La evaluación de los estudiantes universitarios, el caso de la Universidad de Santiago de Compostela
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AGRADECIMIENTOS
AGRADECIMIENTOS AGRADECIMIENTOS
AGRADECIMIENTOS
No soy capaz de expresar con palabras el agradecimiento que merecen
las personas que hicieron posible la realización de este trabajo, por lo que sólo
pretendo recordar en esta página a aquéllas que me ayudaron y apoyaron en la
realización de esta Tesis Doctoral.
Al Profesor Felipe Trillo Alonso, por su talento y amistad, por todo lo que
de él he aprendido –y que desborda con mucho lo que se puede plasmar en
este trabajo–, por ser un ejemplo a seguir ..., en fin, por enseñarme lo que
significa ser Maestro.
A mis padres y hermana, por su comprensión, confianza y cariño, por
estar siempre a mi lado, independientemente de las circunstancias o de la
distancia, por enseñarme lo que significa la Familia.
A Rosa, por su apoyo y amistad, por “caminar conmigo” durante este
trayecto aunque el camino no siempre fue fácil, por seguir día a día
demostrándome lo valioso y esencial de la Amistad.
A esos amigos (Lupe, Carmen, Sonia, Ramón, Alex, Marta, Diego, Pirri,
Arancha, Eva, Manolo, ...) que siempre tienen una palabra de ánimo cuando
hace falta y hacen fácil la sonrisa necesaria para seguir adelante.
A esas personas de la Universidad de Santiago de Compostela, y ahora
también de la Universidad de Murcia, que con frecuencia demuestran su afecto
y una confianza en mí de la que no siempre me siento merecedora.
Por último, a todos los estudiantes y profesores que colaboraron en la
realización de esta Tesis Doctoral, sin su colaboración no habría sido posible
esta investigación.
A todos, sinceramente, GRACIAS.
ÍNDICE GENERAL
.
Pag
MARCO TEÓRICO
INTRODUCCIÓN ..........................................................................................
.
1
1. CONTEXTO INSTITUCIONAL: LA UNIVERSIDAD ................................. 9
1.1. Perspectiva histórica .............................................................................. 11
1.2. Concepto de Universidad ....................................................................... 20
1.3. Funciones y fines de la Universidad española: marco legal
del sistema educativo universitario .......................................................
.
25
1.4. Problemas y retos actuales de la Universidad española ........................ 31
1.5. Normativa sobre evaluación de estudiantes en la Universidad .............. 42
2. CALIDAD EN EL CONTEXTO UNIVERSITARIO ..................................... 53
2.1. Calidad de la Universidad: diferentes concepciones de calidad ............
.
55
2.2. Evaluación de la calidad: Plan de la calidad de las universidades ......... 66
2.3. Indicadores de calidad en la Universidad ............................................... 77
2.3.1. La evaluación de los estudiantes como indicador de calidad
de la enseñanza universitaria .......................................................
.
87
3. LA EVALUACIÓN DE LOS ESTUDIANTES: APROXIMACIÓN
A UNA TEORÍA GENERAL ....................................................................
.
97
3.1. Introducción al concepto de evaluación .................................................
.
99
3.2. Qué es evaluación .................................................................................. 105
3.2.1. Confusiones y concepciones erróneas .......................................... 105
3.2.2. Definición de evaluación ................................................................ 112
3.2.3. Características de la evaluación .................................................... 121
3.3. Qué hay que evaluar .............................................................................. 126
3.4. Cómo evaluar ......................................................................................... 134
3.4.1. Referentes de la evaluación ..........................................................
.
134
3.4.2. Criterios para juzgar lo que es evaluado .......................................
.
139
3.4.3. Instrumentos de recogida de información ...................................... 145
3.5. ¿Cuándo evaluar? .................................................................................. 176
3.5.1. Evaluación inicial – diagnóstica .....................................................
.
176
3.5.2. Evaluación continua – formativa o formadora ................................ 177
3.5.3. Evaluación final – sumativa ...........................................................
.
179
3.6. Quién evalúa y para quién .....................................................................
.
181
3.7. Para qué evaluar .................................................................................... 184
4. LA EVALUACIÓN DE ESTUDIANTES EN LA UNIVERSIDAD ............... 197
4.1. Dimensiones de la evaluación de estudiantes en la Universidad ........... 199
4.1.1. Cómo se define la evaluación de estudiantes en la Universidad ... 199
4.1.2. Qué hay que evaluar ...................................................................... 199
4.1.3. Cómo realizar la evaluación de estudiantes en la Universidad ...... 201
4.1.4. Cuándo evaluar .............................................................................. 202
4.1.5. Quién y para quién evaluar en la Universidad ............................... 202
4.1.6. Para qué evaluar: funciones de la evaluación de estudiantes
en la Universidad ..........................................................................
.
204
4.2. Características específicas del contexto universitario que influyen
en la evaluación de estudiantes ............................................................ 206
4.2.1. Características institucionales y organizativas ..............................
.
206
4.2.2. Formación docente ........................................................................
.
208
4.2.3. Formación de profesionales de nivel superior ...............................
.
210
4.2.4. Características de los estudiantes ................................................. 212
4.2.5. “Paradojas” de la evaluación de estudiantes en la Universidad ....
.
214
4.3. Investigaciones sobre la evaluación de estudiantes en la Universidad:
la realidad de los datos..........................................................................
.
217
4.3.1. Dimensiones que recogen los artículos publicados sobre
evaluación de estudiantes ............................................................. 218
4.3.2. Resultados de algunas investigaciones específicas sobre
esta temática: ¿qué nos dicen las investigaciones hasta
ahora realizadas? .......................................................................... 228
4.3.3. Evaluación por Áreas de conocimiento .......................................... 241
4.4. Identificando cambios necesarios y resistencias ...................................
.
251
RECAPITULACIÓN DEL MARCO TEÓRICO ..............................................
.
263
MARCO EMPÍRICO
INTRODUCCIÓN ..........................................................................................
.
279
5. DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN ...........................................................
.
285
5.1. Naturaleza y objeto de estudio ............................................................... 285
5.2. Objetivos de la investigación .................................................................. 289
5.3. Metodología de la investigación ............................................................. 291
5.3.1. Definición y selección de la muestra .............................................. 294
5.3.2. Instrumentos utilizados para la recogida de datos ......................... 300
6. ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN OBTENIDA .......................................
.
315
6.1. Análisis de los cuestionarios ..................................................................
.
317
6.1.1. Introducción ...................................................................................
.
317
6.1.2. Área de Ciencias Sociales y Jurídicas ........................................... 324
6.1.2.1. Datos de identificación ..................................................... 324
6.1.2.2. Variables de contenido ..................................................... 325
6.1.2.3. A modo de recapitulación ................................................. 380
6.1.3. Área de Humanidades ...................................................................
.
383
6.1.3.1. Datos de identificación ..................................................... 383
6.1.3.2. Variables de contenido ..................................................... 385
6.1.3.3. A modo de recapitulación ................................................. 429
6.1.4. Área de Ciencias Experimentales .................................................. 432
6.1.4.1. Datos de identificación ..................................................... 432
6.1.4.2. Variables de contenido ..................................................... 434
6.1.4.3. A modo de recapitulación ................................................. 473
6.1.5. Área de Enseñanzas Técnicas ......................................................
.
476
6.1.5.1. Datos de identificación ..................................................... 476
6.1.5.2. Variables de contenido ..................................................... 477
6.1.5.3. A modo de recapitulación ................................................. 511
6.1.6. Área de Ciencias de la Salud ......................................................... 513
6.1.6.1. Datos de identificación ..................................................... 513
6.1.6.2. Variables de contenido ..................................................... 514
6.1.6.3. A modo de recapitulación ................................................. 549
6.1.7. Interpretación de los resultados ..................................................... 551
6.2. Análisis de las entrevistas ...................................................................... 581
6.2.1. Introducción ...................................................................................
.
581
6.2.2. Área de Ciencias Sociales y Jurídicas ........................................... 588
6.2.2.1. Aproximación al perfil de Área .........................................
.
633
6.2.3. Área de Humanidades ...................................................................
.
637
6.2.3.1. Aproximación al perfil de Área .........................................
.
676
6.2.4. Área de Ciencias Experimentales .................................................. 678
6.2.4.1. Aproximación al perfil de Área .........................................
.
714
6.2.5. Área de Enseñanzas Técnicas ......................................................
.
716
6.2.5.1. Aproximación al perfil de Área .........................................
.
744
6.2.6. Área de Ciencias de la Salud ......................................................... 746
6.2.6.1. Aproximación al perfil de Área .........................................
.
780
6.2.7. Interpretación de los resultados ..................................................... 781
6.3. Triangulación cuestionarios-entrevistas ................................................. 809
6.3.1. ¿Qué se entiende por evaluación de estudiantes?:
Conceptualización de la evaluación .............................................. 809
6.3.2. ¿Qué se evalúa?: Objetos de la evaluación ..................................
.
811
6.3.3. ¿Cómo se evalúa?: Referentes, instrumentos de recogida de
información y formas de realizar la evaluación de estudiantes ..... 813
6.3.4. ¿Cuándo se evalúa? ...................................................................... 818
6.3.5. Para qué se evalúa?: Funciones de la evaluación ........................ 819
6.3.6. Quién y para quién se realiza la evaluación ..................................
.
821
6.3.7. Evaluación versus calificación .......................................................
.
824
6.3.8. Diferencias / homogeneidad entre Áreas de conocimiento ............ 825
6.3.9. Perfil de la evaluación de estudiantes en la U.S.C. ....................... 827
7. CONCLUSIONES GENERALES .............................................................. 833
7.1. Objetivos Directos .................................................................................. 835
7.2. Objetivos Inferidos .................................................................................. 844
BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................
.
877
ANEXOS ....................................................................................................... 921
Anexo 1: Cuestionario ................................................................................... 923
Anexo 2: Guión de Entrevista ........................................................................ 939
1
INTRODUCCIÓN
En esta introducción queremos dejar claras fundamentalmente tres
cuestiones: mi motivación más personal para realizar esta Tesis Doctoral, la
relevancia del objeto de estudio y la estructura de la investigación.
Así, en relación con la primera cuestión –mi motivación personal- ocurre
que, como alumna, durante 20 años he estado sometida a constantes procesos
de evaluación, algunos de los cuales me parecieron muy razonables, otros no
tanto, y demasiados totalmente arbitrarios y sin ningún fundamento
pedagógico, por lo que investigar sobre la evaluación de estudiantes es un
tema que me compromete de una manera personal.
Siendo así, hago mías las palabras de Santos Guerra (1998):
"Llevamos ya unos años haciendo evaluaciones [...]. Es hora de iniciar
un discurso sobre estos procesos. ¿Qué está pasando? ¿Cómo se está
haciendo? ¿Qué se está consiguiendo? ¿Qué efectos secundarios está
provocando? ¿Qué piensan de las evaluaciones los protagonistas (que
son los evaluados)? No se trata de hacer evaluaciones sin ton ni son. Se
trata de hacer evaluaciones rigurosas que conduzcan a una comprensión
profunda de la realidad y a una mejora de la práctica. Y se trata de
hacerlas respetando los más exigentes principios de la ética social y de
la ética individual" (Santos Guerra, 1998: 171)
Pues bien, saber sobre todo eso es precisamente el objetivo que
perseguimos con esta Tesis Doctoral: conocer las principales características de
la evaluación de los estudiantes en esta Universidad desde la perspectiva de
sus protagonistas, con el fin de identificar los puntos fuertes y las debilidades
de este proceso y ver las posibles líneas de mejora. En definitiva, lo que
pretendemos es conocer cómo se evalúa a los estudiantes en nuestra
Universidad y utilizar esta información como indicador de la calidad de la
enseñanza universitaria. Nos gustaría, por tanto, que esta investigación sirviera
para apoyar la necesaria reflexión sobre la evaluación de los alumnos en la
Universidad y, sobre todo, para comenzar a cambiar la forma en que ésta se
desarrolla en la práctica.
Y es que, aunque pareciera que sobre evaluación de estudiantes está
casi todo dicho, en realidad son muy escasos los estudios realizados en el
2
ámbito universitario, tal y como expresan Carles Monereo y Juan Ignacio Pozo
(2003):
“La investigación sobre la didáctica universitaria destaca por su
ausencia. Ciertamente, en los últimos años el interés ha crecido
considerablemente, como lo manifiestan el conjunto de congresos,
simposiums, jornadas, publicaciones que aparecen ininterrumpidamente;
no obstante, predominan las reflexiones bienintencionadas de teóricos
que desde el sentido común o realizando una forzada pirueta
generalizadora, a partir de las investigaciones en otros niveles, expresan
opiniones esperanzadas o apocalípticas sobre el futuro de la
universidad, o las experiencias esforzadas de profesores que a título
individual han hecho algún cambio en su enseñanza habitual y
comunican con entusiasmo su iniciativa” (Monereo y Pozo, 2003: 24-25).
De hecho, el interés por este tema no es algo en absoluto novedoso
pero, sin embargo, hemos constatado que son muy pocos los trabajos de
investigación que se ocupan de la evaluación del alumnado en este nivel
educativo, y menos todavía los que lo hacen considerando las percepciones y
opiniones de los propios alumnos:
“Los estudiantes son el objeto final de todos los esfuerzos que se hacen
en el medio universitario. Ellos y los profesores son los actores de toda
actividad docente, de toda estrategia académica, de toda organización.
Si bien la misión de la universidad no es exclusivamente docente, no se
entiende su existencia sin ellos, y son su fundamento y finalidad. Sin
embargo, sorprende la poca extensión que al tema específico de los
estudiantes se dedica en la literatura sobre el tema universitario. [...] No
parece que se repare en sus últimos destinatarios, ni se concede, en
algunos casos, a los estudiantes otro papel que el meramente pasivo en
el desarrollo de la educación” (Michavila y Calvo, 2000: 159).
Pues bien, frente a eso, este trabajo pretende aportar una visión general
sobre el modo cómo se desarrolla la evaluación de estudiantes en la
Universidad de Santiago de Compostela, analizando, a partir del contraste de
las percepciones de estudiantes y de profesores universitarios, posibles
diferencias en la forma de evaluar entre las cinco grandes áreas de
conocimiento de esta Universidad (Ciencias Sociales y Jurídicas,
Humanidades, Ciencias Experimentales, Enseñanzas Técnicas, y Ciencias de
la Salud).
No hay hipótesis propiamente dicha, pero sí la sospecha de que existen
fuertes contradicciones entre lo defendido teóricamente para la evaluación de
11
1.1. PERSPECTIVA HISTÓRICA :
El profesor Espada Recarey (1999) afirma que se ha definido la
Universidad como "una institución autónoma que, de modo crítico, produce y
transmite la cultura por medio de la investigación y la enseñanza, adoptando
independencia moral y científica frente a cualquier poder público"; no obstante:
"Desde el punto de vista histórico no siempre se consideró así, aún
admitiendo su esplendor literario en el siglo XVI y su decadencia
posterior en los dos siguientes siglos. Sin embargo, no es hasta el siglo
XIX cuando se planean las bases de una Universidad libre con docencia
aprendizaje e investigación, de acuerdo con unos principios más
racionales que empíricos. Los tres tipos de Universidades (anglosajona,
francesa y alemana) se afianzan a lo largo del siglo XIX, con posturas
contrapuestas entre el modelo descentralizado y el centralizado, ambos
con mayor o menor autonomía.
A lo largo del siglo XX y ya centrándonos en España, la Universidad
pasó por varias etapas, desde la subordinación al Estado con una
concepción elitista hasta disponer de una autonomía plena y, en algunos
casos, masificada" (Espada Recarey, 1999: 9).
Si nos detenemos un momento para tener una visión de esas etapas por
las que pasó la Universidad española, podemos decir que, siguiendo a Sotelo
(1987), se pueden señalar tres etapas históricas en la vida de la Universidad
como institución: la universidad medieval, que se prolonga hasta la caída del
"antiguo régimen", la universidad moderna -o universidad burguesa- y la
universidad de masas de nuestros días. Si bien, para este autor:
"Las tres etapas que hemos distinguido para la historia de la universidad
europea no se ajustan de todo a la universidad española: la universidad
medieval dura mucho más que en el resto de Europa y la universidad
liberal moderna que, con enormes dificultades, empieza a cuajar a
finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, recibe en 1936 un revés
que parece definitivo. Conservando hasta hoy no pocos residuos
medievales, y sin que se haya desarrollado plenamente la universidad
burguesa, estamos pasando a la universidad de masas. Esta mezcla de
universidad medieval y de masas es lo que define a la española de
nuestros días" (Sotelo, 1987: 48).
1.- Universidad Medieval (hasta la caída del Antiguo Régimen), en la que se
parte de un saber absoluto y definitivo, que no admite la menor duda, y
12
consecuentemente, la función de la Universidad consiste en la transmisión de
ese saber debidamente sistematizado.
La base de la enseñanza en la universidad medieval es la lección, es
decir, la lectura de un texto de reconocida autoridad, en el que se halla
sistematizado un saber seguro y suficiente. La función del maestro se agota en
explicar y comentar el texto y la del alumno en asimilar y retener lo que se le
transmite, sin levantar la menor cuestión crítica.
Consecuentemente, la función de la evaluación en este tipo de
Universidad sería la de comprobar el ajuste entre lo transmitido por el profesor
y lo que el alumno ha sido capaz de asimilar y retener, buscando que en
ningún momento se produzcan alteraciones ni modificaciones en lo que se ha
transmitido como verdad absoluta.
Según el Informe Universidad 2000 (dirigido por el profesor Bricall):
"Las universidades atribuyen a su origen medieval algunas
características que aun las distinguen. Nos referimos a:
la elaboración y transmisión de los resultados de la reflexión y la
investigación a través de una institución a la que sus miembros
deciden integrarse de forma voluntaria;
la existencia de una corporación;
la independencia en su funcionamiento respecto de los poderes
exteriores a la misma;
la capacidad de asegurar la continuidad de su actividad en el
tiempo" (Bricall, 2000: 91-92).
2.- Universidad Moderna o burguesa , en la que se pueden distinguir tres
modelos claramente diferenciados:
a) Modelo anglosajón: la universidad es una institución en la que
conviven profesores y alumnos, y el factor educativo más valioso se deriva de
esta convivencia:
"El estilo anglosajón pone el acento en el desarrollo personal del
alumno, para que alcance la formación más completa posible. Por tal
motivo, se propone la estancia de los estudiantes en régimen de
internado, y tienen una especial importancia los colleges universitarios y
las tutorías, como entidades garantes de la convivencia y la buena
marcha de los estudiantes" (Bricall, 1997)
13
El modelo clásico inglés se realiza en las universidades de Oxford y
Cambridge, donde el fin de la enseñanza universitaria es educar a la clase
dirigente, reproducir las estructuras de poder establecidas.
Lo que caracteriza a la universidad inglesa, es un sentido global de
educación, que atañe tanto al cuerpo como al espíritu, y que transmite ante
todo un modo de vida, las maneras y los valores propios de una clase dirigente,
destinada a ocupar los puestos más altos de la administración eclesiástica y
civil.
Un tipo de evaluación coherente con este modelo de enseñanza,
debiera estar atenta a los valores y actitudes que se están adquiriendo en la
institución. Es decir, en este modelo no sólo interesa el aprendizaje de una
serie de conocimientos conceptuales y de destrezas y habilidades, sino que
además se considera fundamental la formación en unos valores concretos,
que por tanto deberán verse reflejados en todo momento a la hora de la
evaluación.
b) Modelo francés napoleónico "universidad imperial": la universidad ya
no se identifica con una tradición, sino exclusivamente con la razón, entendida
como razón de Estado. Creada por Napoleón, esta universidad nace con el
único fin de plegarse a los intereses del estado. La "universidad imperial" es
una, con un cuerpo único de profesores, planes de estudio comunes y los
mismos contenidos en la enseñanza a lo largo y ancho de la nación. La
racionalidad napoleónica, aplicada a la universidad, significa estatalización,
centralismo y uniformidad:
“La Universidad pasó a depender del gobierno. En buena parte de
naciones europeas y de América hispánica la influencia de las ideas
napoleónicas se hicieron sentir y las Universidades perdieron su
autonomía. En España, concretamente, el plan de estudios de 1845,
hecho a imitación de Francia, acabó con la independencia de la
Universidad española. A las antiguas Universidades en las que el
gobierno para nada intervenía, sucedieron otras en las que el gobierno
intervenía en todo, hasta en los pormenores de indumentaria y en el
buen servicio de los bedeles” (Menéndez Pelayo, 1948, citado por
García Hoz, 1996: 30).
La universidad, al mismo tiempo que transmite los principios que rigen la
convivencia y legitiman el poder del estado, ha de preparar a la juventud para
14
el ejercicio de las profesiones que precisa la sociedad. Se elimina así de la
universidad el saber racional y sistemático sobre la realidad en su conjunto,
convirtiéndola en una serie de "escuelas especiales" ocupadas en la
transmisión de saberes técnicos especializados.
El modelo napoleónico configura así una universidad pública al servicio
del Estado, en la que una clase media ascendente aprende los saberes
específicos, imprescindibles para el ejercicio competente de las distintas
profesiones liberales.
Según Rábade Romeo (1996):
"Dejando de lado la Universidad inglesa, elitista y enraizada en la
tradición, así como la Universidad alemana inspirada por W. von
Humboldt, en España hemos seguido hasta no hace mucho el modelo
napoleónico. Es decir, teníamos una Universidad más atenta a la
preparación para determinadas profesiones que a la especialización
científica" (Rábade Romeo, en García-Hoz, 1996: 205).
Lo fundamental en este modelo de Universidad, será por tanto el
aprendizaje de una serie de habilidades, destrezas, conocimientos prácticos,
etc., que capaciten al estudiante para el desarrollo de aquellas profesiones que
en un momento determinado precise la sociedad, es decir, en función del
mercado laboral. En consecuencia, la evaluación debiera hacerse
fundamentalmente de esos contenidos procedimentales.
c) Modelo alemán o humboldtiano: la universidad que pretende el
"idealismo alemán" no está, como la medieval, al servicio de la "verdad
relevada" sino sólo y exclusivamente al servicio de la "verdad" una verdad que
no se posee acabada y definitiva, sino que se busca en una investigación que
no tiene fin:
“La Universidad de Berlín, organizada por Guillermo de Humboldt en
1809, significó un cambio en la idea y en las actividades universitarias,
en las que la ciencia y la investigación ocuparon el lugar preeminente
que antes se concedió a la Filosofía y a la transmisión verbal del saber”
(García Hoz, 1996: 29-30).
El sentido y fin de la universidad es la búsqueda de la verdad, imposible
empresa sin gozar de una libertad plena, lo que a su vez supone una
verdadera autonomía frente a los poderes públicos. Ciencia por la ciencia,
15
libertad y autonomía forman el trípode sobre el que descansa el modelo
alemán de universidad.
La Universidad es la institución docente en la que no se aprenden los
resultados de la ciencia, sino a hacer ciencia. Toda su organización y modos
de enseñanza se orientan a la formación de científicos, preocupados
únicamente por la persecución de la verdad. La evaluación, por tanto, debiera
hacerse de estas habilidades que capacitan al estudiante como científico:
"El estilo de tradición alemana, conocido como estilo humboldtiano, se
distinguió por la asimilación precoz, en el siglo pasado, de la nueva
ciencia experimental, y sostiene que las universidades deben
organizarse sobre las bases de la libertad académica y la propia
autoalimentación de la ciencia generada por los profesores de manera
desinteresada y autónoma" (Bricall, 1997).
3.- Universidad de Masas .
Hasta mediados del siglo XX, la universidad era en Europa una
institución elitista, pero la transición, al término de la Segunda Guerra Mundial,
de una sociedad industrial a una sociedad de servicios y bienestar se tradujo
en la correspondiente demanda de personal altamente cualificado en diferentes
actividades, lo cual da lugar a una multiplicación y diversificación de los centros
de enseñanza superior, incrementándose no sólo el alumnado, sino también el
profesorado con una nueva jerarquía profesional (Rumbo Arcas, 1998: 25).
En palabras de Miguel Ángel Quintanilla (1998a), el conjunto de
transformaciones que se han operado en el sistema universitario español
durante los últimos quince años se puede resumir en una sola expresión: en
estos años se ha consolidado el cambio de una universidad tradicional a una
universidad de masas; proceso que, como en el resto de los países
occidentales se inició en los años sesenta, pero que en España se ha
producido con cierto retraso 1 y se ha concluido en los '90. Algunos de los
1 Entre otras razones, porque en España la disminución de las cohortes de edad se produjo con diez años
de retraso respecto a la mayoría de los países desarrollados (Mora, 1998: 30).
16
rasgos con los que según este autor se puede caracterizar el modelo
universitario de la universidad de masas son los siguientes:
"• Una amplia capa de la población (en torno al 20% de la cohorte de
edad correspondiente) accede a los estudios universitarios.
• Se incorporan a la Universidad una gran variedad de estudios, tanto
académicos como profesionales, que anteriormente no existían o no
tenían carácter universitario.
• La Universidad es una institución abierta a su entorno social, con el
que mantiene intensas relaciones de prestación de servicios,
ligados no sólo a la enseñanza formal, sino también a la
investigación, la formación continuada, la colaboración con las
empresas, etc." (Quintanilla, 1998a: 86-87).
Esta transformación es una de las razones fundamentales de la
preocupación actual por la calidad de la educación superior, ya que en la
universidad de élites la calidad es un supuesto, no un problema específico:
"La universidad tradicional se comportaba socialmente como un club
muy selecto: entraban pocos en él y los que lo hacían, si realizan el
esfuerzo que se esperaba de ellos y lograban permanecer el tiempo
suficiente para obtener la graduación, tenían reservados los puestos
directivos de la Administración y de la sociedad. Ante esta perspectiva la
calidad efectiva de lo que allí dentro les ofrecieran no tenía mucha
importancia. Lo que la universidad ofrecía era, por definición, la
excelencia académica" (Quintanilla, 1998a: 91).
Sin embargo, la actual situación de una universidad de masas, en la que
un 20% de los jóvenes de la cohorte de edad correspondiente acceden a los
estudios universitarios, no garantiza ni esos puestos de trabajo, ni la
satisfacción de los sujetos que en ella se integran, y ni siquiera se da siempre
por supuesta esa excelencia académica.
La masificación de la educación superior tiene importantes
repercusiones en la organización de estas instituciones (¿cómo se puede hacer
extensible el conocimiento de un determinado campo científico a tal número de
alumnos, manteniendo al mismo tiempo los niveles de exigencia propios de
este nivel educativo?); así como en el replanteamiento de los recursos que se
debe, se puede o se quiere asignar a la universidad:
“Durante la segunda mitad del siglo XX las universidades europeas han
pasado por varios cambios radicales, que han ido conformando su
17
situación social. De una forma muy sintética, parece, como indica
LeVasseur, que en todos los países de la OCDE se perciben tres
etapas, aunque no en todos ellos se producen simultáneamente: la
primera se corresponde con un período de rápida expansión, en el que
ha habido que hacer frente a una progresión creciente del número de
estudiantes. El segundo período se caracteriza por una cierta sensación
de privilegio hacia el colectivo universitario. La tercera etapa, en la que
nos hallamos, se puede identificar con la búsqueda de la convergencia y
de soluciones imaginativas que permitan conciliar la cantidad de
estudiantes con la calidad de la enseñanza” (Michavila y Calvo, 2000:
35).
De todas formas, el problema no es sólo de números:
“En una mente simplista, si hay excesivo número de alumnos por aula,
se dividen en varios grupos y la masificación desaparece. Pero no hay
tal. Si en una clase, por pequeño que sea el número de alumnos, no se
atiende a las peculiares posibilidades y limitaciones de cada estudiante,
que son propias de él y de nadie más, si no hay relación personal entre
profesor o profesores y alumnos estamos también frente a una realidad
masificada” (García Hoz, 1996: 36).
Ya que, como nos advierte García Hoz, no debemos confundir el
concepto de "masas" con el de "comunidad":
"Una masa de hombres es un conjunto de individuos en el que cada uno
pierde su condición peculiar para confundirse y mezclarse con los
demás, siendo cada uno de estos «demás» una unidad numérica, un
poco de cantidad que se añade a las otras cantidades en que se han
convertido los que se hallan en el conjunto. [...] Cuando en un conjunto
de hombres cada uno de ellos puede hacer uso de su criterio y guiar su
propia actividad vinculándola a la de los otros de acuerdo con sus
propias ideas y decisiones, propiamente no hay masa; la reunión de
hombres que actúan consciente y libremente es una comunidad" (García
Hoz, 1996: 36).
Aparte de la masificación de alumnos, también considera este autor que
se produce una masificación de conocimientos, nacida de la excesiva
especialización y dispersión de los contenidos, de forma que estos se dan de
manera inconexa y aislada entre ellos. Y también hace referencia a la
masificación de profesores, con consecuencias sobre todo a nivel de descenso
en la asunción de su responsabilidad:
"La masificación en los alumnos consiste en dejar de actuar como
personas y en los profesores en tratar a los alumnos como si fueran una
18
masa, es decir, como si no fueran personas singulares" (García Hoz,
1996: 44).
En cualquier caso, hemos de tener en cuenta que en la actualidad
estamos en una época de relativa estabilidad en el número de alumnos que
acceden al sistema universitario, afirmándose en algunos foros que la
Universidad debe prepararse para una considerable reducción del número de
alumnos en los próximos años, como consecuencia del marcado descenso de
la natalidad a partir de la década de los ochenta y que empezará ahora a
notarse en el contexto universitario; si bien, esta reducción podría verse
compensada por el aumento del ingreso en la Universidad de alumnos adultos:
“Si las tendencias señaladas por países que culturalmente nos preceden
se cumplen, no decaerá excesivamente el número de universitarios, por
dos razones: en primer lugar, sigue ampliándose la cuota de
participación de la cohorte de edad que cursa estudios universitarios [...].
En segundo lugar, se espera una creciente incorporación de adultos a
los estudios universitarios. Por razones de reconversión laboral, de
ampliación de estudios o de simple satisfacción personal, personas de
cualquier edad se incorporarán a los estudios, lo que supone no sólo un
refuerzo cuantitativo del número de estudiantes sino, sobre todo, una
importante variación en el tipo de demanda” (Michavila y Calvo, 2000:
160-161).
Circunstancia que la Universidad debería aprovechar para mejorar la
calidad de la formación que oferta a sus estudiantes:
“En España, el previsible descenso de la presión demográfica en los
próximos años comportará, sin duda, una excelente oportunidad para un
mejor aprovechamiento de los recursos humanos y materiales, a la vez
que resultará parcialmente compensada por el incremento de la
demanda de todas las capas sociales de acceso a la educación superior
y a la necesidad de atender a las exigencias de una formación
continuada a lo largo de la vida” (MEC, 2003: 3).
Pero ésta no ha sido la única modificación que ha sufrido la universidad
en los últimos tiempos, encontrándose además con situaciones como la
consecución de una mayor autonomía, el problema de la selección del
alumnado (o la distribución del mismo en los diferentes centros universitarios),
una gran burocratización, la recesión económica, la preponderancia de otras
necesidades sociales (como la sanidad o las pensiones), que indudablemente
19
han repercutido en su organización y en la concepción que de ella tiene el resto
de la sociedad.
"La Universidad ha ido evolucionando al menos en tres grandes
aspectos: sus funciones, sus destinatarios y su autonomía, lo que ha
contribuido tanto a la imprecisión de su concepto actual cuanto a su
situación de crisis casi permanente en nuestro tiempo" (Pérez Juste,
1996: 487).
Según Michavila y Calvo (1998), a partir de los '80 se ha desarrollado
otro modelo en la Universidad, que podría denominarse «neoliberal», según el
cual los gobiernos, en nombre de la sociedad y de las restricciones
presupuestarias, instan a las universidades a deshacer sus lazos históricos con
los estados, reemplazando la idea de servicio estatal por la de adaptación a las
demandas del mercado:
"Actualmente, las sociedades de este cambio de siglo han puesto el
énfasis en la utilización de las universidades como instrumentos de
política económica y social, pero sin sofocar el papel de las mismas en
los procesos de innovación y de crítica social" (Bricall, 2000: 94).
Con la entrada de España en la Unión Europea, la Universidad se ha
visto condicionada a una inevitable puesta a punto, no siempre lograda, de
directrices que algunos países miembros comunitarios aconsejaban (Espada
Recarey, 1999), pero según diversos autores, la Universidad española en la
actualidad está todavía a la búsqueda de nuevas fórmulas de relación entre el
poder político y el académico.
Como afirma la Declaración Mundial sobre Educación Superior para el
siglo XXI, adoptada en la conferencia Mundial sobre Educación Superior de
UNESCO:
"La relevancia de la educación superior debe evaluarse según la
correspondencia entre lo que la sociedad espere de las instituciones y lo
que ellas hacen. Ello requiere visión ética, imparcialidad política,
capacidad crítica y, al mismo tiempo, una mejor articulación con los
problemas de la sociedad y del mundo del trabajo, basando las
orientaciones a largo plazo en las necesidades y finalidades de la
sociedad, incluyendo el respeto a la cultura y la protección ambiental"
(citado en el Informe Universidad 2000: 94).
20
1.2. CONCEPTO DE UNIVERSIDAD :
Una vez vista la trayectoria histórica de la institución universitaria,
podemos intentar aproximarnos a cuál es la idea o concepto de Universidad
que se acepta actualmente. Así, García Hoz nos da dos visiones
complementarias del concepto de Universidad: espacio de formación científica
y profesional, o bien espíritu o estilo de vida:
"La idea más corriente sobre la Universidad es la de que se trata de un
lugar donde se va a adquirir unos conocimientos científicos y técnicos
que permitirán en el futuro alcanzar un puesto interesante en el mundo
profesional y social. Pero también se halla extendida la idea de la vida
universitaria como una época gozosa, en la que junto a las exigencias
del estudio, bien duras a veces, se encuentra la satisfacción por ir
venciendo sus dificultades en un ámbito de esfuerzo personal y
colaboración amistosa. Tras esta satisfacción, la maduración,
imperceptible pero continua, que va haciendo al estudiante consciente
de ser capaz de participar eficaz y satisfactoriamente en la vida de la
sociedad en que vive. Y en un campo más impreciso, pero no menos
real, el ejercicio de la amistad, de la libertad y del descubrimiento de
tantas cosas caen fuera de los programas y de los exámenes; pero con
frecuencia, en conversaciones informales, se habla de cuestiones tales
como el espíritu o el estilo universitario, la dedicación a la verdad y a la
solidaridad, la actitud de servicio a la libertad" (García Hoz, 1996: 52).
Sabemos que intentar definir el concepto de Universidad es una tarea
complicada si tenemos en cuenta la complejidad de esta institución y los
numerosos y diversos aspectos que la conforman, pero creemos que si
pretendemos estudiar cualquier tema que se realiza en su seno debemos
considerar en que marco se está desarrollando. Como nos advierte el profesor
Zabalza:
"La Universidad es un todo complejo en cuyo seno se entrecruzan
dimensiones de muy diverso signo que interactúan entre sí
condicionando cada uno de los aspectos de su funcionamiento interno
[...]. No es posible acercarse a los temas universitarios (tanto si el
objetivo es el análisis de fenómenos como si se trata de procesos de
planificación de estrategias de desarrollo) si no se parte y se toma en
consideración esa complejidad básica" (Zabalza, 1996: 20-21).
