Centro Gallego : órgano de la colectividad gallega en el Uruguay, n. 26 (1919)
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CENTRO GALLEGO Calle 25 DE MAYO esq. ZABALA CI 1SJI Hmi 2 : BUENOS AIRES, RECONQUISTA, 200 . -EslñbMo en 188 B Moneda legal Capital suscripto ............................................................................................. $ 100.000.000.00 Capital realizado ............................................................................................. ” 98.392.540.00 Con do de Reserva ............................................................................................. -- 48.603.084.84 Rrima a cobrar ................................................................................................... » 964 . 476.00 Sucursales y Agencias en toda la República Argentina. Sucursales en el extranjero: Río de Janeiro, San Pablo, París, Madrid. Bar celona, Genova, Hamburgo, Londres, San Sebastián, Vigo, Coruña, Valencia y Bilbao. Corresponsales directos en Europa, Asia y Africa. Expide cartas de crédito, letras de cambio y transferencias por cable, com pra y venta de títulos y valores en las plazas comerciales. Cobranzas y Cupones y dividendos. Se reciben valores y títulos en custodia. Descuento y cobranzas de pagarés y letras. Se reciben depósitos, basta nuevo aviso, en las condiciones siguientes: o|o anual ¡ Depósitos a mayor plazo . . Conv. En cuenta corriente . . 1 ” Depósito a premio con libreta. Depósitos a 30 días . . . 1 1|2 ” desde $ 10 hasta 10.000, des- ” ” 60 ” . . . 2 1|2 ” | pues de 60 días .... ” ” 90 ” . . . 3 1|2 ” COBRA: En cuenta corriente convencional. — En descuentos, ídem. Los señores accionistas tienen derecho, de acuerdo con el artículo 23 de los Estatutos, a depositar sin comisión alguna, sus acciones en las cajas del Banco. Montevideo, 28 de Junio de 1918. Por el Banco Español del Río de la Plata, sucursal de Montevideo. El Gerente
Año III. Mo ote video. Enero 3l de 191!) Núm. 26. ÓRGANO DE LA COLECTIVIDAD GALLEGA EN EL URUGUAY y acción y Administración: Calle 18 DE IU lí O, 886 Teléfono: LA URUGUAYA, 3081 -Central EL SONAR DEL RIO PIR IA CONDESA DE PARDO BAZÁN La tradición era constante : en aquel vetusto Pazo había enterra do un tesoro. ¡ Se había hablado de él tantas noches en las veladas de la aldea, junto al hogar donde hierve mansamqnte el pote y se asan las pri meras castañas, ya rellenas de sa brosa pulpa! ¡En tantas ocasio nes se había mentado el tesoro oculto, en la tertulia del atrio, a la salida de misa, apoyados los hombres en sus palos ¿ bien re bozadas las mujeres en sus man tillas de paño y en sus pañuelos amarillos de lana con cenefas y flecos de vivos colores ! Y estaban conformes todos los pareceres: si ellos fuesen los due ños del Pazo, ya lo habían de molido, (piedra por piedra, para buscar el tesoro hasta en sus ci mientos. No comprendían cómo el señor, aquel señor de tan adusta traza y tan consumido rostro, y al cual, en punto a intereses, no le iba muy bien, pues estaba co mido de hipotecas y deudas, no desenterraba o sacaba de la pa red, donde sin duda dormía, el tesoro fabuloso. Y, en efecto, don Mariano José Lámela de Lamela andaba a la cuarta pregunta, y nunca había querido ni arañar la cal ni me terse con las telarañas de las vi gas, por si el tesoro aparecía tras de ellas en algún escondrijo. Ra zón bien sencilla : don Mariano José no creía en la existencia de tesoro semejante. No ; no creía, ni predicado por frailes descalzos. ¿Cuál de sus as cendientes, a ver. guardó en el Pazo de Lamela tal riqueza, y cuándo, y cómo? Los tesoros no llueven del cielo; si la gente es rica, no se ignora. Ahora bien : desde tres generaciones acá, los Lamela eran pobres, más cada vez, (porque iban dejando mer mar su hacienda, roída por los ratoncillos, o sea los malos pagado res, que, hoy uno y mañana otro, iban desertando, especialmente los foreros, que tienen la especia lidad del atraso crónico, por el cual van apropiándose las tierras sin satisfacer ni la microscópica | pensión. Los Lamela sufrían con I paciencia que no se les pagase, y , lentamente se deslizaban hacia la ¡ miseria. Don Mariano José no recordaba nunca que en su casa hubiese dinero, y lo que le ponía , sombras de tristeza en el rostro , era justamente ese ahogo conti nuo, encubierto bajo la aparien cia de señorío, y no diré de ¡ja sada grandeza, porque nunca la hubo en aquel nido de meneste rosos hidalgos. Un poco de remor dimiento ante la ruina, en que no dejaba de caberles responsabili dad por las ocultaciones y nega tivas de rentas, era tal vez lo que instigaba a los aldeanos a recorda rsiempre el tesoro. Don Ma riano José era pobre porque que ría ; con buscar el tesoro, sería opulento. La fantasía bordaba el tema. El tesoro eran miles de on zas portuguesas y castellanas; eran ollas de monedas de todas clases; eran sabe Dios qué mag nificencias que ellos no pudieran describir, por no conocerlas de vista, por no tener idea de su for ma; pero que pintaban a su mo do, tomando por base las sartas y brincos llamados sapos de oro que lucían al cuello las mujeres en los días de fiesta. El señor de la Lamela se en cogía de hombros cuando alguno de sus convecinos tocaba este punto. ¡ Cuentos de viejas! Que no le hablasen de tal patraña. Más valiera que le pagasen lo que le debían, para ¡que él a su vezpudiese acallar a los que le abru-
