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Solemne inauguración de la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Santiago verificada el domingo 19 de febrero de 1888

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DE SANTIAGO INAUGURACIÓN DE LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS DE SANTIAGO. se U'JlVKHSlDADh ™ roM^srn.., SOLEMNE INAUGURACIÓN DE LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS DE LA CIUDAD DE SANTIAGO VERIFICADA EL DOMINGO 19 DE FEBRERO DE 1888. Impreso por acuerdo del Exorno. Ayuntamiento Constitucional de esta ciudad. SANTIAGO: E sc l el a T ipo g r á f ic a d el H o spic io , Asilo de S. Agustín, isss. se UN1VLKS1DADL DF SANTIAGO u ejemplo, en el manejo de la lanzadera con la teje  dora Aracne, que, á pesar de los poetizamientos de Ovidio (1), parece más bien personificar el tipo por desgracia imperecedero del obrero ó industrial de pocos escrúpulos, que no se cuida del esmero sino de acabar pronto la obra, siquiera sea tan tosca, de tan endeble trama y efímera duración como las te  las del insecto en que la casta Deidad encolerizada convirtió á la audaz y despreocupada operaría lidia: las telas de araña. Y ya que tras largos preparativos, durante los cua  les hemos tenido muchas veces que refrenar las im  paciencias del deseo, ha llegado el dia venturoso de que se inaugure esta institución, llamada á proyec  tar su bienhadada influencia y formar época en la historiá industrial de Santiago, permitidme que en los momentos actuales, solemnes por la importan  cia propia del acontecimiento, por la autoridad con que lo sella la elevada representación oficial y cien  tífica y prestigio del Exorno. Sr. Presidente del Con  sejo de Instrucción Pública D. Eugenio Montero Ríos, que se ha dignado presidir este acto, por el realce que al mismo prestan las Autoridades y Corporacio  nes que lo honran con su asistencia, por la concur  rencia que ha atraído de todas las clases sociales del pueblo, desde las más encumbradas á las más mo  destas, permitidme, repito, que moleste ahora, que tenga que molestar vuestra atención discurriendo á la ligera sobre la enseñanza técnica industrial, y for  ma y manera en que se aprestan ú dispensarla cs- (1) Melmnorphos. lió. VI. tas Escudas de Artes 1/ Oficios; y al pediros ese per  miso no me refiero al derecho en si, que me con  ceden las disposiciones superiores, y es más bien para mí estrictísimo deber de honra, sino á la benevolen  cia que abundante necesito para con el modo harto imperfecto en que habré de satisfacer tal obligación, y llenar un cometido no poco difícil para mi corto ingenio, si he de huir tanto de discusiones impro  pias de la ocasión, como de la trivialidad, como de la afectada palabrería. Ni la mejor intención, ni el sentimiento más ex  quisito del pundonor profesional bastan para produ  cir una obra acabada, ni siquiera de condiciones admirables. Es axiomáticamente necesario saber ejecutarla, realizando sin pérdidas de tiempo ni de materiales que involucren ruina, el intento propues  to; conocer para ello el arte, que no es el ciego empirismo, ni el loco capricho, sino conjunto de reglas, derivadas más ó menos inmediatamente de principios científicos, para hacer bien lo que sin ellas no se haría, ó se haría al azar ó mal. Como nadie nace enseñado, según asienta la sa  biduría popular, y hasta para el oficio mecánico más rudimentario es preciso, cuando menos, avezar el brazo á la labor, de ahí que se hubiese recono  cido siempre la necesidad del aprendizaje en las artes y oficios, que cada época practicó con arre  glo al espíritu que en ella dominaba, y á su va  ria organización industrial. ¡Qué distancia tan in  mensa, Señores, como que en ella cabe todo lo que — 13 — en bueno ó mal sentido se llama civilización mo  derna, desde las iniciaciones misteriosas de la fracmasonería, cuando sólo era asociación industrial, fuertemente impregnada, por cierto, de celo reli  gioso (1), desde aquellos ritos con que se trasmitian los secretos profesionales y simbólicos de la construcción á que obedece la traza y ejecución de las gallardas catedrales góticas, hasta las escuelas técnicas contemporáneas, que llaman á pregón heri  do, y aun poniendo en juego los más ingeniosos alicientes, á todos los que quieran aprender ó per  feccionarse en los rudimentos, en la teoría ó en las prácticas de alguno de los muchos ramos en que se ejercita la industria humana! Un siglo atrás, el aprendizaje se verificaba en el taller, con arreglo á los estatutos gremiales: régi  men que si había servido al principio para proteger la industria naciente, cuanto para favorecer la inde  pendencia de la clase obrera, concluyera, acumulando trabas, por ser rémora de la libertad del artesano y de los progresos de la industria. Cuando ese orden de cosas empezó á desplomarse para caer después en el abismo de lo pasado, se sintió paralelamente la necesidad de fomentar la instrucción de los arte  sanos, que iba dejando mucho que desear, según testimonio de los contemporáneos, entre ellos Campomanes (2), tanto respecto á la precisión y esme_ rj de los trabajos cuanto á los medios empleados para (1) Levassiur: Ilistoire de clases oiu-rií-rcs. Tom. l. n página 505. (2) Discurso sobre la industria popular. — 11 — despertar la emulación de los aprendices. Las pri  meras escuelas profesionales son de este tiempo, y de este tiempo también la denominación de escuelas de artes y oficios, la cual respondía á aquella caduca constitución industrial que se manifestaba por los ya heridos de muerte Gremios ó Corporaciones de artes y oficios, frases que son sinónimasEl advenimiento de la gran industria, y la des  trucción del régimen corporativo, achicaron cada vez más el círculo de los conocimientos del obrero. La división del trabajo se fué afinando y extremando al compás de la transformación que experimentaba el taller convertido en fábrica, y de fábrica en ma  nufactura. El operario, en vez de dominar cual an  tes la herramienta y servirse de ella como ins  trumento de su labor, llegó á convertirse en pieza semoviente de máquina que ejecuta de por sí la obra sin que él se dé cuenta de cómo la función se realiza. Un aprendizaje serio y detenido era super  fino para el caso inmediato, y poco compatible con la prisa que el aprendiz tenia de lucro; el mismo esfuer  zo muscular es en ciertas tareas insignificante: y de ahí que se hubiesen precipitado sobre las manufac  turas, reemplazando á los hombres, que monopoli  zaban antes estos trabajos, las mujeres y los niños; hecho que me limito á señalar por una de sus prin  cipales causas, por no ser ocasión la presente para emitir acerca de él juicio adverso ó favorable. Aun en la pequeña industria, al quedar desligados de todo compromiso jurídico patrones y aprendices