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Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío IX profundamente afectado á vista de la espantosa guerra que iba á estallar entre tres Naciones Católicas...

Santiago de Compostela (Arquidiocese). Arcebispo (1851-1873: Miguel García Cuesta)

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."^f\ ’ ts-w aüS'í por la Gracia de Dios y de la Santa Sede Arzobispo de Santia  go, Capellán mayor de S. M., Juez ordinario de su Real Casa y Corte, Notario mayor del Reino de León dlc. A nuestro venerable Dean y Cabildo, al Clero y pueblo de nuestra Diócesis, sa lud en N. S. Jesucristo. . KUESTRO Santísimo Padre el Papa Pió IX profundamente afectado á vista de la espantosa guerra que iba á estallar entre tres Naciones Católicas, y que nosotros sabemos ya con cuan  to encarnizamiento se está desgraciadamente haciendo en Italia, ha dirijido en 27 de Abril úl  timo una sentida encíclica á todos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y Obispos de la cris  tiandad encargándoles con mucho encarecimiento se hagan rogativas públicas en todas partes por la paz del mundo, especialmente entre los príncipes cristianos. Nada mas justo que este piadoso deseo del Padre común de los fieles. La guerra es mi- . rada con razón por la Iglesia como un azote de la humanidad, como un castigo que Dios envía á los pueblos por motivos y fines que su sábia Providencia nos oculta las mas de las veces. La guerra lleva siempre consigo muy lamentables desgracias. La muerte de millares de hombres, los ayes lastimeros de los heridos, la consternación y vejaciones de los pue  blos, la licencia que es inseparable de ese estado violento, son bastantes motivos para aflijir el ánimo, no digo de un cristiano, sino de cualquiera hombre que no haya perdido ente  ramente los sentimientos naturales de humanidad. El espíritu de caridad cristiana, que se estiende á todos los hombres sin distinción de Judío ó Gentil, de Bárbaro ó Escita, sería bas  tante para inspirarnos el deseo de pedir al Padre de las misericordias y de todo consuelo que se dignase hacer cesar cuanto antes la calamidad de la guerra. Pero en la que actualmente se está haciendo además de ese motivo general los hay muy especiales para que el gefe de la Iglesia y todos los que pertenecemos á ella acudamos so  lícitamente al que tiene en su mano los corazones de los reyes y de los pueblos para que los mueva á sentimientos pacíficos. Los numerosos ejércitos beligerantes son de naciones católi  cas, y católico es el pais que está sirviendo de teatro á la Guerra. Millares de cristianos caen á impulso del hierro ó del plomo con peligro de que perezcan eternamente tantas almas que salen á la vez de este mundo sin que tengan oportunidad para prepararse en medio del estruen  do y de los furores del combate. Esto es lo que mas afecta á los hombres de fé; esto es lo que mas aflige al Pastor universal de la Iglesia, que ama tiernamente como sus propios hijos á los que hoy tan encarnizadamente se combaten. La caridad es ordenada, y naturalmente se muestra mas ardiente hacia los que nos son mas allegados, como sucede con los que hoy pelean que son nuestros hermanos en la fé. Estas y otras consideraciones deben escitar mas y mas nuestra caridad para pedir con fervor y perseverancia á nuestro buen Dios que se apiade de los pueblos pertenecientes á su Iglesia que tanto sufren en los dos imperios cató  licos y en una gran parle de la Italia. Ved aquí ahora la encíclica del Santo Padre. «Venerables hermanos: salud y Apostólica bendición. Cuando en lebrar nuestra Santa Madre la Iglesia por lodo el orbe con efusión estos dias sagrados y festivos al ce  de alegría el solemne anniversario de UNIVERS1DADE DE SANTIAGO IMPOSTELA la Pascua trae á la memoria de todos los fieles las alegres palabras de aquella suavísima paz que el uni  génito Hijo de Dios, N. S. Jesucristo, vencida la muerte y arruinado el imperio del demonio, anunció des  pués de la resurrección con tanta frecuencia y tanto amor á sus Apóstoles y discípulos; he aquí que se levanta un tristísimo grito de guerra entre naciones católicas, y resuena en los oidos de lodos. Nos pues, que aunque sin merecerlo hacemos acá en la tierra las veces de aquel que al nacer de la Inmaculada Virgen anunció por medio de sus Angeles la paz á los hombres de buena voluntad, y que habiendo resucitado de entre los muer  tos, y estando para subirse al Cielo á la diestra de Dios Padre dejó la paz á sus discípulos, no podemos menos en virtud de la caridad y solicitud paternal que nos anima hacia los pueblos, especialmente si son católicos, de clamar por la paz una y otra vez, y de repetir «la pai sea con vosotros, la paz sea con vosotros» inculcando sin interrupción con toda la fuerza de nuestro ánimo estas palabras