Galicia moderna: revista quincenal ilustrada, n. 6 (1897)
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Pontevedra 15 de Julio de 1897 GALICIA. PINTORESCA UN alOLINO EN LAS CERCANÍAS DE VICO
N ota de óolou Mientras las gentes acomodadas de las ciudades toman por asalto los trenes y se encaminan á balnearios y playas, los labradores entréganse al rudo tra bajo de la recolección y, afilando la hoz de reluciente hoja, miran con codicio sos ojos los campos, donde la mies muestra su color de oro. Una de las muchas notas de color que ofrece la vida en las aldeas de G-alicia es sin duda alguna la faena de la siega. Apenas ha despuntado la aurora y los pájaros saludan al sol que despide sus destellos tras las lejanas montañas, cuando los alegres segadores se lanzan al campo, animosos, dispuestos á no de jar en pié espiga alguna. Canta la co dorniz que ha formado el nido de sus amores entre aquel mar dorado; ento na el cuclillo su canto monótono y tris te, presintiendo la desaparición de las pajas flexibles que el viento mece,- el cielo límpido, sin la más ligera nube que empañe su azul hermoso; las hier bas y las flores esmaltadas de perlas que el benéfico rocío ha depositado en sus cálices; la brisa de la mañana riza la miés que semeja lasólas del mar... Allí están con sus trajes sutiles, sujeto á la cabeza el pañuelo, ó suelta la sedo sa cabellera las atadoras, las que sos tienen con tesón el desafío de cantares y no ceden en la lucha empeñada con los mozos; estos toman un surco, echan atrás el sombrero de paja, remangan los pantalones de blanco lino, abotónanse la blusilla, empuñan la hoz y sin dejar de cantar, emprenden la faena, mereciendo los aplausos de los compa ñeros el que más avanza. De repente cesan las canciones y rei na el silencio, percíbese perfectamen te el crugir de las pajas que van cayen
do al golpe de fijo de las hoces; todos se afanan por ocupar el primer puesto; • de vez en mando óyense las voces de los que van delante, estimulando á los rezagados; el sudor corre por los, en cendidos rostros; huyen con estrepito de alas las codornices; el sol abrasa con sus rayos, á los segadores;- ya les estorba la blusilla; pusiéronse al cuello un pañuelo para limpiarse el sudor; ellas van formando montoncitos. van haciendo los «mohos» sin dejar de se guir á la pareja; un instante se detie nen para sonreír al segador valiente, al fornido mozo que desesperado, maneja con rabia la hoz, sin permitir que otro le aventaje... jOon que celeridad van derribando la mies dorada, bella, que se mecía á impulsos de la tenue brisa! Los de ía cuadrilla divisaron por en tre los corpulentos castaños del cercano soto á la mujer que, llevando sobre su cabeza la olla, baja sudorosa y jadean te; dió la voz de alto el «mayoral», el jefe, v suspéndese el trabajo. Entre 'chanzonetas y burlas, entre risas y re quiebros; comentando el resultado de la lucha entablada, la victoria alcanza da, la abundancia de la cosecha, el calor abrasador que.se siente, la belle za de tal atadora, los amores de alguna pareja y los «palos» habidos en tal romería, forma újj corro la cuadrilla y en derredor de la olla, se saborea el agua fresca, la leche recién ordenada, el rico queso del país y cuantos manja res componen el abundante almuerzo de los segadores. Con más bríos si cabe, tornan de nuevo á la faena; en el campo cubierto poco antes de espigas, no quedan sino los rastrojos y de trecho en trecho, los montones de «mollos» que han ido co locando las ataderas. El sol desaparece magestuosamente, siendo despedido con el mismo canto de las aves que, ufanas, le saludaron al amanecer; la campana ’ de la iglesia próxima, toca a la oración; terminóse el trabajo y la alegría se desborda en tre los segadores, sin que ninguno se muéstre fatigado. Atruenan el espacio los «aturuxos», multiplícanse las canciones, ellos dejan oir su voz de bajo, grave; es atiplada y chillona la de ellas; hay en aquellos cantos rumores de alborada, reminis cencias de muiñeira. notas agudas y melodías bellísimas, sentidas, tiernas, que recuerdan las composiciones inspi radas del maestro Montes. Un «ujujú» lanzado al viento por el más atrevido, el de mejores pulmones, interrumpe la hermosa música de la improvisada masa coral; diríase que allí se celebra una romería, que hay «ruada»; parece la fiesta de la locura, tal es el regocijo y contento que reina entre aquellos honrados hijos del trabajo, buena la flauta y ¡venga baile! _ cada cual busca su pareja y no falta alguna que extra viada, vaya á parar entre el centeno, echando á perder el maduro fruto... ¡Qué más dá! Como decía un ángel de muradana y dengue: Trás da sega ven a malla... . tosé VEGrA BLANCO Ooppo
m a&uom, 15 DE jJuLIO DE 18 S 5 MUERE EN IRIA FLAVIA, ROSALÍA CASTRO DE MURGUÍA Gomo tributo A la memoria de la incomparable cantora gallega, publicamos A continuación una de sus inspiradas poesías. Pó-las mañana malencónicos E n J aa tardes solitarios Cand ; o sol ponente os baña C ’ o sen resprandor dourado, Cheos d ’ un grande sosego Parés que nos din: — durmamos! D ’ os vivos amigos sodes Mortos que alí téns descanso, E nin os nenos vos temen N ’ á ninguen causas espanto. Visítanvos cada día, Falan con vosco resando, Auga bendita vos botan N ’ a sepultura ó deixarvos, E — Hastra mañán! se despiden De vos par ’ o seu traballo. De Galicia os cimeterios C ’ os seus alciprestes altos, C ’ os seus olivos oscuros Cimeterios de Galicia Frescos com ’ os nosr.a campos,.. En cal dorrpirá algún día Este meu corpo cansado! Y os seus homildes osarios Todos de frores cobertos Frescos com ’ os nosos campos, R osalía C astro de M urgía .
