Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
Abstract
El pintor Dionisio Fierros (1827-1894) pasa por ser uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XIX en Galicia y Asturias. A pesar de su singularidad, nunca hasta ahora había sido estudiado atendiendo al conjunto de su producción de manera global. En esta tesis doctoral planteamos una investigación en profundidad sobre su figura, recopilando y ordenando su obra en un catálogo razonado, revisando su historiografía previa y aportando otros documentos que ayuden a reconstruir el relato de su trayectoria artística.
Full text
TESIS DE DO CTORADO
D I ONISIO FIERROS (1 827- 1894) :
UN PINTOR PARA DOS TIERRAS
Diego Ro dríguez Paz
ESCUELA DE D OCTORAD O INTERNACI ONAL
PROGRAM A DE DOCTORADO E N HISTORI A, GE OGRAFÍA E HIST ORIA DEL ARTE
SANTIAGO DE CO MPOSTE LA
2019
DE CLA RAC IÓ N
DEL AUTOR DE LA TES IS
Dio nisi o Fi erros (1 827- 189 4): un pi nt o r para d os ti erras
D.
Dieg o Rodríguez Paz
Presento mi tesis, sigui endo el procedi miento adec ua do al Reglamento, y declaro que:
1) La tesis abarc a los resul tados de la elaboración de mi traba jo.
2) En su caso, en la tesis s e hac e referencia a las colabo rac iones que tuvo e ste trabaj o.
3) La tesis es la v ersión definitiva presentada para su def ensa y coinc ide con la ve rsión env iada en
formato electróni co.
4) Confirmo que la tesi s no inc urre en ning ún tipo de plag io de otro s autores ni de tr abajos
presentados por mí para la obte nción de otros títul os.
En Santiago d e Co mpost ela, 24 de ju lio de 2019
Fd o.
.... .... ...
A UT O R IZ ACIÓ N
DEL
DIRECT OR
/
TUT O R DE LA
TESIS
Dio nisi o Fi erros (1 827-1 894 ): u n pi nt o r p ara dos tierr as
D . José M anu el B. L ó pez Váz que z
INFORMA:
Que la presente tesis, correspond e con el traba jo realizad o por D. Diego Ro dríguez Paz, ba jo m i
dirección, y a
utor iz o
su
pr e se ntac ión
, co ns ide r a ndo
que r eúne l os
r
equisitos
ex i g id os en e l
R
egl am ento
de E st ud io s d e
D o c t o ra d o d e l a U SC,
y
que
c o mo d ire c to r d e és t a
no i n cur r e en
la s ca us as de
abstención es ta bleci da s
en Ley
40/20 15.
En Santiago d e Co mpostela, 24 de ju lio d e 2019
Fd o.
.... .......
DIONISIO FIERROS (1827-1894): UN PINT OR P ARA DOS TIERRAS
TO M O I I
ÍNDICE
9
T omo I
INTRODUCCIÓN. OBJETIVOS, MET ODOLOGÍA Y FUENTES. 21
CRONOLOGÍA BIOGRÁFICA DE DIONISIO FIERROS 31
RETRA TO 55
El retrato en la España del siglo XIX: auge y consolidación de un género 55
La primera estancia en Santiago de Compostela y los inicios como retratista de oficio: 1855-1858 65
El regreso a Madrid: entre la herencia de Madrazo y el camino al realismo: 1858-1878 80
La etapa ovetense: 1879-1894 1 13
AUT ORRETRA T O 135
CARICA TURA 142
PINTURA COSTUMBRIST A 145
Galicia y los comienzos de Fierros en el cuadro de costumbres 146
La diversificación de los temas costumbristas: Salamanca y Portugal 170
Dos incursiones en el costumbrismo bur gués: Un palco en el T eatr o Real y La playa de Luar ca 174
El camino hacia una nueva interpretación de la realidad 178
HIST ORIA 187
PINTURA RELIGIOSA 205
P AISAJE 213
El paisaje de montaña 218
El paisaje rural 220
El paisaje de costa 225
El paisaje urbano 235
NA TURALEZA MUER T A 239
CONCLUSIONES 247
CONCLUSIONS 252
ANEXOS DOCUMENT ALES 257
EXPOSICIONES 313
BIBLIOGRAFÍA 323
ÍNDICE DE OBRAS 383
Diego Rodríguez Paz
424
DF0006
a ut orretra to JoVen
1848
Óleo sobre lienzo, 73 x 57 cm.
Fechado: “10 enero 1848” (con punzón, lat. izq.)
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
Itinerante, 1968; A Coruña, 1973; La Felguera, 1978;
Gijón, 1980; Itinerante, 1994-1995.
B iBlioGraFía
Exposición de óleos… , 1968, s.p., nº 1; Exposición
“Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala X, nº 31; V illa
Pastur , 1973 a, p. 97; Exposición-homenaje... , 1980,
s.p., nº 24; V illa Pastur , 1994, p. 67; XXV Certamen
Nacional de Pintura de Luar ca... , 1994-1995, s.p., nº
23; Barón, 2007 a, p. 24; Rodríguez Paz, 2012 a, p.
1578, 1585 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 29-30,
cat. 3 (repr .)
o Bser V aCiones
Estuvo expuesto en la Sala Fierros del Museo Provin-
cial de Lugo entre 1939 y 1963.
Fierros pinta su primer autorretrato al óleo
durante los años en que se vincula directa-
mente al taller de Federico de Madrazo. Y al
igual que la mayoría de las obras que realiza
durante estos años, se ve fuertemente influen -
ciado por el arte de su maestro. La primera
deuda se advierte en el esquema compositivo,
disponiendo la figura en tres cuartos de perfil,
de busto y sobre fondo oscuro, y volviendo
ligeramente la cabeza para dirigir su mirada
al espectador . Esta posición terciada, muy
frecuente en la obra de Madrazo como recur-
so volumétrico –aunque un tanto desaprove-
V iste a la moda romántica chaqueta negra,
chaleco y camisa blancos y corbata de lazo.
Se muestra de busto, terciado hacia la iz-
quierda sobre un fondo neutro, en un lienzo
cuadrangular que inscribe un óvalo.
T anto el atuendo del modelo como el estilo de
la obra nos remiten a un momento relativa-
mente temprano en la etapa formativa de Fie-
rros en el que destaca su dedicación a un di-
bujo bien definido como base del modelado,
aunque con un resultado de escasa destreza.
El empleo de la luz ha evolucionado respecto
a ejemplos anteriores, con una potenciación
de los juegos de claroscuro y de brillos sobre
telas y cabellos, si bien con errores en la pro-
yección del foco lumínico que llevan a caer
en ciertas contradicciones. El rostro se mode-
la con mayor seguridad, ayudando al dibujo
por medio de un modelado suavizado que dis-
ta aún del juego de oposición luz-sombra que
tomará de Madrazo y que caracterizará sus
retratos hasta finales de la década de 1850.
Por otra parte, su tipología de retrato se va en-
cauzando, como vemos en este caso y en los
siguientes, hacia el esquema de gusto román-
tico que será habitual durante toda su carrera.
chado en este caso al emplear el mismo color
negro para el fondo–, será poco recurrente en
los retratos de Fierros, optando en la mayoría
de los casos por una visión más frontal. Por
el contrario, la tipología de retrato de busto
ante fondo neutro será con diferencia la más
abundante en su catálogo, especialmente para
encar gos de clientes burgueses.
El atuendo del artista es casi idéntico al que
reproduce en su primer autorretrato a lápiz
(DF0539), datado en fechas próximas: cha-
queta negra con pañuelo de seda anudado al
cuello que deja entrever parte de la camisa.
Es por lo tanto la imagen de un artista que se
quiere identificar con el prototipo de dandi o
de elegante que viste a la moda de mediados
del XIX, un arquetipo al que ayudan también
la pose er guida y la mirada distante que se
425
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
dirige al espectador con expresión de desdén
y vanidad. El aspecto del rostro, no obstante,
es aún joven, casi aniñado, con mejillas son-
rosadas, cabello castaño peinado hacia atrás
formando ondas, y bigote y perilla rubios aún
poco poblados pero suficientes para comple -
mentar la imagen que se pretende comunicar
con el atuendo. Sus ojos azules transmiten
una expresión serena y al mismo tiempo alti-
va, reforzada por la pose er guida del cuerpo.
El planteamiento iconográfico resulta se -
mejante a otros autorretratos del momento,
siguiendo unos estándares habituales en la
transmisión de una determinada imagen. Así,
muestra similitudes con el Autorretrato que
Esquivel realiza hacia 1851, sobre todo en el
aspecto del rostro y en el recurso a una ilumi-
nación claroscurista de herencia barroca. La
luz muy dirigida, que destaca el rostro sobre
la penumbra del fondo y de la vestimenta, se
combina con una paleta cromática reducidísi-
ma que enlaza con la tradición de la escuela
española. Sin embargo, en el aspecto técnico
el cuadro de Fierros resulta deudor del len-
guaje purista de raíz académica que aprende
de Madrazo durante esos años. Así se apre-
cia en la precisión del dibujo como base que
construye las formas y delimita los contornos
incluso en zonas de sombra, y en el gusto por
la reproducción minuciosa de los detalles
con una pincelada compacta. La intención de
construir una imagen verista se aprecia en el
tratamiento delicado de las carnaciones y en
los efectos de brillos que reproducen las cali-
dades táctiles.
referente el estilo naturalista del maestro se -
villano.
El modelado que emplea es el mismo que en
V elázquez, aunque sin conseguir el efecto te-
nebrista que en éste prácticamente equipara
las sombras del rostro al oscurecimiento del
último término haciendo emer ger la figura de
una penumbra casi total. La luz es aún un tan-
to artificial y por eso no consigue la misma
naturalidad, con un contraste muy acusado
entre la parte iluminada del rostro y la parte en
sombra que sigue un modo de hacer propio de
Federico Madrazo. Y aunque ya se potencia
el uso de las carnaciones para animar la su-
DF0007
J uan M ar tínez M ont añés (C opia de
V elázquez )
c. 1842-1855
Óleo sobre lienzo, 44,5 x 39 cm.
Gijón (Asturias), colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala III, nº
22; V illa Pastur , 1973 a, p. 87; V illa Pastur , 1994, p.
60; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 281-282, cat. 165 (repr .).
La gran admiración que Fierros profesaba
por V elázquez, común a otros pintores de
su generación, le llevó a copiar más de una
obra suya en el Museo del Prado durante
su etapa de aprendizaje en Madrid. En este
caso se trata de una réplica del retrato del
escultor Juan Martínez Montañés 1 . Fierros
se centra tan sólo en la zona del rostro, lo
cual nos indica que su principal preocupa -
ción desde sus primeros años es la captación
fiel de la expresión y los rasgos fisonómicos
del personaje para aproximarse al verismo
que persigue en sus retratos, tomando como
1 Diego V elázquez: Juan Martínez Montañés , c. 1635.
Óleo sobre lienzo, 109 x 88 cm. Madrid, Museo Na-
cional del Prado (P01 194).
Diego Rodríguez Paz
426
perficie del rostro, su tratamiento es aún muy
compacto y sometido a la línea del dibujo, sin
la libertad cromática y de pincelada que en el
caso de V elázquez supone un elemento que
refuerza la viveza al cuadro. El color , ence-
rrado totalmente en una línea que define con
fuerza el contorno de la figura incluso en zo -
nas de sombra, recibe una escasa gradación
tonal que lo aleja del esquema cromático ve-
lazqueño, rico en variaciones sobre los tonos
pardos, y que Fierros no tomará como propio
hasta años más tarde. Paralelamente, el estu-
dio de la expresividad del rostro no llega a
plasmar el efecto penetrante de la mirada del
cuadro original, punto donde se concentra la
mayor parte de la car ga emocional y que en
el caso de Fierros resulta mucho más parco.
con mayor afán a su labor de copista en el Mu-
seo del Prado –aunque podría también corres-
ponder a alguna de sus posteriores estancias
en Madrid-, reproduce con fidelidad el retra -
to del filósofo griego. La pincelada suelta y
empastada, aplicada presumiblemente sobre
una paleta cromática muy reducida, emula el
estilo propio de V elázquez, aunque sin llegar
a su maestría. Por su parte, la iluminación na-
DF0008
M enipo (C opia de V elázquez )
c. 1842-1855
Óleo sobre lienzo, 160 x 90 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. izq.)
Buenos Aires, colección particular
i nsCripCiones
“Copia de V elázquez” (sobre la firma, áng. inf. izq.)
e xposiCiones
Oviedo, 1894
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 1 1, nº 269; Basa, 1909, p.
60 (repr .); Castro, 2012 b, p. 189; Rodríguez Paz, 2014
c, p. 295, cat. 174 (repr .).
De nuevo Fierros demuestra su gran admira-
ción por el artista sevillano copiando una de
sus obras. Se ve aquí y en otros casos simi-
lares el interés por el V elázquez menos cor -
tesano y más crudo, centrado en la captación
de un realismo descarnado a través de tipos
populares y de clases bajas. Esa representa-
ción de la realidad sincera, desprovista de or -
namentos o atributos superfluos, conecta a la
perfección con las inquietudes de los artistas
de la generación de Fierros, que ven en V eláz-
quez su principal modelo a seguir tanto en lo
formal como en lo conceptual.
El lienzo, que pertenece probablemente a la
primera etapa de Fierros, en la que se dedicó
Diego V elázquez: Juan Martínez Montañés , c.
1635. Óleo sobre lienzo, 109 x 88 cm. Madrid,
Museo Nacional del Prado (P01 194).
427
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
turalista que persigue se aplica exagerando
los contrastes de claroscuro. El modelado del
rostro, aunque quiere imitar el reparto homo-
géneo de sombras del cuadro original, sigue
cayendo en el cliché, aprendido de Madrazo,
que opone una zona del rostro iluminada a
otra ensombrecida, con lo que se aleja de la
naturalidad del ejemplo velazqueño.
Igual que ocurre con la pareja de cuadros ori-
ginales de V elázquez, esta obra forma pen-
dant con una copia del Esopo actualmente en
paradero desconocido. En el caso del Menipo,
a pesar de haberlo localizado en su colección
actual, nos ha sido imposible conseguir una
imagen de mayor calidad, por lo que reprodu-
cimos la fotografía recogida en el álbum de
Leopoldo Basa.
mano derecha al mentón, en una actitud que,
reforzada por su expresión meditativa, remite
a la iconografía de la melancholia artificia -
lis . Sin embargo, no llega a apoyar la cabeza
en la mano, sino que tan sólo roza el rostro
con el dedo índice en un delicado gesto que
responde al gusto romántico por acentuar la
coquetería de la modelo, virtud entonces va-
lorada como inherente a la mujer . Sus rasgos
físicos responden plenamente al canon esté-
tico del Romanticismo: figura esbelta y frá -
gil, tez blanca, ojos grandes, lar ga cabellera
y rostro ovalado. El óvalo es precisamente la
DF0009
F iGura FeMenina de Bust o Con Fondo
de p aisaJe
c. 1844-1850
Óleo sobre lienzo, 56 x 46,5 cm.
Firmado: “Fierros” (lat. izq.)
Gijón, Museo Casa Natal de Jovellanos (nº inv . 0050)
p roCedenCia
Colección Lledó-Suárez; legado al Museo en 1987, in-
gresó el 23 de junio.
B iBlioGraFía
González Lafita, 1993, p. 102, 103 (repr .); García Qui-
rós, 2002, p. 124 (repr .); Rodríguez Paz, 2012 b, p.
281, 289 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 284-285,
cat. 167 (repr .)
Du ran te la épo ca isa bel ina , e l mo tiv o p ict óri co
de una figura femenina ante un fondo paisa -
jístico en actitud de ensoñación fue muy recu -
rrente entre los artistas próximos a Federico de
Madrazo, demostrando con ello la influencia
in dir ect a qu e a tr av és de ést e ha bí an rec ibi do
de Ingres y de los nazarenos alemanes. Fierros
no es aj en o a es e infl ujo , y así se ap re cia en
esta obra que debemos adscribir a su etapa for -
mativa junto al maestro madrileño.
La dama se nos muestra en primer plano,
con la cabeza ladeada hacia su derecha, rom-
piendo así la frontalidad de la pose. Lleva su
Diego V elázquez: Menipo ,
c. 1638. Óleo sobre lien-
zo, 179 x 94 cm. Madrid,
Museo Nacional del Prado
(P01207).
Diego Rodríguez Paz
428
forma dominante, no sólo en las facciones
del rostro y los cabellos que lo enmarcan, sino
también en el conjunto de la composición, re-
forzando con la moldura del marco una forma
tradicionalmente asociada a la feminidad. La
belleza de la joven, su expresión melancólica
y la ambientación en un paisaje de aspecto
agreste retoman los lugares comunes más
frecuentes en el Romanticismo, dando como
resultado una de las obras de Fierros que más
claramente enlaza con esas poéticas.
J. Barón 1 . ha querido identificar esta obra
con la que Fierros presentó a la Exposición
de Santiago de Compostela de 1858 bajo el
título Busto de muger de dimensiones me-
1 González Lafita, 1993, p. 102.
nor es, original 2 . No obstante, son varias las
obras realizadas por Fierros alrededor de esta
fecha que podrían responder a esta descrip-
ción, algunas incluso ajustándose a ese títu-
lo con mayor precisión. Resulta más lógico
que Fierros presentara una obra realizada en
Santiago –por tanto, no anterior a 1855- en
lugar de tomar una de su etapa madrileña. Y
la filiación nazarena ya comentada, además
de cierta impericia en la definición de las fac -
ciones del rostro, con pequeños errores en la
relación de conjunto, nos remite a una etapa
anterior a su estancia compostelana, vincula-
da aún a su formación junto a Madrazo.
2 Planellas – Neira – de la Riva, 1858, p. 1 1 1.
d e r e c h o y u n c o r t i n a j e r e c o g i d o a l a i z q u i e r d a .
V i s t e u n t r a j e d e g r a n g a l a d e m o a r é b l a n c o c o n
volantes, amplio escote y cola de terciopelo azul
hasta los pies. Peina sus cabellos a la moda del
momento, en dos bandós que acentúan el contor -
no oval del rostro. Se acompaña de los elementos
que la identifican como soberana: tiara real de la
que cae un velo de blonda blanca hasta los hom -
b r o s ; b a n d a d e l a o r d e n d e M a r í a L u i s a ; c e t r o e n
l a m a n o d e r e c h a a p o y a d o j u n t o a l a l m o h a d ó n
s o b r e e l q u e r e p o s a l a c o r o n a ; y t r a s e l l a u n l e ó n
d e b r o n c e q u e d e s c a n s a s u p a t a s o b r e u n a b o l a .
Fierros habría de utilizar este boceto como mo -
delo para un posible encar go del que no nos ha
l l e g a d o i n f o r m a c i ó n a l g u n a .
DF0010
B oCet o p ara un retra to de i saBel ii
c. 1848-1850
Óleo sobre lienzo, 48 x 28 cm.
Museo de Pontevedra (Nº Rº 5284)
p roCedenCia
Donación de José Fernández López, ingresó el 8-4-
1971.
B iBlioGraFía
López Vázquez, 1993, p. 164 (citado erróneamente
como María Cristina ); López Vázquez, 1997, p. 279;
Monterroso, 1998, p. 29 (citado erróneamente como
Retrato de María Cristina ); Rodríguez Paz, 2014 c, p.
286, cat. 168 (repr .).
Boceto en óleo para un retrato de la reina Isa -
bel I I q u e s i g u e e l t e r c e r p r o t o t i p o p i n t a d o p o r
Federico de Madrazo en 1848 para la imagen de
la sobrerana 1 . Debemos por lo tanto datarlo entre
ese año y 1850, cuando el pintor de cámara rea -
liza su siguiente prototipo oficial 2 . Representa a
la reina a sus dieciocho años, de cuerpo entero
y de pie en un interior palaciego de gran rique -
z a , c o n u n f o n d o d e fi n i d o p o r u n o r n a m e n t a d o
m u r o d e m á r m o l c o n u n a c a r i á t i d e e n e l e x t r e m o
1 Federico de Madrazo: Isabel II , 1848. Óleo sobre
lienzo, 217,5 x 136,5 cm. Madrid, Museo Nacional del
Prado (P03533).
2 Federico de Madrazo: Isabel II , 1850. Óleo sobre
lienzo, 223 x 146 cm. Roma, Palazzo di Spagna, Em-
bajada de España ante la Santa Sede.
429
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
Isabel II de Borbón (Madrid, 1830 – París,
1904), primogénita del rey Fernando VII y
María Cristina de Borbón, fue reina de Espa-
ña entre 1833 y 1868. Asumió la corona a la
muerte de su padre con apenas tres años, bajo
un período de regencia encabezado primero
por su madre y luego por el general Espartero
hasta que en 1843 las Cortes declararon su
mayoría de edad. A los 16 años casó con su
primo el infante Francisco de Asís de Borbón,
duque de Cádiz.
Su reinado comprende el tercio central del
siglo XIX, una época de continuos cambios
para un país que sufría importantes atrasos
respecto a Europa, especialmente en mate-
ria de industrialización. En el terreno políti-
co, el período isabelino se caracterizó por el
progresivo aumento del poder parlamentario,
aunque coartado por un sistema que favorecía
la corrupción electoral y las continuas intro-
misiones del ejército, de la iglesia y de la pro-
pia reina en cuestiones políticas. T odo esto
generó un clima de descontento que estalló
con la Revolución Gloriosa de 1868, provo-
cando el derrocamiento de Isabel y el inicio
del Sexenio Democrático.
DF001 1
r etra to ya Cente de F ernando de B or -
Bón y B orBón , p rínCipe de a sturias
c. 1850
Óleo sobre lienzo, 65 x 80 cm.
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias (n. inv .
530)
p roCedenCia
Herederos del pintor; donación de Dionisio Gamallo
Fierros al Museo de Bellas Artes de Asturias en octu-
bre de 1977.
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Ferrol, 201 1
B iBlioGraFía
T abernero, 1966, p. 63-65; V illa Pastur , 1973 a, p. 41,
128 (repr .); Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p.,
sala II, nº 1; V illa Pastur , 1973 a, p. 69 (cit. como Un
infante muerto ); López Vázquez, 1974, p. 9; Gama-
llo, 1977, p. 17, 18 (repr .); Museo de Bellas Artes de
Asturias... , 1980; Fernández-Castañón – Marcos V a-
llaure, 1983, p. 41; V illa Pastur , 1985, p. 126; Fernán-
dez-Castañón – Marcos V allaure, 1986, p. 15; López
Vázquez, 1988, p. 140 (cat. como Infante muerto );
López Vázquez, 1993, p. 165; V illa Pastur , 1994, p.
22, 49 (cat. como Un infante muerto ); Rodríguez de
Maribona, 1996, p. 167 (repr .); López Vázquez, 1999,
p. 369; García Quirós, 2002, p. 106; Römer , 2003, p.
405; Barón, 2007 a, p. 15, 16 (repr .), 17; Barón, 2008,
p. 26; Cendán – Mosquera – De la Cruz, 201 1, p. 1 1,
96 (repr .); Castro, 2012 b, p. 188 (repr .), 189; Rodrí-
guez Paz, 2013 a, p. 1479, 1483 (repr .); Rodríguez Paz,
2014 c, p. 14, 287-288, cat. 169 (repr .).
Segundo hijo de la reina Isabel II, nació el 12
de julio de 1850 en el Palacio Real de Madrid
y fue príncipe de Asturias desde el mismo mo-
mento de su nacimiento en virtud del decreto
otor gado por la Reina en mayo de ese mismo
Federico de Madrazo: Isabel II , 1848. Óleo
sobre lienzo, 217,5 x 136,5 cm. Madrid,
Museo Nacional del Prado (P03533).
Diego Rodríguez Paz
430
año y que concedía dicho título a los suce-
sores inmediatos a la Corona sin distinción
de sexo. El médico de cámara de la reina lo
describiría como “extraordinariamente bien
formado”, pero “el parto se había anunciado
con insidiosa lentitud y el feto se presentó en
una posición viciosa que fue la causa de su
muerte”, acontecida a las cuatro de la tarde
del mismo día de su alumbramiento 1 . Aunque
se supone no llegó a ser bautizado, parece ser
que se le dio el nombre de Fernando, aunque
su féretro en el panteón de Infantes tan sólo
presenta la inscripción “PRINCEPS. ELISA-
BETH II FILIUS” 2 .
En el “Acta de las entregas y conducción del
cadáver del Srmo. Sr . Príncipe de Asturias al
Real Panteón del Escorial” se indica que el
cuerpo fue colocado en el centro de la capilla
del Palacio “sobre un paño de terciopelo de
color de rosa con flecos de oro en una cama
imperial colgada y cubierta de ricos paños de
raso amarillo bordado de colores y recamado
de oro. V estía un traje de batista bordado y
guarnecido de encaje y cintas de raso azul,
quedando expuesto al público desde aquel
momento [las 12 de la mañana del 13 de ju-
1 Gaceta de Madrid , Madrid, 25-7-1850, parcialmente
transcrita en Gamallo, 1977, p. 17-18.
2 Aunque es una cuestión poco documentada sobre la
que no hay una opinión unánime, la mayoría de los bió -
grafos de Isabell II coinciden en que se escogió para el
re cién na cido el nom bre de Fe rn ando Ru eda, 20 01, p.
79; Atienza, 2005, p.284; V ilches, 2007, p. 148
lio] hasta las ocho de la tarde del mismo día” 3 .
Antes de su entierro en el Real Panteón del
Escorial, se convocó a Federico de Madrazo,
pintor de cámara, para retratar al Príncipe.
Como consta en sus anotaciones, realizó no
uno sino tres cuadros por los que cobró 6000
reales 4 , uno de ellos se conserva actualmente
en el Palacio Real de Madrid 5 .
Según testimonio de la esposa de Fierros, re-
cogido por su nieto Dionisio Gamallo, “creía
recordar haber oído a su esposo que en aque-
lla ocasión, al ser autorizado Don Federico a
llevar consigo un auxiliar , pidió a su predi-
lecto discípulo Fierros que le acompañase” 6 .
El cuadro, sin firma de autor , fue siempre
considerado por Antonia Carrera obra de su
esposo, y como tal se hallaba en su taller en
el momento de su muerte, si bien no figura
referenciado en el catálogo de su exposición
venta.
En cualquier caso, hubiese estado Fierros
o no en presencia del modelo durante la
ejecución de la obra, es evidente que se trata
de una copia del retrato de su maestro. Así
se advierte en las similitudes de dimensiones
y composición, mostrando al Príncipe en
idéntica pose y acompañado de los mismos
elementos. No obstante, como señala
Barón, el de Fierros presenta menor calidad
en su resolución, desapareciendo “la rica
complejidad espacial del retrato de Madrazo,
donde la concavidad del manto crea una
profundidad al tiempo que ampara la cabeza
del niño […]. El armiño, representativo, junto
con el color rojo y oro del terciopelo, de la
condición real del fallecido, está insinuado
con cierta torpeza si se compara con la obra
de Madrazo” 7 . Asimismo, se advierten ligeras
variantes en otros detalles como la cenefa y
la borla del cojín, o incluso en el rostro del
3 Gaceta de Madrid , Madrid, 25-7-1850, parcialmente
transcrita en Gamallo, 1977, p. 17-18
4 Véase Díez, 1994 b, p. 444.
5 Federico de Madrazo: Retrato yacente de Luis de
Borbón y Borbón, Príncipe de Asturias , 1850. Óleo
sobre lienzo, 65 x 79 cm. Patrimonio Nacional, Palacio
Real de Madrid.
6 Gamallo, 1977.
7 Barón, 2007 a, p. 17.
Federico de Madrazo: Retrato yacente de Luis de Borbón y Bor -
bón, Príncipe de Asturias , 1850. Óleo sobre lienzo, 65 x 79 cm.
Patrimonio Nacional, Palacio Real de Madrid.
431
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0013
DF0012
r etra to de señora
1851
Óleo sobre lienzo, 66 x 55 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1851” (lat. izq.)
Madrid, Museo Nacional del Prado (P04324)
p roCedenCia
Madrid, Museo de Arte Moderno
e xposiCiones
Itinerante, 1970-1971, nº 2; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala III, nº
1 1; Calvo Serraller – Zugaza, 2006, p. 1066; Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 31, cat. 4 (repr .); Díez – Martínez
Plaza – Gutiérrez Márquez, 2015, p. 188 (repr .)
En un lienzo cuadrangular que inscribe un
óvalo se muestra el retrato de una dama joven
r etra to ya Cente de F ernando de B or -
Bón , p rínCipe de a sturias 1
c. 1850
Óleo sobre lienzo, 37,5 x 47 cm.
Monteagudo (Navarra), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 289, cat. 170 (repr .)
Réplica casi idéntica del retrato conserva-
do en el Museo de Bellas Artes de Asturias
(DF001 1). Sigue el mismo esquema del cua-
dro anterior , aunque en menores dimensiones,
con un contorno ovalado que en este caso deja
las enjutas en un tono grisáceo. El punto de
vista es aquí un poco más alejado, otor gando
mayor espacio al fondo de cortinaje y armiño,
1 Obra inédita
pequeño, más cadavérico y de tono mortecino
en el de Fierros como señala Gamallo. La obra
del asturiano no recoge la inscripción bíblica
que aparece en la de Madrazo: “DOMINVS
DEDIT , DOMINVS ABSTVLIT : / SICVT
DOMINO PLACVIT , IT A F ACTVM EST”,
en alusión a la actitud resignada ante la
voluntad de Dios, y que habría pronunciado,
en su traducción al castellano (“Dios me
lo dio, Dios me lo ha quitado. Hágase su
voluntad”), la reina Isabel II tras conocer el
fallecimiento prematuro de su hijo 8 .
Existe una réplica de este cuadro realizada
por Fierros, de colección particular y meno-
res dimensiones (DF0012).
8 Manuel Sánchez-Camargo, La muerte y la pintura es -
pañola , Madrid, 1954, cit. por Gamallo, 1997, p. 17-18.
y aproximándose así al cuadro de Madrazo.
Por su parte, la boca se representa ligeramen -
te entreabierta, como en el ejemplo del ma-
drileño, y el aspecto del rostro no resulta tan
mortecino como en el retrato anterior al dotar
a las carnaciones de un tono rosáceo.
representada de busto, en posición frontal y
ante fondo oscuro. V iste traje de terciopelo
Diego Rodríguez Paz
432
DF0014
r etra to de señora Con Blusa a ra y as
c. 1844-1855
Óleo sobre lienzo, 72 x 45,5 cm.
Gijón (Asturias), colección particular
e xposiCiones
Gijón, 1980
B iBlioGraFía
Exposición-homenaje... , 1980, s.p., nº 22; Rodríguez
Paz, 2010-2012, p. 1 1 1, 1 12, 123 (repr . fig. 1); Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 290-291, cat. 171 (repr .)
Retrato de dama en formato oval, representa-
da de busto ante fondo indefinido, en posición
terciada y mirando directamente al especta-
dor . Es una mujer joven, de ojos oscuros, que
luce cabellos castaños peinados con raya al
medio y recogidos en un moño de manera que
deja al descubierto la parte inferior las orejas
con pendientes dorados. Destaca su atuendo,
conformado por una blusa o vestido de color
blanco con rayas negras verticales, cuello de
encaje, volantes y botonadura sobre el pecho.
A pesar de que la obra no está datada, sus ca-
racterísticas formales, plenamente deudoras
del estilo de Federico de Madrazo, nos per -
miten situarla en la etapa de aprendizaje de
Fierros junto a su maestro. De hecho, el lien-
zo se compone reuniendo una serie de recetas
que nuestro pintor toma de aquel y que serán
definidoras de su estilo durante su etapa de
formación. Así se aprecia en la utilización de
una línea muy cuidada como fundamento de
la forma y en el recurso a un modelado volu-
métrico basado en la contraposición de zonas
granate muy entallado y con amplio escote
que deja ver la camisa de elaborado encaje,
cerrada hasta el cuello. La manga lar ga y ajus-
tada se abre en la muñeca para que sobresalga
el puño de la camisa. Los cabellos oscuros se
peinan en un tocado que define dos casquetes
ahuecados a ambos lados de la cabeza, reco-
giendo el resto de la melena trenzada en un
moño alto del que cae un extraño adorno de
tonos verdes y anaranjados hasta la altura de
los hombros. El peinado deja al descubierto
los pendientes, únicos elementos de joyería
además de la sortija en la mano derecha. Al
mismo tiempo, siguiendo las demandas es-
tilísticas del momento, se acentúa la forma
ovalada del rostro, caracterizado por una ex-
presión de marcada melancolía concentrada
en una mirada lánguida de párpados caídos.
La obra se enmarca plenamente en la corrien-
te de retrato romántico que Fierros aprende
de Madrazo, con una descripción fiel y deta -
llada de las formas en su intención naturalis-
ta y con un estilo sobrio muy del gusto de la
bur guesía del momento.
de luz y sombra. Pero la deuda contraída con
el magisterio de Madrazo se advierte también
en otros aspectos, como el toque de luz en la
mirada, o la pose en tres cuartos como méto-
do para potenciar la ilusión de tridimensio-
nalidad que Fierros irá abandonando en lo
sucesivo para decantarse con más frecuencia
por la visión frontal.
La iluminación es todavía un tanto fría y arti-
ficial, sin conseguir la diafanidad de Madra -
zo. Sin embar go, Fierros acierta al imbuir a la
modelo de la elegancia y la sugestión propias
de los retratos de su maestro, reforzadas por
un tratamiento compacto de los pigmentos
que subrayan la tersura del rostro. Asimismo,
consigue plasmar con notable resultado el ca-
rácter de la dama a través de una expresividad
un tanto altiva que sin embargo no renuncia
a establecer cierta cercanía con el espectador ,
conseguida especialmente con la franqueza
433
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
de la mirada y la sonrisa que se insinúa mar-
cando la comisura de los labios. Estos clichés
propios del momento, así como la presencia
de las carnaciones resaltando la vivacidad del
rostro, se emplean con el principal objetivo
de subrayar la feminidad de la modelo, obje-
tivo fundamental de la obra al que contribu-
yen la elección de un formato ovalado como
cliché típicamente romántico y la presencia
de las flores como recurso ornamental.
DF0015
r etra to de Madre e hiJa
1853
Óleo sobre lienzo, 104 x 82,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros. / 1853” (áng. inf.
izq., sobre el frente del piano, rascado con el pincel
sobre la pintura)
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias, depósito
del Estado (nº. inv . 16)
p roCedenCia
Junta de Incautación - Recupera ción; depósito a la Di-
putación de Oviedo, 1941; Oviedo, Centro Coordina-
dor de Bibliotecas (Palacio de T oreno); ingresó en el
Museo de Bellas Artes de Asturias en 1981.
e xposiCiones
Itinerante, 1994-1995; Santiago de Compostela, 2004;
La Caridad, 2009-2010
B iBlioGraFía
V illa Pastur , 1985, p. 127 (repr .); Fernández-Casta-
ñón – Marcos V allaure, 1986, p. 15; V illa Pastur , 1994,
p. 39 (repr .); XXV Certamen Nacional de Pintura de
Luar ca... , 1994-1995, nº 9, s.p.; Barón – Cid Priego,
1996, p. 794, 795 (repr .); López Vázquez, 1999, p.
384 (repr .); López Vázquez, 2000, p. 22, 24; García
Quirós, 2002, p. 133 (repr .); López Vázquez – Mon-
terroso, 2004 (repr .); Barón, 2007 a, p. 17-20 (repr .);
Marcos V allaure, 2009, p. 24-25 (repr .); Rodríguez
Paz, 2012 b, p. 283, 291 (repr .); Rodríguez Paz, 2014
c, p. 1 1, 32-33, cat. 5 (repr .).
La obra fue realizada dos años antes de que
Fierros diera por terminada su formación bajo
la tutela de Federico de Madrazo, por lo que
debemos adscribirla al círculo de clientes ma-
drileños cercanos a él o a los preceptores de
nuestro pintor , los marqueses de San Adrián.
Representa a dos mujeres de identidad des-
conocida, una adulta y otra adolescente, que
han sido identificadas por el orden jerárquico
que denota su disposición: la primera, senta-
da en lugar preferente en un sillón de brazos,
elemento indicador de autoridad, concentra la
atención del espectador al dirigir su mirada
al frente; la segunda, a su lado pero un poco
retirada, adopta una pose más distendida al
apoyar su brazo derecho sobre la tapa de un
piano, mientras ladea la cabeza para mirar a
un punto lejano.
Este modo de presentar a las dos damas, que
encontramos presente en otros retratos de me-
diados del XIX como el de Magdalena Parre-
lla y Urbieta y su hija, Elisa T apia y Parrella,
de Carlos Luis de Ribera 1 , sirve a Barón para
interpretar su significado como “representa -
ción del momento de iniciación de la joven en
la vida social, presentada por su madre como
confidente y modelo que la ha de guiar hacia
una vida virtuosa centrada en el matrimonio,
del mismo modo que ha hecho ella” 2 . No en
vano, las lecciones de piano eran parte funda-
mental de la esmerada educación que la épo-
ca habría de recibir toda joven perteneciente
a una clase social elevada. Así, la representa-
ción de instrumentos de tecla –tanto el piano
1 Carlos Luis de Ribera: Magdalena Parr ella y Urbieta
y su hija, Elisa T apia y Parr ella , 1850. Óleo sobre lien-
zo, 143 x 123 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado
(P04599).
2 Barón, 2007 a, p. 17-20.
Diego Rodríguez Paz
440
La obra ejemplifica a la perfección el fuerte
influjo del estilo de Madrazo que Fierros tra -
ta de emular durante su etapa de aprendizaje
junto a él y que mantiene casi inalterable en
los años de su primera estancia en Santiago.
El modelado del rostro con una fuerte oposi-
ción de zonas en luz y zonas en sombra es el
propio de los retratos de aquel en ese mismo
momento. Sin embargo, ya se advierte la in-
tención de dar más naturalidad al tratamiento
del rostro con el gusto por la captación de los
detalles: nótense las pequeñas zonas de pe-
numbra que se corresponden con las arrugas
o las marcas de expresión. En este sentido,
el interés por ahondar en la plasmación del
carácter del retratado junto con la veracidad
de sus rasgos físicos hace que Fierros eche
mano de viejas recetas como la de aplicar una
ligera pincelada blanca a las pupilas para dar
vivacidad a la mirada y resaltar la comisura
de los labios para insinuar una leve sonrisa.
El efecto naturalista se lleva no sólo al ros-
tro sino también al resto de elementos que lo
circundan; así se aprecia en el diferente tra-
tamiento que en función de la luz reciben los
cabellos, las telas o las joyas, con un creciente
interés por los brillos y la plasmación de las
calidades táctiles que se irá incrementando en
la producción futura del artista.
El empleo del color , a pesar de verse bastante
limitado por la iluminación casi tenebrista de
una escena en la que prevalecen los negros y
pardos, deja espacio para la aparición de suti-
les notas cromáticas en los galones y en parte
del mobiliario, contribuyendo de este modo a
un mayor enriquecimiento de la composición.
Se aprecia todavía un fuerte sometimiento del
color a la línea, con contornos muy amarra-
dos incluso en las zonas de sombra, aunque
otor gando mayor libertad y soltura a la pince-
lada en el último término. La ya mencionada
postura de tres cuartos del retratado, así como
la estudiada colocación de las manos poten-
ciando la sensación espacial en primer térmi-
no, remiten de nuevo a herencias de Madrazo
reutilizadas por Fierros.
Otro retrato de V arela de Montes, réplica de
este en formato de busto, fue pintado por Fie-
rros poco después de la muerte del modelo,
por encar go de la Universidad de Santiago
(DF0125).
José V arela de Montes fue un eminente médi-
co gallego nacido en Santiago de Compostela
en 1796, ciudad en la que falleció en 1868.
T ras su formación en Madrid, ejerció como
catedrático de fisiología en la Universidad
compostelana y como decano de la facultad
de Medicina, car gos que compaginó con su
trabajo en el Hospital Clínico de la ciudad.
Desde estos puestos contribuyó a la moderni-
zación de los estudios de medicina con diver -
sos escritos entre los que destaca Ensayo de
Antr opología ósea, Historia Fisiológica del
hombr e en su r elación con las ciencias socia-
les y especialmente con la patología y la hi-
giene (1844-1845). Dirigió la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de la ciudad
de Santiago entre 1861 y 1866 y fue miembro
de varias academias e instituciones científi -
cas nacionales y extranjeras. Fue distinguido
como Caballero de las Órdenes de Isabel la
Católica y de Carlos III.
441
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0021
J uana M aría de la a sunCión p érez de
d eza y p inal
1855
Óleo sobre lienzo, 68 x 58,5 cm.
Firmado y fechado: “Fierros 1855” (lat. der .)
Colección de Arte Afundación (nº. inv . 1 172)
p roCedenCia
Colección Caixa vigo, Colección Caixa Ourense y Co-
lección Caixa Pontevedra; Colección Caixanova; Co-
lección Novacaixagalicia
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 38-39, cat. 8 (repr .)
En un lienzo cuadrangula r que inscribe un
óvalo se muestra el retrato de una dama des-
conocida, representada de busto ante un fon-
do de paisaje y ligeramente terciada hacia la
derecha. Es una mujer joven, de grandes ojos
oscuros que miran directam ente al espectador
con expresión afectuosa. Sus cabellos ne-
gros se peinan con raya al medio en un moño
que deja al descubierto la mitad inferior de
las orejas adornadas con pendientes dora-
dos. V iste traj e de raso negro con botonadura
azul y cuello de puntilla blanca cerrado con
un gran broche, y se cubre con una mantilla
negra que, prendida con un clavel rojo junto
a la oreja derecha, cae sobre los hombros y
se cierra sobre el pecho con su mano dere-
cha, tocada con guante y oculta en parte por
el borde inferior del lienzo.
