Matar un ruiseñor. Oseira 1909, análisis de una masacre
Abstract
En 1909 nueve personas murieron por disparos de la Guardia civil en la aldea de Oseira (Ourense), cuando una multitud se opuso a la retirada de un baldaquino de la iglesia local. Este episodio y la polémica posterior son analizados en profundidad para comprender mejor la dinámica del poder local bajo el régimen de la Restauración. La reacción de la oposición tiene una semejanza sorprendente, a menor escala por supuesto, con la campaña contra el gobierno Maura posterior a la Semana Trágica sólo tres meses después.
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Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 233 Matar un ruiseñor. Oseira 1909, análisis de una masacre Miguel Cabo1; José Ramón Rodríguez Lago2 Recibido: 1 de mayo de 2018 / Aceptado: 25 de septiembre de 2019 Resumen. En 1909 nueve personas murieron por disparos de la Guardia civil en la aldea de Oseira (Ourense), cuando una multitud se opuso a la retirada de un baldaquino de la iglesia local. Este episodio y la polémica posterior son analizados en profundidad para comprender mejor la dinámica del poder local bajo el régimen de la Restauración. La reacción de la oposición tiene una semejanza sorprendente, a menor escala por supuesto, con la campaña contra el gobierno Maura posterior a la Semana Trágica sólo tres meses después. Palabras clave: Restauración; Anticlericalismo; Maura; Motines; Violencia. To kill a mockingbird. Oseira 1909, analysis of a massacre. Abstract. In 1909 nine people were killed by the Guardia Civil in the village of Oseira (Ourense) when a mob opposed the removal of a canopy from the local church. This episode and the subsequent controversy are analysed in depth to better understand the dynamics of local power under the Restauración regime. The reaction of the opposition has an astonishing resemblance, at a minor scale of course, with the campaign against the Maura government after the Semana Trágica just three months later. Keywords: Restauración; Anticlericalism; Maura; Riots; Violence “Los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos. No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar un ruiseñor”. Harper Lee, Matar un ruiseñor. Sumario. Introducción. 1. El escenario: Oseira en 1909 2. El factor religioso y eclesial 3. La reconstrucción de los hechos: ¿crónica de unas muertes anunciadas? 4.Las consecuencias inmediatas 5. La larga sombra de Oseira. Consideraciones finales. Cómo citar: Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. (2019). “Matar un ruiseñor. Oseira 1909, análisis de una masacre”, Cuadernos de Historia Contemporánea, Vol. 41: 233-253. 1 [email protected] Departamento de Historia, Universidade de Santiago de Compostela. https://orcid. org/0000-0002-8099-3895 HISTAGRA (ED431C 2017111. GRC-Galicia). Este trabajo se inscribe dentro del proyecto Los vectores del cambio estructural de las agriculturas atlánticas ibéricas: moto-mecanización y especialización lechera, referencia: HAR2016-77441-P (IP Lourenzo Fernández Prieto). 2 [email protected] ORCID – 0000-0003-4235-8863. Departamento de Historia, Arte e Xeografía, Universidade de Vigo. Cuadernos de Historia Contemporánea ISSN: 0214-400X http://dx.doi.org/10.5209/chco.66103 MISCELÁNEA
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253234 Introducción3 El 22 de abril de 1909 tuvo lugar en Oseira, parroquia del ourensano municipio de Cea, un suceso sangriento que supondría la peor matanza de civiles de todo el siglo XX en Galicia en tiempos de paz. Sus implicaciones fueron mucho más allá de la pérdida de vidas humanas puesto que se extendieron al ámbito parlamentario y a la protesta callejera. Su eco pronto se vio sumergido en la opinión pública española por la vorágine desencadenada a partir de la llamada Semana Trágica tres meses más tarde, pero en Galicia su huella en la memoria popular y en la literatura fue profunda y llega hasta la actualidad, integrada en un rosario de motines campesinos sangrientamente reprimidos durante el reinado de Alfonso XIII que fueron utilizados en el discurso del nacionalismo y el movimiento agrarista para dar legitimidad a sus planteamientos políticos. No obstante su tratamiento historiográfico ha sido escaso4. De hecho en las principales obras sobre la historia civil o sobre el orden público en España no es ni siquiera mencionado5. Pretendemos reconstruir la cadena de acontecimientos que desembocó en la muerte de nueve personas aquella tarde de abril pero principalmente desentrañar la compleja maraña de ramificaciones en torno a los mismos. La crónica de los hechos permite adentrarnos en la dinámica de la comunidad campesina, en la religiosidad popular, en las pugnas dentro del clero diocesano, en el juego político de la última fase de la Restauración e incluso en el difícil manejo de la memoria histórica, que no está restringida a la guerra civil como se demostrará con ocasión del centenario de la matanza en 2009. Para rescatar lo sucedido en el monasterio de Oseira en 1909 hemos recurrido a fuentes hemerográficas, archivísticas6, el diario de sesiones de las Cortes y publicística de la época. No ha sido por desgracia posible acceder a una fuente que hubiese permitido afinar el análisis al máximo al proporcionar los testimonios, todo lo mediados que se quiera, de los directamente implicados: el sumario de los hechos. Las responsabilidades se derivaron por la jurisdicción civil, y no por la militar como sucedió en incidentes similares con intervención de la guardia civil. Por tanto el 3 Agradecemos a Raúl Soutelo sus útiles sugerencias a partir de un borrador de este artículo y a Lourdes Moreiras su ayuda en la búsqueda de fuentes judiciales. 4 Principalmente Hernández Figueiredo, José Ramón: “Algunos aspectos del pontificado de Mons. Ilundain y Esteban en Ourense a la luz de los archivos vaticanos (1905-1921)”, Cuadernos de Estudios Gallegos, LIII/119 (2006), pp.337-377, lastrado por un tono apologético fuera de lugar; Bernárdez Sobreira, Antonio y Román Lago, Isidro: Labrando na rebelión. Societarismo e populismo agrario en Galiza 1896-1936, Vigo, A Nosa Terra, 2007, en especial pp.259-263; Capelán, Antón: Luis Seoane en Compostela e outros ensaios, Bertamiráns, Laoivento, 2010, en concreto pp.69-146, que aunque se centra en su reflejo en la literatura hace una introducción bien documentada de los hechos y Hermida Meilán, Xosé Ramón; “Que se vaian todos! Conflito, loita e morte en Oseira”, en Rebeldía galega contra a inxustiza, “De Nós”. Monografías con perspectiva galega, 1 (2018), pp.13-22. Con motivo del centenario se publicó González Díaz, Ismael: Oseira 1909, O Carballiño, edición propia, 2010, que aporta datos de interés junto con reflexiones y aportes literarios del autor. 5 Por ejemplo González Calleja, Eduardo: La razón de la fuerza: orden público, subversión y violencia política en la España de la Restauración (1875-1917), Madrid, CSIC, 1998; López Corral, Miguel: la Guardia Civil, Madrid, La Esfera de los libros; Pérez Garzón, Juan Sisinio: Contra el poder: conflictos y movimientos sociales en la historia de España, Granada, Comares, 2015; Cruz, Rafael: Protestar en España 1900-2013, Madrid, Alianza, 2015. 