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Caosmosis y subjetividad: la estética de Félix Guattari (1930-1992)

García Rodríguez, Matías

Abstract

'Caosmosis y subjetividad: La estética de Félix Guattari (1930-1992)' es la primera tesis doctoral monográfica sobre la obra de este gran pensador contemporáneo. Mediante el análisis sistemático de sus influencias, fases y fundamentos, el objeto de este trabajo es el análisis de su estética en el contexto del pensamiento post-estructuralista francés en aras de exponer la riqueza de la aportación guattariana a la Estética Contemporánea.

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TESIS DE DOCTORADO CAOSMOSIS Y SUBJETIVIDAD: LA ESTÉTICA DE FÉLIX GUATTARI (1930-1992) Matías García Rodríguez ESCOLA DE DOUTORAMENTO INTERNACIONAL PROGRAMA DE DOUTORAMENTO EN FILOSOFÍA SANTIAGO DE COMPOSTELA 2019 DECLARACIÓN DEL AUTOR DE LA TESIS Caosmosis y subjetividad: La estética de Félix Guattari (1930-1992) D. Matías García Rodríguez Presento mi tesis, siguiendo el procedimiento adecuado al Reglamento, y declaro que: 1) La tesis abarca los resultados de la elaboración de mi trabajo. 2) En su caso, en la tesis se hace referencia a las colaboraciones que tuvo este trabajo. 3) La tesis es la versión definitiva presentada para su defensa y coincide con la versión enviada en formato electrónico. 4) Confirmo que la tesis no incurre en ningún tipo de plagio de otros autores ni de trabajos presentados por mí para la obtención de otros títulos. En Santiago de Compostela, 14 de Mayo de 2019 Fdo. Matías García Rodríguez AUTORIZACIÓN DE LOS DIRECTORES DE LA TESIS Caosmosis y subjetividad: La estética de Félix Guattari (1930-1992) D. Luís García Soto y D. Federico López Silvestre INFORMAN: Que la presente tesis, corresponde con el trabajo realizado por D. Matías García Rodríguez, bajo nuestra dirección, y autorizamos su presentación , considerando que reúne l os r equisitos exigidos en el R eglamento de Estudios de Doctorado de la USC, y que como directores de ésta no incurre en las causas de abstención establecidas en la Ley 40/2015. En Santiago de Compostela, 14 de Mayo de 2019 Fdo. Luís García Soto Fdo. Federico López Silvestre 1 Resumen Caosmosis y subjetividad: La estética de Félix Guattari (1930-1992) es la primera tesis doctoral monográfica sobre la obra de este gran pensador contemporáneo. El objeto de este trabajo es el análisis de su estética en el contexto del pensamiento post-estructuralista francés, mediante el análisis sistemático de las influencias, fases y fundamentos de su obra. Partiendo de un estado de la cuestión que nos permita comprender las claves historiográficas de la recepción de su pensamiento, exponemos a continuación el desarrollo de la obra guattariana completa, prestando especial atención a sus correlatos históricos, para ir así dibujando al Guattari post-lacaniano que escribe acerca de la producción maquínica, la enunciación colectiva, la micropolítica o la ecosofía. A su vez, abordamos los fundamentos del pensamiento estético guattariano en torno a cuatro autores-problema básicos, a saber: Joyce, con objeto de hablar de la apabullante voluntad de escritura guattariana, así como de la relevancia del paradigma modernista en su obra; Proust, cumbre de la ambición analítica guattariana, y oportunidad de traer a colación el phylum machinique en el contexto de su teoría de una enunciación desindividualizada; Kakfa, lo menor y la enunciación colectiva; y finalmente Schumann, como ejemplo paradigmático de la importancia central de la música en la obra y en la vida de Guattari, y perspectiva privilegiada para acceder a una teoría profunda del ritornelo. En último término, lo que este trabajo se propone demostrar es la centralidad del plano estético en el pensamiento de Félix Guattari, así como la enorme riqueza de la aportación guattariana a la Estética Contemporánea. Palabras clave: Estética; Filosofía Política; Ética; Postestructuralismo; Félix Guattari. 2 3 Resumo Caosmose e subxectividade: A estética de Félix Guattari (1930-1992) é a primeira tese doutoral monográfica sobre a obra deste grande pensador contemporáneo. O obxecto deste traballo é a análise da súa estética no contexto do pensamento postestructuralista francés, mediante a análise sistemática das influencias, fases e fundamentos da súa obra. Partindo dun estado da cuestión que nos permita comprender as chaves historiográficas da recepción do seu pensamento, expomos a continuación o desenvolvemento da obra guattariana completa, poñendo especial atención aos seus correlatos históricos, para ir así debuxando ao Guattari post-lacaniano que escribe acerca da produción maquínica, a enunciación colectiva, a micropolítica ou a ecosofía. Por súa vez, abordamos os fundamentos do pensamento estético guattariano por volta de catro autores-problema básicos, a saber: Joyce, co obxecto de falar da abrumadora vontade de escrita guattariana, así como da relevancia do paradigma modernista na súa obra; Proust, cumio da ambición analítica guattariana, e oportunidade de traer a colación o phylum machinique no contexto da súa teoría dunha enunciación desindividualizada; Kafka, o menor e a enunciación colectiva; e finalmente Schumann, como exemplo paradigmático da importancia central da música na obra e na vida de Guattari, e perspectiva privilexiada para acceder a unha teoría profunda do ritornelo. En último termo, o que este traballo se propón demostrar é a centralidade do plano estético no pensamento de Félix Guattari, así como a enorme riqueza da aportación guattariana á Estética Contemporánea. Palabras clave: Estética; Filosofía Política; Ética; Postestructuralismo; Félix Guattari. 4 5 Abstract Chaosmosis and Subjectivity: The Aesthetics of Félix Guattari (1930-1992) is the first doctoral thesis monographically devoted to the work of this great contemporary thinker. The aim of this study is the analysis of his aesthetics in the context of French post-structuralist thought, by means of a systematic analysis of the influences, stages and foundations of his work. From a state of the field which allows us to understand the historiographical keys in the reception of his thought, we then present the development of the complete Guattarian works, paying special attention to all the historical correlates, in order to thus picture the post-Lacanian Guattari who writes about machinic production, collective enunciation, micropolitics and ecosophy. Next, we address the groundings of Guattarian aesthetic thought in relation to four problem-authors: Joyce, in relation to Guattari’s overwhelming volonté d’écriture; Proust, peak of Guattari’s analytic ambitions, and an opportunity to talk about the phylum machinique in the context of his theory of a nonindividualized enunciation; Kafka, the minor, and collective enunciation; and finally, Schumann, paradigmatic example of the great importance music had in Guattari’s work and life, and suitable viewpoint for a deep theory of the refrain. Ultimately, what this study tries to point out is the centrality of the aesthetic plane in Félix Guattari’s work, just as the profound richness of Guattarian contribution to Contemporary Aesthetics. Keywords: Aesthetics; Political Philosophy; Ethics; Poststructuralism; Félix Guattari. 6 13 Galego de Arte Contemporánea (CGAC) (Santiago Olmo, Gema Baños), así como a quienes me han dado la oportunidad de poder dar a conocer algunos de mis trabajos acerca de Guattari, como la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. Mi escritura se ha enriquecido gracias a las gozosas horas de lectura, a las que en los últimos años se han venido a sumar las laboriosas (pero divertidas) horas de traducción. Así, quisiera también dar las gracias a la editorial Biblioteca Nueva (Madrid), a los directores de colección que han tenido a bien incluir mis traducciones entre sus obras (Javier Maderuelo, Joan Nogué), así como, desde luego, a los autores que he tenido la gran suerte de traducir: Gilles A. Tiberghien y Michel Onfray. De igual modo, debo agradecer a la editorial compostelana Através (Compostela), de la que formo parte desde 2013, el haberme permitido una formación práctica en el mundo de la edición que me ha ayudado a manejar el propio texto de la tesis, a aprender a mirarlo con ojos de editor, así como, de manera fundamental, a trabajar en equipo sin otro interés que la cultura. Quisiera por ello mencionar a quienes han participado del equipo a lo largo de estos años, y en particular a Valentim, Marta, Xemma, Miguel, Antom, Inácio y Teresa como, de igual manera, a los miembros de la directiva de la Associaçom Galega da Língua (AGAL), a cuyo Conselho Amplo tengo el orgullo de pertenecer: Eduardo, Eliseu, Carlos, Susana, Vítor, Wika, Graciela, Xico, Jon, Marcos… como, finalmente, a los autores de los libros cuya edición he coordinado para esta misma editorial: Helena Miguélez-Carballeira, Joel R. Gômez, Igor Lugris, Teresa Moure y Carmen V. Valiña. II. Dar por sentadas las cosas es una de las más peligrosas inercias de quien es humano, demasiado humano. Tengo para mí que ello es particularmente peligroso cuando se refiere o afecta a una relación (de pareja, de maestro y discípulo, filial: para el caso importa poco). Como decía Henry Miller, las ideas son como pequeñas macetitas que uno debe dejar al sol para que de allí broten hojas y flores; de la misma manera, una relación sana y 14 fuerte precisa de un poquito de sol y de cuidado, la serenidad necesaria para dejar que la naturaleza siga su curso sin excesivas intervenciones, así como unas pizcas de decisión, arrojo y mesura: una cierta templanza placentera en la contemplación de un proceso que está vivo, pero al que uno ha elegido también dar vida. Tengo la suerte de poder decir que dar las cosas por sentado es algo que ninguno de mis directores ha hecho conmigo ni con esta tesis. Es gracias a su atención y a su cuidado por lo que este trabajo (y su trabajador) ha podido, si no llegar a ser, en el sentido goethiano, lo que uno es, sí cuanto menos a corregir muchas de sus peores características. Alguna queda, y es justo y natural que así sea. Quisiera por ello, por su atención generosa y su cariñosa enseñanza, dar las gracias a Luís García Soto, en el deseo de saber llegar a absorber las mejores características de Guattari tal y como en él relucen los mejores trazos del talante barthesiano: la alergia a las categorías vacías, el placer del texto y la elegancia de un pensamiento verdaderamente abierto y en movimiento. Otro tanto debe ser dicho de Federico L. Silvestre. De nuevo, así como no da por sentadas las cosas en esa pequeña parte de su inmensa labor que es la que se firma y concede sexenios o se cuenta por créditos, su quehacer como director no se ha dejado conducir nunca por otra cosa que no fuera el trabajo constante y la reflexión paciente, el enseñar a cultivar un jardín propio con las manos de quien sabe acompañar a la naturaleza, en este caso a la naturaleza neurótica y tambaleante de quien firma esta tesis. Su dirección y mi trato con él me han hecho crecer como investigador y como persona, y no me cabe duda de que mi relación con él representa una parte fundamental de esta mi pequeña madurez que todavía no ha llegado a florecer, pero que desde luego está lejos de malezas pretéritas. De nuestra primera conversación salió ya un primer proyecto de dirección que dura ya casi diez años (y que vengan muchos más). Federico me descubrió autores, templó mis filias y mis fobias, encauzó mi estilo, me prestó libros, escribió cartas de 15 recomendación llenas de inmerecidas alabanzas, escuchó mis ideas de los días buenos y mis rumiaciones de los días malos, me dio siempre buenos consejos y acompañó mi evolución como investigador de manera atenta, ayudándome a crecer sin caer en la tan peligrosa incitación a la pura emulación discipular. Federico me ha enseñado, aconsejado, apoyado y cuidado mucho; de hecho, mucho más de lo que en ocasiones he sido capaz de hacer por mí mismo. Comoquiera que las páginas que siguen encuentran el origen de su motivación y la voluntad de su concreción, en gran parte, en la persona de Federico, quisiera aquí, con ignorancia absoluta de las cartas que me serán barajadas en el futuro, dejar por escrito cuánto le debo, que es mucho y seguramente mucho más profundo de lo que alcanzo todavía a comprender. III. Bajo la especie de la paciencia, mis amigos merecen toda suerte de menciones, premios y juegos florales. Y es que una tesis doctoral es una alquímica combinación de cafeína, tóner, dioptrías, dolor de espalda y profunda, profunda ignorancia. También de decepciones, pagos y maletas de camino al aeropuerto. En una palabra, es la vida de su doctorando, y obviar toda mención a este flujo de realidad no sería justo ni con el testamento guattariano ni con mis valores. No pertenezco a la clase social de quienes pueden permitirse separar academia y vida; tampoco querría hacerlo. Por ello, y como quiera que he vivido en el siglo, no sería honesto presentar el fruto de parte de mi trabajo de estos años sin mencionar la inseguridad académica, la gentrificación urbana y la absoluta precariedad laboral que comparto con tantos de los que me rodean. Muchas de estas situaciones me han hecho madurar, al tiempo que han dejado un gusto amargo en mi boca, un cierto cinismo que, en aras de mi voluntad, espero contener. Espero que amor, música, reflexión y la defensa de aquello en lo que creo me acompañen en el modesto pero necesario cultivo del jardín propio, y me permitan ayudar en los de quienes me rodean. 16 ¿Y qué podría yo cultivar sin la ayuda y el afecto (los afectos) de quienes me rodean? Nada. Agradezco, así, las conversaciones con Dani, Agar y Miguel Anxo, la gran ayuda que me han brindado Marta Bouzas y Juan Soriano, las palabras de ánimo de Dora, Ramona, Isa, Uxía, Helena, Ariel y Fina, la amistad que me une a Rubén, Anxo, Roque, Nonia, Toño, Belén, Laura, Juan, María, Véronique y Nacho: muito obrigado, gente. Y es por ello también que abrazo a mi familia, en el deseo de poder contribuir con alguna pequeña alegría en estos tiempos amargos: a mi madre, a mi abuela, a Caru y a Jose, y también, siquiera sólo pueda hacerlo en mi corazón, a aquel de quien tanto nos acordamos. IV. La idea i la paraula de la fantasia me la trobo al mig del pas cada dia i els llums dels cotxes fan brillar colors fantàstics a l’asfalt que hi ha plogut tot el dia. Però només ho veig com escapant-se’m, tot i tot d’esgallimpada, ja fa dies. O sigui que et demano per favor que vinguis ara, avui, demà, quan puguis, algun dia, que tinc ganes de veure alguna cosa de ple i de cara i bé i de veritable fantasia.1 Per l’Alba, Compostela tropical, república assolellada. 1 Enric CASASSES, «La paraula aquesta de la fantasia». 17 Índice Abreviaturas de las obras de Félix Guattari. INTRODUCCIÓN. ¿Por qué Guattari? Problema, hipótesis y objetivos. Notas historiográficas y metodológicas. I. ESTADO DE LA CUESTIÓN 1. UN LEGADO SIN «ISMOS»: ESTUDIOS, TRADUCCIONES Y DIFUSIÓN DE LA OBRA GUATTARIANA. 1.1. La recepción académica de un escurridizo «Guattari». 1.2. La literatura crítica: Rolnik, Genosko, Bifo, Watson. 1.3. El flujo de las revistas y editoriales: Recherches, Chimères, Multitudes. II. LA OBRA DE FÉLIX GUATTARI 2. DE LA ESTRUCTURA A LA MÁQUINA. 2.1. ENLOQUECIDA FUERZA DEL DESALIENTO. 2.1.1. Guattari, joven militante. 2.1.2. Del esprit a la Estructura. 2.1.3. Sartre, furiosamente desencantado. 2.1.4. La reacción estructuralista. 2.1.5. La aparición de Lacan. 2.2. HACER SUBIR EL FONDO. 2.2.1. Alteridad, diferencia y totalidad: El cuerpo insepulto de Hegel. 2.2.2. Deleuze y Différence et répétition. 2.2.3. 1968, una nueva crisis de modelo. 2.2.4. Y aparece Guattari: «Machine et structure» (1969). 18 3. DE LO MAQUÍNICO A LO MOLECULAR. 3.1. FÉLIX Y LAS MÁQUINAS. 3.1.1. L’Anti-Œdipe: El lacanismo y los puntos ciegos del freudismo. 3.1.2. 1975-1979: Máquinas, agenciamientos, rizomas. 3.1.3. Mille plateaux, estética y pragmática. 3.2. ENUNCIAR(SE) EL MUNDO: FANTASMAS DE GRUPO Y REVOLUCIONES MOLECULARES. 3.2.1. Lecciones italianas. 3.2.2. Nuevos desarrollos anti-estructuralistas (y contra el post-modernismo). 3.2.3. La «enunciación colectiva» y la problemática de los grupos. 3.2.4. Micropolítica y fascismo. 4. DE LO MOLECULAR A LO CAÓSMICO. 4.1. LOS AÑOS DE INVIERNO, LA ECOSOFÍA. 4.2. CHAOSMOSE Y EL «PARADIGMA ÉTICO-ESTÉTICO». III. UN PENSAMIENTO ESTÉTICO 5. JOYCE Y LA PULSIÓN ESTÉTICA. 6. PROUST Y LA ENUNCIACIÓN DESINDIVIDUALIZADA. 7. KAFKA Y LO MENOR. 8. SCHUMANN Y EL RITORNELO. 9. PERO, ¿QUÉ ESTÉTICA? CONCLUSIONES. 19 FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA. I. Obras de Félix Guattari: Ediciones originales, ediciones manejadas y traducciones a Castellano, Portugués, Inglés y Japonés, por orden cronológico de primera edición. II. Literatura crítica. II.I. Revisiones: Obras acerca del pensamiento guattariano. II.II. Contextos: Obras vinculadas con la génesis del pensamiento guattariano. II.III. Prolongaciones: Obras relacionadas con el pensamiento guattariano. III. Bibliografía general. III.1. Pensamiento francés de la segunda mitad del s. XX. III.2. Historia francesa de la segunda mitad del s. XX. 20 21 Abreviaturas de las obras de Félix Guattari AH Les Années d’hiver AŒ L’Anti-Œdipe Ch Chaosmose ChS Chaosophy CS Cartographies schizoanalytiques EAŒ Écrits pour L’Anti-Œdipe FGL Félix Guattari entrevista Lula IM L’Inconscient machinique K Kafka LF Lignes de fuite LLB De Leros à La Borde ME Machinic Eros MP Mille plateaux MPol Micropolítica NEL Les Nouveaux espaces de liberté PsT Psychanalyse et transversalité QE Qu’est-ce que l’écosophie? QPh Qu’est-ce que la philosophie? R Ritournelles Rh Rhizome RK Soixante-cinq rêves de Franz Kafka RM La Révolution moléculaire SS Soft Subversions TE Les Trois écologies UIQ Un Amour d’UIQ 22 29 Acostumbramos a atribuir características mitológicas a aquellos autores a los que dedicamos años de estudios y reflexiones. No resulta extraño; nuestro vínculo debe ser fuerte e íntimo, si es que hemos decidido comprometernos en tal empresa. Un exceso de empatía, una comprensión presta a justificaciones, una defensa continua con o sin los mejores argumentos… Estamos seguros de que algo de ello encontrarán los lectores de este texto. Como decíamos, no deja de ser comprensible. Sea como fuere, creemos que la extensión en el tiempo de estas lecturas y nuestros propios cambios de posición en relación con determinados puntos de su obra nos han prevenido de ciertos extremos hagiográficos. Es más, al propio Guattari le debemos la matización, cuando no caída, de algunas creencias pretéritas. Si, en la concepción nietzscheana, el sentido de la filosofía es la conjura de la estupidez, no podemos sino congratularnos en la recomendación de una profusa automedicación guattariana. PROBLEMA, HIPÓTESIS Y OBJETIVOS.— El presente trabajo tiene como objeto un pequeño ejercicio en Historia de la Filosofía, más concretamente en Historia de la Estética, que concierne al pensamiento post-estructuralista francés en la figura de Félix Guattari. O también, desde otro punto de vista, un análisis de la estética guattariana en el contexto de los trabajos y los días de Guattari y de su tiempo. He aquí nuestro problema. La primera y más notable dificultad a la que nos hemos enfrentado es la equívoca magnitud de trabajo por realizar. No se trata simplemente de que existan pocos estudios acerca de la estética guattariana, sino de que su obra misma, ya sus escritos políticos, ya sus escritos psicoanalíticos (por mencionar los de mayor suerte historiográfica), permanecen en un paradójico olvido. Paradójico, porque su nombre emerge continuamente en innúmeras publicaciones; olvido al fin y al cabo porque, bajo la figura de Deleuze, la de Guattari ha permanecido casi siempre en 30 un segundo plano, su nombre mencionado sin cesar pero sus obras muy raramente leídas y estudiadas. Las modalidades y justificaciones de este olvido, así como una presentación de aquellos estudiosos que sí han dedicado su atención a la obra guattariana, serán abordados más adelante. En relación con nuestro problema, lo que ahora nos compete es la elucidación de la hipótesis de nuestra tesis. Según ésta, es en la obra de Guattari en donde el pensamiento post-estructural alcanza sus cotas de mayor complejidad y belleza, lo cual a su vez convierte en nuestro objetivo fundamental el rescatarla de su relativo olvido mediante un estudio sistemático de su contexto, influencias, fases y fundamentos que nos permita una comprensión seria de los principales vectores de esta sui generis estética caósmica. Desde el punto de vista de la exposición de nuestro trabajo, hemos organizado su desarrollo en torno a tres grandes bloques: a) Estado de la cuestión, donde abordaremos aquellos estudios, ediciones y traducciones de la obra guattariana más relevantes de cara a comprender la situación actual de la literatura crítica sobre el particular; b) Un desarrollo cronológico de la obra completa de Guattari, desde los años de formación en el contexto existencialista y marxista de la posguerra para pasar después a sus años de obediencia lacaniana, su trabajo junto a Deleuze, sus escritos políticos de la década de los 70, los llamados «años de invierno» y el estudio del Capitalismo Mundial Integrado hasta su apuesta ecosófica y alineamiento con los Verdes y sus últimos textos estéticos; c) Una recapitulación de las líneas mayores de esta estética, reorganizada en torno a sus trabajos, vivencias y posiciones acerca de Joyce, Proust, Kafka Schumann. 31 NOTAS HISTORIOGRÁFICAS Y METODOLÓGICAS.— La voluntad de este trabajo es, pues, histórica. Lo importante es calibrar acertadamente el nivel en el que la tarea analítica se debe realizar, como agencement historiográfico de un trabajo que quiere acceder al socius sin caer en el mecanicismo, y al ser humano sin caer en el humanismo. Guattari, como todo el que ha vivido, fue algo menos y algo más que su tiempo, por lo que el balance preciso debe situarse entre las injusticias y arbitrariedades de las perspectivas unilaterales. Las lecturas a las que obliga la obra guattariana, un autor que tenía entre sus más citados a Hjelmslev, Freud, Kafka o Proust, es necesariamente plural. Es en estos agenciamientos en donde nos hemos bañado a lo largo de estos años. Por su parte, estas lecturas nos obligan a una pequeña nota acerca de la noción guattariana de transversalité. Este concepto, de no excesiva fortuna7, que encontramos ya plenamente formulado en 19648, lo acompañará hasta el final. Su origen es triple: en primer lugar, se trata de una noción vital, ligada al carácter de Guattari y a su 7 «Transversality is a vitally important concept in Félix Guattari’s theoretical and political vocabulary. His essay “Transversalité”, dating from 1954 [sic], has been available in French since 1972, and an English translation — recognized as flawed but serviceable in its literalness, especially when considered in relation to many of the other translations undertaken by Rosemary Sheed in the out-of-print Molecular Revolution (Guattari, 1984) — has not attracted much direct commentary. Since the concept appears throughout Guattari’s published work, and the seminal concomitant distinction between subject groups and subjugated groups has been revisited by Guattari in his collaborations with Gilles Deleuze most notably in Anti-Oedipus (Deleuze and Guattari, 1977), as well as in his own writings and been rigorously applied to a literary text by Brian Massumi (1988), following the model of Deleuze's application of it in his essay “The Literary Machine” from a later edition of Proust and Signs (Deleuze 1972), it may have escaped comment because of its obviousness; or, perhaps, it has been overshadowed by or simply conflated with schizoanalysis.» (GENOSKO, Gary: «The Life and Work of Félix Guattari: From Transversality to Ecosophy», en GUATTARI, Félix: The Three Ecologies, tr. Ian Pindar & Paul Sutton, The Athlone Press, London & New York, 2000, pág. 106). 8 «La transversalité», en PsT. 32 incesante creación de grupos y proyectos. El dramaturgo JeanBaptiste Thierrée se refiere a ello cuando dice: Je m’étais envolé vers d’autres choses. Je ne voulais pas avoir de carcan. Cela venait de Félix qui était un peu déjanté et qui était convaincu que l’on pouvait avoir plusieurs vies en une seule, qu’il ne fallait jamais s’enfermer dans une activité. Cette capacité d’arrêter une activité et d’en commencer une autre, je l’ai apprise de lui.9 En segundo lugar, creemos que está estrechamente vinculada al momento en el que vivió, y el dominio absoluto del paradigma estructural durante sus años de juventud (pero no sólo juventud; suele dibujarse al Guattari de L’Anti-Œdipe como un autor muy joven, pero cabe recordar que por aquel entonces contaba ya 42 años): Cette fonction de diagnostic caractérise les opérations théoriques de Félix Guattari, véritables coups de force qui sautent et se déplacent d’un domaine théorique à un autre, à la manière du cavalier sur le plateau d’un jeu d’échecs. […] Concepts et pratiques doivent renoncer au discours du Maître, à l’ambition universaliste des doctrines stables, arrêtées, statiques. Il n’y a pas de concepts universels, seulement des coups de force théoriques, qui répondent à des nécessités pratiques et se produisent à l’interstice des champs de savoir, sur leurs lignes de frontière, de fracture et de renouvellement.10 9 THIERREE, Jean-Baptiste: «Aujourd'hui encore, je rêve beaucoup à mon ami Félix...», en Chimères, 77 (2012), pág. 152. 10 SAUVAGNARGUES, «Un cavalier schizo-analytique sur le plateau du jeu d’échecs politique», en Multitudes, 34 (2008), pág. 31. En relación al contexto histórico de esta noción, Anja Kanngieser, en un interesantísimo texto, refiere una posible influencia situacionista en la que vale la pena profundizar; cf. KANNGIESER, Anja: «...And... and... and... The Transversal Politics of Performative Encounters», en Deleuze Studies, 6.2. (2012), pág. 266. 33 Por último lugar, más allá de lo personal y lo reactivo, la transversalité guattariana es una máquina de guerra teórica, esto es, un verdadero dispositivo que va y viene, entre el talante de Guattari y hasta el funcionamiento de La Borde11, pero también, añadiremos, hasta la necesaria articulación de los estudios guattarianos, que, más allá de la historiografía, han sabido encontrar usos actuales a la noción de transversalité12. En su «Microphysique des pouvoirs et micropolitiques des désirs» (1985), uno de los contadísimos comentarios de Guattari a propósito de la obra de Foucault, escribe nuestro filósofo: Ce n’est pas par une pratique exégétique que l’on peut espérer maintenir vivante la pensée d’un grand disparu, mais seulement par sa reprise et sa remise en acte, aux risques et périls de ceux qui s’y exposent, pour rouvrir son questionnement et pour lui apporter la chair de ses propres incertitudes.13 La transversalité nos invita, si no conmina, a abrazar y dejarse abrazar por el rizoma, con todos sus placeres y con todas 11 «Organiser la transversalité, faire rhizome, ce sont des actions pragmatiques qui ne se justifient que par les effets qui en sortent dans des conditions déterminées: on ne peut rien changer à La Borde s’il n’y a pas transversalement une ligne d’accord qui passe, comme en musique, du jardinier ou de la femme de ménage jusqu’au directeur de la clinique. On ne peut pas se passer du directeur de la clinique, de son désir, de son pouvoir et de son savoir, ou alors ce sera une autre clinique qui n’aura plus rien à voir avec la précédente.» (ALLIEZ, Éric & QUERRIEN, Anne: «L’effet-Guattari», en Multitudes, 34 (2008), pág. 27). 12 Cf. KANNGIESER, «…And… and… and…», art. cit.; BRYX, Adam & REYNOLDS, Bryan: «Go Fractalatic! A Brief Guide through Subjectivity in the Philosophy of Félix Guattari and Transversal Poetics», en Deleuze Studies, 6.2. (2012), págs. 291-305. 13 «Microphysique des pouvoirs et micropolitique des désirs», 1985. ALLIEZ & QUERRIEN, «L’effet-Guattari», art. cit., pág. 29. No somos originales en esta cita, que ha usado también, y con el mismo fin: ALLIEZ, Éric: «Du chaos à la chaosmose: Re-présentation du paradigme proto-esthétique», en Chimères, 77 (2012), págs. 123-4. 34 sus pesadillas14. Es una invitación similar recogida en Chaosmose, Guattari pide «tomar y desechar libremente sus conceptos»15, y es que: Penser avec Félix Guattari n’est pas «penser sur», ni «penser comme», mais produire des pensée-faire, pensée-dire, pensée-signes: plutôt qu’une analyse textuelle, il s’agissait de solliciter chacun dans ce que cette lecture lui donne à penser ou favorise dans ses 14 «Guattari insists that we need to think “transversally” about interactions between ecosystems, the mechanosphere and individual and social universes of reference. Just as mutating algae invade the lagoon of Venice, so also degenerate images invade television screens. Another kind of algae, he adds, proliferate in the domain of social ecology where people like Donald Trump proliferate freely and unchecked. They evict thousands of people who are like the dead fish of environmentally polluted waters. The latter analogy gives pause today in view of Trump’s recent successful show on NBC TV, The Apprentice, where, during a contest, the tycoon-turned-show-host fired participants who did not execute their task with the prerequisite competence and raw sense of competition. The show is seen to teach rules of business people can apply to their own work lives—and succeed. It would appear that the task of changing sensibilities, in Guattari’s parlance, has become even more onerous.» (ANDERMATT CONLEY, Verena: «Artists or “Little Soldiers”? Félix Guattari’s Ecological Paradigms», en HERZOGENRATH, Bernd (ed.): Deleuze|Guattari & Ecology, Palgrave MacMillan, Basingstoke & New York, 2009, pág. 118). ¿Qué análisis haría Guattari de la actual presidencia de Trump? 15 Tampoco aquí somos originales. «[…] [N]osotros nos cubriremos las espaldas recordando estas palabras del propio Guattari: “[…] invito a aquellos que me lean a tomar y a desechar libremente mis conceptos”, al modo en que el artista —y el pensamiento de Guattari es ante todo, permítasenos el axioma, una reflexión sobre el arte— toma en préstamo a sus antecesores y coetáneos los trazos que convienen a su propia obra, que a su vez dejará en donación al espíritu manipulador —¿y qué sería de la creación sin la tergiversación?— de sus sucesores.» (TUDELA SANCHO, Antonio: «Tiempo y espacio de vida: Félix Guattari y la producción de la subjetividad», en Thémata, 27 (2001), pág. 342; la cita guattariana corresponde a Ch, pág. 26).; cf. también VILASECA, Stephen Luis: «Félix Guattari and Urban Cultural Studies», en Journal of Urban Cultural Studies, 1.1 (2014), pág. 139. 35 pratiques, qu’elles soient politiques ou cliniques, philosophiques ou artistiques.16 Bryx y Reynolds señalan cómo en Chaosmose asistimos a una fundamental recapitulación de la noción de transversalité en clave ética: o bien reificamos la subjetividad, o bien intentamos aprehenderla en lo que tiene de creatividad procesual17. Estos autores también señalan, muy acertadamente, el paso que da Guattari desde un primer momento respecto de Sartre, al dejar de concebir la conciencia en cuanto que unificación, para entenderla como esencialmente abierta hacia el exterior y el plano intersubjetivo (al contrario que, como sucedía con Sartre, hacia el individuo y la interioridad)18. Este trabajo hermenéutico, por lo tanto, es apenas el comienzo del verdadero trabajo, el de las máquinas abstractas. Según escriben Éric Alliez y Anne Querrien: C’est Félix lui-même qui se définit «spécialiste de la transversalité» en ce sens, explique-t-il, que «je ne peux valider une idée —plus qu’une idée, ce que j’appelle une “machine concrète” […]» dans un constant work in progress.19 Antes de las máquinas, pues, entiéndase este trabajo como la necesaria cimentación de una empresa por comenzar. 16 CRITON, Pascale: «Chaosmose, une lecture collective», en Chimères, 77 (2012), pág. 7. 17 BRYX & REYNOLDS, «Go Fractalactic!», art. cit., pág. 292. 18 BRYX & REYNOLDS, «Go Fractalactic!», art. cit., pág. 294. 19 ALLIEZ & QUERRIEN, «L’effet-Guattari», art. cit., pág. 27. 36 37 I. ESTADO DE LA CUESTIÓN 38 45 medicine (but, rather, pharmacy), been to any of the grandes-écoles nor obtained the doctorate so indispensible to getting finance for the conduct of research, Guattari felt like something of an outsider. Rousseau was the promoter of a «primitive» art, one that ignored the perspective of high art and wanted to be the best ally of the new age of machinism that was announced by the building of the Eiffel Tower. He was also the inventor of the «portrait landscape», someone who knew little more about his exotic subjects than what he could glean from the Jardin des Plantes, the catalogue of Wild Beasts from the Galeries Lafayette and pictures from encyclopaedias or books of botany. […] In his art practice, Rousseau conjugates the «stubborn naivety» of a becoming-child with thought from the outside, the refrains of an unknown jungle that arise less from an imaginary world than from a dispositional mise en scène of the simultaneously primitivist and constructivist fields of virtuality of this world. Not the relating of an exotic journey or the rendering of a dream, but —as Deleuze might say— the anexact description of a hallucination ready to jump on you or carry you away from within, precisely when everything is desire affirming and constructing itself in a rupture with discursivity and pictoriality. The hallucinatory constructivism of the Douanier Rousseau of philosophical practice puts into play the unlocalizable power of an assemblage meshing with unsuspected exteriorities, which operates with precisely the kind of outside forces from which political struggles, in their myriad forms, acquire their strength.27 Con acostumbrada astucia, Bifo apunta: 27 ALLIEZ & GOFFEY, «Introduction», en The Guattari Effect, op. cit., págs. 57. 46 Guattari was educated as a pharmacist, that is, he was someone trained in mixing substances. And when he spoke, often he sounded like a plumber, with all these things about flows, tubes, cutting, tightening. That is, Guattari was truly the philosopher who tried to make the linguistic, conceptual machine work in relation to the links to existence, to the social, and so forth. In this sense, I feel much closer to him. This is not only why Guattari greatly influenced my development, but I met him when I was 27, so I was already sufficiently trained to feel him as someone I understood perfectly.28 Es cierto, Guattari practicó la filosofía careciendo de titulación, y practicó el psicoanálisis sin ser psiquiatra ni psicólogo (si bien sí que estaba acreditado por la escuela lacaniana). Guattari fue trotskista, atacado (de manera infundada) como «titoísta», y antes de entrar a trabajar en La Borde con 25 años era ya alguien muy familiarizado con las ideas de Sartre y Lacan, «a supporter of a myriad of Good, lost, and forgotten causes»29. Muchas de sus ideas y perspectivas (desterritorialización, plano de consistencia, lo menor, pragmática, esquizoanálisis, revolución molecular, ecosofía…) se cuentan entre las más profundas, dinámicas e influyentes del último medio siglo. Lo mismo diremos en lo que respecta a sus escritos sobre arte y sus ideas estéticas; baste por ahora con mencionar Chaosmose (1992). Militante, psicoo esquizoanalista, crítico, incluso comisario30, «filósofo menor» en la bella definición de Toshiya Ueno31, pensador, esteta: todas estas etiquetas son válidas, y la 28 BIFO, «Interview by Giuseppina Mecchia», art. cit., pág. 155. 29 GENOSKO, A Critical Introduction, op. cit., pág. 2. 30 Junto a Yasha David, comisarió Le siècle de Kafka, la exposición por el centenario de Kafka en el Pompidou, en 1983. Por lo demás, los cuarenta años de Guattari en La Borde fueron años de innumerables actividades principalmente animadas y coordenadas por él: producciones teatrales, conciertos, pequeñas exposiciones… 31 «In analogy, the Japanese media theorist Toshiya Ueno has recently referred to Felix Guattari as a “minor philosopher”. Himself a practicing psychoanalyst, 47 cuestión sin duda carece de verdadera importancia. Desde luego, a él parecía importarle poco. Baste en todo caso mencionarlo para mejor comprender la dispar suerte historiográfica de Guattari, tantas veces visto como un extraño para los filósofos, un filósofo para los psicoanalistas y un peligro público para la academia, para de esta manera entender mejor su inexistencia en los planes de estudio y las revistas más respetadas. Hemos mencionado ya el segundo aspecto que en mayor medida condiciona la escasa recepción de Guattari en círculos académicos: Deleuze. Y es que la literatura crítica acerca de Guattari, según la perspectiva que escojamos, puede considerarse inmensa o bien extremadamente escasa. Mientras que las obras acerca de Guattari y Deleuze, en particular los dos volúmenes de Capitalisme et schizophrénie, se cuentan por decenas, en la inmensa mayoría de casos sus análisis se reducen a las obras en común o bien (es lo más frecuente) se extienden en sus análisis al corpus deleuziano, pero casi nunca al guattariano (cayendo así frecuentemente en aporías, cuando no imaginando genealogías para conceptos que encontramos perfectamente trazadas en el corpus guattariano). Es por ello que, más allá de las apariencias, las obras que estudian realmente el pensamiento en solitario de Guattari se cuentan literalmente con los dedos de una mano. Sea como fuere, y tal y como apuntábamos con anterioridad, se trata de un fenómeno comprensible. Deleuze no sólo fue un gran filósofo, sino que él mismo se situó conscientemente «en» la Filosofía, escribió acerca, entre y para filósofos y fue reconocido por ellos. A día de hoy, simplemente no es posible trazar una narración de la ontología o de la estética contemporánea sin pasar por Deleuze (y con razón). En este contexto, no debe extrañarnos que Guattari sea visto Guattari was a foreigner to the Grand Nation of Philosophy, whose natives mostly treat him like an unworthy bastard. And yet he has established a garden of minor flowers, of bastard weeds and rhizomes that are as polluting to contemporary philosophy as Kafka’s writing has been to German literature. [Broeckmann, Minor Media, online, para 1]» (BIFO, Felix: Narrazione dell’incontro…, op. cit., pág. 88). 