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Estudio del fenómeno doméstico de la Prehistoria Reciente de Galicia (NW de la Península Ibérica)

Lorenzo Salgueiro, Cristian

Abstract

En esta tesis doctoral se aborda el estudio espacial de los yacimientos habitacionales de la Prehistoria Reciente de la Comunidad Autónoma de Galicia, al Noroeste de la Península Ibérica, mediante el uso de Sistemas de Información Geográfica (GRASSGIS, QGIS, SAGA, ...) y programas de análisis estadístico de código abierto (R). De esta forma, se realiza un análisis del conjunto de hábitats de esta etapa de la Prehistoria y también una aproximación a la dinámica de ocupación y organización interna de varios hábitats: Monte dos Remedios (Moaña, Pontevedra), O Fuxiño (Piñor, Ourense) y A Pataqueira (Palas de Rei, Lugo). La propuesta metodológica y de estudio aquí desarrollada ayudará a comprender mejor el fenómeno doméstico de nuestra comunidad, y también, a llevar a cabo un plan inédito en el contexto del Noroeste Ibérico con el fin de reconstruir la dinámica interna que regía este tipo de sitios y su evolución a lo largo de más de tres mil años, desde la adopción de la agricultura y la ganadería hasta la Edad del Bronce (4800-1200 a.C.).

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ESCUELA DE DOCT ORADO INTERN A CION AL DE LA USC Cristian Lorenzo Salgueiro T esis doctoral Estudio del fenómeno doméstico de la Prehistoria Reciente de Galicia (NW de la P enínsula Ibérica) Santiago de Compostela, 2022 Pr ograma de doctorado en Historia, Geografía e Historia del Arte TESIS DE DO CTORADO ESTUDIO D EL FENÓMENO DOMÉSTICO DE LA PREHISTORIA RECIENTE DE GALICIA (NW DE LA PENÍNSULA IBÉRICA) Cristian Lo renzo Salgueir o ESC UE LA DE DOC TORAD O INTERNACIO NAL DE L A UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMP OSTELA PROGRAM A DE DOCT ORADO EN HISTORIA, GE OGRAFÍA E HISTORIA DEL AR TE SANTIAG O DE CO MPOSTELA 2022 DECLARAC IÓN DEL AUTOR /A DE LA TESIS D./Dña. Cristian Lo renzo Salguei ro Título d e l a t es is : Estudio del fenó meno do méstico de la Prehi storia Re ci ente de Galicia (NW de la Península Ibé rica) Presento mi tesis, siguiend o el procedi miento adecua do al Reglament o y declaro que: 1) La t esis abarca los resultad os de la elab oración de mi trab ajo. 2) De s er el caso, en la t esis se hace refer encia a las cola boraciones que tuv o este trab aj o. 3) Confir mo que la tesis n o incurre en ning ún tipo de pla gio de otros autor es ni de trab ajos presentad os por mí para la obtención de otr os títulos. 4) La t esis es la versi ón definitiva pres entada para su d efensa y coincid e la versi ón impresa con la presentada en for mato ele ctró nico. Y me compro meto a prese nta r el Compromis o Documental de S up er visión en el caso qu e el original no esté depositado en la Escu ela . En Santia go de Composte la , 30 de no viembre de 202 2 . Firma electró nica AUTORIZAC IÓN DEL DIREC TOR/TUTOR DE LA TES IS D./Dñ a. Ramón Fáb regas Valcar ce En condición de : Tutor/a y d irector/a Título d e l a t es is : Estudio del fenó meno do méstico de la Prehi storia Re ci ente de Galicia (NW de la Península Ibé rica) INF OR M A : Que la presente tesis, se c orresponde con el trab ajo reali zado por D/Dña Crist ian Loren zo Salgueiro , ba jo mi dirección /tutorización, y a utorizo su pr e se nt ació n , conside r ando que r eúne l os r equisito s ex ig id o s e n e l R eg lam e n t o de E st ud io s d e D oc to r ad o de la USC, y qu e co m o d i rec to r/tutor d e es t a no in cu rr e en l as ca u sa s d e ab s t e n c ió n e s t a b l e ci da s e n la Le y 40 / 2 0 1 5. En Santia go de Composte la , 30 de no viembre de 202 2 Firma electró nica AUTORIZAC IÓN DEL DIREC TOR/TUTOR DE LA TES IS D./Dñ a. Carlos Rodrí guez Rellá n En condición de : Director/a Título d e l a t es is : Estudio del fenó meno do méstico de la Prehi storia Re ci ente de Galicia (NW de la Península Ibé rica) INF OR M A : Que la presente tesis, se c orresponde con el trab ajo reali zado por D/Dña Crist ian Loren zo Salgueiro , ba jo mi dirección /tutorización, y a utorizo su pr e se nt ació n , conside r ando que r eúne l os r equisito s ex ig id o s e n e l R eg lam e n t o de E st ud io s d e D oc to r ad o de la USC, y qu e co m o d i rec to r/tutor d e es t a no in cu rr e en l as ca u sa s d e ab s t e n c ió n e s t a b l e ci da s e n la Le y 40 / 2 0 1 5. En Santia go de Composte la , 30 de no viembre de 202 2 Firma electró nica E S T U D I O D EL F E N Ó ME N O D O M É S T I C O D E L A P R E H I S T O R I A R E C I E N TE D E G A L I C I A ( N W D E L A P E N Í N S U L A I B É R I C A ) T ESIS D OCTORAL PARA OPT AR AL GRADO DE D OCTOR P RESENT ADA POR C RISTIAN L ORENZO S ALGUEIR O B AJO LA DIREC CIÓN DE D IRECTOR /T UTOR : R AM ÓN F ÁBR EGAS V ALCARCE D IRECTOR : C ARLO S R ODR ÍGUEZ R ELL ÁN F ACULTADE DE X EOGRAF ÍA E H ISTORIA D EPARTAMENT O DE H IST ORIA S ANTIA G O D E C OMPOSTE LA , 2022 Esta tesis doc toral fue realizada b ajo e l amp aro institucional de l Gru po de Estudos de Prehistoria do Noroeste - Arqueoloxía, A ntigüidade e Territorio (GEPN-AAT) pertenecient e a la Universidad de Santiago de Com postela. Í NDICE RESU MEN .... ..... ....... ..... ....... ....... .... ..... ........... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... .... 19 INTRODU CCIÓN .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ........ ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... . 21 PARTE 1 CONTEXTO Y EST ADO DE LA CUESTIÓN .. .. . . .. ... .. . . . . . . . .. . . ... .. . . .. ... .. . . . . . . . .. . . . . . . . .. .. . . . . . .. . . 25 1. MARCO G EOGRÁ FICO .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ... 27 2. EL FENÓ MENO DO MÉSTI CO EN LA PR EHISTO RIA RECI ENTE DE GALI CIA ... .... ..... ....... ....... . 33 2.1 L AS PR IMERAS INVESTIG ACIONES DEL FENÓMENO DOM ÉSTICO : U N REGIS TRO DIFUSO .... ..... ....... ....... . 33 2.1.1 De finales d el si glo XIX al Seminario de Es tudos Galegos (1 923-1936) ..... .............. ............. ............... 33 2.1.2 De sde la Pos tguerra hasta l os a ños 80 ...... ................ ............ ...................... ................ ................... .... 34 2.2 L A IN VESTIGACIÓN A PAR TIR DE LOS AÑOS 80 ..... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ......... ....... ....... .... ........ .... .... 36 2.2.1 Arque ología en O Morrazo y en la prov incia de Pontevedra ........ .................... .................. ................ 3 6 2.2.2 E l proyec to de i nvest igación en el á rea de Bo celo-Fu relos ........... ............ ................... ............... ........ 39 2.2.3 Inv es tigación en l a prov incia de Ourens e .. ................... ............. ....................... .............. ................ .... 41 2.2.4 Inv es tigación en e l siglo XXI .. .. ................ .............. ................ ................ ............... ............ .................. . 4 2 2.3 O BRAS PÚB LICAS : D ESDE LOS AÑOS 70 HASTA NUESTRO S DÍAS .. ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ........ ....... .... 45 2.3.1 Int ervencion es en obras l ineales prev ias a los a ños 90 ........ .................... .................. ............ ............ 46 2.3.2 La const rucción del Oleod ucto A Coruña -Vigo y la Red d e Gasificación de Ga licia ........ ............. ....... 47 2.3.3 Int ervencion es arqu eoló gicas en a ut ovías y au top istas de Galicia ... ................ .............. ................ .... 49 2.3.3.1 A utov ías reali zadas du rante lo s año s 90 ..... .. ................ ................ ............... .................... ........... 49 2.3.3.2 La aut opista S antiag o de Co mposte la-Alto de S an to Do mingo .................... .................. ............ 51 2.3.3.3 V ía de Alta Cap acida d de O M orrazo . ............ ............... .................... .................. ............ ............ 54 2.3.3.4 A utov ías construid as d esde la c risis econ ómica de 2008 ha sta la actu alidad ..................... ....... 56 2.3.4 Otr os ya cimientos d omés ticos afect ados por obr as p úblicas y pr ivadas ................ ................ ........... 57 3. ASPECTOS CO MUN ES DE LOS HÁ BITA TS DE L A PREHIS TORIA RECIE NTE DE GALI CIA ... 63 3.1 D EF INICIÓN Y PRINCIPAL ES P ROB LEMÁTICAS SOBRE LOS YACIMIENTOS DOM ÉSTICOS . .... ..... ........... .... 63 3.2 H IPÓ TESIS SOBRE EL EMP LAZAMIENTO D E H Á BIT ATS P REHISTÓRICOS EN G ALICIA . ..... .... ..... ........... .... 64 3.3 D ESCR IPCIÓN Y PRINCI PALE S PR OBLEMÁTICAS DE LAS ESTRUCTURA S DE LOS YACIM IENT OS DOMÉSTICOS .. ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... . 66 3.4 E STRATIGRA FÍA Y EFECT OS DE LOS PROC ESOS DEPOSICI ONALES Y POSTDEPOSI CIONALES EN YACIMIENTOS DOMÉSTI C OS .. ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ........... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... 68 3.5 C UL TURA MATERI AL D E LA P REHISTORIA R ECIENTE Y PRINC IPALES PROBLEMÁ T ICAS .... ..... ....... ....... . 72 3.5.1 La pro blemática de la cu ltura material or gánica ........... ............... .................... ................... ............... 72 3.5.2 Alfar ería pr ehistóric a . ...... .................. ................ .................... .............. ................ ................ ............... 74 3.5.3 Ind ustr ia lític a .......... ................ ................... ............... ............ ........................... .............. ................... . 78 3.6 U N PRO BLEMA PERSIST ENTE : L AS DA TACIONES RADIOC ARBÓNICA S EN YACIMIENTOS DOMÉSTICOS ... 81 PARTE 2 OBJETIV OS Y METO DOLOGÍA . . . .. ... .. . . .. ... .. . . . . . . . . . .. ... .. . . .. ... .. . . .. . .. .. .. .. . .. .. . . ... .. .. . . ... .. . . .. 91 4. OBJETIVOS . ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ........ 93 4.1 O BJE TIVOS DEL ESTUDIO M ACR OESPACIAL .. ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... .... ....... ....... ..... ....... ....... . 93 4.2 O BJE TIVOS DEL ESTUDIO M ICROES P ACIAL ... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ... 94 5. METODO LOGÍA ........ ....... ..... .... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... 95 5.1 O RGANI ZACIÓN DE L OS DA TOS .. ........ ....... ........ ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ..... ....... ....... ..... 95 5.2 C AR TOGRAFÍA . ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ..... ....... ....... ..... 96 12 5.2.1 E l pasado y p resente de l a carto grafía regional ......... ............... ................ ................... ............ ........... 96 5.2.2 H erramien tas ca rtográfi cas . ............... ................ ................ ...................... .................... .................. ..... 97 5.3 S ISTE M AS D E I NFO R MAC IÓN G EOGRÁFICA .. ....... ..... ...... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ........ .... ...... 1 00 5.3.1 De finición y brev e histor ia de los S IG............. ................ ................... ............... ................... .............. 100 5.3.2 H erramien tas SI G .... ................. .................. ................ ................ ................... ............... ............ ......... 102 5.3.3 An álisis del territor io .... .................. ................ ................... ................ ................ .................. .............. 103 5.3.4 C álculo de d ist ancias .... .................. ................ ................ ............... .................... .................. ............ .. 104 5.3.5 E stima ci ó n de densida des y com probació n de correlacion es espa ciales ..... .................. ............ ...... 105 5.4 E STADÍS TICA ........ ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ........ .... ....... ..... ....... ..... ..... 1 08 5.4.1 T erminolog ía esta dística .. ....................... .............. ................ ................... .................... ................ ..... 10 9 5.4.2 An álisis estad ístico mediante R ...... ............. .................. ................ ................ .................. ................ .. 110 5.4.3 C omproba ciones previ as y análisis pa ramétricos y no-paramétrico s .. ............ ................ ............... .. 111 5.4.4 Ident ifi cación de a grupac iones .............. ................ ................ .................. ................ ............ ............. 113 5.4.5 T est de Al eatorieda d Esp acial Compl eta .................... .................. ............ ................... ............. ......... 116 5.4.6 An álisis de las da taciones ra diocarbóni cas . ................... .................. ............ ................... ............. ..... 118 5.4.6.1 Su m a de pro babilida d de dist ribució n (SPD) .. ............ .................. ................ ................ ............. 11 9 5.4.6.2 P rueb as de hi póte sis . ............... ............... ................ ................... ............ ........................... ......... 120 5.4.6.3 A náli sis espacio-t emporal .......... ............. .................. ................ ................ .................. .............. 121 5.5 A NÁ LI SIS LOCACIO N AL Y MODELO PREDICTIVO ... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... .. 1 22 5.5.1 B reve h istor ia sob re el an álisis loc acional y modelos pred ictivo s en Arqueol ogía ............. .............. 122 5.5.2 C álculo de los factor es de localizació n ............ .................. ................ ............ .................. ............. ..... 123 5.5.2.1 A ltitud . .. ................ ............ .................. ................ ....................... ............ .................. ................ .. 124 5.5.2.2 P endie nte, o rient ación y orografía . ......... ...................... ................ ............... .................... ......... 125 5.5.2.3 Ge ología y erosión po te ncial ....... ................... ............... ................... ............. .................. .......... 12 6 5.5.2.4 Hu medad ...... ................ .................. ................ ............ .................. ............. ....................... ......... 12 6 5.5.2.5 P ro tecció n de los v ientos ............ ................ ................ ................... ............ ...................... .......... 12 7 5.5.2.6 Tem peratura y precip itació n ....... ............... .................... .............. ................ ................ ............. 129 5.5.2.7 P ro ximidad a los rec ursos hídricos po te nciale s . ............. .............. ............. ................... ............. 13 0 5.5.2.8 P ro ximidad a las vías de tránsito poten cial ............... ............. .................. ................ ............... .. 130 5.5.2.9 V isibilid ad top ográfic a ............... ................ ................ .................. ................ ............ ................. 132 5.5.2.10 Insolaci ón p otencia l .... .............. ................ ................ ............... ............ .................. ............. ..... 133 5.5.2.11 Promine ncia t opo gráfica .......... ............. .................. ................... ................ ................ ............. 133 5.5.2.12 Usos act ua les y po tenciale s del su elo ................... ............ .................. ................ ..................... 135 5.5.3 An álisis locaciona l y mod elo predictivo ............. ................ .................. ................ ................ ............. 139 PARTE 3 HAC IA UN ESTUDI O GENER AL DEL F ENÓMENO DOM ÉSTICO PREHIST ÓRICO GALLEGO ... ..... .. ...... ... .................. ... ...... .. ... .... ... ...... .. ... ..... .. ...... . ...... ... .. ............. . .... ..... .. .... . ........... ... 14 3 6. CONTEXTO G E O GRÁFICO Y CARAC TERI ZACIÓ N DE LOS HÁBI TATS D E LA PR EH ISTORIA RECI ENTE D E GAL ICIA . .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ........ ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ..... 1 45 6.1 Á REA DE ESTUDIO ... ....... ..... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ........... .... ..... . 1 45 6.2 C AR ACTERÍSTICA S GE N ERALES Y TIPOLOGÍA D E YACI MIENTOS D OM ÉSTICOS ..... ....... ....... ..... ....... ...... 146 6.2.1 Yac imiento s no int ervenidos ........... ................ ................... .................. ................ ................ ............. 14 6 6.2.1.1 Di spers iones de mat erial ......... ................ .................. ............ ................ ............... ............ ......... 146 6.2.1.2 Ha llazgo s .. ............... .................... ................ .............. ................... ............. ....................... ......... 14 9 6.2.2 Yac imiento s intervenid os .................... ................... ............... ................... ................ ................ ......... 151 6.2.2.1 Á r eas de ac tividad ...................... ............. .................. ................ ............... .................... ............. 154 6.2.2.2 A sentamient os ..... .............. ............. .................. ............. .................. ............ ................ ............. 158 6.2.2.3 P osible s asen tamie ntos .............. ............ ................ .................. ............. .................. ............. ..... 165 6.2.2.4 P osible s áreas de acti vidad ................. .................. ................ ............ .................. ................ ...... 168 13 6.3 A LT E RACI ONES DEL REGISTRO ARQUEOLÓGICO .. ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ..... 1 70 7. ANÁLISIS D E LOS HÁ BITA TS DE LA PR EHISTO RIA RE CIE NTE DE GALICIA .... ....... ..... ....... .. 1 73 7.1 C O M PRO BACIÓN DE LA A LEATORIEDAD ESPACIAL ......... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ...... 1 73 7.2 A NÁ LI SIS EXPLORATOR IOS DE DENSIDAD DE HÁB I T ATS Y VÍAS DE TRÁ NSITO POTEN CIAL . ..... .... ...... 1 75 7.3 A NÁ LI SIS TIPOLÓGICO ... ..... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .. 1 81 7.4 A NÁ LI SIS D E PERCOLACI ÓN . .. ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ...... 183 7.5 M ODE LO DE P REDICCIÓN DE YACIMIENT OS PARA EL TE RRITORIO GALLEGO . ..... ....... ..... ....... ..... .... ..... 1 88 8. COORDE NADAS CRON OLÓGIC AS D EL FENÓM ENO DO MÉS TICO PR EHISTÓ RICO ... ..... ..... 1 93 8.1 M UESTRA AN ALIZADA ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ....... ....... ........ ..... ....... ....... ..... ....... .. 1 93 8.2 C O M PRO BACIÓN DE LA A LEATORIEDAD ESPACIAL ......... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ...... 1 93 8.3 A NÁ LI SIS D E DENS IDAD ... ....... .... ..... ....... ........... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... .... ....... ....... ..... ....... ....... ... 1 97 8.4 A NÁ LI SIS TIPOLÓGICO Y CRONOLÓGIC O ..... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... .... ....... .. 2 01 8.5 A NÁ LI SIS D E LAS VAR IA BLES LOCACIONALES .. ..... ...... ........ .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ........ ..... ....... ...... 203 8.6 M ODE LO PREDICT IVO CON YACI MIENT OS CAM PANIFORMES ........ ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... .. 2 08 8.7 A NÁ LI SIS D E LAS DATACI ONES RADI OCARBÓNICAS .. ...... ..... ....... ..... .......... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .. 2 12 8.7.1 Suma de pro babi lidades d e dist ribución (SPD) . ......... ................ ................... ............... ............ ......... 215 8.7.2 P ruebas de hipót esis ........ ................... .................. ................ ................ ................... ................ ......... 21 7 8.7.3 An álisis espacio-te mporal .............. ................ ................ ....................... ............ .................. .............. 219 PARTE 4 UNA V ISIÓ N I NTR A SITE D E LAS DINÁMICAS DE OCUPACIÓN ENTRE LA S COM UN IDADES DE LA PREHIS TORIA RECIENTE .. . . .. . . .. ... .. . . . . . . . .. . . ... .. . . .. . .. .. .. . . . . . .. . . . . . . . .. . . . . . .. .. 223 9. CASOS DE ESTUDIO .. ........... .... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ........ ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... .. 2 25 9.1 M ONT E DOS R EMEDIOS ... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ........ ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ... 2 26 9.1.1 C ontexto g eográfi co y arqueológ ico ...... ............ ................ .................. ............. ....................... ......... 226 9.1.2 La interv ención arqueol ógica: Meto dolog ía y estr atigra fía . ............. ................ .................. .............. 228 9.1.3 E stru cturas ........... ................ .................. ................ ............ ...................... ................ ............... .......... 230 9.1.3.1 A gujero s de poste .... .................... ................ .............. ................ ................ .................. .............. 230 9.1.3.2 Cab añ as ident ificadas . .................... ................... ............... ................... ................ ................... .. 231 9.1.3.3 Z anja perime tral ... ....................... ............ .................. ................ ................ .................. .............. 235 9.1.3.4 Z anjas d e dren aje ......... .............. ................ ................ ....................... ............ .................. .......... 235 9.1.3.5 Fo sas y silo . .................. ................ ................... ............... ................... .................... ............... ...... 236 9.1.3.6 P avime ntos y reb ajes .. ............ ................ .................. ................ ............ .................. .................. 237 9.1.3.7 E struc tu ra s de co mbustión .. ............... ................ ............... .................... .............. ................. ..... 239 9.1.4 C ultura mater ial . ...... .................. ............. .................. ............. .................. ............ ................ ............. 241 9.1.4.1 F ragme nt os ce rámicos ............ ............ .................. ................ ................ .................. ................ .. 241 9.1.4.1.1 Cerámic a campa niform e . ................ .............. ................ ................ .................. ................ .. 243 9.1.4.1.2 Cerámic a tipo Penha .............. ................ ................ .................. ............ ................ ............. 24 4 9.1.4.1.3 Cerámic a lisa ..... .................. ............. .................. ............. .................. ................ ................. 245 9.1.4.1.4 Cerámic a pintada ..... ................ ............... .................... .................. ................ ............ ......... 246 9.1.4.1.5 Cerámic a incis o-imp resa ........ ............. ....................... .............. ................... ............. ......... 247 9.1.4.1.6 Cerámic a impres a no campan iforme ......................... .................. ................ ................... .. 248 9.1.4.1.7 Cerámic a indeter mi nada ......... ............ .................. ................ ....................... ............ ......... 249 9.1.4.1.8 S elecc ión de la muest ra .. ............ .................... .................. ............ ................... ............. ..... 250 9.1.4.2 In dustr ia lític a ... ............ ...................... ................ ................... ............ .................. ............. ......... 251 9.1.4.2.1 Tratami ento d e la muest ra .. ............... ............ .................. ................ .................... ............. 253 9.1.5 Data cione s radioca rbónic as . ................... .............. ................ ................ ....................... ............ ......... 254 9.2 O F UXI ÑO . ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ..... 2 59 9.2.1 C ontexto g eográfi co y arqueológ ico ...... ............ ................ .................. ............. ....................... ......... 259 14 9.2.2 La interv ención arqueol ógica: Meto dolog ía y estr atigra fía . ............. ................ .................. .............. 261 9.2.3 E stru cturas ........... ................ .................. ................ ............ ...................... ................ ............... .......... 263 9.2.3.1 Cab añ as ident ificadas . .................... ................... ............... ................... ................ ................... .. 264 9.2.3.2 A gujero s de poste .... .................... ................ .............. ................ ................ .................. .............. 268 9.2.3.3 Fo sas ......... .................... .............. ................ ................ ............... ............ .................. .................. 269 9.2.3.4 E struc tu ra s de co mbustión .. ............... ................ ............... .................... .............. ................. ..... 272 9.2.3.5 Z anjas .............. ................ ................ ............... ...................... ................ ............... ................ ...... 274 9.2.3.6 Cam ino tr adicion al ....... .............. ................ ................ .................. ............. .................. ............ .. 275 9.2.3.7 Ot ras p osibles est ructuras y alteracio nes ........... ............ ...................... ................ ................... .. 275 9.2.4 C ultura mater ial . ...... .................. ............. .................. ............. .................. ............ ................ ............. 276 9.2.4.1 F ragme nt os ce rámicos ............ ............ .................. ................ ................ .................. ................ .. 276 9.2.4.1.1 Cerámic as lisa s .... ................... ................ ................ .................. ................ ................ ......... 278 9.2.4.1.2 Cerámic as inde termi nada s y ot ras familias ............ ................... .............. ............. ............. 27 8 9.2.4.1.3 Cerám icas inciso-im presa s e impresa s no campaniformes ..... .................... ................ ..... 27 9 9.2.4.1.4 Cerámic as camp anif ormes . ............ ................ ................... ............... ................... .............. 279 9.2.4.1.5 Selecc ión de la muest ra .. ................ .................. ................ ................ .................. ............ .. 281 9.2.4.2 In dustr ia lític a ... ............ ...................... ................ ................... ............ .................. ............. ......... 282 9.2.5 Data cione s radioca rbónic as . ................... .............. ................ ................ ....................... ............ ......... 282 9.3 A P AT AQUEIRA . ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ........ ....... ..... ....... ...... 286 9.3.1 C ontexto g eográfi co y arqueológ ico ...... ............ ................ .................. ............. ....................... ......... 286 9.3.2 La interv ención arqueol ógica: Meto dolog ía y estr atigra fía . ............. ................ .................. .............. 288 9.3.3 E stru cturas ........... ................ .................. ................ ............ ...................... ................ ............... .......... 291 9.3.3.1 Z anjas .............. ................ ................ ............... ...................... ................ ............... ................ ...... 291 9.3.3.2 E struc tu ra s de co mbustión .. ............... ................ ............... .................... .............. ................. ..... 293 9.3.3.3 Fo sas ......... .................... .............. ................ ................ ............... ............ .................. .................. 293 9.3.3.4 A gujero s de poste .... .................... ................ .............. ................ ................ .................. .............. 295 9.3.3.5 Fo ndos de c abaña identificado s .. .................. ................ .................... ................... ............ ......... 296 9.3.3.6 E struc tu ra s inde termina das ....... ............. ....................... .............. ................ ................ ............. 298 9.3.3.7 A ntiguo c a mino y depó sito d e arcilla . ............ ................ .................. ................ ............ ............. 299 9.3.4 C ultura mater ial . ...... .................. ............. .................. ............. .................. ............ ................ ............. 300 9.3.4.1 F ragme nt os ce rámicos ............ ............ .................. ................ ................ .................. ................ .. 300 9.3.4.1.1 Cerám ica ti po Penha .......... ................ ................ ............... ............ ........................... ......... 301 9.3.4.1.2 Cerám ica campa nif orme ............ ............... ....................... ............ .................. ................ .. 302 9.3.4.1.3 Cerámic as de la Edad d e l Bronce Pleno ..... ................ .................. ................... ............. ..... 302 9.3.4.1.4 Cerámic a galaico -rom ana ............... ................... ................... ................ .................... ......... 303 9.3.4.1.5 Cerámic a his tórica ........... ................ .................. ............... ............. ...................... ............ .. 303 9.3.4.1.6 S elecc ión de la muest ra .. ............ .................... .................. ............ ................... ............. ..... 304 9.3.4.2 In dustr ia lític a ... ............ ...................... ................ ................... ............ .................. ............. ......... 304 9.3.5 Data cione s radioca rbónic as . ................... .............. ................ ................ ....................... ............ ......... 307 10. ANÁLISIS MIC ROESP ACIA L DE L POBLADO D E MON TE DOS R EMED IO S .... ....... ..... ....... ..... . 311 10. 1 C OMPROBACIÓN D E LA ALEATORI E DAD ESPACI AL COMPLETA ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ...... 3 11 10. 2 A NÁLISIS EXPLORA TORIOS DE DENSIDAD DE LOS AGUJER OS DE POST E Y LA CULTURA MATERIAL . ... 3 18 10. 3 A NÁLISIS TIP OL ÓGICO Y CRONOLÓGICO D E LOS AGU JEROS DE POSTE Y LA C ULTURA MATER IAL .. .. 3 27 10.3.1 Ag ujeros de p oste ...... ................... ............ ...................... ................ ................ .................. .............. 327 10.3.2 Cult ura mat erial ................. .................. ................ ................ .................. ............ ................ ............. 330 10. 4 A NÁLISIS DE PERCO LACIÓN .. ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ........... .... ....... ..... ....... ..... ....... .. 3 33 10. 5 R EMONTAJES Y ZONAS DE PASO EN EL AS E NTAM IENTO DE M ONTE DOS R EMEDIOS ..... ....... ..... ....... .. 3 41 10. 6 E STUDIO DE L AS CABAÑ AS IDENTIFICADAS E N M ONT E DOS R EMEDIOS ...... ....... ....... ..... ....... ..... ....... .. 3 50 1 1. A NÁLISIS MIC ROESP ACIA L DE L POBLADO D E O F UXIÑO ....... ........ .... ..... ....... ....... ..... ....... ...... 359 15 11. 1 C OMPROBACIÓN D E LA ALEATORI E DAD ESPACI AL COMPLETA ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ...... 3 59 11. 2 A NÁLISIS EXPLORA TORIOS DE DENSIDAD DE LAS ESTRUCT URAS Y LA CULTURA M ATERIAL . ....... ...... 3 65 11. 3 A NÁLISIS TIP OL ÓGICO Y CRONOLÓGICO D E LA CULTURA MA TE RIAL Y LAS ESTRUCT URAS . ..... ....... .. 37 3 11. 4 A NÁLISIS DE PERCO LACIÓN .. ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ........... .... ....... ..... ....... ..... ....... .. 3 77 11. 5 D ESPLAZAMIENTO D E FRAGMENTOS CER ÁMICOS Y DE ARTEFACTOS LÍTICOS EN EL INTERIOR D E L YACIMIENTO DE O F UXIÑO .. ........ .... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... .. 3 85 11. 6 E STUDIO DE L AS CABAÑ AS IDENTIFICADAS E N O F UXIÑO . ....... ........... .... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .. 3 87 11.6.1 Aná lisis es pacial de los fragm entos cerámico s de la ca baña elíptic a............. ................ ............... .. 394 12. ANÁLISIS MIC ROESP ACIA L DE L POBLADO D E A PA TAQUEI RA .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ..... 3 99 12. 1 C OMPROBACIÓN D E LA ALEATORI E DAD ESPACI AL COMPLETA ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ...... 3 99 12. 2 A NÁLISIS EXPLORA TORIOS DE DENSIDAD DE LAS ESTRUCT URAS Y LA CULTURA M ATERIAL . ....... ...... 4 05 12. 3 A NÁLISIS TIP OL ÓGICO Y CRONOLÓGICO D E LA CULTURA MA TE RIAL Y LAS ESTRUCT URAS DE A P ATAQUEIRA ..... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ....... .. 4 11 12. 4 A NÁLISIS DE PERCO LACIÓN .. ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ..... ....... ........... .... ....... ..... ....... ..... ....... .. 4 16 12. 5 E STUDIO DE L OS FOND OS DE CABAÑA DE A P ATAQU E IRA ..... ....... ....... .... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .. 4 23 PARTE 5 SÍNTESIS, CONCLU SIO NES Y PERSPE CTIVAS DE FUTURO . . . . .. . . . .. . . .. . . . . . . . .. ... .. . . .. . .. .. .. 437 13. SÍNTESIS . ....... .... ........ .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ........ ....... ...... 439 14. CON CLUSIONES Y PER SPEC TIVAS DE FU TURO ..... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ....... ........ ..... ....... .. 4 49 BIBL IOGRA FÍA .. ..... ....... ....... .... ........ .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ... 4 55 ÍNDICE D E F IGURA S . ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ........ ....... ..... ....... ..... ....... .... ....... ..... ..... 4 79 ÍNDICE D E TA BLAS ... ....... ....... ..... ....... ....... ..... ....... .... ....... ..... ....... ..... ....... ....... ..... .... ....... ....... ..... ....... ..... ..... 4 95 AP ÉNDICE ... ..... .... ....... ....... ..... ....... ..... ....... ....... .... ..... ....... ....... ..... ....... ..... ...... ..... ....... ..... ....... ....... ..... ....... ...... 505 RESUMEN En esta tesis do ctoral s e aborda e l e stu dio espaci al de l os yacimi entos h abitacionales de la Prehist oria Reciente de la C omunidad Autó noma de Galic ia, a l Noroest e de la Península Ibérica, mediante el uso de Siste mas de Informac ión G eográfica (GRASSG IS, QGIS, SAGA, ...) y programas de análi sis estadístic o de código abierto (R). De e sta forma, se realiza un análisis d el conjunto de hábitats de esta etapa de la Prehistoria y también una aproximación a la dinámica de ocupación y o rganización in terna de vario s hábitats: Monte dos R emedios (Moaña, Pontevedra), O Fuxiño (Piñor, Ourense) y A Pataqueira (Palas de Rei, Lugo). La propuesta m etodológic a y de estudio aquí d esarrollada ayudará a co mprender m ejor el fenómeno domésti co de nuestra c omunidad, y tam bién, a llevar a cabo u n plan inédit o en el contexto del Noroeste I b érico con el fin de reconst ruir la di námica interna que re gí a este ti po de sit ios y su e volución a lo l argo de m ás de tres m il años, desde l a adopción de la agricultura y la ganadería hasta la E dad del Bronce (4800-1200 a.C.). Palabras clave: Fenómeno doméstico, Prehistoria Reciente, tecnolo gías geoespaciales, estadísti ca, análisis multie scalar. ABSTRACT This doctoral t hesis will address the sp atial study of t he dome stic sites bel onging to the L ate Prehist ory of the Autono mous Communi ty of Galicia , in the Northwest of t he Iberian Peninsula, through the us e of G eogr aphic I nformati on S ystems (GRA S S GI S, QGIS, SAGA, ...) and open source statisti cal analysis programs (R). I n this way, an analysis of seve ral sett lements ascribed to that stage of Preh i story will be a ttempted as well as an approach to the dynamics of occupation an d i n ternal organization of some sit es: Monte dos R emedios (M oaña, Pontevedra), O Fuxiño (Piñor, Ourens e) a nd A Pataqueira (Palas de Rei, Lugo). Su ch a study proposal will lead to a better unde rstanding of the domestic phenomen on of our community and also to carry out an unpreced ented lin e of researc h in th e Iberi an Northwest, aimed at reconstruc ting the internal dynami cs that gove rned this type of s ites and their evolut ion over more t han three thousand years, f rom the adopti on of agriculture t o the Bronz e Age (4800-1200 a.C.). Keywords: Domestic phenomenon, L ate Pre history, geospatial tech nologies, statist ics, multi scalar analysis. 1. MARCO GEOGR ÁFICO La región estudiada e n es tas páginas s e encuentra al Sur de E uropa, en concreto al Noroeste de la Península Ibérica. Se t rata del t erritorio que ab arca la Comuni dad Autónom a de Galicia. En su pa r te meridional , hace frontera con P ortugal, mientras al Es te colinda con las comunidades autónomas de Asturias y C astilla y León (Figura 2). Galicia dispone de un perímetro coste ro mu y e xtenso, de 1. 659 km, que se dispone al Norte y al O este de la c omunidad, pr ácticamente e quiv a lente a la t otalidad de la c osta mediterráne a de la Pení nsula Ibérica. Ca si toda la lí nea d e co sta está b añada po r e l Océano A tlántico, a excepción de l margen N ororiental donde se encuentra el Ma r Cantábrico. Esta circunstancia proporciona a las comun id ades humanas un acceso directo a recursos p esqueros, que en s u mayoría se encue ntran pró ximos al continente, al tiempo que -unido al c arácter relativament e irregular del relieve galle go- ha convertido al mar en una importante vía de comunicación. En todo el te rritorio, unos 29.572 km 2 de su perficie, existe una a mpli a diversidad orográfica y pa i sajística (Fi gura 3). El relieve ti ende a ser s ua ve en gran parte de la regi ón, aunque e xist en Figura 2 : Ubicación de Galicia en Europa y e n la penínsu la Ibérica. En detalle, la divisi ón admini strativa actual y las cuatro pr ovincias gallegas. 28 paisajes montañosos que aparecen gradualmente en a ltura c onforme ava nzam os de Oeste a Este. Uno d e ellos e s el M acizo Galaico, di spuesto de Norte a Su r en el interior de la comunidad, compuesto por c onj untos montañosos c on c imas entre l os 800 y l os 1000 m (Fernández y F ern ández, 1996) 1 . Estas cord il leras pudieron haber dificulta do la movili dad de Este a Oeste y, por el contrario, haber fa vorecido el t ránsito de personas y obj etos de Nort e a Sur durante la Prehistoria Reciente (Ro dríguez Rellán et al. , 2009). Las sierras más destacadas son: Serra da Loba, Serra do Faro, Serra do Suído y Montes de Testeiro. Además de e s ta s cadena s m ontañosas, existen otras de m enor entidad que s e integran en el Macizo Gal aico, c omo son S erra do F a ro d e Avión, Serra do C areón, Serra da Cova da 1 De S ur a Norte: Mon tes de Para danta (1), Serra d o F aro d e Avión ( 2) , S erra d o S uí do (3) , Mon tes d e Testeiro (4), Serra do F a r o ( 5 ), Serra do Farelo (6), Serra do Careón (7), Ser ra da Cova da Serpe (8 ), Serra da Loba (9) y Serra da Falad oira (11). Figura 3 : Mapa físico de Galici a con l os principales accidentes g eográficos. (1) Montes de Paradanta, (2) Serra do Faro d e Avión, (3) Serra do Suído, (4) M ontes de Testeiro, (5) Serra do Faro, (6) Serra do Farelo, (7) Serra do Careón, (8) Serra da Cova d a Serpe , (9) Serra da Loba, (1 0) Serra da Capelada, (11) Serra da Faladoira, (1 2 ) Serra do Xistral, (13) Serra d os Ancares, (14) Ser ra do Courel, (15) Serra da Encina da Lastra y (16) Serra do Eixe. 29 Serpe, S erra do Fa relo, Montes de Paradanta y Serra d a Faladoira ( Figura 3) (Leiro Lois et a l., 2006). Este c onjunto de s ierras c onstituye una fronter a na tural entre las re giones del litoral Oest e de Galicia y el in terior d e la com unidad, lo cual i nfluye en el clima en a mbos espacios. Adem ás, estas tierras altas ofrece n recursos de dife rente tipo, en amplio contraste con aquellas zonas vinculadas a los v alles si tuados a los pi es de estas regiones montañosas. Además, esta cordille ra supone un paso obligado en l a comunicación entre l as áreas de costa y de in terior. Al Norte de Galicia s e c oncentran ot ras s ierras, d enominadas S ierras Septentrionales, que se extienden hasta la costa cantábri c a. Estas s on l a Serra do Xis tral y Serra da Capelada, las cuales m arcan el perfi l montañoso de la región y separan zon as deprimidas d el inte rior de L ugo, como Terra Chá, del litor al (Leiro Lois et al., 2006 ). El ot ro bl oque mont añoso de Galicia lo cons t ituyen las S ierras O rientales, ubica das –c omo su nom bre indic a– al E st e de la comunida d, en co ncreto, entr e l as provinci as de Our ense y de Lugo. S e extiende de Norte a Sur, bordeando así el lím ite admini strativo de la Comunidad Autónoma de Galicia y exte ndiéndose más allá de sus fronteras. Las cimas que alberga esta c o rdi llera son las más alt as de la región, superando los 1500 metros de altura y, en algún c aso - Figura 4 : Principales ríos de Galicia. 30 Serra do Eixe-, los 2000 m. Entre l as sie rras má s conocidas s e en cuentran Serra d o C ourel, Serra dos Ancare s, y Serra da Encina da Lastra 2 . Además, en la provincia de Ourense, se encuentra el Macizo Central Ourensano, próxim o a e stas Si erras Orientales . De e ste conglomerado de montañas desta ca Cabeza de M anz aneda, con unos 1780 metros de altura. En c onjunto e st as cadenas montañosas de gr an altit ud consti tuyen una fronte ra qu e cierr a el Noroeste Ibérico por su l ado oriental. También suponen una dificultad para el tránsito debido a lo esca rpado del terren o y los cambios de altitud ta n bruscos. Además de est os acciden tes geográficos, Gali cia t ambién es rica en rías y costas abruptas, estando más pre sentes e st as últimas a l Norte y Noroeste. Po r contraste, en las R ías Baixas s on más fre cuentes l as playas bajas y ar enosas, ubicadas algunas de ellas e n plena D epresión Meridiana (Figura 3). D icha D epresión co ns tituye uno de los accidentes geo gráficos más notables de la mita d occidental de Galicia y genera una serie de valles ce rcanos a la costa de la provincia de Pontevedra. Las t ierras llan as y los valles suele n form ar pl a ta formas int ermedias e ntre áre as altas. La Depresión de Ou rense es una de ellas y conecta el Macizo Gala ico con las estr ibaciones de l as Sierras Oriental es. Al N ort e de Galicia también se encuentra A T erra C há, un á rea m uy ex tensa en el inte rior de la provin cia de Lugo y encajad a entre di ferentes sie rras, como las Sierras Septentri onales, las Orientales y el M acizo Central (Fernánde z y Fernández, 1996). Entre este entramado de elevaciones y l lanuras fluyen una multit ud de rí o s que recorren tramos cortos y vi erten en el Océano Atlántico en su mayoría (Figura 4). La red fluvial que emerge desde el M a cizo Ga l aico está más próxi ma de la costa, al contra ri o de a quellos ríos que nacen en el in terior de Galicia (rí o Mi ño) o in clus o en la Co rdille ra Ca ntábrica ( río S il) (Fernández y Fernández, 1996). E stos río s conectan d istintas regiones del t erritorio gallego y proporcionan d iv ersos r ecursos qu e sin duda fueron aprovech ados por l as c omunidades humanas de la Prehistoria Reciente. Asimismo, en G alicia exist en diversos ti pos de s uelo, aunque los más habi tuales son los tip o franco y franco-arenosos (Figura 5). Los p rimeros est án presentes en el interior d el territorio gallego, s i bie n t ambi én aparec en en ab unda ncia e n l os principale s val les y e n la costa de la s Rías Altas. En c ontraste, los suelos franco-arenosos s on predominan tes en l a costa y s e intercalan c on los suelos francos en áreas del inter ior. Ambos t ipos de s uelo so n aptos para el cultivo, a unque las tierras fr anc as son de mejor calidad y mayor fert ilidad. E n e ste sentido, la s comunidades h umanas de la Prehistori a Reciente pudieron habe r aprovech ado estos suelos para actividades agropecuaria s y la ubicac ión de sus poblados pudo haber esta do condicionada por la proxi midad a uno u otro ti po de tierras. En cu anto al clima, este es suave e n la mayor parte del territori o de Galicia , simil ar a otras zonas del marco a tlántico . En la c osta, sobre todo en las Rí as Altas, las prec i pitaciones son má s abundantes que en otros puntos. Po r s u parte, en las Rías Baixas l as lluvias son m ás moderada s y la tempe ratura es más cá lida (Figura 6). En el inte rior de Gali cia el c lim a s igue siendo o ceánico en muc hos punt o s, aunque c on características c ercanas al c ontinental, como o curr e en l a pa rte central y oriental de la pro vi ncia de Ourense. Esto se agudiza, sobre todo, en l as cue ncas de los grandes ríos, como el M iño y Sil, donde se a lcanzan t empe raturas sup eriores a los 4 0º c entígrados en e l pe rio do estiva l (Figura 6). 2 También se encuentran o tras si erra s, como la de M eira, do Mir ador, Corno do Corvo, Fo llabal, Liña res e Uria (Leir o Lois et a l . , 20 06). 31 La orogra fía juega un p apel im portante en esta diferencia d e clim a en t re l a costa y e l interior. El M acizo G alaic o e s uno de l os responsables de estos c ambi os, al impedir que fluya el efecto suaviz ador de las t emperaturas que o frece el mar. Además, l os e xtensos valles interiores favorecen la concentración del calor propiciando el aumento de las temperaturas (F e rnández y Fern ández, 1996). Figura 5 : Mapa c on los tipos de suelo de Galicia. Cartografía extraída del servicio web del C entro de Supercomputación de Galicia (CESGA) y basada en el proyecto “Establecemento dun sistema experto de base tecnolóxica para a cuan tificación de propiedades de solos en Galicia (E M2012/060)” del Departamento de E dafología y Química Agrícola de la USC. 32 Figura 6 : Mapas de temperaturas (Cº) y precipitaciones (L/m 2 ) medias en Galicia. Extra ídos del Informe climatológico d el año 2021 (Met eoGalici a, 2022). 2. EL FENÓMENO DOMÉSTIC O EN LA PREHISTORIA R ECIENTE DE GALICIA La produ cción bibliográ fica sobr e el fenómeno doméstico de la P rehistoria Reciente de Galicia fue escas a y limit a d a hasta fi nales d el sigl o X X. Previamen te, a sist imos a una tradición arqueológica ga ll ega centrada principalmente en la investi gación de l fenómeno tumular, el arte rupestre al air e libre (petroglifos) y el mundo c astrexo. La mayor pa rte de estos elementos, por sus característi cas, son fácilmente reconocibles en el paisaje, al contrario que la gran m ayoría de los poblados al ai re libre de la Prehistoria Rec iente. Estas circ unst ancias, unidas a l a dificultad de d etectar arqueológicamente este t ipo de yacimi entos, hic i eron q ue –hasta é po cas relativamente r ecient es– s e desconociese la ubica ción de estos hábitats y gran parte d el m odo de vida de sus poblador es. Esta sit uación fue cam biando, aunque muy l entam ente, gra cias a a lgunos hallazgos fortuitos ocurridos a fi nales del si glo XIX y a lo largo del si glo XX, como las puntas de fl echa de síle x de L agoa de Ant ela (Ourense). Es sólo a partir d e l os añ os 80 y 90 de l pasado sig lo que empieza a incrementarse nue stro conocimie nto sobre el fenómeno doméstico de l a Prehistori a Reciente e n Galicia a través de proyectos de investiga ción e intervenciones prev entivas. Se presenta, a c ontinuaci ón, el estado de la cuestión acerca de los de scubrimientos de estos hábitats y sus principales característi cas y problem áticas. 2.1 L AS PRIMERAS INVE STIGACIONES DEL FENÓME NO DOMÉST ICO : U N REG ISTRO DI FUSO 2.1.1 De finales del si glo XIX al Seminario de Estudos Galegos (1 923-1936 ) A finales del siglo XIX, encontramos las prim er as referencias al f enómeno dom éstico prehistórico de l a mano de Federic o Maciñeira y Pardo de Lama. En u n artículo de 1893 publicado en la revista G alicia D iplomát ica, e ste autor rel aciona la ubi caci ón de los poblados lacustres con l a a p arició n de sociedades dotadas “ …de un superi or grado de cultura” . Afirma también que el registro es exig uo, dado que c ue nta tan s olo con los hall azgos de puntas de flecha de síl ex e n l a laguna de Antela, las cuales ya habían sido re feridas por Manuel Murguía (Maciñeira y Pardo de L ama, 1893, p. 127). De forma p aralela, en el m undo acadé mi co se estaba d iscutiendo el ori gen del campaniforme europeo. A utores como Schmidt (Schmidt, 1915) y Bo sch Gimpera (Bosch Gimpera, 1919, 1920 ) id entificaron la Pe nínsul a Ibérica como foco de exp ansión de este ti po cerámico hacia t oda Eur opa. E ntre e stos trab ajos figuran t ambién los de A lberto del Casti llo, en los que apoya dich o origen geográfico (1922, 1928). A su ve z, en Portugal, l as investigaciones de Marti ns Sarmiento y J osé L ui s de Pina en el Monte d a P enha (Si erra de Santa C atarina, Guimarães) mostraron la pre sencia de un tipo c o ncreto de cerámi cas en eolíti cas que pasaron a ser d enominadas con el epónimo de este yacimiento (Pi na, 1928, 1936). Con l a fundación del Semi nario de Estudos Galegos en 1923 se proporcionó un im pulso a l os e studi os de Prehistoria y Arqueología en Galicia. Dicha institu ción nació con la premisa de 34 estudiar y d ivulgar el p atrimonio cultural gallego, a demás de forma r a nue vos i nvestigadores en diferentes campos de las Letras y l as Ci encias (Casal García, 1984). De este seminario fue ron miembros autores ta n r elevantes com o A lfonso Daniel Rodrí guez C astela o, Vicente Ri sco o Ramón Otero Pedrayo los cuales -a su vez- eran responsables de di versas sec ciones y materias. También, e studio sos como Florentino López C uevillas y Fe rmín Bouza Brey fue ron miembros de este sem inario y autores d e referenc i a en investigacione s prehistórica s y arqueológicas. En los añ os 20 y 30 habían consta tado la exis tencia de camp aniforme y P enha en suelo gallego, parti cularmente en contextos t umulares (Lóp ez C uevil las & Bouza Brey, 1931). Con todo, apena s co n taban c on algunos a punt es s obre espacios domésticos de la Prehist oria de Galicia. En un artículo d e fi nales de los años 20 (López Cuevill as & B ouza Brey, 1929), ambos autores m encionan la care nci a de poblados e n eolíticos en oteros al N orte del río Duero, apuntando la posibilidad de q ue existan espa cios domésticos cercanos a l aguna s, como sugerían los ve stigios encontrados en la Lagoa d e Antela. Estos a utores a simil an l a cultura material de Galicia c on la e ncontrad a en el Norte de P ortuga l, en lo que califican com o “ cultura galego - minhota”. De esta forma, dist inguen un áre a especialmente rica al Su r del Duero y otra –más pobre– al Norte de di cho río, aunque poniendo de manifiesto que se trata de una mi s ma cultura con un grado de de s arrollo diferente. 2.1.2 Desde la Post guerra hasta los años 80 Tras la Guerra Civil y los prim eros años de la dictadura franqui sta, surgen nuevos organismos como el Insti tuto Padre Sarmiento d e Estudios Galle gos 3 , donde muchos autores del Semina rio de Estudos Galegos (S EG) encontraron su nuevo luga r de trabajo. También aparecieron revistas c omo Cuadernos de Estudios Gall egos y El Museo d e Pontevedra, en las cuales se publicó l a m ayor parte de la producción científica del m omento (Acuña Castroviejo et al., 1979). En l os años 50, el Muse o de P ontevedra comi enza a publicar las conoci das c omo C artas arqueológicas (Fil gueira Valverde & García Alén, 1953, 1955). Los a ut ores de estos trabajos realizaron un inve ntario de l os restos de material es arqueológicos de los que s e tenía constan cia hasta el momento en los diferentes ayuntamient os de l a provincia de Po ntevedra. En dic has cartas, se p u eden e n contrar menciones a dispersione s de mate riales y hall az gos casuales salidos a la luz tras la afe cció n de alguna obra pública o privada o bie n tras una intervenc i ón arqueológica. Dando un s alt o a los años 70, nos encontra m os con algunas referencias a l fenómeno doméstico en el noti ciario de la revis ta Prehistoria (Rodríguez Seoane & D íaz Álvare z, 1 973). En este trabajo, los autores sugi eren q ue la arquitectura pr esente en los há bitat s prehistóricos gallegos s ería a base d e pala fitos o construccio nes lacustres. Se apunt a, por l o tanto, a la posibili dad de encontrar este tipo de yacimiento s a lo largo de la R ía de Vi go. Más de stacada es la obra Hi storia de Galiza , publicada en 1973 de la m ano de Ramón Otero Pedrayo, que i ncluye una sec ción d e P rehistoria realizada por Floren t ino Lópe z C uevillas (Otero Pedrayo, 1973). E n ella, se rema r ca la inexi stencia de poblados neolí ticos o calcolíticos en el Noroeste p eninsular, c omparando di cha s ituación con la portuguesa y l a del Sur peninsular 4 . 3 Es ta institución se f undó en 1944 y puede ap arece r en la bibliografía po r sus siglas IPSEG. 4 Florentino López Cuevillas d estaca la presencia d e poblado s como lo s de Ób idos, Rotura, Pavi a, Pragança, Ch ibanes e Vi l a n o va São Pedro en Por tugal, y los de Tres Cabezo s, El Garcel, L os Millares y Almi zaraque en Almería. 35 Cuevillas destaca la esca sez de cultura ma terial en los lugares de habitación gallegos, así como su ubicación prefer ente en “ …sit ios chairos e abertos e en contados c asos nalgún monte que nunca pr esenta vestixios de forti ficación artif icial. ” (Otero Pedrayo, 1 973, p. 75). El autor se ha ce eco de los descubrim ientos en Monte da Pe nha , y a firma que la cultura m aterial pre sente en el ya cimie nto no perte nece a un mismo mome nto de ocupación. Otro de los hallazgos producidos e n esta época fu e el realizado durante l a construcción de una ca rretera de Vill acastín a Vigo, donde –a l a altura de l a yuntamiento de S andiás– aparecieron varia s ha chas de piedra, entramados de madera y un t ronco vacío. Todo ellos se extrajeron d e una zon a la custre y quizás form aron parte d e un a construcció n que no se pudo o supo identi ficar en el momento. Además, se localizaron o tros dos sit ios, uno en Duio (F is terra) y otro en Doniñ os (Fe rrol), con característi cas simil ares a Sandiás y Lagoa de Antela. Ambos est aban en zonas húmedas y se encontraron restos de maderas conse rvadas entre e l barro. En el caso de Duio, aparec ie ron algunas cerámicas c amp aniformes y u n puñ al de c obre (Oter o Pedrayo, 1973). Por últ imo, Cuevill as menciona a lg unos hallazgos s ueltos en Sil leda y en Ortegal , funda mentalmente hachas pulidas. A finale s de l os años 70, se re aliza un estado de la cu esti ón sobre la Prehistoria y Arqueología ga llega s de l momento (Acuña Castrovi ejo e t al., 1979). En él se i ncl uye un capítulo sobre el campaniforme en el que se menciona el yacimi ento de O Regueiriño (Moaña, Ponte vedra). No obst ante, las excavacione s re alizadas en este luga r, la s prime ras en u n yacimie nto de e ste t ipo e n nuestra comunidad aún permanecían inédit as en ese m omento. Junto a este, t ambién s e mencio na l a presencia de otros re stos en superf icie en Fisterra, que ya habían sido apunta dos por Cuevillas (Otero Pedrayo, 197 3). Ya e n lo s primeros años de la d éca da d e los 80, Jos e Manuel Vázquez V a rela, publica el lib ro La s raíces de G alicia (Vázquez Varela, 19 80). P ara el Neolíti co, el autor arg umenta, a través de análisis polí nicos, la posible exist encia d e un h orizonte neolí tico premegalíti co, dada la presen cia de pl antas vinculadas a culti vos y deforestaciones que s e ubicarían cronológicamente en el IV mil enio a.C. Vázquez Varela apuntaba c omo ej emplos de hábitat de este p eriodo a O R eiro (Arteixo, A Coruña), r ecientemente d escubierto. All í, la excavac i ón realizad a por J. Rami l Soneira en 1978 s acó a l a luz indus tria líti ca y cerám icas enc uadrabl es en el N eolítico (Vázquez Varela, 1980). Otro de los sitios me ncionados f ue el de O Regueiriño intervenido por Antonio Costa y con una c erámica atribuída al IV mil enio a.C. En ambos c asos, no se detecta ron ev i denci as de estructuras domésti cas de ningún tipo. Para la etapa c alcolít ica, V á zque z V ar ela destaca la introducción de la m etalurgia, la cua l llegaría –s egún é l– d e sd e el centro de Portugal. El campaniforme tam bién s e inc luiría en e l repertorio m ate rial de est a época, estando pres ente sobre todo en t ú mulos , a sí c omo en el siti o de O Regueiriño (Váz quez Varela, 1980). Para l a Edad del Bronce Ini ci al, no apa recen cla ros ejemplos de poblados, s iendo lo más habitual los de pósitos me tálicos. E l autor menc iona los de R oufeiro (O urense) y L eiro ( A Coruña) (V ázquez Va rela, 1980). Esta situación s ería se mejant e a la d el Bronce Medio , d ado que no se cono cía ningún espacio doméstico de esta época (Vázque z Varela, 1980). El panorama prehi stórico que muestran Cuevillas, Ac uña Cast rovi ejo y Vázquez Varel a es el más completo re alizado hasta aquel moment o. Est a actualiz ación de lo s dato s re specto al modo de vida y, sobre todo, a lo s espacios domésticos de la Prehistoria Reciente i rá mejorando progresivamente. Con todo, en este m omento solo se contaba con un par de yacimiento s de referencia e inform ación parcial y es casa para caracteriza r el fenómeno domést ico gallego. 36 2.2 L A INVEST IGACIÓN A PAR TIR DE LOS AÑOS 80 Desde los años 80 hasta n uestros días s e han realizado escasos proye ctos d e investigación en comparación con el gran número de p lan es de corrección de impacto patrim onial y a rqueológico ejecutados en el marco de arqueología p reventiva o de urgencia (Figura 7). Entre la dé cada d e l os 70 y la de los 90, la acti vidad científic a se c oncentró en va rias regiones ga llegas: O M orrazo (Ponte vedra), B aix a Li mia (Ourense) y el á rea de Boce lo-Furelos (A Coruña), estudiada s d e manera más o menos in tensiva por di fere nt es grupos de investi gación e i n stituciones gallegas, como e l Museo de Po ntevedra o la Universid ad de Santia go (Figura 8) (Criado Boado et al., 199 1a; De l a Peña Santos & Patiño Góme z, 2006; Eguileta Franco, 1999a ). No obstante, l a m ayor pa rte de los y acim ientos en estas á reas fueron i nvestigados de manera puntual y con e scasos recursos e conómicos. En po cas oca siones s e contó con un proyecto de investigació n con financiación públic a con el que a hondar en el estudio d e las estrategias de oc upación del t erritorio po r parte de l as comunidad es p rehistó ricas. Un e jemplo de esto últ imo fue el pr oyecto del área d e Boc elo -Fure l os dond e s e pud ieron plantear ta nto prospec ci ones como exca vaciones en dive rsos puntos. 2.2.1 Arqueología en O Morraz o y en la provincia de Ponte vedra Los primeros e stu dios siste máticos sobre a sentam ientos a l ai re l i bre de la Prehistoria Reciente se realiz aron en l a comarca de O Morrazo, pro vi ncia d e Ponte vedra. En esta zona s e había c reado el Grupo de Arqueología “Alfredo García Alén ” en 1981, que cont aba con diversos colaboradores, a lgunos de ellos per tene cientes al Museo de Pontevedra. Esta agrupación se pre ocupó por la prosp ección e intervención de ya cimiento s prehistó ricos (túmulos, pe trogli f os y asentamientos), además d e otros restos de época h istórica (De la Peña S a nt os & P atiño Góme z, 2006). E ste grupo t ambién editó una serie de tra bajos, Traballo s de Figura 7 : Excavaciones realizadas en proyectos de investigació n e interve nciones de urgencia d esde 1976 hasta 2018 en yacimientos domésticos d e Galic ia. 43 referentes c laros de invest igación en est e s entido s iguen siendo, aún a día d e hoy, O Morrazo, Bocelo-Furelos y Baix a Lim ia (Lima Oliveira, 2 000). Además, el impa cto de la c risis económica de 2 008 propició u n descenso en l as ayudas pro cedentes de lo s princ ipales organismos públi cos y u na dismi nución en la cuantía de estas. Con esta situación, no se pudo avanzar de maner a significativa en la investiga ción. A pesar d e e stas di ficult ades, en e s tas p ri meras dé cadas del sigl o XXI, nos encontramos con varios proyectos de investigación en los que se intervinieron yacimiento s domésticos de la Prehist oria R eciente. Un o de ell os se de s arrolló a partir d e 2005, vinculado al estudio del á rea paleolíti ca de Cha n do C ereixo (Gondomar, Pont evedr a ) (Villa r Quinteiro, 2009), una zona descubierta ha ce más de 25 años. Dicho proy ecto fu e fi nanc iado por la Fundación P edro Barrié de la M az a y prom ovido por el I nsti tuto de Estudos Miñoranos (I EM) (Villar Quinteiro, 2009). Tras d os fases de prospe cción de la zona, se proc edió al sondeo en varios punt os, siendo uno de estos el de As Campurras, ubi cado en el entorno próximo d e un petroglif o con cazoletas (Villar Quinteiro, 2009). En e sta área s e de sc ubrió un pa vim ento c on una e stela triangular hincada e n s u pa rte Oeste, además de un fo ndo de cab aña y var i os aguje ros de pos te. Los escasos restos de c ultura m aterial documentados pa recen s er coherentes con l as dataciones radioca rbónicas que sitúa n la ocupación del sitio entre el V y IV milenio a .C. (Villar Quinte iro, 2009) (Tabla 2 ). En de finitiva, As Campurras pudo h aber s ido un área de activi dad vincul ada a la creac ión de una serie de grabados al aire libre. También gracias a otro proyecto de investigación, se retomaron l as inte rvenciones en los túmulos del islote de Gu idoiro Areoso en 2011, que se h abían i niciado y a e n l os a ños 8 0. E n estas nuevas actuaciones s e ide ntificó una disp ersi ón de cerámicas en el is tmo de la isla, en concreto en un paleosue lo que había emergido por la acción d e la mar ea. E stas pi ezas se consideran c o mo restos de un asentamiento de la Edad del Bronce (Vil aseco Vázquez & Re y García, 2012), ya en el II milenio a.C. Más t arde, e n el año 20 15, s e realizaron una s e rie de actuaciones arqu eológi cas en un asentamiento reciente mente descubie rto, el s itio de Ch an do Cerqu eiro (Boi ro, A Co ruña). Estas labores se d esarrollaron en el marc o del p royecto de investi gación “Ocupac ión de las zonas alta s del Nororeste Peninsular a lo larg o de la historia: la Sierra del B ar banza (A Co ruña) ” mediante el cual se p udo efe ctuar di versos t ra bajos encaminados a a naliz ar de m anera diacrónica l a ocupación humana en la Si erra del B arbanza desde el Neol ítico hasta la Edad Media (Barb eito Pose et al., 2018). Dentro d e e stos tra bajos, s e p rocedió a la prospección de los m ontes d e Bealo y Ma cenda en la primavera d e 2015, c oi ncidiendo con la c ort a d e madera tras un inc endio. E l trán sit o de la maquinaria forestal pro v ocó l a formación de zanjas en las que afloró material soterrado (Figura 11). E n su m ayoría fueron resto s de c erámicas de c oradas y li sas pe ro tambi én un núme ro m uy importante de puntas de flecha de b ase cóncava y otras pie zas lít icas (Barbeito Pose et al ., 2018). E n la prospe cción i ntensiva se re cogieron unas 1800 p iez as, po r lo cual s e planteó una excavación basada en sondeos en diversos puntos para los siguientes años, desde 2016 a 2018. Durante los mismos se r egist ró una i ngente c anti dad de fragmentos ce rámicos, entre los que destacan cerámicas tipo P enha , tr iángulos re llenos de p untos, d ecora ciones en espiga y numerosas punt as d e flecha en di versos estadios de fabrica ción que –junto a l os restos de talla y retoque– dejan bastante clara l a existencia de act i vi dades d e fabricación d e proyect il es l íticos en este yacimiento. Aún sin a plicar un a metodolo gía de excavación en á re a y con los esc asos metros cuadrados int ervenidos, se rec uperaro n más de 7000 pie zas, entre industria lí tica y cerámica. Esta caracterís tica hace que Chan do C erqueiro se a, inclu so por delante de L avapés 44 (Cangas, Pontevedra) (De l a P eña Santos, 1984a ), el asentamiento con mayor co nce ntración de cultura material de l a Prehist oria Reciente gal l ega. Falta con firmar s i existieron e s tructuras, como za njas o fondos d e c abaña, en l os sectores intervenidos. La difícil di fe rencia ción entre construcciones antrópicas real izadas con m ateriales perecederos y altera cione s naturales de l sustrato así como la elevada a l teración que ha sufrido el yacimiento ha cen compleja la identific ación d e posibles cabañas, zanjas u otras e s tructuras creadas por el ser humano. Por últ imo, hay que desta car qu e aún no se di spone de dataciones radiocarbónicas fia bles para Cha n do Cerqueiro. S in em bargo, la aparición de cerá mica t ipo Pen ha y la ausencia de Campaniforme hace que se puede ap ortar una c ronologí a re lativa que ubicarí a dicho espacio en la primera mitad del III m ilenio a.C. Con todo, no debe descartarse que exist iesen ocupaci o nes posteriores, del II milen io a.C., e incluso de la Edad del Hierro o ya e n épocas históricas (Barbeito Po se et al., 201 8). Al igual q ue en otros yacimientos de la Prehistoria Reciente, este sitio, seguramente, fue reocupado en varias ocasi ones, como evide nciaría l a inge nte acumulación de m aterial. Aparte de las intervenciones realizad as en su mayoría en las provin cias de A C oruña y Pontevedra, existen e videncias d e pre sencia de c omunidades de la Prehistoria Reciente en l as sierras o rientales d e Lug o. En la cavidad d e Vald avara 2 (Bece rreá) apareció la inhumación secundaria de individuos infantil es (Rodríguez et a l., 2009) mientras en Cova E irós se registró el úni co recipiente cardial de Galicia, v inculado q uizás a cuest iones ritua les o funerarias de poblaciones de los ú ltimos caz adore s-recolectores o las prime ras comunidades agricultoras de nuestra comunidad (Fábregas V alcarce et al., 2019). Grac ias a estudios como este, s e ha comenzado a completar el a ún en orm e vacío de háb itats prehistóricos de t ectados en es ta re gión m ont añosa de Galicia. Figura 11 : Distribución de los restos recu p erados en las p rospecciones del sitio de Chan do Cerqueiro (Boiro, A Coruña) (Barbeito Pos e et al., 2018). 45 2.3 O BRAS PÚBLI CAS : DESDE LOS AÑOS 70 HASTA NUESTRO S DÍAS Las grandes ob ras públicas re alizadas entre l os años 7 0 del si glo XX y la a ctualidad h an transformado el territori o galle go y, a su vez, nuestro ent endimiento s obre la Prehistori a Reciente de Galicia (Figura 12). Los proye ctos de gra n enverga dura, como autovías, autopist as, gasoductos, v ías f érreas, e ntre otros, h an si do los responsables de la apertura d e mile s de m etros cuadrados de terreno dond e se registraron asentami entos prehistóricos de gr an extensión y con gran riqueza de cultura ma terial. De esta forma, se abrió un nue vo perio do para l a a rqueología prehistórica gallega que dista, en núm ero de ya ci mientos catalo gados y con ocimient o general del fenómeno doméstico, de la década de los 80. Entre los años 90 y hast a el año 2008 se asiste a un contexto prolí fico e n a ctuaciones arqueológicas en el que prospeccion es y exc avacione s se reali zan ca si inin terrumpidamente hasta el estallido de l a crisis económi ca de 2008. En este momento, no solo los asent amientos prehistóricos d e la Prehi storia Reciente se vieron afectados por l a dinámica constru ctiva. Los monumentos funer arios mega líticos o tum ulares, coetáneos algunos de ellos a estos pobl ados, se vieron afe ctados por diversas obras p úblicas, l as cuales ocasio naron bie n la destrucción parcial d el siti o arqueológico o bien su total d esaparición (F ábregas Val carce & Vilas eco Vázquez, 2008). La m isma tenden cia d est ructora se registra en el caso de los yacimi entos domésticos. Estos fueron e xcavados e n extensi ón, pero ra ra vez s e lle gó a a barcar la tot alidad Figura 12 : Yacimientos d omésticos excavados en obr as públicas y privadas desde inic io s de los años 70 en adelante. Detallamos los trazados de la s pri ncipales obra s públicas. 46 de l a superficie que se presum e que habrían ocupa do. Ade más, tras l as l abore s de excava ción y registro, quedaron sepultados bajo la obra públi ca construida en su lugar. 2.3.1 Intervenciones en obr as li neales previas a los años 90 Previamente a l as gra ndes intervenciones a rqueológi cas que se h an reali zado desde los año s 90, se e fectuaron algunas excavacione s punt uales e n obr as lineales. E n concre to, varios yacimientos de l a península d e O Morrazo (Pont evedr a ) como A Fontenla y O Regueiriño (Moaña), Chan da Arm ada (Vilaboa) y Chan do Co iro (Cangas) se vieron afectados por diversos tramos de ca rreteras en la década de los 70 y 80 (De la Peña Santos & P atiñ o G ómez, 2006, pp. 64–67; Garcia Lastra Merino, 1988). A Fontenla y O Regueir iño fueron int erven i dos tras l a construcción del ensanche de l a carretera Domaio-Monte Do Faro, y en ellos se rec uperar on restos mate riales pe rtenecientes al III mil enio a.C. A Font enla se intervino en 1978 y 1982, documentándose cerámi c as lisas e incisas, puntas de flec ha de ba se p lana y restos d e campaniform e. Dicha cultura material o torga una cronología relativa a este espacio de en torno a la se gunda mit ad del III m ilenio a.C. , aunque la datación realiz ada a unas bellotas carbonizad as también muestra una o cupación pr evia de transición del IV al III mil enio (3331-2909 a.C. ) (Tabla 2) (De la Peña Santos , 1984b; De l a Peña Santos & Rey García, 1993). O Re gueiriño fue intervenido en m ás o casiones, desde 1976 h asta 1978, pero buena p arte de sus d atos siguen inédit os. Más ta rde, en 1982, se volvió a intervenir y s e pudo esclarec er l a estratigra fí a y tom ar muestras para análisi s pa leoambientale s (De la Peña Santos, 1984c). Tras esta excavación, se re gistraron bastant es rest os cerá micos con diversas de coraciones (in cisas e i m pr esas) pero no se re sol vió a qué momento se a dscribe cronocul turalment e el ya cimient o. En Figura 13 : Arriba: Est ructuras d etectadas en algunas de las cuadrículas interiores del yacimiento d e Chan da Armada (Vilab oa). A bajo: Otro sector de la mism a excav ación (Garcia Lastra Merino, 1986). 47 2003 el lugar volvi ó a excav ars e a c ausa de l as ob ras de l C orredor do Morra zo (Cria do Bo ado & C abrejas Domínguez, 2005) y se amplió l a información sobre su ocupaci ón. Ambos s itios, A Font enl a y O R eguei riño contienen cultura m ateria l en posició n secundaria, que se habrí a de splazado d esde un pu nto más elevado debido, pri ncipalmente, a la dinámica de vertie ntes r egi strada en la la dera del Monte Xaxán, que habría provocado e l arrastre de dichos m ateriales. Con respecto al ya cimiento de Ch an da Armada ( Vilaboa) ( Figura 13), este se excavó t ras la apertura d e una pi sta f orestal asfaltada que s eccionó una s erie de fosas abiertas en el hori zonte mineral (Garcia Lastr a Mer ino, 1986). En e l e ntorno de estas fos as a pa recieron tam bién restos de ce rámicas campanifor m es que pueden fe char e sta área de activi dad en l a segunda mitad del III milenio a.C. Este de scubrimiento, j unto con los dos anteriores, pe rmi tió confirm ar la presencia de hábita ts del Neolíti co y el Calcolític o en la península de O Morrazo. Por último, ta mbién e xis t en algunas refer en cias de otro yacimiento intervenido de bi do a la construcción de una carretera. Este fue el sit io de Chan do Coiro (Cangas) 7 , en el que se registraron lasc as de cris tal de roca y fragmentos d e cerámica campaniforme asociados a un posible fondo d e cabaña seccionado por la calzada . A demás de estos vestigi os y estructuras, se obtuvo una da tación radi o car bónic a coherente con la cultura material rec uperad a y que sitúa cronológicamente la o cu pación del sitio en la seg unda mi tad del III milen io a.C. (CS IC-770: 2476-2034 a . C.) (Ga rcia Lastra M erino, 1988; Patiño Gó m ez & Nores S oliño, 1987) (Tabla 2). 2.3.2 La construcción del Oleoducto A C oruña-Vigo y la Red de Gasi ficación de Galicia En l os años 90, uno de l os grandes proye ctos de obra pública en Galicia fue el del Oleoducto A Coruña-Vigo (1 992-1993), promovi do por la Compañía Logístic a de Hidrocarburos (CL H ) y en el cual participó el Laboratorio de Arqueología de l Paisaje (USC). El oleoducto se extendió desde A Coruña hasta V igo, atravesando así b uena p arte de l in terior de la provinci a de A Co ruña y Ponteve dra, dirigié ndose luego hacia el lit oral tras s u lle gada a la ciuda d olívica. En su trayecto, se re gistraron un buen número de y acimientos dom ésticos prehistóricos, sobre todo al Sur de la provincia de Pontevedra. Desafortunadamente, d e dicha obra contamos con escasa información, tanto en lo que respecta a l as prospeccio nes c omo a las exc avaciones de los ya cim ientos e n contrados. Algunos de los siti os arqueológicos ide ntificados vue lven a aparecer en t rabajos posteriores, dado que se volvieron a int erven i r con mo tivo de la apertu ra de zanjas par a la Red d e Gas i ficación d e Galicia, que – en al gunos t ramos– comparte tr aza do con el ol eoducto. Este es el c aso de los yacimie ntos pont evedreses de C oto Cosel (Pazos d e Borbén), Ca rtas de Vila r (Mos) y P orto dos Valos (Mos), de l os cual es tan solo contamos con información de int ervenc iones posteriores (Lima Oliv eira, 2000; Martínez Lóp ez et al., 2000). También existen menciones a otros yacimientos domésticos de la provincia de Ponte vedra en t rabajos de c arácter ge neral, como ocur re co n los sitios de Peit ono de Abaixo/ Chaián y Trambosríos (M oraña), y Ro za de Mateo (Campo Lame iro) (Gonz ález Góm ez, 1992; P rieto Martínez et al., 2002; Villoch V ázquez, 2000). De otros lugares, sin emb argo, ta n solo exis te la ficha d el i nve nt ario general d e ya cimient os de l a Dirección Xer al de P atri monio Cul tural e información aneja en documentación correspondi ente a la obra (controles arqueológicos, informes, etc.). 7 A p e n as t enemos información acerca del siti o d e Chan do Coiro dado que l a ma yor p arte de su in tervención s e encuentra i n é di t a , por lo que los datos obtenidos son aproximados. 48 Durante la construcc ió n del oleoducto se regi straron u n tot al de 71 yacimientos arqueológicos, d e l os cual es unos 18 se c orrespond en con espa cios domé sticos de la Pr ehistoria Reciente (Méndez Fe rnández et al ., 1995). L a mayoría de estos se correspondían con dispersiones de materi al cerámico e in dustria lí tica que no e xcedía l os 50 í tems. En ocasi ones, aparecieron útile s de molturación, además de fragmentos de c erám ica tipo P enha y campaniforme que los ad scriben al III mile nio a.C. El registro arqueológico ge nerado tras la cre ación del oleoducto sirvió de ba se para d etect ar nuevos yacimientos dura nte las obras de la Red d e G asific ación de Galicia (1996-1998). E sta red tiene una extensión de 700 km, aba rcando des de Ribadeo hasta Tui, y u n desa rrollo en ar co con orientac ión NE -SW. De este tronc o princi pal pa rten va rios ramales secu nd arios, en dirección O urense, Lugo, A C oruñ a, Fer rol y S an Ciprián. A su vez, estos cone ctan con la s Redes de Distrib ución para las zonas urbanas y áreas i ndust riales perifé ricas de las mis mas (González Méndez et al., 1995). El L aboratorio d e A rqueología de l Paisaje int erviene también en esta gran o bra públic a con el objetivo de mitigar el impacto arqueológico de l a c onstrucción del ga soducto a t ravés de un proyecto de arqueología preventi va (González M éndez et al., 1995). Este modelo de act uación es semejante al que s e aplic a en el caso de la const rucción de las autovía s Lugo-A Coruña y Ourense-Porriño a cargo del Mini sterio de Obra s Públic as y Transportes (M.O.P.T.) ( Méndez F ern ández et al., 1995). En el caso de la obr a del gasoducto, esta fue d e mayor extensión que la del ole oducto y afectó a un número c ons iderable de y acimientos ar queológicos. Exi sten varias publicaciones e n los Cuadernos y Trabajos de Arqueologí a y Patrimo nio (en sus siglas CA PA y TAPA) d el CS IC, dond e s e resumen l as a ctividades realizadas, tanto prospecciones como excavaciones. En total, Figura 14 : Estructuras de combustión det ectadas en A) A Gándara/Lameir a, B) Cartas de Vilar y C) Porto dos Valos (Lim a O liveira, 2 0 00). 