Siguiendo a este autor, la Universidad se configura como un contexto
formativo definido a partir de cuatro grandes ejes que constituyen el marco de
referencia de la enseñanza en este nivel, tal como aparecen representados en
el siguiente gráfico:
27
“Según sus propias declaraciones, los gobiernos de los países
desarrollados se plantean como objetivos a alcanzar a través de la
educación superior los siguientes:
- una mayor (y mejor) preparación de técnicos, científicos e
ingenieros, requisito indispensable para favorecer la innovación y la
competitividad y, con ello, el crecimiento económico y el bienestar de la
sociedad;
- la garantía de una mayor igualdad de oportunidades de todos los
ciudadanos a través de la generalización del acceso a la educación
superior;
- finalmente, la transmisión de los valores culturales y de convivencia
social y la creación y difusión del conocimiento científico y humanístico
como cauces para el progreso y la consolidación de las sociedades
democráticas” (Bricall, 2000: 139).
Comprobamos así como hay un consenso internacional en considerar
que las finalidades de la educación superior son fundamentalmente contribuir al
desarrollo científico, económico y cultural de la sociedad, lo que incluye la
función de fomento, consolidación y creación de valores culturales y de
convivencia social entre sus estudiantes.
Centrándonos ya en la Universidad española, si revisamos cuáles son
las finalidades que legalmente le son atribuidas, debemos decir en primer lugar
que, en apariencia, existe una amplio consenso sobre la misión de la
universidad o, más bien, los fines que legalmente se le asignan a la
universidad, lo que se comprueba analizando documentos como: la Ley
General de Educación (LGE), la Ley de Reforma Universitaria (LRU), y la Ley
Orgánica de Universidades (LOU).
Así, la LGE (1970) afirma que:
"La educación universitaria tiene por finalidad: 1. Completar la formación
integral de la juventud, preparar a los profesionales que requiera el país
y atender al perfeccionamiento en ejercicio de los mismos ... 2.
Fomentar el progreso cultural, desarrollar la investigación en todos los
niveles con libre objetividad y formar a científicos y educadores. 3.
Contribuir al perfeccionamiento del sistema educativo nacional, así como
al desarrollo social y económico del país" (Medina Rubio, 1996: 133).
Y la LRU (1983), en su artículo 1º del Titulo Preliminar, habla de la
Universidad como un servicio público destinado a la educación superior
mediante la docencia, el estudio y la investigación; atribuyéndole cuatro
funciones fundamentales:
28
1. La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la
técnica y de la cultura.
2. La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que
exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos o para la
creación artística.
3. El apoyo científico y técnico para el desarrollo cultural, social y
económico, tanto nacional como de las comunidades autónomas.
4. La extensión de la cultura universitaria.
Funciones que son refrendadas por la LOU (2001: art. 1, Título
Preliminar: De las funciones y autonomía de las Universidades) y que, para la
Universidad de Santiago de Compostela, son recogidas en sus estatutos de la
siguiente manera:
“1.- Son funciones de la Universidad de Santiago de Compostela:
a) La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia y de la
técnica y de cualquier otra forma de cultura potenciando una
educación basada en los principios democráticos, la defensa de la
paz y de los derechos humanos.
b) La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que
exijan conocimientos científicos o artísticos.
c) La difusión, la valorización y la transferencia del conocimiento al
servicio de la cultura, de la calidad de vida y del desarrollo
económico y social.
d) La difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión
universitaria y la formación a lo largo de toda la vida.
e) El apoyo científico y técnico al desarrollo social, económico y cultural
de la sociedad gallega que la sustenta.
2.- Además de las funciones básicas del artículo anterior, la Universidad
de Santiago de Compostela desarrollará otras actividades de extensión
dirigidas a todos los miembros de la comunidad universitaria y a la
sociedad en general, que tendrán como finalidad:
a) Procurar la formación integral de los miembros de la comunidad
universitaria mediante la programación y organización de cursos,
conferencias y todo tipo de actividades culturales, recreativas y
deportivas que puedan contribuir a la mejor realización de este
objetivo.
b) Potenciar los diversos grupos y asociaciones universitarias que
desarrollan actividades en los ámbitos de la cultura y del deporte.
c) Proyectar las funciones y los servicios de la universidad al contorno
social.
d) Atender especialmente a la defensa, desarrollo y difusión de la
cultura gallega, promoviendo las actividades y servicios que
contribuyan a este fin y manteniendo las relaciones necesarias con
las instituciones que tengan el mismo objetivo” (Estatutos de la
Universidad de Santiago de Compostela, 2004, art. 4).
29
Además, en la LOU (2001) se explicita:
"Las enseñanzas para el ejercicio de profesiones que requieren
conocimientos científicos, técnicos y artísticos y la transmisión de la
cultura son misiones ineludibles de la Universidad para formar
profesionales competentes que sean a su vez hombres y mujeres libres
que den un sentido social a sus vidas.
Las funciones anteriores se desarrollan mediante la docencia y el
estudio, organizando las enseñanzas y sus correspondientes
titulaciones según las necesidades de la sociedad, la proyección de los
estudiantes y la dedicación y calidad del profesorado" (Art. 33)
"La investigación, fundamento de la docencia, medio para el progreso
de la comunidad y soporte de la transferencia social del conocimiento,
constituye una función esencial de las Universidades. [...]
La Universidad asume, como uno de sus objetivos primordiales, el
desarrollo de la investigación científica, técnica y artística, así como la
formación de investigadores, y atenderá tanto a la investigación básica
como a la aplicada" (Art. 39).
Por lo tanto, podemos comprobar como en las declaraciones de
principios y finalidades que se formulan en el marco legal de la Universidad
española se concede gran importancia a la integración entre docencia e
investigación, de forma que se espera que en estas instituciones se genere
conocimiento y al mismo tiempo se enseñe de forma crítica y globalizadora a
sus alumnos. Se pide que la Universidad sea un espacio donde profesores y
estudiantes tengan las mayores oportunidades para desarrollarse de forma
global y, al mismo tiempo, ayudar al perfeccionamiento de la sociedad en la
medida de sus posibilidades:
"Podemos afirmar, pues, que legalmente la Universidad tiene como
fines fundamentales: la formación cultural y humana, la transmisión
crítica del saber, la investigación científica y la formación profesional
superior." (Medina Rubio, 1996: 134).
"Es aconsejable contemplar la Universidad como una institución cuyas
actividades se destinan, en gran parte, directamente al enriquecimiento
intelectual, moral y material de la sociedad (ya sea ésta local, nacional
o global) a través de la formación de sus ciudadanos y de la realización
de tareas de investigación y de aplicación de sus resultados" (Bricall,
2000: 3).
Creemos que en todos estos aspectos el papel que juega la forma en
que se desarrolle el proceso de evaluación de alumnos es fundamental, ya que
sus dos funciones principales permiten ayudar a la mejora del proceso de
30
enseñanza-aprendizaje, para adaptarse mejor a las necesidades de los
estudiantes y, al mismo tiempo, comprobar cuáles son los conocimientos que
han adquirido, y acreditar si están preparados para desempeñar determinada
actividad profesional:
“La doble dimensión (formativa y de acreditación) constituye un
elemento básico a la hora de analizar el sentido de la evaluación en una
sede universitaria. Como parte del proceso formativo, la evaluación ha
de constituir el gran « ojo de buey » a través del cual vayamos
consiguiendo información actualizada sobre cómo se va desarrollando el
proceso formativo puesto en marcha y sobre la calidad de los
aprendizajes efectivos de nuestros alumnos. Como parte del proceso de
acreditación, la evaluación constituye un mecanismo necesario para
constatar que los estudiantes poseen las competencias básicas precisas
para el correcto ejercicio de la profesión que aspiran a ejercer” (Zabalza,
2003: 147-148).
31
1.4. PROBLEMAS Y RETOS ACTUALES DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA :
Tal y como se expone en la Exposición de Motivos de la LOU,
actualmente se espera que la Universidad aporte la formación necesaria para
resolver algunos de los retos que se plantean en nuestra sociedad:
“El sistema universitario español ha experimentado profundos cambios
en los últimos veinticinco años; cambios impulsados por la aceptación
de nuestras Universidades de los retos planteados por la generación y
transmisión de los conocimientos científicos y tecnológicos. Nuestra
sociedad confía hoy más que nunca en sus Universidades para afrontar
nuevos retos, los derivados de la sociedad del conocimiento en los
albores del presente siglo”.
Gustavo Villapalos (1998), considera que algunos de los retos con los
que tendrá que enfrentarse la Universidad del siglo XXI son los siguientes:
• En el ámbito de la docencia, el profesorado debería prestar más
atención al sujeto de la enseñanza -el estudiante- que a su propio
dominio científico, para que se enseñe no todo lo que el profesor
sabe, sino lo que el estudiante puede aprender. Asimismo debería
detenerse la excesiva parcialización y especialización de estudios a
que ha conducido la reforma y modificar el enfoque demasiado
orientado al mercado de trabajo.
Otro reto nuevo e importante para la Universidad está en el tercer
ciclo. Junto con la estructuración de las enseñanzas de postgrado,
debe abordarse la modificación del doctorado, distinguiendo y
graduando lo que es la formación para la investigación y formación
para la ampliación y la especialización.
• En el ámbito de la investigación, el reto para la Universidad en el siglo
XXI es buscar el equilibrio entre la investigación básica y la aplicada,
sesgado ahora del lado de la última. Si la Universidad abandona la
reflexión y el pensamiento crítico, ¿qué otra institución lo hará?
• Por último, otro reto de la Universidad es recuperar su papel de
orientadora, iluminadora y provocadora de los cambios sociales y
económicos y culturales. En una época de incertidumbre y crisis, la
Universidad debe recuperar, desde su posición independiente y con
su gran bagaje científico y cultural, su capacidad de iniciativa y crear
32
pautas de pensamiento y de desarrollo científico y técnico que
influyan decididamente en la nueva sociedad del siglo XXI.
Por su parte, Miguel Ángel Quintanilla considera que el gran reto de la
Universidad de nuestros días es: "cómo hacer compatible esta dimensión
social de servicio público, abierto a toda la sociedad, con las exigencias de
calidad e incluso de excelencia que son propias de una institución dedicada al
desarrollo y a la transmisión de la ciencia, la tecnología y la cultura superior"
(Quintanilla, 1998b: 345).
Según el Libro Blanco sobre la Educación y la Formación de la Comisión
Europea, los tres grandes impactos de nuestro tiempo sobre la educación
superior serían: "la emergencia de la sociedad de la información que está
transformando la naturaleza del trabajo y de la organización de la producción;
el fenómeno de la mundialización que incide sobre las posibilidades de
creación de empleo; y, finalmente, la revolución científico-técnica, que crea una
nueva cultura y que plantea acuciantes cuestiones éticas y sociales" (citado en
el Informe Universidad 2000: 6).
Sobre el fenómeno de la mundialización, el Ministerio de Educación y
Ciencia considera que va a afectar a la institución universitaria
fundamentalmente en lo que atañe a la movilidad de estudiantes, profesores e
investigadores, lo cual plantea nuevas demandas educativas:
“El fenómeno de la globalización no se limita al ámbito económico sino
que afecta también, de forma decisiva y positiva, a la transmisión de los
conocimientos y a la formación superior. El carácter universal de la
institución universitaria se verá aún más incrementado no sólo con la
utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación a distancia que
eliminan barreras geográficas sino con una creciente movilidad de
profesores, investigadores y alumnos que podrán ver atendidas sus
demandas de educación universitaria de grado y postgrado en centros
radicados en países distintos al que iniciaron su formación” (MEC, 2003:
3).
Y no podemos obviar que otro de los grandes retos que debe afrontar la
Universidad española en estos momentos es, consecuentemente, los cambios
necesarios para su integración efectiva en el “Espacio Europeo de Educación
Superior”, proceso en el que está inmersa en estos momentos, si bien todavía
son muchos los pasos que hay que dar para una efectiva integración.
33
La construcción del Espacio Europeo de Educación Superior es un
proceso que se inicia con la Declaración de La Sorbona (1998) y se consolida
con la Declaración de Bolonia (1999), en la que 29 Ministros europeos de
Educación se comprometen a alcanzar los siguientes objetivos:
• La adopción de un sistema de títulos de sencilla legibilidad y
comparabilidad, a través de la introducción del “Diploma
Supplement” 2 , para favorecen la obtención de empleo de los
ciudadanos europeos y la competitividad internacional del sistema
europeo de enseñanza superior.
• La adopción de un sistema basado esencialmente en dos ciclos
principales, respectivamente de primer y segundo nivel. El acceso al
segundo ciclo precisa de la conclusión satisfactoria de los estudios
de primer ciclo, que duran un mínimo de tres años. El título otorgado
al final del primer ciclo será utilizable como cualificación en el
mercado laboral europeo. El segundo ciclo debe conducir a un título
de master o doctorado como en muchos países europeos.
• El establecimiento de un sistema de créditos –como el modelo
ECTS 3 – como medio de promover la movilidad de estudiantes. Los
créditos también pueden adquirirse en otros contextos, como la
formación permanente, siempre que estén reconocidos por las
universidades receptoras en cuestión.
2 “El Suplemento Europeo al Título es un modelo de información unificado, personalizado para el
titulado universitario, sobre los estudios cursados, su contexto nacional y las competencias y capacidades
profesionales adquiridas. Pretende ser un documento fácilmente comprensible, abierto para incorporar el
aprendizaje a lo largo de la vida, acreditando los conocimientos adquiridos por cada persona en diferentes
instituciones europeas de educación superior” (MEC, 2003: 11).
3 El Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS o European Credits Transfer System)
“constituye un código práctico que ofrece los instrumentos necesarios para garantizar la transparencia y
facilitar el reconocimiento académico mediante la utilización de créditos y la organización de programas
razonables en cuanto al volumen de trabajo a lo largo del período de estudios”(Informe Técnico “El
crédito europeo y el sistema educativo español”, 2002: 7). A este respecto, el Documento-Marco para la
integración del sistema universitario español en el espacio europeo de enseñanza superior establece que:
“El crédito europeo debe quedar definido como la unidad de valoración de la actividad académica en la
que se integran las enseñanzas teóricas y prácticas, así como otras actividades académicas dirigidas y el
volumen de trabajo que el estudiante debe realizar para alcanzar los objetivos educativos” (MEC, 2003:
6).
34
• La promoción de la movilidad; mediante la eliminación de los
obstáculos para el pleno ejercicio de la libre circulación con especial
atención a lo siguiente:
o Para los estudiantes: el acceso a oportunidades de estudio y
formación, y a servicios relacionados.
o Para profesores, investigadores y personal técnico-administrativo:
el reconocimiento y valorización de períodos de investigación en
contextos europeos relacionados con la docencia y la formación,
sin perjuicio para los derechos adquiridos.
• La promoción de una colaboración europea en la garantía de calidad
con vistas al diseño de criterios y metodologías comparable.
• La promoción de las dimensiones europeas necesarias en la
enseñanza superior, sobre todo en lo que respecta al desarrollo
cultural, colaboración interinstitucional, planes de movilidad y
programas integrados de estudio, formación e investigación.
“El Espacio Europeo de Enseñanza Superior significa un reto muy
positivo para todos. Los estudios tendrán mayor transparencia y
comparabilidad con beneficios para toda la sociedad y reportará a los
estudiantes la organización de las enseñanzas en función de su
aprendizaje. La introducción del crédito europeo como unidad del haber
académico valora el volumen global de trabajo realizado por el alumno
en sus estudios, no sólo las horas de clase. El diseño de los planes de
estudio y las programaciones docentes se llevarían a cabo teniendo
como eje de referencia el propio aprendizaje de los alumnos. El
suplemento europeo al título ayudaría al reconocimiento más fácil y
transparente por parte de otras universidades y organismos europeos de
la formación adquirida. Y, en fin, la estructura de las enseñanzas que
cursan y los niveles de los títulos que reciben al finalizar sus estudios
serían más homogéneos con los correspondientes títulos y enseñanzas
de los países de la Unión Europea favoreciendo su movilidad e
integración en el mercado laboral”. (MEC, 2003: 1).
En la Asamblea de la Conferencia de Rectores de las Universidades
Españolas (CRUE), celebrada en Julio de 2002, se establece que su posición
con respecto a la armonización de los títulos y enseñanzas es la siguiente:
“1.La introducción de una arquitectura de títulos en dos niveles (grado y
postgrado) constituye una excelente oportunidad para modernizar las
35
enseñanzas, tanto en su organización como en sus objetivos, métodos,
contenidos y esquemas de evaluación del esfuerzo en el aprendizaje,
con el fin de adecuar la oferta universitaria a las necesidades reales de
la sociedad y a los retos del futuro a medio y largo plazo.
2. La estructura propuesta, al separar con claridad la formación en los
niveles de grado y postgrado, proporciona un nuevo marco de
oportunidades para definir una oferta académica versátil abierta, dentro
de un esquema global de aprendizaje continuo, capaz de responder a un
nuevo paradigma educativo basado en el aprendizaje y centrado por
tanto en los estudiantes. [...]
3. Con el fin de cumplir el objetivo de armonizar las enseñanzas y
favorecer la movilidad de los estudiantes, es necesario adoptar el
sistema de créditos europeos (ECTS), así como un sistema de
calificación que permita una conversión fácil al sistema de calificaciones
y grados ECTS. Es necesario además implantar el Suplemento al
Diploma de manera coordinada entre las instituciones de carácter
superior.
4. [...] Además de propiciar diferencias en los estudios de pre y
postgrado de acuerdo con las distintas competencias para el empleo de
ambos niveles de estudio; la relevancia social de los estudios dependerá
en gran medida de la calidad de la educación recibida, de la diversidad y
flexibilidad de programas con múltiples puntos de acceso y salida, del
desarrollo de aptitudes y habilidades para la comunicación, la capacidad
de jerarquizar la información y el trabajo en equipo” (CRUE, 2002: 2)
Nos parece de especial relevancia las siguientes consideraciones que
en el documento elaborado por el profesor Domingo Docampo 4 -reflejando la
posición de la CRUE- se hacen en relación con las repercusiones de la
Declaración de Bolonia en la estructura de las titulaciones de España:
“El quicio de la reforma no está en la acomodación de los contenidos de
los planes de estudio a la nueva estructura, sino en un cambio de
paradigma: pasar de una educación centrada en la enseñanza (en el
profesor) a otra centrada en el aprendizaje (en el alumno). Esta cultura
del aprendizaje debe llevarnos a una revisión profunda de nuestros
esquemas de evaluación, actualmente estructurados en torno a la
dualidad aprobado/suspenso, con el fin de reflejar adecuadamente en
las calificaciones el esfuerzo efectuado por los estudiantes.
Deberíamos por tanto evitar la adopción de cambios cosméticos, que
simplemente acomodan contenidos sin modificar mentalidades; si el
estudiante debe pasar a ser el centro del proceso de aprendizaje, las
aulas universitarias deben ser por tanto lugares a los que se va a
aprender (no a enseñar). No hay que olvidar que la ciudadanía espera
recibir de las universidades profesionales que hayan desarrollado
4 Domingo Docampo es Rector de la Universidad de Vigo y Presidente del Grupo de Convergencia
Europea de la CRUE desde Julio de 2002.
36
aptitudes y habilidades para ser útiles a la sociedad” (Docampo, 2001:
10).
Opinión en la que parece coincidir el Ministerio de Educación, Cultura y
Deporte, que en el Documento-Marco para la integración del sistema
universitario español en el espacio europeo de enseñanza superior (2003)
expone:
“El desarrollo de la sociedad del conocimiento precisará de estructuras
organizativas flexibles en la educación superior, que posibiliten tanto un
amplio acceso social al conocimiento como una capacitación personal
crítica que favorezca para la interpretación de la información y la
generación del propio conocimiento. Se hace, pues, necesaria una
nueva concepción de la formación académica, centrada en el
aprendizaje del alumno, y una revalorización de la función docente del
profesor universitario que incentive su motivación y que reconozca los
esfuerzos encaminados a mejorar la calidad y la innovación educativa”
(p. 3).
Sin embargo, parece que en la actualidad existen muchos problemas en
la formación universitaria que hacen difícil la consecución de este cambio de
paradigma. Según una revisión bibliográfica efectuada por Rumbo Arcas (1998)
algunas de las características que coexisten en nuestra universidad serían:
• Predominio casi exclusivo de la lección magistral.
• Una jerarquización del saber que se materializa en el programa de la
asignatura y el plan de estudios.
• Del alumno no se espera más que la capacidad de reproducir fielmente
los conocimientos transmitidos en la lección magistral. El profesor es el
que "sabe", un saber absoluto que no admite duda, el alumno el que
tiene que aprender lo que el profesor dice.
• La multiplicidad y proximidad de los exámenes no permiten al alumno
centrarse en un tema particular que le pueda interesar especialmente.
El estudio queda reducido a una carrera de obstáculos y el que los
supere con éxito no demuestra más que cierta capacidad de retención
a corto plazo.
• En vez de hacer ciencia, la universidad divulga sus resultados,
transmitiendo una información de la que luego se exige su fiel
reproducción en el momento oportuno (el examen).
43
Consejo Social, previo informe del Consejo de Coordinación
Universitaria, aprobará las normas que regulen el progreso y la
permanencia en la Universidad de los estudiantes, de acuerdo con las
características de los respectivos estudios”.
Es decir, el único aspecto relacionado con la evaluación de estudiantes
que aparece regulado en ambas leyes es la función de comprobación de
conocimientos adquiridos.
En relación con este tema, los Estatutos de la Universidad de Santiago
de Compostela vigentes cuando iniciamos esta investigación (pero actualmente
renovados tras la aprobación de la LOU), establecen:
“Art. 115: 1.- La evaluación del rendimiento de cada estudiante se hará
mediante un conjunto de trabajos y ejercicios sobre los contenidos de
cada materia. Esta evaluación será realizada de forma ordinaria por el
profesor encargado del curso de acuerdo con los criterios establecidos
por los Consejos de Departamento. La Junta de Gobierno elaborará una
normativa para articular los procedimientos extraordinarios de
evaluación y la revisión de calificaciones.
2.- De considerar el estudiante que la calificación recibida supone un
tratamiento arbitrario o discriminatorio, podrá solicitar del decano o
director del centro, mediante petición razonada, la revisión de su
calificación” (Estatutos da USC, 1997).
De la misma forma, en los Estatutos del Estudiantado de la Universidad
de Santiago de Compostela se recoge, en la sección dedicada al derecho a
una docencia de calidad, los siguientes artículos:
“Art. 27: Del derecho a la evaluación:
Los estudiantes tienen derecho a ser evaluados objetivamente de sus
conocimientos.
Los procedimientos de calificación deberán consistir en alguno o varios
de los siguientes:
Participación activa e individualizada en las actividades teóricas,
seminarios, trabajos llevados a cabo o prácticas programadas.
Exámenes parciales que, de existir, podrán tener carácter
liberatorio.
Exámenes finales.
Otros medios objetivos de evaluación de la actividad académica
En el caso de estudiantes con discapacidades, deberá facilitárseles la
realización de pruebas o exámenes en condiciones adecuadas a sus
capacidades.
Art. 28: De los exámenes:
Todos los estudiantes matriculados en una materia tienen derecho a
realizar los exámenes finales. También podrán realizar los exámenes
parciales que estén previstos cuanto reúnan los requisitos fijados para
44
participar en ellos. De cara a la realización de los exámenes los
estudiantes deberán identificarse, cuando así lo solicite el profesor
encargado de su evaluación.
Durante la realización de las pruebas será obligatoria la presencia del
profesor que impartió la materia, salvo causas justificadas.
Los criterios de calificación de los exámenes deberán darse a conocer
antes de su inicio.
Los exámenes finales deberán ser realizados en las fechas y en la
modalidad aprobada por la Junta del Centro con anterioridad al plazo de
matrícula, no cabiendo más modificaciones que las derivadas de causas
de fuerza mayor. En el caso de que se alteren las fechas, se garantizará
el derecho a examen evitando incompatibilidades.
Los estudiantes tienen derecho, si lo solicitan, a un justificante
documental de haberse presentado a la prueba o examen.” (Estatuto del
Estudiantado de la Universidad de Santiago, 1998).
En los nuevos Estatutos de la USC (2004), las referencias a la
evaluación de estudiantes se amplían, apareciendo en los siguientes términos:
“Son deberes específicos del personal docente e investigador
funcionario o contratado: [...]
c) La evaluación del estudiantado con objetividad de acuerdo con las
normas establecidas. (Art. 15.2)
Son derechos específicos del estudiantado: [...]
c) La adaptación de las actividades docentes, así como de las fechas
y mecanismos de evaluación, a las circunstancias especiales en las
que se pueda encontrar por discapacidad u otras circunstancias
similares.
d) Ser evaluado por la Universidad objetivamente en su rendimiento
académico y disponer de mecanismos adecuados de revisión. (Art.
38).
La formalización de la matrícula supone el derecho de asistencia a las
clases teóricas y prácticas propias de cada materia y a ser evaluado.
Asimismo, implica el deber de asistencia y realización de aquellas
actividades formativas que se establezcan como obligatorias en la
programación docente. (Art. 126.2)
Con carácter singular para casos específicos, la Junta de Centro podrá
conceder la dispensa de asistencia a clase. En estos casos, si fuera
necesario, podrá contemplarse un sistema de evaluación diferenciado
del criterio general. (Art. 126.3)
El Consejo de Gobierno elaborará una normativa básica para la
ordenación del proceso de enseñanza-aprendizaje que permita, según
las competencias de los centros y departamentos, llevar a cabo una
docencia coordinada. (Art. 127.1)
Esta normativa regulará los aspectos principales de la programación
docente de las disciplina, entre los que figurarán profesorado, horario,
contenidos básicos de los programas y criterios y sistemas de
evaluación, que serán homogéneos para todos los grupos de una misma
45
materia. Determinará, así mismo, el órgano responsable de establecer
cada uno de sus elementos y de velar por su cumplimiento, así como los
plazos en que deberá estar a disposición del estudiantado. (Art. 127.2)
Le corresponde al Consejo de Gobierno establecer los procedimientos
de verificación de los conocimientos de los estudiantes. Para estos
efectos, elaborará una normativa para articular estos procedimientos así
como la revisión de calificaciones. Esta evaluación será realizada de
forma ordinaria por el profesorado encargado del curso de acuerdo con
los criterios establecidos por los consejos de departamento. (Art. 128.1)
De considerar el estudiante que la calificación recibida supone un
tratamiento arbitrario o discriminatorio podrá solicitar al decano o director
de centro, mediante una petición razonada, la revisión de su calificación.
(Art. 128.2)
Es decir, el Consejo de Gobierno es el encargado de establecer la
normativa para articular los procedimientos de comprobación de conocimientos
de los estudiantes y la normativa para la revisión de las calificaciones, mientras
que los Consejos de Departamento son los responsables de elaborar los
criterios de evaluación.
Desaparecen de la formulación de los estatutos la especificación de los
medios que se utilizarán para realizar esta evaluación (presente en los antiguos
estatutos como: “conjunto de trabajos y ejercicios sobre los contenidos de cada
materia”), pero en esencia se siguen manteniendo la evaluación en los mismos
términos, con la única diferencia de que se hace mayor hincapié en la
necesidad de que los criterios y sistemas de evaluación sean homogéneos
para todos los grupos de una misma materia, o que el estudiantado tiene el
derecho de ser evaluado “objetivamente” (lo cual a su vez es un deber del
profesorado), así como la adaptación de las fechas y mecanismos de
evaluación a sus especiales características.
En la “Normativa Básica para la ordenación del proceso de enseñanza-
aprendizaje y de la evaluación del rendimiento académico de los estudiantes”
(2001), se aborda este tema más pormenorizadamente, aunque siempre
centrándose en evaluación del rendimiento, no evaluación de los estudiantes,
ni siquiera evaluación de su aprendizaje en general.
46
En primer lugar, esta normativa establece que es el Departamento el
encargado de garantizar que en todas sus materias aparezcan reflejados los
criterios y sistemas de evaluación:
“Artículo 3: El departamento tiene la obligación de garantizar para cada
materia una Programación Docente que deberá especificar:
I. Profesorado encargado de la docencia con indicación, de ser
varios, del coordinador de la misma.
II. Descriptores de la materia en el Plan de Estudios.
III. Número de créditos teóricos, de prácticas de encerado, de
laboratorio, etc.
IV. Objetivos.
V. Programación de la parte teórica y práctica.
VI. Desarrollo del temario (con indicación, a ser posible, del tiempo
previsto para cada tema) con determinación de la docencia no
presencial).
VII. Criterios y sistemas de evaluación (tipo y número de pruebas,
trabajos para presentar con posibles fechas, controles
periódicos, etc.)
VIII. Bibliografía recomendada actualizada.”
Especificándose en el artículo 10 que el Consejo de Departamento es el
encargado de establecer los criterios de evaluación de rendimiento de los
estudiantes y de garantizar que los alumnos de diferentes grupos de una
materia sean evaluados con criterios equivalentes:
“Artículo 10: En todo caso, el artículo 115 de los Estatutos de la USC le
asigna al Consejo de Departamento el establecimiento de los criterios de
evaluación del rendimiento de los estudiantes y el artículo 3.1. del
Estatuto del Estudiante establece que todos los estudiantes tendrán
igualdad de derechos y deberes sin más distinciones que las derivadas
de las enseñanzas que estén a cursar, por lo que es necesario que los
alumnos de los distintos grupos de una misma materia reciban una
formación equivalente y sean evaluados con criterios también
equivalentes, independientemente del grupo que les corresponda
siempre que este derecho pueda ejercitarse sin menoscabo de los
derechos de los demás miembros de la comunidad universitaria, como
establece el mismo artículo 3 del Estatuto del Estudiante en el apartado
2.”
Criterios que los estudiantes deben conocer para poder predecir los
resultados de su evaluación:
“Dada la importancia de la evaluación del rendimiento académico de los
alumnos en cualquier proceso docente, el estudiante debe de tener la
máxima información posible. Es muy importante que los estudiantes
puedan predecir las consecuencias de su rendimiento y que puedan
controlar el resultado de su evaluación.
47
Los alumnos deben de ser informado minuciosamente sobre los criterios
y métodos de evaluación, así como el tipo y número de exámenes.” (Art.
9, 2º y 3er párrafo)
En este normativa se establece también que la evaluación debe basarse
en objetivos educativos, y con ella se debe asegurar:
- “mejorar la docencia
- informar a la Universidad sobre el grado de asunción de los
objetivos educativos previstos,
- garantizar la competencia de los alumnos,
- asegurar la equidad, y
- mejorar el aprendizaje de los estudiantes” (Art. 9, 1er párrafo).
En los artículos 6, 7 y 8 de esta normativa se regulan aspectos
relacionados con las fechas de realización de las pruebas finales de
evaluación:
“Artículo 6: Los estudiantes tienen derecho a ser evaluados en todas las
materias de las que estén matriculados. Este derecho no implica
derecho a fechas de evaluación distintas de las previstas si están
matriculados de materias con fechas de evaluación coincidentes. Se
procurará que no haya materias de dos cursos consecutivos con
calendarios de evaluación coincidentes.
Artículo 7: El centro aprobará y hará pública la programación de las
pruebas finales de las disciplinas de todas las convocatorias de cada
curso antes del 15 de mayo del curso académico anterior.
Artículo 8: El decano/director del centro resolverá, previa consulta con
los profesores correspondientes y con los alumnos del curso o grupo
afectado, las situaciones en las que por imposibilidad sobrevenida
resulte imposible realizar el examen de acuerdo con lo establecido en la
programación.”
Comprobamos así como se da por hecho la necesidad de realizar un
examen final para realizar la evaluación del rendimiento, y sus fechas de
realización tienen que fijarse en el curso académico anterior, pudiendo
modificarse estas fechas únicamente por causas que hagan imposible la
realización del examen en las establecidas. Sin embargo, si a un estudiante le
coinciden las fechas de los exámenes finales de dos materias, queda a
48
disposición de la voluntad de los profesores de esas materias para examinarse
en otra fecha, ya que no se reconoce su derecho a que así sea.
No obstante, en el artículo 9 de esta misma normativa se reconoce la
posibilidad de evaluar el rendimiento de los estudiantes a través de otras
actividades:
“Los estudiantes serán evaluados de acuerdo con los criterios que
figuren de forma explícita en la programación de la materia y que, en
general, se basarán en alguna o algunas de las siguientes actividades:
I. Asistencia y participación en clases teóricas, seminarios y otras
actividades complementarias
II. Realización de prácticas y trabajos de laboratorio
III. Presentación de trabajos o informes relacionados con el
contenido de la materia
IV. Pruebas parciales y/o final
V. Otras actividades específicas que también garanticen la
evaluación objetiva del rendimiento de los estudiantes.
En todo caso para las pruebas, distintas de la final, que se declaren
obligatorias deben indicarse las fechas de su realización en la
programación docente.”
Actividades que deben adaptarse a las capacidades de los estudiantes
con alguna minusvalía y que, en el caso de ser exámenes orales, deben ser
públicos y establecerse una comisión de evaluación (cuando es la única prueba
de evaluación):
“Artículo 11: Para la realización de pruebas orales, se convocará cada
día a los alumnos que previsiblemente el profesor pueda evaluar. Tales
exámenes serán públicos y por lo menos en los casos en que sea la
única prueba de evaluación, el departamento nombrará una comisión de
evaluación que deberá estar formada por un mínimo de dos profesores.”
Otro de los aspectos que regula esta normativa es el derecho de los
estudiantes a conocer los resultados de las pruebas de evaluación en un plazo
inferior a veinte días (salvo casos excepcionales), así como a revisar estos
resultados junto con el profesor responsable de la materia:
“Artículo 14: El estudiante tiene derecho a conocer los resultados de las
pruebas, trabajos o exámenes parciales que realice, según el sistema de
evaluación previamente establecido, en un plazo razonable, que salvo
casos excepcionales, debidamente justificados ante la dirección del
centro, serán inferiores a 20 días naturales desde la fecha de realización
de la prueba excepto para las calificaciones finales que deberán
ajustarse a lo reglamentado por las Normas de Gestión Académica.
Tales resultados deben conocerse con suficiente antelación a la
realización de una nueva prueba. [...]”
49
“Artículo 17: El alumno tiene derecho a la revisión de los exámenes
tanto parciales como finales en su presencia en las fechas y horarios
que para tal efecto deberán fijarse en el momento de hacer públicos los
resultados provisionales. Las fechas de revisión deberán estar
comprendidas dentro de los diez días siguientes a la publicación de los
resultados y tal plazo no deberá ser inferior a tres días hábiles y
garantizará que todos los alumnos que lo deseen puedan revisar el
examen. Se intentará que, para cada estudiante, estas revisiones se
puedan llevar a cabo en dos fechas opcionales y que sean un
instrumento útil para que el alumno pueda percibir su nivel de
conocimientos y carencias, tanto si resulta aprobado como suspenso.
Deberá quedar constancia de esta revisión (mediante firma en el
examen revisado, listado, etc.).”
