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Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948)

Díaz López, Juan David

Abstract

El hotel es toda una institución en la cultura contemporánea, quizá la que mejor ilustra la importancia de la actividad viajera y el gradual desapego de lo local que experimenta la burguesía. El concepto connota los ideales de cosmopolitismo y de progreso que caracterizan la modernidad, pero más allá de la institución, el hotel es un objeto físico que a menudo se identifica con su envoltura arquitectónica, pues son innumerables los edificios de este tipo que alcanzan la categoría de monumento y que protagonizan su marco urbano. En este trabajo, estudiamos los principales hitos de las ciudades de Galicia entre 1779 y 1948.

Full text

DECLARACIÓN DO AUTOR DA TESE CIUDADES Y HOTELES EN LA GALICIA CONTEMPORÁNEA (1779-1948) D. Juan David Díaz López Presento a miña tese, seguindo o procedemento adecuado ao Regulament o, e declaro que: 1) A tese abarca os resultado s da elaboración do meu t raballo. 2) No seu caso, na tese faise re ferencia ás colaborac ións que tivo este traballo. 3) A tese é a versión def initiva presentada para a súa defensa e co incide coa versión enviada en format o electrónico. 4) Confirmo que a tese n on incorre en ningún t ipo de plaxio doutros autores n in de traballos presentados por min para a obtención doutr os títulos. En Santiago de Comp ostela, 28 de maio de 2018 Asdo. Juan David Díaz López AUTORIZACIÓN DO DIRECTOR / TI TOR DA TESE CIUDADES Y HOTELES EN LA GALICIA CONTEMPORÁNEA (1779-1948) D. Alfredo V igo T rasanc os INFORMA: Que a presente tese correspóndese co traballo realizado por D. Juan David Díaz López, baixo a miña dirección, e a utorizo a súa presentación, considerando que reúne os requisitos esixidos no Regulamento de Estudos de Doutoramento da USC, e que como director desta non incorr e nas causas de abstención establecidas na Lei 40/2015. En Santiago de Comp ostela, 28 de maio de 2018 Asdo. Alfredo V igo T rasancos A meus pais, Ángeles e Juan e a meu irmán Mario Índice P RESENT ACIÓN Y AGRADECIMIENT OS ..................................................... .. .. .. .. .. ... .. .. .. .. . 13 I NTRODUCCIÓN .............................................................................................. .. .. .. .. .. .. .. .. . 15 Sobre la or ganización del trabajo............................................................................................ .. .. .. . .. .. .. .. 27 Sobre las fuentes y la bibliografía............................................................................................. .. .. .. . .. .. .. 33 1. L OS ORÍGENES : HACIA UN IMPERIO DEL TURIST A ............................... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . 37 1.1) Entre fondas y posadas: antecedentes del alojamiento moderno en Galicia............................. .. .. .. 41 1.1.1) El hotel, un referente ext ranjero..................................................................................... . .. .. .. . 41 1.1.2) Panorama de la hostelería urbana de Galicia hasta finales del XIX ..................................... .. 52 1.1.2.1) La mirada de los viajeros...................................................................................... .. .. .. .. .. 53 1.1.2.2) V estigios de una arquitectura: la imagen de los alojamientos................ .. . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. 73 1.1.2.2.1) Pontevedra: el Parador de la Ferrería........................................................ .. .. .. .. . .. .. . 75 1.1.2.2.2) Lugo: el Mesón de Aguilar o de San Roque............................................................78 1.1.2.2.3) A Coruña: un paisaje de posaderos y fondistas....................................... .. .. . .. .. .. .. .. . 87 1.2) Una casa para el viajero: del origen del hotel al caso gallego ................................... .. .. .. .. . .. .. .. .. .. 100 1.2.1) Del hostel al hotel: los términos y sus implicaciones...................................... .. . .. .. .. .. .. .. .. .. . 101 1.2.2) La nueva escala del alojamiento: la vida entre vecinos ........................................................106 1.2.3) Galicia: de la casa al hotel........................................................................................ .. .. .. .. .. .. 1 14 2. E NTRE LA FONDA Y EL HOTEL : LOS PRIMEROS HOTELES DE LAS CIUDADES GALLEGAS A F INALES DEL SIGLO XIX ..................................................... ... .. .. .. .. .. .. 121 2.1) V igo, ciudad cosmopolita. Primicias de la hospitalidad moderna en Galicia.................. . .. .. .. .. .. .. 142 2.1.1) El Hotel Continental (1879). La idoneidad de un edificio de viviendas................. .. .. .. .. .. .. . 143 2.1.1.1) El edificio hasta 1907............................................................................... . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. 148 2.1.2) El H ot el d e E u r op a ( 18 84 ) . A sp ir ac ió n y re al id ad d e u na p ri mi c ia de la a rq ui t e c t u r a h o te l e ra . .155 2.1.2.1) La ambición del primer proyecto.............................................................................. . .. . 160 2.1.2.2) El proyecto modificado y su plasmación............................................................... .. . .. .. 162 2.1.3) El H ot el U ni ve r s a l (1 89 0) . E l m od es to i ni c io d e u n su pe rv iv i e nt e de l a h os t e le rí a v ig ue sa. . . . .166 2.1.3.1) La etapa germinal de un edificio emblemático.................................................... .. .. .. .. . 170 2.2) A C o r u ñ a y e l a p o g e o d e l a f o n d a . I mp u l s o y t i m id e z e n l o s p r i me r o s h o t e l e s d e la c a p i t a l d e G a l i c i a . 173 2.2.1) El Hotel de Europa (c. 1884). Éxito y legado de José Fiol................................. .. .. .. . .. .. .. .. .. 175 2.2.1.1) Una arquitectura sin personalidad........................................................ .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. . 178 2.2.2) El Hotel Continental (c. 1886). El peso de un nombre................................ . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. .. 183 2.2.2.1) Una imagen autóctona y tímida..................................................................... . .. .. .. .. .. .. .. 185 2.2.3) L a F e r r o c a r r i l a n a ( c . 1 8 7 8 ) . E l é x i t o d e u n a t r a n s i c i ó n d e l a f o n d a a l h o t e l............................ .. .. .. .. . .. 188 2.2.3.1) Un edificio ordinario con afán de protagonismo.......................................... .. .. .. .. .. .. . .. . 192 2.3) Lugo, entre la novedad y la tradición. Lujo castizo para una ciudad de paso ............................... 195 2.3.1) El Méndez Núñez (1880). De mansión señorial a hotel de viajeros.................. .. .. .. .. . .. .. .. .. . 196 2.3.1.1) Praza Maior 1, el edificio original................................................................ .. .. .. .. .. .. .. . . 201 2.3.1.2) Praza Maior 2, el sabor hidalgo del caserón de los Gil................................................. 204 2.3.1.3) Raíña 1, una fachada moderna para un hotel bifronte............................... .. .. . .. .. .. .. .. .. .. 208 2.3.2) La Fonda Universal, aspirante a hotel del Lugo finisecular ............................................. .. .. 210 2 . 4 ) S a n ti a g o d e C o m p o s te l a , u n a s u p e r v iv i e nt e . P r i m a c í a d e l a f o nd a e n l a c i u d a d d e l a T r o ia......... .. .. .. . .. . 215 2.4.1) L a F o n d a S u i z a y e l i m p u l s o e x t r a n j e r o . E n s a y o d e u n a i m a g e n b u r g u e s a e n p l e n a c i u d a d b a r r o c a..... 225 2.4.1.1) Prosperidad e infortunio de los Mengotti................................................ .. .. .. .. .. .. . .. .. .. .. 229 9 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) contexto, pues en ellas estr iba su di mensión semántica, es decir , su apertura a un significado. La obra arquitec tónica, que se ofrece como rostro de la actividad humana, nos per mite trascender la realidad de sus formas para habl ar de las ideas que les dan soporte, ya sean una “trama programada” de contenidos o un conjunto de implicaciones fuera del control directo de los creadores 4 . A sí, tenemos como uno de nuestros objetivos conectar el edif icio con la ciudad en que se enc lava, lo que supone observar su imagen en todas sus implicaciones, desde los elementos que pueblan la intimidad del dormitorio a los que configuran el es cenario de la calle, del barrio y de la trama urbana global, recorriendo así los dos ámbitos fundamentales de la cotidianidad burguesa: el públi co y el privado. De hecho, habl ando de la sociedad que i mpulsa la arquit ectura que estudiamos, haremos múltiples alusiones a la burgue sí a, pues co mo clase que obtiene un papel dominante en el nuevo Estado liberal, va a deter minar el urbanismo de sus ciudades. Que “el rasgo más distin tivo de la historia de la bur guesía o de la clase media es pañola del siglo X IX” ―llegando incluso al pri mer tercio del XX― fuese “ su debilidad numérica” 5 parece reflejarse en el escaso desarrollo de la red urbana del país. N o obstante, sin el papel direct or y la intervención direc ta de esta clase no pueden explicarse las m ú ltiples transformaciones ―de ma yor o menor escala― que experimentan las ciudades desde mediados del siglo XIX, en forma de planes de lar go alcance, ensanches y reformas interiores , trazados ferroviarios y otros nuevos med ios de transporte, terciarización de la economía, políticas higienistas y de embellecimiento de la calle, expansión del mercado inmobiliario mediante la construcción int ensiva de inmuebles de alquiler , incremento de la pompa y el ornamento de las fachadas, apertur a de locales y equipamientos ligados al ocio y al entretenimiento nocturno ―ahora posible grac ias a la luz artificial― y , por supuesto, fundación de los primeros hoteles, por modestos que estos fuesen, entre otras muc has novedades y sofisticaciones de l a vida moderna. Debemos subra yar en este punto que, si bien puede afirmarse, en general, que toda actuación arquitectónic a sobre el territorio porta el ger men de una ciudad y , más concretamente, que se pueden consider ar parte del sistema urbano algunos enclaves campestres promovidos por la bur guesía de esta época, como balnearios y vil las termales, no es este sentido a mplio el que nos interesa aquí. Nuestra intención es centrarnos en aquellas ciudades históricas que, con una tra y ectoria consolid ada en múltiples facetas típicamente urbanas ―políticas, ad ministrativas, económicas, culturales e incluso simbólicas, y no s implemente las relacionadas con el turismo― y con una población relativamente amplia y socia lmente diversa, incorporan con éxito razonable las transformaciones que caracterizan la mod ernidad, una de cu ya s facetas es la definición de un nuevo tipo de hospitalidad. Este presupuesto acerca del sentido que tiene la palabra “ ciudad” en nuestro título supone una i mportante acota ción del marco geográfico que vamos a abarcar , que se concreta en una serie de pobla ciones de las que hablare mos en un instante. P ero antes, por seguir el orden, queremos detenernos en ese nuevo tipo de hospitalidad que 4 I bid., pp. 57-62: hace mos referencia respectivamente a la iconología de Gombrich y de Panofsky , se gún las contrapone Moralejo. 5 CRUZ V ALENCIANO 2014. Añ ade que, en el caso español, “absolutamente todos los historiadores coinciden en que las clases medias urbanas, y aún añadiendo las rurales, constituyeron una discreta porción del conjunto de la sociedad”. 16 INTRODUCCIÓN caracteriza a la ciudad modern a, lo que nos lleva al segundo término de nuestro título y núcleo de este trabajo: el hotel. El hotel para nosotros va a ser tomado sobre todo como la plasmación física y arqui tectónica de un tipo de establecimiento comercial vinculado a estas nuevas formas renovadas de la actividad hospita laria. Antes mencionamos como interés prioritario para nosotros lo que la arqu itectura tiene de imagen abi erta a un sentido, a un significado, y con ello mantiene una estrecha relación el aspecto funcional, es deci r , el uso del edificio. Así pues, una vez señalada la arquitectura como marco general, nos decantamos por un criterio tipológico para acotar nuestro tema. D icho de otro modo, tomamos de maner a general el hote l por un tipo de edificio, aunque en la práctica dicho tipo se vay a haciendo realidad de man era gradual, mediante un proceso de gestación donde solo tardíamente se distingue con claridad de otras arquitecturas. En este sentido, que Sandoval-Strausz señale l a inicial conexión de la palabra hotel en inglés ―idio ma que la adopta del franc és hacia 1760 ― antes con una función que con un tipo arquitectónico 6 , nos inv ita a anteponer , como razón generadora de nuestro edific io, una definición que incida en dicho aspecto funcional. Cosa que, por otra parte, es un uso común entre los dic cionarios generales, como el de la RAE, que si bien no tiene inconvenien te en llamar “edificio” a un te mplo, a un teatro, a una estación o a una universidad, define hotel ―en la acepción que nos in teresa ― como “establecimien to de hostelería capaz de alojar con comodidad a huéspedes o viajeros”, incidiendo así en su dimensión de servicio o de ac tividad comercial 7 . Partiremos pues, en línea con esta definición, de considerar el hotel co mo hospedaje por excelencia, donde hospedaje alud e a la función de aloja miento temporal abierto al público 8 , mientras que por excelencia nos per mite señalar no solo la ca lidad superior del servicio sino ta mbién su carácter emblemático, antonomást ico y de ma yor reconocimiento entre los de su clase 9 . Sin embargo, apenas consta tamos la realidad del hotel como establecimiento, se nos plantea la realidad del hotel como edificio, elemento i mprescindible no solo para contener la act ividad, sino tam bién para representarla. A priori, como sucede con cualquier negocio modesto, el continente parece tener una fuerte depend encia con su contenido, de modo que las instalaciones asu men por metonimia el nombre de lo que alberga n; pero es ta dependencia se limita a la duración de lo alber gado, sin que aquel bazar , aque lla cafetería o aquella farmacia suelan dejar otra cosa que un “local disponible” en el in mueble que un día ocuparon. De modo si milar , tipolog ías como la hotelera no pueden entenderse co mo un hecho monolítico, bien perfilado y persistente, de la manera en que suelen perc ibirse otras tradicionales: una cárcel puede 6 SANDOV AL-STRAUSZ 2007, p. 6. 7 L a única acepción que o frece el diccionario de la Real Academia Galega es similar: “ establecemento que está preparado para dar aloxa mento e co mida a un nú mero elevado de persoas e a un prezo estipulado ”. C fr . ediciones en línea de los diccionarios de la RAE y la RAG. 8 Def inimos hospedaje ―en inglés lodging y en francés hébergement ― co mo la actividad de hospedar , es decir , de alojar a personas ajenas a la casa, llamadas huéspedes, generalmente a cambio de un dinero estipulado, por lo que ofrece un carácter temporal y comercial al que también alude la palabra alojamiento en alguna de sus acepciones ―ing. accommodation y fr . logement ―. Cfr . diccionarios generales, en esp ecial los actuales de la RAE y la RAG . 9 Aunque de sobra conocido, cabe señalar al guno de los muchos aspectos que lo acreditan, como el plano normativo: el hotel ha sido considerado la primera categoría hospedera en las sucesivas legislaciones españolas durante el último siglo, empezando por la Real Orden Circular de 17 de marzo de 1909, que ya lo citaba en primer lugar , y terminando por las le y es autonómicas una vez descentralizadas las competencias sobre el turis mo, como la 7/201 1 de 27 de octubre “del turismo de Galicia”, en cuyo art. 56 los hoteles representan un grupo I por delante del grupo II de las pensiones, ambos englobados bajo el redundante epígrafe de “establecimientos hotel eros”. 17 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) transformarse en un museo o un monasterio en un hospital sin alterarse su t ipificación ni la consider ación de su misión original, pero ¿en qué medida se reconoce co mo hotel un inmueble que lo mismo ha servido para apartamen tos que después para oficinas? El problema, como se ve, reside en manejar una noción de tipo arqui tectónico sujeta a un supuesto dest ino esencial y persistente de l edificio. La débi l consistencia que ofrece una clasificación de la arquitectura con ese criterio explica que comentar ios como el de C. Lee rebajen la importancia del us o como definidor del tipo: In architect ure, ‘t y pe’ is commonl y understood as buildings grouped b y their use, t hat is schools, hospitals, prisons, churches and so on . However , this understanding is li m iting as the use of a building has shown t o be independent from its buildi ng and evolves i n ti m e. A warehouse can be t urned into apart ments, and a Geor gian terrace into a school 10 . T am poco nosotros aspiramos a clasificar los edificios de forma inequívoca atendiendo a su uso. Sin embar go, desde nuestra perspectiva, la consideración de la función s igue siendo fundamental: al mar gen del destino original del edificio, e incluso en el extremo de la versat ilidad que hoy ofrec e la planta libre, no puede desdeñarse la aportac ión icónica de los usos sobrevenidos, pues distan de ser gratuitos o “independientes” del espacio que asumen y , ade más, suelen con llevar una customización del mis mo. El objetivo no es solo el ajuste a la eficiente ejecución de la función encomendada, sino también representarla o pro meterla, en los tér minos que, por eje mplo, practica el llamado eclecti cismo tipológico en la apl icación del estilo 11 . Por ello, en nuestra consideración del tipo, nos parece conveniente adoptar la definición con que Moralej o lo afirma como equivalente arqui tectónico de lo que representa el género en iconografía, sobre la base de su “articulación e institucionalización de un cierto número de rasgos (en planta y en alzado) que recurren en conexión con una función o dedicación determinadas”, especialmente cuando se trata de “ conexiones entre forma y uso, no necesariamente causal es y no tan fáciles de sorprender , que se plantean en un plano simbólico o semántico” 12 . Desde esta perspectiva, e l concep to de t ipología arquitectónica establece un vínculo lógico entre for ma ―o imagen― y función, que precede incluso al reconocimiento de un tipo o género clara mente desmarcado de los de más, y en este s entido no necesit amos 10 L EE 201 1. 1 1 GARCÍA F ILGUEI RA 2006, pp. 107 y ss.: “se trata de construir cada edificio en el estilo más de acuerdo con el destino del mismo. Se pensaba [en referencia a lo expresado por Rada y Delgado en 1882] que la arquitectura gótica era la apropiada para iglesias y la clásica para edi ficios oficiales, la islámica y oriental podía con venir a los ca fés, teatros y arquitecturas efímeras o dedicadas al ocio ”. 12 MORAL EJO ÁL V AREZ, p. 29. 18 Fig . 1: St. James Street de Londres y English's St. James 's Royal H otel, según J . T allis (1838). T omado de T A LLIS 1838-47. INTRODUCCIÓN esperar a que el hotel se conciba, pro yecte y construya como tal para poder hablar de arquitectura hotelera. De hecho, uno de los aspectos llamativos que ofrecen los establecimientos hotel eros es que sus edificios ―con independencia de su destino original y aún siendo muchas veces modestos ― se convierten desde pronto en iconos urbanos, y así aparecen representados a lo largo de diferentes épocas con una categoría que podría equipararse a la del monumento 13 (Fig. 1 ). En último término, el conjunto de servicios al huésped que ofrece el hote l acab a por identificarse plenamente con sus instalaciones y con su arquitectura, muchas veces sinónimo de luj o y comodidad. De este modo, el mismo edificio, que encarna física mente la personal idad y el prestig io del establecimiento, s e apropia de la consideración de hote l y adquiere pleno sentido tipológico, un sentido que ya tenía en su significado original en francés 14 . Por otra parte, nuestra adopc ión de un método t ipológico para el análisis de la arquitectura s e funda menta en una tradición asentada, que si bien tiene uno de sus principales hitos en la figura de Quatre mère de Quinc y a principios del s iglo X IX 15 , se manifiesta anterior mente de forma más o menos explícita en la teoría arquitectónica desde V itruvio 16 . Uno de los elementos recurrentes en trat ados y manuales de arquitectura cl ásicos es el uso de criterios funcionales para cl asificar u orga nizar una parte significativ a de s us contenidos, lo que en último tér mino suele apoy ar la conciencia de una correlación entre la forma y la utilitas que aquí ilustramos con las palabras de Alberti: Si quisiéra m os, c omo nos hemos propuesto, señalar de una manera satisfactoria los tipos de edificios y las partes de esos mismos tipos, puede que el método que habría mos de adoptar y poner en práctica fuera el de reflexionar detenidamente sobre qué diferencias ha y entre l os seres hu m anos a quienes están destinados los edificios y cu y o e mpleo de las construcciones ocasiona su variedad, para, a partir de ahí, estudiar a fondo y uno por uno cada hallazgo obtenido de una manera nítida 17 . T am bién la historiografía se ha hecho cargo de esta visión compartimentada por funciones, co mo puede ejemplificar , en el caso de España, la obra clásica de Lampérez y Ro mea 18 . Aún recientemente demuestra plena vigencia en multitud de trabajos que abordan nuestro marco geográfico, de los cuales, aparte de los centrados en una tipología concreta, podemos destacar el de Fernánde z Fernández sobre la arqui tectura del eclec ticismo en Galicia 19 . Entre los de caráct er general, nos int eresa particular mente el también cl ásico libro de P evsner A History of Building T ypes , pues nos ofrec e con una 13 T ALLIS 1838-47: co mo hemos señalado en la p. 1 1 1, la colección de T allis es un buen ejemplo de la valoración temprana que se hace del hotel como hito urbano, en este caso de Londres. 14 Véase apartado 1.2.1. 15 QUA TREMÈRE DE QUINCY 1832, pp. 629 -630. Interesa la definición que da de tipo co mo idea o referente abstracto, en oposición al concepto de modelo, objeto concreto destinado a ser copiado: “Le modèle, entendu dans l'exécution pratique de l 'art, est un objet qu 'on doit répéter tel qu'il est ; le type est, au contraire, un objet d'après lequel chacun peut concevoir des ouvrages qui ne se ressembleroient pas entre eux. T out est précis et donné dans le modèle ; tout est plus ou moins vague dans le type ”. 16 MADRAZO AGUDÍN 1995, pp. 3, 171 y ss. 17 AL BER TI 1452, p. 165 . 18 LAMPÉREZ Y ROMEA 1922. 19 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995 . 19 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) mirada prag mática una historia de las tipologías arquitectónicas entendida, quizá más decididamente que nunca, como una historia de los usos arquitec tónicos. Las ventajas que ofrece este criterio con vistas a manejar el ca mpo de trabajo las reconoce el propio Pevsner cuando afirma que “este tratamiento de los edificios permite mostrar su desarrollo tanto por estilo co mo por función, siendo el estilo un te ma para la histori a de la arquitectura y la función para la historia social” 20 . Este autor tod avía resulta más interesante por el hecho de dedicar un capítulo al hotel, donde aparece reconocido en primicia como tipología diferenciada y con plena autonomía entre otras de calado histórico. Es pues, para nosotros, además de una referencia importante, un aval de peso que añadir a las razones que apoyan la elección de nuestro tema. Unas razones a las que tampoco es ajena, debemos reconocer , la consideración popular que ho y tien e el hotel como una de las instituciones más representat ivas de la cultura contemporánea 21 . Como acabamos de ver , la cuestión de la función arquitectónica pone en primer plano la cuestión social, que nos obliga a enfa tizar nueva mente el papel de la burgue sía en la definición del hotel. El burgués que nos interesa es e l asociado al liberalismo político y económico, que había venido definiéndose en el Antiguo Régimen, pero que ahora, gracias al nuevo modelo de Estado, adquiere pleno protagonis mo. El prototipo de bur gués moderno pertenece a una élite social cuyo poder económico supera los tradicionales esquemas rentistas sometidos a los ritmos de “la naturaleza material inmediata”, característicos de la nobleza terrateniente y de la riqueza agraria. En su lugar , la riqueza burgue sa es típicamente capitalista y se sustenta en la creencia en la identificación entre trabajo y gananc ia, donde el trabajo, entendido co mo una necesidad y una obligación, suele definirse en tér minos de emprendimiento e innovación y la ganancia se mide en dinero. En este sentido, González Enc iso, aunque no exclu ye a los tradicionales co merciantes o los e mpleados de la ad ministración, señala que, sobre todo, “el bur gués (...) s e identifica (...) con las profesiones, las llamadas profesiones liberales. (...) Es un ho mbre libre, que no está sujeto a las obligaciones del estamento, ni l imitado por sus restricciones. T ampoco defendido por el las” 22 . En calidad de hombre libre, con libertad de movimientos, va a consagrar el viaj e co mo med io de vida, de hacer fortuna, de construirse a sí mis mo en términos de ascenso social; pero también como for ma de recreo, que conecta con una inédita visión del ocio como complemento básico del negocio. En el marco de esta nueva cultura del viaje, el hotel es el escenar io bur gué s por excelencia, ligado a la exhibición del estatus y , por consiguiente, impregnado de connotaciones elitistas; pero ello no quiere decir que sea un ámbito restringido exclusivamente en función de la posición económica, en el sentido en el que tradicionalmente se entiende la “clase social”. Los promotores, anfitriones y huéspedes de los hoteles que veremos responden más bien a la idea de un campo s ocial de posiciones diversas unido por la valoración de cierto capital cultural o simbólico, en terminología de P . Bourdieu 23 . En el terr itorio del hotel, sus participantes se definen por un perfil marcadamente urbanita, con una base educativa común y parecidas ideas sobre 20 PEVSNER 1976, p. 6. La traducción es nuestra. 21 VOLL AND (ed.) 2013, pp. 8 -9: “ Everyone has a hotel stor y . It may be about a hotel the y 've sta yed at, or one the y ’ ve read about, or a place they saw in a film... Whatever the circumstance, these stories represent the unique status of the hotel in the context of contemporary life . The hotel is a universal and identifiable s y mbol (...)”. 22 GONZ ÁLEZ ENCISO 2006, pp. 294 y 296. 23 Citado por CRUZ V ALENCIANO 2014. 20 INTRODUCCIÓN la civilización, el hogar , el viaje, el espacio público, la privacidad, el confort, la higiene, el ocio, e l trabajo, el capital, el ascenso socia l... De ahí que va y amos a ver coincidir en los mismos edificios huéspedes de muy div ersas po siciones econó micas, desde la aristocracia europea a los hu mildes viaj antes de comercio. No en vano, el lla mado habitus, “estructuras internas de la percepción, del pens amiento y de la acción” que, por su arraigo en la conciencia de los individuos, evo luciona lenta mente y con re lativa autonomía de los cambios políticos y econó micos, se man ifiesta en la fascinación de la bur guesía europea del XIX por los “estilos y valores” de la vieja aristocracia 24 . Y mucha de esa fascinac ión se plasma en el paralelismo, aún ho y vigente, que reiterada mente se establece entre el hotel y el palac io. El siguiente punto de esta introducción nos trae y a a Galicia, el ámbito geográfi co que nos he mos marcado, y a acotado por el marco urbano y hotelero. Dos expli caciones conviene hac er en cuan to a esto: la primera, la que lo justifica ―¿por qué Galicia?―; la segunda, la que lo precisa ―¿qué de Galic ia?―. En cuando a lo pri mero, no quere mos extendernos sino para recordar , por obvio que sea en una tesis de la Universidad gallega, que Galicia es un país con característic as difer enciales que justifican su estudio independiente. En el proceso que nos ha traído a la present ación de este trabajo, hemos utilizado en ocasiones demarcaciones de orden arbitrario cuando he mos pres entado, por ejemplo, el panora ma de la provinc ia de A Coruña. Pero dedicar un estudio a Galicia es decantarse por la visión global de un territorio delimitado en función de una personalidad histórica, social y cultural con reconocida consistencia. No obs tante, de las muchas car acterísticas por las que Galicia es percibida como un país singular entre los de Europa, ll evaremos a primer plano much as de las que se han venido for mulando en términos negativos: su histórico atraso económico agravado por su des cuelgue de la industrialización, la debilidad de su siste ma urbano en contr aste con el peso del rural 25 y , en definitiva, su condición periférica y subdesarrollada respec to a las met rópolis de las que emanan los referentes de la modernidad, agentes muchas veces de los cambios que vamos a tratar . Si decíamos que la burguesía española es débil, la gallega lo es todavía más, pues durante el final del siglo XVIII y gran parte del XIX apenas dispone de otro empresariado digno de mención que el de orig en foráneo, especialmente catalán y vasco. Además, aunque for malmente parece marcar distancias con la aristocraci a y la hidalguía, mantiene un perfil político conservador , nunca es galleguista y muestra inclinación hacia una economía basada en las rentas 26 . Hay que esperar hasta finales del siglo XIX, pero sobre todo al XX, para encontrar “ unha burguesía especifi camente galega en torno a dous s ectores fundamentais: o da pesca de altura e o da cons trución en V igo, Coruña e outras cidades que experimentaron a comezos de século o pulo demográfico que as conver teu en cidades modernas ” 27 . Además, los burgueses de Galicia, a finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX, “ vivían a espaldas de la 24 I bid. El autor toma la noción de habitus de Bourdieu. GON ZÁLEZ ENCISO 2006, pp. 299 y ss., nos o frece una síntesis interesante acerca de la con ver gencia entre nobleza y burguesía en la España del siglo XVIII y principios del XIX, donde rebaja la importancia de la identificación de clase del burg ués en función de que su afán está puesto “arriba”, en el ascenso social, que en la práctica supone a menudo su “ennoblecimiento” y su “acomodo a las costumbres tradicionales de la alta sociedad”. 25 BARREIRO FERNÁNDEZ 1984, vol. IV , pp. 23-24: la población urbana de Galicia no alcanza a superar el 10% del total hasta 1940. 26 BARREIRO FERNÁNDEZ 1981, pp. 144-148 y 153-155. 27 I bid., pp. 125 y ss. La cita es de la p. 133. 21 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) cultura, del arte y (...) s olo aspiraban a crecer en sus negocios. (...) El gusto por la vida, por el arte e incluso por la cultura entr ará más tarde en los usos de nuestra bur guesía”. El ca mbio, dice Barreiro Fernández, empieza a notarse a partir de los años 60 del siglo XIX, “ sin duda motivado por los hijos orientados a los estudi os s uperiores en la Universidad” 28 . Precisamente, a finales del XIX, coinc idiendo con el des arrollo de una burguesía y unas clases medias autóc tonas, empiezan a aparecer hoteles en las ciudad es gal legas, al tiempo que se aprecia el incremento de las promociones in mobiliarias ligadas a la vivienda y otros equipamientos bur gueses con el consigui ente creci miento de la superficie construida, especialmente en las ciudades más pujantes, A Coruña y V igo. Sin embar go, nada de esto impide que siga prevaleciendo lo raquítico del ámbito urbano en el conjunto de una G alicia eminentemente rural, agraria y tradicional. Esto, que ha llegado a verse como una anomalía y un s íntoma del histórico atraso económico del país, no hace sino señal ar la insuficiencia de la élite urbana para para hacer de las ciudades un polo de atracción y de desarrollo a la manera de las grandes urbes industriales 29 . La razón de que empecemos por res altar algunas de las más manidas debilidades históricas de Galicia estriba en que nuestro estudio atañ e directamente a estas cuestiones, al centrarse en el sistema urbano y , dentro de él, en una de las manifestaciones más señeras de su modernidad: los hoteles. Por lo tanto, no es difícil anticipar que lid iaremos con una realidad más bien modesta, cuando no dire ctamente precaria, si la compara mos con las grandes ciudades europeas y estadounidenses, que son las primeras en desarrollar una considerable infraestru ctura hotelera. Es el momento de concretar cuáles son esas ciudades gal legas en que vamos a centrarnos. Se trat a de los siete principales núcleos urbanos que definen la época contemporánea del país, descartando por tanto aquel las capitales del antiguo Reino de Galicia que pierden su rango y no llegan a remontar con otros argument os, como Betanzos, Mondoñedo o T ui. Hablaremos pues de A Coruña, Ferr ol, Lu go, Our ens e, Pontevedra, Santiago de Compostela y V igo, inc luyendo en ellas sus in mediaciones, siempre que mantengan un carácter urbano. En todo caso, nos permitiremos diversas menciones puntuales a otras poblaciones o establecimientos que puedan contener aspectos que co mplementen nuestro discurso. Por ejemplo, haremos algun as referencias a los balnearios, cu yos importantes hoteles pertenecen también sin duda al circui to de la vida burguesa y se inscriben en su sistema urbano, aunque a m enudo de un modo terminal o paradójico, pues trasluce en ellos una cierta actitud antiurbana que se manifiesta, sobre todo, en su huida hacia la naturaleza. En este sentido, debe quedar claro que los balnearios y s us hoteles, aunque lujosos y de enorme interés por sí mismos, se salen del concepto de ciudad que manejamos, y por ello están excluidos de este estudio, salvo en las ocasiones puntuales en que de muestren su integración urbana en alguna de las siete ciudades que hemos s eñalado. La cuarta y última de la s coordenadas de este trabajo es la cronológica y se introduce con el adjetivo contemporánea que acompaña a G alicia. Por s upuesto, no es una referencia a la actu alidad o a la historia reciente, s ino a la Época o Edad 28 BARREIRO FERNÁNDEZ 1982-84, vol. IV , pp. 427-429. 29 Entre lo mucho que se ha escrito sobre el atraso económico de Galicia, es obra clásica la de BEIRAS TORRADO 1972, que aborda aspectos como la debilidad histórica de su burguesía y el carácter dual de la sociedad, por la que “el mundo urbano gallego caminó hasta hace poco a lomos del rural, como un peso muerto (...)” (p. 51). 22 INTRODUCCIÓN Contemporánea en el sentido que le da la historiografía clásica de raíz francesa 30 . Nuestro marco cronológico empieza, por lo tanto, con el fin del Antiguo Régimen, que colapsa favorecido por las ideas ilustradas que a lientan la Revolución F rancesa y s us consecuencias a lo lar go de Europa. Claro que, en Galicia, hablar propiamente del fin del Antiguo Régi men obligaría por lo menos a retrasar nuestra fech a de partida hasta el fin del reinado de Fernando VII, que es cuando se establece, al margen de las efímeras tentativas anteriores, el Estado liberal en España. Sin embar go, seguiremos la práctica común de establecer el inicio del período histórico a fina les del s iglo XVIII 31 , sobre la base de la i mportancia de los sucesos de Francia para la redefinición del panorama político, social y cultural europeo a lo lar go del siglo siguiente. Partimos pues de abordar el caso gallego en función de los procesos exógenos que con sagran internacionalmente a la burguesía como clase socia l dominante, pues ella, como y a hemos dicho ―con su variedad de tipos sociales que van des de el ocioso turista hasta el afanado viajante― , es quien desarrolla el estilo de vida urbano que da lugar al hotel. La principal razón de que nos remontemos al comienzo de la Época Conte mporánea es que e l hotel s ur ge ya entonces en las principales ciudades de Europa y de los Estados Unidos, y también en otros enclaves de tipo vacacion al relacionados con el fenómeno del balneario. Su tardanza en implantarse en España, aún más acusada en Galicia, no nos permite pasar por alto que, entre las pri mitivas fondas y posadas, ya pulula un contingente de viajeros extranjeros con una nueva mentalidad que pronto va a reclamar mayor comodidad y sofisticación en el hospedaje. Se trata en muchos casos de viajeros que cabría calificar ya de turistas, herederos directos del Grand T our y fenómenos afines con que los ingleses adinerados inauguran a mediados del siglo XVIII la moderna historia del turismo 32 . La propia ilustración apuest a por el cosmopolitismo co mo ideal para el ser humano: es un s íntoma el nuevo posiciona miento frente a la tradicionalmente sospechosa figura del forastero, que pasa a representar un agente de paz y prosperidad. 30 L a Época Contemporánea es un añadido a la tradicional periodización histórica de Celarius ― que distin guía las edades Antigua, Media y Moderna― con amplia i mplantación en la historiog rafía europea continental y particularmente en la española, aunque no en la anglosajona. Su concepción como cuarta edad distinta de las anteriores se basa en la apreciación de una ruptura decisiva en los hechos de la Re volución Francesa, que condiciona el desarrollo posterior en Occidente de un nuevo orden que deja atrás el Anti guo Régimen. Véase p. ej. LÉVY-DUMOULIN 2008: “À partir de la conception des « âges mo y ens » par Fla vio Biondo (1392-1463), la notion de Mo yen  ge va se sédimenter au fil de la Renaissance. La tripartition Antiquité-Mo y e n Âge-période moderne trouve sa formulation scolaire avec l ' historien allemand Christoph Keller (Cellarius) au XVIIe siècle. Quant à la période postérieure à la Révolution, il faut attendre, en France, V ictor Duru y (1867) pour qu'elle soit enseignée au titre de l'histoire contemporaine, qui commence donc en 1789”. 