49 en esta obra pública se inventariaron unos 26 y acimientos domésti cos de la Prehisto ria R eciente, 17 de los cuales fueron e xcavados. Siguiendo la d inámica arqueológica de la época, la inmensa mayoría de los yacimie ntos fueron i ntervenidos mediante sondeos d e pocos metros cuadrados de s upe rficie. L os m ate riales recuperados fueron es casos y, a menudo, asocia dos a estructuras d e com bust ión datadas e n el Neolític o. Hábit ats de e ste t ipo s on los de Porto dos V alos, Cartas de Vilar 4 y A Gándara/Lameira (Figura 14), en el ayuntamiento de Mos (Ponte vedra) (L ima Oliveira, 1999), o el de As Pont es, en Aba dín (L ugo) (Lima Ol i veira, 2004). A l as a fueras de Sa ntiago de Compost ela (A Coruña ) t ambién se int ervinieron yacimientos similares, como los de P edra I/Penouco, Rami l y Pedra II/Agra dos Campos (Parcero-Oubiña & Co bas Fernánd ez, 2005), con una cultura ma terial pertenec iente al Calcolíti co. En otros ya cimientos de la zon a de Sa ntiago se regist ran estructuras de d iversa índole, como fosas, zanja s y agujeros de poste. Entre los espa cios domé sticos más d estacados se encuentran l os de Mirás de Arriba (Ames, A Coruña), Ramil , A Silvouta, Portabríns y O Cargadoiro (Santiago de Comp ostela) (Parcero- Oubi ña & Cobas F ern ández, 2005). En Pazos de Borbén (Ponte vedra) t ambi én se i nventariaron s it ios con z anjas, como so n Arieiro y C oto Cosel (Lima Oliveira, 1999), y se reg ist raron fosas a sociadas a la pri mera m itad del III mi lenio a.C. en el caso de l sitio de Saí dos das Rozas (Campo La meiro) (Prieto Martín ez, 2005). Por otro lado, el yacimiento de Monte Bux el (Redondela, P ontevedra) fue e l único intervenido en área, lleg ando a aba rcar la excavaci ón más de 1000 m 2 . Dich o lugar se c omponía, sobre todo, de fosas gl obulares utiliz adas para e l almacenaj e de c ereal d urante l a Edad del Bronce (Lima Oli veira e t al. , 1998; L ima Oliveira & P rieto M artínez, 2002). Este hábitat es inusual dentro de la ob ra del Gasoducto d ada la ingente c oncentra ción de m ateriales y estructuras invent ariadas. En general, las intervenciones rea liz adas tanto en las obras del oleoducto como del gasoducto mos traron alg unas de l as áre as d e activi dad y asentamientos de las co muni dades de la Pr ehistoria Reci ente, al m enos, en las áre as l itora les e interior es de la s Rías Baixas, el i nterior de la provi ncia de A Coruña y N ort e de Lugo. La s evidencias de ocupació n son he terog éneas, bien por el est ado de conservación de los s itios com o por l a cantidad de cultura material o estructuras registradas. El inventario ge nerado no pe rmite c onstatar si est as á reas de actividad se i ntegraban dentro de yacim ientos de m ayores p roporciones o si, por el contra rio, se tra taba de ocupaciones esporá dicas y de cará cter temporal. 2.3.3 I nte rvenciones arqu eológicas en autovías y autopistas de Galicia 2.3.3.1 Autovía s real iz adas dura nte los años 90 Con moti vo de la construcción d e varias autoví as en la provincia d e Ponte vedra, diversas e m presas d e Arqueología realiza ron intervencione s d e gr an c alado en va rios yacimie ntos de la Prehisto ria Reciente a lo largo d e la década de los 90 del pasado siglo. La prim era ex cavación fue la prac tic ada en Gándaras de Budiño (O Porriño), debido a la construcción de la Au tovía A- 55 (1991-1993) que uniría Vigo con Tui . Este lugar, bien conocido por albe rgar ve s tigios paleolíticos (Aguirre, 1964; Nonn, 1966; V idal Encinas, 1982), fue sonde ado en vario s puntos, apareciendo en uno de ellos fragmentos cerámicos campaniform es (Prieto M artínez, 2011b). La fa l ta de asociac ión c on estructuras y l a dispersión de los re stos ha ce pensar que d ichos resto s pertenecen a un áre a de actividad a l aire l ibre (Prie t o Martínez, 2011b) más qu e a un as ent amient o de mayores proporc iones. 50 En 1994, se inició otro proyecto de obra l ineal en la provi ncia de A Coruña, denominada Autovía del Noroeste (A-6). En este caso, se d etecta ron dos yacimientos domésticos: Fre án/A P ita (Arteixo) y As Cruces/R eborica (Ar anga) (Bonil la Rodríguez, 2 011; Prieto Martínez, 2001). En el caso de Freán/A Pita, se excavaron menos de 100 m 2 , descubriéndose algo más de 500 pi ezas de industria lític a y cerá mi ca, entre las que destacan restos de cerámic a c ampaniforme (Prieto Mar tí nez, 2001, 2011a) . Tam bién se registr aron abundantes cerámic as decoradas m ediante incisi ón, al igual que o curre en los yac imientos coruñese s de A L a goa (Toques) y O Cargadoiro (Santiago de C ompostela) (Ama do R eino et al., 2000). Con la escasa información obt enida, s ol o se pue de apuntar que se trataría de un área de actividad de la segunda mi tad del III mil enio a.C. Figura 15 : Algunas de las estruc turas d etectadas en uno de los sectores del yacimiento de As Mamelas (Sanxenxo) ( Can o Pan et al., 2016). 51 Por otro lado, el sitio de As Cruces/Reborica (Aranga) mue stra las c aracteríst icas de un hábitat de mayor envergadura y complejidad. En una de las zonas son deadas se des cubrió una ocupa ción m uy alterada co rrespondiente al Neolí tico Medio, con zanjas y basamento s térreos p ertenecientes a p osibl es zócalos de caba ñas con agujeros de pos te, así com o restos de estructuras de i ncineraci ón (Bonill a Rodrí guez, 2011). Las dataciones r adiocarbónica s (Tabla 2) muestran un a sentami ento de corta d uración, probablemente d e tipo est acional vinculado a una braña o zona húmed a próxima (Bonill a Rodríguez, 2011). En ot ra zona, se re gist raron un fondo de c ab aña cuad rangular junto con ot ras estructuras c on z ócalos de piedr a y tie rra, y con aguj eros de poste que p arecen divi dir el esp acio interno (Bonilla Rodríguez, 2011). Las da tac iones radiocarbónic as perten ecientes a est e espacio y el esc aso ma terial arqueológico recuperado adscriben este há bitat, aparent emente m ás elaborado que el anterior, a un Calcolít ico p recampa niforme (Boni lla Rodríguez, 2011). La ubicación de ambas partes d el ya cimiento muest ra la re ocupación de una z ona de penillanura próxima a una braña, lo c ual podría indi car una “ c ontinuidad e n los m odos de apr ovechamiento del territorio ” (Bonil la Rodríguez, 2011, p. 30). A partir de 1998 comienzan a ap arecer asentam ientos de mayor envergadura, superiores a los 2000 m 2 de superficie, durante el seguimi ento de obras de trazado lineal. En concreto, el primer yaci mie nto de estas cara ct erísti cas apar e ce con el proyecto de construcción de la Vía Rápida de Sanxenxo-O Grove (VG-4 .1). L a inte rvención del yacimiento de As Mamelas (Sanxenxo, Pont evedra) s upuso el descubrimiento de un área intensamente ocupada y segmentada en va rias partes (Cano Pan, 2011). En la parte m ás ele vada y cerc ana a un túmul o, s e concentra g ran canti dad de cultura material y di versos pavimentos, agujeros de p oste, fosas, estructuras de c ombustión y re bajes del s ustrato que –s egún l as fe ch as radiocarbónicas disponibl es– pertenecerí an al Bronce Final (Cano Pa n e t al., 2016). Por otro l ado, e l denomi nado poblado i nferior c ontiene estructuras simil ares a las de la sección superior, destaca ndo la zanja que delimit a e l hábitat por el Norte y Oeste (Cano Pan et al., 2016) (Figura 15) y que p osibl emente hubiese servid o de cimentación para una empalizada. L as da taciones para esta área mos traron una sec u encia de ocupación desde la segunda mitad del IV mil enio hasta la mitad del III milenio a.C. 2.3.3.2 La autopista Santi ago de Comp ostela-Alto de Santo Domi ngo A nivel arqueológico, la c onstrucción de la A utopi sta Santiago-Alto de Santo Dom ingo (AP-53) (Aboal F e rnández et al. , 2003) tra jo consigo la excavación de varios hábi tats bien conocidos e n la bibl iografía gallega. Entre ellos se encuentran Zarra de Xoacín (Lalín, Ponte vedra), Devesa do Rei (Vedra, A Coruña ), Carballeira do Espíri tu Sa nto (Sill eda, Ponte vedra) y O Fuxiño (Pi ñor, Ou rense), entr e o tros, in tervenidos por el L aboratorio de Arqueología del Paisa je y otras empres as. Así, e n el marco de l a Corrección del Impacto so bre el P atrimonio C ultural (Prieto Martínez et al., 2002; Pri eto Martín ez & C riado B oado, 2009) se proce de a la int ervención de Zarra de Xoacín (L alín) (Figura 16), un espacio de pe queñas dimensiones con m ás de un mill ar de piezas cerámi cas y líticas que responde a una reit erada o cupa ción de l lugar a lo largo del III milenio a .C. La c erámica tipo Penha y campa niforme, las d atacione s radi ocarb óni cas y la presencia de diversas e structuras (fosas, zanjas de c imentación, etc.) indican una cierta permanencia del asenta mie nto, y por tanto, posi blemente una m ayor estabilidad de l as ocupaciones (Aboal Ferná ndez, Baqueiro Vidal, et al., 2005; Prieto Martínez, 2011d). 52 Además, se apunta qu e las comunida des con cerámica tipo Penha ocuparon de maner a intensa todo el yacim iento, mientr as que l os pobladores de época campani forme se c entraron en los sectores Norte y Est e. Ante esto, los e xc avadores sugieren q ue e s im prescindible u n trabajo integra l comb inando diferentes estudios, entre el l os de tipo microespacial, que fa cilit en la interpretación de la secue ncia ocupacional del si ti o (Prieto Martínez, 201 1d). En e l c aso d e Devesa do Rei (Vedra, A Coruñ a ) (Figura 17) ta mbién se registran numerosas pieza s , más de 2000 entre industri a lítica y cerámica, además de estructu ras d e diferentes pe riodos. Dura nte la ocupación neolítica, se usó como asentamiento al aire l ibre de carácter episódico, registrando estructuras de combus tión sim ilares a l as encontradas en As Pontes (Vilalba, Lugo) (Lim a Oliveira, 2004) y A Gándara o Porto d os Valos (Mos, P ontevedra ) (Lima Oliveira, 1999). A fi nales de l III mil enio a. C. e inicios del II se r egistra una ocupación calcolítica, con esc asas estructuras y abundancia d e c erámica d eco rada cam paniforme, que los investigadores vinculan a actividades no estrictament e domé s ticas (Aboal Fernández e t a l., 2005). Es a finales de la Edad de l Bronce cuan do s e producen c ambios i mportantes en el yacimiento, con l a constr ucción de estructura s pétreas y abund ante mate rial en un contexto que se identifica –ahora– co mo funerario. A tenor de l o descrito p or s us ex cavadores, Devesa d o Rei ti ene una s e c uencia de ocupación l a rga, qu e aba rca prácticamente t oda l a Prehisto ria Recie nte. L a función dom éstica de este espacio pr evalece durante el Neolí tico, pero –a partir del III y II milenio a .C.– se desdibuja con una ocu p a ción de naturaleza cultual o funeraria. En el caso de Ca rballeira do Espíritu Sant o ( Sill e da, Pontevedra), los difer entes usos del e spacio se muestran a través de una posi ble compa rtimentación cu adripartita de l h ábitat. Uno de los se ctores s irvió como zona ha bit acional y otr o para el p rocesad o y almac enamiento de materias prim as, m ient ras que –de las dos zonas restantes– una tuvo un uso pos iblemente Figura 16 : Algunas estructuras del ya c imiento de Zarra de Xoacín (La lí n). A) Estructura de combustió n, B) fosa y C) agujeros de poste (Prieto Martínez, 2011 d). 59 poste o por me dio de za njas de ci mentac ión (A cuña Piñeiro e t al., 2011). Di chos espacios es tán asociados a otras estructuras, como hogares, p aviment os y a una inge nte canti dad de cultura material, entre la qu e de s taca l a ce rámica campaniforme. L as data cion es radioc arbónicas muestran la ocupaci ó n de l sitio en distintas épocas, a finales de l III m il enio a. C. y en la segunda mitad del II milenio a.C. (Acuña Piñeiro et a l., 2011). Otro yacimi ento de gran relevancia en el p anorama a rqueológico gallego es el de Lavapés (Cangas) (Figura 21). Excavado en 1981, a causa de la c onstrucció n de una viv ienda unifamiliar, se convirtió en uno d e los más prolíficos a niv el de ma teriales de l a Prehistoria Reciente ga llega, aportan do unas 4000 pie zas en u n espacio muy restringido (De la Peña S antos, 1984a; Gómez Fernández et al., 2001). Además, e n la intervención de 1982, s e clarificó la cronología del lugar a través de dos dataciones radiocarbónicas extraídas de un a estr uctura pétrea. Los resulta dos mostraron dos ocupaciones, una en t orno a la mitad d el III mile ni o a.C. (Tabla 2) y otra m ás antigua, e n la primera mi tad de e st e mi lenio (Gómez F ernández et al., 2001). E sta analítica a y udó a fechar los materiales recuperados, e ntre ellos puntas de flecha d e base cóncava y cer ámicas t ipo Penha y así probar que el Calcolí tico estaba pre sent e en Galicia, cuestión que estaba e n tela de juicio en aquellos mome ntos. Además, la simil itud entre es tos resultados y los d e ot ros yacimi entos en el Norte de Portugal, ayudaron a afi anzar la cronología de Lavapés. A unos kilóme tros al S ur de La v apés, s e encuentra e l yacimie nto de O Fixón (Cangas), descubierto tras ta reas d e extracción de ar ena en la costa. L a ex cavación evidenció un área de activida d cal colítica a ra íz de la aparición de cerámic as campanif ormes, ad emás de fragm entos de crisol cerámic o que indican la realización de t rabajos metalúrgi cos (Suárez Ot ero, 1995). Tambi én aparecieron rest os de varios fondos d e ca baña, tres ag u jeros d e poste y varios hoga res (Garcia La stra Me rino, 1984). Se tomaron va rias muestras par a análisis radiocarbónico que determinó la anti güedad del yacimiento en el III mi lenio a.C., según las d ataciones registradas en el fich e ro del laboratori o del Instituto Rocasolano (IDEArq, 2020). En Serra da M agdalena, en el inte rior del a yuntamiento de Cangas, se regis tró el ya cimiento de Mesa de Montes, qu e fue a fectado por la constr ucción de una a ntena de t elevisión y la pista de acceso a la misma. En este espa cio doméstico aparecieron estructuras import antes , com o un muro a s entado en la roca natural que pare ce deli mitar el y acimiento e n di rección No rte-Sur. Este asentamiento conta ba con un ampl io dom inio visual s obre la com arca del O M o rrazo (Pontevedra) y u na pa rt e i mportante de la s Rías B aixas, lo que le habría pe rmitido un control estratégico de las rutas d e paso (Gorgoso López e t al., 2011). L a cultura mater i al encontr ada, sobre todo cerámi ca tipo Penha y alguna s puntas de flecha d e base cóncava, ayudan a situa r cronológicamente el sit io, gro sso modo , en torno a la primera mit ad del III mi lenio a.C. Fuera d e la Peníns ula de O Morraz o se int ervinie ron ot ros asentamientos, como lo s de A Gándara (Mi ño, A Co ruña) y Chan das Pozas (Camp o L ameiro, Pontevedra). E n esto s e spacios domésticos aparecieron varios posible s fondos d e cabaña circulares que difieren en cu anto a forma de los enc ontrad os en S e t epías. En Ch an das Pozas, estas e structuras perten ecen t anto a ocupac iones de com ienzos del IV milenio a. C. c omo del III y II mil enio a.C. seg ún las dataciones r adiocarbónicas (Boni lla Rodríguez & Cé sar Vila, 2013; Martín Seij o, 2013) (Tab l a 2 ). Mientras, en A Gá ndara, est e mismo tipo de e v idencia está re la cionada con comu nidades de la segunda mitad del III milenio a.C., dada la presencia de campaniforme (Ménd ez Fernández, 2005). En el término m unicipal de Vigo también s e ates tigua otro asentamiento d e im portantes proporciones, el de Monte da s Cabanas. En este existen abundantes fosas que parec en i ndicar la presen cia d e un ár ea de almacena miento, m uy simil ar a la de Monte Buxe l. L as dataci ones ra di o carbónicas de dos fos as permiten ubi car crono lógicamente el uso de est as estructuras desd e 60 inicios de l a E dad d el B ronce h asta comien zos del B ronce Final (M artín Seijo et al., 2 017) (Tabla 2). Al Su r de l a provincia de Oure ns e y p róximo a la comarca de Bai xa Lim ia se realizó una intervención puntual en el yacimiento de Os P ontos (Ca l vos de Randín) (Ferrer Sierra , 1996). En este espacio doméstic o se des cubrieron alguno s fragmentos de cerámica tipo P enha , lo que ubicó cronológicamente al siti o en la prime ra mitad del III milenio a .C., al igual que aquellos excavados en el proyecto de Baixa Limi a. En contrast e, en otros e spacios domésticos int erveni dos a l o largo de Galicia apenas aparece cultura mate rial que ay ude a e ncuadrarlos cronológicamente en una u otra etapa d e l a Prehistoria R ecient e. Est e es el caso de, ent re otros: Casal (Tomiño, Pontevedra), L ama de Me na (Rodeiro, Pontevedra), Coto das Som briñas (Ponte Caldela s, P ontevedra), Milladoiro (Ames, A Coruña), O Castrillón ( A Coruña) y P azo de Gandarón (Pont evedra) ( Fern á n dez Pint os, 2013; López Gar cía, 2009; Mé ndez Fernández, 2009; Paredes Ruano, 2008, 2009; Rodríguez Saiz, 2001; Tomás Botella, 2014). En el caso de Lama de Mena (Fernández Pintos, 2013) se cree que pueda pertenecer a l a Edad del Br once, dado que presenta una ca baña a largada sim ilar a l a enco ntrada en A gro do Bazar. Sin e mbargo, en Milladoiro se evide ncian ocupacione s c alcolíticas, como sugiere l a presencia de cerámica campaniforme en algunas estructuras del y acimie nto (López G arcía , 2009). Por últi mo, existen hall azgos puntua les afectados tanto por el fer rocarril com o por otras obras. En tre es t os sitios se encuent ran el yacimiento de A dro Vell o (O G rov e, Pontevedra) y el de O Curxido/A Mourei ra (Salvaterra de M i ño, Pontevedra ) (Co nstela Doce, 2009; Vidal Loj o, 2004 ), en los que se recu perar on resto s d e ce rámica t ipo Penha , enc uadrables en el Cal colític o. Figura 21 : Excavación de Lavapés (Cangas). Arriba: Detalle de la intervención de 1981 efectuada en el sótano del edi fic io. A bajo: un o d e los ho ga res localizado en la excavación de 1982 ( D e la Peña Santos, 1984a). 61 También a p arecieron a lgu nas dispersiones d e cerám icas como las d e Monte do Cereixo (A m e s , A Co ruña) y O Galiñeiro (Ponte cesures, P ontevedra) de scubiertas tra s la re alización de varias prospec ci ones para la construcción de un p arque eólico (L ópez Corde i ro, 2010) y en los que s e registran cerámicas encuadrables, grosso modo , e n la Prehistoria Re ciente. Figura 22 : C abañas ovaladas identificadas en los sitios de O Ca stro/A Casilla (A) y Vilamerelle (B) en comparación con los enc ontrados en Set epías (C y D) (Acuña Piñeiro et al., 2 011; Barbeito Pose, 2005; Noda r Nodar & Vidal Caeiro, 20 16 b ; Vidal Lojo, 200 9). 3. ASPECTOS CO MUNES DE LOS H Á BI TATS DE LA PREHISTORIA RECIENTE DE GALICIA El fenómeno domésti co al a ire libre de la Pr ehistoria Reciente ga lle ga muestra cierta heterogeneidad a ni vel tipológico, e spac ial y cr on ológi co, como se pue d e concluir de l apar t ado anterior. Con todo, e st os espacios domésticos comparten caracterís ticas y probl emáticas comunes en lo relativo a la estratigrafía y la co nservación de la cultura material. Así, es necesario precisa r c uáles son los obstác ulos e hi pótesis de partida d e la inve stigación actu al acerca d el emplazami ento de estos hábitats y de s u desarrollo interno. 3.1 D EFI NICIÓN Y PRINCIPA LES PROBLEM ÁTICAS S OBRE LOS YACIMIENT OS DOMÉSTI COS Con las i ntervenciones p re ventivas y de inv estigaci ón rea lizadas en los años 90, se pudo avanz ar en la definición de los yacimientos domésticos al aire li bre. En la publi cació n s obre l as labo res iniciale s del proyecto Bocelo-Furelos (Criad o Boa do et al., 1991a) y en las series Trabajos de Arqueología y Patrim onio (TAPA) pertenecientes al CSIC (Amado Reino e t al., 2 000; L ima Oliveira, 2000; Parcero-O ubiña & Coba s Fernández, 2005) se realizaron las p rimeras apreciaciones sobr e los hábitats prehistóricos de Galicia. Estos espacios dom ésticos fueron definidos como “ yacimientos de natura leza invisi ble ” (Criado Boa do & Barreiro Martínez, 2004), dado que no s uelen ser d etectados sin una previa prospección de l terreno, como ocurrió, por ejemplo, en lo s casos de Monte dos Remedios (Moaña, Pontevedra) o Chan do Cerqueiro (Boiro , A Coruña) (Barbeito Pose et a l., 2018; Fábregas Va lcarce et al., 2007). Esta defini ción que a port a el L aboratorio de Arqueología del Paisaje no se c iñe a sitios con cronologías de l a P re hi storia Reciente, sino que t ambién puede extenderse a lu ga re s del Paleolít ico Superior e incl uso siti os arqueológicos r omanos y medievales, aunque e n e stos d os últimos ca s os su “invisibilidad” es relativa (Criado B oado & Barreiro Martínez, 2004; L ima Oliveira, 2000). La falta de folklore, de t radiciones populares y toponimi a ligados a estos poblados prehist óricos es otro obstáculo para su d etección. Asimismo, la construcción de estructuras m ediante materiales p erecederos e s otra característica d e estos yac imientos dom ésticos que dificulta su d etección (Li ma Oliveira, 1999). Esto se de be a que los ci mientos d e est as constru ccio ne s no sobresalen en el te r reno, al contrario de las c ab añas de los c astros cuya ciment ación pue de l legar a ser de tectable durante la fase d e prospección. Est a circunstancia oblig a a l os inve stigadores a realiz ar una excavación del lug ar para documentar la existencia o no de est ruct u ras. Otra de l as probl emáticas exist entes e s la t emporalidad de l as ocupaciones de los hábitats. Tradicionalmente, s e h a venido cons iderando que la s ocupaciones de las comunidades prehistóricas fueron esp orádicas (D e la Peña S antos, 1984a; G a rcia Lastra M erino, 1986; López-Romero et al., 2015; Vil l ar Quint eiro, 2009), probablemente d e car ác ter estacio nal (Bonilla Rodríguez, 2011; C abrera T ilve, 2011) . E n otros estudios (Lima Oliv eira, 1999) se añade que pudo darse un a ocupación s eminóma da o i ncluso que estas comuni dades se mudaban cada c ierto tiempo en l a búsqueda d e otros lugare s con nue vas t ierras aptas para el cultivo de rozas (Criado Boado & Cabrejas Domínguez, 200 5, p. 110). 64 En artículos de mediados de los a ños 90 (M én dez Fernánd ez, 1994, 1998, 1995a) se trataron en profundida d l a s característica s de los hábitats del área de Bocel o-Furelos. Algunos de estos sit ios fueron de nominados por el investigador Fidel Ménd ez como “áreas de acumulación” , para refe rirse a las co n centraciones de materiales dispersos y que ge n eralmente se e ncuentran en á reas fisiográficas bi en d elimi tadas. Méndez concluyó q ue dichos espacios son el re sultado de la reocupación reiterada e int ermi tente de una zona de terminada. A s u juicio, ante la falta de una se cuencia estratigráfica periódica, e sta es la forma m ás s encilla de explic ar la a pa rición d e diferente s m ateriales en un mis mo lugar (Lima Olive ira, 2000; M éndez Fernández, 1994). Estos espacios domé sti cos, según Mén d ez, tiene n una posición topográfica de c i erta relevancia d esde la cua l controlan e l espacio ci rc undante. Además, s on há bitats reocupados en varias o casiones a lo largo del II milenio a.C. (Méndez Fernández, 1994, 1998) y que se vinculan con el m odelo de poblamiento de las comu nidades campaniformes y de la Edad del Bronce. El término “á reas de acumulación” t uvo cierta a cogid a entre los arquéolo gos galle gos y fue empleado p ara de finir dive rsos h ábitat s (Aboal Fernánd ez et al., 2005; Li ma Olivei ra & Prieto Martínez, 2002; Martínez L ópez et al., 2000; Nodar & Vida l, 2016a; V idal, 2 012). En este s entido, muchas em presas de arqueología y grupos de investi gación se guiaron, en gran medida, por esos precepto s para i dentificar tipoló gicamente div ersos yaci mientos domésticos 8 . 3.2 H IPÓTES IS SOB RE EL EM PLAZAMIE NTO DE HÁBITAT S PREHISTÓRICOS E N G ALIC IA Los fa ctor es loca cionales que se h an maneja do a la hora de explic ar l a ubica ción de los yacimie ntos domést icos al a ire libre son variados ( Tabla 1). En el proye cto de i nvestigación d el área de Bocelo-Furelos y en el de Baix a L imi a, así como en ot ros estudio s arqueológicos, se desarrolla ron dive rsas hi pótesis con el fi n de d efin ir las ca racterísticas d el emplazami ento de los hábitats p rehistóricos. En el caso del proyecto de l área de Bocelo -Furel os se plantearon varias h ipótesis acerca del emplazami ento de l os yacimientos domést icos de esta región. L os invest igadores determinaron que las comuni dades con cerámica ti po Penha pudieron haber elegido s us hábitats en función de la orientac ión y de l a protección frente a los vientos (Tabla 1 ) (C riado B oado et al., 1991c, p. 150). O tras aproximaciones ( F ábr egas Valc arc e et al., 2003) también han sugerido que e l a brigo de los vientos pudo habe r sido un factor locacional releva nte de los yacimientos prehistóricos. Además, l os invest igadores del proyecto p ropusieron que, durante el Calcolí tico, pudo existir una “dualidad cultur al” basada en una “convivencia de poblacione s cul turalmente dist intas, unas en la sier ra y otr as en el valle ” (Criado Boado et al., 1991a, p. 157). Con esta afirmación, hacían referencia a un posi ble cam bio altit udinal de las comunidades del II I mi lenio a.C. y, por consigui ente, de visib ilidad sobre el paisaje (Tabla 1 ). 8 Bajo e l té rmino “áreas d e acumulación ” se define u na p arte de lo s yacimient os estudiados en esta tesis. Con todo, n osotros di ferenciamos estos s it ios en dos categorías o rea l ida des dif erentes en función d e sus caracter ísti cas: por un lado se encuen tra n las “áreas de activ idad”, q ue se c orrespond en con la mayoría de sitios id entificados en la b ibliografía co mo “áreas d e acumulació n”; por otro lado, o tros espacios d oméstico s fueron ubicados d entro de l a categoría de “Asen tamientos ”, deb ido a la consider able cant i dad d e cul tu ra material y estructur as, sus mayores proporciones y la reite ración de sus ocupaciones, q ue pu do lle g ar a sobrep asar l os 2000 año s ( F ábregas Valcarce et al., 2007). Lo común a todos est o s restos y que compartimos con l a d e fi n ición dada por Fid el Méndez, es el carácter temporal d e dichas ocupaciones. 65 Tabla 1 : Factores locacionale s definidos en la bibliografía para los ya cimi entos d omésticos de la Prehistoria Reciente. Con asterisc o (*) aquellas va riables que no apa recen ligadas a hábitats g allegos. Los inve stigadores t ambi én apuntan a que, con la llegada d e la c erámica ca mpaniforme, habría cambiado la estr ategia de p oblamiento. En e ste mo mento avanzado d el Ca lcolítico y a inicio s de la Edad del Bronc e, l os nuevos poblad os se habrían asociado con áreas de mon te, entendidas estas como un “…espacio dedicado tradi cionalmente a la ganadería y agricultur a extensiva…” com o se demostraría, en parte, por e l hecho de que “ La dedicación actu al d el entorno de t odos ellos es de m onte ” (Criado Boado et al., 1991a, pp. 182–183). Se gún estos autores, los usos a ctuales del suelo podrí an dar pistas sobre l a razón detrás de la ubicación de algunos de los hábit ats de la segunda mitad del III mil enio a.C. e inicios del II (Tabla 1). Además, esto s hábita ts c ampaniformes se vi nculan de va rias formas a “peque ñas cuencas que pre s entan brañas en su base” y a divisorias d e aguas bie n comunicada s con otra s zonas de la sierra do Bocelo ( Criado Boa do e t al., 1991a, pp. 182–183). Asimismo, en los controles arqueológicos d e la red d e Ga sific ación de Ga l icia, los investi gadores tambi én a socian algunos de e s tos e spacios domésticos con estos elementos del paisaje, concluyendo que estos hábitats tienen una “… más que posible vinculación a humedales…” (Tabla 1) (Lim a Oliveira, 1999, p. 63). Asimismo, se afirma que los s itios campaniformes del área de Boc elo-Fur elos “ …se encuentran muy próx imos a divisorias de aguas i mportante s… ” (Cri ado Bo ado et al., 1991a, p. 183). En consecuencia , estos autores sugieren q ue habría existido una asociación entr e los recursos hídricos y la ub ic ación de estos espacios domésti cos (Tabla 1). Además, desde este emplazamiento, estos yacimie ntos de m omentos avanza dos del C alcolític o t endrían una visi bilidad elevada del pai saje circundante (Tabla 1) (Criado Boado et al., 1 991a). En otro proyecto de invest igación, el realizado en Ba ixa Limia (Ourense) d urante l os años 90 t ambi én se apuntaron como factores de loc ali zación tanto la orografía como l a p endiente (Tabla 1) (Eguilet a Franco, 1999a). En e s te c aso, los investigadores indic aron que los sit ios c on cerámica Penha y c ampani forme parecen diferenc iarse en ambos aspectos, exist iendo así unas preferencias de empla zamie nto en función de l a c ronología del asentamient o. Factores de localizaci ón Altitud Pendiente Orientación Orog rafía Geología* Humedad potencial Erosión poten cial Protección del v iento Temperatura Precipitación Proximidad a recursos híd ric o s Prominencia topog ráfica Proximidad a vías de tr ánsito Visibilidad top ográfica Usos actuales del suelo Proximidad a usos potenciales del suelo Insolación potencial* 66 Otras hipótesi s fue ron esgrimidas e n diferentes p ubli caciones cie ntíficas. En algunas de ellas , se vuelve a vincular la presencia de hábitats prehistóricos c on ár eas agrícolas o de monte (Barbeito P ose, 2005; L i ma Oliveira, 1999) , una idea ta mbién plante ada en otras re giones de la Penínsul a Ibérica donde algunos yacimientos dom ésticos pudieron v erse afectados incluso por labores agropecu arias (Agustí García et al., 2009). Algunas variables relac ionadas con la climatologí a, como las t emperaturas y l as precipitaciones, se plantearon también como factores potenciales para la ubicación de un poblado en un dete rminado emplaz amiento (Tabl a 1). E sta cuestión ha sido explorada e n diversos artículos para el Noroe st e Peninsular (Fábregas Valcarce et al., 2003; Martínez Cortizas e t al., 2009), en l os cuales s e realiza ron análisis de tu rbera s y sedimentos lacust res como archivos paleoambie ntales del área que permitieron obtener una perspe ctiva regional para los cambios climáticos aco nt ecidos. De esta fo rma, se consig uió observa r si exist ían elementos que puedan condicionar la s vidas de las comunidades prehistóricas, aspecto t ratado e n yacimie ntos domésticos de la Prehistoria Reciente gall ega (Rodrí gu ez Rel lán, 2010). En otro a rtículo, Ramón Fábregas t ambién indica que la p rom inencia topográfica pue de ser relevante en el emplaza miento de algunos h ábi t ats pre hi stóricos, que se sumaría a otras variables indicadas pre viamente (prote cción a nte los vientos, altitud, usos d el suelo, …) (Tabla 1). Este factor p arece habe r gozado d e mayor rel evancia en aquellos luga res oc upados en la segunda mit ad d el III mi lenio a.C. (Fábregas V alc a rce, 2010; Fábregas Valca rce & Ruiz G álvez Priego, 1994). A su vez , esta variable n os ayuda a dete ctar si a lgunas comunida des de la Prehist oria Reciente tienen pr edilección por d eter minadas ubic aciones en el paisaje (colinas, llanuras, …), una cuesti ón pla nteada para o tros yacimientos de la P eníns ula I bérica (López Quintana, 1995). Otra variabl e de int erés es la proximidad a l as vías de tránsito pot encial (T abla 1). Este factor a parece citado tanto en estudio s sobre hábita ts de l a Prehistoria R eciente de Ga licia (Aboal Fernández e t a l., 2005) y de otr as áreas pe ni nsulares, c omo –por ej emplo– el Suroeste (Murrieta-Flor es, 2012). También tu vimos en cuenta la er os ión pote ncial c omo posib le fac tor loca cional de los hábitats. Aunque esta v ariable no ap arece tr ata da como factor en la bibliografía, sí qu e se menciona a l a hor a de i dentificar zon as de difíci l ocupación y en las que l a cul tura m aterial pudiese haber s ido desplazada de su localiz ación origin al (Fábreg as Valca rce, 2010). Por último, la g eología y la insolación potencial son de las pocas va ri ables q ue no encontramos asociad as a publicaciones del fenómeno doméstico gallego de la Prehistoria Reciente ( Tabla 1). En otras r egiones pe ninsulares, los r ecursos geoló gicos sí apar ecen vinculados a há bitats n eolíticos y calcolíti cos (L ópez Quinta na, 1995). Por su parte, la insol ación se ha tenido en cuenta fundamental mente en estudi os sobre el poblamiento paleolíti co (García Díez & Eguizabal Torre, 2008 ; García Moreno, 2008). 3.3 D ESCRIPCIÓN Y P RIN CIPALES PROBLEMÁ TICAS DE LAS EST RUCTURAS D E LO S YACIM IENTOS DOMÉSTIC OS Las construccion es de los asentamientos al a ire l ibre de la Prehistoria Reciente se realizaron habitualme nte con materiales perecederos, como madera, ba rro, etc. Esta s e structuras tuvieron un c arácter t emporal al ig ual que las o cupaciones d e lo s grupos que las habitaron (Criado Boado & C abrejas Domínguez, 2005). Otra p roblemátic a vie ne dada por la di ficultad de definir estru cturas cuya m orfología se encuentra alterada o desdibujada (Criado Boado & Cabrejas Domí nguez, 2005), lo c ual solo permite identificar restos parciales de las cimentaciones de l as vivi endas, empali zadas , etc. En oc a s i ones, l a c onservaci ón de los suelos de ocupación ayuda a acotar el á rea oc upad a y la 67 posible extensión de algunas áre as de a ctividad donde se desarrollaron di stin tas activi dades domésticas (talla lít ica, alma cena j e, etc.). Los agujeros de poste so n l os restos de estructuras má s frecuentes en los pobl ados, siendo el resultado de la descom posición de los m aderos que sustentaban viv iendas, empalizadas, etc. Estos a gujeros pueden l legar a concentr arse en det erminados punt os del h á bitat, mostrando así un palimpsesto de la s diversas ocupaciones de l l ugar. Con todo, algunos negativos de post e pueden confundi rse con raíces de árboles u o tro t ipo de bioturbaciones. En estos casos, la aparición de ca lzos, que ofrec í an apoyo a la est ructura, pu eden c onsiderarse como e videnci as definitivas del carácter a ntrópico del negativo (B onilla Rodrí guez, 2004). Las fosas y si los tiende n también a t ener formas va riadas y po co est andarizada s. Su t amaño, mayor que e l d e los agujeros de poste, las ha ce m ás r econocibles en ca mpo, p ero su estratigrafía interna pued e llegar a s er compleja. Suelen ser e structuras que se utili zan a lo lar go del tiempo, generando un a l arga s ecuencia en l a q ue s e cons tatan los diferentes us os de la misma (Lima Oliveira et al., 1998 ). S u identifi cación puede re sul tar s encil la si la estruct ura fu e cla usurada tras su uso, norm almen te mediante un a acumulación de piedras e ntr e l as que no resulta infrecuente que se encue ntren durmientes de moli no. En cu anto a los hogares, a menudo s e muestran como simples manchas de color negruzco, por los restos de ma dera carbonizada, y con apenas unos centím etros de potencia. Por tant o, son elementos muy frágiles y en u n estado de conservación va riable. C on t odo, algunos de estos fuegos al aire libre estaba n protegidos con estructuras pé tre as a modo de paravientos con el fin de aumentar la t empera tura o evita r su extinción (Fábregas V alcarce e t al., 2007; P rieto Martínez, 2011d). Otro t ipo de estruc turas de c ombustión son l o que han venido en denomin arse como “galletas”, formadas por una capa de piedras que cubren otra ll ena de madera c arbonizada. No t e n e mos pruebas sobre qu é us os podrían haber tenido est e tipo de elemento, aunque se sospec ha Figura 23 : Plantas de las prin cipales caba ñas ovaladas de Galic ia . A) O Castro/A Casilla (Lugo), B ) O Fuxiño (Piñor), C) y D) Setepías (Cambados), E) Vilamerelle (Palas d e Rei), F) Pena F ita (L ugo ) , G) Lama de Mena (Rodeiro), H) Agra de Bazar (Sille d a) ( Vá z quez Liz et al., 2015). 68 que pudi eron utili zarse “… para e l t ratamiento térmico por radi ación e incluso el ahumado de productos alim enticios o bien directamente o int erponiendo algún ti po de material vegetal o cerámico ” (Martín Seijo & Uzq uiano Oll ero, 2010, p. 130). A veces, tan solo apare cen acumu lacione s de pied ras con indic ios de rubefac ción y sin ca rbones asociad os (González Pé rez & Vidal Lojo, 2011), lo cual podría indi car el u so preferencial de las piedras para usos aún desconocidos. Las c om unidades de la P rehistoria Reciente también realizaban p avimentos a base de t ierra compactada. Estos firmes podí an fragmentarse con el paso del t iempo, c onservá n dose tan solo algunas por ciones. En algunos casos, s e uti liz aban como sue lo de o cupación dond e se realizab an diversa s actividades y –a vec es– s e modificaban m ediant e rebajes que los seccionaban con el fin de acomodar otra s estructuras del yac imiento ( Fábrega s Valcarce et al., 2007). Las estructura s lin eales ti po zanja son elementos de cierta magnitud y a me nudo existen diferentes explic aciones sobre su fu nción. Suelen caracteri zarse por su longitud, a l prolongarse por el yacim iento durante unas decenas de m etros , y por t ener una profundidad variable que puede s uper ar el metro. Su uso es variado, bien como base para una empaliza da o s implemente como método pa ra la canaliz ación/evacuación de agua (F ábregas Valc arce et al., 2007). Tambi én aparecen junto con a gujeros de poste conformando las pl antas de viviendas, como en algunas ca bañ as ova ladas (Acuña Piñeiro et al., 2011; Vidal Loj o, 2011), configurando así lo s cimientos de dichas construcciones ( Figura 23). Por últ imo, la aparición de muros pétreos es muy ocasional en los hábitats de l a P rehisto ria Reciente, debido al uso prefer encial de mat eriales perecede ros para la s constru cciones doméstica s. Los escasos muretes que s e registran están realizados en mam postería de pequeño porte y uni da e n seco, con una delimita ción confusa y de e scaso tamaño (Gorgoso López et a l., 2011). La función de esta s estructuras pudo se r d e paravie ntos, s egún l as interpreta c ione s de algunos in vestigadores. 3.4 E STR ATIGRAFÍA Y EFE CTOS DE LOS PR OCESOS DEPOSIC ION ALES Y P O STD EP OSICIONAL ES EN YACIMIEN TOS DOMÉSTIC OS La problemática más acuciante de los hábitats preh ist órico s gallegos es su su puesta complejidad estratigráfi ca. Su rasgo definitori o es la escasez de niveles arque ológicos verticales, por lo cua l se c rea una estratigrafí a horizontal originada por diversos procesos deposicional es y postdeposicionale s (Vázq uez Liz & Prieto Mar tínez, 2016). A m enudo, se at estiguan dos o t res horizontes e dáficos ( Figura 24) donde se a cumulan la cultura material y estructuras de la ocupación prehistórica, a demás de los episodios pos teriores ocur ridos tras e l abandono del lugar. En ge neral, la estra t igrafí a de los ya cimientos domésticos es r elativament e unifor me y de carácter natural (Bonilla Rodríguez, 2004). En pri mer lugar, a pa rece un ni vel superficial , denominado horizonte A (Figura 24 ), compuesto p or tierra v egetal o rgánica , habitualm ente de color marrón oscuro. La potencia media de esta capa suele esta r aproximadamente entre los 20 y 50 c entímetros. En est e prim er nive l ya pued en aparece r ma teriales, algunos vinculados a l propio asentamiento p reh istórico y otros pertene cientes a ocupac iones poster iores. Las ac ciones contemporáneas como culti vos, etc. (Bonilla R odríguez , 2004; Ro dríguez Rellán , 2010) suelen ser las causa ntes de remociones de material en est e horizonte. El siguiente nivel, el horizonte B (Figura 24), suele componerse de tierra orgánica mezclad a con ma terial m ine ral pro c edente de la alteración de la ro ca madre. Se localiza ju sto de ba jo del hori zonte A y por encima del niv el de transición al sus trato na tural, o C. Este estrato, 75 Esta c ircunstancia se de be, en prim er l ugar, a que los estudios sobre ce rámica neolíti ca e n Galicia s on esca sos y, l os más re leva nte s son bastant e anti guos. Los pr imeros trab ajos se realizaron en l os años 80 y 90 en los yacimientos de A Cunchosa (Cangas, Pontevedra) y O Regueiriño (Moaña, Ponte vedra) (P rieto Martíne z, 2001), aunque los má s conocidos s on los referentes a c ont extos funerarios (Eguileta Fra n c o, 1999a; Fábregas Valc arce & De la Fu ente Andrés, 1988). En este s entido, las sínt esis realizadas para ya cimientos del N orte de P ortugal (Oliveira J orge, 1986), m ucho m ás completas que l as gallegas, ha n servido de principal referente para el estudio cerámico d e la prehist oria re ci ente de est e lado de la frontera. En las últimas décadas, s e ha i do analizando un m ayor número de yacimient os neolític os, pero s iguen faltando r efe rentes tipológicos y apenas existe asocia ción entre l as dataciones d e radiocarbono, los contextos y lo s materiales registrados (Prieto Martínez, 2010). Esto difi culta la conexión entre determi nadas construcciones y d iferentes tipos de cultu ra material. Además, en las exc avaciones re alizadas antes del presente siglo se car acte rizaron – en su mayoría– por una falta d e sist ematización en la recogida del material ce rámico no dec orado o muy fragmentado, gener ando un vací o de info rm ación impor tante. A e sta circunstancia s e le s um a la carenc ia de e studios re lativos a l a di stribución de los ma teriales o al análi sis Figura 27 : Ejemplos de A) ce rámica tipo Penha del yacimi ento de Lava pés (Cangas) y B) campaniform e del sitio de O Regueiriño (Moaña) (De la Peña Santos, 1984a; Prieto Martínez, 2010). 76 microespacial de l os mismos, sin lo cual resulta c omplejo extrae r resultados sobre áreas de actividad o espacios especializados d entro del as entamiento. Ta m bién el escaso núm ero d e yacimientos c on d ataciones radi ocarbónicas (Prieto M artínez, 2005 ) i mpide ot orgar un a cronología cl ara a los mate riales que ap arecen en el lugar. A simismo, los conte xt os que se da t an son, habitualment e, d epósitos puntuales que no registran el abanico d e ocupacione s de los hábitats de la Prehistoria Rec iente. Ante e sta s p roblemáticas, en algunos artículos (Prieto Martínez, 2001, 2005, 1995, 2011e) se ha profundiza do e n la Cadena Técnica Operativ a como un método para obtener información sobre la fa b ricación de los dis tintos re cipientes neolític os y diferenciar m odelos formales. La conclusión fue que e xiste homogeneidad en la fabricación de estos recipientes, l o que dificult a la identificación de dife re ntes fases del Neol ít ico. D e hecho, hasta la llega d a del Calcolítico, no se detectan cambios imp ortantes en el estilo cerám ico (Prieto Martínez, 2010). Como re sultado, la s cerámicas ti po Penha y campa niforme (Fi gura 2 7), la segunda estudiada desde hace c asi un siglo en la Península Ibé ric a (Castil lo Yurrita , 1922, 1928; Pina, 1928, 1936), son las mejor conocidas p ara la Prehistoria Reciente de Galicia. Las primeras son l a s m ás antiguas y se ubican desde finales del IV mil enio a .C., a inicios d el C alcolíti co. Mientras Figura 28 : Algunos ejemplos de cerámicas con decoración b oquiqu e del yacimiento de O Regueiriño (Moaña) (P rieto Martínez, 201 0 ). 77 que el ti po campaniform e se local iza a media dos del III milenio a.C. , en un Ca lcolítico Avanzado, y su uso se p rolonga hasta inicios del II mil enio a.C. , ya e n la Edad del Bronce. Tanto en G alici a c omo en el N orte de Portu gal, di chas cerámi cas se mantienen e n estas cronologías (Betten court, 2011; Be ttencourt et al., 2003; Fábregas Valcarce et a l., 2007; Garcia Lastra Merino, 1984; Gó mez Fernández et al., 2001; Prieto Martínez, 201 1c). En l a cerámica ti po Penh a se aprecian esquemas decorativos variados, com o los zigzags, espinas de pez o triángulos re ll enos de punt os (Figura 2 7), con u n predominio de l a inc isión. Habitualment e , estas re present aciones se en cuentra n en el t ercio supe ri or de las p iezas y t ienden a organiz arse en f orma de metopas, de ahí qu e a lgunos autore s pr efieran uti lizar para est as piezas l a d enominación de cerámica “inciso-meto pada” (Prieto Martínez, 200 1). Desde el p unto de vist a formal, su elen te ne r morfol o gías sim ples y de t endencia es férica (Fábregas V al carce et al., 2007). En cuanto a la fami lia c ampaniforme , está caracte rizada por formas abiert as asociadas a posibles vasos y forma s carenadas (Figura 27). Los a c abados s u elen ser cuidados y la decoración media nte i mpresión (c on pe ine, concha, punzón, incisión o acanalado). Es i mportante ap unt ar que en Ga l icia se han docum entado d iferentes variantes de e s te tipo de ce r ám ic a, ta nto las estándar como las regio nales (Fá b regas Va lc arce et a l., 2007; P rieto Martínez, 2011c). La c e rámica ca m paniforme (Figura 27) ha recibi do m ayor aten ción e n la bibl iograf í a que la tipo Penha , a l me nos en nuestra comuni dad (Criado Boado & Vázquez V arela, 1982; Prieto Martínez, 1999, 1995; Prieto Martínez et a l., 2015; Prieto M artínez & S alanova, 2 011). A l igual que con l a c erámica neol ítica, se ha p rocurado sin éxito e stablecer t endencias estilí sticas que definiesen diferentes fa ses entre el III y II mileni o a.C. Con todo, dichas ti pologías par ec en ser reveladoras a nivel contextual y e spacial (Prieto Martínez, 2011c ). Dentro de l repertorio ce rámico calcolític o, ta mbién tiene n presencia las cerám icas p intadas, que aparecen de forma muy punt ual e n Galicia. Es posible que e sta escasez se de ba, en pa rte, al det erioro de las parede s de los re cipiente s y la rápida de gradación de la pint ura que deriva de la acción co mbi na d a de los procesos postdep osiciona les y la acidez de l os s uelos. Es así que en una oc asión se r egistraron e n contexto domést ico, c oncretamente e n Monte dos Reme dios (Moaña, Po ntevedra) (R odríg uez Rellán, 2010) y en un yacim iento funerario, el de Cova da Moura (Noia, A Co ruña) (Fábrega s Valcarc e & De la Fuente A ndré s , 1988). En e l caso d e Monte dos Rem edios, los restos de cerámica pintada muestran un esquema decorativo b asado en l í neas pa ralelas e nt re sí y obl icuas al eje longitudi nal de l a pieza, formando, quizás, triá ngulo s rellenos de líneas. E s te tipo de representa ción parece tener paralelos en yacimiento s del N eolític o Final y C alcolítico de l a Mese ta, como son los asentamientos de Fuente Lirio (Muñopep e, Ávi la), Los Itueros (Santa M aría del A rroyo, Ávila) o e n contextos funerarios como L a Veguilla (Salamanca) o El Te riñuelo (Aldeavieja de Tormes, Salamanca) (Fa bián García, 2006). De esta mane ra, la presencia d e e stas cerámi c as pintadas coincidirí a, a nivel cronol ógico, con la cerámica tipo Penha . Para las cerámicas de l a Edad del Bronce t ambién exist e una modest a bibli ografía vinculada tanto a context os dom ésticos como funerarios (Prieto Martínez, 2011e; Prieto Martínez & Gil Agra, 20 11). Los re cipientes de es te momento se c aracteriz an por aumentar de tamaño, apareciendo gr andes vasos lisos y por la import ante presenci a de decoracio nes plásticas, por l o que se al ejan de la s paut as deco rati vas precedentes. Además, en la s form as de estos cacharros d estacan l os perfiles en “S” y los fondos planos, l o que anuncia la aparición de nuevos tipos m orfológicos, como los vasos de hombro alto (Fábrega s Valcarce et al., 2007). Por otro lado, otro tipo de ce rámicas, como el largo bordo hori zontal y el boquique, t ienen dificultades pa ra su prec isa filiación cultural y cronológic a . El ti po b oqui que, c on un a de c o ración de “punto en raya ” ( Prie to Martínez, 2010) apare ce en conte xtos dom ésticos y 78 funerarios de G alicia y el N orte d e P ortugal. Algunas evidencias se encu entran en los yacimie ntos de Monte d os Remedios, Lavapés y O Regueiriño (Figur a 2 8) en mo mentos de ocupación del N e olíti co (Fábregas Va lcarce et al. , 2007; Góme z Fernández e t al., 2001; Prieto Martínez, 2010). Mi entras, en el Norte de Portugal y otr as áreas d el C entro de la Península, aparece l igado a ocupac i ones del V y IV milenio a.C ., en hábitats co mo lo s de Lavra (Ma rco de Canaveses) y Prazo (Freixo de N umão) o en ajuares de los túmulos de Cha de P arada 1 y F urnas 2 en la Serra da Aboborei ra (Monteiro-Rodrigues, 2000; Sanches, 1997). Además, la cerámica bo quique s e registra d entro de niveles calcolític os e n poblados del Norte d e P ortugal, c omo V inha d a S outilha, San L ourenço o e n el a bri go de Buraco d a Pala (Oliveira J orge, 1986). Por tanto , esta cerámica re sulta a mbigua desd e un punto de vista cronológico dada su ampl ia diacronía. En el c aso del ti po l argo bordo , t amp oco tiene una c ronología precisa dentro de la Prehist oria de Galici a. Varios auto res defienden q u e puede trata rse de una cerámic a propia del Bronce Fina l y que incluso pudo fabricarse ha sta mediados del I m ile nio a . C. (Nonat et al., 2015) Dic h a hipótesis s e ba sa e n los da tos exist entes en va rios yacimie ntos de l Nort e de Portugal, como Bouça do Frade (B aião, Porto) (Oliveira Jo rge, 1988 ). Pero e n otros sitios, com o Sola IIb, la aparición de est e tipo de c erámic a s se da en torno a la prim era mit ad del II mi lenio a.C. (Fábregas V alcarce e t al., 2007). Aunque m uchos autore s coinciden e n que l a cerá mica largo bordo tiene su d esarrollo e ntre la prim era mi tad del II m ilenio a.C. y los i nicios de la Edad de l Hierro, otros e spe c i alistas apuntan a que sus primeras a pariciones e n el regis tro se da n ya dura nte el Neolítico Fin al y el Calcolíti co (Nonat et al., 2015). La fa lta de cons enso sobre e sta cuesti ón y las di spares dataciones obtenida s hacen que e ste tipo de ce rá mica, que tiene s u máximo desarrollo en el Bronce Final, no se pueda emplear como m arcador cronológico fiabl e. 3.5.3 I ndustria lít ica El estu dio de la industri a líti ca de la Pre historia Rec iente g allega ha e stado en un segund o plano durante décadas, a nte la escasez de materiales como el síle x, que eran los busca dos por los i nvestigadores. Este he cho provo có que , hast a los años 80 del s iglo XX, la indust ria lítica tallada en cuarzo estuviese prácticame nte aus ente d e los trabajos a rqueológicos de G alicia (Rodríguez Rel lán e t al., 2009; Rodrí guez Rellán & Fábregas Valcarc e, 20 11). Hoy en dí a s igue siendo tan re ducida la información con la que contamos sobre l a industria l ítica de la Prehistoria Reciente que es difícil realiza r una sínte sis adecu ada sobre el tem a. Los est u dios de i ndust ria lítica s e centraron, sobre t odo, en el fenómeno m egalítico (Fábregas V alca rc e, 1990 ), cuyas evidenci as eran m ás notables que para el caso del mundo doméstico (Rodríguez Rell án & Fábregas Val carce, 2011). Exi sten pocos trabajos que profundizaron en l os c onj untos l íti cos de hábitats prehistóri cos gallegos (Baqueiro V idal, 2006; Fábregas Valc arce & Rodrí guez Rell án, 2008; Ro dríguez Re llán & F ábre gas Valca rce, 2006, 2016). Además, el carácter apar entemente homogéneo de la explotación de los líticos a lo largo de la Prehis toria Reciente también dificul ta la car acter i zación de e stos en di fe rentes épocas. Esta sit uación no ha c ambiado en años re ciente s , qui zás por l a falta de atractivo de este ti p o de t rabajos o por el cie rto esc epticism o generalizado e ntre m uchos ar qu eólogos ante los resultados de e stos est udios. También la care nc ia de co nocimient os por parte de muchos excavadores sob re identi ficación d e material lítico coartó la re cogida sistemá tica del mism o (Baqueiro Vidal, 2006), ci rcunstancia que se ve exacerbada por la di ficultad de la l ectura de los estigmas técnicos e n el c uarzo (Driscoll, 2011). Además, la mayor parte de los est udios de materiales están realizad os por personal no espe cializ ado, por lo que l os an álisis resultan ser 79 someros y superficiales, si n apenas profundizar en discusiones o probl emáticas específicas (Rodríguez Rellán & F ábregas Valcarce, 2011 ). De manera g eneral, no s e realiz an estrategias de cribado del se dimento extraído en las excavaciones, por lo qu e muchos desechos de t alla, microlit os u o tros restos quedan s in registrar. Así, se l imi tan la s posibilidades de rea lizar remontajes que ayuden a detectar las dinámicas ocurr i das en el interior del asentamiento . Sobre la c aracte rización de la i ndustria lítica e n l os ya cimiento s dom ésticos, es pre ciso comenzar destac ando l a presencia a mpl ia del cuarzo como materia prima e sencial. Esta s uele estar seguida de modo secundario por la c uarcita, pizarra o esquist o, mi entras que el sílex, j aspe o calcedonia suelen s er mi noritarias. Por ta nto, l a mayor parte de las piezas e stán sujetas a las estructuras cristalina s del propi o c uarzo, que –como ya hemos di cho– son difí c i les de reconoc er por parte del arqu eólogo, sobr e todo si se aplican métodos de clasificación adaptados d e las industrias en sílex (Rodríguez Rellán & Fábreg as Valcarce, 2011 ). Una de l as técnica s de t a lla más habi tual es la de per cusión bipolar s ob re yunque, a ve ces asociada –se gún estudios etnológicos– a la esf era f emenin a (Hardy, 2006). La presencia d e e sta técnica puede llega r a suponer una dificult ad añ adi da a las m encionadas c on anterioridad, da do que tiende a no producir morfolo gías regulares (e. g. lascas con talones o bu lbos de percusión), lo que hace aún más difíc il de reco noc er este tipo de piezas. Otros tipos de té cnicas, como la percusión directa, están tambié n const a tados pa ra el Noroeste (Rodrígue z Rellán, 2010), al contra rio que técnicas más complejas, como la percus ión indirecta o la pr esión de c uya presencia no existen evidencias clara s e n l os co ntextos domésticos de la Pr ehist oria Recient e en nuestro territorio . E n general, durante la Preh istoria Recien t e s e presencia una aparente “ simpl ificación t écnica” c on r especto a los conjunt os del Paleolítico Superior y el Epi paleolít ico, que se deja notar con la r educción de las producciones microlaminares, que durante e l III mi lenio a.C. son ya escasas. Al m ismo tie mpo, se intensificaba la pres encia de la ya men cionada percusión bipolar sobre yunque (Rodrígue z Rellán & Fábregas Val carce, 2011). Esta técnica p are ce e star asociada a la se dentarización de los grupos hum anos y a una re du cción e n s u movilida d, s obre todo e n un contexto de c onsolidación de la e conomía Figura 29 : Eje mplo de utillaje lítico exhumado del sitio de Setepías (C ambados). A la izquierda industria lítica pulimentada y a la derech a piezas talladas e n sílex, crista l de roca y un p risma. También es evidente la ap arición d e puntas de f lecha de base cóncava (Acuña Piñeiro et al., 2011). 80 productora (Andrefsky, 1994; Parry & Kelly, 1987; Rodríg uez Rellán, 2010). Este hecho se produce en Galicia ya a partir d el III milenio a.C. cuando s e consta ta u n incremento e n el número y complejidad de los yacimientos domésticos. Sobre los artefactos líticos tallados (Figura 29), es im portante apuntar qu e la s piezas en cuarzo con filos natura les suelen sufrir pequeñas desc amaciones que originan una “regeneración natu ral” q ue per mi te un incr emento de su dura bilidad. Esto podría e xplicar, en parte, la esca sez de piezas retocadas en l os asen tamientos (Rodríguez Rellá n & F ábregas Valcarce, 2011). Po r tant o, los conjuntos configurad os son atíp icos, aunque en algunos yacimientos ap a recen r as padores ungui fo rmes o en abanic o a sí como bu riles diedros, rectos y desviados. Con t odo, son piezas qu e –d a da su diac ronía– no funcionan co mo un buen i ndicador cronológico (Rodríguez Rel lán & Fábregas Val carce, 2011). Otro tipo de artefa ctos que aparece c on cierta frecuencia s on los denominados m icrolitos geométricos, ad emás de l as puntas de flecha de base cón cava y r ecta fa bricadas e n cuarzo, cuarcita y pizarr a (Figura 30) (Egui leta Fr anco, 1999a; Rodríguez Rellán, 2010). Estos proyectiles son de gran interés dado que comi enzan a documentarse en los yacimientos domésticos durante la prim era mitad del III mil enio a.C., ge neralmen t e vin culados a la aparició n de la cerá mica tipo P en ha . (Eguileta Fran co, 1999a; Rodríg uez R ellán, 2010 ). Otros tipos, como las puntas de flecha de pe dúnculo y alet as (generalme nte vinculadas al f enómeno cam paniforme en otras latitudes), son com parativamente escasas en territorio gallego. Las p untas de proyectil, de una elaboración rel ati vamente m ás compleja, presentan una manufactura desi gual, proc ediendo algunas, quizá s, de producciones locales y otras de c entros productores con un trab ajo má s especializa do, c omo en El Pedros o (Trabazos de Aliste , Zamora) (Rodríguez Rell án, 2010). E n Galicia, en el s it io de Chan do C erqueiro (Boi ro) s e han recuperado cientos de pu ntas de flecha y se ha n do cum entado con claridad l os disti ntos estadios de la cadena técnica ope rativa (Figura 30). Figura 30 : Eje mplos de puntas de f lecha calco líticas d el yacimiento de Chan do Cerqueiro (Boiro) (Barbeit o Pose et al., 2018). 81 En lo que respecta a la industr ia lítica no tallada, e sta es muy frecuente e n los yacimientos domésticos. En su ma yoría son piezas pul idas rea lizadas con m aterias p rimas lo cales, como cuarcita, esquisto y granito. Los tipos más habituales y numerosos son los movient es y durmientes de moli no, vi nculados a la m olienda de ce reales, además de l as hachas, azuelas y pulid ores. P untualmente se re gi stran piezas asoci adas a l ámbito ritual o cultual, c omo en el c aso del asentamiento de Mon te dos Remedios (M oaña) (Fábrega s Valcarce et a l., 2007) en e l que hay dos piezas ideo -técnicas identificad as como pos ibles representaciones a ntropomórficas. En ge n eral, la indust ria lític a puli da es bastante homogénea a l o l argo d e la Pre historia Reciente y supone una p equeña pa rte del conj u nto de las piez as lít icas registradas en un asentamiento, si n supera r en la inmensa mayoría d e las ocasione s a los obje tos tallados (Aboal Fernándezet al., 2005; Aboal Fern ández et al., 2005; Fáb re gas Valcarce et al ., 2007). En algunos artículos (Rodríguez R ellán, 2010; Ro dríguez Rellá n & Fábregas Valca rce, 2016) se ha t ratado la cuesti ón de la captación de materias pri m as para producción de indus tria líti ca. En los ya cimientos analizados, parece q ue las comunidades del III mil enio a.C. recolectaron los recursos abió ticos en el terreno circundante s ituado de ntro de la isócrona de menos de 6 0 min utos (Ro dríguez Rellá n, 2010 ), un rango qu e situado dentro d el dom inio vis ual total o pa rcial de la comu nidad y, por lo ta nto, en p l eno corazón del espacio d e aprovechamiento económico del grupo. Estos grupos explotaban tanto recu rsos primarios (filones) como sec undarios (cantales en cursos fluvi ales y coste ros) cercanos a la zona d e hábitat. Al mismo t iempo, parecen h a ber intensifica do los intercam bios a media y larga dist ancia con otros grupos humanos para c aptar recursos de a lta c alidad ( Rodríguez Rell án & Fábregas Valcarce , 2011). En este sentido, el sílex y otras ro cas criptocristal inas – en su m a yoría de orige n foráneo– ti enen una pres encia di screta en los c ontextos domé sticos. La mayor parte de est os materiales s on util izados, hasta la primera mitad del III mil enio a .C., para su deposición en los ajuares funerarios (Ro dríguez R ellán & Fábregas Va lcarce, 2011). 3.6 U N P ROBLEMA PERSIS TENTE : L AS D ATACIONES RADIOCARB ÓNICAS EN Y ACIMIENTOS DOMÉ STICOS Uno de los grand es problemas de l os yacimi entos domésti cos de l a Prehist oria Re ciente gallega lo supone l a es casez de data ciones r adio carb ó nicas. En t otal se re alizaron 101 a nálisis radiocarbónicos, una cifr a muy p equeña en comparación con la dimensión espacial (Galicia) y cronológica (d el Neolítico hasta la Edad del Bronc e ) del fenómeno estudiado. Durante las últ imas dé cadas, los poblados prehist óricos des cubiertos y excavados e n las intervencio nes d e urge ncia vinculadas a obr as públ icas de gran env ergadu ra o en el ma rco d e proyectos de investigaci ón n o se han vi sto acom pañados, e n su m ayoría, por una recogida sistemáti ca d e mue s tras para l a r eali zación de dataciones d e Carbono 14. Esta situación se h a achacado, gen eralmente, a l a escasez d e recursos e conómicos y de t iempo e n gra n parte de est as intervencio nes, especialm ente las de naturaleza p reventiva (Rodríguez Rel lán, 2010). En paralel o , desde lo s organismos e instituciones públ icas encargadas de la protección del patrimonio arq u eológico no ha existido una política que buscase gara nt izar l a realización de un mínim o de dataciones radiocarbónicas en l as i ntervenciones. Así , no resulta obligatoria la realización y entrega de aná lisis radiocarbónicos j unto con el r esto de do cumenta ción pert inente (informes, memoria s, et c.), incluso en aqu ellos yacimi entos que –por su e x tensió n y complejida d–se hubiesen beneficiado enorm emente de la disponibili dad de fechas radiométricas. Del mis mo modo, algunos de los anális is de Carbono 14 que se realizan no lleg an a pu blicarse hasta pas ado cier t o tiempo o no lo hac en en absoluto (Lima Olive ira, 2004). 82 Por ot ro lado, l as caracterí sticas de los suelos gallegos entorpecen la obtención de m uestras. La deficient e conse rvación de los materiales orgáni cos hace que las dataciones sobre hueso sean prácticament e inexist ente s pa ra contextos anterio res a l a Edad de l H ierr o. Por otro lado, los procesos edáficos desc ritos en páginas a nt eriores están regidos por fue rtes episodios erosivos, lo c ual implica la genera ción de estratigr afías d e escasa pote nc ia y fue rtemente alte radas (Rodríguez Rellán , 2010). Ademá s , los proce so s d e bioturbación han g enerado percolaciones o removil izac i ones vertic ales d e elementos de la cultura material y de c arbones generados por incendios forestales ocurr idos mucho después del a bandono del yacimi ento (Fábregas V alcarce et a l., 2007). Esto complica la tare a de selección de muestras y aumenta las posibil idades de dataciones anóma las. En situaciones ideales, las m uestras proceden de estructuras de combusti ón o hogares, donde abund an l os re sto s c arbonizados de o rig en vegetal ( Vázquez Li z & P rieto Martí nez, 2016). Si n e mbargo, y tal como hemos vis to en páginas anteriores, las c omunidades de la prehistoria reciente gall ega parecen ha ber utilizad o preferentemente como c ombustible especies de vida larga, como e l Quercus . Por esta razón, resul ta muy aconsejable que –c om o paso pre vio al envío de las muestras al laboratorio– los ca rbones sean revisados p or especialista s en antracología que pu edan descartar aquellas m ues tras eventualmente problem áticas (Fábre gas Valcarce e t a l ., 2007). D e est e modo se reducirá substancialmente el ri esgo del llamado “ e fecto de madera vieja” (Olsen et al., 2013), que altera ar tificialmente las dataciones según la especie vegetal an alizada. Esta s ituación pudo haberse pr oducido en algún yacimi ento gallego, como Montenegro o Monte d os R emedios, donde a lguna de las data ciones es d e una ant igüedad considerable en re l ación a la cultura material que l a acompaña. En ot ras ocasion es, s i n embargo, debe recurrirse al anális is de fra cción fina de sedimento que colma ta estruct uras negati vas (fosas, zanjas, fosos, etc.). Estas muest ras suelen i ncluir componentes orgá nicos que pueden no gua rdar rel ación directa con el e ven to que nos i nteresa datar. A demás, debe hace rse un a co rrecta le ctura estratigráfica que p ermita determina r si los depósitos de los que se extrae l a fra cción fina s e cor responde n co n la construcción de l a estructura o, por el contrario, con la colmatación producida tras s u abandono, siendo la valoración a rqueológica del resultado cronométri co, ant e quem o post qu em , diferente en un caso u otro. Final mente, como ya hemos di cho, debe de te nerse e xtremo c ui dado a la hora de cerciorarnos que no ha ya ha bido filt raciones s ignifi cativas de nive les suprayacentes ( Fábregas Valcarce et al., 2007). El carácter epi sódic o y desigual intensidad d e las ocupaciones de los yaci m i entos gal l egos de la P rehistoria Rec iente p rovocan que se doc ument en palim psestos de estructuras y materiales sin una sec uencia estratigráfica clara. E sta c ircunst ancia, unid a a las ya referi das peculi aridades de los suelos ga ll egos, dificulta la a soci a ci ón de los ele m entos datados y l as actividad es realizad as e n su entorno inmediato. P or ta nto, se limita la representati vidad de l a muestra a la hora de poder establecer una se cuencia cla ra y completa del yac imiento (Rodríguez R ellán, 2010). Ante e sta sit uación, e n algunas actuacione s s e pro curó tomar el má xi mo número posible de muestras par a da taciones . Este es el c aso de M on te dos Re medio s (Bonilla Rodríguez, 2004) donde se extrajeron hasta 11 muestras per ten ecientes a di ferentes estructuras del a s entami ento. De e s ta mane ra, se pudo obtener un número consi derable de dat aciones para tener un a vi sión general sobre la s ocupaciones d el yacimiento. Una cue stión que es inde p endiente de la naturaleza de la mu estra e s la rel ativa a la dispos ición de la curva de calibración ( Fábregas Valcarce et al., 2007). D icha curva sufre desviaciones importante s y no mantiene u n trazado regular en d eterminados tramos c ron ológicos, como oc ur re en los dos últim os siglos del V milenio B. P. (Rodríguez R ellán, 83 2010). En est a s ección se produce un ames eta miento que g enera la m ulti plicación de los intervalos de calibración. Esta problemática se solu ciona obte niendo da taciones con la menor desviación pos ible y usando de forma prud ente l os progra mas de c ali bración, como CAL IB (St uiver e t al., 2020) [21/11/2020] u OxCal (Bronk Ramsey, 2020) [21/11/2020]. Además, e n las curvas de calibración más recientes , c omo IntCal20 (Hea ton et al., 2020), ut ilizada en n u estro estudio para calibr ar las dataciones de los hábitats (T abla 2), se ha intent ado paliar las desvia ciones de dicha curva. Otra problemátic a que ha af ectado a la arqu eología gallega, i gual que a l a de otros territorios, e s la pre sencia de datacione s con una desvi ación típica m uy ampli a. Estos re s ultados sistemáti camente i ncoherentes fueron suminis trados por el l aboratorio japonés Gakushuin (Tokio, Japón), responsable de un buen número de a nálisi s radiocarbónicos de yacimientos domésticos g allegos y p ort ugueses e xcavados e n l os años 80 y 90 del pa sado siglo (Góme z Fernández et al., 2001). Los ya cimie ntos pontevedreses de Saídos das R ozas (C amp o Lam eiro), O Fixón (Can gas), Lavapés (Cang as) y Chan de Armad a (Vilaboa) fueron algunos de los afecta dos por estos errores del labo ratorio ni pón (Tabla 2 ). Cinco de l as d ata ciones dis p onibles para estos yacimie ntos result an inse rvibles al ser claramen te poc o precisas y dudo sas. La de sviación estándar alcanz aba los 100 punto s en todas ella s, llegando h asta los 170 en algún ca so, lo cual dificulta la acotación a un periodo conc reto de la ocupación de los hábitats . En ot ros laboratorios, com o l os vinc ulados al C SIC o a la empresa B eta Analytics, también se han r egistrado algunos errores simil ares. Co n t odo, su impacto en el caso gallego ha sid o mínim o, afectando a unas 4 data ciones y sin causar grandes pe rjuicios a la in terpretación de los yacimie ntos. Esto s casos fueron lo s d e As Po ntes ( Abadín, Lugo), Re queán (Toques, A C oruña) y Ch an do C ereixo (Gondomar, Po ntevedra) (Cri ado Boado, Cerqu eiro L andín, et al., 1995; Lima Oli veira, 2004; Villa r Quinteiro, 2009). Por ú ltimo, y com o ya h emos apuntado, exis ten 15 dataciones cuyos r esult ados se alejan del ma r co cronológico pl anteado en e sta t esis (c. 4800-1200 a.C.). En algunos casos, com o en Montenegro (Moa ña) o Chan das Pozas (Campo Lameiro), los análisis rad iocarbónicos fechan restos vegetales a ntiguos y previos a la oc upaci ón del lu gar, mientras en el rest o s e datan periodos de ocupación posteriores al 1200 a.C. o depósit os generados tiempo después d el abandono del lugar. 84 Tab la 2: Dataciones radiocarb óni ca s realizad as en yacimientos domésticos gallegos y c alibradas con la curva de ca libraci ón IntCa l20 (Heaton et al., 2020). E n ver d e se muestran las fechas fuera del rango cronológico (c. 4800-1 200 a.C.), en rojo las dataciones con una desvia ción estándar sup erior o igual a 10 0 puntos y en blanco las utilizad as en e l análisis espac ial. Yacimiento Cod. Lab. Data BP Intervalo d e probabilidad Muestra Método Bibliografía As Pontes (Abad ín, Lugo) CSIC - 1533 4656± 41 3528 - 3357 a.C. Carbón Convencio nal Lima Oliveira 2004 A Fonte nla (Moaña, Ponteved ra) CSIC-417 4410± 50 3331-2909 a.C. Semilla Convencio nal De la Peña y Rey García 1993 A Ga ndara (Mos, Ponteved ra) CSIC - 1264 5412± 44 4350 - 4062 a.C. Carbón Convencio nal Lima Oliveira 2000 A Ga ndara (Mos, Ponteved ra) CSIC - 1263 5356± 49 4330 - 4051 a.C. Carbón Convencio nal Lima Oliveira 2000 A Ga ndara (Mos, Ponteved ra) CSIC - 1265 4095± 42 2869 - 2495 a.C. Carbón Convencio nal Lima Oliveira 2000 A Lag oa (Toques, A Coruña) CSIC-899 3900± 70 2571 - 2150 a.C. Carbón Convencio nal Mendez Fernandez 1994 A Lag oa (Toques, A Coruña) Beta - 74272 3820± 60 2464 - 2056 a.C. Carbón No referido Prieto Martínez 2011 A Lag oa (Toques, A Coruña) CSIC - 1000 3800± 30 2343 - 2138 a.C. Carbón Convencio nal Mendez Fernandez 1994 A Lag oa (Toques, A Coruña) CSIC-901 3140± 50 1505 - 1280 a.C. Carbón Convencio nal Mendez Fernandez 1994 A Lag oa (Toques, A Coruña) CSIC-900 3030± 50 1413 - 1126 a.C. Carbón Convencio nal Mendez Fernandez 1994 A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308700 7390± 40 6388-6088 a.C. Carbón No referido Nodar Nodar y Vidal Caeiro 2016. Memoria T écnica A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308702 2940± 30 1230-1046 a.C. Carbón AMS Nodar Nodar y Vidal Caeiro 2016. A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308703 3140± 30 1498-1306 a.C. No referido AMS Maria Martin Seijo et al 2017 A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308701 3460± 30 1882-1689 a.C. No referido AMS Maria Martin Seijo et al 2017 A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308704 2840± 30 1109-916 a.C. Carbó n No referido Nodar Nodar y Vidal Caeiro 2016. A Pata queira (Palas de Rei, Lugo) Beta- 308705 1140± 30 870-992 d.C. Semilla AMS Vidal 2012 (Mermoria técnica) As Cruces/Reborica (Aranga, A Coruña) UtC -4002 4927± 48 3899-3634 a.C. Carbón AMS Bonilla Rodríguez 2011 As Cruces/Reborica (Aranga, A Coruña) UtC -4004 4835± 45 3707-3634 a.C. Carbón AMS Bonilla Rodríguez 2011 As Cruces/Reborica (Aranga, A Coruña) UtC -4003 4170± 44 2889-2623 a.C. Carbón AMS Bonilla Rodríguez 2011 As Mamelas (Sanxenxo, Ponteved ra) Beta- 358362 4370± 30 3091-2906 a.C. Sediment o AMS Cano Pan e t al (2016) Parte 2 OBJETIVOS Y METO DOLOGÍA 4. OBJETIVOS En t érminos generales, se planteó el e studio de la intensida d, agrupación y cronología del asentamiento humano dura nte l a P rehistoria Recien t e de Galicia. De este modo, s e pudieron estudiar los c ambios en el emplazamiento de l os yacimientos dom ésticos a diferentes escalas - tanto a nivel regio nal como a utonómico- y a l o l argo del tiempo. Esto permite d etecta r tendencias en el tipo de pobla miento de las c omunidades prehis tóricas en u n t erritorio con una amplia di versidad orográfica y paisajístic a. Otros análisis s e o rientaron a la d etección de l as dinámicas de ocupac ión y abandono de varios pobla dos habitad os e n difer entes period os de la Prehistoria R eciente. En est os yacimie ntos se orga nizó el espacio dom éstico a través de diversas áreas de activida d compuestas por estructu ras y cultura material. Estas z onas de trab ajo y de o ci o pudi eron haberse modificado c on las diversas ocupacion es del asentamiento y haber cambiad o su s funci ones. 4.1 O BJ ETIVOS DEL ESTUD IO MA CROESP ACIAL En el estudio macroespacial se re alizó un a nálisi s del conjunto d e y acimientos domést icos al aire li bre d e la Prehistoria Reciente registrados en Galicia. En dicho análisis se procuró alcanzar estos obje tivos principales:  Identificar los patr ones de ocupación del t erritorio de lo s hábitats de la Pre historia Reciente gallega .  Determinar e l tipo de emplazami ento de los hábitats en función de su crono logía. Esta s metas generales se pueden subdividir en diferentes obj etivos secunda rios que ayudan a profundizar en n uestro c onocimiento sobre el fenómeno doméstico pre histórico. E stos son los siguientes:  Analizar las c aracterísticas de los difer entes tipos de yacimientos doméstic os.  Detectar las principale s concentrac iones de hábitats e n la región estudiada.  Estudi ar las di feren t es variables locacional es (altitud, pendiente, ori entac ió n…) con el fin de definir las cara cteríst icas del emplazamiento de los yacimientos prehi stóricos.  Identificar grupos d e h ábitats y com pararlos ent re sí para d etermina r si existen diferencia s en su em pl aza miento.  Analizar la c ronología rel ativa de los espacios domésticos a t ravés de l e xamen de ciertos elementos de la cu l tura mat erial e identificar s i e xi sten diferencias en el emplazamiento a lo largo del tie mpo.  Exami nar las dataciones ra diocarbónicas disponibles c on el fin de observar la evoluc i ón del poblamient o durante la Prehistoria Reciente de Galicia (c. 4800 – 1200 a.C.). 94  Ensayar nu evas m etodol ogías de análisi s con el fi n de prede cir la ubicac ión de otros yacimie ntos de similares características. 4.2 O BJ ETIVOS DEL ESTUD IO MI CROESPACIAL Otras metas de esta te sis están enfocadas al estudio m icroespacial de varios ase nta mientos prehistóricos, e n c oncret o los de Monte dos Rem edios (Moaña, Pont evedra), O Fuxiñ o (Piñor, Ourense) y A Pataqueira (Palas d e Rei, Lugo ). En este sentido, se pla ntean l os siguientes objetivos prin cipales:  Conocer la organizac ión interna de los poblados prehis tóricos.  Analizar la evolu ción de las unidades domésticas a lo largo de la P rehistoria R eciente gallega, desde el Neolíti c o hasta el inicio del Bron ce Final (c. 4800 – 1200 a .C.). Con el fin de d esar rollar estos puntos, s e est ablecieron varias metas secundarias que permitan conocer la estr ucturación inte rna de l os hábitats de la Prehistoria Reciente:  Estudi ar las posibles asociaciones esp aciales entre la cult ura material y las estructuras.  Identificar con centracio nes y agrupa ciones de materiales y estructur as a sociadas a determinadas fases de oc upación.  Determinar los e spacios diferenciados/especializ ados (distint as tareas productivas, como la talla lítica, alfarería, procesamie nto de alimento s…).  Exami nar l a inc idencia de los procesos postdeposi cionales en el desplazamiento de la cultura material d entro de los yacimientos.  Identificar y analiza r la distribución de las posibles á reas de actividad en el asentamiento, a tendiendo a criterios esp aciales y est adísti cos.  Prestar ate nción a la dis persión de la c ul tura m ate rial para obse rvar t end encias en la ocupación del asentamie nto a lo largo del tiempo.  Reconoce r posibl es áreas de paso en el inter ior de l y acimiento a través de la fragmentac ión de la cultura materi al.  Exami nar las característi cas de las estruc t uras for m adas por pos tes con e l fin de detectar las pautas se guidas en l a construcción de la s cabañas.  Determinar la posi ble a sociación espacial entre las dataciones ra diocar bónicas y la aparición de d eterminada s estructuras y cultura ma terial. 5. METO DOLOGÍA La m e t odología emp leada a lo largo de esta tesis doctoral s e basa fundame ntalm ente en el us o de técnicas y h erramient as geoespaciales y de es tadística espacial con e l fin de responder a cuestiones arqueológica s c oncretas s obre el f enómeno doméstic o durante la Prehis toria Reciente de Galici a. L as principales herramienta s uti lizadas fueron los Sist emas de Informa ción Geográfica y los p rogramas d e análisis e stadísti co con un a mplio uso en l as investigacion es arqueológicas en Galic ia. La combinación d e estos métodos pot enció los análisis apl icados y permitió a lcanzar los objetivos pl anteados. 5.1 O RGANIZ ACIÓN DE LO S DATOS Durante nuestra consulta de las fichas del Inventario Xeral de la Dirección Xeral d e P atrimonio Cult ura l (DXPC, en a delante) d e la X unta de G alicia, recopilamos todas l a s referencias sobre yacimie ntos dom ésticos de la Prehistoria R ecient e doc umentados e n la c omunidad gallega hasta el año 2018. Toda la info rmación relativa a estos siti os arqueológicos se almacenó en una base de datos de Mi crosoft Acc ess 10 . En el la se inc orporaron campos c on los datos básicos de c ada hábitat 1 1 y relacionados con l as c aracterísticas de su excavación, en el ca so de que esta existiese. Además, en las obs ervacione s empleamos una cod ificación alfanumérica 12 para registra r otro s rasgos complementa rios de cada espacio doméstico. En l os hábit ats excavados pudimos anotar con m ayor de talle características tales como la cantidad aproximada de artefa cto s recuperados e n l a intervención, el área i ntervenida, e tc. Además, recogimos los tipos de estructur as, ma terias p rimas líticas, fami lias cerámicas, y también los documentos (memorias técnicas, i nforme s va l orativos…) disponibles e n la DX P C. Toda est a in formación fue export ada de Micr osoft Ac cess a Excel, donde fue t ransformada a formato CSV 13 . Dicho formato es compatible con los programas de anális is geoespacial y estadísti co utiliza dos en esta tesis doctoral. P ara mejorar el trata miento de los datos se proc uró que en el a rchivo hubi ese un dato po r celda, sustit uyendo l os campos vac íos con el código N A ( Not A vailable ) con el fin de mi nimizar errores una vez se tratase la infor m ación a nivel estadísti co (Broman & Woo, 2018). Por otro lado, p arte de l a i nformación d e los tres y acimientos anali zados a nivel microespacia l (Monte dos R emedios, O F uxi ño y A Pataqueira), se a l macenó en hoj as de 10 El acc eso a di versos p roductos de M icrosoft Co rporation (Acces s, Excel, Wo rd…) fue po sible gr acias a un a licencia edu cativa expedida por la Un iversidad de Santiago de Compostela. 11 Con i n f ormación básica nos referim o s al t opón imo, las coordenadas UTM, la ad scripció n cronológica, la existen cia de estru cturas y la tipología de la cultura material. 12 En este código apuntamos el tipo d e yacimien to, si sufrieron algú n tipo d e afecc i ón por ob ra pú blica y los materiales in ventariados en estos espa cios domésticos. 1 3 E s t e formato CS V ( comma-separated va lues) separa los v alores mediante co mas y su u so es seguro p ara almacenar datos p a r a s u posterior análi sis (Broman & Woo, 2018). 96 cálculo de Microsoft Exc el. En este formato se gua rdaron los datos rela tivos a l a cultura material, detallando los ti pos de in dustria lítica o las familias cerámicas r egistradas con s us correspondient es coordenadas. Estos CSV sirvie ron para a lmacenar en difer entes column as desde las va riables locacionales util i zadas en el a nálisi s macroespacial hasta l as distancias entr e la c ultura mate rial y las estruc turas en el e studio microespacial de cada yacimiento. P or ta nto, dicho formato facilitó la recogida de estos datos para su post erior análisis estadístic o. La estructura ción int erna de los da tos y s u orden facilitaron el manejo adecuado de la información. A demás, al trabajar con formatos que se rigen por estándares int ernacionales, los datos fueron fácil mente m ane j ables en múltiple s plataformas digitales. 5.2 C ARTOGR AFÍA 5.2.1 El pasado y presente de l a cartografía regional El conocimi ento sobre la geografía de Galicia h a ido modificándose a lo largo de los últim os siglos con l a mejora de l a c artografía. Desde fina les del s igl o X VIII , s e ha progre sado en mejorar l a calidad y mayor resolución d e los mapas. Esta preocup ación por l a cartogra fía s e de muestra en los m apas de Tomás López a tra vés de su Mapa Geográfico del Re yno de Galicia (1784) y otros d e cará cter más científico como l a obra de Vicent e Tofiño de San Mi guel t itul ada Atlas maríti mo de España (1783-1789) (Méndez Martínez, 1989). Con t odo, d ichos proyectos quedaron difuminados por trabajos p osteriores como la Car ta Geométrica de Galicia (1817-1834) de Domingo Fontán (1788-1866). Este ilu strado y geógrafo gall ego elaboró el prime r m apa topográfic o p ara Galicia apl icando p ara ello el método científico y medi ciones matemática s (Méndez Martínez, 1989). Dicha Car ta proporc i onó un conocimiento de gr an calidad sobr e el ter ritorio gallego frente a o tras re gi ones de la E spaña del siglo XI X. Adem ás, permitió realizar con precisi ón obras de ingeniería com o líneas de ferrocarri l, carreteras, e tc. Tal e s su calidad, que su exactitud no fue mejorada hasta el fin de la Guerra Ci vil Española, de la mano del Servicio Geográfico del Ejér c it o (Méndez Martínez , 1989). Entre l os años 40 y 60 del pasado sigl o s e re alizar on t re s vuelos fotogramétricos por parte del Army Map S ervice de l os Estados Uni dos de Amé rica (Series A, B y C) 14, los cuales son conocidos popul armente como el “Vuelo Amer icano” (IGN, 2020a) [03/03/2020]. Estos proyectos dejaron un repositori o de i mágenes aérea s que p ermitió actual izar la inform ación cartográfica de toda E spaña a me diados del sig lo XX. Estos datos fueron de gra n utilida d para estudios sobre us os d el suelo , urba nismo, et c., y – en los últim os años– se ha n utilizado con g ran éxito para tra tar cuestiones como el cambio cli mático o pa ra proyectos de Arqueología. En E spaña, la informatización de los datos espaciales no surgió hasta los años setenta de l siglo XX, cuando s e i m pl ementan los pri meros S istemas de Información Geográfic a 15 (Olaya , 2011). E n esta década t a mbién se i niciaron otros proyectos que t enían c omo objetivo generar ortofotos aé re as de l territorio español, como el vue lo i nterministerial (1973-1986) y el Nacional (1980-1986). E n la última década d el siglo X X, s e re alizaron las prime ras fotografías en color 14 E l primer vu el o (Serie A) se realizó entre 1945 y 1946, el Serie B entre 1956 y 1957 y el Serie C ent re 1967 y 1968. 1 5 P a r a el resto de los p aíses, sobre t od o de o rigen anglosajón, como E stados Unido s o Rei no Unido, estas i ni ciativas ya surgen u n p a r de décadas antes. 97 a travé s d e l vuelo d e costas (1989-1991) y el q uinquenal (1999-2003) ( IGN, 2020a) [03/03/2020]. En 2004, se puso en marcha el Pl an Na cio nal de Ortofotografía Aérea (P NOA) bajo la dirección de l Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Centr o Naciona l de Información Geográfica (CN IG) (IGN, 2020b) [03/03/ 2020]. Este proyecto sigue vigente en l a ac tualidad y persigue el objeti vo de realiz ar ortofoto grafías aéreas digitales con un a resol ución de entre 25 y 50 cm y modelos digitales de eleva ciones (M DE) de alta pre cisión de todo el territorio español cada 2 o 3 años. A la par que e ste pr oyecto, en 2 009 se creó el plan PNOA-LiDAR en el c ual se inte gró la tecnología L iDAR 16 con el fin d e generar modelos digitales de terreno d e mayor resoluc i ón (IGN, 2020c) [03/03/202 0]. El principal objetivo del proyecto fue el de realizar u na cobertura del t erritorio español 1 7 media nte nubes de puntos con c o ordenadas X, Y y Z y atri butos c omo colores, clasificación, intensidad... Estos r ecurso s están di sponibles de f orma gratuita e n el Centro de Descarga s del CNIG en ficheros digi tales de 2x2 km de e xtens ión y en formato LAZ 1 8 . La tecnologí a L iDAR permitió crear diversas cap as de información e spacial con las c uales generar Modelos Digitales de Elevaciones (MDE), ya s ea en forma de Modelos Digitale s de Superficie (MDS) 19 o de Modelos Digi tales de T erreno (MDT) 20 . Estos recursos están disponi bles en hojas de l M apa Topogr áfico Nac ional (M TN) 21 y tambié n po r provincias. Los mapas c ontienen una res olución d e píxel variable (de 200, 25, 5, 2 y 1 metros), por lo que se pueden util izar para distintos fines. Estos recu rso s m ás re cientes proporcionan u na información d etall ada a ni vel cartográfico para el c onjunt o de Espa ña y t ambién para el ca so del territorio galle go. Por lo ta nto, se ha podido e mpezar a realiz ar análisi s espacial es acor de con l a c alidad de da to s dis ponibles en los repositorios del IGN y el CNIG. 5.2.2 Herramientas carto gráficas Los principales repositori os dig itales c on información c artográfica consult ados fueron la web del I nsti tuto G eográfico Na cional 2 2 , que dispone de un Ce ntro de D escargas (CdD) vinculado al Centro Nacional de Inform ación Geográfica (CN IG) 23 y el visor Xeoportal, auspiciado por l os distintos órganos de la A dmi nistración Xeral de la Co m unidad Autónoma de Galicia 24 . A través de ambas webs, se descargaron de forma gr atuita dive rsos m apas temáti cos y modelos de elevaci ón del terreno del territorio es pañol y de Galicia en part icular. 16 LiD AR o Ligh t Detectio n a nd Ranging en su no mbre en i nglés. Es ta t ecnologí a se basa en un sistema láser que permite medir la distancia entre el p unto de e mi sión del láser hasta un objeto o s uper ficie. L a nube d e pun tos generada p ermite id entificar edificio s, vegetación, etc . y clasificarlos para pod er filtrar y detallar to dos los elementos i dentificados. 17 Cada cobertura se r ealiza en un ciclo d e 6 años. L a p rimera se realizó entre el año 2009 y 2 015 y la segun da comenzó en 20 15 y aún no ha finali zado. 18 E ste formato es un t i po de arc hivo binario o b tenido de la co mpresión de los ficheros L AS (IGN , 2 020c). 19 L os Modelos Digitales de Superficie reflejan la realidad la su perficie de la tierra e incluye todos lo s elem entos que conti ene (edific ios, vegetación, etc.). 20 L os Mo delos Digi tales de T erreno repr esentan la sup erficie d el suelo desnudo si n n ingún ob jeto, co mo ed ificios o veg etación. 21 E stas hojas están dispo nibles en escala 1:25 .000 y 1:50.000, según la resolu ción del MDT o M DS . 22 h ttps://www.ign.es/web /ign/portal [01/04/2019]. 2 3 h t t p: //centrodedescargas.cn ig.es/CentroDescargas/ind ex.jsp [01/04/2019 ]. 2 4 ht t p : //mapas.xunta.gal/po rtada [10/04/2019]. 98 Estos repos i torios digitales ofrecen información cartográfica en diferentes formatos, c omo ASC II ( American Standar d C ode for Information Int erchange ) 2 5 y SHP ( ShapeFil e ) 26 (E S RI , 2021; Gonzále z Aguayo, 1994). Todos estos fo rmatos son soportados por los di fe r entes Siste mas de I nformación Geográfica (SI G), da do que s e tratan de es tándares internacionales de almacenamiento de da tos. Estos t ipos de archivos permitieron alma cenar d a t os ráster y vectoriales. C on e l c oncepto ráster hacemos ref erencia a cualquier mapa que repres ent a datos espaci ales utilizando una cuadrícula de celd as o pí xeles del mismo t amaño. C ada c e l da contiene un valor que registra algún a tributo en e sa ubi cación ge ográfica (Conolly & Lake, 2006). Así, p or ejemplo, pueden aportar información sobre la altura, c omo lo hacen los MDT, u otra v ariable, c omo la temperatura o precipitación. Este tipo de ma pas, com o l os Modelos Digita les de Terreno, están disponi bles en la web del Instituto G eogr áfico Nacional. Los MD T adq uiridos tienen una rejilla de 25 y 200 metros de resolución 27 y sirvieron para elabo rar un ma pa complet o de toda la C omunidad Autónoma de G alicia. Para la c ontextu alización de los y acimientos domésticos, se utiliz ó una ca rt ografía de mayor r esolución, en concreto de 1 metro. Por otro lado, l os m apas ráste r de los ya cimient os domé sticos an alizados fueron cedidos por l os di rectores de excavación d e cada si tio. E n estos casos, l os MDT fuer on obt enidos a través de la interpolación de l os puntos tomados dura nt e el levantamie nto topográfico re alizado con estac ión t otal en el curso de la excavación de ca da s itio. Est os sirvie ron de b ase par a l a ejecución de los a nálisis y nos aportaron observa cio nes de gran precisión al cont ar con una resolución que llega ha sta los 10 centímetros. En cuanto a los vectores, estos s e c omponen d e formas geométricas (p untos, lí neas o políg onos) que –a su vez– se alma cenan como li stas de coorden adas y, posiblemente, también información topoló gica y/o un link a una base de datos que contenga valor es d e l os atributo s (Conolly & Lake, 2006). La m ayor parte de estos elementos s on almacenados ba jo el formato shapefile, al que le acompañan otros arc hivos ne cesarios pa ra representar d atos espaci ales 28 . De esta forma, s e representó desde la ubicación de lo s yacimientos doméstico s en G alicia hasta la dist ribución de la cultura mate rial y estruc t uras 29 dentro de l os poblados prehistóri cos. En el marco de la Arqueología profesional, estos mapas vectoriales suelen almacen arse en formato DWG 3 0 , y de hecho ta nto l os contornos de las estructuras (p avimentos , zanjas, fosas, estructuras de combustión…) c omo la localiz ación de l a cultura material se guardan e n dicho 25 El formato ráster Esri ASCII es la norma, de facto, para el formato de archivos de t exto en l os equipos q ue asi gna un número bi nario de 7 bits a cada carácter al fanumérico o especia l. Además, permite tr ansferir inf ormación hacia o desde ot ros sistemas ráster o basados en celdas. 26 El s hape o s hapefile es un f or mato est ándar d e almacenaje d e datos v ectoriales, como pun tos, líneas y polígono s, d esar ro llado po r l a compañía ESRI q ue comercializa el S istema de In formación Geográfica A rcGIS. Este a rchivo informático propi etario se ha con vertido en un f or mato estándar par a el intercam bi o de in for mación geográfica. 27 E sta cartografía es tá basada e n el LiDAR del Plan N acional de Orto fotografía Aér ea. ht tp://centrodedescargas.cnig .es/CentroDescargas/ind ex.jsp [01/04/2020]. En el caso del mapa con 200 metros de r esolución de p íxel se utilizó exclusivamente para el análisis de l a visibilidad top ográfica. 28 Ad emás de la ext ensión . shp q ue a lmacena las entidades g eométricas , también se p recisa de un ar ch ivo .shx para org an i zar el ín dice de es tas entidades y una base d e datos .dbf donde se alm acena la infor mación d e l os atribu tos de lo s o bjetos. Asimis mo, es habi tual que ap arezcan archivos opc ionales .prj con la informació n referida al s istema de coo r denadas en formato WK T y . cpg en el que se especifica la pág i na de código para ide ntificar el conjunto de caracteres util izado. 29 Para lo s yacimient os d oméstico s y la cul tura mat erial la representación habitual f u e en forma de pu nto, sin embar go, las estru cturas pueden ten er forma de l ín ea o polígono. 3 0 E s t e f ormato de archiv o informático de di bujo co mputarizado es util izado prin cipalmente p or el p rogr ama AutoCAD, p r o d u c to de l a compañía AutoDesk. 99 formato. P ara poder t rata rlos e s nec esario conta r con herramienta s CA D 31 (González Agu ayo, 1994, p. 10). A tra vés de una licencia educativa propo rciona da por la Universidad de Santiago de Compost ela, se pudo editar esta información a trav és del programa informát ico A utoCAD Map 3D 32 . Con e sta herramienta t ambi én se pudo e xportar la información a s hapefi les que s e puedan manejar en los Sis temas de Inform a ción Geográfic a (SIG). A partir d e l as coo rdenadas U TM 33 , alma cenadas en l os archivos CS V citados l as páginas anteriores, pudimos gen erar mapa s vectoriales de di str ibución de l os yacimi entos doméstic os para s u a nálisis macroes pacial. L as coordenadas de estos eleme ntos fu eron registrad as bajo el sistema de referencia geodésico European Da tum de 1950 (ED50 ) (EPSG: 23029), ampliament e utilizado e n Euro pa hasta 2008. Da d o que la mayor parte de la cartogra fía y ba s es de datos actuales, inclui da la base de datos de la D irección X eral de Patr imonio Cultural, se encuentra en el sist ema de referencia geodésico E uropean Terrestrial Reference Syst em de 1989 (ETRS 89), procedi mos a reproyectar las coorden adas a dicho sist ema. Este proceso fue posi ble gracias al Servicio web de t ransformación de coorde nadas d el Instituto Geográ fico N acional 3 4 . Así, pudim os representar lo s yacimientos domésti cos correctamente en la cartogra f í a proyect ada ba jo el sistema de coord enadas UTM y Huso 29T 35 y en base al sistema de referencia ETRS 89 (EPSG: 25829). Para el caso de la cultu ra material y las e struct uras, s e m antuvi eron l a s coordenad as originales, que fue ron tomadas mediante est ación tot al 3 6 . E n el caso del yacimi ento de Monte dos Remedios, parte de los fra gm entos ce rámicos habían sido ubicados a partir d e c oordenadas relativas por l o que t uvi eron que conv ertirse en absolu tas. Esto fue pos ible al disponer de la georrefer e n ciación de l os bordes de las UR (Unidades de Refe re ncia) 37 d onde se ubican di chos materiales. Este m ismo t ratamiento de la i nformación fue r ealizado e n estudios p revios sobre este si tio (Lorenzo Salgueiro, 2018; L orenzo Salg ueiro et al., 2 017). Al ig ual que los ráster, tam bién se obtuvo un número i mportante de mapas vec t oriales d el repositorio del I GN. Entr e ellos se encuentran los pertenecientes al p royecto europeo COR INE Land Cov e r 38 , el cual desarrolla l a creación de una ba se de datos sobre los us os del s uelo en la Unión Europe a. Asimismo, s e descargaron mapas con l os l ímites administ ra ti vos actuales y con las constr uccione s mode rnas que puedan haber afe ctado a los yacimientos d o mésticos 39 . 31 CAD o Computer-aided design en s u n ombr e en inglés, hace referencia al softwa re in formático que as iste en el dibujado 2D y modelado 3D de un diseño . Es t e tip o de herramientas se u tilizan ampliamente e n i ngenie ría y también en a rqueología, ut ilizándose en este últim o caso par a rep resentar las tareas de excav ación y la ubicació n de los materiales exhumado s. 32 ht tps://www.autodesk. es/products /au tocad/inclu ded-toolsets/autocad-map-3d [ 0 2 /03/20 20]. 33 E l Universal T ransverse Mercato r (UTM) es un sistema de co orden adas basado en la pro yección cartog ráfica transversa de Mercator y que ex presa las co or d en adas en metro s. Dicho sistema s e b asa en un a cu adrícula con un códig o alfanumérico e n cada celda o huso que iden tifica cada parte del planeta (Conolly & Lake, 2006, p. 21) . 34 h ttps://www.ign.es/wcts-app/ [20/01/2020]. 35 Para el caso de Galicia, le corr esponde el Huso 29T. 36 Es un instrumento topográfico res ul tado de la integración en un equi po de un goniómetro y distanciómetro electrónicos. Dispo ne d e un microprocesador para el cálculo au t omá tico de distancias reducidas o geométr icas, acimut, desniveles, cál cul o de puntos en coord enadas polares o cartesianas. Este tipo d e tecnología f ue su stituyendo prog resivamente al nivel y el teodolito , al menos en arqueo logía, desde inicios d el siglo XXI. Además, pe r mitió u n registro d e la cultu ra material y l os contornos d e las estruc turas mucho m ás preciso. http://diccion ario.raing.es/es/lema/estaci%C3%B3 n-total-integ ra da [0 1/04/2020]. 37 E ste sistema p ermite su bdivid ir un yacimien to e n c eldas cuadrangulares qu e f acilitan l as t area s de loca li zación de la cultura material y la s estructuras en un a excavación en área de grandes dimension es. 38 El p royecto CORINE ( Co ordination of I nformation on th e En viroment ) es tá di rigido por la Agencia E uropea d el Medio Ambiente (AEMA) en Co pe nh ague https:// land.copernicus.eu/ pa n-eu ropean/corine-land-cover [04 /0 4 /2020]. 39 En tre estas afec ciones se in cluy e l a red de car reteras, la red eléctrica, el ferrocarril, las zo nas in undables, las exp lotaciones m i n e r a s, la co ncentración p arcelaria, los par ques eólicos y los embalses. También se tuvieron en cuenta las ob ras públicas del Ol e od u cto A Coruña-Vigo y la construcción de la Red de Gas i ficación d e G alici a. 100 También se adquirieron algunos productos ca rtográficos de l porta l de Información Xeográfi ca de G alicia , como la representación d e la geologí a de Galicia que propor ciona el Institu to de Est udos do Territor io 4 0 . D e otros s e rvic ios vinc ulados a la Con selleria de Medio Ambiente, Terri torio e Vi v enda se consiguie ron los datos de prec ipitación y temperatura 41 de cada e stación meteorológica de l a comunidad. E stos tuvieron que d escarg arse en forma to JSON 4 2 y transferirse a un C SV para su importación posterior a un SIG. Por último, s e pudo descargar un sh apefile a djunto a una publ icación ci entífica de B r ais Currás Re fojos desde el r epositorio digit al de l a revist a Trabajos d e Prehistoria . En e ste archivo se recoge la cartografía referida a los usos potenciales de l a t ierra de Galicia (Currás Refojos, 2014). Este mapa aporta una visión dife rente a aque llos tomados de l CO RI NE, dado qu e se centra e n la potenc i ali dad y no tanto en el uso act ual del territorio. 5.3 S IST EMA S DE I NFORMACIÓN G EOGR ÁFICA 5.3.1 Definición y breve histori a de l os SIG Los Sis temas de Info rm ación Geográf i ca (SIG) se han definido tradicionalmente como un “sis tema inte grado de captura, almacenamiento, manipulación, análi sis y visualización de info rmación relativa a in tereses de naturaleza geográfica” (González Ag uayo, 1994, p. 32 ). Dentro de est os s i stemas, existen d os ti pos básicos de datos, rást er y vectori al, y s u tratamiento involu cra a un conjunt o de programas inform áticos ( sof tware ) y –en ocasiones– hard ware (González Aguayo, 1994) que proporcionan las funcio nes anteriormente ex puestas. A esta descripción genérica de los SIG puede añad irse que es posi ble generar una conexión entre difer entes SIG y programas de e stadística (por eje m plo, R ). Pa ra a cceder a est os últi mos es preciso des cargar una serie de p aquetes que permit en l a integración con los SIG. E sto propicia y facilita la coop erac ión e ntre los prog ramas, así como pot encia el carácter analítico de estas herrami entas esp aciales. Estos Siste mas de I nform ación Geográfica han ten ido un desarrollo reciente, por lo que es una tecnología joven qu e continúa est ando en consta nte cambio y p erfec c i onamiento. En el pasado, e xistieron otras formas de conf eccionar mapas y ge stionarlos . Algunos de los antecedentes que conoce mos nos permite n obs ervar el de sarrollo d e algunas soluciones espaciales p ara problemas de diferen t e índole. A m enudo, se atribuye como precedente de los S IG el trabajo reali zado por el conside rado padre d e la ep i demi ología, el Dr. John Sn ow (1813-1858) (M cLeod, 2000) . Su hab i lidad para discernir la s causas de l a epid emia de cólera de 18 54 en Broad Str eet ( Londres, Inglaterra) fue sonada en el mundo académico d ado que, para e llo, creó un rudimenta rio mapa de punt os y barras apiladas, rel acionándolos co n los posibl es pozos de agua c ausantes d el brote y el número de falle cidos en el b arrio. De e sta forma, de tectó e l ori gen de l a i nf ección y clausuró la fu ente de agua responsable de l contagio de cóler a. Al m argen de la discusión sobre la atribu ción de esta solució n al epidemiól ogo John Snow (McLeod, 2000), l a i dea de resolver dicho problema con un análisis de tipo e spa ci al sirve d e antecedente muy l ejano d e los complejos Siste mas de Información Geográfic a c reados m ás de un siglo después. 40 Dich o instituto nos ofr eció un ma pa con la geología de todo el t erritorio de Galicia qu e está dispo n ible en formato sha pefile y a una escala de 1:50.000 h ttps://cmatv.xunta.g al/ o rganizacion/c/CMAOT_ Instituto_Estudos_T erritorio [ 01/04/2020 ]. 41 Desde l os serv icios de meteogalicia se pudieron obtener las media s m ensuales de l as es tacion es meteoro lógicas d e tod a Galicia ante la fa lta de dato s precisos y disponibl es para la Prehistoria Reciente gallega. ht tps://www.meteogalicia. gal/web/RSS/r ss Inde x.action?request_locale=es [01/0 4/2020]. 4 2 JSO N ( J avaScript Ob ject N o tation ) es un formato de texto sen cillo para el intercambio de datos. 107 Con la he rramienta v.k er nel (G RASS-G IS) se p udi eron c omputar di versos KD E , que tuvieron c omo resultado mapas d e densidad basad os en vectores de p unto s (Neteler & Mitasova, 2008). El radio se fue ajustando y c ambi ando p ara re aliza r dive rsas pruebas c on l as densid ades . Asimismo, es importante i dentificar si una regió n local se desvía de la te ndenc ia global. Este tipo de análisis persigue detectar densidades d e elem entos más altas q ue el patrón glob al y se suele definir c omo “hot spot” o punt o caliente. U n método que permi te reconocer estos puntos es l a estadística Gi* de Getis-Ord (Geti s & Ord, 1992). Este test est adístico G i* permite identific ar agrupaciones de puntos (yacimie ntos arqueológicos, por ejemp lo) con s igni ficación estadísti ca. Esta técnica detect a si estos grupos forman un hot spot o alta densidad de puntos que se desmarca de la tendencia general del resto de vecinos. (Conoll y & Lake, 2006). Para esta prue ba se ut ili zó la herramienta Optimized Hot Spot de A rc GIS. Con este módulo pudimos representar en una cuadrí cula re gular l os resultados a travé s d el campo Gi Bin que identi fica los puntos calientes y fríos est adísticam ente significativos. Así, las entidades en los bins +/-3, +/-2 y +/-1 r eflejan una importancia e stadísti ca con un ni vel de confianza del 99%, 95% y 90% resp ectivamente . Mi entras, e l ag rupamiento para los e lementos dentro del bin con valor 0 no son estadístic amente si gnificativos 56 . En nuestro caso de estu dio, esta técnica s e a p lic ó tanto a l os elementos arqueológicos (hábitats, cultura mater ial , estructuras …) como a otras entidades (p. ej . l as ruta s potenc iales). A estas úl timas se les aplicó el KDE junt amente con la prueba hot s pot . Esto fue pos ible al transformar c on el m ódulo v.to.points de GRA SS-GIS (Netele r & Mita sova, 2008) el vector lín eas en puntos y poder así analiza rlos con ambas herramientas. Estas herramientas, t anto el KDE como el análisis hot spot, están presentes en numero s os estudios sobre ya cimiento s d omésticos. Con respecto a los análisis m acroe s paciales, destacamos tr abajos como el realizado por F. J. Marcos S aiz en la cuen ca del río A rlanzón (Atapuerca, Burgos), donde aplicó un KDE al conj unto de háb i tats pre his tóricos de esta zona y su correspondiente te st estadístic o Gi* de Getis-Ord (Marcos Saiz, 2019). A nivel mi croespacial, la a plicación de estas técnica s también es relativa mente común. Así, se h a em pleado el KDE para ident ificar de nsidades de mater i ales en el s ector de un hábitat de paleoesquimales de la i s la d e Baffin (Ca nadá) (Figura 31) (Tha cher et al ., 2 017). En Europa, en concreto en Paí ses Bajos, l os proyectos de inte rvención sobr e varios yacimientos domésti cos de la Prehis toria Reci ente combin aron el KDE y el análisis hot spot (Beckerman et al ., 2012, 2014; Kleijne et al., 2013). Más próximo des de un punto de vista geográfico, enco n tramos un tr abajo en el yacimiento mesolít ico de Cabeç o d e Amoreir a (Mug e, Po rtugal), donde tambi én s e u ti lizó el KDE para detectar las diferentes de nsidades de cult ura mat erial recuperada en la intervención d el lugar (Gonçalves et a l., 2017). En espacios domé sticos del Paleolít ico de l a Península Ibéric a, también se aplic aron a nális is de de nsidad similares y que t uviesen si gnificación estadística (Geiling et al., 2016). Volviendo a nuestro c aso de estudio , una for ma de tratar las relac io nes e ntre est as densidades fue a través de l a regresión li neal. Los mapas ráster cr eados con el KDE pudieron incorporarse al m ódulo r. regression.line (GRASS -GIS ), qu e permit e rea lizar una regresión lin eal de dos mapas ráster (Neteler & Mitasova, 2008). 56 Esta ex pl icación está di sponible con mayor detalle en l a web de los servicios del soft ware ArcGIS. h t t ps : / / desktop.arcgis.co m/es/arcmap/10.3/too ls/spatial-statistics-toolbox/op timized-hot-s p ot -analysis.htm [10/10/2020 ]. 108 De e sta forma, pue d en compararse entre sí y determinar su grado de dependen cia 57 , y conocer s i e st án correlacionadas. El c oeficient e de c orrelación (de finido c omo R ) m ide e l grado de relación de las dos variables 58 . E ste n ivel de dependencia s e m uestra con un valor comprendido e ntre -1 y 1. El resultado marca rá si existe una correlació n fuert e y posit iva (cercano a 1), fue rte y negativa (cercano a -1 ) o nula (si se aproxima a 0). Además, se utilizó el módulo r.univar , tamb ién d e GRA SS-GIS (Neteler & Mitasova, 2008), con el que se pudieron comput ar e stadístic as univariantes para l os kernels obt enidos 59 . Esta simpl e herramienta p ermite comp arar l os va lores de dist intos KDE y dis cern i r aquellos que e xceden la media. Esto permitió mostrar dife rencias entre la de nsida d media de l a c ultura material de l os yacimie ntos tratados de manera microespa cial. 5.4 E STA DÍSTI CA La e stadística ap li cada a l a Arqueología ha se rvido para desc ubrir diná micas de l as pobl aciones prehistóricas que serían m uy difícil es de identificar por otros medios. Hoy en día, sus usos son más amplios que el de la simple cuan t ificación de l a cultura material o de yac i mientos, sino que también t iene una vertien te vinculada al análi sis espacial. Desde el inicio de l a Arqueología Procesual o Nue va Arqueología en los a ños 60 del siglo XX, se p erseguía brind ar a l a disciplina ar que ológica cierta objetivi dad y cierto cará cter científico a sus estudios 60 . Para ello, se proc u ró el desarrollo de mode los matemáticos y estadísti cos que pudiesen responder a las nuevas interpretaciones a rqueológic as. Autores como D.L. Clarke resalt aron la importanci a de la estadística en su obra Analytical Archeology (1968), donde t omaba elementos proc edentes de l a cibernét ica y l a ge ografía (Clarke, 1968) . Y a en los años 70, s urg en más obras que siguen in corporando las matemáticas y la informátic a a l a Arqueología, como Math ematics and Co mputers i n A r chaeology (Doran & Hodson, 1975) o Spatial Anlysis in Archaeology (Hodder & Orton, 1976). Esta dinámica se mantie ne en l os años 80, c uando –en diversas obras– s e remarca la importancia de l as matemática s para e xplic ar conc eptos arqueológic os o s e i ncluyen an álisis estadísti cos complej os ( Orton, 1980; Shenn an, 1988). Con todo, es a p artir de los añ o s 9 0 cuando se experim enta un auge en la apl icación de este tipo de anális is en nuestra dis ciplina (Baxter, 1994, 2003; Dre nnan, 2009). A s u vez, la Arqu eología ha integrado los en foq ues de la g eografía cu an tit ativa en los estudios llevados a ca bo durante las últimas década s (Foth eringham, A. S., Brunsdon & Charlton, 2000; Fotheringham et al., 1989; M atthews, 1981). Estos métodos proporcionaron un grupo de herrami entas para a bordar problemas a rqueológi cos, e nt re ell os los de índole e spacial. Diversos a utores generar on en foques diferentes para analiz ar los patrones de asenta m iento utili zando dis tintos m éto dos estadístic os. L a mayo ría se centró en la cor relación entre el hábita t 57 Esto sirvió para comparar las de nsidad es de los difere ntes t i po s de yacimien tos d omésticos o entre las distin tas clases de cult ura material en un hábitat en concreto. 58 La correlación en tre do s variables se verifica si los v alores d e una cambi an de manera pred ecible en fu nción de los cambios en los v alores de la segunda. Si ambos au mentan junto s, entonces están correlacionad os positivamente; si uno disminuye a medida qu e el o tro aumenta, entonces es t án correlacio nados negativamente. La fu erza d e la relación se pued e medir mediante un coeficiente de correlación (Conolly & Lake, 2006, p. 302). Además, y para evitar falsas co rrelacione s positivas, se elimin aron los valo res nu los de cada mapa p ara que no int erfiriesen en el resultado final. 59 Esta herramient a emite un a s alida por defecto en la q ue muestra: e l n úmero de celdas, el mínim o, el máximo, el rang o, la media aritm ética, la varianza, la d esviación estánd ar, l a v ariación del coeficiente y la suma de todos lo s valores (Neteler & Mit asova, 2008, p. 90). 60 Es ta corrient e j unto con la N ueva Geografía i mpo rtaron enfoques positiv istas en sus respectivas m aterias d e es t udio (C onol ly & L a k e, 2006, p. 7). 109 y las caracte rísticas s oc ioambientales ( como ca racteres fisiográficos, ca minos , …) o en la dependencia en t re ya ci mientos vecinos (Bevan & Conolly, 2006; Conoll y & Lake, 2006; Kvamme, 1992). En am bos casos, e l obj etivo siguió e ncaminado a estudi ar la s estrategia s de ocupación humana y s us firmas espaciales (Negre e t al., 2017). En la actualidad, existe u n número considerable de publicac iones científicas y de t esis doctorales que int egran el anális is e stadístico c omple jo, con especial énfasis en el ámbit o espacial, para el estudio de yacim ientos ga llegos (Carrero Pazos, 2017, 2018a, 2018b; Díaz Rodríguez, 2020; Rodríguez Rellán et al., 2018; Rodríguez Rellán & F áb regas Valcarce, 2015; Vázquez Martí nez, 2020). En los últimos años, se ha a mpli ado el número y diversidad de técnicas estadíst icas, como la comp rob ación d e l a a leatorieda d esp acial o los test de varian za, para la detec ción de los patrones de distribuci ón de los yac imientos. La m ayoría de estos aná lisis , y de aquell os que pl antear emo s en l as siguientes páginas, proceden de técnicas elaboradas entre el siglo XIX y el XX (Fisher, 1930, 1 935; Kelsall & Diggle, 1995; Kruskal & Wallis , 1952; Pearson, 1 896; P oi s son, 1838) y que fue ron perfeccionad as en tie mpos recientes. Estos mé todos, aplicados d e fo rma asi dua en Est adística, han experime ntado una fuerte ge neraliza ción en otros campos gra c ias a su inclusión en programas, suites y le nguajes informátic os (SP SS , S AS, MATLAB, Stata, Past, R, SciP y…) para adaptarla s a las nuevas herramie ntas de traba jo y que fue sen fácilment e aplicables. 5.4.1 Terminología estadís tica Los análisis de estadística a plic ados en este estudio sirvieron para de scribir mejor l as variables que tratamos . En el m is mo sentido, la e s tadística esp acial sirvió para entender la relación entre e l emp lazamiento de lo s yacimi entos y los factore s l oc acionales, además d e comprender el tipo de distribución. Es así como la información relati va a las enti dades arqueológicas estudia das si rvió para realizar an álisis descripti vos, exploratorios, inferenc iales y de carácte r espacial. De e sta manera , se pudo c u antificar el fenómeno doméstico para m ás tarde procurar entend er su orga ni zación y dist ribución en una región determinada: el actual t erritorio de Galicia. Para ello, fue necesario conocer y domi nar una serie de té rminos inherentes a los e studios de estadística. Son much os l os m anuales que expli can est os conceptos esenciales (Crawle y, 2013; Drennan, 2009) y t odos ello s presentan as pectos positivos . S in e mbargo, para n u estro caso, optamos por l as a cepciones est ablecidas por J ames Conolly y Mark Lake (2006) en su manual de Arqueologí a espacial por ser m ás cla ras, concisas y –sobre todo– por haberse realizado te niendo en cuent a problemáticas de nat uraleza arqueológica. -Población: es el conjunt o de entida des a cerc a de las c uales se harán inferencias estadísti cas (Conolly & Lake, 2006). En nuestro caso, la pobl ación tot al está defini da por 503 yacimie ntos domésti cos situa dos e n ter ritorio gallego y encuadrables en una cronología entre el Neolí tico I ni cial e inicios del Bronc e Final (c. 480 0-1200 a.C.), a sí como los restos de cultu ra material y estructu ras de los hábit ats analizados a escala mic roespacial. -Muestra: e s un (sub )conjunto de unidades e x traídas de una pobla ción a partir de l as cuales se harán inf erencias sobre di cha población (Conolly & Lake, 2006). -Distribució n: e s una m edida de l a fr ecuencia relat iva de ocurrencia de va lores de va ri as observaciones de una sola variable. S i los valo res se di stribuyen equit ativamente alreded or de la medi a se dice que l a dis tribución es normal, es decir, cum ple con la curva de campana o dist ribución gaussiana (Conol ly & Lake, 2006). -Hipótesis nula y alternati va: es u na explicación que s e intenta probar es tad íst icamente, generalment e expresada como “sin dife rencia” o “aleatori a” y se mue str a como H0 . S i se 110 rechaza H0 , se f avorece l a hipótesis alte rnativa o H 1 , y que ge neralmente se expresa como un a “difer encia signi ficativa ” entre muestras o “no ale atoria” (Conolly & Lake, 2006). -Error tipo 1: la hi pótesis nul a se ha re chazado inc orrect amente (Conol ly & Lake, 2006). -Error tipo 2: la hipót esis nula se ha ace ptado incorrectamente (Conolly & Lake , 2006). -Nivel de significación: e s e l nivel de probabilida d en el que se recha za una hipót esis nula a favor de la hi pótesis alternativa en un a prueba estadíst ica, y se denota por a o p ( aunque en nue s tro caso uti liz amos p-value) . Est e nivel s e est ablece gener almente e n no más del 10% ( p-value <0 .1), la ma yoría de las ve c es e n el 5% ( p -value <0. 05), p ero a veces en el 1 por c iento ( p-value <0 .01) o menos. A medida que el nivel de significación se mu eve de mayor a menor, la probabil idad de com eter un error de ti po 1 di sminuye y la pro b abilid ad de c om eter un error de tipo 2 aume nta (Conolly & Lake, 2006). -Tabla de contingencia: es una matri z de conte os construida clasificando objetos e n dos o más e sca las ordinales. Por ejempl o, una distri bución de yacim ientos se puede clasifica r por tip o de hábitat y lit ología. L as m edidas de asociació n entre estos elemento s p u eden determinarse mediante, entre ot ras, la prueba de chi-cuadrado de Pearson (Conolly & Lake, 2006). -Validación: evaluar un m odelo para determi nar su precisión (Conolly & L ake, 2006). 5.4.2 Análisis estadís tico mediante R En esta tesis, el estudio estadístico se realizó con R, un lenguaje de alto nivel y un entorno para an álisi s de datos y g ráficos 61 . S u diseño está fuertemente infl uenciado por dos le nguajes de programación: S y Scheme. E l lenguaje resu ltante es similar en a pariencia a S, pero l a impleme ntación subyacente y la s emánti ca s e derivan de Sche me (Cra wley, 2013). Fue diseñado por Ross Ilha ka y Robert Gen tl eman en 1 993 y se dis tribuye b ajo l a li cencia GNU 62 GPL ( General Public L ic ense ) (R Core Team, 202 0). En este estudio se ut ilizó la versión 3.6.2. (R Core Te am, 2020) y el entorno de trabajo RS tudio 63 , que nos permit ió aplicar div ersos test me diante el uso de código con una ma yor flexibi lidad y p recisión 6 4 . R al tr atarse de un lengua je orientado a objetos, pe rmite guardar en la memoria activa del or denador cada variable, dato, función, result ado, e tc. con un nombre específico. Ta mbién es un lenguaje i nterpretado, e s de cir, los comandos escrito s en el teclado son e jecutados di rectament e, lo cual dificulta el t rabajo con el análisis de datos c om plejos (R Core Team, 2020). Este s oftware pe rmite maneja r datos, gráficos, fu nciones matemáticas y una amplia ga ma de técnic as estadíst icas, desde regresión, análisis de varianza y m odelado l i neal gen eralizado, hasta t emas más especial izados como l a estadísti ca espa cial (C rawley, 201 3). Est o es posible en bas e a p aquetes que s o n accesibles de s de el repositorio CR AN o que pueden ser importados desde archivos compri midos (como los .zip). Con l a consol a de c omandos de GRASS- GIS s e p uede ge nerar una con exió n con RS tudio para pode r realizar dete rmin ados análisis, en concreto los vinculados a la aleatori edad espacial completa (como l a K de Riple y o el Test de Cuadra ntes) (Cr awley, 2013). P ara ello es necesario inst alar y cargar varios paque tes en R. 61 h ttps://www.r-p r oje ct.org/ [02/03/2 0 20 ]. 62 Es un sistema operativo t ipo Unix y está formado en su to talidad por s oftw are libre, bajo términos de copylef t (R Core Team, 20 20). 63 h ttps://www.rstudio.com/ [ 0 8 /04/20 2 0] . 64 R dis pone también R Commander , otro e n torno con b arra d e herramientas y d e acceso m ás r ápido a las funciones d e e st a dí s tic a con la contrapa rtida de que es más rígido al no tener tanta relevancia la consola de comandos. 111 Ambos programas fuero n utili zados conjuntamente y se integraron de m anera sencilla a través d el paqu ete rgrass 7 (Biva nd, 2017). Esto fa cilitó el u so d e herram ientas g enerales y específicas de estadísti ca espa cial com o son spatstat (Baddeley & T urner, 2 005), sp (Pebesm a & Biv and, 2005), maptool s (Bivand & Lewin-Koh, 2017) , raster (Hijma ns, 2017) y rgdal (Bivand, 2021), entre otras 65 . El tratamiento de l os dat os fue más simpl e al uti liz ar diversos paquetes c omo t idyverse (Wickham et al., 2019) , t idyr (Wickham, 2020) o dplyr (Wickham et al., 2020). Estos permitier on ma nejar y ordenar l as fi las y columnas de la s tablas con, por e j emplo, los tipos de hábitats y sus di ferentes valores d e a lt itud, pendient e, etc. De est a forma, n o so lo se facilit ó el proceso de análi sis sino también el de creación de gráficos con los resultad os finales. A nivel grá fico, R dispone también de una am pl ia gama de paquetes como ggplot 2 (Wickham, 2016) y gg pubr (Kassamba ra, 2020) , que permit en plasmar gráficamente los resultados de los anál isis de div ersos modos. Otros tipos de repr esentaciones se realiz an en los propios paquetes de a nálisis, c omo los multi plots de rcarbon (Crem a & Bevan, 2020). La versa t ilidad y potencia analítica del progr ama estadístico R ha sido un aliciente para su impleme ntación en múlti ples t rabajos relac ionados c on la prehistoria ga ll ega. E s así com o fue útil par a diversos an álisis m acroespaciales (Carre ro Pazos, 2017; Díaz Rodríguez, 2020; Díaz Rodríguez & Ca rrero Pa zos, 2019; Ro dríguez Rellán & Fábregas Valca rce, 2015) y tambié n para estudios a escala intrasite (Lorenz o Salgueiro, 2018; Lore nzo Salgueiro et al. , 2017). Es, por ta nto, una herramienta a daptable y que v a más allá de l a Estadísti ca, alcanzando inc luso el análisis del e spectro espacia l. 5.4.3 Comprobaciones previas y análisis para mét ricos y no-paramétricos Los métodos normales o pa ramétricos y no-normales o no -paramétricos s on dos ti pos de test que permite n an aliz ar d atos estadísticame nte. Los pri meros se debe n a plicar a a quellas muestras que provengan de una población n ormalment e distribuida , esto quiere de c i r, que se aproximen a la función gaussiana o a la representac i ón gráfica de la c ampana de G auss (Vanpool & Leonard, 20 11). Por el contr ario, e l m étodo no paramétrico se aplica a a que llas muest ras qu e no se a justa n a u na distribución d eter minada, y por tanto qu e no c umplen con l os r equi sito s de nor malidad, o bien s i los cumpli esen, que pr esenten heteroced asti cidad entre los grupos analizados (V anpool & Leonard, 2011). Previamente al análisis estadísti co, e s preciso re alizar una serie de com probaciones e n relación con las variables cuantita tivas, c on el fin de seleccionar l os métodos esta dísticos más adecuados (pa ramétrico y no-paramétrico) a las ca racterísticas del c onjunto de datos anali zados. Para ello es necesario testar si la población (o un a muestra de la misma) a analizar (com o la altitud, distancia a los ríos, …) proviene de una distribución normal o no ( Crawley, 2013). Dicha comproba ción se realiza con el test de Shapiro-Wilk (Crawley, 2013 ), que examin a si se cumple la hipótesis nula d e que los da tos provienen de una distribuc ión normal. Así, la prueba mi de la cre dibilidad de dicha hi pótesis e indica el r esultado a través de un p -value 65 Esto s paque tes cu mplen f un ci on es comple mentarias en el análisis y manejo de los datos espaciales: sp atstat p ermite analizar el patrón espacial d e puntos; sp sirve para manejar la s clases y los método s p ara la información espacial; ma ptools r ealiza el manejo de d atos espac iales; raster i mplementa funciones b ásicas y de alt o n iv el p ara dato s raster y vector ial; y, rgdal f aci l ita o p e ra c iones para proyectar y transformar los mapas. 112 determinado. Si est e es inferior a 0. 05 se pu ede rechazar la hipótesi s nula, y -por ta nto- la muestra tendría qu e ser tratada mediante un méto do no paramétrico. Además, ant es de realizar l a compa ración de una v ariable numérica (altit ud, pendiente, …) con o tra d e ti po c ategórico (familias alfar eras, tipolo gías de hábitats, …) debe c omprobarse si la varianza difi ere significati vamente entre una poblac ión o muestra y otra. P ara ello se debe confirmar si exi ste homoc edasticidad 66 o cons tancia d e la va rianza en cada variable independiente. Para comp arar l as varianz as de las muestras se uti lizó el t est Fligner-Kil leen (Crawley, 2013), una prueba no paramétrica qu e usa los rangos de los valores a bsolu tos de las muestras centradas y los pesos. En contraste c on otras pr uebas de varianza (com o el test de Fisher y Bartlett) , es el más robust o contra l as d esviaciones de la normalidad. El análisi s arro ja, al i gual que el anterior, un p-value que, si es inferior a 0.05, muestra que exi ste evi dencia consist ente de no constancia de va rianza o hete rocedasticidad. Con l os resultados de am bos te st, se puede concluir que exis ten hasta cuatro posibi lidades dist intas al analizar la muestra y solo en una de ella s se d ebe pl antear el uso de métodos paramétricos . El recurso a estos últimos es posible cuando se comprueba que la p oblació n proviene de una distribuc ión normal y, además, tiene constancia d e v arianza o homocedasticidad. Si a mbos test o uno so lo de ellos resulta mo strar lo contrario, debería aplicarse un mé todo no-paramétri co. Una vez re alizados estos test previos, se puede s eleccionar y aplicar uno u otro méto do en función de la s c aracterísticas de la pobl ación o muestra de estudio. Con carácter gen eral, la mayoría de l as m uestras tratada s en e ste estudio han resul tado comportarse c omo un a dist ribución no paramétri ca, en c ontraposición con una minoría que se dis tribuye de m anera normal y con homocedas tici dad. Comenzando por el test paramétrico ANOVA, este permite comparar las me dias mediante la comparación de las v arianzas de los disti ntos grupos analizados ( por ej emplo, entre l as famil ias cerámicas y su distancia a las estructuras dentro de un poblado) (Cra wley, 2013). Est a prueba se puede aplica r a varios grupos, al contrario que el T-Student que solo sirve para dos (Crawley, 2013). El resultado se muestr a a t ravés del p-value , qu e, si es inferior a 0. 05, indi ca que existen diferencia s significati vas ent re l os grupos. Tambi én, l os grados de libertad 6 7 (df) so n importantes dado que pe rmit en generar hipótesis más precisas y potent es. Cuando se a naliz an m ás de dos grupos, pa ra cono cer mejo r si t odos presenta n d iferencias o cuáles de e ll os son div ergentes, puede optarse por a pl icar u n análisis post -hoc 6 8 , a t ravés de la función d e TukeyHSD, creada por John Tuk ey. Dicho autor introdujo int ervalos basados en el rango de las medias muestrales en lugar de di ferencias indivi duales, lo que es conocido como las diferencias signifi cativas honestas de Tuk ey. Est a técnica solo es aplicada a muestr as c on 66 La ho mocedasticidad de la mu estra e s la situación por la cual se ex traen errores de la misma d istribució n para tod as las variab les inde pendientes. P or el co ntrario, la heterocedastic idad describe una situación en la q u e los errores en una v ariabl e in dependie n te se extraen d e diferentes d istribuciones, es decir, se expr esan do s o más p rocesos separados (Conolly & Lake, 20 06, p. 302). 67 Esta medida ind ica el número de observ aciones de un a m uestra que pueden v ariar libremente al realiz ar la es timació n d e una variab le ( altitud, pe ndi ente, …). P ara conocer este número se su ele restar e l t ama ño de la m uestra con el número de parámetros estimados ( como por ejemplo, los tipos de hábitats, …) (Cono lly & Lake, 2006, p. 124). 6 8 E s un a prueba qu e permi te conocer qu é subcon j u ntos de d atos analizados son los que guardan diferen cias ent re s í. S u a p l i c a c ión se realiza tant o en test paramétricos como no paramétricos, p ero con distintas pruebas. 113 dist ribuciones norm ales o par amétricas dado que precisa que c ada c ategorí a (t ipos d e hábitats, famil ias ce rá micas,…) contenga un número de obse rvaciones similares (Crawley, 2013). Por o tro l ado, el equivale nte no-paramétrico al T-Stude nt es el M ann-Whitney-Wilcoxon (tambi én c o nocido como Wilcoxon´s rank sum t est o Prueba U de Mann-Whitney ) 69 (Crawley, 2013). E ste sirvió para r ealizar l as c omparacione s entre, por e j emplo, la presencia o ausen cia de determinada c ultura material y l as variables locacionales. A su vez, la alternati va no-pa ramétrica d el ANO VA para dos o má s grup os es el test de Kruskal-Wallis (Kruskal & Wallis, 1952; Vanpool & L eonard , 2011). Uno de los test s post - hoc para est e an álisis no-paramétrico es el Pairwi se Mul tiple Comparison of Mean Ranks 70 (Pohlert, 2014). En este t est se toma e l número de contrastes por pares para de tect ar las diferencia s entre c ada gru po. De esta m anera, se pue den compa rar múlti ples grupos, c omo ca da clúster con respecto a una variable loc acional. Estos méto dos ha n sido aplicados, en mayor o menor medida, e n d ive rsos estudios recie n tes sobre mega litism o, arte rupest re al a ire libre y há bitats de la Pre historia Re ciente de G ali cia (Carrero Pazos, 2017; Díaz Rodrígue z, 2020; L orenzo Salgueir o, 2018; Lorenzo Salgueiro et al., 2017; R odríguez Rellán & Fábregas Valcarc e, 2015). Para la comparación entr e va riables c ategóricas, c omo l as famili as alfarer a s o los tipos de suelo, fue n ecesario empl ear otros métodos difer entes. En estos c asos se utilizó el test Chi- cuadrado de Pearson , una prue ba estadística no-paramétric a de uso c omú n para dete rminar l a independencia de la s vari ables (Conolly & Lake, 2 006). En este análi sis, la informaci ón se trata a tra vés de conteos d e las va riables. E s as í com o las tablas de contingencia 7 1 son neces arias para conocer el número t otal de observaciones e n contraste con l as categor ías de los datos (como e l tipo de i ndustria l ítica). Estas se generan fácilmente en R a tr avés de la función table( ) del pa quete base (R Core Team, 2020). El Ch i-cuadrado de Pears on´s permitió contrastar los valores obse rvados c on los valores teóricos o frecuencia esp erada, es de cir, valores q ue serían de esperar si los datos no siguieran una pauta determina da. De e sta manera, se pudo de tectar si la diferencia entre dos o más grupos es signi ficativa (Crawley, 2013). Pa ra represent ar estas diferencias, se util izó la función assoc() 7 2 del paquete v cd (M eyer et al. , 2020) con la cual s e pudo visualiza r los Pearson´s residuals y el p-value del modelo de independenci a. 5.4.4 I d entificació n de agrupaciones Los análisis de agrupac ión e stán extendidos en l os estudios arqueológicos y sirven para identi ficar la exist encia de posibles grupos de punto s (ya cimientos, elementos de la c ultura material) dentro de una región determinada. Los arque ólogos habitualmente utili zan puntos para representar l a ubicación de artefactos, yacimi entos, etc. y con ellos se pueden reali zar diversos test para determinar s i exis te u n patrón de distribución. Las herramientas que producen agrupaciones o clústeres permiten describir, i nterpretar y explicar la s característica s espaci al es de estos fenómenos (Conolly & Lake, 2006). 69 E ste test es la v ers i ón no-paramétrica del T-Student. 70 E ste post-hoc está d i sponible en el paq uete de R “ pgi rmess ” (Giraud oux, 2018). 71 Contingencia se define como “ Un evento posible o i ncierto del cual ot ras cosas dependen o están condicionadas ” (Crawley , 20 13, p. 365). Por tanto, las tablas de contingencia reú nen estos eventos y se pueden analizar. 7 2 E s t a función se in tegra en el paquete vcd y con é l se genera una g r áfica de a sociación q ue indica desvi aciones de un model o d e i n d ependencia específico en u n a tabla de con tingencia. 114 El algoritm o más utilizado en Arqueología fue el de grupos no j erárquicos K-means o K- medias . Est e fue desa rrol lado en los años 50 y 60 y popularizado en Arqueología en los años 80 (Kintigh & Amme rman, 1982). Este tipo de clas ificación i mplica l a p artición de l a población de datos para la definición de los grupos (Conolly & L ake, 2006). El conju nto d e datos se consid era como un único grupo y se determina e l centro de est e grupo. El punto m ás alejado de e ste c entro se us a c omo c entroide para un nuevo grupo y atrae a su grupo aquellos punt o s que están más cerca de é l que del g rupo origi nal. Est e proceso s igue y el algoritmo de termina nue vos c entros de los clú steres y asigna cada pu nto a uno de los k grupos. (Kintigh, 1990). Este mé todo ha sido aplicado e n nue stra i nvestigac ión con el fin de cal cular e l prom edio de di stancias de lo s elem entos a nalizados (yacimie ntos, cultura m aterial… ) con resp ecto a sus vecinos más próximos (Crawle y, 2013). Este análisi s generó un g ráfico con una línea ascendente en c uyo codo o punto d e i nfle xión se en cuentra la distancia óptima en tre los puntos y que sirvió de r eferencia para el an álisis de de n sida des k ernel . Otro alg oritmo que, aunque comparativamente meno s usado, e s bastante efectivo para el cálculo de agrupac ione s es e l DBscan (Densit y-Based Spatial Cl usteri ng o f Appl ications wi th Noise) (Ester e t al., 1996) 73 . El algoritmo elige un p unto al azar de nuestra población o mue stra y –a partir de é l– busc a puntos de densidad alcanz able. Si e l punto original c umple con el criterio de un núm ero míni mo 7 3 E s t e algo ritmo es fácilmen te eje cu table en GRASS -G IS a trav és d el módu lo v.cluster , con el q ue también se pued en operar c o n ot r o s algoritmos como optics , density …( Neteler & Mitasova, 2008). Figura 32 : R eprese nta ció n d el análisi s de percolación. E l radio es dibujado alrede d or de cada punto y aquellos puntos que caen dentro se integran en el grupo (Maddison & Schmidt, 2020). 115 de puntos para l a crea ción de un grupo, el algoritmo conecta todos los p untos que son de “densidad a lc anzable” y continúa con el aná l isis e ligi endo otro punt o al az ar de n uestra población o mue stra. Este m étodo t ambién det ect a puntos que no se pued en conec tar a otros puntos, a los que se le s denomina “ruido” o “ outli ers ” (E ster e t al., 1996; Ma ddison & S chmidt, 2020). Otros algorit mos, como el de l vecino m ás p róximo o l as funciones F y G , t a mbién han si do utili zados para r esolver p roblemas arqu eológicos ( Maddison & Schmidt, 2020). Estos tan solo detectan la s agrupaciones que indican si la di stribución de puntos está agr up ada espac ialmente, por lo que no ofr ecen dir ectamente una atribu ción de punt os a una determinada agrup ación, a l contrario de lo que hacen l os métodos explicados anteriormente. Después de este repaso por los diferente s mé todos de agrupamient o, en nuestro caso de estudio se opt ó por el us o del paqu ete per copack age 74 re cientemente desarroll ado p or S im on Maddison y Sophi e S chmidt (2020) 75. E sta t écnica es simil ar al DBscan y pe rmite identi ficar agrupaciones dentro de un conjunto de puntos disp uestos espacialme nte. El cál culo , como en la mayor parte d e los casos, se re aliza a través de la di stancia euclidi ana entre los puntos (Maddison & Sc hmidt, 2020). El cluster se ba sa e n un u mbral de dis tancia de finido, de modo qu e p ara cualquier punto dado todos sus vecinos situados dentro de dicho umbra l s on considerados parte del grupo. La prueba s e vuelve a a plicar pa ra cada uno de los v ecinos, y cualquier punto adicional que cumpla con este c r i terio se i ncluye en el cluster . Además, esta t écnica se puede aplicar a cualquier escala (Maddison & Schmidt, 2020). El análisis selecciona un punto a rbitrario como ini cio y otro que se encuentre de nt ro de una dist ancia umbra l definida como “r” se convierte en parte del grupo. El proceso se repite a cada uno de e stos puntos suce sivamente, has ta que el gr u po no puede extenderse más. E sta distancia de umbral también se la conoce como “radio de p ercolación” (Fig ura 32 ). Este método de creación de grupos es fácil mente e jecutable en R y su producto g ráfico es muy expli cativo. El result ado d e este proceso son m apa s con la s diferente s agrupaciones creadas con un radio determinado. Así se cre a una comparativa ent re l os distint os radios, que pued en ser calculados en metros o kilóm etros. También se genera un gráfico que muestra una cu rva ascendente en la que se representa el número de yac imientos que s e van incluyendo en un único clúster. De esta forma, se d e tectan los m omentos en los qu e los hábitats se encu entran más f ragmentados hasta q ue a c ierta dist ancia se unen todos en un único g rupo. Esto p e rmite una visión mul tiescalar qu e resulta muy útil a l a hora de s elecciona r aqu ellos ra dios más inte resantes par a el análisi s c on los métodos paramétricos (ANOVA) y no paramétri cos ( Wilco xon-Mann-Whitney y el Kr uskal-Wallis ). Además, s egún apuntan M addi son y Schmi dt (2020: p. 269), este alg oritm o de percola ción es “ un punto de partida f ructífero para i nvestigar posibles e ntidades sociopolíticas pasadas y patrones de his toria profunda ” (traducción propia). 74 E ste m éto do fue desarrollado por primera vez en el campo d e l a Física durante la década de 194 0 para describir los proc esos de fo rmación de polí meros y l a percolación de un líquido a través de u n sólido, y desde ent o nces h a tenido una am pl ia g ama de ap licacion es y an álisis (Maddison & Sc hmidt, 2020, p. 269). 75 El algo ritmo fue desarro llado por Elsa A rcaute en R, y adaptado a la arqueo logía po r Sim on Madd i son y está dispon ible a t r a v é s de l paquete percopackag e (M addison & Schmidt , 2020, p. 283). 116 En alguna s regiones de Europa también se han utiliz ado algorit mos similar es para crear clusters de diversos elementos arqueológicos (Becke rman et a l ., 2012, 2013, 2014). En el caso concreto d e Galicia se han aplicado los algo ritmos DBscan en algunos casos (Lorenzo Salgueiro, 2018; Lorenzo Sa lgueiro et a l., 2017; P ereira Ma rtínez & Fábreg as Valc arce, 2020; Rodríguez Rellán et al., 2018). Así mis mo, ya se h a introducido la pe rcola ció n como mét odo efectivo de clasificar la pobl ación (Carrero Pazos, 2017). 5.4.5 Test de Aleatoriedad Espac ial Completa Otros test vinculados con l a clusteriz ación de puntos e spaciales son los relacionados c on la comprobación de l a aleatoriedad espacial completa o CSR ( Comp l ete Sp atial R a ndomness ). Estos permiti eron verific ar si la distri bución de las e ntidades t ra ta das en el estudio tie nde a ser aleatoria, agrupad a o dispersa. En el c aso d e la dis tribuc ión de l os yacimient os doméstic os o de l a cultura m aterial en un poblado no debería corre sponderse con una distribución al ea toria, dado que –al s er producto de la acción humana– s u localiza ción re s ponde a un conjunt o de decisio nes más o menos conscientes. En compar ación, l a ubicación d el material intrasite , pue de h aberse vis to afectada por causas natura les, por lo q ue dicha dis tribución sí puede ser - d e fac to - totalmente alea toria. Dado que la di stribución no tiene por qué responder (total o parcialmente) a la a ctividad humana, planteamos varios análisi s que muestren la rela ció n entre l a s o bservacio nes re ales y ot ras aleatorias. T ambié n verific amos si la distribución puede e star agrupa da a unas esca las y ser totalment e dispersa o aleatoria a otras. Los patrones de di stribución se de scriben en t érminos de su configuraci ón frente a t res estados ideales. Uno de e llos es el aleatorio, en e l cual no existe estruc tura alguna; otro es el agrupado, qu e s e cara cteriza por t ener densi dades de puntos muy elevadas en ciert as zonas; y, por ú ltimo, el re gul ar, que m uestra una d ensidad c onstante y en e l qu e l os puntos se dispone n alejados unos d e otros (Crawley, 2013). L os t est de Com plet e Spatial Ra ndomness indican e n sus resultados si la muestra tratada se vincula c on alguna de estas dist ribuciones. La integración de R y GRASS -GIS a través de dive rsos paquetes permitió la realización de estos análisis de alea toriedad espa cial de un modo cómodo y se ncillo. Así, se pudo acceder a los m apas vectoriales contenidos en el SIG e intr oducirlos vía código en cada análisi s. Una de las t écnica s empleadas fue ron los Test de Cuadrantes (o Quadrat Test) (Crawley, 2013). E ste método se ba sa en probar la aleatoried ad espacial en base al nú mero de indi viduos que s e contabili zan dentro de los disti ntos c uadrantes cuyo número ha si do especificado por el usuario. E ste te st sir ve d e análisi s e xploratorio y nos aproxima al ti po de d istribución de los elementos analiza dos (hábi tats, cultura material…). El t est se e ncarga de compa rar l as observa ciones reales ( como los h ábitats) c on e l mont ante teórico de puntos que se esperan en cad a celda si e stos tuvie sen una distribución aleato ria. El resultado se representa gráficamente m ostrando en cada cuad ro tres cifras: el número de entidades aleatoria s espe radas ( a la derecha), los elementos exi stentes (a la izquierda) y el coeficient e pos i tivo o negativo resulta nte del cálculo de aleatoriedad (debajo de l as anteriores). 123 Este tipo de estudios locac ionales fueron ca mbi a n do con el t iempo y acoplaron l as nuevas Tecnologías d e Informaci ón Geográfica que e mpezaban a e star en al za. Con la adopción de estas t ecnologías también se redefinió el c oncepto de “ espa cio”, que pa só a ser entendido como parte de la acción soci al, y –por tanto– como el re s ultado de las activida des humanas en la s que se impl ica: sociales, económicas, políti cas o simbólic as (Tilley, 1994). Además, autore s com o K arl W. Butze r (1982) m enc ionan que existen div ersas pe rspectivas de a nálisi s espacial, que van de sde una visió n c entrada e n los r estos estructurale s del propi o pobla do (microescal a) hasta un estudio de los pa trones de ocupaci ón en una r egión (m acro esc ala) (Butzer, 1982). En c oncreto, Butzer divide en cuatro este tipo de análi sis: - La microescala, s e basa en l a acti vidad intra -estructural vin culada a la manipulación de animale s, plantas y útil es, entre ot ras c osas, teniendo en c uenta los rest os de e structuras, artefactos, huesos y plant as (Butzer, 1982 ). - La semi-microescala, está relacion ada con los componentes intra-ya c imi ento y sus funciones, a nalizando el foco de ac tividades y su duración. Así, se inc orporan al estudio: viviendas, almacenes, corrales, otras e stru cturas e specializadas y espacios exteriores (campos de culti vo, huertos, etc.) (Butzer, 1982). - La mesoescala, está vinculada a la agr egación, dentro del yacimiento, de los locales de las ex pl otaciones agropecuari as, estableciendo los pa trones de c omunidad d e segrega ción socioeconómica. L as par celas y s u fo rma reflejan e l mosaico de util ización, patrones de rot ación de culti vos y distribución de la propiedad (B utzer, 1982). - Y la m acroescala se apoya en el seguimiento de patrones inter-yacimient o, lo que impli ca prestar atención a los e spacios de aprovec hamiento de recursos diversificados y l as funciones defensivas, administrativas, ceremoni ales o mercantiles. Además, se rela cionan los asentamientos con los recursos agrícolas y pecuari os, l as vías de c omunicación, los merc ados, las ma terias primas, etc, y con la j erarquía, en tanto a l resto de poblaciones, si esta existie se (Butzer, 1982). Estas escalas establ ecen algunos d e los marcos de estudio aplica dos más frecuentemente en la Arqueologí a actual. De hecho, los análi sis a ni vel macroe spaci al s on los má s numero sos en la bi b liografía. P ara el caso de los es t udios rea lizados en la P enínsula Ibérica se observa que esta dinámica se mantie ne (Carrero Pazos, 2017; D íaz Rodrígue z, 2020; G arcía García, 2015; Marcos Saiz, 2019; Murr ieta-Flores, 2 012; Rodrígue z Rellán et al., 2018; R odrígue z Rellán & Fábregas Va lcarce, 2019). Los análisis locacionales inc orporaron los modelos de predic ción desde l os años 8 0 del siglo XX (Judge & Seba stian, 1988; Kohler & Parker, 1986 ). E stos m odelo s se de sarrolla ron en diversos tr abajos y p ermitieron des cribir y comprender la ubi cación de los sit ios prehistóricos. En concret o, se trató de generar un mecanismo de planificación que ayudara a la gestión futura de los recursos culturales al m ostr ar dónde es más probable que aparezcan nuevos yacimie ntos dentro de un e spacio no explorado a partir del comportamiento m ostrado por los yacimie ntos situados en zonas colindantes (Kvam me, 1992). Esta metodología e stá presente en t esis recientes sobre la Prehistoria Anti gua y Reciente de Galicia (Carrero Pazos, 2017; Díaz Rodríguez, 2020) y sirven como eje mplos de aplicación de esta m etodología. En cambio, el tratamiento de los da tos obtenidos para la c reación d e este modelo y su análisis en R y GRASS-GIS fue se mejante al p lanteado en el a nálisis del arte rupestre del ayuntamient o de Porto do S on (A Coruña, G alicia) (Rodrígue z Rellán & Fábregas Valcarce, 2015 ). 5.5.2 Cálculo de los factor es de locali zación En función de l a base teórica e stablecida e n l os trabajos de finales del siglo XX y los e s t ud ios regionales, s e pudo reali zar un a n ueva orientación metodológic a. D e esta forma, el 124 análisis l ocaci o nal si rvió p ara entender el proce s o de s elección de una de terminada pos ición espacial ele gida para la creación de un hábitat. Para l a realiz ación d e dicho análisi s es n ecesario contar con lo s f actore s de loca lización mencionados e n la bibli ografía e i ndicados por l os especia listas. Esto s pudieron c alcularse a través de los diferentes módulos de GRASS-GIS y S AGA-GIS. Gran pa rte de estas variables son ya conocidas dado que han sido utilizadas ampliamente en otros estudios arqueológicos de la Península I b érica y de Galicia, como en los vinculados al fen ómeno tumular (Carrero Pa zos, 2017), al arte rupestre al aire libre (Rodrígue z Rellán & Fábregas Valcarce , 2015) e incluso a hábitats de l Paleolític o (Gar cía Mo reno, 2008). En tot al, analizamos 38 variables c on las que nos a proximamos a los 17 fa ctores de localiz ación i dentificados (Tabla 3). En algunos casos uti lizamos más de una he rramienta o mapa par a definir cada factor, l o cual nos otorga u na vis ión más ampl ia de los usos del territorio y sus condicione s de habitabili dad. Tabla 3: Factores de localización de los yac imientos dom ésticos y las herramientas utilizad as para calcularlas. Factores de localización Herramientas Altitud Modelo Digital de Terreno (MDT) Pendiente Herramienta r.slope.aspect (GRASS - GIS) Orientación Herramienta r.slope.aspect (GRASS - GIS) Orog rafía Relat ive Slope Position , Geomorphons, Topographi c Rug gedness Index y Valley Depth (SAGA - GIS) Geología Mapa Geológico d e la Cartografía MAGNA del IGME d el que se obtuvo el tipo de litología, la g eomorfología y e l riesgo ge ológico Humedad potencial T opographic Wetness Index (SAGA - GIS) Erosión pot encial LS Fact or (S AGA - GIS) Protección del viento Wind Exposition , Wind Effect, Wind Shelter Index (SAGA - GIS) T emperatura Servicios meteoro lógicos de Galicia (Meteog alicia) Precipitación Servicios meteoro lógicos de Galicia (Meteog alicia) Proximidad a recursos hídr icos Herramienta r.watershed (GRAS S - GIS) Prominencia topog ráfica T opographic Position In dex a 100 y 1000 m y Mu lti - Scale T opographic P osition Index (SAGA - GIS) Proximidad a v ías de tránsito Herramientas r.walk y r.drain (GRASS - GIS) Visibilidad topog ráfica Herramienta r.viewshed.c va (GRASS - GIS) Usos actuales del su elo Cartografía del p royecto CORINE Land Cover para los años 1990, 2000, 2006 , 2012 y 2018 Usos potenciales del suelo Cartografía e n el artículo de Brai s Currás R efojos ( 2014) en la q ue se distingu en usos extens ivos, intensivos y nulo s de la tierra Insolación potencial Diurnal Anisot ropic Heating Index, Potential Inc oming Solar R adiation (Diffuse Insol atio n y Direct Insolation), S ky View Factor, Visibl e Sky, P ositive Openness y Ne gat ive Op enness (SAGA - GIS) 5.5.2.1 Alti tud La a ltitud es una de las vari ables más fr ecuentes en publicaciones referidas a la Prehist oria Reciente de Galicia ( F i gura 3). Para el fenómeno tumula r y el arte rupestre a l aire lib re existen re ferencias que tratan dic ho fa ctor e n s us análi sis l ocacionales (Carrero P az os, 2017, 2018b, 2018a; R odríguez Rellán & Fábregas Valcarce, 2015, 2019). Esta variable s e pudo e xtraer de los Mode los Digi tales de Terreno c ons eguidos del IGN y que, posteriormente , fuero n tratados media nte SIG . El tratami ento de este factor se realizó m ediante e stadísti ca i nferencial, con la q ue se b uscaron pos ibles diferencias entre los 125 yacimientos dom ésticos. También se pudo i nferir si existen difer encias alt imétricas significativas a nivel cronológi co en ocupaciones de l III y II milenio a.C. 5.5.2.2 Pendie nte, orientación y orografía En la bibli ografía, aparecen con fre c uencia análi sis macroespaciales con estas tres variable s (pendiente, to pografía y orientación) com o factores de localización (Figura 36). De hecho, han d ado resultad os positivos en div ersos est udios relativos al fenómeno tum ular y del arte rup estre al a ire li bre g allego (Carre ro Paz os, 2017, 2018b; D íaz Rod ríguez, 2 020; Rodríguez Rellán & Fábr egas Valcarce, 2015). Figura 36 : Mapas de Galicia que representan la orografía y ori entación d el terreno. 126 La pendiente y la ori entación s on variables que s e p ueden conse guir de m an era sencilla a través de la herramient a r.slope.aspec t de GRASS-GIS (Neteler & Mit asova, 2008) que por defecto calcula ambos factores en grados, al contr ario que SAGA 82 (Figura 3 6). Para el caso de la orografía, se realizaron varios análisi s en caminados a c ono cer mejor la topografía en la que se enclava n los hábitats. Uno de ellos es la herramienta Relat ive Slope Posit ion (Figura 36) qu e calcul a l a pendi ente d el MDT y genera un índ ice numérico qu e diferencia entre las áre as con m ayores pendientes (montañas, colinas, … ) y m enores (valles, planicie s …). De esta manera, pe rmite disti nguir las diferentes formas del pai saje. Simil ar a l a h errami enta Relative Sl ope Position encontramos el m ódulo G e omorphons de SAGA-G IS (Jas ie wicz & Stepins ki, 2013). C on e ste análisis se pueden representar categorí as de l as form as d el terreno a partir de un Mode lo Dig ital de Te rreno (Fi gura 40). De esta forma, se detectan hasta 1 0 tipos diferent es de morfología s, aunque en este e stu dio s olo 9 de ellas afectan a lo s há bi tats pre históri cos 8 3 . Tambi én se apl icó el To pographic Ruggednes s Index (T R I) (Riley et al., 1999) un algorit mo que calcul a la suma del cambio de elevación entr e una c elda d e la cuadrícula y sus ocho celdas vecinas. El mapa resultante muestr a l a heterogeneida d del rel ieve a través d e un índice numérico (Figura 36). Por últ imo, realizamos el análi sis Valley D epth (Conra d et al., 2015), el cual se ba sa en medir la di stanc ia vertical (en m etros) desde l os puntos más elevados d el MDT hasta la b ase de la red fl uvial. De esta manera, p ermite conocer cuáles son l as ár eas más depri m idas del área de estudio, las cuales se muestran en el mapa resu ltante con valores más al tos (Figura 36 ). 5.5.2.3 Geología y erosión pote ncial En e sta tesis incorpora mos l os r ecursos geológ icos c om o factor lo ca cional para comprobar si pueden s er relevantes en la ubicaci ón de los há bitats . Para ello, utiliz amos la cartografía relativa a la g eología de Galicia en formato shapefile que es ofrecida por el Ins ti tuto de Estudos do Territorio 84 . Est e mapa es fruto de la digi talizac ión de l a Cartografía MAGN A del IGME (Instituto Ge ológico y Minero de E s paña), y a la que se le unier on c apas de información 85 (Figura 37). En el campo de “rie sgos geológicos ” del ma pa g eoló gico se define, p arcialme nte, el peligro de e rosión de alg unas zonas d e G al icia (Figura 37). Con t odo, se planteó un análi sis c on SAGA-GIS que pusiese de mani fiesto la erosión potencial en el á rea de es tudio. En este SIG re alizamos el cálculo de l a erosión potencial a trav é s de la herra mienta LS Factor 8 6 que combina la longit ud (L) y ángulo (S) de la pendiente par a co nocer la potenci al pérdida de su elo, según la propuesta de Desm et y Govers ( 1996) (Figura 36). De esta manera, se m ide el efecto de la inc linación de la pendiente y el impacto de su longi tud. E sta combin ación permite describir el efec to de la topografía sobre la erosión del suelo (Des met & Govers, 1 996). 5.5.2.4 Humedad Uno de los factores más socorridos a la hora de la ubicación de túmulos o yac imientos domésticos es l a vin culación de l os mismos con zona s de brañ as o hum edale s (Ca rrero Paz os, 82 En SAGA-GIS dic has variables so n ca lculadas por defecto en radianes por lo qu e es pre ciso espe cificar en cual u nidad s e qu ieren los resul ta d os. 83 E stas formas id entificadas por el algorit mo son: (1) Plano, (2) Cumbre, (3) Cres t a, (4) Desnivel, (5) Espolón, (6) Pendiente , (7) Cuenca, (8) Pie de monte, ( 9) Valle y (10) Depresión. De toda s ell as, solo en las áreas p lanas no aparecen h ábitats de la Prehi storia Reci ente. 84 ht tp://mapas.xunta.gal/cen tr o -de-descargas [01/04 /2020]. 8 5 L a i nformación en la q u e se puso el foco fueron los tipos de litologías, los r iesgos geológicos y la g eomorfología. 8 6 E s t e módulo está dispo nible en la lib rería Terrain Analysis de SAGA-GIS (Con rad et al., 2015). 127 2018a; C riado Boado et al., 1991a). Por esta razón, era preciso p lantear u n análi sis relativo a esta var i able y detecta r si influye en la ubicación de det erminados hábita ts. Este factor se abordó a través d e l a l ibrería Terr ai n analysi s de SAGA-GIS (Conrad et al., 2015), donde se en cuentra el módulo To pographic Wetnesss Index (Figura 38). Con est a herramien t a s e calcula ron l a pendi ente y un área de captación esp ecífic a con lo cual se pudo predecir l a hum edad potencial para cada celda rá ster . D e esta forma, obt uvimos un m apa con los índices de humedad p ara t oda Galicia, y, por ende, para cada yacimiento domést ico. 5.5.2.5 Protección de l os viento s El cálculo del efecto del viento sobre los hábitats se realizó íntegramente en SAGA- GIS. L os análisis realizados s e encaminan a calcu lar, e n función de la morfome tría, la afección provocada por el viento e n el conjunto d el t erritorio gallego. Para ell o, se apli có el m ódulo Wind Figura 37 : Mapas geo lóg icos de Galicia extraídos de la cartogra fía MAGNA del IGME. 128 Effect (Figura 38) , el cual es un índice q ue representa la s áre as protegidas del vient o c on va lores inferiores a 1, mientras q ue las zonas expuestas aparecen con v alores superiores a 1. Otro módulo empleado fue e l Wind Sh elter Index (Figura 38) que t ambién c alcula un índice de protección c ontr a e l viento a partir de un modelo de elevación digit al. La d iferencia con la an te rior herramien ta es que est a sirve además c omo pro xy de la acumula ción de nieve en el lado de sotavento de lo s obstáculos topográficos. Tambi én e mpleamos e l Wind Exposition , simil ar al m ódulo Wind Effect , c on la di fe r encia de qu e este e jecuta el p romedio result ante del Wind Effe ct In dex para toda s l as Figura 38 : Mapas de Galicia con la humedad potencial, la exposición al viento y la proximidad a recu r sos hídricos y v ías de tránsito potencial. 129 direcciones del viento usando una medida angular ( Figura 38 ). E n t odo caso, las tres herramien t as fueron útile s pa ra conocer el grado de af ec ción de l vient o en l os dist intos yacimientos dom ésticos. 5.5.2.6 Temperatur a y precipitació n Los datos ut ilizados e n l os análisis acer ca de la temper atu ra y la precipi tación fueron extraídos del reposi torio di gital de los servici os meteorológicos de Galicia 87 ( Figura 39). D e esta forma, pudimos aproximarnos a l a posible relación entre los yacimie ntos domésticos y estos factores climáticos. 87 Recogi dos el 14/05/2020 de l a web de servicio s meteorológicos de Galicia (h ttps://www.meteo galicia.gal/web/inicio. action). Utilizamos d ato s recientes con la medi a men sual d e p recipitación ( expresados en li tros po r metro cua drado) y temperatu ra (expresados en g ra do s) d e las estac io nes mete orológi cas de Gal ici a ante la falt a de datos más precisos y d isponibl es p ara la P r e h i st o ria Reciente gallega. Figura 39 : Mapa s de pluviosidad (A) y temperaturas (B) de Galicia obtenidos mediante la int erpolación kriging de los datos extraídos d e las estaciones meteoro l ógicas. 