por efecto de la caída en desuso de las escrituras de aprendizaje, éste se resintió por las negligencias de los unos, por las intemperancias y veleidades de los otros. Los mismos maestros tienen falta de cultura, y no conocen ó no quieren desapegarse de otros pro  cedimientos que los rutinarios. Pero á todo esto, las ciencias empezaron á dispu tar la primacía á las letras, y saliendo de la abstrac  ción se dirigieron á fecundar la industria; y por otra parte, el problema de la difusión do la instrucción y las cuestiones sociales que se ponían á la orden del dia, reclamando con imperio la atención de los pen  sadores y hombres de Estado, determinaron un movimiento en favor de la enseñanza técnica, que si iniciado á últimos del pasado siglo, como atrás queda indicado, no alcanzó verdadera importancia hasta esta segunda mitad de la actual centuria. Las Exposiciones universales fueron una revela  ción y un enérgico resorte. Inglaterra, la patria de los grandes inventos industriales, y que se creía en posesión del cetro de la industria, lo vió vaci  lar en la Exposición de 1851; y afrontando consi  derables dispendios, y por un vigoroso empuje na  cional, de que es testimonio el famoso y reciente Instihito de la Ciudad y Gremios de Londres (The City and Guilde of London Institute) , que extien  de á todo el país sus estímulos, se apresuró á mon  tar la enseñanza científica de carácter técnico y la industrial artística. Francia, á su vez, empezó á entrever en la Ex  posición universal de 1862, y pudo comprobar en la de 1867, por el órgano de su Jurado, que la in  dustria nacional, de tan merecido renombre por su tradicional buen gusto, se había estancado, y aun degeneraba, debido á las deficiencias del aprendizaje en práctica. La subvención que para corregir este - 10 - funesto mal votó el Municipio de París en favor de los jóvenes obreros que acreditaran haber llena  do las condiciones de un cumplido aprendizaje y que casi quedó sin aplicarse ¡tan pocos fueron los que se presentaron al concurso! determinó, como base, la creación de las escuelas de aprendices, de estructura varia, erizadas de dificultades, y cuya forma defini  tiva, si cabe aquí lo taxativo, es uno de los muchos problemas que ofrece la intrincada cuestión de la enseñanza técnica. Italia también, en esta última época, tomando por patrón á Alemania, aunque dándole corte propio, organizó paralela á la enseñanza clásica, la técnica, como estudio general á estilo de las Realscliulen ger  mánicas, ó escuelas reales, según bárbaramente se ha traducido al español y al francés sin fijarse en que Realicn significa en lengua alemana las Mate  máticas, que constituyen la nota dominante de tal instrucción y establecimientos. Y á la par de esta enseñanza genérica, que depende del Ministerio de Instrucción Pública, crece vigorosa otra rama de ins  trucción técnica aplicada á los oficios, de enseñanza artesana, como la llama mi querido maestro D. Joa  quín M. a Sanromá en su notabilísima Memoria ofi  cial, tan abundante en noticias como sobria de pa  labras (1), formada dicha rama por múltiples y va  riadísimas escuelas de artes y oficios subordinadas al Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, (1) Memoria sobre las Escuelas de Arles y Oficios en Inglaterra, Italia, Francia y Bélgica, redactada por mán  dalo del Excmo. Sr. Ministro de Fomento. Madrid, 188G. u y que realizan la fusión ¿leí arte con la industria en la patria de las artes. En Alemania, donde desde 1870 la industria ha tomado un vuelo sorprendente, y experimentado la curiosísima evolución, que acaso se imponga como ley general, de hacerse rural la misma urbana, para sostener por el menor costo de la vida del obrero en los campos la competencia de la baratura, carac  terística de la fabricación alemana, no solamente se han multiplicado las escuelas ele ojíelos (geioerLerschulen), sino que por aquel Gobierno que tanto, cuando no tan desmedidamente, se preocupa de las cuestiones obreras, y por los mismos industriales que comprenden sus intereses como ni el mismo John Bull les iguala, se han establecido ingeniosísimos medios de enseñanza que chocan, por lo atrevido, con todas nuestras ideas y nuestras costumbres en la materia, como Museos técnicos no inmóviles y en - cerrados en salones, sino movilizados y actuando sobre todo un territorio, cual el de la Sociedad cen  tral de arte y de industria, constituida en Dussel  dorf en 1881, y cuyos objetos, colecciones de modelos, dibujos, estampas, fotografías y libros, se remiten por la modicísima cuota de suscrición de 6 pesetas al año, á domicilio de los socios, que residen, si es caso, á la distancia de 40 ó 50 kilómetros del Museo. Y se pudiera, así mismo, citar tí Rusia, cuyas so  ciedades Imperial politécnica, fundada en 1866, y pa  ra la mejora del trabajo nacional en memoria del Czar libertador Alejandro II, establecida en 1885, han tomado con tanta decisión y tan caluroso en  tusiasmo la difusión de la instrucción profesional en aquel vastísimo Imperio, que ha merecido que el - IR - primer Congreso internacional de enseñanza técnica, celebrado en Burdeos en Setiembre de 1886, hubiese fijado como lugar de su próxima reunión, en Junio del corriente año de 1888, la Ciudad de San Petersburgo. Y, finalmente, las demás naciones europeas, Bélgica, Austria, Suiza, Portugal, Rumania, etc., todas ellas, en los últimos años, han reformado ó desenvuelto su legislación en este ramo de la instrucción pública, y consagrado sucesivamente mayores cantidades de sus presupuestos al establecimiento ó mejora de las es  cuelas técnicas populares ó superiores, y de los talle  res de aprendizaje. No en vano hemos traído á cuento los anteriores precedentes, por que aun cuando el patriotismo no deba cegarnos y siempre ha de resultar en ello Es  paña rezagada, es bien que conste, en desagravio de nuestra atonía, ser de fecha modernísima la cues tión de la enseñanza técnica industrial, á lo menos como de resolución que no cabe mirar con indife  rencia, ó aplazar para tiempos de mayor desahogo de la Hacienda pública, ó en que la Ciencia haya ya fallado sobre su organización más conveniente, que está por hoy en litigio, Respecto á esto todas las nebulosidades que en  vuelven los problemas de la instrucción pública, parece que se espesan todavía al tratarse de la en  señanza técnica, cuya misma utilidad ha llegado á ponerse en duda. Elocuente prueba ofrece el citado Congreso internacional de 1886, convocado bajo un programa magistral, siquiera algo ambicioso, y que si allegó grande riqueza de documentos y memorias - 19 - llenas de interés, que nos imponen del estado de esta enseñanza en sus dos ramas de industrial y mercantil en las diferentes naciones de Europa (1), ha sido un tanto escaso y pobre en conclusiones; y sin que, á pesar de haber tomado en las reunio  nes parte verdaderas eminencias europeas en la materia, se hubiese arribado á precisar la misma significación de las denominaciones escuela ténica industrial, profesional, etcétera. Y es que así como el comercio, que sólo es una. relación, tiende al cosmopolitismo y á la unificación de operaciones y procedimientos, la industria fabril tiene carácter más particularista, y se adapta más estrechamente á las variedades del estado social y á la diferencia de hábitos y tradiciones. Los mode  los inflexibles son por lo mismo contraproducentes en su enseñanza, y ésta debe tender más bien á per  feccionar las industrias existentes, abriendo la inte  ligencia á su conocimiento, y propagando nuevos mé  todos y procedimientos adelantados, que no á crearlas donde no las haya, papel que toca principalmente des  empeñar al espíritu de empresa auxiliado del capital. Por eso es de alabar sin tasa ya no solamente el pensamiento en sí, que ha llevado á feliz término el actual Exorno. Sr, Ministro de Fomento, de implantar en las diversas regiones de España, dotándola con los abundantes recursos del Presupuesto, la ense  ñanza popular técnica, reducida hasta aquí á los es* (1) Congres intcrnalional ayanl pour objet renscignement tecliniquc, comincrcial el iiuluslriel. Gomplc rendu des travaux: 20-25 SepLembre 1880. u - 20 - trechos límites de la Corte, ó abandonada á las ins  piraciones y cuidados de las asociaciones particula  res, sin medios en lo general bastantes para dispensar esta de suyo costosa instrucción, que, sin embargo, es fuerza reconocer encaja perfectamente dentro de la órbita de su actividad, y puede ser aun más fruc tuosa en sus manos que en las del Estado, para que se pliegue mejor á las necesidades de la industria del respectivo país: sino que también es digno de todo encomio el modo como está trazado en sus rasgos principales ese pensamiento en el Real Decre  to de 5 de Noviembre de 1886, ó sea la organización sustancial de las nuevas Escuelas de Artes y Ofi  cios. La mente del Gobierno, que se transparenta ó manifiesta en dicho Decreto, en el Reglamento de la misma fecha, y en las Instrucciones comunicadas á las Juntas organizadoras, es que la enseñanza no se encierre en abstracciones aplicables á los di  versos conocimientos humanos, ó á las diferentes profesiones de la vida, como la dada en nuestros Institutos clásicos, sino que sea eminentemente prác  tica y aplicada desde luego á las artes y oficios. La parte teórica es tan esencial como compendiosa: Aritmética y Geometría, instrumento la primera de contabilidad, de que no puede prescindir ninguna industria, supuesto obligado la última del dibujo in  dustrial, y base de las artes manuales, cuyos pro  ductos no se han de fabricar á lo que salga sino con precisión y medida: á esta asignatura va unida, como su remate y complemento fecundante, el es  tudio de los principios del arte de construcción y el de los materiales, su resistencia, empleo, etc., en cuanto s j relacionen más directamente con los co  — 27 — instruidos, subiendo el nivel de la cultura técnica general ó especial, desarrollando por su medio apti  tudes, y facilitando consiguientemente recursos á las ingentes masas que en toda la nación consumen sus esfuerzos en transformar productos para que puedan aplicarse á la satisfacción de nuestras nece  sidades desde las más vulgares hasta las más refina  das. Aun prescindiendo por un momento del lado social, de que esta enseñanza se dirije al mayor nú  mero, á quien abre ó hace más accesible un porve  nir de modesto bienestar cuando no de prosperidad, las deficiencias de la instrucción no se notan actual  mente tanto en las cumbres como en la base de la inmensa población industrial; ni son tan fácil  mente remediables, pues si se puede-traer pronto de cualquiera parte un director entendido (y cuenta que no menciono otras dotes necesarias par^ que pueda decirse excelente, por que no las da el estu_ dio) no es tan asequible trasplantar todo el personal inferior de una industria, ni improvisar su instrucción cuando la tarea tiene que ser desempeñada con cier  to grado de inteligencia y de conocimientos técnicos. Tal es el sentir que ha dominado sin contradición en el Congreso internacional de 1886, y tal también, el que principalmente determina y es como blanco pre  ferente del impulso que se está dando en todas par  tes, por los Gobiernos y por las Corporaciones ó So  ciedades civiles y religiosas, á la enseñanza técnica industrial. Acaso los resultados no correspondan en la medida que se apetece á los esfuerzos de la institución. La falta de preparación conveniente, la ignorancia de otros conocimientos de instrucción primaria que se UN^ERSIDADE DL SAN riAGO u — as  ios que se encierran en ese diptongo de la más rudimentaria enseñanza que se dice leer y escribir, y que es la única condición que el Reglamento de estas Escuelas, cediendo ante la realidad más áspera, y abriendo liberalmente de par en par sus puertas á toda la población obrera, exige á los alumnos para su admisión á matrícula, hará quizás que marche el adelanto con paso sino tardo, poco rápido. El curso del tiempo con sus progresos, cuando no otras cau  sas más inmediatas, podrán modificar esta situación defectuosa, evitando que so entretenga en las pri  meras labores de la cultura intelectual, en la rotu  ración, por decirlo aáí, de las inteligencias, el tiem  po que cumplía invertir sin pérdida, para continuar la metáfora, en las labores ya directas de la cultura técnica. Y si á l $ a instrucción primaria un poco des  envuelta, se añadiese en la escuela de primeras le  tras, según va siendo ya clamor de los entendidos, algo de rudimentos de dibujo, que naciones hay, co  mo Bélgica y Francia, donde es tal instrucción obliga  toria; y algo también de trabajo manual, que desarrolla las fuerzas físicas del niño, le familiariza con útiles de uso frecuente y vulgar en las necesidades de la vida y con prácticas que son otros tantos medios sencillos de aleccionamiento científico, y puede cual nada instruir al individuo sobre su vocación profe  sional, tan importante de averiguar para alcanzar éxitos, y no sufrir consciente ó inconscientemente en la carrera de la vida decepciones que traen apa  rejada la desgracia, entonces sí que estas Escuelas, consagradas de lleno y sin dilaciones á su misión profesional, obrarían maravillas, y serían robustísima palanca que levantara inmediatamente con la cultu  ra industrial, la misma producción del país. u Asombra el resultado que, trascendiendo al orden industrial, produce esta enseñanza cuando se dirige con fe y con tino. No hay que apelar para demos  trarlo á consideraciones generales, ni traer historias de antaño como ejemplos. Basta buscarlos en los años últimos, en