6 Archivo Secreto Vaticano (ASV), archivo Maura (AM), archivo municipal de Cea (AMC), Archivo General del Ministerio del Interior (AGMI), Archivo Diocesano de Ourense (ADOU) y Archivo Histórico Provincial de Ourense (AHPOU). Una dificultad añadida la constituye el hecho de que en este último, caso poco frecuente, no se conservan los fondos del Gobierno civil.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 235 sumario no se conserva en el Archivo Intermedio Militar del Noroeste (Ferrol) ni en el Archivo Histórico de Defensa y de las pesquisas llevadas a cabo en el archivo del Juzgado de Primera Instancia de Carballiño y el de la Audiencia Provincial de Ourense se deduce que la documentación antigua fue destruida en un expurgo en los años sesenta. 1. El escenario: Oseira en 1909 En 1908 la viajera británica Annete Meakin (1867-1959), que ya gozaba de cierta notoriedad por sus experiencias en Rusia, recorrió Galicia y al año siguiente publicó un libro sobre la que denominaba “Suiza española” describiendo exhaustivamente sus atractivos naturales y monumentales. Encontrándose en Ourense, al expresar su deseo de visitar el famoso monasterio sus contactos en la ciudad intentan disuadirla, argumentando que el acceso era complicado. Finalmente logra su propósito tras un laborioso desplazamiento de tres horas en coche hasta Cea y dos a caballo por un sendero pedregoso desde la capital del municipio hasta Oseira. Allí pudo admirar el monasterio, que por su magnificencia es denominado frecuentemente “el Escorial gallego” y dedica unas palabras al elemento que desencadenaría la tragedia unos pocos meses después: “El imponente retablo churrigueresco detrás del altar mayor decae melancólicamente y ofrece el más deprimente espectáculo. Es verdaderamente triste que España todavía no sienta el impulso de hacer de Oseira un monumento nacional”7. El término municipal de Cea se encuentra en el noroeste de la provincia de Ourense, dentro del Partido judicial de O Carballiño. Está formado por trece parroquias, una de ellas la de Oseira que es la más extensa puesto que supone más de la mitad de la superficie municipal (27,5 de 43 km2) y cuenta con 23 entidades de población de acuerdo con el hábitat disperso predominante en Galicia. Se trataba de una zona particularmente afectada por la emigración, ya que la tradicional estacional a Castilla y Portugal se había redirigido a América, en especial a Argentina. El sistema de herencia era el de mellora, típico de la Galicia interior, de acuerdo con el cual uno solo de los hijos heredaba la propiedad, de manera que la emigración se convertía en una opción tentadora. Las consecuencias se manifestaban en una acusada diferencia entre población de hecho y de derecho y en el desequilibrio entre géneros. En cuanto a la primera, el total del municipio era en 1900 6441 de hecho (de derecho 7108), y la parroquia de Oseira aportaba 2385 y 2491 respectivamente8. Por lo que se refiere al segundo rasgo, en 1920 de 6041 habitantes (de hecho) 2520 eran hombres y 3521 mujeres9. La densidad de población en 1900 (69,2 hab./km2) era claramente superior a la media provincial (57,9) y ligeramente a la gallega (67,9)10. Se trata de una zona montañosa y de precarias comunicaciones, como ilustra el ajetreado viaje de Annete Meakin, pese a que solamente 18 km separan la capital municipal de Ourense. La agricultura y la ganadería vacuna eran las dedicaciones 7 Meakin, Annete: Galicia inédita, Oleiros, Editorial Tambre (orig. de 1909), 1994, pp.341-345. 8 Datos del Censo de 1900 tomados del Anuario Riera, 1908. 9 Risco, Vicente: Orense, vol. X. tomo 1 de la Geografía General del Reino de Galicia, A Coruña, Ediciones Gallegas, 1980 (edición original de 1926), pág.444. 10 De Juana, Jesús, Fumega Piñeiro, Francisco X. y Rodríguez Rodríguez, Juan M.: Poboación e emigración na comarca do Carballiño 1860-2000, Santiago, Sociedade para o Desenvolvemento Comarcal de Galicia, 2004.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253236 prácticamente exclusivas, en particular los cereales: maíz y trigo, más centeno en los terrenos más pobres y montañosos. De hecho el pan de Cea de trigo elaborado artesanalmente en hornos circulares de piedra es conocido en toda Galicia. Predominaban las explotaciones familiares, cuya media no superaba las dos hectáreas y con el foro como forma predominante de ocupación de la tierra11. La citada Geografía General del Reino de Galicia únicamente menciona dos fábricas de curtidos y cuatro aserraderos. Podría tratarse de un pequeño municipio rural como tantos otros salvo por el majestuoso monasterio cisterciense enclavado en un valle entre montañas en la parroquia de Oseira. Fundado en el siglo XII, a finales del siglo XVIII llegó a contar con casi un centenar de monjes y en vísperas de la exclaustración de resultas de la Desamortización de Mendizábal unos sesenta12. Vicente Risco resumía su glorioso pasado con una fórmula lacónica: “Ningún monasterio de Galicia iguala en grandiosidad al de Oseira y acaso tampoco lo igualó en poderío”13. A partir de entonces el conjunto de edificios se fue deteriorando por los despojos y el paso del tiempo pero la iglesia del monasterio siguió funcionando como iglesia parroquial14. Cea formaba parte del distrito de O Carballiño, que era un feudo conservador, en concreto de la familia Bugallal que controlaba buena parte de las provincias de Ourense y Pontevedra. A partir de las elecciones de 1899 ya únicamente salieron elegidos en él candidatos conservadores y en el momento en que se produjeron los hechos que nos ocupan el diputado era Luis Ugarte y Sáinz, militar del Cuerpo de Ingenieros. El panorama político solamente se animó en los años finales de la Restauración cuando José Calvo Sotelo plantó batalla como maurista al bugallalista Leopoldo García Durán (diputado desde 1916) y consiguió hacerse con el escaño en 191915. No tenemos constancia de la filiación política de la corporación municipal de Cea, compuesta por trece concejales, pero todo indica que estaría controlada por bugallalistas. El alcalde era desde 1904 Luis Garriga Rodríguez, que sería reelegido en el cargo hasta enero de 1916. La consulta del libro de actas municipal en los años anteriores a la masacre arroja la misma impresión que la de tantos otros ayuntamientos gallegos rurales de la época: numerosas sesiones aplazadas por inasistencia de los concejales, constancia del alto número de prófugos, obras menores, malas condiciones de algunas escuelas, etc. El municipio contaba con un puesto de la guardia civil (sexto tercio, comandancia de Ourense, séptima compañía) que servía a Cea y al vecino término de Piñor, con cinco números, de los que no hay constancia que tuviesen participación en los acontecimientos del 22 de abril16. 