 Dice Kant: “Pero si es verdad que todos nuestros conocimientos comienzan con la experiencia, todos, sin embargo, no proceden de ella, pues bien podría suceder que nuestro conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos por las impresiones y de lo que aplicamos por nuestra facultad de conocer (simplemente excitada por la impresión sensible), y que no podamos distinguir este hecho hasta que una larga práctica nos habilite para separar esos dos elementos” (Ibídem: 147).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 37 necesario buscar en el conocimiento mismo un criterio que certifique su verdad. Hegel por su parte, también dentro de un marco idealista, intenta llegar a la verdad absoluta16, llamada por él verdad filosófica; el racionalismo se convierte con Hegel en idealismo absoluto17. En las concepciones idealistas aparece la noción de verdad como coherencia, un juicio particular dado debe ser consistente con todos los demás juicios. Se pasa, pues, de la verdad como correspondencia a la noción de verdad como coherencia o consistencia. En la concepción de la verdad como coherencia no se puede hablar de verdad o falsedad de proposiciones aisladas. La verdad de una proposición no es una correspondencia con la realidad, sino con otras proposiciones; una proposición es verdadera si es coherente con el resto de las proposiciones del sistema. Lo que puede ser verdadero o falso es el sistema. Se le critica que en las ciencias que se refieren a hechos la verdad no puede ser mera coherencia interna de la teoría. La filosofía especulativa y, en particular el idealismo alemán tenían un desarrollo marcado en las primeras décadas del siglo XIX, la sombra del positivismo no se había aún proyectado sobre la escena. De 1850 a 1880, aproximadamente, se manifiesta en Inglaterra el espíritu positivo propiamente dicho; se trata de librar a la filosofía de todos sus elementos “metaempíricos”, no por interés social o práctico sino solo para alcanzar el ideal de un conocimiento científico correcto. 16 “Lo absoluto es la idea universal y única, que, al juzgar, se especializa en el sistema de las ideas determinadas, pero que vuelven a la única idea, su verdad” (Hegel, 1977: 107). 17 Expresa Hegel: “la razón: es la certeza de la conciencia de ser todo realidad; de este modo expresa el idealismo el concepto de la razón” (Hegel, 2010: 144).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 38 Según García Morente la filosofía del idealismo alemán se separó demasiado de las vías que seguía el conocimiento científico; no las tuvieron en cuenta ni como punto de partida ni como punto de llegada. Se empeñaron en que su deducción trascendental, esa construcción sistemática que partía de lo absoluto, comprendiera, también la ciencia de su tiempo. Y así se fue labrando, poco a poco, un abismo entre la filosofía y la ciencia, y sobrevino el espíritu que llamaríamos positivista18. Para el positivismo todo conocimiento se fundamenta en la experiencia interna o externa; todo conocimiento es fenoménico; todos los fenómenos asequibles al conocimiento humano están sometidos a la inmutabilidad y al determinismo de las leyes naturales. Doctrinalmente el positivismo renuncia al ser para atenerse al hecho, al dato experimentable; ya no se trata de adecuación entre el decir y el ser, sino entre proposiciones y hechos, sustituye la categoría de ser por la de hechos, pero sigue bajo la concepción de la verdad como correspondencia o adecuación. Según afirma Comte, el filósofo y matemático francés fundador del positivismo, por positivismo hay que entender aquella interpretación de la realidad (el hombre, la historia, la sociedad) basada en la ciencia; el saber científico es el que configura el espíritu humano y el que impulsa el progreso histórico y social19. Comte establece como regla fundamental que toda 18 Cfr. García Morente, Ob. cit., p. 319. 19 El espíritu humano recorre, en orden progresivo, varios estados a lo largo de la historia con el fin de alcanzar el fin propuesto por su naturaleza: el estado científico. Según esta doctrina todas nuestras especulaciones están sujetas a pasar sucesivamente por tres estados teóricos diferentes (ley de los tres estados): a) teológico o ficticio, debe considerarse un estado provisional y preparatorio; b) metafísico o abstracto, es transitorio, constituye una modificación del primero; c) positivo o científico, es el régimen definitivo de la razón humana (Cfr. Comte, Discurso sobre el espíritu positivo, 1999, p. 69).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 39 proposición que no pueda reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible20. Para éste la doble base en que descansa la filosofía positiva es: a) la inmutabilidad de las leyes naturales frente a la teología, que introducía intervenciones sobrenaturales y, b) el mundo especulativo limitado, frente a la metafísica, que perseguía lo infinito y absoluto. La idea central del positivismo consistía en rechazar para la filosofía todo contenido extraño a los datos de las ciencias. En el siglo XIX, con el positivismo de Comte, la ciencia se exalta, se considera como única manifestación legítima de lo infinito y, por ello, se llena de significación religiosa, pretendiendo suplantar a las religiones tradicionales. Se asiste a un verdadero culto religioso de la ciencia. Ciencia dirigida a establecer el dominio del hombre sobre la naturaleza. Los conceptos fundamentales son la legalidad de los fenómenos naturales y la posibilidad de la predicción. Se presenta la ciencia como único fundamento posible de la vida humana individual y social. En la actitud positivista está presente la convicción de que las ciencias empíricas son la única fuente realmente segura de conocimiento. Por estas razones, entre otras, se reaccionó contra el positivismo y hubo una renovación de la filosofía, en Alemania surgieron las escuelas filosóficas neokantianas, como la escuela de Marburgo, pero también fue destacable la influencia de Brentano, y de allí surge la fenomenología de Husserl; así como en Francia uno de los grandes luchadores contra la tendencia positivista fue 20 Ibídem, p. 77.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 46 pensamiento. Según la doctrina darwiniana cualquier producto natural es resultado de variaciones que se someten a la selección natural. No se concibe a la razón humana como algo sobrenatural; ahora solo se trata de una capacidad de relación con el medio, producto de variaciones fortuitas y circunstancias variables. De ahí que Pérez de Tudela, cuando menciona algunas de las características que él considera comunes entre los pragmatistas clásicos (Peirce, James y Dewey), señala como la primera la siguiente: “Se trata de pensadores que quieren hacerse eco de la revolución científico-espiritual operada por Darwin […] se preocuparán del problema y el concepto de evolución. Evolucionistas, harán sitio en sus esquemas, y un sitio de preferencia, a los conceptos de organicismo, teología, proceso, progreso y futuro” (Pérez, 2007: 16). Además, William James junto a Charles S. Peirce y otros intelectuales de su época (juristas y teólogos en su mayoría), alrededor de 1870, conformaron “El club de los metafísicos”25. Los integrantes de este club buscaron, entre otros objetivos, nuevas vías para afrontar los problemas que ocasionó la Guerra de Secesión en Norteamérica, puesto que todo el marco ideológico dominante hasta esa época fue puesto en entredicho26. En el afán de esa búsqueda fueron partidarios de frenar las abstracciones metafísicas, de superar las dicotomías tradicionales entre forma y contenido del conocimiento, mente y mundo, contemplación y acción. Para ellos el conocimiento era un proceso de acción en el que la realidad y la mente se adaptan una a la otra; las ideas científicas no son una 25 The Methaphysical Club, es la denominación dada por Peirce a este club filosófico de Cambridge (USA). 26 Cfr. L. Menand, El club de los metafísicos, 2002, p. 2.
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 47 copia de la realidad, sino un conjunto de instrumentos e hipótesis para establecer una serie de relaciones con el mundo27. Tal bosquejo del contexto, tanto cultural, académico y social en el que se desenvuelve William James nos facilitará la comprensión del significado de sus ideas, los problemas que le preocupaban, así como las razones que le hacen examinar la noción de verdad y las definiciones tradicionales que se han dado sobre ésta; y que le conducen a adoptar un punto de vista que encaje con esta nueva actitud de enfrentarse a los problemas que propone. 1.3. Conocimiento, realidad y experiencia No obstante, explicar la teoría de la verdad de William James no es tarea fácil, ya sea por el lenguaje que el autor emplea, muchas veces metafórico, literario, impreciso; o por las interpretaciones incorrectas y hasta de mala fe realizadas en su contra; así como lo disperso y heterogéneo de su discurso. Pese a estas dificultades pretendemos hacer un análisis exhaustivo de su concepción de la verdad, mostrar los elementos que la conforman y que están dispersos en su obra, aunque se encuentran, principalmente, en sus textos Pragmatismo y El significado de la verdad, los cuales son obras claves en su explicación del tema de la verdad. 27 “Todos ellos creían (James, Peirce y Dewey) que las ideas no están ‘ahí’, esperando que se las descubra sino que son herramientas (como los tenedores y los cuchillos y los microchips) que la gente crea para hacer frente al mundo en que se encuentra […] Creían que las ideas no se desarrollan según cierta lógica interior propia, sino que son absolutamente dependientes, como los gérmenes, de sus portadores humanos y del ambiente. Y creían que como las ideas son respuestas provisionales a circunstancias particulares e irreproducibles, su supervivencia no depende de su inmutabilidad sino de su adaptabilidad” (Menand, 2002: 13).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 48 Para emprender dicha tarea es muy importante tener claro varios aspectos fundamentales del pensamiento de William James, sin los cuales no tendríamos una cabal comprensión del mismo, y que vienen a ser como presupuestos imprescindibles para una interpretación adecuada del autor, de los cuales nos ocuparemos ahora. Algunos de estos aspectos ya han sido mencionados en líneas anteriores de manera muy somera. El primer tema que debemos aclarar es epistemológico, ya que James nos va a aportar un nuevo enfoque para entender el acto de conocer. Para James el conocimiento es activo, como señalamos en la página anterior, y las ideas no van a ser solo una copia fiel de la realidad. En la explicación llamada ‘tradicional’ del conocimiento la mente tenía un papel pasivo y conformista, y el conocimiento sólo se entendía como una copia de la realidad. En James, en cambio, está presente la idea de proceso28, y la mente no será considerada una cosa (un espejo), sino un proceso vital o una estructura en movimiento. El conocer va a implicar un estado de conciencia, que se puede llamar pensamiento, idea, sensación –ésta debe entenderse en el sentido de ‘sensación de la realidad’29– y que haya algo que sea conocido, las ‘realidades’ o cosas que existen independientes de la sensación mediante la cual las conocemos. Ahora bien, la única garantía para llamar realidad a algo es la fe del crítico actual o del investigador, y esto es debido, según James, 28 James, bajo la influencia del darwinismo, ve al hombre como resultado de un proceso evolutivo. “El organismo en su totalidad, incluidas no solo sus funciones sino también sus estructuras y su íntima organización, han de ser vistas ahora como un proceso que está en marcha. La vida, todo lo vital, está en movimiento, sometido a variación, a modificación, a ajuste y desajuste con su entorno” (Carpintero, 2005: 100). 29 Cfr. James, El significado de la verdad, 1974, p. 43.
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 49 a que a través de la sensación creamos y configuramos una realidad, pues, no obstante haber allí una realidad independiente, es a través de esa sensación que creamos esa nueva realidad30. Recordemos que para James no va a haber un fundamento último, y por ello debemos escoger algunas realidades, ya sea por el criterio de la coherencia, de la simplicidad o de la economía, entre otros; es decir, la realidad siempre pasa por nuestro filtro, o el filtro que nosotros le imponemos, pero no por algún fundamento misterioso; y es aquí donde James se separa de manera tajante de explicaciones anteriores sobre el conocimiento. Toma la realidad de este modo relativo y provisional, y, como consecuencia, el conocimiento no va ser neutral y absoluto sino falible, donde el sujeto ejercerá su rol activo. Tales ideas de James sobre la realidad y la falibilidad del conocimiento van a estar presentes desde sus primeros escritos, así tenemos que en el artículo “La función del conocer” de 1884, expresa: ‘La realidad’ se ha convertido en nuestra garantía para llamar cognoscitiva a una sensación; pero ¿en qué consiste nuestra garantía para llamar realidad a algo? La única respuesta es: la fe del crítico actual o del investigador. En cada momento de su vida se halla obligado a creer en ‘algunas’ realidades, incluso aunque sus realidades de este año demostraran ser ilusiones del próximo (James, 1974: 47). 30 “Negaremos que exista la función de conocimiento en cualquier sensación cuya cualidad o contenido no creamos que exista fuera de aquella sensación tanto como en ella. Si queremos, podemos llamar sueño a tal sensación” (James, 1974: 47).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 50 Lo que va ser conocido será una realidad en construcción, una realidad como proceso que incluye al sujeto como agente activo que participa31. La realidad no va a estar preconfigurada y estática ante un sujeto inactivo y apartado como un mero espectador neutral. Para James el conocimiento va a ser un proceso natural dentro de la experiencia, que debe ser explicado por medios naturales sin recurrir a nada fuera de ésta, tal y como lo expresa en el capítulo “Algo más sobre la verdad” de El significado de la verdad: [...] no hay nada especial único en los procesos de conocer. Caen éstos completamente dentro de la experiencia, y no necesitamos para describirlos emplear categorías diversas que las empleadas en describir otros procesos naturales (Ibídem, p. 163). Al respecto debemos mencionar que James en ese mismo capítulo hace referencia a la distinción entre relaciones saltatorias y relaciones ambulatorias en todo proceso de cognición. Y aclara que su visión del conocimiento sería ambulatoria porque describe el conocer como existe concretamente; en tanto, que la explicación saltatoria describe sus resultados tomados en abstracto. Para James conocemos un objeto mediante una idea, cuando quiera que ambulamos –es decir, vamos dando pasos, no saltamos– hacia el objeto bajo el impulso transmitido por la idea. La idea nos permite entrar en interacción con el objeto, como ya hemos 31 En este mismo orden de ideas Faerna al explicar el concepto de realidad introducido por James, señala: “Realidad y pensamiento ya no se dan en espacios heterogéneos, como por ejemplo el espacio real de un objeto y el espacio virtual de su imagen en un espejo, sino que se funden en un continuum” (Faerna, 1996: 74).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 51 mencionado y profundizaremos más adelante, pues James considera las ideas de forma instrumental, es decir, como un instrumento que nos capacita para una mejor relación con el objeto y para actuar sobre él. De esta manera explica James: Mi tesis es que el conocer hácese aquí por ambulación mediante interventoras experiencias. Si la idea no nos guía a parte alguna o desde tal objeto en vez de hacia él, ¿cabe hablar de que posea cualidad cognitiva alguna? Ciertamente que no, porque es solo al tomarse en conjunción con experiencias intermedias cuando llega a relacionarse con tal objeto particular más que con otra parte alguna de la naturaleza. Aquellos intermediarios determinan la función cognoscente particular que él ejerce […] Las experiencias interventoras son, pues, así, fundamentos indispensables para una relación concreta cognoscitiva, como el espacio interventor lo es para una relación de distancia (Ibídem, p. 162). Esta forma de pensar le permite a James criticar a los que convierten la relación entre idea y objeto en abstracta y saltatoria. Nos dice que lo que hacen es vaciar la idea, el objeto y los intermediarios de todas sus particularidades para solo conservar un plan general, y luego los consideran solo en función de los resultados y no por ser parte de un proceso. Los intermediarios de esta forma no son tomados en cuenta, se ‘evaporan’. James considera en El significado de la verdad a este proceder como la falacia de oponer abstracciones a los casos concretos de los que aquéllas son abstraídas y la denomina ‘falacia del intelectualismo’ o ‘intelectualismo vicioso’, al igual que en Pragmatismo la había denominado ‘la falacia racionalista’32. James nos pone muchos ejemplos de esta 32 Cfr. James, Pragmatismo, 2002, p. 146.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 52 situación, uno de ellos es el del hombre prudente: ¿sería prudente tal hombre en ausencia de todos y cada uno de sus actos?33 Esta forma de concebir James el conocimiento va a estar en consonancia con los planteamientos humanistas de Schiller sobre el mismo, como analizamos en el último capítulo. James nos dice que si aceptamos la tesis humanista en el proceso cognoscitivo tanto el sujeto cognoscente como el objeto conocido deben ser porciones de experiencia. No va a existir brecha epistemológica alguna entre ellos. Así tenemos que en el caso del conocimiento conceptual, en general, se entiende que la experiencia representativa trasciende por sí misma en conocer la otra experiencia que es su objeto; de allí que nadie puede hablar del conocimiento de la una por la otra sin verlas como entidades numéricamente distintas. Pero, para el humanista es diferente, éste observa el intervalo-distancia de forma concreta y pragmática y confiesa que consiste en otras experiencias interventoras posibles. En el caso del conocimiento sensorial, a nuestro juicio, para James no tiene mayor dificultad; ya que el objeto y el sujeto se funden en el hecho de la presentación o percepción sensorial34. En cualquier momento real del conocer, lo que pensamos es nuestro objeto, no el modo en que nos hallamos de momento pensando en él, enfatiza James. Estas observaciones también están muy relacionadas con su noción de ‘experiencia pura’ que veremos más adelante. Así, para James los actos de cognición, aún considerados de la forma más abstracta, son inalterablemente dados en la experiencia. Además James al referirse a las relaciones lógicas y sicológicas entre idea y objeto nos dice que: “[...] lo lógico es sencillamente lo sicológico, 33 Cfr. James, Ob. cit., 1974, p. 171. 34 Ibídem, p. 149 y 150.