esa Nación alemana, cuyos produc  tos estamos viendo cómo invaden todos los merca  dos, y de que manera tan marcada adelantan en gusto artístico, hasta el punto de disputar la palma de la elegancia, y no digamos ya de la baratura, á los mismos artículos de París. Referiré un caso curioso. Hacia la frontera belga cae una provincia llamada del Eifel, cuyo sobrenombre de Sahara alemán su ficientemente la describe, y cuyos habitantes, buhone  ros en su mayor parte, merecían tan mala reputación que ni aun hallaban mujeres con quienes casarse. Mas he aquí que aquella Sociedad central de arte -y de industria, atrás citada, fundada en Düsseldorf hace siete años, y que en 1886 contaba ya unos 7000 -miembros diseminados por un vasto territorio y distribuidos en 36 asociaciones unidas, lo que le da un poder de acción gigantesco, tuvo la feliz idea de enviar allá una misión de instrucción téc  nica, formada de profesores notables, que acometie  ron la noble empresa de levantar de su abatimiento y regenerar dicho país, desarrollando en él las in  dustrias menudas. Empezaron por un pueblecillo cuya fabricación se reducía á ratoneras toscas, y donde, con ocasión de perfeccionarlas, establecieron talleres para trabajos varios en alambre. En otro, reclamados por los mismos artesanos á quienes cau  tivó tal prueba, mejoraron la construcción de las carretas: en un tercero, las sillas para niños que — 30 - labraban antes aquellos paisanos con un cuchillo, y que-hoy, trabajadas en talleres de carpintería, son, como los anteriores, artículos de exportación que alcanzan buenos precios. Así el inculto Eifel, dedi  cado actualmente á la construcción perfeccionada de objetos vulgarísimos, que se exhiben al lado de las obras de arte en el Museo de Düsseldorf, ha lle  gado á ser una provincia industriosa, y se halla en vías de prosperidad visible (1). No es dado al ingenio humano predecir las trans- - formaciones que experimentará en lo futuro el mo  do de ser de la industria fabril. La grande industria, fase que corresponde á este siglo, y que parece dotada de una potencia incontrastable de absorción que inutiliza toda competencia de las pequeñas, si mató á algunas de éstas, ha dado vida á otras que crecen á su lado como accesorias; y cual si ella doblase la curva de su evolución, y rectificase su economía, no reviste ya como única forma la aglomeración de trabajos en el recinto cerrado de una gran fábrica, sino que se disemina tambéin en múltiples talleres domésticos, sometidos á la ley de la división del trabajo, y bajo la unidad de empresa que la carac  teriza, de suerte que economistas hay que colocan las industrias domésticas en la categoría de la gran (1) Congres inlernational ayanl pour objcl l enseignemenl technique ele. Memoria muy interesanle presentada por M. Mario Vachon sobre los Museos de paisanos en Alema nía. SC DL SAN ) 1AG ■ DE COMPOS" u - 31 - industria (1). Los progresos de la misma y las com  binaciones del comercio, abaratando máquinas y fa  cilitando su adquisición, han puesto muchas, las de coser, v. g., al alcance de los cortos ahorros del ar  tesano: la ciencia trabaja infatigable para conseguir la baratura y la vulgarización de los agentes mecá nicos que hasta ahora sólo han podido utilizar los grandes capitales: entretanto hállase en uso en algunas partes, como especulación lucrativa, la venta ó el arriendo de cantidades de fuerza motriz para el servicio de las industrias en pequeño: éstas pre  sentan á su vez ventajas propias, y pueden contra  balancear su debilidad con el s o c o it o de la asociación, que centuplica las fuerzas. Y como ocupan y ali  mentan á la mayor parte de la población obrera, pues hasta en las naciones donde priva la gran industria están los operarios de fábrica en minoría, resulta que, cual en la época de Campomanes, con  tinúa siendo aquí, como en todas partes, de interés nacional, combinado con el social de que hoy la cuestión se tiñe, el que se dirija la enseñanza téc  nica principalmente en favor de la industria popular i ó mejor todavía, para comprender la fabricación jiña y no concretarse á la Lasta, á que se refería en el siglo pasado aquella denominación, en favor de las pequeñas industrias (galicismo corriente), pero inclu  yendo en la clase, ó asimilándoles las industrias domésticas, tan necesitadas unas y otras para su (1) Wirlh; Tomo 4.° de sus Principios de Economía política, traducido al francés por la Baronesa de Combrugghe bajo el título de Luis du travail au XIX siécle. u — 32 — adelanto de cultura profesional y artística. Á esta exigencia ocurre satisfactoriamente, y por ello he  mos traído á cuento las precedentes consideraciones, el K. D. orgánico de las Escuelas de Artes y Oficios al establecer, como su segundo objeto, crear y promo  ver la instalación de talleres de pequeñas industrias. Discurriendo Campomanes sobre la industria po  pular presenta á la Galicia de su tiempo como tipo de constitución industrial sólida y benéfica, que co  loca aún por encima de la de Cataluña, aduciendo en su encomio, y en prueba de los felices resultados de la industria popular, el hecho de no haber podi  do aprovecharse de la condonación de atrasos de contribuciones, decretada por D. Carlos III á su advenimiento al trono, por que nada adeudaba (1). No discutamos la certeza y exactitud de la causa alega da, puesto que de cualquiera manera hay que reconocer contrasta notablemente aquella situación con la an  gustiosa actual, que, á permitirlo el régimen tribu  tario, ofrecería ancho campo para que se ejercitasen la piedad del Rey ó del Estado, ya no en remitir atrasos de tributos, sino en desembargar multitud de fincas afectas á su responsabilidad. Galicia vive de la agricultura; pero la agricultura de por sí, y más en los tiempos que corren, es in  suficiente para labrar el bienestar de un país: nece  sita del concurso de la industria, verdad ya tan tri- (1) Discurso solre el fonienlo de la industria popular, X. u vial que exime por completo de probanza. Nada tan poderoso como las grandes explotaciones fabri  les para desenvolver en poco tiempo la riqueza en un territorio; mas demandan para su funcionamiento condiciones especialísimas, y no basta para impro  visarlas el mejor deseo, ni la excitación, ni el simple esfuerzo: tiene también su reverso la medalla, y conocidas son las negras tintas que afean el soberbio cuadro de la prosperidad de las poblaciones manu  factureras. Es más asequible el reinado de las peque  ñas industrias; más llana la propagación de los oficios, los cuales subvienen á mayor número de ne  cesidades de la vida, requieren pequeño capital para su establecimiento y ejercicio, y pueden (lo cual ciertamente no es un bien en absoluto) regular su producción por el consumo: y aun cuando no abran tan ancha vía hacia la riqueza deslumbrante, conducen, sin embargo, á esa aurea mediocritas que es el sueño de la poesía y de la virtud modesta. Implantada cada una de las nuevas Escuelas de Artes y Oficios en distinta región, y habiendo así de responder á diferentes necesidades industriales, ninguna acaso como la de Santiago tiene tan clara  mente asignado para actuar este terreno de la pe  queña industria: los oficios mecánicos cuentan aquí un pasado ilustre, y hay artífices distinguidos que procuran mantener enhiesta la bandera de las glo  riosas tradiciones y de la ganada reputación artís  tica. Pero en la revolución radical que ha sufrido la industria, y que prosigue su carrera vertiginosa de adelantos, se han inventado utensilios y máqui  nas, se han ideado métodos, se han descubierto procedimientos que cambian por completo las con- - 3'1 — ¿liciones del trabajo manual, y, lo que es más im  portante, sus resultados económicos. Cuando todo marcha,, el pararse es quedarse muy atrás, y en industria, condenarse á la miseria: que el consumo no tiene entrañas ni aun curiosidad respecto á las necesidades del productor, y busca siempre lo me  jor y más barato. La Escuela que hoy se inaugura como embrión, y que irá desarrollándose en suce sivos presupuestos con arreglo á las necesidades que le muestre y haga tocar la experiencia, al tanto por su ilustrado personal de los adelantos contem  poráneos, está destinada, si sus alumnos cooperan al esfuerzo, á infundir nueva savia en las industrias del país. Su esfera de esclarecimiento es por ahora San  tiago, pero de ser foco intenso de luz, ésta, confor  me á leyes que rigen tanto en lo físico como en lo intelectual, propagándose por sucesivas ondulacio  nes á mayores distancias, podrá iluminar más ó menos fuertemente un radio extenso. ¡Oh si llegase á los campos! Porque no son solamente las indus  trias agrícolas las llamadas á robustecer y servir de apoyo á la agricultura, prestando derivación in  mediata á sus productos, sino también las mismas industrias urbanas, en la forma de industrias á domicilio, las que en algunos países tornan próspe  ra y superior á la del obrero de las poblaciones, la situación económica del paisano, el cual comparte sus trabajos según las estaciones, ó distribuye los de toda su familia entre el cultivo de los campos ó la crianza del ganado, y las faenas delicadas de^ taller doméstico. Asi ocurre en Bélgica respeto á los encajes y varias clases de tejidos; en Sajonia y en algunos cantones de Suiza, con el bordado en blanco; en otros cantones, en el ramo de sede  rías, de trenzado de paja, de picado de madera; en la misma Nación helvética, como en algún punto de Alemania, respecto á los relojes, que aun los de construcción más delicada y de mayor precisión cronométrica, se elaboran por piezas ú operaciones, con arreglo á una detalladísima división del tra  bajo, en las aldeas del Jura bernés y de la Selva Negra (1). Si éstas ú otras industrias domésticas acomodadas á las exigencias y gustos reinantes, y aunque fuesen de cortos rendimientos, pudieran ad  quirir carta de naturaleza en nuestra población rural, que se contenta con tan poco, que no aspira más que á lo necesario, no se la vería, por cierto, tomar dolorosamente á bandadas, y hasta por agru  paciones de familias, el camino de la emigración, murmurando quizás aquella triste sentencia ubi bene, ibi patria, dictada por el helado egoísmo, ó tantas veces también, por la amarga necesidad im  periosa de vivir. Pero sin que deje de acariciar esos ideales gene  rosos, que acabamos de ver no son quimeras de la fantasía, sino realidades que palpitan en otras nacio  nes, esta Escuela tiene ante sí, por de pronto, la vasta y noble tarea de proporcionar gratuitamente á nuestros artesanos, que ya en gran número han llamado á sus puertas, aquella cultura técnica, cientí  fica y artística que instruyéndoles en el porqué y (1) Wirlh: Luis du travail an XIX siéclc 2/ parle, Economie rural. — 36 - en los adelantos de sus oficios, y emancipándoles de a rutina que estanca la inteligencia y la industria, es permita dirigir la mirada por un horizonte más extenso y avanzar con paso firmo en el camino de su profesión y, por resultado, en el de su porvenir y de su fortuna. El menestral ó artesano, el obrero en general, el que, por la dura ley de la necesidad, vive de la ím proba labor de sus manos no cuenta casi nunca con otro patrimonio que el á veces pingüe de sus dotes físicas, intelectuales y morales; la salud, que se la ha calificado de unidad que da valor á todos los ceros l i ia i m'h' la energía fíSÍCa » Para la faena; la habilidad manual, que ejecuta prontamente el pen  samiento, el golpe de vista, que allana el obstáculo» el buen gusto, que da atractivos al producto; la ins  trucción, que conduce á su perfeccionamiento; el amor al trabajo, que trueca la pena en goce; la hon  radez , que asegura la colocación ó la clientela; las costumbres morigeradas, que facilitan el ahorro; la icligiosidad, por último, que modera los apetitos y hace llevaderas las amarguras que, cual más, cual menos, acibaran toda existencia. Cuando tan pre  ciadas dotes se hallan en perfecta ecuación, ó no están á lo menos destruidas las unas por la caren  cia ú oposición de las otras, constituyen lo que es aún mejor que un capital, la poderosa máquina que foija los capitales: que fácil fuera citar nombres pro  pios de grandes potentados de la actualidad que han salido de las últimas filas de la clase obrera para elevarse por sus propios merecimientos y por su propio impulso á las regiones superiores de la for  tuna, á donde no alcanzan apenas los descendientes de los antiguos magnates. u DISCURSO PRONUNCIADO POR EL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD LITERARIA DE SANTIAGO EXCMO. SEÑOR DON ANTONIO CASARES. ------ f-esgR»>» ----- - Según el articulo 14 del Real Decreto de 5 de No  viembre de 1886, las Escuelas de Artes y Oficios forman parte de las enseñanzas que dependen del Rector de la Universidad del Distrito. Como ocupo este honroso puesto, aunque inmerecidamente, creo de mi deber dirigir en este acto solemne mías pocas palabras á los dignos profesores y á los alumnos de esta Escuela. Nada voy á decir de las ventajas queá los artistas, industriales y artesanos proporcionan las enseñanzas que en ella han de darse; elocuentemente lo ha expues  to el Sr. Director en el brillante discurso que acaba de leer, y tan sólo quiero manifestar á unos y á otros que en todo lo que de mi dependa como Rector y como particular, pueden contar con mi cooperación en lo que se refiere al desarrollo y prosperidad de este nacien  te establecimiento. Señores: hace más de medio siglo que empecé mi carrera de profesor, y precisamente en una cátedra aplicada á las artes; muy joven entonces, y lleno de ilusiones, me