11 Para una caracterización de la comarca en la Edad Moderna López Álvarez, María José: A terra de Cea no antigo réxime (1500-1850), Ourense, Diputación Provincial, 2007. El foro es un contrato de origen medieval bastante semejante a una enfiteusis, con división de poderes, que en la práctica permitía al útil una estabilidad e independencia de gestión casi ilimitadas a cambio del pago de una renta; Villares Paz, Ramón: La propiedad de la tierra en Galicia, 1500-1936, Madrid, Siglo XXI, 1982. 12 Saavedra, Pegerto: “Economías cistercienses del Antiguo Régimen: el Imperial Monasterio de Oseira” en Manuel-Reyes García Hurtado (ed.): Modernitas. Estudios en Homenaje al Profesor Baudilio Barreiro Mallón, Universidade da Coruña, 2008, pp.161-190. 13 Risco, Vicente: Orense… pág.451. 14 En 1929 se estrenó un documental titulado Un viaje por Galicia gracias al cual se puede comprobar el estado del monasterio antes de su restauración https://www.youtube.com/watch?v=0Ozj230nvJE 15 Cabo, Miguel y Miguez Macho, Antonio: “El maurismo en Galicia. Un modelo de modernización conservadora en el marco de la Restauración”, Hispania. Revista Española de Historia, LXIX/231 (2009), pp.87-116. 16 AMC, Libro de actas y Correspondencia, caja 328 (1898-1918). Aprovechamos para agradecer la amabilidad del archivero Manuel Fernández Fernández.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 237 A la altura de 1909 Galicia estaba experimentando una verdadera efervescencia política y social, puesto que coincidían en el tiempo la campaña de redención de foros impulsada por el Directorio de Teis, una federación agraria anarquista en los alrededores de A Coruña (Unión Campesina) y Solidaridad Gallega, que buscaba emular el éxito de su homónima catalana, siendo la SG la que levantó más alarma en el gobierno Maura17. Sin embargo en Cea no se había formado ninguna asociación al amparo de las leyes de sociedades de 1887 o de sindicatos agrícolas de 1906, aunque en O Carballiño sí existiesen según el boletín oficial de la provincia en ese momento una Sociedad de trabajadores y agricultores fundada en 1897 y una caja rural en 1906 y en el BOP del 28 de julio de 1909 aparezca una Sociedad de agricultores, oficios y profesiones cuya relación con la primera (¿refundación?), de existir, desconocemos. En la misma villa, que distaba unos once km de la capital municipal de Cea, existía un pequeño núcleo solidario, aunque el más importante en la provincia de Ourense (que era la de menor implantación de la Solidaridad) fuese el de Viana, en el otro extremo de la misma. En los restantes municipios del partido judicial existían según los BOP (que suple la ausencia de fondos del gobierno civil) dos sociedades agrarias y una de guardería rural en Boborás, un sindicato católico fundado en 1907 en Punxín, un Centro benéfico agrícola en Maside y ninguna asociación en los de Beariz, Irixo, Piñor y San Amaro. Por tanto se trataba de una comarca de débil implantación agrarista a la altura de 1909, en una provincia donde la densidad asociativa destacaba únicamente en los alrededores de la capital, la comarca vitivinícola del Ribeiro y el extremo oriental. A diferencia de otras masacres posteriores en la Galicia rural, en Oseira estarán ausentes las sociedades agrarias, circunstancia que marcará como veremos las interpretaciones de los hechos al facilitar una lectura en clave irracional y primitiva de lo sucedido. La matanza de Oseira debe ser situada en el contexto de la conflictividad en la sociedad rural gallega en la época contemporánea. Aunque el mito de la Arcadia pacífica en la España septentrional era muy poderoso en contraposición con las agitaciones de la meridional, la realidad era más compleja. Los motines contra las quintas (especialmente durante el Sexenio) o contra los consumos (en particular en los años del cambio de siglo) no encajan en la imagen idílica de respeto a las jerarquías y acceso mayoritario a la propiedad o al menos a una estabilidad sobre la tierra a través del contrato foral18. Tampoco lo hace una modalidad endémica de violencia como eran las luchas interparroquiales entre jóvenes de parroquias rivales por recursos disputados19. El avance de las sociedades agrarias, que pusieron en cuestión los equilibrios de poder político y el régimen de propiedad de la tierra mediante las campañas contra el foro, también se vio acompañado por dosis de violencia de diverso tipo. Por un lado del tipo de las armas del débil scottianas (contra foristas, individuos reacios a afiliarse a las sociedades agrarias, entre socios de sociedades enfrentadas o bien acompañando a acciones de boicot) y por el otro por la respuesta represiva del Estado y los grupos de poder de los partidos dinásticos. Este último escenario era el 17 Cabo, Miguel: O agrarismo, Vigo, A Nosa Terra, 1998, pp.61-110 y “Solidaridad Gallega y el desafío al sistema de la Restauración, 1907-1911”, Ayer 64 (2006) pp.235-259. 18 Una útil panorámica de largo recorrido en Henrique Hervés, Ángel Fernández, Lourenzo Fernández, Aurora Artiaga y Xesús L. Balboa: “Resistencia y organización. La conflictividad rural en Galicia desde la crisis del Antiguo Régimen al franquismo”, Noticiario de Historia Agraria 13 (1997), pp.165-192. 19 Cabo, Miguel y Vázquez Varela, José Manuel: “Las otras guerras de nuestros antepasados: la violencia comunitaria en la Galicia rural contemporánea”, Hispania, LXXV/251, pp.781-804.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253238 que daba lugar a las consecuencias más onerosas en términos humanos, en episodios recurrentes que configuran el rosario de masacres rurales de Oseira-Nebra-SofánGuillarei, siempre con la guardia civil como protagonista20. Simplemente por caracterizar dichos episodios, el de Nebra (Porto do Son, provincia de Coruña) se originó en 1916 por la protesta contra un recargo del impuesto de consumos y derivó en cinco fallecidos, el de Sofán (Carballo, prov. de Coruña) de 1919 a raíz de la disputa por el uso de un cementerio clausurado, resultó en cuatro víctimas mortales y el de 1922 en Guillarei (Tui, prov. de Pontevedra) en tres fallecidos durante la ejecución de un embargo por impago de rentas forales. No está de más señalar que en ninguno de estos incidentes resultó herido o fallecido ningún agente de la autoridad. Oseira presenta dos peculiaridades frente a los demás sucesos. El primero de ellos es la ausencia de sociedades agrarias que canalizasen la movilización, pero también ofreciesen un interlocutor que permitiese derivar el conflicto por una vía negociada que en muchos casos permitía desactivarlo antes de que se llegase a la represión extrema. El segundo es que su génesis y desarrollo están entrelazados con factores religiosos, en concreto el choque entre la religiosidad popular y la oficial y también pugnas internas dentro de la diócesis de Ourense, todo lo cual requiere de un tratamiento específico. 