Constatamos por tanto, que el conjunto de la normativa que regula la
evaluación de estudiantes en la Universidad de Santiago de Compostela se
caracteriza fundamentalmente por reducir este proceso a una certificación de
conocimientos estableciendo, a partir de ahí, los procedimientos para que esta
certificación se haga de la forma más objetiva y justa que sea posible, y
regulando los aspectos más “técnicos” de la evaluación: establecimiento de las
fechas para la evaluación (lo cual implica la concepción de que la evaluación
se hace en un momento diferenciado al resto del proceso de enseñanza-
aprendizaje), plazos para conocer y revisar las calificaciones, etc.
No dudamos que estos aspectos deben estar regulados, pero sorprende
realmente la poca atención que en la normativa se le concede al proceso de
evaluación de los estudiantes desde una perspectiva más amplia, en la que se
reconozca su valor para autorregular el aprendizaje de los estudiantes, para
ajustar el proceso de enseñanza, para socializar al alumnado en los valores
propios del campo profesional en que se están formando, etc.
En cualquier caso, en esta investigación pretendemos conocer si la
normativa propia de esta universidad se está cumpliendo en el proceso de
evaluación de estudiantes, y hasta qué punto existen otros aspectos que
debieran aparecer recogidos en esta normativa.
50
53
2. CALIDAD EN EL CONTEXTO UNIVERSITARIO:
Como hemos podido comprobar, una de las preocupaciones más
importantes de la Universidad en la actualidad es la búsqueda de la calidad, la
cual en los últimos años se ha puesto en entredicho desde numerosas
instancias (medios de comunicación, congresos, debates políticos, etc.),
pareciendo que es ahora el momento de informar al resto de la sociedad sobre
la "calidad" de nuestras instituciones de educación superior.
Pero, ¿qué es exactamente la calidad universitaria? El tema de la calidad
de la Universidad es mucho más complejo de lo que en un principio podría
suponerse, variando mucho en función de las diferentes perspectivas con que
se analice o de las diferentes audiencias implicadas en su valoración.
Como ya hemos comentado anteriormente, nuestra intención es
enmarcar el tema de la evaluación de los estudiantes en la actual investigación
sobre la calidad de la Universidad que está en pleno auge en nuestro país. Por
ello consideramos relevante realizar un apartado previo en el que analizamos
qué se entiende por calidad de la Universidad, de qué forma se puede evaluar
esta calidad y cómo podría incluirse la evaluación de los estudiantes en esta
evaluación de la calidad universitaria.
Consecuentemente, a continuación vamos a ver diferentes perspectivas
existentes en el estudio de la calidad en el ámbito de la educación superior,
diferentes categorizaciones de las posibles dimensiones que estarían presentes
en el concepto de calidad universitaria y una relación de los factores que
estarían implicados en la calidad de un sistema de educación superior.
Una vez visto esto, comenzaremos a analizar cómo se puede evaluar la
calidad de las instituciones universitarias, centrándonos en el Plan Nacional de
Calidad de las Universidades que está desarrollándose actualmente en el
contexto español, y en el anterior Plan Nacional de Evaluación de la Calidad de
las Universidades.
De esta forma, veremos cuáles son los objetivos y finalidades que
persiguen estos planes, cómo se desarrollan, los instrumentos básicos que
54
utilizan para realizar la evaluación, ..., y, especialmente, qué se dice con
respecto a la evaluación de los estudiantes en las Guías de Evaluación,
aprobadas por el Comité Técnico de los citados planes.
Posteriormente, abordaremos el tema de los indicadores de calidad en la
Universidad, para ver en qué medida podría ser relevante introducir la
evaluación de los estudiantes como uno de estos indicadores.
Así, estudiaremos como se definen los indicadores y algunas
consideraciones en torno a su utilidad y funcionalidad, para ver a continuación
alguna propuesta de indicadores que se podrían utilizar para recoger
información sobre la calidad de la enseñanza universitaria.
Finalmente, defenderemos la inclusión del análisis del proceso de
evaluación de los estudiantes como uno de los indicadores de la calidad de la
enseñanza que la Universidad ofrece; analizando por qué este aspecto puede
darnos valiosa información para conocer y comprender mejor como se
desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje en una institución universitaria,
y posibilitando así la formulación de propuestas para mejorarlo.
61
Cuadro 2: Dimensiones de la Calidad universitaria:
Guía de Evaluación del Plan
Nacional de Evaluación de
la Calidad de las
Universidades (1998)
Dimensión de la disciplina : asociada con la excepción o
exclusividad tiene como norte la excelencia.
Dimensión de la reputación : la imagen de calidad que se
transmite a la sociedad depende de la opinión de
diferentes audiencias.
Dimensión de la perfección o consistencia : hacer las
cosas bien en la forma y tiempo predeterminados.
Dimensión económica o de resultados : calidad como
disponibilidad de recursos y calidad como logro de
objetivos.
Dimensión de la satisfacción de los usuarios : los
servicios ofertados satisfacen los requerimientos y
expectativas de los usuarios presentes y potenciales.
Dimensión de la organización : la organización tiene que
afrontar la demanda creciente de mayor calidad e
individualización en el producto o servicio presta
(incrementando la complejidad de tareas que realizan
sus miembros y con una mayor cohesión de los
mismos).
Rodríguez Espinar (1997)
La calidad como excepción : algo diferente, exclusivo, de
élite; excelencia; ó adecuación a los estándares
mínimos preestablecidos.
La calidad como perfección o consistencia : sin errores o
defectos en los procesos implicados en toda acción
educativa.
La calidad como aptitud para el logro de objetivos : el
elemento característico de la calidad es la proporción
o magnitud de los objetivos alcanzados.
La calidad como eficiencia económica : los objetivos
finales se alcanzan con una mínima pérdida del
talento del alumno, utilizando recursos de producción
con un máximo de eficiencia.
La calidad como adecuación al mercado laboral :
adecuación en cuanto al volumen de titulados
universitarios necesarios y a su óptima distribución
por ámbitos o sectores productivos y adecuación de
los requisitos de formación necesarios a ese mercado
laboral.
La calidad como innovación organizativa : la institución
posee la necesaria habilidad para desarrollar e
implementar la normativa, para satisfacer los
requisitos / la calidad educativa deseada.
La calidad como satisfacción del usuario : el criterio de
calidad reside en el grado en que los servicios
ofertados satisfacen los requerimientos y expectativas
de los alumnos (potenciales y presentes).
La calidad como valor añadido : capacidad para lograr el
mayor desarrollo intelectual, afectivo, personal y social
de los alumnos, como el de los profesores (tanto en
su dimensión pedagógica como académica y de
productividad científica).
62
Harvey y Green (1993)
Calidad como fenómeno excepcional : Se pueden
distinguir tres variantes de esta noción de la calidad:
noción de calidad como algo diferente; concepto de
calidad traducida en excelencia; y calidad como
satisfacción de estándares mínimos.
Calidad como perfección o consistencia : está basada en
dos premisas: la primera implica cero defectos y la
segunda hacer las cosas bien la primera vez.
Calidad como aptitud para el logro de un propósito : se
define la calidad de manera funcional con relación a la
forma en que un cierto producto o servicio se ajusta a
un propósito.
Calidad como relación costo-valor : se está usando el
término calidad con relación al dinero invertido en
educación. En el fondo subyace el concepto de
obligación de rendir cuentas.
Calidad como transformación : una educación de calidad
es aquella que efectúa cambios en el participante y
por tanto presumiblemente o enriquece. El "valor
añadido" es una medida de calidad en tanto la
experiencia educacional enriquezca el conocimiento,
las capacidades y las destrezas de los estudiantes.
Mora y Carrasco (1993)
La calidad como reputación : la calidad de una institución
de educación superior es evaluada mediante
encuestas realizadas a un buen número de profesores
de otras instituciones, a los que se les supone la
capacidad de juzgar sobre la calidad de cada
institución desde su punto de vista subjetivo.
La calidad como disponibilidad de recursos : se valora la
calidad de una institución por la calidad académica de
los alumnos que admite y por los medios de que
dispone, aunque no por la adecuada e intensiva
utilización de esos medios.
La calidad a través de los resultados : la valoración de la
calidad de las universidades se hace a través de su
producto, es decir, del resultado global de sus
graduados cuando se incorporan al mundo laboral una
vez han acabado su vida universitaria.
La calidad por el contenido : a través de la consideración
de lo que se enseña en las instituciones universitarias,
de cual es su nivel docente, de cual es su currículum,
de cual es su sistema pedagógico o de cual es el
"clima" que se respira en el campus.
La calidad por el "valor añadido" : la calidad de una
institución se evaluaría por la diferencia entre el nivel
de formación de los estudiantes al ingreso y a la
salida de las instituciones universitarias.
Viendo todas las dimensiones y factores que deberían analizarse para
evaluar la calidad de las universidades, podríamos concluir que ésta es una
empresa difícilmente abarcable, que exige esfuerzos y una cantidad de
63
información que apenas podríamos conseguir, pues como nos advierte Silvio:
"al abordar la evaluación de la calidad total de un sistema universitario, podría
concluirse con una posición pesimista, pues ante tal complejidad y tantos
requerimientos, cualquier evaluador abandonaría a priori su tarea. Sin embargo,
podemos aproximarnos a una evaluación de la calidad, mediante la
consideración de la calidad de ciertos factores que influyen en ella" (Silvio,
1993: 68).
Precisamente esta es la justificación de este trabajo, ya que pensamos
que uno de los factores que influyen en la calidad de una institución universitaria
es la forma como se realiza la evaluación de sus estudiantes, así como la
percepción que de este proceso tienen alumnos y profesores. Por ello, creemos
que conociendo mejor cómo se defiende actualmente que debe realizarse esta
evaluación (qué dimensiones hay que considerar, qué técnicas se pueden
utilizar, cuáles son los criterios a tener en cuenta, etc.) y contrastando esta
información con la práctica de evaluación que se está desarrollando en las
diferentes universidades, podremos saber en qué medida la evaluación de los
estudiantes está contribuyendo a la calidad de esas instituciones.
Por supuesto no obviamos que la valoración de la calidad de una
Universidad no puede reducirse únicamente a la forma en que se desarrolla la
evaluación de sus estudiantes. Esto sería caer en un grave reduccionismo, pero
sí es cierto que no podemos olvidar que esta evaluación puede ser un
importante indicador a tener en cuenta, y que en la actualidad parece no
considerarse con toda la rigurosidad que sería de esperar.
José Ginés Mora y Salvador Carrasco consideran que los factores
esenciales que están implicados en la calidad de un sistema de educación
superior son los que se recogen en el gráfico que presentamos a continuación:
"Consideramos tres dimensiones básicas: entradas, procesos y
resultados; que, a su vez, se dividen en diversas facetas. El cuadro es
suficientemente explícito para no necesitar más comentarios. Hay que
resaltar, sin embargo, que la evaluación de estos factores ha de ser
dinámica. Mejorar la calidad del sistema debe también implicar la acción
sobre todos los factores que intervienen y sobre sus posibles relaciones
mutuas" (Mora y Carrasco,1993: 222).
64
G ráfico 2: Las dimensiones de la calidad de la educación (Mora y Carrasco, 1993: 221)
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65
Desde la perspectiva de Sebastián Rodríguez Espinar:
"en términos económicos, una institución será de mayor calidad que otra
en la medida en que consiga el máximo valor añadido para los mismos
imputs. Dicho valor añadido es entendido tanto como los diferenciales
del grado de desarrollo intelectual, afectivo, personal y social de los
estudiantes desde el inicio al final de sus estudios universitarios, como
el de los profesores -tanto en su dimensión pedagógica como
académica y productividad científica- (Rodríguez Espinar, 1991: p.
LXVIII).
La pregunta clave será, consecuentemente, ¿cómo se evalúa ese valor
añadido? Según Quintanilla, en el ámbito universitario:
"no existe un criterio de calidad externo e independiente del que la propia
institución (o el conjunto del sistema universitario o de sus profesores)
define. Esto seguramente explica, aunque no justifica, algunos hechos
bastante comunes en muchos cursos universitarios: no se usan libros de
texto, a veces ni siquiera se especifica de antemano el programa de las
asignaturas, en todo caso es frecuente que no se cumpla todo el
programa y que cuando varios profesores imparten la misma asignatura,
rara vez coincidan en sus contenidos y no digamos ya en sus enfoques,
lo que hace difícilmente comparable el nivel de «calidad» de cada una de
las diferentes prestaciones de lo que en teoría debería ser un mismo
servicio. Pero lo peor no es esto: lo peor es que todos estos evidentes
rasgos de falta de calidad, en la universidad no se suelen percibir como
tales, sino más bien al contrario, como componentes esenciales de la
excelencia académica: no es que la enseñanza de tal o cual profesor
esté mal diseñada y mal implementada, es que lo que él hace es por
definición el canon de excelencia precisamente en esa materia que se
supone que él domina en el máximo nivel de competencia esperable"
(Quintanilla, 1998a: 90).
Teniendo esto en cuenta, ¿cómo se puede evaluar la calidad de las
instituciones universitarias? Este es precisamente el tema que vamos a abordar
en el siguiente apartado.
66
2.2. EVALUACIÓN DE LA CALIDAD: PLAN DE LA CALIDAD DE LAS
UNIVERSIDADES :
En estos momentos, existen sistemas de evaluación de la calidad de las
universidades en la práctica totalidad de los países europeos:
"En los países más desarrollados, la evaluación de la calidad de la
educación universitaria se ha convertido no sólo en una de las
prioridades, sino también en una exigencia tanto para las propias
universidades como para los gobiernos y las administraciones públicas"
(Guía de Evaluación del Plan Nacional de Evaluación de la Calidad de las
Universidades, 1998: 4).
David Neave resume con acierto la actualidad de este tema cuando
afirma que: "una de las verdades universales de nuestro tiempo es que no
existe un Estado Miembro en la Unión Europea que no esté firmemente
implicado, o al menos decidido, a contemplar esquemas de diversos grados de
refinamiento y sofisticación para evaluar la educación superior, la forma cómo
se lleva a cabo, a qué coste y con qué resultados" (Neave, 1998: 265).
En España, tras una serie de estudios previos, las experiencias del
Programa experimental del Consejo de Universidades (1992-1994) y del
Proyecto Piloto de la Unión Europea (1994-1996), se establece en el Real
Decreto 1947/1995 de 1 de Diciembre la creación del Plan Nacional de
Evaluación de la Calidad de las Universidades (PNECU), el cual señala como
objetivos:
"- Promover la evaluación institucional de la calidad de las
Universidades españolas, tanto en el ámbito de la enseñanza, como de
la investigación y demás servicios que la Universidad presta a la
sociedad.
- Facilitar a las Universidades y a las Administraciones Educativas una
metodología homogénea y unos criterios básicos comunes para la
evaluación de la calidad compatibles con la práctica vigente en el
contexto europeo.
- Proporcionar a la sociedad, especialmente a los estudiantes
universitarios, información relevante y objetiva sobre la calidad de las
Universidades españolas, sus diferentes programas de estudio, sus
áreas de especialización científica y el nivel de prestaciones y servicios
que ofrece.
67
- Proporcionar a las Administraciones Educativas y al Consejo de
Universidades una información objetiva sobre el nivel de calidad
alcanzado por las Universidades que pueda servir de base para la
adopción de decisiones en el ámbito de las respectivas competencias."
(BOE de 28 de Febrero de 1996)
En Abril de 2001 se establece el II Plan de la Calidad de las
Universidades (BOE de 21 de Abril de 2001), renovándose sus objetivos de la
siguiente forma:
“a) Continuar con la evaluación institucional y fomentar la implantación en
las Universidades de sistemas de calidad integral para la mejora
continua.
b) Promover la participación de las Comunidades Autónomas en el
desarrollo y gestión del Plan propiciando la creación de entidades
autonómicas dedicadas a tal fin, con el objeto de crear una Red de
Agencias de la Calidad Universitaria coordinada por el Consejo de
Universidades.
c) Desarrollar metodologías homogéneas con las existentes en la Unión
Europea, que permitan establecer estándares contrastados para la
acreditación de la calidad alcanzada.
d) Implantar un sistema de información a las Universidades, a las
Administraciones públicas y a la sociedad, basado en la evaluación por
resultados y apoyado en un catálogo de indicadores, que pueda servir de
base para la toma de decisiones en el ámbito de sus respectivas
competencias.
e) Establecer un sistema de acreditación de programas formativos,
grados académicos e instituciones que permita garantizar la calidad en
conformidad con estándares internacionales, abarcando también
programas de doctorado y formación de postgrado”
De esta forma, "el Plan persigue promover la evaluación de las
universidades para que adopten acciones concretas orientadas a mejorar su
calidad; y proporcionar información, sobre la calidad de las universidades, a la
sociedad y a las administraciones públicas" (Consejo de Universidades, 1998b).
“El programa de evaluación institucional de la calidad de las
universidades españolas se caracteriza por atender, por una parte, a la
eficacia y la eficiencia (considera inputs y outputs) y por otra, atiende
también los procesos. Así mismo, ha de conjugar las perspectivas
intrínseca y extrínseca de la calidad de la educación universitaria.”
(Consejo de Universidades, 2000a: 10).
Además, Francisco Michavila y Benjamín Calvo consideran que el
PNECU debe contribuir a mejorar estos otros tres aspectos:
68
"- Incrementar la eficacia y la eficiencia del gasto en enseñanza superior.
- Incentivar el cumplimiento de estándares internacionales de calidad en
los programas de formación, lo que permitirá aumentar la movilidad de
nuestros graduados, con un incremento en la competitividad internacional
de las empresas y la excelencia de la investigación y el desarrollo
tecnológico realizados.
- Por último, y no por ello menos importante, la evaluación de la calidad
puede ser una herramienta singularmente útil para satisfacer nuevas
demandas, más amplias y complejas, de formación reglada y no reglada
o permanente, tanto del conjunto de los ciudadanos como, en especial,
de los que acuden por primera vez a la aulas universitarias, con tantas
ilusiones depositadas en su futuro" (Michavila y Calvo, 1998: 174).
El Plan se concreta anualmente en convocatorias de proyectos de
evaluación, en las que voluntariamente pueden participar las universidades
españolas públicas y privadas. Y el proceso de evaluación se desarrolla
conforme a los siguientes elementos:
"• Los proyectos de evaluación, presentados por las universidades,
siguen una metodología de autoevaluación, evaluación externa
mediante revisión por pares y concluyen en un informe público.
• En el marco de cada convocatoria los proyectos de cada universidad
definen el alcance disciplinar o global de su evaluación. En todo caso
la unidad mínima de evaluación es el programa docente tanto para los
ámbitos de enseñanza, investigación y organización.
• El Consejo de Universidades proporciona una metodología común y
selecciona a los evaluadores externos.
• Las administraciones educativas financian específicamente la
ejecución de los proyectos de evaluación, seleccionados en una
convocatoria pública por el Consejo de Universidades, en función de
su viabilidad y calidad.
• Se elaboran dos tipos de informes, uno referido a la universidad
evaluada y otro anual referido al conjunto del sistema universitario
español" (Luxán, 1998b: 25)
De esta forma, se considera que son tres los instrumentos básicos para
realizar la evaluación de la calidad de las universidades:
"Auto-evaluaciones. Un estudio realizado por las unidades evaluadas.
Revisiones por colegas. Visitas externas de expertos que realizan,
totalmente o en parte, el proceso de evaluación.
69
Indicadores de rendimiento. Indicadores, generalmente cuantitativos, que
suministran información operativa sobre el funcionamiento de las
instituciones y sobre su eficacia." (Mora, 1998: 39-40).
Así, la autoevaluación sería un proceso interno que lleva a cabo la propia
Universidad. Según la Guía de Evaluación del PNECU. la autoevaluación:
"Es una reflexión participativa y en profundidad sobre la realidad de su
institución en relación con la calidad. Dentro de este proceso podemos
distinguir la fase de recogida de información, la fase de
reflexión/valoración de esa información y, finalmente, la fase de
elaboración del Autoinforme donde se substancian las valoraciones y
propuestas de mejora" (Consejo de Universidades, 1998a: 4).
La autoevaluación irá seguida de una fase de evaluación externa, que es
realizada por un Comité de Expertos Externos creado para tal efecto, quienes
visitan la institución para recoger su propia información y valoran el informe de
autoevaluación elaborado por la Universidad, y finalmente elaboran un informe
final de evaluación.
Tal y como establece la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y
Acreditación (ANECA): “mediante estos planes se ha generalizado el desarrollo
de la evaluación de la calidad en las universidades españolas y se ha elaborado
una metodología común para los procesos de evaluación de las enseñanzas,
los departamentos y los servicios universitarios. La finalidad última de la
evaluación tiene dos vertientes: la mejora continua y la rendición de cuentas a la
sociedad, realizándose esta última a través de la publicación de los informes de
evaluación” (ANECA, 2003: 2).
Esta Agencia convoca en el 2003 el Programa de Evaluación Institucional
(PEI) con el fin de evaluar las enseñanzas universitarias conducentes a la
obtención de títulos de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional,
programa que tiene como objetivos:
“a. Promover procesos de evaluación que favorezcan la mejora continua
en las enseñanzas.
b. Facilitar la preparación de futuros procesos de acreditación de las
enseñanzas conducentes a la obtención de títulos universitarios de
70
carácter oficial y validez en todo el territorio nacional, a través de la
experiencia en procesos de evaluación.
c. Proporcionar la información a los estudiantes y sus familias, al conjunto
de la sociedad, a los gobiernos de las universidades y a las
administraciones públicas sobre la calidad de las enseñanzas
universitarias y sus planes de mejora” (ANECA, 2003: 4)
Se continúa así con el proceso iniciado con los Planes de Calidad de la
Universidad, pero con una visión más centrada en la acreditación de la que
hasta ese momento estaba presente.
También se siguen utilizando como instrumentos básicos para realizar la
evaluación las autoevaluaciones de la propia institución (realizadas respecto a
una serie de criterios que la Agencia establece), junto con evaluaciones
externas realizadas por un grupo de evaluadores nombrados por la ANECA, que
validan los informes de autoevaluación tanto a través de su análisis documental
como por medio de una visita a las unidades evaluadas.
Además de estas dos metodologías, cada vez surge con más fuerza el
uso de indicadores de la calidad con el objetivo de precisar más claramente
aquello que se debe considerar en la evaluación de las instituciones:
"[...] como reacción al economicismo evaluativo (énfasis en los
indicadores de eficiencia y productividad) se ha desarrollado un poderoso
movimiento que pretende centrar la evaluación en la calidad de la
universidad, utilizando una amplia gama de indicadores, no
necesariamente cuantitativos, ya que el objetivo es valorar y medir lo que
se debe, lo que es relevante y no lo que se puede, lo fácil; esto no sólo
sería inútil, sino en muchos casos, peligroso, dado que el poder de
evaluación para conformar su propio objeto podría, en tales
circunstancias, desviar los objetivos, procesos y productos de la
Universidad" (De la Orden, 1993: 1).
De esta forma, los tres instrumentos se utilizan combinadamente en la
evaluación de las universidades, pretendiéndose que, a través de ellos, se
pueda realizar la evaluación de los tres aspectos básicos de la función
universitaria que, en palabras de José-Ginés Mora (1998: 39), serían:
" Enseñanza:
• Aprendizaje de los estudiantes.
77
2.3. INDICADORES DE CALIDAD EN LA UNIVERSIDAD:
Nadie discute en la actualidad que la información cuantitativa y cualitativa
sobre el funcionamiento de las universidades es escasa. De ahí que algunos
autores defiendan la necesidad de un sistema de indicadores que refleje
claramente la situación de las universidades, que permita analizar como
funciona cada institución, valorar su rendimiento, establecer comparaciones
entre ellas, y tomar decisiones consecuentes (Mora, 1999).
En Julio de 1999 se abordaba el tema de los indicadores en la
Universidad, su pertinencia y utilidad como fuente de información, etc., en un
seminario celebrado en León 2 y enmarcado en el Programa Institucional de
Calidad:
"Hace ya más de diez años que existe en el mundo universitario un
debate abierto sobre indicadores, habiéndose llegado a la conclusión que
los indicadores por sí solos son una herramienta más limitada de lo que
algunos pensaban. Sin embargo, utilizados dentro de los actuales
procesos de calidad en las universidades, pueden convertirse en una
herramienta valiosa para la mejora, además de servir de medio de
información a la sociedad y a los que han de tomar decisiones sobre el
funcionamiento de las instituciones de educación superior" (Mora, 1999:
20)
"Es preciso señalar que el problema de los indicadores radica sobre todo
en el uso indebido, descontextualizado y desmesurado de los mismos. El
problema estaría más bien en los modos de introducción e
implementación que no han sido consensuados previamente. Los
indicadores son una fuente de información que cumpliendo las garantías
de fiabilidad, validez, pertinencia, utilidad, factibilidad y consenso previo,
pueden proporcionar elementos fundamentales para la toma de
decisiones de mejora en las Instituciones universitarias." (Grao y Winter,
1999: 84).
A partir de este Seminario, el Consejo de Universidades constituyó en
Febrero de 2000 una Comisión Técnica encargada de elaborar un Catálogo de
Indicadores (Consejo de Universidades, 2001a), catálogo que en su última fase
fue consensuado con representantes de la Conferencia de Rectores “en una
2 Seminario: Indicadores en la Universidad: Información y Decisiones. Universidad de León. Programa
Institucional de Calidad. 9 a. 11 de Junio, 1999. Las Actas de este Seminario están publicadas en:
VIDAL GARCÍA, J. (Coord.) (1999): Indicadores de la Universidad: información y decisiones. Madrid:
MEC/Consejo de Universidades.
78
búsqueda conjunta de unos indicadores comunes para todo el sistema
universitario español, con el grado de credibilidad y aceptación suficientes para
que su implantación fuera posible sin especiales problemas” (Escudero Escorza,
2002: 181).
Pero comencemos analizando lo que son los indicadores de calidad.
Los indicadores se pueden definir como medidas objetivas, usualmente
cuantitativas, de una institución o de todo un sistema de educación superior.
José Ginés Mora nos menciona la existencia de dos tipos de indicadores
que deben tener un tratamiento diferente, tanto conceptual como
metodológicamente:
"• Estadísticos (o de gestión). Magnitudes que describen una situación.
No existe apenas discusión sobre la necesidad de desarrollar este
tipo de indicadores, aunque su definición puede y debe ser objeto de
discusión.
• De rendimiento. Magnitudes combinadas de indicadores estadísticos
que se relacionan con un objetivo o con una valoración sobre la
institución o su entorno. Tienen, por tanto, carácter relativo y pueden
llevar implícito algún tipo de juicio de valor. Sobre este tipo de
indicadores es donde se concentran los problemas metodológicos y
conceptuales sobre su definición y utilización." (Mora, 1999: 20)
Por su parte, Tomás Escudero Escorza considera que la Universidad
puede informar sobre su calidad a través de diferente tipo de indicadores:
“Se informa de la calidad a través de sus indicadores directos, que no
son otra cosa que los resultados (valor añadido) que obtiene la institución
en el cumplimiento de sus diversas funciones, a través de los
denominados indicadores de impacto, que no son sino medidas de la
valoración o satisfacción de la institución por parte de las distintas
audiencias implicadas en la misma y, finalmente, a través de indicadores
indirectos, esto es, con información de sus entradas, de sus
características organizativas, de sus recursos y de sus procesos de
funcionamiento. La tipología de estos indicadores es muy variada y
siempre condicionada por la naturaleza del concepto o variable sobre el
que se quiere informar” (Escudero Escorza, 2002: 179)
Según Sizer (1982), cuando los indicadores están suficientemente
desarrollados ayudan a entender la situación de los problemas con respecto a
unas variables determinadas, a ver como es su evolución en el tiempo y a hacer
previsiones para el futuro. Su carácter cuantitativo ayuda a detectar con rapidez
79
las tendencias de los cambios en las necesidades de la sociedad, en las
preferencias por determinados tipos de cursos o estudios, y, en consecuencia,
en la reasignación de recursos a las partes del sistema universitario más
necesitadas en cada momento.
Y es que no podemos olvidar que el uso de indicadores ha estado muy
unido a la necesidad de justificar el destino de los recursos públicos asignados a
la educación superior. Como expresa Enrique Villarreal:
"Los indicadores constituyen un instrumento del llamado "control a
distancia" de las universidades que responde a la idea de que el
funcionamiento autónomo de una institución universitaria puede conducir
a resultados no deseados como consecuencia de las inercias adquiridas,
de los desequilibrios en su funcionamiento interno o de la priorización de
los intereses de la academia respecto a los intereses generales de los
ciudadanos que se suponen representados por la Administración.
Aunque existe el convencimiento de que la mejor forma de
funcionamiento de un sistema universitario es aquella en la que las
universidades se autoorganizan para prestar los diversos servicios que
producen, se mantiene el temor a "desviaciones" de las instituciones
respecto a los patrones que resultan aceptables, cualquiera que estos
sean desde el punto de vista de la utilización de los recursos públicos"
(Villarreal, 1999: 65-66).
Sin embargo, en los últimos años el centro del interés en la discusión
sobre el uso de los indicadores ha pasado de los problemas de eficiencia a los
de eficacia, y de la comparación entre instituciones, a la utilización interna de los
indicadores como herramienta para la mejora de la calidad.
Como José Ginés Mora expone, los indicadores, adecuadamente
definidos e interpretados, pueden jugar un papel útil en la toma de decisiones
tanto para definir la política educativa, como para la gestión de una institución.
El problema que hay que resolver es el de encontrar los indicadores más
idóneos y el de llegar a un acuerdo entre las partes implicadas, tanto para su
uso como para su interpretación. Para ello es necesario reflexionar sobre
quiénes son estas partes implicadas, y para qué pueden utilizarse los
indicadores, ya que su utilización puede tener algunas dificultades importantes,
algunas de las cuales son las siguientes:
"- Existe el peligro de convertir los indicadores en estándares de calidad,
interpretados como tal, y utilizados inadecuadamente. Los indicadores de
rendimiento se pueden convertir en una meta por sí mismos, y no
80
simplemente en lo que son: una manifestación parcial de una realidad
compleja (Vroeijenstijn, 1995).
- Los indicadores de rendimiento son, por su propia naturaleza,
ambiguos, al menos que sean usados en un contexto de diálogo
adecuado entre las partes implicadas y sean utilizados para objetivos
aceptables por todos (Bormans et al., 1987).
- Dadas las dificultades que rodean la definición y el diseño de los
indicadores, la tendencia más habitual ha sido la de usar aquéllos que, o
bien son más sencillos de obtener, o están relacionados con la medida
de partes del sistema universitario que son más fácilmente medibles,
descuidándose de este modo aspectos más esenciales pero que tienen
mayor dificultad para traducirse en indicadores cuantitativos (Weert,
1990). El principio debería ser el de "medir lo que debe ser evaluado", en
vez de "medir lo que es fácil de medir", aunque para ello haya que
recurrir a sistemas no necesariamente numéricos (Dochy et al., 1990).
- El uso de indicadores relacionados con la asignación de fondos es
especialmente problemático. Su utilización ha de ser extremadamente
cuidadosa, porque puede generarse un círculo vicioso: pueden estar
indicando malos resultados en una institución porque los recursos son
bajos, lo que puede dar lugar a que se le asignen menos recursos
todavía (Williams, 1986)" (Mora, 1999: 21).
Un indicador, por tanto, debe tener relación directa con la funcionalidad y
la productividad institucionales, y nos debe permitir tomar decisiones para
mejorarlas. Previamente, es necesario contar con un marco global de
referencia, en el que se identifiquen los objetivos de calidad y sus dimensiones.
Para cada una de estas última se definen los indicadores. Algunos se identifican
con una variable, pero otros engloban a varias (Escudero Escorza, 1999).
De esta forma, como nos advierte Tomás Escudero Escorza, el diseño y
utilización de indicadores en la educación superior ofrece un panorama muy
variado; sin embargo, sí que existen algunos principios o sugerencias de
aceptación generalizada, tales como que los indicadores numéricos no son
suficientes -pues existen informaciones importantes sobre la calidad que no son
de esta naturaleza-, que un objetivo suele requerir más de un indicador para
revisar adecuadamente su cumplimiento, y que los sistemas de indicadores de
una institución o programa deben ser revisados y adecuados periódicamente.
Según este autor:
“un buen sistema de indicadores, con potencial estratégico para las
universidades, necesita ser:
81
o Consensuado y aceptado por los implicados.
o Referenciado internacionalmente.
o Con elementos comunes para todo el sistema.
o Centrado en aspectos relevantes de las instituciones.
o Útil para diferentes contextos, propósitos y audiencias.
o Comprensible para las distintas audiencias.
o Flexible en su utilización.
o Fácilmente revisable.” (Escudero Escorza, 2002: 180-181)
Ahora bien, ¿qué sistema de indicadores debemos utilizar para valorar la
calidad de la enseñanza en la Universidad?
Son muchos los autores que nos advierten de la importancia de
seleccionar adecuadamente los indicadores que vamos a utilizar para evaluar la
calidad de la enseñanza, y de los peligros que conlleva el confundir esos
indicadores con la verdadera calidad de la enseñanza universitaria:
"Para juzgar la calidad de los procesos educativos se utilizan tres tipos de
indicadores de desempeño: a) indicadores de resultados; b) indicadores
de entrada y, c) indicadores de puntos críticos. De acuerdo con esta
nomenclatura, los indicadores de uso más común son los de resultados;
por ejemplo, en enseñanza superior sería el porcentaje de alumnos que
se gradúan, el número de graduados otorgados, el porcentaje de
alumnos que continúan el posgrado y el número de publicaciones de los
profesores. Estas medidas, sin embargo, no proporcionan un sentido de
calidad sino más bien de cantidad" (Meade, 1997: 215).
"Indicadores de gran impacto socio-político tales como la tasa anual de
egresados de una institución, la ratio de alumnos/profesor, el gasto por
alumno, etc., son informaciones promedio, sin duda relacionadas con
elementos importantes para la valoración institucional, pero de muy
limitada utilidad para tomar decisiones conducentes al cambio y la mejora
institucional, porque se dejan fuera muchos elementos de modulación de
su significado y se unifican, en un sólo dato o elemento de información,
multitud de situaciones, en general, muy diversas" (Escudero Escorza,
1999: 253).
Mario de Miguel (1999), plantea una serie de problemas a considerar a la
hora de utilizar los indicadores para recoger información sobre la calidad de la
enseñanza universitaria:
82
1.- Dificultad de evaluar la efectividad de los aprendizajes: Resulta
necesario que todo proceso de evaluación sobre la enseñanza universitaria se
articule sobre el progreso académico que los alumnos han experimentado a
causa de su proceso de escolarización. Según este autor, los procesos de
enseñanza constituyen el factor más apropiado para explicar el valor añadido
que aporta el sistema universitario al desarrollo intelectual y personal de los
alumnos. Asumir este punto de vista plantea una serie de problemas técnicos a
considerar: cuáles son los aprendizajes que se consideran básicos en una
titulación, cómo evaluarlos de forma efectiva y cómo estimar el valor añadido
que los procesos de enseñanza han otorgado a estos aprendizajes.
2.- Falta de especificaciones sobre la calidad de los productos: Esta falta
de precisión respecto a los aprendizajes relativos a una titulación determina que
la calidad de los productos a evaluar constituye una cuestión relativa que en
cada caso es operativizada de acuerdo con la perspectiva de análisis de las
audiencias implicadas, es decir, cada una de las audiencias las formula de
acuerdo con sus intereses particulares, lo que da lugar a la utilización de
enfoques evaluativos dispares y, en ocasiones, contradictorios.