Realizada poco después de la llegada de Fie-
rros a Santiago, la obra resume las enseñan-
zas que heredó de Madrazo durante varios
años de tutela. El estilo purista del maestro
se aprevia en la gran importancia concedida
al dibujo, con contornos bien definidos y una
gran limpieza de modelado , que sigue la co-
rriente del academicismo romántico derivado
de Ingres. A este dibujo minucioso se somete
una paleta restringida, apli cada con una pin-
celada muy fina y cuidad a que gusta de la
representación fiel de los detalles en la tanto
en el rostro como en el atuendo. Se hace evi-
dente en el caso de las tel as y joyas, donde
este detallism o se acompañ a de un interés por
la captación de brillos y reflejos como recur -
so para potenciar la sensación de realismo a
través de la diferenciación de las calidades
táctiles de los objetos. Por su parte, tanto la
riqueza de la vestimenta, como el formato
de busto amplio que inclu ye la mano de la
modelo son cuestiones que aportan dignidad
al retrato y que subrayan la caracterización
del personaje. El centro de atención principal
recae en el rostro, dotado de una expresivi-
dad un tanto arquetípica conseguida con los
clásicos clichés de remarc ar la comisura de
los labios, humedecer la mirada y potenciar
las carnacion es rosáceas para intensificar su
vivacidad.
Arturo Fernández Cersa: Juana María de la Asun-
ción Pér ez de Deza y Pinal , último cuarto del siglo
XIX. Óleo sobre lie nzo, 67,5 x 56 cm. A Coruña,
Casa Museo Pardo Bazán. Repr . desde Santiso,
2008, p. 108.
Diego Rodríguez Paz
442
DF0022
r etra to de CaBallero de uniForMe .
¿p edro a ntonio q uiroGa de la M aza ?
1855
Óleo sobre lienzo, 67,8 x 60,2 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros. / 1855.” (lat. der .)
Colección de Arte Afundación (nº. inv . 1 175)
p roCedenCia
Colección Caixavigo, Colección Caixa Ourense y Co-
lección Caixa Pontevedra; Colección Caixanova; Co-
lección Novacaixagalicia
B iBlioGraFía
García Iglesias, 2012, p. 1 1 (repr . lám. 2); Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 37, cat. 7 (repr .)
Retrato masculino de busto sobre fondo neu-
tro en formato ovalado. V iste traje militar
de gala con caponas en los hombros y cor -
dón dorado sobre el pecho que nos indica su
rango de ayudante de campo. Peina cabello
castaño que complementa con largas patillas,
bigote y perilla, y mira al frente desde una
posición ligeramente terciada.
Fierros recurre al modelado habitual en es-
tos años, yuxtaponiendo zonas fuertemente
iluminadas a otras en penumbra, aunque se
aprecia cierta intención de crear una transi-
ción más gradual entre ambas partes a través
de las medias sombras. El uso de la luz con
intención naturalista potencia la captación de
La identificación de la retratada ha sido po -
sible a través del hallazgo de una copia de
autor anónimo propiedad de la Casa-Museo
Emilia Pardo Bazán que reconoce en ella a
Juana María de la Asunción Pérez de Deza y
Pinal 1 . Perteneciente a una destacada familia
de la parroquia de Corneda (O Irixo, Ouren-
se), casó en 1835 con Pedro Antonio Quiroga
y de la Maza. El segundo hijo del matrimo-
nio, José Quiroga y Pérez de Deza, se con-
vertiría en esposo de la escritora Emilia Pardo
Bazán. Sabemos también de su participación
en actividades de caridad habituales entre las
damas de posición acomodada: en 1856 era
presidenta de la Asociación de Señoras de
1 Santiso, 2008, p. 109.
Beneficencia de Santiago, fundada el año an -
terior . En esa fecha remite a Fierros una carta
agradeciendo “con el mayor aprecio el pre-
cioso cuadro original pintado al óleo que V .
ha tenido la caridad de destinar a los acogidos
de la Casa Hospicio” 2 .
La copia, posiblemente obra del pintor Arturo
Fernández Cersa, es fiel al original, aunque de
menor calidad y con una mayor potenciación
de los efectos pictóricos. Modifica algunos
detalles en los complementos del atuendo, así
como en el fondo que adquiere tonalidades
crepusculares.
2 Carta de María Asunción Pérez de Deza a Dionisio
Fierros, Santiago de Compostela, 2-7-1856. Ribadeo
(Lugo), archivo familiar Gamallo Fierros.
las calidades de los objetos con un tratamien-
to más pictórico, algo que se hace especial-
mente notable en los brillos dorados de los
galones. De cualquier modo, el sometimiento
del color a la línea es evidente, con contornos
fuertemente definidos que denotan la gran in -
fluencia de Madrazo durante la primera etapa
artística de Fierros.
A través de la identificación del retrato de
María Asunción Pérez de Deza (DF0021),
consideramos probable que éste sea el retrato
de su esposo, Pedro Antonio Quiroga y de la
Maza. El retrato masculino que forma pareja
con la copia de aquél, obra indiscutible del
443
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
mismo autor y con simila res características
formales, muestra un estrecho parecido con
éste. El modelo viste uniforme semejante, y
el aspecto de su rostro responde a la moda
masculina propia de la década de 1850. Aun
así, no guarda un parecido tan evidente como
para que podamos confirmar esta identifica -
ción.
vinculado a la banca y a la construcción, y
benefactor de la ciudad de V igo adonde había
llegado contratado para derribar las murallas
de la ciudad. Su caso es ejemplo de la nue-
va clase bur guesa que alca nza una destacada
posición económica vinculada a actividades
comerciales e industriales, y que, en su afán
de legitimación social, imita costumbres aso-
ciadas a la aristocracia como signo de distin-
ción entre las que se encue ntra la adquisición
de obras de arte y el interé s por perpetuar su
imagen en retratos de gran empaque.
Así, la dama se retrata en un interior domés-
tico de gran riqueza, definido por una pared
de fondo y un cortinaje recogido en el lado
Arturo F e r n á n d e z C e r s a : Pedr o Antonio Quir o -
ga de la Maza con uniforme de maestrante de
Ronda , último cuarto del siglo XIX. Óleo sobre
lienzo, 67 x 56 cm. A Coruña, Casa Museo Par -
d o B a z á n . R e p r . d e s d e S a n t i s o , 2 0 0 8 , p . 1 0 6 .
DF0023
M aría B erdiales
1855
Óleo sobre lienzo, 103,5 x 72,5 cm.
Firmado y fechado: “FIERROS / 1855” (lat. der .)
Colección Gamallo Fierros, depósito en Gijón, Mu-
seo Casa Natal de Jovellanos (nº inv . 1995/001) desde
marzo de 1995
p roCedenCia
Madrid, mercad o de arte, 1974; comprado por Dioni-
sio Gamallo Fierros
e xposiCiones
Soto de Luiña, 1992, Itinerante, 1994-1995
B iBlioGraFía
Exposición del pintor Dionisio Fierr os , 1992, s.p., nº
29 (repr .); Vázquez Xil, 1994, p. 143; XXV Certamen
Nacional de Pintura de Luar ca... , 1994-1995, s.p., nº
1; Rodríguez Paz, 2012 d, p. 330, 334, 337 (repr .); Ro-
dríguez Paz, 2014 c, p. 40-41, cat. 9 (repr .)
Observaciones
Subastado en Madrid, sala Marino, en mayo de 1974.
Adquirido por Dionisio Gamallo Fierros con remate de
65000 pesetas.
Estamos aquí ante una buena muestra de la
adaptación de la tipología tradicional de re-
trato de aparato aristocrático a los gustos de
la naciente bur guesía que empieza a triunfar
en la socieda d española de mediados de si-
glo. María Berdiales fue la esposa del com-
postelano Manuel Núñez Espinosa, indiano
Diego Rodríguez Paz
444
queño broche que cuelga de la solapa, y que
denuncia el estatus del retratado. Se peina a
la moda del momento y luce espeso bigote y
barba dejando al descubierto el mentón. Se
dispone un poco ladeado mientras vuelve la
izquierdo. En posición terciada y encuadrada
a la altura de las rodillas, se sienta en un ele-
gante sillón de brazos, elemento que refuerza
la dignidad del retrato. La vestimenta subraya
el estatus de clase que se quiere transmitir , al
escoger un ampuloso vestido negro, con fal-
da de gran vuelo y entallado en la cintura; su
estilo, si bien no sigue los cánones sensua-
listas que en aquel momento propugnaban
unos criterios de moda femenina donde eran
habituales cortes más exuberantes que deja-
ban al descubierto los hombros y parte del
brazo, sí se adapta a un gusto más recatado
que opta por un estilo sobrio, deudor en parte
de la moda de la década anterior en el empleo
de manga lar ga con puño de encaje y cuello
en pico bajo el que asoma la blusa blanca ce-
rrada con un discreto prendedor . El peinado
es igualmente sencillo, recogiendo el cabello
castaño pegado a las sienes y con raya al me-
dio. El rostro, rollizo y rubicundo, en el que
destacan las carnaciones rosáceas en las me-
jillas y el mentón, mira al espectador con ex-
presión serena y distante, convertida casi en
cliché de esta tipología de retrato. Por su par -
te, la disposición de las manos, muy cuidada,
es la habitual en estos casos, para ayudar a
definir una composición sosegada, elegante y
cerrada sobre sí misma: la izquierda apoyada
en el brazo del sillón y la derecha sobre el re-
gazo sosteniendo un pañuelo de encaje blan-
co. Como elementos de joyería, además del
citado prendedor , se aprecian los pendientes
dorados y tres sortijas.
Obra de cierto empeño, en la que Fierros
muestra su buen dominio técnico en el trata-
miento de las formas y las calidades táctiles,
revela algunos detalles en los que el artista no
logra un resultado de igual calidad al de otros
retratos análogos de la misma época. En este
sentido, véase la falta de volumen en el trata-
miento del rostro, especialmente en el lateral
donde el efecto lamido del cabello y el mo-
delado en sombra de la oreja y el pendiente
no consiguen transmitir la sensación de natu-
ralismo que se busca. Aun así, se trata de un
retrato de una calidad nada desdeñable en el
que están presentes los principales rasgos de
estilo de esta etapa del pintor .
DF0024
r etra to de CaBallero Con la Cruz de
la o rden de s antiaGo
1856
Óleo sobre lienzo, 65 x 55 cm.
Firmado y fechado: “FIERROS. 1856.” (lat. der .)
V igo (Pontevedra), Museo da Cidade “Quiñones de
León” (nº. inv . 244)
B iBlioGraFía
Pazo-Museo Municipal... , 1967 (repr . como don José
Elduayen y Gorriti, primer Mar qués del Pazo de la
Mer ced ); Pablos, 1978, p. 56; Pablos – Ilarri Junque-
ra, 1995, p. 129; Rodríguez Paz, 2012 d, p. 331, 332
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 42, cat. 10 (repr .).
Retrato de caballero sin identificar , de bus -
to ante fondo neutro. V iste elegantemente
chaqueta oscura, camisa blanca con botones
dorados, y corbata de lazo anudada al cuello.
Sobre la chaqueta ostenta la cruz de la Orden
de Santiago, insignia que se repite en el pe-
445
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
cabeza para mirar directamente al espectador .
Realizada durante la primera estancia de Fie-
rros en Santiago, la obra ejemplifica su plena
asimilación del estilo retratístico de Federico
de Madrazo. Así se aprecia en la importancia
concedida al dibujo como base de la com-
posición, bien definido incluso en zonas de
sombra; en el interés por la plasmación de las
calidades táctiles de los objetos a través de
brillos y reflejos en telas, joyas y cabellos; o
en el empleo de un modelado que contrapone
una parte del rostro iluminada a otra ensom-
brecida, tan habitual en Madrazo, aunque con
un tratamiento más tosco de los elementos en
penumbra en el caso de Fierros.
Durante un tiempo se ha querido identificar al
retratado con José Elduayen y Gorriti, primer
marqués del Pazo de la Merced, hipótesis ac-
tualmente descartada .
elemento diferenciador de un estatus social
elevado que pone de manifiesto las pretensio -
nes de la retratada.
Al mismo tiempo, el artista se preocupa por
destacar la feminidad de la modelo desde
un tratamiento formal que equilibre el afán
verista del retrato con cierto grado de idea-
lización propios del purismo romántico que
aprende de Madrazo. Así, sin renunciar a la
representación de rasgos menos agraciados
como los pliegues de la piel en el cuello y
bajo los ojos, emplea una pincelada compacta
que le permite plasmar la blancura de la piel
y la morbidez de las carnaciones, en contras-
te con la factura más esquematizada en telas
y joyas, recurso ya empleado por Madrazo
y que Fierros potenciará hasta un resultado
más abocetado de los elementos decorativos,
en los que busca captar los efectos de brillos
y reflejos. Por otra parte, el tono blanqueci -
DF0025
r etra to de daMa
1856
Óleo sobre lienzo, 65 x 55 cm.
Firmado y fechado: “FIERROS. / 1856.” (lat. der .)
V igo (Pontevedra), Museo da Cidade “Quiñones de
León” (nº. inv . 243)
B iBlioGraFía
Pazo-Museo Municipal... , 1967 (repr . como Doña Ma-
ría del Carmen Martínez Montenegr o, IX Mar quesa de
V alladar es ); Pablos, 1978, p. 56; Colmeiro, 1981, p.
24 (repr .); Pablos – Ilarri Junquera, 1995, p. 129 (repr .
fig. 257); Rodríguez Paz, 2012 d, p. 326 (repr .), 331;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 43-44, cat. 1 1 (repr .).
Forma pareja con el retrato de caballero con
la cruz de la Orden de Santiago (DF0024),
también en el Museo Quiñones de León. Si-
gue el mismo esquema de retrato de busto
ante fondo oscuro, dispuesta la figura en posi -
ción frontal y mirando directamente al espec-
tador . Realizado sin duda durante la primera
estancia del pintor en Santiago, representa a
una mujer de mediana edad elegantemente
vestida con un traje que sigue las pautas de
la moda propia de los años centrales del siglo
XIX: en color negro y turquesa, presenta una
serie de volantes sobre el pecho y amplio es-
cote de encaje blanco que deja al descubierto
los hombros. El cabello, oscuro y ondulado,
se peina con raya al medio y se recoge en dos
casquetes sobre las orejas, dejando a la vista
los pendientes. Completa el tocado un gran
lazo de encaje prendido en la nuca, además
del collar y el broche sobre el pecho. La gran
riqueza del atuendo debemos valorarla, al
igual que en otros retratos semejantes, como
Diego Rodríguez Paz
446
no de la piel, bañada por un foco que incide
desde la izquierda, destaca sobre el fondo os-
curecido generando un resultado de elegante
sobriedad inherente a los retratos del XIX.
La identidad de la modelo, identificada du -
rante un tiempo como María del Carmen
Martínez Montenegro, IX marquesa de V alla-
dares, nos es desconocida.
de los dos retratos que conservaban en su anti-
gua casa de la rúa da Caldeirería, en Santiago
de Compostela, y que identifican con el ciru -
jano Francisc o Simón Araújo, o con el doctor
en derecho José Fernández Gómez-Araújo.
DF0026
r etra to de CaBallero 1
1856
Óleo sobre lienzo, 67 x 56 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1856” (lat. der .)
V edra (A Coruña), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 45, cat. 12 (repr .)
El retrato representa, en formato de busto,
a un hombre de mediana edad, en posición
frontal, ante fondo neutro, y mirando directa-
mente al espectador . V iste chaqueta, chaleco,
corbata de lazo y camisa blanca. Se peina a
la moda de mediados de siglo, con raya a un
lado, y luce espesa barba bajo la mandíbula
que continúa en las patillas, dejando el resto
del rostro despejado.
La obra hace gala de una elegante sobriedad,
propia del retrato bur gués del momento. Si-
gue fielmente el estilo académico de Madra -
zo, con un dibujo minucioso como base de la
composición que busca el mayor realismo en
la descripción fiel de la fisonomía del mode -
lo. El color , limitada a una reducida gama de
tonos negros, grises y ocres, se somete a una
línea muy amarrada, sin apenas concesiones
a la libertad cromática. Por su parte, la luz
sigue el esquema habitual, con un foco frío
que modela el rostro oponiendo una zona ilu-
minada a otra ensombrecida, y que hace des-
tacar volumétricamente la figura proyectando
su sombra sobre el fondo neutro. El rostro
destaca como parte esencial de la composi-
ción, con un tratamiento naturalista tanto en
las facciones como en la expresividad, consi-
guiendo un notable grado de profundización
psicológica que demuestra la destreza de Fie-
rros en su oficio de retratista.
Según la documentación del archivo familiar
de los propietarios del cuadro, se trata de uno
1 Obra inédita
447
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0027
G reGorio l ópez de l eis 1
1856
Óleo sobre lienzo, 67 x 58 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1856” (lat. der .)
V illaviciosa de Odón (Madrid), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 46, cat. 13 (repr .)
Retrato de busto ante fondo neutro, en for -
mato oval. El modelo, un caballero de me-
diana edad, con cabello oscuro peinado hacia
un lado, patillas entrecanas y rostro amable,
mira al frente esbozando una sonrisa. V iste
chaqueta y chaleco oscuros, camisa blanca y
corbata de lazo anudada al cuello, según la
moda de mediados del XIX.
Es uno de los muchos retratos que Fierros
pintó durante su primera estancia en Santiago
de Compostela, entre 1855 y 1858.
1 Obra inédita
DF00028
negro con cuello de encaje blanco que el pin-
tor aborda con sumo detallismo, prendido con
un broche a juego con los pendientes.
El cuadro pertenece sin duda a la primera
etapa compostelana de Fierros (1855-1859),
pudiendo datarse quizá con más precisión en
1856 si lo vinculamos al retrato de su esposo,
fechado en ese mismo año.
M aría t eresa u lloa de l eis 1
c. 1856
Óleo sobre lienzo, 63 x 52 cm.
Madrid, colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 31 1, cat. 186 (repr .)
Dama compostelana, esposa de Gregorio
López de Leis, también retratado por Fierros
(DF0027). Se muestra en el habitual formato
de busto, en posición terciada ante fondo neu-
tro y con el rostro vuelto hacia al frente. Es
una mujer aún joven pero con rasgos de cier-
ta edad que se aprecian en las mejillas o en
el cuello, de una tez muy morena. Su cabello
oscuro se recoge en un moño y definiendo un
perfil ovalado que enmarca el rostro. La mi -
rada lánguida y de expresión ausente, alejada
de la vitalidad de otros retratos del autor , hace
pensar que este no contase con la presencia de
la modelo durante la realización del cuadro.
La vestimenta es sobria, propia de una mujer
bur guesa de mediados de siglo: traje de raso
1 Obra inédita
Diego Rodríguez Paz
448
DF0030
DF0029
r aMón M aría B erMúdez de M andiá y
a CeVedo 1
1856
Óleo sobre lienzo, 67 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “FIERROS. / 1856.” (lat. der .)
Ferrol (A Coruña), Pazo do Monte
Nacido en Sevilla, es hijo de Pedro María
Bermúdez de Mandiá y Ribadeneira y de Ma-
ría del Carmen de Acevedo y Bermúdez de
Mandiá. Hereda por vía paterna el mayorazgo
que incluía el pazo do Monte y el pazo de la
Merced o casa Bermúdez de Ferrol, además
del pazo de la rúa Nova de Santiago –que an-
teriormente alber gó el Colegio de los irlan-
deses 2 –, el de V ilardefrancos, de Ramirás y
el de Preguecido. La construcción de los tres
primeros se debe a José María Bermúdez de
Mandiá y Pardiñas-V ilardefrancos, abuelo
del retratado, señor jurisdiccional de Xuvia,
Caranza y Santa Icía de T rasancos. Con todo,
a la muerte de Bermúdez de Mandiá y Ace-
vedo, acaecida no después de 1878, el mayo-
1 Obra inédita
2 Cortés, 2016.
M elitón de C uenCa y s an J uan
1856
Óleo sobre lienzo, 67 x 56 cm.
Firmado y fechado: “Dionisio Fierros / 1856” (lat. der .)
Monforte de Lemos (Lugo), Pazo de T or
p roCedenCia
Santiago de Compostela, Sres. de Cuenca, 1966; pasó
al Pazo de T or al ser heredado por Dña. Mª Paz T a-
boada de Andrés y Zúñiga
B iBlioGraFía
T abernero, 1966, p. 104; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 47,
cat. 14 (repr .).
Retrato de caballero en formato oval, dis-
puesta la figura de busto ligeramente terciada
ante un fondo neutro sobre el que proyecta
su sombra. Dirige su mirada al frente, con la
vista puesta en el espectador . Es un hombre
de mediana edad, de rostro delgado, ojos ma-
razgo fue dividido entre sus herederos. Casó
con su prima hermana María del Carmen Fer -
nández de la Puente y Acevedo, también re-
tratada por Fierros (DF0031), con quien tuvo
tres hijos. Con el temprano fallecimiento de
su esposa en 1863 abrazó la carrera eclesiás-
tica, ocupando el cargo de capellán de la Real
Maestranza de Caballería de Sevilla, de la que
ya era miembro. De hecho, Fierros lo retrata
aquí vistiendo traje de maestrante, elemento
rrones y labios finos que esbozan una sonrisa.
Luce cabello negro peinado hacia atrás, con
lar gas y espesas patillas hasta las mejillas.
V iste chaqueta y chaleco oscuros, camisa
blanca y corbata de lazo.
449
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
indicativo de su linaje hidalgo. Su apariencia
es la de un hombre de mediana edad, de tez
clara, ojos oscuros y cabellos castaños peina-
dos hacia un lado dejando la frente despejada.
El bigote espeso y la pequeña perilla bajo el
labio inferior siguen la moda propia de me-
diados del XIX. Se muestra en posición fron-
tal, levemente ladeado hacia la izquierda, con
actitud erguida y mirando al espectador . El
fondo neutro de tonalidad parduzca contrapo-
ne el juego lumínico de oposición luz-sombra
del modelado del rostro, reforzando la ilusión
de profundidad.
DF0031
M aría del C arMen F ernández de la
F uente y a CeVedo 1
1856
Óleo sobre lienzo, 67 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “FIERROS. / 1856.” (lat. der .)
Ferrol (A Coruña), Pazo do Monte
Dispuesta ante un fondo neutro y enmarca-
da por un óvalo, la retratada se muestra de
busto, en posición frontal ligeramente ladea-
da hacia la derecha y dirigiendo la mirada al
espectador . Es una mujer joven, de grandes
ojos oscuros, labios carnosos y tez clara. El
perfil ovalado del rostro se acentúa con el pei -
nado de bandós ahuecados sobre las orejas y
raya al medio que alisa la cabellera negra. Su
estatus acomodado se aprecia además en la
riqueza del atuendo: un traje de raso mora-
do y motivos vegetales en negro que sigue la
moda propia de los años centrales del siglo en
el empleo de un talle ajustado y un amplísimo
escote con encaje que deja al descubierto los
hombros. Sobre los brazos, casi impercepti-
ble en la zona inferior del lienzo, aprecia un
echarpe de tonos pardos y grisáceos. Por su
parte, el vistoso tocado de flores y plumas
contribuye a subrayar la elegancia de la ves-
timenta, como también ocurre con los ele-
mentos de joyería: pendientes, gargantilla y
1 Obra inédita
broches sobre el traje. El artista echa mano de
su dominio del lenguaje purista aprendido de
Madrazo para presentar una imagen de dis-
tinguida belleza que recalque la condición de
nobleza de la efigiada, aun dentro de la sen -
cillez que impone la tipología de retrato de
busto. La dama es María del Carmen Fernán-
dez de la Puente y Acevedo. El retrato for-
ma pareja con el de su esposo, Ramón María
Bermúdez de Mandiá y Acevedo (DF0030),
con quien tuvo tres hijos: José María (1849-
1905), Marcedes (1851-1915) y Elena Ber-
múdez Fernández de la Puente (1855-1915).
Falleció a edad temprana en 1863.
Diego Rodríguez Paz
456
de mediados de siglo de esta moda del tra -
je escocés que pronto se difundiría por otros
países europeos. En la pintura española en -
contramos asimismo modelos que pudieron
servir de inspiración a Fierros, concretamen -
te en los retratos de caza que V elázquez pintó
para Felipe IV y su familia, y que compar -
ten con esta obra aspectos temáticos y com -
positivos. Con todo, estos referentes se ven
matizados por el diferente tratamiento que
impone la sensibilidad bur guesa romántica
y que imprime a la obra un carácter más li -
gero y desenvuelto. A pesar de la rigidez de
una composición de aspecto encorsetado que
resta cierta naturalidad a la representación de
la figura infantil, Fierros acierta a la hora de
captar la expresividad dulce y vital propia de
la niñez. El aspecto de los pequeños contribu -
ye a reforzar esta idea –especialmente en el
caso de Emilia, con rizos arremolinados y un
atuendo más espontáneo- como por la expre -
sión de sus rostros sonrientes –se recurre una
vez más a la receta que acentúa la comisura
de los labios y aporta un toque de luz blanca
a las pupilas- y por la entonación general del
cuadro con una paleta de colores pastel que
da cabida también a la viveza de los tonos
carmín, alejados de la sobriedad habitual del
retrato adulto.
El fuerte influjo de Federico de Madrazo se
advierte en la gran preeminencia de la línea
sobre el color como base del modelado, y
en la yuxtaposición de zonas de luz y som -
bra para generar volumen, especialmente en
los rostros. Asimismo, el paisaje en último
término, concebido como un mero telón de
fondo que resalta el decorativismo de la com -
posición, está trabajado siguiendo patrones
aprendidos en la Academia. Sin embar go, la
preocupación ya en esta etapa por servirse de
una luz naturalista que imprima veracidad a
la escena le hace potenciar los efectos de bri -
llo de los objetos y las carnaciones de la piel,
aunque sin conseguir la maestría de Madrazo.
pe Montoto y Carmen Moscoso de Altamira,
retratados también por el artista ese mismo
año en un conjunto de retratos familiares bur -
gueses de gran empaque y calidad (DF0034 y
DF0035). Antonio Jaspe fue pintor de cierto
renombre formado en la Academia de Bellas
Artes de San Fernando y bajo el magiste -
rio de Ignacio Suárez Llanos. Completó su
aprendizaje como pensionado en Roma du -
rante dos años, y posteriormente en París. Su
obra, especializada en asuntos costumbristas,
se presentó a todas las exposiciones naciona-
les celebradas entre 1876 y 1887, fecha de su
muerte 1 .
Fierros compone su retrato siguiendo patro -
nes clásicos, situando a los niños en primer
término ante una balaustrada y un cortinaje
a modo de telón que se abre por la derecha a
un fondo de paisaje, y se adorna en la parte
opuesta con un jarrón de flores. Antonio, de
pie, viste traje de caza con falda escocesa y
una banda de idéntica tela cruzando el pecho
sobre una chaqueta negra abrochada al cue -
llo con una borla. Ciñe a la cintura un zurrón
de piel y sostiene el sombrero en la mano iz -
quierda. A su derecha, sentada sobre un sillón
que la eleva a la misma altura que su herma -
no, Emilia luce un atuendo más adecuado a
su corta edad, una especie de vestido o ca -
misa blanca de amplios pliegues que deja al
descubierto su hombro derecho y parte de su
pecho confiriéndole un aspecto más ingenuo.
Mira de frente esbozando una sonrisa igual
que su hermano, y posa sus manos con deli -
cadeza acariciando un mastín negro que aso -
ma por la izquierda y levanta su cabeza hacia
Antonio. El perro subraya las alusiones a la
iconografía de caza del atuendo del niño, jun -
to al cual se sitúa, en el suelo, una escopeta.
Los referentes iconográficos de esta obra son
variados, aunque hemos de destacar princi -
palmente la tradición de retratos infantiles
de la familia real inglesa, origen poco antes
1 Ossorio y Bernard, 1883-1884, p. 342.
457
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0037
B oCet o p ara e milia y a ntonio J aspe
m oscoso , o d os niños Con perro
1857
Óleo sobre lienzo, 26 x 20,5 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
Exposiciones
Oviedo, 1894; Madrid, 1966; Itinerante, 1968; A Co-
ruña, 1973; La Felguera, 1978; Gijón, 1980; Soto de
Luiña, 1992.
B iBlioGraFía
Exposición del Pintor Fierr os , 1966, s.p., nº 17; Ex-
posición de óleos…, 1968, s.p., nº 27; Exposición
“Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VII, nº 33; Ex-
posición-homenaje... , 1980, s.p., nº 3; Exposición del
pintor Dionisio Fierr os , 1992, s.p., nº 21 (cat. como
Boceto para un cuadr o de gran formato ); González
Lafita, 1993, p. 101 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p.
318, cat. 192 (repr .).
La obra es un pequeño boceto preparatorio
para el retrato de Emilia y Antonio Jaspe
Moscoso (DF0036). Las modificaciones in -
troducidas en el cuadro definitivo respecto a
la idea original son escasas y se concentran
fundamentalmente en la cabeza del niño ma-
yor que aquí aparece tocado con la gorra que
en la obra final lleva en la mano izquierda. El
resto de su indumentaria, a pesar de ser igual-
mente un traje de caza, destaca por los tonos
pardos y no por los negros y carmines de la
obra final. Su postura también experimenta
algunos cambios, pues en este caso no mira
al exterior del lienzo sino que ladea la cabeza
hacia su derecha para devolver la mirada al
perro que requiere su atención, mientras es-
boza una sonrisa. La supresión de este juego
de miradas resta espontaneidad a la escena
definitiva, donde la marcada visión frontal de
los niños acentúa la sensación de estatismo y
rigidez.
Otras variaciones menores se observan en el
desarrollo del fondo paisajístico, que en este
caso da un poco más de protagonismo a los
elementos vegetales, prácticamente inapre-
ciables en la obra final. Además, el parapeto
de cierre, del cual vemos aquí tres balaústres
en lugar de uno, semeja situarse más alejado
del primer plano aumentando el espacio in-
termedio tras las figuras.
Diego Rodríguez Paz
458
DF0039
DF0038
M anuela o rellana M ont ot o
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 67 x 54 cm.
A Coruña, Museo de Belas Artes (Nº. inv . 2948)
p roCedenCia
Donación de Emilia Jaspe Moscoso de Altamira, 20-
4-1960.
i nsCripCiones
“2948” (lat. inf.)
B iBlioGraFía
V illa Pastur , 1973 a, p. 134 (repr .); Rodríguez Paz,
2014 c, p. 307-308, cat. 183 (repr .).
Retrato de señora en formato oval, de busto,
ligeramente terciada hacia la izquierda y so-
bre fondo neutro. V iste un sencillo pero ele-
gante traje de terciopelo negro con botonadu-
r etra to inF antil
c. 1855-1878
Óleo sobre lienzo, 66 x 55 cm.
Madrid, colección particular
e xposiCiones
Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Dionisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mundano , 2000,
p. 75 (repr .); García Quirós, 2000, p. 45; Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 341, cat. 207 (repr .).
Ante un fondo de celaje grisáceo se dispone
la figura de una niña, de busto, en posición
frontal y mirando al espectador . Es una niña
de corta edad, de cabellos rubios, ojos claros
y expresión risueña, que viste una especie
de camisón de raso y encaje blanco, medio
caído dejando al descubierto el hombro dere-
cho y parte del pecho. Este modo informal de
disponer el atuendo, y que alude al carácter
inquieto y descuidado propio de la infancia,
es el mismo que el pintor emplea en otros re-
tratos infantiles como el de Emilia y Antonio
Jaspe Moscoso (DF0036) o el de su hija An-
tonia (DF0231). Ante la pequeña, en primer
término, se coloca una guirnalda de flores y
ra sobre el pecho y cuello blanco de encaje
prendido con broche dorado. Su cabello oscu-
ro se peina siguiendo la moda de mediados de
hojas, motivo puramente decorativo propio
del gusto romántico y frecuente en retratos
del artista.
El estilo es el propio de la etapa de madurez
de Fierros. Dentro de este período, quizá po-
dríamos precisar más su datación en fechas
más tempranas, próximas a su estancia en
Santiago, como se colige de ciertos detalles
como el tipo de pincelada compacta aplicada
en toques minuciosos o el modo de trabajar
los brillos y reflejos sobre las telas, similares
a otros retratos de esos años.
459
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
siglo, recogido en bandós ahuecados que cu-
bren las orejas a excepción de la parte inferior
con pendientes dorados. Ladea levemente su
cabeza hacia el frente, dirigiendo la mirada al
espectador .
La luz que penetra desde el ángulo superior
izquierdo ilumina el rostro y parte del fondo,
proyectando su sombra hacia la zona derecha
del lienzo como recurso para destacar volu-
métricamente la figura. Esta oposición de luz
y sombra se lleva también al modelado del
rostro y del cabello, aunque disminuyendo
los contrastes más acusados de retratos an-
teriores. La elección en este caso de una luz
más clara potencia el protagonismo de las
zonas iluminadas sobre las zonas en sombra,
aunque se trate al mismo tiempo de una ilu-
minación un tanto artificial que define con
cierta dureza las facciones del rostro y resta
naturalidad al resultado.
Por otra parte, la fuerte base dibujística se
hace evidente en una marcada línea de con-
torno, visible incluso en las zonas de sombra.
Destaca especialmente la parte del cabello,
rodeada por una tenue línea clara que acentúa
el modelado. Fierros, en su intención de trans-
mitir un resultado verista, destaca a través de
la luz y del color las calidades matéricas de
los objetos, algo apreciable en las transparen-
cias de los encajes y los brillos de las joyas.
El resultado es el de un retrato de gran so-
briedad, tanto por la expresión comedida de
la modelo –lejos de la profundización psico-
lógica de otros ejemplos- como por la par -
quedad en el empleo de la paleta cromática,
reducida al máximo con pardos y negros.
Aunque a excepción de su nombre no conta-
mos con ningún dato biográfico de la retrata -
da, el apellido Montoto y el hecho de que la
obra fuera legada por Emilia Jaspe Moscoso
son datos más que fiables para creer que se
trata de una familiar del padre de ésta, Juan
Nepomuceno Jaspe Montoto, también retra-
tado por Fierros (DF0035).
DF0040
e l General r odil
1857
Óleo sobre lienzo, 220 x 120 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1857” (áng. inf. der .)
Santiago de Compostela, Universidad (n.º inv . 005864)
i nsCripCiones
“EL ESCMO. SR. D. JOSE / RAMON RODIL, / Mar -
ques d. Rodil, Capit / Gral. d. los ejtos, Minis/ tro d. la
Guerra, Pre-/ sidente del Consejo / d. Ministros. Nació /
en Sta . M ª. d . T rob o, p rovª . / d . Lu go. Sien do a lum- / no
d. T eologia en es-/ ta Universidad se alis-/ tó en el bata -
llon / LITERARIO / formado en ella el / año d. 1808 p.ª
/ de fen de r la in de- / pe nde ncia n ac io/ n al. M ur ió en -/ 30
d. febrero / d. 1853.” (en el faldón de la mesa, lat. izq.)
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Itinerante, 2000
B BlioGraFía
Fierr os , 18 94 a, s . p .; An ua r i o de l C ue r p o Fa cu lt a t i vo de
Ar chiver os.. ., 1881, p. 260; Exposición “Dionisio Fie -
rr os” , 1973, s.p., sala VI, nº 1; Ro dr íg u ez Ga l d o , 19 9 3 ,
p. 82 (repr .); Dionisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mun -
dano , 2000, p. 53 (repr .); García Quirós, 2002, p. 107;
Rodríguez Paz, 2012 d, p. 334; Ro dr íg u e z P az , 2 01 3 a , p .
1478; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 12, 57-60, cat. 19 (repr .);
García Iglesias, 2016, p. 199 (repr .) - 201.
Diego Rodríguez Paz
460
d oCuMent aCión
Es uno de los pocos retratos pintados en Galicia que
el pintor menciona en sus apuntes autobiográficos: “El
general Rodil, de cuerpo entero y tamaño natural, para
la Universidad de Santiago”.
El prestigio con que Fierros había llegado a
S an t ia g o, co m o d i sc í pu l o d e M ad r az o p or t ad o r
de un estilo renovador , le permite no sólo asu -
mir encargos particulares de la burguesía local
sino también de instituciones como la Univer -
sidad. Las primeras noticias que atestiguan esta
relación datan de 1857, cuando realiza varios
retratos para la galería de personajes ilustres
que entonces se estaba formando.
Es el caso de José Ramón Rodil y Gayoso (San -
t a M ar í a d e T r o bo , L u g o, 17 8 9 - M ad r id , 1 8 5 3) ,
a q ui e n l a U ni v er s id a d qu e rí a h o me n aj e ar po r
su destacada participación en el Batallón Lite -
r ar i o. As í s e re c oj e en u na p ub l ic a ci ó n p o st e ri o r
que indica la ubicación del retrato: “se conserva
en el Salón principal de la Biblioteca de San -
tiago, al frente de donde se encuentra colocada
la bandera que condujo a los campos de batalla
al famoso batallón de los literarios de Compos -
tela” 1 . Descendiente por vía paterna y materna
de familias hidalgas originarias de la provincia
de Lugo, R od i l c u rs ó e s t ud i os u ni v er s it a ri o s e n
S an t ia g o, do n de se en c on t ra b a c u an d o e n 1 80 8
estalló la Guerra de la Independencia. En esas
circunstancias decidió alistarse en el célebre
Batallón Literario, que determinaría su poste -
rior vocación por las armas. T erminada la con -
tienda, ascendió de rango rápidamente gracias a
una incesante carrera militar en América, desa -
rrollada mayoritariamente en Perú, donde logró
mantener la soberanía española hasta 1826 en el
fuerte de El Callao hasta que el desastre de A ya -
cucho puso fin al virreinato peruano. Regresó a
España en 1826 como Mariscal de Campo y se
unió a los liberales para defender la causa isabe -
lina. En 1831 la Reina Regente María Cristina
reconoció sus servicios militares otor gándole el
título de Marqués de Rodil. Durante la primera
guerra carlista fue nombrado General en Jefe
del Ejército del Norte y último virrey de Nava -
rra hasta su destitución en 1843. Ocupó diver -
1 M. Ovilo y Otero, Hijos ilustr es de la Universidad
de Santiago , Santiago, Imp. de la Gaceta de Galicia,
1880, p. 59, cit. desde García Iglesias, 2016, p. 200.
sos cargos administrativos como Capitán Gene -
ral y hombre de confianza de Espartero, quien le
nombró presidente del Consejo de Ministros al
a su m ir la Re g en c ia en 18 4 0.
Como haría en más ocasiones, Fierros asume
el encargo de un retrato años después del fa -
llecimiento del retratado, motivo por el cual
debió de haber utilizado como referente una
imagen previa, probablemente una fotogra -
fía. El no contar con la presencia directa del
mo del o es qui zá la c au sa de su pos e rí gi da,
como ocurre en otros casos semejantes. Se re -
pr ese nta en u n lie nzo de g ra nde s d ime nsi one s,
de cu er po en te ro y de pi e an te un am pu los o
fondo con un cortinaje recogido, y junto a una
me sa con li br os sob re la cu al ap oya su ma no
derecha. Se trata por lo tanto de la tipología de
retrato de aparato tan recurrente para encargos
oficiales con los que se quiere dignificar la pre -
se nci a de l re tra tad o po r med io d e l a ex alt aci ón
de su figu ra y de los el eme nto s qu e la rod ean ,
un a ti pol ogí a en la qu e Fi er ros hu bo de te ner
en cuenta el retrato del general Evaristo Sa n
Miguel, de Madrazo, en tanto que modelo que
establece el prototipo de retrato militar de apa -
rato 2 . La imagen de Rodil es la de un hombre
maduro, con rostro de rasgos marcados y cabe -
llos grisáceos con profundas entradas, que se
nos muestra en posición er guida, ligeramente
terciado para acentuar la profundidad y con el
pi e der ech o ad el ant ado . V ist e uni for me mi lit ar
de gala con diversas insignias en la casaca que
at est igu an los mé rit os de su ca rre ra mil ita r , y
varias bandas sobre su pecho entre las que des -
taca la de Carlos III. La imagen de hombre de
armas se complementa con los libros, la pluma
y la esc rib aní a so br e la me sa qu e nos rem ite n
a su formación humanística, destacando su ca -
rácter culto y por lo tanto su perfecta capaci -
tación para el buen gobierno. Por si estos ele -
mentos no fueran suficientemente definitorios
de su carácter , Fierros dispone una detallada
inscripción loando sus hazañas en el faldón de
la mesa a modo de cartela, en un recurso arcai -
zante que remite a la tradición de retratos de
2 Federico de Madrazo: El general Evaristo Fernández
San Miguel, I duque de San Miguel , 1854 - 1856. Óleo
sobre lienzo, 210 x 135 cm. Madrid, Museo Nacional
del Prado (P04454).
461
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
aparato barrocos y que destaca su condición de
vítor como parte de la galería universitaria de
personajes ilustres.
Como viene siendo habitual en este tipo de re -
tratos, el espacio se construye a priori con los
elementos accesorios para luego insertar en él
al personaje iluminado por un foco de luz exte -
ri or q ue p roy ect a su som bra sob re l a al fom bra ,
acentuando la sensación de tridimensionali -
dad. Es de todos modos un espacio bastante
ac ota do, pu es el aut or si túa la par ed de fon do
muy próxima al primer término, como había
aprendido de Madrazo. Deudor de Madrazo es
también el tipo de modelado que opone una
zona del rostro fuertemente iluminada a otra
en penumbra, con una transición poco sutil en -
tre ambas, y que caracteriza los retratos de esta
etapa de Fierros. El interés del pintor por con -
fo rma r un a im ag en rea lis ta lo ll eva a de st aca r
las carnaciones que complementan los logros
del modelado subrayando la propia orografía
de l ro st ro –ar rug as, hu ndi mie nto de lo s oj os ,
etc.- aunque de momento la dureza de la luz
empleada no le permita llegar a las cotas de
na tur ali dad qu e a lca nza rá en su obr a m adu ra.
S in em b ar go , F ie r ro s lo g ra un bu e n r es u lt a do
t an t o en la d es c ri p ci ó n m i n uc i os a d e l ro s tr o
como en la captación de un carácter firme a tra -
v és de un a e x pr e si v id a d s ev e ra y c on c en t ra d a.
La sensación de realismo se transmite asimis -
mo a través de la diferenciación de las calidades
táctiles de los objetos. La profusión de conde -
coraciones en el pecho del militar sirve al pin -
tor para desplegar sus mejores recursos con una
técnica briosa y sintética que apuesta por el va -
lor cromático de la pincelada. Esto se aprecia
también en la alfombra, trabajada únicamente
por medio de manchas cromáticas aplicadas
con trazos decididos que apuestan por un trata -
miento eminentemente pictórico. Por su parte,
el último término recibe un tratamiento más di -
fuminado por medio de un ligero esfumato que
intenta introducir en la escena la impresión de
atmósfera que incremente el realismo, pero que
s in e m ba r g o r es u lt a u n ta n to a rt i fic i al al n o se r
capaz aún de trabajar con una luz más naturalis -
ta. El cuadro es, no obstante, uno de los mejores
ejemplos de retrato oficial en estos años del pin -
tor , fuertemente vinculado al purismo académi -
co aprendido de Madrazo.
DF0041
i saBel ii
1857
Óleo sobre lienzo, 109 x 93,5 cm.
Firmado y fechado: “Copia de Mº. por Dº. Fierros.
1857.” (áng. inf. der .).
Santiago de Compostela, Universidad (n.º inv . 1 15586).
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2010-2012, p. 1 15, 1 16; Rodríguez
Paz, 2012 d, p. 334; Barral, 2012, repr . cub., p. 150
(repr . det.); Rodríguez Paz, 2013 a, p. 1477; Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 12, 61-63, cat. 20 (repr .).
Encar gado por la Universidad de Santiago
para su iconoteca, el cuadro es copia en for-
mato de busto del último prototipo de retrato
isabelino propuesto por Madrazo en 1850, y
que desarrolla en ejemplos como el que reali-
za para la Embajada de España ante la Santa
Sede en el Palazzo di Spagna en Roma 1 . La
1 Federico de Madrazo: Isabel II , 1850. Óleo sobre
lienzo, 223 x 146 cm. Roma, Palazzo di Spagna, Em-
condición de copia se indica en la inscripción
que el artista incluye junto a su firma en el án -
gulo inferior derecho, bordeando el contorno
oval del retrato. Este tipo de adaptaciones re-
bajada de España ante la Santa Sede.
Diego Rodríguez Paz
462
sulta frecuente para dar respuesta a encargos
más modestos que el de un retrato de cuerpo
entero pero respetando las directrices fijadas
por el pintor de cámara en sus modelos ofi -
ciales 2 .
Fierros simplifica el modelo de Madrazo no
sólo en cuanto al formato sino suprimiendo
también los elementos accesorios que lo ubi-
caban en un interior palaciego para sustituirlo
por un fondo neutro de entonación grisácea
semejante al color del vestido de la Reina. Si-
guiendo la moda propia de la década de 1850,
luce un traje de amplio escote que deja los
hombros al descubierto, adornado con gran
riqueza de encajes y sedas superpuestas bajo
las que se vislumbra la banda de Carlos III,
y adornos de perlas a juego con el collar . La
presencia de las joyas nacaradas sobre el cue-
llo acentúa la tonalidad ebúrnea de la piel,
animada en el rostro por leves carnaciones
rosáceas. Los cabellos oscuros se peinan con
raya al medio en bandós ahuecados tapando
las orejas, acentuando el contorno ovalado
del rostro. El tocado se complementa con la
corona real de plata y joyas engarzadas que
sujeta un fino velo de seda cayendo tras la
espalda. Sobre los brazos, a la altura de la
cintura y casi oculto por el borde inferior del
lienzo se adivina una piel de armiño que Fie-
rros introduce como novedad frente al cuadro
de Madrazo, sin duda como un elemento más
que subraye la condición regia de la retratada
que en la obra original vendría dada por otros
elementos accesorios de la estancia.
T ratándose de una copia directa de Madrazo,
la utilización consciente de su estilo se hace
más evidente incluso que en otros retratos de
esta etapa de Fierros. El dibujo cuidado y mi-
nucioso es como siempre la base fundamental
en la definición de la forma, combinado con
un modelado muy volumétrico que compo-
ne con la oposición de zonas de luz y zonas
de sombra, de la misma forma que se apre-
cia en su anterior retrato de busto de Isabel II
(DF0016) pero atenuando aquí la intensidad
2 Otros ejemplos de la época dan prueba de esta prácti-
ca habitual. Leopoldo Sánchez del Bierzo: Isabel II , c.
1855. Óleo sobre lienzo, 84 x 63 cm. Madrid, Museo
Nacional del Prado (P06000).
de las sombras y por lo tanto el efecto tene-
brista que envolvía a la figura en penumbra.
La elección de un foco de luz naturalista, que
como en Madrazo incide desde el ángulo su-
perior izquierdo, sirve al pintor para destacar
los efectos de realismo a través de la diferen-
ciación de las calidades táctiles de los obje-
tos, como se aprecia en los brillos de las per -
las y de la corona, en los reflejos del cabello
o en las transparencias de las veladuras. En
estos elementos el rigor del dibujo da cierto
mar gen de libertad a un tratamiento pictórico
que potencie el valor compositivo de una pin-
celada más ligera y empastada. A diferencia
de la zona del rostro, donde se emplea una
pincelada mucho más amarrada para traducir
la tersura de la piel, los tejidos más vaporosos
del vestido se construyen con rápidos trazos
de color que definen los pliegues geométricos
y consiguen ese efecto de transparencia. El
tratamiento apurado y ligero del pigmento,
que potencia valores cromáticos, no impide
sin embargo que se preste atención a los de-
talles, como se ve en las flores de lis sobre el
pecho, definidas con precisos toques blancos
de pincel.
La aportación de Fierros respecto a la obra de
Madrazo se aprecia también en la caracteriza -
Federico de Madrazo: Isabel II , (detalle)
1850. Óleo sobre lienzo, 223 x 146 cm. Roma,
Palazzo di Spagna, Embajada de España ante
la Santa Sede.
463
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
ción del rostro, que adopta un rictus mucho más
r el a ja d o y a ma b le . E s to lo co n si g ue p o t en c ia n do
recursos aprendidos precisamente de su maes -
tro, como el fruncir la comisura de los labios
para definir una sonrisa o el dotar a las pupilas
d e u n to q ue de pi n ce l ad a b l a nc a p ar a a n i ma r
la viveza de la mirada, y que aquí contribuye a
dulcificar el semblante de la Reina.
DF0042
C arlos V
1857
Óleo sobre lienzo, 90 x 72 cm.
Firmado y fechado: “Fierros 1857.” (áng. inf. der .).
Santiago de Compostela, Universidad
B iBlioGraFía
Ledo, 1999, p. 79; López Vázquez, 1999, p. 370; Ro-
dríguez Paz, 2012 d, p. 334; Rodríguez Paz, 2013, p.
1478; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 12, 64-65, cat. 21
(repr .)
Junto al de Isabel II (DF0041), Fierros recibe
el cometido de realizar otros dos retratos para
la galería de la Universidad de Santiago: los
de Carlos V y Felipe V (DF0043). Sin cono-
cer más detalles del encar go, hemos de valo-
rarlos de manera conjunta, con dimensiones
y formato idénticos, como parte de la amplia-
ción de los fondos pictóricos de la Univer -
sidad, en este caso con los primeros monar-
cas de las casas de Austria y de Borbón. Para
el primero, que aquí comentamos, el pintor
toma como referente el célebre Retrato de
Carlos V con perro de T iziano (1532-33) 1 en
el que se muestra al emperador de cuerpo en-
tero, ataviado con traje de caza y en compañía
de un mastín, obra muy difundida en el XIX
a través de copias litográficas 2 . Fierros copia
el modelo de forma casi literal, aunque ciñén-
dose exclusivamente a un formato de busto
y obviando el resto del cuerpo y elementos
accesorios, como ya había hecho en el caso
de Isabel II. De este modo, se neutraliza el
empaque inherente a los retratos de cuerpo
1 T iziano: El emperador Carlos V con un perr o , 1532-
33. Óleo sobre lienzo, 194 x 1 12,7 cm. Madrid, Museo
Nacional del Prado (P00409).
2 Es el caso de ejemplos como el realizado por Cayeta-
no Palmaroli para la serie editada por el Real Estable-
cimiento Litográfico, y dirigida por José de Madrazo,
bajo el título Colección litográfica de cuadr os del r ey
de España el señor don Fernando VII , Madrid, 1829-
1832. Museo Nacional del Prado (G04885).
entero, confiriéndole un aspecto mucho más
cercano al esquema de retrato bur gués.
Respeta fielmente la iconografía del retrato
original, mostrando al rey en posición frontal
con la cabeza terciada hacia la izquierda, lu-
ciendo espesa barba. V iste una ampulosa pe-
lliza de mangas anchas sobre la coraza, som-
brero plano con pluma en la parte posterior , y
collar con el T oisón de Oro.
El rostro se modela con un patrón de sombras
similar al de la obra de T iziano, oponiendo
una zona en sombra al resto de la faz ilumina-
da. Fierros sin embargo adapta este esquema
al lenguaje purista aprendido en la academia,
potenciando mucho más la oscuridad de las
sombras, aumentado el contraste con una par -
te en luz que no llega a aclararse tanto como
en el cuadro original, y generando así una
impresión tenebrista que dista bastante del
carácter de aquel. A tal efecto contribuye ade-
más el cambio a un foco de luz intenso y frío,
que ilumina la escena con mayor claridad y
confiere al modelado del rostro un efecto la -
mido y académicamente convencional, per-
diendo buena parte del realismo del cuadro
de T iziano. El tratamiento nacarado de las
Diego Rodríguez Paz
464
carnaciones, propio de los cánones de la épo-
ca, genera un efecto dulcificado del semblan -
te que resulta anacrónico, llegando incluso a
“corregir” ciertas imperfecciones del rostro
del monarca que el veneciano sí representaba
-o eludía con menor descaro- como la cur -
vatura del tabique nasal o la abertura de la
boca como consecuencia del marcado adelan-
tamiento de la mandíbula inferior , un rasgo
inherente a la imagen de Carlos V presente en
todos los retratos de su tiempo.
Pero quizá donde encontremos la diferencia
más notable sea en el tratamiento pictórico de
los ropajes. Frente al detallismo minucioso
de T iziano que describe de manera porme-
norizada todos los bordados de las telas, Fie-
rros, sin renunciar a una marcada base lineal
en la definición de las formas, esquematiza
este modelo basándose en la reducción ópti-
ca de una pincelada mucho más ligera y em-
pastada. Esto genera un efecto más apurado
-casi abocetado en algunas zonas como las
mangas- que difiere de la técnica compacta
empleada en el rostro. Esta menor atención
a los detalles es consecuencia de la ilumi-
nación tenebrista que se emplea, aunque no
signifique una disminución de la búsqueda de
realismo. Para ello, Fierros potencia el efecto
de brillos y reflejos constante durante toda su
producción artística, destacando la sensación
de verdad a través de la distinción de materias
y calidades.
Carlos de Habsbur go (Gante, 1500 – Monas-
terio de Y uste, 1558), hijo de Juana I de Cas-
tilla y Felipe el Hermoso, fue Rey de España
como Carlos I y Emperador del Sacro Impe-
rio Romano Germánico como Carlos V . Bajo
su persona se reunieron por primera vez las
Coronas de Castilla y de Aragón, y junto a los
territorios imperiales y las posesiones de Ul-
tramar logró conformar una de las más vastas
potencias conocidas. Durante su reinado la
corona española alcanzó su época de mayor
gloria, a pesar de los continuos conflictos que
el monarca debió enfrentar tanto en política
interior como exterior y entre los que desta-
can las revueltas de los Comuneros y de las
Germanías, la aparición del protestantismo,
las guerras contra Francia y contra el Imperio
otomano o la expansión territorial en Améri-
ca. T ras un reinado de casi cuarenta años, en
1556 abdicó el trono de España en favor de su
hijo Felipe, y el del Sacro Imperio en su her -
mano Fernando, para retirarse al monasterio
de Y uste, donde murió.
T iziano: El emperador Carlos V con un perr o ,
(detalle) 1532-33. Óleo sobre lienzo, 194 x
1 12,7 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado
(P00409).
465
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0043
F elipe V
1857
Óleo sobre lienzo, 90 x 72 cm.
Firmado y fechado: “Fierros 1857.” (áng. inf. der .)
Santiago de Compostela, Universidad (n.º inv .
09/0026)
B iBlioGraFía
T abernero, 1966, p. 105-106; López Vázquez, 1997, p.
279; Ledo, 1999, p. 79; López Vázquez, 1999, p. 370;
Fernández Castiñeiras, 2007, p. 36; Rodríguez Paz,
2012 d, p. 334; Rodríguez Paz, 2013, p. 1478; Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 12, 66-67, cat. 22 (repr .)
El inventario del patrimonio artístico de la
Universidad de Santiago recoge este cuadro
con el título genérico Retrato de un r ey , con
la observación de que pueda tratarse de Fer -
nando VI. Sin embargo, si atendemos a sus
rasgos fisonómicos, se aprecia un mayor pa -
recido con la imagen de Felipe V , de faccio-
nes más marcadas y expresión severa, que
con la de su hijo, de rostro más horondo y
semblante amable.
Se representa de busto, en un lienzo cuadran-
gular que inscribe un óvalo, con idéntico for -
mato que los retratos de Isabel II (DF0041)
y Carlos V (DF0042) con los que habría de
presentarse. Con el cuerpo en tres cuartos
de perfil hacia la derecha, vuelve la cabeza
al frente y dirige la mirada hacia un punto
fuera del cuadro con expresión concentrada.
Luce armadura y el T oisón de Oro sobre el
pecho, elemento áulico por excelencia de la
corona española, además de la banda azul de
la Orden francesa del Saint-Esprit, frecuen-
te en la iconografía de Felipe V . Suponemos
que Fierros tomó como referencia algún re-
trato contemporáneo al monarca, igual que
en el cuadro anterior , aunque desconocemos
cuál. El artista adapta la figura regia al esque -
ma habitual de retrato de busto, con un foco
lumínico exterior que incide desde el ángulo
superior izquierdo, proyectando su sombra
sobre el fondo neutro y modelando el rostro
con una yuxtaposición de zonas iluminadas y
otras en penumbra. Fierros basa la composi-
ción en un firme dibujo, amarrado incluso en
zonas de sombra, con escasas concesiones al
desarrollo pictórico de la pincelada. El resul-
tado es una obra de gran sobriedad, en la que
el mayor interés del pintor reside en la capta-
ción del carácter del personaje, concentrado
en un rostro de expresividad profunda.
Felipe V de Borbón, duque de Anjou, lla-
mado el Animoso (V ersalles, 1683 - Madrid,
1746), fue rey de España desde 1700 hasta su
muerte en 1746. Segundo hijo del gran delfín
Luis de Francia y de María Ana Cristina de
Baviera, su designación como heredero del
trono español por Carlos II detonó la Guerra
de Sucesión Española (1700-1714) y supuso
el comienzo de la dinastía Borbón en España,
además de la pérdida de las posesiones euro-
peas y la conservación de los territorios de
Nápoles y de América. Su reinado de 45 años
fue el más largo de la historia de España, in-
terrumpido tan sólo unos meses en 1724 en
que abdicó en su hijo Luis I, fallecido pre-
maturamente ese mismo año, y se caracteri-
zó por la introducción de sistema político y
administrativo centralizado según el modelo
absolutista francés, y la aplicación de una
serie de reformas económicas y comerciales
destinadas a recuperar el papel destacado de
España en las relaciones con Ultramar .
Diego Rodríguez Paz
472
DF0053
J osé M aría B ernaldo de q uirós y
G onzález C ienFueGos , M arqués de
C aMposaGrado
1858
Óleo sobre lienzo, 126,5 x 96 cm.
Firmado y fechado: “Fierros / 1858” (inciso, en el
sombrero); “Dº. Fierros / 1858” (áng. inf. der .)
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias (nº inv .
227)
p roCedenCia
Familia Bernaldo de Quirós; Madrid, mercado de arte;
adquirido por la Diputación de Asturias hacia 1960.
e xposiCiones
A Coruña, 1973; La Felguera, 1983; Itinerante, 2000;
Oviedo, 2003; La Caridad, 2009-2010
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala II, nº
19; Fernández-Castañón – Marcos V allaure, 1980; V i-
lla Pastur , 1985, p. 127 (repr .); López Vázquez, 1999,
p. 369 (repr ., lám. 370); Dionisio Fierr os 1827-1894.
Íntimo y mundano , 2000, p. 54 (repr .); Crabif fosse
Cuesta – Marcos V allaure, 2003, p. 156, 157 (repr . nº
225) y 158; Barón, 2007 a, p. 20, 21 (repr .), 22; Mar -
cos V allaure, 2009, p. 26-27 (repr .); Aparicio, 2012;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 71-72, cat. 25 (repr .).
Fechado en 1858, con una poco usual doble fir -
m a e n e l á n g u l o i n f e r i o r d e r e c h o , e l r e t r a t o h u b o
de pintarse en Madrid, donde residía entonces
el efigiado, siendo una de las primeras obras
q u e F i e r r o s r ea l i z a t ra s s u r e g r e s o d e Sa n t i a go .
Es obra de notable empeño en la que el artista
d e m u e s t r a l a bu e n a c ap a c i t ac i ó n p a r a e l r e t r a t o
alcanzada durante aquellos años, y los importan -
tes vínculos estilísticos que mantiene con Fede -
rico de Madrazo, cuyo influjo directo se mantie -
n e p r e s e n t e .
R e p r e s e n t a a l mo d e l o d e pi e , d e d o s te r c i o s, u n
poco ladeado hacia la izquierda y dirigiendo la
vista al espectador . Su pose elegante, deudora de
l a t r a d i c i ó n d el r e tr a t o i n g lé s q u e Fi e r r o s c o n o c e ,
nos sitúa en la estela del dandismo que la alta
s o c i e d a d e s p a ñ o l a d e l m o me n t o b u s ca p o t e n c i a r
c o m o s i g n o d e es t a t u s y b u e n g u s t o , a i mi t a c i ón
de otros países de Europa. La propia vestimenta
denuncia además la pertenencia del retratado a
u n a cl a s e s o c i a l a c o m o d a d a : e l g a b á n , e l c ha l e c o
de terciopelo, la chistera o los guantes de cabriti -
lla 1 s o n p r e n d a s q u e d e fi n e n u n a t ue n d o d e g r a n
c a l i d a d , p r o p i o d e u n a c l i e n t e l a a d i n e r a d a .
Fi e r r o s si tú a la fi g u r a en un e n t o r n o na tu ra l qu e
acentúa el carácter romántico de la obra. A su iz -
q u i e r d a , u n t o c ó n d e á r b o l l e s i r v e d e a p o y o a s u
m a n o i z q u i e r d a y a l a c h i s t e r a . T r a s é l , u n f o n d o
no exento de cierta convencionalidad académica
d e s c r i b e u n p a i s a j e c o s t e r o , e n r e f e r e n c i a a l o r i g e n
a s t u r i a n o d e l m o d e l o , c o n u n a c a n t i l a d o c e r r a n d o
el extremo izquierdo y un horizonte muy bajo que
da espacio a un celaje de luz variable y muy estu -
d i a d a q u e d e s t a c a l a c a b e z a d e l r e t r a t a d o .
José María Bernaldo de Quirós y González Ci -
enfuegos (Oviedo, 1840 - Langreo, 191 1) era
1 Barón, 2007, p. 20.
datación en 1858 resulta más probable que fuese
realizado en Santiago de Compostela, antes del
regreso de Fierros a Madrid en octubre de ese
año. Mantiene los mismos recursos formales que
o t r o s r e t r a t o s d e e s t a é p o c a , c o n u n m o d e l a d o
volumétrico que contrapone zonas de sombra a
otras iluminadas, tanto para la contrucción de las
facciones como para destacar la figura sobre el
fondo, en el que se proyecta su sombra. Lo más
interesantes es quizá la mayor potenciación de
los efectos pictóricos de la pincelada, incremen -
t a d o a ú n m á s q u e e n o t r o s r e t r a t o s c o e t á n e o s , y
que aquí se aplica con mayor libertad, algo que
p o s i b l e m e n t e v e n g a j u s t i fi c a d o p o r t r a t a r s e d e u n
modelo infantil y por las dimensiones reducidas
del cuadro.
473
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
hijo de José María Bernaldo de Quirós y Lla -
nes, VII marqués de Camposagrado –también
conocido como Don Pepito Quirós- y de María
Josefa G o n z á l e z de C i en f u e g os y N a v i a O s o r i o .
T ra s l a d ad o a P a r í s j u n to a A le j a n d ro M o n , en
1860 casa con María Cristina de Muñoz y Bor -
bón, I marquesa de Isabela e hija menor de Ma -
ría Cristina de Borbón. Militó en la Unión Libe -
r a l d e O ’ Do n n e l l, s i e nd o D i p u t a d o a C o rt e s p or
los distritos de Oviedo y de Lena en diferentes
ocasiones entre 1869 y 1898. En 1878 fue nom -
brado vicepresidente del Congreso de los Dipu -
t a d o s . P o st e r i o rm e n t e f u e e m b a j a d o r en R u s ia , y
desde 1898 ministro plenipotenciario de España
ante Grecia y T urquía.
DF0055
DF0054
F ranCisCa p azos r iVero de a Guilar y
C aaMaño
c. 1855-1878
Óleo sobre lienzo, 47,5 x 34,5 cm.
A P o b r a d o C a r a m i ñ a l ( A C o r u ñ a ) , c o l e c c i ó n p a r t i c u l a r
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VIII,
nº 19; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 321, cat. 195 (repr .).
La dama se representa de pie, de dos tercios
y ladeada hacia la izquierda. Se sitúa ante
a nt onia d íaz de M ier y G utiérrez de
t erán
c. 1855-1878
Óleo sobre lienzo, 27 x 20 cm.
A P o b r a d o C a r a m i ñ a l ( A C o r u ñ a ) , c o l e c c i ó n p a r t i c u l a r
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VI, nº
7; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 320, cat. 194 (repr .).
Esposa de Joaquín Díaz de Rábago y Díaz de
T erá n, coron el de infan ter ía que ha bía luch ado
contra las tropas francesas en el Batallón Li -
terario Compostelano. Se retrata en un peque -
ño lie nzo , mostr ándose de busto en posic ión
frontal y ante fondo neutro. V iste traje cerrado
de color negro y se cubre con un amplio man -
to que deja ver la cabellera grisácea recogida
y peinada con raya al medio. Dirige su mirada
al esp ect ado r c on exp res ión ri sue ña.
Es obra de gran sobriedad, alejada de la ca-
lidad de otros retratos de mayor empeño que
encontramos en el catálogo de Fierros. Re-
cuerda por su simplicidad y pequeño forma-
to a algunos retratos datados en los primeros
años del pintor .
Diego Rodríguez Paz
474
una balaustrada con cortinaje descorrido que
se abre a un paisaje crepuscular , recurso ha-
bitual en el retrato romántico como fórmula
para acentuar el carácter de la obra y aportar
mayor empaque. La riqueza de la vestimenta
denuncia la posición elevada de la modelo:
vestido negro, sobrio pero elegante, de am-
plio vuelo y ceñido en la cintura. Destaca la
rica ornamentación del cuello y los puños, de
encaje y seda, así como los objetos de joye-
ría que se limitan a sendas pulseras y anillos
y a una cadena dorada sobre el pecho. Los
cabellos oscuros se peinan con raya al medio
y se recogen en un moño del que prende el
velo que cae sobre los hombros. La modelo
lleva su mano derecha a la cintura mientras
la izquierda se dispone a lo lar go del cuerpo
sujetando un pañuelo.
A pesar de su formato reducido, la obra de-
muestra la influencia sobre Fierros de la ten -
dencia de retrato elegante de Madrazo, con un
empleo consciente del lenguaje purista apren-
dido bajo su magisterio. El dibujo cuidado, el
gusto por el detalle en la captación de las ca-
lidades y la intención naturalista en el patrón
lumínico resultan directamente deudores del
estilo de su maestro. Además, la tipología de
retrato de dos tercios, habitual para encargos
de cierto empaque, acompañada del fondo de
paisaje de atarceder tras un cortinaje recogi-
do, remite a la tradición de retrato inglés que
el propio Madrazo conocía y aplicó a varios
encar gos. Véase, en este sentido, la semejan-
za del que aquí comentamos con el retrato de
Sabina Seupham 1 .
La obra ha sido documentada en el catálogo
de la exposición antológica de 1973 como
Retrato de doña Francisca Pazos Rivera de
Aguiar y Caamaño . Creemos que puede tra-
tarse de un error de transcripción y que se re-
fiere en realidad a la familia Rivero de Agui -
lar , que en el XIX era propietaria del Pazo de
Faramello y ostentaba el patronazgo de la ca-
pilla de Alba en la catedral de Santiago.
1 Federico de Madrazo: Sabina Seupham Spalding ,
1846. Óleo sobre lienzo, 203 x 133 cm. Madrid, Mu-
seo Nacional del Prado (P08180).
DF0056
i saBel ii
1859
Óleo sobre lienzo, 200 x 1 15 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1859” (áng. inf. der .)
Borja (Zaragoza), A yuntamiento
e xposiCiones
Borja, 1999, n. 18.
B iBlioGraFía
Gracia, 1994, p. 6 (repr .); Gracia, 1999, s.p. (repr .);
Castro, 2012 a, p. 341, 342 (repr .); Rodríguez Paz,
2013, p. 1472-1473, 1481 (repr .); Rodríguez Paz, 2014
a, p. 184-191 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 15, 73-
74, cat. 26 (repr .).
Pocos meses después de su regreso a Madrid,
Fierros recibe el encargo de un retrato de cuer -
po entero de la reina Isabel II para el A yunta-
miento de Borja (Zaragoza). El cuadro habría
de destinarse a la galería de retratos del Salón
de Reyes de la Casa Consistorial, que alber-
gaba las efigies de los monarcas de la Corona
de Aragón que habían concedido privilegios a
475
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
la ciudad 1 . A través del secretario municipal,
Mariano García Corellano, el A yuntamiento
contacta con Fernando V allarín 2 , que desde
Madrid ejercería de intermediario trasladan-
do las condiciones del encar go al artista en
cuestión:
“ Am i go F e rn a nd o : Se g ún i n di c ac i ón h e c ha p o r
D. Juan Herrando 3 , tienes conocimiento de ha -
bérsele encargado hiciese diligencias para ad -
q ui r ir u n c ua d ro c o n e l r e tr a to d e c ue r po e n te r o
de la Reina, cuyo importe dijo sería de unos
2500 reales; si efectivamente es así, puedes
m an d ar l o h a c er t en i en d o p re s en t e q u e e l l i en z o
para ponerlo en el bastidor que se coloca en el
marco de la sala consistorial debe tener un me -
1 La iconoteca se funda en 1658 con los retratos de
Alfonso I, Pedro III, Alfonso III, Jaime II, Pedro IV ,
Martín I, Alfonso V , Juan II, Fernando II, Carlos I (de
Castilla), Felipe II y Felipe IV . Seguirían luego los de
Carlos II, Felipe V , Fernando VI, Carlos III, Fernando
VII, Isabel II, Alfonso XII y Juan Carlos I, aunque des-
de el retrato de Fernando VI no se tuviese en conside-
ración que el monarca hubiese reconocido a la ciudad
algún privilegio específico. La serie se completa con
un lienzo de Cristo crucificado que preside el salón
como Rey de Reyes. Gracia, 1994, p. 3-7.
2 La vinculación de V allarín con Fierros se rastrea hasta
los últimos días del pintor . En varias de las cartas que
dirige a Antonia durante su última estancia en Madrid
lo menciona entre sus amistades más próximas (ver
anexos 38, 39, 40, 44, 46, 47, 50, 54), y el propio Va -
llarín manifiesta, en su respuesta a García Corellano, la
estrecha relación que mantenía con el artista. Asimis-
mo, se conservan cartas fechadas entre 1894 y 1895,
tras la muerte de Fierros, en las que trata con Antonia
diversos asuntos económicos relacionados con encar-
gos de cuadros en los que él habría mediado. Ejerce-
ría pues alguna labor de marchante o representante de
intereses artísticos, actuando en el encargo de Borja
como enlace entre artista y comitente.
3 Juan Salvador Herrando Sancho (1823-1891), vecino
de Borja, fue uno de los encargados de tramitar el en-
car go del retrato. Dedicado a actividades comerciales,
llegó a hacer fortuna con la construcción de líneas de
ferrocarril en Portugal. De regreso a España se vin-
culó a la política, afiliándose al Partido Liberal. T ras
el triunfo de la revolución de 1868 se presentó a casi
todas las elecciones que se celebraron en la circuns-
cripción de Borja y posteriormente en la de Zarago-
za-Borja, obteniendo Acta de Diputado en las de 1871,
abril de 1872, 1879, 1881 y 1886. Su posición le llevó
a prestar decidido apoyo a numerosas iniciativas im-
pulsadas desde la ciudad de Borja durante esos años.
Gracia, 2005, p. 508-510.
tro 91 centímetros de alto y 1 metro 9 centíme -
t ro s de an c ho , de j an d o ad e má s t e la p ar a p o de r lo
clavar a los costados exteriores del bastidor .
Como hombre de gusto e inteligente […], que -
das autorizado para todo.” 4
Las medidas indicadas habrían de ajustarse a las
dimensiones de los retratos anteriores, a fin de
mantener el sentido unitario del conjunto 5 . La
respuesta de Va l l a r í n o f r e c e i n f o r m a c i ó n m á s
detallada sobre la continuación de las gestiones:
“Amigo Mariano: […] He encargado ensegui -
da el retrato de la reina, porque suponiendo que
lo deseareis para la feria 6 , no había tiempo que
perder .
P er o s í d e b o p r e ve n ir q ue o s e rá r e ga l ad o , o no
c os t ar á me n os d e cu a tr o mi l r ea l es : ha r éi s lo
q ue qu e rá i s.
D. José (sic) Herrando anduvo viendo por ahí
r et r at o s. E nc o nt r ó un o he c ho q ue l e pi d ie r on
t re s m i l r ea l es y r e pr e se n ta a l a r e in a h a ce 10
a ño s . F ui a v er l e y e r a u n m am a rr a ch o .
M ad r az o n o s e l le v a n u n ca me n os d e d ie z o
doce mil reales, y muchísimas veces sucede que
traslada estos encargos a Fernández Fierros 7
(que es a quien yo se lo he cometido) y nunca
se los paga menos de cinco mil reales. Los dos
últimos que hizo fueron para Pamplona y se los
p ag a ro n a se i s m il .
N o p en s éi s en qu e si en Z ar a go z a h ab r á q ui e n lo
h ag a po r t a l o c u a l p r ec i o: pr i me r o s e rá p re c is o
saber si hay pintores en Zaragoza: el que hay te
respondo que no se llevará menos de 4 o 5 mil
rs., y sobre todo de que no le ha criado Dios
p ar a r e tr a to s r e gi o s.
No sé cómo Juan Herrando te indicó que cos -
t ar í a t a l ve z un o s 2 50 0 re a le s ., p or q ue s i bi e n
c on o ce p o co a F i er r os , y a s a be q u e o n o tr a ba j a,
o s e c o br a l o q u e v al e .
Y o no le he hablado nada de precio; pero
como es un verdadero artista y le quiero como
4 Carta de Mariano García Corellano a Fernando V alla-
rín, Borja, 5-8-1859. Borja (Zaragoza), Archivo Histó-
rico Municipal. Anexo 8.
5 Gracia, 1999.
6 Se refiere a la fiesta que se celebra en Borja el 21 de
septiembre y que tiene su origen en una antigua feria
de ganado.
7 Se constata así el uso, menos habitual, de sus dos ape-
llidos paternos manteniendo el orden original.
Diego Rodríguez Paz
476
hermano, te repito que o me regalará el retra-
to, o no podré decorosamente darle menos de
cuatro mil reales.
En cuanto al mérito artístico de la obra ya lo
veréis antes de pagarla. Será una verdadera
joya que bastará por sí sola para hacer notable
esa que ya lo es notable Sala donde os ocu-
páis de la felicidad de los borjanos.” 8
El retrato estaría ya en Borja en el mes de
noviembre, adquirido al precio estimado por
V allarín, tal y como se deduce del acta muni-
cipal del 4 de ese mes:
“T ambién se resolvió que se pague a D. Mi-
guel Ballarín (sic) una cuenta importando
cuatro mil sesenta y ocho reales de vellón por
el coste y porte del cuadro de S. M. la Reina
Dª Isabel segunda para colocarlo en la Sala
Consistorial, con aplicación al capítulo de
imprevistos.” 9
8 Carta de Fernando V allarín a Mariano García Core-
llano, Madrid, 16-8-1859. Borja (Zaragoza), Archivo
Histórico Municipal. Anexo 9.
9 Archivo Histórico Municipal de Borja, Libro de Actas
Municipales, acta de 4-1 1-1859. El subtotal de 4068
reales se desglosa en un aparte de la carta de V allarín a
García Corellano, indicando que 4000 corresponden al
coste del retrato y 68 a los gastos de giro y conducción.
Carta de Fernando V allarín a Mariano García Corella-
no, sin fecha [1859]. Borja (Zaragoza), Archivo Histó-
El envío del cuadro se acompaña de una car-
ta sin fecha en la que V allarín detalla las ins-
trucciones sobre el modo de preparación del
lienzo para su colocación en el bastidor y en
el marco definitivo:
“El lienzo va rollado a un cilindro de madera
metido en una caja estrecha y larga, de modo
que no hará arrugas ni pliegues.
El cilindro va al aire dentro de la caja sujeto a
ella por dos tornillos metidos a rosca por los
testeros de la caja.
Se extenderá o desrollará el lienzo cuidadosa -
m en t e so b re e l ba s ti d or e n qu e d eb a cl a va r se ,
bien nivelado; y sin estirarlo demasiado se cla -
varan primero 4 clavos en los centros de los la -
d os . D e sp u és se ir á n cl a va n do ot r os es t ir a nd o
un poco unas y levantando los puestos anterior -
mente; y así se irá colocando el lienzo sin que
f or m e a r ru g as n i s e r d e si g ua l . E s de c ir q ue e st a
operación no se hace a la primera, sino poco a
poco, clavando nada más que una mitad escasa
de las tachuelas cuanto para que sostengan el
lienzo para que quede estirado sin arrugas.
El lienzo es algo mayor que como encar ga-
ron, porque no contaron con que la reina es
una mocetona que necesita más campo para
su figura que los flacos y estirados retratos de
los antiguos reyes que hay en esa Sala Con-
sistorial. Si sobra, sea mucho o poco, que cor -
ten o doblen de arriba y del lado donde va la
cola del vestido. Pero que no mermen nada de
abajo (puesto que el pie ya casi llega al borde)
ni tampoco del lado de la mesa porque ya está
muy escatimado.
Si el encaje del marco come mucho lienzo,
será bueno que aumenten al bastidor unos
listones. El asunto es que se vea la cantidad
mayor posible del lienzo porque demasiado
mezquino va ya así.” 10
Fierros compone el retrato a partir de la ima-
gen oficial de la reina definida por Madrazo
como pintor de cámara y que otros artistas
deberían seguir . De hecho, su principal refe-
rencia es el último de los prototipos que éste
rico Municipal.
10 Carta de Fernando V allarín a Mariano García Co-
rellano, sin fecha [1859]. Borja (Zaragoza), Archivo
Histórico Municipal.
Federico de Madrazo: Isabel II , 1850. Óleo sobre
lie nzo, 223 x 146 cm. Roma , Pal azzo di Spa gn a,
Embajada de España ante la Santa Sede.
477
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
broche en la blonda del escote, collar de perlas,
p e n d i e n t e s y u n a m a j e s t u o s a t i a r a d e b r i l l a n t e s y
perlas sobre el peinado de bandós, sujetando el
fino velo que cae tras la espalda. Luce además las
bandas de las órdenes de Carlos III y San Fernan -
do. La mano izquierda, enguantada, se dispone
sobre la cintura, mientras la contraria cae a lo lar -
g o d e l c u e r p o d e s c u b i e r t a y s u j e t a n d o e l g u a n t e .
A diferencia de Madrazo, Fierros muestra a
la reina en una visión más frontal, apenas la-
deada, y en un primer término más acusado,
al tiempo que su figura ocupa la práctica to -
talidad del espacio compositivo. Se sitúa en
un interior palaciego definido por una pared
de fondo y una columna en penumbra a la
izquierda junto a un cortinaje recogido, ele-
mentos habituales del retrato de aparato. En
el lado opuesto se aprecia un bufete, vestido
con repostero carmesí que muestra el escudo
real, y sobre el que se dispone un cojín de ter -
ciopelo rojo y borlas de oro en el que descan-
san la corona y el cetro.
Sobre estos elementos que conforman la re-
tórica inamovible del retrato de corte, Fierros
ensaya el rostro de la reina por separado en
un modelli que serviría para adecuar su ima-
gen al aspecto que ofrecería en aquel momen-
to (DF0058). Con rictus serio e inexpresivo,
y sin emplear las recetas de caracterización
habituales en retratos de Madrazo, sigue sin
embar go el principio de decoro o dissimula-
tio asociado a la representación de la imagen
regia, basado en la necesidad de aunar las exi-
gencias de verosimilitud y majestad sin fal-
sear la realidad, pero permitiéndose ciertas li-
cencias en la idealización de la fisonomía. El
purismo romántico derivado de Madrazo se
presenta aquí como el lenguaje más adecuado
a estas demandas, que Fierros emplea no sólo
por la naturaleza del encar go sino también
por su propia formación. Su estilo es aquí se-
mejante al que se aprecia en los retratos de su
etapa compostelana, plenamente deudor de
Madrazo, con un dibujo cuidado como base
de la representación, un modelado sobre con-
trastes de claroscuro y una simplificación de
la pincelada hacia un tratamiento más pictó-
rico que expresa la personal asimilación de
Fierros del estilo de su maestro.
Federico de Madrazo: Isabel II , 1846. Óleo sobre lien-
zo, 148 x 108 cm. Madrid, Museo del Romanticismo
(CE7854).
realiza 11 , a comienzos de la década de 1850,
con ejemplos como el de la Embajada de
España ante la Santa Sede 12 o el del Museo
Nacional de Bellas Artes de La Habana. No
obstante, Fierros define una imagen más sim -
plificada, prescindiendo de ciertos elementos
ambientales como la cariátide y el cuadro,
con lo que la referencia se aproxima a otros
modelos de Madrazo como el del Banco de
España (1849) –hoy en el Museo del Roman-
ticismo de Madrid 13 -, o el del Museo de Be-
llas Artes de Santa Cruz de T enerife.
La soberana se muestra de pie y de cuerpo ente -
ro. V iste el mismo traje de raso azul que en los
r e t r a t o s d e M a d r a z o , c o n f a l d a d e a m p l i o v u e l o
c o n v o l a n t e s d e p l u m a s y c o l a d e s d e l a c i n t u r a ,
y berta con capas de tul bordado que marcan un
gran escote dejando hombros y antebrazos des -
n u d o s . E l c a r á c t e r c o r t e s a n o d e l v e s t i d o s e c o m -
p l e m e n t a c o n l a r i q u e z a d e l a s j o y a s q u e a d o r n a n
s u i m a g e n : b r a z a l e t e , y a n i l l o e n l a m a n o d e r e c h a ,
11 Díez, 1994 b, p. 220.
12 Federico de Madrazo: Isabel II , 1850. Óleo sobre
lienzo, 223 x 146 cm. Roma, Palazzo di Spagna, Em-
bajada de España ante la Santa Sede.
13 Federico de Madrazo: Isabel II , 1846. Óleo sobre
lienzo, 148 x 108 cm. Madrid, Museo del Romanticis-
mo (CE7854).
Diego Rodríguez Paz
478
DF0058
DF0057
i saBel ii
c. 1859
Óleo sobre lienzo, 48,5 x 36,5 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
Itinerante, 1968; A Coruña, 1973; La Felguera, 1978;
Gijón, 1980
B iBlioGraFía
Exposición de óleos… , 1968, s.p., nº 28; V illa Pastur ,
1972 c, p. 45 (repr .); Exposición “Dionisio Fierr os” ,
1973, s.p., sala IX, nº 19; Exposición-homenaje... ,
1980, s.p., nº 16; Rodríguez Paz, 2013 a, p. 1477; Ro-
dríguez Paz, 2014 a, p. 188 (repr .), 191; Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 324-325, cat. 197 (repr .).
Igual que en otro ejemplo anterior datado ha-
cia 1853 (DF0016), el artista ensaya de ma-
nera aislada el rostro de la reina como prepa-
ración para alguno de sus retratos de cuerpo
entero. Su aspecto físico permite relacionarlo
i saBel ii
1859
Óleo sobre lienzo, 172 x 122 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros 1859”
Sevilla, Hospital de la Caridad
B iBlioGraFía
V aldivieso – Serrera, 1980, p. 85; V aldivieso – Illán,
2010; Rodríguez Paz, 2013, p. 1472-1473; Rodríguez
Paz, 2014 a, p. 191; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 75, cat.
27 (repr .)
Fierros repite aquí el esquema de retrato isabeli -
no utilizado en el ejemplo del A yuntamiento de
Borja (DF0056). No obstante, introduce ligeras
modificaciones en los elementos definidores de
la estancia –con mayor presencia del cortinaje al
fondo y ausencia de columna-, en el vestido de la
reina en tonos pastel, y sobre todo en la pose de la
figura, que cambia la situación del brazo izquier -
do sobre la cintura para apoyarla en la mesa, cli -
c h é f r e c u e n t e d e s d e e l R e n a c i m i e n t o e n e l r e t r a t o
cortesano y que ha quedado codificado como re -
con alguno de los que realiza en 1859, para
los que sigue, como es habitual, el referen-
te de retrato oficial presentado por Madrazo.
El modellino que aquí comentamos se plan-
tea como ensayo del rostro en tanto que par -
ferencia a la asunción por parte del gobernante de
l a s t a r e a s d e e s t a d o p r o p i a s d e s u c a r g o .
El cuadro fue un regalo de la propia Isabel II al
ser nombrada Hermana Mayor honoraria de la
H e r m a n d a d d e l a S a n t a C a r i d a d t r a s l a i n t e r v e n -
ción por la que impidió la desamortización de sus
bienes.
479
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
te fundamental del retrato que el artista debe
actualizar y sobre la que recae la mayor car ga
expresiva.
Es un busto corto, enmarcado por una mol -
dura oval, dispuesta la figura ante fondo
neutro, de forma frontal y mirando al es -
pectador . En esta ocasión se presenta con
los atributos que la caracterizan como reina,
de la misma forma que en la obra final: tia -
ra plateada de la que cae un fino velo por
la parte posterior . Se acompaña además de
pendientes y collar de oro.
El artista enfrenta el retrato con franqueza,
desde la cercanía de un estudio preparato-
rio en un formato pensado para abordar los
detalles del rostro. Como en el estudio rea-
lizado años atrás, le aporta una expresividad
afable y sonriente al remarcar la comisura
de los labios y entrecerrar los párpados para
potenciar la profundidad de la mirada, aun-
que sin el arrebato sensualista de aquel. El
aspecto del rostro es más maduro y robusto,
aunque tamizado por cierta dosis de idealis-
mo que lleva al artista a potenciar la retórica
de la disimulatio . El lenguaje formal, por su
parte, es el habitual en esta etapa de Fierros,
fuertemente vinculado al purismo de Madra-
zo, máxime en un encargo de esta naturaleza.
Con todo, el rigor del dibujo se suaviza por la
condición de boceto, con un tratamiento más
pictórico en los elementos de joyería y en las
telas del velo
DF0059
i saBel ii
c. 1859
Óleo sobre lienzo, 51 x 37 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 8, nº 166; Exposición
“Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala IX, nº 24; Castro,
2012 a, p. 344 (repr .); Rodríguez Paz, p. 1477; Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 326, cat. 198 (repr .)
Sigue el mismo esquema que el modellino
anterior , pero en esta ocasión disponiendo
la figura más ladeada hacia la izquierda. La
reina viste idéntico atuendo, dejando ver esta
vez el escote del vestido rojo y una insignia
sobre el pecho, cortada por el borde inferior
del lienzo. El rostro adquiere ahora una ex-
presión más seria y distante, sin la sonrisa del
caso anterior y con la mirada perdida en un
punto lejano, con lo que se ajusta más a lo
que el pintor trasladará a los retratos de cuer -
po entero que realiza en estos años.
Diego Rodríguez Paz
480
DF0060
e l señor e Mp aranza 1
1861
Óleo sobre lienzo, 66 x 55 cm.
Firmado, fechado y dedicado: “A mi am.º Emparanza /
Dº. Fierros / París / 1861.”
Castellón, colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 12, 76, cat. 28 (repr .)
A p e s a r d e q u e e l a p e l l i d o Emparanza que fi -
gura en la dedicatoria no nos aporta informa -
ción suficiente para concretar la identidad del
modelo, es evidente que estamos ante un retra -
to de g ra n v al or den tro de l cat álo go de Fie rro s.
Por un lado, se trata de un documento más que
co nfir ma la pr ese nci a del pi nto r en Pa rís en
18 61, co mo sa bem os, en el que se ría su p rim er
viaje a la capital francesa en compañía de otros
artistas españoles. Así parece corroborarlo la
inscripción bajo la firma, además del sello de
un a cas a d e l ien zos pa ri sin a en el re ver so. Po r
otra parte, el cuadro permite conocer el discu -
rrir de su estilo a comienzos de la década de
1860, una de las épocas más desconocidas de
su producción retratística, de la que apenas se
conocen obras. Así, vemos que aún en estos
años mantiene sin variaciones el estilo purista
ap ren did o de Ma dra zo que ha bía c ara cte riz ado
sus años de formación, su estancia composte -
1 Obra inédita
lana y los primeros años tras su regreso a Ma -
dr id. E l art ist a apo sta ndo por u n tra tam ien to
de tal lad o de las for mas , co n un cui dad o di buj o
como base fundamental de la composición y
un gusto especial por el detalle en la búsqueda
de un efecto naturalista: obsérvese en este sen -
tido la sombra que proyecta la cadena de los
anteojos sobre la mejilla y el cuello de la cami -
sa, o el sombreado de la barba afeitada alrede -
dor de la perilla. Al mismo tiempo, el juego de
mo del ado por op osi ció n de lu ce s y som bra s,
y el tratamiento compacto de la pincelada, nos
siguen remitiendo a una fuerte filiación de Fie -
rros con el estilo de su maestro.
DF0061
C éline M ont aland
c. 1860-1868
Óleo sobre lienzo, 64 x 43 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 10, n. 194 (como Retra-
to de la actriz Sra. Montalán ); Castro, 2014, p. 34-37
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 329-331, cat. 200
(repr .)
Retrato femenino de busto en formato oval.
La dama se representa de perfil, con el cuerpo
481
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
ligeramente girado para mostrar la espalda,
al descubierto por el amplísimo escote de un
elegante vestido negro con tela de encaje. Di-
rige su mirada hacia un punto lejano fuera del
cuadro con expresión ausente. El cabello es
oscuro, peinado con raya al medio y recogi-
do en un elegante tocado que se extiende por
su espalda y dibuja pequeñas ondulaciones
sobre su frente. El atuendo se completa con
un pendiente dorado como único elemento de
joyería, conformando una imagen de discreta
distinción.
La obra es un magnífico ejemplo de la in -
fluencia que Fierros recibió del clasicismo ro -
mántico de la obra de Ingres a través de Ma-
drazo, quien lo había aprendido directamente
del pintor francés. Así se pone de manifiesto
en la pulcritud del dibujo y la limpieza de los
volúmenes, donde el uso del color con una
paleta tonal reducida queda sometido al pro-
tagonismo absoluto de la línea. La deuda in-
gresca se aprecia asimismo en el empleo de
una iluminación fría que destaca el contorno
de la figura sin difuminarlo, diferente a la que
Fierros utilizará posteriormente en su obra
madura. T odo está concebido para destacar la
feminidad de la retratada a través de la esbel-
tez de sus contornos y la tersura de su piel,
de ahí que se conceda tanto protagonismo a
la espalda desnuda como uno de los puntos
de mayor interés de la obra, donde el influjo
de Ingres se aprecia con claridad en cuanto a
la definición de una imagen de refinada sen -
sualidad. Con todo, a pesar de esa idealiza-
ción a la que se somete el estudio de la figura,
pervive cierta voluntad de buscar una imagen
individualizada del rostro aunque sea a través
de la plasmación de rasgos faciales que vayan
en detrimento de esa sublimación, como son
la acentuación de líneas expresivas o arrugas
alrededor de la boca y el mentón. De hecho,
a pesar de la dureza lumínica que mencioná-
bamos, no se renuncia a la consecución de un
efecto de realismo por medio de otros recur-
sos como el empleo de leves sombras en el
modelado del rostro, la potenciación de las
carnaciones para incrementar la viveza, o el
interés por los efectos de brillos y veladuras.
La figura se recorta sobre un fondo de paisaje
en tonos celestes concebido como mero telón
teatral ajeno a la retratada y complementado
en medio término con un adorno floral que
acentúa el carácter decorativo asociado en-
tonces al retrato femenino. En el tratamiento
de estos motivos secundarios se advierte una
tímida liberación de la pincelada respecto al
dibujo, aunque muy sometida aún en otros
elementos de ornato como el pendiente o las
telas, sin que se aproxime a la simplificación
pictórica que la obra posterior de Fierros con-
cederá a estos objetos.
C. Castro 1 ha identificado a la modelo con la
actriz francesa Céline Montaland, en virtud de
una fotografía de la dama que Fierros empleó
como referencia. El artista copia el retrato
fotográfico, originalmente de cuerpo entero,
reduciéndolo a un formato de busto pero res-
petando la pose y el atuendo. Es quizá uno de
los primeros casos en que emplea un modelo
fotográfico para un retrato, recurso que será
habitual en su producción posterior . La foto-
grafía en cuestión, obra de León Crémière,
1 Castro, 2014.
León Crémière, Retrato de la actriz Céline Montaland ,
Carte-de-visite, 10 x 6 cm., cit. por Castro, 2014, p. 35.
Diego Rodríguez Paz
488
DF0067
r etra to de señora Con Fondo osCuro
1865
Óleo sobre lienzo, 75 x 60 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fº. / 1865.” (áng. inf. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala III, nº
14; Dionisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mundano ,
2000, p. 65 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 81, cat.
31 (repr .); Castro, 2017, p. 152, 154 (repr .).
Retrato de mujer joven, en formato de bus-
to, sobre fondo neutro. Dispone el cuerpo en
tres cuartos de perfil, mientras gira la cabeza
hacia el frente, mirando directamente al es-
pectador . V iste un entallado traje negro, con
botonadura sobre el pecho y cuello de encaje
blanco cerrado con broche. Sobre su brazo
derecho asoma un echarpe de color grisáceo.
Peina sus cabellos castaños en dos trenzas
que se recogen detrás de la cabeza, dejando al
descubierto la parte inferior de las orejas, que
lucen pendientes a juego con el broche.
La obra es fiel reflejo de la sobria distinción
asociada al retrato del XIX como signo de
elegancia refinada, que Fierros toma directa -
mente de Madrazo. La composición se sos-
tiene en la firmeza del dibujo, especialmente
en el rostro, bien definido, y punto de mayor
interés del pintor , donde capta la expresivi-
dad contenida inherente a obras de esta natu-
raleza. Iluminado con un foco muy selectivo
desde el ángulo superior izquierdo, el rostro
parece emer ger de la penumbra que rodea a
la figura. Esta luz modela suavemente unas
carnaciones plásticas, tratadas con una pince-
lada de toques cortos, compacta y poco den-
sa. El brillo de los ojos, además de incidir
en la profundidad de la mirada, demuestran la
intención de Fierros de conseguir un resulta-
do naturalista, como se aprecia también en la
diferenciación de calidades táctiles en telas,
cabellos y joyas, elementos estos últimos en
los que el artista se permite cierta libertad de
pincelada sobre la línea.
C. Castro ha querido ver en este cuadro el
retrato de la infanta Antonia de Portugal que
Fierros presenta a la Nacional de 1864, aten-
diendo al parecido con una fotografía de la
aristócrata. Sin embargo, tal atribución ad-
mite ciertas dudas, toda vez que el óleo está
fechado un año después de la exposición, y a
falta de otras fuentes que confirmen esa rela -
ción con mayor rigor .
489
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0068
e l pint or M anuel C astellano
1865
Óleo sobre lienzo, 52 x 43 cm.
Firmado, fechado y dedicado: “A mi amº. Ml. Caste-
llano / Dº. Fierros / 1865” (lat. der .)
Madrid, Museo Nacional del Prado (P4325)
p roCedenCia
Donación de Dolores García del Alcalde al Museo de
Arte Moderno, aceptada el 29-1-1934.
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Madrid, 1997
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala III, nº
12; Casado, 1987, p. 501; Barón, 1997 b, p. 108, 109
(repr . lám. 22); Gállego, 1997, p. 28, 36; Calvo Serra-
ller – Zugaza, 2006, p. 1066; Rodríguez Paz, 2014 c,
p. 82-83, cat. 32 (repr .); Díez – Martínez Plaza – Gu-
tiérrez Márquez, 2015, p. 189 (repr .).
E n u n l i e n z o c u a d r a n g u l a r q u e e n m a r c a u n ó v a l o ,
la figura del modelo se muestra de busto corto ante
un fondo indefinido que se matiza desde los tonos
pardos hasta el negro. Con el cuerpo levemente
g i r a d o h a c i a l a d e r e c h a , s i t ú a s u r o s t r o e n p o s i c i ó n
frontal y dirige la mirada hacia un punto lejano a
l a i z q u i e r d a . R e t r a t a d o a l o s t r e i n t a y n u e v e a ñ o s ,
e l e fi g i a d o e s u n h o m b r e d e r o s t r o o v a l a d o , c o n
grandes ojos marrones y frente despejada por una
incipiente calvicie. Luce bigote y espesísimas pa -
tillas que le confieren un aspecto particular . V iste
chaqueta oscura, chaleco marrón y corbata negra
c o n l u n a r e s p r e n d i d a c o n a l fi l e r d e b r i l l a n t e .
Manuel Rodríguez de la Parra Castellano (1826-
1880) se formó en la Academia de Bellas Artes
de San Fernando y posteriormente fue ayudante
de Carlos Luis de R i b e r a , c o n q u i e n c o l a b o r ó e n
la decoración del techo del salón de sesiones del
Congreso de los Diputados. Su obra, plenamen -
t e r o m á n t i c a , s e c e n t r a e n a s u n t o s c o s t u m b r i s t a s ,
destacando Patio de caballos de la plaza de tor os
de Madrid q u e l e v a l i ó u n a m e n c i ó n h o n o r í fi c a e n
l a E x p o s i c i ó n N a c i o n a l d e B e l l a s A r t e s d e 1 8 5 6 .
Se trata de la única obra en la que Fierros retrata a
o t r o p i n t o r , y q u e p o r l o t a n t o h e m o s d e c a t a l o g a r
dentro de la tipología de “retrato de artista” co -
mún en este momento en la que se refleja la proxi -
midad y el afecto entre ambos personajes. Fierros
y Castellano se conocieron durante su aprendizaje
e n l a A c a d e m i a d e B e l l a s A r t e s d e S a n F e r n a n d o ,
y c o m p a r t i e r o n i n q u i e t u d e s t a n t o d e n t r o c o m o
f u e r a d e s u p r o f e s i ó n . C o n o c i d a e s s u d e d i c a c i ó n
a temas costumbristas típicamente castizos, refle -
jo a su vez de un gran aprecio por las tradiciones
hispanas entre la que destaca su afición a la tauro -
maquia. Ambos pintores compartían además ad -
miración hacia el fotógrafo Charles Clif ford: Cas -
tellano, que destaca como un gran coleccionista
de fotografía en su época, llegó a reunir una mag -
nífica colección de alrededor de 20000 ejempla -
res entre los que destacan los del inglés 1 . Fierros
p o s e í a t a m b i é n u n a n a d a d e s d e ñ a b l e r e c o p i l a c i ó n
de fotografías de Clif ford que ronda las 70 obras 2 .
La amistad que unía a ambos pintores se aprecia
no sólo en el carácter íntimo de la obra sino tam -
b i é n e n l a a c e r t a d a c a p t a c i ó n d e l a e x p r e s i v i d a d
d e l r o s t r o d e l m o d e l o , p a r a l o c u a l F i e r r o s p u d o
haberse servido de alguna de las fotografías que
Castellano se tomó en 1859 3 . Es obra de factura
suelta, en la que la rapidez de ejecución no impi -
de al artista demostrar su gusto por el detalle y el
dibujo cuidado.
1 Actualmente en la Colección Castellano de la Biblio-
teca Nacional de España. Sánchez Cano, 2008.
2 Agradezco a Pablo F . Díaz-Fierros el aporte de esta
información que recoge en su investigación doctoral
actualmente en período de realización bajo el título
“El lenguaje fotográfico de la arquitectura en España
(1852-1862). Charles Clif ford”.
3 José María Sánchez, Manuel Castellano, pintor , Fotogra -
fía, papel a la sal, imagen oval 336 x 251 mm, sobre cartulina
de 370 x 270 mm. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
Diego Rodríguez Paz
490
DF0069
r etra to de daMa
c. 1860-1878
Óleo sobre tabla, 23,5 x 18 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Itinerante, 2000.
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierros”, 1973, s.p., sala V , nº
26; V illa Pastur , 1973 a, p. 96, 131 (repr .); Dionisio
Fierros 1827-1894. Íntimo y mundano, 2000, p. 88
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 343, cat. 209 (repr .).
Pequeño retrato de una dama joven de identi-
dad desconocida. Se muestra de busto ante un
fondo totalmente oscurecido, con el cuerpo
en posición frontal y la cabeza de perfil hacia
la izquierda en un marcado escorzo excepcio-
nal en la retratística de Fierros. Su atuendo se
compone de un vestido negro de pronunciado
escote rectangular rodeado por una especie
de alzacuello blanco de tela más vaporosa, y
completado por un sombrero negro de ala an-
cha ligeramente ladeado para mostrar el rostro
despejado y el cabello recogida en un moño.
Se trata de una vestimenta extraña para una
dama de mediados del XIX, y es que, como
señala V illa Pastur , esta indumentaria evoca
referentes de la pintura holandesa del XVII 1 ,
especialmente de retratos burgueses, por lo
que no podemos descartar que estemos ante
una copia de otra obra de esa época.
Sin ninguna referencia ambiental al entor-
no en el que se incluye, el espacio del lien-
zo viene definido por la propia presencia de
la mujer , iluminada por un foco exterior que
la hace destacar volumétricamente sobre un
fondo en penumbra. La luz, muy selectiva y
suavemente graduada, se orienta hacia el ros-
tro y el cuello de la dama creando un efecto
tenebrista que deja el resto del cuadro sumi-
do en una oscuridad casi total hasta el punto
de no diferenciar a simple vista los contornos
de la figura. De este modo se resalta el papel
predominante del rostro, circundado por el
tono blanquecino del alzacuello que consigue
1 V illa Pastur , 1973 a, p. 96.
distinguirlo cromáticamente sobre el resto de
la composición. Es aquí donde se concentra
la mayor atención del pintor , trabajando los
rasgos de la modelo con un cuidado dibujo y
un tratamiento naturalista de las carnaciones
para subrayar la viveza del semblante. La ter -
sura de la piel, bañada por una luz cálida que
facilita la introducción del efecto atmosférico,
potencia el encanto femenino de una expresi-
vidad concentrada en la mirada. El perfecto
dominio de Fierros para el tratamiento de las
telas y la diferenciación de calidades táctiles
se aprecia en el cuello del vestido, compuesto
con una pincelada muy ligera que crea efec-
tos de veladuras tamizadas por la luz, acen-
tuando además la sensación de misterio e hip-
notismo que envuelve a la figura. Se conserva
un apunte a lápiz como obra preparatoria para
este cuadro (DF0556).
491
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0070
M anuel G ar C ía B arzanallana y G ar -
C ía de F rías , M arqués de B arzanallana
1867
Óleo sobre lienzo, 220 x 127 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1867” (lat. izq., en el
faldón de la mesa)
Madrid, Ministerio de Economía y Hacienda
B iBlioGraFía
Páez Ríos, 1966, p. 469; Buades, 1988, p. 136-137;
Marcos V allaure, 1988, p. 96, 97 (repr .); Sampedro -
Alos Merry V al, 2005, p. 218, 219 (repr .); Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 84-85, cat. 33 (repr .).
Manuel García Barzanallana y García de
Frías nació en Madrid en 1817, hijo del astu-
riano Juan García Barzanallana, considerado
el fundador del régimen aduanero moderno.
T ras licenciarse en Derecho en 1840, funda
un bufete de abogados en Madrid, aunque
muy pronto lo abandona para dedicarse al
periodismo y a la política, su verdadera vo-
cación. Comienza a publicar en diferentes
diarios como La Revista de España, de Indias
y del Extranjer o , El Eco del Comer cio o El
Heraldo , especializándose en temas políti-
cos, económicos y administrativos. En 1844
entra como fiscal en la Secretaría del Minis -
terio de Hacienda, y al año siguiente ocupa el
car go de subdirector tercero de la Dirección
de Aduanas. Adscrito al Partido Moderado,
en 1846 es elegido diputado a Cortes por el
distrito de Cangas de T ineo, y posteriormen-
te por otros distritos hasta 1864. En 1847 es
jefe tercero de negociado de la Sección IV del
Ministerio de Hacienda. Seis años después
es designado director general de Contabili-
dad y director general de Aduanas, cesando
de ambos car gos en 1854. Ese año abandona
temporalmente la política y pasa a dirigir el
periódico El Parlamento , hasta que dos años
más tarde retoma la actividad administrativa
al ser nombrado ministro de Hacienda, car go
que desempeña de manera intermitente en di-
ferentes gobiernos hasta febrero de 1868. En
1864 la reina Isabel II lo nombra senador vi-
talicio y le concede la gran cruz de Carlos III.
T res años después le otorga el título de mar -
qués de Barzanallana, y en 1878 Alfonso XII
lo nombra caballero de la Orden del T oisón
de Oro. Fallece en Madrid en 1892.
Fierros lo retrata durante su último ejercicio
al frente del ministerio de Hacienda, y por
ello lo representa con uniforme de ministro
y luciendo las insignias de las Órdenes de
Isabel la Católica, San Fernando y Carlos III
–esta última, concedida aquel mismo año-, y
las bandas de las dos últimas. T anto la cruz
como la banda de la Orden de Carlos III de-
bieron de ser añadidas con posterioridad por
el propio pintor , al concedérsele un año des-
pués de terminar el cuadro. En cambio, no
porta el collar del T oisón de Oro, que no le
sería otor gado hasta once años más tarde. Se
muestra de cuerpo entero, de pie, en primer
plano y ocupando toda la altura del lienzo,
en una obra que sigue el esquema habitual de
retrato oficial o de aparato al ubicar al per -
sonaje en una estancia palaciega definida por
una pared de fondo con un cortinaje recogi-
do, y situando junto a él una mesa en la que
descansan el bicornio y dos libros –referencia
al carácter ilustrado del modelo y a su deber
de gobernante-, sobre los que éste apoya su
brazo derecho.
La estancia se ilumina desde el exterior con
un foco potente y selectivo que provoca con-
trastes de claroscuro y destaca la figura sobre
el fondo, recortada con un dibujo bien defini -
do y amarrado incluso en zonas de sombra.
Diego Rodríguez Paz
492
DF0071
n iColás F ernández F ierros , p adre del
pint or
1868
Óleo sobre lienzo, 35 x 25 cm.
Firmado: “Fierros” (lat. der .).
“Lo pinté / Año de / 1868 / Edad = 78” (lat. der ., sobre la firma)
Madrid, colección particular
e xposiCiones
Madrid, 1966; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición del Pintor Fierr os , 1966, s.p., nº 20; Ex-
posición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala II, nº 5;
V illa Pastur , 1973 a, p. 99; V illa Pastur , 1994, p. 68;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 86-87, cat. 34 (repr .)
Nicolás Fernández Fierros –cuyos apellidos
tomaría en orden inverso su hijo Dionisio-
pertenecía a una familia de campesinos con
antepasados hidalgos originaria de Ballota,
localidad en la que vino al mundo el 1 de
septiembre de 1790, siendo hijo de Nicolás
Fernández Fierros y María del Carmen Fer -
nández Vívigo. Pocos datos nos han llegado
sobre su biografía, aparte de que combatió
durante la primera guerra carlista en el bando
que apoyaba la causa del infante don Carlos,
circunstancia que le valió el apodo de “El Re-
alista”. Un accidente sufrido durante la con-
tienda le causó lesiones en la mitad derecha
del rostro, un hecho que su hijo quiso disi-
mular en el momento de retratarlo mostrando
únicamente su perfil izquierdo.
Se presenta como un hombre de edad avanza-
da, pelo cano con largas patillas, ojos claros,
y abundantes arrugas en el rostro que eviden-
cian lo que se corrobora en una inscripción a
la derecha que nos facilita su edad exacta –78
años– en el momento de posar para el artista.
La figura se recorta sobre un fondo indefinido
que opone una zona iluminada a otra total-
mente oscurecida para destacar volumétrica-
mente un rostro modelado siguiendo el mis-
mo patrón de sombras aunque tamizadas por
una luz naturalista que destaca cada detalle de
la orografía de la cara por medio de pequeñas
penumbras y unas carnaciones conseguidas
gracias al enriquecimiento de la gama cro-
mática. El tratamiento de los rasgos faciales
incide en esa búsqueda de realismo: ojos y
mejillas hundidos, nariz huesuda, labios finos
y levemente contraídos, etc., todo ello subra-
yado por una expresividad que se concentra
en la mirada para transmitirnos fielmente el
carácter del retratado. La rotundidad del di-
bujo que define los contornos deja mar gen en
algunas zonas como el rostro o el cabello para
una cierta soltura de pincelada.
La luz se vuelve más cálida y naturalista, pro-
ducto de la asimilación de Fierros de la obra
de V elázquez, si bien el patrón de sombras
que modela el rostro aún sigue de cerca las
enseñanzas de Madrazo al concatenar zonas
iluminadas y zonas en sombra. Precisamente
en estos años se produce el progresivo cam-
bio en la obra de Fierros hacia una ilumina-
ción y un modelado más naturalistas, si bien
en encar gos de carácter oficial se mantenga
más fiel a postulados académicos.
Existe una réplica en pequeño formato, hoy en
paradero desconocido, en la que el retratado
no luce aún la banda de la Orden de Carlos III
(DF0880).
493
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0073
DF0072
M aría á l V arez del V alle , Madre del
pint or
c. 1868
Óleo sobre lienzo, 35 x 25,5 cm.
Madrid, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala II, nº
7; V illa Pastur , 1973 a, p. 99; V illa Pastur , 1994, p. 68;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 350-351, cat. 213 (repr .)
María Álvarez del V alle, nacida en 1798,
contrajo matrimonio con Nicolás Fernán-
dez Fierros en abril de 1818, probablemente
en la iglesia de Santa María de Ballota. De
n iColás F ernández F ierros , p adre del
pint or
c. 1868
Óleo sobre lienzo, 74 x 48 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (lat. izq.)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
V illa Pastur , 1973 a, p. 99; V illa Pastur , 1994, p. 68;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 349, cat. 212 (repr .).
En este segundo retrato de su padre, Fierros
escoge un formato mucho más frecuente en
su producción, repetido especialmente en las
obras destinadas a una clientela burguesa: fi -
gura de busto sobre fondo neutro inscrita en
un óvalo y en un lienzo cuadrangular que du-
plica las dimensiones del anterior , con lo cual
el cuadro gana en distinción y empaque pero
pierde el carácter íntimo de la primera ver -
sión (DF0071). La disposición y la imagen
del modelo son idénticas, perfilado hacia la
izquierda y vistiendo traje oscuro con chale-
co, corbata de lazo y camisa blanca con cue-
llo almidonado, pero en este caso se encuadra
casi a la altura de la cintura permitiéndole in-
cluir en la solapa de la chaqueta una insignia
este matrimonio nacerían, además de Dioni-
sio, cinco hijos más: Basilia (1819), Manuel
que supone la única nota de color en un lien-
zo que vuelve a estar dominado por los tonos
tierra, más incluso que en el primer retrato
por el tratamiento uniforme en tonos pardos
que adquiere el fondo. Al verse oscurecido
el último término de forma homogénea, des-
aparece la concatenación de zonas de luz y
sombra entre éste y el modelo, limitando con-
secuentemente la ilusión de profundidad en la
escena. Por lo demás, se repite el tratamiendo
formal del cuadro anterior , con idéntico mo-
delado y estudio del rostro.
Diego Rodríguez Paz
494
DF0074
M aría á l V arez del V alle , Madre del
pint or 1
c. 1868
Óleo sobre lienzo, 66 x 50 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 352, cat. 214 (repr .)
Al igual que en el caso de Nicolás Fernán-
dez Fierros, Fierros presenta el retrato de su
madre en dos versiones casi idénticas. Man-
tiene el mismo esquema de retrato ampliando
las dimensiones del lienzo, de manera que la
obra adquiere mayor empaque. La diferencia
más notable se centra en el tratamiento más
pictórico del fondo y los ropajes, con lar gos
brochazos poco empastados que apenas de-
finen los contornos. Por su parte, el rostro
pierde parte de la fuerza expresiva de la obra
original, con una mirada de menor carácter .
1 Obra inédita
(1821), Rufina (1825), Petra (1833) y Car -
men (1839).
Este lienzo forma pareja con el retrato de Ni -
colás F e rn á nd e z F ie r ro s , p ad r e d el pi n to r
(DF0071), de idénticas dimensiones y similares
c ar a ct e rí s ti c as fo r ma l es . M an t ie n e e l f or m at o
cuadrangular , aunque queriendo definir con el
fondo un marco ovalado para la figura que se
muestra de busto corto terciada hacia la dere -
c ha y vo l vi e nd o la c ab e za a l fr e nt e . El c ar á ct e r
í nt i mo q u e vi e ne d ad o p or e l re d uc i do ta m añ o
del lienzo se acentúa con la posición y la mirada
f ro n ta l qu e es t ab l ec e n u n v ín c ul o má s e st r ec h o
c on el e sp e ct a do r . Se mu e st r a co m o u na mu j er
d e e d ad a va n za d a: e l cu a dr o no e st á fe c ha d o,
p er o si co n si d er a mo s qu e f o rm a pa r ej a c o n
el retrato de su esposo debemos datarlo hacia
1 86 8 , c u an d o l a mo d el o c u mp l ía 7 0 a ñ os . Su
rostro refleja señales del paso del tiempo, con
arrugas junto a la boca, en el mentón y bajo los
o jo s , qu e m ir a n al e sp e ct a do r c on e x pr e si ó n
m el a nc ó li c a. Lo s c ab e ll o s s on on d ul a do s , co n
t on a li d ad e s p la t ea d as q ue ac e nt ú an s u i ma g en
anciana, y se cubren con un pañuelo negro que
cae sobre los hombros confundiéndose con la
n eg r ur a de l fo n do y d e la v es t im e nt a ta n s ól o
aclarada por el cuello grisáceo.
El profundo estudio de la expresión del ros -
tro, concentrada en el perfecto tratamiento de
la mirada y ayudada por el fruncimiento de las
co mis ura s de los la bi os, hac en de est a ob ra un o
de los más logrados retratos de esta etapa del
pintor . La naturalidad y franqueza con que se
nos presenta la modelo resalta la sensación de
re ali smo c on seg uid a gra cia s a una i lu min aci ón
que potencia las carnaciones y perfila con sua -
vidad las líneas del rostro. Un naturalismo que
asimismo se potencia con el uso de una pale -
ta cro mát ica qu e, si bie n s e ciñ e a un es pec tro
tonal muy reducido, se emplea con un trata -
miento gradual que enfatiza el modelado y la
luminosidad del rostro. Los efectos de brillos
y r efl ejo s, t an út ile s en e ste s en tid o, s e a pli can
en las zonas claras como son el cabello y el
cuello, trabajados a su vez con una pincelada
suelta y más empastada.
495
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0075
n iColás F ernández F ierros y M aría
á l V arez del V alle , p adres del pintor
c. 1868
Óleo sobre lienzo, 18,5 x 28 cm.
Madrid, colección particular
Exposiciones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala II, nº
24 (cat. erróneamente como Retratos en óvalo de don
Eugenio Fierr os y señora, tíos del pintor ); V illa Pastur ,
1973 a, p. 99; V illa Pastur , 1994, p. 68; Rodríguez Paz,
2014 c, p. 353, cat. 215 (repr .).
Este peculiar retrato doble, bastante inusual
en la producción del pintor asturiano, mues-
tra a los padres del artista en una tipología
retratística que se hará muy extendida entre
la clase media para la representación de un
matrimonio no sólo en pintura sino también
en fotografía, y que consiste en plasmar la
efigie de busto de los esposos inmersa en sen -
dos óvalos dentro de un lienzo cuadrangular .
Fierros reutiliza para ello los retratos indivi-
duales que había realizado a sus progenito-
res (ver DF0071 y DF0073) copiándolos casi
literalmente, de modo que cada uno recibe
un tratamiento individualizado, con espacios
pictóricos independientes y por tanto no rela-
cionados entre sí.
El reducido tamaño de la obra enfatiza el ca-
rácter privado que de por sí tiene este tipo de
retratos, destinados a un ámbito doméstico y
familiar . A pesar de tratarse de una réplica de
los retratos individuales de mayor tamaño, las
figuras reciben en este caso un tratamiento
más abocetado sin reparar en la plasmación de
los detalles que aportan una sensación realis-
ta al conjunto. Pero al mismo tiempo se quie-
ren resaltar los rasgos físicos de cada indivi-
duo, como los pómulos caídos de la madre, o
más significativamente el mentón saliente del
padre y sobre todo su sonrisa esbozada con
el viejo cliché que resalta la comisura de los
labios y los ojos. Con todo, el resultado dista
mucho de la introspección psicológica conse-
guida en los retratos individuales, lo cual da
como resultado un aspecto casi caricaturesco
que va en detrimento del verismo perseguido.
Diego Rodríguez Paz
496
DF0076
p edro J osé p idal y C arniano , Marqués
de p idal
1868
Óleo sobre lienzo, 73 x 59 cm.
Firmado: “Dionº. Fierros” (lat. izq.).
Madrid, Ateneo (Cod. inv . AM/00138-A)
i nsCripCiones
“Copia de Madrazo” (lat. izq., sobre la firma).
“EXCMO. SR. D. PEDRO JOSE PIDAL MARQUES
DE PIDAL / POR D. DIONISIO FIERROS (COPIA)”
(en rojo, áng. sup. der ., probablemente sea una inscrip-
ción posterior).
B iBlioGraFía
Ateneo científico de Madrid , 1875, p. 671; Castro y
Serrano, 1884, p. 78; Fierros, 1894 a, s.p.; V illa Pastur ,
1973 a, p. 94; V illa Pastur , 1994, p. 66; Pérez Sánchez,
2003, p. 158; Coronas, 2013, p. 712, nota 12; Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 354-355, cat. 216 (repr .)
Pedro José Pidal y Carniado (V illaviciosa,
Asturias, 1799 – Madrid, 1865) fue político,
historiador y crítico literario. Desde joven
destacó por sus ideas liberales, formando
parte del grupo literario vinculado a la Uni-
versidad de Oviedo que apoyó el levanta-
miento constitucionalista de Riego. En Ma-
drid comienza su carrera política, aunque no
será hasta después de la muerte de Fernando
VII cuando ocupe un car go administrativo,
primero como magistrado de la Audiencia
de Pamplona (1837) y más tarde como fiscal
del T ribunal de Cuentas del Reino. Durante
los años sucesivos su ideología tornará hacia
propuestas más conservadoras, pasando así a
militar en el Partido Moderado. Destacan en
su carrera sus compromisos parlamentarios:
diputado a Cortes por Asturias en 1838, llega-
ría a ser Presidente del Congreso y Ministro
de la Gobernación durante los mandatos de
Narváez e Istúriz, car go desde el cual impulsó
en 1845 el denominado Plan Pidal de educa-
ción, además de promover la modernización
de la red de carreteras del Estado y favore-
cer las relaciones con la Iglesia en virtud del
Concordato de 1851.
En su labor intelectual presidió las acade-
mias de Legislación y Jurisprudencia, de la
Historia, y de Bellas Artes de San Fernando,
además del Ateneo de Madrid entre 1844 y
1845. Esta institución, tras su muerte, encar -
gó a Fierros la realización de un retrato des-
tinado a su pinacoteca. Al no poder contar
con la presencia del modelo, el artista tomó
como referente un retrato anterior pintado por
Federico de Madrazo en 1850 1 , y que sería
copiado también por Dióscoro T eófilo Puebla
en 1877 2 .
La primera diferencia que advertimos respec-
to al retrato original atañe al formato: mien-
tras Madrazo lo representa de cuerpo entero,
Fierros se ciñe a la modalidad de busto, mu-
cho más habitual en su producción. La obra
adquiere así un carácter más íntimo y cerca-
no, inherente a sus dimensiones, prescindien-
do además de los elementos accesorios que
componían el cuadro original para limitarse
aquí a la representación de la figura ante un
fondo neutro, iluminada por un único foco
exterior que penetra desde el ángulo superior
izquierdo. De este modo, la ilusión de tridi-
mensionalidad ha de conseguirse únicamente
a través del modelado lumínico y del escorzo,
al no contar ahora con otros elementos que
contribuyan a la creación de espacio. Fierros
1 Federico de Madrazo: Pedr o José Pidal y Carniado,
mar qués de Pidal , 1850. Óleo sobre lienzo, 1 16 x 90
cm. Madrid, colección particular .
2 Dióscoro T eófilo Puebla: Pedr o José Pidal y Carnia-
do, mar qués de Pidal , 1877. Óleo sobre lienzo. Ma-
drid, Congreso de los Diputados.
497
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
respeta el patrón de sombras empleado por su
maestro, aunque con una luz más dirigida, cá-
lida y propia de interior que denota el cambio
experimimentado por ambos artistas en cuan-
to al estudio de la luz en los casi veinte años
que separan ambas obras. Por lo demás, Fie-
rros copia literalmente el modelo, con idénti-
ca pose en tres cuartos y el rostro casi frontal,
mirando al espectador . V iste traje y chaleco
negros con camisa blanca y corbata de lazo
del mismo color , y luce la banda y la insignia
de la Orden de Carlos III que en este caso,
como novedad frente al retrato de Madrazo,
se complementan con el T oisón de Oro sobre
el pecho.
Fierros acierta a reproducir la fisonomía y
el carácter de Pidal ya captados por Madra-
zo. Con todo, el componente expresivo de la
obra se reduce aquí exclusivamente al rostro,
al prescindir de la ayuda que aportan otros
detalles de la pose en el retrato de cuerpo en-
tero como la colocación de las manos sobre
el sillón.
La obra está firmada en 1868, año en que el
Ateneo, en junta general extraordinaria de
31 de diciembre, decidió encargar a diferen-
tes artistas la tarea de retratar a varios socios
ilustres y presidentes de la institución 3 .
3 “En Junta general extraordinaria de 31 de Diciembre
de 1868, con objeto de dedicar un recuerdo a la memo-
ria de las distinguidas personas que presidieron esta
Sociedad, se acordó formar dos galerías de retratos,
una de los Presidentes que hayan sido o lo sean en lo
sucesivo, y otras de socios ilustres. Entre unos y otros
se encuentran los de los señores Duque de Bailén y de
Rivas, Olózaga, Martínez de la Rosa, Marqueses de
Pidal, Molins y V aldegamas, Pacheco, Alcalá Galiano,
Posada Herrera, Figuerola, Cánovas del Castillo, Me-
sonero Romanos, Méndez Nuñez, Gallardo, Castelar ,
Pastor Díaz, Catalina, Zarco del V alle, Ríos y Rosas,
Lista, Bretón de los Herreros, Hartzenbusch, Mo-
ret, Sanz del Rio, D. Juan Nicasio Gallego, Moyano,
Campoamor , y Rosales. Encomendados a los artistas
Puebla, Araujo, Benzo, Mendoza, Maureta, Fierros,
Mélida, Hernández, Esquivel, Suarez Llanos, V allejo,
Casado, Algarra, Balaca, Rosales, V aldivieso, Carre-
ño, Palmaroli, Madrazo, Espalter , Sanz, y Marquesi.”
Ateneo científico de Madrid , 1875, p. 674.
Dióscoro T eófilo Puebla: Pedr o José Pidal y Carnia-
do, mar qués de Pidal , 1877. Óleo sobre lienzo. Ma-
drid, Congreso de los Diputados.
Diego Rodríguez Paz
504
DF0085
e l señor C ast añón 1
1870
Óleo sobre lienzo, 74 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1870.” (lat. der ., ras-
cado sobre la pintura)
Luarca (V aldés, Asturias), colección particular
i nsCripCiones
“Copia de fotografía” (lat. der ., sobre la firma, rascado
sobre la pintura).
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 97, cat. 41 (repr .)
Se trata de uno de los primeros retratos que
Fierros pinta en Luarca a comienzos de la dé-
cada de 1870. Del modelo sólo conocemos
su apellido, además de que ejerció como pe-
riodista y que falleció en Cuba en fecha des-
conocida. Se representa de busto, ante fondo
neutro, en posición frontal y con la cabeza de
medio perfil, mirando hacia un punto fuera
del cuadro. Es un hombre de mediana edad,
de tez clara, con los ojos oscuros y el pelo
castaño. Luce espeso bigote y una pequeña
perilla bajo el labio inferior . La vestimenta se
compone de chaqueta marrón, camisa blanca
y pajarita negra.
Fierros sigue el estilo de retrato romántico
habitual, con un dibujo de contorno bien de-
finido en todos los elementos, al que se so -
mete un colorido sobrio que gira en torno a
la gama de los pardos. Siguiendo a Madrazo,
1 Obra inédita
aplica una pincelada compacta y de trazo fino
para la descripción minuciosa del rostro, mo-
delado con un sombreado de tipo fotográfico,
como ya se indica en la inscripción sobre la
firma. Este tipo de pincelada detallada con -
trasta con el tratamiento de la chaqueta, en la
que los grandes planos, a pesar de continuar
amarrándose a la línea de contorno, se traba-
jan de manera mucho más abocetada y esque-
mática, con amplios brochazos en los que se
deja notar el surco del pincel sobre el lienzo
y que anuncian un tipo de ejecución que será
más propia de la última etapa del pintor . Algo
similar ocurre en el fondo, donde el tono neu-
tro se ve modificado por efecto de la luz y de
una pincelada ligera, creando un efecto en-
volvente en torno a la figura.
505
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0087
s erapio G onzález - s ant a M aría y
G onzález 1
1870
Óleo sobre lienzo, 73 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1870” (lat. izq.)
Luarca (V aldés, Asturias), colección particular
i nsCripCiones
“Copia de fotografía.” (lat. izq.)
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 99, cat. 43 (repr .)
Sigue el mismo esquema que el retrato de
su hermano Esteban (DF0086), con idéntica
1 Obra inédita
DF0086
e steBan G onzález -s ant aMaría y
G onzález 1
1870
Óleo sobre lienzo, 73,5 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1870” (lat. izq.)
Luarca (V aldés, Asturias), colección particular
i nsCripCiones
“Copia de fotografía.” (lat. izq., sobre la firma)
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 98, cat. 42 (repr .)
Retrato masculino en lienzo cuadrangular que
en mar ca un óv alo , qu eda ndo las esq uin as en
pr epa rac ión . El mod elo se mu est ra de bus to,
ante fondo oscuro y terciado hacia la izquier -
da. Es un hombre de mediana edad, que pre -
senta facciones marcadas, espesa barba y ca -
be llo s cas tañ os pe in ado s con ray a a un la do .
Vi s t e c h a q u e t a n e g r a a b r o c h a d a s ó l o e n l a p a r -
te su per ior , dej and o ve r así el ch ale co bla nco
co n leo nti na, a de más d e la c ami sa y la pa jar ita .
Se trata de uno de los primeros retratos que
Fi err os pi nta en Lua rca , a lo s qu e se gui ría n
muchos más durante la década de 1870. El
caballero pertenece a la familia de los Gon -
zá lez -Sa nta mar ina que Fie rro s re tra tar ía en
diversos cuadros. Es hijo de Ramón González
Santamarina y Josefa Go nzá lez , m at rim oni o
1 Obra inédita
que tuvo cinco hijos, cuatro de ellos retratados
po r e l p int or .
Como se indica en una inscripción sobre la
firma, la obra es “copia de fotografía”, pro -
ce dim ien to ha bi tua l a pa rt ir de es te mo me nto
en tre los re tra tis tas y que Fie rro s em pl ear á en
mú lti ple s oca sio nes al pe rmi tir a l art ist a ma yo r
libertad de trabajo sin requerir la presencia del
modelo durante la ejecución del retrato. El em -
pl eo de un ref ere nte fot ogr áfic o se apr eci a en
el modelado suavizado del rostro que imita el
so mbr ead o p ro pio de l a fo to gra fía , y tam bié n
en la falta de expresividad del rostro, distante
y car ent e d e v ida .
Diego Rodríguez Paz
506
DF0088
B ernarda G onzález -s ant aMaría y
G onzález 1
1870
Óleo sobre lienzo, 73 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1870” (lat. izq.)
Luarca (V aldés, Asturias), colección particular
i nsCripCiones
“Copia de daguerrotipo.” (lat. izq.)
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 100, cat. 44 (repr .)
Sigue el mismo esquema que los retratos de
sus hermanos (DF0086, DF0087 y DF0089),
presentando a la modelo de busto, ante fon-
do oscuro, un poco ladeada hacia la izquierda
y mirando al frente. Es una mujer joven, de
rostro redondeado enmarcado por cabellos
oscuros y ondulados que se peinan con raya
al medio y se recogen en un moño dejando al
descubierto la mitad inferior de las orejas con
pendientes dorados. V iste un traje negro, en-
tallado en la cintura y con botonadura sobre
1 Obra inédita
el pecho, que se cierra con cuello de encaje
blanco y un broche. El sentido realista del re-
trato se hace patente en la representación de
los detalles del rostro como los lunares en la
mejilla derecha.
Como se indica en una inscripción sobre la
firma, el pintor empleó un daguerrotipo como
modelo para la realización del cuadro, de for -
ma análoga a los retratos de sus hermanos.
di spo sic ión de la fig ura . E l es tr ec h o pa re c i do
físico entre los hermanos acentúa aún más las
semejanzas de ambos cuadros. La indumenta -
ria también es similar , compuesta por chaqueta
negra sin abotonar , chaleco de color gris par -
d uz co , c o n le on t in a, c a m is a bl a nc a y p a ja ri ta .
A p e s a r d e e m p l e a r t a m b i é n a q u í u n a f o t o g r a f í a
como modelo, el artista capta mejor la viveza
del rostro, centrada en una mirada profunda que
s e d ir ig e di re c ta me nt e al es p ec ta do r , y co n u n
t ra ta mi e n to m ás na tu ra l i st a de la s ca r n ac io ne s .
507
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0089
J ust a G onzález - s ant a M aría y
G onzález
c. 1870
Óleo sobre lienzo, 74,5 x 60,5 cm.
Firmado: “Dionº. Fierros” (lat. der .)
Luarca (V aldés, Asturias), colección particular
e xposiCiones
Itinerante, 1994-1995
B iBlioGraFía
XXV Certamen Nacional de Pintura de Luar ca... ,
1994-1995, s.p., nº 34; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 356,
cat. 217 (repr .)
Retrato de dama en lienzo cuadrangular que en -
m a r c a u n ó v a l o . L a fi g u r a s e d i s p o n e d e b u s t o ,
un poco terciada hacia la derecha, mirando al es -
pectador y ante un fondo oscurecido en el que se
confunde el negro del vestido. Recoge su cabe -
l l e r a m a r r ó n e n u n m o ñ o , c u b i e r t a p o r u n t o c a d o
d e l a n a a z u l e n l a p a r t e p o s t e r i o r d e l a c a b e z a .
Por afinidad con los retratos de sus hermanos
(DF0086, DF0087 y DF0088), hemos de datar la
obra en torno a 1870. Sin embar go, a diferencia
de aquéllos, en este caso no se emplea una fo -
tografía o daguerrotipo como modelo, sino que
parece más probable que la dama posara direc -
t a m e n t e p a r a e l p i n t o r . A s í s e d e d u c e d e l m a y o r
e f e c t o d e r e a l i s m o d e l r e t r a t o , d e l a i l u m i n a c i ó n
naturalista, o de la mejor captación de la expre -
s i v i d a d d e l r o s t r o . E l f o c o d e l u z m u y d i r i g i d o y
c l a r o s c u r i s t a , o l a p i n c e l a d a m u y a m a r r a d a , s o n
recursos que nos remiten a esta etapa de la pro -
ducción de Fierros.
DF0090
a nt onio G onzález 1
1870
Óleo sobre lienzo, 73 x 59 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1870.” (lat. der .)
A vilés (Asturias), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 101, cat. 44 (repr .)
V inculado profesionalmente a la banca T re-
lles de Luarca, Antonio González fue retra-
tado por Fierros durante una de las estancias
del pintor en esta localidad asturiana. Sigue el
habitual esquema de retrato de busto en óva-
lo, con la figura en posición frontal, ante fon -
do neutro. Es un hombre de mediana edad, de
cabellos grisáceos y ondulados que se peinan
con raya a un lado. Luce barba castaña en la
parte inferior de la mandíbula, confundiéndo-
se con el tono oscuro de la ropa y el fondo.
V iste gabán y chaqueta negros, camisa blan-
1 Obra inédita
ca y corbata de lazo semioculta bajo el cue-
llo. Dirige al espectador una mirada franca y
risueña que da a su rostro una expresividad
afable y permite al pintor ahondar en la psi-
cología del retratado con un resultado de gran
naturalidad.
Diego Rodríguez Paz
508
DF0092
DF0091
a nt onio s uárez C oronas 1
1871
Óleo sobre lienzo, 72 x 58 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1871.” (lat. der .)
V aldés (Asturias), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 102, cat. 46 (repr .)
Antonio Suárez Coronas, nacido en Luarca,
emigró a Cuba y a la República Dominicana,
donde hizo fortuna como relojero. De regre-
so a Luarca, se instaló junto a su mujer Car -
men Cernuda –también retratada por Fierros
(DF0093)- en el Palacio de T aborcías y llegó
a ser alcalde del concejo de V aldés. Su retrato
nos muestra la imagen de un hombre de me-
diana edad, con espesa barba y cabellos cas-
taños, rostro huesudo y ojos marrones de ex-
presión serena. V iste traje de chaqueta negro,
con chaleco, camisa blanca y pajarita bajo el
cuello. Se sitúa en posición frontal, ante fon-
1 Obra inédita
a ut orretra to
c. 1865-1872
Óleo sobre lienzo, 23 x 15,5 cm.
Madrid, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala X, nº
8; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 334, cat. 202 (repr .)
Se tra ta de un au to rre tra to de di men sio nes muy
reducidas, en un formato próximo al de la mi -
ni atu ra, pr ese nte en ot ros re tra tos de l c at álo go
de Fierros. Se enmarca en un óvalo y muestra
la figura de busto, ante fondo neutro, en posi -
ción frontal y mirando al espectador . El artista
viste aquí chaqueta y chaleco negros, camisa
blanca y corbata de lazo en color morado y ne -
gr o. Ll eva un a le ont ina pr end ida en e l cha lec o
y cubre la cabeza con un bombín.
Su aspecto físico, caracterizado por un bigote
de gu ía s afil ada s y una es pe sa ba rba no muy
do neutro, con la mirada fija en el espectador ,
repitiendo así el esquema habitual de retrato
bur gués propio del autor .
Formalmente ejemplifica la madurez técnica
alcanzada por Fierros en estos años, basada en
la combinación del academicismo de Madra-
lar ga y apenas sin partir al medio, guarda cier -
ta relación con los autorretratos fechados a co -
mi enz os de la déc ada d e 186 0 (ve r DF 006 2,
DF0066), si bien su rostro es más maduro que
en aquellos. No obstante, parece anterior al
ejemplo del Museo de Bellas Artes de Astu -
rias, datado hacia 1872-73 (DF01 10).
509
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
zo con la asimilación de la obra de V elázquez,
especialmente patente en el empleo de una
iluminación naturalista y cálida que permite,
por una parte, una mayor aproximación a la
realidad del tono local y , por otra, la introduc-
ción del efecto de atmósfera que potencie una
captación verista del retrato. La combinación
de las enseñanzas de Madrazo y V elázquez se
aprecia de forma notable en el modelado, que
deja en penumbra un lateral del rostro como
es habitual en el primero, pero al mismo tiem-
po introduce otras pequeñas sombras en la
zona iluminada, en función de los rasgos del
personaje, con lo que se consigue un efecto
de mayor realismo que, en definitiva, denun -
cia una observación directa del natural.
DF0093
C arMen C ernuda 1
1871
Óleo sobre lienzo, 72 x 57 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1871.” (lat. der .)
V aldés (Asturias), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 103, cat. 47 (repr .)
La obra forma pareja con el retrato de su
esposo Antonio Suárez Coronas (DF0092),
manteniendo idénticas dimensiones y esque-
ma formal. Muestra a una mujer joven, ata-
viada con un rico vestido negro de volantes,
con botonadura sobre el pecho y un gran lazo
bajo el cuello de encaje blanco. Como ele-
mentos de joyería, destacan el gran colgante
dorado con un rubí engarzado y los pendien-
tes a juego. Su larga cabellera castaña se re-
coge en un elegante tocado que deja el rostro
al descubierto, con tirabuzones que caen so-
bre los hombros.
Es una obra de calidad, en la que se aprecia la
combinación del estilo académico romántico
heredado de Madrazo con la asimilación de
la obra de V elázquez, propia de la etapa de
madurez de Fierros. La elegancia y el distan-
ciamiento propios de la retratística burguesa,
unidos al cuidado dibujo que define la figura,
1 Obra inédita
se combinan con el empleo de una ilumina-
ción naturalista y cálida que acentúa el rea-
lismo de la imagen. Además, esta luz implica
una modificación de la paleta cromática, más
tendente en estos años al protagonismo de los
tonos tierra. Por último, la aprehensión de un
mayor naturalismo lumínico permite a Fie-
rros introducir en el lienzo un efecto atmos-
férico que, unido a la perfecta captación de la
expresividad de la modelo, consigue un resul-
tado de gran realismo, al nivel de los mejores
retratos de esta etapa del pintor .
Diego Rodríguez Paz
510
DF0094
C arlot a t orronteGui o la V arriet a 1
1871
Óleo sobre lienzo, 73 x 59 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1871.” (lat. der .)
V alladolid, colección particular
p roCedenCia
Comprado por su actual propietario a los herederos de
la retratada.
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 104-105, cat. 48 (repr .)
Hija de Juana Olavarrieta (DF0099) y her -
mana de Manuel y Concepción T orrontegui
Olavarrieta (ver DF0100 y DF01 13), todos
ellos retratados por Fierros, la dama habría
sido retratada durante una de las estancias del
pintor en Ribadeo, al igual que el resto de su
familia. Es, por su fecha, quizá el primer re-
trato que el artista pinta en esa localidad. La
representa como una mujer joven, de rostro
alar gado, ojos oscuros, labios finos y lar ga
cabellera ondulada que cae sobre los hom-
bros. V iste un elegante traje negro entallado
en la cintura, con volantes sobre el pecho y
los hombros, y cuello de encaje blanco ce-
rrado con broche. Se adorna con una cadena
dorada que se prende en el vestido. El pei-
nado deja al descubierto las orejas, luciendo
sencillos pendientes. Se dispone ligeramente
terciada hacia la derecha, pero con la mirada
dirigida al frente.
La obra muestra las características habituales
del retrato de Fierros durante estos años, con
un estilo muy sobrio, tal como demandaba el
1 Obra inédita
gusto bur gués del momento. La importancia
concedida a la base lineal de la composición
y el gusto por una paleta cromática reducida
a tonos negros y pardos son características
que definen sus retratos de esta época. Esta
sobriedad se lleva también a la expresión de
un rostro serio y distante, aunque con profun-
didad en la captación de la mirada.
El fondo neutro se ve animado por efecto de
la luz, que crea variaciones tonales contribu-
yendo a destacar la tridimensionalidad de la
figura, además de incluir en el cuadro la sen -
sación de atmósfera. En este recurso se ve la
fuerte influencia de V elázquez sobre la retra-
tística europea del XIX, que en el caso de Fie-
rros se pone de manifiesto durante su segunda
etapa y de manera especial en los retratos de
la década de 1870.
El modelado del rostro, con un sombreado
suave, nos lleva a pensar en que el pintor em-
pleara una fotografía como referencia.
51 1
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0095
B ust o de d aMa
1871
Óleo sobre lienzo, 47 x 36 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1871.” (áng. sup. der .)
Colección de Arte Afundación (nº inv . 765)
p roCedenCia
Colección Caixavigo, Colección Caixa Ourense y Co-
lección Caixa Pontevedra; Colección Caixanova; Co-
lección Novacaixagalicia
e xposiCiones
V igo, 1996; A Coruña, 1997; Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Ilarri Jimeno – Pablos – Ilarri Junquera, 1993-1995,
p. 37 (repr .); Pablos, 1996, nº 5; Pablos, 1997, nº 4;
López Vázquez, 1999, p. 375; Dionisio Fierr os 1827-
1894. Íntimo y mundano , 2000, p. 68 (repr .); López
Vázquez, 2000, p. 25-26; V alle Pérez et al., 2005, p. 15
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 106, cat. 49 (repr .)
La obra muestra un busto femenino de perfil
recortado sobre un fondo neutro de color par-
duzco. Es una mujer de mediana edad y aspec-
to robusto, que dirige su mirada a un punto le-
jano con expresión aséptica. Luce un curioso
peinado que recoge su larga melena castaña
en trenzas y tirabuzones sobre la espalda al
tiempo que se adorna con un tocado de moti-
vos marinos en el que destaca una venera en
la parte frontal. Se adorna con pendiente de
oro y esmeraldas a juego con el broche que
acompaña al collar de cuentas. Por su parte,
el ropaje que luce sobre los hombros está ape-
nas insinuado por lar gos brochazos blancos y
ocres que sugieren suaves veladuras.
Se trata de una obra que difiere en su plan -
teamiento del esquema habitual de retrato
empleado por Fierros. T anto el estilo marca-
damente académico como la particular ico-
nografía establecen notables diferencias que
López Vázquez ha relacionado con una posi-
ble interpretación en clave alegórica en la es-
tela de la pintura francesa que el pintor pudo
conocer de primera mano durante sus viajes
a París en la década de 1860. Estaríamos por
lo tanto, si no ante una figura alegórica, sí al
menos ante un retrato planteado bajo un pre-
texto alegórico mitológico según el cual la
presencia de la venera estaría aludiendo a la
diosa V enus .
Diego Rodríguez Paz
512
DF0096
a Madeo i
1872
Óleo sobre lienzo, 77 x 59 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1872.” (lat. der .)
A Coruña, Museo de Belas Artes (nº inv . 3654)
p roCedenCia
Donación de la Fundación Barrié el 14-2-1981.
B iBlioGraFía
Castro, 2012 a, p. 345, 346 (repr .); Rodríguez Paz,
2013, p. 1477; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 14, 109-1 10,
cat. 52 (repr .)
Am ade o Fer nan do M ar ía de Sa boy a, pr ime r
du que de A ost a, na ció en T urí n el 30 d e ma yo
de 1845, siendo el segundo hijo del rey de Ita -
lia V ittorio Emmanuele II y de María Adelaida
de Austria. El 16 de noviembre de 1870 el par -
lamento del gobierno provisional de España
formado tras la revolución de 1868 que había
derrocado a Is ab el II , enc ar ga do de el egi r un
mo nar ca pa ra el re ino , p roc lam a a Ama deo re y
de España por cumplirse en él las condicio -
ne s q ue la s co rt es re que ría n. Des de el ini cio
de su r ein ado , la si tu aci ón d el p aís se p res ent ó
ad ver sa, a pes ar de su vo lu nta d de re co ndu cir
un est ado su mid o en con tin uos co nfli cto s. Su
presencia contó con la animadversión de toda
la oposición, decidida a terminar con su man -
dato desde el mismo día de su llegada, además
del rechazo de la aristocracia, la iglesia, y el
pueblo. La inestabilidad política y la convulsa
si tua ció n int ern a del p aís , qu e lej os de m ejo rar
no hacía sino acrecentarse, determinaron la de -
ci sió n de Ama deo I de a bdi car el 1 1 de f ebr ero
de 1873. Ese mismo día fue proclamada en Es -
pa ña la I R epú bli ca.
Tr a s s u r e n u n c i a a l t r o n o , A m a d e o d e S a b o y a
regresó a Italia. Después de la muerte de su es -
posa María V ictoria dal Po zzo , c on qu ie n t uvo
tres hijos, se casó en 1888 con María Letizia
Bonaparte, con quien tuvo un hijo más. Falle -
ció en T urín el 18 de enero de 1890.
Fi err os, qu e per man eci ó bas tan te t ie mpo en
Ma dri d dur ant e el ef ím ero re in ado de Am ade o,
pi ntó al men os do s re tr ato s de l mo nar ca: uno
es el que aquí comentamos; el otro está actual -
me nte en p ara der o d es con oci do ( DF0 898 ). E n
ambos lo presenta de manera idéntica, redu -
ci end o a f or mat o de bu sto el mod elo de ret rat o
ofi cia l d e c uer po en ter o r eal iza do por el p int or
de cá mar a.
Se representa en posición frontal ligeramen -
te lad ead o pe ro mir and o al fre nte , y de sd e un
punto de vista un poco más bajo de lo habi -
tu al qu e apo rta di gni dad y em paq ue a la fi gur a.
Situado ante un fondo indefinido que se gra -
dúa desde el negro de la izquierda hasta tona -
lidades verdes en la mitad derecha, luce traje
militar de gala con casaca de grandes solapas
y bordados en oro, acompañado de la banda
y la gran cruz de la Orden de Carlos III y el
collar del T oisón de Oro. Su aspecto físico es
el habitual de su iconografía, con barba espesa
y bigote de guías afiladas hacia arriba. Fierros
ac ier ta a c apt ar ta mb ién la pa rti cul ar exp res ión
de su ros tro , co n los pár pad os caí dos qu e dan
el ef ect o d e u na mir ada lá ngu ida y per did a.
El artista sigue el lenguaje académico del re -
trato regio que toma como referencia, con una
re sol uci ón nat ura lis ta de la s fo rm as sob re un
dibujo cuidado. Emplea no obstante un mode -
lado suavizado en la zona del rostro que de -
nuncia la posible utilización de una fotografía
como modelo. La luz potencia además la pro -
fundidad atmosférica de la escena, con un tra -
tamiento difuminado de los contornos que se
vu elv e em ine nte men te pic tór ico en un fo nd o
va por oso y env olv ent e.
El lienzo presenta en la mitad superior una ro -
tura que afecta a buena parte del rostro.
513
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0097
a nt onio M ar tínez M arzo B en G oe C hea
1872
Óleo sobre lienzo, 156 x 102 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1872.” (lat. der .)
Colección particular , depósito en el Museo Provincial
de Lugo
p roCedenCia
Ribadeo, Francisco Martínez Bengoechea y González;
Bonifacio de T orres; familia González de Sela; colec-
ción Gil V arela.
B iBlioGraFía
Fernández Castiñeiras, 1990, p. 360 (repr .); Castro,
2013, p. 8 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 1 12-1 13,
cat. 54 (repr .)
o Bser V aCiones
Estuvo depositado en el Museo Provincial de Lugo
como parte de la colección Gil V arela hasta el año
2013.
Antonio Martínez Marzo (1818-1890) fue
un comerciante ribadense, administrador del
también comerciante y banquero Francisco
Antonio de Bengoechea (1779-1868). Este
último, de origen vasco, estaba afincado des -
de comienzos del XIX 1 en Ribadeo, donde
desarrolló una ingente actividad comercial
muy por encima de otros empresarios loca -
les, sólo igualada por la de Antonio Casas,
el otro gran comerciante ribadense de la pri -
mera mitad del siglo. A la muerte de Ben -
goechea sin descendientes directos, Mar -
tínez Marzo heredó el mayorazgo, con la
condición de que adoptase el apellido de su
benefactor . Durante su gestión mantuvo el
próspero desarrollo de la firma, con activi -
dades que iban desde el transporte marítimo,
con una casa de navegación con líneas regu -
lares de barcos que viajaban al mar Báltico
y al Caribe, y otras actividades bancarias.
Entre los años 1864 y 1874 representó los
intereses del Banco de Oviedo en la costa de
Lugo, comarca donde poseía además múl -
1 Busto López indica que con anterioridad a 181 1 figu -
ra “Francisco Antonio de Bengoechea, del Comercio
de Bilbao, Capitán de la segunda Compañía de Caza-
dores de la Guardia Nacional, como dueño de un ber-
gantín…”. Busto, 1998, p. 84.
tiples propiedades rústicas y urbanas. Fue
además alcalde de Ribadeo en 1868.
El modelo hace gala de su estatus en un am-
puloso retrato de aparato que lo representa de
cuerpo entero, sentado en posición terciada
en un elegante sillón de brazos –elemento
que denota autoridad- junto a una mesa con
libros y papeles en aparente desorden, y ante
una pared de fondo con un cortinaje recogi-
do a su espalda, en lo que parece un interior
de despacho. Esta ambientación explicaría el
tipo de objetos que hallamos sobre la mesa:
cartas, carpetas, papeles sueltos y libros de
cuentas, que actúan como elementos alusivos
a la profesión del retratado, facilitándonos
consecuentemente una mejor aproximación a
su carácter . La propia forma de la mesa, se-
mejante a un escritorio, refuerza la idea de
que el pintor esté retratando al banquero en
su lugar de trabajo, aproximándose con ello
a la tipología de retrato de amistad según la
cual el artista sorprende al modelo durante el
ejercicio de su actividad cotidiana, si bien es
cierto que en este caso no presenta ni la cer-
canía ni el aspecto distendido propio de esta
variante. Además, los propios elementos que
conforman la estancia son los habituales en el
retrato de aparato desde época barroca, y qui-
zá más próximo a sus orígenes en este caso
que en otros retratos de Fierros por el hecho
de situar la mesa en segundo término y no en
primero como será común en el XIX.
Diego Rodríguez Paz
520
DF0106
DF0105
r etra to de señora . ¿M anuela G onzález ? 1
c. 1872
Óleo sobre lienzo, 75 x 59 cm.
Santiago de Compostela, colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2012 b, p. 286; Rodríguez Paz, 2014 c,
p. 361, cat. 221 (repr .)
Aunque no conocemos con exactitud el nom-
bre de la modelo –según testimonio de sus
descendientes y propietarios del cuadro, po-
siblemente sea Manuela González-, sabemos
que se trata de la esposa de Francisco Javier
Alsina Fernández, retratado por Fierros en
1872 (DF0104 y DF0105), y cuya efigie luce
la dama en el broche sobre el pecho. Este re-
curso, que ya vimos en el retrato de una se-
1 Obra inédita
F ranCisCo J a Vier a lsina F ernández 1
c. 1872
Óleo sobre lienzo, 44,5 x 29,5 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. der .)
Pontevedra, colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 360, cat. 220 (repr .)
Como ya hiciera en más ocasiones, Fierros pre -
senta una réplica en tamaño reducido de uno de
s u s r e t r a t o s . C o n u n e s q u e m a f o r m a l i d é n t i c o
al del cuadro de gran formato (DF0104), limita
la representación a un busto corto en el que se
n o s m u e s t r a p o c o m á s q u e l a c a b e z a d e l m o d e l o ,
en una suerte de retrato portátil que subraya el
componente de intimidad y privacidad inherente
a este tipo de obras. De este modo, el rostro re -
quiere toda la atención tanto del artista como del
e s p e c t a d o r , e s t a b l e c i é n d o s e u n a r e l a c i ó n m u c h o
m á s e s t r e c h a e n t r e e s t e ú l t i m o y e l r e t r a t a d o .
F o r m a l m e n t e , a l t r a t a r s e d e u n a o b r a d e m e n o r
e m p a q u e q u e l a p r i m e r a , l a f a c t u r a s e v u e l v e u n
poco más suelta, aunque siga respondiendo a una
concepción académica del retrato con un fuerte
d o m i n i o d e l d i b u j o . L a r a p i d e z e n l a e j e c u c i ó n
1 Obra inédita
ñora de la familia Alsina (DF0103), permite
establecer una relación de identidad entre
ambos retratos, entendidos de manera com-
plementaria a través del vínculo de la mujer a
se aprecia en los márgenes poco definidos, y de
forma especial en la zona inferior , donde la cha -
queta se trabaja con brochazos sueltos y menos
e m p a s t a d o s , d a n d o l a i m p r e s i ó n d e q u e e s t á a ú n
por terminar , anticipando con ello una técnica
q u e s e r á f r e c u e n t e e n l a ú l t i m a e t a p a d e l p i n t o r
en obras de similar naturaleza. Por lo demás, la
o b r a c o p i a l i t e r a l m e n t e e l p r i m e r r e t r a t o , t a n t o e n
el patrón lumínico como en el tratamiento de los
objetos.
521
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
la imagen de su esposo, un recurso muy elo-
cuente de ciertos comportamientos sociales
de la bur guesía decimonónica. Por otra parte,
la relación ente ambas obras ha de servirnos
para datar este retrato hacia la misma fecha,
año en que Fierros realiza su segunda estan-
cia en Santiago de Compostela, hipótesis que
se ratifica si atendemos a los aspectos técni -
cos que nos llevan al estilo propio de esa eta-
pa del pintor .
El retrato sigue la tipología habitual para
clientela bur guesa, con la figura de busto ante
fondo neutro, en posición frontal y mirando
al espectador . El aspecto de la modelo es el de
una dama joven, con un sobrio atuendo for-
mado por vestido negro sobre el que destaca
un sencillo cuello blanco de pequeñas sola-
pas, y un gran manto que le cubre la cabeza,
cayendo sobre los hombros y cerrado sobre
el pecho. El mencionado broche y unos dis-
cretos pendientes son los únicos elementos
ornamentales, definiendo así una imagen de
sobria sencillez propia de la burguesía del
momento.
DF0107
a Gustín r odríGuez F erreiro
1872
Óleo sobre lienzo, 75 x 59 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1872.” (lat. der .)
A Coruña, Museo de Bellas Artes (nº inv . 967)
p roCedenCia
Comprado a Luis Quintas Goyanes, marqués de Al-
meiras, el 20-3-1949.
e xposiCiones
A Coruña, 1951; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición homenaje... , 1951, s.p., nº 4; Martínez-Bar-
beito, 1957, p. 38-39; Gaya Nuño, 1966, s.p.; Exposi-
ción “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VIII, nº 16;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 123-124, cat. 61 (repr .).
Retrato de caballero de busto, en formato
ovalado, ante fondo neutro. Su aspecto es el
de un hombre de mediana edad, de ojos cas-
taños, cabello oscuro, frente despejada y tez
morena con algunas arrugas. Dispuesto en
posición frontal, mira directamente al espec-
tador con expresión afable, esbozando una
leve sonrisa. V iste traje negro, con chaqueta,
chaleco, corbata de lazo, y camisa blanca de
cuello vuelto hacia arriba. Luce leontina de
oro prendida en el chaleco, signo de su posi-
ción elevada.
Es obra de notable calidad que pone de ma-
nifiesto la corrección que el pintor alcanza en
su oficio de retratista durante esta etapa. So -
bre el estilo purista académico heredado de
Madrazo, caracterizado por un cuidado dibu-
jo como base fundamental de la composición
y una elegancia sobria y distante como arque-
tipo de la retratística decimonónica, Fierros
aplica la visión sintetizadora de la obra de Ve -
lázquez, representada en el cambio hacia una
iluminación más naturalista que se ajuste más
al tono local. Esta luz sigue incidiendo des-
de el ángulo superior izquierdo, con lo que
el lado opuesto del rostro queda en penum-
bra. Sin embar go, a este efecto claroscurista
se añade un modelado que reparte pequeñas
sombras por todo el rostro contribuyendo a
resaltar la singularidad de los rasgos del mo-
delo, y por lo tanto incidiendo en la búsque-
da de un resultado realista. Por otra parte, el
cambio hacia una luz más cálida, propia de
interior , permite a Fierros ajustarse al patrón
cromático sobre tonos tierra aprendido de
V elázquez, y sobre todo, como había hecho
el maestro sevillano, introducir el efecto de
atmósfera y de magia del ambiente que acen-
Diego Rodríguez Paz
522
DF0108
M anuel p érez s áenz
1872
Óleo sobre lienzo, 1 13 x 83 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1872” (lat. der .)
Santiago de Compostela, familia Harguindey Pérez;
depósito en el Museo do Pobo Galego.
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 125, cat. 62 (repr .)
Manuel Pérez Sáenz, originario de Cameros
(La Rioja), fue un destacado comerciante es-
tablecido en Santiago de Compostela a me-
diados del siglo XIX 1 . V inculado en un pri-
mer momento a la casa de Franciso Rodríguez
Arijón –con cuya única hija contraería matri-
monio-, inició su actividad económica con
operaciones de comercio mayorista, y poco
a poco fue centrándose fundamentalmente en
asuntos bancarios. De hecho, la casa de banca
que llevaba su nombre, creada en 1848 y cuya
gestión continuarían sus hijos tras su muerte
en 1880, fue una de las más destacadas de su
época en Galicia 2 .
Retratado en un lienzo de gran formato que lo
presenta encuadrado a la altura de las rodillas,
se ubica en un interior doméstico definido por
una pared de fondo y un cortinaje descorrido
a la derecha, casi imperceptibles por la oscu-
1 Pernas (1999, p. 126) indica que el padrón de 1857
ya menciona a Manuel Pérez Sáenz, de 50 años, con
tres hijos.
2 Véase Facal Rodríguez, 2005; Lindoso T ato – V ilar
Rodríguez, 2008, p. 217-248.
ridad de la escena. Se sienta en un taburete o
silla cuyo respaldo queda oculto, junto a una
mesa con faldón de terciopelo rojo en la que
descansan un libro y un recibo en el que se lee
“Santiago” en alusión a la ciudad en la que
el retratado ejercía su actividad profesional.
Apoya su brazo izquierdo sobre estos obje-
tos, terciándose ligeramente hacia la mesa y
mirando al espectador . V iste traje negro con
corbata de lazo y chaleco del que cuelga la
leontina.
Una réplica casi exacta de este retrato, fecha-
da en 1890, se conserva actualmente en el
Museo de Pontevedra (DF0246).
túa la profundidad de la escena y empieza a
difuminar los contornos. En este sentido, la
pincelada se vuelve más empastada, con una
concepción más pictórica del retrato que lle-
va a Fierros a una ejecución más dinámica,
con toques vibrantes y un creciente protago-
nismo compositivo de la mancha cromática
sobre el dibujo.
Herencia de V elázquez es también, en rela-
ción con el cambio lumínico, el tratamiento
del fondo neutro con variaciones lumínicas
que acentúan el efecto atmosférico y la tridi-
mensionalidad de la figura, al oponer la parte
ensombrecida del rostro al fondo iluminado.
Fierros acierta en la caracterización psicoló-
gica del retratado, conseguida con los recur-
sos habituales de humedecer la mirada con un
toque de pincelada blanca y marcar las comi-
suras de los labios para dibujar una sonrisa.
A estos recursos ha de sumarse la propia luz
difusa, que crea un halo envolvente en torno
a la figura potenciando la elegancia y distin -
ción propia del retrato bur gués del momento,
y que sitúa este retrato entre los mejores de
esta etapa del pintor .
523
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF01 10
DF0109
a ut orretra to
c. 1872-1873
Óleo sobre lienzo, 62 x 51 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (ang. inf. der .)
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias (nº inv . 224)
p roCedenCia
Buenos Aires, colección Moreno Ulloa, 1909; Buenos
Aires, Alberto Moreno, 1966; Gijón, mercado de arte,
julio de 1992.
e xposiCiones
Itinerante, 1994-1995; Oviedo, 1996; La Caridad,
2009-2010.
B iBlioGraFía
Basa, 1909, p. 5 (repr .), 59, 60; Exposición del Pintor
Fierr os , 1966, repr . cubierta; Gamallo, 1966, s.p. (repr .);
Ta b e r n e r o , 1 9 6 6 , p . 1 7 ( r e p r . ) ; Ló pez V ázqu ez, 19 74 , p .
9 (repr .); V illa Pastur , 1994, repr . cubierta, p. 67; XXV
Certamen Nacional de Pintura de Luar ca... , 199 4-1 99 5,
s.p., nº 12; Artistas asturianos... , 1996, s.p., nº 2 (repr .);
p ío M oreno r ey
c. 1872
Óleo sobre lienzo, 41 x 27,5 cm.
Museo de Pontevedra (Nº Rº 7890)
p roCedenCia
Sr . Poch Caviedes, 1966; donación de Dionisio Gama-
llo Fierros, ingresó el 1-4-1975
B iBlioGraFía
T abernero, 1966, p. 1 10; V illa Pastur , 1973 a, p. 51,
137 (repr . erróneamente como El padr e del pintor );
López Vázquez, 1974, p. 9; López Vázquez, 1993, p.
166; V illa Pastur , 1994, p. 34; Rodríguez Paz, 2014 c,
p. 362, cat. 222 (repr .).
Réplica en formato de busto corto de otro
retrato mayor , hoy en paradero desconocido
(DF0896). El cuadro se limita a mostrarnos
la cabeza del personaje y el cuello en el que
asoma su elegante atuendo conformado por
chaqueta negra, chaleco rojo y camisa y paja-
rita blancas. Es un hombre maduro, de rostro
alar gado, facciones marcadas y mirada hun-
dida. Fierros acierta a dotar al rostro de una
gran expresividad sin artificios, concentrada
en la mirada seria que se dirige al espectador .
López Vázquez, 1999, p. 379 (repr .); García Qui rós,
20 02, p. 1 32 (r epr .); Bar ón, 20 07 a, p. 22 -24 (rep r .), repr .
contraportada; Marcos V allaure, 2009, p. 28-29 (repr .);
Rodríguez Paz, 2012 a, p. 1579, 1586 (repr .); Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 345-347, cat. 210 (repr .).
Por medio de una iluminación naturalista, el
pintor destaca los rasgos propios de la fiso -
nomía del modelo con pequeñas penumbras
combinadas con el modelado de oposición
luz-sombra que genera el volumen de la figu -
ra. Fierros demuestra una vez más su perfecto
manejo de las fórmulas del retrato para trans-
mitir la vida interior del modelo y conseguir
un resultado realista.
Diego Rodríguez Paz
524
Es sin duda uno de los autorretratos más sin-
gulares de Fierros, y también uno de los de
mayor carácter . Se representa de busto, ante
un fondo indefinido, vistiendo chaqueta ne -
gra, camisa blanca y pajarita. Se cubre con
capa a la que superpone, sobre el hombro
izquierdo, un manto de cuadros con forro de
piel a juego con la gorra de tipo inglés. La
filiación escocesa del atuendo ya fue referida
por Basa al reproducir el cuadro como parte
de la colección Moreno: “con la gorrita in-
glesa y el embozo de la capa caído, parece un
escocés” 1 . Se trata de una indumentaria que
el pintor emplea en más ocasiones como re-
curso caracterizador del retrato, no sólo para
modelos infantiles donde el traje escocés se
consideraba sinónimo de buen gusto entre la
clase burguesa -como ocurre en el de Emi-
lia y Antonio Jaspe Moscoso (DF0036)- sino
también para modelos adultos (DF0121). El
gusto de Fierros por los atuendos de carácter
se aprecia en otros ejemplos posteriores como
el Autorretrato de la capa (DF0232), y tam-
bién en retratos de sus hijos, a los que gustaba
pintar en traje de máscaras: véase el de Pura
como dama del siglo XVIII (DF0181) y otro
de la misma niña, poco posterior , también
vestida de carnaval (DF0224). El recurso a la
1 Basa, 1909, p. 60.
indumentaria exótica también está presente
en el retrato de Théophile Gautier (DF0120)
que realiza probablemente en torno a la mis-
ma fecha que este cuadro.
Por otra parte, este tipo de atuendos resultan
frecuentes en autorretratos de la época: des-
de el caso paradigmático de Courbet, muy
dado a esos juegos representativos, muchos
artistas participan de esta moda. El pintores-
quismo de un determinado traje, que permite
conformar una imagen distinta al habitual re-
trato bur gués, gozó de gran aceptación para
la conformación de una determinada icono-
grafía de artista propia del período romántico.
No en vano, la cuidada imagen que Fierros
pretende mostrar de sí mismo está presente en
este caso, como en otros autorretratos, aña-
diendo a su aspecto de dandi la singularidad
del atuendo escocés, que ofrece una lectura
del artista como hombre de mundo interesado
por las novedades foráneas que asume como
sinónimo de distinción.
Con todo, el auge de esta moda se democratiza
a un público amplio, en buena parte gracias a
la expansión de la fotografía. Los fotógrafos
publicitan la posibilidad de retratarse con ves -
ti men tas pi nto res cas q ue e llo s mis mos of rec en
en su s g abi net es, en s ol ita rio , e n g rup o o ju nto
a escenarios de cartón piedra que conforma -
ban una imagen más irreverente, distinta a la
de otros retratos de intención seria. Es lo que
el propio Fierros hace en este caso, toda vez
que el cuadro está copiando una fotografía que
lo representa de manera idéntica, y que lleva
la firma del estudio compostelano de Juan
Palmeiro. Este dato nos permite precisar la
datación del cuadro hacia 1872-73, durante la
segunda estancia del pintor en Santiago: entre
1859, año en que Palmeiro abre su taller 2 , y
1872, no hay constancia de la presencia del
pintor en la ciudad. De este modo, retrasamos
en sei s o si ete año s la da tac ión pro pue sta por
J. Barón y el Museo de Bellas Artes de Astu -
rias, que lo fechan en 1866 3 . El análisis formal
de la obra confirma esta datación: la paleta
sobre tonos tierra, la luz cálida que suaviza
2 Cfr . Cabo, 1995, p. 458; Castelao, 2018, p. 84-91.
3 Barón, 2007 a, p. 22.
J. Palmeiro, Dionisio Fierr os , c. 1872-1873. Carta de
visita. Gijón (Asturias), colección particular .
525
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
lo s con tra ste s de cla ros cur o en el mo del ado
el rostro, y el foco secundario de herencia ve -
la zqu eña si tua do t ra s la fi gu ra pa ra su bra yar
su vo lum en so n re cu rso s que re mit en al est ilo
de Fie rro s a co mi enz os de la déc ada de 18 70 ,
como se observa en sus retratos de Luarca, Ri -
ba deo o San tia go.
Es además el primer caso en que Fierros se
autorretrata sobre un modelo fotográfico,
recurso que a partir de entonces se hace ha-
bitual desbancando a procedimientos más
rudimentarios. La fotografía es, de hecho, el
medio idóneo en su aproximación a la rea-
lidad. Además de la indumentaria, reprodu-
ce idéntica pose, con la cabeza ladeada y la
mirada intensa dirigida a un punto lejano,
potenciando así el carácter vehemente del re-
trato. Con todo, la pose resulta más serena en
el lienzo, con menor inclinación de la cabeza
y una expresión más relajada. El rostro pre-
senta un aspecto más robusto en comparación
con autorretratos anteriores; la barba es más
lar ga, acentuando la partición central bajo el
mentón, y el bigote se vuelve más espeso,
peinado hacia abajo sin marcar tanto las guías
afiladas. El pintor corrige también las propor -
ciones que por efecto de los amplios ropajes
dan al cuerpo un tamaño mucho mayor que
la cabeza, y acorta el encuadre a la altura del
pecho, ocultando la mano bajo la capa.
DF01 1 1
e l Cardenal G arCía C uest a
1873
Óleo sobre lienzo, 198 x 144 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1873.” (áng. inf. der .)