2. El factor religioso y eclesial En mayo de 1910 el médico lucense y notable liberal Jesús Rodríguez López, redactó el prólogo a la segunda edición de su libro Supersticiones de Galicia21. Más allá de los proyectos ideológicos enfrentados, la imagen de una Galicia rural, extraña a la modernidad y sujeta a tradiciones ancestrales – y paganas –, era compartida por una buena parte de las elites urbanas y la curia vaticana. La diócesis de Ourense cargaba además con el sambenito de tradicional refugio de un carlismo22, tan opuesto a los intereses del Estado liberal como a los de una Iglesia católica que había ya apostado por un proceso de modernización que, bajo la autoridad suprema pontificia, debería convertirse en poderosa corporación transnacional23. No resulta casual el paralelismo observable entre la reforma de la curia vaticana ejecutada por “el papa campesino” Pío X durante su pontificado (1903-1914), y la revolución que sacudió la diócesis de Ourense durante los primeros años de gobierno de Eustaquio Ilundain Esteban (1904-1921). Su formación inicial entre los carmelitas de Begoña y los seminarios de Pamplona y Toledo, y su gestión como rector de los seminarios de Ciudad Real y Segovia, hicieron del navarro una de las figuras ascendentes en el seno de la Iglesia española. Pese a sus iniciales reticencias para aceptar el destino asignado, fue consagrado obispo con la aprobación del primer 20 Se podrían añadir los sucesos de Ferrolterra en marzo de 1918 en el marco de las protestas contra la carestía de los productos básicos, con un carácter mixto urbano-rural, así como muchos otros incidentes menores. 21 Rodríguez López, Jesús: Supersticiones de Galicia, Madrid, Imprenta de Ricardo Rojas, 1910, pp. 10-18. 22 Comesaña Paz, Alfredo (2017) “La Tercera Guerra Carlista en Galicia. Un epítome y algunas observaciones de interés”, Aportes, 93, pp. 31-64; González García, Miguel Ángel y Rodríguez Lago, José Ramón: “La diócesis de Orense desde 1850”, en José García Oro (coord.) Historia de las diócesis españolas: Lugo, MondoñedoFerrol, Orense, Madrid, BAC, 2002, pp. 535-615. 23 Pollard, John: El vaticano y sus banqueros. Las finanzas del papado moderno, 1850-1950, Barcelona, Melusina, 2007.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 239 gobierno de Antonio Maura, e hizo su entrada en la diócesis en abril de 1905, con 42 años24. La elección de un obispo foráneo topó con la resistencia de unas elites locales en las que el regionalismo adquiría posiciones emergentes25; un malestar que se incrementó cuando el prelado repartió cargos de responsabilidad entre sus familiares y paisanos. Los navarros Demetrio Ripalda Gelos y Natalio Sarasa Oteiza ocuparon los puestos de secretario de cámara y vicario general, y pusieron en marcha ambiciosos planes de restructuración de la diócesis alentados por el prelado, quien regresó de su primera visita ad limina a Roma en diciembre de ese mismo año. En los cuatro años que median entre su toma de posesión y los sucesos luctuosos de Oseira, la diócesis vive un proceso de transformaciones sin precedentes: visita pastoral a todas las parroquias26; extensión de las misiones parroquiales; aprobación de un reglamento para la enseñanza del catecismo y de la cofradía de la doctrina cristiana; reforma del edificio del seminario y reglamento para profesores y seminaristas; tandas de ejercicios espirituales, conferencias morales y retiro mensual para todo el clero; nuevos estatutos del cabildo y del ceremonial catedralicio; creación de un montepío sacerdotal y de la Asociación de la Buena Prensa; potenciación del Círculo Obrero Católico; organización de sindicatos agrícolas; constitución de instituciones benéficas regidas por congregaciones femeninas como las Hermanitas de los Ancianos Desamparados (Verín) y las Adoratrices y las Hijas de la Caridad (Ourense); y fundación de escuelas gratuitas regentadas por congregaciones religiosas llegadas desde Francia, como los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Xunqueira de Ambía, 1906) o los Hermanos Maristas (Ourense y Carballiño, 1908). Como culminación de todo este proceso, y tras haber solicitado consejo a las instituciones pontificias27, el obispo convoca a todo el clero a participar en el sínodo diocesano: el primero desde 1619. En junio de 1908 el sínodo promulgó las nuevas constituciones28 que seguirían vigentes hasta el Concilio Vaticano II, y en julio de ese mismo año un decreto episcopal reorganizó el clero y todos los arciprestazgos del territorio diocesano29. El 1 de abril de 1909 el Boletín Oficial del Obispado publicó finalmente un número extraordinario que recogía por primera vez la estadística y el nomenclátor de los recursos humanos e institucionales de la diócesis30. En definitiva, el gobierno inicial de Ilundain despertó la admiración de muchos, pero provocó también enormes recelos, muy 24 Hernández Figueirido, José Ramón: “Algunos aspectos…” para la trayectoria del obispo Ilundain. 25 Rodríguez Lago, José Ramón (2012): La Iglesia católica en Galicia, 1910-1936. Entre la revolución de Portugal y la cruzada de España, Santiago de Compostela, Andavira, 2012, pp. 85-112. 26 Frutos de la Santa Visita Pastoral, Boletín Oficial del Obispado de Orense, 9 de noviembre de 1908, pp. 349351. 27 Consultas del obispo de Orense al nuncio (14 de mayo de 1908). ASV, ANM (Archivio Nunziatura Madrid): caja 707, fascículo 2, pp. 9-19. 28 Sínodo Diocesano, Boletín Oficial de la Diócesis de Orense, 1909. pp. 196-210. 29 Tras la celebración del sínodo, Demetrio Ripalda promocionó a canónigo penitenciario de la catedral de Vitoria. Natalio Sarasa Zubeldía, permaneció en la diócesis durante todo el gobierno de Ilundain. Reconocido publicista católico evolucionó desde su inicial tradicionalismo reflejado en su Tesis católica en Navarra o sea el programa de los católicos navarros (Pamplona, Imprenta García, 1901), hasta el conservadurismo dinástico promotor de las primeras Ligas Católicas. García-Sanz Marcotegui, Ángel y Mikelarena Peña, Fernando: “Españolismo, vasquismo y navarrismo foral: cambios y persistencias en la interpretación de la identidad navarra hasta 1936”, Historia y política. Ideas, procesos y movimientos sociales, 2, 1999, p. 107. 30 Santa María la Real de Oseira es la más importante de las 19 parroquias (tres de patronato laico y una de patronato mixto) que integran el arciprestazgo de Cea. Cuenta con 1.490 habitantes a los que deben sumarse los 642 de su aneja San Pedro de Vales. Boletín Oficial Extraordinario de la diócesis de Orense, 1 de abril de 1909.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253240 especialmente entre una buena parte del clero, temeroso de una acción que pusiese en juego los poderosos intereses de sus redes clientelares. Paradójicamente, si por algo se caracterizó aquella imperiosa acción episcopal, fue por mantenerse alejado de la arena política y de sus habituales litigios31. Contra todo pronóstico, estos acabarían alcanzándole muy pronto. El contexto estatal es el del conflicto clerical / anticlerical desatado entre los partidarios de la vía de modernización católica y la liberal32. Un conflicto que acabará propiciando un sangriento número de víctimas en el seno de de una comunidad rural sometida a las presiones de ambas corrientes: la Iglesia y el Estado, la confesional y la liberal. 