ARTISTAS GALLEGOS K 1 ■ 'RA una niña, y ya un ra|o de gloria iluminaba sus abriles. Las notas de color des lumbrantes de Fommy y las apacibles tintas de Millet, solicitaban poderosamen te aquellos ojos que irradiaban las luces de un espíritu avivado por las pi ’ ecocidades del genio. Perteneciente á una familia ilustre de la región gallega, Elina Molins recibió. sus primeras enseñanzas en el Cole gio-convento del Sacré-Gwur de Lon dres, á la edad de nueve años. Allí, bajo aquellos cielos fríos y empaña dos, toldados de perennes nieblas que no acierta á fundir el beso del sol, el corazón de la notable artista abrióse por primera vez á las doradas espe ranzas. Algunos cuadros de caballete, prematuro ensayo de las alas, fueron sus primeros balbuceos. Estimulada por los alentamientos y plácemes del gran Pradilla--en cuyos brazos recibió las lustraciones del agua bautismal, — la artista viguesa biza del arte de Mad. Vigée-Lebrún y de Rosa Bonheur objeto preferente de sus soñados amores. Y en verdadqueyaen aquella lumir nosa mañana de la vida era Elina Molins una promesa. Rinconcitos de la natníaleza al aire libre, najaros de todo linaje, bocetos de pintura icono gráfica, academias, y apuntes de árbo les y flores, fueron trazados por su mano delicada y fina con la seguridad fácil, nerviosa y repentista de los di bujantes consumados. ¡Privilegiada virtud del genio! ¡Edad^ dichosa en que las hadas propicias se revelan ya á los hijos bien amados dejándoles gustar las dulzuras de los suspirados triunfos!... Aunquela ilustre artista todavía se hallaba en sus comienzos, sus obras inspiradas, golosina y halago de los ojos, prendían la atención y recrea ban el espíritu por la firmeza del empaste, la valentía del toque y Elina Molina la >steza del color. A medida que avanzaba en sus venturosos ensayos, iba Elina desplegando la gamma de sus facultades poderosas y acusando con vigor los rasgos más salientes de su complexión de artista; con su Rinconada del barrio de
Triana, su Tipo bohemio y su expléndida Vista del Guadalquivir, la fuerza luminosa de su estilo personal y franco quedó fijada para siempre ;Oué mágicos despertamientos han podido obrar en el alma de Elina los campos andaluces 5 '"'. Ello es que á poco de sentar suplanta en Sevilla, donde prosiguió sus estudios baio la enseñanza de García Ramos, el colorida eximio no tardo nuestra paisana en sentir el influjo de aquellos cielos encendidos con tocias las magmUcencias de sus inflamados ocasos, y de aquellas aguas vestidas con todos los cambiantes de sus olas. Desde entonces el acento personal de la.notable artista cobro intensidad y relieve. Dulcificadas por un blanco rayo de la juventud, las explendideces del color fluyeron de su paleta rica y abundante, y sus lienzos palpitaron con tonalidad caliente y vigo10 ¡Raro contraste! En los cuadros de nuestra bellísima paisana — cuadros de entona ción robusta v viva, sin retoques ni acabamientos-circula, como fecundante savia, un aliento varonil, rarísimo por cierto en las idiosincrasias lememnas \ ed Lluvia He dores de la insigne Herietta Rae ó las Jeunes filies de Mad M. L. Breslau. Notad pon que cuidado ks autoras acusan los perfiles, con que refinado esmero tratan losflondos, que movimiento candoroso y femenil dan á las actitudes y con que debcadeza cuidan los detalles... Hay siempre en el alma de la mujer exqui siteces y desmayos que con ella nacen y con ella mueren. Sin caer en los refinamien tos de J. F. Raffaélli ó Puvis de Chavannes un soplo de poesia delicada y muelle baña como una media luz los cuadros de mademoiselle L. Abbema; lo propio puede decirse de Tdile Salles-Wagner, cuyos lienzos exha lan cierto aliento de enfermiza ternura, fina y blanda. No así Elina Molins. En sus cua dros predomina el trazo enérgico, el toque vivo y genial. A través de aquellas manchas acusadas con nerviosidad y brío descúbrese una organización artística dé las más nobles y de ella puede decirse como de Carlota: «su vida anda, pero su alma vuela». Rescatada' á su pueblo natal, Elina Molins remitió varios lienzos á la Exposición de Lugo donde obtuvo medalla de oro. La típica Cabeza de aldeana, sorprende por la armonía délas líneas, por la solidéz