3.- Interferencia entre procesos y productos: la tercera nota que
caracteriza la evaluación de la enseñanza es la interferencia continua que se
establece entre el servicio que se ofrece (enseñanza) y el producto que se
obtiene (aprendizaje).
4.- Ausencia de estandarización de los procesos: Probablemente la
característica más destacada de la enseñanza entendida como servicio sea la
falta de normalización de los procesos; bajo el lema "cada maestrillo con su
librillo", el resultado ha sido que "todo vale". Mientras no se avance en la
construcción de normas que acrediten la calidad de este servicio, será difícil su
evaluación.
5.- Ausencia de liderazgo instruccional: Mientras que a nivel de aula la
responsabilidad está definida, dentro de la titulación ésta se diluye entre una
serie de órganos y comisiones de Centros, Departamentos y Universidad que se
superponen en los procesos de toma de decisiones dando lugar a que se
83
considere la enseñanza como una responsabilidad de todos que es casi lo
mismo que decir de nadie.
Pero como Tomás Escudero expresa:
“Es muy cierto que los indicadores no lo son todo en materia de gestión
de calidad, pues son muchas otras las herramientas metodológicas que
también deben utilizarse. Tampoco podemos estar desprevenidos ante el
conjunto de sus limitaciones, ni ante el mal uso y abuso que con alguna
frecuencia se hace de ellos (Nedwek, 1996), pero hemos de coincidir con
este autor en que, seguramente se trata del último gran instrumento
metodológico incorporado para conectar calidad y su mejora y la
responsabilidad social o rendición de cuentas” (Escudero Escorza, 2002:
180).
Mario de Miguel considera que precisamente estas dificultades son las
que deben hacernos reflexionar sobre los procedimientos que utilizamos para
evaluar la calidad de las Universidades:
"el hecho de que existan algunos problemas y dificultades a la hora de
utilizar procedimientos evaluativos basados en indicadores no debe
llevarnos a concluir que esta estrategia resulta inadecuada para evaluar
la enseñanza. Al contrario, debe estimularnos a reflexionar y plantear
criterios que nos permitan clarificar los factores implicados en estos
procesos y avanzar algunas propuestas que permitan un uso razonable
de estos métodos" (De Miguel, 1999: 416).
Y en un intento por avanzar en este sentido, este autor hace una
propuesta de indicadores que podrían ser utilizados para evaluar la calidad de
enseñanza universitaria, y que puede visualizarse de forma global en el
siguiente cuadro:
Cuadro 3: Propuesta de Indicadores de Calidad (Mario De Miguel, 1999):
Productividad Efectividad Calidad
Resultados
1. Tasa de éxito,
retraso y abandono.
2. Tiempo medio para
la graduación.
3. Coste por graduado.
1. Tasa de retorno a
las enseñanzas
regladas.
2. Tasa de inserción
profesional.
3. Nivel de ingresos de
los graduados.
1. Cualificación de la
demanda.
2. Grado de
satisfacción de los
clientes.
3. Estimaciones sobre
el valor añadido.
84
Presagio Eficacia Calidad
Procesos
1. Tasa de alumnos
vocacionales.
2. Cualificación y
carga docente del
profesorado
3. Dimensión práctica
del plan de estudios.
4. Dotación y
equipamiento de
recursos para la
docencia.
5. Gasto por alumno.
1. Carga
lectiva/créditos del
alumno.
2. Tasa de distribución
por grupos.
3. Tasa alumno/
profesor.
4. Grado de
cumplimiento de las
obligaciones docentes.
5. Tasa de utilización
de los recursos
docentes.
1. Tasa de asistencia a
clase.
2. Nivel de aprendizaje
autónomo.
3. Sistemas de apoyo
al alumno.
4. Participación del
alumno en la gestión
académica.
5. Tasa de progreso
académico/tasa de
repetidores.
De los recursos De los procesos
Sistemas para
Asegurar la
Calidad
1. Políticas para captar y atender
alumnos durante los primeros
cursos
2. Programas para la formación
pedagógica del profesorado.
3. Financiación de proyectos de
innovación pedagógica.
1. Planificación estratégica de la
titulación: objetivos y acciones a
desarrollar.
2. Procedimientos establecidos para
el seguimiento y revisión de los
planes y programas docentes.
3. Sistemas implantados para
evaluar la satisfacción de los
agentes.
Vamos a ver un poco más detalladamente lo que Mario de Miguel dice en
relación con los indicadores de calidad de los resultados/aprendizajes
(productos de la enseñanza) y de los procesos que generan dichos resultados
de la enseñanza universitaria:
• Indicadores de calidad de los resultados:
"Si asumimos la perspectiva de la calidad, la evaluación de los resultados
(aprendizajes) se efectúa con un planteamiento distinto, ya que su
estimación viene dada por la "ratio entre unos inputs y unos outputs
formulados con unos estándares específicos de calidad" (Martín y
Kettner, 1996). Ahora bien, dado que habitualmente no existen
especificaciones sobre las condiciones que deben reunir los productos o
aprendizajes que el alumno debe dominar al finalizar una carrera, la
evaluación de la calidad queda mediatizada por las valoraciones de los
clientes y/o audiencias implicadas" (De Miguel, 1999: 420).
• Indicadores sobre la calidad de los procesos:
85
"La ausencia de normalización de los procesos de enseñanza-
aprendizaje impide lógicamente su evaluación utilizando estándares de
calidad. Por ello, mientras no avancemos en esta normalización, su
evaluación siempre nos remite a la satisfacción de los clientes internos
que son los que participan en dichos procesos: es decir, a la valoración
que realizan los alumnos sobre las actividades que desarrollan los
profesores en el aula y las consecuencias que dicha actividad tiene para
su propia promoción. De ahí que cuando el alumno considera que se le
atiende y que es útil asistir a las clases responde favorablemente, y
cuando no percibe interés alguno su participación es mínima" (De Miguel,
1999: 424).
De esta forma comprobamos la importancia que este autor le atribuye a
las valoraciones de los estudiantes sobre el proceso de enseñanza que han
seguido y los resultados que han logrado, así como a su participación e
implicación en estos procesos.
Teniendo en cuenta que la evaluación de los alumnos es uno de los
aspectos que más influencia tiene en la forma en que se desarrolla el proceso
de enseñanza-aprendizaje, y que más condiciona las valoraciones que de este
proceso hacen los estudiantes, nos parece que sería bastante relevante
introducir esta dimensión como uno de los indicadores a considerar para evaluar
la calidad de la enseñanza universitaria.
Sin embargo, en el Catálogo de Indicadores elaborado por una
Comisión Técnica bajo el auspicio del Consejo de Universidades y acordado
con representantes de la Conferencia de Rectores (Consejo de Universidades
2001a), no se hace ninguna mención a este proceso.
Este catálogo parte del modelo de evaluación de Stuflebeam: modelo
CIPP (context, input, process, product), a partir del cual se elabora una
propuesta de 46 indicadores organizados en 7 bloques: oferta universitaria,
demanda universitaria, recursos humanos (P.D.I. y P.A.S.), recursos financieros,
recursos físicos, proceso y resultados. En estos dos últimos bloques (que sería
en los que se podría esperar alguna referencia a la evaluación de estudiantes),
los indicadores propuestos son:
Proceso:
- Dedicación lectiva del alumnado en créditos
- Prácticas requeridas
86
- Optatividad requerida de la titulación
- Oferta de optatividad de la titulación
- Prácticas en empresa del plan de estudios
- Grupos grandes de teoría
- Grupos pequeños de teoría
- Dedicación del profesorado doctor funcionario al 1º curso del 1
Ciclo
- Estudiante por profesor
Resultados:
- Tasa de abandono (interrupción de estudios)
- Tasa de rendimiento
- Tasa de éxito
- Tasa de graduación
- Duración media de los estudios
- Tasa de progreso normalizado
- Satisfacción con los estudios
- Satisfacción con el empleo
- Tasa de participación en proyectos de investigación
- Proporción de sexenios
- Producción de doctores.
Teniendo en cuenta los objetivos que se pretenden con este Catálogo 3 ,
consideramos que sería necesario incluir algún indicador con una perspectiva
más dinámica de lo que sucede durante el proceso de enseñanza-aprendizaje y,
especialmente, incluir la evaluación de los estudiantes como uno de los
indicadores de la calidad de la enseñanza.
3 “ Facilitar el diálogo entre las instituciones y con la sociedad; Promover análisis internos, externos y
secuenciales; Facilitar el diagnóstico del sistema y de sus instituciones; Ayudar a la toma de decisiones
sobre el rendimiento institucional y sobre su mejora. “ (Escudero Escorza, 2002: 182).
93
cualquier caso, sea como sea, lo que quisiera destacar es que el
rendimiento puede no coincidir con el aprendizaje; y de hecho muchas
veces, así es" (Trillo, 1995: 219).
Si lo que pretendemos es conocer la calidad de la enseñanza, y por
tanto, de la formación que están recibiendo los estudiantes en el seno de una
universidad, parece claro que necesitamos contar con más información acerca
de cómo se desarrolla este proceso:
"Las calificaciones, variables sobre las que se construyen los indicadores
tradicionales de éxito o fracaso escolar, son una medida de los
resultados de la enseñanza, pero no estrictamente de su calidad, pues
están condicionadas no sólo por la calidad de los alumnos, sino también
por el criterio y el rigor personal del profesor a la hora de diseñar la
enseñanza y valorar y calificar el aprendizaje y el rendimiento académico.
Por ello, los resultados académicos deben ser complementados con otros
de diverso tipo y fundamentación cuando pretendemos valorar la
enseñanza de una institución" (Escudero Escorza, 1999: 254).
Creemos que la forma en que se lleva a cabo la evaluación de los
estudiantes puede darnos importantes pistas para comprender y mejorar este
proceso.
94
97
3. LA EVALUACIÓN DE LOS ESTUDIANTES: APROXIMACIÓN A
UNA TEORÍA GENERAL
Hasta el momento, en el primer capítulo de este Marco Teórico hemos
contextualizado la evaluación de estudiantes en el ámbito institucional
universitario en que se desarrolla, constatando la denuncia de importantes
problemas para desarrollar o llevar a la práctica los objetivos y principios que
se defienden para la Universidad española y el planteamiento de nuevos retos
para los próximos años; problemas y retos que sin duda se pueden (y se
deben) abordar desde múltiples perspectivas, una de las cuales podría ser,
desde nuestro punto de vista, la forma en que se desarrolla la evaluación de
los estudiantes.
Del mismo modo, en el segundo capítulo hemos situado nuestro objeto
de estudio en la actual investigación sobre la calidad de la Universidad que está
en auge en nuestro país, defendiendo la inclusión del análisis del proceso de
evaluación de los estudiantes como uno de los indicadores de la calidad de la
enseñanza de la Universidad, y justificando por qué este aspecto puede darnos
valiosa información para conocer y comprender mejor como se desarrolla el
proceso de enseñanza-aprendizaje en una institución universitaria.
Nuestra intención es realizar ahora una revisión de la literatura que nos
permita acercarnos a una Teoría General de la Evaluación de estudiantes. Es
sabido que la evaluación es compleja y dilemática, por lo que nos parece
preciso conocer esa complejidad y plantearnos los dilemas que pueden surgir
en este Marco Teórico para que, a la hora de diseñar la investigación empírica,
sepamos qué preguntar y qué, por las razones que sean, queda fuera de
nuestro objeto inmediato de estudio (lo que justificaremos).
Al igual que los capítulos anteriores, esperamos que éste nos sirva para
fundamentar teóricamente nuestra investigación, dar sentido a las preguntas
que formulemos para la recogida de información sobre la evaluación de
estudiantes en el Marco Empírico (de modo que sean lo suficientemente
claras, profundas y perspicaces); así como, finalmente, interpretar y valorar la
información que obtengamos.
98
En definitiva, que la intención de realizar una revisión de lo que se
podría denominar una Teoría General sobre la evaluación de estudiantes, tiene
que ver con que su elaboración nos permitirá decidir qué buscar, qué preguntar
y cómo valorar la evaluación que realmente se practica en la Universidad.
99
3.1. INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO DE EVALUACIÓN :
La evaluación comprende un campo muy amplio y complejo, de suerte
que el mismo término es extremadamente polisémico; se pueden estar
entendiendo o hablando de cosas totalmente diferentes, con fines y valores
que pueden ser incluso contradictorios:
"Por razones que no tienen nada que ver con el lenguaje, el concepto
de 'evaluación' posee más sinónimos de los que un buen diccionario de
la lengua española podría soportar" (Angulo Rasco, 1994: 283).
Además de esto, la evaluación se considera un tema muy complejo
porque engloba muchos campos (casi diríamos que "todos los campos"), ya
que en nuestra actividad diaria, nos movamos en el ámbito que nos movamos
y cualquiera que sea la actividad que realicemos, seguramente estaremos
desenvolviendo algún tipo de evaluación.
Y es que evaluar es "algo" que hacemos normalmente cuando tenemos
que tomar una decisión sobre cualquier cuestión, por ejemplo qué carrera
vamos a estudiar, qué coche debemos comprar, qué queremos/podemos
hacer al terminar nuestros estudios, ... Y también se estaría evaluando cuando
consideramos que nos gustaría pasar nuestras vacaciones en una ciudad
determinada, o que el funcionario que tenemos delante nuestra no merecería
cobrar su sueldo:
"La evaluación es una práctica ampliamente utilizada en todos los
ámbitos de la vida" (Hernández y Sancho, 1989: 141).
Pero no podemos obviar que:
"la evaluación en la escuela carga un significado muy diferente de la
evaluación de nuestro día a día. En la escuela ocurre en un tiempo
programado (día de prueba, día de hacer boletín, día de presentar
resultados), en un espacio característico y artificial (aulas distintas para
hacer las pruebas, pruebas en papel timbrado y revisado, clases
limpias, profesores vigilantes), con gusto del deber cumplido, obligado,
juicio necesario. Para educadores y educandos, para la sociedad,
evaluación en la escuela es obligación, penosa, un mal necesario.
Sin embargo, si hablamos de evaluación de nuestros actos diarios, de
nuestra situación financiera, eso significa reflexionar para cambiar, para
intentar mejorar nuestras vidas. Hacemos eso todo el día, todo el
tiempo, sin programaciones o registros formales sobre nuestros
desatinos hasta entonces. Intentamos varias veces descubrir mejores
100
soluciones para un determinado problema y maduramos a partir de
tentativas frustradas.
Ahora, si este es el sentido de la evaluación en la vida, ese no es el
sentido de la evaluación en la escuela. A través de la formalización del
proceso, se perdió el buen sentido en relación a su significado"
(Hoffmann, 1994: 188).
Vamos, por tanto, a intentar clarificar lo que se está entendiendo por
evaluación desde una perspectiva más formal y educativa.
Evaluación es un término que se utiliza con enorme frecuencia en
nuestro entorno, y del que todo el mundo cree tener una concepción clara (que
además la considera única), cuando la realidad es que cuando se interroga a
la gente sobre su idea de evaluación nos encontramos con que es difícil que la
expliciten, ya que muchas veces entra en el terreno de las teorías implícitas.
De hecho, con frecuencia se admite que en la práctica de la enseñanza (y por
tanto de la evaluación) se hacen muchas cosas –y no necesariamente mal ni
con consecuencias negativas, aunque también–, sin que los actores se hayan
parado a pensar por qué lo hacen de ese modo y sin que puedan justificarlo de
una manera sólidamente argumental.
Pues bien, incluso una vez que hemos conseguido su explicitación,
encontramos a menudo numerosas contradicciones entre lo que distintos
profesionales de la educación consideran evaluación, o entre lo que un mismo
profesional afirma comprender por evaluación y lo que lleva a cabo como
prácticas evaluativas en su actuación diaria:
"Los educadores, en general, discuten mucho 'como hacer la
evaluación' y sugieren metodologías diversas, antes de comprender
verdaderamente 'el sentido de la evaluación en la escuela" (Hoffmann,
1994: 19).
El tema de la evaluación educativa ha sido objeto de investigación y
estudio desde sus inicios, y tratado en numerosas ocasiones y trabajos y se ha
constituido en fuente constante de preocupaciones y dilemas para los
profesionales de la educación de cualquier ámbito o nivel educativo. Con todo,
en las últimas décadas este tema parece que suscita un interés o una
preocupación especial, considerándose un aspecto fundamental a investigar y
estudiar y del cual surgen "nuevas" teorizaciones constantemente,
101
relacionándola con temas tan “actuales” como los de innovación educativa,
calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, reforma educativa, ...:
"En el transcurso de los últimos años, las cuestiones relativas a la
evaluación han adquirido un protagonismo creciente hasta convertirse
en uno de los focos prioritarios de atención de los análisis, las
reflexiones y los debates pedagógicos y psicopedagógicos. Muchas y
muy diversas son las razones susceptibles de explicar este
protagonismo, así como el apasionamiento, el tono categórico e incluso
la acritud con que aparecen teñidos en ocasiones los debates y
propuestas que, sobre los más variados y diversos aspectos de la
evaluación, se producen y se formulan en los foros profesionales. Entre
ellas, sin embargo, hay una que destaca por su inmediatez y también
por la vivencia directa que nos proporciona el ejercicio cotidiano de la
docencia: pocas tareas nos plantean tantas dudas y pueden llegar a
crearnos tantas contradicciones a los profesores, con independencia de
los niveles educativos en que estemos ejerciendo, como las
relacionadas con la evaluación y las actuaciones o decisiones asociadas
a ella, sin considerar los niveles educativos en que estamos ejerciendo"
(Coll y Martín, 1994: 163).
Pero que sea un tema muy investigado en los últimos años no quiere
decir que ya esté todo dicho sobre él, por el contrario, es un tema tan complejo
que nunca se considera suficientemente estudiado:
"La evaluación se reconoce actualmente como uno de los puntos
privilegiados para estudiar del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Abordar el problema de la evaluación supone necesariamente tocar
todos los problemas fundamentales de la pedagogía. Cuanto más se
penetra en el dominio de la evaluación, tanto más conciencia se
adquiere del carácter enciclopédico de nuestra ignorancia y más
ponemos en cuestión nuestras certidumbres. Cada interrogante
planteada lleva a otras. Cada árbol se enlaza con otro y el bosque
aparece como inmenso" (De Ketele, 1988: 5).
De cualquier modo, la concepción del proceso evaluativo ha ido
modificándose a medida que se avanzaba en la investigación educativa (como
es lógico), aunque en muchas ocasiones estas modificaciones se limitaran al
campo teórico, permaneciendo inmóviles e inalterables las prácticas
evaluativas:
"Desde el punto de vista teórico, la segunda mitad de nuestro siglo se
ha caracterizado por el desarrollo del interés en torno a la evaluación
por la necesidad de buscar nuevas formas y funciones de la misma. Así
se han ido desarrollando modelos teóricos que progresivamente, y
sobre la crítica de los existentes, iban ampliando los objetos de
evaluación (desde la evaluación de los alumnos, a la de programas,
102
centros y profesores) así como a los métodos a utilizar para una
correcta comprensión de los hechos y de su valor. Sin embargo, la
amplia y variada aportación de modelos teóricos no ha ido acompañada
por una variedad y mejora de las prácticas de evaluación en las
instituciones educativas. [...]
Seguimos reconociendo problemas aún en la evaluación de los
alumnos, y esto hace que sea necesario reflexionar sobre las
posibilidades de cambio porque hace falta que mejoren la educación y la
evaluación. Y ello exige por parte de todos replantearse las cuestiones
ideológicas subyacentes y la propia epistemología y la ética, en ambos
procesos" (Estebaranz García y Mingorance Díaz, 1995: 225).
En efecto, se podría decir que gran parte de las prácticas de evaluación
permanecen ancladas en enfoques que tuvieron su vigencia y razón de ser en
otros momentos, pero que actualmente se rechazan categóricamente en el
nivel de intenciones u objetivos educativos.
Así, siguiendo a Dolors Quinquer (2000), podemos diferenciar tres
grandes modelos u orientaciones pedagógicas que conllevan prácticas de
evaluación diferentes, comprobando como aunque teóricamente hay una gran
coincidencia en situarnos en las dos últimas, las prácticas de evaluación que
se siguen desarrollando se encuentran más próximas a la primera orientación
(ver cuadro 5, página siguiente):
"Existe confusión entre el nivel del discurso y el nivel de la práctica: en
la actualidad se dicen y se hacen muchas cosas en nombre de la
evaluación, cuando sin duda sólo unas pocas pueden ser reconocidas
como prácticas de evaluación en sentido estricto [...] no extrañará
constatar la existencia de un profundo abismo entre la riqueza del
discurso sobre la evaluación y la pobreza relativa de las prácticas”
(Barbier, 1993: 13).
103
Cuadro 5: Prácticas de evaluación en función de Modelos Pedagógicos
Modelo
Psicométrico
“Muchas prácticas de evaluación tienen en común que se centran en medir
preferentemente resultados de aprendizaje. Este hecho nos permite incluirlas,
quizá con una excesiva pretensión, en el llamado modelo psicométrico, que tiene
sus orígenes a principios del siglo XX y sus logros más evidentes a partir de la
década de 1930, cuando las corrientes positivistas y conductistas sobre el
aprendizaje impregnaban las prácticas de evaluación” (Quinquer, 2000: 14).
“Es un hecho sabido que durante mucho tiempo la evaluación ha consistido casi
exclusivamente en medir resultados finales de aprendizaje. Así, la función social
de la evaluación, es decir, la certificación de los aprendizajes realizados y la
selección de los estudiantes, ha sido mucho más relevante que la función
pedagógica de análisis de los procesos y de detección de los obstáculos o de los
problemas de aprendizaje. Además, muchas prácticas de evaluación de antes y
de ahora están impregnadas por este modelo. La idea de que se puede medir
cualquier tipo de aprendizaje y que evaluar es algo <<técnico>>, <<preciso>>,
<<objetivo>> e incluso <<científico>>, planea como trasfondo de determinadas
concepciones de algunos docentes sobre la evaluación”. (Op. Cit., p. 15)
Modelo
Sistémico
A partir de la década de los ’60: “la psicología cognoscitiva adquiere un espacio
propio entre las teorías sobre el aprendizaje, mientras que, desde el
neoconductismo, se proponen también nuevas orientaciones. Desde ambas
perspectivas, la evaluación, ahora prioritariamente formativa e inserta en el
proceso de aprendizaje, actúa como el instrumento adecuado para regular y
adaptar la programación a las necesidades y dificultades de los estudiantes.
[...] En evaluación adquieren cara de naturaleza los métodos cualitativos (la
observación, las entrevistas, los diarios de clase); orientados más a detectar las
dificultades y a gestionar los errores que a verificar resultados del aprendizaje.
Además, la evaluación se diversifica desarrollando nuevas modalidades y se
articula en un sistema o dispositivo pedagógico del que el profesorado es el
agente principal. De las múltiples funciones y tareas que tiene a su cargo,
destacamos algunas relacionadas con la evaluación: realizar una diagnosis
inicial y readaptar la programación en función de sus resultados, garantizar un
seguimiento adecuado del proceso (evaluación formativa), detectando errores y
dificultades, establecer diversos mecanismos de regulación (retroactiva,
proactiva, interactiva), reforzar los éxitos, verificar, finalmente, los resultados
mediante una evaluación sumativa o final” (Op. Cit., p. 16).
Modelo
Comunicativo
o Psicosocial
“La evaluación se convierte en un instrumento que permite mejorar la
comunicación y facilitar el aprendizaje, puesto que una buena vía para aprender
consiste en la apropiación progresiva por parte de los estudiantes (a través de
situaciones didácticas adecuadas) de los instrumentos y criterios de evaluación
del enseñante. Estas actividades de evaluación son una manera fácil de hacerles
explícitas a los estudiantes las demandas del profesorado, especialmente los
criterios de éxito que utiliza para valorar su aprendizaje. En este proceso, las
actividades didácticas de traspaso de criterios a través de la autoevaluación o la
evaluación mutua son especialmente útiles. En este contexto, no se establecen
límites precisos entre las actividades de evaluación y las actividades de
aprendizaje.[...]
Se considera primordial promover la autonomía de los estudiantes; para ello es
necesario desarrollar métodos pedagógicos orientados a fomentarla. La llamada
evaluación formadora es un elemento clave del modelo que se propone
precisamente transferir al alumnado el control y la responsabilidad de su
aprendizaje mediante el uso de estrategias e instrumentos de autoevaluación.
Mientras que en la evaluación formativa la regulación y la gestión de los errores
era una responsabilidad del profesorado y, por tanto, externas al propio alumno,
ahora se propone la autorregulación por medio de actividades de evaluación
mutua, coevaluación o autoevaluación, a través de las cuales el alumno y la
alumna se van construyendo un sistema personal para aprender, que se
enriquece progresivamente” (Op. Cit., p. 18).
104
Siendo así, esto da lugar a situaciones tan absurdas como la existencia
de un acuerdo general en la defensa de que la evaluación es algo mucho más
amplio y complejo que un examen o una calificación junto con la constatación
de que en la práctica real de la mayoría de nuestras aulas se sigue
considerando que se evalúa a los alumnos proporcionándoles una calificación
que se les ha asignado en una prueba:
"La práctica cotidiana de la evaluación continúa resumiéndose en una
calificación, resultante de administrar un test centrado en los resultados"
(Trillo, 1996: 218).
David Nevo en 1986 planteaba diez dimensiones de la evaluación
educativa, cada una de las cuales puede verse como "fuente inagotable de
cuestiones y preocupaciones" (Nevo, 1986: 16):
1. ¿Cómo se define la evaluación?
2. ¿Cuáles son las funciones de la evaluación?
3. ¿Cuáles son los objetos de la evaluación?
4. ¿Qué tipos de información deberían ser recogidos en la
contemplación de cada objeto?
5. ¿Qué criterios tenemos para decidir el mérito o la importancia de lo
que es evaluado?
6. ¿Para quién se realiza la evaluación?
7. ¿Cuál es el proceso para realizar una evaluación?
8. ¿Qué métodos de indagación deberían ser usados en la evaluación?
9. ¿Quién debe realizar la evaluación?
10. ¿Con qué criterios ha de juzgarse la evaluación: por su utilidad,
factibilidad, por criterios éticos, por su precisión, ...?
Nosotros vamos a abordar en este trabajo estas cuestiones para tener
al final una visión más clara y precisa de en qué consiste la evaluación y, por
consiguiente, mejor fundamentar lo que debemos preguntar a profesores y
estudiantes de la Universidad de Compostela sobre cómo se está
desarrollando la evaluación de estudiantes:
“[…] lo que más nos interesa aquí al respecto es saber que,
dependiendo del modo en que se responda a cada una de las preguntas
que es posible plantearse respecto a la evaluación, -a saber: qué, cómo,
por qué y para qué evaluar, además de quién lo hace y para quién-, se
irá concretando uno u otro modelo de evaluación” (Trillo, 2003: 673).
111
14. Fomenta el conservadurismo.
15. La evaluación es un instrumento de represión.
16. No se hace metaevaluación.
17. No se practica la evaluación continua.
18. No se aclaran las condiciones de evaluación.
Tratando de entender, sin embargo, porque se producen algunos de
estos equívocos, MacGinitie (1993) considera que algunos errores que se
producen en la evaluación educativa pueden ser debidos a determinados
sesgos, propios de los juicios humanos, como son:
- Asimilación y contraste : existe una tendencia general a ignorar
evidencias posteriores y a basar las evaluaciones en las primeras evidencias
(a hacer que los juicios posteriores encajen con los iniciales). También existe
la tendencia a exagerar la diferencia entre las primeras evidencias y las
evidencias posteriores. Es probable que este efecto de contraste se produzca
cuando se evalúa una serie de productos que se consideran totalmente
independientes entre sí, como cuando son hechos por distintos estudiantes.
- Negatividad : la información negativa suele influir en las evaluaciones
con mucha más fuerza que la información positiva. Evidentemente, se debería
procurar que informaciones ocasionales decepcionantes no distorsionen las
evaluaciones.
- Categoría : en cuanto se coloca a una persona en cualquier categoría,
es probable que el contenido estereotipado de la categoría influya en la
evaluación.
- Confirmación : las personas tendemos a no comprobar nuestras
creencias, así como a tener una confianza excesiva en nuestras evaluaciones:
sobrevaloramos lo que sabemos y las veces que tenemos razón.
- Selección de la medida : las evaluaciones también están limitadas por
la dificultad de elegir qué es lo que se debe evaluar y cómo se debe evaluar.
Hay muchas cosas que se espera que aprendan los estudiantes y se podría
elegir entre muchos métodos para intentar evaluar cada uno de estos
aprendizajes.
112
"Al reflexionar sobre los límites de la evaluación descubrimos que,
independientemente de lo cuidadosos que seamos, muchos de nuestros
juicios estarán sesgados, que no podemos tener la esperanza de
evaluar muchas cosas que son importantes, que nuestros
procedimientos de evaluación, por muy realistas que queramos que
sean, tendrán una validez limitada, y que nunca podemos estar seguros
del significado que tienen nuestras evaluaciones para los estudiantes
que son evaluados" (MacGinitie, 1993: 30).
En fin, ¿será que los problemas existentes son los denunciados?, ¿será
que lo que nos hace errar de ese modo en materia de evaluación son estas
explicaciones de MacGinitie?
3.2.2. Definición de evaluación :
Una vez que hemos visto lo que la evaluación no es, vamos a intentar
clarificar lo que es realmente, para lo cual en primer lugar recogeremos
algunas de las definiciones que distintos autores o instituciones “relevantes” en
este campo han hecho o hacen de la evaluación, para analizar distintas
propuestas, comprobar como se ha modificado su concepción, y ver como se
concibe en la actualidad este concepto.
Vamos a mostrar estas definiciones agrupadas ya en categorías, en
función de como definen la evaluación:
• Como una actividad, acto o actuación (o bien un conjunto de estos):
BOE de 29 de Septiembre de 1970, Decreto 2618—70 de 22 Agosto:
“Es una actividad sistemática y permanente, integrada dentro del
proceso educativo con el fin de mejorar este proceso, ayudar y orientar
al alumno, criticar y revisar los planes y programas, métodos y recursos”
CESAR COLL, 1983: “En su apreciación más amplia, la evaluación
puede caracterizarse como un conjunto de actividades que conducen a
emitir un juicio sobre una persona, objeto, situación o fenómeno en
función de unos criterios previamente establecidos y con vistas a tomar
una decisión”
RAMÓN PÉREZ JUSTE, 1986: “Evaluar es el acto de valorar una
realidad, formando parte de un proceso cuyos momentos previos son
los de fijación de las características de la realidad a valorar, y de
recogida de información sobre las mismas, y cuyas etapas posteriores
113
son la información y la toma de decisiones en función del juicio de valor
emitido”
• Como un proceso o procedimiento :
COMITÉ PHI DELTA KAPPA DE EVALUACIÓN DE LA ENSEÑANZA
NACIONAL, 1971: “La evaluación es el procedimiento que define,
obtiene y ofrece información útil para juzgar decisiones alternativas”
BRUCE WAYNE TUCKMAN, 1975: “La evaluación es el proceso
mediante el cual las partes, los procesos o resultados de un programa
se examinan para ver si son satisfactorios con referencia a los objetivos
establecidos, a nuestras propias expectaciones o nuestros estándares
de excelencia”
JUAN MANUEL ESCUDERO, 1980: “En primer lugar hay que señalar
que la evaluación es un proceso no un producto, pero un proceso que
justifica tanto en cuanto es el punto de apoyo para tomar decisiones
racionales. De esta forma definiremos la evaluación como el proceso de
identificación, remodelación y tratamiento de datos, seguido para
obtener una información que justifique una determinada decisión”
ARTURO DE LA ORDEN, 1982: “Evaluar hace referencia al proceso de
recogida y análisis de información relevante para describir cualquier
faceta de la realidad educativa y formular un juicio sobre su adecuación
a un patrón o criterio previamente establecido, como base para la toma
de decisiones”
DANIEL STUFFLEBEAM Y ANTHONY SHINKFIELD, 1987: “La
evaluación es el proceso de identificar, obtener y proporcionar
información útil y descriptiva acerca del valor y el mérito de las metas, la
planificación, la realización y el impacto de un objeto determinado con el
fin de servir de guía para la toma de decisiones, solucionar los
problemas de responsabilidad y promover la comprensión de los
fenómenos implicados”
TERRY TEMBRINK, 1988: “Evaluación es el proceso de obtención de
información y de su uso para formular juicios que a su vez utilizarán
para tomar decisiones”
MARÍA ANTONIA CASANOVA, 1992: “La evaluación consiste en un
proceso sistemático de recogida de datos, incorporado al sistema
general de actuación educativa, que permite obtener información válida
y fiable para formar juicios de valor acerca de una situación, Estos
juicios, a su vez se utilizarán en la toma de decisiones consecuente con
objeto de mejorar la actividad educativa valorada”
114
• Como un juicio :
JAMES POPHAM, 1980: “La evaluación educativa sistemática consiste
en un juicio formal del valor de los fenómenos educativos. Sistemática
porque diferencia la evaluación educativa de la evaluación diaria
informal. Formal, en el sentido de determinar el mérito de una actividad”
JAVIER GARCÍA, 1989: “La evaluación es una actividad o proceso de
identificación, recogida y tratamiento de datos sobre elementos y
hechos educativos con el objetivo de valorarlos primero y sobre dicha
valoración, tomar decisiones”
• Como una investigación:
JOINT COMMITTE, 1988: “Es la investigación sistemática del valor o
mérito de algún objeto”
Una vez leídas estas definiciones, parece claro que hay una tendencia
mayoritaria, y que además se consolida con el tiempo, a considerar la
evaluación como un proceso.
Si seguimos analizando estas definiciones, también podemos constatar
como estos autores consideran que el objetivo, la función o la finalidad de la
evaluación sería, mayoritariamente, formular juicios y, sobre todo, tomar
decisiones, como podemos comprobar en el siguiente cuadro:
115
Cuadro 6: Clasificación de definiciones según la finalidad que le otorgan a la
evaluación.
Mejorar el
proceso
educativo
Juzgar o tomar
decisiones
Examinar
procesos o
resultados
Determinar
cambios en
alumnos
Juzgar el
valor y el
mérito
Decreto de
1970
Coll, 1993
Comité Phi
Delta Kappa,
1971.
Escudero, 1980
De la Orden,
1982
Coll, 1983
Tembrick, 1988
Pérez Juste,
1986
Stufflebeam y
Shinkfield, 1987
García, 1989
Casanova, 1992
Tuckman,
1975
Bloom, 1975 Pophan, 1980
JOINT
COMMITTE
1988
Después de haber analizado estas definiciones de evaluación nos
parece interesante presentar la definición de Carlos M. Vázquez Reyes (1995),
que considera que la evaluación:
"- Es un proceso sistemático en el que se han de especificar las
decisiones a tomar y los criterios de valoración, la recogida de
información, la comparación con el criterio y la emisión del juicio de
valor.
- Se trata de diagnosticar una situación para poder tomar decisiones.
- Implica un juicio de valor y una comparación.
- Evaluar es distinto a calificar o medir, es interpretar y valorar.
- Requiere la participación de los que intervienen en el proceso que se
evalúa. La autoevaluación y la coevaluación equilibran los procesos de
heteroevaluación que nos son más familiares.
