La construcción del discurso nacional en El Salvador a través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Gavidia
Abstract
El foco de interés del presente estudio, respondió a una triple problemática: Primero, resolver la validez de la verdad poética y su capacidad de hacernos comprender la realidad. Segundo, avanzar, desde el discurso poético, en la comprensión del fenómeno histórico político: “la nación salvadoreña”, interpretado en el imaginario e ideario de las voces literarias de sus ideólogos, intelectuales, pobladores, y su relación con sus contextos locales y regionales. Tercero, identificar e interpretar, cómo y por qué se adopta el modelo nacional como proyecto político y cómo es imaginado y legitimado desde un ideario de nación a través de sus discursos poéticos.
Full text
Facultad de Fil osofí a
Departamento de Filoso fí a e Antropoloxí a Soci al
La construcción del discurso nacional en El S alvador
a través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Gav idia
T esis Doctoral
Presentada por la Licenc iad a
MAR ÍA BEA TRIZ NÁJER A PÉREZ
Director:
DR. M ARC ELINO AGÍS V ILLA VERD E
Santiago de Co mpostela
2013
2
M emoria realiz ada por M aría Beatriz Nájera pa ra l a obtenci ón del grad o de
doctor por la Univ ersidad de Santia go de Co mpostel a, dirigida por el Dr . Marcel ino
Agís V il laverde, Catedrático de Filoso fía del Departamento de Filosofí a y Antropologí a
Social , Facultad de Fil oso fía, USC.
INFORM E DEL DIRECT OR
Como di rector de la T e sis Doctoral elaborada por Dña M aría Beatriz Nájera
Pérez sobre el te ma “ La construcción del discurso nacional en El Salv ador a
través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Ga v idia” informo
que el trabajo, realizado con rigor y meticulosid ad, cu mple los requisitos
exigibles para que se proceda a su presentación y defensa pública en la
Universidad de Santiag o de Compostela.
Santiago de Co mpostela , 10 de julio de 2013 .
La autora El Di rector
M aría Beatriz Nájera M arcelino Agí s V il laverde
3
DEDICA T OR I A
A Dios, por regalarme lu z y amor .
A mis M ad res, Dorita y Espe ranza, po r su capaci d ad de da r
más de lo que reciben .
A mis hijos, Aura y Emman uel, con admiraci ón y amor .
A mí querido M ae stro, Marceli no Agís, por confi ar y guiar me
con respeto, cariño y s abi durí a, con vi rtiendo un sueño en
realidad: “desocul tar” la filosofí a del amor qu e habita la
palabra poética de Gav idia.
A mis amigas, y amigos porque me llenan de amor sin más
razón q ue su capacidad y v olun tad de h acerl o y son mi
alimento diario.
A mi q ue rido Jorge Lemus, con admiración y respeto porque
siempre me animó y confió en la i mportanci a de mi proyecto .
A la Uni versidad Don Bosco, a la Univ ersidad de Santiago de
Compostela y al Programa Erasmus Mun dus por su
incalcul able labo r en la promoción del saber .
4
Í NDICE
INTR ODUCC IÓN ....................................................................................................... 8
PRIMERA P ARTE : M A RCO TEÓRICO-MET ODOLÓGICO ......................................... 19
CAPÍTUL O I: PLANTEA M I ENT O DEL PROBLEM A ..................................................... 21
A. Idea del proy ecto... ......................................................................................... 21
1. De los orí genes de la inv estigaci ón ................................ ............................ 21
2. Del drama nacional que alien ta el proyecto. ............................................... 24
3. Propósito y di f icultades . ............................................................................. 31
B. Objetiv os de la inv estigación .......................................................................... 33
C. M etodología. .................................................................................................. 34
1. Criterios de selección de l corpus de análisi s .............................................. 34
2. El en foque metodoló gico. ........................................................................... 35
3. Niv eles de lectura e in terpretación .............................................................. 37
D. Importancia del estudi o. ................................................................ ................. 39
E. Alcance y limitaciones d e la inv estigación .................................................... 40 0
CAPÍTUL O II: ES T ADO ACTUAL DEL T EM A Y C OM PONEN TES
ESTRUCTUR ALES D E ANÁLISIS ............................................................................. 42 2
A. La hermenéutica como ví a de acceso e inte rpreta ción de la realida d ........... 42 2
B. Del peripl o de la hermen éutica y su lugar en la mod ernidad .......................... 49
1. La ruptura teológica. ................................................................ ................. 55 5
2. La ruptura filosó fica: la Ilustración y la rev oluci ón romántica ....................... 57
3. La ruptura del lenguaje y el mov imiento romántico . .................................. 61 1
C. El camino de Schlei ermacher . ................................................................ ........ 66
D. La Hermenéutica como metodolo g í a de las cienc ias del espí ritu: W . Dilthey .. 82
E. El giro ontoló gico de la hermenéu tica: Heidegge r . ...................................... 91 91
CAPÍTUL O III: DIRECTR ICES DE LA HERM ENÉUTICA CONTEM PORÁNEA P ARA
LA INTERPR ET ACIÓN TEXTUAL .......................................................................... 101 01
A. La teorí a general de la in t erp retación: E. Betti .......................................... 102 02
B. Hermenéu tica, compren sión y lenguaje: H . G. G adamer .......................... 10909
C. La interpretación como con flicto: P . Ri coeur ............................................. 125 25
CAPÍTUL O IV : POS IBILID ADE S Y LIMIT ACIONES DE LA HERM ENÉUTICA
LITERAR IA EN LA IN TER PRET ACIÓN DEL DISC URS O POLÍTICO ..................... 143 43
A. El discurso li terario y el probl ema de la v erdad. ....................................... 143 43
B. Posibi lidade s del conocimiento a trav és del tex to y la me táfora .............. 14747
C. Diál ogo y recepción. ................................................................ ................. 157 57
5
SEGUNDA P ART E: MODA LID A DES DISCU RSIV A S Y CONCEPT UALES DE LA
INVEST I GA CIÓN .............................................................................................. 162 62
CAPÍTUL O V : C ONCEPT O S P ARA EL ES TUDI O DE LA OBRA GA VIDIAN A ........ 163 63
A. La nación co mo horiz onte de inte rpretación ............................................. 163 6 3
B. El concepto d e nación e n la obra li teraria: entre la id eologí a y la utopí a ...... 169
1. Sobre el concep to de ide ología. ................................................................ 171
2. Sobre el concep to de u topí a. .................................................................... 179
C. Las categorí as de la interpretación y los niveles de l ectura. ......................... 183
CAPÍTUL O VI: LA INTERSEC CIÓN ENTRE E L DISC URSO LITER ARIO Y EL
POLÍTICO ............................................................................................................. 195195
A. Deli mitación de los ho rizontes identi tarios: histo ria, cultura y polí t ica ........... 195
B. El imaginario nacional y su ideario co m o ho rizon te de lectura .................. 20808
C. Categorí as implicad as en el hecho pol í tico .............................................. 22222
1. Cultura e identidad ............................................................................... 22223
2. En los bordes del Es tado-Nación .......................................................... 23030
3. El Puebl o .............................................................................................. 24747
4. Patria y patriotismo . .............................................................................. 25656
CAPÍTUL O VII: L ITERA TURA, POLÍTICA Y F ILOSOFÍA ........................................... 265
A. Arte y litera tura: los lí mites del len guaje poético . .......................................... 267
1. Estructura , funciones y diná mica del len guaje poé tico. ........................ 270270
2. El desví o del lenguaj e poé tico ................................ .................................. 272
3. Los niv eles fónico y semántico. ........................................................... 276277
B. Filosofí a y poesí a ................................................................ ......................... 281
C. La poesí a como discu rso polí tico ................................................................ . 286
CAPÍTUL O VIII: EL HECHO P OLÍTICO EN LA L ITERA T URA IBEROAM E RICAN A ... 292
A. Los intelectuales españo les ante el “problema de Espa ña” ..................... 294294
1. José Orte ga Y Gasset: origen y epí logo de la naci ón española ........... 298298
2. Pedro Laí n Entral go: ¿a qué ll amamos España ? .................................. 30506
B. El núcleo Iberoame ricano: el sueño de la M adre -Patria ........................... 30909
1. El sueño de la M adre-patria y la Pat ria grande ..................................... 31212
2. Orte ga y América. ................................ ................................................. 31515
C. El núcleo Latinoamerica no: f ic ción de la nación o nación de la ficción ..... 31920
1. G. M ontaldo: ficciones cul turales y fábulas de ide ntidad en A mérica
Latina ................................ ............................................................................ 32020
2. M abel Moraña. Literatu ra y cultura naci onal en L atinoamérica . ............ 32727
6
3. M anuel V elásquez M ej ía: Mythos y utopí a como estructura de la historia 33131
D. Núcleo Cen troamericano : las nacion es en espera ................................... 33333
TE RCERA P ART E: HERMENÉ UT IC A DE L A OB RA DE FRA NCISC O G A VIDIA ... 33737
CAPÍTUL O IX: EL PR O B LEM A DE LAS FUENTE S ................................................... 338
A. Caracterí sticas y tipos de fuentes de in f ormación ........................................ 338
B. V alor y fiabilidad de l as fuentes ................................................................ 34242
C. Clasi ficación de la produ cción tex tual de y sobre Gav idi a ........................ 35151
CAPÍTUL O X:EL C ON TEXT O HISTÓRICO, P OLÍ TICO Y FILOSÓFIC O DE GA VIDIA 357357
A. El contex to histórico salv adoreño: nacimiento y d esarrollo de la nación .. 357357
1. Prehistoria de la nación: las cul turas anteri ores a l a independen cia. ............ 360
2. El siglo XIX : el naci miento de la naci ón salvad oreña y su evol ución
políti ca ........................................................................................................... 365365
3. A vatares de la historia c ontemporánea has ta mediad os del siglo XX. . 383383
B. El pensamiento polí tico y filosó fico en América La ti na contemporánea
(1860-1950 ) ................................ ...................................................................... 357 3 88
1. Pensamiento y cultura autóctona : Que tzal cóatl y H uitzilop ochtli ........... 39394
2. El pensamien to polí tico: li berales y conservadores ............................... 40000
3. La filoso fía europea en América: krausismo , posi tivi smo y las filosofías
del s. XX ......................................................................................................... 40707
CAPÍTUL O XI: LITERA TURA Y CUL TURA EN LA ÉPOCA DE GA VIDIA ................ 42121
A. La cultura y la literatura sal vadoreña en el tránsit o del s. XIX al s. X X ..... 42121
1. Las condicion es cultural es .................................................................... 42121
2. El panorama literari o Centroa mericano ................................................. 42828
3. La literatura en El Sal vador: el moderni smo y su renov ación .................. 444 4
B. Francisco Gav idi a: la odisea de un genio ..................................................... 461
1. La producción literaria de Franci sco Gav idia: su in fluencia y su olv ido. .. 473 3
2. Estudios ac tuales de la obra Gavi diana. ................................................... 499
CAPÍTUL O XII: FUND AME NT OS FILOS ÓFICO S DEL PENSAM I EN TO D E GA VIDIA 52020
A. La coherencia consti tutiva ....................................................................... 52121
B. Lí neas generales de su pensamiento ................................ ...................... 52727
C. Filosofí a e interpretación : las tesi s princi pales de Gavidi a ........................... 543
D. La idea de la sí ntesis en el pensamiento filosó fico de Gavi dia. ................ 5 561 1
CAPÍTUL O XIII: GA VIDIA: EN TRE EL DISCURSO S IM BÓLICO Y EL RA CIONAL 56565
A. Hermenéu tica poética: de la patria a la nación ................................ ............ 567
1. Júpiter : los ho riz ontes del pretexto y con texto. ......................................... 567
7
2. “ V ersos” : horiz ontes del pretex to y el con tex to de “ Patria” ........................ 572
3. La simbolo g í a de Gavi dia en los poemas “V ersos ” y “Só teer”. ............. 586586
B. La simbólica naci onal: el camino hermenéutico h acia el coraz ón de la
“Nación” ............................................................................................................ 592592
1. Anál isis e interpretaci ón del corpus “Júpite r”. ....................................... 593593
1.1 El sentido de la hi storia y los persona jes . ............................................ 605600
1.2 Los temas y cate gorías desar roladas en cada acto. ............................. 609602
1.3 Interpre tando la me tá f ora gav idian a de Júpiter. ......................................... 605
1.4 Treinta y ocho poem as para la Pa tria. ...................................................... 609
2. Análi sis e interpretación del corpus “Patria ”: un p rimer rodeo . .............. 610 61 1
C. El sistema categori al de Gav idia y su relación co n un proy ecto nacional ista.621
D. Interpretación de la simb óli ca nacional del discurso gavi diano ................. . 62 627
CAPÍTUL O XIV : METÁFORA Y UTOPÍA EN LA P OESÍA DE GA VIDIA ...................... 632
A. Las metá foras gavidi anas y su proy ecto polí tico. ......................................... 632
B. Historia y destino nacion al: La Patria Grande Ce ntroa mericana . .................. 644
C. El imaginario poético y la const rucción del discurs o nacional . ...................... 647
D. El discurso gavidi ano en el contexto actual . ................................................. 658
CONCLU SIÓN: UN DIÁLOG O CON GA VIDI A ......................................................... 664
BIBLIOGRA FÍ A ..................................................................................................... 684
A. Obras de Franci sco Gavidi a (clasi ficadas por área s) . .................................. 684
1. Artes. ................................................................................................... 593684
2. Educación . ................................ ........................................................... 593684
3. Lenguaje. ................................................................ ............................. 593685
4. Letras . ................................................................................................ 593686
5. Teatro . ................................ ................................................................ 593687
6. Sobre costumb res y lugares de San Salv ador . .................................... 593688
7. Historia, Polí tica y Filosofía. ................................................................ . 593688
8. Colecci ones básicas. ........................................................................... 593689
B. Obras sob re Francisco Gavi dia . ................................................................ . 689
C. Bi bliogra fía general . ................................ .................................................... 691
D. Di ccionario s y obras de con sulta . ................................................................ . 71 1
8
INTRODUCCIÓN
La idea de nación que se f unda teóricam ente en la de mocracia, la
república soberana, el Estado laico, los de rec hos ciudadanos, el orden fu ndado
en la ley , e ideo lógica mente en la ide ntidad y el sí mismo nacion al como pu eblo
ciudadano, pareciera ser la expresión de la elevación de l a conv ivencia, per o
su co nstrucción no ha conducido a resultados similares, en las d iferentes
regiones. Esto ha sido uno d e los motivos de int erés que primero motivaron la
presente investigación, comprender cómo las naciones surgidas en los siglos
XIX y XX, construidas teóricamen te desde un m ismo ideario d e co nviv e ncia
política, salidos d el v ientre de la modernidad, d ista n mucho en sus perfiles
sociopolíticos y e n l a calidad d e v ida, convivencia y resu ltados. P ero má s q ue
nada, otro motivo radica en que , en muchos casos, sus líderes han emergido
de las filas de los intelectuales, conv irtiéndose en ideólogos de la nación.
Acá no s i nteresa el caso de las naci ones centroamericanas y sus
ideólogos nacionalistas, especial mente la función q ue l os intele ctuales y la
literatura han de s empeñado en la construcción de un ideario nacional que,
como veremos, sigue sien do u n diseño p ostergado a la espera sombría d e su
realización. Una cond i ción a la cual han respondido sus poetas tratando de
comprenderla.
En el pres ente estudio, el f oc o de nuest ro interés lo situamos e n una
triple problemática: prime ro, resolver la validez de la verdad p oética y su
capacidad de profundizar en el ser de la rea l idad. Seg undo, comp r ender desde
el discurso p oético el fenómeno de la nación salvadoreña y descubrir el
imaginario que sus ideólogos crearon e introdujeron a los poblado res , el
apropiamiento de é ste , así como su relación en e l concierto de las dinámicas
mundiales. E n e l caso de la región, lleva a preguntar por la plataforma política y
el trasfondo filosófico e histórico -cultural que han sostenido el discurso
9
nacional: En e l caso salv adoreño, queremos p reguntar si su d in ámica histórica
ha sido alen tad a de s de un pr o y ecto e ideario nacional y , si es así, cuáles han
sido sus fundamentos.
Como se puede a preciar , n os encaramos con un o de los p ro blemas
relacionados directamente con la modernidad. La construc ción del Estado-
nación; la cual, según una de las tesis fundamentales de E rn est Gellner ,
constituye u na caract erística intrí nseca de la industrializ ación. M odelo c uya
difusión ha sido desigual, a ca usa de la necesidad que dema nda: cambios
radicales en la configuración política, social y cultural de las sociedades en las
que ha su rg ido tempranamente, y en las que se difunde. Un cam bi o que
Gellner identifica con el surgimiento de un nuevo modelo de Estado: el Estado
nacional, por lo que la nación para é l resu lta un f enómeno propio de la
modernidad; como condición pa r a la funcionali dad d e l a sociedad industrial. Por
lo que el f enó meno nacional le resulta inherente a la so cie dad industrial. Un
proceso parad ójico, c o mo modelo a realizar en Centroamérica, pues en el
momento de la adopción de dicho mod elo político, las sociedades
centroamericanas estaban muy lejo s de constituir sociedades industriales. Por
lo que la na ci ón se ofrece como extensión y a v ance d e un modelo aje no al
desarrollo de la región, pero obligado c omo condición mundial.
La tercera problemática nos lleva al cómo y por qué se adopta ,
entonces, dicho modelo y cómo fu e concebido por sus ideólogos en su f unción
y fun cionamient o e n el ma rco social, cultural, político y econ ómico . Así como a
preguntarnos por los espacios literarios en los que podemos en c ontrar m aterial
para comp re nder las ideas y e l proce so histórico de su despliegue y los
mundos que en dichos textos se figuran y configuran.
Asumimos que la literatura nos of r ece variados ejemplos p ar a a cceder a
tales m undos, sobre todo a través d el género novelístico, e l dramático y , por
supuesto, a través de los ens ayos de cre ación. Nue stra pregunta genérica
base, y también nuestro reto particular , es el de saber si puede el poema
construir un ideario nacional capaz de trasladarnos al ám bito socio-histórico y
político, p ara revelarn os claves que nos permitan comprender ese proceso
histórico y su devenir . Por ende, la p regunt a que sale al paso es si existen
16
posiciones sobre el origen y naturaleza del fenómeno nacional, nos de ja mos
guiar por Ernest Gellner y sus te sis sobre la nación y el nacionalis mo. Éstas la s
complementamos con las de sus ana listas y críticos; así com o por teóricos
adicionales que se ha n ac ercado al enfoque que acá se pretende, tal es e l caso
de Juan Carlos Sánchez , en su e nsayo, L a nación inacabada , del cual
construimos la categorí a de “ nación fallida ” pa ra aplicarla como concepto
definitorio del caso salv adoreño, por result ar coh erente y enriquecedor de las
tesis de Ge llner , y con la f inalidad de comprender me j or la historia y condición
de la formación política salvadoreña.
De José Lu is Go nzále z y o tros, nos apropiamos d e los e l ementos que n os
permiten e l análisis de los conceptos de patria y patriotism o, d e frecuente u s o
en los discursos que constituyen nuestro cor pus d e análisis: el po e mario Patria
y el d rama h istórico Júpiter . Desde estos m iradores nos ace rca mos a otras
propuestas que matizan y en riq uecen nuestra comprensión, como l os of r ecidos
por Ortega y Ga sse t, La í n Entralgo, Ramón Máiz, y otros avanzados en e l
tema. En esta primera parte, ofrecemos las categorías fundamentales que
hemos presentido, en n uestro p rim er nivel d e interpretación, a f in de entablar el
diálogo con los te x tos po éticos de Francisco Gavidia. Estas ca t egorías son
claves hermenéuticas que surgieron de un primer niv el de lectura del corpus.
Por ello, el otro momento f undamental que ocupa la primera parte del
estudio consiste en la construcción de la metodología, que supone cuatro
momentos. Para lo c ual seguimos las tesis de H. -G. Gadamer y Pau l Ricoeur y
sus continuadores; y d e ello, derivamos el instrumental d e anális is e
interpretación hermenéutica. Este proceder demanda la contex tualización d e
los te x tos a inte r pretar . Por lo que la primera parte f inaliza el aparataje teóric o
hermenéutico que valida la metodologí a.
La se g unda parte aborda la construcción de categorías de análisis y
conduce a l os demás elementos claves de la m etod ología. Analiza la
intercepción entre literatura política y f ilosofía, los componentes y condiciones
del hecho p olí tico en la región, visto desde diferentes e studi os que nos
anteceden, y d an cue nta d e otras miradas literarias, qu e han hecho d e la
situación política, objeto de su lab or literaria e intelectual. Un recorrido que
17
abarca escenarios concéntricos desde lo iberoamericano a lo local.
La última p art e deslinda di ferentes ho riz o ntes de lectu ra : historia, cu ltura ,
literatura, f ilos ofía, pol ítica, a sí como la situación actual de los estudios de los
textos gavidianos; y luego su análisis e interpretación. P as o que nos ha
permitido el a cceso y la exterioriz ación de su pensamiento filosófico. E l cual ,
según veremos, result a original y sustenta dor de su pensami e nto político y d el
ideario nacional subyacente en los tex tos.
Esos momentos permite n la identificación de l pensamiento polí tico y su
intención, a sí como el descubrimiento de la intención d e su labor poé tic a y de
su palabra. La que veremos se adelanta a su época, anunciando la necesidad
de una n ueva humanida d y en e llo la labor del poeta -filosofo, de l int electual y
de una nueva f ilosofía : la filosofía de l cuidado, del amor , que de paso a una
ética de la corres ponsabilidad, en un mundo q ue cada v ez má s pare ce
amenazado por la desintegración a que co nduce, dicho en lenguaje
levinasiano, la totalización del otro. Situa ci ón que para Gavidia es resultado de
una práctica dominada po r las relaci ones de interacción social.
Para Gavidia, el egoísmo e x tremo, la ambi ción sin límites, la exclusión del
otro, se han situado com o mediación de la interacción h u mana y marcan la
dinámica so cial, política y cultural. Pero a la vez, es un m undo que Gav idia
comprende como capaz de poder transformarse e n voluntad de d iál ogo y
ac uerdo. Condición e n la que ve po sible la superación de la dispersión y auto -
aniquilación, a que lleva el pred ominio del int erés e goí sta del sujeto libre. E sta
posición, para Ga v idia, a l dominar la acción social resu lt a en la con figuración
de una estructura intersubjetiva fundada en la violencia, que funciona como
causa del fracaso de la conviv encia.
A lo largo de su labor , Ga v idia se enfrentó a dos preguntas f u ndamentales:
¿cómo lograr armonizar e l interés social con el individual? ; y su complemento,
bien representado en la pregunta f ormulada por J. A. Marina, en su libro Las
culturas fracasadas : ¿Es posible que individuos inteligentes y libres, orgullosos
de su autonomía, puedan convivi r armoniosame nte?
V eremos que Gavidia se inició con la pregunta contrari a: ¿Es posible que
hombres f or mados en la esclavitud, la excusión, la corrupción , puedan convivi r
18
armoniosamente com o hombres libres y comprender la idea del bien común y
la respon sabil idad comú n de la libertad? Ese pensamiento aletea desde lo
pr ofundo de su o bra prí stina, e n s u Júpiter y cierra el ciclo respondiendo en su
obra d e m adurez , Sóter , medida por su co njunto de poe mas q ue compone el
poemario V ersos y Patria , razón de la selección de d ich os tex tos com o corpus
de análisis.
19
PRIMERA P A RTE: M A RCO TEÓRICO- METOD OLÓ GIC O
20
“¡ Oh, Patria! O h Centr oamérica,
Necesitas con vuestras propias manos
Levantar vuestra lápida mortuoria
Que gravita en la tierra como un monte
E interroga después el horizonte
Para encontrar el rumbo de la gloria”
(Francisco Gavidia)
3
3
GA VI DIA, F: “A Centroamérica”, en Obras Completas de Fr ancisco Gavidia ; obra poética, VI. Ed. Dirección
Nacional de Publicacione s, San Salvador , El Salvador , 1974, p. 243.
21
CA PÍTULO I:
PLANTEA MIENTO DEL PROBLEM A
A. Idea del pro y ecto
1. De los orígenes de l a inv estigación
La presente investigación tiene su origen en el deseo de articular una
díada teórico-pragmática p ara analizar la obra de Francisco Gav idia. Por un
lado, la aceptación del principio de lingüisticidad de la e x periencia humana,
como lo que permite legitimar la relación entre lenguaje poético
4
y rea lidad
histórica. Lo otro ha sido la necesidad de dar respuesta a la pregunta hist órico-
política sobre e l ideario de n ación que ha dinamizado la historia política de El
Salvador . La posibilidad de tal articulación constituyó e l motor para estudiar la
obra de Gavidia, desde una perspectiva h ermenéutica.
El Sa lv ador es un país d e veintiú n m il kilómetros cuad ra dos, situa do en la
cintura de A mérica y cuyo pe r fil n acional se antoja a la vista del o bserv ador
como una figura desgarr ada de s de sus orígenes. En contante to rs ión por llegar
a ser lo que ha ce más de 170 años f u e proclamado e n su cons titución ,
aspiraba a inaugurar u n nuevo capítulo de la h istoria política de la región. Es
importante considerar que la historia salvadoreña, si bien no idéntica, comparte
muchos aspectos comunes con e l resto de la región. Com prender su dinámica,
sería un progreso en la captura del sentido de la historia de toda la reg ión.
T area que d emanda una he r menéutica dedicada a restaurar el verdadero
sentido que contienen los textos y los símbolos del discurso político y literario.
Una b úsqueda que permite e x plicar e l proceso de constitución de la conciencia
del “sí mismo nacional”, contribución a la que este proyecto se adhi ere.
Para tal fin, hemos in tegrado la necesidad de c omprensión del s entido
histórico de un momento del acontecer de la rea lid ad política salvado reña y lo
que nos apo rt a la herme néutic a pa ra interpretar y comprender textos literario s
4
Los textos poéticos serán comprendidos como “textos eminentes” , ap licando la ter minología de Gadamer . Sobre la
definición que hace Gad amer de este tér mino y la cercanía d el término con el de “expresiones multívocas” de
Ricoeur Cf. G ADA MER, H, G: El Giro Hermenéutico , Ed. Cátedra, Mad rid, 1998, p. 1 14.
22
de Francisco Gavidia, principal fuente y objeto de estudio de este trabajo.
No pretendemos dar cuenta de la totalidad del problema histórico -político
salvadoreño; mucho men os pronunciar la última palabra, sino solo desbrozar el
camino hacia la comprensión de l a rea lid ad inmersa en los textos “poéticos”,
que constituyen nuestro co rpus de análisis, fun damentalm ente el p oemario de
Francisco Gavidia: Patria y el poem a dramá tico Júpiter . Fuentes muy
reveladoras y que, sin emba rg o, no han sido con si deradas seriamente co mo
portadoras de un mensaje filosóf ic o, históri co y p olí tico a través de s u
naturaleza poética. Así pues, un o de los supuestos básicos de nuestra
investigación sostiene la validez de dichas fuentes como forma de
conocimiento de la filosofía po lí tica de u n autor clave en el p anora ma literario y
cultural de El Salvador .
En tal se nti do, consideramos que su obra poética constituye un punto de
vista novedoso y f un damental para acce der a nuevos sab eres de nuestra
realidad nacional e incluso regional. Nuestro proyecto ha p ermitido, pues, un
doble m ovimiento: la co nstrucción del cami no de a cces o a la c omprensión
filosófica de la o bra literaria y a través de d ich o tránsito, comprender el d iscurs o
político gavidiano, que e nc ontramos tras el análisis de su poesía; como un
saber que busca construir las señ as de identidad de toda u na nación y , desde
ellas, un ideario nacional para fundamen ta r la nación salvadoreña ; así com o,
un a nálisis f ilos ófico, antropológico e h istóri co -político, que deja al de scubierto
las a menazas para el éxito del proyecto político nacional , análisis de gran
validez actua l.
La construcción del camino hacia la verdad d e los textos poéticos, la
hacemos d e la m ano de la hermenéutic a, una vía que se ha venido
perfeccionado desde e l siglo XIX, p ero que hunde sus raíces e n la propensión
connatural al hombre de interpretar los mensajes y signos de los otros. Una
hermenéutica primaria, circun scrita al ámb it o com unicativ o, a partir de la cual,
se ha n crea do o tr as m ás complejas para i nterpretar y comp re nder mue str as
más ricas y sutiles de la creatividad, en todos los campos del con ocimiento y de
la acción.
Esta investigación resulta también una exp eriencia de conocim i ento. Un
23
viaje p or los cam inos de la interpretación y de la reflexión sobre los te x tos
constitutivos de un discurso nacional. Un viaje so stenido en las te sis
fundamentales de la hermenéutica f ilosófica, que resumidamente ofrecemos a
continuación y cuyo desarrollo lo abordamos en el siguiente capítulo:
T esis 1: El lenguaje no es un suplemento de la comp r ensión.
Comprensión e interpr etación van entrelazadas mutuamente. Ric oeur ha hecho
célebre una f órmula que nosotros subscribimos: “interpretar má s para
comprender mejor”. La interpretación lingüística nos lleva hacia la comprensión
del sentido, un es pacio priv ilegiado en el qu e se r eúne el legado de la tradición y
la cosmovisión inherente al presente
5
.
T esis 2: No hay una experiencia previa al lenguaje, la experiencia humana
está, pues, estructurada lingüísticamente. En los textos escritos hay u na verdad
que quiere ser comprendida, no como conting encia de su a utor , pues los tex tos
tienen u na vida propia, de alguna f orma se han liberado d e las ligaduras con su
autor para abrirse a todos los lectores posibles.
T esis 3: En la ob ra de arte, y p articular mente en la literatura, viaja una
verdad que interpela a l presente, que se r ec onoce en ella, y en la cual se
reafirma, pues le concede una nueva v alencia óntica.
6
T esis 4: La f ilos ofía es reflexión que debe recurrir a un lenguaje simbó lic o
y , por tanto, convertirse en interpretación, ya que la “ reflexión es la aprop i ación
de nuestro esfuerz o p or e xistir y de nuestro de seo de se r , a través de las obras
que dan testim onio de ese e s fuerz o y de e s e deseo” .
7
T esis 5: “(…) es posible comprender m uy bien gracias al arte que ese
entender tiene el ca r ácter de un acontecer . Acontece r quiere de cir aquí que
nosotros somos d ueños y señores de la verdad, de la que se n os hace partícipe
en el art e ”
8
. L a situa c ión d e l o h ablado debe c oncebirse desde la situació n
5
Cf. DUTT , C: En conversación con Hans- .George Gad amer . Her menéutica -Estética-filosofía Práctica , Ed. T ecnos,
Madrid 1998, p. 41- 43.
6
En relación a la acota ción del c arácter de ocasiona lidad que le atribuye Gadamer a la obra de arte, en V er dad y
Método, véase. GRONDIN, J: Intr oducción a Gadamer , Ed. Herder , España, 2003 pp. 85 - 87.
7
RICOEUR, Paul: El conflicto d e las interpretaciones. Ensayo s de Hermenéutica , Fon do de Cultur a Económica,
Buenos Aires, 2006, p. 299.
8
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 92.
24
dialogal, desde la dialéctica de pregunta y respuesta que permite el mutuo
entendimiento y la articulación del mundo que comparten el texto y su intérprete.
T esis 7: Lo peculiar de la obra de a rte es que nunca se comprende del
todo. Nunca obtenemos una respue st a efectiv a que perm ita decir <<ya lo sé>>
Obtenemos de ella una información correcta … y nada m ás. No podemos sacar
de una o bra de a rt e toda la i nformación hasta dejarla vacía… Esto hac e que
perdure una obra de arte (…). La du raci ón es una nota característica de la obra
de arte.
9
Por tanto, en el presente estudio a s umimos las tesis de la h ermenéutica
filosófica desarrolladas p or H. G. Gadamer y P . Ricoe ur sobre la relación e ntre
lenguaje, pensamiento y realidad, interpretación -comprensión -v erdad, diálogo e
intersubjetividad, lectura y recepción d el texto. Herram i entas con las cu al es se
abor dará el problema central de este proyecto, que gira e n torno a l a
interpretación – comprensión del discurso n acional salvadoreño, acontecido en
la obra literaria de Francisco Gavidia.
2. Del drama nacional q ue alienta el proy ecto.
En 1842, diecinueve años desp ués de la d eclaración de independencia de
las provincias de Cen troaméri ca, se proclamó la f undación de la Rep úbli ca “del
Salvador”
10
. Este nue v o proyecto político f ue resultado de la fallida idea inicial:
la f undaci ón de la gr an na ció n Centroamericana, a cor de a l modelo po lí tico
federal. Con la fundación de la nueva Rep úb lica salvadoreña, se abría el telón
a un nuevo d r ama polí tico que pondría e n acto una n uev a obra política. El éx ito
de este proyecto p olítico demandaba la existencia de unas condici ones ideal es
mínimas, que suponían una serie de tr ansformaciones en los ámbitos
económico, social y político. T al es el caso de la transformación de la po blaci ón
en sujeto nacional; es d ecir , pasar de populach o a pueblo -ciudadano, e l cual
9
GADAMER, H.G: V erdad y Méto do V ol. II, Ed. Sígueme, Salama nca 1992, p. 249.
10
La asamblea centroam ericana proclam ó, el 1 de julio de 1823 , la independen cia de España, Méxi co o cua lquier
otra nación y se constituyeron las Provincias Unidas de Centroamérica . El 22 de diciembre de 1823 la Alcaldía
Mayor de Sonsonate y la Inten dencia de San Sa lvador acuerda n unirse . Ahuachapán rehúsa hast a el 7 de feb rero
de1824 , cuando las dos provin cias se unen totalmente y forman el E stado del Salvador , perten eciente a las
Provincias Unida s de Centroamérica ”. Véase en BALDOVINOS, Roque (coord.): Enciclopedia de El Salvador , T omo
I, La época colonial, Ed. Océano, Barcelona.
25
debía encarnar la voluntad nacional necesaria para la comprensión, y el
acuerdo mínimo para el co nsenso que de mandaría la república democrática
que se prometía.
De ta l mo do que el involucramiento de los actores sociales que se verían
actuando en dicha obra nacional era la prem isa bá sica de su fundación.
Suponía la existencia o compromiso con el desarroll o de los medios par a
fundar una conciencia na cional, así como su poní a la difusión sostenida del
proyecto nacional. Pero e l proyecto daba inicio pese a la inexistencia de tales
condiciones.
T al n obilísima y no v edosa “nación” co nstituí a e l proyecto político de u n os
pocos productores y directores d el nuev o escenario. Una ob r a en busca de
personajes. El lide raz go de este proyecto nacional estaba constituido por un
pequeño grupo de propieta rios d e haciendas que, s umadas, conformarían el
territorio d el n uev o Estado Salvadoreño, el cual a l bergaba, entre los límites de
unas y otras propiedades, una tradicional e structura d e tierras “comunales ” ,
que pertenecían a las comun i dades indígenas, quien es vivían reg idos por un
orden y una cultura a j enas a to dos esas nuevas dispo siciones “modernas”. Así
como un c onjunto de minifundios e n man os de m estizos, quiene s los
destinaban a la autosatisfacción de s us necesidades. Grupos que conformaban
la ma y oría de la población y quienes, lejos de verse ben efici ados por e l n uev o
proyecto, se verían afectados por el mis mo.
Enteradas o no, vinculada s cult ural y económica mente o no, estas
poblaciones n ativas y mestizas, que ah ora pa saban a constituir la po blación
salvadoreña, amanecían, estrenando una nueva ma quin aria de organización
política: la nación Salv adoreña. T al suceso, que si bien por el momento, n o
parecía afectar a las v idas de aquellos grupos de c iudadanos debutantes,
pronto se rí an reclamados para f ormar parte, de un a forma u otra, de aquel
inverosímil elen co. Estaban de stinados a verse afectados por las decisiones y
criterios de los d irector es y prod uctores d e aquella obra, y a constituir se , por la
fuerza, en protagonistas y antagonistas de un drama, a cuya escritura de l guion
no habían sido convocados y apenas sabían de su existencia.
Si ta l escenario resu ltaba inadecuado para la realiz ación de la obra
32
quienes pretenden gobernar , por lo que, a juicio de este au t or , interviene n dos
factores: la “pretensión a la legitimidad por parte de la autoridad gobernante y
la creencia en la legitimi d ad d el orden, creencia sustentada por sus súbditos”.
18
La segunda cita, con la cual se da inicio el a partado ha sido tomada d el
Prefacio, que David N. Gellner h ace al libro de su padre titulado Naciona lism o .
En ella a lude a l papel que jue gan los diferentes agente s en la construcción de
ese fe nómeno político de la modernidad
19
que hemos venido llamando
“Nación”, y cuyo rodeo h acia su m ejor comp r ensión haremos m ás ade la nte. Lo
que se ilustra en esta p rim era parte es e l establecim iento del prob lema de
nuestro trabajo o idea del proyecto, su p ro pósito investigado y e l procedimiento
para dar cuenta del objeto de estudio.
Respecto a dicho objeto de scribimos el estado a ct ual d e los estudios
realizados en to rn o a la investigación que acá interesa: conocer y reflexi onar
filosóficamente el pensamiento polí tico de uno de los escritores s alv adoreños
considerados po r unos, un intelectual de los más prom in entes y p rolí ficos, y por
otros un idealista inc onsecuente. Nos referimos a Francisco Gavidia, un escritor
que transitó entre dos siglos y que vivió los albores del surgimiento del proyecto
político nacional salvadoreño. Su vida transcurre en una etapa histórica de
fundación nacional, denominada como “La República del Caf é”
20
.
El propósito de l estud io consiste en reconst ru ir el discurso nacional que
subyace en sus textos poéticos, re flexionar sus ideas y dar cuenta de la
importancia d e dicho e studio en el e scen ario p olí tico , económico y social
actual. Esta es, e n resumen, la idea del proyecto. S e esp era que la presente
investigación posea el alcance de una he rr amienta d e análisis de las dinámicas
socio-políticas de El Salvador actual.
Para lo cual formulamos el probl ema como sigue: ¿ C u ál e s el d i sc urs o
18
RICOEUR, P: Ideolog ía y Utopía , Ed. Gedisa, Barcelona 199 4, pp. 17 - 18
19
Más adelante se justificará esta tesis sobre el funda mento de la nación como fenómeno de la modernidad, y sob re
cuyo origen hay dife rentes posiciones que han sido ampliamente discutidas por diferen tes autores.