de nuestro Salvador «Pax vobis, pax vobis.» Con estas palabras de paz nos dirigimos á vosotros, venerables hermanos, llamados á la parle de nuestra solicitud para que en virtud de vuestra esclarecida piedad escileis con lodo cuidado y diligencia á los pueblos encomendados á vuestra vigilancia á fin de que dirijan sus oraciones á Dios para que nos conceda á lodos la paz tan apetecida. Por esta causa Nos en cumplimiento de nuestro ministerio pastoral no hemos omitido el disponer en nues  tros Estados Pontificios se hagan públicas rogativas al Padre clementísimo de las misericordias, y siguien  do las huellas de nuestros predecesores, hemos resuello recurrir también á vuestras oraciones y á las de toda la Iglesia. Asi que por esta carta os pedimos venerables hermanos que según vuestro celo religioso dis  pongáis lo mas pronto posible se hagan rogativas públicas en vuestras Diócesis á fin de que los fieles confia  dos á vuestra solicitud, después de implorar el poderoso patrocinio de la Inmaculada y Santísima Virgen María, Madre de Dios, pidan con fervor y supliquen al Señor rico en misericordia, que apartando de no  sotros su indignación por los méritos de su unigénito Hijo N. S. Jesucristo, y alejando del mundo la guer  ra, ilustre con su Divina gracia los entendimientos de todos é inflame sus corazones con el amor de una paz cristiana, y haga con su virtud omnipotente que arraigados y fundados todos en la fé y la caridad, observen diligentemente sus santos mandamientos, pidan con corazón contrito y humillado el perdón de los pecados, y apartándose del mal y obrando el bien, caminen por la senda de la justicia, conserven siempre entre sí la caridad, la ejerciten, y de esta manera consigan la paz saludable con Dios, consigo mismos y con to  dos los hombres. No dudamos, venerables hermanos, en virtud de vuestro conocido respeto hácia Nos, y hacia esta Silla Apostólica, procurareis secundar muy diligentemente nuestros deseos y votos. Mas para que los fieles insis  tan con mas ardiente empeño y con mas abundantes frutos en las oraciones que les ordenéis, hemos creí  do oportuno abrir y distribuir los tesoros de las gracias espirituales, cuya dispensación Nos ha encomendado el Altísimo. Por lo cual concedemos á los fieles en la forma acostumbrada por la Iglesia una indulgencia de 300 dias, que podrán ganar lautas cuantas veces asistan devotamente á las indicadas rogativas. Ade  mas, durante el tiempo de ellas concedemos á los mismos fieles indulgencia plenaria, que podrán ganar una vez solamente al mes en el dia en que purificados con la confesión sacramental y alimentados con la sagrada Eucarislia visitaren religiosamente alguna Iglesia, y oraren allí por el mismo fin. Ultimamente nada mas grato á nuestro corazón que el aprovecharnos de esta ocasión también para manifestaros y con  firmaros otra vez los sentimientos de benevolencia de que estamos animados hácia vosotros, venerables hermanos, y de este nuestro afecto sea también prenda la bendición. Apostólica que del fondo de nues  tra alma damos á vosotros, venerables hermanos, y á lodo el clero y pueblo fiel encomendado á vuestro cuidado. Dado en Roma en San Pedro á 27 de Abril de 1859 y de nuestro Pontificado año décimo tercio.» Secundando pues los justísimos deseos de S. Santidad el Papa Pió IX y para satisfacer también los impulsos de la caridad de nuestros amados Diocesanos, ordenamos se celebre en todas las parroquias de nuestra Diócesis una rogativa pública en el primer dia festivo después de recibida esta nuestra circular, cantándose las Letanías de los Santos con las preces del ri  tual tempore belli. Eu los demas dias de obligación de oir misa se cantará dentro de la Igle  sia la Letanía de la Santísima Virgen María con la oración concede hasta la conclusión la guerra. Todos los sacerdotes durante este tiempo añadirán á la misa del dia la colecta de la que entre las votivas se dice tempore belli, escepluando los dias de primera clase ó la solemne conventual de segunda clase, en las cuales no cabe dicho colecta. Su Santidad concede 300 dias de indulgencia á los que asistieren devotamente y tomaren parte en estas rogativas por cada vez que lo hicieren, y una indulgencia plenaria en cada •K mes confesando y comulgando en un dia elegido, y orando en alguna Iglesia por la paz en  tre los Principes cristianos. , Encargamos á todos nuestros Diocesanos que oren también privadamente por el fin indi  cado, y por cada vez que lo hicieren les concedemos 80 dias de indulgencia. Dado en miestro Palacio Arzobispal de Santiago á 30 dias del mes de Junio de 1859. ¿e c A d ^oGiópo, ♦ Por mandado de S. E. I. D. Francisco Plaza, VICE-SR1O. BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DE SANTIAGO C C 0 520394 se UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTEL'