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El Inca Garcilaso y sus proyecciones

Trinidad Barrera

Abstract

The reading of Inca Garcilaso de la Vega faces the multiplicity of perspectives which emerge from his texts, and a number of discursive functions which create bridges between his cultural production and ours. His culture is defined by two coasts with his discourse moving between them; he adopts the position of a mediator in his cultural, creative, and translation practice. Inca Garcilaso emerges as an early model of a transplanted (transterrado) intellectual. His works unite the oral and the written, the indigenous lore, the memory of his ancestors alongside the narrations of the chroniclers and that of the conquistadors, all for the sake of an identity which he reclaimed with urgency. It is this plurality of cultures and lores which makes him enormously topical today.

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El Inca Garcilaso ysus proyecciones Trinidad Barrera Universidad de Sevilla Es bien sabido que tanto la figura como la persona conocida como el Inca Garcilaso de la Vega (1539–1616), esa sutil “configuración metafórica de su persona” de la que habló Pupo Walker1, constituye un referente de primer orden en múltiples sentidos yal mismo tiempo una fuente inagotable de modelos yproyecciones que irradian de su presente al futuro. En este sentido resulta oportuna la puntualización que hiciera Mazzotti al proponer “la distinción entre sujeto enunciador ypersonaje histórico, es decir, en lo que usualmente se llama la distancia entre el narrador yel autor […] un sujeto de escritura o sujeto enunciador, que es la entidad inherente al texto desde la cual se focalizan los temas referidos yse ejercen distintas funciones discursivas, entre las cuales la narración histórica constituye sólo una parte de la totalidad de la obra”.2 La lectura de sus obras supone siempre un desafío dada la multiplicidad de perspectivas que emanan sus textos, la cantidad de funciones discursivas que se desprenden de los mismos yque establecen puentes entre su producción cultural yla nuestra. Dos orillas definen su cultura yentre dos orillas encabalga su discurso, una posición de mediador para una práctica cultural, creativa ytraductora a un tiempo; fue historiador o más bien historiógrafo, cronista, jurista, lingüista, etnógrafo ytambién fabulador. Bastardo, mestizo de sangre, criollo de formación renacentista europea paseó su saber del Nuevo al Viejo Mundo yviceversa en un proceso continuo de ida yvuelta mental, que no física ya que su escritura se realizó toda ella en tierras cordobesas. Si en las alturas cuzqueñas comenzó a familiarizarse con la cultura materna, en las cordobesas madura los conocimientos adquiridos creando paulatinamente un discurso legitimador que fusiona en los modelos europeos el pasado de su cultura legendaria. Son sus años cordobeses ymontillanos, los que sirven de inspiración al escritor Luis Loayza en su ficcional “Retrato de Garcilaso”3 para insistir en la psicología aún titubeante del sujeto que comienza su iniciación literaria con una traducción claramente paradigmática, los Diálogos de amor de León Hebreo, texto que le serviría para encontrar el modo de armonizar los dos mundos culturales ysu propio desplazamiento espacial, paso previo para el discurso de los Comentarios Reales (CR). A este 1 Pupo–Walker 1982, p. 104. 2 Mazzotti 2009. 3 Loayza 1974. 12 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA propósito habría que añadir que toda la obra del Inca es amplificada ysimbólicamente una traducción, su posición de textos de Hebreo, es la misma que sostiene cuando traduce culturas diferentes en sus Comentarios. Ya Julio Ortega ha apuntado en esa dirección al afirmar que “la traducción en su obra es una narratividad trasatlántica y, asimismo, una sistemática reorganización de tramas discursivas, tanto estratégicas como culturales”.4 Su especial posición permite, además, la inclusión en su escritura de la autobiografía, la glosa, la profecía yotros modelos para construir/reconstruir un pasado que, como dice Moraña, “complementa, corrige ydesafía las versiones oficiales”.5 La voz del Inca aúna centro yperiferia, marcando el tiempo del mito yla leyenda con el presente humanista renacentista. Vida yescritura se funden diseñando los límites de la autobiografía arropada por la nostalgia y, al mismo tiempo, por el firme convencimiento de nivelar un pasado con un presente. Escritura mestiza, ósmosis de dos herencias que se propone la interpretación de dos civilizaciones en conflicto, con recuerdos propios que a su vez absorben saberes ajenos. Es precisamente su condición de mestizo la que enfatiza el relato de otro escritor peruano, Francisco Carrillo en su Diario del Inca Garcilaso (1996). Homi Bhabha ha matizado ceñidamente la condición de mestizo en su libro El lugar de la cultura cuya teorización le puede ser aplicada desde el momento que ese estar “entre” genera “estrategias de identidad”, como es su caso. En la ficción de Carrillo sale a relucir otro mestizo, Juan Arias Maldonado, su amigo del Cuzco con quien confronta la condición de mestizo como lo hiciera también, en esta ficción, con Gonzalo Silvestre. Arias Maldonado es además aludido en el Cap. XVII, Libro VIII de la Segunda Parte de los Comentarios Reales –Historia General del Perú– en alusión a la revuelta de aquellos. Dice así: Y valió mucho a los mestizos este clamor que la buena madre hizo; porque viendo la razón que tenía, se apartó el Visorrey de su propósito para no causar más escándalo. Y así no condenó ninguno de los mestizos a muerte, pero dióles otra muerte más larga ypenosa que fue desterrarlos a diversas partes del Nuevo Mundo, fuera de todo lo que sus padres ganaron. Y así enviaron muchos al Reino de Chile, yentre ellos fue un hijo de Pedro del Barco, de quien se ha hecho larga mención en la Historia, que fue mi condiscípulo en la escuela, yfue pupilo de mi padre, que fue su tutor. Otros enviaron al Nuevo Reino de Granada, ya diversas islas de Barlovento, ya Panamá ya Nicaragua, yalgunos aportaron a España, yuno de ellos fue Juan Arias Maldonado, hijo de Diego Maldonado el Rico. Estuvo desterrado en España más de diez años, yyo le vi yhospedé dos veces en mi posada en uno de los pueblos de este obispado de Córdoba donde yo vivía entonces; yme contó mucho de lo que hemos dicho, aunque no se dice todo. Al cabo de largo tiempo de su destierro, le dio licencia el supremo Consejo Real de las Indias por tres años, para que volviese al Perú a recoger su hacienda, yvolviese a España a acabar con ella la vida. A su partida, pasando con su mujer por donde yo estaba (que se había casado en Madrid) me pidió que le ayudase con algo de ajuar yornamento de casa, que iba a su tierra muy pobre yfalto de 4 Ortega 2010, p. 344. 5 Moraña 2010, p. 382. TRINIDAD BARRERA 13 todo. Yo me despojé de toda la ropa blanca que tenía, yde unos tafetanes que había hecho a la soldadesca que eran como banderas de infantería de muchos colores; yun año antes le había enviado a la corte un caballo muy bueno que me pidió, que todo ello llegaría a valer quinientos ducados. Y acerca de ellos me dijo: “Hermano, fialdos de mí en que llegando a nuestra tierra os enviaré dos mil pesos por el caballo ypor este regalo que me habéis hecho.”6 Su gesto de solidaridad va más allá de la amistad ysu actitud se debe en buena medida a la proyección especular que genera con su amigo. Su encabalgamiento entre culturas o entre razas (el mestizaje) ha sido proyectado más allá de su tiempo, en ficciones generadas en su propio país durante el siglo XX cuya revisión ha sido minuciosamente realizada e interpretada por Enrique Cortez a cuyo trabajo remitimos. Aún completa este recorrido la obra Poderes secretos (1976) de Miguel Gutiérrez que fija el interés en las redes intelectuales ysociales en las que se movió el Inca capitalizando la atención en las fuentes del Padre Blas Valera para reavivar el tema de la autoría del Inca yla condición de mestizo igualmente de Valera así como sus relaciones con la Compañía de Jesús ysu regreso a España. Estamos de acuerdo con Cortez en que “invita a pensar en el significado de una recepción biográfica sobre el mestizo cuzqueño, como un espacio en proceso ydisputa a lo largo del siglo XX”.7 Otro de los múltiples polos de proyección en los que podríamos reparar sería el haber sido el Inca ejemplo de