31 Esta periodización tiene plena vigencia en la disciplina histórica de nuestro ámbito, y así la asumen, en pri mer lugar , los planes de estudios medios y superiores, así como múltiples departamentos uni versitarios, denominados de historia contemporánea . Por ello, son numerosos los manuales e historias generales que lla man contemporánea a la época que se inicia con “la doble revolución (econó mica y política) desencadenada a fines del si glo XV III en el hemisferio occidental”, se gún palabras de VILLARES P AZ-BAHAMONDE MAGRO 2012, p. 14. T ambién en el campo de la historia del arte se habla de “época” o “mundo contemporáneo”, que inclu ye al menos desde principios del siglo X IX, co mo ejemplifica la obra de RAMÍRE Z (dir .) 1997. Si nos ceñimos a Galicia, también se sigue el mismo patrón en múltiples obras, empezando por las de orden general, como la de VILLARES P AZ 2004, que constata al iniciar su análisis del siglo X IX “ a incapacidade da sociedade galega para se modernizar no seu tránsito á Época Contemporánea” (p. 251), o la de BARREIRO FERNÁNDEZ 2007, que remonta su “historia política da Galicia contemporánea” a 1789 (p. 17). Lo mismo puede decirse de historias locales co mo las de BARRE IRO FERNÁNDEZ 1986 ―sobre la ciudad de A Coruña― y FOR TES BOUZÁN 1993 ―sobre la de Pontevedra―; o de historias del arte gallego como la de SOBR INO MANZANARES 1982, que hace partir su estudio de 1760 (p. 389), o la de RODRÍGUEZ IGLESIAS (dir) 1993, t. XV , que principia con la afirmación de que el neoclasicismo es el “ estilo co que se inicia o estudio das artes na I dade Contemporánea”. 32 MORENO GARRIDO 2007 , p. 15. 23 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Así, Kant present a como uno de los fundamentos de su “paz perpetua” que el derecho de ciudadanía mundial se l imite “ a las condiciones de una hospitalidad universal”, donde hospitalidad significa “el dere cho del extranjero a no rec ibir un trato hostil al entrar en otro territorio”: In this wa y far distant territories ma y enter into pea ceful relations with one another . These relations ma y at last come under the public control of law , and thus the human race ma y be brought nearer the r ealisation of a cos mopolitan constitution 33 . De nuestro título, también requiere una explicac ión el arco cronológico que presentamos entre paréntesis, que viene a mat izar o a especificar qué part e de la Épo ca Contemporánea vamos a tratar . Partimos del año 1779 en función de la visita a A Coruña de John Adams, que posteriormente s ería segundo presiden te de los Estados Unidos, pues gracias a su diario de viaje descubrimos el primer establecimiento documentado de Galicia que lleva el no mbre de hotel. Sin duda, esta visit a tiene tan to de anecdótica co mo la calificación del establecimiento, la una en el sentido de que Adams arriba forzado por la casualidad de una avería en el barco que lo conduce a Francia, y la otra porque el llamado Hotel du G rand Amiral no es sino un albergue con nombre pomposo. Pero, ya que vinculamos el inicio de nuestra historia al inicio de la Época Contemporánea, resulta bastante oportuno to mar co mo referencia la visita de un alto diplomático que, además, represen ta a la primera democracia occidental en emanciparse de su metrópoli a través de una revolución que prefigura en mucho la francesa de unos años después. Nuestro estudio alcanza hasta 1948, lo que supone que nos adentraremos en la inmed iata posguerra para abordar algunos hitos hoteleros que contrastan con la penuria de la época. En este punto, y sin excluir otros casos de toda Galicia, nos parece oportuno situar nuevamente la ciudad de A Coruña en pri mer término para concluir nuestro relato: 1948 es el año de inauguración del Hotel Embajador ( Fig. 2), que ilustra, junto con el Finisterre, el relanza miento de la industria turística coruñesa y en buena medida la consecución de unas metas arquitectónicas durante mucho tiempo de mandadas. Este relanzamiento debe mucho a la elección de la ciudad como lugar de veraneo ofic ial de Franco, y supone t anto la culminación de un período de turismo de élite como el anuncio de una nueva tenden cia de turismo de masas que, fuera ya de nuestro estudio, marcará la hotelería de las déc adas siguientes. Una vez explicado el tí tulo que hemos escogido, conviene justificarlo también en el marco del estado de la cuestión , es decir , de los estud ios previos que han tocado en alguna medida el tema que vamos a desarrol lar . S in duda, una buena razón para estudi ar la historia hotelera de Galicia s e encuentra en la escasez historiográfica al respecto. Y a 33 KANT 1795, pp. 137-142. 24 Fig. 2: El Hotel Embajador de A Coruña, cu ya inauguración en 1 948 marca el límite cronológico de este trabajo. ARG , col. fot., sig . 01922. INTRODUCCIÓN hemos dicho que Pevsner fue en muchos sentidos pionero hace 40 años al dar al hotel un trata miento tipológico en pie de igualdad con otros tipos arquitectónicos tradicionales. En su comentario bibliográfico, ya reconoce que “ no ha y una historia arquitectónica completa del hotel”, si bien cit a algunos trabajos antiguos de carácter parcial y centrados en el ámbito estadounidense y británico 34 . Desde entonces, han visto la luz dif erentes obras sobre el tema, de las cuales pocas procuran una visión internacional o global, como la que nos o frece ORMESSO N 1984 o más especialmente DENBY 1998. El resto son en su ma yoría trabajos más o menos acad émicos sobre la hotelería de una nación 35 , de una región 36 , de una ciudad 37 , o inc luso en clave de monografía sobre un solo hotel 38 . Para el caso español, la bibliografía sobre el hotel es mu y escasa en comparación con la que se ha dedicado al ámbito anglosajón, en buena medida por la menor tradición hotelera del país, en donde los nuevos alojamientos calan tardíamente. No obstante, la importancia que actualmente tiene la industria de la hostelería en la economía estatal, derivada de una apuesta ininterrumpida por el turismo de masas desde los años 60 del siglo XX, explica que el hote l haya recibido una aten ción cons iderable en el marco de los estudios turísticos. En su vertiente histórica, destaca el traba jo de M ORENO GARRIDO 2007, que ofrece una visión general del turismo en España durante el siglo XX. Puntualmente, también se localizan algunos trabajos me ritorios ínt egramente centrados en la histor ia de algún hotel, co mo el de GUIMERÁ RA VINA 1991 s obre e l Hotel T aoro de T enerife, o en una ciudad, como el de BESAS 2009 sobre las fondas y primeros hoteles madrileños; pero son más frecuentes los que tratan conjuntos balnearios, que se prestan a múltiples perspectivas ade más de la arquitectónica: destacamos aquí el libro de SOLÀ-MORALES 1986 sobre los balne arios ca talanes, que ejemplifica la importancia que suelen conceder al hotel los estudios sobre el tema. Por lo de más, si el hotel ha s ido estudiado colateralmente en el marco de la historia del turismo, también se aborda de manera transversal en otros muchos es tudios sobre la arquitectura del eclecticismo y de l modernis mo, a caballo entre los siglos XIX y XX, que es la belle époque con que suele asoci arse el éxito del gran hote l . Por ejemplo, podemos encontr ar referenc ias a los establ ecimientos cántabros en SAZA TOR NIL RUIZ 1996, que estudia el desarrollo arquitectónico y urbanístico de la región durante el siglo XIX. Asimis mo, dado el reconocimiento de m uchos hoteles como hitos arquitectónicos de la ciudad, su presenci a es normal en guías y catálogos como el de GUERRA DE LA VEGA 1990 o el de ROCH A ARANDA ― MUÑOZ F AJARDO 2007, ambos sobre el Madrid de principios del XX. Otro tanto puede decirse sobre el á mbito gallego, que es muy escaso en estudios específicos sobre la historia del hotel, ya des de un punto de vista general o arquitectónico. La bibliografía que con más frecuencia lo toca son los estudios s obre la 34 PEVSNER 1976, p. 314. 35 Caso del de CAR TER 1990 sobre la hotelería británica relacionada con el ferrocarril, o los bien docu mentados de GROTH 1999 y SANDOV AL-STRAUSZ 2007 sobre la estadounidense, donde la arquitectura desempeña un rol complementario en lo que es un estudio de la dim ensión cultural y sociológica del hotel. 36 Destac amos el trabajo HOTEL-P ALAIS EN RIVIERA 1985, sobre el área francesa de este no mbre, o el de T OLLES 2003 sobre los resorts de la región de las montañas Adirondac k en los Estados Unidos. 37 Com o es el caso de DU P ALAIS AU P ALACE 1998, completo estudio de los pri meros hoteles parisinos que acompaña una exposición del Musée Carnavalet. 38 Com o el de BINNEY 2006 sobre el Ritz de Londres o el de GUISE-BROOK 2007 sobre el Midland de Morecambe (Lancashire, Inglaterra). 25 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) individualidad co mo en su contexto urbano. Como señalaremos al hablar de las fuentes, para cumplir adecu adamente este objetivo contamos principalmente con los expedientes de obra conservados ―a menudo aco mpañados de alzados y , en menor medida, de plantas―, con fotografías históricas y , en casos puntuales, con la propia arquitectura aún en pie más o menos alt erada. Complementariamente, nos sirven los testimonios escritos, en especial de fuentes primarias, que se localizan a menudo en los periódicos de la época en cuestión. Así mis mo, hay que señalar que por “arquitecturas” entendemos también aquellos proyectos que no ha yan pasado del papel, siempre y cuando pueda constatarse su relación con alguna de las c iudades gallegas y , por lo mis mo, aquellos edificios que, habiéndose construido para hoteles, no llegasen a desempeñar esta función por diferentes motivos. 5) Relacionar las características ar quitectónicas de los hote les de las ciudades gallegas con las de su contexto internacional. Una vez que se reconocen una serie de características formales y funcionales para los edificios que alber gan la hotelería gallega, es necesario ponerlas en relación tanto con su contexto inmediato como con aquel que, más lejano, constituye una referencia modélica, especialmente dentro del sistema de los grandes hoteles. Así, conviene cotejar los diferentes aspectos ar tísticos, sociales y culturales de los hoteles de la Europa continental y del ámbito britán ico y estadounidense, por ser los que marcan la pauta a nivel internacional, pero sin des cuidar que el princ ipal canal de entrada de su influencia se encuentra más cerca: en la capital y en los más afamados enclaves turísticos de España. Los es tudios acadé micos a los que nos referimos bajo el siguiente epígraf e son la principal herramienta con la que trata mos de cumplir este objetivo. Dado que nuestra investigación se ciñe a Galicia, ma yormente optamos por buscar la información que trasc iende este marco en el trabajo de los estudiosos, y solo para el caso gallego nos centra mos en el acopio de fuentes primarias. 6) Interpr etar el mar co ar quitec tónico de los difer entes hoteles en función de las difer entes cir cunstancias históricas en que se desarr ollan. El cumplimiento de este objetivo implica en buena medida un trabajo de contextualización histórica, teni endo en cuenta aspectos políticos, sociales, econó micos o culturales con relación a Gali cia, para lo que nos valemos de las principales aportaciones a la historia general del país y de sus ciudades. Pero al mis mo tiempo tiene relación con la di mensión iconográfica de la arquitectura de la que ya hemos hablado, la cua l se nutre sin duda de múltiples aspectos ideológicos característicos de la época tratada. Así, si bien la tarea contextualizadora es abordada preferentemente en los apartados introduc torios de los diferentes capítulos, pretendemos que la int erpretación de la arqui tectura se filtre a lo lar go de todo el estudio. 7) Reconocer a las difer entes personas vinculadas con la construcción y el sostenimiento hoteler o, como s on los ar quitectos, empr esarios, anfitriones o los pr opios viajer os. En la medida en que acometemos un trabajo de arquitectura y urbanis mo, no podemos descuidar la figura de los artistas que constitu yen el primer eslabón en la creación de una estética para la ciudad: los arquitectos. Estudiare mos por lo tanto la labor de estas personas, tan to en los hote les que nos ocupan como en otros que expongan calidades y valores similares. El pri mer nivel de información que procuramos ofrecer es la simple atribución de autoría; mientras que, si es posible, ofrecemos un estudio más profundo a través de las fuentes . Hospederos, empresarios o políticos también construyen ciudad, es decir , condicionan con más o menos éxito su imagen; con frecuencia incluso son personas con inqui etudes estétic as que militan en un deter minado 32 INTRODUCCIÓN gusto, hasta el punto de determinar los proyectos arquitectónicos. Por tanto, sin ser artistas ni urbanistas, merecen ser reconocidos dentro de los complejos fenó menos sociales, económi cos y culturales que posibilitan la ciudad de cada época, y particularmente aquella que glorifica el hotel. 8) V alorar la importancia de la hotel ería histórica en el desarr ollo de una de las mayor es industrias del mundo actual: el turismo. Con este últi mo objetivo pretendemos dar cabida a un sesgo valorativo que impl ica hacer reconoci miento de una cierta postura militante o ideológica, no neutral, cu ya presencia en un trabajo de aspiraciones científicas debe manejarse con cautela. No obstante, creemos que el histori ador del arte, desde el momento en que se ve frecuentemente en la oblig ación de articular juicios estéticos, no puede escamotear un posiciona miento hacia la belleza ni puede esquivar un cierto elogio de aquello sobre lo que trabaja, y así acostumbra a deslizarse desde un registro informativo o interpretativo hasta otro valorativo. Los ej emplos son abundantes en la bibliografía que acompañamos, en ocasiones anunciados desde los propios títulos 52 . En nuestro caso, concentramos especial mente este espíritu valorativo en los comentarios finales para cada hotel, donde se repasan no sin rec elos las múltiples demoliciones efectuadas hac ia los años 60-70 del siglo XX. Así pues, nos ofrece este objetivo un interesante punto de partida para adoptar una pers pectiva crítica sobre los efectos de la especulación in mobiliaria o bien, si lo enunciamos en positivo, para contribuir a dotar de valor no solo la ciudad que se perdió, sino ta mbién la que aún conservamos. S OBRE LAS FUENTES Y LA BIBLIOGRAFÍA T ras los capítulos de desarrollo, la tesis termina con las pertinentes conclusiones y , tras ellas, sendos apartados donde se detallan las fuentes y la bibliografía empleadas, que también merecen un comentario en esta introducción. El apartado de fuen tes contiene la referencia tanto de las fuentes documenta les como de las hemer ográficas. Las primeras abarcan aquellos documentos inéditos custodiados y consultados normalmente en un archivo, y es precisamente el nombre de la institución en la que físicamente se encuentran lo que e mpleamos ―casi siempre abreviado con sus in iciales― para organizar las refer encias. Las fuentes documentales constituyen un material informativo capital en la investigación, basado fundamentalmente en exped ientes de licitación de obras generados por los a y untamientos. Es en estos expedientes en donde estriba una parte sustancial de nuestro estudio, porque en ellos s e contienen nor malmente los planos de los edificios de los que se solicita licencia de obra: se trata de un requisito habitual de la Administración, aunque no siempre se plasma en los mismos términos, pues por ej emplo, durante el siglo XIX y aún a principios del XX rara vez disponemos de otro plano que el de alzado de la fachada, m ientras que los de distribu ción interior se generalizan en fech as más tardías. Otro tipo de documentación de arch ivo al que acudimos con frecuencia son los 52 Sirv an co mo ejemplo MAR TÍNEZ SUÁRE Z 1981, “Os cantóns da Coruña. Un exemplo de cómo destruir a i maxe dunha cidade”; ABELLEIRA DOLDÁN 2004 a partir del enfoque que se brinda desde el título A Coruña: ar quitectura desapar ecida ; o GARR IDO RODRÍGUEZ 2001, titulado V igo, la ciudad que se per dió... 33 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) padrones de habitantes, que nos dan pistas sobre la ocupación de los inmuebles, sobre todo en los casos en que función hotelera s ucede a la residencial. Por último, y al mar gen de otros tipos aislados, en los archivos solemos encontrar coleccion es de fotografías o postales que nos ayudan a clarificar y visualizar muchos aspectos arquitectónicos. En segundo lugar , dentro del apartado de fuentes, también recopilamos la hemerografía empleada, que no la consultada o vaciada, que es muy superior . Se trata de un listado en cierta parte redundan te, pues algunas de las piezas de prensa escogidas ―que abarcan noticias, crónicas, reportaj es, entrevistas o anuncios― pueden apar ecer resaltadas en el apartado correspondiente de la bibliograf ía, espec ialmente cuando se trata de reseñas históricas, que entendemos fuentes secundar ias, aparecidas en fechas recientes; pero no en el caso de los artículos de época, que entende mos sin duda como fuentes primarias. La razón de que dupliquemos en este listado de fuentes hemerográficas lo que ya lista mos en la bib liografía es la de presentar en un bloque unitario todas las cabeceras empleadas con sus respect ivas fechas, que de otro modo s e ofrecerían de manera parcial y dispersa. En aras de una mayor sencillez y para evitar al lector la dificultad de localizar las referencias abreviadas entre una multitud de apartados, hemos listado la bibliografía en un solo bloque, si bien somos conscientes de la mu y diversa natur aleza de las referencias que incluye. Por lo tanto, en este apartado se contien e tan to la bibliografía propiamente dicha como otros tipos de publicacion es, ya impresas o en línea, con independencia de su cará cter de fuente primar ia o secundaria. O mitimos, eso sí, las fuentes pri marias perten ecientes a la prensa periódica ―los artículos, notas breves o anuncios de época― para no sobrecar gar el listado; no obstante, éstas no dejan de indicarse en las notas al pie y en el antedicho apartado de fuentes hemerográficas. Consideramos bibliografía propia mente dicha todas las publi caciones clasificables como estudios más o menos académicos y que por e llo pueden considerarse fuentes secundarias de infor mación 53 . Son bibliografía general los manuales generales sobre arte, arquitectura o urbanismo; las historias y estudios sobre el turismo en general; las historias del hotel, ya en s u vertiente general o arquitec tónica, y ya mundiales o de alguna región con relevancia internacional 54 ; ta mbién las historias generales, en particular las referidas a Galicia ; e incluso las enciclopedias y diccionarios de tipo enciclopédico. Por su par te, la bibliogr afía específica, ta mbién incorporada a este primer apartado, estaría representada sobre todo por las historias de la arquitectura gallega, especialmente las centr adas en los siglos XIX y primera mitad del XX; por aquellos estudios gallegos con un enfoque urbanístico y con independencia de su antigüedad ―consideramos en este sentido des cripciones de tono c ientífico como la de Labrad a o la de V edia 55 ―; ta mbién, por supuesto, por los trabajos centrados en los hoteles de Galicia ―aunque aquí apenas contamos con el de Areal Alonso sobre los de V igo 56 y 53 L as referencias ofrecidas en este párrafo se complementan con las mencionadas al tratar el “estado de la cuestión” (pp. 24 y ss. de este trabajo). 54 Destac amos aquí, además del capítulo mencionado de PEVSNER 1976, los trabajos de T A Y LOR-BUSH 1974, LIMERICK 1979, ORMESSON 1984, CARBONARA 1986 , CAR TER 1990, DU P ALAIS AU P A LACE 1998 , DENBY 1998, GROTH 1999 y SANDOV AL-STRAUS Z 2007. 55 LABRADA 1804; VED IA Y GOOSSENS 1845. 56 AREAL ALONSO 1998. 34 INTRODUCCIÓN algunas monografías sobre los balnearios 57 ―; y final mente, aunque no sean estudios académicos, pueden clasificarse aquí aquellas piez as de prensa más o menos recientes que, por deberse a determinados cronistas locales, representan un testimonio destacado a medio camino entre la fuente pri maria y la secundaria 58 . T ambién dentro de la bibliografía incluimos múltip les referencias que cab e considerar fuentes primarias, pero lo hacemos en función de su naturaleza impresa y bibliográfica, pese a no ser estudios especializados en los contenidos de esta tesis. En s u mayoría son fuentes contemporáneas de los hoteles que estudiamos, que aportan un testimonio colateral y sin un aparato crítico sobre alguno de los aspectos que nos interesan. Se consideran aquí una variedad de materiales que van desde diccionarios generales ―de diferentes idiomas y épocas― a la literatura artística ―novelas, etc.―, pasando por guías e indicadores turísticos, libros de viaje e itinerarios, folletos publicitarios, diarios o correspondencia de huéspedes ―estén o no en recopilaciones críticas― e incluso la propia legislación promulgada a través de los diferentes boletines oficiales. En ca mbio, reiteramos que noticias y otras pie zas de prensa an tiguas, como los anuncios, están exc luidos de la bibliografía y solo reunidos en el apartado de fuentes hemer ográficas. Así pues, en los apartados finales de fuentes y bibliografía hac emos constar la referencia co mpleta de todas y cada una de las referen cias abreviadas que da mos en los pies de página o, en ocasiones, en el tex to princip al. Este us o abreviado, basado en el sistema “Chicago autor -fecha”, tiene como misión aligerar dichas referencias y simplificar la visualización de las que sean más dens as, evi tando las redundancias o las dependencias vía op. cit., y facilitando, en definitiva, una lectura in medias r es. Esto incluye casos puntua les en que citamos una obra de trasfondo desconectada de los contenidos principales de este trabajo y que quizá no volvemos a mencionar , por lo que en la bibliografía pueden ha llarse títulos que aparent emente no ofrec en relevancia para nuestro te ma. Nuestra fina lidad es suministrar a quien acuda dire ctamente a este listado final el conjunto de los materiales que hemos manejado de la manera más co mpleta, aunando lo principal y lo co mplementario, sin por ello apartarse en lo sustancial de los cuatro ejes que hemos marcado: la ciudad, el hotel, Galicia y la Época Contemporánea. 57 Com o las de LEBOREIRO AMARO 1994, PÉREZ SÁNCHE Z 2005 y ALONSO Á L V ARE Z ― LINDOSO T A T O ― VILAR RODRÍGUEZ 201 1. 58 Consideram os en esta cate goría los artículos de prensa de RE I RIZ REY sobre A Coruña o los de OUTEIRIÑO RODRÍGUEZ sobre Ourense. 35 1 Los orígenes: hacia un imperio del turista A finales del siglo XVIII no ha y hoteles en Galicia, y no los habrá en propiedad hasta un siglo más tarde. Los estudios sobre la histor ia del hotel han venido considerando varios hitos fundacionales en es os albores de la Época Conte mporánea, con s ucesivas tra nsformaciones de la tipología que darán lugar a lo que triunfará décadas de spués con el nombre de “ gran hotel”. Geográficamente, el á mbito centroeuropeo, el francés y , de manera especi al, e l británico y el estadounidense, acaparan la inmensa mayoría de estos primeros ejemplos 59 . Pero Gali cia, periférica incluso en un ámbito español ya de por sí descolgado de las transformaciones europeas , tendrá que esperar hasta ver levan tarse establecimientos parec idos, por mucho que pueda presu mir de espect aculares anteceden tes, como el Hospital Real de Santiago (1501-1 1), nombrado incluso en la bibliografía sobre el tema hotelero 60 . En este sentido, es importante subra yar que este trabajo no trata de los establecimientos de hospedaje en general, sino de un tipo es pecífico y de la arquitectura que le es propia. La historia del hotel como tal no es la de las mansiones romanas, los caravasares orien tales o las hospederías m onacales, aunque podam os mencionar todo ello entre sus antecedentes. Naturalmente, ho spedajes de clase alta ha habido mul titud en lugares mu y diversos a lo lar go de la Historia y , por ello, la línea que marca la apar ición del hotel no es absolutamente obvia. A los si mbólicos hitos fundacionales se les pueden hacer multitud de objeciones: tanto para remontarse varios siglos hasta suntuosas posadas con cua lidades que ya quisieran algunos hoteles contemporáneos 61 , como para descender hasta mediados del s iglo XIX, o incluso el siglo XX, en atención, por ejemplo, al desarrol lo de unas mínimas condiciones higiénicas y de confort. 59 PEVSNER 1976; W A TKIN 1984; DENBY 1998. 60 DENB Y 1998, pp. 15-16. 61 PEVSNER 1976, pp. 169 y ss.: ofrece varios ejemplos. 37 Fig . 4: El City Hotel de Nueva Y ork, aparecido en 1794 y definido com o el "primer hotel en func ionamiento" de E stados Unidos. SANDOVAL -S TRAUSZ 2007, p. 25. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Fig. 5: Diversos ejercicios de arquitectura de la RABASF . "Una fonda par a caballeros", J. González, 1788: ( a) planta baja, (b) planta principal, (c ) alzado y s ección; "Cas a f onda con café", M. Arévalo Her ranz, 1 845: (d) sección, alzado y planta; “Casa fonda para la Corte”, J . A . de Garayzabal, 1828: (e) plantas, alzado y sección; “Gran casa fonda para una capital de primer orden...”, A . Herrero y Herreros, 1867: (f) planta baja, (g) alzado de la fachada. Sin embargo, en línea con los estudios que hemos manejado, pode mos convenir que tanto la tipología como el uso moderno del término hotel se estab lecen en lo esencial a finales del siglo XVIII, cuando la extinción de l Antiguo Régimen en el mundo occidental abre camino a l liberalismo y a la hege monía social y cultural de la burgue sía, en cu y o seno se des arrolla el concepto de turismo o viaje de placer . De hecho, suele hacerse hincapié en el pape l de los Estados Unidos, nación cu ya independ encia preludia el fin del Antiguo Régimen en Europa, en la defin ición de este nuevo tipo de alojamiento: “fue la Améri ca democrática, carente por entero de palacios reales, la que primero desarrolló el gran hotel”, dice W atk in, para a continuación señalar el City de Nueva Y ork como “ el primer hotel americano considerable” 62 . La refer encia al City no 62 W A TKIN 1984, p. 13. 38 1. LOS ORÍGENES es para nada anecdó tica, sino habitual en las historias generales de la hotelería 63 , hasta el punto de que Sandoval- Strausz prácticamente lo retra ta como un hito fundacional al calificarlo de "primer hotel en funciona miento" del país 64 . Aunque lejos geográfica y cronológicamente de los hoteles que va mos a encontrar en las ciudades de Galicia, la imagen extern a que muestr a el City de Nueva Y ork ( Fig. 4) corresponde, a grandes rasgos, con la de la gran mayoría de los hoteles con que trataremos: aún siendo una arquitectura ad hoc, este hotel remite al formato de casa de alquiler entre m edianeras que se desarrolla en la Europa continental, con un alzado frontal articulado mediante una serie de cuerpos superpuestos que se jerarquizan de manera decrec iente en altura, tal como veremos en el apar tado 1.2. Por otra parte, en lo funcional, Sandoval-Strausz añade que su interior está pens ado no solo para el mero alojamiento a través un gran número de dormitorios 65 , sino también para even tos colectivos relacionados con la élite de la ciud ad ―encuen tros políticos, reuniones de negocios, celebraciones, etc.―, por lo cual sus a mplias estancias de las plantas principales inclu y en múltiples funciones, como salón de baile, salas públicas, bar , tiendas, oficinas o biblioteca 66 . Con todo ello, este pionero americano ilustra una serie de ideas básicas que hacen del hotel un fenó meno nuevo y original a a mbos lados del Atlántico: un edificio compacto destinado a la hospitalidad comercial de una clase más o menos pudiente, para lo que se val e de una capacidad razonab lemente elevada, de una combinación de estancias privadas y comunitarias de cierto lujo y confort, y de una hibridación estética entre el palac io tradicional y las fórmulas residenciales de la bur guesía. En Galicia, no conocemos ningún aloja miento que cumpla estos pará metros hasta avanzado el siglo XIX, y solo de manera puntual vemos adoptado el t érmino “hotel” en establecimientos que probablemente no se diferenciarían de cualqu ier otro que funcionase bajo el nombre de “fonda”. En este trabaj o, nos centramos exclusivamente en casos urbanos ; s in embar go, la afirmación que acabamos de hacer es válida para la generalidad de lo que podemos llamar hoteles: los primeros de balneario ajenos a las siete principales ciudades se hacen esperar prácticament e lo mismo que los que se establecen dentro de ellas. Entonces, ¿por qué nos remonta mos a finales del siglo XVIII para hablar de hoteles urbanos en Galicia? O, ¿por qué no hac erlo en un breve apart ado de antecedentes? Pues porque, como ire mos viendo en las páginas siguientes, la fonda es un tipo de alojamiento que guarda una relación mu y dir ecta con la aparición del hotel en el ámbito español, de un modo mu y parec ido a lo que representa la inn inglesa en su contexto, de modo que plantea una zona de transición difusa que, si por nomenclatura fues e, nos 63 Véase nota 59. 64 SANDOV AL-STRAUSZ 2007, pp. 21 -25. Poco antes del Cit y de Nueva Y ork, se había e mpezado a construir en W ashington D.C. un gran edificio para alber gar el Union Public Hotel, pero la iniciativa fracasa: aunque la obra se conclu y e, no llega a usarse como hotel. 65 Casi todas las fuentes si guen a PEVSNER 1976, p. 174, que habla de 5 plantas y 73 habitaciones. Sin embargo, SANDOV AL-STRAUSZ 2007, p. 24, habla de 137 habitaciones, ci fra elevadísima, y lo acompaña de muchos otros datos y de una imagen donde se ve un edificio rotulado con el no mbre del hotel y con 5 plantas si se cuentan el bajo y desvanes (Fi g. 4) . Ha ya o no un error , apuntamos como curiosidad que semejante cifra de habitaciones tardará más de 150 años en alcanzarse en nuestro ámbito. La alcanza en 1947 el Hotel Finisterre de A Coruña, que tiene 148 habitaciones, si bien ha y aspectos sustanciales que hacen di fícil co mpararlas con las que ofrecían los hoteles a finales del XVIII , cuando los cuartos eran a menudo interiores y ni remotamente se había concebido dotarlos de baño privado. V éase el capítulo 5 de este trabajo. 66 SANDOV AL-STRAUSZ 2007, p. 24. 39 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) llevaría a dat ar el primer hotel gallego en 1779. Hacerlo nos pare ce excesivo: no queremos hacer recaer en la ter minología la clave para diferenciar un hote l de una fonda, pues una posada tradicional no se convierte auto máticamente en cualquier cos a que ponga su rótulo, de la misma man era que un gran hotel no deja de serlo porque la palabra “fonda” figure en los planos del arquitecto 67 . Sin embar go, tampoco nos parece apropiado ignorar el valor sintomático de las pal abras, cuya adopc ión, lej os de ser una anécdota, s eñala el contacto de Galicia con otras realidades, por ejemplo a través de los viajeros que conocen ―y añoran― la calidad de los alojamientos de otros países, induciendo la valoración pau latina de un concepto extranjero con connotaciones de prestigio. Así pues, el hotel nos e mpieza a interesar en el momento en que su existencia en el panora ma internacional es susceptible de condicionar y condicion a la hostelería local, marcando con ello las pautas de su evolución. Dedicamos pues este primer capí tulo a tratar el origen de los hoteles urbanos de Galicia en paral elo al desarrollo internacional de la tipología desde finales del siglo XVIII. Con ello, y dado que nuestro primer hito lo s eñalamos en 1779, podemos dec ir que abarcare mos un período exa cto de 100 años, que se cumple en 1879, cuando se inaugura el Hotel Continen tal de V igo, primer hotel considerable de Gal icia. En este recorrido, nos permitiremos algunos saltos fuera de la horquilla cronológica, esencialmente des tinados a ejemplificar los dos puntos de vista con que vamos a trabajar , para cada uno de los cua les destinamos un apartado. El punto de vista del primer apartado es el más obvio, pues rastrea el origen de nuestros hoteles a par tir de la historia de los establecimientos de hostelería afines, particularmente de la fonda, que domina en el ámbito español cuando el hotel es ya referente internacional. En el segundo apartado, en cambio, nos acercamos al hotel a partir del concepto de casa, es decir , de vivienda permanente, en función del componente residencial que aprec iamos no solo en la raíz, sino también en muchos de los frutos de la tipología hotelera. 67 Esto es justo lo que pasa con el Gran Hotel del Balneario de Mondariz, como se ve en los planos firmados por Jenaro de la Fuente entre 1893 y 1898. 40 1. LOS ORÍGENES 1.1) E NTRE FONDAS Y POSADAS : ANTECEDENTES DEL ALOJAMIENT O MODERNO EN G ALICIA Como hemos señalado en la introducción, cualquier definición que demos de la principal acepción que ho y tiene la palabra hotel pasa por señalar de algún modo su condición de hospedaje por exc elencia 68 . Por ello, es co mprensible que, cuando Rutes, Penner y Adams componen un árbol genealógico de las variedades de hotel que hoy existen, tracen sus precedentes a través de los antiguos caravasares orientales, las mansiones romanas, la s po sadas monásticas, los hospicios, las fondas europeas y particularmente las inglesas, así como las casas de posta y coach inns , variedades todas vinculadas al servicio de hospedaje y por tanto dentro de la industria que ho y lla mamos hostelería. Por su parte, la contribución residencial ―el alojamiento particular― aparece limitada a l a definición de modelos hoteleros mixtos, como el tipo “castillo”, “súper luj o”, “condominio”, “bed & breakf ast” y otras fór mulas ligadas a la viv ienda vacacional, omitiéndose al clasificar ciertos estab lecimientos de estancia permanente e incluso los inmuebles reutilizados 69 . Aunque pueda haber inconsistencias en el esquema ofrecido, co mo de hecho reconocen los autores por recurrir a categorías abs tractas no siempre exclu yentes entre sí 70 , se ponen de manifiesto no solo la ac tual diversidad y complejidad en los establecimientos, sino ta mbién el protagonismo que se da a la hostelería antigua como precursora del moderno hotel. U n protagonismo que confirman l os principales acercamientos a su historia, como el de Pevsner , que tras marcar distancias entre el hotel y la inn 71 , inicia s u repaso remontándose a varias de las segundas 72 ; o como Denby , que entre los carav asares y las inns reserva un apartado para las peregrinaciones medievales, donde el compostelano Hospital de los Re yes Católicos, convertido desde 1954 en hotel, se señala como un señero precedente de esta tipología 73 . 1.1.1) E L HOTEL , UN REFERENTE E XTRANJERO Nuestro recorrido parte, pues, de alojamientos de cort e tradic ional, en general operativos bajo el nombre de “fondas”, pero en algunos casos ta mbién de “posadas” o “alber gues”. Aunque en e l siglo XVIII se señalan atributos específicos para cada uno de éstos y de otros términos hosteleros 74 , no resultan claros en la práctica los matices que 68 Véase p. 17 de este trabajo. 69 RUTES-PENNER-ADAMS 2001, pp. 4-7. Nos centramos en el esquema de la p. 4. 70 I bid., p. 6. 71 No lo traducim os por su específico carácter anglosajón, aunque pu ede equipararse a la “fonda” del ámbito español. De hecho, así se traduce en la edición en castellano de PEVSNER 1976. 72 PEVSNER 1976, p. 169 y ss. 73 DENB Y 1998, pp. 15-16. 74 ROJAS GIL 1978 , pp. 362-365: en España, fondas, alber gues y posadas son a finales del siglo XVIII los alojamientos típicos de las urbes. Podríamos añadir el término mesón, pues la posada es equiparable al mesón durante el siglo XV III. Estas variedades, junto con las ventas y parador es, propios del ca mpo o de las carreteras y caminos, componen un mapa tipológico del hospedaje que aún pervive entrado el siglo XIX. Entre los tipos de que dispone la ciudad, fondas y albergues representan en este momento “la cúspide de la pirámide tipológica de la hospedería”, y teóricamente denotan una diferencia básica respecto de las posad as: además de dar alojamiento, sirven comida. 41 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) países que marcan la pauta. De entre las motivaciones para estos recorr idos, una de las principales, y en la que radica cier ta adopción en España del espír itu viajero, está la voluntad de analizar la situación de los territorios para posteriormente, y confor me a la filosofía ilustrada, operar en el los las refor mas oportunas. T radicionalmente representada por Jovellanos, esta práctica de viaje instructivo está presidida por el ansia de progreso para el país: se constitu y e en instrumento fundamental para el conocimiento de la realidad, paso previo para su transformación en pos de la felicid ad humana 93 . Fig . 15: P osada en Madrid conocida com o El P a rador d e la Higuera. Semanario P intoresco Español, 4- VIII-1839. Fig . 16: "El F ondak de ain Y e dida", en T etuán. Edificio de hospedaje con esquema de caravasar construido a principi os del siglo XIX. P ostal de c. 1919. MER, sig . 