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 53 destripado de su plenitud y reducido a bosquejo abstractivo puro” (Ibídem, p. 174). Ahora bien, esta forma de entender el conocimiento para James, como se observa, está estrictamente relacionada con su forma de entender la realidad. De allí que necesitamos tener claro el concepto que maneja James de realidad para tener una comprensión cabal de su pensamiento, pues estamos de acuerdo con Bergson, cuando afirma que “se comprendería mal el pragmatismo de James si no se comenzase por modificar la idea que se tiene corrientemente de la realidad en general”35 (Bergson, 1976: 193). Y es que la idea tradicional de la realidad que tenemos la presenta como rígida, determinada, terminada, única e inmutable, la cual solo tenemos que copiar. Ahora bien en James, por el contrario, la realidad es múltiple y móvil, la toma de modo relativo y provisional, de tal forma que la garantía para llamar realidad a algo la pone en lo que denomina la fe del crítico actual o del investigador, como ya señalamos anteriormente, el cual se halla obligado a creer en algunas realidades que pueden ser meras ilusiones mañana. Para James la realidad se está creando temporalmente día a día36, en consecuencia, los conceptos no pueden nunca ir más allá de lo que lo hace la percepción37, por cuanto las estructuras más profundas de la realidad se pueden encontrar solamente en la experiencia perceptual. Las realidades sólo son tal como 35Según Bergson, la realidad, tal como James la ve, es redundante y superabundante (Cfr. Bergson, El pensamiento y lo moviente. 1976, p. 194). 36 Faerna también insiste en esta idea al presentar el pensamiento de James: “La realidad ya no va a ser esencialmente una estructura acabada que hay que reproducir desde fuera, sino un proceso abierto que hay que predecir y controlar desde dentro” (Faerna, 1996: 75). 37 “Cuando [refiriéndose a los intelectualistas] han fragmentado la realidad en conceptos no pueden nunca reconstruirla en su totalidad. Con ninguna cantidad discreta pueden manufacturar lo concreto” (James, 2009: 165).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 54 se las conoce, por lo tanto, James va a dirigir su mirada a la vida sensorial para encontrar en ella el conocimiento más completo de la realidad. Esto nos lleva a la visión pluralista que sigue James, que cree que en última instancia nunca se puede reunir por completo la sustancia de la realidad a través de conceptos, ya que cierta parte va a quedar afuera por grande que sea la combinación, es decir, para los pragmatistas la realidad nunca va a estar determinada. Como veremos en detalle más adelante, James nos va a ofrecer un concepto no tanto de realidad, como de ‘realidades’ bastante amplio, en el cual no solo estarán presentes las cosas del sentido común, sensiblemente presentes, sino también las relaciones tales como fechas, lugares, distancias, géneros, actividades38, y a través del cual le da un amplio margen de acción al ser humano; de ahí que realidad para James siempre va a significar realidad experimentable39. Esto nos conduce al otro aspecto básico que debemos analizar, se trata de la experiencia, que también es enfocada por James de forma original. El concepto nuevo que nos ofrece James de experiencia será más abierto, dinámico y plural. La experiencia se va a orientar ahora hacia el futuro40. James critica también la noción tradicional de experiencia como una sucesión de ideas, imágenes, perceptos, sensaciones estables, distintas y sustantivas, que son susceptibles de 38 Cfr. James, Ob. Cit., 2002, p 133. 39 Al respecto menciona Sánchez que, en la teoría pragmática del conocimiento, la realidad “es un sistema combinado cuya resistencia no es tan grande que impida su penetración, al mismo tiempo que su ductilidad nos permite hacer de él de acuerdo con su propia constitución” (Sánchez Fernández, 2005: 116). 40 Este punto es resaltado por Faerna al analizar la noción de experiencia en James: “El hecho de tener experiencias ya no se interpreta desde el pragmatismo como un modo pasivo de verse afectado por las cosas, y por tanto como un efecto consecutivo a éstas, sino como el momento crucial en la actividad que predispone el organismo para anticipar su relación futura con esas cosas” (Faerna, 1996: 75).
Introducción a la doctrina de la verdad en William James 55 análisis41, y considera que esta es una visión discontinua de la experiencia que olvida muchas partes de nuestra vida interna y que va en contra del dinamismo y el continuo fluir de la conciencia. James defiende que las partes de la experiencia están unidas unas a otras por relaciones que son ellas mismas partes de la experiencia42. Así expresa, Todo examinador de la vida sensible in concreto debe ver que las relaciones de todo tipo, de tiempo, espacio, diferencia, semejanza, rango, causa, y lo que fuera, son miembros integrantes del flujo sensacional tanto como lo son los términos, y que esas relaciones conjuntivas son miembros tan auténticos del flujo como lo son las relaciones disyuntivas (James, 2009: 175). Este aspecto está considerado como uno de los grandes aportes de James, a saber, el tratar las relaciones como parte de la realidad. Y, a su vez, otra idea novedosa es su defensa de que no hay nada misterioso detrás de la experiencia, ya que para entender el universo no necesitamos fundamentos tras-empíricos extraños, pues el mundo tiene en sí mismo una estructura continua. La experiencia no solo consta de objetos, sino también de las relaciones que existen entre ellos. La realidad es un continuum de experiencia, tal y como afirma James en este pasaje de “La relación entre conocedor y conocido” de su obra El significado de la verdad: 41 También al respecto se pronuncia Faerna al decir que “el pragmatismo no entiende por experiencia una suma discreta de percepciones independientes que remiten de manera individual a segmentos o acontecimientos de la realidad experimentada” (Ibídem, p. 91). 42 Supra p. 35 (al final).
Capítulo II Verdad como proceso de verificación
Verdad como proceso de verificación 65 2.1. Verificación como proceso de conducción a través de las consecuencias prácticas. La concepción de la verdad de William James se puede encuadrar en el grupo de las teorías verificacionistas de la verdad, como hemos dicho, y esa verificación se incluye dentro de la gama de teorías que asumen la adecuación de nuestros pensamientos con la realidad, en la que se da una correspondencia entre el objeto y el entendimiento, según la concepción de la verdad como correspondencia. Para los positivistas, seguidores de la teoría de la verdad correspondentista, la verdad es la adecuación, es la ‘copia’ del objeto en la mente del sujeto. Si tenemos esa ‘copia’ hemos verificado; por ello la verificación se da si las proposiciones o enunciados científicos se corresponden con los hechos45. Debemos aclarar que los Positivistas Lógicos, como señalábamos al final del apartado 1.1, entendían la exigencia de la verificación empírica en principio como criterio de sentido y de demarcación científica; luego, en función de los inconvenientes y las críticas por ellos mismos formuladas, cambiaron al criterio popperiano de falsabilidad, nosotros nos limitaremos al principio de verificabilidad propuesto al inicio de sus investigaciones al realizar la comparación entre su noción de verificación y la de James. Como veremos en James la verificación no se establece en los términos que lo hicieron los neopositivistas, pues ni funciona como criterio de 45 Una proposición o el juicio del sujeto que conoce se reconoce como verdadero si en realidad se tiene un hecho al que corresponda, y por el contrario se considera falso si no existe tal hecho. Es verdadera la proposición cuando lo que expresa concuerda con la cosa sobre la que juzga, siendo necesario contrastarla en la experiencia. Estas ideas ya fueron enunciadas en el apartado 1.1 y serán desarrolladas más adelante en el punto donde se compara la verdad de los positivistas lógicos con la verdad de William James.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 66 significatividad ni como criterio de demarcación; para James la veri-ficación debe ser entendida como proceso, y tales procesos de verificación son los que permiten decir que la idea es verdadera. James no formula un principio de verificación en los términos en los que lo hacen los neopositivistas al decir que el significado de un enunciado consiste en su método de verificación, sino que habla de verificación en un sentido general equiparable a asimilar, validar, corroborar46. Adelantamos que para James la verificación de una idea se da al cumplir su función, basándose en la concepción instrumental que este autor tiene de las ideas. Por tanto, en James la adecuación o correspondencia va a tener una connotación distinta a la tradicional, tal y como lo expresa James en Pragmatismo: La verdad, como dicen los diccionarios, es una propiedad de algunas de nuestras ideas. Significa adecuación con la realidad, así como la falsedad significa inadecuación, con ella. Tanto el pragmatismo como el intelectualismo aceptan esta definición, y discuten solo cuando surge la cuestión de qué ha de entenderse por los términos ‘adecuación’ y ‘realidad’, cuando se juzga a la realidad como algo con lo que hayan de estar de acuerdo nuestras ideas (James, 2002: 130). Y además, en su texto El significado de la verdad enfatiza: “El pragmatismo define la ‘conformidad’ como ciertos medios de ‘actuación’, sean actuales o potenciales”47. (James, 1974: 240). Ya Peirce en su texto, Cómo hacer claras 46 Estas ideas serán desarrolladas al final de este capítulo. 47 Aquí se puede observar claramente la conexión que recupera el pragmatismo de James con el significado del término griego ‘πράγμα’ con acción, de la que vienen nuestras palabras ‘práctica’ y ‘práctico’.
Verdad como proceso de verificación 67 nuestras ideas, señala que nuestras creencias son realmente reglas para la acción. Así, para desarrollar el significado de un pensamiento necesitamos determinar qué conducta o acción es adecuada para producirlo, y tal conducta será para nosotros toda su significación. Ideas que resalta Castillo al mencionar que “Peirce entiende que la fijación del significado va de la mano de la fijación de las creencias, y ambos procesos tienen un carácter holístico” (Castillo, 1995: 104). Schiller y Dewey, al igual que James, plantean la explicación pragmática de lo que significa la verdad en los siguientes términos: la verdad en nuestras ideas significa su poder de actuación, que no es otra cosa que la llamada concepción instrumental de la verdad. Este poder de actuación se verifica, es decir, las ideas, que según James son partes de nuestras experiencias, llegan a ser ciertas en cuanto nos ayudan a entrar en relación satisfactoria con otras partes de nuestra experiencia; una verdad será siempre una especie de guión, un suavizador de transiciones, que ocasione un mínimo de conmoción y un máximo de continuidad entre las verdades antiguas y el nuevo hecho48. Por tanto, las ideas se hacen a sí mismas verdaderas por el modo en que actúan. Para James la posesión de pensamientos verdaderos significa la posesión de unos inestimables instrumentos de acción. La posesión de la verdad lejos de ser un fin en sí mismo, es solamente un medio preliminar hacia otras satisfacciones vitales. De este modo, la adecuación, que para los intelectualistas es una relación estática inerte (una copia), para los pragmatistas (además de ser una copia) pasa a ser, esencialmente, una cuestión de orientación. Aquí consideramos necesario 48 Cfr. James, Ob. cit., 2002, p. 54.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 68 dejar claro este punto: para James copiar una realidad es solo uno de los modos de conocer, es un modo muy importante de estar de acuerdo con ella, pero no es el único; cuando esa realidad no la podemos ‘copiar’, cuando nuestras ideas no pueden reproducir definitivamente el objeto, debemos entender la adecuación como un proceso de conducción, con lo cual si decimos que una creencia es verdadera cuando se adecua a la realidad, lo que estamos diciendo es que una creencia es verdadera cuando nos guía, nos orienta hacia la realidad, nos permite entrar en relaciones fructíferas con esta, sin que nada contradictorio de esa realidad pueda interferir el camino por el que nuestras ideas nos conducen. Una vez más se nos presenta, pues, el espíritu conciliador, abierto, dinámico de James al ampliar el concepto de adecuación, que ya no se reduce solo a copiar. James, sin embargo, critica la ‘verdad’ de los intelectualistas, porque la consideran como una relación estática, inerte, inmutable, como un resultado final que no hace necesario ir más allá, en palabras de James: “La noción de una realidad que nos exige adecuarnos a ella, y por ninguna otra razón sino simplemente porque su propósito es ‘incondicionado’ o ‘trascendente’, es algo en lo que yo no veo ni pies ni cabeza” (James, 2002: 148). Por tanto, para James las definiciones de verdad ofrecidas por los racionalistas, como él les llama, ─concebida la verdad ya sea, como una ‘pretensión incondicional’ o como un ‘deber imperativo’─ son absolutamente ciertas, pero absolutamente insignificantes hasta que se las considera de forma pragmática. Señala James que los racionalistas que hablan de pretensión y obligación dicen expresamente que éstas nada tienen que ver con nuestros
Verdad como proceso de verificación 69 intereses prácticos o razones personales; que la vida de la verdad se lleva a cabo en una dimensión puramente lógica o epistemológica, y que sus pretensiones anteceden y exceden a toda motivación personal49. Los pragmatistas, al contrario, consideran que el conocimiento es activo; que nuestras ideas no son solo una copia fiel de la realidad, como ya se ha explicado. El ser humano no va a ser un mero espectador, y no va a desempeñar, en consecuencia, una acción meramente contemplativa. De ahí que para James, como decíamos antes, la posesión de pensamientos verdaderos significa en todas partes la posesión de unos inestimables instrumentos de acción, así nuestro ‘deber’ para alcanzar la verdad puede explicarse por excelentes razones prácticas y la posesión de la verdad no va a ser el fin del pensar. Para James todo el sentido del pensamiento humano estriba en la obtención de la creencia, porque solo con este pensamiento en estado de reposo podemos actuar firmes y decididamente en el mundo. Las creencias son, como ya indicaba Peirce, reglas de acción, y “como la creencia es una regla para la acción, cuya aplicación implica una ulterior duda y un ulterior pensamiento, al mismo tiempo que es una parada es también un nuevo punto de partida para el pensamiento” (Peirce, 1971: 65), de ahí que para estos autores el pensamiento tenga como única misión producir en nosotros hábitos de conducta, que nos lleven a actuar en esa realidad para modificarla, de acuerdo con nuestros intereses, de forma satisfactoria. Las teorías no van a ser, para James, repuestas a los enigmas, sino 49 Ibídem, p. 145.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 70 instrumentos para seguir trabajando en la búsqueda de respuestas cada vez más acertadas. En este mismo sentido expone Dewey en La búsqueda de la certeza que las ideas no son enunciados de lo que es o lo que ha sido, sino que son actos a realizar. Porque entonces es cuando la humanidad aprenderá que las ideas, intelectualmente (con excepción del goce estético), carecen de valor cuando no desembocan en acciones que reordenan y reconstruyen de algún modo, en el grado que sea, el mundo en que vivimos50. En consecuencia, para el pragmatismo toda verdad va a ser una norma de acción, una norma para la conducta futura; el valor de las verdades va a ser probado por su funcionamiento. Considera James que la importancia para la vida humana de poseer creencias verdaderas acerca de hechos es algo demasiado evidente. Vivimos en un mundo de realidades que pueden ser infinitamente útiles o infinitamente perjudiciales. Las ideas que nos dicen cuáles de éstas pueden esperarse se consideran las ideas verdaderas. Las creencias deben actuar de manera que perturben lo menos posible al sentido común y a las creencias previas, y deben conducir a algún término sensible que pueda verificarse, en el sentido explicado antes, es decir deben realizar bien su función. A su vez, resalta James la importancia de poseer una reserva general de verdades extra, de ideas que serán verdaderas en situaciones meramente posibles, por cuanto el valor práctico de las ideas verdaderas se deriva de la importancia 50 Cfr. Dewey, La busca de la certeza, 1952, p. 121.
Verdad como proceso de verificación 71 práctica de sus objetos para nosotros51. Y tales objetos no son importantes en todo momento. Es decir, pueden no tener utilidad alguna en determinadas ocasiones, entonces la idea, aunque verificable, será prácticamente inadecuada y convendrá que permanezca latente. Esto nos trae a colación la cita célebre de James sobre la utilidad de las creencias –punto sujeto a numerosas críticas como por ejemplo, que la verdad sería cualquier cosa que nos agrade–, en la cual James expresa: […] y cuando una de estas ideas extra se hace prácticamente adecuada para uno de nuestros casos de necesidad […] pasa a actuar en el mundo y nuestra creencia en ella se convierte en activa. Se puede decir de ella que ‘es útil porque es verdadera’ o que ‘es verdadera porque es útil’. Ambas frases significan exactamente lo mismo, a saber: que se trata de una idea que se cumple y que puede verificarse. ‘Verdadera’ es el nombre para la idea que inicia el proceso de verificación; ‘útil’ es el calificativo de su completa función en la experiencia (James, 2002: 133). Es decir, James no concibe la verificación sin la utilidad; al verificarse, o cumplirse, la idea no solo resulta verdadera, sino, y lo más importante, resulta útil. De ahí que para James la verdad plena es la que energiza y lucha, en oposición a la verdad esencial de los intelectualistas; la verdad pragmática comenta James contiene toda la verdad intelectualista y además cientos de otras cosas. Recordemos que James acepta la copia, la reproducción del objeto como adecuación, pero para él no es suficiente y se pregunta por el valor efectivo de la verdad. Las ideas verdaderas deben cumplir esa función práctica, de no hacerlo, 51 Cfr. James, Ob. cit. 2002, p. 132.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 78 verificaciones directas como las indirectas, pues explica que donde la evidencia circunstancial basta –esto es hay verificación indirecta– no necesitamos testimonio ocular. El siguiente texto de James de Pragmatismo condensa todos los elementos que estamos señalando: Si las verdades significan esencialmente un proceso de verificación, ¿no deberíamos considerar las verdades que no se verifican como abortivas? No, pues constituyen el número abrumador de verdades con arreglo a las que vivimos. Se aceptan tanto las verificaciones directas como las indirectas. La verdad descansa, en efecto, en su mayor parte sobre su sistema de crédito […] Comerciamos uno con las verdades del otro, pero las creencias concretamente verificadas por alguien son los pilares de toda la superestructura. Los procesos que se verifican indirectamente o solo potencialmente, pueden, pues, ser tan verdaderos como los procesos plenamente verificados (James, 2002: 134 y 135). Podemos decir que para James todo enunciado que tenga una ‘pretensión’ de verdad, ésta quedará cumplida cuando haya sido verificada, como para cualquier teoría ‘verificacionista’ con respecto a la verdad. Ahora bien, al entender James que la ‘verificación’ de una idea se da al cumplir su función de conducción, o que nos guíe con éxito en el curso de la experiencia, da cabida a la ‘verificabilidad’ o a la posibilidad de que pueda ser verificado directamente en otro momento. verificamos una proposición descubrimos que es verdad, pero nosotros no conferimos la verdad sobre ésta. Su verdad o falsedad pertenece a ella con total independencia de nuestro conocimiento, debido a su relación con los hechos objetivos” (Ayer, 1968: 204). Esta crítica en contra de James será analizada más adelante. Podemos adelantar que, según nuestro criterio, Ayer se ubica en la posición tradicional de considerar la verdad independiente de toda contribución humana.
Verdad como proceso de verificación 79 En virtud de las consideraciones anteriores, la verificación para James significa determinadas consecuencias prácticas de la idea que realiza correctamente su función de guía o de conducción. Es decir, al afirmar que nuestras ideas se adecuan o concuerdan con la realidad se refiere a sus consecuencias. En otras palabras, James al referirse a la verdad, y para responder por el significado de la adecuación, se pregunta por el valor efectivo (cash value) de ésta, por sus diferencias concretas, por el cómo se realiza, preguntas todas ellas usuales del pragmatismo. De ahí que defina las ideas verdaderas, por un lado, en términos de proceso, de acción: Ideas verdaderas son las que podemos asimilar, hacer válidas, corroborar, y verificar; ideas falsas, son las que no […] La verdad de una idea no es una propiedad estancada inherente a ella. La verdad acontece a una idea. Llega a ser cierta, se hace cierta por los acontecimientos. Su verdad es, en efecto, un proceso, un suceso, a saber: el proceso de verificarse, su verificación. Su validez es el proceso de su valid-ación (James, 2002: 131). Y al referir James que la verificación, como señalábamos antes, tiene lugar o se realiza a través de las consecuencias prácticas de la ideas y preguntarse por el valor efectivo de las creencias verdaderas, lo que hace es aplicar la máxima pragmática de Peirce al concepto de verdad. James en Pragmatismo expone primero que el método pragmatista ha obtener de cada palabra su valor efectivo, esto es, que cada palabra está sujeta a la corriente de la experiencia; y luego, al hablar de la verdad señala que al admitir una idea o creencia como verdadera, el
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 80 pragmatismo se pregunta ¿cuál es, en términos de experiencia, el valor efectivo de la verdad?60 De esta manera, en términos de la diferencia práctica que supone tener ideas verdaderas, un juicio verdadero es aquel que puede someterse a comprobación. Tal comprobación va a ser lo importante por cuanto antes de comprobar la verdad de un juicio ésta no nos afecta para nada, no tiene consecuencias. Y las consecuencias prácticas de una idea van a ser para James lo que significa verificación61. Así en su texto El significado de la verdad James nos reafirma esta posición al decir que “la demostración o verificación consiste en las consecuencias satisfactoriamente terminadas, mentales o físicas, que la idea sea capaz de promover” (James, 1974: 261). Esta afirmación necesariamente hay que encuadrarla para su mejor comprensión en la explicación que James nos ofrece sobre las verdades en plural o verdades in rebus, que será analizada luego. Antes debemos considerar algunas cuestiones importantes que, a nuestro modo de ver, nos ayudarían en esta tarea. James nos dice, como leíamos antes, que la verdad de una idea es un proceso: el proceso de verificarse, su veri-ficación, es decir, es algo que acontece, que no 60 Cfr. James, Ob. cit., 2002, p. 50 y 131. 61 Pérez de Tudela al explicar que la verificación, desde el punto de vista pragmatista, significa determinadas consecuencias de una idea, nos comenta que esto es así porque, para el pragmatista, no hay otro significado de ‘verdad’, no hay otra cosa que pueda ser conocida de ella, que averiguar concretamente qué diferencia precisa, qué modificación real de la experiencia individual se derivará del hecho de que una idea o creencia sea verdadera […] La diferencia introducida por el concepto de verdad en el contenido de la idea es, pues, que ésta será verifica-ble, asimila-ble, o, dicho con la terminología de James, actuable. Pero si la ‘verdad’ de una idea es su actuabilidad, pues solo la condición de ‘actuable’ establece una diferencia práctica entre las ideas verdaderas y las que no lo son, ‘actuable’ es una condición que la idea no puede tener antecedentemente, sino que solo le cabe llegar a alcanzar. Y eso en el propio proceso de su puesta a prueba. (Cfr. Pérez de Tudela, El pragmatismo americano: Acción racional y reconstrucción del sentido, 2007, p. 128).
Verdad como proceso de verificación 81 está dado de antemano. Ahora bien, al hablar James de esta manera se le acusa de confundir la verdad con su verificación o con su confirmación, pero ¿es esto cierto?, ¿tienen razón los críticos de James al hablar de esta forma?, o ¿no han entendido la esencia de su planteamiento? Trataremos de dar respuesta a estas interrogantes con el análisis del término verificación, bajo el amparo de los autores que dedicaron buena parte de sus esfuerzos a este tema, como son los empiristas o positivistas lógicos. E intentaremos aclarar si verdaderamente es un malentendido o tienen razón los críticos que efectúan tal acusación. Es decir, prestaremos atención al estudio de los positivistas lógicos dedicados al análisis lógico de un enunciado determinado a fin de descubrir el método de verificación de dicho enunciado; en otras palabras, pondremos de manifiesto las razones que aducían para afirmar un enunciado, o para saber cómo estamos seguros de su verdad o de su falsedad, en definitiva, de su verificación. Nos referiremos, entre otros, a Carnap, Neurath y Schlick, empiristas lógicos pertenecientes al Círculo de Viena. Debemos tener en cuenta que estos autores al principio buscaban la certeza absoluta del conocimiento pero luego realizaron diversos cambios y revisiones en sus planteamientos hasta llegar a hablar solo de grado de certeza suficiente a fines prácticos. Trataremos de mostrar lo más relevante de sus planteamientos en torno a la verificación o verificabilidad y compararlos con la posición de James sobre ese punto tan importante en su doctrina. Insistimos que en la comparación entre James y los Positivistas Lógicos nos vamos a centrar en el principio de verificación formulado al inicio por los Positivistas Lógicos y no en los cambios
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 82 que efectuaron con posterioridad como el principio de falsabilidad de Popper, o la confirmación que propone Carnap. Luego analizaremos en el capítulo tres la posición coherentista de la verdad que, como ya se mencionó antes en esta exposición, es una parte fundamental en la concepción de la verdad aportada por James. Además, realizaremos una comparación entre James y Davidson sobre este tema y otros puntos de interés; éste último también se presenta con una mirada crítica hacia los empiristas lógicos. 2.2. Verificación para los positivistas lógicos Al hablar de los positivistas lógicos nos referimos a los integrantes del Círculo de Viena, fundado por Schlick, los cuales estaban interesados en los fundamentos filosóficos de la ciencia y rechazaban la metafísica tradicional. Su objetivo común era trabajar en la lucha por la clarificación y el análisis del lenguaje científico con un marcado rigor y pureza lógicos, la misión de la filosofía la convierten, de esta manera, en una misión aclaradora del lenguaje de las ciencias62. 2.2.1. Principio de Verificabilidad Lo primero que señalaremos es que los positivistas o empiristas lógicos se preocuparon por ofrecer criterios o reglas para comprobar si las proposiciones o 62 Schlick define la filosofía “como la actividad de buscar el significado” (Cfr. Muguerza, La concepción analítica de la filosofía, vol. I, 1974, p. 290).
Verdad como proceso de verificación 83 enunciados tienen sentido o carecen de él. En consecuencia, afirmaron que una proposición tiene sentido: a) si es analítica o tautológica, b) o si puede ser confirmada por la experiencia63. Este afán por determinar los enunciados con sentido, nos señala que la verdad de los enunciados empíricos dependerá de la posibilidad de su significación, y ésta estará vinculada a su vez a la posibilidad de su verificación. Cabe resaltar que, para ellos, en la verificación se trata de captar una determinada relación constante entre elementos conceptuales y partes objetivas de la realidad. De aquí la importancia dada al principio de verificación o a la verificabilidad64. En virtud de esto se proponen, como una de sus tareas fundamentales, explicar el contenido y la validez de los enunciados empíricos mediante su reducción a enunciados elementales, bien mediante un lenguaje fisicalista65 o bien mediante un lenguaje fenomenalista66. Tales 63 Pérez de Tudela destaca como mérito de este movimiento el de ser capaces de unir dos perspectivas tradicionalmente separadas, la del empirismo y la del logicismo: “No en balde fue ‘empirismo lógico’ la denominación más apropiada para este intento de aunar el valor de dos tradiciones, la de la verdad de la tautología y la de la verdad del conocimiento sintético, que muchas veces se juzgaron incompatibles” (Pérez de Tudela, 1991: 73). 64 Los positivistas lógicos, pertenecientes al Círculo de Viena, suponían que su principio de verificabilidad derivaba de Wittgenstein y que los enunciados elementales de Wittgenstein, que expresan proposiciones atómicas, son enunciados observacionales. Y, por la tesis de la extensionalidad, se llegó a la conclusión de que el significado de todo enunciado genuino es expresable en su totalidad por medio de enunciados observacionales (Cfr. Ashby, “El positivismo lógico”, en: O’Connor, Historia crítica de la filosofía occidental, 1983, p. 121). 65 Por lenguaje fisicalista o lenguaje-cosa Carnap entendía aquel cuyos enunciados “hablan de cosas materiales, adscribiéndoles propiedades observables, como por ejemplo ‘esta cosa es negra y pesada’” (Carnap, 1992: 96). 66 Por lenguaje fenomenalista Carnap entendía “un lenguaje que empezase con enunciados sobre los datos de los sentidos tales como ‘ahora hay un triángulo en mi campo visual’” (Ídem). Así tenemos que Carnap al principio fue fenomenalista, pues hablaba de sucesos, fenómenos o vivencias elementales, y en este sentido el lenguaje fenomenalista lo formaban enunciados sobre lo inmediatamente percibido. Más tarde, habló de enunciados observacionales, es decir, enunciados que tratan de objetos y propiedades observables de objetos. Carnap evoluciona y pasa de la tesis fenomenalista a la fisicalista. Debido al carácter privado e incomunicable de las experiencias fenoménicas, el fenomenalismo podía acabar con el carácter público de la ciencia. Comenta Carnap: “En las discusiones de Viena mi actitud cambió gradualmente hacia una preferencia por el lenguaje fisicalista”, y luego señala que “una de las ventajas más importantes del lenguaje fisicalista es su intersubjetividad; es decir, el que los hechos descritos en ese lenguaje son en principio observables por todas las personas que lo utilizan” (Carnap, 1992: 96 y 98)
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 84 enunciados elementales debían ser comprobados inmediatamente con la realidad, con lo dado en las vivencias. Los enunciados que no podían ser contrastados de este modo se consideraban carentes de significado; excepto los tautológicos, como señalamos antes. Afirmaban, por tanto, en principio, que un enunciado solo puede ser considerado con contenido empírico si puede ser en principio verificado por medio de observaciones particulares expresadas en un lenguaje fenomenalista67. La significación o falta de significación de un enunciado residía en la posibilidad o imposibilidad de poder ser empíricamente verificables. Al respecto explica Carnap que: La idea según la cual estos enunciados y problemas [se refiere a los metafísicos] no eran cognitivos se basaba en el principio de verificabilidad de Wittgenstein, que afirma, en primer lugar, que el significado de un enunciado viene dado por las condiciones de verificación y , en segundo lugar, que un enunciado es significativo si y solo si es en principio verificable; es decir, que hay circunstancias posibles, no necesariamente reales que, de darse, establecerían definitivamente la verdad del enunciado (Carnap, 1992: 89). 67 Debemos enfatizar, como se ha mencionado, que para Carnap en su Logischer Aufbau der Welt (1928) (La construcción lógica del mundo) el sistema de conceptos estaba construido sobre una base fenomenalista, en la que los elementos básicos eran las experiencias. Pero Carnap no excluía la posibilidad de que esta base pudiera ser fisicalista, esto es, relativa a las propiedades observables de las cosas físicas. Esto es reflejo de la actitud neutral, que siempre caracterizó el pensamiento de Carnap, con respecto a las diversas formas del lenguaje, basada en el principio de que cada uno es libre de utilizar el lenguaje más adecuado a su objetivo, el ‘principio de tolerancia’ o ‘principio de la convencionalidad de las formas del lenguaje’, a través del cual “deseaba mostrar que cada uno es libre de elegir las reglas de su lenguaje, y por tanto de elegir su lógica, de la manera que desee” (Ibídem, p. 102). Es nuestro interés destacar que Carnap siempre fue tolerante con el uso de un lenguaje u otro, para éste no hay un lenguaje que es el bueno o que representa la lógica correcta. Y, además, que en este ‘principio de tolerancia’, en concreto, podemos ver una aproximación a los presupuestos pragmatistas de que un mismo fenómeno se puede ver de distintas maneras; así tenemos el ejemplo de James del número 27, nos dice: “Se puede tomar el número 27 como el cubo de 3, o como el producto de 9 y 3, o como 26 más 1, o como 100 menos 73, o de mil modos distintos, de los que será tan cierto uno como otro” (James, 2002: 159).
Verdad como proceso de verificación 85 Empeñados en esta tarea, al inicio de sus investigaciones nos dicen que las proposiciones elementales, o atómicas (como también las llaman siguiendo a Wittgenstein), eran las ‘proposiciones protocolares’ o ‘enunciados protocolares’, que designaban los contenidos inmediatos de las vivencias68; eran enunciados perceptivos considerados al principio como absolutamente válidos. Así tenemos, que las experiencias sensoriales que verifican los enunciados serían un requisito o una condición necesaria para la comprensión de éstos últimos. Ahora bien, en su preocupación por las proposiciones protocolares que, como muy bien lo señala Schlick69, no es otra cosa que la preocupación por un fundamento último del conocimiento70, los positivistas lógicos plantean el modo de hacer posible su verificación, esto es, de la posibilidad de recurrir a esa clase específica de proposiciones empíricas cuya validez no puede ser cuestionada, esa base firme que sirve como fundamento epistemológico al edificio de la ciencia71; en palabras de Carnap: 68 En este sentido afirma Kraft que para los positivistas lógicos los enunciados protocolares debían denotar los contenidos inmediatos de las vivencias. Porque tales proposiciones, al inicio de las explicaciones de los miembros del Círculo de Viena, debían expresar los hechos con absoluta simplicidad, sin ningún tipo de retoque o añadidura. Es decir, dichos enunciados, no debían contener en ellos ninguna proposición conseguida a través de algún tipo de elaboración (Cfr. Kraft, El Círculo de Viena, 1977, p. 134). 69 No podemos olvidar que para Schlick y para la mayoría de los positivistas lógicos la verdad era algo consistente en la correspondencia unívoca entre una afirmación y un hecho. 70 El problema de los ‘enunciados protocolares’, en concreto, de su estructura y de su función, representaba la última forma con que el empirismo trataba el problema del fundamento último del conocimiento, es decir, de la búsqueda de una base inconmovible, fuera de toda duda, sobre la cual pudiera descansar la incierta estructura de nuestro conocimiento, la búsqueda de un fundamento firme, preexistente a toda construcción, e inconmovible (Cfr. Schlick, “Sobre el fundamento del conocimiento”, en: Ayer, El positivismo lógico, 1965, p. 215). 71 Esta preocupación fundamentalista de los positivistas lógicos es resaltada por Pérez de Tudela, al comentar que en conjunto todo el programa del Círculo de Viena debe ser tenido por fundamentalista. Y justifica tal afirmación porque, a su juicio, los positivistas lógicos apoyan totalmente la denominada ‘pirámide de la fundamentación’ de las corrientes ‘empiristas’ y lo hacían basándose en la validez supuestamente irrefutable de sus elementos más directamente relacionados con la ‘base’ experiencial, es decir, en los enunciados de observación a los cuales nos referimos (Cfr. Pérez de Tudela, “Notas para un debate: Neopositivismo y pragmatismo
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 86 Según la concepción original, se contemplaba el sistema de conocimiento, aunque constantemente se iba haciendo más global, como un sistema cerrado en el siguiente sentido: nosotros asumíamos la existencia de una determinada base firme del conocimiento, el conocimiento de lo inmediatamente dado, que es indudable. Se supone que cualquier otra clase de conocimiento se apoya firmemente en esta base y que, por tanto, también se puede determinar con certidumbre (Ibídem, p. 105). Tal base firme del conocimiento estaría constituida por los enunciados protocolares que servían de fundamento empírico de la ciencia por estar confirmados por observaciones, acontecimientos físicos observables públicamente, de manera más directa que otros enunciados al dar cuenta inmediatamente de los datos recibidos por los sentidos; de tal manera que constituían lo último a lo cual los demás enunciados podían ser reducidos, y servían de base para la confirmación de éstos. Es decir, los enunciados protocolares son los enunciados o proposiciones que pueden ser comparadas inmediatamente con la realidad, con lo dado en las vivencias, según los positivistas lógicos, Sin tales proposiciones el lenguaje no tendría relación con la realidad, como ya se ha mencionado. Así tenemos que los positivistas lógicos, a mediados de la década de 1930, explicaban la noción de verificabilidad de la siguiente manera: Un enunciado es verificable -tiene un método de verificaciónsi se encuentra en una relación lógica especificada con algún ante el problema del conocer”, en: Anuario del Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma de Madrid. 19911992, p. 72).
Verdad como proceso de verificación 87 conjunto de enunciados observacionales. Mostrar que esta relación se cumple es mostrar la posibilidad lógica de verificar el enunciado original y, al mismo tiempo, revelar su contenido cognoscitivo o significativo (Ashby, 1983: 130). Es decir, un enunciado podrá ser verificado –y por ende, tendrá sentido– solo en la medida en que pueda ser reducido, a través del análisis lógico, a enunciados relativos a lo dado empíricamente. Destacamos que el sentido de un enunciado o proposición son sus condiciones de verificación empírica. Y además, que se habla de la posibilidad de verificación de un enunciado, es decir, los empiristas lógicos finalmente hablan de verificabilidad72 y no de verificación; en este sentido estamos de acuerdo con Hempel cuando dice que ningún empirista lógico habla de confirmación de manera concluyente, como en su opinión sí creía Russell, sino de posibilidad de verificación73. En breve, el primer intento de formulación del principio de verificabilidad realizado por los miembros del Círculo de Viena era el siguiente: un enunciado tiene significado empírico si y solo si no es analítico y puede ser inferido lógicamente de una clase finita consistente de enunciados observacionales. Así, la 72 Al respecto comenta Stegmüller: “solo se pueden reducir unos enunciados a otros cuando pueden ser inferidos lógicamente de estos últimos. O sea que por verificabilidad de enunciados se entendía la posibilidad de deducir o inferir lógicamente estos enunciados de los observacionales” (Stegmüller, 1979: 221). 73 Hempel critica la interpretación de verificabilidad dada por Russell como la existencia real de un conjunto de medios que permitan una confirmación concluyente. Hempel señala que el término verificabilidad en la literatura empirista se usa para indicar la concebibilidad, o mejor, la posibilidad lógica de pruebas observacionales que, si realmente se encuentran, resultarían concluyentes para la oración dada. Insiste que la concepción de Russell no ha sido defendida nunca por ningún empirista lógico (Cfr. Hempel, “Problemas y cambios en el criterio empirista de significado”, en: Ayer, Ob. cit., 1965, p. 118).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 94 Carnap según la cual las proposiciones protocolares son aquellas ‘que no requieren confirmación’” (Neurath, 1932: 209) y señala, igualmente, que no hay una clase de proposiciones ‘más primarias’ que otras. Neurath impugnó el carácter de validez absoluta de las proposiciones protocolares, para él, éstas pueden considerarse también inválidas en caso necesario, pues nunca están libres de elaboración, no son más originarias que otras proposiciones empíricas, son tan hipotéticas como éstas y, por tanto, son corregibles84. Para él las proposiciones protocolares no tienen, por lo tanto, ningún rango privilegiado sobre las otras proposiciones. Para Neurath no hay forma de tomar oraciones protocolares concluyentemente establecidas como punto de partida de las ciencias85. Para él no hay una tabula rasa, con esta expresión nos quiere dejar claro que no existe una base segura para el lenguaje científico, ese fundamento firme o esa roca sobre la que podemos levantar las teorías científicas que pretendían encontrar los otros integrantes del Círculo de Viena; este modo de pensar le conduce a considerar el punto de vista holista según el cual los enunciados se comparan con enunciados, no con ‘vivencias’, ni con el mundo. Es decir, cada enunciado se contrasta con la totalidad de los enunciados existentes. Así tenemos que para Neurath todas las oraciones protocolares son proposiciones de un nivel igualmente primario; y 84 Cfr. Kraft, Ob. cit., p. 135 85 Dice Neurath que para Carnap las proposiciones protocolares son proposiciones que “no requieren verificación”, sirviendo como fundamento para todas las proposiciones restantes de la ciencia”, porque, al parecer, sigue la filosofía académica tradicional, que considera que existen, en realidad, ciertos “elementos últimos” a partir de los cuales se construye la “imagen del mundo”. Y esas experiencias atómicas se hallan, naturalmente, por encima de todo género de escrutinio crítico: no requieren verificación, por eso se les llama fundamentalistas (Cfr. Neurath, “Proposiciones protocolares”, en: Ayer, Ob. cit., p. 210).
