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Culturas de las élites urbanas en el noroeste de la Península Ibérica: la transición del Antiguo Régimen al periodo liberal

Castro Táboas, Iago

Abstract

Este proyecto de tesis se propone estudiar las prácticas y características culturales de las élites urbanas del noroeste de la Península Ibérica, especialmente Galicia, durante el paso de la Edad Moderna a la Contemporánea, atendiendo a aspectos como su educación, sus formas de asociación o su participación en los ritos religiosos, por ejemplo. Así, se busca conocer el modo de vida de dichas oligarquías y los mecanismos que posibilitaron su pervivencia y adaptación durante el tránsito del Antiguo Régimen al periodo liberal.

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ESCUELA DE DOCTORADO INTERNACIONAL DE LA USC Iago Castro Táboas Tesis doctoral Culturas de las élites urbanas en el noroeste de la Península Ibérica: la transición del Antiguo Régimen al periodo liberal Santiago de Compostela, 2023 Programa de doctorado en Historia, Geografía e Historia del Arte 1 TESIS DE DOCTORADO CULTURAS DE LAS ÉLITES URBANAS EN EL NOROESTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: LA TRANSICIÓN DEL ANTIGUO RÉGIMEN AL PERIODO LIBERAL Iago Castro Táboas ESCUELA DE DOCTORADO INTERNACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA PROGRAMA DE DOCTORADO EN HISTORIA, GEOGRAFÍA E HISTORIA DEL ARTE SANTIAGO DE COMPOSTELA / LUGO 2023 2 DECLARACIÓN DO AUTOR DA TESE Título da tese: Culturas de las élites urbanas en el noroeste de la Península Ibérica: la transición del Antiguo Régimen al periodo liberal IAGO CASTRO TABOAS Presento a miña tese, seguindo o procedemento axeitado ao Regulamento, e declaro que: 1) A tese abarca os resultados da elaboración do meu traballo. 2) De ser o caso, na tese faise referencia ás colaboracións que tivo este traballo. 3) Confirmo que a tese non incorre en ningún tipo de plaxio doutros autores nin de traballos presentados por min para a obtención doutros títulos. 4) A tese é a versión definitiva presentada para a súa defensa e coincide a versión impresa coa presentada en formato electrónico E comprométome a presentar o Compromiso Documental de Supervisión no caso de que o orixinal non estea na Escola. Santiago de Compostela, 1 de SETEMBRO de 2023 Asdo. 3 AUTORIZACIÓN DA DIRECTORA E DO CODIRECTOR DA TESE Dª. Ofelia Rey Castelao, en condición de directora e D. Manuel Reyes García Hurtado, como codirector da tese Culturas de las élites urbanas en el noroeste de la Península Ibérica: la transición del Antiguo Régimen al periodo liberal. INFORMAN Que a presente tese, correspóndese co traballo realizado por Iago Castro Táboas, baixo a miña dirección, e autorizo a súa presentación, considerando que reúne os requisitos esixidos no Regulamento de Estudos de Doutoramento da USC, e que como director/titor desta non incorre nas causas de abstención establecidas na Lei 40/2015. Santiago de Compostela, 1 de setembro de 2023 Asdo: Ofelia Rey Castelao Asdo.: Manuel Reyes García Hurtado 4 Esta tesis ha sido realizada dentro del grupo de investigación en Historia Moderna (GI1921) de la Universidade de Santiago de Compostela y de los proyectos de investigación CULTURAS URBANAS Y RESISTENCIAS EN LA MONARQUÍA HISPÁNICA EN LA EDAD MODERNA, subproyecto “Orden, conflicto y resistencias en el Noroeste peninsular ibérico en la Edad Moderna” (PGC2018-093841-B-C31); y LA CIUDAD EN ACCIÓN: RESISTENCIAS, (RE)SIGNIFICACIONES DEL ORDEN Y CULTURA POLÍTICA EN LA MONARQUÍA HISPÁNICA, subproyecto “Ciudades y villas del Noroeste Ibérico: gobernanza y resistencias en la Edad Moderna”, (PID2021-124823NBC21) financiados el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (MCIN/ AEI /10.13039/501100011033/) y por los Fondos FEDER-Una manera de hacer Europa. Ha sido posible, además, gracias a un contrato en el marco de las ayudas a la etapa predoctoral de la Xunta de Galicia (Modalidade B) entre mayo y septiembre de 2019, y después a un contrato a cargo de una ayuda para la Formación de Profesorado Universitario (referencia FPU18/00202) del Ministerio de Ciencia e Innovación entre septiembre de 2019 y mayo de 2023. El doctorando también ha realizado una estancia de investigación financiada con fondos propios en el Instituto de Ciências Sociais de la Universidade do Minho (Braga, Portugal) entre septiembre y diciembre de 2022, bajo la dirección de la profesora Maria Marta Lobo de Araújo. 5 Resumen En esta tesis investigamos la evolución de las élites urbanas en los puertos gallegos a fines del Antiguo Régimen, tomando Vigo como caso de estudio que ejemplifica la interacción entre los cambios económicos, sociales y políticos que marcaron el tránsito a la Edad Contemporánea. Así, de un papel modesto en los siglos previos, la entonces villa comenzó a ganar impulso a lo largo del XVIII, gracias a las ventajas que ofrecía su ría. En la segunda mitad del siglo llegaron los fomentadores catalanes, que estimularon una industria basada en el procesado de la sardina para la obtención de salazones y aceite, exportados masivamente por la Península Ibérica. Esto impulsó el comercio vigués y ayudó a formar una incipiente burguesía de procedencia principalmente foránea, cuyos máximos exponentes, como Buenaventura Marcó del Pont, consiguieron que la Corona abriese el puerto vigués al comercio con América. Ante una hidalguía modesta y un clero débil, esta burguesía se volvió una parte esencial de las oligarquías viguesas y del consistorio. Los intereses divergentes de grupos o individuos se plasmaron en una conflictividad constante por el desempeño de los oficios públicos, especialmente los cargos elegidos por los vecinos, promovidos por la Corona para contrarrestar a las oligarquías municipales, y que estas buscaron controlar. Además, el ayuntamiento receló del señorío del arzobispo de Santiago sobre la villa y de la subordinación civil a Tui, capital de provincia. Las aspiraciones y demandas de las oligarquías viguesas no encontraron cabida en las Juntas del Reino de Galicia, que representaban en realidad los intereses de las oligarquías de las capitales como Tui; por otro lado, el dominio del arzobispo generó tensiones con el ayuntamiento vigués por el nombramiento de jueces ordinarios y regidores. Sin embargo, con la ocupación francesa de Vigo en 1809 y su posterior “reconquista”, el ayuntamiento pronto tornó los sucesos en una hazaña que aprovechó para solicitar el título de ciudad, a lo que se opuso Tui desde un primer momento por constituir una amenaza a la jerarquía urbana tradicional. Paralelamente, las ambiciones y maniobras de caudillos como Joaquín Tenreiro, nombrado conde de Vigo, favorecieron la promoción a ciudad e influyeron en la propia oligarquía viguesa. Por otra parte, aunque en un primer momento las élites viguesas no se interesaron demasiado por el liberalismo, durante el Trienio Liberal (1820-1823), la ciudad llegó a convertirse en capital de provincia, si bien por un breve tiempo. Pese al convulso final del Trienio, las élites se adaptaron al retorno del absolutismo, con mayor o menor presencia en la política local según sus inclinaciones ideológicas, si bien conscientes de las oportunidades que traía el régimen liberal. Con el sistema provincial de 1834, los consistorios de Vigo y Pontevedra se enfrentaron por ser capital, aunque Pontevedra acabó ganando. Aun así, la rivalidad se mantuvo, de ahí el interés de las élites viguesas en desarrollar el mito de la Reconquista como gran gesta en la historia española, en una época de repunte definitivo de Vigo como polo industrial y comercial de Galicia. En suma, esta investigación, partiendo de los trabajos de autores anteriores y sirviéndose de diversas fuentes, busca analizar cómo el final del Antiguo Régimen y la construcción del Estado liberal repercutieron en la evolución de un puerto atlántico como Vigo, sobre todo en la compleja aparición de una burguesía que, con sus contradicciones, divisiones y alianzas, pasaría a dominar e impulsar una ciudad que hicieron suya. Palabras clave: Galicia, Vigo, crisis del Antiguo Régimen, puertos atlánticos, burguesía, poder local, prácticas de sociabilidad. 6 Resumo Nesta tese investigamos a evolución das elites urbanas nos portos galegos a fins do Antigo Réxime, tomando Vigo como caso de estudo que exemplifica a interacción entre os cambios económicos, sociais e políticos que marcaron o tránsito á Idade Contemporánea. Así, dun papel modesto nos séculos previos, a entón vila comezou a gañar impulso ao longo do XVIII, gracias ás vantaxes que ofrecía a súa ría. Na segunda metade do século chegaron os fomentadores cataláns, que estimularon unha industria baseada no procesamento da sardiña para a obtención de peixe salgado e aceite, exportados masivamente pola Península Ibérica. Isto impulsou o comercio vigués e axudou a formar unha incipiente burguesía de procedencia principalmente foránea, cuxos máximos expoñentes, como Buenaventura Marcó del Pont, conseguiron que a Coroa abrise o porto vigués ao comercio con América. Ante unha fidalguía modesta e un clero débil, esta burguesía volveuse unha parte esencial das oligarquías viguesas e do consistorio. Os intereses diverxentes de grupos ou individuos plasmáronse nunha conflitividade constante polo desempeño dos oficios públicos, especialmente os cargos elixidos polos veciños, promovidos pola Coroa para contrarrestar as oligarquías municipais, e que estas buscaron controlar. Ademais, o concello receou do señorío do arcebispo de Santiago sobre a vila e da subordinación civil a Tui, capital de provincia. As aspiracións e demandas das oligarquías viguesas non encontraron cabida nas Xuntas do Reino de Galicia, que representaban en realidade os intereses das oligarquías das capitais como Tui; por outro lado, o dominio do arcebispo xerou tensións co concello vigués polo nomeamento de xuíces ordinarios e rexedores. Porén, coa ocupación francesa de Vigo en 1809 e a súa posterior “reconquista”, o concello pronto tornou os sucesos nunha fazaña que aproveitou para solicitar o título de cidade, ao que se opuxo Tui desde un primeiro momento por constituír unha ameaza á xerarquía urbana tradicional. Paralelamente, as ambicións e manobras de caudillos como Joaquín Tenreiro, nomeado conde de Vigo, favoreceron a promoción a cidade e influíron na propia oligarquía viguesa. Por outra parte, aínda que nun primeiro momento as elites viguesas non se interesaron demasiado polo liberalismo, durante o Trienio Liberal (18201823), a cidade chegouse a converter en capital de provincia, se ben por un breve tempo. Pese ao convulso final do Trienio, as elites adaptáronse ao retorno do absolutismo, con maior o menor presencia na política local segundo as súas inclinacións ideolóxicas, se ben conscientes das oportunidades que traía o réxime liberal. Co sistema provincial de 1834, os consistorios de Vigo y Pontevedra enfrontáronse por ser capital, aínda que Pontevedra acabou por gañar. Aínda así, a rivalidade mantívose, de aí o interese das elites viguesas en desenvolver o mito de la Reconquista como gran xesta na historia española, nunha época de repunta definitiva de Vigo como polo industrial e comercial de Galicia. En suma, esta investigación, partindo dos traballos de autores anteriores e servíndose de diversas fontes, busca analizar como o final do Antigo Réxime e a construción do Estado liberal repercutiron na evolución dun porto atlántico como Vigo, sobre todo na complexa aparición dunha burguesía que, coas súas contradicións, divisións e alianzas, pasaría a dominar e impulsar unha cidade que fixeron súa. Palabras chave: Galicia, Vigo, crise do Antigo Réxime, portos atlánticos, burguesía, poder local, prácticas de sociabilidade. 7 Abstract In this thesis we investigate the evolution of urban elites in Galician ports at the end of the Ancien Régime, taking Vigo as a case study that exemplifies the interaction between the economic, social and political changes that marked the transition to Modern Age. Thus, from a modest role in previous centuries, the then town began to gain momentum throughout the 18th century, thanks to the advantages offered by its estuary. In the second half of the century, the Catalan fomentadores arrived, who stimulated an industry based on sardine processing to obtain salted fish and oil, exported massively along the Iberian Peninsula. This boosted Vigo’s trade and helped to form an incipient bourgeoisie of mainly foreign origin, whose greatest exponents, such as Buenaventura Marcó del Pont, managed to get the Crown to open the Vigo port to trade with America. Faced with a modest gentry and a weak clergy, this bourgeoisie became an essential part of Vigo’s oligarchies and the town council. The divergent interests of groups or individuals were reflected in the constant conflict over public offices, especially those elected by residents, promoted by the Crown to counteract the municipal oligarchies, and which those sought to control. Furthermore, the city council was suspicious of the lordship of the archbishop of Santiago over the town and of its civil subordination to Tui, the provincial capital. The aspirations and demands of Vigo’s oligarchies did not find a place in the Juntas of the Kingdom of Galicia, which actually represented the interests of the oligarchies of capitals such as Tui; on the other hand, the dominance of the archbishop generated tensions with the Vigo council due to the appointment of ordinary judges and aldermen. However, with the French occupation of Vigo in 1809 and its subsequent “reconquest”, the town council soon turned events into a feat that they took advantage of to request the title of city, which Tui opposed from the first moment as it constituted a threat to the traditional urban hierarchy. At the same time, the ambitions and manoeuvres of war leaders such as Joaquín Tenreiro, appointed count of Vigo, favoured the promotion to city status and influenced the Vigo oligarchy itself. On the other hand, although at first the elites of Vigo were not too interested in liberalism, during the Trienio Liberal (18201823), the city became a provincial capital, although for a brief time. Despite the turbulent end of the Trienio, the elites adapted to the return of absolutism, with a greater or lesser presence in local politics depending on their ideological inclinations, although aware of the opportunities that the liberal regime brought. With the provincial system of 1834, the city councils of Vigo and Pontevedra clashed over being the capital, although Pontevedra ended up winning. Even so, the rivalry remained, hence the interest of Vigo’s elites in developing the myth of the Reconquista as a great feat in Spanish history, at a time of definitive recovery of Vigo as the industrial and commercial hub of Galicia. In short, our research, based on the works of previous authors and using various sources, seeks to analyse how the end of the Ancien Régime and the construction of the liberal state had an impact on the evolution of an Atlantic seaport like Vigo, especially in the complex appearance of a bourgeoisie that, with its contradictions, divisions and alliances, would go on to dominate and promote a city that they made their own. Key words: Galicia, Vigo, crisis of the Ancien Régime, Atlantic seaports, bourgeoisie, local power, sociability practices. 8 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIVOS E HIPÓTESIS .......................................................... 10 1.1. Fuentes documentales y método ............................................................................... 12 1.2. Estado de la cuestión ................................................................................................. 17 2. CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO .............................................................. 31 2.1. LA PROVINCIA DE TUI EN EL CONTEXTO DEL REINO DE GALICIA A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN .............................................................................. 33 2.2. EL OTRO PODER: LA DIOCESIS Y EL CLERO DE TUI ................................. 43 PARTE I: ECONOMÍA Y SOCIEDAD ...................................................................................... 51 1. LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES EN VIGO A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN .................................................................................................... 52 1.1. BASES ECONÓMICAS DE VIGO ......................................................................... 52 1.2. OTRAS INDUSTRIAS DEL ÁREA VIGUESA ..................................................... 60 2. LA SOCIEDAD VIGUESA .............................................................................................. 67 2.1. LOS GRUPOS TRADICIONALES ......................................................................... 67 2.2. LAS NUEVAS ÉLITES: LOS HOMBRES DE NEGOCIOS ................................ 71 2.3. FUNCIONARIOS, OFICIALES Y MILITARES................................................... 80 2.4 LAS PRÁCTICAS SOCIALES DE LAS ELITES VIGUESAS: EL PADRINAZGO ...................................................................................................................... 83 2.4.1 La burguesía ...................................................................................................... 86 2.4.2. La hidalguía tradicional ........................................................................................ 106 2.4.3 Escribanos y funcionarios ...................................................................................... 110 2.5 LAS ÉLITES VIGUESAS Y SU NIVEL FORMATIVO................................................ 114 PARTE II: VIDA Y CULTURAS POLÍTICAS ......................................................................... 130 1. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE VIGO Y SUS ÉLITES .......................................... 131 1.1. LAS JUNTAS DEL REINO Y LA FRUSTRACIÓN DE LAS ASPIRACIONES VIGUESAS .......................................................................................................................... 131 1.2. LAS ASPIRACIONES VIGUESAS POR LA CAPITALIDAD DE PROVINCIA 135 1.2.1. Las provincias marítimas ............................................................................... 136 1.2.2. La reforma provincial y el debate sobre la capitalidad................................ 138 2. OLIGARQUÍAS Y PODER MUNICIPAL EN VIGO EN LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN ............................................................................................................................... 143 2.1. EL CONCEJO VIGUÉS Y SU ESTRUCTURA ANTES DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA ............................................................................................................. 144 2.1.2. Los jueces ordinarios ........................................................................................... 146 2.1.3 Los regidores ........................................................................................................... 153 2.1.4. Los procuradores y diputados .............................................................................. 156 15 a esta institución de la Corona, que no solo prometía una mayor neutralidad que la justicia señorial, sino que tenía la potestad de emitir autos ordinarios a petición de una de las partes, con las que estas podían conseguir sus objetivos (anulación de elecciones de oficios públicos, por ejemplo) de forma preliminar mientras se resolvía el pleito. La desventaja de estas fuentes, sin embargo, es que los expedientes de las causas pueden llegar a los cientos de páginas, lo que en ocasiones nos obliga a prestar más atención a secciones concretas (declaraciones de las partes, sentencias, autos, etc.); a ello se añade que con frecuencia las causas terminen sin una sentencia clara, o bien esta no se conserva en el expediente, por lo que no siempre podemos obtener la información deseable. Por otro lado, las causas criminales, menores en número, también suelen ser reducidas en extensión, y no hemos encontrado suficientes procesos para sacar conclusiones sobre la criminalidad en las zonas que estudiamos. No obstante, las causas civiles nos permiten conocer con más detalle los distintos niveles de la conflictividad en las villas en las que se centra nuestra investigación, y nos permiten conocer más sobre las relaciones e intereses de los componentes de las élites locales. El otro gran fondo que hemos analizado, el de las Juntas activas durante la Guerra de Independencia, recoge sobre todo oficios entre las diversas instancias del gobierno civil y militar de Galicia durante el curso del conflicto, incluyendo representaciones de combatientes ante las autoridades (acerca de pensiones, confirmación de ascensos, etc.), comisiones a individuos concretos para realizar inspecciones o supervisar el transporte de provisiones, o quejas sobre la conducta de algunos oficiales o comisionados. Estos documentos suponen una ventana a la burocracia de un territorio en retaguardia (Galicia quedó liberada en el verano de 1809), y también al papel de algunos de los individuos estudiados ejercieron durante el conflicto, aunque los oficios suelen ser de poca extensión y no permite hacer un seguimiento pormenorizado de los personajes que nos interesan. Por otro parte, siendo uno de nuestros propósitos el de averiguar la presencia de las élites locales estudiadas en las instituciones educativas, hemos consultado los libros de matrículas de la Universidad de Santiago desde la década de 1780 hasta 18413, buscando a estudiantes procedentes de la diócesis de Tui, y sobre todo de Vigo y Bouzas. Esta fuente presenta dos dificultades: primero, su extensión, que nos obliga a tomar muestras periódicas en vez de ir año por año; no obstante, al incluir desde los cursos de Filosofía (iniciales y obligatorios para todos los alumnos) hasta los diferentes años de Leyes, Cánones, Teología y Medicina, podemos encontrar a individuos avanzando en su carrera académica a lo largo del tiempo, razón por la que nos podemos permitir tomar muestras de dos libros, de años académicos consecutivos, cada cinco años: por ejemplo, tomando como partida los cursos 1783-1784 y 1784-1785, los siguientes serían los de 1788-1789 y 1789-1790. Sin embargo, y aquí entra el segundo problema, el formato de los registros y la información que aportan son muy irregulares, de tal forma que en algunos libros se detallan el lugar de origen y los padres de los alumnos, en general en el caso de los recién ingresados, mientras que en cursos superiores se indica solo la diócesis de la que proceden (lo más frecuente en el XVIII), e incluso solo el nombre, por lo que hemos tenido que adaptar la toma de muestras a aquellos años en los que podemos saber el origen de los estudiantes y, a poder ser, su parentesco, ya que algunos libros son pobres en ese aspecto. Cuando sí hay información, también es común indicar si el alumno incorpora cursos de Filosofía ganados en conventos, o si está impartiendo una cátedra concreta de acuerdo a una decisión del rector o en base a un Real Decreto (caso frecuente con los cambios en el sistema educativo de época liberal). Ahora bien, otras veces las matrículas no se hallan en un único libro, sino que aparecen separados, e incluso hay borradores u otras versiones 3 Arquivo Histórico Universitario de Santiago [AHUS], F.U., S.H. 214, 215, 217, 294 296, 297, 298, 455. 16 en otras cajas, por lo que sospechamos que los registros no están completos para algunos años. Dejando a un lado los fondos de la universidad, el AHUS también conserva los protocolos notariales del área de Santiago, Muros o Noia, si bien hemos podido encontrar unas cuantas escrituras procedentes de Vigo, que siguen las mismas características y limitaciones ya comentadas anteriormente. Por lo que respecta a la documentación eclesiástica, hemos acudido al Archivo Histórico Diocesano de Tui (AHDT), donde hemos consultado los libros de bautismos de la parroquia de Santa María de Vigo entre finales del XVIII e inicios del XIX. Bien es cierto que la muestra territorial debería ser más amplia, ya que nos faltaría la parroquia de Santiago de Vigo (hogar de gran parte de la colonia catalana en el puerto), la villa de Bouzas o las feligresías rurales del Val do Fragoso, y en general aquellas donde la hidalguía local tenía sus casas solariegas y de campo. Aun así, el estado de los libros de bautismo es bueno y recogen una gran cantidad de registros; en general, todas las partidas indican los nombres del bautizado, el sacerdote, los padres, los abuelos paternos y maternos y los padrinos, aunque conforme avanza la cronología se añade la vecindad o procedencia de padres, abuelos y padrinos, y para la década de 1810 aparecen tanto ligar de origen como el de residencia. Por lo tanto, no solo nos permiten saber qué personajes desempeñaban el parentesco espiritual o qué prácticas se seguían en el padrinazgo (elegir a alguien de la familia, a un notable, a un criado, etc.), sino que nos ayudan a reconstruir los árboles genealógicos de las familias que estudiamos, y además podemos deducir cómo interactuaban los lugareños con los forasteros, ya fuese mediante el matrimonio o el padrinazgo. También apunta a posibles estrategias políticas o de negocios, viendo cómo un comerciante podía apadrinar hijos de catalanes, o cómo algunas familias hidalgas de la zona integraron a foráneos. No obstante, no debemos olvidar que la información disponible depende del sacerdote que ofició la ceremonia y de quienes se encargaban de anotar las partidas, que en ocasiones se apuntaban con retraso por descuido del racionero, por ejemplo. Aparte del trabajo de archivo, nos hemos servido obras impresas de la época, como normativas, diarios de sesiones, etc. También hemos consultado obras de eruditos del XIX, empezando por José Lucas Labrada y su famosa Descripción económica del Reyno de Galicia, publicada en 18044, y sobre todo hemos consultado la enorme Historia civil y eclesiástica ciudad de Tuy y su obispado5, escrita a mediados de siglo por Francisco Ávila y La Cueva (1789-1859), que nos aporta valiosos datos sobre la organización del obispado tudense o las parroquias y núcleos urbanos de la villa, así como sobre sucesos significativos de la ciudad de Tui y de la villa de Vigo; además, hemos manejado las obras sobre Vigo del médico Nicolás Taboada Leal (Descripción topográfico-histórica de la ciudad de Vigo, 1840)6 y José de Santiago (Historia de Vigo y su comarca, 1896)7, la primera más breve y de tipo corográfico, y la segunda ya dedicada extensamente a la historia viguesa. 4 LUCAS LABRADA, José, Descripción económica del Reyno de Galicia, Imp. de Lorenzo José Riesgo Montero, Ferrol, 1804. 5 ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco (aut.), GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio (ed.), Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy y su obispado: 1852, [ed. facs.] Consello da Cultura Galega, Santiago de Compostela, 1995. 6 TABOADA Y LEAL, Nicolás, Descripción topográfico-histórica de la ciudad de Vigo, su ría y alrededores: con una noticia biográfica de varios hombres ilustres hijos del país, Viuda e hijos de Compañel, Santiago de Compostela, 1840. 7 SANTIAGO Y GÓMEZ, José de, Historia de Vigo y su comarca, Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, Madrid, 1896. 17 Este trabajo se basa en el tratamiento cruzado de fuentes de tipología narrativa y las cifras que se aportan salen más de la bibliografía que de la documentación empleada. La naturaleza del tema, que está a medio camino entre la historia social y política, induce a esa forma de plantear los diferentes epígrafes. Con esto no se renuncia al valor demostrativo de las cifras, sino que estas son referencias de lo que es básicamente una narración crítica de los cambios producidos entre fines del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX a través de un núcleo concreto, Vigo. En este sentido, una parte importante de lo que analizamos y explicamos recurre a la historia local, cuyo valor, cuando está bien hecha, no es dudable; no recurrimos al modelo de la microhistoria, poco operativo en nuestro caso. 1.2. Estado de la cuestión Dada la variedad temática de nuestra investigación, así como su componente local y regional, la bibliografía que debemos reseñar es de muy diversa procedencia, comprendiendo desde eruditos de la zona e investigadores fuera de la academia hasta algunos de los principales referentes de la historia social, cultural y política en Europa y América, pasando por los trabajos clásicos y recientes de la historiografía gallega y española, tanto en el campo del modernismo como de la historia contemporánea. Por todo ello, no hay una manera perfecta de recorrer todos estos aportes, puesto que podríamos clasificarlos según el campo de estudio, la corriente historiográfica o la tipología de cada trabajo (es decir, si son de carácter cuantitativo, narrativo, teórico, sintético, etc.). No obstante, consideramos más sencillo y efectivo dividirlos según su escala y ámbito geográfico: en otras palabras, empezaremos por los autores de ámbito local y regional, luego comentaremos la historiografía gallega, los aportes de investigadores españoles y, finalmente, aquellos trabajos de otros países que cabe reseñar, bien por ser inspiración de este, por tratar espacios y temáticas similares o por llegar de la mano de hispanistas que han publicado sobre aspectos de nuestro interés. No siempre se puede hacer una división tajante entre uno u otro nivel, teniendo en cuenta la colaboración frecuente en el mundo académico y la existencia de instituciones como la Casa de Velázquez en Madrid, lugar de encuentro entre investigadores españoles y franceses; aun así, creemos que este es el esquema más práctico en este caso. Debido a nuestro enfoque en las ciudades y villas del suroeste gallego, gran parte de los temas que tratamos en nuestra investigación han sido abordados por eruditos y escritores gallegos que, sin una sólida formación historiográfica ni implicación en el mundo universitario, llevaron a cabo estudios de carácter descriptivo, narrativo o anecdótico, en ocasiones con una vocación más literaria que científica. Aunque algunos de ellos se concentrasen en su lugar de nacimiento o donde se instalaron posteriormente (siendo incluso cronistas oficiales o arqueólogos municipales), era frecuente que se interesasen por otros puntos de su comarca o provincia, o de otros lugares de Galicia. En el caso vigués destacó para mediados del siglo XX José María Álvarez Blázquez, aunque más centrado en la Prehistoria y la Edad Antigua, si bien abordó la historia de la ciudad en publicaciones generalistas8. A inicios de los años ochenta del siglo XX, Álvarez Blázquez coordinó, junto con el escritor Álvaro Cunqueiro, un volumen sobre la historia viguesa que recopilaba aportes suyos y de otros autores9. 8 ÁLVAREZ BLÁZQUEZ, José María, La Ciudad y los días: calendario histórico de Vigo, Ediciones Monterrey, Vigo, 1960. 9 CUNQUEIRO, Álvaro; ÁLVAREZ BLÁZQUEZ, José María (coords.), Vigo en su Historia, Caja de Ahorros Municipal de Vigo, Vigo, 1980. 18 Entre esos autores está Antonio Meijide Pardo, profesor de instituto en A Coruña, quien se prodigó a lo largo de la segunda mitad del XX en la publicación de artículos y capítulos de libro en los que trataba aspectos concretos de la historia moderna y contemporánea gallega, con predilección por las ciudades costeras, incluyendo Pontevedra y Vigo, y temas de economía y sociedad. A pesar de un tratamiento algo superficial propio de estos autores, Meijide no se limitó a las anécdotas o los hechos destacados, sino que se caracterizó por la consulta exhaustiva de fuentes primarias y una inclinación notable hacia lo cuantitativo, lo que lo convierte en una referencia a tener en cuenta a la hora de conseguir datos sobre comercio, precios o personajes concretos10, siendo un ejemplo su capítulo sobre la economía viguesa en el siglo XVIII incluida en la mencionada Vigo en su Historia11. Esta aproximación fue tomada también por otros investigadores, como Rodríguez Otero para Bouzas12. Más recientemente, numerosos escritores, estudiosos y aficionados han tratado temas concretos de la historia local a través de asociaciones y fundaciones como el Museo Municipal Quiñones de León de Vigo o el Instituto de Estudios Vigueses. Por lo general, aportan datos genealógicos, notas sobre patrimonio13, comentario de documentos, y recuento de acontecimientos señalados, muchas veces desde una perspectiva localista14. Por supuesto, también han publicado trabajos sobre personajes notables de la historia de la ciudad, por ser originarios de allí o haber tomado parte en hechos reseñables, ya sea mediante pequeñas biografías o dando a conocer nuevos datos15. En menor medida, algunos han tratado ejemplos de miembros de algunos colectivos como el clero o los mercaderes asturianos16. Por último, también debemos mencionar la obra de Ignacio Pérez Blanco, actual marqués de Valladares, sobre su propio linaje17, la cual, aunque realizada fuera del ámbito universitario, cuenta con la ventaja de emplear los fondos del 10 MEIJIDE PARDO, Antonio, "El cuerpo consular en las plazas marítimas de Galicia en el período de 1790 a 1840", Cuadernos de Estudios Gallegos, XX, fasc. 60, 1965, pp. 55-89. 11 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo en el siglo XVIII”, en Vigo en su Historia, pp. 277-356. 12 RODRÍGUEZ OTERO, Ramón, La Villa de Bouzas en los años 1680-1860: estudio socioeconómico, Museo y Archivo Histórico Diocesano, Tui, 1976. 13 RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ-BROULLÓN, Rafael, “El pazo vigués de ‘A Raposeira’. Periplo genealógico a través de sus 400 años de historia”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 10, 2004, pp. 45-55. 14 RODRÍGUEZ ENNES, Luis, “Vigo y la lucha por la capitalidad provincial”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº13, 2007, pp. 27-36; MARTÍNEZ GONZÁLEZ, Xurxo, “Crónica do levantamento de 1840 en Vigo”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 15, 2010, pp. 6378; GONZÁLEZ ÁLVAREZ, Feliciano, “El trienio liberal en la provincia de Vigo (1820-1823) (Vigo capital de provincia)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 22, 2017, pp. 193-212. 15 TRONCOSO GARCÍA CAMBÓN, Ricardo, “El comandante de Escuadrón Jacques Antoine Chalot, comandante militar de Vigo durante su ocupación: Nuevos datos sobre la Reconquista de Vigo”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 15, 2010, pp. 15-38, GIRÁLDEZ LOMBA, Antonio, “Juan de Villavicencio, el gobernador que entregó Vigo a los franceses”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 16, 2011, pp. 347-366; IRIBARREN DÍAZ, Mauricio, “Casimiro Marcó del Pont, el último Gobernador Español de Chile: Claros y sombras de un vigués poco recordado”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 16, 2011, pp. 129-142; FERNÁNDEZ-PALOMERO MORALES, Julio, “Aspectos financieros inéditos e influencia histórica de don Buenaventura Marcó del Pont (17381818)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 23, 2018, pp. 255-270. 16 PEÑA VIDAL, Carlos de la, “Dous prelados vigueses fundadores de obras pías”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 16, 2011, pp. 207-222; IGLESIAS ECHEVARRÍA, Milca, “La presencia de Lastrinos en el Vigo dieciochesco”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 24, 2019, págs. 205-220. 17 PÉREZ BLANCO I PERNAS, Ignacio, Un viaje por la historia de Galicia : del señorío al marquesado de Valladares, Doce Calles, Aranjuez, 2018. 19 archivo privado de esta casa nobiliaria, si bien es cierto que el autor tiende a embellecer aquellos episodios más desfavorables para la imagen del marquesado. En cambio, si eruditos como Álvarez Blázquez o Meijide Pardo fueron un reflejo del estado de la historiografía gallega en los dos primeros tercios del siglo pasado, la renovación y desarrollo de los estudios e investigaciones llevada a cabo desde los años sesenta del siglo XX, sobre todo en la Universidad de Santiago de Compostela, con la creación de una licenciatura de Geografía e Historia, dio como fruto una plétora de autores que, si bien no siguieron su trayectoria en la universidad, abordando sus investigaciones por cuenta propia o de instituciones locales, lo hicieron ya con una formación específica y una metodología acorde con las corrientes asentadas en el ámbito académico. Dentro del ámbito universitario gallego hay que comenzar obligatoriamente por el área de Historia Moderna de la Universidad de Santiago, y en primer lugar por los trabajos de Antonio Eiras Roel, quien pese a su extenso trabajo en el ámbito de la historia rural, trató el mundo urbano, principalmente desde la perspectiva demográfica y social18, si bien en sus últimos años abordó aspectos fundamentales de la historia política e institucional gallega, incluyendo el régimen señorial y, sobre todo, las Juntas del Reino19. Al respecto de estas, adelantamos ya la obligada cita a la obra de Manuel María de Artaza Montero sobre la fase final de esa institución, surgida en el contexto del área de Historia Moderna20. Fundamental, en lo concerniente a Vigo y en general al suroeste de Galicia, es la extensa obra de Juan Miguel González Fernández, cuya tesis doctoral versó sobre la justicia local y territorial en la Galicia moderna21, temática para la cual se ha focalizado en las jurisdicciones de Vigo y Bouzas, tanto en la evolución del poder local y las formas de impartir justicia22 hasta la composición social de dichas instituciones de justicia y 18 EIRAS ROEL, Antonio, La historia social de Galicia en sus fuentes de protocolos, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1981; “Las élites urbanas de una ciudad tradicional: Santiago de Compostela a mediados del siglo XVIII”, en EIRAS ROEL, Antonio (coord.), La documentación notarial y la historia, vol. 1, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1984, pp. 117-140; “Una primera aproximación a la estructura demográfica urbana de Galicia en el censo de 1787”, Semata: Ciencias sociais e humanidades, nº 1, 1988, pp. 155-177; “Ciudades, villas y pueblos: estructura de la población y criterios de estratificación urbana”, en BRAVO CARO, Juan Jesús; SANZ SAMPELAYO, Luis (ed. lit.), Población y grupos sociales en el Antiguo Régimen: tradición "versus" innovación en la España moderna, vol. 1, Universidad de Málaga y Fundación Española de Historia Moderna, Málaga, 2009, pp. 33-130. 