Desarrollo histórico de las narrativas menstruales: representación, estigma e imaginarios sociales
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CAPÍTULO 19 DESARROLLO HISTÓRICO DE LAS NARRATIVAS MENSTRUALES: REPRESENTACIÓN, ESTIGMA E IMAGINARIOS SOCIALES IRENE RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ Universidad Internacional de la Rioja JUAN JOSÉ LABORA-GONZÁLEZ Universidad de Santiago de Compostela OLGA CERVERA-SAINZ Universidad de Sevilla ENRIQUE FERNÁNDEZ-VILAS Universidad de Valladolid 1. INTRODUCCIÓN En este capítulo nos centraremos en la menstruación, pero no asociada a la reproducción sino como proceso social en sí mismo, de cómo se ha percibido -y se percibesocial y culturalmente. Es importante hablar de la menstruación porque solo así se pueden visibilizar, y deconstruir, los significados negativos que se le han asignado. Ponemos también de manifiesto cómo esa consideración negativa de la menstruación por parte del patriarcado ha contribuido a debilitar, y hasta a anular, la posición de las mujeres en muchas facetas de la vida como la social, la laboral, la política, la médica y la sanitaria, entre otras. La menstruación, así pues, no es únicamente un proceso reproductivo (Blázquez Rodríguez y Bolaños Gallardo, 2017) y por tanto no debe ser estudiada solamente como parte de la concepción, la reproducción y la maternidad; lo que ha construido su imaginario biomédico, “recortando” los aspectos sociales del fenómeno.
El cuerpo de la mujer ha sido siempre un campo de batalla en el que se dirimen cuestiones sociales, políticas y económicas y ha sido visto predominantemente de forma negativa (Esteban, 2004). La medicina también ha tenido, y tiene, un sesgo patriarcal y de género que contamina e invalida la investigación y la atención médica pues el sexo masculino es el patrón por el que se guía, su única medida tanto en la salud física como en la mental. Además, la investigación médica ha olvidado que debe regirse por la salud del ser humano y no por cuestiones económicas (Valls-Llobet, 2020). En este sentido, es significativo que todos los acontecimientos importantes de la vida de las mujeres se asocian a etapas concretas del ciclo menstrual y a la salud reproductiva: menarquia, menstruación, embarazo, parto y menopausia (Coria et al., 2005). 2. OBJETIVOS 2.1. OBJETIVO GENERAL: Estudiar la consideración histórica del cuerpo femenino y la estigmatización del mismo a través de la menstruación. – Objetivos específicos: – Mostrar la relación de la menstruación con la consideración negativa del cuerpo de la mujer – Evidenciar cómo la valoración negativa del cuerpo femenino ligada a la menstruación se pone de manifiesto en la literatura ejemplificada, en este caso, en los cuentos de tradición oral. 3. METODOLOGÍA Se lleva a cabo un estudio de caso de tipo histórico y de carácter diacrónico (Coller, 2000) centrado en la salud de la mujer y la menstruación en occidente. Es decir, se realiza un análisis de la literatura explicativa de la menstruación analizando los significados asignados en distintas épocas, así prestamos atención, por su importancia e influencia,
a la Grecia clásica, prestando especial atención a la medicina hipocrática, la religión judeocristiana y la Edad Media, así como el movimiento social de la brujería. No se pretende en ningún momento analizar la percepción actual de la menstruación, así como de sus imaginarios, sino de cómo se han podido originar por el poso histórico generado a lo largo del tiempo. Este se complementa con un análisis crítico del discurso (Wodak y Meyer, 2015) de los principales cuentos de tradición oral como son: Caperucita roja, Blancanieves y La bella durmiente. Para el análisis de los mismos usamos los planteamientos de Bruno Bettelheim (1994), haciendo uso de la teoría feminista y la teoría de los imaginarios sociales, desde un paradigma constructivista. 