20
Este período se inaugura a partir de l último cuarto del siglo XI X, con la unifica ción de los inte reses en tre los
liberales y conservadores, da ndo lugar a una alianza entr e los gr upos oligár quicos que dom inarían la vida de la
nación los siguientes cien año s. Allan Willson en La crisis de la i ntegración sostiene que el país ha sido
caracterizado incor rectamente como una república cafetalera.
33
na c i o nal sal v ado r eño in v ol ucr ado en el id e ar io na ci on al pr ocl ama do en los tex t o s
po ét i co s de Fr anc i s c o Ga v idi a , Pa tr i a y J úp it er y sus i mpl i c aci o n e s hi st óri cas
so ci o- p ol í tic as ? S e tr at a de d ar c ue nta de su s fun da me n to s fi l os óf i co s , de su s
pr es up u es to s pol íti co s , de s u r el aci ón c o n el h or i z on tes hi s t ór i c o y d e l a t r ad i ci ón ,
en l os c u al e s se ins ert a y edi fi c a la es tr uc tur a del dis c ur so nac io na l ; co mpr end er
el có m o y por q ué del d i sc ur so nac i ona l a tr av és de la her me n éu tic a de lo s tex to s
y des de un co ncr eto ho ri zo n te de i nt erp r eta c i ón de l os t ex tos emi nen t es
se l ecci on a do s .
S u solución permitirá comp re nder un trazo del perí odo político
denominado la República del Café (1 880 -1950), y , por añ adidur a, c uál es el
ideario de nación subyacente.
B. Objetivos de la investigación
De ac u er do con l o pr es en t ad o en el a p ar tad o ant eri or , lo s obj e t iv os
pr i nc ip al e s de l a pre sen te in v est i g ac i ón p u e de n si nt e ti z ars e en lo s sig ui en te s
pu nt os :
1. Re c on str ui r el di sc ur so na c io na l s al vad ore ño, a t r av és la c o m pr e ns ión d el
id e ar io d e n a c ió n pr oc l a mado en l os te x tos po ét i c os “ Pat r i a” y “Jú pit er ” d e
Fr anc i sc o Ga v idi a, a tr av és de l a her men éut i c a d e d i cho s t ex tos .
2. Co mpr en de r l as fu e nt es , tes is fil o s ó fi c as y po l í ti cas que fun d a me nta n el
id e ar io d e na ci ón pr ocl am ad o, l as r el a c io nes co nt ext u al es , s us
in t er lo cu tor es y ho ri zo nte his t ór ic os , en l os cua l es a p oy a y edi fi c a s u
id e ar io
3. Co mpr en de r , por ú l ti m o, el có m o y por q ué del d i scur so y r e fl ex io na r
re s p ec to a la importancia e i mpli ca c io ne s sit uac io na l es de dicho
discurso e n el e scena rio político económ ic o y social de su época y e n
la actualidad, a través del diálogo en t re l o s di fer en t es i nte r l oc ut or e s
in v oluc r ad o s en el p ens ami ent o p olí tic o de l di sc ur s o na c i o n al de G av idi a.
34
C. Metodología.
La me t odología inicial utilizada es la habitual en el ámbito de las cien ci as
humanas que laboran con documentos: el trabajo a partir de l os textos, t anto fu entes
primarias como la literatura secundaria sobre las f uentes se abordó con el proceso
her m en éu tico descrito ad elante. Una metodología que pue de expresarse aludiendo
al proceso de diálo go con los te x tos o, por expresarlo en términos gadamerianos, a
una lógica de la pregunta y la respuesta que tie ne como p rotagonis tas al intérp rete y
al texto. Un p roc eso que p uede sintetizarse en la f órmula de Zúñiga “c omprender es
conversar”
21
.
1. Criterios de selec ción del corpus de análisis
El corpus de análisis de esta inv estigación consiste en una selec ción de
textos poéticos escritos en pe rí odos h istóri cos claves (auge, crisis y pr e-
de cadencia del p roy ecto nacional salvadoreño) cuyo autor ha sido ampliamente
reconocido por la crítica literaria nacional e interna cio nal, como uno de los
pioneros y f undadores de la literatura clásica salvadoreña, por lo que le es
reconocido su peso literario.
Por otro lado, se h an seleccionado el conjunto de p oe mas que é l m ismo
autor clasificó por temática política y denom in ó: “Patria” y e l poema dram a
“Júpiter”, por su tema directamente patriótico. E n ellos el lenguaje, la tem ática y
la relación emisor/receptor se e ncuentran directame nte relacio nados con el
compromiso de la fundación de un ideario nacional: pueblo, nación ,
nacionalismo, sociedad civil. Un m odelo de desarrollo so cial y po lí tico, de
justicia, d e sociedad y una actitud de crítica propositi va frente a la realidad de
su época, que le sal en al paso al lector menos apercibido. Por ta nto, la
selección obedece a criterios literarios, históricos y filosóf ic o -políticos.
21
ZUÑIGA, G.J: El Dialogo como Juego ; Ed., Granada 1995, p. 28. Acá Zuñiga prop one esa fór mula que, a su jui cio,
expresa bien la tesis de Gad amer sob re la relación comprende r – conversar .
35
2. El enfoque metodoló gico
El enfoque m etodológico seleccionado p ara el es tudio de dichos te x tos
deriva d e dos fu ent es teóricas complementarias, corres pondientes a dos
autores clásicos de la hermenéutica del siglo XX: Pa ul Ricoeu r y H. G.
Gadamer .
La me t odología supone aquí un proceso de interpretación -comprensión
en ascenso gradual y desde diferentes contextos. El ascen s o grad ual a los
textos se realizará a través de un rod e o desde cuatro niveles de lectura. Del
primer nivel se h an obtenido las p regunt as claves y anticipaciones del sentido
de los te x tos que funcionaran a m anera d e cuasi hipótesis. Este primer m odo
de lectura o acercamiento a los textos just ifica el mé todo m ismo, pa ra lo cual
ofrecemos en el capí tulo dos la fundamentación teórica, la estructura y
justificación d el método. Acá p res entamos las herramientas, comp o nentes y
procedimientos generales a seguir , organizados p or áreas y niveles de
realización.
Con respecto a las anticipaciones del sentido de los textos podemos decir
que f uncionan como cuasi hipótesis que guían el proceso hermenéutico. No
cumplen, pu es, una función lógico-explicativa, sino que pueden ser
comprendidas b ajo los términos de anticip ación y p rejuicio. Se trat aría, por
tanto, de u n "juicio previo" (pre -juicio), d e un posicionamiento d el investigador
frente a la trad ició n y a los juicios que recibe de esta f uente quien investiga. El
mecanismo hermenéutico, en este caso, consiste en ir acercándose a los
textos co n la voluntad de escucharlos y dejarlos hablar pa ra f usion arlos con lo
que el intérprete recibe de la tradición.
Gadamer sostiene que, en su sentid o original, comprender e s un p r oceso
análogo a la tarea del abogado que representa a otro ante un tribunal, al q ue
entiende y po r el que respo n de
22
. Luego en V e rdad y Método sostiene que el
que quiere comprender un texto tiene que estar en principio dispuesto a dejarse
decir a lg o p or él, tiene que mostrarse receptivo d esde e l principio hacia la
alteridad del texto, q u e su pone una matiz ada i ncorporación de las pro pias
22
Cf. G ADA MER, H.G: El giro h ermenéutico ; p. 61. Hemos parafr aseado las ideas que expon e acerca de la
deliberación sobre e l comprender (V erstehe n).
36
opiniones previas y p rejuicios. Lo que importa es hacerse cargo d e las propias
anticipaciones, con el fin de que e l te xto mismo pued a presentarse en su
alteridad y o btener así la posibilidad de confrontar su verdad objetiv a con las
propias opiniones previas del intérprete
23
.
En correspondencia con e sa tesis de Gada mer , y en relac i ón al conflicto
de las interpretaciones que deriva de é l, Ricoeur sostiene
24
que “e n cuanto a lo
que quiere d ecir el sí mbolo, ya n o es una l ingüística e structural la que puede
enseñarlo; en el movimiento de ida y vuelta e ntre e l análisis y la síntesis, la
vuelta no es equivalente a la id, en el sentido de que el lenguaje expresa algo,
dice algo… Quizás sea la emergencia de la expresividad lo que constitu y e la
maravilla del lenguaje. (...) Pero hay un misterio del lenguaje. El lenguaje dice,
dice algo, d ice algo del ser . S i hay un enigma del símbolo, reside en su
totalidad en el plano de la man i festación, donde la equivocidad del se r se dice
en la del discurso"
25
.
Y p ropone:
“La tarea de la f il osofía a partir de aquí ¿no es acaso la de
abrir sin ces ar , hacia el ser dicho, ese discurso que, po r necesidad
de método, la lingüística no cesa de clausurar?"
26
.
Podemos apreciar en la cita precedente una prop uesta que no es ajena a
la idea de las anticip aciones de Gadamer . T am bi én para Ricoeur se trata d e
hallar las condiciones que ase guren la comprensión p ara hacer que el te x to
diga lo que tenga que de cir . En este sentido, las hipótesis que presentamos
deben ser en tendid as no como intentos de e x plicación , sino como modos
diferentes de compresión del sentido d e l os textos, modos d e penetrar en su
sentido.
En cuanto a las disciplinas de e studio involucradas, e stamos f r ente a un
23
Cf. GADAMER, H. G : V er dad y M étodo. Funda mentos de una hermenéutica filosófica ; Ed. Sígueme, Salamanca
1993, pp. 335 -336 y 33, 44 y 49 , sobre los prejuicios como cond ición de la co mprensión.
24
Sígase este hilo en Cf. RICOEUR, P: E l conflicto de las interpreta ciones , en pp. 61 - 74, 165 -180 y 21 5- 244.
25
RICOEUR, P: El conflicto de las i nterpretaciones, pp. 73 - 74
26
IBID.
37
estudio tra nsdisciplinar , en el c ual s e i nterceptan diversos campos temáticos
qu e conf ig uran un ta miz d e producción de sentidos, al cual nos a cercamos a
través de la hermené utica, apoyada por di versas ciencias. Básicamente son
tres los grandes componentes temáticos que se cruz an y q ue podem os
representar gráficamente en el siguiente esquema:
HERMENÉUTICA
Esos componentes se articulan e interceptan en la hermenéutica a través
de diferentes niveles de lectura.
3. Niv eles de lectura e interpretación
El primer nivel de lectura permite presentir una constelación de ca t egorí as
que van configura ndo el sig nificado relacional inter e intra -textual. E st as
categorías fun cio nan a manera de h ip ótesis al definirlas en relación a un
contexto histórico determinado. Constituy e un nivel pre -discursivo en los límites
del signo.
Con ello se obtienen dos herramientas interpretativas: las categorí as
predeterminadas y las ca t egorías p resentidas
27
. Dos ca t egorías que se a lej an
entre sí a partir de la significació n asignada a las predeterminadas y a l as pre-
sentidas.
Lo anterior supone e l segundo momento de lectura de l a interpretación -
comprensión. Un nivel en el que las categorías presentidas deben interpretarse
27
Estas cate gorías no son d iferentes en términos nominales, sino ope rativos, ya qu e las pr esentidas difier en de las
predeterm inadas solo en cuanto, en éstas se acota el sentido teóri co -metodológicamente.
LITERA TURA
HISTORIA
POLÍTICA
38
a la luz de sus conte x tos de significación, para contar con un marco semán tic o
de cada una, que n os permita luego estab l ecer comp araci ones inter -
categoriales. Para ello se desarrollan los refe rentes en los capítulos tres y
cuatro.
Las ca t egorías predeterminadas son de do s clases: categorías temá ticas
(CT) y de relación o mediación (CR).
Entre las primer as (CT) est arían las sig uientes : N ación, ciudadano ,
sociedad, pueblo, ley , libe rtad, soberan í a, Estado, lengua, trad ic ión, cultura,
gobierno, territorio, civ ilización, orden, progreso, Dios , razón, etnia, dirig entes,
entre otras.
Entre las segundas (CR) estarían las siguientes: acuerdo, co nsenso,
disenso, desacuerdo, olv ido, negación, negociación, enriquecimiento,
continuidad, discontinuidad, enriquecimiento, utopía, ausencia, presencia.
El te rcer nivel d e lectura corresponde a l nivel de la f rase y el párrafo y al
nivel textual del poema, en cuanto totalidad. Para d ar cuenta de la co mp r ensión
de las categorí as prese ntidas (CP), se trabajan en el marco semántico
contextual a través del cual se accede al significado relativo al conte x to de
cada categoría:
El conte x to textual de la palab ra es e l que nos informa dó nd e está
ubicada en e l texto y a qué e stá aso cia da. Si bien, las contextuales son
extraordinariamente variadas pudiendo hablar de u n c ontex to histórico (social,
político, económico); c ontexto teórico litera rio-filosófico; conte x to biográf ic o;
contexto cultural (m it os, símbolos, creencias, costumb res); c ontexto de l lector ,
entre otros.
Una v ez situ adas meto dológicamente la s categorías p resentidas, se
comparan con las categ orías temática s (CT) y las d e relación (CR) , y de esta
comparación se van obten i endo las signi ficaciones y sentidos de las m etáforas,
lo que entendemos como frases signi ficativas.
Cuarto nivel. Luego las f rases se in terrelacionan e interpretan para
establecer la relación de lo p articular con la visión general y reconstruir e l
discurso que se va ar ticula a lo largo de sus te x tos y se pasa al análisis del
39
mismo y su comprensión -re flexión filosófica, es el nivel poético -dial ógico.
Es, pue s , un proceso de cuatro momentos de lectura q ue supone ir de lo
particular a la totalida d y de la totalidad a lo pa rticul ar desde categorí as de sde
las que se establece un diálogo con los tex tos que permiten aprox imaciones
sucesivas de ascenso y descenso, consenso y disenso co n el t exto.
Cada texto se entende rá como u nidad de actos de comunicación,
objetivados en textos e scritos eminentes, a través de los cuales se escucha
una constelación de voces, en relaciones d iv ersas: d e con s enso, d isenso,
negociación o negació n , con u na o varias tradiciones, y a cuy a comprensión de
su sen ti do se a cceder á a través de la estrategia de preguntar a lo s textos. Se
trata de establece r un diálogo con el texto so bre su relación con cada una de
las categorías preestablecidas y sus horiz on tes de sentido .
De dicho diálo go se de t erminará el sentido de cada categorí a y la
tesitura discursiva que se edifica a través de ella, lo que da paso al te rcer nivel
de lectura interpretativa de los textos como totalidad en la comunidad de
contextos h istóricos en los que se sitúa. Lo que se ha d e nominado: d iálogo
intertextual; como horiz ontes d e lectura y comprensión de dichos tex tos.
D. Importancia del estudio
El e st udio responde a la necesidad de crear herramientas idóneas d esde
las posibilidades d e la hermenéutica que nos p er mitan compren der los
universos p oéticos como universos de pe n samiento y reflexión crítica de la
realidad. En nuestro ca so, interpretar y comp re nder los textos p oéticos
salvadoreños, a f in de con trib uir a descubrir el sen tido y signif ic ado del ser
nacional salvadoreño. Es decir , comprender su s d i namismos, de modo que
podamos, a través del estud io d e dichos textos, encontrar pautas para orientar
nuestra realidad actual y futura.
Es importante también porq ue constituye el ejercicio de un d erecho y la
legítima esp era nza de los pueblos a e ncont rar en sus discursos literarios un
modo de a cceso a la realidad. Una significación que no es posible encontrar en
los d iscursos privilegiados por los m odelos de las ciencias, que únicamente
40
consideran a los d isc ursos e x plicativos como modos de saber válidos. Una
actitud, por tanto, que oculta y con dena a desconocer los diferentes mo dos en
la que la realidad se nos da.
Consideramos que e s necesario co ntar c o n esfuerz os encaminados a
crear instrumen t os que pe r mitan la ref lex ión f ilos ófica del lenguaje p oético. Se
sientan de este modo las bases pa ra u na comprensión d e la lógica del
sentimiento que muestre la capacidad d e los d iscursos marginales y
marginados y sus m ecanismos para expresar lo real. T ambién a través de estos
discursos poético s, h abitualmente despre ciados como objeto de estudio
científico, podemos ahondar en las formas de discurso aceptadas y
dominantes: T al como lo han experimentado los grandes a rtistas y sus mejores
intérpretes, el arte tiene como referencia la infinitud metaf ísica, el lado oculto d e
la realidad
28
.
E. A l cance y limitac iones de la inv estigación
El alcance de la investigación está en f unción de los result ados y
limitaciones de la misma. S e espera que los resultados puedan s er u tiliz ados
como clave para comprender las dimensiones y dinámicas históricas d el hecho
nacional, el i deario d e ciudadanía, el referente filosó fico, político, ideo lógico y
su g rado de correspondencia y coh er encia c on la realidad, los sujetos a us entes
y la construcción d el dicho ideario. Permiti rá, por med io de la reflex ión d e los
textos seleccio nados, la comprensión de los proce s os n aci onales vividos, y
configurados en térmi nos históricos y e l tipo de relación con los procesos y
discursos actuales.
En cuanto a los límites, uno de los primeros es el modelo de an álisis
elegido, ya que ello siem pre es una m anera de limitar , es ya una con dición de
lectura que se impone a los textos y que restringe de antemano la
reconstrucción del discurso co ntenido en ellos. T a mbién la prop i a naturaleza de
28
Cf. BEUCHOT , M : T ratado de hermenéu tica analógica. Hacia un nuevo m odelo de interpretac ión , Ed. Ítaca,
Universidad Nac ional Autónoma de México, 2000(2), p . 98.
41
los textos poéticos y su len gu aje impone su s límites. Al f in al cabo no estamos
ante tratados de filosofí a política.
T oda elección de un j uicio histórico lite rario de las fu entes o cor pus de
análisis e s otro componente que afecta, un m arco que de be ser considerado a
la hora d e responder por el resu ltado. La r educción del análisis a un enfoque es
determinante, así como la delimitación a unas categorías con struidas desde un
primer nivel de lectura es otro condicionante limitador . Pese a que la
metodología int enta mant ener un diálo g o o conversación c on los textos y con
contextos, y dejar f l uir nu evos e le mentos en el diálogo, e l d eli mitarlo con
categorías no implica el que se presenten en el cam ino dificultades de carácter
objetivo, por las limitaciones m ismas que encier ra toda redu c ción teórico -
metodológica, p or mucho que se haya elegido po r considerarse idó nea al
objeto de la investig ación y los objetivos de la m isma. Los te x tos a estudiar son
una selección de la obra de Gavidia en d onde trata los tema s analiz ado en la
presente investigación.
Por último, la dificultad d el a cces o a f uentes de info r mación
complementarias d el con texto y en a lg unos casos l a a usencia d e las mismas
las cuales abonarían a la riquez a de la comprensión, resulta o tra limitación de
la investigación.
48
hermenéutica. Nos tenemos que plantea r cómo se conjugan la explicación con
la comprensión”
39
.
T al como defiende Gadamer , uno de los grandes o bstáculos que la razón
hermenéutica t uvo que superar f ue la desvinculación entre le nguaje y se r . T al
divorcio m antuv o al margen de l p anteón d e los saberes al lenguaje y a sus
productos. Es d ecir , determinó la exclusión del lengu aje del mundo del saber .
Dicha actitud fue resultado de la idea instrumental con que se caracterizó la
relación lenguaje-ser , sostenida, por ejemplo, en el Crátilo de Platón .
Dicha postura platónica actúo en contra de la valoración de la tradición
expresada lingüísticamente; l a cual con s tituy e el objeto p re ferente d e l a
comprensión que Gadame r reclama y que define como de naturaleza
lingüística: “La relación esencial e ntre lingüisticidad y comprensión se muestra
para empe z ar e n el hecho d e que la esencia de la tradición consiste en existir
en el m edio del leng uaje, de manera que el o bjeto prefe r ente de la
in terpretación es de naturaleza lingüística”
40
.
He aquí el punto neurálg ico de este periplo hermenéutico, del cual
describiremos sucintamente su historia e i mplicaciones, lo que nos conectar á
con otras rup t uras. Debemos mitigar , pues, por los efectos del olvido del
lenguaje que promovió Platón y supe rar dicho planteamiento.
Este camino muestra las rutas desde l as cuales se configuraron los
nuevos principi os que co nstituy eron lo que Agís Villaverde co nsidera el “gran
avance” de la hermenéutica; pues estableció las ba s es de lo que califica “como
la segunda n avegación para la hermenéutica”
41
, la cual será p rotagoniz ada por
la rev olución rom ántic a, cuya do ctrina de la co mprensión s urge como u na de
sus mayores contribuciones. Dicha revolución, diseñó los raíles sobre los que
echaron a rodar los ca mbios su st antivos para el de s arrollo d e la hermenéutica
39
MARDONES, J. M: “ La dialé ctica explicación compren sión”, en Ortiz Osés, A. et al. (ed s.): Diccionario
interdisciplinar de he rmenéutica , p . 469 .
40
GADAMER, H.G: V erdad y Méto do , p. 473.
41
“Con el romanticismo comienza la segunda na vegación para la herm enéutica, siendo la do ctrina de la
c omprensión una de las mayo res aportaciones de esta etapa”. AGÍS VILLA VERDE, M : “Lenguaj e, Pensam iento e
Identidad: La visión Romántica ” , en Ide ntidad y Cultur a. Reflexiones desde la filosofía , Servicio de Publicacion es de
la Universidad de La Cor uña 1998, pp.158 - 159.
49
actual.
Uno de esos raíles lo constituyó e l nuevo posicionamiento que
experimentó a quélla en manos de Sch lei ermacher , cuyo proyecto herm e néutico
se rea liz a saltando desde un quehacer artesano y p rocedimiento técnico de la
interpretación, a un ar te de la comprensión general. Una f or mulación que fue
recibida por Dilthey quien, como veremos, la convierte en una metodología de
fundamentación del nuevo estatuto epistemológico d e las ciencias d el espíritu.
Nos detendremos e n f iguras relevantes del romanticismo alemán, así
como en Dilthey o en la fenomenología d e Husserl, a la que Ricoeur refier e
como: “la joven plan ta sobre la cual se podrá injertar el brote hermenéutico”
42
.
Lu ego visitaremo s la ruta ina ugurada por Heide g ger , cuyo giro o ntológico es
bautizado por Ricoeur como la “ví a corta” de la f undamentaci ón hermenéutica
actual. Y de allí, seguimos h asta alcanzar su condición a c tual , en la que e s
posible encontrar u na vía hermenéutica d e acceso a la realidad.
B. Del peripl o d e la hermenéutica y su lugar en la mod ernidad
¿Qué dio de sí la modernidad? Queremos rastrear e l modo de saber que
se desgaja de la Ilustración y produce la raz ón mo derna. Para ello no s vamos a
situar e n el mirador del siglo X VIII como punto focal. Esta es la matriz que nutre
el acontecer de un nuevo m odo de saber . Lo que ocurre irónicamente de s de su
dinámica de desbo rd amiento de la certez a abso lu ta que deviene en el
desencanto relativista poste rior . Este topos de grandes cambios, se expresa en
la búsqueda que incardina en el movimiento cultural d e la Ilustración , que
supedita to do sa ber a la funcionalidad instrumental d e la razón. Pe ro se trata
de la razón de un sujeto libre que , p aradójicamente, reclama la auto -fundació n
de sí.
Así pues, lo que se gesta en la m odernid ad res ulta el preámb ulo de
nuestro objeto de interés: la hermenéutica f ilosó fica. Un punto central del
espíritu de esta é poca es el descubrimiento del sujeto libre y de la razón crítica.
Sabemos que esa actitud de devenir sujeto libre d efinido por la razón se
42
RICOEUR, P: El conflicto de las i nterpretaciones , p.1 1.
50
consolidada con Kant, padre también d e un sujeto trascendental o sujeto de
conocimiento que ú nic amente se somete a l “tribunal de la razón”. Se trata de l a
promesa de u n ser que es se ñor de las co sas y de sí mismo. La libertad en
todos los á mbitos es la promesa de los tiempo s, p ero ésta no llega a ocurrir: la
vida concreta, la práct i ca, parece no confirmarlo. L os proyectos d e la razón n o
se corresponden con los re sultados. La libertad no se expande a todos los
ámbitos y la razón no parece ser el bare mo de la acción.
Ubicados en esta encrucijada, asistiremos a una serie de c ambios que
antecedieron e impulsaron el emerger d e una hermenéut ica orientada hacia
otro pue r to pues, como sostiene Romo Feito, entende r la tarea d e la
hermenéutica como proble ma teórico que se interroga po r cómo llevar a ca bo
una actividad semejante no ocurrió d e inmediato. Hub o qu e esperar varios
siglos para que e sta concien ci a teórica tom as e fo rm a, tanto en el ámbito
filosófico como jurídic o
43
. Idea que clarifica el caráct er hermené utico de la
actividad filosófica, de la cual no es consciente hasta que despierta y se
embarca en la autocrítica de su propio itinerario racional y pue d e
experimentarse libre de las ataduras de una razón o mnímoda. “La sensibilidad
y el tie mpo -como señala J. Gavilán- han d e estar sometidos a las imposiciones
de la razón, al reino de lo ne c esario y de lo eterno. Y precisa mente p or haber
renunciado a la parcialidad de los sentimientos, de las pasiones y de las
creencias, por haber som etido la sensibilidad a los conceptos necesarios del
entendimiento, la razón ya no tiene fuerzas p ara emprender nuevas a v enturas
ni para enfrentar a la realidad que la reclama, sino que solo s e complace en
mirarse a sí misma”
44
.
Para superar tal escollo fueron ne ces arias una serie de rupturas. Sobre la
filosofía como actividad he rmen éutica, Sánchez Meca sostiene que la justa
estimación de la histori cidad de la filosofía no ha sido p osible antes del “giro
lingüístico” del p e nsamiento contemporáneo, que es e l nuevo ho r iz onte que ha
permitido una comp re nsión de la historicidad y de la activ idad f ilo sófica. Hecho
que no había sido posible con la concepción o ntológica logocéntrica, que
43
Cf. ROMO FEITO, R. F: Herm enéutica, Inter pretación, Literatura , Ed. Anthropos, Barcelona 2007, p .13.
44
GA VILÁN, J: El Olvido del Logos , Ed. PIC, Universidad de M álaga, 1997, p. 85.
51
“entiende la ve rda d como visualización de la presencia y como adecuación
entre mente y cosa. Pues se absolutiza la verdad haciéndola única, y lo más
que podía hacerse en torno a ella era enriq uecerla acumulativamente.”
45
Asistimos, pues, a uno de los más grandes giros an tropológicos,
concebido en l as entrañas de la I lus tración, cuando derivado de las m is mas
paradoja del d escubrimiento del sujeto libre y la raz ón crí tica, el sujeto se
descubre ante la situación d e su imposibilidad de se r infinito, de verse atado a
una cadu ci dad, temporal, a no poder lograr la armonía entre su subjetividad y
su mundo concreto, a sentirse a trav esado mortalmen te p or u na dualidad que lo
escinde y despedaza.
Este complejo proceso se sitúa entre los siglos XVIII y XIX, vientre que
acoge las simien te par a dar a luz un cambio de conciencia, la de l sí m ismo, que
viene gestándose por fuentes diversas y que en contrará su placenta nutricia en
las promesas no cumplidas de la Ilustración. A ellas intentará resp onder Kant,
pero quien lejos de res olverlas, introduce otras n uevas. Co n lo que radicaliz a la
experiencia de escisión e ntre nuestro ser y nuestro mundo objeti vo. De esta
forma, el desencanto p or la promesa ilustrada se man tiene en pie, pues no se
visl umbra la ampliación d el campo de acción de l a libertad, la cua l, co mo
hemos indicado, no se había extendido a to dos los ámbitos de la realida d
humana.
T al modo de con ceb ir el sabe r , se con fió a la razón, y dio a esa
funcionalidad carácter to tal. Pese a lo cual no hubo e ncuentro con lo infinito y
perfecto, s olo un callejón sin salida e n el pensamiento occidenta l . L legad o el
siglo XVIII, el pode r de la razón n os deslumbró co n su mismo poder , e l de ser
crítica de sí misma. Al respecto, Juan Gav ilán en su libro El o lvid o del logos nos
lo dice de una manera cristalina: “Desde el principio se nos reclamaba para
atender a la v oz d el Lo gos y se confiaba que solo con la palabra se podí a
alcanzar la verdad. Desde entonces hasta el siglo XI X, toda la historia d el
pensamiento se ha visto dominada por la necesidad de recurrir a sus verdades
eternas, absolutas, fuente de toda racionalidad y única esperanza de
45
SÁNCHEZ M ECA, D: Historia de la Filosofía com o Hermenéu tica , Universidad Nacional de Educaci ón a Distancia,
Madrid, 1996, pp. 9-21 y 125.
52
mantenernos al resguardo de las opiniones y de las apariencias”
46
.
El ansia existencial de sa ber p ara ser y la afirma ción de un saber en el
que se pueda con fiar colocaron a Occidente en la situación que Ka nt denomina
crítica de la ra z ón pura :
“(…) el campo de la v erdad (pa l abra fascinante), rod ead o de
un amplio y turbulento océano, lugar pro pio de la ilusión, donde
muchos bancos de niebla y muchos bloques de h ielo a punto de
derretirse ofrecen el engaño de nuevas tierras, y al m ismo tiempo
que seducen a l marinero con vanas esperanzas de
descubrimientos fantásticos, aquí y allí, le c omprometen e n una
loca av entura de la que no puede re troceder ja más ni puede
llevarla a feliz término”
47
.
La aventura del saber occide ntal, para su gloria y su desd ic ha, o rie ntó su
modelo de conocimiento por un e strec ho camino. El riesgo de no contar co n
certezas absolutas resultaba inaceptable en el horizonte occidental, por ello
asirse a la ilusión de q ue era posible llegar a la verdad de una vez para siempre
resultó un poderoso desafío. Pero toda fo r ma d e conocimiento y tod a tradición
son recibidas p or un ser libre , por lo que pueden ser leídas e interpretadas de
formas diferentes, moduladas subjetiv amen t e en contextos di ferentes.
La raz ón pondrá las b ases de su autocorrección al suponerse l ibre y
crítica y se ab rirá a nuevas experiencias de l saber y de la concienc ia. En un
primer m omento, campeará la bandera de la gnoseología, centrada en la
pregunta sobre los méto dos correctos de l saber y avanzará ha cia la pregunta
sobre las po si bilidades de c onocer . E sa tarea imbricada en el ombligo de la
modernidad entrará en crisis y conducirá a un cambio de dirección que buscará
una vuelta a los orígenes, al ámbito de lo v ital. Un ámbito qu e encuentr a
expresión en la crea ción esté tic a, lugar donde se armonizan los opuestos
escindidos, donde el hombre e ncuentr a la u ni dad del ví n culo roto bajo e l
señorío de la razón absoluta.
46
GA VILÁN, J: El Olvido del Logos ., p. 1 1.
47
KANT , I: Critica de la Razón Pur a , cit. por MAESTRE, A: Prólogo en ERH ARD, J. B., FREIHERR VON MOSER, K.
F . et al: ¿ Qué es Ilustr ación? , Ed. T ecnos, Mad rid 1989, p. 21.
53
En la creación e st ética, la subjetividad se encuentra a su gusto, o bserva
Kant. A llí puede enseñorearse y apropiarse de la objetividad imponiéndole
libremente sus reglas. Allí el hombre se reconcilia con su mundo. S urg e,
entonces, e st e pujante esfuerzo por apuntalar e st e descubrimiento que se
expresa en el genio creador que pone sus reglas a lo se nsible y no renun cia a
ellas. Pero f ijado aún al modelo epistemológico dom inante, Kant “obliga a la
estética a definirse en contraposición a l conocimiento y a la moral. Pese a ello,
se abre una brecha”
48
.
Se ha qu ebrado el orden raci onalista, no s dice Flamarique, y en es a
quiebra se percibe la necesidad d e una nuev a concepción del hombre capaz de
integrar su existencia individual con su mu nd o concreto histó rico -cu ltural. Entre
su deseo y expectativa y sus acciones concretas
49
.
El ansia de encontrar el pun to de articulación que sane la herida y
restablezca el lazo roto entre el hombre y su mun do, entre el ser y la realida d ;
se torna u na revolu ción q ue irrumpe en giros que d ev ienen u na nuev a
conciencia. Ésta permitirá llevar a las disciplinas humanísticas a ocupar un
lugar e n el Olimpo del saber , vedado hasta e ntonces, por no contar con un
método que les permita ser reco noc idas como ciencias, en pie de i gualdad con
las ciencias naturales.
En e se momento una serie de rupturas darán paso a lo q ue Fla marique
interpreta como mutaciones: “tres mutaciones que se prod uc en separadamente
como tres modos de la misma ruptura: la que ob ra la modernidad en la toma de
conciencia d el poder constitu y ente de la subj etividad y de la finitud del hombre
(ser finito aspirante al infinito)”
50
.
Este panorama permite atisbar e l camino que tuvo que desbroz ar la
hermenéutica y hacia dónde la con dujo. U n nuev o itinerario al que
Schleiermacher rea liz ará una aportación fundamental a l e stablec er las b ases
epistemológicas de un a nueva disciplina d e la comprensión. Un afán
48
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 59.
49
Cf. FLAMARIQUE, L : Schle iermacher . La filosofía frente al enigma del hombr e , Ed. EUNSA, Pamplona, 1999, p.
20.
50
FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía fr ente al enigma d el hombre , p.22.
54
emancipador que, como dice Flamarique “la f ilosofía kantiana lleva a su
plenitud y se expande a otros ámbitos científicos, h ace llev ar a un segundo
plano el conoci miento de cosas, para darle p riori dad a las condiciones de
posibilidad en que esas cosas se llegan a conocer , se d espierta el interés de la
subjetividad como un nuevo campo temátic o”. “Se trat a – sigue diciendo esta
autora u n poco más delante - de comprender al homb r e como autor y , con ello,
la aparición de la subjetiv idad en la historia”
51
.
Este nuevo horizonte d ará a luz al pensamiento romántico, insa tis fecho y
rebelde, camino del qu e Schleiermacher será p arte sub s tancial y en el que
identificará una carencia del saber her menéutico, por lo que decidirá iniciar su
propio camino
52
. Obviamente no parte d e cero p orque ya la hermenéutica como
técnica de int erpr etación de tex tos lleva un largo camino reco rrido. La
interpretación de los textos sagrados, literarios o jurídicos, por citar tres ca s os,
ha echado mano de ella y han cr eado una serie d e normas. Faltaba, sin
embargo, que es a praxis herme n éutica, a plicada a diversos campos, dies e
lugar a una disciplina general: esa va a ser la lab or fundamental de
Schleiermacher . Ante s tendrían que producirse importantes rupturas que
explican el surgimiento de la hermenéutica como disciplina científica. E st as
rupturas constituyen procesos implicados que, como dice Lourdes Flama riq ue,
son mutaciones que au nque se produce n separadamente, conf or man
diferentes modos de la mis ma ruptura. No s acercaremos, pues, al ca mino
trazado por dichas rupturas, p ara situar en ellas los a lcances y limitaciones de
Schleiermacher y comprender la situación que nos lleva a Dilthey .
51
Op.Cit., p. 21.
52
En los Discursos sobre Her menéutica sostiene Sch leiermacher q ue tuvo que iniciar su propio ca mino porque en
ningún lugar con staban los princi pios g enerales. A sí pues dice Schleiermach er , “tuve que andar mi propio camino.
Así nacieron esta s investigac iones, pronto lecciones sobr e la h ermenéutica general. Apenas h abía terminado,
cuando ap areció la enciclopedia filológica de Fullebo rn a partir de las l ecciones de Wolf; tampoco qu edé satisfecho,
lo poco de herm enéutica que i ncluía estaba dir igido de modo especial a la s obras de la ant igüedad clásica”.
SCHELEIERMACH ER F: Discur sos sobre hermenéu tica , Introduc ción y traducc ión de Lourdes F lamarique, EU NSA,
Pamplona, 1999, p. 4 9.
55
1. La ruptura teológica
53
Responde a la crisis que suf re la teología cristi ana a raíz de la Reforma
Luterana, que aboga p or una m ayor libertad para el cre yente a la ho ra de
interpretar las Sagradas Escrituras. Antes de la Reforma Protestante de 1517,
la Iglesia Ca tólica monopolizaba la lectu ra y guiaba la interpretación de los
textos sagrados. Con tal a ctitud se trat aba de ser f iel a principios do gmátic os
como los que suponían la concepc ión de u n sentido u nitari o de la Biblia. E s ta
interpretación s e llevaba a cabo de s de la p r eceptiva del cuádrup l e se nti do de
las Sagradas Escrituras establecida por la tradición medieval
54
.
Con la Reforma protestante, se instaura una nueva interpretación d e
carácter m ás libre en relación al canon establecido por la tradició n. La nueva
línea de interpretación aboga por la libre lectura de la Biblia. Esta actitud
encuentra un obstáculo: el hecho de q ue la interpretación arbitraria del lector
desconoce la tradición dogmática de la recepción bíbli ca como horizonte de
lectura. Esta situación g enerará m alestar y sospechas, lo que pronto se traduce
en un enfrentamiento entre los teólogos reformistas y los tridentinos, quienes
apelaban a l carácter ineludible de la tr adición. En este con flicto, los te ólogos
reformistas tenían a la cabeza a Melan chthon y a Lute ro, ambos poseían una
formación construida desde la tradición huma nista. Ellos s e p ro ponían legitimar
la interpretación libre de las Escrituras, sin arriesg ar el sentido original de l os
textos.
Los argumentos e sg rimidos por los te ól ogos protestantes parten de un
nuevo presupuesto, bautizado en latín como sui ipsius interpretes, que se
consolida como principio d e la Reforma respecto a las sa gradas escrituras.
Dicho presupuesto suponía que los textos mismos en su unidad
proporcionaban el sensus literalis. Significa que el sentido univ oco es guiado
por el conjunto, que a su vez guía la comp r ensión. L a razón esgrimida es que
llevan de lo individual al todo y d e éste a lo particular . Este p rin cipio de la
53
Esta situación se encuentra muy bien estudiada y documentad a por Gadam er en V erdad y Método. En el capítulo:
II, preliminares h istóricos, pp. 225 - 235.
54
Una sínte sis de esta cuestión la hallam os en el artícu lo X de l a Suma T eológica de T omás de Aquino: “S i un
mismo texto de la sagrada es critura tiene varios s entidos”. TOMÁS DE AQUINO, Suma T e ologica, T omo I,
Introducción Gener al, I,q.i.a.10., M adrid, Biblioteca de Autores Cr istianos, 1947, pp. 9 7 - 101.
56
relación circular , supone la comprensión de los textos de s de sí mism os.