Verdad como proceso de verificación 95 explica que la formulación de una proposición protocolar86 completa muestra que, puesto que aparecen nombres personales en un protocolo, siempre tienen que haberse realizado ya algunas ‘manipulaciones’. Por tanto, para él todo lenguaje es intersubjetivo (no es posible distinguir un protocolo personal de uno ajeno), hay interdependencia en todas las decisiones. Los protocolos de un momento dado deben incorporarse en los protocolos del momento siguiente, exactamente como los protocolos de A deben poder incorporarse en los protocolos de B. En consecuencia, como hemos dicho, para él solo es posible comparar una proposición con otra; serán verdaderas cuando se puedan insertar en el entramado del sistema lingüístico, y falsas cuando esto no sea posible: Cuando se nos muestra una proposición, la comparamos con el sistema de que disponemos, y averiguamos si la nueva proposición se halla o no en contradicción con el sistema. En caso de que la nueva proposición se halle en contradicción con el sistema, la podemos eliminar como inútil (“falsa”) […] o bien podríamos “aceptar” la proposición y en cambio modificar de tal modo el sistema que, aumentado con esta proposición, conserve su no-contrariedad. La proposición se denominaría, entonces, “verdadera (Ídem). El criterio de verdad de las proposiciones lingüísticas no consiste, por tanto, en su comparación con datos o experiencias inmediatas, sino solo, en su comparación con otras proposiciones lingüísticas en el interior del sistema 86 “Las proposiciones protocolares son proposiciones fácticas de la misma forma lingüística que el resto de ellas, solo que en su caso siempre aparece varias veces un nombre personal en una asociación específica con otros términos” (Neurath, 1932: 208).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 96 universal del lenguaje científico. Según Neurath al estar dos protocolos en conflicto es una cuestión de conveniencia y de decisión determinar cual de los protocolos en conflicto debe rechazarse, por lo cual ningún protocolo es incorregible87, por eso podemos calificar a Neurath de no fundamentalista. Al respecto Carnap explica que Neurath, a diferencia de los otros miembros del Círculo de Viena: siempre había rechazado la presunta base firme del conocimiento. A su entender, la totalidad de lo que se conoce sobre el mundo siempre es incierto y necesita una continua corrección y transformación; es como un barco para el que no hay dique seco y que por tanto ha de ser reparado y reconstruido mientras navega a mar abierto (Carnap, 1992: 106). Para Neurath el propósito de la ciencia es construir un sistema coherente de oraciones, entre las que se cuentan las oraciones protocolares cuya aceptación consideramos más ventajosa, pero en este proceso no hay ninguna oración que sea sacrosanta, en ningún nivel. Toda oración, en la ciencia, es aceptada o rechazada, en última instancia, por una decisión tomada para mantener la coherencia y la utilidad del sistema. De esta manera se muestra como los positivistas lógicos realizaron diversas modificaciones en sus primeros planteamientos al percatarse de que las leyes de la 87 Al principio los positivistas lógicos consideraron las proposiciones protocolares como absolutamente válidas, que servían como fundamento para todas las proposiciones restantes de la ciencia. Neurath impugnó tal carácter de validez absoluta y consideraba que podían considerarse inválidas en caso de ser necesario, pues afirmaba que las proposiciones protocolarias son tan hipotéticas como las otras proposiciones empíricas.
Verdad como proceso de verificación 97 física podían no ser totalmente verificables y, por tanto, debían abandonar la exigencia de verificabilidad completa y la primitiva idea de que los conceptos de la ciencia son explícitamente definibles a partir de conceptos observacionales. De esta forma se hace evidente que las proposiciones protocolares no tienen ningún rango privilegiado sobre los otros tipos de proposiciones. A continuación y de manera sucinta, pasamos a exponer el estudio particular de algunos positivistas lógicos sobre esos enunciados privilegiados, es decir, sobre la noción de enunciado observacional básico que implicaba el principio de verificabilidad, a los cuales hemos aludido. 2.2.2. Enunciados básicos o privilegiados Como se puede observar, las formulaciones del principio de verificabilidad implican esencialmente la noción de enunciados privilegiados, enunciados observacionales básicos que garanticen el contacto decisivo con la realidad, que sería el último paso de la estrategia deductiva. Por consiguiente tenemos que en Carnap, al principio, preocupado por la búsqueda de una base firme del conocimiento, preocupación común en los empiristas lógicos, buscaba tal certidumbre a través del conocimiento de lo inmediatamente dado. Así tenemos que al hablar de verificabilidad de un enunciado Carnap nos explica que esta también se realiza en la posibilidad de deducir de él enunciados perceptivos, enunciados directamente conectados con la percepción inmediata88 (percepciones, experiencias, efectos observables). Así tenemos que, según Carnap, un enunciado 88 Si no existe esta posibilidad carecen de sentido. Por tal motivo nos dice que los enunciados metafísicos no son verificables, no afirman nada, y por tanto no tienen sentido (Cfr. Carnap, “Filosofía y sintaxis lógica”, en: Muguerza, Ob. cit., vol. I, p. 298).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 98 P que no sea directamente verificable solamente se podrá verificar verificando directamente los enunciados que se deducen de P en conjunción con otros enunciados ya verificados (Carnap, 1935: 295). Schlick nos dice, a su vez, que la verificación o corroboración de las hipótesis se obtiene a través de los enunciados de observación o ‘constataciones’ – ‘Konstatierungen’–, enunciados relativos a lo inmediatamente percibido. Tales enunciados de observación, además de ser el origen de todo conocimiento, si están al final del proceso consuman la verificación positiva o negativa89. Es más nos dice, Schlick, que en los enunciados de observación la determinación de su sentido y la determinación de su verdad coinciden con los enunciados analíticos. Así, por mucho que la ‘constataciones’ se diferencien de los enunciados analíticos, tienen en común el dato de que el momento de comprenderlos es simultáneamente el momento de verificarlos; al tratarse de una constatación yo capto el sentido al mismo tiempo que su verdad90. Serían los únicos enunciados sintéticos que no son hipótesis. Es decir, considera las ‘constataciones’ como cierta clase de enunciados sintéticos que son absoluta e incuestionablemente verdaderos. Enfatizamos que Schlick asume la existencia de una base del conocimiento absolutamente sólida, por lo que considera tal clase de enunciados sintéticos como incorregibles, nos dice que constituyen un final absoluto, y declara que son los sólidos puntos de contacto entre el conocimiento y la realidad. Ahora bien, este autor reconoce que 89 Esto se debe a que según Schlick, “los enunciados de uno mismo juegan al fin el único papel decisivo […] mis propios enunciados de observación serían siempre el criterio último […] Los enunciados relativos a lo “inmediatamente percibido” (Schlick, 1934: 225), no los enunciados protocolares. Schlick explica que los enunciados relativos a lo ‘inmediatamente percibido’ son las motivaciones para formar enunciados protocolares que serían los escritos o memorizados. 90 Cfr. Schlick, “Sobre el fundamento de conocimiento”, en: Ayer, Ob. cit., p. 231.
Verdad como proceso de verificación 99 es la característica de la inmediatez de tales constataciones a la cual deben su valor y su carencia de valor: el valor de su validez absoluta y la carencia de valor por su inutilidad como fundamento permanente. Schlick es claro al afirmar que una verdadera constatación no puede escribirse, porque al hacerlo se sustituye la constatación por un enunciado protocolar, con un carácter completamente distinto91. El punto de partida de estas consideraciones de Schlick es la crítica a la teoría de la coherencia de la verdad defendida por Neurath, en la cual la verdad de los enunciados consiste en su concordancia mutua. No olvidemos que para Schlick el abandono radical de la idea de un sistema de enunciados básicos inalterables nos privaría de unos cimientos absolutos para el conocimiento y conduciría a un relativismo completo en lo tocante a la verdad92. Para Schlick el problema del fundamento del conocimiento es muy importante porque él está interesado en la certeza del conocimiento. Este autor tiene una posición correspondentista con respecto a la verdad pues su concepción de la verdad consiste en la correspondencia unívoca entre un enunciado y un hecho. Ayer, por su parte, habla de proposiciones básicas: aquellas que no necesitan inferirse de otras para determinar su verdad o falsedad, sino que son de tal 91 Al respecto Hempel le hace la siguiente crítica a Schlick que compartimos: “el profesor Schlick asume que los ‘Konstatierungen’ no pueden escribirse en papel como los enunciados normales y que solo son válidos en el momento en que se establecen. Pero en ese caso no hay forma de comprender cómo podríamos comparar un ‘Konstatierungen’ con un enunciado científico ordinario. Y una comparación de ese tipo es necesaria si asumimos, como hace el profesor Schlick, que la validez de todo enunciado empírico se establece en último término recurriendo a ‘Konstatierungen’” (Hempel, 1935: 489 y 490). 92 Al respecto se pronuncia Misak en su estudio sobre “Los Positivistas Lógicos y la verificabilidad” cuando dice: “Él [se refiere a Schlick], a diferencia de algunos otros, no quiere renunciar a la noción de los ‘inquebrantables puntos de contacto entre conocimiento y realidad” (Misak, 1995: 93).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 100 naturaleza que se pueden confrontar directamente con los hechos dados. Proposiciones básicas del estilo ‘lo siento’, ‘lo oigo’, ‘lo veo’. La aceptación de una proposición ‘básica’ es razonable cuando la proposición está confirmada por nuestras observaciones. A su vez, nos dice que el intento de formular un criterio para determinar la verdad de las proposiciones empíricas que no contengan referencia alguna a los ‘hechos’, ni a la ‘realidad’, ni a la ‘experiencia’, no ha tenido éxito. Critica, igual que Schlick, la posición coherentista de Neurath y Hempel con respecto a la verdad al considerarla insuficiente para explicar la verdad de los enunciados. Sin embargo, Ayer no considera las proposiciones básicas como incorregibles como lo hace Schlick, que considera incuestionables los enunciados de observación o las ‘constataciones’. Esto debido a lo que ya hicimos alusión antes, pues, al final, las constataciones de las que habla Schlick solo tienen validez en presencia de la vivencia que anuncian, y, por lo tanto, no tienen permanencia en el tiempo, con lo que carecen de validez absoluta. Siguiendo a Kraft, los enunciados de observación o constataciones no pueden tener validez absoluta más que en presencia de la vivencia que enuncian. No se les puede utilizar como enunciados verdaderos, pues entonces se vuelven falsos a consecuencia de palabras demostrativas como ‘aquí’, ‘ahora’, ‘esto’, y como proposiciones protocolares pierden validez absoluta y son hipótesis. Las constataciones solo tienen una validez momentánea. Por eso no pueden ser utilizadas como proposiciones iniciales sobre las que seguir construyendo. Solo pueden hallarse al final y verificar93. 93 Cfr. Kraft, Ob. cit., p. 139
Verdad como proceso de verificación 101 Ahora bien, debemos recordar que este rígido marco de teoría del conocimiento de los positivistas lógicos, basados en el conocimiento de lo inmediatamente dado y caracterizado por el reduccionismo y la certidumbre del conocimiento científico, sufrió importantes modificaciones, como mencionamos antes, en buena parte por las objeciones que ellos mismos realizaron a sus planteamientos. Como conclusión, se tendió a abandonar la concepción de los enunciados sobre vivencias como fundamento del conocimiento. O, en otras palabras, se puede decir que la mayoría de los positivistas lógicos abandonó la premisa inicial de unas proposiciones primeras absolutas para la construcción de la ciencia o sobre las cuales construir el edificio de la ciencia. El final de este camino lo encontramos en Popper cuando señala en este sentido que: La base empírica de la ciencia objetiva, pues, no tiene nada de ‘absoluta’; la ciencia no está cimentada sobre roca: por el contrario, podríamos decir que la atrevida estructura de sus teorías se eleva sobre un terreno pantanoso, es como un edificio levantado sobre pilotes. Estos se introducen desde arriba en la ciénaga, pero en modo alguno hasta alcanzar ningún basamento natural o ‘dado’, cuando interrumpimos nuestros intentos de introducirlos hasta un estrato más profundo, ello no se debe a que hayamos topado con terreno firme: paramos simplemente porque nos basta que tengan firmeza suficiente para soportar la estructura, al menos por el momento (Popper, 1994: 106). Para Popper todo enunciado básico puede ser sometido a un contraste de tipo falsacionista y no verificacionista. Por tanto, no se puede hablar en la ciencia de
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 102 proposiciones que no tengan ya que ser comprobadas, por tener una seguridad absoluta y ser incorregibles, no hay proposiciones últimas. Recapitulando podemos decir que para los positivistas lógicos la verificabilidad funciona solamente en la medida que se conceda una autoridad particular a una clase específica de proposiciones empíricas cuya certeza no puede ser cuestionada: debe establecerse una fuente segura que nos proporcione conocimiento real, como fundamento epistemológico sobre el cual construir el edificio de la ciencia94. Como veremos, para James no existe tal preocupación, ni para ningún pragmatista95, puesto que no buscan un único fundamento para el conocimiento. Su verifica-bilidad se va a dar en el futuro por las consecuencias prácticas de las creencias, cuando cumplen su función en la práctica, de guía, de conducción; al conducirnos de manera satisfactoria en nuestras vidas se verifica la creencia. Y siempre estarán cargadas de falibilidad; en James no hay seguridades, conocimientos absolutos96. 94 Insistimos que nos referimos a las explicaciones iniciales de los miembros del Círculo de Viena al formular un principio de verificación en el cual el significado de un enunciado consistía en su método de verificación. Luego realizaron diversos cambios en sus formulaciones iniciales, como mencionábamos, y ya no hablaron de verificación sino de confirmación. En estas últimas explicaciones sí se podría hablar de cierto falibilismo en relación al conocimiento científico, pero nos delimitaremos al aspecto de la verificación. 95 Como por ejemplo señala Pérez de Tudela “Peirce […] hizo valer de continuo una posición radicalmente contraria (y a estos efectos claramente antifundamentalista […]): La concepción inferencialista del conocer. Dicho en otros términos: el programa defendido por el Círculo, para el Peirce de 1868, no habría significado sino un ejemplo más de ese “cartesianismo” que atraviesa toda la filosofía moderna, y a cuyos ideales de inmediatez, simplicidad argumentativa y referencia última al yo individual él opuso los de mediación sígnica, pluralidad argumentativa y consenso ‘católico’ de una ilimitada comunidad” (Pérez, 1991: 74). 96 Consideramos que puede ser aclarador de estas ideas lo expresado por Lewis en su análisis sobre los positivistas lógicos y los pragmatistas al explicar que: “With logical positivism it is the content of science as exact formulation in physical terms upon which emphasis fall; with pragmatism, it is the method of science and its experimental and instrumental point of view –its attitude of regarding all accepted findings as in some degree provisional, and their usefulness in application– which is emphasized” (Lewis, 1941: 163).
Verdad como proceso de verificación 103 A fin de clarificar un poco más la posición de los positivistas lógicos con respecto al tema de la verificabilidad, consideramos pertinente ahondar en la concepción de la verdad que subyace a sus planteamientos, que no se trata, como hemos venido indicando, de otra que la concepción correspondentista de la verdad, la cual nos permitirá mostrar que aunque los positivistas lógicos del Círculo de Viena y el pragmatismo de James manejan la misma expresión de ‘verificabilidad’, sin embargo no entienden por ella lo mismo ni la aplican de la misma manera, todo lo cual nos llevará a una mejor comprensión de las semejanzas y diferencias entre ambos. 2.3. Verdad ‘descubierta’ vs. verdad ‘que acontece’. Análisis comparativo entre James y los Positivistas Lógicos La idea tradicional de la verdad considera ésta como una adecuación entre el entendimiento y la cosa, como lo expresaban los medievales: adaequatio rei et intellectus: adecuación del pensamiento con la cosa, con los objetos. Ésta, como sabemos, es la llamada concepción clásica de la verdad como correspondencia, en la cual un juicio es verdadero si lo que se dice se corresponde con aquello de lo que se habla. Esta concepción clásica entiende la verdad como una relación de ajuste o correspondencia entre la realidad y lo que decimos de ella. La idea de la verdad como correspondencia o adecuación es una de las más renombradas y destacadas. Así tenemos que los positivistas lógicos se suscriben a tal teoría, pero ahora la adecuación o correspondencia será entre proposiciones y
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 110 Positivistas Lógicos. James no tiene en cuenta la concepción semanticista de la verdad, esto es, que la verdad es una propiedad de los enunciados en su correspondencia con el mundo. En primer lugar porque para él la verdad es una propiedad de las ideas y no de los enunciados, lo que significa que no hay una elaborada doctrina semántica acerca del lenguaje como podría ser el caso de los Neopositivistas.Y en segundo lugar, en James la concepción de la verdad como correspondencia entre enunciado y mundo sería demasiado restrictiva y dejaría fuera todos los casos que no se reducen a la copia103. Según James, pues, la verdad acontece a la idea; la verdad de una idea será un acontecimiento, un suceso en el proceso de su verificación, como se ha explicado antes. Es muy importante resaltar aquí que la verdad no es el proceso de verificación mismo o su confirmación, sino que la verdad de una idea acontece en el proceso, surge en el proceso. Tal y como lo expresa Wilshire: “James cree que la verdad en su máximo sentido no preexiste a su descubrimiento” (Wilshire, 1997:116)104. La verdad no está dada de antemano, no está allí esperando a ser descubierta como en los positivistas lógicos. Para estos últimos la verdad es una propiedad inherente al enunciado, es decir, una propiedad que tiene el enunciado 103 Este es un aspecto que merece ser destacado en el pensamiento de James al presentar un carácter más abierto, y dar cabida a otros tipos de discurso y no solo al científico. Para éste hay otros discursos igualmente válidos si de ellos se extraen consecuencias beneficiosas. Al respecto explica Rodríguez González: “No hay que caer en la tentación de asimilar sin más el método pragmático al principio positivista de verificabilidad. James es mucho más tolerante que cualquier empirista lógico. Su criterio de ‘los frutos para la vida’ permite la legitimación de muchos tipos de interrogantes metafísicos y de creencias religiosas, rigurosamente sin sentido para los miembros de Círculo de Viena” (Rodríguez González, 1990: 4). 104 Creemos que en este mismo sentido se expresa Goodman cuando dice: “la verdad es quizá solo lo que los tests comprueban, al igual que acontece que la inteligencia es lo que los test miden, y, así el mejor análisis de lo que es la verdad puede dárnoslo una definición ‘operacional’, en términos de sistemas de comprobación y de aquellos otros procedimientos que podamos emplear para juzgarla” (Goodman, 1978: 166).
