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La inmigración gallega en el sur del gran Buenos Aires: (1869-1960)

Farías, Ruy

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U NIVERSIDADE DE S ANTIAGO DE C OMPOSTELA F ACULTADE DE X EOGRAFÍA E H ISTORIA D EPARTAMENTO DE H ISTORIA C ONTEMPORÁNEA E DE A MÉRICA L A INMIGRACIÓN GALLEG A EN EL S UR DEL G RAN B UENOS A IRES , 1869 - 1960 Tesis doctoral presentada por el Lic. D. Ruy Gonzalo Farías Iglesias, bajo la dirección del Dr. Xosé Manoel Núñez Seixas y del Dr. Alejandro Enrique Fernández S ANTIAGO DE C OMPOSTELA , ENERO DE 2010 2 3 Índice Introducción ………………………………………………………………………….....9 Breve balance de la producción historiográfica dedicada a la emigración gallega a la Argentina……………………………………………………………………………….11 Fundamentación de la presente investigación (o por qué es necesario estudiar la inmigración gallega en Avellaneda y Lanús)…………………………………………..15 Algunas herramientas conceptual es y m etodológicas………………………………….21 Acerca de las fuentes utilizadas……...…………………………………………………24 Ordenamiento del texto………………………………………………………………...35 Agradecimientos………………………………………………………………………..37 1. La inmigración gallega a la Argentina entre los siglos XIX y XX, en el contexto de la inmigración europea …………………………………………………………….45 1.1 De España a América………………………………………………………………45 1.2 Las causas de la emigración ultramarina gallega entre 1836 y 1960: factores macroestructurales, coyunturales y microsociales………… …………………………...50 1.3 El marco socio - económico argentino entre mediados del siglo XIX y 1960 ………57 1.4 Aproximación a la inmigración europea en el país………………………………...68 1. 5 Algunos aspectos de la inmigración gallega en la Argentina……………………...75 2. Una parti cular sociedad de acogida: Avellaneda y Lanús, entre el Pago de la Magdalena y la década de 1960 ……………………………..………………………..89 2.1 El medio físico, las primeras divisiones del territorio y sus poblamientos más tempranos……………………………………………………………………………….92 2.2 De la creación del Partido de Barracas al Sud al final del saladero………………..97 2.3 La gran transformación ( circa 1884 - 1914)...……………………………………..104 2.4 La metrópoli industrial y su “diagrama del desorden”……………………………114 2.5 De la creación del Partido de Cuatro d e Junio / Lanús a 1960…………………………………………………………………………………...123 4 2.6 Un apunte sobre la política local………………………………………………….126 3. Tipología de los inmigrantes gallegos en Barracas al Sud / Avellaneda, 1890 - 1930 ………………………………………………………………………………...…137 3.1 Primeras noticias sobre inmigrantes gallegos en el Partido………………………137 3.2 Más allá de la identidad jurídica y estadística: la importancia del colectivo gallego dentro del conjunto español………………………………………………...................141 3.3 Provincias y municipios de orig en; bosquejo de la periodización de su llegada y de sus edades al emigrar………………………………………………………………….169 3.4 Rango de edad y edades promedio de los inmigrantes gallegos en Barracas al Sud / Avellaneda…………………………………………………………………………….193 3.5 Aproximación a la co mposición sexual del grupo..………………………………199 3.6 Un esbozo de sus niveles de alfabetización……………………………………….210 4. La integración (I): patrones residenciales, inserción socioprofesional y pautas matrimoniales ………………………………………………………………………...221 4.1 La distrib ución espacial…………………………………………………………...222 4.1.1 Algunos comentarios previos……………………………………………222 4.1.2 Patrones residenciales de los españoles en Barracas al Sud / Avellaneda hasta 1930……………....……………………………………………………..226 4.1.3 El patrón residencial gallego entre 1890 y 1930………………………...243 4.1.4 Un ejercicio de análisis de la movilidad espacial……………………….259 4.2 La inserción socioprofesional………………………………….....………………270 4.2.1 Indicios de movilidad social…………………………………………….295 4.3 La conducta matrimonial………………………… ………………….……………315 4.3.1 Pautas matrimoniales de los españoles tomados como un todo…………320 4.3.2 Diferencias entre los distintos grupos étnico - regionales hispanos……...329 4.3.3 Pautas matrimoniales de los gallegos…………………………………...339 4.3.4 Salvedades y conclu siones………………………………………………360 5. La integración (II): participación en asociaciones voluntarias étnicas ………..365 5 5.1 Breve descripción del asociacionismo panhispánico y gallego en la Argentina….365 5.2 Los gallegos y el mutualismo panhispánico en Barracas a l Sud / Avellaneda……370 5.2.1 La Sociedad Española de Socorros Mutuos de Barracas - Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas y Buenos Aires…………………..372 5.2.2 La Sociedad Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud - Asociación Española de Soco rros Mutuos de Barracas al Sud / Avellaneda………………387 5.3 El surgimiento de un asociacionismo puramente galaico: el Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda………………………………………………………….411 5.3.1 Génesis y finalidad explícita del Centro Gallego de Barracas a l Sud…..413 5.3.2 Características del gobierno del Centro y situación socioeconómica de sus asociados………………………………………………………………………419 5.3.3 El grupo dirigente, la élite socioeconómica del Partido y las relaciones intraétnicas…………………………………………………………………….424 5. 3.4 Las razones de una limitada masa social………………………………..430 5.3.5 El palacio y sus costos…………………………………………………..437 5.3.6 La élite del Centro, la identidad étnica y la integración………………...442 5.4 De líderes y liderazgos: el caso de Antonio Paredes Rey……………… …………444 5.4.1 Apunte biográfico……………………………………………………….446 5.4.2 La naturaleza de su liderazgo, sus fuentes de poder y de prestigio……..449 5.4.3 Condiciones específicas para la conformación y agotamiento de un modelo de liderazgo……………………………………………………………………452 5.4.4 Representatividad, legitimidad interna, estrategia e intenciones………..459 5.4.5 A modo de conclusión…………………………………………………..466 5.5 Las microsociedades gallegas en el Partido: un primer acercamiento……………467 6. La integración (III): participación social y política ……………………………..491 6.1 “Visibilidad” de los gallegos en Avellaneda……………………………………...492 6.2 La “cuestión social” a través de un estudio de caso: la huelga frigorífica de 1917 - 1918 y los trabajadores gallegos de “La Negra”……………………………………...501 6.3 L os gallegos y la política local……………………………………………………514 6.4 Participación en ámbitos de sociabilidad, instituciones y dinámicas locales……..522 6.5 La comunidad gallega ante la Guerra Civil Española...……………...…………...534 6 7. De 1930 a 1960: retracción, desper tar de las “cadenas dormidas” y final del ciclo migratorio …………………………………………………………………………….543 7.1 Entre la crisis del 30` y 1960: el stock , los flujos y el despertar de las “cadenas dormidas”……………………………………………………………………………...546 7.1.1 Gallegos y españoles en la década de 1930……………………………..548 7.1.2 De 1939 a 1960: el stock y sus características…………………………..554 7.1.3 Características de los flujos………………….………………………….562 7.1.4 El “despertar” de las cadenas y el peso de la emigración familiar: una mirada desde las fu entes orales………………………………………………..578 7.2 El patrón residencial entre 1939 y 1960 : la consolidación del movimiento “del centro a la periferia”..…………………………………...…………………………….585 7.2.1 El patrón de asentamiento………………...……………………………..586 7.2.2 La movilidad espaci al, vista desde el testimonio de los protagonistas….598 7.3 Inserción socioprofesional y movilidad social entre 1939 y 1960.……………….604 7.3.1 La inserción socioprofesional…………………………………………...605 7.3.2 Redes sociales, integración económica y movilidad socio profesional….626 7.4 Un caso particular de inserción socioprofesional a caballo de tres períodos: el frigorífico “ La Negra ”………………………………………………………………...635 Conclusiones generales ………………………………………………………………669 Fuentes y Bibliografía ……………………………………………………………….705 7 A breviaturas AA: Libro de Actas de Asamblea ACD: Libro de Actas de Comisión Directiva AEPBA: Anuario Estadístico , Dirección General de Estadística de la Provincia de Buenos Aires AESMdeA:Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud / Ave llaneda AESMdByBA: Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas y Buenos Aires AESMdeBA: Asociación Española de Socorros Mutuos de Buenos Aires AESMparaM: Asociación Española de Socorros Mutos para Mujeres AGAFPE - CGAFPE: Ag ru pación Gallega de Ayuda a l Frente Popular Español / Central Gallega de Ayuda al Frente Popular Español AGN: Archivo General de la Nación AMRCA: Actas de Matrimonio del Registro Civil de Avellaneda 1ª AMRCDS: Actas de Matrimonio del Registro Civil de Dock - Sud AMRCL: Actas de Matrim onio del Registro Civil de Lanús AMRCP: Actas de Matrimonio del Registro Civil de Piñeiro AMRCRE: Actas de Matrimonio del Registro Civil de Remedios de Escalada de San Martín AMRCS: Actas de Matrimonio del Registro Civil de Sarandí BOCGA: Boletín Oficial d el Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda CAP: Corporación Argentina de Productores de Carne CGA: Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda CGdeBA: Centro Gallego de Buenos Aires CGdeVA: Centro Gallego de Valentín Alsina CyC: Caras y Caretas E DG: diario El Despertar Gallego FSG: Federación de Sociedades Gallegas, Agrarias y Culturales / Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina Ga: diario Galicia HAPS: Sociedad Recreativa Juventud Unida del Ayuntamiento del Puerto del Son / H ijos del Ayuntamiento del Puerto del Son IM: Intendente Municipal 8 INAES: Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social INDEC: In stituto Nacional de Estadística y Censos LCG: diario La Colonia Gallega LV: diario La Verdad LL: diario La Libertad LO: diario La Opinión MEGA: Museo de la Emigración Gallega en la Argentina – Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina NG: diario Nova Galicia OF: Sociedad Artística y Recreativa Orfeón Fonsagrada PBI: Producto Bruto Interno RGL: Agrupación Cultural y Recreativa Residentes de Galicia en Lanús RPF: Residentes del Partido de Fonsagrada RS: Registro de Socios S/a: sin año S/e: sin editor SESMdeB: Sociedad Española de Socorros Mutuos de Barracas SESMdeVA: Sociedad Española de Socorros Mutuos de Valentín Alsina SI: Solicitudes de Ingreso S/l: sin lugar SXE: Secretaría Xeral de Emigración da Xunta de Galicia UFD: Unidos de Fonsagrada y sus Distritos 9 Introducción “Detrás de los datos, se encuentran personas que, con sus fracasos y sus éxitos, sus ilusiones y sus decepciones, participaron en un fenómeno tan significativo de la historia social y económica como el de la emigración contemporánea, y contribuyeron decisivamente al progreso, y quizás a la decadencia, de una nación como Argentina.” 1 “La c olonia gallega de Avellaneda que por sus relevantes cualidades es la más brillante de Avellaneda merece del Honorable Concejo una prueba de alta consideración dando el nombre de Galicia a una calle del municipio y considerando que honrando a la hermosa Sue via honramos a nuestros padres, de quienes heredamos el tesoro más grande que el alma humana encierra: sus virtudes cívicas.” 2 Como ha sido dicho en otro luga r, resulta difícil exagerar la importancia que la corriente inmigratoria española supone para la Historia argentina. Ya en los tiempos coloniales, aún cuando la misma era en términos absolutos inferior a la que tenía por destino los virreinatos de México o Perú, el peso relativo del componente humano hispano resultaba quizás mayor demográfica y socio culturalmente en el Río de la Plata que en cualquiera otra parte del Imperio americano español. De acuerdo con las estadísticas argentinas, 2.070.874 españoles ingresaron en el país entre 1857 y 1930, y aunque muchos de ellos regresaron a la Península desp ués de estadías de diversa duración, más de la mitad (54 %) se radicó en la Argentina de manera permanente. Para 1914 un 10 % del total de la población “argentina” había nacido en España, y el número de personas de ese origen residentes en Buenos Aires (30 6.000) s obrepasaba al de cualquier otra ciudad en el mundo, con la única excepción de Madrid y Barcelona. 3 Décadas más tarde, y habi é ndose superado ya las coyunturas claramen te desfavorable s para las migraciones signadas por la crisis económica de 1929, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, se produciría una “última oleada” de españoles hacia la Argentina formada por unas 237.190 personas que llegaron entre 1946 y 1960 . En ese último año, cuando el ciclo de la inmigración en masa ya había to cado a su fin, todavía 715.685 de los 20.013.793 de habitantes del país (3,5 % ) había nacido en España. 4 1 Sánchez Alonso (1988: 15). 2 Citado en “Amor a Galicia ”, BOCGA, IV: 63, 31 - X - 1908, p. 15. 3 Esas magnitudes impresionantes no llegan a dar cuenta, sin embargo, del impacto demográfico que supuso la corriente inmigratoria hispana, puesto que los resúmenes estadísticos no discriminan a aquellos descendientes de españoles que, por el hecho de nacer en territorio argentino, fueron censados como nativos. 4 Las cifras y porcentajes expuestos fueron tomados de: Fernández y Moya (1 999: 9 - 10), Moya (2004: 13), Núñez Seixas (2007: 28), Villares y Fernández (1996: 153), Censo Nacional de Población 1960 (1963 I: 2, 12). 16 1914. 27 Como consecuencia de ello, poco o nada informan sobre las corrie ntes migratorias hispanas que tomaron el camino del interior argentino , o incluso localidades contiguas a la capital del país . 28 Mucho menos sobre las características generales de la última oleada migratoria al país austral, entre 1946 y 1960, período en el que volvió a ser el principal destino americano de la emigración española, recibiendo a casi cuatro de cada diez emigrantes que se digirieron a Latinoamérica. De hecho, si en 1947 moraban en el país 749.392 españoles (el 4,71 % de la población total y el 30,7 % de los extranjeros), el saldo de la corriente llegada hasta 1960 hizo posible que, no obstante la gran mortalidad por envejecimiento de la que arribara fundamentalmente antes de 1914, el censo nacional de aquel año registrase, todavía, como queda d icho, la presencia de 715.685 españoles ( el 3,5 % de la población total, y 27,4 % de los extranjeros ) . 29 En consecuencia, juzgamos evidente tanto la necesidad de nuevos estudios sobre la s migraciones española s a otros puntos del territorio argentino distint os a Buenos Aires, como también la de abarcar la “última oleada” migratoria que coincide con la segunda posguerra. Ahora bien ¿por qué sólo los inmigrantes gallegos, y por qué en un área tan acotada del país (Avellaneda y Lanús)? Esta pregunta conduce, ine vitablemente, a la de para qué regionalizamos. Si bien no es é ste el lugar más adecuado para volver a discutir en extenso los pro y los contra de las diferentes escalas de análisis para estudiar los 27 Siendo de por sí escasos los que superaron la línea 19 30/1936, cuando lo hicieron se centraron, como señala De Cristóforis (2008: 77 - 8), bien en el exilio republicano, bien en los condicionantes y efectos de las políticas migratorias del régimen franquista, en relación con las ideas, metas e iniciativas del g obierno argentino. Vid., por ejemplo, Senkman (1991), Quijada Mauriño (1989, 1992), Schwarzstein (2001a ), Devoto ( 2001) o Fernández Vicente (2005). 28 Con todo, además de los textos ya mencionados para los gallegos, pueden colocarse en la columna del haber algunos capítulos y datos dispersos incluidos en Vives, Vega y Oyamburu (1992), P alazón Ferrando (1995), Villares y Fernández (1996), Devoto (2003), Núñez Seixas y Soutelo Vázquez (2005), Cagiao Vila y Núñez Seixas (2007), o Lojo, Guidotti y Farías (2008) , además de los trabajos de Marquiegui (1993) y Da Orden (2005) sobre los españoles en Luján y Mar del Plata, o los de Iriani Zalakain (2000) u Otero (1990, 1992) sobre los vascos en el interior de la provincia de Buenos Aires . Sobre la inmigración europea en general en el período que se abre en 1946, vid. Barbero y Cacopardo (1991). 29 El 34 % de esos españoles moraba en la capital argentina, en tanto que otro 30 % lo hacía en los partidos del Gran Buenos Aires. Vid. Palazón Ferrando (1995: 309 - 15). M ás al lá de estos datos muy agregados, poco es lo que sabemos de esta inmigración, fuera de la certeza de que se hallaba motorizada por una motivación económica inmediata (producto de una economía incapaz de absorber la mano de obra excedentaria que generaban la s áreas rurales), no obstante lo cual no debería pasarse por alto la existencia de otra variable política mediata (la disidencia con el régimen de Franco), y el hecho de que coincidió con los años más duros de la dictadura franquista. Asimismo, está fuera de duda que esa corriente entrañó un amplio proceso de reagrupación familiar, según se deduce de la mayor emigración femenina y la menor tasa de retorno (25,3 %) en comparación con los estándares del período 1880 - 1930. Vid. Fernández Vargas (1992: 581, 584 ), Palazón Ferrando (1995: 286, 291, 302, 313). 17 movimientos migratorios (¿cuál es la más idónea? ¿la glob al, la nacional, la regional o la local?), 30 vale la pena recordar c ó mo resumía el problema Sánchez - Albornoz: Mirada a distancia, la migración transatlántica involucra dos continentes enteros; desde más cerca, vincula áreas: Gran Bretaña o Escandinavia con Norteamérica, España con Iberoamérica...; a la corta, en realidad, conecta entre sí regiones: Canarias con Cuba o Galicia con Buenos Aires; a la lupa, la migración enlaza comarcas, pueblos o incluso barrios. Cualquier óptica es válida. Depende del problem a y del argumento.” 31 Sin desconocer el hecho básico de que cualquiera sea la escala elegida nuestro conocimiento del pasado siempre será imperfecto y entendiendo, al igual que Devoto, que el de la escala de observación no es un problema de legitimidad epi stemológica sino de funcionalidad explicativa, seguimos aquí la postura de este autor, para quien el enfoque regional es el que reúne las mayores potencialidades para el estudio de las migraciones internacionales, pues refleja mejor los ciclos y densidades migratorias diferenciadas y persistentes en el tiempo. 32 Este trabajo dará abundantes pruebas de ello. Desde luego, la elección viene determinada por algo más que una simple conveniencia de enfoque. El estudio de la inmigración gallega en la Argentina no requiere de mayor justificación que la simple constatación del número de personas implicadas. Alrededor del 55 % de los españoles desembarcados en el país entre 1857 y 1930, y en torno al 45 % de los que llegaron entre 1946 y 1960, habían nacido en Galicia . A ello se suma el hecho de que su notable grado de concentración geográfica en la ciudad de Buenos Aires hizo que, durante buena parte del siglo XX, la capital argentina fuese la más grande metrópoli gallega del o rbe. 33 No obstante, gallegos hubo y hay en todas partes del territorio argentino y, como señaláramos en páginas anteriores, a pesar de los notables avances realizados en las últimas décadas, continúan siendo importantes los vacíos temporales y espaciales a cubrir en los estudios sobre la 30 Remitimos al lector a Devoto (1997) y a Grendi (1996). 31 Sánchez - Albornoz (1988: 20). En tal sentido, como afirma Devoto (2003: 122 y ss.), el análisis microanalítico se centra en dos cuestiones fundamenta les: por una parte la información , es decir el conocimiento de las oportunidades laborales, que no está homogéneamente disponible para todos y que también puede tener costos, lo que explicaría las tasas diferenciales de emigración de distintas naciones, re giones, aldeas, entre sí; por otra parte la asistencia (ayuda para emigrar y conseguir empleo). Comprendiendo ambos procesos se podrá entender qui e n emigra y quien no, cu a ndo y adonde , con más precisión que apelando a correlaciones de variables macroestruc turales. 32 Vid. Devoto (1997: 27). Una propuesta de una perspectiva regional comparativa, en Devoto (1996). 33 Vid. Núñez Seixas (2001a: 11 - 3). El cálculo de la proporción de gallegos sobre el total de españoles del período 1946 - 1960, es una proyección de s u porcentaje sobre el total de emigrantes españoles en el mismo lapso temporal. Vid. Villares y Fernández (1996: 147). Para una explicación de la baja presencia gallega en las zonas rurales hispanoamericanas en general y argentinas en particular, vid. Vázq uez González (1999). 18 emigració n gallega a la Argentina. En relación con ambos temas, es evidente la necesidad de nuevos acercamientos con base empírica cuantitativa y suficientemente representativa, de las diversas dinámicas e indicadores de integración socio - laboral y patrones de movi lidad social de los emigrantes gallegos en el país, 34 superadores del doble corsé que suponían el hasta hace poco tiempo estricto límite temporal 1880 - 1930/36, y la todavía omnipresente “película” porteña. 35 Ampliando el marco temporal de análisis, 36 y acomet iendo el tratamiento de otras áreas - cualitativamente distintas al caso porteño - en las que se produjo una importante instalación del colectivo, probablemente obtengamos (entre otras cosas) las necesarias matizaciones a la a menudo estereotipada imagen del gallego como sempiterno militante en el sector terciario de la economía argentina. En tal sentido, es evidente la utilidad de una apuesta microanalítica, pues la misma nos permitirá observar algunos fenómenos socio - étnicos invisibles para la escala macro. No menos claro resulta, sin embargo, la utilidad de abordar el caso de los actuales municipios de Avellaneda y Lanús. Se trata de un área de 100 kms² situada inmediatamente al sur de la ciudad de Buenos Aires, a la vez geográficamente cercana y cualitati vamente distinta a la capital argentina. 37 C omo quizás en ninguna otra parte del país, allí el total “nacional” español es el resultado de la agregación del mayoritario componente gallego y los aportes – numéricamente muy minoritarios - del resto de las regio nes y/o provincias. Como demostrará el presente trabajo, el tremendo peso demográfico del colectivo gallego (tanto en términos comparativos como absolutos), hizo de él un protagonista principal del proceso socioeconómico que transformó lo que hasta finales del siglo XIX fue un área rural prácticamente despoblada, en una de las concentraciones urbanas, industriales y proletarias más importantes del país. E ntre el último cuarto del siglo XIX y las primeras seis décadas del siguiente, la zona experimentó el su rgimiento y desarrollo de un potente tejido industrial, cuyo exponente más visible fueron los grandes mataderos 34 Por no mencionar el estudio de su conducta matrimonial, o de su participación en el asociacionismo étnico español o gallego, siempre que esto último no se limite a una mera enumeración de centros, juntas directivas y acontecimientos, algo de lo que lamentablmente sobran ejemplos. 35 Un buen ejemplo de la segunda opción es el modélico trabajo de Da Orden (2005) para la inmigración española “genérica” en Mar del Plata. 36 Es lo que ha hecho, por ejemplo, el proyecto UBACyT S830, “La inmig ración gallega a Buenos Aires en la segunda posguerra: aspectos socio - demográficos y formas de integración (1946 - 1960)”, radicado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y dirigido por Nadia De Cristóforis. 37 La zona integra lo que actualmente se conoce como sector Sur del Conurbano Bonaerense. El Conurbano se halla constituído por un grupo de municipios situados alrededor de los límites jurisdiccionales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, forma parte de la provincia homóni ma y, en consecuencia, depende administrativa y políticamente de la capital provincial, La Plata. Desde el punto de vista de la problemática urbana, integra lo que el INDEC denomina Gran Buenos Aires. 19 industriales destinados al procesamiento de la carne vacuna, los “frigoríficos”. De hecho, el área se constituyó en el embrión del “cinturón ind ustrial” de Buenos Aires, 38 y fue también asiento de un notable movimiento comercial y portuario. El fenómeno macroeconómico generó, a la vez, un crecimiento demográfico y urbano extraordinario, que hizo que si entre 1869 y 1881 el crecimiento poblacional f ue casi nulo (el número de habitantes apenas creció de 8.003 a 8.244), entre 1881 y 1960 la población se multiplicó allí por 87, alcanzando en aquel último año los 701.959 habitantes (3,5 % del total del país). Sin embargo, este “salto” demográfico no fue el producto de un crecimiento exclusivamente endógeno, sino que en buena medida estuvo vinculado a la llegada constante de migrantes externos e internos. 39 Entre los primeros, ningún grupo étnico - regional alcanzó allí tanto peso como el gallego, cuya recala da masiva a partir de la década de 1890 resulta incontestable. Si en los albores de lo que hoy es la Argentina su gentilicio se destinaba (poéticamente) a quienes vivían a orillas del Río de la Plata, y no existen dudas sobre la importancia del aporte demo gráfico galaico a la gestación de la sociedad urbana del litoral, en el tránsito del siglo XIX al XX q uizás para ninguna otra de sus metrópolis sea más pertinente que para Avellaneda el aserto de Pérez - Prado: “en el principio fue la inmigración”. 40 A la vis ta del v olumen absoluto y relativo de la colonia gallega allí instalada, no deja de sorprender la llamativa ausencia de estudios sobre la misma. 41 No obstante, nuestro interés por la zona elegida no radica únicamente en la importancia cuantitativa del grupo , o en la mera ausencia de investigaciones sobre su instalación en la zona. Otra motivación la constituye el aspecto, indudablmente menos asible pero no por ello menos relevante, de que el trabajo industrial (que crea el trabajo fabril asalariado, al obrer o, desplaza a la gente del campo a la ciudad y reconstruye a las clases medias) implica también un cambio en las actitudes y conductas que no se limita el ámbito del taller. ¿Cómo no habría de indagarse entonces un caso en el que las personas implicadas no sólo abandonan su tierra para marchar a miles de kilómetros de distancia, sino que, además, en una medida apreciable , lo hacen para insertarse en un medio tan radicalmente distinto al campesino o marinero como el urbano, y en un ámbito como el 38 Todavía hoy, después de un profundo proceso de desind ustrialización, el actual Partido de Avellaneda continúa ocupando el tercer puesto del país en cuanto a producción industrial. Vid. Herrero (2000: 10). 39 Vid. Cisneros (1926: 144), Censo Nacional de Población 1960 (tomo II: 241). 40 Pérez - Prado (1973:21). 41 A la fecha, apenas pueden contabilizarse algunos capítulos del clásico trabajo de Alberto Vilanova Rodríguez (1966), una pesquisa puntual de Juan Ruibal y Diego Barros (1991) sobre los primeros años del Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda , y nu estras propias y parciales investigaciones (Farías, 2004, 2005, 2007a, 2007b). 20 del trabajo fabril? En cuanto al marco temporal elegido, como siempre un poco arbitrario, se halla delimitado por la fecha del Primer Censo de la República Argentina y el momento en el que el flujo migratorio europeo hacia el país toca a su fin. 42 Resumiendo lo hasta aquí expuesto, nuestra propuesta consiste en estudiar en profundidad el caso de la inmigración gallega en los actuales partidos bonaerenses de Avellaneda y Lanús a lo largo del período comprendido entre 1869 y 1960, abordando en él, además de la cuestión propiamente migratoria, los aspectos económico, social, político y cultural de su inserción en el país. Deseamos verificar la hipótesis de que en el territorio de estos partidos se desarrolló un caso de integración diferente del clásico porteño, con una re lativamente menor presencia de inmigrantes galaicos en el sector terciario, y una fuerte participación entre el proletariado industrial y portuario de la zona. Y que ello se relaciona (o apareja), a su vez, con una serie de diferencias cuantitativas y cual itativas respecto del conjunto de la inmigración gallega en la Argentina: diferencias relativas en lo que hace al volumen de su presencia en el área de estudio ( stock ) y a las zonas emisoras del flujo migratorio, 43 al modo de instalación espacial, las pauta s matrimoniales, el asociacionismo étnico, la participación en los ámbitos de sociabilidad y la política local, etc. Por otra parte, buscamos probar también que tanto las características fundamentales de las corrientes migratorias gallegas en la segunda po sguerra , como la integración de los nuevos inmigrantes en Avellaneda y Lanús en ese período, guardan una fuerte relación con la anterior a 1930/36. La finalidad de todo ello es producir una recomposición del puzzle de elementos mencionados en un trabajo qu e, superando la necesaria parcelación metodológica, alcance una comprensión global del proceso de inmigración e integración de los gallegos que poblaron entre 1869 y 1960 los dos municipios más orientales del primer cordón sur del Gran Buenos Aires. Produ cto de una ciencia de conocimiento indirecto, de una ciencia social interpretativa que no produce leyes sino inferencias, el presente escrito no pretende generalizar a partir del fenómeno observado sino comprenderlo. 44 En todo caso, permitirá quebrar el mon opolio de los estudios situados exclusivamente en el área de la 42 En el caso gallego, además, al despuntar la séptima década del siglo XX los flujos hacia la Argentina ya habían perdido definitivamente su antigua importancia, y se dirigían b ien a Europa Occidental, bien a otros destinos americanos. 43 Sobre las nociones demográficas de “flujo” y stock , elaboradas por los historiadores del grupo de Tandil, vid. Sobre el “flujo”, vid. Otero (1990), Devoto (2003: 330 - 3). 44 Vid. Devoto (1997: 19, 24). Sobre el carácter de ciencia social de la Historia, vid. Aróstegui (1995: 55 - 95). 21 ciudad de Buenos Aires, matizando de paso algunas de las conclusiones que de él se derivan. Por último, si desde hace ya algunas décadas la disciplina historiográfica tendió a apartarse del es tudio de las trayectorias descritas por aquellos individuos que alcanzaron notoriedad en la esfera política, económica o social, en aras de un mayor esfuerzo por acercarse a los protagonistas colectivos y anónimos que integran los llamados sectores subalte rnos o populares, en el primer cordón del Sur del Conurbano bonaerense buena parte de sus integrantes son los trabajadores manufactureros. 45 En consecuencia, este trabajo supone también un aporte a la mejor comprensión de la misma sociedad argentina. Algun as herramientas conceptuales y metodológicas Siguiendo a Moya y a su modélico estudio de la inmigración española en Buenos Aires, 46 consideramos como premisa que el viejo dilema – propio de las ciencias sociales - entre la estructura y la acción no es tal. P or el contrario, creemos que sólo la interacción entre las fuerzas macroestructurales y las redes microsociales pueden explicar la conformación de las características básicas del colectivo migratorio gallego y de su integración en el área de estudio. En re lación con lo anterior, pensamos también que existe una cierta complementariedad cronológica entre la época de las migraciones tempranas, la inmigración masiva y la “última oleada”, es decir, que el patrón de inmigración - adaptación de los españoles que fue ron llegando sucesivamente a los actuales Avellaneda y Lanús entre 1869 y 1960, se encontró, en gran medida, determinado por los de la comunidad establecida en el área con anterioridad. Operamos en el marco de una metodología que combina el enfoque estadís tico y cuantitativo con las fuentes cualitativas, y la escala macroanalítica con la micro. De ese modo, tomamos en cuenta una mayor cantidad de variables en un ámbito espacial manejable y, sin desdeñar los condicionantes macroestructurales, buscamos que no s fuese devuelta la imagen de la capacidad de decisión y el margen de elección de los actores individuales. Desde luego, la comprensión de la realidad de cualquier grupo inmigrante requiere responder primero a una serie de cuestiones elementales, y que las respuestas se fundamenten en una base empírica cuantitativa y suficientemente representativa . En primer lugar, es necesario desagregar los flujos migratorios al 45 Un estado de la cuestión de los estudios de la clase obrera en la Argentina en Schneider (2005: 11 - 30). 46 Vid. Moya (2008: 17 - 8). 22 máximo posible, pues la escala nacional resulta muchas veces engañosa, siendo casi preceptivo el uso de otra regional. L as medias nacionales casi siempre constituyen meras ficciones estadísticas, que ocultan las - a menudo radicales - diferencias regionales y provinciales que las subyacen, distorsionan la realidad que pretenden reflejar. La explicaci ón de esas diferencias descansa en parte en los diferentes marcos macroestructurales, pero también en una visión relacional del mundo social. Como sintetizara Franco Ramella, la aplicación del enfoque de red social al estudio de las migraciones ha demostra do ventajas conceptuales y metodológicas para comprender los procesos sociales a través de los cuales la información pasa y se difunde y, por lo tanto, la acción social misma, ya que son estos procesos sociales los que influyen directamente en la naturalez a y composición de la emigración (es decir, en el carácter no indiferenciado de los flujos migratorios). 47 Consecuentemente, es necesario atener al papel jugado por las redes migratorias y las cadenas migratorias. 48 Como resulta sabido, el campo historiográ fico argentino sobre el problema migratorio comenzó a gestarse en la segunda mitad de la década de 1970, 49 cuando se puso en entredicho la visión de Gino Germani del proceso argentino hacia la modernidad, que incluía como elementos centrales a una sociedad integrada gracias a su movilidad social ascendente. 50 Por entonces (y hasta mediados de la década de 1990) el debate se articuló en términos de una polaridad crisol de razas versus pluralismo cultural . En este debate en torno a la naturaleza de la sociedad argentina, y gracias al uso de indicadores cuantificables y comparables , los participantes ahondaron en tres indicadores que el modelo de Milton M. Gordon relaciona con el nivel de la asimilación estructural informal: pautas matrimoniales, residenciales y participación en asociaciones voluntarias. 51 Esto parte de la suposición básica de que el hecho de con quien se casa alguien, dónde elige vivir y en qué tipo de instituciones canaliza su voluntad de sociabilidad dice mucho sobre el grado de inserción o no d e un individuo. 52 A ello se 47 Vid. Ramella (1995). Sobre la forma en la que se produce la circulación de la información, vid. Devoto (1998), Moya (1999). 48 Sobre las cadenas migratorias, véase Baily ( 1985a, 1988), Devoto (1988, 1991), Gandolfo (1988), Ciafardo ( 1991), Otero ( 1992), Vázquez González (1992b), Devoto (2000 ). 49 Sendos balances historiográficos sobre algunos de los períodos históricos, épocas o problemas de los estudios sobre migraciones en la Argentina, en Armus (1986) y Devoto y Otero (2003). 50 Vid. Gino Germani (1988, 1962). 51 Vid. Gordon (1964: 60 - 83). 52 Como resume Devoto (2003: 327 - 8), si los inmigrantes se casan entre sí, viven en barrios en los que predominan sus connacionales o compaisanos y participan sobre todo en asociaciones étnicas, la asimilación sería escasa y predominaría el modelo del plural ismo cultural. Por el contrario, si se casan con cualquiera, independientemente de su adscripción étnica, viven dispersos junto a otros extranjeros u 23 sumó en ocasiones el tema de las cadenas migratorias y, aunque en menor medida, también se avanzó sobre la inserción socioprofesional y la movilidad social de los migrantes. La lista de trabajos realizados sobre la inmigración eu ropea en la Argentina a partir de estos indicadores es amplísima. 53 Empero, los indicadores cuantificables y comparables sólo indirectamente “hablan” de los comportamientos y las opciones de las personas. 54 Por ello, si lo que se pretende es mostrar cómo la estructura social (entendida como estructura de relaciones) condiciona los recorridos sociales, incluso con posterioridad a la inserción en el mercado de trabajo, etc., de la sociedad receptora, 55 la adecuada visibilización del peso de las variables interac cionales (información, capital relacional, etc.) constituye un aspecto central del trabajo. Para Devoto y Hernán Otero, muchas veces los estudios sobre redes no llegan a romper el corsé estadístico, cayendo en un uso tautológico del concepto de red y poste rgando la necesaria reinterpretación - desde el mundo concreto de los migrantes - de los indicadores cuantitativos obtenidos a partir de otras fuentes. Consecuentemente, el desafío pendiente sería cómo integrar la dimensión relacional con los factores estruc turales. 56 Desde luego, difícilmente podremos conocer las motivaciones últimas de la emigración o - tal como afirmaran Núñez Seixas y Soutelo Vázquez - los mecanismos de adaptación sociocultural y laboral de los inmigrantes (o las fases y pautas de modificaci ón de su identidad) a partir del uso exclusivo de fuentes seriales. 57 La necesidad de abordar estos aspectos conduce inevitablemente a la otros nativos y participan de entidades que incluyen a miembros de cualquier origen, estaríamos en presenc ia de una sociedad acrisolada. Su conclusión es que, si bien se trata de una forma harto esquemática de ver las cosas, permite medir con bastante precisión algunos de los fenómenos que condicionan la interacción social. 53 Sin desmerecer a otros, y teniendo en cuenta que algunos (como los relacionados con las cadenas migratorias ya han sido mencionados), creemos de obligada mención aquí los que siguen: para las pautas matrimoniales, Freudlich de Seefeld (1986), Pagano y Oporto (1986), Otero (1990, 2003), Sil berstein (1991), Marquiegui ( 1992); en relación con las patrones residenciales, Baily (1985b), Gandolfo (1988), Borges (1989), Silberstein (1 991), Marquiegui (1995), Otero (1995); s obre el asociacionismo étnico, los grupos dirigentes y los conflictos dent ro de las colectividades migratorias, Baily (1982), Fernández (1987), Gandolfo (1988, 1992), Devoto (1988b), Devoto y Fernández (1990) , Núñez Seixas (1998), Bernasconi y Frid (2006); finalmente, en lo que hace a la inserción socioprofesional y movilidad so cial, conviene destacar los trabajos de Ceva (1991, 1995), Da Orden (2000). 