La evaluación es un instrumento al servicio del proceso de enseñanza y
de aprendizaje, su finalidad no es punitiva o represiva sino la
información, la valoración y la toma de decisiones. No está
descontextualizada ni es algo distinto a la actividad educativa, es una
116
parte esencial de la misma, una actividad integrada en el quehacer del
aula y del centro. Al evaluar se está aprendiendo y enseñando.
Aprenden tanto el profesorado como el alumnado, los primeros
identifican las prácticas valiosas, reconducen los procesos y mejorar su
actuación; los segundos, identifican sus errores, las dificultades de
aprendizaje y pueden desarrollar y aplicar estrategias para superarlos.
Es, asimismo, un punto de referencia para la planificación y el desarrollo
de la intervención educativa (corrección y mejora del proceso de
enseñanza y de aprendizaje), la aplicación de refuerzo educativo, la
elaboración y aplicación de adaptaciones curriculares, programas de
diversificación curricular, programas de garantía social, la toma de
decisiones de permanencia, promoción y obtención de la titulación."
De este modo, aunque leyendo distintas definiciones podemos darnos
cuenta de que en ellas se adoptan perspectivas muy diversas y se aluden a
dimensiones y aspectos muy variados de la evaluación, también nos
percatamos de que la mayoría de ellas parecen tener algunas características
en común, características que nos gustaría remarcar y que podrían ser
consideradas como los componentes o aspectos que deben estar presente en
cualquier evaluación para que pueda ser definida como tal.
Nos referimos a considerar que la evaluación es un proceso sistemático,
que implica un juicio de valor sobre el objeto o cuestión a evaluar y que está al
servicio de una toma de decisiones:
"Se considera que la evaluación constituye una tarea del mayor interés
pedagógico y didáctico, articulada en una estructura de actividad
educativa que abarca tres importantes fases relativas a:
- la recogida de datos;
- la valoración de los mismos;
- la toma de decisiones." (Rosales, 1990: 13)
Flor A. Cabrera y Julia V. Espín, en el primer capítulo de su obra:
Medición y evaluación educativa (1986), lo especifican del siguiente modo:
" De las definiciones anteriores se desprende que:
a) El proceso evaluativo está al servicio de una toma de decisiones, ello
implica el carácter instrumental de la evaluación, es un medio para un
fin.
b) Toda evaluación implica un juicio de valor sobre el objeto evaluado y
por consiguiente un criterio de comparación. Estos dos componentes
son los elementos nucleares del proceso evaluativo.
117
c) La evaluación es un proceso sistemático, no improvisado, en el cual
pueden distinguirse tres pasos fundamentales:
El primer paso implica una especificación de las decisiones a tomar con
los resultados y una especificación de los criterios a través de los cuales
van a ser valorados.
El segundo paso es el momento propiamente de la recogida de
información.
En un tercer paso, se compara la información recogida con el criterio
adoptado en orden a emitir un juicio de valor sobre el objeto evaluado."
(Cabrera y Espín, 1986: 21-22)
Esta forma de entender la evaluación llevaría implícita varias
cuestiones:
- Si la evaluación es un proceso sistemático, quiere decir que no es algo
que se pueda realizar como una actividad aislada, que se lleva a cabo en un
momento concreto, de una forma esporádica, puntual e improvisada:
"Lo que pretendemos señalar es que cuando hablamos de evaluación
no estamos hablando de un hecho puntual o un acto singular, sino de un
conjunto de pasos que se condicionan mutuamente. Ese conjunto de
fases se ordenan secuencialmente (son un proceso) y actúan
integradamente (son un sistema)" (Zabalza, 1988: 239).
- Si la evaluación implica un juicio de valor, quiere decir que no es una
actividad neutra, que pueda hacerse de una forma “objetiva” al margen de todo
posicionamiento. Al contrario, el implicar un juicio de valor exige que es
necesario tener muy claros cuales son los criterios por los que vamos guiarnos
para valorar ese aspecto, en base a que valores y con qué fines vamos a
juzgar el objeto a evaluar.
- Por último, si la evaluación está al servicio de una toma de decisiones,
implica que ninguna evaluación estará acabada si no sirve para decidir algo
con respecto al objeto de evaluación. Es decir, no basta con emitir un juicio de
valor con respecto al aspecto en cuestión, sino que es necesario además que
la evaluación nos muestre también que se puede hacer una vez que hemos
constatado como es o como está ese aspecto a evaluar:
“En su concepción actual, el punto de partida de la evaluación no son
unos ‘objetivos previamente establecidos’, sino el tipo de decisión a la
que pretende servir la evaluación. En consecuencia, el desafío al que se
enfrenta hoy la evaluación es el que sea útil para tomar decisiones”.
(Flor Cabrera, 1988, cit. por Calvo de Mora Martínez, 1991: 14).
118
Según esto, podemos sintetizar todo lo dicho hasta ahora en la siguiente
definición de evaluación:
La evaluación es un proceso de estimación, de atención selectiva,
contextualizada y democrática que, en base al análisis reflexivo de la
información obtenida a través de diversos procedimientos e
instrumentos validados sobre los procesos y los resultados del quehacer
educativo, posibilita la formación de un juicio y la consecuente toma de
decisiones para la mejora de la práctica.
Es decir, no se puede perder de vista que en nuestro campo la
evaluación no puede olvidar su finalidad educativa, que implica conocer la
calidad de los procesos y resultados que se están siguiendo u obteniendo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje, así como saber qué decisiones se deben
adoptar para su mejora, algo que Bloom, Hasting y Madaus ya afirmaban en
1977:
"Nuestra visión comprende la evaluación como:
1. Un método para adquirir y procesar la evidencia necesaria para
mejorar el aprendizaje del estudiante y la enseñanza.
2. Algo que abarca una gran variedad de evidencias más allá del
habitual examen final.
3. Una ayuda para aclarar las metas y objetivos más importantes de la
educación y como un proceso para determinar el grado en que los
estudiantes evolucionan en las formas deseadas.
4. Un sistema de control de calidad en que puede determinarse en cada
etapa del proceso de enseñanza y aprendizaje si ese proceso es
eficaz o no, y, si no lo es, qué cambios deben efectuarse para
asegurar su eficacia antes que sea demasiado tarde.
5. Por último, un instrumento de la práctica educativa que permite
establecer si ciertos procedimientos alternativos son igualmente
eficaces o no para alcanzar un conjunto de metas educacionales."
(Bloom, Hastings y Madaus, 1977: 22-23)
Por su parte, el profesor Jesús Garato Alós lo expresa claramente en el
prólogo de la obra de Joan Mateo (2000): La evaluación educativa: sus
prácticas y otras metáforas, donde además hace hincapié en la necesidad de
119
que en este proceso se implique a todos los miembros de la comunidad
educativa :
"[...] como el propio Joan Mateo dice [evaluar] es un proceso de
recogida y análisis de información relevante con el fin de describir
cualquier realidad educativa de manera que facilite la formulación de
juicios sobre la adecuación a un patrón o criterio de calidad debatido
previamente, como base para la toma de decisiones. Así entendida se
presenta como un mecanismo regulador para poder describir, valorar y
reorientar la acción de los agentes que operan en el marco de una
realidad educativa específica. Siendo también la evaluación un proceso
generador de cultura evaluativa que implica ofrecer visiones y análisis
no simplificadoras de las realidades educativas, interpretar la
información desde todos los puntos de vista de los agentes implicados,
establecer diálogos en profundidad entre las partes, ejercer una acción
crítica, buscar el consenso, diseñar alternativas de acción, tomar
decisiones y establecer compromisos" (Garato Alós, en Mateo, 2000:
13).
A su vez, Juan Manuel Álvarez resume el carácter educativo de la
evaluación en la siguiente cita:
“Desde esta perspectiva, evaluar es conocer, es contrastar, es dialogar,
es indagar, es argumentar, es deliberar, es razonar, es aprender. En
términos generales, decididamente comprometido con la racionalidad
práctica y crítica, quien evalúa quiere conocer, valorar, sopesar,
discriminar, discernir, contrastar el valor de una acción humana, de una
actividad, de un proceso, de un resultado. Evaluar es construir
conocimiento por vías heurísticas de descubrimiento. Quien evalúa con
intención formativa quiere conocer la calidad de los procesos y de los
resultados" (Álvarez Méndez, 2001: 59).
Ahora bien, una vez definido el concepto de evaluación, todavía caben
interpretaciones y matices.
• Acepción amplia y acepción estrecha de la evaluación:
Félix Angulo (1994) presenta una distinción muy interesante entre
evaluación en su acepción estrecha y evaluación en su acepción amplia:
120
"Podemos acordar dos acepciones del término evaluación: una
acepción amplia que correspondería al proceso por el cual conocemos y
valoramos la calidad del servicio y el papel de los distintos componentes
en el mismo y otra acepción estrecha (o reducida) que señalaría al
proceso o procedimiento por que averiguamos su 'calidad' únicamente a
través de la 'repercusión' de dicho servicio en individuos o grupos de
individuos receptores del mismo, restringiendo la comprensión de
calidad a su incidencia sobre los receptores (alumnos/as). En ambos
casos, repito, formulamos un juicio, pero con la importante diferencia de
que en el segundo, el juicio es una atribución a individuos o grupos de
individuos o, en todo caso, a las actividades (por ejemplo sus
aprendizajes) que hayan realizado; mientras que en el primero la
atribución se realiza sobre una actividad social o una institución
compleja, incluyendo acciones, decisiones, propuestas, experiencias,
circunstancias, opiniones, y juicios tanto individuales como colectivos"
(Angulo Rasco, 1994: 285-286).
Y centrándonos en la evaluación del alumnado:
"teniendo en cuenta la acepción estrecha, la evaluación del alumnado
supondría, casi exclusivamente, la recogida de información sobre su
trabajo en clase: el contenido asimilado, los trabajos realizados, la
participación, en el mejor de los casos, o simplemente sus respuestas a
ciertas pruebas y exámenes, en el peor. Con la acepción amplia, sin
embargo, su evaluación tendría que situarse en relación con la calidad
del material (libros de texto, materiales curriculares, experiencias de
laboratorio) seleccionado y con la calidad de la enseñanza misma y la
atención pedagógica que el docente ha prestado al alumnado a lo largo
del período de tiempo establecido. [...] Cuando evaluamos al alumnado
pasamos por alto que la calidad de sus 'aprendizajes' está relacionada
tanto con la calidad de nuestras decisiones, concepciones y acciones
docentes como con la calidad del 'contexto escolar' en el que se
realizan. Probablemente sin el conocimiento de dichas concepciones,
decisiones y acciones y sin el conocimiento de las características del
contexto, resulta difícil (si no imposible) explicar y situar dichos
aprendizajes, o la información que sobre los mismos obtenemos"
(Angulo Rasco, 1994: 287).
Como vemos, de esta forma el autor defiende la utilización de la
acepción amplia de la evaluación, ya que aunque pretendamos evaluar
"únicamente" el aprendizaje de los alumnos, no debemos olvidar que éste se
hace siempre en un contexto determinado, con una historia concreta y unas
circunstancias propias, y que es necesario considerar todos estos aspectos
para que la evaluación sea justa.
127
Nosotros en este trabajo nos centramos (con la matización hecha
anteriormente) en la evaluación del alumnado. Vamos a estudiar qué y cómo
se evalúa al alumnado, comparando lo que afirman diferentes autores que se
debe o se está evaluando y lo que los propios alumnos y profesores perciben
de sus evaluaciones.
Para ello, la primera cuestión que se plantea es: ¿qué se evalúa/debe
evaluar cuando se habla de la evaluación de alumnos?, y la respuesta más
directa, pero no por ello menos compleja es: que lo que se debe evaluar son
los aprendizajes de los alumnos.
Ahora bien, ¿en qué consiste la evaluación de los aprendizajes de los
alumnos? Quizás deberíamos comenzar por establecer las diferencias entre el
aprendizaje, el rendimiento y el conocimiento, que si bien son tres conceptos
relacionados, no se pueden hacer sinónimos a la hora de la evaluación de
alumnos.
Para establecer esta diferenciación seguimos fundamentalmente dos
artículos del profesor Felipe Trillo (1996, 2001b), en los que se ofrece una
diferenciación clara de estos tres conceptos.
De este modo, se entiende que el rendimiento : "tiene que ver con la
situación de un alumno respecto de un normotipo fijado previamente y que los
profesores utilizan para hacer comparaciones. Este normotipo (establecido por
los propios profesores o tomado de directrices externas) puede adoptarse de
un modo deliberado y sistemático o, por el contrario, ser totalmente arbitrario:
pudiendo encontrarnos con que un chico no tiene ni idea de una materia pero
sin embargo aprueba porque es muy dócil y no plantea problemas a nivel de
disciplina; en otros casos, una chica relaciona lo que escucha con su
experiencia e interroga frecuentemente al profesor poniendo en evidencia las
lagunas de éste, de suerte que al final suspende … por impertinente" (Trillo,
1996: 219).
Por su parte, el conocimiento se define como: "una convención social
y/o científica sobre cuáles son las explicaciones actualmente aceptables sobre
la realidad" (Trillo, 1996: 220).
128
Mientras que el aprendizaje se considera sinónimo de comprender, “y
supone relacionar la información entrante con la experiencia y los
conocimientos previos a fin de extraer significados personales; pues aprender
es abrirse a la experiencia y procurar su racionalización atribuyéndole sentido
(Bruner, 1990, 1997)” (Trillo, 2001b: 87).
Siendo así, como vemos el rendimiento no tiene por qué coincidir con el
aprendizaje. Solamente si por aprendizaje entendiésemos "que el alumno dé,
cuando se le autoriza o exige, una respuesta mimética de otro a una pregunta
que para él nada significa, las probabilidades de que el aprendizaje y el
rendimiento coincidan aumentan poderosamente" (Trillo, 1996: 219) , pero si,
por el contrario, partimos de la concepción de aprendizaje antes expuesta, no
cabe duda alguna sobre la diferencia entre estos dos conceptos:
“Sobreestimar la evaluación en cuanto rendimiento distorsiona el
conocimiento. Diferencia y divide artificialmente en partes insignificantes
la información que se considera más importante para la puntuación, y
termina confundiendo lo que merece la pena aprender con lo que se
sospecha que va a ser objeto de evaluación: vale sólo aquello que
"entra en el examen", aquello que "va para el examen". Lo que no es
objeto de examen, carece de valor y por tanto de interés. Si acaso,
valdrá en otro momento, en otras circunstancias, pero en el contexto de
aula, sólo merece la pena dedicar tiempo y esfuerzo a aquello que se
percibe como objeto de control. El interés por aprender es otra
cuestión.” (Álvarez Méndez, 2001: 34).
Por igual motivo, y porque la cantidad de conocimiento acumulado es
hoy en día inabarcable, no tiene sentido tampoco pretender a la hora de
evaluar controlar si se tiene o no el conocimiento, sino si el alumno sabe por
qué, cómo y qué hacer con él:
“Desde el punto de vista del “qué evaluar”, la prioridad pasa a ser,
entonces, la planificación y organización de actividades de evaluación
que permitan valorar el grado de significatividad del aprendizaje
desarrollado por los alumnos, la evolución en el tiempo de ese
aprendizaje y el progreso personal realizado, la funcionalidad del
aprendizaje en distintos contextos y situaciones de uso, el sentido
personal que los alumnos atribuyen a lo que están aprendiendo y al
hecho de aprenderlo, el grado en que van adquiriendo autonomía en el
uso del conocimiento, la capacidad progresiva para autorregular su
propio aprendizaje; y también que permitan valorar todo ello en relación
con el tipo y la calidad de las ayudas educativas que han ido recibiendo
los alumnos y gracias a las cuales pueden avanzar en su aprendizaje.
129
En este sentido, la planificación de las actividades de evaluación pasa
de estar presidida por el interés de medir el nivel de conocimiento de los
alumnos a estarlo por el propósito de indagar cómo está organizado el
conocimiento de los alumnos con relación a un contenido concreto y la
manera en que pueden ponerlo en acción en un contexto determinado”
(Coll y Onrubia, 2002: 52-53)
Naturalmente, esto conlleva importantes modificaciones con respecto a
la evaluación tradicional en la consideración de los aspectos que interesa
evaluar:
“Durante la última década se han producido una serie de cambios en las
concepciones sobre la enseñanza y el aprendizaje que han tenido una
serie de repercusiones importantes al presentar nuevas visiones y
prácticas sobre la evaluación. Estos cambios se pueden configurar
como sigue:
-De la preocupación sobre cómo recordar información se ha pasado al
interés sobre cómo transferirla a otras situaciones;
-De destacar la importancia de saber aplicar fórmulas previamente
aprendidas o memorizadas para resolver problemas, se ha pasado a
la necesidad de plantearse problemas y encontrar estrategias para
resolverlos;
-La importancia de los resultados se ha transformado en el interés por
los procesos del aprendizaje de los alumnos;
-La valoración de la cantidad de información, la recitación memorística
y la erudición está dando lugar a destacar la importancia del saber
como capacidad para buscar de forma selectiva, ordenar e interpretar
información, para darle sentido y transformarla en conocimiento”
(Sancho Gil y Hernández, 1998: 463).
En efecto, se ha dado un salto (por lo menos a nivel teórico) de
considerar como objeto de evaluación las habilidades cognitivas básicas, a
buscar el desarrollo de competencias y habilidades cognitivas de nivel superior
y metacognitivas, tales como: apertura y flexibilidad en el aprendizaje,
independencia de aprendizaje, sentido de responsabilidad, capacidad de
analizar, sintetizar y pensamiento crítico, habilidad para interactuar con otros,
razonamiento moral y ético, etc.:
“A partir de las aportaciones de las teorías cognitivas y constructivistas
del aprendizaje, los nuevos enfoques de la evaluación educativa se
dirigen, no sólo a comprobar si el alumno ha asimilado unos
determinados contenidos, sino sobre todo a valorar si esos contenidos
han facilitado el desarrollo de una serie de capacidades. El término de
<<capacidad>> es amplio y no está exento de una cierta dosis de
ambigüedad. Podríamos decir que el desarrollo de una determinada
capacidad lleva implícito que el alumno ponga en marcha una variedad
de procesos cognitivos, conocimientos previos y estrategias que le
130
permiten procesar la información, realizar las tareas y resolver los
problemas que se derivan del conjunto de contenidos a aprender”
(Blázquez Entonado, González González y Montanero Fernández, 1998:
185)
En este sentido, y en palabras de Menucha Birembaum (1995), ocurre
que en esta era la idea de sujeto educado implica una persona autónoma, con
gran capacidad de adaptación, que sea capaz de aprender por si misma,
comunicarse y cooperar con otros personas:
“Las competencias específicas que para ser tal persona se requieren
incluyen: a) competencias cognitivas tales como resolución de
problemas, pensamiento crítico, formulación de cuestiones, búsqueda
de información relevante, realización de juicios fundamentados, uso
eficiente de la información, observación crítica, investigación, invención
y creación de nuevas cosas, análisis de datos, claridad en la
presentación de datos, expresión oral y escrita; b) competencias
metacognitivas tales como autorreflexión o autoevaluación; c)
competencias sociales tales como conducir discusiones y
conversaciones, persuasión, cooperación, trabajo en grupo, etc.; y d)
disposiciones afectivas tales como perseverancia, motivación intrínseca,
iniciativa, responsabilidad, autoeficacia, independencia, flexibilidad, o
capacidad de sobreponerse a situaciones frustrantes. La necesidad de
desarrollar esas competencias expande el ámbito de la educación y
crea una cambiante empresa para los educadores” (Birembaum, 1995:
4)
Y, por si fuera poco, no podemos obviar que esto es algo que se está
reclamando hoy en día con la construcción del Espacio Europeo de Educación
Superior, en el que se aboga por el paso a una “sociedad del aprendizaje”, en
donde:
“La necesidad de reconocer y valorar el aprendizaje también tiene una
influencia en las aptitudes y en la construcción de programas educativos
que finalicen en titulaciones basadas en competencias. En este
contexto, la consideración de las capacidades junto al conocimiento
ofrece una serie de ventajas que están en armonía con las demandas
que surgen del nuevo paradigma” (Villa, 2003: 4).
Naturalmente, esa apuesta por el aprendizaje requiere ampliar la
tradicional y restrictiva concepción de los contenidos instructivos a los
estrictamente conceptuales. Bien al contrario, no debemos olvidar tampoco
que cuando hablamos de evaluar el aprendizaje de los estudiantes debemos
hacer referencia a los tres tipos de contenidos curriculares (conceptuales,
procedimentales y actitudinales) sobre los cuales se realiza el aprendizaje, ya
131
que la evaluación de cada uno de estos contenidos implica procedimientos y
metodologías diferentes.
Así, siguiendo a Alonso Tapia (1997) podemos establecer los siguientes
“indicadores de conocimiento de los distintos contenidos curriculares” :
Conceptuales
-HECHOS: "si el recuerdo de un hecho muestra que el sujeto lo
conoce, el hecho de no recordarlo no significa necesariamente lo
contrario. En consecuencia, si se desea saber si determinados
hechos son conocidos, es preciso proporcionar indicios que puedan
facilitar su recuerdo. En cualquier caso, el conocimiento de hechos
tiene sentido sólo en la medida en que contribuye a otros
aprendizajes, como la comprensión de conceptos y procedimientos y
la adquisición de las capacidades que constituyen los objetivos
centrales de la educación dentro de cada etapa" (Alonso Tapia, 1997:
21-22).
-CONCEPTOS: “Para evaluar el conocimiento conceptual es
conveniente examinar las distintas implicaciones que los conceptos
tienen para cada sujeto observando cómo los usan y, si es posible,
preguntando las razones de porqué lo hacen del modo en que lo
hacen. [...] es preferible evaluar el grado en que se comprende un
concepto dado a través de tareas en las que se deba categorizar
objetos, hacer predicciones o actuar frente a una situación a la que el
concepto o conceptos en cuestión sean aplicables” (Op. cit.: 22-23)
Procedimentales
"La evaluación del grado en que los alumnos conocen los
procedimientos que es preciso aprender en el contexto de cada una
de las áreas curriculares debe hacerse atendiendo a las distintas
facetas que definen el conocimiento de un procedimiento, esto es,
preguntando qué sabe del mismo, observando si lo aplica siguiendo
cada uno de sus pasos y si lo hace de forma precisa y automatizada,
y examinando si es capaz de aplicarlo de forma generalizada a
distintas situaciones" (Op. cit.: 25).
Actitudinales
"El indicador más válido de las actitudes parece ser el hecho de que
alumnos y alumnas manifiesten determinados patrones de conducta -
elección, iniciación, persistencia, reiteración, intensidad, etc.- en
relación con el objeto o actividad que definen la actitud" (Op. cit.: 30-
31).
Consecuentemente, todas estas modificaciones también implican
cambios en la forma de evaluar esos aspectos, siendo necesario la utilización
de procedimientos e instrumentos de evaluación más complejos que permitan
evaluar estas competencias:
“Que un modelo de evaluación de alumnos simplifique los
procedimientos de evaluación en el sentido en que los haga más
sencillos, llevaderos, económicos (en cuanto a tiempo y esfuerzos), etc.,
resulta excelente, pero ello si no implica también la simplificación de
aquello que pretendemos evaluar. Y lo cierto es que, en el caso de los
alumnos, lo que pretendemos evaluar habitualmente es el aprendizaje,
esto es, el dominio o adquisición de determinadas capacidades. En
132
ocasiones, el ejercicio de tratar de redefinir muchas de esas posibles
capacidades en forma de comportamientos observables y medibles para
finalmente ser evaluadas nos hace ganar en la precisión de la medida,
pero perder en cuanto a la significatividad (educativa), la relevancia o
validez de ese aprendizaje medido” (Salinas, 2002: 42-43).
En definitiva, se hace imprescindible romper con lo que Miguel Ángel
Santos Guerra (1993a) denomina “las patologías de la evaluación”, en las que
nos muestra algunas prácticas frecuentes que se hacen "pasar" por evaluación
cuando en realidad son expresiones patológicas o reduccionistas de lo que en
realidad se debe evaluar y la forma en que se debe desarrollar la evaluación.
Mostramos a continuación las “patologías” enunciadas por Santos Guerra que
hacen referencia al qué se evalúa:
1. Sólo se evalúa al alumno : A cada alumno se le asigna en el expediente
un valor numérico (al menos cuantificado) que parece ser de su
exclusiva responsabilidad. La calificación del alumno es resultado de su
capacidad y de su falta o derroche de esfuerzos. En el caso de fracasar
será él quien deberá pagar las "consecuencias". Sólo él deberá cambiar.
Lo demás podrá seguir como estaba. La evaluación se convierte así en
un proceso conservador.
2. Se evalúan solamente los resultados : Analizar sólo los resultados
obtenidos es, cuando menos, parcial. Y la parcialidad suele ir
acompañada de imprecisión y de tergiversaciones.
3. Se evalúan sólo los conocimientos : Existen otra serie de pretendidos
logros (véase cualquier formulación curricular, véase incluso la
legislación de cualquier rango que defina objetivos educativos del
sistema) que no se contemplan debidamente en el proceso evaluador:
actitudes, destrezas, hábitos, valores, …
4. Sólo se evalúan los resultados directos, pretendidos : La puesta en
marcha de muchos proyectos curriculares que siguen un criterio de
encadenamiento lineal no tiene en cuenta la evaluación de aquellos
efectos laterales, secundarios, imprevistos. Estos efectos existen, casi
inevitablemente. Y, en ocasiones, son mucho más importantes que los
resultados buscados directamente en el proyecto.
133
5. Sólo se evalúan los efectos observables : Lo no observable no es
equivalente a lo no existente. Ni a lo no relevante. Ni, por supuesto, a lo
no evaluable. Al menos, desde una concepción del proceso evaluador
que pretenda profundizar en la entraña educativa.
6. Se evalúa principalmente la vertiente negativa : El desequilibrio de
perspectiva hace que la escuela esté más atenta a los errores que a los
aciertos de los alumnos y que los equipos de evaluación externa se
apresten más a describir problemas y deficiencias que a resaltar valores
y logros
7. Sólo se evalúa a las personas : Es un error someter a los alumnos a una
evaluación conclusiva (lo cual encierra juicios de valoración, no meras
descripciones de actuación) sin tener en cuenta las condiciones, los
medios, los tiempos, los contextos en que se mueven.
En fin, cabe decir que las transformaciones que promueve son las que
asumimos.
A la luz de esta información, consideramos que las preguntas que
realicemos a profesores y estudiantes de la Universidad de Santiago de
Compostela con respecto al qué se evalúa deben incidir en la diferenciación
entre aprendizaje, rendimiento y conocimiento; interrogar sobre si se está
buscando el desarrollo de competencias y habilidades metacognitivas o si la
evaluación sigue centrándose en habilidades básicas; comprobar en qué
medida se atiende al aprendizaje de los tres tipos de contenidos curriculares
en la evaluación de estudiantes; así como constatar si se siguen desarrollando
las prácticas reduccionistas de la evaluación que Santos Guerra considera
patológicas.
134
3.4. CÓMO EVALUAR:
La siguiente cuestión que se nos plantea, teniendo en cuenta los
interrogantes de David Nevo, es ¿qué debemos investigar sobre el cómo se
evalúa?:
“Decir que en la evaluación interesa recoger información no aclara
mucho y compromete menos. Tal vez esto mismo justifique la tendencia
al consenso en este punto. Lo importante a partir de aquí, y desde
donde pueden surgir las diferencias, es saber: ¿Qué información
interesa recoger, con qué fines, para desempeñar qué funciones? ¿Qué
decisiones siguen a la recogida de información? ¿De qué modo y con
qué método y técnicas se va a recoger la información? ¿A quién van
destinadas las informaciones y las decisiones que se toman y quiénes
son sus beneficiarios? ¿Quién/quiénes recoge(n) la información y quién
decide a partir de ellas? ¿Sobre qué principios y sobre qué
concepciones curriculares se van a resolver las cuestiones planteadas?
¿Qué usos se van a dar a los resultados de las evaluaciones, y quién
conoce esos usos y quién se beneficia de ellos?” (Álvarez Méndez,
2001: 70-71)
El estado de la cuestión nos exige, pues, optar entre los diferentes
referentes de la evaluación, es decir, establecer en función de qué se va a
juzgar lo que es evaluado; adoptar unos criterios para valorar los objetos de
evaluación; y decidir “mediante qué” evaluar, es decir, qué técnicas o
instrumentos se van a utilizar para recoger información sobre el aprendizaje de
los estudiantes.
A continuación vamos a sintetizar lo que nos dice la literatura
especializada sobre estos aspectos, para poder así fundamentar la
formulación de preguntas a profesores y estudiantes sobre cómo se evalúa en
la Universidad de Santiago de Compostela.
3.4.1. Referentes de la evaluación :
Como establecimos en la conceptualización de la evaluación, una de
sus notas definitorias es el ser un juicio; pero hay que tener presente que
siempre que se emite un juicio se hace (o así debería ser) en función de unos
referentes claros y precisos. Por lo tanto, en este apartado pretendemos
135
conocer los diferentes tipos de referentes que se pueden utilizar cuando
realizan una evaluación.
En la obra de Elena Barberà (1999): Evaluación de la enseñanza,
evaluación del aprendizaje, se recoge la experiencia de un centro de
educación primaria y secundaria obligatoria de Barcelona que, tras la
implantación de la LOGSE y al comenzar a impartir la ESO se preocupa por
reflexionar sobre la evaluación de estudiantes, creando grupos de trabajo entre
profesores para buscar fundamentación teórica a cómo debe desarrollarse
este proceso y trabajando sobre los instrumentos o técnicas que les pueden
ayudar a llevarlo a cabo. En relación a los referentes de la evaluación, una de
las conclusiones a las que llegan es la siguiente:
“En el momento de evaluar pueden existir dos grandes tipos de
referentes:
- Referente interno según nos basemos en una valoración que se centra
en el alumno, concretamente en sus propias capacidades individuales.
- Referente externo si nos basamos en una valoración que tiene su
<<medida>> y sus directrices en un criterio común de tipo absoluto o
relativo igual para todos los alumnos” (Barberà, 1999: 38).
De esta forma, este grupo de profesores establecen tres tipos de
evaluación en función del referente que se esté utilizando: evaluación
normativa, evaluación criterial y evaluación centrada en el alumno:
Referente externo al alumno
Evaluación
normativa
Se valora a los alumnos según el nivel del grupo-clase.
-Descripción: si el nivel de la clase es elevado, un alumno con unos
resultados intermedios pero aceptables será valorado
negativamente; y viceversa. De hecho, a la hora de evaluar es muy
difícil mantenerse al margen de este tipo de evaluación, porque no
es sencillo ignorar el nivel general de una clase y el clima de trabajo
que tiene.
-Efectos secundarios: normalmente, cuando corregimos aplicamos
una mirada general que nos sirve para hacernos una idea vaga (por
lo inconcreta), pero directriz (por su fuerza referencial) que guía
nuestras correcciones. Puede suceder que las primeras
correcciones de un trabajo, por ejemplo, sean estrictas y que a la
vista de que los resultados aparezcan más bajos de lo esperado, se
llegue a flexibilizar y cambiar el criterio en las correcciones
sucesivas.
136
Referente externo al alumno
Evaluación
criterial
Se valora a los alumnos según unos criterios predefinidos y bien
determinados:
-Descripción: el trabajo central es delimitar un ámbito de actuaciones
deseables de los alumnos. Se establecen los objetivos de enseñanza
y aprendizaje, y los criterios de evaluación. Primero, los objetivos (de
área, etapa, ciclo ...) indican la meta a la que se pretende llegar;
después, los criterios de evaluación han de detallar también cuando
se considera que un alumno ha conseguido un objetivo determinado.
Esta especificación supone una valoración uniforme para todos los
alumnos.
-Efectos secundarios: puede existir excesiva rigidez y segmentación
en el momento de definir los comportamientos de los alumnos. Los
criterios se deben definir con una cierta amplitud y en relación con
las necesidades y el entorno del grupo y la escuela concreta. Los
criterios son pautas para la evaluación y conviene compartirlos con
otros profesores y establecerlos de antemano para no incurrir en
desequilibrios .
Referente interno
Evaluación
centrada en
el alumno
Se valora a los alumnos según las capacidades de cada uno de ellos.
-Descripción: se realiza primero una evaluación inicial para conocer lo
que sabe el alumno, así como una estimación de sus posibilidades de
progreso en el tiempo que establezcamos. Pasado este período se
evalúa el progreso y sus resultados. Si coinciden, la valoración se
emitirá de manera positiva; de lo contrario, será negativa.
-Efectos secundarios: se puede llegar a utilizar no como un recurso
pedagógico al servicio de una necesidad puntual de conocer o valorar
algún aspecto concreto, sino como una medida de promoción de los
alumnos, creando desigualdades entre ellos. También puede suceder
que la valoración del esfuerzo empleado supla la comprobación de si
se han conseguido las metas que se habían establecido para cada
uno de los alumnos.
Según esto, podemos decir también que hay un amplio acuerdo en
considerar que hay tres tipos o modalidades básicas de "normotipos" ,
entendiendo por normotipo el punto de referencia con el que se comparan los
datos obtenidos en la recogida de información para, a partir de esta
comparación, formular un juicio:
a) Normotipo normativo o estadístico : la comparación se establece con
respecto a un grupo de referencia, a lo que es «normal» en ese grupo:
143
“Si la pregunta que formula crea tensión, ansiedad, tensa
desproporcionadamente los nervios de quien debe responder, altera en
gran medida la vida escolar, debe reconocer que, antes de estimular el
conocimiento, la misma pregunta se convierte en un obstáculo que
actúa en contra de los intereses del sujeto que debe responder en un
contexto ficticio, artificial” (Álvarez Méndez, 2001: 119).
Se trata, por tanto, de priorizar un tipo de tareas o actividades en un
ambiente tal que nos permitan obtener información del nivel de comprensión y
significatividad que los estudiantes están desarrollando en sus aprendizajes:
“Así, y pensando sobre todo en los estudiantes, es preciso centrarse en
el tipo de tareas que se les presentan, desde la convicción de que éstas
condicionan (provocan, activan) sus procesos cognitivos, pues hay una
manera de evaluar, que plantea tareas complejas y abiertas, que
reclaman del alumno un proceso de elaboración personal y que tiene en
la comprensión su mejor exponente, y otra, que les propone apenas
tareas simples y cerradas (de respuesta única), del tipo de las de
repetición más o menos literal y/o mecánicas (algoritmos)” (Trillo, 2003:
675).
Y en esta dirección, conviene recordar que la comprensión es "poder
realizar una gama de actividades que requieren pensamiento en cuanto a un
tema, por ejemplo, explicarlo, encontrar evidencias y ejemplos, generalizarlo,
aplicarlo, presentar analogías y representarlo de una manera nueva" (Perkins
y Blythe, 1994); a lo cual Trillo añade "y hacerlo de una manera reflexiva, y no
pasiva o subordinada, reconociendo que no hay una respuesta definitiva pero
que, en todo caso, aquella que alcance por sí mismo debe contar con
suficiente evidencia o apoyo en el conocimiento anterior. Se trata, por tanto, de
una actividad decididamente exigente porque pretende que los estudiantes
puedan usar el conocimiento, y no que simplemente sepan cosas" (Trillo,
1997a: 85) .