3. La reconstrucción de los hechos: ¿crónica de unas muertes anunciadas? A continuación reconstruiremos la cadena de acontecimientos que culminará en la masacre del 22 de abril diferenciando con claridad los probados de aquellos sobre los que existen versiones enfrentadas (contemporáneas y actuales). El origen de la secuencia puede retrotraerse hasta octubre de 1908, cuando en el transcurso de una visita pastoral a la parroquia de Santa María la Real de Oseira, el obispo y sus allegados comprobaron el pésimo estado del baldaquino barroco del templo y consideraron la posibilidad de su retirada para evitar males mayores en caso de derrumbe. Realizadas las preceptivas consultas a la Junta Diocesana de Reparación de Templos y la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Orense, ambos organismos, acreditados por la presencia de figuras destacadas como el catedrático Marcelo Macías García o el arquitecto Daniel Vázquez Gulías, aprobaron unánimemente la retirada del baldaquino33. Las obras en el templo comenzaron en los primeros días de febrero de 1909, pero se encontraron enseguida con la oposición de una buena parte de la comunidad parroquial. Los recelos venían alimentados también por anteriores expolios (entre ellos el reloj de la torre, campanas, parte del coro o varias fuentes que habían sido trasladadas a Ourense) que había sufrido el monasterio una vez exclaustrada su comunidad34. Comienzan a circular rumores de que el baldaquino es una obra de gran valor, que el obispo pretende llevarlo a la Catedral de Ourense 31 El 11 de septiembre de 1908 los elogios al obispo se aprecian incluso en el diario El Miño, con artículos como “De la vida pública en Junquera de Ambia. El obispo en Los Milagros de Maceda” o “El párroco de Junqueira y los Hermanos de la Cofradía Cristiana”. 32 Louzao Villar, Joseba: “Las imágenes de lo sagrado o cómo ser católico entre cambios y continuidades (c. 18751931)”, Historia Contemporánea, 51, 2015, pp. 455-485; Cueva Merino, Julio de la y Montero, Feliciano: La secularización conflictiva en España, 1898-1931, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007; Suarez Cortina, Manuel: El gorro frigio. Liberalismo, democracia y Republicanismo en la Restauración, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000. 33 Marcelo Macías García, presidente de la Comisión de Monumentos, delegado de Bellas Artes, académico de la Real Academia Gallega y la correspondiente de la de Historia. Ver “Homenaje a Marcelo Macías García” en Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Artísticos e Históricos de Orense, 112 (1917), pp. 265-293. Sobre el arquitecto Daniel Vázquez Gulías, Carballo Calero, María Victoria: “De Vázquez Gulías (1869-1937) a Conde Fidalgo (1887-1984). A transformación dunha cidade”, en Galegos de Ourense, volumen II, Deputación Ourense, 2014, pp. 355-376. Un resumen de sus argumentos en la carta del primero de los mencionados “El baldaquino de la iglesia parroquial de Osera” en El Siglo Futuro (1-V-1909): “es obra de mal gusto, que desdice la traza y estilo del templo, verdadera joya de la arquitectura románico-gótica”. 34 Pilar Salomón señala que un motivo frecuente de motines anticlericales era la venta de objetos sagrados; Salomón Chéliz, P.: Anticlericalismo en Aragón. Protesta popular y movilización política (1900-1939), Zaragoza, P.U.Z., 2002, p.260.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 241 o a la de su Pamplona natal o incluso atribuyen el repentino interés del prelado a que una figura de ave (paloma o pelícano según diferentes versiones) sería de oro macizo. Es posible hacerse una idea de las características del templete por descripciones como la de José González Paz: […] estaba formado por cuatro columnas salomónicas recubiertas con pámpanos y hojas. En sus capiteles se apoyaban unos angelotes en posición inclinada, que a la vez sostenían con sus hombros un entablamento con decoración vegetal y frontón curvo, partido, con el escudo de Oseira. Un segundo cuerpo decreciente, con ocho cariátides en las esquinas, sostenía el cornisamento rematado en curvo y con pináculos. En los entrepaños de este cuerpo unos relieves con escenas de la vida de San Bernardo35. Un primer punto de divergencia radica en la valía atribuida al fatídico baldaquino, involuntario desencadenante de la tragedia. Si los defensores de la actuación del obispo invocarán los dictámenes de los dos organismos citados, sus detractores podrán oponerles voces no menos autorizadas, entre ellas la de Manuel Murguía (1833-1923), teórico del regionalismo y principal historiador gallego de la época36. Los expertos en historia del arte que se han ocupado de la cuestión en el último medio siglo son sin embargo unánimes: se trataba de una obra de gran valor, en opinión de Miguel Taín “una de las joyas del mobiliario litúrgico barroco gallego y español, lamentablemente hoy de imposible recuperación”37. Este mismo autor nos proporciona la clave de la discrepancia de opiniones, que estribaría en la minusvaloración del estilo barroco predominante a principios de siglo, basada en las teorías de Viollet-le-Duc (1814-1879) y sus restauraciones de edificios medievales con miras a devolverles su pureza original y despojarlos de adherencias impuras posteriores. Es aquí donde entra en juego el enfrentamiento personal, que según parece ya venía de bastante atrás, entre José Ramón Fernández Basalo, ecónomo de la parroquia y reconocido partidario del tradicionalismo, y Aquilino Sánchez Rodríguez, de treinta y cinco años, natural de la parroquia, perito agrícola, juez municipal en el vecino Punxín y propietario de tierras en Oseira, donde vivían varios de sus familiares (entre ellos su cuñado José Fernández casado con la maestra del pueblo). Aquilino Sánchez se erige en defensor de los opuestos a la obra. Sus estudios y personalidad le convertían en una persona con ascendiente que ya había asumido en alguna ocasión anterior la representación colectiva de la parroquia ante instancias oficiales. Los vecinos descubren al acudir a una misa dominical a principios de febrero que se han iniciado con carpinteros locales los preparativos para desmantelar el retablo. El párroco es el destinatario del malestar vecinal y ante el ambiente hostil decide abandonar Oseira temporalmente38. Ningún trabajador local se presta a retomar los trabajos y el 16 de febrero Aquilino 35 González Paz, José: “El desaparecido baldaquino de Osera”, Cuadernos de Estudios Gallegos, XXII/66 (1967), pp.115-116. Una fotografía del baldaquino puede consultarse en el especial de la revista viguesa Vida Gallega de mayo de 1909. 36 Por ejemplo en un artículo en el Heraldo de Madrid (27-IV-1909), originalmente publicado en El Miño. 37 Taín Guzmán, Miguel: “El baldaquino de Oseira”, Goya. Revista de Arte, 283-284 (2001), pp.223-234, la cita procede de la página 230. 38 Según algunas informaciones incluso habría tenido que esgrimir un arma de caza para salir indemne; El Siglo Futuro (7-V-1909).
