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La construcción del discurso nacional en El Salvador a través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Gavidia

Nájera Pérez, María Beatriz

Abstract

El foco de interés del presente estudio, respondió a una triple problemática: Primero, resolver la validez de la verdad poética y su capacidad de hacernos comprender la realidad. Segundo, avanzar, desde el discurso poético, en la comprensión del fenómeno histórico político: “la nación salvadoreña”, interpretado en el imaginario e ideario de las voces literarias de sus ideólogos, intelectuales, pobladores, y su relación con sus contextos locales y regionales. Tercero, identificar e interpretar, cómo y por qué se adopta el modelo nacional como proyecto político y cómo es imaginado y legitimado desde un ideario de nación a través de sus discursos poéticos.

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Facultad de Fil osofí a Departamento de Filoso fí a e Antropoloxí a Soci al La construcción del discurso nacional en El S alvador a través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Gav idia T esis Doctoral Presentada por la Licenc iad a MAR ÍA BEA TRIZ NÁJER A PÉREZ Director: DR. M ARC ELINO AGÍS V ILLA VERD E Santiago de Co mpostela 2013 2 M emoria realiz ada por M aría Beatriz Nájera pa ra l a obtenci ón del grad o de doctor por la Univ ersidad de Santia go de Co mpostel a, dirigida por el Dr . Marcel ino Agís V il laverde, Catedrático de Filoso fía del Departamento de Filosofí a y Antropologí a Social , Facultad de Fil oso fía, USC. INFORM E DEL DIRECT OR Como di rector de la T e sis Doctoral elaborada por Dña M aría Beatriz Nájera Pérez sobre el te ma “ La construcción del discurso nacional en El Salv ador a través de la hermenéutica de los textos poéticos de Francisco Ga v idia” informo que el trabajo, realizado con rigor y meticulosid ad, cu mple los requisitos exigibles para que se proceda a su presentación y defensa pública en la Universidad de Santiag o de Compostela. Santiago de Co mpostela , 10 de julio de 2013 . La autora El Di rector M aría Beatriz Nájera M arcelino Agí s V il laverde 3 DEDICA T OR I A A Dios, por regalarme lu z y amor . A mis M ad res, Dorita y Espe ranza, po r su capaci d ad de da r más de lo que reciben . A mis hijos, Aura y Emman uel, con admiraci ón y amor . A mí querido M ae stro, Marceli no Agís, por confi ar y guiar me con respeto, cariño y s abi durí a, con vi rtiendo un sueño en realidad: “desocul tar” la filosofí a del amor qu e habita la palabra poética de Gav idia. A mis amigas, y amigos porque me llenan de amor sin más razón q ue su capacidad y v olun tad de h acerl o y son mi alimento diario. A mi q ue rido Jorge Lemus, con admiración y respeto porque siempre me animó y confió en la i mportanci a de mi proyecto . A la Uni versidad Don Bosco, a la Univ ersidad de Santiago de Compostela y al Programa Erasmus Mun dus por su incalcul able labo r en la promoción del saber . 4 Í NDICE INTR ODUCC IÓN ....................................................................................................... 8 PRIMERA P ARTE : M A RCO TEÓRICO-MET ODOLÓGICO ......................................... 19 CAPÍTUL O I: PLANTEA M I ENT O DEL PROBLEM A ..................................................... 21 A. Idea del proy ecto... ......................................................................................... 21 1. De los orí genes de la inv estigaci ón ................................ ............................ 21 2. Del drama nacional que alien ta el proyecto. ............................................... 24 3. Propósito y di f icultades . ............................................................................. 31 B. Objetiv os de la inv estigación .......................................................................... 33 C. M etodología. .................................................................................................. 34 1. Criterios de selección de l corpus de análisi s .............................................. 34 2. El en foque metodoló gico. ........................................................................... 35 3. Niv eles de lectura e in terpretación .............................................................. 37 D. Importancia del estudi o. ................................................................ ................. 39 E. Alcance y limitaciones d e la inv estigación .................................................... 40 0 CAPÍTUL O II: ES T ADO ACTUAL DEL T EM A Y C OM PONEN TES ESTRUCTUR ALES D E ANÁLISIS ............................................................................. 42 2 A. La hermenéutica como ví a de acceso e inte rpreta ción de la realida d ........... 42 2 B. Del peripl o de la hermen éutica y su lugar en la mod ernidad .......................... 49 1. La ruptura teológica. ................................................................ ................. 55 5 2. La ruptura filosó fica: la Ilustración y la rev oluci ón romántica ....................... 57 3. La ruptura del lenguaje y el mov imiento romántico . .................................. 61 1 C. El camino de Schlei ermacher . ................................................................ ........ 66 D. La Hermenéutica como metodolo g í a de las cienc ias del espí ritu: W . Dilthey .. 82 E. El giro ontoló gico de la hermenéu tica: Heidegge r . ...................................... 91 91 CAPÍTUL O III: DIRECTR ICES DE LA HERM ENÉUTICA CONTEM PORÁNEA P ARA LA INTERPR ET ACIÓN TEXTUAL .......................................................................... 101 01 A. La teorí a general de la in t erp retación: E. Betti .......................................... 102 02 B. Hermenéu tica, compren sión y lenguaje: H . G. G adamer .......................... 10909 C. La interpretación como con flicto: P . Ri coeur ............................................. 125 25 CAPÍTUL O IV : POS IBILID ADE S Y LIMIT ACIONES DE LA HERM ENÉUTICA LITERAR IA EN LA IN TER PRET ACIÓN DEL DISC URS O POLÍTICO ..................... 143 43 A. El discurso li terario y el probl ema de la v erdad. ....................................... 143 43 B. Posibi lidade s del conocimiento a trav és del tex to y la me táfora .............. 14747 C. Diál ogo y recepción. ................................................................ ................. 157 57 5 SEGUNDA P ART E: MODA LID A DES DISCU RSIV A S Y CONCEPT UALES DE LA INVEST I GA CIÓN .............................................................................................. 162 62 CAPÍTUL O V : C ONCEPT O S P ARA EL ES TUDI O DE LA OBRA GA VIDIAN A ........ 163 63 A. La nación co mo horiz onte de inte rpretación ............................................. 163 6 3 B. El concepto d e nación e n la obra li teraria: entre la id eologí a y la utopí a ...... 169 1. Sobre el concep to de ide ología. ................................................................ 171 2. Sobre el concep to de u topí a. .................................................................... 179 C. Las categorí as de la interpretación y los niveles de l ectura. ......................... 183 CAPÍTUL O VI: LA INTERSEC CIÓN ENTRE E L DISC URSO LITER ARIO Y EL POLÍTICO ............................................................................................................. 195195 A. Deli mitación de los ho rizontes identi tarios: histo ria, cultura y polí t ica ........... 195 B. El imaginario nacional y su ideario co m o ho rizon te de lectura .................. 20808 C. Categorí as implicad as en el hecho pol í tico .............................................. 22222 1. Cultura e identidad ............................................................................... 22223 2. En los bordes del Es tado-Nación .......................................................... 23030 3. El Puebl o .............................................................................................. 24747 4. Patria y patriotismo . .............................................................................. 25656 CAPÍTUL O VII: L ITERA TURA, POLÍTICA Y F ILOSOFÍA ........................................... 265 A. Arte y litera tura: los lí mites del len guaje poético . .......................................... 267 1. Estructura , funciones y diná mica del len guaje poé tico. ........................ 270270 2. El desví o del lenguaj e poé tico ................................ .................................. 272 3. Los niv eles fónico y semántico. ........................................................... 276277 B. Filosofí a y poesí a ................................................................ ......................... 281 C. La poesí a como discu rso polí tico ................................................................ . 286 CAPÍTUL O VIII: EL HECHO P OLÍTICO EN LA L ITERA T URA IBEROAM E RICAN A ... 292 A. Los intelectuales españo les ante el “problema de Espa ña” ..................... 294294 1. José Orte ga Y Gasset: origen y epí logo de la naci ón española ........... 298298 2. Pedro Laí n Entral go: ¿a qué ll amamos España ? .................................. 30506 B. El núcleo Iberoame ricano: el sueño de la M adre -Patria ........................... 30909 1. El sueño de la M adre-patria y la Pat ria grande ..................................... 31212 2. Orte ga y América. ................................ ................................................. 31515 C. El núcleo Latinoamerica no: f ic ción de la nación o nación de la ficción ..... 31920 1. G. M ontaldo: ficciones cul turales y fábulas de ide ntidad en A mérica Latina ................................ ............................................................................ 32020 2. M abel Moraña. Literatu ra y cultura naci onal en L atinoamérica . ............ 32727 6 3. M anuel V elásquez M ej ía: Mythos y utopí a como estructura de la historia 33131 D. Núcleo Cen troamericano : las nacion es en espera ................................... 33333 TE RCERA P ART E: HERMENÉ UT IC A DE L A OB RA DE FRA NCISC O G A VIDIA ... 33737 CAPÍTUL O IX: EL PR O B LEM A DE LAS FUENTE S ................................................... 338 A. Caracterí sticas y tipos de fuentes de in f ormación ........................................ 338 B. V alor y fiabilidad de l as fuentes ................................................................ 34242 C. Clasi ficación de la produ cción tex tual de y sobre Gav idi a ........................ 35151 CAPÍTUL O X:EL C ON TEXT O HISTÓRICO, P OLÍ TICO Y FILOSÓFIC O DE GA VIDIA 357357 A. El contex to histórico salv adoreño: nacimiento y d esarrollo de la nación .. 357357 1. Prehistoria de la nación: las cul turas anteri ores a l a independen cia. ............ 360 2. El siglo XIX : el naci miento de la naci ón salvad oreña y su evol ución políti ca ........................................................................................................... 365365 3. A vatares de la historia c ontemporánea has ta mediad os del siglo XX. . 383383 B. El pensamiento polí tico y filosó fico en América La ti na contemporánea (1860-1950 ) ................................ ...................................................................... 357 3 88 1. Pensamiento y cultura autóctona : Que tzal cóatl y H uitzilop ochtli ........... 39394 2. El pensamien to polí tico: li berales y conservadores ............................... 40000 3. La filoso fía europea en América: krausismo , posi tivi smo y las filosofías del s. XX ......................................................................................................... 40707 CAPÍTUL O XI: LITERA TURA Y CUL TURA EN LA ÉPOCA DE GA VIDIA ................ 42121 A. La cultura y la literatura sal vadoreña en el tránsit o del s. XIX al s. X X ..... 42121 1. Las condicion es cultural es .................................................................... 42121 2. El panorama literari o Centroa mericano ................................................. 42828 3. La literatura en El Sal vador: el moderni smo y su renov ación .................. 444 4 B. Francisco Gav idi a: la odisea de un genio ..................................................... 461 1. La producción literaria de Franci sco Gav idia: su in fluencia y su olv ido. .. 473 3 2. Estudios ac tuales de la obra Gavi diana. ................................................... 499 CAPÍTUL O XII: FUND AME NT OS FILOS ÓFICO S DEL PENSAM I EN TO D E GA VIDIA 52020 A. La coherencia consti tutiva ....................................................................... 52121 B. Lí neas generales de su pensamiento ................................ ...................... 52727 C. Filosofí a e interpretación : las tesi s princi pales de Gavidi a ........................... 543 D. La idea de la sí ntesis en el pensamiento filosó fico de Gavi dia. ................ 5 561 1 CAPÍTUL O XIII: GA VIDIA: EN TRE EL DISCURSO S IM BÓLICO Y EL RA CIONAL 56565 A. Hermenéu tica poética: de la patria a la nación ................................ ............ 567 1. Júpiter : los ho riz ontes del pretexto y con texto. ......................................... 567 7 2. “ V ersos” : horiz ontes del pretex to y el con tex to de “ Patria” ........................ 572 3. La simbolo g í a de Gavi dia en los poemas “V ersos ” y “Só teer”. ............. 586586 B. La simbólica naci onal: el camino hermenéutico h acia el coraz ón de la “Nación” ............................................................................................................ 592592 1. Anál isis e interpretaci ón del corpus “Júpite r”. ....................................... 593593 1.1 El sentido de la hi storia y los persona jes . ............................................ 605600 1.2 Los temas y cate gorías desar roladas en cada acto. ............................. 609602 1.3 Interpre tando la me tá f ora gav idian a de Júpiter. ......................................... 605 1.4 Treinta y ocho poem as para la Pa tria. ...................................................... 609 2. Análi sis e interpretación del corpus “Patria ”: un p rimer rodeo . .............. 610 61 1 C. El sistema categori al de Gav idia y su relación co n un proy ecto nacional ista.621 D. Interpretación de la simb óli ca nacional del discurso gavi diano ................. . 62 627 CAPÍTUL O XIV : METÁFORA Y UTOPÍA EN LA P OESÍA DE GA VIDIA ...................... 632 A. Las metá foras gavidi anas y su proy ecto polí tico. ......................................... 632 B. Historia y destino nacion al: La Patria Grande Ce ntroa mericana . .................. 644 C. El imaginario poético y la const rucción del discurs o nacional . ...................... 647 D. El discurso gavidi ano en el contexto actual . ................................................. 658 CONCLU SIÓN: UN DIÁLOG O CON GA VIDI A ......................................................... 664 BIBLIOGRA FÍ A ..................................................................................................... 684 A. Obras de Franci sco Gavidi a (clasi ficadas por área s) . .................................. 684 1. Artes. ................................................................................................... 593684 2. Educación . ................................ ........................................................... 593684 3. Lenguaje. ................................................................ ............................. 593685 4. Letras . ................................................................................................ 593686 5. Teatro . ................................ ................................................................ 593687 6. Sobre costumb res y lugares de San Salv ador . .................................... 593688 7. Historia, Polí tica y Filosofía. ................................................................ . 593688 8. Colecci ones básicas. ........................................................................... 593689 B. Obras sob re Francisco Gavi dia . ................................................................ . 689 C. Bi bliogra fía general . ................................ .................................................... 691 D. Di ccionario s y obras de con sulta . ................................................................ . 71 1 8 INTRODUCCIÓN La idea de nación que se f unda teóricam ente en la de mocracia, la república soberana, el Estado laico, los de rec hos ciudadanos, el orden fu ndado en la ley , e ideo lógica mente en la ide ntidad y el sí mismo nacion al como pu eblo ciudadano, pareciera ser la expresión de la elevación de l a conv ivencia, per o su co nstrucción no ha conducido a resultados similares, en las d iferentes regiones. Esto ha sido uno d e los motivos de int erés que primero motivaron la presente investigación, comprender cómo las naciones surgidas en los siglos XIX y XX, construidas teóricamen te desde un m ismo ideario d e co nviv e ncia política, salidos d el v ientre de la modernidad, d ista n mucho en sus perfiles sociopolíticos y e n l a calidad d e v ida, convivencia y resu ltados. P ero má s q ue nada, otro motivo radica en que , en muchos casos, sus líderes han emergido de las filas de los intelectuales, conv irtiéndose en ideólogos de la nación. Acá no s i nteresa el caso de las naci ones centroamericanas y sus ideólogos nacionalistas, especial mente la función q ue l os intele ctuales y la literatura han de s empeñado en la construcción de un ideario nacional que, como veremos, sigue sien do u n diseño p ostergado a la espera sombría d e su realización. Una cond i ción a la cual han respondido sus poetas tratando de comprenderla. En el pres ente estudio, el f oc o de nuest ro interés lo situamos e n una triple problemática: prime ro, resolver la validez de la verdad p oética y su capacidad de profundizar en el ser de la rea l idad. Seg undo, comp r ender desde el discurso p oético el fenómeno de la nación salvadoreña y descubrir el imaginario que sus ideólogos crearon e introdujeron a los poblado res , el apropiamiento de é ste , así como su relación en e l concierto de las dinámicas mundiales. E n e l caso de la región, lleva a preguntar por la plataforma política y el trasfondo filosófico e histórico -cultural que han sostenido el discurso 9 nacional: En e l caso salv adoreño, queremos p reguntar si su d in ámica histórica ha sido alen tad a de s de un pr o y ecto e ideario nacional y , si es así, cuáles han sido sus fundamentos. Como se puede a preciar , n os encaramos con un o de los p ro blemas relacionados directamente con la modernidad. La construc ción del Estado- nación; la cual, según una de las tesis fundamentales de E rn est Gellner , constituye u na caract erística intrí nseca de la industrializ ación. M odelo c uya difusión ha sido desigual, a ca usa de la necesidad que dema nda: cambios radicales en la configuración política, social y cultural de las sociedades en las que ha su rg ido tempranamente, y en las que se difunde. Un cam bi o que Gellner identifica con el surgimiento de un nuevo modelo de Estado: el Estado nacional, por lo que la nación para é l resu lta un f enómeno propio de la modernidad; como condición pa r a la funcionali dad d e l a sociedad industrial. Por lo que el f enó meno nacional le resulta inherente a la so cie dad industrial. Un proceso parad ójico, c o mo modelo a realizar en Centroamérica, pues en el momento de la adopción de dicho mod elo político, las sociedades centroamericanas estaban muy lejo s de constituir sociedades industriales. Por lo que la na ci ón se ofrece como extensión y a v ance d e un modelo aje no al desarrollo de la región, pero obligado c omo condición mundial. La tercera problemática nos lleva al cómo y por qué se adopta , entonces, dicho modelo y cómo fu e concebido por sus ideólogos en su f unción y fun cionamient o e n el ma rco social, cultural, político y econ ómico . Así como a preguntarnos por los espacios literarios en los que podemos en c ontrar m aterial para comp re nder las ideas y e l proce so histórico de su despliegue y los mundos que en dichos textos se figuran y configuran. Asumimos que la literatura nos of r ece variados ejemplos p ar a a cceder a tales m undos, sobre todo a través d el género novelístico, e l dramático y , por supuesto, a través de los ens ayos de cre ación. Nue stra pregunta genérica base, y también nuestro reto particular , es el de saber si puede el poema construir un ideario nacional capaz de trasladarnos al ám bito socio-histórico y político, p ara revelarn os claves que nos permitan comprender ese proceso histórico y su devenir . Por ende, la p regunt a que sale al paso es si existen 16 posiciones sobre el origen y naturaleza del fenómeno nacional, nos de ja mos guiar por Ernest Gellner y sus te sis sobre la nación y el nacionalis mo. Éstas la s complementamos con las de sus ana listas y críticos; así com o por teóricos adicionales que se ha n ac ercado al enfoque que acá se pretende, tal es e l caso de Juan Carlos Sánchez , en su e nsayo, L a nación inacabada , del cual construimos la categorí a de “ nación fallida ” pa ra aplicarla como concepto definitorio del caso salv adoreño, por result ar coh erente y enriquecedor de las tesis de Ge llner , y con la f inalidad de comprender me j or la historia y condición de la formación política salvadoreña. De José Lu is Go nzále z y o tros, nos apropiamos d e los e l ementos que n os permiten e l análisis de los conceptos de patria y patriotism o, d e frecuente u s o en los discursos que constituyen nuestro cor pus d e análisis: el po e mario Patria y el d rama h istórico Júpiter . Desde estos m iradores nos ace rca mos a otras propuestas que matizan y en riq uecen nuestra comprensión, como l os of r ecidos por Ortega y Ga sse t, La í n Entralgo, Ramón Máiz, y otros avanzados en e l tema. En esta primera parte, ofrecemos las categorías fundamentales que hemos presentido, en n uestro p rim er nivel d e interpretación, a f in de entablar el diálogo con los te x tos po éticos de Francisco Gavidia. Estas ca t egorías son claves hermenéuticas que surgieron de un primer niv el de lectura del corpus. Por ello, el otro momento f undamental que ocupa la primera parte del estudio consiste en la construcción de la metodología, que supone cuatro momentos. Para lo c ual seguimos las tesis de H. -G. Gadamer y Pau l Ricoeur y sus continuadores; y d e ello, derivamos el instrumental d e anális is e interpretación hermenéutica. Este proceder demanda la contex tualización d e los te x tos a inte r pretar . Por lo que la primera parte f inaliza el aparataje teóric o hermenéutico que valida la metodologí a. La se g unda parte aborda la construcción de categorías de análisis y conduce a l os demás elementos claves de la m etod ología. Analiza la intercepción entre literatura política y f ilosofía, los componentes y condiciones del hecho p olí tico en la región, visto desde diferentes e studi os que nos anteceden, y d an cue nta d e otras miradas literarias, qu e han hecho d e la situación política, objeto de su lab or literaria e intelectual. Un recorrido que 17 abarca escenarios concéntricos desde lo iberoamericano a lo local. La última p art e deslinda di ferentes ho riz o ntes de lectu ra : historia, cu ltura , literatura, f ilos ofía, pol ítica, a sí como la situación actual de los estudios de los textos gavidianos; y luego su análisis e interpretación. P as o que nos ha permitido el a cceso y la exterioriz ación de su pensamiento filosófico. E l cual , según veremos, result a original y sustenta dor de su pensami e nto político y d el ideario nacional subyacente en los tex tos. Esos momentos permite n la identificación de l pensamiento polí tico y su intención, a sí como el descubrimiento de la intención d e su labor poé tic a y de su palabra. La que veremos se adelanta a su época, anunciando la necesidad de una n ueva humanida d y en e llo la labor del poeta -filosofo, de l int electual y de una nueva f ilosofía : la filosofía de l cuidado, del amor , que de paso a una ética de la corres ponsabilidad, en un mundo q ue cada v ez má s pare ce amenazado por la desintegración a que co nduce, dicho en lenguaje levinasiano, la totalización del otro. Situa ci ón que para Gavidia es resultado de una práctica dominada po r las relaci ones de interacción social. Para Gavidia, el egoísmo e x tremo, la ambi ción sin límites, la exclusión del otro, se han situado com o mediación de la interacción h u mana y marcan la dinámica so cial, política y cultural. Pero a la vez, es un m undo que Gav idia comprende como capaz de poder transformarse e n voluntad de d iál ogo y ac uerdo. Condición e n la que ve po sible la superación de la dispersión y auto - aniquilación, a que lleva el pred ominio del int erés e goí sta del sujeto libre. E sta posición, para Ga v idia, a l dominar la acción social resu lt a en la con figuración de una estructura intersubjetiva fundada en la violencia, que funciona como causa del fracaso de la conviv encia. A lo largo de su labor , Ga v idia se enfrentó a dos preguntas f u ndamentales: ¿cómo lograr armonizar e l interés social con el individual? ; y su complemento, bien representado en la pregunta f ormulada por J. A. Marina, en su libro Las culturas fracasadas : ¿Es posible que individuos inteligentes y libres, orgullosos de su autonomía, puedan convivi r armoniosame nte? V eremos que Gavidia se inició con la pregunta contrari a: ¿Es posible que hombres f or mados en la esclavitud, la excusión, la corrupción , puedan convivi r 18 armoniosamente com o hombres libres y comprender la idea del bien común y la respon sabil idad comú n de la libertad? Ese pensamiento aletea desde lo pr ofundo de su o bra prí stina, e n s u Júpiter y cierra el ciclo respondiendo en su obra d e m adurez , Sóter , medida por su co njunto de poe mas q ue compone el poemario V ersos y Patria , razón de la selección de d ich os tex tos com o corpus de análisis. 19 PRIMERA P A RTE: M A RCO TEÓRICO- METOD OLÓ GIC O 20 “¡ Oh, Patria! O h Centr oamérica, Necesitas con vuestras propias manos Levantar vuestra lápida mortuoria Que gravita en la tierra como un monte E interroga después el horizonte Para encontrar el rumbo de la gloria” (Francisco Gavidia) 3 3 GA VI DIA, F: “A Centroamérica”, en Obras Completas de Fr ancisco Gavidia ; obra poética, VI. Ed. Dirección Nacional de Publicacione s, San Salvador , El Salvador , 1974, p. 243. 21 CA PÍTULO I: PLANTEA MIENTO DEL PROBLEM A A. Idea del pro y ecto 1. De los orígenes de l a inv estigación La presente investigación tiene su origen en el deseo de articular una díada teórico-pragmática p ara analizar la obra de Francisco Gav idia. Por un lado, la aceptación del principio de lingüisticidad de la e x periencia humana, como lo que permite legitimar la relación entre lenguaje poético 4 y rea lidad histórica. Lo otro ha sido la necesidad de dar respuesta a la pregunta hist órico- política sobre e l ideario de n ación que ha dinamizado la historia política de El Salvador . La posibilidad de tal articulación constituyó e l motor para estudiar la obra de Gavidia, desde una perspectiva h ermenéutica. El Sa lv ador es un país d e veintiú n m il kilómetros cuad ra dos, situa do en la cintura de A mérica y cuyo pe r fil n acional se antoja a la vista del o bserv ador como una figura desgarr ada de s de sus orígenes. En contante to rs ión por llegar a ser lo que ha ce más de 170 años f u e proclamado e n su cons titución , aspiraba a inaugurar u n nuevo capítulo de la h istoria política de la región. Es importante considerar que la historia salvadoreña, si bien no idéntica, comparte muchos aspectos comunes con e l resto de la región. Com prender su dinámica, sería un progreso en la captura del sentido de la historia de toda la reg ión. T area que d emanda una he r menéutica dedicada a restaurar el verdadero sentido que contienen los textos y los símbolos del discurso político y literario. Una b úsqueda que permite e x plicar e l proceso de constitución de la conciencia del “sí mismo nacional”, contribución a la que este proyecto se adhi ere. Para tal fin, hemos in tegrado la necesidad de c omprensión del s entido histórico de un momento del acontecer de la rea lid ad política salvado reña y lo que nos apo rt a la herme néutic a pa ra interpretar y comprender textos literario s 4 Los textos poéticos serán comprendidos como “textos eminentes” , ap licando la ter minología de Gadamer . Sobre la definición que hace Gad amer de este tér mino y la cercanía d el término con el de “expresiones multívocas” de Ricoeur Cf. G ADA MER, H, G: El Giro Hermenéutico , Ed. Cátedra, Mad rid, 1998, p. 1 14. 22 de Francisco Gavidia, principal fuente y objeto de estudio de este trabajo. No pretendemos dar cuenta de la totalidad del problema histórico -político salvadoreño; mucho men os pronunciar la última palabra, sino solo desbrozar el camino hacia la comprensión de l a rea lid ad inmersa en los textos “poéticos”, que constituyen nuestro co rpus de análisis, fun damentalm ente el p oemario de Francisco Gavidia: Patria y el poem a dramá tico Júpiter . Fuentes muy reveladoras y que, sin emba rg o, no han sido con si deradas seriamente co mo portadoras de un mensaje filosóf ic o, históri co y p olí tico a través de s u naturaleza poética. Así pues, un o de los supuestos básicos de nuestra investigación sostiene la validez de dichas fuentes como forma de conocimiento de la filosofía po lí tica de u n autor clave en el p anora ma literario y cultural de El Salvador . En tal se nti do, consideramos que su obra poética constituye un punto de vista novedoso y f un damental para acce der a nuevos sab eres de nuestra realidad nacional e incluso regional. Nuestro proyecto ha p ermitido, pues, un doble m ovimiento: la co nstrucción del cami no de a cces o a la c omprensión filosófica de la o bra literaria y a través de d ich o tránsito, comprender el d iscurs o político gavidiano, que e nc ontramos tras el análisis de su poesía; como un saber que busca construir las señ as de identidad de toda u na nación y , desde ellas, un ideario nacional para fundamen ta r la nación salvadoreña ; así com o, un a nálisis f ilos ófico, antropológico e h istóri co -político, que deja al de scubierto las a menazas para el éxito del proyecto político nacional , análisis de gran validez actua l. La construcción del camino hacia la verdad d e los textos poéticos, la hacemos d e la m ano de la hermenéutic a, una vía que se ha venido perfeccionado desde e l siglo XIX, p ero que hunde sus raíces e n la propensión connatural al hombre de interpretar los mensajes y signos de los otros. Una hermenéutica primaria, circun scrita al ámb it o com unicativ o, a partir de la cual, se ha n crea do o tr as m ás complejas para i nterpretar y comp re nder mue str as más ricas y sutiles de la creatividad, en todos los campos del con ocimiento y de la acción. Esta investigación resulta también una exp eriencia de conocim i ento. Un 23 viaje p or los cam inos de la interpretación y de la reflexión sobre los te x tos constitutivos de un discurso nacional. Un viaje so stenido en las te sis fundamentales de la hermenéutica f ilosófica, que resumidamente ofrecemos a continuación y cuyo desarrollo lo abordamos en el siguiente capítulo: T esis 1: El lenguaje no es un suplemento de la comp r ensión. Comprensión e interpr etación van entrelazadas mutuamente. Ric oeur ha hecho célebre una f órmula que nosotros subscribimos: “interpretar má s para comprender mejor”. La interpretación lingüística nos lleva hacia la comprensión del sentido, un es pacio priv ilegiado en el qu e se r eúne el legado de la tradición y la cosmovisión inherente al presente 5 . T esis 2: No hay una experiencia previa al lenguaje, la experiencia humana está, pues, estructurada lingüísticamente. En los textos escritos hay u na verdad que quiere ser comprendida, no como conting encia de su a utor , pues los tex tos tienen u na vida propia, de alguna f orma se han liberado d e las ligaduras con su autor para abrirse a todos los lectores posibles. T esis 3: En la ob ra de arte, y p articular mente en la literatura, viaja una verdad que interpela a l presente, que se r ec onoce en ella, y en la cual se reafirma, pues le concede una nueva v alencia óntica. 6 T esis 4: La f ilos ofía es reflexión que debe recurrir a un lenguaje simbó lic o y , por tanto, convertirse en interpretación, ya que la “ reflexión es la aprop i ación de nuestro esfuerz o p or e xistir y de nuestro de seo de se r , a través de las obras que dan testim onio de ese e s fuerz o y de e s e deseo” . 7 T esis 5: “(…) es posible comprender m uy bien gracias al arte que ese entender tiene el ca r ácter de un acontecer . Acontece r quiere de cir aquí que nosotros somos d ueños y señores de la verdad, de la que se n os hace partícipe en el art e ” 8 . L a situa c ión d e l o h ablado debe c oncebirse desde la situació n 5 Cf. DUTT , C: En conversación con Hans- .George Gad amer . Her menéutica -Estética-filosofía Práctica , Ed. T ecnos, Madrid 1998, p. 41- 43. 6 En relación a la acota ción del c arácter de ocasiona lidad que le atribuye Gadamer a la obra de arte, en V er dad y Método, véase. GRONDIN, J: Intr oducción a Gadamer , Ed. Herder , España, 2003 pp. 85 - 87. 7 RICOEUR, Paul: El conflicto d e las interpretaciones. Ensayo s de Hermenéutica , Fon do de Cultur a Económica, Buenos Aires, 2006, p. 299. 8 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 92. 24 dialogal, desde la dialéctica de pregunta y respuesta que permite el mutuo entendimiento y la articulación del mundo que comparten el texto y su intérprete. T esis 7: Lo peculiar de la obra de a rte es que nunca se comprende del todo. Nunca obtenemos una respue st a efectiv a que perm ita decir <<ya lo sé>> Obtenemos de ella una información correcta … y nada m ás. No podemos sacar de una o bra de a rt e toda la i nformación hasta dejarla vacía… Esto hac e que perdure una obra de arte (…). La du raci ón es una nota característica de la obra de arte. 9 Por tanto, en el presente estudio a s umimos las tesis de la h ermenéutica filosófica desarrolladas p or H. G. Gadamer y P . Ricoe ur sobre la relación e ntre lenguaje, pensamiento y realidad, interpretación -comprensión -v erdad, diálogo e intersubjetividad, lectura y recepción d el texto. Herram i entas con las cu al es se abor dará el problema central de este proyecto, que gira e n torno a l a interpretación – comprensión del discurso n acional salvadoreño, acontecido en la obra literaria de Francisco Gavidia. 2. Del drama nacional q ue alienta el proy ecto. En 1842, diecinueve años desp ués de la d eclaración de independencia de las provincias de Cen troaméri ca, se proclamó la f undación de la Rep úbli ca “del Salvador” 10 . Este nue v o proyecto político f ue resultado de la fallida idea inicial: la f undaci ón de la gr an na ció n Centroamericana, a cor de a l modelo po lí tico federal. Con la fundación de la nueva Rep úb lica salvadoreña, se abría el telón a un nuevo d r ama polí tico que pondría e n acto una n uev a obra política. El éx ito de este proyecto p olítico demandaba la existencia de unas condici ones ideal es mínimas, que suponían una serie de tr ansformaciones en los ámbitos económico, social y político. T al es el caso de la transformación de la po blaci ón en sujeto nacional; es d ecir , pasar de populach o a pueblo -ciudadano, e l cual 9 GADAMER, H.G: V erdad y Méto do V ol. II, Ed. Sígueme, Salama nca 1992, p. 249. 10 La asamblea centroam ericana proclam ó, el 1 de julio de 1823 , la independen cia de España, Méxi co o cua lquier otra nación y se constituyeron las Provincias Unidas de Centroamérica . El 22 de diciembre de 1823 la Alcaldía Mayor de Sonsonate y la Inten dencia de San Sa lvador acuerda n unirse . Ahuachapán rehúsa hast a el 7 de feb rero de1824 , cuando las dos provin cias se unen totalmente y forman el E stado del Salvador , perten eciente a las Provincias Unida s de Centroamérica ”. Véase en BALDOVINOS, Roque (coord.): Enciclopedia de El Salvador , T omo I, La época colonial, Ed. Océano, Barcelona. 25 debía encarnar la voluntad nacional necesaria para la comprensión, y el acuerdo mínimo para el co nsenso que de mandaría la república democrática que se prometía. De ta l mo do que el involucramiento de los actores sociales que se verían actuando en dicha obra nacional era la prem isa bá sica de su fundación. Suponía la existencia o compromiso con el desarroll o de los medios par a fundar una conciencia na cional, así como su poní a la difusión sostenida del proyecto nacional. Pero e l proyecto daba inicio pese a la inexistencia de tales condiciones. T al n obilísima y no v edosa “nación” co nstituí a e l proyecto político de u n os pocos productores y directores d el nuev o escenario. Una ob r a en busca de personajes. El lide raz go de este proyecto nacional estaba constituido por un pequeño grupo de propieta rios d e haciendas que, s umadas, conformarían el territorio d el n uev o Estado Salvadoreño, el cual a l bergaba, entre los límites de unas y otras propiedades, una tradicional e structura d e tierras “comunales ” , que pertenecían a las comun i dades indígenas, quien es vivían reg idos por un orden y una cultura a j enas a to dos esas nuevas dispo siciones “modernas”. Así como un c onjunto de minifundios e n man os de m estizos, quiene s los destinaban a la autosatisfacción de s us necesidades. Grupos que conformaban la ma y oría de la población y quienes, lejos de verse ben efici ados por e l n uev o proyecto, se verían afectados por el mis mo. Enteradas o no, vinculada s cult ural y económica mente o no, estas poblaciones n ativas y mestizas, que ah ora pa saban a constituir la po blación salvadoreña, amanecían, estrenando una nueva ma quin aria de organización política: la nación Salv adoreña. T al suceso, que si bien por el momento, n o parecía afectar a las v idas de aquellos grupos de c iudadanos debutantes, pronto se rí an reclamados para f ormar parte, de un a forma u otra, de aquel inverosímil elen co. Estaban de stinados a verse afectados por las decisiones y criterios de los d irector es y prod uctores d e aquella obra, y a constituir se , por la fuerza, en protagonistas y antagonistas de un drama, a cuya escritura de l guion no habían sido convocados y apenas sabían de su existencia. Si ta l escenario resu ltaba inadecuado para la realiz ación de la obra 32 quienes pretenden gobernar , por lo que, a juicio de este au t or , interviene n dos factores: la “pretensión a la legitimidad por parte de la autoridad gobernante y la creencia en la legitimi d ad d el orden, creencia sustentada por sus súbditos”. 