Santiago de Compostela, Monasterio de San Martín
Pinario
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Couselo, 1950, s.p. (repr .); Exposición del Pintor Fie-
rr os , 1966, s.p.; T abernero, 1966, p. 1 13; Exposición
“Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VI, nº 2; V illa Pas-
tur , 1973 a, p. 54; López Vázquez, 1974, p. 9; V illa
Pastur , 1994, p. 34, 64; López Vázquez, 1997, p. 279;
Monterroso, 1998, p. 30; Fernández Castiñeiras, 1999,
p. 390, 391, 392 (repr .), 393; López Vázquez, 1999, p.
375-376; López Vázquez, 2000, p. 26; García Cortés,
2006, p. 252 (repr .); Singul, 2006, p. 186; Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 126-128, cat. 63 (repr .); López Domín-
guez, 2015, p. 564 (repr . fig. 172).
d oCuMent aCión
Fierros menciona en sus memorias los retratos que rea-
lizó del cardenal García Cuesta: “En Santiago he pin-
tado varios retratos, entre ellos [...] el Cardenal García
Cuesta, de quien hice nueve retratos para diferentes
sitios y varias Corporaciones.”
Hacia el final de su segunda estancia en San -
tiago de Compostela, Fierros recibe el encar -
go de retratar al cardenal arzobispo Miguel
García Cuesta, al que ya había retratado años
antes (ver DF0032). El artista lo representa
aquí en un lienzo de mayor formato y digni-
dad, de cuerpo entero y sedente, siguiendo así
una tipología de larga tradición en la pintura
española para el retrato cardenalicio. Se ubica
en una estancia palaciega, delimitada por una
pared de fondo con un cortinaje recogido, en
la que dispone además un sillón ligeramente
ladeado y una mesa en segundo término so-
bre la que descansan dos libros y un cruci-
fijo. Con estos elementos –cortinaje, sillón
y mesa- se define la tipología de retrato de
aparato, tan frecuente desde el Barroco para
representaciones oficiales del poder .
El lienzo copia una fotografía que hubo de
tomarse en fechas próximas, y que muestra
Diego Rodríguez Paz
526
a García Cuesta en actitud semejante. Los
elementos accesorios que componen la es -
tancia también se mantienen presentes, a
excepción de los libros. El respaldo del si -
llón se modifica, con un remate torneado
más trabajado en el cuadro, mientras que
el cortinaje se pasa al lado opuesto. Pero la
principal novedad radica en la pose del efi -
giado: a diferencia de la fotografía, donde
García Cuesta sitúa ambas manos sobre el
regazo, el pintor modifica su gesto para ha -
cerle apoyar el brazo derecho sobre la mesa,
y a su vez llevándose la mano a la mejilla en
actitud pensativa y ensimismada. Esta pose,
como ya señaló López Vázquez, remite a la
iconografía arquetípica de la “melancholia
artificialis”, de lar ga tradición pictórica para
la representación del gobernante –véase por
ejemplo el retrato de Jovellanos, de Goya 1 - y
que alude a la idea de la pesadumbre del po -
der y del continuo desasosiego que asalta al
gobernante. Fierros demuestra así su cono -
cimiento, a través del museo, de un recurso
retórico asociado a una tipología de retrato
concreta, que sabrá emplear de nuevo, mo -
vido por circunstancias diferentes, en el re -
trato de Ignacio Herrero (DF0921)
Las alusiones al poder , además de por medio
de los elementos accesorios del retrato y de
la propia pose del personaje, se muestran en
el atuendo. García Cuesta luce sotana, muce -
ta y solideo encarnados, y roquete de encaje
y seda. Sobre la muceta porta la banda y la
insignia de la Orden de Carlos III, y la gran
cruz cardenalicia. Completa las referencias a
su condición eclesiástica el anillo arzobispal
en la mano derecha.
La expresión del rostro difiere en el cuadro
respecto a la fotografía, más ensimismada
y sin mirar al espectador , un cambio debi -
do quizá a que el artista no contase con la
presencia del modelo durante la ejecución
del cuadro, y que en este caso adquiere un
significado introspectivo por la pose del bra -
zo. Sin embar go, no por ello se renuncia a la
caracterización psicológica del personaje ni
a la captación de la singularidad del rostro
que Fierros ensaya de manera pormenoriza -
da en otros retratos del cardenal en formato
de busto (DF01 12).
La estancia se ilumina con un foco de luz
cálida, propia de interior , que se derrama de
manera uniforme, sin grandes contrastes de
claroscuro. Lo mismo ocurre en el rostro,
modelado con un tono homogéneo que opta
por distribuir en su superficie pequeñas pe -
numbras que subrayen las facciones propias
1 Francisco de Goya: Gaspar Melchor de Jovellanos ,
1798. Óleo sobre lienzo, 205 x 133 cm. Madrid, Mu-
seo Nacional del Prado (P03236).
Francisco de Goya: Gaspar Melchor de Jovella-
nos , 1798. Óleo sobre lienzo, 205 x 133 cm. Ma-
drid, Museo Nacional del Prado (P03236).
J. Palmeiro: Miguel Gar cía Cuesta , c. 1865. Cfr .
Cabo - Costa, 1996, p. 239.
527
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
del personaje, para conseguir un resultado lo
más realista posible.
La figura se construye con un dibujo firme,
bien amarrado incluso en las zonas de som -
bra, aunque con ciertas concesiones a la li -
bertad compositiva de la mancha cromática
en el fondo, así como en telas y joyas donde
los efectos de brillos y transparencias con -
siguen diferenciar las calidades táctiles. El
propio tratamiento abocetado del fondo de -
nuncia la introducción en la composición del
efecto de atmósfera, como consecuencia de
la evolución hacia una iluminación natura -
lista, con lo que se consigue acentuar no sólo
la ilusión de profundidad de la escena, sino
también el efecto de magia del ambiente.
DF01 12
e l Cardenal G arCía C uest a
1873
Óleo sobre lienzo, 70,5 x 57 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1873” (lat. izq.)
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894; Madrid, 1966; Itinerante, 1968; A Co-
ruña, 1973; Madrid, 1985; Soto de Luiña, 1992; Itine-
rante, 2000.
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 10, nº 193; Exposición
del Pintor Fierr os , 1966, s.p., nº 24; Gaya Nuño, 1966,
s.p. (cit. como Retrato de un obispo ); Exposición de
óleos… , 1968, s.p., nº 32; V illa Pastur , 1973 a, p. 54,
134 (repr .); López Vázquez, 1974, p. 9; Maestr os de la
pintura gallega , 1985, p. 1 15 (repr .); Exposición del
pintor Dionisio Fierr os , 1992, s.p., nº 25 (repr .); V illa
Pastur , 1994, p. 34, 48 (repr .); Dionisio Fierr os 1827-
1894. Íntimo y mundano , 2000, p. 69 (repr .); Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 129, cat. 64 (repr .).
d oCuMent aCión
Apuntes autobiográficos del pintor .
o Bser V aCiones
Estuvo expuesto en la Sala Fierros del Museo Provin-
cial de Lugo entre 1939 y 1963.
Se trata de la misma imagen del retrato de
García Cuesta del Monasterio de San Martín
Pinario (DF01 1 1), pero reducida a formato
de busto. Enmarcado en un óvalo, cambia la
ambientación palaciega por un fondo neutro,
pero mantiene inalterable la figura con idén -
tica pose, atuendo y condecoraciones. El for-
mato de busto centra más la atención en el
rostro, en el que Fierros demuestra su facili-
dad para captar la vida interior del modelo, en
este caso con una expresividad severa que se
concentra en una mirada profunda. El artista
combina un dibujo firme que marca perfec -
tamente los contornos y los rasgos faciales,
con un modelado suavizado que reparte las
sombras estratégicamente para destacar la
orografía del rostro sin generar grandes con-
trastes de claroscuro, en un resultado natura-
lista producto de un cambio en el patrón lu-
mínico derivado de la asimilación de la obra
velazqueña. Este tipo de iluminación natura-
lista permite además introducir en el cuadro
el efecto de atmósfera, con lo que el resultado
gana viveza y carácter .
El cuadro ha de ser uno de los retratos de Gar -
cía Cuesta que Fierros menciona en sus me-
morias, encargado con algún fin oficial, pero
que probablemente no llegara a cumplir su
cometido al hallarse entre las propiedades del
pintor en el momento de su muerte.
Diego Rodríguez Paz
528
DF01 13
C onCepCión t orronteGui o la V arriet a
1873
Óleo sobre lienzo, 73 x 58 cm.
Firmado y fechado: “D. Fierros / 1873” (lat. der .)
Santiago de Compostela, colección de patrimonio pic-
tórico del Concello.
p roCedenCia
Comprado a la colección del Dr . Daporta, Santiago de
Compostela, en 1991.
e xposiCiones
Ferrol, 1998; Santiago de Compostela, 2013.
B iBlioGraFía
Conde Roa, 1993, p. 27; Monterroso, 1998, p. 32;
Rozas – Rial, 1998, p. 40, 41 (repr .); López Vázquez,
1999, p. 375; López Vázquez, 2000, p. 25-26; Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 130-131, cat. 65 (repr .).
De la retratada apenas sabemos que era hija de
Juana Olavarrieta, que había posado para el
artista un año antes (DF0099). Sus hermanos
Carlota y Manuel también fueron retratados
por Fierros (DF0094 y DF0100). Se muestra
de busto en posición de tres cuartos casi de
perfil hacia la derecha, sobre fondo oscuro y
en formato oval. V iste un elegante traje negro
con cuello de encaje adornado con un gran
collar azabache a juego con los pendientes y
los dos broches que recogen su lar ga melena
pelirroja, dejando largos mechones que caen
sobre los hombros.
El rostro de la joven se ilumina con un foco
exterior que entra por el ángulo superior iz-
quierdo. Se trata de una iluminación selectiva
que pretende destacar el volumen del rostro
sobre los elementos circundantes, perfilado
sobre el fondo oscuro a la vez que generan-
do un efecto tenebrista que mimetiza el ne-
gro de la indumentaria con el último plano en
penumbra. Por su parte, el modelado suaviza
la intensidad de un foco tan dirigido con la
aplicación de pequeñas zonas de sombra que
acentúan los rasgos físicos de la mujer sin
crear fuertes contrastes con la parte ilumina-
da. El efecto atmosférico de la luz contribuye
a aportar veracidad a la composición. La pa-
leta cromática se mueve en torno a los tonos
tierra, aunque matizados con leves variacio-
nes tonales que aportan frescura especial-
mente en las carnaciones, los cabellos y en
el tratamiento del fondo, donde asimismo se
advierte una mayor libertad en el tratamiento
de la pincelada con una factura más resuelta
y ligera.
529
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF01 14
F ernanda d íaz l oMBán
1873
Óleo sobre lienzo, 73 x 59 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1873” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Castro, 2013, p. 8 (repr .), 9; Rodríguez Paz, 2014 c, p.
132, cat. 66 (repr .)
La dama, originaria de Ribadeo, hubo de ser
retratada durante una de las primeras estan-
cias del artista en esta localidad. Sobre su
identidad sabemos apenas que casó con Gon-
zález de la Sela, también vecino de Ribadeo
que emigró a México y en 1868 construyó
un formidable pazo en las afueras de la vi-
lla. Uno de los hijos del matrimonio, falle-
cido en la niñez, sería retratado por Fierros
pocos años después (DF0141): la prematura
muerte de su hijo quizá explique la expresión
de marcada melancolía que adopta el rostro,
si bien esc cierto que ese gesto y la tímida
sonrisa que define la comisura de los labios
se pueden valorar como clichés de época que
el pintor repite de manera sistemática en sus
retratos.
La obra sigue la tipología de retrato de busto
ante fondo neutro, encuadrada la figura casi
de medio cuerpo a nivel de la cintura, ligera-
mente terciada para generar sensación de pro-
fundidad, y mirando al espectador , al tiempo
que ladea levemente la cabeza hacia su dere-
cha. La vestimenta es sobria, compuesta por
un discreto traje negro con botonadura sobre
el pecho y cuello de encaje sobre el que cuel-
ga un medallón dorado combinado con los
pendientes como únicos elementos ornamen-
tales. Los cabellos oscuros se recogen en un
moño dejando caer sobre la frente unos me-
chones sueltos a modo de flequillo.
Fierros mantiene la búsqueda de una ilumi-
nación naturalista para incrementar el efecto
de realismo en sus retratos, y esto tiene como
consecuencia en el modelado un tratamiento
más gradual de la relación entre zonas de luz
y zonas de sombra, contribuyendo con ello
a la potenciación de la sensación atmosféri-
ca. Las carnaciones del rostro se encaminan
hacia el mismo fin, matizadas por la calidez
de la iluminación y definidas a través de una
pincelada compacta. Esta pincelada se vuelve
más simplificada en las joyas y el cuello del
vestido aunque sin renunciar por ello a brillos
y reflejos, y restringida a una paleta cromáti -
ca basada en tonos pardos que nos aproximan
al esquema de retrato romántico derivado de
la tradición barroca.
Diego Rodríguez Paz
536
DF0122
a nt onia C arrera , de perFil
c. 1872-1875
Óleo sobre lienzo, 75,5 x 60 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala X, nº
15; V illa Pastur , 1973, p. 139 (repr .); Rodríguez Paz,
2014 c, p. 365-366, cat. 225 (repr .).
María Antonia Dominga Carrera García, na-
cida el 14 de enero de 1852, fue la segunda
hija del matrimonio formado por Benito Ca-
rrera y Ramona García Barrera. En la pensión
que esta última regentaba en Ribadeo se hos-
pedó Fierros en más de una ocasión durante
los años de su primera estancia en Santiago de
Compostela, al viajar hasta Ballota. En 1872,
durante su segunda estancia en Santiago, el
artista vuelve a parar en la fonda de Ramo-
na García: allí conoce a su hija Antonia, que
entonces tenía veinte años, y se enamora de
ella. El testimonio de la propia Antonia, re-
cogido por su nieto Dionisio Gamallo, cuenta
que Fierros le escribía a menudo durante su
estancia en Santiago –aproximadamente de
septiembre de 1872 a septiembre de 1873-,
aunque “sin hablarle de amor” 1 . T ras el re-
greso del pintor , inician un breve noviazgo
que culminaría en su matrimonio celebrado
en la iglesia parroquial de Ribadeo el 24 de
noviembre de 1873.
Después de una corta estancia en A Coruña,
la pareja se traslada Madrid a inicios de 1875,
donde nacerán sus primeros hijos, todos ellos
fallecidos prematuramente. En 1879 instalan
su residencia definitiva en Oviedo; allí Anto -
nia dará a luz a cuatro hijos más, de los que
sobrevivirán Pura, Antonia y Nicolás. Du-
rante estos años realizan frecuentes viajes a
Ribadeo y a Ballota, sobre todo en época es-
tival. En 1894 Fierros fallece repentinamen-
te en Madrid; a partir de entonces, Antonia
deja Oviedo para trasladarse con sus hijos a
1 Anotaciones personales de Dionisio Gamallo. Riba-
deo (Lugo), archivo familiar Gamallo Fierros.
la casa de su madre en Ribadeo. Allí fallece el
22 de junio de 1942, a los 90 años.
Fierros retrató a su esposa en varias ocasiones
durante los veinte años que duró su matrimo-
nio. El que aquí comentamos es el que pa-
rece más temprano por la juventud que apa-
renta Antonia, y que hemos datado en torno
a 1872-1875 por comparación con otros sin
duda posteriores. Se representa de busto ante
fondo neutro y enmarcada por un óvalo. Su
colocación resulta poco común en la produc-
ción de Fierros, con un escorzo que dispone
el cuerpo de manera frontal y la cabeza to-
talmente perfilada hacia la izquierda. V iste
un elegante traje negro de amplias solapas y
cuello de encaje en forma de pico, que com-
plementa con joyería de azabache: colgante,
pendiente y prendedores de estrella sujetando
la lar ga melena castaña que cae en tirabuzo-
nes sobre los hombros.
El artista compone así una sencilla imagen en
la que, como es habitual, la figura de la retra -
tada destaca como única presencia en la com-
posición. Sin embar go, vemos como novedad
una sutil referencia a un elemento ajeno a la
escena en el medallón, que devuelve el reflejo
de un ventanal frente a la modelo. Recurso
de herencia barroca, muy empleado por Fie-
rros en sus bodegones claramente inspirados
en los maestros del Siglo de Oro, realizados
en fechas próximas a este retrato. Con ello el
artista pretende no sólo representar las calida-
des táctiles del azabache sino también poten-
537
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
ciar la amplitud del espacio que el espectador
no ve directamente.
El foco de luz exterior incide de manera muy
selectiva desde el ángulo superior izquier-
do, destacando el rostro y el cuello sobre la
penumbra circundante. El tono oscuro del
fondo, los ropajes y el cabello contribuyen
a generar esta atmósfera casi tenebrista en la
que se envuelve la figura, permitiendo al ar -
tista centrar su atención en la zona del rostro.
El retrato se presenta así con la voluntad de
exaltar la belleza y la juventud de Antonia,
siguiendo los cánones ya vistos en otros re-
tratos femeninos del pintor . No es casual por
lo tanto que Fierros escoja un tipo de factu-
ra compacta, con una pincelada amarrada
que delimite a la perfección los contornos de
la faz y resalte la tersura de la piel con una
imprimación perlácea avivada por leves car -
naciones rosáceas que aportan un toque de
frescura al rostro. La imagen de académica
belleza que el artista compone se completa
con la sonrisa que dibuja el rostro de Antonia,
resaltando las comisuras y con los labios lige-
ramente entreabiertos.
DF0123
n arCiso o Banza M iranda
1874
Óleo sobre lienzo, 74,5 x 60 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1874” (lat. der .)
Madrid, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VIII,
nº 22; Rodríguez Paz, 2010-2012, p. 1 17; Rodríguez
Paz, 2012 b, p. 286; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 135-
136, cat. 69 (repr .)
En noviembre de 1873, justo después de su
boda, Dionisio Fierros y Antonia Carrera se
instalan en A Coruña. Allí residirían hasta fi -
nales de 1974 mientras el artista cumplía di-
versos encar gos de retratos para la burguesía
local. Entre los coruñeses que pasan por su
taller se encuentra Narciso Obanza Miranda,
fundador de la empresa bancaria que lleva su
nombre. Fierros lo muestra en una obra de
gran sobriedad que sigue el esquema habi-
tual de retrato en formato oval tantas veces
repetido, aunque en este caso la forma del
óvalo venga ya definida por el propio mar -
co, sin inscribirse en un lienzo cuadrangular
como ocurre con más frecuencia. El banquero
se muestra en posición frontal, en un espacio
indeterminado, mirando fijamente al especta -
dor , y ataviado con traje negro, camisa blanca,
pajarita y leontina asomando bajo el chaleco.
Su aspecto es el de un hombre de mediana
edad, con cabellos oscuros, bigote entrecano,
y frente despejada por una marcada calvicie.
Técnicamente, la obra se caracteriza por una
más que evidente dureza en la representación
de las facciones, consecuencia de una mayor
dedicación al dibujo en detrimento de aspectos
cromáticos y lumínicos. Al mismo tiempo, el
empleo de una luz fría y artificial imposibilita
la introducción del efecto de atmósfera en la
escena, generando una gran planitud tanto en
la figura como en el fondo. De este modo, el
resultado no consigue el realismo perseguido
–a pesar de pretender dotar al rostro de cierta
viveza por medio de las carnaciones rosáceas
y del toque de brillo en las pupilas-, alejándo-
se por tanto del naturalismo habitual en otros
retratos de esta etapa del artista.
El reverso del bastidor acoge una inscripción,
probablemente ajena al pintor , indicando la
Diego Rodríguez Paz
538
DF0124
e lisa a lonso l ópez
1874
Óleo sobre lienzo, 74,5 x 60 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1874” (lat. der .)
Madrid, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VIII,
nº 21; Rodríguez Paz, 2010-2012, p. 1 17; Rodríguez
Paz, 2012 b, p. 286; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 137,
cat. 70 (repr .)
La retratada se muestra en un lienzo de
idéntico formato que el retrato de su esposo
(DF0123), realizado en las mismas fechas.
En efecto, además de la inscripción de firma
y fecha del propio artista sobre la tela, el re-
verso del bastidor muestra una anotación ma-
nuscrita, probablemente posterior , que preci-
sa la datación -28 de agosto de 1874, tres días
después que el retrato de Obanza- y la edad
de la dama, 23 años y 9 meses.
V iste un sobrio traje negro con cuello de
encaje blanco prendido con broche dorado
a juego con los demás elementos de joye-
ría: pendientes, prendedor en el pelo y otro
broche sujetando la mantilla en el hombro
izquierdo. La oscuridad de los ropajes, los
cabellos y el fondo contribuyen a destacar
volumétricamente el rostro, iluminado por un
foco externo, como punto de mayor interés
para el artista, si bien su parquedad expresiva
esté lejos de reflejar la vida interior común en
otros retratos. No obstante, Fierros acierta en
dotar a la obra de un mayor naturalismo que
en el caso de Narciso Obanza, especialmente
gracias a una lograda plasmación de las cali-
dades táctiles de los objetos, contrarrestando
en parte la fuerte sobriedad del retrato.
fecha concreta de realización del cuadro, 25
de agosto de 1874, y la edad del retratado:
39 años menos 2 meses. La exactitud de la
fecha ha de interpretarse en todo caso como
referente a la última sesión en la que el artista
terminó el encargo. Se hace mención también
a una reforma el 15 de octubre de 1882, sin
aclarar si se debe a Fierros.
539
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0125
J osé V arela M ontes
1874
Óleo sobre lienzo, 71 x 54 cm.
Firmado, fechado y dedicado: “A D. José Va r e l a d e
Montes / recuerdo de amistad / del autor / Dº. Fierros
/ 1874”
Santiago de Compostela, Universidad (Nº. inv . 18/0027)
e xposiCiones
Ferrol, 1998
B iBlioGraFía
Ossorio y Bernard, 1883-1884, p. 246; Fierros, 1894 a,
s.p.; Esmorís, 1945, p. 8-9; Ossorio y Bernard, 1975,
p. 246; Carro, 1987, p. 686-687; V ila Jato, 1996, p. 121
(repr .); Monterroso, 1998, p. 30; Rozas – Rial, 1998, p.
42, 43 (repr .); López Vázquez, 1999, p. 375-376; Fer-
nández Castiñeiras, 2007, p. 38; Rodríguez Paz, 2012
d, p. 334; Rodríguez Paz, 2013 a, p. 1478; Rodríguez
Paz, 2014 c, p. 12, 138-139, cat. 71 (repr .); García
Iglesias, 2016, p. 202-204.
d oCuMent aCión
Carta de Juan José V iñas a Dionisio Fierros, Santiago
de Compostela, 31-07-1874. Ribadeo (Lugo), archivo
Gamallo Fierros.
T ras la muerte de V arela de Montes en 1868,
la Universidad de Santiago encar ga a Fierros
un retrato que habría de incluirse en la ico-
noteca universitaria para ensalzar la memoria
del fundador de la Escuela Médica Compos-
telana. Así se manifiesta en la carta de pésame
que el rector Juan José V iñas dirige a Calixto
V arela Recamán, hijo del médico, en la que le
comunica la decisión de la Junta de Decanos
para que “se solicite al Gobierno de la Nación
la autorización para colocar el retrato de este
sabio maestro en la Biblioteca de la Univer -
sidad entre los de los hombres ilustres que la
honran y ennoblecen” 1 .
Fierros toma como referencia el retrato que
él mismo había hecho a V arela de Montes en
vida (DF0020), reelaborándolo en un forma-
to de busto como es propio de una obra que
habría de funcionar a modo de vítor 2 . Es pre-
1 Carta de Juan José V iñas a Calixto V arela Recamán.
Expediente académico de V ar ela de Montes , Archivo
de la Universidad de Santiago, documento nº 25, cit.
desde Carro, 1987, p. 687.
2 No en vano este retrato sirvió de modelo para la obra,
cisamente este carácter conmemorativo, que
lo aproxima a una condición de obra oficial,
el que da al retrato unas dimensiones un poco
mayores de las habituales en un formato de
busto pensado a menudo para un ámbito pri-
vado. Por otra parte, el artista pudo haberse
servido también de una fotografía del médico
que lleva el sello del gabinete compostelano
J. Palmeiro e hijo y que ha de ser posterior a
1859, fecha de su inauguración 3 . Aunque en
la fotografía el aspecto del rostro resulta más
mortecino y adquiere un rictus más serio y
distante, coincide con el lienzo en cuanto a
fisonomía, indumentaria y condecoraciones.
Incluso la pose –sentado, el brazo derecho
apoyado sobre una mesa- es muy semejante
al retrato de 1855, aunque por su fecha no
es posible que hubiera servido de modelo a
aquel.
La realización del retrato que aquí comenta-
mos se demoró seis años respecto a la fecha
de fallecimiento de V arela de Montes. Así
consta en la datación del lienzo bajo la firma
y en la carta de agradecimiento que el rector
Antonio Casares envía a Fierros tras recibir
el cuadro: “Se ha recibido el retrato del di-
funto Excmo. Sr . D. José V arela de Montes,
Catedrático y Decano que fue de la Facultad
de Medicina de esta Escuela, que usted tiene
ya en formato propio de vítor , que Elvira Santiso reali-
za en 1940 para la Universidad.
3 No es plausible por lo tanto fechar esta fotografía en
1856 como defiende Carro, 1987, p. 684.
Diego Rodríguez Paz
540
la bondad de regalar para que se conserve la
memoria de tan ilustre Profesor . T engo una
gran satisfacción en dar a usted las gracias
por su regalo, no sólo porque con él se da un
testimonio del justo aprecio en que se tiene
la memoria de uno de los más acreditados
Profesores que ha tenido la Universidad, sino
porque así posee el establecimiento una obra
más de uno de los artistas contemporáneos
que honran la Nación española.” 4
4 Carta de Juan José V iñas a Dionisio Fierros, Santiago
de Compostela, 31-07-1874. Ribadeo, archivo Gama-
llo Fierros. Reproducida en Carro, 1987, p. 687 y Gar -
cía Iglesias, 2016, p. 203-204 como autoría de Antonio
Casares.
El cuadro se mantuvo en su emplazamiento
original al menos hasta 1945 5 . En 1956 se lo-
caliza en la escalinata del edificio de la Uni -
versidad 6 . En 1960 se traslada y en 1987 se
encuentra en el despacho del profesor V arela
Otero, en la Facultad de Derecho 7 , y allí con-
tinúa en 1996 8 . Actualmente está depositado
en el decanato de la Facultad de Medicina.
5 Carro, 1987, p. 687.
6 Esmorís, 1945, p. 8-9. Cit. por Carro, 1987, p. 687.
7 Carro, 1987, p. 687.
8 V ila Jato, 1996, p. 121
DF0126
r etra to de daMa . ¿a ntonia C arrera ? 1
c. 1872-1875
Óleo sobre lienzo, 73 x 55,5 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 367, cat. 226 (repr .)
Retrato de dama en formato de busto con
mano, dispuesta ligeramente ladeada hacia la
izquierda, ante fondo neutro y enmarcada en
un óvalo. Es una mujer joven, de facciones
delicadas, piel blanca, labios carnosos y ojos
marrones que miran al espectador con expre-
sión cautivadora. La lar ga cabellera castaña
se peina recogida en la parte posterior cayen-
do sobre la espalda, quedando el rostro des-
pejado. V iste un elegante traje verde con cue-
llo y puños de encaje que se cubre con manto
de color parduzco cerrado sobre el pecho. El
atuendo se completa con vistosos elementos
de joyería: lar gos pendientes dorados, broche
en el cuello y sortija con esmeralda.
La obra ha pasado a los descendientes del
pintor sin identificar la identidad de la retra -
tada. Sin embar go, su aspecto físico nos hace
1 Obra inédita.
creer que se trate de Antonia Carrera. Compa-
rándolo con los primeros retratos de la esposa
del artista (DF01 12, DF0139) se advierte un
estrecho parecido que vendría a confirmar su
presencia entre las propiedades de la familia.
Así se aprecia sobre todo en el tratamiento
delicado del rostro, no exento de cierta ideali-
zación, que coincide con el de aquellas obras.
Estaríamos pues ante un lienzo datable en tor -
no a los primeros años de matrimonio de la
pareja.
541
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0127
a lFonso xii
1875
Óleo sobre lienzo, 150 x 98,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1875” (áng. inf. der .)
Santiago de Compostela, colección de patrimonio pic-
tórico del Concello.
B iBlioGraFía
Conde Roa, 1993, p. 26 (repr .); López Vázquez, 1999,
p. 375, 378 (repr .); Castro, 2012 a, p. 348, 349 (repr .);
Rodríguez Paz, 2013, p. 1472-1474; Rodríguez Paz,
2014 c, p. 140-142, cat. 72 (repr .)
d oCuMent aCión
Li bro de act as mun ic ip ales del Con ce ll o de Sa ntia go
de Compostela, folios 5-8º: En sesión de 9 de enero de
19 75 se aut oriz a al alc al de, entr e ot ras cosa s, a “ad qu irir
el retrato en lienzo y al óleo de S. M. (q. D. g.) procu -
rando que sus dimensiones sean de mayor tamaño que
la s qu e t en ía e l c ua dro de la Rep úbl ic a”.
Libro de actas municipales del Concello de Santiago de
Compostela, folio 132. Sesión de 21 de mayo de 1975:
“Confirmando la municipalidad por acuerdo de nueve
de enero último, acordó autorizar a la Presidencia para
adquirir el retrato de S. M. el Rey (q. D. g.)”.
En el Li br o mayo r de Pre sup ue stos de gas to s, cap ítul o
“Imprevistos”, folio 127, figura el libramiento nº 537 de
30 de junio de 1875: “a D. Dionisio Fierros, por el re -
trato al óleo de S. M. el Rey D. Alfonso XII, 1250 pts”.
Alfonso XII de Borbón y Borbón, hijo de
la reina Isabel II, nació en Madrid el 28
de noviembre de 1857. Llegó al trono des -
pués del golpe militar del general Martínez
Campos en Sagunto el 29 de diciembre de
1874 que puso fin a la I República y dio
comienzo a la Restauración.Su reinado se
caracterizó por el fin de la tercera guerra
carlista, la aprobación de una nueva Cons -
titución en 1876 y el establecimiento del
sistema de turnos políticos entre los dos
grandes partidos. En 1878 contrajo matri -
monio con su prima María de las Mercedes
de Orleáns, que fallecería tan sólo unos me -
ses después. La necesidad de dar un sucesor
a la corona lo obligó a casarse por segunda
vez en 1879, con María Cristina de Habs -
bur go-Lorena, con quien tendría tres hijos:
María de las Mercedes, María T eresa, y Al -
fonso. Este último, nacido tras la prematura
muerte del monarca el 15 de noviembre de
1885, reinaría como Alfonso XIII tras la re -
gencia de su madre.
Fierros retrata por primera vez al nuevo
monarca al comienzo de su reinado, con 17
años. Se trata de un retrato oficial que si -
gue muy de cerca los clichés heredados de
Madrazo y que el pintor había empleado en
obras más tempranas. Sitúa al modelo de
pie en primer plano, encuadrado a la altura
de las rodillas y en posición de tres cuartos
hacia la izquierda, y le hace girar la cabe -
za en sentido opuesto para dirigir la mirada
a un punto indeterminado fuera de escena.
La figura se rodea de varios elementos que
aluden a un interior palaciego: la pared con
un cortinaje recogido a ambos lados que
enmarca visualmente al soberano sirve de
telón de fondo; la mesa a su derecha, lige -
ramente retrasada, con la corona real sobre
un almohadón carmesí, presenta otra refe -
rencia arquetípica del retrato de aparato.
Alfonso XII se muestra en posición er guida
y distante para dignificar la importancia del
retrato, una pose elegante que sin duda Fie-
rros aprendió de los retratos de su maestro
y de una lar ga tradición de retrato de corte.
V iste uniforme de gala, con las bandas y cru-
ces de las órdenes de San Fernando y Carlos
III, además del collar del T oisón del Oro. Su
juventud se refleja de modo elocuente en el
aspecto del rostro, aún lampiño sin el bigote y
las patillas que caracterizarán su iconografía
Diego Rodríguez Paz
542
posterior . Una fotografía del rey realizada por
el gabinete de A. F . Napoleón, en la que se
observa una posición casi idéntica del retrata-
do, fue encontrada en el taller de Fierros tras
su muerte, lo que atestigua que tomó como
referencia esa instantánea para la realización
del cuadro.
La luz ilumina la estancia incidiendo desde
el exterior por el ángulo superior izquierdo
y conformando el espacio de la sala con la
ayuda de los elementos accesorios. Pretende
ser una luz natural que transmita sensación de
realismo, como se observa en la plasmación
de los brillos de los galones, los puños del
uniforme y de las diferentes calidades táctiles
de los objetos. Sin embar go, el efecto con-
seguido es de cierta artificiosidad, especial -
mente en el rostro, donde el modelado resulta
un tanto tosco e incluso se aprecian algunos
errores de dibujo y de perspectiva.
T oda la composición está dominada por un
fuerte predominio de la línea del dibujo, so-
bre la que luego se aplica un color menos gra-
dual de lo acostumbrado en obras de esta eta-
pa de Fierros. Sólo en algunos detalles más
decorativos como las joyas o el sombrero la
pincelada se vuelve más suelta y alcanza cier -
ta libertad cromática.
La proximidad de la pared de fondo y la si-
tuación de la figura en un primer plano muy
cercano al espectador consiguen acotar un
espacio ya de por sí reducido, creando cierto
abigarramiento en la escena, otra deuda del
magisterio de Madrazo que nuestro pintor re-
utilizará en muchos de sus retratos.
DF0128
a lFonso xii ( répliCa )
1875
Óleo sobre lienzo, 180 x 128 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1875.” (áng. inf. der .)
Santiago de Compostela, Universidad (N.º inv . 09/0042)
e xposiCiones
Santiago de Compostela, 2004
B iBlioGraFía
V ila Jato, 1996, p. 122, 123 (repr .); Monterroso, 1998,
p. 29; López Vázquez, 1999, p. 375; López Vázquez –
Monterroso, 2004 (repr .); Fernández Castiñeiras, 2007,
p. 33, 36, 40-41 (repr .); Rodríguez Paz, 2012 d, p. 334;
Rodríguez Paz, 2013, p. 1472-1474, 1482 (repr .); Ro-
dríguez Paz, 2014 c, p. 143-144, cat. 73 (repr .).
Documentación
Ca rta de A nton io Ca sar es a D io nisi o Fie rro s, 10- 2-1 87 5.
Ribadeo (Lugo), archivo familiar Gamallo Fierros.
Réplica idéntica del retrato propiedad
del Concello de Santiago de Compostela
(DF0127), fue el último aporte de Fierros a la
galería de retratos de la Universidad de San-
tiago después de los de Isabel II (DF0041),
Carlos V (DF0042), Felipe V (DF0043) y el
general Rodil (DF0040). No sabemos si fue
realizado antes o después del cuadro del Con-
cello, aunque sí es cierto que se aprecian lige-
ras modificaciones en éste respecto a aquel,
afectando fundamentalmente al empleo de la
luz y al tipo de modelado, precisamente don-
de destacaban los mayores errores del lienzo
anterior , lo que nos lleva a pensar que estamos
aquí ante una versión corregida del primero.
La sombra que se proyecta sobre la pared del
fondo se amplía en este caso como conse-
cuencia de situar el foco de luz un poco más
bajo, aumentando la zona de penumbra y ma-
543
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
tizando la fuerte iluminación que en la pri-
mera versión provocaba cierta artificiosidad.
No sólo en este último plano, sino también en
la sombra del ala del sombrero sobre el pan-
talón se aprecia mayor contraste con la zona
iluminada. Por su parte, aunque el patrón de
sombras siga siendo el mismo, el modelado
del rostro gana naturalidad con el cambio
de iluminación, y las incoherencias de pers-
pectiva desaparecen. La preocupación por el
empleo de una luz realista se lleva también a
los detalles como la columna del fondo, que
en la versión anterior era una simple pilastra
adosada al muro y ahora se convierte en un
elemento que genera volumen, potenciado
aún más gracias a las acanaladuras del fuste.
DF0129
a lFonso xii
1875
Óleo sobre lienzo, 126 x 86 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1875.” (áng. inf. izq.)
Diputación Provincial de A Coruña (nº inv . 492)
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala IX,
nº 26; V illa Pastur , 1973 a, p. 93, 155 (repr .); Liaño,
1975, p. 15, 66 (lám. 2); Liaño, 1976, p. 14 (lám. 2);
Sobrino – Liaño, 1991, p. 157, 158 (repr .), 737; V illa
Pastur , 1994, p. 64; López Vázquez, 1999, p. 375; Dio-
nisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mundano , 2000, p.
70 (repr .); García Quirós, 2000, p. 38; García Quirós,
2002, p. 1 15; Fernández Castiñeiras, 201 1, p. XCII, C;
Castro, 2012 a, p. 348 (repr .); Rodríguez Paz, 2013 a,
p. 1474-1475; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 145-146, cat.
74 (repr .).
En este nuevo retrato, pintado por encar go de
la Diputación de A Coruña –Fierros y Anto-
nia habían residido en la ciudad el año ante-
rior -, el artista representa a Alfonso XII casi
de cuerpo entero, encuadrado a la altura de
las rodillas y , como es habitual en su obra,
situado en un primer plano muy próximo al
espectador . V iste uniforme de artillero de
campaña, de pantalón rojo y casaca negra so-
bre la que luce las bandas y las insignias de
las órdenes de San Fernando y de Carlos III,
además del T oisón de Oro. Dispuesto de pie,
apoya el peso de su cuerpo sobre la pierna
izquierda mientras la derecha se mantiene li-
geramente flexionada, al tiempo que deja su
mano izquierda sobre la empuñadura de la
espada que cuelga del fajín, y la diestra roza
levemente un tocón de árbol en el que repo-
san un guante y el sombrero.
A diferencia de los anteriores retratos oficiales
de Alfonso XII, enmarcados por un interior
palaciego, aquí la figura se sitúa en una am -
bientación de paisaje de montaña, entonado
en colores verdosos y azules en su parte infe-
rior , y dando paso a tonalidades anaranjadas
y grises en el celaje crepuscular que envuel-
ve el rostro del monarca otorgándole un aire
de cierta melancolía. De la elección de este
tipo de fondo se colige el conocimiento de
Fierros de una amplia tradición de retrato de
corte en la que no resulta extraña la presencia
del paisaje, en ocasiones como complemento
iconográfico de la imagen regia, como ocurre
en los retratos de campaña, aunque en este
caso su presencia esté desprovista de tal sig-
nificación, quedando relegado a una función
casi exclusivamente decorativa, de manera
similar a lo que veíamos en otros retratos del
artista. No obstante, esto no supone la pér -
dida del sentido áulico de la obra, pues los
clichés del retrato oficial se mantienen tanto
en la disposición del monarca con pose er gui-
Diego Rodríguez Paz
544
DF0130
a lFonso xii en uniForMe de Gala
1875
Óleo sobre lienzo, 76,5 x 59,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1875”
Lugo, Museo Provincial (P . 197)
p roCedenCia
Ribadeo, Juzgado de primera instancia; Antonia Carre-
ra, 1931; Antonia Fierros Carrera; donado por Dioni-
sio Gamallo Fierros el 5-9-1957.
B iBlioGraFía
Carballo-Calero, 1969, p. 57; López Vázquez, 1993, p.
165 (repr .); López Vázquez, 1997, p. 279; Monterroso,
1998, p. 29; Barón, 2001 a, p. 322 (repr ., cat. nº 109);
Arribas – Cuba – Reigosa, 2003, p. 52 (repr .); Castro,
2012 a, p. 347 (repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 147-
148, cat. 75 (repr .).
o Bser V aCiones
Estuvo expuesto en la Sala Fierros del Museo Provin-
cial de Lugo entre 1939 y 1963.
La figura del monarca se presenta en esta oca -
sión en un retrato de busto, dispuesta sobre
fondo neutro y en actitud erguida y solemne.
Sitúa el cuerpo en posición casi frontal con
un leve giro hacia la derecha mientras vuelve
el rostro haca el lado opuesto en un escorzo
que acentúa la elegancia de la pose y subraya
la ilusión de volumen. V iste uniforme de gala
con el T oisón de Oro y las bandas e insignias
de las órdenes de San Fernando y Carlos III.
Aun cuando el cuadro hubo de ser pintado en
fechas próximas a los anteriores, presenta una
iconografía distinta del monarca, con largas
patillas y bigote de guías afiladas que carac -
terizarán su imagen posterior . No obstante,
el rostro muestra todavía un aspecto aniña-
do, que el artista describe con una pincelada
compacta sobre un dibujo preciso. El modela-
do suavizado, aun con el efecto de viveza que
aportan las carnaciones rosáceas, hace pen-
sar en la posible utilización de una fotografía
como referente.
El cuadro fue pintado para el juzgado de pri-
mera instancia de Ribadeo, donde permane-
ció hasta la proclamación de la II República
Española en 1931, momento en que se devol-
vió a los descendientes del pintor .
da y actitud distante como en la presencia de
elementos accesorios, en este caso el tocón,
que sustituye a la mesa habitual en retratos de
aparato. Así, el escenario palaciego se adapta
a una ambientación paisajística que tiene su
correlato en la indumentaria y en la actitud
del monarca: el gesto de apoyar una mano en
la mesa mientras la otra roza la empuñadura
de la espada es un cliché del retrato de corte
desde el Renacimiento, entendido como sig-
no de la constante disposición del rey a su
doble tarea de despacho y de batalla, y por
extensión, como expresión de majestad y de
mando militar .
El retrato forma pareja con otro de la reina
María de las Mercedes encar gado por la Di-
putación en 1878 (DF0151).