4. RESULTADOS 4.1. CONSIDERACIONES HISTÓRICAS La menstruación conlleva demonización, discriminación, estigmatización y opresión71. Lejos de entender la menstruación como un fenómeno natural, la medicina ha intentado minimizar y ocultar las alteraciones del ciclo menstrual, que ha sido estudiado fundamentalmente para fines anticonceptivos. Pero nada se dice sobre que la menstruación no es algo antinatural o anormal, sino que tiene que ver con la preparación del cuerpo para la concepción, y que no debería doler. Y que, si duele, es síntoma de problemas de salud, de nutrición, de estrés o de salud mental (Valls-Llobet, 1994), lo que el patriarcado no quiere reconocer porque supone asumir que las condiciones sociales, laborales y medioambientales de las mujeres están muy lejos de ser aceptables. No se trata de idealizar la menstruación como un estado dulce o perfecto 71 El caso de la invisibilización de la menstruación es ilustrativo: socialmente se prefiere hablar del período, esos días, el mes (¡!) o la regla, pero -usando metáforas más crípticasse dice que: “tienes pintores”, que “hay semáforo rojo”, que “ha venido Andrés”, el que “viene cada mes”, que tienes “visita” o que “estás mala”. Socialmente, la menstruación es la señal de que te haces mujer, rasgo de feminidad y al mismo tiempo es percibida de forma negativa, te convierte en algo impuro, sucio hasta el punto de que no hace mucho tiempo las mujeres menstruantes no podían hacer mayonesa “porque se corta”, ni podían bañarse en una piscina pública como si tuviesen algo contagioso.
no le llegaba la sangre necesaria (Higgins, 12 de febrero de 2019). ‒ 349 ‒ como quiere hacernos ver también la publicidad, sino atenderla como el episodio natural que es e intentar, dependiendo de las condiciones físicas, mentales y materiales de cada una, vivirla porque es inevitable y además es síntoma de salud. Las mujeres deberían poder afrontarla sin que supusiera un problema ni un esfuerzo y, por supuesto, sin que sea un argumento para considerarlas inferiores o defectuosas72. Si hablamos de la salud, hasta que la Primera Guerra Mundial convirtió a las mujeres en la principal fuerza de trabajo no se produjeron los primeros avances en los productos de cuidado para la mujer durante la menstruación. Al no poder prescindir de ellas durante toda una semana, los laboratorios, tras la experiencia de la celulosa como perfecto material para absorber sangre, probado en el frente, se lanzaron a fabricar compresas industriales y toallitas higiénicas desechables que mejoraron la vida laboral y cotidiana de las trabajadoras, así como su consideración social, pues todo el proceso era más limpio e higiénico (Bazán Huapaya, 2021). Así pues, la consideración de la menstruación ha sido en Occidente un lastre para las mujeres porque se ha construido una imagen maligna e impura de la menstruación (Stein y Kim, 2009) únicamente porque es algo exclusivo de la mujer. En el contexto occidental, el sistema androcéntrico y sexista ha sido siempre la ideología que ha sustentado el patriarcado, con la consiguiente destrucción de la imagen de la mujer y hasta de los símbolos femeninos prepatriarcales (Verdú Delgado, 2012). Como a menudo ha dicho el feminismo la posición del uno se ha construido a partir de la posición y el cuerpo masculino, fijando el cuerpo femenino, como subsidiario: el otro. 72 La mujer menstruante ha sido considerada débil e incluso enferma todavía en el siglo XX en lugares tan aparentemente civilizados como los Estados Unidos de América, donde un artículo de The New York Times del 24 de octubre de 1915, tras la manifestación de más de 25.000 mujeres en la Quinta Avenida de Nueva York exigiendo el voto, afirmaba que las mujeres menstruantes son emocionalmente inestables, por lo que no podían ejercer su derecho al voto si la votación coincidía con la menstruación; o que las mujeres menstruantes no estaban capacitadas para cursar estudios superiores porque durante la menstruación al cerebro
‒ 35O ‒ En este sentido si iniciamos nuestro recorrido histórico, aunque no hay mucha información acerca de los métodos de higiene femenina en la antigüedad, los primeros registros médicos que conservamos son los del antiguo Egipto (Mejía Rivera, 2020). Las propias doctrinas desarrolladas allí influirán decididamente en la Grecia antigua. La salud en Grecia, desde los inicios de la reflexión sobre este asunto depende de un juego de equilibrios. Está será la doctrina atribuida a Alcmeón de Crotona por parte de Aristóteles (ca. S. V a.n.e./1987). La teoría de la salud como el equilibrio de sustancias será recogida por Empédocles, que desarrolla la teoría de los humores que, será recogida por los Tratados hipocráticos (Mejía Rivera, 2018). En el Corpus hippocraticum o Tratados hipocráticos73 aparece Sobre las enfermedades de las mujeres (Hipócrates, ca. S. IV a.n.e./1988), probablemente el primer estudio obstétrico-ginecológico en el ámbito griego. Aunque como dice Sanz Mingote “Para conocer el puesto que corresponde a la ginecología hipocrática en la historia de la medicina tendríamos que remontarnos a la tradición médica egipcia y oriental” (1988, p. 15). En los Tratados ginecológicos se considera que las mujeres tienen una temperatura y una humedad corporales excesivamente elevadas, motivos por los cuales necesitan expulsar sangre de manera recurrente. También se dice que las mujeres que no han dado a luz sufren trastornos menstruales más agudos y frecuentes que las que han tenido hijos. Aconsejándose a las mujeres vírgenes con menstruaciones fuertes y dolorosas que: “cuando tengan tales trastornos, enseguida se casen con un hombre, pues si se quedan embarazadas, se curan” (Hipócrates, ca. S. IV a.n.e./1988, p. 329). En los Tratados hipocráticos se defiende desde un inicio la diferencia entre las enfermedades de los hombres y de las mujeres, ya que “las mujeres 73 Conjunto de más de 50 tratados médicos (generalmente se admite la autenticidad de 53) atribuidos clásicamente a Hipócrates, el padre de la medicina occidental contemporánea, aunque lo más probable es que fuera una recopilación de escritos propios y de sus alumnos, llevada a cabo por éstos durante los siglos V y IV a.n.e. (García Gual, 2001; Hermosín Bono, 1996). Dentro del mencionado Corpus se encuentran los llamados Tratados ginecológicos que serían: Sobre las enfermedades de las mujeres, Sobre las mujeres estériles, Sobre las enfermedades de las vírgenes, Sobre la superfetación, Sobre la excisión del feto y Sobre la naturaleza de la mujer (Hipócrates, ca. S. IV a.n.e./1988).
‒ 35T ‒ tienen enfermedades propias y a veces ellas ni siquiera saben qué les pasa hasta que no experimentan las enfermedades provenientes de las reglas y se van haciendo viejas” (Hipócrates, ca. S. IV ane/1988, p. 127). Asimismo, si bien se ha especulado con la existencia de una especie de comadronas esto no parece corresponderse con la realidad, ya que en algún tratado (vid. Sobre las enfermedades de las mujeres) el autor se queja de las dificultades para hacer su trabajo debido a la vergüenza de las pacientes, puesto que en los textos hipocráticos se relata cómo las exploraciones las lleva a cabo el médico o la propia mujer (Hipócrates, ca. S. IV a.n.e./1988). En cualquier caso, el autor de los tratados expone que la falta de consideración de la profesión médica de las diferencias entre las enfermedades masculinas y femeninas, en ocasiones los conduce a aplicar los mismos tratamientos a los hombres y a las mujeres, teniendo esto un fatal desenlace para ellas. Así podemos leer en Sobre las enfermedades de las mujeres: También ocurre que los médicos se equivocan por no informarse con exactitud del motivo de una enfermedad concreta y tratarla como enfermedad masculina. Ya he visto a muchas morir por ese tipo de afecciones. Sin embargo, conviene inquirir enseguida y con exactitud la razón, pues el tratamiento de las enfermedades femeninas difiere mucho del de las masculinas (Hipócrates, ca. S. IV a.n.e./1988, p. 127). En resumen, se puede decir que Hay que notar que la concepción anatómica femenina de estos tratados no es homogénea en cuanto al conocimiento de la realidad física. Los genitales externos son conocidos correctamente y con gran precisión, al contrario que la anatomía interna que considera el cuerpo como un gran espacio que relaciona todos los orificios y donde los órganos se mueven con una cierta libertad, en relaciones de compensación para un equilibrio interno (Ochoa Anadón, 1988, p. 22). Otro médico famoso, Galeno, comentarista de Hipócrates, continua la línea de la interpretación, supuestamente científica basada en la teoría humoral y del desplazamiento del útero dentro del cuerpo (Moreno Rodríguez, 1995). La inferioridad de la naturaleza de las mujeres respecto de los hombres viene determinada, según Galeno (S. II d.n.e./2016), por sus órganos reproductores, y las descripciones y el estudio del cuerpo de
‒ 352 ‒ la mujer se asocia al de los hombres o a la naturaleza, haciendo incluso comparaciones y metáforas en las que el hombre es el punto de referencia (Moreno Rodríguez, 1995), como también hace Aristóteles en la Política (Moreno Sardá, 1988) en un largo proceso que lleva a limitar el acceso de las mujeres al espacio público (Barahona, 2006; Cantarella, 1990; Cartledge, 2004; Mossé, 2001; Sennet, 2016). En este sentido: Jenofonte, en el Económico nos dice que “para la mujer, en efecto, es más honroso permanecer dentro de la casa que estar de murmuración en la puerta” (trad. en 1993, p. 243). Justificando la necesidad de que la mujer permanezca recluida ya que su naturaleza sería más apta para las labores del interior de los domicilios y la del hombre para los trabajos del exterior. Sería la propia divinidad la que “dispuso también el cuerpo y la mente del hombre [para que] pudieran soportar mejor los fríos y el calor, los viajes y las guerras, y en consecuencia le impuso los trabajos de fuera. En cambio, a la mujer al darle un cuerpo menos capaz para estas fatigas, la divinidad, le encomendó, me parece a mí, las faenas de dentro” (Jenofonte, trad. en 1993, pp. 241-242) (Labora González y Fernández Vilas, 2023, p. 21). Así pues, las mujeres en Grecia eran consideras como seres reproductores, perpetuadoras de la estirpe, hasta el punto de relacionar la menorrea con la pérdida de la identidad femenina (Moreno Rodríguez, 1995). Lo único bueno de esta identificación es que consideraban la menstruación un síntoma de buena salud, pero el discurso científico, además de considerar inferior el cuerpo de la mujer, niega su capacidad intelectual y, en definitiva, le concede una base pseudocientífica al sexismo médico-sanitario (Moreno Rodríguez, 1995). En el período romano la medicina recoge la herencia griega y etrusca (Mejía Rivera, 2018). El testimonio médico más importante de este período para nuestro trabajo es la Historia Natural, de Plinio el Viejo, obra donde se afirma que no hay nada más poderoso -para bien y para malque la sangre menstrual74; por su culpa el mosto se pone ácido, a 74 La obra se organiza por materias en treinta y siete libros, que tratan cuestiones de geografía, astronomía, botánica, veterinaria, entre otras. De la medicina se ocupa en el libro XXVI, pero también en los libros XX y XXV, donde se habla de métodos terapéuticos y farmacología para facilitar la concepción, así como de distintos problemas en la menstruación, el embarazo y el parto. Habla de salud también en los libros: VII, XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX y XXX; pero de la menstruación, a la que llama “la cosa más monstruosa”, se ocupa concretamente en el capítulo XV del libro VII (Plinio el Viejo, S. I d.n.e./2003).
‒ 353 ‒ los árboles que cobijan a mujeres con la menstruación se les cae el fruto, los huertos se secan y se empaña el brillo de los espejos donde se miran, se mueren las colmenas y hasta los perros contraen rabia si chupan esa sangre. En el capítulo VII del libro XXVIII se describe el poder de la menstruación, capaz de detener tormentas, granizos y tempestades y dañar vides, cosechas y animales si son tocados, por ejemplo, las yeguas, que pueden abortar si las toca una mujer menstruando (Plinio el Viejo, S. I d.n.e./2007). La pérdida mensual de sangre en la mujer, algo que por otra parte no era fácil de esconder, llamó la atención de todos los pueblos de la antigüedad, que lo relacionaron con todo tipo de miedos y supersticiones. En la India oriental del siglo VI a.n.e. a las mujeres que estaban menstruando se les exigía un “protocolo de purificación” que incluía lavado de manos y dientes, friegas de lodo y estiércol y repetidas inmersiones en el agua (Iglesias-Benavides, 2009, p. 283). También el Levítico comparte la interpretación de la menstruación como impureza: Cuando una mujer tiene su flujo regular de sangre, la impureza de su período mensual durará siete días, y aquello que toque estará impuro hasta la tarde. Cualquier cosa sobre la que se acueste durante su período será impura, y sobre la que se siente. Quien toque su cama deberá lavar sus ropas y bañarse con agua, y estará impuro hasta la tarde. Quien toque algo sobre lo que ella se haya sentado deberá lavar su ropa y bañarse con agua, y estará impuro hasta la tarde. Ya sea la cama o algo en lo que ella se haya sentado, cuando alguien lo toque, estará impuro hasta la tarde (Lev. 15:19-23). Esto se repite en el Tanaj judío y en la Torá (la ley judía). En el capítulo 15, titulado Vertidos impuros, se trata de dos impurezas: la gonorrea y la menstruación. Podríamos añadir muchas citas de textos bíblicos en las que las mujeres son demonizadas, pero solo citaremos unos versículos del Libro del Eclesiástico, libro también del canon de las iglesias católicas, ortodoxas y orientales. En el capítulo 42, titulado Las mujeres, se dice: No fijes tus ojos en la belleza de nadie ni trates con familiaridad a las mujeres. Porque de la ropa sale la polilla y de la mujer, una malicia de mujer. Más vale malicia de hombre que bondad de mujer: una mujer avergüenza hasta la ignominia.
‒ 354 ‒ En la Edad Media la situación para las mujeres no mejoró: la menstruación sigue considerándose un residuo venenoso y peligroso, tanto que se piensa que es el material del que están hechos los demonios, por lo que la mujer menstruante puede transmitir veneno con la mirada. Es el imaginario social de la mujer venenosa, ya que “el apetito sexual, en la mujer se considera maléfico y con poder hechicero hacia el hombre, víctima de los deseos irrefrenables e, incluso, innatural (...). Además, se le atribuye a la menstruación todo tipo de propiedades, por lo general negativas, nocivas y venenosas” (Fernández et al., 2016, p. 296). De ahí que, en el concilio de Nicea en el año 325 d.n.e., se prohibió la entrada en las iglesias a las mujeres que estuvieran menstruando. Por otro lado, en la Edad Media surgen el movimiento de las brujas. La mayor parte de las personas acusadas de brujería eran mujeres (Lisón Tolosana, 1983; Szasz, 1961/2008) y de estratos sociales bajos (Caro Baroja, 1991; Fernández Álvarez, 2002; Lisón Tolosana, 1983). Erick Midelfort (1972) llevó a cabo un estudio de 1258 ejecuciones por brujería en Alemania entre 1562 y 1684 que concluía que el perfil de las personas ejecutadas era el de una mujer (82%), de edad avanzada -en su mayoría parteras de profesióny de clase baja. De hecho, Midelfort solo fue capaz de encontrar tres casos de acusaciones a miembros de la nobleza y ninguno de ellos acabó en ejecución. Matthäus Meyfarth, crítico de la caza de brujas y que presenció las prácticas llevadas a cabo en las cámaras de tortura nos dejó un testimonio