del modelado y por la delicadeza de las carnaciones. ¿Fué ageno el espíritu de la notable artis ta á las solicitaciones de la inspiración ga laica, después de su transplantación? .. Muy lejos de ello, la poesía ensonadora y melan cólica de los horizontes pátrios halló en el corazón de Elina vivas resonancias. Insta lada en el país de sus recuerdos, amó las costas célticas ornadas de pinares que repiten sus frondas en las verdes aguas, las bru mas osiánicas de nuestros montes, las rosadas auroras de nuestros cielos y las noches druídicas de lunar. Entonces, trasladando al lienzo sus visiones v sus éxtasis, di ó á luz sus nuevos cuadrosCíW¿¿¿¿0 de Monte-Real— verdadero regalo de los ojos, — CtíStf de bs Condes de Sotomccyor, Cercanías de Bayona y Efecto de tuna. • En todas estas obras, que el notable artista Serafín Avendaño corono de elogios, su po Elina Molins sorprender, triunfalmente las bellezas del paisage gallego, las armo Cabcza de aldeana
nías del claro-oscuro, la vaguedad délas lontananzas y las gradaciones de la luz. Dó cil á las evocaciones del genio, la poesía de nuestros horizontes, de nuestros campos y de nuestras playas tiñó con sus lu ces la paleta, vencedora de la aven tajada joven; un hábil dominio de la técnica aumentó la destreza de su mano, y todas las crudezas de la exactitud real cedieron á su volun tad de artista, como esas fieras que el Amoi - délas mitologías arras traba á los pies de su madre con cadenas de flores. ¿Flores he dicho?.. También nuestra joven compatriota sabe pintarlas hábilmente; <.rre dificilí simo que consagró la fama de Enriqueta Rdnner y de Madeleine Lemaire, la ilustradora insigne de Ludovico Halévy y que oonsa grará, asimismo, la gloria de Elina cuando sus grandes cualidades se acentúen y confirmen. Los innu-- merables bocetos de flores que adornan las paredes de su estudio, cautivan por la finura modernista, graciosa y elegante de sus agrupainientos, tonos ymatices.,Y ¿qué mucho que la mano aristocrática de Elina Molins pinte con notable acierto las rosas, que el cisne del Dusseldorf llamó «sonrisas de los campos»-, llevando como lleva en su espíritu privilegiado y en sus ojos adorables todas las sonrisas de los cielos? ¡Óh! Aquel perfil de diosa y . aquella cabellera de her.oina, mues tran claro y bien que la artista v-iguesa ha recibido todas las inspi raciones de la musa inmortal que , acaricia la frente de sus elegidos con sus alas sin mancha... Castillo oeMoutc-Heal victok . SAID ARMESTO
EnRedondela ...... este puente, le hace el amor al de enfrente. (Los dos de pié al lado de la mesa; Guiñas con el sombrero en la mano y las manos cruzadas á la espalda; Labarta con la gorra metida en el bolsillo) (44) El Cura. — ¡Cúbrase usted — á Guiñas. Guiñas. — Muchas gracias; hace calor. El Cura. — De ninguna manera! Póngase Y. el sombrero — cogiendo uno de paja de encima de la mesa. Guiñas.^ — Estoy perfectamente. El Cura. — ¡Pues no faltaba más! — encasquetándole el sombrero de paja. Guiñas. — (Con el sombrero en la coronilla) y pretendiendo quitársele — usted dispense ..... El Cura.- -(Sugetándole los brazos) ¡Qué no lo consiento! Guiñas. — Pero si... forcejeando. El Cura.' — Nada, nada... forcejeando también . El sombrero. — (Rodando por el suelo) — ¡me he caido! El Cura. — (Cogiéndolo) — Pero hombre... Guiñas. — (Respirando) — ¡Si el mió es este! — Se pone el suyo. (45) El Cura. — Ah, — se dirije á Labarta. La&arfa. — Eh? El Cura. — Que se cubra usted. Labarta. — No, eh... El Cura. — No hay Noé que valga (poniéndole el sombrero). Labarta. — Señor Cura si yo, eh? El Cura. — Fuera cumplidos! Labarta. — (Enseñándole la gorra)- — ¡Si yo traigo esto! El Cura. —(Dejando caer de nuevo el sombrero, y pisándole al querer cogerlo).., Pero entonces... _________________________________________________________ [44] Rectifico. Yo no acostumbro ú guardarme las gorras en el bolsillo. — /¡aéaría. [4;J La antecedente relación es rigurosamente exacta, respondo con mi cabeza. Se trataba, en efecto, de un sombrero vegetal, de paja de arroz, con más arroz que paja, digo, al revés, que el Sr. Abad, con la sencillez del mundo quiso adjudicarme, contra la voluntad del dueño de la prenda y aun contra la mia, porque no gusto de llevar el tejado de paja. Por cierto que Labarta hizo correr la voz de que el sombrero en cuestión era de los llamados de canal. /Ganasde canalizar la guasa,' [,' .] — (lmTids. /No fue por eso.' He dicho de canal porque nomo atreví á decir que era, de paja. ¡Se creerían algunos que el cura nos convidaba á co^aer! — Labarta. '