2 CENTRO GALLEGO maban a demandas y reclamacio nes de todo género. Era uno de éstos un industrial muy despabilado., dueño de un al macén de quincalla establecido en la villa más próxima, y llamado Barcote de apodo, el que un día, se presentó en la Lamela, no con el gesto fruncido y la tendencia o la grosería que caracteriza al acreedor desesperanzado, sino con el aire más coridal, y hasta un poco tímido, del que solicita. — Don Mariano, yo vengo a proponerle... No ie parezca mal... No piense que traigo exi gencias, no, señor; todo lo con trario. Si nos avenimos, hasta le daré recibo finiquito de esa su ma de novecientos veintiocho rea les que tenía, ¿ya recordará?- que satisfacerme. — Oiga usted — repuso el señor de Lamela, a cuyas mejillas des coloridas y flacas asomó un lam po de rubor. — Yo no admito re galos. Pienso pagarle como Dios manda. Sólo que, casualmente, en este momento ... — No, si no se trata de regalar... Es un convenio, y yo pienso ga nar bastante en él. Se trata ... ¡verá usted!, del tesoro que hay en este edificio ... Salfó Don Mariano José ner viosamente : — Señor mío... no hay tal te soro. ¡ Si lo sabré yo ! Todo eso es una gran paparrucha. —Señor Don Mariano, usted no lo puede saber, una vez que no ha hecho ninguna diligencia para descubrirlo; ni usted, ni su señor padre, ni su abuelo, que santa gloria haya, ni nadie de su familia. Y yo no le pido sino una cosa bien esncilla y bien útil pa ra usted. Me permite registrar el Pazo. Si destruyo algo, lo re construyo a mi costa. Si aparece lo que pienso, partimos. Si no aparece nada, está usted lo mis mo que ahora. Quien ha perdido el tiempo y el trabajo soy yo, Barcote. No era posible negarse. Como última protesta, el señor de la La mela exclamó todavía : — Haga lo que le dé la gana... Pero lo que usted encuentre de tesoro, ¡ qué me lo claven aquí ! — y apoyó con fuerza el índice en la frente. Por toda contestación, Barcote murmuraba : — 'Cuando el río suena ... Al día siguiente, el almacenis ta se instaló en el Pazo y dió principio a su indagación. No manejó el pico, no demolió nada, limitándose a prolijos reconoci mientos, tanteos de paredes y sue los, apoyando la cabeza y el oído para percibir si existían vacíos, huecos sospechosos. Don Mariano de muy mal humor, empezó por encerrarse en su dormitorio; que no le hablasen de tales tonterías. Al poco tiemposin embargo, fué dejándose ver, y hasta interesán dose, si bien en broma, por la la bor de Barcote. — ¿Y luego, mi amigo? ¿Apa reció ese gato? ¿No? ¿No se lo decía yo, hombre? Mire, es como la luz. El tesoro, caso de haberlo, no viene de muy antiguo ; estos disparates comenzaron a correr allá en vida de mi abuelo, don Juan Nepomuceno de la Lamela. Ni él, ni su ¡padre, ni sus hijos, tenían onzas que enterrar. ¡ On zas! ¡Quien se las diera! Y sien do así, ¿de dónde procede seme jante caudal azo? Barcote, miró fijamente al se ñor. Su fisonomía despierta y as tuta expresaba algo singularen tre burla y lástima. Al fin pro rrumpió : — ¿No pasó temporadas en es te Pazo el hermano de su abue lo de usted, que era canónigo en Compostela y falleció de repen te? Quedóse don Mariano hecho estatua. ¡Y más sí! ¡Allí había vivido el canónigo Lamela, y existían cartas de él a su herma no, un fajo, en el archivo ! — Ese canónigo — declaró Barcote - — tuvo ama de llaves a una tía mía, que ha muerto muy an ciana. Ella le contó a mi padre que el canónigo pasaba por riquí simo, y a su muerte se le encon tró muy poco. Por cierto que mi tía tuvo buenos disgustos, porque le preguntaban los herederos, y ella no podía dar razón. Vea, don Mariano, por dónde vine yo a escamarme. Si hay tesoro ein el Pazo, ese canónigo fué quien lo escondió Según mi tía, el canóni go se quedaba solo aquí cuando su hermano salía fuera por algún motivo.. Don Mariano, sin responder, corrió al archivo. Sufría ya el contagio de la locura generalde la cual se había reído tantas ve ces. Buscó febrilmente las cartas del canónigo a su hermano. Allí estaban atadas con un balduque, amarillentas, pero muy fáciles de tt*****************#***********#**************************#**-»***************^*? * * $*##***********#*****#*#****************#*************************■**************->:
CENTRO GALLEGO 3 leer por lo claro de la letra redon dilla y lo terso del papel de hilo. Y el señor de la Lamela se en frascó en su lectura. ¡ Oh desen canto ! Nada en tal corresponden cia podía interpretarse, ni aún remotamente, como alusión al te soro. Había, sí reiteradas quejas de los revueltos tiempos, de la in seguridad en que se vivía; esto era un hilo para devanar que el canónigo quiso soterrar su rique za, pero ¡ hilo tan tenue ! B are ote quiso ver las cartas a su vez. Tampoco sacó gran cosa en lim pio. Sin embargo, no parecía des confiar del éxito. Era hombre te naz, perseverainte. Y no quedán dole rincón ppr registrar y estu diar en el Pazo, pidió a don Ma riano las llaves de la capilla. Hallábase abandonada; la hu medad había comido las pinturas; el retablo, apolillado, se deshacía entre los dedos cuando se le to caba. Barcote dió mil vueltas al altar, por si en él se ocultaba al go. No había sino polvo y made ras rotas. Entonces, el almacenis ta se fijó en el piso. Era éste de losas de piedra* y no ofrecía par ticularidad alguna sospechosa. Barcote, sin embargo palpó* las losas, pasó el dedo por sus jun turas. El Cnmnel Lisera Recientemente fué ascendido a coronel efectivo, el coronel gra duado don José R. Usera. No es un desconocido para no sotros los gallegos de Montevideo, el nombre del coronel lisera, que tantas y tan hermosas pruebas ha dado de su amor a España y muy especialmente, a Galicia, cuna de bus mayores. Esta revista tiene el honor de contar entre sus colaboradores más ilustrados, al señor coronel lisera, quien con el seudónimo de “ Pitt ” ’ publica .frecuentemente bellos artículos que son otros tan tos himnos a Galicia. Esto solo bastaría a mover nuestra gratitud hacia él distin guido militar uruguayo, si este no poseyera otros títulos que obli gan a nuestra admiración v res peto. Es el coronel Usera uno de los jefes más distinguidos del ejér cito uruguayo. Su caballerosidad Mariano? — - interrogó afanosa mente. — ¡Válgame Dios, hora! ¡Qué terco es! ¿Qué ha de haber? Hue sos, cenizas de los antepasados. — ¡ Lo que está aquí es el teso ro! — gritó enloqudejdo el al macenista. — ¡ Tráigame, por Dios, un palo de liierro ! Don Mariano, con repugnancia, vacilaba. ¡Revolver los despojos de los muertos! A pique estuvo de mandar al diablo al almace nista. Por fin, eon_ el palo de hierro. Barcote desquició la losa. Sudaba gotas gruesas; del hueco negro que se descubrió salió un vaho de frialdad de sepulcro. — ¿Lo vé usted? Ahí no hay sino osametnas. . . Desquiciada otra losa, apareció un ataúd, cubierto de paño ue gro hecho pingajos. Barcote saltó al hueco y, sin vacilar, se abrazó al féretro. Mas no podía alzarlo : pesaba como plomo. Dan Maria no, de mala gana aún, hubo de ayudarle, y antes de que llegase a salir de la cavidad, ya por sus rotos costados se escapaban las onzas y las medias onzas... Y Barcote, rompiendo a bailar, riendo de placer, exclamó : — ¿Eh? ¿Qué tal? ¿Huesos? ¿Cenizas? Cuando suena el río... intachable, su vasta cultura, su rectitud de juicio, le han crea do una aureola envidiable entre sus compañeros de armas, que respetan sus opiniomes, siempre cimentadas en un hondo saber y en una experiencia serena y bien equilibrada. CENTRO GALLEGO al feli citar al señor coronel Usera por su merecido ascenso, se complace en testimoniarle su profundo afecto y agradecerle, una vez más, sus notables colaboraciones. Don Juan Pujol Después de una ausencia de va rios meses durante los cuales vi sitó España y otros países euro peos regresó recientemente, acom pañado de su familia* nuestro dis tinguido compatriota don Juan Pujol, de la casa Pedro Ferrés y Cía. Numerosas personas acudieron al muelle a recibir al señor Pu jol. Don Antonio Paredes Rey SU FALLECIMIENTO A los 62 años de edad falleció el 23 de Diciembre último en Avellaneda (R. Argentina), don Antonio Paredes Rey, un galle go que por su talento y virtudes llegó a alcanzar gran significa ción en aquella ciudad argentina, donde era querido y respetado. Fué Presidente del Centro Ga llego de Avellaneda, creado por él y unos cuantos gallegos entu siastas. Aunque vinculado a la vida argentina por los importan tes puestos que desempeñó en la administración de justicia, su es pañolismo acendrado no se enti bió nunca y siempre su fervien te patriotismo estaba al servicio de la causa de España. En Buenos Aires donde tam bién residió muchos años, fundó la sociedad Española de Socorros Mutuos de Barracas. Su fallecimiento fué muy sen tido en Avellaneda donde don Antonio Paredes Rey era consi derado como hijo ele aquella ciu dad. La Comisión Directiva de esta Sociedad, informada por el Cen tro Gallego de Avellaneda de la muerte de su expresidente* envió por telégrafo sus condolencias a la viuda del extinto y al Centro Gallego de Avellaneda, haciéndo se representar en el acto del se pelio. La señora viuda de Paredes Rey, se dignó contestar a nues- — -¿Qué hay aquí debajo, don
4 CENTRO GALLEGO tro pésame con la carta siguien te : Avellaneda, Enero 15 de 1919. Un sabio español El Dr. Cobres en lo lio lll&Ulülllu Al Señor Presidente del CEN TRO GALLEGO. — Montevi deo. De mi mayor consideración : En nombre de mis hijos y en el mío propio debo manifestar a Yd. toda la gratitud que encierra nuestra alma hacia la beneméri ta institución de su digna presi dencia, por el recuerdo postumo que lian dedicado a mi inolvida ble esposo en el día de su falle cimiento, mandando telegráfica mente. al distinguido .paisano D. José Costa que representara al Cetatro Gallego de Montevideo en el acto del sepelio. Al expresarle nuestro agrade cimiento eterno, me hago un de ber en manifestarle que su dig no representante ha llenado cum plidamente su misión, poniendo