espeluznante al decir que él mismo había visto miembros destrozados, ojos sacados de la cabeza, pies arrancados de las piernas, tendones retorcidos en las articulaciones, omoplatos desencajados, venas profundas inflamadas, venas superficiales perforadas (...). En resumen, puedo testimoniar, puedo describir, puedo deplorar como se violaba el cuerpo humano (Meyfarth, en Harris, 2019, pp. 191-192). Ahora bien, la literatura viene a coincidir en que históricamente las brujas eran las parteras, las adivinas, las médicas y las hechiceras (Harris, 2019; Hepworth, 1999). De este modo se puede afirmar que: las capacidades de estas mujeres suponían también otro tipo de reto al status quo, ya que ellas asumían, y encarnaban, otra forma de alcanzar la sanación. Hasta la aparición de las brujas, en el mundo occidental,
‒ 36T ‒ podría haber alertado al príncipe cuando entró en su casa y decirle que le probara el zapato, pero espera resignada a ser descubierta77. 5. CONCLUSIONES Se ha visto cómo a la menstruación se le han asignado, históricamente, significados de carácter negativo, incluso desde ámbitos científicos. Lo que ayudó a construir una representación social de la misma como algo no natural, sucio, vergonzoso y a ocultar. Esta misma percepción fue distribuida a la sociedad a través del poder socializador de los cuentos de tradición oral haciendo uso de personajes masculinos activos, fuertes y valientes; y, por otra parte, presentando personajes femeninos pasivos, débiles, inocentes y marcados por el deseo masculino. El propio cuerpo es mostrado como fuente de humillación y de dolor y las niñas son acostumbradas a soportar incomodidades, molestias físicas, ansiedad, miedo y soledad. Tan solo puedes hablarlo con otras niñas, igual de desconcertadas que ellas, porque nadie las ha preparado para ese momento, como es el caso de Caperucita, que de repente se siente observada pero no sabe qué hacer porque su madre no la ha preparado para ello (Bettelheim, 1994). Incluso el cine y la televisión nos ofrecen muy pocos ejemplos de visibilización de la menstruación y en casi todos los casos la presenta de forma vergonzante e incapacitadora78. 77 Es la misma situación que se da en películas como Oficial y caballero o Pretty Woman, que en realidad cuentan la misma historia con las mismas mujeres sumisas e inactivas, que esperan también a que el hombre (el príncipe de los cuentos) vaya a sacarlas de la miseria. 78 La primera vez que se habló en la gran pantalla de la regla fue en un cortometraje de diez minutos de Disney titulado The Story of Menstruation (1946). Más que una preocupación educativa (que también lo era, a falta de algo mejor), la finalidad última era vender productos higiénicos de la empresa que lo encargó y lo pagó: International Cellucotton Products Company, interesada sobre todo en vender sus productos. El film daba una de cal y otra de arena: contribuyó en la destrucción de algún mito, como que las mujeres no se podían duchar con la regla pero desaconsejaba a las mujeres solteras usar tampones. Después de este corto, olvidado ya por casi todo el mundo, apenas tenemos una escena en Rebelión en las aulas (To Sir, with Love), de 1967 y dirigida por James Clavell, en la que el profesor se indigna porque alguien ha tirado un tampón en la estufa. En su enfado, dice a las chicas que hay cosas que una mujer decente hace solo en privado. Fueron muy llamativas tanto la regla de Carrie (1976), que mancha de sangre a todas sus compañeras y las mata por reírse de ella; como la