pluralidad cultural. Precisamente este hecho, la pluralidad de culturas ysaberes es un rasgo que le confiere enorme actualidad. Salvando las distancias yel tiempo, dicha multi e interculturalidad aparece en el Modernismo hispanoamericano ytambién en sus Vanguardias, momentos en los que se pone en práctica el tránsito cultural ypor ende la fusión yreinterpretación de discursos culturales ajenos en los propios o propios en los ajenos, no es otra la práctica vanguardista de chilenos, argentinos o peruanos en Europa llegando incluso a escribir en idiomas que no son los maternos, como los casos de Huidobro o Moro, que escriben buena parte de su obra en francés. Aún puede apreciarse en el Inca un gesto simbólico que será común a algunos escritores posteriores, el cambio de nombre. Cuando finalmente decide quedarse en España, por las razones que sean, Gómez Suárez de Figueroa pasará a ser el Inca Garcilaso de la Vega (nos viene a la memoria el cambio de Neftalí Reyes a Pablo Neruda), una nueva identidad para un nuevo camino, el de las armas ylas letras. Porras Barrenechea lo comentaba de la siguiente forma: “El cambio de nombre yel momento psicológico en que lo realiza, probablemente después de habérsele denegado el permiso para volver al Perú, es significativo de un decisivo vuelco espiritual: el joven pupilo de don Alonso de Vargas ha decidido ser español, romper con las Indias […] yolvidarse del indiano mestizo.”8 Una salvedad, su condición de mestizo no la olvidará nunca. Desde su posición de mestizo se convierte en parte de una cadena de transmisión de textos antiguos orales incas yasí restituye en cierta forma “el vacío que limita el espacio del discurso 6 Garcilaso de la Vega 1617, pp. 743–744. 7 Cortez 2009, p. 143. 8 Porras Barrenechea 1946. 14 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA en quechua”.9 El Inca interpreta una vieja yrica experiencia colectiva que había permanecido en parte oculta o muda gracias a unos “comentarios”, modo de expresar o manera de conversar sobre algo. Garcilaso hace la elección de una forma, de un lenguaje, de un discurso que valora los silencios tanto o más que las palabras, “forzado de amor natural a la patria me ofrecí al trabajo de escribir estos Comentarios donde clara ydistintamente se verán las cosas que en aquella república había antes de los españoles” (“Al Lector”, CR). Amor natural ydistintividad marcan las diferencias con otras historias, las oficiales, aquellas que siguen el patrón imperialista, en realidad el Inca está proclamando una ruptura del discurso histórico del momento mediante la propuesta de una contrahistoria a favor de los Incas, los vencidos. La suya es además, entre muchas yvariadas cosas, una historia de los vencidos. “Me ofrecí al trabajo de escribir” dirá también, algo que recobra sentido desde la perspectiva de la ausencia de escritura entre aquel pueblo. Gracias a la escritura puede indagar en la vida yel destino de un pueblo yen ese sentido proyecta hasta nuestros días la novedad de dar voz a los sin voz, los relatos orales armonizan su discurso con los saberes codificados, las fuentes minuciosamente seleccionadas, como las de otro mestizo, el P. Blas Varela. De nuevo su encabalgamiento entre dos orillas, lo oral ylo escrito refundidos, el saber indígena, el de los amautas, el de los quipus, la memoria de sus ancestros junto a las narraciones de los cronistas yla de los conquistadores, todo en aras de una identidad que reclamaba con urgencia. Dos épocas le tocó vivir, a los moldes de la cultura renacentista vino a sumarse el desengaño barroco, utopía ydistopía, también su vida conoció polos opuestos, las sangrientas luchas intestinas de su Perú natal ylas amargas respuestas a sus pretensiones ya en España. Susana Jákfalvi-Leyva comenta cómo en la “implicación de estirpe renacentista de que el hombre es hijo de sus obras, yno el beneficiario de la honra yfama ganada por sus ascendientes, Garcilaso encuentra la idea apta para cuestionar desde ella el sistema de jerarquización social, que está cerrado para él”.10 Esta idea aparece reiterada en su obra, su empeño en alabar las virtudes del bastardo Zumac Yupank, que “por su buena soldadesca mereció ser capitán suyo”11 (de los ejércitos de Atahualpa) o cuando insiste en las virtudes de Diego de Almagro, descrito por Gómara como bastardo de padre sacerdote: Los hijos de padres no conocidos deben ser juzgados por sus virtudes yhazañas y, siendo hechos tales como los del adelantado ygobernador Don Diego de Almagro, se ha de decir que son muy bien nacidos, porque son hijos de su virtud yde su brazo derecho. A los hijos de los padres más nobles, ¿qué les aprovecha su nobleza? Porque la nobleza nació de ellas ycon ellas se sustenta. De manera que podemos decir con mucha verdad que Don Diego de Almagro fue hijo de padres nobilísimos, que fueron sus obras, las cuales han engrandecido yenriquecido a todos los príncipes del mundo.12 9 Perilli 1999, p. 153. 10 Jákfalvi-Leyva 1984, p. 35. 11 Garcilaso de la Vega 1617, cap. IX, p. 134 12 Ibidem, cap. XXXIX, p. 225. TRINIDAD BARRERA 15 Había intentado diversos caminos, la adscripción a la nobleza, la vida militar, la vida clerical, finalmente no le queda más salida que la escritura para la creación de identidad. Una narración sui generis, marcada por su condición de memoria yde vinculación, fuertemente comprometida, diríamos hoy, recurriendo “a una forma de corte hagiográfico para rememorar el pasado yconvertirlo en vinculante”.13 Desde el alejamiento espacial tomará la pluma para desgranar recuerdos, amores, sensaciones, su vida yla de sus antepasados, la de sus contemporáneos, un Perú remoto ypróximo que desfilará por el espejo de la memoria, canalizándolo todo en una escritura medida, conciliadora yarmónica, rasgo este último de enorme importancia dado que en ese momento está instalado en un aquí que ha cortado los puentes físicos, agravado por la desilusión ante la cerrazón social ylos conflictos de sangre de su época, haciendo, como se ha dicho, de la escritura una identidad. La obra del Inca es impensable sin ese desplazamiento yrecolocación espacial yen ese sentido su proyección al futuro lo convierte en espejo o modelo temprano del transterrado, del intelectual que por motivos diversos tiene que abandonar su lugar de nacimiento ytrasladarse a otro que a priori le resulta ajeno e inhóspito ypara el que la nostalgia forma parte de su ensoñación utópica. Aún podríamos hacer extensiva esta situación de sujeto migrante a los efectos de la globalización presente donde circunstancias diversas provocan desplazamientos masivos con las consecuencias derivadas de la recolocación en espacios ajenos culturalmente. Trágica es la materia de la segunda parte de los Comentarios, desde el ajusticiamiento de Atahualpa al del rebelde Tupac Amaru. Entre uno yotro desfilan los Pizarros yAlmagros. “Todo se junta para que el desencanto yel pesimismo fatalista adquieran carta de naturaleza en estas impresionantes páginas”14, diría José Durand. Del neoplatonismo al estoicismo cristiano, Garcilaso concluye cada uno de los ocho libros con un suceso amargo, “porque en todo sea tragedia” sin perder la razón de amor que le guía yreitera. La primera parte de los CR se encabeza con unas palabras Al Lector, presumible destinatario europeo, al que quiere dar a conocer el imperio de los Incas, “sin entrar en otras monarquías, porque no tengo la noticia de ellas que de ésta”. El despliegue de los temas tratados es tan inmensa como su repercusión futura ymuy especialmente en el pensamiento europeo del siglo XVIII. A ese respecto uno de los temas que quiero señalar es la propagación de la imagen del indio como ser inocente a cuya leyenda el Inca pone su grano de arena gracias a sus CR. Muchos serían los ejemplos que podrían darse pero vamos a reparar de entrada en el llamado por él mismo “cuento gracioso”, el episodio de los melones que los indios llevan por encargo con un papel que indicaba el número exacto yque la ingenuidad les lleva a esconder mientras comen un par de ellos por el camino. Dicho cuento aparece, antes que en el Inca, en Lope de Vega, en la pieza teatral “El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón” (1599), allí se encuentra una anécdota en donde Fray Buyl le da a Auté una docena de naranjas para que las entregue con una carta. El indígena se come cuatro naranjas yel que le recibe sabe por la carta lo ocurrido yle recrimina por tanto. El indio queda sorprendido de 13 López Soria 2010, p. 357. 