19 EIRAS ROEL, Antonio, “Las Juntas del Reino de Galicia: orígenes y proceso de institucionalización”, Obradoiro de historia moderna, nº 4, 1995, pp. 115-182; “El régimen señorial en Galicia a finales de la Edad Moderna: evaluación”, Obradoiro de historia moderna, nº 6, 1997, pp. 7-46; “Las ciudades gallegas ante el cambio dinástico. De las Juntas del Reino seiscentistas a las reformas de Nueva Planta”, en FERNÁNDEZ CORTIZO, Camilo; MIGUÉS RODRÍGUEZ, Vítor; PRESEDO GARAZO, Antonio (coords.), El mundo urbano en el siglo de la ilustración, T. 1, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2009, pp. 15-50. Por supuesto, los volúmenes que forma la colección de las Actas de las Juntas del Reino de Galicia, publicadas por la Xunta de Galicia desde 2000. 20 ARTAZA MONTERO, Manuel María, A Xunta do Reino de Galicia no final do Antigo Réxime (17751834), Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, 1993, pp. 100-105. 21 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, La justicia local y territorial en la Galicia del Antiguo Régimen, tesis doctoral dirigida por Antonio Eiras Roel, Universidade de Santiago de Compostela, 1994. 22 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Poder local y transformaciones políticas en Vigo y su comarca: de la invasión francesa a la reacción absolutista, 1809-1814”, Pontevedra, nº 6, 1990, pp. 117134; “Sentenciar conforme a derecho: la actividad de asesores letrados en el juzgado local de Bouzas (17401820)”, Castrelos: revista do Museo Municipal "Quiñones de León", nº 7-8, 1994-1995, pp. 257-268; “La justicia local y territorial en la Galicia del Antiguo Régimen”, Obradoiro de historia moderna, nº 4, 1995, pp. 233-254; “Un mecanismo de concertación parajudicial: los ‘ajustes y convenios’ entre partes en los litigios del juzgado de Bouzas (1750-1819)”, Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 2, 1996, pp. 20 gobierno23, temáticas prevalentes en su trabajo durante los años 90. No obstante, también ha prestado atención a la historia de la sociedad viguesa del Antiguo Régimen, sobre todo en relación con la economía local o la coyuntura demográfica, sin dejar de lado algunos casos excepcionales de conflictos sociales24; en concreto, ha investigado también sobre los comerciantes y hombres de negocios de la villa en tanto que grupo social, llegando a denominarlo como burguesía25. Aun así, ha seguido publicando trabajos sobre la historia política e institucional de Vigo y Bouzas en el tránsito del Antiguo Régimen al liberalismo26 y también sobre linajes o personajes del periodo27, además de internarse en temas como la asistencia social, la actividad corsaria o el callejero histórico vigués28, y publicar síntesis sobre la historia moderna de Vigo en obras generalistas29. José Antonio 241-259; Bouzas y otros juzgados gallegos del siglo XVIII: la conflictividad judicial ordinaria en la Galicia Atlántica (1670-1820), Instituto de Estudios Vigueses, Vigo, 1997. 23 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Oligarquía urbana y gobierno municipal en el Vigo del siglo XVIII”, Castrelos: revista do Museo Municipal "Quiñones de León", nº 3-4, 1990-1991, pp. 285-318; “Poder municipal y grupos sociales en Vigo en el ocaso del Antiguo Régimen”, Castrelos: revista do Museo Municipal "Quiñones de León", nº 11, 1998, pp. 235-262; La Burocracia judicial de Bouzas, Vigo y Santiago (siglos XVII-XVIII). Los caracteres socioprofesionales de los oficiales de la administración de justicia en Galicia (1640-1820), Instituto de Estudios Vigueses, Vigo, 2000; “El dominio social de los concejos urbanos de la Galicia atlántica en las postrimerías del Antiguo Régimen (1775-1809)”, en FERNÁNDEZ CORTIZO, Camilo Jesús; GONZÁLEZ LOPO, Domingo Luis; MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Enrique (coords.), Universitas. Homenaje a Antonio Eiras Roel, vol. 1, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2002, pp. 383-395. 24 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Una manifestación de la conflictividad en la Galicia protoindustrial: La huelga de los descargadores de la sal de Vigo de 1797-99”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 1, 1995, pp. 141-158; “Una aproximación a la estructura socioprofesional de la villa de Vigo en el siglo XVIII”, Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 3, 1997, pp. 19-53; “Crisis de subsistencias y epidémicas en las villas de Vigo y Bouzas (1680-1820)”, Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 6, 2000, pp. 87-105; “Una aproximación al trabajo femenino remunerado en la villa de Vigo (1710-1845)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 27, 2022, pp. 131-162. 25 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII. Aspectos sociales (I)”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 9, 2003, pp. 65-92; “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII. Aspectos sociales (y II)”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 10, 2004, pp. 81-117. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Los industriales catalanes en Vigo en los siglos XVIII-XIX”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 23, 2018, pp. 213-254. 26 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Ideología política y su representación simbólica: Fastos con motivo de la promulgación de la Constitución de Cádiz en Vigo (mayo, 1812)”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 14, 2009, pp. 21-32; “El fin del Trienio Liberal en Vigo (1823)”, Glaucopis. Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 16, 2011, pp. 89-100; “Las primeras corporaciones municipales gaditanas de Vigo (1813-14). Componente social y liberalismo político: en el bicentenario”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 17, 2012, pp. 81-106; “Los jueces ordinarios de Bouzas, 1722-1833”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 18, 2013, pp. 131-156; "Es testimonio de verdad", los escribanos de Vigo y su comarca, 1638-1862, Insitituto de Estudos Vigueses, Vigo, 2020. 27 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Genealogía de la Casa de Valladares (hasta el siglo XVII)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 13, 2007, pp. 59-76; “Un letrado vigués en la Corte de Fernando VII: D. Francisco Xavier Vázquez Varela (1754-1819)”, Castrelos: revista do Museo Municipal "Quiñones de León", nº 13, 2007, pp. 121-125; “Los Suárez de Puga-Villavicencio. Un linaje hidalgo vigués de largo recorrido histórico”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 26, 2021, pp. 205-238. 28 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “El corso vigués del siglo XVIII”, Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 4, 1998, pp. 133-163; “Una obra pía en Vigo: el hospital de pobres y peregrinos (y escuela de niños): de la refundación a la extinción (1753-1834)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 24, 2019, pp. 159-181; “As rúas tradicionais de Vigo (1640-1840). Nomes, fisonomía e sociedade”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 25, 2020, pp. 81-120. 29 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Capítulo IV. Vigo na Idade Moderna”, en PEÑA SANTOS, Antonio de la; SÁNCHEZ BARGIELA, Rafael; GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; RODRÍGUEZ 21 Tizón, colaborador en algunos trabajos de González Fernández, ha realizado trabajos en la misma línea, en su caso sobre los hombres de negocios de origen asturiano30. Por otra parte, Ofelia Rey Castelao ha dedicado al mundo urbano buena parte de su extensa producción científica, prestando atención a la burguesía gallega y sus componentes, lo que incluye las de los puertos que nos conciernen31, las instituciones religiosas de las villas gallegas32 e sobre los extranjeros asentados en las ciudades y villas norteñas33. Sin embargo, ha destacado especialmente por sus aportes a la historia cultural, incidiendo sobre todo en el estudio de las prácticas lectoras, la difusión entre regiones y los intercambios entre el campo y la ciudad34; también ha trabajado sobre la cultura material y doméstica en la Galicia de la Edad Moderna35. Otra de sus principales áreas de trabajo ha sido la historia de las mujeres, donde ha tratado el trabajo femenino, la participación de mujeres en el comercio, la viudedad o la conflictividad en el ámbito urbano36, y ha abordado y coordinado obras sobre las culturas urbanas, la historia de la TEIJEIRO, Domingo, Historia de Vigo, Vía Láctea, Oleiros, 1999, pp. 172-259; “A Idade Moderna”, en VV. AA., Breve historia da cidade de Vigo, Instituto de Estudos Vigueses, Vigo, 2021, pp. 85-127. 30 TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil asturiana en las Rías Baixas. (Vigo/Lastres 1670 – 1752) (I)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 25, 2020, pp. 49-80; “La burguesía mercantil asturiana en las Rías Baixas. (Vigo/Lastres 1670 – 1752) (II)”, Glaucopis: Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, nº 26, 2021, pp. 177-204. 31 REY CASTELAO, Ofelia, “La interacción Iglesia-burguesía en la Galicia del período moderno”, en ENCISO RECIO, Luis Miguel (coord.), La burguesía española en la Edad Moderna: actas del Congreso Internacional celebrado en Madrid y Soria los dias 16 a 18 de diciembre de 1991, vol. 1, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1996, pp. 317-342; “Las burguesías en la Galicia de fines del Antiguo Régimen”, en ARANDA PÉREZ, Francisco José (coord.), Burgueses o ciudadanos en la España moderna, Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2003, pp. 201-256; REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities in Galicia at the end of the early modern period”, International journal of maritime history, vol. 32, nº 1, 2020, pp. 156-157. 32 REY CASTELAO, Ofelia, “La Orden Tercera franciscana en el contexto del asociacionismo religioso gallego en el Antiguo Régimen: La VOT de la villa de Padrón”, Archivo Ibero-Americano, Año 59, nº 232, 1999, pp. 3-48. 33 REY CASTELAO, Ofelia, “Los extranjeros en la España Noroccidental durante la Edad Moderna”, en VILLAR GARCÍA, María Begoña; PEZZI CRISTÓBAL, Pilar (eds.), Los extranjeros en la España Moderna, vol. II, Universidad de Málaga, Málaga, 2003, pp. 23-58. 34 REY CASTELAO, Ofelia, Libros y lectura en Galicia, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2003; “El Comercio de libros en la Galicia del Antiguo Régimen”, Obradoiro de historia moderna, nº 17, 2008, pp. 277-302; “Del Noreste al Noroeste: comparando prácticas culturales de la segunda mitad del siglo XVIII”, Pedralbes: Revista d'historia moderna, nº 28, 1, 2008 pp. 461-502; “Diferencias e intercambios culturales entre el campo y la ciudad respecto de las mujeres en la España del siglo XVIII”, Mundo Agrario: Revista de estudios rurales, ISSN-e 1515-5994, vol. 14, nº 27, 2013, 25 pp. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.5952/pr.5952.pdf [Consultado el 21 de abril de 2023]. 35 REY CASTELAO, Ofelia, “Casas y cosas en la Galicia occidental en el siglo XVIII”, Cuadernos de historia moderna, nº extra 14 (Anejo XIV), 2015, págs. 211-233. 36 REY CASTELAO, Ofelia, “Mujeres, trabajo y migraciones urbanas en España durante la segunda mitad del siglo XVIII”, Revista de historiografía (RevHisto), nº 16, 2012, pp. 44-60; “Cuentas de pobres, cuentas de ricas en el entorno compostelano a fines de la Edad Moderna”, en FRANCO RUBIO, Gloria Ángeles; ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS, Inmaculada; REY CASTELAO, Ofelia (ed. lit.), El telar de la vida: tramas y urdimbres de lo cotidiano: Maneras de vivir en la España moderna, Trea, Gijón, 2021, pp. 399408. RIAL GARCÍA, Serrana M.; REY CASTELAO, Ofelia, “Las viudas de Galicia a fines del Antiguo Régimen”, Chronica nova: Revista de historia moderna de la Universidad de Granada, nº 34, 2008, pp. 91-122. REY CASTELAO, Ofelia; IGLESIAS ESTEPA, Raquel, “Domestic service in Spain, 1750-1836: the domestic servants of the clergy”, en FAUVE-CHAMOUX, Antoinette (ed. lit.), Domestic service and the formation of European identity: understanding the globalization of domestic work, 16th-21st centuries, Peter Lang, Berna, 2004, pp. 127-140. REY CASTELAO, Ofelia; SIXTO BARCIA, Ana, “Mujeres y conflictividad en núcleos portuarios: Ferrol en una fase de regresión (1810-1834)”, en GARCÍA 22 familia o la conflictividad37. Además, ha trabajado en el padrinazgo en ceremonias de bautismo y confirmación en la archidiócesis de Santiago, especialmente en la propia ciudad compostelana y A Coruña, abordando aspectos como la onomástica, la ilegitimidad o el apadrinamiento de pobres38. En lo que se refiere al territorio abarcado en esta tesis, es autora de un estudio monográfico sobre la diócesis de Tui que, como veremos, era casi coincidente con la provincia de este nombre39. Por último, cabe reseñar sus aportaciones sobre el papel de las crónicas en la construcción de la historia de las ciudades durante el Antiguo Régimen, así como sobre las identidades y su significancia en la población urbana del periodo40, a lo que se añaden revisiones sobre algunos de los temas que abordamos en nuestra investigación, como la Guerra de Independencia en Galicia41. Han sido frecuentes las colaboraciones de Ofelia Rey con Baudilio Barreiro, en especial el sistema asistencial gallego y en concreto el de la Galicia sudoccidental que estudiamos aquí, además de contar con diversos trabajos sobre las colegiatas y las órdenes religiosas de la diócesis de Tui a la que corresponde nuestro territorio, o a las prácticas de HURTADO, Manuel-Reyes (coord.), Conflictos y tensiones en las sociedades portuarias del norte peninsular (siglos XVI-XIX), Universidade da Coruña, A Coruña, 2022, pp. 235-258. 37 REY CASTELAO, Ofelia; MANTECÓN MOVELLÁN, Tomás Antonio (coords.), Identidades urbanas en la monarquía hispánica (siglos XVI-XVIII), Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2015. REY CASTELAO, Ofelia; COWEN, Pablo M. (coords.), Familias en el Viejo y el Nuevo Mundo, Universidad Nacional de La Plata, La Plata, 2017. REY CASTELAO, Ofelia; CASTRO REDONDO, Rubén; FERNÁNDEZ CORTIZO, Camilo (eds.), La vida inquieta: conflictos sociales en la Edad Moderna, Universidad de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2018. 38 REY CASTELAO; Ofelia, “De la casa a la pila: hábitos y costumbres de bautismo y padrinagzo en Santiago de Compostela, siglos XVII-XVIII”, en ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS, Inmaculada; LÓPEZGUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis (coords.), Vida cotidiana en la Monarquía Hispánica: Tiempos y espacios, Universidad de Granada, Granada, 2015, pp. 195-214; “Parrains et marraines en Galice aux XVIeXIXe siècles: Le diocèse de Saint-Jacques-de-Compostelle”, ALFANI, Guido; GOURDON, Vincent; ROBIN, Isabelle (dir.), Le parrainage en Europe et en Amérique : pratiques de longue durée (XVIe-XXIe siècle), Peter Lang, Bruselas, 2015, pp. 69-100. REY CASTELAO, Ofelia; CASTRO REDONDO, Rubén, “Ilegítimos y expósitos en A Coruña 1793-1900: apadrinamiento y onomástica”, en LOBO DE ARAÚJO, Maria Marta; MARTÍN GARCÍA, Alfredo (coords.), Os marginais (séculos XVI-XIX), Edições Húmus, Famalicão, 2018, pp. 11-33; “El sacramento olvidado: la confirmación en la archidiócesis de Santiago, fines del XVI a 1833”, Studia historica. Historia moderna, vol. 41, nº 2, 2019, pp. 35-69; “Confirmation et recatholicisation en Galice aux XIXe siècle”, en GASPERONI, Michaël; GOURDON, Vincent (dirs.), Le sacrement oublié: histoire de la confirmation, XVIe-XXe siécle, Presses Universitaires François-Rabelais, Tours, 2022, pp. 173-194. 39 REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy en la época moderna” en GARCÍA ORO, José (ed.), Historia de las diócesis españolas. Volumen 14. Iglesias de Santiago de Compostela y Tuy-Vigo, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2002, pp. 571-664. 40 REY CASTELAO, Ofelia, “Las ciudades sin historia o la cronística pobre del Noroeste castellano, 15801650”, en TRUCHUELO GARCÍA, Susana; LÓPEZ VELA, Roberto; TORRES ARCE, Marina (coords.), “Civitas”, expresiones de la ciudad en la Edad Moderna, Universidad de Cantabria, Santander, 2015, pp. 53-72. MANTECÓN MOVELLÁN, Tomás Antonio; REY CASTELAO, Ofelia, “Identidades urbanas en la Monarquía Hispánica: policía y cultura cívica”, en Identidades urbanas en la monarquía hispánica…, pp. 17-42. 41 REY CASTELAO, Ofelia, "Guerra, cultura e ideología en Galicia durante la Guerra de Independencia", en MARTÍNEZ RUIZ, Enrique (coord.), II Seminario Internacional sobre la Guerra de la Independencia, Ministerio de Defensa, Madrid, 1996, pp. 275-300; “La Guerra de Independencia en y desde Galicia”, en BORREGUERO BELTRÁN, Cristina (coord.), La Guerra de la Independencia en el mosaico peninsular, (1808-1814), Universidad de Burgos, Burgos, 2011, pp. 57-88; “Cachamuíña, el mito de Bernardo González del Valle, un hidalgo gallego contra los franceses, 1809”, Mobilités et itineraires rebelles de l’Epoque Moderne, Institut d’Histoire Moderne et Contemporaine, Université de Paris I-Sorbonne, Florencia, 2 y 3 de noviembre de 2017. 23 apadrinamiento, que también abordaremos42; B. Barreiro es una referencia en lo relativo a la burguesía y la hidalguía en Galicia y Asturias y en sus modos de vida43. Otro de los nombres del modernismo gallego, Pegerto Saavedra, pese a su mayor interés en la historia rural, también ha tratado el ámbito urbano, incluyendo su burguesía44, y el estado de la Universidad de Santiago en el siglo XVIII45, así como la administración local en territorios de señorío46 y la vida cotidiana en la Galicia de la Edad Moderna47, así como los modos de vida de las élites se centran en la hidalguía rural48. En cuanto a la religiosidad que se desarrollaba en la diócesis de Tui, destaca la figura de Domingo Luis González Lopo49, que ha trabajado especialmente las actitudes ante la 42 BARREIRO MALLÓN, Baudilio y REY CASTELAO, Ofelia, Pobres, enfermos y peregrinos. La red asistencial gallega en el Antiguo Régimen, Consorcio de la Ciudad de Santiago y Editorial Nigra Trea, Santiago y Vigo, 1998. REY CASTELAO, Ofelia y BARREIRO MALLÓN, Baudilio, “‘Catedrales de segundo orden’: las Colegiatas de Galicia en la Edad Moderna”, Semata: Ciencias sociais e humanidades, nº 15, 2004, pp. 281-316. REY CASTELAO, Ofelia; BARREIRO MALLÓN, Baudilio, “Apadrinar a un pobre en la diócesis de Santiago de Compostela, siglos XVII-XIX”, en PÉREZ ÁLVAREZ, María José; LOBO DE ARAÚJO, Maria Marta (coords.), La respuesta social a la pobreza en la Península Ibérica durante la Edad Moderna, Universidad de León, León, 2014, pp. 209-238. 43 BARREIRO MALLÓN, Baudilio, “El dominio de la familia de los Porras y la evolución de las rentas agrarias en la tierra de Santiago”, en VV. AA., Obradoiro de Historia Moderna: homenaje al profesor Antonio Eiras Roel en el XXV aniversario de su cátedra, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1990, pp. 25-45; “La burguesía asturiana en el siglo XVIII”, en ENCISO RECIO, Luis Miguel (coord.), La burguesia española en la Edad Moderna. vol. 3, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1996, pp. 1267-1286; “Los juicios de residencia y la conflictividad social”, en BALBOA LÓPEZ, Xesús; PERNAS OROZA, Herminia (coords.), Entre nós: estudios de arte, xeografía e historia en homenaxe ó profesor Xosé Manuel Pose Antelo, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2001, pp. 379-412. 44 SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “La renovación de los grupos burgueses en Galicia en la segunda mitad del siglo XVIII”, Cuadernos de estudios gallegos, T. 41, nº 106, 1993-1994, pp. 195-220; “Las ciudades y la difusión de nuevos modelos culturales”, en FERNÁNDEZ CORTIZO, Camilo; MIGUÉS RODRÍGUEZ, Vítor; PRESEDO GARAZO, Antonio (coords.), El mundo urbano en el siglo de la ilustración, T. 1, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2009, pp. 259-292. 45 GASALLA REGUEIRO, Pedro Luis; SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “A Universidade na primeira metade do século XVIII: os grupos de poder”, en BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón (coord.), Historia da Universidade de Santiago de Compostela, vol. I, “Das orixes ó século XIX”, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1998, pp. 251-293. 46 SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “Régimen señorial y administración local en la Galicia de los siglos XVI-XVIII”, en GONZÁLEZ MARIÑAS, Pablo Isidoro; GALLEGO ANABITARTE, Alfredo; BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón (coords.), II Simposio de Historia da Administración. Santiago de Compostela, Escola Galega de Administración Pública, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1994, pp. 29-62. 47 SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, La vida cotidiana en la Galicia del Antiguo Régimen, Crítica, Barcelona, 1994. SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto; SOBRADO CORREA, Hortensio, El siglo de las Luces. Cultura y vida cotidiana, Síntesis, Madrid, 2004. 48 SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “La vida en los pazos gallegos: entre la civilidad y la rudeza”, Chronica nova: Revista de historia moderna de la Universidad de Granada, nº 35, 2009, pp. 163-191. 49 GONZÁLEZ LOPO, Domingo Luis, Los comportamientos religiosos en la Galicia del Barroco, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2002; “Mentalidad religiosa y comportamientos sociales en la Galicia atlántica (1550-1850)”, Obradoiro de historia moderna, nº 11, 2002, pp. 221-246. 24 muerte y las prácticas funerarias50, las devociones51 y el asociacionismo religioso52, así como el mundo urbano en la Edad Moderna, incluyendo a Tui. En 2022 se unió a esta línea la tesis doctoral de Anxo Rodríguez Lemos, que tiene su epicentro precisamente en el ámbito territorial que nos ocupa53. Debemos destacar también los trabajos de Margarita Sanz González sobre alfabetización y educación en el territorio del suroeste gallego54, los de Ana Sixto sobre educación femenina55, o los de Santiago Prego sobre la imprenta y la cultura del libro en la Galicia del XIX56. También los de Raquel Iglesias Estepa sobre conflictividad y criminalidad57 y los de Rubén Castro acerca de la conflictividad sobre medidas y la delimitación de las jurisdicciones gallegas en el Antiguo Régimen58, o los de Tamara González López sobre prácticas de padrinazgo y redes sociales de la hidalguía59, los de 50 GONZÁLEZ LOPO, Domingo Luis, “La actitud ante la muerte en la Galicia occidental de los siglos XVII y XVIII”, en EIRAS ROEL, Antonio (coord.), La documentación notarial y la historia…, pp. 125138; “Un aspecto de la mentalidad religiosa gallega de los siglos XVII y XVIII: la fundación de obras pías”, en LUCAS ÁLVAREZ, Manuel; RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Manuel (hom.), Jubilatio: Homenaje de la Facultad de Geografía e Historia a los profesores D. Manuel Lucas Alvarez y D. Angel Rodríguez González, vol. 1, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1987, pp. 363-373; “La vivencia de la muerte en las ciudades del antiguo régimen: Santiago en los siglos XVII al XIX”, en VILLARES PAZ, Ramón (coord.), La ciudad y el mundo urbano en la historia de Galicia, Tórculo, Santiago de Compostela, 1988, pp. 179-198; “La vivencia de la muerte en las ciudades del Antiguo Régimen: Santiago en los siglos XVII al XIX”, Semata: Ciencias sociais e humanidades, nº 1, 1988, pp. 179-198; “La evolución del lugar de sepultura en Galicia entre 1550 y 1850: los casos de Tuy y Santiago”, en Obradoiro de Historia Moderna: homenaje al profesor Antonio Eiras…, pp. 163-180. 51 GONZÁLEZ LOPO, Domingo Luis, “Onomástica y devoción: la difusión de nuevos cultos marianos en la Galicia meridional durante los siglos XVIII y XIX: el obispo de Tuy”, Obradoiro de historia moderna, nº 1, 1992, pp. 165-183. 52 GONZÁLEZ LOPO, Domingo Luis, “La evolución del asociacionismo religioso gallego entre 1547 y 1740: el arzobispado de Santiago”, Obradoiro de historia moderna, nº 5, 1996, pp. 157-182. 53 RODRIGUEZ LEMOS, Religiosidad local en el Noroeste de la Península Ibérica a fines de la Edad Moderna: cultos populares y lugares santos, Universidad de Santiago de Compostela, 2022. 54 SANZ GONZÁLEZ, Margarita, “Alfabetización y escolarización en Galicia a fines del Antiguo Régimen”, Obradoiro de historia moderna, nº 1, 1992, pp. 229-249. 55 SIXTO BARCIA, Ana María, Cultura letrada e alfabetización no Baixo Ulla: séculos XVIII-XIX, Concello de Valga, Xunta de Galicia, Valga, 2017; Letras entre ruecas, redes y arados. Mujeres y cultura letrada en Galicia (siglos XVII-XIX), Andavira, Santiago de Compostela, 2021. 56 PREGO GONZÁLEZ, Santiago, Al encuentro del libro: imprentas, bibliotecas y prácticas de lectura en Galicia en el siglo XIX, tesis doctoral dirigida por Ofelia Rey Castelao, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2016. 57 IGLESIAS ESTEPA, Raquel, “La conflictividad ‘sorda’: un estudio sobre la criminalidad a finales del Antiguo Régimen”, Obradoiro de historia moderna, nº 10, 2001, pp. 247-273; “El recurso a la justicia como vía de resolución de la conflictividad criminal gallega a fines del Antiguo Régimen: El ejemplo de Santiago de Compostela (1700-1834)”, Studia historica. Historia moderna, nº 26, 2004, pp. 349-374; Crimen, criminales y reos. La delincuencia y su represión en la antigua provincia de Santiago entre 1700 y 1834, Nigra Trea, Vigo, 2007. 58 CASTRO REDONDO, Rubén, Cartografía digital de Galicia en 1753: Jurisdicciones, provincias y Reino, Andavira, Santiago de Compostela, 2018; “Pecheros y rentistas enfrentados por la medida de los pagos en especie en la Galicia del Antiguo Régimen”, Magallánica: revista de historia moderna, vol. 7, nº 13 (julio - diciembre), 2020, pp. 127-159; De señores, señoríos y medidas del país: Cartografía metrológica de la Galicia moderna, Concello de Verín, 2021; “Litigios por delimitaciones de dominio en la Galicia Moderna”, Magallánica: revista de historia moderna, vol. 8, nº 16, 2022, pp. 350-371. 59 GONZÁLEZ LÓPEZ, Tamara, “Paternalismo señorial: el papel de los señores de Tor en el padrinazgo de sus vasallos”, en GARCÍA PRIETO, Beatriz; MATEO PELLITERO, Ana María (ed. lit.), Pensamiento, religión y sociedad del Mundo Hispánico: orígenes y persistencias, Universidad de León, León, 2018, pp. 151-164; “Aproximación a las redes sociales de la hidalguía en la ciudad de Lugo a través del padrinazgo (siglos XVII-XIX)”, Memoria y civilización: anuario de historia, nº 22, 2019, pp. 635-657; “Infancia y padrinazgo: legítimos, naturales y expósitos en la diócesis de Lugo en el Antiguo Régimen”, Revista de Demografía Histórica-Journal of Iberoamerican Population Studies, vol. 38, nº 1, 2020, pp. 59-77; “A 31 Philippe Luis, quien ha trabajado sobre todo la cultura política de las élites locales los cargos públicos durante la crisis del Antiguo Régimen y en los inicios del liberalismo español105, participando también en la coordinación de obras colectivas106. En fin, a lo largo de la tesis se irá citando otra bibliografía más circunstancial o que afecta a temas o ramas de temas para no prolongar esta presentación bibliográfica. Será así con las cuestiones referidas al territorio, las comunicaciones, los episodios militares, etc. 2. CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO Antes de exponer los resultados de nuestra investigación, que es la razón de ser de esta tesis, creemos conveniente establecer el marco temporal y espacial en el que se enfoca este proyecto, así como explicar las características geográficas, políticas, sociales y económicas que definen la época y el lugar que estudiamos. En otras palabras, se trata de contextualizar geográfica e históricamente los siguientes capítulos, a fin de establecer una base para comprenderlos mejor y de vertebrar de forma más cómoda y coherente nuestra exposición. La época que ocupa nuestra investigación corresponde con el tránsito de los siglos XVIII y XIX y, más en concreto al periodo entre 1750 y 1840, poniendo especial atención al cambio a los años anteriores y posteriores a la invasión francesa, que tuvo especiales efectos sobre nuestra zona de estudio y en especial sobre la villa de Vigo. Esto es, nos situamos en el tránsito entre la Edad Moderna y la Contemporánea, entre el Antiguo Régimen y el periodo de asentamiento del liberalismo en gran parte de Europa, observado desde un espacio situado en un extremo de esta y con marcadas características. No obstante, no nos preocupa especialmente esta división tradicional entre el periodo moderno y el contemporáneo, ni mucho menos situar con exactitud el límite entre ambos, porque nuestro trabajo, en cierta medida, trata sobre las pervivencias a lo largo de las décadas tanto como sobre los cambios, y porque las transformaciones detectadas fueron distintas en el plano político y social, y en el estatal y local. 105 LUIS, Jean-Philippe, “Libéralisme et fonction publique: l'exemple du ‘Trienio Liberal’ (1820-1823)”, Trienio: Ilustración y liberalismo, nº 30, 1997, pp. 47-63; L'Utopie réactionnaire : èpuration et modernisation de l'Etat dans l'Espagne de la fin de l'ancien régime (1823-1834), Casa de Velázquez, Madrid, 2002; “Les paradoxes de la politisation dans la fonction publique”, Mélanges de la Casa de Velázquez, 2005, nº 35, fasc. 1, pp. 143-164; “La Guerra de la Independencia y las elites locales: reflexiones en torno al caso sevillano”, Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, nº 7, 2008, pp. 213-236; “Familia, parentesco y patronazgo durante la Guerra de la Independencia”, en ALBEROLA ROMÁ, Armando; LARRIBA, Elisabel (coords.), Las élites y la "Revolución de España"…, pp. 153-168; “El afrancesamiento, una cuestión abierta”, Ayer, nº 86, 2012, pp. 89-109; “La fin de l’Ancien Régime en Espagne (des années 1780 aux années 1840) : une crise des élites ?”, en COSTE, Laurent; MOUGEL, François-Charles; MINVIELLE, Stéphane (dirs.), Le concept d’élites de l’Antiquité à nos jours, Maison des Sciences de l’Homme d’Aquitaine, Burdeos, 2014, pp. 181-192; “Réflexions méthodologiques sur la place du Trienio liberal dans le processus de sortie de l’Ancien Régime”, Bulletin d'histoire contemporaine de l'Espagne, 2020, DOI: 10.4000/bhce.1211 [Consultado el 12 de mayo de 2023]. 106 LUIS, Jean-Philippe (ed. lit.), La Guerre d'Indépendance Espagnole et le libéralisme au XIXe siècle, Casa de Velázquez, Madrid, 2011; (dir.), L'état dans ses colonies : les administrateurs de l'Empire espagnol au XIXe sicle, Casa de Velázquez, Madrid, 2015. HUETZ DE LEMPS, Xavier; LUIS, Jean-Philippe (ed. lit.), Sortir du labyrinthe : études d'histoire contemporaine de l'Espagne. Hommage à Gérard Chastagnaret, Casa de Velázquez, Madrid, 2012. LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, María Victoria; LUIS, Jean-Philippe (coords.), “La naissance de la politique moderne en Espagne: (milieu du XVIIIe siècle - milieu du XIXe siècle)”, Mélanges de la Casa de Velázquez, nº 35, fasc.1 [monográfico], 2005. 32 En cuanto al espacio, aunque nos interesan los puertos de la Galicia atlántica, nuestro campo de trabajo, propiamente dicho, es el suroeste de lo que hoy en día es la comunidad autónoma gallega y el tercio meridional de la actual provincia de Pontevedra, un área ahora dominada por la ciudad de Vigo, uno de los mayores núcleos urbanos de Galicia. En la edad Moderna esta área se correspondía con la provincia y con la diócesis de Tui, ambas con capital en la ciudad de ese mismo nombre, las cuales comprendían desde el litoral meridional de la ría de Vigo hasta el tramo final del río Miño, que trazaba (y sigue trazando) la frontera con Portugal; a grandes rasgos, por el este, el límite oriental se situaba en la sierra de Avión, y el septentrional a lo largo de los ríos Verdugo y Oitavén, aunque más adelante veremos que las fronteras de la provincia tudense no coincidían con exactitud con las de la diócesis homónima. Por lo tanto, estamos ante un territorio reducido, pero también en el que la costa y la frontera con Portugal han tenido una influencia determinante en su economía, sociedad y devenir histórico. Nuestra referencia a las unidades civil y eclesiástica al mismo tiempo no solo se debe a la casi coincidencia de ambas, sino al hecho de que la ciudad y sede episcopal de Tui perderán en nuestro período su antigua importancia frente a los núcleos de la costa, Vigo en especial, lo que tiene importancia en todas las dimensiones de esta tesis. En suma, y derivado de lo explicado anteriormente, nos hallamos ante una provincia fronteriza, lejos de la Corte madrileña, pero también abierta al Atlántico y a las rutas comerciales que conectaban el Mediterráneo, el norte de Europa y el continente americano, en una época en la que la monarquía española todavía controlaba gran parte de las Indias Occidentales. Sin embargo, también en este periodo dicha monarquía atravesó por una profunda crisis económica y política en múltiples niveles: el desmoronamiento del Antiguo Régimen, del sistema señorial y del absolutismo, agravado por las guerras napoleónicas y la invasión francesa, así como la independencia de la mayor parte de las posesiones en América, que alimentaron y condicionaron el conflicto entre los defensores del viejo orden y los liberales y revolucionarios, que suponían una amenaza existencial para los primeros. En este contexto, la antigua provincia de Tui, con su capital episcopal y rentista, estaba destinada a desaparecer ante los cambios radicales que se avecinaban, especialmente la propia ciudad de Tui, que dejará de contar tanto en lo administrativo y civil al perder la capitalidad en favor de Pontevedra, como en lo económico, lateralizada por Vigo y por los otros núcleos portuarios, e incluso en lo eclesiástico, debido al descenso de ingresos sufrido por el obispo y por el cabildo catedralicio con la supresión del señorío y de los diezmos y la exclaustración y desamortización de los regulares. Pero ello no significó que las élites tradicionales no encontrasen formas de adaptarse a los nuevos tiempos y convivir con quienes lograron medrar en ellos. Una vez presentado este marco en el que se encuadra nuestra investigación, procederemos a completarlo con más detalle, sintetizando las principales características de esta época y territorio, con el objetivo de contextualizar debidamente nuestros hallazgos. Empezaremos por el reino de Galicia, sus instituciones y su estructura socioeconómica, para descender luego a la provincia y la diócesis de Tui, y finalmente al ámbito local, especialmente las villas de Vigo y Bouzas. 33 2.1. LA PROVINCIA DE TUI EN EL CONTEXTO DEL REINO DE GALICIA A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN Durante la Edad Moderna y buena parte del siglo XIX, el reino de Galicia, parte de la Corona de Castilla, estuvo caracterizado por la preponderancia casi absoluta del poblamiento rural disperso y del sector primario, con una muy escasa urbanización limitada a las siete ciudades cabezas de provincia y a numerosas villas que articulaban una red de aldeas y lugares repartidos por el territorio. A esta escasa concentración de los habitantes se sumaba la organización territorial del reino durante el Antiguo Régimen, con jurisdicciones muy fragmentadas y controladas en su mayor medida por la nobleza y el alto clero, mientras que unas pocas ciudades y villas (Baiona, A Coruña o Viveiro) se hallaban bajo dominio directo de la Corona, la cual recurrió a otras instituciones para el gobierno de Galicia: por un lado, desde finales del siglo XV, a un capitán general o gobernador del reino, junto con una Real Audiencia que actuaba como un tribunal central donde acababan parte de los numerosos pleitos juzgados en el país, bien de primera instancia o mediante apelaciones; por el otro, para negociar los impuestos y servicios, la convocatoria periódica de los representantes nombrados por las siete capitales de provincia -. Ourense, Lugo, Mondoñedo, Betanzos, A Coruña, Santiago y Tuien las Juntas del Reino, convocadas por el rey y presididos por el gobernador107. Estas provincias tuvieron una extensión, población y densidad de habitantes muy dispar, y la adaptación a la fragmentación jurisdiccional existente hizo que el territorio de cada provincia fuese en gran medida también fragmentario e irregular; además, hacia finales del XVIII y principios del XIX este sistema no respondía al desarrollo de sus ciudades, toda vez que Ferrol y Vigo habían crecido con respecto a Betanzos y Tui, y que A Coruña contaba con una provincia muy reducida108. A esto se añadió la creación de los departamentos marítimos en 1726 como parte de las reformas en la Armada y la implantación de la matrícula de mar, que ya generó un debate en la Corte, con las críticas a la capitalidad de Ferrol (finalmente escogida por el marqués de La Ensenada) por la dificultad para defender su ría, en contraste con la opción de Vigo109. A mayores, la subdivisión de los departamentos situó a Vigo como capital de partido en 1749, pero Pontevedra pasó en 1751 a ser capital de provincia marítima, estatus que continuó en los siguientes años, salvo por una breve división entre Carril y Vigo (1767-1771), respondiendo a las exigencias de la gestión de los matriculados y a los recursos disponibles110, como luego veremos. Por otra parte, en la totalidad de Galicia la parte correspondiente al señorío era aplastante, lo que reducía el control de la monarquía en todo su espacio, incluyendo la frontera con Portugal y los puertos, en su mayor parte bajo jurisdicción de los poderosos civiles y eclesiásticos. Para la segunda mitad del XVIII, y sobre un total de 3.655 localidades rurales, Eiras Roel contó en su artículo clásico 833 jurisdicciones y cotos redondos, siendo de corregimiento real solo seis111. Es decir, la mayor parte de las 107 EIRAS ROEL, Antonio, “Las Juntas del Reino de Galicia…”, pp. 115-182. 108 BURGUEÑO RIVERO, Jesús, “La génesis de la división territorial contemporánea en la España atlántica (Galicia, Asturias, Cantabria y El Bierzo)”, Ería: Revista cuatrimestral de geografía, nro. 36, 1995, p. 6. 109 REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities …”, p. 151. 110 VÁZQUEZ LIJÓ, José Manuel, La matrícula de mar y sus repercusiones…, 2005, pp. 102-116. 111 EIRAS ROEL, Antonio, “El señorío gallego en cifras: nómina y ranking de los señores jurisdiccionales”, Cuadernos de Estudios Gallegos, T. 38, nº 103, 1989, p. 131. 