130 Esta información fue tratada con SAGA-GIS d onde realiz amos u na interpolación mediante Krig ing (Kri ge, 1951) co n el módulo Ordinary Kri ging 88 (Conrad et al., 2015). Este método de p rocesa miento geoestadístico p ermitió estimar l os v alores resta ntes a través de lo s puntos de m uestreo que , en este ca so, son cada estación meteorológic a (González Aguayo, 1994). E l modelo de semivari ograma usado fue el gausiano, que e s el que mejor s e ajustaba a la m uestra. Dicho modelo facilitó l a est imación de l os valores desconocidos e n otros lugares del mapa. 5.5.2.7 Proxim idad a los recursos híd ricos potenciales La proximidad a los ríos ha sido uno de los fac tores más fr ecuentes en la b ibliografía, siendo util izado especialm ente en yacimientos funerarios y aquellos con m anifestaciones artístic as (Carrer o Pazos, 2017; Rodríguez Rellán & Fábregas Valcar ce, 2015). Para el cá l culo de los rec urso s hídricos potencial es fue necesario e l MD T de toda Galicia (Figura 38). A e ste s e l e a pli có el módulo r.watershed de G RASS-GIS (Neteler & Mit asova, 2008), e n e l c ua l se puede calcul ar el fluj o acumulado de agua a través del método D8. Este algoritmo determina la pendiente de cada una de l as 8 celdas circunda ntes y asigna la dirección de flujo a l a pendiente más alta fu era de la celda 89 (Ne teler & Mitasova, 2008). Por defe cto, el m apa r esul tante contiene ce l das d e valor es negativos, que indican la mayor a cumu lación de agua, m ientr as qu e los pos it ivos mue stran l o contrario. C on uno de l os parámetros de l programa se pudo generar un m apa con todos los valores p os itivos, pa ra evitar futuros problema s e n el análi sis estadístico. Después de esta operación, s e re clasificaron los valores con el m ódulo r.reclass (Neteler & Mitaso va, 2008) y s e obtuvieron así dos categorías: una con lo s valores inf eri ores a 100090 y otra con los superiores a di cha ca ntidad. Así, e l m apa ráster c on los potenciale s ríos con m ayor afluen cia de caudal fueron procesados por la herram ienta r.grow. distance (Neteler & M itasova, 2008). Est a permite crear un buffer e n to rno a cada lí nea rá ster propor cionando las distancias e uclidi anas a cada una . Con este cálculo s e pudo consultar l a distancia de cada yacimiento con respecto a esta r ed fluvial. 5.5.2.8 Proxim idad a las vías de tránsito pot encial El cálculo d e las rut as potenciales f acili ta el ac ercamiento al posible tránsito prehistórico (Figura 38). E n este s entido, existen varias re ferencias pa ra el fenóme no tumular gallego (Carrero P azos, 2017, 2018b; Ll obera, 2015; Rodr íguez Rell án & Fábregas V alcarce, 2015, 2019) e n los que s e t rata la denomi nada “g eografía del movimiento” ( Infante Roura et al., 1992). La metodolo gía empleada fue extraída de a lgunos de estos ar tículos (Murrieta-Flores, 2012; Rodríguez Rel lán & Fábregas Valcar ce, 2 019) y del manual de James Conolly y Mark Lake (2006 ). En ellos se establece la creación d e un m odelo mate mático de m ovim iento ba sado en la t écnica de la ruta de menor cos te o Least C ost Path (Conolly & Lake, 2006). De e s ta manera, se calcularon las vías de menor coste energé tico o de tiempo. 88 Es te método de inter polación geoestadística s e basa en el cálculo de la ponderación de la di stancia de los v alores cir cundantes (Conoll y & Lake, 2006, p. 302 ). 89 En el caso d e que hubiese una pendient e distinta d e cero, el código elige una dirección en función de las preferencias que están codificadas en el p rograma. En el caso de qu e la pendiente m á s alta es plan a y en más de una dirección, el código p rimero in tenta seleccionar una alt ernativa basada en las di recciones del flujo en l as celdas ad y acentes. 9 0 A l a s celd as con est os va lores se les ot orgó un valor nulo ( NULL ), dado que se tratan d e caudales d e menor calad o, y así s e r e t i r a r on de futuros cálculos con el fin de que darnos con los r ío s de mayor envergadura. 131 Para el caso c oncreto de Galic ia, se ut ili zó la regi ón realizada ex pr of esso para el cálculo de las rut as. En e lla se establ eció un pe rímetro sep arado 500 metros del l ími te original del área de estudio. En e ste nuevo contorno s e colocaron los puntos desde los que se origin a el trazado de las rutas, y esta s se proyectan desde un a posición hacia la totalid ad ( one to many ). Hubo que re alizar un ma pa de fric ción o d e coste a tra vés del módulo r.wate rshed de GRASS-GIS (Neteler & Mit asova, 2008) , en e l cual se pudo ca lcular e l f lujo acumulado de agua a través del mé todo D8. El resul tado de esta operación fu e reclasi ficado, convirtiendo así los valores en rangos, contenidos cada uno en una c ategoría diferente. De esta form a se posibili ta que –cuando s e trac en las rutas– e stas pu edan atravesar arroyos y rí os. Dentro de est e Figura 40 : Mapas de Galicia con la insolación potencial, visibilidad topográfica, orografía y apertura del p aisaje. 132 ajuste es pre ciso evitar, al mism o tiempo, que las rutas puedan circular por l os t rayectos donde discurren los pot enciales cursos de ag u a. En total se c olocaron 120 puntos a 20km de distancia entre ellos . E st as se computaron con r.walk , con e l que se calculó el coste d e tráns ito, y r.drain, que p ermit ió realizar las rutas (Neteler & Mitasova, 2008). Este proce so se repiti ó hasta en 109 ocasiones , consiguiendo a sí unas 13.730 rutas potencia les por toda Gali cia. Con e stos resultados, se c alcularon las d ensidade s t ipo k ernel (Neteler & Mi tasova, 2008) y sus corres pondi ente análisis Hot Spot (Getis & Ord, 1992) , que permi tieron conocer los nodos de ma yor y menor relev ancia y con sign ificación estadís tica. A través del análisis de dist ancias también s e pudo conocer l a relación en tre l as vías de t ránsito potencial y los yacimie ntos domésticos. 5.5.2.9 Visibili dad topográfica La visibil idad es un factor locacional men cionado amplia mente en la histo riografía gallega, aso ciada sobre todo al fenómeno t umula r gallego y al arte rupestre (Ca rrero Pazos, 2017; Rodríguez Rellá n et al., 2018; Rodrí guez Rell án & Fábregas Valc arce, 2019; Vázquez Martínez, 2020; Villoch Vázquez, 2000). Con todo, en esta tesis t ratamos la visibi lidad topográ fi ca (Fi gur a 40), es decir, la inherente al conj unto de localizaciones en un pais aje, siendo así zonas qu e, ópticamente, son más promin entes (Llober a, 2003; Ll ober a et a l ., 2 0 10). E ste fac t or ya fue expl orado e n trabajos recientes sobre arte rupes tre a l aire li bre y l os túm ulos (Carrero Pazos, 2018b; Rodríguez Re llán & Fábregas Valc arce, 2015). Dicha variable fu e posib le de an alizar a t ravés d e l a h erramienta r. vi ewshed.cva d e GRASS -GIS (U l lah, 2015) par a ejecuta r el cálculo de la vis ibilidad absoluta acumulada potencial (Whea tley, 1995) según l os parámetros propuestos por Jam es Co nolly y Mark Lake (Conolly & L ake, 2006). En nuestro c aso de estu dio, s e util izó el MDT d e Galic ia con una resolución de p íxel de 200 me tros, en el cual creamos un a rejill a conformada por puntos equidistant es, a 2 kilómetros de distancia e ntre ello s 91 . E sta resolución es la más alta que se pudo obtener dada la exige ncia computacional del test 92 . Tal y c omo apuntan Co nolly y Lake, inv ertimos l os parámetros de la ele vación del observador y la eleva ción del objetivo para evitar problemas de reciproci dad (Conolly & Lake , 2006). A sí, la al t ura del observador la ma ntenemos en 0 m mientras el otro parámetro queda en 1.75 m. Con respecto al campo de v isión, se a j ustó a unos 20 km como máximo desde cada punto, l o cual es c oherente con la topografía de Galicia, sobre todo e n el interior, que i mpide en muchas oc asiones la visibi lidad más all á de dicha distancia. El resultado de e ste análisi s es un mapa co n l a suma al gebraica de dos o más mapas de visi bilidad bin arios 93 . Las celdas muestran un número entero que re fleja el rango al qu e 91 Esta tarea se realiz ó co n la h erramienta d e pun tos regul ares d e QGIS ( Q GIS. org, 202 0) aju stada a nuest ra ár ea d e estu dio. Además, el us o del M DT de 2 00 metros, en l ugar d el d e 25 m etros, p ermitió realizar el análisis con un número mayor de puntos lo cual afina el result ado final, aunqu e c on una menor resolución. 92 E l c álculo de la v isi bi lidad acumulada d esde cada celda d e u n mapa ráster requ iere, depe ndiendo d el ár ea d e estudio, de sup ercomputación. Dado el tamaño de nuestr a regi ón, tuvimos que ajust ar los parámetros para que se r ealizase el c álculo c o r re c t amente. 9 3 E s d ecir, en los que se representan las áreas visibles y las no visibles mediante cód igo bina ri o, 1 y 0. 139 5.5.3 Análisis locacional y mo delo predictivo Una vez obtenidos l os mapas con c ada f actor loc aciona l se pudieron re aliz ar varios análisis encaminados a conoc er l a infl uencia de cada vari able en el e mplazamient o de determinados hábitats. P ara ello, se utilizaron los anális is de va rianza con los test de Mann- Whitney-Wilcoxon (MWW) y Kruskal-Wall is (KW) para ide ntificar las divergencias en función de la tipologí a, agrupación o cronología de los espacios dom é s ticos. Además, con los factores locacionales se pudieron elaborar di versos modelos pre dictivos con los que generar un mapa de potencialidad ar q ueológica. Este tipo de mapas per m ite representar en qué zon as del á rea de estudio es más o m enos probable encont rar ya cimientos. Para ello se vale de las variables l ocacionales que han demostrado significación esta dística e n el modelo. Los m apas c onseguidos con las herramien t as de análisis de terreno fueron cons ultados y se les extrajeron sus valor es a través de la herramient a v.what.r ast de GRASS-GIS. Esto permitió cargar t oda la información e n las columnas del arc hivo CSV que i ncorpora cada ya cimient o doméstico con sus caract erísticas. D e esta forma, el m odelo predictivo se planteó par a e l a nálisis macroespacial realiza do sobre el conjunto de hábitats de toda Galicia y, por otr o lado, específicame nte aquellos que contienen c erámica ti po Penha y campanifo rm e. La m uest ra ori ginal con todos los siti os se divi dió en dos partes: Un a contenía la mue stra de e ntrenamiento (típicamente el 50% 103 ) que s e usa para desarrollar el m odelo predictivo. A su vez, la muestra de control o de prueba se com ponía d el mis mo número de sit ios que l a de entrenamiento, con la diferenci a de que esta se utiliza para probar el modelo (Conolly & Lake, 2006). Es a sí como la muestr a de e ntre namiento se proc es ó a t ravés de R p e rsigui endo –en primer término– la detección de problemas de colineal idad entre l as variables locacionales. Esta problemática surge al ex isti r ciertas vari ables que –dadas sus característ icas– están fuertemente relacionadas e ntre s í. En el caso de no prestar atenc ión a esta cuestión se corre el rie sgo de introducir una sobrep arametrización del model o predictivo; es decir, i ncluir de masiadas variables o parámetros que harían impr eciso o redundante dicho modelo. Para evitar estos proble mas se practica ron mú ltiples análi sis d e correla ción medi ante la función cor() del paquet e stats (R Core Team, 20 20), con los cuales e l imi nar las variable s d e confusión, es de cir, aquellas que no se comportan de manera independient e . Además, se g e neró otro archivo con el mismo nú mero de puntos qu e e l que conti ene las observaciones reales, pero esta vez distribui dos de ma nera aleatori a (denominados “ no yacimie ntos”). De este do cumento se cre aron ot ras dos mue stras, una de entrenamiento y otra de control. De esta manera, s e pudo com parar c ada variable de la mue st ra real c on la aleatoria a travé s del est udio de la va rianza Mann-W hitney -Wilcoxo n (MW W) con el o bjetivo de c omprobar s i la tendencia d e la s observaciones re ales se a leja de l a qu e tendría n de mo do natural s i e stas estuviese n situadas totalm ente al azar (Rodrígu ez Rellán & Fáb re gas Valc arce, 2015). A través de esto s análisis, se pudi eron s eleccionar los factores que n o est uviesen correlacionados e ntre sí y que –a su ve z– no tuviesen una dis tribución si milar a la aleatoria. 103 En nuestro caso d e estudio incorporam o s el 80% d e la pob lación, en lu gar del 5 0%-60%, co n el fin d e tener más información s ob r e l a ubicación de los h ábitats en una región tan extensa . 140 Tras esto, s e pudo crear u n Modelo de Regresión Generaliz ado ( Generaliz ed Regression Mod el o GLM) (C ra w ley, 2013) . Este test permi te dete ctar l a re lación e ntre una v ariable d ependiente (hábitats y “ no yacim ientos”) y una o más var i ables i ndependientes, de nom inadas covariabl es (altitu d, pendiente, etc…). Este mé todo –a diferencia de una regr esión l ineal ordinaria– posibi lit a comparar var iables de d istintos ti pos: numéricas, c omo l a pe ndiente, altitud, etc. y ca tegóricas, c omo l a presencia o ause nci a de hábitats y “no yacimie ntos”. Además, este a lgoritm o ajusta los datos a un a curva de probabili dad en fo rma de S -o sigm oide- lo cual per mi te que las proba bi lida des predictivas de presencia de y acimientos cambien entre probab ilidad baja y alta (Conol ly & Lake, 2006). La fórmula utiliz ada contempla el análisis de los y acimientos reale s y los aleatorios comparados con cada va riable. Dentr o del código se especificó el uso de la famili a “binomial” que permite r ealizar el análi sis con dos categoría s. Así, se pudo realiz ar e l GLM y calcula r la significación estadístic a de cada factor l ocacional en el m odelo. El resultado muest ra cada variable locacional con su correspondiente p-v alue y e l interc ept o valor de predic c i ón que demuestra la via bilidad del modelo. Es nec esario que varios factor es demuestren tene r significación estadística ad emás del inte rcept pa ra pode r determinar que el modelo es válido. E n nuestro caso, ac eptamos los m odelos con t res o m ás va riables significativa s, además del i ntercept , dado que demuestran una m ayor robustez a ni vel estadísti co y pueden generar un m apa de pot encialidad arqueológica de mayor precisión. Una forma de ca lcular los c oeficientes del modelo de regresión generalizado es a trav és del Wald te st (Crawley, 20 13). Este emite un p-val ue que permite corroborar la significa ción general del modelo. En nuestro c aso, las estim acione s de cada variable s ignificativa y del i ntercept s on introducidas en otra fór mul a, esta vez en GRAS S -GI S. L a he rramienta r. mapcalc (N eteler & Mit asova, 2008) pe rmitió generar un ráste r con estos valores del modelo y crear así el m apa d e potencialidad arqueoló gica. Este mapa muestra l os valo res de pot encial i dad de 0 a 1, que s on m ulti plica dos por cien en r.mapcalc pa ra l uego ser reclasifi cados con el m ódulo r.reclass (Neteler & Mita sova, 2008). Así, se recogieron l as probabilidade s teóricas, expresadas en porce ntaje, de encontrar nuevos hábitats en un determinad o lugar a pa rtir de l as c aracterís ticas compartidas entre estos y aquellas áreas circund antes en las q ue se ya s e d etectaron y acimientos dom ésticos. Los valores obtenidos en di cho m apa se importar on al CSV con l a m uestra de control de los h ábitats. C on la herramienta r.report 104 de GRASS-GIS (Nete ler & Mita sova, 2008) se pud o conocer el po rcentaje qu e ocupa la superficie de c ada categoría, s in tener en cuenta los valores nulos. La forma de testa r la validez del modelo predictivo se comprueba con la cantidad de yacimie ntos que s e encuent ran en las áre as de may or potencialidad arqueológ ica. Esto s e r ealiza con el test K vamme Gai n value (Kvamme, 1988 ) que es una me dida de la utili dad del dicho modelo que, cu ando se ca lcula para una proba bilidad específica de ocurren cia en el siti o, varía de 1 (alta utilida d pr edict iva) a 0 (s in utilidad p redi ctiva) a -1 (el modelo predice lo contr ario de lo esperado) (Conolly & Lake, 2006). 1 0 4 Di c ho módulo p ermite gen erar re súmenes par a mapas ráster co mo tamaño s de área para cada catego ría con unidad es dadas p o r e l parámetro uni ts (celdas, hectáreas, por centajes, etc.). 141 En R, se puede e jecutar la sigui ente fórmu la: G = 1 - Pa / Ps, donde G es el valor de predictibi lidad, Pa el porce nta je d e superficie de est udio ocupado por cada categoría de probabili dad (> 0%, > 10 %, …), y Ps es el porcentaje de sit ios arqueológicos de la muestra de control que se ubi can de ntro de la mi sma ca tegoría. Genera lmente, 0. 50 se establec e como el umbral inferior por enci ma del cual dichos model os pueden ser ace ptados (Kvamme, 1988). Parte 3 HACIA UN ESTUDIO GENERAL DE L FENÓMENO DOMÉSTICO PR EHISTÓRICO G ALLEGO 6. CONTEXTO GE OGRÁFICO Y CARA C TERIZAC IÓN DE LOS HÁBI TATS DE LA PREHISTORIA R ECIENTE DE GALICIA En este capítulo planteamos las principales caract erísticas de los yacimi entos domést icos d e la Prehistoria Reciente re gistrados e n la Comuni dad Autónoma de Galicia . Para e llo, realiz amos una clasificación de los hábitats teniendo en cuenta si fueron intervenidos o no y en func ión de la cultura material y las e structuras registrada s. 6.1 Á REA DE ESTUDIO La región d e estudio util izada para el análisis macroe s pacial es el territorio que a barca l a actual Comunidad A utónoma de Ga licia. Dad as l as proporciones de este ma pa, algunos cálculo s fueron adaptados debido a la exigencia c omputacional de un área tan e xtens a y con m últiple s localizaciones a las que atender. Figura 45 : Área de estudio con lo s 50 3 hábitat s de la Prehistoria Reciente analizados. 146 Para co nfec cionar u n m apa completo de esta área 105 fue nece sa rio e l ensambl ado 1 06 de 87 hojas extraídas de l Mapa Topográfico Nacional (MTN) (Figura 45). Es así como se obt uvo una cartografía con una re sol ución de c elda de 25 me tros de lado 107 y q ue pudo acotar s e me diante un shapefil e con los l ímites de la Comunida d Autónoma. De esta forma fue pos ible const ituir el área de estudi o a través de la herramienta de extracción de rásters de QG IS. Esta cartogr afía sirvió de base para r eal izar los cál culos de l as variables loc acionales, a excepción de la visi bilidad topográfica 108 (Figura 45). 6.2 C ARACT ERÍSTICA S GENE RALES Y TIPOLOGÍA D E Y ACIMIENTOS DOMÉSTI COS Con los dato s recolectad os del Inventario Xeral d e la Di rección Xeral d e Patrim onio Cul tural (DXPC) y la bibli ografía complem entaria existe nte en a lgunos ca sos, p odemos aporta r las características generales sobre la tipología de yacimientos domésticos a l aire libre de la Prehist oria Reciente de Galic ia. Los h ábitats fueron su bdivididos e n seis categorías: Dispersiones, Halla zgos, Á reas de activida d, Asentamie ntos, Posibl es A sentamientos y Pos ibles Áreas de acti vi dad (Tabla 4). La mayor parte d e yacimientos son di spersiones y hall azgos, e spacios d omésticos que nunca fu eron excavados, a d iferenci a del re sto de s itios. E n este s entido, de be deja rse me ridianamente cla ro que el grueso del r egistro con el que contamos aún no se ha investigado en profundidad, por l o que muchos de los sit ios que aquí s e identifican com o dispersio nes, pue den t ratarse -en realidad- de los restos superfi ciales de yacim ientos habitacio nales. La i nformación de mayo r fiabilida d pr ocede de menos del 20% de hábit ats registrados. Estos e s pacios domésticos ha n sido estudiados en m ayor o menor me dida y contienen vestigios materiales y construcc iones que ayudan a comprender en m ayor profundi dad el fenómeno doméstico de la comunidad gallega. Tabla 4: Número y porcentaje de yacimie ntos dom ésticos id entificados. Tipología Número Porcentaje Dispersiones 308 61,23% Hallazgos 107 21,27% Áreas de activi d ad 32 6,36% Asentamiento s 31 6,16% Posibles asentamientos 14 2,79% Posibles áreas de actividad 11 2,19% Total 503 100 % 6.2.1 Yacimientos no interveni dos 6.2.1.1 Dispersiones de mate rial La c ategoría “di spersión ” hace refe rencia a conjun to s de piezas lí ticas o f ragmentos cerámicos acumulados en un área concreta, normal mente esparc idos a lo largo de una sup erficie de 20, 30 o incluso 100 m etros (Apéndic e 1). En total, se contabili zan ha sta 308 yacimientos 105 L os MDT utilizados están disponibles en el Cen tro de Descargas del In stituto Geográfico Nacional. 106 E ste proceso fue posibl e gracias al módulo r.patch en G RASS -GIS (Neteler & Mit asova, 2008, p. 124 ). 107 Aunque existe cartografía d e mayor resolución para G alicia, el uso de la misma habría precisado de s uper computación p ara realizar los mismos análisis qu e real i zamos sobre lo s mapas ráster de 2 5 metros de resolución. 1 0 8 P a r a este cálculo se empl eó un mapa ráster con celd as de 200 metros d e lado para poder realizar dicho a nálisis. 147 de estas características, siendo así los más numerosos dentro del fenómeno domé stico de l a Prehistoria Reciente d e Galicia ( F i gura 46). De maner a ex cepcional, incluimos una dispersi ón de cult ura mate rial asociada a una estructura de forma ov al. E ste yacim iento, denom inado Pena Fita (L ugo) ( Vázquez Liz et al., 2015), contiene una cabaña elíptic a que consti tuye una rara avis en Gal icia, e i ncluso en Europa, dado qu e los cimientos fuer on t allados en la roca y sobre ell os se alzó la edific ación. Con todo, e ste espacio do méstico tan s ol o fue pros pectado y re gistrado, por lo que lo añadimos a la ca t egoría “dispersi ón”. Es frecuente que las “dispersi ones” a floren tras procesos er os ivos de c arácte r natural o por remocione s de ti erra p rovocadas por obras de di versa índole, aunque t ambién se han registrado en el tr anscurso de prospec ciones arqu eológicas. Habitualmente, l as di spersiones se encuentran e n te rrenos que e n la actualidad e stán dedi cados a mont e, áreas d e a prove chamiento forestal, pastos o simpl emente área s inc ultas, por lo que están expues t as, a priori , a la afección de las actividades agrícola s o fores t ales. A nivel espacial, las “dispersiones” están diseminadas p or todo el t erritorio gallego, si bien se concentran e n ma yor m edida en la mit ad Sur de la provincia d e Pontevedra (F igur a 46). En su ma yoría, se disocian del t razado de grandes obras públicas de tra zado l ineal y tienen cierta p resencia en aquel las z onas ampliamente e studiadas e inte rveni das desde los años 80, como l as com arcas de Baixa Limia (Ou rense) y O Morr azo (Pont evedra) además de l áre a de la Sierra del Bocelo y el río Furelos (A Coruña). F igura 46 : Distribución de las dispersiones de cultura ma terial p or Galici a. 148 En estos e spacios dom éstic os es notable la pr esencia de fragmentos de c erámicas, así como aquellos otros en los que é s ta aparece acompa ñada de industria l ítica. En ambos c asos se supera el 45% de la muest ra tota l, siendo así los grupos mayoritarios (Tabla 5). En otros yacimi entos a pa recen restos de i ndustri a lítica o elementos de mol turación, como durmientes y man os de moli no (Tabla 5 y 6). También se registran algunos elementos metálicos ai slados que están adscritos grosso modo a las etapas final es de la Prehistoria Reciente. Est os elementos no s uperan en ningún caso el 15% d e l as “ dis persiones” registradas (Tabla 5). De manera anecdótica, s e evi dencia la p resencia de algunas piezas de síl ex en 18 hábitats y e n otros 7 apa recen puntas de flecha de diferentes materias pri mas (c uarzo, sílex y esquist o). A nivel c ronológico, se p uede apuntar que la m itad de las “dispersiones” se adscribe n al Calcolítico y a la E dad d el Bronce, frente a un porc ent a j e i nferior al 12% vi nculable al Neolític o. Estos datos evidencian que existe un gran número de yacimientos asocia d os al I II y II milenio a.C., de l os cuales más de una centena c ontienen c erámicas t ipo P enha o campaniforme (Ta bla 5). Estos tipos de cerámicas apar ecen de forma desi gual en el registro . La c erámica campaniforme es la más abundante, apareciendo en un cua rt o d e l as dispers iones, fr ente al tipo Penha, que supone me nos del 10% de la muestra. Por otro l ado, a mb os tipos no suelen manifestarse a la vez en este ti po de yacimientos (Tabla 5). Tab la 5: Frecuencia d e aparición de cultura materia l encontrada en las dispersione s de material. Materiales Número Porcentaje Cerámic as 151 49,02% Cerámicas e indust ria lítica 146 47,40% Metales 10 3,24% Industria lítica 8 2,59% Dada la ause n cia d e “ fósiles directores” pa ra e l periodo Neolítico, ta n s olo podem os aproximarnos, grosso modo , a cronologías c alco líticas y de inicios de la Edad d el B ronce, guiándonos por la presen cia de la ce rámic a tipo Penha y cam paniforme (Tabla 5). E l t ipo largo bordo tambi én aport a una cronología rel ativa para yac imientos ocup ados en momentos avanzados de la Edad del Bro nce, aunque en el ca so de las di spersiones, l a presencia de este tip o de ce rámic a es anec dótica. Este registro d emuestra que, en fun ción de la cult ura ma terial diagnóstic a, existe una mayor ocupa ción de estos espacios domésticos e n la segund a mit ad de l I II e inicios de l II milenio a.C. Además, en la mayoría de los casos, no ex i ste un solapamie nto de ocupaciones de diferentes comunid ades humanas. Tabla 6: Frecuencia de apa ri ción de las difer entes clases de cultura material identificada s en las dispersiones de material. Materiales Número Porcentaje Campaniforme 85 27,59% Penha 20 6,49% Molturación 19 6,16% Campaniforme y Penha 2 0,64% Largo bordo 1 0,32% 251 Con respecto a las c erámicas tipo Penha y c ampani forme, nos aportan c ronologías relativas de l a ocupación del asentamiento. Aunque su núme ro no e s m uy abundante, es lo suficientemente amplio com o para alcanzar result ados relativamente represe ntativos . 9.1.4.2 Industria lít ica Del conjunto de 755 ef ectivos de indus tria líti ca, u n total de 488 (64,63 %) elementos fueron re gistra dos con c o ordenadas (X, Y, Z). El resto de l os materiales procedían de unidades fuertemente alteradas por procesos postdeposicionales. En su mayoría, los restos lític os estaban asociados a l a UE002, disp uesta por de bajo d el nivel superficial revuelto y sobre la roca ba s e desmantelada. En este nivel es donde también apa recía l a m ayor pa rte del material c erámico, situándose por encima d e las estructuras. U n eleva do número de pie zas lí ticas (17,3%) fueron registradas en el nive l s uperficial revuelto (UE001). Esto di ficulta la identificación o delimitación de áreas de actividad ya que e l núme ro de piezas in situ es reducido y no aparecen tecnotipos asociados a UEs c oncre tas (Bonill a Rodríguez, 2004). En gene r al, la industri a l íti ca está elaborada en su mayoría sobre mater ias primas locales, particularment e cuarzo (68,61 %), seguido de l ejos del cristal de roca (12,98%) y d el granito (10,33%) (Figur a 108 ) . Otras mate rias pri ma s se usaron p ara gene rar út iles, pe ro en menor me dida, como la cuarc i ta (3,31%), síl ex (2,78%) o esquis to (1,19%). S e apreci a un aprovechamiento diferenc ial d e e stas materias pri mas dependiendo del t ipo de herramienta a realizar (Bonilla Rodríguez, 2004; R odríguez Rell án, 2010). Figura 108 : Mue stra de lascas de industria lítica tallada de Monte dos Remedios , (Bonilla Rodríguez, 2004). 252 Nos enc o ntramos con un conjunto poco alterado, y de aparie ncia b ast ante fresca. Solo un 0, 91% de toda l a col ección sufr e alteraciones, como roda mi ento, p ero no se l legan a desdibujar las aristas d el artefacto. En cuanto a l a oxidación, ést a aparec e e n ma nc has que afectan l igera mente a l a superficie de la s pi e zas e n un 8,69 % del t otal ( Bonil la Ro dríguez, 2004; R odríguez Rellán, 2010) . La indus tria lítica tallada constituye más del 80% del tota l de la colección ( Figura 109 ). Los grupos t ecnotipoló gicos id entificados (Bonilla Rodríguez, 2004) f ue ron l os si guientes: lascas simples y restos de talla, l ascas retocadas, l áminas o hoji tas simples, l áminas o hoji tas retocadas, útiles sobre l asc a o lámina (raspador es, perforadores, buri les, raederas, puntas o cuchillos de dorso ) y núc leos. Además, se inc luyó en la catego ría “Otros tip os” piezas más inusuales y con alguna acción antrópica como cantos t raba jados, cantos con uno o más levantamientos, cantos con esti gmas de talla o útil es de ar i sta diédrica . Las la scas simpl es y, en me nor medida, re t ocadas son p redominantes, en cuanto q ue las láminas y laminil las son mucho m ás escasas. En consonancia con esta circunstancia, la mayoría de los núc leos (12) se d estinaron a l a e xtracción de l ascas. La t rein tena de artefa ctos elaborados m ediante reto que e stá constituida por p erforadores (5), burile s (8 ), de nticulados (4), muescas (6), ra ederas ( 2) , raspadores (11), un trapecio y un se gmento de círculo. Tan solo se registra una punta de flecha de base recta re alizada en pizarra ( Fábregas V alcar ce et al., 2007) . Dentro de la categorí a de piezas pulidas se cu enta con un censo de 60 efectivos de los que l a gran m ayo ría s e e laboraron en gr anito y en m enor m edida en cuarcit a y esquisto A este grup o se adscribe un pa r de lí ticos pulidos que se insert an en el grupo de obj etos ideot écnicos. Figura 109 : Mue stra de útiles de industria lítica tallada de Monte dos Remedios (Bo nil la Rodríguez, 200 4). 253 Uno de ell os se encontró en el cen tro d el y acimi ento por enc ima d el pa vimento c entral, lo que le otorga una fecha ante que m en t orno al IV m ilenio a.C. Su deposición fue deliberada dado que no aparec en otr os r estos semejantes en el sector, lo cual t ambién plantea la cu estión del uso de estos objetos cultuales en contextos domésti cos (Fábregas V alcarce et al. , 2007). Además, s e registraron elementos de mol ino, r ealizados en gra nito ( Figura 110 ). D e los 45 artefactos recup erados, 10 son durmientes fragmentados y 35 movientes . También, se registraron dos útiles de cort e distal, uno de los cuales fue usado como pulid or/alisador. La industri a lític a se con centrab a en e l ext remo N orte y mit ad Este de l yacim iento, coincidiendo con l as estructuras de carácter h abita cional y de transformac ión de productos o materias pr imas ( Figura 99). Co ncr etamente, e xis tían nota bles conc entraciones de materia les en t orno a los hoga res, siendo signi ficativa la corre spondiente al hog ar e mplazado m ás al S ur, donde de sta caba la pr esencia de ab u ndantes lascas, restos de talla, u n núcle o, útiles sobre la sca y varias piezas pulime ntadas. También existían numerosa s pi ezas próximas a las estructuras de combustión ubicadas en el extremo N oreste y Noroeste d el asenta miento (Bonil la Rodríguez, 2004; R odríguez Rellán, 2010) . A lo largo d e la zanja de delimit ación se rec uperaron múlti ples l ascas, ú tiles y otr as piezas ( Figura 99). T ambi én de ntro d e a lgunas fosas se r egistr aron di versas piezas, al igual que en la fosa o si lo c entral, donde apare cieron vario s fragmentos de molinos. A demás, en e l depósito que rellena ba algunos agujeros de post e se ll egaron a re cuperar desd e raspador es, lascas y hojitas retoca das hasta uno de los ídol os (Bonill a Rodríguez, 2004). 9.1.4.2.1 Tratam iento de la muestra Los g rupos ident ificados e n el primer est udio de cultura mat erial ( Bonill a Rodríguez, 2004) fuer on ma tizados y re clasificados en una t esis doctoral pos terior (Rodrígue z Rellán, 2010). Así la cla sificación utilizada de ba se e n nuestro estudio se ri ge por e l Sis tema Lógico-Analítico (Carbo nell e t al., 1983) y pr esenta los siguientes grupos p ara el caso de Monte dos Remedios: Bases positivas (BP), Bases negativas (BN), Base Posit iva Fragmentada (BPF), Figura 110 : Muestra de el em e ntos de molino (durmiente de molino ) de Monte dos Remedios, (Bonilla Rodrí guez, 2 004). 254 Fragmento de Base Positiva (FBP), Base Negativa de Primera G ene ración (BN1G), Base Negativa de Primera Generación de Configuración (BN1GC), Base Negativa de Se gunda Generación d e E xplotación (BN2GE), Base N egativa de Pr imera Gener ación de Explotación (BN1GE), Base Negativa de Segund a G ener ación de Confi guración (BN2 GC), Fr agmento de Base Negativa (FBN ), Pulido y Ot ros. Tabla 46: Clases de industria lítica analizadas en Monte dos Remedios. Con todo, estos 12 grupos fueron reduci dos a ci nco para me jorar el tratam iento estadísti co de la muest ra (Tab la 46). Las piezas l íticas fu eron agrupadas en var ias c l ases: Bases positiva s (BP , BPF y FBP), Bases naturales (BN y F BN ), Bases negativa s (BN1G, BN1GE y BN2GE), Confi gurados (BN1GC y BN2GC) y Otros (incluye tambié n e l único resto de la categoría “Pulido”). E sto s grupos ya h an s ido utili zados en trabajos pre vios sobre el pobla do con resultados muy positivos (Lorenzo Salgueiro, 2018; Lorenzo S algueiro et al., 2017). 9.1.5 Dataciones radiocarbóni cas En Monte dos Remedios disponemo s de una ampl ia colección de fechas q ue nos a portan una valiosa información acerca de las ocupaciones hum anas del lugar (Ta bla 47). Por esta razón, la cronolo gía de este asentami ento s e encuentr a bien apoyada por las fechas de C 14 , e n c ontraste con o tros y acim ientos de l a Pr ehistoria Reciente ta nto de l a península de O Morra zo c omo de otras regiones de Galici a. Las m uestras to madas e n Monte dos R emedios fueron un total d e 11, a las que se a ña d e otra más enviada por Cruz Ferro al Labora tori o R ocasolano y registrada en el repositorio IDEARQ (I DEArq, 2020 ) [10/02/2020]. E stas pro vienen, en p arte, d e los c arbones d e hoga res o fosas vinculad as a ta reas d e combustión, de las cua l es se extraje ron 3 da ta ciones (2 5%) . La mayor parte de ell as, sin e mbargo, procede de la fracción orgánica del sed i mento que re llenaba algunas e stru cturas n egativas, que ofrec ieron 8 f echas ( 75%). So lo un a datación se consigui ó por el análisis c onjunto de carbones y fracción org ánica (Fábregas V alcarce e t al., 2007). Tabla 47 : Dataciones radiocarb óni cas d el yacimient o de Monte dos Remedios realiza das con la curva d e cali b ración Intcal2 0 (Heaton et al., 2 020). Mar cados con asteriscos (**) aquellas muestras no u tilizadas en los análisis. Clases Número Porcentaje Bases po s itivas 258 52,86% Bases naturales 79 16,18% Bases negativas 76 15,57% Otros 40 8,19% Configurados 35 7,71% Laboratorio Tipo Contexto Resultado Intervalo de probab ilidad UA-32670 Sedimento Silo o fosa de almacenaj e (UE 845 - 846: UR 40) 5780±40 BP 4723-4505 a.C. UA-33141 Carbón Estructura de combustión extremo Es t e (UE-86-87: UR 25- 26) 5385±50 BP 4341-4054 a.C. UA-33142** Carbón Estructura de combustión extrem o Oeste (UE-853-854: UR 81) 5285±50 BP 4248-3983 a.C. 255 En el caso de los hogare s, las comunidades prehis tóricas uti lizaron -sobre todo- Quercus sp. caducifolio como combustib le p ara estas estr ucturas. Esta “ madera vi e ja” es un a e sp ecie de vida la r ga que pudo e nve jecer artificialment e a lgunas dataciones (Fábr egas Valc arce et al., 2007). Por otro lado, el s ediment o con componentes o r gánicos extraído de algu nas estructuras negativas pudo no g uard ar una relación dir ecta con el evento que s e pretendía datar. Pa rte de estos depósitos se cor respondía con las facie s de a bandono o bien la aper t ura de l a estructura. Por tanto, la valo ración arqueológica ( ante quem o post que m ) fu e difer ente en cad a c aso (Fábregas Valcarc e et al., 2007). La horquil la cr onol ógica que marcan las dataciones radiocarbónicas va de m ediados del V milenio a la p rimera mit ad del III a.C. (Fábreg as Valcarce et al., 2007 ). Evidente mente, esta circunstancia no i mplica una presenci a hum ana cont inuada en el p oblado durante todo este tiem po sino una serie de ocupaciones episódicas d e una dura ción indetermi nada entre las que no faltan aparentes p eriodos de in actividad (Fábrega s Valcarce et al., 2007) . Para e l análisis espacial realizado en es t a t esis se ut i lizaron 10 de las 12 da t aciones disponi bles. Una de l as f echas de las qu e pr escind imos es un out lier y se corresponde con la muestra U A-32665, proc edente de las c apas de rell eno superior de l a zanja pe rimetr al 119 y qu e aportó una fe cha en torn o al sig lo IX-VIII a.C. (T abla 47). Ad emás, esta f ec ha es la únic a que no mostra ba coheren cia con el rest o de las e videncias arqueológicas, al cont rario que las demás dataciones. También desca rtamos de l a nálisis ge oespacial la da tación de la estructura de combustión ubicada en el e xtremo Oe ste de la z anja (UA- 3 3142) (Tab l a 47 ) al en contra rse fue ra de la principal á rea d e exc avación, donde se re gistraron las mayores concentr aciones de c ultura material y e structuras. L a fecha arrojada por el análisi s p or C 14 muestra la vinc ulación de este espacio con las o cupaciones de finales del V m ilenio a.C. El re sto de las datac iones radioc arbónicas se encuentra n en dife rentes puntos del yacimie nto y asociadas a distintas construcciones. Una de las fec h as más antiguas fue obtenida de una estructura de combustió n a l Este de l ya cimie nto (UA-33141) (Figura 112) y que es coetánea de la hogu era del E ste, fuera de los l ími tes de l a excavació n (Fábre gas V alc arce et al., 1 1 9 A s u vez este d epósito se sitúa por debajo de un nive l de uso compuesto po r tierra y gravilla (UE 588 ). Laboratorio Tipo Contexto Resultado Intervalo de probab ilidad UA-32667 Sedimento Rellen o inferior de la zanj a perimetral ( UE 660: UR 75) 5015±40 BP 3946-3659 a.C. UA-32666 Sedimento Rellen o inferior de la zanj a per ime tral (UE - 568: UR 75) 5000±40 BP 3946-3653 a.C. UA-32669 Carbón Hogar en fosa sobre la zanj a perimetral ( UE 620: UR 55) 4725±40 BP 3632-3374 a.C. CSIC 2047 Sedimento Agujero de poste (UE 66 - 67: UR 60) 4465±34 BP 3340-3021 a.C. UA-33144 Sedimento Hogar con paravientos (UE 354 - 355: UR 24) 4420±45 BP 3331-2915 a.C. UA-32668 Sedimento Hogar sobre el p avimento central ( UE 234 - 236: UR 47) 4315±25 BP 3011-2887 a.C. UA-33140 Sedimento Zanja perimetral de la estructu ra circular ( UE 232-233: UR 52 y 59) 4240±40 BP 2919-2674 a.C. UA-33143 Sediment o y carbón Hogar en fosa (UE 224 - 225: UR 53) 4150±40 BP 2880-2584 a.C. UA-32665** S edimento Relleno superior de la zanja perimetral ( UE 538: UR 75) 2630±35 BP 896-771 a.C. 256 2007). Con todo, la fecha más antigua se extrajo del relleno del silo o fosa de almacenamiento ubicada e n el s ector ce ntral (UA-32670) (Figura 11 2), la cual aportó una data ción de 4725-4505 a.C. (Tabla 4 7). Est as m u estras son bastante fia ble s, pues fueron t omadas en contextos s ellados. En este s entido, la s muestras obtenidas en l as e structura s d e co mbustión pro ceden de de bajo de la capa de piedras, mi entras que el silo se enc ontraba bajo el p avimento exist ente en esta zona . Dentro del V milenio a.C. , pa rece obs ervarse un h iato superior a los 200 años entre la construcción del s il o y d e l as cit adas estructuras d e combustió n (Figura 111 ) (Rodríguez Rellá n, 2010). Est a cir cunstancia no tiene qu e estar asociada n ecesariament e con la ausen cia de ocupaciones en el l ugar, pe ro quizá s sí pue da suge rir un carácter más epi sódico o menos i ntenso de las mismas. Para el IV mile nio di sponemos de cinco datac ion es, tres de ell as están relac ionadas con la zanja perimetral que ro d ea el ya cimiento por e l Sur: dos (UA -32667 e UA-32666) (F igura 112) proceden de l os rellenos inferiores de l a za nja de cimentación, mientras que l a te rcera (UA- 32669) (Figura 112) viene de un hogar re alizado so bre dicho re lleno (T a bla 47). Est as tre s fechas –ju nto con la d e la estru ctura d e c ombus tión al O este del asentamie nto– c ertifican l a construcción/abandono d e esta estructura lineal d entro de dicho mi lenio. La estructura de c ombust ión al Oeste se vio parcialmente afectada por la construcción de la zanja, lo cual otorga a est a e structura lineal un terminus post quem entre el 4248-3983 a . C. (F i gura 111) (Rod ríg uez Rel l án, 2 010). P or otro l ado, el hogar cons t ruido sobre el re ll eno de la zanja (F igura 112) y –a su vez– sellado por otro hogar (UE 594-595) y un pavimento (U E 554) en la U R55 nos proporciona un t erminus ante quem en torno al 3632-3374 a. C. para el abandono de la posible empalizad a (UEs 568, 660 y 569). También se registra otra estructura de combustión (UE 633) y u na fosa (UE 639-640) entre el depósito datado y la z anja. A tenor de lo expu esto, parece que esta z a nj a (com o decimos, posibl eme nte destinada a servir de cimentación a una empalizada o algún otro tipo de estructu ra pos itiva delimita dora) habría estado flanqueando el se ctor S ur del yacimi ento en algún momento entre el últ imo cuarto de l V mile nio a.C. y la m itad del IV; más concretam ente, dura nte l os primeros 300 añ os del IV Figura 111 : Dat acio nes radiocarbónicas que muestran la s ecuencia de ocupaciones pre histó ricas en Monte dos Remedios. 