de manifiesto en tain triste acto, las simpatías y el cariñoso afec to .de que el extinto gozaba en el seno de la colectividad gallega de Montevideo, genuinamente repre sentada por el Centro que Yd. preside; afecto que era corres pondido debidamente por aquel que en vida tuvo levantado en su corazón un altar en que ren día sincero culto 5 la amistad de sus buenos amigos de la canital uruguaya, del que por reflejo, puedo asegurarle, participan to dos sus deudos. Reciba señor Presidente y por su intermedio todos los compo nentes de ese Centro, las seguri dades de mi consideración distin guida . — Bosa B. de Paredes Retj. Bailes de (af^ava! La Comisión de Fiestas del Centro comienza a ocujparse de los preparativos para los bailes de máscaras que durante las fiestas de Carnaval, han de rea lizarse en esta casa. Según infoñmes extraoficiales, estos bailes prometen gran ani mación y brillantez. Damos traslado a la muchacha da ambos sexos. DOCTOR JAIME FERRAN Recientemente este ilustre bac teriólogo de fama mundial, rea lizó un descubrimieinto trascen dental demostrando la clavadísi ma función que desempeñan en el organismo humano, las granu laciones, que se observan en los glóbulos blancos, las que, hasta ahora, no eran tenidas en cuen ta por los hématólogos. El descubrimiento del sabio es pañol imprimirá nuevas orienta ciones a la hematología y a la embriología. En la Academia de Medicina de Madrid se celebró la ilustre recep ción, como académico de núme ro, del ilustre gallego catedráti co de Técnica física y Análisis químicos en la Facultad de Far macia, don José Casares y Gil, una de las personas más compe tentes en España en las cuestio nes que constituyen su especiali dad. El nuevo académico, hijo del que fué ilustre doctor don An tonio Casares, obtuvo a los vein tidós años después de reñidas oposiciones, la cátedra de Técnica física, que desempeñó durante va rios años, en la Universidad de Barcelona. Un homenaje El cinco del corrienteen una quinta a orillas del Pantanoso le fué ofrecido al señor Miguel Ro dríguez López, por un grupo de amigos, un pic-nic, con motivo de la terminación de sus estudios de odontología. El aventajado y estudioso jo ven que con tanto Jxito acaba de obtener el título de cirujano den tista, es hijo de nuestro consocio el industrial de esta plaza don Juan Rodríguez Rial. PLAYAS GALLEGAS R iazor (L a C oruña )
CENTRÓ ÓALLEGÓ 5 NUESTRAS FIESTAS Ui\% IlimiiOSA Fieles a nuestra tradición, el 31 de Diciembre último se cele bró en los salones del Centro Ga llego una hermosa fiesta que de jará grato recuerdo en. la memo ria de cuantos asistieron. Sirvió ella al mismo tiempo, para inau gurar el nuevo local provisorio de esta sociedad. Y a propósito de esto, antes de seguir ocupándonos de la fies ta, diremos que el local que ac tualmente ocupa el Centro* con no ser un palacio, que para noso tros resultaría holgado, fué una Borfpiresa para muchos socios y fa milias que aún no lo conocían. Las salas, espaciosas y alegres; los muebles, sencillos, pero de buen gusto, causaron la mejor impresión y .de ello nos felicita mos. La Comisión Directiva, no regateó esfuerzo alguno para amueblar la casa decentemente y no estaría de más recordar aquí con tal motivo la gratitud a que se hicieron acreedores algunos señores socios, por su espontánea A las 10 de la noche, los salogenerosidad. nes del Centro rebosaban de gen te primando el elemento joven. Inicióse la. velada con unas Me lodías gallegas que cantó con su mo gusto el joven Elias Linares, a quieta acompañó al piano la se ñora de Vázquez Anido, que tan ta devoción, tanto sentimiento sa be poner en las notas de una canción gallega, que pareciera como si el teclado del piano fue ra presionado, no por los dedos sino por fibras del corazón. Tan to la señora de Anido como el señor Linares, cosecharon nutri dos aplausos. Se realizó después un acto de concierto, por la señorita y el jo ven de Regueiro, cuyo lucimien- ¡ to les valió igualmente muchos aplausos. I Fué un número interesante de la velada, el Orfeón de la socie dad Juventud Ibérica, que diri ge con tanto acierto el maestro Mujica. Este notable orfeón que reúne excelentes voces, bien dis ciplinadas todas ellas, bajo la ba tuta de Mujica, interpretó las mejores números de su reperto rio, destacándose la “ Alborada ” de Veiga, que fué cantada de una manera insuperable, arrancando una calurosa ovación del numero so público que escuchaba con re ligioso silencio, aquellas retozo nas notas de la inmortal canción. Y le llegó el turno a Terpsícore. Una excelente orquesta entró en funciones con el regocijo consi guiente de bailarinas y bailarines que pronto se hicieron dueños del campo, vale decirde cuanta sala se prestaba para el baile. A más de un antiguo socio oimos djeicir que pocas veces se vió en el Centro Gallego tama