34 jurisdicciones gallegas estaban en manos de otros particulares e instituciones, mayoritariamente la nobleza titulada, la hidalguía y los obispos y cabildos, siendo minoritarios los monasterios, las órdenes militares y otras instituciones. El refuerzo del poder real desde finales del XV, junto con el crecimiento de una Corte asentada en Madrid desde 1561, contribuyó a que las grandes casas nobiliarias estuviesen en gran media ausentes del reino durante el periodo moderno, por lo que su espacio fue ocupado por casas más modestas y, sobre todo, por la hidalguía, una categoría de nobleza no titulada cuya representación demográfica variaba en amplitud de acuerdo con la región dentro de Galicia, por lo que su poder social y económico era muy dispar: por ejemplo, en el interior de Lugo, con una mayor proporción de hidalgos, algunas familias tenían una posición económica semejante a la del campesinado rico, al tiempo que otras pudieron asimilarse a rangos superiores de la nobleza mediante la obtención de señoríos, sobre todo pequeños cotos112. Pero lo que más nos interesa es que la hidalguía de mayor nivel, en la medida en que fue acumulando fuentes de renta en el rural (ya fuese como intermediarios de nobles e Iglesia, ya fuese como propietarios), se fue estableciendo en los núcleos urbanos, donde fueron acaparando tanto los concejos y cargos locales (a veces también en representación de la alta nobleza) como los estratos altos del clero, en especial los cabildos catedralicios y colegiatas, lo que no quitaba que muchos canónigos y la mayoría de obispos proviniesen de fuera. Durante la Edad Moderna, y sobre todo desde el siglo XVII, aquellas familias hidalgas más pudientes pudieron alcanzar un nivel de vida propio de instancias superiores de la nobleza, e incluso conseguir títulos y privilegios mediante el servicio a la Corona y, por supuesto, la venalidad de cargos y la compra de dichos títulos. Sea como fuere, el control de la mayoría de las jurisdicciones por parte de nobleza y clero fue un problema obvio para la Corona. De esta forma, es fácil suponer el interés claro de la monarquía en reforzar el poder regio sobre los señores jurisdiccionales, tanto por vía gubernativa y militar como por vía jurídica, de ahí que ya desde la década de 1480 los Reyes Católicos implantaran en Galicia el corregimiento de Fernando de Acuña y Garci López de Chinchilla; en la segunda mitad del XVI esta tomó forma como Real Audiencia, a veces llamada también Real Tribunal o Real Acuerdo, un órgano con facultades de justicia y de gobierno, y que funcionaba como instancia superior para apelar las sentencias emanadas de la justicia señorial, aunque también podía intervenir de primera instancia en múltiples circunstancias, y tenía potestad, además, los conflictos por competencias113. Por lo tanto, la Real Audiencia se convirtió en la principal institución de justicia en Galicia durante la Edad Moderna114, pese a las dificultades logísticas derivadas del asentamiento de este tribunal en la ciudad de A Coruña durante la mayor parte del periodo, y aún más teniendo en cuenta que para apelar sus sentencias había que recurrir a la Real Chancillería de Valladolid y, en última instancia, a los consejos de la Monarquía en Madrid, un paso que, obviamente, no era ni económico ni rápido. La presidencia de la Real Audiencia recaía sobre el gobernador o capitán general del reino de Galicia, principal autoridad gubernativa y militar en el reino como representante del rey, cuya presencia en Tui fie poco frecuente, en especial a diferencia del siglo XVII y del período de la Guerra con Portugal. Esto no abolió en absoluto la justicia señorial, especialmente en el caso de 112 PRESEDO GARAZO, Antonio, “La hidalguía gallega: características esenciales de la nobleza provincial del Reino de Galicia durante el Antiguo Régimen”, Obradoiro de Historia Moderna, nº 10, 2001, pp. 237-242. 113 FERNÁNDEZ ARMESTO, Las jurisdicciones especiales…, pp. 331-333; FERNÁNDEZ VEGA, Laura, La Real Audiencia de Galicia. Órgano de gobierno en el Antiguo Régimen (1480-1808), Deputación Provincial da Coruña, A Coruña, 1982. 114 REY CASTELAO, Ofelia, “La justicia del Rey en la Galicia del Antiguo Régimen”, en VV.AA. ¿Quen manda aquí? O Poder na Historia de Galicia, Asociación Galega de Historiadores, Santiago de Compostela, 1999, pp. 167-191. 35 aquellos señores más poderosos, como el arzobispo de Santiago, con su propio tribunal de apelación sobre la justicia local. En ese contexto, la provincia de Tui era una de las más pequeñas de las siete que componían el antiguo Reino de Galicia y la única en la que coincidía casi al completo con la diócesis del mismo nombre, un dato relevante dada la importancia de las parroquias a efectos no solo religioso-eclesiásticos sino de difusión y transmisión de la información, función que el clero ejercía, en especial el parroquial, lo que equivale a hablar de gestión del poder local, a los derechos de presentación de curatos que tenían la nobleza y la hidalguía115. La provincia reunía el 12,7% de la población gallega en 1752 y el 11% en 1828. El obispado, de unos 1700 kilómetros cuadrados, integraba fragmentos pertenecientes a la provincia de Ourense, al este y a la de Santiago, al norte, de modo que, de los vecinos con los que contaba el obispado, el 6,8 % correspondía a estas dos provincias; al este, la villa de Ribadavia se situaba en la frontera entre los obispados de Tui y Ourense, pero no pertenecía a nuestra provincia y no la tendremos en cuenta: en 1752 tenía el 14,8 % de los vecinos de Galicia, 50.300116. Compartían la provincia y la diócesis el problema de su ubicación en el extremo suroeste de Galicia y la deficiencia de las comunicaciones terrestres, de modo que la distancia y las dificultades de contacto, para bien y para mal, fueron una constante. Mapa 1. Distancias entre los centros de poder y la provincia de Tui 115 SAAVEDRA FERNANDEZ, Pegerto, SOBRADO CORREA, Hortensio; PRESEDO GARAZO, Antonio, “La red parroquial y el clero rural en la Galicia de los siglos XVI-XIX resultados de una investigación en curso”, Obradoiro de Historia Moderna, nº 22, 2013, pp. 93-128. 116 REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy…”, pp. 572-573. 36 Tengamos en cuenta la falta de conexión con la Meseta y, por lo tanto, con Madrid y con el gobierno de la monarquía, situados a más de seiscientos kilómetros para los que no hubo un camino carretero hasta superada la etapa que nos corresponde, ya que la vía de entrada en Galicia por el Sur estuvo planeada pero no se hizo, al dar la Corona la prioridad a Ferrol y A Coruña117. No solo la información y las órdenes de la Corte llegaban a lomos de recuas, sino también así se solventaba la circulación mercantil, dominada por los arrieros, especialmente los maragatos. Lo mismo cabría decir de las comunicaciones interiores, ya que entre Tui o Vigo y A Coruña, sede de la Real Audiencia y del Gobernador Capitán General, y Ferrol, capital del Departamento Marítimo del Norte, superaba los 170 kilómetros, lo que ralentizaban la relación con organismos fundamentales de la justicia y el gobierno de la provincia. En este sentido, conviene tener en cuenta que hubo una mejora notable desde que el arzobispo Sebastián Malvar promovió la construcción del camino carretero desde Santiago de Compostela al Sur, en concreto a Pontevedra, que mejoró la comunicación occidental118. Un problema en ese camino era que estaba cruzado por ríos desde el Ulla hacia abajo, lo que daba especial relevancia a los puentes, todos ellos de construcción muy antigua y cuyo mantenimiento dejaba que desear. Por lo que se refiere a la cercanía de Portugal, tampoco había puentes en la frontera que afectaba a esta provincia, de modo que la comunicación se limitaba a cruzar el río Miño en lanchas y a hacer el paso por la raya seca, o bien por mar. Mapa 2: La red viaria gallega a fines del siglo XVIII 117 De la necesidad de hacer la vía meridional es una muestra el opúsculo de SUÁREZ FREIRE, Julián Francisco, Viage de Galicia desde la villa de Benavente, ó breve descripción de sus dos carreteras: de la construida desde Astorga a La Coruña y de la que se debe construirse desde la villa de Benavente a la ciudad de Orense, Santiago y Vigo, con algunas observaciones acerca de las obras, utilidad y circunstancias de cada una, Ayuntamiento Constitucional, Santiago de Compostela, 1813. 118 GARCÍA-FUENTES DE LA FUENTE, Manuel, El camino de acceso a Galicia en el siglo XVIII, Deputación da Coruña, A Coruña, 1987; La red viaria interior de Galicia en el siglo XVIII, Universidade da Coruña, A Coruña, 1995; Galicia incomunicada por red viaria en el siglo XIX (1840-1865), Universidade da Coruña, A Coruña, 1999. 37 La comunicación por mar era la baza de esta provincia, aunque es importante señalar que si bien Vigo reclamó ser la sede de los Correos Marítimos, establecidos en Galicia en 1764, el gobierno eligió A Coruña, lo que no solo cercenó esa aspiración sino que explica que no se terminara el camino del sur, menos relevante en la estrategia de la monarquía; posteriores permisos reales permitieron a Vigo conectarse con el comercio con América, de modo que en 1773 y 1783 se le dio licencia para comerciar con las Antillas y con Montevideo y Buenos Aires y en 1794, con Carlos IV, fue habilitado para comerciar con América libremente. Tui, tanto la provincia como la diócesis, no solo contaban con una población superior porcentualmente a su superficie, sino con un carácter eminentemente rural, que era una de las razones de una fortísima emigración a ciudades y pueblos de Andalucía, a Castilla y sobre todo a Portugal y ya a América, más intensa desde que la protoindustria textil entró en crisis después de un período en el que fue muy potente y extendida. En general, la provincia se caracterizó por su fuerte crecimiento demográfico en los siglos XVI y XVII, fruto en gran medida de las transformaciones agrícolas derivadas de la introducción y difusión del maíz, y de otros cambios, pero en el periodo que nos ocupa estaba en una fase de cierta ralentización del crecimiento119. Se puede decir de ese territorio era una constelación de casas, aldeas y lugares reunidos en parroquias y estos en lugares120, de modo que los núcleos urbanos eran de reducido tamaño y también dispersos. Entre estos solo tenía rango de ciudad Tui, la sede episcopal y provincial, siendo el resto villas de mayor o menor importancia, destacando aquellas situadas en la costa: de norte a sur, Redondela, Vigo, Bouzas, Baiona y A Guarda. Baiona había vivido su época de mayor esplendor a finales de la Edad Media y principios de la Moderna, pero en el siglo XVIII su relevancia se veía reducida al ámbito administrativo. Por su parte, Vigo y Bouzas recorrieron el camino contrario121. En cuanto al interior, pese a que algunos núcleos aparecen denominados como villas, caso de O Porriño, Salvaterra o Crecente. La descripción que de esta provincia publica en 1804 el erudito José Lucas Labrada122, deja muy claro que este observador puso toda su atención en las villas de la costa, comentando de la capital, Tui, que tenía la misma población desde hacía un siglo, en tanto que glosaba las virtudes económicas de villas como Vigo, Bouzas o Baiona. En las inmediaciones de la provincia tudense se hallaban villas como Pontevedra o Cangas, en la provincia de Santiago, o las de Valença do Minho y Monção, en territorio portugués. En lo tocante a la administración local, la provincia de Tui era un mosaico jurisdiccional formado por unas jurisdicciones fragmentadas y discontinuas, con un predominio claro de las que estaban en manos de nobles titulados e hidalgos, superando ampliamente al poder de obispos y cabildos y el 6,1 % de realengo123. En los núcleos 119 PEREZ GARCIA, José Manuel, “La intensa movilidad de la Comarca del Bajo Miño y sus destinos (1600-1850)”, Minius: revista do Departamento de Historia, Arte e Xeografía, nº 19, 2011, pp. 231-253; “En los límites del virtuosismo agrario tradicional: la fertilidad de la comarca del Bajo Miño (1730-1860)”, Ler história, n. 36, 1990, pp. 221-245. 120 Muy similar a la parte meridional de la diócesis y provincia de Santiago. Vid. FERNANDEZ CORTIZO, Camilo Jesús, “Aldeas y caseríos a tiro de mano de piedra: Los asentamientos rurales en el arzobispado de Santiago (siglos XVI-XVIII)”, Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia moderna, nº 7, 1994, pp. 211226. 121 RODRIGUEZ CID, Álvaro, “Movilidad poblacional y dinámicas migratorias en las villas de Vigo y Bouzas, 1650-1865”, Obradorido de Historia Moderna, nº 8, 2000, pp. 325-351. 122 LUCAS LABRADA, José, Descripción económica del Reyno de Galicia…, p. 73. 123 REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy…”, pp. 585-587. 38 urbanos también se percibe la mayor frecuencia del señorío particular, aunque los núcleos que nos interesan pertenecen en su mayor parte a instituciones eclesiásticas: el obispo y el cabildo de Tui eran señores de la propia ciudad episcopal, pero también de Bouzas, mientras que Vigo era jurisdicción del arzobispo de Santiago124, y Baiona era de realengo y por ello, sede del único corregimiento de esta zona. Mapa 3: Jurisdicciones de la provincia de Tui Fuente: CASTRO REDONDO, Rubén, Cartografia digital de Galicia en 1753… A mediados del XVIII, el 27,7 % del vecindario y una cuarta parte del territorio estaban bajo señorío eclesiástico, proporciones menores que las del conjunto de Galicia, con un 39 % de los vecinos y un tercio del territorio. La mayor parte correspondía a obispos y cabildos, no solo los de Tui, sino también los de Santiago, con señoríos en el norte de la provincia, y las colegiatas de Baiona y Vigo, llegando a contar con el 22,5 % de los vecinos y el 16,4 % del territorio, una diferencia explicable por la presencia de la ciudad de Tui, señorío de su obispo y cabildo, y la de villas como Vigo y Bouzas. Por el contrario, el señorío monástico suponía una parte reducida, un 5,2 % de los vecinos y un 8,7 % del territorio, contando no solo los monasterios de la diócesis tudense, como los cistercienses de Oia y Melón, sino otros como el de San Martín Pinario en Santiago y el de San Clodio en Ourense. 124 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Los jueces ordinarios de Bouzas…”, pp. 131-156. 39 Ahora bien, la mayor parte de la provincia estaba bajo jurisdicción de la nobleza titulada y de la hidalguía que, reunidas, contaban con el 54,6 % de los vasallos y el 58,9 % del territorio; bajo su jurisdicción estaban casi todas las parroquias de la frontera con Portugal, un hecho no irrelevante. Los nobles titulados tenían el 47,5 % de los vecinos y el 51 % del espacio, aunque muchos de ellos poseían títulos locales, creados tardíamente, como el conde de Salvaterra (señor del 16,6 % del vecindario), cuyos titulares fueron, en el periodo que nos ocupa, la sexta heredera del título, Ana María Sarmiento de Sotomayor y Fernández de Córdoba 1725 a 1770, José María Fernández de Córdoba-Figueroa y Sarmiento de Sotomayor, 1770 a 1806, Juana Nepomucena Fernández de Córdoba Villarroel y Spínola de la Cerda, 1806 a 1808 y Cayetano de Silva y Fernández de Córdoba, que llegó a 1865A ese título habría que sumar el del marqués de Sobroso, que tenia el 7,2 %, ya que estaba unido al de la casa de Sotomayor; solo el octavo marques no responde a esa unión, ya que lo fue Agustín de Silva y Bernuy, hasta 1872. El duque de Soutomaior era señor del 9,1 %, tuvo como representantes al segundo titular, Félix Fernando Yáñez de Sotomayor de Lima Masones y Castro entre 1726 y 1767, Ana María de Sotomayor Masones de Lima Castro Brito de Monroy Sylva y Abreu hasta 1789, Ignacio Jaime de Sotomayor Margens de Nin y Zatrilas, de 1798 a 1835 y Mariana Nin de Zatrillas y Sotomayor, que fue duquesa hasta 1844, de quienes se puede decir lo mismo que de los anteriores. También estaban presentes nobles de lugares cercanos, pero ya en las provincias de Santiago y Ourense, como los condes de Maceda y los de Ribadavia, con poco más del 1 % de los vecinos, que en nada se diferenciaban de los anteriores. Todos los cuales tenían otros muchos títulos nobiliarios, sus componentes se casaron con los de otras casas nobles y ninguno de ellos o de ellas residió en Galicia, sino en Madrid. Asi pues, el poder efectivo de estos nobles era muy reducido y lejano y apenas se percibirá en la vida de la provincia entre fines del XVIII y las primeras décadas del XIX. Los porcentajes de los que disponían los marqueses de Mos y de Valladares eran mucho menores y sus titulares no eran tan ricos como para permitirse vivir en la Corte, aunque sí solían visitarla, además de preferir la vida de Santiago de Compostela y, cada vez más, de A Coruña. El marquesado de Mos fue creado por Carlos II y en nuestro periodo lo ostentaron Pelayo Antonio Correa de Sotomayor, hasta 1778, Benito Fernando Correa y Sotomayor, de 1778 a 1816, y Alonso Correa de Sotomayor Pinto de Sousa, de 1816 a 1868, que sería senador, lo que indica la facilidad con la que los hombres del Antiguo Régimen pasaron al nuevo por la puerta grande. El marquesado de Valladares también fue creado por el mismo rey y entre 1735 y 1752 tuvo como titular a Bernarda Sarmiento de Valladares y Guzmán125; entre ese año y 1758 lo fue Benito Alonso Enríquez y Sarmiento, y luego el título recayó en su hijo, Javier Enríquez y Sarmiento de Valladares, fallecido en 1797; Martín Enríquez Sarmiento de Valladares lo tuvo hasta 1809: tanto este como su hijo y heredero fallecieron en batallas de la Guerra de Independencia y la sucesión recayó en Francisco Javier Martínez de Arce y Enríquez, dicho de otro modo, la carrera militar sirvió para el olvido de funestos hechos. En este caso se da la circunstancia de que Javier Enríquez pasó años en la cárcel126, acusado junto con su madre y sus hermanos, todos cómplices en la muerte violenta del cuarto marqués por un asunto amoroso, lo que afectó profundamente a la imagen de este linaje nobiliario, y al mismo tiempo explica en buena medida la permanencia de sus componentes en Galicia y en su casa del entorno vigués, así como su participación activa en los hechos militares de la Guerra de Independencia, no en vano tenían que limpiar ese 125 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Genealogía de la Casa de Valladares…”, pp. 59-76. 126 Para este caso terrible, nos remitimos a REY CASTELAO, Ofelia, “Damas de la nobleza y crímenes pasionales en la Galicia Moderna”, en CANDAU CHACÓN, María Luisa (ed.), Pasiones en femenino. Europa y América, 1600-1950, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2019, pp. 51-88. 40 macabro borrón, del que la imprenta se hizo amplio eco en su momento, por mucho que la familia lo silenciase127. En próximas páginas saldrán constantemente miembros de esta familia. Algo parecido sucedió con el título de conde de Priegue, creado por Felipe IV en 1643, y cuya honra fue gravemente tocada cuando el quinto titular, don José Ozores Sequeiros Sotomayor, fue asesinado por el amante de su hija con la complicidad de esta en 1753; si bien el señorío tudense de esta familia era muy reducido, su presencia fue real en el territorio tudense en parte por esa razón, ya que el pazo de La Pastora, en Vigo, fue el refugio de la familia de don Juan Antonio Ozores y Verea de Aguiar, sexto titular, hasta que aquel escandalo fue quedando en el olvido; la descendencia del primer matrimonio de don Juan Antonio estuvo formada por hijas, de modo que el titulo recayó en Juan Nepomuceno Ozores y Espada, el único descendiente que tuvo con su segunda esposa, doña Petronila Espada, con la que don Juan Antonio había protagonizado una escandalosa relación: este vivió hasta 1847 y protagonizó una carrera política relevante, ya que llegó a ser senador en 1834 a 1836128, por lo que también la atribulada vida de esta familia pudo ser limpiada en el periodo que nos ocupa. Por su parte, los hidalgos en solitario contaban con el 3 % de los vecinos, lo que sin duda es muy inferior a la Galicia del interior, pero que corresponde en general con la media gallega. La jurisdicción vecinal solo cubría el 2,4 % del territorio y el “concello de Fragoso” agrupaba al 3,8 % de los vecinos. Un 3,9 % de los vasallos correspondían a jurisdicciones mixtas, que en su mayor parte tenían como señores a nobles, hidalgos y algunas instituciones eclesiásticas. Por lo tanto, el señorío eclesiástico en Tui era más modesto que el del conjunto de Galicia en cuanto al número de vasallos y la extensión territorial, pese a que la participación diezmal del clero era más amplia129. La Corona también contaba con una parte similar a la del conjunto gallego, un 7 % del vecindario, y el único corregidor real de la diócesis se situaba en la villa de Baiona, donde esa presencia se sustanciaba en la figura del corregidor, una autoridad que se limitaba en la práctica a esa pequeña villa portuaria y a su espacio colindante. Por debajo de las jurisdicciones estaban, como dijimos, las parroquias, organizadas en arciprestazgos, como las otras diócesis gallegas, de modo que el poder eclesiástico y de información tenía su cúspide en el obispo y de este pasaba a los arciprestes, y de estos a los párrocos. La diócesis tenía trece arciprestazgos de los que, en 1752, gracias a los datos del Catastro de La Ensenada, sabemos que organizaban las 248 feligresías y a partir de los datos del ya mencionado Francisco Ávila y La Cueva130, se obtiene que en 1848 había 270 parroquias131. Lo que nos interesa, en la medida en que la organización parroquial era clave también para la vida civil es que la diócesis de Tui fue sometida a notables cambios como efecto indirecto del Concordato entre España y el papado de 1753 y sobre todo respondió a la reorganización de beneficios eclesiásticos ordenada por la Corona en tiempos de Carlos III. Se trató de reformar reajustar los tamaños y población debido al extraordinario crecimiento demográfico de este territorio y la gran densidad de población en el obispado, que además contaba con el clero parroquial más rico, por lo que, además, se pretendía redistribuir esta riqueza; había que mejorar la atención religiosa a una población que fue creciendo a un ritmo muy elevado, 127 PÉREZ BLANCO I PERNAS, Ignacio, Un viaje por la historia de Galicia.... 128 Vease, REY CASTELAO, Ofelia, “Damas de la nobleza y crímenes pasionales…”, pp. 51-88. Para la carrera de este prócer, vid. https://www.senado.es/web/conocersenado/senadohistoria/senado18341923/senadores/fichasenador/index .html?id1=2291 [Consultado el 3 de mayo de 2023]. 129 REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy…”, pp. 585-587. 130 ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco, Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy…. 131 REY CASTELAO, “La diócesis de Tuy...”, cit., pp. 574-575. 47 mediocre, pero residían en Tui a la espera de un cargo de racionero o de recibir un beneficio eclesiástico152. En cuanto a las colegiatas, había tres en la diócesis, creadas tarde. La de Baiona fue fundada por el obispo Diego de Muros en 1482, contaba con un abad y doce raciones, que se financiaban con la mitad de los diezmos de la villa y los de las parroquias de Baíña y parte de las de Baredo y Belesar, que le fueron desgregadas en las reformas de principios del siglo XIX. La colegiata de Crecente era de fundación particular; en el XVIII era el marqués de Mos era quien presentaba al abad, y este a los racioneros, cada uno con un territorio propio con capilla donde impartir la cura de almas153. En ambos casos tenían una influencia local y servían para colocar a clérigos cercanos. Por su parte, la de Vigo fue fundada en 1497 por el obispo don Pedro Beltrán, atendiendo al aumento de su población; la reformó don Fernando de Arango reduciendo su plantilla en 1728 a prior y dos raciones, encargados de la cura de almas en la villa y su término; en 1811 el edificio fue parcialmente destruido, por lo que se procedió a su reconstrucción entre 1816 y 1836. El clero tudense en general tenía en los diezmos su ingreso más importante154, como en las otras diócesis gallegas, radicando la diferencia en que el porcentaje recibido por el clero secular era mucho mayor (un 85,1 % frente al 78,4 % gallego), correspondiendo el 61,7% al clero parroquial, aunque de forma desigual, según los arciprestazgos, siendo la participación más elevada cuando se pretendía atraer a los clérigos a determinadas parroquias. En consecuencia con la redistribución parroquial y de las reformas ya mencionadas, hubo ciertos cambios en la participación diezmo en beneficio de las fábricas catedralicia y parroquiales de la Edad Moderna155, pero el cambio más drástico llegará con la supresión del diezmo al final del Antiguo Régimen. Mientras, el clero parroquial tudense se cuenta entre los mejor financiados de Galicia y ser párroco era una aspiración social que incluía a los hijos de la hidalguía. De esa riqueza es simbólico su tratamiento de abades. Según el catastro de Ensenada, en 1752 había 1086 clérigos en la diócesis, el 12,7 % del clero secular gallego, una proporción semejante a su población, es decir, uno por cada 160 habitantes, por encima de la media gallega (uno por cada 152), una proporción menos abundante que en la Galicia interior, pero había claras diferencias en cada arciprestazgo: había una mayor dotación eclesiástica en el valle del Miño, de Crecente a Tomiño; en Salvaterra abundaban las parroquias anejas y en algunas de sus feligresías no contaban con un párroco; en otros como A Guarda o Redondela se superaban los 200 habitantes por clérigo, escasez que en la costa se puede explicar por el predominio de la familia de pequeño tamaño, un sistema de herencia relativamente igualitario y menos población hidalga, por lo que era menor la necesidad de recurrir al sacerdocio como salida económica; además, el pequeño tamaño de las explotaciones agrarias dificultaba acumular el patrimonio eclesiástico necesario, de ahí también que muchos de dirigieran a las órdenes mendicantes156. Los párrocos, por tanto, constituían una minoría favorecida, con unos ingresos bastante elevados y, además, podían ascender a parroquias más ricas: en 1848, el 13,4 % de las feligresías eran anejas, servidas por los párrocos de la matriz o los vicarios; un 39,9 % eran consideradas parroquias “de entrada”, el 20,1 % de primer ascenso, el 19,8 % de 152 REY CASTELAO, Ofelia, Tuy según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, Editorial Tabapress, Madrid, 1990. 153 REY CASTELAO, Ofelia y BARREIRO MALLÓN, Baudilio, “‘Catedrales de segundo orden’: las Colegiatas de Galicia…”, pp. 281-316 REY CASTELAO, “La diócesis de Tuy…”, pp. 609-610. 154 REY CASTELAO, Ofelia, "El reparto social del diezmo en Galicia", Obradoiro de Historia Moderna, nº 1, 1992, pp. 145-162. 155 REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy…”, pp. 583-585. 156 REY CASTELAO, “La diócesis de Tuy…”, pp. 610-612. 48 segundo y solo 20, el 7 %, “de término”. Casi todos tenían participación diezmal y más de dos tercios disponía de casa y de tierras y ejercía en parroquias bien pobladas, aunque la participación diezmal era muy diferente según el arciprestazgo, como resultado de las diferencias en su economía agraria. En conjunto, cerca del 85 % de los párrocos tenía participación diezmal, en Soutomaior y Ribadetea, más del 90 % en A Guarda o Tebra, y el 70 % en Entenza. En suma, lo que determinaba la capacidad económica de los párrocos era el diezmo, y era su variación lo que hacía a unas parroquias más ricas (y atractivas) que otras157. Ahora bien, ya que solo había 249 parroquias y anejos, queda claro que la mayoría de los 1086 clérigos de la diócesis carecía de funciones eclesiásticas fijas. Este sector del clero, con los capellanes y patrimonistas, era un problema para las autoridades eclesiásticas, que apenas los podían controlar y, como se dijo, se buscó recolocarlos aprovechando la creación de parroquias. Una parte importante de las solicitudes de entrada en el clero secular se hizo en otras diócesis gallegas e incluso en la portuguesa de Braga. Este hecho supuso que, en los registros diocesanos de Santiago –la única diócesis para la que existe un estudio completola diócesis de Tui aportase el 16,9% de los ordenados foráneos, un poco por encima de lo que su población suponía en el total de Galicia; como subraya Damián Porto Rico en su tesis doctoral, casi toda las parroquias mandaron candidatos a órdenes en el siglo XVIII y aun en el XIX: obviamente, lo hicieron las de mayor volumen de población, coincidiendo en su mayor parte con villas: Santa María de Vigo, Santa María de Baiona, Santiago de Redondela, Santa María de A Guarda, San Salvador de Teis, San Pedro de Crecente, Santa Baia de Mos… En su mayoría se concentraron en dos momentos, 1743 a 1745, con 594 casos, y 1774-1775 con 309, sumando entre ambos el 40,4% del total. Antes y después, la aportación de Tui es un goteo de unos cuantos expedientes, es decir, se trata de períodos en los que la sede tudense estaba vacante o de enfermedad grave de los obispos. Se trata en su mayor parte de ordenaciones a título de patrimonio, es decir, responde a la forma de colocar social y económicamente a un hijo, cuya entrada en el clero, aunque fuese de ese modo, aportaba prestigio, permitía eludir las cargas militares y comportaba beneficios de tipo fiscal158. En la diócesis de Tui el clero regular era escaso y poco importante en el aspecto material, al contrario que en la vecina Ourense. Por ejemplo, no había ningún monasterio benedictino y de los trece monasterios cistercienses que quedaron en Galicia después de las reducciones de principios del XVI, solo tres se situaban en la diócesis de Tui (Melón, Oia y Franqueira) de los que solo estos dos eran de la provincia civil, mientras que los benedictinos solo estaban presentes mediante algunos prioratos pertenecientes a monasterios de otros obispados y por el monasterio femenino de A Guarda. En la segunda mitad del siglo XVIII, en 1787, el número de religiosos era de 36 en Oia y soplo 4 en A Franqueira aunque los residentes reales eran menos. En 1802, el de Oia ocupaba el noveno puesto de los trece monasterios de esa orden en cuanto a rentas, con 96533 reales, mientras el de A Franqueira percibía 22173 reales. En total los monasterios recibían en torno al diez por ciento de las rentas del Císter en Galicia, rentas que procedían de su patrimonio raíz, administrado mediante granjas o prioratos y aforado en su mayor parte, y constituían con mucho su principal ingreso, frente a los diezmos y censos159. Se trata de un monacato eminentemente foráneo, de modo que no servía para colocar a los jóvenes de las familias tudenses, que entrarían, pocos y si podían, en monasterios del resto de 157 REY CASTELAO, “La diócesis de Tuy…”, pp. 614-618. 158 PORTO RICO, Damián, El clero en la diócesis de Santiago, siglos XVII a XX, tesis doctoral dirigida por Ofelia Rey Castelao, Universidad de Santiago de Compostela, 2022, pp. 84-85. XX 159 SEIJAS MONTERO, María, Los cistercieneses en el Sudoeste de Galicia… 49 Galicia o del resto de la Corona de Castilla, un hecho que afectaba a su falta de arraigo y de influencia en sus comunidades160. Los franciscanos eran sin duda los más numerosos e influyentes entre los regulares, no en vano eran gallegos en su totalidad y de modo especial, eran tudenses. En 1787 había 42 en el convento de Tui, 22 en el de Baiona, 34 en Vigo y 32 en Redondela. En el XVII fueron fundados los de Tui, Salvaterra y Ponteareas y en 1715, el conde de Salvaterra, don José F. Salvador Sarmiento, cedió a la orden su palacio en Canedo, al lado de la villa de Ponteareas, y costeó las obras para acogerlos; en 1753 tenía 23 frailes y 19 en 1835. El crecimiento de los franciscanos en la diócesis, que llegaron a 155 frailes a inicios del XIX, se explica tanto por el sistema agrario (la gran mayoría de los novicios era de procedencia rural) y el aumento de la población como por la existencia de áreas semiurbanas en la costa y las fundaciones tardías; debe tenerse en cuenta también que en la casa matriz franciscana San Francisco de Santiago, los tudenses representaban una proporción importante (nada menos que el 22, 4% entre 1770 y 1774), así como el el convento recoleto compostelano de San Lourenzo de Trasouto, y el Colegio de Misiones de Herbón (26,1 % entre 1670 y 1774); es decir, la diócesis y en especial parroquias grande como Valeixe, eran un verdadero semillero de novicios, un destino buscado por el campesinado más fuerte, por el artesanado y los comerciantes urbanos, y, en definitiva por aquellos sectores sociales que no tenían el poder ni la influencia para colocar a sus hijos en los monasterios, ni en las filas del clero parroquial161. En cuanto a los dominicos, sus conventos masculinos eran de fundación medieval. En el caso de Tui, la casa de Soutomaior ejerció el patronato sobre su convento desde 1634, y sus responsabilidades docentes permitieron que siguiese abierto durante el Trienio. En 1787 había Había 17 dominicos en Tui. Sus ingresos procedían principalmente de las fundaciones de misas y otras funciones religiosas, pero disponían de propiedades y hacían inversiones en censos, al contrario que los franciscanos. Por lo que respecta a las religiosas, más escasas que los hombres (como en toda Galicia), sus fundaciones eran más tardías, siendo la de la casa benedictina era de A Guarda, impulsada por los Ozores Soutomaior, en 1558, ocupado en 1787 por veinte monjas. En Redondela se fundó un convento de justinianas en 1501 por don García Prego de Montaos, rector de Redondela y luego arcediano de Cerbeira, en el que vivían 27 religiosas en 1787. Por su parte, en Tui estaban las religiosas terceras claustrales o concepcionistas, originadas en 1508, que eran 33 en 1787, y también eran franciscanas terciarias las de Vigo, cuyo convento fue fundado en 1553 por doña Inés Pérez de Zeta, y que en 1787 tenía 32 mujeres. Mientras que el convento dominico de Baiona, que fue creado en 1568-1570, habitaban 30 en 1787. En todo caso, servían para acoger a las hijas de los poderosos locales y en ellos se encontraban los apellidos más reconocibles de la hidalguía, yendo las hijas de más alcurnia a otras instituciones más potentes de Galicia162. El clero regular en su totalidad estaba pasando una fase complicada en nuestro período, tanto por la reducción del número de novicios y de novicias como por el estancamiento y disminución de las rentas, lo que se vio agravado por los efectos de la invasión francesa, por las medidas anticlericales del Trienio Liberal y por las 160 REY CASTELAO, Ofelia, “Cistercienses y benedictinos en la Galicia Moderna: evolución numérica y análisis social", Actas del Congreso Internacional sobre S. Bernardo y el Císter en Galicia y Portugal, Deputación de Ourense, Ourense, 1992, pp. 309-328. 161 REY CASTELAO, Ofelia y BARREIRO MALLÓN, Baudilio, "El clero regular mendicante en Galicia: evolución numérica, procedencia social y comportamientos de los franciscanos, ss. XVI al XIX", Archivo IberoAmericano, Madrid, l989, pp. 459-490. 162 REY CASTELAO, Ofelia, "Las economías monásticas femeninas ante la crisis del Antiguo Régimen”, I Congreso Internacional del monacato femenino en España, Portugal y América, 1492-1992, vol. 2, Universidad de León, 1993, pp. 105-130. 50 complicaciones políticas posteriores, en medio de una creciente impopularidad, hasta desembocar en la Exclaustración de 1835163. En realidad, si algo aportaban los religiosos era el reparto de raciones de comida por parte de los monjes164 y la presencia de bibliotecas en conventos y monasterios masculinos, aunque solo las de Oia, con 1.561 en 1835, San Francisco de Tui, con algo más de mil, y la de los dominicos de esa ciudad, con más de setecientos, eran de cierta importancia; los franciscanos de los convento de Agrelo, en la villa de Redondela, y de Canedo, en Ponteareas no llegaban a trescientos cada uno; sus hermanos de Baiona contaban con 638165. En lo que respecta a la asistencia social, no hubo representación de las órdenes de este tipo; sí en Pontevedra donde los hermanos de San Juan de Dios tenían un hospital. Sin embargo, en lo que nos atañe, es preciso subrayar las hermandades que, como la Venerable Orden Tercera Franciscana, sirvieron para reunir a las elites –y no solode la diócesis y para la creación de redes de relación al amparo de sus estatutos; en la reciente tesis doctoral de Pablo Vázquez Bello se demuestra claramente esa función en ciudades y villas, desde Santiago o A Coruña a Pontevedra, cuyas hermandades de la VOT tuvieron un gran impacto tanto entre las clases acomodadas civiles como eclesiásticas y militares. Sin duda, aunque en la proporción que les toca por su menor tamaño, sería lo mismo en las que se crearon en la diócesis de Tui: las de la capital diocesana y de Vigo en 1707, las de Baiona en el XVII y de Agrelo en el XVIII y la de Canedo en 1833166. 163 REY CASTELAO, Ofelia, “La crisis de la economía de las instituciones eclesiásticas de Galicia", en SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto; VILLARES, Ramón (eds.), Señores y campesinos en la Península Ibérica, siglos XVIII-XX, vol. I, Editorial Crítica, Madrid, 1991, pp. 261-303. 164 SAAVEDRA FERNANDEZ, Pegerto, “El destino de los ingresos de los monasterios gallegos desde la reforma a la exclaustración”, Studia Monastica, nº 61, 2019, pp. 131-152. 165 LÓPEZ GÓMEZ, Pedro, “El inventario de las bibliotecas de los conventos desamortizados de S. Antonio y Sto. Domingo de Tuy”, en Tuy, Museo y Archivo Histórico Diocesano, 1980, p. 217-230. REY CASTELAO, Ofelia, Libros y lectura en Galicia…, p. 736. PREGO GONZÁLEZ, Santiago, Al encuentro del libro…, pp. 56-58. 166 VÁZQUEZ BELLO, Pablo, Religión y poder. La Venerable Orden Tercera de San Francisco en el Noroeste hispánico, tesis doctoral dirigida por Ofelia Rey Castelao, Santiago de Compostela, 2023. 