El dueño del sombrero — Señor, ¿donde estará mi sombrero? El Gura. — (Presentándoselo) — Ah... Los demás. — (Entrando) al verle en aquel estado — Oh ...... Labarta. — Eh?.... - ' El dueño.— Uh!... Y ..... puntos suspensivos. Nos despedimos y bajamos la escalera riendo de lo lindo. Solo uno iba seno, el dueño de la prenda: (46) solo uno sonreía: Campo Moreno; pensaba en que la danza de espadas debía haberle salido superiormente. (47) y que en cambio á mi no me habría resultado. ¡Y lo peor del case es que acertó el muy... fotógrafo! Ya en la calle, nos digeron que los trenes de Vigo y Pontevedra iban á salir cou lo cual echamos á correr camino de la estación. Sudorosos, jadeantes, entra mos en ella y rápidos como una flecha pasamos al andón, casi seguros de no ha llar ya los trenes respectivos. En efecto en el anden... tuvimos que esperar tres cuartos de horada salida. Ya allí no quisimos perder el tiempo. Guiñas leyó todos los anuncios que ha bía en aquel sitio, (48) y Campo Moreno no dejó placa por impresionar (49). En su manía hasta se empeñó en fotografiar unos bizcochos que yo tomaba en la cantiua para matar el hambre, y aun el tiempo. Al fin, dieron la salida, nos despedimos; y en este.instante me propuso Cumas, y yo aceptó en nombre de Labarta y en el mió una nueva excursión... Pero de eso ya les hablarán á ustedes en otro número. (50); g . ALBAREZ LÍMESES [4(5) El joven elegante/Que conste.' — G. Moreno! 147] «n;Aí-superiormente. Y sepuede ver. — C. Moreno. -[48] No hay tales anuncios — ni talos carneros. — Usted, don Gerar lo — me toma el cabello.-r Pues se lleva chasco — porque no lo tengo. — 7»»«!». 149] /Envidioso ’ Sin impresionar bien, se dice. —0' Moreno. , .. , • [5(1] ¿También habrá notas? [.'.] Pues será cosa de cobrar á lossuscriptoresde Galicia Moderna la lección de gim nasia, que no otra cosa resulta la lectura de un articulo de estos con tanto subir y bajar la cabeza, copio es preciso. [.'.] /Volver á meter la pata.' — No, por Dios. /Basta de lata' — ) 0, el autor,
I . Es la masa coral más popular de Gralicia, la que con mayor constancia ha luchado para hacer sonar en regiones extrañas los ecos de nuestras melodías, dulces, suaves, encantadoras... Al grupo de entusiastas jóvenes que la componen, debe la patria dias de gloria y de triunfo, pues su nmor á ella les lia impelido á llevar las notas-arranca das de su amoroso seno, no sólo á las principales ciudades de España, sino también á otras del extranjero. Su brillante historia comienza en el año 1882, y en aquella época no resonaron los triunfos más allá de los estrechos límites de la región gallega. Alcanzó las primeros bajo la dirección del eminente músico D. Pascua! Veiga; y al poco tiempo de su exis tencia se encargo de aquella el inteligente maestro Chañé, que con su exquisito oiáo músico y su gusto artístico, hizo del orfeón una caja de música y le llevó á conquistar dos primeros premios á Yigo y Pontevedra. Mas tarde, venció en Madrid á masas corales de tanto renombre como las de Bilbao y San Sebastian; y en 1888 fue á Barcelona, donde en lucha con nueve orfeones, cata lanes y franceses, obtuvo el primer premio (5.000 pesetas) y varios regalos, producien do tal entusiasmo los aires populares de su repertorio, que su ya sólida fama se exten dió entonces por España entera y muchas ciudades se disputaron el oirle y premiarle con sus aplausos. En Madrid nuevamente; en San Sebastian, donde cantó en el palacio Miramar, felicitando S. Mla Reina personalmente á su director, y en León, á Santander; Valladolid y Bajiajoz añadieron nuevos lauros á los que ya tenía ganados en reñida entonces con el orfeón coruñés su nuevo director el distinguido artista D. José Baldomir, que a tona, que es de esperar no tardarán en repetirse. Pero la más audaz empresa del orfeón gallego, coronada, en verdad, por un glorioso éxito, . res y el entusiasmo que despertó en su concierto en el Ho¿el de Filie, fué tan grande que el alca nido por sus hijos. 