18 La segunda cita, con la cual se da inicio el a partado ha sido tomada d el Prefacio, que David N. Gellner h ace al libro de su padre titulado Naciona lism o . En ella a lude a l papel que jue gan los diferentes agente s en la construcción de ese fe nómeno político de la modernidad 19 que hemos venido llamando “Nación”, y cuyo rodeo h acia su m ejor comp r ensión haremos m ás ade la nte. Lo que se ilustra en esta p rim era parte es e l establecim iento del prob lema de nuestro trabajo o idea del proyecto, su p ro pósito investigado y e l procedimiento para dar cuenta del objeto de estudio. Respecto a dicho objeto de scribimos el estado a ct ual d e los estudios realizados en to rn o a la investigación que acá interesa: conocer y reflexi onar filosóficamente el pensamiento polí tico de uno de los escritores s alv adoreños considerados po r unos, un intelectual de los más prom in entes y p rolí ficos, y por otros un idealista inc onsecuente. Nos referimos a Francisco Gavidia, un escritor que transitó entre dos siglos y que vivió los albores del surgimiento del proyecto político nacional salvadoreño. Su vida transcurre en una etapa histórica de fundación nacional, denominada como “La República del Caf é” 20 . El propósito de l estud io consiste en reconst ru ir el discurso nacional que subyace en sus textos poéticos, re flexionar sus ideas y dar cuenta de la importancia d e dicho e studio en el e scen ario p olí tico , económico y social actual. Esta es, e n resumen, la idea del proyecto. S e esp era que la presente investigación posea el alcance de una he rr amienta d e análisis de las dinámicas socio-políticas de El Salvador actual. Para lo cual formulamos el probl ema como sigue: ¿ C u ál e s el d i sc urs o 18 RICOEUR, P: Ideolog ía y Utopía , Ed. Gedisa, Barcelona 199 4, pp. 17 - 18 19 Más adelante se justificará esta tesis sobre el funda mento de la nación como fenómeno de la modernidad, y sob re cuyo origen hay dife rentes posiciones que han sido ampliamente discutidas por diferen tes autores. 20 Este período se inaugura a partir de l último cuarto del siglo XI X, con la unifica ción de los inte reses en tre los liberales y conservadores, da ndo lugar a una alianza entr e los gr upos oligár quicos que dom inarían la vida de la nación los siguientes cien año s. Allan Willson en La crisis de la i ntegración sostiene que el país ha sido caracterizado incor rectamente como una república cafetalera. 33 na c i o nal sal v ado r eño in v ol ucr ado en el id e ar io na ci on al pr ocl ama do en los tex t o s po ét i co s de Fr anc i s c o Ga v idi a , Pa tr i a y J úp it er y sus i mpl i c aci o n e s hi st óri cas so ci o- p ol í tic as ? S e tr at a de d ar c ue nta de su s fun da me n to s fi l os óf i co s , de su s pr es up u es to s pol íti co s , de s u r el aci ón c o n el h or i z on tes hi s t ór i c o y d e l a t r ad i ci ón , en l os c u al e s se ins ert a y edi fi c a la es tr uc tur a del dis c ur so nac io na l ; co mpr end er el có m o y por q ué del d i sc ur so nac i ona l a tr av és de la her me n éu tic a de lo s tex to s y des de un co ncr eto ho ri zo n te de i nt erp r eta c i ón de l os t ex tos emi nen t es se l ecci on a do s . S u solución permitirá comp re nder un trazo del perí odo político denominado la República del Café (1 880 -1950), y , por añ adidur a, c uál es el ideario de nación subyacente. B. Objetivos de la investigación De ac u er do con l o pr es en t ad o en el a p ar tad o ant eri or , lo s obj e t iv os pr i nc ip al e s de l a pre sen te in v est i g ac i ón p u e de n si nt e ti z ars e en lo s sig ui en te s pu nt os : 1. Re c on str ui r el di sc ur so na c io na l s al vad ore ño, a t r av és la c o m pr e ns ión d el id e ar io d e n a c ió n pr oc l a mado en l os te x tos po ét i c os “ Pat r i a” y “Jú pit er ” d e Fr anc i sc o Ga v idi a, a tr av és de l a her men éut i c a d e d i cho s t ex tos . 2. Co mpr en de r l as fu e nt es , tes is fil o s ó fi c as y po l í ti cas que fun d a me nta n el id e ar io d e na ci ón pr ocl am ad o, l as r el a c io nes co nt ext u al es , s us in t er lo cu tor es y ho ri zo nte his t ór ic os , en l os cua l es a p oy a y edi fi c a s u id e ar io 3. Co mpr en de r , por ú l ti m o, el có m o y por q ué del d i scur so y r e fl ex io na r re s p ec to a la importancia e i mpli ca c io ne s sit uac io na l es de dicho discurso e n el e scena rio político económ ic o y social de su época y e n la actualidad, a través del diálogo en t re l o s di fer en t es i nte r l oc ut or e s in v oluc r ad o s en el p ens ami ent o p olí tic o de l di sc ur s o na c i o n al de G av idi a. 34 C. Metodología. La me t odología inicial utilizada es la habitual en el ámbito de las cien ci as humanas que laboran con documentos: el trabajo a partir de l os textos, t anto fu entes primarias como la literatura secundaria sobre las f uentes se abordó con el proceso her m en éu tico descrito ad elante. Una metodología que pue de expresarse aludiendo al proceso de diálo go con los te x tos o, por expresarlo en términos gadamerianos, a una lógica de la pregunta y la respuesta que tie ne como p rotagonis tas al intérp rete y al texto. Un p roc eso que p uede sintetizarse en la f órmula de Zúñiga “c omprender es conversar” 21 . 1. Criterios de selec ción del corpus de análisis El corpus de análisis de esta inv estigación consiste en una selec ción de textos poéticos escritos en pe rí odos h istóri cos claves (auge, crisis y pr e- de cadencia del p roy ecto nacional salvadoreño) cuyo autor ha sido ampliamente reconocido por la crítica literaria nacional e interna cio nal, como uno de los pioneros y f undadores de la literatura clásica salvadoreña, por lo que le es reconocido su peso literario. Por otro lado, se h an seleccionado el conjunto de p oe mas que é l m ismo autor clasificó por temática política y denom in ó: “Patria” y e l poema dram a “Júpiter”, por su tema directamente patriótico. E n ellos el lenguaje, la tem ática y la relación emisor/receptor se e ncuentran directame nte relacio nados con el compromiso de la fundación de un ideario nacional: pueblo, nación , nacionalismo, sociedad civil. Un m odelo de desarrollo so cial y po lí tico, de justicia, d e sociedad y una actitud de crítica propositi va frente a la realidad de su época, que le sal en al paso al lector menos apercibido. Por ta nto, la selección obedece a criterios literarios, históricos y filosóf ic o -políticos. 21 ZUÑIGA, G.J: El Dialogo como Juego ; Ed., Granada 1995, p. 28. Acá Zuñiga prop one esa fór mula que, a su jui cio, expresa bien la tesis de Gad amer sob re la relación comprende r – conversar . 35 2. El enfoque metodoló gico El enfoque m etodológico seleccionado p ara el es tudio de dichos te x tos deriva d e dos fu ent es teóricas complementarias, corres pondientes a dos autores clásicos de la hermenéutica del siglo XX: Pa ul Ricoeu r y H. G. Gadamer . La me t odología supone aquí un proceso de interpretación -comprensión en ascenso gradual y desde diferentes contextos. El ascen s o grad ual a los textos se realizará a través de un rod e o desde cuatro niveles de lectura. Del primer nivel se h an obtenido las p regunt as claves y anticipaciones del sentido de los te x tos que funcionaran a m anera d e cuasi hipótesis. Este primer m odo de lectura o acercamiento a los textos just ifica el mé todo m ismo, pa ra lo cual ofrecemos en el capí tulo dos la fundamentación teórica, la estructura y justificación d el método. Acá p res entamos las herramientas, comp o nentes y procedimientos generales a seguir , organizados p or áreas y niveles de realización. Con respecto a las anticipaciones del sentido de los textos podemos decir que f uncionan como cuasi hipótesis que guían el proceso hermenéutico. No cumplen, pu es, una función lógico-explicativa, sino que pueden ser comprendidas b ajo los términos de anticip ación y p rejuicio. Se trat aría, por tanto, de u n "juicio previo" (pre -juicio), d e un posicionamiento d el investigador frente a la trad ició n y a los juicios que recibe de esta f uente quien investiga. El mecanismo hermenéutico, en este caso, consiste en ir acercándose a los textos co n la voluntad de escucharlos y dejarlos hablar pa ra f usion arlos con lo que el intérprete recibe de la tradición. Gadamer sostiene que, en su sentid o original, comprender e s un p r oceso análogo a la tarea del abogado que representa a otro ante un tribunal, al q ue entiende y po r el que respo n de 22 . Luego en V e rdad y Método sostiene que el que quiere comprender un texto tiene que estar en principio dispuesto a dejarse decir a lg o p or él, tiene que mostrarse receptivo d esde e l principio hacia la alteridad del texto, q u e su pone una matiz ada i ncorporación de las pro pias 22 Cf. G ADA MER, H.G: El giro h ermenéutico ; p. 61. Hemos parafr aseado las ideas que expon e acerca de la deliberación sobre e l comprender (V erstehe n). 36 opiniones previas y p rejuicios. Lo que importa es hacerse cargo d e las propias anticipaciones, con el fin de que e l te xto mismo pued a presentarse en su alteridad y o btener así la posibilidad de confrontar su verdad objetiv a con las propias opiniones previas del intérprete 23 . En correspondencia con e sa tesis de Gada mer , y en relac i ón al conflicto de las interpretaciones que deriva de é l, Ricoeur sostiene 24 que “e n cuanto a lo que quiere d ecir el sí mbolo, ya n o es una l ingüística e structural la que puede enseñarlo; en el movimiento de ida y vuelta e ntre e l análisis y la síntesis, la vuelta no es equivalente a la id, en el sentido de que el lenguaje expresa algo, dice algo… Quizás sea la emergencia de la expresividad lo que constitu y e la maravilla del lenguaje. (...) Pero hay un misterio del lenguaje. El lenguaje dice, dice algo, d ice algo del ser . S i hay un enigma del símbolo, reside en su totalidad en el plano de la man i festación, donde la equivocidad del se r se dice en la del discurso" 25 . Y p ropone: “La tarea de la f il osofía a partir de aquí ¿no es acaso la de abrir sin ces ar , hacia el ser dicho, ese discurso que, po r necesidad de método, la lingüística no cesa de clausurar?" 26 . Podemos apreciar en la cita precedente una prop uesta que no es ajena a la idea de las anticip aciones de Gadamer . T am bi én para Ricoeur se trata d e hallar las condiciones que ase guren la comprensión p ara hacer que el te x to diga lo que tenga que de cir . En este sentido, las hipótesis que presentamos deben ser en tendid as no como intentos de e x plicación , sino como modos diferentes de compresión del sentido d e l os textos, modos d e penetrar en su sentido. En cuanto a las disciplinas de e studio involucradas, e stamos f r ente a un 23 Cf. GADAMER, H. G : V er dad y M étodo. Funda mentos de una hermenéutica filosófica ; Ed. Sígueme, Salamanca 1993, pp. 335 -336 y 33, 44 y 49 , sobre los prejuicios como cond ición de la co mprensión. 24 Sígase este hilo en Cf. RICOEUR, P: E l conflicto de las interpreta ciones , en pp. 61 - 74, 165 -180 y 21 5- 244. 25 RICOEUR, P: El conflicto de las i nterpretaciones, pp. 73 - 74 26 IBID. 37 estudio tra nsdisciplinar , en el c ual s e i nterceptan diversos campos temáticos qu e conf ig uran un ta miz d e producción de sentidos, al cual nos a cercamos a través de la hermené utica, apoyada por di versas ciencias. Básicamente son tres los grandes componentes temáticos que se cruz an y q ue podem os representar gráficamente en el siguiente esquema: HERMENÉUTICA Esos componentes se articulan e interceptan en la hermenéutica a través de diferentes niveles de lectura. 3. Niv eles de lectura e interpretación El primer nivel de lectura permite presentir una constelación de ca t egorí as que van configura ndo el sig nificado relacional inter e intra -textual. E st as categorías fun cio nan a manera de h ip ótesis al definirlas en relación a un contexto histórico determinado. Constituy e un nivel pre -discursivo en los límites del signo. Con ello se obtienen dos herramientas interpretativas: las categorí as predeterminadas y las ca t egorías p resentidas 27 . Dos ca t egorías que se a lej an entre sí a partir de la significació n asignada a las predeterminadas y a l as pre- sentidas. Lo anterior supone e l segundo momento de lectura de l a interpretación - comprensión. Un nivel en el que las categorías presentidas deben interpretarse 27 Estas cate gorías no son d iferentes en términos nominales, sino ope rativos, ya qu e las pr esentidas difier en de las predeterm inadas solo en cuanto, en éstas se acota el sentido teóri co -metodológicamente. LITERA TURA HISTORIA POLÍTICA 38 a la luz de sus conte x tos de significación, para contar con un marco semán tic o de cada una, que n os permita luego estab l ecer comp araci ones inter - categoriales. Para ello se desarrollan los refe rentes en los capítulos tres y cuatro. Las ca t egorías predeterminadas son de do s clases: categorías temá ticas (CT) y de relación o mediación (CR). Entre las primer as (CT) est arían las sig uientes : N ación, ciudadano , sociedad, pueblo, ley , libe rtad, soberan í a, Estado, lengua, trad ic ión, cultura, gobierno, territorio, civ ilización, orden, progreso, Dios , razón, etnia, dirig entes, entre otras. Entre las segundas (CR) estarían las siguientes: acuerdo, co nsenso, disenso, desacuerdo, olv ido, negación, negociación, enriquecimiento, continuidad, discontinuidad, enriquecimiento, utopía, ausencia, presencia. El te rcer nivel d e lectura corresponde a l nivel de la f rase y el párrafo y al nivel textual del poema, en cuanto totalidad. Para d ar cuenta de la co mp r ensión de las categorí as prese ntidas (CP), se trabajan en el marco semántico contextual a través del cual se accede al significado relativo al conte x to de cada categoría: El conte x to textual de la palab ra es e l que nos informa dó nd e está ubicada en e l texto y a qué e stá aso cia da. Si bien, las contextuales son extraordinariamente variadas pudiendo hablar de u n c ontex to histórico (social, político, económico); c ontexto teórico litera rio-filosófico; conte x to biográf ic o; contexto cultural (m it os, símbolos, creencias, costumb res); c ontexto de l lector , entre otros. Una v ez situ adas meto dológicamente la s categorías p resentidas, se comparan con las categ orías temática s (CT) y las d e relación (CR) , y de esta comparación se van obten i endo las signi ficaciones y sentidos de las m etáforas, lo que entendemos como frases signi ficativas. Cuarto nivel. Luego las f rases se in terrelacionan e interpretan para establecer la relación de lo p articular con la visión general y reconstruir e l discurso que se va ar ticula a lo largo de sus te x tos y se pasa al análisis del 39 mismo y su comprensión -re flexión filosófica, es el nivel poético -dial ógico. Es, pue s , un proceso de cuatro momentos de lectura q ue supone ir de lo particular a la totalida d y de la totalidad a lo pa rticul ar desde categorí as de sde las que se establece un diálogo con los tex tos que permiten aprox imaciones sucesivas de ascenso y descenso, consenso y disenso co n el t exto. Cada texto se entende rá como u nidad de actos de comunicación, objetivados en textos e scritos eminentes, a través de los cuales se escucha una constelación de voces, en relaciones d iv ersas: d e con s enso, d isenso, negociación o negació n , con u na o varias tradiciones, y a cuy a comprensión de su sen ti do se a cceder á a través de la estrategia de preguntar a lo s textos. Se trata de establece r un diálogo con el texto so bre su relación con cada una de las categorías preestablecidas y sus horiz on tes de sentido . De dicho diálo go se de t erminará el sentido de cada categorí a y la tesitura discursiva que se edifica a través de ella, lo que da paso al te rcer nivel de lectura interpretativa de los textos como totalidad en la comunidad de contextos h istóricos en los que se sitúa. Lo que se ha d e nominado: d iálogo intertextual; como horiz ontes d e lectura y comprensión de dichos tex tos. D. Importancia del estudio El e st udio responde a la necesidad de crear herramientas idóneas d esde las posibilidades d e la hermenéutica que nos p er mitan compren der los universos p oéticos como universos de pe n samiento y reflexión crítica de la realidad. En nuestro ca so, interpretar y comp re nder los textos p oéticos salvadoreños, a f in de con trib uir a descubrir el sen tido y signif ic ado del ser nacional salvadoreño. Es decir , comprender su s d i namismos, de modo que podamos, a través del estud io d e dichos textos, encontrar pautas para orientar nuestra realidad actual y futura. Es importante también porq ue constituye el ejercicio de un d erecho y la legítima esp era nza de los pueblos a e ncont rar en sus discursos literarios un modo de a cceso a la realidad. Una significación que no es posible encontrar en los d iscursos privilegiados por los m odelos de las ciencias, que únicamente 40 consideran a los d isc ursos e x plicativos como modos de saber válidos. Una actitud, por tanto, que oculta y con dena a desconocer los diferentes mo dos en la que la realidad se nos da. Consideramos que e s necesario co ntar c o n esfuerz os encaminados a crear instrumen t os que pe r mitan la ref lex ión f ilos ófica del lenguaje p oético. Se sientan de este modo las bases pa ra u na comprensión d e la lógica del sentimiento que muestre la capacidad d e los d iscursos marginales y marginados y sus m ecanismos para expresar lo real. T ambién a través de estos discursos poético s, h abitualmente despre ciados como objeto de estudio científico, podemos ahondar en las formas de discurso aceptadas y dominantes: T al como lo han experimentado los grandes a rtistas y sus mejores intérpretes, el arte tiene como referencia la infinitud metaf ísica, el lado oculto d e la realidad 28 . E. A l cance y limitac iones de la inv estigación El alcance de la investigación está en f unción de los result ados y limitaciones de la misma. S e espera que los resultados puedan s er u tiliz ados como clave para comprender las dimensiones y dinámicas históricas d el hecho nacional, el i deario d e ciudadanía, el referente filosó fico, político, ideo lógico y su g rado de correspondencia y coh er encia c on la realidad, los sujetos a us entes y la construcción d el dicho ideario. Permiti rá, por med io de la reflex ión d e los textos seleccio nados, la comprensión de los proce s os n aci onales vividos, y configurados en térmi nos históricos y e l tipo de relación con los procesos y discursos actuales. En cuanto a los límites, uno de los primeros es el modelo de an álisis elegido, ya que ello siem pre es una m anera de limitar , es ya una con dición de lectura que se impone a los textos y que restringe de antemano la reconstrucción del discurso co ntenido en ellos. T a mbién la prop i a naturaleza de 28 Cf. BEUCHOT , M : T ratado de hermenéu tica analógica. Hacia un nuevo m odelo de interpretac ión , Ed. Ítaca, Universidad Nac ional Autónoma de México, 2000(2), p . 98. 41 los textos poéticos y su len gu aje impone su s límites. Al f in al cabo no estamos ante tratados de filosofí a política. T oda elección de un j uicio histórico lite rario de las fu entes o cor pus de análisis e s otro componente que afecta, un m arco que de be ser considerado a la hora d e responder por el resu ltado. La r educción del análisis a un enfoque es determinante, así como la delimitación a unas categorías con struidas desde un primer nivel de lectura es otro condicionante limitador . Pese a que la metodología int enta mant ener un diálo g o o conversación c on los textos y con contextos, y dejar f l uir nu evos e le mentos en el diálogo, e l d eli mitarlo con categorías no implica el que se presenten en el cam ino dificultades de carácter objetivo, por las limitaciones m ismas que encier ra toda redu c ción teórico - metodológica, p or mucho que se haya elegido po r considerarse idó nea al objeto de la investig ación y los objetivos de la m isma. Los te x tos a estudiar son una selección de la obra de Gavidia en d onde trata los tema s analiz ado en la presente investigación. Por último, la dificultad d el a cces o a f uentes de info r mación complementarias d el con texto y en a lg unos casos l a a usencia d e las mismas las cuales abonarían a la riquez a de la comprensión, resulta o tra limitación de la investigación. 48 hermenéutica. Nos tenemos que plantea r cómo se conjugan la explicación con la comprensión” 39 . T al como defiende Gadamer , uno de los grandes o bstáculos que la razón hermenéutica t uvo que superar f ue la desvinculación entre le nguaje y se r . T al divorcio m antuv o al margen de l p anteón d e los saberes al lenguaje y a sus productos. Es d ecir , determinó la exclusión del lengu aje del mundo del saber . Dicha actitud fue resultado de la idea instrumental con que se caracterizó la relación lenguaje-ser , sostenida, por ejemplo, en el Crátilo de Platón . Dicha postura platónica actúo en contra de la valoración de la tradición expresada lingüísticamente; l a cual con s tituy e el objeto p re ferente d e l a comprensión que Gadame r reclama y que define como de naturaleza lingüística: “La relación esencial e ntre lingüisticidad y comprensión se muestra para empe z ar e n el hecho d e que la esencia de la tradición consiste en existir en el m edio del leng uaje, de manera que el o bjeto prefe r ente de la in terpretación es de naturaleza lingüística” 40 . He aquí el punto neurálg ico de este periplo hermenéutico, del cual describiremos sucintamente su historia e i mplicaciones, lo que nos conectar á con otras rup t uras. Debemos mitigar , pues, por los efectos del olvido del lenguaje que promovió Platón y supe rar dicho planteamiento. Este camino muestra las rutas desde l as cuales se configuraron los nuevos principi os que co nstituy eron lo que Agís Villaverde co nsidera el “gran avance” de la hermenéutica; pues estableció las ba s es de lo que califica “como la segunda n avegación para la hermenéutica” 41 , la cual será p rotagoniz ada por la rev olución rom ántic a, cuya do ctrina de la co mprensión s urge como u na de sus mayores contribuciones. Dicha revolución, diseñó los raíles sobre los que echaron a rodar los ca mbios su st antivos para el de s arrollo d e la hermenéutica 39 MARDONES, J. M: “ La dialé ctica explicación compren sión”, en Ortiz Osés, A. et al. (ed s.): Diccionario interdisciplinar de he rmenéutica , p . 469 . 40 GADAMER, H.G: V erdad y Méto do , p. 473. 41 “Con el romanticismo comienza la segunda na vegación para la herm enéutica, siendo la do ctrina de la c omprensión una de las mayo res aportaciones de esta etapa”. AGÍS VILLA VERDE, M : “Lenguaj e, Pensam iento e Identidad: La visión Romántica ” , en Ide ntidad y Cultur a. Reflexiones desde la filosofía , Servicio de Publicacion es de la Universidad de La Cor uña 1998, pp.158 - 159. 49 actual. Uno de esos raíles lo constituyó e l nuevo posicionamiento que experimentó a quélla en manos de Sch lei ermacher , cuyo proyecto herm e néutico se rea liz a saltando desde un quehacer artesano y p rocedimiento técnico de la interpretación, a un ar te de la comprensión general. Una f or mulación que fue recibida por Dilthey quien, como veremos, la convierte en una metodología de fundamentación del nuevo estatuto epistemológico d e las ciencias d el espíritu. Nos detendremos e n f iguras relevantes del romanticismo alemán, así como en Dilthey o en la fenomenología d e Husserl, a la que Ricoeur refier e como: “la joven plan ta sobre la cual se podrá injertar el brote hermenéutico” 42 . Lu ego visitaremo s la ruta ina ugurada por Heide g ger , cuyo giro o ntológico es bautizado por Ricoeur como la “ví a corta” de la f undamentaci ón hermenéutica actual. Y de allí, seguimos h asta alcanzar su condición a c tual , en la que e s posible encontrar u na vía hermenéutica d e acceso a la realidad. B. Del peripl o d e la hermenéutica y su lugar en la mod ernidad ¿Qué dio de sí la modernidad? Queremos rastrear e l modo de saber que se desgaja de la Ilustración y produce la raz ón mo derna. Para ello no s vamos a situar e n el mirador del siglo X VIII como punto focal. Esta es la matriz que nutre el acontecer de un nuevo m odo de saber . Lo que ocurre irónicamente de s de su dinámica de desbo rd amiento de la certez a abso lu ta que deviene en el desencanto relativista poste rior . Este topos de grandes cambios, se expresa en la búsqueda que incardina en el movimiento cultural d e la Ilustración , que supedita to do sa ber a la funcionalidad instrumental d e la razón. Pe ro se trata de la razón de un sujeto libre que , p aradójicamente, reclama la auto -fundació n de sí. Así pues, lo que se gesta en la m odernid ad res ulta el preámb ulo de nuestro objeto de interés: la hermenéutica f ilosó fica. Un punto central del espíritu de esta é poca es el descubrimiento del sujeto libre y de la razón crítica. Sabemos que esa actitud de devenir sujeto libre d efinido por la razón se 42 RICOEUR, P: El conflicto de las i nterpretaciones , p.1 1. 50 consolidada con Kant, padre también d e un sujeto trascendental o sujeto de conocimiento que ú nic amente se somete a l “tribunal de la razón”. Se trata de l a promesa de u n ser que es se ñor de las co sas y de sí mismo. La libertad en todos los á mbitos es la promesa de los tiempo s, p ero ésta no llega a ocurrir: la vida concreta, la práct i ca, parece no confirmarlo. L os proyectos d e la razón n o se corresponden con los re sultados. La libertad no se expande a todos los ámbitos y la razón no parece ser el bare mo de la acción. Ubicados en esta encrucijada, asistiremos a una serie de c ambios que antecedieron e impulsaron el emerger d e una hermenéut ica orientada hacia otro pue r to pues, como sostiene Romo Feito, entende r la tarea d e la hermenéutica como proble ma teórico que se interroga po r cómo llevar a ca bo una actividad semejante no ocurrió d e inmediato. Hub o qu e esperar varios siglos para que e sta concien ci a teórica tom as e fo rm a, tanto en el ámbito filosófico como jurídic o 43 . Idea que clarifica el caráct er hermené utico de la actividad filosófica, de la cual no es consciente hasta que despierta y se embarca en la autocrítica de su propio itinerario racional y pue d e experimentarse libre de las ataduras de una razón o mnímoda. “La sensibilidad y el tie mpo -como señala J. Gavilán- han d e estar sometidos a las imposiciones de la razón, al reino de lo ne c esario y de lo eterno. Y precisa mente p or haber renunciado a la parcialidad de los sentimientos, de las pasiones y de las creencias, por haber som etido la sensibilidad a los conceptos necesarios del entendimiento, la razón ya no tiene fuerzas p ara emprender nuevas a v enturas ni para enfrentar a la realidad que la reclama, sino que solo s e complace en mirarse a sí misma” 44 . Para superar tal escollo fueron ne ces arias una serie de rupturas. Sobre la filosofía como actividad he rmen éutica, Sánchez Meca sostiene que la justa estimación de la histori cidad de la filosofía no ha sido p osible antes del “giro lingüístico” del p e nsamiento contemporáneo, que es e l nuevo ho r iz onte que ha permitido una comp re nsión de la historicidad y de la activ idad f ilo sófica. Hecho que no había sido posible con la concepción o ntológica logocéntrica, que 43 Cf. ROMO FEITO, R. F: Herm enéutica, Inter pretación, Literatura , Ed. Anthropos, Barcelona 2007, p .13. 44 GA VILÁN, J: El Olvido del Logos , Ed. PIC, Universidad de M álaga, 1997, p. 85. 51 “entiende la ve rda d como visualización de la presencia y como adecuación entre mente y cosa. Pues se absolutiza la verdad haciéndola única, y lo más que podía hacerse en torno a ella era enriq uecerla acumulativamente.” 45 Asistimos, pues, a uno de los más grandes giros an tropológicos, concebido en l as entrañas de la I lus tración, cuando derivado de las m is mas paradoja del d escubrimiento del sujeto libre y la raz ón crí tica, el sujeto se descubre ante la situación d e su imposibilidad de se r infinito, de verse atado a una cadu ci dad, temporal, a no poder lograr la armonía entre su subjetividad y su mundo concreto, a sentirse a trav esado mortalmen te p or u na dualidad que lo escinde y despedaza. Este complejo proceso se sitúa entre los siglos XVIII y XIX, vientre que acoge las simien te par a dar a luz un cambio de conciencia, la de l sí m ismo, que viene gestándose por fuentes diversas y que en contrará su placenta nutricia en las promesas no cumplidas de la Ilustración. A ellas intentará resp onder Kant, pero quien lejos de res olverlas, introduce otras n uevas. Co n lo que radicaliz a la experiencia de escisión e ntre nuestro ser y nuestro mundo objeti vo. De esta forma, el desencanto p or la promesa ilustrada se man tiene en pie, pues no se visl umbra la ampliación d el campo de acción de l a libertad, la cua l, co mo hemos indicado, no se había extendido a to dos los ámbitos de la realida d humana. T al modo de con ceb ir el sabe r , se con fió a la razón, y dio a esa funcionalidad carácter to tal. Pese a lo cual no hubo e ncuentro con lo infinito y perfecto, s olo un callejón sin salida e n el pensamiento occidenta l . L legad o el siglo XVIII, el pode r de la razón n os deslumbró co n su mismo poder , e l de ser crítica de sí misma. Al respecto, Juan Gav ilán en su libro El o lvid o del logos nos lo dice de una manera cristalina: “Desde el principio se nos reclamaba para atender a la v oz d el Lo gos y se confiaba que solo con la palabra se podí a alcanzar la verdad. Desde entonces hasta el siglo XI X, toda la historia d el pensamiento se ha visto dominada por la necesidad de recurrir a sus verdades eternas, absolutas, fuente de toda racionalidad y única esperanza de 45 SÁNCHEZ M ECA, D: Historia de la Filosofía com o Hermenéu tica , Universidad Nacional de Educaci ón a Distancia, Madrid, 1996, pp. 9-21 y 125. 52 mantenernos al resguardo de las opiniones y de las apariencias” 46 . El ansia existencial de sa ber p ara ser y la afirma ción de un saber en el que se pueda con fiar colocaron a Occidente en la situación que Ka nt denomina crítica de la ra z ón pura : “(…) el campo de la v erdad (pa l abra fascinante), rod ead o de un amplio y turbulento océano, lugar pro pio de la ilusión, donde muchos bancos de niebla y muchos bloques de h ielo a punto de derretirse ofrecen el engaño de nuevas tierras, y al m ismo tiempo que seducen a l marinero con vanas esperanzas de descubrimientos fantásticos, aquí y allí, le c omprometen e n una loca av entura de la que no puede re troceder ja más ni puede llevarla a feliz término” 47 . La aventura del saber occide ntal, para su gloria y su desd ic ha, o rie ntó su modelo de conocimiento por un e strec ho camino. El riesgo de no contar co n certezas absolutas resultaba inaceptable en el horizonte occidental, por ello asirse a la ilusión de q ue era posible llegar a la verdad de una vez para siempre resultó un poderoso desafío. Pero toda fo r ma d e conocimiento y tod a tradición son recibidas p or un ser libre , por lo que pueden ser leídas e interpretadas de formas diferentes, moduladas subjetiv amen t e en contextos di ferentes. La raz ón pondrá las b ases de su autocorrección al suponerse l ibre y crítica y se ab rirá a nuevas experiencias de l saber y de la concienc ia. En un primer m omento, campeará la bandera de la gnoseología, centrada en la pregunta sobre los méto dos correctos de l saber y avanzará ha cia la pregunta sobre las po si bilidades de c onocer . E sa tarea imbricada en el ombligo de la modernidad entrará en crisis y conducirá a un cambio de dirección que buscará una vuelta a los orígenes, al ámbito de lo v ital. Un ámbito qu e encuentr a expresión en la crea ción esté tic a, lugar donde se armonizan los opuestos escindidos, donde el hombre e ncuentr a la u ni dad del ví n culo roto bajo e l señorío de la razón absoluta. 46 GA VILÁN, J: El Olvido del Logos ., p. 1 1. 47 KANT , I: Critica de la Razón Pur a , cit. por MAESTRE, A: Prólogo en ERH ARD, J. B., FREIHERR VON MOSER, K. F . et al: ¿ Qué es Ilustr ación? , Ed. T ecnos, Mad rid 1989, p. 21. 53 En la creación e st ética, la subjetividad se encuentra a su gusto, o bserva Kant. A llí puede enseñorearse y apropiarse de la objetividad imponiéndole libremente sus reglas. Allí el hombre se reconcilia con su mundo. S urg e, entonces, e st e pujante esfuerzo por apuntalar e st e descubrimiento que se expresa en el genio creador que pone sus reglas a lo se nsible y no renun cia a ellas. Pero f ijado aún al modelo epistemológico dom inante, Kant “obliga a la estética a definirse en contraposición a l conocimiento y a la moral. Pese a ello, se abre una brecha” 48 . Se ha qu ebrado el orden raci onalista, no s dice Flamarique, y en es a quiebra se percibe la necesidad d e una nuev a concepción del hombre capaz de integrar su existencia individual con su mu nd o concreto histó rico -cu ltural. Entre su deseo y expectativa y sus acciones concretas 49 . El ansia de encontrar el pun to de articulación que sane la herida y restablezca el lazo roto entre el hombre y su mun do, entre el ser y la realida d ; se torna u na revolu ción q ue irrumpe en giros que d ev ienen u na nuev a conciencia. Ésta permitirá llevar a las disciplinas humanísticas a ocupar un lugar e n el Olimpo del saber , vedado hasta e ntonces, por no contar con un método que les permita ser reco noc idas como ciencias, en pie de i gualdad con las ciencias naturales. En e se momento una serie de rupturas darán paso a lo q ue Fla marique interpreta como mutaciones: “tres mutaciones que se prod uc en separadamente como tres modos de la misma ruptura: la que ob ra la modernidad en la toma de conciencia d el poder constitu y ente de la subj etividad y de la finitud del hombre (ser finito aspirante al infinito)” 50 . Este panorama permite atisbar e l camino que tuvo que desbroz ar la hermenéutica y hacia dónde la con dujo. U n nuev o itinerario al que Schleiermacher rea liz ará una aportación fundamental a l e stablec er las b ases epistemológicas de un a nueva disciplina d e la comprensión. Un afán 48 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 59. 49 Cf. FLAMARIQUE, L : Schle iermacher . La filosofía frente al enigma del hombr e , Ed. EUNSA, Pamplona, 1999, p. 20. 50 FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía fr ente al enigma d el hombre , p.22. 54 emancipador que, como dice Flamarique “la f ilosofía kantiana lleva a su plenitud y se expande a otros ámbitos científicos, h ace llev ar a un segundo plano el conoci miento de cosas, para darle p riori dad a las condiciones de posibilidad en que esas cosas se llegan a conocer , se d espierta el interés de la subjetividad como un nuevo campo temátic o”. “Se trat a – sigue diciendo esta autora u n poco más delante - de comprender al homb r e como autor y , con ello, la aparición de la subjetiv idad en la historia” 51 . Este nuevo horizonte d ará a luz al pensamiento romántico, insa tis fecho y rebelde, camino del qu e Schleiermacher será p arte sub s tancial y en el que identificará una carencia del saber her menéutico, por lo que decidirá iniciar su propio camino 52 . Obviamente no parte d e cero p orque ya la hermenéutica como técnica de int erpr etación de tex tos lleva un largo camino reco rrido. La interpretación de los textos sagrados, literarios o jurídicos, por citar tres ca s os, ha echado mano de ella y han cr eado una serie d e normas. Faltaba, sin embargo, que es a praxis herme n éutica, a plicada a diversos campos, dies e lugar a una disciplina general: esa va a ser la lab or fundamental de Schleiermacher . Ante s tendrían que producirse importantes rupturas que explican el surgimiento de la hermenéutica como disciplina científica. E st as rupturas constituyen procesos implicados que, como dice Lourdes Flama riq ue, son mutaciones que au nque se produce n separadamente, conf or man diferentes modos de la mis ma ruptura. No s acercaremos, pues, al ca mino trazado por dichas rupturas, p ara situar en ellas los a lcances y limitaciones de Schleiermacher y comprender la situación que nos lleva a Dilthey . 51 Op.Cit., p. 21. 52 En los Discursos sobre Her menéutica sostiene Sch leiermacher q ue tuvo que iniciar su propio ca mino porque en ningún lugar con staban los princi pios g enerales. A sí pues dice Schleiermach er , “tuve que andar mi propio camino. Así nacieron esta s investigac iones, pronto lecciones sobr e la h ermenéutica general. Apenas h abía terminado, cuando ap areció la enciclopedia filológica de Fullebo rn a partir de las l ecciones de Wolf; tampoco qu edé satisfecho, lo poco de herm enéutica que i ncluía estaba dir igido de modo especial a la s obras de la ant igüedad clásica”. SCHELEIERMACH ER F: Discur sos sobre hermenéu tica , Introduc ción y traducc ión de Lourdes F lamarique, EU NSA, Pamplona, 1999, p. 4 9. 