54 Así, por ejemplo, para Devoto y Otero (2003: 193) l as ventajas de las fuentes cuantitativas se diluían en parte al preguntarse, por ejemplo, qué debía deducirse de la elección de un cónyuge, de un lugar donde vivir o del hecho de inscribirse en una u otra sociedad. Para una reflexión sobre las fuentes y sus límites, véanse los diferentes trabajos reunidos en AA.VV. (1996b). 55 Vid. Ramella (1995: 18 - 21). Véanse, además, el resto de los trabajos integrados en Bjerg y Otero (1995), y el excelente Da Orden (2000). 56 Vid. Devoto y Otero (2003: 204 - 5, 211). 57 Vid. Núñez Seixas y Soutelo Vázquez (2005: 32). 24 utilización de otras de tipo cualitativo (epistolarios, memorias, 58 autobiografías y, desde luego, las de naturaleza ora l), 59 susceptibles de iluminar la capacidad de decisión y el margen de elección de los actores del proceso, así como también otras dimensiones psico - sociales de vital importancia para una comprensión cabal de las migraciones, evitando así que queden bloquea das por el uso excesivo de las estrategias cuantitativistas. Por otra parte, al abordar la dinámica del asociacionismo étnico, es necesario mantener en todo momento la distinción entre los inmigrantes en general y la comunidad migratoria (o colectividad ) en particular, a sabiendas de que los pasajes indiscriminados de la segunda a la totalidad de los primeros constituyen operaci ones particularmente riesgosa s . 60 Asimismo, debe explorarse también cu á les son los “grupos de referencia” y “de pertenencia” de las élites societarias, 61 y el peculiar desarrollo de la movilización política y social de la comunidad inmigrante organizada. Además, si los procesos migratorios, con su convivencia y conflicto de diversas colectividades inmigrantes (tanto entre sí como en re lación con la sociedad receptora), constituyen un terreno privilegiado para observar como surgen, mutan y evolucionan las imágenes colectivas, 62 debemos indagar las imágenes, estereotipos, escalas de prestigio, prejuicios y formas latentes o concretas de xe nofobia, forjadas a propósito de los gallegos en tiempos de la inmigración masiva y en otros posteriores . Finalmente, es necesario no perder de vista la advertencia formulada por Franco Ramella, para quien l a perduración de la cohesión del grupo en la nue va sociedad no debe transformarse en una obsesión que conduzca a rechazar del marco todo lo que entre en contradicción con el argumento precedente. 63 58 Sobre el uso de epistolarios y memorias, vid. Núñez Seixas y Soutelo Vázquez (20 05). 59 Las fuentes orales constituyen un instrumento privilegiado para hacer historia de experiencias como las migraciones, puesto que no sólo contribuyen a revelar las características del proceso migratorio en sí, sino que “son también un instrumento fund amental para la comprensión del mundo interno de los inmigrantes, para explorar como la subjetividad, los conocimientos, los sentimientos, las fantasías, los deseos y los sueños de los individuos, la familia y la comunidad dan forma y sentido a la experien cia migratoria y como, a la vez, son transformados por ella.” Schwarzstein (2001a: XVII). Sobre las características de las fuentes orales, véase también Id. (1991: 16), Bertaux (1993). 60 Vid. Devoto y Otero (2003: 200). Una definición de colectividad en Ál varez Gila (2005: 110). La numeración es la que corresponde a la versión preliminar que obra en nuestro poder. 61 El concepto de “grupo de referencia” pertenece a Robert Merton, quien señaló la importancia de los ámbitos de referencia sociales de origen com o patrones de comportamiento simbólico y de comparación de los individuos sometidos a procesos de movilidad social y/o contacto intercultural. Vid. Merton (1995: 316 - 52). 62 Vid. Núñez Seixas (2002: 11 - 25). 63 Vid. Ramella (1995: 11 - 2). Comentario [RF1]: Me parece que no hice esto. 25 Acerca de las fuentes utilizadas Las fuentes susceptibles de ser utilizadas en un trabajo de esta natural eza son numerosas y de características variadas. Incluyen tanto las de cuantificación seriada (estadísticas) y nominal (bases de datos), como también otras de tipo cualitativo. Las primeras se componen de estadísticas agregadas como los censos argentinos d e población (nacionales, provinciales y municipales) y especiales (es decir, de índole económica, industrial, comercial y educacional). Entre las nominativas son susceptibles de utilización (muchas veces de forma no nominativa) tanto las del lugar de parti da (libros parroquiales, registros de ausentes, notariales y de embarque), como aquellas confeccionadas en o por la Argentina: planillas originales de los censos, hechos vitales (actas de casamientos, nacimientos y defunciones), partes consulares, listas d e desembarco, legajos de la policía, registros de las asociaciones políticas, mutualistas, culturales y deportivas, listados del personal de fábricas o comercios y, por supuesto, las generadas por las propias asociaciones gallegas o españolas de la zona (r egistros de socios, libros de actas de asambleas y comisiones directivas, etcétera). Por último, entre las fuentes de tipo cualitativo destacan las literarias, las memorias, los diarios y autobiografías, la correspondencia y fotografías personales, la pren sa nacional, local, étnica y asociativa, así como también la no desdeñable posibilidad de apelar a los testimonios orales de los protagonistas del proceso. Aquí se hace uso de buena parte de ellas, en parte porque “los múltiples y limitados instrumentos de que dispone el historiador para conocer el pasado no tienen por qué contraponerse”, 64 pero también porque sólo la combinación metodológica del análisis cuantitativo y cualitativo permite evitar las conclusiones parciales (o erróneas) que pueden derivar del hecho de apoyarse en un único tipo de documentos. 65 La utilización de fuentes tan variadas permite, además, sortear con éxito el riesgo de centrarse en los segmentos más estables (o “estáticos”) del grupo inmigrante. 66 En cualquier caso, este trabajo es , e n lo fundamental , un ejercicio investigativo de firme base cuantitativa: al igual que Devoto y Otero, estamos convencidos de que 64 Vid. Devoto (2003: 12). 65 Vid. Moya (2004: 17, 246). 66 Como señalan Devoto y Otero (2003: 200), lo contrario entraña el peligro de caer en miradas sesgadas. Por ejemplo, cuando al analizar la integración matrimonial, el asociacionismo o la movilidad social, no se toman en cu enta amplios grupos de población, como los solteros o las uniones de hecho, los no afiliados o allegados a sociedades étnicas, o la población móvil entre espacios regionales, o entre ciudad y campaña, o los re - emigrados o retornados. 32 de entradas y salidas de la empresa, hechos que motivaron esto último, domicilios, sueldos percibidos, suspensiones, vacaciones, inasistencias por enfermedad); y “otras observaciones” (cualquier otra información que resultara relevante para la empresa). A su vez, gracias a la generosidad de la profesora Alicia Bernas coni, el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos [CEMLA] nos proporcionó la información relativa al año de llegada al país de 43 de aquellos trabajadores españoles. Las fuentes empresarias utilizadas incluyen también sendos á lbumes del mismo frigor ífico de 1918 y 1941, y los volúmenes conmemorativos de las bodas de plata y oro del Centro Comercial e Industrial de Avellaneda (1928 y 1953). Desde luego, y por varias razones (que no se limitan al tema del asociacionismo) , la documentación de l as instit uciones fundadas por los inmigrantes gallegos o españoles ha sido objeto de uan gran atención por nuestra parte. Afortunadamente, se ha conservado documentación de buena parte de las que existen o existieron en la zona. De la Asociación Española de Socorro s Mutuos de Barracas y Buenos Aires (fundada en 1862 como Sociedad Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud ) hemos podido consulta r sus libros de actas de Comisió n Directiva y de Asamblea (1862 - 1891), registros de socios (1862 - 1903), etc., además de una publicación editada en ocasión del centenario de la Asociación. De la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud / Avellaneda (f. 1891) los libros de Actas de Comisión Directiva y Asamblea (1891 - 1946), los registros de socios nº 4 y 5, e laborados entre 1930 y 1941, 85 etc. Además, esta sociedad editó en ocasión de su cincuent e nario (1941) una interesante Memoria conmemorativa . De la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Valentín Alsina (f. 1919), sus libros de actas de Comisión Directiva (1919 - 1924, 1926 - 1940), de Asamblea (1923 - 1925), y el registro de socios (1926 - 1941). El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social , entidad que regula el funcionamiento de las mutuales del país y adonde éstas debían enviar información sobre soc ios, etc., proporcionó también información complementaria sobre las anteriores. Pasando a las entidades gallegas, aunque no fue posible consultar el archivo del Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda (f. 1899), el Arquivo da Emigración Galega sí no s permitió acceder a las copias microfilmadas de sus libros de 85 En el primero de ellos se han volcado los s ocios todavía vivos que figuraban en los tres libros anteriores, por lo que proporcionan información sobre 1.450 socios inscriptos entre 1891 y 1937. Las direcciones de los socios aparecen escritas con lápiz, señal de que eran actualizadas cuando correspon día, de manera que la dirección que aparece junto a cada socio es la última que poseían. Lo contrario ocurre con la edad, que es la que tenían en el momento de ingresar a la sociedad. La ocupación consignada es, aparentemente, la que tenían en el momento d e ingresar a la sociedad. 33 Actas de Comisión Directiva (1899 - 1905, 1913 - 1919), en tanto que la Universidade de Santiago de Compostela (gracias a una gestión de Pilar Cagiao Vila) facilitó una copia del órgano de prensa d e la sociedad, el Boletín Ofical del Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda , editado con regularidad entre 1903 y comienzos de la década de 1920. La Asociación Hijos del Ayuntamiento de Puerto del Son (f. 1918) conserva sus actas de Asamblea entre 1918 y 1944. La Secretaría Xeral de Emigración (Xunta de Galicia) tiene disponibles en su página web ( www.galiciaaberta.com ) las actas de Comisión Directiva de la Sociedad Artística y Recreativa Orfeón Fonsagra da (f. 1925) entre 1925 y 1926, las de Residentes del Partido de Fonsagrada entre 1925 y 1936, las Actas de Asamblea de esta misma sociedad entre 1930 y 1939, y también las Actas de Comisión Directiva de Unidos de Fonsagrada y su Distrito (f. 1936) entre e l año de su fundación y 1939. El Archivo del Museo de la Emigración Gallega en la Argentina, por su parte, resguarda entre sus importantes fondos documentales las solicitudes de admisión de socios de la Agrupación Cultural y Recreativa Residentes de Galici a en Lanús (f. 1944) entre el año de su fundación y 1958, así como los libros de la Mesa Directiva de la Agrupación Gallega de Ayuda al Frente Popular Español / Central Gallega de Ayuda al Frente Popular Español / Central Gallega de Ayuda a los Refugiados Españoles (1936 - 1941). E l mismo archivo facilitó la consulta de la correspondencia recibida por la Federación de Sociedades Gallegas correspondiente a las décadas de 1930 y 1940. Por último, tanto el censo nacional de población de 1914 como el Censo de mut ualidades correspondiente a su estado en el año 1926 (1927) proporcionan información adicional sobre varias de las sociedades que acabamos de mencionar. Habiendo conseguido una firm e base documental y cuantitativa, juzgamos necesario “reevaluar los hallaz gos realizados y reinterpretar desde el mundo concreto de los inmigrantes […] los indicadores cuantitativos obtenidos.” 86 En tal sentido, existiendo numerosos protagonistas de la última oleada migratoria gallega a la Argentina, no podíamos privarnos de la u tilización de fuentes de naturaleza oral. Realizamos entrevistas a 37 protagonistas de la emigración y el exilio gallego en la Argentina, o a sus descendientes. Indudablemente, este tipo de fuentes constituye un instrumento privilegiado para hacer historia de experiencias como las migraciones: no 86 Devoto y Otero (2003: 211). 34 sólo contribuyen a revelar las características del proceso migratorio en sí, sino que, como sintetizara Dora Schwarzstein, son también un instrumento fundamental para la comprensión del mundo interno de los inmig rantes, para explorar c ó mo la subjetividad, los conocimientos, los sentimientos, las fantasías, los deseos y los sueños de los individuos, la familia y la comunidad dan forma y sentido a la experiencia migratoria y c ó mo, a la vez, son transformados por ell a. Mientras otras fuentes, también necesarias, pueden revelar la creación e instrumentación de políticas migratorias o los patrones estadísticos de movilidad, instalación y empleo, los testimonios orales […] ayudan a comprender la complejidad de los proces os migratorios, y a entender c ó mo esas políticas y patrones jugaron en la vida y las relaciones de los emigrantes individuales, sus familias y comunidades. 87 Las fuentes orales nos dicen no sólo lo que la gente hizo , sino también lo que deseaba hacer, lo que creían estar haciendo y lo que ahora, quizás a décadas de aquellos acontecimientos, piensan que hicieron. Profundamente influidos por discursos y prácticas del presente, pertenecen a la esfera de la subjetividad, y quizás nos hablan menos de los “acont ecimientos” que de su “significado” para los protagonistas o testigos. Sin embargo, al igual que otros investigadores, creemos necesario que la historia recupere tanto los hechos del pasado como la representación de los mismos , y que separar las experienci as de los protagonistas de los significados que tuvieron para ellos es la negación de una parte de la realidad histórica misma. 88 La Historia Oral busca “aquello que no se encuentra en las fuentes existentes, busca lo que sólo a partir del relato de la gent e y dentro del marco de una entrevista se puede encontrar.” 89 No obstante, los frutos de la u tilización de este tipo de fuentes pueden ser muy desiguales: bastante notables cuando la misma no se utiliza de modo exclusivo y se emplea como modo de profundizar en la construcción de la memoria de los imaginarios colectivos, y más bien decepcionantes cuando se convierte en la única fuente y es utilizada de modo acrítico. 90 L as fuentes orales y escritas no son mutuamente excluyentes, de modo que debemos entrevistar e investigar simultáneamente, e incluso triangular la información con otros testimonios orales. Si la memoria no es un depósito pasivo de hechos sino un activo proceso de creación de significados, ello no excluye que a través de las fuentes orales pueda a ccederse al conocimiento de los mismos: las evidencias sobre ciertos hechos pueden ser “trianguladas” con la evidencia documental (u otros testimonios 87 Schwarzstein (2001a: XVII). 88 Vid. Schwarzstein (1991: 16), Id. (2001: XXI), Portelli (1991: 42). 89 Barela et al (2001: 7). 90 Vid. Núñez Seixas (2001b: 286). 35 orales). De modo que en este trabajo se sigue el criterio expresado por Trevor Lumis: allí donde la memor ia del informante no sólo ha ligado su experiencia personal a un momento espec í fico, sino que también la ha ubicado con exactitud dentro del contexto material de factores sociales evocados, hay fundamentos suficientes para aceptar esa memoria como una buen a evidencia histórica. 91 Otras fuentes de tipo cualitativo como las literarias, las memorias, los diarios y autobiografías, la correspondencia y fotografías nos ayudaron a contextualizar mejor el tipo de sociedad en la que los inmigrantes gallegos se insert aron (y, a veces, edificaron), los trabajos que desempeñaron, etc. Eso mismo y también mucho más nos ofreció la prensa nacional, local y, desde luego, la étnica. Entre esta última destacan Correo de Galicia , El Eco de Galicia , El Heraldo Gallego , La Coloni a Gallega , Noticiero de Galicia y Nova Galicia , El Despertar Gallego y Galicia . La mayoría de éstos se conservan microfilmados (aunque no completos) en el Arquivo da Emigración Galega, en tanto que los dos últimos fueron consultados en la Hemeroteca del Mu seo de la Emigración Gallega en la Argentina. De la prensa local de los actuales municipios de Avellaneda y Lanús, fueron particularmente importantes La Libertad y La Opinión (incluyendo algunos de sus útiles anuarios), y cruzando el Riachuelo, resultó int eresante El Imparcial , del barrio de Barracas. Entre la prensa nacional, destacan el periodico La Prensa , y también la popular revista ilustrada Caras y Caretas . Finalmente, entre la prensa asociativa se hizo un uso abundante del rico Boletín Oficial del C entro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda . Ordenamiento del texto El presente escrito se divide en ocho apartados. Los capítulos 1 y 2 son de tipo introductorio, el 3, 4, 5 y 6 desarrollan algunos de los aspectos fundamentales de la inmigración e in tegración gallega en Avellaneda y Lanús hasta 1930/40, en tanto que el 7 vuelve sobre varios de dichos aspectos, pero en el período que va de 1930 a 1960. El último apartado es el de las conclusiones generales. El capítulo 1 consta de cinco apartados. En e llos se establecen tanto las causas generales de las migraciones de España hacia América como, en particular, los factores macroestructurales, coyunturales y microsociales que entre 1836 y mediados de la 91 Vid. Lumis ( 1991: 100 ) . 36 pasada centuria generaron la emigración ultramarina gallega. Luego se describe n el marco socio - económico argentino entre los siglos XIX y XX, y el impacto de la inmigración europea en el país. Finalmente, se abordan los principales aspectos cronológicos y cuantitativos de la inmigración gallega en la Argent ina, desde los tiempos tardocoloniales hasta 1960 . E l capítulo 2 se divide en siete apartados en los cuales se analizan la historia y las características distintivas del área que ocupan los actuales municipios de Avellaneda y Lanús, desde sus primeros pob lamientos a comienzos del siglo XIX, en coincidencia con el surgimiento y desarrollo de la industria saladeril. Contin úa con la creación del viejo Partido de Barracas al Sud en 1852 y la posterior crisis de su actividad económica predominante, para avanzar luego sobre las grandes transformaciones económicas, demográficas y sociales acaecidas a partir de la década de 1880, que convirtieron l o que hasta entonces fue un área básicamente rural y despoblada en una de las urbes más populosas e industrializadas de la Argentina. R ealizamos además una breve aproximación a algunos de los aspectos más salientes del la política local entre finales del siglo XIX y mediados del XX. En el capítulo 3 da comienzo el estudio de la inmigración gallega en Barracas al Sud / Ave llaneda. Se inicia con una rápida mirada a l os indicios que existen de una temprana presencia ( que puede rastrearse hasta el período tardocolonial) de inmigrantes de origen gallego en las tierras que luego integrarían el municipio barraqueño. Posteriorment e , y a fin de determinar el peso del componente humano galaico dentro del conjunto de los inmigrantes hispanos , se desagreg a el colectivo español en la zona de acuerdo a su origen étnico - regional, tras lo cual s e aborda n los diferentes aportes de las disti ntas provincias, comarcas y municipios gallegos, establec iéndose los períodos en los que sus flujos arribaron al municipio, las edades promedio de los emigrantes y la composición sexual del grupo. Finalmente, se esboza ro n los diferentes niveles de alfabeti zación de éste. Los capítulos 4, 5 y 6 de sarrollan con detalle algunos de los aspectos centrales de la integración de esas personas en la sociedad de acogida. El cuarto aborda su distribución espacial, la inserción socioprofesional (y los indicios de movi lidad social), y sus pautas matrimoniales. En el quinto se analiza la participación de los gallegos en el mutualismo panhispánico del Partido desde la década de 1860, el surgimiento de un asociacionismo puramente galaico en las postrimerías del siglo XIX, y el surgimiento, a partir de la primera década del XX, del fenómeno del microasociacionismo gallego en 37 esa margen del Riachuelo. Asimismo, y en relación con el interesante caso del Centro Gallego de Barracas al Sud / Avellaneda, se aborda el tratamiento d e las características de los líderes y liderazgos, explorados a partir del caso de Antonio Paredes Rey. Por último, tras un breve comentario sobre la particular “visibilidad” del colectivo gallego de la zona, el capítulo sexto enfoca algunos casos de parti cipación social y política del mismo. El estudio de la participación de los obreros y vecinos gallegos en la huelga del frigorífico “La Negra”, entre 1917 - 1918, nos muestra algunos aspectos de la implicación de esta gente en la llamada “cuestión social”. D el mismo modo, se repasa la participación de los inmigrantes gallegos en la política, los ámbitos de sociabilidad y las instituciones locales, y también la forma en la que la comunidad galaica del Partido reaccionó ante el estallido de la Guerra Civil Espa ñola. El último capítulo de este trabajo discurre entre el final de las migraciones masivas en 1930 y el cierre definitivo del ciclo migratorio gallego a la Argentina (1960). En él nos aproximamos a la evolución del stock y de los flujos gallegos en los a ctuales partidos de Avellaneda y Lanús, y a la forma en la que el despertar de las cadenas (que habían permanecido adormecidas durante las diferentes coyunturas recesivas de las décadas de 1930 y 1940) pudieron influi r sobre uno y otros. Buscando las conti nuidades y las rupturas con lo observado en los tres capítulos anteriores, volvemos a visitar algunos de los indicadores básicos de la integración, como el patrón residencial del grupo (cada vez más influ i do por el fenómeno general de la creciente conurbac ión de Buenos Aires), el de la inserción socioprofesional. Finalmente, se analiza u n caso particular de inserción socioprofesional en una de las más emblemáticas factorias de la zona: el frigorífico “ La Negra”. Agradecimientos En estos años del doctorad o, de búsqueda de fuentes y bibliografía, de escritura y contrastación de los diferentes capítulos de este trabajo, contraje (el plural de autoría me resulta superfluo ante el carácter personal de lo que sigue) una deuda de perdurable gratitud con muchas p ersonas que, en mayor o menor grado, de múltiples maneras no siempre relacionadas a lo estrictamente académico, colaboraron para que esta tesis llegara a ver la luz. Una descripción pormenorizada de lo que cada una de ellas hizo por mí o por mi trabajo ser ía interminable, pero no quiero dejar de recordarlas, como testimonio de reconocimiento y aprecio. En primer lugar, a quienes guiaron esta tesis, 38 Xosé Manoel Núñez Seixas y Alejandro Enrique Fernández. Lisonjear a los directores es quizás uno de los ítems más repetidos en este tipo de instancias, pero faltaría a la verdad si no manifestara lo mucho que debo al aliento, interés, sapiencia y consejos de ambos investigadores. En particular a Xosé Manoel, que fue hace años quien me incentivó a emprender la aven tura del doctorado, y a quien tengo al mismo tiempo por director, tutor, maestro y amigo. Pero así como buena parte de los méritos de esta tesis les pertenecen a ellos, soy yo quien carga con las falencias que la misma pueda tener. En la Universidad de Sa ntiago de Compostela encontré un ámbito idóneo para cultivar el conocimiento de la historia contemporánea de Galicia y foguearme como investigador. En una y otra tarea tuve la guía generosa (muchas veces acompañada por su amistad) de Pilar Cagiao Vila, Ram ón Villares Paz, Marisa Pazos Pazos, Miguel Cabo Villaverde, Eduardo Rey Tristán, Xurxo Pantaleón Cadilla, Ofelia Rey Castelao y José Ramón Chantada Acosta, entre otros. En esa misma casa de altos estudios compartí tiempo, amistad y conocimientos con otros doctorandos, como Anxo Lugilde, David Filgueira Álvarez, Erica Sarmiento Da Silva, Nancy Pérez Rey, Caroline Menard, Antonio Miguez Macho, Antom Santos, Wilson Picado, Daniel Lanero, Bárbara Martínez Ortuño y David Castro. Fuera de la universidad composte lana, Raúl Soutelo Vázquez y José Antonio Sánchez Román fueron siempre interlocutores agudos y de mano generosa a la hora de brindar ayuda. Como también la tuvieron otros historiadores y funcionarios gallegos y españoles, tales como Emilia García López , Ca rolina García Borrazás, María Teresa García Domínguez, Marcelino Fernández Santiago, Prudencio Viveiro Mogo, Humberto Creus Andrade, José Luis Villar Iglesias, Elena Goldar Pazos, Antonio Rodríguez Argüelles y Rafael Mouzo, e instituciones como el Consello da Cultura Galega, el Arquivo da Emigración Galega, y los concellos de Fisterra, Corcubión y A Fonsagrada. Los nombres de las personas cuya amistad descubrí o consolidé en el tiempo que pasé entre Santiago y otros puntos de Galicia y España son numerosos. Algunos ya fueron mencionados pero, por el particular sentimiento que me une a ellos, quiero reiterar los de Raúl, Miguel, Anxo y José Antonio, y sumarles los no menos importantes de Dolores Torrano Vicente, Laura Pérez López y Francisco González González . Ni dedicando una página a cada uno sería posible resumir lo que significan para mí. Del mismo modo, quiero recordar a Marina Filgueira Álvarez, Pilar Paredes Mirás, María Paz, Antía Balseiro Rodríguez, Noa Castro Blanco, Marisa Álvarez, Henrike Fesefeldt , María y Sonia Vázquez Lojo, Lilian Portela, Ana Miranda Paz, Katia Kokoulina, 39 Francisco Xosé Fernández Naval, Maribel Longueira, Víctor Freixanes y Mónica Rodríguez Mallón. También mi familia en Galicia fue una presencia permanente, y una gran ayuda mate rial y moral en ciertos momentos difíciles. Por ello, vaya también el recuerdo a mis tías - abuelas Florinda y Carmen, a mis primos Áurea, Maricarmen, Lola, Manolo, Carmen, Flora, María Rosa, y a sus familias, e igualmente a Maricarmen Pérez Uzal, quien me r ecordó que para sentirse y ser tratado como pariente no es necesario tener vínculos de sangre directos. En el transcurso de estos años nos dejaron mis tías - abuelas Lola e Isolina, y mi primo Manolo Costa. Ellos también están en mi recuerdo. En la Argentina , pero también en otros puntos de América y España, muchos antiguos profesores, compañeros y/o colegas aportaron su cuota de ayuda y conocimiento a este trabajo: Pablo Ubierna, Mariano Eloy Rodríguez Otero, María Inés Rodríguez Aguilar, Juan Ruibal, Henriq ue Monteagudo, Manuel González González, Rosa Martín Biedma y Luis Alonso Girgado, Fernando Devoto, Mirta Zaida Lobato, Roberto Tarditi, José Carlos Moya, Carina Frid, Nadia De Cristóforis, María Liliana Da Orden, Marcela Susana Lippi, Luis Alberto Romero, Alicia Bernasconi, Marcelo Garabedian, Marcela García Sebastiani, Mariela Ceva, Liliana Barela, Leticia Maronese, Loreto Correa Vera, Xosé Manuel Malheiro Gutiérrez y Carlos Méixome Quinteiro. Luis Cortese fue y es una fuente inagotable de optimismo y con ocimientos. ¿Qué decir de los historiadores locales de Avellaneda y Lanús, como Rudi Varela, Claudia Fernández, Mabel Álvarez o Edgardo Cascante?: quizás, simplemente, que se tomaron el trabajo de instruir a quien al comenzar el trabajo nada sabía sobre la zona en la que debía desarrollar la investigación. Por ello les estoy sumamente agradecido, lo mismo que a Hugo Tempesta, Marina Napal, y a bibliotecas y repositorios como el Museo y Archivo Histórico “Juan Piñeiro” (Lanús), Archivo Histórico Municipal de Avellaneda, Sociedad de Fomento y Biblioteca Popular Sarmiento (Valentín Alsina), diario El Sol (Quilmes), Sociedad Popular de Educación “Berrutti” y Biblioteca Popular “Zeballos” (Avellaneda), y Centro Comercial e Industrial de Avellaneda. Emilio Cortese , Pablo Pryluka, Adrián Bernasconi, Nicolás Fernández y Oscar Antonio Farías colaboraron en distintos momentos en la laboriosa recogida de las fuentes. Pero ello no habría sido posible sin la buena predisposición y el interés con el que muchos funcionarios atendieron mi necesidad de acceder a ellas, como Gastón M. González Veltzen (Director de Delegaciones del Registro Provincial de las Personas), María Rosa Capalbo y Graciela Musante (titular y Subdelegada de la Delegación Avellaneda 1ª), Jorge Daniel Bigl ieri (titular de la de Lanús), y demás responsables y 40 personal de las delegaciones Avellaneda 1ª, Lanús, Dock Sud y Remedios de Escalada del Registro Provincial de las Personas, del Departamento de Investigación Histórica y Cartográfica del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires “Ricardo Levene”. Un reconocimiento especial para el Consulado General de España en Buenos Aires y para Juan José Escobar Stemmann (Cónsul General Adjunto), quien me permiti ó consultar la valiosa documentación que atesora esta representación de España en la Argentina. Asimismo, para María Enriqueta Cozar y María Xosé Porteiro García, quienes hicieron las gestiones necesarias para establecer una línea de comunicación con el Co nsulado. Las fuentes propias de las instituciones étnicas españolas y gallegas también fueron importantísimas para el desarrollo de este trabajo. Por ello, quiero reconocer también la gran comprensión y ayuda de Rubén Horacio Lezama, Mónica Edith Pérsico, Arminda Formica, María del Carmen Queiruga, Francisco Lores Mascato y Miguel Chiloteguy, y a la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas y Buenos Aires , Asociación Española de Socorros Mutuos de Avellaneda , Sociedad Española de Socorros Mutuos de Valentín Alsina , Asociación Hijos del Ayuntamiento de Puerto del Son , Museo de la Emigración Gallega en la Argentina y Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina . María Aldrey Raíces, Antonio Fernández Enríquez, Silvino Rodríguez Vidal , Aurora Quiñoa Fernández, Estela Lucía Fernández Álvarez, Armando Tejedo López, Ángel López, Concepción Rodríguez Núñez et al , Cecilia Edith Paletta Campana, María Nemesia Martínez Gómez, Héctor Antonio Naveira García, Serafín José Santos Varela, Antonio Lojo Romero, Perfecto Canosa Marcote, María Inmaculada Canosa Castro, María López, Mabel Álvarez, Alicia “Cuca” Paredes, María Severina López López, Beatriz Ribera Ramos, Jesús Mira Moure, Josefina González González, María Rosa Iglesias López, Benigno Lojo Ventoso, Alberto Rivas Lorenzo, Héctor Raúl Capece, María Lucinda Folgueiras Lombardero, Elsa Fernández Díaz, Carmen Elsa Carrera Ledo, José Creo Castro, Mirta Álvarez, Carlos Rodríguez, Fidel Álvarez y Ofelia Aurora Pena Sangiao, tuvieron a bien recordar (es decir, de volver a hacer pasar por el corazón) sus experiencias de emigrantes, retornados y testigos de la emigración gallega a la Argentina, un ejercicio que en ocasiones implicó revivir historias incómodas y/o dolorosas. En el aspecto económico, est e trabajo pudo ser llevado a cabo porque una serie de organismos de gobierno e instituciones gallegas confiaron en mí. Así, entre 2002 y 2004 41 pudimos gozar de una beca de Tercer Ciclo de la Consellería de Educación e Ordenación Universitaria (Xunta de Gali cia), y de otra para Hijos de Emigrantes Gallegos de la Fundación Pedro Barrié de la Maza. Entre julio y diciembre 2004 el Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades (Dirección Xeral de Política Lingüística, Consellería de Educación e Ordenac ión Universitaria, Xunta de Galicia) me acogió como becario. Y de octubre de 2005 a marzo de 2008 hice uso de una beca pre - doctoral de la Dirección Xeral de Investigación e Desenvolvemento (Consellería de Innovación e Industria, Xunta de Galicia). Por últi mo, en el año académico 2003 - 2004 la Universidade de Santiago de Compostela nos eximió del pago de su matrícula. Confio en haber devuelto con resultados la deuda contraída. Por último, un agradecimiento muy especial a un puñado de personas que estuvieron a mi lado durante todos estos años de esfuerzo e ilusión. Mi hermana, Mónica Isabel, me apoyó en todo lo que pudo, y hoy también ella se forja como investigadora en tierras extrañas. Mi compañera, Sandra Marcos González, me alentó constantemente a no renun ciar a mis sueños, y asumió la mayor parte de las responsabilidades comunes cuando los ritmos de la investigación, muchas veces atentatorios contra la vida familiar, hicieron de mí una especie de ermitaño. Mi hija, Antía Pilar, me muestra cotidianamente qu e la obra más importante ya está hecha, y parece disculparme de que en sus 19 meses de vida nunca haya tenido el tiempo necesario para dedicarle toda la atención que quisiera. Decir que Natalia Encarnación Sánchez Brea y Anselmo Méndez Arias (que lamentabl emente ya no está con nosotros) me abrieron su casa y me trataron como un nieto, resume pobremente el afecto y la deuda que tengo con ellos. Y lo mismo sucede con mi madre, María Rosa Iglesias López, quien incentivó mi interés por el tema, apoyó material y moralmente mi esfuerzo, ayudó con diligencia en la recolección de las fuentes y en el volcado de la información a diferentes bases de datos y, en definitiva, inoculó en mí la pasión que ella pone en todo lo que hace. Hace años tuve el honor de egresar de la Universidad de Buenos Aires como Profesor de Historia. Soy un producto de la educación pública argentina, una de esas conquistas que hemos alcanzado como sociedad , y que más ha resistido al tiempo y a los embates de la a menudo turbulenta realidad del país. La instrucción recibida en ese exigente ámbito es, junto con una buena cuota de sacrificio y determinación, lo que explica que haya llegado a Compostela. Y en esta ciudad su universidad me abrió sus puertas, dándome la oportunidad y la dicha de estud iar y formarme como investigador a pocos quilómetros de las aldeas donde se hunden las raíces de la mitad de mi existencia. Siento que en cierto modo he cerrado un círculo. Sesenta y dos años separan la partida 48 súbditos. Producida entonces la apertura legal para pasar a América, las restricciones legales se limitaron desde entonces principalmente a los reclutas, pero só lo para ser burladas sistemáticamente . 104 Por otra parte, la libertad de movimiento no fue s ino una de las novedades que el liberalismo aportó a la sociedad española. Los esfuerzos liberales por reformar el sistema agrario español después de la Primera Guerra Carlista (ataques al mayorazgo, a la amortización – 1836 y 1855 - y a las tierras municipa les – 1855 - ) quizás hicieron incrementar la productividad a largo plazo, pero resulta evidente que durante décadas “la pérdida de tierras comunales, el alza de los precios de la tierra y sus productos, y la competencia crearon su cuota de miseria en muchas áreas y en diversos sectores sociales.” 105 Aunque España inició sus tentativas de industrialización al mismo tiempo que Inglaterra, no fue sino hasta la década de 1840 cuando é st a s alcanzaron cierta continuidad. Por esas fechas se concentraban en Cataluña y en el ramo de la producción textil. A este renacimiento (y aumento de la mecanización) de la industria textil catalana en la década del cuarenta le sigue, unas décadas más tarde, un segundo foco industrial basado en la metalurgia y los astilleros del País Vasco. Aunque debido a su necesidad de mano de obra estas nuevas fuentes de trabajo eventualmente disminuirían la emigración en el futuro, en un principio provocaron mayor desplazamiento que empleo . Desplazamiento que afectó también a otras áreas no indust rializadas del Estado, porque las mercaderías de sus fábricas desalojaron a muchas de las industrias artesanales y caseras peninsulares. Así, por ejemplo, la mecanización de la producción de lanas en Cataluña representó un golpe mortal para miles de telare s de toda España. E sta combinación de desplazamiento de los artesanos rurales y urbanos fuera y dentro del territorio del Estado motivado por la versión española de la revolución industrial, la revolución demográfica, la expulsión de mano 104 A lo largo del período 1880 - 1930 se verifican algunos cambios en la legislación migratoria española, aunque la situación no cambia tan radicalmente como entre la primera y la segunda mitad del siglo XIX, más allá de los requisitos formales. El 21 de diciembre de 1907 se sanciona la Ley de emigración, seguida al año siguiente por un Reglamento para su aplicación. Dicha ley reconoce el derecho de todos los españoles a emigrar, siendo las limitaciones y garantías contenidas en ella de carácter tutelar. Una nueva ley, promulgada en 1924, mantiene los mismos principios de libertad emigratoria que la anterior, sin más restricciones que las derivadas del cumplimiento de las obligaciones militares para los hombres en l a edad correspondiente. Asimismo, intentaba extender los mecanismos de tutela sobre los migrantes (ahora considerados trabajadores) aún durante su residencia en países extranjeros, así como también sobre los menores y mujeres menores de 25 años que viajara n solas. Vid. Villares y Fernández (1996: 75 - 6, 98 - 9), Devoto (2003: 86, 173). 105 Moya (1990: 146). Como afirma Da Orden (2005: 32 - 3), “más allá del debate historiográfico sobre el papel de la economía española frente a otros países europeos, parece indudab le que lejos de proceder [los migrantes españoles] de una sociedad estática, signada por la inercia y el atraso, la transformación y el cambio más o menos acelerado, según los espacios y los ámbitos de la vida de que se tratara, teñían un mundo caracteriza do como nunca antes por la inestabilidad.” 