48 frecuentemente como un «embarrassing fellow traveller about whom much less is known»32. El problema, como señala Manola Antonioli en una de las mejores obras (y, en el sentido que nos ocupa, más ecuánime) acerca del pensamiento de Guattari y Deleuze, es constante: Pour beaucoup de philosophes professionnels, la période qui s’ouvre en 1972 avec L’Anti-Œdipe ne peut qu’être un «gauchissement», dans les deux sens, du «deleuzisme», un fourvoiement, une déviation ou un dévoiement d’un philosophe jusque-là «sérieux» et raisonnable, tombé sous l’influence pernicieuse d’un dangereux militant gauchiste, dépourvu de toute formation philosophique. Pour comprendre correctement la philosophie de Deleuze, il faudrait donc faire abstraction, dans la mesure du possible, des apports de Félix Guattari et retrouver la pureté et la «droiture» de la pensée originaire. Cette étrange dénégation va souvent jusqu’au point d’«oublier» de citer le nom de Félix Guattari dans la bibliographie de certains articles ou ouvrages consacrés à la politique, à la politique, à l’esthétique «de Deleuze», oubli très surprenant de la part de chercheurs et de philosophes par ailleurs très attentifs à l’exactitude et à la rigueur de leurs propos.33 Casi siempre «Deleuze et Guattari», casi nunca «Guattari et Deleuze», en ocasiones apenas «Deleuze»: 32 «Then, why isn’t there a body of work on Guattari? This is a good question, and there are several answers for it: first of all, it is true –even if we might regret it – that Guattari lives in the shadow of the couple Deleuze and Guattari. This is why there are many books on Deleuze that are actually books on Guattari. There is this flattening out of the couple Deleuze and Guattari on the part of the academic community, which has accepted Deleuze in its midst while Guattari is this embarrassing fellow traveller about whom much less is known.» (BIFO, «Interview by Giuseppina Mecchia», art. cit., pág. 141). 33 ANTONIOLI, Manola: Géophilosophie de Deleuze et Guattari, L’Harmattan, Paris, 2003, pág. 11. 49 There is another question that is raised from the order in which we know the names of Deleuze and Guattari and is only rarely reversed; when it is reversed as Guattari and Deleuze, it is a political reordering, an act of resistance, a dangerous heterodoxy. Against what or whom? All the little orthodoxies that mark the secondary literature and support the order-word; the machine coupling one «Deleuze» after another «Deleuze». The order-word: Deleuze and then Guattari. It seems so innocent until the order is obeyed, positioning these two thinkers in a fixed relation, and issuing a demand that is carried out by their readers. What does this entail? Synecdochial strategies of representation erase Guattari in the name of Deleuze who then stands for both, part to whole; a rhetorical figure rendered visible by means of a symptomatic reading; not a Deleuzian symptomatological reading, either, unless one means that Guattari, a doctor, is treated like a patient!34 Pero hagámonos de nuevo eco de la opinión del propio Guattari, evidentemente consciente de su virtual anulación en ese 34 GENOSKO, An Aberrant Introduction, op. cit., págs. 42-3. «The order-word —“Deleuze”— has come to haunt the burgeoning critical literatures on “Deleuze and Guattari”. Make no mistake about it, the representation of the work of Guattari has in many instances been shackled by the ‘and’ that unites him with Deleuze. When one refers to Deleuze and Guattari what is understood by and? There are at least two stakes here: strategies of representing the first and between the names by so-called Deleuzians, and a second and that opens the authors to the intellectual cosmos. Deleuze and Guattari. D+G. D/G. D–G. D&G. DaG. Deleuzo-Guattarian. Philosopher and psychoanalyst/activist. No matter how creative the combination, no matter how wily or woolly the disjunction, conjunction or connection, none adequately evoke the remarkable accomplishments of Deleuze and Guattari’s collective projects and all beg the question of how they worked together, apart, and, as we know from those rare instances in which they actually discussed the character of their collaborations in interviews and letters, between one another, out of step, out of rhythm, sweeping each other away, transporting one another’s ideas […]» (pág. 41). 50 constructo «Deleuze et Guattari». En entrevista con Charles Stivale en 1985, decía: I can’t give you a simple answer because I think that behind this little phenomenon, there are some contradictory elements. There is a rather negative aspect which is that some people have considered Deleuze’s collaboration with me as deforming his philosophical thought and leading him into analytical and political tracks where he somehow went astray. So, some people have tried to present this collaboration, often in some unpleasant ways, as an unfortunate episode in Gilles Deleuze’s life, and have therefore displayed toward me the infantile attitude of quite simply denying my existence. Sometimes, one even sees references to L’Anti-Oedipe or Mille plateaux in which my name is quite simply omitted, in which I no longer exist at all. So, let’s just say that this is one dimension of malice of a political nature. One could also look at this dimension from another: one could say, OK, in the long run, «Deleuze» has become a common noun, or in any case, a common noun not only for him and me, but for a certain number of people who participate in «Deleuze-thought» as we would have said years ago «Maothought». «Deleuze-thought» does exist; Michel Foucault insisted on that to some extent, in a rather humorous way, saying that this century would be Deleuzian, and I hope so.35 En último lugar, resulta obligada la mención al estilo guattariano. Para volver de nuevo a Barthes, pero también al propio Guattari, este «estilo» tiene poco de maniera y mucho de carne y postura vital. El estilo es esa superficie que revela todo lo que de importante y real existe, como decía Gide. Sea como fuere, lo cierto es que el lenguaje guattariano es frecuentemente citado como fuente de incomprensión y, en ocasiones, como 35 Apud GENOSKO, An Aberrant Introduction, op. cit., pág. 45. 51 justificación de su lugar en la academia actual. La propia vida de activista de Guattari, su práctica psicoanalítica y su convivencia con los pacientes de La Borde36, desde luego, jugaron un papel central en la génesis de su escritura, pero no debemos olvidar tampoco su voluntad de escritura y, desde luego, los veinte años casi en contacto con Lacan. No podemos ignorar que la profusa inclusión de neologismos, la compleja sintaxis, la gran densidad conceptual, el registro en apariencia altamente abstracto y su uso de astutos mecanismos y recursos literarios ha dificultado, sin género de duda, su recepción. Unido a la gran difusión de la obra deleuziana, ello ayuda a explicar que los estudios guattarianos sean una de esas promesas eternas que no dejan de anunciarse, pero que nunca llegan. Además, la proveniencia bastarda de sus textos, que nacen al mismo tiempo de problemas y lenguajes de la Filosofía, el 36 «Because he never earned an advanced degree, Guattari’s complicated concepts were never produced in an isolated, academic ivory tower. Instead, they were conceived in the clinic while attending mentally ill patients and in the streets while working alongside fellow activists during such political experiments as the May 1968 protests and the Free Radio Movement from 1977 to 1981 in France.» (VILASECA, «Félix Guattari and Urban Cultural Studies», art. cit., pág. 138). Más tarde, escribe: «The answer to the question of why present-day activists, particularly in Spain, Brazil and Argentina, connect with Guattari’s do-it-yourself, situational thinking and adopt his practice as a springboard for their own thought is that they identify with his status as an intellectual outsider. Guattari was distrusted by academia because he never held a post at a university. Nevertheless, his connections with Deleuze and Lacan gave him access to that world without being beholden to it. It was precisely the French academy’s rejection that bestowed upon him the freedom to establish relations of solidarity with activists. He never questioned the intellectual legitimacy of those marginalized by academia. By encouraging his readers and fellow activists to interact unrestrictedly with his concepts, and to do what they wanted with them, Guattari extended his obsession with keeping systems open to his own writing. In Chaosmosis, Guattari (1995: 12) induces ‘those who read me to take or reject my concepts freely’ in the hopes that his ideas will be constantly recomposed and enriched because “the important thing is not the final result but the fact that […] a reappropriation, an autopoiesis, of the means of production of subjectivity can be made possible” (Guattari 1995:12-13).» (págs. 138-9). 52 Psicoanálisis, las Ciencias Políticas y la Estética37 no se insertan con facilidad en una universidad europea progresivamente más «especializada» y menos sabia. No es por ello casual que sean campos como el urbanismo, los estudios sobre paisaje o el mundo del arte contemporáneo, campos de por sí plurales en los orígenes y motivaciones de sus practicantes, donde las nociones guattarianas han resultado de mayor provecho. Lo importante, en cualquier caso, continúa siendo la riqueza del agenciamiento de enunciación y el devenirimperceptible del autor, como apunta el dramaturgo Enzo 37 De nuevo, el correlato biográfico: «But John Johnston, you know me sufficiently well to know that I work at La Borde, I live half my time in Paris, I travel a lot, I am caught up in objective constraints which make me change existential context frequently. That is something that could make theoretical or even practical work impossible. There are people who cannot stand this kind of perpetual nomadism, even if it is a nomadism that goes round in circles, on the same trajectory. Unfortunately, it is the same with many theorists and researchers. They are in a clearly marked-out theoretical territory, where they feel at ease, with timetables and work rituals, as if they were clocking in. For me, it is never in that way that it happens. It is through encounters, through systemic ruptures, which from time to time, give me these little transversalist short-circuits. I have very rarely undertaken a book from end to end, except with Gilles Deleuze, who introduced me to a whole dimension of continuity that I wouldn’t have had without him.» (GUATTARI, «The Vertigo of Immanence: Interview with John Johnston, June 1992», art. cit.). Pelbart ha escrito igualmente acertadísimas líneas al respecto: «Sa revendication d’un droit au déraillement trouve une formulation supplémentaire, presque kafkaïenne: “De mon côté je reste sans prise sur cet autre monde du travail universitaire systématique, secrètement programmé sur des dizaines d’années. Il me manque trop de choses. Trop de retards se sont accumulés... Il est nécessaire que je renonce à courir derrière l’image de Gilles et derrière le fini, la perfection qu’il a apportée à la dernière possibilité de livre… Oser être con. C’est difficile étant attelé à Gilles! Être con à ma façon.” Si l’on ajoute la perspective “animiste” qui le traverse, après les dégâts structuralistes et la prostration postmoderne qu’il a combattue farouchement, on s’approche du défi lancé par cette œuvre si proche du désœuvrement, ce “flux schizo qui charrie toute sortes de choses”, comme disait Deleuze.» (PELBART, «L’inconscient déterritorialisé», en Multitudes, 34 (2008), pág. 98; las citas corresponden a: EAŒ, pág 496; Ch, pág. 158 de la ed. brasileña —texto ausente de la edición francesa). 53 Corman, en este bello comentario acerca de su colaboración con Guattari: Félix parlait parfois du spectacle en relevant des conjonctions acrobatiques, des cartographies décervelantes. […] Un jour que je trouvais à objecter à ces lectures —sans doute les trouvais-je passablement intrusives— il me rétorqua: «Tu es encore en train de penser que c’est toi qui penses, qui inventes, qui fais… Quand ce n’est ni toi, ni moi, mais le théâtre! Et le théâtre sait des choses sur Kafka, que ni toi, ni moi, ni Philippe [Adrien], ni Gilles [Deleuze], ne savons». J’ai compris à ce genre de réparties que je l’avais lu trop vite —ou trop distraitement. Je n’avais pas vu à quel point il engageait des changements de paradigmes dans la pratique artistique. «C’est dans le maquis de l’art que se trouvent les noyaux de résistance parmi les plus conséquents au rouleau compresseur de la subjectivité capitalistique, celle de l’unidimensionnalité, de l’équivaloir généralisé, de la ségrégation, de la surdité à l’altérité vraie...» écrit-il dans Chaosmose. Le devenir-imperceptible de l’écrivain, ce n’est pas une posture de modestie judéo-chrétienne, mais la ligne de fuite d’un agencement d’énonciation qui est tout sauf personnel et qui est un moyen, non seulement de captation et de représentation du monde, mais également d’appropriation, d’exploration, et d’élucidation: un outil cognitif qui génère des savoirs excédant largement les savoirs individuels. Je pense par écho à cette phrase de Heiner Müller: «Le texte est plus intelligent que l’auteur»…38 Sea como fuere, y retomando consideraciones previas, la enorme pluralidad de las «fuentes» guattarianas es un factor a considerar tanto a la hora de estudiar su obra como de comprender su recepción: 38 CORMAN, «Félix Guattari, dramaturge chaosmique», en Chimères, 77 (2012), págs. 163-4. La cita corresponde a Ch, pág. 126. 54 One of the features of Guattari’s brand of theorizing that makes it difficult is the creative combination of traditions, concepts, thinkers and issues that readers encounter at almost every turn. For disciplined readers this may be more than aggravating or enervating: it may constitute either an impasse or a springboard into the beyond. Either way, such creativity – label it however you like in terms of juxtaposition, synthesis, adventure, folly – is sometimes read as a sign of confusion; at other times, as brilliance, and perhaps even invention of a perplexing singularity. Such ways of thought certainly raise the hackles of disciplinary cops.39 1.2. LA LITERATURA CRÍTICA: ROLNIK, GENOSKO, BIFO, WATSON.— El vaciado sistemático de la literatura crítica acerca de la obra guattariana evidencia que, para los años 90, con las primeras compilaciones, estudios y traducciones, las grandes líneas de este campo ya se habían abierto: a saber, un interés por Guattari en el mundo anglosajón (Canadá, Escocia, Estados Unidos, Australia), Brasil (que no así en el mundo lusófono, ya que la recepción de Guattari en Portugal es todavía limitada), Japón (de manera precoz, real y todavía muy viva) y, de manera mucho más apagada y principalmente circunscrita a figuras y revistas directamente vinculadas en vida con Guattari, en Francia e Italia. Es de justicia mencionar en primer lugar a la brasileña Suely ROLNIK, junto a quien Guattari escribió Micropolíticas. Su figura es fundamental para la comprensión de la recepción de Guattari en Brasil, su contacto con el PT y su todavía viva influencia. En relación con ello, debemos mencionar que Rolnik había editado ya Pulsações políticas do desejo: Revolução Molecular en 1981, así como posteriormente traducirá los 39 GENOSKO, An Aberrant Introduction, op. cit., pág. 49. 61 que los diagramas tienen de verdadera condensación transversal de muchos de los aspectos más complejos y frecuentemente ignorados de la obra guattariana: First, the notion of diagrammatic thinking is important for our age of technology. […] Thought itself is undergoing a profound transformation, as Guattari argues. Furthermore, he recognizes the subjective dimensions of human animals, nonhuman animals, and technical machines. As a result, Guattari’s ranks among the more interesting conceptualizations of what subjectivity might look like after the famous Foucauldian end of «man». Second, Guattari’s diagrams map an affirmative ontology oriented toward the future, replacing lack (Lacan) and negation (Hegel) with the virtual and the possible. Deleuze conceptualizes such an ontology. Guattari draws one of his own, emphasizing and encouraging transformation on a historical scale. […] Third, and perhaps most importantly for many of his readers, Guattari’s writings shed light on many of the more perplexing aspects of Capitalism and Schizophrenia, and on Guattari’s own more accessible essays. In L’Inconscient machinique, he worked through the details of several paradigms which would become the basis of key chapters in A Thousand Plateaus, including the plateaus dealing with linguistics, semiotics, faciality, and the refrain. In Cartographies schizoanalytiques, he worked out the ontological model which underpins Chaosmosis, his single-authored book most familiar to English speakers. The solo writing reveals a markedly «Guattarian» version of many seemingly familiar terms, such as (in addition to schizoanalysis, faciality, and the refrain) abstract machines, assemblages, black holes, the body without organs, chaos, the clinic, codes, flows, molar/molecular, and stratification. Each of these terms figures into one or more of Guattari’s mad drawings, and can be situated in relation to Lacanian 62 theory, even though each of these ideas «belongs» to Deleuze as much as to Guattari.51 En términos historiográficos, Watson llega a las conclusiones frecuentes acerca de la injusta desaparición de Guattari en la literatura crítica «deleuzoguattariana», si bien quisiéramos notar, en aras de una pequeña justicia, que es Watson quien con mayor claridad señala lo aberrante de las lecturas de Badiou, no sólo respecto de Deleuze, algo ya ampliamente reseñado, sino también en relación con Guattari: Alain Badiou is not alone among the French intelligentsia in considering Guattari to have been a distraction for Deleuze, luring him away from the properly philosophical work of the books he published prior to 1970. Vexed that so many readers ascribe to Deleuze alone a number of concepts that were actually more Guattarian, Badiou provides a list of what he considers the nonphilosophical intrusions introduced by Guattari: anarchy, desire, politics, mass movements, promotion of the heterogeneous multiplicity of desires, encouragement of the unrestrained realization of desires, respect and affirmation of differences, conceptual critique of totalitarianisms, preservation of the rights of the body against terrorizing formalisms, commendation of the Open and movement, experimentation without preestablished norms, admission of only cases and singularities, standing against the crushing abstractions of the dialectic (Badiou 2000: 2, 9). Indeed, as Wlad Godzich has remarked, «all those who have taken Deleuze to be the apostle of desire, flux, and animal anarchy will have apoplexy reading [Badiou’s] book», which presents Deleuze as «an aristocrat of thought, very much dedicated to rehabilitating the metaphysical project in 51 WATSON, Guattari’s Diagrammatic Thought, op cit., pág. 6. Esta última aseveración, desde luego, es matizable, como de hecho evidenciará la propia Watson a lo largo de libro. 63 our day». These same readers, those who are primarily interested in the Deleuze who figured as spiritual leader of the May ‘68 «anarcho-desirants», would do well to read more Guattari.52 Por último, no quisiéramos concluir esta breve reseña de los estudios guattarianos sin mencionar el fundamental papel editor de Stéphane NADAUD y Sylvère LOTRINGER, así como aquellos nombres que con mayor profundidad han estudiado la estética guattariana: el británico Simon O’SULLIVAN, el austríaco Stephen ZEPKE, el brasileño Peter Pál PELBART y la francesa Anne SAUVAGNARGUES, algunos de cuyos trabajos aparecen indexados en nuestras Fuentes y Bibliografía. 1.3. EL FLUJO DE LAS REVISTAS Y EDITORIALES: RECHERCHES, CHIMÈRES, MULTITUDES.— Recherches El primer número de Recherches aparece en enero de 1966 como una de las extremidades de la FGERI53, una suerte de 52 WATSON, Guattari’s Diagrammatic Thought, op cit., págs. 6-7. 53 «La FGERI est une association créée en 1965 notamment par des psychothérapeutes institutionnels (Jean Oury et Félix Guattari entre autres), qui se définissait elle-même comme un «lieu où le critique littéraire [pouvait] être remis en cause par le mathématicien, l’ethnologue par le cinéaste, le psychiatre par le militant politique, l’anarchiste par le fou, l’économiste par le poète”. La FGERI était en fait composée de plusieurs groupes, chacun étudiant un aspect particulier de la question institutionnelle (le Groupe d'Éducation Thérapeutique créé en 1964 inspiré par le mouvement Freinet, le groupe d’étude sur le cinéma, le groupe “Ethnologue”, le groupe “Architectes », le mouvement étudiant en lien avec la MNEF, etc.) et faisant bénéficier les autres groupes de son travail. Félix Guattari définit ainsi le FGERI: “en octobre 1965 une douzaine de groupes, travaillant dans la perspective de l’analyse institutionnelle, se fédèrent au sein de la FGERI —Fédération des Groupes d’Étude et de Recherche Institutionnels. Ils réunissent environ 300 psychiatres, psychanalystes, psychologues, infirmières, éducateurs, instituteurs, professeurs, urbanistes, architectes, économistes, coopérants, cinéastes etc.” 64 nódulo de conexión de los heterogéneos grupos que la conformaban. Sin comité de redacción, y tal como lo ha estudiado Stéphane Nadaud, Recherches venía a representar una suerte de puesta en práctica de un verdadero «agenciamiento colectivo de enunciación» (si bien esa verdadera colectividad se verá después cuestionada por un modelo de autoría reducida y enfoque monográfico)54. En palabras de Anne Querrien: Recherches universitaires explorait au début des années 60 les contours de l’identité étudiante; Guattari et ses amis y avaient proposé de créer un hôpital de jour pour jeunes ouvriers et étudiants, où aurait commencé d’être mise en question la barrière subjective entre université et usine, qui constituait le cœur du malaise étudiant à l’époque. Recherches fut la revue des groupes d’études et de recherches institutionnelles et de leur fédération créée en 1965. Assemblage de groupes hétéroclites de médecins, de psychiatres, d’enseignants, d’étudiants, de femmes, d’architectes, la FGERI se proposait de changer quelque chose à partir d’entrées méconnues des groupes politiques. Mai 68 a multiplié les tentatives de cette sorte. Recherches a continué, revue plus ou moins sérieuse, toujours faite par des groupes de travail, réunissant des contributions de tailles diverses et des compétences inégales —le projet répété de fabriquer des patchworks chatoyants à partir d’une remise en cause radicale de la division entre les sciences humaines, et d’un cordial mépris pour la neutralité requise dans les sciences asservies au pouvoir.55 Cette association se voulait un réseau où chaque groupe pouvait être assuré de son autonomie de travail, permettant ainsi théoriquement l'étude de n'importe quel sujet en lien avec la chose institutionnelle —“institutionnel” entendu au sens large, y compris politique.» (NADAUD, Stéphane: «Recherches (19661982): Histoire(s) d’une revue», en La Revue des revues, 34, pág. 49). 54 NADAUD, «Recherches (1966-1982)…», art. cit., pág. 64. 55 QUERRIEN, «Les cartes et les ritournelles d’une panthère arc-en-ciel», , en Multitudes, 34 (2008), pág. 111. 65 Controlada por la FGERI, y de manera más acentuada todavía cuando lo sea por el CERFI (Centre d’études, de recherches et de formation institutionnelles)56 (en 1973, cuando 56 «Le CERFI est à l’origine une association loi 1901 créée par F. Guattari en mars 1967 dans le but officiel de permettre à la FGERI de “passer des contrats de recherches avec des organismes publics ou privés sur des problèmes susceptibles de stimuler et d’enrichir le travail de la FGERI”. Le CERFI apparaît pour la première fois dans le nº 5 de Recherches (“revue de la FGERI éditée par le CERFI”). En 1971, à ce “CERFI juridique” comme l’appellent eux-mêmes ses membres, va succéder un “nouveau CERFI” plus autonome vis-à-vis de la FGERI. Les membres du CERFI avaient en effet la vocation de créer une association qui ne soit pas seulement une interface entre la FGERI et les organismes officiels; l’idée était plutôt de concevoir “un réseau d'individus qui animaient un projet théorique et politique commun et qui faisaient essentiellement un travail intellectuel (sous forme d’observations, de réflexions, d’idées, formalisées dans des textes, des rapports de recherche, des publications) pour faire vivre le réseau et avancer le projet [qui pouvait] se condenser en quatre volets. Il s’agissait d’inventer une nouvelle forme de travail qui ne soit pas aliénant, d’établir un nouveau rapport avec l’État, où l’on pouvait utiliser ses ressources sans être usé par lui, de former ‘une nouvelle race de militants’ capables de dépasser les impasses habituellement rencontrées par les groupuscules de gauche, tels que problèmes de hiérarchies, d’argent, d’affectivité; et d’expérimenter le fonctionnement d’un collectif qui serait la base matérielle et humaine de ces innovations”. C’est autour d'un noyau dur de six personnes que se crée cette association: François Fourquet, Hervé Maury, Liane Mozère, Lion Murard, Michel Rostain et Anne Querrien; ils s’appelaient eux-mêmes la “mafia”. Ce groupe s’est concrètement fédéré autour de Félix Guattari —militants de gauche à L’UNEF (Union Nationale des Étudiants de France) ou encore à l'UEC (Union des Étudiants Communistes), ils vont suivre Guattari, que ce soit lors des fameux “stages” à La Borde, dans la création de l’Opposition de Gauche, ou encore dans l’aventure du CERFI. La revue Recherches va être prise en main par ce “nouveau CERFI”, et cesse à cette période (début des années soixante-dix) d’être la “revue de la FGERI” puisqu’en 1973 toute allusion à la FGERI en disparaît. Le CERFI, sur le modèle de la FGERI, éclatera à la fin des années soixante-dix en plusieurs groupes, chacun demandant de l’argent pour organiser ses projets de recherches. Une interprétation “historique” consisterait à affirmer que le CERFI a commencé à disparaître à partir du moment où l’État a changé sa politique et a mis fin aux contractualisations. Mais on peut suivre L. Murard lorsqu’il note un clivage plus ancien (dès le début des années soixante-dix), notamment autour de la figure de F. Guattari: D’un côté F. Fourquet, M. Rostain et L. Murard qui voulaient se démarquer de F. Guattari 66 Guattari se convierte en director de la revista —a pesar de haber dirigido ya las seis primeras publicaciones, en 1966-1967—), los números tenderán a ser organizados por colectivos, incluso ajenos a estas organizaciones (así el famoso nº 12, «Trois milliards de pervers: grande encyclopédie des homosexualités», «editado» por el FHAR —Front Homosexuel d’Action Révolutionnaire—57). La «época CERFI» vio cambiar la metodología, o si se quiere la organización, de la revista, pero no sus referencias teóricas : [D]’emblée notre recherche s’était inspirée du travail de Michel Foucault sur la folie, la clinique et, plus récemment, la justice. […] De Gilles Deleuze et Félix Guattari enfin, nous avons lu l’Anti-Œdipe et y avons séjourné. Foucault, Deleuze et Guattari: sur fond de la (dont les tenants de l’autre partie disaient qu’ils étaient dans la rivalité avec Félix), et de l’autre A. Querrien, L. Mozère et H. Maury “demeurés dans l'orbite politico-idéologique que pouvait représenter Félix”. Une autre interprétation se trouvera dans la différence très marquée des membres du CERFI face à la façon dont Guattari faisait face aux dérives terroristes des mouvements gauchistes. Mais quelle que soit la ou les “raison(s)”, on retrouve la figure de Félix Guattari entre “gourou” et simple membre du groupe, entre despote et schizophrène… Quoi qu’il en soit, si au changement de politique de l’État quant à la recherche —passage donc d’un système de “gré à gré” à un système d’appel d’offre auprès d’organismes agréés avec comité scientifique—, plusieurs possibilités étaient proposées aux anciens chercheurs contractuels —notamment devenir fonctionnaire pour les plus diplômés et “sages” d’entre eux—, la réponse du CERFI fut exemplaire: “tout le CERFI ou personne”. Mais en fait, nombre d’entre ces ex-“jeunes gauchistes soixantehuitards” deviendront eux-mêmes des officiels, comme A. Querrien qui travaille au ministère et livre de très belles lignes dans son écrit posthume sur le CERFI: “dans un sens faire le CERFI c’était résister à notre propre tendance à devenir fonctionnaires, universitaires, bureaucrates syndicaux ou de partis, manières dont beaucoup de nos amis, et nous-mêmes finalement avons fait notre vie. Nos vies peuvent donc être perçues comme des échecs, mais aussi de courts témoignages du fait que la résistance est possible”.» (NADAUD, «Recherches (1966-1982)…», art. cit., págs. 49-50). 57 Acerca de este polémico número, cf. el reciente GENOSKO, Gary: «Dissident Organs: The Three Billion Perverts Issue of Recherches», en The Reinvention of Social Practices…, op cit., págs. 193-206. 67 grande coupure nietzschéenne réactualisée par Bataille et Klossowski, par Foucault et Deleuze eux-mêmes, une immense ouverture sur le champ commun du désir et du pouvoir. À elle seule cette présence théorique aurait largement suffi à alimenter les fantasmes brûlants de notre groupe écrivain. Mais elles se redoublaient d'une présence réelle, car nous avions demandé à Deleuze et Foucault (Guattari étant déjà là d'emblée) de participer à certaines discussions […].58 El último período de la revista viene marcado por la aparición de la editorial Recherches, en donde Guattari publicará La Révolution moléculaire (1977) y L’Inconscient machinique (1979). A comienzos de la siguiente década, sin embargo, Guattari se retira de la revista, siendo reemplazado en la dirección por Liane Mozère y desapareciendo de la misma la vinculación con el CERFI. En sus 49 números (1966-1983) se reúnen los investigadores y perspectivas más dispersas, pero su vaciado nos permite el trazado de una serie de patrones, en particular el del análisis institucional, verdadero motor de la revista. En relación con ello, destacan los estudios dedicados al urbanismo, y sólo después la arquitectura, la psicoterapia, el teatro, la pedagogía o el paisaje59. Por sus páginas pasaron, además de DELEUZE, FOUCAULT o las mencionadas Anne QUERRIEN y Liane MOZÈRE, figuras centrales de prey posguerra en el ámbito psiquiátrico y psicoanalítico, como Françoise DOLTO, Lucien BONNAFÉ, Horace TORRUBIA, Francesc (o François) TOSQUELLES, Donald WINNICOTT, Maud MANNONI, Jean OURY, Moustapha SAFOUAN, Georges DAUMEZON, Jean-Claude POLACK, Roger GENTIS, Franco BASAGLIA, R. D. LAING o David COOPER. Además de 58 Recherches, 13 (1973), pág. 7; cf. NADAUD, «Recherches (1966-1982)…», art. cit., pág. 60. 59 Cf. núm. 45 (1981), «Tant qu’il y aura des arbres: Pratiques et politiques de nature, 1870-1960», dirs. Jean-Louis PARISIS, Michel PÉRALDI y Michel ANSELME. 68 autonomistas italianos como Toni NEGRI, BIFO o Franco PIPERNO, gran parte de las firmas más relevantes en Recherches fueron hombres de letras e investigadores franceses como François FOURQUET, François REGNAULT, Alain CORBIN, Dominique DESANTI, Roland DUBILLARD, Luce IRIGARAY, Gaëtane LAMARCHE-VADEL, François LARUELLE o René SCHÉRER, y artistas como Georges PEREC, Georges APERGHIS, Fernand DELIGNY, Guy HOCQUENGHEM o Jean-Jacques LEBEL. Chimères Chimères: Revue des schizoanalyses, fundada por los propios Guattari y Deleuze en 1987 (si bien fue Guattari quien realmente se hizo cargo de la misma), es otra revista de obligada mención. En la declaración de principios de su primer número, firmada por el propio Guattari, leemos: Cette revue accueillera les travaux des groupes et des individus se réclamant de près ou de loin de la schizoanalyse, science des chimères, c’est-à-dire de tous ceux qui entendent renouer avec l’inventivité première de la psychanalyse, en levant le carcan de pseudo-scientificité qui s’est abattu sur elle. À la manière des arts et des sciences en train de se faire. Work in progress. Au départ, la plupart des textes présentés ici résultent des exposés et débats qui eurent lieu à Paris aux séances mensuelles dites du mardi, réunissant des psy, bien sûr, mais aussi des philosophes, des ethnologues, des mathématiciens, des artistes. Pas pour une inter-disciplinarité de galerie! Retour au singulier. À chacun sa folie! Les grands phylum théoriques finiront bien par y retrouver les leurs! De toutes façons, par les temps qui courent, nous n’avions plus le choix: il fallait repartir de là.60 60 GUATTARI, Félix: «Chimères», en Chimères, 1 (1987), pág. 1. 69 Además de acoger en su Comité de Redacción a no pocos de los grandes especialistas internacionales en Guattari y Deleuze, como la brasileña Suely ROLNIK, Sylvère LOTRINGER (editor de Semiotext(e)) o Stéphane NADAUD (quien fuera director de redacción), debemos a la revista tal cosa como la continuidad de los «estudios guattarianos» haya existido entre la muerte de nuestro filósofo y la aparición en el año 2000 de la revista Multitudes. Entre sus autores, se cuentan personas que estuvieron íntimamente ligadas a Guattari, como Jean OURY, Anne QUERRIEN, François PAIN o Jean-Claude POLACK, director además de la revista y principal animador de ésta. Si bien la referencia tutelar de la revista es, en efecto, la guattariana61, acoge igualmente a grandes firmas deleuzianas como las de Manola ANTONIOLI, Anne SAUVAGNARGUES, René SCHÉRER o Maurizio LAZZARATO, así como a figuras de primer nivel de otros campos, como Georges DIDI-HUBERMAN o Paul B. PRECIADO. Entre las firmas guattarianas, debemos mencionar a Peter Pál PELBART, Florent GABARRON-GARCIA, Flore GARCIN-MARROU, Gabriela BERTI, Silvia MAGLIONI y Graeme THOMSON. Multitudes La revista Multitudes es, sin duda, la punta de lanza del guattarismo filosófico, pero no sólo eso. Se trata de una prolongación de los problemas y perspectivas de la obra guattariana, a los que se suman los del resto de la familia postestructuralista y de las filosofías autonomista, post-operaista y ecologista. Fue fundada en el año 2000 por el economista Yann MOULIER-BOUTANG, autonomista de primera hora, antiguo miembro del guattariano CINEL (Centre d’initiative pour de nouveaux espaces de liberté) y uno de los grandes defensores de la renta básica. Actualmente, Moulier-Boutang codirige la revista 61 Al propio Guattari se le dedican los números temáticos 77 (2012), «Chaosmose, penser avec Félix Guattari» y 79 (2013), «Chaosmose, temps pluriels». 70 junto al spinozista Yves CITTON y a la urbanista y animadora del también guattariano CERFI Anne QUERRIEN. Además de los textos de Moulier-Boutang y de Querrien, con mucho los más prolíficos, la revista ha acogido a firmas de primer orden de la esfera post-estructural y post-operaista como Toni NEGRI y Michael HARDT, así como algunos de los estudiosos deleuzianos más destacados, como Éric ALLIEZ, Maurizio LAZZARATO, John RAJCHMAN, François ZOURABICHVILI, Brian MASSUMI, Anne SAUVAGNARGUES, Jean-Clet MARTIN, René SCHÉRER, Eduardo VIVEIROS DE CASTRO, Charles T. WOLFE, Kuniichi UNO o Isabelle STENGERS, así como a otras figuras más próximas a Guattari, como BIFO, Suely ROLNIK, Brian HOLMES, Gérard FROMANGER, Peter Pál PELBART o Gabriela BERTI. De igual manera, Multitudes ha publicado a otras firmas muy importantes del pensamiento francés no tan alineadas con estos presupuestos filosóficos, como Bernard STIEGLER, Daniel COHN-BENDIT, Alain BADIOU, Michael LÖWY, Marc AUGÉ, o Bruno LATOUR, así como a figuras internacionales como Boris GROYS, Paolo VIRNO, Rosi BRAIDOTTI, Peter SLOTERDIJK, Tim INGOLD, Gayatri SPIVAK, Richard STALLMAN, Raúl SÁNCHEZ CEDILLO, Yanis VAROUFAKIS, Paul B. PRECIADO, McKenzie WARK o Donna HARAWAY. Además de a Guattari62, la estética y el arte contemporáneo63 y el urbanismo64, en sus casi veinte años de existencia ha dedicado gran parte de sus números temáticos a cuestiones económicas como la renta básica, la deuda y el euro65, 62 Núm. 34 (2008), «L'effet-Guattari». 63 Núms. 4 (2001), «Art contemporain»; 15 (2004), «Art contemporain»; 20 (2005), «Pragmatiques architecturales»; 28 (2007), «L'extradisciplinaire: Critique des institutions artistiques»; 57 (2014), «Art cent valeurs»; 61 (2015), «Populismes: Écopolitiques du cinéma documentaire»; 65 (2016), «Matières pensantes: La sensibilité humaine des images filmiques». 64 Núms. 31 (2007), «Une micropolitique de la ville: L'agir urbain»; 43 (2010), «Devenirs Métropole». 65 Núms. 8 (2002), «Revenu garanti»; 27 (2006), «Revenu garanti: Question ouvertes»; 32 (2008), «Capitalisme cognitif: la démocratie contre la rente»; 47 (2011), «En dette d'Europe: ONG, monde, guerre»; 62 (2016), «Subjectivités numériques: Euro, les illusions souveraines»; 63 (2016), «Les nouvelles 77 2.1. ENLOQUECIDA FUERZA DEL DESALIENTO.— ...un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio. El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento… Ángel González, Áspero mundo (1956). 2.1.1. PIERRE-FÉLIX, JOVEN MILITANTE. — En 1955, apenas una década después de que acabase la guerra, Pierre-Félix Guattari, por aquel entonces un lacaniano radical de 25 años, se instala junto a su compañera, Micheline Kao, en la clínica psiquiátrica de La Borde, en Cour-Cheverny, en el departamento de Loir-et-Cher. Allí vivirá (en realidad, siempre entre Cour-Cheverny, Dhuizon y París) hasta su muerte en agosto de 1992. Esta suerte de primer desplazamiento o paralaje de un pensador à la parisienne respecto de los grandes templos-instituciones de la gran ciudad nos desvela ya lo que será una constante en el posicionamiento de Guattari respecto de las escuelas, corrientes y organizaciones que animará o hará emerger, pero que nunca asumirá por completo. Militante de todas las militancias, Guattari morirá filosóficamente aislado, simultáneamente demasiado cerca y demasiado lejos de todo y de todos. Este desplazamiento, como veremos, comenzaba a respecto de sí mismo. En este sentido, resulta paradigmática su relación con la escritura, así como con los filósofos con los que más frecuentemente será vinculado (con mayor o menor sentido). De manera anecdótica, que los nacimientos de Gilbert Simondon (quien en 1955 era profesor asistente en la Université de Poitiers), Gilles Deleuze (profesor del instituto Louis-le-Grand de París), Michel Foucault (delegado cultural en la Uppsala universitet) y Jean-François Lyotard (profesor del Prytanée national militaire de La Flèche) se hubiesen producido respectivamente en 1924, 1925, 1926 y 1927, pero que el de Guattari (quien todavía no conocía a ninguno de ellos) no llegase hasta el 30 de marzo de 1930, un día 78 después de la ascensión de Brüning a la cancillería alemana y un día antes de la instauración del código Hays, va parejo a la distancia (pequeña, pero real) entre muchos de los grandes nombres de su generación y «escuela». Desplazamiento y multiplicación (maliciosamente, podríamos hablar de «marginalidad» y «dispersión») serán dos constantes fundamentales de la obra y la persona de Guattari, tal vez las más poderosas junto a su primordial, vital sensibilidad estética, la más acentuada (por profunda, constante e inherente) de entre los filósofos post-estructuralistas antes citados, y que de hecho ofrece pocos paralelismos en el contexto filosófico parisino de aquel entonces, con la notoria e incuestionable excepción de Barthes. De entre todos ellos, Guattari era además el mejor informado en artes (en particular en música, literatura y cine, en menor medida en arquitectura y pintura), así como el que con mayor propiedad construyó, si no una «estética» sistemática, desde luego sí profundos desarrollos en torno de algunas de las cuestiones mayores de la discusión estética contemporánea. Se revela al lector como una filosofía extensa, problemática, compleja, mutante e inacabada, pero sin duda constituye una estética en el sentido que entendemos como más plástico e interesante del término, como aquello que penetra y juega con los rizomáticos procesos de emergencia, concepción y morfologías de la belleza. De esta manera, y merced a los argumentos que iremos desarrollando, defenderemos que esta estética existe por derecho propio, sin evidenciar ningún carácter subsidiario ni mucho menos ilustrativo, en la medida en que el pensamiento guattariano tiene en la Estética sus sentidos y usos más profundos, resonantes y originales. Pero volvamos ahora a 1955. A pesar de su juventud, por aquel entonces Guattari acumulaba ya una experiencia política considerable. El interés que sentía por la psiquiatría y por la «locura», incluso antes de llegar a La Borde, estaba lejos de 79 revestirse de cualquier fascinación72. Lo que Guattari deseaba, lo que se había ido a buscar a La Borde, era fundamentalmente una aventura intelectual, las inestimables posibilidades que un lugar como ése proporcionaban al alma ávida de organizar, animar, coordinar, proliferar. La Borde era un inmenso laboratorio sociopolítico, del que Guattari nunca se apartará. No conviene subestimar, sino más bien asumir como principio analítico, la incapacidad de Guattari en todo lo relativo a las transiciones, esto es, a tomar las riendas de cualquier suerte de síncope en su vida de manera que no implicase un corte radical con respecto a lo anterior. A los quince años, al mismo tiempo en que se afilia al Parti communiste français (PCF), lo hace también a los Auberges de jeunesse73. Apenas tres años más tarde, en 1948, ingresa en el trotskista Parti communiste internationaliste (PCI, sección francesa de la IV Internacional en cuyo seno tiene sus orígenes Socialisme ou barbarie). Allí evidencia ser un excelente cuadro74, que asume enseguida cargos de responsabilidad. En 1949 viaja a la Yugoslavia de Tito, donde participa (literalmente) de la construcción de la futura Universidad de Zagreb, para después visitar la China de Mao en 1954. Entre 72 «C’est très curieux, mais c’est vrai que je n’étais pas très intéressé par la folie.» (Félix GUATTARI en entrevista con Ève CLOAREC, 29/VIII/1984, archivos del Institut Mémoires de l’édition contemporaine (IMEC) apud DOSSE, François: Gilles Deleuze et Félix Guattari: Biographie croisée, La Découverte, Paris, 2007, pág. 62). 73 Será entonces cuando empiece a ser llamado apenas «Félix», nombre de su tío, muerto en Verdun y posible y primigenio «ideal del yo» de Guattari (DOSSE, Biographie croisée…, op. cit., pág. 38). Será también entonces, y como decíamos, cuando se adhiera a los Auberges de jeunesse, al saber que en ellos tenía responsabilidades Fernand Oury (hermano de Jean), discípulo de Célestin Freinet, inaugurador de la llamada «pedagogía institucional» y antiguo profesor de ciencias naturales de Guattari. Oury había caído preso de los alemanes en 1943, apenas tres semanas después de comenzar a dar clase a Guattari. 74 Guattari era increíblemente hábil desde el punto de vista organizativo y programático, y entre sus textos acerca de las lógicas de militancia (groupesujet, fantasma de grupo, micrologías de grupo, etc.) se encuentran, en nuestra opinión, sus mejores textos políticos. 80 ambas fechas, en concreto en 1950, se produce un encuentro absolutamente fundamental en la formación de nuestro filósofo, comparable apenas con su relación con Deleuze (para cuyo comienzo habremos de esperar casi veinte años), y es que es en ese año cuando comienza a leer a Lacan. Cabría interponer aquí una lectura biográfica inversa, ya que los datos ofrecidos permiten de igual manera una interpretación diferente: Guattari, siempre tan inquieto, tan inaprehensible, tan extraño incluso para sí mismo, en realidad fue siempre «el mismo». Sin pretender caer en el juego de la representación, inventando un personaje allí donde, como en cualquiera de nosotros, hay algo que huye por definición, que huye de lo unívoco en su devenir, lo cierto es que el cuadro político de las décadas de los 50 y los 60, el «terapeuta» político de los setenta que se pasea por la Bolonia de 1977, el ecologista y teórico del CMI («Capitalismo Mundial Integrado») de la años ochenta y el autor de esa obra fascinante que es Chaosmose son siempre el mismo. Es una misma concepción del pensamiento como producción de subjetividad y bahía de la Diferencia, animado por una irredenta voluntad estética. ¿Uno o muchos Guattari, entonces? La filosofía de su amigo Deleuze nos ayuda a comprender que tal contradicción es en realidad falaz. Otra de las grandes constantes en la trayectoria de Guattari, fundamental en el contexto de esa mencionada «voluntad estética», es una voluntad de estilo. El primer posicionamiento «público» de Guattari, esto es, su adhesión al PCF en 1945, cuando apenas tenía quince años, coincide con una temprana voluntad de escritura que nunca lo abandonará, y que condicionará su futuro ingreso en Filosofía. En la entrada de su diario correspondiente al 1 de Septiembre de 1953, escribe: «JE VEUX ÉCRIRE UN LIVRE»; a finales de mes, leemos: Écrire! Je veux écrire. Cela devient un besoin impérieux… Mais écrire quoi. Peut-être d’abord mes difficultés d’écrire… Puis-je faire une littérature philosophique. Écrire sur la mort par exemple? Mais je n’ai rien lu. Et pour longtemps encore, je n’ai rien lu 81 sur rien. Les souvenirs d’enfance? Oui, évidemment mais ça vient quand ça veut. Il faut les travailler. CREUSER un premier trou. Cela suppose un approfondissement poétique de la situation. Ayant exclu le poétique et le philosophique, il me reste à opter entre le romanesque et le journal. Le premier m’effraie, le second m’ennuie. Ne pourrais-je pas faire un roman au jour le jour avec moi, Micheline [Kao, su compañera], JO [Jean Oury]. Une fille idéale, etc.? Quelque chose qui transmettrait et cristalliserait mes engluements. Écrire un livre a été le grand mythe de ma jeunesse.75 2.1.2. DEL ESPRIT A LA ESTRUCTURA .— Ese mismo año de 1955, una anécdota aparentemente intrascendente nos permite ilustrar el signo epocal, el tempo de eso que tan vagamente referimos por «mentalidades», en este caso en el contexto de las clases ilustradas parisinas en la Libération y posguerra, pero no sólo. Se trata del retorno del lingüista André Martinet, de los Estados Unidos a la Sorbona. A pesar de la incontestable notoriedad que Martinet había adquirido en los medios lingüísticos norteamericanos, en París es relegado en un primer momento a una pequeña sala que no acogía más que a una treintena de alumnos. Dos años después, se ven en la necesidad de concederle la sala Guizot y, para 1960, la Descartes, con capacidad para 400 personas. Para 1967, y como relata el propio Martinet, «l’amphi Descartes était trop petit, on m’a donné Richelieu où l’on peut, avec les annexes, mettre jusqu’à six cents personnes»76. Más allá de lo anecdótico, lo cierto es que los años que separan el final de la guerra de mayo del 68, esto es, los mismos años en los que Guattari se forma en Filosofía, Psicoanálisis y 75 Félix GUATTARI, cuaderno nº 3 (1953), archivos IMEC, apud DOSSE, Biographie croisée…, op. cit., págs. 52-3; en mayúsculas en el original. 76 André MARTINET en entrevista con François DOSSE, apud DOSSE, François: Histoire du structuralisme, La Découverte, Paris, 1991, t. I, Le Champ du signe, 1945-1966, pág. 238. 82 Políticas, escribe sus primeros textos, comienza a cuestionar el lacanismo, penetra en la obra de Deleuze (a quien no conocerá personalmente hasta 1969) y se convierte en militante de las mil militancias, vienen marcados por el dominio sucesivo de dos paradigmas, el existencialista (virtualmente agotado ya para 1955) y el estructuralista (institucionalmente exitoso tras el 68, pero filosóficamente exhausto). Lo cierto es que la creciente audiencia de Martinet, el éxito incontestable de Lévi-Strauss en los años de decadencia de la figura de Sartre, la sanción oficial del estructuralismo más radical (el psicoanalítico, finalmente en la Rue d’Ulm), la reformulación de la ortodoxia marxista francesa de la mano de Althusser a la que el mastodóntico aparato del PCF termina por ceder, el sonoro fracaso de los ataques de Picard contra Barthes y el éxito editorial de este último o la fascinante construcción de la red epistémico-religiosa de Greimas, evidencian en realidad un mismo fenómeno, un fenómeno que trasciende cargos, contingencias y modas y que nos informa de profundos movimientos tectónicos en el contexto de una Francia postindustrial, post-humanista y decididamente post-existencialista. Para cuando Guattari se instale definitivamente en La Borde en 1955, el sistema nacido de la Libération, esto es, la IV República, estaba derrumbándose, enquistado en las mismas inercias que parecían enterradas junto a la III. Apenas tres años más tarde, la crisis de Argelia provocará el retorno del Padre, por nombre De Gaulle, para demoler definitivamente un régimen que, en realidad, había nacido muerto. En el seno de este enorme descontento político e histórico, encontramos muchas de las claves, si no del origen, desde luego sí de la ascensión del «estructuralismo» al centro mismo de la vida cultural francesa, así como, indirectamente, de su desarrollo posterior hacia la radicalización de las lógicas internas del paradigma en Derrida, su deslizamiento hacia una nueva crítica literaria en Kristeva, Sollers y el segundo Barthes, e incluso hacia su disolución nietzscheano-diferencialista en las obras de Deleuze, Foucault, Lyotard y, desde luego, Guattari. 83 La crisis epocal, que traza una suerte de estagnación del pensamiento, la comprenderemos mejor à rebours, deteniéndonos en aquello que Francia parece rechazar a medida que la posguerra comienza a dejar al descubierto un panorama institucional inerme, con la Troisième Force encarnando a un Estado sin otro discurso de régimen que el anti-comunismo y sus vanas tentativas de construir un discurso gaullista sin De Gaulle, esto es, un discurso caudillista sin caudillo que aquella organización no tenía la fuerza ni la astucia para encarnar. Sin embargo, el país que coronará a los jóvenes estructuralistas será el mismo que celebrará el retorno del general, abandonando la fenomenología existencialista encarnada por Sartre y Les Temps modernes (nódulo cultural absolutamente central en la primera posguerra, casi una escuela de vida para muchos jóvenes —L’Être et le néant será todo un «acontecimiento» en la vida de Guattari y de Deleuze—), al tiempo que cuestionando el papel de quien emergiera de la Résistance y la Libération como primera fuerza del país, el PCF. En la celebración del entierro del esprit y el bautismo de la Estructura, asistimos a un doble fracaso: en lo político, cae el régimen asambleario de la Constitución de 1946 y, en lo filosófico, se desmorona el discurso humanista. En muchos aspectos, además, la salida presidencialista y tecnocrática de la Constitución de 1958, pensada a un mismo tiempo para anular a los comunistas (reconduciendo el discurso republicano hacia la derecha, limitando el poder de la Assemblée Nationale y recortando las competencias sindicales) y para adaptarse a la nueva fase económica sin cambiar de gestores, cristaliza un consenso de las élites políticas, económicas y mediáticas que todavía hoy determina el campo de juego de una parte no pequeña de la política francesa, de modo semejante al post-Thatcherite consensus británico o al «régimen del 78» español. 2.1.3. SARTRE, FURIOSAMENTE DESENCANTADO.— Durante la Libération, el estatus de Sartre había adquirido niveles de difícil equiparación. Sartre era, en especial para la 84 juventud francesa, mucho más que un dramaturgo y un novelista (La Nausée es, sin duda, una de las cimas de la literatura francesa de entreguerras), incluso era algo más que el filósofo más reconocido de la Francia que resistió la ocupación alemana y edificó la Libération: Sartre era la referencia tutelar de toda una generación: For at least a generation after the end of the war, JeanPaul Sartre was the most prolific and flamboyant spokesman of the intellectual Left in France. His image of the intellectual committed to revolutionary politics achieved a dazzling domestic and international prominence, and established itself as an influential selfdescription for intellectuals of the Left until finally surpassed by the more recondite Althusserian vocabulary of theoretical intervention. Sartre was not in any obvious sense a Marxist, nor did he ever enter the Communist Party, even when its political prestige was at a maximum. And although he decisively framed the terms of intellectual debate for his generation, he never —after the war— held a position in the academic institutions of the State. His conception of intellectual commitment was designed precisely to release the intellectual from the stipulations of either Party or State. But he always remained (by his own avowal) a man of the revolutionary Left; although he often adjusted his political positions (especially with regard to the Party), his commitment to revolution, to the «seizure of power by violent class struggle», remained the nub of his political imagination. […] The wounds of the divided political community could be healed by no other means than revolution: a natural extension of the war, it would bring to an apocalyptic end the great global conflict of the century, between Fascism and Communism. In the vanguard of the postwar intellectual backlash against the bourgeois world, 85 Sartre dismissed its political and intellectual forms as remnants of a tawdry past.77 Autores tan dispares en sus perspectivas como poco dados al dogmatismo como Deleuze o Barthes reconocerán esta deuda durante muchos años, mucho después de que el fulgor de la figura de Sartre se apagara. Su figura resultó igualmente fundamental en la vocación del joven Guattari, quien igualmente reconocerá, muchos años después, que prefería haberse equivocado con Sartre que haber acertado con los demás. Para mediados de la década de los 50, la estela sartreana ya se estaba apagando. De hecho, ya incluso en 1945 el giro humanista tan sonadamente anunciado en la conferencia en torno a L’Existentialisme est un humanisme causara la deserción de los jóvenes Deleuze y Michel Tournier. Cinco años más tarde, siendo ya Guattari un fervoroso lector de Lacan de la primera hora, las referencias sartreanas y temáticas existencialistas parecen desaparecer. Lo harán, sin embargo, de manera equívoca, muy ambigua, filtrándose a través de pequeñas conexiones de un rizoma en construcción. A pesar de que la popularidad de Sartre continúe siendo notoria, así como continuaron Les Temps modernes ejerciendo un lugar central en la cultura parisina, para los jóvenes que en la resaca del 68 comenzarán a ser etiquetados como «postestructuralistas» la lucha se situaba ya en otra parte, un lugar del que se habían desalojado las temáticas existenciales (no obstante la reintroducción paradójica de algunas referencias sartreanas a través de la anti-psiquiatría anglosajona). El nuevo orden, la koiné en la que muchos se formarán y a la que intentarán superar, será el estructuralista. Por lo que respecta a la historia del «pensamiento existencialista» en el sentido más laxo del término, Sartre había operado un deslizamiento de enorme relevancia. El ser-en-sí ha 77 KHILNANI, Sunil: Arguing Revolution: The Intellectual Left in Postwar France, Yale University Press, New Haven & London, 1993, págs. 49-50. 86 dejado de ser el depósito abismal de sentido en el que el sujeto encuentra la determinación de su entidad, para representar «apenas» el paisaje que éste alcanza fenomenológicamente en cuanto que realidad en bruto, más allá de cualquier suerte de sentido o razón. Si reparamos, siguiendo la sugestión de Prini, en cómo las filosofías existencialistas desarrolladas tras la Gran Guerra se fundamentaban en la tensión del pensamiento hacia el ser trascendente en cuanto que absolutamente Otro78, comprenderemos mejor la diferencia que supone Sartre. Y es que, al eliminar el factor de una alteridad trascendental, el fundamento del sentido se desliza fatalmente hacia el propio individuo, que se ve así «condenado» a la libertad (la cual, en consecuencia, se convierte en fundamento determinante de una angustia existencial). Éste es el sentido de la célebre sentencia según la cual «la existencia precede a la esencia»: el hombre existe, y aparece al mundo, sólo para ser definido por sus acciones79. La muerte de Dios, al fin, dejaba al hombre sin excusas80 frente a su «total y profunda responsabilidad»: 78 PRINI, Pietro: «Jean-Paul Sartre y la utopía de la libertad total», en Historia del existencialismo. De Kierkegaard a hoy [1989], tr. Antonio Martínez Riu, Herder, Barcelona, 1992, pág. 193. 79 Cf. SARTRE, Jean-Paul: L’Existentialisme est un humanisme [1945], Nagel, Paris, 1970, págs. 21-2. 80 La proposición es bien conocida: «Dostoïevsky avait écrit: “Si Dieu n’existait pas, tout serait permis.” C’est là le point de départ de l’existentialisme. […] [L]’homme est délaissé, parce qu’il ne trouve ni en lui, ni hors de lui une possibilité de s’accrocher. Il ne trouve d’abord pas d’excuses. […] [N]ous n’avons ni derrière nous, ni devant nous, dans le domaine lumineux des valeurs, des justifications ou des excuses. Nous sommes seuls, sans excuses. C’est ce que j’exprimerai en disant que l’homme est condamné à être libre.» (SARTRE, L’Existentialisme est un humanisme, op. cit., págs. 367). Reparemos en el tono trágico de lo que después dice : «[L]’homme est un être chez qui l’essence est précédée par l’existence, qu’il est un être libre qui ne peut, dans des circonstances diverses, que vouloir sa liberté» (pág. 84; las cursivas son nuestras). 93 univers humain, c’est ce que nous appelons l’humanisme existentialiste. Humanisme, parce que nous rappelons à l’homme qu’il n’y a d’autre législateur que lui-même, et que c’est dans le délaissement qu’il décidera de lui-même; et parce que nous montrons que ça n’est pas en se retournant vers lui, mais toujours en cherchant hors de lui un but qui est telle libération, telle réalisation particulière, que l’homme se réalisera précisément comme humain.87 La realidad de la posguerra parece venir a corroborar la imagen de un hombre tan consciente de sí mismo como de su impotencia, casi un fantoche que además sabe de su suerte, al cual se le concede la posibilidad del libre albedrío para que luego sea apenas un testigo de su incapacidad para cambiar realmente nada: una suerte de cruel potestas fenomenológica sin potentia vital. La contradicción, históricamente informada, de la filosofía sartreana llega así a su cumbre, en la medida en que desemboca en un humanismo que proclama al hombre como simultáneamente constituido (frente o contra el mundo) y constituyente (si bien, de facto, radicalmente impotente). Por una parte, resulta evidente que Sartre no había abandonado todavía antiguas dicotomías de la filosofía idealista según las cuales, antes de que la libertad determinase la posibilidad de cualquier creatividad, ésta última hace aparecer al mundo (o incluso es) la libertad misma. El hombre, de este modo, es siempre teóricamente «libre» (como el Sartre novelista de los años 20 y 30), pero difícilmente podrá hallar una salida a los problemas político-morales a los que se enfrentaba en una clave históricofenomenológica. El humanismo trágico de Sartre había llegado tarde a su cita con la Historia. El sujeto comenzará su exilio de la filosofía francesa, a la que no volverá hasta la década de los 80. Para LéviStrauss, mucho antes, el hombre será ya un «niño mimado». 87 SARTRE, L’Existentialisme est un humanisme, op. cit., págs. 90-4; las cursivas son nuestras. 94 Veremos, sin embargo, hasta qué punto será ambiguo este exilio del Sujeto. Una lectura atenta de la historia intelectual de la Francia de los años que desembocan en mayo del 68 permite defender el argumento contrario, según el cual Sartre habría llegado, en realidad, demasiado temprano. La conformación (problemática, contradictoria, plurívoca) del llamado «marxismo existencialista» como campo de juego de (parte de) las filosofías marxistas ajenas al PCF que engloban tanto al propio Sartre de la posguerra como a Lefort, Castoriadis, Edgar Morin, Kostas Axelos, Jean Davignaud, Pierre Fougeyrollas o el Lefebvre maduro, resulta fundamental para comprender tanto su papel en el «pensamiento del 68» como la propia evolución de un Guattari à rebours del marxismo oficial (ora leninista, ora trotskista) y, de manera definitiva tras su deconstrucción del lacanismo, à rebours del estructuralismo. Por una parte, el marxismo humanista era en efecto el horizonte del proyecto sartreano desde la Occupation88. En su última gran obra, la Critique, lo resumirá así: «Cuando la investigación marxista adopte la medida humana […] el existencialismo no tendrá razón de ser.»89 La filosofía del Sartre de las décadas de los 40, 50 y 60 puede leerse como un esfuerzo prometeico para operar una síntesis filosófico-política que reuniese la aprehensión existencialista de la libertad individual y una teoría de la praxis fundamentada en el materialismo dialéctico. La cuestión, desde luego, radica en aquello que entendamos tanto por «libertad individual» como por «materialismo dialéctico». En este sentido, y por lo que respecta 88 Los primeros contactos de Sartre con el comunismo se remontan, sin embargo, a su amistad con Paul Nizan en la década de los 20, como en la siguiente con el trotskismo, a través de Colette Audry. Parece que lo que más interesaba al joven Sartre, alumno de la École y de la Sorbona descontento con las filosofías de Brunschvicg y Alain, era particularmente aquello que el pensamiento dialéctico tenía de anti-idealista (cf. POSTER, Existential Marxism in Postwar France, op. cit., págs. 76-7). 89 CRD, pág. 111. 95 a Sartre, Mark Poster nos dejó la que tal vez sea la definición más justa: [E]xistential Marxism may be defined very loosely as follows: a non-Leninist Marxism that conceptualizes advanced, industrial society in a way that points toward the possible elimination of its alienating structures; that looks to all the alienating structures; that looks to all the relations of daily life, not simply to relations of production to make society intelligible; that picks up from existentialism the effort to capture human beings in the moment of their active creation of their world, in their subjectivity; and, finally, that rejects the attempt to have a closed theory complete within itself.90 Si bien podríamos concordar con esta última proposición (según la cual Sartre no habría pretendido una suerte de síntesis «total» en su operatividad), por otra parte resultaría complicado subestimar la influencia del proyecto sartreano precisamente sobre aquellos más heterodoxos entre los marxistas franceses, incluido Guattari. La propia actitud del PCF hacia Sartre será muy ambigua. El aparato era consciente de su centralidad como referencia absoluta de una parte considerable de la joven intelligentsia ligada al Partido desde (o a través de) la Résistance, a pesar de no ser necesariamente leninista en cualquier sentido de la palabra, y que militaba en el PCF al tiempo que devoraba Les Temps modernes91. Durante la posguerra, esta ambivalencia del PCF frente a Sartre, a quien parte de la dirección consideraba un pequeñoburgués decadente cuyo prestigio, sin embargo, no podían ignorar, provocará que sea alternativamente atacado y 90 POSTER, Existential Marxism in Postwar France, op. cit., pág. ix. 91 Entre los jóvenes intelectuales del Partido favorables a la idea de esta síntesis figuran Hervé, Courtade, Jean-Toussain Desanti, Dominique Desanti, etc. 96 celebrado como prototipo del intelectual engagée92, en ocasiones por parte de las mismas firmas y publicaciones (¡en ocasiones dentro de un mismo número!). Esta función de Sartre como espejo perverso no puede ser ignorada a la hora de estudiar su influencia en las obras (y personas) de Guattari y Deleuze. A pesar de que los beneficios mutuos fuesen abundantes, las reservas de ambas partes, el Parti communiste y Sartre, estaban justificadas. El PCF tenía buenas razones para desconfiar del avatar existencialista, que no solo tenía un sólido y funcional correlato religioso (Jaspers, Marcel), sino que había nacido, o al menos lo parecía en su forma moderna, del mismo lugar del de una filosofía, la de Heidegger, celebrada por el ejército ocupante93. En términos estrictamente filosóficos, por lo demás, 92 Esta ambivalencia podía producirse en un mismo medio: es el caso, por ejemplo, de la revista Action, que había ofrecido a Sartre un lugar para responder a las críticas que se le hacían al tiempo que publicaban repetidos y directos ataques. Cf. POSTER, «The Attack on Sartre: 1944-1948», en Existential Marxism in Postwar France, op. cit., págs. 109-60 (me apoyaré en este texto en alguna de las siguientes observaciones); cf. también SARTRE, Jean-Paul: «À propos de l’existentialisme, mise au point», en Action, 17 (1944) y la brutal réplica de LEFEBVRE, Henri: «Existentialisme et marxisme: réponse à une mise au point», en Action, 40 (1945). En estos años, el PCF «anima» ataques sistemáticos contra Sartre y su «idealismo burgués»; cf. LEFEBVRE, Henri: L’Existentialisme (1946); LEDUC, V.: Le Marxisme est-il dépassé? (1946); MOUGIN, H.: La Sainte famille existentialiste (1947); KANAPA, J.: L’Existentialisme n’est pas un humanisme (1947); GARAUDY, Roger: Le communisme et la morale (1947); LUKACS, G.: Existentialisme ou marxisme? (1948). 93 «El existencialismo predica un cambio de conciencia, un cambio en la vida, desde la existencia sin autenticidad a la existencia auténtica. Y los marxistas, a su vez, proceden a seguir el rastro del existencialismo hasta su origen en la religión. Encuentran que el primer exponente real del existencialismo, Soren [sic] Kierkegaard, era un clérigo. Así resulta fácil deducir que la diferenciación entre una existencia verdadera y no verdadera del hombre es de origen cristiano, como lo es el concepto de la muerte como medio de alcanzar la verdadera existencia y la verdadera conducta ética en la vida. Los marxistas invierten el argumento de Camus y descubren que son el existencialismo y el cristianismo los que difieren radicalmente de los griegos en sus concepciones sobre la naturaleza, la historia, la personalidad individual, las relaciones del individuo con el resto de la sociedad e incluso en la actitud hacia la muerte. En 97 resulta evidente que Sartre, aunque hubiese pretendido (en L’Être et le néant) trascender la dualidad materialismo-idealismo, había dejado reposar su pensamiento sobre un principio abstracto de raíz innegablemente idealista como era la «libertad total» del individuo, mistificación de poca utilidad a efectos del materialismo dialéctico. Esto es, en términos generales sus esquemas categoriales seguían siendo los del idealismo: el objeto es necesidad, el sujeto es libertad94. contraste con el optimista concepto del mundo de los griegos, según el cual el individuo era una parte de todo el cosmos, en el cual la muerte tenía menor importancia, el cristianismo vio al mundo de manera pesimista, como un lugar de sufrimiento, de alienación del individuo respecto de la naturaleza, la historia, la sociedad, los otros hombres, y concibió la muerte como punto focal de la existencia del hombre. Repetimos, la mediación se logró con la creencia en un Dios y en una vida eterna; pero cuando la sociedad moderna llegó a dudar de esas creencias, sólo se mantuvieron los principios sombríos. Y esto es lo que heredó el existencialismo —el mundo judío sin el Dios cristiano” (ODAJNYK, Walter: Marxismo y existencialismo, tr. Enrique Gainza, Paidós, Buenos Aires, 1966, págs. 150-1). Odajnyk contribuye también a la tan pintoresca como ilustrativa definición del Existencialismo en la Enciclopédia Soviética: «Existencialismo: una tendencia ideológica de la filosofía burguesa contemporánea […] Al criticar la unilateralidad de la interpretación racional y mecánica de las actividades del hombre en la sociedad, el existencialismo cae dentro de una unilateralidad mayor. Es imposible no advertir en esta doctrina filosófica una clara tendencia hacia el irracionalismo. De ello nace la crítica reaccionaria a la teoría científica del proceso histórico desarrollada por el marxismo-leninismo. En una forma ecléctica, el existencialismo intenta unir los rasgos distintivos de los idealismos subjetivos y objetivos. Las ideas del existencialismo están decoradas con los tonos agudos de una perspectiva del mundo decadente, pesimista. La substitución de la categoría de esencia por la categoría de existencia lleva al existencialismo, no a superar el idealismo, sino a la substitución del idealismo por nuevos matices y combinaciones de las antiguas enseñanzas idealistas» (Bolshaia Sovetskaia Entsiklopedia, V, 48, pág. 358 apud ODAJNYK, Marxismo y existencialismo, op. cit., págs. 160-1). 94 CHIODI, Pietro: Sartre y el marxismo [1965], tr. Santiago Mir Puig, OikosTau, Barcelona, 1969, pág. 18. Y continúa: «[D]e ello se sigue que en el objeto la necesidad es necesidad sin libertad, necesidad absoluta, del mismo modo que en el sujeto la libertad es libertad sin necesidad, libertad absoluta. Y así Sartre puede afirmar que la libertad es “necesidad de la necesidad”, que “libertad y necesidad constituyen una misma cosa” […] Estas afirmaciones significan todas lo mismo, es decir, que la realidad y lo absoluto en último 98 Sin embargo, la desconfianza de Sartre tenía también una base sólida. El PCF de la posguerra, si bien por motivos que escapaban todavía a la voluntad del Comité Central, era ajeno a determinados debates, y lo era aún más en lo que se refiere al cuestionamiento de los fundamentos teóricos del comunismo francés (con toda su oscilación táctica, que tanto tenía de enquistamiento estratégico). Sartre, sin embargo, se empapa durante estos años de filosofía marxista, sale al encuentro de las críticas respondiendo con la conferencia de L’Existentialisme est un humanisme y, sobre todo, con «Matérialisme et révolution» (1946). En 1952, el affaire Duclos lleva a Sartre a quemar el último puente en favor del Partido, sin que por lo demás se hubiese producido ningún gran cambio ni en la línea oficial del Partido ni en la filosofía de Sartre. Para él, como para tantos otros, la cuestión había trascendido el debate filosófico para situarse en un plano moral. El Sartre de estos años, el que escribe Les Communistes et la paix, es lo más parecido a un estalinista que llegará a ser, encabezando al mismo tiempo campañas de y en favor del PCF y atacando con inusitada virulencia a la izquierda anti-estalinista de la que él mismo provenía, pero que ahora ridiculiza. término constituyen una sola cosa, ya se trate del absoluto que nace con el alienarse del sujeto al objeto, ya de ese otro absoluto que nace del desalienarse del objeto en su interiorización subjetiva. La necesidad no es más que la determinación modal de la categoría absoluta de la incondicionalidad» (págs. 18-9). A propósito de esta última afirmación, cabe mencionar hasta qué punto Sartre, sea inscrito en tal o cual escuela, participa de lo que Deleuze llamará «imagen del pensamiento» [image de la pensée], en consecuencia dependiente de una lógica platónica de la representación por la que «la bondad no puede ser más que buena» o, en este caso, la Necesidad no puede ser más que necesaria. Volveremos después a las observaciones de Pietro Chiodi, para quien de hecho el gran proyecto sartreano apenas había conseguido una «reforma interna» de un marxismo idealista, dado que Sartre «ha entendido la noción existencialista de existencia —proyecto que debía constituir la base crítica de la crítica de la razón dialéctica dogmática (idealista e idealistastalinista)— dentro del esquema idealista de la relación alienada del sujeto al objeto» (pág. 18). 99 Lo cierto es que este nuevo entusiasmo durará poco. 1956, el año de la ocupación soviética de Hungría, es también para Sartre el de la polémica con el trotskista Pierre Naville95. Sartre opera entonces un nuevo y hasta cierto punto sorprendente movimiento, que le llevará a advocar la desestalinización del Partido a través de la conformación de un nuevo Frente Popular (mecanismo por el cual creía que apartaría al Parti del seguidismo soviético96) y, sobre todo, volviendo a la postura del intelectual independiente que, de nuevo (y ahora más que nunca), se sumerge en la filosofía marxista a la búsqueda de sus límites (empresa que culminará en la Critique). La década larga que separa la ocupación de Hungría de mayo del 68, década que separa igualmente el comienzo del trabajo de Guattari en La Borde de la publicación de Différence et répétition suponen un período fundamental para un pensamiento de una izquierda que llamaremos «alterista», nacida del enquistamiento de la ortodoxia de un marxismo occidental que prácticamente desaparece de la primera línea de batalla de las ideas (en un movimiento tanto más dramático por cuanto el comunismo ocupaba de facto el lugar de una verdadera koiné en la intelectualidad de París, esto es, en la capital del pensamiento). A lo largo de estos años veremos cómo la confrontación entre «marxismo» y «existencialismo» se atenúa, así como se disuelven numerosas confrontaciones de escuela97, ahora que ciertas contradicciones parecían evaporarse a su vez por la propia totalización del capitalismo, la esclerosis soviética y la consecuente disolución de los «equilibrios inestables» ligados a la Guerra Fría y la política de bloques. En segundo lugar, algunos de estos conflictos parecen relajarse en la propia Francia merced a la vuelta al orden promulgada por De Gaulle, el gran arquitecto 95 Esta polémica se venía a sumar a las críticas de Claude Lefort tres años antes (ya militando éste en Socialisme ou barbarie). Cf. LEFORT, Claude: «Le Marxisme et Sartre», en Les Temps modernes, 8 (1953). 96 Cf. SARTRE, Jean-Paul: «La fantôme de Staline», en Les Temps modernes, 129, 130, 131. 97 GARAUDY, Roger: Perspectives de l’homme: Existentialisme, pensée catholique, structuralisme, marxisme (1959). 100 de los consensos republicanos post-industriales, muchos de los cuales continúan hoy en pie. 2.1.4. LA REACCIÓN ESTRUCTURALISTA.— Desde la izquierda, esta nueva emergencia intelectual se solidificará en tendencias y grupos muy diversos, todos ellos fundamentales de cara a la compresión de lo que luego se dará en llamar (creemos que justificadamente, siempre que no nos tomemos en serio la etiqueta) «post-estructuralistas», como Socialisme ou barbarie o el grupo de la revista Arguments98, Foucault o los nietzscheanos. Sin embargo, desde el shock de 1956 y hasta la implosión (igualmente traumática) del 68, la relevancia de todos estos autores, incluido Sartre, era relativamente secundaria (con la excepción de Foucault). Sin embargo, el retorno de De Gaulle, la crisis soviética y la parálisis del PCF harán que la posición de las piezas del tablero político cambie de modo radical. Sostener que el furor existencialista se vio substituido de manera súbita y casi sorprendente por su correspondiente estructuralista resultaría tan erróneo como creer que los «quarante millions de pétainistes» de 1940 saludaron al general Leclerc convertidos ya en fervorosos resistentes. Los matices nunca sobran. A pesar de la ascensión del nuevo paradigma, la incontestable conquista estructuralista de la academia francesa (École, Collège, Sorbona) y su expansión entre el público general acusa pocos paralelismos, evidenciando su éxito factores múltiples que exceden en mucho los parámetros del «renacer» saussuriano. El furor, de nuevo, tenía su origen en sentimientos más ambiguos y sombríos. Agotada la posguerra, y agotadas también las esperanzas en aquello que la IV República podría haber llegado a ser pero que muy tempranamente evidenció que 98 Arguments había sido concebida por Morin y Barthes según el modelo de la revista marxista italiana Argomenti, cuyos editores había intentado también experiencias parecidas en el Reino Unido y Alemania. Al respecto, cf. POSTER, «The Arguments Group: Existentialized Marxists», en Existential Marxism in Postwar France, op. cit., págs. 209-63. 