‒ 362 ‒ Se debe, pues, luchar por eliminar el tabú -y el silencioque encubre la comunicación sobre la menarquia, ya que, estudios recientes demuestran que en la actualidad las niñas siguen considerando que la menstruación es algo sucio, vergonzoso y que hay que ocultar (Botello, 2020; Botello y Casado, 2014). Hay movimientos que luchan por la dignidad de la menstruación y se preocupan por proporcionar información a las niñas que las liberen de prejuicios y creencias patriarcales. Rupi Kaur ha encabezado un movimiento en favor del derecho a menstruar sin esconderse. Esta poeta, a través de su proyecto Period, expone fotografías que pretenden destruir los mitos negativos hacia la regla. En sus cuentas se pueden leer cosas como “no voy a disculparme por no alimentar el ego y orgullo de esta sociedad misógina que quiere ver mi cuerpo en ropa interior, pero no está de acuerdo con un pequeño sangrado”. En Colombia Carolina Ramírez Vásquez dirige desde 2015 un proyecto educativo y literario llamado Princesas menstruantes (uno de sus trabajos se titula significativamente El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo) con el fin de encontrar espacios seguros para menstruar con dignidad y hablar de ello, convertir la menstruación en un hecho político, es decir, público, porque siempre ha sido considerado un asunto privado, del que no había que hablar. La situación de los cuentos actuales, en cualquier caso, es mejor pero conserva rasgos machistas, aunque se añaden características o valores positivos, que en realidad no suponen un gran avance. En algunas versiones actuales el ogro se hace vegetariano o ecologista pero siguen de Brooke Shields que tiene su menarquia en El lago azul (1980). En 1981 la serie Verano azul dedica un capítulo (“Beatriz, mon amour”) a la menarquia de Bea, que por ese motivo está en la playa con un vestido largo y sentada leyendo una novela. Fue un intento ñoño, como en el capítulo Blossom blossoms (1991) de La hora de Bill Cosby, en el que la niña tiene su primera regla pero la trama busca la broma en el hecho de que la madre está fuera y el padre se encarga de que todo resulte gracioso. En 2022 Pixar publica Red, la primera película de la compañía dirigida por una mujer (Domee Shi), en la que se habla del paso de niña a joven y de los problemas que sobrevienen a esos cambios. Es una apuesta valiente y en la que, a pesar de querer normalizar la regla, se recurre a una metáfora tan “evidente” como un enorme panda rojo para hablar de la menstruación.
‒ 363 ‒ mostrando trato desigual y vejatorio hacia las niñas79. La desigualdad en el trato de los personajes masculinos y femeninos es notable todavía hoy, y continúa la discriminación que asocia a las mujeres con: la casa, la maternidad, el cuidado, la belleza, la inocencia, la tristeza y la pasividad; mientras que los personajes masculinos son valientes, fuertes (y cuando no es así son extremadamente inteligentes), y se asocian a: la libertad, la acción, la protección y salvación, incluso la felicidad de los personajes femeninos. Concluir diciendo que la menstruación es algo natural, de lo que no tenemos que avergonzarnos y hablar de ella o no es una elección, no una imposición. Así pues, debemos pensar bien qué cuentos queremos contarles a las niñas. Y, desde luego, no debe utilizarse la menstruación para alejar a las estas y a las mujeres de los asuntos públicos ni para estigmatizarlas ni para discriminarlas. 6. AGRADECIMIENTOS/APOYOS Esta investigación se ha llevado a cabo con la financiación de la Xunta de Galicia a través de las Ayudas para Grupos de investigación con potencial de crecimiento: ED431B 2022/31. También ha recibido el apoyo del «Programa de captación de talento investigador EMERGIA». Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades. Secretaría General de Universidades, Investigación y Tecnología, Junta de Andalucía: EMERGIA EMC21_00331. 79 Monreal y Lalana (2002) cuentan la historia de un ogro que va al médico porque tiene una indigestión. Éste le dice que come demasiados niños, que tiene que ponerse a régimen: “Debe comer fruta y verdura y leche. Y macarrones… ¡Pero nada de niños!”. A lo que el ogro responde: “¡Oh, no! ¡Con lo que me gusta…! ¿Y niñas? ¿Puedo comer niñas?” y responde el doctor: “¡Menos todavía! ¡Las niñas pueden ser más indigestas que los niños!”.
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