01 'f e é>n £1 Eco, del cual es presidente nuestro querido amigo el distinguido escritor D. mérito más, que le hace acreedor al afecto entrañable que por él sentimos los buenos gallegos. El de haber contribuido en gran manera con su gigante esfuerzo, á la ansiada redención de: fe ide fue insistentemente llamado, consiguió en aquella época grandes ovaciones. Oviedo, Gijón y luchas, y en la ciudad extremeña fué objeto de entusiastas manifestaciones de cariño que compartió ¡gresar de aquella excursión le condujo á Oporto, y bajo su batuta le proporcionó nuevos dias de viccometió con noble decisión en 18.>9. En este año, llevó á París las mágicas notas de nuestros canta- ¡cle la capital de Francia, felicitó telegráticamente al de la ciudad herculiná, por el triunfo allí obtefvador Golpe colaborador de G alicia M odbkna , une pues, á su indiscutible valor artístico, otro ptra querida Galicia, ' «. 4-
HOMBRES FELICES GARLOS REY ( garlitos ) ( V I G O ) En una noche de truenos (¡qué noche, válgame Dios!) nació Garlitos, el hombre mis feo que hay bajo el Sol. (Esto de feo lo digo por lisonja, si señor.) Pero la Naturaleza que siempre se distinguió por previsora, dió á Carlos, en justa compensación, además -da un alma... grande una magnífica voz que para sí la quisieran ¡va lo creo! mas de dos bajos de zarzuela chica y aun de zarzuela .. mayor. ¡Voz poderosa la suya! Formidable, de ciclón, que el usufructuario sabe ] ¿forzar con alcohol á fin de hacerla más áspera ó, si se quiere, feroz. Para vocear periódicos no admite sustitución; es el 7¿e// de los que gritan desde Vigo á Nueva-York: «AY Imparcral\ La Concordia'. >. El Independiente de hoy, »Con grandes y larges par-tes. »Muertos y heridos...» ¡Horror!
Con los Administradores de los diarios rifó no una. doscientas veces, y todo ello por mor de las perras que ól se guarda y no la Administración. Porque es lo que él dice: «¿Cuentas? >:Sólo se las rindo á Dios». (Y es capaz de darle un. . chasco al propio Nuestro Señor ) Tiene an bu-es de flamenco y posturas de (jachó, y pisando con el ClUiS y apoyado en un bastón vá por las calles luciendo todo lo que Dios le dio: unos pieses... imposibles y el gran chorro de su voz. Nota 1 ) 6110 . — Nuestro tipo siente amorosa pasión por una princesa que, Caramán Chimay ó nú quiere á Garlitos por .. han (jar o y á la vez por... cumplidor. pío \., CUlf A§ nAhlülA Ah MIA FIESTAS PÚBLICAS Ya en Compostela empezaron los renombrados festejos que en honor del Santo Apóstol el municipio ha dipuesto. El quince, á las doce en punto, las bombas de reglamento, estallando en el espacio, han dicho á los forasteros, en un lenguaje algo brusco, y formando horrible estrépito, que en la Atenas de Occidente ha comenzado el jaleo. Las calles de la ciudad se llenaron al momento, de birnbas aristocráticas, de sotanas y manteos, levitas de todas formas y tragos de todos géneros, que llevan, según su clase, con más ó menos salero, acicalados gomosos, y melancólicos viejos, presbíteros campechanos, canónigos jaraneros, señoritas vivarachas y jamonas de ojos tiernos. Mientras tanto, las campanas, repican todas á un tiempo, y las músicas sonoras recorren el pueblo entero; y en las casas, las patronas, en continuo movimiento, dan órdenes apremiantes preparando los pucheros, ya confeccionando salsas, y otros ricos condimentos, ya desollando algún gato que pasará por conejo para el forastero humilde, que á todo se halla dispuesto, con tal de obtener tres cosas: el ver el Bota-fumeiro, oir cantar los canónigos, . y ganarse el jubileo. Sin embargo de lo dicho, no á todos los forasteros, al ir hoy á Compostela les conduce el mismo objeto Hay quien ha ido á Santiago pava rezar en el templo, como irá después á Vigo, entusiasta del toreo. Y"o sé de una señorita, que es natural de á Sangenjo con unos ojos hermosos en su carita de cielo,... y una joroba en la espalda, que parece un monumento; y cómo en tal circunstancia, nadie la quiere en el pueblo, decidióse ¡ir Santiago por si entre los forasteros hay algún desaprensivo que cargue con el mochuelo.