101 nunca sería, De Gaulle emergía de nuevo de entre las sombras para suturar con su presencia los problemas de la República. (¿Hasta qué punto las teorías guattarianas de la rostridad no tienen mucho que ver con la cuestión gaullista?). Matizar Resulta obvio que la figura de De Gaulle no carecía de ambigüedades: por una parte, parte de lo que en él se exaltaba era peligrosamente parecido a lo celebrado en el otrora venerable Pétain. Por la otra, su vacío ideológico más allá del nacionalismo sentimental (por su parte, otro significante a la espera de significado positivo) fue precisamente lo que llevó a reformar el aparato del Estado a imagen de sus avatares (el noble paysan que encarna el espíritu de Francia, a cuya cabeza marcha el general), pero construyendo de facto un régimen tecnocrático que venía a asentar las bases de la centralidad política francesa hasta el día presente mucho más a la derecha de lo que hubiera resultado tolerable en la IV República. Tal vez, esta suerte de equívoca transparencia sea en lo que más se parezca el Estado gaullista al paradigma estructural. Los estructuralistas, que acabarán de una vez por todas con las temáticas existencialistas, representaban también una supuesta novedad tras la cual, de nuevo, se operaba un retorno de lo antiguo. El éxito de la perspectiva estructuralista, el descifrado lógico del fluir de la existencia, su creencia en la posibilidad de unas ciencias humanas cuya «cientificidad» fuera equiparable a la de las ciencias biológicas (fe que superaba, en mucho, la de los más ambiciosos y dogmáticos de entre los filósofos del PCF), su convencimiento de que la búsqueda de los fundamentos de lo sincrónico era la salida necesaria de la tragedia de lo diacrónico, nos sitúan una vez más en el medio de la historia de Francia. Siendo sus temáticas, e incluso algunas de sus propuestas metodológicas, ya antiguas, en mucho anteriores a que su éxito en la década de los 6099, no será sin embargo hasta mediados de 99 En el caso de Lévi-Strauss, ya antes de su célebre introducción a la obra de Mauss había conseguido éste un gran éxito académico con Les Structures élémentaires de la parenté, resultado de su ambiciosa tesis, leída en 1948 y publicada al año siguiente (LÉVI-STRAUSS, Claude: Les Structures 102 esta última cuando el nuevo «paradigma» se sienta como tal, y la nueva generación de investigadores y profesores «estructuralistas» tomen el relevo de los existencialistas, tanto en la universidad como en las librerías e incluso en los quiscos. La creciente industria cultural, ávida de nuevas escuelas y figuras que ocuparan el lugar de los héroes caídos (como en aquellos momentos parecía ser el caso de Sartre), propulsa a la fama a las grandes figuras del Estructuralismo, publicando masivamente sus obras y revistas: En France, le structuralisme est aujourd’hui une panacée. De la linguistique, il est passé à l’anthropologie. De là, il n’a cessé de se répandre, du moins si l’on en croit la rumeur publique (car, pour affirmer qu’il se répand, il faudrait encore savoir ce qu’il est). Il a, paraît-il, atteint la philosophie. Selon l’éditorialiste d’un récent numéro de L’Arc, il serait même devenu la philosophie dominante: «1945, 1960: pour mesurer le chemin parcouru entre ces deux dates, il suffit d’ouvrir un journal ou une revue et de lire quelques critiques de livres.» Quelle mutation profonde y observera-t-on? Celle-ci: «On ne parle plus de “conscience” ou de “sujet”, mais de “règles”, de “codes”, de “systèmes” […]; on n’est plus existentialiste, mais structuraliste.»100 La vuelta al orden por mano de De Gaulle ante la dramática inestabilidad institucional y política de la IV República élémentaires de la parenté, P.U.F., Paris, 1949). Nacimiento simbólico de la Antropología Estructural, marca también el comienzo de la preeminencia de la teoría saussuriana del signo, fundamentada en una teoría diferencial de las relaciones lingüísticas que le permiten combatir a un tiempo el psicologismo y el empirismo que dominaban la disciplina, en un retorno de la voluntad científica análogo a los provocados por Lacan a respecto de Freud y por Althusser respecto de Marx. 100 BOUDON, Raymond: A quoi sert la notion de «structure»? Essai sur la signification de la notion de structure dans les sciences humaines, Gallimard, Paris, 1968, pág. 9. 109 demás, el llamado «estructuralismo genético» propio de cierto marxismo académico (Goldmann, Godelier, parte del círculo althusseriano) y, de manera más ambigua, de Piaget, Gurvitch y algunos historiadores (Braudel, Labrousse, Vilar), era minoritario. De hecho, la figura del intelectual defendida por LéviStrauss parecía pensada para contraponerse, punto por punto, a aquello que Sartre había representado en los años de la Resistencia y la posguerra. El carácter apolítico del intelectual reclamado por el antropólogo, revestida esta «neutralidad» de un carácter casi deontológico, se asienta en la obligación de retiro escolástico, de un apartarse del siglo para así respetar la dialéctica para él excluyente entre comprender y actuar, entre «ciencia» y «política». El hecho de que Lévi-Strauss hubiera sido años antes Secretario General de la Fédération Nationale des Étudiants Socialistes (FNES)110 evidencia, una vez más, el carácter 110 «[…] Pierre Boivin et c’est ce dernier, lui-même à l’époque secrétaire du groupe parisien des ES, qui lui fit confier la Fédération nationale. Et en 1928, du reste, c’est un ancien khâgneux, Claude Lévi-Strauss, membre de surcroît du Groupe d’études socialistes des Écoles normales supérieures, qui lui succède. […] Inscrit en faculté de droit et continuant parallèlement une licence de philosophie, il poursuit un engagement socialiste commencé “dès le lycée”. [Entretien de Claude Lévi-Strauss avec Jean-Marie Benoist, Le Monde, 21-22 janvier 1979] L’expression “dès la khâgne” conviendrait sans doute mieux car c’est, semble-t-il, au Groupe d’études socialistes que le khâgneux Claude LéviStrauss devint socialiste sous l’influence de Georges Lefranc. […] Dans Visages du mouvement ouvrier français, […] Georges Lefranc introduit, il est vrai, une variante de cette phrase: “C’est toi qui, par tes interventions au Groupe, m’as définitivement converti au socialisme” [Visages…, 1982, p. 69; pour le témoignage de Georges Lefranc en 1981, cf. Cahiers de l’Ours, nº 116, janvier 1981, p. 45] Le “définitivement” réintroduit l’antériorité éventuelle de l’engagement socialiste par rapport à la khâgne. Toujours est-il que Claude Lévi-Strauss semble avoir participé de très près aux activités du Groupe d’études socialistes des Écoles normales supérieures. […] Bien que non normalien, c’est d’ailleurs lui qui prendra en charge le Groupe à la rentrée universitaire de 1927, quand Georges Lefranc devra se consacrer à la préparation de l’agrégation. Et l’année suivante, en avril, il succède à Claude Lewy à la tête de la FNES. Un demi-siècle après ce passage dans les rangs socialistes [De ce passage datent des articles dans L’Étudiant socialiste qui sont vraisemblablement les 110 intrínsecamente francés e intrínsecamente histórico del pensamiento estructuralista, su extrema dependencia del devenir histórico y las fluctuaciones sociopolíticas del Hexágono. Todopoderoso en su encarnación de demiurgo del Código, el intelectual estructuralista, el que Lévi-Strauss dibujara a la perfección en Tristes tropiques, era al mismo tiempo una figura mucho más débil, surgida de la nostalgia de los «orígenes perdidos», pesimista cuando no catastrofista, extremadamente receptivo a una concepción de la Historia como pálida repetición de una autenticidad perdida para siempre, y consecuentemente relegada a la categoría de lo que tal vez no fuese más que un mito111. tout premières textes imprimés de Claude Lévi-Strauss. Outre “Après le Congrès” (3e année, nº 8, mai 1928, en dernière page), signalons sa polémique avec Monde d’Henri Barbusse, après l’enquête de cette revue sur “la littérature prolétarienne” (3e année, nos 10-11, juillet-août 1928, en dernière page, et 4e année, nº 1, octobre 1928, pp. 9-10; Claude Lévi-Strauss y conteste la notion de “littérature prolétarienne”), et surtout, eu égard à son champ d’études ultérieur, sa réflexion sur “le socialisme et la colonisation” (5e année, nº 1, octobre 1929, pp. 7-8).], Claude Lévi-Strauss évoque encore l’influence qu’eut alors sur lui le Parti ouvrier belge: “Aucune influence universitaire sur mon socialisme, mais celle d’Arthur Wanters, belge, plus tard ambassadeur en URSS, rencontré en vacances vers ma dix-septième année, et qui m’a fait venir en Belgique comme hôte du POB pendant une ou deux semaines” [Claude Lévi-Strauss, correspondance avec l’auteur, 25 juin 1980. Est ainsi identifié le jeune belge évoqué dans Tristes Tropiques: “Vers ma dix-septième année, j’avais été initié au marxisme par un jeune socialiste belge, connu en vacances et qui es aujourd’hui ambassadeur de son pays à l’étranger” (op. cit., p. 49).]» (SIRINELLI, págs. 390-1). Y también : «A Pâques 1929, Claude Lévi-Strauss, quittant le secrétariat de la FNES pour préparer l’agrégation, un nouveau bureau fédéral est désigné, composé de Marcel Déat, président, Émile Kahn et Jean Zyromski, vice-présidents, et Émilie Lefranc —qui enseigne au cours complémentaire Paul Bert d’Aubervilliers—, secrétaire générale» (pág. 392). 111 «Bons ou mauvais esprits, d’aucuns ont souligné que le structuralisme était contemporain —sinon cause— de la “fin des idéologies”. Ce rapprochement —du reste démenti par de trop nombreux événements et symboles— est pour le moins curieux puisqu’il fait intervenir cette nouvelle idéologie qu’est le “structuralisme”. Plus sérieusement l’analyse structurale, en dépit des “débordements” idéologiques qui se produisent à son sujet (ou sur ses marges) s’est donné pour 111 La Historia como narrativa cerrada de un fracaso ineludible y a duras penas gestionable era, ciertamente, una idea creíble en la Francia tecnocrática de De Gaulle (sumergida en la Guerra Fría, y con una izquierda pulverizada). A estos parámetros habríamos de sumar una educación sentimental en la que todavía pesaba el kojeviano «fin de la historia», y que nos ayudará a comprender la magnitud de la sorpresa que Mayo del 68 representaría tanto para gaullistas como para estructuralistas (incluso cuando la Historia volviese a parecer cerrada pocos meses después), interesados ambos en la figura del intelectual apolítico obsesionado con el carácter infranqueable de la Ley, el imperio del Significante y la necesidad de abandonar la calle en beneficio de la «Ciencia». Pero lo cierto es que durante la década de los 60 el Estructuralismo no cosechará más que éxitos. En 1966, apenas dos años antes de los sucesos de mayo y tres años antes de que Guattari y Deleuze se conozcan personalmente y comiencen a trabajar juntos, el paradigma parecía invencible. En 1966 nacen las revistas Langages y Cahiers pour l’analyse (vanguardia del althussero-lacanismo, por aquel entonces filosofía oficial en la Rue d’Ulm) y se publican Critique et vérité de Barthes, Sémantique structurale de Greimas, Théorie de la littérature de Todorov, Figures de Genette, Pour une théorie de la production littéraire de Macherey, Rationalité et irrationalité en économie de Godelier, Les Mots et les choses de Foucault y los Écrits de Lacan112. tâche d’analyser tous les systèmes seconds (idéologiques) qui s’édifient sur le système de base du langage. Il en est d’ostensibles, en littérature ou philosophie: songeons un instant à l’aristotélisme du Moyen-Age, au Rousseausisme de la Révolution française, au Hégélianisme des universités germaniques (suscitant la révolte d’un Kierkegaard), au Bergsonisme, à l’existentialisme Saint-Germain-des-Près, etc… A bien réfléchir, ces idéologies débordant les systèmes de pensées, ont exercé en leur temps des influences décisives pour le succès ou le rejet des dits systèmes; et pourtant peu d’observateurs s´étaient souciés d’en faire une analyse avec des moyens appropriés.» (FAGES, Le Structuralisme en procès, pág. 45). 112 BARTHES, Critique et vérité, op. cit.; FOUCAULT, Michel: Les Mots et les choses: Une archéologie des sciences humaines, Gallimard, Paris, 1966; 112 2.1.5. LA APARICIÓN DE LACAN.— En la década de los 60, el Estructuralismo representaba para la vanguardia intelectual parisina una gran machine à penser, a todos los efectos simbolizada por Lévi-Strauss. Sin embargo, la figura más relevante por lo que se refiere a la heurística saussuriano-lingüística y la de mayor y más profundo impacto posterior, fue la de Jacques Lacan. El lacanismo, de hecho, parece haber superado todas las pruebas del tiempo: todopoderoso en el auge estructuralista, renacido tras Mayo del 68, extendido a las Ciencias Políticas y a la «crítica cultural», todavía hoy sigue vivo, e incluso disfruta de una mucha mayor presencia entre la vanguardia teórica marxista que la obra althusseriana. En términos generales, en particular por lo que se refiere a la academia continental posmoderna, la preeminencia del discurso psicoanalítico se debe fundamentalmente a la obra de Lacan o, desde otro punto de vista, a un Freud «lacanizado». Tras su militancia comunista, el lacanismo representa el segundo de los encuentros fundadores de la obra de Guattari. Si el estudio de la tríada Spinoza-Nietzsche-Bergson resulta ineludible para una primera comprensión de la obra de Deleuze, en el caso de Guattari, esa tríada sería la de Marx-Lacan-Deleuze (sin por ello olvidar nunca los magisterios fundamentales de Hjelmslev, Proust, Kafka y Joyce). En cierto sentido, podríamos argumentar que la obra completa de Guattari, desde el trabajo junto a Deleuze hasta sus obras de madurez, representan deslizamientos, tentativas y reformulaciones de muchas de las preguntas que vanguardistas, leninistas y lacanianos se hacían. Si somos lo que nos preguntamos, Guattari nunca habría dejado de GENETTE, Gérard: Figures, Seuil, Paris, 1966; GODELIER, Maurice: Rationalité et irrationalité en économie, Maspero, Paris, 1966; GREIMAS, Algirdas Julius: Sémantique structurale: Recherche de méthode, Larousse, Paris, 1966; LACAN, Jacques: Écrits, Seuil, Paris, 1966; MACHEREY, Pierre: Pour une théorie de la production littéraire, Maspero, Paris, 1966; TODOROV, Tzvetan: Théorie de la littérature [Textes des formalistes russes réunis, présentés et traduits par Tzvetan Todorov], Seuil, Paris, 1966. 113 ser un joven obsesionado con la literatura moderna, un militante comprometido con un socialismo plural y un psicoanalista abierto a las máquinas deseantes. Lo cierto es que en 1953, un joven Guattari de 23 años, por aquel entonces estudiante de Filosofía en la Sorbona tras una frustrante experiencia en Farmacia (guiado por su hermano mayor, Jean), asiste a una conferencia de Lacan acerca de Goethe en el Collège de Philosophie de la Rue de Rennes. Guattari se sentirá pronto fascinado ante esta figura equívoca, ambigua, oscura, brillante, a un tiempo gurú de la más radical vanguardia teórico-científica y un enorme estilista, antiguo amigo de los surrealistas y escritor genial (el texto lacaniano es, también, literatura francesa de vanguardia). El paradigma marxista, la honestidad sartreana, la radicalidad lacaniana y, dentro de poco, también la agudeza deleuziana, son todos ellos elementos a valorar a la hora de analizar la obra guattariana. Más allá de lo que esta apuesta teórica pudiese ofrecer para Guattari, imbuido de su voluntad de escribir y de la influencia sartreana (que lo disponía siempre en el filo entre obra y siglo), para él también resultaban obvias las enormes posibilidades sociopolíticas del cambio de rumbo que suponía el lacanismo para la clínica, como campo de experimentación radical y teoría aplicada, y que él mismo tendrá la oportunidad de desarrollar en la clínica de La Borde. De hecho, había sido el propio Jean Oury, futuro director de esta clínica, quien a finales del año 1950 comienza a subministrar a Guattari textos de Lacan, por aquel entonces virtualmente desconocido fuera del contexto psiquiátrico. Oury, que en aquel momento era responsable de la clínica psiquiátrica de Saumery (Loir-et-Cher), le pide que lo mantenga al día de los avances lacanianos, al no poder viajar con la frecuencia deseada a París113. 113 DOSSE, Biographie croisée, op. cit., pág. 54. La figura de Jean Oury, seis años mayor que Guattari, resulta fundamental en la trayectoria de éste, al descubrirle en primer lugar el mundo de la Psiquiatría, que fascina a un joven Guattari a quien Oury apoya además en su deseo de abandonar Farmacia e 114 La influencia de Lacan en Guattari es absolutamente central. Se trata de un interés intenso y precoz, muy anterior al del mundo intelectual de su época (de hecho, será él quien haga circular por la Sorbona textos de Lacan por aquel entonces desconocidos, pero que él se sabe casi de memoria). Guattari, siempre entre marcharse y quedarse, se va a vivir junto a Micheline a los quince años al tiempo que acepta la orden paterna de estudiar Farmacia, era un joven que vivió la guerra y la posguerra, que se obsesionó con Sartre y una de las primeras personas en acudir al seminario de Lacan que no fuese médico. Es lógico que a ese mismo joven, obsesionado por la complejidad, por la multiplicidad de los aparatos de captura y la heterogénesis caósmica de obras inmensas como la Recherche proustiana o infinitas como la joyceana Finnegans Wake, encuentra en Lacan una suerte de faro. Amigo de surrealistas y dadaístas, escritor y orador de extrema sutileza y talento, amigo también de la complejidad, la paradoja y los juegos, acabará por representar una suerte de reverso de Guattari. Si uno conduce la complejidad hacia el Mínimo, el sagrado grado cero que es la Estructura (tríadas, nudos borromeos, matemas), Guattari buscará siempre, en la inmarcesible pluralidad de un Todo imposible, la caósmosis. La cuestión lingüística, que en estos primeros años obsesiona a Guattari (muchas de las preguntas de esta disciplina no lo abandonarán nunca), era un decisivo factor epocal. Para mejor comprender lo que para el joven Guattari representaba Lacan (como para la intelligentsia parisina lo hará en unos años), debemos reparar en el devenir de la Lingüística y el radical cambio epistemológico que ésta experimenta durante la posguerra, así como su estatus académico. Al mismo tiempo en que disciplinas universitarias bien asentadas, como Geografía o Sociología, no sufrirán cambios de consideración en aquellos años, la Lingüística, no tanto olvidada sino ignorada en el cursus clásico de las Filologías (a su vez inscribirse en Filosofía, animándolo a leer, además de a Lacan, a Sartre y a Merleau-Ponty. 115 enquistadas entre el comparatismo y la Historia —biográficomitológica— de la Literatura), experimenta durante la década de los 50 una verdadera explosión, sin la cual resultaría complicado comprender el éxito de las tesis estructuralistas, y viceversa. En relación estrecha con el contexto de desencanto frente a la Historia que venimos comentando, la Lingüística salió de la sombra para situarse en el centro intelectual de toda una generación que, en un tiempo inauditamente breve, pasó a considerarla su modelo de trabajo, encontrando en su formalización una salida al cansancio e impotencia del presente. Máximo exponente de las ansias y esperanzas de la joven intelectualidad francesa, la historia de la Lingüística es la historia del Estructuralismo, al capitalizar sus mayores y más profundas ambiciones114. En la medida en que representa el límite del saussurismo en ascensión al radicalizar el corte por aquel operado hasta descartar toda realidad «extra-lingüística» en la búsqueda de la Estructura subyacente (esto es, del Orden interno, esencial y necesario de la lengua), la glosemática de Hjelmslev, la lexicografía de Greimas o la fonología de Jakobson construyeron espejos en los cuales los jóvenes estructuralistas se querían encontrar115. 114 A pesar de que será también este entusiasmo, esta fe en el método lingüístico, lo que conduzca el Estructuralismo a sus mayores decepciones. En este sentido, la obra de Greimas resulta muy ilustrativa. Algirdas Julius Greimas fue, ciertamente, una de las personalidades más interesantes y ambiciosas del período estructuralista, representando de hecho el zénit de su tendencia más formalista, que como venimos señalando era sin duda un marcado signo epocal. Dentro de una filiación que venía a retomar de manera radical el camino abierto por Hjelmslev, hizo avanzar la empresa del danés hacia una reducción matemática cada vez más extrema que lo llevará a considerar toda realidad ajena al orden interno de la lengua como la señal de una «hipótesis metafísica de la que la Lingüística se debería liberar» (Prolegómenos). 115 Este fenómeno afecta incluso a figuras constitutivamente ajenas al naturalismo mecanicista casi condorcetiano defendido por la lingüística hjelmsleviana (según la interpretación corriente, que difiere de la guattariana) o la antropología lévi-straussiana, como era el caso de un Barthes que caerá también bajo lo que él mismo llamará después una «embriaguez metodológica». Había sido el propio Greimas quien aconsejara al joven 116 Con la creación de la Université de Nanterre en 1964, los lingüistas dieron un paso más en su conquista. No sólo consiguieron plazas a las puertas de París, sino que constituyeron un departamento propio, en un contexto, además, de un aumento espectacular de la audiencia universitaria en relación con el babyboom116. Este mismo año, la publicación de los Éléments de sémiologie de Barthes otorga un nuevo éxito a la ortodoxia saussuriana, en este caso a la de la filiación hjelmsleviana de un Barthes cuestionado desde la universidad, pero que presenta ya a la Semiología como ciencia por excelencia de la sociedad, reconociendo los primeros signos de su extensión a la historiografía de los Annales, la antropología lévi-straussiana y el lacanismo (mostrando así, por lo demás, la talla de la astucia, de la prodigiosa sensibilidad crítica de Barthes). Además, este último se colocaba ya en una perspectiva propia, marcada por una crítica tan personal como radical de la ideología burguesa, dirigiendo la empresa semiológica hacia la deconstrucción de toda «naturaleza» de los sentidos y, en consecuencia, abriendo el camino a un modelo estructural contrapuesto al determinismo lévi-straussiano, por mucho que esta posibilidad de un estructuralismo mucho más plástico y abierto quedase reducida, en cierto sentido, al propio Barthes. Système de la mode117, en su origen una tesis doctoral que Lévi-Strauss no quiso dirigir, continuará ese camino. En el contexto de mediados de la década de los 60, simbolizará la posibilidad de una suerte de programa común, de un paso más en la empresa señalada en la «Introduction à l’œuvre de Marcel Mauss». La aparición de la Sémantique structurale de Greimas, resultado del trabajo de su seminario (frecuentado por Nicolas Barthes, quien en la inmediata posguerra era un marxista de obediencia sartreana, que leyera a Saussure y a Hjelmslev. 116 Destaca el papel de dos personalidades muy diferentes pero de gran relevancia en el asentamiento universitario de la Lingüística: Jean Dubois (francesista y miembro del PC, con responsabilidades editoriales en Larousse y competencias en las comisiones de designación del CNRS) y el hispanista conservador Bernard Pottier. 117 BARTHES, Roland: Système de la mode, Seuil, Paris, 1967. 117 Ruwet, Oswald Ducrot, Todorov e Lucien Sebag), vendrá a confirmarlo. En pleno auge de la ambición formalista, Greimas declara su aspiración a que la semiótica englobe a todas las ciencias humanas. No sólo junto a la Lingüística, sino directamente vinculado a su auge, se situaba el Psicoanálisis. Su ascensión resulta tanto más espectacular si tenemos en cuenta que ésta se encontraba escindida entre dos disciplinas de gran peso institucional (Medicina y Psicología), y aún más al reparar en el hecho de que este cambio se debiera fundamentalmente a la labor de Lacan y sus discípulos de la École. El contexto propicio, así como el apoyo y legitimación recíproca entre los diversos «estructuralismos» no agota la explicación de un auge psicoanalítico que necesariamente debemos de entender también en relación con el innegable magnetismo, grandes dotes estratégicas y verdaderamente astuta política de alianzas llevadas a cabo por Lacan. Como ya indicábamos con anterioridad, la figura de Lacan es incomprensible sin valorar su amistad y formación junto a dadaístas y surrealistas, lo que, desde luego, influirá profundamente en su estilo. Asistente a la primera lectura pública del Ulysses de Joyce en la parisina Shakespeare & Co., Lacan había frecuentado a Breton, Bataille y Artaud. Y todo ello tiene mucho que ver con el factor más relevante en el giro promulgado por el lacanismo, que reside en la primacía otorgada al inconsciente como fundamento único de análisis, invirtiendo de esta manera los términos de la relación tradicional entre Psicoanálisis y Psiquiatría para rechazar tanto el organicismo (y, consecuentemente, la medicalización) como el psicologismo. Sobre una base genético-hegeliana inicial118 (a través de Kojève, en cuya perspectiva el sujeto se encontraba ya brutalmente descentrado), la aparición de Le Stade du miroir 118 Cf. su tesis de doctorado: LACAN, Jacques: De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la personnalité [1932], Seuil, Paris, 1980. 118 comme formateur de la fonction du Je119 en 1949 nos presentaba ya a un Lacan plenamente «estructuralista». Al abandonar después toda perspectiva dialéctica, Lacan pasará a situarse plenamente en la ortodoxia estructural (partiendo de un Saussure al cual habría leído gracias a Lévi-Strauss), descartando toda creencia hegeliana en la posibilidad de una personalidad capaz de ir más allá de su propia estructura constitutiva para autosuperarse. El estadio del espejo es irreversible, pues es ahistórico, atemporal, universal, ajeno a toda contingencia, voluntad o experiencia (lo mismo sucede en Lévi-Strauss con determinadas estructuras). De esta manera, Lacan formula desde el comienzo un objeto propio para el Psicoanálisis, algo que, siendo absolutamente central en la vida de todos, es aprehensible exclusivamente a través del trabajo analítico y sin mayores referencias «externas» que una Lingüística que además le permitirá afirmar el carácter científico de su trabajo, al tiempo que marcar distancias frente a médicos, psicólogos y filósofos. Pero Lacan marcará igualmente sus distancias respecto de la propia oficialidad psicoanalítica, hasta el punto de que podamos considerar que, más que un éxito del Psicoanálisis, lo que los estructuralistas consagraron fue específicamente el discurso lacaniano. Los conflictos comienzan ya de manera temprana, con la defensa lacaniana de las sesiones de tiempo variable sobre la base de la noción de «escansión». Tentativa de problematizar el vínculo analista-analizado y la problemática relación de transferencia, este procedimiento le permitía lograr un gran volumen de pacientes que, además, se situaban en una posición de gran dependencia afectiva al combinarse la «escansión» con una práctica analítica necesariamente interminable donde el límite paciente/discípulo se diluye de manera fatal, al obligar a sus pacientes a acudir a su seminario, y 119 LACAN, Jacques: Le Stade du miroir comme formateur de la fonction du Je telle qu’elle nous est révélée dans l’expérience psychanalytique [1949], en Écrits, Seuil, Paris, 1966, pp. 93-100. 125 ciencia»131. Esta noción de «ciencia» es otro posible eje para una historización diferente de la filosofía francesa contemporánea. Nada es impenetrable a la razón, a cuyo paso se abren todas las puertas del sentido132. Y es que el mundo bien puede no estar hecho a la medida del hombre (Galileo, Newton —y, muy pronto, Darwin— ayudarán a cuestionar tal aberrante aseveración), pero sí todavía a la medida del pensamiento humano. Ciertamente, parece evidente la atracción que esto podría suponer tanto para los existencialistas (conscientes, tan conscientes, de los límites de la Libertad) como para los estructuralistas (con su Método como extraña clave de bóveda del Sentido, como una suerte de positivistas de posguerra, que ya no recurren a la ciencia como una luz que todo lo atrape, sino antes como una manta que todo lo oculte), y así también para los leninistas (con su superación dialéctica de las contradicciones como proceso histórico necesario). La clasificación hegeliana de las ciencias, fundamentada en la creencia en el carácter interrelacionado de la naturaleza como totalidad necesaria a analizar de manera especulativa, fracasó por lo demás de manera semejante a como fracasaron los estructuralistas, esto es, no por las limitaciones contingentes de los saberes de sus tiempos, sino por sus propios presupuestos idealistas de partida. Engels, en un momento del Anti-Dühring muy astutamente rescatado por el ya mencionado Garaudy, escribió: Hegel era idealista, lo que quiere decir que en lugar de considerar las ideas de su espíritu como los reflejos más o menos abstractos de las cosas y los procesos reales, él consideraba, a la inversa, los objetos y sus desarrollos como simples copias realizadas de la «Idea» existente en no se sabe dónde desde antes que existiera el mundo. Debido a este hecho todo era puesto sobre la 131 Ibidem. 132 «Para Hegel, la razón […] no halla nada que le sea ajeno donde quiera que ella dirija sus pasos» (TAGGART, A Commentary on Hegel’s Logic, pág. 30, apud GARAUDY, Dios ha muerto, pág. 329). 126 cabeza y el encadenamiento real del mundo enteramente al revés. Y aunque Hegel logró aprehender muchas relaciones particulares con exactitud y genio, las razones indicadas hacían inevitable que en el detalle recurriera a menudo al remiendo, al artificio, a la construcción, en síntesis, a la perversión de lo verdadero. El sistema de Hegel como tal ha sido un colosal fracaso, si bien el último de su género. En efecto, ¿no se resentiría siempre de una contradicción interna incurable? Por una parte su postulado esencial era la concepción histórica según la cual la historia de la humanidad es un proceso evolutivo que, por naturaleza, no puede hallar su conclusión intelectual en el descubrimiento de una pretendida verdad absoluta; pero, por otra, pretende ser precisamente la suma de esta verdad absoluta. Un sistema de conocimiento de la naturaleza y de la historia que lo abarca todo y se detiene de una vez para siempre, está en contradicción con las leyes fundamentales del pensamiento dialéctico; lo que sin embargo no excluye de ningún modo sino que implica, por el contrario, que el conocimiento sistemático del conjunto del mundo exterior pueda marchar a paso de gigante de generación en generación.133 Pero la «perversión mística» del idealismo absoluto hegeliano134 excede, como decíamos, el objeto de este texto. De 133 ENGELS, Anti-Dühring, pág. 56, apud GARAUDY, Dios ha muerto, págs. 332-3. 134 «El idealismo hegeliano, el dogmatismo de su sistema, la construcción especulativa y los encadenamientos artificiales, la inversión del orden real en el estudio genético del mundo, en una palabra, la perversión mística del método dialéctico, no podrían hacer olvidar que “si bien, debido a su equívoco, Hegel desfigura la dialéctica mediante el misticismo, no es menos cierto que fue el primero en exponer el movimiento de conjunto. En él, la dialéctica marcha sobre la cabeza; basta colocarla sobre sus pies para descubrirle una fisonomía por completo racional”. [Marx, Le Capital, t. I, p. 29] ¿Cuál es, pues, el punto de partida de esta perversión de la dialéctica de Hegel? Hemos mostrado en el comienzo de este capítulo que Feuerbach se engañaba cuando atribuía a Hegel una teoría creacionista: era abstraer la dialéctica, 127 hecho, la cuestión excede también al propio Hegel, ya que, desde la generación de 1905 (la de Sartre y Lévi-Strauss) y hasta la década de los 60, el hegelianismo francés como tal (como problema) venía en realidad dictado por las enseñanzas de Kojève, y no tanto por los textos del propio Hegel. No es éste, desde luego, un problema menor: los textos que conforman, que animan los problemas mayores de la filosofía francesa de la posguerra y hasta la década de los 80 no son en realidad los de Hegel, Marx, Nietzsche, Freud y Heidegger, sino antes los de Kojève, Thorez, Althusser, Lacan, Hyppolite, a los que cabría añadir, y no siempre en menor medida, los de De Gaulle, Stalin y Mao135. Aparecida en 1947 en Gallimard, la Introduction à la lecture de Hegel: Leçons sur la Phénoménologie de l’esprit, professées de 1933 à 1939 à l’École des Hautes Études, réunies et publiées par Raymond Queneau de Kojève venía a fijar los contenidos de su seminario, al cual asistía el tout Paris intelectual: los geniales Queneau y Bataille, el teólogo Gaston separar la idea, considerada como abstracción, de una naturaleza que se engendrá [sic] a partir de esta abstracción; traducir en términos fantásticos, mitológicos lo que es unidad dialéctica. La crítica de Feuerbach a Hegel está siempre impregnada de error por esta incomprensión de la dialéctica. Por el contrario, la crítica de Feuerbach es perfectamente justa cuando denuncia el subterfugio por el cual Hegel escamotea la oposición fundamental del idealismo y del materialismo: “Lo absoluto es espíritu y naturaleza. Espíritu y naturaleza no son sino predicados, determinaciones, formas de un solo y mismo sujeto, lo absoluto. ¿Pero qué es entonces lo absoluto? Nada más que la [conjunción] y: la unidad del espíritu y la naturaleza. Pero, ¿qué se adelanta con esto? ¿No teníamos ya esta unidad en el concepto de la naturaleza misma? La Filosofía de la naturaleza es la ciencia no de un objeto opuesto al yo sino de un objeto que es él mismo sujeto-objeto, dicho de otro modo, la Filosofía de la naturaleza es al mismo tiempo Idealismo” [Feuerbach, «Critique de la philosophie de Hegel», en Manifestes philosophiques, pág. 43]» (GARAUDY, Dios ha muerto, pág. 333). 135 De ahí que resulte errado relegar a cualquier carácter secundario al primer Deleuze, el «retratista», pues durante esas dos primeras décadas de su obra Deleuze afrontó, casi en solitario, una expedición a través de la Historia de la Filosofía completamente ajena a aquella en la que se había formado, hasta construir un nuevo panteón formado por Spinoza, Nietzsche y Bergson. 128 Ferrand, Raymond Aron (el más inteligente intelectual de la derecha francesa en un siglo), el crítico Roger Caillois, los filósofos Éric Weil y Raymond Polin, el sociólogo Georges Gurvitch, el economista Robert Marjolin o, de manera extraordinariamente significativa, Hyppolite, Merleau-Ponty y Lacan. Fue allí, en su seminario, donde Kojève creó, desde su comentario línea por línea de la Phänomenologie, el «Hegel francés»: Cet ensemble de positions servit l’image d’un Hegel spolié de l’essentielle «plasticité» qu’il revendiqua jusqu’à la fin de sa vie; image d’un système clos, venu à épuisement de ses potentialités dans l’atteinte de sa perfection, sans possibilité de novation; image déterminante, dit-on, pour certaines orientations de la modernité, et que le courant postmoderne eut toujours raisons de rejeter. Quoi qu’il en soit, il est difficile de comprendre les jugements favorables ou défavorables à Hegel que l’on rencontre chez Weil, Aron, Fessard, Lacan ou Merleau-Ponty, pour ne citer que ceux-là, sans voir se dresser l’image forgée dans ce creuset kojévien; ou peut dire sans parti pris que le Hegel auquel la culture française, pendant près d’un demisiècle, eut accès fut, de façon pratiquement exclusive, «le Hegel de Kojève».136 Particular, tendente a lo paratáctico, en ocasiones contradictoria, la historia de la recepción hegeliana en Francia era ya amplia (desde Victor Cousin, Charles Bénard, Augusto Vera o Georges Noël a Alexandre Koyré, Jean Wahl o los propios Hyppolite o Éric Weil), pero no cabe duda de que la vulgata hegeliana fue obra de Kojève, responsable de la interpretación 136 JARCZYK, Gwendoline & LABARRIERE, Pierre-Jean : «Cent cinquante ans de réception hégélienne en France» [1980], en De Kojève à Hegel: Cent cinquante ans de pensée hégélienne en France, Albin Michel, Paris, 1996, pág. 30. 129 «revolucionaria» del esquema del reconocimiento, el «fin de la Historia» y al Hegel ateo. La lectura trágico-revolucionaria de la «dialéctica del amo y el esclavo», en cuya violencia Kojève insiste e incluso (se podría interpretar que) deforma, evidencia el mecanismo más característico de su lectura de Hegel, al describir la autoconsciencia como desdoblamiento, desequilibrio, herida esencial, resultado de su «antropologización» del Sistema hegeliano137 que lleva al hombre al lugar del Espíritu, deslizando la tensión ontológica entre singularidad y universalidad en el movimiento dialéctico hacia una teoría de la necesidad histórica posteriormente indisociable de la imagen de Hegel, y que nos informa de cómo el lugar de la dialéctica (sus sentidos y usos) en el pensamiento de la posguerra revelan, más allá de cuestiones ideológico-políticas, la consistencia del problema filosófico fundamental de estos años, las relaciones (de oposición, diferencia o complementariedad) entre Sujeto y Objeto y que de tan diversos modos se manifestará: el ser-para-sí y el ser-paraotro en Sartre, los Procesos sin sujeto althusserianos, el trazado de las interrelaciones del RSI lacaniano o la teoría lévi-straussiana del mito, todas ellas formulaciones obsesionadas con la Alteridad y la Totalidad. De la contradicción desgarrada de Sartre (el otro como inaccesible, si bien omnipresente) a la búsqueda del Idéntico estructuralista, la totalidad es la llave del cambio de las filosofías prey post-estructuralistas, y la explosión diferencialista de éstas. Se trata de un conflicto epistémico, pero no sólo es eso: se trata también de un conflicto histórico y político. La Estructura es ese Otro que se cierra en sí mismo, que comprehende el en-sí (alteridad como cierre de sentido), pero que pone en juego, como ocurriera con Sartre, toda una serie de correlatos fundamentales: Identidad contra Diferencia, dialéctica de la libertad contra dialéctica de la necesidad, crisis histórica, la cuestión del individuo y el vértigo del vacío moral del presente. En el 137 JARCZYK & LABARRIERE, «Cent cinquante ans de réception hégélienne…», art. cit., pág. 29. 130 paradigma post-estructural, la alteridad continúa siendo igualmente central, pero ya no es mediatizable: es anti-dialéctica, pluralista en el sentido deleuziano del término; ha dejado de ser un fundamento (una explicación, un relato), para convertirse en un principio (de creación). Que la «reconciliación» hegeliana (su tentativa de anular la aporía monismo-dualismo en el sentido de una supresión de la relación de la exterioridad entre discurso y alteridad) apelase de manera tan natural a la escindida Francia de la posguerra, obsesionada (necesariamente) con la «articulación» de las diferencias (salvar la pluralidad y la unidad), es también lo que nos permite calibrar la importancia fundadora, extremadamente relevante tanto desde el punto de vista epistemológico como por lo que supone de testimonio de un nuevo período histórico, de Différence et répétition138, y que Deleuze continuará junto a Guattari con L’Anti-Œdipe. 