Carácter que ya estaba presente en la an tig ua retó rica gri ega como regla de
composición y suponía comp ar ar la composición con un cue r po o rg ánico. El
restablecimiento de esta idea instauró el a rgumento de que no hace falta la
tradición para alcanzar una comprensión adecuada de las Escrituras, ni técnica
interpretativa al estilo de la antigua doctrina del cuádruple.
Con este vir aje, la in terpretación l ogra liberarse de un dogma que la
restringí a. Pese a que aún s eguía atada a otros (como el de la presunción d e la
Biblia como u ni dad, o el d e tomar como hilo conductor de la comprensión l a
recién instaurada tradici ón protestante de l a fe ). Se a bría otro ca m in o q ue
pronto co nducirí a hacia una n uev a concepción de la he r menéutica como
órganon histórico. Una de ellas se continuarí a en el siglo XVIII gracias a los
trabajos de Johann August E rnesti (17 07 -1781) y Johann Salomo Semler
(1725-1791). Éstos lle gan a la conclusión de que e s nece s ario reconocer la
diversidad de autores y épocas de producción de los tex tos bíblicos.
Conclusión que ya no permite continuar con la idea de unidad dogmática del
canon. Solo en esa medida se podrá acceder a una comprensión adecua da.
Con los cambios descritos ocurría la segunda ruptura al int erior de la
teología y como d ice Ga damer , quedaba liberada la interpretación respecto al
dogma. Se planteaba, así, un nue v o trabajo y con ello se generalizaba la idea
de totalidad. Ahora que s e había a ceptado el hecho d e que los escritos
corresponden a diferentes autores y é pocas, era necesario considerar el
contexto como parte de la totalidad que les con fiere s entido.
La nueva labor consistía e n reunir f uentes históricas que, a su vez, en su
calidad de textos, tení an que ser sometidas a una int erpr etación grama tical e
histórica. Con e stas nuev as ideas, se reclamaba para los tex tos la restauración
del vínculo h istórico en el que ellos habían visto la luz: u na resta uraci ón
histórica del nexo vital. Este nuev o contexto histórico de las sagradas escrituras
pasa a fo rmar parte de la “tota lida d”. Constituyendo así un todo nuevo a l que
recurrir y que a su vez demandaba interpretación.
57
2. La ruptura filosófica: la Ilustración y la revolución romántica
La ruptura filosófica es compleja pues sient a las bases de la revolución
romántica, la cual a su vez engendra los cambios que da rá n paso a la
fundación de la n ueva hermenéutica. S it uamos, pues, nuestro mirador en el
movimiento filosófico romántico.
El rom anticismo se desarrolla, paradójicamente, vinculado a la ilustración,
pues se erig e desde ésta, pero contra de ella, y a q ue arremete contra el
reinado de la razón como monarquía abso lut a d el saber . La discusión surge e n
el coraz ón mismo de la ilustración, respecto al su p uesto de la liberación de
toda li mitación. La libertad guiada por la razón f unda, a su vez, la validez del
conocimiento en un sujeto f inito, heredero de los planteamientos racionalistas y
empiristas respecto a la validez de l con ocimiento y la just ificación de la acción.
Un panorama que es el f ermento e n el que se gestarán las ideas de Kant como
respuestas a tal encrucijada del saber . De aquí e n a delant e se entra a un
callejón d e aporías co n la aparición en escena del “sujeto de la razón”,
situación que devendrá en las co ntr adicciones y aporías de la ilustración, que
nutren el pensamiento moderno. É st as pa san a ser heredadas, como horizon te
intelectual, por los románticos; y , como d ic e Maestre:
“La insatisfacción ilustrada se convierte en apo ré tica con la
modernidad, con la entrada del hombre, del sujeto com o
categoría universal, en el p roces o de la m od ernidad que se inicia
a finales del siglo XVIII (…). A partir de entonces, comienzan a
surgir todas aquellas aporías derivadas de la en tra da del homb r e
en escena como sujeto y objeto de saber (…) La aporética
ilustrada se define, pues, antropológicamente, siendo Kant su
primer propulsor y acaso más importante inspirador”
55
.
Ante esta situación, Flam arique sostiene que la filosofía moderna se
encontraba f re nte a una di fícil elecció n pues debía r enunciar o a l idea l de
objetividad de los empiristas, o al engaño d e la libertad del sujet o . Por lo que la
solución de Kant intenta sa lv ar las dos opciones al dar co n la subjet iv idad
55
MAESTRE, A: Prólogo en ERHA RD, J. B., FREIHERR VON MOSER, K. F . et al : ¿ Qué es Ilustr ación? , Ed. T ecnos,
Madrid 1989, pp.12, 13 y 14.
64
y verdad. Es entonces cuando surge la idea de que la cosa se posee con l a
palabra. Si se m antuv iera e sta línea de argumentación, la palabra estaría sob re
el ca mino legítimo del cono ci miento. Pero no ocurre así, está vía de acce s o
queda v edada.
Llegar a ta l postura fue p osible, a juicio de Gadamer , debido a que en
todo este contexto, sucede que hay un desconocimiento de base: el de ignorar
que la verdad d e las cosas está puesta en e l hab l a. Desconocimiento qu e
permite a Sócrates refutar los argumentos de Crátilo. Los que para Ga damer
resultan muy reveladores en cuanto a la “verdad de las palabras, es d ecir a su
capacidad de significar”. Por ello el argumen to que se establece concluye que
“por ta nto el portador de la verdad, y conse c uentemente también de su
contrario, no es la palab ra (…) sino e l logos”
65
. De tal su puest o, como ya
dijimos, se llega a sostene r que “el pensa r puro recibe la primacía d elante del
lenguaje”
66
.
Con el razonamiento anterior como principio rect or se llega en el Crátilo a
un “desplazamiento del conocimiento a la esfera inteligible, de manera que a
partir de ese m omento tod a r eflexión sobre el lenguaje se monta no ya sobre el
concepto de la im ag en (…) sin o sobre el de sig no”.
67
Idea que im pactó y
determinó un nuevo rum bo en torno a la co n cepción del lenguaje, desde la cual
el verdadero ser de b e b usc arse fu era de la palab ra o los nomb res , pues ellos
no tiene acceso a la verdad. Con ello se pierde la unidad indisoluble e ntre
pensamiento y lenguaje, tal como se encuentra en el fenómeno hermenéutico,
como unidad de interpretación y comprensión.
68
De tal m odo se cierra un cam ino necesari o para aceptar que los
productos del len guaj e pudieran se r v alorados como ví as de a cceso a la
realidad. Para Gadamer , co n ta l co nc epción la f ilos ofía gri ega se obstinó en no
percibir la relación ent re p alabra y cosa, ent re h ablar y pen s ar , “el motiv o es
que el pensamiento tenía que d efenderse de la an gostura de la relación entre
65
GADAMER, H.G: V erdad y Méto do I, p. 495.
66
Cf. Op. Cit., p. 489. Véase la discusión resp ecto a la intención d e Platón en el Crátilo.
67
GADAMER, H.G: V erdad y Méto do I, p. 497.
68
Cf. Op. Cit., p. 483
65
palabra y co sa dentro de la que viv e el h ombre hablan t e” P or ello hu y en de la
situación de inmersión natural e ingenua r e specto a la lingüisticidad y en l a
huida cierran un camino.
Al p erderse esa vía d el lenguaje al ser , Gadamer considera f undamental
retornar a los griegos, para seguir la pista desde donde se inició. Desde e llo s
se estableció la función objetiva de signi ficación en el primer plano, perspectiva
desde la cual se pierde “la totalidad viva de l acontecer del lenguaje en su
funció n originalmente creadora y reveladora de se ntido”
69
, a specto de suma
importancia para una hermenéutica filosófica.
En este enfoque, el lenguaje es reducid o a simple significación, idea
vigente en el racionalismo y en la crítica del len guaje que encontramos en
Locke y Be rkeley . Esta teorí a de los signos c onstituirá un puente, incluso con la
teoría lingüística de lo s signos de la Edad Moderna, lo que se vislumbra “con la
transformación del pensar del se r a la e sencia. A sí la palabra result a
subordinada como si g no a la esencia pura”
70
.
Pese a ello, aún no se dará a luz a una perspectiv a orgánica y
originariamente inherente entre la len gua y el ser . Habrá que espe rar hast a
siglo XIX , a la avanzada que vendrá d es de el f lanco de los románticos. Una
cosecha cuy a tierra será preparada con las ideas de pensadores c omo G . Vico,
y cuya semilla siembran autores del romanticismo alemán como J. G. Hamann,
Herder y W . von H umboldt, para lue go ser cose c hada por Schleiermacher ,
como a continuación se expondrá.
Podemos a preciar la riquez a d e los planteamientos que la generación
romántica desarrolló y enfilaron a una conc epción del lenguaje que permitió
entrar al recinto de las actividades humanas que pueden llevarnos al encuentro
con el ser y por tanto co n la realidad. De ahí , a que los productos d el lenguaje
sean considerad os en la discusió n sobre la validez de los saberes habrá p oc os
pasos, y uno de ellos e s el que da rá S chleiermacher , quien reclamará pa ra su
tarea Her menéutica una amplitud que la vuelve u n proyecto de carác ter
69
Cf. Op. Cit., p. 469.
70
CORETH E: E l problem a del lenguaje , en ORTIZ OSÉS, A. et al. (eds.): Diccionario int erdisciplinar de
hermenéutica, p . 214.
66
universal.
Por otro lad o, como v eremos má s adelante, se radicaliz ará el prob lema de
la h istoricidad, mostrando lo problemático y f orzado de fu nd amentar la
historicidad e n e l carácter de la comprensión. Ello supuso el intento que llev aría
a int egrar los estud i os relacion ados a dichos recinto s , dentro d el campo
científico, considerándolos una actividad que coloca rí a a la comprensión como
el procedimiento por excelencia de las cien cias del espíritu. Discusión
dominada por la idea de validar los saberes des de el baremo del método. Este
paradigma cientí fico dio paso a un largo de bate sobre la competencia científica
de la comprensión, frente al poder demostrado por el modelo e x plicativo d e las
ciencias naturales. D ebate en el que las ideas Schleiermacher se ve n imbuidas,
pero sin llegar directamente a d esarrollarse. Será Dilthe y quien presionado por
el conte x to lo enca ra , con lo que llevará a su s ú lti mas consecuencias el
problema de intentar destina r la hermenéutica como m etodol ogía ga rante d e l a
validez del co nocimiento histórico.
Según Lo urdes Flamariq ue, en ese contex to se ha ganado un nuevo
horizonte, en cuanto se llega a la sustentación de que cono c er es
fundamentalmente comprender , interpretar , de scubri r el sen tido que el sujeto
individual (histórico, no t rascendental) necesariamente da a su acción. Premis a
fundamental para que las ciencias del hombre encuentren su lugar convencidas
de que la acción creadora es la acción vital h umana por excelencia.
C. El camino de Schleiermacher .
La aportación gigante de Schleiermacher f ructifica en el contexto del siglo
XIX, ante sala de la hermenéutica contemporánea, pero las direc trices d e su
pensamiento f il osófico son netamente románticas . Friedrich Schleierma ch er
manifiesta e star desencantado por las carencias en que s e encuentra la
hermenéutica en ese m omento. Se queja de que la trad ición que recibe no le
permite encontrar lo que necesita para hacer su trabajo como teólogo y como
filósofo romántico . Co n razón se le reconoce el mérito de ser el padre de la
Hermenéutica como disciplina científica, pero ello no significa que haya pa rtid o
67
de cero. Marcelino Ag ís, en el trabajo sobre la hermenéutica romántica, señala
que antes de Schleiermacher hay un camino iniciado por Vico, Melan chthon ,
Flacius, Lute ro y o tros autores romá nticos alema n es, quienes llevaron adelante
una nu ev a concep ci ón del lenguaje, sin la cua l no serí a po sible el saltó
hermenéutico.
En el marco de esta nueva cu ltura es cuando a c ontece el gir o de la
hermenéutica que estamos analizando, y condición que le p ermite pasar , de ser
una m era técnica interpretativa, a un saber general de índole cognoscitivo. Un
salto dialéctico a trav és de l cual la teoría de la interpretación en manos de una
diversidad de intelectuales es reclamada para u n nuevo destino. En las man os
de Schleiermacher veremos como la interpretación se iguala a la comprensión
de t odo te x to cuy o s entido no sea inmediatamente evidente y de v enga un
problema. Está a punto de nacer una disciplina que denominará Hermenéutica
general.
Schleiermacher provien e, al igual que otros compañe ros de su
generación, del ámbito de la teología protestante. Su círculo familiar lo sumerge
desde n iño en los amb ie ntes intelectuales y en las temá ticas del m omento,
dominadas en lo tocante a la f ilosofía, por el racionalismo i lustrado y por lo que
respecta al ámbito teol ógico, por el piet is mo. Em pujado por los nuev os vientos,
comienza a def i nir sus inte res es intelectuales que decantan hacia nuevos
derroteros y co mpañeros de viaje, quienes lo acercan a la f ilologí a. En ésta se
sumerge y entra en contacto con la cultura griega clásica, en pa rt icular co n la
obra de Platón a la que dedicará veinte años de traducción e interpr etación.
Su juvent ud tran scurr e en los albores de un nuev o comien z o intelectual
en el que se f r agua la revolución cultural que hemos descrito. Pe ro tan crítica y
veloz que cu lmina rápidamente e n el desencanto de un callejón lleno de
aporías. A esa época y a l g rupo d e d esencantados pertenece r á
Schleiermacher . Su s do s grandes interlocuto res intelectuales serán
primeramente Spinoza y Kan t. Lue go, el id ealismo a lemán, representado en las
ideas de Hegel y Fichte, serán voces desde las que d isc utirá y af inar á sus
ideas, a sumiendo una p osición clara de desacuerdos co n el idealismo
representado por sus interlocutores.
68
En relación a Kant, se decantó desde m uy te mprano como u n seguidor
crítico, con cuyas ideas e staría en constante diálo g o. Sobre to do en los tema s
relacionados con la ética: la estructura y función d e las acciones, la naturaleza
de la libertad, la responsabili dad, etc. Lourdes Fla mariq ue nos dice que
Schleiermacher se mue stra convencido de que e l ser h uman o d ebe ser
responsable de su s propias acciones, sobre las cuales debe apoy arse. Así que
cuando completa, en Halle, la lectura d e las o br as de Kant, muy precoz mente
toma posición, en sus primeros escritos, resp ecto de las ideas de aq uél:
“En los primeros trabajos f ilosóficos que elabora se nota la
importancia de la f il oso fía crítica, pero también su p arcial adhesión
a algunas tesis clave s, tanto de la filosofía teórica como de la
práctica. En e l criticismo kantiano reconoce planteamientos
acordes con las inq uietudes de la época; pero el modo de
abordarlas está dema siado marcado por e l racion alismo ilustr ado.
El estu dio de los f ilós ofos griegos co ntribuye decisiva m ente a la
distancia que mantiene con las escuelas filo sóficas del momento”
71
.
Su interés por la ética lo mantiene atento al estu di o de la filosofía práctica
kantiana que, s egún Flama riq ue, le sir ve para per filar los concepto s
fundamentales de la m oral. Sch leie rm acher , dos dice esta autora, “rechaza
tanto la f undamentaci ón meramente intelig ible de la libertad y del d eber , como
el desprecio del inst i nto y el impulso en la determinación de la acción que
caracterizan la ética crí tica”
72
.
“Über d ie Freiheit des M enschen” y “Über den W ert des Lebens”, so n
trabajos en los q ue concreta su estudio crítico co n los interlocutores de l a
época en torno a la ética y la libertad. En ellos aborda el tema p re ferido que irá
rodeando durante todos sus trabajos, y que dibujarán la impronta de su
pensamiento, a saber , el de la búsqueda de los ví nculos roto s e ntre el se r y el
mundo, en tre razón y acción. En estos primeros trabajos se perfila ya la
condición intel ectual que marcará su f iloso fía y , por tanto, el sentido de s u
actividad hermenéutica. En dichos trab aj os, nos dice Flamarique, destaca el
71
FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía frente al enigma del hombre, 1999, p. 27.
72
Op. Cit. pp. 27- 28.
69
anhelo por una ética capaz de as egurar la plenitud que todo ser hu mano busca
a través de la acción.
Con su entrada al círculo romántico, Schleiermacher encuentra el m aterial
intelectual y la atmó s fera para ahondar en e l mundo de la sub je tividad y en una
racionalidad que, a diferencia del pensamiento anterior , da paso a la unidad
entre razón y mundo concreto, un a razón que no se enajena de la historia y sus
mutaciones. Sus ideas de vanguard ia resulta n provocativas, al salir publicados
sus “Discursos” entran en conflicto con el círculo ilustrado de la época.
Es difícil e ncasillarle en una corriente d e pen s amiento, ya que en su
época pa só de ser considerado desde f ichteano a ser circu nscrito a l
movimiento romántico y en o casiones ley eron sus ideas a l hilo de sus vaiv enes
biográficos, como hizo Dilthey en la ob ra biog ráfica que le dedicó
73
. En todo
caso, las ideas y el pensamiento de Schleiermacher escapan a l o uno y a lo
otro. Su pensamiento, ri co, variado, controvertido y comprometido con la vida,
puede, desde a lg unos ángulos, considerarse un vitalismo que aspira a la
realización p lena del e spíri tu humano a través de la unidad del sujeto
desgarrado. Pa ra este f in, el diálogo, y la superación del malentendido operan
como caminos de la recuperación del ví nculo perdido.
Así pues, este teólo go, traductor , filólogo y filósofo, pertenece a l a
generación de intelectuales de la Universi dad de Jena, que lueg o pasan a
formar parte de los fundadores de la U niversidad de Berlín. En su conjunt o
pertenece a la generación que viv e entre el siglo XVIII y XIX y que Lo ur des
Flamarique califica “de una densidad filosófica inigualable a ningún otro
momento de nuestra h istoria”
74
. L o importante de esta afirmación es qu e lo
sitúa en una ép oca portentosa para la incubación de i deas revoluciona rias y ,
por tanto, cargada de p robl emas. Entre ellos, el del restableci miento de la
armonía entre el hombre y su mundo.
En el ámbito de las ideas, hemos asistido a un espectacular m ovimiento
intelectual. El sueño m eta físico se ha derrumbado, pese a ello perv ive en la s
73
DIL THEY , W: Leben Schleiermachers , Berlín 1870.
74
FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía frente al enigma del hombre , p.13.
70
ideas de la ilustración y en el mismo Kant. Flamarique nos dice r especto a todo
este acontecer que “ l a m odernidad social (…) signif ica la pérdida de formas de
vida y tr adiciones co nsideradas h asta e nton ces co mo naturales . Lo que en e l
pasado e ra adoptado sin m ediación alguna, ahora se experimenta como
extraño y distante (…) La ta rea pendiente es superar la extrañeza me di ante el
conocimiento de las condiciones d e la creación de e sta segunda natu ral eza o
cultura; solo entonces será posible una a r monía del hombre con el mundo
histórico no de modo natural o inconsciente como en el m undo antiguo, sino
con la plena consciencia que culmina en el reconoci miento de sí mismo”
75
.
Se accede a la conciencia de esta r f r ente a u n m undo ob servable, en el
que se expresa e l hombre. Allí se encuentran los signos d e su ser . De este
modo, para la nueva generación l a tarea es comprenderlo desde sus formas de
ser o manifestarse objetivamente la humanidad. Para esta intelectua lid ad el
individuo histórico es el individuo concretizado, o bjetivo . Precisamente, en
función d el interés que aquí n os ocupa es fun d amental comprender este
contexto neurálgico. Él reclama una nueva visión y f unción d e la historia, de la
tradición histó rica, la cultura, la f ilolo gí a, aguas que confluyen en la nueva
hermenéutica
76
.
La posición de Schleiermacher se sustenta en una fórmula que articula
hermenéutica, dialéctica y é tica. Dichos c ampos fo r man u n entramado e n el
que la hermenéutica, pensada como t eoría g eneral de la comprensión, se
constituye en fuente de acceso de todo p roc eso de exterioriz ación text ual . En
tal estructura, la dialéctica tiene como función el estatuto v eritativo de las
condiciones de validez de toda interpretación, proceso por el cual el ha bl a
regresa al pensamiento que la origina. En este sentido, trata de la unidad entre
el ser como ámbito de lo general y el pe nsa r como ámbito de lo particular . La
ética, por su parte, se ha ce cargo tanto d e la ind iv idualidad y de su devenir ,
75
Op. Cit., p. 20.
76
La gener ación rom ántica comparte la idea de que en cada uno de los prod uctos de la creativi dad hu mana se
refleja com o en un espejo el movimiento de produci r (crear) , en su pura actividad. T odo se somete a la pregunta de
las condic iones que ha cen po sible su comprensión. Compr ender s erá un denominad or común en toda s las ciencias.
La exposición de la ver dadera natu raleza de la realidad o mundo reclama la adecua ción de un m étodo para lo que
habían sido disciplinas menores, qu e más qu e nunca son demand as y aspiran a un m odelo cognos citivo que reúna
las car acterísticas de seables par a tod o auténtico méto do moder no. A saber , que reproduzca al conocer el obrar o
producirse de sus objetos. Cf. FL AMA RIQUE, L: Schleier macher . La filosofía frente al enigma del h ombre , pp. 20 - 24.
71
como de lo que acontece e n la comunidad y en sus creaciones y producciones,
a través de las acciones libres.
La hermenéutica soporta el p roceso di námico entre étic a y dialéctica y
trabaja en función de los intereses de ambas, ya que su razón de ser atiende a
ambos f ines articulándolos. Por un la do, pr etende dar cuenta de l a
individualidad de la razón que se expresa, por otro a spira a una generalidad
esencial del conocimiento y a su expresión, l a cual se abre de modo primo r dial
a la comunicación. Esto supone una a spiraci ón a la un iv ersaliz ació n del sentido
y d esde una comprensión d e lo universal. Proceso f und ado desde un a unidad
interpretante.
Desde e sta óptica, Schleiermacher se ubica en otra pers pectiv a en
relación co n las fo r mas tradicionales de com prender la int er pretación. Se
imbrica en un contexto epistemológico de búsqueda de legalización del e st atuto
de las ciencias de la cultura. Por otro, como parte de ellas, la f il ología y las
formas de interpretación dominante s están resultando insuficientes f rente a las
exig encias del modo de saber validado en ese co ntexto, así como de lo s
nuevos retos y necesidades e intereses intelectuales que se ciernen.
Al respecto de la situación de la h ermenéutica en su ép oca, en los
Discursos d e Herm enéutica , Schleiermacher realiza un análisis de l a m is ma, en
diálogo con los f ilól ogos ponderados de su épo c a Ast y W ol f. En tal discusión,
expone los argumentos que legitiman su p osición. Su premisa es la
identificación de diversas fo r mas u tiliz adas para hacer las cosas y sitúa en una
de ellas la interpretación como un quehacer artístico en el sentido propio de la
palabra, en la medida e n que con esa expresión resume toda comprensión d e
un discurso extraño.
77
La hermenéutica será un “arte de la comprensión”
encargado de comprender a l autor mejor de lo qu e él se ha comprendido. Una
visi ón calif icada por Ricoeur como “crí tica y romántica”
78
.
Schleiermacher e s consciente de que tie ne que reorientar el ca mino
seguido por la vieja h ermenéutica y por sus pred ecesores m ás inme diatos .
77
Cf. SCHLEIERM ACHER, F: Los discursos de Hermenéu tica , p. 49 .
78
Cf. RICOEUR, P: “La tâ che de l’ herméneutique: en venant de Schleierm acher et de Dilthey ” en RICOEU R, P : Du
texte à l’action –essa is d’hermén eutique II - , Ed. du Seuil, París 19 86.
72
“Cuando m e encontré en la sit uación de dictar leccio nes sobre interpretación –
nos dice -, me di cuenta que no había más que una colección de reglas
particulares que poco o na d a tenían de cie ntífico. La publicación de Wolf tan
esperada igual me decepcionó”
79
.
Al no sentirse satisfecho c on la tarea hermenéutica realizada, quiere
asegurarle otro sitio. Para ello h ace dialogar la situ ación he r edada y los
resultados alcanzados, con las nuevas perspectivas que él tiene en men t e.
T odo lo se teje con el trasfondo de su con c epción f ilos ófica y t eológ ica. Cuyos
reinos, lejos de pensarlos de f or ma separ ada, los v e implicado s recíproca y
complementariamente.
Sobre el estado de la teoría que sustenta la he r menéutica cita al m ismo
Wolf, quien se queja de que la hermenéutica en teoría está poco desar rollada,
pues solo evidencia unas investigaciones sobre e l significado de las p alabras,
el sentido de las fras es, el c ontexto d el di scurso. Pero Schl eiermacher de
ningún m odo q uiere a rriesgar la aplicabilidad de la teorí a, y prefiere liberar a l
guía especu lativo, para quedarse con el más p ráctico. Esta idea deja entre ver
su horiz onte y destino. Sostiene que la hermenéutica es el arte de encontrar ,
con una intuición ne c esaria, los pen s amientos de un escritor a partir de su
exposición. De esto se desprende un a importante deducción: la h ermenéutic a
no solo está versada en el campo clásico y tampoco es un órgano f ilológico
para ese campo restringido, sino que se pract ica po r d oquier donde hay un
escritor .
Como vemos, va horadando e l camino a una visión general y a la ruptu ra
del antiguo paradigma hermenéutico. Los principios hermenéuticos, según s u
punto de vista, deben bastar también para to do ese dominio. En esa búsqued a
Schleiermacher distingue dos conceptos f undamentales que serán la huella de
su ap ort e. En primer lugar , el concepto de lo extraño que demanda ser
comprendido. Claro que no h ay una extrañeza absoluta. Si f uera todo extraño o
nada extraño, la h ermenéutica no te ndrí a con qué enlazar su trabajo. En el
último caso el comprender se daría al mismo ti empo que el leer u oír y se
comprendería to talmente por sí m ismo. Entonces, donde quiera que h aya algo
79
Cf. Op. Cit., pp. 52 - 53.
73
extraño en la expresión del pensar a través del d isc urso para quien lo pe rcibe ,
allí ha y u na tarea par a nue stra t eoría, siempre que h ay algo com ún e ntre el
que p ercibe y e l hab la nte. Con esta co nc epción amplía la ta rea hermenéutica
más allá de los escritos, la lleva a la co nv ersación y al discurso, percibido
inmediatamente, hacia otros géneros del discurso, m ás allá de los límites
establecidos por Wol f y Ast
80
.
Para tal ta re a, se plantea otra: l a búsqueda de la te orí a que la fundamente
y la dete rminación del ob jeto de estudio, lo cu al se d efine siempre que
tengamos que percibir pensamientos o se rie s de ellos a través de p alabras. En
ello inclu y e a l propio idioma, no solo a la lengua e x tranjera. Hay co sas extrañas
para cu alquiera en l os pensamientos y expresiones d e otros y en las dos
maneras de ex poner , oral o escrito”
81
. Como v emos, ha dado e l salto , e l giro
hermenéutico se ha p r oducido. Para él, l o o r al y lo escrito son dos ap licaciones
diferentes del m is mo arte en las que, en un caso, de st acan un os motivos
mientras que otros quedan más atrás, y en el o tro sucede a la inversa.
82
Pe r o
no se confo r ma, él quiere ir más allá y af irma que a mbas no están tan lejos
entre sí.
“Quiero aconsejar al intérprete d e obras escritas que practique
diligentemente la interpretación de la c onversación má s significativa.
Pues toda la e x presión viv a incita más allá de la conside ració n
aislada de u n s olo escrito a comprender una se rie d e pensamientos,
como un a c to que está en relación con otros muchos de distinto tipo.
Precisamente este aspecto es el que en la ex plicación del escrit or
mayoritariamente pasa a un segundo p la no (…), se descuida
completamente”
83
.
El otro conc epto fu ndamental sostenido por S chleier macher es el de
comprender a un autor mejor de lo que él mismo puede ha cerlo. Está contenido
en la aseveración: “Allí donde n os detiene lo extraño de l lenguaje, por supuesto
80
SCHLEIERMACHE R, F: Los dis cursos sobre herm enéutica , p. 63.
81
Op. Cit., pp. 63- 64.
82
Op. Cit., p. 65.
83
Op. Cit., p. 82.
80
equivale a la equiparación con e l autor . E ntendiendo equipa raci ón, no como
identificación, sino a través de la conocida fó rmula d e “comprende r a un autor
mejor de lo que é l mismo se h abrí a comprendido”. Una fórmula que desde
entonces se ha repetido incesantemen te y cuyas interpretaciones cualifican
todo lo que ha ido siendo la historia de la herme néutic a mode rn a. De h echo en
ella se encierra el verdadero p robl ema de la naciente Hermenéutica. E n dicha
fórmula sitúa Ga dame r lo importante del rendimiento teórico, p ues supone la
cancelación de la diferencia entre el intérprete y el autor . Con e llo se legitima la
equiparación de ambos, en cuanto que lo que tien e qu e ser comprendido n o es
desde lueg o la autointerpretación reflexiv a del auto r sino s u intenci ón
inconsciente.
Otro elemento fu ndamental para analiz ar e l legado de Sch lei ermacher es
la d etermi nación de la posición exacta en que se encuentran Schleiermacher y
el ro manticismo. A l crear una hermenéutica universal fu erz a a la crítica,
montada sobre la comprensión de las cosas, a renunciar al ámbito de la
interpretación científica. Considera el texto con e ntera independencia de su
contenido co g nitivo, como una producción libre del individuo y así se orienta
según e l modelo estándar del lenguaje mismo. “El hab l ar del individuo – escribe
Gadamer- rep res enta efectivamente un hacer libre y configurador , por mucho
que sus posiciones estén rest ring idas por la escritura f ija de la lengua. El
lenguaje es u n campo expresiv o, y su primacía en el campo de la hermenéutic a
significa para Schleiermacher , que, como int érprete puede considerar sus
textos como p uros f en ómenos d e la expresión, al m argen de sus pretensiones
de verdad”.
95
He aquí la gran limita ción que Gadamer ve en la obra de Schleiermacher ,
quien nos ab re un camino y nos cierra otro. Hasta tal punto que la historia no
es p ara él má s que un drama en e l que se va mostrando esta lib re creación.
“Este dis frute re flexivo romántico de la historia aparece muy bien de scrito en un
pasaje del diario de a q u él, para quien la histo ria será un m ilagro sag rado”
96
.
Como vemos, su proyecto de una Hermenéutica universal aún no su pone
95
Op. Cit., pp. 250- 51.
96
Op. Cit., p. 252.
81
el pa so h aci a u n a comp r ensión universal de las ciencias d el espíritu. La
comprensión a ú n no e s concebida como un método para b usc ar la verdad
científica. E l giro p sico lógico que introduce Schleiermacher en la hermenéutica,
sostiene Gadamer , tuv o la consecuencia de la cancelación de la auténtica
dimensión histórica del fenómeno her menéutico
97
.
T ampoco se instala del to do en una hermenéutica f ilosó fica, pero de j a
an unciadas las condiciones y problemas. A juicio de Gadamer , su
universaliz ación se encuentra aún limitada po r la ba rrera que le impone su
procedencia de una hermenéutica de textos teológicos, “cuya a utor idad todaví a
estaba en pie”, y n o de tex tos históricos cuya autoridad está por levantarse.
Esto representa des de luego un paso importante en el desarroll o de la
conciencia histórica, ya que permite liberar de todo interés dogmático a la
comprensión y a la int erpretación, tanto de la Biblia como de la literatu ra de la
antigüedad clásica.
El inte rés que mueve a Schleiermacher era el del teólogo no e l del
historiador: “Por eso su teoría he rm enéutica estaba muy lejos de una
historiografía que pud iese servir d e órganon m etodológico a las ciencias d el
espíritu. Su o bjetiv o era la recepción concreta d e te x tos, a lo cu al de bía servir
también el aspecto más general de los nex os h istóricos . Esta e s la barrera de
Schleiermacher que la concepción histórica del mundo no podía dejar en pie”.
98
Por otra pa rte, Schleiermacher e s quien logra obtener consecuencias
sistemáticas de lo que la ruptu ra del lenguaje, rea liz ada por los románticos,
puso al descubierto, a saber , que el habla en tanto que ma ni festación del
pensamiento discursivo es un f enó meno univ e rsal
99
. E n tal sen ti do, no s dice
Flamarique que “la hermenéutica d e Schleiermacher e s un programa que
declara con vig or que el contenido cognoscitiv o, el sentido del discurso ( Rede )
es el único objeto de int erpretación. S u generalidad se f unda precisamente
sobre esta limitación decisiva que implica en primer lugar , que e l sentido no se
muestra por sí m ismo , pues todo acto de habla es expresión indi v idual y , en
97
Cf. Op. Cit., p. 471.
98
Op. Cit., p. 252.
99
Cf. Op. Cit., p. 241.
82
segundo lugar que la expresión en cierto modo e s típica como combinación de
elementos lingüísticos al servicio del pensamien to”
100
El encarg ado de situar a la hermenéutica c omo fundamentación de las
ciencias del espíri tu será Dilthey , erigiendo el c oncepto de com prensió n
( V e rstehen ) en la piedra angular de su labor epistemológica.
D. La Hermenéutica como metodología de las cienci as del e spíritu : W .
Dilthey
En e ste punto conv iene situarnos e n el esc enario intel ectual q ue le tocó
en suerte a nuestro personaje: el de la escuela histórica y la hermenéutica
romántica y d esde allí preguntarnos: ¿cómo se conecta la escuela h istórica con
la hermenéutica romántica?, ¿cuál es la herencia que recibe Dilthey?, y ¿hacia
dónde se orienta con él la Hermenéutica ?
Para responder a estas preguntas, e s necesario hacer un breve re corrido
por la circunstancia de Dilthey y la preocupación que ocupará su pensamiento.
Su p roy ecto filosófico y el papel reservado a la hermenéutica queda e x presado
en l a siguiente cita de l aut or , que nos permitimos reproducir con cierta amplitud
por su centralidad:
“Nos enf rentamos ahora co n la cuestión de l conocimiento
científico de la p ersonas ind iv iduales, e inclu so de las grandes
formas de la existencia h umana singular e n general. ¿Es posib le un
conocimiento tal, y qué medios poseemos para a lca nzarlo? Se trata
de una cuestión del mayor alcance. Nuestro obrar p r esupone
siempre la comprensión de o tr as p ers onas, una gran parte de la
dicha humana brota de volv er a sentir estados anímicos a je nos; toda
la ciencia filológica e históri ca descansa sobre el presupuesto de que
esta comprensión posterior de lo singular puede ser elevada h asta la
objetividad. La conciencia histórica edificada sobre ese presupuesto
le h ace posible al hombre m o derno tener p resente d entro de sí todo
100
Cf. FLAMARIQU E, L: Schleiermach er . La filosofía frente al enigma del hombre , p. 240
83
el pasado de la h u manidad: por encima de todas las ba rreras de su
propio tiempo, m ira hacia las culturas p asadas (…) Y au nque las
ciencias sistemáticas d el e spíri tu de duz can de esta concepción
objetiva d e lo singular relaciones un iversales legales y conexiones
abarcantes, los p rocesos de co mprensión e int erpretación siguen
siendo el fu ndamento para ellas. De ahí que estas cien cias, así
como la historia, sean dependientes, p ar a su se guri dad, de si es
posible e lev ar la comprensión d e lo singular a la validez universal.
De este modo, en el pórtico de l as ciencias del espíritu nos
encontramos y a con un proble ma qu e es propio de ellas, a diferen c ia
de todo conocimiento de la naturalez a”
101
.
La cita nos ubica en el problema que a Dilthey preocupa y anuncia el
camino que seguirá, así como el destino que él e stá p ensa ndo para la
hermenéutica: u n método legitimador de las cien cias d el espíritu. Y e s que
Dilthey se siente impelido a dar respuest as a los problemas que e nfrenta su
mundo. Pa ra él, las ciencias del esp í ritu constituyen la herramienta a tales
problemas. Ergo es necesario replantearse el problema del conocimiento y el
método científico, si se espera que desde aquellas p ueda darse respuesta a los
problemas que agitan a la sociedad.
Cu ando Dilthey ha c e ta les consideracione s en su Introducción a las
Ciencias del Espíritu se han ope r ado cambios en la concepción de l saber . Uno
de ellos e s el advenimiento de “la co nci encia histórica, qu e domina el d esarr ollo
de las ciencias durante la segun da mitad d el siglo XI X, y desemboca en el
fenómeno del historicismo. Éste surge con el de seo de explicar los f enómenos
históricos a partir de sus causa s y co ndicionamientos, con lo que diluye el
problema del conocimiento en una actitud relativista”
102
. Otro hecho
concomitante de v iene de la situación de insolvencia de las opciones
epistemológicas domina ntes, que han a rrastrado, a juicio de Dilthey , a un
reduccionismo l a concepción de l hombre. Po r un lado, el positivismo ha
ejercido sobre el saber u na sujeción al modelo de las ciencias n aturales .
101
DIL T HEY , W: Dos escritos sobre hermenéu tica: el surgim iento de la hermen éutica y los esbozos p ara una crítica
de la razón histór ica, Ediciones Is tmo, Madrid, 200 0, prólogo y traducción, Anton io Gómez Ramos, p . 21.
102
Cf. GÓMEZ HERA S, J. M : La he rmenéutica de la vida en Dilthey y la fun damentación de una ‘crí tica de la razón
histórica ’, en The mata. Revista de F ilosofía , Universidad de Sevilla, nº 1, 1984, p. 65.
84
Camino por el cual no se ha podido avanzar en la comprensión de la naturaleza
humana y sus fo r mas de e x presión en la cultu ra . Por otro, e l idea lis mo
trascendental y la escuela histórica también ha n mostrado s er u n camin o estéril
dada la inca pacidad expuesta en dar cu enta de los problemas humanos a los
que se enfrenta.
Cercado por el idealismo y e l positivismo, D ilthey e mprenderá una tare a
que su p one superarlos; para lo cual encuentra en la hermenéutica su aliada
fundamental. En palabras de Eugenio Ima z, Dilthey “ve disolverse cada vez
más rápido la po s tura filosófica del idealismo pos tkantiano, en el que h abí a
encontrado su expresión la v isión romántica de la r ealidad, y la reacción que
contra tal idealismo (…) llevaron a cabo en primer lugar Feue rbach y Mar x de
un lado y Kierkegaard d el otro, y de sp ués el positivismo”
103
. En su opinión , el
idealismo y del positiv ismo han fracasado por ser parciales, “p uesto que n o
ofrecen una respuesta globa l al problema del conocimiento h u mano”
104
. En
todo este proceso, Dilthey ob serv a la ausencia d e una teoría del conocimiento
de la historia , i mprescindible para poder explicar la realidad humana. Una
posición historicista que recogerá Ortega y Ga sset, al defen d er que “el hombre
no tie ne nat u ra le za sino historia”
105
.