Verdad como proceso de verificación 111 independiente del proceso de su verificación. En James no, una idea para ser verdadera depende de su valor instrumental, esto es, de su valor efectivo y de los procesos humanos que finalmente nos permiten decir que la idea es verdadera porque funciona, porque es útil, porque cumple su función práctica, se verifica. Esta forma de entender la verdad por James hay que analizarla en el contexto de su noción de realidad, que como ya se ha dicho en páginas iniciales, es concebida por éste como una realidad en construcción, una realidad como proceso que incluye al sujeto como agente activo que participa y actúa en ella; no como algo estático, acabado, que simplemente está ahí delante de nosotros105. Para los pragmatistas el pensamiento es parte de un proceso en el cual los hechos se reconstruyen, se modifican al ser conocidos; tal proceso es la realidad o ‘experiencia’ expresada como cambio, devenir, en la cual están presentes tanto el objeto como el conocimiento. En este marco de ideas tenemos que, la realidad para James va a estar conformada por tres aspectos: los hechos concretos, los géneros abstractos de cosas y las relaciones intuitivamente percibidas entre ellos, y el cuerpo de verdades que ya poseemos. Una realidad conformada de esta manera le da al ser humano un gran margen de libertad en el proceso de conocer. El conocimiento se vuelve creador y la realidad plástica, ya que lo que digamos acerca de ésta va a depender de la perspectiva en que nos coloquemos, o de los intereses en atender una cosa o la otra. No obstante lo fijos que puedan ser los elementos de la 105 Blau destaca la importancia de estos elementos que estamos señalando y que caracterizan la realidad para los pragmatistas, en concreto comenta que: “[p]ara los pragmatistas, las “realidades” no están delante de nosotros; se vuelven realidades en el proceso de ser conocidas. Una realidad o hecho es el nombre de una interacción particular entre el conocedor y su medio ambiente externo” (Blau, 1957: 270).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 112 realidad, James enfatiza que nos queda libertad en nuestros contactos con ellos. Por ejemplo, es indudable que nuestras sensaciones se hallan fuera de nuestro control, pero depende de nuestros intereses atenderlas, advertirlas, acentuarlas. Según la acentuación recaiga aquí o allá, resultarán fórmulas completamente diferentes. Se muestra de esta manera el humanismo presente en el pensamiento de James al destacar siempre de la verdad su humanidad106. Para James “la huella de la serpiente humana se halla en todas las cosas”, no hay verdades en sí. Aunque James al referirse a las relaciones entre ideas puramente mentales, es decir, al tratarse de definiciones o principios matemáticos expresa que la verdad aquí posee un carácter ‘eterno’, aclara que tales relaciones internas se pueden construir de distintas maneras: Esto se aplica también a las partes ‘eternas’ de la realidad. Mezclamos nuestras percepciones de relación intrínseca y las colocamos libremente. Las leemos en un orden o en otro, las clasificamos de este o aquel modo, tratamos a una o a la otra como más fundamental hasta que nuestras creencias sobre ellas forman esos cuerpos de verdad que se conocen por lógica, geometría, o aritmética en todos, en cada uno de los cuales la 106 En este sentido enfatiza Haack en su artículo “Can James’s Theory of Truth Be Made More Satisfactory” (1984): “I take James’s position to be something like this: Truth is agreement of our judgements with reality. But, though reality is independent of us, it is we who construct schemes of categories for classifying and describing things in the World. Given some scheme of classification, certain descriptions of the World become possible. Some of are true, some false; and which are true and which false does not depend on us. But without our activity, the construction of the scheme of classification, there would be no descriptions to be true or false” (Haack, 1984: 273).
Verdad como proceso de verificación 113 forma y el orden en que se modela107 el conjunto es claramente obra humana (James, 2002: 157). En breve, la verdad no es independiente de las necesidades humanas108. Esto nos conduce nuevamente al punto central que nos ocupa, el cual es la verificación en James que, como se mencionó, se concreta de manera muy diferente a los positivistas lógicos. No se trata, como decíamos antes, de captar una determinada relación constante entre elementos conceptuales y elementos objetivos de la realidad, que nos brinde una descripción completa y absolutamente verdadera del mundo, a través de enunciados privilegiados; es decir, una ‘Verdad’ en mayúscula eterna e inmutable, en la cual nos podamos apoyar. Por el contrario, en James nos encontramos con la existencia de una pluralidad de verdades que el ser humano alcanza al establecer ‘relaciones’, ‘maridajes’, ‘atajos’ y las hace crecer al integrar la nueva idea al conjunto de creencias ya existentes. Así la interpretación de la verdad de James o del pragmatismo “es una interpretación de verdades en plural, de procesos de conducción realizados in rebus, con ésta única cualidad en común, la de que pagan” (James, 2002: 140), son valor en efectivo. Como vemos en esta cita, James tiene en mente la distinción entre verdad ante rem109 y verdad in rebus, con la primera se refiere a la verdad 107 Se refiere James a su planteamiento de que “recibimos el bloque de mármol, pero somos nosotros los que tenemos que esculpir la estatua” (James, 2002: 157). 108 Estas ideas serán consideradas nuevamente en el cuarto capítulo: “El humanismo: Schiller y James”. 109 “Verdad ante rem se refiere a la idea perfectamente común de que, previamente a definir nuestra creencia sobre algo, damos por hecho que existe potencialmente una creencia verdadera al respecto”. (Faerna, 2001: 177).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 114 entendida como algo anterior a las cosas que está delante de las cosas, que responde al modelo del sujeto espectador que la contempla sin intervenir, modificar, absolutamente nada en ella, es por lo tanto una verdad preexistente a su descubrimiento por parte del sujeto cognoscente; y con la segunda se refiere James a la verdad que se hace en el curso de la experiencia, donde es relevante la interacción con las cosas para llegar a ella, la que reside en los procesos de verificación. Así tenemos que James al responder a sus críticos en el capítulo “El pragmatismo y sus malas interpretaciones” nos dice, en la sexta equivocación, que el pragmatismo explica, no lo que es la verdad, sino cómo se llega a ella110: De hecho nos indica ambas cosas: lo que es, incidentalmente, para decirnos también cómo se llega a ella; porque, ¿a qué es a lo que se llega sino a lo que es la verdad? Si yo os digo cómo se llega a la estación, ¿no os introduzco y implícitamente en el que, en el ser y la naturaleza de aquel edificio? Es completamente cierto que la palabra abstracta ‘cómo’ no tiene el mismo significado que el término abstracto ‘que’; mas, en este universo de hechos concretos, no pueden ser mantenidos separadamente los comos y los ques (James, 1974: 222). Para James lo que hace verdadera a una creencia no es algo distinto de las razones que nos llevan a creerla, la verdad depende de su verificación y ésta es semejante a su funcionamiento satisfactorio. Así, en el caso de James, la verdad es 110 Igualmente había insistido James en esta idea al explicar el significado del pragmatismo, cuando afirmaba que este “[…] sería, pues, en primer lugar, un método, y en segundo, una teoría genética de lo que se entiende por verdad” (James, 2002: 56). El énfasis de James reside en el cómo se llega a la verdad, de cómo los pensamientos llegan a ser verdaderos a medida que actúan con éxito en la experiencia.
Verdad como proceso de verificación 115 una noción epistemológica que depende de los procesos de verificación llevados a cabo por el sujeto al poner en práctica una idea, por tanto, para éste la verdad no es una propiedad que el enunciado tenga antes de estos procesos de verificación que realiza el sujeto. En cambio para los positivistas lógicos la verificación es un proceso epistemológico, pero no así la verdad del enunciado, que es una propiedad semántica del enunciado en relación al mundo. En James, insistimos, la verdad depende en general de que el sujeto ponga a prueba una idea para poder decir que el enunciado, o la idea expresada por ese enunciado, tenga la propiedad de ser verdadera, de ahí su férreo humanismo. Por ello para James “[l]a verdad es simplemente un nombre colectivo para los procesos de verificación” (James, 2002: 140), que son los que hacen la verdad. James pone como ejemplos la riqueza, la salud, la fuerza111 que igual que la verdad se hacen, pues solo van a ser nombres para determinados procesos concretos que se efectúan en la experiencia, en la vida. Se busca cambiar la descripción Verdadera112 (con mayúscula), por una descripción más beneficiosa. Ahora bien, James considera también la verdad ante rem, pero, desde el punto de vista pragmatista, esta solo va a significar verificabilidad; es decir, la posibilidad de que en el futuro se verifique, al cumplir su función en la práctica a través de las consecuencias concretas, no se trata de ‘algo’ independiente y previo. Debemos 111 Este ejemplo de la fuerza de James coincide con el que empleó Peirce al hacer notar que a los ojos de su máxima pragmática no tiene sentido preguntarse por el significado de la fuerza misma más allá del conjunto de sus manifestaciones (Cfr. Pérez de Tudela, “Ob. cit.”, 1991, p. 70). 112 La descripción Verdadera del racionalista fue denominada por James la falacia racionalista que consistía en elaborar conceptos a partir de los hechos concretos para después darles a aquellos una naturaleza superior y opuesta a los hechos a partir de los cuales se elaboraron.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 116 resaltar que para James la verdad descansa en su mayor parte sobre su sistema de crédito y los procesos que se verifican indirectamente o solo potencialmente, pueden, pues, ser tan verdaderos como los procesos plenamente verificados (James, 2002: 135). Es decir, para James una creencia no necesita ser siempre directamente verificada para que podamos decir que es verdadera, que funciona con éxito en la realidad. A fin de aclarar un poco más las ideas antes expuestas, podemos mencionar la distinción que realiza James entre verdad in posse (potencialidad) o verificabilidad, que se correspondería con la verdad que no ha sido afirmada o contradicha, según los racionalistas, y la verificación o contrastación in acto. Todo esto aparece bien explícito en el colofón de su explicación sobre la sexta equivocación de que el pragmatismo explica, no lo que es la verdad, sino cómo se llega a ella, en el cual claramente expresa que: “Así, la verdad pragmática contiene toda la verdad intelectualista y además cientos de otras cosas. La verdad intelectualista es, pues, solo la verdad pragmática in posse. Respecto a que en ocasiones innumerables sustituya el hombre la verdad in posse o verificabilidad, por la verificación o contrastación in acto, es hecho al cual nadie le atribuye la importancia que el pragmático, quien acentúa la utilidad práctica de tal hábito; bien que no considera a causa de esto la verdad in posse (la verdad no suficientemente viva para haber sido afirmada, discutida o contradicha) con existencia metafísica anterior a la cosa, de la cual las verdades in acto son tributarias y subsidiarias” (James, 1974: 227).
Verdad como proceso de verificación 117 James enfatiza que la verdad in posse significa para un pragmatista en realidad solo verdades in acto; e insiste en que estas últimas son anteriores a aquella tanto en el orden lógico como en el de existencia. Es decir, la verdad de un racionalista, interpretada por un pragmatista, vendría a equivaler a la verdad in posse, que para un pragmatista significa verificabilidad. Ahora bien, para un pragmatista la verdad in posse sería el conjunto de esas verdades in acto que ya se confirmaron y están en descanso, funcionando como hábitos. De ahí que James nos diga que la verdad llega a ser un hábito de ciertas de nuestras creencias en los intervalos de reposo de sus actividades de verificación113. Es decir, así como cualidades como la salud, la riqueza o la fuerza caen en estados de ‘hábitos’ entre sus tiempos de ejercicio, lo mismo le sucede a la verdad. Por eso afirma James la verdad pragmática contiene toda la verdad intelectualista y además cientos de otras cosas. Para él lo importante es la existencia de una pluralidad de verdades, frente a los esencialistas o racionalistas para los que la esencia precede a la existencia y está todo definido de antemano; y destaca que lo fundamental radica en tales actividades de verificación que constituyen la condición de la existencia 113 Creemos pertinente en este punto traer a colación una breve explicación de la noción de hábito en Peirce, y su diferencia con James. Para Peirce la esencia de la creencia es el establecimiento de un hábito. Para éste el pensamiento es una acción, cuya única función es producir hábitos de acción. Lo que una cosa significa es sencillamente los hábitos que implica. El hábito nos conduce de esta manera a actuar, y lo que va a importar son los efectos que produce el hábito, directos o indirectos, sobre nuestros sentidos (Cfr. Peirce, Mi alegato en favor del pragmatismo. 1971, p. 62 y sgtes). Ahora bien, James se interesa por la experiencia en cada caso y traslada la noción de hábito a la verdad, a diferencia de Peirce que vincula la noción de hábito a las propiedades de las cosas, pero no la aplica explícitamente a la noción de verdad, como es el caso de James. Cuando Peirce habla de hábito se refiere a él, de manera general, como una ley general de acción, a diferencia del nominalismo de James que se interesa por cada caso. Para Peirce si una cosa tenía determinadas propiedades, cualidades, se va a esperar de ésta determinado comportamiento, por ejemplo el diamante al tener la propiedad de ser el mineral más duro se debe esperar de su comportamiento que no sea rayado por ningún otro material, y no es necesario realizar una y otra vez la prueba.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 118 de cualquier hábito. Es precisamente aquí que se encuentra la confusión de los intelectualistas, según James, al presuponer unas relaciones intemporales previas, a las cuales les conceden mayor valor y que anteponen a las actividades de verificación, o a las relaciones concretas. Después de presentar el proceso de verificación en los positivistas lógicos y en James nuestra conclusión nos permite afirmar que parecen ser dos procesos diferentes que conducen prácticamente a lo mismo114. La particularidad la encontramos en que, en general, para los positivistas lógicos la verdad es independiente de nuestro conocimiento115, mientras que en James la verdad es resultado del proceso. Sin embargo, podemos observar que aún hay más diferencias entre ellos. Los positivistas lógicos utilizan la verificación como criterio de significado, es decir, para afirmar que un enunciado tiene significado, necesitamos un método o criterio de significación, sin el cual éste no tiene sentido. Por ello se suele denominar a esta doctrina neopositivista teoría verificacionista del significado. Pero James no utiliza la verificación como criterio de significado, sino que establece, como hemos dicho, que el significado de una idea o creencia reside en las experiencias concretas y particulares a que tal idea nos conduce, reside, pues, en las consecuencias. Además la verificación en los orígenes del Positivismo Lógico tenía un carácter de fundamento último del 114 Por “prácticamente” entendemos una aplicación de la máxima pragmática a los procesos de verificación, es decir, que las consecuencias que se siguen de procesos de verificación diferentes –en nuestro caso, el de los Neopositivistas y el de William James– llevan a la misma conclusión, esto es, al establecimiento de la verdad, del enunciado en un caso y de la idea en el otro. Otro tema es la aplicación de la máxima pragmática al propio concepto de verdad de ambos donde las consecuencias que se seguirían serían muy diferentes. 115 Aunque no para todos los Positivistas Lógicos como lo ejemplifica el caso de Neurath que, como ya hemos indicado, no aceptaba la noción correspondentista de verdad sino coherentista.
Verdad como proceso de verificación 119 conocimiento, basado en los datos de los sentidos que no estaban sujetos a error. Sin embargo, para William James este no es el caso, ya que aunque algunos enunciados como los de percepción directa podrían verificarse de la misma manera que proponen los Positivistas Lógicos, pero otras muchas ideas no podrían verificarse de esta manera. Igualmente la verdad en James está abierta al falibilismo, sin llegar por ello a ser absolutamente concluyente, pues nuevas experiencias podrían obligarnos a revisar nuestras verdades. Aunque hay que reconocer que esta orientación falibilista se fue incorporando progresivamente al Positivismo Lógico a través de nociones más flexibles como las ya mencionadas de confirmabilidad, contrastabilidad y falsabilidad, como ya hemos señalado. Los enunciados que tienen un método de verificación son verdaderos para los positivistas lógicos, pero esa verdad se concibe independientemente de tener un método de verificación. Esta verdad estaba ya ahí antes, y no porque nosotros la estemos verificando. En James, al contrario, el proceso de verificación nos permite llegar, o mejor dicho, hacer a la verdad. Podemos observar que en realidad proponen un método semejante para llegar a la verdad, la diferencia está en la concepción de verdad que subyace a ambos planteamientos, en la concepción de la verdad que está por detrás. En los positivistas lógicos la verdad es encontrada; el enunciado es verdadero o falso independientemente del método de verificación, es decir, verificamos la verdad ya dada de un enunciado. Ese algo a verificar es verdadero independientemente del método de verificación. En James, sin embargo, la verdad es construida, y es la puesta en práctica la que nos dice que está ahí. Enfatizamos que se trata de una verdad que se hace, y que es
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 126 Peirce la verdad únicamente podría ser el resultado de la investigación llevada lo suficientemente lejos, y no depende de cómo pueda pensar efectivamente cualquier sujeto concreto; la indagación científica nos arrastra a una meta preordenada, a la opinión predestinada de la cual el ser humano no puede escapar. La diferencia básica la encontramos en el concepto de realidad que manejan ambos autores. Para Peirce la realidad de lo que es real depende del hecho real de que la investigación está destinada a conducir a la postre a una creencia en ella121. A diferencia de James para el cual, a pesar de ser consciente de la existencia de un mundo independiente, la realidad es plástica porque depende de nuestros intereses advertirla, y poner el énfasis en uno u otro asunto; nosotros en buena medida constituimos la realidad con nuestro concurso, somos co-creadores de esa realidad, idea que no parece advertirse en el concepto de realidad ofrecido por Peirce. En consecuencia la verdad en James se hace, se construye; no así en Peirce, ya que en virtud de su opinión acerca de la realidad, para éste generalmente la investigación científica acaba por decir lo que estaba preestablecido, pues la investigación científica nos dirige a una meta de la cual no podemos escapar122, y todo ello hace que su explicación sea muy diferente del 121 Cfr. Peirce, C., Ob. cit., 1971, p. 85. 122 Para este punto resulta esclarecedor el análisis que realiza Thayer acerca de cómo es concebida la realidad por Peirce. Este autor insiste en las palabras de Peirce de su artículo “La fijación de la creencia” donde Peirce afirma que el pensamiento científico estaba basado en la hipótesis de la existencia de ‘cosas reales, cuyas características son enteramente independientes de nuestra opinión acerca de ellas’. Peirce tenía establecido que nuestra concepción de la realidad, nuestra posición al interpretar lo que es real, está además fijada por la comunidad de pensadores e investigadores. Así pues, Peirce puede ser mal leído como estableciendo que nosotros, la comunidad de pensadores, creamos y determinamos la naturaleza de la realidad. Pero esto sería un fallo en la interpretación del pensamiento de Peirce; él insiste en que las cosas reales ‘fuerzan’ ellas mismas nuestra atención y su carácter no depende del pensamiento humano. En, este sentido, el realismo de Peirce no se puede negar (Cfr. Thayer, Meaning and Action. A critical History of Pragmatism, 1984, p. 285).
Verdad como proceso de verificación 127 planteamiento de James. Podríamos decir que la posición de James con respecto a la verdad se identifica con la interpretación activista que propone Susan Haack, referida a la contribución que hacemos al formular los juicios verdaderos, cuando afirma que “[…] un sentido en el que incluso las verdades a largo plazo son hechas por nosotros es que nuestra actividad, nuestra contribución en la forma de la construcción de un esquema de clasificación, es un ingrediente tan esencial como la contribución de la realidad. Esto es por lo que yo llamo a esta la interpretación ‘activista’” (Haack, 1984: 274). En razón de esta distinción entre James y Peirce, que consideramos fundamental, al interpretar la idea de la verdad como ‘opinión final’, no estamos de acuerdo con la crítica que hace Putnam a James en su texto El pragmatismo. Un debate abierto, al decir “no encuentro satisfactoria la idea de la ‘opinión final’ que James rescata de Peirce” (Putnam, 1999: 26), y luego a través de una nota expresa: Considero un error del pragmatismo identificar a la verdad con la opinión final, es decir, la opinión hacia la cual convergemos a largo plazo. Rechazo la ‘teoría de la verdad’ del pragmatismo porque tiene consecuencias irracionales: la verdad respecto del pasado, por ejemplo, resulta dependiente de lo que acaecerá en el futuro (o de cómo será la opinión en el futuro), y esto me parece inaceptable (Ibídem, p. 41). Si examinamos el planteamiento de Putnam, a primera vista, parece plausible la crítica que hace a Peirce y James en relación a que la verdad de un hecho
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 128 pasado va a depender de las opiniones que se den al respecto en el futuro; especialmente, cuando sabemos que tales creencias en las circunstancias dadas de ese momento pasado, en ese contexto eran ciertas, válidas y resolvían las dudas en esa época particular, ya que no dependían de los acontecimientos o de las opiniones futuras, porque, si ese fuera el caso, eso sería como quedarnos sin verdades y entonces cada verdad del presente dependería de lo que sucediera en el futuro. Tal planteamiento como expresa Putnam parece inaceptable; para éste no hay una noción de verdad, en cualquier área del saber, que escape totalmente a la posibilidad de justificación, solo existen situaciones epistemológicas mejores y peores en lo que respecta a determinadas afirmaciones123. Ahora bien, como hemos advertido, si bien es cierto que James habla de ‘verdad absoluta’ lo hace más bien como un ideal, y no en los términos en los cuales se expresa Peirce como un ‘destino’, como la ‘opinión final’ del cual no podemos escapar. Además, no se trata de que James niegue la verdad de los juicios del pasado, no se trata de un grado de antirrealismo acerca del pasado por parte de dicho autor como le acusa Putnam, en el cual el valor de verdad de todo enunciado acerca del pasado va a depender de lo que ocurra en el futuro, aunque algunos pasajes de James pueden dar pie a esta interpretación, como el siguiente texto de Pragmatismo: “La astronomía ptolomeica, el espacio euclidiano, la lógica aristotélica, la metafísica escolástica fueron convenientes durante siglos, pero la experiencia humana ha sobrepasado 123 Cfr. Putnam, Realism with a human face. 1990, p. 8.
Verdad como proceso de verificación 129 aquellos límites y ahora consideramos que estas cosas son solo relativamente verdaderas o ciertas dentro de aquellos límites de la experiencia. ‘Absolutamente’ son falsas, pues sabemos que aquellos límites eran casuales y podrían haber sido transcendidos por teóricos de aquel tiempo lo mismo que lo han sido por teóricos del presente” (James: 2002, 143). A nuestro juicio, y en razón de lo explicado al inicio de este apartado, y teniendo en cuenta el concepto de realidad y de verdad que maneja James, no podemos darle la razón a Putnam en su crítica a James sobre los enunciados acerca del pasado, porque la realidad y la verdad para James son mutables124. En cambio para Putnam la realidad parece ser totalmente independiente de lo que nosotros podamos decir o saber de ella, acercándose más al punto de vista cientificista de Peirce que al humanista de James. Reiteramos, para James la realidad es independiente pero nosotros ayudamos a construirla. Éste afirma, desde un punto de vista pluralista, que el mundo real en lugar de ser completo ‘eternamente’, puede ser eternamente incompleto y en todo tiempo sujeto a adición o pérdida; en este sentido el universo no está completo y acabado, y forma parte de nosotros poder cambiarlo. Aunque James “admite que puede llegar un día en que la unión total de un conocedor, un origen y un Universo consolidado en cada aspecto concebible sea la más aceptable de todas las hipótesis” (James, 2002: 106), entretanto, debemos manejarnos con la hipótesis de un mundo 124 Hemos resaltado en el trabajo que una de las premisas fundamentales que debemos tomar en consideración para comprender la noción de verdad en James, además de la máxima pragmática, es la concepción instrumental de la verdad, entendida la verdad como un instrumento para la acción y no como un fin en sí misma.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 130 imperfectamente unificado, y quizá destinado a permanecer así. Y en esta última hipótesis pone el énfasis James. En un artículo escrito conjuntamente con Ruth Putnam, Putnam en relación con este asunto, nos explica que James parece también aceptar la idea peirceana de verdad como ‘verdad absoluta’ o la ‘opinión final’; ahora bien, con una interpretación más acorde con nuestro modo de pensar, nos dice que James acepta esta noción apenas como un ideal regulador, ideal que corresponde al hombre ‘completamente sabio’, y a la experiencia ‘absolutamente completa’125. Según nuestro parecer, para James la verdad absoluta es ‘humanamente’ inalcanzable, pues la verdad no escapa de lo que los humanos pueden verificar o descubrir. Aún más, los Putnam señalan que el propio pluralismo de James lo llevó eventualmente a rechazar la idea de que toda la verdad debe ser coherente con un sistema final126. Queremos destacar esta interpretación que nos ofrecen los Putnam en este ensayo sobre la verdad absoluta en James porque nos permite visualizar mejor la diferencia con Peirce en relación con su concepción acerca de ésta, y justificar nuestra posición con respecto a los planteamientos de Hilary Putnam sobre el mismo asunto en otros escritos suyos. Ahora bien, H. Putnam, en su texto Pragmatismo: un debate abierto, reconoce que: James aclara la forma en que todo lo que está ‘destinado’ a ser pensado no está rigurosamente predeterminado; la doctrina 125 Cfr. Putnam, H. y Putnam, R., “William James’s Ideas”, en: Putnam H., Ob. Cit., 1990, p. 221. 126 Ibídem, p. 223.
Verdad como proceso de verificación 131 jamesiana, según la cual nosotros mismos contribuimos a determinar aquello que se tornará ‘coercitivo en las confrontaciones del pensamiento’, está, sin duda alguna, presente en el ensayo. Asimismo, en Pragmatism, la verdad, en este sentido se transforma en una ‘noción reguladora’, y no en algo que estemos seguros de obtener (Putnam, 1999: 41). Como podemos observar de manera implícita Putnam nos muestra la diferencia que estamos resaltando entre Peirce y James, al mencionar que para James la verdad (absoluta) sería, en todo caso, una ‘noción reguladora’, por lo tanto, no es algo que ‘estemos seguros de obtener’, y aquí radica la diferencia fundamental entre ambos autores en relación con este asunto, a nuestro juicio. Y por ello resulta aún más difícil explicar la razón de su crítica en contra de James. Tales críticas solo parecen entenderse si Putnam interpreta la verdad como estática, inmutable, independiente de toda contribución humana, al igual que la realidad, como ya se ha dicho; esta última concepción de la verdad resulta, pues, muy distinta a la opinión de James sobre la verdad y la realidad, y parece ser exactamente aquello a lo que James se opone a lo largo de todo su pensamiento. En todo caso, para James la realidad sobre el pasado sería inmutable, no así las verdades sobre el pasado que pueden ser cambiadas, dependientes de las nuevas evidencias encontradas que tendrán efecto sobre nuestras acciones. A nuestro entender James, igual que Putnam, acepta la realidad de los hechos del pasado como cosas que sucedieron realmente y la verdad sobre tales hechos; por ejemplo, en el caso de la explicación ptolomeica de que la Tierra era el centro del universo, en ese momento de la historia tal afirmación era ‘verdadera’, bajo los límites propios del conocimiento de esa época. Luego a través de experiencias
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 132 humanas posteriores tales límites fueron superados, y es ahora que podemos mirar hacia atrás y afirmar que tal juicio no era verdadero. Como hacíamos referencia al inicio de este apartado, James explica que los procesos previos del mundo pueden haber sido verdaderos para los que fueron partícipes de ellos; pero no lo son para quien conoce las ulteriores revelaciones de la historia127. No obstante, James lo que trata de explicar es el caso de que una verdad cambie a partir de nuevas evidencias, al poner el énfasis en las medias verdades y no en establecer el acuerdo final como un requisito imperioso de verdad. Por tanto, no hay una meta predestinada, de lo que se trata es que de haber una meta final o definitiva esta también tendría que conseguirse a través de las medias verdades, con las distintas aportaciones del ser humano. Más aún, y para afianzar nuestra posición, podemos decir que si observamos con detenimiento la cita de James en la cual explica su noción de ‘verdad absoluta’ al inicio de este apartado, éste menciona el adverbio “absolutamente” entre comillas, es decir, da a entender lo poco o nada probable que puede ser que suceda tal acontecimiento “que ninguna experiencia ulterior alterará nunca” James lo presenta como un ideal, no como algo de lo que tengamos la seguridad de conseguir, como señalábamos antes. Se podría pensar que al hablar James de lo ‘absolutamente’ verdadero, lo hace en el sentido que explica el significado de la palabra ‘Uno’, cuando al tratar el problema si el mundo en el fondo es Uno o Múltiple, se pregunta: 127 Supra p. 125.
Verdad como proceso de verificación 133 ¿no es claro [...] que cuando usamos un adjetivo como ‘Uno’ en forma absoluta y abstracta, su significado es tan vago y vacío que en realidad no importa mucho si lo afirmamos o lo negamos? [...] lo primero que ustedes deben preguntarse es qué cosa precisa quieren significar prácticamente con su ‘Uno’ al llamar ‘Uno’ al universo (James, 1898, en: Kurtz, 1972: 125). Esto mismo puede decirse en el caso de la verdad al considerarse de manera ‘absoluta’, su significado es tan vacío que no importa negarla o afirmarla; y por eso James le da cabida a esa posibilidad como un ideal; pero en realidad lo importante es el valor en efectivo que ésta pueda tener. Además, en virtud del afán conciliatorio de James128 no es de extrañar que no cierre tal posibilidad, aún dado lo poco probable que pueda ser; y más aún debido a la gran influencia de Peirce en su pensamiento. James también habla del ‘hombre perfectamente sabio’ y la ‘experiencia absolutamente completa’, pero tales expresiones son tan frágiles y delicadas como resbaladizas. Si nos basamos en las nociones de ‘experiencia’, ‘realidad’, ‘conocimiento’ aportadas por James advertimos que la idea de verdad absoluta como ‘noción reguladora de una verdad potencial mejor’ tiene como máximo ese mismo efecto práctico regulador sobre las verdades pasadas, a medida que nuevas experiencias nos llevan a formular nuevas verdades, pero no debe ser entendida de una forma demasiado literal en su acepción de verdad absoluta, final y definitiva, todo lo más debe entenderse como ese ideal tenue y evanescente que puede ser alcanzado ‘nos imaginamos’ ‘algún día’. En este sentido estamos de acuerdo con Castillo cuando nos dice: “No es que toda verdad 128 Con respecto a esta idea nos dice Paul Kurtz: “James […] tuvo una profunda humanidad intelectual, y vio con tolerancia una amplia variedad de ideas” (Kurtz, 1972: 111).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 134 deba encajar finalmente en un sistema ideal, acabado. James no niega ese ideal, pero da a entender que también es demasiado vacío y formal para guiar el encaje de las creencias con el mundo em-pírico [sic]” (Castillo, 1997: 109). Según nuestro criterio, cuando James habla de la verdad absoluta se refiere más a su modo de plantearla en su escrito “¿Existe la ‘conciencia’?” de 1904, al explicar que si el mundo se terminara en este momento y lugar, permanecería entonces la verdad absoluta y objetiva porque sería ‘la última palabra’, porque no habría quien la criticara, ni nadie que opusiera el pensamiento de ella a la realidad indicada129. Según nuestro criterio, los términos en los que aquí se refiere James a la verdad absoluta son muy parecidos a los de Schiller sobre este tema, cuando afirma: podemos concebir una realización ideal de la construcción de la verdad en la consecución de una situación que no produjera ninguna pregunta y, de tal modo, que no inspirara a nadie la intención de rehacerla; a tal ideal se le puede conceder el nombre de verdad absoluta (Schiller, 2011: 124). Al igual que James, Schiller en este texto establece la verdad absoluta como un ideal, muy poco probable de alcanzar; y, en ningún modo como un destino como lo hace Peirce. 129 Cfr. James, “¿Existe la conciencia?”, en: Kurtz, Filosofía norteamericana en el siglo XX, 1972, p. 163.
Verdad como proceso de verificación 135 Debemos tener claro que James antes de expresar su idea sobre ‘la verdad absoluta’ había establecido que “[l]a experiencia [...] tiene modos de sobrepasar sus límites y de hacernos corregir nuestras actuales fórmulas”. Después finaliza el párrafo afirmando “tendremos que vivir hoy con arreglo a la verdad que podamos obtener hoy y estar dispuestos a llamarla falsedad mañana”, lo que pone en evidencia el carácter falible de nuestro conocimiento, el cual destaca James desde sus primeros planteamientos. Y reitera que la realidad significa realidad experimentable y que está continuamente en proceso de mutación, que podría ir hacia una meta definitiva, pero, por el camino, debe incorporar todas esas medias verdades producto de la contribución humana, de ahí su característica de plasticidad; enfatizamos que, para James, la característica fundamental de nuestra experiencia es que consiste tanto en un proceso de cambio como en un proceso de conservación. A nuestro modo de ver, lo principal o lo más importante que James nos quiere trasmitir con la idea expresada en la cita anterior es que, aún con el ideal de una ‘verdad absoluta’ –sea este tan poco probable como para llegar a existir– la verdad absoluta debe hacerse, y debe hacerse con el conjunto de verdades previas o ‘semi-verdades’ como él las denomina. Es decir, el punto de énfasis de James es que así como las verdades temporales se hacen en el curso de la experiencia y de los procesos de verificación, la verdad absoluta, si se llegara a dar algún día, también deberá hacerse con la contribución aportada por las verdades a medias, y en este proceso están presentes también los intereses prácticos y personales del ser humano.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 142 acuerdo previo entre las viejas verdades y la nueva experiencia, donde los seres humanos juegan un papel primordial, pues tal y como lo expresa James: he insistido en el hecho de que la verdad está hecha en gran parte de otras verdades previas. Las creencias de los hombres en cualquier tiempo constituyen una experiencia fundada. Pues las creencias son, en sí mismas, partes de la suma total de la experiencia del mundo y llegan a ser, por lo tanto, la materia sobre la que se asientan o fundan para las operaciones del día siguiente (James, 2002: 143). En este texto parece implícito la existencia de un acuerdo, en el planteamiento ofrecido por James sobre la verdad. En este sentido señala James al hacer referencia al sentido común: “nuestros modos fundamentales de pensar sobre las cosas son descubrimientos llevados a cabo por remotos antepasados que lograron conservarse a través de la experiencia de los tiempos ulteriores”132 (James: 2002, 114). Si las nuevas verdades son el resultado de nuevas experiencias y viejas verdades que lograron conservarse, para poder lograr tal conservación los seres humanos tuvieron que ponerse de acuerdo sobre lo que se debía creer. 132 Aún más, en ese mismo capítulo sobre “El pragmatismo y el sentido común” James dice explícitamente: “Hemos visto que tenemos razón para sospechar que a pesar de su venerabilidad, de su uso universal y de encontrarse en íntima compenetración con la estructura del lenguaje, sus categorías pueden ser, después de todo, una colección de hipótesis extraordinariamente fecundas (descubiertas históricamente o inventadas por individuos, pero gradualmente comunicadas y utilizadas por todo el mundo), y mediante las cuales nuestros antepasados, desde tiempo inmemorial, han unificado y puesto en orden la discontinuidad de sus experiencias inmediatas […]” (James, 2002:125. Las cursivas son nuestras).
Verdad como proceso de verificación 143 Además James en su conferencia “Lo uno y lo múltiple” nos habla de un punto de vista sistemático: “[s]on innumerables las clases de conexión que las cosas especiales tienen con otras también especiales y el ensemble o conjunto de cualquiera de estas conexiones forma una especie de sistema mediante el cual las cosas se relacionan. Así, los hombres están relacionados en una vasta red de conocimientos”. (James, 2002: 93). Nos preguntamos ¿se puede hablar de sistema, de red de conocimientos sin un acuerdo previo? La respuesta parece obvia. Por todo lo expuesto no estamos de acuerdo con la crítica de Faerna sobre que James olvidó añadir a la verdad la necesidad de ponernos de acuerdo; la consideramos implícita en sus planteamientos como creemos haber mostrado. Como podemos advertir James sí establece un acuerdo, ahora bien tal acuerdo no se trata de un destino preestablecido. Manifestar el acuerdo en términos de requisito imperioso de la verdad es presuponer la concepción racionalista de la verdad tan criticada por James. Ahora bien, expresados los planteamientos acerca de la verdad como proceso de verificación y sobre la noción de verdad absoluta en William James, pasamos a otro de los puntos fundamentales en su explicación de la verdad; o mejor dicho el otro pilar fundamental en su explicación de la verdad, a nuestro criterio: la conservación de las verdades pasadas. Esto le permitirá a James solventar algunos de los problemas propios de la verificación, como hemos sugerido, y a nuestro
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 144 juicio, también le permite corregir o mejorar la concepción correspondentista de la verdad al introducir el ingrediente de la conservación de las verdades pasadas o, lo que es lo mismo, la coherencia entre el cúmulo de verdades pasadas y los nuevos hechos que suceden, con lo cual James estaría defendiendo una posición coherentista de la verdad133. 133 Supra p. 60.