2014/08/000069. Estas ideas toman cuerpo con más o menos éxito en políticas or gani zadas desde el centro del Estado borbónico, especial mente durante el reinado de Carlos III. El conde de Floridablanca da un gran impulso a una política de caminos, que inc luye la atención a las posadas bajo la con sideración de que “de nada sirve caminar por un excelente camino si a l cabo de él s e encuentra un asqueroso y des mantelado alber gue” 94 . D e las mejoras llevadas a cabo deja constancia en un me morial presentado a Carlos III en 1788, al afirmar que “ fondas y paseos, casas de posta, ermitas o iglesi as capac es, y aún poblaciones, se han construido y constru yen donde la necesidad lo pide y lo permiten los terrenos, para que haya mansiones cómodas en los ca minos” 95 . Del mismo modo, la problemática proliferación de posadas secre tas ―derivada del descrédito de las públicas― fue atajada, no suprimiéndolas, sino hac iéndolas pasar por la sanción oficial 96 . Como resultado de todas estas iniciativas, en España se contabilizan a la altura de 1799 un número de 7.940 posadas, según indica Canga Ar güelles 97 , de las que solo 291 estarían en Galicia 98 . No obstante, todos estos esfuerzos parecen tener un impacto bastante relativo sobre la realidad de los hospedajes españoles, que siguen ofreciendo una i magen 93 SOL ER P ASCUAL 1993, pp. 17-71, esp. pp. 49-63. 94 I bid, p. 55. Estas palabras encabezan una ordenanza promovida en 1794. 95 FL ORIDABLANCA 1867, p. 330. 96 ROJAS G IL 1978 , pp. 364-365. En Madrid, una ordenanza de 1801 obliga a disponer de licencia a todas las fondas y posadas, así como a declarar la identidad de todos los usuarios de las mismas ( véase MAR TÍNEZ RUIZ 1986, p. 82). La ley estatal de 1858 (GACET A 1858) le gisla esto mismo para toda España, al obligar a los dueños de los establecimientos a “llevar un registro foliado y rubricado por el encargado del ramo de vigilancia del distrito, en que se inscriban, por orden alfabético de apellidos, las personas que lleguen a sus casas, con expresión de sus nombres pila, el año, mes y día de su entrada, el lugar de donde vienen, aquel a que se dirigen, y su ocupación o ejercicio”. 97 CANGA ARGÜELLES 1833, t. II, p. 419. 98 MAR TÍNEZ DE P ADÍN 1849, t. 1, p. 182. 48 1. LOS ORÍGENES verdaderamente paupérrima que es especial mente acentuada por las descripciones de los extranjeros. Estos acometen sus viajes por España en dos cic los diferenci ados: un primero de menor entidad, que comienza en los años med ios del siglo XVIII, cuando la realización del G rand T our da preferencia a los recorridos por A lemania, Francia, Italia o Inglaterra ; y otro a partir de 1830, que marca la “pendulación de la España ignota a la España de moda”, donde se inaugura la figura del viajero romántico y , asimismo, la edad de oro de la literatura viajera de tema español 99 . Durante todo este tiempo, el panorama que pintan los visitantes de los caminos y de los hospedajes del Estado es por lo general bastante pobre y lastimoso, en ocasiones incluso terrorífico, como ejempl ifica la observac ión de Swinburne: “las posadas y ventas españolas son de pésima calidad sin posibilidad de encontrar en ellas sino las paredes desnudas y s i acaso algún huevo pero a precios inasequibles; ventanas s in cristales (...) y puert as cerr ando mal, si a lguna vez cierran, quedando el viajero, aún dentro de su habi tación, como a l a inte mperie sin la menor protección contra el viento y la lluvia; y tan caras que no es expli cable lo que cobran a no ser que cobren por el ruido que allí se hace ” 100 . De todos modos, tampoco s e puede dec ir que los intentos modernizadores de los hospedajes españoles tuviesen un impacto nulo, pues en ciertos aspectos se reconoce una mejoría en el último cuar to del siglo XVIII y princ ipios del XIX. Por ejemplo, en el caso de los establecimientos manchegos, Rojas Gil aprecia una mejoría en lo relativo al mantenimiento y repara ción de las fábricas de los edificios, que i mputa al interés de los especialistas de la administración borbónica. Asim ismo, constata ca mbios en el surtido de las habitaciones de las posadas y ventas que, pese a la precariedad, van generalizando la presencia de camas con su respectiva ropa, desterrando paulatinamente la engorrosa obligación de dor mir en el suelo 101 . Años más tard e, en la década de 1830, Richard Ford ―pese a sus quejas― aún recono ce en sus viajes los avanc es operados en los años de l a Ilustración, ensombrecidos por aquel entonces por las destrucc iones de la G uerra de la Independencia 102 . “La ruina causada por ocho años de guerra” es mencionad a en un informe de 1819 que s eñala que “los más de los caminos (...) tienen que quedar abandonados por falta de med ios; las paradas de postas y las posadas, la ma y or parte caídas, no pueden levantarse; los puent es y las calzadas rotos obstruyen por todas partes el paso al viajante” 103 . A la altura de la década de 1840, en España va calando la conciencia de los profundos cambios en la hospitalidad europea, pero todavía se observan con cierta perplejidad desde la barrer a. En un amplio artículo que publ ica el Semanario Pintor esco Español en 1841, s e hace un repaso de los alojamientos de dif erentes países englobándolos a todos baj o el nombre de “ posadas” o “fondas”, y apenas se menciona un par de veces la palabra “hote l” co mo parte del nombre propio de dos establecimientos. De la percepc ión que ofrec e este artículo del panorama extranj ero, resulta interesante la referencia a las naciones que l levan la inicia tiva: in cluso en Italia “el viajero va a parar a casas de alemanes, de franceses, de ingleses y de suizos, que de 20 años a esta parte son los fondistas generales de Europa”. Sin embar go, de todas las “hospederías”, destaca por enc ima las de Ingla terra, donde “el comfort es el ídolo de l 99 SOL ER P ASCUAL 1993, pp. 20 y 69-70. 100 I bid., p. 38. 101 ROJAS GIL 1978, pp. 344-45 y 354-62. 102 SOLER P ASCUAL 1993, p. 57. 103 I bid., pp. 59-61. 49 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) pueblo”, mientras que Francia s e caracteriza como atrasada en este aspecto hasta pocos años antes: se dice que solo cuent a en 1760 con “una fonda digna de este nombre” ―el “hotel Dessavit” 104 ―, si bien “tiene en la actu alidad más de otras cien to”. Además, también tiene buenas palabras para Suiza, Alemania e incluso Rusia. Por contraste, la hospitalidad española la describe con indulgencia como “grave, sencilla y limitada” 105 . Con todo, el autor de muestra sus reservas hac ia los efe ctos de la expansión de l “tourismo”, que posee, según percibe, un reverso pernicioso para los caracter es nacionales, como el italiano, que conside ra totalmente ausente en sus propios hospedajes. “El genio de la civilización”, dice, “es el que acaso antes de di ez años habrá fundido todas las nacionalidades, y entonces Europa solo for mará un todo uniforme”, lo que hará “envidiar lo pasado” al escritor y al patriota por la pérdida de los elementos diferenciales, los tipos originales y los contrastes de costumbres 106 . El l amento por el cosmopolitismo que simboliza y sintomatiza el hotel es una constante en estos tie mpos de urbanización e industrialización, y por eso algunos habl an de la “ manía de viajar”, convertida en una marca de estatus social, a decir de un art ículo de 1844 donde el autor se lamenta “de la moda que ahora obliga a viajar , co mparándola con las costumbres de sus abuelos, que nunca salían de su casa” 107 . Parecido discurso firma J. M. Gil en 1839 al hablar en particular de los gallegos , lamentándose de la “ homogeneización de las costumbres”: «H o y reina por do quiera una prosa uni versal; en t odas partes se vi ste a la moda, se co m e a la moda, se hace t odo a la moda, y bajo este aspecto los pueblos de Galicia, co mo otros cualesquiera de la Pení nsula, no son más que un espejo fiel en que con más o menos días de retardo se representa lo que pasa en Madrid y en París. » 108 Estas palabras, que por entonces expresan más un temor que una realidad, seguramente no serían suscritas por los diferentes viajeros que en estos años comienzan a curiosear por estas tierras: buscan lo que “de exótico, originario y remoto les ofrece” España, y a menudo considera n haber lo hallado. Son particularmente avent ureros británicos, a lgunos de los cuales, como W iddrington o Ford, ofrec en la particularidad de interesarse por el norte peninsular , que luego dan a conoc er mediante publicaciones de gran difusión 109 . De este modo, por un lado, en España empieza a pesar el conocimiento de las transformaciones europeas, conocid as de pri mera mano por los españoles que se lo pueden per mitir y por la difusión que se hac e de ellas en los medios impresos; y por el otro, un creciente contingente de turistas va demandando a lojamientos mejores, co mo los que conoce en sus propios países o en otros. Con esta doble influencia, es normal que encontremos a la in iciativa extranjera tomando parte en la introdu cción del hotel en España, un hecho al que natural mente aco mpaña un efecto de colon ización cultural 104 Se trata seguram ente del que antes aludimos como Dessin de Calais. 105 Semanario Pintor esco Español, 3-X-1841, pp. 316-319. 106 I bid. 107 RODRÍGUEZ GUT IÉRREZ 1998, p. 171: el autor se refiere a una publicación de 1844 en El Laberinto, titulada “La manía de viajar” y firmada por Bretón de los Herreros. 108 BLANCO (ed.) 1992, pp. XVIII y XI X. 109 MERA ÁL V ARE Z 2014, p. 200. 50 1. LOS ORÍGENES ampliamente bie nvenido co mo un revulsivo econó mico y de progreso material en general 11 0 . Así, todavía año s antes, Mesonero Romanos la menta desde una óptica costumbrista la amenaza que la hotelería significa para los tipos populares asociados al hospedaje tradicional, si bien reconoce que: « El día en que el progreso de l a industria sustitu y a por elegantes hospederías las pocas y malas que ho y llevan el nombre de tales, brinde a l transe únte, al celibato, al extranjero, con los goces y co m odidades que l e ofrecen l os hoteles de París, Londres y Bruselas, la civilización, es cierto, habrá dado un gran paso; las ciudades españolas serán mas vi sitadas y conoci das; el interés de algunos industriales habrá progresado grandemente. » 11 1 Con todo ello, aunque tí midamente, el hotel llega a España con la mitad del siglo ampliamente superada, y van a notarlo apenas las princ ipales ciudades. El primer hotel digno de consideración de Madrid se abre en el año 1864 en la Puerta del Sol, y lo hac e impulsado por la inauguración de la conexión ferroviaria con París, no en vano se baut iza como Hotel de París ( Fig. 69). De hecho, en su promoción está involucrado capital francés, que además condiciona la forma de operar el hotel conforme a sus tendencias, “al menos en lo que a las co midas se refería”. Este hotel, que incluso llega a nombrarse al principio como “La Fonda de París”, representa “el primer gran intento en Madrid de proporcionar un hotel realmente internacion al adaptado a las necesidades de los turistas extranjeros” 1 12 . Otro gran ejemplo de participación extranjera, aunque nos lleva ya hasta 1890, es el Hotel T aoro de T enerife, donde el aporte local gana por muy poco y , dentro del capital extranjero, el británico es muy ma y oritario 113 (Fig. 17). En el período que va desde la aparición del P arís de Madrid y el T aoro de T enerife, se generalizan los hoteles en España, con independencia de las capac idades reales de sus edificios. En 1879 se inaugura el primer hito de Galicia, el Hotel Continental de V igo, y tres años antes, en 1876, Fernández de los Ríos ya deja constancia de una buena nó mina en la cap ital de España, que acompaña del siguiente co mentario: « Ca y er on en co mpleto descrédito los no mbres de posada y parado r , y to mó carta de naturaleza el equívoco de hotel, si n que la esencia de la cosa ha y a cambiado lo que la alteración de título pretende. Cierto que del antiguo mesón, antiquísimo galicis m o, cu y o origen ignoramos, apenas queda y a algún ejemplar falsificado en las calles Segovia y T ol edo, para uso exclusivo de maragat os; cierto que la, por l o mala, fa mosa posada española ha desaparecido ha ce muchos años de Madrid, pero ta mbién lo es que la villa, donde tantas y t an i mportantes mejoras se 1 10 Cabe señalar que, en otros contextos, el hotel es empleado en procesos coloniales abiertamente hostiles, tal como describe SANDOV AL-STRAUS Z 2007 (p. 1 19) en relación con r esorts de vacaciones construidos a costa del exilio forzoso de poblaciones nativas durante la conquista del oeste am ericano . 1 1 1 MESONERO ROMANOS 1843, p. 15. 1 12 BESAS 2009, pp. 208-209. Hablamos más del madrileño Hotel de París en las pp. 1 13 y ss. de este trabajo. 1 13 GUIMERÁ RA V INA 1991, pp. 30-32. 51 Fig . 17: Anuncio del Hotel T aoro de T e nerife en 1892. T omada de GUIMERÁ RA VINA 1991, lám. VII. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) han hecho en pocos años, no tiene aún un solo estableci miento expresamente levantado y preparado, para que los extranjeros encuentren hospedaje que no desdiga de los que hay en todas las capitales. » 11 4 1.1.2) P ANORAMA DE L A HOSTELERÍA URBANA DE G ALICIA HAST A FINALES DEL XI X El final del siglo X VIII y buena parte del XIX es un período parco en noticias sobre los alojamientos que Galicia tiene a disposición del viajero. La red de estableci mientos es eminentemente informal, carec e de una or ganización oficial consistente y no se manifiesta a través de listados más o menos sistemáticos, como los de las guías que veremos proliferar desde las primeras décadas del XX, impulsadas por la fiebre del turismo. De este modo, y como ya hemos explicado, no ha y hoteles propiamente dichos, sino fondas, y mucho menos va a existir algún tipo de reconoc imiento legal de dicha categoría 1 15 ; sin embar go, a veces, l a palabr a “ hotel” puede incorporarse como parte del nombre propio del establecimiento. Éste es el caso del primero de nuestros ejemplos, e l que ejerce de hito inaugural de la cronología que he mos establecido para este estudio. Se tra ta, como hemos dicho en la introducción, del Hotel du Grand Amiral de A Coruña, documentado en 1779 con motivo de la visita de John Adams. Además de és te, ha y algún otro estableci miento que se intitula “hotel” en las décadas siguientes, pero son casos claramente anecdóticos y que no pare cen ofrecer nada extraordinario con respecto a fondas o paradores coetáneos. En cuanto a los establecimientos citados bajo los términos tradicionales del país, encontramos bastantes más referencias. En la med ida en que, ta l como hemos explicado, el concepto de hotel se desarrolla en nuestro ámbito a partir de la realidad de las fondas y , a su vez, en la medida en que dicha real idad es paul atinamente condicionada por la mirada de viajeros que conocen los hoteles del extranjero, nos parece pertinente centr ar el grueso de este apartado en los princi pales hospedajes urbanos de esta época, concediendo cier ta flexibilidad en su denominación. Para desarrollar este apartado, tenemos como fuente principal los testimonios de viajeros que conoc ieron los a lojamientos de aquella Galicia y que reflejaron sus impresiones por escrito con más o menos detalle. Así, en una primera parte, vamos a centrarnos en esta clase de noti cias para reconstruir a grandes rasgos el ambiente general de los estableci mientos de hospedaje de las ciudades que nos hemos marcado, es 1 14 FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS 1876, pp. 655-656. Nótese el vínculo claro que el autor entiende que debe haber entre la arquitectura y el hotel, pues califica el uso del término “hotel” de equívoco por carecer todos los establecimientos de un edificio “expresamente levantado y preparado”. Las cursivas son del original. 1 15 Véase p. 46 de este trabajo. 52 Fig. 18: P osada en Boen te (Arzúa, A Coruña). De ella, se dice que “enciende su hogar en un paisaje nocturno, profundamente romántico” (v . nota 143). Dibujo de R. Gil R ey , c. 1842. MdP , nº inv . 001030. 1. LOS ORÍGENES decir , las siete princ ipales de la Galicia contemporánea ―A Coruña, Ferrol, Lugo, Ourense, Pontevedra, Santiago y V igo―, sin excluir por ello otro tipo de referencias bibliográficas ni algunas alusiones complementar ias a otros lugares del país. En una segunda parte, nos centramos en fuentes de naturaleza más visual que textual para habl ar de algunos establecimientos concretos, principalmente de Lugo, Pontevedra y A Coruña , escogi dos en función de l a escasa disponibi lidad de representaciones o vestigios físicos de esta clase de edificios. Sin embar go, con esta limitada muestra, puede ilustr arse de una forma somera la i magen arquitectónica de los locales gallegos de su tiempo. Así lo pretendemos especialmente en el epígrafe dedicado a A Coruña, que planteamos desde una m i rada más genera l y urbanística para traz ar su panorama hostelero particular en las décadas centrales y finales del siglo XIX. La he mos seleccionado por ser la más pujante de las ciudades gallegas en este momen to, dado que pretendíamos hacer un barrido del mayor número posible de establecimientos de hospedaje de un áre a urbana, con independencia de su categoría. Así pues, dado que todo tipo de posadas y fondas entran aquí de un modo más exhaustivo que selectivo, resultaría excesivamente costoso y de escaso int erés trasladar esta tarea en igualdad de condiciones a las restan tes seis ciudades, y por el lo lo hemos descartado. En cualquier caso, nuestra intención de esbozar el paisaje urbano que conforma en A Coruña el conjunto de los locales del gremio del ho spedaje es, en parte, la de evocar y contextualizar lo que sucedería en las otras ciudades en los albores del hotel. 1.1.2.1) La mirada de los viajer os El viajero que da pie al arranqu e de este estudio no es uno cualquiera. S e trata de John A dams , una figura importantísima para la nación que acaba de nacer al otro lado del Atlántico, los Estados Unidos, de los que será primer vicepresidente (1789-1797, con Geor ge W ashington) y segundo presidente (1797-1801). Considerado uno de los padres de la patria americana, cuando desembarc a en Ferrol el 8 de diciembre de 1779 es ya un político consagrado que, tres años antes, dese mpeña un papel fundamental en la declaración de independenc ia (Fig. 20 ), un protagon ismo que ahora lo conduc e a París en calidad de min istro plen ipotenciario con la delicada mis ión de gestionar la paz con Inglaterra. La visita de A dams se produce de manera i mprevista, motivada por la pura casualidad de haber sufrido una avería el barco que lo l leva a Francia. Esta circunstancia, unida a que Adams solía escribir un diar io de viaje que, además, acaba en l a i mprenta gracias a la trascendencia pública del personaje, no s permite conocer un estableci miento importante, aunque solo sea a nivel nominal. Si solo fuese por su paso por Ferrol, este viajero tendría poca relevancia para nosotros, pues s u alojamiento allí s e identifica como una simple “casa” situada en la calle de la Magdalena atribuida a una tal 53 Fig. 19: Vista de A Coruña. M. Sánchez, c. 1792-95. PN, nº inv . 10055699. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) “Pepala Botoneca” ―o quizá “Pepa la...”―, como veremos con más deteni miento en el apartado 1.2.3 1 16 . Pero es en A Coruña, ciudad a la que se traslada para obtener un salvoconducto para continuar su viaje por tierra, donde deja testimonio del pri mer establecimiento que conoce mos en Gal icia con el no mbre de “hotel”: es el Hotel du Grand Amiral. Los datos que el Diario del viajero nos ofrece sobre este hospedaje son mu y escasos, poco más que su no mbre, y no per miten siquiera suponer la zona de la ciudad en que estaría situado. L legados a A Coruña el día 15 de diciembre de 1779 a las s iete de la tarde, se alojan en una fonda 1 17 administrada por gentes que hablan francés. El día 16 se prec isa ya que el nombre de esta fonda es Hotel du Grand Amiral, lugar al que el gobernador del Reino de Gali cia, Pedro Martín Cermeño, y el gobernador de la pl aza, Patricio O’Heir , con man ifiesta hospitalidad, acuden para devolver a Adams la visita del día ant erior , mo mento que el primero aprovecha para invitarlo a cenar 1 18 . Los escri tos de Adams no aportan más detalles sobre sus aposentos; tan solo añade algo el recibo que el diplomático conservó entre sus papeles ( Fig. 21 ). Este recibo, datado a 26 de dici embre, deja constanc ia de las diferentes consumic iones de los huéspedes durante su estancia en A Coruña, por la que deben pagar un total 3.148 reales de vellón. Las 42 botellas de vino de Burdeos, las 24 botellas de sidra, las 4 botellas de vino de Madeira y la bote lla de ron ―acompañada de azúcar y l imones― no pare cen res ponder tanto a una es tancia de excesos como a una actitud desprendida de los americanos, que segura mente obsequiarían con alcohol a sus anfitriones. Fig . 20: La present ación al Congreso de la declaración de independencia de los EE . UU. el 28 de jun io de 1776, según pintura de J . T rumbull, 1819. En e l centro, el llamado Comité de los Cinco, e ncargado de la redacción: de izquierda a de recha, John Adams, Rog er Sherman, Robert R . Livingstone, Thom as Jefferson y Be njamin Fra nklin. https://en.wikipedia.org/wiki /File:Declaration_of_Independence_(1819),_by_John_ Tru mbull.jpg Fig . 21 : R ecibo de l Hotel du Grand Amiral con motivo del paso p or A Coruña de John Adams. Reproducido en ADAMS 1964. Por otro lado, se comprueba que el servic io prestado por el estableci miento va más allá de dispensar alojamiento al viajero. En el encabezado del propio recibo se cons igna 1 16 Véase p. 1 16 de este trabajo. 1 17 Así se traduce en GONZÁLEZ L ÓPEZ 2005, p. 37, el término inglés tavern (cfr . ADAMS 1964, p. 409) . 1 18 ADAMS 1964, pp. 409-10. 54 1. LOS ORÍGENES el tipo de establecimiento de que se trata: un alber gue, por más que la palabra “hotel” forme parte de su nombre propio 11 9 . No obstante, el e mpleo de este gal icismo, lejos de ser gratu ito, cone cta con toda lógica con el resto del apelativo, que es tá en francés, y probablemente también con el origen de los dueños del negocio ―no en vano, también la fac tura s e emite en francés―. Parte inseparable del nombre de esta fonda, su denominación de “hotel” s irve para prest igiar la casa evocando el prestigio de Francia, pero no tiene por qué de latar por sí s olo el servicio que allí se pres ta: dado que el término apenas había comenzado a circular por Europa, tendr ía un sentido más bien connotativo y estaría necesariamente apo yado en su acepción original 120 . Asimismo, la alusión a un “gran almirante” ―que veremos sugerido en otros hoteles gall egos más de un siglo después― no haría sino ape lar a la vocación marítima de la ciudad en que se inserta y , por ext ensión, a s u carácter hospitalario para los grandes patrones de los mares, cuya labor está haciendo del mundo un lugar cada vez más pequeño. Fig. 22: P as aporte para John Adams y s us acompañantes, expedido por el gobernador de Galicia. Reproducido en A D AMS 1964. Fig. 23: T ropas en el Camino Real a A Coruña, a su paso por As N ogais, se gún un grabado. Abajo a la derecha, el puente de Cruzul, en e l actual conce llo de Becerreá (Lugo). T omado de PORTER 1809. En balance, el paso de Adams por A Coruña nos ofrece la oportunidad de vin cular nuestro ámbito gallego con unas referencias macrohistóri cas que, a priori, le vienen grandes. Habla mos de los inicios de la Época Contemporánea, marcados en Europa por la Revolución Francesa, pero y a anti cipados por el nacimiento de la democracia americana, que supone la primera gran entidad política emancipada de las metrópolis del Antiguo Régimen. Y hablamos también del surgi miento del hotel, al imentado por las 1 19 Se emplea el término francés auber ge. 120 PEVSNER 1976, p. 172, cita a H. Arnot: “In 1763 there was no such place as a hotel; the word indeed was not known, or only intellig ible to French scholars” . El sentido original de la palabra francesa y su traslación lo desarrollamos en el apartado 1.2.1. 55 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) élites que van a do minar los nuevos estados liberales a ambos lados del A tlántico. Sin embar go, las dificultades que encuentra esta nueva realidad política para abrirse paso en España, junto al carácter indirecto o meramente casual de la escala de Adams y , especialmente, lo anecdótico de la presencia del término “hotel” en el nombre del albergue ―o fonda― en que se hospeda, nos llevan a darle al Hotel du Grand Amiral el título de “primer hotel de Galicia” de modo prin cipalmente simbólico. Sin embargo, Adams no abandona todavía Galicia. Una vez que obtiene su pasaporte firmado por el mismo gobernador Cermeño ( Fig. 22), puede continuar su viaje por tierra acompañado de su comitiva. De ella for man parte dos de sus hijos, uno de los cuales, John Quincy , que contaba entonces con 12 años, será también presidente de su país (1825-29). E stá prevenido de que le es pera el montañoso norte de España, donde “no ha y puestos de caballerías”, pero sí “ malas carre teras, malas posadas y mu y caras” 121 . Dista mucho, pues, de ser el su yo un viaje de pla cer: se trata de una misión profesional, un perip lo duro que se realiza sobre la red tradicional de alojamientos, muy vinculada con el mundo del trabajo itinerante, pero no con el ocio o el turis mo. En una época en que se ponen múltiples trabas a los desplazamientos, al restric tivo control sobre los viajeros se suma la certeza de un desplazamiento penoso y unos lo cales feos e incómodos; sin e mbar go, algo de la ac titud ilustrada ha y en las obs ervaciones de Adams sobre el país y en el mismo hecho de que embarque a sus niños en un viaje de naturaleza formativa a priori innecesario para ellos. Cuando el americano sale a la carretera, entiende que la di mensión urbana tiene un escaso peso en el país: su carácter es eminentemente rural y sus condiciones de vida atrasadas, lo que queda perfec tamente ilustrado con la clase de alojamientos disponibles en el ca mpo, de camino a Lugo. T anto Adams como Southe y ―en quien luego nos detendremos― se encuentran en el Camino Rea l un panorama de miseria, incluso para el nivel de la época. A la for ma de vida entre animales y la suciedad, ha y que sumar las peculiaridades de las propias casas, co mo la ausencia de chimenea o la presencia de las cuadras en torno a la cocina, en la plant a baj a. En esta tesitura, la ausencia de vidrios en las ventan as es ya lo de menos, y eso cuando ha y ventanas. Es evidente que los alojamientos que los viajeros conoc en en A Castellana o en Baa monde no ofrecen la menor adaptac ión formal a la función de posada, pues son auténticas casas de labranza, con todas las particularidades de la arquitectura popular de la zona. P or supuesto, es preciso que los viajeros dispongan en estos lugares de s u propia comida, e incluso de la ropa de cama 122 . A casi un siglo de que llegue el ferrocarr il, el mundo del hospedaje depende mucho de los caminos de la época y de los trajinantes que los recorren. En este sentido, Lugo no sale perjudicado, al estar atravesado por el Camino Real que une A Coruña con Madrid, construido en tiempo de Carlos III para servicio de las postas, arrieros y tropas, y germen de la moderna carr etera radi al N-VI 123 . A pesar de la lla mativa carencia de alojamientos decentes en él, se trata de una de las principal es arterias del reino y , por ello, debe de garantizar un cierto flujo de visitantes a la ciudad amurallada ( Fig. 23). Y si bien esta vía no siempre transporta ganancias para los lucenses 124 , es el can al de 121 GONZÁLEZ LÓPEZ 2005, p. 22. 122 ADAMS 1964, pp. 415-19; MAR TÍNEZ BARBEIT O 2006, pp. 60-62. Dedicamos otro comentario a la cuestión de las casas populares como hospedaje en la p. 1 16. 123 BARREI RO FERNÁNDEZ 2008, p. 349; VI GO TRASANCOS 2007, pp. 141 y ss. 124 TRAPERO P ARDO 1969, p. 12. Se hace ref erencia a los efectos que tiene el tránsito de soldados por la ciud ad. 56 1. LOS ORÍGENES entrada de interesan tes viajeros que ahora citamos. Es el caso de John Adams, que llega a Lugo el 29 de diciembre de 1779, y aunque no nos habla de ningún alojamiento, cuando rein icia la marcha el camino le parece “el peor sin excepción por e l que había pasado”, mientras lamenta no ver otra cosa que “ausenci a de comercio” y “señales de pobreza y miseria en la gente” 125 . El joven Rob ert Southey , que llegará a ser uno de los grandes poetas del romanticismo inglés, hace un recorrido muy similar al descrito por Adams, pero es mucho menos cortés en sus apreciaciones. Su recorrido empieza también por A Coruña, a donde llega en dic iembre de 1795 126 . Desde luego, Southe y no viene en calidad de ministro plen ipotenciario, algo que indudablemente influ y e en s us posibilidades económicas y en la hos pitalidad que rec ibe. Pero, por otro lado, difícilmente podría dedicarse esta figura a la diplomac ia, a la vista de su incontinencia verbal. La viru lencia de muchas de sus observaciones excede bastante los límites de la objetividad, hasta el punto de parecer propiciadas por una aversión irracional. Con todo, no es una aversión inédita, en la medida en que es heredera de una tradición de hip érboles contra los hospedajes ibér icos muchas veces perpetradas por inercia, en viajes i maginados sin salir de casa 127 . “ Las mujeres [coruñesas] pronto se vuelven viejas y entonces adquieren sus facciones un aspecto feroz. Si alguna vez pinta Opie otra bruja, debe visitar La Coruña” 128 : tal es la disposición con que Southey inicia su travesía por España. Gracias a Southe y conocemos la existencia de un hospedaj e llamado El Navío, que el poeta denomina con el nombre español de “posada”, explica, “para no ofender a las pot-houses 129 inglesas”. T al denominación de posada no se aj usta, no obstante, al hecho de que en ella le sirvan la cena 130 : una gall ina y una tort illa fritas que no son en absoluto de su gusto, acompañadas por un vino definido como “mísero brebaje que los cosecheros de poca monta res ervan para su propio uso”. No lo contenta mucho más el cuarto, “ que quiere ser un dormitorio”, donde nada resulta confortable, porque el frío penetra por la ventana carente de vidrios, l a cama y la almohada son duras y escabrosas, y para terminar están llenas de pulgas 131 . Un panora ma que, pese al cáustico carácter de Southey , no es difícil de creer , pues está en coherenci a con la deplorable situación general del país 132 . En cambio, parece algo pueril cuando, probablemente en la misma posada de El Navío, observa con reticencia que siempre haya alguien tocando la guitarra durante las ter tulias, un instrumento, no obstante, que considera fácil de ignorar 133 . Por su par te, al pasar por Lugo, Southey se detiene en la des cripción de la muralla, que por 125 ADAMS 1851, vol. 3 , p. 244. 126 MA R TÍNEZ BARBEIT O 2006, pp. 13 y ss. 127 SOLER P ASCUAL 1993, pp. 39 -40. Denomina a este tipo de viajeros fir eside travellers . Pone co mo ejemplo a la condesa d’Aulnoy , supuesta viajera por España entre 1679 y 1681. 128 MA R TÍNEZ BARBEIT O 2006, p. 28. 129 El original (SOUTHEY 1797, p. 4) emplea “pot-house”, que hace referencia a una pequeña taberna o pub. La traducción es de MAR TÍNE Z BARBEIT O 2006. AR IAS-ANDREU RODRÍGUE Z 2008, p. 121, transcribe “post- houses”. 130 Como se ha dicho, el em pleo de los términos es a menudo laxo. 131 MA R TÍNEZ BARBEIT O 2006, pp. 24-26. 132 ROJAS G IL 1978, pp. 357-358, alude a varios establecimientos manchegos que carecen de vidrios en las ventanas en 1782; ADAMS 1964, p. 416, habla también de ventanas sin v idrios, entre otros “horrores”, en una posada de A Castellana, por destacar un solo ejemplo; sesenta años más tarde, FORD 1855, p. 24, aún distingue entre alojamientos “malos, más malos y peores”. 133 MA R TÍNEZ BARBEIT O 2006, p. 45. 57 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) al inglés a marcharse de Galicia en el pla zo de tres días, un episodio que no será el último de este tipo que afrontarán los viajeros que a continuación veremos. Los usos indif erentes de los tér minos siguen manifestándose más de dos déc adas después, co mo ejemplifica la llegada a A Coruña del colportor inglés George Borr ow hacia los años 1835-37 156 . Su recorrido hasta allí, sin embargo, s e produce en el sentido inverso al de Adams y Southe y , de modo que su libro refiere pri mero su alojamiento en la ciudad de Lugo. Allí hace escala en una “posada” que describe como “vasta”, situada “extramuros de la ciudad” y “edifi cada en una elevación del terreno, desde donde se descubría una extensa vista hacia el Este”. Por lo que cuen ta Borrow , se puede suponer que la casa e s bastante humilde, aunque tiene bastantes habitaciones; en particular , cuenta con un corredor abier to a modo de solana todo a lo largo de un lateral de la casa, que desempeña modestamente las funciones de una estancia co munitaria 157 . Éste es el ambiente que describe a la llegada de una familia de andaluces cu yo cabeza, empleado del Estado, hab ía sido degrad ado en sueldo y trasladado contra su volunt ad a la “fatal ciudad de Lugo”, un sitio embarrado en e l que se las ven negras para encontrar una casa en alquiler de su gusto y asequible, y donde solo añoran la holgura con que vivían en Granada: «Había en la casa bastante bullicio, producido por la llegada de una fa milia procedente de La Coruña; venía en un gran coche de viaje, escoltado por cuatro carabineros. La familia era más bien nu m erosa: se componía del pa dre, un hijo y once hijas; la ma y o r de unos diez y ocho años. Un individuo de miserable aspecto, de chaqueta y sombrero de copa alta, les servía de criado. Lle garon muy mojados, tiritando; todos parecían muy desc onsolados, especial m ente el padre, hombre de mediana edad, de buena presencia. —¿Podremos alojarnos en esta fonda ?—preguntó con dulce voz al dueño. —Sin duda alguna—replicó el hostelero—; nuestra casa es grande. ¿Cuántas habitaciones necesita su merced para su fam ilia? —Con una tendremos bastante—contestó el forastero. El huésped, que por ser gotoso iba apo yado en un palo, miró un momento al viajero y luego a cada individuo de s u fa milia, si n olvidar al criado, y con un ligero encogimiento de ho mbros por todo com e ntario, les mostró el ca mino de un aposento donde había dos o t res ca m as con colchones de borra, aposento que y o rechacé a mi llegada por pequeño, obscuro e incómodo; a briéndolo bruscamente, preguntó si les servía. —Es un poco pequeño—repuso el señor;—pero creo que no s servirá. —Me alegro mucho—replicó el huésped—. ¿Ha y que preparar cena para su merced y su familia? —No, gra cias—contestó el f orastero—. Mi criado mismo preparará lo poco que necesitamos. Entregada l a llave a l criado, toda l a familia se ocultó en la habitación, no sin despedir antes a la escolta, gratificando al jefe de los carabineros con una peseta. El hombre estuvo medio minuto conte m pl ando la propina brillar en la pal m a de su 156 Borrow se aventura en España y Portugal como difusor de biblias protestantes (o colportor ) de la British and Foreign Bible Societ y . 1835 es el momento en que se produce su visita según GARCÍA BARROS 1970, p. 274. NA Y A PÉREZ 1965, p. 38, da el año de 1837. 157 BORROW 1921, pp. 126-135. 64 1. LOS ORÍGENES mano; luego, con un brusco ¡vamos!, giró sobre los talones y sin despedirse de nadie se fue con los hombres a sus órdenes.» 158 En su ca mino a Coruña, Borrow todavía nos ofrec e detalles de algun a otra escala, como la que hace en Betanzos, donde “las calles estaban mu y sucias, las casas ta mbién, y singularmente la posada . Entramos en el establo; estaba sembrado de algas podridas y otros desperdicios, donde se revolcaban los cerdos. Alrededor zumbaban las moscas, mu y gordas y a squerosas (...). Pero no había otra cuadra, y tuvimos que atar los infe lices animales a tan sucios pes ebres”. T odo ello pare ce con tribuir a que su caballo se ponga enfermo y esté a punto de morir 159 . El estab lecimiento que Borrow conoce en A Coruña nada tiene que ver con el anterior , pues es calificado de “excelen te”. Se encuentra en la par te más importante del barrio de la Pescader ía, la calle Real (Fig. 26), y aunque no se menciona s u nombre, se nos dice que se tr ata de “una fonda o posada ”, mostrando el uso ambivalente a que antes nos referimos. De ella, el viajero ofrece inter esantes datos sobre las personas que la regentan: un genovés de nacimiento, grueso, bajo y de aspecto cómico, casado con una vas ca con la que tiene un hijo y una hi ja. Su esposa parece haber convocado a su alrededor a nueve parientes guipuzcoanas, que trabajan como camareras, cocineras y ayudantes, de todas las cual es destaca su fea apar iencia, pero ta mbién su amabi lidad. Una m ezcla de excelente euskera y castellano malo resuena el día entero por la fonda, en contraste con las pocas palabras de l genovés, que parece haber olvidado su propia lengua sin haber aprendido bien ninguna de las locales 160 . Borrow se encamina al sur tras su estanc ia en A Coruña. La siguiente ciudad que visita es Santiago de Compostela, donde nombra su “posada” sin dar detalles. Quien s í da su opinión sobre los alojamientos del pa ís es un pobre vagabundo suizo, Benedicto Mol, un conocido de Borrow que llega a Galicia en busca de un imaginario “tesoro”: « ¡Oh! ¡Qué miseria la de Galicia! Cuando por las noches llego a una de esas pocilgas que ellos lla m an posadas, y pido por Dios un pedazo de pan para c omer y un poco de paja para dormir , me maldicen y me contest an que en Galicia no ha y pan ni paja, y a buen seguro que desde que esto y en Galicia no he visto ninguna de las dos cosas; sólo un poco de lo que llam an aquí br oa y unos desperd icios de cañas, usadas para cama de los caballos; me duelen todos l os huesos desde que entré en Galicia.» 161 158 BORROW 1921, pp. 126-135. L as cursivas identifican las palabras en castellano en el original. 159 I bid., pp. 137-140. 160 I bid., pp. 140-141. 161 I bid., pp. 154-157. 65 Fig . 26: La c/ R eal de A Coruña en el siglo XIX, según un grabado que se reproduce en BARREIRO FERNÁNDEZ 1986, p. 331. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) En Pontevedra, la experiencia vue lve a ser desagradable para Borrow y para el criado griego que lo acompaña, Ant onio: “la ciudad está en gran decadencia, y a pesar de la suntuosidad de sus edificios públi cos, encontramos allí aún más suciedad y miseria que las usuales en Galicia. La posada era misérri ma, y para acabarlo de arreg lar la posadera tenía un genio regañón inaguantable. P orque Antonio se quejó de la calidad de algunos de los comestibles que nos servía, empezó a maldecirle violentamente en la lengua del país, única que s abía hablar , y le a menazó, si intentaba producir desorden en la casa, con echarle a la call e a él, a los caballos y a su amo” 162 . De nuevo, una de cal y otra de arena, pues en V igo, dice Borrow que “encontramos una excelente posada, regida por un matri monio vascongado, cortés e inteligente” 163 . Para Areal Alonso, ésta podría ser la F onda de los V izcaínos ―también conocida como L a V izcaína―, que m enciona la edición renovada de la guía francesa de Quétin como “propre et confortable” y situada “sur le Marcado” (sic) 164 (Fig. 27). Q uizá sea ésta una de las dos fondas que T aboada y Leal cuenta en la ciudad hacia 1840, además de “7 posadas públicas, y muchas secre tas o parti culares” 165 . La otra podría ser la llamada El León de Oro, no mbre que ya vimos mencionado en A Coruña a principios de siglo, aunque en V igo no se documenta hasta 1852, cuando se la menciona en relación con la visita de los duques de Montpensier: se habla de “ los balcones del suntuoso hospedaje que e l ilustre A y untamiento ha amueblado y decorado en casa del Sr . G eneral Llor ente, en donde se hal la actua lmente la fonda del León de Oro”. Y se añade: «El portal y escaleras se encuentran tapizadas con elegan tes alfo m bras. Las macetas de flores exhalan un grato perfume. Las colgaduras de damasco car mesí embellecen las paredes y hacen resaltar los magníficos cuadros al óleo. En el salón de corte, el s ofá cubierto de raso bordado de col ores corresponde a las consolas de esmerada talla donde s e han colocado candelabros de plata y relojes de música: dentro de un fanal se ve un a casa ch inesca rodeada de bo sques y ar bustos construida de c onchas por l a señorita de T uvio, como una delicada creación de la fantasía. El cortinaje de r aso car m esí de las pue rtas y de las ventanas, presta a l as habitaciones i nteriores un colorido grato y seductor . Una vajilla de porcelana con filete dora do, el servicio de plata y oro, dos urnas de plata cu y o valor asciende á 10.000 reales y el servicio de té de porcelana chinesca, s e ostentan en el com edor sobre una mesa de caoba pa ra veinte y cuatro cubiertos. Grandes candelab ros ilu m inarán las habitaciones de SS. AA. RR. reflejando sus luces en las camas de 162 I bid., pp. 172-173. 163 I bid., p. 181. 164 AREAL ALONSO 1998, p. 26, siguiendo a QUÉTIN 1853, p. 568: hace referencia al mercado y , por ello, se deduce que estaría en las in mediaciones de la plaza de la Constitución. Según GARR I DO RODRÍGUEZ 2001, p. 81, “a mediados del si glo XIX, la aún amurallada ciudad de V igo, donde no llegaba a alber gar en su interior más que 2.800 habitantes, disponía de tres céntricas plazas que eran utilizadas para el mercado que se celebraba todos los sábados, y un medio mercado para los miércoles. Eran éstas: la de la Constitución [la reproducimos en la Fig. 27], la de la Pescadería (hoy Princesa) y la de la Piedra” . 165 T ABOADA LEAL 1840, p. 1 1. 66 Fig . 27 : Me rcado e n la plaza de la C onstitución de Vigo a mediados del siglo XIX. R eproducido en GARRIDO RODRÍGUEZ 2001, p. 83. 1. LOS ORÍGENES acero dorado al estilo inglés en tie mpo de Grahel, e n los gr andes espejos y en los objetos de plata y marfil que se reconocen en el tocador de la serenísi ma infanta. » 166 Por lo que cuenta Areal, ta mbién es llamat iva la orient ación de este establecimiento hacia los profesionales ambulantes y viajantes de los que tantas referencias vamos a encontrar en las déc adas siguientes, pues consti tuyen uno de los más t ípicos huéspedes de los hoteles urbanos, donde establecían t ambién sus consultas o comercios. Asim ismo, el León de O ro pudo representar una primicia en muchos aspectos al ofrecer llamativos lujos para la época: se mencionan “un magnífico billar y café” integrado en las instalaciones, bebidas especiales de i mportación o “prensa diaria para los clientes” 167 . Aunque ajena a las principales ciudades, una anécdota del viaje de Borrow puede ser ilustrativa de lo extravagante y anómala que resultaba la actitud turística ―el viaje por placer y curiosidad― en aquella Galicia. Hospedado en Fisterra, irru mpen en su habitación mientras duerme para arrestarlo y conducirlo ante el alcalde del pueblo: lo han tomado por el pretendiente carlista, a quien cómicamente lla man “ Calros” (s ic). E l desconcierto comienza cuando el detenido confiesa quien es y que “ha venido a ver Finisterre”. “¿A qué iba a venir a Finisterre s i no es Calros ni un bribón de faccioso ?”, exclama el alcalde. Y Borrow comprende entonces su imprudencia por haberse internado “por parajes tan incultos y entre gentes tan bárbar as, sin llevar pretexto alguno que pudiera justificar a sus ojos mi viaje. T raté de convencer al alcalde de que mi expedición por aquel país no tenía otro fin que el de conocer las muchas cosas notables que encierra y recoger noticias acerca del cará cter y condición de los habitantes. P ero estos motivos eran incomprensibles para él”. Esto le responde el alcalde: « —¿A qué ha subido usted a la montaña? ¡Para ver el paisaje! ¡ Disparate ! Hace cuarenta años que vivo en Finisterre y no he subi do nunca, ni subiría en un día como el de hoy aunque m e diesen dos onzas de oro (...). » Pero alguien de la audiencia le echa una mano con el siguiente alegato: «—Los ingleses no saben qué ha cer c on tanto dinero como t ienen, y andan de aquí para a llá por todo el mundo, y a lo mejor pa gan carísi mo lo que para la de más gente no vale un cuarto.» 168 Antes de abandonar Galicia, Borrow vuelve hacia el norte y aún visit a Ferrol, del que da una imagen de absoluta decadencia: “ El Ferrol es el gran arsenal maríti mo de España, y partic ipa en la ruina de la en otro tie mpo espléndida marina es pañola (...). En ninguna part e se manifiestan la miseria y la decadencia de la moderna España con tanta fuerza co mo en El Ferrol”. A esta i mpresión, añade que “una turba de pordioseros importunos me siguió hasta la posada y aun intentó penetrar en mi habitación” 169 . Justo por entonces, en 1835, un documento de l archivo m unicipal de Ferrol señala la existencia en la ciudad de dos “fondas que dan posada y de comer” a nombre de Felipe 166 ZEPEDANO ― NEIRA DE MOSQUERA 1852, pp. 46-47. 167 AREAL A LONSO 1998, pp. 26-27. Cita a Álvarez Blázquez y a González Martín. 168 BORROW 1921, pp. 219-225. 169 I bid., pp. 238-239. 67 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Lois y de Antonia López respectivamente. Sabemos que una contaba con “café villar y botellería”, pero desconocemos la ubicación de ambas 170 . En cualquier caso, con la triste imagen descrita, que probable mente no sea demasiado inj usta con el panorama general del país, conclu y e nuestra revisión de las dispares experiencias de Borrow en su paso por las ciudades gallegas. T ampoco se libra de los problemas e inco modidades otro conocido viajero inglés por España, Samuel Edw ard Wi ddrington , aunque no sie mpre los mismos lugares arrojan las mismas impresiones. En su libro Spain and the Spaniar ds, in 1843, Betanzos, tiene ahora una “excellent inn, where they brought me an admirable consommè, a rare article in Spain, and doubl y acceptable after the lat e rough travelling ”. Sin embargo, todo lo contrario experi menta en A Coruña, donde “the inns have alwa y s been bad (...), and as yet very little has been done to remove the i mputation on s o important a place. I could not procure ad mission to what is called the principal in the high street, and went to one on the marina, the s ituation of which is good, but is the only reco mmendation” 171 . Por sus señas, podría ser ésta la Fonda de Puga que mencionan “dos amigos” en su visita por la misma época, pues hablan de “ la despejada vista del puerto que nos proporcionaba nuestra habitación en la bien s ituada fonda” 172 . Las otras ciudades a que se refiere W iddrington en su texto son Santiago, Pontevedra y V igo. En la primera de ellas dice que ha y una “ tolerably good inn, kept b y a respect able widow from the Basque P rovinces, and I was agreeably surprised at the cleanliness and good order of the establishment, the report of the acco mmodation in the place having been alway s very bad ”. De P ontevedra no detalla las condiciones de su posada, quizá porque debe lidiar con problemas mayores: de nuevo las trabas administrativas para los desplazamientos y las cuestion es de pasaporte, ali mentadas por los recelos y la paranoia de los asuntos políticos. “ I am an Englishman, and having done nothing, have not an ything to fear from them.”, señala; pero le responden: “if the y take in their heads to arrest you, they care ver y little who y ou may be ” 173 . Finalmente, en V igo, “ the principal, and I believe only inn, is tolerabl y good, but deficient in accommodation, under the new arrange ment of steamers calling there once a week, and leav ing passengers each ti me”. Señala ta mbién que se encuentra llena de catalanes venidos por asuntos comerciales, y que cena con ellos en la table d'hôte 174 . V emos pues como V igo e mpieza a des pegar en su tráfico de viajeros y a acusar un déficit de alojamiento que será una constante hasta avanzado el siglo XX. Resulta llamativo que uno de los pri meros ejemplos de esta toma de conciencia se produzca tan pronto como en 1854, y aunque el texto no se refiera específ icamente a la construcc ión de hoteles sino al ensanche de la ciudad, la cuestión del hospedaje va implícita en la mención de unos visitantes de perfil turístico: «Contamos ade más todos los años con una concurrencia nu merosa de gentes del interior a to m ar l os baños de mar; y no hallando donde hospedarse, tienen que hacerlo en los pueblos rurales de las inmediaciones, privándose de los recursos y comodidades que proporciona la ciudad; y a ésta, c omo asi m is m o al erario, de los 170 LLORCA 2018, p. 309. 171 WIDDRI NGTON 1844, pp. 160 y 169. 172 “VIAJE A GALICIA” 1842, p. 43. 173 WIDDRI NGTON 1844, pp. 175, 208 y ss. 174 I bid., p. 221. 68 1. LOS ORÍGENES consumos que debieran hacer en ella (...). La carencia de edificios y de l ocal en que construirlos, hace años que está privando a e ste pueblo de los grandes ele m entos de riqueza y prosperidad a que le llaman su envidiable situación topográfica, y el mejor puerto del Océano que contiene, a cu y o abrigo viene a refugiarse toda l a navegación (...)» 175 El fa moso manual de Richard Ford para viajer os por España, publicado por vez primera en 1845, se presenta más como una guía que como un diario personal de viaje, a diferencia de los ejemplos que llevamos visto, de modo que la experiencia particular pierde terreno frente a la información sistemática, de carácter objetivo y práctico. Por ello, no haremos alusiones a si Ford visitó antes V igo o Santiago, sino que simplemente, como hasta ahora, s eñalaremos las referencias que da de los hospedajes de las diferen tes ciudades. Eso sí, como punto de part ida, y con independenci a de los comentarios particulares sobre cada establecimien to, debe tenerse en cuenta que la opinión general que s ostiene sobre la hostelería es pañola es mu y negativa: la percibe en su gran ma y oría como anclada en el tiempo y lastrada por la ausencia de una cultura del viaje por placer: «Spain of fer s man y negative a rgum e nts of the truth of our great moralist and eater ’ s reflection: the inns in general are bad, often ver y bad, and, even when the best in t he country , are onl y indifferen t when com pared to those to which English m en are accusto med at home, a nd have created on those high roads of the Continent which the y most fre quent. (...) Again, as the higher orders in Spain seldom travel, and never for pleasure, and as the other classes are poor , inured to roughing it, and easil y c ontented, there has been no demand for those comfortable hotels which we have taught the Continent. The inns of Spain are in that backward state in which those of Sicil y are, and what those in Ital y and the greater part of France were before the y were improved b y hints from England. The Spanish inns, especiall y those of the countr y and second order , are ver y much in the same condition as the y were in the time of the Romans (...) » 176 Entre los hospedajes que menciona en las ciudades gallegas, algunos podrían coincidir con los que ya tocamos. Éste es el caso de la posada que sitúa en el barrio de San Roque de Lugo, que bien podría ser la que describe Borrow . Dice que es “a decent posada outside the town, on th e road to Astorga” 177 , es dec ir , precisamente en el ej e viario del Camino Real, que desemboca en la puerta de San Pedro de la muralla, reformada en 1781 para ennoblecer la entrada a la ciudad 178 . A lgo parec ido pode mos decir de A Coruña, cu y a su principal “ inn” sitúa en la calle Real, como la citada por Borrow , aunque en este caso conoce mos su nombre: El Comercio. Curiosamente, todo apunta a que es este mismo hospedaje el que cita el Conde de Carnarvon como “Hôtel de Commerce”. En esta misma categoría de 175 Far o de V igo, 4-VI-1854, p. 1. Citado por AREAL ALONSO 1998, p. 28. 176 FORD 1845a, vol. 1, p . 21. 177 I bid., vol. 2, p. 649. 178 PRADO GÓMEZ ― REBOREDO P A ZOS 2001, p. 49. 69 Fig . 28: Fo tografía de u n antiguo mesón s in ide ntificar , posiblemente de los alrededores de Ourense , publicada en CASAS 1928 con el pie "viejo mesón amigo". Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) “inn” parece meter , pese a su nombre, el Café del Correo 179 . Por su parte, en Ferrol habla de la Posada de San Felipe, que califica de “tolerable” 180 . Y endo ya hacia el sur , en Santiago de Compostela menciona Ford dos establecimientos: el primero es “La V iscaina”, un nombre que seguirá present e en la ciudad hasta el s iglo XX, aunque no se trata de los mismos estableci mientos, pues éste, que regenta una “respetable viuda vasca” con orden y limpieza, se encuentra en la Rúa Nova; el otro es la Posada de Martín Morena ―o Moreno―, en las Casas Reais. En Pontevedra, usa la misma fórmula que en Lugo para hablar solo de “a decent Posada in the Calle del Puente”. Y de V igo dice que “el alojamiento ha mejorado” como consecuencia del incremento del tráfico de vapores. Allí se destaca nuevamente la “Posada de los V iscainos”, que también se ca lifica como “ decent” a secas. T an solo nos queda por referirnos a Ourense pero, en este caso, no hay menciones a alojamientos, una extraña ausencia para una capital de provincia que posee el interesante reclamo de sus aguas, y más cuando esta ausencia s e repite en otras guías 181 . Guías como la francesa de Quétin , cu ya primera edición, de 1841, s olo señal a que, en el camino de Ourense a Santiago, las ventas que se encuentran son pocas y mal abastecidas de provisiones ( Fig. 28 ). De todas formas, esta primera edición no presta mucha atención a los alojamientos, dado que apenas podemos señalar uno, aunque llamativo, que corresponde a la ciudad de Pontevedra: se trata de “ une bonne auber ge française toujours bien fournie d'excellents poisson s que procure la rivière ” 182 . La edición de 1853, en cambio, sí procura mencionar algún alojamiento en cada una de las diferentes poblaciones, si bien esta vez se nutre de la infor mación de otras guías, como la de Ford que ya hemos comentado, o la de Mellado, que comentaremos. Así, de A Coruña se no mbra El Comercio c omo “la meilleure hôtellerie”; de Ferrol se repite el carácter “tolerable” de la posada de San Felipe; de Santiago se califica de “propre et confortable” a la V izcaína de la “viuda respetable”, en la Rúa Nova, aunque en es te caso se le da el nombre de “Las Ánimas”, y se ci ta asimismo l a Posada de Martín Moreno en las Casas Reais; mientras que en Pontevedra ya no se habla del albergue francés, sino simplemente ―copi ando a F ord― de una “ Pos ada décen te dans l a calle de l Puente ”. Otra posada “propre et confortable” es la anterior mente comentada “de los V iscainos” de V igo. Por su parte, de Lugo y Ourense no se dan datos de alojamientos 183 . La G uía del viager o en España (sic), de Francisco de Paula Mellado , es una de las más conocid a de las publi caciones español as de este tipo. En ella, ha y ta mbién algun as menciones de alojamientos concretos, aunque solo referencias puntuales, como en las demás guías que he mos visto hasta ahora, y nunca l istados exhaustivos. L a ciudad en que más se extiende Mellado es Madrid, donde aparece la clasificación en fondas, casas de huéspedes y posadas luego reproducida por Monlau, quien también parafrasea las valoraciones sobre las primeras, las fondas, entendidas como la categoría más importante: “No es éste ramo en el que más sobresale Madrid y aunque última mente se han mejorado al gún tanto, les falta mucho aún, para asemejarse a los justamente elogiados Hoteles de París, Londres, Bruselas y otros países extranjeros” 184 . En lo que 179 FORD 1845a, vol. 2, p . 651. 180 I bid., p. 657. 181 I bid., pp. 660, 681-682 y 685. 182 QUÉTIN 1841, p. 451 . 183 QUÉTIN 1853, pp. 560 , 563, 567, 568 y 571. 184 MELLADO 1846, pp. 128-129. Usa la palabra “hotel” en cursiva, dándola como un e xtranjerism o. A Monlau lo 70 1. LOS ORÍGENES toca a Galicia, ve mos pocas referencias y la mayoría repetidas. La más llamativa es l a que hace sobre A Coruña, donde dice que ha y “52 posadas, tres fondas, una parada de diligencias, una í dem de mensajerías y dos hosterías”, a lo que añade que “ las mejores fondas son el café del Correo y la del Comercio”. En Santiago, destaca que “los mejores paradores s on el de M artín Moreno en las casas reales, y el de la vizcaína en la Rúa nueva”; y en Pontevedra que “no faltan algunas posadas cómodas” 185 . Pero Mellado aún publica poco después, en 1849, otra obra, Recuer dos de un viage por España (s ic), en la que ofrece algunos datos más sobre Galicia. Sobre las comunicaciones terrestres dic e que “los caminos son en gener al muy malos y difíciles, presentando también a los viajeros el peligro de los salteadores, que abundan bastante en Galicia, por las much as gargantas, encru cijadas y espesuras que en el terreno se encuentran a cada pas o (...). Hay sin e mbar go, algunas hermosas carret eras construidas con el ma yor lujo, ta les son, la que desde la Coruña conduce por Santiago, el Padrón y Pontevedra, a T u y y V igo, que atraviesa todo el reino, y la que va desde la Coruña a Lugo y Madrid” 186 . A demás, la promoción de nuevas carreteras provinciales está en marcha como una necesidad urgente 1 87 , a la que pronto se unirá la de los trazados ferroviarios. Co mo comentario genera l, también se apunta que “en Galicia encontrábamos la extraordinaria baratura y abundancia en los alimentos y en las posadas, que tanto nos sorprendiera en Asturias, pues es Galicia una segunda edición de aquel país, aunque indudablemente más rico y fértil” 188 . Pero el comen tario que más nos llama la atención va específicamente referido a A Coruña, y sirve para darnos una idea del ambiente que se respira en el barrio de la Pescadería frente a la ciudad antigua: « Inútil es decir que el viajero que guste de reposo y del trato fino de la culta sociedad, debe preferir en la Coruñ a las casas de “ la Ciudad” y huir de la Pescadería donde no oirá hablar eternamente más que de facturas, de l etras de cambio, del cacao, del azúcar , y de la entrada y salida de buques en el puerto.» 189 Es curioso que haga esta observación cuando, en el futuro, el espacio por excelencia de los hoteles coruñeses va a ser este barrio, en la parte orientada a los Canton es, y de hecho una parte sustancial de la vida de los hoteles de viajeros va a estar ligada al dinamismo económico de las ciudades y , por tan to, físicamente integrada en su zona más m oderna y comercial. Pero no es el único ejemplo que hallamos de apreciaciones de este tipo, de algún modo vinculadas a una visión más tradicional, más aristocrá tica y menos burguesa del confort. Otro autor inglés , George Edmund Str eet , importante historiador del arte gótico, señala de A Coruñ a que “ the town is divided into the old and the new; and in the former are two old churches, which, though small, are interesting; whilst in the latter there is absolutel y nothing to see but shops and cafés” 190 . Esta aseveración podría dar a pensar que Street solo está interesado en la arquitectura religiosa medieva l, no en vano su libro, Some account of Gothic hemos citado en la p. 46. 185 I bid., pp. 490, 494 y 495. 186 MELLADO 1849, vol. 2, pp . 3-4. 187 “MEMORI A CARRETERAS” 1850. 188 MELLADO 1849, vol. 2, pp . 23. 189 I bid., p. 44. 190 STREET 1865, p. 136. 71 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) ar chitectur e in Spain (1865), es un clásico sobre el tema. Sin embar go, lo cierto es que está compuesto en buena medida como un libro de viajes y , en él, se presta mucha atención a los hospedajes. De este modo, dedica una parte del principio de su discurs o a los alojamientos españoles , que caracteriza en la misma lín ea que Ford: “Spanish inns are of various degrees, fro m the Posada, which is usuall y a mul eteer ’ s public-house, and the Parador , which is higher in rank, and where the diligence is generally to be found, up to the Fonda, which answers in idea to our hotel” 191 . La referencia más interesante de alojamien tos concretos que nos ofrece Street es sobre Lugo, ciud ad que visita en 1863. Allí, ofrece algunos datos sobre un hospedaje en las inmediaciones de la Praza Maior , ahora y a en el corazón de la ciudad. Molesto por la suciedad que encuentra en la fonda de diligencias 192 (“diligence Fonda” ) de la plaza de S anto Domingo, Street da en poco tiempo con una al ternativa más satisfactoria, situada “ in a narrow street leading out of the great arcaded Plaza ”, lo que hace pensar sin duda en la embocadura de Conde Pallares, Batita les o San Pedro desde la Praza Maior 193 . Se tra ta de un establecimiento que designa con el nombre inglés de “lodging” y que considera no mucho mejor que el primero, pero sí con alguna ventaja s obre la fonda o posada (“inn”). En concreto, este autor está valorando las casas de huéspedes, presentes según dice en poblaciones como Lugo, en relación con los establecimientos frecuentados por arrieros, dominados por el “ abo minable scent of the mules, which pervades every part” 194 . Una experiencia parecida vive en Compostela, donde ta mbién se traslada desde la fonda de diligencias a un alojamiento mejor y céntrico: «The wear y day wore on as we toiled on and on upon our pilgrimage, and it was nearl y dark before we reached the entrance of t he cit y , and after m uch dela y found ourselves following a porter up the steep streets and alle y s which lead up from t he diligence Fonda to the principal i nn, which happens fortunatel y to be very near the one interesting spot in the city —the cathedral. » 195 Si puede servirnos para compensar en algo la falta de información que da sobre Ourense este apartado, queremos añad ir aquí un testimonio de segunda mano que se refiere al mis mo año en que Street nos habla de Lugo y Santiago. Según cuenta Adrio Menéndez, en 1863 llega a Ourense un funcionario del s ervicio de correos que, muchos años más tarde, le cuenta su feliz experienci a gracias al i mportante sueldo que cobraba, con el que podía res idir holgadamente en una fonda: “ Y o vine aquí propietario de un 191 I bid., p. 3. Las cursivas son del original. 192 TRAPERO P ARDO 1969, p. 59: el autor señala la e xistencia en 1860 de una fonda llamada “Fonda de las Diligencias del Norte”, en donde las autoridades locales celebran un banquete con unos ingenieros ingleses que habían venido a la ciudad a estudiar el valor económ ico del ferrocarril entre Palencia y A Coruña. 193 STREET 1865, p. 131. Añade que la catedral e stá en su lado oeste y que en ella se celebra un mercado. 194 I bid. 195 I bid., p. 141. 72 Fig. 29: La plaza Maior de Lugo, entonce s de la Constitución, a finales del s iglo XIX . Al fondo , esquina con la calle de la Reina, donde se establecerá e l Hotel Ménde z Núñez. Street se aloja en las inmediaciones de este luga r en 1863. T omada de ABEL VILELA 1999, p. 251. 1. LOS ORÍGENES destino de 6.000 real es. Me instalé en la fonda de la V iuda de V alentín, en la calle de Santa Eufemia, donde por tres pesetas, se nos daba, aparte de habitación lujosa y desa y u no, cuatro platos en la comida y tres en la cena, a más del vino correspondiente, postre de cocina y frutas. Este precio elevado, s olo el Gobernador civ il y yo lo satisfacíamos, si bien éste abonaba dos reales más, por un pequeño cuarto a la calle, que le servía de despacho” 196 . Estos pocos datos nos sirven para situar este hospedaje en un tipo s imilar al de establecimientos que hemos visto y vere mos en otras c iudades, en una calle céntrica del casco antiguo, cercana a la Praza Maior; regentada por una mujer viuda que le da nombre ―aunque a veces, como aquí, se valga del nombre de su difundo marido―; y frecuentada por huéspedes relacionados con empleos oficiales, que establecen en ella su residencia habi tual. Con este recorrido somero de testimonios de viajeros, rebasamos y a la mitad de l siglo y nos acercamos a la época en que el concepto de fonda empieza a perder fuelle frente a la moda extranjera del “hotel ”, a cu ya introducción colabora indudable mente ese flujo de curiosos de marcado acento inglés. Mientr as se aproxima el fin al de la década de los 70, punto de part ida del capítulo 2, todavía defienden su no mbre de fondas, paradores o posadas muchos es tablecimientos urbanos, en a lgunos de los cuales queremos detenernos desde una perspectiva más visual y centrada en sus edificios. 1.1.2.2) V estigios d e una ar quitectura: la imagen de los alojam ientos Hasta ahora he mos hablado de un buen número de establecimientos de hospedaje repartidos por las principales ciudades gallegas. De ellos, hemos conocido en bastantes casos su nombre propio, y también algunos aspectos relativos a su situación urbana, las condiciones de s us instal aciones, s u ambiente y su clientela, siempre condicionados por la mirada los principales testigos de la época, los viajeros. En cambio, en este apar tado vamos a fijarnos en otro tipo de fuentes, ma y ormente gráficas, para reconstruir visualmente algunos de los establecimientos más populares de las décadas centrales y finales del siglo XIX. Para cumplir con esta tarea, hemos decidido ser selectivos. Los alojamientos con que tratamos no son todavía propia mente hoteles y no es nuestra int ención revisar los de forma exhaustiva. Por ejemplo, en lo que respect a a V igo, que ya ha sido bien estudi ado por Areal Alonso, no va mos más allá de la revisión bib liográfica, de m odo que seguimos lo que se ha publicado sobre las fondas de esta época. Aunque li mitado por la escasez de fuentes gráfic as, Areal aporta abundant es referencias sobre establecimientos de cat egoría diversa, que siguen a otros que ya mencionamos en el apartado anterior . Habla de la fonda Baladrón ; la posada o parador del Águila de Oro, documentada desde 196 ADRIO MENÉNDEZ 1935, p. 120. 73 Fig. 30 : Me rcado de la P escade ría de Vig o a f inales del s iglo XIX , po r la parte de atrás del posterior mercado de A Laxe. Al f ondo, según AREAL ALONSO 1998, p. 28, casa que ocupó la f onda de Las Cuatro Naciones hasta 1875. F oto tomada de GARRIDO RODRÍGUEZ 2001, p. 84. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) relacionadas con el hospedaje, como las del “ maestro de postas y relojero G regorio Rueda”, alguna de las cuales podría ser la que mencionaba Southe y en su paso por la ciudad. No muy lejos, en la zona de las Flores, “Joaquín Losada y Sotomayor constru yó un mesón que estaba terminado en los primeros meses del año 1798, al que poco después añadiría una cochera”. Esta diversidad de estab lecimientos debe tenerse en cuenta si ten emos la tentación de identificar alguno de los que hemos mencionado en el apartado anterior (1.1.2.1) con el Mesón de Aguilar , caso de la “posada” de Borrow , con cu y a descripción no acaba de corresponderse, co mo razona Abel V ilela 214 . Así pues, retornamos al M esón de Aguilar ―denomina ción que nos pare ce más inequívoca que “Mesón de San Roque”― para ocuparnos de su origen y de la persona que promueve su construcción. Se trata de José Soler y San Juan, un catalán que ll ega a Galicia a finales del siglo X VIII, como muchos otros e mpresarios de la mis ma procedencia principal mente dedicados a la elaboración de conservas de pescado en diferentes lugares de la costa 215 . Soler , sin e mbar go, se establece en Lugo, donde pone en marcha varios estab lecimientos de hostelería, empezando, en 1800, por un mesón en San Roque ―que no es el que nos ocupa, ni tampoco el primero, pues en 1798 se dice que era “dueño del Parador” de la ciudad― y siguiendo por un café con bill ar más tienda y una casa de juego en calles del centro, además de obtener algunas contratas de abasto a la ciudad, como carnes y licores, entr e otros. El mesón de San Roque que acabamos de citar lo establece con Real Privilegio tras conseguir en foro cuatro casas que derriba para hacer una sola, y lo tiene operativo has ta 1809, cuando los invasores franceses se lo incendian y asesinan a su criado 216 . Fig . 39: Diferentes representaciones en planta del e dificio del Mesón de Aguilar , e n el bar rio de San Roque de Lugo. (a) COEL L O 1864; (b) SIXT O VIZCAÍNO 1900-1920c; (c) ort ofoto de l "V uelo interministerial (1973-1 986)", donde señalamos con una línea roja el perfil del edificio; ( d) ortofoto del "V uelo Nacional (1980- 1986)". A raíz de esta pérdida, Soler decide disponer para mesón otro edificio, uno que tenía habilitado como cochera en el ca mpo de San Roque, al costado de la igl esia, pese a que contaba desde hacía años con el permiso para inst alar al lí un mesón: s e trata del que décadas después se conocer á como Mesón de Aguilar . Si bien la estructura de la casa donde se encuentra la coch era está terminada, parec e que aún requiere de una serie de obras para ponerla en condiciones para el nuevo mesón. El origen de este ed ificio a medio hacer está en 1798. Por entonces, “José Soler tení a concedida, por los directores de Correos y Ca minos, aut orización para que pudiese construir un mesón en los extramuros de la ciudad, contiguo a la carretera general”. Sin embar go, quizá porque ya dispone de otros establecimientos similares, en vez del mesón, decide construir solo una 214 ABEL VIL ELA 1988, pp. 122 y 146-148. 215 LÓPEZ CARREIRA 2013, p. 213. 216 ABEL VIL ELA 1988, pp. 123 y 129. 80 1. LOS ORÍGENES cochera, un servicio ta mbién básico para la multitud de carruaj es que pasan y se estacionan por aquella zona. Así pues, el 23 de j unio de 1798, solicita al ayuntamiento permiso para hac er esta obra en terrenos anexos al Camino Real que posee la ciudad en el campo de San Roque, en un punto que se describe co mo su “falda”, que ofrece pendiente hacia el este. Dos días después, con asistencia del arquitecto de l a ciudad, Joaquín Losada, se le señala al promotor el lugar exacto para levantar la cochera “ a la parte del levante del mencionado campo (...) y detrás de la capilla de dicho Santo”, dejando espacio entre a mbos edificios. La cesión de l a parcela se hace en principio en régimen de arrendamiento, cu ya duración se condiciona a la continuidad de la actividad para la que se pide el permiso, aunque a la larga no llegará a reintegrarse al a y untamiento pese a los cambios en su uso. Por las dimensiones que se indican, parece que va a tener una planta rec tangular , de 12 varas por los lados estrechos, orientados a norte y sur , y 34 por los lar gos, que dan a naciente y poniente; mientras que su entr ada principal confina “en el referido campo de San Roque y ladera que dice a la Carretera Real y puerta de San Pedro” 217 . Entretanto, la ad ministración central notifica al a yuntamiento la necesidad de cumplir con las directr ices marcadas por la “Instrucción y Reglamento de Posadas” y pide que, en respuesta a “ la necesidad que ha y en esa ciudad y s itio (...), se constru ya el parador que José Soler pretendió hacer a sus expensas y bajo planos aprobados por esta Dirección G eneral [de Correos y Ca minos]”. Esta última alusión a unos planos nos parece mu y interesante pues, si bien no los conocemos, nos per miten afirmar que se elabora un pro yecto ad hoc para el establecimiento, llámese éste “ mesón”, “ parador” o incluso “posada”, y que dicho pro yecto está supervisado por el Est ado. Es más, desde la propia Direc ción General se señala como ar gumento de peso para la ejecución de las obras “que s ería de mucho adorno y hermosura en el Campo de San Roque en la entrada de esa ciudad”. A raí z de este lla mamiento, se envía a un facultativo de la Comisión de Caminos para demarcar y tasar el terreno necesario, “el que se pagará para el ed ificio”. El señala miento se produce el 31 de agos to de 1798, y si bien no se ofrece una descripción clara de cómo sería el parador , estaría esencial mente en el mis mo lugar que antes referimos y dispondría igualmente de una cochera 218 . A raíz del comienzo de las obras se produce una fuerte contestac ión vecinal protagonizada por mujer es, muchas de las cuales acaban entre rejas cerca de año y medio, hasta finales de 1799. Las quejas aducidas contra el nuevo edificio, que son apo y adas por el procurador general y a las que también se suma la cofradía gremial de San Roque, pare cen relacionadas con los usos y costumbres de los habitantes del barrio, como la condición de paseo público de aque l lugar , así como con el suministro de aguas, que se vería perjudicado por el corte de dos conductos que alimentaban una i mportante fuente. La 217 I bid., pp. 124 y 129. 218 I bid., pp. 125-126. 81 Fig. 4 0: Vista del jardín de San R oque de Lugo, con el e dificio (muy transformado) del antiguo Mesón de A guilar a la izquierda y la iglesia de San Roque a la derecha, en 1930. AML, sig . 770. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) celebración de fer ias mensuales y de la anual de San Froilán en aquel lugar es también un frente que el ayuntamiento bus ca atajar mediante la orden de traslado al otro extremo de la ciudad, frente a la puerta Nova; pero ello no es acatado en un principio, de manera que la feria de San Froilán de 1798 tiene lugar en San Roque. Las trabas continuaron siendo muchas en los años siguientes, algunas incluso violentas, mientras que otras se enfocaban en aprovechar algún resquicio legal, como la quej a que plantea en 1800 el vicario de la cofrad ía gremial de San Roque, de gran poder en la ciudad, en la que denuncia que Soler pretende incu mplir la orden de construir un parador para hacer solo una cochera. Curiosamente, el mismo Soler acaba entrando en la cofradía e incluso a ocupar cargos en ella, lo que Abel V ilela interpret a como una maniobra habilidosa para neutralizar la oposición a sus pro y ectos 219 . Llega el año 1809 con el mesón sin conclu ir , aunque la cochera s í estaba operativa, y es entonces cuando Soler vive la destruc ción por los franceses de su otro m esón y la muerte de su esposa, volvi endo a casarse a los pocos m eses. En este contex to, hace un inventario de bienes donde figura que el edificio en construcción “se hal la solo cubi erto, con puertas, ventanas y vigas”. Sin e mbar go, en el testamento de Soler , cu y a muerte se produce en 1813, ya se dice que “para poner el mesón que fincó de l primer matrimonio y era cochera en el estado en que ho y se halla, he gastado, después de que contraje el segundo, más de dieciocho mil reales”. Concret amente, las obras están ter minadas para el 1 de julio de 181 1, cuando Soler arrienda al matrimonio de Bartolomé Miguel ―otro catalán― e Isabel Rodríguez el mesón “ llamado de San Roque, el cual se compone de bajo y alto con sus pesebres y oficinas int eriores, todo nuevo y acabado de fabricar , perfectamente acabado, y todas sus puertas, ventanas y alacenas con sus vidrios, llaves y herrajes sin la menor falta” 220 . No va mos a detenernos en los pormenores biogr áficos y legales que se documentan en los años siguientes. Lo principal es que, tras la muer te de José Soler en 1813, la propiedad continúa en manos de su familia, mientras que el me són está primero arrendado y luego cedido en régimen de foro. Hasta 1815, que es cuando se afora la propiedad al vecino de A Coruña Esteban Sanz a raíz del abandono del negocio de la viuda de Bartolomé Miguel ―fallecido ta mbién en 1813―, el estableci miento se mantiene funcionando con buen ri tmo: dice Abel V ilela que, en los aproximadamente dos años con la viuda al frente, hace “ 8.760 alquileres”, es decir , unos 12 diarios, lo que supone un movimiento bastante respetable de viajeros 221 . No sabemos mucho más del foro de 1815, pero sí sabemos que en 1821 la propiedad la ostentan dos hijos de José Soler , hermanastros entre s í, y que es entonces cuando, primero, mediante una venta parcial de dos terceras partes y , después, un aforamiento del tercio restante en 1824, Sebastian a Sánchez Alisea se hace con el mesón al completo. Y aquí es donde entra Juan Pérez Aguilar , nac ido en Salamanca en 1783 y socio de la dicha Sebasti ana, a quien presta una importante suma para rea lizar la adquisición e, incluso, llega a casarse con ella en 1828, un año después de enviudar de de Domingo Merchán, un militar de ma rina que apenas pasaba por Lugo. Este trato tan estrecho entre Juan y S ebastiana s e remonta a cuando él, siendo muy joven, queda huérfano y , tras una época con un tío, es acogido en V alladolid por el matrimonio de 219 I bid., 127-128. 