49 de obra rural cau sada por la comercialización de la agricultura, y la legislación liberal sobre la emigración, determinaron la existencia en la segunda mitad del siglo XIX de una situación clara de “emigración latente” en España. La revolución de los transportes (sobre tod o navales, pero también terrestres), al acortar las distancias y abaratar los costes del desplazamiento , la convertiría en una realidad. 106 De este modo, y al igual que en otros casos de Europa, la emigración española a Ultramar estaría relacionada con los e fectos desestabilizadores de los primeros tiempos de la industrialización , el cambio, la transición y el desplazamiento. Como afirmaba hace ya tiempo Alejandro Vázquez González, a este grupo de factores macroestructurales (dentro de los cuales puede agrup arse también aquellos conocidos como factores de atracción) 107 corresponde agregar los microsociales, en donde se conjugan las relaciones de grupos primarios a ambos lados del océano, y que explican los fuertes lazos de unión, información y solidaridad de lo s emigrantes con sus lugares de origen: Entre ellos están las diversas tradiciones, redes de información y preferencias migratorias de distintas áreas; las cadenas emigratorias que se establecen y pueden mantenerse independientemente de cualquier otra va riable de tipo económico o político. El conocimiento de estos factores que expulsan, atraen, posibilitan y r e alimentan la emigración, nos permiten explicar con gran precisión los nexos que relacionan de forma continuada determinadas regiones y aldeas europ eas con paíse s y áreas concretas de América. 108 En cualquier caso, conviene no olvidar que, como sostiene Baldomero Estrada, la existencia de las cadenas “no se manifiesta aislada del fenómeno macroeconómico en el que se contiene todo el ciclo migratorio.” 109 Finalmente, corresponde agregar a todos estos factores otros económicosociales, demográficos y políticos que incrementan o ralentizan el flujo de manera coyuntural. 110 106 Los barcos de vela fueron reemplazados por otros de vapor, la paleta por la hélice y los cascos de madera por los de hierro, primero, y acero después. Mientras tanto, el precio de los pasajes parece haber descen dido a la mitad entre principios entre la década de 1880 y principios del siglo XX. A estos dos importantes ítems, Devoto (2003: 89 - 92) propone considerar también las ventajas psicológicas que se desprenden del acortamiento del tiempo del viaje, el aumento de la seguridad y confort de las naves, y las mejoras sanitarias introducidas en las mismas. Sobre este aspecto, véase también Castro Pérez (1997). Un tratamiento extenso del tema del transporte para el caso gallego, en Vázquez González (1990; 2000: 600 - 7 4). 107 Para una mirada de conjunto sobre la “atracción” ejercida por los países americanos, vid Estrada (1992). 108 Vázquez González (1992: 202). 109 Estrada (1992: 235). 110 Vid. Vázquez González (1992: 202). 50 1.2 Las causas de la emigración ultramarina gallega entre 1836 y 1960: factores macroest ructurales, coyunturales y microsociales. La emigración gallega a América durante la Edad Contemporánea , fue también un fruto de los grandes procesos de cambio estructural derivados del desarrollo del sistema económico capitalista , y de la ampliación a ni vel atlántico de un mercado integrado para diversos tipos de bienes y de trabajadores. Sin embargo, aún forma ndo parte de una tendencia general europea y d el marco particular (político, social y económico) que le impone su pertenencia al Estado español, 111 e l proceso migratorio gallego no deja de p resenta r ciertos rasgos específicos. Cuando los observadores contemporáneos discutían las razones últimas del éxodo gal aico , ubicaban sus reflexiones entre dos polos, entre los que pensaban que aqu é llas debían busca rse en la “miseria” y los que sostenían que el móvil era la búsqueda de “mejor fortuna”. 112 La pregunta podría formularse de la siguiente manera: ¿consiste la emigración en el resultado de una ecuación entre la población y los recursos ? ¿o, por el contrario, se trata de las diferencias entre los salarios, niveles y expectativas de vida en la tierra que lo vio a uno nacer y otra cualquiera, y de u na especie de fiebre que se difunde en función de la información de la que se dispone en una determinada aldea o pa rroquia sobre las oportunidades de trabajo existente s en un punto determinado del planeta , alcanzable en ese momento gracias a los medios técnicos existentes? 113 Como aclara Xosé Manoel Núñez Seixas, el debate continúa hasta nuestros días, traducido a un dil ema típico entre estructura y acción característico de las ciencias sociales. A pesar de que la casuística siempre es compleja e incluye una enorme diversidad de situaciones, el mismo autor sintetiza los elementos constitutivos de lo que denomina el “ marco xeral de oportunidades e procesos macroeconómicos e macrosociais ” que condicionaron a los gallegos a emigrar. 114 En primer lugar, un “malestar económico” basado en la insuficiencia y las limitaciones de expansión del sector secundario y terciario, y en las restricciones de las capacidades de crecimiento de la agricultura y ganadería tradicional. Además, la ruina de algunas industrias domésticas 111 Algunas reflexiones sobre las implicancias genera les del marco estatal, en Devoto (1997: 12 - 3). 112 Vid. Peña Saavedra (1991, tomo I: 97 - 120). 113 Sobre la forma en la que opera la difusión de la información, véase una contrastastación entre la concepción “epidemiológica” y la “relacional” en Devoto (2003: 1 37 - 45). Sobre la “fiebre” de la emigración, Moya (1999). 114 Núñez Seixas (2004: 3). 51 tradicionales al entrar Galicia en la Edad Contemporánea (como la textil rural del lino o la del cuero) contribuyó a desbancar las posibilidades de crecimiento industrial endógeno. 115 Segundo, la existencia de una tradición migratoria (intra y extrapeninsular) en varias regiones gallegas desde la Edad Moderna. 116 En tercer lugar, la mejora en las condiciones del transporte terrestre y marítimo, así como el notable abaratamiento del coste de los pasajes transatlánticos, particularmente a partir de la introducción del vapor en la década de 1870. Sin embargo, como señalara Blanca Sánchez Alonso, las explicaciones generales ba sadas en los cambios económicos y demográficos, la integración de la economía mundial, la revolución de los transportes o el desarrollo de los países de ultramar afectaron a toda la población, pero sólo unos pocos emigraron. 117 Ello se debe a que t odos esos cambios se complementaron con la “difusión capilar” de la información y la propaganda migratoria fomentada por las compañías navieras (como así también por la desarrollada por algunos gobiernos hispanoamericanos que ofrecían pasaje s gratuitos para los emig rantes que quisieran establecerse en esos países). 118 Adicionalmente, jugaron también su papel la red de agentes de emigración y ganchos o reclutadores de mano de obra. Se trata sin duda de un punto fundamental. P ara que la emigración pasara de s er un fenóme no posible a conv ertirse en un hecho real, los fenómenos macroestructurales que afectaron al conjunto del Estado español - y sus manifestaciones particulares en Galicia - debieron encontrarse con otra “revolución” microsocial : una 115 Según Villares Paz (1996: 377 - 93), en Galicia casi todos los elementos constitutivos del Antiguo Régimen se transmiten a la sociedad contemporánea. La agricultura experime ntó pocos cambios a lo largo del siglo XIX, repitiéndose en el sistema de cultivos (que sigue estando fundamentado en los viejos cultivos cerealeros, centeno y maíz, sobre todo), en los rendimientos (la alternancia de "año y vez", por ejemplo, todavía se r egistra en el interior lugués), y en los medios técnicos disponibles (todavía muy bajo hacia 1890, desconociéndose los abonos minerales y la más simple maquinaria que superase el arado romano y la fuerza muscular humana). Además, su bajo nivel productivo s e vio agravado por otros tres factores: la parcelación de la tierra productiva en pequeñísimas porciones (“minifundismo”), el sistema foral, y los impuestos en alza continua a lo largo del siglo. A su vez, esta falta de transformaciones en el mundo agrario actuó como un freno y límite de la dinámica industrializadora. Fuera del episodio de una industria doméstica textil heredada del Antiguo Régimen, que se hallaba en proceso de desarticulamiento a causa del impacto de la industrialización de Cataluña, pocas menciones pueden hacerse de actividades industriales: las ferrerías de las montañas orientales, las fábricas de curtidos y pieles situadas en los arrabales de las ciudades y villas, y algunos centros de producción importantes pero poco integrados en la ec onomía gallega (como la fábrica de tabacos, el Arsenal de marina en Ferrol, etc.) constituyen toda la industria en Galicia durante el siglo XIX. Recién a finales de dicha centuria se desarrollará el sector conservero. 116 La existencia de una “cultura/tradic ión migratoria” constituye, desde la perspectiva de Devoto (1996: 505), una línea de interés más prometedora que la reflexión sobre los medios o los instrumentos que el emigrante utiliza. Sobre las migraciones gallegas intrapeninsulares a corta y media dis tancia, vid. Eiras Roel (1992a: 15 - 21), Id. (1992b: 213). 117 Vid. Sánchez Alonso (1995: 271). 118 Ese fue el caso del brasileño y, aunque sólo para épocas muy concretas (1887 - 1889), también del argentino. Vid. (Estrada, 1992: 231), Naranjo (1992: 185). 52 diseminación popular de la información, que esparció los datos sobre las oportunidades laborales de más allá del océano a través de las redes primarias 119 formadas por millones de hombres y mujeres humildes. 120 En consecuencia, la formación de cadenas migratorias, sumada a la actuación de agentes de embarque o “enganchadores”, posibilitó una importante difusión en Galicia de noticias e información sobre los lugares de destino, influyendo en la toma de decisiones de millares de emigrantes. En cuarto lugar, es necesario no infravalorar la incidencia que, más o menos coyunturalmente, pueden haber tenido en la decisión de emigrar factores de expulsión de naturaleza sociopolítica, como el deseo de huir del servicio militar, particularmente importante en el contexto de la guerra de Marruecos (1 907 - 1927). Finalmente, más allá de sus costos personales o familiares, es preciso no perder de vista el hecho de que la aventura de la emigración fue, en la mayoría de los casos, una aventura relativa , un “salto con red”, según la imagen acuñada por César Yáñez Gallardo. 121 No só lo porque para la mayoría de los emigrantes existía una posibilidad de refugio seguro en el caso de fracasar (el regreso a la aldea y la explotación agraria familiar), sino también porque la presencia de “cabezas de puente” en difere ntes puntos de América contribuyó a crear un denso tejido de redes microsociales (las cadenas migratorias) que al conectar las aldeas más remotas de Galicia con, por ejemplo, un determinado barrio porteño, habrían representado una verdadera globalización a ntes de la globalización. 122 Factores de expulsión, factores de atracción, y mecanismos que posibilitan o fomentan la emigración: d el mismo modo que en el caso general español, só lo la interacción de los factores microsociales (como la información y asistenc ia que emanaba de las redes de los emigrantes) y los macroestructurales (como la revolución de los transportes y su influencia en las rutas marítimas, los desajustes causados por la revolución industrial y las políticas liberales, etc.) pu dieron crear y ma ntener una corriente emigratoria en Galicia. ¿Qué pautas generales presenta ese gran movimiento 119 Sigu iendo a Otero (1992: 97), entendemos por tales las relaciones directas de parentesco y las relaciones posibles de sociabilidad premigratorias de los migrantes a partir de los orígenes microrregionales. 120 La gran densidad poblacional (en relación al tamaño del territorio) y el patrón de asentamiento poblacional difuso de Galicia facilitan esta circulación de la información. Más tarde, en la medida en la que el flujo migratorio aumentó y se expandió desde las zonas cercanas a los principales puertos de salid a hacia el interior del territorio, la corriente generó un impulso interno, autopropulsor, relacionado en gran medida con la tendencia a ramificarse propia de los movimientos basados en el parentesco y el paisanaje. 121 Vid. Yáñez Gallardo (1996). 122 Vid. Núñ ez Seixas (2004: 3 - 4). 53 de población de una a otra orilla del Atlántico? Se trata de una emigración tardía , propiamente del siglo XX en su manifestación masiva. Comienza a manifestarse con fuerza a partir de la crisis del Antiguo Régimen y de la implantación de la sociedad liberal en el Estado español (1836/1853) y, según Jaime García Lombardero, se vuelve endémica en la década de 1830 - 18 40. 123 Sin embargo, no será sino hasta las décadas finales del siglo cuando acabe por convertirse en un fenómeno masivo. De acuerdo con las estimaciones de Antonio Eiras Roel, las tasas migratorias gallegas pasan súbitamente de un 2,5 a 3,9 x 1000 para el período que va de 1836 a 1880, a más de un 20 x 100 0 para las décadas de 1910 y 1920 ( Cuadro 0 ). 124 Cuadro 0: Tasas migratorias españolas y gallegas, 1836 - 1960. Fuente: Eiras Roel (1992b: 189). De modo que el hecho migratorio gallego, en cuanto fenómeno masivo, se concentra en el escaso medio siglo que va desde 1880 a 1930. 125 Es una emigración muy concentrada en sus lugares de destino , en un grado superior al caso español general. Si éste tiene en América un destino importante pero no exclusivo (también son importantes las corrientes que se dirigieron a F rancia y Argelia), para los gallegos ese continente sí fue un destino casi exclusivo hasta 1960. 126 Dentro del mismo, además, fue muy alta – y casi invariable - la concentración en unos pocos países de destino, como el Río de la Plata, 123 Cit. en Devoto (1996: 492). 124 Vid. Eiras Roel (1992a: 189). Nótese, además, la gran disparidad que existe respecto del caso español general. 125 Entre 1900 y 1930 se concentran más de las 3/5 partes del total de los emigrantes comput ados entre 1836 y 1960. 126 Según Vázquez González (1988: 83), el porcentaje de emigrantes gallegos con destino a América pasará del 90 % en 1887 - 1895, al 97 % en 1912 - 1918, y al 98 % entre 1920 y 1930. 54 Cuba o Brasil. 127 Se trata , finalmente, de una emigración que presenta una relación muy intensa con sus raíces , por ser un país de pequeña propiedad, pero también por las características que exhibe la población emigrante: altas tasas de masculinidad, elevado índice de retorno, 128 abu ndante emigración temporal 129 e intensa devolución de recursos a su tierra de origen, sean é stos en forma de remesas monetarias o en forma de acciones culturales y políticas. 130 ¿Quiénes eran estos emigrantes? 131 Ciertamente, no se trataba de los agricultores m ás pobres . P or norma general, entre ellos estaban sobrerrepresentados los que tenían como promedio una mayor formación y pertenecían a los sectores menos desfavorecidos del campesinado, es decir aqu é llos cuya familia era capaz de asumir la hipoteca de emba rque o una deuda para pagar el pasaje. 132 Se trata básicamente de hombres solos, mayormente alfabetizados , 133 que partían para reunir dinero en una 127 Vid. Eiras Roel (1992b: 213 - 4). 128 De acuerdo con las estimaciones de Eiras Roel (1992), en torno a un 70 % de los gallegos emigrados a América entre 1904 y 1936 retornaron a su tierra. No obstante, muy probablemente no fue así en el período posterior a 1946, a juzgar por los porcentajes del caso español en general: 71 % de índice de permanencia en el período anterior a la Guerra Civil Española, contra 36 % en los años que van de 1946 a 1958. Vid. que Palazón Ferrando (1995: 302). 129 Yañez Gallardo (1994: 225) ha calculado en de dos a diez años el tiempo que l os retornados españoles permanecieron en América. 130 Para un estudio del efecto de las remesas materiales e inmateriales que la emigración aportó a Galicia, vid. Peña Saavedra (1991), Núñez Seixas (1998; 2001d). 131 Véase, una vez más, Núñez Seixas (2004: 2) 132 Según Villares (1996: 39 - 40, 47), el predominio del pequeño agricultor (ya fuera propietario o no) resulta un factor explicativo fundamental de la pulsión migratoria gallega. La pequeña propiedad permite disponer de recursos para solventar el viaje. Aún cuando no puede decirse que exista una relación causal universal entre la agricultura de pequeños propietarios y la tendencia emigratoria, se trata de un fenómeno constatable en diferentes espacios europeos, y especialmente en los países mediterráneos. Por otra parte, contra lo que inicialmente pudiera pensarse (y como también se ha insinuado más arriba), no es precisa la proletarización de amplias capas campesinas para explicar el éxodo rural: resulta más fuerte como acicate para la emigración la expectati va de afirmarse en la posesión de la tierra que la de perderla. De hecho, la emigración gallega esta compuesta en su mayor parte por pequeños campesinos que no s ó lo no habían sido proletarizados, sino que mantenían razonables expectativas de convertirse en pequeños propietarios, siendo el momento más álgido de aqu é lla cronológicamente paralelo al período en el que la propietarización campesina se encontraba al alcance de la mano. Para Da Orden (2005: 21), por su parte, un tópico que recorre buena parte de l a literatura sobre la emigración masiva de los españoles hacia América es el de la extrema pobreza que los habría arrojado a buscarse el sustento lejos de su tierra, presupuesto que retoma las voces de los contemporáneos (críticos) y que también fue popula rizado por las canciones, poesías y narraciones de la época. Sin embargo, a poco que se profundiza en el tema los mismos testimonios que inicialmente han referido a la miseria como causante de su desplazamiento transoceánico, dan indicios de una posición n o siempre coincidente con dicha afirmación. Finalmente, como sostiene Vázquez González (1992: 205), mal puede hablarse de una carencia absoluta cuando entra en juego el costo del transporte. La financiación del viaje fue un factor indispensable para emigra r, y existe una relación directa entre pequeña propiedad y emigración, derivada de la mayor disponibilidad de medios del pequeño campesino para efectuar su emigración, en relación con otros tipos de trabajadores del campo. Además, siempre que no la pierda, el emigrante puede incluir la pequeña propiedad en una estrategia de retirada en el caso de fracasar en su aventura americana. 133 Sin embargo, entre 1900 y 1914 esas tasas de alfabetización descendieron a causa de la masificación del contingente migratorio y del hecho de que las cadenas migratorias permitiesen la inserción 55 primera fase y que, si les era posible, llamaban a su mujer e hijos (si los tenían) junto a ellos, para después retornar para invertir lo ahorrado en su lugar de origen, mejorar la explotación agraria y arreglar la casa. L a mayoría de los emigrantes en el período que abarca hasta 1930 concebían su estadía en América como temporal, y de hecho iban y venían con mucha frecuencia . 134 En cuanto a l a participación femenina en el proceso migratorio, la misma fue en aumento desde la Primera Guerra Mundial (especialmente aqu é lla que se dirigía a la Argentina) , tanto en función del reagrupamiento familiar como de la incorporació n de la mujer al mercado de trabajo ultramarino. 135 La emigración gallega no comienza a ser relevante hasta la década de 1880, coincidiendo con la aparición de la crisis agraria finisecular y con la misma formación de un mercado interno español. Existe una vinculación muy estrecha entre modernización agraria, incorporación de la producción al mercado e intensidad migratoria. En palabras de María Xosé Rodríguez Galdo, aparece como el resultado de mecanismo s inherentes al sistema demográfico, de las formas d e organización y reproducción de los grupos domésticos y del proceso de adaptación e integración del sistema productivo [gallego] en una economía capitalista. 136 De modo que la incidencia de aquella crisis se manifiesta como un factor que acentúa la tenden cia emigratoria en Galicia pero, al mismo tiempo, sirve de punto de arranque de una profunda transformación de su estructura agraria. En síntesis, puede afirmarse que en parte , la emigración fue una de las respuestas más eficaces que Galicia (así como en g eneral la Europa mediterránea) ofreció al desafío de la crisis agraria, y que la misma permitió una profunda renovación de la sociedad rural y de su estructura productiva: propietarización, modernización técnica e incorporación masiva de la producción al m ercado. El gran “pico” de la emigración gallega coincide con una etapa de profunda transformación de la sociedad galaica, de modernización de su estructura agraria, de aparición de iniciativas industrializadoras, de urbanización de su población y, en suma, de diversificación económica y social. Por lo tanto, en cuanto fenómeno colectivo, la sociolaboral de individuos sin cualificación. Para un análisis de las características socioeducativas de la emigración gallega a América, vid. Peña Saavedra (1991, tomo I: 168 - 77). 134 Algu nas estimaciones apuntan a que por lo menos algo más de la mitad de ellos regresaron a Galicia en una o varias ocasiones, entre 1880 y 1930, con un máximo de retornos en la segunda década del siglo XX. 135 Si en 1916 ellas representaban el 22,27 % del flujo, hacía 1931 suponían ya el 47,31 %. Para un estudio del papel de las mujeres en el proceso migratorio ultramarino gallego, vid. Cagiao Vila (1997). 136 Rodríguez Galdo (1993: 11). 56 emigración hacia América forma parte indisociable de la transformación de la sociedad gallega entre fines del siglo XIX y el primer tercio del XX. Y más allá de las múlt iples experiencias individuales ingratas e incluso dramáticas, supuso la incorporación del país a la economía mundial en una fase decisiva de formación del Capitalismo y, al mismo tiempo, el aprovechamiento de parte de los recursos generados en ella para a frontar un relativo pero en todo caso perceptible proceso de transformación de la Galicia no emigrante. 137 Tras el parón causado por la crisis económica de 1929, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, la reanudación del tráfico marítimo volvió a conectar ambos márgenes del Océano Atlántico. Fue entonces cuando el régimen franquista adoptó una política migratoria aperturista en relación con Latinoamérica. En 1946 se reinstauró la ley migratoria de 1924, y a partir de 1948 el único requisito para obtener un pasaporte era la presentación de una “carta de llamada” o de un contrato de trabajo visado por un consulado español. No obstante, como sostiene Salvador Palazón Ferrando, esta predisposición a facilitar la salida de emigrantes no es sino el ref lejo de una situación económica interna incapaz de absorber la mano de obra excedentaria que generaban las zonas rurales. Y si dentro del contexto general español Galicia vuelve a constituirse en el período 1946 - 1958 en la principal región migratoria, ello se debe, por un lado, a la incapacidad de su estructura económica para emplear adecuadamente a sus excedentes demográficos, 138 pero también a la situación económica que atravesaban los tradicionales países de destino americanos (y a su demanda de mano de ob ra especializada), y a la existencia entre estos y aquella de redes sociales y cadenas migratorias hasta entonces adormecidas. Finalmente, a ello podía añadirse una causa de naturaleza sociopolítica: la disconformidad con el régimen dictatorial de Francisc o Franco. 139 Si bien la economía gallega de base agraria satisfacía (aunque con limitaciones) los requerimientos almentarios de la población, no lograba garantizar los ingresos suficientes como para solventar otro tipo de necesidades. De ese modo , el exceso poblacional y las escasas posibilidades de progreso se constituyeron en estímulos para la emigración. En ese contexto, la buena situación económica de los países agroexportadores americanos, junto con las imágenes optimistas que desde ellos generaban sus p arientes y conocidos ya instalados en ellos, los convirtió nuevamente en 137 Vid. Villares (1996: 33 - 9, 43 - 4, 58). 138 Una mirada de conjunto sobre la situ ación de la economía gallega en tiempos de la última oleada migratoria a América, en Carmona Badía y Fernández González (2005). 139 Vid. Palazón Ferrando (1995: 284 - 301). 57 una mesa deseable para los potenciales emigrantes. 140 El “mito de América” continuaba operando, y las redes sociales y cadenas migratorias preexistentes hicieron el resto. El perfil so cioeconómico del emigrante ultramarino gallego entre 1946 y 1960 no varió en relación al que habíamos visto en la etapa de la emigración masiva. Seguía proviniendo del medio rural y de sus sectores bajos y medio - bajos, aunque con un cierto nivel de formaci ón que consistía en alfabetización y aprendizajes diversos. En este período salieron cara a América 290.400 gallegos (46 % del total de los migrantes españoles). 141 1.3 El marco socio - económico argentino entre mediados del siglo XIX y 1960 Al evaluar los m últiples factores que hicieron de España en general y de Galicia en particular el punto de partida de una emigración masiva hacia la Argentina, sólo una importante ceguera ideológica puede impedir coincidir con los argumentos de los científicos sociales “o ptimistas”. 142 En opinión de Sánchez Alonso, el crecimiento económico argentino entre la década de 1870 - 1880 y la Primera Guerra Mundial (globalmente extraordinario, al menos desde el punto de vista de sus elevadas tasas de crecimiento) muestra una influenci a considerable sobre la curva migratoria española. 143 Dicho de otro modo, el enorme trasvase de españoles (fundamentalmente gallego s) hacia la República Austral tiene una relación necesaria (a unque no suficiente ) con las características socioeconómicas del p aís de destino. 144 Del mismo modo que ocurri ó en el caso de Europa en general, España o Galicia, las condiciones macroestructurales que hicieron de la Argentina un país de inmigración se hallan relacionadas con el nuevo sistema - mundo, aunque en una clave muy distinta. La misma Revolución Industrial que originó la división internacional del trabajo generó la inserción mundial de l país como país exportador de productos agropecuarios. Pero si a partir de la segunda mitad del siglo XIX la Argentina encontró su lu gar dentro del sistema capitalista mundial como 140 Vid. De Cristóforis (2007: 47 - 52). 141 Vid. Núñez Seixas (2004: 7). 142 Vid. Devoto (200 3: 68). 143 Sendos cuadros de la evolución de los volúmenes de emigrantes españoles hacia la Argentina en 1882 - 1930 y 1946 - 1960, elaborados en base a las listas del Instituto Geográfico y Estadístico, el Consejo Superior de la Emigración Española y el Minist erio de Trabajo español, en Naranjo (1992: 185 - 6) y Villares y Fernández (1996: 153). 144 Vid. Sánchez Alonso (1992: 39, 44), Id. (1995). Una mirada sintética y de conjunto sobre la evolución de la economía y la sociedad argentina entre finales del siglo XIX y la década de 1960, en Romero (2000). Sobre la relación entre las “cinco revoluciones globales” y el desarrollo del país, Moya (2004: 58 - 72). 64 La Depresión de 1929 (que en el caso argentino se había iniciado un año antes) afectó dur amente lo que hasta entonces era una economía abierta : e l volumen de las exportaciones se mantuvo, pero cayeron drásticamente los precios internacionales de los productos agrícolas ; e l flujo de capitales cesó, e incluso algunos retornaron a sus lugares de origen; los movimientos migratorios se redujeron drásticamente. Eran éstos los elementos dinamizadores de la economía argentina, de modo que la misma se contrajo. 168 Lo que siguió al crack fue una época más compleja, caracterizada por el dislocamiento de la economía internacional (a lo que pronto se sumó el proteccionismo), las difíciles relaciones comerciales con Gran Bretaña y Estados Unidos, la escasez de inversiones, la administración de las divisas y el déficit presupuestario. No obstante, la Argentina s e recuperó con rapidez, y se delinearon por entonces dos tendencias perdurables: la intervención del Estado en la economía, que pasó de la simple regulación de la crisis a la definición de reglas de juego cada vez más amplias, y el cierre progresivo de aqu é lla. 169 A mediados de la década de 1930 se inició un nuevo ciclo de crecimiento basado en el mercado interno, la sustitución de importaciones y el crecimiento industrial, aunque todavía sustentado en el comercio exterior y las divisas que é ste proveía. 170 La opción basada en la potenciación de la base creadas por la coyuntura bélica. Sin embargo, cuando el conflicto acabó , el crecimiento del sector manufacturero no sólo se mantuvo, sino que en la década siguiente (probablemente como consecuencia de las inversiones estadounidenses, que a su vez alentaron a otros inversores locales) el ritmo de crecimiento se aceleró de forma notable, aumentando la pa rticipación relativa del sector en el PBI, al mismo tiempo que la producción se diversificaba. Las inversiones extranjeras (no sólo estadounidenses) fueron fundamentales para el desarrollo de algunas ramas, como la del petróleo, o aquellas vinculadas a la construcción. Sin embargo, el mayor responsable del crecimiento del sector fue nuevamente la industria liviana. Vid. Romero (2000: 66 - 73); Palacio (2000: 103 - 31, 135 - 8). Para un análisis del desarrollo industrial argentino durante la década de 1920, véase Villanueva (1972). 168 Para una mirada al comportamiento de la economía argentina en la década de 1930, vid. O`Connell (1984). 169 Se produjo también un reforzamiento del vínculo con Gran Bretaña, de mayor trascendencia en lo inmediato, pero menos duradero. 170 La caída del comercio importador, el cierre creciente de la economía, los aranceles aduaneros y la escasez de divisas creaban condiciones favorables para sustituir los bienes importados por otros producidos localmente. Las oportunidades para expandir la pr oducción local eran ahora tan amplias como grandes habían sido las importaciones previas de artículos de consumo masivo. De manera que en ese contexto de crisis, y sobre las mismas líneas de los años veinte, creció la producción industrial destinada al mer cado interno (en particular la textil, pero también la mayoría de las actividades volcadas al consumo, como alimentos, confecciones, químicos y metálicos). Seguiría haciéndolo luego de la recuperación de la economía en la segunda mitad de la década, aunque no siempre fuese capaz de satisfacer las necesidades del público con la cantidad, calidad y precio deseables. Dicha recuperación y la reorientación industrial fueron visibles a partir de 1933, y la desocupación provocada por la crisis fue gradualmente abs orbida. El censo industrial de 1935 mostró un panorama de notable consolidación fabril, pues existían entonces 31.000 establecimientos que daban empleo a 418.000 obreros. En el sector agropecuario, en cambio, los cambios fueron menos notables. La ganadería continuó retrocediendo en relación con la agricultura, y aunque a pesar del derrumbe de los precios la producción agrícola no decayó, la situación de los productores (en particular los más pequeños) se deterioró. Se fueron delineando así las condiciones p ara el éxodo rural posterior al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, 65 industrial y la masa de consumidores continuó en el contexto del nuevo conflicto mundial. Al progresivo cierre de los mercados europeos provocado por las victorias alemanas se sumó la falta de bodegas, que hizo q ue la carga se concentrara en los productos de mayor valor por unidad de volumen (las carnes en lugar de los cereales), por lo que l as exportaciones agrícolas se redujeron drásticamente y, en cambio , aumentaron mucho las ventas de carne enfriada y congelad a a Gran Bretaña. Por otra parte, aprovechando las dificultades del comercio internacional y el “vacío de poder” regional, comenzaron a exportarse productos industriales (textiles, alimentos, calzados, productos químicos, etc.) a los países limítrofes. Est as ventas acentuaron el crecimiento industrial, y la sustitución de importaciones se profundizó. 171 De este modo, la novedosa situación creada por el conflicto profundizó los cambios generados por la crisis del 30. 172 Aunque , con el final de la contienda , esas exportaciones industriales a los países limítrofes comenzaron a retroceder ante la competencia norteamericana, las tradicionales exportaciones agrícolas a Europa no parecían constituir una alternativa válida, puesto que ninguno de los países del Viejo Mun do podía proporcionar las divisas convertibles que el país necesitaba para solucionar su déficit crónico con los Estados Unidos. De manera que en esos años excepcionales de la posguerrra, caracterizados por la gran demanda internacional y los precios altos , la Argentina cosechó beneficios más bien escasos. Vender cereales fue cada vez más difícil, y vender carne cada vez menos interesante, lo que motivó una reducción de la producción agropecuaria. 173 El cuadro anterior contribuyó a definir las opciones que l a guerra ya había planteado. Aunque ya esbozado en 1943, fue sobre todo a partir de la llegada al poder de Juan Domingo Perón cuando un Estado - árbitro cada vez más expandido y director de la economía, apostó con s cientemente por la defensa del sector indust rial instalado, el mercado interno, los altos salarios y el pleno empleo. 174 Desafiando el boicot estadounidense (que entre 1942 y 1949 bloqueó la venta de insumos y equipos al país), que ya en estos años se prefiguró en un lento movimiento de migrantes desde las zonas rurales hacia los grandes centros urbanos y el empleo industrial. 171 El censo industrial de 1946 se ñaló una producción el doble más grande que once años atrás, que generaba empleo para 900.000 obreros (+ 215 %). 172 Fue en ese contexto que el ministro de Hacienda del presidente Castillo, Federico Pinedo, realizó en 1940 una lúcida valoración de la situaci ón, y elaboró un audaz Plan de Reactivación Económica. Sobre el análisis económico realizado por Pinedo y las vicisitudes de su Plan, vid. Llach (1984). 173 Vid. Romero (2000: 96 - 101, 112; 2003: 87 - 8), Schvarzer (2005: 164, 167 - 8, 171 - 2). Sobre la crisis de la agricultura pampeana en la década de 1940, vid. Barsky (1988). 174 Una síntesis de la política económica durante el primer y segundo gobierno peronista, en Torre (2001). 66 la producción de manufacturas se extendió más allá de los límites consider ados “naturales”, avanzando sobre el sector metalúrgico y otros como el de los metales, vehículos y maquinarias. 175 Junto a las empresas industriales tradicionales, creció una amplia capa de establecimientos medianos y pequeños, y aumentó de forma notable la mano de obra empleada, por lo general utilizada de manera intensiva. Sin embargo, el país continuaba careciendo de industrias básicas que le permitieran autoabastecerse de insumos y equipos de producción. 176 Por otra parte, desde la instauración del régimen surgido de la “revolución” de junio de 1943, comenzaron a impulsarse una serie de medidas sociales que, profundizadas durante el primer gobierno peronista, mejoraron notablemente las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, tanto dentro com o fuera de su ámbito laboral. 177 Las políticas de redistribución de ingresos hacia los sectores trabajadores acrecentaron el poder de compra de los mismos, lo que se tradujo en una expansión sostenida del consumo. Pero, a su vez, ese aumento del consumo inte rno redujo aún más las disponibilidades agropecuarias para la exportación, agregando un nuevo elemento a la crisis del campo, que ya soportaba la transferencia de recursos hacia los sectores industrial y urbano, la falta de insumos y maquinarias, etc. 178 La coyuntura externa favorable comenzó a invertirse en 1949 y la tasa de crecimiento del país comenzó a descender. A partir de ese año Europa se recuperó, Estados Unidos inundó el mercado con cereales subsidiados, y la participación argentina en el mercado mu ndial como productor privilegiado de ese tipo de materias primas disminuyó de manera drástica. Tres años después una nueva crisis puso en evidencia las limitaciones del crecimiento anterior basado en el desarrollo industrial de bienes de consumo y el merca do interno. Se hicieron manifiestas la debilidad agraria del país, la crónica escasez de divisas, y la ineficiencia de una industria excesivamente 175 Estos últimos aumentaron su participación en el producto fabril del 13,3 % en 1946 al 20 % en 1954. 176 El conflicto con los Estados Unidos en la década de 1940, obligó a la Argentina a producir en las peores condiciones posibles, falto de energía, insumos básicos y equipos modernos, que el casi único proveedor se negaba a venderle. Aunque muchas carencias locales fueron resueltas con esfuerzo e inventiva, el resultado fue una “trama fabril de emergencia”. 177 “Entre 1946 y 1949 se extendieron y generalizaron las medidas sociales lanzadas antes de 1945. Por la vía de las negociaciones colecti vas, garantizadas por la ley, los salarios empezaron a subir notablemente. A ello se agregaron las vacaciones pagas, las licencias por enfermedad o los sistemas sociales de medicinas y turismo, actividades en las que los sindicatos tuvieron un papel import ante. Por otros caminos, el Estado benefactor contribuyó decisivamente a la elevación del nivel de vida: congelamiento de los alquileres, establecimiento de salarios mínimos y de precios máximos, mejora de la salud pública […], planes de vivienda, construc ción de escuelas y colegios, organización del sistema jubilatorio, y en general todo lo relativo al campo de la seguridad social.” Romero (2000: 145). 