545
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0132
DF0131
r etra to de señora 1
c. 1870-1878
Óleo sobre lienzo, 62 x 50 cm.
Gijón (Asturias), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2012 b, p. 282; Rodríguez Paz, 2014 c,
p. 368, cat. 227 (repr .).
Retrato femenino de busto ante fondo neu-
tro, en lienzo cuadrangular . La figura se sitúa
terciada hacia la izquierda y dirige su mira-
da hacia un punto fuera del cuadro. Es una
mujer joven, de cabello negro y ojos oscuros,
que viste un sobrio traje de escote rectangular
con encaje blanco adornado con un collar de
1 Obra inédita
r etra to de señora 1
c. 1870-1878
Óleo sobre lienzo, 71,5 x 54,5 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (lat. izq.)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 363, cat. 223 (repr .)
Retrato de busto en formato oval de una se-
ñora de identidad desconocida, representada
en posición casi frontal sobre un fondo inde-
finido de tonalidades pardas. Es una mujer de
edad avanzada y aspecto robusto, que recoge
sus cabellos grisáceos peinados con raya al
medio para dejar despejados el rostro y las
orejas que lucen discretos pendientes de aro
como únicos elementos de joyería. El atuen-
do es humilde: un sobrio vestido negro con
cuello en pico y botonadura sobre el pecho,
sin ningún ornamento. La modelo dirige su
mirada a un punto lejano mostrando una fran-
ca sonrisa que aporta afabilidad y cercanía a
su semblante.
La sencillez de la obra se aprecia asimismo
en la parquedad de la paleta cromática, cen-
trada en tonos tierra, producto en parte de una
iluminación cálida propia de interior . Estos
1 Obra inédita
elementos formales nos inducen a establecer
su datación en torno a la década de 1870, mo-
mento en que Fierros emplea estas solucio-
nes con asiduidad como modo de potenciar
la sensación de realismo en sus retratos. Al
mismo tiempo, el modelado suavizado del
rostro, con una gradación difuminada de las
sombras, denuncia una inspiración fotográfi -
ca para la realización de esta obra, tal y como
el artista hace en múltiples ocasiones durante
estos años.
Diego Rodríguez Paz
552
DF0141
DF0140
J osé G onzález de la s ela y d íaz
1876
Óleo sobre lienzo, 150 x 100 cm.
Firmado y fechado: “Fierros / 1876” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2010-2012, p. 1 18; Castro, 2013, p. 10
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 c, p. 14, 152-153, cat. 79
(repr .).
Pocos años antes de asumir este encar go, Fie -
rros había retratado a la madre del pequeño,
Fernanda Díaz Lombán (DF01 14), en Riba -
de o. El ni ño ha bía fa lle ci do pr ema tur am en te ,
po r l o q ue e l a rt is ta hu bo de e mp le ar co mo re -
ferencia alguna fotografía o daguerrotipo, tal
y co mo se ap re ci a en el m od ela do sua vi za do
del rostro y sobre todo en la rigidez y falta de
or g ani ci da d del c ue rp o, a l n o pod er co nta r con
la presencia del modelo durante la ejecución
de l a obr a.
Es un re tr ato de cie rt o emp aq ue , q ue vi en e d ado
tanto por el formato de cuerpo entero -de ma -
yor coste que otros más reducidos- como por la
ambientación que rodea a la figura. Responde
a la tipología de retrato de jardín o parque, de
moda desde mediados del XVIII como solu -
ción de carácter intermedio entre el retrato de
busto y el de aparato, y que en España adquiere
un gr an d esa rro ll o t ant o po r s u u til iza ci ón po r
B o C eto pa r a un retra t o de a ntonia C arrera 1
c. 1873-1877
Óleo sobre lienzo, 23 x 16 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (lat. inf.)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 375, cat. 232 (repr .)
Boceto para el retrato de gran formato de Antonia
Carrera. A diferencia del posible apunte a lápiz
para la misma obra (DF0139), presenta idéntica
composición que el cuadro definitivo, tanto en la
figura como en los elementos accesorios.
1 Obra inédita
Mengs como por el influjo que sobre el retra -
to español ejerció entonces la pintura inglesa 1 .
Du ra nt e el si glo XI X es ta ti pol og ía se rá mu y
demandada entre la bur guesía para retratos in -
fantiles, y entre ella encontramos magníficos
ej em pl os co mo el re tra to de Fe der ic o Fl óre z,
de Federico de Madrazo (1842) 2 , o el ret rat o
de Ma nu el F lo re s C al de ró n, d e Ant oni o M ar ía
Esquivel 3 , obras que sin duda Fierros conocía.
1 López Vázquez, 1999, p. 276
2 Federico de Madrazo: Federico Flór ez y Már quez ,
1842. Óleo sobre lienzo, 178 x 1 10 cm. Madrid, Mu-
seo Nacional del Prado (P04452).
3 Antonio María Esquivel: Manuel Flor es Calderón , c.
1842. Óleo sobre lienzo, 139,3 x 104,5 cm. Madrid,
553
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0142
C lotilde s anJurJo F lórez
1877
Óleo sobre lienzo, 73 x 57 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1877.” (lat. der .)
Madrid, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala VIII,
nº 8; Rodríguez Paz, 2012 b, p. 282, 290 (repr .); Rodrí-
guez Paz, 2014 c, p. 154-155, cat. 80 (repr .).
Re tra to de dam a en for mat o ov al, de bus to y
sobre fondo neutro, en posición terciada hacia
la iz qui erd a y mir and o al ext eri or del cu ad ro.
Es una mujer joven, de facciones suaves, ojos
os cur os, y cab ell o ca sta ño qu e ca e fo rma ndo
mechones sobre los hombros y tapando ligera -
mente la frente. Cubre parte de la cabeza con
una mantilla de blonda de fino encaje y moti -
El niño, de pie en primer término, viste trajeci -
to ma rró n d e ch aqu eta , c hal eco y p ant aló n p or
la rodilla, según la moda del momento para la
vestimenta infantil entre las clases acomoda -
das. Bajo el chaleco sobresale el cuello blan -
co de la ca mi sa, cer rad o co n co rba ta de laz o
negra. Calza medias blancas y botines negros
co n bot ona dur a la ter al. Co mpl eta el atu end o
un sombrero canotier con lazo negro que des -
ca nsa sob re un toc ón cu bi ert o de ve get aci ón
en el qu e el niñ o apo ya su man o iz qui erd a.
Esta postura, que recuerda clichés habituales
en retratos de aparato, la encontramos también
en ejemplos de retratos paisajísticos como el
citado retrato de Manuel Flores Calderón, si
bien Esquivel lo emplea con mayor fortuna al
servirse de él como apoyo a la pose del mo -
delo, mientras en el caso de Fierros actúa más
como muleta que acentúa el hieratismo de la
fig ura y su in ade cua ció n a una rep res ent aci ón
infantil. Y es que el resultado de Fierros queda
muy lejos de su intención al no ser capaz de
otor gar al conjunto la naturalidad y franqueza
qu e car act eri zan o tro s de su s re tra tos d e niñ os.
La sensación de verismo e incluso de magia
del ambiente que se aprecia en retratos de
composición más sencilla no se logra en este
Museo Nacional del Prado (P04302)
ca so, p ues a dem ás de la f ria lda d de la p ose , no
se crean volúmenes definidos ni en la figura
ni en los elementos accesorios. Esto responde
bá sic ame nte a un pro ble ma l um íni co: Fie rro s,
acostumbrado a escenas interiores con un úni -
co foco de luz dirigido y estático, no se adecúa
al modo de trabajar en ambientes exteriores en
donde el juego de luces es más complejo. De
hecho, vemos que la figura no logra conven -
cer en su relación con el entorno, pues no se
asienta sobre sus pies ni dialoga con el paisaje
circundante, que una vez más actúa como te -
ló n de fon do. Pe ro aun su pri mie ndo la fig ur a,
el pro pio pa isa je den unc ia es a fa lt a de un ida d
en su ambientación, pues la iluminación clara
y diáfana del primer término no guarda rela -
ción con la luz crepuscular del fondo. Fierros
se plantea el paisaje a base de clichés –como el
tocón, el árbol, el camino serpenteante o la luz
de ocaso sobre las montañas de fondo-, deudo -
res de una mentalidad que aún plantea la com -
posición con resabios clasicistas pero que no le
permiten llegar al resultado que busca. El cam -
bi o ll ega rá de l a ob ser vac ión di re cta del med io
natural, que le llevará a una modificación del
patrón lumínico en exteriores, tal y como se
aprecia en su obra costumbrista y paisajística
de su etapa final.
Diego Rodríguez Paz
554
DF0143
J osé n eyra d oMínGuez 1
1877
Óleo sobre lienzo, 84 x 67,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1877.” (lat. der .)
Oviedo, colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 158, cat. 83 (repr .)
Aunque fechado cuatro años después que el
retrato de su esposa, T eresa V illaamil y Cas-
tro (DF01 15), forma pareja con aquel man-
teniendo idénticas dimensiones y mismo
esquema de busto inscrito en un óvalo, con
la figura de frente y mirando al espectador .
Se sitúa ante un fondo oscuro que se matiza
desde el negro hasta los verdes y ocres de-
trás de la figura, recurso habitual en Fierros
para acentuar la profundidad de la escena y
generar un halo atmosférico en torno al ros-
tro. El caballero viste elegantemente chaque-
ta negra, camisa blanca y corbata de lazo. Los
1 Obra inédita
cabellos oscuros, peinados hacia atrás, dejan
entrever zonas entrecanas en las sienes, y de
forma más evidente aún en el bigote y en las
lar gas patillas recortadas a la moda del mo-
mento.
vos florales que oculta el vestido y se recoge
co n un br oc he dor ado a la al tur a de l hom bro
izquierdo. La joyería se complementa con una
cruz colgada al cuello y unos pendientes, todo
ello con la evidente intención de señalar la ele -
vada condición social de la retratada a través
de la elegancia de su atavío.
Repite el esquema compositivo que viene
siendo habitual en los retratos burgueses de
Fierros, destacando volumétricamente la figu -
ra por medio del escorzo y la iluminación exte -
ri or q ue m od ela e l ro str o co n la y ux tap osi ció n
de luces y sombras, aunque graduadas para
conseguir sensación de realismo e incluso de
atmósfera. Esta naturalidad se potencia con el
empleo de carnaciones rosáceas que animan la
en ton aci ón eb úrn ea de l sem bla nte , tr aba jad o
con una pincelada amarrada y compacta que
acentúa la tersura de la piel, un signo más del
estatus acomodado de la retratada. Por su par -
te, el afán por obtener un resultado naturalista
lleva a Fierros a distinguir las calidades tácti -
les de los objetos a través de efectos de veladu -
ras, conseguidos con acierto en la mantilla que
transparenta el vestido, y que supone la plena
asimilación de las enseñanzas de Federico de
Madrazo, uno de los grandes maestros de la
pintura del XIX en cuanto a representación de
calidades materiales en telas y joyas. Herencia
de Madrazo son también los recursos ya men -
cionados de resaltar la comisura de los labios
y dotar a las pupilas de un ligero toque de pin -
ce lad a bl anc a p ara p rof und iza r e n la c ap tac ión
ps ico lóg ica de l a m ode lo, en vue lta en un h al o
de ensoñación y melancolía que Fierros im -
pr imi rá co n ac ie rto a muc hos de su s ret rat os y
que aquí se acentúa con un tratamiento cromá -
tico dominado por los tonos pastel.
Hija de Pedro Sanjurjo Pérez y Clotilde Flórez
Quiroga, IX condesa de T orr e P ene la, ta mbi én
retratada por Fierros (DF0907), Clotilde San -
ju rjo Fló rez (C ar bal lo, 185 5 – A Cor uña , 19 42)
ca só en 187 8 c on el mi li tar y pol íti co An ton io
del Moral Ló pez (1 849 -19 24) , c on qu ie n tuv o
cinco hijos.
555
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0144
a lFonso xii
1877
Óleo sobre lienzo, 76 x 60 cm.
Firmado y fechado: “Fierros / 1877” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
p roCedenCia
Ribadeo, casa consistorial; devuelto a Antonia Carre-
ra en 1931; por descendencia directa hasta su actual
propietario.
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición de óleos… , 1968, s.p.; Exp osi ci ón “Di oni si o
Fierr os” , 19 73, s .p ., s ala I X, nº 25 ; V ill a Pa stur , 19 73 a ,
p. 132 (repr .); López Vázquez, 1999, p. 374 (repr .); Cas -
tro, 2012 a, p. 347 (repr .); Rodríguez Paz, p. 1476, 1477;
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 156, cat. 81 (repr .).
Se trata de una réplica casi exacta del retra-
to de Alfonso XII, de Gala fechado en 1875
(DF0130), aunque cambiando la vestimenta
por una casaca oscura sin solapas. Ha de pen-
sarse que Fierros tomó como modelo la mis-
ma imagen del rey , aun cuando hubiesen pa-
sado dos años. En esta ocasión luce la banda
y la cruz de la Orden de San Fernando, menos
habitual en retratos regios, y que aquí habría
de justificarse por su adecuación al probable
destino inicial del cuadro en alguna de las co-
mandancias de provincias de la Dirección de
Carabineros para la que Fierros pintó dieci-
séis retratos del monarca, tal y como él mis-
mo relata en sus memorias 1 . La Real y Militar
Orden de San Fernando, como la más precia-
da condecoración militar española, tenía por
objeto honrar el valor de determinadas ac-
ciones en servicio y beneficio de España. El
mismo año en que Fierros pintó este retrato,
Alfonso XII concedió este reconocimiento
al capitán de Artillería José Brull Seoane.
1 “De dicho Monarca he pintado muchos retratos. Para
la Dirección de Carabineros me encar gó el General
Gasset dieciséis retratos, dos grandes y quince de bus-
to, para las Comandancias de provincias. Quería dicho
general que le hiciese treinta de los de busto pero tenía
yo que salir de Madrid y me fue imposible hacerle más
que los que dejo dicho”. Apuntes autobiográficos del
pintor , Anexo 31.
El cuadro fue posteriormente regalado por
Fierros al Concello de Ribadeo, con destino
al Salón de Plenos de la casa consistorial, con
la condición de que si algún día se retiraba
de esa ubicación, fuese devuelto a su fami-
lia. Al proclamarse la II República en 1931,
la corporación municipal decidió su retirada
y posterior devolución a la viuda del artista 2 .
2 “Dada cuenta de los antecedentes que interesara el
señor T raveso Maseda en anterior sesión, referentes al
regalo que de un retrato al óleo de Alf on so XI I hi zo
condicionalmente al A yuntamiento en el año 1877 el
pi ntor don Di on isio Fi er ros, se ac ordó por un an imid ad,
a propuesta del Sr . Presidente y después de larga deli -
beración, dejar dichos antecedentes sobre la mesa para
adoptar acuerdo cuando se hallen presentes los señores
concejales que no concurrieron a la sesión.” Libro de
actas municipales del Concello de Ribadeo, 27/6/1931.
“ Puesto a discusión a petición del Sr . González Álva-
rez, el asunto referente a si debe continuar en el sa-
lón de sesiones al retrato al óleo de Alfonso XII, que
regaló al A yuntamiento en el año 1877 el pintor don
Dionisio Fierros, con la condición de recogerlo si se
acordase retirarlo del salón de sesiones, hizo uso de la
palabra el señor T raveso Maseda para exponer que di-
cho retrato, no por lo que representa, sino por tratarse
de una obra de arte de reconocido mérito, debe conti-
nuar en el salón, en el lugar que se designe que no sea
de preferencia. Análogas manifestaciones hizo el señor
González Cobo, pronunciándose otros señores conce-
jales por que el aludido cuadro se devuelva a la fami-
lia del señor Fierros, toda vez no estiman convenien-
te que continúe en el salón de sesiones. T erminada la
discusión del asunto y sometido a votación se acordó
por once votos de los señores Rodríguez Pérez, Nistal
Ares, Rodríguez, Alonso Fernández, Rodríguez Fol-
Diego Rodríguez Paz
556
DF0145
d ionisio , hiJo del pint or
1877
Óleo sobre lienzo, 31 x 25 cm.
Firmado y fechado: “Fierros / 1877” (lat. izq., rascado
con el pincel sobre la pintura).
Santiago de Compostela, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala X, nº
14; V illa Pastur , 1973 a, p. 100-101; V illa Pastur , 1994,
p. 68-69; García Quirós, 2002, p. 1 19; Rodríguez Paz,
2014 c, p. 157, cat. 82 (repr .).
Dionisio, el segundo hijo del matrimonio Fie-
rros Carrera, nació en Ribadeo el 18 de agos-
to de 1876, y al igual que su hermana María,
falleció a muy temprana edad, en marzo de
1879.
El artista repite en este lienzo el mismo es-
quema compositivo que había empleado para
retratar a su primogénita: un pequeño lienzo
cuadrangular en el que se inscribe un óvalo
que enmarca el busto de la figura en posición
frontal ante un fondo indefinido sobre el cual
proyecta su sombra por efecto de la luz que
incide desde el ángulo superior izquierdo. La
novedad en esta ocasión radica en la coloca-
ción de la cabeza ligeramente terciada hacia
la derecha, rompiendo así el hieratismo del
caso anterior y potenciando la sensación de
tridimensionalidad. El niño, de cabellos ru-
bios y ojos claros, viste como único atuendo
una camisa oscura con un babero blanco que
acentúa su aspecto infantil. El modelado del
rostro sigue aprovechando el efectismo de la
mancha cromática y las carnaciones que ani-
man la expresión, consiguiendo en este caso
una mayor sensación de realismo e introspec-
ción psicológica gracias al estudiado trata-
miento de la mirada y la sonrisa. La simpli-
ficación pictórica continúa incrementándose
en la zona iluminada del último plano y en
el babero, donde la pincelada se vuelve más
espesa y matérica, trabajada a grandes bro-
chazos que permiten apreciar a simple vista
la marca del pincel sobre la tela. Esta agili-
dad en la ejecución permite a Fierros jugar
con efectos inacabados, como se aprecia en la
parte inferior del lienzo, simplemente aboce-
tada a modo de tela translúcida.
gueira, Margolles Despora, Alonso Barrera, Barrera
Rodríguez, Ríos Fernández, González Álvarez y Fer -
nández Cardoso, contra dos emitidos por los Señores
T raveso Maseda y González Cobo, que no procedien-
do el cuadro de que se trata, continúe en el salón de se-
siones de esta Consistorial, se devuelva a la familia del
señor Fierros, en cumplimiento de la facultad que este
reservó al A yuntamiento.·” Libro de actas municipales
del Concello de Ribadeo, 1 1-7-1932.
557
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0146
d ionisio , hiJo del pint or ( répliCa )
1877
Óleo sobre lienzo, 32 x 25 cm.
Firmado: “D. F .” (áng. inf. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
i nsCripCiones
“Dionisio” (áng. inf. izq.)
e xposiCiones
A Coruña, 1973; La Felguera, 1978; Gijón, 1980; Iti-
nerante, 2000.
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala X, nº
26; V illa Pastur , 1973 a, p. 100-101; Exposición-home-
naje... , 1980, s.p., nº 37; V illa Pastur , 1994, p. 68-69;
Dionisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mundano , 2000,
p. 76 (repr .); García Quirós, 2000, p. 44; García Qui-
rós, 2002, p. 1 19; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 372, cat.
230 (repr .).
Fierros repite casi con exactitud el retrato de
su segundo hijo (DF0145), tan sólo con algu-
nos cambios que afectan sobre todo al trata-
miento del babero, de aspecto más vaporoso
y abocetado en este caso aunque construido
igualmente a base de pinceladas ligeras que
potencian las cualidades compositivas de la
mancha cromática. La entonación general del
lienzo es aquí más viva, sumando naturali-
dad a un rostro en el que se destacan con más
fuerza las carnaciones en mejillas y boca. Fir -
mado tan sólo con las iniciales del pintor , he-
mos de datarlo en la misma fecha que el otro
retrato del pequeño Dionisio.
DF0147
a nt onio p rado 1
1877
Óleo sobre lienzo, 72 x 56,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1877” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 159, cat. 84 (repr .)
Retrato de caballero, de busto ante fondo
neutro, en posición frontal y mirando al es-
pectador . Es un hombre de mediana edad, de
ojos marrones y mirada profunda, frente des-
pejada y entradas en el cabello oscuro. Luce
bigote y perilla. V iste chaqueta oscura, cami-
sa blanca y corbata de lazo negra con alfiler
plateado. El sombreado del rostro denuncia el
empleo de un modelo fotográfico.
1 Obra inédita
Diego Rodríguez Paz
558
DF0149
DF0148
F ranCisCo l aGe p rado 1
1877
Óleo sobre lienzo, 78 x 57,5 cm.
Firmado, fechado y dedidado: “A su amº. Lage / Dº
Fierros / 1877” (lat. izq.)
Foz (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 161, cat. 86 (repr .)
Retrato de caballero de busto, en posición
frontal ante fondo neutro, en lienzo cuadran-
gular que enmarca un óvalo. Es un hombre de
edad avanzada, de rostro delgado y tez son-
rosada. Los ojos claros, rehundidos y enmar-
cados por espesas cejas negras, se dirigen al
espectador con expresión serena. El cabello
es corto, peinado con raya a un lado y de to-
nalidad grisácea, igual que la perilla estrecha
y el bigote rematado en guías curvadas hacia
arriba. V iste chaqueta negra, camisa blanca
con botones dorados y pajarita. En la parte
inferior del lienzo, prendida a la chaqueta,
asoma la leontina del reloj.
1 Obra inédita
i saBel de p rado 1
1877
Óleo sobre lienzo, 72 x 56,5 cm.
Firmado y fechado: “Dº. Fierros / 1877” (lat. der .)
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 160, cat. 85 8repr .)
La dama, esposa de Antonio Prado, figura
aquí con el apellido de su esposo, ya que el
suyo nos es desconocido. Forma pareja con el
retrato de aquél (DF0147), con idénticas di-
mensiones y esquema formal. Se representa
de busto, ante fondo neutro y terciada hacia
la derecha. Es una mujer corpulenta, de me-
diana edad, ojos claros y mejillas sonrosadas.
Peina su lar ga melena castaña en un recogido
alto que deja despejado el rostro y las orejas
1 Obra inédita
Se aprecia aquí perfectamente la evolución
del estilo retratístico de Fierros hacia un tra-
tamiento más pictórico de las formas. Esto se
ve en el modo de construir el rostro, huyendo
cada vez más de la línea amarrada como base
compositiva para dar cabida a una mayor li-
bertad cromática y de pincelada que facilite
la descripción de los detalles en un semblante
marcado por la edad.
con pendientes dorados. El traje es sobrio,
de color negro y cerrado hasta el cuello con
solapas de encaje blanco. Se adorna con un
medallón dorado sobre el pecho.
559
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0150
e Milia t relles 1
1878
Óleo sobre lienzo, 74,5 x 58 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1878” (lat. der .,
rascado con el pincel sobre la pintura).
Ribadeo (Lugo), colección particular
B iBlioGraFía
Rodríguez Paz, 2014 c, p. 162, cat. 87 (repr .)
Retrato de busto en óvalo, con la figura lige -
ramente terciada hacia la derecha sobre fondo
de color parduzco. La modelo viste un ele-
gante traje negro de amplias solapas y escote
en pico con volantes de encaje adornado con
un broche en el pecho a juego con la gar ganti-
lla y los pendientes. Recoge su cabello oscuro
en un moño que sujeta con un prendedor do-
rado en forma de estrella, quedando el rostro
totalmente despejado.
Un foco de luz exterior incide desde el ángu-
lo superior izquierdo en el rostro de la dama,
trabajado con un suave modelado conseguido
merced al empleo de una iluminación tenue y
un sutil tratamiento de las carnaciones que re-
fuerzan el sentido naturalista de la obra. Este
realismo se acentúa con la diferenciación de
las calidades táctiles de los objetos, aspecto
en el cual Fierros destacó durante toda su ca-
rrera, y que en este caso se aprecia fundamen-
talmente en los brillos dorados de las joyas y
en la tela del cuello trabajada con rápidas pin-
1 Obra inédita
celadas que acentúan el componente matéri-
co y sugieren en algunas zonas la sensación
de transparencia. Sin embargo, en el resto
de la composición la línea del dibujo somete
fuertemente a la pincelada, tratada de forma
mucho más compacta en la zona del rostro,
y dominada por un cromatismo muy limita-
do que acentúa la sobriedad de la expresión
de la retratada, con una mirada perdida que
no logra captar con la maestría acostumbrada
el carácter de la dama. Esta falta de intros-
pección psicológica quizá responda, como
en otros retratos del autor , al empleo de una
fotografía como referencia; así parece adver -
tirse también por el modelado suavizado del
rostro.
Diego Rodríguez Paz
560
DF0151
M aría de las M erCedes de o rleáns
1878
Óleo sobre lienzo, 130 x 90 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1878.” (áng. inf. izq.)
Diputación Provincial de A Coruña (nº inv . 491)
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Gijón, 1980; Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Exposición de óleos…, 1968, s.p.; Exposición “Dio-
nisio Fierr os” , 1973, s.p., sala IX, nº 27; V illa Pas-
tur , 1973 a, p. 93, 131 (repr .); Liaño, 1975, p. 15, 66
(lám. 3); Liaño, 1976, p. 14 (lám. 3); Exposición-ho-
menaje... , 1980, s.p. (repr .); Sobrino – Liaño, 1991, p.
159, 160 (repr .), 737; V illa Pastur , 1994, p. 64; Dio-
nisio Fierr os 1827-1894. Íntimo y mundano , 2000, p.
71 (repr .); García Quirós, 2000, p. 38; García Quirós,
2002, p. 1 15, 137 (repr .); Fernández Castiñeiras, 201 1,
p. XCII, C; Rodríguez Paz, 2012 b, p. 288; Rodríguez
Paz a, 2013, p. 1475; Rodríguez Paz, 2014 c, p. 163-
164, cat. 88 (repr .).
María de las Mercedes de Orleáns y Borbón,
quinta hija de Antonio de Orleáns, duque de
Montpensier , y de la infanta Luisa Fernanda
de Borbón, nace en Madrid el 24 de junio de
1860. Pasa su infancia en Sevilla, hasta que
se ve obligada a exiliarse junto a su familia
durante el Sexenio Democrático. Con la Res-
tauración, regresa a España, instalándose de
nuevo en Sevilla. El 23 de enero de 1878 con-
trae matrimonio con Alfonso XII en la ma-
drileña basílica de Atocha. Poco después de
su boda case enferma de tifus, falleciendo el
26 de junio de ese mismo año. Su prematu-
ra muerte y la popularidad de su historia de
amor darían pie a la creación de toda una le-
yenda romántica en torno a ella.
El cuadro, encar gado por la Diputación de A
Coruña tras el enlace de los soberanos, habría
de formar pareja con el retrato de Alfonso XII
pintado por Fierros tres años antes (DF0129).
Con idénticas dimensiones, sigue el mismo
esquema formal de retrato regio, represen-
tando a la reina casi de cuerpo entero, de pie
y en posición frontal, aunque cambiando el
fondo paisajístico por una estancia palaciega.
Luce un rico vestido de gala, de gran barro-
quismo, según la moda propia del momento,
con amplio escote, mangas cortas, cintura en-
tallada y cola de gran vuelo, todo ello adorna-
do de una gran profusión de telas y joyas que
se repite en el collar , las pulseras, el anillo,
los pendientes y el broche en forma de cruz.
Completan el atuendo la tiara real y la banda
de la Orden de Damas Nobles de María Lui-
sa. Su mano derecha se apoya con elegancia
sobre la mesa en la que se sitúa, en un segun-
do plano, la corona real, mientras la izquier-
da, con guante, descansa sobre la cintura.
La reina ladea la cabeza para dirigir su mira-
da a un punto lejano fuera de la composición.
Su rostro dibuja una expresión serena, esbo-
zando una ligera sonrisa que aporta cierta ca-
lidez y que denota la intención del artista de
profundizar en la captación psicológica del
rostro que ya había ensayado previamente en
otro retrato de la reina (DF0152). Consigue
así transmitir una imagen de sutil y delicada
belleza que contrarresta la frialdad propia del
retrato cortesano.
El cuadro fue comprado por la Diputación en
noviembre de 1878, por lo tanto, después de
la muerte de la reina, aunque no sabemos si se
pintó en vida de la soberana o se trata de un
retrato póstumo.
561
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0152
M aría de las M erCedes de o rleáns
1878
Óleo sobre lienzo, 75 x 58 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros / 1878” (lat. der .,
rascado sobre la pintura)
V alladolid, colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894; Madrid, 1966; A Coruña, 1973; Itine-
rante, 2000
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 8, nº 185; Exposición del
Pintor Fierr os , 1966, s.p., nº 27; Exposición “Dionisio
Fierros”, 1973, s.p., sala IX, nº 23; V illa Pastur , 1973
a, p. 92, 133 (repr .); V illa Pastur , 1985, p. 126 (repr .);
V illa Pastur , 1994, p. 63-64; Dionisio Fierr os 1827-
1894. Íntimo y mundano , 2000, p. 72 (repr .); Rodrí-
guez Paz, 2012 b, p. 288; Rodríguez Paz, 2014 c, p.
165, cat. 89 (repr .).
Los retratos de la reina Mercedes tienen un
especial interés por la escasez de representa-
ciones pictóricas que dejó su breve matrimo-
nio con Alfonso XII. El que aquí se comenta
ha de ser un modelli o estudio preparatorio
en formato de busto que serviría al pintor
para ensayar el tratamiento del rostro de cara
al retrato de gran formato que le encar ga la
Diputación de A Coruña (DF0151). Proce-
dimiento habitual en este tipo de cometidos,
como se ha visto en el caso de Fierros para
anteriores retratos de corte, es probable que
también emplease una fotografía como refe-
rencia, tal y como parece deducirse del mo-
delado suavizado del rostro que, sin embar go,
no traslada al otro cuadro. Una fotografía de
la reina en idéntico formato de busto y con
el mismo atuendo y peinado, aunque sin la
tiara, se conserva actualmente en manos de
los descendientes del pintor . Respecto a la fo-
tografía, Fierros modifica la disposición de la
figura, inicialmente con una visión frontal del
rostro y el cuerpo ligeramente ladeado, a otra
en tres cuartos. El artista consigue captar la
expresión amable del rostro, concentrada en
una tímida sonrisa, y que en la pintura trans-
mite mayor cercanía al aproximar la mirada
hacia el espectador en lugar del marcado dis-
tanciamiento de la fotografía. Por su parte,
en el tratamiento esquemático y puramente
pictórico del vestido y las joyas se aprecia el
modo de hacer habitual en los retratos de esta
etapa de Fierros.
p intura C ostuMB rist a
667
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0275
M oza GalleGa
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 66,5 x 33 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. izq.)
Pozuelo de Alarcón (Madrid), colección particular
p roCedenCia
Buenos Aires, colección Moreno Ulloa, 1909; Riba-
deo, Pedro Moreno, 1951; Madrid, José Páramo, 1973.
e xposiCiones
Oviedo, 1894; A Coruña, 1951; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición-venta... , 1894, p. 6, nº 59; Basa, 1909,
repr . cubierta, p. 29 (repr .), 67; Exposición homena-
je... , 1951, s.p., nº 17; Naya, 1964 (repr . cubierta); Ex-
posición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala I, nº 31;
Fraguas, 1985, p. 70 (repr .); González Pérez, 2014, p.
70 (repr .).
Describe la figura de una mujer de cuerpo
entero, de pie, ligeramente ladeada y miran -
do hacia el espectador . Situada ante un fon -
do in de fini do qu e ap rov ech a la im pri mac ión
blanca del lienzo, la única referencia espacial
es la sombra que arroja la propia figura en la
parte inferior , de tonalidad un poco más oscu -
re cid a. E l ar tis ta pla nte a la o br a co mo es tud io
de tipo costumbrista femenino, centrando toda
su atención en la descripción exhaustiva de la
vestimenta. T al es así que el cuadro ha sido re -
producido en numerosas publicaciones sobre
el traje tradicional gallego como una de las re -
pr ese nta cio nes pic tór ica s m ás sin gul are s de un
traje de gala o de gar da fem en ino 1 . V iste man -
te lo de pañ o ne gro , co n fra nja s de ter cio pel o
en el bor de inf eri or , que lle ga has ta el to bil lo
de jan do ve r el za pat o ba jo y la med ia bl anc a.
Lleva atada a la cintura un pañuelo de flecos
ro jo co n mot ivo s est amp ado s, ape nas vi sib le,
tapado por el brazo derecho que luce camisa
blanca de manga ancha y puño cerrado. El den -
gu e es de col or ro jo co n bo rde s de ter cio pel o
negro, y va cubierto por un paño o mantón de
flores rojas sobre fondo anaranjado similar al
que vemos en otras figuras femeninas como
Moza de A Amaía ( D F 0 3 5 1 ) o Moz a gal leg a
1 Naya, 1964; Fraguas, 1985, p. 70; González Pérez,
2014, p. 70.
hilando ( D F 0 3 0 1 ) , a u n q u e e n e s t a o c a s i ó n s e
ll eva so br e l os hom bro s y anu dad o e n e l pec ho
co mo pie za de abr igo p ara u n tra je de gal a y no
cruzado como sustituto del dengue. Como ele -
mento definidor del traje de fiesta destacan las
pi eza s de jo ye ría : pe nd ien tes do rad os y col lar
o sapo, uno de los adornos más populares, que
podía emplear diferentes formas y metales 2 .
Asimismo, el pañuelo de mano, que adquiere
aquí una presencia destacada, era pieza fun -
damental en la vestimenta de gala, llevándose
visible para mostrar su calidad, normalmente
con encaje o bordados 3 . Como cubrición de la
cabeza lleva un paño o mantela d o b l a d a q u e
cae hacia atrás en ángulo recto, dejando ver la
la r ga cab ell era ne gra pe ina da en dos tr enz as.
La singularidad de este tocado, que vemos re -
petido en una de las figuras femeninas de Una
familia gallega ( D F 0 3 02 ) , h a l l e v a d o a a u t o r e s
co mo Fr agu as a ca tal oga r el t raj e com o pro pio
de la zona de Ribadeo 4 . No obstante, otros es -
2 González Pérez, 2014, p. 76.
3 González Pérez, 2014, p. 71.
4 Fraguas, 1985, p. 70.
Diego Rodríguez Paz
668
tudios más exhaustivos sobre las variantes lo -
cales del traje en Galicia no recogen esta hipó -
tesis 5 . T odo parece indicar , por lo tanto, que la
im age n q ue Fie rro s c omp one no bu sca re flej ar
el caso concreto de una zona, sino que respon -
de a una idea bastante general del arquetipo de
traje femenino común a toda Galicia.
5 Hoyos, 2010; González Pérez, 2014.
La obra, localizada por primera vez en la co -
lección Moreno, hubo de incluirse con anterio -
ridad en la exposición-venta de 1894. Es quizá
una de las que figuran en el catálogo bajo el
título Campesina gallega , con medidas casi
idénticas.
DF0276
M ozo GalleGo
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 69,5 x 34 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. der .) y “Fierros” (ras-
cado con punzón, áng. inf. izq.)
Madrid, colección particular
p roCedenCia
Buenos Aires, colección Moreno Ulloa, 1909; pasó a
sus herederos.
e xposiCiones
Oviedo, 1894
B iBlioGraFía
Exposición-venta.. ., 1894, p. 7, nº 73; Basa, 1909, p.
31 (repr .), 67; Naya, 1964, p. 13 (repr .); Fraguas, 1985,
p. 59 (repr .).
El muchacho, representado de cuerpo entero
y de frente, viste traje tradicional gallego. Es
esta la obra en que Fierros ofrece con más
claridad una cuidada descripción de esta in-
dumentaria masculina, con atención a todas
sus piezas: monteira , camisa blanca, chaleco,
chaqueta, faja de color rojo, calzón, pañue-
lo, cir olas y polainas. Define así una imagen
arquetípica que resulta identificativa de toda
Galicia, y que por otra parte no es muy di-
ferente a las estampas de tipos costumbristas
que pudo haber conocido. Junto a la represen-
tación del traje, el interés del artista recae en
el estudio de la pose: el modelo se sostiene
sobre su pierna izquierda, cruzando la dere-
cha por delante, al tiempo que ladea el cuerpo
para apoyarse con el brazo derecho en su ca-
yado. Se establece de este modo una especie
Cibera: T ipos españoles: Gallegos de la
pr ovincia de Santiago , [s. XIX]. Xilografía,
16 x 12 cm. Imagen extraída de Martínez-
Barbeito, 1993, p. 238, nº 384
669
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
de contraposto que añade naturalidad y fres-
cura a la imagen y alivia la rigidez habitual
en otras figuras semejantes, aunque su origen
no se deba tanto a un estudio directo del natu-
ral como a la reproducción de una pose muy
repetida en los catálogos de tipos populares
de la época. Fierros ensaya este mismo tipo,
con ligeras variaciones, en otro estudio don-
de se centra con más claridad en la cuestión
de las poses ( DF0312 ). La figura se trabaja
con trazos abocetados y pastosos, siempre
sometidos a la línea de contorno que desta-
ca volumétricamente sobre el fondo blanco.
Alrededor de la silueta se aprecian manchas
grisáceas que identifican los arrepentimientos
sobre un diseño anterior .
El cuadro, habiendo formado parte de la colec -
ción Moreno, hubo de incluirse previamente
en la exposición-venta. El tema dificulta su lo -
ca liz aci ón en tre ot ras mu ch as ob ras si mil are s,
pe ro las dim ens ion es nos pe rmi ten ave ntu rar
una posible identificación en el catálogo.
DF0277
d os M u J eres . e studio de F i G uras pa r a
U na romería en las cercanías de s antiago
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 21,5 x 14,5 cm.
Lugo, colección particular
e xposiCiones
A Coruña, 1973; Itinerante, 2000
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala I, nº
33; López Vázquez, p. 370 (repr .); Dionisio Fierr os
1827-1894. Íntimo y mundano , 2000, p. 58 (repr .);
García Quirós, 2000, p. 38.
Se trata de un estudio para dos figuras inclui -
das en Una r omería en las cer canías de San -
tiago ( DF0296 ): dos mujeres que en la com -
posición final se sitúan en medio término en la
pa rte ce nt ral , an te el cer ro qu e sir ve de f on do.
Vi s t e n s a y a d e p a ñ o o s c u r o , mantela , camisa
blanca, dengue y cofia, y entre las dos sostie -
nen sobre sus cabezas una gran cesta cubierta
de tela blanca. El pintor hubo de plantear el
apunte más bien como ensayo para la pose –
que mantiene sin cambios en la obra definiti -
va - qu e co mo e stu dio de rop aje s. D e he cho , en
la obra final la mujer de la derecha cambia la
co fia po r un pa ño d e co lor gr is, m ás ac or de po r
otra parte con lo que parece ropa de saír y no
de gala. Es obra de pincelada empastada, de
trazos muy gruesos y envolventes en los que
se ap rec ia la ma rca de l pin cel , y que su bra yan
su co ndi ció n d e b oce to.
R. Balaca: El gallego . Imagen extraída de La
Ilustración gallega y asturiana , 1987 b, p. 464.
Diego Rodríguez Paz
670
DF0279
e studio de dos B ustos de M u J er C on C o F ia
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 12,5 x 19,5 cm.
Gijón (Asturias), colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894
B iBlioGraFía
Exposición-venta ..., 1894, p. 5, nº 7
Muestra dos variantes del mismo busto feme-
nino, una de frente y otra de perfil. La mo -
delo presenta un rostro ovalado de facciones
correctas que responde a los criterios acade-
micistas seguidos por Fierros: frente peque-
ña, grandes ojos oscuros enmarcados por la
línea de las cejas, nariz recta, boca pequeña
de labios rojos y pómulos marcados que di-
bujan un triángulo invertido hasta el mentón.
La obra, no obstante, se plantea como estudio
de tipos costumbristas femeninos, centrando
el pintor su interés en la representación del
atuendo: traje tradicional gallego en el que
destaca la cofia de fina tela blanca atada con
cinta roja. Elemento propio del traje de gar-
da , se complementa con otros atavíos, en este
caso pendientes y colgante dorados. Otras
prendas visibles como el dengue o el cuello
de la camisa apenas se esbozan con rápidos
trazos de color . El cuadro es quizá el mismo
que se incluye en el catálogo de la exposición
venta como Dos cabezas de campesinas ga-
llegas , con dimensiones similares.
DF0278
M ozo GalleGo
c. 1855-1958
Óleo sobre lienzo, 31,5 x 24 cm.
A Coruña, colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894
B iBlioGraFía
Exposición-venta ..., 1894, p. 6, nº 49
Se trata de un boceto para la figura del mucha -
c h o s i t u a d o d e l a n t e d e l c r u c e i r o e n e l e x t r e m o
izquierdo de Una r omería en las cer canías de
Santiago ( DF0296 ) . V e s t i d o c o n p a n t a l ó n , f a j a ,
camisa, chaleco y chaqueta, el gesto danzante
que hace al cruzar su vara o cayado en diagonal
tras su espalda se repite en otro estudio prepara -
torio ( DF0284 ) y se mantiene sin apenas varia -
ciones en la composición final. El rostro, aleja -
d o d e l e s t e r e o t i p o i d e a l i z a d o d e o t r o s e j e m p l o s ,
parece delatar la inspiración directa en modelos
populares, con lo que el artista da un paso más
a l l á s o b r e l o q u e e s h a b i t u a l e n e s t a e t a p a d e s u
carrera para acercarse a una caracterización del
tipo social no sólo a través del traje sino también
en la captación de unos determinados rasgos fa -
ciales. Por sus dimensiones es probablemente el
cuadro que se cataloga en la exposición venta
c o n e l n ú m e r o 4 9 .