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253248 ¿Quién explotó su ignorancia y les llevó á tal extremo? Los fiscales indagarán la parte de responsabilidad que corresponde á cada uno, sin olvidar á quienes no les iba ni venía en el asunto: á El Miño, por su odiosa campaña; al juez municipal de Punguin y otros cabecillas, por sus excitaciones71 d. Un punto de vista peculiar lo constituye el de la prensa militar, que exculpa a Salinas aduciendo que actuó con profesionalidad y acorde con las normas pero critica que se recurra a Ejército y guardia civil para afrontar las consecuencias de decisiones erróneas ajenas, en este caso de obispo y gobernador. Igualmente rechaza las críticas al Instituto armado realizadas por algunos parlamentarios y también las sugerencias de sustituir los máuseres por armas menos mortíferas72. De ser cierta la versión oficial, lo natural hubiese sido someter lo sucedido a la jurisdicción militar al haber sido atacada la guardia civil, pero en cambio se derivó a la justicia civil, contradicción que no dejó de ser señalada por la oposición. Por un lado la guardia civil abrió una información oficial a cargo del general de brigada Víctor Sánchez Mesa que eximió a Salinas de toda responsabilidad y efectivamente en su expediente no consta ninguna sanción73. Por el otro, se llevaron a cabo dos sumarios contra civiles por la jurisdicción ordinaria74. El primero contra los responsables de los disturbios en Ourense al regreso del obispo, que se salda con nueve condenas por sedición con multa de 1000 pta. Cuatro de los condenados se declaran insolventes y uno huye. Mientras tanto, los dos periodistas (López Aydillo y Álvarez de Novoa) que los sectores católicos señalaban como instigadores son absueltos utilizando como coartada haber asistido al cinematógrafo durante la manifestación75. El otro sumario se instruye en O Carballiño por la vía civil contra 19 paisanos (varios de ellos heridos que no podían negar su presencia en el templo) que justo al año de la matanza resultan absueltos. Frente a la atención despertada por la masacre, el fallo no es recogido en la prensa gallega y solamente se hace eco que sepamos Nova Galicia de Buenos Aires con amargura: Pasados unos meses y después de haber conseguido su objeto, que no fue otro que atemorizar con el procesamiento de aquellas gentes sencillas, se ha sobreseído, por falta de prueba. El matón de uniforme sigue campando por sus respetos; el obispo, el gobernador y el cura se lavan las manos como buenos Pilatos y tutti contenti76. La conmoción por lo sucedido impulsó la organización de colectas por parte de diversos organismos y asociaciones, desde el ayuntamiento de Cea a los parlamentarios ourensanos, el propio obispo y varios centros gallegos en América, una forma de 71 Idem. 72 El Ejército Español (26-IV-1909, 30-IV-1909 y 10-V-1909); La Correspondencia Militar (27-IV-1909). 73 La Correspondencia Militar (7-V-1909); Heraldo de Madrid (8-V-1909). 74 Este aspecto no está del todo claro ya que Hermida habla de un proceso a 43 personas por la jurisdicción civil en O Carballiño y otro por la militar a 19; Hermida Meilán, Xosé R.: “Que se vaian todos…”, p.16 75 AHPOU, caja 8927. 76 Tellado, Lino: “Triste aniversario. Los asesinatos de Osera”, Nueva Galicia (24-IV-1910). Ni siquiera conocemos la identidad de los procesados. En El liberal (16/VI/12) se menciona como uno de ellos a José Rodríguez Vázquez, propietario y comerciante de Oseira.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 249 involucrarse simbólicamente en la tragedia y que contribuyó a mantenerla candente en la opinión pública durante varias semanas. 5. La larga sombra de Oseira. Consideraciones finales En 1911 la conjunción republicano-socialista celebró con motivo del segundo aniversario de la masacre sendos mítines en Ourense y Coruña con presencia del diputado Rodrigo Soriano, que enlazó Oseira y la Semana Trágica para prevenir contra una posible vuelta al poder de Maura. En Ourense aparecieron carteles con calaveras y alusiones al obispo77. Sería que sepamos la última conmemoración hasta su centenario. En la política española Oseira irá pasando al olvido, salvo menciones cada vez más esporádicas en la prensa o los mítines republicanos mientras Maura siguió activo políticamente. En cuanto a los protagonistas de la tragedia, el baldaquino siguió en pie largos años, pese a su supuesto estado ruinoso, hasta que en julio de 1925 el nuevo párroco, Esteban Martínez Iglesias tomó la iniciativa por su cuenta y riesgo de destruirlo a hachazos y golpes de pico78. El gobernador civil ordenó su detención y traslado a la cárcel de Ourense pero la intercesión episcopal hizo que fuese liberado a las pocas horas. Los parroquianos esta vez no expresaron su malestar más que de manera callada, aprendida la dolorosa lección catorce años antes. El monasterio en sí fue declarado monumento nacional a iniciativa del diputado liberal por A Fonsagrada Manuel Portela Valladares79. A finales de 1929 regresaron los monjes y el 4 de agosto de 1930 se celebró la reocupación oficial del Monasterio tras casi un siglo de abandono con un acto en el que estuvieron presentes el obispo Cerviño y el nuncio Tedeschini80. Todavía le quedaba por escribir una página oscura al monumental cenobio ya que durante la guerra civil fue utilizado como centro de reclusión y la mano forzada de los presos destinada a los trabajos de reforma todavía pendientes81. En Cea la tragedia no alteró el panorama político y asociativo. A los dos meses se celebraron elecciones locales parciales y los 7 puestos en juego se atribuyeron mediante el artículo 29ª, sin lucha pues82. El alcalde Luis Garriga lo siguió siendo hasta enero de 1916 y retomaría el cargo entre 1917 y 1920 y fugazmente a inicios de la Dictadura de Primo. La primera y única sociedad agraria constituida en el ayuntamiento fue un Sindicato católico creado en junio de 1914 que todavía seguía vivo a la altura de 1924 cuando declaraba 133 socios. En el conjunto del Partido Judicial de O Carballiño también proliferaron los sindicatos católicos en los últimos años de la Restauración y sobre ellos se basó en gran medida la pujanza del calvosotelismo. La polémica por la interpretación y responsabilidades de la matanza fue en gran medida una batalla periodística y en ese ámbito la resaca dejó también consecuencias de calado. El Eco de Orense quedó desprestigiado hasta tal punto por su entreguismo 77 La Voz de Galicia (22 y 24-IV-1911 y 1-V-1911). 78 La Voz de Galicia (26-7-25). 79 Diario de Sesiones del Congreso (26-V-1909). 80 La Voz de Galicia (24-VII y 5-VIII-1930). 81 Rodríguez Teijeiro, Domingo: Presos e prisións na Galicia de guerra e posguerra: 1939-1945, Vigo, Galaxia, 2010. 82 AMC, Libro de actas, 1-VII-1909.