178 Vid. Romero (2000: 118 - 63; 2003: 88), Schvarzer (2005: 190 - 4, 213, 216, 218). Sobre la política agrari a del peronismo, vid. Lattuada (1986). 67 protegida y, tanto por razones endógenas como exógenas, poco capitalizada. 179 Estos problemas fueron el acicate para una reorientación económica basada en nuevas políticas de racionalización capitalista que, aunque fue delineada en el Segundo Plan Quinquenal peronista (1952), no comenzó a aplicarse realmente sino hasta 1958. 180 El Estado no s ó lo conservó los mecanism os para intervenir en la economía y la sociedad, sino que incluso los acrecentó. Mediante privilegios fiscales y la garantía de mercados cautivos, empresas de capital extranjero fueron atraídas para que desarrollaran ramas industriales complejas (como el p etróleo, la petroquímica, la siderurgia o los automotores), y se produjo un simultáneo y espectacular crecimiento de la industria y del campo, que recuperó en los sesenta el tiempo perdido en las décadas anteriores. 181 Sin embargo, el crecimiento acelerado d e las nuevas ramas industriales (beneficiadas por la promoción o la existencia de un mercado insatisfecho) se contrapuso con el estancamiento o la retracción de las que habían liderado el crecimiento en la etapa anterior (textil, calzado, etc.). Surgió así una brecha entre un sector moderno y eficiente de la economía, y otro tradicional, ligado al consumo masivo. Buena parte del tejido industrial menos eficiente, que había prosperado en la etapa anterior, fue liquidado, y el empleo industrial tendió a estan carse, mientras se deterioraban los ingresos de los asalariados. 182 Pero, en cualquier caso, en los diez años que siguieron a la caída de Perón la economía argentina no sólo se transformó sino que, tomada en conjunto, creció de forma sostenida aunque moderad a. Una bonanza relativa (sustentada principalmente en el mercado interno) que, sin embargo, permaneció oculta para sus contemporáneos, cuya mirada se dirigió a los sucesivos ciclos de expansión y contracción, separados por violentas crisis como las de 1952 , 1956, 1959, 1962 y 1966. 183 1.4 Aproximación a la inmigración europea en el país 179 Al respecto, Schvarzer (2005: 213) ha sostenido: “El nudo del problema era claro. El país carecía de industrias básicas que le permitieran autoabastecerse de insumos y no contaba con capacidad para fabricar equipos de producción. El stock de bienes de capital instalados era insuficiente y ya muy desgastado para las necesidades locales.” 180 La misma entrañó recortes al acrecido poder sindical en los lugares de trabajo, retroceso de los ingresos y reducción del empleo, por lo cual derivó a su vez en una mayor conflictividad social. 181 Sobre la apuesta al capital extranjero en las décadas de 1950 y 1960, vid. Schvarzer (2005: 221 - 251). 182 La porción del ingreso en el PBI cayó del 49 % en 1954 al 40 % en 1962. El censo indus trial del primero de dichos años, por su parte, indicó la presencia de un millón de obreros en el sector industrial, repartidos en 78.000 establecimientos fabriles. 183 Vid. Romero (2000: 206 - 12; 2003: 88, 93 - 6), Barbero y Cacopardo (1991: 297), Schvarzer (2 005: 216, 221 - 51). 68 Con independencia de las dificultades para hacer una evaluación confiable de los volúmenes recibidos durante la etapa colonial, es obvio que las corrientes migratorias euro peas hacia el territorio de lo que hoy es la Argentina disminuyeron en el contexto de los conflictos europeos y de las guerras de independencia. Ello fue particularmente cierto para aquellos flujos procedentes de la P enínsula I bérica, pues las cadenas migr atorias que los componían se debilitaron o interrumpieron. Esta disminución de la inmigración se reflejó en el hecho de que en 1822 los extranjeros fuesen sólo el 4 % de los habitantes de Buenos Aires, cuando doce años antes su proporción sobre la població n total de la urbe alcanzaba al 17 %. 184 Aunque e n la década de 1820 se llevaron adelante una serie de disposiciones tendientes a favorecer la inmigración europea en el país, 185 no fue sino hasta la siguiente década cuando comenzó el verdadero, largo y sosteni do ciclo inmigratorio europeo rioplatense. Aunque es difícil cuantificar los , y en todo caso no muy numerosos (en relación con el aluvión de finales del siglo), los extranjeros provenientes de aquel continente eran ya visibles a comienzos de la década de 18 30, y constituían una presencia impactante hacia el final de la dictadura rosista. En cualquier caso , en la medida en la que es posible reconstruir los lazos premigratorios de los grupos llegados durante es e período (1829 - 1852), es posible remontarse hasta las migraciones de finales del siglo XVIII. 186 Tras la caída de Rosas, tanto el gobierno de la Confederación como el del Estado de Buenos Aires iniciaron una estrategia conducente a promover la llegada de inmigrantes a sus territorios respectivos. Sin embar go, el impacto de las medidas tomadas sobre los flujos migratorios fue limitado en compara ción con el papel desempeñado por las cadenas familiares y paisanas, que constituyeron entonces (como también más tarde) el principal mecanismo migratorio de los euro peos llegados a la Argentina. Y es que, sencillamente, la más efectiva de cuantas medidas tomaron los gobiernos del país fue la de abrir sus puertas a la inmigración, un hecho consagrado en el texto de la Constitución de 1853. Dos años después, el Censo in édito de la ciudad de Buenos Aires permite un primer acercamiento a la composición “nacional” de los europeos presentes en ella. Por entonces, sobre un total de 53.332 habitantes el grupo 184 Vid. Devoto (2003: 207 - 8, 211). 185 Una ley de agosto de 1821 autorizó al Estado a organizar el traslado al país de “familias europeas laboriosas”. En septiembre de 1822, otro decreto otorgó una legua cuadrada de tierra a aquellos dispue stos a instalarse en la Patagonia, más allá del territorio controlado por el hombre blanco. En ese mismo año los inmigrantes también fueron exceptuados de prestar el servicio militar, y en 1824 se creó una comisión de inmigración que intentó atraer a ingle ses, escoceses y otros europeos del Norte hacia el Río de la Plata. Vid. Moya (2004: 62). 186 Vid. Devoto (2003: 213 - 6, 219). 69 más numeroso era el de los italianos (10.279), seguido por los franc eses (6.489) y los españoles (5.792). 187 La inmigración creció de forma sostenida en las décadas de 1850 y 1860, atraída sobre todo por la prosperidad económica del país en aquellos años. El p rimer c enso n acio nal de p oblación (1869) mostró que los extranjer os eran ya el 11,5 % de los habitantes del país (9 %, de considerar sólo a los europeos). También que los tres grupos europeos mayoritarios antes de 1852, es decir italianos, españoles y franceses, continuaban ocupando un lugar preminente, pues representab an el 3,8, el 1,8 y el 1,7 %, respectivamente, del total de habitantes del país. El censo trasluce, asimismo, la desigual distribución espacial de los extranjeros en relación con el conjunto de la población. La inmigración en la Argentina es, desde épocas tempranas, sobre todo un fenómeno del Litoral urbano: el 30,5 % de los habitantes de la provincia de Buenos Aires y el 49,6 % en la ciudad homónima eran extranjeros, y en esta última vivía el 41 % de todos los inmigrantes. Aunque el impacto de la crisis mu ndial de 1873 provocó una drástica disminución de los flujos, desde comienzos de la década de 1880 la combinación de la expansión de la frontera agropecuaria, las obras públicas, la industria y el comercio (por los efectos del eslabonamiento con el dinámic o sector primario y un mercado interno en crecimiento), promovería la irrupción de la inmigración masiva, en particular de i talianos y españoles, que con el 46 % y el 32 %, respectivamente, constituyeron los grupos “nacionales” más numerosos a lo largo del período que va de 1857 a 1930. Pero m ientras la participación italiana (más temprana) tendió a disminuir con el transcurso del tiempo, la española se fue incrementando hasta alcanzar su pico justo antes de que la guerra de 1914 paralizara los flujos de Eu ropa al país austral. 188 La inmigración masiva (junto con el progreso económico) remodeló profundamente la sociedad argentina. En los 26 años que separan al censo de 1869 del de 1895 ( Segundo Censo de la República Argentina ) el país duplicó su población, y v olvería a hacerlo entre esa última fecha y 1914. Pasó así de 1.737.080 habitantes a 3.954.911 en 1895, alcanzando diecinueve años después la impresionante cifra (dado el “piso” del que se partía) de 7.885.237. Este espectacular crecimiento demográfico es 187 No obstante, el 81 % de esos “españoles” procedía de la periferia norteña, o sea las actuales comunidades autónomas de Galicia, el País Vasco, Navarra, Cataluña, Asturias y Cantabria. Vid Moya (1990:143), Villares y Fernández (1996: 92), Devoto (227 - 30). 188 Del mismo modo que en el período inmediatamente anterior, los protagonistas de la época de la inmigración en masa eran sobre todo de hombres jóvenes de origen rural, llegados a través de mecanismos migratorios del tipo cadena. Su porcentaje de retorno era significativo, del orden del 36 % entre 1881 y 1910. En ese período el índice de masculinidad superaba el 300 . Vid. Devoto (2003: 231, 234 - 40, 247 - 8). 70 i mpensable en términos del desarrollo natural de la población, y sólo puede ser explicado por el fenómeno inmigratorio. 189 De hecho, en ningún otro Estado fue tan elevada la proporción de extranjeros sobre la población autóctona durante tan extenso período de tiempo. Si en 1869 los extranjeros representaban poco más del 10 % de la población argentina, en 1895 eran el 25,5 %, y para 1914 habían alcanzado la increíble proporción del 30 % del total. Sin embargo, es sabido que los datos nacionales son apenas ilusi ones estadísticas, y que cuanto mayores son las disparidades regionales más arbitrarios serán también los datos agregados. 190 Los inmigrantes no se distribuyen de manera uniforme por el territorio argentino, sino que configuran un fenómeno muy desigual regio nalmente, en su impacto y su influencia: Cuando se dice que en 1914 los extranjeros eran el 30% de la población total de la Argentina, esa expresión de por sí muy reveladora, esconde tanto como lo que muestra. Ese porcentaje era del 50,5% en la Capital Fe deral, del 35,5% en la provincia de Santa Fe, del 7% en la provincia de Corrientes y sólo del 2% en las provincias de Catamarca y La Rioja. 191 La inmigración no sólo repercutió en el crecimiento de la población del país. Una segunda consecuencia directa fu e la rápida urbanización (paralela al crecimiento de la economía exportadora) experimentada por la Argentina entre las últimas dos décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX. Aún cuando muchos inmigrantes se instalaron en el campo, la mayoría de ellos se concentró en las ciudades, sobre todo las del Litoral, determinando un cambio radical en la distribución geográfica de la población del Estado. 192 La zona pampeana pasó de contener un 30 % de la población del país en 189 Entre 1870 y 1930 el mismo aportó siempre más del 30 % del crecimiento total de la población. E incluso en tres quinquenios (1885 - 1890, 1905 - 1910 y 1910 - 1915) la inmigración neta resultó superior al crecimiento vegetativo del país. 190 Vid. Sánchez Alonso (1992: 57 - 60), Villares (1996: 118), Devoto (2003: 49, 94, 162, 247). 191 Devoto, 2003: 20. 192 Una explicación muy difundida del por qué de la preferencia de los extranjeros por las zonas urbanas, hace hincapié en el sistema de tenencia de la tierra y en la imperfección del mercado de capitales. Se sostiene que, excepto en determinados momentos y en áreas particulares (la zona de colonias del sur de la provincia de Santa Fe, y la provincia de Entre Ríos), uno y otro habrían impedido el ac ceso a la propiedad de la tierra por parte de los inmigrantes, sea porque no había tierras disponibles para comprar, sea porque su valor era demasiado elevado para el poder adquisitivo de los inmigrantes. Sin embargo, la tendencia de los extranjeros a perm anecer en Buenos Aires o su entorno (anterior a que el acceso a la tierra fuese teóricamente dificultado por la expansión de la frontera agropecuaria hasta zonas marginales) posee una fundamentación más socioeconómica que económica. Se basa en las variadas posibilidades de empleo que la economía urbana ofrecía, en los salarios comparativamente altos, en el funcionamiento de las cadenas migratorias que constituían el principal medio de llegada y (al menos en un primer momento) de inserción laboral y, finalme nte, en las expectativas de los mismos inmigrantes en cuanto a su permanencia breve, prolongada o definitiva en el país. Y, en definitiva, la mayoría de los inmigrantes venían llamados 71 1850 a un 64 % en 1914, mientras que las provincias de más temprano poblamiento del Centro y el Noroeste (Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy, que habían contado con más de la mitad de la población en la época colonial) retrocedieron al 22 % en aquel últi mo año. Los centros urbanos de más de 2.000 habitantes, que en 1869 incluían sólo el 28 % de la población total, elevaron su participación al 37 % en 1895 y al 53 % en 1914. B uenos Aires es el caso más claro de atracción masiva de inmigrantes. Uno de cada cuatro italianos y uno de cada tres españoles se afincaron en ella y, en líneas generales , la ciudad retuvo a un tercio de todos los extranjeros que se radicaron en el país. Ello hizo posible que el número de sus habitantes pasase de 187.346 en 1869 a 663. 854 en 1895, y a 2.415.142 en 1936, siendo los años que van de 1904 a 1914 los del incremento más acelerado (de 900.000 a 1.500.000). En 1895 dos de cada tres habitantes de la ciudad era extranjero, y en 1914, cuando esas mismas personas habían tenido ya m ucho hijos argentinos, todavía la mitad de la población había nacido fuera de la Argentina. La población inmigrante se radicó preferentemente en el área más céntrica de la urbe, 193 n o obstante lo cual ( y de l predominio de ciertos grupos en determinadas áreas ) no puede hablarse de ghettos al estilo neyorquino . Más allá de esta preferencia por el área céntrica porteña, quizás la conclusión más importante de todo lo anterior sea que, en buena medida, la distribución espacial de los inmigrantes en el territorio a rgentino refleja tanto el accionar de las cadenas migratorios (la mayoría de ellos arribaban llamados por parientes y amigos, y se establecieron donde é stos ya lo habían hecho ) como las oportunidades económicas que el país ofrecía. 194 Una tercera y fundamen tal consecuencia de la inmigración masiva fue el impacto que generó sobre la estructura del mercado de trabajo argentino. T ras la organización institucional del país en 1862 (y su definitiva pacificación en 1880), uno de los principales obstáculos para el crecimiento de la economía agroexportadora era el de falta de mano de obra. La corriente inmigratoria llegó para solucionar ese ítem . La misma era predominantemente masculina, aunque la proporción entre los sexos tendió a igualarse con el paso del tiempo. Asimismo, los recién llegados se concentraban en los por parientes y amigos, y se establecieron donde é stos ya lo habían hec ho. Vid. Sánchez Alonso (1992: 66 - 7). 193 Vivir en el centro ofrecía grandes ventajas puesto que, a pesar de concentrarse en los indudablemente poco agradables conventillos, los pobladores de esa zona gozaban de una mayor infraestructura urbana, como el empe drado de las calles, el alcantarillado y el alumbrado p ú blico. Dado que un gran número de ellos eran jornaleros, residir allí proporcionaba también mayores posibilidades de encontrar trabajo o, si ya lo tenían, un desplazamiento más cómodo (y económico) de sde su vivienda hasta él. 194 Vid. Sánchez Alonso (1992: 59 - 60, 66 - 70), Romero (2000: 27), Devoto (2003: 236). 72 grupos et a rios más productivos. 195 Esta estructura poblacional dio lugar a un mercado de trabajo altamente productivo, pues los extranjeros constituían un porcentaje mayor de la fuerza de trabajo argentina que el total de la población autóctona. Por otra parte, las características de las actividades económicas del país en la época de la inmigración masiva determinaron un mercado de trabajo muy fluido y flexible, con alta movilidad de la mano de obra. En sum a, la inmigración generó una sociedad nueva, que permaneció en formación durante bastante tiempo, y en la que los extranjeros y sus hijos estuvieron presentes en todos los lugares, social y geográficamente hablando (aunque en este último caso en algunos si tios más que en otros). 196 Volviendo a los principales grupos inmigratorios europeos, el Censo de 1895 mostró que un 12,5 % del total de la población del país era italiana (492.636 individuos) , mientras los 198.685 españoles de entonces suponían otro 5 % de l total. 197 Algo más rezagados aparecen los franceses con el 2,4 % ( 94.098 personas). Sin embargo, e ntre 1901 y 1910 ingresa ron nada menos que 1.760.000 inmigrantes, y en 1913 se alcanzó el punto máximo de la curva inmigratoria argentina ( 300.000 personas ) . Un año después, el Censo de 1914 constató que los italianos continuaban siendo el grupo extranjero más nutrido (alrededor de 929.863 personas, el 11,5 % del total de habitantes del país), pero ahora los españoles, que han sido los más numerosos en los años previos a la guerra, los siguen muy de cerca (829.701, el 10,5 %), mientras en un lejano tercer lugar vuelven a aparecer los franceses (79.491, el 1 %). 198 Los contextos plenos de incertidumbres (como las coyunturas bélicas, revolucionarias, etc. ) son muy desalentadores a la hora de que los potenciales migrantes tomen la decisión de desplazarse . Por ello, la Primera Guerra M undial entrañó una brusca interrupción de aquel movimiento migratorio europeo hacia la Argentina. Pero como ya hemos mencionando, las c osas también habían cambiado en el país de acogida. El conflicto había provocado una grave crisis en la industria argentina y , a l mismo tiempo, los efectos de esa crisis coincidían con el fin de la expansión agropecuaria. 195 Por ejemplo, para 1914 el 86 % de los extranjeros se ubicaba dentro del rango de edad de 15 a 64 años, mientras que la proporción de la población nativa en ese mismo rango apenas alcanzaba al 45,6 %. 196 Vid. Sánchez Alonso (1992: 57, 60 - 1), Romero (2000: 27 - 9). 197 El índice de masculinidad español era de 190 (177 para el conjunto de los inmigrantes ultramarinos). 198 En 1914 los primeros se encuentran urbanizados en un 69 %, en tanto que los segundos lo han hecho en un 74 %. En líneas generales, uno de cada tres inmigrantes ultramarinos vivía entonces en la capital argentina, que junto con las provincias de Buenos Aires y Santa Fe continuaban cobijando nada menos que el 79 % de los extranjeros. En lo que hace al índice de masculinidad, el mismo ha descendido en relación a 1895: 168 para el conjunto de los extranjeros, y 162 para los españoles. Vid. Devoto (2003: 49, 261 - 5, 272 - 3, 294 - 5, 297, 299 ); Tercer Censo Nacional (1915 II: 396 - 7). 73 Como consecuencia de ello la desoc upación había crecido de manera alarmante, lo que por sí solo habría bastado para reducir significativamente el número de inmigrantes. La situación de dificultad se prolongó en los primeros años de la posguerra, signados por la continuidad de una tasa de d esocupación elevada para los parámetros de la Argentina de entonces , y por los conflictos sociales crecientes, que culminaron en la “Semana Trágica” de enero de 1919. Y aunque la inmigración se recuperó a un ritmo bastante vigoroso tras el final de la coyu ntura bélica, ya nunca volvería a alcanzar los niveles de pre - guerra ( 1.760.000 inmigrantes en el decenio 1901 - 19 10 ) . A partir de 1919, atemorizado por la amenaza social y “revolucionaria” que cree ver en los sucesos de la “Semana Trágica”, el gobierno arg entino inaugura la utilización de una serie de medidas restrictivas de la inmigración, tendiente a impedir la llegada de personas consideradas subversivas e “indeseables”. 199 Sin embargo el éxito de las disposiciones restrictivas fue escaso, dada la enorme d emanda para emigrar insatisfecha por la guerra, y las variaciones que introduj er on en los flujos las restricciones estadounidenses para la entrada de extranjeros. Entre 1921 y 1930 el país recibirá otros 1.400.000 inmigrantes. 200 La crisis económica de 1930 , con sus efectos negativos sobre el empleo, generó nuevas medidas que buscaban desalentar la inmigración. Sin embargo, en opinión de Fernando Devoto , la seria disminución de la inmigración en los primero s años de la década probablemente obedec ería más a l a situación económica del país (y a la disminución general de la oferta migratoria europea) que a las restricciones políticas , relativamente ineficaces hasta 1938 . En el período 1931 - 1940 la Argentina apenas recibió 310.000 inmigrantes. Y cuando su economí a se encontraba en plena recuperación, el efecto combinado de la Guerra Civil Española, d el decreto del presidente Ortiz de 1938 (el mayor esfuerzo por reducir al mínimo la inmigración a través de mecanismos administrativos) y de la Segunda Guerra Mundial, terminaron por interrumpir casi completamente los flujos. 201 Tras el final del conflicto la emigración europea intercontinental vuelve a crecer. El boom económico argentino de la posguerra convirtió al país en un destino deseable para muchos habitantes del viejo continente. Como ya comentáramos, el mismo se basó 199 Sobre la relación entre las políticas públicas y las prácticas administrativas concretas, y de é stas con las estrategias microsociales de los inmigrantes entre 1919 y 1949, vid. Devoto (2001). 200 Vid. Sánchez Alonso (1992 : 49), Devoto (2003: 162, 353 - 6). 201 Vid. Devoto ( 2003: 163, 183, 185, 361 - 3, 390, 395 - 6). Sobre el decreto de Ortiz de 1938, vid. Schwarzstein (2001a: 57 - 66). 80 gallegos embarcados hacia la Argentina por puertos españoles (37,2 % del total del flujo gallego a América en esos años), un 49,6 % eran pontevedreses y otro 38,6 % coruñeses, mientras que a Lugo y Ourense correspondían apenas el 6,4 % y el 5,3 % del flujo. No obstante, por entonces todavía sería más ajustado hablar de comarcas y municip ios que de provincias. En cualquier caso, entre 1900 y 1920 el fenómeno emigratorio no sólo se incrementa, sino que también se expande territorialmente por el mapa gallego. De hecho, el incremento de los volúmenes afecta de forma más notoria a Lugo y Ouren se, sobre todo a partir de 1910, cuando pasan a la cabeza entre todas las provincias españolas en lo que hace a emigración relativa. 220 En líneas generales, Cuba y el Río de la Plata (Argentina y Uruguay) fueron durante todo el siglo XIX los principales dest inos de los emigrantes gallegos , como también lo fueron para el resto de los españoles . Pero al igual que para é stos, con el despuntar d el siglo XX , la Argentina desplazará a la isla caribeña como principal destino migratorio galaico. 221 Del mismo modo que e n relación al conjunto de la emigración gallega a América, 222 las diferentes fases migratorias desde Galicia hacia ella serán provocadas fundamentalmente por las coyunturas económicas de l país austral . Aunque alrededor de un millón de gallegos arribó a él en tre 1857 y 1930, el ciclo central de su llegada es el comprendido entre 1904 y 1913, años en que los flujos alcanzaría n sus máximos históricos. Por entonces, el fenómeno que al principio só lo afectaba a las provincias atlánticas y a la franja costera lucen se, se expande hasta abarcar prácticamente la totalidad del territorio gallego. La combinación del dato de que entre 1885 y 1895 el 55,8 % de todos los españoles arribados al país eran gallegos, y de las cifras de residentes españoles consignadas por el s egundo y tercer censo nacional de población, permite vislumbrar la importancia numérica que el grupo adquirió dentro del tejido humano argentino. El primero de dichos censos contabilizó 198.695 españoles, de los que 80.352 (40,4 %) se agrupaban en la ciuda d de Buenos Aires, en tanto que otros 70.003 (35,2 %) moraban en el dilatado territorio de la provincia homónima. Quince años más tarde, el censo de 1914 registró la presencia de 829.701 residentes españoles, de los cuales 306.850 (36,) %) se concentraban en la capital argentina, mientras otros 263.755 (31,7 %) s e distribuían en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Para Antonio López Taboada, existen razones para pensar que si en el siglo XIX alrededor del 40 % de los 220 Vid. Eiras Roel (1992a: 7 - 13, 1992b: 192). 221 Vid. Eiras Roel (1992b: 191 - 7). 222 Vid. Vázquez González (1992: 210 - 1). 81 españoles emigrados a la A rgentina eran gallegos, en la primera década del siguiente esa proporción podría haber descendido al 30 % del total, debido a la incorporación de Andalucía y la España interior a los flujos emigratorios. 223 Con todo, el hecho de que en aquel decenio el colec tivo galaico represente más de la mitad del total español, y su acusada tendencia a instalarse en las grandes ciudades del Litoral ( particularmente en Buenos Aires ) , no parecen dejar dudas respecto a que a la altura del Centenario de la Revolución de Mayo (1910) é sta era la mayor urbe gallega del planeta. Por entonces, mientras A Coruña (la ciudad más poblada de Galicia) contaba con 60.000 habitantes, la ciudad porteña albergaba aproximadamente a unos 150.000 gallegos, lo que representaba un 8 - 10 % de su po blación total. 224 Del mismo modo que en el conjunto de la emigración gallega a América, la inmensa mayoría de los inmigrantes galaicos en la Argentina eran personas de extracción rural. En donde sí existía una diferencia importante es en el componente femen ino de las corrientes que se dirigieron a este país, pues el mismo se situó claramente a la cabeza en cuanto destino apetecible para las mujeres españolas, captándolas en una medida superior al resto de las naciones del Nuevo Mundo. La participación femeni na en los flujos migratorios fue en aument o a partir de la Primera Guerra Mundial, debido tanto al reagrupamiento familiar como a su incorporación en el mercado de trabajo argentino. Y a mediados de la década siguiente suponían más del 40 % del contingente galaico que tomó el camino de la República austral. 225 Si bien es cierto que la presencia de los inmigrantes gallegos será especialmente visible en el área de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, ello no quiere decir que, en número variable, no pud iera encontrárselos a lo largo y ancho del vasto territorio argentino, e integrados en muy distintos estratos sociales y económicos. 226 Su papel de colonos agrícolas y pioneros en las tierras que paulatinamente se iban incorporando al control del Estado incl uye a personajes célebres, como el ourensano 223 Vid. López Taboada (1992: 169). 224 Vid. Villares (1996: 118 - 9), Núñez Seixas (2007: 28). No obstante, la urbe porteña y sus alrededores nunca fueron para ellos un destino exclusivo. Su presencia, numéricamente variable, se constata desde mediados del siglo XIX a lo largo de todo el territorio argentino, encontrándoselos empl eados como jornaleros, peones, arrendatarios de tierras, viticultores, pastores de ovejas, carpinteros, herreros, sastres, fabricantes de ladrillos, peones de fábricas, comerciantes al menudeo, acopiadores, dependientes de comercio, carreteros, empleados d e ferrocarril, etc. 225 Sobre la emigración de las mujeres gallegas a la Argentina, vid. Cagiao Vila (2007). 226 Véanse, por ejemplo, los trabajos de Guindani (1999) y Da Orden (2001) a propósito de la presencia gallega en Lobos y Mar del Plata. 82 Ramón Santamarina Valcárcel, 227 pero también pioneros prácticamente anónimos Tal es el caso de Ramón Agrasar Blanco, natural de Pontecesures, qu e desde la década de 1880 residió sucesivamente en las localidades bo naerenses de V ivoratá y Tamangueyú, para convertirse luego en precursor del poblamiento del distrito de Guatraché, en el entonces Territorio Nacional de la Pampa Central (hoy Provincia de La Pampa). 228 O el de Primo Cortiñas Vidal, nacido en Betanzos, que en 1902 se estableció con un almacén de ramos generales en el sitio donde un año después se fundaría oficialmente el pueblo de Rancul, igualmente ubicado en el noroeste del mencionado Territorio Nacional. 229 Pero si bien n o faltaron entre los gallegos colonos en zonas rurales argentinas (su desempeño como pulperos en la Pampa húmeda es arquetípico), o en territorios tan alejados como la Patagonia (donde fueron peones, obreros mineros, etc.), 230 su proporción parece haber sido siempre reducida entre los españoles afincados en el campo o en las ciudades intermedias pampeanas. 231 De modo que si Buenos Aires y sus zonas aledañas no fueron de ningún modo un destino ex clusivo, los gallegos se nuclearon allí en una proporción altísima, y en todo caso aún más elevada que la del resto de los españoles. No obstante, conviene tener presente que muchos de ellos practicaban migraciones estacionales campo - ciudad, alternando las ocupaciones urbanas con las tareas de las cosechas, como fue el caso de Plácido López (1892 - 1982), que e n las primeras décadas del siglo XX alternaba su ocupación en diferentes empresas de l Partido de Avellaneda con las tareas rurales en el de Baradero (Provincia de Buenos Aires). 232 Más allá de las dinámicas generadas por las redes en las que estas personas s e hallaban insertas, su distribución espacial (al igual que ocurrió con los inmigrantes europeos en la Argentina en general) tiende en buena medida a reflejar las 227 R adicado des de 1844 en la zona de Tandil, llegaría a ser uno de los terratenientes más poderosos de la Argentina. Un estudio de su experiencia vital, en Reguera (2007). 228 Libro Copiador de Cartas, archivo Familia Agrasar, estancia “La Julia”, Güatraché, Provincia de L a Pampa. Agradezco a dicha familia la oportunidad que me brindó de analizar la documentación de su archivo, y la hospitalidad que me brind ó en oportunidad de mi visita a la estancia. 229 Debo esta información a la generosidad de Nilda Carmen Pallares Gonzále z (de la Asociación Mutualista Residentes de Vigo, en Buenos Aires), y al señor Miguel Ángel Ussei, vecino de Rancul. 230 Para un primer acercamiento a la emigración gallega a la Patagonia argentina a comienzos del siglo XX, véase Castiñeira Castro y Martín García (1999). Así, por ejemplo, en 1901 residía en Tierra del Fuego un hombre apellidado Freire González, cuya esposa e hijos moraban en el concello de Fisterra. Concello de Fisterra, Padrón de Habitantes 1901, Sección 2ª. 231 Un análisis de la reducida apo rtación gallega al campo argentino, en Vázquez González (1999). Sobre su inserción en una ciudad intermedia como Mar del Plata, véase Da Orden (2001). Para el caso de Lobos, Guindani (1999). Por otra parte, no debemos olvidar que también existieron casos d e individuos que comenzaron empleándose en el medio rural y luego pasaron al urbano, o que alternaron entre uno y otro. 232 Vid. AA.VV. (1993b: 47 - 8), López (1994: 46). 83 oportunidades económicas que el país ofrecía. En efecto, el patrón de asentamiento del grupo se halla relacionado tanto con la inserción socioprofesional, que sólo en una fase inicial y volátil se verificó en el sector agropecuario, como con su estrategia migratoria. La integración económica del inmigrante gallego en la Argentina se concretó de mo do preferente en el sector de los servicios urbanos, en puestos de baja y media calificación. 233 En cualquier caso, como ya indicara el trabajo pionero de Antonio Pérez - Prado y otros que le siguieron, si en algo dejó impronta el inmigrante galaico fue en su ocupación en los servicios y en el pequeño comercio urbano y semiurbano, pues a principios del siglo XX constituían una legión entre los dependientes de comercio y propietarios de comercio s minorista s en Buenos Aires, así como también en otras ciudades y p ueblos del Litoral. 234 Pero esto no debe ocultar el hecho de que a medida que su número aumentaba al compás de la masiva afluencia al país, se produjo también una mayor diversificación de su espectro ocupacional. Una diversificación que, por lo demás, convie ne no desligar de las características propias de los lugares donde se asentaron. Las mujeres, por su parte, desempeñaron una serie de oficios característicos (sobre todo a partir de la primera década del siglo XX) entre los que se contaban emplearse en el servicio doméstico como criadas domésticas ( mucamas ), cocineras o amas de cría. 235 Por otra parte, dejando aparte las familias de origen gallego procedentes de la etapa colonial (ya plenamente acriolladas), existió desde mediados del siglo XIX una e lite gall ega de origen inmigrante, tanto en Buenos Aires como en núcleos del 233 Como veremos en el capítulo dedicado a su inserción socioprofesional en el sur del Gran Buenos Aires, hacer una cuantificación pormenorizada de los que se desempeñaron en unas y otras ocupaciones resulta, sin embargo, prácticamente imposible. Fueron carreros, cocheros, aguateros, faroleros y serenos, empleados del servicio doméstico, mozos d e café y de restaurante, dependientes y propietarios de c omercios en general, carboneros, conductores o guardas de tranvías, chóferes de vehículos particulares, taxis, colectivos o ferrocarriles (donde también se desempeñaron como limpiadores o foguistas), dueños de carros o camiones de mudanzas, fruteros y pescaderos ambulantes, barrenderos, zapateros, carpinteros y afiladores, changadores (mozos de cuerda) y estibadores portuarios, empleados de la administración pública en general, obreros en las curtiemb res y frigoríficos de Avellaneda, etc. Semblanzas de sus múltiples oficios y ocupaciones, en Pérez - Prado (1973: 201 - 29), Allegue (1992: 65 - 89, 119 - 65), Moya (2004: 166, 168, 218 - 22, 227 - 8, 235, 238 - 41, 261 - 65, 283), López Taboada (1992: 169). 234 Vid. Pérez - Prado (1973), Núñez Seixas (2002), Lojo et al (2008). Tan grande fue su peso en algunos rubros y actividades que sus sindicatos eran regidos de modo recurrente por gallegos como, según Xosé Neira Vilas (2001: 35), aconteció en el caso del de almaceneros, t ranviarios, chóferes o cortadores de telas para confección. 235 Pero tampoco faltaron (sobre todo en algunas zonas periféricas a la Capital Federal), aquellas que lo hicieron en la industria, en particular en ramos específicos donde el trabajo era a destajo, como en la elaboración y empaquetado del tabaco, la alimentación, el vestido o la industria fosforera. Muchas de ellas, además, agregaron a su trabajo en el hogar oficios por lo general “invisibles” en las fuentes oficiales argentinas (costureras, plancha doras, lavanderas a domicilio, etc.). En cualquier caso, su presencia en el mundo del trabajo se halla ligada a la necesidad, ya que el balance de la economía familiar sólo podía cerrarse si, además del jefe de familia, trabajaban también la mujer y/o algú n hijo adulto. Vid. Devoto (2003: 303 - 4). 84 interior del país. S i los gallegos tendieron a radicarse en las zonas urbanas y a emplearse con preferencia en el sector servicios, en buena medida ello obedeció a que de forma mayoritaria concebían su emigración como algo temporal, y no definitivo. Dado que la posibilidad de retornar a la tierra de origen solía estar presente en sus planes, era mucho más lógico intentar el ascenso social (o al menos una fuerte acumulación de ahorros) en un medio urbano que en el campo, donde la adquisición de una propiedad resulta siempre un claro indicador del deseo de permanencia en dicho medio. Como ya señaláramos, los contextos bélicos no suelen ser propicios para los desplazamientos humanos de masas. El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso una drástica disminución de los flujos gallegos en dirección a América en general y la Argentina en particular. Tras el final de la contienda, y a lo largo de la década de 1920, se observa una moderada tende ncia al alza en su ingreso al país (moderada en relación con los espectaculares volúmenes precedentes), de guiarnos por la evolución de la curva de españoles llegados anualmente a la Argentina entre 1919 y 1930, que fluctuó dentro de un rango que va de las 23.000 a las 45.000 personas. Pero si antes de 1910 la emigración gallega a la Argentina se hallaba constituida en un 85 - 95 % por personas oriundas de las provincias de A Coruña y Pontevedra, hacia fines de la década de 1920 las corrientes procedentes de las provincias interiores superaron en términos relativos a la originada en sus vecinas atlánticas. De modo que aunque Lugo y Ourense sólo sumaban el 40 % de la población de Galicia, aportaban ya el 47 % de sus emigrantes a la Argentina. 236 Como ya comentára mos, la crisis económica desatada a finales de la década de 1920 provocó una nueva caída en los valores de los flujos españoles hacia la Argentina, que – presumiblmente - habría afectado también a los originados en Galicia. A ello se sumarían las medidas adm inistrativas del gobierno argentino, destinadas a restringir la llegada de nuevos inmigrantes y a proteger a la mano de obra nativa (o extranjera ya radicada en el país) del desempleo generado por la debacle económica. Y cuando a mediados de la década se a sista a una cierta reactivación de las corrientes migratorias hacia una Argentina que empezaba a superar la crisis económica, la Guerra Civil Española primero y la Segunda Guerra Mundial más tarde supondrán la paralización casi total de los flujos. El pri mero de los conflictos citados dará lugar, a partir de 1936, a una corriente migratoria cuantitativa y cualitativamente distinta de la precedente, anticipada en los 236 Vid. Villares y Fernández (1996: 115), Devoto (2003: 99), Moya (2004: 114). 85 expatriados tras la caída de la Primera República española en el último cuarto del siglo XI X: la de los exiliados republicanos gallegos. 237 Las redes microsociales preexistentes, generadas por los fuertes lazos establecidos con anterioridad, hicieron posible que muchos de ellos dispusieran de conocidos, familiares o amigos en la Argentina. Las com unidades gallegas emigradas en el país suministraron una relativa disponibilidad de información y de recursos a los exiliados gallegos, y en numerosos casos , el auxilio necesario para alcanzar su destino por vías legales o ilegales, “saltando” por sobre la s restrictivas medidas del conservador y pro - franquista gobierno argentino. 238 En 1947 vivían en la Argentina 749.392 españoles, 239 cifra a partir de la cual podría ponderarse la presencia de alrededor de 375.000 gallegos. Tras el final de la conflagración mu ndial, se produjo un breve renacer de los flujos migratorios gallegos hacia el país sobre la base de las redes migratorias preexistentes ya instaladas allí, que ejercieron un fuerte poder de atracción sobre sus paisanos que continuaban residiendo en Galici a. Aunque esta “última oleada” no llegaría a alcanzar los valores numéricos del primer tercio del siglo, la Argentina volvió a convertirse por unos pocos años en el principal destino americano de la emigración ultramarina gallega (y española). Ello se debe tanto a la buena situación de su economía durante los primeros años peronistas, como al caótico estado de la economía española durante el franquismo y a la naturaleza represiva del régimen. En 1946 el régimen franquista reinstauró la Ley de Emigración de 1924, lo que significó una regularización de los desplazamientos de población fuera de España. Aún cuando la legislación inmigratoria del país receptor continuó caracterizándose por la aplicación de líneas restrictivas y selectivas en lo que respecta al ti po de migrantes aceptados, la firma en 1948 de un acuerdo bilateral con el gobierno español (Convenio Comercial de Pagos), que incluía un Convenio sobre Migración, favoreció el relanzamiento del proceso migratorio de España a la Argentina. Estas 237 Sobre la pertinencia del uso de las categorías de expatriado o exiliado, vid. Duarte i Montserrat (2000: 20 - 1) y – con especial referen cia al caso gallego - Núñez Seixas (2006b: 13 - 21). Para el caso de los españoles exiliados en la Argentina, Schwarzstein (2001b). 238 De este modo, entre otros muchos exiliados anónimos, arribaron personalidades de la talla de Alfonso Daniel Rodríguez Castela o, Antón Alonso Ríos, Luis Seoane, Rafael Dieste, Leandro Pita Romero, Elpidio Villaverde, Gumersindo Sánchez Guisande, Manuel Cordero, Emilio Pita, Lorenzo Varela, Ramón de Valenzuela, Alberto Vilanova Rodríguez, Xosé Núñez Búa, etc., que hicieron de la A rgentina el principal destino americano del exilio gallego. Para una mirada de conjunto sobre el fenómeno del exilio gallego durante y después de la Guerra Civil Española, con especial referencia al que se dirigió a la Argentina, véase Núñez Seixas y Faría s (2009). Sobre las dificultades legales que los exiliados españoles encontraron para ingresar en la Argentina, Schwarzstein (2001a:57 - 79). 239 Vid. Palazón Ferrando (1995: 284). 86 facilidade s, sumadas a la paupérrima realidad gallega en la posguerra, 240 a la permanencia inalterada en el imaginario colectivo de una imagen de la Argentina como tierra de promisión, y a la omnipresente actuación de las redes microsociales (que reactivaron, una vez más, las viejas cadenas migratorias “dormidas”), 241 explican por qué hasta 1960 la Argentina continuó figurando como uno de los principales destinos de la emigración gallega. Sin embargo, una mirada más exhaustiva nos muestra que la parte más importante de e ste proceso se desarrolló en un lapso cronológicamente muy limitado, entre 1949 y 1952, con valores máximos en 1950 y una fuerte caída en 1951. Aunque por el momento no ha sido posible determinar con exactitud el número de gallegos arribados a la Argentina en el período de la segunda posguerra, sabemos que de los 634.222 españoles que salieron hacia América entre 1946 y 1960, un 45,9 % (291.400) había nacido en Galicia. Teniendo en cuenta que el 37,4 % de los primeros (237.190) se dirigió a la Argentina, pu ede conjeturarse que en torno a 108.870 el número de gallegos arribaron al país en aquellos años. La mayor parte se valió para ello de la amplia colonia ya asentada en el país, que permitió que el sistema de reclamación mediante la “carta de llamada” resul tase rápido y eficaz. Aunque predominó el elemento masculino, la participación femenina fue elevada (sobre todo en la década de 1950) debido, básicamente, a que un alto número de mujeres protagonizaron (junto con sus hijos) un amplio movimiento de reagrupa miento familiar. 242 De acuerdo con una muestra elaborada por Nadia De Cristóforis a partir de los Libros de Desembarco, al menos en el bienio 1949 - 1950 p redominaron los coruñeses (34 % del total), seguidos por los nativos de Lugo (24 %), Pontevedra (22 %) y Ourense (20 %). El índice de masculinidad fue relativamente bajo, del 142, y con una fuerte concentración en las edades activas, en particular en los grupos de 15 a 29 años, y en el de 30 a 44. En ambos sexos se trataba mayoritariamente de personas soltera s (55 % en los varones, 52 % en las mujeres). 243 Pro longando el patrón anterior a 1930, l os gallegos que arribaron a la 240 Sobre la situación económica de Galicia en la posguerra, vid. Carmona Badía y Fernández González (2005). 241 Según la definición de Moya (2004: 410), “Las redes microsociales transoceánicas podían sobrevivir durante largos períodos cuando las guerras, la falta de medios de transporte, la legislación restrictiva u otras condiciones ma croestructurales obstruían la emigración y el contacto directo. La cadena, entonces, se volvía menos activa y comunicaba información ocasional o simplemente conservaba los recuerdos familiares. Pero cuando la situación general se volvía menos adversa, la c adena se reactivaba y empezaba a transportar un mayor flujo de información y, posteriormente, asistencia y gente.” 242 Vid. Villares y Fernández (1996: 143 - 56), De Cristóforis (2007: 46 - 7). 243 No obstante, es de esperar que nuevas muestras elaboradas en base a los años subsiguientes (en particular a partir de 1952) muestren el flujo compuesto por un mayor número de mujeres, menores 87 Argentina después de 1946 se insertaron de modo preferente en ámbitos urbanos y semi - urbanos (el 80 % de la muestra se dirigió a la Capita l Federal, y otro 16 % a zonas urbanas o semi - urbanas). 244 A partir de 1948 la favorable balanza de pagos argentina comenzó a invertirse, y la economía se internó en una crisis que se agravó en 1952. Aunque los indicadores económicos repuntaron en 1954, tr as la caída de Perón se sumó a las dificultades económias la creciente inestabilidad política e institucional. Esto repercutió claramente en el volumen de los flujos inmigratorios. Si en 1950 se registra la salida de 38.758 personas desde España hacia la A rgentina, ese número caería a 13.560 tres años después, y a 5.830 en 1960. Desde entonces, la llegada de inmigrantes españoles, y presumiblemente también la de los gallegos, se limitará a un débil “goteo”, generalmente protagonizado por los familiares de l os inmigrantes ya asentados allí. Sin embargo, en aquel último año continuaban residiendo en el país 715.685 españoles (una cantidad que representaba el 3,6 % de su población total), el 34 % de los cuales moraban en la Capital Federal, y otro 30 % en los p artidos del Gran Buenos Aires. 245 Basándonos una vez más en la suposición de que la mitad de todos los inmigrantes españoles en la Argentina había nacido en Galicia, puede estimarse en unos 357.000 los gallegos que por entonces residían en el país. niveles de soltería (en particular del lado femenino), y también un ensanchamiento del grupo de edad menor de 15 años y mayor de 44. 244 Vid. De Cristóforis (2007: 52 - 3). 245 Como indica Palazón Ferrando (1995: 315), e l hecho de que, a pesar del gran movimiento migratorio de los años precedentes, la cifra de habitantes hispanos censados en 1960 fuese inferior a la de 1947 ( - 33.707), y q ue además hubieran perdido importancia relativa con respecto a la población extranjera y la población total del país, no es sino la expresión de la mortandad por envejecimiento de un colectivo cuya parte más sustancial llegó antes de 1914. 88 89 2. Una particular sociedad de acogida: Avellaneda y Lanús , entre el Pago de la Magdalena y la década de 1960 . “ A veces en hechos turbios / amparaste al compadraje. / La sombra de tus suburbios / fue refugio de algún matón. Junto a tu puente silencioso, / dramas de sangre se vivieron, / mas también tus veredas supieron / de esfuerzos, de sueños, de fe y de ilusión. […] . Cuna fuerte y diquera / del compadre y del facón, / sos también urbe obrera / de muy noble corazón. ” 246 El Partido de Barracas al Sud fue creado en 1852, y en 1904 mudó su nombre por el de Avellaneda. Hasta 1944 su territorio no sólo abarcaba el del municipio que actualmente lleva ese nombre, sino también el del también actual Partido de Lanús ( Mapa 2 ). En consecuencia, a partir de ahora (y a menos que indiquemos otra cosa) cada vez que hablemos del Partido de Avellaneda (o del Partido a secas) estaremos refiriéndonos a la totalidad del territorio que actualmente ocupan ambos municipios. 247 246 Ernesto Ponzi o, milonga “Avellaneda” (1932). 247 Aunque e xisten algunos trabajos de valía sobre la rica Historia de los actuales municipios de Avellaneda y Lanús (Cisneros, 1926; Torassa, 1940 – sobre todo para el siglo XIX - ; De Paula et al, 1974; Fernández Larrain, 1986) , estos municipios ameritan nuevas e integrales investigaciones . Además de las obras generales ya citadas, existe un buen número de textos de desigual factura y erudición, sobre las diferentes localidades y ciudades que, en cualquier caso, aportan un bagaj e de datos indispensable para la comprensión de la Historia y el desarrollo del conjunto del área. Véanse, entre otros: AA.VV. (1994), Cascante (2003), Vignola (1996), Gerli y el Partido de Avellaneda (s/f), Maneglia García (s/f), Herrero (2000), AA.VV. (1 993), Fernández (1994), Diz (1995), Fernández Larrain (s/f). 96 alrededores eran en lo fundamental la zona del Riachuelo, a donde un decreto del gobierno provincial con fecha del 31 de mayo de 1822 dispuso el traslado de todas las barracas, saladeros, fábricas de jabón y curtiembres ubicadas en el área de la actual urbe porteña. 271 Pero aunque la primera factoría saladeril de la zona se instaló en 1817, no parece que el número de establecimientos de este tipo fu ese realmente importante en las inmediaciones del antiguo puente de Gálvez (conocido ya como “de Barracas”) hasta 1840. Cada uno de esos establecimientos empleaba entre 150 y 200 personas, lo que explica que a partir de su radicación comenzara a formarse ( 1818) el primitivo pueblo de Barracas al Sud, aunque el mismo no puede considerarse estabilizado hasta 1830. En torno a aquel año, la presencia simultánea de l puente y el cruce de caminos, la proximidad a la ciudad de Buenos Aires y al puerto de la Boca , y – sobretodo - el desarrollo de la “industria” citada, se concatenaron para posibilitar el desarrollo urbano del pueblo. En función de los saladeros y de sus ocupaciones conexas (de cuyos salarios vivía a mediados del siglo la práctica totalidad de la poblac ión del actual Partido de Avellaneda), se multiplicaron los asentamientos de una población que no se dedicaba a la labranza , sino a la atención de una serie de faenas propias del puerto, la preparación de la carne salada ( que demandaba reseros, matarifes, desolladores, peones de playa, carretilleros, carreros etc. ), y el apresto y acopio de los llamados “frutos del país” (cueros, lanas, etc.) . 272 S egún F ederico Fernández Larrain, estos trabajadores alternaban sus jornadas con pulperos, traficantes de cueros robados, soldados desertores de los ejércitos, pordioseros, vagos y mal entretenidos, en el escenario bárbaro del saladero y en el caldeado ambiente de las pulperías, proliferadas entre el rancherío que iba circundando los galpones y los bretes, y a la ve ra de los caminos intermedios [a las dos vías que se abrían desde el puente] que trazaron la conformación topográfica del casco antiguo de Avellaneda. 273 Se conformó así un ambiente social que tenía mucho de orillero (en su sentido de tumultuoso, espeso, caldeado): un lugar en el que gentes con hábitos propios de la campaña habitaban un medio que poco a poco se iba volviendo urbano. 274 En febrero de 1857, con indudable poco afecto por todo lo que oliese a “compadrito”, Domingo 271 El gobernador Martín Rodríguez dispuso que dichos establecimientos se situasen al sur del Riachuelo. 272 Vid. Eyherabide et al (1994: 21 - 2), De Paula et al (1974: 72, 86), Fernández Larrain (1986: 57; 2000b: 23 ), Herrero (2000: 15), Sors de Tricerri (1941: 48), Schvarzer (2005: 64). 273 Fernández Larr ain (1986: 73). 274 Vid. Eyherabide et al ( 1994: 22), Fernández Larrain (1986: 72, 98), De Paula et al (1974: 86). 97 Faustino Sarmiento sostenía en un artículo publicado en El Nacional que a esos personajes podéis ir a buscarlos en Belgrano, la ciudad destinada para las carreras inglesas, en San José de Flores, el arrabal de las estaci ones del camino de hierro, en Barracas al Sur (sic), la villa de los vascos, en la Boca del Riachuelo, el puerto italiano. 275 A lo largo del medio siglo que transcurre entre 1820 y 1870 el pueblo (fundado oficialmente en 1845) fue en puridad un inmenso saladero en el que operaban decenas de firmas, y en el que corrales, playas, secaderos, galpones, ranchos de la peonada, depósitos de sal, de cuero o de huesos, casas de familia y comercios se mezclaban en un caótico entramado urbano, yuxtaponiéndose el rancho de adobe con la casa de azotea, el patio con los corrales, el ja rdín o la huerta con la canaleta de líquidos residuales, etc. 276 De ese modo, la formación de la comunidad obedeció al capricho, necesidad y/o capacidad económica de sus pobladores, siendo trazadas sus calles (con la excepción de las actuales avenidas Mitre e Hipólito Yrigoyen) por el simple trasiego de los transeúntes, las ruedas de los carros o las patas de los arreos de ganado en marcha hacia los mataderos. Mientras , los saladeros deja ban escurrir la sangre de los animales muertos hacia el Riachuelo, al mi smo tiempo sus ri b eras se convertían en depósitos de desechos fermentados y huesos a medio quemar, cuyo humo enrarecía el aire con olores nauseabundos que el viento llevaba hasta Buenos Aires, desde cuyas azoteas podía verse la humareda que cubría los galp ones y viviendas del arrabal contiguo. De modo que la falta de control sobre las formas de higiene y el proceso de urbanización fueron la tónica de Avellaneda desde sus orígenes, al tiempo que sellaban el destino del antiguo Riachuelo de los Navíos, conver tido hasta hoy en cloaca y desagüe. 277 2.2 De la creación del Partido de Barracas al Sud al final del saladero 275 Cit. por Fernández Larraín (1986, 126). La importante presencia vasca también era detectada por los contemporáneos en la margen norte del Ri achuelo, como lo certifica algún comentario de Benjamín Vicuña Mackenna (citado por Borges, 1989: 357) a propósito de la “Calle Larga” de Barracas (al Norte, se entiende). Véase también Moya (2004: 149) 276 L as factorías saladeriles proliferaron sobretodo en tre 1830 y 1850, debido a la comodidad que brindaba el abanico de las extensas y anchas rutas de tierra a las estancias del interior de la provincia, así como al doble rol del Riachuelo como vaciadero de los restos sólidos y líquidos resultantes de la faen a, y puerto de embarque de los productos de la misma. Eran veinte en aquel último año, y en 1848 aportaron el 60 % del total de las carnes saladas exportadas desde la Provincia de Buenos Aires. 277 Vid. De Paula et al (1974 : 86), Fernández Larrain (1983: 6) , Schvarzer (2000 : 65, 67), Censo General de la Provincia de Buenos Aires (1883: 112). 98 En 1838, un censo general ordenado por Rosas arrojó para los cuarteles 1º, 2º y 3º del Partido de Quilmes una población de apenas 2.275 habitante s ( Cuadro 1 ), 278 419 de los cuales moraban en el área urbana del pueblo de Barracas al Sur. 279 Cuadro 1: Evolución de la población total y del número de españoles presentes en los cuarteles 1º, 2º y 3º del Partido de Quilmes (1838), del Partido de Barracas al Sud / Avellaneda (1856 - 1936), y de los Partidos de Avellaneda y Cuatro de Junio / Lanús (1947 - 1960) Año Población total Hab./km² Españoles Esp./km² 1838 2275 s/d s/d s/d 1856 5099 s/d 528 s/d 1869 8003 85,1 1189 10,6 1881 8244 s/d 810 7,23 1895 18574 165,8 2598 15,9 1909 87181 889,6 s/d s/d 1914 144739 1480,6 31564 322,1 1925 188175 1924,9 s/d s/d 1936 233910 2392,7 s/d s/d 1947 518312 5543,4 s/d s/d 1960 701959 6858,1 s/d s/d Catorce años más tarde, el 7 de abril de 1852, se constituiría e n base a esos mismos cuarteles un nuevo Partido al que se le dio el nombre de Barracas al Sud, y cuya cabecera se encontraba en el pueblo homónimo, “sitio de pajonales y lagunas insalubres”. 280 El primer ordenamiento territorial lo dotó de un territorio inme nso (18 leguas cuadradas), 281 pero esa situación no duró mucho. Existía una disparidad manifiesta entre las dos áreas que conformaban al Partido, entre la que, con todos los reparos por el uso del término, podríamos denominar “manufacturera” (aquella basada en el faenamiento masivo de bovinos y centrada en el pueblo de Barracas al Sud,) y la agrícola, fundada en el trabajo de la tierra para el abasto de la población del Partido y de la ciudad de Buenos Aires (que cubría una vasta extensión cuyo epicentro se e ncontraba en el villorrio de Tres Esquinas, distante a casi diez kilómetros del pueblo de cabecera). Esta disímil realidad física y económica indicó la conveniencia de dividir al Partido para la mejor atención de las características de sus dos áreas, y en función de ello se 278 Fuentes: Primer Censo de la República Argentina (1872: 32 - 3, 42 - 3), Censo General de la Provincia de Buenos Aires (1883: 233 ), Segundo Censo de la República Argentina (1898 II: 54, 85), Fernández Larrain (1986: 166), Tercer Censo Nacional (1915 II: 153), Folino (1983: 26), Anuario Estadístico (1936: 13) . 279 Vid. Fernández Larrain (1986: 87 - 9). 280 Vid. documento sin título, Archivo de la AESMdeByBA. Un decreto de Justo J osé de Urquiza, Director Provisorio de la Confederación Argentina, impuso el 2 de septiembre de ese mismo año al nuevo municipio el nombre de Villa Constitución. Sin embargo, esta denominación nunca llegó a entrar realmente en vigor y pronto fue olvidada. 281 Censo General de la Provincia de Buenos Aires (1883: 189). 99 creó el Partido de las Lomas de Zamora (1861). Se le asignaron 200 kms² , reteniendo Barracas al Sud apenas 22,28. Sin embargo, un nuevo ajuste de límites (1865) incorporó a su jurisdicción el área de la costa (es decir las tierras situad as entre el Río de la Plata y la orilla Este de los arroyos Maciel y Santo Domingo) y otras, con lo que alcanzó una superficie de 112 kms² y sus fronteras definitivas hasta 1908. En este año una Ley de la Legislatura provincial (la 3139) redujo nuevamente su territorio a 93,9 kms² , en lo que fue el último ajuste de límites hasta que en 1944 se desgajó el territorio con el que se constituyó el Partido de Cuatro de Junio (actual Lanús). 282 El primer gobierno municipal fue presidido por Martín José De la Serna, hasta entonces Juez de Paz del de Quilmes (cargo que retendría para Barracas al Sud al mismo tiempo que encabezaba su ejecutivo). 283 El 30 de enero de 1856, dos años después de la sanción por parte del Estado de Buenos Aires de la primera Ley Orgánica de la s Municipalidades (que fijaba las características y obligaciones de los gobiernos de los municipios) , se constituyó la primera corporación municipal. 284 Su primer presidente (elegido por los votos de un escuálido padrón electoral de 156 ciudadanos) fue el an tedicho De la Serna, y entre los miembros de su corporación municipal (el Consejo) se encontraban un sujeto de apellido Portela, un suplente llamado Ramón Rua (sic) y, como secretario, “un excelente gallego, honra de la colonia”, 285 Manuel Estévez y Caneda, llamado a tener en el futuro un rol principalísimo en la vida de la nueva entidad. 286 282 Vid. Fernández Larrain (1986: 174), Vignola (1996: 73). Cabe destacar que según Cisneros (1926: 140) Avellaneda tuvo entre 1908 y 1944 una superficie ligeramente mayor: 97,64 Km2. Por otra part e, según Eyherabide et al (1994: 23), fue el acuerdo de límites de la década de 1860 (que los autores ubican exactamente en 1864) el que fijó el término municipal hasta 1944. 283 El de Juez de Paz era por entonces el más alto rango de carácter municipal, y e l mismo actuaba como presidente de una comisión municipal a cargo del gobierno local. 284 En marzo de 1886 la Legislatura provincial sancionó una nueva Ley Orgánica de las Municipalidades (nº 1.1810), que introducía modificaciones en materia de administraci ón en el sentido de una mayor autonomía comunal. Determinaba que la administración estaría a cargo de una Municipalidad, cuyo departamento ejecutivo sería asumido por una única persona (y ya no un órgano colegiado), que no sería ya el Presidente de la Muni cipalidad sino su Intendente Municipal. Este sería designado por elección directa (Artículo 1º) y duraría en su cargo dos años. El resto de la anterior corporación municipal pasaría a formar el Consejo Deliberante (Artículo 2º), cuyos miembros se renovaría n por mitades anualmente. 285 Vid. “Asociación Española de S. M. de Barracas y Buenos Aires. Sus Bodas de Oro”, en El Imparcial , 1 - XII - 1912. 286 Vid. Vignola (1996: 28), Herrero (2000: 9 - 10), Fernández Larrain (1986: 136, 156), Cisneros (1926: 91 - 2), Sors de Tricerri (1941: 51), AA.VV. (1994: 23). Para una biografía de este polifacético personaje nacido en Bouzas (Pontevedra), varias veces Presidente de la Municipalidad e Intendente de Barracas al Sud, verdadero factotum del Partido durante treinta años, vid. Varela ( 2004), Vilanova Rodríguez (1966, tomo I: 736 - 9) y Castro López (2008: 181 - 5). 100 En aquel mismo año de 1856, un informe de De la Serna estimaba la población del Partido en 5.099 almas, de las que 3.416 (67 %) residirían en el pueblo. 287 Se trata de un gra do de urbanización notable, rasgo que desde entonces constituyó una de las características del municipio. Por otra parte, el 52 % de su población era extranjera, mayormente franceses (819), españoles (528) e italianos (496). Sin embargo, d e acuerdo con los trabajos de Marcelino Iriani Zalakain , si atendemos a su origen étnico - regional los que predominan son los vascos (o vasco - navarros) nacidos en uno y otro Estado, preferentemente empleados como peones de saladeros, peones en general y jornaleros, no obsta nte lo cual también aparecían como propietarios de fondas y almacenes de ramos generales. 288 Los italianos eran mayoritariamente ligures, y se instalaron de manera dispersa en las tierras bajas entre el antiguo Camino Real del Sud y la costa del Río de la Pl ata, desde las actuales localidades de Dock Sud hasta Wilde, en el límite con el Partido de Quilmes. Allí tenían sus quintas (donde cosechaban legumbres y hortalizas) y también viñedos de uva “chinche”, con la que destilaban un vino conocido popularmente c omo “de la Costa”. 289 Un año antes, el Registro Estadístico provincial sostenía que de los [partidos] que aparecen del sud, s ó lo merece mención Barracas al Sud, cuyos establecimientos de toda clase corresponden a su proximidad a la Capital, y a ser él, el almacén y laboratorio de gran parte de las riquezas que vienen de nuestra campaña. 290 En efecto, junto a la industria de la salazón, que vivió entre 1845 y 1864 su último periodo de auge (aunque es probable que entre 1865 y 1970 la Guerra del Paraguay haya contribuido a prolongar su rentabilidad), comenzaban a despuntar (o se afirmaban) otras actividades económicas, como las curtiembres, las fábricas de guano, de manteca, los hornos de ladrillos y los astilleros, de modo que la zona se presentaba como “una excepcional alternativa protoindustrial a la producción primaria imperante en la provincia” (lógicamente, dentro de los parámetros de la época). Por su parte, en los bañados de la costa del Río de la Plata, donde hoy se halla la orilla sur del canal 287 “Informe presentado por el Juez de Paz y Presidente de la Municipalidad de Barracas al Sud, don Martín J. de la Serna, sobre el estado de formación y desarrollo de este pueblo. 31 de agosto de 1856”. Citado en De Paula et al (1974: 101). Otra fuente establece para 1857 una población algo menor: 4.921 habitantes. Vid. Cisneros (1926: 144). 288 Como ya hemos comentado antes, los términos “jornalero” y “peón” hacen referencia a una extensa población de trabajadores no calificados, de gran movilidad espacial y ocupacional. 289 Cfr. Fernández Larrain (1986: 111 - 3, 116, 135), Iriani Zalakain (2002: 138, 140), De Paula et al (1974: 101 - 2), AAVV (1994: 71), Fernández (1994: 53), Cava lieri (1999: 50), Cascante (2006: 100), Ortolani (1994: 19), C isneros (1926: 144). 290 Cit. por Fernández Larrain (1983: 8). 101 Sarand í, se desarrolló una pequeña industria pesquera y una población estable donde vivían esos pescadores. 291 La s necesidades del abastecimiento local determinaron que el gobierno de la Provincia se viera en la necesidad de establecer el ordenamiento de las tierr as, para dedicarlas en forma exclusiva a la producción del sustento alimentario, por lo que aquel mismo año se dispuso el retiro de los ganados mayores fuera de los límites del Partido, mediante el recurso de declarar “de pan llevar” a las tierras del mism o. En consecuencia quedaron sólo los saladeros, por lo que el pueblo adquirió definitivamente un aspecto “industrial”. Esta orientación productiva esbozada a mediados de la década de 1850, se manifestó claramente a mediados de la siguiente. El mayor capita l en giro era el de los establecimientos destinados a manufacturar productos de la ganadería (carnes, lanas, astas, sebos y cueros). 292 En 1869 el primer censo de población de la República contabilizó 8.003 habitantes en el municipio, el 70,5 % (5.645 perso nas) de los cuales moraban en el pueblo de Barracas al Sud. 293 La composición sexual de la población era de 4.561 hombres y 3.442 mujeres en la totalidad del Partido, y de 3.180 / 2.465 en la zona urbana. Ello se traduce en una tasa de masculinidad de 132 y 129, respectivamente, explicándose la desproporción entre los sexos por el hecho de que el 51,6 % de la población (4.134 personas) había nacido fuera de la Argentina. 294 El grupo foráneo más numeroso del Partido es ahora el italiano (1.471, 18,4 % de la pobl ación total), seguido por el español (1.189, 14,8 %) y el francés (1.011, 12,6 %). Sin embargo, como cuando Sarmiento llamó al pueblo cabecera la “villa de los vascos”, al pasar del marco estatal al regional o étnico todas las referencias indican que entre los extranjeros predominaban los vascos. Prolongando el tipo de inserción socioprofesional de la década anterior, los tres grupos estatales inmigrantes más importantes parecen haber ocupado nichos laborales más o menos bien definidos: los franceses y espa ñoles se hallaban preferentemente entre los peones de saladeros, peones en general, jornaleros, servicio doméstico, comerciantes, chacareros, quinteros , tamberos, y en el acarreo de mercaderías, etc.; los italianos, por su parte, formaron en gran número el cinturón de 291 E n 1868, además, se instaló en las inmediaciones de esa aldea una fábrica de aceite de pescado. 292 Vid. Iriani Zalakain (2002:107), Fernández Larrain (1986: 112 - 4, 118). 293 Puede dar una idea del altísimo grado de concentración de la población en la zona urbana del Partido, el hecho de que por entonces menos del 1 % de su población habitaba en la zona donde actualmente se levanta la ciu dad de Sarandí, distante apenas 2,5 kilómetros del puente de Barracas. 294 Esa proporción era del 49,6 % en la vecina ciudad de Buenos Aires, y del 11,5 % para el conjunto del país. 102 quintas y campos de alfalfa que rodeó al pueblo, además de dedicarse al comercio y la pesca. 295 Entre 1820 y 1870 la industria del saladero nace, llega a su apogeo y decae. En esos 50 años en los que constituyó la más importante fuente de traba jo del Partido, la necesidad de eliminar los residuos líquidos y sólidos de la faena hizo que se cavasen zanjas de drenaje hacia el Riachuelo, convirtiéndolo poco a poco en una cloaca saturada de inmundicias. A partir de 1867 se desarrolló una campaña cont ra sus olores y dudosas condiciones higiénicas, pero sólo las mortíferas epidemias de cólera en 1868 y fiebre amarilla en 1871 (que acabó con la vida de 13.614 de los habitantes de Buenos Aires, el 8 % de su población), convencieron a los gobernantes de la importancia del foco infeccioso que allí se había constituido. Si con la primera de las epidemias se dispuso la suspensión temporal de las faenas, el terror y la desesperación causados por la enorme mortandad que acarreó la fiebre amarilla determinó la ne cesidad de desplazar los saladeros a otro sitio y sanear el curso del río. En consecuencia, el 6 de septiembre de 1871, una ley provincial dispuso el levantamiento de todos los saladeros y su traslado hacia el interior de la provincia de Buenos Aires. En v erdad la epidemia no salió de aquellos, pero constituyó un magnífico pretexto para alejar a esos focos de contaminación y olores nauseabundos. 296 E n cualquier caso, su erradicación significó un rudo golpe a la industria local, y aparejó la inmediata desocupa ción de una gran parte (para algunos la mayor parte) de los habitantes del Partido. 297 La situación en el pueblo de Barracas al Sud y sus alrededores se tornó crítica, y cientos de trabajadores debieron emigrar junto con sus familias, como lo demuestra el pr ácticamente nulo crecimiento demográfico intercensal del período 1869 - 1881, pues el Censo Provincial de ese último año contabilizó 8.244 habitantes en todo el Partido, apenas un 3 % más que once años antes. Además, la población urbana, es decir, la de los pueblos de Barracas y Alsina (los únicos del Partido) había disminuido a 4.218 personas (51,2 %), lo que refleja el alejamiento de un buen número de los trabajadores urbanos. Lo mismo se desprende de 295 Vid. Vignola (1996: 33), Primer Censo de la República Argentina ( 1872: 33 , 42 - 3, 675), Fernández Larrain (1986: 113 - 4, 126, 137), Eyherabide et al (1994: 23), Devoto (2003: 236) , Iriani Zalakain (2002: 140 - 1). 296 No obstante, ello no habría sido posible si la industria saladeril no se encontrara ya en crisis como consecuencia de dos causas concurrentes: el cierre del importante mercado estadounidense de tasajo (que comenzaba a autoabastecerse), y el completo rechazo hacia las magras carnes de la ganadería criolla por parte de los mercados europeos. 297 Conviene aclara que también r esultaron perjudicadas algunas industrias u ocupaciones anexas, como ser la de los tripulantes y patrones de las embarcaciones de cabotaje del Riachuelo, que transportaban en sus lanchas los productos de aquellas industrias hasta los buques de ultramar. 103 una mirada a la composición nacional de los habitantes d el municipio. Los extranjeros habían descendido a 3.411 (41,3 %) y, aunque los colectivos más importantes continuaban siendo el italiano (1.913), el español (810) y el francés (454), el menor stock de los dos últimos grupos confirma que eran de ese origen los que se marcharon, más precisamente vascos empleados en tareas directa o indirectamente ligadas al saladero. 298 Luego de la “mudanza” forzosa de los saladeros, Barracas al Sud debió esperar varios años para volver a tener una activad industrial fuerte. Sin embargo, no tardaría en aparecer una transitoria solución al problema. Con la tradicional contradicción del funcionariado argentino, se permitió la instalación de establecimientos de industrias afines a la carne, y aún el faenamiento de reses menores p ara el consumo diario. Comenzaron a desarrollarse en los galpones abandonados algunas “graserías”, un tipo de factoría tan rudimentaria, mugrienta y pestilente como el saladero, pero específicamente destinada al faenado del ganado ovino y equino para la ex tracción de su grasa, luego utilizada en la fabricación de jabón, velas y aceite destinado a la iluminación pública. La transformación de antiguos saladeros en graserías, junto a otras industrias del mismo ramo como saladeros de cueros, curtiembres, fábric as de jabón, charqu i , cola, etc., permitió mantener cierto nivel industrial, cubriendo precariamente el vacío laboral hasta que en la década de 1880 comience la radicación de otros rubros, en particular el de la industria del frío (los frigoríficos). Por o tra parte, en 1876 se inici ó bajo la dirección del ingeniero Luis Augusto Huergo la primera de las grandes obras hidráulicas tendientes a rectificar y canalizar los meandros del Riachuelo, a fin de convertirlo en puerto de ultramar. Con dichas obras el rí o comenzó a tener el curso más o menos parejo que hoy ostenta, pero las mismas no resultaron una solución efectiva al problema de las reiteradas avenidas de agua que sufría la zona, ni hicieron que el curso de agua dejase de ser el vaciadero de las nuevas industrias que comenzaban a afincarse en su área. En cambio, sí estimularon las operaciones comerciales en la zona, y brindaron (hasta 1885, aproximadamente) una fuente de trabajo alternativa a la mano de obra del Partido. 299 Por otra parte, entre 1864 y 18 72 penetraron en el territorio de éste los rieles de dos compañías ferroviarias, el Ferrocarril Sur (luego denominado Gran Sur 298 Vid. Bourdé (1977: 20), Scobie (1977: 156 - 9), Suriano (2001: 126), Folino (1983: 22), Fernández Larrain (1986: 137, 147 - 8, 151 - 2), De Paula et al (1974: 92), Montefinal (2007) , Cisneros (1926: 144), Censo General de la Provincia de Buenos Aires (1883: 227 - 8, 233, 239). 299 Para una contextualización de las obras que Huergo dirigió en el Riachuelo, el desarrollo portuario de Barracas al Sud/Avellaneda y la forma en que unas y otro se relacionan con la polémica suscitada en relación al lugar donde debía emplaza rse el puerto de la capital, vid. Scobie (1977: 91 - 118). 104 Argentino) y las del Ferrocarril de Buenos Aires y Puerto de Ensenada. Las del primero siguieron un rumbo paralelo al antiguo Cam ino a las Cañuelas en dirección a las Lomas de Zamora, mientras que las del segundo marchaban bordeando durante un par de kilómetros el Camino Real, para luego continuar en dirección a Quilmes y al puerto de Ensenada. Con el tendido de estas vías comenzó u n lento establecimiento poblacional en las inmediaciones de las estaciones que se fueron levantando entre la primera fecha indicada y 1890: Barracas al Sur y el apeadero Lanús, en el primer caso, Barracas Iglesia (hoy desaparecida, se encontraba situada fr ente a la plaza principal del pueblo cabecera del Partido ), General Mitre (Sarandí desde 1908) y la parada Kilómetro 14 o Wilde, en el segundo. Empero, el ferrocarril añadiría también nuevos trastornos a la ya desordenada urbanización de la zona. 300 Al queda r subordinado el uso del espacio al mero interés de las compañías ferroviarias, los sucesivos trazados de las vías fueron llevados a cabo sin ningún tipo de contemplaciones, atendiendo sólo a las consideraciones utilitarias de aqu é llas, y acabaron por crea r un verdadero dogal que rodeó con un cinturón de rieles al núcleo urbano, obstruyendo el amanzanamiento racional de los terrenos, anudando barrios enteros (encerrados por enormes playas de maniobras), y trabando el curso normal de las calles (obstruidas p or zanjas y terraplenes). 301 Tan compleja fue la maraña de rieles que un barrio fue designado con el elocuente nombre de Entre Vías. 302 2.3 La gran transformación ( circa 1884 - 1914 .) 300 El apeadero Lanús no fue establecido en el diagrama inicial de la compañía, sino que se lo creó en 1867, luego de las gestiones de Anacarsis Lanús, dueño de aquellas tierras y futuro fundador del pueblo que llevó su nombre. Lógicamente, la existencia del apeadero incidió en la valorización de las tierras y fue un factor importante en la gestación de aquella población. 301 Así, por ejemplo, en 1889 el Ferrocarril de la Provincia (que luego desaparece ría) proyectó un ramal que partiendo de su antiguo apostadero en el Riachuelo enlazará con el Mercado Central de Frutos (inaugurado en 1890), trazando una curva que rodeó el pueblo. Concretada la obra un año más tarde, se le sumó en 1897 un empalme entre l os rieles del Ferrocarril del Oeste de Buenos Aires, y el de Buenos Aires y Puerto de Ensenada y, algo más tarde, nuevos añadidos como el ramal que unió la Estación Marítima del Riachuelo (en Isla Maciel) con dicho Mercado. Entre 1864 y 1900 los ferrocarri les de Buenos Aires y Puerto de Ensenada (absorbido en 1898 por el Sud), Oeste y Sud tendieron, entre líneas principales, ramales, desvíos y empalmes, 70 kilómetros de rieles en la jurisdicción del Partido de Barracas al Sud. 302 Se ubica al Este de la actua l ciudad de Avellaneda. Originalmente se encontraba rodeado por las vías del Ferrocarril del Oeste al Mercado Central de Frutos, y las todavía existentes del Ferrocarril Sud (luego Ferrocarril General Roca, y hoy Metropolitano). Vid. Eyherabide et al (1 994 : 2 4), Vignola (1996 : 26 - 7), Herrero (2000: 16), Montefinal (2007), Scobie (1977: 100 - 1), De Paula et al (1974: 116 - 7, 153), Fernández Larrain (1986: 128 - 32), AA.VV. (1994: 71), Cascante (2003: 28, 62). 105 En el transcurso de los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, e l Partido vivió una profunda mutación de su estructura económica, demográfica y urbana , a consecuencia de la cual abandonó rápidamente su antigua fisonomía rural y se transformó en una población marcadamente industrial, en un proceso que sin embargo se pro longaría todavía por algunas décadas más. 303 La multiplicación del número y diversidad de las actividades comerciales e industriales demandó a su vez miles de brazos que las atendieran, generando un aumento vertiginoso de la población. El número de habitante s del municipio creció en el período intercensal 1895 - 1914 en un 779,2 %. Además, uno y otro cambio alteraron profundamente el uso del suelo, marcando el principio del fin de las grandes extensiones de campo con poca población, que cedieron su lugar a un e norme conglomerado urbano. Pacificado el país tras la coyuntura bélica de 1880, cuando el municipio asistió a las cruentas batallas que las fuerzas nacionales del presidente Nicolás Avellaneda y las del gobernador porteño Carlos Tejedor libraron en los pu entes del antiguo Paso de Burgos (actual Puente Alsina) 304 y de Barracas (desde 1871 “Pueyrredón”), el Partido ingresó, de la mano de la economía agropecuaria pampeana, en un período de crecimiento económico sostenido. El rápido crecimiento poblacional de la urbe porteña (que pasó de 433.375 habitantes en 1887 a 663.854 en 1895, 1.231.698 en 1909 y 1.575.814 en 1914), y el elevado ingreso per cápita de sus habitantes, generó un mercado que demandaba bienes de todo tipo, algunos de los cuales podían ser abaste cidos a partir de la producción local. Ello motorizó en Barracas al Sud el comienzo de una enorme y descontrolada radicación industrial. En 1885, apenas dos años después de la fundación del primer frigorífico de la Argentina, 305 en el solar y galpones que ha sta 1871 ocupara un viejo saladero, el francés Simón Gastón Sansinena instaló el primer frigorífico local, “La Negra”, que poco d espués sería trasladado a un terreno más amplio (entre la actual Avenida Hipólito Yrigoyen y contrafrente en el Riachuelo) y se integraría en un poderoso grupo frigorífico. 306 Con “La Negra” (la más antigua radicación industrial del Partido) dio comienzo el gran cambio en la estructura 303 Vid. Cáscante (2003: 33). 304 Une la localidad de V alentín Alsina en el Partido de Lanús con el barrio porteño de Nueva Pompeya. 305 El primero fue un antiguo saladero situado en San Nicolás de los Arroyos, reconvertido en 1882 en frigorífico. Aunque quebró poco después, ese mismo año se fundó en Campana el “The River Plate Fresh Co. Ltd.” 306 Sobre “La Negra”, véase Richelet (1912: 10), Id. (1913), La Negra (1918), Documentos relativos a las propuestas de venta al Estado de los frigoríficos “Anglo Sudamericano” y “La Negra” (1924), La Negra en sus cincuenta añ os (1941), Schvarzer (2005: 82), “El cierre de “La Negra””, Anuario La Ciudad (1979: 4), Insúa (2004: 9). 112 carente de cualquier tipo de racionalidad urbanística. 330 En cualquier caso, el crecimiento explosivo del número de habitantes hizo posible que un territorio hasta 1895 predominantemente rural, pasase a estar en 1925 “oficialmente” ur banizado (bien que de modo bastante precario) en un 80 %. 331 En 1909 fueron 87.181 las personas contabilizadas por el Censo Municipal (78,6 % de crecimiento intercensal), distribuidas de la siguiente forma: Cuartel 1º, 32.205; 2º, 6.197; 3º, 12.073; 4º, 17.4 61; 5º, 1.911; 6º, 4.426; 7º, 7.408; 8º, 5.400. Pero apenas cinco años más tarde el Tercer Censo Nacional contabilizó 144.739 habitantes, una cantidad que era un 166 % superior a la de 1909, y un 779,2 % más que la de 1895. Por entonces su distribución esp acial se verificaba como sigue: 1º, 37.621; 2º, 11.541; 3º, 24.551; 4º, 33.812; 5º, 5.212; 6º, 8.464; 7º, 12.071; 8º, 11.467. Además, en el lapso 1895 - 1914 su proporción respecto del conjunto urbano del país creció del 2,4 % al 7,1 %. En el conjunto de la población del país, por su parte, el peso porcentual de Barracas al Sud / Avellaneda pasó del 0,4 % en 1869 y 1895, al 1,8 % en 1914. 332 Finalmente, la envergadura del salto poblacional se refleja en el hecho de que si entre 1889 y 1908 existió en el Partido una única delegación del Registro Civil, en ese último año debió abrirse una nueva delegación en la localidad de Talleres (hoy Remedios de Escalada), y a ella le siguieron en rápida sucesión otras en Lanús (1909), Dock Sud (1911), Sarandí (1913) y Piñeiro (1915). Desde una mirada que abarca al conjunto de la industria argentina, Schvarzer sostiene que la formidable expansión fabril de fines del siglo pasado y comienzos de é ste demandó una inmensa cantidad de trabajadores. É stos se concentraron e n la ciud ad de Buenos Aires y, en esp e cial, en su zona sur. La mayoría de los establecimientos se ubicó sobre una cruz cuyo epicentro estaba formado por el cruce entre las vías del Ferrocarril Roca y el Riachuelo; […]. En un círculo de 800 metros en torno a ese cru ce estratégico estaba el corazón industrial de la urbe: las plantas frigoríficas, igual que las clásicas de Alpargatas, Noel y Águila, y allí se instalarían, poco más tarde, las plantas metalúrgicas de Tamet y 330 Mientras tanto, la precariedad de la edificación de otras áreas del Partido queda reflejada en el siguiente comentario referi do a Sarandí, distante apenas 2,5 kilómetros del puente Pueyrredón: “A partir de 1880 comienza a transformarse lentamente el paisaje de la actual ciudad; del desorden de casas aisladas y de distinto tipo de materiales (generalmente adobe y madera) comienza n a conocerse las clásicas casas de chapa y madera y zing (sic).” Vignola (1996: 55). 331 No obstante, el resumen estadístico del cuarto censo nacional de población considera que ya en 1914 el 82,6 % de la población vivía en zonas urbanas. Contabiliza para e se año 68.745 habitantes en la ciudad de Avellaneda (incluyendo en ella Piñeiro, Sarandí, Villa Dominico, Isla Maciel y Dock Sud), y otros 50.781 en la de Lanús (a la que añade Talleres y Valentín Alsina). 332 Si el número de habitantes del Partido fue de 8 .003 habitantes en 1869, 18.574 en 1895 y 144.739 en 1914, la población total de la Argentina en esos mismos años fue de 1.737.080, 3.954.911 y 7.885.237. Vid. Fernández Larrain (1986: 140 - 7, 176), De Paula et al (1974: 123 - 4, 138), Gerli y el Partido de A vellaneda (s/f: 10 - 11), Vignola (1996: 73), Eyherabide et al (1994: 24), IV Censo General de la Nación (1951 I: 146 - 7), Tercer Censo Nacional (1915 II: 5), Schvarzer (2004: 113). 113 SIAM. Las empresas raleaban hacia el norte; [… ], o bien se desplegaban en la franja costera del Riachuelo, hacia Puente Alsina, ya sea del lado de la Capital o del de Avellaneda, donde ensayaban sus primeras implantaciones.” 333 Del lado sur, ese círculo comprendía una porción de los cuarteles 1º y 3º, más exactamente, buena parte de la ciudad de Avellaneda y de la localidad de Piñeiro. De hecho, en el pasaje del siglo XIX al XX quedaría establecido dentro del Partido un triángulo de veinte kms² (cuyos lados se encontraban definidos por el curso del Riac huelo desde la Boca hasta el Puente Alsina, los ramales ferroviarios que desde este último punto llegaban a la estación de ferrocarril Sarandí y la ribera este del Dock Sud) en el que se desarrolló una formidable concentración industrial y comercial, al pu nto de que en la segunda y tercera década del siglo el aporte industrial del Partido fue el más importante del país . 334 Por entonces eran ya claramente visibles seis áreas socio - económicas : la del Mercado Central de Frutos y las barracas; la del puerto y fri goríficos del noreste; la del Dock Sud; la vertebral y comercial de la Avenida Mitre; la de los grandes industrias y talleres (entre la Avenida Pavón y el Riachuelo, desde la estación de FF.CC. Avellaneda hasta el actual deslinde entre Lanús y Lomas de Zam ora); 335 y el área en torno a la estación de FF.CC. Lanús. Lejos de detenerse, la radicación industrial continuaría a buen ritmo. Según datos estadísticos municipales, en 1919 el número de establecimientos industriales era de 933 (a lo s que debe agregárseles otros 2.610 comerciales), 336 figurando entre ellos industrias navales, metalúrgicas, químicas, petroquímicas, fábricas de vidrio, electricidad, textiles, molinos harineros, fábricas de aceites vegetales, lavaderos de lana, manufacturas de esa misma materia y de algodón, fábricas de fósforos, jabón y esmaltados, aserraderos, caleras, barracas, curtiembres y 333 Schvarzer (2005: 112). Sobre S IAM, vid. Schvarzer (2005: 134 - 5, 166 - 7). 334 U na enumeración (obviamente incompleta) de las industrias que se instalaron en Piñeiro entre 1882 y 1910 puede dar una idea de la densidad fabril de ciertas áreas del Partido: la jabonería de Antonio Morando, “S.A. Talleres Metalúrgicos” (luego Tamet, que e n la década de 1920 se convertiría en la mayor empresa metalúrgica de América del Sur), de Antonio Rezzónico y José Ottonello, la fábrica de cajas fuertes “La Invulnerable”, la de clavos y alambres “La Perseverancia”, la fábrica de jabón de Meric y Cía, y la de jabón, velas y ácidos de Nicolás Vetere, las curtiembres de Angel Persano Díaz, y de Cesar Vincini y Francisco Lotto, el lavadero de lanas de Soulas y Filks, la metalúrgica “de Bary”, la de artículos rurales “Spínola y Nocetti”, la fábrica de colas d e Francisco Pienovi, la fábrica de jabón y velas “Unión Industrial”, la cristalería de Rafael Papini, la curtiembre de carpinchos y ciervos “La Moderna”, la curtiembre “La Lucinda”, la “Compañía Fosforera Argentina”, las fábricas de jabones “Llauró” y “La Colorada”, la “Cerealera Tettamanti” y los “ Á cidos Renna”, etc. 335 Es decir, la localidad de Piñeiro (Cuartel 3º) y el Cuartel 5º, con su núcleo en Valentín Alsina. Schvarzer (2005: 173) considera grandes las plantas con más de 500 obreros, y medianas a aq uellas de entre 100 y 500. 336 Para una descripción de capital en giro de la industria y el comercio en 1924, vid. Cisneros (1926: 267 - 70). Por su parte, el Boletín de la Dirección General de Estadística (1921) señaló la existencia en 1920 de 914 establecimi entos industriales y 2.261comerciales. 114 depósitos de frutos del país (especialmente en Piñeiro y Sarandí). Si bien entre 1900 y 1930 los principales rubros industriales de la economía argentina se encontraban representados allí por cuarenta y siete grandes establecimientos, el mayor agrupamiento de capital de la zona (y fuente principal de la demanda de fuerza de trabajo) eran los grandes frigoríficos: “La Negra” (situada en Piñeiro), “La Blanca” (de 1902, en la misma ciudad de Barracas al Sud/Avellaneda), el “Argentino” (t ambién conocido como el “Wilson” o “La Colorada”, de 1905, en Valentín Alsina), y el “Anglo” (de 1926, en el Dock Sud), 337 representaban el centro más importante de la industria f rigorífica del país, y demandaban una enorme cantidad de mano de obra. 338 2. 4 La metrópoli industrial y su “ diagrama del desorden ” La localización de las fábricas definió la ubicación de los trabajadores. É stos, a su vez, necesitaron de terrenos y casas do nde asentarse, lo que sumado a la progresiva pavimentación de las calles, la llegada de algunas líneas de tranvías desde la Capital, y el surgimiento de otros ramales locales, hizo que la tierra se valorizara. Entre comienzos del siglo XX y 1930 no sólo cr ecieron las poblaciones ya establecidas, sino que también (y principalmente) se verificó un enorme fraccionamiento de tierras del que surgieron innumerables poblaciones y barrios nuevos, generalmente de carácter obrero y con nombres impuestos por los mismo s vendedores. Como resultado de ello, sin planificación alguna y con la “vista gorda” de las autoridades locales, tomaron cuerpo 337 En 1907, “La Blanca” se convertiría en el pionero de la entrada del capital norteamericano al ser adquirido por la compañía Armour, en tanto que la firma Wilson hacía lo propio con el “Argentino” en 1914. El “Anglo” , por su parte, fue el último en llegar, pero también el más moderno, y el más grande a nivel mundial en el momento de la inauguración (llegando a emplear hasta 16.000 trabajadores). Fue construido y administrado por una empresa inglesa en plena “guerra de las carnes”, entre los frigoríficos de capital británico y estadounidense. En cualquier caso, todos gozaron de privilegios (autorizados por leyes nacionales) para la introducción de maquinaria y otros derechos preferenciales, y poseían muelles propios par a el embarque de sus productos, los tres primeros sobre el curso del Riachuelo y el último sobre el canal del Dock Sud. 338 Puede dar una buena idea de ello, el dato de que en 1914 los trece frigoríficos de la Argentina (entre los cuales se encontraban los cuatro de Avellaneda) representaban el 9,4 % del capital invertido del país, el 21,6 % de la energía consumida y el 4,9 % de los obreros del sector secundario. De hecho, en ocasión del cuestionado préstamo que el gobierno provincial hizo aprobar en 1922 pa ra la construcción de (entre otras obras) un mercado de hacienda y otro de abastos en Avellaneda, y que (como veremos) provocó un cisma en el seno del Partido Conservador de Buenos Aires, el Diputado Martín Rappanilli justificó la decisión de instalarlos a llí invocando el hecho de ser el Partido el punto en que se encontraban instalados los más importantes establecimientos industriales similares (a la vez que el lugar donde convergían varias líneas férreas que conectaban a esos productos con los principales centros de consumo nacionales y extranjeros). Vid. Herrero (2000: 16), Varela (1994b: 63 - 4), Schvarzer (2005: 89, 134), Fernández Larrain (1986: 161 - 6; 2000a: 20), Folino (1983: 22 - 3, 75 - 9), Sors de Tricerri (1941: 53), Cisneros (1926: 264, 274 - 5), Gibert i (1985: 199 y ss), Pignatelli (2005: 160), Moya (2004: 641). 115 en esos años la mayoría de las localidades que hoy conforman los partidos de Avellaneda y Lanús, aunque la ocupación efectiva d e las parcelas demandaría todavía algunas décadas más. La zona adquirió por entonces de forma definitiva , la característica de área fabril y proletaria que la distinguió hasta no hace mucho años, y la urbe de Avellaneda propiamente dicha comenzó a ser cono cida popularmente como “la primera ciudad industrial de la República”. 339 Lógicamente, junto con la enorme concentración industrial y los miles de brazos que la misma requirió, llegaría también el conflicto social. 340 Entre 1901 y 1920, las clases trabajadora s en el Partido realizaron numerosas huelgas a fin de obtener mejoras en los salarios, seguridad e higiene, así como jornadas de trabajo menos excesivas. La lucha de los trabajadores alcanzó picos agudos, por ejemplo, en 1917, y también se hicieron sentir con fuerza los acontecimientos de la “Semana Trágica” de 1919. 341 Por otra parte, tanto los trabajadores como también los comerciantes, propietarios e industriales, se nuclearon en una gran cantidad de sociedades gremiales, de protección y ayuda mutua. 342 En l o que hace a la infraestructura del área, mencionaremos a título meramente ilustrativo que entre el 1900 y 1917 , además de la apertura al servicio público del Dock Sud ( 1905) , fueron construidos nuevos puentes sobre el Riachuelo para la mejor conexión del Partido con la ciudad de Buenos Aires. 343 En 1913, después de dos grandes inundaciones (1910 y 1911), 344 y para evitar nuevas avenidas de agua, el gobierno nacional dispuso la realización de trabajos de canalización del Riachuelo entre los puentes Alsina y “de la Noria” (ubicado al oeste, en el límite entre la ciudad de Buenos Aires y el Partido de Lomas de Zamora), lo que en la práctica implicó la rectificación de aquel curso de agua. Por su parte, y por razones análogas, los gobiernos 339 Fernández Larrain (1986: 163). 340 Sobre la emergencia de la “cuestión social”, vid. Suriano (2001). 341 Vid. Fernández Larrain (1986: 164). 342 Para un listado de las mismas en 1926, vid. Cisneros (1926: 209 - 10, 229, 237). 343 A los viejos puentes Alsina (renovado en 1910) y Pueyrredón se sumaron en 1916 el “Victorino de la Plaza” (comunica Piñeiro con el barrio de Barracas), y en 1940 el “Nicolás Avellaneda” (unió Dock Sud con la Boca). Existían, ad emás, otros destinados al paso del tráfico ferroviario. 344 En ocasión de 1911, un vecino de Valentín Alsina escribía al periódico El Pueblo : “No puede Ud. imaginarse cuál fue el espanto, el dolor, los lamentos, los llantos, los gritos de terror, al vernos a sediados por ese mar sin fin, trepadas en los techos las familias, teniendo que aguantar tres días consecutivos en ellos, asediados por un metro ochenta centímetros de agua.” Citado en Folino (1983: 109 - 10). Véase también “El temporal y las inundaciones”, Caras y Caretas , XIV: 656, 29.4.1911; “Los efectos de la inundación”, Caras y Caretas , XIV: 657, 6.5.1911; Cuarenta y dos años más tarde, un inmigrante gallego llegado de Fisterra hacía apenas un mes experimentaba el desasosiego de regresar a su casa en e l Cuartel 1º con el agua por encima de la cintura. Entrevista del autor a Perfecto Canosa Marcote, Fisterra, 14 -III - 2006. 116 provincial y municipal e ncararon a partir de 1924 la canalización de los arroyos Sarandí, 345 Santo Domingo y Brown (d esagües naturales de la cuenca), que desde hac í a tiempo se habían convertido además en otros tantos focos de contaminación, debido al constante vaciado que en sus ag uas se hac í a de todo tipo de líquidos residuales de la industria, así como por la acumulación de residuos sólidos abandonados en sus riberas. Un plan general de nivelación del suelo y un sistema de cloacas colectoras de líquidos servidos y de las aguas plu viales, permitieron sanear (aunque no en forma definitiva) buena parte del territorio del Partido. No obstante, sus principales focos contaminantes (frigoríficos, curtiembres, lavaderos de lanas y fábricas de químicos) continuaron vertiendo impunemente sus inmundicias en los arroyos (ahora “entubados”) y en el Riachuelo. Hicieron su aparición algunas líneas de tranvías eléctricos (varias de ellas prolongación de líneas capitalinas), 346 se abrieron nuevas calles (aunque siempre bajo el “criterio” del más absol uto desorden), y se adoquinaron o pavimentaron algunas arterias importantes, como la Avenida Mitre desde Crucesita a Sarandí (1911), o Pavón entre el centro de Avellaneda y Lomas de Zamora. No obstante, en 1926 apenas había 842 cuadras adoquinadas o pavime ntadas en todo el Partido ( Mapa 5 ). 347 345 Los trabajos para detener los perjuicios que causaban los desbordes de este curso de agua habían comenzado con el proyecto del canal del Dock Sud, en 1889. La construcción del mismo hizo desaparecer la laguna en la que desembocaba el arroyo, haciéndolo descargar sus aguas en el Río de la Plata. Sin embargo, eso no acabó con los problemas, como lo demostraron las nuevas y catastróficas inundaciones de 1910, pero tan s ó lo en 1923 se aprobó la Ley provincial 3742 de “Rectificación y canalización del Sarandí y Santo Domingo” (también llamada Ley Onsari, en honor a su impulsor), que contemplaba el dragado del Sarandí, su rectificación y rell eno del antiguo cauce, separándolo del Santo Domingo, que dejaba de ser su tributario para hacerlo desembocar también en el Río de la Plata. Las obras concluyeron recién hacia 1930, y al sanear definitivamente el área facilitaron el asentamiento poblaciona l e industrial en la misma. 346 Sin embargo, puede dar una idea de la lentitud de estos progresos, el hecho de que recién en agosto de 1909 la compañía Anglo - Argentina de tranvías extendió su servicio de pasajeros desde el puente Pueyrredón a Crucesita. Y ha bría que esperar a 1922 para que alcanzase Sarandí. 347 Vid. Vignola (1996: 66 - 7, 80 - 3), Fernández Larrain (1986: 169), Cisneros (1926: 145 - 6, 172), De Paula et al (1974: 153 - 5), Varela (1994b: 64), AAVV (1994: 71) . 117 Mapa 5 : Calles empedradas o asfaltadas del Partido de Avellaneda . Fuente: Randrup (19 27: 89 ). Al compás del cada vez mayor tráfico de pasajeros y mercancías (especialmente en relación con el Mercado Central de Fruto s, los frigoríficos y grandes fábricas) surgieron también nuevas estaciones y terminales de ferrocarril, sumándose nuevas líneas a las ya existentes. En 1909 el “Ferrocarril Midland” inauguró la estación Caraza en las proximidades de la Villa Edén Argentin o (Cuartel 8º), y el “ Sud ” la de Villa Domínico; hacia 1910 llegaron a Isla Maciel los rieles del “Ferrocarril Entre Ríos”, 348 en 1926 se completó en las cercanías de Crucesita la terminal del “Ferrocarril Pr ovincial de Buenos Aires”, etc. D iez líneas de col ectivos cruzaban el Partido en 1930 . Entre 1910 y 1911 otro servicio básico, el agua corriente, llegó hasta el barrio de Piñeiro, así como también a Elortondo y Ximénez (Cuartel 2º). Pero aunque en 1913 el servicio se amplió a Lanús, Isla Maciel, Dock Sud, Sarandí, La Mosca, Villa Domínico, Villa Pobladora y Santa Teresa, en 1926 sólo alcanzaba a 18.719 propiedades en todo el Partido ( Mapa 6 ). Por 348 Una obra que, junto con la construcción del frigorífico “Anglo”, implicó modificar el cauce del arroyo Maciel. 118 último, a partir de 1905 fueron otorgadas concesiones para el servicio de electricidad a empresas extranjeras. 349 Mapa 6 : Red de aguas corrientes y cloacas del Partido de Avellaneda . Fuente: Randrup (19 27: 89 ). Dotado de un envidiable optimismo (como así también de considerable lirismo), en 1926 un libro dedicado a historiar la vida del municipio, presentaba como sigue el resultado del proceso de desarrollo urbano de su ciudad cabecera: La hermosísima ciudad de hoy […] es el eslabón, entre la capital y la provincia, conservando todo cuanto le impone ese sello de vida austera y de hogar que fue su característica e n otros tiempos. La ola del vicio […] no ha logrado penetrar, se ha detenido estrellándose ante el dique insalvable que opone. Ha sabido Avellaneda, asimilar lo bueno, desechando lo malo. Sus hermosas calles, impecablemente pavimentadas, sus plazas, edific ios públicos y particulares dan la nota de buen gusto, severo y elegante. […] Las altas chimeneas empenachadas de humo, que la rodean actualmente, le forman envidiable guirnalda, coronándola como la reina de la industria. 350 349 En 1925 la CHADE suministraba luz eléctrica a los 2.156 focos de alumbrado público existentes en el municipio, y un año más tarde comenzó también a prestar servicios desde la Capita l Federal la Compañía Italo - Argentina de Electricidad. Vid. Cavalieri (1999: 2 - 4, 6), De Paula et al (1974: 131), Fernández (1994: 52), Cisneros (1926: 111, 119, 147 - 8, 159, 174), Cascante (2006: 24 - 5, 77), Vignola (1996: 95), Varela (1994b: 64). 350 Suffern (1926: 21). 119 Las cosas, sin embargo, parecen haber resultado algo di ferente s. Como hemos podido ver, en el transcurso de las primeras cuatro décadas del siglo XX se completó el loteo del área del Partido, aún cuando la edificación de los mismos no acabó hasta por lo menos la década siguiente. Su urba nización se caracterizó siempre por la falta de cualquier tipo de plan o regulación, trazándose las calles, cortadas y pasajes según el capricho o los intereses de los propietarios, especuladores y martilleros. É stos crearon manzanas de superficies dispare s en lotes mínimos y fuera de la cota de nivel apta, debiendo muchas veces sus compradores rellenar los terrenos con tierra comprada de su propio peculio o levantar sus casas sobre estacas a fin de evitar los constantes anegamientos del suelo. 351 La demanda de tierras acrecentó de modo notable el valor de la s misma s en todo el territorio del Partido, aunque los lotes más caros correspondieron a Piñeiro y los más baratos a Dock Sud, y los pequeños ahorros de los inmigrantes pagaron a buen precio tanto las frac ciones de tierra que lo merecían, como también aquellas otras inundables. 352 Según Fernández Larrain Quedó todo el Partido amanzanado con lotes entre los terraplenes ferroviarios, en las márgenes de los arroyos que eran resumideros de los establecimientos industriales, y en terrenos inundables, sin tratamiento anterior de habitabilidad. En ese período de euforia fraccionadora y de real necesidad de vivienda no se proyectaron espacios verdes para desahogo de la población ni se determinaron zonas industriales de ninguna especie, de tal manera que industrias de cierto carácter de insalubridad como las curtiembres progresaron en barrios marcadamente poblados, derramando las aguas servidas en los desagües pluviales o en las zanjas paralelas a las veredas en las c alles sin pavimentar. No se había legislado, ni se tenía intención de legislar en materia de instalación de industrias, […]; fue así que todo el Partido tomó bien pronto el mismo panorama que antaño presentaba el pueblo: un conglomerado de fábricas y vivie ndas fundidas en el amanzanamiento general sin criterio de ninguna especie y sin que nadie se preocupara por su solución.” 353 En 1925, los 188.175 habitantes del Partido hacían del mismo el tercer municipio más poblado del país, por detrás de Buenos Aires y de Rosario. Era, además, el segundo conglomerado industrial argentino, pletórico de fuentes de trabajo y poblado mayoritariamente por miembros de la clase trabajadora, que en una altísima proporción continuaba siendo extranjera. Era también, cada vez más , una ciudad sin ejido (una 351 En el caso del Dock Sud, por ejemplo, para hacer habitable el relleno del bañado que era la zona hasta la creación de la barriada, se hizo utilizando la misma tierra extraída del cavado del canal y puerto. Por su parte, Isabel Varela Chouciñ o, que llegó a Dock Sud desde su Malpica natal en la década de 1950, recuerda las frecuentes “excursiones” que debían hacer a la gran usina de la localidad, para recoger los restos del carbón ya quemado, para acarrearlos hasta su casa y con eso seguir aume ntando el nivel del suelo. Entrevista a Isabel Varela Chouciño, Buenos Aires, 1 - V - 2009. 352 Vid. Cavalieri (1999: 1), Folino (1983: 109), Fernández Larrain (1986: 164 - 5). 353 Fernández Larrain (2000a: 19 - 20). 120 ciudad - Partido, según la caracterización de Roberto O. Herrero) , 354 carente de todo tipo de racionalidad urbanística, y cuyo centro y zonas aledañas a la estructura portuaria se transformaron definitivamente en un espacio caótico, atestado por las fábricas, los talleres y los conventillos, donde las calderas de las industrias asomaban a los patios y en el que los únicos espacios verdes para el esparcimiento de los pobladores eran los terraplenes de las vías del ferrocarril. 355 Aunque en la planta urbana existían algunos edificios con ciertas pretensiones de suntuosidad, los mismos desentonan en un paisaje tan abigarrado, y mucho más con la precaria condición de los barrios aledaños, en los que predominaban las casas de madera y chapas de zinc, vivienda clásica del proletariado de la zona. 356 Tres años más tarde, el senador provincial por la Unión Cívica Radical, Fabián Onsari (1892 - 1956), resumía de este modo la gran transformación del área y sus consecuencias: La ciudad de Avellaneda es por su población la tercera de la República y su crecimiento ha sido prodigioso. Era hace apenas 30 años, un inmenso pantano, desagüe natural de la mayoría de los pueblos vecinos y afectada en una gran parte, su casi totalidad, por las inundaciones produc idas periódicamente por las grandes crecidas del río (sic) de la Plata o por avenidas de agua del interior. […]. Las industrias instaladas aprovechando la insalubridad de las tierras han hecho este crecimiento extraordinario y el inmenso pantano se ha conv ertido en un gran emporio industrial, en donde todo está por hacerse ediliciamente hablando. […] hoy existe en todo su perímetro una extensa y abigarrada población que carece de todas la comodidades a que tiene derecho como habitante de una gran ciudad; la pavimentación falta en su mayor parte, el agua corriente no existe en populosos barrios, los servicios de asistencia pública no crecen en la proporción debida, se carece de obras de salubridad y, sobre todo, no existen en la ciudad los espacios necesarios para futuras plazas, parques, edificios públicos, etc. La subdivisión de la tierra se ha hecho la mayor parte de las veces caprichosamente, de modo que hay barrios enteros completamente aislados; y los ferrocarriles que en gran número penetran a la Capita l por nuestra ciudad, han extendido por todo el perímetro de la misma sus líneas, impidiendo, con sus terraplenes, sus infectos sanjones (sic) y la falta de pasos a nivel el progreso de barrios populosos. 357 Al despuntar la cuarta década del siglo, en un es pacio de poco menos de 100 kms² tan sólo existían ocho manzanas dedicadas a plazas públicas, un único hospital situado en la 354 Vid. Herrero (2000: 9). 355 R esulta sintomático que ni siquiera el mejor proyecto urbano, en cuanto que contempló su diagramación como una estructura orgánica (el barrio del Dock Sud, formado entre 1905 y 1910, pero proyectado mucho antes), haya sido respetado ni en el momento de ser concretado ni tampoco después, ya que no pudo librarse de cierta división de manzanas por medio de pasajes no contemplados en el plano original. 356 Vid. Cisneros (1926: 32), Fernández Larrain (1986: 161, 163; 2000a: 19), Gerli y el Partido de Avellaneda (s/f: 4, 9, 11). 357 Onsar i (1928: 109). No obstante la claridad con la que el legislador veía el problema, no parecen haberse tomado medidas efectivas para modificar la situación. 121 zona céntrica (el Fiorito, inaugurado recién en 1913) y cuatro salas de primeros auxilios. 358 Mapa 7 : Plano General del Partido de Avellaneda, 1935 . Como fundadamente señaló Fernández Larrain, 358 Se trataba de las de Wilde, Valentín Alsina, Lanús y Talleres. El proyecto de crear un hospital par a el Partido venía arrastrándose desde 1871, cuando la gran mortandad de la fiebre amarilla aconsejó su instalación. Sin embargo, recién en 1883 se formó una comisión pro - hospital, que tras siete años de esfuerzos baldíos abandonó la empresa. Habría que es perar hasta 1907 para que la tarea fuese retomada y llevada a buen puerto. Lanús, por su parte, tuvo su Hospital Vecinal recién en 1933. Sin duda, esta escasa oferta de la sanidad pública se encuentra detrás del surgimiento de una densa trama de entidades mutualistas, tanto étnicas como cosmopolitas. Vid. De Paula et al (1974: 157), Varela (2000b: 44), Cisneros (1926: 113, 214, 232 - 6). 128 una variedad d e actores como, por ejemplo, otros dirigentes y militantes del propio partido, funcionarios estatales (como los ya nombrados policías y funcionarios judiciales), instituciones y organizaciones sociales (como la iglesia, clubes y sociedades de fomento), etc . Del mismo modo, para Waldo Ansaldi “l os años de la transición de la dominación oligárquica a la democrática y la interrupción de ésta muestran la permanencia y el despliegue de viejos y estructurales componentes y prácticas de la cultura política argenti na: caudillismo, clientelismo, intolerancia, intransigencia, fraude electoral.” 382 Y es p recisamente en el plano municipal, el más decisivo para una efectiva descentralización y democratización del poder, donde mejor se observan , en su opinión , los límites d e la transición de la dominación oligárquica a la democrática. 383 Es sabido que estas elecciones no convocan a muchos votantes: los inmigrantes adquirían la ciudadanía argentina en una proporción bajísima (apenas el 1,4 % en 1914 para toda la Argentina), y e n un contexto de fortísima inmigración como el de los años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial ello generaba una paradoja: aunque la composición demográfica del país (particularmente en la zona del Litoral) experimentaba una gran mutación, y por ende la sociedad civil se transformaba, el mercado electoral no sufría cambios análogos. 384 Da una b uena idea de ello el hecho de que en las elecciones presidenciales del 2 de abril de 1916 (las primeras para ese cargo bajo el imperio de la nueva ley) , s ó lo votó el 10 % de la población total y el 30 % de la población masculina adulta. 385 En Avellaneda el panorama es aún más magro: en 1909, sobre una población de 87.181 habitantes, el padrón electoral sólo incluía a 9.106 personas (1 0 ,4 % de la población total), y en 1923, cuando el Partido había alc anzado ya las 188.175 almas, aquel se conformaba con 20.714 ciudadanos (de los que entonces votaron apenas 12.512, es decir un 6,6 % del total de los habitantes). 386 Por otra parte, como también señalara Botana, en esas elecciones los gobernantes no actuaban solos, pues 382 Ansaldi (2000: 24). 383 Vid. Bisso (2006: 1, 3, 8 - 9), Ansaldi (2000: 18, 24 - 5). 384 Para Walter (1987: 23), en la provincia de Buenos Aires al menos, ello se debía tanto a la poca propensión de los dos partidos mayoritarios (Conservador y Radical) a buscar afiliados entre los extranjeros, como a la indiferencia de é stos por la política, lo que se traducía en su poca propensión a naturalizarse. Para una explicación pormenorizada del desigual impacto de la inmigración masiva en el territorio argentino, vid. Devoto, 2003. 385 Vid. Ansaldi (2000: 20). 386 Sucesivas ampliaciones llevan el mismo a 30.000 en 1927. Vid. Folino (1983: 26, 84). 129 Entre el hipotético pueblo elector y los cargos institucionales que producían el voto, se localizaba, en una franja intermedia, un actor político, respetado con esmero por los que ocupaban posic iones de poder y acerbamente criticado por quienes emprendían el camino de la oposición o de la crítica moral: el caudillo electoral. 387 En un contexto como el descrito las prácticas del caudillo electoral alcanzaban gran relevancia, y en la ciudad de Bueno s Aires , las mismas envolvieron también a los inmigrantes. Porque a pesar de su baja participación en los mecanismos formales de la lucha democrátic a , el mundo político porteño del novecientos conoció, sin embargo, ciertos personajes de origen inmigrante q ue adecuaban su conducta a los estrechos límites de una comarca electoral que pocos extranjeros franqueaban, acumulaban un pequeño capital de ciudadanos naturalizados y mercaban con esas libretas entre los notables del régimen. 388 Desde la creación del Part ido en 1852, y hasta 1960, se sucedieron en el gobierno del municipio 84 presidentes de la municipalidad, intendentes municipales, comisionados del Poder Ejecutivo provincial, encargados de departamento e intendentes provinciales. 389 Dos de las característic as más destacadas de estos sucesivos gobiernos son, por un lado, la repetición de las mismas personas en el cargo de máxima responsabilidad comunal y, por el otro, las reiteradas intervenciones del ejecutivo provincial, muy evidentes desde el comienzo del siglo XX. En cuanto a lo primero, por ejemplo, Manuel Estévez y Caneda gobernó el Partido en seis oportunidades entre 1858 y 1889, mientras que cuatro personas de la familia Barceló lo hicieron en otras diez ocasiones entre 1903 y 1940. Sin embargo, como v eremos, el control político del municipio por parte de uno de los miembros de este clan fue mucho amplio de lo que el mero número de veces que se desempeñó como Intendente Municipal parece indicar. Respecto de lo segundo, entre 1901 y 1930 diecisiete de lo s treinta gobiernos municipales fueron presididos por comisionados del gobierno provincial, al igual que 15 de los 19 que se sucedieron entre 1943 y 1960, lo que demuestra claramente la vocación del Poder Ejecutivo de la Provincia de intervenir en el ámbit o municipal, más allá de la autonomía municipal prescripta por la ya citada Ley Orgánica de las Municipalidades 387 Botana (1994: 186). 388 Botana (1994: 188). A mayores, Valdez ( 2008 : 2 - 3) h a señalado c ó mo las campañas electorales desarrolladas por los partidos políticos después de la sanción de la Ley Sáenz Peña, convocaban a una participación ciudadana que no necesariamente excluía a los extranjeros: en ocasiones é stos también participaban o al menos eran convocados a participar, de modo que su exclusión formal no siempre se correspondía con una exclusión real . 389 Hasta hoy no existe un trabajo que estudie la política en el Partido de Avellaneda desde su creación hasta la división de 1944, au nque sí hay algunos textos (principalmente los de Varela y Folino) que, con mayor o menor detalle, describen o analizan la actuación de Manuel Est é vez Caneda y Alberto Barceló. 130 de 1886. Ello no puede ser desligado del hecho, también señalado por Bisso, de que el control de las “situaciones” locales era imprescindible pa ra el sistema político bonaerense. 390 Ello, a su vez, sin duda se encuentra relacionado con el crecimiento demográfico del Partido y la progresiva ampliación de su padrón electoral e importancia dentro de la 3ª sección electoral de la Provincia. Como ha señ alado Richard Walter, la primera década del siglo XX presenció la desintegración del aparato político y del grupo que había gobernado la nación durante los últimos cincuenta años. A raíz de ello, en 1908 muchos de los hombres que en la Provincia se hallaba n vinculados al “régimen” decidieron fundar el Partido Conservador de Buenos Aires. 391 Si en la mayoría de las elecciones celebradas en la Provincia entre 1914 y 1930, los conservadores se desempeñaron bien en los partidos con pequeños centros urbanos mientr as los radicales hacían lo propio en aquellos que contenían ciudades medianas o grandes, 392 había sin embargo dos excepciones importantes a esta regla general: Mar del Plata y Avellaneda. 