51 PARTE I ECONOMÍA Y SOCIEDAD 52 1. LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES EN VIGO A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN 1.1. BASES ECONÓMICAS DE VIGO Una vez expuesto el contexto gallego y provincial en el que se enmarcan los acontecimientos e individuos que estudiamos, es el momento de explicar más en detalle la evolución económica y social del área que constituye el escenario principal en el que nos enfocaremos, formada por las villas de Vigo y Bouzas y sus respectivas jurisdicciones. Esta sección no solo servirá para subrayar nuestro especial interés en esta zona, sino que resulta esencial para poder comprender los subsiguientes capítulos, puesto que nos dará la oportunidad para presentar a muchos de los personajes que trataremos a lo largo de esta memoria. Por ello, abordaremos primero los aspectos económicos, en concreto el desarrollo comercial e industrial al que ya nos hemos referido en anteriores capítulos, para luego pasar a radiografiar la sociedad de estas villas portuarias y los cambios que atravesó entre el siglo XVIII y el XIX. Para definir el punto de partida poblacional, según el Catastro de Ensenada de 1753 la villa de Vigo contaba con 668 vecinos, a los que se sumaban 150 en la parroquia de Santiago167. Años después, en 1787, Vigo registra 3434 habitantes en el Censo de Floridablanca. En 1804, Lucas Labrada anotó en su Descripción económica del reyno de Galicia que la jurisdicción de Vigo albergaba 2145 vecinos, con lo que suponemos que la mayor parte de esa cifra corresponde a las parroquias del Val do Fragoso; Labrada también afirma que la ciudad de Tui y su jurisdicción contaban con 1624 vecinos, siendo su parecer que la población no había aumentado en el último siglo168. Un año más tarde, en las respuestas a un interrogatorio sobre fábricas, artes y oficios de la villa remitido desde la Corte en 1805, se afirmaba que la villa contaba con 694 vecinos, incluyendo párrocos y clérigos, así como viudos y viudas, y el añadido de Santiago con 110, contando también el párroco, sacerdotes, viudos y viudas, los matriculados y algunos catalanes sin vecindad169. Aunque estas cifras no resultan especialmente fiables, teniendo en cuenta la tardanza del concejo en cubrir los cuestionarios, desconfiamos más de las estimaciones realizadas en durante la Guerra de Independencia, como la de 1813, en las que se cifraba en mil el número de vecinos de la “Ciudad o Pueblo de Santa María de Vigo”, 500 los de Lavadores, 200 los de Cabral y 1651 los del Val do Fragoso170. Para hacernos una idea de la población viguesa a finales de nuestra cronología, podemos tomar los datos de quienes escribieron sobre la ciudad hacia 1840-1850. De acuerdo con Nicolás Taboada Leal, quien escribió su Descripción en 1840, la población ascendía a 1160 vecinos, que estima equivalentes a 5520 habitantes, sin contar con la guarnición “que siempre hubo en la plaza hasta la última guerra” y las gentes que pasaban por la ciudad para atender a diferentes negocios, por lo que Taboada calcula una población entre fija y móvil de 6000 personas entre el centro urbano y los arrabales171. Sin embargo, Ávila y La Cueva afirmaba en 1852 que Vigo, incluido el arrabal de O Areal, contaba con 888 familias172. Yéndonos a fuentes estadísticas, en el Censo de 1857 el ayuntamiento de 167 Archivo General de Simancas [AGS], Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, L273, f. 3981, v.- 3985, r. 168 LABRADA, José Lucas, Descripcion economica del reyno de Galicia…, pp. 74 y 77-78. 169 AMV, Concello de Vigo, Actas Municipales, 1805, UI 28, EXP 2, ff. 116-137. 170 AMV, Concello de Vigo, Actas Municipales, 1805, UI 32, EXP 1, s.f. 171 TABOADA Y LEAL, Nicolás, Descripción topográfico-histórica de la ciudad de Vigo…, p. 10. 172 ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco, Historia civil y eclesiástica…, T. IV, pp. 46 y 48. 53 Vigo contaba con 11412 habitantes, mientras que Tui la superaba con 11.760; sin embargo, el municipio de Tui abarcaba gran parte del entorno rural, mientras que en el caso vigués se había creado recientemente el ayuntamiento de Lavadores, que en ese año figuraba con 11.273; Bouzas, en cambio, solo tenía 6521173. Finalmente, en 1873 la ciudad contaba con 8298 habitantes. En todo caso, dadas las características morfológicas de la comarca, Vigo estaba inmersa en un espacio demográficamente lleno. La villa de Vigo tuvo una primera época de esplendor comercial y demográfico en el siglo XVI, especialmente en su segunda mitad, pero las crisis finiseculares perjudicaron drásticamente a su población, siendo el XVII un periodo de decadencia que se agravó hacia finales se dicha centuria. De esta forma, en las primeras décadas del XVIII la composición económica viguesa se correspondía con la de otros núcleos urbanos gallegos del Antiguo Régimen, predominando la percepción de rentas y la artesanía, mientras que la pesca mantenía artes y prácticas de transformación tradicionales. Aun así, era uno de los pilares económicos de la villa, también en cuanto al número de personas que empleaba: según González Fernández a partir de las matrículas de mar, entre 1735 y 1758 se contaban entre 150 y 200 hombres de mar, siendo 286 en el registro de 1776, los cuales faenaban a bordo de 30-40 pequeñas embarcaciones174. La pesca se realizaba principalmente mediante traineras o en cercos, métodos que precisaban para de un gran número de marineros. Uno de los métodos empleados era la llamada “sacada”, mediante la cual el dueño o patrón de la embarcación quedaba diferenciado del resto de socios, que aportaban una parte de la red o su fuerza de trabajo, y siendo las capturas repartidas posteriormente en quiñones. El protagonismo de la pesca recaía en la sardina, que ya en esta época era transformada con vistas a su comercialización: en 1752 O Berbés contaba con 18 “loxes” para salar la sardina y 7 hornos para obtener grasa o “saín” de las vísceras, menos rentables; estos establecimientos situados en los soportales del arrabal eran propiedad principalmente de las propias gentas del mar, también mujeres, y el patrón Juan Fernández del Villar poseía otra en la parroquia de Teis. Uno de los principales mercados de los derivados de la sardina era el interior de Portugal, adonde lo transportaban regatones de Lougares, Covelo y O Paraño, que fueron consiguiendo la propiedad de algunas “loxes”, 5 de las 13 que constaban en 1760175. Es necesario remarcar que el gremio de mareantes, existente al menos desde el siglo XVI, fue la más importante de la villa en cuanto al número de miembros y el peso fundamental de la pesca en la vida local; por ello en el XVIII contaban con tres cofradías (la del Santísimo Sacramento, la de Nuestra Señora de la Misericordia y la de San Telmo y Santo Nombre de Jesús) y elegían a su propio procurador general cada año hasta las reformas finiseculares. En la segunda mitad del Setecientos, en consonancia con el crecimiento del sector, el tamaño de este gremio y el número de matriculados aumentaron considerablemente, puesto que de 50 matriculados registrados alrededor de 1710 se pasó a varios centenares en el reinado de Carlos III. Por su parte, el padre Sarmiento recogió los datos de mareantes y barcos de pesca hacia mediados de la centuria en seis de las trece subdelegaciones de Marina de la provincia marítima de Pontevedra, dejado aparte las de Noia, Caramiñal, Rianxo, Sanxenxo, Pontevedra, Vilaxoán y Padrón-Pontecesures176: 173 Censo de la población de España, según el recuento verificado el 24 de mayo de 1857 por la Comisión de Estadística General del Reino, Imprenta Nacional, Madrid, 1858, pp. 580-581. 174 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 209-214. 175 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 214-215. 176 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo...”, p. 306 54 Tabla 1: mareantes y barcos de pesca en las subdelegaciones de Marina del suroeste gallego, 1754 Puertos Mareantes Barcos Cangas 518 73 Aldán, Ardán, Bueu, Cela, Coiro, Darbo, Hío, Santo Tomé de Piñeiro 302 55 Vigo 355 34 Bouzas, Coruxo, Chapela, San Miguel de Oia, Teis, Santiago de Vigo 231 40 Redondela 205 36 Arcade, Cobres (San Adrián y Santa Cristina), Xusto, Pontesampaio, Souto 259 30 Baiona 142 9 Panxón, Priegue, Ramallosa 57 24 A Guarda 177 33 Camposancos 4 --- Tirán 16 5 Domaio, Meira, Moaña 72 9 Fuente: adaptado de MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica...”, p. 306. Poco más tarde, en 1758, el número de marineros y barcos de pesca registrados en el puerto de Vigo era de 199 individuos y 14 embarcaciones en Vigo, 24 y 4 en el anexo de Santiago de Vigo, 19 y 2 en Chapela, 53 y 20 en Coruxo, y 48 y 8 en Bouzas, arrojando un total de 323 mareantes y 48 barcos. Según la matrícula de mar en 1772, constaban 286 personas y 18 embarcaciones en Vigo, 46 y 7 en Santiago de Vigo, 15 y 4 en Chapela, 83 y 28 en Coruxo, y 44 y 6 en Bouzas, siendo la suma de 474 individuos y 53 barcos177. El comercio tenía una relevancia más modesta: también a mediados del XVIII constaban en las matrículas dos buques dedicados a transportar madera al arsenal de Ferrol, además de 12 pataches con un porte de entre 10 y 20 toneladas antiguas, propiedad de las capas más altas de los matriculados; según el catastro de Ensenada, estos modestos barcos eran empleados para el comercio de cabotaje: si bien trataban con diversos productos (a Cádiz llevaban jamones, habas, calcetas y lienzos, y retornaban con aceite, olivas y cerámica de Talavera), su principal dedicación era el transporte de la sardina salada al País Vasco, a Andalucía y a las ciudades del norte de Portugal, que fueron los principales mercados de la sardina gallega entre 1713 y 1779. Al compás de este comercio de mediados de centuria se generalizaron los préstamos “de cambio marítimo”, también llamados “de riesgo de mar”, en los que el prestamista concedía una determinada cantidad de dinero al propietario o patrón del barco, que debía devolver el conjunto de la tripulación y a un tipo de interés fijo, con la finalidad de financiar una expedición comercial, arriesgándose a perder ese dinero si el buque naufragaba. La cantidad principal era de media de 3200 reales, y el interés variaba de acuerdo con la distancia recorrida, por lo que si en el caso de viajar a Oporto era del 10 %, para ir a Andalucía o al Algarve la tasa ascendía al 20 %. En cuanto a los prestamistas, estos eran principalmente comerciantes no matriculados, presentes en el 56 % de los contratos entre 1727 y 1765, incluyendo a algunos de los más importantes de mediados del XVIII, como el castellano Mateo Linares, el francés Tournelle o los riojanos Lorenzo Llorente y Francisco Romero 177 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo…”, pp. 306-307. 55 Caballero; ahora bien, el grupo más relevante entre ellos eran los mercaderes asturianos, que habían introducido este tipo de contratos en Vigo en las décadas de 1720 y 1730 y que en el periodo expresado aparecían en el 15 % de contratos. Por otra parte, en el 31 % de los contratos los prestamistas se incluyen en lo que Carmona ha llamado “hidalguía portuaria”, es decir, rentistas, oficiales de marina, escribanos o boticarios; por último, en un 10 % de los casos los dadores pertenecían a las capas superiores los matriculados, pero el número de préstamos por persona es más reducido en este caso178. Sucesivos permisos de la Corona permitieron a Vigo conectarse con el comercio con América, legalizando una actividad que ya se llevaba a cabo desde antes: en 1773 y 1783 para comerciar con las Antillas y con Montevideo y Buenos Aires, por lo que consolidó su actividad comercial, y en 1794, con Carlos IV, fue habilitado para comerciar con América libremente179. Aunque es cierto que la actividad pesquera era de antiguo uno de los pilares de la economía viguesa, desde mediados del XVIII este sector se expandió notablemente. Ya José Cornide enumeraba la lista de pescados y mariscos capturados por los lugareños, pero la especie más importante y la que constituía la base de la subsistencia en las costas era la sardina; no en vano, el propio ilustrado coruñés advertía que el litoral gallego, con el abrigo que ofrecían sus rías, era “la dehesa común en que desova, se cría y apasta toda la sardina de Europa”180. Estas aseveraciones concordaban con las de los ministros de la provincia marítima de Pontevedra: en las Ordenanzas de Pesca de 1768, F.J. Sarmiento señalaba que la sardina era el fundamento de la susbsistencia de los pescadores en las Rías Baixas, y más tarde Orbegozo añadía que no solo era útil como alimento, sino que su grasa podía servir para el alumbrado y otros fines, y que este pescado podría desplazar aquellos introducidos en España desde el extranjero. En efecto, la labor de los fomentadores en el desarrollo de la salazón, unida a la buena acogida de la sardina salada entre las clases bajas por su reducido precio, contribuyeron a disminuir la importación de bacalao de Terranova y otros lugares181. El lugar donde tradicionalmente se descargaba y vendía el pescado era la ribeira do Berbés, en el arrabal del mismo nombre, lugar también denominado “arenal de San Francisco” por su cercanía al convento masculino de dicha orden. Esta barriada, de casi 500 habitantes a finales del XVIII, era el más ligado a mareantes y pescadores, aunque esta actividad también se daba entre los residentes en otros arrabales vigueses, como A Falperra y O Salgueiral, y por supuesto O Areal, núcleo de los hombres de negocios catalanes y donde instalaron la mayor parte de sus factorías y almacenes. Antes de la llegada de estos últimos, especialmente notable en el reinado de Carlos IV, el valor total de las capturas en el puerto de Vigo no sobresalía con respecto a otros puertos de Galicia, de acuerdo con lo recaudado por la Real Hacienda en razón del impuesto sobre la pesca182. 178 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 214-215; CARMONA BADÍA, Xoán, “Igualdade e desigualdade nas pesquerías galegas de mediados do século XVIII”, Grial, nº 102, 1989, pp. 221-225. 179 REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities…”, pp. 152-153 y 156. 180 CORNIDE, José, Memoria sobre la pesca de sardina en las costas de Galicia, Imp. Joaquín Ibarra, Madrid, 1774, pp. 8-9. 181 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo…”, pp. 301-302. 182 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo…”, pp. 301-302. 56 Tabla 2. Promedio anual de lo recaudado por impuesto sobre la pesca, 17701774 Puertos Reales de vellón Puertos Reales de vellón Ferrol 80.000 Redondela 16.959 Pontevedra 77.548 Noia 15.662 Muros 46.246 Caramiñal 15.142 A Guarda 46.246 Vigo 12.576 Cambados 28.832 Mugardos 12.508 A Coruña 21.507 Padrón 11.900 Viveiro 17.945 Galicia 923.600 Fuente: MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica...”, p. 302. Meijide Pardo aporta también datos sobre lo ingresado en las aduanas marítimas gallegas en 1774 en razón de la renta de millones sobre el pescado183: • Aduana de A Coruña, con nueve fielatos o subdelegaciones (Pontedeume, Miño, Betanzos, Caión, Malpica, Corme, Laxe, Ponte do Porto y Camariñas): 226.000 maravedíes. • Aduana de Vigo, con tres fielatos (Redondela, Bouzas y Baiona): 117.000 mrs. • Aduana de Ribadeo, con diez subdelegaciones (Bares, O Barqueiro, Cilleiro, Viveiro, San Cibrao, Burela, Foz, Rinlo, Portocelo y Mondoñedo): 110.000 mrs. • Aduana de Pontevedra, con tres fielatos (Sanxenxo, Marín y Cangas): 93.000 mrs. • Aduana de Carril, con 17 fielatos (Muxía, Corcubión, Muros, Noia, Padrón, Porto do Son, Carreira, Ribeira, Palmeira, Pobra do Caramiñal, Rianxo, Vilagarcía, Vilanova, Vilaxoán, Illa de Arousa, Cambados y O Grove): 90.550 mrs. En cuanto a los fomentadores, el mismo Meijide Pardo ha distinguido dos fases de penetración: una primera entre 1760 y 1780, durante la cual estos se quedaban en las costas gallegas solamente durante la temporada de pesca, y una segunda de asentamiento definitivo entre 1800 y 1815, encargándose de la exportación del pescado y la importación de productos como vinos, aguardientes o jabón, etc., que se encargaban de transportar ellos mismos184. De esta forma, en 1776 ya actuaban siete fomentadores en la ría de Vigo, de los cuales seis eran catalanes, a los que se añadía el francés Tournelle; según diversas fuentes oficiales empleaban 21 embarcaciones tripuladas por 140 marineros, capturando 8903 millares de sardinas, de la que solo una cuarta parte se vendió fresca, y obteniendo 21120 azumbres de grasa185. El gran aporte de los catalanes a la pesca local fue la aplicación del arte de la xàvega, que permitió aumentar considerablemente el volumen de capturas de sardina frente a artes tradicionales como el “xeito”, al que desplazó, lo cual fue contestado desde diversas instancias, incluyendo órdenes gubernativas contradictorias, sin impedir el éxito final de esta innovación186. Además, sustituyeron el quiñón percibido por los pescadores por un salario, lo que convirtió a los matriculados en jornaleros que cobraban en función de su trabajo, o bien aportando su barco y aparejos a cambio de la mitad de la pesca, un trato parecido al que hizo Lorenzo Llorente en 1767 con los marineros de Redondela, a lo que 183 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo…”, 1980, p. 302. 184 MEIJIDE PARDO, A., “Contribución de los catalanes a la industria pesquera de Vigo (1750-1815)”, en XXI Congreso Geográfico Internacional, CSIC, Madrid, 1969, pp. 287-298. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Los industriales catalanes …”, pp. 213-254. 185 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Capítulo IV. Vigo na Idade Moderna”, op. cit., p. 215. 186 ALONSO ÁLVAREZ, Luis, Industrialización y conflictos sociales en la Galicia del Antiguo Régimen, Akal, Madrid, 1977. 63 Lluch, quien consiguió adquirir la factoría por 85.000 reales de vellón, dos terceras partes del valor total tasado por los peritos, 126.420 reales207. Por otro lado, se tiene constancia de la existencia de salinas en la zona, como las de la desembocadura del río Lagares, en la parroquia boucense de Coruxo. En 1694 los marqueses de Valladares se consiguieron los derechos de explotación gracias a la cesión de un pariente, y a inicios del XVIII ocupaban una superficie de 27022 varas, trabajando en ellas 8 marlotos y 32 carreteros de las feligresías limítrofes. Sin embargo, para finales de siglo la administración estaba descuidada, y las autoridades encargadas de las rentas reales intentaron impulsarlas ante los problemas de abastecimiento causados por las guerras con Gran Bretaña; aunque en 1804 se pagaban 5,5 reales por cada fanega depositada en el alfolí vigués, en 1820 había cesado su actividad208. De todas formas, las salinas de los alrededores no podían cubrir la gran demanda exigida por la industria sardinera, y la importación de la sal por vía marítima fue de vital importancia: normalmente se empleaba a trabajadores de las parroquias rurales para descargar el producto en el alfolí vigués a cambio de un jornal, si bien la inflación causada por las crisis de finales del XVIII provocó serios conflictos ante la insuficiencia del dinero recibido209. Por último, otra de las actividades económicas más reseñables del Vigo de la época fue la de armar de barcos en corso. Ya había pasado por una etapa de especial intensidad en la década de 1660, impulsada por los hombres de negocios de Flandes, junto con algunos armadores gallegos y vascos, periodo en el que el área viguesa llegó a ser la segunda más importante en la costa atlántica210. A inicios del XVIII se convirtió en base corsaria francesa, pero desde la década de 1710 la villa ya contaba con una flota propia que actuaba en tiempos de guerra con Gran Bretaña, debido al desplome del comercio exterior durante estos conflictos. Sin embargo, el periodo de mayor actividad corsaria transcurrió entre 1796 y 1801, cuando movilizaba el 60 % del tonelaje de los barcos matriculados en la provincia marítima de Pontevedra, muy por delante de Baiona. Las embarcaciones empleadas para el corso eran de pequeño porte, especialmente aptas para la navegación de cabotaje, y en sus expediciones podían llegar más allá de Lisboa. Ante su modesto tamaño, los armadores buscaron imponerse mediante un armamento completo, también en la tripulación, con una oficialidad semiespecializada procedente de otros puertos gallegos y del Cantábrico en tres de cada cuatro casos, mientras que muchos de los capitanes llegaban de Plentzia, en Vizcaya. En cuanto a los armadores, a mediados de siglo se contaban algunos mercaderes de grosura y capitanes de barco, mientras que en las últimas décadas predominaron los grandes y medianos comerciantes de la villa, de cuales seis acaparaban cerca del el 70 % del tonelaje; con frecuencia estos hombres de negocios se asociaban, caso de Buenaventura Marcó y Pedro Abeleira, o dejaban entrar a pequeños inversores de dentro y fuera de Vigo, y siempre buscaron mantener el mayor control posible sobre las capturas. Las campañas corsarias duraban entre 3 y 4 meses, y los armadores percibían por lo general la mitad del botín líquido, mientras que a los oficiales les correspondían mayores cuotas que al resto de la tripulación. Aunque era una actividad francamente arriesgada, y casi la mitad de los buques eran apresados por el enemigo, en una buena campaña se podían capturar hasta tres presas, normalmente 207 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica de Vigo…”, pp. 354-355. 208 RODRÍGUEZ ELÍAS, Avelino, Las antiguas salinas de Galicia y posibilidad de restablecer esta industria, Estudio Tipográfico Faro de Vigo, Vigo, 1924. 209 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Una manifestación de la conflictividad en la Galicia protoindustrial...”, pp. 141-158. 210 OTERO LANA, Enrique, Los corsarios españoles durante la decadencia de los Austrias. El corso español del Atlántico peninsular en el siglo XVII (1621-1697), Naval, Madrid, 1992. 64 bergantines mercantes que transportaban bacalao entre Portugal y Terranova, o carbón y cereales a Inglaterra; estos buques eran comprados posteriormente por negociantes de Oporto y Viana, posiblemente intermediarios. De acuerdo con trabajos anteriores, parece que la captura de un par de presas lograba compensar la inversión en el corso, pese a las probabilidades de perderlo, por lo que acababa siendo un negocio muy rentable, también para los tripulantes, que podían cobrar cantidades bastante apetecibles211. Algunos de los principales hombres de negocios de Vigo participaron directamente en este negocio como armadores de barcos, caso de Marcos Rodríguez, padre del industrial Ángel Rodríguez de Avalle, y cuyo navío consiguió capturar varios buques enemigos. También se dedicó a ello, y con ahínco, Francisco Manuel Menéndez, quien hacia finales del XVIII fletó dos navíos, uno de ellos en sociedad con Manuel de la Fuente, y que apresaron tres barcos británicos que llevaban bacalao de Terranova a Portugal, otro que se dirigía desde Lisboa a Escocia, e incluso un bergantín estadounidense en ruta desde Le Havre a la capital portuguesa. En estas fechas, Norberto Velázquez Moreno también se dedicó a esta actividad. En cambio, otros se beneficiaron de las presas capturadas por españoles o franceses, como Lorenzo Llorente, quien no solo comerciaba con mercancías apropiadas de buques británicos, sino que en 1761 adquirió de un corsario francés una balandra de 50 toneladas de arqueo por 8500 reales, y en 1763 compró al dueño del navío español San Antonio de Padua un bergantín británico de 60 toneladas, previamente apresado y llevado a Vigo, por 8000 reales. También en esa década, una de las primeras actividades de Marcó del Pont fue el comerciar con los géneros procedentes de barcos apresados por franceses; más tarde, en 1783, fletó el bergantín Santísimo Cristo de la Victoria, al mando del capitán Pedro Posada, que llevaba a Cuba mercancías españolas por valor de 235.000 reales de vellón, y extranjeras por valor de 325.000, incluyendo algunas procedentes de barcos británicos capturados por vigueses, también el propio Marcó212. El buen entendimiento entre franceses y españoles durante gran parte del XVIII repercutió en la propia colonia gala en Vigo: en 1781, Pedro Lapeire escribía a la Corona explicando los esfuerzos y gastos llevados a cabo para armar sus dos barcos corsarios, que fueron apresados por los enemigos, añadiendo que no podía conseguir otro en el puerto de Vigo, ni construirlo por la falta de madera, por lo que suplicaba que se le concediese el bajel de rentas del puerto, empleado para el resguardo de mar, y que no tenía uso por la falta de comercio ultramarino provocada por la propia guerra; por supuesto, prometía pagar la fianza y compensar a las Reales Rentas la pérdida del buque o cualquier desperfecto ocasionado en el mismo, siendo como era “su mas rendido humilde Vasallo”213. El coste de armar un corsario era, en efecto, bastante elevado: en una declaración jurada del 16 de mayo de 1797, José Antonio Cayro desglosaba las cantidades gastadas para armar la goleta San Blas, alias “El Águila”, y capitaneada por don Felipe Calzada: por el coste de la goleta y los reparos hechos “hasta ponerla enteramente lista”, 114.500 reales de vellón; por el de seis cañones con sus cureñas y seis pedreros, 6.600 reales; por el de 3 quintales de pólvora, 2.100 rs., por el de 12 fusiles, 1440 rs.; por el de 24 pistolas, 1240 rs.; por el de 30 sables, 900 rs. Además, los avances entregados a la tripulación por la campaña de cuatro meses llegaban a 28.300 rs; y el coste de los víveres para los 50 días de su primera salida fue de 15.260 rs. En total, sumaban 170.340 reales de vellón214. 211 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “El corso vigués del siglo XVIII”, pp. 133-163. 212 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica…”, pp. 315-327. 213 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica…”, p. 320. 214 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica …”, p. 322. 65 El corso era una actividad arriesgada, sí, aunque los comerciantes que invertían en la “defensa de la Monarquía” solían recurrir a la Corona para compensar sus pérdidas: ya hemos hablado de la solicitud de Francisco González de Rueda para construir una curtiduría, pero otra vía fue la empleada por Pedro Abeleira, quien en 1798 obtuvo la autorización real para despachar a América 40.000 cuchillos fabricados en el extranjero, exportación prohibida por regla general, en premio a los servicios prestados y como indemnización por dos barcos perdidos de los muchos armados por él en la guerra contra Gran Bretaña. Incluso Marcó del Pont se acogió a esta ayuda: en 1801 uno de sus bergantines zarpó de Vigo rumbo a Indias con 7000 carradas de ollas de Burdeos, cargamento que no había podido enviar en 1797 por el bloqueo inglés; en un Real Despacho se mencionaba que Marcó había solicitado el envío de las ollas alegando los corsarios armados durante la guerra, así como su celo y servicios en asuntos como la habilitación del puerto vigués215. Efectivamente, Marcó fue uno de los que negociantes vigueses que más recursos dedicaron al corso, al tiempo que comerciaba con los géneros arrebatados a las naves enemigas. Su actividad como armador de corsarios comenzó con la implicación de la Monarquía española en la independencia de Estados Unidos y las providencias dictadas en 1779; en estos años sus buques acosaron a los mercantes británicos y portugueses, y en 1782 se contaba que había llevado a Vigo 13 presas. Meijide Pardo aporta datos sobre cuatro de los barcos armados por Marcó: Bergantín San Carlos, alias “El Atrevido”, capitaneado por B. Pequeño, tripulado por 33 hombres, armado de dos cañones de a cuatro 12 de los llamados pedreros, 25 fusiles, 20 pares de pistolas, 25 sables y 12 chuzos. Goleta Cristo de la Buena Victoria, de 34 toneladas de porte, siendo su capitán Francisco Fernández del Villar, con 44 tripulantes, dos cañones de a seis, 13 pedreros, 14 esmeriles, 30 fusiles y 20 pares de pistolas. Bergantín Virgen del Portal y San Buenaventura, alias “Los Tres Hermanos”, de 45 toneladas de porte, con 57 hombres de tripulación, ocho cañones de a cuatro, ocho pedreros, 25 fusiles, 20 pares de pistolas y 30 sables. Basca Princesa de Asturias, alias “La Liebre”, capitaneado por Manuel de la Iglesia, de 20 toneladas de arqueo, con 22 tripulantes, 8 cañones de a cuatro y demás armamento. En suma, entre 1779 y 1783 los barcos de Marcó capturaron 13 presas, siendo ocho navíos ingleses y cinco portugueses, que en general llevaban a Portugal bacalao de Terranova o carbón, metalurgia y trigo de Inglaterra, o bien transportaban sal, vino o aceite luso a las Islas Británicas; los barcos eran fragatas, bergantines, goletas, paquebotes o balandras. Entre barcos y cargamentos, el valor total de las capturas superaba los 6 millones de reales de vellón216. A finales de siglo, con la nueva guerra contra Gran Bretaña, el potentado catalán volvió al corso armando tres barcos, uno de ellos con un coste de medio millón de reales, e incluso tuvo ayuda por parte de las autoridades, pues en un despacho de Godoy al Intendente de Marina de Ferrol disponía que facilitase los pertrechos necesarios para poner a punto dos navíos, que el comerciante pagaría a su justo precio. No en vano, en 1797 solicitó permiso al hombre fuerte de Carlos IV para denominar uno de sus corsarios con el nombre de Príncipe de la Paz, para resarcirse después de la pérdida de otro de sus barcos, el Santísimo Cristo de la Victoria, a manos inglesas; Godoy accedió a la petición. El bergantín Cristo de la Victoria, capitaneado por Juan Antonio Martínez, contaba con 65 hombres, diez cañones y demás pertrechos y había capturado cuatro naves enemigas; el también bergantín Príncipe de la Paz estaba comandado por M. Estévez, y tenía 200 215 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica …”, 1980, p. 321-327. 216 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica …”, 1980, p. 328-329. 66 toneladas de arqueo, 150 tripulantes y 20 cañones, según la súplica de Marcó. Otros navíos armados en este periodo fueron: Quechemarín Nuestra Señora del Carmen, alias “El Magnífico”, de 40 toneladas de porte, capitaneado por Agustín del Toral (vecino de Lastres), con 40 tripulantes y 8 cañones de a cuatro. Patache La Purísima Concepción, alias “El Galgo”, de 57 toneladas, patroneada por F. Fernández del Villar, con 80 hombres, armado de dos cañones de a ocho, dos de a seis, dos de a cuatro, 12 fusiles, 12 pares de pistolas y 24 sables. Bergantín San Buenaventura, alias “El Príncipe de Asturias”, de 50 toneladas, patroneado por J. Sabarte, con 60 tripulantes, 14 cañones de diverso calibre, cuatro bocamartes, cuatro trabucos, 30 fusiles y 25 pistolas. Patache Victoria, comandado por Juan Martínez, con 65 hombres, 10 cañones, doce pedreros y demás armamento habitual. Nuevamente, las presas eran por lo general navíos que hacían la ruta entre Inglaterra y Portugal, o que llevaban bacalao de Terranova a los puertos lusos, si bien consiguieron capturar un bergantín que volvía de una expedición ballenera en el Mar del Sur. Sin embargo, Marcó perdió varios de los corsarios que había fletado: en 1797, debido a la pérdida de tres barcos, la Corona le compensó concediéndole permiso para despachar productos extranjeros a Indias, que podían ser de 12.000 a 15.000 quintales de bacalao, 100.000 docenas de cuchillos flamencos o bien 15.000 carradas (“ocho de cada una”) de ollas de hierro de Burdeos; en su informe favorable al rey, el Consejo de Castilla afirmaba que ninguno había armado tres corsarios en toda la guerra, y que ninguno había hecho tanto bien al pueblo en el que residía. Años después, en marzo de 1799, Marcó declaró al gobierno que había perdido cinco de los siete barcos armados por él. Pese a todo, otros catalanes afincados en Vigo también invirtieron en el corso, sin descuidar otros negocios: en 1783, José Caminada armó un barco aprovechando la guerra contra Inglaterra; en 1799, ante el mismo enemigo, José Roura y Sala fletó otro navío, y lo mismo hizo José Lluch al año siguiente217. Por otra parte, en el bien conocido libro monográfico de Luis Alonso Álvarez sobre el comercio colonial gallego (aunque centrado en A Coruña), aporta una lista con armadores de corso matriculados en puertos gallegos entre 1797 y 1818, a partir de escrituras de fianza y obligación con la Real Hacienda y de escrituras de fianza para solicitar patente de corso. De acuerdo con sus datos, en el puerto de Vigo constan las compañías de Francisco Rueda, Núñez y Cía., con dos licencias, la de Manuel Pastor y Cía., también con dos, y Francisco Manuel Menéndez, Manuel de la Fuente, Joaquín Jorge Álvarez y Lapeire, Hijo y Cía. con una licencia, cada uno. En cuanto al número de armadores y de licencias, el corso vigués era de envergadura similar al coruñés, pero ligeramente inferior son números semejantes a los de A Coruña, pero inferiores a los de Pontevedra, aunque los tres puertos superaban con creces a otros como Sanxenxo y Marín218: • A Coruña: Juan Bautista Jouván (3 licencias), Lagoanère y Cía. (1), Felipe Menéndez (1). • Pontevedra: Cosme de la Isla Covián (4), Juan A. Gago de Mendoza (4), Blas Núñez (1), Juan B. Gago de Mendoza (1), Fernando Canitrot (1). • Sanxenxo: José Antonio Pallares (2). • Marín: José Fernández Guerra (1). 217 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica …”, pp. 329-335. 218 ALONSO ÁLVAREZ, Luis, Comercio colonial y crisis del Antiguo Régimen en Galicia (1778-1818), Xunta de Galicia, A Coruña, 1986, p. 222. 67 2. LA SOCIEDAD VIGUESA 2.1. LOS GRUPOS TRADICIONALES Iniciando nuestro panorama con las elites tradicionales, conviene subrayar que la importancia del clero en la villa de Vigo no era destacable, en especial si se compara con la capital de la provincia, en donde se acumulaba un buen número de clérigos. Vigo tenía una colegiata de canónigos y los conventos de San Francisco y de Santa Clara, de modo que resulta parecida a la de otros puertos gallegos y con componente rentista Muros, Noia o Viveiro. Las revisiones del catastro de La Ensenada en 1760 aportan para Vigo la cifra 14 seculares, el 2 % del vecindario, muy por debajo del nivel de las siete capitales del reino y más próximo al de otras villas como Pontevedra y Padrón. El centro de la vida religiosa local era la Colegiata de Santa María, fundada por el obispo tudense Pedro Beltrán en 1497, contando entonces con un prior y seis racioneros; sin embargo, en 1728 el obispo Fernando Ignacio de Arango y Queipo redujo la mesa capitular a un prior y dos racioneros, al considerar insuficientes las rentas percibidas; al ser la iglesia parroquial de la villa, el prior y los dos racioneros, de presentación real y ordinaria, se encargaban de la cura de almas en la villa, mientras que el barrio de O Areal quedaba dentro de la feligresía de Santiago de Vigo219. Durante la segunda mitad del Setecientos el clero secular estaba formado por cerca de veinte individuos, siendo siempre mayor el número de presbíteros que el de tonsurados de órdenes menores; entre los primeros destacan los ordenados a título de patrimonio, aunque dos percibían las rentas de capellanías colativas; la mayor parte del segundo grupo estaba asignado a la colegiata, si bien muy pocos se aplicaban realmente. Por estas fechas el número de estudiantes rondaba los veinte, suficientes para la renovación del clero, lo que señala el atractivo que suponía la carrera eclesiástica entre los vigueses; no obstante, ya a inicios del XIX el contingente del clero era notablemente más reducido. En líneas generales, el 78 % de ordenados y estudiantes procedían de la propia villa de Vigo; y entre los presbíteros se situaba en los cincuenta años. En lo tocante a su extracción social, los provenientes de familias hidalgas eran pocos, habiendo algunos Acevedo o Colwel; mientras que eran más abundantes los procedentes de las capas altas del estado llano (con apellidos como Cores o Boubeta) y del sector de la administración, con familias como los Ginzo o Carrera220. Aparte de los templos, en la villa hubo un convento de religiosos menores franciscanos en el arrabal de O Berbés, fundado en 1551, y otro de monjas de la Venerable Orden Tercera franciscana en O Areal, cuyos orígenes se remontaban a 1553221. El caso de este último, el convento de Nuestra Señora de los Remedios, es especialmente interesante, puesto que ya desde la figura de su fundadora, doña Inés Pérez de Zeta, quedaba marcado su carácter elitista, puesto que en sus constituciones se reservaba el ingreso a las jóvenes de la hidalguía de la comarca, siendo la dote necesaria de 350 ducados. Allí profesaban en 1593 25 monjas, frente a los 8 frailes, por lo que el total del estado eclesiástico constituía el 4,2 % de la población. En cuantom al número de frailes aumentó en 25-30 religiosos en los dos siglos siguientes, si bien la situación de ambos conventos no cambió sustancialmente, y el de los Remedios seguía contando con abundantes criadas y personal asalariado dedicado a los trabajos físicos. De acuerdo con el censo de Floridablanca, en 1787 el conjunto del clero, incluyendo la servidumbre, 219 ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco (aut.); GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio (ed.), Ciudad de Vigo, pp. 48 y 50, 54-55. Nos remitimos a las páginas ya citadas de REY CASTELAO, Ofelia, “La diócesis de Tuy…”. 220 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, op. cit., pp. 196-197. 221 ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco (aut.); GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio (ed.), Ciudad de Vigo…, pp. 5254. 68 suponía el 2,7 % de los habitantes del estado de la tierra de la villa y del añadido de Santiago de Vigo222. Si bien el nivel de riquezas y poder del clero en el área de Vigo no era equiparable siquiera al de la sede tudense, especialmente tras la reducción del cabildo de la Colegiata, el estamento eclesiástico siguió gozando de una buena posición económica y social, lo suficiente para que miembros de linajes hidalgos locales apareciesen con frecuencia como párrocos en el amplio Val do Fragoso, como don Diego Villar Prego de Montaos, abad de Santo Estevo de Beade, fallecido en 1797, cuyo inventario post-mortem, realizado por el juez ordinario de Bouzas, confirma que los abades de la diócesis de Tui gozaban por lo general de una mayor prosperidad que sus homólogos en otras diócesis223. Sin embargo, en cuanto a los párrocos del entorno rural de Fragoso, ninguno sobresalió más que don Juan Rosendo Arias Enríquez, abad de Valladares durante la Guerra de Independencia, quien ganó cierta fama y reconocimiento por ser uno de los dirigentes del cerco de Vigo y su “reconquista” en marzo de 1809. Junto con otro destacado caudillo de la provincia, don Mauricio Troncoso, abad de Vilar y Couto, fue recompensado ocupado una vacante de provisión real en el cabildo catedralicio de Santiago; pese a la oposición de algunos de los capitulares, derivado entre otros asuntos del pago de pensiones, ambos tomaron posesión como canónigos en 1811224. Sin embargo, la contienda también fue el origen de un pleito por la administración del mayorazgo del joven marqués de Valladares, don Manuel Joaquín Enríquez, desaparecido en combate, que enfrentó al clérigo con la hermana del marqués, doña María Dolores, y su marido, don Francisco Javier Martínez. Arias Enríquez alegaba que el anterior marqués, también caído en la contienda, le había dado poder para administrar el mayorazgo en favor de su hijo, a lo que Martínez se opuso argumentando que don Manuel Joaquín seguramente había muerto, y que por tanto era su hermana la legítima sucesora del mayorazgo225. Por otro lado, tras el ascenso de Enríquez como canónigo, su sucesor al frente de la feligresía de Valladares fue otro individuo de ilustre apellido: don José Parada Pérez de Limia, quien ya figura como abad en actas de bautismos de 1812 y 1814, apadrinando a miembros de su familia226. En cuanto a la nobleza de rango medio o pequeño, en concreto la hidalguía, esta constituía el grupo principal dentro de las oligarquías urbanas en ciudades y villas modestas como Vigo, aunque resulta difícil cuantificar sus miembros debido a sus prácticas endogámicas, así como a la presencia intermitente de aquellas familias cuya casa solariega se hallaba en el rural, a lo que se añade que no es frecuente hallar una mención explícita de su condición. La única lista específica para la nobleza es la relación de nobles alistados de 1701, donde constan 29 hidalgos en Vigo, y otros 8 militares de reconocida distinción social; en el censo de Aranda de 1773 aparecen contados 17 linajes hidalgos en la villa, sobre una población estimada de 2690 habitantes, y el de Floridablanca de 1787 señala 20 en la parroquia urbana de Santa María y otros 5 en la de Santiago de Vigo, sobre un total de 3404 individuos entre ambas. A partir de estas cifras, 222 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 197-198. 