dediqué con afán á la enseñanza, ínti  mamente convencido de que para el desarrollo de la — 'lí — industria, para la prosperidad de las artes, y para mejorar la condición de las clases trabajadoras, que forman la mayor parte de las fuerzas vivas de la Na  ción, era preciso difundir la instrucción, vulgarizarlos conocimientos científicos, demostrar que la aplicación de los descubrimientos que hacen los sabios en sus gabinetes y laboratorios, de las verdades que ponen de manifiesto con sus investigaciones, son los medios más eficaces de mejorar los productos de la industria, de crear otras nuevas, y de evitar que los artesanos se abandonen á las rutinas de sus oficios, y puedan emplear con fruto su iniciativa, personal. Creía yo que se acrecentarían las pocas cátedras de aplicación que se habían establecido en algunas provincias, y que no se tardaría mucho en tener nuevos centros de enseñanza parecidos á los que funcionaban en otros países mas adelantados que el nuestro. Desgraciada  mente, en aquella época atravesaba España uno de los periodos más tristes de su historia moderna; en todas sus provincias ardía la guerra civil, y el estruen  do de las armas, la falta de seguridad personal, la discordia, embargaban todos los ánimos, y no había reposo para ocuparse en el establecimiento de la enseñanza, que no prospera sino á la apacible sombr a del árbol de la paz. Por esto salieron fallidas mis esperanzas, y en vez délos aumentos con que yo soñaba, tuve el desconsuelo de ver que desaparecían las cáte  dras que se habían creado. Transcurrieron muchos años; la necesidad de enseñanzas de aplicación se sen  tía con más intensidad, y por fin una persona de gran talento, de mucho amor al país, y que por su trabajo y por sus excepcionales dotes ha conquistado una posición que le proporciona ejercer una merecida inS( DE JAN J1A DE COMPn u — 45 — fluencia con los altos poderes del Estado, ha consegui  do que se consignasen en el presupuesto las cantidades necesarias para la creación y sostenimiento de las Escuelas de Artes y Oficios en provincias, y que una de ellas se estableciera en Santiago. Congratulémonos por tal resultado y consagrémonos todos á que dé opimos frutos. No se conseguirán estos en corto tiempo; las semillas que aquí se siembren tardarán en germinar y en dar fruto; mas no por eso será menos sabroso. Vosotros, señores profesores, con vuestras sabias lecciones y con el interés que tomáis por la instrucción y adelantos de los alumnos, podéis contribuir á que sean copiosos y sazonados: y vosotros, alumnos de la Escuela, es indispensable que tengáis asiduidad, apli" cación y amor al trabajo, que es, en sus diferentes manifestaciones, lo que más honra al hombre y puede proporcionarle mayores satisfacciones y ventajas. Repito que por mi parte contribuiré en los pocos dias que me restan de vida, y en lo poco que valgo, á que prospérela Escuela que hoy se inaugura. u DISCURSO PROXUXCIADO POR EL VICEDIRECKR DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIJOS DEL PAÍS DE SANTIAGO SEÑOR DON RAMÓN RAMIRO RUEDA. ------------ {-«xser»# -------------- finares: En la vida de las naciones como en la vida de la humanidad, en la vida de los individuos, como en la vida de los pueblos, hay fenómenos, aconteci  mientos y sucesos que influyen, por decisiva manera, en sus futuros y ulteriores destinos, cambiando el curso de su historia, mostrándoles más risueños y dilatados horizontes, atrayéndoles hacia diversos idea  les, y abriendo desconocidos cauces al empleo de sus actividades y energías. De tal naturaleza es, el acontecimiento que en este instante nos congrega, bajo la presidencia de un ilustre y preclaro hijo de esta querida región y de este pueblo, cuyos intereses, adelantos y progresos tienen en él un decidido campeón y un adalid cons  tante. Suceso de altísima trascendencia es, sin duda al  guna, para la Nación española el que celebra al inaugurar la Escuela Central de Arles y Oficios y S( UMVLKSIDA DE SANTIAí. DE COMPO5: u - 47 - las siete Escuelas ¿le Distrito, creadas en virtud de Real decreto de 5 de Noviembre de 1886, por que puede, debe tener, y es de esperar que tenga decisiva influencia en el total desarrollo de nuestra indus  tria, llamando á ella las inteligencias y actividades de la juventud, que hasta el presente no veíala posibi  lidad de correr por semejante camino para llegar á la meta de sus aspiraciones y deseos. No puede menos de considerarse como un mal de nuestra patria, en el presente momento de su historia, la exuberancia de jóvenes que, con el fin de labrar  se un porvenir, acuden á las diversas carreras del Estado, como únicas sendas que les permite divisar en lontananza una posición, problemática en la ma  yoría de los casos, torciendo con frecuencia origi  narias inclinaciones y naturales aptitudes. Las Escuelas de Artes y Oficios podrán cobijar en su seno cariñoso una pléyade de jóvenes que lo  grarán emplear su aplicación, laboriosidad y talento en las artes y la industria, con ventaja reconocida para sus legítimas aspiraciones y para el bienestar propio, de sus familias, de sus conciudadanos y de la Patria. Ya la Sociedad Económica de Amigos del País, ganosa siempre de fomentar y obtener el bien y la prosperidad de la clase obrera, habíase preocupado, tiempo ha, de la creación de una Escuela de Artes y Oficios, y logró verla instalada en los locales de que dispone aunque falta de los recursos y condi  ciones que fueran de desear, pero de que no pudo ser provista por deficiencia de medios y recursos. Debemos, pues, congratularnos hoy de que la ac ción del Estado, más eficaz y poderosa, venga á u - 48 - coronar el noble esfuerzo de la Sociedad en cuyo nombre tengo el honor de hablar, dotando á esta ciudad de un centro de instrucción para la clase obrera, que, á la par que la instruya y la haga apta para conseguir un porvenir risueño y una posición desahogada, le infunda hábitos de laboriosidad, con la cual va siempre hermanada la práctica de las vir  tudes cívicas. u DISCURSO PnOXUXCIADO POR EL PRIMER TENIENTE ALCALDE FRESIDENTE a c c id en t a l d el ex c mo . a y u n t a mien t o c o n st it u c io n a l d e sa n t ia g o SIL D. MANUEL PIÑEIRO HERBA. ---------------------------------------------- J ec u t o , ^¡eñoi: Dirigir la palabra á una Asamblea tan respetable por su ilustración, es tarea, para mí, harto difícil. Á pesar de ello, me atrevo á levantar mi débil voz en este ’ sitio, porque no se hallaría justificado el si  lencio que me impusiera asistiendo con mis dignos compañeros del Municipio á la solemne inaugura  ción de la Escuela de Artes y Oficios, la cual sig  nifica ó revela de una manera elocuentísima, el pen  samiento llevado hoy á feliz término por la valiosa y eficaz influencia del dignísimo Presidente, en pró de los