393 Aún siendo un centro urbano e industrial, Avellaneda constituyó un ba luarte conservador hasta 1943 gracias a la obra de Alberto Barceló (1873 - 1946), su indiscutido caudillo político y el más famoso, discutido y eficaz de toda la provincia. Su padre y su tío ha bían sido intendentes de Avellaneda en el siglo XIX, 394 y él comen zó su actuación política en el municipio en 1899. En 1909 asumió por primera vez el cargo de Intendente Municipal, reteniéndolo hasta 1917, cuando debió abandonarlo a causa de la intervención radical a la Provincia, 395 que 390 Vid. Bisso (2006: 3). 391 Sobre el conservadurismo entre la segunda y la terce ra década del siglo XX, véase Mustapic (1984). 392 Sobre la política en la Provincia de Buenos Aires entre la sanción de la Ley Sáenz Peña y la revolución de 1943, vid. Walter (1987), Bejar (2005). 393 En la década de 1920 Mar del Plata se convirtió en un balu arte socialista gracias al intendente Teodoro Bronzini. 394 La carrera política de l clan Barceló comienza en tiempos del gobernador bonaerense Carlos Alfredo D`Amico, prolongándose a lo largo de casi sesenta años. Seis hermanos Barceló intervinieron en el go bierno del municipio: Emilio, Domingo, Juan José, Enrique, Arturo y Alberto, de los que los dos primeros y el último ocuparon el máximo cargo comunal. Para una historia de la vida y trayectoria política de Alberto Barceló (interpretadas tanto desde una cla ve laudatoria como desde otra que remarca unas prácticas populistas - y a la vez autoritarias - que explicarían su dilatada gravitación en Avellaneda), vid. Cisneros (1926: 27 - 32, 103 - 111), Folino (1983: 39 - 114, 135 - 194). Otras referencias en Walter (1987: 34 - 6), Herrero (2000: 20, 30 - 3), Béjar (2005: 21 - 59), Fernández Larrain (2000d: 29 - 30) y Varela (2000a: 31 - 34). 395 La ley Sáenz Peña intentó sentar las bases de un nuevo compromiso institucional fundado en el pleno reconocimiento de los derechos políticos de los ciudadanos, así como en el de las minorías a participar en la gestión de gobierno. El radicalismo, nacido como movimiento antisistema bajo la dominación oligárquica, no abandonó esa postura una vez en el gobierno. Debido a ello, una vez producida la r enovación presidencial de 1916, los fundamentos mismos de las reglas institucionales vigentes comenzaron a ser objeto de interpretaciones divergentes entre radicales y conservadores creando profundas tensiones en el experimento democrático iniciado en 1912 . La “intervención federal” fue un instrumento usado abusiva y extensivamente para garantizar una reversión de la situación de fuerzas de 131 instaló a José María Sarobe como Co misionado del Poder Ejecutivo provincial. 396 Sin embargo, en las dos décadas si guientes volvió a ejercer la primera magistratura comunal en varias oportunidades, hasta totalizar 24 años en ella. Y cuando no lo hizo, controló el manejo del gobierno local de manera indirecta (intendencias o comisionados de Nicanor Salas Cháves, Joaquín Lacambra y Pedro Groppo), ejerciendo una gravitación política fundamental hasta 1943, cuando el golpe de estado de junio y el posterior ascenso del peronismo cambiaron todo el p anorama político. 397 Si los conservadores gobernaron Avellaneda durante treinta y un años, contra apenas tres de los radicales y uno de los socialistas, es particularmente notable que esto haya sido posible incluso en los trece años (1917 - 1930) en los que lo s radicales controlaron el gobierno provincial. En ese período el radicalismo sólo pudo ejercer la máxima magistratura comunal por elección democrática durante veinte meses (intendencia de Manuel Beguiristain, 1918 - 1920). En el resto de período, la UCR de Avellaneda debió conformarse con los comisionados designados por el Gobernador bonaerense de turno, acordar con los socialistas (intendencia de Jacinto Oddone, 1920 - 1921) o resignarse a la hegemonía conservadora. 398 Además de dominar el partido de Avellaneda , Barceló se vinculó estrechamente a los caudillos de otros distritos. De este modo, pudo ex tender su influencia política a una 1916 (que daba mayoría en el Congreso a los partidos opositores). Yrigoyen lo justificó sobre la base de su histórica misión de regeneración nacional: los gobiernos conservadores fueron considerados ilegítimos y se recurrió a la intervención federal contra ellos, aunque también se utilizó este instrumento para proteger a los gobiernos radicales amenazados por divisiones internas. Vid. Mustapic (1984). 396 El 24 de abril de 1917, Hipólito Yrigoyen declaró intervenida la Provincia de Buenos Aires, fundamentando tal medida en la inconstitucionalidad de la ley electoral provincial al amparo de la cual se habían celebrado las el ecciones que permitieron a Marcelino Ugarte acceder por segunda vez al puesto de Gobernador. Más allá del pragmatismo de la medida, su finalidad última era producir en esa y otras provincias , mayorías radicales que, a su vez, eligieran senadores de ese par tido. A partir de entonces los radicales controlaron el gobierno provincial hasta la revolución del 6 de septiembre de 1930. Entre 1917 y 1918 los comisionados radicales nombrados por el Interventor José Luis Cantilo reemplazaron a los caudillos conservado res (como así también a los comisarios de la policía) en la mayoría de los partidos bonaerenses. El impulso de la intervención se dejó sentir en las elecciones de marzo de 1918, cuando por primera vez , un candidato radical a gobernador (José Camilo Crotto) aplastó a su oponente conservador (Echagüe). Más impactante aún: arrasó en el Gran Buenos Aires, incluida Avellaneda. Poco después (marzo) asumió la intendencia de Avellaneda Manuel Beguiristain, jefe del radicalismo local. Sin embargo, la derrota del con servadurismo en Avellaneda fue transitoria, pues en las elecciones para diputados nacionales de marzo de 1920 recuperaron su mayoría en el Partido. El 4 de diciembre de 1921 los bonaerenses volvieron a las urnas para elegir a un nuevo gobernador, imponiénd ose otra vez un radical (el ex - interventor Cantilo). Decepcionados y divididos por sus recurrentes controversias internas, los hombres del Partido Conservador de Buenos Aires dejaron de constituir un desafío electoral e nérgico a nivel provincial hasta fina les de la década. Sobre la importancia de controlar la provincia bonaerense, véase Ansaldi (2000: 42). 397 Además de Intendente Municipal, Alberto Barceló fue S enador provincial y nacional y, en tres oportunida des, Diputado nacional. 398 Vid. Vid. Walter (198 7: 21, 32 - 5, 63 - 5, 68, 73 - 4, 79, 87 - 8), Gerli y el Partido de Avellaneda (32), Folino (1983: 101), Fernández Larrain (2000d: 30), Varela (2000: 32). 132 parte considerable de la 3ª sección electoral de la provincia y obtener muchos votos para los conservadores, aparte de los que c osechaba en su distrito. Ciertamente, no se limitó a dispensar favores individuales con rapidez y eficacia: también utilizó sus dotes políticas y su gravitación per sonal para conseguir mejoras y beneficios destinados a todo el Partido de Avellaneda, finan ciados por parte de los gobiernos provincial y federal. Innume rables obras públicas, servicios municipales y trabajos de embellecimiento de la ciudad podrían atribuirse, en última instancia, a la habilidad política de Barceló. 399 Este trato privilegiado aum entó, lógicamente, en aquellos momentos en los que el Partido Conservador controlaba los dos gobiernos, pero su habilidad para maniobrar le permitieron mantener constante el flujo de gastos en obras públicas , incluso durante los gobiernos radicales. Paradi gmático es, en tal sentido, lo sucedido en ocasión de la llegada del primer gobernador radical de la provincia elegido democráticamente (José Camilo Crotto, en 1918). Al hacerse cargo de su puesto y encontrarse con una enorme deuda pública, Crotto introduj o en la Legislatura provincial un proyecto que consideraba la contratación de un préstamo destinado a consolidar la deuda flotante y estimular algunas obras públicas. Éstas contemplaban, entre otras cosas, la construcción de dos mercados en Avellaneda (uno de hacienda y otro de abastos). De acuerdo con la constitución provincial, la aprobación de la propuesta hacía necesaria una mayoría de dos tercios en las dos cámaras legislativas. Dados los beneficios directos que se esperaban en Avellaneda del préstamo, los senadores y diputados provinciales controlados por Barceló se vieron profundamente comprometidos con la búsqueda de la mayoría parlamentaria requerida para su aprobación, que finalmente fue conseguida pese a la oposición del ala principal de los conse rvadores (además de los socialistas). Esta cuestión dividió al Partido Conservador. En enero de 1923 su Junta de Gobierno ex pulsó a siete legisladores provinciales que habían v otado a favor. Barceló hizo causa común con ellos, anunció su renuncia a la banc a de diputado nacional que ocupaba desde hacía apenas un año, y formó un grupo independiente denominado Partido Provincial de Buenos Aires. 400 La defección de l caudillo avellanense significó una 399 La influencia de los caudillos políticos se basaba en el servicio personal y la obtención de beneficios p ara la co munidad. El político capaz de hacer reparar un camino o construir un puente, preferiblemente con fondos ajenos a su distrito, por lo general era bien visto. Dado que con frecuencia los re sultados eran más importantes que los métodos empleados, s i un líder prestaba escasa atención a las sutilezas de los procedimientos legales o de mocráticos, pero conseguía beneficios inmediatos y duraderos para el distrito y sus pobladores, éstos solían pasar por alto el maltrato de la opo sición y otras práctica s autoritarias, y a ú n las admiraban. 400 Lo más probable es que la decisión de Barceló se debiera a una sencilla cuestión de supervivencia política. Si bien dominaba firmemente su bastión de Avellaneda, su p rimacía no era absolutamente segura 133 grave pérdida para el Partido Conservador, pues él era uno de s us hombres más capaces, vinculado a la clase obrera y a otros líderes políticos del Gran Buenos Aires. Su alejamiento minaba la base electoral del partido en la 3ª sección, pues el electorado de Avellaneda (con s ciente, leal, consecuente, compacto y decidid o, según la complaciente visión propuesta por Raúl de Azevedo), lo acompañó. 401 Esta escisión conservadora se prolongará hasta el triunfo de la Revolución del 6 de Septiembre de 1930. Mientras, el provincialismo mantendrá su hegemonía en el municipio. 402 Barce ló era un hombre pudiente, del que se decía que recibía aportes para las campañas electorales de al gunas de las grandes empresas que operaban en Avellaneda (incluidos los frigoríficos de propiedad británica), a cambio del mantenimiento de la tranquilidad laboral, y un tratamiento favorable por parte de las autori dades municipales. No obstante, su principal fuente de ingresos con fines políticos habría sido el juego, actividad que no controlaba directamente, pero a la que dispensaba una aprobación tolerant e. 403 Empero, la sustentación de su poder político parece ser algo más compleja. Para Walter Los mecanismos de acción de Barceló se basaban en el estilo y la par ticipación personales del caudillo. Dedicaba casi todo su tiempo a las acti vidades políticas, principalmente a una a causa de la a scendente marea radical. Este partido había triunfado en Avellaneda en las elecciones provinciales de 1918 y 1922. En los comicios municipales, radicales y conservadores habían obtenido resultados parejos, lo cual derivó primero en un compromiso para el no mbramiento de un intendente socialista (Jacinto Oddone) y luego en un estancamiento y ulterior intervención del gobierno provincial (comisionados Bartolomé Masselli, Amilcar Mercader, Domingo Rossi y José Víctor Noriega). En Julio de 1922 ocupó la intenden cia Nicolás Salas Chaves, aliado de Barceló, pero la amenaza de la intervención persistió. En las elecciones provinciales de marzo de 1923 el nuevo partido barcelista mostró en ellas su fuerza política, pues en dicho distrito obtuvo más de 8.000 votos, 3.0 00 más que el Partido Cons ervador, y la UCR apenas logró superarlos por muy estrecho margen. A unque contaba también con el apoyo de otros caudillos del Gran Buenos, era obvio que el nuevo grupo tenía su base principal en Avellanada, como reflejan las elecc iones municipales de 1923 y 1925, en las que arrasó a sus oponentes radicales, socialistas y conservadores, obteniendo respectivamente el 41 % y el 51,7 % de los votos emitidos. Y en 1927 sus votos fueron superiores a los de todos los demás partidos juntos . Habitualmente, aunque no siempre, el Partido Provincial apoyó la tendencia yrigoyenista del radicalismo en la Legislatura provincial, lo que permitió que aquella pudiera imponerse allí y, como contrapartida, las numerosas obras públicas emprendidas por l a administración de Cantilo (carreteras, puentes, pavimentación de caminos, etc.) beneficiaron frecuentemente a Avellaneda. 401 Vid. Azevedo (1926: 12). 402 Según el Diputado Martín Rappanilli “La ubicación de estas obras en Avellaneda, la determina el hecho d e ser el punto en que se encuentran instalados los más importantes establecimientos industriales similares, y ser el punto de convergencia de varias líneas férreas que acercan a los productos a los principales centros de consumo, y ser punto también de emb arque que facilite el comercio exterior.” (citado en Folino, 1983: 78 - 9). Sin embargo, era obvio que la magnitud de los gastos en obras públicas en Avellaneda también tenían connotaciones políticas, dado el apoyo que Cantilo requería del Partido Provincial para la aprobación de su proyecto. Vid. Walter (1987: 35 - 6, 93 - 6, Cisneros (1926: 9), Folino (1983: 84), Bejar (2005: 41 - 2), Varela (2000a: 32). 403 Vid. Walter (1987: 34). Sin embargo, conviene aclarar que , en su carácter de fuente de recursos para solvent ar la actividad política, distaba de ser una actividad privativa de los conservadores. 134 política de beneficios indivi duales. Su casa le servía de cuartel general; estaba abierta a todos los visi tantes, desde la gente más humilde de Avellaneda, que acudía con peti - ciones, hasta los más importantes promotores de proyectos y representantes de los grupos de presión que procuraban influir en el Gobierno na cional. Pocos de ellos se marchaban decepcionados. En el hogar de Barceló, los visitantes – especialmente los de Avellaneda - encontraban a un hombre que escuchaba sus proble mas con simpatía, respondía a sus peticiones de manera rápida y directa y, a menudo, tenía un conocimiento íntimo y personal del solicitante, su familia y sus medios económicos. A cambio de todo esto, el caudillo esperaba el apoyo político de su visitante y, habitualmente, lo recibía. El hombre que había conseguido un présta mo para pagar los gastos médicos de su familia, un puesto en la Munici palidad o los permisos necesarios para abrir un comercio en pocos días, en vez de tener que esperar varias semanas , no era probable que olvidara a su benefactor el día de las elecciones. 404 Este estilo paternalista, cuyos máximos exponentes en el ámbito municipal y provincial fueron Barceló y Manuel Fresco, fue definido por Folino como populismo oligárquico , y encarnar ía u no de los tipos básicos de respuesta (el otro sería la represión) a la presencia de grandes masas obreras (juzgada como amenazante). Para sus defensores, e n Avellaneda el mismo se habría consolid ado mediante el fraude y el apoyo más o menos disimulado de antiguos patronos fabriles. 405 Sin embargo, el hecho aparentemente sorprendente de que Barceló y su grupo convirtiesen (particularmente desde la ampliación democrática de 1912, aunque el pico del fenómeno se alcanzó en la década de 1930) uno de los princi pales núcleos obreros de la época en un baluarte conservador casi inexpugnable hasta el advenimiento del peronismo, dio lugar a otros análisis que toman en cuenta algo más que la mera tergiversación de la voluntad popular o la construcción de redes cliente lares. Para Pablo Fernández Irusta, por ejemplo, el predominio de los conservadores no se explica por la existencia de redes sociales o de clientelismo , sino que pareciera responder a un consenso más general que, en todo caso, daba a dichas redes cierta in cidencia electoral. En función de ello, el estudio de los vínculos establecidos entre este grupo y la población local, debe incluir también un análisis de la política presupuestaria implementada por los intendentes conservadores en los años 20. La hipótesi s de este autor consiste en que dicha política, dirigida a beneficiar a los sectores populares, fue un aspecto clave de la estrategia por la cual Barceló y su grupo buscaron concitar el apoyo popular, y complementa las ideas 404 Walter (1987: 35). 405 Vid. Folino (1983: 9 - 10), Schvarzer (2005: 183 - 4, 219). 135 habituales de que la superviven cia de esta dirigencia se basó en el fraude electoral o los mecanismos de clientelismo político. 406 En efecto, en un distrito de la magnitud de Avellaneda – en plena expansión urbana, económica y demográfica - y, en especial, con una población crecientemente politizada, se requerían estrategias más globales e indiferenciadas para obtener la mayoría en las urnas. Y, en este sentido, consideramos que la gestión administrativa fue clave. 407 El personalismo de Barceló, cuya figura tuvo indudablemente un gran prest igio entre las masas proletarias de la ciudad, alcanzó su cenit entre 1930 y 1943. Más que conservador, el electorado proletario del Partido era barcelista por efecto de la ascendencia paternal del caudillo. A la vista de ello, quizás no sea tan sorprende n te que tras la revolución del 4 de j unio de 1943 y el alejamiento de Barceló del poder, 408 ese mismo electorado convirtiese al municipio hasta entonces conservador en un reducto peronista de la primera hora ( y que fuese justamente de sus fábricas de donde sa lieran las masas que hicieron el 17 de octubre ) . El golpe de junio y el ascenso de Perón marcaron la virtual eliminación de los conservadores como fuerza política importante en el municipio. Si en las elecciones de diputados nacionales de marzo de 1942 (la s últimas en las que los actuales Avellaneda y Lanús votaron como un único distrito) el Partido Conservador consiguió el 72,3 % de los votos emitidos en toda la provincia, en las elecciones presidenciales de febrero de 1946 la fuerza política de Perón derr otó ampliamente a la Unión Democrática en los partidos del Gran Buenos Aires, donde se alzó con el 66,9 % de los sufragios. En la Avellaneda posterior a la división del Partido, sin embargo, su triunfo fue aún más amplio: 71,5 %. 409 406 Este último es, precisamente, el sesgo que comparten los dos trabajos existentes sobre Alberto Barceló, los de Folino (1983) y Brá (1976). 407 Fernández Irusta (2003: 2). En relación a este tema, y habiendo sido advertidos de su valor por el profesor Devoto, hubiéramos querido consultar la tesis doctoral del mismo autor ( “Alberto Barceló: Polí ticas públicas y caudillismo conservador en Avellaneda”, Universidad Nacional de Quilmes, 2009). Lamentablemente, ello no fue posible antes del agotamiento del plazo para entregar este texto, falencia que esperamos subsnar en un futuro inmediato. 408 En 1940 se postuló como candidato del conservadurismo a la gobernación de Buenos Aires. Pero el presidente Ortiz, deseoso de purificar la política argentina, intervino la provincia y anuló las elecciones en las que Barceló había triunfado. 409 Vid. Fernández Larrai n (2000a: 20 - 1; 2000d: 29 - 30), Varela (2000a: 32 - 3), Walter (1987: 249, 251, 266). 136 137 3. Tipología de los inm igrantes gallegos en Barracas al Sud / Avellaneda, 1869 - 1930 En un capítulo anterior hemos explicitado las razones por las que este trabajo se enfoca en la emigración gallega a la Argentina, y dentro de la misma en las corrientes migratorias que se dirig ieron al área de los actuales partidos de Avellaneda y Lanús. Corresponde ahora precisar qui é nes son , en el período que abarca de 1869 a 1930, los gallegos sobre los que versará el resto del texto. Para ello, determinamos la importancia del colectivo dentr o del conjunto español en la zona, así como la participación relativa de sus diferentes provincias y municipios. Establecimos luego una periodización de sus ritmos de llegada al país, las edades con que lo hicieron y la composición sexual del grupo. Finalm ente, realizamos una primera aproximación a sus niveles de alfabetización. 3.1 Primeras noticias sobre inmigrantes gallegos en el Partido. Si bien nuestra pesquisa comienza “oficialmente” en 1869, vale la pena mencionar aquí a tres personajes de origen galaico que, habiendo llegado al país con anterioridad a esa fecha, se hallan profundamente ligados a la historia del viejo Partido de Barracas al Sud / Avellaneda: Juan Noario Fernández, Francisco Antonio Piñeiro y Cerqueiro, y Manuel Estévez y Caneda. La información que poseemos de los dos primeros es sumamente fragmentaria (y a veces contradictoria). Sabemos que se trata de parientes políticos y que el primero de ellos, Noario Fernández, 410 nació en 1720 en la provincia de Lugo, llegando al Río de la Plata en 1739. Siete años más tarde (el 17 de mayo de 1746) realizó un casamiento muy favorable - dada la dote que aportaba la novia - con María Ignacia Echeverría y Rodríguez Figueroa, con quien tendría dos hijos, Juan Luciano y Manuela Josefa (1762). En un mome nto que no podemos determinar a dquirió una estancia situada al sur del Riachuelo y, tras la muerte de su suegro, agregó a su propiedad otra de cien leguas cuadradas (equivalentes a 2.330 kms² ) situada en el extenso Pago de la Magdalena y conocida como “Rin cón de Todos los Santos”, aunque 410 T ambién puede encontrarse con el nombre de Januario Fernández do Eijo . 144 lado los porcentajes y nos fijamos únicamente en los números absolutos, resulta evidente que el incremento de la cantidad de nuevos cónyuges en e l municipio fue notable entre 1900 y 1914, y lo sería nuevamente entre 1920 y 1930. Teniendo en cuenta lo dicho en los capítulos 1 y 2 a propósito de la evolución de la inmigración europea en la Argentina y del incremento poblacional del Partido de Barraca s al Sud / Avellaneda, se deduce que si el primer gran ciclo de crecimiento en él se encuentra ligado a la inmigración, el segundo responde al aumento natural de la población ya asentada en el área. Si observamos ahora el caso particular de los españoles, las alzas y bajas de sus porcentajes parecen refleja r los vaivenes propios de su ciclo migratorio, con sus disminuciones en los años finales del siglo XIX, la coyuntura bélica de 1914 - 1918, y el final de la década de 1930, cuando ya se avizora la crisis ec onómica en la Argentina. Hasta cierto punto, lo mismo puede colegirse de la observación de su proporción en el total de las personas que contrajeron matrimonio en el Partido: comienza a aumentar a partir de 1900 (25 %), alcanza su pico entre 1910 y el annu s mirabilis de 1914 (37,8 - 38,4 %), para descender luego, en el contexto de la Primera Guerra Mundial y durante la década de 1920, cuando sus propios descendientes (entre otros) empiezan a ser registrados en esta fuente. Así y todo, todavía suponen el 21,1 % de l as personas que en 1925 contraen matrimonio en el Partido, y el 12,5 % en 1930. Y, en definitiva, constituyen nada menos que el 22,7 % del total de los cónyuges que contrajeron matrimonio en el municipio a lo largo del período 1890 - 1930. Consideramos necesario este exordio sobre el valor de la fuente para el seguimiento de la evolución demográfica del municipio porque, en buena medida, a ella habremos de recurrir a fin de cubrir las falencias (o ausencias) de los resúmenes estadísticos (por lo demás, indudablemente mucho más rigurosos) elaborad o s a partir de 1869 por los gobiernos nacional, provincial y municipal. Aunque éstos proveen datos confiables sobre el stock de ciudadanos españoles presente en Avellaneda en los años en los que el conteo se real iza, son evidentes los problemas que debe afrontar el investigador que aborde la inmigración española en la Argentina, aspirando a presentar imágenes regional y localmente diferenciadas. 427 La determinación del origen regional de los migrantes a menudo se en frenta con el problema muchas veces insalvable de la calidad de las fuentes utilizadas, en las que el dato de la región de origen de aqu é llos deberse a que es justamente en los 14 años anteriores a la Primera Guerra Mundial cuando llega al país lo más importante del aluvión migratorio, que aporta una masa de gente mayormente soltera y en edad de contraer matrimonio. 427 Vid. Devoto (1996: 484). 145 raramente aparece consignado. 428 Las series estadísticas disponibles (1869, 1881, 1895, 1909, 1914, 1936, 1947, 1960 ) sólo desglosan en el mejor de los casos (y de acuerdo a un criterio nacional - estatal) los datos sobre los extranjeros presentes en cada municipio. Pero esos datos agregados sobre los habitantes foráneos (cuando los mismos existen), suelen ser meras ilusi ones estadísticas de las que, de modo acrítico, pudiera desprenderse la imagen de que los inmigrantes tienen no sólo una común identidad jurídica, sino también – presumiblemente - otra cultural e identitaria. 429 Lamentablemente, si las cifras expuestas por los resúmenes estadísticos ocultan o distorsionan las realidades de los diferentes grupos étnicos o regionales que los componen, los problemas no son menores de recurrir a las cédulas censales (en las escasas ocasiones en las que ello es posible), ya que é sta s raramente consignan la provincia o municipio de origen de los extranjeros. No obstante, resulta interesante comentar los resultados de una muestra extraída de este tipo de fuentes. Se trata de una cala realizada entre las del s egundo censo n acional de p oblación (1895), sobre 2.773 personas (14,9 % del total de la población del Partido) asentadas tanto en áreas urbanas como rurales ( 1.638 pertenecían a las primeras, 65 a las segundas, faltando esa información para las 1.070 restantes). Entre ellas encontr amos 361 españoles, de los cuales 231 eran varones y 130 mujeres, 430 número que puede desglosarse a su vez en 321 moradores en zonas urbanas (201 varones y 120 mujeres) y siete en rurales (seis y una, respectivamente), en tanto que carecemos de datos de ese tipo para los 33 remanentes (24 y 9). Vale la pena resaltar dos grandes similitudes entre nuestra muestra y la totalidad de los españoles asentados en el municipio. Se trata, por una parte, del hecho de que los 361 individuos de la cala representan el 13,9 % del total de españoles del Partido, un porcentaje exactamente igual al que el conjunto de los mismos (2.598) suponen para el total de la población del área (18.574). Por la otra, si en los datos éditos del censo la proporción de hombres y mujeres se div idía en 63,5 % y 36,5 %, en nuestra muestra unos y otros representan el 64 % y el 36 %. Esto demuestra la confiabilidad de los datos extraídos de esta muestra en particular. 431 En ella, merced a un error evidente por parte del encuestador (ya que las planill as del censo contenían instrucciones precisas sobre que é ste sólo debía 428 Vid. Otero (1992: 79 - 80). 429 Vid. Devoto (1997: 11 - 2). 430 AGN, Sala VII, Segundo Censo Nacional, volumen 677, tomo 39, libreto 246, volumen 677 - 80. 431 Y, dicho sea de paso, permite también introducir una preg unta general respecto a cuál es el umbral de datos agregados (o la “masa crítica” de ellos) necesario para realizar inferencias representativas acerca de un grupo humano determinado. 146 averiguar la provincia de origen en el caso de los nacidos en la Argentina), contamos con información de la provincia de nacimiento de 23 de los españoles censados en el área urbana (p resumiblemente en el Cuartel 1º, aunque la correlación no es automática). En e llos la ventaja numérica de los nacidos en Galicia era abrumadora, pues de allí procedían 22 (95,7 %), siendo el restante nativo de Murcia o Valencia. A su vez, estos 22 gallegos se dividían en 16 coruñeses (el 72,7 %, con 11 hombres y cinco mujeres), en tanto los siete restantes procedían de Pontevedra (27,3 %, todos hombres). Lógicamente, no corresponde extraer de este puñado de casos inferencias de la proporción del elemento ga llego en el conjunto de los españoles , 432 pero el hecho de que en esa fecha todos fuesen coruñeses o pontevedreses, que existiese una segregación habitacional provincial (se distribuían en al menos tres casas, ocupando los nacidos en Pontevedra una única viv ienda), y el tipo de oficios que desempeñaban (74 % en el sector secundario, y el 26 % restante en el terciario), sugieren una tendencia que, como veremos, confirmarán otras fuentes con una mayor cantidad de casos. Más allá de las limitaciones de las fuent es , y también de los tópicos (como que históricamente los gallegos representa n alrededor de un 50 % del total de la inmigración española en la Argentina) ¿es posible establecer algún tipo de estimación del volumen demográfico de la inmigración gallega en B arracas al Sud / Avellaneda en el largo plazo? T radicionalmente se ha considerado a l os vascos el “núcleo duro” de los españoles y franceses asentados en el Partido (y también, al menos inicialmente, de Barracas al Norte), 433 lo que a veces incluyó connotaci ones que van más allá de lo meramente cuantitativo: De la corriente inmigratoria que nos ha llegado es un sobresaliente el basko. Fuerte, recio, sano, emprendedor, incansable para el trabajo, paciente cuando se propone llegar a su objetivo siempre lo logr a. […]. Conquistado el bienestar con el rudo batallar diario, […], fue Barracas siempre el sitio preferido por esa noble raza. 434 Desde luego, n o existen dudas acerca de que en la décadas de 1850 y 1860 la presencia euskara fue numéricamente superlativa en la zona de Barracas al Sud. Según el primer titular del municipio de Barracas al Sud , de ese origen sería el 26,4 % de los 5.099 432 Bastaría con que nuestro censista repitiese su error en una casa habita da por vascos o catalanes para que los resultados fuesen completamente distintos. 433 Vid. Iriani Zalakain (2000: 127 - 42), Moya (2004: 149). 434 Suffer (1926: 18). 147 habitantes del municipio en 1856. 435 E n el entendimiento de que aquella cifra podía ser el producto de un registro poco riguroso, Marcelino Iriani Zalakain se propuso cuantificarlos a partir de la identificación de los apellidos de origen vascuense en las cédulas del censo nacional de población de 1869 . Dicha e strategia le permitió constatar el notable predominio del grupo entre los españoles (y franceses) asentados en el Partido en una etapa temprana , pues de acuerdo con sus cálculos serían vascos el 17,1 % de los 8.003 habitantes presentes en el municipio en 1869, y el 62 % (1.372) de los 2.212 españoles y franceses censados en aqu ella oportunidad ( que eran entonces 1.189 y 1.023 , respectivamente). Sostiene además, que cuando menos un 51,5 % de ellos se encontraba integrado en las tareas saladeriles. 436 Si bien nuestro propio acercamiento a la fuente reafirma lo expresado por aquel au tor , nos permitió constatar también la presencia de una cantidad pequeña pero ya apreciable de españoles con apellidos gallegos (Estévez, Gándara , Magariños, Padín, Piñeiro). 437 Empero, en nuestro caso no es posible replicar el tipo de trabajo realizado por Iriani Zalakain, pues a diferencia del caso vasco, no siempre es posible deslindar con tanta facilidad como de origen gallego los apellidos presentes en las cédulas. De modo que si queremos llegar a establecer algún tipo de estimación del volumen de la in migración gallega en la zona, debemos recurrir a otro tipo de fuentes. Afortunadamente, hemos podido localizar cuatro de tipo nominativo que cubren un arco temporal que abarca desde 1862 hasta 1930. Si bien es cierto que en 1880 - 1883 y 1887 - 1889 los datos con los que contamos son muy escasos, existiendo además un hiato (1884 - 1886) en el que los mismos no existen en absoluto, creemos que en conjunto las mismas suponen indicadores representativos y confiables para determinar , si no el stock , al menos sí la co mposición relativa étnico - regional del grupo español en el municipio, así como las diferentes evoluciones cronológicas de cada uno de ellos a lo largo de los 68 años del período. Se trata del Primer Libro de Matrícula de la SESMdeB, que abarca de 1862 a 18 83, las AM labradas por los registros civiles del Partido entre 1890 y 1930, el 4º Registro de Socios de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas al Sud / Avellaneda [en adelante, AESMdeA], que 435 Vid. Torassa (1940: 58). 436 Vid. Iriani Zalakain (2000: 138, 140). Lamentablemente, su investi gación se detiene en aquel último año, y no repite la experiencia con las cédulas censales del s egundo c enso nacional de p oblación de 1895. De cualquier modo, como veremos en las siguientes páginas, es posible afirmar que el flujo migratorio vasco con dest ino a Barracas al Sud se angostó mucho tras el cierre de los saladeros. 437 Se trata de u na cala efectuada sobre 827 de los habitantes del Partido (10,3 % del total), entre quienes se detectó a 169 españoles (14,2 % del total del municipio), tanto de zonas c onsideradas rurales como urbanas. AGN, Sala VII, Segundo Censo Nacional, volumen 677, tomos 39 - 41. Comentario [RF2]: Nóte se que es un apellido prácticamente inexistente en Lugo y Ourense. 148 incluye información sobre sus asociados entre 189 1 y 1930, y el Registro General de Matrícula del Consulado General de España en Buenos Aires [en adelante, RGM], que si bien se inicia en 1939 incluye abundante información de personas arribadas al país cuando menos a partir de 1887. No obstante adolecer problemas de representatividad, ya que se trata de fuentes privadas que no operan con la totalidad del universo migratorio (y pertenecen a instituciones que más allá de sus pretensiones policlasistas tendían a captar con mayor asiduidad elementos no manual es en detrimento de los obreros), 438 los registros de socios de las instituciones mutualistas españolas constituyen sin duda una buena pista documental a seguir. El P rimer Libro de Matrícula de la SESMdeB (cuya secretaría se encontraba en el pueblo de Barrac as al Sud) 439 nos brinda información sobre la nacionalidad y región de origen de 321 de las 717 personas (44,7 %) que se asociaron a la institución entre el año de su fundación y 1883 ( Cuadro 3 ). 440 Cuadro 3 : Españoles varones de la S ESMdeB asociados entre 1 862 y 1883 . Región 1862 - 1871 % 1872 - 1883 % Total % Andalucía 2 1.0% 1 0.8% 2 0.6% Aragón 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% Asturias 0 0.0% 2 1.6% 2 0.6% Baleares 0 0.0% 2 1.6% 2 0.6% Canarias 1 0.5% 0 0.0% 1 0.3% Castilla la Nueva 0 0.0% 1 0.8% 1 0.3% Castilla la Vieja 1 0.5% 1 0.8% 2 0.6% Cataluña 6 3.0% 8 6.6% 14 4.4% Extremadura 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% Galicia 24 12.1% 35 28.7% 59 18.4% León 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% Levante 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% País Vasco 165 82.9% 72 59.0% 237 73.8% D udosos 1 0.5% 0 0.0% 1 0 .3% Total 199 100.0% 122 100.0% 321 100.0% A lo largo de l a totalidad del período abarcado por la fuente l os vascos constituyen , con gran diferencia, el grupo más numeroso entre el elemento ibérico, siendo de ese origen 438 Sobre las características del mutualismo étnico español en la Argentina, vid. Devoto y Fernández (1990). Con especial referencia la participación de los ga llegos en él, Fernández (2007). 439 La documentación de esta sociedad se conserva en el archivo de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas y Buenos Aires [AESMdeByBA], sucesora de la primitiva SESMdeB. Debo la posibilidad de haber podido consul tar la documentación de esta sociedad, que ya se aproxima a los 150 años, a la generosidad de su presidente, Rubén Horacio Lezama, y de su esposa, Mónica Edith Pérsico. 440 Confeccionado a partir de 321 españoles inscriptos en la SESMdeB entre 1862 y 1883, p ara los cuales hemos podido determinar su origen étnico regional. Los casos en los que también se incluye información sobre la provincia de nacimiento de esas personas son mucho más parcos: apenas 296 (41,3 %). 149 nada menos que el 73,8 % de l os e spañoles que se incorporaron a la institución en aquellos años, una superioridad numérica que parece avalar aquellas observaciones de los contemporáneos en las que se describe al pueblo como una “villa de los vascos”. En realidad, existe al interior de est e grupo étnico - regional una gran desproporción provincial. De los 237 asociados de ese origen, 159 nacieron en Navarra (67,1 %), 63 en Guipúzcoa (26,6 %), 12 en Vizcaya (5,1 %) y apenas tres en Álava (1,3 %). En cualquier caso, aunque minoritaria, ya podem os percibir con claridad la presencia de los gallegos, cuyo 18,4 % del total los convierte en el segundo grupo étnico - regional más numeroso. 441 El Cuadro 3 desglosa, además, el período 1862 - 1883 en dos subperíodos separados por el año 1871, es decir, aquel d el cierre definitivo de los saladeros del Partido. El segundo subperíodo, en consecuencia, está marcado por la desaparición de aquella fuente de empleo, y por la crisis que ello acarrea para la práctica totalidad de la economía local durante la primera mit ad de la década de 1870. Como hemos visto en páginas anteriores, si a pesar de todo la población total del Partido experimentó un modestísimo crecimiento intercensal (pasó de 8.003 habitantes en 1869 a 8.244 en 1881), la cantidad de españoles asentados en el área disminuyó en cambio de forma sensible, puesto que los 1.189 contabilizados por el primero de los censos aludidos bajaron a 810 doce años después, disminuyendo además su proporción en el total de la población (de 14,8 % al 9,8 %). Puede que e sta evo lución del volumen del colectivo , se refleje en el menor número de inscripciones de la mutual española en el segundo subperíodo (247 en 1872 - 1883, contra 470 en 1862 - 1871) 442 y, como veremos más adelante, también en una diversificación del tipo de tareas que los nuevos socios declaran al ingresar. El acta de la asamblea general celebrada el 30 - VII - 1876 hace mención al hecho de que en los últimos años se habían ausentado la mayor parte de los socios de la institución. 