6 CENTRO GALLEGO animación, tanta alegría como esa noche. Y todo encuadrado en el ma yor orden, en este ambiente de cultura que reinó siempre en nuestra casa. Duró el baile hasta la madru- .gada empezando entonces el des bande de los bailarines. Fue, en suma, una digna des pedida del año que terminaba. El día 6 de Enero, un nume roso grupo de familias asaltó du rante la tarde, los salones del Centro, improvisándose una grata reunión que se prolongó hasta bien entrada la noche. Hubo al gunos números de concierto y boile del que participaron nume rosas parejas. Los. salones del Centro se vie ron ese día casi tan concurridos como en día de fiesta social. NECROLÓ&fCdlS DON MANUEL YORDI Recientemente falleció en Bar celona, adonde fuera en viaje co mercial, el señor Manuel Yordi. de la firma “ Yordi Solana y Grolero ” . importante casa de es ta plaza. El señor Yordi, era gallego, nacido en La Coruña, donde su familia está extensamente vin culada. Vino a estos países muy joven, cuando apenas contaba 16 años, dedicándose al comercio para el que demostró singulares condicio nes. Su inteligencia, su contracción al trabajo, su honradez intacha ble, le abrieron el camino de la prosperidad y es así como aquel jovenzuelo pudo hacer rápida ca rrera, por impulso propio y apo yado por sus superiores que al recompensar de esta manera a su empleado, no hacían sino extricta justicia a los merecimientos de éste. La muerte del señor Yardi causó hondo pesar en el vasto círculo de sus relaciones y, especialmente, en la coclnia galle ga, entre la que gozaba de gran estimación y respeto. A su viuda, que en estos días llegó procedente de España^ en viamos nuestro más sentido pésa me. DON EVARISTO NOVOA Otro gallego de significación dejó de existir en Monteideo el mes pasado : Don Evaristo Novoa. Llevaba muchos años de resi dencia em el país, con arraigo es piritual y afectivo, gozando su nombre del respeto de todos. Era profesor de instrucción primaria, ejerciendo el magisterio desde los tiempos de Santos. Numerosas en tidades del país, lo contaron en tre sus más entusiastas coopera dores y sabios consejeros, que más de una vez hubo que recu rrir a la serenidad de criterio de don Evaristo, como cariñosamen te se le llamaba. Poseía el extinto una inteli gencia y cultura poco comunes que le valían la admiración de cuantos lo trataban, admiración solo comparable con el respeto que inspiraba su hidalguía, la es pañola hidalguía de este hombre que fué modelo de austeridad. El numeroso cortejo que acom pañó sus restos hasta la tumba fué la mejor demostración de que en vida supo conquistar el afec to de todos. en los Estados Unidos España sigue triunfando, cada día con mayores éxitos, en los.Es tados Unidos. Lis pintores y los músicos, especialmente, y en ge neral. todos los artistas, encuen tran en Nueva York el ambiente más propicio para sus victorias. Por algo el nombre de España es ya por sí solo un prestigio en los campos del arte. Ahora les ha llegado el turno a dos pintores y a un escultor. Los pintores lo son los hermanos Ta razón a: y el escultor Moisés Huerta. Los hermanos Tarazona, valen cianos, son los escenógrafos que Paco y Eulogio Velasco nos tra jeron de España, apenas hace un año, como autores de las decora ciones de “ The Land of Yoy ” (La tierra de la alegría), la po pular revista de Quinito Valverde, que aquí se estrenó y se re presentó centenares de • noches. Pintaron después efl. decorado de “ A night in Spain ” (Una noche en España), que obtuvo análogo éxito, y ahora acaban de estrenar las tres más admirables decora ciones de la. obra nueva “ Everything ” (Todo) que ha de hacerse milenaria en el monstruoso Hipó dromo. Una de estas decoraciones, principalmente “ La toma de Chateau-Tierrypor los nortea mericanos, es de un efecto tan sorprendente, que por sí soila constituye la mejor atracción de esta obra asombrosa, única en su género. Las revistas del Hipódro mo (el teatro más grande del mundo) son siempre algo excep cional. Algo inconcebible para el que no lo vió una vez. Imaginaos lectores que la com pañía de este teatro la constitu yen unas 4.000 personas, entre las que figuran 600 mujeres de las más sugestivas que pueden en contrarse sobre un escenario. Las localidades para el público, todas numeradas y todas ellas cómodas, pasan de 6.000. Sobre la escena del Hipódromo se han visto mares y ríos de ve ras, con buques navegando • pla yas de moda, con. su arena y su oleaje y centenares de bañistas; trenes, coches, animales de tedas
CENTRO GALLEGO PAISAJES GALLEGOS R emanso del rio E ume clases y hasta una exacta repro ducción de las famosas cataratas del Niágara... En “ Everytliing ” , entre otras muchas extraordina rias escenas aparece un circo, por el estilo del Barnum, con elefan tes, camellos. . . y 600 clowtns. Pero de todas las atracciones, ninguna es superior en grandio sidad a la escena del asalto de Chateau-Thieny, en el que to man parte fuerzas de infantería, caballería, artillería, tanques y aeroplanos. Los hermanos Tarazona hán sabido emocionar al público a fuerza de arte. ^ Como ha de emocionarle Moi sés Huerta, el escultor, que aca ba de terminar el monumento conmemorativo de la catástrofe del ‘ :Lusitania J ’ , con destino a la ciudad de Boston. Huerta como los hermanos Tarazójna, viene a triunfar aquí donde ya recogieron tantos lau ros innumerables compatriotas suyos, como los pintores ZuRoaga, So rolla y Vila Prados; los mú sicos Granados y Vailverde ; el incomparable violoncelista Pedro Casáis; las pianistas Paquita Ma driguera y Emilia Quintero, los violinistas Manolo Quiroga y Cristeta Goñi ; María Barrientes, Lucrecia Bori, María Gay, Con chita Supervía, Lázaro, Constan tino, Ballester, Perdió de Segu ro, Aineto... Los exploradores de hace cua tro siglos han trocado sus armas por los más dignos atributos de i arte. - - Y hoy como entonces, España se extiende por toda América de Sur a Norte. Los nietos de los conquistado res pudieran rejpetir con el Cid: “ ...se va ensanchando Casti lla delante de mi caballo... ” Miguel de Zarrag^. Contrastes En estos tiempos de separaI tismos suicidas y de ilaciónali.v j mos trasnochados, que hacen per der la cabeza a unos cuantos es pañoles alucinados, es curioso ob servar el contraste que ofrece el texto de este telegrama cpie pu blican algunos diarios del Río de la Plata .- Madrid. Enero 21. — En el Cen tro Ga'Jis'go de esta ciudad se cele bró hoy un banquete aCi qu|e asis tieron numerosos miembros de aque lla región. Se pronunciaron entusiastas dis>- cursos, entre ellos uno por el crimi nalista Gerardo Valdursun, quien abogó por la unidad de la patria. Dijo que la unión costó a España torren tes de sangre y que “ Galicia no pue de t ¡erar la descomposición del país. Tenemos obligación sagrada de defender, hasta morir, la integridad del suelo español ” . Todos los oradores fueron aplaudidísimos. El acto terminó entre víto res a España. Elogios al Rey de España El ‘‘Times ” de Londres, pu blica una larga información de su corresponsal en San Sebastián, referente al soberano español, di ciendo : “ Toda persona, y en especial todo inglés* que haya tenido el privilegio de conversar diez mi nutos con el rey don Alfonso, re cibirá la sensación de que todo el problema español fué y es muy sencillo. Don Alfonso tiene un aire de franqueza que desarma ; una voz dulce, simpática, que atrae; un encanto de modales que realza su simpatía. Después de unos cuantos párra fos de conversación, comenzaréis a daros cuenta de que don Alfon so es un rey, sifno que lo es de España, y que su moderno modo de ser ha de luchar con el medioevalisimo de lo que le rodea. Es en extremo valiente; tiene el valor del león, con la gracia de la pantera. Es inteligente; de sepíritu abierto; está al corrien te, como pocos de los de su séqui to lo están de cuanto pasa en el. mundo. Es sensible al llamamien to de la historia y de la tradición, y haría frente a un levantamien to revolucionario con la sonrisa en los labios, y aún podría dar a sus enemigos una lección de vir tudes elementales. Los aliados, como tales, no tie nen ningún interés común en el porvenir de España. Enormes intereses les unen en tre sí y dejan de lado cualquier divergencia secundaria; pero ta les intereses no son comunes cu España, país donde el pensamien to toma hoy una tendencia de mocrática y republicana, sin la educación y disciplina mediante las cuales únicamente pueden existir las democracias y repúbli cas. Por esta razón, todos los par tidos, excepto en los partidos ex tremos, estiman que la monar quía constituye una necesidad pa ra la paz y el buen orden de Es paña. Es la monarquía símbolo de una España más grande, y que, Es un deber patriótico proteger la producción española, comprando so lamente artículos españoles.
•••••• 14 CENTRO GALLEGO eoni|p rendí endo que es un adorno de los que más favorecen, han aceptado los pendientes largos, los collares de cuentas talladas y las grandes pastillas con que Se bordan algunos vestidos. Desde luego recomendamos a nuestras lectoras unos pendien tes preciosos, engarzados en oro, de forma bastante parecida a los que se usaron en la época del Im perio. Onix y 'brillantes. — También eorstituyeín una novedad del me jor gusto las pulseras articuladas de brillantes combinados con ba rretas muy chiquitas de ónix, cu yo fondo negro hace resaltar la claridad de los brillantes. Para conesrvar el pelo, lo me jor es no hacer uso jamás de te nacillas y rizársela con pequeños trozos de papel de. seda arrugado, de manera que quede flexible, porque si se retuerce será tan perjudicial como los papillotes duros. Pero si el pelo fuese tan indó mito que siln fuego no se rizase, antes de aplicar las tenazas onduladoras conviene lavarse la ca beza, y después darse brillanti na, y de este modo, aunque se tarda más en ondular, el fuego es menos perjudicial. Para conservar las manos boni tas, es convenido te darse por las noches un poquito de vaselina al rededor de las uñas después que éstas hayan sido arregladas pol la manicure. ¡Don Benito!... Don Benita era un cura ram plón, ingenuo y sin doblez, que tenía la cara del color de las bar bas del maíz. Llevaba siempre un paraguas bajo el brazo y vestía constantemente un verde balan drán, tan sucio y desaliñado co mo su propia persona. Lejos de toda amistad, vivía en un arrabal del pueblo, en una ca sa vieja y pequeña como él, por cuyas ¡paredes se retorcía una pa rra insignificainte y discreta. Hasta muy cerca de su puerta llevaba un trozo del río, que en las horas de bajamar se convertía en un terreno pantanoso, lleno de juncias y de charcales. Y desde la carretera, hasta mismamente la casa de don Be nitose extendían unos pásales de atajo, formados con piedras, que atravesaban aquel terreno llamado el “ Albar ” . Por las mañana bajaba mi hom bre al pueblo a decir misa, y, terminada ésta, regresaba a su casa, unas veces con gran prisa, porque la marea crecida el río y amenazaba cubrir los pásales, y otras, haciendo tiempo a que que daran al descubierto, pues era para él un enorme sacrificio te ner que dar la vuelta a la carre tera. Doto, Benito no dejaba de com prender, con una sola mirada de sus ojos pequeños, al cruzar por entre algunas gentes, que éstas comentaban su indumentaria y su figura; pero como si nada per cibiera, seguía su caminoy al distanciarse un poco, oía que en tono burlótn, decían : — ¡ ¡ Don Benito !!... Cuando caminaba por las vere das de la .aldea, hasta los perros le salían al paso, con los dientes arregañados y feroces. Entonces don Benito cogía el paraguas por el puño para hacerles ver que po día defenderse, y los canes, acaso comprendiendo que aquel hom bre era incapaz de robar unas malas uvas, le dejaban marchar tranquilo. Algunas veces oía de detrás del muro de una huerta o de entre un macizo de maíz seco su nom bre, pronunciado en aquel eterno són de burla : Probarlo es adoptarlo En venta en todas partes 2 n .° i, P. •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••<
CENTRO GALLEGO 15 — ¡ ¡Don Benito. .. !! Y otras con acento agarimoso: - — ¡ ¡ Don Benitiñoo. .. M Sin embargo, clon Benito nun ca osó protestar de semejante cosa. Y es que tenía un concep to particular e ingénito de a que Has chacotas, que siempre termi naban con el respetuoso trata miento que su arcaica persona y su inombre sonoro merecía. Se alejaba de las gentes por evitar su trato., y apenas se sa bía que tuviera amistad con na die, excepto con aquellas perso ñas que por su cargo tenía nece sidad de ello. Recluido en su ca sa o en la huerta que la cerca ba se pasaba el día mascullando latín bajo el parral o asomado a la ventana en beatífica contem plación del río y los pásales. Cuando veía pasar por éstos a alguna persona del pueblo don Benito se recogía al interior de la habitación y era casi seguro que al poco rato sonaría su nom bre en el camino como un insul to. Tornaba a asomarse como un gorrión 'escamadoy al poco tiem po teliía que repetir igual ma niobra. Ahora eran tres personas* de apariencia seria y formal que atajaban por allí en dirección a las apartadas tabernas del “ Aibar ” , donde es fama se despa cha un vino bueno y alegre. No sé qué sugestión tenía la casa de don Benito, pequeña y bla'nca. con su parra insignificante, que trepaba a la ventana, que les su gería la idea de un comento pin toresco del cura: y sin levantar apenas la cabeza riendo por lo bajo, gritaba, grave y burlesco uno de ellos. — ¡ ¡ Dota, Benito ... !! Y en las mañanas de sol de la primavera, cuando un grupo de mozalbetes iba en busca de nidos a las arboledas cercanas, ya era sabido que habían de hacer un alto frente a su casa; y alenta dos por su antigua paciencia, no recelaban en arrojar una piedra a los cristales de la ventana, y terminaban asomándose sin mie do, por la cancilla de la huerta, llamándole por su nombre — siem pre por su nombre — eme resona ba con estridante rebullicio in fantil. — ¡ ¡ Don Benito ... !! — ¡ ¡ Don Benitiño. . . !! Y don Benito no parecía por ningún lado ni protestaba de la invasión rapaz que ensordecía sus rústicos dominios. En las (novenas de invierno, cuando mi hombre atravesaba la iglesia corno un furo, preocupa do por llegar pronto a su casa, siempre salía de entre sus fieles una voz oculta y misteriosa que le llamaba muy bajo : —Don Benito. .. Una noche, en tiempos de Pas cua, confesaba a una vieja, que era muy calmosa y prolija en la relación de sus pecados. Se sentía cansado de la larga tarea y le empezaba a preocupar hondamen te que los pásales pudieran cu brirse y le obligaran a arrodear la carretera. La vieja no llevaba trazar de terminar, y don Beni to, en un arranque de mil humor, le dijo: — .¡Aicabe logo, acabe logo, que teño que pasados pásales! Su ingenua sencillez, al decir de los que le trataron, brotaba frecuentemente de sus labios la briegos y candorosos. Leía media namente el latín y no hablaba más que en la dulce y melodiosa fabla de Galicia. Era más tacaño que pobre, se gún se decía en el “ Albar ” . y sus bienes se componían de unas cuantas fierras dispersas por los lugares cercanos. La mejor de todas era la que arrodeaba su casa, y en donde tenía plantado su cariño y sus co- **-::************-x-************************************i ■Ivavez i ESPECIALIDAD EN CORSÉS, FAJAS, CORPINOS Y SUTIENS SOBRE MEDIDA TELÉFONO: «LA URUGUAYA-, 2741 - CENTRAL - PRECIOS SUMAMENTE MÓDICOS ------ Calle Andes, 1210 Entre Soriano y Canelones f**************************************************** Montevideo AVENIDA 18 DE JULIO, 886 Paisano, para tener un <• Centro Ga llego» grande, es necesario aportar un nuevo socio. Corte este cupón, hágaselo firmar a un compatriota, envíelo a la Secretaría del Centro y habrá cumplido con su deber. Montevideo, ..................de 191 Sr. Presidente: Presentamos para Socio al Señor ...................................... Nacionalidad ......................................................................... Provincia .............................................................................. Edad ..................... . ..... - .................................................... . ...... ¿Es casado o soltero? .......... . ........ . ......................... -• ......... •• Profesión ................................................................ - ............. Domicilio .... ....................................................... - - ....... - .... INGLESANTE: PROPONENTE:
16 CENTRO GALLEGO «•*******-X-X-****-Jf*-X"»*-X-»***-X"JÍ í Sublime Sensal t Dceile puro de oliva | En venia en las principóles ^ almacenes n .* 3, pte * * ❖ * sis * * * * * * * ❖ * * * * * * * ❖ * * * * ❖ * * * ❖ * * * * =1= * Hfr*********tt**#*#*#*******' les, que él mismo recogía antes de salir el sol. Sus gallinas no tenían sociedad con ninguna de los vecinos, y si una vez se rebe laba nina, volando torpemente en busca de la libertad que había tras el muro, don Benito le daba por perdida, la bendecía y mal decía interiormente al “ lambón ” que se la fuera a tragar. Porque eso sí; don Benito no podía tener nada al alcance de ciertas manos pecadoras. Una vez, le regalaron un her moso jamón, de la montaña, y cre yendo que no estaba bien curado, lo colgó en la fachada de la ca sa, junto a la ventana que daba a la huerta. Un vecino— acaso el único— con quien cambiaba mu chas mañanas el saludo, le habló con encomio del jamón y le di jo que en tal sitio podía peligrar. Pero no hizo caso de la adver tencia y allí continuaba, al re lente y al sol. A los dos días, di jo bromeando el vecino : — Don Benito: una noche le voy a robar ese jamón... ¡Qué bueno es! El cura rió la chanza. Pero he aquí que al siguiente día. muy de mañaina, se asomó a hacerle una visita, y cuál no sería su asombro al ver única mente el clavo del que había es tado suspendido. Sus sospechas recaveron sobre el vecino. Dió también por perdido el regalo montañés, y en un momento de indignación, maldijo a aq-jú hi pócrita chancero, alevoso y prcineidtaodr. Mas éste, inocente y descono ciendo la ingrata suerte del ja món, esperaba en vano por las mañanas, con una sonrisa en los labios, la aparición del cura para preguntarle qué tal sabor había dado el caldo. Y don Benito, que le escudri ñaba al través de los cristales, llegó a convencerse plenamente de que aquél y no otro, fuera el au tor del hurto. Y desalentado, con enormq disgusto 1 -que no podía apartar de encima de sí, decía pa ra su balandrán : — Qué vecinos tienes* Benito. Con estos contratiempos, mi hombre se vió imposibilitado de asomarse a las dos únicas venta nas de su casa. Por una, le in sultaban respetuosamente, y pol la otra, le robaban a mansalva. ¿Qué hacer en este caso? Don Benito optó por no rela cionarse con nadie y desistir de la pacífica procreación de las ga llinas, conformándose con no po der ni contemplar desde su casa, el río y los pásales del “ Albar ” . Así vivía cuando yo abandoné el pueblo donde él moraba y de cía misa por las mañanas. Una ausencia larga me hizo ol vidar a este hombre sin doblez, ingenuo y ramplón. Pero una tarde que atravesaza por aquellos pasa-íes, claro está, me vino a la memoria el recuerdo de don Be nito. Su casa, con la parra ya vieja y decrépita, me lo evocó el momento. Pregunté por él, y me dijeron que había muerto, como un pardal que le llega a tiempo. Y más tarde supe* no sin cier to asombro, que había dejado mu chas fincas en las cercanas al deas y una lúcida descendencia, recuerdo de su tiempo de moce dad, que acaso alguna vez le dió un mal rato, llamándole en los caminos o a la puerta de su casa, en un són de' burla y de agarimo : ¡ ¡ Don Benito ... !! ¡¡Don Benitiñoo. .. !! Prudencio Ganitrot. En las tiendas, en los cafés, en las provisiones; pedid únicamente ar tículos españoles. Cantares gallegos ¡ Ai, que soñei que era ; neiio, E que n-o calo me tiñas! ¡Ai, e qué ben me anainabas, Chegándome a tua cariña ! Fáimas, e bravas, meu Toño, Pero ven... e, con duas falas; Aunque estén ’ eu cpm ’ a imite* Déixame coma unhas Páscoas. Calquera día ... no-ameinzo, ¡ Y-ogallá que mañán seña ! ¡ Que a miña vida ... no é vicia Pra vivir quen alma teña ! \ Anda, val tomal-o aire, Xa qu ’ eres aire, en dar voltas! ¡Anda, vai tomalo, e vaite, Vaiteme axina d ’ a porta! Com ’ as herbiñas d ’ o adro, Que todos son á tripalas, Así me vexo, maíña, Desque a sua sombra me falta! Unha peniña do cabo Que cobre o mar n-as marzadas, ¡Val máis que todol-os cotos, Y-as veigas que hai n-a MontaI ña ! ¡Aimiña nena, ai neniña, Mira o camiño que colles! ¡Ai, mira que andas n-as beiras Do de máis bágoas pr ’ as probes! Oscar Pintos y Cía. ÚNICOS AGENTES EN EL URUGUAY DE LAS LÁMPARAS PHILIPS 18 ]>i<: iioo PHILIPS'ARGA" la mejor lámpara
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