223 AMV, Concello de Bouzas, Juzgado, Inventarios y partijas, BOU-JUZ/65 [signatura antigua]. 224 VÁZQUEZ MARTÍNEZ, Alfonso, Biografía de Don Mauricio Troncoso y Sotomayor, Abad de Villar de Creciente y del «Couto», Guerrillero gallego de la Independencia (1771-1817), Imp. Zincke Hermanos, A Coruña, 1941, pp. 25 y 31. 225 ARG, Real Audiencia, caixa 12955/13. 226 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 28, v. y 105, v. 69 aunque teniendo en cuenta su inexactitud, González Fernández estima la proporción de hidalgos en poco menos 3 % de la población en su conjunto227. Estas familias procedían de la misma villa y de su entorno rural, así como de otras partes de la provincia tudense y también de la península de O Morrazo, ya en la provincia de Santiago; eran menos frecuentes aquellos con orígenes fuera de Galicia. Entre los linajes de la villa se contaban los Avendaño, los Barros Falcón o los Taboada, pero también descendientes de mercaderes como los Alba, si bien la mayor parte provenían del hinterland vigués, caso de los Pazos, Núñez, Quiroga, Arce u Oya, mientras que los Saavedra o los Bello tenían su solar al otro lado de la ría; sin embargo, linajes como los Lira, Sequeiros y Montenegro no se prodigaron en Vigo. Por lo que respecta a los foráneos, es cierto que los Colwel tenían raíces inglesas, aunque ya estaban plenamente asimilados entre la hidalguía viguesa en el siglo XVIII, época en la que miembros de los Párraga de Madrid o los Villavicencio de Jerez arribaron a la villa por razón de su carrera profesional, normalmente relacionada con las armas. La relevancia de la hidalguía se acentúa frente a la escasa nobleza titulada, casi siempre ausente, salvo por alguno de los marqueses de Valladares (señores del cercano coto homónimo), y ya a finales del Setecientos los barones de Casa Goda, representantes de la aristocracia militar que emparentaron con los Párraga228. Como en otras partes del reino, la hidalguía viguesa era netamente rentista, siendo su posición de subforatarios la fuente de la mayor parte de sus ingresos anuales; de esta forma, la transmisión de las posesiones, derechos y privilegios a los descendientes era una cuestión esencial en su economía, razón por la cual la endogamia fue una característica constante, por ejemplo mediante el matrimonio entre primogénitos con el fin de aumentar la riqueza familiar, al tiempo que se buscaba prevenir la disgregación del patrimonio a través de la creación de mayorazgos, como el fundado en el XVI por la ya mencionada doña Inés Pérez de Zeta, y que recaería en manos de los Oya. Por su parte, los Suárez de Puga mantenían el de su antepasado don Francisco Suárez de la Carrera, mientras que doña Rosa de Barros, con tres criados y un administrador, disfrutaba del patrimonio “vinculado” a finales del XVII por el regidor don Juan de Barros Falcón. El ascenso de los grandes hombres de negocios en el último tercio del XVIII no eclipsó a la hidalguía local, pero el poder económico de la nobleza tradicional fue decayendo posteriormente, caso del marqués de Valladares, quien encabezaba la lista de fortunas en 1764, pero había descendido al puesto 22 en 1812, ya superado por los principales comerciantes. Ahora bien, el espectro de la nobleza viguesa abarcaba no solo a la casa de Valladares, o a otros linajes de prestigio como los Sequeiros, sino también “hidalgos de gotera” como don Marcos Nogueira, quien legó un mayorazgo electivo tan parco que resultó problemático para sus herederos. También hubo personajes que lograron enriquecerse y ascender socialmente, siendo un ejemplo Marcos Parcero, dedicado tanto a la percepción de rentas como a los negocios, cuyo éxito en el tránsito del XVII al XVIII le posibilitó crear el mayorazgo del pazo de Pelaio, en Coia; su hijo Marcos, contaba en 1752 con tres criadas, un mayordomo administrador e incluso un esclavo. Por otro lado, la dedicación profesional varió con el tiempo, puesto que tradicionalmente fueron los hijos segundones los que ingresaban en el ejército o la Armada, pero a finales del XVIII se hizo más común la entrada de los primogénitos en la carrera militar, incluyendo las milicias, como en el caso del marqués de Valladares, don José de Montes o don Tomás Rivero229. 227 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, p. 198. Ver también ALONSO GREGORIOESPINO, Julio, Notas genealógicas viguesas, MAR-CAR, Madrid, 1984. 228 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 198-199. 229 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 199-200. 70 Los Suárez de Puga, cuyos mayorazgos hundían sus raíces en el Seiscientos, pero que descollaron durante el siglo siguiente, constituyen nos solo un ejemplo de ascenso apoyado en los cargos municipales, sino de emparentamiento con hidalgos foráneos: don Feliciano Suárez de Puga consiguió una regiduría en Vigo tras la renuncia de su padre en 1719, se casó con la hija de un antiguo juez ordinario, y a su vez una de sus propias hijas contrajo matrimonio con don Juan de Villavicencio, perteneciente a una importante familia de Jerez de la Frontera, y que ejerció de capitán del puerto vigués; el hijo de este, don Juan de Villavicencio y Puga, fue gobernador militar de la plaza cuando esta se rindió al ejército francés en 1809230. Otro regidor perpetuo de la villa, don Sebastián Antonio de Araujo y Arce, fue copatrón del beneficio curado de Santa Cristina de Lavadores y señor del Pazo da Raposeira, en Sárdoma, que había pertenecido a la familia Araujo en el siglo XVII231. Aunque las principales familias hidalgas mantuvieron el control de los consistorios, al menos hasta fines del XVIII, hubo casos especialmente palpables, como el de don Cayetano Parada Pérez de Limia, quien ejerció de juez ordinario de Bouzas en repetidas ocasiones desde finales del Setecientos hasta el reinado de Fernando VII, siendo además uno de los caudillos que dirigieron la resistencia local frente a las tropas napoleónicas en 1809, durante los primeros compases del asedio de Vigo. Otro prócer, aunque de origen foráneo, fue don Francisco Javier Vázquez Varela, quien ya a finales del XVIII ejercía la administración de los alfolíes de Vigo, y que tras el motín de enero de 1809 fue nombrado juez ordinario por el nuevo gobernador militar de la plaza, don Juan de Villavicencio y Puga, siendo alcalde durante la ocupación francesa y en los primeros meses tras la liberación. Pese a las sospechas que pudiese generar su gobierno en un momento tan convulso, logró ascender socialmente, alcanzando el cargo de oidor en la Real Audiencia, y posteriormente el de alcalde de Casa y Corte en Madrid, estando próximo al poder durante el reinado de Fernando VII. Con respecto a la nobleza titulada, esta se mantuvo ausente de la zona durante gran parte del periodo, aunque algunos, como los marqueses de Valladares, tuviesen su solar en el Val do Fragoso, donde también tenían propiedades otros titulados, como los condes de Priegue, dueños del Pazo da Pastora, en Freixeiro. Como ya se dijo, ambas casas vieron manchada su reputación a mediados del siglo XVIII con motivo del asesinato de sus respectivos jefes232. La casa de Valladares quedó en entredicho desde entonces, y solo con la Guerra de Independencia, donde fallecieron dos de los marqueses, padre e hijo, recuperó parte del prestigio de antaño, del que disfrutó don Francisco Javier Martínez, marqués durante los primeros años del liberalismo y diputado a Cortes. No obstante, uno de los casos más interesantes es el de don Joaquín Tenreiro Montenegro, hijo de un oficial de la Corona y establecido en Santiago, que con ocasión de la invasión francesa participó en el levantamiento de la provincia de Tui y tuvo un papel protagonista en el sitio de Vigo, que le sirvió de plataforma para medrar políticamente por medios discutibles, que le valieron el título de conde de Vigo. Sin embargo, no llegó a residir en la ciudad, y su título y mayorazgo no tuvieron apenas continuidad. 230 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Los Suárez de Puga-Villavicencio…”, pp. 205-238. 231 RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ-BROULLÓN, Rafael, “El pazo vigués de “A Raposeira”…”, pp. 45-55. 232 REY CASTELAO, Ofelia, “Damas de la nobleza y crímenes pasionales...”. 71 2.2. LAS NUEVAS ÉLITES: LOS HOMBRES DE NEGOCIOS La importancia que este grupo adquirió desde finales del XVIII hace muy tentador el uso del término “burguesía”, palabra cuyas connotaciones y significancia histórica han condicionado los debates sobre su pertinencia a la hora de describir al colectivo mercantil. En el caso vigués, González Fernández y Tizón Rodríguez, pese a ser conscientes de la controversia historiográfica alrededor del término, son pragmáticos y alegan que es el que más se adecúa a un sector dedicado principalmente al comercio, especialmente al por mayor, y que se diferenciaba de la oligarquía tradicional por la mayor proporción de capital circulante en su haber, sin rechazar la inversión en tierras e inmuebles con fines especulativos y rentistas233. Este argumento, sumado al empleo del término por gran parte de la historiografía gallega desde Eiras Roel234, nos parece lo bastante convincente para aceptar este uso, aunque sea en un sentido más laxo y por motivos prácticos. Ya para el XVI se tiene constancia de la presencia de mercaderes, algunos de ellos extranjeros, en especial ingleses como Juan Colwel, aunque eran superados en número por los de Baiona. Para el XVII también se conocen algunos hombres de negocios que se contaban entre los primeros puestos en las relaciones de contribuyentes, caso de Alonso Rodríguez en 1639 o Alonso Ribeiro en 1674; además, determinadas familias ennoblecidas tenían en su pasado reciente miembros involucrados en diversos tipos de negocios235. Sin embargo, el declive económico sufrido por la villa en este siglo movió a estos hombres de negocios, como los Colwel y Barros (armadores del cerco), Juan Fernández de la Cruz (o Alba) y Marcos Parcero, a “señorializarse” y asimilarse a la pequeña nobleza, siguiendo un patrón similar al de otras partes de la península y de Europa Occidental. Pese a la actividad de los comerciantes flamencos en la década de 1660 y la implantación de franceses durante la Guerra de Sucesión, dominando tanto el comercio exterior como el corso, González y Tizón consideran que fueron los comerciantes asturianos los que llenaron el hueco dejado por la burguesía del Seiscientos, por lo que los incluyen dentro de lo que califican como primera generación de la burguesía viguesa, comprendida entre 1690 y 1740236. Estos mercaderes procedían en concreto del puerto de Lastres, en el concejo de Colunga, lo que contribuía a su diferenciación como grupo, así como a fomentar los vínculos económicos y familiares entre ellos, resultando en una notable endogamia. Además, por lo general no se avecindaban en la villa, al contar con lonjas repartidas por la costa y tener su casa central en Lastres, por lo que se desplazaban con asiduidad y debían dejar sus negocios en manos de mancebos o factores. Por consiguiente, estos comerciantes se dispersaron por las Rías Baixas, y a mediados del XVIII se fueron asentando en sus villas, por lo que se implantaron en Vigo familias como los Menéndez Villar, de la Riega, Linares y Labusta237, aunque ya en el listado de vecinos de 1728, así 233 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII… (I)”, pp. 65-66. 234 EIRAS ROEL, Antonio, “La burguesía mercantil compostelana a mediados del siglo XVIII: mentalidad tradicional e inmovilismo económico”, en La Historia Social de Galicia en las fuentes de protocolos, Universidad de Santiago, Santiago de Compostela, 1981, pp. 521-565. BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón, “La burguesía compostelana: la familia ‘de Andrés García’ (1760-1815)”, Semata: Ciencias sociais e humanidades, nº 1, 1988, pp. 269-295; REY CASTELAO, Ofelia, “La interacción Iglesia-burguesía …”, pp. 317-342. Vid. REY CASTELAO, Ofelia, “Las burguesías en la Galicia…”, pp. 201-256. 235 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Vigo na Idade Moderna”, p. 200. 236GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII…(I)”, pp. 69-70. 237 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII…(I)”, pp. 70-71. Sobre los asturianos asentados en Galicia, BARREIRO 72 como en fuentes anteriores consta un reducido grupo de comerciantes jóvenes, con una media de 40 años en 1733238. Por estos mismos años, entre 1729 y 1732, fue nombrado regidor Alonso Vitoreo Colunga, pese a que apenas asistió a las reuniones del ayuntamiento por sus frecuentes viajes. Por otra parte, aunque la endogamia siguió siendo la tónica general, hubo excepciones, como la de Domingo Tobal Bueno, quien contrajo matrimonio con una hija del capitán don Antonio Vázquez Raposo, vecino de Teis (un protohidalgo), yo el posterior de don Francisco A. González con la hidalga doña María Josefa Rivas Sotomayor. Sin embargo, aunque un mínimo de veinte asturianos pasaron por Vigo, solamente la familia Menéndez tuvo continuación en la villa; por otra parte, pese a incluirlos en una misma “generación”, en ese periodo de 50 años se dio un relevo generacional239. Entre sus actividades económicas, hay ejemplos de compañías creadas con otros negociantes de Lastres, y muchas de sus firmas comerciales incluían al final de su nombre “y Cía”, vendiendo a minoristas. Comerciaban con mercancías diversas, como paños y productos coloniales, y también importaban hierro de Bilbao, participaban en el corso y en los préstamos a riesgo de mar e incluso poseían artes de pesca, a lo que añadieron la administración de rentas del estado o el manejo de los fondos del concejo, caso de Alejandro del Cantillo, Toribio Menéndez y Alonso Vitoreo Colunga, alfolineros de la sal en Vigo y puertos próximos; el de Mateo Mayor con de la estafeta de correos; y también el Martínez de La Escalera, De los Toyos, Linares y Menéndez Villar, que ejercieron de mayordomos o arrendatarios de los propios de la villa entre 1713 y 1746. Por otro lado, aprovechando la hidalguía “universal” en Asturias, muchos buscaron su reconocimiento con el fin de librarse de gabelas y tributos, si bien en ocasiones el concejo vigués se negó a ello, como en el caso de Domingo Tobal en 1698, quien recurrió a la Real Chancillería de Valladolid para conseguir la ejecutoria240. González y Tizón delimitan una generación intermedia de burgueses entre 1740 y 1770, formado esencialmente por foráneos: asturianos como Ribero Díaz, Labusta o La Presa, etc., castellanos como Linares y Ángel, riojanos como don Lorenzo Llorente, cántabros como López y extranjeros como Silvi (avecindado en Vilavella de Redondela) o Tournelle; en cambio, se marcharían otros como don Mateo Mayores y don Pedro de la Riega. Lo novedoso es la aparición de locales, como Rodríguez Villarino o don Andrés Bacette (naturalizado y agente de Gran Bretaña), y otros gallegos, caso del tendero Díaz Mariño, de Noia. Por otro lado, pervivía la generación anterior a través de los hermanos don José y don Toribio Menéndez y de don Manuel Linares. Salvo excepciones como la de Lorenzo Llorente, que comerciaba con Buenos Aires o Puerto Rico a través de su hermano Ventura, estos mercaderes de dedicaban al comercio tradicional, exportando vinos de O Condado y O Ribeiro, maíz de O Fragoso, Val Miñor y A Louriña, otros alimentos como jamones, y algunas manufacturas, como lienzos y calcetas; a cambio, importaban vinos y aguardientes de Cataluña y Andalucía, bacalao de Terranova, “trigo del mar” en épocas de carestía, aceite del sur, lino del Báltico y hierro vasco, además de azúcar y cacao procedentes de las colonias. Algunos invirtieron en el fomento de la pesca que empezaban a introducir los catalanes, aunque como actividad secundaria, y en MALLÓN, Baudilio “La burguesía asturiana en el siglo XVIII”, en ENCISO RECIO, Luis Miguel (coord.), La burguesía española en la Edad Moderna, vol. 3, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1996, pp. 12671286. 238 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Vigo na Idade Moderna”, p. 200. 239 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII…(I)”, art. cit., p. 71. Vid. TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil asturiana…(I)”, pp. 49-80 y II, pp. 177-204. 240 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; TIZÓN RODRÍGUEZ, José Antonio, “La burguesía mercantil viguesa del siglo XVIII…(I)”, pp. 71-72. 79 que lo llevaría a la ruina en 1812. Por su parte, José Caminada, llegado a mediados del XVIII, entroncó con la familia Magi, comerciantes de procedencia italiana, y aparte de su labor como fomentador de la pesca, se dedicó tanto al comercio con Andalucía y el Levante como a la actividad corsaria o la compra de inmuebles, si bien a finales del Setecientos su fortuna entró en un pronunciado declive. Otros catalanes activos en la segunda mitad del XVIII fueron Carlos Guixeras, Pedro Cusí, Francisco Puig o la familia Fábregas, mientras que a inicios del XIX sobresalieron el mencionado José Lluch (dedicado tanto a la salazón como a la venta de licores o la actividad corsaria), el exportador Ignacio Raich o José Roura y Sala267. Con todo, el gran hombre de negocios por excelencia en el puerto de Vigo fue Buenaventura Marcó del Pont, nacido en 1738 en Calella, en la comarca del Maresme. Llegado a Vigo sobre 1758, comenzó comerciando con mercancías apresadas por corsarios franceses y asociándose con otros catalanes en el fomento de la pesca y la salazón en la ría. Hacia 1780 era ya uno de los principales comerciantes gallegos, y mediante barcos propios y ajenos traficaba con pescado, cereales, pertrechos navales, textiles, hierro. Fue el principal promotor ante la Corona de la concesión a Vigo para comerciar con las colonias americanas, y llegó a ser el segundo mayor fletador de barcos a América tras el coruñés Jerónimo Hijosa, despachando a Cuba, Montevideo, Buenos Aires o La Guaira, e importando productos coloniales, con lo que el tráfico americano supuso la mayor parte de los 3.500.000 reales registrados en las aduanas por su casa comercial en 1804; por supuesto, también armó varios navíos corsarios contra Inglaterra, siendo uno de los principales armadores durante la guerra finisecular. Desde finales del XVIII fue regidor perpetuo, y además fue procurador general síndico, administrador durante doce años de los tributos denominados de las Siete Rentillas, subdelegado de Rentas Reales de la provincia de Tui o comandante de milicias en Lavadores y Vigo, además de mayordomo de fábrica y tesorero de la Colegiata. Por otra parte, acreditó ante la Corona ser de ascendencia nobiliaria, y en 1783 consiguió del rey una ejecutoria de hidalguía; a su vez, se casó con doña Juana Antonia Méndez, perteneciente a la hidalguía viguesa, y algunos de sus hijos ingresaron en el Ejército268. Por último, el riojano Norberto Velázquez Moreno (también de familia hidalga), quien inició su andadura en los negocios a finales del XVIII, construyendo un molino de viento que trataba los cereales que él mismo importaba, fue aumentando su fortuna conforme avanzó el XIX, dedicándose al comercio de importación y exportación, tanto en barcos ajenos como propios, invirtiendo en la industria pesquera o armando buques en corso. Con la desaparición de los grandes comerciantes como Marcó o Llorente, se convirtió en uno de los principales burgueses de Vigo, y a ella dedicó varias iniciativas de tipo filantrópico como la construcción del primer teatro y de la primera casa de baños, la fundación de escuelas de primeras letras o el impulso al establecimiento del lazareto de San Simón, que le hicieron acreedor de un gran prestigio a nivel local y lo llevaron a recibir Gran Cruz de la Orden de Carlos III269. 267 REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities…”, pp. 157-158; MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica...”, pp. 334-337. 268 REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities…”, p. 158; MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica...”, pp. 325-331. 269 MEIJIDE PARDO, Antonio, “Aspectos de la vida económica…”, p. 323. 80 2.3. FUNCIONARIOS, OFICIALES Y MILITARES Más allá de los comerciantes, los cargos relacionados con la administración y los profesionales de los servicios constituían un sector minoritario, pero que fue creciendo inexorablemente en la villa durante el XVIII. A mediados de siglo suponían el 10 % de los vecinos con oficio, proporción ligeramente inferior a la de Pontevedra, y en el censo de Floridablanca sumaban un total de 57, correspondiendo casi a la burocracia de la Corona, lo que equivalía a un 12 % de los laicos del estado de la tierra con oficio o dignidad; ya avanzado el XIX, en 1829, llegaban a ser el 19 % de los vecinos registrados con empleo o posición. Siempre debemos tener cautela sobre la fiabilidad de estas cifras, pero resulta evidente una tendencia de expansión de este sector desde finales del Setecientos270. Entrando en detalle, el ramo administrativo se puede dividir en dos campos: por un lado, el propio de la jurisdicción viguesa (dependiente de la mitra compostelana hasta la abolición de los señoríos) y el correspondiente a la Corona, más en concreto a la gestión hacendística, un área más dinámica y especializada. Los criterios estratégicos y económicos llevaron a que Vigo fuese uno de los centros de la administración de las rentas reales, En Vigo, por razones de estrategia económica, se centralizaría la burocracia de las rentas estatales: si atendemos a la población y el número de funcionarios en el catastro de Ensenada, en comparación con villas como Redondela, Baiona o A Guarda, Vigo contaba con una proporción semejante de efectivos, un total de 24 miembros destacados; ahora bien, la influencia del puerto vigués sobre las villas en la costa septentrional de la villa, así como las ventajas con respecto a Tui, con números similares para un menor peso demográfico, muestran el atractivo de Vigo para la burocracia de la monarquía271. De esta forma, ya en el vecindario de 1728 figuran las cuatro ramas de la administración económica establecidas bajo la dinastía borbónica: la Aduana, las Rentas Provinciales y Generales, las rentas de la sal (con centro en los Reales Alfolíes) y las del Tabaco. Da cuerdo con el catastro de Ensenada se puede delinear una pirámide de ingresos para los distintos niveles dentro del personal: en la cima, los administradores y visitadores, tratados de “don”, percibían unas utilidades elevadas, a las que se añadía lo ganado por otros cometidos en el mismo ámbito, por lo que constituían una élite profesional dentro del rango intermedio de ingresos. Aunque principalmente eran foráneos, alrededor de 1767 la mitad de los oficiales procedían de la propia villa, o bien se habían asentado en ella. El crecimiento económico y el desarrollo del Estado borbónico conllevaron que los funcionarios emplazados en Vigo aumentasen en número y en diversidad conforme terminaba el XVIII, y más adelante, en 1829, constaba un total de 35 oficiales, entre fieles, dependientes y otros efectivos, dejando a un lado los rangos inferiores; fue en este periodo cuando aparecieron en la ciudad los oficiales de Correos y administradores de la Lotería272. En lo tocante a los cargos jurisdiccionales, el arzobispo nombraba a un juez alcalde que ejercía por un periodo de tres años, así como dos escribanías de número y tres procuradurías de causas, estos cinco oficios con carácter perpetuo y renunciable. Además, y en relación con los anteriores, existían los profesionales que trabajaban por su cuenta: cuatro escribanos, dos notarios y otros tantos abogados. Los letrados disfrutaban de un prestigio notable y afianzado, pero no aumentaron en número hasta principios del XIX, ya que gran parte de ellos eran hidalgos segundones, por lo que residían en las parroquias rurales; más adelante, en 1829 constan siete, algunos sin arraigo anterior en la ciudad. 270 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, p. 202. 271 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 202-203. 272 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, p. 203. 81 Hay que tener en cuenta también que durante el XVIII los jueces de señorío, como los de Vigo o Bouzas, eran principalmente legos, pese a que la proporción de expertos en leyes fue aumentando a finales de siglo y en el XIX; esto significaba que con frecuencia estos magistrados recurrían a abogados y juristas de la zona para asesorarles en las causas que dirimían, eligiendo aquellos en quienes confiaban dentro de un mundo reducido y cerrado como el de la administración local, siendo además una opción más económica que solicitar apoyo a la Real Audiencia273. La mención a estos cargos en las diferentes ediciones del Almanak mercantil nos sugieren la importancia para los potenciales lectores de saber quiénes los desempeñaban. Según el Almanak mercantil de 1804, el subcomandante militar de Marina y Matrícula era el teniente de navío Andrés Luis de la Fuente, teniente de navío, siendo asesor Francisco Javier Vázquez, y escribano Nicolás Santiago de Caneda. De la Fuente también ejercía como juez de Arribadas de Indias (según la fe de erratas, en el original figura Alonso de Canido) y capitán del puerto: Andrés Luis de la Fuente. La representación extranjera quedaba en manos de Francisco Manuel Menéndez, vicecónsul de Portugal (la fe de erratas añade Inglaterra); Miguel Arismendy, comisario por Francia; José Lapeire, vicecónsul de Prusia; y Juan Antonio Zermelo, vicecónsul de Dinamarca, aunque en la fe de erratas se advierte que el cargo lo ocupa Ignacio Raschel274. De acuerdo con el Almanak de 1808, el subdelegado de Rentas y de Correos era Nicolás Mahy, caballero de la Orden de Carlos III, brigadier de los Reales Ejércitos, y comandante general de la provincia275, y ejercía de fiscal de la subdelegación José Antonio de la Rúa. El comandante militar de Marina era Juan Alonso Espinosa, capitán de navío, ejerciendo de segundo el teniente de Navío José del Río Cosa, y el alférez de navío Vicente Menéndez como ayudante; el auditor de la Comandancia de Marina era José Moar Salgado, el fiscal era José Antonio de la Rúa, y el escribano, Nicolás Santiago Caneda. Los cargos de juez conservador de montes y dehesas y de arribadas de Indias recaían en el capitán de navío Juan Alonso Espino, y el capitán del puerto era el teniente de navío Andrés Luis de la Fuente. En la Contaduría de Marina, Juan Lorenzo Dávila ocupaba el puesto de contador, siendo oficiales Manuel Otero Valladares, y Leonardo Rodríguez Pardo. También se exponía la composición de la Real Junta de Sanidad del puerto, presidida por el brigadier Mahy, ejerciendo de diputados el comandante militar de Marina, el regidor de mes y el administrador de Rentas generales; el médico de la villa tenía el voto consultivo, y el secretario era el escribano de año del ayuntamiento. Además, Buenaventura Marcó del Pont, comisario honoriario de Guerra, actuaba como comisionado de la Real Caja de Consolidación en el puerto y su partido, y de Reales Provisiones. Además, como representantes extranjeros constan Pedro Harismi (sic), subcomisario de Francia; Francisco Manuel Menéndez, vicecónsul de Portugal; Ignacio Rachel, de Dinamarca; José Lapeire, de Prusia; y Gregorio Pastor, agente de los Estados Unidos. 276. En cuanto a las profesiones encuadrables en el sector de los servicios, en este periodo Vigo contaba solamente con un reducido contingente entre los campos de la enseñanza y la sanidad. En el siglo XVIII la villa disponía de dos maestros de primeras letras, estando uno de ellos al cargo de la escuela pública, que pese a ser de fundación pía, tenía como patrono al Concejo. Estos números crecieron en el XIX, pero la desigualdad de género fue notable: 1829 había solo dos maestras de niñas. En cuanto a la medicina, por lo menos desde el XVII consta la existencia de un médico titular contratado por el concejo, que 273 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Sentenciar conforme a derecho…”, pp. 253-264. 274 Almanak mercantil...para el año de 1804, pp. 247 y 465. 275 Vid. ANDÚJAR CASTILLO, Francisco, “Poder militar y poder civil en la España del siglo XVIII…”. 276 Almanak mercantil...para el año 1808, pp. 269-270. 82 estaba obligado a prestar asistencia permanente a todos los vecinos, y además debía tratar de los pacientes del hospital de pobres y peregrinos; esta figura seguía existiendo en 1829, cuando lo desempeñaba Nicolás Taboada y Leal, natural de Viveiro. A estos facultativos se sumaban entre uno y dos cirujanos y algún que otro sangrador, con sus equivalentes en el rural, aunque los curanderos siguieron estando solicitados entre el pueblo. La villa viguesa también albergaba un par de boticas, negocios prósperos controlados por dinastías de boticarios, que en el XIX tenían exponentes como José María Chao277. Por último, queda comentar la presencia militar en Vigo (encabezada por el comandante general de la provincia), destinada a contrarrestar las deficiencias en la defensa de la plaza, persistentes durante toda la Edad Moderna, y generalizadas a lo largo de la costa gallega debido a su accidentada costa278. La llegada de estos contingentes se dio especialmente durante periodos de guerra, desde la de Restauración portuguesa y la de Sucesión española hasta la de Independencia, pasando por los sucesivos conflictos con Gran Bretaña. Además, había una guarnición permanente, aunque escasa, con tropa de inválidos, a lo que se añadía un hospital militar. En el censo de Floridablanca se figuran 6 empleados de dicho centro y 66 personas más con fuero militar, que suponían el 8 % de los varones mayores de 16 años. La llegada de tropas era especialmente notable en el caso de los batallones y regimientos: por ejemplo, en 1728 se encontraban alojados a lo largo y ancho de la villa 18 oficiales, un capellán y un cirujano del regimiento de África279. En lo tocante a la Marina, en las ediciones del Estado general de la Real Armada aporta información sobre el tercio naval de Vigo. En 1808 su comandante era el capitán de navío don Juan Espino, siendo su segundo el teniente de navío don José del Río Cosa; como ayudantes figuran el teniente de fragata don Bernardo Meruéndano y el alférez de navío don Vicente Menéndez. El puesto de asesor estaba ocupado por don José Moar Salgado, y el escribano de Marina era don Nicolás Caneda. Como ayudantes de distrito constan el teniente de bombarda don Laureano Palacios (en Redondela), el teniente de fragata reformado don Dionisio Macarti (en Cangas), el teniente de fragata Eustaquio Zavalla (Baiona), el sargento primero graduado de alférez de fragata don Juan de la Escalera (A Guarda) y el alférez de fragata don Francisco Oliver (en “Puerto Marin”); finalmente, desempeñaba el puesto de contador el oficial segundo don Juan Lorenzo Dávila, junto con un subalterno “y un meritorio”280. Diez años y una invasión más tarde, en 1818, el comandante del tercio seguía siendo Juan Alonso Espino, ahora brigadier en comisión en Madrid y condecorado de la Orden de San Hermenegildo; el segundo comandante era el capitán de fragata don Pedro Martínez del Corro. Constan como ayudantes los tenientes de fragata don Vicente Menéndez (también agraciado con la Orden de San Hermenegildo), don Francisco María del Hoyo y don Juan María Durán, además del teniente de brulot don Andrés Ferreiro. El contador era el oficial primero don Gabriel de Azpilicueta; el auditor, el honorario de departamento don José Moar Salgado; el escribano, don Juan Antonio Beites; siguen los destinados en los distritos de Redondela, Pontevedra, Cangas, Baiona y A Guarda, figurando como asesores en los dos últimos don Vicente y don José María Suárez de Puga281. 277 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, p. 204. 278 REY CASTELAO, Ofelia; GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “Ports and economic activities…”, pp. 2-3. Vid. GARCÍA HURTADO, Manuel-Reyes, “La defensa de la frontera acuática de Galicia en el siglo XVIII y principios del XIX: líneas maestras y problemas”, en MELÓN JIMÉNEZ, Miguel Ángel; Rodríguez Cancho, Miguel; TESTÓN NÚÑEZ, Isabel; SÁNCHEZ RUBIO, María Rocío (eds.), Dinámica de las fronteras en periodo de conflicto. El Imperio español (1640-1815), Universidad de Extremadura, Cáceres, 2019, pp. 229–252. 279 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, “Vigo na Idade Moderna”, pp. 209-210. 280 Estado general de la Real Armada. Año de 1808, Imprenta Real, Madrid, 1808, p. 112. 281 Estado general de la Real Armada. Año de 1818, Imprenta Real, Madrid, 1818, pp. 181-183. 83 A esto debemos añadir las alarmas y milicias populares, que en el caso de la comarca de Vigo estaban formadas por caudillatos, compuestos a su vez por trozos, y cuya función era prestar apoyo militar ante ataques e invasiones. Después de la reforma implantada en 1723 por el conde de Itre, entonces capitán general del reino, el caudillato de Vigo abarcaba la villa y las parroquias septentrionales, mientras que el resto de la comarca estaba repartida entre los de Bouzas y Beade, si bien en 1764 José Cornide mencionaba los de Vigo, con 623 milicianos; el de Bouzas, con 361, y el de Oia, que comprendía la mitad del Val Miñor282. Estas milicias estaban compuestas en su mayor parte por campesinos y otro sectores populares, estando lideradas por hidalgos y otros personajes prominentes en sus comunidades, y habían sido creadas, justamente, con el propósito de compensar las dificultades de defensa del territorio gallego por parte de las tropas regulares, y fueron esenciales en la resistencia contra los ejércitos napoleónicos durante la ocupación de Galicia en 1809, sacando ventaja de su conocimiento del terreno y su organización más descentralizada para acosar de forma persistente a las tropas francesas, ante la estrategia más bien evitativa del marqués de La Romana y su Ejército de la Izquierda durante los primeros meses de la invasión283; en cambio, la propia naturaleza de las alarmas conllevó que su zona de actuación estuviese limitada a su comarca e inmediaciones, y que sus miembros, rechazasen combatir más allá de su territorio, una vez expulsado el invasor284. En el capítulo dedicado a esta contienda entraremos en mayor detalle sobre estos asuntos y sobre los conflictos entre los líderes “patriotas”, tanto en batalla como años después. 2.4 LAS PRÁCTICAS SOCIALES DE LAS ELITES VIGUESAS: EL PADRINAZGO Dentro de los sucesivos rituales que jalonaban el curso vital de cada individuo durante el Antiguo Régimen, el bautismo era el primero y uno de los más importantes, puesto que constituía la entrada de aquel en la Iglesia y un requisito esencial para su salvación eterna; no obstante, también suponía el ingreso y reconocimiento del bautizado en la sociedad que lo rodeaba, estrechamente ligada a la religión, no tanto por la creencia en sí como por ser un condicionante decisivo de la jerarquía, la administración y las prácticas sociales. Por lo tanto, el bautismo no era solamente un sacramento imprescindible o una tradición que cohesionaba a los implicados en una misma comunidad y fe, sino que era un vehículo de reproducción social, tanto de forma implícita (porque corroboraba que un matrimonio había dado fruto y que las familias de cada rama tenían un descendiente en común) sino porque la presencia de un padrino o madrina era otra vía por la que se podían afianzar lazos familiares, de amistad o clientelares285. Aunque el padrinazgo tenía su propia significancia en el catolicismo, en tanto que parentesco espiritual, su utilidad terrenal promovió que durante la Edad Media e inicios de la Moderna fuesen frecuentes una miríada de irregularidades (más de un padrino por 282 FERNÁNDEZ-VILLAMIL ALEGRE, Enrique, “Caudillatos de la provincia de Tuy”, Museo de Pontevedra, nº VI, 1951, pp. 83-96. 283 BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón, Historia social da guerra..., pp. 64-94. 284 REY CASTELAO, Ofelia, “La Guerra de Independencia en y desde Galicia”, pp. 57-88. 285 GONZALEZ LÓPEZ, Tamara, “Pautas de selección de padrinos…”, pp. 251-276. 