55 1. La ruptura teológica 53 Responde a la crisis que suf re la teología cristi ana a raíz de la Reforma Luterana, que aboga p or una m ayor libertad para el cre yente a la ho ra de interpretar las Sagradas Escrituras. Antes de la Reforma Protestante de 1517, la Iglesia Ca tólica monopolizaba la lectu ra y guiaba la interpretación de los textos sagrados. Con tal a ctitud se trat aba de ser f iel a principios do gmátic os como los que suponían la concepc ión de u n sentido u nitari o de la Biblia. E s ta interpretación s e llevaba a cabo de s de la p r eceptiva del cuádrup l e se nti do de las Sagradas Escrituras establecida por la tradición medieval 54 . Con la Reforma protestante, se instaura una nueva interpretación d e carácter m ás libre en relación al canon establecido por la tradició n. La nueva línea de interpretación aboga por la libre lectura de la Biblia. Esta actitud encuentra un obstáculo: el hecho de q ue la interpretación arbitraria del lector desconoce la tradición dogmática de la recepción bíbli ca como horizonte de lectura. Esta situación g enerará m alestar y sospechas, lo que pronto se traduce en un enfrentamiento entre los teólogos reformistas y los tridentinos, quienes apelaban a l carácter ineludible de la tr adición. En este con flicto, los te ólogos reformistas tenían a la cabeza a Melan chthon y a Lute ro, ambos poseían una formación construida desde la tradición huma nista. Ellos s e p ro ponían legitimar la interpretación libre de las Escrituras, sin arriesg ar el sentido original de l os textos. Los argumentos e sg rimidos por los te ól ogos protestantes parten de un nuevo presupuesto, bautizado en latín como sui ipsius interpretes, que se consolida como principio d e la Reforma respecto a las sa gradas escrituras. Dicho presupuesto suponía que los textos mismos en su unidad proporcionaban el sensus literalis. Significa que el sentido univ oco es guiado por el conjunto, que a su vez guía la comp r ensión. L a razón esgrimida es que llevan de lo individual al todo y d e éste a lo particular . Este p rin cipio de la 53 Esta situación se encuentra muy bien estudiada y documentad a por Gadam er en V erdad y Método. En el capítulo: II, preliminares h istóricos, pp. 225 - 235. 54 Una sínte sis de esta cuestión la hallam os en el artícu lo X de l a Suma T eológica de T omás de Aquino: “S i un mismo texto de la sagrada es critura tiene varios s entidos”. TOMÁS DE AQUINO, Suma T e ologica, T omo I, Introducción Gener al, I,q.i.a.10., M adrid, Biblioteca de Autores Cr istianos, 1947, pp. 9 7 - 101. 56 relación circular , supone la comprensión de los textos de s de sí mism os. Carácter que ya estaba presente en la an tig ua retó rica gri ega como regla de composición y suponía comp ar ar la composición con un cue r po o rg ánico. El restablecimiento de esta idea instauró el a rgumento de que no hace falta la tradición para alcanzar una comprensión adecuada de las Escrituras, ni técnica interpretativa al estilo de la antigua doctrina del cuádruple. Con este vir aje, la in terpretación l ogra liberarse de un dogma que la restringí a. Pese a que aún s eguía atada a otros (como el de la presunción d e la Biblia como u ni dad, o el d e tomar como hilo conductor de la comprensión l a recién instaurada tradici ón protestante de l a fe ). Se a bría otro ca m in o q ue pronto co nducirí a hacia una n uev a concepción de la he r menéutica como órganon histórico. Una de ellas se continuarí a en el siglo XVIII gracias a los trabajos de Johann August E rnesti (17 07 -1781) y Johann Salomo Semler (1725-1791). Éstos lle gan a la conclusión de que e s nece s ario reconocer la diversidad de autores y épocas de producción de los tex tos bíblicos. Conclusión que ya no permite continuar con la idea de unidad dogmática del canon. Solo en esa medida se podrá acceder a una comprensión adecua da. Con los cambios descritos ocurría la segunda ruptura al int erior de la teología y como d ice Ga damer , quedaba liberada la interpretación respecto al dogma. Se planteaba, así, un nue v o trabajo y con ello se generalizaba la idea de totalidad. Ahora que s e había a ceptado el hecho d e que los escritos corresponden a diferentes autores y é pocas, era necesario considerar el contexto como parte de la totalidad que les con fiere s entido. La nueva labor consistía e n reunir f uentes históricas que, a su vez, en su calidad de textos, tení an que ser sometidas a una int erpr etación grama tical e histórica. Con e stas nuev as ideas, se reclamaba para los tex tos la restauración del vínculo h istórico en el que ellos habían visto la luz: u na resta uraci ón histórica del nexo vital. Este nuev o contexto histórico de las sagradas escrituras pasa a fo rmar parte de la “tota lida d”. Constituyendo así un todo nuevo a l que recurrir y que a su vez demandaba interpretación. 57 2. La ruptura filosófica: la Ilustración y la revolución romántica La ruptura filosófica es compleja pues sient a las bases de la revolución romántica, la cual a su vez engendra los cambios que da rá n paso a la fundación de la n ueva hermenéutica. S it uamos, pues, nuestro mirador en el movimiento filosófico romántico. El rom anticismo se desarrolla, paradójicamente, vinculado a la ilustración, pues se erig e desde ésta, pero contra de ella, y a q ue arremete contra el reinado de la razón como monarquía abso lut a d el saber . La discusión surge e n el coraz ón mismo de la ilustración, respecto al su p uesto de la liberación de toda li mitación. La libertad guiada por la razón f unda, a su vez, la validez del conocimiento en un sujeto f inito, heredero de los planteamientos racionalistas y empiristas respecto a la validez de l con ocimiento y la just ificación de la acción. Un panorama que es el f ermento e n el que se gestarán las ideas de Kant como respuestas a tal encrucijada del saber . De aquí e n a delant e se entra a un callejón d e aporías co n la aparición en escena del “sujeto de la razón”, situación que devendrá en las co ntr adicciones y aporías de la ilustración, que nutren el pensamiento moderno. É st as pa san a ser heredadas, como horizon te intelectual, por los románticos; y , como d ic e Maestre: “La insatisfacción ilustrada se convierte en apo ré tica con la modernidad, con la entrada del hombre, del sujeto com o categoría universal, en el p roces o de la m od ernidad que se inicia a finales del siglo XVIII (…). A partir de entonces, comienzan a surgir todas aquellas aporías derivadas de la en tra da del homb r e en escena como sujeto y objeto de saber (…) La aporética ilustrada se define, pues, antropológicamente, siendo Kant su primer propulsor y acaso más importante inspirador” 55 . Ante esta situación, Flam arique sostiene que la filosofía moderna se encontraba f re nte a una di fícil elecció n pues debía r enunciar o a l idea l de objetividad de los empiristas, o al engaño d e la libertad del sujet o . Por lo que la solución de Kant intenta sa lv ar las dos opciones al dar co n la subjet iv idad 55 MAESTRE, A: Prólogo en ERHA RD, J. B., FREIHERR VON MOSER, K. F . et al : ¿ Qué es Ilustr ación? , Ed. T ecnos, Madrid 1989, pp.12, 13 y 14. 64 y verdad. Es entonces cuando surge la idea de que la cosa se posee con l a palabra. Si se m antuv iera e sta línea de argumentación, la palabra estaría sob re el ca mino legítimo del cono ci miento. Pero no ocurre así, está vía de acce s o queda v edada. Llegar a ta l postura fue p osible, a juicio de Gadamer , debido a que en todo este contexto, sucede que hay un desconocimiento de base: el de ignorar que la verdad d e las cosas está puesta en e l hab l a. Desconocimiento qu e permite a Sócrates refutar los argumentos de Crátilo. Los que para Ga damer resultan muy reveladores en cuanto a la “verdad de las palabras, es d ecir a su capacidad de significar”. Por ello el argumen to que se establece concluye que “por ta nto el portador de la verdad, y conse c uentemente también de su contrario, no es la palab ra (…) sino e l logos” 65 . De tal su puest o, como ya dijimos, se llega a sostene r que “el pensa r puro recibe la primacía d elante del lenguaje” 66 . Con el razonamiento anterior como principio rect or se llega en el Crátilo a un “desplazamiento del conocimiento a la esfera inteligible, de manera que a partir de ese m omento tod a r eflexión sobre el lenguaje se monta no ya sobre el concepto de la im ag en (…) sin o sobre el de sig no”. 67 Idea que im pactó y determinó un nuevo rum bo en torno a la co n cepción del lenguaje, desde la cual el verdadero ser de b e b usc arse fu era de la palab ra o los nomb res , pues ellos no tiene acceso a la verdad. Con ello se pierde la unidad indisoluble e ntre pensamiento y lenguaje, tal como se encuentra en el fenómeno hermenéutico, como unidad de interpretación y comprensión. 68 De tal m odo se cierra un cam ino necesari o para aceptar que los productos del len guaj e pudieran se r v alorados como ví as de a cceso a la realidad. Para Gadamer , co n ta l co nc epción la f ilos ofía gri ega se obstinó en no percibir la relación ent re p alabra y cosa, ent re h ablar y pen s ar , “el motiv o es que el pensamiento tenía que d efenderse de la an gostura de la relación entre 65 GADAMER, H.G: V erdad y Méto do I, p. 495. 66 Cf. Op. Cit., p. 489. Véase la discusión resp ecto a la intención d e Platón en el Crátilo. 67 GADAMER, H.G: V erdad y Méto do I, p. 497. 68 Cf. Op. Cit., p. 483 65 palabra y co sa dentro de la que viv e el h ombre hablan t e” P or ello hu y en de la situación de inmersión natural e ingenua r e specto a la lingüisticidad y en l a huida cierran un camino. Al p erderse esa vía d el lenguaje al ser , Gadamer considera f undamental retornar a los griegos, para seguir la pista desde donde se inició. Desde e llo s se estableció la función objetiva de signi ficación en el primer plano, perspectiva desde la cual se pierde “la totalidad viva de l acontecer del lenguaje en su funció n originalmente creadora y reveladora de se ntido” 69 , a specto de suma importancia para una hermenéutica filosófica. En este enfoque, el lenguaje es reducid o a simple significación, idea vigente en el racionalismo y en la crítica del len guaje que encontramos en Locke y Be rkeley . Esta teorí a de los signos c onstituirá un puente, incluso con la teoría lingüística de lo s signos de la Edad Moderna, lo que se vislumbra “con la transformación del pensar del se r a la e sencia. A sí la palabra result a subordinada como si g no a la esencia pura” 70 . Pese a ello, aún no se dará a luz a una perspectiv a orgánica y originariamente inherente entre la len gua y el ser . Habrá que espe rar hast a siglo XIX , a la avanzada que vendrá d es de el f lanco de los románticos. Una cosecha cuy a tierra será preparada con las ideas de pensadores c omo G . Vico, y cuya semilla siembran autores del romanticismo alemán como J. G. Hamann, Herder y W . von H umboldt, para lue go ser cose c hada por Schleiermacher , como a continuación se expondrá. Podemos a preciar la riquez a d e los planteamientos que la generación romántica desarrolló y enfilaron a una conc epción del lenguaje que permitió entrar al recinto de las actividades humanas que pueden llevarnos al encuentro con el ser y por tanto co n la realidad. De ahí , a que los productos d el lenguaje sean considerad os en la discusió n sobre la validez de los saberes habrá p oc os pasos, y uno de ellos e s el que da rá S chleiermacher , quien reclamará pa ra su tarea Her menéutica una amplitud que la vuelve u n proyecto de carác ter 69 Cf. Op. Cit., p. 469. 70 CORETH E: E l problem a del lenguaje , en ORTIZ OSÉS, A. et al. (eds.): Diccionario int erdisciplinar de hermenéutica, p . 214. 66 universal. Por otro lad o, como v eremos má s adelante, se radicaliz ará el prob lema de la h istoricidad, mostrando lo problemático y f orzado de fu nd amentar la historicidad e n e l carácter de la comprensión. Ello supuso el intento que llev aría a int egrar los estud i os relacion ados a dichos recinto s , dentro d el campo científico, considerándolos una actividad que coloca rí a a la comprensión como el procedimiento por excelencia de las cien cias del espíritu. Discusión dominada por la idea de validar los saberes des de el baremo del método. Este paradigma cientí fico dio paso a un largo de bate sobre la competencia científica de la comprensión, frente al poder demostrado por el modelo e x plicativo d e las ciencias naturales. D ebate en el que las ideas Schleiermacher se ve n imbuidas, pero sin llegar directamente a d esarrollarse. Será Dilthe y quien presionado por el conte x to lo enca ra , con lo que llevará a su s ú lti mas consecuencias el problema de intentar destina r la hermenéutica como m etodol ogía ga rante d e l a validez del co nocimiento histórico. Según Lo urdes Flamariq ue, en ese contex to se ha ganado un nuevo horizonte, en cuanto se llega a la sustentación de que cono c er es fundamentalmente comprender , interpretar , de scubri r el sen tido que el sujeto individual (histórico, no t rascendental) necesariamente da a su acción. Premis a fundamental para que las ciencias del hombre encuentren su lugar convencidas de que la acción creadora es la acción vital h umana por excelencia. C. El camino de Schleiermacher . La aportación gigante de Schleiermacher f ructifica en el contexto del siglo XIX, ante sala de la hermenéutica contemporánea, pero las direc trices d e su pensamiento f il osófico son netamente románticas . Friedrich Schleierma ch er manifiesta e star desencantado por las carencias en que s e encuentra la hermenéutica en ese m omento. Se queja de que la trad ición que recibe no le permite encontrar lo que necesita para hacer su trabajo como teólogo y como filósofo romántico . Co n razón se le reconoce el mérito de ser el padre de la Hermenéutica como disciplina científica, pero ello no significa que haya pa rtid o 67 de cero. Marcelino Ag ís, en el trabajo sobre la hermenéutica romántica, señala que antes de Schleiermacher hay un camino iniciado por Vico, Melan chthon , Flacius, Lute ro y o tros autores romá nticos alema n es, quienes llevaron adelante una nu ev a concep ci ón del lenguaje, sin la cua l no serí a po sible el saltó hermenéutico. En el marco de esta nueva cu ltura es cuando a c ontece el gir o de la hermenéutica que estamos analizando, y condición que le p ermite pasar , de ser una m era técnica interpretativa, a un saber general de índole cognoscitivo. Un salto dialéctico a trav és de l cual la teoría de la interpretación en manos de una diversidad de intelectuales es reclamada para u n nuevo destino. En las man os de Schleiermacher veremos como la interpretación se iguala a la comprensión de t odo te x to cuy o s entido no sea inmediatamente evidente y de v enga un problema. Está a punto de nacer una disciplina que denominará Hermenéutica general. Schleiermacher provien e, al igual que otros compañe ros de su generación, del ámbito de la teología protestante. Su círculo familiar lo sumerge desde n iño en los amb ie ntes intelectuales y en las temá ticas del m omento, dominadas en lo tocante a la f ilosofía, por el racionalismo i lustrado y por lo que respecta al ámbito teol ógico, por el piet is mo. Em pujado por los nuev os vientos, comienza a def i nir sus inte res es intelectuales que decantan hacia nuevos derroteros y co mpañeros de viaje, quienes lo acercan a la f ilologí a. En ésta se sumerge y entra en contacto con la cultura griega clásica, en pa rt icular co n la obra de Platón a la que dedicará veinte años de traducción e interpr etación. Su juvent ud tran scurr e en los albores de un nuev o comien z o intelectual en el que se f r agua la revolución cultural que hemos descrito. Pe ro tan crítica y veloz que cu lmina rápidamente e n el desencanto de un callejón lleno de aporías. A esa época y a l g rupo d e d esencantados pertenece r á Schleiermacher . Su s do s grandes interlocuto res intelectuales serán primeramente Spinoza y Kan t. Lue go, el id ealismo a lemán, representado en las ideas de Hegel y Fichte, serán voces desde las que d isc utirá y af inar á sus ideas, a sumiendo una p osición clara de desacuerdos co n el idealismo representado por sus interlocutores. 68 En relación a Kant, se decantó desde m uy te mprano como u n seguidor crítico, con cuyas ideas e staría en constante diálo g o. Sobre to do en los tema s relacionados con la ética: la estructura y función d e las acciones, la naturaleza de la libertad, la responsabili dad, etc. Lourdes Fla mariq ue nos dice que Schleiermacher se mue stra convencido de que e l ser h uman o d ebe ser responsable de su s propias acciones, sobre las cuales debe apoy arse. Así que cuando completa, en Halle, la lectura d e las o br as de Kant, muy precoz mente toma posición, en sus primeros escritos, resp ecto de las ideas de aq uél: “En los primeros trabajos f ilosóficos que elabora se nota la importancia de la f il oso fía crítica, pero también su p arcial adhesión a algunas tesis clave s, tanto de la filosofía teórica como de la práctica. En e l criticismo kantiano reconoce planteamientos acordes con las inq uietudes de la época; pero el modo de abordarlas está dema siado marcado por e l racion alismo ilustr ado. El estu dio de los f ilós ofos griegos co ntribuye decisiva m ente a la distancia que mantiene con las escuelas filo sóficas del momento” 71 . Su interés por la ética lo mantiene atento al estu di o de la filosofía práctica kantiana que, s egún Flama riq ue, le sir ve para per filar los concepto s fundamentales de la m oral. Sch leie rm acher , dos dice esta autora, “rechaza tanto la f undamentaci ón meramente intelig ible de la libertad y del d eber , como el desprecio del inst i nto y el impulso en la determinación de la acción que caracterizan la ética crí tica” 72 . “Über d ie Freiheit des M enschen” y “Über den W ert des Lebens”, so n trabajos en los q ue concreta su estudio crítico co n los interlocutores de l a época en torno a la ética y la libertad. En ellos aborda el tema p re ferido que irá rodeando durante todos sus trabajos, y que dibujarán la impronta de su pensamiento, a saber , el de la búsqueda de los ví nculos roto s e ntre el se r y el mundo, en tre razón y acción. En estos primeros trabajos se perfila ya la condición intel ectual que marcará su f iloso fía y , por tanto, el sentido de s u actividad hermenéutica. En dichos trab aj os, nos dice Flamarique, destaca el 71 FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía frente al enigma del hombre, 1999, p. 27. 72 Op. Cit. pp. 27- 28. 69 anhelo por una ética capaz de as egurar la plenitud que todo ser hu mano busca a través de la acción. Con su entrada al círculo romántico, Schleiermacher encuentra el m aterial intelectual y la atmó s fera para ahondar en e l mundo de la sub je tividad y en una racionalidad que, a diferencia del pensamiento anterior , da paso a la unidad entre razón y mundo concreto, un a razón que no se enajena de la historia y sus mutaciones. Sus ideas de vanguard ia resulta n provocativas, al salir publicados sus “Discursos” entran en conflicto con el círculo ilustrado de la época. Es difícil e ncasillarle en una corriente d e pen s amiento, ya que en su época pa só de ser considerado desde f ichteano a ser circu nscrito a l movimiento romántico y en o casiones ley eron sus ideas a l hilo de sus vaiv enes biográficos, como hizo Dilthey en la ob ra biog ráfica que le dedicó 73 . En todo caso, las ideas y el pensamiento de Schleiermacher escapan a l o uno y a lo otro. Su pensamiento, ri co, variado, controvertido y comprometido con la vida, puede, desde a lg unos ángulos, considerarse un vitalismo que aspira a la realización p lena del e spíri tu humano a través de la unidad del sujeto desgarrado. Pa ra este f in, el diálogo, y la superación del malentendido operan como caminos de la recuperación del ví nculo perdido. Así pues, este teólo go, traductor , filólogo y filósofo, pertenece a l a generación de intelectuales de la Universi dad de Jena, que lueg o pasan a formar parte de los fundadores de la U niversidad de Berlín. En su conjunt o pertenece a la generación que viv e entre el siglo XVIII y XIX y que Lo ur des Flamarique califica “de una densidad filosófica inigualable a ningún otro momento de nuestra h istoria” 74 . L o importante de esta afirmación es qu e lo sitúa en una ép oca portentosa para la incubación de i deas revoluciona rias y , por tanto, cargada de p robl emas. Entre ellos, el del restableci miento de la armonía entre el hombre y su mundo. En el ámbito de las ideas, hemos asistido a un espectacular m ovimiento intelectual. El sueño m eta físico se ha derrumbado, pese a ello perv ive en la s 73 DIL THEY , W: Leben Schleiermachers , Berlín 1870. 74 FLAMARIQUE, L: Schleiermacher . La filosofía frente al enigma del hombre , p.13. 70 ideas de la ilustración y en el mismo Kant. Flamarique nos dice r especto a todo este acontecer que “ l a m odernidad social (…) signif ica la pérdida de formas de vida y tr adiciones co nsideradas h asta e nton ces co mo naturales . Lo que en e l pasado e ra adoptado sin m ediación alguna, ahora se experimenta como extraño y distante (…) La ta rea pendiente es superar la extrañeza me di ante el conocimiento de las condiciones d e la creación de e sta segunda natu ral eza o cultura; solo entonces será posible una a r monía del hombre con el mundo histórico no de modo natural o inconsciente como en el m undo antiguo, sino con la plena consciencia que culmina en el reconoci miento de sí mismo” 75 . Se accede a la conciencia de esta r f r ente a u n m undo ob servable, en el que se expresa e l hombre. Allí se encuentran los signos d e su ser . De este modo, para la nueva generación l a tarea es comprenderlo desde sus formas de ser o manifestarse objetivamente la humanidad. Para esta intelectua lid ad el individuo histórico es el individuo concretizado, o bjetivo . Precisamente, en función d el interés que aquí n os ocupa es fun d amental comprender este contexto neurálgico. Él reclama una nueva visión y f unción d e la historia, de la tradición histó rica, la cultura, la f ilolo gí a, aguas que confluyen en la nueva hermenéutica 76 . La posición de Schleiermacher se sustenta en una fórmula que articula hermenéutica, dialéctica y é tica. Dichos c ampos fo r man u n entramado e n el que la hermenéutica, pensada como t eoría g eneral de la comprensión, se constituye en fuente de acceso de todo p roc eso de exterioriz ación text ual . En tal estructura, la dialéctica tiene como función el estatuto v eritativo de las condiciones de validez de toda interpretación, proceso por el cual el ha bl a regresa al pensamiento que la origina. En este sentido, trata de la unidad entre el ser como ámbito de lo general y el pe nsa r como ámbito de lo particular . La ética, por su parte, se ha ce cargo tanto d e la ind iv idualidad y de su devenir , 75 Op. Cit., p. 20. 76 La gener ación rom ántica comparte la idea de que en cada uno de los prod uctos de la creativi dad hu mana se refleja com o en un espejo el movimiento de produci r (crear) , en su pura actividad. T odo se somete a la pregunta de las condic iones que ha cen po sible su comprensión. Compr ender s erá un denominad or común en toda s las ciencias. La exposición de la ver dadera natu raleza de la realidad o mundo reclama la adecua ción de un m étodo para lo que habían sido disciplinas menores, qu e más qu e nunca son demand as y aspiran a un m odelo cognos citivo que reúna las car acterísticas de seables par a tod o auténtico méto do moder no. A saber , que reproduzca al conocer el obrar o producirse de sus objetos. Cf. FL AMA RIQUE, L: Schleier macher . La filosofía frente al enigma del h ombre , pp. 20 - 24. 71 como de lo que acontece e n la comunidad y en sus creaciones y producciones, a través de las acciones libres. La hermenéutica soporta el p roceso di námico entre étic a y dialéctica y trabaja en función de los intereses de ambas, ya que su razón de ser atiende a ambos f ines articulándolos. Por un la do, pr etende dar cuenta de l a individualidad de la razón que se expresa, por otro a spira a una generalidad esencial del conocimiento y a su expresión, l a cual se abre de modo primo r dial a la comunicación. Esto supone una a spiraci ón a la un iv ersaliz ació n del sentido y d esde una comprensión d e lo universal. Proceso f und ado desde un a unidad interpretante. Desde e sta óptica, Schleiermacher se ubica en otra pers pectiv a en relación co n las fo r mas tradicionales de com prender la int er pretación. Se imbrica en un contexto epistemológico de búsqueda de legalización del e st atuto de las ciencias de la cultura. Por otro, como parte de ellas, la f il ología y las formas de interpretación dominante s están resultando insuficientes f rente a las exig encias del modo de saber validado en ese co ntexto, así como de lo s nuevos retos y necesidades e intereses intelectuales que se ciernen. Al respecto de la situación de la h ermenéutica en su ép oca, en los Discursos d e Herm enéutica , Schleiermacher realiza un análisis de l a m is ma, en diálogo con los f ilól ogos ponderados de su épo c a Ast y W ol f. En tal discusión, expone los argumentos que legitiman su p osición. Su premisa es la identificación de diversas fo r mas u tiliz adas para hacer las cosas y sitúa en una de ellas la interpretación como un quehacer artístico en el sentido propio de la palabra, en la medida e n que con esa expresión resume toda comprensión d e un discurso extraño. 77 La hermenéutica será un “arte de la comprensión” encargado de comprender a l autor mejor de lo qu e él se ha comprendido. Una visi ón calif icada por Ricoeur como “crí tica y romántica” 78 . Schleiermacher e s consciente de que tie ne que reorientar el ca mino seguido por la vieja h ermenéutica y por sus pred ecesores m ás inme diatos . 77 Cf. SCHLEIERM ACHER, F: Los discursos de Hermenéu tica , p. 49 . 78 Cf. RICOEUR, P: “La tâ che de l’ herméneutique: en venant de Schleierm acher et de Dilthey ” en RICOEU R, P : Du texte à l’action –essa is d’hermén eutique II - , Ed. du Seuil, París 19 86. 72 “Cuando m e encontré en la sit uación de dictar leccio nes sobre interpretación – nos dice -, me di cuenta que no había más que una colección de reglas particulares que poco o na d a tenían de cie ntífico. La publicación de Wolf tan esperada igual me decepcionó” 79 . Al no sentirse satisfecho c on la tarea hermenéutica realizada, quiere asegurarle otro sitio. Para ello h ace dialogar la situ ación he r edada y los resultados alcanzados, con las nuevas perspectivas que él tiene en men t e. T odo lo se teje con el trasfondo de su con c epción f ilos ófica y t eológ ica. Cuyos reinos, lejos de pensarlos de f or ma separ ada, los v e implicado s recíproca y complementariamente. Sobre el estado de la teoría que sustenta la he r menéutica cita al m ismo Wolf, quien se queja de que la hermenéutica en teoría está poco desar rollada, pues solo evidencia unas investigaciones sobre e l significado de las p alabras, el sentido de las fras es, el c ontexto d el di scurso. Pero Schl eiermacher de ningún m odo q uiere a rriesgar la aplicabilidad de la teorí a, y prefiere liberar a l guía especu lativo, para quedarse con el más p ráctico. Esta idea deja entre ver su horiz onte y destino. Sostiene que la hermenéutica es el arte de encontrar , con una intuición ne c esaria, los pen s amientos de un escritor a partir de su exposición. De esto se desprende un a importante deducción: la h ermenéutic a no solo está versada en el campo clásico y tampoco es un órgano f ilológico para ese campo restringido, sino que se pract ica po r d oquier donde hay un escritor . Como vemos, va horadando e l camino a una visión general y a la ruptu ra del antiguo paradigma hermenéutico. Los principios hermenéuticos, según s u punto de vista, deben bastar también para to do ese dominio. En esa búsqued a Schleiermacher distingue dos conceptos f undamentales que serán la huella de su ap ort e. En primer lugar , el concepto de lo extraño que demanda ser comprendido. Claro que no h ay una extrañeza absoluta. Si f uera todo extraño o nada extraño, la h ermenéutica no te ndrí a con qué enlazar su trabajo. En el último caso el comprender se daría al mismo ti empo que el leer u oír y se comprendería to talmente por sí m ismo. Entonces, donde quiera que h aya algo 79 Cf. Op. Cit., pp. 52 - 53. 73 extraño en la expresión del pensar a través del d isc urso para quien lo pe rcibe , allí ha y u na tarea par a nue stra t eoría, siempre que h ay algo com ún e ntre el que p ercibe y e l hab la nte. Con esta co nc epción amplía la ta rea hermenéutica más allá de los escritos, la lleva a la co nv ersación y al discurso, percibido inmediatamente, hacia otros géneros del discurso, m ás allá de los límites establecidos por Wol f y Ast 80 . Para tal ta re a, se plantea otra: l a búsqueda de la te orí a que la fundamente y la dete rminación del ob jeto de estudio, lo cu al se d efine siempre que tengamos que percibir pensamientos o se rie s de ellos a través de p alabras. En ello inclu y e a l propio idioma, no solo a la lengua e x tranjera. Hay co sas extrañas para cu alquiera en l os pensamientos y expresiones d e otros y en las dos maneras de ex poner , oral o escrito” 81 . Como v emos, ha dado e l salto , e l giro hermenéutico se ha p r oducido. Para él, l o o r al y lo escrito son dos ap licaciones diferentes del m is mo arte en las que, en un caso, de st acan un os motivos mientras que otros quedan más atrás, y en el o tro sucede a la inversa. 82 Pe r o no se confo r ma, él quiere ir más allá y af irma que a mbas no están tan lejos entre sí. “Quiero aconsejar al intérprete d e obras escritas que practique diligentemente la interpretación de la c onversación má s significativa. Pues toda la e x presión viv a incita más allá de la conside ració n aislada de u n s olo escrito a comprender una se rie d e pensamientos, como un a c to que está en relación con otros muchos de distinto tipo. Precisamente este aspecto es el que en la ex plicación del escrit or mayoritariamente pasa a un segundo p la no (…), se descuida completamente” 83 . El otro conc epto fu ndamental sostenido por S chleier macher es el de comprender a un autor mejor de lo que él mismo puede ha cerlo. Está contenido en la aseveración: “Allí donde n os detiene lo extraño de l lenguaje, por supuesto 80 SCHLEIERMACHE R, F: Los dis cursos sobre herm enéutica , p. 63. 81 Op. Cit., pp. 63- 64. 82 Op. Cit., p. 65. 83 Op. Cit., p. 82. 80 equivale a la equiparación con e l autor . E ntendiendo equipa raci ón, no como identificación, sino a través de la conocida fó rmula d e “comprende r a un autor mejor de lo que é l mismo se h abrí a comprendido”. Una fórmula que desde entonces se ha repetido incesantemen te y cuyas interpretaciones cualifican todo lo que ha ido siendo la historia de la herme néutic a mode rn a. De h echo en ella se encierra el verdadero p robl ema de la naciente Hermenéutica. E n dicha fórmula sitúa Ga dame r lo importante del rendimiento teórico, p ues supone la cancelación de la diferencia entre el intérprete y el autor . Con e llo se legitima la equiparación de ambos, en cuanto que lo que tien e qu e ser comprendido n o es desde lueg o la autointerpretación reflexiv a del auto r sino s u intenci ón inconsciente. Otro elemento fu ndamental para analiz ar e l legado de Sch lei ermacher es la d etermi nación de la posición exacta en que se encuentran Schleiermacher y el ro manticismo. A l crear una hermenéutica universal fu erz a a la crítica, montada sobre la comprensión de las cosas, a renunciar al ámbito de la interpretación científica. Considera el texto con e ntera independencia de su contenido co g nitivo, como una producción libre del individuo y así se orienta según e l modelo estándar del lenguaje mismo. “El hab l ar del individuo – escribe Gadamer- rep res enta efectivamente un hacer libre y configurador , por mucho que sus posiciones estén rest ring idas por la escritura f ija de la lengua. El lenguaje es u n campo expresiv o, y su primacía en el campo de la hermenéutic a significa para Schleiermacher , que, como int érprete puede considerar sus textos como p uros f en ómenos d e la expresión, al m argen de sus pretensiones de verdad”. 95 He aquí la gran limita ción que Gadamer ve en la obra de Schleiermacher , quien nos ab re un camino y nos cierra otro. Hasta tal punto que la historia no es p ara él má s que un drama en e l que se va mostrando esta lib re creación. “Este dis frute re flexivo romántico de la historia aparece muy bien de scrito en un pasaje del diario de a q u él, para quien la histo ria será un m ilagro sag rado” 96 . Como vemos, su proyecto de una Hermenéutica universal aún no su pone 95 Op. Cit., pp. 250- 51. 96 Op. Cit., p. 252. 81 el pa so h aci a u n a comp r ensión universal de las ciencias d el espíritu. La comprensión a ú n no e s concebida como un método para b usc ar la verdad científica. E l giro p sico lógico que introduce Schleiermacher en la hermenéutica, sostiene Gadamer , tuv o la consecuencia de la cancelación de la auténtica dimensión histórica del fenómeno her menéutico 97 . T ampoco se instala del to do en una hermenéutica f ilosó fica, pero de j a an unciadas las condiciones y problemas. A juicio de Gadamer , su universaliz ación se encuentra aún limitada po r la ba rrera que le impone su procedencia de una hermenéutica de textos teológicos, “cuya a utor idad todaví a estaba en pie”, y n o de tex tos históricos cuya autoridad está por levantarse. Esto representa des de luego un paso importante en el desarroll o de la conciencia histórica, ya que permite liberar de todo interés dogmático a la comprensión y a la int erpretación, tanto de la Biblia como de la literatu ra de la antigüedad clásica. El inte rés que mueve a Schleiermacher era el del teólogo no e l del historiador: “Por eso su teoría he rm enéutica estaba muy lejos de una historiografía que pud iese servir d e órganon m etodológico a las ciencias d el espíritu. Su o bjetiv o era la recepción concreta d e te x tos, a lo cu al de bía servir también el aspecto más general de los nex os h istóricos . Esta e s la barrera de Schleiermacher que la concepción histórica del mundo no podía dejar en pie”. 98 Por otra pa rte, Schleiermacher e s quien logra obtener consecuencias sistemáticas de lo que la ruptu ra del lenguaje, rea liz ada por los románticos, puso al descubierto, a saber , que el habla en tanto que ma ni festación del pensamiento discursivo es un f enó meno univ e rsal 99 . E n tal sen ti do, no s dice Flamarique que “la hermenéutica d e Schleiermacher e s un programa que declara con vig or que el contenido cognoscitiv o, el sentido del discurso ( Rede ) es el único objeto de int erpretación. S u generalidad se f unda precisamente sobre esta limitación decisiva que implica en primer lugar , que e l sentido no se muestra por sí m ismo , pues todo acto de habla es expresión indi v idual y , en 97 Cf. Op. Cit., p. 471. 98 Op. Cit., p. 252. 99 Cf. Op. Cit., p. 241. 82 segundo lugar que la expresión en cierto modo e s típica como combinación de elementos lingüísticos al servicio del pensamien to” 100 El encarg ado de situar a la hermenéutica c omo fundamentación de las ciencias del espíri tu será Dilthey , erigiendo el c oncepto de com prensió n ( V e rstehen ) en la piedra angular de su labor epistemológica. D. La Hermenéutica como metodología de las cienci as del e spíritu : W . Dilthey En e ste punto conv iene situarnos e n el esc enario intel ectual q ue le tocó en suerte a nuestro personaje: el de la escuela histórica y la hermenéutica romántica y d esde allí preguntarnos: ¿cómo se conecta la escuela h istórica con la hermenéutica romántica?, ¿cuál es la herencia que recibe Dilthey?, y ¿hacia dónde se orienta con él la Hermenéutica ? Para responder a estas preguntas, e s necesario hacer un breve re corrido por la circunstancia de Dilthey y la preocupación que ocupará su pensamiento. Su p roy ecto filosófico y el papel reservado a la hermenéutica queda e x presado en l a siguiente cita de l aut or , que nos permitimos reproducir con cierta amplitud por su centralidad: “Nos enf rentamos ahora co n la cuestión de l conocimiento científico de la p ersonas ind iv iduales, e inclu so de las grandes formas de la existencia h umana singular e n general. ¿Es posib le un conocimiento tal, y qué medios poseemos para a lca nzarlo? Se trata de una cuestión del mayor alcance. Nuestro obrar p r esupone siempre la comprensión de o tr as p ers onas, una gran parte de la dicha humana brota de volv er a sentir estados anímicos a je nos; toda la ciencia filológica e históri ca descansa sobre el presupuesto de que esta comprensión posterior de lo singular puede ser elevada h asta la objetividad. La conciencia histórica edificada sobre ese presupuesto le h ace posible al hombre m o derno tener p resente d entro de sí todo 100 Cf. FLAMARIQU E, L: Schleiermach er . La filosofía frente al enigma del hombre , p. 240 83 el pasado de la h u manidad: por encima de todas las ba rreras de su propio tiempo, m ira hacia las culturas p asadas (…) Y au nque las ciencias sistemáticas d el e spíri tu de duz can de esta concepción objetiva d e lo singular relaciones un iversales legales y conexiones abarcantes, los p rocesos de co mprensión e int erpretación siguen siendo el fu ndamento para ellas. De ahí que estas cien cias, así como la historia, sean dependientes, p ar a su se guri dad, de si es posible e lev ar la comprensión d e lo singular a la validez universal. De este modo, en el pórtico de l as ciencias del espíritu nos encontramos y a con un proble ma qu e es propio de ellas, a diferen c ia de todo conocimiento de la naturalez a” 101 . La cita nos ubica en el problema que a Dilthey preocupa y anuncia el camino que seguirá, así como el destino que él e stá p ensa ndo para la hermenéutica: u n método legitimador de las cien cias d el espíritu. Y e s que Dilthey se siente impelido a dar respuest as a los problemas que e nfrenta su mundo. Pa ra él, las ciencias del esp í ritu constituyen la herramienta a tales problemas. Ergo es necesario replantearse el problema del conocimiento y el método científico, si se espera que desde aquellas p ueda darse respuesta a los problemas que agitan a la sociedad. Cu ando Dilthey ha c e ta les consideracione s en su Introducción a las Ciencias del Espíritu se han ope r ado cambios en la concepción de l saber . Uno de ellos e s el advenimiento de “la co nci encia histórica, qu e domina el d esarr ollo de las ciencias durante la segun da mitad d el siglo XI X, y desemboca en el fenómeno del historicismo. Éste surge con el de seo de explicar los f enómenos históricos a partir de sus causa s y co ndicionamientos, con lo que diluye el problema del conocimiento en una actitud relativista” 102 . Otro hecho concomitante de v iene de la situación de insolvencia de las opciones epistemológicas domina ntes, que han a rrastrado, a juicio de Dilthey , a un reduccionismo l a concepción de l hombre. Po r un lado, el positivismo ha ejercido sobre el saber u na sujeción al modelo de las ciencias n aturales . 