14 Durand 1976. 16 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA que el papel le haya visto comérselas yde que se lo haya contado a su legítimo dueño. Cuando le mandan de nuevo con una carta yvarias aceitunas, el indio esconde el papel detrás de unos arbustos para que la carta no pueda ver cómo se las come. Con este ejemplo se subraya la importancia de la escritura en el desarrollo cultural de los pueblos pero sobre todo se da una visión ingenua yhumana de los aborígenes de la isla de Guanahaní. Pues bien esta anécdota, ahora con melones, en lugar de naranjas, aparece recogida por el Inca Garcilaso en el cap. XXIX, libro VIII de los CR: Y porque los primeros melones que en la comarca de Los Reyes se dieron causaron un cuento gracioso, será bien lo pongamos aquí, donde se verá la simplicidad que los indios en su antigüedad tenían; yes que un vecino de aquella ciudad, conquistador de los primeros, llamado Antonio Solar, hombre noble, tenía una heredad en Pachacámac, cuatro leguas de Los Reyes, con un capataz español que miraba por su hacienda, el cual envió a su amo diez melones, que llevaron dos indios a cuestas, según la costumbre de ellos, con una carta. A la partida les dijo el capataz: “No comáis ningún melón de éstos, porque si lo coméis lo ha de decir esta carta.” Ellos fueron su camino, ya media jornada se descargaron para descansar. El uno de ellos, movido de la golosina, dijo al otro: “¿No sabríamos a qué sabe esta fruta de la tierra de nuestro amo?” El otro dijo: “No, porque si comemos alguno, lo dirá esta carta, que así nos lo dijo el capataz.” Replicó el primero: “Buen remedio; echemos la carta detrás de aquel paredón, ycomo no nos vea comer, no podrá decir nada.” El compañero se satisfizo del consejo, y, poniéndolo por obra, comieron un melón. Los indios, en aquellos principios, como no sabían qué eran letras, entendían que las cartas que los españoles se escribían unos a otros eran como mensajeros que decían de palabra lo que el español les mandaba, yque eran como espías que también decían lo que veían por el camino; ypor esto dijo: “Echémosla tras el paredón, para que no nos vea comer.” Queriendo los indios proseguir su camino, el que llevaba los cinco melones en su carga dijo al otro: “No vamos acertados; conviene que emparejemos las cargas, porque si vos lleváis cuatro yyo cinco, sospecharán que nos hemos comido el que falta.” Dijo el compañero: “Muy bien decís.” Y así, por encubrir un delito, hicieron otro mayor, que se comieron otro melón. Los ocho que llevaban presentaron a su amo; el cual, habiendo leído la carta, les dijo: “¿Qué son de dos melones que faltan aquí?” Ellos a una respondieron: “Señor, no nos dieron más de ocho.” Dijo Antonio Solar: “¿Por qué mentís vosotros, que esta carta dice que os dieron diez yque os comisteis los dos?” Los indios se hallaron perdidos de ver que tan al descubierto les hubiese dicho su amo lo que ellos habían hecho en secreto; yasí, confusos yconvencidos, no supieron contradecir a la verdad. Salieron diciendo que con mucha razón llamaban dioses a los españoles con el nombre Viracocha, pues alcanzaban tan grandes secretos. Otro cuento semejante refiere Gómara que pasó en la isla de Cuba a los principios, cuando ella se ganó. Y no es maravilla que una misma ignorancia pasase en diversas partes yen diferentes naciones, porque la simplicidad de los indios del Nuevo Mundo, en lo que ellos no alcanzaron, toda fue una.15 15 Garcilaso de Vega 1976, t. I, p. 263. TRINIDAD BARRERA 17 La propagación de la imagen del indio simple e inocente no es privativa del Inca pero sin lugar a dudas es uno de sus difusores. Si nos extendemos en el tiempo ynos situamos en el siglo XVIII no podemos dejar de advertir la moda incaísta en los círculos ilustrados dieciochescos, ávidos de encontrar en la obra del Inca así como en la de Las Casas, argumentos para la leyenda negra. Es sabido que el modelo que se desprende de los CR ya había generado algunas utopías, como las de Campanella en La ciudad del Sol (1623) o la de Francis Bacon en La nueva Atlántida (1627). Ya hace algunos años Iris Zavala reparó en el influjo del pensamiento