Para Dilthey , el prime r asp ecto a cambiar d ebía ser el contenido de ese
modo de conocer que se ha enquistado en e l conocer científico -ex perimenta l .
Es decir , sustituir la ex periencia del modo de conocer objetos de las cien cias
naturales, al modo de los objetos y e x periencia de las ciencias del espíritu:
“Para él la e x periencia que han de abordar las ciencias d el espíritu es una
realidad de concienci a”
106
. Esto que era considerado como un obstá c ulo
epistemológico, y su pone un modelo qu e mantiene la polaridad entre el sujeto y
el objeto de conocimiento; e s ahora pensado desde otro án g ulo. Es
precisamente el hecho de ser histórico lo que le permite a l investigador p ode r
103
IMAZ, E: “Prólogo ”, en DIL TH EY , W: Obras Comp letas, vol. I, Fondo de Cultura Ec onómica, M éxico 1978 (2ª
reimpres.), p . VII.
104
FERNÁNDEZ FONT , F : La fun damentación de las cienc ias del espíritu en Wilhelm Dilthey; o la b úsqueda de un
estatuto científico para las cienci as humanas , T esis Doctoral en F ilosofía (ed . electrónica), Universi dad Pontific ia de
Comillas, Madrid, 1986, p. 14.
105
ORTEGA Y GASSET , J : Historia como sistem a , en Obras Completas, VI, Ali anza Editorial, Madrid 1 983, p. 41.
106
FERNÁNDEZ FONT , F : La fundamentación de las ciencias del espíritu en Wilhel m Dilthey , p. 15.
85
conocer la historia, por ser él mismo parte de lo que estudia: “Las c ien cias del
espíritu av entajan a t odo co nocimiento natural e n que su objet o no e s u n
fenómeno of recido a l os sentidos, no es un me ro reflejo de a lgo real en una
conciencia, sino que es la misma realidad interna inmediata, y lo es como una
conexión vivida d esde dentro. Sin emb arg o , ya por el m odo en que esta
realidad está dada en la experien cia interna resultan grandes dificultades para
su concepción objetiva”
107
.
Esta situación no es, sin embargo, imposibl e para Dilthey , pues de e sa
experiencia a je na pod emos tener noticia tanto d es de su modo de darse como a
través de sus mani festacione s . Lo cual se nos da, al principio desde el exterior ,
en hechos sensibles, en ademanes, sonidos y acciones. Para él la pregunta por
cómo p uede una conciencia configurada individu almente llevar hasta el
conocimiento objetivo e ncuentr a respue st a en un proces o que d eno mina
comprender
108
.
Dilthey dif erenciará entre el hacer de las ciencias del espíritu y la s de la
naturaleza, con lo cual introduce, por un lado su clásica separación entr e
ciencias del espíritu y ciencias de la naturaleza, enfrentadas en un debate
epistemológico en torno al método y la función que le corresponde a cada una:
explicar o com prend er . Por otra parte, introd ucirá una clara d iferencia
metodológica entre dicho s quehaceres, sobr e e l que Gó mez Heras afirma que:
“establece un dualismo rad ical en el saber , que se co rr esponde con una
duplicidad de contenidos y de métodos en las ciencias”
109
. Este dualismo s e
mantendrá como un an tagonis mo g noseológicamente y epist emológica mente
improductivo que Ri coeur posteri ormente d esmantela y su stituye p or la de un
proceso dialé ctico complementario. “En el plan o ep istem ológico, en prime r
lugar , diré que no hay d os méto dos, el explicativ o y el comprensivo.
Estrictamente hablando, solo l a explica ción es algo m etodológico. La
comprensión es más bien el momento no metodo l ógico que, en las cien cias de
la interpretación, se combina con e l m omento metodológico de l a
107
DIL THEY , W: Dos escritos so bre herm enéutica, p. 25.
108
Cf. IBID.
109
GÓM EZ HER AS , J. M : “La herm enéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘críti ca de la razón
histórica’”, p. 64.
86
explicación”
110
.
Para Dilthey , la h er menéutica será concebida como un método de
legitimación de las ciencias d el es píritu y la dejará atada a es a condició n
metodológica, por tanto, enajenada de una filoso fía de la vida.
En este afán, su análisis de la condición d e las ciencias, d e las cu ales se
alimenta la ciencia histórica, descubre que ésta carece de autonomía ,
categorías de a n álisis propias y d e fu nda mentación filosóf ic a. Al respecto,
Gadamer nos dice que Dilthey , “En clara analogía con el p la nteamiento
kantiano, también él preguntará por las categorías de l mu ndo histórico que
pueden sustentar la con strucción del m un do histórico en las ciencias del
espíritu”
111
. Pa ra ello u rg e encontrar un nexo que permita integrar al sujeto y al
objeto cognoscente.
La aspiración d e establecer u n nexo p ara la historia q ue posibilite la
comprensión del dato de sde la totalidad, llevan a Dilthey a reca er en la opción
romántica a favor d e la experiencia subjetiv a y a a proximarse posteriormente al
hegelianismo. Puesto que da por sentado que el conocimiento d el mundo
histórico no se da a través de categorías especulativas sino e n la vivencia. En
ella acontece el acceso al sujeto
112
. T al contexto nos sitúa ante un proble ma en
el que Dilthey quedará atrapado y que buscará solucionar con el desarrollo de
la hermenéutica.
Llega, p ues, a la her menéutica, no desde la herencia ro mántica, sino
desde la f undament ación de la filosof í a de la vida. L o dado es para él la vida
misma, “para él la última realidad de l mundo humano (…). La vida se analiza y
se describe (…) y al h acerlo nos encontramos co n una realidad concreta de la
que va su rgiendo todo lo humano (…). Es necesario ensanchar e l esquema de
compresión del indiv iduo y de su s creaciones”
113
. El mo delo de D ilthey , nos
dice Gadamer , es la peculiar f usión de recuerdo y expectativa en u n todo que
llamamos experiencia y que se adquiere en la medida en que s e hace
110
RICOEUR, P: Del T exto a la acción , Fondo de Cultur a Económica, México, 2002 p. 167.
111
GADAMER, H, G: V erdad y Méto do I., p. 280.
112
Cf. GÓMEZ HERA S, J. M : La he rmenéutica de la vida en Dilthey y la fun damentación de una ‘crí tica de la razón
histórica, pp. 68 - 69.
113
FERNÁNDEZ FONT , F : La fundamentación de las ciencias del esp íritu en Wilhelm Di lthey , p. 28.
87
experiencia. Las ciencias históricas solo continúan el razonamiento empezando
en la experiencia de la vida. Ra zón por la cual el planteamiento e pi stemológico
tiene un comienzo distinto: “No ne c esita empezar por el fu ndamento de la
posibilidad de que nuestros conceptos co i ncidencia con e l ‘mundo exterior ’ .
Pues e l mundo histórico de cuyo conocimiento se trata aquí, e s ya siempre un
mundo f or mado y conformado por el es píritu humano. Esto lo ll ev a a volver
sobre el princ ipio sostenido po r Vico: ‘ la primera condición de la posibilidad de
la ciencia histórica consiste en q ue y o mismo soy un s er históric o’ . Id ea que,
hemos visto, Dilthey hace suya como presup uesto”
114
.
Esa conce pción dilt heyana s erá poste r iormente c uestionada por
Gadamer . Pero en e se camino de dot ar con u n instrumental t eórico a l as
ciencias del esp í ritu, Dilthey plan tea la com pr ensión como una de las
operaciones básicas que ca racteriz an la espe ci ficidad de las ciencias del
espíritu, su doble mov imiento de ir del interior al e x terior y viceversa. La
comprensión facilita el acceso a la viv encia d es de su expresión e x terna,
permitiendo e l movimiento inverso, del e x terior al interior . Esta nece sidad de
comprender es para él lo que da origen a la h ermenéutica: “(…) Así, pues,
llamamos comprender al proceso en el cual, a partir de unos sig nos dados
sensiblemente, conocemos algo psíq uico de lo cual son su manifestación”
115
.
Esta visión histo ricista es u n a aportación sustantiv a, de la que Gó mez -
Heras considera que “la pos ibilidad de l conocimiento h istórico radica para
Dilthey en u na estructura onto lógica de l h ombre: su condición h i stórica. ‘La
primera condición de posibilidad de la ciencia histórica consiste en q ue yo
mismo soy u n se r histórico. Quien inv estiga la historia e s el m ismo que la
realiza’”
116
. Es en e st a historicidad en la que radica el soporte de las cien cias
del espíritu
117
. Así d efine la vivencia, la ex presión y la comp rensión como los
modos de operación por antonomasia del maniob rar científico esp i ritual y que
permitirá la dinámica d el movimiento d el interior al ex terior de dicho modo d e
114
Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y Método I, p. 281 .
115
DIL THEY , W: Dos escritos so bre herm enéutica , p. 27.
116
GÓM EZ HER AS , J. M : “La her menéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘ crítica de la raz ón
histórica’”, p. 68.
117
Sobre este asunto Cf. GÓM EZ HERAS, J. M : Histor ia y razón , Ed. Alhambra, Madrid 1 985, pp. 160 ss.
88
conocer .
Lo que vemos e s pues una su s titución que anunciamos a l inicio: el p aso
de la conciencia especulativa del kantismo, al d e la concien ci a histórica y el
paso del espíritu o bjetivo de Hegel al concepto de “vida”. P es e a todo su
esfuerzo por encontra r en la vida una categ oría f undacional, precientíf ica , o
precomprensiva que abarca al objeto y al sujeto, eliminado el problema d e l a
polaridad sujeto-ob j eto, y pese a encontrar en la hermenéutica u na
metodología para acce der a ese torrente de la vida, Dilthey n o logra sob rev olar
las ata lay as de l idealismo y el positiv ismo. P or e llo no consigue superar del
todo y en contrar respuesta a su pregunta sobre la fu ndamentación de un sabe r
de la experiencia subjetiv a.
Gómez -Heras cita tres esco llos que lo llevan a fluctuar en s u respuesta a
la pregunta por la posibilidad de un saber objetivo de la vida. E n primer lugar ,
no se supera coherentemente e l ámb it o de la vivencia subjetiva (sub jet iv ismo)
ni se sitúa el prob le ma en una objetividad que permita tender un puente
intersubjetivo. En seg undo lugar , tampoco se elimina en r aíz el relativismo
inherente a la experiencia indiv idual de la vida y d e sus condicionamientos
históricos en un fa ctor de carácter absoluto. Por último, rest a p or cribar
científicamente la p re comprensión v italista a través d e una raz ón crítica q ue
articule en lógica del conocimiento la lógica de la vida
118
.
Para Gadamer un paso primordial en la búsqueda de la fundamentación
epistemológica de las cien cias del espíritu, dado por Dilthey lo constituye
“emprender , a partir de la construcción de un nexo propio en la e x periencia vital
del individuo, la transición a un nexo histórico que ya no es vivido ni
experimentado por indiv idu o alguno, pues coloca en lugar de sujetos reales,
sujetos lógicos, operación en la cu al no ve Dilthey p roblema, pues el h istoriador
lo hace continuamente cuando habla d e los hechos y destin os de los pueblos.
El p roblema e s sólo có mo se justifican epistemol ógicamente estas
afirmaciones”
119
.
118
Cf. GÓMEZ HERAS, J. M : “La h ermenéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘críti ca de la razón
histórica’”, p. 70.
119
GADAMER, H, G: V erdad y Méto do , p. 284.
89
La cuestión m ás problemática para Ga dame r es saber si logra da r el paso
de lo psicológico a lo hermenéutico. Para él, el intento lleva a Dilthey a regresar
a los p u ertos d e salida d e donde pretende e scapar . Lo que conduce a inquirir
por la diferencia entre la postu r a que asume y el ide alismo del que huye. Al
respecto y co n ironía Gadamer dice, “si no habrá también para Dilthey una
forma del espíri tu que se a verdadero ‘espíri tu ab soluto’, e st o es plena
autotransparencia, tota l cancelación de toda extrañeza y de tod o ser otro”
120
.
En este punto, vemos que f inalmente Dilthey n o soluciona
satisfactoriamente el problema de la objetividad del saber histórico con que da
inicio su esfuerzo, y Gadamer nuevamente p regunt a si no ser á l a c on ci encia
histórica un ideal utópico que contiene en sí mismo una contradicción.
Hasta aquí hemo s respondido a las pregun t as por la herencia que recibe
Dilthey , y por su pa rticular o rientación d e l a hermenéutica. Desbrocemos ahora
nuestra ú lti ma duda: ¿có mo se conecta la escuela histórica con la
hermenéutica ro mántica? Conoceremos, de e st e modo, la situación para
comprender el estado en que queda la hermenéutica y e l giro que
experimentará.
Al respecto volvemos nuestra mirada a Ricoeur , quien nos dice en Del
texto a la acción que, una de las dificultades de la hermenéutica romántica f ue
la disociación entre ex plicar y comp render . Ello e x ige una reorientación de la
hermenéutica en el plano e pist emológico que demanda a la noción de texto .
Para é l la h istoria reciente de la hermenéutica h a est ado d ominada por do s
preocupaciones: el movimiento de regionalización o la amp liació n progresiv a de
su alcance y el movimi ento de ra dicalización, med ia nte el cua l la hermenéutica
no solo se vuelve general sino también fundame ntal
121
.
Y a la hermenéutica de Schlei ermacher implicaba un a a porí a en su
programa, derivado de los do s tipos de interpretación que involucra p ara la
comprensión d e las diferente s situaciones. Así, la d ificultad d e separar las dos
hermenéuticas se complica porque al p rimer par de opuestos, lo gramatical y lo
120
Op. Cit., p. 289.
121
Cf. RICOEUR, P: Del T exto a la Acción , p. 76 .
96
modalidades, situaciones del ser -ahí, sus ex istenciarios y nos lleva al ser -ahí
como comprender , fiel a su estado d e apertura, cumpliendo las posibilidades y
proyectos que desarrolló de su horiz onte temporal e histórico
137
.
Así pues, la comp rensibil idad es el m o do de ser propio del Dasein , un ser
temporal, p ero entendido de m odo d iv erso al co ncepto tradicional de tiempo
histórico al que la f ilo sofía, incluso la de Hegel, prestó tan t a atención. Para
Gadamer u n logro f undamental es reconocer con Heidegger que el ti empo no
es un dato, un con c epto: es tiempo original, con cre to. Por ello, e l ser es
“temporalidad”, aunque e st o no deba entenderse como homogeneidad entr e
sujeto cognoscente y lo co nocido pu es ambos son históricos, e s decir ,
comparten el modo de ser de la h istoricidad
138
.
Esta temporalidad se revela en la exégesis ontológico -existenciaria d el
“ser ahí”. La exégesis onto l ógica que él busca, no es la del se r abstracto sino
concreto, f áctico, existencial. Por lo tanto, esa exégesis del ser es también , de
alg una manera, una cura del “ser a hí.” Esta investig ación ontológica la entiende
como: “una especie posible de la interpretación, que se ca ract eriza como
articulación y apropiación d e un comprender . T oda interpretación tiene su ‘ten er
previo, su ‘ver pre v io’ y su ‘concebir p rev io’. Si co mo exégesis se to rna
problema expreso d e un estudio, entonces ha menester el to do constituido por
esos ‘supuestos’, todo q ue llamamo s la situac ión hermenéutica ”
139
.
Un problema que en frenta la e x égesis ontol ógica es que “el ente cuy a
esencia está constituida por la ex istencia, se resiste esencial mente a la
posibilidad de que se lo aprehenda como u n todo. L a situación h ermenéutica
no sólo no se ha asegurado hasta aquí el ‘tener ’ el e nte t odo, es dudoso incluso
si es ello asequible y si una exégesis o ntoló gica o rig inal del ser ahí no tend r á
que estrellarse contra la forma misma de ser del ente temático”
140
.
El análisis h eidegg eriano n o s e concreta en una teorí a sino en u n proceso
hermenéutico que n os instala inmediatamente en la estructura del ser y su
137
Cf. Op. Cit., pp. 276 - 77.
138
Cf. GADAM ER, H. G: El problem a de la conciencia hi stórica , pp. 7 2- 76.
139
Op. Cit., p. 254.
140
Op. Cit., p. 255.
97
comprensión; un ser que se interroga a sí mismo sobre el sentido del ser y , por
tanto, demanda una c omprensión permanente de sí m is mo. En ra z ón d e ello,
Gadamer nos dirá que “la fenomenología hermenéutica d e Heidegger y el
análisis de la hist oricidad del – estar ah í- (…) se p roponí a má s que una teoría
de las ciencias d el espíritu o una superación de las ap orí as del historicismo
gracias a la radicalidad de su planteamiento pudo salir del laberinto en el que
se habían dejado atrapar las investig aciones d e Dilthey y Husserl sob re los
conceptos fundamentales de las ciencias del espíritu”
141
. La hermenéutica de
la facticidad aporta una di mensión e xistencial a los planteam i entos
fenomenológicos. Y a no se t rata de hallar el cogito pu ro , e s encial, i deal, sino un
ser fáctico, comprensivo y radicado en la temporalidad y en el mundo
142
.
Se ha especulado con que Heidegg er recoge esta herencia existencialista
de un Kierkegaard procedente de la crisis e spiritual de l hegelianismo. La
propuesta puede ser discutida pero es coherente con su c oncepción del ser . D e
lo que no cabe duda es de que Heidegger se h a alejado de los planteamientos
de la f enomenologí a husserliana, tanto por renunciar a un sujeto trascenden t al
frente a un sujeto fáctico y existencial, así por ne garse a ace ptar una redu cció n
fenomenológica del ser del Dasein. La facticidad excluy e la trascendentalidad.
V eremos a continuación cu ál es la ganancia de este proceder
heideggeriano, a pa rtir de los desarrollos de Gadame r tanto en El prob lem a de
la conciencia histórica como en V erdad y Método
143
.
El proyecto heideggeriano d e construir una ontología f undamental tenía
que traer a primer plano el problema de la historia. Pero no tardó en mostrarse
que ni la solució n a l problema del historicismo o la fundamentac ión o rig inaria
de las ciencias constit uirí an el sentido de esta ontologí a f undamental; por tanto,
es la idea misma de la fundamentación la que ex perimenta ahora un giro total.
La te mporalidad y a no es la de la “conciencia” o la del y o originario
trascendental. La estructura de la temporalidad aparece entonces como la
141
GADAMER, H.G: V erdad y méto do , p. 324.
142
Op. Cit., p. 319.
143
Para una m ayor información sobre este asunto r emitimos a las páginas 31 9 a 327 de V erdad y método y a las
págs. 71 a 80 de El problema de l a conciencia histórica.
98
determinación ontológica de la s ubjetividad. El ser subjetiv o, está condicionado,
por su ser históri co -te mporal. P ero es a lg o má s. La tesis de Heidegg er so stiene
que el ser mismo e s tiempo. Con esta idea se rompe tanto con el subjetivismo
como con los planteamientos de la meta física trad icion al, que comp re ndía el
ser como “presencia”, en terminología de Derri da .
El concepto de la comprensión n o es ya un asunto de método o d e
fundamentación. Comprender e s para él, el ca rácter óntico original de la v ida
humana misma. La reflexión ontológica de Heide gg er inte nta cumplir la tarea
de ilustrar la estructura fundamental de la ex istencia, una estructura del estar -
ahí que se alcanza m edi ante una “an al ítica existencial”. Descubre así el
carácter de proyecto que reviste toda compre nsión del ser
144
.
Esto representa una exigencia para la hermenéutica tradicional que había
estrechado de una manera inadecuada el h oriz onte de problem as al que
pertenece la comprensión. Parece muy distinto e l comp re nder originado del
saber práct ico, d el o rientado cognitiv amen t e en el campo de la ciencia al otro
comprender ontológico que busca el sentido del ser .
Por supuesto, que si se mira atentamente ap arecen rasgos comunes, el
que “com prender” un texto no sólo s e p roy ecte a sí mismo, c omprendiendo, por
referencia a un sen tido -en el esfuerzo de comprender -, sino que la
comprensión lograda representa un nuevo estadio de libertad esp iritual. I mplica
la posibilidad de interpretar , detectar relaciones, extraer conclusiones e n todas
las direcciones, que es lo que constituye el “dese nvolv erse con conocimiento”
dentro del terreno de la comprensión
145
.
Gadamer lo expresa dicien do que, en último extremo, to da comprensión
es un com prenderse , de manera que f inalmente se llega a co mprender lo
oculto. Pero esto signif ica que uno se e ntien de con ello. E l que comprende se
proyecta a sí m ismo hacia las posibilidades abierta s en el texto, en e l otro o en
sí mism o. La ampliación que Heidegger emp r en de, será particularmente
fecunda para el prob l ema de la he r menéutica; pues ahora se hace visible la
144
Para seguir con más deta lle el h ilo de todo este análisis que e xponemos en estos pár rafos Cf. GADAMER, H. G :
V erdad y método , pp.326ss.
145
Cf. GADAM ER, H: V erdad y mét odo , p.326.
99
estructura de la comprensión histórica e n t oda su f undamentación ontológica,
sobre la base de la futuridad ex istencial del ser - ahí
146
.
Para Heidegger , la est ructura del estar ahí se conf igura por el carácter de
estar arrojado a un mundo, m undo articulado por trad iciones y costumbres, en
el que el Dasein se instala. Este ser se constituy e en gozne y a poy o desde el
que se ocupa d e su posibilidad m is ma que es futu riz ación . Es decir , p osibilidad
de ser desde su estar “en” y “ser - con” ( Mit-sein ). Una situación e n la q ue
ocuparse de su vida se juega pre -ocupándose, lanzado al futuro c omo modo de
poder ser , que es p r ever- p rov eer d esde lo recibido en e l mundo donde es
arrojado e instalado.
El p roblema hermenéutico queda instala do en el carril de una o ntologí a
que p one al descubierto la tarea de mostrar que cualquier a que sea
comportamiento humano de “cara a sí mismo tropieza y se enf renta a la vista
con l a facticidad d e su ser . He aquí pues, en oposición a las investi gaciones de
la constitución trascendental de la fe n omenologí a husserliana, el punto crucial
de una ‘hermenéutica d e la facticidad’. Heidegger (…) es plenament e
consciente de estar infranqueablemente preced i do por aquello que le da la
posibilidad incluso de tener un pro -yecto. Pro-y ecto que de hecho inclu so no
podría ser más que pro- yecto finito”
147
.
Es esta hermenéutica d e la fa cticidad, a juicio de Grondin, el p unto de
partida de Gadamer
148
. Para Grondin, el camino ha cia el lenguaje que continúa
Heidegger , luego de Ser y tiem po , es una consecuencia directa de lo que y a se
anunciaba e n su hermenéutica de la fa cticid ad y no un cambio abrupto. En este
sentido a c ude a la intuición de Gadamer , quien ve que la palabra clav e de una
hermenéutica de la f acticidad desa rr ollada por Heidegger an u ncia el
descubrimiento de la subjetividad humana com o existencia; y d e igual forma
Gadamer sa c a ganancia de la vuelta de Heidegger a l len guaje como
experiencia originaria y a la verd ad de l arte, como una ma nera d e superar
146
Cf. GADAM ER, H.G: V erdad y m étodo , p. 331.
147
GADAMER, H.G: El problema de la conciencia hi stórica, p. 78.
148
Cf. GRONDIN, J: Int roducción a Gadamer , p. 1 17.
100
desde allí el pensamiento instrumental y técnico de la subjetividad.
Para Gadamer , en tales ori entaciones ex iste una co ntinuidad entre el
Heidegger de los primeros tiempos, el hermeneuta, y el Heidegger má s
enigmáti co de la últi ma etapa que aboga por el lenguaje como “morada de l
ser”
149
. Por ello Grondin co nsidera que Gadamer mismo, al mantenerse f iel al
tema de la hermenéutica, relacionó el f inal del camino del pensamien to
heideggeriano con su propio comienz o hermenéu tico.
Hemos d esbrozado un ca mi no, que consideramos, p ued e condu cir a
procesos de m ejor co mprensión siguiera del m undo humano. Para abrir así un
diálogo, que es el c amino de la comprensión al que no s invita Gad amer . Un
mundo que necesita comprenderse y pa ra ello el camino es situare en la
temporalidad del ser que nos pe r mite ver , como dice Heidegger , lo que está
antes y de s pués de “ su puntual ahora” . En los apartados dedicados a Gadamer
abordaremos e l asunto de la condición d el diálo go: la volunta d de escu cha y ,
con Ricoeur , el reconocimiento del otro, com o otro yo, frente a mí.
149
Planteamientos sintet izados de for ma mag istral en el comienzo d e su Carta sobr e el Humanismo .
101
CA PÍTULO III:
DIRECTRICES DE LA HERMENÉUTIC A CONTEMPOR Á NE A P A RA L A
INTERPRET A CIÓN TEX TUA L
Hemos seguido el camino que nos lleva hasta la he r menéutica ontológica
de Heidegger , a utor que influirá, hablando en tér minos generales, en el
desarrollo de la hermenéutica d el siglo XX. Ello no es ó bic e p ar a reconocer que
cada u n o de los autores del pasad o siglo ha hecho aportaciones singulares que
vale la pe na rast re ar para conocer las p rincipales d irectrices d e la
hermenéutica contemporánea.
En este capítulo damos cuenta de algunas posiciones y debates d e la
hermenéutica c ontemporánea en torno al problema d e la interpretación. L o
iniciaremos con la h er menéutica normativa que de sarrolla Emilio Betti, cuy os
planteamientos dan lugar a un rico debate con Gadamer , autor que
analizaremos a con ti nuación para f i nalizar con la he r menéutica de Paul
Ricoeur , entendida co mo “conflicto de las interpretaciones”.
Como puede aprecia r se, hemos seguido un camino que no s condu jo a
una hermenéutica filosófica, cuya existencia no anula a l as otras hermenéuticas
con las que comparte una historia entrelazada de en c uentros y separaciones.
Existe un idad entre ellas aunque cada una ha ido rea liz ando su s propias
hi storias, de acuerdo al itinerario m arcado po r sus propios objetos, fines, tem as
y motivaciones.
Con e l devenir de la herme néutica filosófica no solo s e amp lí a el espectro
de las modalidades hermenéuticas, sino que se abre un e s pacio de discusión
que abarca a l arte d e interpretar y a las teorí as de la interpretación. De modo
que vemos hoy la coex istencia de d i ferentes caminos de la interpretación en el
horizonte de la comprensión. De h echo, ante s d e la aparición en 19 60 de
V erdad y Método , se publica en 1955 la obra del jurista ita liano Em ilio Betti :
T eoría general de la interpretación . Betti e labora una teoría de la interpreta ci ón
102
anterior a la ontología de la comprensión que p ro pone Gadamer en V e rd ad y
Método .
A. La teoría general de la interpretación: E. Bet ti
Los problemas específicos de la praxis her menéutica que Betti preten d e
resolver so n diferentes, pero la centralidad del p roblem a de la comprensión es
idéntica para amb os autores. Gadamer recono c e e l valor actua l de las
diferentes ruta s he r menéuticas her edadas de la trad ición , que guardan unidad
interna en la conciencia histórica efectual
150
. T al es el caso de la h er menéutica
jurídica y la teológica, tanto en su po sició n tradicional, como en su devenir
reciente. En ellas Gadamer en cuentra . “ u n género de art e o una u t ilidad como
recursos p ara el a rte de interpretar ”
151
. Éstas siempre incluyen u na n ormativ a,
no solo en el sentido metodológico sino en el se ntido en que los intérpretes
comprenden su arte, ya se trate de una ley hum ana o divina. Actualmente,
estas hermenéuticas regionales, recurriendo ahora a la terminología de
Schleiermacher , se vinculan a una hermenéutica general que asume la
dimensión de arte de la interpretación que se puede ju s tificar teóricamente
152
.
En el sentido teológico, hermenéutica signifi ca el arte de la correcta
exposición de la Sag rada E scritura. Una he rmenéutica qu e aplicó , ya desde
muy antiguo, un a meto dología cuya raí z entronca c on la veta hermenéutica que
desemboca en la teoría general de la comprensión que propone
Schleiermacher . Es ta veta es la que nos conduce a un nuevo horizonte que
intenta: “ alcanzar una n ueva comprensión volviendo a l as f uente s originales,
algo q ue estaba co rro mpido por distorsión, desplazamient o o abuso ”
153
y q ue
culmina c on el p roy ecto de una hermenéutica genera l que se hace presente,
allí dond e haya mal entendido, para desvelar y pon er en la luz el sentido
150
GADAMER, H.G : V erdad y método I, pp. 410 a 414, en este apar tado analiza a la relación y dispe rsión entre las
diferentes hermen éuticas y concluye qu e: “ La unidad consiste en que ambas disciplinas llevan a c abo una tarea de
aplicación que solo difiere en cu anto a su patrón ( … ) es la conc iencia de la historia efectual la que consti tuye el
centro en el que u no y otro viene n a confluir como en su ver dadero fundamento ” .
151
GADAMER, H.G: V erdad y méto do II, 1994, P . 96.
152
Ibíd.
153
GADAMER, H.G: V erdad y méto do II, Ed. Síguem e, Salamanca 1 994, p. 98.
103
correcto.
154
En e sta ruta, Gadamer encuentra op ort uno dar un giro p ara dialog ar con
la hermenéutica jurí dica, a fin de descubrir hasta qué punto se está o n o, fren t e
a modalidades incompatibles, sin puntos de enlace. La razón de tal necesidad
la e nc uentra en el supuest o de que la he r menéutica teológica, por su
componente de ajustarse al dogma, no comparte unidad de destino histó ri c o
con la hermenéutica jurídica. “ En general se tiende a suponer que so lo la
conciencia histórica c onvierte a la comprensión en método de una ciencia
objetiva, y que la hermenéutica a lca nza su verdade ra determi nación sólo
cuando llega a desarrollarse como teoría general d e la comprensión y la
interpretación de los tex to ”
155
. Pero Gadamer concluye, a través del diálogo con
la hermenéutica jurídica de Betti, que no existe entre ambas hermenéuticas una
distancia tan grande.
Betti permanece e n su teoría ligado a la trad ición inaugurada por
Schleiermacher y Dilthey . Así, entiende e l objeto de la interpretación como: “ un
proceso que constituye un hecho d e conocimiento que responde al problema
epistemológico del entender . Es de cir , u na a cció n que tiene por ob jeto el
entender situado desde u na epistemologí a desde la que distingue una
objetividad ideal y una rea l”
156
. P ara captar la esencia del proceso inter pr etativo
y comprender sus u nidades precisas hay que acudir al fenómeno el emental del
comprender que se opera a través del lengua je.
El len guaje de los o t ros, considera Betti, debe se r aco gido como un
reclamo a nue s tra inteligencia, que debe reconstruirlo po r de ntr o, desde sus
categorías mentales. Una exigencia que solicita la espontaneidad de quien es
llamado a entender y que parte de formas representativas, en las que el
espíritu objetivado se aparece ante el intérprete.
De modo que el proceso cognoscitivo asume un carácter tríadico. Por un
154
Cf. Op. Cit. pp. 102 - 107.
155
GADAMER, H.G: V erdad y méto do I, p. 396.
156
Cf. B ETTI, E: La interpreta ción jur ídica , Ed. Lexis Nexis, Santia go de Chile, 2006 . pp. 3 -1 1. En esta s pá ginas
establece lo que él llama la posición del espíritu resp ecto a la objetividad, en las que fundamenta l a existencia de
categorías de valoración , a priori y a poster iori en relación con la s cate gorías kantianas. Con ello intenta superar el
error del subjetivismo y el r elativismo, pues de jan de ser las categorías una creación arbitraria del individuo y d e
valoraciones meramente sub jetivas. Lo s valor es de l espíritu con stituyen una objetividad idea l, que obedece
infaliblemente a leyes pr opias.
104
lado el espíritu viviente y p ensante del intérprete; por o tro, el espíritu
objetivado; y entre el los se encuentra la mediación q ue llevan a cabo las
formas representativas. Aquí e l conocer es un reconocer , a través de la forma
de su objetivación, tal cual a c ontece e n el con oc er de cualquier fe nómen o
físico. Solo que en este caso el intérpre te s e siente afín en la común
humanidad con el objeto. Se trata, pues, d e un volver a co loc ar aquellas formas
recibidas, desde su subjetividad. Implica una inversión del proce so creativo que
genera una an tinomi a. El intérprete es llamado a reconstruir y r eproducir el
pensamiento ajeno como si hubiera d evenido propio y al mis mo tiempo
proponérselo como algo objetivo y ajeno. De esta antino m i a del proceso brota
para Betti toda la dialéctica del proceso interpretativ o
157
.
Gadamer observa en esta h ermenéutica jurídica propuesta por Betti un
interesante campo de discusión en torno al con ce pto d e interpretación, y a las
diversas modalidades del in terpretar , así como sobre la posición fundamental
que en ella dese mpeña la f ilosofía. Es decir , la búsqueda d el entendimiento por
el cua l resulta la comprensión. La cuestión es la de determinar si el
entendimiento se orig ina en la realidad o e n unas condic iones prev ias
protocolarias. Y si tiene la interpretación su fundamento e n el m is mo problema
general de conoce r , como lo sostiene Betti. Para e ste autor , la in terpretación,
en tanto actividad cognitiv a, está a rticulada sobre el problema g eneral del
conocimiento, puesto que el p roblem a epistemológico d el entender remite a
ello.
“ En el p roceso de interpretación ocurre una antinomia, por el
hecho de que al in térprete se le impone una ex igencia doble y
paradójica, por un lado se le demanda obje tividad, e n cuant o a l a
reproducción del valor e x presado, por otra, ésta solo es a ct uable
desde la subjetiv idad de l intérprete( … ), que se ve ob lig ado a
interpreta el pensamiento ajeno como si fu e ra devenido p ro pio( … )
De esta antinomia brota t oda la di aléctic a del proceso d e
interpretación , y sobre ella p uede construirse un a teoría general de
la interpretación, que reflejando críticamente e s te proce s o trate de
157
Cf. BETTI, E: “Interpr etación de la ley y de los actos jurídicos ”, Ed. Revista de Derecho Privado ER, Madrid, S/F ,
pp. 71 - 73.
105
rendir cuentas de sus fines y de sus métodos. L o que se de no mina
con el nombre de ‘teoría hermenéutica’ ”
158
.
Para Betti, la activ idad interpretativa, así ubicada, h a dado orig en a un
florecimiento de diversos ca mpos, cada uno co n sus p ropios m étodos de
investigación y de trabajo. “ Una s con un sent ido cerrado en sí mismas como las
filológica e históricas, otras como la jurídica, teológica y psicoló g ica, van
dirigidas a una f i nalidad n or mativa o práctica, tendentes a recabar un criterio de
decisión o una máxima para la acción; otra consisten no só l o en entender por sí
mismas, sino también a hacer entender a l os otros( … ) En todo c aso se trata
siempre de entender la objetivación d e un a esp iritualid ad, siendo una
impropiedad hablar de ‘interpretar ’ en materia de fenómenos naturales”
159
.
Para Gadamer , “ la fundamen t ación de l conocimiento no puede evitar en e l
ámbito de las ciencias naturales la consecuencia hermenéutica de que la
realidad ‘dada’ es inseparable de la interpretación ”
160
. Puesto que “ la
interpretación es lo que ofrece la med iaci ón nunca perfecta en tr e hombre y
mundo, y en este sentido la ú nica inmediatez y el único dato real es q ue
comprendemos algo como ‘algo’ ”
161
. P or tanto, sólo a la luz d e la interpretación,
algo se convierte en un ‘hecho’ y una observación posee carácter in formativo.
Al respecto, Betti se guía, para el proceso del comprender , en la
consideración de l m odelo filológico de la penetración noética en el sen tido. El
cual posee para él un carácter trí adico
162
y co nsidera el proceso del
conocimiento que opera en el entender , igual al que o pera en las ciencias
naturales, pes e a ello no considera la comprensión con la amplitud d e
Gadamer .
Sobre las diferencias entre Betti y Gadamer , Grondin, señala una
fundamental: la del tema d e la a plicaci ón. Para Betti, la a pli cación e s
considerada como un e s fuerzo suplementario que se añadía a la fundamental
tarea hermenéutica de l entender . Por con si guiente, el modelo filológico de la
158
IBID.
159
IBID.
160
GADAMER; H. G: V erdad y méto do II, p. 327.
161
IBID.
162
Sobre este tema Cf. B ETTI, E: L a interpretación Jur ídica , 2006. pp. 13 - 15.
112
su con creci ón en la comprensión histórica e n cuanto que en la com pr esión
misma son operantes las v inculaciones concretas d e c ostumbr e y trad ición y
las correspondientes posibilidades del propio futuro ”
175
.
Sus in fluencias serán plurales. Comenzando por Sócrates y Platón,
pasando por los f ilóso fos de la comprensión d e tradición alemana, en particular
Dilthey , y , por supuesto, Heidegg er . P ero tamb ié n los llamados maestros de la
sospecha. “ Gadamer sigue implícitamente a los denominados maestros de la
sospecha, a Nietzsche ( fallecido en 1900) y a Freud (cuya fundamental obra La
interpretación de los sueños se publicó en 1900). Ambos considera ron, cada
uno a su m anera, como tema de sus estudio s los abismos de la conciencia de
sí mismo . Para Nietzsche y para Freud, la con ciencia de sí m ismo está
empapada -inclus o constitutiv amente -de ilusiones (Gadamer , en un sentido más
modesto, hablará d e una c o nciencia ‘ob ra da’ por la historia). En tod o caso, está
conciencia es algo muy distinto de u n punto de vista de p ar tida cierto y
seguro ”
176
.
Para Gadamer el problema d e la conciencia histó rica supone e l desvelar
el hecho de que no h ay co mportamiento libre y voluntario que los li nderos de lo
“sido” “ E l estar ahí que se proyecta h acia su poder ser es y a sie mpre ‘sido’.
Este e s e l sentido del factum existencial del arrojam i ento. El que todo
comportarse libremente respecto a su ser carezca de la posibili dad de
re troceder p or detrás de la facticidad d e e ste ser . T al es el quid de la
hermenéutica de la facticidad y de su oposición a la investigación tr ascendental
de la constitución en la fenomenol ogía de Husserl ”
177
.
Al respecto, Grondin sostiene que la hermenéutica d esarroll ada por
Gadamer en V erdad y Méto do d a comienzo después de un a p artado sobre
Heidegger . El cua l inicia luego de situa rn os en e l análisis de la verd ad de l arte y
del problema de la verdad extendido al de la comprensión en las ciencias del
espíritu. Esta es la prim era p art e de su investigació n , que da paso a la
fundamentación de una teoría d e la e x periencia hermenéutica, a la que da
inicio con u n e s tudio so bre la historicidad de la comprensión co mo principio
175
GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 330.