101 DIL T HEY , W: Dos escritos sobre hermenéu tica: el surgim iento de la hermen éutica y los esbozos p ara una crítica de la razón histór ica, Ediciones Is tmo, Madrid, 200 0, prólogo y traducción, Anton io Gómez Ramos, p . 21. 102 Cf. GÓMEZ HERA S, J. M : La he rmenéutica de la vida en Dilthey y la fun damentación de una ‘crí tica de la razón histórica ’, en The mata. Revista de F ilosofía , Universidad de Sevilla, nº 1, 1984, p. 65. 84 Camino por el cual no se ha podido avanzar en la comprensión de la naturaleza humana y sus fo r mas de e x presión en la cultu ra . Por otro, e l idea lis mo trascendental y la escuela histórica también ha n mostrado s er u n camin o estéril dada la inca pacidad expuesta en dar cu enta de los problemas humanos a los que se enfrenta. Cercado por el idealismo y e l positivismo, D ilthey e mprenderá una tare a que su p one superarlos; para lo cual encuentra en la hermenéutica su aliada fundamental. En palabras de Eugenio Ima z, Dilthey “ve disolverse cada vez más rápido la po s tura filosófica del idealismo pos tkantiano, en el que h abí a encontrado su expresión la v isión romántica de la r ealidad, y la reacción que contra tal idealismo (…) llevaron a cabo en primer lugar Feue rbach y Mar x de un lado y Kierkegaard d el otro, y de sp ués el positivismo” 103 . En su opinión , el idealismo y del positiv ismo han fracasado por ser parciales, “p uesto que n o ofrecen una respuesta globa l al problema del conocimiento h u mano” 104 . En todo este proceso, Dilthey ob serv a la ausencia d e una teoría del conocimiento de la historia , i mprescindible para poder explicar la realidad humana. Una posición historicista que recogerá Ortega y Ga sset, al defen d er que “el hombre no tie ne nat u ra le za sino historia” 105 . Para Dilthey , el prime r asp ecto a cambiar d ebía ser el contenido de ese modo de conocer que se ha enquistado en e l conocer científico -ex perimenta l . Es decir , sustituir la ex periencia del modo de conocer objetos de las cien cias naturales, al modo de los objetos y e x periencia de las ciencias del espíritu: “Para él la e x periencia que han de abordar las ciencias d el espíritu es una realidad de concienci a” 106 . Esto que era considerado como un obstá c ulo epistemológico, y su pone un modelo qu e mantiene la polaridad entre el sujeto y el objeto de conocimiento; e s ahora pensado desde otro án g ulo. Es precisamente el hecho de ser histórico lo que le permite a l investigador p ode r 103 IMAZ, E: “Prólogo ”, en DIL TH EY , W: Obras Comp letas, vol. I, Fondo de Cultura Ec onómica, M éxico 1978 (2ª reimpres.), p . VII. 104 FERNÁNDEZ FONT , F : La fun damentación de las cienc ias del espíritu en Wilhelm Dilthey; o la b úsqueda de un estatuto científico para las cienci as humanas , T esis Doctoral en F ilosofía (ed . electrónica), Universi dad Pontific ia de Comillas, Madrid, 1986, p. 14. 105 ORTEGA Y GASSET , J : Historia como sistem a , en Obras Completas, VI, Ali anza Editorial, Madrid 1 983, p. 41. 106 FERNÁNDEZ FONT , F : La fundamentación de las ciencias del espíritu en Wilhel m Dilthey , p. 15. 85 conocer la historia, por ser él mismo parte de lo que estudia: “Las c ien cias del espíritu av entajan a t odo co nocimiento natural e n que su objet o no e s u n fenómeno of recido a l os sentidos, no es un me ro reflejo de a lgo real en una conciencia, sino que es la misma realidad interna inmediata, y lo es como una conexión vivida d esde dentro. Sin emb arg o , ya por el m odo en que esta realidad está dada en la experien cia interna resultan grandes dificultades para su concepción objetiva” 107 . Esta situación no es, sin embargo, imposibl e para Dilthey , pues de e sa experiencia a je na pod emos tener noticia tanto d es de su modo de darse como a través de sus mani festacione s . Lo cual se nos da, al principio desde el exterior , en hechos sensibles, en ademanes, sonidos y acciones. Para él la pregunta por cómo p uede una conciencia configurada individu almente llevar hasta el conocimiento objetivo e ncuentr a respue st a en un proces o que d eno mina comprender 108 . Dilthey dif erenciará entre el hacer de las ciencias del espíritu y la s de la naturaleza, con lo cual introduce, por un lado su clásica separación entr e ciencias del espíritu y ciencias de la naturaleza, enfrentadas en un debate epistemológico en torno al método y la función que le corresponde a cada una: explicar o com prend er . Por otra parte, introd ucirá una clara d iferencia metodológica entre dicho s quehaceres, sobr e e l que Gó mez Heras afirma que: “establece un dualismo rad ical en el saber , que se co rr esponde con una duplicidad de contenidos y de métodos en las ciencias” 109 . Este dualismo s e mantendrá como un an tagonis mo g noseológicamente y epist emológica mente improductivo que Ri coeur posteri ormente d esmantela y su stituye p or la de un proceso dialé ctico complementario. “En el plan o ep istem ológico, en prime r lugar , diré que no hay d os méto dos, el explicativ o y el comprensivo. Estrictamente hablando, solo l a explica ción es algo m etodológico. La comprensión es más bien el momento no metodo l ógico que, en las cien cias de la interpretación, se combina con e l m omento metodológico de l a 107 DIL THEY , W: Dos escritos so bre herm enéutica, p. 25. 108 Cf. IBID. 109 GÓM EZ HER AS , J. M : “La herm enéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘críti ca de la razón histórica’”, p. 64. 86 explicación” 110 . Para Dilthey , la h er menéutica será concebida como un método de legitimación de las ciencias d el es píritu y la dejará atada a es a condició n metodológica, por tanto, enajenada de una filoso fía de la vida. En este afán, su análisis de la condición d e las ciencias, d e las cu ales se alimenta la ciencia histórica, descubre que ésta carece de autonomía , categorías de a n álisis propias y d e fu nda mentación filosóf ic a. Al respecto, Gadamer nos dice que Dilthey , “En clara analogía con el p la nteamiento kantiano, también él preguntará por las categorías de l mu ndo histórico que pueden sustentar la con strucción del m un do histórico en las ciencias del espíritu” 111 . Pa ra ello u rg e encontrar un nexo que permita integrar al sujeto y al objeto cognoscente. La aspiración d e establecer u n nexo p ara la historia q ue posibilite la comprensión del dato de sde la totalidad, llevan a Dilthey a reca er en la opción romántica a favor d e la experiencia subjetiv a y a a proximarse posteriormente al hegelianismo. Puesto que da por sentado que el conocimiento d el mundo histórico no se da a través de categorías especulativas sino e n la vivencia. En ella acontece el acceso al sujeto 112 . T al contexto nos sitúa ante un proble ma en el que Dilthey quedará atrapado y que buscará solucionar con el desarrollo de la hermenéutica. Llega, p ues, a la her menéutica, no desde la herencia ro mántica, sino desde la f undament ación de la filosof í a de la vida. L o dado es para él la vida misma, “para él la última realidad de l mundo humano (…). La vida se analiza y se describe (…) y al h acerlo nos encontramos co n una realidad concreta de la que va su rgiendo todo lo humano (…). Es necesario ensanchar e l esquema de compresión del indiv iduo y de su s creaciones” 113 . El mo delo de D ilthey , nos dice Gadamer , es la peculiar f usión de recuerdo y expectativa en u n todo que llamamos experiencia y que se adquiere en la medida en que s e hace 110 RICOEUR, P: Del T exto a la acción , Fondo de Cultur a Económica, México, 2002 p. 167. 111 GADAMER, H, G: V erdad y Méto do I., p. 280. 112 Cf. GÓMEZ HERA S, J. M : La he rmenéutica de la vida en Dilthey y la fun damentación de una ‘crí tica de la razón histórica, pp. 68 - 69. 113 FERNÁNDEZ FONT , F : La fundamentación de las ciencias del esp íritu en Wilhelm Di lthey , p. 28. 87 experiencia. Las ciencias históricas solo continúan el razonamiento empezando en la experiencia de la vida. Ra zón por la cual el planteamiento e pi stemológico tiene un comienzo distinto: “No ne c esita empezar por el fu ndamento de la posibilidad de que nuestros conceptos co i ncidencia con e l ‘mundo exterior ’ . Pues e l mundo histórico de cuyo conocimiento se trata aquí, e s ya siempre un mundo f or mado y conformado por el es píritu humano. Esto lo ll ev a a volver sobre el princ ipio sostenido po r Vico: ‘ la primera condición de la posibilidad de la ciencia histórica consiste en q ue y o mismo soy un s er históric o’ . Id ea que, hemos visto, Dilthey hace suya como presup uesto” 114 . Esa conce pción dilt heyana s erá poste r iormente c uestionada por Gadamer . Pero en e se camino de dot ar con u n instrumental t eórico a l as ciencias del esp í ritu, Dilthey plan tea la com pr ensión como una de las operaciones básicas que ca racteriz an la espe ci ficidad de las ciencias del espíritu, su doble mov imiento de ir del interior al e x terior y viceversa. La comprensión facilita el acceso a la viv encia d es de su expresión e x terna, permitiendo e l movimiento inverso, del e x terior al interior . Esta nece sidad de comprender es para él lo que da origen a la h ermenéutica: “(…) Así, pues, llamamos comprender al proceso en el cual, a partir de unos sig nos dados sensiblemente, conocemos algo psíq uico de lo cual son su manifestación” 115 . Esta visión histo ricista es u n a aportación sustantiv a, de la que Gó mez - Heras considera que “la pos ibilidad de l conocimiento h istórico radica para Dilthey en u na estructura onto lógica de l h ombre: su condición h i stórica. ‘La primera condición de posibilidad de la ciencia histórica consiste en q ue yo mismo soy u n se r histórico. Quien inv estiga la historia e s el m ismo que la realiza’” 116 . Es en e st a historicidad en la que radica el soporte de las cien cias del espíritu 117 . Así d efine la vivencia, la ex presión y la comp rensión como los modos de operación por antonomasia del maniob rar científico esp i ritual y que permitirá la dinámica d el movimiento d el interior al ex terior de dicho modo d e 114 Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y Método I, p. 281 . 115 DIL THEY , W: Dos escritos so bre herm enéutica , p. 27. 116 GÓM EZ HER AS , J. M : “La her menéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘ crítica de la raz ón histórica’”, p. 68. 117 Sobre este asunto Cf. GÓM EZ HERAS, J. M : Histor ia y razón , Ed. Alhambra, Madrid 1 985, pp. 160 ss. 88 conocer . Lo que vemos e s pues una su s titución que anunciamos a l inicio: el p aso de la conciencia especulativa del kantismo, al d e la concien ci a histórica y el paso del espíritu o bjetivo de Hegel al concepto de “vida”. P es e a todo su esfuerzo por encontra r en la vida una categ oría f undacional, precientíf ica , o precomprensiva que abarca al objeto y al sujeto, eliminado el problema d e l a polaridad sujeto-ob j eto, y pese a encontrar en la hermenéutica u na metodología para acce der a ese torrente de la vida, Dilthey n o logra sob rev olar las ata lay as de l idealismo y el positiv ismo. P or e llo no consigue superar del todo y en contrar respuesta a su pregunta sobre la fu ndamentación de un sabe r de la experiencia subjetiv a. Gómez -Heras cita tres esco llos que lo llevan a fluctuar en s u respuesta a la pregunta por la posibilidad de un saber objetivo de la vida. E n primer lugar , no se supera coherentemente e l ámb it o de la vivencia subjetiva (sub jet iv ismo) ni se sitúa el prob le ma en una objetividad que permita tender un puente intersubjetivo. En seg undo lugar , tampoco se elimina en r aíz el relativismo inherente a la experiencia indiv idual de la vida y d e sus condicionamientos históricos en un fa ctor de carácter absoluto. Por último, rest a p or cribar científicamente la p re comprensión v italista a través d e una raz ón crítica q ue articule en lógica del conocimiento la lógica de la vida 118 . Para Gadamer un paso primordial en la búsqueda de la fundamentación epistemológica de las cien cias del espíritu, dado por Dilthey lo constituye “emprender , a partir de la construcción de un nexo propio en la e x periencia vital del individuo, la transición a un nexo histórico que ya no es vivido ni experimentado por indiv idu o alguno, pues coloca en lugar de sujetos reales, sujetos lógicos, operación en la cu al no ve Dilthey p roblema, pues el h istoriador lo hace continuamente cuando habla d e los hechos y destin os de los pueblos. El p roblema e s sólo có mo se justifican epistemol ógicamente estas afirmaciones” 119 . 118 Cf. GÓMEZ HERAS, J. M : “La h ermenéutica de la vida en Dilthey y la fundamentación de una ‘críti ca de la razón histórica’”, p. 70. 119 GADAMER, H, G: V erdad y Méto do , p. 284. 89 La cuestión m ás problemática para Ga dame r es saber si logra da r el paso de lo psicológico a lo hermenéutico. Para él, el intento lleva a Dilthey a regresar a los p u ertos d e salida d e donde pretende e scapar . Lo que conduce a inquirir por la diferencia entre la postu r a que asume y el ide alismo del que huye. Al respecto y co n ironía Gadamer dice, “si no habrá también para Dilthey una forma del espíri tu que se a verdadero ‘espíri tu ab soluto’, e st o es plena autotransparencia, tota l cancelación de toda extrañeza y de tod o ser otro” 120 . En este punto, vemos que f inalmente Dilthey n o soluciona satisfactoriamente el problema de la objetividad del saber histórico con que da inicio su esfuerzo, y Gadamer nuevamente p regunt a si no ser á l a c on ci encia histórica un ideal utópico que contiene en sí mismo una contradicción. Hasta aquí hemo s respondido a las pregun t as por la herencia que recibe Dilthey , y por su pa rticular o rientación d e l a hermenéutica. Desbrocemos ahora nuestra ú lti ma duda: ¿có mo se conecta la escuela histórica con la hermenéutica ro mántica? Conoceremos, de e st e modo, la situación para comprender el estado en que queda la hermenéutica y e l giro que experimentará. Al respecto volvemos nuestra mirada a Ricoeur , quien nos dice en Del texto a la acción que, una de las dificultades de la hermenéutica romántica f ue la disociación entre ex plicar y comp render . Ello e x ige una reorientación de la hermenéutica en el plano e pist emológico que demanda a la noción de texto . Para é l la h istoria reciente de la hermenéutica h a est ado d ominada por do s preocupaciones: el movimiento de regionalización o la amp liació n progresiv a de su alcance y el movimi ento de ra dicalización, med ia nte el cua l la hermenéutica no solo se vuelve general sino también fundame ntal 121 . Y a la hermenéutica de Schlei ermacher implicaba un a a porí a en su programa, derivado de los do s tipos de interpretación que involucra p ara la comprensión d e las diferente s situaciones. Así, la d ificultad d e separar las dos hermenéuticas se complica porque al p rimer par de opuestos, lo gramatical y lo 120 Op. Cit., p. 289. 121 Cf. RICOEUR, P: Del T exto a la Acción , p. 76 . 96 modalidades, situaciones del ser -ahí, sus ex istenciarios y nos lleva al ser -ahí como comprender , fiel a su estado d e apertura, cumpliendo las posibilidades y proyectos que desarrolló de su horiz onte temporal e histórico 137 . Así pues, la comp rensibil idad es el m o do de ser propio del Dasein , un ser temporal, p ero entendido de m odo d iv erso al co ncepto tradicional de tiempo histórico al que la f ilo sofía, incluso la de Hegel, prestó tan t a atención. Para Gadamer u n logro f undamental es reconocer con Heidegger que el ti empo no es un dato, un con c epto: es tiempo original, con cre to. Por ello, e l ser es “temporalidad”, aunque e st o no deba entenderse como homogeneidad entr e sujeto cognoscente y lo co nocido pu es ambos son históricos, e s decir , comparten el modo de ser de la h istoricidad 138 . Esta temporalidad se revela en la exégesis ontológico -existenciaria d el “ser ahí”. La exégesis onto l ógica que él busca, no es la del se r abstracto sino concreto, f áctico, existencial. Por lo tanto, esa exégesis del ser es también , de alg una manera, una cura del “ser a hí.” Esta investig ación ontológica la entiende como: “una especie posible de la interpretación, que se ca ract eriza como articulación y apropiación d e un comprender . T oda interpretación tiene su ‘ten er previo, su ‘ver pre v io’ y su ‘concebir p rev io’. Si co mo exégesis se to rna problema expreso d e un estudio, entonces ha menester el to do constituido por esos ‘supuestos’, todo q ue llamamo s la situac ión hermenéutica ” 139 . Un problema que en frenta la e x égesis ontol ógica es que “el ente cuy a esencia está constituida por la ex istencia, se resiste esencial mente a la posibilidad de que se lo aprehenda como u n todo. L a situación h ermenéutica no sólo no se ha asegurado hasta aquí el ‘tener ’ el e nte t odo, es dudoso incluso si es ello asequible y si una exégesis o ntoló gica o rig inal del ser ahí no tend r á que estrellarse contra la forma misma de ser del ente temático” 140 . El análisis h eidegg eriano n o s e concreta en una teorí a sino en u n proceso hermenéutico que n os instala inmediatamente en la estructura del ser y su 137 Cf. Op. Cit., pp. 276 - 77. 138 Cf. GADAM ER, H. G: El problem a de la conciencia hi stórica , pp. 7 2- 76. 139 Op. Cit., p. 254. 140 Op. Cit., p. 255. 97 comprensión; un ser que se interroga a sí mismo sobre el sentido del ser y , por tanto, demanda una c omprensión permanente de sí m is mo. En ra z ón d e ello, Gadamer nos dirá que “la fenomenología hermenéutica d e Heidegger y el análisis de la hist oricidad del – estar ah í- (…) se p roponí a má s que una teoría de las ciencias d el espíritu o una superación de las ap orí as del historicismo gracias a la radicalidad de su planteamiento pudo salir del laberinto en el que se habían dejado atrapar las investig aciones d e Dilthey y Husserl sob re los conceptos fundamentales de las ciencias del espíritu” 141 . La hermenéutica de la facticidad aporta una di mensión e xistencial a los planteam i entos fenomenológicos. Y a no se t rata de hallar el cogito pu ro , e s encial, i deal, sino un ser fáctico, comprensivo y radicado en la temporalidad y en el mundo 142 . Se ha especulado con que Heidegg er recoge esta herencia existencialista de un Kierkegaard procedente de la crisis e spiritual de l hegelianismo. La propuesta puede ser discutida pero es coherente con su c oncepción del ser . D e lo que no cabe duda es de que Heidegger se h a alejado de los planteamientos de la f enomenologí a husserliana, tanto por renunciar a un sujeto trascenden t al frente a un sujeto fáctico y existencial, así por ne garse a ace ptar una redu cció n fenomenológica del ser del Dasein. La facticidad excluy e la trascendentalidad. V eremos a continuación cu ál es la ganancia de este proceder heideggeriano, a pa rtir de los desarrollos de Gadame r tanto en El prob lem a de la conciencia histórica como en V erdad y Método 143 . El proyecto heideggeriano d e construir una ontología f undamental tenía que traer a primer plano el problema de la historia. Pero no tardó en mostrarse que ni la solució n a l problema del historicismo o la fundamentac ión o rig inaria de las ciencias constit uirí an el sentido de esta ontologí a f undamental; por tanto, es la idea misma de la fundamentación la que ex perimenta ahora un giro total. La te mporalidad y a no es la de la “conciencia” o la del y o originario trascendental. La estructura de la temporalidad aparece entonces como la 141 GADAMER, H.G: V erdad y méto do , p. 324. 142 Op. Cit., p. 319. 143 Para una m ayor información sobre este asunto r emitimos a las páginas 31 9 a 327 de V erdad y método y a las págs. 71 a 80 de El problema de l a conciencia histórica. 98 determinación ontológica de la s ubjetividad. El ser subjetiv o, está condicionado, por su ser históri co -te mporal. P ero es a lg o má s. La tesis de Heidegg er so stiene que el ser mismo e s tiempo. Con esta idea se rompe tanto con el subjetivismo como con los planteamientos de la meta física trad icion al, que comp re ndía el ser como “presencia”, en terminología de Derri da . El concepto de la comprensión n o es ya un asunto de método o d e fundamentación. Comprender e s para él, el ca rácter óntico original de la v ida humana misma. La reflexión ontológica de Heide gg er inte nta cumplir la tarea de ilustrar la estructura fundamental de la ex istencia, una estructura del estar - ahí que se alcanza m edi ante una “an al ítica existencial”. Descubre así el carácter de proyecto que reviste toda compre nsión del ser 144 . Esto representa una exigencia para la hermenéutica tradicional que había estrechado de una manera inadecuada el h oriz onte de problem as al que pertenece la comprensión. Parece muy distinto e l comp re nder originado del saber práct ico, d el o rientado cognitiv amen t e en el campo de la ciencia al otro comprender ontológico que busca el sentido del ser . Por supuesto, que si se mira atentamente ap arecen rasgos comunes, el que “com prender” un texto no sólo s e p roy ecte a sí mismo, c omprendiendo, por referencia a un sen tido -en el esfuerzo de comprender -, sino que la comprensión lograda representa un nuevo estadio de libertad esp iritual. I mplica la posibilidad de interpretar , detectar relaciones, extraer conclusiones e n todas las direcciones, que es lo que constituye el “dese nvolv erse con conocimiento” dentro del terreno de la comprensión 145 . Gadamer lo expresa dicien do que, en último extremo, to da comprensión es un com prenderse , de manera que f inalmente se llega a co mprender lo oculto. Pero esto signif ica que uno se e ntien de con ello. E l que comprende se proyecta a sí m ismo hacia las posibilidades abierta s en el texto, en e l otro o en sí mism o. La ampliación que Heidegger emp r en de, será particularmente fecunda para el prob l ema de la he r menéutica; pues ahora se hace visible la 144 Para seguir con más deta lle el h ilo de todo este análisis que e xponemos en estos pár rafos Cf. GADAMER, H. G : V erdad y método , pp.326ss. 145 Cf. GADAM ER, H: V erdad y mét odo , p.326. 99 estructura de la comprensión histórica e n t oda su f undamentación ontológica, sobre la base de la futuridad ex istencial del ser - ahí 146 . Para Heidegger , la est ructura del estar ahí se conf igura por el carácter de estar arrojado a un mundo, m undo articulado por trad iciones y costumbres, en el que el Dasein se instala. Este ser se constituy e en gozne y a poy o desde el que se ocupa d e su posibilidad m is ma que es futu riz ación . Es decir , p osibilidad de ser desde su estar “en” y “ser - con” ( Mit-sein ). Una situación e n la q ue ocuparse de su vida se juega pre -ocupándose, lanzado al futuro c omo modo de poder ser , que es p r ever- p rov eer d esde lo recibido en e l mundo donde es arrojado e instalado. El p roblema hermenéutico queda instala do en el carril de una o ntologí a que p one al descubierto la tarea de mostrar que cualquier a que sea comportamiento humano de “cara a sí mismo tropieza y se enf renta a la vista con l a facticidad d e su ser . He aquí pues, en oposición a las investi gaciones de la constitución trascendental de la fe n omenologí a husserliana, el punto crucial de una ‘hermenéutica d e la facticidad’. Heidegger (…) es plenament e consciente de estar infranqueablemente preced i do por aquello que le da la posibilidad incluso de tener un pro -yecto. Pro-y ecto que de hecho inclu so no podría ser más que pro- yecto finito” 147 . Es esta hermenéutica d e la fa cticidad, a juicio de Grondin, el p unto de partida de Gadamer 148 . Para Grondin, el camino ha cia el lenguaje que continúa Heidegger , luego de Ser y tiem po , es una consecuencia directa de lo que y a se anunciaba e n su hermenéutica de la fa cticid ad y no un cambio abrupto. En este sentido a c ude a la intuición de Gadamer , quien ve que la palabra clav e de una hermenéutica de la f acticidad desa rr ollada por Heidegger an u ncia el descubrimiento de la subjetividad humana com o existencia; y d e igual forma Gadamer sa c a ganancia de la vuelta de Heidegger a l len guaje como experiencia originaria y a la verd ad de l arte, como una ma nera d e superar 146 Cf. GADAM ER, H.G: V erdad y m étodo , p. 331. 147 GADAMER, H.G: El problema de la conciencia hi stórica, p. 78. 148 Cf. GRONDIN, J: Int roducción a Gadamer , p. 1 17. 100 desde allí el pensamiento instrumental y técnico de la subjetividad. Para Gadamer , en tales ori entaciones ex iste una co ntinuidad entre el Heidegger de los primeros tiempos, el hermeneuta, y el Heidegger má s enigmáti co de la últi ma etapa que aboga por el lenguaje como “morada de l ser” 149 . Por ello Grondin co nsidera que Gadamer mismo, al mantenerse f iel al tema de la hermenéutica, relacionó el f inal del camino del pensamien to heideggeriano con su propio comienz o hermenéu tico. Hemos d esbrozado un ca mi no, que consideramos, p ued e condu cir a procesos de m ejor co mprensión siguiera del m undo humano. Para abrir así un diálogo, que es el c amino de la comprensión al que no s invita Gad amer . Un mundo que necesita comprenderse y pa ra ello el camino es situare en la temporalidad del ser que nos pe r mite ver , como dice Heidegger , lo que está antes y de s pués de “ su puntual ahora” . En los apartados dedicados a Gadamer abordaremos e l asunto de la condición d el diálo go: la volunta d de escu cha y , con Ricoeur , el reconocimiento del otro, com o otro yo, frente a mí. 149 Planteamientos sintet izados de for ma mag istral en el comienzo d e su Carta sobr e el Humanismo . 101 CA PÍTULO III: DIRECTRICES DE LA HERMENÉUTIC A CONTEMPOR Á NE A P A RA L A INTERPRET A CIÓN TEX TUA L Hemos seguido el camino que nos lleva hasta la he r menéutica ontológica de Heidegger , a utor que influirá, hablando en tér minos generales, en el desarrollo de la hermenéutica d el siglo XX. Ello no es ó bic e p ar a reconocer que cada u n o de los autores del pasad o siglo ha hecho aportaciones singulares que vale la pe na rast re ar para conocer las p rincipales d irectrices d e la hermenéutica contemporánea. En este capítulo damos cuenta de algunas posiciones y debates d e la hermenéutica c ontemporánea en torno al problema d e la interpretación. L o iniciaremos con la h er menéutica normativa que de sarrolla Emilio Betti, cuy os planteamientos dan lugar a un rico debate con Gadamer , autor que analizaremos a con ti nuación para f i nalizar con la he r menéutica de Paul Ricoeur , entendida co mo “conflicto de las interpretaciones”. Como puede aprecia r se, hemos seguido un camino que no s condu jo a una hermenéutica filosófica, cuya existencia no anula a l as otras hermenéuticas con las que comparte una historia entrelazada de en c uentros y separaciones. Existe un idad entre ellas aunque cada una ha ido rea liz ando su s propias hi storias, de acuerdo al itinerario m arcado po r sus propios objetos, fines, tem as y motivaciones. Con e l devenir de la herme néutica filosófica no solo s e amp lí a el espectro de las modalidades hermenéuticas, sino que se abre un e s pacio de discusión que abarca a l arte d e interpretar y a las teorí as de la interpretación. De modo que vemos hoy la coex istencia de d i ferentes caminos de la interpretación en el horizonte de la comprensión. De h echo, ante s d e la aparición en 19 60 de V erdad y Método , se publica en 1955 la obra del jurista ita liano Em ilio Betti : T eoría general de la interpretación . Betti e labora una teoría de la interpreta ci ón 102 anterior a la ontología de la comprensión que p ro pone Gadamer en V e rd ad y Método . A. La teoría general de la interpretación: E. Bet ti Los problemas específicos de la praxis her menéutica que Betti preten d e resolver so n diferentes, pero la centralidad del p roblem a de la comprensión es idéntica para amb os autores. Gadamer recono c e e l valor actua l de las diferentes ruta s he r menéuticas her edadas de la trad ición , que guardan unidad interna en la conciencia histórica efectual 150 . T al es el caso de la h er menéutica jurídica y la teológica, tanto en su po sició n tradicional, como en su devenir reciente. En ellas Gadamer en cuentra . “ u n género de art e o una u t ilidad como recursos p ara el a rte de interpretar ” 151 . Éstas siempre incluyen u na n ormativ a, no solo en el sentido metodológico sino en el se ntido en que los intérpretes comprenden su arte, ya se trate de una ley hum ana o divina. Actualmente, estas hermenéuticas regionales, recurriendo ahora a la terminología de Schleiermacher , se vinculan a una hermenéutica general que asume la dimensión de arte de la interpretación que se puede ju s tificar teóricamente 152 . En el sentido teológico, hermenéutica signifi ca el arte de la correcta exposición de la Sag rada E scritura. Una he rmenéutica qu e aplicó , ya desde muy antiguo, un a meto dología cuya raí z entronca c on la veta hermenéutica que desemboca en la teoría general de la comprensión que propone Schleiermacher . Es ta veta es la que nos conduce a un nuevo horizonte que intenta: “ alcanzar una n ueva comprensión volviendo a l as f uente s originales, algo q ue estaba co rro mpido por distorsión, desplazamient o o abuso ” 153 y q ue culmina c on el p roy ecto de una hermenéutica genera l que se hace presente, allí dond e haya mal entendido, para desvelar y pon er en la luz el sentido 150 GADAMER, H.G : V erdad y método I, pp. 410 a 414, en este apar tado analiza a la relación y dispe rsión entre las diferentes hermen éuticas y concluye qu e: “ La unidad consiste en que ambas disciplinas llevan a c abo una tarea de aplicación que solo difiere en cu anto a su patrón ( … ) es la conc iencia de la historia efectual la que consti tuye el centro en el que u no y otro viene n a confluir como en su ver dadero fundamento ” . 151 GADAMER, H.G: V erdad y méto do II, 1994, P . 96. 152 Ibíd. 153 GADAMER, H.G: V erdad y méto do II, Ed. Síguem e, Salamanca 1 994, p. 98. 103 correcto. 154 En e sta ruta, Gadamer encuentra op ort uno dar un giro p ara dialog ar con la hermenéutica jurí dica, a fin de descubrir hasta qué punto se está o n o, fren t e a modalidades incompatibles, sin puntos de enlace. La razón de tal necesidad la e nc uentra en el supuest o de que la he r menéutica teológica, por su componente de ajustarse al dogma, no comparte unidad de destino histó ri c o con la hermenéutica jurídica. “ En general se tiende a suponer que so lo la conciencia histórica c onvierte a la comprensión en método de una ciencia objetiva, y que la hermenéutica a lca nza su verdade ra determi nación sólo cuando llega a desarrollarse como teoría general d e la comprensión y la interpretación de los tex to ” 155 . Pero Gadamer concluye, a través del diálogo con la hermenéutica jurídica de Betti, que no existe entre ambas hermenéuticas una distancia tan grande. Betti permanece e n su teoría ligado a la trad ición inaugurada por Schleiermacher y Dilthey . Así, entiende e l objeto de la interpretación como: “ un proceso que constituye un hecho d e conocimiento que responde al problema epistemológico del entender . Es de cir , u na a cció n que tiene por ob jeto el entender situado desde u na epistemologí a desde la que distingue una objetividad ideal y una rea l” 156 . P ara captar la esencia del proceso inter pr etativo y comprender sus u nidades precisas hay que acudir al fenómeno el emental del comprender que se opera a través del lengua je. El len guaje de los o t ros, considera Betti, debe se r aco gido como un reclamo a nue s tra inteligencia, que debe reconstruirlo po r de ntr o, desde sus categorías mentales. Una exigencia que solicita la espontaneidad de quien es llamado a entender y que parte de formas representativas, en las que el espíritu objetivado se aparece ante el intérprete. De modo que el proceso cognoscitivo asume un carácter tríadico. Por un 154 Cf. Op. Cit. pp. 102 - 107. 155 GADAMER, H.G: V erdad y méto do I, p. 396. 156 Cf. B ETTI, E: La interpreta ción jur ídica , Ed. Lexis Nexis, Santia go de Chile, 2006 . pp. 3 -1 1. En esta s pá ginas establece lo que él llama la posición del espíritu resp ecto a la objetividad, en las que fundamenta l a existencia de categorías de valoración , a priori y a poster iori en relación con la s cate gorías kantianas. Con ello intenta superar el error del subjetivismo y el r elativismo, pues de jan de ser las categorías una creación arbitraria del individuo y d e valoraciones meramente sub jetivas. Lo s valor es de l espíritu con stituyen una objetividad idea l, que obedece infaliblemente a leyes pr opias. 104 lado el espíritu viviente y p ensante del intérprete; por o tro, el espíritu objetivado; y entre el los se encuentra la mediación q ue llevan a cabo las formas representativas. Aquí e l conocer es un reconocer , a través de la forma de su objetivación, tal cual a c ontece e n el con oc er de cualquier fe nómen o físico. Solo que en este caso el intérpre te s e siente afín en la común humanidad con el objeto. Se trata, pues, d e un volver a co loc ar aquellas formas recibidas, desde su subjetividad. Implica una inversión del proce so creativo que genera una an tinomi a. El intérprete es llamado a reconstruir y r eproducir el pensamiento ajeno como si hubiera d evenido propio y al mis mo tiempo proponérselo como algo objetivo y ajeno. De esta antino m i a del proceso brota para Betti toda la dialéctica del proceso interpretativ o 157 . Gadamer observa en esta h ermenéutica jurídica propuesta por Betti un interesante campo de discusión en torno al con ce pto d e interpretación, y a las diversas modalidades del in terpretar , así como sobre la posición fundamental que en ella dese mpeña la f ilosofía. Es decir , la búsqueda d el entendimiento por el cua l resulta la comprensión. La cuestión es la de determinar si el entendimiento se orig ina en la realidad o e n unas condic iones prev ias protocolarias. Y si tiene la interpretación su fundamento e n el m is mo problema general de conoce r , como lo sostiene Betti. Para e ste autor , la in terpretación, en tanto actividad cognitiv a, está a rticulada sobre el problema g eneral del conocimiento, puesto que el p roblem a epistemológico d el entender remite a ello. “ En el p roceso de interpretación ocurre una antinomia, por el hecho de que al in térprete se le impone una ex igencia doble y paradójica, por un lado se le demanda obje tividad, e n cuant o a l a reproducción del valor e x presado, por otra, ésta solo es a ct uable desde la subjetiv idad de l intérprete( … ), que se ve ob lig ado a interpreta el pensamiento ajeno como si fu e ra devenido p ro pio( … ) De esta antinomia brota t oda la di aléctic a del proceso d e interpretación , y sobre ella p uede construirse un a teoría general de la interpretación, que reflejando críticamente e s te proce s o trate de 157 Cf. BETTI, E: “Interpr etación de la ley y de los actos jurídicos ”, Ed. Revista de Derecho Privado ER, Madrid, S/F , pp. 71 - 73. 105 rendir cuentas de sus fines y de sus métodos. L o que se de no mina con el nombre de ‘teoría hermenéutica’ ” 158 . Para Betti, la activ idad interpretativa, así ubicada, h a dado orig en a un florecimiento de diversos ca mpos, cada uno co n sus p ropios m étodos de investigación y de trabajo. “ Una s con un sent ido cerrado en sí mismas como las filológica e históricas, otras como la jurídica, teológica y psicoló g ica, van dirigidas a una f i nalidad n or mativa o práctica, tendentes a recabar un criterio de decisión o una máxima para la acción; otra consisten no só l o en entender por sí mismas, sino también a hacer entender a l os otros( … ) En todo c aso se trata siempre de entender la objetivación d e un a esp iritualid ad, siendo una impropiedad hablar de ‘interpretar ’ en materia de fenómenos naturales” 159 . Para Gadamer , “ la fundamen t ación de l conocimiento no puede evitar en e l ámbito de las ciencias naturales la consecuencia hermenéutica de que la realidad ‘dada’ es inseparable de la interpretación ” 160 . Puesto que “ la interpretación es lo que ofrece la med iaci ón nunca perfecta en tr e hombre y mundo, y en este sentido la ú nica inmediatez y el único dato real es q ue comprendemos algo como ‘algo’ ” 161 . P or tanto, sólo a la luz d e la interpretación, algo se convierte en un ‘hecho’ y una observación posee carácter in formativo. Al respecto, Betti se guía, para el proceso del comprender , en la consideración de l m odelo filológico de la penetración noética en el sen tido. El cual posee para él un carácter trí adico 162 y co nsidera el proceso del conocimiento que opera en el entender , igual al que o pera en las ciencias naturales, pes e a ello no considera la comprensión con la amplitud d e Gadamer . Sobre las diferencias entre Betti y Gadamer , Grondin, señala una fundamental: la del tema d e la a plicaci ón. Para Betti, la a pli cación e s considerada como un e s fuerzo suplementario que se añadía a la fundamental tarea hermenéutica de l entender . Por con si guiente, el modelo filológico de la 158 IBID. 159 IBID. 160 GADAMER; H. G: V erdad y méto do II, p. 327. 161 IBID. 162 Sobre este tema Cf. B ETTI, E: L a interpretación Jur ídica , 2006. pp. 13 - 15. 