Ahora bien, si esto es lo que se exige, no debemos pasar por alto o
subestimar la necesidad de que los estudiantes reciban una adecuada y pronta
retroalimentación sobre su tarea, que les permita reflexionar sobre su progreso
y, de este modo, mejorar su desempeño:
“Si los estudiantes no obtienen feedback, ellos pueden continuar
cometiendo repetidamente los mismos errores y fallos durante su
proceso de formación. El aprendizaje no debería ser un juego de
ajedrez en el cual los estudiantes tengan que estimar lo que puede
144
haber en la mente de sus profesores y luego actuar consecuentemente”
(Brown y Knight, 1994: 34).
Convencida de esto, Rebecca Simmons (1994) exige que los criterios
por los que se reconoce un buen trabajo deben estar claros para todos:
“En un salón donde los estudiantes y profesores se toman el tiempo
para reflexionar sobre y evaluar las actividades de comprensión está
implícito que los criterios para un buen trabajo son claros para todos”
(Simmons, 1994: 22).
Y en la misma línea, Felipe Trillo denuncia muy claramente la situación
que viven alumnos y profesores al no explicitarse estos criterios:
"Considérese en este sentido cuántos estériles esfuerzos por parte de
los alumnos y conflictivas decisiones nos habríamos evitado entorno a la
evaluación, si nos hubiéramos detenido a pensar que, a menudo, los
llamados 'problemas de rendimiento' no vienen porque se ignore el
resultado al que hay que llegar y ni tan siquiera el proceso que hay que
seguir (que ambos pueden saberse), sino simplemente porque no se
sabe lo que hay que hacer y por donde empezar. Y es que hasta tal
punto de difíciles pueden ser nuestras pruebas de evaluación, por lo
arbitrarias e incluso por lo misteriosas que llegan a resultar para los
alumnos, quienes, renunciando a la significatividad y autonomía en su
aprendizaje, se concentran en adivinar qué es lo que el profesor espera
que hagan o digan en ese momento" (Trillo, 1995: 203).
Por el contrario, la explicitación clara de los criterios de evaluación
tendría como resultado una situación mucho más halagüeña, como la descrita
por Rebecca Simmons (1994):
“La presentación pública de los criterios también le confiere poder a los
estudiantes. A medida que los estudiantes ven que sí son capaces de
auto-evaluar y evaluar a sus compañeros, adquieren una nueva
sensación de control sobre su trabajo. A medida que los profesores ven
que los alumnos pueden involucrarse en la evaluación propia y la de los
demás, también se emocionan de lo que sus estudiantes pueden lograr.
También pueden sentir alivio al ver que la responsabilidad de la
evaluación continua no recae exclusivamente sobre ellos” (Simmons,
1994: 23).
Claro está que para explicitar y negociar estos criterios de evaluación
puede ser necesario acabar previamente con algunas de las ideas implícitas
de los profesores. Como nos dice Martha Stone Wiske (1994):
“Proceder de esta manera parece ir en contra de las expectativas
comunes tanto de profesores como de alumnos. Expresar claramente
145
las metas de comprensión y los criterios de evaluación desde un
principio con los estudiantes puede ser tarea difícil por varias razones.
Primero, puede que los profesores nunca se hayan formulado las metas
de manera explícita. Segundo, pueden ser de la opinión que los
estudiantes no podrán entender sus criterios hasta que hayan
desarrollado una comprensión más profunda mediante su participación
en la unidad. O bien los profesores pueden creer que sus criterios
deben evolucionar como respuesta al trabajo de los estudiantes en un
nivel de mayor profundidad, establecer objetivos y criterios desde un
principio desafía el tipo de autoridad que deben representar los
profesores” (Wiske, 1994: 20).
En definitiva, quedan así un poco más claros los criterios que se
deberían utilizar para realizar la evaluación; consecuentemente, en este
trabajo de investigación también incluiremos cuestiones en los instrumentos de
recogida de información para conocer cuáles son los criterios que se están
utilizando en la evaluación de estudiantes en la Universidad de Santiago de
Compostela.
3.4.3. INSTRUMENTOS DE RECOGIDA DE INFORMACIÓN :
Una vez que hemos visto en los apartados anteriores los posibles tipos
de referentes a los que se pueden recurrir en la evaluación de estudiantes, así
como los criterios que se pueden utilizar para fomentar y valorar el desarrollo
de aprendizajes significativos y autónomos, la siguiente dimensión a abordar
es “mediante qué” evaluar. Es decir, ¿con qué método, técnicas o
instrumentos se va a recoger la información?
Daniel Stufflebeam y Anthony Shinkfield consideran que los evaluadores
deben conocer a fondo las siguientes técnicas:
"las entrevistas, los informes preliminares, el análisis de contenidos, la
observación, el análisis político, el análisis económico, el examen
investigativo, los informes técnicos, el estudio del caso, la evaluación sin
metas, la escucha de opiniones contrapuestas, las asociaciones de
defensa, las listas de control, la elaboración de pruebas, el análisis
estadístico, el diseño de la investigación, el análisis sistemático, la
teorización y la administración del proyecto" (Stufflebeam y Shinkfield,
1987: 25) .
146
Pero, a pesar de que los docentes deben poseer la competencia
evaluadora, la realidad es que su formación en ella no suele ser muy completa:
"Los maestros se ven a sí mismos como educadores y docentes por
vocación, y evaluadores por necesidad, ya que la institución les exige
administrar pruebas, poner notas, redactar boletines [...]. La importancia
conferida a la enseñanza reaparece en la formación de los maestros. Se
insiste en ella respecto a la manera de enseñar, de animar y de estar en
clase, de fabricar o utilizar medios de enseñanza. Las técnicas de
evaluación, la forma de poner notas, no están ausentes, pero ocupan un
lugar marginal en los estudios de los futuros maestros" (Perrenoud,
1990: 96-97)
Naturalmente, esto puede ser un grave inconveniente si estamos de
acuerdo con Emilio Contreras en que: "sea cual sea la finalidad que se persiga
con la evaluación (calificación, promoción, selección, orientación, etc.), ésta ha
de basarse en una buena información que permita conocer el nivel de
aprendizajes de los alumnos, establecer juicios de valor y tomar buenas
decisiones educativas. [...] Una característica típica de la evaluación educativa
es la necesidad de obtener información de los aprendizajes de los alumnos de
una forma no ocasional, ni por azar. Pues bien, para poder lograr este requisito
de la evaluación el profesor necesita de ciertos medios, instrumentos o
pruebas en los que se solicita al alumno que nos demuestre su grado de
aprendizaje" (Contreras Muñoz, 1990: 95-96).
Siendo así, Francisco Blanco Prieto le concede un papel fundamental a
los instrumentos de evaluación, ya que, en sus propias palabras:
"Los instrumentos de recogida de información tienen gran importancia
para la evaluación, ya que el juicio de valor derivado de ésta, así como
la toma de decisiones posteriores, dependen de la información
disponible, por lo que una evaluación será tanto más segura cuanto más
completa, oportuna, veraz, fiable y relevante sea la información
obtenida" (Blanco Prieto, 1994: 83).
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la forma de recabar
información sobre los aprendizajes de los alumnos debe ser acorde con la
forma de enseñanza que se ha practicado en las clases, si es que estamos de
acuerdo con que:
"es un error practicar una enseñanza transmisiva en la que no tiene
cabida la instrucción ni el desarrollo de la creatividad del alumno, y
147
pretender obtener información relacionada con el pensamiento creativo
y divergente del alumno. Parece contradictorio resolver en clase
‘problemas tipo’ y luego pretender que el alumno resuelva en una
prueba de papel y lápiz problemas abiertos o con errores y deficiencias
premeditadas para que el alumno los resuelva satisfactoriamente, a
partir de habilidades intelectuales no potenciadas ni desarrolladas".
(Blanco Prieto, 1994: 85-86)
Para este autor, los instrumentos de recogida de información en materia
de evaluación educativa sobre el proceso de aprendizajes de los alumnos
deben cumplir una serie de condiciones, como son las de:
a) Variabilidad : Deben ser lo suficientemente variables como para poder
recoger información de los tres campos de conocimientos (conceptuales,
procedimentales y actitudinales). Además, los instrumentos deben ser lo
suficientemente variables como para hacerlo no sólo del producto de los
aprendizajes de estos conocimientos, sino también del proceso de aprendizaje
que se está desarrollando.
b) Concreción : Para poder proporcionar la información concreta y
precisa que se necesite sobre lo que se pretenda evaluar. Es importante
recordar que, como afirmábamos cuando hablábamos de los criterios de
evaluación, ningún instrumento de evaluación puede proporcionar información
sobre todo el aprendizaje que han realizado los alumnos, es decir,
"los alumnos siempre aprenden mucho más de lo que somos capaces
de captar con las actividades de evaluación en las que les proponemos
participar" (Coll y Martín, 1994: 174).
Por lo que debe tomarse con mucha prudencia lo de la "información
precisa y concreta".
c) Versatilidad : Los instrumentos deben ser lo suficiente versátiles como
para adaptarse a las diferentes situaciones posibles. O bien, como se afirmaba
anteriormente, es conveniente "utilizar una gama lo más amplia posible de
actividades de evaluación que pongan en juego dicho contenido en contextos
particulares diversos" (Coll y Martín, 1994: 175) cuando se procede a evaluar
el aprendizaje de un contenido determinado.
d) Transferibilidad : Deben poder informarnos sobre el grado de
transferibilidad de los aprendizajes.
148
Condiciones que Dino Salinas (2002) concreta en utilidad y factibilidad:
“La utilidad de un instrumento en el ámbito de la evaluación de alumnos
radica fundamentalmente en su potencialidad para poner de manifiesto
aquello que se pretende evaluar y en su posibilidad real de ser bien
utilizado. Es decir, utilidad y factibilidad. Nuestra apreciación de la
realidad a evaluar –conceptos, procedimientos, actitudes- puede verse
distorsionada tanto si el instrumento utilizado no nos pone de manifiesto,
no nos proporciona información, sobre lo que pretendemos evaluar,
como si el instrumento es tan costoso de aplicar (por complejidad del
instrumento o por falta de tiempo o por falta de formación) que su
utilización implica más problemas y dificultades que otra cosa” (Salinas,
2002: 86).
Por otra parte, y atendiendo a los tipos de instrumentos para recoger
información sobre el proceso de aprendizaje de los alumnos, Blanco Prieto
(1994) considera que los más básicos son los seis siguientes:
A. Observación
B. Monografías
C. Cuaderno-diario
D. Pruebas de papel y lápiz
E. Intercambios orales
F. Autoevaluación.
Y el mismo autor afirma: "casi seguro que todos los instrumentos
descritos son conocidos y aplicados en mayor o menor grado por los
profesores, lo que ocurre es que tal vez falta una sistematización, una mayor
profesionalización de la tarea y una valoración ponderada de las posibilidades
de cada uno de ellos. No se puede negar que en nuestros centros predomina
la cultura de que 'lo que cuenta' o 'lo que vale' es el examen, aunque éste tiene
unas limitaciones evidentes" (Blanco Prieto, 1994: 84-85), limitaciones a las
que nos referiremos más adelante.
A continuación vamos a analizar cada uno de estos instrumentos en
detalle, así como los portafolios -instrumento que actualmente está
adquiriendo una considerable relevancia en el marco de la evaluación de
estudiantes-, mostrando de cada uno de ellos la definición que presentan
diferentes autores, las características que se le atribuyen, las ventajas e
149
inconvenientes que presentan y, en el caso de que dentro de cada instrumento
o técnica se den diferentes tipos de pruebas, intentar establecer una
clasificación de esas pruebas.
Por supuesto no obviamos que la lista de instrumentos de recogida de
información que se pueden utilizar para realizar la evaluación de los
estudiantes podría ser mucho más amplia (mapas conceptuales, posters y
presentaciones, ejercicios de simulación, etc.); pero consideramos que estos
siete son los que tienen una mayor tradición en nuestro contexto y se utilizan
más frecuentemente.
A. Observación .
"La observación, en general, representa un método de indagación que
tiene por finalidad el conocimiento descriptivo y comprensivo de un
entorno, un acontecimiento o una situación." (Blanco Prieto, 1994: 87).
Entre las características que este autor le atribuye a la observación se
encuentran:
- Está limitada al campo de los comportamientos manifiestos, es decir,
de aquellas actuaciones que son directamente observables.
- Es un instrumento básico para recoger información sobre contenidos
actitudinales y sobre algunos procedimentales.
- Exige un tratamiento longitudinal.
- Evita la subjetividad del informante.
- Tiene un componente subjetivo difícil de evitar totalmente, si bien
puede aliviarse mediante una triangulación de sujetos (aunque esto
no sea nada fácil de llevar a cabo de forma diaria y sistemática en el
aula).
- El observador debe mantener una posición de equilibrio entre la
complicidad con el alumno o el convertirse en un ser distante y
extraño para él.
- El profesor debe promover actitudes en los alumnos y observar
permanentemente.
150
Para Miguel Ángel Zabalza:
"La observación se <<especializa>> en la obtención de información
sobre las conductas y los eventos <<normales>> de la clase.
<<Conducta>> entendida como un amplio espectro de manifestaciones,
actividades, situaciones plurifacéticas que reflejan la forma de ser y
actuar de los sujetos a las que no es posible acceder a través de
pruebas estandarizadas. En su modalidad más usual se realiza sobre
<<situaciones naturales>> (por contraposición a exámenes y pruebas
tipo test que se realizan en situaciones artificiales, esto es, creadas
específicamente para la evaluación)" (Zabalza, 1988: 267).
Para este autor, la observación permite acceder a:
"- los objetivos afectivos, aspectos motrices, intereses, hábitos de
trabajo y técnicas de estudio, sentimientos de satisfacción, adaptación,
etc.
- las actitudes que suelen aparecer de manera persistente en los
objetivos
- los efectos derivados de la situación específica, profesor específico y
dinámica general del proceso didáctico seguido. Y los efectos del
'currículum oculto' " (Zabalza, 1988: 268).
Por supuesto, "es imposible observar una actitud en una situación en la
que no es posible realizar la observación de la misma porque no tiene
posibilidades de expresarse. No es posible indagar la capacidad de un alumno
para el trabajo en equipo si no se propician tareas grupales en las que él
pueda demostrar las actitudes que tiene para ello" (Blanco Prieto, 1994: 88).
Y posiblemente sea más adecuado realizar una observación holística
que tenga en cuenta todos los aspectos que inciden en el proceso en vez de
prestar atención sólo a alguno determinado y realizar la evaluación a partir de
él:
"En el aula no es difícil conciliar la observación sistemática con la
abierta y libre si el profesor toma nota de todos aquellos aspectos que le
ayuden a comprender la situación y a dar respuestas a las actitudes
manifestadas por los alumnos" (Blanco Prieto, 1994: 88).
Ya que, si bien hay un acuerdo bastante general en que debe ser
sistemática en el sentido de "planeada convenientemente en sus líneas
maestras, con un propósito didáctico-curricular general o específico:
- qué se va a observar
151
- cómo, en qué condiciones se va a realizar la observación
- en qué ocasiones se va a observar para organizar la representatividad
de lo observado" (Zabalza, 1988: 267); también nos advierte este autor que se
debe evitar la improvisación o desnaturalización de la información recogida, así
como la imposibilidad de registrar también los fenómenos surgidos
casualmente.
Evidentemente, "cada profesor puede elegir los medios más adecuados
para registrar la información pertinente objeto de observación, de acuerdo con
los objetivos concretos a evaluar y con su propia experiencia" (Contreras
Muñoz, 1990: 148); pero los medios o técnicas más comúnmente empleados
son:
a) Listas de control : "son listas de enunciados que indican los distintos
componentes de una conducta o dimensión del aprendizaje. Se anota si el
sujeto o la situación poseen o no cada uno de esos componentes que
figuran en la lista. Son listas descriptivas de sí o no" (Zabalza, 1988: 268).
Según Emilio Contreras, estas listas "se caracterizan por ser muy simples y
fáciles de aplicar, aunque con el inconveniente de no recoger la
persistencia del fenómeno -mayor o menor número de veces que se da- ni
los matices cualitativos o de intensidad del hecho" (Contreras Muñoz, 1990:
148) .
b) Escalas estimativas de valoración : "se diferencian de las escalas de control
en que gradúan el nivel de consecución de la capacidad observada,
incluyendo una serie progresiva de valoraciones que determinan el nivel en
que el indicador específico correspondiente ha sido alcanzado por el
alumno" (Blanco Prieto, 1994: 92).
Las escalas de valoración pueden clasificarse en numéricas, gráficas y
descriptivas, en función de la escala que se utilice para hacer la graduación
valorativa.
c) Anecdotarios : "Son registros de incidentes o anécdotas en breves
descripciones que el profesor (como observador) considera interesante
tener en cuenta en el momento en que suceden. Un conjunto registrado de
152
estos incidentes a lo largo del curso/ciclo puede servir como una buena
evidencia, objetiva y longitudinal, de las actitudes y comportamientos
mantenidos por el alumno, de las causas o motivaciones de su conducta,
así como de si se ha producido algún cambio" (Bolívar Botía, 1995: 118).
En ellas "se recogen anécdotas o episodios en función de un plan que
puede ser longitudinal o transversal. Sus componentes son: identificadores
(observador y observado), hecho o incidente recogido, contexto en que se
produjo, interpretaciones o anotaciones del observador" (Zabalza, 1988:
268).
Una última cuestión sobre la observación trata sobre la conveniencia o
no de observar al alumno en situaciones en las que éste no sabe que lo
observan:
"Quienes defienden este tipo de observación lo hacen sobre la base de
que todos los sujetos que se saben observados modifican sus pautas de
conducta. A partir de este argumento defienden la conveniencia de
hacer observaciones subrepticias que permitan obtener información
fiable de los alumnos sobre sus verdaderas actitudes y no sobre las que
fingen cuando se saben observados. Pero, ¿el fin justifica los medios?
[...] Muchos evaluadores reprueban este tipo de prácticas, convencidos
de que las normas de transparencia y honradez desaconsejan las
observaciones subrepticias, aunque estén guiadas por las mejores
intenciones. Los alumnos deben saber los aspectos que se van a
observar, en qué momentos va a hacerse la observación y mediante
qué instrumentos se va a realizar" (Blanco Prieto, 1994: 89).
B. Monografías .
Según Francisco Blanco Prieto: "las monografías hacen referencia,
básicamente, a los trabajos bibliográficos que realiza el alumno a demanda del
profesor. La finalidad fundamental de estos trabajos es profundizar en algún
conocimiento específico, capacitar al alumno en la búsqueda de información,
favorecer el desarrollo de la creatividad, mejorar capacidades relacionadas con
la expresión escrita, fomentar su capacidad de autoformación y facilitar el
conocimiento de criterios que desarrollen su capacidad para la evaluación de
su propio aprendizaje". (Blanco Prieto, 1994: 97).
257
1. Medida en que se diferencia claramente en nues tras clases entre
evaluación de seguimiento y evaluación de control de los aprendizajes
alcanzados por nuestros estudiantes.
2. Coherencia entre nuestra actuación didáctica (objetivos, métodos, estilo de
llevar la materia) y evaluación.
3. Variedad y gradualidad de las demandas (de conocimiento o habilidad) que
les planteamos a los alumnos en la evaluación.
4. Nivel de presencia de fórmulas innovadoras de evaluación en nuestras
clases.
5. Nivel de información previa y de feedback posterior suministrado a los
alumnos en relación a la evaluación y a sus resultados en ella.
6. Incorporación de sugerencias u orientaciones ofrecidas a los estudiantes en
función de los resultados de la evaluación con vistas a que puedan
mejorarlos.
7. Existencia de oportunidad de revisión de ex ámenes y nivel de efectividad
de los mismos.
8. Graduación de las modalidades de evaluación de los primeros años de la
carrera a los últimos (medida en que nuestras evaluaciones se acomodan a
la posición que les corresponde en esa graduación).
9. Nivel de incorporación de las nuevas tecnologías como recurso para la
evaluación.
10. Medida en que se ofrece la posibilidad de valorar y reconocer (acreditar
formalmente) conocimientos y experiencias adquiridos por los estudiantes
fuera de nuestras clases pero que pertenecen a ámbitos de nuestra
disciplina” (Zabalza, 2003: 213-214).
Para concluir este apartado, podemos decir que la evaluación de alumnos
en el ámbito universitario, además de definirse por las características de las que
hablamos cuando nos referimos a la evaluación en general, debe ocuparse
también de asegurarse que los alumnos estén adquiriendo una ética profesional al
mismo tiempo que se forman como ciudadanos a todos los niveles.
Así se establece en el “Manifiesto Universitario: por una Universidad
dirigida hacia la libertad, el desarrollo y la solidaridad” (1999), manifiesto
elaborado por catorce rectores de algunas de las universidades más prestigiosas
258
a nivel mundial (Oxfod, Cambridge, Harvard, La Sorbona, etc.) reunidos con
motivo de la conmemoración de los 500 años de la creación de la Universidad
Complutense de Madrid, en el que se recogen los principios que deben animar la
educación universitaria haciendo especial hincapié en la formación integral, no
sólo técnica, de los estudiantes:
"Las universidades firmantes de esta Declaración ex presan su convicción
de que el cumplimiento de su misión no se satisface con el mero
incremento y transmisión de destrezas y recursos técnicos partic ulares, o
con la especialización por determinadas tareas demandadas por el
mercado. La tarea universitaria sólo encontrará su sentido último en el logro
de una educación para la ciudadanía [...] Corresponde, pues, a la
Universidad la tarea de formar ciudadanos y no sólo técnicos, recuperar la
Atlántida sumergida de los valores que nos han hecho más lúcidos, más
prósperos y más felices y que balizan los caminos que elevan al hombre a
un mundo mejor."
Debe quedar claro, además, que para conseguir esto hay que atender a las
especiales características institucionales, de organización de espacios y recursos,
etc., que presenta este ámbito. Pero esto no quiere decir que amparándose en
estas circunstancias, así como en las "condiciones en las que llegan los alumnos"
y en la falta de formación docente exigida al profesorado universitario, se
concluya que es imposible conseguir una evaluación como la que se propone,
manteniéndose las mismas prácticas evaluativas de siempre.
"No poner en tela de juicio las prácticas nos lleva a repetirlas de manera
mecánica. Asentarnos en las certezas de la práctica hace inviable su
mejora" (Santos Guerra, 1999b: 386).
Sólo en la medida en que se vayan introduciendo modificaciones en las
prácticas docentes (tanto de enseñanza como de evaluación), que se
corresponderán con cambios en sus creencias y en el uso de recursos y
materiales -por supuesto condicionados por las circunstancias contextuales en
que se encuentran- se estará avanzando hacia una nueva forma de entender la
evaluación de estudiantes.
263
RECAPITULACIÓN DEL MARCO TEÓRICO
Haciendo una recapitulación de lo que hemos visto en este Marco
Teórico, podemos decir que a lo largo del mismo hemos situado nuestro objeto
de estudio –la evaluación de estudiantes en la Universidad de Santiago de
Compostela– en los cuatro grandes contextos de referencia en los que se
enmarca: la Universidad, los estudios sobre la calidad de la docencia
universitaria, la teoría general de la evaluación de estudiantes, y la
investigación sobre evaluación de estudiantes en el contexto universitario.
De esta forma, en el primer capítulo hemos contextualizado la
evaluación de estudiantes en el ámbito institucional universitario en que se
desarrolla, constatando la denuncia de importantes problemas para desarrollar
o llevar a la práctica los objetivos y principios que se defienden para la
Universidad española y el planteamiento de nuevos retos para los próximos
años; problemas y retos que sin duda se pueden (y se deben) abordar desde
múltiples perspectivas, una de las cuales podría ser, desde nuestro punto de
vista, la forma en que se desarrolla la evaluación de los estudiantes.
Sintetizando lo que hemos visto en este primer capítulo, podemos decir
que la Universidad se constituye como una institución compleja en la que
confluyen los intereses de muy diversos campos y ámbitos, lo que hace que en
ocasiones se espera que responda a exigencias que son contrapuestas entre
sí.
El problema se hace mayor si tenemos en cuenta los grandes cambios
que han experimentado las instituciones de educación superior en las últimas
décadas, de forma que son muchos los problemas y retos que se le plantean
actualmente, así como las denuncias y demandas que se realizan desde todos
los colectivos de la sociedad (incluidos los más directamente relacionados con
el funcionamiento de estas instituciones, como son profesores y estudiantes).
Parece que en la actualidad, a pesar del acuerdo formal en las
declaraciones legales, todavía se está intentando delimitar claramente cómo se
han de concretar las finalidades que deben cumplir las instituciones
264
universitarias, lo cuál varía mucho en función de la perspectiva e ideología
desde las que se lean estas finalidades.
En cualquier caso, este panorama hace que sea fácil comprender que
haya dificultades a la hora de llevar a cabo la evaluación de estudiantes y de
establecer claramente qué funciones debe cumplir esta evaluación. Aunque
teóricamente parece que están claros cuáles son los objetivos que se deben
satisfacer con la evaluación de estudiantes, su puesta en práctica en el
contexto universitario sigue encontrando graves dificultades.
Como comentábamos anteriormente, creemos que el saber cómo se
desarrolla el proceso de evaluación de los estudiantes universitarios nos puede
ayudar a conocer mejor cuáles son los problemas y retos con los que se
encuentra actualmente la enseñanza universitaria, al mismo tiempo que nos
proporcionará algunas posibles líneas de actuación para su resolución.
Lo que se nos plantea para nuestra investigación después de revisar la
información sobre el contexto universitario en que se desarrolla la evaluación
de estudiantes sería:
- teniendo en cuenta cómo se realiza la evaluación de estudiantes:
¿qué modelo de Universidad se puede decir que se sigue en esta
institución? ¿a qué idea de Universidad está sirviendo la evaluación
de estudiantes?
- ¿en qué medida está contribuyendo la evaluación de estudiantes a
las funciones/misión de la educación superior?
- ¿a qué exigencias responde la evaluación de estudiantes:
rendimiento, capacitación profesional, especialización, o bien visión
globalizadora, perspectiva crítica, ...?
- ¿cómo responde o se está adaptando la evaluación a los nuevos
retos que tiene actualmente planteada la institución universitaria?
- ¿se está cumpliendo la normativa sobre evaluación?, ¿es esta
normativa suficiente?, ¿deberían aparecer recogidos otros elementos
en la normativa universitaria sobre evaluación de estudiantes?
265
A continuación , en el segundo capítulo de este Marco Teórico hemos
situado nuestro objeto de estudio en la actual investigación sobre la calidad de
la Universidad que está en auge en nuestro país, defendiendo la inclusión del
análisis del proceso de evaluación de los estudiantes como uno de los
indicadores de la calidad de la enseñanza de la Universidad, y justificando por
qué este aspecto puede darnos valiosa información para conocer y comprender
mejor como se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje en una
institución universitaria.
Como hemos visto en este capítulo, calidad es un término complejo, que
tiende a confundirse con conceptos como eficiencia, relevancia y pertinencia, y
que en cualquier caso se define como multidimensional y con multitud de
factores interrelacionados.
Aún así, la preocupación actual por la calidad de las Universidades es
común a la práctica totalidad de los países desarrollados, considerándose
actualmente que son tres los instrumentos básicos para llevar a cabo la
evaluación de esta calidad: autoevaluaciones realizadas por la propia
institución, evaluaciones externas por un comité de expertos, y la utilización de
indicadores que informen sobre el funcionamiento de la institución.
Centrándonos ya en el contexto español, hemos analizado el Plan
Nacional de Evaluación de la Calidad de las Universidades, el II Plan de Calidad
de las Universidades, así como el Catálogo de Indicadores publicado por el
Consejo de Universidades y el Programa de Evaluación Institucional de la
ANECA.
Comprobamos como en las guías de evaluación aprobadas por los
Comités Técnicos de estos Planes se establecen una serie de orientaciones
metodológicas, indicadores a evaluar y procedimientos a emplear en relación
con la enseñanza, investigación y servicios universitarios. Pero, si bien es cierto
que en estas guías se incluyen varios apartados que hacen referencia al
desarrollo de la enseñanza, sus resultados y al alumnado, cuando analizamos
los indicadores que proponen para obtener información sobre la calidad de
estos aspectos nos damos cuenta de que en ellos a menudo el estudiante se
266
considera únicamente en función de las horas que dedica al estudio y de la
rapidez o facilidad con que supera los exámenes.
Teniendo en cuenta que la evaluación de los alumnos es uno de los
aspectos que más influencia tiene en la forma en que se desarrolla el proceso
de enseñanza-aprendizaje, y que más condiciona las valoraciones que de este
proceso hacen los estudiantes, nos parece relevante introducir esta dimensión
como uno de los indicadores a considerar para evaluar la calidad de la
enseñanza universitaria; incluyendo en este indicador no sólo los resultados que
los alumnos han alcanzado, sino también la evaluación del conjunto de
conocimientos y habilidades que se espera que los alumnos adquieran en su
formación universitaria, las valoraciones que del proceso de evaluación hacen
estudiantes y profesores, su grado de satisfacción respecto a cómo se
desarrolla dicho proceso, las metodologías que se utilizan para llevarlo a la
práctica, etc.; aspectos que parece que empiezan a considerarse a partir de la
elaboración del Programa de Evaluación Institucional de la ANECA, aunque su
finalidad se encuentra más cercana a la acreditación que a la mejora del
proceso de enseñanza-aprendizaje que se desarrolla en las universidades.
Comprobamos así como es necesario contemplar una gran diversidad
de aspectos relacionados con la evaluación de estudiantes para que ésta
realmente nos pueda servir como indicador de la calidad universitaria.
Por ello, creemos que conociendo mejor cómo se defiende actualmente
que debe realizarse esta evaluación (qué dimensiones hay que considerar, qué
técnicas se pueden utilizar, cuáles son los criterios a tener en cuenta, etc.) y
contrastando esta información con la práctica de evaluación que se está
desarrollando en las diferentes universidades, podremos saber en qué medida
la evaluación de los estudiantes está contribuyendo a la calidad de esas
instituciones.
El presente trabajo de investigación se enmarca fundamentalmente en la
evaluación de la calidad de la enseñanza dentro de la evaluación de la calidad
universitaria en general, ya que consideramos que es precisamente en este
ámbito donde conocer cómo se realiza la evaluación de los estudiantes nos
267
puede ofrecer información muy relevante para mejorar la calidad de la
enseñanza y de la Universidad en conjunto.
Consecuentemente, uno de los objetivos que perseguimos con esta
Tesis Doctoral es conocer, a partir de los datos que arroje la investigación
empírica, cómo contribuye la forma en que se realizar la evaluación de
estudiante a la calidad de la enseñanza en la Universidad de Santiago de
Compostela.
En el tercer capítulo de este Marco Teórico, realizamos una síntesis de
las aportaciones más recientes o relevantes de diferentes autores sobre la
evaluación, estableciendo así lo que denominamos una "aproximación a una
Teoría de la Evaluación de Estudiantes", ya que nos pareció imprescindible
plantearnos los dilemas que pueden estar presentes en la evaluación de
estudiantes para que, a la hora de diseñar la investigación empírica, sepamos
qué preguntar y cómo interpretar y valorar la información que obtengamos sobre
el desarrollo de este proceso en la USC.
Comenzamos dicha aproximación presentando diferentes definiciones
de evaluación, distinguiéndola de otros términos afines, mostrando posibles
desenfoques o reduccionismos de la evaluación, etc., llegando a la conclusión
de que todas las definiciones de la evaluación parecen tener algunas
características en común, y que podrían ser consideradas como los
componentes o aspectos que deben estar presente en cualquier evaluación
para que pueda ser definida como tal.
Nos referimos a considerar que la evaluación es: un proceso
sistemático, que implica un juicio de valor sobre el objeto o cuestión a evaluar y
que está al servicio de una toma de decisiones.
Con una definición de evaluación clara, pasamos a recoger las
características que le atribuyen a la evaluación distintos autores, las cuales,
sintéticamente, podrían enunciarse así: la evaluación realizada en el ámbito
educativo:
268
• Forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje.
• Tiene un sentido educativo/formativo.
• Atiende o abarca a todos los participantes e integrantes del sistema
educativo.
• Es una evaluación negociada, dialogada y democrática.
• Las conclusiones deben ser accesibles a todos los integrantes de la
comunidad educativa.
• Tiene su base en principios o valores éticos.
• Es participativa/colaborativa.
• Tiene como fin la mejora de los aspectos evaluados.
• Utiliza instrumentos y métodos de recogida y análisis de datos
apropiados y coherentes con su sentido y finalidades.
A continuación, en este capítulo revisamos algunos conceptos
importantes relacionados con las dimensiones de la evaluación de estudiantes,
así:
- a la hora de concretar cuál es el objeto de la evaluación educativa;
abordamos algunos aspectos relacionados con cómo evaluar ,
constatando que se deberían utilizar distintos tipos de pruebas y
asegurarse de que los aprendizajes a evaluar están bien
representados en aquellas, ya que ninguna prueba sirve para
recoger información sobre el aprendizaje de todas las clases de
contenidos;
- distinguimos las tres modalidades de evaluación tomando como
referente el momento en que se realizan y la función que se les
otorga, presentando su definición, finalidad y características según la
opinión de varios autores;
- expusimos, a continuación, algunas notas sobre quién evalúa y para
quién se realiza la evaluación; volviendo a recoger la idea de que
todos los implicados en el proceso de evaluación tienen derecho a
participar en todas las fases de dicho proceso (desde su diseño
hasta la elaboración de las conclusiones);
269
- y, seguidamente, recogimos las opiniones de algunos autores en
relación a cuáles deben ser las funciones de la evaluación
educativa.
Consecuentemente, concluimos que éstas son las dimensiones sobre
las que deberíamos preguntar a estudiantes y profesores universitarios para
saber cómo se realiza la evaluación de estudiantes en la Universidad de
Santiago de Compostela; aspectos que, por tanto, deberán quedar reflejados
en los instrumentos que utilicemos para recoger información en la parte
empírica de esta investigación.
Nuestra pretensión es, por consiguiente, saber cómo se realiza la
evaluación de estudiantes en nuestra Universidad en relación con cada una de
estas dimensiones, para poder valorarla a partir de un contraste con lo que se
establece en la literatura especializada que debería hacerse.
Una vez visto esto, en el último capítulo de este Marco Teórico, nos
pareció fundamental centrarnos en algunas de las características propias de la
evaluación de estudiantes en el ámbito universitario, así como revisar otras
investigaciones que se hayan realizado sobre el proceso de evaluación de
estudiantes en este contexto, y conocer cuáles son las peculiaridades que se
establecen en función del área de conocimiento en que se enmarque esta
evaluación.
De esta forma, pretendíamos conocer qué especificidades establece la
literatura especializada para la evaluación de estudiantes en el nivel
universitario, qué aspectos se han investigado hasta el momento sobre esta
temática en nuestro contexto, y las orientaciones o cambios que teóricamente
se argumenta que debe adoptar la evaluación de estudiantes para mejorar la
calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje en la Universidad.
En esta revisión comprobamos como, a pesar de contar este nivel
educativo con características propias que lo hacen diferente de los niveles de
educación infantil, primaria o secundaria, y que consecuentemente implican la
necesidad de un modelo de evaluación en la Universidad específico y acorde
con estas características, no existe actualmente una sistematización de dicho
270
modelo.
