Doña Josefa Ramírez / Pedro de Fuentes
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DOÑA JOSE FA RAM1.REZ. NUEVA RELACI®N, En que se da cuenta de los arrojos y val.'entes arrestos que hizo una n:uger llamada doña Josefa Ramirez, natural ae Falencia, y la f fer licidad con que salió de todos ellos; y lo demas que verá el curioso. PRIMERA PARTE. la que es Madre del Verbo, María Señora nuestra, la pido humilde y postrado me - dé gracia, con que pueda referirle á mi auditorio, {a mas infausta tragedia, , . el-afortunado caso, -• que sucedió á una doncella: - atencion que ya comienzo. En la ciudad de Valencia nació de -muy nobles padres la hermosa doña Josefa: con muy buenos documentos rióse aquesta Minerva, q ue Palas la tuvo envidia por lo sábia y lo discreta; Venus se quedó afrentada solo al mirar su belleza. Apenas cumplió esta niña .diez y ocho primaveras, muchas señores la rondas sus celosías y puertas, y entre tantos pretendientes la 'adoraba muy de veras un principal caballero dou Pedro de Valenzuela. Al fin la escribió un villete con . muy rendidas ofertas, la did parte de su amor: la dama, como discreta, con otro le corresponde á su pretension atenta, diciendo: señor don Pedro, yo estimo vuestras finezas: ya sabeis como en mi casa soy la cínica heredera, hallo imposible, señor, de que mis padres consientan, que yo con usted me case; mas esta noche en la reja de mi jardin os aguardo, eso de las once y media.
hasta que de cierto sepa quién fueron los alevosos, pues son que con tan grande inclemencü l a don Pe á don Pedro dieron muerte. Disimula: Toda en lágrimas deshecha, jura que se ha de vengar á pesar de las estrellas. Se retiró á su aposento, como una leona fiera, se despoja de su ropa, tomando capa y montera, y un rico coleto de ante, calzon de la misma pieza, zapatos á lo moruno, y rica media de seda, t na charpa de pistolas, alambica su espada y rodela, y un trabuco que pendiente L,to cerró el billete, y á un -page con diligencia le mandó que le llevase, el cual fue con gran presteza, y á don Pedro se lo dió en propia mano, y le besa. Rompió la nema, y leyó •lo que ya expresado queda, deseando que la aurora tendiese el manto de estrellas. Llegó la citada hora, y pronto se halló en la reja; hizo una seña, y salió aquella diosa Minerva, aquella estrella-de Venus, ta . i bizarra como honesta. S tlu,laronse corteses, y entré los dos hacen cuenta que una noche la sacas:; ca t,,:l, en utas diferencias le acota ten dos trai_í iras á don Pedro con violencia. Dos estocadas das le dieron p,r la espalda, mas tan recias, que las heridas crueles h 1sta el pecho le penetran; y cona . un leon herido sacó la espada, y con ella á los dos acometió, pera poco le aprovecha, que ellos se escapan huyendo, y el triste joven,dió en tierra diciendo: difunto soy, petdóname, amada prenda. Esta voz que oyó la dama cayó ainarteCida en tierra; volviendo en sí del letargo, decia •de esta manera: ¡qué es esto que me sucede! ¡c 1e los, qué desgracia es esta! . quizás irán á algun pleito qué ke de haeer, ¡ay de mí, triste! de alguna de sus haciendas, q ue quien tiene mayorazgos, nunca le faltan quimeras. No es mal pleito el que les siguen (ellos dieron por respuesta), ¡ó fsrtuna tan adversa! á dónde hallaré yo alivio á tanto tropel de penas? d ,é o sosiego respondic ' mucha fu mas no e que os hiciese esn que fue c y le resis sangre nc sabed quf y eso no • sino es p Sabed qu lo que os nada me de su cintura le lleva. IMas ella Luego partió á un contador, ,espondi( y sacó de una gaveta y ¿á dóni hasta doscientos doblones, Y ellos t y se ausentó de Valencia. otaa. iban Entre unos montes se oculta, Salió del • .y de noche daba vuelta, buena su iba á , las casas de juego ya tendr donde dio se conversa. . si se .ene J ugando estaba una noche, Y monta y otros señores con, ella, . ` que al ze sin saber con quien hablaban; á Cartag del caso le dieron cuenta. con mu) y^p cen : ;con qué don Leonardo Llegó ut n ¿raspar de Contreras , á eso de salieron con gran sigilio '4 y en un de la ciudad de Valencia?'" y dijo á doña Josefa responde: cuídeme ;¿pues qué ocasion les molesta que ,yo á esos nobles caballeros y sin de para salir de su tierra? á la pla alguno c que el v No, los y hacia : y á la 1 le previa Y ue 1