112 su con creci ón en la comprensión histórica e n cuanto que en la com pr esión misma son operantes las v inculaciones concretas d e c ostumbr e y trad ición y las correspondientes posibilidades del propio futuro ” 175 . Sus in fluencias serán plurales. Comenzando por Sócrates y Platón, pasando por los f ilóso fos de la comprensión d e tradición alemana, en particular Dilthey , y , por supuesto, Heidegg er . P ero tamb ié n los llamados maestros de la sospecha. “ Gadamer sigue implícitamente a los denominados maestros de la sospecha, a Nietzsche ( fallecido en 1900) y a Freud (cuya fundamental obra La interpretación de los sueños se publicó en 1900). Ambos considera ron, cada uno a su m anera, como tema de sus estudio s los abismos de la conciencia de sí mismo . Para Nietzsche y para Freud, la con ciencia de sí m ismo está empapada -inclus o constitutiv amente -de ilusiones (Gadamer , en un sentido más modesto, hablará d e una c o nciencia ‘ob ra da’ por la historia). En tod o caso, está conciencia es algo muy distinto de u n punto de vista de p ar tida cierto y seguro ” 176 . Para Gadamer el problema d e la conciencia histó rica supone e l desvelar el hecho de que no h ay co mportamiento libre y voluntario que los li nderos de lo “sido” “ E l estar ahí que se proyecta h acia su poder ser es y a sie mpre ‘sido’. Este e s e l sentido del factum existencial del arrojam i ento. El que todo comportarse libremente respecto a su ser carezca de la posibili dad de re troceder p or detrás de la facticidad d e e ste ser . T al es el quid de la hermenéutica de la facticidad y de su oposición a la investigación tr ascendental de la constitución en la fenomenol ogía de Husserl ” 177 . Al respecto, Grondin sostiene que la hermenéutica d esarroll ada por Gadamer en V erdad y Méto do d a comienzo después de un a p artado sobre Heidegger . El cua l inicia luego de situa rn os en e l análisis de la verd ad de l arte y del problema de la verdad extendido al de la comprensión en las ciencias del espíritu. Esta es la prim era p art e de su investigació n , que da paso a la fundamentación de una teoría d e la e x periencia hermenéutica, a la que da inicio con u n e s tudio so bre la historicidad de la comprensión co mo principio 175 GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 330. 176 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 18. 177 GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 330 113 hermenéutico. “ La aparición d e u na t oma de conci encia histórica es verdaderamente la r ev olución más importante de las que hemos experimentado tras la llegada de la época m oderna. S u contenido espiritual sobrepasa probablemente aquel que recon ocemos en las realizaciones de las cien cia s naturales ” 178 . Acontecer que considera u n hecho nuev o, nun ca impuesto a otras gene raciones. Consiste en la plena conciencia de la historicidad de todo presente y de la relatividad de todas las opiniones. Lo que afecta en el actuar espiritual, lo que se h ace evidente en los inmensos cambios espiritua l es experimentados en nuestra época. Para Ga da mer , e l tema de la h istoricidad e s la p uerta que nos a bre al entendimiento de la estructura de la comprensión. Un camino p rec onizado por el trab aj o de Heid egg er . Éste deriva la estructu ra circular de la comprensión a partir de la temporalidad del ser -ahí. Su análisis d a cuenta de la preestructura de la comprensión y libe ra de las inhibiciones ontológicas d el con cept o científico de la verdad. De ese modo, l a h er menéutica puede hacer justicia a la historicidad de la comprensión 179 . Queda por saber cóm o “los presupuestos on t ológicos de todo conocimiento histórico trascienden esencialmente la idea de rigor p ropio de las ciencias e x actas (…) y cuá ndo se elude la cuestión del rigor propio de las ciencias hist óricas mismas. Profundizar en la pr egunta ontológica imp ide profundizar en la epi stemológica 180 . Para Ri coeur , en esta aporí a radica el problema central de la f iloso fía he r menéutica de Gadamer . Y con ello reanima el de bate de las ciencias del espíri tu a partir de la o ntolog ía heide gg eriana y , más p recisa mente, a partir de su orientación en las ú lti mas obras de poética filosófica” 181 . Gadamer , como hemos dicho, a rticula su hermenéutica en diálogo con la problemática de las ciencias del espíritu y de cara al trabajo obrado por sus antecesores. Pe ro , a diferencia d e ellos, lo hace de s de una posición heideggeriana, con lo que gana un horizonte ontológico que tiene 178 GADAMER, H. G: El problema d e la conciencia hi stórica , 1993. p. 421. 179 Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , pp. 331 - 332. 180 Cf. RICOEUR, P: Del texto a la a cción , pp. 89 - 90. 181 Cf. IBID. 114 consecuencias d i ferentes y le permite moverse de otro m odo. El núcleo que guía su pensamiento y la cate g oría que articula esta nu eva orientación es el tema de la v erdad h ermenéutica. Desde ella seguiremos el hilo de sus categorías fundamentales con las que t eje su pensamiento, y nos coloca n frente a sus p roblemas y sus soluciones. La verdad he rmenéutica a su vez se teje desde la teo rí a de la conciencia de los efectos de la historia, o con cie ncia histórica efectual, la cual pa ra Ricoeur resulta de la síntesis de todo el caudal que nu tre a Gadamer , y las dificultades q ue encuentra al tratar de resolv er la aporía central de su trabajo. T al categorí a, nos dice Ricoeur , ya no proviene de la m etodologí a, sino de la conciencia reflexiv a de esa m etodol ogía. Esta e s la categoría con la que Gadame r se e nfrenta a la aporía que el distanciamiento y al rechazo de la pertenencia a la tradición ge ne ra. Las principa l es categorí as de su h er menéutica son verdad, historicidad- tradición, prejuicio, dista nciación, eficacia, juego y participación, concienci a histórica efectual, diálogo, lingüisticidad, interpretación, comprensión y aplicación. El te ma de la verdad es el punto nuclear de la hermenéutica d e la comprensión que inc orpora muchos otros conceptos. En particular , los de lingüisticidad e historicidad qu e definen nuestro m o do de ser . Las influencias que Gadamer recibe de Heidegg er desembocan en u na te oría de la conciencia histórica que marca la cumbre de su reflexión. “Es – nos dice Ricoeur - la conciencia d e estar expuestos a la historia y a su a cció n, de ma ner a tal que no se p ued e objetivar e sta acción sobre no sotros, porque ella forma part e del fenóme no histórico mismo” 182 . Sacar a la luz e sas experiencias e s la ta re a de Gadamer . Una tarea que realiza en tres ámbitos: el a rt e, la historia y la lingüística. En cuanto a l ámbito artístico, establece que el objeto de ref lex ión “ es la experiencia del arte y n o la conciencia estética, por ta nto, que e s a la experiencia, que debe p reguntarse, qué es ella en verdad y cuál e s su verdad, aunque ella no sepa lo que es ” 183 A través de la experiencia del arte nos abrimos a una verdad cuy a experiencia es 182 IBID. 183 Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , p. 145 115 propia también de l as ciencias del espí ritu 184 . De es te modo, as í como la comprensión de la v erdad del arte es un encuentro con su modo de s er , así también la comprensión hermenéutica d e la verdad de las cien ci as de l e spíri tu puede ser entendida como un encuentro d el ser co nsigo mismo y con su historia. Esa e s la razón por la que el h ilo conductor de la compren sión lo toma de la hermenéutica de la o bra de arte, de s de la dinámica propia de la misma, “ que es el jue go en tanto construcción, que es también juego, pues, la co nstr ucción solo alcanza su ser plen o cuando se lo jue ga en cada caso ” 185 . Y cuyo significado h ermenéutico de cara a la verdad, nos rev ela el carácter de la misma como mediación total con lo real. E sto signif ica que la f unción de “ reproducción de la obra d e arte, no e s temática c omo tal, si no que la obra accede a su representación a través de ella y en ella( … ) El que estas obras procedan de u n pasado desde e l cual acceden al presente( … ) h ac e que ellas mismas pongan su validez, pues sigue t enien do su origen prop io ” 186 . Por lo que permite que ta l validez se mantenga actual, en alusión a “ la intemporalidad de la obra de arte ”. Ante tal carácter de la ob r a de arte, Gadamer sostiene la necesidad de una interpretación t emporal de la misma. Nos hallamos ante una a parente pa radoja: la simultaneidad e ntre lo intemporal y lo tem poral de la obra de arte. Una paradoja q ue resuelv e introduci endo un cierto p erspectivismo hermenéutico a través de la interpreta ció n que realiza el especta dor: “ El espectador no se compo rt a con la dista ncia con que la concie ncia estétic a disfruta del a rt e de la representación, sino al modo de la comunicación del asistir ( … ). La e lev ación y el estremecimiento que invaden al espectador ahondan en realidad su continuidad consigo mismo ” 187 . E n tal e x periencia, e l espectador se encuentra con su p ro pio mundo, con la tradici ón en sus distintas dimensiones y , f inalmente, consigo mismo. Algo que e s aplicable tanto para la obra trágica como pa r a o tro tip o d e obras de arte e n las que la interpreta ci ón subjetiva del es p ectador rivaliza con la aspiración a una validez int emporal de 184 Cf. Op. Cit., p. 142. 185 GADAMER, H. G: V erdad y méto do , p. 161. 186 Cf. Op. Cit., pp, 165 - 166. 187 Op. Cit., p. 179. 116 la obra. Así pue s, e l análisis gadameriano de la obra de a rte le permite observar ese carácter esencial de la creación artística, su representación o ejecución. “ Solo en ellas se realiz a p or c omp leto lo que las ob ras de arte son por sí mismas: el estar ahí de lo que se representa a través de e llas. La temporalidad específica del ser estético, que consiste en que tiene su ser en el representarse, se vuelv e existente , en el caso de la reproducció n, como manifestación autónoma y con reliev e propio ” 188 . Un aspecto que será de a plicación al conjunto de las ciencias humanas que se intentan def i nir en su pretensión de verdad, de sde el mode lo de la estética. Gadamer ha destruido e l edificio de la estética con c ebida como la belleza, en tanto que apa riencia . Por tanto, podemos de cir también que ha destruido la idea de la conciencia, verdad y formación estética que derivan de tal concepción. T al destrucción es la que luego le permite colocar las nuev as bases hermenéuticas q ue hemo s descrito. Gadamer d emuestra que las ciencias huma n as se han comprendido primero según el modelo de una conciencia esté tica y no a partir del encuentro con su modo de ser . S u m odelo hermenéutico tie ne como base la e x periencia del arte y no la mera conciencia estética. S e aprecia un giro ontológico que reúne a la obra con el intérprete a través de un ju ego de implicaciones recíprocas 189 . Que el intérprete entre en el juego signif ica asumir todos sus prejuicios y su historicidad. Una actitud en la que se reconoce y se muestra como participando de una verdad de la que n o es dueño. No se trata de una verdad que dominemos, p ues co mo se ve en el juego de la experiencia artística, queda sie mpre algo que se escapa. Ricoeur ob s erva esta a ntino mia que s e le p resenta a Ga da mer c omo u na disyuntiva entre la verdad del intérprete y la d e la obra: “ o bien practicamos la a ctitud de verdad, pero entonces debemos renunciar a la objetiv idad de la s ciencias humanas” 190 . Al hilo d e este planteamiento co bra importancia la pe rte nencia d e una 188 GADAMER, H. G: V erdad y méto do, pp. 180 - 181. 189 Cf. GRONDIN, J: Int roducción a Gadamer , pp. 91 - 92. 190 RICOEUR, P: Del texto a la acción , p. 95. 117 determinada tradición co mo punto de partida hermenéutico, mediado por la experiencia lingüí stica. A este respecto, afirma Ri coeur que " mi pertenencia a una tradición o tradiciones, p asa por la interpretación de signos, de obra s, de textos e n los cua l es las h erencias culturales se han inscrito y of reci do a nuestro desciframiento ( … ) Pero la experiencia li n g üística sólo ejerce su función mediadora, porq ue los interlocu t ores d el d iál ogo desaparecen ambos f rente a las cosas dichas qu e, de alguna manera, conducen el diálogo ” 191 . Gadamer ve con claridad el principio hermenéutico d e ta l proceder en el acontecer d e la historicidad h umana. Así es como resuelve su antinomia colocando como condición de verdad, lo que aparecía como e l problem a hermenéutico fundamental: la dialéctica entre la subjetividad de l intérprete y una supuesta o bjetividad de la obr a. Según sus planteamientos, el intérprete está inmerso en la comprensión de la obra. No necesita, p u es, liberarse de los prejuicios que le impiden a lc anzar la ob je tividad, ni d e la tradición, para alcanzar la proclamada objetiv idad de l método de las ciencias natu rales. En la so l ución que propone Gadamer vemo s una novedad que surge al invertir la situación del círculo hermenéutico, resultado d e la historicidad humana. Gadame r advierte, e n sintonía con lo desarrollado por Heidegger , que “ el círculo de la comprensión, no es vici oso, sino una posibilidad positiva d el conocimiento más o riginario. Es la fo rma de rea liz arse la misma interpretación comprensiva 192 . La dificultad radica en el cómo de ese proceder , p ues es sabido que la interpretación, al enfrentarno s a un texto, nos coloca ante u n movimiento constante de la comp rensión de cara a dos he c hos d istintos. Por un lado, el movimiento de la compre n si ón es un p roceso de aprox imación anticipatorio del sentido y de carácter progresivo. Estas aproximaciones sucesivas al sentido del te x to se realizan d esde un proyecto del sentido. Es decir anticipaciones del sentido que se van ratificando en e l encuentr o con las cosas, hasta consegui r e l m ás ad ecuado. E sto de acuerdo a su confirmación con l as cosas. Por o tro, dada la situación en l a que se ve situado, debe dirigirse a los textos con unas opiniones previas examinadas en cuanto a su legitimación, es decir a su origen y v alidez. Para ello debe ser c onsciente de 191 Op. Cit., p. 94. 192 Cf. GADAM ER, H. G: V erdad y método , p. 332 . 118 tales tradiciones operando en su interior y n o a sumir que no existen y que se encuentra al margen de las mismas. Lo anterior sup o ne dos hechos. Primero, el riesgo de d ejarse llevar por las opiniones de conteni do prev ias, no legitimadas, y que constituyen nuestra precomprensión del objeto hermenéutico. Segundo, la existencia de las opiniones prev ias contenidas en nuestros h ábitos lingüísticos. El p roblema es cómo salir de tales riesgos, del círculo de l as p ro pias p osicio nes preconcebidas: se parar m i opinión de la del que se expresa en los textos. Gadamer se pregunta cóm o puede protegerse a un texto respecto a los malos entendidos 193 . Esta es una preocupación fundam ental, pues de tal presupuesto pende la po sibilidad de un s aber hermenéuti co que nos a cerque a la realidad y a la cosa de la cual hablan los textos. Gadamer responde a ello con una refundación completa de las cat egorí as hermenéuticas: la experi encia de verdad, las teo rí as estética y ética, la idea de los p rejuicios, la distancia en e l tiempo, la co nciencia histórica efectual y la conciencia de la vig ilancia, etc. Una auténtica refundación de la hermenéutica que justificará el subtítulo de V erdad y Mét odo , recordemos : funda m entación de una hermenéutica fil osófica . Una disciplina renov ada cuy as categorí as principales son las siguientes:  Los prejuicios son e nt endidos co mo condición de la comprensión y lejos de eludirlos, hay que asumirlos y hacerlos conscientes.  El sig nificado hermenéutico de la distancia e n el tiempo , l a denominada co nci encia histórica, que justifica el verdadero problema hermenéutica de la comprensión de un pasado cuy a distancia con respecto al interprete resulta alienante.  El principio de la hi storia e fectual o historia de los efe c tos de la obra a través de las sucesiv a s interpreta cio nes que incide directamente sobre la concien cia del intérprete. En definitiva, la puesta en cuestión de un saber objetivo frente a la dimensión subjetiv a de la 193 Una cuestión, por cierto, qu e se había convertido en uno de los objetivos centrales de la her menéutica de Schleiermacher , definida po r el autor com o “el arte de evitar los m alentendidos”. 119 comp r ensión de una obra.  El carácter universal de la experiencia hermenéutica, en tanto saber pragmático abierto a cualquier int érprete potencial d e la obra, más allá de su circunstancia original y de la intención de su autor .  La lógica de la pregunta y la res puesta , tomada de la estructura de la conversación, cuyas raíces encuentra Gadamer en la dialé cti ca socrático-platónica. Interpretar es reconstruir la pregunta original que generó la obra y aportar para ella nuev as respuestas.  La aplicación como modo de ser de la interpretación, en tanto que busca un desplazarme de una situa ció n para llevar e l sentid o hacia mí y traducirlo a mi experiencia.  La fusión de horiz ontes o diálo g o entre las tradiciones y la situación del inté rpre te y del tex to está n situados: Inte rpretar implica, de alguna m anera, fusionar el h oriz onte del pa sado (obra) co n el horizonte del presente (i ntérprete). En todo e st e camino gadameriano hemos asistido al d esarrollo de una productiva y rica teoría resuelta en el nivel gn oseológico y o ntológi co. Estamos, pues, frente a una ontología de la comprensión, má s que ante una teoría d e l a interpretación, diferente a la de Betti. Gadam er , a dife re ncia d e Betti, al situars e desde e l h oriz onte de la f enomenología y la onto l ogía de Heid egg er nos coloca en una profund iz ación d el p ro blema de la compren sió n que sobrepasa la perspectiva metodológica: “ Gadamer se queda en una hermenéutica simplemente fenomenológica q ue intenta mo strar lo que ‘realm ente acontece’ e n la intelección histórica, sin re fundir una he rmenéutica normativa que diera reglas y normas para lo que ‘ ha de acontecer ’ en la interpretación. Por el co ntrario la doctrina hermenéutica de Betti es una he rmenéutica absolutamente normativa, es decir , u na doctrina del mé t odo que se extiende a to dos los ámbitos de la compren si ón 120 propios de las ‘ciencias del espíritu’” 194 . A manera d e reso l ución de n u estra pregunta guía: ¿ de qué hablamos cuando hablamos de hermenéutica?, podemos responder que contamos ya con los eleme ntos para d ecir que comprendemos la herm enéutica co mo u n modo de saber d i ferente, pero no excluyente. Un sabe r cuya verdad es un gerundio; pues reh úy e la t entación de constituirse en un saber ab sol uto. Hermenéutica es un camino compartido para llegar a la compr ensión y a l co n ocimiento de un ser que se expresa lingüísticam ente. Reco rdemos la d eclaración de principios que realiza Ga damer e n la In troducción de V erdad y Método : “todo ser que puede ser comprendido es lenguaje”. Al correr en la m is ma línea de la experiencia, entendida como un acontecer; prov oca un sa ber que, desde su carácter f inito y oca sional, hace que alcancemos e l horizonte d e u n saber a barcante. Su fu erz a está en su aparente debilidad: consciente de la fragilidad, c aducidad y precariedad de la comprensión, el proceso hermenéutico i nvita a todos los intérpretes p otenci ales a sumar su i nterpretación en la tarea común de buscar la verdad. Su fuerza, pues, le viene de la concien cia y vig ilancia de su de bilid ad, de su capacidad de abrirse constantemente a nuevas experiencias, porq ue sabe que nunca asirá la verdad absoluta. “ Así, u na de las experiencias má s esenciales que una persona puede hacer es que otro le vaya conociendo mejor . Pero signif i ca que hemos de tomar en serio el encuentro con el otro, porque siempre hay algo en lo que no te níamos raz ón ni la te nemos ( … ). Por e l encuentro con el otro superamos la estrechez d e nuestro saber corriente de las cosas ( … ) Nos vamos a cercando a la verda d porque no nos aferramos a nosotros mismos ( … ) El e ncuentro con la trad ición también e s un diálog o. Bue no, es un diálogo porque nos sale al e ncuentro y n os plantea una pregunta a la que h em os de responder ( … ) nos interpela: sucede con nosotros entonces com o con el interlocutor de un diálogo ” 195 . 194 ORTIZ-OSÉS, A. y LANCEROS, P . e t al. (eds.): Diccionario interdi sciplinar de her menéutica , p. 214 . 195 CARSTEN, D: En conversación con Hans-Georg Gad amer , p. 44. 121 De e llo resulta que la verdad hermenéutica e st á protegida tanto del relativismo como de cua lq uier tentación dogmática. Como el hombre experimentado, la verdad de la experiencia hermenéutica, p or saberse falible, permanece en vigilancia y goza de “ la u niv e rsalidad de la finitud de toda experiencia y , f inalme nte, a la e x periencia fundamental de la f initud m isma ” 196 . Nos vemos, a sí , f rente a una verdad abierta, que deja entrar al o tro d esde su propio h oriz onte de verdad. Evento en el cual acontece un a fusión de horizontes, que amp lí a e l saber . Es un i r hacia un saber n o mejor , sin o diferente. Una nueva experiencia que, s egún Grondin, solamente se puede predecir que es impredecible. Criada en la decepción y e l padecer , debe permanecer vigil ante. T iene por tanto conciencia d e sus límites y sus posibilidades; no se deja en cantar p or la seducción del absolut o, pero no es derrotista como para rendirse al relat iv ismo que imp osi bilita la verdad. Al contrario, conoce sus posibilidades y debilidades. Quien la practica debe m antenerse en la línea pragmática y sa ber m anejarse en cada caso. Es , pues, u n saber enfrentarse co n las co sas e n una situación concreta. Un saber vital que co noce su s posibili dades y limitaciones reales en cada momento, para hacer su p roy ecto v ital, sin autoengaño s ni inautenticidad. Un saber que dev iene de la lógica del jueg o del diálogo, del “ser - con” otro , y que demanda el desplazarse hacia ese otro, desde su historicidad y no desde la autorrefutación. No se trata de l juego de la reflexión, sino de una lógica relacional d e igual der echo, en el que la m ir ada e stá puesta e n la cosa de l a que se habla. “ Acierta precisamente con la esencia d e la experiencia, que consiste en ser un saber que uno no cesa nunca de adquirir ( … ) Y l o que e s má s importante to d aví a: se acredita únicamen te en e l caso concreto ” 197 . Por tanto, se trat a de u n movimiento c onstante de d esplaz amiento y encuentro cuya ú nica co ndición metodológic a e s: “ La exigencia de un criterio para la verdad absoluta es u n ídolo m eta físico abstracto y pierde todo 196 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 185. 197 Op. Cit., p. 184. 128 a una filosof ía d el lenguaje que se enfren ta a la lingüística, al análisis conceptual, al p sicoanálisis, a l e struc turalismo, al marxismo, en orden a precisar el lugar del lenguaje y la relación de éste con e l ser ” 212 . Pese a esta atención central po r los problemas del len guaje su filosofía ha prestado atención a otros frentes. P ara Agís Villaverde su pensamiento establece a lo largo del tiempo un debate f ructí fero en cuatro f rente s: el existencialismo, que se opone al kantismo por su carácter de n uev o racionalismo; el estructuralismo contra la f ilo sof ía de l sujeto, contra la inflación de la f ilos ofía del lenguaje f rente a la defensa de lo vivido o de la acción; luego se enfrenta a los postulados d e la filosofía analítica f rente a los de l a hermenéutica f il osófica; y , últimamente, debate con el deconst ruccionismo y l a filosofía de la argumentación 213 . Estamos pues, con Ri coeur , ante una hermenéutica de la interpr etación como conflicto, cuy a preocupación g ira en to rno al d iscurs o humano e n tant o posibilidad de comprensión del ser y en función de un saber p ara la vida. Una tesis central en la obra d e Luisa P ortocarrero A Hermenêutica do conflito em P . Ricoeur 214 . Una orientación renovada para la hermenéutica que cu lmi na, como sostiene Doménico Jerv olino “ en una gran filosofía práctica ” 215 . Se comp re nde, entonces, que uno de los problemas centrales a l os que se enfrenta nuestro f il ósofo consiste en trocar lo inasible del leng uaje como acontecimiento, en su carácte r multívoco, en a ccesible al estudio. Esto inasible resulta del carácter y e structura de lo que él def ine como el objeto d ilecto de la hermenéutica: los lenguajes simbólicos. En este punto, la tarea co nsiste en encontrar la m anera de poder e lev ar de su estado d e marginación tradicional a 212 Op. Cit., p. 28. 213 AGÍS VILLA VERDE, M. Del sí mbolo a la metáfor a. Introducción a la filo sofía hermenéutica de Pa ul Ricoeur , Servicio de Pub licaciones de la Universidad de Santiago de Com postela 1995, p. 33. Sobre este mismo asunto Cf. RICOEUR, P: “ Auto compréhensi on et histoire ”, en CAL VO MARTÍNEZ, T . y ÁVILA CRE SPO, R. (ed s.): Paul Ricoeur: los caminos de la interpr etación- Sympos ium internacional sobre el pensamient o de Paul R icoeur -, Ed. Anthropos, Barcelona 1991. 214 POR TOCARRERO FERR EIRA DA SIL V A, L : A hermenêutica do conflito em Paul Ricoeur , Li vraria Minerva, Coimbra, 1992. 215 JERVOLINO, D: “ Para un a lectura unitaria de Paul Ricoeu r ” , en AGÍS VILLA V ERDE, M. et al. (eds.): Hermenéutica y respon sabilidad. Homenaje a Paul Ricoeur , S ervicio de Publicacione s de la Universidad de Santiago de Compostela 20 05, p. 301. 129 los lenguajes multívocos. Situación que la dialéctica del explicar y el comprender , tal cual en ese momento se c oncibe, h a atr apado en un dominio al margen de los valores filosóficos y los paradi gmas científicos. Esos dos campos deben analizarse en d i ferentes niveles y , sin embargo, se encuentran en e se m omento, como dos c am pos enfrentados. Un dualismo epistemológico q ue ll eva a Ricoeur a “ poner en cuestión la di cotomía que asigna a los dos térm in os, co mprensión y explicación, dos campos epistemológicos distint os, refe rid os respectivamente, a d os modalidades de se r irreductibles ” . 216 En el trabajo titu lado “ Paul Ricoeur en perspectiva: evolución y etapas de su pensamiento ” 217 , Marcelino Agís señala que el p erí odo hermenéutico de Ricoeur se inicia cu ando desc ubre la po tencialidad semántica del lenguaje indirecto, ca racterí stico de los discursos mítico-simb ólicos a rcaicos . Para Agís, al trat ar de introducir e l problema del mal e n la estructura d e la voluntad , Ricoeur p recisa el r o deo de los símbolos y los m itos. Y es cuando la hermenéutica se revela como el método e mpírico -descriptivo necesario para analizar símbolos y mitos. Al proceder de tal forma se origina el i njerto de la hermenéutica en la fenomenología, que lleva im plí cita la crítica a l método fenomenológico, pues margina a los mitos y fo r mas simbólicas y con ello no puede contemplar en su totalidad la reali dad humana. Ag í s nos recu erda q ue “ el sujeto no se conoce así mismo directamente, sino tan solo a través de los símbolos depositados en su memori a y en su imaginario por las grandes culturas ” . Por ende, el punto de partida de su proyecto es de jarse decir a lg o por el dis curso del otro. El momento es e l de disponer un conjunto de d isciplinas y ciencias del len g uaje para desvelar el mensaje de los discursos m í tico -simbólicos. Po r ello, considera que los esfuerzos de Ricoeur se orientarán a una reestructuración de esos m itos en su propio universo de d is curso. De a llí que los mito s pasen a ser entendidos como elaboraciones que remiten a un lenguaje más fu ndamental que resulta ser 216 RICOEUR, P: Del texto a la acción , p.149. 217 Véase el hilo de esta exposic ión AGÍS VILLA V ERDE, M : “ Paul Ri coeur en perspectiva: evolución y etapas de su pensamiento ” , en Ágor a, V ol. 25 , Número 2, Servicio de Pu blicaciones de la Univers idad de Santiago de Compostela 2006, p p. 31- 33. 130 totalmente simbólico y para comp renderlo es necesario una exégesis de l símbolo o “ hermenéutica primaria ” , es decir un conjunto de reglas que permitan comprender este lenguaje 218 . Con ello Ricoeur alcanz a do s objetivos: respetar el carácter específico del mundo simbólico; y , pensar a partir del sí mbolo, eso sig nifica la ex presión: el símbolo da qué pensar . ¿Qué quiere decir con dicha expresión? En opinión de Agís, el símbolo da que pensar en la medida que somos capaces de añadirle una interpretación que p romueva u n sentido que vay a m ás allá de él. El símbolo se encuentra en los o rí genes de nuestro lenguaje y por ello no es ajeno al raciocinio f ilo sófico, pero se ha f ormado con anterioridad al lenguaje filosófico. D e manera que es v álida la consideración ricoeuriana de que la comprensión del símbolo pe r mite alcanzar el origen ance stral de nu es tra conciencia actual. A sí , nos dice Agís, gracias a la hermenéutica simbólica lo que era u n discurso incoherente y oscuro se torna comprensible y nos ilumina, un universo cultural, y parte de nuestro modo d e ser actual. Lo que conduce a una hermenéutica f ilosófica es el paso que lleva m ás allá de la ref l exión intrínseca de los símbolos 219 . En cuanto al campo de la interpreta ci ón y el doble sentido, afirma Agís que la hermenéutica de Ricoeur se amplía al d irig ir la interpretación hacia la pluralidad de discursos del hombre , sin a ba ndonar e l mundo de los símbo los , esto sobre la base de que cu alquier discurso es susceptible de manifestar un doble sentido que el hermeneuta debe esclarecer . “ ( … ) el problema de l a interpretación designa recíprocamente toda la comprensión del sen tido especialmente ordenado en las expresiones equív ocas. La interpretación es la comprensión del doble sentido ” 220 . En este camino Rico eur reco rre vías aparentemente irrecon ciliable s, pero que comprenden núcleos dialécticos de una misma totalidad del decir humano, que é l d esc ubre en su o rig inalidad dentro del lenguaje simbólico. A sí, inicia un viaje de ida y vuelta, p ero que no es un círculo vicioso, sino productivo, en el 218 Cf. AGÍS VILL A VERDE. M: Conocimiento y razón práctica. Un recorrido por la filosofía de Paul Ricoeur , Fundación E. Mounier , Madrid 20 1 1, p. 131. 219 Cf. Op. Cit., p. 133. 220 AGÍ S VILLA VERDE, M : “ Paul Ricoeur en perspectiva: evolución y etapas de su pensam iento ” , p. 34. 131 cual parte d el símbolo, que lo lleva al lenguaje e n su ser constitutivo, y se ve obligado a examina r las diferentes f orma de interpretar e sos len guaje s humanos. En este proceso descub re e l leng uaje en su modo de ser primario (pero olv idado por la ling üística estructuralista) ; el lenguaje en su niv el de acontecer , e n el que por su evanescencia se vuelve ina sible. Es p r ecisamente en ese nivel del lenguaje en el que se sitúa el modo real y actualizado de lo que antes no era más que una estructura v irtual. En t al n iv el cuestiona la dicotomía en tr e len g u a y habla, ha st a cierto punto improductiva, pues dic ha distinción no e s suficiente pa ra explicar la realidad del lenguaje. Por ende, la considera un e n foque unidimensional al que opone uno pluridimensional. Éste lo tra nsporta a u na teoría lingüí stica semántica, q ue tendrá por tarea dar cuenta de la estructura del discurso . “ El objeto de la semi ótica – e l signo- es meramente v irtual. Solamente la oración es real en tanto co nstituye el mismo acontecimiento del habla. P or e so no hay fo rma de pasar de l a palabra, como signo léxico, a la oración m ediante el simple recurso de extender la misma me t odología a una entidad más compleja. La oración no es una palabra más grande o más compleja, es una nueva entidad ” 221 . En esta línea, Ricoeur con sid era que la distinción entre semántica y semiótica es la cla ve p ara abordar el problema total del lenguaje . Este camino nos devela las diferentes f ormas de ser del discurso. Lo que analiza desde una triada de ej es caracterí sticos vinculad os en nú cle os dialécticos. La di aléctica del acontecimiento y el sentido en el discurso, en primer lugar , en do nde sostiene que “ si todo discurso se a ct ualiza co mo a contecimi ento, todo discurso es comprendido como sentido ” . 222 Es e n el a c ontecimiento que se produ ce la exteriorización gracias a la c ual ocurre que una impresión trascie nde y se convierte en expresión. Po r ello “ la exteriorización y la comunicabili dad resultan una y la misma cosa, pues no son nada más que esta elevación de una parte 221 RICOEUR, P: T eoría de la inter pretación , Siglo XXI Ed., Madrid, 1 999, p. 22. 222 Op. Cit., p. 26. 132 de nuestra vida al logos del discurso ” 223 . Esta dialéctica es tanto externa: -lo que se quiere decir- com o contenido p ro posicional y lad o objetiv o de l sentido; pero también es interna, es decir lo intencionado por e l hablante, lo ilocutivo d el acto de habla y lo perlocutiv o, que constituyen el lado interno o subj etivo. Esta di ferenciación le p ermite a nuestro a utor , situarse en una nueva dialéctica, a quella que ocurre en el lado objetiv o de l discurso: la distinción entr e significado y referencia, que se puede vincular a la distinción entre semiótica y semántica. Esta dialéctica permite distinguir entre lo que se dice y acerca de lo que se dice. E sto es p osible y a que en la oración “ el lenguaje s e d ir ig e m ás allá de sí mismo. Mien tras que el sen ti do es inmanente al discurso y objetivo en el sentido de ideal, la referencia expresa el movimiento en q ue el lenguaje se trascienden así m ismo ” 224 . Así el sentido remite a la vinculación de la fun ció n del sujeto y el predicado y la ref erencia re mite al mundo. Este es a su vez entendido como: “ ( … ) el conjunto de re ferencias abiertas por t odo tipo de texto ” 225 . A estas dos polaridades d ial écticas está sometido el acontecimiento del habla, que no se cancela en ellas sino se somete a ellas. Es e n esta teoría del discurso en donde el texto, concebido como p aso del d iscur so a la letra o del habla a la escritura, encuentra sus condiciones de rea liz ación. Ricoe ur sacará provecho de la exteri orización intencional que presenta la es critura para retomar el problema c entral de la hermenéutica: el distanciam i ento. Es en la escritura donde adquiere su f orma má s dram ática. De aquí e merg e la otra polaridad d ialéctica; la que se da a nivel del distan cia miento y la apropiación, o entre la escritura/lectura, un aspecto que se convertirá en el prob l ema central de la hermenéutica. Para Ricoeur , llegar a la escritura, como u na exterio rización, significa dar cuenta d e la serie de alte raciones que se reproducen en el d iscurs o al pasar a su modalidad escrita. Pa ra e x plicar tales alteraciones, se auxilia del modelo de comunicación d e Jakobson. Éste le proporciona un esquema justo p ara dar cuenta de cada uno de dicha s alte raci ones y las dialé cticas inmersas en cada 223 Op. Cit., p. 33. 224 Op. Cit., p. 34. 225 Op. Cit., p. 50. 133 una de ellas. Estas alteraciones se producen a niv el de los componentes del proces o de comunicación, vínculos en pares que Ricoeur analiza a f i n de d istinguir en cada uno, las alt eraciones correspondi entes, prov ocadas por el cambio de modalidad discursiva. E n la relació n de l men saje y el ha blante se opera el cambio de hablante a autor y el texto adquiere una a utonomí a semántica. En la relación del men saje y el oyente, é st e se convierte en lector , un público anónimo, m ás universal. Esto produce la paradoja q ue, al materi aliz arse el discurso, se da una independencia situacional o topológica d el mismo. Así el sentido d el texto liberado y el sentid o del lector liberad o de la situación loca l se encuentran en una converg encia en una im portante lucha que genera la dinámica total de la interpretación. “ La he r menéutica comienza donde termina el diálogo ” 226 . En la relación mensaje y código Ricoeu r , d escubre que dicha rela ción se consolida y hace más comp l eta en la e s critura indi rect a, es de cir en los géneros literarios que poseen u na estructura propia, la de código prop io que tiene el carácter de la relación práctica – obr a, como en la p ro ducción. En los géneros literarios se establece una coinciden cia e ntre e scritura y produ cció n de los que ev idencia que “muestran tener algunas co ndic iones que teóricamente podrían ser descritas sin considerar la escritura. La función de estos mecanismos generativos es producir nu evas entidades de lenguaje más largas que la oración. Un poema, una narr ación ( … ) d ependen de leyes de composición que en p r incipio son indiferentes a la oposición entre el hablar y el escribir ” 227 . Para Ricoeur el caráct er de los géneros literarios responde a la dicotomía teoría-práctica y no a la de hablar y escribir . Y a que considera que “ En la literatura, los problemas de la inscripción y de l a producción tienden a solap arse. Lo mismo puede decirse del concepto de te x to, qu e co mbina la condició n de inscripción con l a textura propia de las o bras generadas p or las reglas d e la composición. T exto significa discurso, tanto e scrito como elaborado 226 Op. Cit., p. 44. 227 Op. Cit., p. 45. 134 ( … ) La e scritura y la producción de las ob ras de discurso de acuerdo con las regla s de composición literaria tienden a coincidir aun sin ser procesos idénticos ” 228 . Los géneros literarios encuentran en este ámbito el camino de regreso a l le nguaje multívoco, p ues se caracterizan po r un excedente de sentido que es una ampliación de su significación. Esta dimensión simbólica se aprecia también en la m etá fora, pues al igual que el símbolo posee una estructura semántica que la hace tener un doble sentido. “Llamo símbolo – nos dice Ricoeur- a toda estructura de significación d onde un sen tido directo, primario, literal, designa por añadidura otro sentido indirecto, secundario, figurado, que no puede ser a prendid o má s que a partir d el prim ero. Esta circunscripción de las expresiones de doble sentido constituy e propiamente el campo hermenéutico” 229 . Esta será la orientación inicial de la hermenéutica de Ricoe ur , centrada en las expresiones de doble sentido. Con po st erioridad, recorre el camino de la lin güística para estudiar , la d imensión ling üística del símbolo, el aspecto semántico d esde la m etá fo ra , la innovación semántica vinculada a la construcción de la trama , etc . “ Pero si la teoría de la m etá fora pu ede servir como un análisis p reparatorio que nos lleva a la teoría d el símbolo, a su vez la teoría de l símbolo nos co ncederá ampliar nuestra teoría de la signif icaci ón; así la metáfora y el sí mbolo serv irán para determinar el campo de a mplitud de l a teoría de la interpretación ” 230 . Esta dimensión de la me táfora como un microtex to, cuya dinám ica y estructura lo co nduc e a l símbo l o, se justifica po rq ue las t eorías del símbolo que existen adolecen de una serie de prob lem as para abordar la complejidad y carácter de las e x presiones simbólicas. Ricoeu r señala dos lim itaciones fundamentales que afectan a las teorías del símbolo. En primer lugar , los símbolos pertenecen a dema sia dos y variados campos de inves tigación; en 228 Op. Cit., p. 46. 229 RICOEUR, P: Le con flit des interpr étations. Essais d ’herméneutiq ue , Éd. du Seuil, París 1 969, p. 16. 