138 Incluso el hegelianismo parecía haberse dado cuenta de esto: «Définir la tâche actuelle de la raison nous amènerait peut-être à prendre en compte prioritairement l’opposition-relation naguère en vigueur entre la structure et le sens. Hegel, probablement, repenserait actuellement sa logique en ces termes, tant comme il la pensa, en son temps, à partir des catégories kantiennes d’intériorité et d’extériorité, ou bien à partir de la subjectivité schellingienne et de l’immédiat senti d’un Jacobi. Mais tenons-nous en à la requête actuelle venant de ce que l’on peut appeler les philosophies de la différence. La modernité a su mettre en cause, et de façon qu’il faut tenir pour définitive, toute tentative de totalisation conceptuelle qui aboutirait à une réduction de l’altérité du “donné”. Que l’on rejoigne ce point au travers de la critique derridéenne de toute “clôture logique”, ou que l’on soit plus sensible à l’opposition qu’instaure un Lévinas entre l’infini et la totalité, la chose importe peu ici; sauf à reconnaître que ces perspectives et d’autres, qui portent d’évidente façon contre les logiques de l’entendement, laissent peut-être une autre possibilité ouverte: celle qui réfléchirait à nouveau sur les canons d’une véritable logique rationnelle —au sens que la Grande Dialectique voulut reconnaître à ce terme. Car là trouve à s’exorciser une formulation que d’aucuns tiennent pour une conséquence directe des critiques qui viennent d’être évoquées, et qui affirmerait l’existence de réalités à tout jamais rebelles au concept: immédiateté du vécu, réalité de la violence. Face à quoi l’on peut poser une question des plus simples: quelle cohérence logique s’annonce dans une position qui comprendrait qu’il est impossible de comprendre? Plus modeste 131 2.2.2. DELEUZE Y DIFFERENCE ET REPETITION.— 1968 fue un año duro para Deleuze. Angustiado y aburrido en su destino en Lyon, su enfermedad pulmonar se agrava y el alcohol comienza a perfilarse como un problema en el horizonte. Lejos de París, lejos de sus amigos y lejos del paradigma, su tesis doctoral parecía no acabarse nunca. Deleuze la compara con una sopa: «la mejor parte debe estar en el fondo, pero es lo que menos se ve», le escribe a Châtelet139. Sin embargo, finalmente consigue reponerse y acabar el trabajo, que defiende con éxito en medio de la revuelta parisina. Ese trabajo, de una ambición que todavía hoy resulta difícil de calibrar, era Différence et répétition140, tal vez el texto más propiamente intempestivo de la filosofía francesa de la segunda mitad del s. XX, y de hecho el signo del comienzo de una nueva etapa en el pensamiento contemporáneo, el de las llamadas «filosofías de la Diferencia», que Deleuze disecciona con la precisión de un literato preclaro (y es que Différence et répétition es una obra filosófica mayor, pero también un salto estilístico de primer orden). Los años de intendencia bibliográfica habían dado sus frutos. Para 1968, el panteón deleuziano estaba ya conformado, de hecho asumido como parte de su piel. Por lo demás, este panteón era bastante diferente a los más recurrentes de su época. est l’attitude qui, dans l’échec confessé, pose toujours à nouveau la philosophie comme une tâche. S’ouvre alors un vaste champ de réflexions et de travaux. Entre le monisme réducteur, à tendance fusionnelle, et le dualisme dont le résultat serait un blocage de toute pensée, se dessine une voie, celle qui s’engage sur une intelligence de la primarité radicale et fondatrice de la relation. Une lecture de Hegel qui se veut anamnèse et non simple “retour” s’achève d’elle-même et par nécessité dans cette quête d’une intelligence novatrice, pour notre temps, d’une autre figure tant de l’altérité que du discours. Une quête qui nous mènerait de la différence excluante à l’altérité relationnelle.» (JARCZYK & LABARRIERE, «Réflexion et altérité: peut-on dépasser Hegel?», en Hegeliana, P.U.F., Paris, 1986, págs. 30-1). 139 DELEUZE en carta a François CHATELET, apud DOSSE, pág. 177. 140 DELEUZE, Gilles: Différence et répétition, P.U.F., Paris, 1968. 132 En primer lugar, Deleuze se había apropiado de Nietzsche, comenzando a trabajar en sus entrañas, haciéndolo suyo. El eterno retorno será ya, para él, retorno de la Diferencia, liberación de la voluntad de poder. A su vez, su trabajo sobre Sacher-Masoch había anunciado ya el principio de repetición de Eros al tiempo que comenzaba a cuestionar nociones freudianas como la castración y la culpa, así como a entreverse su crítica radical de Hegel (contra, o más bien a propósito de, Hyppolite). En 1966, en un gesto de inequívoca provocación, publica Le Bergsonisme en un momento en el que Bergson era considerado por muchos como un producto de la degeneración del psicologismo burgués, pero cuya teoría ontológica apasiona a Deleuze, quien la llevaba estudiando desde la década de los 40 y de donde toma su concepción del tiempo (particularmente relevante en sus estudios sobre cine) y una noción de diferencia sin negatividad. Y, por último, Spinoza: amado Spinoza, «príncipe de los filósofos» a quien Deleuze afirmará conocer de memoria, como todo lo que se sabe con el corazón. Spinoza es para él el filósofo por excelencia de la inmanencia, la creación y los afectos alegres, el filósofo del deseo como templo sin mercaderes de trascendencia. El conatus spinoziano, esa potencia que empujaba su existencia hasta el límite, informará de manera precisa, formal y substancial la teoría del deseo de Deleuze, y su principal arma contra la cultura psicoanalítica de la culpa que deconstruirá en poco tiempo junto a Guattari. En términos goethianos, durante los años de 1968 y 1969 Deleuze estaba en el camino correcto para llegar a ser quien era. Tal vez el carácter más decisivo de la unión de Guattari y Deleuze fue que consiguió hacer más deleuziano a Deleuze, y más guattariano a Guattari. Volveremos más adelante sobre esta cuestión; por aquel entonces, Jean-Pierre Muyard todavía no había presentado a Félix y Gilles, quienes luchaban aún en batallas aparentemente diferentes. Différence et répétition da un golpe nietzscheano en la mesa de la filosofía francesa, a la cual ataca desde la perspectiva 133 de la crítica de la representación. Deslizando el naipe de la house of cards aristotélica, Deleuze parece cuestionarlo todo: logos, modelo, copia, «idea», Hombre. La representación, nos dice, encierra la ilimitada extensión de las experiencias del mundo en el orden categorial de una consciencia trascendente, como una inmensa red sin trama que no consigue atrapar nada. De ahí que Kant aparezca como el gran taumaturgo de la modernidad, y por eso también que la Kritik der Urteilskraft resulte para Deleuze de una genialidad esquizoide tan abrumadora, al resultar tan revelador su desequilibrio entre devenir y ley, conocimiento y extrañamiento, aprehensión y sublimidad. ¿Pero, qué decir, desde luego, de Hegel? Desde la primera página de la obra, Deleuze ataca la dialéctica como la más refinada expresión del nihilismo de la representación en su círculo vicioso. «Hegel, Hegel… lo más odiado»: Juan Manuel Aragüés tenía razón141, Deleuze detestaba a Hegel. Incluso cuando el usual proceder deleuziano consistiese en buscar las líneas de fuga, las grandes o pequeñas grietas en los sistemas de sus mayores «enemigos» (lo sublime en Kant, el Platón anti-platónico del final del Sofista), esto nunca sucede con Hegel. Lejos de sistematizar cualquier antipatía personal, Deleuze actúa de manera muy explícita, operando un reposicionamiento epistemológico radicalmente anti-hegeliano, pues sabía que no se enfrentaba tanto a una filosofía sino a todo un fenómeno epocal. En este sentido, Deleuze es el primero en dejar de hablar la koiné de su tiempo. Como sucede con Guattari, todo comienza por el estilo. La clave, nos dice Deleuze, está en los verbos intransitivos, indeclinables por ninguna «persona», sin causa cognoscible. El devenir habla en modo intransitivo: acontecer, suceder, ocurrir. ¿Y cuál es el sentido de este ocurrir, sino el acontecimiento mismo? ¿Cuál es el de la mónada, sino devenir nómada? Éste es el sentido del giro nietzscheano: el mundo es el proceso eterno del devenir donde la diferentia virtual se actualiza en diferencia actual, y donde toda representación es constitutivamente 141 ARAGÜÉS, pág. 15. 134 ficcional. El Hombre, entendido como soporte de una Identidad cualquiera, resulta así absolutamente descentrado, hasta llevar hasta sus últimas consecuencias uno de los pocos signos epocales que aquí perviven: la empresa anti-humanista. Ni existencia ni lógica, ni esprit ni estructura: el nuevo verbo es la Diferencia (Guattari, por su parte, había comenzado ya a ensamblar sus máquinas). Pero volvamos de nuevo al estilo, a la forma: en la base de su crítica, Deleuze identifica la forma misma en la que la lógica de la representación había comprometido a la Filosofía, y que él denomina «imagen del pensamiento». También aquí, y a la espera de un estudio en profundidad de esta cuestión, Deleuze comienza de nuevo con una cuestión de gusto. Ahora bien, ¿cuál es esa forma que incomoda tanto a Deleuze? Se trata del reconocimiento. Todo objeto dado es «reconocido» en la medida en que una de nuestras facultades lo señale como idéntico al de la otra, o bien cuando todas juntas se relacionen respecto del mismo bajo la forma de la «identidad». Deleuze señala su origen en la invención platónica de la Verdad como adecuación relativa a un determinado fundamento (en último término, de carácter moral), desdibujando así la filosofía como estéril duplicado del mundo que apenas puede retomar o contemplar lo real sino a través de un sistemático desciframiento epistemológico. El presupuesto subjetivo de esta forma de filosofía se enuncia así: «nadie puede negar», «todo el mundo sabe». El mundo de la representación comienza aquí, en la cogitatio natura universalis, y en la presuposición de «empatía ontológica» de pensamiento y «verdad», afinidad que correctamente manipulada conduce a la posesión formal de esta misma Verdad. Se trata siempre de un problema de memoria, miopía o metodología. Deleuze señala de igual manera sus últimas consecuencias, de naturaleza siempre moral: la confusión nace en la estructuración dogmática del cogito. Al entender éste como unidad implícita de un sujeto pensante (unidad necesaria como soporte de la concordancia de las facultades y principio subjetivo 141 Junto a Lacan y los nuevos lingüistas, la caída o el apagón del 68 proporcionará como decíamos una segunda vida al althusserismo que, ante el fracaso, volvía a representar la confluencia del máximo rigor con una perspectiva crítica. Sus clásicos se reeditan en estos años al mismo ritmo en el que el maoísmo francés (de fascinante historia) se desmorona. El círculo de Althusser se mantenía en relativo silencio, al tiempo que comenzaba a extender su influencia al espacio anglosajón y latinoamericano (en particular, Chile y Argentina). En 1976, con Giscard d’Estaing en el poder y Mayo configurado ya en el imaginario francés como un excepcional paréntesis, un PCF hundido y arrinconado, que profundiza su burocratización y comienza su largo proceso centrípeto hacia la marginalidad electoral, termina por reconocer simbólicamente a Althusser con la publicación de Positions en las Éditions Sociales152. 152 ALTHUSSER, Louis: Positions, Éditions Sociales, Paris, 1976. Sin embargo, el althusserismo de estos años (primera mitad de los 70) se encamina hacia otro lugar. Saliendo de su torre de marfil, Althusser se vuelve hacia la política, lanzando un gran programa de investigación en torno de los aparatos ideológicos del Estado (AIE), saltando del análisis a la ideología como discurso a la ideología como práctica, abriéndose de esta manera al análisis institucional. El discurso en ciencias humanas de los años 70 (en Francia) adoptará en proporción no menor el lenguaje althusseriano, que abandera junto a Tel Quel la ambición teórica de vanguardia y condiciona muchos de los avances de Poulantzas, epistemólogos como Pêcheux, Lecourt o Raymond (centrados en las condiciones del discurso, el análisis literario y la epistemología de las ciencias) o los antropólogos Meillassoux, Terray y Augé. Por lo que respecta la propia obra de Althusser, vive en estos años un brutal proceso de autocrítica que, una vez más, lo separa de los estructuralistas. En los mismos años en los que se apaga la lucha, se endurecen los recelos entre las disciplinas y se retorna a las lógicas del gueto, pero en los que nadie relee su propia obra (limitándose a separarse de la etiqueta «estructuralista», incluso negando que tal cosa hubiese existido), Althusser emprende un cuestionamiento general de su obra, la misma que lo había conducido hasta el punto central de la intelligentsia crítica de los años 60; cf. fundamentalmente ALTHUSSER, Louis: Réponse à John Lewis, Maspero, Paris, 1973; Éléments d’autocritique, Hachette, Paris, 1974. Para Balibar (DOSSE, HE, 2/208), tal vez su mejor discípulo (al cual le habría dicho: «Yo no me suicidaría, haría algo peor. Destruiría lo que hice, lo que soy para los otros y para mí»), este largo 142 La salida místico-formalista del estructuralismo traumático. Al enfrentarnos a alguna de estas obras nos encontramos con una religiosidad de la forma que, más allá de su correlato histórico, epocal, debemos relacionar también a profundas inquietudes personales. Al eliminar el «objeto total» y reintroducir la necesidad del Gran Otro, André Green considera que Lacan reintroduce a Dios en el campo psicoanalítico («En faisant l’économie de l’objet dit total, on réintroduit la nécessité du Grand Autre, le Grand A, que n’est autre que Dieu»153). Así, Green se preguntará por las fuentes agustinianas de Lacan, en particular en relación al Agustín pascaliano (el de los Écrits sur la grâce), doblemente animado por la religión y la formalización matemática154. Al sostenerse sobre un mundo inaccesible, del que nos separa una infranqueable y congénita Falta, la teoría lacaniana del Significante ofrece obvios paralelismos religiosos. Fuera del mundo, si bien al mismo tiempo ubicuo, el Significante (que no es más que un nombre, traumáticamente vacío de contenido) rige a los hombres, aunque estos crean de manera ilusa en la libertad proceso de autocrítica respondería a motivos tanto psiquiátricos como políticos (crisis del mundo soviético) y filosóficos (de tipo deconstructivo). Ataca así su «tendencia teoricista» y, sobre todo, su resultado más característico, la división ciencia/ideología en relación al «corte epistemológico» (un racionalismo reductor que se habría limitado a oponer las nociones ideológicas de «error» y «verdad»), criticando de manera brutal el estalinismo y sus justificaciones por parte de la dirección del PCF. Al analizar el estalinismo en términos de una deriva que, en último término, habría partido de la II Internacional y al alimentarse por la figura doble de su tendencia principal, humanismo y economicismo, Althusser viene así a radicalizar su apuesta anti-humanista. Al mismo tiempo, se multiplicaban las críticas izquierdistas de Rancière (convertido al maoísmo) y los trotskistas Bensaïd, Mandel y Löwy. 153 André GREEN en entrevista con François DOSSE, apud DOSSE, Histoire du structuralisme, op.cit., I, pág. 302. 154 GREEN, André: «Le langage dans la psychanalyse», en Langages (1984). 143 de sus acciones (a pesar de que la humanidad crea en la Historia, podríamos decir). Aun aceptando la imposibilidad de su acceso a la «realidad», el hombre está perdido en su propio deseo, un deseo ciego y sin sentido, que cree que tiende hacia algún lugar cuando en realidad apenas camina en círculos. El vacío de lo Real es el único contenido, a su vez únicamente aprehensible a través de la Regla, la Ley, de una topología de la Gran Ausencia. Cuando el paradigma comience a cuestionarse y todos se alejen (aparentemente) de él, éste se dividirá fundamentalmente en dos tendencias: bien la deconstrucción de las estructuras, bien una formalización todavía más extrema. Lacan optará por la segunda de estas opciones, deslizándose en la década de los 70 al estudio de las figuras topológicas y los matemas hasta proclamar «sólo la matematización llega a lo Real»155. Son también católicas las raíces de la filosofía de Althusser. Creyente convencido y miembro de Action Catholique antes de la Segunda Guerra Mundial, cayó preso de los alemanes y fue recluido en un stalag entre 1940 y 1945. El Althusser de la posguerra se proclama ya ateo y comunista. Sin embargo, la dirección indicada por sus primeros trabajos y su fascinación ante una Teoría que parecía poder sustituir a la realidad, su orientación consecuentemente ultra-teoricista (la cual constituirá la principal fuente de su controversia con los trotskistas y con sus exdiscípulos convertidos al maoísmo en el 68) parecen confirmar que Althusser, en cierto sentido, nunca habría abandonado su deseo y creencia en el Absoluto156. Resultaría de gran interés estudiar en profundidad la naturaleza de ese Absoluto fundamental, constitutivo, que alimenta al Lévi-Strauss joven y 155 DOSSE, HE, 2/224. Su caso es similar al de Greimas, quien, tras la creación del Círculo Semiótico de París en 1969, que llegaría a controlar por completo tras la hemiplejia de Benveniste y el creciente desencanto de Barthes, fue expulsado del Collège por Lévi-Strauss, emprendiendo entonces en el contexto del Círculo una formalización todavía más radical. 156 Así lo atestiguará, por ejemplo, Jean Guitton, quien fuera su profesor de khâgne (cf. DOSSE, Histoire du structuralisme, op.cit., I, págs. 359-60). 144 (ardiente socialista), Lacan (amigo de artistas, inseparable de un Estilo) y Althusser («estructuralmente» católico). Fascinado por la pureza mística, también gran lector de Pascal, la obra de Alhusser se encaminó en un primer momento hacia la búsqueda de una Ciencia total federada por la Filosofía y sustentada por el materialismo histórico, a su vez repensado a partir de su propia lectura, directa y extremadamente rigurosa, de Marx (protagonista de los grandes «retornos» estructuralistas junto a Freud y, por qué no decirlo, el mismo Dios). Si bien el Althusser de la década de los 70 (y a diferencia de la mayor parte de los estructuralistas) emprenderá toda una labor de retorno a su obra pretérita con el objeto de una radical autocrítica, el primer Althusser, como señalaba Lefebvre, «tenía la misma relación con el marxismo que la de los tomistas con el aristotelismo: una clarificación, una sistematización, pero ya sin ninguna relación con la realidad»157. 2.2.4. Y APARECE GUATTARI: «MACHINE ET STRUCTURE» (1969).— Entre 1968 y 1969, Félix Guattari se encontraba en una encrucijada vital (si bien, en honor a la verdad, la filosofía completa de Guattari parece nacer de una encrucijada vital). En cierto sentido, seguía siendo el que, en sus propias palabras, era de pequeño: When I was a child, I was, so to speak, in pieces: really a little schizo around the edges. I spent years trying to put myself back together again. Only my thing was, I would pull along different pieces of realities in doing it.158 157 DOSSE, HE, 2/129. El mismo Lévi-Strauss, como ya habíamos anotado, negaba toda validez a la Historia como análisis de la contingencia económicopolítica de las sociedades, para subrayar el carácter universal e inmutable de los mecanismos del pensamiento humano como fundamentos de una determinación infranqueable. 158 SS, pág. 64. Las cursivas son nuestras. 145 La calle, la poesía, la filosofía: el joven Guattari cambia muchas veces de piel. «I often changed my style, my preoccupations and my character». Una cierta idea de disolución le amenazaba siempre, pero también le azuzaba: For as long as I can remember, I was preoccupied with joining together different layers of things which fascinated me: the philosophy of science, logic, biology, early works on cybernetics, militantism, along with another dimension, which literally had me by the throat: horrible bouts of anxiety and an irrevocable sensation of existential loss.159 Esta compleja situación, que se volverá crónica, puede también explicar hasta cierto punto la hiperactividad furiosa que ya para 1969 se traducirá filosóficamente en uno de sus conceptos más relevantes, y que hemos tratado ya, la «transversalité». Guattari está por todas partes, al tiempo que en ninguna. Sin haber llegado a titularse en Filosofía, «incómodo» en el ambiente universitario (si bien siempre guardará un gran recuerdo de Merleau-Ponty y Bachelard160), dejando ya atrás a Sartre y a Lacan, se encuentra en 1969 con Deleuze: I ended up —«I ended up,» that’s saying a lot— I began to put myself together a little only around the age of 159 Ibidem. 160 «My training was a total mish mash. I began by studying pharmacology, which I abandoned after three years. That course of study had been imposed on me from the outside and it didn’t suit me at all. Following this, I resumed a degree in philosophy at the Sorbonne, but I felt uncomfortable in the university environment, and I didn’t continue my studies beyond this point. I attended lectures by Merleau-Ponty and Bachelard; I still have great admiration for both of them. Moreover, like so many young people of my generation, I was a Sartrean, at least until the encounter, so decisive for me, with Lacan and his work. This encounter led me to undergo analysis with him, followed by courses in analysis. Nevertheless, my training remained inseparable from my activities as a militant in a number of domains…» (SS, pág. 39). 146 forty, by working with a friend who was able to take into account all of my dimensions.161 Comienza aquí la verdadera producción de Guattari, notablemente con el artículo «Machine et structure», inicialmente destinado a la lacaniana École Freudienne, pero aparecido finalmente en la revista Change (de Seuil), en donde, y no se trata éste de un dato menor, se cita varias veces Différence et répétition. El papel de Deleuze en este momento es de una extrema relevancia. El trabajo previo de Guattari no sólo había sido disperso, sino que había dependido directamente del curso de los acontecimientos políticos. Durante las décadas de los 50 y 60, Guattari publica poco, y casi en su totalidad, como decíamos, textos de circunstancias, resultados contingentes, derivados de su trabajo en la FGERI, GTPSI, CERFI, La Borde, etc.. Guattari no se tenía por un «teórico» de cualquiera de los campos en los que trabajaba, aunque en ocasiones llegase a liderarlos (el análisis institucional, por ejemplo), y ello es así durante un largo período reflejado en los textos de Psychanalyse et transversalité (publicado en 1972 en Maspero a instancias de Deleuze) y que Guattari considera terminado en 1968-1969: A first series of questions became apparent when I came to work with Jean Oury at La Borde. At that time I was, on the one hand, a political militant in an extreme-left group and, on the other, one of the first participants who was not a doctor to participate in Jacques Lacan’s Seminar. An entire preliminary phase of conceptual elaboration constituted for me in trying to establish a bridge between heterogeneous universes, and —I would say today [1980]— to try to reconcile the irreconcilable. In my first articles, I put forth the idea of an overcoming of institutional psychotherapy by a technique of institutional analysis. It was then a question of refusing a too restrictive definition of 161 SS, pág. 64. 147 institutional psychotherapy. In my view, we had to study and make use of the link that exists between it and similar practices in other domains: pedagogy, city planning, militantism (especially in the UNEF and the «Mutuelle Nationale des Étudiants de France,» with which I was associated.) Besides, I thought that we would be able to advance in this new discipline only to the extent that it would set itself up in connection with larger political problems, for example, the problem of the opposition within the Communist Party (such as it was organized around the newspaper La Voie Communiste), the renewal of forms of revolutionary struggle, etc… This attempt lasted until May ’68.162 El signo de Mayo del 68, más allá de la sorpresa, fue el exceso de su aparición: It quickly became clear that the new type of microsocial upheavals that manifested themselves from May ’68 onwards went much further than we had previously imagined. Personally, I thought that the transformations of institutions, collective equipments, lifestyles, of the media, etc., could no longer be considered independently from a social revolution freed from the restrictive definitions of Marxists. In my view, the time for institutional analysis had also passed. From this point onward, I was concerned with the junction of the «molecular revolutions» that the social struggles had revealed.163 La nueva fase que ahora se abre, y que coincide con el encuentro con Deleuze, llevará a Guattari a desarrollar de manera sistemática las ideas más originales e íntimas de su juventud («transversalité», «machine désirante», «déterritorialisation», su noción de «análisis» y su reinterpretación post-sartreana del «grupo») en el contexto de su trabajo común acerca de la 162 SS, págs. 33-4. 163 SS, pág. 36. 148 economía del deseo, algo que obliga tanto a Guattari como a Deleuze a reformular sus aprehensiones respectivas de las relaciones entre deseo y poder y el propio inconsciente, y que nace de una crítica radical al lacanismo, algo que estaba ya en la cabeza de Guattari no sólo antes de conocer a Deleuze (aunque sea él quien permite que cristalice definitivamente), sino incluso antes de los sucesos de Mayo. La siguiente cita nos proporciona una imagen mucho más clara de lo que estos años supusieron para el pensamiento de Guattari: Just before ’68, I felt like I was riding a powerful wave, connecting all kinds of vectors of collective intelligence: I broke up with «La Voie Communiste,» with a militant style that was a little too dogmatic, a little backwards… I gradually came to question Lacanism, but less on theoretical grounds than in practice… I questioned a certain style of conjugality, linked to my situation at La Borde… Really, all of that was very promising. ’68 was a very ambiguous move… It’s true that there was a very high level of entropy in collective projects; a kind of mediocrity and demagoguery prevailed… I was trying to create instruments of expression, but always with the same gang of people… It was kind of heavy, and power games would always take over, with people like Serge July, Alain Geismar, and the disaster of the Proletarian Left —of which, in my opinion, one will never say enough bad things. For me, the aftermath of ’68 was made up of actions committees, psychiatric alternatives, the feminist and gay movements… I was hoping that a collective development could be pursued, but instead a sort of prohibition against thinking set in. Today it’s hard to imagin the kind of demagoguery that reigned at Vincennes and in those milieus. […] Deleuze’s course was continually interrupted by unbelievable idiots. A real circus. Such is the price of History... 149 Then there was the miracle, my meeting [with] Deleuze, which opened the way to a whole series of things. How did it happen? I told him my ideas about group subjectivity, about transversality, etc. I was very pleased. He was very encouraging. And then he said, «Why don’t you write all of this down?» To tell the truth, writing always makes me a little uncomfortable; talking with people, discussing things, that’s okay, but writing… Then he said, «We can do it together.» [...] It was a frenzy of work that I hadn’t imagined possible until then. Both a careful and scholarly enterprise and a radical and systematic demolition of Lacanism and all my previous references; clarifying concepts I had been «experimenting with» in various fields, but which couldn’t reach their full extension because they were too attached to their origins. It was necessary to impose a certain «deterritorialization» of my relations to the social, to La Borde, to the concepts of matrimony and psychoanalysis and to the FGERI, so that concepts like «machine» could be given enough room to develop.164 No obstante circunstanciales, en estos textos-intervención encontramos ya casi todas las perspectivas y problemáticas más queridas por Guattari: se trata de textos sobre militancia y política, sobre psicoanálisis, represión y creatividad, sobre el pequeño, tan pequeño mundo de las fronteras semióticas: Seule une entreprise analytique se profilant sur fond d’une praxis révolutionnaire pourrait prétendre à une véritable exploration de l’inconscient —pour la bonne raison que l’inconscient n’est rien d’autre que le réel à venir, le champ transfini des potentialités recélées par des chaînes signifiantes ouvertes, ou qui attendent de 164 SS, págs. 83-4. Las cursivas son nuestras. Guattari continua con una curiosa comparación: «It was, if you’ll permit the comparison, like the difference between Jean-Jacques Rousseau writing the little melodies of the “Devin du Village” and Bach developing the “Well-Tempered Clavier” from a couple of ritournelles...» (pág. 84). 150 s’ouvrir et d’être articulées par un agent réel d’énonciation et d’effectuation. Cela revient à dire que des coupures significatives, y compris les plus «intimes», et pourquoi pas celle de la prétendue «vie privée», pourraient se révéler comme étant des nœuds décisifs de la causalité historique. Allez savoir si la révolution qui nous attend ne déclinera pas ses principes à partir de quelque chose énoncé par Lautréamont, Kafka ou Joyce?165 Para evitar las parataxis, los avances que Guattari comienza a trazar en estos textos «de juventud» serán abordados en su correspondiente desarrollo posterior, al igual que en lo que respecta al origen del campo terminológico de L’Anti-Œdipe en el siguiente capítulo (y es que será Guattari quien por primera vez haga uso de términos como machine désirante, agent collectif d’énonciation o déterritorialisation, y quien comience a criticar, partícipe aún del círculo lacaniano, la «confianza» del psicoanálisis en el mito, y en particular en el Edipo). 165 PsT, págs. 203-4. 253 Todos estos agenciamientos no cesan de cambiar, de transformarse ellos mismos. Un enunciado performativo, como demostró Benveniste, no es nada más allá de las circunstancias que lo construyen367. En una observación en la que percibimos la mano del Deleuze de Différence et répétition, es preciso aclarar no obstante que… La transformation se dit des corps, mais elle est ellemême incorporelle, intérieure à l’énonciation. Il y a des variables d’expression qui mettent la langue en rapport avec le dehors, mais précisément parce qu’elles sont immanentes à la langue. Tant que la linguistique en reste à des constantes, phonologiques, morphologiques ou syntaxiques, elle rapporte l’énoncé à un signifiant et l’énonciation à un sujet, elle rate ainsi l’agencement, elle renvoie les circonstances à l’extérieur, ferme la langue sur soi et fait de la pragmatique un résidu.368 La pragmática, sin embargo, no apela tan sólo a las circunstancias externas, sino que desgaja variables de expresión o de enunciación que son para la lengua tantas otras razones internas para no cerrarse sobre sí misma. La lingüística, apuntan con Bakhtin, tanto extrae constantes como se muestra incapaz de hacernos comprender cómo una palabra llega a constituir una enunciación completa: falta siempre ese «elemento suplementario» que permanezca inaccesible a las categorías o determinaciones lingüísticas, aunque éste sea, de hecho, interior a la teoría de la enunciación o de la lengua («Précisément, le mot d’ordre est la variable qui fait du mot comme tel une énonciation. l’idéologie, mais travaillent déjà dans le domaine supposé de l’infrastructure). L’inflation galopante en Allemagne, après 1918, est un processus qui affecte le corps monétaire, et bien d'autres corps; mais l’ensemble des «circonstances» rend d’un coup possible une transformation sémiotique qui, pour être théoriquement indexée sur le corps de la terre et les actifs matériels, n’en est pas moins un acte pur ou une transformation incorporelle —le 20 novembre 1923...» (MP, pág. 103). 367 MP, pág. 104. 368 Ibidem. 254 L’instantanéité du mot d’ordre, son immédiateté, lui donne une puissance de variation, en rapport avec les corps auxquels la transformation s’attribue.»369). Una «política» de la lengua: ¡en eso consiste la pragmática guattariana! De la misma manera en que es evidente la mano deleuziana en las teorías acerca de lo incorpóreo de las transformaciones de los cuerpos frente a los enunciados, lo cierto es que la pragmática será una propuesta desarrollada ampliamente (y, como es natural, frecuentemente modificada) por Guattari. Nos encontramos ya con esta noción en muchos de sus textos de la segunda mitad de los 70, tanto en los psicoanalíticos y lingüísticos como, sobre todo, en los políticos. En la propia Mille plateaux, el ejemplo más extensamente desarrollado de relación entre creación de mots d’ordre y transformaciones incorpóreas con las que se vincula se trata de… […] la formation d’un type d’énoncés proprement léninistes en Russie soviétique, à partir du texte de Lénine intitulé «À propos des mots d’ordre» (1917). C’était déjà une transformation incorporelle qui avait dégagé des masses une classe prolétarienne en tant qu’agencement d’énonciation, avant que soient données les conditions d’un prolétariat comme corps. Coup de génie de la Ire Internationale marxiste, qui « invente» un nouveau type de classe: prolétaires de tous les pays, unissez-vous! Mais, à la faveur de la rupture avec les sociaux-démocrates, Lénine invente ou décrète encore une autre transformation incorporelle, qui dégage de la classe prolétarienne une avant-garde comme agencement d’énonciation, et va s’attribuer au «Parti», à un nouveau type de parti comme corps distinct, quitte à tomber dans un système de redondance proprement bureaucratique. Pari léniniste, coup d’audace? Lénine déclare que le mot d’ordre «Tout le pouvoir aux soviets» ne valait que du 27 février au 4 juillet, pour le développement pacifique de la 369 MP, pág. 105. 255 Révolution, mais ne vaut plus pour l’état de guerre, le passage de l’un à l’autre impliquant cette transformation qui ne se contente pas d’aller des masses à un prolétariat directeur, mais du prolétariat à une avant-garde dirigeante. Le 4 juillet exactement, fini le pouvoir aux Soviets. On peut assigner toutes les circonstances extérieures: non seulement la guerre, mais l’insurrection qui force Lénine à fuir en Finlande. Reste que, le 4 juillet, s’énonce la transformation incorporelle, avant que le corps auquel elle s’attribuera, le Parti lui-même, soit organisé. «Tout mot d’ordre doit être déduit de la somme des particularités d’une situation politique déterminée.»370 Nunca podremos analizar ningún tipo de enunciado más que en función de sus implicaciones pragmáticas, esto es, de su relación con sus presupuestos implícitos, con los actos inmanentes o transformaciones incorpóreas que éste expresa, y que vienen a introducir nuevos découpages entre los cuerpos. Nos movemos desde las transformaciones incorpóreas a los agenciamientos de enunciación de los que son sus variables. A pesar de que estas variables entran en relaciones determinables en tal momento, los agenciamientos, en última instancia, se reúnen en regímenes de signos o máquinas semióticas. No debemos inferir que cada sociedad posee su propia máquina semiótica; cada una de ellas posee muchas. No hay regímenes sino de carácter mixto. El agenciamiento colectivo de enunciación carece de otros enunciados que los del discurso indirecto, «présence d’un énoncé rapporté dans l’énoncé rapporteur, la présence du mot d’ordre dans le mot»371. Por el contrario, «Le discours direct est un fragment de masse détaché, et naît du démembrement de l’agencement collectif; mais celui-ci est toujours comme la rumeur où je puise mon nom propre, 370 MP, págs. 105-6. 371 MP, pág. 106. 256 l’ensemble des voix concordantes ou non d’où je tire ma voix.»372. Ese «yo» depende siempre de un agenciamiento de enunciación molecular, que no reside en la consciencia pero que tampoco depende unívocamente de sus determinaciones sociales aparentes, sino que reúne múltiples regímenes de signos heterogéneos, heteróclitos, plurívocos: Glossolalie. Ecrire, c’est peut-être amener au jour cet agencement de l’inconscient, sélectionner les voix chuchotantes, convoquer les tribus et les idiomes secrets, d’où j’extrais quelque chose que j’appelle Moi. JE est un mot d’ordre.373 Es más, mi discurso directo es el discurso indirecto libre que me atraviesa de parte a parte, y que proviene de otros regímenes, de otros mundos374. La dualidad expresiva entre las constantes como factores lingüísticos explicitables (y/o reducibles) y las variantes como factores externos a la lengua es falsa. El agenciamiento colectivo expresa el conjunto de las transformaciones incorpóreas que hace efectiva la condición de la lengua. Resulta inútil reducir la función del lenguaje a lo informativo o a lo comunicativo, en la medida en que éstas no nos remiten ni a una abstracta información significante ni a una 372 MP, págs. 106-7. 373 MP, pág. 107; las cursivas son nuestras. 374 «Ce pourquoi tant d’artistes et d’écrivains furent tentés par les tables tournantes. Dès lors, quand on demande quelle est la faculté propre au mot d’ordre, on doit bien lui reconnaître des caractères étranges: une espèce d’instantanéité dans l’émission, la perception et la transmission des mots d’ordres; une grande variabilité, et une puissance d’oubli qui fait qu’on se sent innocent des mots d’ordre qu’on a suivis, puis abandonnés, pour en accueillir d'autres; une capacité proprement idéelle ou fantomatique dans l’appréhension des transformations incorporelles; une aptitude à saisir le langage sous les espèce d’un immense discours indirect. Faculté du souffleur et du soufflé, faculté de la chanson qui met toujours un air dans un air en rapport de redondance, faculté médiumnique en vérité, glossolalique ou xénoglossique.» (MP, págs. 107-8). 257 abstracta comunicación intersubjetiva. Buscar en lo abstracto una significancia más allá de la información o una subjetividad más allá de la comunicación nos hará girar en círculos. Subjetivación y significancia remiten siempre a regímenes de signos o agenciamientos colectivos: La fonction-langage est transmission de mots d’ordre, et les mots d’ordre renvoient aux agencements, comme les agencements aux transformations incorporelles qui constituent les variables de la fonction. La linguistique n’est rien en dehors de la pragmatique (sémiotique ou politique) qui définit l’effectuation de la condition du langage et l’usage des éléments de la langue.375 La consecuencia es clara: la indisolubilidad de un Abstracto singular y de un Concreto colectivo376. El «absoluto de la conciencia» no es sino el absoluto de la impotencia377. La subjetivación constituye procesos lineales finitos, que no cesan de recomenzar: el cogito recomienza siempre, imponiendo a la subjetivación una segmentariedad a la línea de fuga que no deja de negarla, así como un punto de abolición a la desterritorialización absoluta que no deja de borrarla. El motivo radica en que las formas de expresión o regímenes de signos son todavía estratos, incluso cuando los consideramos por sí mismos abstrayendo las formas de su contenido. La subjetivación, en fin, no es un estrato en menor medida en que lo es la significación. Pragmática y «diagramática»: 375 MP, pág. 109. 