De esta forma, son muy pocas las diferencias que se establecen con
respecto a la Teoría General de la Evaluación, centrándose fundamentalmente
en la especial atención que requiere el hecho de estar formando profesionales
de nivel superior (tanto a nivel de funciones como de lo que se considera
objeto de evaluación), la necesidad de ampliar los instrumentos y pruebas a
emplear, y advirtiéndose que la información que este proceso ofrece debe
tener en cuenta los intereses de los diferentes destinatarios: estudiantes,
profesores, empresarios y sociedad en general.
Aún así, constatamos en las publicaciones revisadas, como la
evaluación de los estudiantes se erige como una dimensión crítica para la
valoración de la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje también en la
Universidad, si bien:
a) se mantiene la confusión respecto al <<qué>> evaluar, y así,
rendimiento, aprendizaje y conocimiento siguen empleándose como
sinónimos cuando no lo son;
b) apenas se ha escrito nada acerca de lo que debe ser adoptado
como criterio en la evaluación -tal asunto pareciera darse por
resuelto cual si se tratara de una obviedad que no precisa de más
reflexión-; y,
c) lo mismo ocurre respecto al <<cuándo>> evaluar y <<quién>>
evalúa: ¿será acaso sólo el profesor, y sólo al final de la materia?
Por otro lado, encontramos serias dificultades para poder conocer si el
planteamiento curricular de las diferentes áreas de conocimiento establece
diferencias a la hora de llevar a cabo la evaluación de estudiantes.
Más bien, todo parece indicar que a pesar de contar cada área con una
racionalidad epistemológica interna, al utilizar de hecho métodos estándares
de evaluación hiciera que la peculiaridad del área no quede reconocida. Se nos
plantea así la duda de si existe una reflexión epistemológica de profesorado y
281
Presentamos a continuación los capítulos referidos al Diseño de la
investigación (capítulo 5), Análisis de la información recogida (capítulo 6) y
Conclusiones generales de esta Tesis (capítulo 7).
282
285
5. DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN:
La estructura de este capítulo se basa en tres grandes apartados. En el
primero de ellos, sobre la naturaleza y objeto de estudio , se delimita el
problema de investigación bajo el enunciado "La evaluación de los estudiantes
universitarios: el caso de la Universidad de Santiago de Compostela".
En el segundo apartado recogemos los objetivos formulados para la
realización de esta investigación, y en el último apartado la metodología de la
investigación , es decir, de que forma se realizó el estudio teniendo en cuenta
que se trata de un estudio eminentemente descriptivo-interpretativo. En este
punto se considera también la definición y selección de la muestra y los
instrumentos utilizados para la recogida de datos.
Buscando una guía que nos oriente sobre las principales preguntas
que debemos formularnos y concretarlas para esta investigación, seguimos
fundamentalmente los manuales de Fox (1981): El proceso de investigación
en educación, y de Latorre, Del Rincón y Arnal (1996): Bases metodológicas
de la Investigación Educativa.
5.1. NATURALEZA Y OBJETO DE ESTUDIO :
Tal y como hemos establecido en el Marco Teórico, y teniendo en
cuenta:
- las investigaciones sobre evaluación de estudiantes en el
ámbito universitario que se han realizado hasta el momento,
- la asociación de la evaluación a la calidad de la enseñanza,
- la creencia de que la metodología de evaluación de alumnos
más habitual en la Universidad sigue reducida a una calificación
basada en la información obtenida mediante un examen
tradicional,
286
- y el hecho de que son escasos los estudios exhaustivos sobre
lo que los propios profesores y alumnos universitarios piensan y
perciben de la evaluación que realizan o de la que son objeto,
consideramos importante realizar una investigación que tenga como objeto de
estudio conocer cómo se realiza la evaluación de estudiantes en la
Universidad , centrándonos en este trabajo en las percepciones de profesores y
alumnos de la Universidad de Santiago de Compostela.
El enunciado de nuestro objeto de estudio podría ser formulado también
a través de las siguientes cuestiones: ¿cómo se lleva a la práctica en la
Universidad de Santiago de Compostela la evaluación de los estudiantes?,
¿cómo perciben los profesores que se está realizando la evaluación de los
alumnos?, ¿cómo ven y viven los estudiantes universitarios su proceso de
evaluación?, ¿qué diferencias existen entre lo que nos dicen los profesores y lo
que perciben los estudiantes? Cuestiones que además se irán desglosando en
función de los diferentes aspectos que surgieron a lo largo del Marco Teórico y
sobre los que esperamos poder obtener información relevante.
La elección de este problema de investigación responde tanto a un
interés existente en la comunidad científica por el tema, como a una
preocupación de la comunidad universitaria (que debería ser especialmente
relevante para los responsables de la calidad docente de esta Universidad).
Pero, sobre todo, abordando este tema respondemos a un interés personal y
profesional, dirigido a la optimización de la práctica educativa en la enseñanza
universitaria.
Latorre, Del Rincón y Arnal (1996) afirman que el objeto de estudio, o
problema de investigación, puede ser considerado de distintas formas:
"como una dificultad u obstáculo que desconcierta a los investigadores
(Dewey, 1933), como una pregunta que el investigador se formula de
cara a la comprensión y explicación de un fenómeno educativo
(Bartolomé, 1983) o incluso como una situación educativa que el
profesor o maestro considera como susceptible de cambio o mejora
(Elliot, 1983). En sentido amplio, un problema es cualquiera situación sin
una solución satisfactoria"
287
Desde esta perspectiva, consideramos que nuestro objeto de estudio se
presenta como una pregunta que nos formulamos de cara a poder comprender
mejor cómo se realiza la evaluación de estudiantes en nuestra Universidad, al
mismo tiempo que lo percibimos como una situación susceptible de mejora y
esperamos que la información que obtengamos nos oriente sobre algunas
líneas posibles a seguir para optimizarla.
En cualquier caso, para que una dificultad, pregunta o situación se
convierta en problema de investigación ha de reunir una serie de condiciones,
que Latorre, Del Rincón y Arnal (1996) concretan en las siguientes
- Real: debe partirse de la existencia de un problema percibido o sentido.
- Factible: que reúna las condiciones para ser estudiado, es decir, que
esté al alcance del investigador.
- Relevante: ¿tiene relevancia práctica?, ¿es interesante?, ¿importante?,
¿es actual?, ¿qué soluciones aporta?
- Resoluble: ¿puede formularse una hipótesis como tentativa de solución?
y ¿es posible comprobar dicha hipótesis determinando un grado de
probabilidad?
- Generador de conocimiento: la solución del problema ¿contribuirá a
crear conocimiento pedagógico o cubrirá alguna laguna en el
conocimiento actual?
- Generador de nuevos problemas: la solución del problema debe
conducir a nuevos problemas de investigación.
Consideramos que nuestro objeto de estudio es:
- Real: ya que se escuchan voces de protesta desde todos los
sectores del ámbito universitario denunciando los problemas de la
evaluación en la Universidad;
- Factible: ya que en este caso tenemos acceso a los datos y la
preocupación por estudiar esta problemática.
288
- Relevante: en la medida en que contribuimos a una mejora y
optimización en el conocimiento de cómo se está evaluando a los
estudiantes en la Universidad.
- Resoluble: si bien nosotros, más que formular soluciones hipotéticas,
consideramos que podemos establecer recomendaciones para la
acción.
- Generador de conocimiento: como ya hemos expresado
anteriormente en este trabajo, creemos que son muy pocos o
incompletos los trabajos que se ocupan de estudiar la evaluación en
la Universidad desde la perspectiva de los principales implicados:
profesores y alumnos, tomando a estos como fuente de información,
por lo que consideramos que este trabajo puede cubrir esa “laguna”
del conocimiento actual.
- Generador de nuevos problemas: creemos que este es el caso de
nuestra investigación, donde al abordar el problema de la evaluación
de los estudiantes desde la perspectiva de su mejora como indicador
de la calidad docente, indudablemente aparecerán otros aspectos
condicionantes de la docencia universitaria con los que este proceso
guarda estrecha relación y que se podrán reformular como nuevos
problemas o líneas de investigación.
Por tanto, basándonos en la aportación de estos autores, creemos que
nuestro problema de investigación reúne un considerable número de las
condiciones señaladas.
289
5.2. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN :
Bajo el título Evaluación de los estudiantes universitarios: el caso de la
Universidad de Santiago de Compostela, se encuentra un gran objetivo
general que anima nuestra investigación: "Saber cómo se realiza la evaluación
de estudiantes desde las vivencias y percepciones de profesores y estudiantes
de la Universidad de Santiago de Compostela".
Para satisfacer este objetivo general, y recogiendo las preguntas que
nos surgieron a lo largo del Marco Teórico, lo concretamos en los siguientes
objetivos específicos , divididos en directos e inferidos :
- Directos : objetivos que esperamos cumplir directamente a partir de la
información obtenida de la muestra de estudiantes y profesores de la USC:
1. Describir las percepciones sobre la evaluación de los profesores y
alumnos de las distintas áreas de conocimientos de la Universidad de
Santiago de Compostela.
2. Analizar si existen diferencias y semejanzas entre las percepciones de los
profesores y las de los alumnos.
3. Analizar si existen diferencias y semejanzas en las percepciones de
profesores y estudiantes en función de las diferentes áreas de
conocimiento.
- Inferidos: objetivos que exigen un nivel mayor de interpretación o
inferencia que los anteriores, ya que no se podrán extraer directamente de las
respuestas de profesores y estudiantes:
4. Conocer qué modelo o idea de Universidad se está transmitiendo o
fomentando con la actual forma de desarrollar el proceso de evaluación.
5. Analizar en qué medida esta contribuyendo la evaluación de estudiantes a
las funciones/misión de la Universidad.
290
6. Conocer si la forma de realizar la evaluación de estudiantes se está
adaptando a los nuevos retos que actualmente tiene planteados la
Universidad española.
7. Comprobar si se está cumpliendo la normativa sobre evaluación de
estudiantes, y establecer si esta normativa es suficiente o debieran
aparecer otros elementos regulados en ella.
8. Conocer cómo están influyendo las especificidades propias del contexto
universitario en el proceso de evaluación de los estudiantes.
9. Conocer hasta qué punto y cómo están recogidas las especificidades
propias de cada área de conocimiento en el proceso de evaluación de los
estudiantes.
10. Saber cómo está contribuyendo la forma de llevar a cabo la evaluación
de estudiantes a la calidad docente de la Universidad de Santiago de
Compostela.
291
5.3. METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN :
La Torre, Del Rincón y Arnal (1996) señalan tres grandes perspectivas
metodológicas:
a) Perspectiva empírico-analítica/cuantitativa (también denominada
positivista o científica): el objetivo de la investigación es explicar,
predecir y controlar los fenómenos educativos.
b) Perspectiva constructivista/cualitativa: se interesa por los significados
y las intenciones de las acciones humanas con el objetivo de lograr
imágenes multifacéticas del fenómeno que hay que estudiar tal como
se manifiesta en las distintas situaciones educativas y contextos
implicados.
c) Perspectiva orientada a la práctica educativa, toma de decisiones y
cambio: La investigación se diseña, se realiza y se comunica con el
propósito de proporcionar información para la toma de decisiones (a
nivel político o dentro de la práctica escolar), de controlar la
implantación de una determinada política o de examinar los efectos de
la política existente. En un sentido amplio, esta perspectiva se extiende
a los estudios diseñados con el propósito de comprender los procesos
educativos y mejorar la praxis educativa.
Considerando las características definitorias de las tres perspectivas de
investigación señaladas anteriormente, podemos ubicar nuestro estudio entre
las dos últimas. Nuestra intención es conseguir una mayor comprensión de
cómo se produce el proceso de evaluación de estudiantes en la USC desde las
diferentes “imágenes” que de este proceso nos pueden proporcionar
estudiantes y profesores; y al mismo tiempo esperamos que este conocimiento
nos sirva para poder aportar algunas posibles recomendaciones para la acción,
sugerencias para optimizar la forma en que se desarrolla este proceso desde
la perspectiva de la calidad docente.
En cuanto al tipo de estudio que llevamos a cabo, diremos que esta
investigación es básicamente descriptiva-interpretativa respecto a cómo
292
perciben los estudiantes y profesores de esta Universidad que se realiza la
evaluación.
Tal y como expresa Fox “la aproximación descriptiva está concebida
para describir un conjunto determinado de fenómenos en sí mismos. El
planteamiento lógico de la aproximación puramente descriptiva es que la
información obtenida constituye en sí misma la respuesta de la pregunta de
investigación formulada” (Fox, 1981: 478).
Si bien debe tenerse en cuenta que en este tipo de estudios también hay
un componente de interpretación de la información que se obtiene:
“Además de la descripción, existe un elemento de interpretación del
significado o importancia de lo que se describe. El conocimiento del
estado actual es un primer paso necesario para la solución de los
problemas. La investigación descriptiva puede ser utilizada también para
identificar metas u objetivos y señalar los caminos por los que pueden
ser alcanzados” (Best, 1978: 110)
De acuerdo con este autor, la investigación descriptiva: “refiere
minuciosamente e interpreta lo que es. Está relacionada a condiciones o
conexiones existentes; prácticas que prevalecen, opiniones, puntos de vista o
actitudes que se mantienen; procesos en marcha; efectos que se sienten o
tendencias que se desarrollan. [...] El proceso de la investigación descriptiva
rebasa la mera recogida y tabulación de los datos. Supone un elemento
interpretativo del significado o interpretación de lo que se describe” ( Best,
1978: 91 )
Nos situamos así en un enfoque interpretativo, desde el cual
entendemos que la realidad que intentamos explicar no es única ni uniforme, ni
independiente de las percepciones de estudiantes y profesores o de los modos
de interacción entre ellos, ni tampoco de las pautas socio culturales que entran
en juego.
Desde una concepción interpretativa, asumimos que el conocimiento
que nos interesa se corresponde con el de los productos simbólicos del ser
humano, como consecuencia de admitir que los sujetos se orientan en la
realidad social a través del universo de significados que manejan y construyen;
299
En el caso de las entrevistas a los Directores de Departamento, como ya
comentamos anteriormente ningún Director se negó a realizar la entrevista, si
bien en este caso decidimos realizar de forma excepcional dos entrevistas en la
Facultad de Medicina debido al alto número de estudiantes de esta titulación
que había contestado el cuestionario. Consecuentemente, la muestra
productora de datos quedó conformada por 15 entrevistas a Directores de
Departamento.
En el siguiente cuadro pueden verse más claramente el número de
entrevistas y cuestionarios contestados por áreas de conocimiento y
titulaciones:
Cuadro 12: Distribución de la muestra productora de datos
Área de
Conocimiento Titulación
Nº de
cuestionarios
contestados
por alumnos
% sobre el
total de la
muestra
Nº de
entrevistas
realizadas a
Directores
de Dpto.
% sobre el
total de la
muestra
Derecho 43 1
Magisterio 48 1
Económicas 89 1
Psicología 83
1
Ciencias
Sociales y
Jurídicas
Total: 263 34.42 4 26.67
Geografía 32 1
Filosofía 12 1
Historia 84 1
Filología 18
1
Humanidades
Total: 146 19.11 4 26.67
Matemáticas 16 1
Biología 23 1
Químicas 17
1
Ciencias
Experimentales
Total: 56 7.33 3 20
Ing. Agrónomos 27
Explotaciones
Agropecuarias 33
Hortofruticultura
y Jardinería 50
Enseñanzas
Técnicas
Total: 110 14.40
1
6.67
Farmacia 23 1
Medicina 166
2
Ciencias de la
Salud Total: 189 24.74 3 20
Total 764 15
300
Creemos así que si bien nuestra muestra no es representativa
estadísticamente, sí lo es fenomenológicamente, al haber conseguido que la
diversidad existente en cada una de las cinco grandes áreas de conocimiento
que conforman nuestra Universidad esté presente en nuestra muestra de
informantes.
5.3.2. INSTRUMENTOS UTILIZADOS PARA LA RECOGIDA DE DATOS :
Los instrumentos de investigación utilizados para la recogida de
información en este estudio: entrevistas y cuestionarios, nos permitieron
acceder, respectivamente, a las percepciones de un gran número de
estudiantes y profundizar en las concepciones y reflexiones que sobre este
proceso hacen los principales responsables de la coordinación de la docencia
en las instituciones universitarias.
Estas técnicas de recogida de información se engloban dentro de la
metodología de encuestas; metodología que nos pareció la indicada para esta
investigación ya que:
“La encuesta es muy útil cuando la investigación requiere datos
descriptivos que los sujetos pueden proporcionar a partir de su propia
experiencia personal” (Arnal, Del Rincón y Latorre, 1992: 178).
Según Fox, este método de recoger información es adecuado “siempre
que deseemos obtener cierta información que pensamos que tiene una
persona, o que queramos conocer su opinión sobre un asunto [...] En la
investigación descriptiva, es el método más adecuado para obtener información
concreta acerca de las situaciones de investigación o de los sujetos que actúan
en ellas” (Fox, 1981: 586).
La recogida de información de la percepción de los estudiantes sobre su
evaluación en la Universidad se hizo a través de la aplicación de un
cuestionario , cuya versión original había sido construido por nosotros para la
Tesina de Licenciatura que llevaba por título: “La percepción de los estudiantes
sobre su evaluación en la Universidad”, y que fue repensado y actualizado
para este estudio.
301
El cuestionario es un instrumento de recogida de información que se
enmarca dentro del método de encuesta, el cual se considera adecuado en las
investigaciones descriptivas "siempre que se pueda convencer al encuestado
que se respetará su confianza y se utilizará correctamente el material" (Fox,
1981: 586).
Con este propósito, en la presentación de nuestro cuestionario se les
dice a los encuestados que la información que en él se recoge es
absolutamente confidencial y será únicamente empleada para los fines de la
investigación de la que forma parte; desde ese compromiso le pedimos que
completen los datos que se solicitan.
Por su parte, la recogida de información sobre las percepciones de los
Directores de Departamento de la forma en que se está realizando la
evaluación de estudiantes se realizó mediante entrevistas personales , ya que
de acuerdo con diferentes autores, este es uno de los instrumentos más
apropiados para obtener información en profundidad sobre un tema:
“ Las entrevistas son un método muy útil para recabar datos [...]. La
flexibilidad es uno de sus aspectos más sobresalientes. El “rapport”
(relación personal) que se establece con los sujetos crea una atmósfera
de cooperación en la que puede obtenerse información verídica. [...] El
entrevistador puede explayarse sobre alguna pregunta y explicar su
significado en caso de que a su interlocutor le parezca poco clara.
Ninguno de los otros tipos de recopilación de datos ofrecen estas
ventajas” (Ary, Jacobs y Razavich, 1990: 179).
Kerlinger (1982: 338) le atribuye las siguientes funciones:
- Instrumento de exploración que ayuda a identificar variables y
relaciones, a sugerir hipótesis y a guiar otras fases de la
investigación.
- Instrumento de recogida de información de las variables de la
investigación.
- Función de complementación de otros métodos, sobre todo
para la validación.
302
Las principales ventajas de las entrevistas frente a los cuestionarios es
que permiten obtener mayor información cuando se trata de cuestiones
comprometidas y existe menor riesgo de pérdida que con los cuestionarios y,
aunque existe un porcentaje de fallidas, siempre es menor que la pérdida de
cuestionarios. Además:
“con un realizador experimentado, la entrevista es muchas veces
superior a otros sistemas de obtención de datos. Una razón es que las
personas, generalmente, prefieren hablar que escribir. Cuando el
entrevistador ha obtenido el rapport o establece una relación segura y
amistosa con el sujeto se pueden obtener ciertos tipos de información
confidencial que un individuo se resistiría a expresar por escrito. El
investigador puede explicar el propósito de la entrevista y especificar
más claramente la información que necesita. Si el sujeto interpreta
erróneamente la pregunta, el interrogador puede plantear una cuestión
aclaratoria. [...] Es también posible buscar la misma información por
distintos caminos en diversos estadios de la entrevista, obteniendo así
una comprobación de la veracidad de las respuestas” (Best, 1978: 160).
De hecho, nosotros pudimos comprobar la diferencia entre las primeras
entrevistas realizadas, donde la falta de experiencia como entrevistadores hizo
que estuviéramos más tensos, ciñéndonos al guión previsto; mientras que a
medida que fuimos ganando confianza y habilidad en el desarrollo de esta
técnica, las entrevistas fueron mucho más fluidas y nos permitieron obtener
información más profunda sobre el desarrollo real del proceso de evaluación de
estudiantes y los problemas que los Directores de Departamento detectan para
su puesta en práctica.
En cualquier caso, para la construcción de ambos instrumentos tuvimos
en cuenta que, dentro del método de encuesta, Fox (1981) destaca seis
elementos a considerar:
1. El contexto de la encuesta.
2. El contenido de la encuesta.
3. La pregunta.
4. La previsión de la respuesta.
5. La forma como se registrará la respuesta.
6. La naturaleza de la interacción investigador-investigado.
303
1. Contexto de la encuesta :
Abarca desde el porqué el investigador plantea las preguntas, hasta por
qué piensa el encuestado que se las plantean, ya que no se trata
necesariamente de la misma razón.
El contexto abarca por qué piensa el sujeto que se le está haciendo la
pregunta, qué cree que se hará con los datos, y su percepción de la orientación
del encuestador (la naturaleza o contenido, y el tono y forma de cada
pregunta).
La conclusión es que el encuestado piensa la pregunta y la respuesta, y
si percibe algo como que no sabe nada sobre lo que se pregunta, que está
sesgada, que no se utilizará correctamente, que se abusa de su tiempo, etc.,
no sólo puede no contestar, sino que incluso puede burlarse contestando
cualquier cosa. Por tanto, debe tenerse cuidado con las intenciones y ser
claros en la presentación de lo que se pretende con la encuesta.
Consecuentemente, antes de fijar las entrevistas con los Directores de
Departamento, les enviamos por correo la siguiente carta, que acompañamos
de una hoja con los principales trabajos publicados sobre esta línea de
investigación y un CD-ROM en el que se publicaron las actas de un congreso
co-organizado por nosotros en los que también se incluyen temas relacionados
con esta investigación:
Santiago de Compostela, 3 de abril de 2002
Estimado Director y Compañero:
Me dirijo a ti para solicitar tu colaboración en una investigación que dirijo. Se
trata de una Tesis Doctoral, que lleva por título <<La evaluación de los estudiantes en
la Universidad: el caso de la Universidad de Santiago de Compostela>>, y que realiza
Mónica Porto Currás, Becaria de Investigación Pre-Doutoral de nuestra Universidad.
El favor que te pedimos es doble: por una parte, que aceptes ser entrevistado
por Mónica; y por otra, que nos facilites el acceso a un grupo numeroso de alumnos de
alguna de las materias de tu Departamento, al objeto de aplicarles un cuestionario.
En el primer caso, se trata de una entrevista de poco más de una hora, y que
necesitamos poder grabar en audio; preservando, como es preceptivo, la
confidencialidad. La entrevista debería realizarse antes del mes de julio.
En el segundo caso, quisiéramos poder acceder a los alumnos de los últimos
cursos de la titulación en XXX. El tiempo previsto de aplicación es de 30 minutos.
304
Es obvio que todo esto te causará alguna molestia, y por eso dije que se trataba
de pedirte un favor.
Naturalmente, te lo planteamos en tu calidad de Director de Departamento, pues
hay cuestiones que van más allá de la docencia y que conciernen a la coordinación de
programas (lo que, en principio, corresponde a los Departamentos).
Con todo, apurados de tiempo como solemos todos andar es razonable que te
resistas y quizás te preguntes - si me permites el tono en exceso coloquial-, por qué
te <<tocó>> a ti, de entre los muchos directores que hay en esta Universidad. Bueno,
eso tiene fácil respuesta: primero seleccionamos por áreas de conocimiento, después
por titulaciones de mayor tradición, y ya ahí, y una vez conocidos los nombres, nos
decidimos por las personas que consideramos "personalmente" más accesibles
(porque os conocíamos o porque nos hablaron muy bien de vosotros en este sentido,
sin prejuzgar claro a los demás), al tiempo que -y esto es lo más importante- por
vuestra reconocida trayectoria de compromiso con la calidad de la enseñanza en la
Universidad.
Más allá de esto, es obligado que sepas de qué se trata nuestra investigación,
que se inscribe en una línea de trabajo de varios años que referencio en hoja aparte
para, a modo de "tarjeta de visita", someterla a tu valoración. Por cierto, que
aprovecho para enviarte un Cd-Rom con las Actas del Congreso sobre la Calidad de la
Docencia en la Universidad que tuve la oportunidad de co-organizar.
En cuanto al contenido de la investigación, básicamente arranca de considerar
que las diversas iniciativas llevadas a cabo hasta el momento en materia de calidad
universitaria se han olvidado de la calidad de los aprendizajes de los estudiantes que,
a su vez, están muy condicionados por el tipo de evaluación que se practica. Por ello,
ya en 1998, en lo que fue la Tesina de Mónica, nos ocupamos de este tema en nuestra
Facultad, y publicamos un artículo cuya copia también te enviamos.
Los datos "muy inquietantes" que nos aportó aquella investigación nos llevaron a
considerar la necesidad de hacer un diagnóstico de lo que ocurría a este nivel en
nuestra Universidad. La novedad ahora es que queremos dar voz a los profesores
para contrastar su visión con la de los estudiantes.
Por todo esto nos gustaría mucho contar con tu colaboración, que desde ya
agradecemos. Te llamaremos a partir del 15 de abril al objeto de concretar todo esto.
Naturalmente, estoy a tu disposición para cualquier aclaración que precises.
Muy cordialmente,
Fdo. Felipe Trillo Alonso
En cuanto al cuestionario para estudiantes, en todos los cursos lo
aplicamos personalmente, pretendiendo ser lo más claros y sinceros posible,
explicando su sentido y el objetivo de la Tesis, y aclarando las dudas que
pudieran surgir durante su respuesta. Además, el propio cuestionario aparece
presentado del siguiente modo:
305
¿ CÓMO PERCIBEN LOS ESTUDIANTES LA EVALUACIÓN?
Este cuestionario forma parte de una investigación de Tesis Doctoral sobre la
evaluación de estudiantes y la calidad de la enseñanza universitaria en la Universidad
de Santiago de Compostela.
Necesitamos tu colaboración para conocer cómo percibes y valoras tu
experiencia de evaluación en la Universidad.
La información aquí recogida es absolutamente confidencial, y será empleada
únicamente para los fines de la investigación de la que forma parte.
Desde ese compromiso te pedimos que completes los datos que aquí se
solicitan.
Muchas gracias por tu colaboración.
2. Contenido de la encuesta :
Pocas veces se puede preguntar todo, y hay que seleccionar, … pero
con fundamento, pues de ello dependerá también la validez del instrumento.
A tal fin, habrá que proceder a la identificación de todos los posibles
temas de consulta (contemplando lo que se sabe del asunto, tanto de las
publicaciones e investigaciones anteriores como de lo que uno piense), así
como a la consideración de la distribución proporcional (en función de su
relevancia y amplitud) del tiempo para cada tema.
Reconocemos que nuestros instrumentos de recogida de información
son bastante amplios y extensos, pero nos pareció la única forma de recoger la
percepción de estudiantes y Directores de Departamento sobre todas las
dimensiones de la evaluación, lo cual nos parecía de enorme importancia.
En cualquier caso, nos aplicamos el siguiente consejo para la
preparación de ambos instrumentos:
“Obtenga toda la ayuda que pueda en el planteamiento y elaboración de
su cuestionario. Estudie otros cuestionarios y someta sus propias
pruebas a la crítica de otros miembros de su clase o de su Facultad,
especialmente a quienes han tenido experiencia en la estructuración de
cuestionarios ” (Best, 1978: 142).
306
Así, durante el diseño de esta investigación le pedimos asesoramiento
sobre el cuestionario a varios especialistas en estadística de la Facultad de
Psicología (Jesús Varela Mallou, Antonio Rial Boubeta) y de la Facultad de
Ciencias de Educación (Xosé Rubal Rodríguez) de esta Universidad con la
pretensión de economizar su extensión.
Entre las posibilidades que estudiamos estaba la de hacer un análisis
factorial general para reducir preguntas, pero sus consejos fueron que hacer un
análisis factorial general de todos los ítems no tenía demasiado sentido, ya que
nos saldrían demasiados factores y además nosotros ya tenemos nuestros
propios factores o dimensiones extraídos de la teoría.
Otra posibilidad estudiada fue hacer un análisis factorial de
componentes principales por “bloques”. Así se vería que factores aparecen en
cada uno de los bloques que nosotros construimos, y al mismo tiempo, ver cual
es el peso de cada ítem en cada factor, para poder decidir si agrupamos
algunos, si cambiamos su redacción o si podemos prescindir de algún ítem. Y
también nos sugirieron que se podía hacer un análisis de correlaciones entre
los ítems de cada bloque, para ver cuáles correlacionan entre ellos, de forma
que si hay varios con una correlación muy alta también se podría ver la forma
de eliminar alguno o agruparlos de algún modo.
Después de hacer estos análisis y estudiar las diferentes posibilidades,
creímos que eliminar ítems o agrupar algunos de los que presentaban
correlaciones altas dentro de una dimensión eliminaba los matices entre los
cuales nosotros queríamos que se movieran las respuestas de los estudiantes,
por lo que finalmente fueron muy pocos los cambios efectuados a la redacción
inicial que teníamos del cuestionario utilizado en la Tesina de Licenciatura.
En cuanto al contenido de la entrevista, también pasó por varias pruebas
pilotos, y con el asesoramiento de diferentes profesores de esta Facultad
expertos en la metodología cualitativa de recogida de información, como son
José Antonio Caride Gómez y Miguel Ángel Zabalza Beraza.
307
En un principio elaboramos un primer guión de entrevista para decanos,
que se puso a prueba con un ex-decano de la Facultad de Ciencias de la
Educación.
En esta prueba comprobamos que la entrevista no ofrecía los resultados
previstos y que era difícil obtenerlos tomando como informantes a este
colectivo, ya que los decanos no conocen realmente como se realiza la
evaluación de estudiantes en su Facultad.
De hecho, en la prueba piloto con este ex–decano, se nos dice
explícitamente que este sería un tema de instancias departamentales, aunque
podría abordarse también en la Comisión Académica de la Facultad, pero sería
una instancia de valoración, reconocimiento ... (no de toma de decisiones), y
para eso las Comisiones de la Junta de Facultad deberían trabajar de una
forma más eficiente.
“En ningún momento de mi actividad como Decano se abordó en
ninguna instancia de gobierno de la Facultad los aspectos técnicos
relativos a la evaluación del estudiantado. Digamos que esa es una
cuestión que en principio cae en la instancia departamental. No es
menos cierto que la Comisión Académica de la Junta de Facultad podría
ser una instancia que, no de toma de decisiones, pero sí de resonancia,
de estudio, de balance, de valoración, de reconocimiento, efectivamente,
de cómo en el conjunto de la Facultad, en la agrupación mismo del
Departamento, esta cuestión se podría analizar. Pero hay que decir que
las Comisiones de la Junta da Facultad funcionan, no voy a decir yo
deficitariamente, pero a un ritmo más bien bajo, y de tal modo pues una
cuestión que ya no toca directamente a los ámbitos y competencias de
la Junta de Facultad, que están bajo la responsabilidad directiva del
Decano, pues efectivamente ya es un asunto que no se abordó”.
Del mismo modo, expresa que sería deseable que existiera una
reflexión sobre esta temática en las Comisiones Académicas, y que es un tema
escasamente considerado por los decanatos (excepto en los casos de
conflictos, que es donde interviene por vía administrativa).
Consecuentemente, viendo estos resultados elaboramos un guión de
entrevista para Directores de Departamento, que también pusimos a prueba
con un ex-director de nuestra Facultad, y a partir de ahí vimos que estos sí
podían ser informantes valiosos y se procedió a hacer los ajustes necesarios
en las preguntas de esta prueba.
308
En la prueba piloto con el ex–director de nuestra Facultad,
comprobamos como la valoración de la entrevista fue muy positiva:
“Muy interesante, es muy rica a la hora de plantear temas que son
cruciales para la evaluación en el marco de un departamento, e incluso
en la Universidad en general, en la Facultad, por supuesto, y que en sí
misma introduce yo creo que cuestiones que son clave para saber más
de la evaluación que se desarrolla en un centro, en un departamento, e
incluso los profesores ¿no? Metodológicamente me parece que está
bien planteada, es sugerente, gana en intensidad y en sentido conforme
se avanza en ella, yo creo que sí. Contempla tanto aspectos formales
como más de contenido, más de trasfondo de la evaluación. Plantea
como mínimo dilemas entre los cuales la evaluación general se mueve,
y yo creo que en líneas generales permite evaluar la evaluación ¿no?,
que se entiende que es un objetivo básico de la entrevista como
instrumento que permite recoger información, analizarla después e
incluso ayudar a tomar decisiones.
Yo la valoro como interesante; el tiempo razonable, es un tema
complejo, y bueno quizás a lo mejor más asequible para quienes
estamos en el mundo de las Ciencias de la Educación que para quienes
están fuera ¿no?, que quizás comiencen por preguntarse sobre qué
significa hablar de evaluación. Pero bueno, se entiende que un Director
de Departamento por lo menos debe estar familiarizado con todos los
conceptos y planteamientos que aquí se hacen.
En la medida en que se pueden ir adelantando en algunas cuestiones
que están al principio respuestas, algunas de las que vienen más tarde
pueden ser reiterativas ¿no?, pero bueno, como tuviste la habilidad de
decir, bueno esto ya se planteó ..., es decir, si se plantean de modo
flexible, entendiendo que algunas de esas cuestiones ya habían sido
abordadas, por lo que hay como una segunda oportunidad para
repensar, para matizar lo que se había dicho antes.
No sé si a lo mejor plantear cuestiones o alguna cuestión sobre si
tendría sentido para los departamentos establecer algún tipo de proceso
formativo, de mejora, orientado a que los profesores hagan una
evaluación distinta. Es decir, en el sentido de situar la evaluación no sólo
fundamentalmente en lo que está pasando, en lo que se está haciendo,
en lo que hay, sino en cómo se puede ayudar a los profesores de un
departamento universitario a mejorar esos procesos evolutivos. Son
aspectos que en definitiva tienen que ver con la calidad de lo que puede
ser en general la actividad docente o la propia Universidad.”
Valoraciones y sugerencias que, obviamente, agradecimos e intentamos
incorporar en la versión definitiva del guión de entrevista de esta investigación.
317
6.1. ANÁLISIS DE LOS CUESTIONARIOS :
6.1.1. INTRODUCCIÓN :
Exponemos ahora el análisis de la información obtenida a través de la
aplicación del cuestionario a estudiantes de las cinco áreas de conocimiento de
la Universidad de Santiago de Compostela, para conocer sus percepciones
sobre como son evaluados.
Pero antes de empezar con el análisis propiamente dicho, en esta
introducción queremos dar cuenta de: a) algunas incidencias ocurridas durante
el proceso de recogida de datos, b) algunas decisiones adoptadas a la hora de
codificar la información recogida, c) el proceso de análisis seguido, y d) la
forma en que vamos a organizar y presentar el análisis de la información en los
siguientes apartados.
a) Incidencias :
En primer lugar nos gustaría llamar la atención sobre algunos hechos
que nos sorprendieron en la recogida de datos, como las grandes diferencias
en el grado de motivación que mostraron los estudiantes al responder el
cuestionario. Así, encontramos:
• Grupos de alumnos muy motivados por realizar los cuestionarios,
fundamentalmente en Derecho y Psicología. En Derecho los alumnos se
quejaron de cómo son evaluados por sus profesores, comentándonos que
casi el cincuenta por ciento de los alumnos van a terminar su carrera en
otras universidades; mientras en Psicología las quejas vienen motivadas
porque únicamente son evaluados con exámenes tipo test, y en donde
además se preguntan los datos más insignificantes -fechas, frases de
autores, ejemplos-, olvidándose de lo verdaderamente importante de los
temas estudiados. En ambas titulaciones al acabar la aplicación del
cuestionario varios alumnos se acercaron a preguntar cómo se iban a
analizar los datos, la repercusión que iba a tener la investigación, etc,
comentando sus casos particulares.