220 I bid., pp. 128-129. 221 I bid., p. 133. 82 1. LOS ORÍGENES Sebastiana y Domingo. Esta acogida infunde en Juan una gratitud que le l leva al punto de declararla a ella heredera universal en 1813, época en que ambos ya llevaban en Lugo negocios en común 222 . Muy pronto, en 1829, fall ece Sebastiana y , en el mismo año, Juan se enfrenta a importantes deudas contraídas, junto a otros socios, por los derechos sobre el aguardiente y licores, lo que le conduce al embargo del mesón y otras pertenencias. Así las cosas, Juan busca co mprador para el mesón, y lo encuentra en Antonio Vázquez de Par ga y Baamonde, que le paga 17.000 reales, aunque con un derecho de tres años a la retrocesión por el mis mo importe. Con la mis ma, el comprador se lo arriend a al vendedor por tie mpo de tres años, así que en la práctica Juan se mantiene al frente del establecimiento. En 1833, Juan se casa con María V arela Díaz y , por entonces, ya muerto Vázquez de Parga, trata de recuperar la propiedad del mesón, lo que finalmente consigue grac ias a un préstamo del cura Manuel Madarro. Es así co mo A guilar llega a 1846 como mesonero, año en que fallece con 63 años de edad; mien tras que su viuda María V arela continúa con el negocio hasta 1865, cuando se lo arrienda al comerciant e Mariano Zaera, a raíz de lo cual, presu miblemente, continúa funcionando. Así, todavía se la denomina “ casa mesón” en 1882, cuando es dividida en dos partes entre las dos hijas que quedan de María V arela, fallecida en 1867 223 . Hasta finales del siglo XIX, los alojamientos lucenses habí an estado dominados por el tránsito de arrieros, predominando la imagen que recrea T rapero: “los mesones, fondas, paradores y casas donde se alquilaban habitaciones veían detenerse ante e llos las carretas, las diligencias, las reatas de mulas en las que los toldaos o toledanos traían hasta la ciudad las ve las, el grano, el vino y otras mercancías, llevándose a ca mbio anguilas curadas, carne salada, frutos secos, zuecos, etc., que compraban en las ferias y mercados de la ciudad y pueblos vecinos” 224 . Pero ya empiezan a apreciarse otro tipo de viajeros y us os de los hospedajes en el contexto de la planif icación del ferrocarril, de modo que las fondas locales se convierten en escenario de banquetes, reuniones y conferencias de naturaleza política en donde es tán presentes las autoridades de la ciudad 225 . Con la llegada del tren a Lugo (1875), la fundación del Hote l Méndez Núñez en el centro (1880) y , en definitiva, la decadencia del mundo de la arri ería, el repar to entre las dos her manas y , sobre todo, la separación física de las partes del edif icio parecen síntomas de la desaparición del Mesón de Aguilar . Así, es improbable que el establecimiento s iga operativo en 1895, cuando los propietarios de la casa, entonces Francisco J avier Pedrosa y Ra món Osorio, piden permiso para reformarla. Si bien el expediente contendrí a origin almente planos, tanto del estado previo como de la obra que se proyecta, ho y solo contamos con la memoria descriptiva, que está firmada por los interesados el 5 de julio de 1895. De el la, se desprende que el edificio, por entonces nº 44 de San Roque, está compuesto por dos viviendas independ ientes, donde no se menciona establecimiento alguno, y no parece que va ya a haber alter aciones al respecto ni otros ca mbios interiores, pues la reforma “no tiene más obj eto que dar mejor aspecto a las antiguas fachadas contribu y endo a hermosear el barrio de San Roque” 226 . 222 I bid., pp. 141-142. 223 I bid., pp. 142-145. 224 TRAPERO P ARDO 1969, p. 1 1. 225 I bid., pp. 59 y 74. Véase también la nota 192 de este trabajo. 226 AHPL, 0459/23-1(50), ant. leg. 766. 83 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Fig. 41: El edif icio de l Mesón de Sisto, al principi o de la Avenida de A Coruña, en Lugo. Fot. V . Roldán, 1942. AML, si g . 1063. Fig. 42: Un edificio de hospedaje en e l municipio de P onteareas (P ontevedra), en 1904. Col. familia Ro dríguez. El calificado por Vázquez Seij as de “principal parador” de Lugo debía de ser , a la vista de la descripc ión de 1895, una casa grande pero hu milde. Como ya hemos apuntado en al guna cita, se compone de una planta baja y una alta, al uso más tradicional, albergando probablemente la inferior “las correspondientes cuadr as para el ganado y un rudimentario taller de herrador y reparaciones de ur gencia, dependencias de administración y despacho y otros menesteres” 227 . De dos plantas , baja y alta, se componen muchos otros establecimientos tradicionales, a menudo con referen cias a la presencia de los animales en la planta inferior . Es el caso de otro ejemplo de Lugo, el llamado Mesón de Sisto, situado al principio de la A venida de A Coruña ―ta mbién justo ante una puert a de la muralla, la de San Fernando―, que antes de desaparecer era un edificio estrecho, entre medianer as, y con un soportal arquitr abado sobre rudos pilares bajo el cual había bancos de obra y argollas para el amarre de los animales 228 (Fig. 41). Sin soportales, pero con un lar go corredor en planta al ta al modo de la posada de Borrow , tenemos el mesón de los alrededores de Ourense de la Fig. 28, de aspecto mu y humilde, cuyo cuerpo bajo es prácticamente ciego salvo por un par de puertas cocheras; una imagen que contrast a por ejemplo con la solidez de la fábrica y el orden de los abundantes vanos que presenta una casa dedicada a hospedaje cerca de Ponteareas, no obstante su formato y porte tradicional ( Fig. 42). En realidad, el rostro del edificio luc ense s e encuen tra, co mo vere mos, más en la línea de un Parador de la Fraternidad de Santiago, aunque con un piso menos, pues es rácano y desordenado en los huecos, lo que lo conduce a finales del XIX a una reforma de actualización que lo permita sobrevivir con dignidad en la ciudad burguesa 229 . En cuanto a la planta, el Mesón de Aguilar , además de exento y con cuatro fachadas libres, debía de ser es encialmente rectangular , si bien en COELLO 1864 se aprecia un perfil amartillado que podría achacarse a las “dos casetas adosadas a la fachada principal” que se desmontan con la reforma de 1895, devolviéndole el formato cuadrangular (Fig. 39). Otros ele mentos salientes que van a eliminarse, además de las casetas, serían un “ gran balcón sobre colu mnas de granito que ocupa l a parte central” y 227 VÁZQUEZ SEIJAS 1973, p. 125. 228 I bid., p. 127. 229 Véase p. 222 de este trabajo. 84 1. LOS ORÍGENES unas “escaler as exteriores” para el acceso directo a la planta alta, elementos que no sabemos si serían independientes o irían aparej ados, a modo de patín 230 . Dejando apar te los saled izos , dicha fachada princ ipal, orientada a la carretera, ofrecería en origen una planta baja casi toda ella ciega ―co mo el antedicho mesón ourensano de la Fig. 28 ― salvo por una “puerta central”, que se proyecta en 1895 sustituir por dos distintas, una para cada vivienda, junto a otras 6 vent anas adicionales con antepecho de hierro. La planta a lta, algo más generosa en cuanto a vanos, resulta también claramente defectuosa para el canon moderno por su pequeñez y su ubicación desordenada: la reforma aprovecha parcialmente los 7 que hay para, cerrando unos, abriendo otros y rasgando como portasdair e 231 los de más, hacer sur gir del arca ico paredón ―del que solo se valora s u solidez― una red de vanos alineados y regularmente repar tidos, procurando una estética más urbana. P ara rematar esta renovación, s e crea ante esta fach ada un pequeño jardín cerrado por una verja de forja con zócalo y pilastras de piedra 232 . Fig . 43: El edificio (muy trasformado) que fue del Mesón de Aguilar , según VÁZQUEZ SEIJAS 1973, p. 126. Arriba, fachada principal; abajo, fachada lateral sur y posterior . Fig. 4 4: El e dificio que fue del Mesón de Aguilar en diferentes fotografías del siglo XX , todas ellas publicadas por ABEL VILELA 1988. (a) Vista f rontal parcial a principios del siglo XX; (b) fachadas frontal y lateral no rte, c. 1985; (c) f achada posterior , c. 1 985; (d) fachadas posterior y lateral norte, c. 1985. De las fachadas cortas, las laterales, la memoria descriptiva dice que llegan a 1895 con “una gran puerta en planta baja y dos reducidísimas ventanas en l a principal”, por lo que también requier en de refor mas. En cambio, nada se dice de la fachada tr asera del edificio, seguramente porque para ell a no se plane a obra alguna en este momento. De hecho, a ella ni siquiera le afecta la imposta que va a recorrer las restantes tres fachadas para separar el piso bajo del alto, ni ta mpoco la nueva “cornisa” que quiere hacerse; aunque no parece que estos detalles se lleven a ejecución según lo previsto, pues de la imposta no ve mos rastro, y la cornisa no pasará del rudimentario alero af ilado de lousa de pizarra. Lo que sí está claro es que el edific io mantiene hasta su de molición, especialmente por su parte posterior , una estampa ruda, dispar y pintoresca, que algunos dirían incluso pobre y amorfa ( Fig. 43, abajo). Sin embar go, precisamente esa parte 230 AHPL, 0459/23-1(50), ant. leg. 766. 231 Véase nota 2045. 232 AHPL, 0459/23-1(50), ant. leg. 766. 85 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) posterior nos dice mucho más de lo que sería el mesón original que los cierres de galería instalados en fechas posteriores por el lado del j ardín (Figs. 40 y 43, arriba). Las fotos de que disponemos a lo largo del siglo XX nos muestran y a un edificio mu y cambiado, sobre todo en su aspecto hacia el jardín. Incluso su volu men parece haber sufrido modificaciones, a la vista de ese pequeño cuerpo de ático ―debe de s er el que Vázquez Seijas ci ta como “un abohardillado” 233 ― que emer ge sobre la primera planta, única exist ente en tiempos del mesón. La prueba de que ese cuerpo, s olo presente en la parte izquierda del edificio, es un aditamento está en una foto publicada por Abel V ilela en la que se muestra, a principios del siglo XX, dicha parte izquierda todavía en un estado que debe de ser el primitivo, pues en su planta al ta se apre cia un vano pequeño y dislocado del conjunto; mientras que la parte derecha tiene un volumen algo diferente y ya e stá dotada vanos de cuerpo entero razon ablemente ordenados, aunque ta mbién de un mirador -galería en la planta a lta, algo que no se menciona en el pro y ecto de 1895 (Fig. 44a). El pie que Abel V ile la da a esta foto resulta algo desconcertante, porque sugiere que las dos hijas de Aguilar están al frente de la reforma de 1895, cuando hemos visto co mo promotores a dos propietarios difere ntes. En cualquier caso, lo que prin cipalmente nos interesa señalar es que, si bien estamos ante un único edifi cio nu merado todo él con el 44, en su tra y ectoria posterior al mesón se muestra como do s in muebles adosados que ni s iquiera acaban de coordinar sus transformaciones, seguramente por encontrarse en diferentes manos. Así, cuando la parte izquierda se renueve, no lo hará en los mismos tér minos que la derecha, sino incorporando el antedicho ático y rebasándolo ligeramente en altura, entre otras dislocaciones, lo que, unido a la incorporación de las cajas de miradores, permite decir que el pro y e cto de 1895 no se aplica según lo previsto. El ba lance final que podemos hacer del Mesón de Aguilar de Lugo debe señalar , ante todo, el interés de que constitu y e un edificio ad hoc para hospedaje, el primero que podemos cert ificar como tal, aunque en modo alguno puede hablarse de un hotel propiamente dicho. En segundo lugar , y en línea con el comentario con que concluimos el apartado dedicado al Parador de la Ferrería de Pontevedra, hay que destacar no solo la decadencia que afront a con la llegada de l tren y la aparición de otro tipo de establecimientos y viaj eros a finales del XIX , sino también la tre menda devaluación estética de unas instalaciones que, en origen, pret endían aport ar “ mucho adorno y hermosura en el Ca mpo de San Roque en la entrada de esa ciudad” 234 , y que en 1895, a pesar de hallarse “ en perfecto estado de vida”, son vistas con “falta de co modidades y defectos de distribu ción (...) sobre todo en cuanto se refiere a las fach adas de car ácter marcadamente antiguo y de poca o ninguna estét ica” 235 . 233 VÁZQUEZ SEIJAS 1973, p. 125. 234 Véase p. 81 de este trabajo. 235 AHPL, 0459/23-1(50), ant. leg. 766. 86 1. LOS ORÍGENES 1.1.2.2.3) A Coruña: un paisaje de posader os y fondistas De forma excepcional, vamos a internarnos a continuación de una manera un tanto exhaustiva en el panorama gener al de los alojamientos de una ciudad, A Coruña. La escogemos por varias razones: prime ra, por su importancia en el conjunto de la s gallegas; segunda, porque la otra gran ciudad del país, V igo, y a ha sido explorada por Areal Alonso; y última, porque una mirada a es cala urbana a los alojamientos que ofrece la ciud ad entre mediados y finales de siglo, con independencia de su importancia, puede evocar toda una escena extrapolable a las otras ciudades, una escena muy viva a la llegada de los pri meros hoteles, que lejos de esfumarse de un día para otro, a menudo formará parte del cambio. La Pescadería, nac ida com o barri ada de pescadores y consolidada como zona comercial al calor de la actividad portuaria, va a s er sin duda la más fértil para la proliferación de hospedajes en la ciudad decimonónica y , en consecuencia, en ella florecerá su modalidad más a mbiciosa: el hotel. Pero para que ello s uceda tienen que pasar aún muchos años, durante los cuales div ersos factores van preparando el terreno para un cambio que tiene mucho de cultural y que afecta notablemente a las aspiraciones de los hosteleros. El perfil de ciudad del viaj er o que se asienta en A Coruña a lo lar go del XIX no es sino una derivada de s u i mportancia como ciudad de comer cio en el s iglo an terior , y a su vez germina en la ciudad de verano que consagra la publicidad turística de las primeras décadas del XX. Las razones de l desarrollo de la infraestrutura hostelera en A Coruña son sobre todo de carácter socioeconómico. A la enorme importancia que la Edad Moderna lega a la urbe co mo capital ad ministrativa y política del Reino de Galicia, se suma el inicio de una época globa l de creci miento as entado especialmente en el comercio. A Coruña se encuentra durante el siglo XVIII forjando una personalidad eminentemente co mercial, que se superpone a su histórico carácter de pla za fuerte, custodia de las instituciones principales del Estado en Galicia (Figs. 19 y 45). Hay que re montarse a la década de 1760 para asistir al in icio de una fuerte inmigración de comerciantes e industriales , entre los que destacan muchos de origen vasco y ca talán, que dan lugar a un sector de perfil protobur gués. Esto s e produce en el contexto de una primera época de expansión económica (1760-1823), inaugurada en gran parte por la apertura del puerto coruñés al comercio con Ultramar en 1764. Este privilegio, que integra a Galicia en el comercio colonial español, es compartido con Cádiz hasta 1778, año en que ambas ciudades pierden el monopolio y da comienzo el libre comercio con América 236 . Complementario del papel militar del Arsenal ferrolano, asentado en 1726, el puerto se convierte en la pi eza clave del vigor económico de A Coruña: es el auténtico pulmón de su vida comercial y , paralelamente, el foco esencial de su tráfico de viajeros. A través de él, se canaliza el comercio colonial, que llegan a realizar en sus tres cuartas part es 236 BARREI RO FERNÁNDEZ 1986, pp. 242-244 y 431-433. 87 Fig . 45 : Vista general de A Coruña según aparece en VEDIA Y GO OSSENS 1845. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) empresarios coruñeses, se a bastece un mer cado i nterior que en este m omento incrementa su demanda e incluso se desarrolla el negocio de corso marítimo y la trata de negros 237 . En la altura de 1833, y a pesar de la crisis que se produce de 1823 a 1856 ―vinculada en parte a la pérdida de las colonias―, A Coruña mantiene reconocido el estatuto de principal puerto del comercio de G alicia 238 . Como centro industri al, también es la ciudad herculina la más i mportante de Galicia, lo que repercute directa e indirect amente en la creación de muchos puestos de trabajo: entre la fábri ca de tabacos, las de hilados y tejidos, cristales, cerillas, fundición de hierro o chocolate se aseguran en conjunto más de 5.000 puestos. Otras tareas, como las obras de ensanche de la urbe, colaboran aún más a aumentar la masa proletaria 239 . Este papel preponderante entre las ciudades gallegas también se ve reflejado en las infra estructuras del transporte terrestre que, s in privilegiar a Galicia en el conjunto del Estado, por lo menos sitúan a A Coruña en el eje de las comunicaciones con la meseta. Por un lado, el Camino Rea l de Carlos III, del que ya he mos hablado, se traza con A Coruña como punto de des tino; y otro tan to hace un siglo más tarde el trazado ferroviario, que es recib ido con gran euforia, por cuanto este medio de transporte encarna el progreso e incluso se le atribu yen, en palabras de Barreiro F ernández, “funcións taumatúrxicas en orde a crear riquez a”. Inauguradas sus obras en 1858, la línea con Madrid no entra en funcionamiento hasta 1883, aún s in terminar una de las estructuras que durante más t iempo da servicio a los viajeros en la ciudad: la Estación del Norte 240 . Pero los ca mbios que introduce el ferrocarril pertenecen ya al capítulo 2, donde los trataremos con más detenimiento. El aspec to de mográfico también se ve implicado en esta diná mica expansiva. Desde la década de 1830, la población de A Coruña entra en un proceso de cre cimiento ininterrumpido hasta la actualidad. No se trata de un fenómeno excepciona l, dado el contexto de desarrollo urbano que vive España en el XIX; pero el hecho es que, en 1857, se sitúa como primera ciudad de G alicia en número de habitan tes (27.000), adelantando por poco a una Compostela en declive (26.500) y muy por encima de un V igo que a estas alturas cuent a con la misma población que Lugo (8.000). Hasta el fin de s iglo, no deja de ampliar s u distancia con las demás: en 1897 ya cuenta con 43.000 habitantes, seguida por los 27.000 habitantes de Lugo, que por en tonces había alcanzado la segunda posición de Galicia 241 . Las razones de este crecimiento están de sobra explicadas por el carácter preferente de A Coruña como centro co mercial e industr ial, garantía de muchos puestos de trabajo. Pero en él influyen también otros hechos, como el renovado pape l de la ciudad como capital administrativa una vez instaurada la nueva organización del Estado liberal, la instalación en ella de los nuevos centros de estudio ―Instituto, Escuela Ná utica, 237 I bid., pp. 431-434. 238 CANGA ARGÜELLES 1833, t. I , p. 303. 239 BARREI RO FERNÁNDEZ 1986, p. 328. 240 BARREI RO FERNÁNDEZ 2008, pp. 348-349. 241 BARREI RO FERNÁNDEZ 1986, pp. 327-329. 88 Fig. 46: Plano de A Coruña. F . Gianzo, 1819 . T omado de VIGO TRASANCOS 2007. 1. LOS ORÍGENES Escuela Normal, Escuela de Bel las Artes, etc.― o incluso su situación en el eje de las comunicaciones postales 242 . Fig . 47: Detalle de la f igura 1a de DÍAZ LÓPEZ 2 011, que muestra la situación de diversos alojamientos en A Coruña entre 1779 y 1882 reflejados sobre ortofoto reciente. En amarillo las fondas y en azul las posadas, casi siempre ident ificadas por el nombre del anfitrión. Asimismo, los emigrantes tienen un papel mu y des tacado en el puerto coruñés, sobre todo a partir de 1854-56. La emigración, favore cida por la suavización de las leyes antimigrator ias, se convier te en un auténtico negocio que compensa la interrupción del co mercio con América. Los armadores locales, pronto convertidos en consignatarios de las co mpañías internacionales ―los Molina, D el Río, Pérez Luengo, etc.―, tenían su negocio no solo en el transporte sino también en la obtención de contratos de trabajo para los emigrantes. Paralelamente, se genera toda una estructura económica vinculada a las necesidad es de los viajeros, como la gestión del pasaporte, la compra y traslado de maletas o el aloja miento durante su estancia en la ciudad 243 . Naturalmente, la morfología urbana de A Coruña no es indiferente a todos es tos procesos, por lo que también exper imenta i mportantes transformaciones durante el XIX. A comienzos de siglo, sigue siendo una población ceñid a por s us m urallas, que determinan tres zonas principales bien def inidas ( Fig. 46): la Ciudad Alta, considerada la ciudad propiamente dicha, núcleo urbano original y tradicional sede de las instituciones; la Pescadería, que se exti ende por el istmo m irando al lado del puerto, nacido como arrabal de pescadores y consagrado como barrio bur gués “mayor y de 242 I bid., pp. 206-208 y 328. 243 I bid., pp. 450-452; BARREIRO FERNÁNDEZ 2008, pp. 347-348. 89 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) llamarse mas notabl es, solo presentan masas simétricas comunes en el esterior é interior , sin llevar en su decoración ventaja que no sea de una ordinaria mediania” 276 . A mediados del siglo XIX, la fonda del Comercio, pese a los elogios que recibe su entorno urbano y que incluso el Conde de Carnarvon llama “ hôtel” a una de igual nombre, dista mucho de s uponer la adopción de esta clase de alojamiento. Pero no por ello dej a de represen tar el tipo de hospedaje de su époc a y de su barrio, del que muy probablemente asume sus características arquitectónicas y estéticas. El Comercio que regenta V alentín Muñoz en 1882 no es el mismo que el que Ford conoce cuarenta años atrás. Antes de la del s oriano, no encontra mos fonda alguna en el 66 de la cal le Real; de todas formas, seguramente su negocio es continuador de algo más que de una simple marca. Es continuador , por eje mplo, de un estilo de hospedaje que no se identifica tanto con una arquitectura co mo con el nombre ―o con el renombre― de su anfitrión, y por ello Muñoz, al estilo de otros posaderos, se traslada desde el nº 31 de la mis ma ca lle 277 . Es continuador , asimismo, del recurso a la tipología más común de vivienda de la población, un ed ificio preexistente al establecimiento y práct icamente huérfano de personalidad individual. El 66 de la calle Rea l, para el que se pide permiso en 1880 para añadir una tercera altura, corresponde por su fábr ica de granito y por la pres encia de galería en su parte alta a la aparienc ia que ofrece en la década de 1840 toda la ví a, según la descripción de Ford 278 (Figs. 50 y 51). Se trata de una vivienda sencilla y común, heredera del tipo que prolif era en la ciud ad desde los últimos años del siglo XVIII como consecuencia de la imposición de unas reglas mínimas de decoro. Bajo la vigilancia de la estrenada Junta de Policía Urbana, se impone “un diseño sobrio y asequible acord e con la mentalidad desnuda del clasicis mo”, con lo que tenemos un alzado regul ar , simétrico y sin retórica, con tres plantas en origen y dos ejes de vanos con un sencillo recercado 279 . Sí están presentes en este caso elementos volados s obre la calle, pero sin resultados aparatosos, perfect amente ceñidos a una nor mativa que permite balcones en el primer piso, pero galerías solamente a partir del segundo 280 . Estos trazos son en general aplicables a los aloja mientos de las otras cal les que aludimos, e incluso los veremos repetidos en muchos que, gozando de gran popular idad, entran ya dentro del s iglo XX, como el Hotel Provinciana, la fonda V ictoria o el hospedaje La Florida. Ciñéndonos a la época que nos ocupa, es preciso recordar la calle de los Olmos como otro de los importantes ejes de posaderos, todo él conformado por 276 MADOZ I B ÁÑEZ 1850 , t. VII, p. 96. 277 T ambién cambian de dirección Esteban Sastre, Juan de Diego, Manuel V id al, Manuela Roel o Salvador V arela, entre otros. 278 FORD 1855, p. 593 . 279 VIGO TRASANCOS 2003, pp. 571-572; VI GO TRASANCOS 2007, p. 319. 280 NA Y A PÉRE Z 1965, p. 14. Se hace referencia a las ordenanzas de Policía Urbana de 1854, donde consta la prohibición de construir galerías o miradores en los pisos principales o pri meros. Por causa de esta nor mativa se producirá un contencioso que afecta a otro de los edificios que trataremos: la casa de Acev edo 87, posterior Palace Hotel. 96 Fig. 53: Proyecto pa ra los números 1 y 2 (antiguos) de la Rúa Nueva de A Coruña. J . B. de Aguirre, 1852. AMC, obras particulares, C-492-3. 1. LOS ORÍGENES casas sencillas con un bajo y dos pisos como mucho, y donde fachadas tan esenciales como la del nº 24 antigo, aún sin aparecer como posada, ilustran perfectamente el tono urbano de esta zona y los límites de los más humildes hospedajes ( Fig. 52). La mejor excepción que podemos oponer es el caso de los nú meros 1, 2 y 3 (antiguos) de la Rúa Nueva 281 , donde el fondista Francisco Insúa aparece registrado solamente en 1853. La casa que se edifica en esta dirección corresponde a un pro yecto firmado por Juan Bautista de Aguirre en 1852, sencillo y sintético, pero notable por su amplitud de cuatro cuerpos de altura y siete calles de vanos que conjugan balcones y galerías (Fig. 53). D e todos modos, con la infor mación del expedi ente de obra, no puede afirmarse que el proyecto s e planease destinar a fonda. Lo que s í puede decirse es que, aunque el paso de Insúa por es ta dir ección es breve, el edificio de A guirre tiene una notable pro y ección hostelera al ser adoptado por los hoteles de La Paloma y Roma ya en el siglo XX (Fig. 298). Fig . 54 (a, b, c, d): Diferentes vistas de la plaza de Santa Catalina de A Coruña a principios del s iglo XX. (a) AMC, col. post., sig. 1806; ( b) ibid., sig. 18 05; (c) ibid., sig. 1807; (d) VIGO TRASANCOS 2007. Con mucha menos amplitud y empaque, la casa de San Andrés 75, en la que trabaja Inocencio Sanz desde 1871, goza de la gracia y de la del icadeza ornamental de la moda ecléctica. Faus tino Domínguez la concibe un año ant es con una fachada de cuatro cuerpos de altura ―baj o y tres pisos― y con un ancho de tres vanos, concentrando en la molduración y decor ación de los huecos la personalidad del nuevo estilo (Figs. 48 y 49). El tr iple acceso de medio punto, las claves acentuadas, los florones en los entrepaños, los tambanillos con motivos vegetales y los dos 281 Corresponde con el nº 3 moderno, tal como se delimita en el plano de Barón y Yáñez. Basamos esta afirmación en AMC, obras particulares , C-492-3, certificación que encabeza “Don Juan Carballo y Cabo” , fol. 2r . 97 Fig . 55: Vista del lado par de San Andrés desde la plaza de Santa Catalina de A Coruña, en 2011. Foto propia. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) cuerpos de elegan tes galerías, apuntan en conjunto a un concepto arqu itectónico diferente, si no espacial o funcional, s in duda en el aspec to visual y representativo, que entronca con el florecimiento de la ciudad bur guesa. Una vez más, es difícil sospechar que se edificase expresamente para s ervir de hospedaje, pues la familia U ría, promotora y propietaria de la casa, ocupa s iempre el baj o, en tanto la fonda de Inocencio ocupa solo algunos de los pisos superiores. D e todas formas, que no fuese buscado no impide que en este edificio se al ternen diferentes aloj amientos de viajeros hasta bien avanzado el siglo XX 282 . Por último, quedan por revisar las casas del contorno de la plaza de S anta Catalina, importantísimo núcleo de posaderos en el siglo XIX que se prolonga durante el XX. T ampoco encontramos en este caso nada excepcional; antes bien, prevalece la i magen de conjunto con los parámetros que he mos descrito de la arquitectura tradicional de galerías (Fig. 54 ). Del antiguo es cenario, orquestado por la fuente como centro de reunión social, queda ya bas tante poco, práctica mente las casas del lado derecho de San Andrés, en las que por cierto, en esta etapa, aún no documentamos aloja mientos, aunque sí los habrá en fechas posteriores ( Fig. 55). Son las casas del lado izquierdo de la plaza ―técnicamente pertenecen a la calle de San Andrés― las que albergan mul titud de posadas de rastro difuso. Fig. 56: Alzado para San Andrés 66 antiguo de A C oruña. J. M . Noya, 1859. AMC, obras particulares, C- 494-38. Fig. 57: Proyecto de reforma para San Andrés 111-113, A Coruña. F . Domínguez Domínguez, 1875. AMC, obras particulares, C-498-29. Fig . 58: Proyecto para San Andrés 135-137, A Coruña. F . DomínguezCoumes - Gay , 1888. AMC, obras particulares, C-499-4. Ocupan por lo general edif icios muy modestos, como el del nº 66, que consta como posada entre 1836 y 1862. De esta dirección ha y un pro yecto fir mado por José M aría Noya, que siendo de 1859 aún ofrece una fachad a caren te de galería y absolutamente simple, dentro del orden académico, en la forma y distribución de los huecos ( Fig. 56 ). O co mo la casa de los números 1 1 1 y 1 13, un poco separada de la plaza y en la que no constan aloj amientos hasta 1882 283 . De ella hay constancia en un proyecto de reforma de 1875 de lo que podía ser una puerta cochera central, de ac ceso para carros y animales, normales en los estableci mientos de arriería ( Fig. 57). Bastante más se hace notar el edificio de los números 135 y 137, pues cierra el fondo de la plaza de Santa Catalina 282 Sobre los alojamientos posteriores de San Andrés 75 hablamos en la p. 291. 283 DÍAZ LÓPEZ 201 1, cuadro 1a del Catálogo, 1871-1882: “Pousadas de Salvador V arela Boquete” y “Fonda Universal”. 98 1. LOS ORÍGENES con una amplia fachada de cinco vanos y cuatro cuerpos de altura flanqueados los superiores por galerías (Fig. 58). En su solar se halla el posadero V incente González entre 1871 y 1882; pero es te edificio, s uscrito por Faustino Domínguez Coumes-Ga y en 1888, lo que representa es la arquitectura que viene después. El panora ma descrito corresponde con la tónica general de las fondas y hospedajes de las ciudades de Galicia, con independencia de matices locales, como puede s er el peso de las galerías y miradores. El denominador común es sobre todo tipológico : estos alojamientos en los albores del hote l no ofrecen ninguna diferencia con respecto al grueso de los edificios destinados a viviendas particulares. En conjunto, como resume Areal Alonso fijándose sobre todo en V igo, se trata de “casas de med iana altura, dun, dous ou tres pisos como máxi mo. Nas fachadas é normal o emprego de pedra de cantería combinada co morteiro de cal, así como o ferro e madeira para os balcóns dos pisos inter medios e gal erías dos pisos altos. T rátase de construccións sinxel as nas que é normal a ausencia de decoración e unha rigorosa orde na ubic ación dos ocos” 284 . Sin embar go, el peso de lo residencial en l a arquitectura para el viajero va más allá de ser un síntoma de precaried ad o inmadurez, y puede contemplarse incluso co mo parte sustancial en la defin ición de la personalidad del hote l. Sobre es ta cuestión intentaremos profundizar en el siguiente apartado. Fig . 59: Detalle de la f igura 1b de DÍAZ LÓPEZ 2 011, que muestra la situación de los principales alojamie ntos en A C oruña entre 1883 y 1950 re flejados sobre ortofoto reciente. En rojo los hoteles; en amarillo las fondas; en verde los hospedajes; en azul las posadas. Por lo que respect a al desarrollo de una tipología específica para el hospedaje, poco más podemos decir de este amplio período lleno de lagunas. Se trata, en definitiva, de una etapa escasa en hitos destacados, a la sombra del salto cua litativo que suponen los establecimientos posteriores. Pero en ella está el germen de este poster ior florec imiento, 284 AREAL A LONSO 1998, p. 31. 99 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) protagonizado por una serie de hos pedajes de peso que van a redoblar esfuerzos por ofrecer un esmerado servicio y una imagen más respetable y m oderna, cuando no suntuosa, a través de los edificios que ocupan. Como factor propiciatorio del cambio, el papel de determinado t ipo de viajeros que demandan otro tipo de hospitalidad va paralelo al de la actividad económica da la ciudad: el problema no se reduce a una fal ta de medios; es también una cuestión cultural. El viajero al que nos referimos es el que se ha denominado “gente decen te”, para el que se están reservando los pequeños lujos y distinc iones de los estable cimientos tradicionales 285 . De estos huéspedes, muchas veces bur gueses pudientes, co mo hombres de negocios o turistas acomodados, emana una mentalidad distinta, tienen la referencia de otros lugares y , no menos i mportante, traen dinero. El hecho es que la nueva realidad de los hospedajes solo se define en e l momento en que se tipifican nuevas formas de viajar y , sobre todo, cuando hacerlo por placer triunfa como signo de estatus: así germina la figura del turista contemporáneo. 1.2) U NA CASA P ARA EL V IAJERO : DEL ORIGEN DEL HOTEL AL CASO GALLEGO El concepto de hotel como hospedaje por excelencia se acuña emin entemente en el ámbito anglosajón a finales del siglo XVIII a partir de una palabra de origen francés empleada para designar un tipo de edificio. A partir de ahí, el hote l toma cuerpo con dos sentidos diferentes pero profunda mente interdependientes: por un lado, el hotel es un negocio, un es tablecimiento comercial que basa su actividad en la prestación de servicios de alojamiento y manutenc ión y , por extensión, una pi eza crítica de una industria que puede l legar a ser capital en la economía de un país; y por el otro, el hotel es una arqu itectura, un con tinente de de terminadas actividad es humanas que, por metonimia, pasa a representar sus contenidos físicos y simbólicos, encarnando así no solo las funciones de alojamiento confortable, sino también la personal idad y el prestigio de la institución. Esta dualidad semántica promete ser una constante a la hora de trazar una historia de los hoteles de las ciud ades gallegas. No son pocos los eje mplos que encontramos donde una misma arquitectura pasa por distintas funciones, ni menos aquéllos en los que, siguiendo el esquema inverso, el negocio hotelero peregrina por distintas arquitecturas de una misma ciudad. No obstante, considerando que nuestra prioridad es estudiar la dimensión arquitectónica del hotel, esta discordanc ia no supone un elemento de confusión; más bien nos hace reflexionar sobre el de morado ritmo con que penetra en Galicia la necesidad de una arquitectura específicamente hotelera o, dicho de otro modo, la nec esidad de un negocio que reúna tanto una maquinaria funcional co mo una i magen unitaria, estable e icónica que dé fe de su importancia social y urbana. Es el plan teamiento tipológico el que funda menta el estudio del hotel como entidad arquitectónica diferenciada, y ello es especialmente patente cuando se aco mete la tarea de trazar algo parecido a una genealogía de edificios. En este punto cobra sentido señalar , junto a los indudables ante cedentes hospederos, el papel jugado por la 285 ROJAS GIL 1978, pp. 360-62. V arias posadas manchegas ofrecen en 1804 atenciones especiales para esta clase de viajeros, mientras que les son negadas a los arrieros. 100 1. LOS ORÍGENES arquitectura de vivienda o residencial en la gestación y definición de las características específicas del hotel, s in perder de vista que las etiquetas tipológicas con que englobamos muy div ersas aportaciones no son sino categorías creadas com o una herramienta de conocimiento, y no como un fin en sí mismo 286 . No se pretende pues contradecir la esencial naturaleza hospitalaria de la hotelería, sino más bien de introducir una pers pectiva complementaria que se apo ya en muchos y variados ejemplos 287 . En nuestro caso nos interesa, en primer lugar , co mo realidad que precede ― y por tanto condiciona― la aparición de los primeros hoteles en Galicia a finales del siglo XIX y , en segundo lugar , porque veremos instalarse el grueso de estos establecimientos ―sin excluir a los mejores― en edif icios de viviendas. 1.2.1) D EL HOSTEL AL HOTEL : LOS T ÉRMINOS Y SUS IMPLICACIONES Al describir las relaciones de parentesco entre hotel y vivienda, debemos hacer una primera escala en la cuestión del origen de aquel término. Hotel, como es conocido, procede del francés hôtel, que antes de adopt ar el acento circunflejo apare ce escrito como hostel 288 . Denb y señala que el uso de l término en inglés con el significado de “an inn, especiall y one of a superior kind” data de 1765, para lo que se apo y a en la misma fuente que suministra a Pevsner varios ejemplos de us o de la mis ma época 289 . Pero no es el significado en inglés el que interesa s eñalar ahora, sino el original del francés, pues en él estrib a la conexión con la arquitectura residencial que ahora exploramos. S egún vemos desde las primeras ediciones del diccion ario de la Academia Francesa, hôtel hace referencia princ ipalmente a una mansión o casa grande de una persona i mportante, m ientras que solo secundariamente signif ica una gran “maison garnie” ―una casa amueb lada que se alquila total o parcialmente― 290 . Para 286 RIVERA BLANCO 1988 , p. 6: “el estudio tipológico, como procedi miento analítico, supone un útil medio, un instrumento concreto de verificación de los elementos reguladores de la historia y del contexto. Es en este sentido ―entre otros― en el que la tipología puede y debe ser entendida: sobre todo como vehículo de conocimiento, no como objetivo final”. 287 RUTES-PENNER-ADAMS 2001, pp. 4-7 . Nos centramos en el esquema de la p . 4: los autores también contemplan una contribución de carácter residencial, tal com o hemos citado en la p. 41. 288 Lo vemos co mo hostel, con el mismo si gnificado que posteriormente ofrece hôtel, en la primera edición del diccionario de la Acade mia Francesa (D I CTIONNAIRE 1694 , p. 572). 289 PEVSNER 1976 , p. 172; DENBY 1998, p. 26. Ambos autores hacen re ferencia a diferentes versiones del Oxfor d English Dictionary . 290 La pri mera definición que se da de hôtel es “grande maison d’un Prince, d’un grand Sei gneur , d’une personne de grande qualité”, mientras que “se dit aussi d’Une grande maison garnie”. Por su parte, maison garnie se define como “une maison meublée qui est à louer en tout ou en partie”. Relacionado con el término hôtel en su acepción de establecimiento de hospedaje, existe el de hôtellerie, que se de fine como “maison où les voyageurs & les passans sont logez & nourris pour leur arg ent”. Cfr . voces “hôtel”, “maison” y “hôtellerie”, en D ICTIONNAIRE 1740, 1762 y 101 Fig. 60: Hôtel de Beauvau, que opera como hôtel garni a principios del siglo XIX bajo el nombre de Prince de Galles y actualmente sede del Ministerio del Inte rior francés. D ibujo de J. B. Lallemand. Biblioteca Nacional de F rancia. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) esta acepción, que es la que más se aproxi ma a la idea de hospedaje, s e emplea en ocasiones la forma compuesta “hotel garni”, que Johanna Schopenhauer aplica en 1787 a la ciudad ba lnearia de Bath (Inglaterra) 291 y que, por la misma época, apar ece traducida al cast ellano como “casa grande de pos ada, donde se rec iben los forasteros y estrangeros de qualquier calidad que s ean, Príncipes y otros, para aloxarlos y darles de comer , si quieren” 292 . El punto de contacto en tre la concepc ión del hotel como alojamiento particular y privado de un aristócrata y su familia, por una parte, y co mo establecimiento público para el alojamiento te mporal de personas de diferente extra cción social, por la otra, se encuentra perfectamente retra tado en el París del Consulado (1799-1804) y del Primer Imperio (1804-1815). Si bien el a lquiler de casas en ausencia de sus señores es una fórmula que se registra con anterioridad, es la Revolución Francesa (1789-1799) la que da un decisivo impulso al hôtel garni al apropiarse por diferentes medios de los hoteles privados que habían proliferado en los barrios oeste y norte de París en las décadas anteriores y transfor marlos temporalmente en “maisons garnies” para proveer de ingresos a la nación o a un particular . En el contexto de persecución de los anteriores ocupantes de estas residencias, la misma palabra hôtel es proscrita por sus connotaciones aristocráticas, y no reaparece en el Almanach du comme r ce de Paris hasta 1802, donde designa “los establecimien tos destinados a los viajeros”. Así, en ese mismo año se documentan entre los más “elegantes, grandes y conocidos” el Hôtel de Courlande, el Hôtel de la Grange -Batelière, el Hôtel de l’E mpire, el Hôtel M irabeau y el Hôtel du Prince de Galles ( Fig. 60), a los que s e suma el Hôtel de Rich elieu en 1804. Se trata de establecimientos lujosos y caros, frecuentados por un públ ico de clase alta, y cu y a conversión de hôtel privé en hôte l garni no altera realmente la naturaleza del edificio: se produce prácticamente “tal cual”, sin obras específicas, sencillamente movida por una nueva ur gencia de rentabilizar el espacio privado, asu mido por el huésped como s ustancialmente idéntico al su yo 293 . No obstante, existe ya la percepción de una nueva realidad hotelera, descrit a así en 1820: «L es anciens hôtels, remarquables par leur magnificence, ne sont plus occupés par une seule famille noble comme autrefois. On y loue des appartements garnis, on en fait des boutiques, on cherche tous l es mo yens d’en tirer le plus d’arge nt possible. Le bel hôtel du vieux maréch al de Richelieu est maintenant un hôtel garni et le célèbre pavillon d’Hanovre est converti en boutiques. » 294 En cuanto al traslado del término a la lengua inglesa, Sandoval-Strausz apunta la posibilidad de que la colonia francesa en Londres influ yese en el hecho de que “las primeras estructuras a las cuales la palabra fue aplicada en inglés fuesen las casas porticadas del distrito de Covent Garden” 295 . Levantadas en la década de 1630, las elegantes terraces de la plaza a la italiana que pro y ecta Inigo Jones se destinan originalmente a residenc ia de aristócratas locales, entre los que se cuentan los miembros 1798. 291 PEVSNER 1976, p. 175. 292 V oz “hôtel garni”, en SÉJOURNANT 1786. 293 DU P ALAIS AU P ALACE 1998, pp. 20-23. 294 I bid., p. 20, citando a PLA YF A IR 1820, p. 120. 295 SANDOV AL-STRAUS Z 2007, p. 6. 102 1. LOS ORÍGENES de la Cámara de los Lores. Una vez que decae su atractivo entre la alta sociedad, entre 1730 y 1760 estas casas se abandonan como viviendas particulares y pas an a ser adaptadas para nuevos propósitos, acordes con el caráct er bohemio y lúdico que se había ido desarrollando al calor de la actividad teatral del barrio: se trata de coffee houses, taverns y hoteles que se nutren del carácter cosmopolita del vecindario, donde cabe contar la inmigración franc esa 296 . Sea o no decisiva esta influencia en la adopción del término, el hecho es que en Covent Garden “un hotel residencial de buena clase fue abierto en la vieja casa de Lord Archer en 1774, y durante los siguientes cien años o más Covent Garden gozó de una ahora olvidada popularidad como barrio hotelero” 297 . Nos interesa señalar aquí que la implantación del nuevo concepto de hospitalidad y de la terminología que la representa acompaña a una redefin ición de la forma de residir en la urbe, que dota a la vivienda ―incluida la de clase alta― de un carácter transitorio que contrasta con su tradicional visión como patri monio familiar a conservar . Este fenómeno, que s e hará del todo patente en la ciudad burguesa del XIX, encuentra sus pri micias en estos diseños monumentales de manzanas enteras donde, si bien la mor ada sigue manteniendo su carácter individual y privado, e l trasiego de ocupantes a menudo no permite establecer una vinculación estable con un determinado apellido. Para el caso de Covent Garden, es ilustrativa la historia que Jacobs ofrece de la casa “de Lord Archer” antes citada, en el ángulo oeste de la plaza ―43 de King Street―: desde 1636 y hasta 1774 en que David Low establece un hotel familiar que pasa por ser “el pri mero de su clase en Londres”, se con tabilizan al menos 8 “inquilinos” ― tenants ―, de los cuales el más famoso quizá sea Edward Russell, Conde de Orford, como recuerda actual mente una placa en la fachada 298 (Fig. 61). Si acud imos al tér mino inglés por excelenc ia con que se designan los aloj amientos de via j eros a finales del siglo X VIII ― y aún ho y vigente―, hal lamos un hecho llamativo. La palabra inn a que nos refer imos ofrece, siglos antes, un parecido desplazamiento de significado a l de la palabra hôtel: en el idioma anglosaj ón del que proviene, significa “a dwelling, house, chamber , lodging” 299 , por lo que alude de maner a general al alojamiento o la habitación, con independencia de su carácter puntua l o permanente. Este sentido se acaba perdiendo en el sustantivo inglés, donde se hace mención expresa de su destino a viajeros ―o bien a estudiantes en el caso particul ar de las inns of court ― 300 ; s in embar go, a mediados del XVIII aún encontramos en algunos diccionarios una acepción curiosamente fa miliar: “el antiguo no mbre de las casas 296 I bid., pp. 6-7. 297 SHEPP ARD 1970, pp. 1-18. 298 JACOBS 1913, pp. 33-37. 299 BOSWOR TH 1898, p. 594. 300 Cfr . la voz “inn” en: SHER I DAN 1780; PERR Y 1788 ; BARCLA Y 1792; JOHNSON 1792. 103 Fig . 61 : Vista de Covent Garden, Londres. El 43 de King Street ( ant. 4 2) es el edificio co ronado p or u na peineta en la esquina superior izquierda de la plaza. Grabado de Sutton Nicholls, c. 1720. Biblioteca del Congreso de EE . UU . Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) grandes de los nobles, obispos, etc.” 301 . Hablamos probabl emente de la punta del iceber g: residenc ia y hospedaj e suelen aspirar al mismo concepto de hogar , y así se aprecia también en lenguas como el castellano o el portugués, donde la posada/pousada ―el más trad icional alojamien to público― alude aún ho y a la “casa propia de cad a uno donde habita” 302 , e incluso, señala Ford, “se aplicaba orig inalmente a las viviendas de las clases alt as” 303 . Con este sentido, Borer señala para las inns inglesas su acepción de “mansión” ―¿pero no era una mansio en la antigua Roma sino la principal clase de hospedaje?―, y pone el ejemplo de casas de la nobleza como la W arw ick Inn, town house londinense de los Condes de W arwick, donde en 1458 se a loja una comitiva de seiscientos hombres 304 . T ambién la histor ia de la hotelería británica de Borer ―de carácter divulgativo― sigue el hilo conductor de la historia de la hospitalidad, al punto de inter esarse por cualquier hospedaje desde la misma romanización de Britania. Sin embargo, cabe tener en cuenta sus referencias a casas nobles de diferente época amoldadas a la actividad hospitalaria, como la residencia de los Condes de Bath en Barnstap le, convertida en la Golden Lion Inn, o la del Conde de Shrewsbur y en Chester , donde se instala la también inn Bear and Billet (Fig. 62). En cuanto a Londres, dibuja un escenar io de viviendas a disposición del viajero pudiente en “las grandes town houses de la aristocracia [que] servían como hote les para nobles de visita”. Es el caso del palacio Savo y , construido en el siglo XIII justo donde ho y se levanta el Hotel Savo y: los cientos de huéspedes que Pedro II de Sabo y a aloja en él llevan a Borer a ca lificarlo como “ el primer hotel de Londres” 305 . En el ámbito rural, ha y que señalar el pape l atribuido a otra clase de caserones s eñoriales: las manor houses. Borer dice de ellas que, durante los siglos XIII y XIV , suelen dar acogida gratuita por una noche y que su tradición hospitalaria se manifiesta incluso en ausencia de sus señores, cuando la servidumbre se encarga de anunci ar su disponibilidad al viajero. D y er por su parte señala que la apertura de estos lugares a los visitantes ha sido exag erada, aunque aún reconoce una parte de verdad a juzgar por el control escrito que casas del siglo XIV llevaban sobre sus huéspedes, o los pagos que en realidad recibían los anfitriones, o que la acogida a indigentes fuese “ costumbre” antes de 1350, o que aún en 1391-92 la comida consumida por forasteros en la casa de los T albot representase un tercio del total 306 . En cualquier caso, esto no cuestiona el relato de Borer según el cual, a partir del siglo XV , esta c lase de hospitalidad cede al des arrollo de los estab lecimientos comerciales y de le yes que los favorec en, como la que en 1425 prohíbe a los viajeros 301 DYCHE-P ARDON 1760. 302 Es esencialmente la misma definición que la RAE da desde 1737 (cfr . NUEVO TESORO LEXICOGRÁFICO , en línea, consultado el 15-II-2015). 303 FORD 1845b, vol. 1 , p. 22. 304 BORER 1972, p. 19 . 305 I bid., pp. 27-28 y 57. 306 DYER 1989, p. 99. 104 Fig . 62: Bear and Billet Inn, en Cheste r . Acuarela de Louise R ayner , c . 1924. Wikimedia Commons. 1. LOS ORÍGENES alojarse con amigos, conocidos o en otros lugares que no sean “hostelleries, unless (...) they were persons of consequence, with a great retinue” 307 . Si he mos destacado algunos antecedentes del ámbito anglosajón frente a otras variedades vernáculas, es porque en Inglaterr a se fragua buena parte del cambio de modelo: los términos inn y hotel, en su origen asociados a una rea lidad doméstica y privada en s us respectivas lenguas, en inglés pasan a aplicarse prioritaria mente a alojamientos de carácter público, el uno ceñido a los dominios de la Inglaterra med ieval y moderna, y el otro converti do en el referente internacional de la hospitalidad contemporánea 308 . Son los ingleses de cl ase adinerada, devotos practicantes del Grand T our , un agente capital en la generalización del nuevo concepto de hotel y , por extensión, en la apar ición del turismo moderno: desde finales del siglo XVIII, se va haciendo palpable en el Continente un nuevo estándar de comodidad ligado a la visión del hogar de estos viajeros 309 . Así se expresa Papworth en 1838 sobre la importancia que conceden al hogar al hablar de una villa del londinense Regent’ s Park: « The desire to congregate about him in his dwelling and domain all the means of domestic comfort, is a prominent f eature of the character of an Englishman; and he there la y s up his chief resources against the cares of life. His home is the depository of his most interesting pleasures, the anticipated enjo y m ent of which gives energy to his mind (...)» 310 Principales consumidores de los mejores alojamientos del momento, los ingleses se empapan de la estética m eridional, la importan masivamente a sus country houses geor gianas y al tiempo la reflejan en los nuevos hotel es, cuyo comfort se opone a lo “no inglés”. En el mismo puerto de entrada a Francia de los viajeros británicos, Calais, se encontraba uno de los hospedajes más grandes de Europa, el Dessin, que aunque varias fuentes denominan inn, se conocía como Hôtel de l’Angleterre y se consideraba “equipado al estilo inglés” 31 1 . Y otro Hôtel de l’Angleterre, s eñalado como el primer alojamiento de esta clase en Copenhague, se instala en 1795 en una antigua mansión 312 : su dobl e alusión a Francia e Inglaterra co mo refer entes hoteleros en la Europa del cambio de siglo y su condición de palacete reciclado en hos pedaje señalan una última vez los ejes del apartado que conclui mos. 307 BORER 1972, p. 28. 308 Y a nos he mos re ferido al significado en inglés de inn en la nota 300. Respecto al de hotel, es interesante hacer un seguimiento de su presencia en el diccionario de Johnson, uno de los más influyentes en la historia del in glés: si bien la palabra hostel se toma prestada del francés a finales del siglo XVIII con el único significado de “an inn”, no es hasta principios del XIX en que aparece escrita hotel, sin la s ― y a muda― ni el acento circunflejo (Cfr . voces “hostel”/“hotel” en: JOHNSON 1792, 1805, 1810, 1823, 1834). 309 Aunque posterior , es ilustrativa la opinión sobre el gusto “teutón”, en especial in glés, de SHELLEY 1909 , p. V : “For all races of T eutonic origin the claim is made that the y are essentiall y home-loving people. Y et the Englishman of the sixteenth and seventeenth and eighteenth centuries, especiall y of the latter , is seen to have exercised considerable zeal in creating substitutes f or that home which, as a T euton, he ought to have loved above all else”. 310 PUGIN-BRITT ON -LEEDS 1838, vol. 2, p. 350. 31 1 PEVSNER 1976, pp. 172, 178 y 191-92; DENBY 1998, pp. 22-23. Es el modelo inglés el que Ford contrapone cuando e valúa los alojamientos de España: “there has been no demand for those comfortable hotels which we [los ingleses] have taught the Continent” (FORD 1845b, vol. 1, p. 21) . 312 ORMESSON 1984, p. 38. T ras incendiarse el edificio original en 1795, el An gleterre lo instala Gottfried Rau en la mansión del siglo XVII llamada Grams Gård, que había sido de Friedrich von Gram . 105 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) oferta de la c iudad hasta 1880, cuando Dickens, pese a recono cer las m ejoras que se habían producido, afir ma que “in proportion to its size, London is sti ll far worse provided (...) than most of the great Continental or A merican towns”. En lo que toc a al aspecto arquitectónico, más concretament e tipo lógico, resulta llamativa la apreciación de J. T imbs de que “a few privat e houses knocked somehow into one have been thought a large and grand hotel, for it is onl y within the last few years that the obvious necessit y which existed for constructing a building speciall y for Hotel purposes has been slowl y recognised in this country” 348 . Con todo, llegado ese recono cimiento de la necesidad del edificio especializado, aún encontramos alguno de los pri meros e infrecuen tes bloques de pisos prestándose a finales de siglo a la función hoteler a. Es el caso del llamado Hyde Park Court, terminado en 1890 y conver tido en hotel en 1900; o el W alsingham House Hotel, construido en 1887 como edifi cio de viviendas y demolido pocos años después para dejar paso al Ritz 349 , edificio este último que nos sugiere las fachadas de la parisina Rivoli y cuya última ampliación ( 2006 ) incorpor a una aristo crática town house llamada W illiam Kent House en alusión a su arquitecto 350 . Si Inglat erra inspira los pri meros hoteles en Europa, los Estados Unidos, que apuestan fuerte por la tipología desde un principio, reavivan en la segunda mitad del XIX la influencia anglosajona mediante un modelo basado en el gigantismo, la alta capacidad y la cal idad de or ganización y equipamiento. Respecto a la re lación entre el hotel y el edificio de viviendas, lo que en el caso inglés calificamos de paradójico también es aplicable al estadounidense: un mismo apego a la casa unifamiliar y una misma defensa de los valores del hogar tradicional guían a los crí ticos de los nuevos hábitats apilados que se asocian a la part e continental de Europa, mie ntras que son las perspec tivas progresistas, como la del feminismo, las que hacen una apuesta más clara por la vida de hotel. Sandoval- Strausz resuelve la paradoja a partir de una sencilla apreciación : “hote ls were the first practical purpose-built multiple dwellings in United States history ”, lo que le permite ar gumentar que los “hotels offered the nation’ s urbanites a new wa y to dwell b y pioneering new architectural spaces”. Los hoteles americanos, tradicionalmente usados como vivienda por una amplia proporción de huéspedes, modelan de for ma evidente el edificio de apartamen tos, que ―al contrario que el tenement obrero― suele excluir estancias co mo la cocina del área privada, pues las faenas domésticas se llevan a zonas comunitarias del edificio donde las atiende personal específico. Es el caso del Hotel Pelham de Boston (1857), pionero en su clase que es solo una muestra de la aplicación del término hotel a edificios multivivienda 351 (Fig. 68). 348 Citas tomadas de OLSEN 1976, pp . 93 y 95. Véase también BONIF ACE 1981, introducción, sin paginar . 349 CLUNN 1951, pp. 195 y 376. 350 BINNEY 2006, pp. 150 y ss. 351 SANDOV AL-STRAUS Z 2007, pp. 263-283; GROTH 1999, p. 52. 1 12 Fig. 68: Hotel P elham, Boston. F oto de Alfred Stone, 1869. 1. LOS ORÍGENES Caso bien diferente es el español, donde se s igue en general la tendencia continental: el diccionario de Madoz, editado entre 1846 y 1850, ya apunta la proliferación en las principales poblac iones de edif icios más altos ―hasta s eis plantas en algunos casos― en los que se multiplica el número de viviendas 352 . Con la le y de arrendamientos de 1842, esta clase de edificio recibe un impulso capi tal que lleva a s u generalización en los ensanches bur gueses de la segunda mitad de siglo, escenarios donde la vivienda s e convierte en lucrativa mercancí a 353 . Pero la casa de alquiler , lejos de ser una novedad, ya demuestra su puj anza en la década anter ior , cuando Larra dice que “sur gen de la noche a la mañana por todas las calles de M adrid” con “ más balcones que ladrillos y más pisos que balcones”. S u retrato de las nuevas casas madr ileñas plantea, como Dal y unos años más tarde, la metáfora del viajero, poni endo en boca de los caseros: “apiñemos gente en estas dil igencias paradas, y vivan todos como de viaje” 354 ; nada raro, teniendo en cuenta que los grandes inmuebles parisinos se tienden a clasificar como los vagones del tren: de primera a tercera clase en función de as pectos como su lujo o situación 355 . Fig . 69: Puerta del Sol de Madrid , c. 1870. Foto de de J. Laurent. Al fondo el Hotel de P arís y a la izquierda el de Los P ríncipes. https://commons.wikimedia.org/ wiki/File:Puerta_del_Sol_(Laurent)_detalle.jpg Fig . 70 : Anuncio del Gr and Hotel des Ambassadeurs de Madrid, e n 1890. T omado de BESAS 2009, p. 195. Al exterio r , desde el rigor neoclásico a la explosión ecléctica, se produce un efecto de nor mativización y estandarización derivado de la visión ordenadora ilustrada, que se plasma en el desarrollo de políticas de regul arización de las fachadas 356 . De todas formas, en Madrid, esta idea de s eriación del al zado aparece magistralmente plas mada en ejemplos tan tempranos como la Plaza Ma y or , con la que “se inauguró en España una manera de vivir concentrada, en la que en una casa podían suceder simultánea mente acontecimientos tan dispares co mo un nacimiento, una boda y un velatorio” 357 . E n e l 352 QUIRÓS LINARES 1991, pp. 63-65. 353 GARCÍA FILGUEIRA 2006, p. 16. 354 Citado por ibid., pp . 12-13. 355 SAZ A TORNIL RUIZ 1996, p. 175. 356 ANGUIT A CANTERO 1997, pp. 189-192. 357 BONET CORREA 1982, p. 134. 1 13 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) capítulo de vivienda proletaria, que suele omitirse en las referencias que da el Madoz, no nos resistimos a dejar de mencionar las tradicionales corralas, cu ya organización en galerías superpuestas en torno a un patio evoca vivamente la típica de las inns inglesas, también ligadas en su origen con usos teatrales. La zona de la Pue rta del Sol de Madrid, donde proliferan los nuevos tipos de viviendas de alqu iler que retratan con curiosidad autores co mo Mesonero 358 , tiene un interés especial en lo rela tivo al hospedaj e. Hasta mediados de siglo no ha y otra cosa que fondas en la cúspide de la pirámide de es tablecimientos, si bien los testigos de la época ya reconocen su inferior categoría con respec to a los hoteles extranjeros. Por ello, defienden como preferible el alojamiento en casas de huéspedes, donde el visi tante encuentra ma yor amplitud y comodidad por un mejor precio, pudiendo incluso valorar el ambiente familiar; o en su defecto, ani man al alquiler de un piso o aparta mento amueblado o vacío a poco que la estancia se alargue 359 : a tal punto llega la precariedad de aloja mientos públicos en Madrid, sin duda heredada de lo que era co mún en los siglos anteriores 360 . Las cosas comienzan a cambiar en l a década de 1860, poco después de la re modelación que dota a las fachadas de Sol de su ac tual unifor midad 361 . En 1864, se inaugura en esta plaza el que será “el hotel más elegant e del s iglo XIX en Madrid”, el Hotel de París, que cuenta con pro moción francesa y coincide con la apertura de la línea ferroviaria entre París y Madrid 362 . El valor que el hotel concede a su marco arquitectónico es evidente; sin embargo, su fachada, como la de otros de las inmediaciones, no busca distinguirse del conj unto ( Fig. 69). En cualquier caso, más all á de la cuestión de las fachadas, la debilidad del elemento tipológico se demuestra en los mismos afanes por atajarla: por eje mplo, en 1890, el Grand Hotel des Ambassadeurs, uno de los importantes de la zona, presu me de haber sido “construido expresa mente para hotel” (Fig. 70). ¿Cabría es perarlo de una iglesia, de un teatro o de una es tación de tren? 1.2.3) G ALICIA : DE LA CASA AL HOTEL El objetivo de este apar tado final del capítulo es introducir de manera concisa el panorama del alojamiento en Galicia con la perspectiva desarrollada hasta ahora, la del papel que juega la vivienda en la definición del hotel. En pri mer lugar , se impone reconocer un abrupto cambio de escala: luego de tr atar los centros del sistema urbano occidental, como es el caso de París y Londres, procedemos sobre una constelación de ciudades pequeñas, periféricas respecto a aquellos centros de influencia y marcadas por una socieda d em inentemente agraria, cu ya carencia de una míni ma infraestru ctura hotelera hasta el último cuarto del XIX dificulta un seguimiento en para lelo de la cuestión. Pero precisa mente porque es de los polos metropolitanos de donde e manan las nuevas ideas s obre el hospedaje y su i magen, no cabe sino asumir el desarrollo del hotel 358 El Obser vador , «Una casa en el barrio de las Platerías », en Corr eo literario y mer cantil, nº 48, 31-X-1828; El Curioso Parlante (R. Mesonero Romanos), “Las casas por dentro”, en Cartas Españolas, cuaderno 59, 5-V I-1832. 359 BESAS 2009, pp. 89-1 18. 360 L AMPÉREZ Y ROMEA 1922, p. 507: frente a las posadas de los caminos, “los alojamientos de lujo de las ciudades estaban en casas particulares, sin ning una disposición característica”. 361 HERNANDO CARRASCO 1989, p. 457. 362 BESAS 2009, pp. 192 y 208-209 . 1 14 1. LOS ORÍGENES en Galicia como un proceso de importación o de colonización cultural que comienza desde el momento mismo en que los viajeros foráneos con traponen la realidad local con la de sus países de origen. Al hilo de los apartados anteriores, tratamos en éste dos ámbitos: el de la casa propiamente unifamiliar , con independencia de s u tipología específica, y el del inmueble de viviendas burgués, normalmente entre medianeras, ya se trate de un gran bloque de alquiler ―caso infr ecuente― o, en el extremo opuesto, de una casa modesta con bajo y dos pisos. En el primero de los casos encu adramos algunos de los estable cimientos puntuales de los que sabemos a través de las noticias de los visitantes des de finales del siglo XVIII, incluyendo alguna referencia a establecimientos de carretera, pero también a caserones o cha lets urbanos no concebidos para dar alojamiento a una multitud de huéspedes. Ha y que señalar no obs tante que, paradójicamente, es muy común el uso de la palabra “hotel” u “hotel particular” para aludir a la tipología del chalet hasta principios del siglo XX, lo que mantiene viva la acepción original 363 . Por su part e, dentro del segundo grupo incluimos la in mensa ma yoría de los primeros hoteles urbanos gallegos, que mu y raramente se valen durante el siglo XIX de una arquitectura a propósito para hotel y no tienen reparos en adoptar de forma gener alizada edificios preexistentes destinados a viviendas. Este fenómeno se acompaña de la paulatina renovación del parque inmobiliario que promueve la burgue sí a y que, en última instancia, produce una paradoja aún vigente en Galicia: la fuerte implantación de la casa unifa miliar , coher ente con el carácter rural del país, contrast a —como no sucedía en el caso anglosajón— con una fuerte asunción del modelo de casa de pisos en los núcleos urbanos. Un caso aparte es el de los hoteles de balneario, fuertemente orientados al turismo y con aparente predominio del edificio ad hoc, exento y de ta maño ma y or: s on aspectos que los singularizan frente a los hotel es que con may or frecuencia encontramos en las ciudades, que es el ámbito en que nos movemos. No obstante, con ello no pretendemos minimizar los muchos aspectos que los hoteles de ba lneario comparten con los aquí tratados, como su condición de enclaves urbanos en un sentido amplio ―arquitec tónico y social, pese a refugiarse en la naturalez a― o su asociación a procesos de colonización cultural con notable participación anglosajona 364 . La cuestión que nos interesa es así de sencilla: ¿re conocen los viajeros un hot el ―u hospedaje afín― nada más verlo? ¿Ha y en su arquitectura, en su imagen, una mínima sugerencia de su función? ¿O solo un rótu lo ―si lo ha y― y la propia actividad que se desarrolla en su interior le dicen al huésped dónde se encuentra? 363 Lejos de estar olvidada, esta acepción aún se conserva en español, donde “hotel” puede aludir a una “casa más o menos aislada de las colindantes y habitada por una sola familia”, según definición de la RAE. Dos ejemplos entre muchos de este uso los vemos en relación con el chalet que el arquitecto Nemesio Cobreros se constru y e en Lugo en 1888 (p. ej., en El Corr eo de Lugo, 27-VI-1900, p. 2) y con “la serie de hoteles de la Ciudad Jardín” de A Coruña (GUÍA 1927). 364 Véase por ejemplo el caso del balneario de Mondariz según lo expone IGLESIAS VEIGA 2014, pp. 1 18, 136 -153 y 167 (donde cita a LEBOREIRO AMARO 1994). 1 15 Fig. 71 : Edificio númer o 33 de Preguntoiro, Santiago de Compostela, donde en 1878 se traslada la fonda Ferrocarrilana. Foto propia. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) En lo que toca a los alojamientos de fines del XVIII, nos vemos limitados a interpretar los testimonios de los viajeros: no mencionan ―ni tampoco parecen esperar― elementos que dist ingan sus hospedajes co mo tales, ni en el aspecto visual ni en el funcional, e incluso les atribu y en los mismos defectos que al resto del caserío. As í, de las referenc ias que nos dan Adams, Southey o Humboldt en sus res pectivos pasos por Galicia, no podemos extraer una i magen concreta de los es tablecimientos en que se hospedaron, pero sí pode mos figurarnos que no se trataba de edificios especiales o destacados, sino más bien de casas ordinarias que co mpartían con el resto su carencia de comodidad 365 . No obs tante, en algunos casos, sí se puede deducir el carácter privado de algunos aloja mientos, como el que Adams se ve obligado a tomar en Ferrol, “en la calle de la Madalen a, j unto coca, en casa de P epala Botoneca”, en vez de una de las dos “taverns” existentes en la población 366 . Casos como éste, donde un al to diplomático debe instalarse a disgusto en una casa de huéspedes que ni pasa por tav ern y con una casera molesta pese a es tar en uno de los principales puertos de guerra del reino, dicen mucho de la oferta disponible al viajero. Adams plas ma el carácter doméstico con ma yor detalle al salir a la carretera, donde se aloja en pobres casas que ahora sí se detiene en describ ir: no se distinguen de las de un labrador cualqui era 367 . Y otro tanto hace Southey , que repite características como la aus encia de chimenea y la convivencia en la planta baja con el ganado, generalizadas en un Camino Real donde la es casa promoción estatal de alojamiento fracasa 368 . T odo ello cone cta con los modos más arcaicos del hospedaje en el rural ga llego, en el que las propias casas de labranza ejercen de aloja miento para multitud de trabajadores a mbulantes, a los que acogen en condiciones muy similares a las descritas por distinguidos viaj eros como los que acabamos de reseñar: “era usual durmir nos alboios, nas cortes, nas palleiras e nas lareiras das casas, sobre unha pouca palla que facía colchón e envoltos nunha manta” 369 . La ausencia de menciones a hoteles confirma la puntualidad del Hotel du Grand Amiral conoc ido por Adams en la Coruña de 1779, un albergue regentado por franceses donde aún colea la acepción residencial de hotel 370 . Posadas y fondas son l as que hospedan a los visitantes de las ciud ades gallegas durant e la ma y or part e del siglo X IX, pero las escasas s eñas que se dan de su situación y aspecto obligan de nuevo a la deducción a partir de los testimonios de la época. Borrow , por eje mplo, menciona en Lugo una posada que, al menos por s er “vasta”, destacada en un promontorio, con bastantes habitaciones y con un corredor abierto a m odo de s olana, no se presta a colaborar en nuestro plant eamiento; sin embar go, las pequeñas poblaciones, especialmente cuando están fuera de las vías principales de co municación, siguen 365 DÍAZ LÓPEZ 201 1, pp. 38-39. 366 ADAMS 1964, vol. 2, pp. 406-407. LLORCA FREIRE 2018, pp. 308 -309, siguiendo a GONZÁLEZ LÓPEZ 2005, da a entender que Adams se hospeda en una de las dos taverns de la ciudad. Nosotros no lo entendemos así. Las ediciones en inglés que manejamos dicen prácticamente lo m ismo: “W e have lodged en la Calle de la Madalena , junto coca, en casa de Pepala Botoneca. (... ) There are but t wo taverns in this town. Captain Chavagnes and his of ficers are lodged in one, at six li vres each per da y ; the other is kept b y a native of America, who spea ks English and French, as well as Spanish, and is an obliging man. Here we could have lod ged at a dollar a da y each; but we were obli ged to give one hundred and twenty-nine dollars for six days, besides the barber , and a multitude of other little expenses, and besides being kept constantly unhappy by an uneasy landlady . ” (to mado de ADAMS 1851, pp. 232 y 234). 367 ADAMS 1964, pp. 415-419 . 368 SOUTHEY 1797, vol. 1, pp. 43 y ss. Indica que Floridablanca ha levantado en Guitiriz una “casa muy buena diseñada para posada” que nadie arrienda. 369 FIDALGO SANT AMAR I ÑA 1997, p. 398. 370 DÍAZ LÓPEZ 201 1, pp. 29-30. 1 16 1. LOS ORÍGENES acusando la falta de aloj amientos apropiados: en Fisterra, Borrow debe hospedarse en casa de un co merciante tras la infructuosa bús queda de una po sada o venta, que previamente cree haber encontrado en una casa particular 371 . Fig. 72 : Anuncio del Hotel Continental de A Coruña, 1890. T omado de F A GINAS ARCUAZ 1890. Fig. 73: Anuncio del Hotel L a P e rla de A Coruña, inaugurado en 1911. T omado de GUÍA 1912. En Galicia, como en el resto del Estado, la fonda ― y no la posada― es la principal categoría hospedera urbana antes de la difusión del hote l. Al alcanz ar la década de 1870, comenzamos a documentar una amplia nómina de estos estableci mientos 372 , los cuales, unos efímeros y otros con proyección hacia el siglo XX, en lazan ya con la aparición de los primeros hoteles. La falta de espacio nos i mpide detallarlos aquí, pero sí podemos mencionar algunos casos representativos donde el edificio de viviendas sirve de marco a su actividad. Así sucede en A Coruña con el edificio de San Andrés 75 (Figs. 48 y 49), por el que pasan varios establecimientos desde 1871 con denominaciones tan diversas como las de fonda, hospedaje, pupilaje o incluso hotel 373 . Como es habitual en esta época, la documentación no hace mención expresa del destino a viviendas ni acompaña plantas del interior que atestigüen un supuesto ajuste a funciones específicas, pero es en este punto donde convi ene s ubra y ar la correlación entre iconografía de fachada y tipología edilicia: el encaje entr e medianeras, la multiplicación de los pisos en altura, la regularización y ampliación de los vanos, las galerías de los pisos altos y el énfasis del principal, todo ello con una piel cada vez más ec léctica, caracterizan la casa bur guesa que prolifera en A Coruña al servicio tanto de una dignificación artística de la vivienda como de su rentabilización vía alquiler . En este sentido, poco tiene de hotelero el piso 371 BORROW 1843, vol. 2, pp. 142-144 y 253-254. 372 Para el caso coruñés, véase nuestra catalogación en DÍAZ LÓPEZ 201 1 , pp. 175-204. 373 I bid., pp. 41 y 1 10 -1 1 1. 1 17 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) añadido que le proyecta J . de Ciórraga en 1894, al limitarse a reproducir el alzado preexistente en lo que constitu ye una obra menor típica de la época 374 . Por su parte, V igo también cuenta con una nutrida nómina de fondas cuya imagen, a juicio de Areal Alonso, no se diferencia de “otras edificaciones destinadas a viviend a particular” 375 . Las fondas compostelanas tampoco construyen s us edificios a med ida: as í la Suiza, establecida en 1878 en Conga 8 ( Fig. 203) o la Ferrocarri lana, que se muda a Preguntoiro 33 en el mismo año, son prec edidas por difer entes inquilinos y hasta conviven con residen tes estables en otros pisos, co mo el propietario del inmueble, conforme al uso habitu al 376 (Figs. 71, 191 y 192); incluso puede ser la fonda la arrendadora, como la de Re y , en la Praza da Universidade 5, que en 1879 ofrece un piso “con s u cocina independiente” 377 , o la que opera en 1903 en la Rúa N ueva coruñesa, que pro y ecta un piso específicamente co mo “vivienda independiente para el arrendamiento” 378 . Pero más frecuente es que la fonda sea un inquilino más, que peregrina por la ciudad llevando su marca a cuestas 379 , lo que en bastantes casos expl ica la multiplicación de idénticos no mbres en diferentes do micilios, o incluso que la fonda contrate apartamentos adiciona les en otros inmuebles en función de la demanda 380 . Fig. 74: Vista del H otel Continental de Vigo, c. 1920 . T arjeta pos tal. Colección Antonio Cancela. Fig. 75: Vista de la Casa Ca runcho en el Cantón coruñés , que acogerá el P alace Hotel a partir de 1916. Grabado. La Ilustración Gallega y Asturiana, 1879. En paralelo al proceso de ornamentación, monumentalización e individualización, el edificio de viviendas bebe de la idea planificadora de raíz ilustrada, lo que además de favorecer cierta unidad del conjunto urbano, incide en l a paulat ina estandarización y regularización de los diferentes pisos o apartamentos empezando por su imagen hacia la calle. Ejemplo de esta tendencia es el citado edificio de la Ferrocarrilana santiaguesa, que en 1875 sustituye su ático achaparrado, conforme al esquema tradicional, por un 374 AMC, obras particulares, C-498-4. SÁNCHEZ GARCÍA 1997 , p. 159: este tipo de obras de sobreelevación se documentan con frecuencia desde mediados del X IX, como ejemplifica el caso del arquitecto F . Do mínguez en A Coruña. 375 AREAL A LONSO 1998, p. 31. 376 AHUS, si gs. AM1090, AM1 101 y AM1 128 (padrones de habitantes de 1875, 1877 y 1880 respectivamente, para las direcciones Conga 8 y Preguntoiro 33). AM557 , fol. 178 y ss.; AM555, fol. 255 y ss . 377 Gaceta de Galicia , 26-X I-1879, p. 4. 378 Véase apartado 3 .1.3.1 de este trabajo. 379 DÍAZ LÓPEZ 201 1, pp. 51-52. 380 Gaceta de Galicia , 6-VII-1904, p. 3: “el Hotel Suizo, la V izcaína, Europa y Petit Christián, arrendaron temporalmente domicilios, que destinarán a hospedaje”. 