Y, en efecto, á los tres dias. yo no sé bien por que medios, logró la hiciese el amor un cojo de Rivadeo, que era, según parecía, un bellísimo sujeto. Y esta man anal los dos, entre el bullicio del pueblo, muy j un ti tos se juraban profesarse amor eterno. — ¿Me quieres mucho, cielin? — Te adoro, amado Fulgencio! — ¿Me olvidarás? — En la vida! Antes, los astros del cielo olvidarán su carrera en los espacios etéreos'. Y cuando más embebidos se hallaban en su amor tierno, \paf\. . le atizan al galán un soplamocos tremendo; y si no es por la joroba de su adorado tormento, de fijo hubiera caído de narices sobre el suelo. — Infiel!... ¡granuja!... ¡canalla! ¡vil esposo!... ¡ruin!... \baldreo\ — le grita airada, una vieja que aparece ea el momento, con unas gafas azules y bigotes estupendos. Mas, después del gran tumulto, y un escándalo muy serio, pudo, aclararse el misterioso suceso. El galán enamorado, aquel amable sujeto, resultó un comisionista de una fábrica de cueros, ¡casado en segtindas nupcias, hace un ano, en Rivadeo!!! JAviEii VALCARCE OCAMPO. ALGO DE SANTIAGO APUNTES FOTOGRAFICOS. REMATE JJE LA FACHADA DEL. CONSISTORIO LA RUA DEL VILLAR
EL HOSPITAL GENERAL FACHADA DEL CONVENTO DE CONJO
JETor'á.iiJL Cuando liará dos años el Gobierno francés decidió premiar los méritos del insigne caricaturista con la más pre ciada de las recompensas, la Cruz de la Legión de Honor, debiera haber puesto al pié del nombre del nuevo laureado la mención: Filósofo y moralista. En efecto, las obras de Forain nada valen ó valen muy poco, si exclusiva mente como dibujante se le considera. Henriot, con sus finas siluetas semana les de L ‘ Illustratión, Mars, con sus lindos perfiles de actrices, gomosas y cyclewomen, en los albums de Pión, Leandre, acabando de inmortalizar con el lápiz el tipo de Madame Cardinal que la pluma de Ludovico Halevy tra zó con perdurable relieve, Caran d 4 Adre con sus grotescos bonshommes, maniáticos inofensivos, y algunos otros más entre los actuales maestros de la caricatura francesa, superan á Forain en la gracia puramente gráfica de sus creaciones. Y esto mismo es ya un rasgo de mo ralista en el autpr de La Comedie Varisienne. Siendo su objeto fustigar el vicio, en la bestial expresión fisonómica de sus Sansones embrutecidos por los deleites, en el rostro exangüe y enfla quecido por la lujuria y la codicia de sus Dalilas, se encuentran ya los pri meros elementos de la lección moral que trata de darnos. Sacrifica, pues, su consumada ciencia de dibujante — reve lándola no más en tal cual escorzo admirable, en esta ó la otra actitud se mántica — ya no se dice sugestiva, oh Clarín! — consagrando á afear sus mo delos todos los recursos de su arte, tan to más refinado cuanto menos aparente. Así es inútil buscar en este austero pintor de costumbres ultra-licenciosas la grosera satisfacción que procuran á los aficionados — y son legión — las mor bideces de "Willette, las gracilidades de Guillaum© y las desnudeces de los ar-
t.ístas que todas las semanas traducen con el lápiz las sutiles invenciones — desdichadamente tan cercánas á la realidad — de -La Vie Paruiemn. No: la fuerza de 'Forain estriba en las ocho ó diez palabras — -nunca más — ■ que pone al pió de sus dibujos. Histo riador como Tácito y más que Tácito conciso y nervioso, cada una de sus leyendas es un latigazo en el rostro de sus contemporáneos... Así la risa que provocan termina con dolorosa mueca... Banqueros y cortesanas, cómicos y dan zarinas, políticos y Celestinas, todos aparecen en su galería sintetizados en una frase corrosiva como el vitriolo que tantas veces oprime la convulsa distra. de sus vengadoras, á veces en un simple gesto, como en su propia inmo vilidad acusan las orillas de corrompida charca el cieno acumulado en el fondo. ¿Queréis ejemplos? Ved ese ciudadano de hebráico per fil que se levanta de su