3 en una cuadra que tenga las ventanas á la calle, sin darla á entender su idea. Apenas anocheció, pronta se puso á la reja de la ventana , escuchando cuanto en la calle conversan. Oyó decir á unos hombres aquestas palabras rnesmas: para mañana á la noche tengo una funcion muy regia en casa don Juan Mancilla, porque en su casa se hospedan dos famosos caballeros, naturales de Valencia, y quiere regocijados, y ha de hacer una comedia, y otros muchos entremeses, mas no quiere que se sepa, porque en Valencia mataren á un hombre de grandes prendas. Ténte, hombre, no prosigas; calle ya tu infame lengua, que no sabes quien te escucha, porque si bien lo supieras, no dieras cuenta á tu amigo. ¡O cuánto mas nos valiera muchas veces el callar! que el que no habla no yerra. Séneca muy bien lo explica, que es una de sus sentencias. Ya satisfecha del caso se quedó doña Josefa: y apenas amaneció, hizo vivas diligencias por descubrirlos, y al fin en la playa los encuentra. Cuando los tuvo presentes, les dice de esta manera: ¿me conoceis, caballeros? sabed soy doíia Josefa, aquella á quien agraviasteis en la ciudad de' Valencia; vengo á temar, la venganza nr _^ pues son los que dieron muerte emencia I á don Pedro Valenzuela. rte. ' Disimulando su enojo, respondió con gran reserva: ' mucha fuerza se me hace, mas no es posible que crea que eso nobles caballeros hiciesen accion cómo ella, que fue un hecho muy villano, , y le resisten sus venas sangre noble, y esto basta; a, i sabed que hay quien lo defienda; y eso no se puede hablar, sino es por cosa muy cierta. Sabed que es mucha verdhd ela, lo que os digo, y si no fuera, Cite nada. me importa el decirlo. Mas ella con gran cautela ador, ¡respondió: Dios los asista; y ¿á dónde el vine llevan? g is, Y ellos mismos le informaron a. muy iban hácia Cartagena. :ulta, Salió del juego, diciendo, buena suerte ha estado esta; ya tendrá mi pena alivio, si se s a ne logra la idea. le, Y montando en un caballo, que al zéfiro puso rienda, laban; ' á Cartagena marchaba a. con muy pronta diligencia. eonardo Llegó una tarde feliz, eras á eso de las dos y média, y en un meson se acogió, ' dijo á la mesonera: } cuídeme de ese caballo, que yo presto doy, la vuelta, y sin desarmarse fue Í¡ á la playa , por si `encuentra alguno de sus paisanos, que el verlos tanto desea. No , los pudo descubrir, y hacia el meson dió la vuelta, y á la patrona la dijo, le previniese la cena, 3' tse le hiciese la ca ' a :ha, nolesta. cito [idas, azgos, s. les siguen testa),
SEGUNDA PARTE, Di que se refiere el cautiverio d' doña Josefa Ramirez,y los varios sucesos que pasó hasta el fin de su vida, correo 4 verá el curioso l ctor. presto quitarse de en medio, ó le quitaré la vida al que fuere desatento. Esto dijo, y disparó con tan bellísimo acierto el trabuco, que se lleva de un tiro los tres primeros, que los cogió perfilados. Y los otros que esto vieron, se pusieron en campaña; mas la dain i con esfuerzo, sin punto de cobardía izase fuerte con ellos: que habiendo muerto á mi amante poco importa que yo muera. Sacan los tres las espadas, y á la batalla se aprestan, y á dos idas y venidas le alcanzó doña Josefa al valiente don Leonardo una estocada tan recia que lo pasó por el pecho, dando con él en la tierra. Esto que vió