intereses de Santiago. Este acontecimiento, Señores, evoca en mi ánimo el recuerdo de las frases emitidas por el célebre es  critor L. Aimé Martin: «El pensamiento vive más que el mármol; y su influencia sobrevive á las nacio  nes. Si ocho ó diez hombres no hubiesen existido, no hubieran pensado en Atenas y en Roma; no ten- - M - ¿Iríamos literatura clásica, ni educación social, ni go  biernos libres. Esto prueba no solamente el poder del pensamiento humano, sino también una volun  tad providencial. La educación nacional debe fun  darse sobre el estudio de los grandes genios que ilustraron el mundo». Es innegable que en nuestra sociedad actual, se extienden y dilatan, cada vez más, los horizontes del saber, porque no se hallan ya limitados por los términos de un fatalismo cruel, ni por las sombras de un tétrico y funesto individualismo. También parece indiscutible que si en el organismo social domina el verdadero espíritu religioso, enton  ces las ciencias y las artes adquieren todavía mayor grado de perfección; y aun de éstas, las que tienen por objeto principalísimo la expresión de lo bello, no llegarían nunca á ostentar por manera especial y sublime, su esplendor y magnificencia, porque es evidente que sin la noción de lo infinito no hay po  sibilidad de concebir y explicar la belleza. Si por algunos instantes siquiera, fijo mi atención en las bellas artes, cuyo desarrollo tiene lugar en el tiempo, habré de significar que son las que hieren con mayor delicadeza y penetración las fibras de nuestro ser. ¿Quién no sabe que los poetas bíblicos fueron, y serán siempre los primeros del mundo? ¿Quién ig  nora que en las generaciones sucesivas, no volvieron á repetirse los suaves y armoniosos ecos que llena  ban, mi día, el templo de Salomón? No puede fingirse duda acerca de la estrechísima alianza que existe entre la poesía y la música. Yo entiendo que estas dos hermanas gemelas, vivirán SC DL SANTIAG: nr roMPnt- .-i * u — 51 - dulcemente unidas, y que sus acentos suavísimos alcanzarán, al través de los siglos, hasta la última generación. Me parece muy conveniente expresar, en tan so  lemne ocasión, que los antiguos nos han legado obras muy acabadas y dignas de imitarse. La estatua de Minerva, la cual afirman Cicerón y Plutarco haber sido hecha por el célebre Lidias, mereció ser con  siderada, por la grande perfección que reunía, como uno de los inventos más prodigiosos del arte. No puedo menos de traer á la memoria al divino Só  crates, pues me admira que este insigne filósofo de la antigüedad, fuera, según testimonio de Diógenes Laercio, uno de los primeros escultores del mundo, atribuyéndosele las Tres Gracias que existían en Atenas. . . Prescindiendo ya de este linaje de consideracio  nes, y recordando ahora uno de los conceptos ver  tidos por el Delegado Regio, Director de la Escuela de Artes y Oficios, en su tan bien meditado como elegante discurso, á saber: «que bajo la égida de Mi  nerva no militaron exclusivamente las ciencias, sino que en cierta época las artes y los oficios recurrieron á la tutelar protección de aquella Diosa», me veo en el caso de decir algo acerca del concepto gene  ral de las artes mecánicas y aun de la diferencia que existe entre éstas y las denominadas artes de lo bello. . Es indubitable que las primeras tienen por objeto la utilidad que se relaciona, por modo esencial, con ciertas exigencias ó necesidades del hombre; y que el fundamento científico de las reglas cuya apli cación se hace indispensable para que las obras DE COMPOSTELA - 52 - realicen su especial objeto y adecuado fin, no se da ni puede darse, sino en el conocimiento de las leyes de la naturaleza. De aquí, Señores, se deduce que la Matemática, la Física, y la Mecánica son nece  sarias para todo aquél que haya de dedicarse, con fruto, á las mencionadas artes. ¿Qué se diría de una construcción destinada á morada del hombre, la cual, formando un conjunto de extraordinaria belleza, amenazara, sin embargo, desplomarse á cada ins  tante sobre las cabezas de los habitantes de tan graciosa y bella mansión? Decía, á este propósito, un amigo mío, persona muy ilustrada: No hay belle  za con peligro. Las artes de lo bello no se sustraen á las leyes naturales; y como quiera que su especialísimo objeto consiste en expresar la belleza, de aquí que la fanta  sía sea la facultad que predomina en la dilatada esfera que recorren, capaz de descubrir siempre no  vísimos horizontes, en fuerza de la inspiración y del genio. No basta la inventiva: requiérese además la facul  tad de sentir la belleza en el dominio de la natu  raleza y del arte, ó sea lo que se llama gusto. Si bien en muchas producciones de este género, no puede el artista realizar lo bello fuera de las condiciones prescritas por las leyes naturales, alean-, za, sin embargo, en algunas, á elevarse hasta un límite de perfección apenas accesible; desaparecien  do lo grosero de la materia á impulsos de las ideas y del sentimiento. Esto acontecería á un pintor que trasladase al lienzo una aparición sublime. Por esta causa los pintores filósofos Miguel Ángel, Rafael, Velázquez, Murillo, y otros, no u — 59 - Artes y Oficios comience á dar los opimos frutos que todos, y yo el primero, nos prometemos de la ilustración y del celo de los señores profesores en  cargados de las enseñanzas que viene á dispensar, algunos de ellos hijos ilustres de esta ciudad y, ó laureados y distinguidos artistas, ó jóvenes de gran  des y fundadas esperanzas, ¿Y cómo no han de tomar aquí vuelos las artes, si sus bizarras concepciones nos circundan por donde quiera, y vienen de todas partes á excitar nuestra curiosidad, ó á despertar nuestra admiración' ¿Có  mo no han de florecer en esta monumental ciudad sí á cultivarlas nos empujan, con impulso irresisti  ble, gloriosas y venerandas tradiciones? Es así nece  sario que no haya soluciones de continuidad en esas tradiciones artísticas, que no se interrumpan un solo momento: indignos sucesores seríamos de los hombres ilustres que nos las han legado si tal cosa aconteciese. Apercibios, pues, honrados hi  jos del trabajo, á cultivar con ardor y con cons  tancia, las artes y los oficios: penetraos de la di  rección que vienen imprimiéndoles el espíritu de la época en que vivimos, las corrientes de la opi  nión, las necesidades de la sociedad, sus gustos y sus aficiones; y, sin detrimento de la propia ini  ciativa y de la independencia de vuestro genio y de vuestra inspiración, libres como el águila que en su raudo vuelo se cierne en los espacios, pro  curad ajustar vuestra incesante y meditada labor á todas estas circunstancias, seguros de que obrando así recabaréis para vuestros productos y para vues  tras obras, fáciles y seguros mercados, y ceñiréis á vuestras sienes coronas inmarcesibles tejidas con las u - 60 - verdes