176
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 18.
177
GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 330
113
hermenéutico. “ La aparición d e u na t oma de conci encia histórica es
verdaderamente la r ev olución más importante de las que hemos experimentado
tras la llegada de la época m oderna. S u contenido espiritual sobrepasa
probablemente aquel que recon ocemos en las realizaciones de las cien cia s
naturales ”
178
. Acontecer que considera u n hecho nuev o, nun ca impuesto a
otras gene raciones. Consiste en la plena conciencia de la historicidad de todo
presente y de la relatividad de todas las opiniones. Lo que afecta en el actuar
espiritual, lo que se h ace evidente en los inmensos cambios espiritua l es
experimentados en nuestra época.
Para Ga da mer , e l tema de la h istoricidad e s la p uerta que nos a bre al
entendimiento de la estructura de la comprensión. Un camino p rec onizado por
el trab aj o de Heid egg er . Éste deriva la estructu ra circular de la comprensión a
partir de la temporalidad del ser -ahí. Su análisis d a cuenta de la preestructura
de la comprensión y libe ra de las inhibiciones ontológicas d el con cept o
científico de la verdad. De ese modo, l a h er menéutica puede hacer justicia a la
historicidad de la comprensión
179
.
Queda por saber cóm o “los presupuestos on t ológicos de todo
conocimiento histórico trascienden esencialmente la idea de rigor p ropio de las
ciencias e x actas (…) y cuá ndo se elude la cuestión del rigor propio de las
ciencias hist óricas mismas. Profundizar en la pr egunta ontológica imp ide
profundizar en la epi stemológica
180
. Para Ri coeur , en esta aporí a radica el
problema central de la f iloso fía he r menéutica de Gadamer . Y con ello reanima
el de bate de las ciencias del espíri tu a partir de la o ntolog ía heide gg eriana y ,
más p recisa mente, a partir de su orientación en las ú lti mas obras de poética
filosófica”
181
.
Gadamer , como hemos dicho, a rticula su hermenéutica en diálogo con la
problemática de las ciencias del espíritu y de cara al trabajo obrado por sus
antecesores. Pe ro , a diferencia d e ellos, lo hace de s de una posición
heideggeriana, con lo que gana un horizonte ontológico que tiene
178
GADAMER, H. G: El problema d e la conciencia hi stórica , 1993. p. 421.
179
Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , pp. 331 - 332.
180
Cf. RICOEUR, P: Del texto a la a cción , pp. 89 - 90.
181
Cf. IBID.
114
consecuencias d i ferentes y le permite moverse de otro m odo. El núcleo que
guía su pensamiento y la cate g oría que articula esta nu eva orientación es el
tema de la v erdad h ermenéutica. Desde ella seguiremos el hilo de sus
categorías fundamentales con las que t eje su pensamiento, y nos coloca n
frente a sus p roblemas y sus soluciones. La verdad he rmenéutica a su vez se
teje desde la teo rí a de la conciencia de los efectos de la historia, o con cie ncia
histórica efectual, la cual pa ra Ricoeur resulta de la síntesis de todo el caudal
que nu tre a Gadamer , y las dificultades q ue encuentra al tratar de resolv er la
aporía central de su trabajo. T al categorí a, nos dice Ricoeur , ya no proviene de
la m etodologí a, sino de la conciencia reflexiv a de esa m etodol ogía. Esta e s la
categoría con la que Gadame r se e nfrenta a la aporía que el distanciamiento y
al rechazo de la pertenencia a la tradición ge ne ra.
Las principa l es categorí as de su h er menéutica son verdad, historicidad-
tradición, prejuicio, dista nciación, eficacia, juego y participación, concienci a
histórica efectual, diálogo, lingüisticidad, interpretación, comprensión y
aplicación.
El te ma de la verdad es el punto nuclear de la hermenéutica d e la
comprensión que inc orpora muchos otros conceptos. En particular , los de
lingüisticidad e historicidad qu e definen nuestro m o do de ser . Las influencias
que Gadamer recibe de Heidegg er desembocan en u na te oría de la conciencia
histórica que marca la cumbre de su reflexión. “Es – nos dice Ricoeur - la
conciencia d e estar expuestos a la historia y a su a cció n, de ma ner a tal que no
se p ued e objetivar e sta acción sobre no sotros, porque ella forma part e del
fenóme no histórico mismo”
182
.
Sacar a la luz e sas experiencias e s la ta re a de Gadamer . Una tarea que
realiza en tres ámbitos: el a rt e, la historia y la lingüística. En cuanto a l ámbito
artístico, establece que el objeto de ref lex ión “ es la experiencia del arte y n o la
conciencia estética, por ta nto, que e s a la experiencia, que debe p reguntarse,
qué es ella en verdad y cuál e s su verdad, aunque ella no sepa lo que es ”
183
A
través de la experiencia del arte nos abrimos a una verdad cuy a experiencia es
182
IBID.
183
Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , p. 145
115
propia también de l as ciencias del espí ritu
184
. De es te modo, as í como la
comprensión de la v erdad del arte es un encuentro con su modo de s er , así
también la comprensión hermenéutica d e la verdad de las cien ci as de l e spíri tu
puede ser entendida como un encuentro d el ser co nsigo mismo y con su
historia.
Esa e s la razón por la que el h ilo conductor de la compren sión lo toma de
la hermenéutica de la o bra de arte, de s de la dinámica propia de la misma, “ que
es el jue go en tanto construcción, que es también juego, pues, la co nstr ucción
solo alcanza su ser plen o cuando se lo jue ga en cada caso ”
185
. Y cuyo
significado h ermenéutico de cara a la verdad, nos rev ela el carácter de la
misma como mediación total con lo real. E sto signif ica que la f unción de
“ reproducción de la obra d e arte, no e s temática c omo tal, si no que la obra
accede a su representación a través de ella y en ella( … ) El que estas obras
procedan de u n pasado desde e l cual acceden al presente( … ) h ac e que ellas
mismas pongan su validez, pues sigue t enien do su origen prop io ”
186
. Por lo que
permite que ta l validez se mantenga actual, en alusión a “ la intemporalidad de
la obra de arte ”.
Ante tal carácter de la ob r a de arte, Gadamer sostiene la necesidad de
una interpretación t emporal de la misma. Nos hallamos ante una a parente
pa radoja: la simultaneidad e ntre lo intemporal y lo tem poral de la obra de arte.
Una paradoja q ue resuelv e introduci endo un cierto p erspectivismo
hermenéutico a través de la interpreta ció n que realiza el especta dor: “ El
espectador no se compo rt a con la dista ncia con que la concie ncia estétic a
disfruta del a rt e de la representación, sino al modo de la comunicación del
asistir ( … ). La e lev ación y el estremecimiento que invaden al espectador
ahondan en realidad su continuidad consigo mismo ”
187
. E n tal e x periencia, e l
espectador se encuentra con su p ro pio mundo, con la tradici ón en sus distintas
dimensiones y , f inalmente, consigo mismo. Algo que e s aplicable tanto para la
obra trágica como pa r a o tro tip o d e obras de arte e n las que la interpreta ci ón
subjetiva del es p ectador rivaliza con la aspiración a una validez int emporal de
184
Cf. Op. Cit., p. 142.
185
GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 161.
186
Cf. Op. Cit., pp, 165 - 166.
187
Op. Cit., p. 179.
116
la obra.
Así pue s, e l análisis gadameriano de la obra de a rte le permite observar
ese carácter esencial de la creación artística, su representación o ejecución.
“ Solo en ellas se realiz a p or c omp leto lo que las ob ras de arte son por sí
mismas: el estar ahí de lo que se representa a través de e llas. La temporalidad
específica del ser estético, que consiste en que tiene su ser en el
representarse, se vuelv e existente , en el caso de la reproducció n, como
manifestación autónoma y con reliev e propio ”
188
.
Un aspecto que será de a plicación al conjunto de las ciencias humanas
que se intentan def i nir en su pretensión de verdad, de sde el mode lo de la
estética. Gadamer ha destruido e l edificio de la estética con c ebida como la
belleza, en tanto que apa riencia . Por tanto, podemos de cir también que ha
destruido la idea de la conciencia, verdad y formación estética que derivan de
tal concepción. T al destrucción es la que luego le permite colocar las nuev as
bases hermenéuticas q ue hemo s descrito.
Gadamer d emuestra que las ciencias huma n as se han comprendido
primero según el modelo de una conciencia esté tica y no a partir del encuentro
con su modo de ser . S u m odelo hermenéutico tie ne como base la e x periencia
del arte y no la mera conciencia estética. S e aprecia un giro ontológico que
reúne a la obra con el intérprete a través de un ju ego de implicaciones
recíprocas
189
. Que el intérprete entre en el juego signif ica asumir todos sus
prejuicios y su historicidad. Una actitud en la que se reconoce y se muestra
como participando de una verdad de la que n o es dueño.
No se trata de una verdad que dominemos, p ues co mo se ve en el juego
de la experiencia artística, queda sie mpre algo que se escapa. Ricoeur ob s erva
esta a ntino mia que s e le p resenta a Ga da mer c omo u na disyuntiva entre la
verdad del intérprete y la d e la obra: “ o bien practicamos la a ctitud de verdad,
pero entonces debemos renunciar a la objetiv idad de la s ciencias humanas”
190
.
Al hilo d e este planteamiento co bra importancia la pe rte nencia d e una
188
GADAMER, H. G: V erdad y méto do, pp. 180 - 181.
189
Cf. GRONDIN, J: Int roducción a Gadamer , pp. 91 - 92.
190
RICOEUR, P: Del texto a la acción , p. 95.
117
determinada tradición co mo punto de partida hermenéutico, mediado por la
experiencia lingüí stica. A este respecto, afirma Ri coeur que " mi pertenencia a
una tradición o tradiciones, p asa por la interpretación de signos, de obra s, de
textos e n los cua l es las h erencias culturales se han inscrito y of reci do a nuestro
desciframiento ( … ) Pero la experiencia li n g üística sólo ejerce su función
mediadora, porq ue los interlocu t ores d el d iál ogo desaparecen ambos f rente a
las cosas dichas qu e, de alguna manera, conducen el diálogo ”
191
.
Gadamer ve con claridad el principio hermenéutico d e ta l proceder en el
acontecer d e la historicidad h umana. Así es como resuelve su antinomia
colocando como condición de verdad, lo que aparecía como e l problem a
hermenéutico fundamental: la dialéctica entre la subjetividad de l intérprete y
una supuesta o bjetividad de la obr a. Según sus planteamientos, el intérprete
está inmerso en la comprensión de la obra. No necesita, p u es, liberarse de los
prejuicios que le impiden a lc anzar la ob je tividad, ni d e la tradición, para
alcanzar la proclamada objetiv idad de l método de las ciencias natu rales.
En la so l ución que propone Gadamer vemo s una novedad que surge al
invertir la situación del círculo hermenéutico, resultado d e la historicidad
humana. Gadame r advierte, e n sintonía con lo desarrollado por Heidegger , que
“ el círculo de la comprensión, no es vici oso, sino una posibilidad positiva d el
conocimiento más o riginario. Es la fo rma de rea liz arse la misma interpretación
comprensiva
192
. La dificultad radica en el cómo de ese proceder , p ues es
sabido que la interpretación, al enfrentarno s a un texto, nos coloca ante u n
movimiento constante de la comp rensión de cara a dos he c hos d istintos. Por
un lado, el movimiento de la compre n si ón es un p roceso de aprox imación
anticipatorio del sentido y de carácter progresivo. Estas aproximaciones
sucesivas al sentido del te x to se realizan d esde un proyecto del sentido. Es
decir anticipaciones del sentido que se van ratificando en e l encuentr o con las
cosas, hasta consegui r e l m ás ad ecuado. E sto de acuerdo a su confirmación
con l as cosas. Por o tro, dada la situación en l a que se ve situado, debe dirigirse
a los textos con unas opiniones previas examinadas en cuanto a su
legitimación, es decir a su origen y v alidez. Para ello debe ser c onsciente de
191
Op. Cit., p. 94.
192
Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , p. 332 .
118
tales tradiciones operando en su interior y n o a sumir que no existen y que se
encuentra al margen de las mismas.
Lo anterior sup o ne dos hechos. Primero, el riesgo de d ejarse llevar por las
opiniones de conteni do prev ias, no legitimadas, y que constituyen nuestra
precomprensión del objeto hermenéutico. Segundo, la existencia de las
opiniones prev ias contenidas en nuestros h ábitos lingüísticos. El p roblema es
cómo salir de tales riesgos, del círculo de l as p ro pias p osicio nes
preconcebidas: se parar m i opinión de la del que se expresa en los textos.
Gadamer se pregunta cóm o puede protegerse a un texto respecto a los malos
entendidos
193
. Esta es una preocupación fundam ental, pues de tal presupuesto
pende la po sibilidad de un s aber hermenéuti co que nos a cerque a la realidad y
a la cosa de la cual hablan los textos.
Gadamer responde a ello con una refundación completa de las cat egorí as
hermenéuticas: la experi encia de verdad, las teo rí as estética y ética, la idea de
los p rejuicios, la distancia en e l tiempo, la co nciencia histórica efectual y la
conciencia de la vig ilancia, etc. Una auténtica refundación de la hermenéutica
que justificará el subtítulo de V erdad y Mét odo , recordemos : funda m entación de
una hermenéutica fil osófica . Una disciplina renov ada cuy as categorí as
principales son las siguientes:
Los prejuicios son e nt endidos co mo condición de la comprensión y
lejos de eludirlos, hay que asumirlos y hacerlos conscientes.
El sig nificado hermenéutico de la distancia e n el tiempo , l a
denominada co nci encia histórica, que justifica el verdadero problema
hermenéutica de la comprensión de un pasado cuy a distancia con
respecto al interprete resulta alienante.
El principio de la hi storia e fectual o historia de los efe c tos de la obra
a través de las sucesiv a s interpreta cio nes que incide directamente
sobre la concien cia del intérprete. En definitiva, la puesta en cuestión
de un saber objetivo frente a la dimensión subjetiv a de la
193
Una cuestión, por cierto, qu e se había convertido en uno de los objetivos centrales de la her menéutica de
Schleiermacher , definida po r el autor com o “el arte de evitar los m alentendidos”.
119
comp r ensión de una obra.
El carácter universal de la experiencia hermenéutica, en tanto saber
pragmático abierto a cualquier int érprete potencial d e la obra, más
allá de su circunstancia original y de la intención de su autor .
La lógica de la pregunta y la res puesta , tomada de la estructura de la
conversación, cuyas raíces encuentra Gadamer en la dialé cti ca
socrático-platónica. Interpretar es reconstruir la pregunta original que
generó la obra y aportar para ella nuev as respuestas.
La aplicación como modo de ser de la interpretación, en tanto que
busca un desplazarme de una situa ció n para llevar e l sentid o hacia
mí y traducirlo a mi experiencia.
La fusión de horiz ontes o diálo g o entre las tradiciones y la situación
del inté rpre te y del tex to está n situados: Inte rpretar implica, de
alguna m anera, fusionar el h oriz onte del pa sado (obra) co n el
horizonte del presente (i ntérprete).
En todo e st e camino gadameriano hemos asistido al d esarrollo de una
productiva y rica teoría resuelta en el nivel gn oseológico y o ntológi co. Estamos,
pues, frente a una ontología de la comprensión, má s que ante una teoría d e l a
interpretación, diferente a la de Betti. Gadam er , a dife re ncia d e Betti, al situars e
desde e l h oriz onte de la f enomenología y la onto l ogía de Heid egg er nos coloca
en una profund iz ación d el p ro blema de la compren sió n que sobrepasa la
perspectiva metodológica:
“ Gadamer se queda en una hermenéutica simplemente
fenomenológica q ue intenta mo strar lo que ‘realm ente acontece’ e n
la intelección histórica, sin re fundir una he rmenéutica normativa que
diera reglas y normas para lo que ‘ ha de acontecer ’ en la
interpretación. Por el co ntrario la doctrina hermenéutica de Betti es
una he rmenéutica absolutamente normativa, es decir , u na doctrina
del mé t odo que se extiende a to dos los ámbitos de la compren si ón
120
propios de las ‘ciencias del espíritu’”
194
.
A manera d e reso l ución de n u estra pregunta guía: ¿ de qué hablamos
cuando hablamos de hermenéutica?, podemos responder que contamos ya con
los eleme ntos para d ecir que comprendemos la herm enéutica co mo u n modo
de saber d i ferente, pero no excluyente. Un sabe r cuya verdad es un gerundio;
pues reh úy e la t entación de constituirse en un saber ab sol uto. Hermenéutica es
un camino compartido para llegar a la compr ensión y a l co n ocimiento de un ser
que se expresa lingüísticam ente. Reco rdemos la d eclaración de principios que
realiza Ga damer e n la In troducción de V erdad y Método : “todo ser que puede
ser comprendido es lenguaje”.
Al correr en la m is ma línea de la experiencia, entendida como un
acontecer; prov oca un sa ber que, desde su carácter f inito y oca sional, hace
que alcancemos e l horizonte d e u n saber a barcante. Su fu erz a está en su
aparente debilidad: consciente de la fragilidad, c aducidad y precariedad de la
comprensión, el proceso hermenéutico i nvita a todos los intérpretes p otenci ales
a sumar su i nterpretación en la tarea común de buscar la verdad. Su fuerza,
pues, le viene de la concien cia y vig ilancia de su de bilid ad, de su capacidad de
abrirse constantemente a nuevas experiencias, porq ue sabe que nunca asirá la
verdad absoluta.
“ Así, u na de las experiencias má s esenciales que una persona
puede hacer es que otro le vaya conociendo mejor . Pero signif i ca
que hemos de tomar en serio el encuentro con el otro, porque
siempre hay algo en lo que no te níamos raz ón ni la te nemos ( … ).
Por e l encuentro con el otro superamos la estrechez d e nuestro
saber corriente de las cosas ( … ) Nos vamos a cercando a la verda d
porque no nos aferramos a nosotros mismos ( … ) El e ncuentro con
la trad ición también e s un diálog o. Bue no, es un diálogo porque nos
sale al e ncuentro y n os plantea una pregunta a la que h em os de
responder ( … ) nos interpela: sucede con nosotros entonces com o
con el interlocutor de un diálogo ”
195
.
194
ORTIZ-OSÉS, A. y LANCEROS, P . e t al. (eds.): Diccionario interdi sciplinar de her menéutica , p. 214 .
195
CARSTEN, D: En conversación con Hans-Georg Gad amer , p. 44.
121
De e llo resulta que la verdad hermenéutica e st á protegida tanto del
relativismo como de cua lq uier tentación dogmática. Como el hombre
experimentado, la verdad de la experiencia hermenéutica, p or saberse falible,
permanece en vigilancia y goza de “ la u niv e rsalidad de la finitud de toda
experiencia y , f inalme nte, a la e x periencia fundamental de la f initud m isma ”
196
.
Nos vemos, a sí , f rente a una verdad abierta, que deja entrar al o tro d esde su
propio h oriz onte de verdad. Evento en el cual acontece un a fusión de
horizontes, que amp lí a e l saber . Es un i r hacia un saber n o mejor , sin o
diferente. Una nueva experiencia que, s egún Grondin, solamente se puede
predecir que es impredecible.
Criada en la decepción y e l padecer , debe permanecer vigil ante. T iene por
tanto conciencia d e sus límites y sus posibilidades; no se deja en cantar p or la
seducción del absolut o, pero no es derrotista como para rendirse al relat iv ismo
que imp osi bilita la verdad. Al contrario, conoce sus posibilidades y debilidades.
Quien la practica debe m antenerse en la línea pragmática y sa ber m anejarse
en cada caso. Es , pues, u n saber enfrentarse co n las co sas e n una situación
concreta. Un saber vital que co noce su s posibili dades y limitaciones reales en
cada momento, para hacer su p roy ecto v ital, sin autoengaño s ni inautenticidad.
Un saber que dev iene de la lógica del jueg o del diálogo, del “ser - con” otro , y
que demanda el desplazarse hacia ese otro, desde su historicidad y no desde
la autorrefutación. No se trata de l juego de la reflexión, sino de una lógica
relacional d e igual der echo, en el que la m ir ada e stá puesta e n la cosa de l a
que se habla.
“ Acierta precisamente con la esencia d e la experiencia, que
consiste en ser un saber que uno no cesa nunca de adquirir ( … ) Y l o
que e s má s importante to d aví a: se acredita únicamen te en e l caso
concreto ”
197
.
Por tanto, se trat a de u n movimiento c onstante de d esplaz amiento y
encuentro cuya ú nica co ndición metodológic a e s: “ La exigencia de un criterio
para la verdad absoluta es u n ídolo m eta físico abstracto y pierde todo
196
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 185.
197
Op. Cit., p. 184.
128
a una filosof ía d el lenguaje que se enfren ta a la lingüística, al
análisis conceptual, al p sicoanálisis, a l e struc turalismo, al marxismo,
en orden a precisar el lugar del lenguaje y la relación de éste con e l
ser ”
212
.
Pese a esta atención central po r los problemas del len guaje su filosofía ha
prestado atención a otros frentes. P ara Agís Villaverde su pensamiento
establece a lo largo del tiempo un debate f ructí fero en cuatro f rente s: el
existencialismo, que se opone al kantismo por su carácter de n uev o
racionalismo; el estructuralismo contra la f ilo sof ía de l sujeto, contra la inflación
de la f ilos ofía del lenguaje f rente a la defensa de lo vivido o de la acción; luego
se enfrenta a los postulados d e la filosofía analítica f rente a los de l a
hermenéutica f il osófica; y , últimamente, debate con el deconst ruccionismo y l a
filosofía de la argumentación
213
.
Estamos pues, con Ri coeur , ante una hermenéutica de la interpr etación
como conflicto, cuy a preocupación g ira en to rno al d iscurs o humano e n tant o
posibilidad de comprensión del ser y en función de un saber p ara la vida. Una
tesis central en la obra d e Luisa P ortocarrero A Hermenêutica do conflito em P .
Ricoeur
214
. Una orientación renovada para la hermenéutica que cu lmi na, como
sostiene Doménico Jerv olino “ en una gran filosofía práctica ”
215
.
Se comp re nde, entonces, que uno de los problemas centrales a l os que
se enfrenta nuestro f il ósofo consiste en trocar lo inasible del leng uaje como
acontecimiento, en su carácte r multívoco, en a ccesible al estudio. Esto inasible
resulta del carácter y e structura de lo que él def ine como el objeto d ilecto de la
hermenéutica: los lenguajes simbólicos. En este punto, la tarea co nsiste en
encontrar la m anera de poder e lev ar de su estado d e marginación tradicional a
212
Op. Cit., p. 28.
213
AGÍS VILLA VERDE, M. Del sí mbolo a la metáfor a. Introducción a la filo sofía hermenéutica de Pa ul Ricoeur ,
Servicio de Pub licaciones de la Universidad de Santiago de Com postela 1995, p. 33. Sobre este mismo asunto Cf.
RICOEUR, P: “ Auto compréhensi on et histoire ”, en CAL VO MARTÍNEZ, T . y ÁVILA CRE SPO, R. (ed s.): Paul Ricoeur:
los caminos de la interpr etación- Sympos ium internacional sobre el pensamient o de Paul R icoeur -, Ed. Anthropos,
Barcelona 1991.
214
POR TOCARRERO FERR EIRA DA SIL V A, L : A hermenêutica do conflito em Paul Ricoeur , Li vraria Minerva,
Coimbra, 1992.
215
JERVOLINO, D: “ Para un a lectura unitaria de Paul Ricoeu r ” , en AGÍS VILLA V ERDE, M. et al. (eds.):
Hermenéutica y respon sabilidad. Homenaje a Paul Ricoeur , S ervicio de Publicacione s de la Universidad de
Santiago de Compostela 20 05, p. 301.
129
los lenguajes multívocos. Situación que la dialéctica del explicar y el
comprender , tal cual en ese momento se c oncibe, h a atr apado en un dominio al
margen de los valores filosóficos y los paradi gmas científicos.
Esos dos campos deben analizarse en d i ferentes niveles y , sin embargo,
se encuentran en e se m omento, como dos c am pos enfrentados. Un dualismo
epistemológico q ue ll eva a Ricoeur a “ poner en cuestión la di cotomía que
asigna a los dos térm in os, co mprensión y explicación, dos campos
epistemológicos distint os, refe rid os respectivamente, a d os modalidades de se r
irreductibles ” .
216
En el trabajo titu lado “ Paul Ricoeur en perspectiva: evolución y etapas de
su pensamiento ”
217
, Marcelino Agís señala que el p erí odo hermenéutico de
Ricoeur se inicia cu ando desc ubre la po tencialidad semántica del lenguaje
indirecto, ca racterí stico de los discursos mítico-simb ólicos a rcaicos . Para Agís,
al trat ar de introducir e l problema del mal e n la estructura d e la voluntad ,
Ricoeur p recisa el r o deo de los símbolos y los m itos. Y es cuando la
hermenéutica se revela como el método e mpírico -descriptivo necesario para
analizar símbolos y mitos. Al proceder de tal forma se origina el i njerto de la
hermenéutica en la fenomenología, que lleva im plí cita la crítica a l método
fenomenológico, pues margina a los mitos y fo r mas simbólicas y con ello no
puede contemplar en su totalidad la reali dad humana.
Ag í s nos recu erda q ue “ el sujeto no se conoce así mismo directamente,
sino tan solo a través de los símbolos depositados en su memori a y en su
imaginario por las grandes culturas ” . Por ende, el punto de partida de su
proyecto es de jarse decir a lg o por el dis curso del otro. El momento es e l de
disponer un conjunto de d isciplinas y ciencias del len g uaje para desvelar el
mensaje de los discursos m í tico -simbólicos. Po r ello, considera que los
esfuerzos de Ricoeur se orientarán a una reestructuración de esos m itos en su
propio universo de d is curso. De a llí que los mito s pasen a ser entendidos como
elaboraciones que remiten a un lenguaje más fu ndamental que resulta ser
216
RICOEUR, P: Del texto a la acción , p.149.
217
Véase el hilo de esta exposic ión AGÍS VILLA V ERDE, M : “ Paul Ri coeur en perspectiva: evolución y etapas de su
pensamiento ” , en Ágor a, V ol. 25 , Número 2, Servicio de Pu blicaciones de la Univers idad de Santiago de
Compostela 2006, p p. 31- 33.
130
totalmente simbólico y para comp renderlo es necesario una exégesis de l
símbolo o “ hermenéutica primaria ” , es decir un conjunto de reglas que permitan
comprender este lenguaje
218
.
Con ello Ricoeur alcanz a do s objetivos: respetar el carácter específico del
mundo simbólico; y , pensar a partir del sí mbolo, eso sig nifica la ex presión: el
símbolo da qué pensar . ¿Qué quiere decir con dicha expresión? En opinión de
Agís, el símbolo da que pensar en la medida que somos capaces de añadirle
una interpretación que p romueva u n sentido que vay a m ás allá de él. El
símbolo se encuentra en los o rí genes de nuestro lenguaje y por ello no es
ajeno al raciocinio f ilo sófico, pero se ha f ormado con anterioridad al lenguaje
filosófico. D e manera que es v álida la consideración ricoeuriana de que la
comprensión del símbolo pe r mite alcanzar el origen ance stral de nu es tra
conciencia actual. A sí , nos dice Agís, gracias a la hermenéutica simbólica lo
que era u n discurso incoherente y oscuro se torna comprensible y nos ilumina,
un universo cultural, y parte de nuestro modo d e ser actual. Lo que conduce a
una hermenéutica f ilosófica es el paso que lleva m ás allá de la ref l exión
intrínseca de los símbolos
219
.
En cuanto al campo de la interpreta ci ón y el doble sentido, afirma Agís
que la hermenéutica de Ricoeur se amplía al d irig ir la interpretación hacia la
pluralidad de discursos del hombre , sin a ba ndonar e l mundo de los símbo los ,
esto sobre la base de que cu alquier discurso es susceptible de manifestar un
doble sentido que el hermeneuta debe esclarecer . “ ( … ) el problema de l a
interpretación designa recíprocamente toda la comprensión del sen tido
especialmente ordenado en las expresiones equív ocas. La interpretación es la
comprensión del doble sentido ”
220
.
En este camino Rico eur reco rre vías aparentemente irrecon ciliable s, pero
que comprenden núcleos dialécticos de una misma totalidad del decir humano,
que é l d esc ubre en su o rig inalidad dentro del lenguaje simbólico. A sí, inicia un
viaje de ida y vuelta, p ero que no es un círculo vicioso, sino productivo, en el
218
Cf. AGÍS VILL A VERDE. M: Conocimiento y razón práctica. Un recorrido por la filosofía de Paul Ricoeur ,
Fundación E. Mounier , Madrid 20 1 1, p. 131.
219
Cf. Op. Cit., p. 133.
220
AGÍ S VILLA VERDE, M : “ Paul Ricoeur en perspectiva: evolución y etapas de su pensam iento ” , p. 34.
131
cual parte d el símbolo, que lo lleva al lenguaje e n su ser constitutivo, y se ve
obligado a examina r las diferentes f orma de interpretar e sos len guaje s
humanos. En este proceso descub re e l leng uaje en su modo de ser primario
(pero olv idado por la ling üística estructuralista) ; el lenguaje en su niv el de
acontecer , e n el que por su evanescencia se vuelve ina sible. Es p r ecisamente
en ese nivel del lenguaje en el que se sitúa el modo real y actualizado de lo que
antes no era más que una estructura v irtual.
En t al n iv el cuestiona la dicotomía en tr e len g u a y habla, ha st a cierto punto
improductiva, pues dic ha distinción no e s suficiente pa ra explicar la realidad del
lenguaje. Por ende, la considera un e n foque unidimensional al que opone uno
pluridimensional. Éste lo tra nsporta a u na teoría lingüí stica semántica, q ue
tendrá por tarea dar cuenta de la estructura del discurso .
“ El objeto de la semi ótica – e l signo- es meramente v irtual.
Solamente la oración es real en tanto co nstituye el mismo
acontecimiento del habla. P or e so no hay fo rma de pasar de l a
palabra, como signo léxico, a la oración m ediante el simple recurso
de extender la misma me t odología a una entidad más compleja. La
oración no es una palabra más grande o más compleja, es una
nueva entidad ”
221
.
En esta línea, Ricoeur con sid era que la distinción entre semántica y
semiótica es la cla ve p ara abordar el problema total del lenguaje . Este camino
nos devela las diferentes f ormas de ser del discurso. Lo que analiza desde una
triada de ej es caracterí sticos vinculad os en nú cle os dialécticos. La di aléctica
del acontecimiento y el sentido en el discurso, en primer lugar , en do nde
sostiene que “ si todo discurso se a ct ualiza co mo a contecimi ento, todo discurso
es comprendido como sentido ” .
222
Es e n el a c ontecimiento que se produ ce la
exteriorización gracias a la c ual ocurre que una impresión trascie nde y se
convierte en expresión. Po r ello “ la exteriorización y la comunicabili dad resultan
una y la misma cosa, pues no son nada más que esta elevación de una parte
221
RICOEUR, P: T eoría de la inter pretación , Siglo XXI Ed., Madrid, 1 999, p. 22.
222
Op. Cit., p. 26.
132
de nuestra vida al logos del discurso ”
223
. Esta dialéctica es tanto externa: -lo
que se quiere decir- com o contenido p ro posicional y lad o objetiv o de l sentido;
pero también es interna, es decir lo intencionado por e l hablante, lo ilocutivo d el
acto de habla y lo perlocutiv o, que constituyen el lado interno o subj etivo.
Esta di ferenciación le p ermite a nuestro a utor , situarse en una nueva
dialéctica, a quella que ocurre en el lado objetiv o de l discurso: la distinción entr e
significado y referencia, que se puede vincular a la distinción entre semiótica y
semántica. Esta dialéctica permite distinguir entre lo que se dice y acerca de lo
que se dice. E sto es p osible y a que en la oración “ el lenguaje s e d ir ig e m ás allá
de sí mismo. Mien tras que el sen ti do es inmanente al discurso y objetivo en el
sentido de ideal, la referencia expresa el movimiento en q ue el lenguaje se
trascienden así m ismo ”
224
. Así el sentido remite a la vinculación de la fun ció n
del sujeto y el predicado y la ref erencia re mite al mundo. Este es a su vez
entendido como: “ ( … ) el conjunto de re ferencias abiertas por t odo tipo de
texto ”
225
.
A estas dos polaridades d ial écticas está sometido el acontecimiento del
habla, que no se cancela en ellas sino se somete a ellas. Es e n esta teoría del
discurso en donde el texto, concebido como p aso del d iscur so a la letra o del
habla a la escritura, encuentra sus condiciones de rea liz ación. Ricoe ur sacará
provecho de la exteri orización intencional que presenta la es critura para
retomar el problema c entral de la hermenéutica: el distanciam i ento. Es en la
escritura donde adquiere su f orma má s dram ática. De aquí e merg e la otra
polaridad d ialéctica; la que se da a nivel del distan cia miento y la apropiación, o
entre la escritura/lectura, un aspecto que se convertirá en el prob l ema central
de la hermenéutica.
Para Ricoeur , llegar a la escritura, como u na exterio rización, significa dar
cuenta d e la serie de alte raciones que se reproducen en el d iscurs o al pasar a
su modalidad escrita. Pa ra e x plicar tales alteraciones, se auxilia del modelo de
comunicación d e Jakobson. Éste le proporciona un esquema justo p ara dar
cuenta de cada uno de dicha s alte raci ones y las dialé cticas inmersas en cada
223
Op. Cit., p. 33.
224
Op. Cit., p. 34.
225
Op. Cit., p. 50.
133
una de ellas.
Estas alteraciones se producen a niv el de los componentes del proces o
de comunicación, vínculos en pares que Ricoeur analiza a f i n de d istinguir en
cada uno, las alt eraciones correspondi entes, prov ocadas por el cambio de
modalidad discursiva. E n la relació n de l men saje y el ha blante se opera el
cambio de hablante a autor y el texto adquiere una a utonomí a semántica. En
la relación del men saje y el oyente, é st e se convierte en lector , un público
anónimo, m ás universal. Esto produce la paradoja q ue, al materi aliz arse el
discurso, se da una independencia situacional o topológica d el mismo. Así el
sentido d el texto liberado y el sentid o del lector liberad o de la situación loca l se
encuentran en una converg encia en una im portante lucha que genera la
dinámica total de la interpretación. “ La he r menéutica comienza donde termina
el diálogo ”
226
.
En la relación mensaje y código Ricoeu r , d escubre que dicha rela ción se
consolida y hace más comp l eta en la e s critura indi rect a, es de cir en los
géneros literarios que poseen u na estructura propia, la de código prop io que
tiene el carácter de la relación práctica – obr a, como en la p ro ducción. En los
géneros literarios se establece una coinciden cia e ntre e scritura y produ cció n de
los que ev idencia que “muestran tener algunas co ndic iones que teóricamente
podrían ser descritas sin considerar la escritura. La función de estos
mecanismos generativos es producir nu evas entidades de lenguaje más largas
que la oración. Un poema, una narr ación ( … ) d ependen de leyes de
composición que en p r incipio son indiferentes a la oposición entre el hablar y el
escribir ”
227
. Para Ricoeur el caráct er de los géneros literarios responde a la
dicotomía teoría-práctica y no a la de hablar y escribir . Y a que considera que
“ En la literatura, los problemas de la inscripción y de l a
producción tienden a solap arse. Lo mismo puede decirse del
concepto de te x to, qu e co mbina la condició n de inscripción con l a
textura propia de las o bras generadas p or las reglas d e la
composición. T exto significa discurso, tanto e scrito como elaborado
226
Op. Cit., p. 44.
227
Op. Cit., p. 45.
134
( … ) La e scritura y la producción de las ob ras de discurso de
acuerdo con las regla s de composición literaria tienden a coincidir
aun sin ser procesos idénticos ”
228
.
Los géneros literarios encuentran en este ámbito el camino de regreso a l
le nguaje multívoco, p ues se caracterizan po r un excedente de sentido que es
una ampliación de su significación. Esta dimensión simbólica se aprecia
también en la m etá fora, pues al igual que el símbolo posee una estructura
semántica que la hace tener un doble sentido.
“Llamo símbolo – nos dice Ricoeur- a toda estructura de
significación d onde un sen tido directo, primario, literal, designa por
añadidura otro sentido indirecto, secundario, figurado, que no puede
ser a prendid o má s que a partir d el prim ero. Esta circunscripción de
las expresiones de doble sentido constituy e propiamente el campo
hermenéutico”
229
.
Esta será la orientación inicial de la hermenéutica de Ricoe ur , centrada en
las expresiones de doble sentido. Con po st erioridad, recorre el camino de la
lin güística para estudiar , la d imensión ling üística del símbolo, el aspecto
semántico d esde la m etá fo ra , la innovación semántica vinculada a la
construcción de la trama , etc . “ Pero si la teoría de la m etá fora pu ede servir
como un análisis p reparatorio que nos lleva a la teoría d el símbolo, a su vez la
teoría de l símbolo nos co ncederá ampliar nuestra teoría de la signif icaci ón; así
la metáfora y el sí mbolo serv irán para determinar el campo de a mplitud de l a
teoría de la interpretación ”
230
.
Esta dimensión de la me táfora como un microtex to, cuya dinám ica y
estructura lo co nduc e a l símbo l o, se justifica po rq ue las t eorías del símbolo que
existen adolecen de una serie de prob lem as para abordar la complejidad y
carácter de las e x presiones simbólicas. Ricoeu r señala dos lim itaciones
fundamentales que afectan a las teorías del símbolo. En primer lugar , los
símbolos pertenecen a dema sia dos y variados campos de inves tigación; en
228
Op. Cit., p. 46.
229
RICOEUR, P: Le con flit des interpr étations. Essais d ’herméneutiq ue , Éd. du Seuil, París 1 969, p. 16.
230
Cf. RICOEUR, P: T eoría de la int erpretación , p. 59.
135
segundo lugar , el concepto del símbolo presenta una complejidad externa al
conjuntar dos d imensiones que tienen un doble sentido, u no de orden primario
y otro secundario. Pero en donde la dimensión no lingüística es tan obvia
como la d imensió n li ngüística, pue s un símbolo siempre refiere su e l emento
lingüístico a alguna otra cosa
231
.
Por ello dice preferir abordarlo a la luz de la teoría de la metáfora, que
resulta má s aclaratoria. Est a a claración que ofrece la teorí a de la metáfora l a
propone en tres pasos:
232
Id enti ficar e l núcleo d e cada símbolo, sin imp ort ar cuá n dife re ntes
pueden ser cada uno, basá ndose en la estructura del sentido que se
despliega en expresiones metafóricas.