376 «La machine abstraite est toujours singulière, désignée par un nom propre, de groupe ou d’individu, tandis que l’agencement d’énonciation est toujours collectif, dans l’individu comme dans le groupe. Machine abstraite-Lénine et agencement collectif-bolchevik... Il en est de même en littérature, en musique. Nul primat de l’individu, mais indissolubilité d’un Abstrait singulier et d’un Concret collectif. La machine abstraite n’existe pas plus indépendamment de l'agencement que l’agencement ne fonctionne indépendamment de la machine.» (MP, pág. 127). 377 MP, pág. 167. 258 La subjectivation porte le désir à un tel point d’excès et de décoIIement qu’il doit ou bien s’abolir dans un trou noir, ou bien changer de plan. Déstratifier, s’ouvrir sur une nouvelle fonction, diagrammatique. Que la conscience cesse d'être son propre double, et la passion le double de l’un pour l’autre . Faire de la conscience une expérimentation de vie, et de la passion un champ d'intensités continues, une émission de signesparticules . Faire le corps sans organes de la conscience et de l’amour. Se servir de l’amour et de la conscience pour abolir la subjectivation: «pour devenir le grand amant, le magnétiseur et le catalyseur, il faut d’abord vivre la sagesse de n’être que le dernier des idiots» . Se servir du Je pense pour un devenir-animal, et de l’amour pour un devenir-femme de l’homme. Désubjectiver la conscience et la passion.378 Desubjetivar la consciencia, buscar y provocar las redundancias diagramáticas que dejan de ser nudos de arborescencia para constituir élancements de un rizoma: ése es el objetivo. De ahí que debamos distinguir tres tipos de desterritorialización: […] les unes, relatives, propres aux strates, et qui culminent avec la signifiance; les autres, absolues, mais encore négatives et stratiques, qui apparaissent dans la subjectivation (Ratio et Passio); enfin l’éventualité d’une déterritorialisation positive absolue sur le plan de consistance ou le corps sans organes.379 378 MP, págs. 167-8. 379 MP, pág. 168. Y continúa: «Nous n’avons certes pas réussi à éliminer les formes de contenu (par exemple le rôle du Temple, ou bien la position d’une Réalité dominante, etc.). Mais, dans des conditions artificielles, nous avons isolé un certain nombre de sémiotiques présentant des caractères très divers. La sémiotique présignifiante, où le «surcodage» qui marque le privilège du langage s’exerce d’une façon diffuse: l’énonciation y est collective, les énoncés eux-mêmes polyvoques, les substances d’expression multiples; la déterritorialisation relative y est déterminée par la confrontation des territorialités et des lignages segmentaires qui conjurent l’appareil d'Etat. La 259 De manera mucho más sistemática de lo que pudiera parecer, Guattari y Deleuze continúan describiendo la morfología de esta llamada «pragmática», que constaría así de dos elementos fundamentales: lo generativo (por cuanto demuestra cómo los regímenes abstractos conforman semióticas mixtas concretas) y lo transformacional (por cuanto demuestra cómo estos regímenes de signos se traducen los unos en los otros y crean a su vez nuevos regímenes), resultando evidente que este segundo factor es el de mayor profundidad, así como el único medio para calibrar los elementos del primero380. sémiotique signifiante: là où le surcodage s’effectue pleinement par le signifiant, et l’appareil d’Etat qui l’émet; il y a uniformisation de l’énonciation, unification de la substance d’expression, contrôle des énoncés dans un régime de circularité; la déterritorialisation relative y est poussée au plus haut point par un renvoi perpétuel et redondant du signe au signe. La sémiotique contresignifiante: le surcodage y est assurée par le Nombre comme forme d’expression ou d’énonciation, et par la Machine de guerre dont il dépend; la déterritorialisation emprunte une ligne de destruction ou d’abolition active. La sémiotique post-signifiante, où le surcodage est assuré par la redondance de la conscience; se produit une subjectivation de l’énonciation sur une ligne passionnelle qui rend l’organisation de pouvoir immanente, et élève la déterritorialisation à l’absolu, bien que d’une manière encore négative. —Or nous devons considérer deux aspects: d’une part ces sémiotiques, même abstraction faite des formes de contenu, sont concrètes, mais seulement dans la mesure où elles sont mixtes, où elles constituent des combinaisons mixtes. Toute sémiotique est mixte, et ne fonctionne qu’ainsi; chacune capture forcément des fragments d’une ou de plusieurs autres (plus-values de code). Même de ce point de vue, la sémiotique signifiante n’a aucun privilège à faire valoir pour former une sémiologie générale: la façon notamment dont elle se combine avec la sémiotique passionnelle de subjectivation («le signifiant pour le sujet») n’implique rien de préférentiel par rapport à d’autres combinaisons, par exemple entre la sémiotique passionnelle et la contre-signifiante, ou bien entre la contre-signifiante et la signifiante elle-même (quand les Nomades se font impériaux), etc. Il n’y a pas de sémiologie générale.» (págs. 168-9). 380 Volvamos así a la cuestión calque-carte de Rhizome: «La pragmatique générative fait en quelque sorte des calques de sémiotiques mixtes, tandis que la pragmatique transformationnelle fait des cartes de transformation. Bien qu’une sémiotique mixte n’implique pas nécessairement une créativité actuelle, mais puisse se contenter de possibilités de combinaison sans véritable transformation, c’est la composante transformationnelle qui rend compte de 260 Resulta tan importante hacer notar esta división como no contentarse con un dualismo entre el plano de consistencia, sus diagramas y sus máquinas abstractas frente a los estratos, sus programas y sus agenciamientos concretos. Ellos lo describen como un doble movimiento, por el cual, en primer lugar, las máquinas abstractas trabajan los estratos, haciendo huir todo lo que encuentran a su paso; en segundo lugar, éstas son efectivamente estratificadas (capturadas por los estratos). Y es que, por una parte, estos estratos jamás se organizarán sin captar materias y funciones diagramáticas, que luego formalizan en expresión y contenido (de ahí que los regímenes de signos, como la propia subjetividad, sean efectos diagramáticos relativos). Y, por la otra, jamás las máquinas abstractas lograrán estar presentes en los estratos si no tienen la capacidad de extraer y acelerar los signos-partículas desestratificados. En la «consistencia», y ésta es de nuevo una problemática de cuño guattariano, nos encontramos tal vez con el Guattari más filosóficamente ambicioso; es, de hecho, una de sus ideas clave, que merece ser estudiada, unificada y actualizada por extenso, de manera análoga a su formulación de la «revolución molecular» en Política o su «heterogénesis caósmica» en Estética. Se trata, otra vez, de una cuestión de equilibrio (encontramos frecuentemente esta morfología en Guattari —¿qué es lo caósmico, sino el trazado de un equilibrio de la más plurívoca naturaleza en el sentido de la serenidad nietzscheana?—, equivalente a la de direccionalidad en la de Deleuze): La consistance n’est pas totalisante, ni structurante, mais déterritorialisante (une strate biologique, par l’originalité d’un régime comme de la nouveauté des mixtes où il entre à tel moment et dans tel domaine. Aussi cette seconde composante est-elle la plus profonde, et le seul moyen de mesurer les éléments de la première. Par exemple, on se demandera quand est-ce que des énoncés de type bolchevique ont paru, et comment le léninisme a opéré, lors de la rupture avec les sociauxdémocrates, une véritable transformation, créatrice d’une sémiotique originale, même si celle-ci devrait nécessairement tomber dans la sémiotique mixte de l'organisation stalinienne.» (MP, págs. 173-4). 261 exemple, n’évolue pas par données statistiques, mais par pointes de déterritorialisation). La sécurité, la tranquillité, l’équilibre homéostatique des strates ne sont donc jamais complètement garantis; il suffit de prolonger les lignes de fuite qui travaillent les strates, de remplir les pointillés, de conjuguer les processus de déterritorialisation, pour retrouver un plan de consistance qui s’insère dans les systèmes de stratification les plus différents, et qui saute de l’un à l’autre . Nous avons vu en ce sens comment la signifiance et l’interprétation, la conscience et la passion pouvaient se prolonger, mais en même temps s'ouvrir sur une expérience proprement diagrammatique. Et tous ces états ou ces modes de la machine abstraite coexistent précisément dans ce qu’on appelle agencement machinique. L’agencement en effet a comme deux pôles ou vecteurs, l’un tourné vers les strates où il distribue les territorialités, les déterritorialisations relatives et les reterritorialisations, un autre vecteur tourné vers le plan de consistance ou de déstratification, où il conjugue les processus de déterritorialisation et les porte à l'absolu de la terre. C’est sur son vecteur stratique qu’il distingue une forme d’expression dans laquelle il apparaît comme agencement collectif d’énonciation, et une forme de contenu dans laquelle il apparaît comme agencement machinique de corps; et il ajuste une forme à l’autre, une apparition à l’autre, en présupposition réciproque. Mais, sur son vecteur déstratifié, diagrammatique, il n’a plus deux faces, il ne retient que des traits de contenu comme d’expression, d’où il extrait des degrés de déterritorialisation qui s’ajoutent les uns aux autres, des pointes qui se conjuguent les unes avec les autres.381 De ahí, a su vez, la diferenciación de los cuatro componentes «rizomatizantes» de la Pragmática ya comentados antes: generativo, transformacional, diagramático y maquínico. 381 MP, págs. 180-1. 262 Corolario: los regímenes de signos no remiten al lenguaje: es el lenguaje el que lo hace a los regímenes de signos, estos a las máquinas abstractas, éstas a funciones diagramáticas y agenciamientos maquínicos, que desbordan toda semiología, toda lingüística y toda lógica. No existe ninguna lógica proposicional universal, ni ninguna «gramaticalidad» en sí, ni siquiera tal cosa como un «significante» por sí solo: «Derrière» les énoncés et les sémiotisations, il n’y a que des machines, des agencements, des mouvements de déterritorialisation qui passent à travers la stratification des différents systèmes, et échappent aux coordonnées de langage comme d’existence. C’est pourquoi la pragmatique n’est pas le complément d’une logique, d’une syntaxique ou d’une sémantique, mais au contraire l’élément de base dont tout le reste dépend.382 382 MP, pág. 184. «L’ensemble de la pragmatique consisterait en ceci: faire le calque des sémiotiques mixtes dans la composante générative; faire la carte transformationnelle des régimes, avec leurs possibilités de traduction et de création, de bourgeonnement sur les calques; faire le diagramme des machines abstraites mises en jeu dans chaque cas, comme potentialités ou comme surgissements effectifs; faire le programme des agencements qui ventilent l’ensemble et font circuler le mouvement, avec ses alternatives, ses sauts et mutations. Par exemple, on considère rait une “proposition” quelconque, c’est-à-dire un ensemble verbal défini syntaxiquement, sémantiquement et logiquement, comme expression d’un individu ou d’un groupe : “Je t’aime”, ou bien “Je suis jaloux…”. On commencerait par demander à quel “énoncé” cette proposition correspond dans le groupe ou l’individu (car une même proposition peut renvoyer à des énoncés complètement différents). Cette question signifie: dans quel régime de signes la proposition est-elle prise, régime sans lequel les éléments syntaxiques, sémantiques et logiques resteraient des conditions universelles parfaitement vides? Quel est l’élément non linguistique, la variable d’énonciation qui lui donne une consistance? Il y a un “je t'aime» présignifiant, de type collectif où, comme disait Miller, une danse épouse toutes les femmes de la tribu; un “je t’aime” contre-signifiant, de type distributif et polémique, pris dans la guerre, dans le rapport de forces, comme celui de Penthésilée à Achille; un “je t’aime” qui s’adresse à un centre de signifiance, et fait correspondre par interprétation toute une série de signifiés 269 réagencement— des différentes composantes de ce qui est devenu véritablement un capitalisme planétaire que s’origine essentiellement la multiplication des crises, et la dévastation actuelle des économies nationale et régionale.395 Pero retornaremos a las calles de Bolonia, donde el PCI estaba evidenciando de manera fáctica su papel de anulador de las fuerzas de renovación: Tout cela a abouti aux émeutes de mars 1977. Alors ce fut la fêlure: toute la vitrine du communisme new look en miettes! Trente années de bonne conduite et de loyaux services perdues, déconsidérées aux yeux de la bourgeoisie. On croyait, jusque-là, que le PCI et les syndicats sauraient tenir le peuple mieux que quiconque! On disait, par exemple: «in Chile [sic] i carri armati, in Italia i sindacati [sic]» Mais Zangheri, le maire communiste de Bologne, a fait appel aux forces répressives sous leurs formes les plus violentes. Il a fait entrer des blindés dans la ville. Il a personnellement exhorté la police au combat sur le thème: «Allez-y c’est la guerre, ces gens-là doivent être éliminés, ils se sont exclus d’eux-mêmes de la communauté…» On était 15 000 dans la rue. Jamais on n’avait vu ça à Bologne!396 La porosidad del PCI, su presencia «delegada» en las fábricas, los barrios y las facultades, acabó por evidenciar la 395 RM, págs. 128-9. Y continúa: «Finalement, même l’idée, beaucoup moins ambitieuse que celle d’un passage progressif au socialisme, qui est avancée par les dirigeants les plus “réalistes” du Programme Commun, et qui consiste à proposer d’utiliser une extension limitée du secteur nationalisé —en raison de je ne sais quelle qualité intrinsèque— pour enrayer la crise en France, même cette idée aux contours très technocratiques se révélerait probablement illusoire!» (pág. 129). 396 RM, pág. 145. 270 manera en la que habían terminado por «devenir les meilleurs garants de l’ordre»397. Por boca de Guattari, habla el PCI y dice: La légitimité du pouvoir d’État, aujourd’hui, repose sur nous. Et en dernier ressort, il appartient à notre parti d’apprécier ce qui est bon et ce qui n’est pas bon pour les masses. Nous vous aimons. Nous sommes avec vous du fond du cœur et cela nous donne le droit de vous mettre en garde. Il y a chez vous le meilleur et le pire, et vous devez faire le tri. Certes, on ne saurait vous tenir rigueur de la désorganisation actuelle, et il faut reconnaître que beaucoup d’entre vous on été poussés à bout! Mais notre devoir est de vous dire: «Gardez votre sang-froid, n’allez pas au-delà d’une certaine limite». Pensez que nous sommes en crise, pensez aux menaces fascistes. Enfin, bref, pensez comme nous pensons! Vous dites parfois des choses merveilleuses, mais souvent vous tombez dans la confusion, la banalité, l’obscénité gratuite, non esthétique. Reprenez-vous, soyez ce qu’au fond vous n’avez jamais cessé d’être: de gentils enfants turbulents!398 Este fracaso remite fundamentalmente a dos fenómenos: por una parte, y en el plano teórico, al papel de los «intelectuales orgánicos» y, en el plano práctico, a la catastrófica deriva del «compromiso histórico», enquistamiento burocrático de penosas consecuencias. El siguiente pasaje resulta fundamental a este respecto: En finir avec le chantage à la misère, la discipline du travail, l’ordre hiérarchique, le sacrifice, la patrie, les intérêts généraux. Tout ceci a fait taire la voix du corps. Tout notre temps, depuis toujours, est voué au travail, huit heures de travail, deux heures de transport, et puis repos, télévision, repas en famille. Tout ce qui ne se 397 RM, pág. 146. 398 RM, pág. 147. 271 tient pas à l’intérieur de cet ordre est obscène pour la police et les magistrats.399 El otro fenómeno fundamental de esta burocratización anti-obrera del PCI es la política del ya mencionado «compromiso histórico» con los democristianos. En el «Appel des intellectuels français contre la répression en Italie», firmado en julio de 1977, por Guattari, Deleuze, Barthes, Foucault, Sartre, Glucksmann, Gérard Fromanger, Macciochi, Jean-Pierre Faye, Jérôme Lindon, Christian Bourgois, François Châtelet, David Cooper, Daniel Guérin, François Wahl y Philippe Sollers (entre otros400), se levanta la voz contra «la répression qui s’abat sur les militantes ouvriers et la dissidence intelectuelle en lutte contre le compromis historique»401. 399 RM, pág. 144; cursivas en el original. «Les faits sont là. La collusion entre les pouvoirs d’État et les appareils bureaucratiques du mouvement ouvrier présente un danger pour les libertés. Nous n’avons nullement l’intention d’entamer une campagne anticommuniste. Nous l’avons répété à plusieurs reprises, lors de notre polémique avec M. Zangheri, le maire de Bologne. Mais non ne nous fera pas accepter n’importer quoi, sous quelque prétexte idéologique que ce soit. Dans le passé, les intellectuels se sont trop souvent fait les complices de régimes totalitaires, ou simplement de méthodes totalitaires, pour accepter aujourd’hui de se taire et de rentrer dans le rang, pour se contenter, en France, de donner un bon coup de main au “Programme commun”, selon la recommandation que leur fait Lucio Magri, en attendant de ce devenir, comme en Italie, selon les vœux de M. Zangheri, de bons fonctionnaires. Retenons bien son avertissement: “Les masses, elles, ne font pas de romantisme. Aujourd’hui, les intellectuels sont appelés à exercer une fonction plus positive, peut-être aussi plus humble, d’administration, de gouvernement, d’organisation. Je comprends que certains d’entre eux soient récalcitrants et se refusent à ce nouveau rôle…”» (págs. 154-5). 400 En las notas de su edición de RM, Nadaud indica que «ce texte a été publié in extenso dans le numéro de la revue Recherches nº 30 de novembre 1977, titré “Les Untorellis”, les “porteurs de peste”, comme avait nommé le secrétaire du Parti communiste italien, Enrico Berlinguer, les personnes “d’extrême gauche” qui s’étaient rassemblés, en septembre 1977, dans toute l’Italie et notamment à Bologne, après les “événements de Bologne” de mars.» (RM, págs. 569-70). 401 RM, pág. 150. 272 El texto, de vergonzante actualidad, es absolutamente claro a este respecto. Al tiempo que recuerda los 300 encarcelados, el arresto de abogados como Cappelli, Sanese o Spazzoli, la criminalización de los profesores y estudiantes del Instituto de Ciencias Políticas de Padua acusados de «asociación subversiva» (Toni Negri, Guido Bianchini, Luciano FerrariBravo…), la persecución a editores y escritores (Nanni Ballestrini, Elvio Fachinelli, Angelo Pasquini…) o el cierre de Radio Alice, su diagnóstico, como decimos, era claro: Dans ces conditions, que veut dire, aujourd’hui, en Italie, «compromis historique»? Le «socialisme à visage humain» a, ces derniers mois, révélé brutalement sa vraie figure: développement d’un système de contrôle répressif sur une classe ouvrière et un prolétariat jeune refusant de payer le prix de la crise d’un côté, projet de partage de l’État avec la démocratie chrétienne (la banque et l’armée à la D.C., la police, le contrôle social et territorial au P.C.I.) au moyen d’un véritable parti «unique»; c’est contre cet état de fait que se sont révoltés ces derniers mois les jeunes prolétaires et les dissidents intellectuels en Italie. Comment en est-on arrivé là? Que s’est-il passé exactement? Depuis les mois de février, l’Italie est secouée par la révolte des jeunes prolétaires, des chômeurs et des étudiants, des oubliés du compromis historique et du jeu institutionnel. À la politique de l’austérité et des sacrifices, ils ont répondu par l’occupation des universités, les manifestations de masse dans les villes, la lutte contre le travail au noir, les grèves sauvages, le sabotage et l’absentéisme dans l’usine, avec toute l’ironie féroce et la créativité ceux qui, exclus par le pouvoir, n’ont plus rien à perdre : «des sacrifices, des sacrifices!», «frappe-nous, Lama!», «les voleurs chrétiens démocrates sont innocents, nous sommes les vrais délinquants!», «encore plus de taudis, encore moins de maisons!». La réponse de la police, de la démocratie chrétienne et du P.C.I. a été sans ambiguïté: l’interdiction des manifestations à Rome, 273 l’état de siège permanent à Bologne, le quadrillage de la ville par les blindés, le tir à balles réelles dans la foule.402 El eurocomunismo del PCI, esforzado en vincular todo fenómeno a su izquierda como sospechoso de complicidad con las Brigate Rosse o las NAP403, hace compatible su antiestalinismo con la puesta en funcionamiento de «méthodes répressives, pour ne pas dire totalitaires, à l’égard de l’extrême gauche et de toutes les formes de contestation qui échappent au PCI»404, o cuanto menos por lo que respecta a la dirección de su aparato405, favorable a la asunción de responsabilidades gubernamentales a cualquier precio, manteniendo la retórica habitual sin dejar de modificar su programa hacia una suerte de socialdemocracia gestora de la austeridad (de nuevo, ¡qué tristemente actual!), asumiendo así un papel doblemente contradictorio que fracasará en su misión de estabilizar a la izquierda «revoltosa» y al mismo tiempo en su intento ingenuo de jugar con la Democracia Cristiana a la política de consensos.406 402 RM, págs. 150-1. 403 RM, pág. 153. 404 RM, pág. 154. 405 «Parler du PCI, c’est d’abord faire l’effort de sortir d’une méthode de pensée qui le rend homogène et le réifie. Différentes positions cohabitent dans ce parti. Les uns poussent à l’intégration dans le sens du compromis historique, d’autres sont prêts à saisir n’importe quel prétexte pour surtout ne pas se retrouver au pouvoir. Compte tenu de leur orientation et de leur mode de fonctionnement, les communistes italiens savent très bien que, s’ils vont au pouvoir, ils n’auront pas d’autre issue que de renforcer les mesures répressives et l’austérité. Or, en cette période de montée des luttes ouvrières, ils risqueraient de se voir contester par les masses qui d’ordinaire les soutiennent. Il y a aujourd’hui un fort mouvement populaire hostile à la conduite du compromis historique. Et cette hostilité, on l’a rencontrée, à Bologne comme à Rome, lors de la manifestation des métallos. On peut donc très bien imaginer que le PCI demande aujourd’hui d’autant plus durement d’aller au pouvoir qu’il sait très bien qu’il n’y sera pas accepté» (RM, pág. 170). 406 «Mais voilà, le consensus ne tient pas! Dans la mesure où le PCI ne propose aucune alternative crédible, dans la mesure où se trouve mise à nu sa politique réelle, qui tend à renforcer le pouvoir en place, il sera conduit de plus en plus 274 Precisamente esta fracasada política de consensos407 es la que denuncia Guattari como cómplice de una represión que aumentaba proporcionalmente a como se agravaba la crisis, escindiendo al mismo tiempo a la izquierda entre una supuesta «responsabilidad» (la colaboración con la derecha) y el llamado al orden de los PC, y la criminalización por parte de socialdemócratas y eurocomunistas. Mientras, la violencia real se recrudecía: La violence augmente en Europe proportionnellement à l’aggravation de la crise économique et sociale. La première des violences est celle de la restructuration capitaliste, qui condamne à la misère des milliers de familles, détruit des secteurs entiers de la production; c’est la violence du pouvoir qui emprisonne des centaines de jeunes travailleurs, d’étudiants, parce qu’il se révoltent contre la condition qui leur est imposée, alors qu’on laisse courir les grands voleurs d’État (où en est, par exemple, l’affaire Lockheed?). Aujourd’hui, des régions entières de l’Italie et de la France se décomposent économiquement et culturellement, les grands partis de gauche, à commencer par le PCI et le PCF, restent impuissants en face d’une telle dégradation! Dans ces conditions, à criminaliser toute manifestation de déviance et d’extrémisme, allant même, comme on l’a vu, jusqu’à recommander dans L’Unità la dénonciation des “mauvais ouvriers”.» (RM, pág. 171). 407 «[C]e qui compte, aujourd’hui, c’est la nouvelle technologie du “rétablissement de l’ordre”, cette espèce de coup de force libidinal permanent, dont le prototype est celui de l’image de télé, qui conduit à l’investissement insidieux de la visagéité vide et suffisante du pouvoir, et permet de faire accepter passivement les énoncés les plus manifestement mystificateurs, par exemple sur la situation économique, le chômage, sur la portée du lest jeté parci, par-là… Il convient que les braves gens de France soient bien persuadés d’une chose, c’est que, quelle que soit l’impasse existante dans quelque domaine que ce soit, rien ni personne ne pourra rien y changer de fondamental et surtout pas un gouvernement Mitterrand, sous la présidence de Giscard et avec la bénédiction de Marchais —ce qui constitue, tout de même, l’alternative la plus extrême qui se puisse imaginer!» (RM, págs. 282-3). 275 comment s’étonner que des milliers de jeunes soient tentés de se lancer dans des actions désespérées?408 Sin embargo, retornemos sobre la cuestión del papel que la izquierda tradicional, «oficial», había asumido, de manera semejante a como lo había hecho su homóloga francesa en el 68: La déconfiture du «Compromis historique» en Italie, et du «Programme Commun» en France, ont eu pour conséquence immédiate de décourager profondément les diverses avant-gardes de l’extrême gauche européenne. Depuis quelques années, s’est dissipé, en France et en Italie, un immense espoir de changement. Qu’ont donc fait les partis communistes et les groupes d’extrême gauche dans ces pays? Les premiers se sont embourbés dans une politique de compromis démobilisatrice; les seconds ont été incapables de sortir de leur ghetto idéologique et social. En Italie, le pouvoir cherche à profiter au maximum de cette situation. Tout laisse penser qu’il va tenter d’imposer cette situation des réformes institutionnelles pour mettre l’Italie «à la hauteur de l’Europe», ce qui reviendrait à liquider les conquêtes populaires de ces trente dernières années. Toutefois, les jeux ne sont pas complètement faits. Tout dépend encore de la capacité de la gauche et de l’extrême gauche à sortir de leur paralysie.409 3.2.2. NUEVOS DESARROLLOS ANTI-ESTRUCTURALISTAS (Y CONTRA EL POST-MODERNISMO.— Estructuralismo Antes de abordar la formulación guattariana de la «enunciación colectiva» y sus nuevas aportaciones a la teoría de 408 RM, págs. 189-90. A pesar de no poder detenernos en esta cuestión, quisiéramos aclarar que Guattari se muestra siempre como un crítico feroz de toda forma de terrorismo. 409 RM, pág. 190. 276 los grupos, es preciso detenernos en otra empresa en la que Guattari sigue profundizando en estos años, como son sus críticas al Estructuralismo (el Sí que se proclama tras el martillo del No). Si bien éstas continúan las ya formuladas en pleno auge del paradigma estructural, a lo largo de los años 70 estas críticas proliferan en los más variados textos y contextos, aumentando además su crudeza y el carácter general de su juicio: Guattari habla mucho más de «Estructuralismo» como tal, y lo hace como paradigma y problema. En primer lugar, y de manera más general, el Estructuralismo es una máquina productora de ilusiones, un laberintos de espejos. En un epígrafe titulado «La maladie du signifiant», parte de «La valeur, la monnaie, le symbole», expuesto en un congreso de la École freudienne de Paris en noviembre de 1973, la claridad de Guattari es incontestable: Il n’y a pas de raison pour que les sciences économiques échappent à la maladie qui dévaste, depuis un certain temps, les sciences du langage, l’anthropologie, la psychanalyse, etc.: j’ai nommé le structuralisme. Cette nouvelle idée fixe consiste à interpréter toutes les strates du socius à partir d’une écriture unique, constituée de chaînes signifiantes imputrescibles, éternelles. Quant à l’histoire, elle aura à s’écrire comme elle pourra, avec les invariants de base que cette langue-texture-du-monde lui propose. Les responsables de cette maladie semblent être un virus (la théorie de l’information) et un agent infectieux (la linguistique phonologique).410 El «primer síndrome» de tal enfermedad es la «ilusión interpretativa», según la cual todo hecho social, mítico, imaginario o de cualquier tipo resulta susceptible de ser expresado por el lenguaje y pasa a tratarse como «estructurado como un lenguaje». Segundo síndrome: toda secuencia de lenguaje puede ser analizada en cadenas de valores diferenciales, 410 RM, pág. 463. 277 consideradas como dependientes de una fórmula significante universal. «Pronostic: mauvais»411. Al considerar como «estructurable» todo hecho social («c’est-à-dire coupé de ses agencements d’énonciation réels, de son contexte économique et social et de ses champs politiques et micropolitiques»412, la ciencia se fait l’alibi de la irresponsabilidad de los investigadores, abriéndose así una escisión fundamental: «Si le désir, comme nous sommes fondés à le penser, fait craquer les codes; s’il est investissement de rupture de codes, une économie de désir ne pourra que se mettre en travers d’une économie de pouvoir.»413. Este principio, criticado en el campo económico414, tiene un correlato lacaniano claro: On reconnaît ici une expression chère à la psychanalyse structuraliste: tu pataugeras toute ta vie dans la demande, ou tu accepteras de passer sous les fourches [caudines] de la castration symbolique, seul accès possible au désir impossible.415 En última instancia, nos dice Guattari, lo que favorece el desconocimiento de los valores de deseo, perpetuando la oposición entre valor de uso y valor de cambio, es la confusión 411 Ibidem. 412 Ibidem. 413 RM, pág. 464. 414 «Quand les économistes parlent de désir —ça leur arrive—, c’est pour lui faire une toute petite place, et encore, à condition qu’ils aient d’abord réussi à loger tous les “besoins fondamentaux”. Le désir n’est plus qu’une sorte de piment pour “faire passer” la demande. Voici, par exemple, en quels termes il en est question dans un dictionnaire économique: la valeur d’usage est déterminée par le goût, le besoin ou l’habitude, tandis que la valeur d’échange l’est par la “désirabilité” qu’un bien offre pour tout le monde. Est désirable, donc, ce qui est invariant dans l’échange. Ainsi, on peut considérer que le structuralisme se constitue implicitement dès que l’échange entend s’emparer du désir. Et pourtant, beaucoup de gens ne veulent pas entendre parler d’échange, refusent de demander quoi que ce soit à quiconque… Est-ce que cela signifie qu’ils n’ont pas “accès au désir”?» (RM, pág. 464). 415 Ibidem. 278 generalizada acerca de los componentes semióticos que unos y otros ponen en juego. La economía, desde la perspectiva guattariana, no puede arrogarse ninguna autonomía416 («Il faudrait dire la même chose, et pour les mêmes raisons, de la linguistique, de la sociologie, de l’urbanisme, etc.»417): En fait, tous les niveaux sont intriqués et le nouveau style des luttes sociales de désir nous l’indique chaque jour plus clairement: la question n’est plus aujourd’hui d’articuler une micro-économie à une macroéconomie, mais de s’appuyer sur une micropolitique du désir pour tenter de dégager une énergie capable de faire basculer enfin des structures politiques et sociales qui, paradoxalement, semblent se renforcer à mesure 416 «Au fur et à mesure que sont déterritorialisés les moyens d’échange, on est passé de modes d’asservissement imaginaires à des modes d’asservissement signifiants, puis à des modes d’asservissement de type cybernétique. Mais on a cumulé les effets des uns et des autres, de sorte que l’hégémonie de l’échangisme généralisé —des flux décodés— n’a fait que renforcer la sérialisation économique des individus et a pénétré toujours plus profondément les strates biologiques et les strates du socius. Il ne s’agit pas simplement d’une prise de pouvoir abstraite, fondée sur la pure écriture que serait le Capital. Ce qui est mis en jeu, au niveau de chacune de ces stratifications, ce sont de multiples formations de pouvoir. Certes, il s’agit en premier lieu du pouvoir d’État comme lieu de convertibilité générale de tous les systèmes de valeurs économiques, symboliques, signifiantes et de désir, mais il s’agit aussi du rhizome tentaculaire des formations de pouvoir — liées à des ensembles sociaux allant des plus larges aux plus restreints— qui miniaturisent et approfondissent cette convertibilité jusqu’à un quadrillage et un contrôle systématique de tous les systèmes singuliers de valeurs. L’industrie du spectacle, par exemple, appuyée sur les mass médias organisera les lieux de convertibilité de toutes les représentations imaginaires ; tandis que la famille et l’école se chargeront de la traductibilité sémantique et de la mise en coupe signifiante de toute expression de l’enfant, etc. Toutes ces formations de pouvoir s’étayent les unes les autres, de sorte qu’on ne peut pas considérer que l’échangisme généralisé soit uniquement le fait de la sphère économique. De ce point de vue, l’économie ne peut prétendre à aucune autonomie.» (RM, págs. 467-8). 417 RM, pág. 468. 285 Así por ejemplo, en «Pour une micropolitique du désir»427, destaca la manera en la que los diferentes estructuralismos reducen los fenómenos sociohistóricos según una mecánica échangiste (el lenguaje a partir de un sistema lógico, el deseo a partir de una batería significante generadora de fantasmas); en resumen, todo «consiste toujours à essayer d’éviter la mise en question des functions de pouvoir qui contrôlent le champ social à tous les niveaux»428. Lo que debemos poner en cuestión, continúa, no es la puesta en día de un formalismo universal en cuanto que tal, sino la manera en la que un sistema de poder es conducido a utilizar los medios de una formalización significante para unificar todos los modos de expresión y conducirlos (reducirlos) hacia «valores fundamentales», «c’est-à-dire le respect des biens, des personnes, des rangs, des hiérarchies sexuelles et raciales, des classes d’âge, du “droit” à 427 El texto comienza diciendo: «Les analyses structuralistes s’efforcent de masquer la dualité fondamentale entre le contenu et l’expression, en ne portant attention qu’à l’expression, en mettant entre parenthèses le contenu, en considérant qu’il est légitime de diviser le travail portant sur le contenu de celui portant sur l’expression. C’est une façon d’organiser la méconnaissance des origines politiques de la formalisation des contenus. Il faudrait ici opposer une généalogie politique des contenus significatifs aux procédés d’engendrement des énoncés des grammaires transformationnelles et génératives. Pour les structuralistes, la composante sémantique ne semble pas poser de problème. Elle apparaît, ou n’apparaît pas, à un carrefour ou à un autre mais elle va de soi, elle est donnée d’emblée, elle n’est jamais remise en question en tant que telle. On ne se préoccupe pas de déterminer le mode particulier de structuration de chaque type de contenu, on feint de considérer que le problème de leur formalisme ne se pose qu’à partir du moment où ils sont pris dans le rapport expression-contenu, et tout ce qui concerne la détermination de l’origine de ce formalisme est alors transféré sur le signifiant, sur les chaînes signifiantes. Et pourtant, c’est toujours un ordre politique et social particulier qui les modèle. Il n’y a rien de mécanique dans la structuration des contenus : le champ social n’est pas un contenu super structural déterminé mécaniquement par une infrastructure économique, pas plus que ne l’est le champ sémantique par une structure signifiante, ou les différentes manifestations d’une société primitive par des structures élémentaires de la parenté…» (RM, pág. 409). 428 RM, pág. 410. 286 l’expropriation des travailleurs des moyens de production pour les classes dominantes, etc.»429. Las Estructuras no existen más que en la esquematización del estructuralista430, cuya ambición parece total o infinita (el Todo reducido al Edipo, al Sistema-Lengua, a las determinaciones de la Teoría, al esquema greimasiano), y ciertamente lo es; el problema, sin embargo, radica en el empobrecimiento que traen estos mecanismos de reducción generalizada, universalizada: L’ambition du quadrillage psychanalytique est sans limite ; en droit, rien ne devrait lui échapper, sa volonté d’hégémonie vise à tout à la fois, la folie, le rêve, les déviations de toutes sortes, l’art, l’histoire, le monde primitif et jusqu’aux séquences les plus minimes de la vie quotidienne, tel qu’un lapsus ou un acte manqué. Tout non-sens devrait ainsi se plier à ses grilles 429 Ibidem. 430 «On n’a donc jamais affaire, en réalité, à une structure en soi, à une sorte de jeu d’échecs idéal, à une matrice logique qui modèlerait les contenus significatifs. Avant d’être structurés par le langage, ou “comme un langage”, les contenus sont structurés par une multitude de niveaux micropolitiques. Corollaire: c’est précisément ce qui justifie qu’une action révolutionnaire micropolitique permette de relativiser les “significations dominantes” et de neutraliser les formes d’évidences et de contraintes qui sont mises en avant par les structuralistes. Nier la fonction du pouvoir dans la représentation implique un refus de l’engagement micropolitique partout où il est requis, c’est-à-dire partout où il y a effet de signification. Il conviendrait donc de se défaire de l’opposition massive entre le contenu et l’expression, qui aboutit à les couper l’un de l’autre et à les laisser, en quelque sorte, indépendants l’un de l’autre, pour, au contraire, chercher les points d’articulation, les points d’antagonismes micropolitiques à tous les niveaux. Chaque formation de pouvoir organise un système de redondance de contenu. La machine d’expression, qui surplombe l’ensemble de ces formations, n’est là que pour normaliser les formalisations locales, pour traductibiliser, centraliser, une signification invariante reconnue par l’ordre dominant, mettre à jour un consensus, ce que Hjelmslev désigne comme niveau de la substance immédiate et qu’il définit comme étant une aperception collective.» (RM, págs. 410-1). 