84 género, por ejemplo) que se buscaron atajar durante el Concilio de Trento, cuando se definieron los requisitos para el padrinazgo que afectaron a la época que estudiamos286. Dado el objeto de nuestra investigación, el estudio del bautismo y el padrinazgo en el área y periodo que nos ocupa nos permite arrojar luz sobre varias de las cuestiones que tratamos en esta tesis, como las prácticas religiosas, las relaciones sociales y la construcción de clientelas en las pequeñas villas y ciudades del suroeste gallego287. Ahora bien, ante las constricciones temporales y las dificultades para consultar los archivos con la frecuencia deseada, hemos limitado nuestra atención a la villa de Vigo entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, sobre todo desde 1800 a 1815. Ya hemos abordado el padrinazgo en trabajos previos, tanto en el contexto de Vigo como el de A Coruña288, pero en este capítulo trataremos el caso vigués más por extenso. Las partidas de bautismo analizadas corresponden a la parroquia de Santa María de Vigo289, la cual comprendía la villa amurallada y sus arrabales, con la excepción de aquellas partes situadas ya en las feligresías de Santiago de Vigo (como O Areal) y San Tomé de Freixeiro290. Al carácter urbano de la parroquia (pese a las modestas dimensiones de la villa) se le une el tener su iglesia en la Colegiata de Vigo, que como ya hemos apuntado en otras ocasiones disponía de un prior y dos racioneros, quienes oficiaban las ceremonias de bautismo, o bien otorgaban licencia a otros presbíteros para tal fin; así, el capitular debía firmar la partida correspondiente tanto si él mismo bautizaba al niño o niña como si delegaba en otro sacerdote. Este último, normalmente, era un sustituto del prior o racionero con el título de “cura teniente”, o bien cubría su puesto interinamente en caso de renovación del capítulo, lo que ocurrió entre 1809 y 1810, con el nombramiento de nuevos racioneros. Sin embargo, son más interesantes las ocasiones significadas en las que oficiaba un personaje particular, un “invitado” emparentado con los padres del bautizado, o relacionado de alguna otra forma, y que podían ser párrocos de la zona, frailes o bien capellanes de instituciones como el Hospital Militar de la villa291; estas excepciones nos advierten de la cualidad especial de la familia del niño, e incluso nos pueden aportar más pistas sobre las redes y vínculos que estas formaban. Las partidas en sí muestran una información esencial: el sacerdote que oficiaba (y el del capitular que le daba licencia, en tal caso), las fechas de registro y nacimiento, el nombre del bautizado y los padres, abuelos paternos y maternos y padrinos, generalmente indicando la vecindad de cada uno, y terminando con la firma de los curas implicados. No obstante, el orden podía variar, y el encargado de escribir la partida podía añadir otros 286 ALFANI, Guido; GOURDON, Vincent, “Fêtes du baptême…”, pp. 153-189. 287 Para estudios sobre el bautismo en otras ciudades gallegas, véase REY CASTELAO, Ofelia, “Parrains et marraines en Galice …”, pp. 69-100; “De la casa a la pila…”, pp. 195-214. REY CASTELAO, Ofelia; CASTRO REDONDO, Rubén, “Ilegítimos y expósitos en A Coruña…”, pp. 11-33; GONZALEZ LÓPEZ, Tamara, “Aproximación a las redes sociales de la hidalguía en la ciudad de Lugo…”, pp. 635657. 288 REY CASTELAO, Ofelia; CASTRO TÁBOAS, Iago, “Padrinazgo y onomástica en los sectores castrenses de una ciudad portuaria: A Coruña a fines del Antiguo Régimen”, en GARCÍA HURTADO, Manuel Reyes (ed.), Soltando amarras…, pp. 375-398; CASTRO TÁBOAS, Iago, “Los cambios en las élites del puerto de Vigo (Galicia) a través del padrinazgo durante los siglos XVIII y XIX”, actas de las II Jornadas Internacionales de Historia del Mundo Atlántico en la Modernidad Temprana. Resistencias en el Espacio Atlántico: África, América y Europa, celebradas el 5 y 6 de octubre de 2022 en la Universidad Nacional de La Plata, La Plata (Argentina), en prensa. 289 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12; 1802-1811, Baut. 13; 18111819, Baut. 14. 290 Actualmente Santa María y Santiago están reunidas en la parroquia de Vigo Centro. 291 El 27 de noviembre de 1803, Antonio Correa, capellán del Hospital Militar, bautizó a José María del Carmen, hijo de Francisco Seoage y María Benita de Pazó. AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 49, r-v. 85 datos como la procedencia de cada individuo, su oficio o cargo, o si en aquel momento habían muerto, aunque esta información se añadía de forma inconstante, hasta el punto de que una misma persona podía aparecer como fallecida en una partida y no en otra posterior. Además, estos registros estaban sujetos a la diligencia de los sacerdotes, con lo que hay casos en que un racionero firma una serie de partidas atrasadas varios meses después de las respectivas ceremonias, o incluso se omite accidentalmente el nombre del bautizado o su fecha de nacimiento. Pese a estas inconsistencias, la fórmula es fundamentalmente la misma a lo largo del periodo, con las fechas y nombres de los implicados, y la mención a que el sacerdote advirtió a los padrinos del parentesco espiritual que contraían, con los deberes que conllevaba. También podemos encontrar notas añadidas con posterioridad, por lo general de visitadores eclesiásticos o indicando que un hombre reconocía la paternidad de un niño que en su momento constó como “de padre incógnito”; menos frecuentes son los apuntes sobre el fallecimiento del bautizado, teniendo en cuenta las tasas de mortalidad infantil del momento. Otro problema que es necesario mencionar es la manera en la que se plasmaban nombres, apellidos y lugares, cuestión palpable ya sin salir de Galicia, y acentuado en el caso de foráneos, desde vascos y catalanes hasta franceses, italianos o alemanes. Para empezar, casi siempre se castellanizaban los nombres de pila, cuando no se escribían de forma sui generis, de acuerdo con los conocimientos del sacerdote o amanuense de turno. En cuanto a los apellidos, si bien no hay demasiados problemas con portugueses o castellanos, cuando entran en juego gentes de procedencias más exóticas no resulta fácil descubrir cómo se escribían originalmente, o al menos según las normas actuales de los idiomas de origen. Por último, en lo relativo a la procedencia de los individuos, las grandes ciudades no presentan dificultades, obviamente, pero en el caso de aquellas menos conocidas para los gallegos de la época, o bien aldeas y parroquias poco célebres, hallamos el mismo problema que con los apellidos; además, al señalar las regiones o países a los que pertenecen, son frecuentes las inconsistencias, como llamar a Francia reino o imperio casi aleatoriamente, o hablar de la república de Génova y luego de la provincia, en la misma época en la que se menciona el reino de Italia. Estos cambios son comprensibles en un periodo tan convulso como el de las guerras napoleónicas, pero es más difícil comprender por qué alguien sitúa San Sebastián en Vizcaya, por ejemplo. Con el fin de delinear una visión panorámica de la serie, podemos aportar algunos datos obtenidos en años testigo, que en ningún caso sustituyen un tratamiento estadístico plenamente riguroso, que exigiría una inversión mayor de tiempo. Así, en 1800 contabilizamos 113 partidas, de las cuales 30 tenían al menos un individuo con el título de “don” (26,6 %), 12 hijos de soltera (10,6) y 6 expósitos (5,3). En 1801, de 115 partidas, 26 tenían al menos un “don” (22,6 %), 15 eran hijos de soltera (13 %) y 3 eran de expósitos (2,6). En 1814, el número de bautizos aumentó a 150, y en 55 partidas constaba al menos un “don” (36,7 %), 14 eran de hijos de soltera (9,3) y 5 eran de expósitos (3,3). Atendiendo a los orígenes de los bautizados, tenemos que fijarnos en la vecindad de los abuelos, ya que por lo general los padres ya aparecen como avecindados en la villa de Vigo o en su añadido de Santiago de Vigo; en los años finales de la serie las partidas ya indican de dónde es natural cada uno. La inmensa mayoría, sin embargo, son gallegos, por lo que contabilizar los foráneos arroja unas cifras exiguas, muy expuestas a la variabilidad anual. Así, para 1800 encontramos 3 partidas bautismales con presencia de catalanes, 9 en 1801 y 8 en 1814; los portugueses aparecen en 7 partidas en 1800, 1 en 1801 y 11 en 1814; los italianos se observan en 3 partidas en 1800, una en 1801 y 3 en 1814. Para el resto de procedencias, los números son bajos, y a veces solo se dan en uno o dos años; el ejemplo más destacable es el de los castellanos y leoneses, que aparecen en 2 partidas en 1811, 3 en 1801 y 10 en 1811. 86 En términos cuantitativos, a lo largo de la serie el principal contingente dentro de la Monarquía es sin duda el de los catalanes, seguidos muy por detrás por riojanos, andaluces, baleares, leoneses, zamoranos, castellanos, asturianos, cántabros y vascos. Es especialmente notable la concentración en una comarca o localidad concreta: los riojanos eran casi siempre de Pedroso (salvo Lorenzo Llorente, de Cárdenas), los castellanos solían proceder de villas en la Tierra de Campos (Villada o Rioseco) y los catalanes, cuando no de Barcelona, eran frecuentemente originarios de la comarca de El Maresme, en concreto de Calella, Mataró, Arenys de Mar, Sant Pol de Mar o Pineda. Por lo que respecta a los extranjeros, el dominio absoluto es de los portugueses, siendo la inmensa mayoría de la archidiócesis de Braga, vecina al obispado de Tui, y en menor medida de la de Coimbra. Les siguen los italianos y los franceses, las otras dos colonias mayoritarias en Vigo: dentro de Italia, destacan los genoveses (de la propia Génova o de Savona), los piamonteses y aquellos procedentes del reino de Nápoles; también hay gentes de Milán, Bolonia o Ferrara. En Francia, las principales regiones de procedencia son Provenza y Bretaña, habiendo individuos de Burdeos, Orleans, París o Marsella. La presencia de otras nacionalidades es mucho menor, con individuos del puerto de Falmouth (Inglaterra), Irlanda, Bohemia, Suecia, o incluso un caso de un oficial ruso que en 1810 tuvo con una redondelana un hijo ilegítimo, que reconoció en 1812, y que fue apadrinado por un natural de San Petersburgo, al que sacerdote examinó de doctrina, y la halló suficiente292. Fuera de Europa, los ejemplos son escasos, y proceden de territorios de la Monarquía: Maracaibo, Santo Domingo y Nueva Barcelona, en América, y Orán, en África. 2.4.1 La burguesía Empezaremos nuestra exposición de casos con los Marcó del Pont. el 6 de febrero de 1808 fue bautizado Cándido José Miguel, nacido el 3, hijo de don Pedro Pequeño y doña Antonia Marcó del Pont; los abuelos paternos eran don Bernardo Pequeño y Manuela Marzoa, mientras que los maternos eran don Juan Marcó del Pont y doña Josefa Fernández y Vázquez; los padrinos fueron don José Lapeire y doña Micaela Pastor, pertenecientes a otras dos importantes familias del comercio de la villa, de donde todos eran vecinos293. El 29 de mayo de 1809, después de la reconquista de la plaza viguesa, fue cristianado otro hijo de Pequeño y doña Antonia Marcó, Juan Buenaventura Pedro María, nacido el 27, siendo los padrinos el abuelo materno, don Juan Marcó del Pont, y una de sus hijas, doña Buenaventura Marcó, tía por tanto del niño294. El primer día de abril de 1811 fue presentado en la Colegiata Juan Francisco Buenaventura, nacido el 31 de marzo, siendo apadrinado por don Francisco Pequeño y doña Buenaventura Marcó del Pont295. El 15 de febrero de 1813 fue el turno de Manuel Tomás, nacido el 12, asumiendo el parentesco espiritual la abuela paterna, doña Manuela Marzoa, y don Tomás Estévez, vecino de Vigo; en la partida se indica que don Juan Marcó era natural de Calella, en el obispado de Girona, y que doña Josefa Fernández y Vázquez lo era de Santiago de Covade, en la diócesis de Mondoñedo (probablemente Sancovade, en el actual municipio de Vilalba), mientras que su hija era natural de Tui296. El 5 de diciembre de 1814 fue presentada María de los Dolores Francisca Basilia, nacida el 2, y 292 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 230, v. 293 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 169, r. 294 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 212, v. 295 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 326, v. 296 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14., f. 58, r.-v. 87 apadrinada en solitario por don Francisco Pequeño; doña Manuela Marzoa ya figura como fallecida297. Por otra parte, el 14 de agosto de 1812, don Pedro Ángel Marcó del Pont fue el padrino de Manuel Ángel Eusebio, nacido el 12, hijo de don Juan Severo Bujil, natural de Calella, y doña Luisa Comens, oriunda de Ferrol; los abuelos paternos, Juan Bujil y Marcó y Catalina Bujil y Piaz, eran vecinos de Calella, aunque ella era natural de las islas de Santo Domingo; los maternos, Patricio Comens y María Mouriño, estaban avecindados en el puerto de Cedeira, en la diócesis de Mondoñedo, y él natural de la “villa de Mauricio”, en Irlanda298. Dejando a un lado los Marcó del Pont, uno de los apellidos destacados en la vida comercial viguesa en las postrimerías del Antiguo Régimen fue el de los Lapeire, de procedencia claramente francesa, y cuya influencia social fue considerable hasta la Guerra de Independencia, cuando algunos de sus miembros fueron perseguidos por colaborar con los invasores. Como familia mercantil en el puerto vigués, acostumbraban a apadrinar a hijos de posibles socios o de extranjeros, tanto parejas como inmigrantes casados con lugareñas. Por ejemplo, el 25 de noviembre de 1788 don Pedro Lapeire apadrinó a María Josefa Carmen de los Dolores, nacida el día 22 e hija del boyante comerciante don Pedro Abeleira y de doña Bárbara Barrera, vecinos de Vigo, cuyos respectivos padres eran don Luis Abeleira y doña Columba Agulla, de Tui, y don Francisco Barrera y doña Cristina Motero, de Baiona299. Tiempo después, el 29 de enero de 1801, doña Juana Lapeire y Magi fue madrina de Miguel Sebastián José María (nacido el día 27), hijo de don Sebastián Borsino y doña Josefa Bizeta. Los padres de Sebastián eran los genoveses Ángel Francisco Borsino y Ana Montarsola, de la parroquia de San Andrés, y los de Josefa eran Gerónimo Biseto (o Vicetto) y Francisca Herbín, vecinos de Vigo300. El 3 de agosto de ese mismo año, don José Lapeire y Magi fue padrino de José Federico Francisco, nacido el primer día del mes, hijo de don Francisco Antonio Federico Blein y doña María de la Concepción Gómez y Santos; los abuelos paternos, Antonio Blein y Clara Alezard, eran vecinos de la “villa de la Ciudad”, en la provincia de Marsella, mientras que los maternos eran don Manuel Jacinto Gómez (futuro procurador general de la villa en 1802) y doña María Josefa de Santos y Romay, vecinos de Vigo como los padres y el padrino301. Más allá del padrinazgo, los Lapeire entroncaron con otras familias de origen foráneo, empezando por los italianos Magi en el siglo XVIII, y continuando con los vascofranceses Arizmendi (o Harismendy) o los riojanos Torrea y Pastor, a los que se añadieron los tudenses Alonso Cairo. Así, el 11 de octubre de 1801 fue bautizado Juan José María, nacido el día anterior, hijo de don Miguel Arizmendi y la ya mencionada doña Juana Lapeire. Los abuelos paternos, don Juan Arizmendi y doña Juana Ventura Lapeire, constaban como vecinos de Saint-Jean-de-Luz, próxima a la frontera con Guipúzcoa; los maternos, don Pedro Lapeire y doña Rosa Magi, ya eran vecinos de Vigo; el parentesco espiritual quedó en manos de don Pedro302. Posteriormente, el 27 de febrero de 1805, fue el turno de Carlos Ramón Miguel María de la Ascensión, nacido el día 25, cuyos padres eran don Pedro Arizmendi (hermano de don Miguel) y doña Ángela Quintana, hija esta 297 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14., ff. 134, v.-135, r. 298 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14., f. 37, r. 299 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 23, v. 300 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 353, v. 301 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 367, r. 302 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, ff. 373, v-374, r. 88 de los coruñeses don Pedro Quintana y doña María de Vila y Riobó, siendo los padrinos don Cándido y doña Rosalía, hermanos del niño303. Con respecto a los Cairo (o Cayro), el 6 de junio de 1802, fue el bautizo de Juan José Bonifacio, nacido el día 5, hijo de doña Ana María Lapeire (hija a su vez de don Pedro y doña Rosalía Magi y Sestelo) y don José Antonio Alonso Cairo, cuyos padres eran los tudenses don Manuel Alonso Cairo y doña Isabel de la Iglesia (también apellidada Iglesias en los documentos); en este caso el padrinazgo recayó en don Juan Alonso Cairo y doña Josefa Cairo, y la ceremonia fue oficiada por el francés don Beltrán Daguerre304. Ana María Lapeire y José Antonio Alonso Cairo tuvieron otra hija, Amalia Nicolasa Josefa Ana Lucía, nacida el 2 de marzo de 1805 y bautizada al día siguiente, siendo el padrino ni más ni menos que el comandante general de la provincia de Tui, don Nicolás Mahy, brigadier y caballero pensionado de la Orden de Carlos III, acompañado por doña María Josefa Alonso Cairo305. Otro hijo de la pareja fue Nicolás Dionisio Pedro, nacido el 18 de julio de 1806 y bautizado el día 20, repitiendo Mahy como padrino, y ejerciendo de madrina la viguesa doña Rita de Mera y Montes, en una ceremonia celebrada nuevamente por don Beltrán Daguerre306; el 4 de marzo de 1806 fue el turno de Paulina Romana Casimira, nacida el 29 de febrero, oficiando Daguerre (que consta como capellán interino del Regimiento Provincial de Ourense) y siendo padrinos Mahy y doña Juana Lapeire Magi; en este momento, tanto Isabel de la Iglesia como Pedro Lapeire y Rosalía Magi figuran como fallecidos307. La dupla Lapeire-Cairo también apadrinó el 6 de agosto de 1805 a José Esteban Matías, nacido el día 3, retoño de otro importante hombre de negocios vigués, el leonés don Matías Díez Prado, y de doña María Falcón, en una ceremonia oficiada otra vez por Beltrán Daguerre; los padres de don Matías, don Juan Díez y doña Catalina de Prado, eran vecinos de la villa de Canalejas, en la diócesis de León, mientras que los de doña María eran los vigueses don Domingo Falcón y doña Josefa Rodríguez308. En cuanto a los riojanos, los Lapeire también se prodigaron tanto en el matrimonio como en el padrinazgo. El 5 de febrero de 1805 se celebró el bautizo de José Miguel Cayetano Blas, nacido el día 3, hijo de don Manuel María Pastor y doña Bernardina Torrea Pastor, vecinos de Vigo pero naturales de la villa de Pedroso (en la diócesis de Calahorra), donde habían vivido sus respectivos padres, don Francisco Pastor y doña Josefa Soto, por un lado, y por el otro don Juan de Torrea Barrueta y doña Antonia Pastor; ejercieron como padrinos don José Lapeire y doña Micaela Torrea309. Ambos tuvieron a Adelaida Prudencia Petra Leopolda Leona, nacida el 11 de julio del año siguiente, y bautizada el día 12; si José formaba también parte de la progenie de Pedro Lapeire y Rosalía Magi, Micaela era hija de don Juan Torrea, de la villa alavesa de Laguardia, también en el obispado de Calahorra, y de doña María Josefa Isasi, de Pedroso. En esta ocasión fue el padrino el propio don Pedro Lapeire, siendo la madrina su hija doña Juana Lapeire; por si no fuese poco, el oficiante fue otro pariente, don Benito Magi310. El matrimonio también aceptó el parentesco espiritual, como no podía ser de otra forma, sin dejar de enlazar con otros potentados de la zona: el 6 de febrero de 1808 apadrinaron a Cándido José Miguel, nacido el 3, hijo de don Pedro Pequeño y de doña Antonia Marcó del Pont. Los abuelos paternos eran don Bernardo Pequeño y Manuela Marzoa, de la propia villa 303 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 80, r-v. 304 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 9, v. 305 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, 81, r-v. 306 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 120, r-v. 307 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, 171, v. 308 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 92, v. 309 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 78, r-v. 310 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 119, v-120, r. 95 con Josefa Sieiro y Blanco, a Juan Antonio Zenón, nacido el 23, siendo los padres Juan Raige (cuyos progenitores, Salvador Raige y Rosa Armayo, eran vecinos de Pineda de Mar, en la diócesis gerundense) y Rosa Alonso de Villa y Troncoso, hija de los difuntos Juan Alonso de Villa y Rosa Troncoso, de Vigo366. El 8 de junio de 1800, Zenón y María Valcárcel fueron los padrinos de Zenón Pedro Miguel, nacido el día anterior de Miguel Sequeiros (con padres de San Lourenzo de Salcidos) y Magdalena García, de padres vigueses367. El 14 de enero de 1802, Curbera fue padrino de Benito Manuel, hijo de Francisco de Lamas y María Benita Valverde; los abuelos paternos eran los ferrolanos José Ramón de Lamas y María Andrea de Santiago, mientras que los maternos eran los vigueses Dionisio Valverde Ángela Pereira de Castro; la madrina fue Manuela Valverde, posible tía del niño368. Otros miembros de la familia Curbera tomaron parentesco espiritual: Mariana Curbera aparece como madrina, junto con Francisco Puch, de Felipe Francisco Mariano, hijo de don José Roura y Sala y doña Juana Fortes, bautizado el 23 de agosto de 1802369; el 20 de diciembre de 1803, Mariana, esta vez con el título de “doña”, apadrinó, junto con Roura, a José Mariano, hijo de Pedro Martínez y Teresa Rodríguez370. Otro ejemplo fue el hijo de Zenón, Juan Antonio Curbera, quien el 10 de abril de 1806 apadrinó, junto con Juana Copa (o Coppa), a Ramón Antonio Dionisio, nacido el día 8, hijo de Ramón Riera y María Francisca de Otero; los abuelos eran Pedro Riera y Margarita Campench, de Caldas de Estrach (o Caldes d'Estrac, en la diócesis de Girona), por un lado, y Francisco de Otero y Ana María Lubianes, de Vigo, por el otro371. Poco después, el 17 de abril, Juan Antonio fue padrino en solitario de Toribio Manuel Antonio, nacido el 16, hijo de Manuel Sánchez Antón y Juana María Copa; los abuelos paternos eran Manuel Sánchez Torres y Josefa Arribas, de Revilla Vallejera, en el arzobispado de Burgos; los maternos Santiago Felipe Coppa y Brígida Pastera, eran vecinos de Vigo372. El 10 de diciembre de 1807 fue Josefa Curbera (posiblemente esposa de Juan Antonio, como veremos) quien apadrinó a otra hija de Manuel Sánchez Antón y Juana María del Carmen Coppa, María Josefa Leocadia, nacida el 9; el padrino fue don Lorenzo Rial, cura párroco de San Andrés do Hío373. En el caso de matrimonios entre catalanes, es frecuente observar que la esposa toma el apellido del marido, seguido por el suyo propio, siendo un ejemplo Josefa Curbera y Colomer, mujer de Juan Antonio Curbera, y por tanto nuera de Zenón; era hija de Francisco Colomer y de Francisca Colomer y Esparragó, vecinos de Arenys de Mar, como lo habían sido sus consuegros. La pareja tuvo una niña, Francisca Nicolasa, el 10 de septiembre de 1807, bautizada ese mismo día, siendo padrinos Gerónimo Colomer y María Teresa Martí, vecinos de Vigo pero de claro origen catalán; tanto Juan Antonio como Josefa lucen el título de “don”374. Sin embargo, en la partida de bautismo de otra hija, María Josefa Eustaquia (nacida el 20 de septiembre de 1811 y cristianada al día siguiente), no ostentan esa distinción; en esa ocasión el padrino fue otro Zenón Curbera, 366 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 47, v. 367 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, ff. 336, v.-337, r. 368 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 383, v.-384, r. 369 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 13, v.-14, r. 370 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 50, v.-51, r. 371 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 112, v. 372 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 113, v.-114, r. 373 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 165, r.-v. 374 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 157, v.-158, r. 96 vecino de Ourense, y ofició la ceremonia fray José Corbera, franciscano de la provincia de Cataluña, 339r375. Ventura Saus, oriundo de Mataró, tampoco rechazó la oportunidad de establecer lazos con otras familias. Casado con la viguesa María del Carmen Nogueira, el 5 de enero de 1789 llevaron a la Colegiata a su hijo Ventura Joaquín, nacido el día 3, siendo su padrino don Pedro Abeleira376. El 27 de noviembre de 1803, Buenaventura y Manuela Saus, posibles hijos de la pareja, apadrinaron a Buenaventura María del Carmen, nacido el 25, hijo de Fernando da Veiga y Joaquina Nogueira, siendo los abuelos vecinos de Teis y de Vigo, respectivamente; en la ceremonia administró el sacramento el capellán del Hospital Militar por aquel entonces, don Antonio Correa377. Una de las hijas de Saus y Nogueira, María Manuela Saus, casó con José Bernárdez, cuyos padres eran de Santiago de Vigo; con él tuvo el 27 de agosto de 1807 a María Concepción, bautizada el 29, y que fue apadrinada por don Ángel Rodríguez de Avalle y doña María Micaela Arias Montenegro; en esta partida María del Carmen Nogueira consta como fallecida378. María Manuela Saus, a su vez, fue madrina el 22 de enero de 1809 de María Manuela de los Dolores, hija de Francisco Sarmiento y Juana Álvarez, naturales de Vigo, siendo padrino José Gabriel Fernández, su marido379; el 30 de diciembre de 1810, ambos apadrinaron a José Manuel Judas Tadeo, nacido el 28, hijo de Juan Núñez y Josefa Antela, también de padres vigueses380. Por otro lado, el 25 de octubre de 1811 Ventura Joaquín y Josefa Saus, ambos hijos de Ventura Saus, apadrinaron a Manuel Joaquín, nacido el 23, hijo de Fernando da Veiga, natural de Teis, y la viguesa María Joaquina Nogueira, posiblemente familiar de María del Carmen381. El 6 de septiembre de 1812, Ventura Joaquín Saus y Rosalía Castelló, esta natural de Panxón, fueron padrinos de Joaquina María, nacida el día precedente, hija de Tomás Feliu y Cabañas y de Catalina Feliu y Casas, naturales de Sant Feliu, en la diócesis de Girona, como los abuelos382. El 26 de noviembre de 1812, Ventura Antonio Saus fue padrino de Buenaventura Antonio, nacido el 23, hija de José Núñez, natural de Cabreira, y de Benita Salgueira, de Vigo383. El 4 de mayo de 1813 fue bautizada Juana María, nacida el día anterior, hija de Antonio Bernárdez, de Santiago de Vigo, y de María Francisca López, hija de los vigueses Francisco de Francisco López (natural de Lira) y de María Juana Rodríguez, madrina de la niña, siendo el padrino Ventura Saus, suponemos que el patriarca de la familia384. Por último, el 6 de enero de 1814, Ventura Joaquín y Josefa Saus apadrinaron a José Antonio, nacido el 5, hijo nuevamente de Fernando da Veiga y Joaquina Nogueira385. Otro de los catalanes que prosperó en este periodo fue don José Caminada, casado con una exponente de la familia Magi, doña María Antonia. Una de sus hijas, doña María Caminada y Magi, contrajo matrimonio con el francés don Francisco Aubé, cuyos padres, don Juan Aubé y doña María Bree, constan en las partidas como vecinos de Sainte-Croixsur-Aizier, en la archidiócesis de Ruán, Normandía. El primer día de septiembre de 1788 375 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 339, r. 376 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 28, v. 377 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 49, r. 378 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 156, v. 379 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 199, v.-200, r. 380 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 319, r. 381 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 1, v.-2, r. 382 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 39, r.-v. 383 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 50, r. 384 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 67, r.-68, v. 385 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 94, v. 97 tuvieron a Pío Gil Cándido, bautizado el día 3, siendo sus padrinos don Alonso Díez López y doña Gertrudis Caminada (tía del niño), y oficiando don Benito Magi386. Don Alonso y doña Gertrudis también estaban casados, y el 13 de septiembre de aquel mismo año llevaron a la Colegiata a Ramón María Leoncio, nacido el día anterior, y apadrinado por sus tíos don Domingo Antonio y doña María de la Concepción Caminada y Magi, siendo don Benito Magi quien administró el sacramento387. Díez era de origen castellano, y sus padres, don Ramón Díez de Toro y doña Catalina López de Soto, entonces ya difuntos, habían sido vecinos de la villa de Mota del Marqués, en el obispado de Zamora (y actualmente en la provincia de Valladolid). Años después, el 1 de noviembre de 1800, don Leopoldo Ramón Menéndez fue padrino de otro de sus hijos, Alfonso María de los Santos388, y el 22 de marzo de 1803 María Lorenza Josefa, nacida el 19, fue amadrinada por doña María Lorenza Colwel y Taboada389. Por su parte, doña María Concepción Caminada apadrinó junto con don Juan Manuel de Avendaño varios niños, aunque no tenemos constancia de hijos suyos. Dos de los ahijados fueron Nicolás María Joaquín, nacido y bautizado el 10 de septiembre de 1806, y María de la Concepción, nacida el 23 de febrero de 1813, hijos de don Juan Manuel Rouco y doña Joaquina Clara de Avendaño y Lira; los abuelos paternos eran don Juan Domingo Rouco y San Román y doña Francisca de Avalle, ella natural de Comesaña; los maternos, don Manuel Antonio de Avendaño y Lira y doña Pascua de Abreu y Brito (apellidada en la segunda partida Guimaráns y Brito), todos vecinos de Vigo390. También apadrinaron a José Juan Laureano, nacido el 4 de julio de 1812 y bautizado al día siguiente, hijo de don Domingo Antonio Avendaño y doña Bernardina Bernárdez, siendo los abuelos don Bernardo Avendaño y doña María Antonia Rodríguez, por un lado, y don Juan Bernárdez y doña Manuela de Sistro, por el otro, también todos vecinos de la ahora ciudad, pese a que los padrinos están avecindados en Santiago de Vigo391. Otra familia procedente del la propia diócesis tudense fue la de los Táboas, que se integró en la oligarquía viguesa mediante dos hermanos, don Ramón y don Manuel Táboas y Alfaro, hijos de Antonio de Táboas y María Josefa Alfaro, vecinos de la parroquia de Reboreda, cerca de Redondela. Don Ramón contrajo matrimonio con doña Juana Montenegro, hija de Ángel Montenegro y Juana Álvarez, vecinos de Teis; ambos tuvieron el 11 de febrero de 1811 a Josefa Antonia, bautizada el mismo día, apadrinándola el licenciado don José Posada, también de Teis392. En los años previos, don Ramón fue padrino de dos criaturas: la primera, el 19 de septiembre de 1802, fue Ramona María Francisca, nacida el 18, hija de Francisco Antonio Federico Blein y doña María de la Concepción Gómez y Santos; los abuelos paternos, Antonio Blein y Clara Elezarde (o Alezard), eran vecinos de la villa de la Ciudad, en la provincia de Marsella; los maternos, don Manuel Jacinto Gómez y doña Rosa María de Santos y Romay, estaban avecindados en Vigo, donde Gómez era procurador general393; recordemos que el año anterior otro hijo de dicha pareja había sido apadrinado por don José Lapeire y Magi, lo que sugiere intentos por parte del procurador para establecer vínculos con la élite mercantil viguesa. Volviendo a Táboas, el primer día de febrero de 1805 fue el padrino de Manuel Ramón, nacido el 29 de enero, hijo de Ángel Martínez, 386 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 14, v. 387 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 15, v. 388 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 346, r. 389 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 30, v. 390 AHDT, Santa María de Vigo, Baut. 13, f. 125, v. y Baut. 14, f. 59, v. 391 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 33, r. 392 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 322, r. 393 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 16, r. 98 natural de Villada, en el obispado de León, y de Francisca Cameselle, cuyos padres eran de Castrelos394. En cambio, don Manuel tuvo una parentela más amplia que la de su hermano, tanto en lo carnal como en lo religioso. Se casó con doña María Antonia del Carmen Iglesias, hija de los vigueses don Gregorio Iglesias y doña María Antonia Berrinchín; el 2 de noviembre de 1810 tuvieron a Manuel María Gregorio Carlos Fermín, bautizado el día 4, siendo sus padrinos su abuelo materno y doña Catalina Guixeras de Pascual; en la partida se indica que Manuel era procurador general de Vigo, y cónsul de los Estados Unidos en la provincia395. El 28 de marzo vino al mundo María Peregrina Lorenza, presentada en la Colegiata el 3 de marzo, apadrinada nada menos que por don Francisco Manuel Menéndez y doña María Lorenza Colwel Taboada396. El 9 de julio de 1814 fue el turno de María Guadalupe Eduarda, bautizada el 12, constando como padrino en solitario el vigués don Domingo Antonio de Pazos397. En cuanto al padrinazgo, comenzó su andadura antes de tener descendencia, de la misma forma que su hermano: el 7 de junio de 1808 apadrinó junto con doña María Iglesias a Manuel María, nacido el día 3, hijo de don Ignacio Raschel y doña Lucía de Santos, siendo los abuelos paternos don Wenceslao Rachel y doña Verónica Oppitz y Rachel, del reino de Bohemia, y los maternos, los coruñeses don Antonio Santos y doña María Sánchez398. El 17 de mayo de 1811, Táboas y doña María Dolores Iglesias fueron los padrinos de Agustín Manuel Isidro, nacido el día 15 de don Agustín Abente y doña Rosa Méndez; los abuelos paternos, Luis Abente y Teresa Varela de Pazos, eran vecinos del puerto de Laxe; los maternos, Manuel Méndez y María Vilaboa, lo eran de Vigo399. Manuel y María Dolores volvieron a apadrinar otro hijo de Abente y Méndez, Manuela del Pilar, nacida el 19 de marzo de 1813 y bautizada el 21400. El 17 de septiembre de 1814, don Manuel de Táboas y doña María Antonia Iglesias asumieron el parentesco espiritual de Balbina Sinforosa Leocadia, nacida el 14, hija de don Ramón de Santiago, natural de Muras (en la Terra Chá), y doña María del Carmen Iglesias, cuñada de don Manuel; los abuelos paternos eran don Ramón de Santiago, ya difunto, y doña Leocadia Tabeiro, de la propia Muras; los maternos también figuran como fallecidos401. Pese a la confusión entre las hijas de Gregorio Iglesias y Jacinta Berrenchín (o Berrinchín), podemos diferenciar entre María Antonia, mujer de Táboas; María del Carmen, cuñada de este, y María de los Dolores. Esta última nació el 7 de marzo de 1788, siendo sus abuelos vigueses: Alonso Iglesias y Francisca Fernández Videiriña, por parte paterna, y Francisco Berrenchín y Ventura Estévez, por la materna. Bautizada el 8 de marzo, sus padrinos fueron Martín Suárez y María Josefa de los Reyes, también de la villa viguesa402. Gregorio Iglesias y María Josefa de los Reyes, a su vez, apadrinaron el 2 de abril de aquel año a Gregorio Antonio José, hijo de Antonio Martí, originario de Tossa, y Juana María de los Reyes403. Por lo tanto, la familia política de don Manuel de Táboas ya mantenía relaciones con la colonia catalana en Vigo, aunque fueran miembros más bien modestos, y no los grandes fomentadores. 394 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 78, r. 395 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 315, r. 396 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 61, r.-v. 397 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 120, v.-121, r. 398 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 181, r. 399 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 329, r.-v. 400 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 63, v. 401 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 127, r.-v. 402 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 2, r. 403 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 5, r. 99 Finalizando con Táboas, el 7 de julio de 1814, don Manuel y doña Bernarda Asensi fueron los padrinos de María del Carmen Fermina, nacida el día 5, hija de don Domingo Antonio de Pazos, natural de Camariñas, y doña Bernarda Sola, oriunda de Valencia; los abuelos paternos, el difunto Cayetano de Pazos y doña Francisca López y Novoa, eran vecinos del puerto camariñán, pero los maternos, el también muerto don Jaime Sola y doña Bernarda Asensi, eran naturales de Orán y Mutxamel (cercana a Alicante), respectivamente404. Los Ángel fueron otra de las familias que alcanzaron una cierta prosperidad en el cambio de siglo. El 29 de noviembre de 1788, Lorenzo Maza, en nombre de don Antonio Ángel, y María del Carmen Iglesias apadrinaban a María Antonia del Rosario, nacida el 27, hija de Juan Núñez y Josefa Fuentes; los abuelos paternos eran don José Núñez y Gabriela Alonso; los maternos, Francisco Fuentes y Juana de Figueroa405. Tiempo después, el 20 de agosto de 1805, don Félix Manuel Ángel y María del Carmen Iglesias fueron padrinos de María del Carmen, nacida el 19, hija de Francisco Yepes y Jacinta Núñez; los padres de Francisco, Manuel Yepes y Mariana de Bes, eran vecinos de la villa de El Provencio, en el obispado de Cuencia; los de Jacinta, Lorenzo Núñez y Benita Iglesias, lo eran de Vigo406. Por su parte, don Félix Ángel tuvo con doña Josefa Martínez varios hijos: el 3 de marzo de 1806 nació Manuela Peregrina, bautizada el 5; en esta partida ambos aparecen sin el “don”, como Antonio Ángel, que también figura como difunto, al igual que los abuelos maternos, Manuel Martínez y Tomasa de Bastos, mientras que la madre de Félix, Ana María de Meira, parecía seguir viva. Los padrinos fueron don Domingo Pérez Ávila y La Cueva y doña Manuela Núñez, vecinos de Vigo407. El 9 de mayo de 1807 nació y fue bautizado José Manuel, pero en esta ocasión Félix y Josefa lucen el título de “don”, como el abuelo paterno, mientras que Ana María de Meira consta como soltera y natural de San Adrián de Cobres; los padrinos del niño fueron don Manuel Hernández, escribano de Su Majestad, y doña María Antonia Martínez, casados408. El 19 de diciembre de 1808, don Félix y doña Josefa tuvieron a Manuel Ramón, bautizado el mismo día, y apadrinado por don Manuel Hernández y doña Ramona Agustina Fernández; aquí la abuela aparece como “doña Antonia María Meira”409. Don Manuel Hernández y doña Antonia Martínez apadrinaron otros dos hijos de la pareja: el 2 de junio de 1810 fue Francisco Antonio, nacido el 31 de mayo410; el 2 de febrero de 1812 fue María de la Purificación, nacida el mismo día411. En consonancia, don Félix y doña Josefa apadrinaron a una hija del escribano, Teresa Antonia, bautizada el 20 de abril de 1809412. El 4 de noviembre de 1813, don Félix Ángel y doña María Jacinta Núñez apadrinaron a María del Carmen Valentina, nacida el día 3 de Antonia Juliana Blanco y padre incógnito; la madre era natural de Villadiego, en el arzobispado de Burgos, de donde eran vecinos sus padres, Cayetano Blanco y Josefa Ramos413. El 16 de enero de 1814, don 404 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 120, r. 405 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 24, v. 406 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 93, r.-v. 407 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 106, r. 408 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 174, r. 409 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 198, r. 410 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 302, v.-303, r. 411 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 14, v. 412 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 208, r. 413 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 86, r.