318
• Grupos de alumnos que respondieron el cuestionario sin ningún tipo de
entusiasmo ni queja.
• Grupos de alumnos que, al ser informados por el profesor correspondiente
del día en que se iba a aplicar el cuestionario, faltaron masivamente a esa
clase (si bien en esto pudo influir el hecho de que estaban próximas las
fechas de exámenes finales). En este caso se encuentran especialmente la
muestra de cuestionarios de Filología y Química.
También es de destacar que en alguna titulación (Psicología, Química y
Económicas) la aplicación del cuestionario coincidió con las encuestas de
evaluación de la docencia por los alumnos, lo cual no sabemos si puede afectar
a las respuestas o la forma en que se respondió este cuestionario, si bien
después de haber realizado los análisis dudamos de que haya supuesto alguna
interferencia en la investigación.
Por último, también queremos comentar que el hecho de que el
cuestionario estuviera redactado en castellano provocó que algún alumno no lo
contestara, aunque sin quejarse explícitamente o decir que se negaba a
cubrirlo por el idioma en que estaba escrito, sino simplemente haciendo
comentarios al margen de las hojas del cuadernillo-cuestionario.
Reconocemos que hubiera sido más correcto que el cuestionario
estuviera redactado en ambos idiomas, o tener las dos versiones y ofrecer la
posibilidad a los estudiantes de elegir la lengua en que querían leer las
preguntas, pero fue una cuestión en la que no pensamos hasta que ya se había
empezado a realizar las aplicaciones y solucionarlo encarecía sustancialmente
los gastos de esta investigación, por lo que decidimos continuar con los
cuestionarios en castellano. En cualquier caso, el número de cuestionarios
perdidos por esta razón no superó los diez de una N total de 775 en el conjunto
de todas las titulaciones encuestadas.
319
b) Decisiones adoptadas durante la codificación :
En otro orden de cosas, al codificar las respuestas al cuestionario,
comprobamos como muchos estudiantes dejan en blanco la pregunta 38,
aunque después contestan las dos siguientes, que serían una especificación de
esa misma, como puede comprobarse a continuación:
¿Qué crees tú que tus profesores/as consideran necesario evaluar?:
38.-El conocimiento adquirido por los estudiantes.
39.-De ese conocimiento: la solución de los ejercicios o la reproducción de
la información, con independencia de que se haga memorísticamente.
40.-De ese conocimiento: la calidad de los procesos de razonamiento,
creación, síntesis, etc.
Esto posiblemente se deba a que al contestar las dos siguientes dan por
contestada la anterior. Así, en el Análisis de Valores perdidos comprobamos
como esta variable tiene 61 valores perdidos, si bien en porcentaje total no
llega al 12%.
La otra pregunta que tiene un alto número de valores perdidos es la 63,
en la que los estudiantes tenían que responder si les gustaría que se utilizaran
otros instrumentos de recogida de información, y en caso afirmativo especificar
cuál o cuáles. Sabemos que en las preguntas en que se pide una respuesta
abierta complementaria es en donde más posibilidades hay de pérdida de
respuesta, lo cual puede ser la explicación de este número de valores perdidos,
si bien también es cierto que el análisis de las respuestas dadas en esta
pregunta puede ser muy enriquecedor al conjunto del cuestionario.
Por esta razón, las dos preguntas con posibilidad de respuesta abierta
(60.16 y 63 en el cuestionario) se analizan por separado para poder tener una
visión más enriquecedora.
Viendo el número de datos perdidos, decidimos eliminar un cuestionario,
ya que tenía un 43% de valores perdidos (53 en números exactos). En este
cuestionario con frecuencia se contestó únicamente a uno de los items dentro
de la misma variable, lo cual podía distorsionar los resultados.
320
En principio optamos por mantener todos los demás cuestionarios, si
bien encontramos alguno (tres en total) en el que se deja una hoja
completamente en blanco, posiblemente porque se pasó sin darse cuenta
pegada a la anterior. Asimismo hay una franja de cuestionarios que tiene entre
10 y 24 datos perdidos que nos hizo dudar, pero el porcentaje general de datos
perdidos de este intervalo no llega en ningún caso al 20%, por lo que decidimos
dejarlos igualmente.
c) Proceso de análisis seguido :
Consideradas estas incidencias, comenzamos a realizar el análisis de la
información recogida, el cual según Latorre, Del Rincón y Arnal (1996), consiste
en “organizar y tratar la información para que se pueda describir, analizar e
interpretar”.
Teniendo esto en cuenta, en nuestro estudio el análisis de los datos
obtenidos mediante el cuestionario se realizó con técnicas que permiten los
análisis descriptivos y correlacionales. Para ello se empleó el paquete
estadístico SPSS para Windows.
Los primeros análisis que efectuamos fueron análisis de frecuencias y
descriptivos, para cada una de las variables y para el conjunto de los
cuestionarios (sin discriminar por titulaciones ni áreas de conocimientos),
obteniendo así una primera visión general.
A continuación realizamos los primeros análisis descriptivos de cada
variable en función de las titulaciones de nuestra muestra. De esta forma
segmentamos la base de datos en función de la variable titulación, y obtuvimos
frecuencias, tabla de frecuencias y descriptivos de cada variable en función de
la titulación.
Pero cuando empezamos a describir los resultados que obteníamos
para cada una de las titulaciones, nos dimos cuenta que este trabajo podía
hacer demasiado denso y oscuro el informe, y además debíamos tener en
321
cuenta que de acuerdo con los objetivos de nuestra Tesis era más coherente
analizar la muestra por áreas de conocimiento.
Consecuentemente, el siguiente paso fue agrupar los datos en función
de las cinco grandes áreas de conocimiento (introduciendo esta nueva variable
en la base de datos y segmentándola en función de ella) y obtener los
estadísticos descriptivos (valores máximos y mínimos, media, desviación típica)
y tablas de frecuencias para cada variable en función de las áreas de
conocimiento.
Una vez realizado el análisis descriptivo de todas las dimensiones del
cuestionario por áreas de conocimiento, quisimos comprobar si había
diferencias significativas entre las respuestas de las diferentes titulaciones que
forman parte de una misma área. Para ello utilizamos las pruebas paramétricas
para comparar medias de muestras independientes (t de Student para aquellas
áreas de las que sólo tenemos dos grupos de alumnos, Análisis de Varianza
para las áreas en las que hay más de dos titulaciones, y Chi Cuadrado para los
casos en que queremos comparar variables dicotómicas); si bien, en aquellos
casos donde se rozaba la significatividad comprobamos los resultados también
con pruebas no paramétricas.
Estas pruebas permiten verificar si las respuestas de los grupos origen,
en los que se ha observado respectivamente sus medias aritméticas, son
iguales o difieren entre sí, estudiándolo a un nivel de significación = 0,05.
El nivel de significación es la probabilidad de concluir que los grupos
difieren cuando en realidad no lo hacen. Este tipo de error no puede ser
eliminado, sin embargo tratamos de obtener su control estableciendo = 0,05.
De este modo existe sólo el riesgo del 5% de cometer este tipo de error.
En los casos donde aparecen diferencias significativas entre las
titulaciones que forman parte de un área de conocimiento, utilizamos la prueba
“Tukey b” para saber entre qué titulaciones se encuentran esas diferencias y
poder analizar cuál o cuáles son las titulaciones que muestran una media
mayor en ese ítem y qué significa ese dato. De todas formas, debe tenerse en
cuenta que esta prueba no es tan potente como el Análisis de Varianza, por lo
322
que en algunas ocasiones, después de haber confirmado con el AVAR la
existencia de diferencias significativas, la prueba Tukey b no reflejaba esas
diferencias. En esos casos, mostramos histogramas con las medias de las
diferentes titulaciones para poder ver gráficamente entre qué titulaciones se
situarían las diferencias significativas.
En aquellos casos en los que los resultados obtenidos rozan la
significatividad, comprobamos estos datos mediante la prueba no paramétrica
H de Kruskal-Wallis, que nos indica si las diferencias existentes entre las
muestras significan diferencias genuinas o sólo representan la clase de
variaciones que pueden esperarse en muestras que se obtienen al azar.
d) Presentación de los análisis efectuados :
Hechas estas aclaraciones, presentamos a continuación el análisis de la
información, organizado en función de las cinco áreas de conocimiento
estudiadas. Así, para cada una de estas áreas organizamos la información
siguiendo este esquema:
• En primer lugar presentamos los datos de identificación de cada área,
entre los que se encuentran los datos de titulaciones que conforman
esta muestra, edad y sexo de los estudiantes.
• En segundo lugar recogemos los datos obtenidos sobre las
dimensiones señaladas en el Marco Teórico sobre la evaluación de
estudiantes. Dichas dimensiones son:
A. Definición de la evaluación (ítems 1 al 13):
A.1. Percepción de la concepción de los profesores de la
evaluación.
A.2. Percepción de los alumnos de la evaluación.
B. Funciones de la evaluación (ítems 14 al 29)
C. Objetos de evaluación (ítems 30 al 47)
C.1. Percepción de lo que consideran necesario evaluar los
profesores.
323
C.2. Percepción de posibles reduccionismos de la evaluación.
D. Criterios seguidos para evaluar (ítems 48 al 51).
E. Para quién se evalúa (ítems 52 al 55):
F. Cómo se evalúa (ítems 56 al 82):
F.1. Instrumentos de evaluación que se emplean.
F.2. Percepción de las condiciones de evaluación.
F.3. Percepción de la forma de evaluar.
G. Quién evalúa (ítems 83 al 95):
G.1. Percepción de quién decide en la evaluación.
G.2. Responsables de la forma de evaluar.
H. Cuándo se evalúa (ítems 96 al 98).
I. Evaluación versus Calificación (ítems 99 al 105).
Para cada una de las dimensiones (y subdimensiones) estudiadas en
este segundo apartado mostramos:
9 Un cuadro resumen en el que se recogen los valores
máximos y mínimos, la media y la desviación típica de
cada uno de los ítems de esa dimensión.
9 Una tabla resumen en la que se recogen los porcentajes
de la muestra en cada una de las categorías de respuesta
(nunca, algunas veces, aproximadamente en la mitad de
los casos, frecuentemente, siempre o casi siempre) para
cada ítem de esa dimensión.
9 Un gráfico de barras en los que se puede observar
comparativamente las medias generales de la muestra en
las variables de esa dimensión.
• Finalizamos la descripción de cada área de conocimiento haciendo un
análisis de las diferencias encontradas entre las titulaciones que
conforman la muestra de ese área, y estableciendo un perfil general
del área correspondiente sobre como perciben sus estudiantes la
evaluación.
324
6.1.2. ÁREA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS :
6.1.2.1. DATOS DE IDENTIFICACIÓN :
En este apartado analizamos los datos pertenecientes a las variables de
identificación que definimos en el capítulo anterior. Dichas variables recogen
información relativa a la edad, el sexo y la titulación de origen de los
estudiantes, y tienen su correspondencia con los tres primeros ítems del
cuestionario que se presenta en el Anexo 1 de este informe.
Así podemos decir que la muestra de estudiantes estudiada
perteneciente a ésta área se distribuye entre las titulaciones de Derecho,
Maestro (Especialidad de Educación Primaria), Económicas y Psicología, tal y
como se recoge en la siguiente tabla:
43 16,3%
48 18,3%
89 33,8%
83 31,6%
263 100,0%
Derecho
Magisterio
Económicas
Psicología
Total
Recuento %
Titulación
El 76,8% de nuestra muestra se encuentra en el primer intervalo de
edad, es decir, tienen entre 19 y 24 años. En la tabla que presentamos a
continuación podemos ver cuál es su distribución entre los distintos intervalos
de edad señalados.
202 76,8%
58 22,1%
1 ,4%
2 ,8%
263 100,0%
19-24 años
25-30 años
31-36 años
+ de 36 años
Total
Recuento %
Edad
Y los datos obtenidos nos indican que predomina el sexo femenino, con
202 mujeres (76,8%), frente al masculino:
325
61 23,2%
202 76,8%
263 100,0%
Hombre
Mujer
Total
Recuento %
Sexo
6.1.2.2. VARIABLES DE CONTENIDO :
Los datos que se presentan en esta apartado recogen la información
sobre las dimensiones de la evaluación establecidas en el Marco Teórico.
A. DEFINICIÓN DE EVALUACIÓN:
A.1. Percepción de la concepción que los profesores tienen de la
evaluación :
Si analizamos los datos obtenidos en los ítems de esta dimensión a
través de los estadísticos descriptivos: mínimo, máximo, media y desviación
típica, obtenemos los siguientes resultados que nos dan una visión general de
cómo se distribuyen las respuestas de los estudiantes:
Estadísticos descriptivos
a
262 1 5 4,00 1,019
258 1 5 3,95 1,024
260 1 5 2,75 1,311
261 1 5 1,54 ,777
257 1 5 1,75 ,927
262 1 5 3,87 1,165
253
Examinar
Calificar
Comparar logros con
criterios
Valorar progreso del
alumno
Valorar proceso de
aprendizaje
Decidir promoción
N válido (según lista)
N Mínimo Máximo Media Desv. típ.
Área de Conocimiento = Ciencias Sociales y Jurídicas
a.
326
Más detalladamente, quisimos saber como se distribuyen los porcentajes
de la muestra en cada una de las categorías de respuesta (nunca, algunas
veces, aproximadamente en la mitad de los casos, frecuentemente, siempre o
casi siempre) para cada ítem de esa dimensión, lo cuál se puede ver en la
siguiente tabla resumen:
Examinar Calificar
Comparar
logros con
criterios
Valorar
progreso del
alumno
Valorar proceso
de aprendizaje
Decidir
promoción
% % % % % %
N
unca 1,1% 1,6% 18,5% 58,2% 49,8% 4,2%
Algunas veces 13,7% 10,9% 35,8% 33,7% 33,5% 13,0%
En la mitad de los
casos 3,4% 13,2% 8,8% 5,0% 8,9% 11,1%
Frecuentemente 46,9% 40,3% 26,5% 1,9% 7,4% 35,5%
Siempre o casi
siempre 34,7% 34,1% 10,4% 1,1% ,4% 36,3%
En esta tabla de frecuencias se puede ver claramente como la mayoría
de los estudiantes de nuestra muestra perciben que sus profesores con gran
frecuencia entienden la evaluación como examinar a los alumnos (ítem 1). Esto
es afirmado por un 81,6% de la muestra (si sumamos los porcentajes de los
alumnos que dicen que esta situación se produce frecuentemente o siempre).
Sin embargo, con el análisis de varianza vemos como las diferencias
entre las medias de las muestras de las diferentes titulaciones de estas áreas
rozan la significatividad en las respuestas a este ítem (p = 0,069; F = 2,392),
por lo que comprobamos los resultados con una prueba no paramétrica (H de
Kruskal-Wallis), obteniendo como resultado que sí hay diferencias
significativas.
En el histograma realizado a partir de las medias de las respuestas a
este ítem, podemos comprobar como estas diferencias significativas se
encontrarían entre Psicología y Derecho, siendo los estudiantes de Psicología
los que consideran que con menor frecuencia sus profesores identifican evaluar
con examinar al alumno y los de Derecho los que afirman que esto sucede más
frecuentemente:
333
B. FUNCIONES DE LA EVALUACIÓN:
A continuación presentamos el cuadro resumen de los estadísticos
descriptivos (mínimo, máximo, media y desviación típica) hallados con los datos
obtenidos en esta dimensión:
Estadísticos descriptivos a
262 1 5 3,11 1,182
261 1 5 2,90 1,198
263 1 5 3,06 1,184
262 1 5 2,89 1,269
260 1 4 2,10 ,923
262 1 5 2,85 1,053
262 1 5 2,04 ,946
262 1 5 2,23 ,976
263 1 5 1,95 ,952
262 1 5 1,77 ,737
260 1 5 2,01 ,805
262 1 5 2,27 1,183
263 1 4 1,52 ,698
262 1 4 1,63 ,715
262 1 5 2,12 ,897
262 1 4 1,95 ,870
252
Selección de alumnos
Control administrativo
Socializar alumnos
Ejercer el poder
Facilitar coordinación
profesores
Valoración de
aprendizajes
Refuerzo motivacional
Reflexión
Diagnosticar dificultades
Remediar dificultades
Tomar decisiones
Informar al alumno
Promover diálogo
Ajustar proceso de e/a
Perfeccionamiento
alumnos
Impulsar participación
alumnos
N válido (según lista)
N Mínimo Máximo Media Desv. típ.
Área de Conocimiento = Ciencias Sociales y Jurídicas
a.
Resultados que pueden verse más claramente si analizamos la
distribución de las respuestas de los estudiantes en cada uno de los ítems que
le planteábamos para conocer las funciones que adopta la evaluación de
estudiantes en esta área de conocimiento. Esta distribución se presenta
resumida en la siguiente tabla de frecuencias:
Selección
de
alumnos
Control
administrativo
Socializar
alumnos
Ejercer
el
poder
Facilitar
coordinación
profesores
Valoración
de
aprendizajes
Refuerzo
motivacional Reflexión
% % % % % % % %
N
unca 8,0% 11,5% 9,5% 13,4% 28,1% 9,5% 31,7% 22,5%
Algunas veces 28,6% 33,7% 27,8% 34,4% 44,2% 32,4% 43,5% 46,2%
En la mitad de
los casos 19,1% 16,9% 20,5% 14,9% 17,7% 24,0% 14,5% 18,3%
Frecuentemente 32,4% 29,1% 31,6% 25,2% 10,0% 31,3% 9,9% 11,5%
Siempre o casi
siempre 11,8% 8,8% 10,6% 12,2% 2,7% ,4% 1,5%
334
Diagnosticar
dificultades
Remediar
dificultades
Tomar
decisiones
Informar
al
alumno
Promover
diálogo
Ajustar
proceso
de e/a
Perfec-
cionamiento
alumnos
Impulsar
participación
alumnos
% % % % % % % %
N
unca 36,5% 37,0% 26,2% 33,6% 57,8% 49,6% 25,2% 34,0%
Algunas veces 43,0% 51,5% 52,3% 29,8% 34,2% 39,7% 46,6% 42,7%
En la mitad de
los casos 10,6% 9,2% 16,5% 15,6% 6,1% 9,2% 19,5% 17,2%
Frecuentemente 9,1% 1,5% 4,6% 18,3% 1,9% 1,5% 8,4% 6,1%
Siempre o casi
siempre ,8% ,8% ,4% 2,7% ,4%
Observando estos datos, podemos comprobar como los alumnos
muestran percepciones muy divergentes sobre las primeras posibles funciones
de la evaluación que le presentamos; de forma que, sobre si los profesores
adoptan como funciones de la evaluación: la selección de alumnos (ítem 14), el
control administrativo (ítem 15), la socialización de alumnos (ítem 16), ejercer el
poder (ítem 17) o la valoración de los aprendizajes (ítem 19), un amplio
porcentaje de la muestra cree que frecuentemente es así, mientras que otro
importante porcentaje dice que sólo algunas veces.
Lo que sí tienen mucho más claro la mayoría de los estudiantes son las
funciones que no adopta la evaluación para sus profesores:
• El 72,3% de la muestra percibe que en pocas ocasiones la
evaluación se utiliza para facilitar la coordinación entre profesores
(ítem 18), lo cual es afirmado sin diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,122; F = 1,950).
• El 75,2% considera que casi nunca o sólo algunas veces la
evaluación tiene como función el refuerzo motivacional (ítem 20), si
bien en este caso sí encontramos diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,010; F = 3,877). Consideradas singularmente estas
diferencias se encuentran entre las medias de las respuestas de los
estudiantes de Magisterio y las de los estudiantes de Derecho y
Económicas, tal y como vemos a continuación:
335
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,84
Económicas 1,85
Psicología 2,18 2,18
Magisterio 2,31
Comprobamos, por tanto, como son los estudiantes de Magisterio los
que consideran que con mayor frecuencia la evaluación tiene como
función el refuerzo motivacional.
• El 68,7% sólo algunas veces o casi nunca se utiliza la evaluación
para reflexionar sobre lo que se hace (ítem 21).
• El 79,5% afirma que con poca frecuencia se evalúa para diagnosticar
las dificultades del proceso de enseñanza-aprendizaje (ítem 22). En
este caso también encontramos diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,000; F = 6,111), diferencias que se reducen a las
siguientes:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,67
Psicología 1,77
Económicas 2,00
Magisterio 2,40
Se comprueban, por tanto, diferencias entre las percepciones de los
alumnos de Magisterio, y las de los alumnos de Derecho, Psicología
y Económicas; de forma que mientras que los primeros opinan que
sus profesores utilizan la evaluación con este fin algunas veces, los
demás consideran que esto sucede en tan pocas ocasiones que ni
siquiera o apenas llegan a categorizarlas como algunas veces.
• El 88,5% cree que en pocas ocasiones se evalúa para remediar las
dificultades encontradas en el proceso de enseñanza-aprendizaje
(ítem 23), y esto es afirmado sin diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,100; F = 2,107).
• El 78,5% opina que algunas veces o casi nunca la evaluación tiene
como función tomar decisiones racionales, justificadas y bien
fundamentadas sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje (ítem
24). Aquí volvemos a encontrarnos con diferencias significativas
336
entre titulaciones (p = 0,001; F = 6,061), siendo esas diferencias
entre los estudiantes de Derecho (que son más taxativos en esta
afirmación) y los del resto de las titulaciones de esta muestra de
Ciencias Sociales y Jurídicas, tal y como se presenta en la siguiente
tabla:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,55
Económicas 2,03
Psicología 2,07
Magisterio 2,23
• El 63,4% percibe que nunca o sólo algunas veces se utiliza la
evaluación para informar a los alumnos sobre su aprendizaje (ítem
25). En este caso encontramos diferencias significativas (p = 0,002; F
= 5,126) entre la media de las respuestas de los estudiantes de
Psicología (que consideran que esto sucede con una frecuencia ya
próxima a la mitad de los casos) y los de Derecho y Económicas (que
creen que sus profesores en muy pocas ocasiones adoptan esta
función de la evaluación). Estas diferencias pueden apreciarse mejor
en la siguiente tabla:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,90
Económicas 2,06
Magisterio 2,35 2,35
Psicología 2,63
• El 92% afirma que prácticamente nunca se emplea la evaluación
como recurso para promover el diálogo con los alumnos (ítem 26), y
esto es afirmado por los estudiantes de todas las titulaciones de esta
muestra sin diferencias significativas (p = 0,606; F = 0,615).
• El 89,3% cree que nunca o sólo algunas veces se realiza con la
función de ajustar el proceso de enseñanza-aprendizaje al desarrollo
personal y social del alumno (ítem 27). Volvemos a encontrar
diferencias significativas entre las medias de las respuestas de los
diferentes grupos de alumnos (p = 0,015; F = 3,575), siendo de
nuevo los estudiantes de Derecho los que más taxativamente hacen
337
esta afirmación con respecto a las demás titulaciones, tal y como se
comprueba en la siguiente tabla:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,33
Psicología 1,64
Económicas 1,67
Magisterio 1,79
• El 71,8% opina que sólo algunas veces o nunca se evalúa para
ayudar al perfeccionamiento de los alumnos (ítem 28), opinión que
comparten sin diferencias significativas los estudiantes de todas las
titulaciones de esta muestra (p = 0,203; F = 1,548).
• El 76,7% dice que sólo algunas veces o nunca se utiliza la
evaluación para impulsar la participación de los alumnos en la mejora
del proceso de enseñanza-aprendizaje (ítem 29), lo cual también es
afirmado sin diferencias significativas entre titulaciones (p = 0,324; F
= 1,163).
Todos estos resultados pueden verse más gráficamente en el
histograma que presentamos a continuación realizado a partir de las medias
generales de la muestra de Ciencias Sociales y Jurídicas en los ítems de esta
dimensión:
Impu lsar pa r ticip ac.
Per fe cc iona m . a l u m n o
Aj u s tar pr o ceso e- a
P r omove r diá lo go
Informar al alumno
Tomar decisione s
Remedia r dif ic ult.
Diagnostica r d if i c ul
Reflex ió n
Refu e rzo motivacio n a
Valorac. aprendizaje
Coordinación profs.
Ej e rc e r el pod e r
Socializa r a lu mn o s
Con t ro l a dmi n istr a t.
Selec ción d e alu m no s
Media
5,0
4,0
3,0
2,0
1,0
1,9
2,1
1,6
1,5
2,3
2,0
1,8
1,9
2,2
2,0
2,9
2,1
2,9
3,1
2,9
3,1
338
C. OBJETOS DE LA EVALUACIÓN:
C.1. Percepción de lo que los profesores consideran necesario
evaluar :
La tabla de estadísticos descriptivos que nos ofrecen estos resultados
sería la siguiente:
Estadísticos descriptivos a
263 1 5 4,01 1,077
263 1 5 1,72 ,889
263 1 5 2,71 1,194
262 1 5 2,51 1,027
261 1 5 2,09 1,037
262 1 5 2,22 1,153
263 1 5 2,22 1,107
259 1 5 2,01 1,114
242 1 5 3,76 1,132
262 1 5 3,87 1,117
262 1 5 2,61 1,065
236
Programa de la materia
Condiciones de estudio
Proceso de enseñanza
Proceso o estrategia de
evaluación
Conocimientos previos
Esfuerzo
Actitud e interés
Capacidades
(madurez,formación)
Conocimiento adquirido
Reproducción de la
información
Procesos de
razonamiento ...
N válido (según lista)
N Mínimo Máximo Media Desv. típ.
Área de Conocimiento = Ciencias Sociales y Jurídicas
a.
Y podemos observar la distribución de las respuestas de los estudiantes
de esta muestra a los ítems de este bloque de preguntas en la siguiente tabla
de frecuencias:
Programa
de la
materia
Condiciones
de estudio
Proceso de
enseñanza
Proceso o
estrategia de
evaluación
Conocimientos
previos Esfuerzo
% % % % % %
N
unca 2,3% 49,8% 14,1% 14,9% 32,6% 32,1%
Algunas veces 12,2% 35,0% 38,8% 42,4% 41,4% 35,9%
En la mitad de
los casos 7,2% 9,9% 17,1% 21,4% 11,5% 13,4%
Frecuentemente 39,2% 4,2% 21,7% 19,5% 13,4% 15,3%
Siempre o casi
siempre 39,2% 1,1% 8,4% 1,9% 1,1% 3,4%
339
Actitud e
interés
Capacidades
(madurez,
formación)
Conocimiento
adquirido
Reproducción
de la
información
Procesos de
razonamiento
...
% % % % %
N
unca 28,9% 41,7% 3,3% 4,6% 11,5%
Algunas veces 40,3% 32,8% 15,3% 10,7% 43,5%
En la mitad de
los casos 14,1% 11,2% 13,2% 9,9% 22,5%
Frecuentemente 13,3% 11,6% 38,8% 42,7% 17,2%
Siempre o casi
siempre 3,4% 2,7% 29,3% 32,1% 5,3%
Con estos datos podemos comprobar como la mayoría de los alumnos
de nuestra muestra del área de Ciencias Sociales y Jurídicas perciben que con
gran frecuencia sus profesores consideran necesario evaluar:
• La programación de la materia: objetivos, contenidos,
metodología, evaluación (ítem 30), lo cual es afirmado por el
78,4% de los estudiantes sin diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,232; F = 1,438); si bien ya hemos aclarado
anteriormente que esta pregunta se prestó a diferentes
interpretaciones, por lo que creemos sinceramente que a lo que
se refiere este porcentaje es que sus profesores consideran
necesario evaluar a sus alumnos de aquello que dan como
programa de la materia, no a sí mismos sobre su programación.
• El conocimiento adquirido por los estudiantes (68,1%, ítem 38), si
bien en este caso si aparecen diferencias significativas entre
titulaciones (p = 0,000; F = 10,652). Consideradas singularmente,
las diferencias significativas se reducen a las que citamos a
continuación:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 3,60
Psicología 3,76 3,76
Económicas 3,96 3,96
Magisterio 4,15
Es decir, se encuentran diferencias significativas entre las
titulaciones de Derecho y Magisterio, siendo los estudiantes de
Magisterio los que con más frecuencia perciben que sus
profesores evalúan el conocimiento adquirido por los alumnos.
340
• Y de ese conocimiento: el 74,8% considera que con mucha
frecuencia se evalúa la solución de los ejercicios o la
reproducción de la información, con independencia de que se
haga memorísticamente (ítem 39); mientras que el 66% percibe
que sólo algunas veces o aproximadamente en la mitad de los
casos se evalúa la calidad de los procesos de razonamiento,
creación, síntesis, etc. (ítem 40). Ambas afirmaciones son
efectuadas sin diferencias significativas entre titulaciones (p =
0,078; F = 2,301 y p = 0,063; F = 2,463 respectivamente).
Por otro lado, la mayoría de los alumnos coinciden en la percepción de
que sus profesores nunca o sólo algunas veces consideran necesario evaluar:
las condiciones de estudio de los alumnos (ítem 31), los conocimientos previos
(ítem 34), el esfuerzo (ítem 35), la actitud e interés del alumnado (ítem 36) o
sus capacidades (ítem 37); mientras que un 63,8% de la muestra afirma que
sólo algunas veces o aproximadamente en la mitad de los casos sus
profesores consideran necesario evaluar el propio proceso o estrategia de
evaluación (ítem 33).
Comprobamos que existen diferencias significativas entre titulaciones en
las frecuencias con las que los estudiantes afirman que sus profesores
consideran necesario evaluar la actitud y el interés del alumnado (p = 0,004; F
= 4,483); siendo de nuevo los estudiantes de Magisterio los que perciben que
con más frecuencia sus profesores consideran necesario evaluar estos
aspectos:
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Económicas 1,97
Derecho 2,14
Psicología 2,28 2,28
Magisterio 2,67
.
También existen diferencias significativas entre titulaciones en la
percepción de la frecuencia con la que los profesores consideran necesario
evaluar las capacidades de cada estudiante (p = 0,027; F = 3,120); diferencias
341
que, como refleja el gráfico que presentamos a continuación, aparecen entre
los estudiantes de Derecho y Económicas (que consideran que este aspecto se
evalúa con menor frecuencia), y los de Magisterio y Psicología.
Titulación
Psicología Económicas Magisterio Derecho
Media de Capacidades (madurez,formación)
5,0
4,0
3,0
2,0
1,0
2,2
1,8
2,2
1,8
Hay más divergencias de percepciones en las respuestas a si sus
profesores consideren necesario evaluar el proceso de enseñanza seguido por
ellos mismos (ítem 32), de forma que aunque un 52,9% de la muestra
considera que esto sólo sucede algunas veces o casi nunca, un 38,8% opina
que es así frecuentemente o en la mitad de los casos.
Se pueden ver reflejadas gráficamente las medias de estas respuestas
en el histograma que presentamos a continuación:
Procesos razonam i ent
R e pr o ducc ió n inf.
C o noc. adquirido
C a pacidad es
Actitud e interés
E s f u er zo
C o nocimi e nto s p r ev i o
P roces o evalu ac i ón
Proceso d e enseña nz a
C o ndi c i ones es tudio
Programa mate r ia
Media
5,0
4,0
3,0
2,0
1,0
2,6
3,9
3,8
2,0
2,2
2,2
2,1
2,5
2,8
1,7
4,0
342
C.2. Posibles reduccionismos en la evaluación :
En la tabla siguiente se reflejan los valores mínimos y máximos, así
como las medias y desviaciones típicas de las respuestas de los alumnos a las
preguntas sobre los posibles reduccionismos de la evaluación:
Estadísticos descriptivos a
263 1 5 4,43 ,788
263 1 5 4,12 ,957
263 1 5 4,24 1,003
261 1 5 3,59 1,040
261 2 5 4,01 ,837
261 1 5 2,82 1,067
261 1 5 2,38 1,036
261
Resultados (solamente)
Resultados
buscados,pretendidos,ob
servables
Personas (no
condiciones, ni medios)
Errores más que aciertos
Conocimientos de
hechos y conceptos
Capacidad para resolver
problemas
Identificación con valores
del área
N válido (según lista)
N Mínimo Máximo Media Desv. típ.
Área de Conocimiento = Ciencias Sociales y Jurídicas
a.
Resultados que pueden analizarse más detalladamente a través de la
distribución de las respuestas de los estudiantes en cada uno de los ítems de
esta dimensión:
Resultados
(solamente)
Resultados
buscados,
pretendidos,
observables
Personas
(no
condiciones,
ni medios)
Errores
más
que
aciertos
Conocimientos
de hechos y
conceptos
Capacidad
para
resolver
problemas
Identificación
con valores
del área
% % % % % % %
N
unca 0,4% 1,1% 3,8% 1,5% 8,0% 18,4%
Algunas veces 3,4% 8,7% 4,9% 18,8% 8,0% 36,8% 47,1%
En la mitad de
los casos 6,1% 7,2% 3,4% 17,2% 10,3% 26,1% 14,9%
Frecuentemente 32,7% 42,6% 39,5% 44,1% 54,4% 23,0% 17,6%
Siempre o casi
siempre 57,4% 40,3% 48,3% 18,4% 27,2% 6,1% 1,9%
Con estos datos podemos comprobar como la mayoría de los alumnos
perciben que frecuentemente o siempre la evaluación se reduce a los
resultados (ítem 41) y de éstos sólo los resultados buscados, pretendidos y
observables (ítem 42); a las personas (ítem 43), a los contenidos conceptuales
(ítem 45), y que se presta más atención a los errores que a los aciertos (ítem
44). Los estudiantes consideran por tanto que casi nunca se evalúan las
349
Subconjunto para alfa =
0.05
Titulación
1 2
Derecho 1,84
Magisterio 2,04 2,04
Económicas 2,18 2,18
Psicología 2,46
En las respuestas a los ítems de si se evalúa para la sociedad o para el
sistema, el Análisis de Varianza nos dice que la probabilidad de que estas
respuestas se den por azar roza la significatividad (p = 0,055 en ambos casos),
por lo que comprobamos esta posibilidad aplicando la prueba no paramétrica H
de Kruskal-Wallis.
Con esta prueba comprobamos como sólo en el primer caso se puede
considerar que hay diferencias significativas entre titulaciones (p = 0,042),
siendo esas diferencias entre Derecho y Económicas por un lado y Magisterio y
Psicología por otro, tal y como se puede advertir en el gráfico de barras que
presentamos a continuación:
Titulación
Psicología Económicas Magisterio Derecho
Media de Para la sociedad
5,0
4,0
3,0
2,0
1,0
3,7
3,3
3,6
3,1
Es decir, son los estudiantes de Magisterio y Psicología los que perciben
que con mayor frecuencia se evalúa para la sociedad, para seleccionar a los
mejores.
Presentamos ahora el histograma de las medias generales de la
muestra en estas preguntas.
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