don Gaspar, cerró con doña Josefa, mas poco le aprovechó, porque -ella con gran destreza le quitó de la cintura una almarada, y con ella lo pasó por el costado, y ambos difuntos los deja. Se alborotó la ciudad, y acolo con gran presteza el sei> >r Gober nador, pera Il_varsela presa. ; g il is ella con arrog encía d <j ): sepi vti celenzia Tia mi - espada á nadie teme, aunq :e u-, eg rcito venga; dijo, y chocando con ellos, Ya dije como salió, amparada del silencio de Cartagena una noche, llena de mil pensamientos, doña Josefa Ramirez; y marchando para el reino de Cataluña, una tarde al encuentro le salieron siete vandidos, mas ella los reconoció al momento. Del caballo se desmonta, de aquesta suerte diciendo: á uno toma y á otro deja. Tres ministros le mató, y en medio de esta refriega se le ha quebrado la espada, echó mano con presteza al trabuco que tenia, y á barrer la calle empieza. Tan buena traza se deba á disparar, que se lleva dos ó tres de cada tiro, y la calle le franquean, con que llegó á refugiarse dentro de la misma iglesia del seráfico Francisco, adonde á curar se queda dos balazos, pues llevaba muy mal herida una pierna. _Buena ya de su accidente, pidió á los padres licencia para salir del convento, y mandó que le trageran el caballo que tenia en un m.son de alli cerca. Fue un donado y se lo trajo, y agradecio la fineza: sin ser de nadie sentida se salió de Cat tagena. de lo y 105 ya c c mas 1 que e y de les 01 Met i t y di quita y al ambo y mo (co m llegó adotii q ue j su pa Y al verl,l 'y eïr, sin u q ū e l C4 ,n-h. Al fin dei s tiaa ē i con y an de °ct. cuatr Los alista con on y los ti Mas rie lc el ht y d e la na s e qt Dese y á y co
a. .ga ada, E a. e a .na. e, :ia a. trajo, 3 °ros, :ron, LO, de los siete mató cinco, y los otros dos huyeron ya con heridas de muerte; mas no les valió por eso, que ella arrogante les sigue, y de merced le pidieron les otorgase las vidas. Metió la mano en su pecho, y dije: para estar s g,ara, quitar es ► orvos de en medio; y al soplo de una pistola ambos se los dejó •muertos, y montando en un caballo (como quien nada !labia hecho) llegó en íi,t á Bzrcelona adonde supo de cierto, que ya la andaba buscando su paur-e.con grande anhelo. at , inst. ► ute determina vender su caballo luego, • y embarcarse para Roma, sin reparar en los riesgos que pueden sobrev-e como adelante veré 'á Al fin se embarcó en las ondas dei salado mar soberbio: navegaron siete dial con alegría y contento, y amaneciendo el octavo, descubrieron á lo lejos cuatro galeras de turcos. Los cristianos que esto vieron, alistan todas sus armas con grande ánimo y esfuerzo, y á batalla se aperciben, los turcos hacen lo mesmo. Mas fue contraria la suerte die los cristianos, que el viento el humo les revocaba, y defender no pudieron la nave, que cuando acuerdan, se quedaron prisioneros. Desembarcánlos en tierra, y á pregones los vendieron, y compró á dala ,osJ.a en un nion .:.;d o un renegado muy ¡- hombre de grande respeto, por sus muchos procederes muy atendido en el pr cbio. Preguntóle á su cautivo por su nombre, y al momento respondió: Pedro me llamo, señor , al servicio vuestro. i En que oficio te ocupabas El oficio que yo tengo es, señor, maestro de armas. En buen oficio por cierto te egercitabas, cristiano; mas daros otro pretendo. ¿Vos no sabeis -esct ibir f algo entiendo Cambien de eso, no con toda perfeccion, porque usado no lo tengo. Viendo su disposicion, le entregó todo el manejo de su casa, y al instante mandó su amo á los negros que tenia le enseñasen la arábiga lengua , y ellos lo pusieron por la obra, y la aprendió en breve tiempo. Tan buenas_ cuentas le daba á su amo, y tan contento lo tenia, que no sabe que hacerse con su escudero. En este tiempo la mora, muger de su atrio mestuo, á don Pedro regalaba y hacia algunos cortejos. Y un dia que fue su amo á caza con los montero:, lo llamó, y le dij r á solas: cristiano, yo por ti muelo, yo no duermo ni descanso, en n-í no cabe sosiego, porque esos dos lumivares, con sus hermosos refi, jrrs, me han partido el coraz. n: yo [Le abra ;,, ._