287 explicatives et entrer dans le registre de sa compréhension.431 Lo que aquí presenciamos, en el cambio epocal de los Lévi-Strauss, Lacan y Althusser a los Guattari, Deleuze o Lyotard, no puede sin embargo reducirse al paso de una neurosis homofílica a una heterofilia esquizoide. Y es que: Comme si la folie ne résidait pas d’abord, et avant tout, au cœur de l’ordre capitaliste en tant que tel! Comme si la raison n’était pas à saisir d’abord, et avant tout, au cœur du désir le plus fou! Le désir n’est pas nécessairement un perturbateur, un anarchiste. Un désir libéré des tutelles du pouvoir se révèle plus réel, plus réaliste, meilleur organisateur, mécanicien mieux accompli, que le rationalisme délirant des planificateurs et des tenanciers du système actuel. La science, l’innovation, la création prolifèrent du côté du désir et non du côté du pseudo-rationalisme des technocrates.432 El Estructuralismo es una gigantesca máquina de empobrecimiento del phylum maquínico de la proliferación plurívoca de los agenciamientos: Peu importe l’étalon, qu’il s’agisse du Signifiant, de la Libido ou d’une unité d’échange matrimonial ; la méthode est la même, ce qui doit être retenu, c’est l’idée qu’il y aurait à découvrir un référent univoque, 431 RM, pág. 414. Y continúa: «Considérons l’exemple de l’homosexualité: la psychanalyse la classe dans les perversions; elle la définit comme une fixation à un stade infantile, stade qui sera lui-même défini comme prégénital et “pervers polymorphe”. Ainsi que par le biais d’une description soi-disant objective, seront cautionnés implicitement une norme, une génitalité de droit, un droit de cité pour le désir disqualifiant d’emblée celui de l’enfant, de l’homosexuel, du fou et de proche en proche, celui de la femme, du jeune qui n’a pas encore pleinement accepté la perspective conjugalo-familiale, etc.» (ibidem). 432 RM, págs. 415-6. 288 un invariant transcendant, non significatif, chargé de rendre compte de l’ensemble des arrangements significatifs. On part à la recherche d’une mécanique —pas d’une machine, c’est très différent!— qui fixerait les flux, déterminerait des carrefours, identifierait des points fixes, stabiliserait des structures, donnerait le sentiment rassurant qu’on tient, enfin, quelque chose d’un peu éternel dans les sciences humaines et, du même coup, dégagerait les chercheurs de leur responsabilité politique. C’est dans cette direction qu’on pourrait peut-être saisir un trait commun aux différentes disciplines procédant de ce genre de méthode et trouver la clef des motivations de certaines rencontres, à première vue peu évidentes, comme celle de la psychanalyse et du comportementalisme de Bateson, dans l’anti-psychiatrie de Laing, celle d’une linguistique dominée par la phonologie diachronique et de la psychanalyse lacanienne, celle de la tradition épistémologique et du marxisme d’Althusser, etc.433 Al fin, lo que los estructuralistas buscan es poder aprehender cualquier situación compleja con una fórmula simple, pues «[c]e qu’elles nous restituent correspond à une sorte de vision technocratique du monde, que perd en cours de route l’essentiel des situations d’origine. Par essentiel, j’entends tout ce qui relève du désir». Antipsiquiatría A lo largo de estos años, Guattari ataca repetidamente muchos de los fundamentos y prácticas de la antipsiquiatría anglosajona (no así la italiana, en especial la relacionada con la figura de Basaglia). Sin resultar ésta una crítica que ocupe un lugar excesivamente relevante en la teoría psicoanalítica guattariana, sí conviene resumir su postura dados los confusos parentescos que en repetidas ocasiones se señalan entre su «schizo-analyse» y la anglosajona anti-psychiatry. 433 RM, pág. 421. 289 Al ocuparse de diferentes tendencias psiquiátricas europeas alternativas al sistema clásico, y que comienza por la multitud de grupos desarrollados a partir de Mayo del 68, Guattari habla también de las tentativas de Mony Elkaïm en Nueva York y Bruselas, las experiencias del SPK (Sozialistisches Patientenkollektiv) en Heidelberg y el grupo creado en torno a Giovanni Jervis en Italia, sin evitar una crítica al grupo de Basaglia. Sin embargo, Guattari destaca cómo «Psychiatria Democratica a pu d’autant mieux se développer qu’elle a su gagner l’écoute immédiate d’organisations ouvrières, de comités d’entreprises, de syndicats, de partis de gauche qui étaient ainsi déjà sensibilisés à ce type de problèmes»434. Resulta necesario subrayar lo poco dogmático de estas críticas guattarianas, que se centran en cómo los límites de estas escuelas y experiencias radican en su falta de apoyos: («C’est ce qui s’est passé en Angleterre et en Italie: Laing, Cooper, Basaglia, Jervis, ont d’abord commencé par cette action réformiste, puis ils ont dû y renoncer, faute des soutiens nécessaires.»435). Sea como fuere, a Guattari le interesa desmarcarse de cualquier corriente «antipsiquiátrica», si bien las diferencias que quiere reseñar respecto de Basaglia o Jervis no son tanto las de un «clivage d’idées, mais une différence de style»436, siendo invitados ambos, al igual que Laing y Cooper, a escribir en Recherches. Con todo, en entrevista para Le Magazine littéraire en 1976, no duda en responder lo siguiente: [P] L’anti-psychiatrie, qu’est-ce c’est ? [R] D’abord un phénomène littéraire, mass-médiatique, se développant à partir de ces deux foyers anglais et italiens, mais qui a révélé qu’il existait, pour s’intéresser à ces questions-là, une opinion publique importante, dans le cadre de cette ‘nouvelle culture’ qui commençait à apparaître au grand jour alors qu’il faut 434 RM, pág. 269. 435 RM, pág. 271. 436 RM, pág. 257. 290 avouer que jusqu’alors, tout ce qu’on avait pu en dire, écrire ou faire en France pour dénoncer la psychiatrie n’intéressait que quelques malheureux infirmiers, quelques dizaines de psychiatres. L’anti-psychiatrie a vraiment fait la percée dans le grand public. Aujourd’hui aucun des «inventeurs» de l’antipsychiatrie ne s’en réclame plus. Laing dit: «Moi, je n’ai jamais parlé de ça». Basaglia considère que c’est une mystification qu’il faut dénoncer. Pendant ce temps-là, en France, elle est devenue une sorte de genre littéraire et cinématographique. On peut maintenant se faire une carrière littéraire, en publiant un petit livre style «Je ne serai jamais plus psychiatre», «Je ne serai plus jamais infirmier», «Je ne serai plus jamais fou»… Des groupuscules se sont mis dans le sillage, comme Poulidor dans celui de la roue de Merckx. Mais ce qui a vraiment été important, c’est que l’anti-psychiatrie a marqué un début de prise de conscience, non seulement dans le grand public, mais même chez ceux que l’on est convenu d’appeler «les travailleurs de la santé mentale». La découverte de la jonction entre la répression psychiatrique et les autres formes de répression a été, à mon avis, un phénomène décisif, dont on n’a pas fini de mesurer les conséquences. Cependant cette prise de conscience a été à son tour récupérée partiellement par certains courants psychanalytiques à qui ça ne coûtait rien de dire que la psychiatrie était une infamie. Sous-entendu: nous, avec notre petit divan, nous guérissons le monde sans y toucher et sans faire de mal à personne…437 Estas críticas, que se extienden a Mayo del 68 («Il faut donc se méfier des illusions retroactives de la mémoire!»438), se aplican de hecho al propio L’Anti-Œdipe: 437 RM, págs. 257-8. 438 RM, pág. 259. 291 [P] Mais elle [el psicoanálisis] a subi quelques dommages, et ce principalement grâce à Deleuze et à vous, à votre livre L’Anti-Œdipe. [R] Pure illusion! Les psychanalystes y sont restés imperméables. Tout à fait normal : allez donc demander à des bouchers de cesser, pour des raisons théoriques, de vendre de la viande. Ou de devenir végétariens! Et du côté des consommateurs, il ne faut pas croire que la psychanalyse est inefficace. Cela marche admirablement! Les gens en demandent et en redemandent. Et ils ont raison de payer cher pour ça, puisque ça marche. Un peu comme une drogue. Et puis cela procure une petite promotion sociale qui n’est pas négligeable. L’Anti-Œdipe a à peine fait un petit courant d’air. Ce qui est drôle, c’est le mot d’ordre d’une société psychanalytique, à la sortie du livre «Surtout n’en parlez pas, ça se passera tout seul». C’est ce qui est arrivé ! Non, le résultat plus tangible de l’Anti-Œdipe, c’est d’avoir court-circuité la connexion psychanalyse-gauchisme.439 3.2.4. MICROPOLÍTICA Y FASCISMO.— La cuestión micropolítica, una de las más características formulaciones políticas guattarianas, acostumbra a asociarse a un Guattari más maduro, el de los escritos políticos de los últimos años 70. La noción conocerá ulteriores abordajes en entrevistas e intervenciones durante toda la década de los 70, hasta encontrar en Mille plateaux algunos de sus desarrollos más fructíferos. Concretamente, aflora en las mesetas «28 novembre 1947 — Comment se faire un Corps sans Organes?»440, «1933 — Micropolitique et segmentarité»441 y la extensa «1730 — Devenirintense, devenir-animal, devenir-imperceptible…442». La más 439 MP, pág. 263. 440 En concreto, en las págs. 203-4. 441 En este caso, y como resulta obvio por su intitulado, aquí debemos remitir a la meseta al completo: MP, págs. 253-83. 442 En este caso, cf. págs. 356-8. 292 interesante para nuestro trabajo es la segunda, en donde nos encontramos con la noción de «segmentariedad»: On est segmentarisé de partout et dans toutes les directions. L’homme est un animal segmentaire. La segmentarité appartient à toutes les strates qui nous composent. Habiter, circuler, travailler, jouer: le vécu est segmentarisé spatialement et socialement. La maison est segmentarisé suivant la destination de ses pièces; les rues, suivant l’ordre de la ville; l’usine, suivant la nature des travaux et des opérations.443 La máquina-Estado nos segmentariza binariamente (proletario-burgués, hombre-mujer, adulto-niño…), circularmente (mis asuntos, los de mi barrio, los de mi ciudad, los de mi país, los del mundo….) y linealmente (según una línea recta cuyos segmentos representan episodios o procesos, procesos familiares, escolares, laborales, etc., siempre habiendo de acabar uno para comenzar el siguiente). A pesar de que la noción de segmentariedad fue formulada por los etnólogos para dar cuenta de sociedades llamadas primitivas, en realidad «il s’agit de notre vie»444. El sistema político moderno es una totalidad global, unificada y unificadora, pero se trata de una totalidad construida sobre la base de toda una red de subsistemas yuxtapuestos, imbricados, ordenados, y ello no es menos cierto en el sistema capitalista que en el soviético: 443 MP, pág. 254. 444 Ibidem. «L’opposition classique entre le segmentaire et le centralisé ne semble guère pertinente. Non seulement l’État s’exerce sur des segments qu’il entretient ou laisse subsister, mais il possède en lui-même sa propre segmentarité, et l’impose. Peut-être l’opposition que les sociologues établissent entre segmentaire et central a-t-elle un arrière-fond biologique: le ver annelé, et le système nerveux centralisé. Mais le cerveau central est luimême un ver, encore plus segmentarisé que les autres, malgré et y compris toutes ses vicariances. Il n’y a pas d’opposition entre central et segmentaire.» (MP, pág. 255). 293 La technocratie procède par division du travail segmentaire (y compris dans la division international du travail). La bureaucratie n’existe que par ses bureaux cloisonnés, et ne fonctionne que par les «déplacements de but» et les «dysfonctionnements» correspondants. La hiérarchie n’est pas seulement pyramidale, le bureau du chef est au bout du couloir autant qu’en haut de la tour. Bref, on dirait que la vie moderne n’a pas destitué la segmentarité, mais au contraire l’a singulièrement durcie.445 Ello resulta todavía más claro en el caso de la segmentariedad circular, llevada a su extremo en el Estado moderno: [L]e pouvoir du chamane est encore tout localisé, étroitement dépendant d’un segment particulier, conditionné par les drogues, et chaque point continue à émettre ses séquences indépendantes. On n’en dira pas autant des sociétés modernes ou même des États. Certes, le centralisé ne s’oppose pas au segmentaire, et les cercles restent distincts. Mais ils deviennent concentriques, définitivement arbrifiés. La segmentarité devient dure, dans la mesure où tous les centres résonnent, tous les trous noirs tombent en un point d’accumulation, comme un point de croisement quelque part derrière tous les yeux. Le visage du père, le visage de l’instituteur, le visage du colonel, du patron, se mettent à redonder, renvoient à un centre de signifiance qui parcourt les divers cercles et repasse sur tous les segments. Aux micro-têtes souples, aux visagéifications animales, se substitue un macro-visage dont le centre est partout et la circonférence nulle part. On n’a plus n yeux dans le ciel, ou dans des devenir végétaux et animaux, mais un œil central ordinateur qui balaie tous les rayons. L’État central ne s’est pas constitué par l’abolition d’une segmentarité circulaire, 445 MP, págs. 255-6. 294 mais par concentricité des cercles distincts ou mise en résonance des centres.446 Para comprender tal Sistema, sin embargo, no basta con confrontar centralidad y segmentariedad (como tampoco con diferenciar dos segmentariedades, la primitiva y la moderna), pues ambas conviven en nuestro tiempo. Que persista una segmentariedad dúctil no significa que en nosotros sobreviva un «salvaje», sino que ésta es radicalmente actual, si bien inseparable de cualquier segmentariedad «dura»: Toute société, mais aussi tout individu, sont donc traversés par les deux segmentarités à la fois: l’une molaire et l’autre moléculaire. Si elles se distinguent, c’est parce qu’elles n’ont pas les mêmes termes, pas les mêmes relations, pas la même nature, pas le même type de multiplicité. Mais, si elles sont inséparables, c’est parce qu’elles coexistent, passent l’une dans l’autre, suivant des figures différentes comme chez les primitifs ou chez nous —mais toujours en présupposition l’une avec l’autre.447 «Bref», continúan diciendo, «tout est politique, mais toute politique est à la fois macropolitique et micropolitique»448. He aquí, al fin, la noción. Ni siquiera en el más totalizante de los conjuntos, del tipo que fueren, dejan de coexistir con su organización molar un mundo de micro-percepciones 446 MP, pág. 257. En nota, hacen la siguiente apostilla: «L’État ne se définit donc pas seulement par un type de pouvoirs, publics, mais comme une caisse de résonance pour les pouvoirs privés aussi bien que publics. C’est en ce sens qu’Althusser peut dire: “La distinction du public et du privé est une distinction intérieure au droit bourgeois, et valable dans les domaines subordonnés où le droit bourgeois exerce ses pouvoirs. Le domaine de l’État lui échappe car il est au-delà du Droit. […] Il est au contraire la condition de toute distinction entre public et privé” (“Idéologie et appareils idéologiques d’État”, La Pensée, juin 1970).» (MP, pág. 257, n. 6). 447 MP, pág. 260. 448 Ibidem. 301 4. DE LO MOLECULAR A LO CAÓSMICO. La última fase del pensamiento guattariano viene marcado por su profunda inclinación estética, una Estética que se convierte en verdadero paradigma epistemológico en un proyecto que, como hemos venido insistiendo a lo largo de todo este trabajo, se reviste de una gran coherencia. Desde la depresión de los «años de invierno», Guattari levanta la cabeza y construye un proyecto positivo que encardina tanto su crítica al Capitalismo Mundial Integrado como su interés y participación en las nuevas militancias ecologistas: la ecosofía. En el contexto de esta última reformulación epistémica, la ambición teórico-formal de Guattari llega a su culmen en las propuestas de Cartographies schizoanalytiques, Les Trois écologies y Chaosmose, filosofía y estética de un caósmosis que informa la obra completa de Guattari: caos, cosmos, composición. 302 303 4.1. LOS AÑOS DE INVIERNO, LA ECOSOFÍA.— La década de los 80 nos muestra cómo decaen las esperanzas de Guattari, para finalmente, y no sin un poco (o mucho) de voluntad, ser reconstruidas de nuevo. En el fondo, Guattari nos debiera tener acostumbrados a esto: por una parte, su trayectoria política y personal está llena de terribles golpes y voluntariosas reconstrucciones. Además, no podemos dejar de notar que este movimiento tiene otro eco en nociones que se conforman en estos años, como la de «caosmosis», donde se reúnen entropía y esperanza, voluntad y nada, alegría y muerte. Los años 80 fueron années d’hiver para Guattari, que cayó preso de diferentes procesos de depresión. Fueron années d’hiver también para el mundo, marcado por los gobiernos de Thatcher y Reagan, en la expansión de lo que Guattari llamaba Capitalismo Mundial Integrado. Sea como fuere, son también años de lucha y de descubrimientos, y de nuevo tanto para Guattari como para el mundo: él viaja mucho (Brasil, Japón…), y también escribe, al tiempo que el extraño mundo de aquellos días devolvía imágenes de esperanza, como la posibilidad de un nuevo Brasil con la emergencia del PT. Por lo que se refiere a su discurso, durante sus últimos años observamos no un cambio sino la maduración de un devenir que venía marcado ya desde los años 70, y que hace coincidir la progresiva «liberación» del lexicón lacaniano con una penetración extrema en el campo de juego hjelmsleviano y pierceano. Este fenómeno, directamente relacionado con su teorización de la «pragmática» durante los años 70, llegará a su fruto más maduro en 1989 con Cartographies schizoanalytiques, tal vez el libro más complejo de cuantos Guattari escribió. Pero ese mismo año de 1989 es también el año de publicación de Les Trois écologies. La ecología será la última gran causa política de Guattari. Como saben todos los lectores de este pequeño ensayo, reducir a política la cuestión ecosófica implica sin duda hacerle un flaco favor, pero creemos que es relevante no perder de vista el correlato militante, vital, que todo 304 ello tenía para Guattari, quien no había dejado de hacer política desde la Libération, casi medio siglo atrás. En este sentido, resultan muy interesantes las reflexiones de Bifo al respecto de la «fe» que Guattari pudiese tener en la causa ecologista y por sus organizaciones, principalmente Les Verts y Génération Écologie, partidos ambos en los que nuestro filósofo militará (Guattari, de hecho, se presenta a las elecciones regionales de 1992). Veamos lo que dice Bifo: […] I sensed and was convinced that in the final decade of his life, Guattari had at several points undertaken a political commitment in which he did not deeply believe, that is, seeming to him to be his duty to «hold on», that he needed to get past this rather difficult, regressive period, etc. And I perceived a kind of exhaustion in his will to maintain a position. So in this phase of the Guattarian itinerary, what seemed to me to be missing —as it seems missing in much of Toni Negri’s thought— is a reflection about depression. While one would need to enter more fully into this concept, depression basically is a disinvestment of libidinal energies in facing the future, in facing the world. Naturally it’s a question of a pathology, but not only that. Or rather, in short, the pathology is not something to be undervalued.462 Con independencia del juicio (y del corolario) de Bifo, cabe asombrarse ante la entereza y el valor moral de Guattari. Sea como fuere, no cabe dudar de que esta cuestión resultaba central para el Guattari de estos años, que traza en torno a ello un proyecto que, como apunta astutamente Watson, «characteristically aims large but thinks small»463. Y es que, 462 BIFO, «Interview with Franco Berardi (Bifo) by Giuseppina Mecchia, Bologna, 11 July 2005», pág. 158. Estamos preparando un pequeño texto a este respecto. 463 «The ecosophic map does not just draw an image of the territories involved, it also reproduces and transforms the territories, indicating deterritorializing lines of flight, and identifying potentially dangerous reterritorializations. This is Guattari's final militant cause, and one which characteristically aims large but thinks small. Ecosophy, as the globalized incarnation of molecular revolution, targets all of existence, one molecule at a time, with the aid of ontological diagrams whose purpose is to map, which is to say revolutionize, the complex connections between the machinic unconscious, autopoietic 305 siempre desde lo más pequeño, siempre desde lo molecular, Guattari formula su propuesta «ecosófica» frente a la amenaza global que el Capitalismo Mundial Integrado suponía (y supone) para nuestro planeta: Bien qu’ayant récemment amorcé une prise de conscience partielle des dangers les plus voyants qui menacent l’environnement naturel de nos sociétés, elles se contentent généralement d’aborder le domaine des nuisances industrielles et, cela, uniquement dans une perspective technocratique, alors que, seule, une articulation éthicopolitique —que je nomme écosophie— entre les trois registres écologiques, celui de l’environnement, celui des rapports sociaux et celui de la subjectivité humaine, serait susceptible d’éclairer convenablement ces questions.464 La ecosofía implica una reflexión sobre el capitalismo y sus límites. Así, nos dice Guattari, «Tchernobyl et le Sida nous ont brutalement révélé les limites des pouvoirs technicoscientifiques de l’humanité et les “retours de manivelle” que peut nous réserver la “nature”.»465 Pero lo que él propone no son tácticas defensivas, sino una estrategia ofensiva: A l’avenir, ce ne sera plus seulement une défense de la nature qui sera en question, mais une offensive pour réparer le poumon amazonien, pour faire refleurir le Sahara. La création de nouvelles espèces vivantes, végétales et animales est inéluctablement à notre horizon et rend urgente non seulement l’adoption d’une éthique écosophique adaptée à cette situation à la fois terrifiante et fascinante mais également une politique focalisée sur le destin de l’humanité.466 La posición ecosófica no puede ser defensiva (reactiva) ni dialéctica. De lo que Guattari nos habla, condensando muchas de sus reflexiones desde los años 60 acerca del centralismo democrático, los grupos-sujeto y la enunciación colectiva, es de la posibilidad de una nueva militancia: subjectivity, and the cosmos.» (WATSON, Guattari’s Diagrammatic Thought, op. cit., pág. 185). 464 TE, págs. 12-3. 465 TE, pág. 32. 466 TE, pág. 60. 306 L’éco-logique n’impose plus de «résoudre» les contraires, comme le voulaient les dialectiques hégéliennes et marxistes. En particulier dans le domaine de l’écologie sociale, il existera des temps de lutte où tous et toutes seront conduits à se fixer des objectifs communs et à se comporter «comme de petits soldats» —je veux dire, comme de bons militants, mais, concurremment, il existera des temps de resingularisation où les subjectivités individuelles et collectives «reprendront leurs billes» et où, ce qui primera, ce sera l’expression créatrice en tant que telle, sans plus de soucis à l’égard des finalités collectives. Cette nouvelle logique écosophique, je le souligne, s’apparente à celle de l’artiste qui peut être amené à remanier son œuvre à partir de l’intrusion d’un détail accidentel, d’un événement-incident qui soudainement fait bifurquer son projet initial, pour le faire dériver loin de ses perspectives antérieures les mieux assurées.467 Se trata de olvidar las fórmulas ideológicas (las recetas), para abrirse a la plurivocidad de la enunciación colectiva que se juega en el cruce entre una subjetividad naciente, un socius mutante y un medio ambiente «au point où il peut être réinventé»468. 467 TE, págs. 46-7. 468 TE, pág. 72. 307 4.2. CHAOSMOSE Y EL «PARADIGMA ÉTICO-ESTÉTICO».— El proceso existencial469 de la producción caósmica de la subjetividad ocupa al Guattari de Cartographies schizoanalytiques (1989), Les Trois écologies (1989) y Chaosmose (1992). En ellos, a las referencias hjelmslevianas y peirceanas se les suman las de Bateson, Varela, Maturana, Prigogine y Stengers, en una lucha que no deja de ser la de siempre. Guattari ha elegido la vida: Unlike Lacan, who renounced biology and energetics in favor of the signifier, Guattari chooses life. Lacan finds order in the unconscious by choosing structure. Guattari chooses biology and energetics, convinced that life itself is a matter of creating order from chaos. For Guattari, to choose structure is to opt for entropy, which leads to disorder, and eventually death. This is the high price of reductionism. […] Too many social scientists sought scientific legitimacy by positing an energetic base, a tendency that Guattari calls «the disease of entropism».470 Como indica Genosko, Chaosmose, su última obra, se encuentra llena de ritornelos («his criticism of linguistic semiology and structuralism in the name of a-signifying phenomena; a rejection of Freudian psychogenetic stages of development in favour of a polyphonic conception of subjectivity of coexisting levels […]»471), y es que, si algo hemos querido destacar en este trabajo, es que la lectura de la obra completa de Guattari, lejos de devolver la acostumbrada imagen anárquica y caprichosa que tantas veces se dibuja a propósito de nuestro autor, 469 Urge un estudio sistemático de la pervivencia del espectro sartriano en la obra madura de Guattari, algo que nuestro filosofo nunca negó, pero cuyo estudio en la literatura crítica acostumbra a limitarse a los años 50 y 60. 470 WATSON, Guattari’s Diagrammatic Thought, op. cit., pág. 118. 471 GENOSKO, «The Life and Work of Félix Guattari: From Transversality to Ecosophy», art. cit., pág. 146. 308 nos revela un proyecto, una verdadera obra, que como tal debe ser comprendida. Lo que le importa a Guattari no es ni el caos ni el cosmos, ni el cero ni el infinito, ni la disolución del sentido ni su redundancia fantasmático-estructural. Lo que importa es la composición, el gesto, la voluntad; lo que importa es la creatividad, y nada más. Guattari, intempestivo: One must be clear about this word. Guattari did not talk about subjectivity, but about the production of subjectivity: this subjectivity does not pre-exist the process of production or the psychic, aesthetic and ideological flows that traverse it, seep through it, colour and displace it. It does not pre-exist the anticipations, the desires and the fears that shape its form. The context within and against which Guattari elaborated his conception of the production of subjectivity is that of Freudian and Lacanian structuralism. This was a model of thought that pretended to locate in the phenomenology of existence and desire the manifestations of a structuring psyche, of Oedipus, the unfolding of guilt and remorse, the sudden emergence of a repressed past which remains inscribed in the flow of language. Guattari began his philosophical and psychoanalytical trajectory precisely by distancing himself from this structuralism and Oedipalism.472 472 BIFO, Felix..., op. cit., pág. 123 309 III. UN PENSAMIENTO ESTÉTICO 310 317 5. JOYCE Y LA PULSIÓN ESTÉTICA Por lo que respecta a Joyce, todo parece indicar que era la referencia «estilística» fundamental para Guattari. Con toda su fascinación ante la figura de Kafka y la maquinaria proustiana, el modernismo joyceano parece haber acompañado siempre, si no azuzado, las ambiciones literarias de Guattari: Joyce et Beckett ont toujours accompagné le travail littéraire de Guattari. Le chaosmos joycien et guattarien résonne avec l’éternel retour, la répétition qui affirme la différence. Des lignes narratives multiples enveloppent le narrateur d’Ulysse dans un chaosmos simultané, faisant éclater l’identité de l’ensemble des personnages. Mais Deleuze et Guattari semblent réticents quant à l’ambition de Joyce d’une œuvre totale et circulaire, et soulignent nettement le contraste avec Beckett qui, dans «littérature mineure» faite de bégaiement et de soustraction. […] Et pourtant, c’est Ulysse qui reste au chevet de Guattari jusqu’au bout. Comme le dit Marie Depussé sans hésitation: «Il est arrivé avec Joyce et est mort avec Joyce». Et elle ajoute, sur les ambitions littéraires de Guattari: «Il n’était pas un véritable écrivain et je pense qu’il en a souffert. Il avait envie de créer. Je crois qu’il a été trop obsédé par Joyce».482 Por otras partes, no somos los primeros en llamar la atención sobre el correlato lacaniano en el Guattari joyceano. Pelbart, uno de los comentaristas más astutos de la obra guattariana, indica en este sentido, nos dice lo siguiente en un pasaje largo que creemos de justicia citar por completo: 482 PELBART, Peter Pál: «L’inconscient déterritorialisé», en Multitudes, 34 (2008), pág. 95. Las citas corresponden a una entrevista de Virginie LINHART con F. DOSSE, apud DOSSE Gilles Deleuze Félix Guattari: Biographie Croisée…, op. cit., págs. 68, 503. 318 Est-ce qu’il y a un rapport entre la passion-Joyce de Guattari et sa fréquentation de Lacan? Dans son séminaire XXIII, de 1975-76, Lacan demande: «Pourquoi Joyce est-il si illisible?... C’est peut-être parce qu’il n’évoque en nous aucune sympathie». Mais ensuite, en remarquant qu’on le lit, même en ne cherchant pas à le comprendre, et que ça se lit, il remarque que c’est peut-être parce qu’on y sent «présente la jouissance de celui qui a écrit ça». L’essentiel est le rapport à la langue en tant que jouissance, fût-ce celle de l’envahisseur britannique. Le jeu pur avec le langage, le pun, le calambour même quand il échoue, prouvent en tout cas, dit Lacan, que Joyce est désabonné de l’inconscient. Chez lui, la langue «est la seule chose que de son texte nous puissions attraper», prête à nous stupéfier. «Là où ça parle, ça jouit, et ça sait rien». Mais le Sinthome dont Joyce serait le porteur, selon Lacan, diffère du symptôme classique (message dirigé à l’autre); il ne serait qu’une prothèse, qui lui offre un ego de remplacement par lequel il «fait son nom», vu l’affaiblissement de la métaphore paternelle. On voit bien le rapport nécessaire au Nom-du-Père. Le Sinthome équivaut, au fond, au complexe d’Œdipe. Différemment du symptôme, donc, qui peut tomber au cours d’une cure, le Sinthome est ce qui ne peut pas tomber, dans sa fonction prothétique de tenir ensemble les trois sphères, le Réel, le Symbolique, l’Imaginaire. Il peut revêtir l’aspect de l’art pour certains artistes, les mathématiques pour des mathématiciens, Dieu pour des croyants, le psychanalyste lui-même pour certains analysants, l’amant pour les amoureux. Bref, il ferait partie de la «structure». Or rien de cela n’est présent, même de loin, chez Guattari, et ce dès ses premiers textes où il se débarrasse joyeusement, et avec quel mépris, de la notion même de Nom-du-Père. Quand il évoque Joyce, c’est dans un sens tout à fait autre, à contre-courant de la fonction structurante qui tiendrait «ensemble» quoi que ce soit. Dans Psychanalyse et 319 Transversalité, par exemple, l’auteur de Finnegans Wake est évoqué comme ouverture machinique: «l’inconscient n’est autre chose que le réel à venir, le champ transfini de potentialités occultes par chaînes signifiantes ouvertes, ou qui attendent de s’ouvrir et d’être articulées par un agent réel d’énonciation et d’effectuation. Cela revient à dire que les coupures signifiantes les plus ‘intimes’, et pourquoi pas celles de la prétendue ‘vie privée’, pourraient se révéler comme noyaux décisifs de la causalité historique. Allez savoir si la révolution qui nous attend ne déclinera pas ses principes de quelque chose énoncé par Lautréamont, Kafka ou Joyce?» La théorisation du «Sinthome» comme fonction de prothèse ou destin psychique «individual» chez Lacan et l’ouverture poétiquepolitique (préfiguration de l’agencement collectif d’énonciation) insufflée ici par Guattari ne pourraient être plus différents.483 483 PELBART, «L’inconscient déterritorialisé», art. cit., págs. 96-7. Las citas corresponden a: LACAN, Jacques: Séminaire XXIII, Le Sinthome, Seuil, Paris, 2005, pág. 151; GUATTARI, Félix: Psicoanálisis y Transversalidad, Siglo XXI, Buenos Aires, pág. 235. 320 321 6. PROUST Y LA ENUNCIACIÓN DESINDIVIDUALIZADA Sortir de la langue. Joyce, Kafka y Proust son, sin duda alguna, los escritores (y, en general, los artistas) que más obsesionaron a Guattari. Podríamos hablar, después de una lectura atenta de sus obras completas, de un horizonte (Joyce), un problema (Kafka) y una búsqueda (Proust). Y es que (merece la pena comenzar en este punto) es en Proust, en los cientos de páginas de su obra y en los otros cientos que Guattari le dedica, donde se revela su más profunda ambición, su lucha más dilatadamente sostenida. No se trata de que Proust aparezca en todos sus libros, sino que de que sea su estudio en L’Inconscient machinique donde el análisis guattariano resulte más profundo, ambicioso y complejo, el lugar donde con mayor imbricación se fundieron sus máquinas analíticas con los planos de consistencia estética. Agenciamientos de enunciación, rostridad, desterritorialización, ritornelo: en ningún otro lugar alcanzan estas nociones más altas cotas de complejidad y, por qué no decirlo, de belleza. Es por ello también que algunos de estos conceptos serán explicados ahora, dentro de sus estudios sobre Proust, pues es allí donde alcanzan su estadio final, estadio que a finales de la década que comenzaba (la de los 80) serán perfilados, retomados, madurados en sus formas, en el estilo que los informa (no así, en muchos casos, en su contenido). A sabiendas de que la escisión forma-contenido no es sólo pobre sino manifiestamente «anti-guattariana», hagamos uso sin embargo de la tal división abstracta para aclararlo siquiera: como explicamos en su momento, los años 80 son para Guattari años de escritos plurívocos y ecológicos, así como una larga década de decepciones y reposicionamientos, motivo por el cual destacamos con mayor admiración el gran trabajo estilístico que conducirá a Chaosmose, libro de extraordinaria madurez y nietzscheana serenidad, compañero en ambición y temple de Qu’est-ce que la 322 philosophie? Pareciera como si el vocabulario guattariano hubiese surgido para estos textos. En L’Inconscient machinique existe una cierta sensación de obra «necesaria», al tiempo que la mayor demostración, de nuevo junto a Chaosmose, de que el pensamiento de Guattari es, antes que cualquier otra cosa, un pensamiento estético. À la recherche du temps perdu es una «prodigieuse carte rhizomique», una «monographie schizoanalytique», una «exploration scientifique»484. En una entrevista ya mencionada de 1980, Guattari dudaría en afirmar lo siguiente: If you want to analyse your unconscious, rather than going to Freud and Lacan, refer to the richest authors —Proust, Beckett, Joyce, Faulkner, Kafka or Artaud— because scarcely anything better has been done since. Interpret Freud, Jung and the others through Proust and not vice versa. The unconscious has to be built, invented. Proust is one of the greatest analysts who ever existed, because he was able to detect modes of communication, major routes between music, painting, social relations, life in the salons, physical sensations, etc. He worked the unconscious as a transsemiotic matter.485 484 IM, pág. 239. 485 SS, págs. 182-3. Se trata de una reformulación del siguiente pasaje de L’Inconscient machinique: «Proust, Joyce, Kafka, Becket [sic]… sont des véritables spécialistes des objets mentaux hyper-déterritorialisés et personne ne saurait leur faire la leçon!» (IM, pág. 239). Resultan interesantes las referencias que incluye, pocas líneas después: «Il y aura bientôt un demi-siècle, par exemple, que Von Weizäecker recommendait que soit mise en chantier l’étude systématique des “chevauchements perceptifs” —hyperesthésis sensorielles, synesthésies, synopsies, métamorphosies, etc. Mais à ma connaissance, à part les quelques pages que Merleau-Ponty a consacrées à ces questions et quelques travaux neurologiques et physio-pathologiques sur les intoxications par hallucinogènes —d’ailleurs de la plus grande sécheresse—, c’est encore aux “travaux” de Henri Michaux et à ceux des écrivains américains de la “beat generation” qu’il convient de s’en remettre aujourd’hui si l’on veut disposer d’un mínimum d’information sur ces questions, combien 323 Las separaciones de escuela y disciplina, de hecho, entorpecen el trabajo analítico: «Les littéraires ne se rendent pas compte qu’une œuvre telle que La Recherche constitue une exploration scientifique, au même titre que l’œuvre de Freud ou de Newton.»486 Pero, ¿qué es lo que Proust andaba buscando? Pues bien, y esto resulta absolutamente fundamental, Proust buscaba desindividualizar la enunciación: Tandis que les énoncés s’étirent dans le temps et l’espace, l’énonciation se creuse, se feuillette, se différencie à partir du même agencement. Et la clef de toutes les synchronies qui sont ici agencées, c’est évidemment la dimension du Temps retrouvé. Il resterait à établir, qu’à la différence de ce que suggère Proust, il ne s’agit là nullement d’une dimension cachée, d’un monde d’essences à la découverte desquelles il conviendrait de se porter à la façon d’un explorateur, mais d’une dimension fondamentalement micro-politique, conduisant à un «retournement» de situation d’ordre subjectif et impliquant l’entrée d’un nouveau type de ritournelle travaillant à vider de leur contenu les redondances dominantes et à déterritorialiser et désindividuer l’énonciation.487 Proust se da cuenta del carácter evanescente de las sensaciones que le asaltan. En el paseo por Combray que inaugura la obra, consigue ir «hasta el final de sus impresiones» («[C]e que essentielles pourtant si l’on veut appréhender la diversité des modes de subjectivation et de sémiotisation.» (págs. 239-240). 486 La cita completa reza: «Les littéraires ne se rendent pas compte qu’une œuvre telle que La Recherche constitue une exploration scientifique, au même titre que l’œuvre de Freud ou de Newton. Et les scientifiques ne disposent généralement pas des moyens qui leur permettraient d’affronter le type de problématique qui y est abordée. Et puis il faut bien dire qu’ils n’ont pas la tête à ça!» (IM, pág. 239). 487 IM, pág. 327. 