Capítulo III Verdad como coherencia
Verdad como coherencia 147 James nos ofrece una forma de concebir la verdad que posee una gran riqueza de elementos, entre otros podemos mencionar: la verificación, el conservadurismo, la instrumentalidad, la pluralidad, el humanismo o como guía de la experiencia. Consideramos básicos o pilares fundamentales de su doctrina de la verdad, como señalábamos en el capítulo I: a) la verdad como proceso de verificación, b) la conservación de verdades pasadas o coherencia y c) el humanismo. A continuación nos vamos a centrar en la explicación de James sobre la conservación de verdades pasadas o coherencia, y tratar de mostrar las razones que llevaron a este autor a introducir tal condición, su forma de concebirla, así como la posición más reciente de Davidson sobre este asunto comparándola con la de James; éste último consideramos que podría ser, en un sentido general, el predecesor de Davidson en su manera de entender la verdad como coherencia. 3.1. La importancia del concepto de actuación Lo primero que debemos recordar en el análisis de la verdad como coherencia de James es que tal elemento o requisito de la verdad lo introduce al explicar el concepto de actuación134. Cuando James nos dice que nuestras ideas verdaderas actúan, se refiere a esos dos elementos principales antes aludidos, la verificación y el conservadurismo. Sobre éste último nos dice que “la teoría debe mediar entre todas las verdades previas y determinadas experiencias nuevas” 134 La cita de James sobre este aspecto se encuentra transcrita en el apartado 1.4 “Elementos característicos de la doctrina de la verdad en William James”, página 59.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 148 (James, 2002: 139). Así tenemos, que James va a explicar la coherencia como esa conciliación que debe existir entre las viejas verdades y las nuevas, que ocasione un mínimo de trastornos y nos conduzca de manera expedita, transitable, en el curso de la experiencia, es decir, debe haber una ilación o conexión entre el cúmulo de verdades pasadas y las nuevas experiencias. A nuestro modo de ver, y en esto estamos de acuerdo con la posición de Escorial al respecto135, James siente la necesidad de mejorar la teoría de la correspondencia sobre la verdad y considera la verificación insuficiente para explicarla. Intenta solventar de esta manera los problemas de toda posición verificacionista sobre la verdad136 con el aspecto de la coherencia; y, a su vez, le permite hacerle frente a las críticas que lo consideran antirrealista. Como se ha mencionado antes, James trata de conciliar aspectos de la teoría de la correspondencia y de la teoría de la coherencia sobre la verdad imperantes en su época. Podemos decir que, en general, James siente una insatisfacción con respecto a tales teorías por no arrojar respuestas satisfactorias y, a nuestro modo de ver, trata de conjugarlas en su propuesta, como ya hemos mencionado. 135 Cfr. Escorial, “La teoría de la verdad de William James”, 2002, p. 204. 136 Por ejemplo al explicar la verificación en el Positivismo Lógico decíamos que ésta tenía lugar al contrastar nuestras proposiciones con los hechos observados; al conectar las sensaciones o percepciones del mundo con nuestras creencias, todo el énfasis recayó en las primeras y las consideraron justificaciones epistémicas. El problema que se plantea es que tal justificación parece depender de la conciencia, que no es sino otra creencia. De ahí que Echeverría plantee: “ya en el propio Círculo de Viena surgieron objeciones […] contra la propia noción de verificación. Neurath y Hempel, por ejemplo, afirmaron que las proposiciones solo pueden ser confrontadas con otras proposiciones, y no con hechos […]” (Echeverría, 1989: p. 18). Además, otro problema fundamental de la posición verificacionista es que a partir de los enunciados de observación no es posible afirmar o contrastar los enunciados generales, tales como las leyes y las teorías científicas. Para ampliar esta información remitimos al punto “Verificación para los positivistas lógicos”, página 82.
Verdad como coherencia 149 3.2. James, Schiller y Dewey: el énfasis en la conservación de verdades pasadas y la concepción instrumental de la verdad El proceso de preservación o conservación de creencias está íntimamente relacionado con la concepción instrumental de la verdad defendida y compartida por James, Schiller y Dewey, al decirnos que las ideas se hacen verdaderas cuando nos ayudan a entrar en conexión provechosa con otras partes de la experiencia. Estos autores no conciben la verdad como un fin en sí misma, por el solo deber de obtenerla; sino que la verdad está directamente relacionada con los fines y las necesidades de los seres humanos. En lo sucesivo intentaremos mostrar como dichos autores nos explican tal proceso de conservación de verdades pasadas, o la síntesis de hechos pasados y la conducción a otros nuevos. En general explican lo siguiente: • El individuo está provisto de un cúmulo de verdades pasadas que hasta ese momento han cumplido bien con su función en la experiencia. • Aparecen nuevos hechos o nuevas experiencias y surge la duda. Tal duda se puede traducir en una contradicción entre lo que hay y lo que se dice, o en observar hechos que no son compatibles entre sí, es decir, en el problema científico a resolver; se pone de manifiesto así lo que Peirce llamará ‘la irritación de la duda’. • El individuo en virtud de su carácter conservador, tratará de resolver la ‘duda’ conservando la mayor parte de las creencias que ya poseía, primero intentará modificar la nueva idea, luego las creencias que ya poseía (éstas se resistirán en diversos grados).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 150 • Hasta que surja una nueva idea que se pueda introducir o injertar en el cúmulo de verdades pasadas con un mínimo de conmoción. • Y nos conduzca nuevamente de manera expedita y fluida en el mundo experiencial.137 La nueva idea servirá de intermediaria entre las verdades pasadas acumuladas y la nueva experiencia, al adaptar una a la otra de manera armoniosa establece relaciones ventajosas y cumple así su función de guía, de orientación en la experiencia; en otras palabras se ‘adecua’ a la realidad, entendida la adecuación con la realidad en el sentido jamesiano de ser guiado o como proceso de ser conducido, y de esta forma se considera verdadera. A los fines de hacer visible y resaltar la influencia que ejercieron Schiller y Dewey en la forma de concebir James la verdad138 nos parece pertinente traer a colación los textos en los cuales Schiller y Dewey nos describen su forma de entender la verdad de manera instrumental. Schiller nos explica en el capítulo “la construcción de la verdad” de su libro Studies in Humanism que la verdad se construye: mediante operaciones humanas sobre los datos de la experiencia humana. El conocimiento aumenta en alcance y fiabilidad por el funcionamiento exitoso, por la asimilación e incorporación de 137 Cfr. James, Ob. cit., 2002, p. 53. 138 El propio James expresa: “Creo que nuestros pragmatistas contemporáneos, especialmente Schiller y Dewey, han dado la única explicación atendible sobre el asunto” (James, 2002: 129). Se refiere a la pregunta sobre la verdad. Y, además, en relación a Schiller nos comenta “[…] dado que su doctrina y la mía son idénticas, aunque en la exposición sigan direcciones diversas” (James, 1974: 267); James equipara, pues, su doctrina a la de Schiller.
Verdad como coherencia 151 nuevo material a través del cuerpo de conocimiento previamente existente. Estos “sistemas” están continuamente verificándose ellos mismos, probándose a sí mismos verdaderos mediante sus ‘consecuencias’, por su poder de asimilar, predecir y controlar ‘hechos’ nuevos. Pero el hecho nuevo no es solamente asimilado; también se transforma. La antigua verdad parece diferente a la nueva luz, y realmente cambia. Crece de manera más poderosa y eficiente [...] (Schiller, 2005: 194). Schiller nos muestra y resalta en este texto como el antiguo cuerpo de verdades incorpora nuevas verdades sobre nuevos hechos, asimilando estos nuevos hechos, y combinándolos, generando nuevas verdades producto de la contribución humana. De igual forma Dewey nos explica su manera de concebir la verdad de la siguiente forma: ‘Verdad’ significa, eso está claro, acuerdo, correspondencia entre la idea y el hecho, mas ¿qué significan, a su vez, ‘correspondencia’, ‘acuerdo’? [...] En el pragmatismo significan el poder directivo o conductor que tienen las ideas, en virtud del cual ‘nos sumergimos de nuevo en los particulares de la experiencia’ y, si con su ayuda establecemos aquella disposición y conexión entre objetos experimentados que la idea pretende, ésta queda verificada; es decir, se corresponde con las cosas con las que pretende cuadrar. Verdadera es la idea que funciona a la hora de conducirnos a lo que intenta decir. O también: ‘cualquier idea que nos transporte felizmente [...] Esta concepción presupone que las ideas son esencialmente intenciones (planes y métodos) y que lo que en última instancia pretenden, en cuanto que ideas, tiene un carácter prospectivo: ciertos cambios en las cosas previamente existentes (Dewey, 2000: 82).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 254 conjunto de nuestras pasadas relaciones con los hechos de sensación, ya está acumulado en las verdades previas243. Todo ello lo conduce a afirmar que: Es solo [...] la más insignificante y reciente fracción de las dos primeras partes de la realidad la que nos llega sin toque humano, y la fracción tiene inmediatamente que humanizarse en el sentido de cuadrarse, asimilarse o adaptarse con la masa existente ya humanizada. De hecho, difícilmente podemos percibir una impresión sin preconcebir lo que las impresiones puedan dar. Cuando hablamos de realidad ‘independiente’ del pensar humano, nos parece, pues una cosa muy difícil de hallar. Se reduce a la noción de lo que acaba de entrar en la experiencia y aún ha de ser nombrado, o bien alguna imaginada presencia aborigen en la experiencia, antes que se haya suscitado creencia alguna sobre tal presencia, antes que se haya aplicado cualquier concepción humana (James, 2002: 158). Ahora bien, no obstante estas similitudes bien marcadas, a nuestro juicio, entre James y Schiller podemos notar cierta diferencia entre ellos en la forma de concebir los hechos. Así tenemos que para James los ‘hechos’ simplemente son, y nosotros nos encargamos de hablar por ellos; en su explicación no parece hacer mención alguna a la diferencia ofrecida por Schiller entre ‘realidad primaria’ y ‘hecho real’244; por lo que, a nuestro entender, este último parece ser más radical en sus planteamientos sobre los hechos y la injerencia humana sobre éstos, que el propio James. Aunque la idea fundamental que debemos obtener de estos 243 Cfr. James, Ob. cit., 2002, p. 157. 244 Esta diferencia puede deberse o está originada en la ya mencionada distinción que explicitaba James entre él y Schiller, al mencionar que su universo es esencialmente epistemológico y que parte de cosas, los hechos objetivos. Parece dejar la diferencia que explica Schiller entre ‘realidad primaria’ y ‘hecho real’ en estado de implicación, sin una postulación explícita. Supra p. 192.
El humanismo: Schiller y James 255 planteamientos es, que aún en el caso de Schiller que parece más radical, ambos autores son conscientes, y así lo enfatizan, de que hay un algo allí afuera, un hecho independiente de nosotros que es ‘encontrado’, la ‘realidad primaria’ que llama Schiller o el ‘eso’ de James, pero con profundas huellas de nuestro tratamiento una vez que nos ponemos a trabajar sobre ésta para rehacerla y deshacerla, como señala Schiller. Es decir, en cierto sentido los hechos se modifican al llegar a ser conocidos, en el sentido ya señalado, de que se humanizan. La definición ofrecida por James de ‘realidad’ según el humanismo nos puede ilustrar más esta idea, ya que entiende por ésta: las experiencias conceptuales o perceptuales con las que una experiencia presente dada pueda, de hecho, hallarse mezclada. (Esto significa meramente excluir la realidad de clase ‘desconocida’, de la que no se puede dar una explicación en términos perceptuales o conceptuales. Incluye, naturalmente, toda realidad empírica independiente del cognoscente. Así, pues, el pragmatismo es realista, epistemológicamente hablando, en su explicación) (James, 1974: 116). Se muestra nuevamente en estas líneas que la realidad para James siempre es realidad experimentable, siempre se determina dentro de las posibilidades de la experiencia. Y que éste siempre enfatiza que no niega las realidades externas, que para él los objetos son tan parte de la realidad como lo son las ideas. Schiller, de igual manera, no es ajeno a las críticas que lo pueden tachar de subjetivista en virtud de su interpretación de los hechos. Y se pregunta ¿cómo
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 256 penetraremos en algún hecho ‘objetivo’ del todo? A lo que responde que aunque a veces los ‘hechos’ pueden coaccionar, es aún más esencial a ellos ser ‘aceptados’, ser ‘hechos’ y ser capaces de ser ‘rehechos’, en razón de que el pragmatista concibe ‘lo objetivo’ como aquello a lo que aspira. Piensa que la coercitividad del ‘hecho’ ha sido enormemente exagerada por la incapacidad de observar que nunca es pura coerción, sino que siempre ésta se mitiga al haberlo elegido y aceptado, por lo que el ‘hecho’ deja de ser ‘forzado’ o ‘impuesto’ y se convierte en ‘querido’245. Esta concepción pragmatista del hecho está muy bien explicada por Seoane al comentar que: “Lo que hace el pragmatismo humanista de Schiller no es negar que tengamos percepciones de un mundo allende de nosotros, sino afirmar que es la fase volicional de tales percepciones la que hace que realmente aquello que está más allá de nosotros se convierta en nuestro mundo” (Seoane, 2011: 30). De ahí que para Schiller ni el hecho, ni su conocimiento se pueden plantear sin la cuestión del valor, explica que al analizar nuestros ‘hechos’ se convierten en ‘valores’ y, por tanto, la concepción de ‘valor’ se convierte en más última que la del ‘hecho’. En estos planteamientos se muestra nuevamente que Schiller va más allá de lo explicado por James sobre este asunto, pues, como se ha dicho, para James los ‘hechos’ simplemente son. Ahora bien, de manera general, podemos decir que tanto en James como en Schiller se muestra un concepto de realidad amplio y holgado, que le permite al ser humano un gran poder de actuación sobre ésta. Así tenemos que para James la realidad “es una acumulación de nuestras invenciones intelectuales propias, y la 245 Cfr. Schiller, “La construcción de la verdad”, en: Seoane, Ob. cit., p. 116.
El humanismo: Schiller y James 257 lucha por la ‘verdad’ en nuestros progresivos tratos con ella es siempre una lucha para actuar con nuevos nombres y adjetivos, alterando lo antiguo lo menos posible” (James, 1974: 92). También nos dice que: “Tanto en nuestra vida cognoscitiva como en nuestra vida activa somos creadores. Añadimos tanto al sujeto como al predicado, parte de la realidad. El mundo es realmente maleable, está esperando recibir su toque final de nuestras manos” (James, 2002: 162). Estas ideas son muy parecidas a las de Schiller cuando explica que para él ‘el mundo es plástico’, porque el mundo es lo que lo hacemos, y, por tanto, resulta inútil definirlo por lo que es aparte de nosotros, y que debemos tomarlo como si fuera totalmente plástico y solo detenernos cuando se encuentre una oposición determinante o contundente. Aún más, esta última idea de Schiller la podemos encontrar en James al referirse a las teorías, al explicar lo siguiente: Es mejor táctica dar a la teoría mucha ‘cuerda’ y ver lo que da de sí que obstruirla desde el comienzo con repetidas acusaciones de autocontradicción. Creo, por lo tanto, que la actitud provisional recomendable para el lector es hacer un decidido esfuerzo para simpatizar mentalmente con el humanismo (James, 1974: 89). Así tenemos que en relación con la idea de plasticidad del mundo, y del humanismo en general los planteamientos de James y Schiller son coincidentes. El mismo James lo expone explícitamente en su conferencia “Pragmatismo y humanismo” al decir, “[i]ntento defender la posición humanista en esta conferencia” (James, 2002: 155). Por consiguiente, se evidencia en estas citas, lo
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 258 ya mencionado, y lo que consideramos es una característica básica del humanismo de Schiller y de James, esto es, nuestra participación activa en el proceso del conocimiento. Si bien existe algo así como una materia prima o ‘stuff’, un caos inicial, o en palabras de James la ‘experiencia pura’, y para Schiller la ‘realidad primaria’, nosotros inmediatamente al iniciar el proceso cognoscitivo le damos forma, le ponemos nombre y la moldeamos conforme a nuestros intereses. Como podemos observar en relación a los planteamientos generales sobre el humanismo la exposición de ambos autores es, a nuestro modo de ver, plenamente coincidente. Incluso James señala: No existiendo la realidad, sino solamente nuestra creencia acerca de la realidad, contendrá ésta elementos humanos, pero éstos conocerán el elemento no humano en el sentido exclusivo en que puede existir conocimiento de algo [...] imposible [...] separar los factores humanos de los reales en el desarrollo de nuestras experiencias cognoscitivas” (James 2002: 159). Aún más, para James “decir que nuestro pensamiento no ‘hace’ a esta realidad significa pragmáticamente que si nuestro pensamiento particular fuera aniquilado, la realidad aún existiría en alguna forma, aunque posiblemente sería una forma a la que le faltaría algo que nuestro pensamiento proporciona” (James, 1974: 94). Y, por otro lado, James admite que “no puede haber verdad, si no hay algo acerca de lo cual pueda decirse que es verdad” (Ibídem, p. 216). Con estas afirmaciones se muestra que para los pragmatistas la realidad es una interacción entre el sujeto que conoce y su entorno. Se trata de una relación de
El humanismo: Schiller y James 259 mutua construcción en la que el mundo y el conocimiento humano se hacen el uno al otro. Schiller lo explica de la siguiente manera: “[l]a situación real es por supuesto un caso de interacción, un proceso de cognición en el que el ‘sujeto’ y el ‘objeto’ se determinan uno a otro y ambos, ‘nosotros’ y la ‘realidad’, están mezclados y, podríamos añadir, se desarrollan juntos” (Schiller, 1912, en: Seoane, 2011: 149). Esta misma visión se ve recientemente en la interpretación de un neopragmatista como Putnam al utilizar la metáfora: “la mente y el mundo construyen conjuntamente la mente y el mundo” (Putnam, 1988: 13). Ahora bien, no obstante estas afirmaciones podemos notar cierta discrepancia entre Schiller y James, cuando este último nos explica lo que para él significa realidad ‘independiente’. Al respecto nos dice James: Que la realidad es ‘independiente’ significa que existe algo en toda experiencia que escapa a nuestro arbitrio control. Si es una experiencia sensible, coacciona a nuestra atención; si es una secuencia, no podemos invertirla; si comparamos dos términos, solo podemos llegar a un resultado. Hay un empuje, una urgencia, dentro de nuestra misma experiencia, contra la que somos impotentes en conjunto, y que nos conduce en una dirección que es el destino de nuestra creencia. Puede o no ser verdad que este rumbo de la experiencia misma sea en última instancia debido a algo independiente de toda experiencia posible. Puede existir o no una ‘ding [sic] an sich’ más allá de la experiencia que haga rodar a la bola, o un ‘absoluto’ que eternamente resida detrás de todas las sucesivas determinaciones que ha hecho el pensamiento humano. Pero dentro de nuestra experiencia misma, en todo caso, dice el humanismo, unas determinaciones se muestran como independientes de otras; algunas cuestiones, si las planteamos, solo pueden responderse de un modo; algunos seres, si los suponemos, debe suponerse que existen antes de la suposición; algunas relaciones, si es que existen, deben existir en tanto que existan sus términos (James, 1974: 95).