la vol y me y por hizo, de ton COMO Dijo e pues p que hc el casi que ha para q Ivlandc que la egecut; de su en uná mientr Llena mando y así á Ab y ama se lo Mar i dé y .que donde pagan( Y al con fe ha lIa á aque ' 4 e doi d udid ¿ Vos, vemos y á se que es Ya sal la vol y solo para el Preten á ser c y des 6 y si s merezco la dicha tampoco el mantenimiento, de° que premies mis afectos, para que alli se muriese te prometo que serás pagando su atrevimiento. el dueño de aqueste pueblo. Un moro piadaso habia Por no descubrir su falta, compadecido de verlo, con muy buenos documentos que á escondidas de su amo don Pedro la disuadia le llevaba el alimento, de áquesta suerte diciendo: y tambien le daba el agua mirad que soy vuestro esclavo, con cariñosos afectos, y que si no icago hierros, que entre los infieles ha p esa es merced que me hizo tambien nobles pensamie ^ mi amo por ser tan bueno; Y al cabo de cinco dial, y pues que de mí se fla, por ver si habia nru rto, hacerle ofensa no quiero, dió la vuelta el renegado, y asi, señora, dejadme, y viendo vivo á don Pedro, y jio toquies mas en esto. con furia tomo . un cordel Viendo la mora el desaire para azotarle soberbio, que el cristiano la habla hecho, y al tiempo de descargarle, ,'jura por el gran Mahoma le dijo: señor , 'teneos, - que ha de vengar su desprecio. y advertid que es testimonio Apenas entró su esposo, por lo que estoy padeci-: , do: le salió al recibimiento yo soy muger, no soy houAbre, aquella falsa enemiga, y para prueba de aquesto le echó los brazos al cuello, un pecho le manifiesta; y con un llano fingido la dice: basta con eso. le dijo: pone' .°medio De la prision la sacó, en 'vuestra casa, señor,dándola abrazos muy tiernos, ; porqué el mayordomo ,.vuestro la dice: cristiana amiga, quiso atrevido ofenderte: dame parte del suceso. muy lascivo y deshonesto, • Yo, señor, os lo diré, á mi aposento se arroja, sin faltar un punto de ello. trajo en la mano este acero, Mi ama me regalaba de un 'puñal con amenazas y hacia algunos extremos: queda lograr su intento; de su mano recibí mas yo como una leona !dos joyas de mucho precio, me levanté de mi lecho, la una tengo aqui puesta, se lo. quité . de la mano, y la otra en mi aposento el cual veislo aqui le tengo. esta encerrada en el arca, Sallo ` afuera el renegado adonde mi ropa tengo. enfuiccido y soberbio, Apenas fuisteis al campo, y á sus criarlos les manda cuando declaró su-intento; de que pongan á don Pedro yo, señor, la disuadia, en una cbs ura mazmorra, dándola buenos consejos, n de hierro, mas no pude convencerla;
la volví, señor, la espalda, y me vine á mi aposento, y por aquesta ocasion hizo, señor, juramento de tomar de mí venganza, corno vos lo estais ya viendo. Dijo el renegado entonces; pues por la ley que profeso que he de egecutar con ella el castigo mas acerbo que hayan visto los nacidos, para que sirva de egemplo. Mandó al punto el reneg .do que la prendan, y al momento egecutan el mandato de su amo, y la metieron en una obscura mazmorra, mientras se prendia el fuego. Llena una tina de aceite mando que pusiesen luego, y así al instante que hirvió, á Abecclí la trajeron, y amarrada á una columna se lo echaban por el cuerpo. Mandó apartasen la tina, y que la arrojen al fuego, donde pereció la mora, pagando su atrevimiento. Y al cabo de pocos ,dias, con felices pensamientos ha llámado el renegado á aquel hermoso portento r a e doña Josefa, y ella á adió luego al momento. ¿Vos, señor, qué me mandais? venios á mi aposento y á solas os lo diré, que es de importancia el secreto. Ya sabeis doña Josefa la voluntad que yo os tengo, y solo de vos me fio para descubrir mi pecho. Pretendo pasar á Roma á ser de mi culpa absuelto, y desáues el recogerme en un sagrado convento. Tú te pasarás á España, que ya prevenidos tengo dos mil doblones, los cuales entre los dos partiremos: mira que te vas mañana, pues se halla en este pueblo un tratante mercader, á quien pagado le tengo tu viage, y con él vas •e.