671
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0280
e studio de dos Bust os FeMeninos de
perFil Con CoFia 1
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a cartón, 12,5 x 13,5 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
En este caso el artista vuelve a mostrar dos
tipos femeninos de busto, ahora ambos de
perfil mirando en sentidos opuestos. La figu -
ra de la izquierda se presenta más próxima al
primer término, iluminada por un foco de luz
que incide desde el exterior , mientras la de
la derecha queda en penumbra. De nuevo el
interés del pintor recae en la representación
de la cofia como elemento destacado del traje
tradicional, aunque en esta ocasión con una
factura más suelta y abocetada que apenas
detalla sus calidades táctiles o su perfil en la
parte inferior .
1 Obra inédita.
DF0281
e studio de Bust o FeMenino Con CoFia 1
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a cartón, 15,5 x 15,5 cm.
Ribadeo (Lugo), colección particular
Busto de mujer con traje tradicional gallego,
similar a los anteriores, en lienzo circular . Se
dispone en tres cuartos de perfil ante un fondo
neutro de tono grisáceo. La cofia cae sobre
la espalda y el hombro izquierdo, cubriendo
parte del dengue, que es de color rojo con ri-
betes negros. Peinada con raya al medio, se
adorna con pendientes y colgante de oro.
1 Obra inédita.
Diego Rodríguez Paz
672
DF0282
e l CieGo de la zanFoña . e studio de Fi -
Gura p ara U na romería en las cercanías
de s antiago
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 70,5 x 37 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. der .)
Lugo, Museo Provincial (P .196)
p roCedenCia
Buenos Aires, colección del industrial gallego Fernan-
do García; Buenos Aires, Centro Lucense; donado al
Museo Provincial de Lugo el 18-1 1-1959.
e xposiCiones
A Coruña, 1973, Santiago de Compostela, 2016
B iBlioGraFía
Carballo-Calero, 1969, p. 57; Exposición “Dionisio
Fierr os” , 1973, s.p., sala I, nº 16; V illa Pastur , 1973
a, p. 79; Sobrino, 1982, p. 412; Arbués, 1990, p. 4063
(repr .); López Vázquez , 1993, p. 163 (repr .); V illa
Pastur , 1994, p. 54; Fernández García, 1997 a, p. 1 10;
López Vázquez, 1997, p. 287; López Vázquez, 1999,
p. 407 (repr .); Monterroso, 1999, p. 63; Arribas - Cuba
- Reigosa, 2003, p. 52; Quiroga, 2007, lám. XLIII;
González Pérez, 2014, p. 34 (repr .); Monterroso, 2016,
p. 285; Seixas, 2016, p. 73 (repr .).
Fierros muestra aquí un tipo costumbrista
de especial singularidad. Presente de mane-
ra arquetípica en el imaginario colectivo de
diferentes zonas como personaje errante que
va de pueblo en pueblo tocando y cantando
coplas o romances de ciego, es además una
figura casi icónica dentro del folclore gallego,
donde el propio instrumento cuenta también
con una amplia tradición. Con frecuencia
acompañado de violín en vez de zanfoña, su
repertorio es a menudo de tipo amoroso, pero
en muchas ocasiones se ocupaba de asuntos
sociales e incluso políticos, con lo que su pre-
sencia en ferias y mercados se hizo habitual.
No en vano, el cuadro se plantea como estudio
individual para Una r omería en las cer canías
de Santiago ( DF0296 ), donde se incluye ce-
rrando la composición en el extremo derecho.
Aparte de la observación de tipos populares
durante su estancia en Galicia, el pintor hubo
de tener en cuenta para su realización la larga
tradición pictórica de un modelo iconográfi -
co que se remonta a la Edad Media 1 y que
pudo conocer previamente a través de diver -
sas obras. En el Museo del Prado se conser -
van varios ejemplos donde este personaje es
el protagonista, como El ciego de la zanfonía
de Georges de La T our 2 o El ciego músico de
1 Mena, 2014 b, p. 190.
2 Georges de la T our: El ciego de la zanfonía , 1620-
1630. Óleo sobre lienzo, 86 x 62,5 cm. Madrid, Museo
Nacional del Prado (P07613).
Georges de la T our: El ciego de la zanfonía ,
16 20 -1 63 0. Ól eo so br e li en zo , 86 x 62 ,5 cm .
Madrid, Museo Nacional del Prado (P07613).
673
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
Ramón Bayeu 3 . T ambién está presente en dos
escenas populares de T eniers como uno de los
músicos que animan la fiesta, en ambos casos
junto a un gaitero 4 . Además, como tipo cos-
tumbrista alcanzó una gran difusión a través
de estampas y grabados compilados en reper -
torios que proliferaron durante la primera mi-
tad del XIX y que Fierros, como artista espe-
cializado en pintura de género, sin duda hubo
de manejar . Entre ellos, uno de los ejemplos
más recurrentes es el que Antonio Rodríguez
reúne bajo el título Colección General de los
trages que en la actualidad se usan en Espa-
ña: principiada en el año 1801 , que incluye
una estampa dedicada a un Ciego que toca la
zanfon ía y su lazarillo, de Madrid 5 . El estudio
de Fierros, de hecho, muestra a la figura de un
modo semejante al de estas estampas, indivi-
dualizando al personaje en un espacio inde-
terminado, pero dotándolo de una presencia
más heroica y monumentalizada al ocupar
casi toda la altura del lienzo. El objetivo del
artista es por lo tanto la representación de la
figura en cuanto estudio preparatorio para una
composición mayor , sin prestar atención al
entorno que la rodea. La única referencia es-
pacial viene dada por la sombra que la propia
figura, anclada sobre sus pies en una superfi -
cie indeterminada pero con presencia firme,
proyecta sobre el fondo neutro, en un recurso
que recuerda irremisiblemente al modelo ve-
lazqueño del retrato de Pablo de V alladolid 6 .
La configuración del tipo pasa también por
su caracterización física como un hombre de
edad avanzada cuya fisonomía muestra sig -
nos del paso del tiempo: tez arrugada, cabello
grisáceo un poco alborotado, etc. Presenta as-
pecto desaliñado, aunque se viste con ropas
3 Ramón Bayeu y Subías: El ciego músico , c. 1786.
Óleo sobre lienzo, 93 x 145 cm. Madrid, Museo Na-
cional del Prado (P02522).
4 David T eniers: Fiesta y comida de aldeanos , 1637.
Óleo sobre lienzo, 120 x 188 cm. Madrid, Museo Na-
cional del Prado (P01788); David T eniers: Fiesta cam-
pestr e , 1647. Óleo sobre lienzo, 75 x 1 12 cm. Madrid,
Museo Nacional del Prado (P01786).
5 Rodríguez, 1982, p. 83.
6 Diego V elázquez: Pablo de V alladolid , c. 1635. Óleo
sobre lienzo, 209 x 123. Madrid, Museo Nacional del
Prado (P01 198).
Ciego de la Zampoña [sic], [s.
XVIII]. Grabado, 22 x 15 cm. Imagen
extraída de Martínez-Barbeito, 1993,
p. 250, nº 391.
A. Rodríguez: Que viva la Pepa.
Ciego que toca la Chinfonía y su
Lazarillo . Grabado, c. 1801.Imagen
extraída de Rodríguez, 1982, p. 83.
Le jover de V ielle: T ableau espagnol
du Musée de Nantes [s. XIX]. Imagen
extraída de Martínez-Barbeito, 1993,
p. 250, nº 401.
Diego Rodríguez Paz
680
DF0290
p ast or Guiando una res . F raGMent o
de c Ua tro escenas gallegas
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 17,5 x 21,5 cm.
Lugo, colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894; Madrid, 1966; A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición-venta..., 1894, p. 10, nº 177; Exposición
del Pintor Fierr os , 1966, s.p., nº 4; El traje r egional
gallego …, 1969, p. 13; Exposición “Dionisio Fie-
rr os” , 1973, s.p., sala I, nº 23; López Vázquez, 1999,
p. 397 (repr .).
o tros títulos
Cuatro escenas de costumbres en Galicia
La figura principal es la misma, con algunas
variaciones en la pose, que la del Pastor ga-
llego con cor oza que Fierros ensaya de ma-
nera aislada en otro lienzo ( DF0283 ). Aquí se
acompaña de un animal de tiro que completa
la escena en un entorno rural. En cualquier
caso, la idea no pasaría de estos dos bocetos
preliminares, ya que el artista no llegaría a in-
cluirla en ninguna de sus composiciones cos-
tumbristas de gran formato.
DF0291
M irando el puer to . e studio de FiGura
p ara f amilia gallega . f ragment o de
c Ua tro escenas gallegas
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 58,5 x 38 cm.
Firmado: “Dº. Fierros” (áng. inf. der .)
Madrid, colección particular
p roCedenCia
Buenos Aires, colección Moreno Ulloa, 1909; pasó a
sus herederos
B iBlioGraFía
Basa, 1909, p. 50 (repr .).
El título Mirando el puerto fue asignado por
L. Basa en su monografía, donde el cuadro se
reproduce por primera vez. En realidad se tra-
ta del estudio para una figura que forma parte
de uno de los fragmentos de Cuatr o escenas
gallegas ( DF0290 ) ideados por Fierros como
ensayos para las obras de tema costumbrista
que proyecta durante su primera estancia en
Santiago. La figura finalmente no sería in -
cluida en ninguna de ellas, pero el tratamien-
to que el artista concede a su estudio aisla-
do hace que, aun en su condición de obra de
ensayo, funcione a la perfección de manera
independiente, al igual que ocurre en muchos
otros casos semejantes.
En formato vertical, presenta a un muchacho
descalzo, vestido sólo con pantalón y cami-
sa de aspecto desgarrado. Apoyado contra
un muro en el que se abre un vano, lleva su
681
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
mano derecha a la frente para protegerse del
sol mientras mira a la lejanía. La actitud tri-
vial que transmite la pose enlaza bien con
los gustos bur gueses habituales en la pintura
del XIX, que demandan temas intrascenden-
tes inspirados de la vida cotidiana. Por otra
parte, la reducida paleta cromática, que gira
en torno a la gama de los pardos, entronca
directamente con la tradición más castiza de
la escuela española que Fierros conocía bien.
Resulta interesante además la intención de si-
tuar la figura a pleno sol bajo un foco lumíni -
co muy intenso: aunque el modelado se sigue
estructurando con una fuerte oposición entre
luz y sombra que en composiciones de gran
formato le generará importantes problemas,
en el caso de una figura aislada sí funciona
bien al no tener que combinar los distintos
ambientes de luminosidad variable propios
de un escenario exterior .
DF0292
p aisano y Mozo GalleGos
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 53 x 50 cm.
A Coruña, Real Academia Galega
p roCedenCia
Por descendencia directa hasta Dionisio Gamallo Fie-
rros; donación de éste el 18-9-1973.
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os”, 1973, s.p., sala I, nº
4; Boletín de la Real Academia Gallega , 1973, p. 207.
En la mitad izquierda del lienzo se representa la
figura de un hombre de cierta edad, con gruesas
p at i ll a s d e ca b el l o e n t re c an o . S e nt a do d e p e r fil ,
sujeta su cayado con las dos manos a la altura
del rostro. V iste traje tradicional gallego: cal -
z ón , fa j a, c ha q ue t a y g o rr o co n vi s er a at a do c o n
c in t a d e t el a r o ja q u e l e t ap a l a f r en t e y l os oj o s.
En el lado derecho, sin relación aparente entre
a mb a s fig u ra s , s e si t úa u n mu c ha c ho t am b ié n
s en t ad o y e nc u ad r ad o p o r d eb a jo de la c in t ur a .
Con las manos cruzadas sobre el regazo, levan -
t a la vi s ta h ac i a u n pu n to le j an o co n e x pr e si ó n
a te n ta . L u ce ca l zó n d e c o lo r p a r du z co , c a mi s a y
chaleco rojo con solapas negras. Cubre su cabe -
za con un gorro semejante, dispuesta la visera
h ac i a u n l ad o .
Diego Rodríguez Paz
682
DF0293
M uJer GalleGa 1
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 28,5 x 22 cm.
Madrid, colección particular
Ante un fondo de nubes blancas se recorta la
figura de una mujer sentada vistiendo traje
tradicional gallego: mantela gri s, de ngu e ro jo
con ribetes negros, pañuelo blanco con flecos
sobre los hombros y cofia en la cabeza. Sobre
la frente caen mechones de cabello gris que
delatan una edad avanzada: la silueta del ros -
tro de labios hundidos y la espalda encorvada
refuerzan esa idea. Fierros construye la figura
sobre una firme línea de dibujo que delimita
los contornos, para luego aplicar una pincelada
gruesa y empastada que define grandes cam -
po s c ro mát ico s d e co lo r s in ap en as gr ad aci ón.
El con tra ste ent re lu ce s y som bra s si gue si en do
1 Obra inédita.
un recurso fundamental en la consecución del
mo del ado , apr eci abl e sob re to do en el ro str o.
La figura recuerda a la mujer sentada de per -
fil en el centro de En la feria ( DF0307 ) , co n
una pose muy similar aunque mirando hacia el
la do opu est o, c on un o bje to e nt re las ma nos y
un niño que apoya la cabeza sobre su regazo.
683
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0294
p ereGrinos CaMino de C oMpostela
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo pegado a tabla, 20 x 32,5 cm.
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias (nº inv . 537)
p roCedenCia
Herederos del pintor; regalo de Dionisio Gamallo Fie-
rros a Dámaso Alonso; a voluntad de este fue donado
tras su muerte por su viuda, Eulalia Galvarriato, al Mu-
seo de Bellas Artes de Asturias el 23-12-1994.
e xposiCiones
A Coruña, 1973
B iBlioGraFía
Exposición “Dionisio Fierr os” , 1973, s.p., sala I, nº 14
(cat. como Per egrino descansando ); Barón, 2007 a, p.
28-30 (repr .).
El siglo XIX es un tiempo de franco declive
en el culto al Apóstol y en las peregrinaciones
a Compostela. Aun así, estas nunca llegaron a
interrumpirse por completo, tal y como atesti-
gua la continua llegada de caminantes, eso sí,
en un número muy reducido 1 . No será hasta el
redescubrimiento de las reliquias de Santiago
en 1879 cuando esta tendencia se revierta au-
mentando la afluencia de peregrinos.
1 Sobre las peregrinaciones a Santiago en el siglo XIX
véase Pugliese, 1998, especialmente las p. 29-35.
Las artes de la época reflejan esta situación
en un marcado desinterés por los temas jaco -
beos, tanto en imágenes devocionales como
en otras escenas. Con todo, encontramos
ejemplos de pervivencia del relato en cua -
dros como El per egrino de Agapito López
San Román 2 , que junto al caso de Fierros
ejemplifica el cambio de tendencia en la ico -
nografía del Apóstol, desechando la imagen
batalladora y guerrera propia del Barroco a
favor de una representación amable, de in -
tencionalidad evangelizadora, que recupera
su carácter viajero en consonancia con los
gustos del momento 3 . Otras obras como L a
traslación de los r estos del apóstol Santiago
a la sede de Padrón de Raimundo de Madra -
zo 4 dan muestra de cierta perdurabilidad del
motivo, durante esos años, en la pintura de
historia sagrada.
Fierros aborda el tema del peregrino desde
fórmulas propias del cuadro de costumbres,
2 Agapito López San Román: El per egrino , c. 1835.
Óleo sobre lienzo, 122 x 165 cm. Madrid, Museo Na-
cional del Prado (P05969).
3 Barreiro, 2003, p. 442.
4 Raimundo de Madrazo: La traslación de los r estos
del apóstol Santiago a la sede de Padrón, 1859. Óleo
sobre lienzo, 130 x 221 cm. Santiago de Compostela,
Museo de la Catedral.
Diego Rodríguez Paz
684
al igual que el dengue de la mujer . Se acom-
paña además de otro elemento característico:
el bordón con calabaza, que apoya a su lado.
Pero no sólo está presente la iconografía del
caminante, sino que la fisonomía del persona -
je como hombre de mediana edad de cabello
castaño y barba espesa, junto a ese atuendo,
remite irremisiblemente al tipo iconográfico
de Santiago peregrino.
Por otra parte, Fierros echa mano una vez más
del motivo de la familia como eje de una esce -
na costumbrista, recurso que, como ha señala -
do Barón, repite en otros casos: aparte de los
más conocidos ejemplos de Familia marinera
( DF0333) y Familia campesina ( DF0332), otros
más próximos en su temática al que aquí co -
mentamos como Una familia gallega ( DF0302 )
o su variante en uno de los fragmentos de Cua -
tr o escenas gallegas ( DF0287). El empleo del
motivo en relación al tema de la peregrinación,
y en particular a un momento de pausa durante
el camino, evoca el pasaje bíblico del descanso
en la huida a Egipto. No en vano, Fierros está
c on s tr u ye n do la e s ce n a ba j o l a i nfl u en c ia de s u
formación académica y de las enseñanzas ex -
t ra í da s d e la a s im i la c ió n l a tr a di c ió n d el M u se o .
L as p o se s d e lo s pe r so n aj e s so n b ue n e je m pl o
de ello. La mujer , sentada sobre una peña, echa
u na c a be z ad a ap o ya n do la c ab e za so b re l a m a n o
izquierda, y el codo sobre el regazo. Esta no es
más que una transposición de la iconografía de
la melancholia artificialis q u e Fi e rr o s re p it e en
diversas ocasiones, en gran medida como cliché
d e ép o ca , au n qu e ta m bi é n c o mo h áb i l re c ur s o
iconográfico 5 . Por su parte, el hombre se dispo -
ne tendido sobre el costado derecho, ligeramen -
te er guido con su brazo izquierdo a lo largo del
cuerpo. Es de nuevo una imagen arquetípica de
la historia del arte desde su utilización para una
de las figuras masculinas del Juicio de Paris de
Rafael, conocido por la copia grabada de Mar -
cantonio Raimondi 6 , y que fue reinterpretada
en multitud de ocasiones. Fierros pudo conoc -
e rl a p or al g un a c op i a d el or i gi n al o, c o n m a yo r
5 Véanse las obras Figura femenina de busto con fon-
do de paisaje (D F0 00 9), El car denal Gar cía Cuesta
(D F0 1 1 1 ), Ignacio Herr er o Buj , Juan González Mori y
Piedra (D F0 25 1) y Anatolia .
6 Marcantonio Raimondi: El juicio de Paris , c. 1515-1516.
con un planteamiento que no resulta muy dis-
tinto al de otras de sus obras costumbristas
que presentan una escena trivial en un mar -
co rural, y cuya intención principal sigue
centrándose en la representación de tipos
populares. En este sentido, el artista recurre
a la tradición de la iconografía jacobea, ple-
namente consolidada en ese momento, para
representar al peregrino con su indumentaria
habitual: capa, esclavina y sombrero, estos
dos últimos adornados con motivos de vieiras
Marcantonio Raimondi: El juicio de Paris
(detalle), c. 1515-1516.
Diego V elázquez: El triunfo de Baco , o Los bor-
rachos (detalle), 1628-1629. Óleo sobre lienzo,
165 x 225 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado
(P01 170).
Francisco de Goya: La merienda (detalle), 1776.
Óleo sobre lienzo, 271 x 295 cm. Madrid, Museo
Nacional del Prado (P00768).
685
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
p ro b ab i li d ad , a s im i la r la c om o c li c hé a ca d ém i co
a través de su uso por otros artistas. Es la mis -
ma pose que Ve l á z q u e z e m p l e a e n u n a fi g u r a
de El triunfo de Baco 7 , o br a q ue Fi e rr o s c o pi ó
(DF0393), o que Goya utiliza para algunos de
sus cartones como La merienda 8 o El cachar -
re ro 9 . L a p o s e e l e g a n t e d e l p e r e g r i n o c e n t r a l a
a te n ci ó n d el pi n to r , q ue e ns a ya el de t al l e d e s u
m an o po r se p ar a do ( DF 0 40 3 ). P o r ot r a pa r te ,
e l p os o d e l c la s ic i sm o a c ad é mi c o s e a p re c ia en
u na c om p os i ci ó n d e m a rc a da h or i zo n ta l id a d
q ue un a v ez m á s r ec u rr e a u n es q ue m a d e f ri s o
- o in c lu s o d e es q ui n a de f ro n tó n p or e l án g ul o
que dibuja la disposición de los personajes- ante
un fondo telón definido por un muro de piedra
con vegetación, sólo abierto en el extremo de -
recho a un paisaje, recurso presente en piezas
neoclásicas como La muerte de V iriato, o b r a
cumbre del que fuera primer maestro de Fie -
rros, José de Madrazo 10 .
7 Diego V elázquez: El triunfo de Baco , o Los bor -
rachos , 1628-1629. Óleo sobre lienzo, 165 x 225 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado (P01 170).
8 Francisco de Goya: La merienda , 1 7 7 6 . Ó l e o s o b r e l i e n z o ,
271 x 295 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P00768).
9 Francisco de Goya: El cacharr er o , 1779. Óleo sobre
lienzo, 259 x 220 cm. Madrid, Museo Nacional del
Prado (P00780). El mismo referente sería utilizado por
Manet en una de sus obras más célebres, pocos años
posterior a la de Fierros: Édouard Manet: Almuerzo
sobr e la hierba , 1863. Óleo sobre lienzo, 208 x 264,5
cm. París, Musée d’Orsay (RF1668).
10 José de Madrazo: La muerte de V iriato, jefe de los
El cuadro debió de ser pintado durante alguna
estancia de Fierros en Galicia o, con menor pro -
babilidad, en Asturias, donde pudo observar a
peregrinos que hacían el camino a Composte -
la. La singularidad del tema bien pudo haberle
inspirado la realización de obras pensadas para
algún certamen nacional; no en vano, el presen -
te cuadro es boceto para otra composición ma -
yor (DF1002), y se conserva un tercero sobre
el mismo asunto (DF0295). Es probablemente
el mismo que se cita en el catálogo de la ex -
posición-venta bajo el título Un a p er eg r in a e n
Galicia , dada la mayor presencia de la figura fe -
menina en este caso que en la obra definitiva 11 .
El análisis formal revela un estilo semejante
al de la obra costumbrista de su primera eta -
pa com pos tel ana , con una pin cel ada ju gos a y
muy empastada, un modelado de fuertes con -
trastes luz-sombra –obsérvese de manera espe -
cial en los rostros, donde el artista se interesa
además por los efectos de medias sombras del
sombrero, como hará en otros casos posterio -
res: Familia campesina - y una presencia anec -
dótica del paisaje. Esta serie de cuestiones, y la
re fer ida sem eja nza tem áti ca y com pos iti va con
ot ras ob ras de es a et ap a, nos lle va a ad el ant ar
la datación propuesta por el Museo de Bellas
Artes de Asturias y por Barón a 1855-1858.
lusitanos , 1807. Óleo sobre lienzo, 307 x 462 cm. Ma-
drid, Museo Nacional del Prado (P04469).
11 Exposición-venta..., 1894, p.7, nº 81.
DF0295
p ereGrino desCansando
c. 1855-1858
Óleo sobre lienzo, 23,5 x 39 cm.
Málaga, colección particular
e xposiCiones
Oviedo, 1894; Soto de Luiña, 1992
B iBlioGraFía
Exposición-venta ..., 1894, p. 8, nº 109; Exposición del
pintor Dionisio Fierr os , 1992, s.p., nº 15 (repr .); V illa
Pastur , 1994, p. 54; Barón, 2007 a, p. 30 (repr . fig. 2).
El tema del peregrino vuelve a ser el protago -
nista en una obra que ha de entenders e como
estud io prep arato rio, con una composició n
diferente, para el cuadro Per egrinos camino
de Compostela ( D F 1 0 0 2 ) . E l a s u n t o e s d e
nuevo el descanso durante el trayecto, aunque
en esta ocasión sustituye el motivo de la fa -
milia que centra el otro boceto ( DF0294 ) por
un único camin ante, ataviado como aquél con
Diego Rodríguez Paz
686
capa, esclavina, sombrero y bordón, repre -
senta ndo ahora un hombre de más edad con
barba y cabello s canos. T endido en el suelo
al pie de una roca que cierra la escena, duer -
me abrazado al bordón con el sombrero ante
él. La observación de la tradición del museo a
la hora de construir tipos populares encuentra
aquí un claro referente en El sueño de Jacob
de José de Ribera 1 -que Fierros pudo conoce r
en el Museo del Prado o a través de copias
litográficas difundidas en su época 2 -, n o tan to
por simili tudes formales sino por la alusión
a una idea religiosa a través de un persona -
je costumbrista. No obstante, el objetivo de
la obra parec e ir en otra direcci ón, a juzgar
por los otros dos personajes que la comple -
tan: tras la roca se aproxima un muchacho de
aspecto semejante al del otro boceto, que ex -
tiend e el brazo para sust raerl e al peregri no su
calabaza, mientras una muchacha que porta
una cesta en el brazo se sitúa a su lado, cerran -
do la composición en el extremo izquierdo. El
componente picaresco del tema aproxima la
inten ciona lidad del cuadro al carácte r tierno
e intrascendente, casi bucólico, propio de una
escen a de género de ambient ación rural. En
este sentido recuerda, por su tema pastoril, e
incluso por ciertas pretensiones de realismo, a
1 José de Ribera: El sueño de Jacob , 1639. Óleo sobre
lienzo, 179 x 233 cm. Madrid, Museo Nacional del
Prado (P01 1 17).
2 Cayetano Rodríguez: El sueño de Jacob , 1829 - 1932.
Aguatinta litográfica, Litografía a lápiz, Litografía a
pluma, Raspador sobre papel avitelado, 484 x 634 mm.
Madrid, Museo Nacional del Prado (G04108). Esta co-
pia pertenece a la “Colección litográfica de cuadros del
rey de España el señor don Fernando VII” dirigida por
José de Madrazo.
Las dos amigas de Joa quí n Ag ras ot 3 . No obs -
tante, Fierros conjuga la observación de tipos
populares, como en el anterior boceto de Pe -
re g r i n o s c a m i n o d e C o m p o s t e l a , con recursos
compo sitiv os de here ncia clasici sta: de nu evo
una composi ción en friso ante un fond o telón
que se abre a un lado a un paisaje. El carácter
de boceto se aprecia en una pincelada rápida
y matérica que aporta a la obra cierto grado de
frescura. Por su parte, el empleo de un mode -
lado basado en fuertes contrast es claros curo
ayuda a precisar la datación de la obra en tor -
no al comien zo de l a segunda eta pa del artis ta.
El cuadro ha de corresponder , por dimensio -
nes, con el que se incluye en el catálogo de la
exposición-venta bajo el nombre Per egrinos
camino de Compostela , aun cuando resulte
un título más adecuado para la otra versión
conoc ida. Quizá se a est a mis ma co nfusi ón
la que llevó a titul ar al boceto de aquella, en
la exposición antológica de 1973, Per egr ino
descansando , más apropiado para este caso.
3 Joaquín Agrasot: Las dos amigas , 1866. Óleo sobre
lienzo, 100 x 145 cm. Madrid Museo Nacional del Pra-
do (P04212)
687
Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
DF0296
u na ro M ería en las C er C anías de s antia G o
1860
Óleo sobre lienzo, 191 x 333 cm.
Firmado y fechado: “Dionº. Fierros 1860” (áng. inf. der .)
Colección particular
p roCedenCia
Adquirido por el Infante Sebastián Gabriel de Borbón
y Braganza en Madrid en 1860; llevado a París junto a
la colección de arte del Infante hacia 1868; pasó a su
hijo Luis de Jesús de Borbón y Borbón, duque de An-
sola, quien posiblemente lo llevó de vuelta a Madrid;
heredado por el hijo de éste, Manfredo de Borbón y
Bernaldo de Quirós, duque de Hernani; herederos de
éste; Madrid, mercado de arte, 2004.
e xposiCiones
Madrid, 1860; Oporto, 1865; París, 1867; A Coruña,
1973; A Coruña, 2006-2007; Santiago de Compostela,
2016.
B iBlioGraFía
Catálogo de las obras ..., 1860, p. 12, nº 72; Exposi-
ción de Bellas Artes , 1860 a, p. 378; Exposición de
Bellas Artes , 1860 b, s.p.; Goizueta, 1860, p. 1; Lo-
ren, 1860, p. 359; Marín, 1860, s.p.; Mora, 1860, s.p.;
Palet, 1860, s.p.; Catálogo oficial ..., 1865, p. 152, nº
33 (cit. como Uma feira em Galliza ); Ossorio y Ber-
nard, 1883-1884, p. 246; Fierros, 1894 a, s.p.; Pérez
Martínez, 1894, s.p.; Basa, 1909, p. 66-67; Diccio-
nario Enciclopédico Hispano-Americano... , 191-?, p.
343; Méndez Casal, 1923, s.p.; Suárez, 1936, p. 390;
Couselo, 1950, p. 72, 74; Un siglo de arte español …,
1955, p. 1 12; Gamallo, 1960, s.p.; Gaya Nuño, 1966,
s.p.; V illa Pastur , 1972 c, p. 45; Exposición “Dionisio
Fierr os” , 1973, s.p., sala I, nº 1; V illa Pastur , 1973 a,
p. 70, 74-78, 158 (repr .); V illa Pastur , 1973 b, p. 47;
López Vázquez, 1974, p. 7-8; V illa Pastur , 1977, p.
134; Pantorba, 1980, p. 76; Sobrino, 1982, p. 412; Ba-
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ga …, 1984, p. 38; Román, 1984-1986, p. 127; V illa
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López Vázquez, 1988, p. 139; Arbués, 1990, p. 4062;
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1993, p. 164; Rodríguez Iglesias, 1993, p. 429; Ilarri
Gimeno – Pablos – Ilarri Junquera, 1993-1995, p. 34;
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na , 1994, p. 1244; V illa Pastur , 1994, p. 22 (repr . de-
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1997, p. 286-287; V ilanova, 1998, p. 47; Ledo, 1999,
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terroso, 1999, p. 63; Mosquera, 1999, p. 62; Dionisio
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López Vázquez, 2000, p. 26-30; García Quirós, 2002,
p. 109; López Vázquez, 2003 a, p. 287; Römer , 2003,
p. 405; González Pérez, 2005, p. 29; Reyero – Freixa,
2005, p. 181 (repr .); Barreiro – Axeitos, 2006, p. 91,
93-94 (repr .); Barón, 2007 a, p. 230; Rodríguez Paz,
2010-2012, p. 1 16; Castro, 201 1, p. 70, 76, 77 (repr .);
Cendán - Mosquera - De la Cruz, 201 1, p. 96; Fer-
nández Castiñeiras, 201 1, p. XCVII; Rodríguez Paz,
2012 d, p. 335, 338, 339; González Pérez, 2014, p. 27
(repr .); Rodríguez Paz, 2014 a, p. 183; Rodríguez Paz,
2014 b, p. 247-251, 254, 261 (repr . fig. 2); Masaveu
Diego Rodríguez Paz
688
175 aniversario , 2015, p. 20; Seixas, 2016, p. 27, 92-
93 (repr .).
d oCuMent aCión
Apuntes autobiográficos del pintor
o Bser V aCiones
Subastado en Madrid por la casa Christie’ s el 6-10-
2004 (venta 7015, lote 78) con estimación de 250000-
350000 euros y remate de 310650 euros. Adjudicado
por venta telefónica a un comprador particular .
En el reverso conserva las marcas de inventario del
Infante Sebastián Gabriel.
Obra emblemática del arte gallego, es tam-
bién el cuadro más célebre de Fierros, en el
que condensa los anhelos artísticos que ten-
drá presentes durante buena parte de su carre-
ra, además de ser un notable ejemplo de pin-
tura costumbrista en la España de mediados
del XIX. Producto de su primera estancia en
Santiago entre 1855 y 1858, supone la cul-
minación del trabajo que el artista desarrolla
durante esos años en los que, como él mismo
relata, se traslada “a Santiago de Galicia, con
objeto de pintar cuadros de costumbres de
aquel país” 1 . Con todo, el cuadro hubo de ser
pintado tras su regreso a Madrid, al contra-
rio de lo que buena parte de su historiografía
apuntaba al afirmar que se hallaba entre las
obras presentadas a la Exposición Agrícola,
Industrial y Artística de Galicia de 1858 2 .
Como hemos demostrado, la única obra de
gran formato que el pintor exhibe en Santia-
go es La muñeira (DF0992), por lo que hubo
de pintar La r omería en Madrid valiéndose
de estudios realizados con anterioridad. No
en vano, se han catalogado diversos estudios
de figuras incluidas en la composición 3 ade-
más de varios bocetos 4 que confirman este
proyecto como uno de los de mayor empeño
de su carrera.
La novedad del tema, que muestra por prime-
1 Apuntes autobiográficos. Anexo 31.
2 Cfr . V illa Pastur , 1973 a, p. 75; López Vázquez, 2000,
p. 26.
3 DF0277, DF0282, DF0284, DF0286 y DF1003-
DF1006.
4 El listado de obras incluidas en la exposición-venta
cita tres bocetos para este cuadro, de los cuales hemos
catalogado al menos dos: DF1007 y DF1008
ra vez un asunto costumbrista de un territorio
del norte peninsular , supone uno de sus prin-
cipales logros. T ras su presentación en la Na-
cional de 1860, la crítica aplaude el compo-
nente de invención al respecto: “Los cuadros
del señor Fierros representando romerías y
danzas de campesinos, han agradado mucho
al público. Efectivamente, hay originalidad y
vida en la composición; los grupos están lle-
nos de gracia” 5 Por su parte, El Museo Uni-
versal comenta: “Otro de los expositores que
más lograron atraer las miradas del público
hacia sus cuadros es el señor Fierros, quien
presentó unos cuantos notables estudios de
costumbres de los campesinos de Galicia, cu-
yos tipos, perfectamente tomados del natural
prestan sumo encanto a las obras presentadas
por este artista. La novedad de los asuntos era
asimismo un aliciente; jamás se había creí-
do que Galicia, la pintoresca Galicia cuyas
hermosas costas, cuyos valles perfumados,
cuyas montañas tantas bellezas encierran, pu-
dieran dar asunto para unos cuadros como los
de que nos estamos ocupando. Desconocido
del resto de España, aquel antiguo reino, con
unas costumbres eminentemente poéticas,
con unos habitantes restos de las primitivas
razas, y cuyos pintorescos trajes a tanto se
prestan, era un país virgen, en el cual un ar -
tista de talento podía hallar algo nuevo con
que sacar la sed creciente de novedad que
nos aqueja. El señor Fierros en esto fue feliz,
admiró aquella hermosa naturaleza, aquellas
fiestas campestres cuyo fresco perfume solo
se siente en medio de su bullicio y de su es-
pontánea alegría y los trasladó al lienzo con
extraordinaria verdad.” 6 Y La Discusión aña-
de: “La romería es una composición anima-
da, que rebosa de verdad y vida. La escena es
en un frondoso bosque, en terreno quebrado
y rico de accidenten pintorescos. Comidas,
grupos, danzas, brindis, todo es alegría y ex-
pansión en este cuadro. En primer término se
ve de espalda un farruco tocando la gaita. La
actitud y la expresión de esta figura, como las
demás del cuadro, que son muy numerosas,
5 Loren, 1860, p. 359.
6 Exposición de Bellas Artes , 1860 a, p. 378.
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Dionisio Fierros (1827-1894): un pintor para dos tierras
están dibujadas con gracia, y en el toque se
advierte franqueza y magisterio.” 7
La poética del pintoresquismo propia del
pensamiento romántico desde la que se juzga
el cuadro es sin duda la que mueve a Fierros a
viajar a Galicia en busca de asuntos novedo-
sos para los cuadros costumbristas que planea
presentar a las Exposiciones Nacionales de
Bellas Artes, un género que en ese momen-
to experimenta un notable éxito. La principal
novedad es que, a diferencia de lo habitual
hasta entonces, el artista propone un tema de
una zona nunca antes abordada en este tipo
de cuadros, alejándose del costumbrismo an-
daluz o madrileño. Esto supone un importan-
te punto de inflexión en la pintura gallega, al
ser la primera vez que se trata un tema propio
de Galicia, realizado además con un método
basado en la observación directa de modelos
y tipos reales. Asimismo, establece un revul-
sivo para el género a nivel español, abriendo
el abanico temático a otros territorios. Y esto
ocurre años antes de que otros grandes pinto-
res costumbristas de su generación como V a-
leriano Domínguez Bécquer presenten obras
de otras regiones en Exposiciones Naciona-
les 8 .
Al mismo tiempo, otra de las principales no-
vedades que Fierros introduce con esta obra
es la de dotar al género costumbrista de un
formato propio del cuadro de historia 9 , algo
que se ve no sólo en las dimensiones del
lienzo –el más monumental de todo su catá-
logo- sino también en su resolución formal.
No obstante, la formación clasicista del pin-
tor le acarreará más de un problema en este
sentido. Como lo califica López Vázquez en
su exhaustivo análisis del cuadro, “ La r ome-
7 Mora, 1860, s.p.
8 Bécquer presenta en 1866 dos cuadros de costumbres
aragonesas: Interior de una casa de un pueblo de Ara-
gón y El pr esente: fiesta popular en Moncayo (Ara -
gón) la víspera del santo patr ono ; y un año después,
tres lienzos fruto de su viaje por Soria: El baile , Leña-
dor en las cer canías de Bur go de Osma e Hilandera
en las cer canías de Bur go de Osma . En la muestra de
1860, el pintor andaluz Juan José Martínez Espino-
sa presenta Plaza de un pueblo en Castilla la V ieja y
Fiesta de Aldea en Galicia , aunque con escasa fortuna.
9 López Vázquez, 2000, p. 28.
ría es la típica obra de empeño primeriza. Por
ello está excesivamente llena de retos, de ci-
tas, y , naturalmente, de contradicciones entre
lo aprendido y lo intuido como estilo perso-
nal” 10 .
El espacio se define a priori con los elemen -
tos accesorios del paisaje, que trata de crear
ilusión de profundidad con el tradicional re-
curso de marcar una abertura entre dos masas
boscosas que conducen la vista del especta-
dor hacia el fondo, y también estableciendo
diferentes ámbitos que yuxtaponen zonas ilu-
minadas y zonas en sombra. Luego sitúa los
personajes en un primer término muy mar-
cado a modo de friso, con lo que produce la
sensación de estar sobre un entramado teatral
ante un fondo telón, un procedimiento pro-
pio de las enseñanzas clasicistas que Fierros
recibió en Madrid. Esa herencia académica
es la que le lleva a componer por agregación
los diferentes grupos de figuras pensados de
manera independiente, sin una relación vero-
símil entre ellos –cuestión ya evidenciada por
El Museo Universal cuando comenta que “no
forma conjunto” 11 -, para lo cual el artista echa
mano de viejas recetas de escuela como figu -
ras r epoussoir , contrapostos o personajes en
movimiento que quieren servir de nexo entre
un grupo y otro.
No obstante, ese efecto de unidad no se logra,
además de por los problemas compositivos
citados, por una cuestión lumínica. Fierros
está empleando una luz tenebrista, propia de
interior , basada en marcados juegos de cla-
roscuro y de tono amarillento, algo que ya
advierte la crítica al mencionar “una tinta
general amarilla con que suele entonar sus
cuadros, que no es nada agradable” 12 . Por su
formación clasicista, sus referentes en el uso
de la luz los busca en el museo, en lugar de
estudiarla directamente del natural. En con-
secuencia, no es capaz de reproducir la ma-
gia del ambiente ni los efectos de luminosi-
dad variable propios de un escenario exterior
con los que lograr el realismo que persigue.
10 López Vázquez, 2000, p. 28.
11 Exposición de Bellas Artes , 1860 a, p. 378.
12 Mora, 1860, s.p.
Diego Rodríguez Paz
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cantar o bailar . Así, la obra se aproxima más al
fo lcl or ism o de c ompo sic ion es co et áne as c om o
La muñeira ( D F 0 9 9 2 ) o La r omería ( DF0296 ).
El carácter de obra preparatoria se manifies -
ta con claridad en el empleo de una pincela -
da muy suelta –aún más que en el boceto de
Una familia gallega - que parece construir las
formas sólo con manchas de color . Nótese
la pr est eza en la apl ica ci ón de lo s tra zos , en
muchos casos dejando la marca del paso del
pincel, como en las mangas de las camisas
blancas. La pose del hombre, apoyado sobre
una vara, recuerda a la que el pintor ensaya
en Con moc a y sin moz a. Est udi o par a Una
familia gallega, fragmento de Cuatr o escenas
gallegas (D F0 997 ), y qu e r epe ti rá c as i de ma -
nera arquetípica en otras figuras para cuadros
co stu mb ris ta s de e st a épo ca. Es te pe rso na je en
concreto fue centro de una de las críticas más
favorables de la Nacional de 1860: “llama la
atención la figura del campesino, llena de ex -
presión y de esa melancolía que dan al hombre
los cantos monótonos y tristes que entona en el
seno de la soledad y de la naturaleza, porque
está bien puesto el color y es una de las más
hermosas figuras que se ven en los cuadros de
que nos ocupamos” 1 .
El cuadro, que pasó a los descendientes del
pintor , probablemente fue incluido en la expo -
sición venta. Es quizá el que se cataloga con el
título Los tr es amigos (escena de Galicia) , de
dimensiones muy similares 2 .
1 Exposición de Bellas Artes , 1860 a, p. 378.
2 Exposición-venta... , 1894, p. 10, nº 164.
Los gallegos , [s. XIX], Litografía, 14 x 10
cm. Imagen extraída de Martínez-Barbeito,
1993, p. 227, nº 397.
Alenza; Castilla: Los gallegos de Finisterr e , [s.
XIX], Xilografía, 15 x 12 cm. Imagen extraída
de Martínez-Barbeito, 1993, p. 240, nº 393.
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