324 dans ces essais je tente d’exprimer par le verbe: sémiotiser»488) de esta realidad «naciente», emergente, que Proust sabe que excede el lenguaje humano. «Sortir de la langue»: ya desde las primeras páginas de L’Inconscient machinique Guattari sitúa la «pragmática» en el corazón mismo de la empresa analítica489. La lingüística estructural no puede dar cuenta del carácter creador de la lengua en mayor medida que el generativismo o el funcionalismo. Es precisa una lingüística de la enunciación que supere la noción que dichas corrientes tienen a respecto de la dimensión de esa misma «enunciación».490 «Les linguistes sont des impérialistes! (Il est vrai qu’ils ne sont pas les seuls!)»491, pues pretenden reducir la 488 IM, pág. 242. 489 «Pour le fonctionnalisme, le contenu demeurait essentiellement tributaire de chaînes phonologiques réductibles, en dernière analyse, à une batterie d’oppositions binaires. La position de force qu’occupait alors la théorie de l’information au cœur de la linguistique conduisait à l’adoption d’une définition de la langue uniquement en tant que moyen de transmission de messages, le reste n’étant que bruit et redondance. La question de son interpénétration avec le champ social n’étant jamais posée, les problèmes relatifs au contexte de la communication paraissaient devoir rester marginaux. Par une sorte de mimétisme de l’objectivité des sciences exactes, la linguistique était mise dans une position l’autorisant à se tenir à l’écart de toute problématique sociale embarrassante. Il s’agissait avant tout de “faire” scientifique! (Notons que les psychanalystes ont employé le même genre de procédé: après s’être longtemps appuyés sur des concepts d’ordre biologique, d’ailleurs très approximatifs, ils se sont accrochés à toutes les disciplines qui leur paraissaient “sérieuses”, en particulier à la linguistique structurale.)» (IM, pág. 21). 490 «Soucieuse, elle aussi, d’éviter le caractère réducteur des diverses variantes de structuralisme, une linguistique de l’énonciation s’est, par ailleurs, attachée à l’étude des composantes pragmatiques de la communication. Mais, comme nous le verrons, elle ne semble pas avoir pris une plus juste mesure des implication socio-politiques de son objet. Aussi n’est-il jamais question, en définitive, dans les recherches sémiotiques et linguistiques actuelles, que d’une énonciation en général, hors du temp et de l’espace, séparée des luttes, des désir réels des hommes et des femmes, en bref, d’une énonciation aliénée.» (IM, pág. 22). 491 IM, pág. 24. 325 enunciación colectiva, la plurivocidad, la riqueza y el devenir de los deseos humanos al cuadro axiomático de una «lengua» dada. Sin embargo, Comment comprendre dès lors que des déviants et des groupes-sujets parviennent à inventer des mots, casser des syntaxes, infléchir des significations, produire des connotations nouvelles, engendrer des remaniements linguistiques parallèles à d’autres niveaux de transformations sociales?492 Il n’y a pas de langue en soi: La hipótesis del phylum machinique. ¿Cómo salir de las estructuras lingüísticas sin perder su especificidad? En el caso de una pragmática del inconsciente (esto es, de un esquizoanálisis), será inevitable, para empezar, reexaminar una cierta concepción tradicional respecto de la unidad y autonomía de la lengua. Las relaciones entre las performances semióticas concretas y las competencias lingüísticas estructurales aparecen marcadas por un mismo principio de relatividad, que no sólo se impone en el plano sincrónico, sino también en el diacrónico. La unidad de una lengua dada resulta (siempre) inseparable de la constitución de una formación de poder. No existe cualquier lengua-madre, apenas fenómenos de toma de poder semiótico a manos de un grupo, una etnia, una nación («la langue se stabilise autor d’une paroisse, se fixe autour d’un évêche, s’installe autour d’une capitale politique»493). Si consideramos que cada individuo transita constantemente de una lengua a otra494, no sólo tomaremos la 492 IM, pág. 23. 493 «Elle évolue par flux le long des vallées fluviales, le long des lignes de chemins de fer, elle se déplace par taches d’huile (exemple du dialecte castillan).» (IM, pág. 26) 494 «Successivement, il parlera à un enfant, comme “un père doit le faire”, ou comme un instituteur, ou comme un patron; à son amante, il parlera une langue puérilisée; en s’endormant, il s’enfoncera dans un discours oniriques, puis 326 distinción sincronía-diacronía como maniquea, sino que descubriremos lo que une todo hecho sociopolítico: Or ce qui caractérise les agencements socio-politiques, c’est d’être porteurs de ces singularités historiques indécomposables qu’une analyse décentrera nécessairement sur d’autres dimensions, d’autres registres. Les choses se passent de la même façon que dans l’analyse chimique d’un phénomène biologique ou dans l’analyse économique d’un phénomène social: il n’y a pas de structure chimique d’un fait biologique, ou de structure économique d’un fait social, qui permette de parler à bon droit d’une compétence des premières et d’une performance des seconds! Il n’y a pas d’universaux biologiques, économiques, sociaux, linguistiques, psychanalytiques… Mais des machines abstraites qui se différencient, à partir du plan de consistance de tous les possibles, et s’accrochent aux points de carrefours singuliers du phylum machinique. Sans promotion d’un formalisme transcendant, sans aucune sorte de fatalité portée par des encodages héréditaires, des infrastructures économiques, des stades psycho-génétiques ou des «bases catégorielles» syntaxiques…495 Así también, debido a modificaciones de las relaciones de fuerza presentes o de una transformación del plano micropolítico local, una misma competencia puede «tomar el poder» y devenir competencia regional, nacional, estatal, imperial… Un style s’impose, un patois devient aristocratique, une langue technique contamine des langues vernaculaires, une littérature mineure prend une importance brusquement il reviendra à une langue professionnelle lorsque le téléphone sonnera; et, chaque fois, sera mis en jeu tout un ensemble de dimensions sémantiques, syntaxiques, phonologiques et prosodiques —sans parler des dimensions poétiques, stylistiques, rhétoriques et micro-politiques du discours.» (IM, pág. 26) 495 IM, pág. 27. 333 La «pequeña frase» musical se mueve, se extiende, se repliega. Resulta simplemente imposible asignarle una única cualidad esencial, una única función estructural: C’est tout un registre de traits machiniques, de signesparticules a-signifiants qui sera ici discernabilisé, mis en acte au gré des différentes consistances de champ et des différents modes d’efficience sémiotiques des agencements d’énonciation. Indice machinique asignifiant lors du «pressentiment» d’un nouvel amour, l’année précédant la rencontre d’Odette, la petite phrase deviendra comme une sorte d’indicatif éthologique de l’entrée de Swann sur le territoire des Verdurin. Réduite à l’état de rengaine obsessive, de point d’amarre d’un trou noir en formation ,c’est-à-dire de point d’engouffrement aussi bien de tout ce qui fait le sens de la vie que des significations les plus ordinaires, elle s’annoncera également comme le chant du cygne de la passion de Swann pour Odette, elle contribuera même à en dénouer certains aspects névrotiques sans se transformer pour autant en une composante de passage diagrammatique qui amorcerait un radical renouvellement de son existence. Swann, en effet, ne se relèvera jamais complètement de cette crise amoureuse. Quelque chose en lui restera définitivement brisé. Le Narrateur et le baron Charlus, confrontés à leur tour au même type de trou noir passionnel, au même type de névrose de jalousie, auront eux aussi, à affronter des épreuves initiatiques similaires (comportant également l’intrusion dans leur vie d’une composante musicale hyper-déterritorialisée).509 509 IM, págs. 248-9. «Mais ils s’engageront dans des voies radicalement opposées. Le baron Charlus s’enlisera jusqu’à complète déchéance dans sa passion jalouse pour UN MUSICIEN; tandis que le Narrateur utilisera son amour et sa connaissance de LA MUSIQUE pour démonter un mécanisme passionnel contre lequel il se rebelle et opérer sur lui-même une profonde révolution qui lui permettra de se consacrer corps et âme à son œuvre. Tel un héros composite du monde grec et de l’Ancien Testament, le Narrateur ne 334 Se trata siempre de la maravilla de lo real: Le critère du beau est devenu la joie du «réel retrouvé». L’intensité du désir associé au surgissement d’objets déterritorialisés, qui n’auraient eu aucune chance de parvenir à l’existence, ou de s’y maintenir, dans les conditions «normales» de sémiotisation, a été ainsi promu au rang d’un véritable «argument» esthéticoontologique.510 El capítulo «Neuf agencements pour une ritournelle» se dedica por entero a analizar los agenciamientos de enunciación de la «petite phrase», los materiales de expresión que problematiza y los resultantes micro-políticos de mayor relevancia511: Primer agenciamiento, «Un salón, l’année précédente: la proto phrase ou le système du “fac-simile”». Swann escucha la petite phrase por primera vez y Proust enumera con precisión las pourra venir à bout des obstacles qui barrent son chemin qu’à la condition de conduire lui-même au sacrifice les personnes qui lui sont les plus chères: sa grand-mère, sa mère, Albertine. Pour accéder à un certain type de devenir féminin, qui constitue le ressort essentiel de sa création, il lui faudra détruire tout ce qui le rattachait au monde des femmes. La double mort d’Odette — avec ce qu’elle comporte d’artifice— ne saurait à mon sens être expliquée différemment. Tout compte fait, la clé de l’énigme passionnelle de l’agencement: Swann-Charlus-le Narrateur n’a rien à voir avec le drame d’Œdipe; elle se rapporte plutôt à une découverte surprenante concernant le destin d’Orphée, à savoir que c’est lui et personne d’autre qui a précipité Eurydice aux Enfers et qu’il n’use de ses pouvoirs musicaux pour la faire ressusciter qu’afin d’avoir l’occasion de renouveler son sacrifice, manifestant ainsi au grand jour qu’il en a bien fini avec cette sorte de passion qui l’a si longtemps paralysé.» (IM, págs. 249-50) 510 IM, pág. 311. 511 Ya antes, Guattari había introducido una nota que no podemos dejar de mencionar: «Je ne ferai, dans cet essai, aucune référence explicite au livre de Gilles Deleuze, Proust et les origines (sic!) (P.U.F.), bien que je m’en sois constamment inspiré. Mais il aurait été nécessaire que le cite à chaque page!» (IM, pág. 250, n. 11). 335 distintas fases de semiotización de la misma, de la percepción de los instrumentos y la confusa aprehensión de una forma musical evanescente, cuyo contorno es todavía incapaz de fijar, hasta llegar a percibirla con claridad como separada del conjunto. Para fijarla, la memoria recurre a un sistema de «facsímiles»512. Este primer componente diagramático, esencialmente mnemotécnico, se caracteriza a su vez porque: a) Se trata de un factor desterritorializante. La pequeña frase arrastra y desarrolla máquinas abstractas «dont les effets se feront d’abord sentir dans le registre de la perception»513. b) Se constituye por una serie de redundancias asignificantes, las cuales a su vez se conjugan con los demás componentes en el nivel más desterritorializado. Las notas que escuchamos tienden «selon leur hauteur et leur quantité, à couvrir devant nos yeux des surfaces de dimensions variées, à tracer des arabesques, à nous donner des sensations de largeur, de ténuité, de stabilité, de caprice»514. c) Anuncia la posibilidad de una abertura rizomática. El efecto de la pequeña frase no es «uniquement d’ordre esthétique»515, sino que descubre en ella «la présence de ces réalités invisibles auxquelles il n’avaient cessé de croire»516: Par la vertu de la petite phrase, il pourrait guérir de la sécheresse morale dont il souffre. Tout un conformisme, toute une micropolitique de conformité aux modèles dominantes, se trouve ainsi menacée par son irruption. On pressent ici, en contrepoint, la lutte que Proust a dû lui-même mener contre sa trop parfaite adaptation aux modèles mondains et surtout aux 512 PROUST, I, 209, apud IM, págs. 251-2. 513 IM, pág. 252. 514 PROUST, I, 209, apud IM, pág. 252. 515 IM, pág. 252. 516 PROUST, I, 211, apud IM, pág. 252. 336 modèles esthétiques de son époque. (Le long cheminement critique qui lui a permis de se dégager des théories de Ruskin et l’a conduit à se défaire d’une certaine idolâtrie du «modèle exemplaire»).517 Pero he aquí que el agenciamiento sólo es portador de un índice maquínico, permaneciendo la frase en un estadio de cepa, como una proto-frase embrionaria518. Por fragmentos, por sucesivas aproximaciones, múltiples recuperaciones, este maquinismo abstracto no dejará de atravesar e impulsar el proceso de la Recherche. Segundo agenciamiento, «chez madame Verdurin: l’incubation de la ritournelle et les prémices de l’amour de Swann». En el marco del salón de los Verdurin, Swann se vuelve a encontrar la petite phrase y descubre el nombre de su autor. Por su papel en la casa y las reacciones que suscita, ya antes de convertirse en la música del amor de Swann y Odette, «tout laisse à penser que la petite phrase fonctionnait déjà comme une sorte de clef de voûte inconsciente de l’agencement collectif, et cela 517 IM, pág. 252. 518 «Cette première charge diagrammatique sera d’ailleurs aussitôt dissoute: pendant plusieurs mois il ne sera plus question de la petite phrase. (Swann ignore s’il pourra la retrouver un jour). Le fait que ce premier agencement tourne court ne tient pas à un accident interne au processus de sémiotisation (comme cela aurait été le cas avec l’apparition d’un collapsus sémiotique ou d’une formation arborescente qui eût sclérosé toute sa production). Il résulte du manque de consistance de l’agencement lui-même. Le syncrétisme entre les contenus et l’expression reste fragile —les “impressions” de toutes natures qui papillonnent autour de la musique ne s’accrochent pas vraiment à sa texture perceptive. Les fac-similés restent de nature formelle (d’ordre mnémotechnique). Dans ces conditions, le machinisme abstrait porté par la phrase de Vinteuil est contraint de rester en attente, à l’état de souche, de protophrase embryonnaire. Il n’y a pas eu là d’effet de trou noir sémiotique, mais simplement arrêt de fonctionnement par défaut de consistance existentielle. Le diagrammatique a disjoncté. Mais, cependant, une charge de déterritorialisation et une machine abstraite ont été mises en circulation; elles indiquent une ligne de fuite possible, une voie par laquelle toute la vie de Swann pourrait être transformée.» (IM, pág. 253) 337 quel que soit le degré de sotisse ou de snobisme des personnes qui le composent»519. Sin embargo, que se toque apenas un extracto de la sonata, en concreto el andante, hace que sus efectos no sean más que parciales520: Cependant le fait que dans ce second agencement la petite phrase ne soit confiée qu’au piano ne fait pas disparaître complètement cette présence féminine qui l’habite. En s’échappant d’une note haute tenue pendant deux mesures et «tendue comme un rideau sonore pour cacher le mystère de son incubation», elle semble même avoir acquis une certaine consistance. Swann retrouve cette présence féminine avec la certitude qu’il ne la reperdra plus, et il garde d’elle en gage… le reflet de son sourire. Cette amorce de constitution d’une visagéité féminine abstraite jouera un rôle essentiel dans l’évolution de l’amour de Swann. Tantôt on la verra s’incarner dans la Zéphora de Botticelli; tantôt elle se fera rassurante ou deviendra aux pires moments de ses déboires amoureux, sa confidente secrète. Elle le conduira parfois au bord d’une irrémédiable aliénation névrotique et pourtant c’est elle qui lui fera garder une ultime distance vis-àvis d’Odette et qui le retiendra de s’abolir dans son image. Elle mène son propre jeu au cœur de la passion, en fonction d’intérêts qui dépassent de beaucoup le «cas» de Swann. Il importe peu, à cette étape, d’établir 519 IM, pág. 256. 520 «L’agencement énonciateur reste flou. Sans doute le jeune pianiste, constamment escorté de sa tante, nous est-il présenté comme un personnage familier du salon, mais nous devrons encore attendre seize cents pages pour connaître son nom. Nous ne pourrons donc espérer, dans cette direction, aucune prolifération sémiotique, aucun développement du contenu romanesque. Cette “réserve” relative à l’agent énonciateur semble correspondre pour Swann à une forclusion d’une composante homosexuelle masculine. En effet, lorsque la ritournelle, beaucoup plus tard, dans le Septuor, verra son interprétation confiée au personnage de Morel, nous assisterons à un véritable épanouissement de sa matière d’expression et, à travers le couple Charlus-Morel, tout un nouveau pan de la jalousie névrotique de Proust pourra être exploré dans la Recherche.» (IM, pág. 258). 338 une distinction tranchée entre la ritournelle et la visagéïté déterritorialisée. En fait, c’est ma même présence abstraite qui s’exprimera à travers l’une et l’autre. La ritournelle sourit, tandis que le sourire de la passante abstraite danse au rythme de la ritournelle. L’«incubation» de la petite phrase n’est pas encore arrivée à son terme.521 Ya no nos encontramos en el estadio del facsímil, del índice, pero tampoco estamos todavía ante la puesta en marcha de un agenciamiento maquínico que opera directamente sobre las realidades que puede movilizar. «Une machine abstraite a commencé à prendre consistance et à faire cristalliser des potentialités multiples et hétérogènes. Elle s’est fixée sur le nom de Vinteuil»522, si bien como decimos su consistencia resulta todavía insuficiente frente a las resistencias de todo tipo que se movilizan contra ella523: Le visage d’Odette cristallise une image qui est à l’opposé de ce qu’il aime et, de ce fait, assume une fonction de distanciation à l’égard de la révolution esthétique et micropolitique dont est porteur le devenir féminin de la petite phrase. Paradoxalement, il appartient à Odette d’être la première organisatrice de la résistance à l’amour de Swann, du moins dans ses aspects les plus déterritorialisés. Quelles que soient les 521 IM, pág. 259. 522 Ibidem. 523 «Du côté de chez Swann, le devenir féminin demeurera donc bloqué de toutes les façons: —la sémiotisation de la petite phrase est encore insuffisante, le cristal machinique n’est pas assez raffiné, purifié; —l’agencement énonciateur reste flou, il ne permet pas à Swann d’“accrocher” une composante homosexuelle masculine ou féminine; —la matière d’expression “manque” le devenir féminin qui demeure figé, enkysté dans une scène voyeuriste-sadique provisoirement improductive. Il n’y a plus à s’étonner, dès lors, que l’amour de Swann se “rabatte” sur la visagéïté d’Odette, malgré que celle-ci lui inspire une sorte de répulsion.» (IM, págs. 260-1). 339 souffrances qu’elle lui infligera, elle restera fidèle à la mission secrète qui lui semble impartie: le ramener à la raison, le protéger contre cet amour foi qui l’assujettit à l’«inconnu» de la petite phrase —sa rivale la plus redoutable. D’ailleurs Elstir avait lancé à Swann une sorte d’avertissement: Vinteuil était probablement menacé d’aliénation mentale et l’on pourrait s’en apercevoir à certains passages de la Sonate: «Swann ne trouva pas cette remarque absurde, mais elle le troubla; car une œuvre de musique pure ne contenant aucun des rapports logiques dont l’altération dans le langage dénonce la folie, la folie reconnue dans une Sonate lui paraissait quelque chose d’aussi mystérieux que la folie d’une chienne, d’un cheval, qui pourtant s’observent en effet».524 Tercer agenciamiento, «chaque soir et quelquefois à la champagne: l’hymne national et le philtre d’amour». Odette ha comenzado ya a ocupar un lugar grandissante en la vida de Swann, y junto a ella le reservan asiento en el salón de los Verdurin: «Et lorsqu’il arrive, le jeune pianiste salue son entrée en jouant la “petite phrase”, qui a été promue quasiofficiellement: “l’hymne national de leur amour naissant”»525. Sin embargo, es evidente que el papel de la música de Vinteuil excede esta suerte de función protocolaria. «Swann est tombé dans le piège que lui ont tendu Odette, le salon Verdurin, et la “petite phrase”»526. Pero Swann todavía no aprehende el «cristal de possible»527 que la petite phrase atesora más que a través de puras redundancias de resonancia, como si de un sueño se tratase. Sea como fuere, la carga de posibles de los que esta frase es el vector es objetiva: «il suffit qu’elle se porte à la racine de son mode de sémiotisation pour que s’opère en lui une véritable 524 PROUST, I, 214, apud IM, pág. 261. 525 IM, pág. 262. 526 Ibidem. 527 IM, pág. 263. 340 révolution»528. Lo que los habituales del salón ignoran es el amor que Swann siente por una presencia puramente desterritorializada: La «petite phrase» recèle la clé d’un autre monde; elle pourrait lui donner le moyen de changer radicalement son mode de vie, de concevoir ses relations d’une autre manière; elle pourrait lui permettre de retrouver le goût et la force de se consacrer à sa vraie vocation: la critique d’art… (Lorsqu’elle pénètre en lui, il se sent transformé «en une créature étrangère à l’humanité, aveugle, dépourvue de facultés logiques, presque une fantastique licorne, une créature chimérique ne percevant le monde que par l’ouïe»).529 Odette se afanará en neutralizar este ritual invisible: lo que ella busca es reterritorializar la petite phrase, utilizar su potencia diagramática en su beneficio. A pesar de que ella lleva la petite phrase «comme un bijou à son corsage»530, ello no hace sino azuzar su fuego, concentrar su impacto maquínico. El problema reside, así, en cómo se produce la ruptura con los componentes heterogéneos de lo real exterior: Désormais, tout est joué pour Swann: la petite phrase se retournera contre lui et le mènera au bord de la folie. Ayant manqué ses connexions avec les composantes 528 Ibidem. En nota, Guattari apunta: «Il va de soi que la “petite phrase” ne “fabrique” pas à elle seule cette révolution. Elle est la manifestation concrète, l’opérateur catalytique d’une mutation virtuelle d’agencement. Au cours de l’histoire certaines ritournelles, certaines icônes, certaines prédications ont ainsi pris un relief singulier: la résurrection du Christ, mais aussi bien l’option de Giordano Bruno en faveur du caractère infini de l’Univers. Au même titre qu’une nouvelle conception de la charité, une certaine “modestie cosmique” conduisant à faire tourner la terre autour du soleil peut être ressentie comme une menace contre l’ordre social. Il en ira de même avec les nouvelles façons d’ordonnancer des signes mathématiques, des relations physiques, des objets sonores, des espaces plastiques…» (pág. 263, n. 17). 529 PROUST, I, 237, apud IM, pág. 265. 530 IM, pág. 265. 341 hétérogènes du réel extérieur, elle va s’employer à creuser un trou noir subjectif au sein duquel s’engouffrera toute son énergie. Son amour se convertira en haine sans qu’il parvienne pour autant à se détacher d’Odette. Il se retrouvera suspendu dans le vide, la réalité se mettant à fuir de l’intérieur. Il s’accrochera comme un noyé aux derniers lambeaux de sa relation avec Odette.531 Este proceso de fragilización, de pérdida de consistencia del agenciamiento, conduce a un compromiso provisional entre la rostridad y la petite phrase, establecido según una doble base: […] —la présence féminine abstraite «négocie» sa reterritorilisation, elle s’incarne dans une icône adjacente à Odette (Zéphora de Botticelli), —en contrapartie, Odette accepte provisoirement que Swann dispose à sa guise de leur relation, et que celleci ne sorte pas du cadre d’un amour courtois.532 Cuarto agenciamiento, «sur le piano désaccordé d’Odette: la “rengaine anesthésique” et le trou noir passionnel». Con ocasión de un encuentro perdido con Odette, el «compromiso cortés» se desmorona, al descubrir Swann la extensión de su dependencia. Un nuevo agenciamiento se instaura con el fin de afrontar el agujero negro que entonces se revela, nuevo agenciamiento que implica: [L]a mobilisation de la composante sexuelle dans la «fixation» amoureuse sans qu’il soit autrement question, pour Swann, de se «distraire» avec une quelconque petite ouvrière. Le caractère artificiel, presque brutal de cette intrusion de la sexualité dans la relation entre Swann et Odette est, d’une certaine façon, compensé par un «rituel de cour», associant des composantes de protection et de soumission, qui 531 Ibidem. 532 IM, pág. 266. 342 rappelle, quelque peu, celui que j’ai précédemment évoqué à propos de l’offrande du brin d’herbe chez diverses espèces d’oiseaux.533 Con la gran degradación de la situación y la entrada en escena del personaje de Forcheville, encarnación de la distancia temporal y espacial que crece y crece entre Odette y Swann, éste acaba por ser excluido del salón de los Verdurin, y con él la petite phrase. Se trata del período más dramático de la vida de Swann: «deuxième état du trou noir, jouxtant la catastrophe, attirant Swann vers le précipice de ce que l’on représente être généralement la folie»534. Quinto agenciamiento, «une issue imprévue chez la Marquise de Saint-Euverte: la réactivation de la ritournelle et la résorption du trou noir». En el salón de la marquesa de SaintEuverte, en el boulevard Saint-Germain, la petite phrase reaparece en interpretación para piano y violín («avec ce dernier instrument des traits d’expression permettant de restaurer une partie de la présence féminine abstraite dont Swann était tombé amoureux lors du premier agencement»535). Desde entonces, la cuestión del devenir femenino retoma su posición en la Recherche con toda su intensidad: Comment ce nouvel agencement: «Swann-retournantdans-le-salon-de-la-marquise-de-Saint-Euverte» parviendra-t-il à dénouer les composantes sémiotiques qui se neutralisent depuis si longtemps au sein d’un effet de trou noir? Essentiellement par le dégagement, la discernibilisation de six d’entre elles, par le recours à différents procédés les remettant à nu, décapant leur pointe de déterritorialisation (grossissement, ralentissement, répétition, splitting, «mise en prolifération» de nouvelles matières d’expression qui 533 Ibidem. 534 IM, págs. 268-9. 535 IM, pág. 269. 349 transformation de la ritournelle en “devenir-phrase”»547. Desde su primera aparición, el maquinismo abstracto de la petite phrase «avait “vu”» la solución del problema de Swann y del Narrador, pero no podía realizar tal intuición más que a través de un largo proceso de manejo y experimentación de materias de expresión de todo tipo (artísticas, sexuales, económicas, políticas…). Nos encontramos de nuevo ante una diferenciación esencial entre Swann y el Narrador: «Le complexe de Swann» n’a pris de l’importance qu’au cours de ce processus. Au début, il n’était qu’un symptôme parmi d’autres; il n’est devenu dangereux qu’avec l’enrichissement et la multiplication des composantes auxquelles il a donné lieu. Pour faire face aux problématiques fondamentales du Temps, de la Création, de la Mort… Swann n’avait d’autre recours qu’un système de propositions machiniques vivant en économie fermée: un visage, une rengaine, l’art classique, les gens du monde, les «petites ouvrières»… Sous la pression du champ machinique inconscient en pleine mutation, au sein duquel il évolue, un phénomène d’implosion a menacé la consistance de son agencement d’énonciation. Il ne parvient provisoirement à s’en sortir que par un compromis molaire qui consiste à laisser s’éteindre ce volcan sémiotique potentiel, et à renoncer à utiliser son énergie fabuleuse.548 El Narrador, sin embargo, funciona en una economía abierta, de ahí que sus modos de semiotización sean infinitamente más ricos y consistentes: Alors que tout tendait à se ritualiser chez Swann, tout tend chez le Narrateur à se sémiotiser. Au point qu’Albertine, plutôt que de s’inscrire comme Odette dans le code conjugal, passe directement dans le codage 547 Ibidem. 548 IM, pág. 307. 350 hyper-déterritorialisé de l’écriture de la Recherche. Elle devient pure fuite moléculaire et en tant que telle, beaucoup plus difficile à colmater; elle devient être de mensonge, de feinte, de trahison. Aussi n’y a-t-il aucun compromis possible avec elle: le dilemme est sans appel. Elle conduira le Narrateur à sa destruction ou elle devra disparaître elle-même en s’incorporant dans le processus créatif.549 En su fase terminal, el ritornelo abandona el plano musical. Ello, desde luego, no implica que Proust se desinterese por la música, ni mucho menos que ésta haya de entenderse como una suerte de ejemplificación, de «ilustración». Guattari apunta, de hecho, que es todo lo contrario: «Avec la révélation de la machine créative, lors de la dernière matière chez la Princesse Guermantes —ex-Verdurin—, c’est l’écriture elle-même qui devient musicale. La musique traverse les notes, les sons, les murs…»550. El agenciamiento de enunciación de esta nueva música se multiplica: el sonido de una cuchara, el sabor de una magdalena… «le monde lui-même est devenu une sorte d’orgue gigantesque et l’écriture la musique débordant de toutes parts l’univers sonore»551. Para generar esta nueva música e inscribirla en el corazón del ser subjetivo, estas figuras diagramáticas deben entrar en un doble proceso de desterritorialización por liberación y concatenación552, inscribiéndose por lo tanto en una suerte de «grimoire compliqué et fleuri», para lo cual cuenta con la ayuda 549 Ibidem. 550 IM, pág. 308. 551 Ibidem. 552 El pasaje proustiano que Guattari cita a colación de esta cuestión es de una apabullante belleza: «…le geste, l’acte le plus simple reste enfermé comme dans mille vases clos dont chacun serait rempli de choses d’une couleur, d’une odeur, d’une température absolument différentes; sans compter que ces vases, disposés sur toute la hauteur de nos années pendant lesquelles nous n’avons cessé de changer, fût-ce seulement de rêves et de pensées, sont situés à des altitudes bien diverses, et nous donnent la sensation d’atmosphères singulièrement variées [III, 870].» (IM, pág. 308, n. 66). 351 de dos químicas, una química del análisis de lo real oculto tras las apariencias y una química de la síntesis de nuevas realidades, nuevas materias y nuevas intensidades. Los signos de tal «grimoire» no son algoritmos lógicos originarios de cualquier Estructura, sino entidades abstractas, proposiciones maquínicas en toma directa sobre las articulaciones más desterritorializadas de los componentes de lo real («et donc, en un sens, plus réelles que le réel»553). Ces machinismes abstraits, diagrammatiques, de l’art n’engagent pas uniquement des dimensions spatiotemporelles énergétiques, biologiques et socio-économiques mais également des modes de temporalisations transitoires ou éphémères, des intuitions fugitives, des «impressions chétives», tout ce qui relève de «la partie extrême des sensations». Ils nous permettent d’aborder les virtualités du réel, une hyper-réalité qui engage le dynamisme le plus profond des choses, non seulement le temps réalisé et le temps qui affleure au présent au présent mais également tous les modes de temporalisation à venir.554 En virtud del Septeto, el ritornelo adquiere una dimensión suplementaria que se corresponde con la adquisición de una nueva dimensión de desterritorialización, una desterritorialización que ya no aboca al agujero negro, sino que se expande, «porteuse de quanta abstraits de possible»555: La révélation de la cour de l’hôtel de Guermantes inaugure une subversion généralisée des coordonnées attenantes aux significations dominantes. Chaque matière d’expression mise en œuvre dans un agencement, chaque émergence d’une frange déterritorialisée d’une composante d’expression, dès qu’elle entrera dans le champ de cette ritournelle abstraite, se verra affectée d’une nouvelle consistance d’existence. La ritournelle trans-dimensionnelle se manifestera ainsi aussi bien par le biais d’une séquence musicale qu’á travers le jeu de deux dalles disjointes, 553 IM, pág. 309. 554 Ibidem. 555 Ibidem. 352 les figures tracées par des clochers en mouvement, la fragrance d’un géranium…556 A su vez, dos series de «proposiciones maquínicas» específicas de la máquina proustiana deben ser emprendidas para que una tal toma de consistencia existencial devenga posible: la primera es relativa a la función de discernibilización de los materiales de expresión557. Una y otra vez, Proust nos sitúa frente a la misma condición: «Là où je cherchais les grands lois, on m’appelait fouilleur de détails»558, a lo que Guattari apostilla: Le déclenchement au sein du champ pragmatique esthétique d’une telle composante de discernabilisation bouleverse complètement les références traditionnelles au bon goût, à l’élégance du style, à l’équilibre des parties, à la construction et au développement harmonieux d’une œuvre entièrement préconçue, 556 Ibidem. 557 «Les signes ordinaires du langage nous font manquer les réalités essentielles. Le jeu de signes qui s’organise sur le “grimoire” de La Recherche n’est en rien comparable avec celui des langues “conventionnelles”. Les sémiologies signifiantes manquent à la fois de naturel et de moyens artificiels. Elles manquent de naturel parce qu’elles nous engluent dans les évidences quotidiennes, les redondances dominantes, tout ce qui relève, selon Proust, du monde de l’habitude. Elles ne sont pas assez artificielles parce que pour retrouver la vraie “résistance du matériau”, il est nécessaire de forger des sémiotiques beaucoup plus machiniques que l’on peut comparer à celles de la science: “L’impression est pour l’écrivain ce qu’est l’expérimentation pour le savant” [III, 880]. La fonction de discernabilisation implique donc, dans le même temps, une plus grande passivité, un pus grand abandon aux rencontres fortuites et à la nudité du réel, et une plus grande sophistication du mode de sémiotisation. L’aperception empirique des kantiens ou la réduction éïdétique des phénoménologues devra être “armée”. Les machines sémiotiques de discernabilisation devront pouvoir accélérer ou condenser le temps, distendre ou contracter l’espace, produire des visages composites ou bien les faire dériver les uns des autres… “L’ouvrage de l’écrivain n’est qu’une espèce d’instrument d’optique qu’il offre au lecteur afin de lui permettre de discerner ce que, sans ce livre, il n’eût peut-être pas vu en soi-même.” [III, 911].» (IM, págs. 310-1). 558 PROUST, III, 1041, apud IM, pág. 311. 353 parfaitement maîtrisée dès sa conception. Les lecteurs de La Recherche sont prévenus: ils ne liront pas un livre, ils utiliseront un outil: «De sorte que je ne leur demanderai pas de me louer ou de me dénigrer, mais seulement de me dire si c’est bien cela, si les mots qu’ils lisent en eux-mêmes sont bien ceux que j’ai écrits (les divergences possibles à cet égard ne devant pas, du reste, provenir toujours de ce que je me serais trompé, mais quelquefois de ce que les yeux du lecteur ne seraient pas de ceux à qui mon livre conviendrait pour bien lire en soi-même)» [III, 1033]. Le critère du beau est devenu la joie du «réel retrouvé». L’intensité du désir associé au surgissement d’objets déterritorialisés, qui n’auraient eu aucune chance de parvenir à l’existence, ou de s’y maintenir, dans les conditions «normales» de sémiotisation, a été ainsi promu au rang d’un véritable «argument» esthéticoontologique.559 La segunda función aparece ligada a la concatenación de estas proposiciones maquínicas y el alumbramiento de nuevos componentes, esto es, la «trans-duction et la pro-duction des composantes»560. La discernabilisation abaisse l’«entropie sémiotique» relative aux «impressions»; elle permet de bâtir des univers fondés sur des objets, des relations, des intensités hyper-déterritorialisées. «Seule l’impression, si chétive qu’en semble la matière, si insaisissable la trace, est un critérium de vérité[»] [III, 880]. Mais la consistance existentielle de ces univers dépend de la nature de l’agencement qui les articule. La réalité a perdu son unidimensionalité ontologique. Elle doit être travaillée au niveau de ses modes d’efficience sémiotique. Ce n’est plus seulement à la création d’êtres nouveaux que conduit cette expérimentation des 559 IM, pág. 311. 560 IM, pág. 310. 354 sensations, de la mémoire, des affects, des fantasmes, mais également de modes d’être nouveaux.561 La lección impartida por Proust es tan maravillosamente compleja como poderosamente sencilla. Hemos hablado ya de esa afirmación proustiana según la cual, simplemente, «l’individuel existait»562. Proust erige toda una ciencia de lo individual, en línea con las propias ciencias de su tiempo, pero al tiempo intempestiva. La Recherche es una de las lecciones de Estética más maravillosas del siglo XX, y es precisamente en este punto, en este sentido de lo individual y de la desinvidualización tan extremadamente refinado que tiene el autor (dueño de un oído finísimo, preparado para lo molecular y sus devenires), donde Guattari fija su atención y su análisis. La subjetividad humana, nos dice, no es una sustancia indiferenciada, vacía, que el «exterior» vendría a llenar y animar. Proust ha hecho un descubrimiento de la diferencia y los maquinismos abstractos563 que permite comprender el lugar de su obra en el pensamiento de Guattari (y de Deleuze), en un magisterio semejante al que en el plano ético-ontológico supuso para ellos el nietzscheanismo (o el propio Deleuze para Guattari), y en el que la música disfruta igualmente de un lugar preponderante: 561 IM, págs. 311-2. 562 PROUST, III, 255-6, apud IM, 242. 563 «Toute son analyse le conduit vers la saisie de machinismes abstraits transsubjectifs et trans-objectifs, dont il nous fournit une description rigoureuse, et, cela va sans dire, d’une suprême élégance: “Même quand il ne pensait pas à la petite phrase, elle existait latente dans son esprit au même titre que certaines autres notions sans équivalent comme la notion de lumière, de don, re relief, de volupté physique, qui sont les riches possessions dont se diversifie et se pare notre domaine intérieur” (I, 350). Et lorsqu’au détour d’un paragraphe la petite phrase de Vinteuil émet ses propres opinions (I, 348-349), se substituant pour un instant aux trois interlocuteurs attitrés de cette “région” de la Recherche — Swann, le Narrateur et Proust lui-même, en tant que scripteur réel— c’est sous sa face la plus a-subjective, la plus a-signifiante qu’un bref instant, l’agencement collectif de son énonciation se révèle.» (IM, pág. 243). [Document text truncated for crawler view.]