-segura de muchos riesgos; él vá á parar á Alicante, de España famoso puerto. La entregó los mil doblones atados en un lenzuelo; se fue á recoger su ropa y joyas de mucho precio que tenia todo junto, lo encerró en una arca, y luego `. mandó el amo la llevasen al navío; asi lo hicieron. Embarcóse el renegado, y -_aquel hermoso portento -de doña Josefa, y ambos á Alicante se vinieron: tiernamente se despen, y él con sus gran. s deseos para Roma . se embarcó, siéndole feliz el viento; en breve tiempo llegó á Roma, y con gran contento pasó' á ver s n Santidad, parte le (lió suceso, y confesando culpas con grande arrepentimiento, en un convento se acoge, donde llorando sus yerros hizo grandes penitencias, y pasó á gozar del cielo. Pero volvamos ahora á la dama, que en bosquejo la dej,il,, y hasta agtii con ánimo muy resuelto, en Alicante compró un caballo que á los vientos
en su carrera por !o veloz y ligero. l'asá ã Valencia, y en ella entró con mucho secreto: se ha informado de sus padres, y supo que estaban buenos; y una noche determina el ir disfrazada á verlos, y á eso de las oraciones ensilló el caballo y luego montó en él y fue á su casa con el deseo de verlos. Llegó á la puerta, y tocando, á abrirle salió un buen viejo, y ella cortés le pregunta, destacándose el sombrero: ¡vive aquí el señor don Juan Rtnirez y Marmolejo? Sí señor, le respondió, y entonces entró allá dentro. Dé usted recado á su amo que le buÇca un caballera, que te quiere hablar de espacio. El' buen viejo fue allá dentro, á su señor dió el recado, y fuera saó, diciendo: se ofrece buen amigo? . la respondió al momento: solo el serviros, señor; entremos há.cia allá dentro, que: quiero que la familia participe dei secreto. Hácia alta dentro se entraron, despues de los cumplimientos se sentaron lado á lado, y dijo: sabed por cierto que vuestra hija, señor, hoy se halla en este pueblo: tres años y medio ha estado metida en un cautiverio, sirviendo, no como esclava, de la casa de su amo, y al cabo de aqueste tiempo le ha dado la libertad y gran porcion de dinero. Don Juan que atento escuchaba las razones del mancebo, 'al oirle se enternece, y lloraba sin consuelo. ¡ Ay hija de mis entrañas! ó si permitiera el cielo que yo la viese en mi casa! cesáran ya mis desvelos! diera vado á mis tristezas, mis congojas fueran menos; la madre por otro lado hacíase al sentimiento. Del asiento se levanta; y arrodillada en el suelo dijo: cese vuestro llanto, que á vuestra hija estais viendo; y `ahora, padre y señor, perdonad mi grave yerro, y lo que pretendo es meterme en un monasterio. Lo pusieron por la obra, y se ha entrado en un convento de religiosas franciscas, donde vivió dando egemplo. Aprended, mozas doncellas, y mirad los muchos riesgos en que se vid aquesta dama, por defender á su dueño. Viva en el mundo . quien sala' defender en todo tiempo las ofensas de su amante á costa de sus aceros. Y dando fin á la historia, antes de cerrar el pliego Pedro de Fuentes suplica al auditorio discreto que le perdonen las faltas que tuvieren estos versos. or ue era absoluto dueño P q FI N. aUadolid t En la imp.-;'tata de la Plazuela Vieja. Di Dase C ruxa y la s que pu de dia l cuya b inunta ^ á éCsp dando aliento Vistosn y cxér, pata q