butaca, en el último acto de Fausto preguntando acongojado: — ¿Y las alhajas'? Aquel dignísimo ejemplar de la raza semítica, de todo el sublime drama de Goethe, remozado por la poderosa fantasía de Gounod, solo ha retenido una cosa y solo de ella se cura; el para dero del collar de perlas, que con sus infernales reflejos trajo á la infeliz Margarita hasta aquella prisión, donde agoniza pálida y enflaquecida por los remordimientos... En otra página, la madre de una bailarína la dice apoderándose de ün enorme bouquet que acaba ésta de recibir de uno de sus amantes:. «Me viene al pelo... para eleementerio.» E irá con horrible inconsciencia á adornar la tumba del honrado obrero, muerto de miseria, padre de la desven turada niña, con las flores destinadas á pagar viles complacencias de odalisca moderna... La cosa se titula «Lia de difuntos». Y dia de difuntos será para Francia el dia en que todos sus viejos sean como los viejos de Forain — sus seductores casi siempre pasan de los cincuenta — y todos sus jóvenes como los reciente mente retratados por Enrique Lavedan en su último libro, Les jeunes, con este subtítulo más amargo que las hieles del Profeta: L i espoir de la France. En España nada tenemos do seme jante á Forain. ¡Ojalá pudiéramos creer que no tenemos el copista porque tam poco poseemos los originales! * * * Hánme dicho que en unperiódico local apareció un artículo de cuatro columnas acusando de irreligiosa mi oración á Bethancourt dé pasados Atis bos. Afortunadamente, no ha podido ha cerme daño, porque en estos meses sin erre, me abstengo en absoluto de toda clase de mariscos. Y de Vieiras y Nécoras, por ende.
MÚSICA POPULAR DÉ GALÍCÍA Antigua Danza de las exiladas en Redondela DE LA COLECCIÓN DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO ÓE PONTEVEDRA
— De Xallas, pra sirvir á Dios y-á vosfcé. — Sirvilo á él 3 r -a min á un tempo, é un poned di fícele. — Será, señor. — ¡Cala! ¿Ti eres Picote? Casuasmente estábamos esperándoche — Despense, pfó en son o tio Miseria. — ¡0 tio Miseria! ¿E qué che se perde eiqiií? Si non tocal-o zoco mais que de pre a, eolio un tizón e quéimoch' a y alma. — Non s ‘ incomode, señor. — Pouca conversa, e segue o teú camiño, que n-o inferno maldit* a falla que ti fas — ¡Nunca Dios pra mal me dera! ¡Vin á dar o inferno! ¡Nunca che crein que cadrase tan enriba! — escramou o tio Miseria. Por eso... xa me daba mala espiña. Eiquí cheira á corno queimado! E pol-o visto deben de morrer t.amen o señor Picote, pois xa o están esprando ¡Hala pra diante! ¡Mailo será que non dea c-o ceot E siguen, rube que rube, hastra qu ‘ aló enriba, moi enriba, antr ‘ arbres d ‘ ouro con follas de pelras, viu unha porta gran - dísema que tiña soles por cravos. — ¡Esta é a porta d ‘ a groria! ¡Non me cabedúbida! ¡Apuremos o paso! ¡Qué bon recibemento vou á ter! ‘ O decir isto, sinteu ruido de pasos ás suas espaldras, mirón car* atrás, e... ¡ou asombro! /viu 6 siñor Picote en persea, que traguia o mésmo camiño qu ‘ él. — ¡Nunca Dios prá mal me dera/ ¡O siñor Picote por estas alturas! — Hola, tio Miseria — dixo o Siñor Pico te achegándose — xa soupen que morreras o mesmo dia qu* eu, y-alégrome de verche, porque quería pedirche perdón por tod-o mal que che fixen aló embaixo. — Hum, hum, — respondeu o tio Miseria, meneando a testa — vosté seique me quer volver á botar as endrómenas d* aquel dia n-o portal d ‘ a sua casa! ¡Pois mire qu ‘ ago ra non 11* estamos pra bulras! — Dígocho de veras. — Enton... non fale d* iso. Eu perdónoo de curazón; o conto é que tamén Noso Se ñor lie perdoe as moi tas que vosté leva feitas. — Dios xa me perdonou. Arripintinme á hora d ‘ a morte de todol-os meus crimes. — Mire; eu non lie desexo mal, proheille ’ dicir unha cousa: — ¿E que é, hó? — Eáill* un pouqueniño, estaban esp rando por vosté n-o inferno. /Seillo de boa tinta! — Sí; pró cando me