230 Cf. RICOEUR, P: T eoría de la int erpretación , p. 59. 135 segundo lugar , el concepto del símbolo presenta una complejidad externa al conjuntar dos d imensiones que tienen un doble sentido, u no de orden primario y otro secundario. Pero en donde la dimensión no lingüística es tan obvia como la d imensió n li ngüística, pue s un símbolo siempre refiere su e l emento lingüístico a alguna otra cosa 231 . Por ello dice preferir abordarlo a la luz de la teoría de la metáfora, que resulta má s aclaratoria. Est a a claración que ofrece la teorí a de la metáfora l a propone en tres pasos: 232  Id enti ficar e l núcleo d e cada símbolo, sin imp ort ar cuá n dife re ntes pueden ser cada uno, basá ndose en la estructura del sentido que se despliega en expresiones metafóricas.  La función metafórica del lenguaje permite a islar e l estrato no lingüístico de los símbolos.  La nueva comprensión dará origen a desarroll os p osteriores en la teoría de la metáfora. Ahora bien, su interés por el símbolo y la metáfora son solo una parte de su h ermenéutica, atenta también a otras nociones como las de discurso, texto y obra, que están en la raíz del p roblema hermenéutico. Estas tres nociones se encuentran íntimamente ligadas 233 . El d iscurso es la f orma en que e l lenguaje se realiza. El texto la forma e n que la intención del discurso se f ija, para comunicarse y hacerse púb lico. Y el discurso e s la manera por la que se hace materia prima a dispos ición del que e la bora la obra literaria. En todo ello, lo que se comunica es la “cosa del texto” ( chose du texte) . Ricoeur , nos dice que “ lo q ue nos permite entonces comunicarno s en la distancia es la cosa del texto que no pertenece ni a su autor ni a su lector ” 234 . Por texto entien de todo discurso fijado por la e scritura. El d iscurso es entendid o como una realización del len g uaje que se manifiesta en fo rma oral y escrita, e s resultado de la dialéctica del acontecimiento y el se ntido, por tanto portador de 231 Cf. Op. Cit., pp. 60 - 66. 232 Cf. Op. Cit., p. 67. 233 Véase el hilo de este análisis en RICOEUR , P: Del text o a la acción, capítulo I y II, y en T eo ría de la interpretación , “ El lenguaje como discur so”, y en “ Habla y escr itura ” , Ed. Siglo XXI, Madrid 1999. 234 RICOEUR, P: Del texto a la acción , p. 94. 136 un mensaje y presenta un rasgo de distanciamiento absolutament e primitivo. El discurso se construye sobre la unidad oracional. Por lo que la lingüística oracional es la que sostiene la d ial éctica del acontecimiento y del sentido, y d e ella pa rte la teoría del texto d e Ricoeur . Como tal, sostiene que el discurso se realiza como acontecimiento y se comprend e como sig nificado. En la lingüística del d iscurso ambos co mponentes qued an ensamblados. El acontecimiento e s superado en el signi ficado y ha ce manifiesta la intenci onalidad misma del lenguaje, lo que le da al lenguaje su carácter de referencia sig nificante. Como tal acontecimiento, e l discurso posee los rasgos de realiz arse en el tiempo y de ser au t orreferencial, pues remite al hablante por medio de un conjunto complejo de ind icadores, como los p ronombres personales. Así, el acontecimiento consiste en que “alguien ha b la a alguien a propósito d e algo”. Es decir , se refiere a un mundo que pretende describir , ex presar o representar . Como sentido o significado e l discurso se caracteriz a po r se r perdurable; suponer la superació n del aconteci miento gracias a los tres momentos d el discurso: la fu erz a decreciente del nivel locu cio nario (de cir) la f uerz a eleccionaria (ha c er) y el acto perlocucionario (producir efecto) m is ma del lenguaje. Gracias a tal exteriorización el aconte ci miento es superado y h ace posible la inscripción por medio de la escritura. Estos tres momentos guardan unidad de modo qu e pueden ser identificados y reide ntificados con e l mismo significado. Desde tal e structura llama significación del acto del discurso a una acepción amplia que a barca todos los aspectos y todo s los n i v eles de la exteriorización intencional q ue hac e posibl e a s u v ez la ex terioriz ación del discurso en la obra y en lo escrito. El discurso, a demás se ca racteri za por un a doble re fe re ncia, por un lado remite al emisor , al hablante y al mismo tiempo se re fiere al mundo. En esta correlación, es e l hablante el que se refiere al mundo a l hablar . El discurso en acción y en uso remite hacia atrás y h acia delante: tal es el criterio final del lenguaje como discurso 235 . Pero a su v ez el poder de revelar el destino del discurso como p roy ección del m undo, radica en la e scritura, dado que con ella 235 RICOEUR, P: T eoría de la inter pretación , p.36. 137 se p ro duce la liberación del autor y del auditorio originario 236 . El d iscurso f ijado por la e scritura , ya hemos dicho , adquiere ind epende ncia semántica y topológica. Ricoeur sostiene q ue lo que pretende demo strar es que un texto escrito es una form a de discurso y que p or tanto las condiciones de posibilidad del discurso v alen para el texto. Lo que pa s a es que el acont ecimiento e n la escritura no está cancelado sino sometido a una serie d e p olarid ades dialécticas que resume en acontecimiento, sentido, significado y re ferencia. El discurso produce un distan ci amiento pr oductivo precisamente e n l a relación lectura-escritura p ues se genera la nece si dad del hacer prop io lo extraño: “La lectura es el ‘remedio’ por el cual el sentid o del texto es rescatado de la separación del distanciamiento y colocado en una nuev a proximidad, suprime y preserva la distan ci a cultural e incluye la o tredad dentro de lo propio”. 237 Nos resulta ilustrativo prese ntar en este punto lo que a porta M. Ag ís con respecto a la noción ricoeuriana de tex to en Del símbolo a la metáfora : “En tan t o que unidad lingüí stica (…), un te x to es, por u na parte, una expansión de la primera unidad de significación actual que es la frase, o la instancia de d iscurso e n el sentido de Benveniste. Po r otra, aporta un principio de organización transfrásico qu e es explotado por el acto de contar b ajo to das sus formas (…) El texto genera un mundo abierto que no puede aportar la f rase por sus limitadas dimensiones (…) El mundo que genera el texto es un mundo peculiar , un mundo que entra en conflicto con el mundo real para describirlo: lo rehace, lo con firma, lo niega, por razón de que el mundo como tal solo puede ser comunicable al se r constituido lingüísticamente” 238 . Para Ricoeur , la obra se sitúa entre la parado ja del a conteci miento y e l sentido, entablando una c omplementarieda d entre explicación y com pr ensión 236 Op. Cit., p. 50. 237 Op. Cit., p. 56. 238 AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora , pp. 101 - 102. 144 culturales, que son condición sine qua non para que el proyecto nacional salvadoreño sea viable. Discurso que es coherente e iluminador de nuestra realidad actual, y muestra la capacidad prod uctiva de su poesía. Ofrecemos ta l hipótesis d e trabajo fundada en el p resentir de un p rimer nivel de lectura de los textos q ue tiene la f unción d e guía d e lectura para lo s otros niv eles. Y se opera en una s erie semá ntica de las v e inte categorías presentadas con a n terioridad que funcionan a m anera de preguntas a los textos. E strategia que traba ja como un p rimer nivel de lectura dialógica - analítica a la luz de la perspectiva teórica que hemos establecido. Ésta sup one una ruptura co n la idea de un saber instrumental o e s encial, que nos libre de un modo de en t ender a bsoluto, como el caso de la metafísica tradicional y todas las co ncepciones permeadas c on dicha idea, o con aquellas que no s llevan a la posición de redu cir el s aber a un método-teorético positivista. Por e llo, nos hemos a cogido a una visión d e la hermenéutica como experiencia que rehúye una reducción codificada y f ijad a en el lenguaje, qu e ciertamente tiene una fu nción cognitiva y m etodológica, pero no d ebe aceptarse como camino único. “En ef ec to, ningún enunciado podrá expresar exhaustivamente lo que la lucha por h allar un lenguaje. El ‘universal “ahí” del ser en l a palabra’ no es el lenguaje e x presado en cada caso, que se d ej a codificar y f ijar . Es cons ciente de los límites de todo enunciado en relación con lo que ha de enunciarse. Por consig uiente, la hermenéutica gadameriana de la lingüisticid ad tendrá que alzarse contra el dominio de la lógica de los enunciad os”. 252 Lo que buscamos, en lenguaje agustini ano, es la palabra interna. Eso que se ha dicho entre líneas y que solo puede ser alcan z ado, si se asum e su ir m ás allá, en ta nto palabra refe rida a lo externo; un juego d e lo interior a lo interior , como el d iálogo del alma. En e st e caso, el diálogo entre la realidad int erna y la referida por la pal abra. Solo e n este senti do la palabra pu ede mostrar su verdad especulativa. 252 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 222. 145 “La hermenéutica – nos recuerda Gadamer- concibe de manera diferente la v erdad de la palabra: en las verdades f initas del len gu aje habrá que trata r de entender la infinitud de lo que se quiere decir . Lo que se trata d e escuchar no e s simplemente el sentido semántico y lógico del disc urso e nunciado sin o -más allá de él - e l len guaj e q ue se b usc a a sí mismo. En una anticipación del pensamiento a cerca de la v erdad de la pala bra, V erdad y m é todo habl aba aq uí de una ‘dialéctica d e la p al abra’: ‘Por e so cada p al abra , como a c ontecer de un momento, hace que esté también lo no dicho, a lo cual se refiere como respuesta y alusión’” 253 . Como vemos, no hay espa cio para concebir la realidad f u era del lenguaje. En él se oculta o revela, lo que significa que n o puede construirs e u na verdad sobre la realidad al margen del len gu aje como experiencia, como concreción del ser de lo real. El lenguaje m is mo puede trascenderse, “tiene la libertad de poder decirse de otra manera: todo puede decirse o silenciarse de otra manera. La inte ligencia del lenguaje h ermenéutico nos prohíbe tomar los enunciados al pie de la letra (…) La ling üisticidad humana se ca r acteriza precisamente por un ser más allá de sí m isma que le permite mantenerse a bierta a nuevo s horizontes y posibilidade s lingüísticas y su straerse un poco más a su s propias unilateralidades.” 254 Estamos f rente a una f orma de entender la verdad e n relación con la historicidad y con un sujeto que la reco noce como su modo de ser prop io. Mas ¿de qué verdad se trata cuando nos enfrentamos a textos liter arios? Para contestar a esta cuestión seguimos la senda que Gadame r desarrolla sobre la verdad de la obra de arte. Su p osició n n os evita caer e n la tram pa de comprender el hecho literario como una conciencia estética reducida, que nos lleve al ca llejón d e los saberes marginales. Partiremos de la teoría de la verdad de Gadamer , pero que luego continuamos p or la ví a que abre Ricoeur con su teoría de la verdad metafórica, con la que culminaremos este aparta do. Grondin so stie ne, en relación a la categ oría de verdad que “Gadamer 253 GADAMER; H.G: V erdad y Méto do I, p. 549. 254 GRONDIN, J: Intr oducción a Gadam er , p. 222. 146 mismo en su man i festación programática, habló po co de la ‘verdad’. Insistió, más bien, de facto, en la f unción de ‘re presentación’ que existe en l a a cció n temporal del arte la cual en el fondo se encamina hacia un proceso onto ló gico. Pero la experiencia ‘ontológica’ del ser se mue s tra, para Gadamer , com o un conocimiento de la verdad.” 255 . He aquí la importancia de lo que nos trae a este tema, tal como y a lo ex pusimos e n nuestro recorrido por l a historia de l a hermenéutica contemporánea. A diferencia del modelo científico de las ciencias naturales, aquí se requiere que quien conoce, entre en e l juego hermenéutico con toda su carga de horiz ontes, es decir , con su p r ecomprensión de la realidad. Hacerse cargo de la tradición a la que pertenecemos sup one una prime ra orientación y ho riz onte de sentido que debemos ir ampliando y precisando, pero sin tradición no hay sentido. Recordemos que para Gadamer , el sentido solo se no s muestra en ese horizonte de l a tradición, e n el que inté rprete y productor están imbuidos respectivamente. De modo que la verdad se nos dona en el esfuerzo d e comprensió n situado en la tradición. S e trata de un saber crítico situado en diálogo entre texto y contexto, en tre l a tradición y el presente al que pertenecen autor y lect or . Es decir , tanto la con figuración del texto, como su interpretación suponen una reflexión sobre los f undamentos, alcances y consecuencias de dicha tradición. Habermas ha mantenido una crítica hacia esta posición de Gadamer que prevé la equipa ració n entre verdad y trad ición, y sobre la prete nsión de universaliz ación de una hermenéutica que se juega en la idea de que existir es comprender y co mprender es e x istir . Con rel ación a dicha crítica, Feito nos dic e que Gadamer ha defendido aquí el carácter de reflexión crítica, en el sentido d e que no se deja impo ner a su co nciencia los lí mites d e la trad ic ión, pe r o los atiende y supone como un primer niv el de acercamiento 256 . Según R omo Feito, Gadamer , enfrenta el problema de la relación con l a tradición y la autoridad, d esde una hermenéutica que abre posibilidades de conocimiento que sin e lla n o s e apreciarían, pero no ofrece u n cr iterio de 255 Op. Cit. , pp.. 91 - 92. 256 ROMO FEITO, F: Herm enéutica, inter pretación, literatura , Ed. Ant hropos, Barcelona 2007, pp. 24- 25. 147 verdad 257 . Al respecto, Feito nos señala que: “‘de l ‘ser para la muerte’ heideggeriano deriva el ‘ser para e l texto’ de Gadamer”. (…) El Gadame r de V erdad y método y posterior ha producido no pocos escritos en los que se puede recono cer una ref lexión aplicada de nuevo a la interpretación de textos, pero enriquecida por el largo recorrido por la ontología. Unos y o tro s constituyen una inspiración nada despreciable para el pens amiento literario”. 258 Pero para d elimitar y consolidar esta categ oría de trabajo, cerraremos nuestro concepto de verdad desde la plataforma que edifica Ricoeur en su teoría de l a v erdad m etafórica, pues ella nos permite situarn os con mayor solidez en el terreno que nos int eresa: el d e l lenguaje poético, te x tual , y su capacidad d e decir del ser y mo s trar e l m odo como opera el texto para expresarlo. A través de tal exposición, dejaremos establecido las posibilidades y tipo de conocimiento al que los textos literarios nos conducen. B. Posibili d ades del conocimiento a través del tex to y l a metáfora Nos m overemos hacia la verdad literaria, desde la v e rdad metafórica. Sobre este tem a, Á ng el González señala el p oco esfuerzo que se ha hecho para dilucidar el trabajo y carácter de la metá fo ra co mo surtidor de la rea lidad y el valor del trabajo de Ricoeur al respecto “(…) el giro más radical en la teorí a de la metá fora se da cuando Ricoeur nos hace notar que la f unción d eno minativa de la metáfora, que n orma lmente está ah í , e s conse c uencia de o tra función primordial en la configuració n del tropo: la fun ción atributiva. La metáfora no simplemente denomina a su referente objetivo sino que le atribuye algo; realiza un a predicación a cerc a de él; y esta predicación se co nstituy e ad emás en elemento fun da mental d e la metáfora. En la met áfora se cumple, por todo ello, de forma compendiada y tam bién aquilatada la voluntad predicativa que 257 IBID. 258 Op. Cit., pp. 21- 22. 148 corresponde a toda literatura es una predicación acerca del mundo y de la vida” 259 . La cita anterior ilustra la importancia d e Paul Ricoeur en la dilucidación de una teoría de la metáfora que busca d ar un giro f undament al capaz de despejar el cam i no que conduce de los lenguajes multívocos a la realidad. Y a observamos, con Ricoeur , el valor d e la icon icidad. Pero para ahondar en el poder de la metáfo ra, como canal que lleva al ser de la realidad d e otra forma y desde otros ángulos, hemos de considerar dos no t as constitutivas d e la metáfora que evidencian su poder de v erdad: la refe re ncia y la denotación. N os fijaremos d espués en las a portaciones de Ne lson Good man y d e Max Black, cuyas teorías incorpora críticamente Ricoeur . Hemos visto en el apartado anterior , el se nti do semán tico de la metáfora y la solidez de la fu nci ón icónica que opera en ella. C on ta l descubrimiento, Ricoeur salva el caráct er de la imagen y su función en la desviación semántica; así como la vinculación interna entre el jue go de la semejanz a que despliega la función pr edicativa de la metáfora. Lo que b i en señala Rico eur , y enfatiza Ángel González a l f in al de la última cita ofreci da: “la voluntad predicativ a q ue corresponde a toda literatura es una p redi cación a c er ca del mundo y de la vida”. R especto d e la fu nción predicativa y su resultado por la operación de la semejanza, Pena M ouriz sostiene que en la metáfora la sustitución de un término se produce por medio de la interacción de todos los té r minos de un enunciado m eta fórico; así la semejanza f u nciona o poniendo y con ello une la identidad y la diferencia 260 . Es decir , que la metáfora puede hacernos ver lo diferente en lo similar y lo sim ilar en lo diferente, lo que la hace reveladora en su decir una cosa con los términos de otra: un err or provocado a propósito. La v erdad metafórica, según Ricoeur , no en tr a en an tag onismo excluyente con la realidad del discurso especulativo. Podríamos d ecir que para é l, e n tre discurso especulativo y poético existen “vasos comunicantes” 261 por los cuales 259 GONZÁL EZ FERNÁNDEZ, Á: “La m etáfora: de la abstracción al expr esionismo”, en Revista Ágo ra. Papeles de Filosofía , Universidad de Santiag o de Compostela, V ol. 25-2, 2006 , pp. 88- 89. 260 Cf. PENA MOURIZ, J : La metáfo ra en la obra de Paul Ricoeur , Ed. Danú, Santiago d e Compostela 2010, p. 368. 261 El tér mino entr ecomillado lo hemos tom ado de la literatu ra, para ilustrar la relación que Ricoeur establece entre un modo del discurso y o tro. 149 ocurre un intercambio prod uctiv o, una especie de comp licida d: “Entre filosof í a y metáfora surge una i mplicación to talmente nueva, que las encadena en el ámbito de sus presuposici ones ocultas, más que en sus intenciones declara das (…) se ha trasto c ado el modo de im plicaci ón: lo no -pensado de la f ilos ofía se anticipa a lo no dicho de la m etá fora (…) la transgresión de la meta -fora y la de la meta-física posi bl emente no son más que una sola y única transferencia” 262 . Hemos hablando del p oder referencial de la m etá fora, en cuanto discurso. V eremos a h ora cómo op era el proceso en la te x tualidad, tal como lo describe Ricoeur y lo enriquecen otros autores . Para él, e s en las unidades mayores, como es el cas o del tex to literario, donde mej or se revela el c arácter referencial de la metáfora. El problema de la referenci a v inc ulada a la distinción e ntre el plano semántico q ue af ecta a la f ras e, y el plano he rm enéutico que afecta a unidades mayores que la f rase, muestra en e ste último caso su verdadera dimensión. 263 T ambién es importante para Ricoeur distinguir los p lanos se má ntico y semiótico pues tiene tres impo rt antes implicaciones: l a prime r a, poner de relieve el carácter e s encialmente sintético de la predicación, como operació n central del d isc urso; la segun da, mostrar l a irreductibilidad de la intención del discurso al significado; y la tercera, l a tendencia a un “real extralingüístico que es su referente”, pues en con traste con el sig no, que solo remite a otros signos dentro de la inmanencia del sistema, el discurso tiende a las cosas, se refiere al mundo. Para el filósofo francés es necesario s ubordinar el pla no se miótico al semántico, pues el primero e s una a bs tracc ión d el s egundo, y a que el signo debe su propio sentido a su u s o en el d iscurso. El plano semántico se corresponde con lo más concreto del l enguaje: el acontecim ien to del habla , q ue es expresamente el momento del decir sobre la realidad. Ese acontecimiento del ha bl a, dado su carácter evanescente, fue excluido de los objetos de estudio p or parte de la lingüística tradicional, lo que o blig a a 262 RICOEUR, P: La m etáfora viva , p. 372. 263 La exposición s iguiente es un r esumen del hilo central qu e Ric oeur desarr olla sobre: la metáfor a, referencia y verdad, desarr ollado en La metá fora viva . Para ver de talles, ver e l estudio VII, páginas de la 28 a la 336. Cual quier alusión a otros auto res, será referida en el texto directamente. 150 Ricoeur a desarrollar un a lingüí stica d el d iscurso, que distingue entre se ntido y referencia, tal como había sido aviz orada por Ben v eniste y Frege. T al distinción vale en p rincipio para tod o el discurso, ta nto si se siguen los postulados de Benveniste o Frege, pues son complementarios 264 . Ahora bien, como e l problema q ue nos intere sa e s e l del texto, una unidad discursiva mayor que la f rase, resulta que el po stul ado de la referencia descrito no es suficiente y req uiere una elaboración d istinta. El te xto como obra responde a otra dialéct ica que im plica un trabajo d e composición, ca racterizado por tres rasgos distintivos: en prime r lugar , así como la f rase es irreductible a una su ma de signos, la ob ra lo es a una suma de frases; en se gundo lugar , obedece a reglas f orm ales, que n o son de lengua sino de discurso, c ódigo que regula la praxis de l t exto y p roduce un g énero espe cífico según su s reglas . poema, no v ela, etc. ; y , en tercer lugar , e sa obra singular en la que desemboca la prod ucción, es lo qu e se puede llamar e stil o y es lo m ás importante, pues es lo que distingue de modo irreductible las categ orías prácticas de las te óricas. La obra, en tanto que p roducto individual, es e l ob jetiv o al cual va dirigido la int erpretació n. El texto, sea literario o de o tro tipo, requiere, por su particular estructura y d inámica, un nuevo postulado de la referencia. En esa dimensión discursiva te xtual h ay que inclu ir , según Ricoeur , a la metáfora, un discurso en miniatura que rebasa el ámbito de la palab r a. Marcelino Agís, en Del símbolo la metáfora , n os dice que “la semántica de la palabra es justamente la que sir v e de telón de fondo a los trabajos de la Nuev a Retórica”. Pero que esta última evoca más eco s de la te orí a de la m etá fora de sustitución, ya combatida, que aporta elementos pa r a abonar a una teorí a d e la metáfora “ent endida co mo modelo en el plano enun cia tivo de l discurso filosófi co o del discurso poético”. Como esta ne orretóri ca cierra e l camino donde la metáf or a – palabra se f undía en el seno de la m etá fora - enunciado (…) podemos decir que no aporta na da nuevo, que lo ya contemplado en la retórica c lásica” 265 . Esto mis mo ocurre c on los modelos generados de las propuestas de 264 “Al cruzarse las dos int erpretacione s de la refe rencia nos dice Ricoeur - crean la configur ación po lar de la pr opia referencia, que pued e llamarse objeto , si consider amos el referente de l no mbre, o estado de cosas, o si nos fijamos en el referen te de todo el enunciado”. RIC OEUR, P : La metá fora vi va , pp. 289 - 290. 265 AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora , p.158. 151 Jakobson y Le Guern, pese a qu e ofrecen a v ances para entend er el mecanismo de la metáfora, no s dice Agí s, n o log ran agotarlo pues “la noción de metáfora es, a la vez, demasiado amplia y d emasiado lim itada” 266 . Le Guern, continuador de Jakobson, of r ece solucione s más avanzadas que las de su maestro. Éstas perm it en a Ricoeur afirmar que: “‘para interpretar la metáfora , es preciso elim in ar de l sentido p ropio los rasgos incompatibles con e l contexto’” 267 . En la m etá fora están presentes también los fen ómenos de denotación y connotación. Así vemos que “l a función connotativa se puede identificar a través de la fu nción de ‘imagen aso cia da’, lo que significa acudir a u n tip o de connotación p sicológi ca. De nuevo el contexto desemp eña una impo rt ante función puesto que el enlace entre la a bstracción sémica y la evocación de una imagen a s ociada se hace por la introducción de un término extraño a la isotopía del contexto” 268 . Para dar cuenta del componente denotativo, Ricoe ur acud e al an álisis crítico de la teorí a de Nelson Goodman y a las aportaciones de la teo rí a del modelo y metáfora d e Max Black. La primera “se o c upa de establecer el lugar de una teoría d enotati v a de la metáfora” 269 . De lo cu al le interesa el p ostulado de la transferencia, que podemos resumir diciendo que se trata de “un a concepción de la m etá fora que le permite constatar a Ricoeur una vinculació n estrecha de la metáfora con la teoría de la referencia, a tr avés de la transferencia de la r elación (…) que es inversa a la d enotación (…) l a transferencia de la posesión, que es una sim pli ficación, lo inverso de la denotación, de la que la representación es una especie. T odos lo s matice s y distinciones que podamos h ac er caen dentro de la referencia. El problema está en saber en qué consiste está ‘posesión tran s ferida’ de la que habla el autor” 270 . Lo que resulta interesante de la transferencia de la metáfo ra, que Ricoeur 266 Op. Cit., pp.164- 165. 267 RICOEUR, P: La m étaphore vive , Ed. du Seuil, París 197 5, p. 233. 268 AGÍ S VILLA VERDE, M : Del símb olo a la metáfora ,, p.167. 269 Op. Cit., p.191. 270 Op. Cit., p.193. 152 rescata de Goodman, consiste en ver que tal migración de sentidos “no e s sol o el movimiento en el interior de un predicado particular , sino el proceso en el que se tra nsporta un ‘reino’ co mpleto. De este modo, la metáfora es capaz de reorganizar la visión de las cosas, cuando, po r ejemplo, el ‘reino d e los sentidos’ se transporta hacia el reino ‘visual’” 271 . La tran s ferencia consiste, pues, en que u n campo de lo real es trasladado a otro, que es a je no, a través de la m ig ración de un reino semántico, que e s incluido en o tro, a l q ue habitualmente no se refiere. Po r ejemplo, la luna en relación de semejanz a co n el am or , mu estr a la transfe re ncia de un reino semántico a otro. Con sideramo s que se tr ata de una m ig ración conceptual, que podría se r comprendida co mo una violencia a la lógica de la p ráctic a actual, por una dinámica semántica, que es co ns entida, querida y provoca da a propósito. Esa tran s ferencia radical, para Ricoeur , provoca e sa tensión ne ces aria que lleva a “‘rehacer la rea lidad’” 272 . V emos que esta violencia es un a f uerz a que empuja a la realidad a revelarse desde nuevos ángulos, de otra manera. Esta teo rí a es co heren te con la p ropuesta de M. Black, de la que Ricoeur extrae tres conclusiones: la primera que la f unción poética no puede ser diferenciada mediante la distinció n denotación -connotación p or ser u n sistema simbólico, entre otros, que im plica una fun ció n re f erencial igual que el discurso; la segund a, que los sonidos, imágenes y sensaciones, se adhieren al sentido y deben ser tratados como representaciones y no como descripciones, ejemplifican en lugar d e denotar; y , la tercera, que l as cualidad es poéticas transferidas contribuyen a aumentar la co nfiguración del mundo. Su verdad depende de la medida en que son apropiadas. En cuanto a la teo rí a de Max Black, Ricoeur en cuentra tres pa ral elismos productivos entre modelo cien tí f ico y metáfora, identificados por Black y de las que e x trae tres co nclusiones sustanciosas 273 : La primera es que u na metáfora memorable tiene fuerz a para p oner en relación co g noscitiva y em otiv a dos dominios separa dos, al emplear un l enguaje d irecta mente a pro piado a un o como lente p ar a conte mp lar el otro (…) y no cab e predecir anticipadamente ni 271 Op. Cit., p. 196. 272 IBID. 273 Véase todo el hilo que sigue en AGÍS VILLA VERDE, M : Del símbo lo a la metáfor a, pp. 198 a 200. 153 parafrasear subsiguientemente en prosa los signif icados má s amplios que as í resultan, como tampoco las relaciones de ta l modo creadas entre reinos inicialmente d isp ares. 274 La segunda co nclusión, es que d e una metáfora se pueden hacer distint os comentarios, no porque los necesite, e lla e s la responsable directa de un pensamiento y de una reflexión intelectual que nace a su a mparo y provoca da por ella. El pe nsa miento metafórico se convierte en un m odo pec uliar de penetración intelectual, no en a lg o simpleme n te decorativo. Modo que pu ede aplicarse al modelo con relación al pensamiento científico. Y la te rcera conclusión e s que e l empleo de mod elos te óricos se asemeja al u so de metáforas p or reque rir la tran sferencia analógica de u n vocabulario. T a nto la metáfora como el modelo revelan relaciones nuevas, so n intentos d e poner cont enido nuevo en odres viejos. A e ste tip o de m etá foras se las denom in a “ arquetipos ”. Éste, como la metáfora e n general, requiere de un cierto e s fuerzo, po r parte de l lector porque con él no e stamos en el reino de lo evidente y lo literal. Pero a la postre, ese es fuerzo se ve recompensado por una expresión f ecunda y bien lograda o por un relato (fábula, alegoría) cu y a fuerza poética supera lo aportado por él, med ia nte el uso d e sí miles o comparaciones . Un buen arquetipo, opina Black, debe poder somete rse a las exigencias de la experiencia y canalizar los pensamientos de su creador de u na forma sensible. No debe confundirse la i maginación con una camisa de fuerza. T odas las actividades humanas descansan en el sano ejerci cio de la imaginación 275 . Las conclusiones remite a los beneficios que dichos p ostulados of rec en para una t eoría de l a m etáfora. El primero reside en el caráct er radical y sistemático que Black identifica en ciertas m etá foras y que son aspectos solidarios. Son esas me tá foras radicales las que se encargan d e organizar las redes metafóricas. Ri coeur enfatiza la insistencia de Bl ack sobre el c arácter sistemático y amp lio de ciert as me t áforas, p ues concuerda con la nece si dad defendida por Nelson Goodman de subordinar las f iguras aisladas a los esquemas que rigen los reino s. Y al m ismo tie mpo resulta una base excelente para explicar el funcionamiento referencial de la metáfora.; al ser dirigida, ya no por un enunciado metafórico aislado, sino por una red metafórica. 274 BLACK; M: Modelos y metáforas ; Ed. T ecnos, Madrid 1 966, p. 232. 275 Cf. AGÍS VILLA VERDE, M: Del símbolo a la m etáfora, p. 200. 256 asoman su cabeza 412 . Pero la categoría “pueblo” la vamos a entender como una matriz ó ntica generadora d e s entido, q ue acoge u n proyecto de ser y u n sentido del ser co lec tivo, en el cual e se colectiv o se reconoce, se reconcilia y se viv e como unidad. Pese a que solo es un imaginario, ya que la sociedad supone subgrupos, subculturas, d iv ersidad étnicas, de opinión, d i ferentes lugares y f unciones, puede actuar como una fuerza re a l que constituye la clave de la funcionalidad de la nación, de su prospe ridad. El pueblo es, en un sentido restring ido, el depositario de la a c tividad política que se origina en la m it ad d el siglo XIX con la construcción de los sistemas democráticos y la idea d e igualdad de derechos y deberes de todos los individuos 413 . Pero en el sentido vital del con v ivir hu mano e s , pues, desde este mirador que hemos establecido, la categorí a o ntológica fundacional de la nación moderna , en este preciso p unto y las elites son , e l medio para realizarla, así quedan inte gradas en d icha categorí a y el pue bl o puede pasar a ser e l f in, como totalidad de su sí mism o. Lo cual es un trabajo de todos los días. De todas maneras debemos reco r dar que n o p retendemos dar una respuesta definitiva a la pregunta po r ese sujeto de uso ide ol ógico, o de concreción real sin definición teórica que llamamos “el pueblo”. 4. Patria y patriotis mo. Las primeras referencias del término se remontan a la república romana y aparecen en los e scrit os de Cicerón, Horacio y Quintilian o, según nos informa Luis González Quirós. Nosotros queremos asociarle un sentido de cantera , nos gusta el té r mino, pue s es la entraña del pueblo, el filón, el yacimient o de donde se e x trae a l pueblo - ciudadano. La patria está preñada de evocaciones 412 Sobre este asunto r ecomiendo e l interesante trabajo de Hanspeter Kriesi, profe sor de l Departamen to de Ciencia Política de la Univers idad de Gine bra, en el que se adentra en las consecue ncias de la desna cionalización de las estructuras del espacio político na cional en razón del actual pr oceso de globalización. Cf. KRIESI, H : “La transformación de l esp acio político nacional en un mundo globalizado ” , en MÁIZ, R. (ed.): Europa Mundi. Construcción de Europa, democracia y globalización , Universidad de Santiago d e Compostela, 20 01, pp. 219 ss. 413 Esta idea de pueblo, según Carmen Sarasúa, acontece como un cambio de l siglo XIX, do nde se consolida una nueva idea de pue blo y que tiene sus raíces en las ideas ilustrad as, pero que tardan siglo y m edio en mate rializarse. Cf. SARASÚ A G ARC ÍA, Carmen: “ Historia, gén ero y cultura popul ar”, en MANT ECÓN, T . (ed.) : Bajtín y la historia de la cultura popular , Ed. U. Cantambr ia, Santander , 2008, pp. 21 - 22. 257 poderosas por sus ví nculos con lo terráqueo, lo vital, el ombligo de la tierra, de la vida. Por su cercanía a vínculos y se n tidos cargados de fuertes emo ci ones y de visceralidad, esta categoría vamos a entende rla con u na funcionalidad emocional-interpretativa de la acción política, dotada de un carácter ético - sagrado. Ella comporta un valor a x iológico, q ue nos capacita para la acci ón política. En este sentido la entendemos como una categorí a de a cción con raíz ética, desde la cual nos elevamos o nos destruimos. Nos interesa preguntar el porqué de este comportamiento y qué pa p el tiene el Estado en la destrucción o consolidación de dicha cantera, ¿Puede el Estado hacer patria? Si partimo s de l o fundacional, debemos situarnos en e l componente físico- natural. La territorialidad animal se convierte en los humanos e n complej a organización y en e l af l oramiento del sentimiento y sentido de se g uridad. Remite al e s pacio que provee: es la madre proveedo ra , e l seno que alimenta, por lo que e st á cargada con elementos de superviv encia y visceralida d. E s objeto de divinización, se rodea de misterio: la vida y la m uerte se asocian a la tierra y la tierra es el fundamento de la p atri a. P rovee el sentido de arraigo y se vincula a través de su relación con la tierra , y po steriormente a la organización de la vida, a la cristalización de ley es de conviv encia. “La patria comienza a existir cuando un gr up o humano que ( … ) comparte ciertos ca r acteres alcanza para sí una cierta u nida d política, se asi enta en un territorio y crean unas instituciones. Los hombres est amos vinculado s con el territorio por algo m ás que por razones políticas, somos seres que habi tan la T i erra, cuy a acción en ella y sobre ella tiene un determinado rango de posibilidad (…) pero que, en cualquier caso, siguen siendo limitadas y continúan condicionando nuestra existencia (…) Esta con dición humana es una condición vital, bioló gica si s e prefiere. Es ba stante razonable que sobre nuestras ne c esidades de vinculación con el territorio se generen relaciones m uy básicas en una gran diversidad de planos” 414 . La p atria nos conduce, po r e sos rasgos, a l terreno d e lo sagrado y de la 414 GONZÁLEZ. J. L : Una Apología del Patriotismo , Ed. T aur us, Madrid 2002, pp . 24 - 25. 258 virtud. Por tanto e s susceptible de movilizar a la acción d esde lo más p ro fundo de la psique, pero no desde la inconsciencia m ás de s -articuladora de toda razón. La Patria es algo má s que un invento político de la modernidad. El discurso patrio remuev e con un poder que es visceral. Por ello ideol ógicamente es uno de los símbolos más poderosos. Es algo más que la tierra donde se nace, algo más que la tierra de los p adres. Arrastra un cau dal de significaciones a los que no se les ha dado mucha importanci a en las ciencias sociales, p ero si en las aren gas políticas, la p ropaganda y la publ icidad, y ha sido bien aprovechado por dirigentes po lí ticos . Estamos a nte un término que ha tenido u n gran arraigo literario. En la poesía el término se nos revela en s us c o mplejos sentidos p ues re fiere a arcanos más allá d e las ideas prefabricada s de nación de la modernidad. Habremos de comprobarlo al analizar los textos de Francisco Gav idia. En la actualidad e l té rmino no goza d e mucha circulación y , paradójicamente se le evita en la teoría po lí tica. Así, el patriotismo es el paria de las ideas de la ciencia política. No así e n la acción política, pues com o tal, l a patria refiere a una esencia del ámbito de lo sacro y el p atri otismo a un sentimiento que de allí emerge. Por tanto, la Patria co mo tal solo cobra rea lid ad desde ese sentir que tiene raíces de razón y objetiv idad vital. Por ello rodearemos la categoría patria d esde ese modo de cristaliz ar en el sentimiento patrio hacia u na razón é tica y u n m o do de actuar moral para el bien común. A difere ncia de la nación que viene a ser una construcción a manera d e artificio que recurre a las fuentes de lo visceral y sagrado para construir un imaginario, la p atria h a sido un componente que ha pa sado a formar parte del imaginario de la nación. Es un atribu t o fundacional d el sentid o de pertenencia al que recurre el texto nacional. Un combustible para la acción social. Al respe ct o n os h a resulta do interesante el estudio de José Lu i s González, quien p ie nsa e l patriotismo como una areté , es de cir , disposición d el ánimo, que comp ort a elementos a la vez e mocionales y racionales; sobre el patriotismo nos dice que: “El patriotismo es un sentimiento, como se pretende en este 259 texto, u na virtud que es previa a la a cción política, una cualidad moral que les da a la vida ciudadana y a la actividad política u n cierto sentido y em p uje peculiar , un interés común del que en otr o caso carece. E l na ci onalismo (…) se rí a desde este punto de vista, una específica politización del patriotismo, u na subversi ón de sus cualidades y , en último término, una d eformación completa de su sentido más verdadero y de su valor más profundo” 415 . Esta afirmación de González supone dos premisas: asumir el nacionalismo en su s entido peyorativo, como una ideología enmasca r adora y tergiversadora, una enajenación del patriotismo: su negación. La segunda, asume el patriotismo en su carácter sagrado, de v irtud opuesto al nacionalismo. Para él, el nacionalismo no se ofrece como un sentimiento de vinculación y de sentido de solidar id ad, pero sí la idea de patria, que resuena siempre con un aire de llamada a la solidarida d y al sacri ficio y que con sidera no sustentado en valores de promoción f ácil en sociedades que están aún m ás acostumbradas al lenguaje de los de rec hos que al de los d eberes y la responsabilidad. Es ta i dea es fecunda p ara nuestro interés, pues decíamos qu e la construcción o paso de una masa a la categorí a ontológica d e pueblo supone dar mue str as de solidaridad, responsabilidad, f idelidad y sa crificio. Aquí encontramos todo s esos ingredientes. Devenido de s de los sustratos de la e x periencia humana básica, porta un componente ancestral. El problema es cuando solo se recurre y se usa como propaganda y mueve a la a cción arrastrando a la gente, sin cultivarlo y consolidarlo. Lo q ue s e logra es una destr ucción del sentimiento y de todo lo que con él se evoca y provoca. Un sacrificio con un alto co st o en aras de un proyecto au téntico de nación moderna y lo que ella demanda. Gellner estaría en contra de esta idea, pues él conside ra que el arraigo te rritorial es una aberración, y que lo me jor es desterritorializ ar la nación. V eamos estas dos postura s en torno a la ide a de p atria en el horiz onte de las necesidades de la sociedad industrializada hoy y ay er y de la d i námica propia de cada región. Para deslindar adecuadamente nuestra posición, creemos que Gellner al 415 GONZÁLEZ, J. L : Una apología del Patriotismo, pp. 7 - 8. 