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 260 Podemos observar nuevamente la semejanza entre ambos autores de ese ‘algo’ que existe al iniciar todo proceso de conocimiento. No obstante, James nos habla de que ‘algunas cuestiones solo pueden responderse de un modo’ o ‘algunos seres debe suponerse que existen antes de la suposición’, entre otras. Tales consideraciones, a nuestro modo de ver, no serían respaldadas o afirmadas por Schiller en razón de que para él “no puede afirmarse que nuestra creencia en la realidad metafísica de nuestro mundo externo, que es posible ‘construir’ en algún sentido, o en ningún sentido, sea de mayor autoridad que nuestra creencia en la realidad de nuestra construcción de la verdad” (Schiller, 1912, en: Seoane, 2011: 133). Y, aunque hace un ‘reconocimiento’ del mundo externo, siempre lo hace por razones pragmáticas. Es decir, para Schiller lo ‘Real’ significa ¿real para qué propósito? ¿para qué fin? ¿en qué uso? Por eso la respuesta para Schiller se da en términos de la voluntad de conocer que establece la cuestión. Para Schiller, por lo tanto, “[l]a respuesta a nuestras preguntas se afecta siempre por el carácter de las mismas y eso está en nuestras manos” (Ibídem, 148). Un ejemplo que ofrece James que a nuestro entender nos permitiría una mejor comprensión y aclaración de la diferencia expuesta entre él y Schiller es el siguiente: explica James que antes de que un testigo humano se preguntase o estableciera que la constelación de la Osa Mayor o Carro estaba formada explícitamente por siete estrellas y que era explícitamente semejante a un oso, solo poseía estos rasgos de manera implícita o virtual, y una vez que nosotros las llamamos y nosotros las explicamos, es cuando las hacemos ‘reales’; y en esto coincide con Schiller. Las estrellas de la constelación eran un hecho preexistente
El humanismo: Schiller y James 261 virtualmente hasta que la mente del testigo humano las comparó y las contó. Pero, y es aquí a nuestro entender donde James comienza a separarse de Schiller, las estrellas mismas (una vez que la mente las considera) dictan el resultado. El contarlas no modifica, en modo alguno, su naturaleza previa, y siendo lo que son y en donde son, la cuenta no puede variar y podrá hacerse siempre. Es decir, según esta explicación de James, los hechos ‘pre-existen’ virtualmente en el sentido de que si alguna vez nos preguntamos por su existencia, ellos mismos determinarían la respuesta. Por esta situación explica James que “[t] enemos aquí casi una paradoja. Sin duda alguna algo surge, por el hecho de contar, que antes no estaba. Y sin embargo, este algo era siempre verdadero. En un sentido es creado, y en otro hallado. En cuanto se considera el asunto, la cuenta tiene que tratarse como siendo cierta de antemano” (James, 1974: 111). En este orden de ideas James, al explicar los puntos principales del humanismo, comenta que: la verdad que la experiencia conformadora abarca, puede ser una adición positiva a la realidad previa, y más tarde los juicios tendrán que conformarse a ella. Pero, virtualmente al menos, puede haber sido verdadera con anterioridad. Desde el punto de vista pragmático, la verdad virtual y actual significa lo mismo: la posibilidad de una sola respuesta, una vez suscitada la pregunta (Ibídem, p. 116) Estas ideas están muy relacionadas con el apartado de la ‘Verdad absoluta’, específicamente, con el ejemplo que proponía Susan Haack de los océanos246, en 246 Supra p. 139.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 262 el cual, a nuestro criterio, al tratar de conciliar –lo que calificó como– la posición confirmacionista y la posición activista presentes en la explicación de la verdad en James, quería poner de relieve, precisamente, que para éste también hay una realidad independiente. Así tenemos que al considerar James que hay una realidad independiente en los términos que hemos analizado, se diferencia de la explicación de Schiller sobre este asunto, porque, como hemos mencionado, para este último la creencia en la realidad de un mundo externo, no es superior a la creencia en la realidad de nuestra construcción de verdad. Es decir, en el ejemplo propuesto por James de la constelación, éste al final dice que ‘la cuenta tiene que tratarse como siendo cierta de antemano’; en el caso de Schiller, según nuestra opinión, no le concedería tal supremacía a esa afirmación247. Ahora bien, se evidencia también, nuevamente, que la diferencia entre James y Schiller no está en la cuestión de fondo de sus planteamientos, sino en el énfasis que uno u otro ponen en el aspecto epistemológico o sicológico del asunto. Difieren en el grado o en el énfasis de lo que es creado y de lo que es hallado. En estas palabras de James se evidencia tal afirmación: 247 Schiller enfatiza esta posición que estamos analizando al explicar que: “El hecho simple es que conocemos lo Real como es cuando lo conocemos; no conocemos nada en absoluto acerca de lo que sea fuera de este proceso. Por consiguiente no tiene sentido investigar como sea su naturaleza en sí misma. Y no puedo ver la razón por la que la idea de que la realidad presenta una naturaleza rígida que no se afecta por nuestro tratamiento debería considerarse teóricamente más justificable que su contraria, a saber, que es completamente plástica a todas nuestras demandas –una parodia del Pragmatismo que ha conseguido cierta popularidad entre sus críticos” (Schiller, 1912, en Seoane, 2011: 149).
El humanismo: Schiller y James 263 Schiller admite, tan resueltamente como cualquiera, la presencia de factores de resistencia en cada experiencia real de construcción de la verdad, a los cuales factores ha de tener en cuenta la verdad especial recién hecha, y con los cuales tiene forzosamente que ‘adecuarse’. Todas nuestras verdades son creencias sobre la ‘realidad’; y en cualquier creencia particular la realidad actúa como algo independiente, como una cosa hallada, no fabricada” (James, 2002: 155). Para James la realidad es algo resistente pero maleable, e insiste en los factores de resistencia y en los hechos con los cuales tenemos que adecuar nuestras creencias, ideas en las que, a nuestro criterio, no insiste Schiller. Schiller pone el acento en el aspecto sicológico, y esto explica porque la ‘construcción de la verdad’ es necesariamente también una ‘construcción de la realidad’, pues, como hemos dicho, para este autor los objetos reales deben ser hechos un objeto de pensamiento por nuestra selección, los ‘hechos’ son hechos cuando son tomados como tales por nosotros. Así lo explica Schiller: Es solo después de esto que puede tomarse de tal manera que repudiemos la responsabilidad en ello y prefiramos decir que no lo hacemos, sino que ‘descubrimos’ lo que siempre fue. Nuestras razones para esta distinción son pragmáticas248. Una realidad que está ‘fundamentada’ se comporta de modo diferente que otra que está ‘construida’ (Schiller, 1929, en: Seoane, 2011: 195). 248 Además para afianzar más estas ideas, Schiller considera que el pragmatismo “lejos de admitir la pretensión de independencia de una inteligencia irresponsable, considera el conocimiento como derivado de la conducta y como algo que supone de manera distintiva cualidades morales y responsabilidades de un modo perfectamente definido y fácil de encontrar” (Ibídem: 140).
Conclusiones 271 Conclusiones Recorrido el camino de este proceso investigativo sobre ‘La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James’ pasamos a mencionar nuestros principales resultados en función de los objetivos propuestos. Al comienzo nos planteamos como objetivos generales de la investigación los siguientes: a) examinar lo que considerábamos eran los pilares fundamentales de la concepción de la verdad de William James, y que reducimos a dos, a saber, el proceso de veri-ficación y la conservación de las verdades pasadas. Y, b) analizar el humanismo característico del pensamiento de James; para ello consideramos imprescindible la referencia al humanismo de Schiller, puesto que James lo considera afín a su concepción de la verdad. Para lograr tales objetivos nos planteamos, en primer lugar, mostrar los distintos elementos ofrecidos por James en su doctrina de la verdad, obteniendo como resultado que: (a) Los elementos de la doctrina de la verdad en William James se encuentran articulados en torno al concepto de actuación, es decir, en relación a la íntima conexión que existe entre el proceso de verificación y la efectiva congruencia con las verdades pasadas. (b) Entre los principales elementos presentes en su doctrina de la verdad se encuentran: la verificación, el conservadurismo, la instrumentalidad, la pluralidad, el humanismo y la verdad como guía o proceso de conducción. Se mostró, de esta manera, que se trata de una concepción de la verdad bastante compleja, para nada
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 272 simplista, conformada por todos estos aspectos. (c) James nos ofrece una verdad de carácter práctico y humano, vinculada a la acción. Una verdad con un carácter práctico, porque la veri-ficación la concibe a partir de sus consecuencias satisfactorias en la experiencia, y de esta manera la adecuación para James significa ser guiado de manera satisfactoria a través de la experiencia, al cumplir las ideas verdaderas con su función. Y, una verdad relativa a las prácticas humanas porque en ella juegan un papel muy importante los intereses y los propósitos del ser humano en su construcción, pues las verdades se hacen. (d) El análisis de estos elementos nos condujo al resultado de que James no confunde lo verdadero con lo útil, sino que para él no se puede entender la verificación sin la utilidad. En segundo lugar, pretendíamos comparar la veri-ficación en la doctrina de la verdad de James con la verificación de los positivistas lógicos, y de esta manera tratar de explicar que James no confunde la verdad con el cómo se realiza ésta. En relación con estas ideas, la primera conclusión a la que llegamos es que: (a) Para comprender la veri-ficación en James debemos ser conscientes del marco general que envuelve su propuesta, a saber, de la máxima pragmática, de la teoría instrumental de las ideas y del humanismo; es decir, del trasfondo epistemológico que hay o que subyace en su explicación de la verdad, con su particular forma de entender las ideas, la realidad, la experiencia y nuestra especial contribución humana.
Conclusiones 273 (b) El proceso de verificación, tanto en James como en los positivistas lógicos, nos conduce al establecimiento de la verdad. (c) Pero, la concepción de la verdad que subyace a ambos planteamientos es muy diferente. En los positivistas lógicos el enunciado es verdadero o falso, independientemente del método de verificación, la verdad es encontrada. Para ellos ‘Verdadero’ es un término temporalmente independiente; la verificación es un proceso epistemológico, pero no así la verdad del enunciado que es una propiedad del enunciado en relación al mundo. En James, muy por el contrario, la verdad acontece en los procesos de verificación, no es una verdad atemporal. Se trata de una verdad que se hace, y que es puesta a prueba por sus consecuencias al cumplir de manera satisfactoria su función de orientación en la experiencia. Para éste la verdad es una noción epistemológica que depende de los procesos de verificación llevados a cabo por el sujeto al poner en práctica una idea, por tanto, para éste la verdad no es una propiedad que el enunciado tenga antes de estos procesos de verificación que realiza el sujeto, como es el caso de los positivistas lógicos. (d) Por último, en relación con este segundo propósito de la investigación, llegamos a la conclusión de que James no confunde la verdad con su confirmación o verificación, por cuanto esta crítica solo se ‘justifica’ si estamos incursos en la tradición de una verdad que se descubre, que es dada, que existe independientemente y con anterioridad, ajena a cualquier contribución de nuestra parte. Y como hemos mostrado este no es el caso de la explicación que James nos ofrece sobre la verdad.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 274 En tercer lugar, nos proponíamos como objetivo específico de este estudio realizar una comparación del elemento de la coherencia presente en la doctrina de la verdad de James, con su conservación de las verdades pasadas, y la posición de Davidson a este respecto por ser uno de los defensores actuales de la doctrina de la verdad como coherencia, al menos en algunas de sus primeras obras; a fin de probar que para James el mencionado elemento era un criterio de verdad. Obteniendo como resultados: (a) El elemento de la conservación de las verdades pasadas le va a permitir a James mejorar y corregir la teoría correspondentista de la verdad y, a su vez, hacerle frente a las críticas que lo tachan de subjetivista y antirrealista, al recalcar insistentemente que tenemos que ajustarnos al cúmulo de verdades pasadas ya existentes. (b) Tanto James como Davidson al abandonar la dicotomía esquema/mundo establecen un contacto sin mediaciones con los objetos. (c) En ambos autores la idea de coherencia está presentada como garantía o resguardo. Según Davidson la coherencia nos aporta razones para pensar que las creencias son verdaderas, muestra que hay una presunción a favor de la verdad de una creencia que es coherente con una masa significativa de otras creencias; por lo menos así lo manifiesta de manera explícita en sus primeros escritos, aunque luego reniegue del término ‘coherencia’. Para James la coherencia nos sirve de resguardo, y de no caer en la tentación de pensar que verdadero es lo que queremos o deseamos creer.
Conclusiones 275 (d) James y Davidson comparten algunos compromisos ontológicos y epistemológicos en sus explicaciones sobre la verdad, éstos son: el abandono de los dualismos, el desinterés por la búsqueda de una evidencia privilegiada que sirva de fundamento al conocimiento –el antifundacionalismo–, tomar en consideración la intencionalidad del sujeto y el carácter público del lenguaje. En cuarto lugar, nos proponíamos mostrar las similitudes o discrepancias que pudieran existir entre los planteamientos de James y Schiller sobre el humanismo característico de ambos. Al respecto concluimos lo siguiente: En relación con las semejanzas tenemos que: (a) El pensamiento de Schiller y el de James surge del descontento que existía, a mediados y finales del siglo XIX, por el modo de hacer ciencia en esa época, y en contra de la filosofía imperante. Ambos se oponían a considerar el conocimiento humano como un mecanismo ajeno a la actividad del hombre. Y consideraban que la filosofía no debía presentarse ajena a los problemas vitales del ser humano. (b) Tanto James como Schiller: (b.1) Basan su explicación de la verdad en la concepción instrumental de las ideas. Para ambos las ideas son esencialmente planes, intenciones que pretenden hacer modificaciones en el mundo. Conciben toda la vida mental como teleológica. (b.2) Consideran la utilidad como un requisito o exigencia para valorar nuestras ideas como verdaderas; pero también para ambos autores no es el único requisito para establecer la verdad, y tampoco se trata de que todo lo útil sea verdadero, sino que la verdad es incompleta sino realiza su función en la práctica, si no pasa a ser aplicada. (b.3) Reconocen el
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 276 interés humano como vital para la existencia de la verdad, e insisten en la importancia de considerar la verdad como un valor, vinculado a las prácticas humanas, los intereses particulares y la acción, justamente a través de la aplicación de las verdades y sus consecuencias prácticas obtenidas, al considerar que el pensamiento y la acción están íntimamente vinculados. (b.4) Destacan el papel del ser humano en la elaboración o construcción de la verdad. Para ambos las verdades fueron hechas a partir de verdades previas, sobre un conocimiento preexistente. Subrayan que no se puede entender o tener una comprensión cabal del mundo si dejamos de lado el factor humano. (c) Con respecto al concepto de realidad encontramos las siguientes semejanzas: tanto Schiller como James conciben la realidad de forma distinta a la tradicional, para ellos no está fija y determinada, sino, por el contrario, se trata de una realidad plástica y maleable por nuestra actuación. Ambos autores son realistas epistemológicamente hablando en su explicación, por cuanto no niegan los hechos; son conscientes de que hay un algo allí afuera, un hecho independiente de nosotros que es ‘encontrado’. Para ambos la realidad es una interacción entre el sujeto que conoce y su entorno. Se trata de una relación de mutua construcción en la que el mundo y el conocimiento humano se hacen el uno al otro. Enfatizan que la característica básica del humanismo de ambos es nuestra participación activa en el proceso del conocimiento. En cuanto a las diferencias los resultados fueron los siguientes: (a) Schiller se opuso de manera férrea a la lógica formal. Éste propuso una lógica humanizada en la cual los principios lógicos son postulados expresados a la
Conclusiones 277 luz de los deseos y fines humanos, y su validez depende de su éxito en realizar tales deseos y propósitos. A diferencia de James que no se interesó por los asuntos de la lógica en particular. (b) La insistencia de Schiller se centra en los propósitos que posee toda vida mental. Su énfasis se enfoca en el aspecto sicológico al estudiar la verdad en todo proceso cognoscitivo. Y para James el énfasis va a ser epistemológico. Schiller subraya que el ‘éxito’ al validar una ‘verdad’ es relativo al propósito para el cual la verdad fue alegada, en cambio James va a insistir en los procesos de verificación. Schiller liga más la verdad a los intereses y propósitos del hombre que a un mundo externo independiente. Schiller le concede prioridad al interés, y este aspecto es una diferencia con James porque si bien éste también reconoce el interés en sus planteamientos sobre la verdad, siempre resalta o enfatiza que las creencias deben ajustarse al orden que siguen las realidades en su experiencia, sino establecen falsas conexiones. (c) Los dos elementos fundamentales de la verdad para Schiller de la verdad son: el hecho síquico de nuestras valoraciones de verdad y la utilidad al cumplir con nuestros propósitos, su ámbito es sicológico. En cambio para James son: son el proceso de verificación o verificabilidad y la congruencia con las verdades pasadas o coherencia, ya que su enfoque parte de un punto de vista más epistemológico. Aunque Schiller también habla de verificación, hace depender la verdad de la valoración, la verdad es, pues, relativa al objetivo e interés del conocedor. Para Schiller la utilidad social es un determinante fundamental de la verdad.
La doctrina pragmatista-humanista de la verdad en William James 278 (d) Schiller no considera la coherencia de verdades como una garantía, a diferencia de James. Para Schiller la ‘coherencia’ no es una garantía de nuestras creencias consideradas verdaderas, ya que éste supedita la coherencia a nuestros propósitos. El énfasis de Schiller más que en la ‘coherencia’ se centra en la armonía, que es un término sicológico. (e) Schiller distingue entre lo que llama realidad ‘primaria’ –independiente de nosotros– y hecho ‘real’ –el producto de nuestras actuaciones sobre el mundo a través de un proceso de selección–, en James no encontramos esta división, pues, para él los ‘hechos’ simplemente son, ya que parte de cosas, de hechos objetivos. Para Schiller al analizar los hechos se convierten en valores. (f) Para James la realidad es algo resistente pero maleable, e insiste en los factores de resistencia y en los hechos con los cuales tenemos que adecuar nuestras creencias, ideas en las que no insiste Schiller. James siempre en última instancia hace referencia a los hechos, a la realidad externa con la cual tienen que adecuarse nuestras ideas, a una realidad ‘independiente’. Mientras Schiller insiste en presentarnos la realidad como un valor, convirtiendo la concepción de ‘valor’ en más última que la del ‘hecho’. Para Schiller la ‘construcción de la verdad’ es necesariamente también una ‘construcción de la realidad, el ‘descubrimiento’ es una ‘construcción de la realidad’. Pero, en definitiva, la diferencia entre James y Schiller no está en la cuestión de fondo de sus planteamientos, sino en el énfasis que uno u otro ponen en el aspecto epistemológico o sicológico del asunto. Difieren en el grado o en el énfasis de lo que es creado y de lo que es hallado.
Conclusiones 279 El análisis comparativo entre el pensamiento de Schiller y el de James acerca del humanismo, permitió hacer más patente el humanismo que impregna toda la filosofía de James; y retomar el pensamiento de Schiller sobre estos temas, que consideramos muy importante tener presente al afrontar cualquier problema en materia de teoría del conocimiento, y el cual ha sido injustamente relegado. Por otra parte, también nos planteamos al inicio de la investigación como objetivos específicos: (a) Describir el camino de la reflexión sobre el tema de la verdad en un, breve y sucinto, recorrido histórico. Con la finalidad de situar a James en la historia del pensamiento acerca de la verdad. (b) Establecer la posición de James sobre los siguientes conceptos: conocimiento, realidad y experiencia. Para poder tener una entendimiento adecuado de su concepción de la verdad. A continuación señalamos los resultados alcanzados al respecto: (a) El pensamiento de William James en torno a la verdad surge –finales del siglo XIX– como producto del descontento y la insatisfacción que sentía en relación con las dos explicaciones acerca de la verdad que predominaban en su época. Una de estas explicaciones la ofrecía el idealismo alemán con una concepción idealista de la verdad, la denominada verdad como coherencia –que prevalecía en las primeras décadas del siglo XIX– la cual provocaba una separación tajante entre ciencia y filosofía al separarse demasiado de los caminos que seguía el conocimiento científico. La otra explicación la ofrecía el positivismo –que surge de 1850 a 1880 aproximadamente– con la tradicional verdad como correspondencia que procedía de los griegos, pero para los positivistas la adecuación o correspondencia se daba entre las proposiciones y los hechos; y,
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