La función metafórica del lenguaje permite a islar e l estrato no
lingüístico de los símbolos.
La nueva comprensión dará origen a desarroll os p osteriores en la
teoría de la metáfora.
Ahora bien, su interés por el símbolo y la metáfora son solo una parte de
su h ermenéutica, atenta también a otras nociones como las de discurso, texto y
obra, que están en la raíz del p roblema hermenéutico. Estas tres nociones se
encuentran íntimamente ligadas
233
. El d iscurso es la f orma en que e l lenguaje
se realiza. El texto la forma e n que la intención del discurso se f ija, para
comunicarse y hacerse púb lico. Y el discurso e s la manera por la que se hace
materia prima a dispos ición del que e la bora la obra literaria. En todo ello, lo que
se comunica es la “cosa del texto” ( chose du texte) .
Ricoeur , nos dice que “ lo q ue nos permite entonces comunicarno s en la
distancia es la cosa del texto que no pertenece ni a su autor ni a su lector ”
234
.
Por texto entien de todo discurso fijado por la e scritura. El d iscurso es entendid o
como una realización del len g uaje que se manifiesta en fo rma oral y escrita, e s
resultado de la dialéctica del acontecimiento y el se ntido, por tanto portador de
231
Cf. Op. Cit., pp. 60 - 66.
232
Cf. Op. Cit., p. 67.
233
Véase el hilo de este análisis en RICOEUR , P: Del text o a la acción, capítulo I y II, y en T eo ría de la
interpretación , “ El lenguaje como discur so”, y en “ Habla y escr itura ” , Ed. Siglo XXI, Madrid 1999.
234
RICOEUR, P: Del texto a la acción , p. 94.
136
un mensaje y presenta un rasgo de distanciamiento absolutament e primitivo. El
discurso se construye sobre la unidad oracional. Por lo que la lingüística
oracional es la que sostiene la d ial éctica del acontecimiento y del sentido, y d e
ella pa rte la teoría del texto d e Ricoeur . Como tal, sostiene que el discurso se
realiza como acontecimiento y se comprend e como sig nificado. En la lingüística
del d iscurso ambos co mponentes qued an ensamblados. El acontecimiento e s
superado en el signi ficado y ha ce manifiesta la intenci onalidad misma del
lenguaje, lo que le da al lenguaje su carácter de referencia sig nificante.
Como tal acontecimiento, e l discurso posee los rasgos de realiz arse en el
tiempo y de ser au t orreferencial, pues remite al hablante por medio de un
conjunto complejo de ind icadores, como los p ronombres personales. Así, el
acontecimiento consiste en que “alguien ha b la a alguien a propósito d e algo”.
Es decir , se refiere a un mundo que pretende describir , ex presar o representar .
Como sentido o significado e l discurso se caracteriz a po r se r perdurable;
suponer la superació n del aconteci miento gracias a los tres momentos d el
discurso: la fu erz a decreciente del nivel locu cio nario (de cir) la f uerz a
eleccionaria (ha c er) y el acto perlocucionario (producir efecto) m is ma del
lenguaje. Gracias a tal exteriorización el aconte ci miento es superado y h ace
posible la inscripción por medio de la escritura. Estos tres momentos guardan
unidad de modo qu e pueden ser identificados y reide ntificados con e l mismo
significado. Desde tal e structura llama significación del acto del discurso a una
acepción amplia que a barca todos los aspectos y todo s los n i v eles de la
exteriorización intencional q ue hac e posibl e a s u v ez la ex terioriz ación del
discurso en la obra y en lo escrito.
El discurso, a demás se ca racteri za por un a doble re fe re ncia, por un lado
remite al emisor , al hablante y al mismo tiempo se re fiere al mundo. En esta
correlación, es e l hablante el que se refiere al mundo a l hablar . El discurso en
acción y en uso remite hacia atrás y h acia delante: tal es el criterio final del
lenguaje como discurso
235
. Pero a su v ez el poder de revelar el destino del
discurso como p roy ección del m undo, radica en la e scritura, dado que con ella
235
RICOEUR, P: T eoría de la inter pretación , p.36.
137
se p ro duce la liberación del autor y del auditorio originario
236
. El d iscurso f ijado
por la e scritura , ya hemos dicho , adquiere ind epende ncia semántica y
topológica.
Ricoeur sostiene q ue lo que pretende demo strar es que un texto escrito
es una form a de discurso y que p or tanto las condiciones de posibilidad del
discurso v alen para el texto. Lo que pa s a es que el acont ecimiento e n la
escritura no está cancelado sino sometido a una serie d e p olarid ades
dialécticas que resume en acontecimiento, sentido, significado y re ferencia.
El discurso produce un distan ci amiento pr oductivo precisamente e n l a
relación lectura-escritura p ues se genera la nece si dad del hacer prop io lo
extraño: “La lectura es el ‘remedio’ por el cual el sentid o del texto es rescatado
de la separación del distanciamiento y colocado en una nuev a proximidad,
suprime y preserva la distan ci a cultural e incluye la o tredad dentro de lo
propio”.
237
Nos resulta ilustrativo prese ntar en este punto lo que a porta M. Ag ís con
respecto a la noción ricoeuriana de tex to en Del símbolo a la metáfora :
“En tan t o que unidad lingüí stica (…), un te x to es, por u na parte,
una expansión de la primera unidad de significación actual que es la
frase, o la instancia de d iscurso e n el sentido de Benveniste. Po r
otra, aporta un principio de organización transfrásico qu e es
explotado por el acto de contar b ajo to das sus formas (…) El texto
genera un mundo abierto que no puede aportar la f rase por sus
limitadas dimensiones (…) El mundo que genera el texto es un
mundo peculiar , un mundo que entra en conflicto con el mundo real
para describirlo: lo rehace, lo con firma, lo niega, por razón de que el
mundo como tal solo puede ser comunicable al se r constituido
lingüísticamente”
238
.
Para Ricoeur , la obra se sitúa entre la parado ja del a conteci miento y e l
sentido, entablando una c omplementarieda d entre explicación y com pr ensión
236
Op. Cit., p. 50.
237
Op. Cit., p. 56.
238
AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora , pp. 101 - 102.
144
culturales, que son condición sine qua non para que el proyecto nacional
salvadoreño sea viable. Discurso que es coherente e iluminador de nuestra
realidad actual, y muestra la capacidad prod uctiva de su poesía.
Ofrecemos ta l hipótesis d e trabajo fundada en el p resentir de un p rimer
nivel de lectura de los textos q ue tiene la f unción d e guía d e lectura para lo s
otros niv eles. Y se opera en una s erie semá ntica de las v e inte categorías
presentadas con a n terioridad que funcionan a m anera de preguntas a los
textos. E strategia que traba ja como un p rimer nivel de lectura dialógica -
analítica a la luz de la perspectiva teórica que hemos establecido. Ésta sup one
una ruptura co n la idea de un saber instrumental o e s encial, que nos libre de un
modo de en t ender a bsoluto, como el caso de la metafísica tradicional y todas
las co ncepciones permeadas c on dicha idea, o con aquellas que no s llevan a la
posición de redu cir el s aber a un método-teorético positivista.
Por e llo, nos hemos a cogido a una visión d e la hermenéutica como
experiencia que rehúye una reducción codificada y f ijad a en el lenguaje, qu e
ciertamente tiene una fu nción cognitiva y m etodológica, pero no d ebe
aceptarse como camino único.
“En ef ec to, ningún enunciado podrá expresar exhaustivamente
lo que la lucha por h allar un lenguaje. El ‘universal “ahí” del ser en l a
palabra’ no es el lenguaje e x presado en cada caso, que se d ej a
codificar y f ijar . Es cons ciente de los límites de todo enunciado en
relación con lo que ha de enunciarse. Por consig uiente, la
hermenéutica gadameriana de la lingüisticid ad tendrá que alzarse
contra el dominio de la lógica de los enunciad os”.
252
Lo que buscamos, en lenguaje agustini ano, es la palabra interna. Eso que
se ha dicho entre líneas y que solo puede ser alcan z ado, si se asum e su ir m ás
allá, en ta nto palabra refe rida a lo externo; un juego d e lo interior a lo interior ,
como el d iálogo del alma. En e st e caso, el diálogo entre la realidad int erna y la
referida por la pal abra. Solo e n este senti do la palabra pu ede mostrar su
verdad especulativa.
252
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 222.
145
“La hermenéutica – nos recuerda Gadamer- concibe de manera
diferente la v erdad de la palabra: en las verdades f initas del len gu aje
habrá que trata r de entender la infinitud de lo que se quiere decir . Lo
que se trata d e escuchar no e s simplemente el sentido semántico y
lógico del disc urso e nunciado sin o -más allá de él - e l len guaj e q ue
se b usc a a sí mismo. En una anticipación del pensamiento a cerca de
la v erdad de la pala bra, V erdad y m é todo habl aba aq uí de una
‘dialéctica d e la p al abra’: ‘Por e so cada p al abra , como a c ontecer de
un momento, hace que esté también lo no dicho, a lo cual se refiere
como respuesta y alusión’”
253
.
Como vemos, no hay espa cio para concebir la realidad f u era del lenguaje.
En él se oculta o revela, lo que significa que n o puede construirs e u na verdad
sobre la realidad al margen del len gu aje como experiencia, como concreción
del ser de lo real. El lenguaje m is mo puede trascenderse, “tiene la libertad de
poder decirse de otra manera: todo puede decirse o silenciarse de otra manera.
La inte ligencia del lenguaje h ermenéutico nos prohíbe tomar los enunciados al
pie de la letra (…) La ling üisticidad humana se ca r acteriza precisamente por un
ser más allá de sí m isma que le permite mantenerse a bierta a nuevo s
horizontes y posibilidade s lingüísticas y su straerse un poco más a su s propias
unilateralidades.”
254
Estamos f rente a una f orma de entender la verdad e n relación con la
historicidad y con un sujeto que la reco noce como su modo de ser prop io. Mas
¿de qué verdad se trata cuando nos enfrentamos a textos liter arios? Para
contestar a esta cuestión seguimos la senda que Gadame r desarrolla sobre la
verdad de la obra de arte. Su p osició n n os evita caer e n la tram pa de
comprender el hecho literario como una conciencia estética reducida, que nos
lleve al ca llejón d e los saberes marginales. Partiremos de la teoría de la verdad
de Gadamer , pero que luego continuamos p or la ví a que abre Ricoeur con su
teoría de la verdad metafórica, con la que culminaremos este aparta do.
Grondin so stie ne, en relación a la categ oría de verdad que “Gadamer
253
GADAMER; H.G: V erdad y Méto do I, p. 549.
254
GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 222.
146
mismo en su man i festación programática, habló po co de la ‘verdad’. Insistió,
más bien, de facto, en la f unción de ‘re presentación’ que existe en l a a cció n
temporal del arte la cual en el fondo se encamina hacia un proceso onto ló gico.
Pero la experiencia ‘ontológica’ del ser se mue s tra, para Gadamer , com o un
conocimiento de la verdad.”
255
. He aquí la importancia de lo que nos trae a este
tema, tal como y a lo ex pusimos e n nuestro recorrido por l a historia de l a
hermenéutica contemporánea. A diferencia del modelo científico de las ciencias
naturales, aquí se requiere que quien conoce, entre en e l juego hermenéutico
con toda su carga de horiz ontes, es decir , con su p r ecomprensión de la
realidad.
Hacerse cargo de la tradición a la que pertenecemos sup one una prime ra
orientación y ho riz onte de sentido que debemos ir ampliando y precisando,
pero sin tradición no hay sentido. Recordemos que para Gadamer , el sentido
solo se no s muestra en ese horizonte de l a tradición, e n el que inté rprete y
productor están imbuidos respectivamente. De modo que la verdad se nos
dona en el esfuerzo d e comprensió n situado en la tradición. S e trata de un
saber crítico situado en diálogo entre texto y contexto, en tre l a tradición y el
presente al que pertenecen autor y lect or . Es decir , tanto la con figuración del
texto, como su interpretación suponen una reflexión sobre los f undamentos,
alcances y consecuencias de dicha tradición.
Habermas ha mantenido una crítica hacia esta posición de Gadamer que
prevé la equipa ració n entre verdad y trad ición, y sobre la prete nsión de
universaliz ación de una hermenéutica que se juega en la idea de que existir es
comprender y co mprender es e x istir . Con rel ación a dicha crítica, Feito nos dic e
que Gadamer ha defendido aquí el carácter de reflexión crítica, en el sentido d e
que no se deja impo ner a su co nciencia los lí mites d e la trad ic ión, pe r o los
atiende y supone como un primer niv el de acercamiento
256
.
Según R omo Feito, Gadamer , enfrenta el problema de la relación con l a
tradición y la autoridad, d esde una hermenéutica que abre posibilidades de
conocimiento que sin e lla n o s e apreciarían, pero no ofrece u n cr iterio de
255
Op. Cit. , pp.. 91 - 92.
256
ROMO FEITO, F: Herm enéutica, inter pretación, literatura , Ed. Ant hropos, Barcelona 2007, pp. 24- 25.
147
verdad
257
. Al respecto, Feito nos señala que: “‘de l ‘ser para la muerte’
heideggeriano deriva el ‘ser para e l texto’ de Gadamer”. (…) El Gadame r de
V erdad y método y posterior ha producido no pocos escritos en los que se
puede recono cer una ref lexión aplicada de nuevo a la interpretación de textos,
pero enriquecida por el largo recorrido por la ontología. Unos y o tro s
constituyen una inspiración nada despreciable para el pens amiento literario”.
258
Pero para d elimitar y consolidar esta categ oría de trabajo, cerraremos
nuestro concepto de verdad desde la plataforma que edifica Ricoeur en su
teoría de l a v erdad m etafórica, pues ella nos permite situarn os con mayor
solidez en el terreno que nos int eresa: el d e l lenguaje poético, te x tual , y su
capacidad d e decir del ser y mo s trar e l m odo como opera el texto para
expresarlo. A través de tal exposición, dejaremos establecido las posibilidades
y tipo de conocimiento al que los textos literarios nos conducen.
B. Posibili d ades del conocimiento a través del tex to y l a metáfora
Nos m overemos hacia la verdad literaria, desde la v e rdad metafórica.
Sobre este tem a, Á ng el González señala el p oco esfuerzo que se ha hecho
para dilucidar el trabajo y carácter de la metá fo ra co mo surtidor de la rea lidad y
el valor del trabajo de Ricoeur al respecto
“(…) el giro más radical en la teorí a de la metá fora se da
cuando Ricoeur nos hace notar que la f unción d eno minativa de la
metáfora, que n orma lmente está ah í , e s conse c uencia de o tra
función primordial en la configuració n del tropo: la fun ción atributiva.
La metáfora no simplemente denomina a su referente objetivo sino
que le atribuye algo; realiza un a predicación a cerc a de él; y esta
predicación se co nstituy e ad emás en elemento fun da mental d e la
metáfora. En la met áfora se cumple, por todo ello, de forma
compendiada y tam bién aquilatada la voluntad predicativa que
257
IBID.
258
Op. Cit., pp. 21- 22.
148
corresponde a toda literatura es una predicación acerca del mundo y
de la vida”
259
.
La cita anterior ilustra la importancia d e Paul Ricoeur en la dilucidación de
una teoría de la metáfora que busca d ar un giro f undament al capaz de despejar
el cam i no que conduce de los lenguajes multívocos a la realidad. Y a
observamos, con Ricoeur , el valor d e la icon icidad. Pero para ahondar en el
poder de la metáfo ra, como canal que lleva al ser de la realidad d e otra forma y
desde otros ángulos, hemos de considerar dos no t as constitutivas d e la
metáfora que evidencian su poder de v erdad: la refe re ncia y la denotación. N os
fijaremos d espués en las a portaciones de Ne lson Good man y d e Max Black,
cuyas teorías incorpora críticamente Ricoeur .
Hemos visto en el apartado anterior , el se nti do semán tico de la metáfora y
la solidez de la fu nci ón icónica que opera en ella. C on ta l descubrimiento,
Ricoeur salva el caráct er de la imagen y su función en la desviación semántica;
así como la vinculación interna entre el jue go de la semejanz a que despliega la
función pr edicativa de la metáfora. Lo que b i en señala Rico eur , y enfatiza Ángel
González a l f in al de la última cita ofreci da: “la voluntad predicativ a q ue
corresponde a toda literatura es una p redi cación a c er ca del mundo y de la
vida”. R especto d e la fu nción predicativa y su resultado por la operación de la
semejanza, Pena M ouriz sostiene que en la metáfora la sustitución de un
término se produce por medio de la interacción de todos los té r minos de un
enunciado m eta fórico; así la semejanza f u nciona o poniendo y con ello une la
identidad y la diferencia
260
. Es decir , que la metáfora puede hacernos ver lo
diferente en lo similar y lo sim ilar en lo diferente, lo que la hace reveladora en
su decir una cosa con los términos de otra: un err or provocado a propósito.
La v erdad metafórica, según Ricoeur , no en tr a en an tag onismo excluyente
con la realidad del discurso especulativo. Podríamos d ecir que para é l, e n tre
discurso especulativo y poético existen “vasos comunicantes”
261
por los cuales
259
GONZÁL EZ FERNÁNDEZ, Á: “La m etáfora: de la abstracción al expr esionismo”, en Revista Ágo ra. Papeles de
Filosofía , Universidad de Santiag o de Compostela, V ol. 25-2, 2006 , pp. 88- 89.
260
Cf. PENA MOURIZ, J : La metáfo ra en la obra de Paul Ricoeur , Ed. Danú, Santiago d e Compostela 2010, p. 368.
261
El tér mino entr ecomillado lo hemos tom ado de la literatu ra, para ilustrar la relación que Ricoeur establece entre
un modo del discurso y o tro.
149
ocurre un intercambio prod uctiv o, una especie de comp licida d: “Entre filosof í a y
metáfora surge una i mplicación to talmente nueva, que las encadena en el
ámbito de sus presuposici ones ocultas, más que en sus intenciones declara das
(…) se ha trasto c ado el modo de im plicaci ón: lo no -pensado de la f ilos ofía se
anticipa a lo no dicho de la m etá fora (…) la transgresión de la meta -fora y la de
la meta-física posi bl emente no son más que una sola y única transferencia”
262
.
Hemos hablando del p oder referencial de la m etá fora, en cuanto discurso.
V eremos a h ora cómo op era el proceso en la te x tualidad, tal como lo describe
Ricoeur y lo enriquecen otros autores . Para él, e s en las unidades mayores,
como es el cas o del tex to literario, donde mej or se revela el c arácter referencial
de la metáfora. El problema de la referenci a v inc ulada a la distinción e ntre el
plano semántico q ue af ecta a la f ras e, y el plano he rm enéutico que afecta a
unidades mayores que la f rase, muestra en e ste último caso su verdadera
dimensión.
263
T ambién es importante para Ricoeur distinguir los p lanos se má ntico y
semiótico pues tiene tres impo rt antes implicaciones: l a prime r a, poner de
relieve el carácter e s encialmente sintético de la predicación, como operació n
central del d isc urso; la segun da, mostrar l a irreductibilidad de la intención del
discurso al significado; y la tercera, l a tendencia a un “real extralingüístico que
es su referente”, pues en con traste con el sig no, que solo remite a otros signos
dentro de la inmanencia del sistema, el discurso tiende a las cosas, se refiere al
mundo.
Para el filósofo francés es necesario s ubordinar el pla no se miótico al
semántico, pues el primero e s una a bs tracc ión d el s egundo, y a que el signo
debe su propio sentido a su u s o en el d iscurso. El plano semántico se
corresponde con lo más concreto del l enguaje: el acontecim ien to del habla , q ue
es expresamente el momento del decir sobre la realidad.
Ese acontecimiento del ha bl a, dado su carácter evanescente, fue excluido
de los objetos de estudio p or parte de la lingüística tradicional, lo que o blig a a
262
RICOEUR, P: La m etáfora viva , p. 372.
263
La exposición s iguiente es un r esumen del hilo central qu e Ric oeur desarr olla sobre: la metáfor a, referencia y
verdad, desarr ollado en La metá fora viva . Para ver de talles, ver e l estudio VII, páginas de la 28 a la 336. Cual quier
alusión a otros auto res, será referida en el texto directamente.
150
Ricoeur a desarrollar un a lingüí stica d el d iscurso, que distingue entre se ntido y
referencia, tal como había sido aviz orada por Ben v eniste y Frege. T al distinción
vale en p rincipio para tod o el discurso, ta nto si se siguen los postulados de
Benveniste o Frege, pues son complementarios
264
.
Ahora bien, como e l problema q ue nos intere sa e s e l del texto, una unidad
discursiva mayor que la f rase, resulta que el po stul ado de la referencia descrito
no es suficiente y req uiere una elaboración d istinta. El te xto como obra
responde a otra dialéct ica que im plica un trabajo d e composición, ca racterizado
por tres rasgos distintivos: en prime r lugar , así como la f rase es irreductible a
una su ma de signos, la ob ra lo es a una suma de frases; en se gundo lugar ,
obedece a reglas f orm ales, que n o son de lengua sino de discurso, c ódigo que
regula la praxis de l t exto y p roduce un g énero espe cífico según su s reglas .
poema, no v ela, etc. ; y , en tercer lugar , e sa obra singular en la que desemboca
la prod ucción, es lo qu e se puede llamar e stil o y es lo m ás importante, pues es
lo que distingue de modo irreductible las categ orías prácticas de las te óricas.
La obra, en tanto que p roducto individual, es e l ob jetiv o al cual va dirigido
la int erpretació n. El texto, sea literario o de o tro tipo, requiere, por su particular
estructura y d inámica, un nuevo postulado de la referencia. En esa dimensión
discursiva te xtual h ay que inclu ir , según Ricoeur , a la metáfora, un discurso en
miniatura que rebasa el ámbito de la palab r a. Marcelino Agís, en Del símbolo la
metáfora , n os dice que “la semántica de la palabra es justamente la que sir v e
de telón de fondo a los trabajos de la Nuev a Retórica”. Pero que esta última
evoca más eco s de la te orí a de la m etá fora de sustitución, ya combatida, que
aporta elementos pa r a abonar a una teorí a d e la metáfora “ent endida co mo
modelo en el plano enun cia tivo de l discurso filosófi co o del discurso poético”.
Como esta ne orretóri ca cierra e l camino donde la metáf or a – palabra se f undía
en el seno de la m etá fora - enunciado (…) podemos decir que no aporta na da
nuevo, que lo ya contemplado en la retórica c lásica”
265
.
Esto mis mo ocurre c on los modelos generados de las propuestas de
264
“Al cruzarse las dos int erpretacione s de la refe rencia nos dice Ricoeur - crean la configur ación po lar de la pr opia
referencia, que pued e llamarse objeto , si consider amos el referente de l no mbre, o estado de cosas, o si nos fijamos
en el referen te de todo el enunciado”. RIC OEUR, P : La metá fora vi va , pp. 289 - 290.
265
AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora , p.158.
151
Jakobson y Le Guern, pese a qu e ofrecen a v ances para entend er el
mecanismo de la metáfora, no s dice Agí s, n o log ran agotarlo pues “la noción de
metáfora es, a la vez, demasiado amplia y d emasiado lim itada”
266
. Le Guern,
continuador de Jakobson, of r ece solucione s más avanzadas que las de su
maestro. Éstas perm it en a Ricoeur afirmar que: “‘para interpretar la metáfora ,
es preciso elim in ar de l sentido p ropio los rasgos incompatibles con e l
contexto’”
267
.
En la m etá fora están presentes también los fen ómenos de denotación y
connotación. Así vemos que “l a función connotativa se puede identificar a
través de la fu nción de ‘imagen aso cia da’, lo que significa acudir a u n tip o de
connotación p sicológi ca. De nuevo el contexto desemp eña una impo rt ante
función puesto que el enlace entre la a bstracción sémica y la evocación de una
imagen a s ociada se hace por la introducción de un término extraño a la
isotopía del contexto”
268
.
Para dar cuenta del componente denotativo, Ricoe ur acud e al an álisis
crítico de la teorí a de Nelson Goodman y a las aportaciones de la teo rí a del
modelo y metáfora d e Max Black. La primera “se o c upa de establecer el lugar
de una teoría d enotati v a de la metáfora”
269
. De lo cu al le interesa el p ostulado
de la transferencia, que podemos resumir diciendo que se trata de “un a
concepción de la m etá fora que le permite constatar a Ricoeur una vinculació n
estrecha de la metáfora con la teoría de la referencia, a tr avés de la
transferencia de la r elación (…) que es inversa a la d enotación (…) l a
transferencia de la posesión, que es una sim pli ficación, lo inverso de la
denotación, de la que la representación es una especie. T odos lo s matice s y
distinciones que podamos h ac er caen dentro de la referencia. El problema está
en saber en qué consiste está ‘posesión tran s ferida’ de la que habla el
autor”
270
.
Lo que resulta interesante de la transferencia de la metáfo ra, que Ricoeur
266
Op. Cit., pp.164- 165.
267
RICOEUR, P: La m étaphore vive , Ed. du Seuil, París 197 5, p. 233.
268
AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora ,, p.167.
269
Op. Cit., p.191.
270
Op. Cit., p.193.
152
rescata de Goodman, consiste en ver que tal migración de sentidos “no e s sol o
el movimiento en el interior de un predicado particular , sino el proceso en el que
se tra nsporta un ‘reino’ co mpleto. De este modo, la metáfora es capaz de
reorganizar la visión de las cosas, cuando, po r ejemplo, el ‘reino d e los
sentidos’ se transporta hacia el reino ‘visual’”
271
. La tran s ferencia consiste,
pues, en que u n campo de lo real es trasladado a otro, que es a je no, a través
de la m ig ración de un reino semántico, que e s incluido en o tro, a l q ue
habitualmente no se refiere. Po r ejemplo, la luna en relación de semejanz a co n
el am or , mu estr a la transfe re ncia de un reino semántico a otro. Con sideramo s
que se tr ata de una m ig ración conceptual, que podría se r comprendida co mo
una violencia a la lógica de la p ráctic a actual, por una dinámica semántica, que
es co ns entida, querida y provoca da a propósito. Esa tran s ferencia radical, para
Ricoeur , provoca e sa tensión ne ces aria que lleva a “‘rehacer la rea lidad’”
272
.
V emos que esta violencia es un a f uerz a que empuja a la realidad a revelarse
desde nuevos ángulos, de otra manera.
Esta teo rí a es co heren te con la p ropuesta de M. Black, de la que Ricoeur
extrae tres conclusiones: la primera que la f unción poética no puede ser
diferenciada mediante la distinció n denotación -connotación p or ser u n sistema
simbólico, entre otros, que im plica una fun ció n re f erencial igual que el discurso;
la segund a, que los sonidos, imágenes y sensaciones, se adhieren al sentido y
deben ser tratados como representaciones y no como descripciones,
ejemplifican en lugar d e denotar; y , la tercera, que l as cualidad es poéticas
transferidas contribuyen a aumentar la co nfiguración del mundo. Su verdad
depende de la medida en que son apropiadas.
En cuanto a la teo rí a de Max Black, Ricoeur en cuentra tres pa ral elismos
productivos entre modelo cien tí f ico y metáfora, identificados por Black y de las
que e x trae tres co nclusiones sustanciosas
273
: La primera es que u na metáfora
memorable tiene fuerz a para p oner en relación co g noscitiva y em otiv a dos
dominios separa dos, al emplear un l enguaje d irecta mente a pro piado a un o
como lente p ar a conte mp lar el otro (…) y no cab e predecir anticipadamente ni
271
Op. Cit., p. 196.
272
IBID.
273
Véase todo el hilo que sigue en AGÍS VILLA VERDE, M : Del símbo lo a la metáfor a, pp. 198 a 200.
153
parafrasear subsiguientemente en prosa los signif icados má s amplios que as í
resultan, como tampoco las relaciones de ta l modo creadas entre reinos
inicialmente d isp ares.
274
La segunda co nclusión, es que d e una metáfora se
pueden hacer distint os comentarios, no porque los necesite, e lla e s la
responsable directa de un pensamiento y de una reflexión intelectual que nace
a su a mparo y provoca da por ella. El pe nsa miento metafórico se convierte en
un m odo pec uliar de penetración intelectual, no en a lg o simpleme n te
decorativo. Modo que pu ede aplicarse al modelo con relación al pensamiento
científico. Y la te rcera conclusión e s que e l empleo de mod elos te óricos se
asemeja al u so de metáforas p or reque rir la tran sferencia analógica de u n
vocabulario. T a nto la metáfora como el modelo revelan relaciones nuevas, so n
intentos d e poner cont enido nuevo en odres viejos. A e ste tip o de m etá foras se
las denom in a “ arquetipos ”. Éste, como la metáfora e n general, requiere de un
cierto e s fuerzo, po r parte de l lector porque con él no e stamos en el reino de lo
evidente y lo literal. Pero a la postre, ese es fuerzo se ve recompensado por una
expresión f ecunda y bien lograda o por un relato (fábula, alegoría) cu y a fuerza
poética supera lo aportado por él, med ia nte el uso d e sí miles o comparaciones .
Un buen arquetipo, opina Black, debe poder somete rse a las exigencias de la
experiencia y canalizar los pensamientos de su creador de u na forma sensible.
No debe confundirse la i maginación con una camisa de fuerza. T odas las
actividades humanas descansan en el sano ejerci cio de la imaginación
275
.
Las conclusiones remite a los beneficios que dichos p ostulados of rec en
para una t eoría de l a m etáfora. El primero reside en el caráct er radical y
sistemático que Black identifica en ciertas m etá foras y que son aspectos
solidarios. Son esas me tá foras radicales las que se encargan d e organizar las
redes metafóricas. Ri coeur enfatiza la insistencia de Bl ack sobre el c arácter
sistemático y amp lio de ciert as me t áforas, p ues concuerda con la nece si dad
defendida por Nelson Goodman de subordinar las f iguras aisladas a los
esquemas que rigen los reino s. Y al m ismo tie mpo resulta una base excelente
para explicar el funcionamiento referencial de la metáfora.; al ser dirigida, ya no
por un enunciado metafórico aislado, sino por una red metafórica.
274
BLACK; M: Modelos y metáforas ; Ed. T ecnos, Madrid 1 966, p. 232.
275
Cf. AGÍS VILLA VERDE, M: Del símbolo a la m etáfora, p. 200.
256
asoman su cabeza
412
. Pero la categoría “pueblo” la vamos a entender como
una matriz ó ntica generadora d e s entido, q ue acoge u n proyecto de ser y u n
sentido del ser co lec tivo, en el cual e se colectiv o se reconoce, se reconcilia y
se viv e como unidad. Pese a que solo es un imaginario, ya que la sociedad
supone subgrupos, subculturas, d iv ersidad étnicas, de opinión, d i ferentes
lugares y f unciones, puede actuar como una fuerza re a l que constituye la clave
de la funcionalidad de la nación, de su prospe ridad.
El pueblo es, en un sentido restring ido, el depositario de la a c tividad
política que se origina en la m it ad d el siglo XIX con la construcción de los
sistemas democráticos y la idea d e igualdad de derechos y deberes de todos
los individuos
413
. Pero en el sentido vital del con v ivir hu mano e s , pues, desde
este mirador que hemos establecido, la categorí a o ntológica fundacional de la
nación moderna , en este preciso p unto y las elites son , e l medio para realizarla,
así quedan inte gradas en d icha categorí a y el pue bl o puede pasar a ser e l f in,
como totalidad de su sí mism o. Lo cual es un trabajo de todos los días. De
todas maneras debemos reco r dar que n o p retendemos dar una respuesta
definitiva a la pregunta po r ese sujeto de uso ide ol ógico, o de concreción real
sin definición teórica que llamamos “el pueblo”.
4. Patria y patriotis mo.
Las primeras referencias del término se remontan a la república romana y
aparecen en los e scrit os de Cicerón, Horacio y Quintilian o, según nos informa
Luis González Quirós. Nosotros queremos asociarle un sentido de cantera , nos
gusta el té r mino, pue s es la entraña del pueblo, el filón, el yacimient o de donde
se e x trae a l pueblo - ciudadano. La patria está preñada de evocaciones
412
Sobre este asunto r ecomiendo e l interesante trabajo de Hanspeter Kriesi, profe sor de l Departamen to de Ciencia
Política de la Univers idad de Gine bra, en el que se adentra en las consecue ncias de la desna cionalización de las
estructuras del espacio político na cional en razón del actual pr oceso de globalización. Cf. KRIESI, H : “La
transformación de l esp acio político nacional en un mundo globalizado ” , en MÁIZ, R. (ed.): Europa Mundi.
Construcción de Europa, democracia y globalización , Universidad de Santiago d e Compostela, 20 01, pp. 219 ss.
413
Esta idea de pueblo, según Carmen Sarasúa, acontece como un cambio de l siglo XIX, do nde se consolida una
nueva idea de pue blo y que tiene sus raíces en las ideas ilustrad as, pero que tardan siglo y m edio en mate rializarse.
Cf. SARASÚ A G ARC ÍA, Carmen: “ Historia, gén ero y cultura popul ar”, en MANT ECÓN, T . (ed.) : Bajtín y la historia de
la cultura popular , Ed. U. Cantambr ia, Santander , 2008, pp. 21 - 22.
257
poderosas por sus ví nculos con lo terráqueo, lo vital, el ombligo de la tierra, de
la vida. Por su cercanía a vínculos y se n tidos cargados de fuertes emo ci ones y
de visceralidad, esta categoría vamos a entende rla con u na funcionalidad
emocional-interpretativa de la acción política, dotada de un carácter ético -
sagrado. Ella comporta un valor a x iológico, q ue nos capacita para la acci ón
política. En este sentido la entendemos como una categorí a de a cción con raíz
ética, desde la cual nos elevamos o nos destruimos. Nos interesa preguntar el
porqué de este comportamiento y qué pa p el tiene el Estado en la destrucción o
consolidación de dicha cantera, ¿Puede el Estado hacer patria?
Si partimo s de l o fundacional, debemos situarnos en e l componente físico-
natural. La territorialidad animal se convierte en los humanos e n complej a
organización y en e l af l oramiento del sentimiento y sentido de se g uridad.
Remite al e s pacio que provee: es la madre proveedo ra , e l seno que alimenta,
por lo que e st á cargada con elementos de superviv encia y visceralida d. E s
objeto de divinización, se rodea de misterio: la vida y la m uerte se asocian a la
tierra y la tierra es el fundamento de la p atri a. P rovee el sentido de arraigo y se
vincula a través de su relación con la tierra , y po steriormente a la organización
de la vida, a la cristalización de ley es de conviv encia.
“La patria comienza a existir cuando un gr up o humano que ( … )
comparte ciertos ca r acteres alcanza para sí una cierta u nida d
política, se asi enta en un territorio y crean unas instituciones. Los
hombres est amos vinculado s con el territorio por algo m ás que por
razones políticas, somos seres que habi tan la T i erra, cuy a acción en
ella y sobre ella tiene un determinado rango de posibilidad (…) pero
que, en cualquier caso, siguen siendo limitadas y continúan
condicionando nuestra existencia (…) Esta con dición humana es una
condición vital, bioló gica si s e prefiere. Es ba stante razonable que
sobre nuestras ne c esidades de vinculación con el territorio se
generen relaciones m uy básicas en una gran diversidad de
planos”
414
.
La p atria nos conduce, po r e sos rasgos, a l terreno d e lo sagrado y de la
414
GONZÁLEZ. J. L : Una Apología del Patriotismo , Ed. T aur us, Madrid 2002, pp . 24 - 25.
258
virtud. Por tanto e s susceptible de movilizar a la acción d esde lo más p ro fundo
de la psique, pero no desde la inconsciencia m ás de s -articuladora de toda
razón. La Patria es algo má s que un invento político de la modernidad. El
discurso patrio remuev e con un poder que es visceral. Por ello ideol ógicamente
es uno de los símbolos más poderosos. Es algo más que la tierra donde se
nace, algo más que la tierra de los p adres. Arrastra un cau dal de
significaciones a los que no se les ha dado mucha importanci a en las ciencias
sociales, p ero si en las aren gas políticas, la p ropaganda y la publ icidad, y ha
sido bien aprovechado por dirigentes po lí ticos .
Estamos a nte un término que ha tenido u n gran arraigo literario. En la
poesía el término se nos revela en s us c o mplejos sentidos p ues re fiere a
arcanos más allá d e las ideas prefabricada s de nación de la modernidad.
Habremos de comprobarlo al analizar los textos de Francisco Gav idia.
En la actualidad e l té rmino no goza d e mucha circulación y ,
paradójicamente se le evita en la teoría po lí tica. Así, el patriotismo es el paria
de las ideas de la ciencia política. No así e n la acción política, pues com o tal, l a
patria refiere a una esencia del ámbito de lo sacro y el p atri otismo a un
sentimiento que de allí emerge. Por tanto, la Patria co mo tal solo cobra rea lid ad
desde ese sentir que tiene raíces de razón y objetiv idad vital.
Por ello rodearemos la categoría patria d esde ese modo de cristaliz ar en
el sentimiento patrio hacia u na razón é tica y u n m o do de actuar moral para el
bien común. A difere ncia de la nación que viene a ser una construcción a
manera d e artificio que recurre a las fuentes de lo visceral y sagrado para
construir un imaginario, la p atria h a sido un componente que ha pa sado a
formar parte del imaginario de la nación. Es un atribu t o fundacional d el sentid o
de pertenencia al que recurre el texto nacional. Un combustible para la acción
social.
Al respe ct o n os h a resulta do interesante el estudio de José Lu i s
González, quien p ie nsa e l patriotismo como una areté , es de cir , disposición d el
ánimo, que comp ort a elementos a la vez e mocionales y racionales; sobre el
patriotismo nos dice que:
“El patriotismo es un sentimiento, como se pretende en este
259
texto, u na virtud que es previa a la a cción política, una cualidad
moral que les da a la vida ciudadana y a la actividad política u n
cierto sentido y em p uje peculiar , un interés común del que en otr o
caso carece. E l na ci onalismo (…) se rí a desde este punto de vista,
una específica politización del patriotismo, u na subversi ón de sus
cualidades y , en último término, una d eformación completa de su
sentido más verdadero y de su valor más profundo”
415
.
Esta afirmación de González supone dos premisas: asumir el
nacionalismo en su s entido peyorativo, como una ideología enmasca r adora y
tergiversadora, una enajenación del patriotismo: su negación. La segunda,
asume el patriotismo en su carácter sagrado, de v irtud opuesto al nacionalismo.