1 18 1. LOS ORÍGENES cuerpo de la altura de los restantes ( Fig. 192); o las múl tiples intervenciones destinadas a sobreelevar y regularizar viviendas antiguas, como las que afectan a la también citada fonda de Rey 381 o al edificio nº 1 de la Senra ―por seguir con Compostela― que procura parchear su irre mediable aspecto rústico, si bien no le hemos conocido otra función que la de hospedaje desde que fuera Parador de la Fraternidad hasta el más conocido Hotel Petit Christian, pasando por otros nombres 382 . Las cara cterísticas que se generalizan en el nuevo caserío van a resultar idóneas para los nuevos hoteles, que además de sintonizar con sus valores estéticos, ven facilitada la extensión y seriación de su actividad. A finales del XI X y durante las pri meras décadas del XX, tant o los hoteles principales como los más modestos se instalan de manera habi tual en edificios de viviendas y asumen por tanto su mismo lenguaje hacia la calle. Las más notables excepciones, co mo los hote les ad hoc ferrolanos de R. Ucha, no dejan de ser una confirmación de la segunda pre misa, y otro tanto sucede con los Miño y Barcelonesa ourensanos (D. Vázquez-Gulías), cu ya ambigüedad tipológica inicial ―pro y ecto li mitado al alzado de fachad a y ausencia de mención exp lícita de destino― vuelve a evidenciar la ausencia de una concepción hotelera e mancipada de los cli chés residenciales. Estos cli chés se plasman a través de estilos diversos que pueden ir desde la sencillez de los coruñeses Continental (apartado 2.2.2) o La Perla (apar tado 3.1.3.2), con su a ire autóctono al que col aboran las galerías (Figs. 72 y 73), al vibrante ecl ecticismo neobarroco del Moderno vigués (apartado 3.2.1), de clara raíz francesa. Son los grandes bloques de viviendas los que mejor anuncian la evolución a la larga del hote l: Cont inental de V igo (apar tado 2.1.1) y Palace de A Coruña (apartado 3.1.2), fundado el segundo más de 40 años después de la construcción, se convierten en protagonistas urbanos gracias al porte de sus respectivos edificios que, sin renunc iar a la clásica j erarquía de cuerpos, s e valen de una inusual amplitud de solar para mostrarse como contundentes bloques de co mposición regular (Figs. 74 y 75). Exploran así, de manera pionera en nuestras ciudades, la posibilidad de un modo de aloja miento racional y seriado que dé salida a situaciones de alta de manda, pero su plas mación aún dista de ser eficiente y convincente, lastrada por un sanea miento raquítico, la compartimentación irregular , habitaciones interior es, etc. (Fig. 76). En el otro extremo, tenemos las casas unifamiliares, que no dejarán de ser vist as como adecuadas para instalar nuevos hoteles. D os buenos ej emplos del siglo XX son el santiagués Hotel España, fundado en una casona barroca de la Rúa Nova en 1926 (apartado 4.2.5.1); y el lla mado Chalet Losada de Ourense, que pervive exento en medio de un solar urbano hasta la década de 1960 ( Fig. 77). Pero el primer hotel gallego que adopta un caserón del XVIII es el Méndez Núñez de Lugo, que nace en la antigua mansión de los Gil, en la Praza Maior , en 1880, y no desaprovecha la ocasión de presumir en sus pri meros años de su luj o castizo, ni tampoco de la modernización, tiempo después, de sus vanos y alturas en los términos ya co mentados. Al modo del 381 Véase p. 217 de este trabajo. 382 Véase p. 221 de este trabajo. 1 19 Fig . 76: Proyecto de ampliación del P alace Hotel de A Coruña. Planta de distribución del n uevo piso. P . Mariño, 1 924. AMC, obras particulares, C-491-30. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Europa y el Francia coruñeses, integrados por pares de casas originalmente independientes, otros cuatro edif icios vendrán a su marse para completar la historia del Méndez Núñez, lo que nos evoca aquella antigua quej a sobre los hote les de Londres: “ a few private houses knocked somehow into one ...”, dan como resultado, co mo si del juego de monopoly se tratase, un hotel 383 . En conclusión, reiteramos que, entre los primeros hoteles urbanos gallegos ― y aún los que aparecen en las primeras décadas del XX― es absoluta mente normal prescindir de un pro y ecto específico para hotel, en favor de un uso generalizado de arquitecturas inicial mente destinadas a vivienda, cuy a documentación de obra no distingue con otra calificación que la de “casa”. Por una parte, esto puede considerarse un síntoma de inmadurez tipológica, o incluso de precariedad e improvisación, al menos a la vista de la personalidad diferenciada que ofrecen otras funciones urbanas, viej as y nuevas. P ero por la otra, resulta lógico que el alojamiento temporal s e as ocie con la iconografía de l a casa, de la residencia estable, como referente de familiaridad y bienestar , más cuando la ciudad burguesa promue ve un tipo de edificio “moderno, cómodo, preciso, tecnificab le y repetible” 384 , que dignifica la morada al tiempo que se abre a la transitoriedad de los moradores, y que además es el principal agente estético de la calle y “ protagonista indiscutible de la ciudad ochocentista” 385 . Solo cuando es ta di mensión privada no baste de por sí, cuando el hotel comience a requerir una a mplia dotac ión de espacios co munitarios más allá del comedor ―apenas la única estancia de este tipo en los pri meros casos gallegos―, s e hará imprescindible el pro y ecto ad hoc. 383 DÍAZ LÓPEZ 2012. 384 J. M. Montaner , citado en ANGUIT A CANTERO 1997, p. 192. 385 ROSENDE V ALDÉS 2013, p. 217. 120 Fig . 77 : Chalet Losada de Ourense, c. 1 915. T arjeta postal. Biblioteca de la Diputación de Ourense. 2 Entr e la fonda y el hotel: los primer os hoteles de las ciudades gallegas a finales del siglo XIX En el último cuarto del siglo XIX, empieza a normalizarse la aplicación del tér mino hotel a establecimientos gallegos. En muchos casos, éstos no son diferentes de lo que venían denominándose fondas, y de hecho hay abunda ntes ejemplos de usos intercambiables para un mis mo hospedaj e 386 . Pero lo que nos interesa es que la adopción de la nueva denominación es indicativa de un nuevo referente de hospitalidad que pronto se materializa en la modernización de los alojamientos del país. Así, aún arrastrando multitud de carencias, los primeros hoteles de Galicia nacen con la voluntad de trascender la pobreza y la miseria de los alojamientos tradicionales, y no tardan en arrinconar el nombre de fonda que inicia lmente aún los identific a: los dueños se afanan en dignificar sus instalaciones para una clien tela burgue sa que demanda una ma y or comodidad y una estética representativa de su ca tegoría social, a tono con la de sus residencias permanentes 387 . Y a no hablaremos de aloj amientos para arrieros; no obstante, el cambio terminológico de la fonda al hotel no es tan evidente aún, en parte porque ambos comparten el princ ipio de dar al huésped tanto alojamiento co mo manutención, pero indudablemente también por la modestia y escasez de la hote lería gallega de la époc a, que en ocasiones aparece en clara inferioridad con su contorno inmediato 388 . A sí, no es extraño que el hispanista neoyorquino Arche r Milton Huntington, en la década de 1890, describa Galicia como la “pequeña tierra melancólica de los gallegos (...), donde el ambiente es exquisito y los hoteles conocidos por lo malos que son” 389 . ¿Quiénes son estos huéspedes bur gueses que, por contraste con los tradicionales arrieros, modelan el nuevo estándar de hospitalidad en la urbe? H. Gadow nos facilita una respuesta por medio del sint ético cuadro con que nos describe el co medor de la “fonda” Méndez Núñez, “a fairl y good hotel” del Lugo de finales del siglo XIX 390 . En su 386 V ere mos el caso del Europa o del Ferrocarrilana de A Coruña, del Suizo de Santiago de Compostela y del M éndez Núñez de Lugo, entre otros. A ma y ores, podemos citar incluso el Gran Hotel de Mondariz. 387 El caso galleg o se encuentra bien sintetizado en POSE ANTELO 1997, esp. pp. 218-222. 388 Ejemplo elocuente resulta la guía de RIVERA ― VÁZQUEZ 1883: si bien menciona todos los hoteles bajo la categoría de “fondas”, cita cuatro hoteles en Oporto en tanto cita uno para V igo, otro para Lugo y ninguno para A Coruña, Santiago, Ourense, Pontevedra y Ferrol. 389 ARIAS-ANDREU RODRÍGUEZ 201 1, p. 45. 390 Desarrollamos la historia de este hotel e n los apartados 2.3.1 y 4.2.4. 121 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) aún siendo pocos a finales del siglo XIX, “ durante estos años sólo tuvieron en el ferrocarril el medio más cómodo de practicar turismo” 424 . De este modo, cuando hallamos las primeras referencias al turismo en Galicia, conectadas ya con la te mporada estival y , por ello, con el concepto de veraneo que tanto éxito cosechará en el siglo XX, no se escatiman alusiones al recién estren ado ferrocarril, que inaugura una nueva mentalidad viajera. Es el caso del artí culo que el ferrolano José López de la V ega 425 fir ma en 1880 con el título de “El verano en Galicia y A sturias” donde, tras un párrafo introductorio con que loa el paisaje gallego, señala: «La empresa titulada Ferro-carrilana tiene servicios establecidos y conduce el correo de Brañuelas á la Coruña, Lugo, Santiago y V i go, ca m biando sus expediciones con el f erro-carril del Norte, Noroeste y el c ompostelano, que recorre el tra y ecto de Santiago al Carril. La mis ma e m presa hace el mis mo servicio de Lugo á V ivero, Mondoñedo y Rivadeo.» 426 Y a continuación, se detiene en enumerar algunos precios y modos de transporte disponibles para viajar a Galicia desde la cap ital del Estado ( Fig. 91). Con todo ello, desliza un elogio a los medios de transporte modernos y a las infraestructuras por las que circulan que, junto a la hospita lidad y manjares de villas y aldeas, el creciente cosmopolitismo de las principales ciud ades y las aptitudes naturales de las poblac iones costeras, “ofrecen al veraniego una dulc ísima existencia, sin nec esidad de onerosos sacrificios”. N o se trata pues de un tipo socia l de importancia cola teral en el contexto de los nuevos medios de trasporte: el turista aparece en buena medida como el tar get de los mensajes publicitarios que acompañan a las nuevas posibilidades de desplazarse, y así se exp lica que se establezcan ofertas y descuentos, por ejemplo, “durante la temporada de baños” 427 . Y es que los baln earios, los marítimos o los de int erior , se nutren especialmente de turistas, que acuden no solo atraídos por las propiedades que las aguas pro meten para el tra tamiento de diferentes dolencias, sino también influidos por la moda del viaj e instructivo fraguado con la Ilustración e invocado reiterada mente en la estética pintoresca decimonónica 428 . Lo que s e pone de manifiesto en es ta aún temprana pieza de promoción turística es cómo se van conectando simbólicamente concep tos como “ verano”, “baño” y “viaje”. A su vez, en ellos se implica, por un lado, la creciente irrupción del progreso encarnado 424 MORENO GARRIDO 2007, p. 47. 425 COUCEIRO FREIJOMIL 1951-1953, vol. II, pp. 327-330. 426 LÓPEZ DE LA VEGA 1880, p. 301. 427 I bid. Diferentes ventajas ofrecidas a los primeros turistas en España se mencionan en MORENO GARRIDO 2007, pp. 47-48. 428 DÍAZ LÓPEZ 2014, pp. 394-395. 128 Fig. 91: T abla informativa pa ra viajeros entre Madrid y Galicia. La Ilustración Gallega y Asturiana, t. II, 1880, p. 301. 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL por los avan ces en el trasporte y , por el otro, el tópico de una Galicia lírica y sentimental 429 , donde la edénica rusticidad representa un valor esencial que per mite, incluso, ningunear o tratar con benevolenci a la precaria realidad del hospedaje: «La gente rural y la de los mares (pescadores) es la Galicia más genuina, la que ofrece más estudio, y la que se presta más a l as consideraciones del viajero instruido. Galicia tiene ade m á s rí os y montañas históricas, monu mentos y obras de arte de primer orden, costu m bres dignas de estudio, y una totalidad social y topográfica de accidentes va riados, d e que pueden sacar gran partido l os naturalistas, sociólogos, arqueólogos, pintores y poetas. (...) Por doquiera que se m arche en el vasto territorio de Galicia, se hallarán buenos y bien surtidos paradores, ri quísimos alimentos del país, vi no f resco y puro, gente alegre y respetuosa, ro m erías a centenares y ta mbién más a m ores que dolores, con el dulce arrobamiento de V irginia, de Atala y René [referencia a novelas de Saint- Pierre y Chateaubriand]. V a y an, sí, a Galicia, confiados en veranear alegremente, los que tienen necesidad y gusto de hacerlo fuera de la capital de España y aún de otras de l a Península (...).» 430 Pese al optimis mo con que se presenta Galicia al viajero, es menor l a indulgencia cuando el autor alude al retraso en la conexión ferroviaria con la Meseta, ya solo sea por reconocerla como una privación perjudicial para e l interés del país causada por “hombres y sucesos de que no es del caso ahora ocuparnos” 431 . En efecto, la construcción del ferrocarril de Madrid a G alicia se dilata duran te 25 años desde la aprobación del proyecto (1858) y , con su inauguración en septiembre de 1883, constituye uno de los trazados radiales de España de conclusión más tardía 432 ( Fig. 93). Diez años antes, en 1873, el pequeño tramo entre Santiago y el puerto de Carril comienza a pres tar el pri mer servic io regular de tren de Galicia 433 (Fig. 92); y el 5 de octubre de 1875, la primera locomotora entra en Lugo para celebrar su unión ferroviar ia con A Coruña, lo que convierte este tra mo en el segundo gallego y primero en su suelo de la línea que conecta con la capital de España vía Palencia 434 . Aunque des de un primer momento el tren ofrece perspectivas prometedoras para la región, los sucesivos retr asos, la falta de voluntad de los promotores y la escasa rentabilidad que se vislumbra, a lo que colaboran los particulares escollos geográficos, 429 MIGUÉLEZ-CARBALLEI RA 2014, pp. 22-40. Según defiende la autora, la caracterización de Galicia como un pueblo “sentimental” se desarrolla a finales del si glo XIX como sí mbolo positi vo de afirmación nacional y , casi simultáneamente, es apropiada por el centralis mo español al servicio de un discurso colonizante. La década de 1880 ofrece varias muestras del enfrentamiento de posturas entre historiadores del momento (pp. 27 y ss. ). Este discurso colonizante sobre lo sentimental ― y sus conceptos asociados, como lo “lírico”, lo “rústico” o lo “femenino”― va a tener un largo recorrido en lo que respecta al turismo, en términos que y a apunta LÓPEZ DE LA VEGA 1880, p. 312: “así se explica cómo Galicia tiene tantos poetas y pintores, cu ya expresión sentimental de los autores grie gos y alemanes, con tan pronunciada nostalgia, revela su aspiración al goce de la patria ideal. La gaita del país (...) es una fuente de lágrimas; perlas que incrustan la corona in mortal de esa Galicia tan noble, tan paciente, tan su frida y tan digna de mejor fortuna”. 430 LÓPEZ DE LA VEGA 1880, p. 312. La cursi va es del original. 431 I bid., p. 301. 432 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995, pp. 37-41; VE IGA ALONSO 1996, p. 23. 433 W AIS SAN MA R TÍN 1967, pp. 243-244. T enía 42 kilómetros. 434 CABANA 2005, p. 13. 129 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) favorecen la aparición de cierto escepticismo 435 . Así se aprecia, co mo ya indica Fernández Fernández 436 , en un artículo publicado en 1879 en La Ilustración G allega y Asturiana 437 en respuesta a otro aparecido en El Impar cial 438 , pues en él se reprocha al autor del diario madrileño que se defienda “co mo panacea eficaz y única de nuestros males la pronta conclusión del malaventurado ferro-carri l del Noroeste. El decoro y los intereses de Gali cia y Asturias reclaman, en efecto, esta equitativa reparación, mas no por eso se espera de ella ningún milagro”. El re lativo impacto que el ferrocarril, con sus vacilaciones y demoras, produce en una Galicia de economía subdesarrollada tiene su correlato en la aparición de la primera generación de hospedajes modernos del país. A sí, si para el caso británico incidíamos en la estrecha conexión que existe entre la potente red ferroviaria y la hotelería, en el caso gallego se constata la total ausencia de arquitecturas mixtas para hotel y estación y , aún en los raros casos en que se me ncionan hote les “de la estación”, no son sino edificios próximos y sin re lación con una planif icación integrada 439 . D e hecho, el panorama general es el de unos edificios ferroviarios mu y parcos y modestos a nivel artístico o representativo, alejados del núcleo urbano y con un sentido altamente utilitario 4 40 ―que incluye el tránsi to de pasajeros, manipulación de equipajes y despachos y viviendas del personal de estación (Fig. 94)―; mientras, los principales alojamien tos de viajeros se establecen a distancia consider able, normalmente en áreas céntricas y de mayor peso simbólico. Sin embargo, esto no quiere decir que tren y hotel sean realidades indiferentes en Galicia; de hecho, apreciamos una relación significativa en varios aspect os: 1) la coincidencia cronológica en la implantación de ambos fenómenos, en torno al año de 1880, cuando avanzan las obras de las líneas gallegas y se document an los primeros establecimientos del país que se hacen llamar “hotel”, de jando aparte los anecdóticos precedentes 441 ; 2) el empleo común del nombre “Ferrocarrilana” para varios establecimientos, en referencia a la empresa de diligencias que complementaba en 435 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995, p. 37. 436 I bid., p. 41. 437 La Ilustración Gallega y Asturiana, 10 -I X-1879, p. 306. 438 El Impar cial, 31-VIII-1879, p. 1. 439 Para empezar , entre los hoteles urbanos de que tenemos constancia, ninguno de los principales es un hotel de estación; ni siquiera por proximidad a la misma. En los puntuales casos en que se hace re ferencia a un hotel en la estación del tren, no se trata de un establecim iento de consideración, ni m ucho m enos está inte grado en las infraestructuras del ferrocarril: es el caso de Mon forte de Lemos, i mportante nudo ferroviario, donde en 1929 se consignan o ficialmente dos hoteles de baja categoría (GUÍA OF ICIAL 1929, pp. 208-21 1); mientras, a la altura de 1912, el militar portugués Alves de Campos señala haberse alojado “un día y una noche” en “una casa contigua a la estación” ( La Corr espondencia de España, 4 -VIII-1912, p. 1). Más ambigua es la referencia que halla mos a un supuesto “hotel de la estación” monfortina en el que Emilia Pardo Bazán, junto a su familia y al gunos admiradores, hace un breve descanso en su tray ecto hacia A Coruña en 1900: es probable que el término hotel se emplee para dignificar el propio edificio de la estación, en función de la polisemia que ya he mos tratado ( El Corr eo de Lugo, 28- V -1900, pp. 1-2). 440 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995, pp. 58 y ss. 441 Antecedentes como los coruñeses qu e hemos mencionado en el capítulo 1. 130 Fig. 92: Aspecto actual de la antigua estación de Cornes, en Con xo, S antiago de Compostela, término de la primera línea ferroviaria gallega. Foto propia. 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL Galicia las rutas por tren 442 ; y 3) los hábitos de transporte con que suelen iden tificarse los huéspedes de los es tablecimientos más modernos , en contraste con los más tradicionales, donde era preciso alojar también a los animales que acompañaban a los viajeros 443 . D e es te modo, si repasamos los principales centros urbanos del mo mento, no hallamos dif icultades en establecer una significat iva relación entre, por un lado, la inauguración de es tablecimientos que pronto devienen en los principales hote les de las diferentes poblaciones y , por el otro, la puesta en marcha de tra ye ctos regulares en tren. Fig . 93: La red española de ferrocarriles en el último cu arto del siglo XIX . En orden de le ctura, años 1875 , 1880, 1885 y 1900. T omado de ART OLA (dir .) 1978, pp. 249, 250, 251 y 254. Siguiendo un cr iterio cronológico, debemos observar primero el caso santiagués, que ve establecida su conexión con Carril en 1873: si bien es una línea de solo 42 kilómetros, centrada en el servicio de lo que vení a funcionando co mo puerto de la ciudad, en sus pri meros años se va a nutrir de los viajeros de compañías transatlánticas como la Compañía Real de l Pacífico, así como de la conexión con la estac ión de 442 Sirvan de eje mplo los hoteles llam ados “ Ferrocarrilana” de A Coruña y Ribadeo, y los establecimientos santiagueses del mismo nombre. 443 Véase capítulo 1 , p. 75. 131 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Pontevedra mediante diligencia 444 . De este modo, a mediados de la década de 1870 aparecen algunos es tablecimientos que se contarán durante años entre los mejores de la ciudad. Uno de ellos es la conocida como Fonda de Re y , situada en el nº 5 de la Praza da Universidade, de la que ten emos constanc ia al menos desde 1876, cuando aloja a un viajante de máquinas de coser 445 . Otros llevan, no por casualidad, e l nombre de la diligencia F errocarrilana, que a su vez quiere connotar las cualidades del nuevo medio de locomoción 446 . Sin embargo, dejando aparte algunas casas de huéspedes y otros establecimientos menor es, a principios de la década de 1880 una fonda destaca sobre todo lo de más: se trata de la Suiza, fundada en 1878 en la ca lle de la Conga y conver tida más tarde en un hotel cu y a fama en la ciud ad no será disputada hasta 1930 447 . T ampoco está de más ci tar , aunque su naturaleza se aparte de la del hotel, las residencias de estudiantes que, como la famosa Casa da T roia, contr ibuyen al clima universitario de la Compostela finisecular: no en vano, el protagon ista de la novel a hace su viaje desde Madrid en tren hasta A Coruña, para desplaz arse luego a Santiago en la Ferrocarrilana 448 . Fig . 94: Alzado principal y plantas baja y principal pa ra estación de tren de 2ª clase de la línea de Galicia, aplicado en la estación de Lugo. M. Martín, 1871. T omado de FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995, p. 63. En cualqui er caso, ve mos co mo la estación de tren que sirve a la ciudad se encuentra considerab lemente lejos de ella, has ta el punto de estar fuera de su término municipal, en el entonces ayuntamiento de Conxo ( Fig. 92 ). P or ello, “de la puerta Fagera, pla za del T oral y ca lle de la Senra salen los ómnibus que hacen el servicio a la estación del ferrocarril. E l precio es de un real por persona. Ha y ta mbién varios coches de alquiler , que con facilidad se encuentran disponibles, en la calle de la Senra” 449 . Por último, la dimensión turística que, junto a la industr ial, posee la líne a a Carri l se apunta ya en el hecho de que s us promotores fuesen ingleses, “que vinieron a nuestro país atraídos, s in duda, por el renombre universal de Compostela, y por el atractivo de la soberbia ría de A rosa, bien conocida de las escuadras británicas, que con frecuencia la 444 FERNÁNDEZ SÁNCHEZ ― FREIRE BARREIRO 1885, pp. IX y XVI. 445 El Diario de Santiago, 26-VI-1876, p. 3. 446 Un “Parador de la Ferrocarrilana” se menciona en la esquina entre Orfas y Senra en FERNÁNDEZ SÁNCHEZ ― FREIRE BARRE IRO 1885, p. X. Pocos años antes, en 1878, una fonda lla mada de “La Ferro-Carrilana” se traslada del nº 1 de San Paio al nº 33 de Preguntoiro, según anuncio publicado en El Diario de Santiago, 16 -I-1878, p. 3. 447 La Fonda Suiza, más tarde Hotel Suizo, será el hospedaje más renombrado de Santia go hasta la aparición del Hotel Compostela en 1930. Su historia se detalla en los apartados 2.4 .1 y 3.3.1. 448 PÉREZ LUGÍN 1915b, pp. 39 y ss. 449 FERNÁNDEZ SÁNCHEZ ― FREIRE BARREIRO 1885, p. XIII . 132 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL visitaban” 450 . Pero es ta facet a turística queda aún mejor retratada en el artíc ulo que encabeza E l Ci clón del 10 de octubre de 1885, donde se elogia el viaje en tren como experiencia estética e instruc tiva: «El que recorra el tra y ecto que separa a Santiago de Car ril unido por la vía férrea no puede menos de admirar el hermoso cuadro que [ o]frece a su vista una exuberante naturaleza (...) Mézclanse en ar monioso consorcio los recuerdos históricos que se encuentran al paso, con la dulce poesía de su s ca m piñas. » 451 El paso del re y Alfon so XII por Santiago en 1877 y en 1881 no deja de ref lejar la conexión entre lo turístico y lo ferroviar io, aunque la decisión de establecer el alojamiento real en el Pazo de Raxoi relega a un segundo plano las fondas disponib les por entonces 452 . Junto a las calidades estéticas que, como he mos señalado, se atribuyen al viaje en el ferrocarril compostelano, el componente turístico de esta línea es aún más patente si tenemos en cuenta el carácter de baln eario costero que se quiere dar a Carril. Población en l a que, por cierto, el alojamiento más destacado es una fonda ll amada “de la Estación” 453 , a diferencia de lo que sucedía en las principales ciudades gallegas 454 . «T rátase de que entre los varios Sitios Reales y residencias de verano con que cuenta el monarca de España se elija uno bien en el litor al cantábrico, o en las costas de Galicia que pueda durante l os meses de verano dar mansión a la corte, sirviendo a la vez como punto adecuado para tomar los baños d e mar . (...) este proy ecto sería de una realización beneficiosa para el país y (...) ningún punto más a propósito en l as costas de Galicia para ser esta residencia de verano que la ciudad de Santiago y su inmediato puerto del Carril. (...) ¿Dónde encontrar (...) un sitio de ma yor co modidad y belleza que las pla y as de e sa poética ría de Arosa para atraer a esa e migración veraniega que no se satisface en San Sebastián y que se aburre en Santander?» 455 Con el referente del prestigio alcanzado por S antander y San Sebastián como lugares de veraneo real, se plantea la posibilidad de dotar a Carril de la m isma consideración, erigiendo para ello un palac io de recr eo para Alfonso XII y manteniendo en Santiago, a solo 50 minutos por tren, “ese magn ífico edificio que tanto recuerda al Palacio Real de Madrid[,] el Se minario que mandó constru ir el Sr . Rajo y y Losada, para residencia real durante algunos meses de verano” 456 . Con este tipo de esfuerzos se hace patente la dec isiva inf luencia del favor real en la promoción de los nuevos enclaves turísticos, empezando por los antedichos caso s del Cantábr ico ―Sant ander y San 450 W AIS SAN MA R TÍN 1967, p. 244. 451 El Ciclón. Periódico satírico , 10-X-1885, p. 1. 452 La Ilustración Española y Americana, 15-VIII-1877, pp. 90-91 : “S. M. se retiró al Palacio Consistorial, donde había sido hospedado por la noble y leal ciudad compostelana”; Gaceta de Galicia, 17-VIII-1881, p. 3: “espera mos que nuestro Municipio y el Cardenal Pa yà ofrecerán al Re y el magnífico palacio consistorial de Santia go tan apropósito para hacer de él una morada reg ia”. 453 El Ciclón. Periódico satírico, 10 -X-1885, p. 1: “... llegamos a Carril. En la fonda llamada de la Estación, aparte del escelente[sic] trato que se dispensa a los huéspedes, nos encontra mos agradablemente sorprendidos por la sirvienta, que siendo una modesta hija del trabajo, posee tres idiomas” . 454 Véase nota 439. 455 Gaceta de Galicia , 10-VIII-1881, p. 1. 456 I bid. 133 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Sebastián―, pues de hecho los re yes son en este momento turistas de pri mer orden cu y os hábitos van a imitar las clases altas 457 (Fig. 95). Fig. 95: Desembarco de Alfonso XII en Carril, desde donde tomaría el tren a Santiago, el 24 de julio de 1877. La Ilustración Española y Americana, 15- VIII-1877. A Coruña, unida por tren con Lugo desde 1875 ―a falta de completar la continuación hasta Palenci a―, es el siguiente caso en que nos va mos a de tener . El número de fondas que hemos podido documentar exper imenta un ligero repunte desde finales de la década de 1870 (CUADRO 2); s in em bar go, lo verdaderamente significativo es la aparición de los primeros hoteles de la ciudad, que sucede solamente a partir de 1883: en este año se inaugura la línea completa con Madrid y se ter mina de construir la Estación del Norte 458 . Dicha estación, a pesar de la pretensión local de darle una localización más céntr ica, se lleva otra vez a la periferia, a la zona de A Gaiteira, priorizando así las actividades industriales y portuarias 459 . De este modo, la primera generación de hoteles coruñeses ―los París, Europa, Cont inental y Ferrocarr ilana―, que se sitúan en el centro urbano co mo los de Santiago de Compostela, parecerían indiferentes a las infraestructuras ferroviarias de no ser por la nada casual coincidencia cronológica entre ambas realidades 460 . Al igual que Carril con respecto a Santiago, se ha señalado el carácter portuar io que A Coruña desempeña para Lugo, especialmente en virtud de su conexión ferroviar ia 461 . Por supuesto, la afirmación resulta paradójica, dada la pujanza de la población herculina sobre la añeja ciud ad de las mura llas; pero no deja de poner de relieve el hecho de que “se Galicia era a gran provedora de carne de vacún para grandes cidad es como M adrid e Barcelona, Lugo era con moito o gran centro de exportación de Galicia ” 462 . Buena parte de esta fama está l igada a su fer ia de octubre, que fue hasta la década de 1960 el gran 457 REYERO HERMOSILLA 2008, pp. 72 -74: “los viajes reales terminan por parecerse a los de cualquier familia acomodada en sus vacaciones, donde el deseo de adquirir un conocimiento del arte y de la historia se exhibe como parte de un saber de buen tono”. 458 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ 1995, p. 55; ABE LLEIRA DOLDÁN 2004, pp. 84 y 87. El 1 de septiembre de 1883 tiene lu gar la inauguración oficial de la línea Palencia-A Coruña; sin embar go, la construcción de la estación coruñesa termina algo más tarde, en el mes de diciembre del m ismo año. 459 ABELLEI RA DOLDÁN 2004, pp. 84 y 87. 460 Obsérvese el CUADRO 2 con atención al año de 1883, año de terminación de la conexión ferroviaria con la capital del Estado. 461 CABANA 2005, p. 15. 462 I bid., p. 9. 134 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL atractivo de las fiestas patronales de San Froilán. En ella, el ganado constituía la principal mercancía, “s iendo el mular y el vacuno los ramos principales aunque también se hac ían muchos negocios en el caballar , porcino, lanar y caprino e, inc luso, en el avícola” 463 . CUADRO 2: Número de alojamientos, según su tipo , documentados en A Coruña entre 1836 y 1 948. L os picos de este cuadro están en relación con años de alta disponibilidad de fuentes, si bie n pueden apreciarse las tendencias en la implantación de los diferentes tipos. Elaboración a partir de los datos de DÍAZ LÓPEZ 2011, pp. 175-204. Puesta en escena de la princ ipal industria lucense, la feria encuentra en el ferrocarr il un precioso aliado que vertebra la comarca que l a nutre, por lo que resulta co mprensible que se es coja el día de S an Froilán de 1875 ―5 de octubre― para inaugurar por todo lo alto el trazado con A Coruña. De hecho, “dado que el trato ganadero fue, durante siglos, el principal de esta feria, tras la llegada del ferrocarril el mantenimien to y expansión de las instalaciones de este sector fue una de las preocupac iones constantes de autoridades y vec inos, sobre todo hasta los años 60 del siglo XX”. T al alcanza a ser la importancia de Lugo como capital ganadera que, a la al tura de 1928, “es la única ciudad española con una es tación ferroviaria de la que parte cada día un tren dedicado en exclusiva al ganado” 464 . Si hasta ahora hemos buscado el vínculo entre hoteles y ferroc arril, en el caso de Lugo los hallamos enlaz ados en el contexto del San Froilán, cu y a celebración implica una gran afluencia a la ciudad de visitan tes que lógicamente generan una demanda de alojamiento 465 . Estos visitantes, llegados de los alrededores o de fuera de Galic ia y a menudo vincu lados a dif erentes ra mas del comercio 466 , promueven la aparición de establecimientos de hospedaje más modernos, superadores de la precaria oferta de fondas, mesones o posadas tradicionales. Así nace el Hotel Méndez Núñez la víspera del San Froilán de 1880, en un principio con la denominación de “fonda” pero reclamando estar “ a la altura de los mej ores estableci mientos de su género” ( Fig. 102). No por casualidad, pocos días antes se había inaugurado el tr amo de ferrocarril entre A Pobra de San Xiao y Sarria, ampliándose así el alcance del tren en las comarcas agrícolas del sur 463 “LAS FIEST AS...” 2005, p. 42. 464 I bid., p. 37. 465 I bid, pp. 41-42. 466 Sobre la actividad comercial en el San Froilán lucense véase ibid., pp. 28-32. 135 0 1 0 2 0 3 0 4 0 5 0 6 0 7 0 8 0 P os adas H os pedaj es F ondas H otel es Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) de la provincia 467 . La situación céntrica del hotel vuelve a contrastar con el desplazamiento de la estación a las afueras, lo que no obs tante genera un eje de expansión urbano por donde transi tan los coches que llevan a los huéspedes del tren al establecimiento y viceversa 468 (Fig. 96). Fig . 96: Viaducto del tren en el bar rio de A Chanca de Lugo, in mediato a la estación, tal como aparece en La Ilustración Gallega y Asturiana del 8-II-1880. Fig. 97 : La ciudad de Vig o vista desde la estación de tren , según s e la muestra en La Ilustración Galle ga y Asturiana del 20-II-1879. Nótese el área rústica intermedia. La otra gran línea de tren gal lega es la que orig inalmente se traza entre V igo y Ourense, con la perspectiva, solo cumplida ya mediado el s iglo XX, de unir a la segunda con Zamora para disponer una conexión más directa entr e Madrid y Galicia 469 . A V igo el tren lleg a en el verano de 1877, cuando el rey Alfonso X II inaugura el tramo con Redondela 470 ; mientras que la estación, con for mato en U acord e con su condición terminal y planeada, co mo de costumbre, a marcada distancia del núcleo urbano, se termina de construir en 1878, cuando y a está a punto de ser abs orbida por una ciudad que crece con fuerza 471 (Figs. 97 y 103). Un año más t arde, a finales de agosto de 1879, vemos aparecer el Hotel Continental, que puede ser considerado el primer establecimiento de esta clase en Galicia tras unos precedentes que no pasan de anecdóticos 472 . Sin duda, en ello influye el peso industrial de que se va dotando la ciudad, cu y os huéspedes se canalizan por el tren ―el Continental establece pronto un servicio de ómnibus con la estación 473 ―, pero especialmente también ― y al igual que en A Coruña― por la puj anza de la acti vidad portuaria. Y así se rec onoce explícitamente en la primera reseña que conocemos de l flamante establecimiento vigués: «Las necesidades de la época han convertido la población en un oasis en que se ven obligados a descansar de s us fatigas l os peregrinos de l a industria y de l 467 Diario de Lugo, 3-X-1880, p. 1. Cfr . Fig. 93, año 1880. 468 “LAS FIEST AS...” 2005, p. 37; DÍAZ LÓPEZ 2012. 469 W AIS SAN MAR TÍN 1967, pp. 241-242. Este tramo se descarta en un principio “debido a las dificultades del terreno y a la poca vida de la comarca que atrav esaría”. 470 I bid., p. 242. 471 GARRI DO RODRÍGUEZ 2001, p. 1 14. 472 MESTRE 1879. Los precedentes “anecdóticos”, como el coruñés Hotel du Grand Amiral, se tratan en el capítulo 1 de este trabajo. 473 AREAL A LONSO 1998, p. 40. 136 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL comercio antes de recorrer nuevamente el inmenso, al par que peligroso, desierto de los mares.» 474 En el otro extremo del trazado, la ciudad de Ourense recibe su pri mer tren en marzo de 1881 , hecho que cantan unos famosos versos de Curros que elogi an a la locomotora como agen te de progreso para aquella Galicia atrasada y tradicional 475 (Fig. 98). “T ras d'ela non veñen / Abades nin cregos ”, dice, aunque paradójicamente uno de los even tos más celebrados en los meses siguientes es la bendición de la línea por el obispo de la ciudad, que se produce el 9 de junio, unos días antes del inicio de su explotación 476 . No obstante, los usos tradicionales se aúnan con los nuevos, como el del turismo, que ya condiciona en buena medida la visión del tra y ecto desde V igo, dotándolo de un carácter pintoresco que deleita los sentidos: “ los panora mas que se ofrecen a la vista del viajero no pueden ser más encantadores, aún comparados con los tan cé lebres de Suiza. Frecuentemente l a ventani lla del wagon es como marco de cuadros admirables, que seducen al viajero más indiferente y preocupado” 477 . Situada en la mar gen derech a del río Miño, la primera estación (1885-1952) se sitúa en el entonces municipio ind ependiente de Canedo, al otro lado de A Ponte V ella 478 , en una solución que recuerda a la santiaguesa de Conxo. Por lo tanto, pode mos hablar una vez más de una estación alejada de su pobla ción de referencia y cu ya accesibilidad depende en buena medida de un servicio de coches, especialmente cuando trata mos de viajeros pudientes que requieren co modidad en su traslado y en el de s us equipajes. Ello tampoco i mpide que, en det erminados casos, e l viajero escoja disfrutar de un paseo por la calle del puente para estir ar las piernas y recrear la vista 479 . El primer hotel de Ourense, el Hotel Roma, nace en 1889 480 , ocho años después de la aper tura de la línea con V igo y cuatro desde que la ciudad se cone cta con la línea principal de Galicia mediante el ramal de Monforte 481 . Su localización no es para nada casual: escoge el antiguo edificio de una reputada fonda, la conocida como “de Cuanda”, que ya llevaba unos años operando en la art eria más diná mica de la poblac ión: la calle del Progreso. T ramo urbanizado de la carretera de V illacastín a V igo, concluid a todavía entre 1860 y 1863, esta calle “se convir tió muy pronto en la principal y de 474 MESTRE 1879, nº 182, 23-VIII-1879, p. 3. 475 La Ilustración Gallega y Asturiana, nº 1 1, 18-IV -1881, p. 124. 476 I bid., nº10, 8-IV -1881, pp. 1 12 -1 13; nº 1 1, 18-IV -1881, pp. 124 y 127; nº 18, 28-VI-1881, p. 214. CARBALLO- CALERO RAMOS 1995, p. 32. 477 VÁZQUEZ 1881. 478 P AZ 2013. Con anterioridad había funcionado una estación provisional en Ribeiriño. 479 SAL GADO 201 1. 480 Álbum Literario, 7-IV -1889, p. 8. 481 W AIS SAN MA R TÍN 1967, p. 243. 137 Fig . 98: Llegada a Ourense del primer tren en marzo de 1 881, se gún se rep resenta en La Ilustración Gallega y Asturiana del 18-IV -1881. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) desde ho y con un nuevo establecimiento público que le honra” 513 . Además de estas alusiones a s u recien te aper tura, cab e subra yar el carácter pionero con que se percibe el Continental a la lu z de las aprec iaciones hechas en el artículo sobre su rótulo: s e habla no solo de un establecimiento nuevo, sino que también se invoca una fórmula de hospitalidad sin precedentes para los vigueses, donde se aspira a una manera lujosa y moderna de hospedarse. « Lo que obliga un rótulo. ( ...) Hotel Continent al s e lee en el elegante rótulo que corona la magnífica casa. No son m ás que dos palabras, es verdad: pero completan una frase bastante pretenciosa, suficiente m ente atrevida para que no entremos con prevención ―hasta cierto punto justi ficable― en el estableci m iento. Por eso al l eer aquellas dos palabras, no hemos sido bastant e dueños de nuestra persona para evitar un movimiento de desagrado . Predispuesto así nuestro á nimo, perseguido por la duda, aguijoneados por la crítica, nos decidi mos a exa minarlo todo con el más esquisit o[sic] c uidado pa ra e m itir después nuestra opinión de una manera tan franca c omo verdadera. ¡Hotel Continental! ¿Sabrá, por ventura, su dueño, ―exclam ába mos al penetrar e n e l edi ficio― a cuánto obliga esa frase colocada en el sitio en que se encuentra?...» 514 Como vemos, ant e las palabras hote l y continental, el autor s e siente impresionado. La razón está en las implicaciones de ambas pa labras, que connotan un tipo de hospedaje asociado al confort y la suntuosidad por el que destacan los aloj amientos de otras naci ones. Por ello, invadido por el escepticismo, j uzga e l rótulo como “pretencioso” y necesita comprobar con sus propios ojos si lo que alberga el edificio está a la altura de lo que se promete. Por un l ado, la palabra hotel suena extranjera, tal y como aún s ucedía en Madrid unas déc adas antes 515 , y sugiere por lo tanto una novedad inspirada en los refinados usos de Francia o Reino Unido, donde el término gozaba de una general implantación. Por el otro lado, la palabra continenta l nos introduce en el mundo de las alusiones al concepto de “cosmopolitismo”, al que tan frecuente mente se recurre en la denominación de los hotel es de todo el mundo, sobre todo desde finales del siglo XIX. Frente a un modelo en que se al ude al apellido del patrón del establecimiento, la gran hotelería apuesta por las sugerencias de universalidad ―continental, universal, nacional, int ernacional, Europa, A mérica, Atlántico, etc.―, donde ta mbién cabe contar las referencias a países con esta vocación y a sus ciudades más emblemáticas ―Inglaterra, F rancia, Londres, P arís, Roma, etc.― y , en gran medida, también las alusiones al poder y la grandeza tradicionales ―imperial, real, palace, embajador , almirante, etc. y , desde luego, todas las alusiones a re yes y gobernantes concretos―. La ide a de un imperio universal basado en la libertad de movimientos que ejerce la nueva burguesía hegemónica en sus hábitos viajeros, en buena medida legitimadora del colonialis mo y la búsqueda de nuevos territorios que domina la época, echa sus raíces en las ideas ilustradas de la “paz perpetua” de la que hablaba Kant 516 y prolifera de forma palpable entre la nó mina de hoteles hasta bien entrado el siglo XX. Consciente de la fama del hotel parisino homónimo fundado un 513 I bid., nº 182, 23-VIII-1879, p. 3. 514 I bid., nº 181, 22-V III-1879, p . 3. 515 Véase capítulo 1 , p. 46. 516 Véase la I ntroducción de este trabajo, pág. 24. 144 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL año antes 517 , todas estas s ugerencias s ub y a cen en la denominación del vigués, en una ciudad aún incipiente en las s eñas de su prosperidad y , además, enclavada en un país pobre y atrasado: de ahí que el estableci miento resalte entre los demás y sorprenda a su público. Aparte de la cuestión nominal, el autor fij a mucho su atención en la dimensión arqu itectónica del nuevo establecimiento. D e él dice que es “un vasto edif icio de severa y elegante arqu itectura que hace recordar al viajero las soberbias construcciones de una ciudad de pri mer orden”. Y continúa: “ la imponente magnitud de la moderna obra; la indisputab le solide z de su labrada cantería y la severa apariencia de sus adornos le dan un aspecto tan singular , en medio de las modestas casas que le rodean, que aún a riesgo de pasar por exag erados somos capaces de afirmar que ni aún e l mis mo palacio de Oriente llamará tanto la atención de los madrileños, como satisfacción inspira a un hijo de V igo el edificio de que hablamos” 518 . V e mos pues confir mado, con estas palabras, un aspecto fundamental en cuanto a la perc epción histórica de nuestros pri meros hoteles: existe una disposición a considerar sus edificios, en las contadas ocasiones en que s u calidad lo permite, co mo un objeto art ístico y , por tanto, susceptible de producir placer estético a quien lo contempla o habita. Antes de abordar pormenori zadamente el edificio que ocupa el Continental vigués en lo que atañe en su pri mera etapa ―una segunda se inicia con l a reforma de 1907―, conviene señalar algunos aspectos relacionados con la dimensión sociológica del hotel, como son las personas implicadas en su actividad. Los primeros nom bres que nos interesan son los de quienes int ervienen como promotores y tripu lantes del negocio en esta primera etapa. Aunque Martín Curt y señala que el Continental es uno más de los negocios de hospedaje vincu lados con la fa milia Santoro ―junto con el también vigués Hotel de Europa y el Hotel Santoro de Caldelas de T ui― 519 , a la luz de los datos recabados, no podemos acreditar es ta relación. Más factible nos resulta alinearnos con Areal Alonso en su suposición de que “ Sous a parece manterse co mo propietario do hotel [Continental] dende o prim eiro momento, acompañado (...) por Roberto Rouché” 520 (Fig. 104). Este Sousa ―también escrito Souza― es José Joao de Sousa, tal y como aparec e en un anuncio de 1891 ( Fig. 105), y , s i bien lo conocemos junto a su socio Rouché ―también nombrado Rusché o Busché― en 1883, mediante la noticia de la inaugur ación de un comedor en el bajo del edificio, no encontra mos razones para descartar que ya pilotasen el negocio desde 1879. Antes bien, del texto de esta noticia puede infer irse que ambos ya llevan un tie mpo al frente del establecimiento, pues con la comida de la inaugur ación del co medor , señalada como una “nueva reforma en su hotel”, ambos demuestran “ese buen gus to que y a tienen acreditado” 521 . Pese a que no disponemos de más información sobre estos hosteleros, cabe suponer su origen portugués y francés res pectivamente, o sea, cuando menos foráneo a una ciudad que en 517 Véase p. 109 de este trabajo. 518 MESTRE 1879, n º 181, 22-VIII-1879, p. 3. 519 MA R TÍN CUR TY 1992, p. 107. 520 AREAL A LONSO 1998, p. 40. 521 Far o de V igo, 5 -VI-1883, p. 2. Citado por AREAL A LONSO 1998, p. 39. 145 Fig . 104: Anuncio del Hotel Continental de Vigo. Fa ro de Vigo, 23-XI-1883, p. 3. Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) este momento se nutre de un gran contingente de inmigrantes. En cuan to a Sousa, parece ser que mantiene algunas conexiones con la hostelería del norte de Portugal, lo que ejemplifica el servicio de automóviles que pone en marcha en 1899 en tre el Continental y el Hotel Rio Minho de V alença 522 . Su posición al frente del Continental se mantiene, a dec ir , de Areal Alonso, hasta mayo de 1906, cuando se produce el traspaso a José Curbera Fernández, quien va a ser el encarga do de promover la reforma de las instalaciones 523 . Sin e mbar go, la permanencia de Rouché en el negocio no parece prolongarse hasta 1906, como sugiere el mismo autor , pues Sousa pasa a ser único titular de la que fuera sociedad Souza y Co mpañía en noviembre de 1889 524 . Junto a estos no mbres, son de gran relevancia los de ciertos huéspedes, pues dan ide a de l a talla del establecimiento en esta primera época, acorde no obstante con el atractivo de una ciudad que despunta entre las gallegas como polo de viajeros. Co menzando por la nómina que nos permite conocer la inauguración del nuevo comedor en 1883, cabe s eñalar , co mo era de esperar , que la cl ientela del Continental corresponde con la al ta sociedad del momento: la bur guesía, tanto local como foránea, que está movilizando la economía viguesa. Así, se cuentan entre los asistentes al acto “la escritora norteamericana Rhoda White; el cónsul general de Portugal Sr . Güedes Infante y señora; el vicecónsul francés Baron de Jouf froy y su s impática hija; Mr . Stone y señora; y los señores García de Olloqui, Escalona, Nogales, Orense, T apias, Pardo, el dire ctor del cabl e Mr . Ross e, Mulder hermanos, Gil V illanueve [sic], Saunier , L emos, Buenaga, Soto, Nogueira y otras personas que no recordamos” 525 . T al co mo ilustra es ta noticia, como otras que inciden en listar huéspedes para prestigio suyo y del estableci miento 526 , con el sur gimiento del hotel as istimos a l i mpulso de una forma de hacer crónica s ocial que es prácticamente nueva en Galicia, y donde se valoran de manera especial la nuevas formas de reunión y de exhibición pública de la sociedad bur guesa. Aparte de los eventos y ceremonias que el hotel acoge y que atraen no solo a forasteros de paso, sino también a múltiples personalidades loca les, ha y que contabilizar a los huéspedes de renombre que hacen noche en sus habitaciones en el marco de viajes de diversa índole. El más destacado de la época inmediata a la aparición del hotel es el 522 La Correspondencia Gallega, 23-V -1899, p. 3; ibid., 12-VII-1906, p. 2. Parece ser una persona ligada a V alença do Mihno, como parece indicar la in formación publicada en 1909 sobre su intención de edificar una capilla para el culto público en las inmediaciones de la estación de tren de dicha población portu guesa. Por entonces, ya no es propietario del Continental, pero amplía sus vínculos con Galicia al contraer m atrimonio con una santiaguesa. 523 AREAL A LONSO 1998, p. 40, nota 53. 524 Hoja oficial del lunes, 1-I-1940, p. 6: en alusión a información publicada el 27 de dicie mbre de 1889, se señala que “por escritura pública (...) dejó de formar parte de la sociedad que giraba en esta plaza bajo la razón social de Souza y Co mpañía, el Sr . D. Roberto Busché, quedando desde el primero de novie mbre como único propietario del Hotel Continental D. José Joao de Souza”. Además, Rusché ya aparece en abril de 1890 al frente de otro hospedaje llamado El Central, situado en la c/ Imperial 7, presumiendo de “un a mplio edificio para el objeto” ( Far o de V igo, 1 - IV -1890, p. 3). 525 Far o de V igo, 5 -VI-1883, p. 2. 526 Por eje mplo, la de Gaceta de Galicia, 1 -I X-1887, p. 2, que informa que “han lle gado a V igo, hospedándose en el hotel Continental, los condes de Bertiandos; marqueses del Mérito y San Martín; D. Antonio Pereira, propietario con su esposa; D. Francisco Pereira, Barón de Gondariz; D. Sebastián de Lancastre; D. Sabino de Souza, catedrático de la Universidad de Lisboa, y don Silvestre de Souza, estudiante en dicha Univ ersidad”. 146 Fig. 105: Anuncio del Hotel Contine ntal de Vigo, publicado en T ABOADA FERNÁNDEZ 1891. 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL Gran Duque Constant ino de Rusia, hermano del Z ar Alejandro II, que llega a V igo el 1 1 de noviembre de 1880. Lo hace en tren, en un coche-salón ―el mismo empleado por Alfonso XII en su visita― proceden te de Redondela, y acompañado por un séquito que se hospeda junto a él en el hotel, que está “decorado de antemano con bastante buen gusto”. No obstante el esmero con que se prepara su recepc ión, se trata de una estancia breve: la comitiva toma de nuevo el tren a la mañana siguiente hacia Portugal 527 . Otra visita a la que se ha dado i mportancia dentro de es ta primera época es la de la Infanta Isabel, tía de Alfonso XIII, que ta mbién llega en tren y se dirige a pasar una te mporada en el castillo de Monterreal de Baiona 528 . Pese a que la visita s e produce y a iniciado el siglo XX ―llega a V igo el 1 1 de julio de 1906―, nos brinda la posibilidad de conocer el aspecto interior del hot el antes de s u inminente reforma, co mo vere mos en el siguiente apartado. No obstan te, j unto a las grandes pers onalidades, hay que recordar que el negocio hotelero se mantiene gracias a una multitud de visitantes de rango menor , desde los típicos viajantes que s e anuncian en prensa 529 a los anónimos que, desde bien pronto, surten los vapores-correos que tocan en el puerto vigués: cuatro grandes “de los que van al Pacífico” lo hacen durante la última semana de agosto de 1880, todos los cuales dejan “un número respetable de pasajeros, que le levanta la paletilla a los boteros y dueños de hoteles” 530 . Y no solo se trata de números, sino también de var iedad: por la misma época, el establecimiento ya se reconoce como todo un enclave cosmopolita, en donde se cruzan viajeros de toda procedencia que contribu yen a la animación y el progreso de la población. Así, se dice que “el Hotel Continental hállase en estremo[sic] favorecido. Es una exposición humana. Hállase a llí un ejemplar vivo de cada provincia de España, de Portugal, de Francia, de Inglaterra y de otras naciones” 531 . Con anhelo por el clima de lujo y hedonis mo que connotan los nuevos hospedajes, se sugiere ta mbién una presenci a mayor de las mujeres viajeras, que en Galicia apenas represent an figuras de clase alta como Emilia Pardo Bazán 532 . Ellas, a pesar de ser vistas con sospecha cuando se desplazan o alojan en s olitario ―como prueba la tra dicional diferenciación ent re habitaciones para caballeros o suites para familias 533 ―, van a encontrar en la vida de hotel una vía de e mancipación del patriarcado 534 . Sin embargo, la apreciac ión del redactor del Far o es, en este caso, ajena a esta problemática: “anoche iba el ómnibus del Hotel lleno de simpáticas s eñoritas. Es una desgraci a ser hijo de V igo y tener casa puesta” 535 . 527 Far o de V igo, 1 1-XI-1880, p. 2; ibid., 12-XI-1880 , p. 2. 528 El Diario de Pontevedra, 10-VII-1906, p. 3; La Corr espondencia Gallega, 1 1-VII-1906, p. 2; ibid., 12 -VII-1906, p. 2. 529 Far o de V igo, 10-II-1883, p. 2 y 5-IV -1883, p. 3: sirvan como eje mplos el pintor portugués Carmo Re y , que recoge encargos en su nuevo domicilio del Continental, y el curandero Mr . de Alarcón, que reside cerca de un mes en el segundo piso del mismo hotel. 530 I bid., 30-VIII-1880, p. 3. 531 I bid., 12-V III -1880, p. 3. La cursiva es del original. 532 Véase nota 399 de este trabajo. 533 PEVSNER 1976, p. 178 . 534 SANDOV AL-STRAUS Z 2007, p. 281; PERKINS 1898, p. 265: “T o man, so far the onl y f ull y human being of his age, the bachelor apart ment of so me sort has been a temporar y ho me for that part of his life wherein he has escaped from one famil y and not yet entered another . T o woman this possibility is opening to-da y . More and more we see women presuming to live and have a home, even though they have not a f amil y ”. 535 Far o de V igo, 12-VIII-1880, p. 3. 147 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Así pues, ve mos como el Continental no solo es un referente urbano para los visitantes, sino t ambién para los locales, que ven el él un modelo de comodidad y modernidad que pone a la modesta ciudad gallega en la órbita de las grandes urbes europeas en un ámbito no menor: la hospitalidad. Al menos es éste el modo en que se percibe por s us contemporáneos, que lo califican como “magnífico” 536 , “uno de los primeros hoteles” 537 y digno representante de la vida confortable, en alianza con las “bellezas naturales” de l a ciudad, su “próspero comercio”, s u “ industria floreciente” y la “administración muni cipal grandemente cuidadosa” 538 . Graci as a él, V igo “puede figurar ventajosamente entre las poblaciones de algún rango”, donde se requiere dar acogida a “esa multitud cosmopolita, que diar iamente contemplamos, (...) base principal de la riqueza universal”, y que “exige (...) alber gue que esté en relación con la i mportancia de los individuos que l[a] componen” 539 . 2.1.1.1) El edificio hasta 1907 Si bien planteamos en es te tercer capítulo el estudio de la hotelería de finales del siglo XIX, a la hora de abordar la primera etapa arquitectónica del Continental vigués, debemos adentrarnos unos años en el siglo XX. Como hemos adelantado en las páginas precedentes, esto es debido a que la primera gran reforma de sus instalaciones s e produce en 1907 y , aún más, entre las pocas fuentes con que cont amos para describir los interiores de esta época solo hal lamos un poco de generosidad en las que se derivan de la visita de la Infanta Isabel en julio de 1906. Nos referimos concretamente a las fotografías publicadas en la revista V ida Gallega 540 de las estan cias ocupadas por la tía de Alfonso XIII, que j unto a las vistas exteriores, son los único documentos gráficos que nos dan una idea de cómo era el hotel en sus primeros años. El primer c omentario que mer ece el edificio del Hotel Cont inental ―hoy desaparecido a manos de la piqueta desarrollista de la década de 1960, como tantos otros de los tratados en esta tesis― tiene que ver con su contex tualización en el conjunto urbano de V igo. Se trata, para la época, de un porten to que destaca entre el caserío tradiciona l, a lo que contribuye su ta maño y la regularidad de su volu men y de su alzado (Fig. 106). Se sitúa en primera línea de la bahía, a modo de fachada urbana, en el borde interior de la antigua muralla y frente al conocido como Muelle de P iedra: es el cabo de A Laxe, el extremo de la villa ant igua, a partir del cual se hace ―hacia el Arenal s ituado al Este― la plataforma de relleno donde se va a asentar el ensanche de Olloqui (Fig. 103). Así, el edificio es “la puerta de entrada para aqué llos que l legaban a 536 I bid., 20-V -1880, p. 1. 537 I bid., 16-III-1880, p. 2. 538 I bid., 9-II-1880, p. 1. 539 Gaceta de Galicia , 23-V III-1879, p. 3. 540 “EL TURI SMO EN GALICIA” 1909. 148 Fig. 106: Vista ge neral de Vig o desde el lad o opuesto de la bahía , según se representa en La Ilustración Gallega y Asturiana, 1 8-III-1880, p. 108. Destaca entre el caserío la conocida como "Casa Grande del Muelle", e n el extremo de la derecha. 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL la ciudad por mar”, al levantarse junto al muelle de l legada para los pasajeros que transbordan en barca desde los transatlánt icos fondeados en la ría 541 . T enemos pues un referente urbano que lla ma la atención de los vigueses y de sus visitantes, porque ro mpe con la tipología de casa tradicional en favor de otra moderna que des taca en tamaño, estilo y calidad constructiva: son cualidades que se aprecian de manera pat ente en 1879, cuando el edificio se describe como “imponente”, “sólido”, “severo” y “singular” 542 . Fig. 107: El H otel Continental de Vigo, c. 1903-1907, con vista parcial del Muelle de P iedra en primer plano. ARG, col. postales, sig. 1670. Fig. 108: Plano de situación de la casa de Guillermo P erinat, f irmado por D . Sesmero el 18 de mayo de 1871. A MV , URB 128-64. Conocida como la Casa Grande del Muelle, el edificio del Contin ental tien e su origen a mediados de la década de 1860, co mo argumenta de forma convincente Areal Alonso, pese a la ausencia de los planos originales y el desconoci miento de su arquitecto. En este sentido, cabe descartar la tradicional atribución al arquitecto Jenaro de la Fuente Domínguez, que co mienza su actividad en V igo en 1874 543 . Areal, que estudia detenidamente la historia de este hotel, comienza haciendo referencia a un expediente municipal de 1865 que no nos ha sido pos ible localizar , en el que el mencionado Emilio Garcí a Olloqui, a través de Joaquín Pereira, solicita al a yuntamiento un cambio en el perfil de las ca lles que colindan con el lugar en el que está edificando una casa, motivado por la fuert e pendiente del lugar 544 . En cambio, sí localizamos el “permiso para sustituir con un piso corrido las boardillas[sic] que tenía pro y e ctado en la casa de nueva planta que está constru yendo en la Calle de la Lage” 545 . Se trata de un añadido que puede verse clar amente en ese cuerpo de ático sobre el cornisa mento ( Fig. 107), tal como ya apreciaba Garrido 546 , y que no es aj eno a los procesos de recrecimiento de los inmuebles que se dan a lo largo de las décadas posterior es. Curiosamente, en el Palace Hotel de A Coruña, nos vamos a encontrar con una similar sustitución de un antiguo piso bajocubierta por un cuerpo de ático con un mismo 541 GARRI DO RODRÍGUEZ 2001, pp. 134 y 137. 542 Así se desprende de la reseña del hotel a que alude la nota 518 de este trabajo. 543 Esta atribución se sostiene por GARRIDO RODRÍGUEZ 2001, p. 134. 544 AREAL A LONSO 1998, p. 34. 545 AMV , Actas Municipales , 22-II-1866, fol. 6r . Citado por AREAL ALONSO 1998, p. 34. 546 GARRI DO RODRÍGUEZ 2001, p. 135. 149 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) objetivo de ganar tanto en superfic ie interna como en embel lecimiento exterior . No obstante, el edificio coruñés se reforma mucho después de su construcción original, mientras que el vigués lo hace sobre la marcha de l as obras 547 . Si bien los dos docu mentos aludidos no identif ican de manera inequívoca el edificio al que nos refer imos, sí lo hace otro de 1871, donde ya se hace constar que “ la casa grande del Cabo de la Lage”, presumiblemente concluida, pertenece ahora a Guiller mo Perinat. Él es quien solicita permiso para colocar unas “ aceras de losa alrededor de dicho edificio” con “una l igera variación en las rasantes de las ca lles de Bajada al Muelle, T raviesa del Cónsul y Bajada a la Fuente ” para así evitar “la entrada de las aguas pluviales” 548 . Y con ello se adj unta un plano fir mado por Do mingo Sesmero donde se aprecia la planta perimetral del edificio de l futuro hotel, lo que viene a demostrar su anterioridad al estableci miento en V igo de Jenaro de la Fuente Domínguez ( Fig. 108). Fig . 109: Vista de Vig o desde la bahía, c. 1900. Autor de sconocido. Pub licada originalmente en C ABANELAS 2013. T omada de http://vigopedia.com/2014/04/16/historia- en-una-foto -vigo - desde - el-mar-e n- el- s iglo-xix/, donde se indica que ha sido “ retocada ”. Al igual que E milio García Olloqui, G uillermo Perinat y Ochoa ―marqués consorte de P erinat― es un pers onaje de la alta bur guesía viguesa con un papel relev ante como propietario in mobiliario. Según indica Areal Alonso, entr e los años 1875 y 1879, se publican en Far o de V igo una serie de anuncios relacionados con la venta de mobi liario de uno de los pisos de este edif icio, a causa de la mudanza de su propietario, así co mo con el alquiler de las instalaciones que ocupara el Café de la Marina en el bajo 549 . Esta información nos s ugiere dos conclusiones. La primera, ya esperab le, es que el edificio se destina durante sus prim eros años a viviendas en los pisos altos y a locales comerciales en los bajos, siguiendo el esquema habitual de las casas de alquiler que proliferan en los barrios bur gueses. En este sentido, cabe esperar que Perin at, el propietario del edif icio por entonces, habitase una de estas viviendas, pudiendo haberse desprendido de su mobiliario a raíz de abandonar la ciudad. La segunda conclusión, a la que llegamos si considera mos otros anuncios que aún apar ecen tras la inauguración del Continental en agosto de 1879, es que no todo el edificio pasa inmediata mente a 547 Véase el estudio del Palace Hotel de A Coruña en los capítulos 3 y 4. 548 AMV , URB 128-64, fol. 2r . 549 AREAL A LONSO 1998, p. 36. 150 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL cumplir las funciones de hotel, pues durante un tiempo aún está el piso principal disponible para arrendamiento 550 . Lo que sabemos del hotel en esta época atañe principalmente a su ext erior , que es el que esencialmente mantiene durant e toda la vida del edificio con ligeras varian tes. Una de las grandes bazas del ed ificio del Continental, que lo singul ariza entre la prácti ca totalidad de los hoteles urbanos que vam os a tratar , es su car ácter exen to, com o inmueble que ocupa toda una manzana, lo que, unido a su s ituación privilegiada frent e a la bahía, le otorga una visib ilidad y un realce excepciona les. Dada la ausenc ia de planos de referencia, nos limitaremos a observar las fotografías más antiguas, es decir , aquéllas en que el hotel aún aparece frente a la batería artillera de A Laxe, en un antiguo baluarte que será desmantelado en la última década del siglo XIX para realizar el muelle de conexión con el barrio del Berbés 551 . La mejor foto de que disponemos en este sentido es la que se publica en la obra de J. R. Cabanelas Vía V igo, que está realizada por un autor sin identifica r a finales de l siglo X IX ( Fig. 109 ). En ella, se aprecia un edificio esencialmente igual al que veremos en i mágenes posteriores salvo, quizá, por un detalle volumétrico y otros dos epidérmicos: el volumétrico se refiere a la escasa altura de la cubierta, que la hace prácticamente invisible; los epidérmicos son, primero, la presenc ia de antep echos de hierro en la fachada a la bahía y , segundo, la situación del rótulo del hotel en la peineta abalaustrada del acroterio de la misma fachada ―se aprecia con dificultad―, coincidiendo así con la descripción que se hace en la reseña inaugural del hotel: el rótulo “ cor ona la magnífica casa” 552 . Fig . 110: Vista del H otel Continental de Vigo, c. 1909. A RG , col. postales, sig . 3237. Fig. 111: Fachada occident al del Hotel Continental, orientada al Mercado da Laxe, en primer término . http://www .farodevigo.es/gran- vigo/2013/12/22/a bre-mercado-laje/937027.html Deducimos de este modo que, en fotografías más tardías donde ya se observa el relleno del mal ecón y e l Mercado da Laxe ―edificado en 1903 a la derecha del hotel, en el lugar de la antigua Fuente de V igo―, las que muestran los antepechos metálicos y el rótu lo “Hotel Continental” en el corona miento preceden a aqué llas con las balaustradas pétreas y el letrero sobre la pla nta principal y s obre las tejas de la cubierta 553 , ahora y a lo bastante elevada como para ser visible a pie de calle. 550 Far o de V igo, 19-XI-1879, p. 3: “Arriendo: el del piso principal de la casa grande del muelle; reúne e xcelentes condiciones”. 551 GARRI DO RODRÍGUEZ 2001, p. 134; LAMAS 2015. 552 MESTRE 1879, 23-VIII -1879. La cursiva es nuestra. 553 Curioso recurso que parece dirig ido al novedoso tráfico aéreo. 151 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) Compárense a este respecto las Figs. 107 y 1 10, entr e las que, deduci mos, debe de mediar una obra de reforma que quizá pueda relacionarse con la de 1907 554 . Así pues, si nos ceñimos al aspec to exterior del Hotel Continental de la pri mera época ―obviando por tanto su etapa residencial―, nos encontramos con un edificio de planta cuadr ilátera irregular con las esquinas achaflanadas. En al zado ofrece ocho planos de fachada, cuatro principales y cuatro formados por los pequeños chaf lanes, que al natural aparen tan un volumen esenc ialmente cúbico, aunque cortado oblicuamente en su bas e por la pronunciada inc linación de la call e de A Laxe. En altura, pres enta bajo y cuatro pisos, donde solo el superior asume la tradicional gradación decreciente, al ser un cuerpo de ático más baj o que el resto, añadido ―co mo ya vimos― sobre la cornisa que presumiblemente remataba el proyecto original. El bajo, por su parte, es un cuerpo de altura co mpleta en la fachada a la bahía, mientras que queda achicado en el lado opuesto a causa de la diferent e lín ea de rasante. En los lados a la Rúa da Lax e y da Fonte, en cambio, este cuerpo va decreciendo gradua lmente conforme asciende la calle. En cuanto a la co mposición de los alzados, lo pri mero que ha y que s eñalar es el carácter preferente que se da a la fachada que mira a la inc linada calle de A Lax e ―oriental―, pues ella es la principal y de acceso al edificio, mientras que la de la bahía ―norte― tiene un tratamiento más bi en secundario que no se real za hasta las reformas de 1907, cuando s e dota de bal cones pétreos. Si comparamos estas dos fachadas, que suelen mostrarse en las imágenes más habituales del hotel, apre ciamos que la principal posee una anchura de s iete vanos, de los cuales se adelantan los tres centrales del baj o y primer piso para enfatizar el ej e en que se sit úa l a port ada del establecimiento; en cambio, la de la bahía, que es ligeramente m ás corta que la anterior , amplía el espacio mural entre sus vanos y coloca dos menos en anchura, es decir , cinco. En cuanto a las fachadas situadas hacia la “Bajada a la Fuente” y la “T raviesa del Cónsul”, que tienen una visibilidad menor y , con e llo, una importancia secundaria, emplean ta mbién una distribución de vanos regular , aunque con un resultado claramente más discreto. La de la “ Bajada a la Fuente”, que se orienta al Mercado da Laxe, tiene siete huecos de ancho, pero ahora se enfatizan los tres centrales por medio de su aproximación ( Fig. 1 1 1). Por último, la fachada a l estrecho callej ón de la “T raviesa del Cóns ul” despliega en principio cinco vanos, como la de la bahía, aunque antes de 1935 debe de hacerse una nueva refor ma que amplía su nú mero a siet e en los pisos altos, empleando el esquema inverso al de la “Bajada a la Fuente”: se aproximan los tres vanos de cada extremo para dejar en el eje de simetría un único hueco 555 . La fachada princ ipal es la única que se pauta con discre tas pilastras decorativas, situadas en los tramos centrales, que corresponden al cuerpo ligeramente sobresaliente. Así mismo, los antepechos de s us balcones son pétreos, frente a los de forja del resto de las fachadas; de ellos, destaca sobre todo el bal cón corrido que se establece en la segunda planta, sobre la portada, recurso con el que se vuelve a enfatizar la en trada del 554 Así lo estima AREAL ALONSO 1998, p. 37, en lo que respecta a la sustitución de los antepechos. 555 Aunque no dispone mos de vistas completas de esta fachada, deducimos su apariencia de los planos de las Figs. 349 y 350b-c-d-e, en los que nos detendremos cuando tratemos la siguiente et apa del hotel (apartado 3.2.2). 152 Fig . 112: Una de las habitaciones en que se hos pedó la Inf anta Isabel e n 1906, según Vida Gallega, diciembre de 1909 . No obstante, la f otografía sería posterior a las reformas, pues es la misma que se publica en el folleto de la Fig. 351. 2. ENTRE LA FONDA Y EL HOTEL establecimiento. Si atendemos a la forma de los vanos, observa mos una correlación general en los tipos empleados en cada piso, de modo que los del pri mero son adintelados, los del segundo y tercero rebajados, y los del ático de nuevo adintelados, aunque de menor tamaño. En el bajo, originalmente s e s itúan ventanas ad inteladas, pero lo más llamativo son las tres puertas arqueadas que franquean la entrada principal. No obstante, al mar gen de los tipos de vanos e mpleados, sí se resalta la fachada principal sobre las restan tes por med io de una ma yor molduración y ornamentación de los mismos, dotándolos de ele mentos distintivos como son los guardapolvos. T a mbién hay que señalar este trata miento destacado en el caso de los vanos de los chaflanes, en especial por el arco conopial con que se corona la ventana del segundo piso. Por su parte, el remat e de las cuatro fach adas s e hace con un pretil que oculta parcialmente el tejado y que se centra con un tramo abalaustrado flanqueado por pequeñas aletas. Precisamente, en el que corresponde a la fach ada norte, se coloca el rótu lo del hotel durante su primera etapa. Para ter minar con el aspecto exterior del edificio, nos referiremos a sus materiales y acabados. Garrido lo califica como “el pri mero de aquellos grandes suntuosos edificios pétreos de bien labrada sillería” 556 , en referencia a los valores cons tructivos que inauguran las viviendas de l a pujante bur guesía. La visibi lidad del grani to, no obstant e, se reserva para la fachada principal y chaf lanes, mientras que las fachadas secundarias se revocan con “cemento portland” 557 , dejando s olo al desnudo las impostas y el cerco de los vanos. En cuanto a los int eriores, apenas contamos con imágenes que ilustren el estado del hotel en su primera época y no es mucho tampoco lo que nos aportan las fuentes textuales. De los primeros ti empos, tras s u inauguración, contamos con la reseña antes mencionada que se hace en la prensa, donde se dice que las habitaciones s on “tan cómodas y ventiladas, como espaciosas y alegr es”. Y sigue: “aquel lujoso s ervicio de plaque; aquella brillante cristal ería y aquella completísima vajilla, revelan desde luego al visi tante que allí no debe escasear el confort, ese id eal que forma el encanto de todo viajero de buen gusto y que tan difícil de encontrar es en los pueblos de provincia”. Cuando se detiene a elogiar la bodega del establecimiento, “depósito de los mej ores vinos y licores, tan to nacionales co mo extranjeros ”, vuelv e a mencionar los “bien dispuestos aloja mientos en que abunda el cómodo hotel” 558 . Poco más tarde, con motivo de la inauguración de un nuevo comedor “para más de cien personas” y “establecido en la planta baja del ed ificio”, se nos dice que “el salón está decor ado con senci llez y elegancia, y aún cuando los co mensales de ese día no bajarían de unos ochenta, el espacio era holgadísimo para todos” 559 . De las pocas referencias detalladas a los interiores que hallamos, destacan las que se dan con motivo de la visita de la Infanta Isabel, y a iniciado el siglo XX (1906). Rebasamos por ello por un instante el l ímite cronológico impuesto para este cap ítulo para aludir a un episodio que es apropiado integrar en la pri mera etapa arquitectónica del hote l, al poco de traspasarse la propied ad a José Curbera. A este dueño, la Casa Real le remite un telegrama “ pidiendo (...) una habitación y un saloncito con destino a la 556 GARRI DO RODRÍGUEZ 2001, p. 135. 557 Así identifica el tipo de mortero AREAL ALONSO 1998, p. 37. 558 MESTRE 1879, n º 181, 22-VIII-1879, p. 3. La cursiva es del original. 559 Far o de V igo, 5-VI-1883, p. 2. 153 Ciudades y hoteles en la Galicia contemporánea (1779-1948) « Es evidente que el despegue de Ferrol fue una r ealidad tangible en la segunda mitad del si glo y el factor funda m ental que transformó par a sie m pre su imagen de ciudad castrense heredada de la Ilustración, por otra que, en cambio, proponía darle un vuelco más amable, doméstico, civil y , claro está, también bur gué s. » 1000 2.6.2.1) La mano de los Mengotti en Ferr ol: el antiguo Hotel Suizo Seguramente el hote l más conocido del Ferrol de l a primera mitad del siglo XX es el H otel Suizo, a lo que sin duda colabora su soberbio edificio, pro ye ctado por Rodolfo Ucha en 1913. Pero años antes, al menos des de 1879, encon tramos una fonda en el m ismo lugar , el cruce entre las cal les Real ―durante un tiempo c/ Sinforiano López― y Sánchez Barcáiztegui ―antiguament e c/ T raviesa―, lo que nos lleva a preguntarnos si tendr ía algo que ver con el solar del futuro hotel de Ucha (Figs. 251-1, y 467). De ella sabemos poco y no dispone mos de documentos gráficos de su edifi cio, pero sí ten emos algunas certezas interesantes que nos permiten reseñarla a grandes rasgos. El primer hecho documentado es que Antonio Mengotti Gaudenzi está empadronado como “ fondista” en el nº 1 14 de la c/ Real en el año 1881, donde aparece como residente habitual desde 8 años antes 1001 . Se trata, efectivamente, de la misma persona que encon tramos recién llegada a Compostela en 1877 y vinculada desde poco después a la Fonda Suiza de es ta ciudad 1002 . Lógicament e, su edad ―37 años― es coher ente con la del padrón co mpostelano, y se indica el mismo lugar de nacimiento: Poschiavo, en el cantón suizo de los Grisones. Su esposa, María Gaudenzi, tiene 29 años y , como ya dijimos, morirá joven. Lleva menos tiempo que su marido en Ferrol ―4 años― y prácti camente acaba de dar a luz a su hijo Julio, que tiene diecisiete meses. Junto a María, están dos de s us fa miliares ―quizá hermanos― que son, al igual que ella, oriundos de la mis ma loca lidad helvética que Antonio. En el mismo domicilio del 1 14 de la c/ Real aparecen otras cuatro personas ―un burgal és y otras tres galleg as― que pertenecen probablemente al servicio de la fonda, s i bien todos los habi tantes de la casa, de manera poco común para lo que solemos encon trar , aparecen etiquetados co mo “fondistas”. Con estos datos, pode mos concluir que en el año 1881 opera una fonda en el nº 1 14 de la c/ Real ferrolana. Ahora nos preguntamos, aunque pueda pare cer obvia la respuesta, si esta fonda tiene relación con el estableci miento que luego se anuncia como Hotel Suizo en 1890 justo en la misma dirección ( Fig. 248). Ante todo, resulta definitiva una noticia que indica que en 1880 hay una “Fonda Suiza” al lado del nº 1 16 de la c/ Sinforiano López ―Real―, inmueble este último que por entonces está en venta 1003 . Como la pri mera noticia que tenemos de una fonda en Ferrol con el nombre de Suiza es de 1879 ―aunque no se mencione su situación―, podemos adelantar hasta ese año la cronología 1004 . Por otra parte, res ulta lógica l a correspondencia entre los Mengotti y los 1000 VIGO TRASANCOS 2009, pp. 129-130. 1001 AMF , padrones de habitantes, sig. P-20, año 1881, c/ Sinforiano López 1 14. 1002 Véase pág. 229 de este trabajo. 1003 El Corr eo Gallego, 5-II-1880, p. 3; ibid., 14-II-1880, p. 4. 1004 I bid., 20-V -1879, p. 3; LLORCA FREIRE 2018, p. 310: el autor dice saber “da súa existencia no ano 1878 cando 256 Fig. 245: Anuncio del Hotel del Comercio de Fe rrol. El Correo Gallego, 27-IX-1884, p. 3. [Document text truncated for crawler view.]