443 Del mismo modo, otro párrafo extraído del Primer Libro de Actas correspondiente a 1882, explicaba que “El Sr. Secretario dio lectura de una nota de don P. Harismendi en la que pide se le aumente a cinco mil pesos la anualidad que cobra por el suministro de medicamentos a los socios, fundando di cha petición en que en el año 1873 rebajó mil pesos de los cinco 441 Luego, con números absolutos francamente b ajos, encontramos a los catalanes (4,4 %), sumando el resto de los españoles apenas el 3,4 % del total, en tanto que algunas regiones (Aragón, Extremadura, León y Levante) no presentan ningún caso. 442 No obstante, como nos señalara Alejandro Fernández, el m ayor número del primer decenio también pudiera estar reflejando una “demanda insatisfecha” antes de la fundación de la mutual. 443 AESMdeByBA, Primer Libro de Actas , p. 10. 150 que cobraba por la razón de haber disminuído considerablemente el número de socios, […].” 444 Como era de prever, e l sacudón económico parece repercutir con mayor dureza en el grupo vasco, dad a su importante inserción en las actividades del saladero. El Libro de Matrícula de la SESMdeB nos muestra que el número de nuevos socios de origen vasco experimenta un descenso tanto en términos absolutos como relativos, cayendo de 165 en el primer subper íodo a 72 en el segundo o, lo que es lo mismo, del 82,9 % del total español al 59 %. En cuanto a los gallegos, aunque continúan siendo una parte minoritaria de la masa societaria se reafirman como el segundo grupo más numeroso, pues pasan de 24 socios nuev os en 1862 - 1871 a 35 en 1872 - 1883, lo que representa un salto del 12,1 % al 28,7 % del total. 445 Esta evolución temporal de los nuevos asociados pertenecientes a ambos grupos mayoritarios, que postulamos demostrativa de la evolución de los flujos de inmigran tes españoles en el Partido, puede verse con mayor detalle en el Cuadro 4 . 446 Cuadro 4: N uevos socios gallegos y vascos de la SESMdeB , por año o grupos de años . Año Gallegos Vascos 1862 1 0 1863 - 4 0 1 1865 12 38 1866 3 18 1867 0 15 1868 2 21 1869 1 15 1870 5 38 1871 0 19 1872 0 6 1873 0 6 1874 1 2 1875 1 7 1876 2 5 1877 9 13 1878 9 12 1879 8 18 1880 2 2 1881 - 3 3 1 Total 59 237 444 AESMdeByBA, Primer Libro de Actas , p. 80. 445 Crece también, aunque de forma más mode sta, el número y la proporción de catalanes, que pasan del 3 % al 6,6 %. 446 Confeccionado a partir de los 296 socios vascos y gallegos de la SESMdeB para los que fue posible discriminar el año en el que se asociaron a aqu é lla. 151 Aunque con fluctuaciones, la masa de socios nuevos tiende a decrecer después de los primeros años de la déca da de 1860, cayendo a niveles mínimos tras el cierre de los saladeros. Sólo tras superar el meridiano de la década de 1870, y quizás bajo el influjo benéfico de las nuevas fuentes de mano de obra en el Partido (como las graserías, o las obras de canalizaci ón del Riachuelo), comienza a aumentar el número de nuevos miembros de la SESMdeB. Sin embargo, el ritmo vuelve a decrecer en 1880 (¿tiene ello relación con la tensión política que rodea a la sucesión de Nicolás Avellaneda, y que desemboca en los combates de Barracas y Puente Alsina?), para recuperarse en los tres años siguientes, en un contexto más favorable para la economía argentina y del Partido de Barracas al Sud. En cualquier ca s o, vascos y gallegos acompañan de distinto modo esta evolución general. L os primeros mantienen una clara supremacía, incluso en los peores años del período, aunque sus números absolutos tienden a decrecer tras la coyuntura de 1871. En dicho año, y en los dos que le siguen, los gallegos no aportan ningún socio nuevo, pero a par tir de 1877, y a medida que la economía del área se recupera, unos y otros aumentan sensiblemente su número entre los nuevos miembros de la institución. En esa nueva coyuntura los vascos continúan aportando un mayor número de casos, pero los socios nacidos en Galicia comienzan a reducir diferencias. De modo que si, con todas las prevenciones del caso, extrapolásemos lo que vemos entre la masa social de esta institución mutualista al conjunto de los españoles del Partido, diríamos que en los años en los que todavía reina el saladero los vascos constituyen la parte esencial del grupo nacional - estatal español, y que s i bien continuarían siéndolo tras la crisis causada por el cierre de é stos, su ventaja numérica sobre los gallegos comienza a reducirse, quizás po rque es entonces cuando é stos comienzan a arribar en mayor número al Partido, atraídos por las nuevas actividades económicas que en el mismo empiezan a desplegarse. Hemos abordado el período 1890 - 1930 a partir de una muestra extraída de las AM labradas por las delegaciones del Registro Civil del Partido. E l Cuadro 5 , 447 elaborado con los datos de 3.747 cónyuges españoles para los que fue posible determinar su origen étnico - regional , nos permite constatar al menos tres cosas: 1) un aumento general de los volúm enes de inmigrantes españoles; 2) la definitiva declinación 447 Confeccionado a partir de 3. 747 cónyuges españoles, hallados en las AM correspondientes a los años 1890, 1895, 1900, 1905, 1910, 1914, 1920, 1925 y 1930, para los que fue posible identificar su origen étnico - regiona l . Vale la pena resaltar que en el año 1925, la delegación Lanús no c onsignaba en sus AM la provincia o región de nacimiento de los extranjeros. De modo que las cifras absolutas de todas las regiones se presentan algo a la baja para dicho año. 152 numérica , en la década de 1890, del grupo vasco - navarro en Barracas al Sud / Avellaneda, y su paralelo reemplazo como conjunto hispano más numeroso por los nacidos en Galicia; 3) la generalización del fenómeno migratorio al conjunto de la península. 448 448 A diferencia de lo que sucede en el Libro de Matrícula de la SESMdeB, donde Ara gón, Extremadura, León y Levante no tienen representación alguna, en las AM labradas entre 1890 y 1930 todas presentan casos. De hecho, la totalidad de las provincias españolas se encuentran representadas. Bien es cierto que quince de ellas (Albacete, Ávil a, Castellón, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Guadalajara, Huelva, Jaén, Palencia, Santa Cruz de Tenerife, Segovia, Sevilla, Teruel y Toledo) aportaron a la muestra menos de diez casos cada una, y otras once (Álava, Alicante, Almería, Badajoz, Las Palmas, Lé rida, Madrid, Murcia, Soria y Valladolid) lo hicieron con menos de veinte. Entre unas y otras sólo suponen el 4,2 % de la muestra. Mientras tanto, las cuatro provincias gallegas, León, Oviedo y Málaga reúnen el 83,7 %. En el caso de Tenerife, sin embargo, debe tenerse en cuenta que la fuente suele no discriminar entre los originarios de una u otra provincia canaria, lo que impide contabilizarlos. Cuadro 5 : Cónyuges españoles presentes en las AM en 1890, 1895, 1900, 1905, 1910, 1914, 1920, 1925 y 1930, discriminados por grupo étnico - regional. Región 1890 1895 % 1900 1905 1910 1914 % 1920 1925 1930 % Total % Andalucía 1 0 0.0% 4 7 29 25 3.2% 35 26 47 6.8% 174 4.6% Aragón 2 0 0.0% 2 3 14 18 2.3% 10 6 10 1.4% 65 1.7% Asturias 2 3 3.1% 4 7 23 31 3.9% 35 23 47 6.8% 175 4.7% Baleares 0 4 4.2% 1 1 1 5 0.6% 3 5 9 1.3% 29 0.8% Canarias 0 5 5.2 % 6 5 5 6 0.8% 11 4 5 0.7% 47 1.3% Castilla la Nueva 1 0 0.0% 0 1 2 3 0.4% 2 4 8 1.2% 21 0.6% Castilla la Vieja 2 1 1.0% 3 2 16 29 3.7% 25 27 17 2.5% 122 3.3% Cataluña 5 5 5.2% 0 7 20 24 3.0% 17 14 27 3.9% 119 3.2% Extremadura 0 0 0.0% 2 1 0 10 1.3% 5 10 4 0.6% 32 0.9% Galicia 31 55 57.3% 51 102 423 560 70.7% 419 465 448 64.7% 2554 68.2% León 0 0 0.0% 4 4 18 37 4.7% 42 40 34 4.9% 179 4.8% Levante 2 2 2.1% 0 0 4 13 1.6% 16 9 10 1.4% 56 1.5% País Vasco 12 21 21.9% 13 15 17 31 3.9% 22 17 26 3.8% 174 4. 6% Total 58 96 100.0% 90 155 572 792 100.0% 642 650 692 100.0% 3747 100.0% 256 fueron invariablemente urbanitas, en un grado superior al del resto de lo s españoles y de la población del Partido en general. ¿Qué es lo que hizo , según acabamos de ver, del asentamiento gallego en Barracas al Sud / Avellaneda semejante ejemplo de concentración espacial? Para explicarlo, debemos correlacionar, al igual que lo hicieron Baily, Moya y otros, por un lado, variables estructurales relacionadas al tipo de marco socioeconómico que los inmigrantes encontraron al arribar al Partido (el tipo y ubicación de las fuentes de trabajo, el mercado de la vivienda, el sistema de transporte, la dotación de servicios e infraestructura urbana, etc.), y por el otro, variables culturales relacionadas en su mayor parte al bagaje cultural de los recién llegados (el deseo de mejorar su situación económica, de permanecer en la nueva socied ad o volver a su tierra, de vivir cerca del trabajo y la familia, de participar en vínculos sociales de parientes y paisanos, de ser propietarios, etc.). Si el patrón de asentamiento gallego hubiese sido determinado por criterios de pura racionalidad econó mica, el mismo debería haber privilegiado el asentamiento en aquellos lugares en donde el costo del terreno, la casa, o el alquiler de é sta o de una habitación fuesen más económicos, y/o donde hubiesen encontrado una abundante oferta de trabajo. No cabe du da de que é stos son elementos a tener en cuenta, como se desprende de la primera de las citas de Nova Galicia (p. 246) que viéramos en páginas anteriores. Sin embargo ¿por qué entonces su presencia en el Cuartel 7º disminuye de manera relativa y absoluta c on el paso de los años? Recordemos que en 1890 - 1896, el 6,6 % de los cónyuges registrados en las AM declaró direcciones pertenecientes a dicho Cuartel. Sin embargo, en 1914 (es decir, cuando el volumen de inmigrantes llegados acaba de alcanzar su cenit), n o obstante ser el distrito que posee las tierras más económicas del Partido, y hallarse dotado de importantes fuentes de trabajo, apenas el 2,7 % de los gallegos radica allí. Y estos porcentajes serán aún más pequeños en los años sucesivos (vid. Cuadro 39 ) . 590 Teniendo en cuenta el esquema clásico de la emigración gallega ultramarina del período 1880 - 1930, la constatación anterior puede llevarnos, cuando menos, por dos caminos diferentes. ¿Los gallegos no compraban tierras en el Cuartel 7º (ni en ningún otro) porque su estrategia era la de ahorrar todo lo posible durante algunos años y regresar a Galicia?, ¿o no las adquirían allí porque (ya 590 L a demanda de tierras generada por la tremenda radicación industrial y el salto demográfico de fines del siglo XIX y principios del XX, aumentó de modo considerable su valor en todo el Partido, correspondiendo en las dos primeras décadas del siglo XX los lotes más caros a Piñeiro y los más baratos a Dock Sud. 257 sea alquilando o comprando su vivienda) preferían instalarse en otras zonas donde ya lo habían hecho sus paisanos llegad os antes, aún cuando eso les costara más caro? La mejor respuesta posible consiste en postular un camino intermedio entre las posibilidades laborales y habitacionales que el Partido ofrecía, y la voluntad (o necesidad) de vivir cerca de aquellos pariente s o paisanos que es de suponer ayudaron al inmigrante a proveerse de los medios necesarios para viajar, instalarse, encontrar un trabajo, etc. En cuanto a las primeras, conviene recordar que si para Jorge Schvarzer en un círculo de 800 metros alrededor del cruce entre las vías del Ferrocarril Roca y el Riachuelo se situaba el corazón industrial de la urbe porteña, 591 en la orilla austral de ese curso de agua el perímetro señalado comprende la parte sudoeste del Cuartel 1º y todo el barrio de Piñeiro. Allí sur gieron, junto a las grandes plantas industria les como Tamet, SIAM, etc. , una multitud de pequeños talleres, curtiembres, etc. Y más allá de este semicírculo de máxima concentración industrial, tanto el Cuartel 1º como el 3º encerraban una enorme oferta de trabajo, tanto en el sector secundario como en el terciario. Ambos, por otra parte, no se encontraban lejos ni mal comunicados respecto de otras zonas de Avellaneda y de Buenos Aires (como los barrios de Barracas o Constitución, en la Capital Federal) dota das de importantes fuentes de trabajo. 592 Por otra parte, si atendemos al mercado de la vivienda, en las primeras dos décadas del siglo XX el suelo del Cuartel 1º se saturó de industrias y viviendas, haciendo difícil encontrar espacio disponible y encarecien do el valor de la tierra y los alquileres. En el Cuartel 3º, en cambio, el valor del suelo era menos oneroso pero, como acabamos de señalar ¿no era aún más económico en el 7º? Por otra parte, como el catastro elaborado por Máximo Randrup permite observar ( vid. mapas 5 y 6 ), hacia finales de la tercera década del siglo la dotación urbana del Partido (al menos en lo que hace al empedrado de las calles, agua de red y servicios cloacales) se había extendido a los núcleos más antiguos de Sarandí y Wilde por el s ur, Valentín Alsina al oeste, y Lanús por el sudoeste, saltando por sobre otras zonas que todavía carecía n de ella. 593 No obstante, como vimos, en 1930 más del 591 Vid. Schvarzer (2005: 112). 592 Así, por ejemplo, numerosas fuentes cualitativas (tanto escritas como orales) dan cuenta de la importante presencia de trabajadores gallegos en la tabacalera Piccardo, en la Fábrica Argentina de Alpargatas, etc. Vid., por ejemplo, la e ntrevista a Armando Tejedo López, A Fonsagrada, 15 - XII - 2004. Por otra parte, aunque se encuentran un poco más alejados, no deberíamos desestimar tampoco la posibilidad de que viviendo en P iñeiro muchos gallegos trabajasen igualmente en los barrios de Constitución o La Boca, en la Capital. 593 Otro elemento que conviene aquilatar es el de que en 1925 al menos 29 de las 71 escuelas del Partido se encontraban en esos dos cuarteles. Vid. Cisneros (1926: 88 - 9). 258 50 % de los cónyuges gallegos continuaban declarando direcciones de los cuarteles 3º y 1º. Se ha ce necesario, entonces, postular la importancia de las otras variables mencionadas, las relacionadas con el funcionamiento de las redes sociales y cadenas migratorias, atendiendo también a los diferentes ritmos de los flujos migratorios provinciales. Si a lo largo del período que va de 1890 a 1930 la mayor parte de los gallegos vivió en los cuarteles 1º y 3º, no fue sólo porque é stos contaban con mayor cantidad de fuentes de trabajo y mejor dotación urbana, sino también porque, en líneas generales, los prim eros en llegar de cada grupo (al menos en lo que toca a los agregados provinciales) se instalaron allí. Y una vez constituida la cadena, el resto de sus familiares o paisanos se asentó, por elección o porque dependían de la ayuda de los que habían arribado primero, en el mismo lugar. Es decir que, aunque los precios fuesen más elevados en esos dos distritos (ya adquiriesen un lote o una vivienda, ya alquilasen una pieza en una “casa chorizo” o en un conventillo), pesó más el hecho de que un gran número de s us paisanos ya se encontrasen allí. Por otra parte, si en líneas generales el Cuartel 1º fue el que mayor cantidad de gallegos recibió a lo largo del perí odo 1890 - 1930, la presencia de é stos fue creciendo paulatinamente en el 3º, a medi d a que el viejo núcl eo del Partido se saturaba. Este fenómeno fue proporcionalmente más importante en el caso de lucenses y ourensanos, que comenzaron a llegar en grandes números al Partido más tarde q ue sus vecinos atlánticos. Pero, en cualquier caso, hacia el final de la dé cada de 1920 el patrón de asentamiento galaico acusó el impacto del general movimiento de conurbanización. Entonces una parte minoritaria pero significativa de estos inmigrantes, comenzó finalmente a ocupar aquellas zonas del municipio que hasta entonces s e habían mantenido prácticamente al margen del asentamiento de gallegos, particularmente en los cuarteles 4º, 6º y 8º. En síntesis, combinando los factores estructurales con los culturales, resulta altamente probable que la explicación de la naturaleza del patrón de asentamiento gallego, se encuentre relacionada con los diferentes ritmos de los flujos provinciales (por no hablar de los municipales o parroquiales), la actuación de las redes sociales y cadenas migratorias (que de modo genérico enlazan, a su v ez, con la estrategia migratoria del grupo, que desalienta los grandes gastos y pone el acento en una elevada capacidad de ahorro y devolución de recursos económicos a la tierra de origen), las oportunidades laborales concretas que la zona en cuestión ofre cía (una amplia panoplia de actividades comerciales, artesanales, industriales y portuarias), y, probablemente, 259 también con la preferencia del grupo a asentarse en zonas ya urbanizadas, que son por lo general las mejor dotadas desde el punto de vista de la infraestructura. Se trata, indudablemente, de una respuesta que simplifica lo que un examen individual de los miles de casos que nuestras bases de datos contienen podría proporcionar, pero a cambio , permite delimitar patrones generales y no perderse en la inevitable maraña que el análisis de cada caso individual supone. Sólo la combinación de ambos tipo s de variables permite realizar una interpretación ajustada a la realidad general del grupo (o a lo que nosotros construimos como tal), y que, en consecuenc ia, son estas herramientas conceptuales las que nos proveen de las más penetrantes explicaciones respecto de los patrones residenciales de los gallegos en particular y los inmigrantes en general. 4.1.4 Un ejercicio de análisis de la movilidad espacial Co n todo, hay algo que la fuente hasta aquí utilizada no puede ejemplificar: la movilidad espacial que una misma persona (y no un grupo, sea é ste regional, provincial, comarcal municipal, parroquial o aldeano) experimenta una vez que se ha asentado en el áre a. En efecto, por su misma naturaleza, lo que las AM muestran es el comportamiento de las sucesivas camadas de cónyuges gallegos que van arribando al Partido, de lo que podría traslucirse la imagen - equívoca - de que lo que se mantiene fijo en una porción d el territorio de é ste o se desplaza hacia algún otro punto, es un colectivo X y no individuos. María Liliana Da Orden ha resuelto este ítem tomando una muestra de familias y reconstruyendo su derrotero espacial , a partir de su seguimiento en otra fuente qu e registra hechos vitales (l os Certificados o Actas de Nacimiento) los sucesivos nacimientos de los hijos del matrimonio. Dado que aquí no se ha repetido esa experiencia, 594 la movilidad posterior al asentamiento en el Partido habremos de ilustrarla a partir de otras fuentes indudablemente más acotadas en cuanto a la cantidad 594 Ello se debió, básicamente, a la menor productividad que esa operación entrañaba en nuestro caso y a ciertas dificultades relacionadas con la distribución de las fuentes en dos municipios distintos. A diferencia de lo que ocurre en el mism o período c on los Certificados de Nacimiento labrados por la delegación del Registro Civil del Partido de General Pueyrredón, aquel los levantados en Barracas al Sud / Avellaneda nunca incluyeron el dato de la ocupación de los padres, o al menos del padre. Esto eliminaba una de las dos razones por las cuales realizar el seguimiento de un grupo de familias (la movilidad socioprofesional). Es cierto que, aún así, podría haber se repetido el método empleado por Da Orden para ver así al menos la movilidad espacia l, pero la magnitud del universo de trabajo con el que operamos (ya en 1912 casi seis veces más grande que el de la investigadora marplatense), la necesidad de realizar la búsqueda en varios repositorios a la vez y, por sobre todas las cosas, las diferenci as de hasta dos años entre las distitas delegaciones a visitar debido a la demora para conseguir los necesarios permisos de las autoridades competentes para acceder a los documentos, desalent ó dicha tarea. 260 de casos que es posible tomar en consideración, pero también mucho más ricas en datos y matices . Una de ellas es el archivo de personal de la Compañía Sansinena de Carnes Congeladas – C orporación Argentina de Productores de Carne [ en adelante, CAP]. En él hallamos 383 fichas individuales que corresponden a otros tantos obreros españoles (269 de ellos - 70,2 % - nacidos en Galicia), incorporados a la empresa entre 1890 y 1969. 595 El Cuadro 44 nos muestra a qué áreas del territorio argentino correspond en las direcciones declaradas por esos obreros en el momento de ingresar por primera vez a la empresa . 596 Dichas áreas se representan con códigos ubicados en la fila superior, y que representan el g rado de dislocación territorial en relación a la planta del frigorífico “La Negra”, ubicado , como ya señaláramos, a orillas del Riachuelo, en el límite justo entre los cuarteles 1º y 3º. Así, a los que viven en el área del viejo Partido de Avellaneda les a signamos el código D1, el D2 a los que lo moran en municipios contiguos (Capital Federal, Lomas de Zamora y Quilmes), D3 para quienes lo hacen en otros partidos del Conurbano (Almirante Brown, Esteban Echeverría, La Matanza, San Martín y Tres de Febrero), D4 a los que residen en algún lugar del resto de la provincia de Buenos Aires, y el D5 a otros puntos del país. C omo era de esperar se , la mayoría (72,3 %) declar ó domicilios ubicados en los actuales municipios de Avellaneda y Lanús, mientras que otra propo rción significativa (20,7 %) dio d irecciones correspondientes a la Capital Federal, y a los partidos de Lomas de Zamora y Quilmes. Al observar las direcciones que estas mismas personas tenían en el momento de abandonar la empresa ( Cuadro 45 ), 597 c omprobamos que los porcentajes son prácticamente idénticos: el 71,3 % vive en el espacio del viejo Partido de Barracas al Sud / Avellaneda , en tanto que el 20,1 % lo hace en municipios contiguos. 595 AGN, CAP, Fichas del personal del frigorífico L a Negra. 596 Confeccionado a partir de 383 fichas de obreros españoles empleados en la C AP . 597 Confeccionado a partir de 383 fichas de obreros españoles empleados en la C AP . Cuadro 44: Direcciones de los españoles al ingresar por primera vez a la C AP, discriminadas por década y áreas de residencia (1890 - 1960 ) . Década D1 % D2 % D3 % D4 % D5 % Dud. % S/datos % Total % 1890 1 100,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 0,3% 1900 11 84,6% 1 7,7% 1 7,7% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 13 3,4% 1910 31 88,6% 4 11,4% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 35 9,1% 1920 52 83,9% 8 12,9% 2 3,2% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 62 16,2% 1930 50 74,6% 13 19,4% 1 1,5% 1 1,5% 1 1,5% 2 3,0% 0 0,0% 67 17,5% 1940 61 62,9% 31 32,0% 2 2,1% 1 1,0% 1 1,0% 0 0,0% 1 1 ,0% 97 25,3% 1950 46 61,3% 15 20,0% 5 6,7% 1 1,3% 4 5,3% 1 1,3% 3 4,0% 75 19,6% 1960 19 79,2% 5 20,8% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 24 6,3% s in datos 5 62,5% 2 25,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 12,5% 0 0,0% 8 2,1% Total 276 72,1% 79 20,6% 11 2,9% 3 0,8 % 6 1,6% 4 1,0% 4 1,0% 383 100,0% Cuadro 45: Direcciones de los españoles al egresar en forma definitiva de la C A P, discriminadas por década y áreas de residencia (1920 - 1970) . D1 % D2 % D3 % D4 % D5 % Dud. % S/datos % Total % 1920 4 100,0% 0 0,0% 0 0, 0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 4 1,0% 1930 2 66,7% 1 33,3% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 3 0,8% 1940 13 68,4% 6 31,6% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 19 5,0% 1950 75 67,6% 22 19,8% 4 3,6% 0 0,0% 5 4,5% 1 0,9% 4 3,6% 111 29,0% 1960 140 76,1% 30 16,3% 10 5,4% 1 0,5% 0 0,0% 3 1,6% 0 0,0% 184 48,0% 1970 19 73,1% 6 23,1% 1 3,8% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 26 6,8% dudosos 1 50,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 50,0% 0 0,0% 0 0,0% 2 0,5% sin datos 19 55,9% 12 35,3% 1 2,9% 1 2,9% 0 0,0% 1 2,9% 0 0,0% 34 8,9% Total 273 71,3% 77 20,1% 16 4,2% 2 0,5% 6 1,6% 5 1,3% 4 1,0% 383 100,0% Vale decir que en el largo plazo no parece existir una movilidad espacial apreciable en la mano de obra española de “ La Negra ” , y apenas se esboza una ligera “conurbanización”, ex presada en el modestísimo crecimiento de la proporción de los trabajadores que residen en el área de dislocación expresada con el número 3 (los partidos del Conurbano no contiguos con Avellaneda y Lanús). ¿Cómo se condice esto con el hecho de que por lo me nos un 47,3 % cambió alguna vez de domicilio? 598 Lo primero que debemos decir es que en una mayoría de los casos esas mudanzas no entrañaron un cambio en el municipio de residencia (vid. Cuadro 46 ). 599 La columna “Inicial” representa el área en donde se sitúa el domicilio del obrero en el momento de ingresar a la empresa. Al observar las celdas en las que se combinan el número de casos que cada área de dislocación presenta entre el primer ingreso a la compañía y la salida definitiva de ella, vemos que de los 2 76 trabajadores (72,1 % del total) que inicialmente residían en el área de dislocación número 1 (equivalente al territorio del viejo Partido de Avellaneda), 250 de ellos (el 90 % del número original) continuaban haciéndolo en el momento de retirarse. 600 Esto parece reforzar la conclusión - a pesar de todo errónea - de que, no obstante que casi la mitad de todos los españoles se mudaron al menos una vez, la movilidad espacial fue muy baja. En realidad, el problema radica en que una o varias mudanzas no implican necesariamente un cambio en el municipio de residencia. Si el cuadro anterior nos muestra los escasos desplazamientos entre municipios (que como máximo habrían supuesto un 16,0 % del total), nada nos dice, en cambio, de los que tuvieron lugar al interior d e los mismos. Buscaremos clarificar un poco esta cuestión en el siguiente cuadro ( 47 ), 601 que únicamente toma en consideración los 250 españoles que tanto al ingresar como al marcharse de la fábrica continuaban residiendo en el viejo Partido de Barracas al S ud / Avellaneda. 598 Compárese este porcentaje, por ejemplo, con los de movilidad espacial de los españo les asociados en el Montepío de Monserrat (Buenos Aires) en los años 1898, 1912 y 1919 , donde tan sólo el 9 - 23 % permanec ó en su primitivo domicilio. Vid. Moya (2004: 184, 190). 599 Confeccionado a partir de 383 fichas de obreros españoles empleados en la C A P . 600 En el caso de los que inicialmente se hallaban radicados en la Capital Federal, Lomas de Zamora o Quilmes, ese mismo porcentaje fue del 67,9 %. Por su parte, todos los que al ingresar declararon direcciones de partidos del Conurbano más alejados del f rigorífico, continuaban residiendo en municipios comprendidos en dicha área al retirarse. 601 Confeccionado a partir de 250 fichas de obreros españoles empleados en la C AP, que tanto al ingresar como al marcharse de la fábrica continuaban residiendo en el vi ejo Partido de Barracas al Sud / Avellaneda . Cuadro 46: Dislocación territorial de los españoles empleados en la C AP , discriminados según el momento de ingresar por primera vez a ella y el de su egreso definitivo Inicial Nº % D1 % D2 % D3 % D4 % D5 % Dud. % S/datos % D1 276 72,1% 250 90,6% 22 8,0% 3 1,1% 0 0,0% 0 0,0% 1 0,4% 0 0,0% D2 78 20,4% 22 28,2% 53 67,9% 2 2,6% 0 0,0% 0 0,0% 1 1,3% 0 0,0% D3 11 2,9% 0 0,0% 0 0,0% 11 100,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% D4 3 0,8% 0 0,0% 1 33,3% 0 0,0% 2 66,7% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% D5 6 1,6% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 6 100,0% 0 0,0% 0 0,0% D udosos 5 1,3% 1 20,0% 1 20,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 3 60,0% 0 0,0% sin datos 4 1,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 4 100,0% Total 383 100,0% 273 71,3% 77 20,1% 16 4,2% 2 0,5% 6 1,6% 5 1,3% 4 1,0% Cuadro 47: Dislocación territorial de los españoles empleados en la C AP, residentes en el territorio del antiguo Partido de Barracas al Sud / Avellaneda, discriminados por cuarteles y según el momento de ingresar por primera vez a ella y el de su e greso definitivo . Cuartel Total % 1º % 2º % 3º % 4º % 5º % 6º % 7º % 8º % Dud. % 1º 51 20,4% 28 54,9% 3 5,9% 8 15,7% 1 2,0% 0 0,0% 4 7,8% 0 0,0% 4 7,8% 3 5,9% 2º 31 12,4% 0 0,0% 27 87,1% 0 0,0% 1 3,2% 0 0,0% 3 9,7% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 3º 93 37,2% 3 3, 2% 5 5,4% 75 80,6% 0 0,0% 3 3,2% 2 2,2% 0 0,0% 4 4,3% 1 1,1% 4º 6 2,4% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 6 100,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 5º 15 6,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 6,7% 0 0,0% 12 80,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 2 13,3% 6º 21 8,4% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 20 95,2% 0 0,0% 1 4,8% 0 0,0% 7º 7 2,8% 0 0,0% 0 0,0% 2 28,6% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 4 57,1% 0 0,0% 1 14,3% 8º 21 8,4% 0 0,0% 0 0,0% 1 4,8% 0 0,0% 0 0,0% 1 4,8% 0 0,0% 19 90,5% 0 0,0% Dud. 5 2,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 20,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0 ,0% 4 80,0% Total 250 100,0% 31 12,4% 35 14,0% 88 35,2% 8 3,2% 15 6,0% 30 12,0% 4 1,6% 28 11,2% 11 4,4% Ahora sí, la movilidad espacial es claramente perceptible. El Cuartel 3º (las actuales localidades de Piñeiro y Gerli), distrito en donde habitaba e l 37,2 % de todos los españoles que al ingresar por primera vez al frigorífico declararan direcciones correspondientes a Avellaneda , continúa siendo, a pesar de sufrir una pequeña disminución en cuanto a su importancia relativa (baja al 35,2 %), aqu é l al q ue corresponden la mayor parte de las direcciones de los españoles de “La Negra” en el momento de marcharse. Más importante es, sin duda, el descenso proporcional de quienes moran en el Cuartel 1º (la ciudad de Avellaneda, el área céntrica del Partido), pu es descienden del 20,4 % al 12,4 % del total. ¿Adónde se dirigió ese 10 % de españoles que abandona ro n las áreas más céntricas y/o próximas a la fuente de trabajo? Hacia zonas más alejadas del mismo Partido. Si colocáramos a las personas comprendidas en el Cuadro 47 en un mapa veríamos que, aunque modestamente, aumenta la proporción de los residentes españoles hacia el sur y el sudoeste del Partido, a lo largo de los dos ejes vertebrales de las avenidas Mitre y Pavón. Así ocurre en el caso de los cuarteles 2º (Crucesita y Sarandí) y 6º (Villa Domínico y Wilde), que pasan del 12,4 al 14,0 %, y del 8,4 a l 12,0 % del total, respectivamente. Lo mismo ocurre con el Cuartel 4º (actual Lanús Este), que aumenta del 2,4 al 3,2, y con el 8º (Lanús Oeste), que trepa de l 8,4 al 11,2 % del total . Finalmente, si el Cuartel 5º no experimentó cambios, el 7º, como era de esperarse, disminuye a 1,6 % su ya exigua participación inicial (2,8 %). Se trata, sin embargo, de baremos que pueden continuar siendo desagregados. Volviend o al C uadro 47 , si casi la mitad de los españoles inicialmente residentes en el Cuartel 1º se marcharon a otros más periféricos (en orden decreciente al 3º, 4º, 8º y 2º), quienes inicialmente vivían en el 3º, por el contrario, sólo cambiaron de Cuartel de residencia en menos del 20,0 % de los casos. En particular, apenas una mínima proporción (3,2 %) se mudó al centro de Avellaneda. Por su parte, si el 87,1 % de los residentes del Cuartel 2º continuaron viviendo en él, ninguno de los españoles comprendidos en el escaso 12,9 % de los que de allí se marchó lo hizo en dirección al Norte, hacia el área céntrica del Partido , sino que todos tomaron el camino del Sur, hacia el Cuartel 6º (9,7 %), o una dirección Sudoeste, al 4º (3,2 %). Por su parte, los que vivían en este último Cuartel cuando ingresaron a la fábrica, continuaban residiendo en él al dejarla. Lo mismo ocurrió con un 80 % de los instalados en el 5º, el 95,2 % de los 265 residentes en el 6º, y el 90,5 % de los del 8º. El 7º, por su parte, no sólo no recib e ningún nuevo residente, sino que pierde más del 40 % de los viejos. Pero, así como el Cuadro 46 no da cuenta de los movimientos al interior de los diferentes municipios, el 47 por su parte, tampoco refleja los desarrollados dentro de los diferentes cuart eles y localidades. Si continuásemos adelante en nuestro afán de desagregar datos, podríamos ver que entre los 81 españoles (71 de los cuales - el 87,7 % - eran gallegos) que en su primer ingreso al frigorífico declararon direcciones pertenecientes a la loca lidad de Piñeiro (cifra que representa el 21,1 % de todos los españoles hallados en el archivo de personal de “ La Negra ” ), 44 de ellos (el 54,3 %) cambiaron al menos una vez de domicilio. ¿Adónde fueron? Uno se marchó al partido de Almirante Brown, en el s egundo cordón Sur del Conurbano, otro a Quilmes, tres a Lomas de Zamora y dos a la Capital Federal. Los 37 restantes permanecieron en Avellaneda. Pero si de estos últimos 13 se mudaron a los otros siete distritos del municipio, los 24 restantes permanecier on dentro del Cuartel 3º. Considerando que tan sólo dos de ellos se trasladaron a la localidad de Gerli, resulta que un 50,0 % de todos los españoles que al ingresar a la fábrica declararon direcciones correspondientes a Piñeiro y que alguna vez se mudaron , permanecieron sin embargo dentro de los límites de la misma localidad. Vale decir que, al menos en lo que atañe a los trabajadores españoles de “ La Negra ” , un significativo porcentaje de mudanzas no entraña una importante dislocación espacial sino que, e n líneas generales, su distribución espacial se mantuvo notoriamente estable en el tiempo . En consecuencia, el desplazamiento “del centro a los barrios” (cuando ello ocurre) se verifica menos en dirección a los cordones más alejados del Conurbano, que haci a aquellas localidades y barrios de Avellaneda y Lanús de más tardía urbanización. Pero los movimientos más importantes fueron de corto radio, por lo general dentro de los mismos cuarteles en los que ya residían , con la única exc e pción de quienes al ingres ar declararon direcciones pertenecientes al distrito 1º. ¿Cómo explicar esta conducta? Desde luego, aquí no trabajamos con el universo total de la población de un determinado distrito (ni siquiera con una muestra uniforme de ella) , sino apenas con unos po cos cientos de trabajadores adscritos a una única fuente de empleo . R esulta obvio que en la medida en que esos trabajadores continúen empleados en ella , no podrán alejarse de la factoría hasta el punto de que el viaje desde su lugar de residencia resulte a ntieconómico , o la duración del mismo excesivamente larga. Pero si la fuente de trabajo permanece estática ¿por qué querrían estos obreros 272 la familia, realizan trabajos a destajo como planchar, lavar, liar cigarrillos o “coser para afuera”. 620 En líneas generales sabemos que, p rolongando un tipo de inserción socioprofesional ya visible en la década anterior, hacia 1869 los españoles establecidos en el Partido de Barracas al Sud (la mayoría de ellos , ya lo hemos dicho, de origen vasco) se empleaban principalmente como peones de los saladeros y de las barracas, o como changadores, calafates, quinteros y comerci antes. 621 Sendas calas realizada s entre las planillas de los censos de 1869 y 1895 nos permit en ilustrar esto (cu adros 48 y 49 ). 622 Cuadro 48: Inserción socioprofesional de los españoles presentes en las cédulas correspondientes al Primer Censo de la Repúbli ca Argentina (1869) , discriminados según su sexo. Sexo Categoría ocupacional Femenino % Masculino % Total % Trabajadores urbanos no cualificados 2 15.4% 63 66.3% 65 60.2% Trabajadores domésticos 5 38.5% 0 0.0% 5 4.6% Trabajadores urbanos cualifica dos 0 0.0% 10 10.5% 10 9.3% Trabajadores artesanos 0 0.0% 2 2.1% 2 1.9% Empleados 0 0.0% 1 1.1% 1 0.9% Comerciantes e industriales 1 7.7% 6 6.3% 7 6.5% Funcionarios y profesionales 0 0.0% 1 1.1% 1 0.9% Rentistas, empresarios y emp. Pecuarios 1 7.7% 3 3.2% 4 3.7% Trabajadores rurales no especializados 1 7.7% 3 3.2% 4 3.7% Trabajadores rurales especializados 0 0.0% 2 2.1% 2 1.9% Pequeños empresarios agrícolas 0 0.0% 4 4.2% 4 3.7% Marinos 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% Estudiantes 0 0.0% 0 0.0% 0 0.0% Sin pro fesión 3 23.1% 0 0.0% 3 2.8% Total 13 100.0% 95 100.0% 108 100.0% El Cuadro 48 nos muestra el tipo de inserción de 108 españoles (13 mujeres y 95 hombres). Entre los varones predomina la inserción en la categoría de los “trabajadores urbanos no cualific ados” (mayoritariamente como jornaleros, peones y peones de saladero), ocupando un lejano segundo lugar los “cualificados” (albañiles, colchoneros, 620 En el caso de las nativas de Galicia, pueden verse algunos ejemplos en los estudios de Cagiao Vila (1997, 2001) sobre la emigración femenina gallega. Con esos quehaceres, aunque no fuesen decl arados explícitamente como trabajo, complementaban el ingreso familiar. 621 Vid. Fernández Larrain (1986 : 113 - 4, 126) , Iriani Zalakain (2000 : 140 - 1). 622 El Cuadro 48 fue c onfeccionado a partir de las cédulas de 108 españoles de ambos sexos ( sobre 169 locali zados , e l 14,2 % de la población hispana de l Partido), para los cuales esos documentos contenían información en el casillero de “ocupación”. De la misma manera, el Cuadro 49 fue elaborado a partir de 254 españoles de ambos sexos ( sobre un total de 384 loca lizados , el 9,7 % de la población hispana del Partido), para los cuales las cédulas censales contenían información en el casillero de “ocupación”. AGN, Sala VII, Primer Censo Nacional, Cédulas correspondiente s al Partido de Barracas al Sud; AGN, Sala VII, Segundo Censo Nacional, volumen 677, tomo 39, libreto 246, volumen 677 - 80. [Document text truncated for crawler view.]