espraban einda eu non fixera o auto de perfeuta contrición. O arrepentemento foi coestión d* un se gundo. — Pois... alégreme e... sigamos prá diante. Eiquí parados non facemos nada. Diga: eso que se vé ¿será a groria? — Si, borne, sí. Xa o di o letreiro que tén enriba. ¿Tí non sabes 1er? — Sí, siñor. pró son de vista cansada yesquencéronseme os anteollos. Quedáron me debaixo d ‘ a térra, n-a faltriqueira d ‘ o pantalón. N-esto chegaron á porta d ‘ a groria, y-o siñor Picote adiantouse á chamar. . — ¿Quén anda ahí? — preguntón San Pe dro. — Señor; eu son Picote. — ¡Xa temos eiquí o siñor Picote! — berrou San Pedro, batendo . palmas co-a legría. Y-as portas d ‘ o ceu, abríronse de par en par, en medeo de vivas, músecas e foguetes. — Cando receben á ese con tanta foliada ¿qué será a min? — dixo o tio Miseria escontra o seu coleto; e tratou de meterse pol-a porta, detrás d ‘ o seu compañeiro de viaxe. — ¡Ei, paisano, ¿á onde vas? — dixolle San Pedro con malos modos, empuxándoo prá fora, e fechando a porta. —¡Siñor, San Pedro — escramou o probe
d ‘ o velliiío — en son o tio Miseria/ ¡Dios mió! ¡Tamén eiquí! — ¿Quén eres? — preguntón San Pedro dend ‘ adrento. — O tio Miseria, sinor. — Berra mais, que c-o estoupo d ; os foguetes non ovo bén. — ¡O tio Miseriaaá!.. — escramou o noso home 4 berro pelado — ¿Con que tí eres o tio Miseria? ¡Boeno! ¡Entra, e non m ‘ armes escandaleiras fi porta. Abrironmédea folla, y-o tio Miseria colon se n-o ceo sin que ninguen saíse 4 recibilo. . — ¿Onde est4n a parenta yo filio? — foi o pirmeiro que perguntou. — Búscaos, qu ‘ ahi han d ‘ andar — res ponden San Pedro volvéndoll'as espaldras. O.probe d ‘ o vello quedouse tradado e sin estreverse 4 pasar d ‘ a portería — ¡Ay!— escramou sentúndosen-un corrun chino. — Ó sinor Picote, recébeno eiquí con múseca e foguetes, e-4 min,dempois de tantos móretos, tratan me o mésmo que se fora un can, fora a y-alma ¡Adiós minas espranciñas! ¡Pol-o visto n este mundo fanll 1 os probes como n-o d' embaixo! ¡Saín d l un souto... e méteme noutró! N-esto, Dios Noso Señor, que cadrabq de pasar por alí, 6 mirar 6 tio Miseria, triste e pensativo y-acurrucado, ackeg4ndos ‘ 4 él, colleuno por unha man, levantouno d ( o chan, e díxolle: — Vente comigo, tio Miseria, que eu che levarei xunt ‘ 4 tua mujier y-o ten filio prá que vos sentedes os tres ñ meu lado por toda unha eternid4! • — Gr4ceas, señor, gr4ceas — escramou o tio Miseria — si vosté non fora, eiquí ninguén facía caso de min. ¡Cómo son un probe!... ¡Si fora rico com ‘ o señor Picote!... — Eiquí n-hai probes, nin ricos —respondeuli 1 o Señor bondadosamente. — E... poida que vosté teña razón; pro... — Xa sei qne che paresceu mal qu ‘ o se ñor Picoteo recibisen millor qu ‘ 4 ti. — Señor — dixo o tio Miseria rascándos 1 a testa — iso 4 min ¿porqu* m ‘ había de parescer mal? — ¡Mira, que eiquí non val mentir! — Pois... s ‘ hei de dicir verd4, eu espraba outro recebemento. ¡Somentes vosté sabe o moito que teño sofrido con pacencia prá g ñar a groria! — Xa o sei. ¿Pró tí i ñoras por qu' 4 Pi cote o recibiron millor qV 4 ti? — Eu, señor... si vosté non m-o di... — Pois voucho 4 dicir. — A entrada n-a groria d ‘ un pecador arripentido, regocíxanos mais qu ‘ a de cén xustos. ¡Estamos tan porteo afeites 4 iso! JUiqui (V'OS Pico tes. chega un pnr casoalidá. de mil en mil anos; tíos Miserias como li .. -entran (t patadas á tóial-as horas'. enrique LABARTA. Dibujos B. L. Sanmartín
ANUNQIOS DE wQmm& TARIFA DE PRECIOS ANUNCIOS SIN ¡LUSTRAR 5 céntimos el centímetro cuadrado cada inserción. Mínimum: 20 centímetros ANUNCIOS ILUSTRADOS con la fotografía d:l establecimiento 10 céntimos el centímetro cuadrado cada ípsérción. Mínimum: TOcentimetros 3 - G inserciones Los señores anunciantes que ocupen un í página entera, obtendrán una re baja del 40 por 100 sobre los pr-bios de tarifa. tip . LA OLIVA '