hojas que el árbol inmortal de Dafne reser  va á los hijos predilectos del arte. Con firme voluntad y con amor al trabajo, con fe en el porvenir, con grande confianza en el éxito que se obtiene por el propio esfuerzo, con la cons  tancia que nos caracteriza, y con el concurso de todos, llegaremos, ya que no á alcanzar la prospe  ridad y la riqueza que gozan los países más ade  lantados, á evitar, á lo menos, que germine y arrai  gue entre nosotros la funesta plaga del pauperismo. No perdáis nunca de vista los sabios consejos y las enseñanzas provechosas que con tan patriótico deseo, y con tan loables fines os viene dando la ilustre Sociedad Económica de Amigos del País, á la cual tanto debéis, y la que tanto se afana por labrar vuestra dicha y mejorar vuestra condición social: seguid los derroteros que ella os' trace en la confianza de que os conducirán á seguro puerto: inspiraos en las máximas que os inculca, pues os servirán algún día para afrontar las eventualidades del provenir. Ella se desvive por vosotros, os ense  ña, os estimula, os ayuda en vuestras empresas, premia vuestros adelantos, sostiene vuestros entu  siasmos, os alienta en vuestros desmayos, y dirige y encauza vuestras aptitudes: es, en suma, para voso  tros madre cariñosa que os amamanta á sus pechos, Y que procura incansable vuestro adelantamiento y vuestro bienestar; deber es, pues, respondáis en la medida de vuestras fuerzas, á los sacrificios de todo género que viene haciendo, y le tributéis el reconoci  miento á que es de todo punto acreedora. Procurad, luego que toméis estado, ser amantes y leales esposos, padres circunspectos y de conducta u - 61 - ejemplar: ejerced con tino y con moderación vues  tra autoridad doméstica dentro del sagrado recinto del hogar: regid con acierto los destinos de la fami  lia, en cuyo amoroso seno se forman el hombre y el ciudadano. La familia es el primer" fundamento del orden social; la sólida base sobre que se asien  tan todos los demás organismos; la primera escuela en que el hombre recibe las rudimentarias nociones de lo justo, de lo útil y de lo honesto; el santuario donde comienza á impregnarse el niño de las pri  meras manifestaciones del sentimiento religioso. En la familia recluta la patria sus esforzados defensores, de ella saca el Estado los recursos con que sufraga los gastos públicos, en ella halla los medios de man  tener la justicia y de restablecer el derecho allí donde han sido perturbados. Penetraos, pues, de la transcendental misión que estáis llamados á realizar dentro de la sociedad familiar, y si la realizáis hon  radamente, cual la patria espera, contribuiréis, al formar hombres honrados é Íntegros ciudadanos, á hacer de esta nación generosa, á la que todos amamos con delirio, una nación feliz, próspera y respetada. No he de concluir sin proponeros antes un voto de gracias para el Gobierno de S. M., á cuya soli  citud por el bien público debe la ciudad que tengo la honra de representar en Cortes, esta Escuela de Artes y Oficios, llamada á fomentar los intereses y á desenvolver los gérmenes de riqueza que encierr a esta hermosa Galicia, en la que he nacido, á la cual me unen las más caras afecciones, y en la que deseo morir. Propongo además con toda la efusión de mi alma otro voto de gracias expresivísimo S( UNIVERSIDAD DE SAN riACO DE COMPOSTÍ u para la excelsa Reina Regente que se afana, con creciente anhelo, y como nadie, por hacer la felici  dad y la ventura de su pueblo querido: para la au  gusta Señora, que, no repuesta aún, del intenso dolor que sintió su corazón al perder al llorado es  poso, se consagra á criar y educar con ferviente amor y delicado esmero al tierno y regio vastago, en quien tenemos puestas nuestras más caras espe ranzas, y en el cual ciframos la realización de los más brillantes destinos del país. Ayudemos todos, Señores, con amor, con entusiasmo, con abnega  ción, y con desinterés, en su patriótica tarea, á la angusta Señora que comparte con el Rey niño el gobierno de esta nación noble y magnánima. En su nombre declaro inaugurada la Escuela de Artes y O Helos de Santiago; y abierto el curso de 1887 á 1888. PERSONAL ADMINISTRATIVO, FACULTATIVO Y SUBALTERNO DE LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS DE SANTIAGO » --- — — — — • DIRECTOR, Excmo. Sr. D. Joaquín Díaz do Rábago, Delegado Regio. SECRETARIO, Dr, D. César Fernández Garrido. PROFESORES, D. Eduardo Vasallo y Roselló. D. César Fernández Garrido. D. Federico Molla Conde. D. José M. a Fenollera. D. Juan Sanmarlín de la Serna. AYUDA ATES, D. José Rey Villaverde. D. José Peña Meléndez. D. Francisco Álvarez Ruíz. D. Jesús Landeira. Escrn>iente de Secretaría, D. Antonio Buyos Lorenzo. CONSERJE, O. Juan López Alende. 3I o z o m de aseo, D. Jesús López Cisneros. D. Ramón Vázquez. u ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS DE SANTIAGO. Cuadro de las asignaturas, Profesores que las desempeñan, Ayudantes asignados á las mis  mas, y horas á que se dan las respectivas clases, todas diarias. V.- B. “ , El Director, ^Diaz de 9\_ábago. Asignaturas. Profesores. Ayudantes, non AN. Tarde. Noche. Aritmética, Geometría y Prin  cipios del arle de conslruc- ¡ D. Eduardo Vasallo. D. José Rey. 6 | á8 ción ......................................... Física, Química y Mecánica. D. César Fernández. Id. 3á4| 8 á9| Dibujo geométrico industrial, D. Federico Motta. D. José Peña. 6 á 8 con instrumentos y á mano alzada .................................. Dibujo de adorno y de figura con aplicaciones de colorido ^D. José Fenollera. D. Francisco Álvarez. 8 á 10 á la ornamentación. . . . Modelado y Vaciado ................... D. Juan Sanmartín. D. Jesús Landeira. 12 á 2 Santiago 19 de Febrero de 1888. El Secretario, "Cesar yemández garrido. I 8 I se UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA libraría . de El $,lvador ' 9 couce ro Teléfono 56 58 12 S 1 H T1 1 6 0 se UK1VERSIDADE ÜLSANIIA ) DE COMPOS TELA u - 67 - Estado de la Matrícula en las diversas asig  naturas que constituyen la enseñanza de esta Escuela. ASIGNATURAS. NÚMERO 1 de ALUMNOS. Aritmética, Geom etría, y Principios de i construcción ................................ ( 303 Dibujo geométrico industrial. . . 101 Física, Química y Mecánica. . . 1 Dibujo de adorno y de figura. . . 4 Modelado y Vaciado ....................... 2 T o t a l d e ma t r íc u l a s . . . 411  V.° B.° Santiago 19 de Febrero de 1888. El Director. El Secretario. ^iaz (le bálago. "Gcsar ^emandez garrido. Según Instrucciones la asignatura de Aritmética, Geo  metría y Construcción y la de Dibujo geométrico son de estudio previo, no podiendo los alumnos matricularse en las demás sin haber probado antes aquéllas, ó en su defecto acreditado su suficiencia en las mismas por medio de un examen. se UNIVERSIDAD? DC SAN I JACO u u