260 asumir ta l premisa no prioriza la contextualiz ación del fenómeno n acional. Y González por su lado, únicamente ve la fa z ne gativ a de l n acional ismo co mo separatistas violento s ideologizados. Pero no se puede de s estimar su argumento, ya que resulta consistente con los análisis de lo s procesos nacionalistas estudiado s por Gellner . P ara González: “n o hay , y ni siquiera es concebible que haya, nacionalismo sin enemigos, sin victim ismo y sin programa de conquista” 416 . Hab rí a que ver hasta dónde es po sible aplicar esta e x presión para cada ocasión, pero lo cierto es que hemos asistido s a m uchos casos en los que ha sido así. No se puede partir de ello p ara dar paso a la formulación de un juicio universal, pe ro tampoco obviar t al circunstan cia ya que es un modo de operar frecuente en el proce s o nacional. Lo productivo de su planteamiento es la visión ético -pragmática que supone. P ar a G onzález Quirós patria y pa t riotismo, manti enen una c omp leja relación de dependencia. El patriotismo, segú n él , es una v irtud que n o abunda y se puede pen s ar que hay patriotismo porque ha y patria, o que se r patriota consiste en sostener y reflejar unos valores autónomos. En esta visi ón autónoma del patriotismo, la patria puede concebirse como “el ‘lugar ’ rea l e histórico so bre el que se h a de ejercitar primordialmente cualquier acción política” 417 . Nos ad v ierte a demás que el uso de l término patria está lleno de dificultades conceptuales y no h a sido objeto de aten ción po r parte de los pensadores. Y al de jar su uso, e l término ha quedado afiliado a su raigambre romana y republican a . E n los autores latinos, citados al inicio d el apartado, patria se refiere a la patria d e los pad r es, como hemos dicho, al lug ar donde e l hombre está ligado en virtud de su nacimiento y , en con s ecuencia, e n f unci ón de su modo de vida, de su habitación en la ti erra. Dentro de esta trad ición, Patria, a diferencia de nación, es la que aporta el elemento político, como una socieda d f undada e n leyes. P ero al avanzar con el hilo del concepto no s e ncontramos con u n problema similar al de nación y nacionalismo, el de patria y patriotismo. Un problema que, como ve González Quirós, se vuelve ontológico y sacro. En todos los autores antiguos, nos dice , la idea de p atria aparece con una función de relig ación, antes que c on un tin t e de 416 Cf. GONZÁLEZ QUI RÓS, José L uis: Una Apología la patriotism o , p. 20 ss. 417 Op. Cit., p. 22. 261 identidad é t nica: e s aquello que une a l h ombre como tal con su ha bitació n terrenal, co n sus leyes, con sus mayores, con sus antepasados y sus tradiciones. Por ello, patria es, para él, primero que nada, u n lugar , un espacio primero físico y antropológico y después jurídico y político que los homb res comparten y co n el q ue mantienen un a relación singular de pertenencia y devoción, un lugar sagrado en cierto modo. Lo que nos inter esa sobre todo de su planteamiento e s la idea de que patria y nación, no co nstituyen realidades a título propio, no son físicas, sino realidades d e sentido. Es decir que como en tidades de se ntido, de algún modo se elig en, se crean y e stablecen, no s on esencias fu era del espacio y el tiempo. Pues las fronteras m i smas son arbitrariedades cambiantes, como la historia nos lo ha m ostrado. Entonces e s posible que e l imaginario de la patria no encaje con los límites político-jurídicos establecidos. Para él la realidad de la patria no d ebe ser considerada e nteramente previa al patriotismo, del m is mo modo que la realidad, co n sus limitantes, de una nación, de c ualquier comunidad política, depende evidentemente de la voluntad d e los individuos que la constituyen , lo que no debe ser entendid a como un estar proclamando libremente patrias y naciones, sino en e l sentido de que se supone el reconoci miento de la pertinente priorid ad ontológica de las personas singulares sobre las realidades polí ticas colectivas 418 . Por ello, su po st ura acerca de los conflictos te rritoriales se co rre sponde con esa a ctitud más p ragmática y real desde la que nos dice que “no deben abordarse y tratar de soluciona rlos c omo si se tratará de cuestiones onto l ógicas de e se ncias históricas, sino co mo confli ctos entre p ersonas que deb en resolverse democráticamente y pacíficamente, respetando los derechos humanos, y el ordenamiento legal vig ente en cada caso (…) Por sagrados que puedan parecer los de rechos de los an tepas ados sólo tienen un ser efectiv o en cuanto sean invocados y respetad os por quienes están vivos en el momento de la cuestión” 419 . En este sen ti do, su tesis no resu lta contrari a a la de Gellner en cuan t o al 418 Cf. Op. Cit., pp. 27 - 28. 419 Cf. Op. Cit., p. 30. 262 problema de la territori alidad, ya que la considera u n a sunto arbitrario. Est o supone na v egar entre lo particular y lo universal. Por ello, e l patriotismo debe entenderse más como una v irtud cívica, que no excluye la pertinen cia de los otros, más bien que se promuevan en función de los v alores universales. En resumen, entenderemos p a tria en la lín ea que llev amos trazada de entrega y donación. Es aquello que el viv iente recibe en donación, en herencia y desd e la cual se configura un estar y un se r , un se ntido de la v ida, unos recursos y maneras de vivir . El p atriotismo resulta en a quel lo que el vivi ente debe entregar al seno que lo recibe, desde el seno materno. La patria es la trama te x tual que no s aco ge y que luego podemos elegir si se sigue en ella o no, pues es una e lecc ión desde lo recibido y lo que deseamos hacer con ello. Aquí u topía e ideología están e n tensión productiva, y desde la cual se tejerá el proyecto futuro de la patria, modulado por la moral de la acción política. “La patria nos da nuestra p rimera conexión con la humanidad, pero no puede exigirnos que prescindamos de l o que no e s ella misma. Ahora bien e n cuanto a parece c omo a lg o dado, la patria está sujeta a deter minaciones de rec epción q ue, en las sociedad es abiertas, son e l soporte principal del progreso histórico po rq ue, evidentemente, n o solo p odemos continuar (…), sino que podemos alterar la dirección y el sentido en el que parece marchar e l legado de nuestros mayores” 420 . Por ello el p atriotis mo es concebido por Gonz ález, más que como el deber cumplir , como la raíz mo ral subyacente a l sistema de e lecciones que hace mos y desde el cu al decidi mos qué haremos con lo recibido. De ah í que la patria sea un a tarea huma na y por ello nuestra opción de entenderl a como una categoría ética para la acción política. Una tensión entre la entrega y la recepción, desde un compromiso m or al del pueblo, el cual debe amarse primero desde la p atri a, tener un sentimiento de respeto y o rg ullo, que puede servir d e m otor , cuando se sabe que lo recibido no es como debe ser y desde allí lanzarse a la tarea de ese deber ser . Por ello, no podemo s ha blar de patriotismo m ás qu e como un hacer moral 420 Op. Cit., p. 35. 263 y razonad o, si lo reducimos s olo a un sentimiento má s o menos tribal, como dice González, es lógico que se te ma po r sus desmane s , pero si el patriotismo es algo más, si es un elemento integrante de nuestra vida moral, no hay en realidad e s pacio para fundar esos temores 421 . Es según González algo que se puede aprender , y cómo tal supone un proceso educativo que lo llev e a superar toda tendencia e goí sta, o ir racionalidad, a f avor de no ser excluyente y discriminador . T anto uno como o tro p ueden ser asimilables porque tien en una raíz común, y una misma dinámica de configuración ontológica y pueden n o ser necesariamente antagónicos, más bien complementarios. T anto pa triotis mo y patria, como nacionalismo y nación , n o son en sí esencias ab solutas, y se pueden o rient ar hacia el ca os o hacia y l a barba rie , o hacia el crecimiento y responsabilidad con los otros. Aquí es cuando la idea de la d esterr itorializ ación debe entenderse como la de un iv ersalización de la solidaridad en función d el bien común, en cuanto deber ser reducto último de la posibilidad de la conv ivencia. Esto supone la creación de espacios de articulación de los diferentes secto r es sociales y d e mecan is mos para su participación en la es fera pública en la re partición de los ben eficios de la producción. Solo de esta f orma se pueden integrar como un i dad que se reconoce como tal. Para el caso de América Latina, uno de los problema s fue el que durante la colonia y bajo el proceso i ndependen tista, se mantuvo el m odelo d e desarticulación sociopolítica, como b ols ones separados y hasta antagónicos. Llegado el momento de l desarrollo de l a s nuevas naciones no se cr earon lo s mecanismos d e articulación y de desintegración del modelo colonial, de m odo que se mantuvo a m uchos sectores excluidos del ejercicio p úblico, de los beneficios sociales y econó micos. Se perpetuó un modelo de población dispersa, no capacitado para formar nación. Un ejemplo de esa actitud f ue e l ta rdío y neglig ente interés en la escolarización de lo s poblados. T al condición no permitía conta r con nacionales aptos, lo que ete rniz aba la búsqueda de capacitados en E uropa, pues en la mente de las e lites s eguí a perpetuándose el viejo sesgo de que nada había en 421 Op. Cit., p. 60. 264 “el pueblo de Latinoamérica que fuera raciona l, cu lt o, ilustrado” L a población seguía siendo una plebe dispersa y el Esta do contribuía a ello: “ A simismo, la convicción, po r parte de esas m ismas elites, de que n ada hay en Améric a española que tenga u n atisbo de racionalidad político -cultu ral, unida a su debilidad política, las v uelca ha cia el m odel o europeo. D e hecho, cantidad de patriotas independenti stas, harán viajes por Europa y Estado s Unidos pidiendo ayuda política a cambio de fu t uras inversiones en América” 422 . Se per petúa, así el c írculo vicioso en el que el tema de “const ruir el pueblo”, el mo t or d e la nación siempre está en compás de espera, actitud que se repite en toda la dinám ica económica y política de la región a lo largo de todas las estructuras y de la historia de l a región. Pero la vida encuentr a siempre sus caminos o muere, y el pueblo es ante todo vida, experiencia, realidad concreta, posibilidad. 422 IBID 265 CA PÍTULO VII: LITERA TUR A , POLÍTIC A Y FILOSOFÍ A “Las palabras son puentes, también son tra mpas, jaulas, pozos ” 423 . Hemos seguido un camino con el propósito de permitir a nuestras palabras ser puentes y no trampa s , aunque nunca se e sté completamente libre de tal peligro. E l objetivo de este capítulo es el de analizar las estructuras d el poetizar , su f unción y la relación entre literatura, f il osofía y política. P ara ello hemos organiz ado tres bloques: el primero de dicado al estudio de la estructura, funciones y dinámica del lenguaje p oético , en el que analiz amos aspectos relativos a la obra d e arte literaria, los lí mites del m undo literario, su naturaleza y n iveles; en se g undo lugar , nos ocupa re mos de la relac ió n entre f iloso fía y poesía, tema de gran arraigo en autores del siglo X X; y , por últim o, de la capacidad de la poesía para construir un di scurso político, a su nto clave e n el caso de la presente tesis. Analizaremos también o tros tem as relacionados co n e st os tres nú cleos principales, como es el de la metáfora e n filoso fía. Hemos asumido con Rico eur la metáfora como una f igura q ue articula la dinámica y rasgos de una obr a literaria, su leng uaje, su voluntad y poder de desví o y tran s formación, así como su ca pacidad de transitar y enriquecer otros ám bitos del pen s ar en virtud de la capacidad connotativa del lenguaje. E llo supone a sumir , co mo propone Sara Robles Ávila, la existe ncia e n el poetiza r , de tres niveles léxicos: el general, el individual y ese mismo transformado en el á mbito de la creación poética 424 . No es posible ob v iar los ingentes y profundos estudios que existen sobre la me t áfora, así como sus u sos e n diferente s campos d el p ensar . La s mentes más brillantes han acudido a ella o han reflexionado sobre la misma. T al es el caso de los estudios realiz ados po r Orte ga sobre la metáfora, para quien es 423 P AZ, O: Árbol Adentro. Ed. Seix Barr al, México, 1987, p. 1 14 . 424 ROBL ES ÁVILA, S: La connot ación en el lengua je poético de Jorge Guillén , Servicio de Publ icaciones de la Universidad de Málag a 2003, p. 15. 272 estructura funda ci onal de lo poético, que denomina de sviación , pa r a comprender después sus modos de operar y rendir sentido al mundo. 2. El desv ío del lenguaje poético Cohen u tiliz a un método estructuralista, del cual nos permitimos asumir sus categorías para aplicarlas en el segu ndo nivel de análisis que hemo s establecido e n este estud i o. La posición de Cohen se sitúa dentro de la tradición de la mim esis , esto e s, dentro la tradición que vindica el poder ontológico de la poesía: “la poesía, como la ciencia describe el mundo” 437 . Nuestro teórico sitúa el rasgo estructural fundante del lenguaje poético en la agramaticalidad o calidad de desv ío d e la nor ma del lenguaje. Este desvío consiste en una provocación inte nci onal, a fin de poner en marcha la fabricación de lo poético, que Cohen explica afir m and o que: “la normativa de la lengua no implica ningún normativismo. Nadie está obligado a respetar las reglas. T odo depende de la función de l lenguaje. Y , precisamente, lo que he querido m ostrar es que la f unción poética no sólo tolera, sino que incluso exige la trasgresión sistemática de estas normas” 438 . Este mecanismo supone para Cohen d os tiempos: el plan tea miento de la desviación, que está marcado por l a negatividad, ya que supone una ruptura contra las reglas, pe ro es la condición del segundo tiempo: la reducción de la desviación, que es po sitiv a, y con stituye la f inalidad de la f abricación de lo poético, es el proceso de vuelta, que consiste en la construcción de un n uevo lenguaje; una antiprosa, una metam or fosis: “La palabra poética es a la v ez muert e y resurrección del lenguaje” 439 . La de sv iación, al actuar sobre los niveles fo nético y semántico, provoca tres clase s de efectos: lógico, semántico y contextual , cuyas diferencias s on más de grado que d e na tural eza. Operan por ca rencia, abundancia o invers ión. La estructura general d e un texto poético tien e una f unción de transformar cualitativamente el sentido, llevando el sentido noético al patético, por lo que lo conceptual queda integrado en lo emocional. 437 COHEN, J : El lengua je de la poesía , p. 36. Esta tesis ya nos es familiar , pues la hemos venido construye ndo desde Vico, Heidegger , Gadam er y toda la tradición que he mos descrito. 438 Op. Cit., p. 20. 439 Op. Cit. p. 220. 273 Este pa so de la estructura de de sv ío a la funció n patética es posible por e l constitutivo funcionamiento del lenguaje, de acue rd o a su fu ncional idad. En los polos poético y no poético, sostiene Cohen, asistimos a la funcionalidad de dos lógicas antité ticas . En el caso del lenguaje no poético, ope ra la lógica de la diferencia, en la que cada unidad se basa en su relación con lo que e lla no es, según el principio de contradicción. En e l lengua je poético, o curre lo co ntrario: opera un a lógica de la iden tid ad. Así el len guaje poético absuelve la estructura opositiva y , por ello, como lo ha planteado Orteg a, se vuelca en una f uerz a que cancela la dispersión típica de l lenguaje y opera como f uerz a ce ntrípeta desde su entropía. Siendo caos, lleva a la integración, desde la violencia de la desintegración de la no rma. P or ello como lo ha v isto Maturo, priv a en lo poético una d inámica de ida y v uelta, del caos al orde n y del orden a l caos: “Su labor va del caos al cosmos, de la confusión primigenia al inten to de dar y descubrir sentido” 440 . Para Cohen, e l lenguaje poé tico es tá delimitado dentro de la estructura del desví o cu y a función es la abolición d e la estructura positiva. 441 Acotado el lenguaje poético dentro de esa estructura y funcionalidad, ap lica la misma par a determinar tres categorí as de objetos poéticos, aten diendo al n iv el del lenguaje al que afecte la desviación 442 : Para Cohen, la d i ferencia entre prosa y poe sí a es de naturaleza lingüística, f or mal, y acontece por el tip o de relación que e l poema introduc e entre el signi ficante y el significado, y por otra, entre los p ropios s ignificados. Relación que se caracteriz a po r su negativ ida d, supone un desvío, una manera de v iolar el código en cada u no de los n iv eles 443 . P or ejemplo, la f rase poética y la ab surda ofrecen la figura de la impe rtin encia. Pero lo absurdo se reduce a l a impertinencia o tipo de f alta y la p oesía no. Por tanto, solo guardan una semejanza negativa. Este desvío, en tanto que mecanismo de una estructura fundacional del lenguaje poético, presenta dife re ntes procesos, en donde se producen las 440 MA TURO, G: La mira da del poet a , Ed. Amar gord, Madrid 2008, p. 16. 441 COHEN, J: El Lenguaje de la poesía , p. 34. 442 COHEN, J: Estructura del lengua je poético , p. 12. 443 Cf. Op. Cit., p.196. 274 figuras, según el nivel; y desde e llas nacen unas funciones esenciales. Junto a Cohen, hemos convenido en la aceptación d e que dicho mecan i smo supone dos tiempos 444 . Como y a h emos visto, el tiempo ne gativ o supone la v iolación sistemática del código del lenguaje, especificándose cada una de las f ig uras como infracción a una d e las reglas que comp one n dicho código. Apa rece así como una fo rma de pato logí a del lenguaje; y está el tiem po positiv o: el d e la reducción, la poesía no destruye e l lenguaje ordinario sino pa ra reconstruirlo en un plano su peri or; a la de s estructuración operada por la f igura sucede un a reconstrucción de otro orden 445 . Estos mecan is mos de fabricación de lo poético, que hemos visto, y que se descomponen e n dos tiempos 446 , operan a niveles diferentes del lenguaje. Un o de ellos, el tiempo negativo op era a nivel paradigmático y sint agmático del lenguaje. En el caso del o perad o a niv el p aradigmático, se afect a el principio del lenguaje q ue Saussure identificó c omo el p rincipio de oposición, y que restringe la predicación a una pa rte del universo del discurso y reserva así su sitio al predicado o pu esto. La estrategia desviacional, dice Coh en, consiste precisamente en bloquea r e se principio. Reconstruye la estructura o positiva, y extiende así, la p re dicación a la totalidad del univ erso del discurso, asegurando, pa radójicamente al lenguaje su total p ositiv idad semántica por un proceso de negación. T al mecanismo asegura el mayor rendimiento semántic o del lenguaje. En e l segundo caso, cuando se opera en el n iv el sinta gmático, se af ecta n los niveles frást ico y transfrástico. El d iscurs o poético depende de un principio de coherencia interna o conveniencia de l pred icado al sujeto. Una especie de tautología p atética, por la que se constitu ye com o lenguaje absoluto, q ue comunica la experiencia poética del mundo. É sta es diferente d e la que se ofrece en la estructura opositiv a de l lenguaje, las formas verbo -nominales de la gramaticalidad y el aspecto lingüístico del principio de homeóstasis, cuy a función, s eñala Cohen, sería mantener el equilibrio de nuestra visión del mu nd o y el co rrelato psicológico. El len g uaje poético ne u traliza e se estado opositivo y 444 Cf. Op. Cit., P . 198. 445 En la poesía de F rancisco Ga vidia hallamos esta d imensión se mántica que no s pe rmite la reco nstrucción de su pensamiento político, au nque no sea a través del lenguaje concept ual propio del ensayo p olítico -filo sófico. 446 Para seguir este hilo, véa se en COHEN, Jean : El lenguaje de la poesía, pp. 37 a 161. 275 lo cancela, introduciendo otra experiencia de la realidad 447 . En c uanto a l te x to poético, sostiene Cohen que la ley in m anente de la poesía es la identidad y quizá d ice, el de toda literatura. Es ese principio el que da la unidad de “tono” que co nstituye al mismo tiempo la singulari dad d e la obra, esa “v oz” ú nica e inimitable e n la que se reconoce e l sello personal del autor y que ha llamado estilo. 448 El elemento fundamental que p romueve to do el proceso de desv iació n en el lenguaje poético, es una relació n de motiv ación entre los componentes del signo lingüístico. No se trata de una relación arbitraria, la que mantiene la contigüidad e spacio temporal e ntre significante y significad o. Y e s la semejanza la que activa la m otivación en la contigüidad, que de por sí e s una similitud existencial. P ara Cohen “la motivación constituy e entonces la u nidad d e la esencia y la existencia ( …) los que se ju ntan se parecen” 449 . Este proceso opera tanto a nivel vertical, es decir interno de l signo, como en el d e los signos entre sí. La m otiv ación tex tual encuentra f undamento en la semejanza, po r tanto , la diferencia prosa/poesía reside en el grado de semejanza signif icativamente más elevado en la po esía qu e en la prosa. Greimas aplica el término de “isotopías” p ara n ombrar al conjunto de equivalencias que aseguran la unidad semá ntica del texto y al tipo de similitudes q ue ri gen e l texto po étic o. Est e con cepto lo d efine como “conj unto redundante de categor ías semánticas que hacen posible l a lectura unifo r me d el relato” 450 . T al isotopía rige lo posible, n o lo necesario, así la similitud rige los rasgos presupuestos, no los puestos. La necesidad de sustituir es generada solo si los rasgos puestos son similares. R ecordemos que la isotopía consiste como figura en agrupar campo s se mánticos para da r homogeneidad de significado al texto o a la exposición. Por otro lado la poesía supera otro p r oblema del carácter evasiv o d el ser . Como en la naturaleza, en la realidad no h ay necesidad, solo arbitrariedad, “por 447 COHEN, J : El lenguaje de la poesía, pp. 176 - 177. 448 Cf. Op. Cit. P . 2 18. 449 Op. Cit. P . 181 . 450 GREIMAS, A. J: Éléments pour une théorie de l´interpretation du récit mythique . En Rev . Com munications 8, París 1966, p. 30. ( Publicado en español en el libro colectivo AA.VV : Anál isis estructu ral del Re lato , Ed. Tiempo contemporáneo , Buenos Aires 19 70). 276 tanto el discurso o rdinari o, que se lim ita en su f unción informativ a a reproducir sus rasgos, está condenado también a la inmotivación” 451 . Para la ciencia, la similitud es cuantitativa no cualitativa y so lo así pu ede superar la dife re ncia, la oposición, y avanzar en e l cono ci miento de lo que e stá má s allá de lo que se nos ap arece. En la ciencia la anomalía se prod uc e p or un vaciado se mántico total: no por un cambi o de sentido. La c antidad sustituy e a la cualidad. Pe r o con ello la alteridad se escapa y el devenir de lo real con ello. La poe sí a es la alternativa a e se desafío de la alteridad. Ella se mantiene en la mí mesis , co mo la ciencia, pe ro al contrario de la cien ci a, dice, “busca la semejanza, no más allá de lo rea l, sino más acá. La vuelta al fenómeno, -nos dice- e s el procedimiento constitutivo de la d escripció n poética. En las significaciones paté tic as que ofrece la a pariencia inmediata de las cosas, encuentra el principio de su m otivación” 452 . Por ejemplo, en la poesía como negación de la n ega ción, el verso opera en el ej e sintagmático, su papel, principal: la motivación relativ a, se extiende a la totalidad textual. “El significante actúa como e l ‘análogon’ de l significad o. El versus o repetición fónica remite a la equivalencia semántica. En el lenguaje todo es sen tido. L a identidad fónica significa, pero no de manera autónoma. R emite a su vez al sentido, señalando la obediencia d e éste al principio de identidad” 453 . Su efecto estético, afirma Cohen, está subordinado a esa igualdad profunda del nivel semántico, d e la que ella es significante. La rima m is ma c ontinúa, constituye una equivalencia semántica especí fica. Lo mismo vale a los diferentes procesos operados e n los otros niveles, cada figura extiende la identidad a la totalidad por anulación de la neutralidad y de la oposición del lenguaje, reconstruyendo el lenguaje de lo poé tic o, p or destrucción del ordinario. 3. Los niv e les fónico y semántico. 451 COHEN, J : El lenguaje de la poesía , p. 186. 452 Op. Cit., P . 1 89. 453 Op. Cit. P . 190 . 277 El niv el fónico afecta la relación gramatical entre sonido y se ntido 454 . Primero, no es lo mismo verso y poesía; segundo, tampoco el verso es un adorno inútil. El v erso ha sido y es un vehículo o rdinario de la poesía, capaz de proveer la mú sica, el ritmo, la cadencia de la vitalidad e n su me c anismo. Ha resultado no ser indispen sable, p ero tampo co inútil. Y como instr umento del poetizar , no existe razón para prescindirse de tal procedimiento si se sabe usar . Él debe su existencia gracias a la relación entre sonido y sentido. Si es así, el v erso es más qu e música, u na estructura f ono s emántica, y por ello se distingue de los otros procesos de poetización. Se logra ap lica nd o una preceptiv a, que parte de las posibilidades sonoras de cada lengua y q ue por ta l normativa se def in e a nticipadament e como una f orma que supone y combina una s erie de recursos como número de sílabas, repetición, divisi ón en segmentos con igual número de sílabas, la ide ntidad de los sonidos term i nales o rima, composición tipográfica, combinación de acentos y pausas. T ambién supone una ruptu ra con la solidaridad l ógica y gramatica l a expensas del ef ecto fonosemántico . Se encuentra reg ido por un sistema organizativo de las unidades q ue compon en el d iscurso, dife re nte al de la prosa, ignora ndo los signos de puntuación a fa v or de la v ersificación. Admite hiato entre d os v ersos seguidos, las pausas separan unidades solidarias, como los sustantivos y epítetos, ya sea con auxilio del metro y la rima. Pero lo p ropio en todo lo anterior es que el verso rompe e l paralelismo fonosemántico del lenguaje ordinario, criterio que establece la diferencia entre verso y prosa. Por tanto, e l verso no es agramatical, sin o antigramati cal. Una desviación respecto a las reglas del paralelismo entre sonido y sentido que en la prosa imperan para mantener l a fuerz a comunicativa del discurso, que el verso parece debilitar . Y a hemos dicho que to dos los recursos poéticos so n destrucciones que conducen a un n uev o orden a una nueva visibilidad de l a realidad, a un m ayor rendimiento d e sentido. Com o sostenemos con G. Matur o, la poesía va del caos al cosmo s 455 . En el niv el semántico se afecta la relación de los significados entre sí . 454 Véase este hilo argu mental en C OHEN, Jean: La estructura del le nguaje poético, pp. 51 - 103. 455 MA TURO, G: La mira da del poeta , p. 16. 278 Se o pera en dos planos, el sint agmático y paradigmático, d esestru cturándolos y prod uciendo desviaciones a nivel de la pred icación, la determinación y la coordinación. Cohen sostiene que “ la retórica n o ha sabido distinguir en t r e plano sintagmático y paradigmático; no ha visto que, lejos de oponerse, ambos planos, se complementan, y este error es en gran parte el responsable del callejón sin salida en el q ue se ha encontrado bloqueada la poética” 456 . La metáfora e s una f igura que no pertenece a l mismo plano de las demás figuras, como la rima, la elipsis, el epíteto d e naturaleza o la inversión; todas estas son desviaciones sint agmáticas. Por el contrario, la m etá fora es una desviación paradigmática, n o pertenece al mismo plano lingüístico y es complemento d e todas las d emás; pues todas las figuras tienen p or f in e l provocar el proceso metafórico; el cambio de sen tid o es el propósito de toda la estrategia poética. A este respecto, Philip W he elw right nos dice q ue “lo que realmente importa en una metáfora es la prof undidad psíquica a las que las cosas del mundo, reales o f antásticas, son trans portadas por la serena vehemencia de la imaginación” 457 . No por ello d ebe asumirse que toda m etá fora, por m ultív oca, es p oética. Solo lo es cu ando el segund o signif icado pertenece a un ci erto dominio d el sentido, cuya naturalez a su pone una verdadera m eta morfosis de l lenguaje, que logra cancelar la n eutr alidad y suscitar la imagen emocional. L a metáfo ra, para Cohen, o cu pa el segundo tiempo de un me c anismo que en todas partes es el mismo, un p roc eso total al que conviene llamar “ figura”, cuyo p rim er nivel varía, mientras el otro permanece invariable. Po r ello Cohen ve en la met áfora lo que constituye la característica f undamental del len guaje poético. Y ace pta la idea de considerar a una obra como una vasta m etá fora, siempre y cua ndo s e l e ubique en su verdadera naturaleza y rango 458 . La metáfora implica un camb io de sentido, es un a transmutación del sistema o paradigma. La figura es un conflicto e ntre el sintagma y el paradigma, e ntre el discurso y el siste ma. El discurso poético entra en conf lic to 456 COHEN, Jean: La est ructura del leng uaje poético, pp. 1 14-1 15 . 457 WHEEL WRIGHT , Ph: Metáfora y realidad , Ed. Espa sa-Calpe, Mad rid 1979, pp. 72 - 73. 458 Cf. COHEN, Jean: La estructura del lenguaje poético , p. 1 14. 279 con el sistema, y en este conflicto, nos dice, es el sist ema el que cede y acepta su transformación. Paul V aléry lo ha e x presado diciendo que la poesía es un “lenguaje de n tro de l lenguaje”, un orden lingüístico nue v o f undad o sobre las ruinas del antiguo 459 . Estamos ante el caso de la determinación del sentido de una metáfora como desvío 460 . Habría que matizar , sin embargo, como hace Ricoeur que “sólo hay desviación si se tom an las palabras en su sentido literal. L a metáfo ra es el procedimiento p or el que el locutor reduce la desviación cambiando el sentido de una d e las palabras” 461 . Las palabr as no son aptas para cumplir la función que la gramática les asig na, pues existe un a imp ertinencia o una red undanci a en la cual se violan los principios de su fu ncionabilidad. Este es el tipo de hechos que caracteriza al lenguaje poétic o. T odas e stas desviacion es las observa Cohe n como un proceso que históricamente se m ue stra en “continuo crecimiento”, el cual alcanza una altura mayor en los románticos y los simbolistas 462 . Cohen con sid era que fue a pa rtir del romanticismo qu e este recu rso poético se comenzó a usar como procedimiento sistemático. En la poesía, no só lo se o bs erva la inconsecuencia a nivel intra-oracion al, sino al interior de la oración. La misma ley rige la u na y la otra y f in aliza p ara este ca so con un e j emplo de García Lorca: “Sucia de besos y arena”. Estos ejemplos, dice, “acercan la inconsecu encia a la impertinencia. La desviación la produce en ambos casos la no pertenencia de los términos al mismo plano del discurso (…) pero en alguno s casos entronca con la redundancia (…) como en e l caso e n que tales son las frase s en las que se coordinan términos qu e se im plican unos a otros, por ejemplo, el género y la especie, el todo por la parte” 463 . Como en l as otras f iguras, se ha observ a do una d istinci ón d e g rado, u n mayor o m enor grado de de sv iación . Cuando la incons ecuencia rompe el h il o 459 Cf. Op. Cit, p. 132. 460 Cf. Op. Cit., pp. 134 y s s. 461 RICOEUR, P: La m étaphore vive , Ed. Seuil, París 1975, p. 195. 462 Cf. COHEN, Jean: La estructura del lenguaje poético, p. 151. 463 Op. Cit., p. 174. 280 del d iscurso, se puede volver a tomar el hilo y reanuda rlo con lo que sigue. Se trata de una p reñez del discurso de u n cu erp o extraño. Una especie de discreción. Pero existen cuerpos que no permiten distinguir entre la idea parásita y la idea central, y no permite n, p or tanto, v olver a l discurso. Es una ruptura perpetua . Buenos e je mplos of rec en los textos surrealistas, obrados por la e scritura automática. Pe ro esta jerarquía nos coloca f rente a textos cuyo sentido se v uelve incom unicable. De m odo que ante este tipo de desvío nos enfrentamos a un mayor o menor grado de comunicabilidad. “(…) igual que la prosa, la p oesí a es u n discurso que el auto r entrega a l que lee. Si no hay comunicación, tampoco h ay discurso. Par a que el poema se realice en cua nto poema es necesario que sea comprendido por aquel a quien se dirige. La poetización es un proceso de dos c aras correlativ as y simultáneas: desviación y reducción, desestructuración y ree structuraci ón. Para que e l p o ema funcione poéticamente es n ecesario que su significación se p ierda y simultáneamente se vue lva a encontrar en la conciencia de l lector . 464 ” La figura puede afectar tam bién a l orden de las p alabras a l interferir en el orden sintáctico y m or fológico. Cohen sostie n e que ta nto poeta como lingüist a han captado la potencia po ética de la gramática. Sus recursos poéticos ocultos devienen poesía d e la gramática , cuyo producto literario es la gramática de la poesía 465 . L a poesía francesa, que Cohen as ume como su marco de tra bajo, se ha mostrado respetuosa de las reglas de la gramática. Parecen haber obedecido la contraseña de Hugo de “Paz con la gramática”. La situación cambia con Mallar mé, quien en c ambio parece buscar en la desviación gramatical su recurso fun damental. ¿En qué consiste este desví o? Si una de las f u nciones más importantes de la gramática es la de indicar en la se rie lineal del mensaje, los té rminos que se relacionan entre sí , entonces, e s el pilar sobre el q ue de sc ansa la significación y por tanto desde el momento en que existe un cierto grado de desviación en e st e nivel, la f rase se viene abajo y 464 Op. Cit., p. 178. 465 Cf. Op. Cit., pp. 180 ss. 281 desaparece la inteligibilidad. En algunas p oesí as contemporáneas parece que las p al abras han perdido sus índices de conexión sintáctica. En particular , u n ef ecto que despoja d e su bóveda el edificio lingüístico e s la carencia de verbo. Y si a la im pertinencia se le agrega la agramaticali dad, entonces, dic e, desaparece la i nteligibili dad, al menos para el lector medio. Es un divorcio e ntre la p oesí a y su púb lico; en la poesía contemporánea deviene del hecho de que e lla ha traspasado e l umbral de la inteligibilidad con demasiada facilidad. Cohen se decanta por mantener la desviación gramatical en un punto que llama crítico. Para él, el orden de las palabras, d ado su f unción, afecta a un punto e sencial que solo permite un a gramaticalismo reducido: “Su agramaticalismo es reducido, pero no por eso es meno s real, y ciertam ente se impone l a tarea d e confeccionar una gramática de la poesía” 466 . Dicho proceder consiste e n disociar la relación de lo normalmente aso cia do. Es la que compete a to dos los tipos de f igura descritos y es e l que conf iere al po ema su especificidad p oética. Un proceso q ue no es de l todo rev ersible ya que la conciencia no encuentra de vuelta lo mismo que dejó a su partida. B. Filosofía y poes ía T odos los procedim ie ntos q ue se h an descrito tienen un carác ter com ún que p roduce una fu nc ión esencial. Primero acontece la negatividad como su rasgo m ás evidente que conduce a l o scur ecimiento del discurso. Est o es lo que ha resultado siempre evidente, pe ro esa negativ idad es trascendente, funciona con una finalidad necesaria a su intención última. Una idea descubierta, se pultada, y resucitada por la m isma histo ria de l a filosofía, pues la f ilos ofía encuentra en las po sibilidades que ofrece el desvío poético e l modo de tra scender los límites que el len guaj e conceptual le impone. Y a hemos visto e l continuo viaje d el pensamiento a las fuente s ricas y fresca s del lenguaje metafórico, a lo largo del periplo filosóf ic o . “La estrechez d el 466 Op. Cit. P . 