-v. 100 Félix y doña Josefa llevaron a la Colegiata a Mauro Félix, nacido el día precedente, siendo su padrino don Esteban López, vecino de la villa414. Otro de los miembros de la familia, María Francisca Ángel, amplió los contactos de la casa. El 24 de febrero de 1803 María Francisca y José de Puga fueron los padrinos de Manuel María, nacido el 19, hijo de Pedro González y Manuela Martínez Valcárcel; los abuelos paternos eran Domingo González y Jacinta Casales, de San Bartolomé de Rebordáns; los maternos, don Luis Martínez Valcárcel y Feliciana de Louriño, de Vigo415. Casi una década después estaba casada con don Antonio Paz, natural de A Coruña, y el 31 de diciembre de 1811 tuvieron a Manuela Carmela Ángela, bautizada el primer día de 1812; los padres de don Antonio, Antonio Paz e Isabel Rodríguez, eran naturales de San Salvador da Lama y de Palavea, respectivamente, mientras que los de doña María Francisca eran don Antonio Ángel y Juana Martínez, naturales de Vigo y Tui; los padrinos fueron don Ángel Martínez Valcárcel y María del Carmen Ángel, vecinos de Vigo416. El 13 de enero de 1813 fue bautizada Josefa María Fernanda de los Dolores, nacida el 11, y apadrinada por don Diego Núñez de Murcia y doña Josefa Paz, oficiando don Santiago Alonso Holguín, abad de Cabral417. El 2 de noviembre de 1814 nació Antonio María de las Ánimas, bautizado el día 4, y amadrinado por doña Juana Martínez Valcárcel, su abuela materna418. El matrimonio apadrinó a otro descendiente de los Martínez Valcárcel, Antonio María del Carmen, nacido el 12 de julio de 1812 y bautizado dos días después, hijo de Pedro González y de Manuela Martínez; los abuelos paternos eran Domingo González y Jacinta Casales, de Rebordáns, y los maternos, Luis Martínez Valcárcel y Feliciana de Louriño, eran vecinos de Vigo. 419. Casi dos años más tarde, el 23 de junio de 1814, don Antonio Paz apadrinaba una hija de dicha pareja, María del Carmen Concepción, nacida el 22, pero esta vez la madrina era María del Carmen Ángel420. Poco antes, el 1 de junio de ese año, Paz y una tal “doña María Ángel” fueron padrinos de Antonio Fernando del Espíritu Santo, nacido el 31 de mayo, hijo de José Santos Collazo, natural de Teis, y Manuela Salgueiro, de Vigo421. No sabemos mucho de María del Carmen Ángel; el 14 de abril de 1808 María Carmela Ángel y Escolástico Barros apadrinaron a María del Carmen, nacida el día 13, hija de Juan de los Reyes Pérez, cuyos padres eran vecinos de Braga, y de Liberata de Silva, natural de Baiona422. El 30 de noviembre de 1811 don Antonio Paz y Carmela Ángel fueron padrinos de Antonia María del Carmen, nacida el 29, hija de Manuel Álvarez, natural de Redondela, y de María Agustina Romero, oriunda de Torroso423. Comerciante y regidor en estos años, don Diego Núñez de Murcia también aparece en repetidas partidas de bautismo de Santa María de Vigo; ya hemos señalado que en 1813 apadrinó, junto con doña Josefa Paz, a una hija de doña María Ángel y don Antonio Paz424. Mucho antes, el 20 de febrero de 1789, apadrinó junto a su mujer doña Francisca Caballero a Diego Francisco Julián, nacido el 16, hijo de don Agustín Caballero y doña Teresa de Sistro; los abuelos paternos, don Vicente Caballero y Teresa de Moldes, eran 414 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 97, r. 415 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 28, v. 416 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 11, r. 417 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 52, v.-53, r. 418 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 131, r.-v. 419 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 34, r. 420 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 119, r. 421 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 116, r.-v. 422 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 175, r.-v. 423 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 7, r. 424 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 52, v.-53, r. 101 vecinos de Vigo; los maternos, don José de Sistro y doña Josefa Soliño, de Cangas425. El 11 de junio de 1802, Núñez de Murcia fue padrino de Florentina María de los Dolores, nacida el 9, hija de Francisco Javier Jaime y Francisca Vicenta de Figueroa; los padres de Jaime, Bernardo Jaime y Lucía Rosa Lafore, eran vecinos de Baiona, y los de la madre lo eran de Vigo426. El 20 de julio de 1804 fue el turno de Francisco Antonio, nacido el 18, hijo de José Núñez y Benita Salgueiro; los abuelos paternos, Andrés Núñez y Rosa de Lemos, de San Miguel de Cabreira; los maternos, Marcos Salgueiro y Teresa Ferfalle, eran vigueses427. José Núñez tuvo más descendencia con Benita Salgueiro: Francisca Ramona, nacida el 27 de diciembre de 1805 y bautizada el 29; y Manuel José, nacido el 21 de enero de 1808 y cristianado el 22; en ambos casos el padrino fue don José Marzoa428. No fue hasta el 23 de junio de 1810 cuando don Diego apadrinó un hijo de la pareja, José Antonio, nacido el día 21, pero en esta partida el padre aparece como José Núñez de Murcia, pese a que los abuelos paternos siguen constando como Andrés Núñez y Rosa de Lemos429. Por desgracia, no hemos encontrado partidas donde consten los padres de don Diego para confirmar o desmentir su parentesco. El 12 de junio de 1805, don Diego y doña Francisca apadrinaron a Juan Diego Francisco, nacido el 27 de mayo, hijo del comerciante don Eladio Hortega y de doña María Dolores Costas, siendo los abuelos paternos, don Lázaro Hortega y doña María Manuela García, vecinos de Palencia, mientras que los maternos, don Eustaquio Matías Costas y doña Josefa Caballero, lo eran de Vigo430. Núñez de Murcia también apadrinó a hijos de portugueses, caso de María Josefa de los Dolores, nacida el 5 de abril de 1811 y bautizada el 6, hija de António José de Freitas y de Francisca Joaquina Correa, naturales de las villas de Arcos y Viana do Castelo431. El 13 de diciembre de 1809, Núñez de Murcia y doña Josefa Pérez de Montes fueron los padrinos de Benito Diego Ramón, nacido el día anterior, hijo de Leandro Alonso e Isabel María de Areal, naturales de Torroso y Pereiras, respectivamente432. En otras dos partidas aparece como padrino al lado de doña María Josefa Pérez: una es la de Manuel María José Diego Rafael, nacido el 27 de octubre de 1811 y bautizado el 28, hijo de Juan Benito Rodríguez y Rosa Pérez, ambos naturales de Tui y avecindados en Vigo, mientras que don Diego y doña María Josefa constan como casados433. La otra es la de María de los Dolores Rafaela Ramona otra hija de Leandro Alonso e Isabel de Areal, nacida y bautizada el 18 de junio de 1812434. Don Ángel Rodríguez de Avalle, otro de los hombres de negocios vigueses elevados al regimiento de la villa, siguió una buena estrategia matrimonial, casándose con doña Micaela Arias Montenegro, cuyos padres, don Benito Arias Montenegro y doña Teresa de Ulloa, habían sido vecinos de San Pedro de Pígara en el obispado de Mondoñedo; los padres de don Ángel eran don Marcos Rodríguez y doña Josefa Rodríguez de Avalle, vecinos de Vigo. El 27 de octubre de 1788 la pareja tuvo a Manuel Vicente Judas Tadeo, bautizado el 29, siendo apadrinado por el propio don Marcos Rodríguez y doña Ángela de la Presa Rodríguez, vecina de la villa; los abuelos maternos constan ya como 425 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 30, v. 426 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 10, v. 427 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 68, v. 428 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 101, v. y 168, r. 429 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 305, r. 430 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 88, v. 431 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 327, r. 432 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 228, r. 433 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 2, r. 434 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 31, v. 102 fallecidos435. El 3 de enero de 1800 nació Antonio Isidoro Manuel, llevado a la Colegiata al día siguiente, teniendo como padrino al mismo don Manuel Rodríguez y Arias, que en octubre haría 12 años436. Este matrimonio, como no podía ser de otra forma, compaginó su parentela carnal con la espiritual. El 20 de marzo de 1789 apadrinaron a José María Miguel Tadeo, nacido el 19, hijo de don Juan Benito de Castro y doña Juana Antonia Bebi; los abuelos paternos, don José de Castro y doña Antonia Giráldez, eran vecinos de O Porriño, y los maternos, don Antonio Bebi y doña Josefa Leal, eran madrileños437. El 8 de diciembre de 1804 fue el turno de María de la Concepción, nacida el día 7 de Jacinto Sequeiros y Rosaria María Rodríguez, siendo los abuelos por parte del padre Antonio Ventura Sequeiros e Isabel Rodríguez de Araujo, vecinos de Porriño, y por la de la madre, José Rodríguez Gómez y Ana María Maceira, de Maceira438. El 29 de agosto de 1807 fueron padrinos de María Concepción, nacida el 27, hija de José Bernárdez y de María Manuela Saus, y nieta de Ventura Saus y María del Carmen Nogueira439. El ya referido don Eladio Hortega tuvo más hijos con doña María de los Dolores Costas después del apadrinado por don Diego Núñez de Murcia. El 30 de septiembre de 1806 nació Jerónimo José Francisco de los Dolores, bautizado el 5 de octubre, siendo los padrinos su tío don Francisco Hortega y su abuela materna, doña Josefa Caballero440. El 17 de abril de 1810 vino al mundo María de los Dolores Lorenza, bautizada el 21 por el misionero capuchino fray Manuel María de Sanlúcar, y repitiendo en el padrinazgo don Francisco Hortega, acompañado de doña Lorenza Grande, ambos vecinos de Ourense; en esta partida, los abuelos paternos constan como vecinos de Palazuelo, en el obispado de León, lo que contrasta con el resto de la serie, donde aparecen como palentinos441. El 27 de agosto de 1812 nació Francisca Josefa Rufina de los Dolores, bautizada al día siguiente, y apadrinada nuevamente por don Francisco Hortega, tanto por sí mismo como a nombre de la madrina, doña Josefa Caballero; esta vez don Francisco consta como vecino de Vigo442. Hortega, a su vez, fue padrino junto con su suegra de José María de los Dolores, nacido el 11 de abril de 1806 y cristianada el día 12, hija de don José Nogueira y doña María Isabel Pérez y Costas; los abuelos paternos eran don José Manuel Victorio Nogueira y Rosa de Quintas, de Coia, mientras que los maternos eran don José Benito Pérez y doña Manuela Costas y Parcero, de Porriño443. Finalmente, el 29 de marzo de 1809 Hortega y su mujer fueron los padrinos de Manuel Antonio, nacido el 28, hijo de don Santos Estévez y doña María Rosa Ayres; los abuelos paternos, don Manuel Estévez y doña Francisca de Pazos, eran vecinos de Vigo, mientras que los maternos, don Francisco Ayres y doña Rosa López, aunque avecindados en la villa eran naturales de “Vilarchán”, en el obispado de Coimbra, y de Braga444. Don Manuel Pascual Coca era oriundo de Vezdemarbán, en el obispado de Zamora, de donde eran vecinos sus padres, don Jacinto Pascual y doña Manuela Coca; contrajo matrimonio con la vallisoletana doña Josefa Caberta, hija de don Felipe Caverta y doña Norberta Pinedo. Pascual y Caberta tuvieron el 13 de septiembre de 1805 a Felipe Marcelo de los Dolores, presentado en la Colegiata el día 19, y apadrinada por don 435 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 19, v. 436 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 319, v. 437 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 35, r. 438 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 75, r. 439 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 156, v. 440 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 127, v. 441 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 298, r.-v. 442 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 38, r. 443 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 133, v. 444 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 205, v. 103 Marcelo Caberta Pinedo, vecino de Ourense, y doña Josefa Caballero, de la villa viguesa445. El 21 de noviembre de 1807 fue el turno de María Cecilia, bautizada el 26 con el padrinazgo de don Matías Díez Prado y doña María Falcón446; estos habían tenido a Juan de la Cruz, apadrinado el 28 de noviembre del año anterior por don Manuel Pascual y doña Josefa Caberta447. El 21 de mayo de 1810, doña María Falcón fue madrina de otra hija del matrimonio, Josefa Bernardina, nacida el día precedente; en aquella ocasión, el padrino fue el doctor don José Uraga, canónigo de la catedral de Ourense, y ofició la ceremonia el doctor don Juan Pérez Bobo448. El 7 de abril de 1812, don Manuel Pascual Coca y doña Josefa Caberta tuvieron a Manuela Dionisia, bautizada el 10, siendo sus padrinos don José Ares, vecino de Valdespino, en el obispado de Astorga (en plena Maragatería), y la viguesa doña Bernarda Ascensión449. Por último, el 11 de mayo de 1814 nació Carlota Mamerta, bautizada el 13, apadrinada por don Felipe Pascual Coca y doña María Martínez Ochoa, vecinos de Vigo450. Doña Isabel de Bustillo es un personaje ciertamente interesante, en tanto que llevó la casa comercial de su marido, don Manuel Antonio López, a la muerte de este. Ambos eran de origen cántabro: los padres de ella, don Francisco de Bustillo y doña Francisca Gómez de la Errán, eran naturales del lugar de Vega, en el valle de Carriedo, de donde eran vecinos también los padres de don Manuel Antonio, don Antonio López y doña Isabel de Bárcena, del lugar de Llerena. El 30 de marzo de 1789, López y Bustillo tuvieron a Juana Escolástica Manuela, bautizada en la Colegiata el primer día de abril, siendo apadrinada por y don Manuel Álvarez Olmedo y doña Escolástica García de Fonseca, vecinos de Vigo451. El 7 de enero de 1800 nació Juan Julián Antonio, nombre con el que fue bautizado ese mismo día, siendo su madrina doña Juana de Mateo, vecina de la villa de Poza, en la antigua provincia de Burgos (posiblemente la actual Poza de la Sal); en esa partida tanto los abuelos paternos como don Francisco Bustillo constan como fallecidos452. Poco después murió López, dejando a Bustillo al frente de la casa. En los años precedentes el matrimonio apadrinó a varias criaturas, aunque por separado: el 30 de agosto de 1789 doña María Isabel Bustillo y Obregón fue madrina en solitario de Agustín Manuel María Ramón, nacido el 28, hijo de don Manuel Álvarez Olmedo y doña Escolástica García de Fonseca, también foráneos: los abuelos paternos, don Gabriel Álvarez Olmedo y doña María Antonia Sanz Prado, eran vecinos de San Martín, en el obispado de Valladolid; los maternos, don Pedro Pablo García y doña Gerónima de Fonseca, lo eran de Rioseco, en la diócesis de Palencia453. El 12 de septiembre de ese año, López fue el único padrino de Rosa María Isabel, nacida el día anterior, hijo de Salvador García y María Rosa López de Castro, siendo sus abuelos Ventura García Ponce de León y María Antonia Fernández, de Cee, y Juan López de Castro y Josefa Redonda, de Corcubión454. Años después, el 18 de agosto de 1806, una hija del matrimonio, doña Josefa López Bustillo fue madrina de Josefa Joaquina, nacida el día anterior, hija de Francisco Fernández, natural de Redondela, y María Rosa Domínguez, que lo era de San Pedro de Cela; el padrino fue don Francisco González de 445 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 94, v. 446 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 164, v. 447 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 132, r. 448 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 301, r.-v. 449 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 24, r.-v. 450 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 113, r. 451 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 36, r. 452 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 320, r.-v. 453 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, ff. 48, v.-49, r. 454 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 50, r. 104 Rueda, vecino de Vigo455. Más adelante, el 28 de marzo de 1813, una tal doña María de Bustillo, quizás la propia María Isabel, apadrinó junto con don Francisco González de Rueda a José María Enrique, nacido el 27, hijo de don José María Buenaga y doña Juana Gazmuri; los abuelos paternos, don Faustino de Buenaga y doña Josefa Antonia Sainz, eran vecinos de Selaya, en el obispado de Santander; los maternos, don José Gazmuri, natural de Bilbao, y doña María Manuela de Ibarra, lo eran de Deusto456. Finalmente, el 24 de agosto de 1814, doña Juana Pérez Bustillo amadrinó a Felipa Benicia, nacida el 23, hija de José Salgado, natural de Vigo (aunque sus abuelos lo eran de Pobra de Trives y Santiago de Vigo) y María Antonia Figueroa, oriunda de Beade457. Cabe señalar que González de Rueda actuó como representante de Bustillo, en tanto que viuda de López, en algunos conflictos y causas que mantuvo en estos años, como la ocasionada por la “contribución patriótica” que debía abonar el comercio de Vigo en 1811458. Otro de los nombres a destacar es el de don Matías Díez Prado, de origen leonés. Por lo que sabemos, no estaba emparentado con el zamorano don Alonso (o Alfonso) Díez López, casado con doña Gertrudis Caminada, o al menos sus padres, don Ramón Díez de Toro doña Catalina López de Soto, no coinciden con los de Díez Prado459. Según la partida de bautismo de su hijo José Esteban Matías, nacido el 3 de agosto de 1805 y cristianado el día 6, los padres de don Matías eran don Juan Díez, ya fallecido, y doña Catalina de Prado, vecinos de la villa de Canalejas, en el obispado de León; la madre, doña María Falcón, era viguesa, hija del también difunto don Domingo Falcón y de doña Josefa Rodríguez; los padrinos no eran ni más ni menos que don José Alonso Cairo y doña Ana Lapeire, oficiando la ceremonia el sacerdote francés don Beltrán Daguerre460. Don Alfonso Díez López siguió ejerciendo el parentesco espiritual en estos años, caso de María Francisca del Espíritu Santo el 7 de junio de 1802, hija de los vigueses José Antonio Fontán (natural de Freixeiro) y María Concepción Alonso461; el 18 de enero de 1805 apadrinó a otra de las hijas de la pareja, María Joaquina de los Dolores462. En cuanto a Díez Prado y Falcón, tuvieron a varios hijos a lo largo del periodo estudiado. El 24 de noviembre de 1806 nació Juan de la Cruz, bautizado el 28 y apadrinado por don Manuel (Pascual) Coca y doña Josefa Caberta463; el 5 de febrero de 1809 lo hizo Matías Andrés, bautizado el 12 y apadrinado por don Andrés de Hompanera y doña Josefa Caberta464; el 31 de diciembre de 1810 fue Manuel María Ramón Silvestre, cristianado el 5 de enero siguiente, siendo la madrina su tía doña Manuela Falcón465. El 31 de enero de 1813 fue doña Josefa Falcón la madrina de Cándido José Julián, nacido el 28466, y el primer día de julio vino al mundo Irene, apadrinada el día 5 por don Francisco González de Rueda467. Es evidente la buena relación entre el matrimonio Díez Prado-Falcón y el formado por don Manuel Pascual Coca y doña Josefa Caberta; recordemos que los primeros fueron padrinos de María Cecilia, hija de los segundos, en 1807468, como Josefa Bernardina, 455 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 123, v. 456 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 64, v. 457 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 125, v. 458 AMV, Contribución Patriótica. 1810-1811. UI 3917, Exp. 32 y Exp. 33. 459 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 346, r. 460 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 92, v. 461 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 9, v.-10, r. 462 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 77, v. 463 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 132, r. 464 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 202, r. 465 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 320, r. 466 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 55, r.-v. 467 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 119, r.-v. 468 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 164, v. 111 posterior; los abuelos paternos eran Manuel Hernández y Juana María García; los maternos, Manuel Martínez y Tomasa de Bastos, todos de Vigo, como la madrina, Josefa Martínez526. Esta volvió a apadrinar, junto con José Vergara, a otro hijo del matrimonio, Antonio José, nacido el 2 de febrero de 1804 y bautizado el 3527. El 18 de marzo de 1806 fue el turno de Isabel Gregoria Gabriela, nacida el 16, aunque sus padrinos subieron de nivel: eran don Gregorio Pérez Caballero, también escribano de Su Majestad, y doña Isabel Gómez, ambos casados y vecinos de Vigo528. El 20 de abril de 1809 fue bautizado otra hija, Teresa Antonia, nacida el 19, apadrinada por el comerciante don Félix Ángel y por Josefa Martínez, ya con el título de “doña”529. Por último, el 4 de julio de 1812 el mencionado don Manuel Ángel Pereira y doña Ramona Hernández fueron los padrinos de José Manuel Hernández, como ya comentamos anteriormente530. Hay que señalar que en la partida de 1802 tanto Manuel Hernández como María Antonia Martínez lucen el título de “don”, pero no sus respectivos padres; en la de 1804, nadie lo lleva, el escribano y su esposa lo vuelven a mostrar en 1806, y en 1809 y 1812 tanto padres como abuelos reciben dicho tratamiento. Esta evolución ejemplifica la volubilidad de esta distinción dentro de los grupos limítrofes entre la élite ahidalgada y los pecheros con posibles. El parentesco espiritual de Manuel Hernández y María Antonia Martínez arroja luz sobre los lazos familiares del escribano: el 17 de noviembre de 1800 apadrinaron a María Manuela, nacida el 15, hija de Nicolás Carasús (o Corasús) y Benita Hernández; los padres del primero eran los difuntos Bernardo Carasús y Cayetana Rodríguez, vecinos de Cádiz, mientras que la segunda era la propia hermana del escribano531. Años después, el 29 de enero de 1802, los padres de ambos Hernández, Manuel Hernández y Juana María García, fueron los padrinos de otra María Manuela, también hija de Nicolás Carasús y de Benita Lucía Hernández, aunque según la partida, los padres de Nicolás eran Bernardo Carasús y María Dias532. El 26 de marzo de 1807 fue el bautizo de Carlos María Corasús, nacido el día anterior, aunque esta vez consta como abuela paterna Cayetana Rodríguez, mientras que los padrinos fueron el italiano Carlos Fache y María Francisca de Vega533. Volviendo a Manuel Hernández y María Antonia Martínez, el 9 de mayo de 1807 nació y fue bautizado José Manuel, hijo de los sobredichos don Félix Ángel y doña Josefa Martínez, la cual era hermana de María Antonia. Sus padres, Manuel Martínez y Tomasa de Bastos, figuraban como fallecidos, igual que don Antonio Ángel, abuelo paterno del niño; la abuela paterna, Ana María de Meira, constaba como soltera y natural de San Adrián de Cobres534. Sin embargo, un año después, en la partida de otro hijo de don Félix y doña Josefa, Manuel Ramón, nacido y bautizado el 19 de diciembre de 1808, todos los abuelos lucen el título de “don”, la abuela paterna no aparece como soltera, y el abuelo materno consta como don Manuel Martínez y Paredes; en este caso, los padrinos fueron don Manuel Hernández y doña Ramona Agustina Fernández535. El 2 de junio de 1810, don Manuel y doña María Antonia apadrinaron a Francisco Antonio, nacido el 31 de mayo536; el 2 de febrero de 1812 hicieron lo propio con una última sobrina, María de la 526 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 384, r. 527 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 57, r. 528 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 108, r. 529 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 208, r. 530 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 32, v. 531 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, ff. 347, v.-348, r. 532 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 385, r. 533 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 142, v. 534 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 147, r. 535 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 198, r. 536 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 303, r. 112 Purificación, y don Manuel aparece en la partida como escribano de Su Majestad y de número de Vigo537. Otro fedatario destacable es don José López Varela, escribano de número y ayuntamiento de Vigo durante la primera década del XIX538. Casado con doña Bernarda Fernández de Romay, tuvieron a varias hijas, una de las cuales, doña María Bárbara López de Romay, contrajo matrimonio con el riojano don José Severo San Martín; cuando fue bautizado su nieto Manuel María Indalecio Hipólito el 2 de mayo de 1805, sus padrinos fueron los ya mencionados don Manuel Ángel Pereira y doña María Juana Parada Pérez de Limia539. El 9 de marzo de 1807 fue bautizado otro hijo de San Martín y López de Romay, Tomás José María del Carmen, nacido el día anterior; fueron sus padrinos el escribano y doña María del Carmen López Fernández, hija de don José y tía del niño; doña Bernarda Fernández de Romay ya figura como difunta540. El 2 de abril de 1809, don José apadrinó a otro hijo de la pareja, José Venancio, nacido el día anterior541. Sin embargo, para 1811, nuestro escribano ya había fallecido: consta así en la partida de bautismo de otra hija de don José Severo y doña María Bárbara, Josefa Gregoria, nacida y cristianada el 12 de marzo de ese año; a falta del abuelo, ejerció de padrino don Joaquín Irumberi542, quien también apadrinó un último hijo de la pareja, Joaquín Manuel, nacido el 17 de junio de 1813 y bautizado al día siguiente543. Dicho don Joaquín Irumberi (o Irumbere) no era sino cuñado de doña María Bárbara, en tanto que marido de doña María del Carmen López Varela; era natural de Irún, siendo sus padres don José Antonio Irumberi y doña Magdalena Oyarzábal. Este matrimonio tuvo otra serie de hijos: el 22 de abril de 1809 nació Severa del Carmen, bautizada al día siguiente, ejerciendo de padrino su tío, don José Severo San Martín544. Más adelante, el 13 de diciembre de 1810 nació Benita Lucía, bautizada al día siguiente, y apadrinada por su abuelo materno, el todavía vivo don José López Varela545. Finalmente, el 23 de junio de 1813 fue bautizado Luis Gonzaga, nacido el día 21, siendo su padrino don Manuel San Martín, posiblemente el hijo de don José Severo bautizado en 1805, y por tanto primo del niño. En esta partida también se especifica que los abuelos paternos eran naturales de Rentería, y que don José López Varela era oriundo de “Santa Eulalia de Gerenses” (posiblemente Santaia de Serantes, Santiso)546. Por último, una tercera hija de don José, doña María Vicenta López Fernández, casó con don José Lorenzo Núñez, hijo a su vez de don Juan Núñez y doña Rosalía Araujo, de Santiago de Estás. Ya hemos comentado el bautizo de su hija María Benita Vicenta, el 23 de septiembre de 1807, al ser ahijada de don Benito Vicente Pereira y doña Benita Espiñeira, con lo que volvemos a don Manuel Ángel Pereira547. Volviendo hacia atrás, don José López Varela y doña Bárbara López Varela y Villar también asumieron el parentesco espiritual: El 24 de octubre de 1802 apadrinaron a María de la Ascensión, nacida el mismo día, hija de Domingo Bargiela, cuyos padres vivían en 537 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 14, v. 538 También trata sobre su parentela GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel, “Es testimonio de verdad”..., pp. 122-123. 539 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 85, v.-86, r. 540 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 141, r. 541 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 206, r. 542 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 324, v.-325, r. 543 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 72, v. 544 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 208, v.-209, r. 545 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 318, r.-v. 546 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 73, r. 547 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 158, v.-159, r. 113 San Andrés de Cedeira, y de Manuela Podebén, de padres vigueses548. Sin embargo, se prodigaron más su hija doña María Bárbara y don José Severo San Martín. Este matrimonio apadrinó el 19 de agosto de 1807 a José Agapito, nacido el día precedente, hijo de José Freiría y Benita Álvarez; los abuelos paternos eran don José Benito Freiría y doña Gabriela Pereira y Mariño, de San Benito de Gondomar; los maternos, Manuel Álvarez y Ana González, eran vecinos de Vigo549. El 27 de julio de 1808 fue el turno de Severo Santiago, nacido el día 25, hijo de José Alonso y Manuela Iglesias, cuyos respectivos padres eran Domingo Alonso y María Francisca Posada, por un lado, y Juan Iglesias y María Francisca Fernández, todos vecinos de Vigo550. El 23 de febrero de 1812 apadrinaron a María Bárbara Josefa Alejandra, nacida el 22, hija de Matías Christel, natural de la ciudad alemana de Bonn, y de Josefa Correa; los abuelos paternos eran Enrique Christel y Úrsula Lismet, y los maternos, Manuel Correa y María Alonso551. Otro de los escribanos de Su Majestad, encontrados fue don Ramón Antonio Castro, quien el 21 de febrero de 1812 fue padrino de Ramón, nacido el 17, hijo de don Gabriel Crespo, vecino de San Martín de Vilaboa, y doña Marcelina Basterrica; los abuelos paternos, Juan Antonio Crespo y Josefa González, eran de Oseira, mientras que los maternos, Juan Ángel de Basterrica y Teodora García, eran oriundos de Madrid552. Don Domingo Pérez Ávila y La Cueva fue otro fedatario activo en el área viguesa. Ya vimos que el 5 de marzo de 1806 apadrinó con su mujer doña Manuela Núñez (o doña María Manuela Núñez Hurtado) a una hija de Félix Ángel, Manuela Peregrina553. El 4 de agosto de 1807, ambos tuvieron a José Victoriano Ramón, bautizado al día siguiente, siendo los abuelos paternos don José Lorenzo Pérez, ya fallecido, y doña María Jacinta Ávila y La Cueva, vecinos de Tui; los maternos eran el también difunto don Juan Núñez Hurtado y doña Rosa Araujo y Valverde, de Santiago de Estás, mientras que los padrinos fueron los baioneses don José Martínez y San Román y doña Victoria Fernández554. Pese a la diferencia en los nombres, es evidente que los abuelos maternos de José Victoriano Ramón son las mismas personas que constan en septiembre de ese año como abuelos paternos de María Benita Vicenta, hija de don José Lorenzo Núñez y doña María Vicenta López Fernández555, con lo que los Núñez Hurtado servirían de vínculo entre los Ávila y La Cueva y el escribano de número don José López Varela. Dados estos apellidos, surge la cuestión sobre el parentesco entre don Domingo Pérez Ávila y La Cueva y el erudito tudense don Francisco Ávila y La Cueva. El autor de la Historia civil y eclesiástica de la Ciudad de Tuy y su Obispado nació el 23 de mayo de 1789, día en el que fue bautizado en la catedral de Tui como Francisco José Jacobo de los Dolores, siendo hijo de don Bartolomé Vicente y doña María Rosa de Ávila y La Cueva, vecinos de la ciudad (y casados en la misma el 4 de enero de ese año); los abuelos paternos eran Anselmo Vicente y Juliana Estévez, vecinos del lugar de Carregal en la parroquia de San Xoán de Amorín (en el actual municipio de Tomiño), y los maternos, don Juan Antonio de Ávila y La Cueva y doña Rosa Ángela de Neira y Andrade, también avecindados en Tui, como los padrinos del niño, don Francisco Rodríguez y doña Manuela Pérez556. Don Bartolomé Vicente había nacido en Carregal, y 548 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 19, v. 549 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 155, r.-v. 550 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 185, r.-v. 551 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, ff. 16, v.-17, r. 552 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14, f. 16, r.-v. 553 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 106, r. 554 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 154, r.-v. 555 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, f. 159, r. 556 AHDT, Santa María de Tui, Libros de bautismos, 16, f. 120, v., citado en GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio, “Francisco Ávila y La Cueva (1789-1859). Vida e obra”, en ÁVILA Y LA CUEVA, Francisco (aut.), 114 fue escribano en la diócesis tudense, como el abuelo y el tío materno de don Francisco; cuando Vicente falleció en Tui el 2 de octubre 1800, lo era del partido de Mos (aunque en la partida de defunción constó como “pobre”557). Por su parte, los Ávila y La Cueva se habían asentado en Tui en la década de 1620, al ser familiares del obispo don Pedro de Herrera (1622-1630); primero, don Luis Fernández de La Cueva, natural de Valvieja, en la diócesis de Sigüenza, casado en Sevilla con una sobrina carnal del prelado, doña Catalina de Ávila y La Cueva, oriunda de Jerez de la Frontera; los descendientes de ambos llevaron los apellidos maternos, y el propio erudito hizo lo mismo al firmar su manuscrito. Don Luis fue notario de la audiencia episcopal tudense, y también merino y alguacil mayor, procurador, alcalde mayor y justicia mayor de Tui558. Pese a estos notables antepasados, don Juan Antonio de Ávila y La Cueva, abuelo materno de don Francisco, consiguió una real provisión de hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid en 1790559; en él consta como vecino de Tui y escribano de primer número de la ciudad560. 2.5. LAS ÉLITES VIGUESAS Y SU NIVEL FORMATIVO Durante la Edad Moderna, la ausencia de un sistema educativo estructurado y coherente, que comprendiese distintas edades y niveles de formación, hacía que no hubiese una vía unívoca para cursar estudios, que dependían fuertemente del contexto rural o urbano, los recursos disponibles para cada familia, las instituciones religiosas presentes en la zona, etc. En el caso de Vigo, además del convento franciscano de O Berbés, la villa contaba con una escuela de primeras letras, y a unas cuantas leguas estaban disponibles los conventos (franciscanos y dominicos) de Tui y Pontevedra (aparte del colegio jesuita en esta última, aunque desmantelado con la expulsión de la Compañía de Jesús en 1763). Sin embargo, a otro tipo de estudios, más especializados, exigía salir del entorno del suroeste gallego: en el ramo militar destacaba la opción de las Academias de Guardiamarinas, que desde 1776 tenía una de sus sucursales en Ferrol, que se sumaba a la de Cartagena y la sede en Cádiz, y donde se impartía un currículo marcadamente técnico destinado a formar a los oficiales en la ciencia de la navegación y la guerra561. Había otras opciones dentro de la carrera militar (academias de matemáticas o artillería), pero ya fuera de Galicia; fuera del ámbito militar, instituciones como la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País o la Junta Particular de Comercio de Cataluña impulsaron seminarios y escuelas especializadas en ciencias o en comercio562. No está demás indicar que Vigo una villa sin otras bibliotecas que las de los conventos masculinos, como sucedía GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio (ed.), Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy y su obispado. 1852 (ed. fac.), T. I, “Fundación, antigüedad y memorias de esta ciudad”, Consello da Cultura Galega, Santiago de Compostela, 1995, pp. 14-16. 557 AHDT, Santa María de Tui, Libros de difuntos, 11, citado en GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio, “Francisco Ávila y La Cueva…”, op. cit., 1995, pp. 15-16. 558 GONZÁLEZ PÉREZ, Clodio, “Francisco Ávila y La Cueva…”, op. cit., 1995, p. 14. 559 CRESPO POZO, José Santiago, Blasones y Linajes de Galicia, T. II, Editorial de los Bibliófilos Gallegos, Santiago de Compostela, 1962, p. 136. 560 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Sala de Hijosdalgo, Pleitos de hidalguía, SALA DE HIJOSDALGO,CAJA 1273,14. 561 PESET, José Luis, “La ciencia en la España ilustrada”, en MARTÍNEZ RUIZ, Enrique; PAZZIS PI CORRALES, Magdalena de (eds.), Ilustración, ciencia y técnica en el siglo XVIII español, Universitat de València, Valencia, 2008, páxs. 32-33. 562 VICENTE MAROTO, María Isabel, “La técnica en la España del Setecientos”, en MARTÍNEZ RUIZ, Enrique; PAZZIS PI CORRALES, Magdalena de (eds.), Ilustración, ciencia..., pp. 87-89. 115 en toda la provincia de Tui, lo que se acompañaba de la precaria existencia de bibliotecas privadas y el poco fluido comercio de libros563 Por otra parte, la universidad seguía siendo la puerta de entrada al ejercicio de las leyes y la medicina, aparte de las altas instancias del clero. Sin embargo, en el siglo XVIII las universidades habían entrado en crisis en la corona castellana, incluso las tres más importantes, las de Salamanca, Alcalá y Valladolid. Se pueden aportar explicaciones para esta decadencia, como la escasa implantación de los estudios científicos, la infiltración de las órdenes religiosas y la competencia que las mismas les hacían a través de sus conventos y colegios, que impartían gran parte de las materias universitarias, pero resultaban más accesibles económicamente. Estos factores estuvieron detrás del progresivo abandono de las universidades que se fue acentuando a lo largo del XVIII564. Si esto era cierto para las grandes universidades, también lo era para la de Santiago, cuya posición y prestigio eran claramente secundarios con respecto a aquellas. Principalmente, la universidad compostelana tenía un marcado carácter regional: de acuerdo con los trabajos de P. Saavedra, X. R. Barreiro y otros, la gran mayoría de los estudiantes de la universidad compostelana eran gallegos, alrededor del 95 %, seguidos de los procedentes de diócesis vecinas como Oviedo o Astorga; dentro de Galicia, el alumnado provenía en general de la parte occidental, sobre todo de la tierra de Santiago y comarcas adyacentes como Deza, O Salnés, Barbanza, … A su vez, durante el siglo XVIII alrededor de dos tercios procedían de parroquias rurales, un dominio matizable al considerar que las villas y ciudades gallegas llegaron a representar casi el 16 % del estudiantado, pese a que las estimaciones a partir del Catastro de Ensenada o del Censo de Floridablanca sitúan la población urbana gallega entre el 5 y el 7 %; esta sobrerrepresentación es mayor en la propia ciudad de Santiago, por motivos obvios de proximidad. En cuanto al reparto por diócesis, la de Tui se mantuvo entre el 6 y el 11 % en la segunda mitad del XVIII, delante de Mondoñedo y en competencia con Ourense, pero ligeramente por detrás de Lugo, mientras que el obispado de Santiago ostentaba un predominio claro, entre el 53 y el 72 %565. En cuanto a la composición social del alumnado, autores como Saavedra y Gasalla han señalado la dificultad de discernirla a través de los documentos disponibles, puesto que la información se limita a si el estudiante o sus padres poseen el título de “don”, que ya por sí es un indicador menos fiable a medida que transcurre el siglo XVIII; aun así, a partir de trabajos como el de J. M. Pérez García sobre O Salnés, afirman que la Universidad de Santiago no estuvo restringida a los hidalgos, y fue acogiendo progresivamente una mayor cantidad de hijos de comerciantes y artesanos acomodados, así como de campesinos ricos. Ahora bien, pese a que la matrícula era relativamente barata (24 maravedíes a partir 1751 y 2 reales en 1803), los gastos de viaje y alojamiento encarecían los gastos, dejando a un lado aquellos derivados de la vida licenciosa. Por otra parte, los estudios no dejaban de responder a unas estrategias de prosperidad y promoción familiar, y mientras que algunos podían permitirse esperar a una canonjía o un beneficio curado merced a sus conexiones sociales, otros se limitaban a conseguir un grado mínimo de cara a examinarse para abogados o escribanos, o solo cursaban un tiempo en Artes. 