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253250 a la defensa del obispo y el gobierno que ese mismo 1909 cesó en su publicación tras veintinueve años de vida. Su rival El Miño sufrió sucesivas denuncias y secuestros de números por orden judicial83. El hostigamiento no cesó hasta que dieron fruto una serie de reuniones secretas entre su director, el granadino de origen gallego Francisco Álvarez de Nóvoa (1873-junio de 1936) y el obispo. Ilundain intercedió para que fuese nombrado cónsul de España en Río de Janeiro, pese a que algunos autores lo hayan interpretado erróneamente como un exilio84. El combativo Eugenio López Aydillo se convirtió en uno de los principales apoyos de la federación agraria Acción Gallega de Basilio Álvarez hasta protagonizar una sonada ruptura con el volcánico sacerdote a finales de 1913. Tras una trayectoria destacada en los campos periodístico y literario, en 1936 apoyó el golpe militar y terminó su carrera como jefe de la Delegación de Hacienda en Oviedo. El gobernador civil Tomás Alonso Zabala y el alcalde de Ourense Eladio Pérez Romero presentaron su dimisión el 28 de junio del mismo 190985. Contra sus deseos, el obispo Ilundáin debió permanecer todavía largo tiempo en el cargo al no ser atendidas sus peticiones de traslado, en medio de tensas relaciones con el clero de su diócesis y con el temor constante a que cualquier incidente o disputa local degenerase en un nuevo choque violento86. Finalmente, en julio de 1921 sería promocionado a arzobispo de Sevilla, y en marzo de 1925 recibiría la birreta cardenalicia de manos de Pío XI87. A su muerte en 1942 el canónigo de la catedral de Sevilla Laureano Tovar le dedicó una biografía apologética en la cual una cincuentena de páginas se dedicaban a exculparle del fatídico episodio que le perseguía. El teniente Gumersindo Salinas por su parte quince días después de los hechos fue dado de baja durante una semana “por padecer infección grippal (sic) reproduciéndose reumatismo agudo”88. Una vez restablecido regresó a su destino en Verín (al sureste de la provincia) al mando de la 8ª Compañía. El Miño expresa entonces su preocupación ante la posibilidad de que interviniese en embargos ante la reciente imposición de repartos extraordinarios por el alcalde conservador Vicente Sola y se refiere a él irónicamente como “el héroe de Osera”89. A partir de ahí prosigue su carrera con destinos en distintas localidades gallegas salvo un período de casi dos años en la Guardia Colonial en Guinea (1914-1916), acumulando ascensos y condecoraciones hasta pasar a la reserva en 1924 y jubilarse como capitán en 192690. Establecido en su localidad natal, durante la guerra civil tomará parte en la persecu83 El Liberal (6 y 12-VI-1909) 84 En noviembre de 1913 se trasladó a Buenos Aires donde dirigió el semanario La Voz de Galicia pero tras ser condenado en junio de 1915 por la publicación de artículos difamatorios contra el Banco de Galicia regresa a Ourense para continuar su actividad periodística y literaria al tiempo que obtenía un puesto de funcionario en la Diputación. 85 El diario republicano El País (30-VI-1909) se felicitaba por ello: “No hay que olvidarle. Lleva las manos manchadas de sangre”. 86 Hernández Figueiredo, José Ramón: “Algunos aspectos…”, pp.369-373. 87 En octubre de 1927 el gobierno de Primo de Rivera propuso promover al cardenal Ilundain como nuevo arzobispo de Toledo. Solo las maniobras de Alfonso XIII y del nuncio Federico Tedeschini para promocionar a Pedro Segura impidieron su elevación a la sede primada. Informes de candidatos a la provisión de Toledo (27 de octubre de 1927). ASV. AES-Spagna III: fasc. 488. pp. 79-110. 88 Expediente, AGMI. 89 “Otra baldaquinada”, reproducido en El País (28-VI-1909). 90 Aunque no pasa a mayores, en Tui protagoniza un nuevo incidente que confirma su carácter impulsivo cuando envía sus padrinos al presidente del Casino a causa de un malentendido por los gastos de una comida ofrecida a un grupo de deportados; La Época (10/VIII/1912).
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 251 ción de los elementos izquierdistas primero en Bande y a partir de agosto de 1936 en Vigo y alrededores, donde se destacó en labores de represión tanto en paseos y búsqueda de fuxidos como integrando tribunales militares hasta el final de la guerra, falleciendo en 194291. El señalado públicamente como principal cabecilla e instigador de la oposición a la retirada del baldaquino, Aquilino Sánchez Rodríguez, tras gestionar la suscripción abierta en el Banco Popular Español de Buenos Aires en favor de las víctimas, se convirtió en una de las figuras más reconocibles del republicanismo en la comarca. En marzo de 1912 renunció al cargo de juez municipal para ejercer como perito agrícola en O Carballiño, a donde trasladó su residencia. Ese año representó a la Asociación de Perítos Agrícolas de Galicia en la IV Asamblea Agraria, celebrada en Ribadavia. El baldaquino vuelve a cruzarse en su vida puesto que critica su destrucción por el párroco y la Liga Defensora del Clero le denuncia por injurias, de lo que resulta una condena en abril de 1927 en sentencia firme por la Audiencia Provincial a la pena máxima solicitada por el demandante: 3 años, 6 meses y 21 días de destierro a 75 Km. de Oseira y 1.125 pesetas de multa y pago de costas. Al inicio de la II República fue nombrado miembro de la gestora municipal de O Carballiño y posteriormente sería concejal por Izquierda Republicana y alcalde con el Frente Popular. Se le incoa un proceso por adhesión a la rebelión militar en el que resulta absuelto pero a continuación es paseado con 62 años el 1 de noviembre de 1936 en una aldea del municipio de Montederramo. Aunque no sea posible demostrarlo empíricamente, sus biógrafos consideran altamente probable que además de por su militancia republicana se le estuviese pasando la factura por su papel en la tragedia de Oseira 27 años antes92. El hagiógrafo de Monseñor Ilundain resumió los motivos con palabras concisas pero expresivas: “por considerársele desafecto al Movimiento y aparecer, como fue toda su vida, elemento revolucionario”93. La memoria de la masacre de 1909 fue recreada literariamente por Eduardo Blanco Amor, quien siendo niño había participado en las algaradas de protesta y que con ciertas licencias (como una carga a caballo por parte de los guardias) fija en la imaginación de muchos lectores la imagen de lo sucedido en su novela Xente ao lonxe (1972), aunque tuvo que efectuar modificaciones debido a la censura94. También introdujo referencias a Oseira Castelao en su obra de teatro de 1922 Un ollo de vidro y asimismo la mencionó en varias de sus ilustraciones. La más icónica es el dibujo número 10 del Album Nós (1931) en el que una anciana reza en un cementerio “–¡Un padrenuestriño polos que morreron en Oseira, Nebra e Sofán”. En la memoria del movimiento agrarista y del nacionalismo Oseira constituye el primer eslabón de una cadena de agravios que culmina en la de Guillarei de noviembre de 1922, símbolos de la brutalidad del Estado y de su incomprensión hacia la realidad de la Galicia rural, para sus ideólogos la más auténtica representante 91 Su actuación a partir del 18 de julio en Abad Gallego, Xoán Carlos: Cen personaxes en torno a unha guerra: a República e a Guerra Civil na comarca de Vigo a través dos seus protagonistas, Vigo, Instituto de Estudios Vigueses, 2008, pp.543-548, aunque curiosamente no se le ponga en relación con los hechos de Oseira (probablemente porque en su expediente apenas se mencionan). 92 Prada, Julio: “Os mortos daquel outono. Unha aproximación ó proceso e asasinato de Aquilino Sánchez”, Ágora do Orcellón, 2 (2001), pp. 7-17; Crespo Pérez, Manuel: “O Carballiño na II Rep e na guerra civil” en José Platero Paz (coord).: En O Home e o Medio, Unha visión científica da interacción secular, Ourense, Deputación Provincial, 2000, pp.151-162. 93 Tovar, Laureano: Ensayo biográfico…, pág.122. 94 Sobre el tratamiento literario de Oseira, Capelán, Antón: Luís Seoane…