184 ,185 288 la reciente na ci ón estadounidense , dado que e l desprestigio del mundo nativo no permite incorporar sus nociones y valores. Sobre t odo, las no ciones relativas a los temas po lí ticos e históricos, con los que se acercarán los criollos a su realidad, serán escanciadas de l afluente intelectual eu r opeo y n orteamericano. Co n lo cual, los creadores literarios encuentran una barrera expresiva en los con c eptos. Esta condición los conduce a macerar el lenguaje en los morteros de l a imaginación para hacerlos productivos. Algunos i ncursionan tí mi damente en la cultura nativa. T odo un complejo proceso de trasformación e s tética, que produ ce di fe rentes cau ces, como e l modernismo, e n tanto esfuerzo poético po r encontrar una f orma m uy propia y potente para expresarse. Proceso que aún están a la espera d e ser abordado en profundidad por la crí tica literaria y la filosofía. Más a delante rea liz aremos u n acercamiento ese manejo estético, a ese domeñar la lengua pa r a oblig arla a la comprensión de las dinámicas h ist óricas, culturales y políticas, de los colec tiv os, a través de los trabajos de Lara Martínez, Ortega y Gasset , Laí n Entralgo, Randazz o y Ramón Máiz , entre otros. Dignas muestras de la producción literaria y filosóf ic a del perí odo de consolidación nacional so n los trabajos de J. B. Alberdi, de Sarmiento y su Facundo o Civilización y Ba rbarie , Martín Fierro de José Hernández , Ariel de Enrique Rodó, o las Cartas de Simón Bo lí var . Y qué decir del gozne que movió la producción literaria de José Martí, co ntemporáneo de Gavidia, cuya profusa producción, estaba movida por u na insondable convicción cívica y por u n ideario po lí tico, el cual de sc ansa sobre una sólida ba se f ilosófica . Igua l resulta el trabajo de l ecuatoriano, Juan Montalvo, Don S egundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes, y José Mármol con Amalia , o Leopoldo Lugones. T odo s con producciones que configuran discursos donde lo literario, lo filosófico y lo político se cruza desde la voluntad estética. En el caso de Centroamérica, no asistimos a un menor cruce entre las ideas políticas, filosóf icas y literarias. T a l es e l ca so de la obra del hondureño Ramón Rosa, q uien e xpresa su s ideas federali stas en su s escritos. O poetas como C oello, auto r de la letra de l h i mno nacional de Honduras, Manuel Arita, 289 Óscar Acosta. En Costa Rica, destacan los escr itores d e la gene ración del Olimpo, con una fuerte tendencia anti -imperialista y nacionalista, como lo deja ver la obra de Carlos Gagini, la narrativ a de Joaquín García Mong e, Robe r t o Brenes, en tre otros, que a bon aron a la fundamental labor de la c onsolida ción de los componentes de la identidad n acional. O en Guatemala, la visión política, histó rica o br ada por e scritores como José Milla, reconocido por se r el iniciador de l a novela histó rica guatema lt eca. O Gómez Carrillo y Domingo Estrada, entre algunos e jemplos. T odos influenciados por un m is mo m arc o de preocupaciones: la nueva na ción, sus orígenes, carácter y las posibilidades de su consolidación. En América Latina se mantuvo una actitud de vigil an cia crítica de la autenticidad del proy ecto na cio nal, unas veces con actitud agitadora, apologética, anim adora, crey ente, otras dolida, acongoja da, c onfusa, indignada. A la postre los auto res literarios y los pen s adores h an logrado hacernos pensar , y pensar sobre lo auténtico. P or ello, es un producto de l a cultura que ha mantenido una complicada relación con la misma nación que clama y que experimenta como esperada, a nhelada, ab atida, arrebatada. Ha sido una expresión cultural que ha mantenido esa v oluntad de autenticidad y exploración crítica que su mundo: “Un ren ov ado afán corre por las e ntrañas todas de América Latina. A pesar de las divergencias, hay algo que interesa apasionadamente: la au tenticidad. Se requiere ser au téntico. La manera de concebir ‘l o auténtico’ varía y h asta es diferente; pero la meta e s común, la superación de un pensar , decir y obrar que rara vez han podido traducir : pasión y pensamiento; cree ncia y saber , sabiduría e inteligencia d e un experimentarse descubierto, conquistado, colonizado, independiente” 476 . América Latina es de vorada cada n oche p or la experiencia de su existir como “no s er” au téntico, a la m añana reviv e de es a zozobra, a la tarde acaricia su corporeidad y a l atardecer declina en la certidumbre de que ha sido un espejismo de su condición de “deber s er” desde el impuesto re fer ente europeo, 476 VELÁZQUEZ, M EJÍA, M: Mythos y utopía como estr uctura de la hi storia , Ed. UN AM, México, 1994, p. 47. 290 desde el cua l se mide. S u relación con su refe r ente ha sido, desde el inicio, ambigua y equivoca, fraguada en la cantera d el no ser desde el i nicio y , po r ende, urgida po r eme r ger d esde la necesidad de demostrar su humanidad, su lugar en la cartografía, en la cultura y en la historia. América Latina se ha vivid o como una lucha por ser , desde el in dígena cuya cultura e s abominada por la v ara d e medir el valor de los nuev os señores, hasta e l mismo sentimiento criollo que se fraguó en la conc iencia de no ser españoles. Esa luc ha del no p oder ser lo que se desea ser , se expresa e n su arte, u n len guaje que nos llev a a esa verdad como experiencia que acontece en la viv encia pú blica de la región. Esa co mpleja situación devenida, no sol o del div orcio entre cultura y Estado que pre v aleció, sino del abandono, en que la colonia vivió, se revela pródiga en su literatura. Desde la m ira da de sus poetas, donde el reino de la voluntad creativa camp ea a su gusto p ara proponer utopías en el que el sentido de lo propio se abre y se revela siendo : “ el poeta se siente llamado a la recep tiv idad y la d onación de sentido. Despliega u na atención sobre su entorno y su p ro pia corporalidad, que le permite de sc ubrir a un tiempo su yo y el mundo que lo rodea” 477 . La literatura es e l reino de la li bertad y para e llo se sub v ierte o se desví a, como nos dice Cohen . En razón de ello, la experiencia literaria e s idónea para comunicar , lo que de otra forma resulta ría inco municable, para compartir , expresar , e x plorar . L a literatura invita a pe ns ar y da que pen sar , exterioriza el vivir hu mano en ese mundo que se niega para poder alcanzar el ser de lo real. “La creaci ón literaria s e revela como el camino privil egiado para la expresión de lo hum ano; f av orece su contemplación y com prensión, así co mo el acceso a cierto modo de sabidurí a” 478 . Un juego del lenguaje que se ofrece como como d iálogo f re nte a los que niegan su razón d e ser . En esa lucha nos entrega en oblación su verdad, labrada e n la vivencia com o experiencia unificadora del que entrega y recibe; y se vuelve “uno” en esa entrega. Por un instante, se es capaz de entender l o propio y lo ajen o, para encontrar el auténtico ser anh el ado , retornando al 477 MA TURO, G: La mira da del poeta , Ed. Amar gord, Madrid, 2008, p . 13 478 Op. Cit., p. 51. 291 prístino momento anterior a la separaci ó n q ue nos dividió en “yo y los otros”. Para alcanzar este fin jue ga con el p oder expresiv o de lo simbólico , de lo metafórico y de otras fig uras d el lenguaje : “M arcada por el peso del símbolo, la literatura lo d ev uelve a una instancia preformal, estimulan do la libre proliferación de sus vir tualidades, juega permanentemente entre polaridades aparentemente inconciliables como lo son el mito y la racionalidad” 479 . En América Latina la li teratura ha impuesto un a pasión p or la condición propia de su ser vulnerado. Un lugar donde se fun den diversas voces culturales: sus raíces hispanas, africanas y na t iv as que lucha n en un amor -odio frenético, casi d es tructiv o, p ero ine x orablemente constitut ivas. La poesía n os dona nuevos se ntidos de e se mundo . Est amos a nte una u ni dad en const ante negación del p olo que sirve de referente a la existencia eu ro pea y norteamerica na . Se impone una refl exión de la ex periencia vital, desde esa o tra manera de ver e interpretar of recida por los lenguajes poéticos . Un espacio al que debemos acudir para comprender mejor o de otra manera la realidad latinoamericana. Un a lab or que la literatura realiz a c omo tarea u r gente, como razón y como pasión . Condiciones de todo h acer literario auténtico. La literatura na ci onal y la nación literaria van de la man o, pues la primera se co nstituy e en el gran crisol de una n ación imaginad a, en el imaginario de la nación o de u na patria. L a nación literaria e s la oblación que el poeta nos entrega, es la patria utópica, el pueblo anhelado, el ser , la identidad a c onstruir , la crítica dolorosa, el vacío a superar , los escollos a derr ib ar para construir o consolidar el sueño de una ontol ogía, que m ás que u na propuesta política deviene un te ma filosófico, una exploració n de un senti do del ser , de sus efectos, de sus sentidos, y sus orígenes. V eremos en el siguiente capítulo, a través de algunos ejemplos, có mo es a tarea s e ha revelado, tanto en el quehacer del poeta, en donde su discurso deviene f ilosofía, pensamiento político, crítica y ansias de ser , a sí co mo en la de l crítico, que como noso tros ha intentado penetrar en esa co mprensión estética del mundo. 479 Op. Cit., p. 52. 292 CA PÍTULO VIII: EL HECHO POLÍTICO EN LA LITER A TUR A IBEROAMERICA N A “Siempre el tirano es rui n (…) Puebl o, él te hace un g ran mal, porque debía ser salario del maestro de la escuela, e l pago del esbirro y del espía: Porque falso te en gaña (…)” . Francisco Gav idi a 480 Los e studios cuyas reflexiones aquí of recemos poseen, por una parte, el interés d e acercarnos al co ntexto histórico, po lí tico y literario de Hispanoamérica, durante e l perí odo en el que se enmarca nuestra investigación; por o tra, conocer la r eacción que pr ovoca dicha sit uación en tre los intelectuales de la región, concretada en sus producciones literarias. Unas obras q ue dejan e ntrev er una com ún preocupación: la na ció n y su estado inacabado. La lente de s de la cual observamos tal situación es la de los e scr itores e intelectuales h isp anoamericanos, que ven entrar el nuevo siglo teniendo a Francia como referente de s u m odelo de na ción. Y tam bién un modelo de sociedad: el europeo a nglo-germano. Ante la nue v a dinámica histórica, se ven interpelados por su situac ión de ciudadanos de una nación que aún no es, de una na ci ón incipiente, inacabada, en espera. Con dición an t e la que rea cciona n dándose la tarea de cum plir u na f unción política -pedagógica, desde su labor filosófico-literaria. T odo ello a f in de co ntri buir en lo que consideran una condición i neludible: construir la na ción, construyendo una cultura, una conciencia, un e s píritu y unos m edios educativ os para a lcanzarlos. T odo ello supondrá una toma de posición y u n proceso de negociación, confrontación o deslinde con el Estado y las élites. El prop ósito d e este segmento es of r ecer un contexto general de la 480 GA VIDIA, F: “E n el cent enario de Bolívar ” , en Obras Completas, p. 45. 293 situación de las investigaciones sobre el tema. Podremos apreciar que dichos estudios elaboran u n acercam i ento so ciopolí tico y nos d ejan ver que los intelectuales de e se período se enfrentan a un cont exto y pro blemas muy similares a los que, como veremos, se enfrenta Ga v idia. Y a todos quiene s les hermana una historia y cond iciones compartidas, se ven impelidos a embarcarse hacia una empresa sim ilar , que lo lle va a lo que Sánchez Illán denomina la politiz ación de la liter atura. A propósito de la cual e l profesor Ramón Máiz nos dice que “Las n aciones no son n i están ahí, sino que se hacen, e sto es, no constituyen datos em píri cos, h echos objetivos, sino resultados contingentes d e procesos soci ales, p olí ticos y significantes ab i ertos e indeterminados. De esta suerte, las p ropias p rec ondiciones diferenciales d e la narrativa nacion al (lengua, historia, trad icio nes, mitos y símbolos) constituyen tan sólo u n a materia pr ima e labora da, seleccionada, sobresignificada p or los intelectuales y los movimientos nacionalistas. Por ello, l a ideología y la cultura nacionalistas no pueden ser consideradas como la expresión externa de una nación preexistente, emana ci ón de la esencia p ro funda del ser na cio nal, sino como u no de los elementos d ecisiv os de la movilización político-significante que en puridad, constituyen la nación misma. En suma, el discurso nacio nal (…) no constituye un factor me ra mente expresivo y exógeno, sino estricta mente constitutivo y end ógen o de la rea lida d nacional. En este sentido las naciones pueden ser con sideradas, en buena m e dida, como ‘artefactos culturales’” 481 . Que las naciones so n el producto de un invento, ya lo hemos d ic ho, que la poesía nos abre a una ma nera de esa rea l idad no observada d e otra f orma; también, qu e las élites intelectuales j uegan un papel fundamental en l a creación del discurso nacional, lo hemos asumido como premisa. Que los escritores latinoamericanos m iran su mundo d esde una conciencia histórica, lo hemos c omprobado, pero, ¿ha sta qué punto su mirada logra trascender el conflicto on t ológico de la co nciencia del criollo? , ¿qué nos revela su lite rat ura 481 MÁIZ, R: “La na ción como horizo nte de lectura”, en Nación y literat ura en América La tina , p. 12. 294 sobre tal conf lict o, sobre la ideología y la utopía labrada en la piedra d e las conciencia s cu lt ural e h istórica de los herederos de la colonia?, ¿de qué cantera ideológica, f i losófica y cultu ral provienen los materiales pa ra la construcción de la nueva nación? Esas son una serie de p reocupaciones que de bemos resolv er , y cuya respuesta ahondamos a través del estudio de la p oesí a d e Gavidia al reconstruir su discurso, a f in de comprender qué tipo d e a rte facto cultural n os ofrece en su discurso, d el que hemos conjeturado que se trata d e un discurso nacional. Para ello, hemos organiz ado este a parta do en c uatro núcleos temáticos que se complementan dialogando entre sí. Núcleo del p ensa miento ibé rico en torno a la nación, en el que nos ace rca mos a los estudios crí ticos d e sarrolladas por Ortega y Gasset y Pedro Laín Entralgo. Núcleo Iberoamerica no: e studios críticos so bre el problem a de la nación y la identidad en el pensamiento iberoamericano: Isidro Sepúlveda, Ortega y Gasset y las comp ilac iones s obr e lecturas americanas de Ramón Máiz . Núcleo Latinoamericano: Mabel Moraña, Manuel V elásquez Mejía, Gr aciela Montaldo. Núcleo centroamericano: Francesca Randazz o. No podremos abundar en todos los estudios sobre el te ma, ni ent rar en detalles de las ideas de los escritos a quí abordados, por lo que nos rem itire mos a citar aquellos escritos que directamente s e ocuparon del tema , y ron dar sobre los e jes centrales que vertebraron s u pen s amiento en esa lí nea, a f in de of recer un marco gene ral de la situación y visión de la literatura iberoamericana en torno al fenómeno nacional. A. Los intelectuales españoles ante el “problema de España ” En el p rólogo al libro de Juan Carlos Sánchez Illán 482 , Eric Storm sostiene que, pa ra el caso de Francia y Espa ña, las elites cultu r ales desempeñaron un papel f undamental e n la creación de una c ultura nacional y en el fomento de una conciencia na cio nal. Lo novedoso de tal actividad fue el cambio d e público al que iba dirigida, produciéndose un traspas o hacia las clase s populares. Esta 482 SÁ NCHEZ ILLÁN, J. C: La nación inacabada : los intelectuales y el proceso de construcción n acional (1900 - 1914), con Prólog o de Eric Storm , Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2 008. 295 situación pasó por varios estadios, en los cuales se f ue construyendo la nación en referenci a a grupos y agente s sociales, qu e son asumido s desde categorías cuyo sentido está orientado a etiquetar y reconocer a los ami gos y a los enemigos de la nación: la monarquía y e l prolet ariado. Proce s o que demanda la construcción de u na categ oría ciud adan a, lo que supone transformar a l a masa en nacionales. Así, la co nv ersión de los campesinos f r anceses e n nacionales fue resultado de la convergencia de acciones polí ticas inten cionadas de las e lites , pero también de una consecuencia ló gica de la modernización g eneral. Este proceso creó “irremediablemente una cultura más uniforme y más nacional” 483 . Un pun t o de inflexión fundamental para producir dicho cambio fue la conciencia de que no se pod rí a construir la nación sin elevar a l p u eblo a la categoría de nacional es, por tanto: “que e l abandono d e las clases p opulares empezaba a constituir un prob lema. La nación que hasta entonces había abarcado sobre todo las ca pas u rbanas, estaba ina c abada y pa ra su concreción definitiva habría que integra r a to da la p o blación” 484 . Pero con ectar con las capas populares suponía buscar nuevos medios d e exp resión q ue fueran capaces de llegar a ellas. Sánche z Illán estudia el caso de España y el papel de los intelectuales en ese proceso. Desde su punto de vista, f ue la generación del 98 la que, al igual que los intelectuales franceses, “po r no tener acceso a l os centr os de po der , fueron los pri meros que co nscientemente , a sumen la tarea d e elevar a las masas a un nuevo pape l. T area que luego trasciende n h aci a un v erda dero movimiento político intelectual con la generación de 1914, que llevó a la cabez a a Ortega y Ga ss et” 485 . Y continúa afirmando que “el objetivo de su estudio consiste e n identificar l as aportacio n es al debate d e la construcción na cional de los intelectuales de la generación del 98 y del 14, d esde un enfoque histórico - ideológico. Por tanto, él pone el énfasis en la inf l uencia histórica de los textos y el interés p or el contexto histórico, tanto en l o político como en lo cultural. En su caso, lo que más le interesa es el contexto hi stórico, más que el texto mismo, y 483 STORM, E: “Prólogo”, en SÁNCHEZ ILLÁN, J. C. : La nación inac abada… , p. 16. 484 Op. Cit., p. 18. 485 Op. Cit., p. 19. 296 la influencia en é l de las ideas contenidas en los te x tos ” 486 . Sá nchez Illán analiza los debat es intelectuales surgidos sobre la construcción nacional , descubriendo toda u na serie de implicaciones. Las primera que no hubo tanta diferencia entre la generación de 1 8 98 y la de 19 14 487 . En segundo lugar , que la que hubo se reduce a temas de estilo, m edios y éxitos en s us objetiv os. Incluso en la generac ión d el 9 8, ta n to l a c onstrucción d el p aisaj e natural, la descripción e interpretación del pasado, tenían una función polí tica. Fueron los más prolí ficos fo rjad ores de m itos nacionales y en este campo se llegó incluso a conflictos d e interpret ación entre la generación del 98 y la del 14. El caso del papel de los int electual es españoles en la constr ucción de la identidad y cultu ra nacional resulta, poco diferente de l a realizada por los del resto d e Europa. Comprender la dinám ica de las i deas de dichas generaciones y su s efecto s , es p o sible d entro del contexto cultural internacional al que pertenece. Los intelectuales d e estas generaciones están m ovidos por explícitos intereses pedagógicos. L a situ ación de los intelectuales, p rov enientes de la pequeña y la gran bu r guesía, e s la de un grupo indepen diente a m edio camino en su proyección social entre los intereses de burgueses y o breros. Su sentido histórico y de continuidad aportó todo lo que se necesitaba de v ertebrador en la vida na cional. El liderazg o se explica como resultado de la importancia de lo urbano, la insatisfacción histórica d e las clases m edias, que se traduce en e l anticlericalismo, anticaciquismo, y antimilitarismo, y el surgimiento de nuevos grupos sociales que s e inco rporan como nuev os lectores y con s umidor de la nueva labor literaria. El espacio urbano será el campo de trabajo donde se juega todo lo relacionado con la cu lt ura y la política. Allí ocurre un a auténtica nacionalización de la vida polí tica. Los intelectuales se lanz an a una activ idad publicista sin precedentes en la historia de España. Inician un proceso de po liti z ación de la literatura, d esde 1898, fundamental para comprender el ejercicio intelectual en 486 IBID. 487 En este sentido Julián M arías nos dice que “la generación del 98 llega al poder quince años después, en 1916 (es de cir , naturalmente, cuand o entra en la historia la gene ración siguiente, la de 1886: Ortega, Marañón, M iró, Marquina, Eugenio D ’ Ors, Azaña, Ramón Pérez de A yala, Ramón Gómez de la Serna , Juan Ramón Jiméne z, Américo Castro, etc.). E l ejercic io pleno del po der del poder de l a gener ación del 98 correspon de a la fase 1916 - 1931”. MARÍAS, J : Lite ratura y ge neraciones , Espasa- Calpe, Madr id 1975, pp. 102 - 103. 297 España, lo que va unido a la may or difusión de la prensa y al n acimiento de una opinión pública que le p roporciona un p a pel fundamental en la lucha ideológica; la cual explica el surgimiento de tantas e mpresas editoriales. Es preciso m encionar ta mbién su capacidad de influir en la cultura en la duración y soste nibil idad de s us ideas. L a edad d orada de la labor intelectual coincide con un régimen liberal oligárquico y con una dictadur a no totalitaria. Históricamente fueron a cus ados de la destrucción de la tradició n nacional y liberal, pero no hubo tal ya que la Es paña en la que vivían, n o podía ser en ningún caso un ideal colectivo. El m odelo de nación es, sin duda, Francia, sobre todo e l concepto reniano de “nación inacabada” , cuya reforma moral e inte lec tual d eberí a conllev ar a las élites intelectuales una tarea de difusión pedag ógica. José Ortega y Gasset fu e el pe rsonaje en torno a l cual giran todos los intelectuales del 14, comprometidos en el de b ate sobre el proce so de construcción nacional y su convicción de una nación española como realidad inacabada. En este periodo el principal vehículo de difusión serán los artículo s de prensa, en ellos arremeten contra el régimen que auspicia y posibilita esos mismo espacios, el rég imen liberal -canovista. Algunos críticos conside raron su discurso muy pesimista respecto, no solo de la monarquía sino de l pueblo mismo, por su incapacidad para salir de su leta rg o. Incluso se les acusa del fracaso de la monarquí a de la restauración por ha b erle dado la e spalda a la idea de n ación encerrada en e lla. Pero e se discurso sobre la incapacidad del régimen, sostiene Sánchez Illán , lo a sumieron has ta los prop i os p olíticos monárquicos. Existe u n con flicto en cuan t o a l papel que jugaron e n la crisis del régimen de la restauración, tema del cual es común la op inió n sobre la ruptura qu e mantuvieron los int el ectuales con dicho régimen. Para los d el 98, c on “España no había m ás que hacer que a sistir alborozad os a su entierro: p uesto que no hay pueblo y se hace preciso acabar con los políticos y pedir la ab olición de l as instituciones” 488 . Pero, pese a su la bor , asu me la te sis de Santos Juliá: la Generación d el 98 fue incapaz de o rg aniz ar un m ov imiento, proponer un programa de acción, señalar un objetivo, en p arte porque sien t en una p ro funda 488 SÁNCHEZ ILLÁN, J. C: La nació n inacabada… , p. 133. 304 general, pero emerge de lo l ocal, de la aldea abandonada. Incluso supone que la dictadura surte un e fecto pedagógico para las masas, que no apren den con razones, sino a base de ex periencia. En est e proceso la antinomia consiste en que con o sin el Parlamento, institución democrática, no se ha pod id o gobernar . Este impase debe ser superado p ar a que la demo cracia no desaparezca a ca us a d e esclerosis. L a democracia más que te órica debe ser real y gobe rn ar con la voluntad del pueblo, lo que requiere hacerlo f uncionar . Organizarlo y ed ucarlo para tal función y a sí e v itar que un cuerpo crezca más que otro. Hay que organizar a E spaña, así se organiz an las instituciones democráticas, y viceversa. Como ejempl o Orte ga ha bla del centralismo madrileño que además no se entera de lo que pasa en el resto de España, para saber qu e ocurre cuando la demo cracia es teórica y e l ciud adan o no existe p ara cumplir sus f unciones: “M adrid no so s pecha lejanamente l a gravedad de la situación” 501 . T oda reforma política es la búsqueda y e l debe r de o rg anizar el Estado nacional, y su sostén es el hombre colect iv o, maduro para esa tarea. Hasta el momento, l a h ist oria del Estado na cio nal n o ha mostrado la existencia d e ese hombre madu r o y se debate entre la e x istencia de Estados menos ma los que otros. T al construcción requiere educación: “¡Educación, cultura! Ahí está todo. Esa es la ref or ma sustancial” 502 . Una cruzada de Ortega, en e stos escritos, es la creación de una liga contra la incu ltura, el día que exista, dice, España e st á salvada. Estas ideas que se corresponden con su análisis de la situación gene ra l de España son la antesala d e su E spaña invertebrada . Ésta e s respuesta a su demanda de un diagnóstico crí tico y ref lex ivo del prob lema español. Qué es, para él, el nacionalismo separatista : una serie de fisuras que crean una gran grieta en la que no hay bases para la nación y se de sped aza en los sueños del nacionalismo regional. Una situación en la que se e cha en f alta verdaderos 501 Op. Cit., p. 212. Sin ignorar qu e fr ente a la crítica al centralis mo está también la crítica al na cionalismo o el particularismo qu e se da en Esp aña. En sus palabras “España e s en su cas i tot alidad, pr ovincia, aldea, terruño. Mientras no movilicemos esa en orme masa de españoles en la vitalidad pública no conseguire mos jamás hacer una nación actual ” OR TEG A Y GAS SE T , J : “Discur so sobre el Estatuto de Cataluña”, en AZAÑA, M. y ORTEGA Y GASSET , J: Dos vi siones de España . Discursos en las Cor tes Constituyentes sobre el Estatuto de Cataluña ( 1932) , Círculo de Lectores, Barcelona 2005, p. 43. 502 ORTEGA Y GASSET , J : “Ideas p olíticas: ejercicio normal de l parlamen to”, p. 693. 305 líderes, ho mbre de cultura u niv ersal pa ra afrontar los problemas con una visión que se eleve más allá de la circun st ancia aldeana para conquistar una visión de Estado. A falta de un Estado en el que conf i ar sobran caciques y se nutr en las esperanzas en los pa rticularismos. La ausencia de los m ej ores, lleva al ca os a la ana rq uía y al imperio d e las masas. Fuerzas todas, en las que ve resquebrajarse a España, que no ha logrado aún ser un pueblo moderno. Pero advierte que soplan nuevos a ires y e sta vez, para “gana r en él la pa rtida, ser á menester dotes, d estrez as muy diferentes de las que en el últi mo pasad o proporcionaban el triun fo”. Lo que ob s erva con claridad Ortega e s que los rasgos de la España de su tiempo n o la cuali fican p ar a b rill ar , como ya ha hecho en l a pal estra d e la historia o ccid ental, y la hacen languidecer en un pulso campesino que no se ajusta a los nuevos tiem pos. Aldeas dispersas, incomunicadas, abandonadas a su suerte, regiones desarticuladas, q ue tien den al separatismo, ma s as revueltas sin líde res honestos y educ ados, moral agónica, f alta de responsabilidad y carencia de mentes claras para la administración, au s encia de un programa de edu c ación de las m asas es lo que describe como el problema español. Subirse al ca rro que lleva a nuevos destinos, demanda cambios que maridan cultura y educación a favor de una cultura ciudadana, que h ag a emerger lo que nosotr os h e mos visto y denominado la construcció n d el Pueblo - ciudadano, que demanda la nación – Esta do del mundo industrial. Hay e n Ortega, en sus ideas políticas, un h álito de co nfianza en el go bierno de los filósofos que saben lo correcto, a fa v or por la jerarquía política educada y ética, los hombres egregios capaces de dirigir a las masa s 503 . Algo nos su ena de América, algo resuena a un cúmulo de problemas compartidos. No es de extrañar que Orte g a haya calado e n las mentes de los int electuales latinoamericanos. Desintegración de la diversidad, a usencia de la construcción del pueblo ciudadano, caciq uismo, desmandes militares, ingobernabilidad. 2. Pedro Laín Entralgo : ¿a qué llamamos España? 503 ORTEGA Y GASSET , J : La Espa ña invertebrada, p. 509. 306 Uno de los intelectuales que entabla un diálogo f ructí fero con las ideas de Ortega es Pe dro Laín En tralgo e n su libro A qué llamamos Esp aña . Con dicho ensayo se propon e llamar a la r eflexión sobre e l p robl ema e sp añol que se expresa en u na desarticulación de cinco regiones que parecen cada v ez m ás distantes entre sí. Y pa ra evitar el descalabro total , u rg e una reforma q ue integre e n unidad coherente lo diverso sin anu larlo. Una vía pa ra af rontar la incapacidad de los intelectuales españoles de responder a la pregunta ya lejana y cada vez má s urgente de Ortega de saber qué es España. Al com entar el propósito de su libro España como problem a , n os dice o Laín Entralgo: "Mi libro es, en primer término, una historia de las más importantes a ctit udes inte lect uales an t e la cul tura española; y parece por todo ex tremo evidente que desde 1812 hasta 1936 e sa cu lt ura ha venido siendo un problema para todos los españo l es que n o han querido limitarse a un candoroso a rbitrismo de c enáculo y gabinete, y se h an propuesto de veras ha cer a lg o eficaz en o p or la cultura de España" 504 . Su propósito es explorar e l a lma e s pañola pa ra lo cual realiz a un viaje por cada una de la s principales zonas culturales que la conform an. ¿Qué se puede esperar de tan variopinto mundo, o como él lo llama, de ese mo s aico multiforme? Si ese mo saic o m ulti forme hace brotar modos de se r y vivir diferentes , ¿existe algo que se pueda llamar u n “sí mismo n acional ”?, ¿cuál es su punto de a rticulaci ón?, ¿pu ede fa brica rse desde algún lugar desde donde lanzar los puen t es de la unidad na ci onal tan necesaria en el mundo contemporáneo? Para Laín Entralgo, ese m odo de vivir está li gado de alguna fo r ma a u n pathos y a una e tn ia : “Medio geográfico, condición étnica, libertad c onvertida en proyecto histórico y hábito social, tales son los cuatro momentos esenciales del destino de u n p ueblo y tal es, desde un punto de vista genético, la estructura esencial de su modo de ser . Excluir algun o de ellos (…) equivale a f alsea r 504 LAÍN ENTRALGO, P: España com o prob lema. V ol. II: Desde la generación de l 98 ha sta 19 36 , Ed. Círculo de Lectores, Barcelona 2006, Intr oducción. Es difícil saber a quién se refier e Laín Entralgo en esta o bra que publica en 1957 porque fuer on numerosos los intelectuales españoles que tr abajaron para dar solución al problem a de España desde el punto de vista científico, filosófico, histórico o político; entre otros, Ramón y Cajal, Gani vet, Menéndez Pelayo, Ramiro de Mae ztu, Miguel de Unam uno, Eugenio d'Ors, Ortega y Gasset o Claudio Sánchez Alborno z. 307 doctrina riamente la siem pre compleja realidad histó rica” 505 . Pa r a él, la conciencia de lo español es un prob lema e xistencial, una puesta en crisi s de ese supuesto vivir u nitario, al que se le puede llam ar ser e spañol, p ero que es más u n imaginario por su f alta de apo y atura. La pregunta determinante es la de saber cuál es la etiqueta que d istingue a un m odo de ser y vi v ir , s in te ner que estar (o sentirse) “castellanizado” en la experiencia histó rica de las regiones que con juntan España. Aguda y difícil cue stión en la que Laín Entralgo sitú a el problema de lo español. Más que antagónico, comp l ementario con las ideas de Ortega, don Pedro Laín nos coloca f rente a otra mirada de la nación española y otras aristas diversas de las suscitadas por Ortega. Pa ra af rontar la cuestión , Laín Entralgo elabora una teoría del disfraz. El disfraz como autorrealización, nos dice, es el modo d e ser e spañol. En este pu nto e s interesa nte o bs ervar variaciones de esta idea en otros estudios que tratan d e dese ntrañ ar el problema del ser la tinoame rica no. Estos estudios ha bl an del m odo de ser lat in oamericano como un enmascararse: ponerse la máscara d e europeo para poder encontrar respeto y un espacio. Aquí Entralgo no s d ice que el modo de ser español e s el disfraz de español antiguo. Y es que, en e s a antropología del disfraz, el ser deviene como escondido, retraído, para ser tiene que jugar a ese ser español, que le exige disf razarse de español ca stiz o 506 . En los pe rsonajes de la literatura va a d escubrir ese modo de ser como dis fraz, que termin a siendo una v oluntad querida. T radición, arrojo, gracilidad, heroicidad o cientificidad son, todo s ellos, m odos de actuar de l o español. En dichos modo s se manifiesta el ca rácter n aci onal. Ser español es voluntad de disfrazarse como tal. Y e sa voluntad la ve en la España de s u momento h ist órico. Ante lo cual debemo s p regun tar por el porqué de ese disfraz de español tradicional como realiz ación. Las preguntas se multiplican: ¿Qué es realmente s er español?, ¿q ué sentido p osee?, ¿cuándo tiene s u origen el uso d e lo español?, ¿qué se quiere expresar? y ¿por qué nos preguntamos por este “ser español”? Al resp onder se encuentra con las razones existenciales de e s os rasgos 505 LAÍN ENTRALGO, P : A qué llamamos España , Ed. Planeta Agost ini, Barcelona, 201 1, p. 60. 506 Op. Cit., p. 63. 308 que Ortega identi fica: f racaso administrat i v o de las instituciones polí ticas españolas, aban dono del pueblo y de su carácter disperso y macerado en el puro pulso campesino, como component es que están a la b ase de un presentirse que u rg e po nerse e l disfraz de lo heroico, de los valores antiguos . Un venir a men os de la gloria pasada que configura u n ser castizo, por un lado campesino y pobre, y por otro de un resplandor correspondiente a lo que en América conocemos como siglo de oro español. Ese es el traje de español antiguo del que se hace costumbre usar el disfraz. Un traje horadado en el catolicismo como e s tandarte y en el que ve refugiarse continuamente e l e x istencial español. Un d is fraz que denomina l a “vieja vividura”, a la que s e recurre en mome ntos de crisis 507 . Laín Entralgo nos coloca f re nte a l lado de la realidad esp a ñola, una conciencia del ser o br ado po r la h istoria, que espera por u na he r menéutica. Al reflexionar por la ontología de lo espa ñol, Entralgo a borda el tema nacional espa ñol desde un ángulo nuevo que logra entrar en diálogo y hacer ver me jor los hallazgos de Ortega. Un diálogo que, cómo veremos, también se sostiene entre nuestros pensadores latinoamericanos pue s se hace difícil definir el uno sin el otro. Pe nsar América es pensar España, y p ensar España, es pensar América. Como vemos, pu es, siguiendo e l hilo de esta m adeja nos descubrimos en él. Encon tra mos que la gloria y grande z a de Esp aña está atravesada, quiérase o n o, por ese e s pacio compartido a un lado y a otro del océano. L as d i ficultades comien z an cuando se configuran ambos imaginarios, sus respectivas ide ntidades p ues en no pocas o casiones han tendido a la mera negación recíproca o a la anulación, recha z a ndo las posibilidades de diálogo y renunciando a saber cómo u nos han i ncidido en el ser de los otros. Lo mismo vale para la co nsideración de la presencia á ra be en los pueb lo s ibéricos, en y co ntra a la cual se ha reconocido en mucho ese carácter de configuración de lo español, pero que no ha sido suficientemente explorad o. T anto u n os como otros se construyen h istór icamente “en referencia a”, como rechazo o búsqueda de ace ptació n. La co nciencia ob rada por la historia, 507 “La vieja vividura, y como e n nombre de ella, sincer amente, unas veces, tácticamente otr as, han obrado luego. Considere en fin cual suele ser entr e esto s hom bres la moral civil, ésa que hace sentir con cierta seriedad, tanto al imperante com o al súbdito, los de beres inherentes a la c onvivencia política y social”. Op. Cit., p. 85. 309 introyecta culpas, odios, temo res, pone f ricciones al d es eo de comprender la dinámica de sus d es tino s entrelazados. Una tarea nece s aria y pendiente, que marca la posibili dad de cues tionar exitosamente la invitación de su birse al navío de la globaliz ación en el que e l desarrollo industrial ha culminado, obligándonos a ser no y a ciudadanos lo c ales, sino mu ndiales. B. El núcleo Iberoamericano: el sueño de la Madre -Patria En la comp ilació n Nación y L iteratura Latinoamérica, el profesor de la USC Ram ón Máiz reúne seis estudios críticos sobre escritores y e scritoras latinoamericanos que ha cen de la nación su ho riz onte d e lectura y el objeto de su crea ció n literaria 508 . Un recorrido po r su visión de la nación, como objeto de su preo cupación y de su of icio literario. Prácticas d iscursiv as que Máiz asu me como un medio para inventar las nacion es deseadas. Una m u estra de esa tensión: nación -n arración en América Latina. Sostiene que las naciones se hacen y co nstituy en h echos significativ os en la m edida en que se leen e interpretan desde algún m arco de sen tido. E l estudio del nacionalismo d esde el aná li sis de su s relatos o literatu ras nacionales, requiere abandonar todo unilateralismo para e v itar reducciones y esquematismos. Debe partirse d e la hipótesis inicial de que, no e s la nación la que gene ra el nacionalismo sino los intelectuales y los políticos nacion ales los que producen la nación en sentido estricto. El discurso naci onal, en toda s u co mplejidad , no c onstituye un factor meramente expresivo y exó geno, sino estrictamente constitutivo y endógeno de la realidad nacional. Es en este sentido que las naciones pu eden se r consideradas, en buena m edida, como "a rtef actos cultu r ales". Y , en tanto tales, siempre constituyen "comunidades imaginada s", cuyos indiv iduos se a uto - comprenden e x plícita o im plí citamente respecto de un grupo social esp ecífic o: la "nación". De ahí que lo que escriben desempeñe una función política fundamental, ya sean ensayos o poemas, como s ucede en la obra de Gavidia. La f uncionalidad del discurso n acional desborda con mucho la f ij ación de 508 Cf. MÁIZ, Ramón: Nación y litera tura en América La tina, Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2007. [Document text truncated for crawler view.]