Para él, el nacionalismo no se ofrece como un sentimiento de vinculación
y de sentido de solidar id ad, pero sí la idea de patria, que resuena siempre con
un aire de llamada a la solidarida d y al sacri ficio y que con sidera no sustentado
en valores de promoción f ácil en sociedades que están aún m ás
acostumbradas al lenguaje de los de rec hos que al de los d eberes y la
responsabilidad. Es ta i dea es fecunda p ara nuestro interés, pues decíamos qu e
la construcción o paso de una masa a la categorí a ontológica d e pueblo supone
dar mue str as de solidaridad, responsabilidad, f idelidad y sa crificio. Aquí
encontramos todo s esos ingredientes.
Devenido de s de los sustratos de la e x periencia humana básica, porta un
componente ancestral. El problema es cuando solo se recurre y se usa como
propaganda y mueve a la a cción arrastrando a la gente, sin cultivarlo y
consolidarlo. Lo q ue s e logra es una destr ucción del sentimiento y de todo lo
que con él se evoca y provoca. Un sacrificio con un alto co st o en aras de un
proyecto au téntico de nación moderna y lo que ella demanda. Gellner estaría
en contra de esta idea, pues él conside ra que el arraigo te rritorial es una
aberración, y que lo me jor es desterritorializ ar la nación. V eamos estas dos
postura s en torno a la ide a de p atria en el horiz onte de las necesidades de la
sociedad industrializada hoy y ay er y de la d i námica propia de cada región.
Para deslindar adecuadamente nuestra posición, creemos que Gellner al
415
GONZÁLEZ, J. L : Una apología del Patriotismo, pp. 7 - 8.
260
asumir ta l premisa no prioriza la contextualiz ación del fenómeno n acional. Y
González por su lado, únicamente ve la fa z ne gativ a de l n acional ismo co mo
separatistas violento s ideologizados. Pero no se puede de s estimar su
argumento, ya que resulta consistente con los análisis de lo s procesos
nacionalistas estudiado s por Gellner . P ara González: “n o hay , y ni siquiera es
concebible que haya, nacionalismo sin enemigos, sin victim ismo y sin programa
de conquista”
416
. Hab rí a que ver hasta dónde es po sible aplicar esta e x presión
para cada ocasión, pero lo cierto es que hemos asistido s a m uchos casos en
los que ha sido así. No se puede partir de ello p ara dar paso a la formulación
de un juicio universal, pe ro tampoco obviar t al circunstan cia ya que es un modo
de operar frecuente en el proce s o nacional.
Lo productivo de su planteamiento es la visión ético -pragmática que
supone. P ar a G onzález Quirós patria y pa t riotismo, manti enen una c omp leja
relación de dependencia. El patriotismo, segú n él , es una v irtud que n o abunda
y se puede pen s ar que hay patriotismo porque ha y patria, o que se r patriota
consiste en sostener y reflejar unos valores autónomos. En esta visi ón
autónoma del patriotismo, la patria puede concebirse como “el ‘lugar ’ rea l e
histórico so bre el que se h a de ejercitar primordialmente cualquier acción
política”
417
. Nos ad v ierte a demás que el uso de l término patria está lleno de
dificultades conceptuales y no h a sido objeto de aten ción po r parte de los
pensadores. Y al de jar su uso, e l término ha quedado afiliado a su raigambre
romana y republican a . E n los autores latinos, citados al inicio d el apartado,
patria se refiere a la patria d e los pad r es, como hemos dicho, al lug ar donde e l
hombre está ligado en virtud de su nacimiento y , en con s ecuencia, e n f unci ón
de su modo de vida, de su habitación en la ti erra.
Dentro de esta trad ición, Patria, a diferencia de nación, es la que aporta el
elemento político, como una socieda d f undada e n leyes. P ero al avanzar con el
hilo del concepto no s e ncontramos con u n problema similar al de nación y
nacionalismo, el de patria y patriotismo. Un problema que, como ve González
Quirós, se vuelve ontológico y sacro. En todos los autores antiguos, nos dice , la
idea de p atria aparece con una función de relig ación, antes que c on un tin t e de
416
Cf. GONZÁLEZ QUI RÓS, José L uis: Una Apología la patriotism o , p. 20 ss.
417
Op. Cit., p. 22.
261
identidad é t nica: e s aquello que une a l h ombre como tal con su ha bitació n
terrenal, co n sus leyes, con sus mayores, con sus antepasados y sus
tradiciones. Por ello, patria es, para él, primero que nada, u n lugar , un espacio
primero físico y antropológico y después jurídico y político que los homb res
comparten y co n el q ue mantienen un a relación singular de pertenencia y
devoción, un lugar sagrado en cierto modo.
Lo que nos inter esa sobre todo de su planteamiento e s la idea de que
patria y nación, no co nstituyen realidades a título propio, no son físicas, sino
realidades d e sentido. Es decir que como en tidades de se ntido, de algún modo
se elig en, se crean y e stablecen, no s on esencias fu era del espacio y el tiempo.
Pues las fronteras m i smas son arbitrariedades cambiantes, como la historia
nos lo ha m ostrado. Entonces e s posible que e l imaginario de la patria no
encaje con los límites político-jurídicos establecidos.
Para él la realidad de la patria no d ebe ser considerada e nteramente
previa al patriotismo, del m is mo modo que la realidad, co n sus limitantes, de
una nación, de c ualquier comunidad política, depende evidentemente de la
voluntad d e los individuos que la constituyen , lo que no debe ser entendid a
como un estar proclamando libremente patrias y naciones, sino en e l sentido de
que se supone el reconoci miento de la pertinente priorid ad ontológica de las
personas singulares sobre las realidades polí ticas colectivas
418
.
Por ello, su po st ura acerca de los conflictos te rritoriales se co rre sponde
con esa a ctitud más p ragmática y real desde la que nos dice que “no deben
abordarse y tratar de soluciona rlos c omo si se tratará de cuestiones onto l ógicas
de e se ncias históricas, sino co mo confli ctos entre p ersonas que deb en
resolverse democráticamente y pacíficamente, respetando los derechos
humanos, y el ordenamiento legal vig ente en cada caso (…) Por sagrados que
puedan parecer los de rechos de los an tepas ados sólo tienen un ser efectiv o en
cuanto sean invocados y respetad os por quienes están vivos en el momento de
la cuestión”
419
.
En este sen ti do, su tesis no resu lta contrari a a la de Gellner en cuan t o al
418
Cf. Op. Cit., pp. 27 - 28.
419
Cf. Op. Cit., p. 30.
262
problema de la territori alidad, ya que la considera u n a sunto arbitrario. Est o
supone na v egar entre lo particular y lo universal. Por ello, e l patriotismo debe
entenderse más como una v irtud cívica, que no excluye la pertinen cia de los
otros, más bien que se promuevan en función de los v alores universales.
En resumen, entenderemos p a tria en la lín ea que llev amos trazada de
entrega y donación. Es aquello que el viv iente recibe en donación, en herencia
y desd e la cual se configura un estar y un se r , un se ntido de la v ida, unos
recursos y maneras de vivir . El p atriotismo resulta en a quel lo que el vivi ente
debe entregar al seno que lo recibe, desde el seno materno. La patria es la
trama te x tual que no s aco ge y que luego podemos elegir si se sigue en ella o
no, pues es una e lecc ión desde lo recibido y lo que deseamos hacer con ello.
Aquí u topía e ideología están e n tensión productiva, y desde la cual se tejerá el
proyecto futuro de la patria, modulado por la moral de la acción política.
“La patria nos da nuestra p rimera conexión con la humanidad,
pero no puede exigirnos que prescindamos de l o que no e s ella
misma. Ahora bien e n cuanto a parece c omo a lg o dado, la patria está
sujeta a deter minaciones de rec epción q ue, en las sociedad es
abiertas, son e l soporte principal del progreso histórico po rq ue,
evidentemente, n o solo p odemos continuar (…), sino que podemos
alterar la dirección y el sentido en el que parece marchar e l legado
de nuestros mayores”
420
.
Por ello el p atriotis mo es concebido por Gonz ález, más que como el deber
cumplir , como la raíz mo ral subyacente a l sistema de e lecciones que hace mos
y desde el cu al decidi mos qué haremos con lo recibido. De ah í que la patria
sea un a tarea huma na y por ello nuestra opción de entenderl a como una
categoría ética para la acción política. Una tensión entre la entrega y la
recepción, desde un compromiso m or al del pueblo, el cual debe amarse
primero desde la p atri a, tener un sentimiento de respeto y o rg ullo, que puede
servir d e m otor , cuando se sabe que lo recibido no es como debe ser y desde
allí lanzarse a la tarea de ese deber ser .
Por ello, no podemo s ha blar de patriotismo m ás qu e como un hacer moral
420
Op. Cit., p. 35.
263
y razonad o, si lo reducimos s olo a un sentimiento má s o menos tribal, como
dice González, es lógico que se te ma po r sus desmane s , pero si el patriotismo
es algo más, si es un elemento integrante de nuestra vida moral, no hay en
realidad e s pacio para fundar esos temores
421
. Es según González algo que se
puede aprender , y cómo tal supone un proceso educativo que lo llev e a superar
toda tendencia e goí sta, o ir racionalidad, a f avor de no ser excluyente y
discriminador . T anto uno como o tro p ueden ser asimilables porque tien en una
raíz común, y una misma dinámica de configuración ontológica y pueden n o ser
necesariamente antagónicos, más bien complementarios.
T anto pa triotis mo y patria, como nacionalismo y nación , n o son en sí
esencias ab solutas, y se pueden o rient ar hacia el ca os o hacia y l a barba rie , o
hacia el crecimiento y responsabilidad con los otros. Aquí es cuando la idea de
la d esterr itorializ ación debe entenderse como la de un iv ersalización de la
solidaridad en función d el bien común, en cuanto deber ser reducto último de la
posibilidad de la conv ivencia. Esto supone la creación de espacios de
articulación de los diferentes secto r es sociales y d e mecan is mos para su
participación en la es fera pública en la re partición de los ben eficios de la
producción. Solo de esta f orma se pueden integrar como un i dad que se
reconoce como tal.
Para el caso de América Latina, uno de los problema s fue el que durante
la colonia y bajo el proceso i ndependen tista, se mantuvo el m odelo d e
desarticulación sociopolítica, como b ols ones separados y hasta antagónicos.
Llegado el momento de l desarrollo de l a s nuevas naciones no se cr earon lo s
mecanismos d e articulación y de desintegración del modelo colonial, de m odo
que se mantuvo a m uchos sectores excluidos del ejercicio p úblico, de los
beneficios sociales y econó micos. Se perpetuó un modelo de población
dispersa, no capacitado para formar nación.
Un ejemplo de esa actitud f ue e l ta rdío y neglig ente interés en la
escolarización de lo s poblados. T al condición no permitía conta r con nacionales
aptos, lo que ete rniz aba la búsqueda de capacitados en E uropa, pues en la
mente de las e lites s eguí a perpetuándose el viejo sesgo de que nada había en
421
Op. Cit., p. 60.
264
“el pueblo de Latinoamérica que fuera raciona l, cu lt o, ilustrado” L a población
seguía siendo una plebe dispersa y el Esta do contribuía a ello: “ A simismo, la
convicción, po r parte de esas m ismas elites, de que n ada hay en Améric a
española que tenga u n atisbo de racionalidad político -cultu ral, unida a su
debilidad política, las v uelca ha cia el m odel o europeo. D e hecho, cantidad de
patriotas independenti stas, harán viajes por Europa y Estado s Unidos pidiendo
ayuda política a cambio de fu t uras inversiones en América”
422
.
Se per petúa, así el c írculo vicioso en el que el tema de “const ruir el
pueblo”, el mo t or d e la nación siempre está en compás de espera, actitud que
se repite en toda la dinám ica económica y política de la región a lo largo de
todas las estructuras y de la historia de l a región. Pero la vida encuentr a
siempre sus caminos o muere, y el pueblo es ante todo vida, experiencia,
realidad concreta, posibilidad.
422
IBID
265
CA PÍTULO VII:
LITERA TUR A , POLÍTIC A Y FILOSOFÍ A
“Las palabras son puentes,
también son tra mpas, jaulas,
pozos ”
423
.
Hemos seguido un camino con el propósito de permitir a nuestras
palabras ser puentes y no trampa s , aunque nunca se e sté completamente libre
de tal peligro. E l objetivo de este capítulo es el de analizar las estructuras d el
poetizar , su f unción y la relación entre literatura, f il osofía y política. P ara ello
hemos organiz ado tres bloques: el primero de dicado al estudio de la estructura,
funciones y dinámica del lenguaje p oético , en el que analiz amos aspectos
relativos a la obra d e arte literaria, los lí mites del m undo literario, su naturaleza
y n iveles; en se g undo lugar , nos ocupa re mos de la relac ió n entre f iloso fía y
poesía, tema de gran arraigo en autores del siglo X X; y , por últim o, de la
capacidad de la poesía para construir un di scurso político, a su nto clave e n el
caso de la presente tesis.
Analizaremos también o tros tem as relacionados co n e st os tres nú cleos
principales, como es el de la metáfora e n filoso fía. Hemos asumido con Rico eur
la metáfora como una f igura q ue articula la dinámica y rasgos de una obr a
literaria, su leng uaje, su voluntad y poder de desví o y tran s formación, así como
su ca pacidad de transitar y enriquecer otros ám bitos del pen s ar en virtud de la
capacidad connotativa del lenguaje. E llo supone a sumir , co mo propone Sara
Robles Ávila, la existe ncia e n el poetiza r , de tres niveles léxicos: el general, el
individual y ese mismo transformado en el á mbito de la creación poética
424
.
No es posible ob v iar los ingentes y profundos estudios que existen sobre
la me t áfora, así como sus u sos e n diferente s campos d el p ensar . La s mentes
más brillantes han acudido a ella o han reflexionado sobre la misma. T al es el
caso de los estudios realiz ados po r Orte ga sobre la metáfora, para quien es
423
P AZ, O: Árbol Adentro. Ed. Seix Barr al, México, 1987, p. 1 14 .
424
ROBL ES ÁVILA, S: La connot ación en el lengua je poético de Jorge Guillén , Servicio de Publ icaciones de la
Universidad de Málag a 2003, p. 15.
272
estructura funda ci onal de lo poético, que denomina de sviación , pa r a
comprender después sus modos de operar y rendir sentido al mundo.
2. El desv ío del lenguaje poético
Cohen u tiliz a un método estructuralista, del cual nos permitimos asumir
sus categorías para aplicarlas en el segu ndo nivel de análisis que hemo s
establecido e n este estud i o. La posición de Cohen se sitúa dentro de la
tradición de la mim esis , esto e s, dentro la tradición que vindica el poder
ontológico de la poesía: “la poesía, como la ciencia describe el mundo”
437
.
Nuestro teórico sitúa el rasgo estructural fundante del lenguaje poético en
la agramaticalidad o calidad de desv ío d e la nor ma del lenguaje. Este desvío
consiste en una provocación inte nci onal, a fin de poner en marcha la
fabricación de lo poético, que Cohen explica afir m and o que: “la normativa de la
lengua no implica ningún normativismo. Nadie está obligado a respetar las
reglas. T odo depende de la función de l lenguaje. Y , precisamente, lo que he
querido m ostrar es que la f unción poética no sólo tolera, sino que incluso exige
la trasgresión sistemática de estas normas”
438
. Este mecanismo supone para
Cohen d os tiempos: el plan tea miento de la desviación, que está marcado por l a
negatividad, ya que supone una ruptura contra las reglas, pe ro es la condición
del segundo tiempo: la reducción de la desviación, que es po sitiv a, y con stituye
la f inalidad de la f abricación de lo poético, es el proceso de vuelta, que consiste
en la construcción de un n uevo lenguaje; una antiprosa, una metam or fosis: “La
palabra poética es a la v ez muert e y resurrección del lenguaje”
439
.
La de sv iación, al actuar sobre los niveles fo nético y semántico, provoca
tres clase s de efectos: lógico, semántico y contextual , cuyas diferencias s on
más de grado que d e na tural eza. Operan por ca rencia, abundancia o invers ión.
La estructura general d e un texto poético tien e una f unción de transformar
cualitativamente el sentido, llevando el sentido noético al patético, por lo que lo
conceptual queda integrado en lo emocional.
437
COHEN, J : El lengua je de la poesía , p. 36. Esta tesis ya nos es familiar , pues la hemos venido construye ndo
desde Vico, Heidegger , Gadam er y toda la tradición que he mos descrito.
438
Op. Cit., p. 20.
439
Op. Cit. p. 220.
273
Este pa so de la estructura de de sv ío a la funció n patética es posible por e l
constitutivo funcionamiento del lenguaje, de acue rd o a su fu ncional idad. En los
polos poético y no poético, sostiene Cohen, asistimos a la funcionalidad de dos
lógicas antité ticas . En el caso del lenguaje no poético, ope ra la lógica de la
diferencia, en la que cada unidad se basa en su relación con lo que e lla no es,
según el principio de contradicción. En e l lengua je poético, o curre lo co ntrario:
opera un a lógica de la iden tid ad. Así el len guaje poético absuelve la estructura
opositiva y , por ello, como lo ha planteado Orteg a, se vuelca en una f uerz a que
cancela la dispersión típica de l lenguaje y opera como f uerz a ce ntrípeta desde
su entropía. Siendo caos, lleva a la integración, desde la violencia de la
desintegración de la no rma. P or ello como lo ha v isto Maturo, priv a en lo
poético una d inámica de ida y v uelta, del caos al orde n y del orden a l caos: “Su
labor va del caos al cosmos, de la confusión primigenia al inten to de dar y
descubrir sentido”
440
.
Para Cohen, e l lenguaje poé tico es tá delimitado dentro de la estructura
del desví o cu y a función es la abolición d e la estructura positiva.
441
Acotado el
lenguaje poético dentro de esa estructura y funcionalidad, ap lica la misma par a
determinar tres categorí as de objetos poéticos, aten diendo al n iv el del lenguaje
al que afecte la desviación
442
:
Para Cohen, la d i ferencia entre prosa y poe sí a es de naturaleza
lingüística, f or mal, y acontece por el tip o de relación que e l poema introduc e
entre el signi ficante y el significado, y por otra, entre los p ropios s ignificados.
Relación que se caracteriz a po r su negativ ida d, supone un desvío, una manera
de v iolar el código en cada u no de los n iv eles
443
. P or ejemplo, la f rase poética y
la ab surda ofrecen la figura de la impe rtin encia. Pero lo absurdo se reduce a l a
impertinencia o tipo de f alta y la p oesía no. Por tanto, solo guardan una
semejanza negativa.
Este desvío, en tanto que mecanismo de una estructura fundacional del
lenguaje poético, presenta dife re ntes procesos, en donde se producen las
440
MA TURO, G: La mira da del poet a , Ed. Amar gord, Madrid 2008, p. 16.
441
COHEN, J: El Lenguaje de la poesía , p. 34.
442
COHEN, J: Estructura del lengua je poético , p. 12.
443
Cf. Op. Cit., p.196.
274
figuras, según el nivel; y desde e llas nacen unas funciones esenciales. Junto a
Cohen, hemos convenido en la aceptación d e que dicho mecan i smo supone
dos tiempos
444
. Como y a h emos visto, el tiempo ne gativ o supone la v iolación
sistemática del código del lenguaje, especificándose cada una de las f ig uras
como infracción a una d e las reglas que comp one n dicho código. Apa rece así
como una fo rma de pato logí a del lenguaje; y está el tiem po positiv o: el d e la
reducción, la poesía no destruye e l lenguaje ordinario sino pa ra reconstruirlo en
un plano su peri or; a la de s estructuración operada por la f igura sucede un a
reconstrucción de otro orden
445
.
Estos mecan is mos de fabricación de lo poético, que hemos visto, y que se
descomponen e n dos tiempos
446
, operan a niveles diferentes del lenguaje. Un o
de ellos, el tiempo negativo op era a nivel paradigmático y sint agmático del
lenguaje. En el caso del o perad o a niv el p aradigmático, se afect a el principio
del lenguaje q ue Saussure identificó c omo el p rincipio de oposición, y que
restringe la predicación a una pa rte del universo del discurso y reserva así su
sitio al predicado o pu esto. La estrategia desviacional, dice Coh en, consiste
precisamente en bloquea r e se principio. Reconstruye la estructura o positiva, y
extiende así, la p re dicación a la totalidad del univ erso del discurso,
asegurando, pa radójicamente al lenguaje su total p ositiv idad semántica por un
proceso de negación. T al mecanismo asegura el mayor rendimiento semántic o
del lenguaje.
En e l segundo caso, cuando se opera en el n iv el sinta gmático, se af ecta n
los niveles frást ico y transfrástico. El d iscurs o poético depende de un principio
de coherencia interna o conveniencia de l pred icado al sujeto. Una especie de
tautología p atética, por la que se constitu ye com o lenguaje absoluto, q ue
comunica la experiencia poética del mundo. É sta es diferente d e la que se
ofrece en la estructura opositiv a de l lenguaje, las formas verbo -nominales de la
gramaticalidad y el aspecto lingüístico del principio de homeóstasis, cuy a
función, s eñala Cohen, sería mantener el equilibrio de nuestra visión del mu nd o
y el co rrelato psicológico. El len g uaje poético ne u traliza e se estado opositivo y
444
Cf. Op. Cit., P . 198.
445
En la poesía de F rancisco Ga vidia hallamos esta d imensión se mántica que no s pe rmite la reco nstrucción de su
pensamiento político, au nque no sea a través del lenguaje concept ual propio del ensayo p olítico -filo sófico.
446
Para seguir este hilo, véa se en COHEN, Jean : El lenguaje de la poesía, pp. 37 a 161.
275
lo cancela, introduciendo otra experiencia de la realidad
447
.
En c uanto a l te x to poético, sostiene Cohen que la ley in m anente de la
poesía es la identidad y quizá d ice, el de toda literatura. Es ese principio el que
da la unidad de “tono” que co nstituye al mismo tiempo la singulari dad d e la
obra, esa “v oz” ú nica e inimitable e n la que se reconoce e l sello personal del
autor y que ha llamado estilo.
448
El elemento fundamental que p romueve to do el proceso de desv iació n en
el lenguaje poético, es una relació n de motiv ación entre los componentes del
signo lingüístico. No se trata de una relación arbitraria, la que mantiene la
contigüidad e spacio temporal e ntre significante y significad o. Y e s la semejanza
la que activa la m otivación en la contigüidad, que de por sí e s una similitud
existencial. P ara Cohen “la motivación constituy e entonces la u nidad d e la
esencia y la existencia ( …) los que se ju ntan se parecen”
449
.
Este proceso opera tanto a nivel vertical, es decir interno de l signo, como
en el d e los signos entre sí. La m otiv ación tex tual encuentra f undamento en la
semejanza, po r tanto , la diferencia prosa/poesía reside en el grado de
semejanza signif icativamente más elevado en la po esía qu e en la prosa.
Greimas aplica el término de “isotopías” p ara n ombrar al conjunto de
equivalencias que aseguran la unidad semá ntica del texto y al tipo de
similitudes q ue ri gen e l texto po étic o. Est e con cepto lo d efine como “conj unto
redundante de categor ías semánticas que hacen posible l a lectura unifo r me d el
relato”
450
. T al isotopía rige lo posible, n o lo necesario, así la similitud rige los
rasgos presupuestos, no los puestos. La necesidad de sustituir es generada
solo si los rasgos puestos son similares. R ecordemos que la isotopía consiste
como figura en agrupar campo s se mánticos para da r homogeneidad de
significado al texto o a la exposición.
Por otro lado la poesía supera otro p r oblema del carácter evasiv o d el ser .
Como en la naturaleza, en la realidad no h ay necesidad, solo arbitrariedad, “por
447
COHEN, J : El lenguaje de la poesía, pp. 176 - 177.
448
Cf. Op. Cit. P . 2 18.
449
Op. Cit. P . 181 .
450
GREIMAS, A. J: Éléments pour une théorie de l´interpretation du récit mythique . En Rev . Com munications 8,
París 1966, p. 30. ( Publicado en español en el libro colectivo AA.VV : Anál isis estructu ral del Re lato , Ed. Tiempo
contemporáneo , Buenos Aires 19 70).
276
tanto el discurso o rdinari o, que se lim ita en su f unción informativ a a reproducir
sus rasgos, está condenado también a la inmotivación”
451
. Para la ciencia, la
similitud es cuantitativa no cualitativa y so lo así pu ede superar la dife re ncia, la
oposición, y avanzar en e l cono ci miento de lo que e stá má s allá de lo que se
nos ap arece. En la ciencia la anomalía se prod uc e p or un vaciado se mántico
total: no por un cambi o de sentido. La c antidad sustituy e a la cualidad. Pe r o
con ello la alteridad se escapa y el devenir de lo real con ello.
La poe sí a es la alternativa a e se desafío de la alteridad. Ella se mantiene
en la mí mesis , co mo la ciencia, pe ro al contrario de la cien ci a, dice, “busca la
semejanza, no más allá de lo rea l, sino más acá. La vuelta al fenómeno, -nos
dice- e s el procedimiento constitutivo de la d escripció n poética. En las
significaciones paté tic as que ofrece la a pariencia inmediata de las cosas,
encuentra el principio de su m otivación”
452
. Por ejemplo, en la poesía como
negación de la n ega ción, el verso opera en el ej e sintagmático, su papel,
principal: la motivación relativ a, se extiende a la totalidad textual. “El
significante actúa como e l ‘análogon’ de l significad o. El versus o repetición
fónica remite a la equivalencia semántica. En el lenguaje todo es sen tido. L a
identidad fónica significa, pero no de manera autónoma. R emite a su vez al
sentido, señalando la obediencia d e éste al principio de identidad”
453
. Su efecto
estético, afirma Cohen, está subordinado a esa igualdad profunda del nivel
semántico, d e la que ella es significante. La rima m is ma c ontinúa, constituye
una equivalencia semántica especí fica.
Lo mismo vale a los diferentes procesos operados e n los otros niveles,
cada figura extiende la identidad a la totalidad por anulación de la neutralidad y
de la oposición del lenguaje, reconstruyendo el lenguaje de lo poé tic o, p or
destrucción del ordinario.
3. Los niv e les fónico y semántico.
451
COHEN, J : El lenguaje de la poesía , p. 186.
452
Op. Cit., P . 1 89.
453
Op. Cit. P . 190 .
277
El niv el fónico afecta la relación gramatical entre sonido y se ntido
454
.
Primero, no es lo mismo verso y poesía; segundo, tampoco el verso es un
adorno inútil. El v erso ha sido y es un vehículo o rdinario de la poesía, capaz de
proveer la mú sica, el ritmo, la cadencia de la vitalidad e n su me c anismo. Ha
resultado no ser indispen sable, p ero tampo co inútil. Y como instr umento del
poetizar , no existe razón para prescindirse de tal procedimiento si se sabe usar .
Él debe su existencia gracias a la relación entre sonido y sentido.
Si es así, el v erso es más qu e música, u na estructura f ono s emántica, y
por ello se distingue de los otros procesos de poetización. Se logra ap lica nd o
una preceptiv a, que parte de las posibilidades sonoras de cada lengua y q ue
por ta l normativa se def in e a nticipadament e como una f orma que supone y
combina una s erie de recursos como número de sílabas, repetición, divisi ón en
segmentos con igual número de sílabas, la ide ntidad de los sonidos term i nales
o rima, composición tipográfica, combinación de acentos y pausas.
T ambién supone una ruptu ra con la solidaridad l ógica y gramatica l a
expensas del ef ecto fonosemántico . Se encuentra reg ido por un sistema
organizativo de las unidades q ue compon en el d iscurso, dife re nte al de la
prosa, ignora ndo los signos de puntuación a fa v or de la v ersificación. Admite
hiato entre d os v ersos seguidos, las pausas separan unidades solidarias, como
los sustantivos y epítetos, ya sea con auxilio del metro y la rima.
Pero lo p ropio en todo lo anterior es que el verso rompe e l paralelismo
fonosemántico del lenguaje ordinario, criterio que establece la diferencia entre
verso y prosa. Por tanto, e l verso no es agramatical, sin o antigramati cal. Una
desviación respecto a las reglas del paralelismo entre sonido y sentido que en
la prosa imperan para mantener l a fuerz a comunicativa del discurso, que el
verso parece debilitar . Y a hemos dicho que to dos los recursos poéticos so n
destrucciones que conducen a un n uev o orden a una nueva visibilidad de l a
realidad, a un m ayor rendimiento d e sentido. Com o sostenemos con G. Matur o,
la poesía va del caos al cosmo s
455
.
En el niv el semántico se afecta la relación de los significados entre sí .
454
Véase este hilo argu mental en C OHEN, Jean: La estructura del le nguaje poético, pp. 51 - 103.
455
MA TURO, G: La mira da del poeta , p. 16.
278
Se o pera en dos planos, el sint agmático y paradigmático, d esestru cturándolos
y prod uciendo desviaciones a nivel de la pred icación, la determinación y la
coordinación. Cohen sostiene que “ la retórica n o ha sabido distinguir en t r e
plano sintagmático y paradigmático; no ha visto que, lejos de oponerse, ambos
planos, se complementan, y este error es en gran parte el responsable del
callejón sin salida en el q ue se ha encontrado bloqueada la poética”
456
.
La metáfora e s una f igura que no pertenece a l mismo plano de las demás
figuras, como la rima, la elipsis, el epíteto d e naturaleza o la inversión; todas
estas son desviaciones sint agmáticas. Por el contrario, la m etá fora es una
desviación paradigmática, n o pertenece al mismo plano lingüístico y es
complemento d e todas las d emás; pues todas las figuras tienen p or f in e l
provocar el proceso metafórico; el cambio de sen tid o es el propósito de toda la
estrategia poética. A este respecto, Philip W he elw right nos dice q ue “lo que
realmente importa en una metáfora es la prof undidad psíquica a las que las
cosas del mundo, reales o f antásticas, son trans portadas por la serena
vehemencia de la imaginación”
457
.
No por ello d ebe asumirse que toda m etá fora, por m ultív oca, es p oética.
Solo lo es cu ando el segund o signif icado pertenece a un ci erto dominio d el
sentido, cuya naturalez a su pone una verdadera m eta morfosis de l lenguaje, que
logra cancelar la n eutr alidad y suscitar la imagen emocional. L a metáfo ra, para
Cohen, o cu pa el segundo tiempo de un me c anismo que en todas partes es el
mismo, un p roc eso total al que conviene llamar “ figura”, cuyo p rim er nivel varía,
mientras el otro permanece invariable. Po r ello Cohen ve en la met áfora lo que
constituye la característica f undamental del len guaje poético. Y ace pta la idea
de considerar a una obra como una vasta m etá fora, siempre y cua ndo s e l e
ubique en su verdadera naturaleza y rango
458
.
La metáfora implica un camb io de sentido, es un a transmutación del
sistema o paradigma. La figura es un conflicto e ntre el sintagma y el
paradigma, e ntre el discurso y el siste ma. El discurso poético entra en conf lic to
456
COHEN, Jean: La est ructura del leng uaje poético, pp. 1 14-1 15 .
457
WHEEL WRIGHT , Ph: Metáfora y realidad , Ed. Espa sa-Calpe, Mad rid 1979, pp. 72 - 73.
458
Cf. COHEN, Jean: La estructura del lenguaje poético , p. 1 14.
279
con el sistema, y en este conflicto, nos dice, es el sist ema el que cede y acepta
su transformación. Paul V aléry lo ha e x presado diciendo que la poesía es un
“lenguaje de n tro de l lenguaje”, un orden lingüístico nue v o f undad o sobre las
ruinas del antiguo
459
.
Estamos ante el caso de la determinación del sentido de una metáfora
como desvío
460
. Habría que matizar , sin embargo, como hace Ricoeur que “sólo
hay desviación si se tom an las palabras en su sentido literal. L a metáfo ra es el
procedimiento p or el que el locutor reduce la desviación cambiando el sentido
de una d e las palabras”
461
. Las palabr as no son aptas para cumplir la función
que la gramática les asig na, pues existe un a imp ertinencia o una red undanci a
en la cual se violan los principios de su fu ncionabilidad. Este es el tipo de
hechos que caracteriza al lenguaje poétic o.
T odas e stas desviacion es las observa Cohe n como un proceso que
históricamente se m ue stra en “continuo crecimiento”, el cual alcanza una altura
mayor en los románticos y los simbolistas
462
. Cohen con sid era que fue a pa rtir
del romanticismo qu e este recu rso poético se comenzó a usar como
procedimiento sistemático. En la poesía, no só lo se o bs erva la inconsecuencia
a nivel intra-oracion al, sino al interior de la oración. La misma ley rige la u na y
la otra y f in aliza p ara este ca so con un e j emplo de García Lorca: “Sucia de
besos y arena”.
Estos ejemplos, dice, “acercan la inconsecu encia a la impertinencia. La
desviación la produce en ambos casos la no pertenencia de los términos al
mismo plano del discurso (…) pero en alguno s casos entronca con la
redundancia (…) como en e l caso e n que tales son las frase s en las que se
coordinan términos qu e se im plican unos a otros, por ejemplo, el género y la
especie, el todo por la parte”
463
.
Como en l as otras f iguras, se ha observ a do una d istinci ón d e g rado, u n
mayor o m enor grado de de sv iación . Cuando la incons ecuencia rompe el h il o
459
Cf. Op. Cit, p. 132.
460
Cf. Op. Cit., pp. 134 y s s.
461
RICOEUR, P: La m étaphore vive , Ed. Seuil, París 1975, p. 195.
462
Cf. COHEN, Jean: La estructura del lenguaje poético, p. 151.
463
Op. Cit., p. 174.
280
del d iscurso, se puede volver a tomar el hilo y reanuda rlo con lo que sigue. Se
trata de una p reñez del discurso de u n cu erp o extraño. Una especie de
discreción. Pero existen cuerpos que no permiten distinguir entre la idea
parásita y la idea central, y no permite n, p or tanto, v olver a l discurso. Es una
ruptura perpetua . Buenos e je mplos of rec en los textos surrealistas, obrados por
la e scritura automática. Pe ro esta jerarquía nos coloca f rente a textos cuyo
sentido se v uelve incom unicable. De m odo que ante este tipo de desvío nos
enfrentamos a un mayor o menor grado de comunicabilidad.
“(…) igual que la prosa, la p oesí a es u n discurso que el auto r
entrega a l que lee. Si no hay comunicación, tampoco h ay discurso.
Par a que el poema se realice en cua nto poema es necesario que
sea comprendido por aquel a quien se dirige. La poetización es un
proceso de dos c aras correlativ as y simultáneas: desviación y
reducción, desestructuración y ree structuraci ón. Para que e l p o ema
funcione poéticamente es n ecesario que su significación se p ierda y
simultáneamente se vue lva a encontrar en la conciencia de l
lector .
464
”
La figura puede afectar tam bién a l orden de las p alabras a l interferir en el
orden sintáctico y m or fológico. Cohen sostie n e que ta nto poeta como lingüist a
han captado la potencia po ética de la gramática. Sus recursos poéticos ocultos
devienen poesía d e la gramática , cuyo producto literario es la gramática de la
poesía
465
. L a poesía francesa, que Cohen as ume como su marco de tra bajo, se
ha mostrado respetuosa de las reglas de la gramática. Parecen haber
obedecido la contraseña de Hugo de “Paz con la gramática”. La situación
cambia con Mallar mé, quien en c ambio parece buscar en la desviación
gramatical su recurso fun damental. ¿En qué consiste este desví o? Si una de
las f u nciones más importantes de la gramática es la de indicar en la se rie
lineal del mensaje, los té rminos que se relacionan entre sí , entonces, e s el pilar
sobre el q ue de sc ansa la significación y por tanto desde el momento en que
existe un cierto grado de desviación en e st e nivel, la f rase se viene abajo y
464
Op. Cit., p. 178.
465
Cf. Op. Cit., pp. 180 ss.
281
desaparece la inteligibilidad.
En algunas p oesí as contemporáneas parece que las p al abras han perdido
sus índices de conexión sintáctica. En particular , u n ef ecto que despoja d e su
bóveda el edificio lingüístico e s la carencia de verbo. Y si a la im pertinencia se
le agrega la agramaticali dad, entonces, dic e, desaparece la i nteligibili dad, al
menos para el lector medio. Es un divorcio e ntre la p oesí a y su púb lico; en la
poesía contemporánea deviene del hecho de que e lla ha traspasado e l umbral
de la inteligibilidad con demasiada facilidad.
Cohen se decanta por mantener la desviación gramatical en un punto que
llama crítico. Para él, el orden de las palabras, d ado su f unción, afecta a un
punto e sencial que solo permite un a gramaticalismo reducido: “Su
agramaticalismo es reducido, pero no por eso es meno s real, y ciertam ente se
impone l a tarea d e confeccionar una gramática de la poesía”
466
. Dicho proceder
consiste e n disociar la relación de lo normalmente aso cia do. Es la que compete
a to dos los tipos de f igura descritos y es e l que conf iere al po ema su
especificidad p oética. Un proceso q ue no es de l todo rev ersible ya que la
conciencia no encuentra de vuelta lo mismo que dejó a su partida.
B. Filosofía y poes ía
T odos los procedim ie ntos q ue se h an descrito tienen un carác ter com ún
que p roduce una fu nc ión esencial. Primero acontece la negatividad como su
rasgo m ás evidente que conduce a l o scur ecimiento del discurso. Est o es lo que
ha resultado siempre evidente, pe ro esa negativ idad es trascendente, funciona
con una finalidad necesaria a su intención última.
Una idea descubierta, se pultada, y resucitada por la m isma histo ria de l a
filosofía, pues la f ilos ofía encuentra en las po sibilidades que ofrece el desvío
poético e l modo de tra scender los límites que el len guaj e conceptual le impone.
Y a hemos visto e l continuo viaje d el pensamiento a las fuente s ricas y fresca s
del lenguaje metafórico, a lo largo del periplo filosóf ic o . “La estrechez d el
466
Op. Cit. P . 184 ,185
288
la reciente na ci ón estadounidense , dado que e l desprestigio del mundo nativo
no permite incorporar sus nociones y valores.
Sobre t odo, las no ciones relativas a los temas po lí ticos e históricos, con
los que se acercarán los criollos a su realidad, serán escanciadas de l afluente
intelectual eu r opeo y n orteamericano. Co n lo cual, los creadores literarios
encuentran una barrera expresiva en los con c eptos. Esta condición los
conduce a macerar el lenguaje en los morteros de l a imaginación para hacerlos
productivos. Algunos i ncursionan tí mi damente en la cultura nativa. T odo un
complejo proceso de trasformación e s tética, que produ ce di fe rentes cau ces,
como e l modernismo, e n tanto esfuerzo poético po r encontrar una f orma m uy
propia y potente para expresarse. Proceso que aún están a la espera d e ser
abordado en profundidad por la crí tica literaria y la filosofía.