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253252 de su identidad95. Sin embargo, Oseira introduce una cierta incomodidad en este discurso debido a la naturaleza religiosa y tradicional de su motivo desencadenante y al hecho de que la resistencia careciese del elemento de una organización formal moderna96. Por eso en el décimo aniversario varios de los artículos en el portavoz del nacionalismo lamentan que los campesinos se jueguen la vida por un baldaquino y no por derechos abstractos pero trascendentales como la pureza del voto97. Antón Villar Ponte lo explicitaba claramente en un artículo comparando diversos episodios violentos al referirse a que los campesinos podían matarse por riñas localistas o “un vago sentimiento tradicional” pero aguantaban todo de los caciques por falta de sentido cívico, para a continuación contraponer a Oseira otros posteriores: “Pero en las tragedias de Nebra y Narón, sólo el noble anhelo de la defensa de sus derechos civiles impulsara a los labriegos por el camino de la iracundia. Y en todos los casos el mauser procedió igualmente”98. Durante la República no se reabrió ni judicial ni simbólicamente la cuestión, a diferencia de Guillarei donde se erigió un monolito (posteriormente destruido a inicios de la guerra civil y hoy reconstruido) y el franquismo impidió obviamente toda conmemoración o reivindicación al respecto. El punto de vista de los habitantes de Oseira se expresó en diversas coplas de ciego que describían la tragedia insistiendo en la brutalidad de los guardias, la insensibilidad del obispo y los estragos en los cuerpos de las víctimas y pedían amparo a la Virgen y castigo en el infierno para los culpables99. Dichas coplas indicarían la existencia de un discurso oculto popular scottiano en la zona, que no podría expresarse abiertamente pero que se resistiría a aceptar el modo en que se había zanjado la masacre. Ni la web del ayuntamiento ni la del monasterio (visitadas el 25 de abril de 2018) mencionan la matanza, que no ha sido objeto de conmemoración, monumento, placa o tratamiento público de ningún tipo, a diferencia de las mencionadas de Nebra, Sofán o Guillarei. Solamente alguna iniciativa individual intenta mantener vivo el recuerdo de lo sucedido en forma de libros autoeditados, vídeos en youtube o blogs. Con ocasión del centenario de los hechos, un grupo de vecinos propuso al ayuntamiento un acto de homenaje pero la corporación, con mayoría absoluta del Partido Popular, se opuso, en palabras del alcalde “para no molestar a nadie”, un argumento habitual en el caso de las víctimas de la guerra civil pero sorprendente en este contexto100. Son muchas las aristas de un suceso que fue a la vez anticlerical en su oposición a la jerarquía y clerical por la naturaleza del bien defendido. Está por estudiar el anticlericalismo en una tierra que el tópico presenta conservadora y devota pero en la que hay indicios de un anticlericalismo popular no siempre capitalizable en términos políticos o de agitación pero expresado en la irreverente consideración hacia el clero en la cultura popular (refranes, coplas…), en el relativo fracaso del sindicalismo 95 Que también constituye el enfoque desde posturas próximas al BNG del reciente Rebeldía galega contra a inxustiza, “De Nós”. Monografías con perspectiva galega, 1 (2018). 96 Como ya señalaron en su momento Bernárdez y Román: Labrando…, pág.262. El contexto español sería el de la transición en la protesta colectiva de la violencia de carácter reactivo al predominio del repertorio moderno, en términos de Tilly, tal como afirma González Calleja, Eduardo: La razón p.536. 97 A Nosa Terra (25-II-1919). 98 El Sol (23-II-1919). Narón fue una revuelta fundamentalmente femenina contra la especulación en 1918. 99 No podemos reproducirlas aquí por motivos de espacio, pueden consultarse varias en el blog http://pacodomartelo.blogspot.com.es/2011/04/martires-de-oseira-in-memoriam.html y en González Díaz, Ismael: Oseira… 100 “Cea lucha por resucitar a los siete mártires de Oseira”, El País (2-VIII-2009).
Cabo, M. y Rodríguez Lago, J.R. Cuad. hist. cont. 41, 2019: 233-253 253 agrario confesional o en unas creencias sobre lo sobrenatural muy poco ortodoxas que la Iglesia veía con recelo. Como señala Pilar Salomón para Aragón este anticlericalismo popular manifestado en críticas contra actuaciones o personas concretas sin cuestionar las cuestiones de fondo podía combinarse en ocasiones con las tesis anticlericales de carácter ideológico de republicanos, socialistas o anarquistas que buscaban imponer un proyecto secularizador101. También hay que poner en cuarentena el carácter primitivo o irracional de este tipo de acciones, que los teóricos de la acción colectiva contemplan actualmente como formas de intervenir en los asuntos públicos de los grupos excluidos del poder y de los conductos institucionales de hacer política. Serían pues a su manera formas de negociación, en las que la salida violenta dependía fundamentalmente de la actitud de las autoridades ante el desafío102. En Oseira nueve campesinos perdieron sus vidas por defender un baldaquino y en la Semana Trágica los amotinados destruyeron imágenes y edificios religiosos. El contraste no puede ser más evidente, pero a pequeña escala lo sucedido en aquella remota aldea ourensana anticipó algunos de sus elementos, como la colaboración de liberales y fuerzas externas al turno en la campaña de denuncia contra Maura y su caracterización como un sanguinario autócrata al servicio de los intereses de una Iglesia retardataria. El 22 de abril de 1909 frente a la iglesia del soberbio monasterio se solaparon en un choque sangriento múltiples oposiciones, comenzando por la personal entre un párroco y un republicano inconformista y siguiendo por la de un sector del clero provincial y su expeditivo obispo, la de dos periódicos rivales o la de un teniente y una multitud de campesinos, resultando una tragedia evitable pero que nadie supo evitar. 101 Salomón Chéliz, Pilar: Anticlericalismo…, p.362. 102 Estos planteamientos, provenientes de la escuela de Charles Tilly, son los propuestos por ejemplo en Gil Andrés, Carlos: Protesta popular…, en Bascuñán Añover, Óscar: Protesta y supervivencia. Movilización y desorden en una sociedad rural: Castilla-La Mancha, Valencia, Fundación Instituto de Historia Social, 2009, p.175. o en Lucea Ayala, Víctor: El pueblo en movimiento. La protesta social en Aragón (1885-1917), Zaragoza, P.U.Z., 2009