563 Nos remitimos a la tesis doctoral de PREGO GONZÁLEZ, Santiago, Al encuentro del libro…, donde se estudia esta villa y en general las ciudades de Galicia. REY CASTELAO, Ofelia, “El Comercio de libros en la Galicia del Antiguo Régimen”, Obradoiro de historia moderna, nº 17, 2008, pp. 277-302. 564 SAAVEDRA, Pegerto; SOBRADO, Hortensio, El siglo de las Luces. Cultura y vida cotidiana, Madrid, Síntesis, 2004, pp. 47-55. 565 GASALLA REGUEIRO, Pedro Luis; SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “Alumnos, bachareis e catedráticos no século XVIII”, en BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón (coord.), Historia da Universidade de Santiago de Compostela, vol. I “Das orixes ó século XIX”, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1998, pp. 501-505. 116 Aquellos grupos urbanos y rurales que fueron ascendiendo a lo largo del XVIII vieron en la educación una vía para que sus hijos prosperasen, de ahí el aumento de matrículas en la universidad o la fundación de escuelas de primeras letras566. A fin de cuentas, como en otras universidades castellanas, las carreras más demandadas eran Teología, Cánones y Leyes, al tiempo que Artes se iba reduciendo no solo a unos estudios de acceso a las grandes facultades, sino a una escuela de Gramática para un alumnado que se matriculaba a edades más tempranas: si bien en la segunda mitad del XVIII el 90 % de los novatos tenía entre 12 y 22 años, respondiendo esta variabilidad a las diferencias en oportunidades y estrategias familiares, la edad media descendió de 17,9 años en 1751 a 16,6 en 1799, con una distribución algo más uniforme, en consonancia con una mayor influencia de las ideas acerca de la educación en los sucesivos tramos de la vida. Una vez pasados los estudios de Artes, los alumnos en la segunda mitad del XVIII se matriculaban principalmente en Teología o Leyes, mientras que Cánones fue perdiendo el predominio del que había disfrutado durante el XVII, toda vez que los nuevos planes de estudios hicieron necesario haber cursado cuatro años de Teología o dos de Leyes para entrar en Cánones, y que órdenes como la de 16 de enero de 1773 impidieron a los graduados de esta Facultad ejercer la abogacía. Por el contrario, los estudios de Leyes fueron creciendo en número de matriculados durante el Setecientos, con una proporción semejante a los de Teología hasta 1780, y un claro predominio desde 1794, respondiendo a las mayores oportunidades de trabajo en la administración real y señorial, y pese a los intentos de la Corona de endurecer los requisitos para ejercer la abogacía. Por su parte, los estudios de Medicina y Cirugía tenían muy pocos matriculados en comparación, en parte por el bajo nivel de la facultad compostelana por entonces, pero también debido a las escasas y mal pagadas oportunidades laborales y la reducida reputación de la profesión en la sociedad de entonces; para mediados el XIX la situación de las enseñanzas médicas en Santiago fue la opuesta567. Centrando nuestra atención en la presencia de alumnos de la diócesis de Tui en la Universidad de Santiago, a partir de los libros de matrículas de los cursos desde la década de 1780 hasta 1841568, constatamos la baja proporción de estudiantes originarios de la diócesis de Tui, siendo un 8-9 % a fines del XVIII, es decir, alrededor de 100 de un total de 1000-1200 matriculados; para 1840, con un total semejante, la proporción de diocesanos tudenses es del 7 %. En los años de la Guerra de Independencia es cuando se da un descenso generalizado, y si el total de matriculados entre 1809 y 1811 bajó de 200, la presencia de la diócesis de Tui fue testimonial. En cuanto a la distribución geográfica dentro de la diócesis, se observan las tendencias observadas por P. Saavedra, con una mayor proporción de alumnos procedentes de parroquias rurales, si bien a la hora de comparar entre feligresías las primeras posiciones corresponden a ciudades y villas, en especial Vigo, Tui y Redondela. Bien es cierto que para el periodo 1803-1805 las villas de Baiona y Ribadavia no superan en mucho a parroquias rurales como San Lorenzo de Arnoso o Santa Cristina de Valeixe (entre 5 y 10 alumnos), mientras que Vigo y Redondela superan con claridad a Tui y llegan a 12-13 estudiantes. Para el periodo 18391840, Baiona apenas tiene un alumno, y Ribadavia se encuentra al mismo nivel que Valeixe, con 4, mientras que Redondela no llega a los diez y Vigo y Tui empatan con 23. A pesar del pequeño número de matriculados y de los límites que ofrece la 566 GASALLA REGUEIRO, Pedro Luis; SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “Alumnos...”, pp. 499501. Vid. PÉREZ GARCÍA, J.M., Un modelo de sociedad rural de Antiguo Régimen en la Galicia costera, Universidad de Santiago, Santiago de Compostela, 1979, p. 387. 567 GASALLA REGUEIRO, Pedro Luis; SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “Alumnos...”, pp. 494498. 568 AHUS, F.U., S.H. 214, 215, 217, 294 296, 297, 298, 455. 117 documentación, las estadísticas que hemos obtenido, aunque tentativas, sugieren que, a finales del Antiguo Régimen, villas como Vigo y Redondela disponían de una mayor proporción de aquellos grupos sociales señalados por Saavedra y que acudirían a la universidad en busca de aumentar sus oportunidades de ascenso social, al menos con respecto a Tui o Bayona; en cambio, alrededor de 1840, cuando el sistema liberal se está consolidando, las capas sociales más altas en Vigo y Tui seguían estrategias diferentes que respondían no solo a una sociedad distinta, sino también a una Universidad de Santiago donde la Medicina va adquiriendo un creciente protagonismo y las carreras de Teología y Cánones están en clara decadencia. Siguiendo con los estudios, las tendencias de la diócesis de Tui se corresponden a grandes rasgos con las descritas por P. Saavedra y tratadas anteriormente: en el curso 1783-1784 los matriculados en Artes superaban el 40 %, mientras que Teología y Leyes se igualan en el nivel del 20 %, y Cánones apenas llega al 10. Si bien el curso siguiente muestra una distribución muy distinta, con los estudiantes de Teología triplicando a los de Leyes, esto se invierte en 1794-1795, con Artes bajando del 30 %, Teología sobrepasando apenas el 20, Leyes superando el 30 % y Cánones quedándose alrededor del 15 %. Estas proporciones son semejantes a las de 1804-1805, pero a partir de 18141815 se puede observar un declive de Teología y Artes y un crecimiento paulatino de Medicina. En el curso 1840-1841, ni Teología ni Cánones llegan al 5 %, Leyes supera claramente el 40 % y Medicina casi llega al 20. Hay que advertir, sin embargo, que los libros de matrículas registran a los alumnos por materias y no por facultades; teniendo en cuenta que, siguiendo a Saavedra, Leyes y Cánones compartían materias, y que a fines del XVIII se volvió más frecuente el trasvase entre estas facultades siguiendo las reformas en la regulación del ejercicio de la abogacía, el número de matriculados que podríamos adscribir a una y otra facultad varía mucho en los cursos del último cuarto del Setecientos y de principios del XIX569. En cuanto a la posición social de los matriculados, la inmensa mayoría de los alumnos a finales del XVIII tienen el título de “don”, y este tratamiento es generalizado en el XIX, por lo que la vía que queda es observar su frecuencia entre los padres, pese a que estos solo aparecen en algunos cursos. Así las cosas, el uso de “don” no arroja suficiente luz sobre la composición social del estudiantado. Por otro lado, hemos identificado a algunos individuos emparentados con notables de la provincia tudense en general, y del área de Vigo en particular, pero también a algunos protagonistas que tomaron parte en hechos acaecidos en el periodo que estudiamos. No obstante, cabe recalcar que a partir de los registros de matrículas no podemos discernir el tipo de relaciones que había entre los compañeros de una misma cátedra o carrera; también debemos advertir que, aunque hemos cotejado los nombres con los libros bautismales de Santa María de Vigo, especialmente cuando los registros universitarios indican el nombre de los padres, no hemos sido capaces de confirmar el parentesco de algunos de los estudiantes, pese a la semejanza de apellidos. En el curso 1789-1790, ya había algunos nombres reconocibles en la clase de 1er año de Filosofía: don Francisco Javier Cairo, natural de la ciudad de Tui y 16 años (hay que recordar que la familia Alonso Cairo procedía de esta ciudad), el vigués don Juan López Varela, de la misma edad, y don Mauricio Troncoso, de 19 años y procedente de Santa Cristina de Valeixe, muy probablemente el futuro el abad de Vilar y Couto que se destacaría en la Guerra de Independencia. También había miembros de una misma familia: en 2º de Filosofía estudiaba don Manuel de la Concha, que consta como oriundo de la diócesis de Tui, y 3º don Felipe de la Concha, de Ponteareas; también estaba 569 GASALLA REGUEIRO, Pedro Luis; SAAVEDRA FERNÁNDEZ, Pegerto, “Alumnos...”, pp. 494495. 118 matriculado en la clase de tercero don Manuel Antonio de Barros, del obispado tudense. En el primer año de Teología estudiaba don Felipe Suárez de Puga, diocesano de Tui, y en el tercero, don Francisco Suárez de Puga, así como don Francisco Ventura Álvarez, de la ciudad de Tui570. En el curso 1794-1795, estudiaba el cuarto año de Teología don José Ignacio Núñez y Gayoso, de Vigo, posiblemente el mismo que bautizó en 1813 a Josefa Juana de la Cruz, hija de Valentina Martínez, soltera, y de padre incógnito, y apadrinada por doña Josefa Colwel571. Cursaba el primer año de Leyes el vigués don Ramón Falcón; en el tercer año estaban el tudense don Francisco Javier Cairo y don Manuel Antonio de Barros, de la diócesis. En el primer año de Cánones estudiaba don Pedro Carvajal y Prado, de Baiona, y ya bachiller en Leyes572. En el curso siguiente, Francisco Javier Cairo estudiaba el 4º año de Leyes, mientras que en 1º de Filosofía comenzaba don José Rivera, de 18 años, procedente de Bouzas573. En el curso 1803-1804, en la clase denominada “Melchor Cano”, estaban matriculados don José Quirós, de 17 años, hijo de don Roque Quirós y doña María Josefa de Araujo, de la parroquia de Santiago de Parada; consta en el registro que incorporó 3 cursos de Filosofía. También estaba el bachiller don Alejandro Antonio de Lago, hijo de Francisco de Lago y Rosa de Veiga, de 20 años de edad y natural de Bouzas, así como don Manuel Rodríguez Arias, de 15 años, hijo de don Ángel y de doña Micaela Arias, oriundo de Vigo, y que también incorporó 3 cursos de Filosofía574. La edad y los nombres de los padres concuerdan con los de Manuel Vicente Judas Tadeo, bautizado en la Colegiata viguesa en 1788, e hijo del regidor don Ángel Rodríguez de Avalle575. Siguiendo con aquel curso, en el 2º de Leyes figuran don Juan José Ecenarro, hijo de don José y doña Juana Vicente, vigués de 21 años; don Juan Felipe Correa, hijo de don Julián y doña María Bergaña, vecino de Baiona de 23 años, y don Cristóbal María Falcón, hijo de don Domingo Falcón y doña Josefa Rodríguez, natural de Vigo de 22 años; este último sería cuñado, por tanto, de don Matías Díez Prado, casado con doña María Falcón. En el tercer año de Leyes, en cambio, estaba matriculado don Juan Vázquez Varela, de 18 años, hijo de don Francisco Javier Vázquez Varela y doña Manuela Fontenla; recordemos que este estudiante no solo era hijo del ínclito político vigués, sino sobrino de don Mateo Vázquez Varela, canónigo de Ourense, quien apadrinó en su nombre a una hermana de don Juan, Manuela Rosalía Serafina Ángela, en 1800576. En 5º de Leyes estaban matriculado el bachiller don José María Suárez de Puga, baionés de 29 años, hijo de D. Gregorio Suárez de Puga y doña Josefa María Bello, pero también don José González, vigués de 26 años, hijo de don José González Tizón y doña María del Carmen Suárez: sería hermano, por consiguiente, de doña María Dominga González, casada con don Juan José Pequeño; el 26 de diciembre de 1807 el licenciado don José González Tizón, abogado de los Reales Consejos, apadrinó a una hija de ambos, Fermina Josefa Gregoria, en la Colegiata de Santa María; creemos que puede ser nuestro estudiante, porque doña María Dominga figura con los apellidos González Tizón en otra partida de bautismo en 1809577. En el primer año de Cánones aparece matriculado el bachiller don José Montenegro, de 26 años, hijo de don José Montenegro y doña Rosa Sotelino, de San Lourenzo de Arnoso, en el actual municipio de Ponteareas. En el segundo año figura su hermano don Antonio 570 AHUS, F.U., S.H., 214, nº 28, 1789-1790. 571 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1811-1819, Baut. 14., f. 88, v. 572 AHUS, F.U., S.H., 214, 1794-1795 573 AHUS, F.U., S.H., 214, nº 34, 1795-1796. 574 AHUS, F.U., S.H., 215, nº 37, 1803-1804. 575 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 19, v. 576 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1788-1802, Baut. 12, f. 322, v. 577 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 166, r. y 221, v. 119 Benito, de 22 años, acompañado de don Bernardo Manuel Arines, de 23 años, hijo de don Ramón y de doña Francisca Gil, de Santa María de Vilaza, en el actual Gondomar, y de don Jacobo Pérez Santamarina, hijo de don Ramón Pérez Santamarina, célebre comerciante compostelano estudiado por Barreiro Fernández578, aunque por supuesto nada nos indica que esa coincidencia deviniese en amistad579. Finalmente, en la clase de Física Experimental, uno de los pocos matriculados es don Miguel Antonio Gándara, de 23 años, hijo de don Pedro Gándara y doña María Vicenta Barreiro, vecinos de Bouzas580. El nombre y el parentesco coinciden con los de don Miguel Gándara, también llamado don Miguel de Gándara o don Miguel Antonio, casado con doña Francisca Casales (a veces llamada Juana o Juana Francisca, e hija de don Hermenegildo Casales), con la que tuvieron varios hijos bautizados en la Colegiata viguesa en 1803, 1805 y 1807, de ahí la variabilidad en los nombres, de acuerdo con la partida bautismal: en la primera, la de María Nicolasa de la Asunción, fue padrino el escribano de Marina don Nicolás Santiago Caneda, y administró el sacramento don José María Pérez de Limia, cura de Alcabre581. En el curso 1804-1805, empezaba el primer año de Filosofía don Ventura Nogueira, de 14 años, hijo de José Nogueira y María Rosa Mallorca, vecinos de Vigo. En 1º de Teología aparece matriculado don Manuel Rodríguez Arias, el hijo de don Ángel Rodríguez de Avalle y doña Micaela Arias Montenegro, que entonces contaba con 16 años; en 4º año aparece don Domingo Antonio Montenegro, de 22 años, hermano del bachiller don José que vimos el curso anterior. En el curso de Filosofía Moral estuvo matriculado don José Manuel Gómez, de 17 años, hijo de don Benito Gómez y doña Felipa Pérez, vecinos de Vigo, y que incorporó dos cursos de Filosofía ganados en el convento de Santo Domingo de Tui; lo acompañaba el también vigués don Antonio José Padín, de 17 años, hijo de don Manuel Antonio Padín y doña María Antonia Giménez, y que incorporó dos cursos de Filosofía conseguidos en el convento de Santa Marta de Vigo. En el tercer año de Leyes figuran don Jacinto Antonio Posada, de 26 años, hijo de don Vicente Posada y doña María Josefa Prado, de Lavadores; y don Juan José Ecenarro, de 22, hijo de los vigueses don José y de María Juana Vicente Garza; aparece tachado el nombre de don José Vázquez Varela. En 6º de Leyes aparecen don José González Tizón, con 27 años; el baionés don José María Suárez de Puga, de la misma edad, y don Mauricio Antonio Troncoso, de 25 años, hijo de don Luis y doña Juana, de Valeixe (no nos parece el mismo Mauricio Troncoso que estudiaba 1º de Filosofía en 1789-1790, y que por aquel entonces contaba con 19 años). En 1º de Cánones estaba matriculado don Juan Vázquez Varela, hijo de don Francisco Javier y de doña Manuela Fontenla, de 19 años; en 2º año figuran don José Montenegro, con 24, y don Cristóbal María Falcón, 21. Finalmente, en el primer año de Medicina estaba matriculado el boucense don Miguel Antonio Gándara, con 24582. Una vez terminada la invasión francesa, que trastocó la vida universitaria y los números de matriculados, en el curso de 1812-1813 no aparecen vigueses; en la materia de Historia y Elementos Derecho Romano figuran don José Ramón Troncoso, hijo de don Francisco Troncoso y doña Manuela Bello y Araujo, de San Jorge de Vilar, y quien había cursado Filosofía Moral el año anterior, y don José Alcalde, de 22 años, hijo de don Juan 578 BARREIRO FERNÁNDEZ, Xosé Ramón, “Nacemento, plenitude e ocaso da firma compostelá ‘D. Ramón Pérez Santamarina’ (1760-1830)”, en BALBOA LÓPEZ, Xesús; PERNAS OROZA, Herminia (eds.), Entre nós: estudios de arte, xeografía e historia en homenaxe ó profesor Xosé Manuel Pose Antelo, Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2001, pp. 1055-1073. 579 AHUS, F.U., S.H., 215, nº 37, 1803-1804. 580 AHUS, F.U., S.H., 215, nº 37, 1803-1804. 581 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, 1802-1811, Baut. 13, ff. 41, r., 85, r. y 151, r. 582 AHUS, F.U., S.H., 215, nº 39, 1804-1805. 120 Alcalde y doña Rosa Vieites, de Ponteareas, y que había cursado 1º en 1808583; ambos aparecen en el curso siguiente matriculados en Prenociones Canónicas e Instituciones Canónicas, respectivamente584. En el curso 1814-1815, aparecen como matriculados en Elementos de Aritmética, Álgebra y Geometría dos boucenses, don José Comesaña, de 16 años, hijo de Diego Comesaña y Josefa da Veiga, y don José Araujo, de la misma edad, hijo de otro don José y de doña Luisa Alcalde. En Historia y Elementos de Derecho Romano figuran don José Arias Teijeiro y Correa, de 16 años, hijo de don Antonio Arias Teijeiro y doña María del Carmen Correa, vecinos de Pontevedra, y que incorporó los cursos de Filosofía ganados en San Juan de Poio; en la materia de Historia y Elementos del Derecho Español aparece el ya mencionado don José Alcalde585. En el curso de 1815-1816 aparece apenas un vigués, don Manuel García de Barga, de 16 años, hijo de don Vicente García y María Teresa Barga; cursaba el primer año de Teología e incorporó los cursos de Filosofía ganados en San Antonio de Tui 586. En los años del Trienio Liberal, en un primer momento no hubo demasiada representación del área de Vigo: en la asignatura de Filosofía Moral del curso 1821-1822 figura don Juan Ribera, de 22 años, natural de Lavadores e hijo de don Tomás Ribera y doña Bernarda Troncoso; incorporó los cursos preliminares obtenidos en el colegio de San Francisco de Tui587. En el de 1822-1823, en cambio, hubo mayor abundancia: en la clase de Matemáticas Elementales aparecen don Alberto Mouriño, de 17 años, hijo de Manuel Mouriño y María Ares, de Vigo, y don Manuel Suárez Puga, de 16, hijo de don Vicente Suárez Puga y doña Rosa de Otero, de Baiona. En la materia de Principios de Legislación Universal estaban matriculados dos hermanos vigueses, don Juan y don Matías, hijos de don Matías Díez Prado y doña María Falcón; en ambos casos sus apellidos aparecen como “Díaz (Falcón) Prado”. En el primer año de Historia y Elementos del Derecho Español figuran como matriculados don Epifanio Rodríguez Vaamonde, hijo de don Agustín Rodríguez Vaamonde y doña Juana Roca, que abonó Instituciones Canónicas; don José Vázquez Buceta, hijo de don Francisco Vázquez y doña Josefa Moldes, natural de Vigo pero residente en Mondoñedo, y don Diego Pérez, hijo de los vigueses don Francisco Pérez y doña Manuela Costas. En 2º año aparecen don Vicente y don Carlos Méndez Quirós, hijos de don Gabriel Méndez Quirós (regidor vigués tanto con el régimen constitucional como bajo el absolutismo) y doña Josefa Fontenla; ambos contaban con cerca de 18 y 21 años, respectivamente, ya que disponemos de sus partidas de bautismo en la Colegiata viguesa588. En la clase de Economía Política y Estadística, que recibió impulso durante esta etapa, estudiaban don Antonio Arias Seoane, hijo de don Gregorio Arias Seoane y doña Benita Mies, de Tui; don Antonio Pazos Montenegro, hijo de don Félix Pazos y doña María Varela, y don Antonio Rodríguez Vaamonde, tudense como el anterior, a quien la “Ilustrísima Dirección” habilitó el curso de Constitución y Derecho Español. En tercer año de Teología estaba matriculado don José Ramón Ávila, hijo de don Juan y doña María Francisca Lamas, vecinos de la sede episcopal, y en Instituciones Canónicas, el boucense don José Araujo y Alcalde. En Historia y Elementos del Derecho Público Eclesiástico aparecen como matriculados el bachiller don Alejandro Paredes, de 21 años, hijo de otro y de doña María Antonia Gándara, vecinos de San Miguel de Bouzas; consta que incorporó tres cursos de Filosofía y cuatro de Instituciones 583 AHUS, F.U., S.H., 296, 1812-1813. 584 AHUS, F.U., S.H., 296, 1813-1814. 585 AHUS, F.U., S.H., 296, 1814-1815. 586 AHUS, F.U., S.H., 296, 1815-1816. 587 AHUS, F.U., S.H., 296, 1821-1822. 588 AHDT, Santa María de Vigo, Libros de bautismos, Baut. 12, f. 381, r.-v.; Baut. 13, f. 63, v. 127 un expediente personal de 1838-1861632. Además, formó parte del ayuntamiento vigués como primer teniente de alcalde en 1853, en pleno Bienio Progresista633. En ese periodo también se prodigó Joaquín Yáñez quien cursaba 1º de Leyes en 18331834 y 2º en el curso siguiente, constando posteriormente como abogado. Su padre, el comerciante y fomentador don Francisco Yáñez de Castro, había sido regidor en 1814 y 1833, como sus hermanos don Paulino y don Francisco, y él mismo llegó a la alcaldía en varias ocasiones, primero en la regencia de Espartero y el Bienio Progresista, y más tarde con la Restauración borbónica, tras una moderación de sus posturas políticas; también participó en la fundación del periódico Faro de Vigo en 1853634. Otro destacado progresista vigués fue Atanasio Fontano a quien hallamos en 2º de Cánones en el curso 1823-1824; tomó parte en las juntas revolucionarias en 1842 y en 1854, y fue alcalde de la ciudad tanto en 1842 como en 1868, en la primera corporación tras el triunfo de la Revolución Gloriosa635. En cuanto a la Medicina, carrera poco seguida en las primeras décadas del XIX, cabe reseñar a Nicolás Taboada Leal, estudiante en el curso 1823-1824, no por su origen, sino por sus buenas relaciones con la alta sociedad viguesa tras establecer su práctica clínica en la ciudad. El tudense Telmo Espuch (o Spuch), que realizó sus estudios en los últimos años de nuestra serie cronológica, era probablemente el hijo de Telmo Dionisio Espuch, que en 1819 pleiteó junto con otros vecinos de Tui por la vacante la plaza de médico que había detentado Pedro Sanjurjo636. En conjunto podemos constatar que las familias de los estratos medios-altos del comercio vigués (Díez Prado, Yáñez, etc.) orientaron a sus hijos hacia los estudios de Leyes, en consonancia tanto con la importancia de la abogacía durante el Antiguo Régimen como con la generalización de la carrera de Derecho entre la burguesía española desde al menos el segundo tercio del XIX; por otra parte, tanto en los datos estadísticos como en los ejemplos analizados, las carreras de Cánones y Teología fueron perdiendo fuelle paulatinamente a medida que los cambios de régimen político y las transformaciones sociales hicieron patente la pérdida de atractivo de la carrera eclesiástica frente al Derecho secular, más apropiado para acceder a magistraturas y otros oficios públicos en un Estado en expansión (a lo que se añade que el acceso a Cánones exigía haber cursado varios años de Leyes, con lo que no podemos descartar que algunos abandonasen el derecho eclesiástico). También debemos señalar la presencia de algunos de estos estudiantes en los primeros ayuntamientos constitucionales (Vicente Méndez Quirós, Cristóbal María Falcón) o su implicación en el partido progresista y las juntas revolucionarias a inicios de los años 40 o en el Bienio Progresista (Joaquín Yáñez, Atanasio Fontano), pero es preciso seguir investigando para corroborar alguna relación, puesto que otros individuos, como Matías Díez Prado, no siguieron este patrón. Por otra parte, aunque familias hidalgas como los Méndez Quirós enviaran a algunos de sus miembros a la universidad, no podemos olvidar que aquellas más pudientes, como los Marcó del Pont o los Llorente, prefirieron otras vías como el servicio al rey en el ejército, y no debemos olvidar que los estudios universitarios, en tanto que medio de ascenso o estabilización social, no eran ni la única alternativa ni la más apetecible para determinados grupos más acomodados. 632 AHN, Ministerio de Justicia, FC-Mº_JUSTICIA_REG_PROPIEDAD,456,Exp.1809. 633 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; VÁZQUEZ XIL, Bernardo Miguel, Os Concellos …, p. 136. 634 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; VÁZQUEZ XIL, Bernardo Miguel, Os Concellos …, pp. 127-128 y 136-139. 635 GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Juan Miguel; VÁZQUEZ XIL, Bernardo Miguel, Os Concellos …., pp. 128-129 y 143-144. 636 AHN, Consejo de Castilla, CONSEJOS,27683,Exp.52. 128 Entre otros aspectos que podemos observar en los registros de matrículas analizados destaca la relativa frecuencia de alumnos que incorporan cursos de Artes o Filosofía estudiados en seminarios o conventos, incluyendo aquellos en Tui, Pontevedra o Ribadavia. Dado el carácter inicial y propedéutico de estos estudios, es razonable suponer que este patrón respondía a una estrategia consistente en enviar a los hijos a lugares más próximos a casa (cuando no en la misma localidad) y más baratos para estudiar cursos que no iban a diferir mucho de los impartidos en la Universidad, dada la simplificación de contenidos en los cursos de Artes que ya hemos mencionado. Así, en caso de que el joven demostrase cierta aplicación, o si la familia lo veía necesario de todas formas, sería enviado a Santiago para formarse en las carreras de Teología, Cánones o Leyes. Esto sería cierto sobre todo si la familia o el propio alumno pretendían ejercer una profesión donde un grado universitario fuese imprescindible, como lo fue la abogacía con las reformas de fines del XVIII. Por otro lado, aunque no es nuestro objetivo profundizar en los planes de estudios universitarios, no podemos tampoco obviar el hecho de que las cátedras y cursos cambiaban de denominación con cierta frecuencia, sobre todo durante el Trienio Liberal (cuando se incluyen cursos de derecho constitucional o se refuerzan las materias económicas) y el periodo isabelino, toda vez que las listas de matriculados están organizadas por materias, y estas podían formar parte de varias carreras, como Cánones, que por definición compartía clases con Leyes y con Teología; por ello debemos reiterar que nuestras estadísticas y la clasificación de la que parten son mejorables. Pero también es un reflejo de la crisis por la que atravesaban las universidades españolas, paralela en gran medida a la del Antiguo Régimen, puesto que ambas estaban relacionadas: los lentos cambios sociales (aparte de la expansión de la administración real durante el XVIII) contribuían a que las estrategias familiares se orientasen cada vez más a aquellos estudios que permitiesen acceder a profesiones más seguras o con mayores posibilidades de ascender social y económicamente (abogados, escribanos, magistrados,…), frente a aquellos otros que fueron quedando relegados al ámbito puramente eclesiástico. Y aunque la Iglesia siguió siendo durante todo el siglo XIX una institución poderosa y que ofrecía salidas profesionales (así como cargos suculentos), el celibato inherente a la condición de clérigo cerraba la vía a continuar la línea familiar y a enlazar mediante el matrimonio familias con intereses comunes. Cuando los herederos no poseían un título nobiliario, ni pertenecían a un linaje hidalgo de renombre, o ni siquiera a una pujante casa comercial, las profesiones liberales y los oficios de la Corona eran el medio más apto para que dichos herederos ascendiesen socialmente sin renunciar a ser padres de familia ellos mismos, e incluso optando a casarse con mujeres de un nivel social más alto. Nada de lo anterior impidió que la carrera eclesiástica fuese una opción para algunos hijos de las élites, pero la lenta secularización de la sociedad, la pérdida de poder terrenal de la Iglesia y (en el caso del clero regular) las desamortizaciones, junto con la también progresiva adopción del modelo de familia nuclear entre las mismas oligarquías, borraron parte del atractivo o necesidad que podía tener el ingreso en el clero, por lo menos para aquellas familias de mayor poder y urbanas; no hay que olvidar que los estudios de Teología y Cánones eran la vía para optar a capellanías, canonjías o incluso al episcopado (no solo por los requisitos de formación, sino por las alianzas y clientelas de familias y estudiantes), y que aquellos con menor capital económico y social solían limitarse a cursar Artes, sobre todo en los seminarios y otros centros externos a la universidad. Además, la abolición de diezmos o cargas señoriales afectó a la capacidad económica de las diócesis, y en el caso compostelano esto se vio agravado por el fin del voto de Santiago, con lo que las posibilidades de prosperar como clérigo se vieron reducidas. 129 Ya en el terreno de los detalles, aunque en relación con otros capítulos de este trabajo, cabe señalar que en aquellos registros que se conservan del Trienio no aparece la diócesis de origen de los estudiantes, el método seguido hasta entonces, sino la provincia correspondiente a la nueva división aplicada durante esta época. De esta forma, en el curso 1822-1823 ya no está la diócesis de Tui, sino la provincia de Vigo, que llegaba hasta el río Ulla. Sin embargo, los límites provinciales no estaban tan bien definidos, ni los secretarios de la Universidad compostelana parecían tener una idea clara, puesto que la villa de Padrón, por ejemplo, aparece a veces como perteneciente a la provincia viguesa, y otras a la de A Coruña, a la que acabaría adscrita en la división de 1833. No obstante, tan pronto volvió el absolutismo se recuperó el sistema tradicional por diócesis, incluso durante el régimen liberal, o al menos hasta 1840. 130 PARTE II VIDA Y CULTURAS POLÍTICAS 131 1. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE VIGO Y SUS ÉLITES 1.1. LAS JUNTAS DEL REINO Y LA FRUSTRACIÓN DE LAS ASPIRACIONES VIGUESAS Como han demostrado diversos estudios, en especial las introducciones del profesor Antonio Eiras Roel a los diferentes volúmenes de las Actas de esa institución637, la estabilización de las Juntas se encuadra en la consolidación de la autoridad real sobre el territorio gallego y el establecimiento de una institución que representase los intereses del reino ante el soberano. A fines del siglo XIV Galicia había perdido su voto en las Cortes castellanas (que no recuperó hasta 1624), pasando a estar representada por la ciudad de Zamora, con lo que se hizo necesario contar con otra forma de negociar entre rey y reino los servicios y contribuciones a pagar por los vasallos. Aunque se ha discutido el origen y formación exactos de esta institución, bien en las últimas décadas del XV o bien ya en el XVI, en la segunda mitad del Quinientos se puede hablar ya de unas Juntas del Reino, convocadas periódicamente por el rey, y que reunían a los representantes de los siete núcleos urbanos de Galicia con el título de ciudad: Ourense, Lugo, Mondoñedo, Betanzos, A Coruña, Santiago y Tui. Con la convocatoria real, el gobernador del reino ordenaba a los concejos de estas ciudades a que designasen un diputado cada una, y que se les diesen plenos poderes para despachar los asuntos a tratar. Las Juntas estaban presididas por el gobernador del reino, por lo que los diputados se desplazaban a la ciudad donde este residía, que durante la mayor parte del Antiguo Régimen fue A Coruña, si bien las Juntas no contaron con un edificio propio. La función de estas Juntas era la aprobación por parte del reino de los servicios e impuestos propuestos por el monarca; a su vez, las Juntas, al ser representantes del reino de Galicia, razón por la cual en sus actas y documentos se refieren a sí mismas como “el Reino”, podían imponer condiciones para la aprobación de estas contribuciones, y dirigían peticiones a la Corona en unidad como el reino de Galicia. Por otro lado, una vez aprobadas las obligaciones fiscales, estas se repartían entre las siete ciudades, cada una con un territorio donde recaudarlas: son las antiguas siete provincias, de las que hablaremos más adelante, y que recibían el nombre de su respectiva capital. Además, las Juntas nombraban a un diputado general en la Corte, encargado de representar al Reino cuando aquellas no estaban reunidas, así como de ejercer de intermediario con los consejos de la monarquía. Los diputados eran nombrados por cada capital de provincia de entre sus propios regidores (o tenientes de regidores), así que estos debían ocupar su asiento en la cámara municipal conforme a las disposiciones reales. Ese fue también el caso de los diputados tudenses, que en las últimas Juntas celebradas fueron los siguientes: • 1775: don Manuel Ordóñez Castañón, regidor primero. • 1781: don Manuel Troncoso Lira y Teijeiro, regidor decano. • 1788: don Pedro Telmo Piñeiro de Lara y Falcón, regidor decano. • 1789: don Pedro Ignacio Correa de Sotomayor, regidor perpetuo, coronel del regimento provincial de Tui. • 1793-1794: don Pedro Jacinto Valdebieso y Piñeiro, regidor decano, abogado de los Reales Consejos y de la Audiencia de Galicia. 637 EIRAS ROEL, Antonio (ed.), Actas de las Juntas del Reino de Galicia, XXVII vols., Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2001-2010. 132 • 1800-1801: don Pedro Ignacio Correa y Sotomayor, regidor perpetuo, mariscal de campo, gobernador militar de A Coruña. • 1806: don Manuel María Avalle638, regidor perpetuo. • 1818: don Manuel Ordóñez Castañón, teniente de regidor perpetuo. • 1827: don Manuel Ordóñez Castañón, teniente de regidor perpetuo. • 1833: don Juan José Cadaval, abogado de la Real Audiencia. • 1834: don Manuel Antonio Domínguez y Figueroa, regidor perpetuo, capitán del regimiento provincial de Tui639. Además, la diputación general del Reino en la Corte debía recaer sobre el regidor de una de las capitales, aunque desde el último cuarto del XVIII hasta la desaparición del oficio el único diputado general procedente de Tui fue José Suárez, entre el 1 de febrero de 1798 y el 7 de febrero de 1806. Pero entre el 23 de noviembre de 1798 y el 1 de febrero de 1800 lo fue Vicente Vázquez del Viso, de Ourense640. Sin embargo, la realidad de los nombramientos fue más compleja; sirvan de ejemplo las Juntas convocadas en 1800 y constituidas el 6 de octubre. Tui nombró originalmente a Pedro Ignacio Correa y Sotomayor, regidor perpetuo, mariscal de campo y gobernador militar de A Coruña, pero este rechazó el nombramiento, alegando que la guerra con Inglaterra y otros menesteres le impedían desempeñar el puesto, por lo que el consistorio (en el que José Antonio Cairo ejercía como procurador síndico general) envió a las Juntas a Pascual Gómez. Sin embargo, inmediatamente se hizo notar el problema de que Gómez era extranjero, y que su nombramiento como regidor por parte del obispo era ilegal y nulo, no pudiendo el Reino reconocerlo como regidor ni mucho menos diputado, de forma que solicitó a la ciudad que eligiese un nuevo representante, y comunicó al obispo tudense el cese de Gómez. El consistorio se negó al cambio, considerando que Gómez, pese a no haber nacido en la ciudad, había servido en los Reales Ejércitos durante 25 años, alcanzando el grado de capitán, y que en aquel momento comandaba una compañía fija de inválidos provinciales, estando avecindado y domiciliado en la ciudad; el obispo también mostró su incomprensión por el cese. El Reino envió súplicas a la Corte para que la Corona obligase a Tui a nombrar un nuevo diputado, siendo destinatarios José Antonio Caballero, ministro de Gracia y Justicia, Mariano Luis de Urquijo, superintendente general de Caminos, y el propio Manuel Godoy. También manifestó al diputado en la Corte, el tudense José Suárez, su confianza en que apoyaría con diligencia e imparcialidad la representación sobre el asunto, respondiendo este que había iniciado diligencias en apoyo a las pretensiones del diputado de Tui, pero que al recibir la misiva del Reino, las detuvo, en obediencia a las Juntas. Finalmente, el 25 de octubre la Cámara de Castilla decidió que Tui debía nombrar un nuevo diputado, y el 2 de noviembre el ayuntamiento tudense volvió a nombrar a Correa641. Sin embargo, el 4 de marzo de 1801 el mariscal comunicó que debía ausentarse al ser nombrado general de las tropas que se estaban reuniendo en la frontera con Portugal, por lo que pidió testimonio de haber asistido a todas las reuniones desde su llegada642. 638 Avalle, señor de Fiolledo, también representó a Tui en las Juntas reunidas en 1808 tras el levantamiento de mayo en Madrid y su réplica en las ciudades gallegas; en ese momento era juez de Tui, y como tal encabezaba la Junta tudense. BARREIRO FERNÁNDEZ, Historia social da guerra…, pp. 3538. 639 ARTAZA MONTERO, Manuel María, A Xunta do Reino..., pp. 165-168. 640 ARTAZA MONTERO, Manuel María, A Xunta do Reino..., p. 169. 641 ROMANÍ MARTÍNEZ, Miguel (ed.), Actas das Xuntas do Reino de Galicia, vol. XXV (1800-1806), Xunta de Galicia, 2010, pp. 12-16, 132-137, 194-199, 207-229. 642 Ibidem, pp. 46-47. [Document text truncated for crawler view.]