Más a delante rea liz aremos u n acercamiento ese manejo estético, a ese
domeñar la lengua pa r a oblig arla a la comprensión de las dinámicas h ist óricas,
culturales y políticas, de los colec tiv os, a través de los trabajos de Lara
Martínez, Ortega y Gasset , Laí n Entralgo, Randazz o y Ramón Máiz , entre
otros.
Dignas muestras de la producción literaria y filosóf ic a del perí odo de
consolidación nacional so n los trabajos de J. B. Alberdi, de Sarmiento y su
Facundo o Civilización y Ba rbarie , Martín Fierro de José Hernández , Ariel de
Enrique Rodó, o las Cartas de Simón Bo lí var . Y qué decir del gozne que movió
la producción literaria de José Martí, co ntemporáneo de Gavidia, cuya profusa
producción, estaba movida por u na insondable convicción cívica y por u n
ideario po lí tico, el cual de sc ansa sobre una sólida ba se f ilosófica . Igua l resulta
el trabajo de l ecuatoriano, Juan Montalvo, Don S egundo Sombra del argentino
Ricardo Güiraldes, y José Mármol con Amalia , o Leopoldo Lugones. T odo s con
producciones que configuran discursos donde lo literario, lo filosófico y lo
político se cruza desde la voluntad estética.
En el caso de Centroamérica, no asistimos a un menor cruce entre las
ideas políticas, filosóf icas y literarias. T a l es e l ca so de la obra del hondureño
Ramón Rosa, q uien e xpresa su s ideas federali stas en su s escritos. O poetas
como C oello, auto r de la letra de l h i mno nacional de Honduras, Manuel Arita,
289
Óscar Acosta. En Costa Rica, destacan los escr itores d e la gene ración del
Olimpo, con una fuerte tendencia anti -imperialista y nacionalista, como lo deja
ver la obra de Carlos Gagini, la narrativ a de Joaquín García Mong e, Robe r t o
Brenes, en tre otros, que a bon aron a la fundamental labor de la c onsolida ción
de los componentes de la identidad n acional. O en Guatemala, la visión
política, histó rica o br ada por e scritores como José Milla, reconocido por se r el
iniciador de l a novela histó rica guatema lt eca. O Gómez Carrillo y Domingo
Estrada, entre algunos e jemplos. T odos influenciados por un m is mo m arc o de
preocupaciones: la nueva na ción, sus orígenes, carácter y las posibilidades de
su consolidación.
En América Latina se mantuvo una actitud de vigil an cia crítica de la
autenticidad del proy ecto na cio nal, unas veces con actitud agitadora,
apologética, anim adora, crey ente, otras dolida, acongoja da, c onfusa,
indignada. A la postre los auto res literarios y los pen s adores h an logrado
hacernos pensar , y pensar sobre lo auténtico. P or ello, es un producto de l a
cultura que ha mantenido una complicada relación con la misma nación que
clama y que experimenta como esperada, a nhelada, ab atida, arrebatada. Ha
sido una expresión cultural que ha mantenido esa v oluntad de autenticidad y
exploración crítica que su mundo:
“Un ren ov ado afán corre por las e ntrañas todas de América
Latina. A pesar de las divergencias, hay algo que interesa
apasionadamente: la au tenticidad. Se requiere ser au téntico. La
manera de concebir ‘l o auténtico’ varía y h asta es diferente; pero la
meta e s común, la superación de un pensar , decir y obrar que rara
vez han podido traducir : pasión y pensamiento; cree ncia y saber ,
sabiduría e inteligencia d e un experimentarse descubierto,
conquistado, colonizado, independiente”
476
.
América Latina es de vorada cada n oche p or la experiencia de su existir
como “no s er” au téntico, a la m añana reviv e de es a zozobra, a la tarde acaricia
su corporeidad y a l atardecer declina en la certidumbre de que ha sido un
espejismo de su condición de “deber s er” desde el impuesto re fer ente europeo,
476
VELÁZQUEZ, M EJÍA, M: Mythos y utopía como estr uctura de la hi storia , Ed. UN AM, México, 1994, p. 47.
290
desde el cua l se mide. S u relación con su refe r ente ha sido, desde el inicio,
ambigua y equivoca, fraguada en la cantera d el no ser desde el i nicio y , po r
ende, urgida po r eme r ger d esde la necesidad de demostrar su humanidad, su
lugar en la cartografía, en la cultura y en la historia.
América Latina se ha vivid o como una lucha por ser , desde el in dígena
cuya cultura e s abominada por la v ara d e medir el valor de los nuev os señores,
hasta e l mismo sentimiento criollo que se fraguó en la conc iencia de no ser
españoles. Esa luc ha del no p oder ser lo que se desea ser , se expresa e n su
arte, u n len guaje que nos llev a a esa verdad como experiencia que acontece
en la viv encia pú blica de la región. Esa co mpleja situación devenida, no sol o
del div orcio entre cultura y Estado que pre v aleció, sino del abandono, en que la
colonia vivió, se revela pródiga en su literatura. Desde la m ira da de sus poetas,
donde el reino de la voluntad creativa camp ea a su gusto p ara proponer
utopías en el que el sentido de lo propio se abre y se revela siendo : “ el poeta
se siente llamado a la recep tiv idad y la d onación de sentido. Despliega u na
atención sobre su entorno y su p ro pia corporalidad, que le permite de sc ubrir a
un tiempo su yo y el mundo que lo rodea”
477
.
La literatura es e l reino de la li bertad y para e llo se sub v ierte o se desví a,
como nos dice Cohen . En razón de ello, la experiencia literaria e s idónea para
comunicar , lo que de otra forma resulta ría inco municable, para compartir ,
expresar , e x plorar . L a literatura invita a pe ns ar y da que pen sar , exterioriza el
vivir hu mano en ese mundo que se niega para poder alcanzar el ser de lo real.
“La creaci ón literaria s e revela como el camino privil egiado para la expresión de
lo hum ano; f av orece su contemplación y com prensión, así co mo el acceso a
cierto modo de sabidurí a”
478
.
Un juego del lenguaje que se ofrece como como d iálogo f re nte a los que
niegan su razón d e ser . En esa lucha nos entrega en oblación su verdad,
labrada e n la vivencia com o experiencia unificadora del que entrega y recibe; y
se vuelve “uno” en esa entrega. Por un instante, se es capaz de entender l o
propio y lo ajen o, para encontrar el auténtico ser anh el ado , retornando al
477
MA TURO, G: La mira da del poeta , Ed. Amar gord, Madrid, 2008, p . 13
478
Op. Cit., p. 51.
291
prístino momento anterior a la separaci ó n q ue nos dividió en “yo y los otros”.
Para alcanzar este fin jue ga con el p oder expresiv o de lo simbólico , de lo
metafórico y de otras fig uras d el lenguaje : “M arcada por el peso del símbolo, la
literatura lo d ev uelve a una instancia preformal, estimulan do la libre
proliferación de sus vir tualidades, juega permanentemente entre polaridades
aparentemente inconciliables como lo son el mito y la racionalidad”
479
.
En América Latina la li teratura ha impuesto un a pasión p or la condición
propia de su ser vulnerado. Un lugar donde se fun den diversas voces
culturales: sus raíces hispanas, africanas y na t iv as que lucha n en un amor -odio
frenético, casi d es tructiv o, p ero ine x orablemente constitut ivas. La poesía n os
dona nuevos se ntidos de e se mundo . Est amos a nte una u ni dad en const ante
negación del p olo que sirve de referente a la existencia eu ro pea y
norteamerica na . Se impone una refl exión de la ex periencia vital, desde esa o tra
manera de ver e interpretar of recida por los lenguajes poéticos . Un espacio al
que debemos acudir para comprender mejor o de otra manera la realidad
latinoamericana. Un a lab or que la literatura realiz a c omo tarea u r gente, como
razón y como pasión . Condiciones de todo h acer literario auténtico.
La literatura na ci onal y la nación literaria van de la man o, pues la primera
se co nstituy e en el gran crisol de una n ación imaginad a, en el imaginario de la
nación o de u na patria. L a nación literaria e s la oblación que el poeta nos
entrega, es la patria utópica, el pueblo anhelado, el ser , la identidad a c onstruir ,
la crítica dolorosa, el vacío a superar , los escollos a derr ib ar para construir o
consolidar el sueño de una ontol ogía, que m ás que u na propuesta política
deviene un te ma filosófico, una exploració n de un senti do del ser , de sus
efectos, de sus sentidos, y sus orígenes.
V eremos en el siguiente capítulo, a través de algunos ejemplos, có mo es a
tarea s e ha revelado, tanto en el quehacer del poeta, en donde su discurso
deviene f ilosofía, pensamiento político, crítica y ansias de ser , a sí co mo en la
de l crítico, que como noso tros ha intentado penetrar en esa co mprensión
estética del mundo.
479
Op. Cit., p. 52.
292
CA PÍTULO VIII:
EL HECHO POLÍTICO EN LA LITER A TUR A IBEROAMERICA N A
“Siempre el tirano es rui n (…) Puebl o, él
te hace un g ran mal, porque debía ser
salario del maestro de la escuela, e l
pago del esbirro y del espía: Porque
falso te en gaña (…)” .
Francisco Gav idi a
480
Los e studios cuyas reflexiones aquí of recemos poseen, por una parte, el
interés d e acercarnos al co ntexto histórico, po lí tico y literario de
Hispanoamérica, durante e l perí odo en el que se enmarca nuestra
investigación; por o tra, conocer la r eacción que pr ovoca dicha sit uación en tre
los intelectuales de la región, concretada en sus producciones literarias. Unas
obras q ue dejan e ntrev er una com ún preocupación: la na ció n y su estado
inacabado.
La lente de s de la cual observamos tal situación es la de los e scr itores e
intelectuales h isp anoamericanos, que ven entrar el nuevo siglo teniendo a
Francia como referente de s u m odelo de na ción. Y tam bién un modelo de
sociedad: el europeo a nglo-germano. Ante la nue v a dinámica histórica, se ven
interpelados por su situac ión de ciudadanos de una nación que aún no es, de
una na ci ón incipiente, inacabada, en espera. Con dición an t e la que rea cciona n
dándose la tarea de cum plir u na f unción política -pedagógica, desde su labor
filosófico-literaria. T odo ello a f in de co ntri buir en lo que consideran una
condición i neludible: construir la na ción, construyendo una cultura, una
conciencia, un e s píritu y unos m edios educativ os para a lcanzarlos. T odo ello
supondrá una toma de posición y u n proceso de negociación, confrontación o
deslinde con el Estado y las élites.
El prop ósito d e este segmento es of r ecer un contexto general de la
480
GA VIDIA, F: “E n el cent enario de Bolívar ” , en Obras Completas, p. 45.
293
situación de las investigaciones sobre el tema. Podremos apreciar que dichos
estudios elaboran u n acercam i ento so ciopolí tico y nos d ejan ver que los
intelectuales de e se período se enfrentan a un cont exto y pro blemas muy
similares a los que, como veremos, se enfrenta Ga v idia. Y a todos quiene s les
hermana una historia y cond iciones compartidas, se ven impelidos a
embarcarse hacia una empresa sim ilar , que lo lle va a lo que Sánchez Illán
denomina la politiz ación de la liter atura. A propósito de la cual e l profesor
Ramón Máiz nos dice que
“Las n aciones no son n i están ahí, sino que se hacen, e sto es,
no constituyen datos em píri cos, h echos objetivos, sino resultados
contingentes d e procesos soci ales, p olí ticos y significantes ab i ertos
e indeterminados. De esta suerte, las p ropias p rec ondiciones
diferenciales d e la narrativa nacion al (lengua, historia, trad icio nes,
mitos y símbolos) constituyen tan sólo u n a materia pr ima e labora da,
seleccionada, sobresignificada p or los intelectuales y los
movimientos nacionalistas. Por ello, l a ideología y la cultura
nacionalistas no pueden ser consideradas como la expresión externa
de una nación preexistente, emana ci ón de la esencia p ro funda del
ser na cio nal, sino como u no de los elementos d ecisiv os de la
movilización político-significante que en puridad, constituyen la
nación misma. En suma, el discurso nacio nal (…) no constituye un
factor me ra mente expresivo y exógeno, sino estricta mente
constitutivo y end ógen o de la rea lida d nacional. En este sentido las
naciones pueden ser con sideradas, en buena m e dida, como
‘artefactos culturales’”
481
.
Que las naciones so n el producto de un invento, ya lo hemos d ic ho, que la
poesía nos abre a una ma nera de esa rea l idad no observada d e otra f orma;
también, qu e las élites intelectuales j uegan un papel fundamental en l a
creación del discurso nacional, lo hemos asumido como premisa. Que los
escritores latinoamericanos m iran su mundo d esde una conciencia histórica, lo
hemos c omprobado, pero, ¿ha sta qué punto su mirada logra trascender el
conflicto on t ológico de la co nciencia del criollo? , ¿qué nos revela su lite rat ura
481
MÁIZ, R: “La na ción como horizo nte de lectura”, en Nación y literat ura en América La tina , p. 12.
294
sobre tal conf lict o, sobre la ideología y la utopía labrada en la piedra d e las
conciencia s cu lt ural e h istórica de los herederos de la colonia?, ¿de qué
cantera ideológica, f i losófica y cultu ral provienen los materiales pa ra la
construcción de la nueva nación?
Esas son una serie de p reocupaciones que de bemos resolv er , y cuya
respuesta ahondamos a través del estudio de la p oesí a d e Gavidia al
reconstruir su discurso, a f in de comprender qué tipo d e a rte facto cultural n os
ofrece en su discurso, d el que hemos conjeturado que se trata d e un discurso
nacional.
Para ello, hemos organiz ado este a parta do en c uatro núcleos temáticos
que se complementan dialogando entre sí. Núcleo del p ensa miento ibé rico en
torno a la nación, en el que nos ace rca mos a los estudios crí ticos d e sarrolladas
por Ortega y Gasset y Pedro Laín Entralgo. Núcleo Iberoamerica no: e studios
críticos so bre el problem a de la nación y la identidad en el pensamiento
iberoamericano: Isidro Sepúlveda, Ortega y Gasset y las comp ilac iones s obr e
lecturas americanas de Ramón Máiz . Núcleo Latinoamericano: Mabel Moraña,
Manuel V elásquez Mejía, Gr aciela Montaldo. Núcleo centroamericano:
Francesca Randazz o.
No podremos abundar en todos los estudios sobre el te ma, ni ent rar en
detalles de las ideas de los escritos a quí abordados, por lo que nos rem itire mos
a citar aquellos escritos que directamente s e ocuparon del tema , y ron dar sobre
los e jes centrales que vertebraron s u pen s amiento en esa lí nea, a f in de of recer
un marco gene ral de la situación y visión de la literatura iberoamericana en
torno al fenómeno nacional.
A. Los intelectuales españoles ante el “problema de España ”
En el p rólogo al libro de Juan Carlos Sánchez Illán
482
, Eric Storm sostiene
que, pa ra el caso de Francia y Espa ña, las elites cultu r ales desempeñaron un
papel f undamental e n la creación de una c ultura nacional y en el fomento de
una conciencia na cio nal. Lo novedoso de tal actividad fue el cambio d e público
al que iba dirigida, produciéndose un traspas o hacia las clase s populares. Esta
482
SÁ NCHEZ ILLÁN, J. C: La nación inacabada : los intelectuales y el proceso de construcción n acional (1900 -
1914), con Prólog o de Eric Storm , Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2 008.
295
situación pasó por varios estadios, en los cuales se f ue construyendo la nación
en referenci a a grupos y agente s sociales, qu e son asumido s desde categorías
cuyo sentido está orientado a etiquetar y reconocer a los ami gos y a los
enemigos de la nación: la monarquía y e l prolet ariado. Proce s o que demanda
la construcción de u na categ oría ciud adan a, lo que supone transformar a l a
masa en nacionales.
Así, la co nv ersión de los campesinos f r anceses e n nacionales fue
resultado de la convergencia de acciones polí ticas inten cionadas de las e lites ,
pero también de una consecuencia ló gica de la modernización g eneral. Este
proceso creó “irremediablemente una cultura más uniforme y más nacional”
483
.
Un pun t o de inflexión fundamental para producir dicho cambio fue la
conciencia de que no se pod rí a construir la nación sin elevar a l p u eblo a la
categoría de nacional es, por tanto: “que e l abandono d e las clases p opulares
empezaba a constituir un prob lema. La nación que hasta entonces había
abarcado sobre todo las ca pas u rbanas, estaba ina c abada y pa ra su
concreción definitiva habría que integra r a to da la p o blación”
484
. Pero con ectar
con las capas populares suponía buscar nuevos medios d e exp resión q ue
fueran capaces de llegar a ellas.
Sánche z Illán estudia el caso de España y el papel de los intelectuales en
ese proceso. Desde su punto de vista, f ue la generación del 98 la que, al igual
que los intelectuales franceses, “po r no tener acceso a l os centr os de po der ,
fueron los pri meros que co nscientemente , a sumen la tarea d e elevar a las
masas a un nuevo pape l. T area que luego trasciende n h aci a un v erda dero
movimiento político intelectual con la generación de 1914, que llevó a la cabez a
a Ortega y Ga ss et”
485
. Y continúa afirmando que “el objetivo de su estudio
consiste e n identificar l as aportacio n es al debate d e la construcción na cional de
los intelectuales de la generación del 98 y del 14, d esde un enfoque histórico -
ideológico. Por tanto, él pone el énfasis en la inf l uencia histórica de los textos y
el interés p or el contexto histórico, tanto en l o político como en lo cultural. En su
caso, lo que más le interesa es el contexto hi stórico, más que el texto mismo, y
483
STORM, E: “Prólogo”, en SÁNCHEZ ILLÁN, J. C. : La nación inac abada… , p. 16.
484
Op. Cit., p. 18.
485
Op. Cit., p. 19.
296
la influencia en é l de las ideas contenidas en los te x tos ”
486
. Sá nchez Illán
analiza los debat es intelectuales surgidos sobre la construcción nacional ,
descubriendo toda u na serie de implicaciones. Las primera que no hubo tanta
diferencia entre la generación de 1 8 98 y la de 19 14
487
. En segundo lugar , que
la que hubo se reduce a temas de estilo, m edios y éxitos en s us objetiv os.
Incluso en la generac ión d el 9 8, ta n to l a c onstrucción d el p aisaj e natural, la
descripción e interpretación del pasado, tenían una función polí tica.
Fueron los más prolí ficos fo rjad ores de m itos nacionales y en este campo
se llegó incluso a conflictos d e interpret ación entre la generación del 98 y la del
14. El caso del papel de los int electual es españoles en la constr ucción de la
identidad y cultu ra nacional resulta, poco diferente de l a realizada por los del
resto d e Europa. Comprender la dinám ica de las i deas de dichas generaciones
y su s efecto s , es p o sible d entro del contexto cultural internacional al que
pertenece.
Los intelectuales d e estas generaciones están m ovidos por explícitos
intereses pedagógicos. L a situ ación de los intelectuales, p rov enientes de la
pequeña y la gran bu r guesía, e s la de un grupo indepen diente a m edio camino
en su proyección social entre los intereses de burgueses y o breros. Su sentido
histórico y de continuidad aportó todo lo que se necesitaba de v ertebrador en la
vida na cional. El liderazg o se explica como resultado de la importancia de lo
urbano, la insatisfacción histórica d e las clases m edias, que se traduce en e l
anticlericalismo, anticaciquismo, y antimilitarismo, y el surgimiento de nuevos
grupos sociales que s e inco rporan como nuev os lectores y con s umidor de la
nueva labor literaria.
El espacio urbano será el campo de trabajo donde se juega todo lo
relacionado con la cu lt ura y la política. Allí ocurre un a auténtica nacionalización
de la vida polí tica. Los intelectuales se lanz an a una activ idad publicista sin
precedentes en la historia de España. Inician un proceso de po liti z ación de la
literatura, d esde 1898, fundamental para comprender el ejercicio intelectual en
486
IBID.
487
En este sentido Julián M arías nos dice que “la generación del 98 llega al poder quince años después, en 1916
(es de cir , naturalmente, cuand o entra en la historia la gene ración siguiente, la de 1886: Ortega, Marañón, M iró,
Marquina, Eugenio D ’ Ors, Azaña, Ramón Pérez de A yala, Ramón Gómez de la Serna , Juan Ramón Jiméne z,
Américo Castro, etc.). E l ejercic io pleno del po der del poder de l a gener ación del 98 correspon de a la fase 1916 -
1931”. MARÍAS, J : Lite ratura y ge neraciones , Espasa- Calpe, Madr id 1975, pp. 102 - 103.
297
España, lo que va unido a la may or difusión de la prensa y al n acimiento de
una opinión pública que le p roporciona un p a pel fundamental en la lucha
ideológica; la cual explica el surgimiento de tantas e mpresas editoriales.
Es preciso m encionar ta mbién su capacidad de influir en la cultura en la
duración y soste nibil idad de s us ideas. L a edad d orada de la labor intelectual
coincide con un régimen liberal oligárquico y con una dictadur a no totalitaria.
Históricamente fueron a cus ados de la destrucción de la tradició n nacional y
liberal, pero no hubo tal ya que la Es paña en la que vivían, n o podía ser en
ningún caso un ideal colectivo.
El m odelo de nación es, sin duda, Francia, sobre todo e l concepto reniano
de “nación inacabada” , cuya reforma moral e inte lec tual d eberí a conllev ar a las
élites intelectuales una tarea de difusión pedag ógica.
José Ortega y Gasset fu e el pe rsonaje en torno a l cual giran todos los
intelectuales del 14, comprometidos en el de b ate sobre el proce so de
construcción nacional y su convicción de una nación española como realidad
inacabada. En este periodo el principal vehículo de difusión serán los artículo s
de prensa, en ellos arremeten contra el régimen que auspicia y posibilita esos
mismo espacios, el rég imen liberal -canovista. Algunos críticos conside raron su
discurso muy pesimista respecto, no solo de la monarquía sino de l pueblo
mismo, por su incapacidad para salir de su leta rg o. Incluso se les acusa del
fracaso de la monarquí a de la restauración por ha b erle dado la e spalda a la
idea de n ación encerrada en e lla. Pero e se discurso sobre la incapacidad del
régimen, sostiene Sánchez Illán , lo a sumieron has ta los prop i os p olíticos
monárquicos.
Existe u n con flicto en cuan t o a l papel que jugaron e n la crisis del régimen
de la restauración, tema del cual es común la op inió n sobre la ruptura qu e
mantuvieron los int el ectuales con dicho régimen. Para los d el 98, c on “España
no había m ás que hacer que a sistir alborozad os a su entierro: p uesto que no
hay pueblo y se hace preciso acabar con los políticos y pedir la ab olición de l as
instituciones”
488
. Pero, pese a su la bor , asu me la te sis de Santos Juliá: la
Generación d el 98 fue incapaz de o rg aniz ar un m ov imiento, proponer un
programa de acción, señalar un objetivo, en p arte porque sien t en una p ro funda
488
SÁNCHEZ ILLÁN, J. C: La nació n inacabada… , p. 133.
304
general, pero emerge de lo l ocal, de la aldea abandonada.
Incluso supone que la dictadura surte un e fecto pedagógico para las
masas, que no apren den con razones, sino a base de ex periencia. En est e
proceso la antinomia consiste en que con o sin el Parlamento, institución
democrática, no se ha pod id o gobernar . Este impase debe ser superado p ar a
que la demo cracia no desaparezca a ca us a d e esclerosis. L a democracia más
que te órica debe ser real y gobe rn ar con la voluntad del pueblo, lo que requiere
hacerlo f uncionar . Organizarlo y ed ucarlo para tal función y a sí e v itar que un
cuerpo crezca más que otro. Hay que organizar a E spaña, así se organiz an las
instituciones democráticas, y viceversa. Como ejempl o Orte ga ha bla del
centralismo madrileño que además no se entera de lo que pasa en el resto de
España, para saber qu e ocurre cuando la demo cracia es teórica y e l ciud adan o
no existe p ara cumplir sus f unciones: “M adrid no so s pecha lejanamente l a
gravedad de la situación”
501
.
T oda reforma política es la búsqueda y e l debe r de o rg anizar el Estado
nacional, y su sostén es el hombre colect iv o, maduro para esa tarea. Hasta el
momento, l a h ist oria del Estado na cio nal n o ha mostrado la existencia d e ese
hombre madu r o y se debate entre la e x istencia de Estados menos ma los que
otros. T al construcción requiere educación: “¡Educación, cultura! Ahí está todo.
Esa es la ref or ma sustancial”
502
. Una cruzada de Ortega, en e stos escritos, es
la creación de una liga contra la incu ltura, el día que exista, dice, España e st á
salvada.
Estas ideas que se corresponden con su análisis de la situación gene ra l
de España son la antesala d e su E spaña invertebrada . Ésta e s respuesta a su
demanda de un diagnóstico crí tico y ref lex ivo del prob lema español. Qué es,
para él, el nacionalismo separatista : una serie de fisuras que crean una gran
grieta en la que no hay bases para la nación y se de sped aza en los sueños del
nacionalismo regional. Una situación en la que se e cha en f alta verdaderos
501
Op. Cit., p. 212. Sin ignorar qu e fr ente a la crítica al centralis mo está también la crítica al na cionalismo o el
particularismo qu e se da en Esp aña. En sus palabras “España e s en su cas i tot alidad, pr ovincia, aldea, terruño.
Mientras no movilicemos esa en orme masa de españoles en la vitalidad pública no conseguire mos jamás hacer una
nación actual ” OR TEG A Y GAS SE T , J : “Discur so sobre el Estatuto de Cataluña”, en AZAÑA, M. y ORTEGA Y
GASSET , J: Dos vi siones de España . Discursos en las Cor tes Constituyentes sobre el Estatuto de Cataluña ( 1932) ,
Círculo de Lectores, Barcelona 2005, p. 43.
502
ORTEGA Y GASSET , J : “Ideas p olíticas: ejercicio normal de l parlamen to”, p. 693.
305
líderes, ho mbre de cultura u niv ersal pa ra afrontar los problemas con una visión
que se eleve más allá de la circun st ancia aldeana para conquistar una visión de
Estado.
A falta de un Estado en el que conf i ar sobran caciques y se nutr en las
esperanzas en los pa rticularismos. La ausencia de los m ej ores, lleva al ca os a
la ana rq uía y al imperio d e las masas. Fuerzas todas, en las que ve
resquebrajarse a España, que no ha logrado aún ser un pueblo moderno. Pero
advierte que soplan nuevos a ires y e sta vez, para “gana r en él la pa rtida, ser á
menester dotes, d estrez as muy diferentes de las que en el últi mo pasad o
proporcionaban el triun fo”. Lo que ob s erva con claridad Ortega e s que los
rasgos de la España de su tiempo n o la cuali fican p ar a b rill ar , como ya ha
hecho en l a pal estra d e la historia o ccid ental, y la hacen languidecer en un
pulso campesino que no se ajusta a los nuevos tiem pos. Aldeas dispersas,
incomunicadas, abandonadas a su suerte, regiones desarticuladas, q ue tien den
al separatismo, ma s as revueltas sin líde res honestos y educ ados, moral
agónica, f alta de responsabilidad y carencia de mentes claras para la
administración, au s encia de un programa de edu c ación de las m asas es lo que
describe como el problema español.
Subirse al ca rro que lleva a nuevos destinos, demanda cambios que
maridan cultura y educación a favor de una cultura ciudadana, que h ag a
emerger lo que nosotr os h e mos visto y denominado la construcció n d el Pueblo -
ciudadano, que demanda la nación – Esta do del mundo industrial. Hay e n
Ortega, en sus ideas políticas, un h álito de co nfianza en el go bierno de los
filósofos que saben lo correcto, a fa v or por la jerarquía política educada y ética,
los hombres egregios capaces de dirigir a las masa s
503
. Algo nos su ena de
América, algo resuena a un cúmulo de problemas compartidos. No es de
extrañar que Orte g a haya calado e n las mentes de los int electuales
latinoamericanos. Desintegración de la diversidad, a usencia de la construcción
del pueblo ciudadano, caciq uismo, desmandes militares, ingobernabilidad.
2. Pedro Laín Entralgo : ¿a qué llamamos España?
503
ORTEGA Y GASSET , J : La Espa ña invertebrada, p. 509.
306
Uno de los intelectuales que entabla un diálogo f ructí fero con las ideas de
Ortega es Pe dro Laín En tralgo e n su libro A qué llamamos Esp aña . Con dicho
ensayo se propon e llamar a la r eflexión sobre e l p robl ema e sp añol que se
expresa en u na desarticulación de cinco regiones que parecen cada v ez m ás
distantes entre sí. Y pa ra evitar el descalabro total , u rg e una reforma q ue
integre e n unidad coherente lo diverso sin anu larlo. Una vía pa ra af rontar la
incapacidad de los intelectuales españoles de responder a la pregunta ya
lejana y cada vez má s urgente de Ortega de saber qué es España. Al com entar
el propósito de su libro España como problem a , n os dice o Laín Entralgo:
"Mi libro es, en primer término, una historia de las más
importantes a ctit udes inte lect uales an t e la cul tura española; y parece
por todo ex tremo evidente que desde 1812 hasta 1936 e sa cu lt ura
ha venido siendo un problema para todos los españo l es que n o han
querido limitarse a un candoroso a rbitrismo de c enáculo y gabinete,
y se h an propuesto de veras ha cer a lg o eficaz en o p or la cultura de
España"
504
.
Su propósito es explorar e l a lma e s pañola pa ra lo cual realiz a un viaje por
cada una de la s principales zonas culturales que la conform an. ¿Qué se puede
esperar de tan variopinto mundo, o como él lo llama, de ese mo s aico
multiforme? Si ese mo saic o m ulti forme hace brotar modos de se r y vivir
diferentes , ¿existe algo que se pueda llamar u n “sí mismo n acional ”?, ¿cuál es
su punto de a rticulaci ón?, ¿pu ede fa brica rse desde algún lugar desde donde
lanzar los puen t es de la unidad na ci onal tan necesaria en el mundo
contemporáneo?
Para Laín Entralgo, ese m odo de vivir está li gado de alguna fo r ma a u n
pathos y a una e tn ia : “Medio geográfico, condición étnica, libertad c onvertida en
proyecto histórico y hábito social, tales son los cuatro momentos esenciales del
destino de u n p ueblo y tal es, desde un punto de vista genético, la estructura
esencial de su modo de ser . Excluir algun o de ellos (…) equivale a f alsea r
504
LAÍN ENTRALGO, P: España com o prob lema. V ol. II: Desde la generación de l 98 ha sta 19 36 , Ed. Círculo de
Lectores, Barcelona 2006, Intr oducción. Es difícil saber a quién se refier e Laín Entralgo en esta o bra que publica en
1957 porque fuer on numerosos los intelectuales españoles que tr abajaron para dar solución al problem a de España
desde el punto de vista científico, filosófico, histórico o político; entre otros, Ramón y Cajal, Gani vet, Menéndez
Pelayo, Ramiro de Mae ztu, Miguel de Unam uno, Eugenio d'Ors, Ortega y Gasset o Claudio Sánchez Alborno z.
307
doctrina riamente la siem pre compleja realidad histó rica”
505
. Pa r a él, la
conciencia de lo español es un prob lema e xistencial, una puesta en crisi s de
ese supuesto vivir u nitario, al que se le puede llam ar ser e spañol, p ero que es
más u n imaginario por su f alta de apo y atura. La pregunta determinante es la de
saber cuál es la etiqueta que d istingue a un m odo de ser y vi v ir , s in te ner que
estar (o sentirse) “castellanizado” en la experiencia histó rica de las regiones
que con juntan España. Aguda y difícil cue stión en la que Laín Entralgo sitú a el
problema de lo español.
Más que antagónico, comp l ementario con las ideas de Ortega, don Pedro
Laín nos coloca f rente a otra mirada de la nación española y otras aristas
diversas de las suscitadas por Ortega. Pa ra af rontar la cuestión , Laín Entralgo
elabora una teoría del disfraz. El disfraz como autorrealización, nos dice, es el
modo d e ser e spañol. En este pu nto e s interesa nte o bs ervar variaciones de
esta idea en otros estudios que tratan d e dese ntrañ ar el problema del ser
la tinoame rica no. Estos estudios ha bl an del m odo de ser lat in oamericano como
un enmascararse: ponerse la máscara d e europeo para poder encontrar
respeto y un espacio. Aquí Entralgo no s d ice que el modo de ser español e s el
disfraz de español antiguo.
Y es que, en e s a antropología del disfraz, el ser deviene como escondido,
retraído, para ser tiene que jugar a ese ser español, que le exige disf razarse de
español ca stiz o
506
. En los pe rsonajes de la literatura va a d escubrir ese modo
de ser como dis fraz, que termin a siendo una v oluntad querida. T radición, arrojo,
gracilidad, heroicidad o cientificidad son, todo s ellos, m odos de actuar de l o
español. En dichos modo s se manifiesta el ca rácter n aci onal. Ser español es
voluntad de disfrazarse como tal. Y e sa voluntad la ve en la España de s u
momento h ist órico. Ante lo cual debemo s p regun tar por el porqué de ese
disfraz de español tradicional como realiz ación. Las preguntas se multiplican:
¿Qué es realmente s er español?, ¿q ué sentido p osee?, ¿cuándo tiene s u
origen el uso d e lo español?, ¿qué se quiere expresar? y ¿por qué nos
preguntamos por este “ser español”?
Al resp onder se encuentra con las razones existenciales de e s os rasgos
505
LAÍN ENTRALGO, P : A qué llamamos España , Ed. Planeta Agost ini, Barcelona, 201 1, p. 60.
506
Op. Cit., p. 63.
308
que Ortega identi fica: f racaso administrat i v o de las instituciones polí ticas
españolas, aban dono del pueblo y de su carácter disperso y macerado en el
puro pulso campesino, como component es que están a la b ase de un
presentirse que u rg e po nerse e l disfraz de lo heroico, de los valores antiguos .
Un venir a men os de la gloria pasada que configura u n ser castizo, por un lado
campesino y pobre, y por otro de un resplandor correspondiente a lo que en
América conocemos como siglo de oro español.
Ese es el traje de español antiguo del que se hace costumbre usar el
disfraz. Un traje horadado en el catolicismo como e s tandarte y en el que ve
refugiarse continuamente e l e x istencial español. Un d is fraz que denomina l a
“vieja vividura”, a la que s e recurre en mome ntos de crisis
507
.
Laín Entralgo nos coloca f re nte a l lado de la realidad esp a ñola, una
conciencia del ser o br ado po r la h istoria, que espera por u na he r menéutica. Al
reflexionar por la ontología de lo espa ñol, Entralgo a borda el tema nacional
espa ñol desde un ángulo nuevo que logra entrar en diálogo y hacer ver me jor
los hallazgos de Ortega. Un diálogo que, cómo veremos, también se sostiene
entre nuestros pensadores latinoamericanos pue s se hace difícil definir el uno
sin el otro. Pe nsar América es pensar España, y p ensar España, es pensar
América. Como vemos, pu es, siguiendo e l hilo de esta m adeja nos
descubrimos en él. Encon tra mos que la gloria y grande z a de Esp aña está
atravesada, quiérase o n o, por ese e s pacio compartido a un lado y a otro del
océano. L as d i ficultades comien z an cuando se configuran ambos imaginarios,
sus respectivas ide ntidades p ues en no pocas o casiones han tendido a la mera
negación recíproca o a la anulación, recha z a ndo las posibilidades de diálogo y
renunciando a saber cómo u nos han i ncidido en el ser de los otros.
Lo mismo vale para la co nsideración de la presencia á ra be en los pueb lo s
ibéricos, en y co ntra a la cual se ha reconocido en mucho ese carácter de
configuración de lo español, pero que no ha sido suficientemente explorad o.
T anto u n os como otros se construyen h istór icamente “en referencia a”, como
rechazo o búsqueda de ace ptació n. La co nciencia ob rada por la historia,
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“La vieja vividura, y como e n nombre de ella, sincer amente, unas veces, tácticamente otr as, han obrado luego.
Considere en fin cual suele ser entr e esto s hom bres la moral civil, ésa que hace sentir con cierta seriedad, tanto al
imperante com o al súbdito, los de beres inherentes a la c onvivencia política y social”. Op. Cit., p. 85.
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introyecta culpas, odios, temo res, pone f ricciones al d es eo de comprender la
dinámica de sus d es tino s entrelazados. Una tarea nece s aria y pendiente, que
marca la posibili dad de cues tionar exitosamente la invitación de su birse al
navío de la globaliz ación en el que e l desarrollo industrial ha culminado,
obligándonos a ser no y a ciudadanos lo c ales, sino mu ndiales.
B. El núcleo Iberoamericano: el sueño de la Madre -Patria
En la comp ilació n Nación y L iteratura Latinoamérica, el profesor de la
USC Ram ón Máiz reúne seis estudios críticos sobre escritores y e scritoras
latinoamericanos que ha cen de la nación su ho riz onte d e lectura y el objeto de
su crea ció n literaria
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. Un recorrido po r su visión de la nación, como objeto de
su preo cupación y de su of icio literario. Prácticas d iscursiv as que Máiz asu me
como un medio para inventar las nacion es deseadas. Una m u estra de esa
tensión: nación -n arración en América Latina.
Sostiene que las naciones se hacen y co nstituy en h echos significativ os en
la m edida en que se leen e interpretan desde algún m arco de sen tido. E l
estudio del nacionalismo d esde el aná li sis de su s relatos o literatu ras
nacionales, requiere abandonar todo unilateralismo para e v itar reducciones y
esquematismos. Debe partirse d e la hipótesis inicial de que, no e s la nación la
que gene ra el nacionalismo sino los intelectuales y los políticos nacion ales los
que producen la nación en sentido estricto.
El discurso naci onal, en toda s u co mplejidad , no c onstituye un factor
meramente expresivo y exó geno, sino estrictamente constitutivo y endógeno de
la realidad nacional. Es en este sentido que las naciones pu eden se r
consideradas, en buena m edida, como "a rtef actos cultu r ales". Y , en tanto tales,
siempre constituyen "comunidades imaginada s", cuyos indiv iduos se a uto -
comprenden e x plícita o im plí citamente respecto de un grupo social esp ecífic o:
la "nación". De ahí que lo que escriben desempeñe una función política
fundamental, ya sean ensayos o poemas, como s ucede en la obra de Gavidia.
La f uncionalidad del discurso n acional desborda con mucho la f ij ación de
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Cf. MÁIZ, Ramón: Nación y litera tura en América La tina, Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2007.
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