257 milenio (Figura 111). E sto la convie rte en la estructura datada de estas c aracterís ticas m ás antigua del Noroeste (Rodríguez Rellán, 2010). Tras el abandono de est a zanja, se consta ta otra ocupación en l os sigl os ce ntrales del IV milenio a.C ., respaldada por la datación d e la m uestra UA -32669 (Tabla 4 7 ), obtenida e n un hogar en el interior de u na fosa (Figura 111). Ta mbién, en la parte occide ntal del yacimiento, se tom aron m uestras e n un agujero d e poste de l a UR60 (CS IC-2047) que d emuestran la ocupación de la z ona a fi nales del IV mile nio a.C. (Figura 112). E stas dataciones muestran la ocupación en los má rgenes S ur y Este del luga r, coincidie ndo a nivel temporal, en parte, c on el empleo de otras zonas (R odríguez Rellán, 2010). Además, en el último c uarto y en l a transi ción a l III m ilenio a .C. se m antiene la actividad antrópica en l a parte orient al de l ya c i miento, como evidencia la constr ucción del h ogar c on paravientos de l a UR 24, el cual arrojó un a dataci ón de 3331- 2915 a.C. (U A-33144) (Figura 111). Esta e structura apo rta un terminus post que m para el us o de la cabaña ova l con la que se encuentra a socia da; extr emo que es cohere nte con la c ultura material recuperada ( e.g. cerámica tip o Penha ), que demuest ra la prese ncia de comu nidades calcolíticas a comienzos del III milenio a.C. (Rodríguez R ellán, 2010). Gracias a est a datación podemos ubic a r cro nológi camente, de manera indirecta, la apertura de la zanja de dr enaje qu e c orta la cab aña en s u p arte occidental. En este senti do, dicha zanja tuvo que const ruirse e n a lgún momento pos te rior a la transición entre e l IV y el II I mile nio a .C. En el interior del asentam iento se constata una m ayor activid ad antrópic a asoci ada a los grupos h umanos del Neolíti co Final / Calcolíti co de la transición del IV al III mil enio a.C. Muestra de ello lo constituye la construcción del pavimento c entral, y –posiblemente– del r esto de superficies de estas ca racterístic as doc ument ad as en el yacim iento. Esto se puede as egurar gracias a la datación de la estructura de combusti ón e xistente s obre el mi s m o y que a rrojó una fecha de 3011-2887 a.C . (UA-32668) (Figura 112). Con todo, exist en algunos fragmentos d e cerámica s ca mpaniformes asociados al h ogar y al pavimento que i ndican el posible us o de este espac io dura nte el III mi lenio a.C. Estos mis mos materiales se registra n por encima del resto de pavime ntos del yacim iento por lo que , a priori , se de scarta que exist a una altera ción e stratigráfica como responsable de est a asocia ción (Rodríguez Re llán, 2 010). En este sentido, lo má s probable e s que dicha da tación hay a sido envejecida “a r ti ficialm ente ” por alg ún ele mento de l a fracción orgán ica de l sedimento recuperado de la hoguera. A su vez, el paviment o c entral cubre parcialment e la zanj a de d renaje occidental, lo cual otorga un t erminus ante quem para su abandono. Tal circunstancia permit e observar que esta zanja pudo haberse re alizado en algún m omento del p rimer s iglo del III milenio a .C. E n contraste, la za nja de dre naje septentr ional, que corta la caba ña oval (Figura 112), pudo habe r sido abie rta en mo mentos má s recientes, en torno a l segundo cuarto del mism o milenio. Tanto la ocupación del pavimento com o de la cabaña oval e s posib le que fuesen contemporáneas d e la co nstrucción de l a est ructura c ircular en la parte Oeste del a sentamie nto y e l hogar s ituado al Sur de esta. En la z anja de c i mentación de dicha estr uctura circ ular se recogió una muestra d el sediment o que l a c olmataba 120 y arrojó una fe cha de 2919-2674 a.C. (UA-33140), m ientr as que el hogar proporcionó una fecha algo má s re ciente, del 2 880-2584 a.C. (UA-33143) (Figura 1 12 y Tabla 47). Así pues, la distribució n estadíst ica de las data ciones (Figura 112) sugie re que durante el III mil enio a.C. la ocupación de l asentamiento de O s Re medios fue cada vez menos episó dica y quizás de m ayor i ntensid ad. Además, existe un consid erable i ncremento en l a remod elación 1 2 0 E s t a a su v ez se u bica por debajo de uno de los aguj eros de post e (UE 266 -267) que se encontraba e n el interio r de la zanja. 258 del yacimiento y un m ayor esfuerzo en el acon dicionamiento de l esp aci o ha bitable, con l a regularización d el suelo mediant e pavimentos y la constru cción de c analiz aciones para el a gua con el fin de evitar, o al m enos paliar, la inunda ción del espacio habitaciona l. Estos cambios pro d ujeron una transformación de Monte dos Remedios que dificulta l a caracterización de l as oc upaciones previas al III m ile nio a.C. Así, los rebajes y la re gularización del terreno traje ron cons igo probablemente la elimi nación de a lgunos de l os re stos de estructuras antiguas y ta mbién de la cultura mater ial uti lizada durante el Neolít ico. Figura 112 : Distribución de las da tacio nes ra dioca rb ónicas por el yacim iento de Monte dos Remedios. 259 9.2 O F UXIÑO 9.2.1 Context o geográfico y arqueológico El yacimiento de O Fuxiño se encontraba en e l área Norte de la actual comarca de Carballiño. Esta entida d territorial e hist órica conti ene diferentes accid entes ge ográficos, siendo los má s destac ados l os q ue se sitúan en la part e s eptentrional, donde se encuentran los Montes do Testeiro, a l Noro este, y Serra do Faro, al Noreste. Al Sur de la comarca se encuentran una serie de valles que conec tan con e l s ector má s a l N orte de la D epresión d e O urense (Figura 113). La a lti tud e n toda esta re gión es muy variable, con máximas de 1030 m etros en e l N orte - en concreto en el Noroeste - y mínim as de 88 me tro s e n los va lles situa dos al Suroeste y Sureste. Aunque lo s valores a lca nzados son más elevado s que en zonas d e c osta , siguen existi endo diferencias altitudinal es importantes dentro de esta región. Las tierras bajas, compuestas por va lles, s e sit úan en e l ra ngo de l os 2 00 y 400 m.s.n.m. Estos espacios se ven interrumpidos por montes que fraccionan el territorio, lo cual dificulta el tránsito a lo l argo de esta parte de la re gión. En cuanto a l as á reas alta s, estas se e ncuentran entre los 450 y 800 me tros de altit ud, siendo puntuales los picos de m ás de 900 m etros. Por tanto, este territ orio se caracteriza por sus desnivele s y por la c oexist encia de zonas de montaña y de valle muy cercanas entre sí. A nive l geológico, las rocas granít ic as son las más a bundantes, si endo h eg emónicas e n el sector central y oriental de l a comarca. Al Oeste, la p resenci a de roca s metamórficas es pre d ominante, aunqu e ta mbién se c onstata al S ur intercalad a con l as roc as graníticas. Aún con Figura 113 : Locali z ación del yacimiento de O Fuxiño (en r ojo) y los pr inci p ales a ccidentes geogr áficos de la región. 260 estas marc a das di fe r encias lit ológicas, l os relieve s colinares sua ves se e xtiende n por toda e l área, a exc epción del e xtremo occ idental dond e aparec en relieves enc ajados. De forma excepcional, se do cumentan l lanuras asociadas a depósitos aluviales que se en cuentr an repartidos tanto por zonas altas c omo bajas. Dentro de este contexto g eográfico se enc ont raba el yacim i ento de O Fuxiño, situado en la parroquia de Santa María de Carballe da 121 , t érmino municipal de P iñor (Ourense). El asentamiento s e ubicaba en la parte me dia de una suave ladera, en una ampl ia plataforma de pendiente orientada al Su r y a una altura de unos 612-627 m .s.n.m (Figura 114) (Vidal Lojo, 2006). Próxi mo a e ste e mplazamiento, a unos 90 metros por el margen E st e, discurre el regato de Asneiros. O Fuxiño ocup aba una superficie de pr ácti camente una hectár ea de ter reno y aparecía seccionado por la caja de un antiguo c amino de c arro de cronología hist órica. Además, en dirección Nores t e, se encuentra el paso del Cami no de Sant iago lo que muestra que e sta á rea juega un papel fundament al en el marco de las vía s históri cas de t ránsito de la re gión. En torno al yacimiento, aproxim ada m ente en un radio de 1 k m, se localiz an otros restos arqueológicos de sim ila res cronologías. A l Norte, y en una ubicación a ma yor altura, aparec en restos de arte rup estre representados por e l petro glifo de P ena do Cabalo. A l Sur y al E ste se encuentran dos estruc turas tumulares cercanas a las poblaciones d e Moi re y Carba l leda, respectivamente (Vidal L ojo, 2006). E stos vestigios muestran la actividad en l a zona en t iempos prehistóricos, existiendo la posibilidad de que alguno de estos sitios sea coetáne o c on la ocupación de O Fuxiño. 1 2 1 C o n c o ordenada s UTM y pr oyección ET RS89 (EPSG : 25829), HUSO 29 ; X: 580.810, Y: 4.709.038. F igura 114 : Emplazamiento de O Fuxiñ o (P iño r, Ourense) . En rojo los límites del área e xcavada d el yacimiento, que coincide con una sección del traza do de la Autopista (AP-53). 267 E-W y 2,20 m en el eje N -S, s iendo así más p equeño que la cabaña aleda ña. D entro de s u perímetro, apa recieron ta n solo dos pi ezas l íticas, a m bas en e xtremos opues tos de la z anja d e cimentación (Vidal Lojo, 2006). En el úl timo grupo contam os con t res estructuras de sim ilares característic as que se encontraban en l os sectores 3 y 5 (F igura 121). To das ellas se han interpretado como posibles fondos de cabaña (Vidal Lojo, 2011). En el se ctor 3 a parecieron dos de e stas cabañas, l a UE 099 y UE 185 (Fi gura 121). Comenzando por la UE 099, esta era u na e structura basada en una fosa circular c uya mi tad Oeste adquiría un a g ran profundidad. En la parte orie ntal, sin llegar a l os límit es de la estructura, se disponía una pa rt e de s ustrato mi neral que se interpretó como u n pavimento interior. En las cercanías tambié n apareció un pavimento q ue podr í a estar vinculado a e ste espacio (Vidal Lojo , 2006). Las dimensiones m áxim as de e sta construcción lle gan a los 5,71 m en el ej e N-S y 5,68 m en e l eje E -W. Esta cabaña es de difícil de finición dado que a penas se registran restos de materiales a soci a dos y su morfología es irregular. Dentro de los límit es de est a estructur a, se Figura 121 : P lantas de los posibles fondos de cabaña del extrem o Norte d el yacimiento de O Fuxiño (Vidal Lojo , 2011). 268 localizaron hasta 4 fra gmento s de cerám i ca en capas suprayacentes, que podrían estar relacionados con la ocupación de dicho espacio. En el ca so de l a U E 185 (Figura 121), ubicada en la par te central d el sec t or 3, era de menor tamaño que la UE 099, con unas dimensiones de 3,75 m en el e je N-S y 3,70 m en el eje E-W. L a c onstruc ción estaba compuesta por una f osa que delimitaba una superficie central interpretada como un su puesto paviment o. Adem ás, en es t e firme a parecieron algunos pos i bles agujeros de post e que podrían ha ber sostenido l a cabaña er igi da en este lugar (Vidal Lojo, 2006). Apenas s e ha regi strado un par d e fr agmentos cerámicos y 5 pie zas lít icas en el interior de este espacio. Por últi mo, e n e l sector 5 s e encontró otro fondo de cabañ a (UE 194/ 195) (Fi gura 121). Esta cab aña medí a 5,29 m en el ej e N-S y 4,06 m en el eje E- W. T enía fo rma circula r y -en su mitad Este- la fosa que l a configuraba tenía una gran profundidad (m ás de 80 cm). En e s te c aso, el s us trato m ineral que f uncionó a modo d e pa vi ment o se encontraba ori enta do ha cia el Oeste (Vidal L o jo, 2006). Dentro de l pe rímetro de este supuesto espacio habita cional aparecieron 2 fragmentos cerámicos y una pieza lít ica. 9.2.3.2 Agujeros de poste En el sector 1 s e registr ó la mayor pa rte de l os agujeros de poste detect ados e n el yacimiento de O Fuxiño (Figura 115 ). En el resto de los se ctores apa recieron vestigios estructurales asimil ables a e ste tipo de n egativos, pero h an sido incluidos dentro de posibles estructuras. Figura 122 : Aguj eros de poste registrados en el interior de la cabaña elíptica (UE 117). A) d epósito UE 065 y B ) UE076 e n el yacimiento d e O Fuxi ño, (V idal Lojo, 2 006). 269 En la cabaña elíptica (U E117) a par ecieron múlti ples negativos de poste e n el interior de la za nj a que la circund a, au nque t ambién se han documentado dentro del espacio interior de la c abaña (Figura 122). Estos agujeros de poste que se enco ntrab an en el interior se situaban en la parte Norte (UEs 088 y 087), c entr al (UE096) y en la entrada (UE139). E stos negativos tenían una anc hura m á x ima d e u nos 48 cm, aunque la m edia er a d e 35 cm, mient ras que la profundidad alcanzaba los 39 cm y 19 cm en las UEs 087 y 096, respectiva mente 123 (Vidal Lojo, 2006). Estos agujeros e ran de m orf ologí a circular y ova lada fundamentalmente y c ontenían un único depósito de relleno. En dos casos, (UEs 087 y 096) aparecieron cuarzos en el interior de los negativos que, al menos, en el caso de la UE 087 podría servi r como c al zo para el pos te. En e l único caso ubicado fue ra de la c abaña elí ptica , se d etectaron enfrente a la cabaña circula r ( UE 125). E ste aguje ro de poste era de m orfología circular y con una anchura de 20 cm. Se encontraba aislado y sin relación aparente con otras estruc turas. 9.2.3.3 Fosas Las est ructuras más a bundantes en O Fuxiño eran las de tipo fosa, con 1 5 ejem plares en t otal, re partidas a lo l argo de cuatro d e los c inco sectores. Esta t ipologí a agluti na un elenco variado de morfologías y p osibles funciones de estas estructuras e xcavada s en el su strato mineral. En el se ctor 1 ( Figura 1 15) d estacaban l as cinco fosas contenidas por la zanja de l a cabaña elípt ica, p ertenecie ndo estas a dicha construcción y formando parte de las actividades que allí se pudieron haber realizado. E stas contenían restos c e rámicos, au nqu e también algunas piezas lí ticas, qu e se repartían por l a parte c entral , próximas a la pa red y –en un caso– en la entrada a l re cinto. Ad emás, fue ra de la cabaña, se registraron otras tres fos a s de la s cual es se desconoce su fun ción, aunque pudi eron s er compl ementarias a aquellas sit uadas en e l interior de la estructura elíptica. 1 2 3 C a r ecemos de dato s sobre la profundidad del re sto de agujeros de poste detec tados. Figura 123 : Fosas en el interior de la cabaña elíptica del yacimiento de O Fuxiño , (V idal Lojo, 2006). 270 Come nz ando por las fosas de l int erior de la cabaña o val, una de ellas (UE 124) se encontraba en el acceso a l a cabaña . Esta tenía u na morfología ovalad a, un fondo ligeramente cóncavo y e s tab a co lmata da por un único depósito (UE 097). Se encontra ba excavada en la UE 093, que era el depósito i nterno de la e structura oval, y alcanz aba lo s 83 c m de largo y una profundidad de 12 cm (Vidal Lojo, 2006). Otras dos fosas –UE 122 y 121– s e ubic aban próximas a l a pared Oeste. La primera tenía una planta ovalada, una longitud m áxima de 130 cm y una profundid ad de 15 cm. S ufrió algunas alteraciones en las par edes y tres aguj eros en la base, debidos a la acción de raíces. E n el depósito que rellenaba el cort e (UE 073) se documentaron algunos fragm entos d e material cerámi co (Vidal Lojo, 2006). Por su parte , la UE 121 tenía u na morfología alargada y un único depósi to que lo rellenaba (UE 072). L as dim ensiones de esta fosa eran de 80 cm de l argo por 20 cm de a n cho y 20 cm de pro f undidad. Se disponía con una ori entac ión N oreste-Suroeste y también present aba alteración por la posible acción d e ra í ces, al m eno s en lo que re specta a l a pared Oe ste (V idal Lojo, 2006). Justo e nfrente de estas fosas apa re cí an las otr as dos re stantes (UE091 y UE092). L a UE 091 most raba una m orfología irregular, a unque de tendencia ci rcular, y u n úni co depósito de relleno (UE 067) ( Figura 123). Sus medida s alcanzaban los 130 cm de longitud máxima y los 13 cm d e profundi dad (Figura 123). Las paredes de esta estructura era n l igeramente cóncavas, a l ig ual que su fondo, y se regis tró una pie dra de g ranito de 20x20 c m en la pa red Norte además de numerosos f ragmentos cerámicos y piezas líti cas. Con respecto a la otra fosa (UE 092), esta mostraba una morfologí a ova lad a, aunque irregular por la afec ción de raíc es en s u parte No rte y Su r e s te, y contenía un únic o d epósi to (UE068) (Figura 123). Al canza b a los 140 cm d e l ongitud máxima y una pro fundidad mayor a la UE 091 y se do cument ó abundante cultura material en s u interior (F ig ura 123) (Vidal Lojo, 2006). Ademá s, se tomó una muestr a p ara data ción radiocarbónic a (CSIC -2139: 2011-1747 a.C.) (T abla 50 ), que oto rga una fe cha aproxim ada de la Ed ad d el Bronc e para el uso de este tipo de estructura s e n e l i nterior de la cabaña. Tam bién nos acerca a la posibl e fecha d e c reación de di cha e s tructura elípti ca. Figura 124 : Fosa - silo (UE 197/1 46) p róxima a una de las zanjas d el sector 2 en el yacimiento de O Fuxiño, (Vidal Lojo, 2006). 271 Por último, en el entorno inme diato a la c abaña oval, aparecieron ot ras tres fosas (UEs 84, 135 y 142) ubicada s al Sureste y al Norte. Estas est ruc tura s medían entr e 50 cm y 38 cm de longitud y tendían a ser circulares. En e ll as tan sol o se registró una pi eza lít i ca, en conc reto en el d epósito de relleno (UE 134) de la UE 142, lo cual no pe rmite conocer la c ronologí a relat i va de estas estructuras ni si son coetánea s a las del inte rior de la cabaña elípt ica. En e l sector 2 (Figura 115) aparecieron dos ti pos de fosas exclusivas de es ta parte del yacimiento. Uno de ellos lo const ituyen dos fosas circulares (UE 197 y 183) (Figura 124 ) en planta y sección globular ubicadas a ap ena s 1,50 m e ntre sí y próximas a una de las zanjas (UE 147). Amba s estructura s son d e reducidas dim ensi ones, de unos 60 cm de diámetro y una profundidad de e ntr e 20 y 30 cm. Se i nterpr eta que est os elementos fueron s ilos de al m acenaje; de hecho, en l a UE 183 apareció una posible tapa circular fragment ada de granito d e gr ano grueso que pudo sellar e s te espacio y conserva r los productos de su interior (Vidal Loj o, 2006). En la parte Suroccidental del sector 2 (Figura 115), aparecieron dos fosas circulares (UE178/179 y UE192/193/196) que se ciñen a un d epósito de tierra mineral que no se corre spond e con u n suelo de oc upaci ón (Figu ra 125) (V idal Lojo, 2 011). Estas s e han interpretado c omo posibles estructuras a éreas de almacenamiento, de menores dimensiones pero quiz ás asimi lables a otras construcciones en ase ntamientos prehistóric os, como la c abaña constituida por una zanj a circula r en Monte d os R emedios (Moaña, Pont evedra) ( Figura 90) (Bonill a Rodríg uez, 2004). Además, a mbas se e ncontraban a ambos lados de la zanja descubierta en est a z ona (UE 200), por lo q ue es pro bable que est e tipo de construcción fuese utilizada tanto antes com o después de la expansió n del yacimiento más allá de la empalizada. La fosa que se encontraba en la zona int ramuros (UE 178/179) (F igura 125) tenía una forma circul ar, una orient ación E ste-Oeste y pre sentaba unas dimensione s máximas de 2,40 metros de largo por 50 c m de anchura. D el inte rior se r ecogieron varios fragmentos de cerámica y un par de lític os, aunque también se registraron cuarzos y algunos can t os rodados de pequeño t a m a ño (Vidal Lojo, 2006 ). Figura 125 : Proceso de excavación de una de la s fosas aéreas de almacenamiento (UE1 78/179) ubicada en el sector 2 del sitio d e O Fuxi ño, (V idal Lojo, 2 006). 272 La otra est ructura (UE 192/ 193/196) ubi cada e n la zona extramuros er a ovalada, aunque mantení a unas di mensiones simil ares a la anterior, de unos 2, 46 me tros de largo y entre los 33 y 90 cm de anch o. La sección de las paredes era en “V” y su fondo era cóncavo, aunque presentaba algunas irregu laridades por l a i ntrusión de raíces. Su profun didad e ra varia ble, alcanza ndo los 49 cm en su parte Oeste y tan sol o los 6 cm al Este (Vidal L ojo, 2006). En e l sector 3 (Figura 115) apa recieron también al gunos ejemplos de fosas, la mayoría de pe queñas dimensione s y form a circular (UE 1 72/108, 167/1 02 y 171/026). En ge neral, alcanza ban entre l os 4 0 y 60 cm d e di ámetro y una profundidad entre l os 13 y 20 cm. E l depósito que l as colmataba solía c ompone rse de una tierr a plástica, poco c ompactad a, de granulometría media-fina y con i ntrusiones d e pequeñas raíces. E n el interior d e una de estas est ructuras (UE 167/102) aparecieron un pa r d e fragmentos cerámicos, pero n o aportaron información sustancial sobre la posi ble fun cionalidad o cronología d e estas estructuras e n est e sector (Vida l Lojo, 2006). Por otro la d o, a pareció un a fosa circul ar y otra semic ircular muy profunda que estaban rellenas d e un de pósito de ti erra org ánica negra ( UE 168/103/ 104/105/106). Las dimensi ones de esta últ ima estructura alcanzan los 3 metr os e n el eje de Norte a S ur; 4,20 metros en el eje Este - O este y una an chura máxi ma de 1 metro. En el relleno interior de est a c onstrucción no se registraron ma teriales, lo cual difi c ult a de terminar su funcionalidad y antigüedad (V i dal Lojo, 2006). Por últi mo, en el s ector 4 (Figur a 115) se registró una úni ca fosa (UE 00 9/008) de pequeñas dimensione s y morfología irregular en planta (Vidal Lojo, 2006). E l corte era cóncavo, con p aredes rectas y algo inclina das hacia el fondo. Al igual q ue otras fosas, su funcionalidad es indetermin ada , aunque –en e st e caso– s e e ncont raba ce rca d e un grupo importante de fr agmentos de cerámica y de la úni ca zanja del sector. 9.2.3.4 Estruc turas de combustión Las estructuras de co mbustió n de O Fuxiño eran d e morfolo gía circul ar, se encontraban e xcavadas e n fosa y no estaban arqu i tecturizadas. En total, a pa recieron una s 9, siendo algunas s im ples fosas que c ont enían ca r bones en su i nterior. En varios ca sos se extrajeron mu estras para datación radio carbónica (Tabla 50). En el sector 1 (Figura 1 15) una de estas fosa s ( UE 082) contenía un d epósito con carbones que se situaba al Norte de la c abaña elí ptica. Esta estructura me dí a 1, 42 m etros en el eje N o rte-S ur y 1,37 metros en e l Este -Oeste. Su profundid a d al canzaba los 14 cm, siendo el fondo de forma lige ramente cóncava (Vidal Lojo, 2006). Esta fosa no mostraba signos de rubefacció n por la acción del fue go, por lo que es probable que se tratase de una construcción tipo cenicero donde se depos itaron residuos de procesos de combust ión. T ambién cabría la posi bilidad de que fuese una fosa para el almacenamiento del c arbón vegetal. Alg unos de estos restos fueron ut ilizados pa ra reali zar un anális is radiocarbónico. En el s ector 2 ( Figura 115) existí an h asta tres fos as, ubic ándose una a l E ste (UE 153 ) y las ot ra s dos al Oeste (U E 159 y UE 156). L a U E 153 se t ra t aba de un ho gar circula r situado en la p arte o riental y de unos 80 cm de diámetro. En el ot ro lado, apa reci eron dos fosas c on carbones de las que s e obtu vieron muestras para su da tación por C 14 (Tabla 50). La U E 1 59 se ubi caba más al Sur, con un a morfología circular y colmatada por un único depósito de t ierra orgánica de c olor ne gro con abundantes car bones. Tenía unas dimensiones de 1,36 metros de diámetro aproximadament e y u n a profundida d de 27 cm. L a tierra que contenía s e encontraba entremez clada con los restos de c arbones de medio y pe queño tamaño (Vidal Lojo, 200 6). 273 La otra fosa era de forma circular y contenía dos depósitos, uno superior (UE 156) y otro i nferior (UE 177) (Figura 126). El diámetro de esta estruct ura era liger amente supe rior al de l a otra fosa con 1, 72 metros, pero con una pro fundidad a lgo i nfe rior, d e hasta 19 c m. Las paredes de e sta fos a son cóncava s y, en con creto, en l a pared Sureste se observa el fondo del extremo N orte de l depósi to UE 157 (r elle no de la zanja UE 200), qu e pe netra en e l c ort e unos 25 cm (Vidal Lojo, 2006). En el sector 3 (Figura 115) apare c i eron hasta dos e structuras, una ha cia el Oeste que pudo servir como un hogar (UE 190/148) y una fos a con carbone s en el Est e (UE 109) (Vidal Lojo, 2006). Ambas tenía n m orfología ova la da y depósi tos de coloración negra c o n abundantes carbones disemi nados. Para la segunda fosa (UE 109), se obtuvo una datación radiocarbónica que ofreció un resultado simil ar a l propuesto para l a oc upación d el sector 1 y 2 (CSI C -2087: 1742-1544 a.C.) (Tabla 50). En el se ctor 4 (Figura 11 5) solo se re gistró una es tructura de combus tión, la UE 002 (Vidal L ojo, 2006). Esta fosa mostraba un d epósi to de t ierra negra org án ica con abundantes restos de carbones. Ap areció justo por de bajo d e la UE 006 y presentaba una forma cir cular, con un diámetro de 1,20 metros y una profundidad de 8 c m. Esta estruc t ura se encontraba a dos metros y medio al Norte de la zanja de la empali zada (UE 164 ). Por ú ltimo, en el sector 5 (Figura 115) ta mbién se a t estiguaban dos h ogares de morfologías distint as. U no de ellos, c orrespondient e a la U E 077, s e trat aba de una pequeña fosa ovalada d e unos 46 cm d e l argo y 17 cm de a ncho. La otra fosa, la UE 046/029, te nía una morfología irregular y m ostraba unas mayores di mensione s que la estruct ura anterior, al medir 82 cm de l argo y 66 cm de ancho. Ambas fosas apar e cían en la pa rte más septentrional del yacimiento, sin una asoci ación espacial con otras estructuras. Figura 126 : A) Hogar ubicado en el extremo de l a zanja UE156/177 en el sector 2 del yacimiento de O Fuxiño, y B) su pr oceso de excavación, (Vi d al Lojo, 2006 ). 274 9.2.3.5 Zanjas Existía n hasta 4 construc ciones que entr an en l a tipol ogía de z anjas, si endo tr es de e llas parte de una e mpaliz ada que se desarrollaría , d e manera dis continua, p o r la b anda Oeste y Suroeste del yacim iento. La zanja re stante no apa recía vinculad a a estas y pertenecía a un sector diferente. En el se ctor 2 (Figura 115), aparecieron dos d e l as zanjas que formaban parte de l a empalizada (Vidal Lojo , 2006). La que se encont raba hacia el Su r (U E 157/ 200) m ostraba una orientac i ón Noroeste-Sur este, con una li gera curvatura hacia el S ureste. El c onjunto de est a estructura negativa medí a unos 8,30 m etros de longit ud y una anchura de ha sta 50 cm al Norte y 60 cm al Sur. A unque l a profundidad era v ariabl e, e sta rondaba los 10 y 1 2 cm. En el extremo noroccidental apareció un a fosa con carbones (U E 156/177) que la seccio naba. A 8 metros al Norte se e ncontraba l a otr a se cción de la emp aliz a da, la UE 147 (Vida l Lojo, 2006). Esta se disp onía de manera line al y con orienta ción Noreste-Suroeste. Sus dimensiones eran de 70 cm de anc ho, u na lo ngitud de 4,13 metros y con una profundid ad media de 12 cm. E l de pósito que c olm ataba la zanja s e componía de tierra orgáni ca d e colo r negro, en la cual aparecieron algunos fragmentos cerámicos y var i os líticos. El siguiente tra m o de la empalizada (U E 164) se sit uaba más al Noreste, en el s ector 4 (F i gura 1 15), t ambién con morfologí a lineal y orientación Noreste-Suroe ste (Vidal Lojo, 2006). Al igual que el re s to de l as secciones, tenía un único nive l de re lleno (UE 094). Su longitud a l c a n zaba los 10 metros y su anchura v ariaba e ntre lo s 52 cm al Norte y 30 c m al Sur. La Figura 127 : Z an ja UE 164 ubic ada en el sector 4 d e O Fuxi ño , (V idal Lojo, 2006). 275 profundidad del depósit o tambi én era varia ble, entre los 30 cm del Norte y 15 cm al Su r. En el interior de la estructura se r egistraron a lgunos ne gativos q ue podrían correspon derse con postes, además d e docum entar varios fragmentos cerámi cos lisos correspondi entes a la Prehistori a Reciente. Por últ imo, la zanja regis trada en e l sector 3 (UE 110) (Figura 115) mos traba unas características simila res a las de la empalizada. Se disponía con una orientación de Norte a Sur en l ínea recta, c on una longit ud de 6,71 m etros y una anchura que variaba e ntre los 86 cm del Norte a los 110 cm del Sur. Su función era desconocida y no parecía guardar relaci ón con el resto de las zanjas ubicadas en el lí mite occidental de l yacimiento. 9.2.3.6 Camino tradicional De for ma e xcepcional, s e registró en el s ector 1 (F i gura 1 15) un c amino tradicional (UE 085) con dos depósitos de relleno (UE 063 y 095) (Vida l Lojo, 2006). Es t a vía s e disponía con una orient a ció n Noro este-Sureste a l o l argo de 18,48 metros y con una anchura máxima de 4,34 m etros. L a profundidad era v ariable e n todo este trazado, pasa n do de los 20 a los 30 c m en alg unas zonas. En este gran negativo desta c ab an l as marcas de l as rod eras dejad as tras el paso de los carros (Figura 128). Este camino iba subiendo de cota hasta dif umina rse haci a el Su r. Su cron olo gía es desconocida y, a unque se e ncontraba colmatado po r completo, no se pue de a firmar si e s antiguo o reciente ni tampo co cuando se dejó de utilizar. 9.2.3.7 Otras posible s estructuras y al teraciones Además de l as que acabamos d e desc ribir, exi stían otras p osibl es e s tructuras di se minadas p or todo el yacimiento. Entre ell as s e encontraban hasta 11 pos ibles fosas y 6 Figura 128 : Camino tradicional con las marcas de roderas en O Fuxiño, (Vida l Lojo, 2006). 276 posibles agujeros de post e. Estas se concentraba n, sobre todo, en el se ctor 1 y 2, a unque tambié n se registraron en el sector 3 (Figura 115). Algunas d e estas est ructuras s e situaban en las proximida des de l a cabaña elíptica , localiz ándose solo un p os ible negativo de poste e n s u int erior (UE 123/070) (Vidal L ojo, 2006). Al Norte del sector 2 se concen tra ban hasta 6 posibl es fosas y tres agujeros de poste, algunos de los cua l es pare cen estar disp uestos en línea. En el sector 3, d os posibles negativos de post e aparecieron e n el inte rior de una de las cabañas (UE 185), mientras e l re st o de posibles agujeros se encontraban aislados e n otros puntos del yacimiento. Tambi én se loca li zó un depósit o antrópico en la parte occidenta l de la cabaña UE 099 del sector 3 (Vidal Lojo, 2006). Esta e structura alc anzaba los 4,72 metros de l argo y 4,45 metros de a ncho y se d esconoc e su funcionalidad. Esta const rucción indeterm inada, junto con un negativo ubic ado entre dos posibles agujeros de poste, formaban el gr upo de estructuras indeterminadas. Asimi smo, se regis traron alt eraciones en el sustr ato mineral que podrían ha berse confundido c on construcciones prehistóricas. La ma yoría (19 ) eran d e ori gen nat ural y fue ron producidas por las raí ces de los á rboles, mientras en ot ros c asos (6) fueron c ausadas por el p a s o de la maqui naria d e la ob ra públi ca. La acción de las raíces está presente, s obre todo, en la parte Sur de l ya cimiento, encontrándose alguna de ellas incluso en el int e ri or de la c abaña elípti ca. De ma nera aislada, se regis traron a l gunas ra íces al Norte del yacimiento , en el s ector 5, y también a l Oeste, en el sect or 4. 9.2.4 Cultura material La cultu ra material re cuperada se aproxima a los 1500 registros, en tre m ateriales cerámicos, lí ticos y un metal informe. A nivel p orcentual, la i ndustria lítica s upone el 17% del total y los fragmento s cerámicos un 83% (Vidal Lojo, 2011). De todos esto s restos, un 69,06% tienen coordenadas q ue permite n an alizarlos e spac ialmente. L a mayor p arte de e s tos materiales están en con exión espacial con la UE006, sobr e todo aquellos ubicados en el sector 5. 9.2.4.1 Fragmentos cerámicos El conjunto cer ámico pa ra el que se disp one de coordenada s se c ompone de 955 fragmentos. E s tos supon en aproxima damente e l 76,70% del to tal recuperado en O Fuxiño (Figura 129). A nivel forma l, aparece n múltip les fondos p lan os, v asos de formas compuestas y simple s de grandes y m edianas dim ensiones, así como difere ntes tipos de asas. Estos restos se encuentran m uy fragmen tados y –por tanto– m uc has de l as formas de los recipientes solo se pueden intui r. A pesar de ello, s e recuperó una forma c asi c omple ta en el se ctor 5 correspondient e a un re cipie nte tipo f lorero, e l cual puede e star relaciona do con ta reas de almacenaje ( Figura 130). De esta maner a, se obse rva que, i ndirectament e, ciertas actividades económicas pudie ron haber ne cesitado soportes d e mayor tam año par a guardar los excedent es de l a p roducción (Vida l Lojo, 2011). T ambié n se re cupera ron a lgunos recipiente s casi completos c omo es el caso del CM1 (conjunto de mater i ales 1) y CM2 (conjunto de materiales 2) ubicadas en el sector 5 (Figura 131). Desde un punto de vist a técnico, l a cerám ica es de un a calidad media, aunque se atestigua la presencia de vasos de bu ena calidad y, en menor medida, de fractura to sca. En este repertorio se ate stiguan decoraciones pl ásticas a base d e pe zones y cordone s, seguidos de la decoración i ncisa con lí neas, curvas y de la decoración imp resa, así como la combin ación de di ve r sas técnicas (Vida l Lojo, 2011). 283 En los análisis espaciales utiliza mos todos los re sultados de Carbono 14. La mayor pa rte de las muestras p roceden del sector 1 y 2, siendo s olo una d e l s ecto r 3 (Figur a 136). La data ción más ant igua nos l a o frec e una de las fos as (l a UE 0 68/092) ubicada e n e l i nterior de la c abaña elíptic a (Tabla 50 ). Esta a rrojó una fecha compr endida entre el 2011-1747 a.C. (Figur a 135) lo cual sitúa el uso de e sta cabañ a al Sur del yacimi ento en torno a l primer cuarto del II mi lenio a.C. (Fi g ura 136). Los fragmentos de cerámica campani forme que aparecieron en el interior de esta estructura de alma cenamiento pa recen d e tradición local por lo cu al, a priori , podría pensarse en estilos relativamente tardíos (Pri eto Martínez, 2011c; Vidal L ojo, 2011). De este modo, estos restos podrían haber pe rtenecido a algún m omento de ocupación posterior a la datación de l a fos a, prolo ngando así el uso de la cabaña elíptica a lo largo de la primera m ita d del II milenio a .C. La sigui ente datación, e n el sector 3 (Figur a 136), casi s e s olapa con la anterior, siendo prácticament e c onsecutiva a esta. De la fosa existent e en este sector se extr ajo un result ado de 1742-1544 a.C. ( Figura 135) l o cual indic a la oc upación de est e esp acio más al Norte e n un periodo pos terior al de l a cab aña e líptica. Co n todo, la existencia de alg unos fragmentos de cerámica campaniforme en los sectores adyace ntes (s ectores 4 y 5) muest ra t ambién una presencia mínima de aquellas comunida des que t ambi én ocuparon l a parte S ur del asentamiento (Figura 136 ). Aun así, existe un déficit de dataciones de los tres se ctores a l N ort e d el yacimie nto, lo cual dificult a establec e r una cronol ogía absoluta a las estruc turas de esta p arte. Otras dos mues t ras fueron tomadas en las U Es 159 y 156, ambas e n el sector 2 del yacimie nto (Figura 136). Los resultados radiocar bónicos se solapan en es te caso, siendo de 1681-1517 a .C. y 1670-1509 a.C. respectivamente (Figura 135), lo cual indic a la pre sencia simult ánea de a mbas fosa s con carbones al Suroeste del asentamiento. Su pos ición con r especto a la zanja p róxima (U E 200) podrían mostrar qu e el yacimiento se e xpandió más allá de esta zanja delim itadora. Además, una de estas fo sas datadas (UE 156) co rtaba dich a emp alizada en su extr emo Noroeste (Figura 136), lo cual otorga una fecha aproximada para el abandono de dicha estructura l ineal. T a mbi én otras construcc iones, como una de la s estr ucturas aéreas d e almacen amiento (UE 192/193/196), se encontraba fuera de los lím ites acotados por esta zanja. Así, en otr as zonas d el yaci mi ento, com o e n e l sector 4, a parecieron algunos fr agmentos cerámicos y piezas l íticas hacia el Oeste de la za n ja (U E164), que evidencian actividad más a llá de dicha estruct ura. Por úl timo, se obt uvo la da t ación más recie nte en una fosa (UE 082 ) p róxima a l a cabaña e l í pt i c a. El uso de esta estructura pudo da rse en tre el 1616-1506 a .C. ( Figura 135), lo cua l Tab la 50 : Dataciones radiocarbónicas del yacimiento de O Fuxiño realizadas con la cur va de calibración Intcal20 (H eaton et al., 2020). Laboratorio Tipo Contexto Resultado Intervalo de probab ilidad CSIC 2139 Carbón Fosa en el interior de la cabaña oval (UE068/092: Sector 1) 3537±40 BP 2011-1747 a.C. CSIC 2087 Carbón Fosa con carb ones (UE 109: Sector 3) 3370±25 BP 1742-1544 a.C. CSIC 2089 Carbón Fosa circular con c arbones (UE 159: Sector 2) 3325±26 BP 1681-1517 a.C. CSIC 2088 Car bón Fosa con carb ones (UE 156 - 177: Sector 2) 3318±27 BP 1670-1509 a.C. CSIC 2090 Carbón Fosa con carbones (U E 82: Sector 1) 3292±27 BP 1616-1506 a.C. [Document text truncated for crawler view.]