garcilasista en las utopías revolucionarias.16 El modelo propuesto por Garcilaso, en lo referente a la racionalización del trabajo yla comunidad de bienes, venía como anillo al dedo a la nostalgia de la Edad de Oro de los momentos previos a la revolución. El influjo del Inca se extendió a escritores de la época muy diferentes, desde el geógrafo protestante Denis de Vieras dʼAllais a Simon Tyssot de Patot quien con su Viajes yaventuras de Jacques Massé sirvió de inspiración a Saint Simon ya los primeros anarquistas. La línea va aún más lejos ylos ecos llegarán al abate Morelli, uno de los primeros socialistas utópicos quien en su Naufragio de las islas flotantes… (1753) se imaginaba una organización socialista primitiva basada en una armonía con las leyes naturales, idea que retomará en la obra Código de la naturaleza, ejemplo de perfecta armonía entre hombre ynaturaleza. En suma, la filosofía que se desprende de los CR irrumpe con fuerza en el siglo siguiente ysegún Zavala, “la metanarrativa garcilasiana anticipa –y de ahí también el interés que suscitó entre los pensadores franceses– la utopía revolucionaria (y rusoniana) que los hombres son buenos por naturaleza yla propiedad los corrompe”.17 Edgar Montiel ha analizado el impacto del Inca en los enciclopedistas franceses, buenos divulgadores de la obra de éste.18 La edición de 1744 de los CR, anotada entre otros por La Condamine, fue leída por Voltaire, Diderot ydʼAlenbert. Se sabe que Voltaire era un lector apasionado del Inca que pudo haber inspirado la novela Los Incas de Marmontel. A propósito de esta novela queremos traer a colación las siguientes afirmaciones de Estuardo Núñez: Para la confección de su “novela” Los Incas, Marmontel debió acopiar una información bastante amplia, para su época, acerca de las culturas inca yazteca, tomada al parecer de Garcilaso el Inca, Herrera yLas Casas, entre otros autores. Lo característico en Los Incas es la extraña mezcla de elementos aztecas e incaicos en una misma trama, con prescindencia no sólo de la noción del tiempo sino también de la noción de espacio. No importa nada que lo mexicano suceda en el Perú o que lo peruano suceda en México, ni significa nada, en la inspiración marmonteliana, la enorme distancia que media geográficamente entre un pueblo yel otro, ni las diferencias esenciales de sus circunstancias humanas e históricas. En esa actitud de desconocimiento de precisiones yde transmutación de las realidades espaciales ytemporales, no es único Marmontel. Participan de la misma el propio Voltaire ya mencionado, quien mezcla elementos de diversas procedencias americanas tanto como otros autores que los 16 Zavala 1992. 17 Ibidem, p. 226. 18 Montiel 2005. 18 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA habían precedido como Sieur du Rocher (L’indienne amoureuse) yGomberville en Polexandre (1627) ytambién los artistas ilustradores ydibujantes que agregan a una realidad hipotética (según puede verse en las ilustraciones que acompañan el texto de Marmontel yotros libros de la época) elementos yarreglos caprichosos ydeliciosamente ingenuos.19 Pese al pastiche que implican estos desplazamientos, es evidente que no puede negarse ese eco, como no puede tampoco olvidarse el influjo en la novela de corte futurista El año dos mil cuatrocientos cuarenta (1771) de Louis Mercier, como ha señalado Montiel. Ya antes, el mismo Montesquieu había evocado al Inca en El espíritu de las leyes a propósito del desarrollo desigual de los pueblos, así como Diderot yel abat Raynal se inspirarán en él para el tomo III de la Historia Filosófica yMoral de las Indias; el influjo aún puede hacerse extensivo a Pablo de Olavide o a los jesuitas americanos expulsados en Italia, tan activos en las polémicas del Nuevo Mundo20, aunque no vamos a entrar en el revuelo ocasionado por esta disputa bien conocida. Volvamos al Inca, en esta ocasión a la segunda parte de los CR, yreparemos en la dedicatoria; lo más conocido yestudiado ha sido siempre el prólogo dirigido “A los indios, mestizos ycriollos de los Reinos yprovincias del grande yriquísimo imperio del Perú”, del cual hablaremos en segundo lugar, ahora reparemos en la dedicatoria que hace a la Virgen “DEDICATORIA DEL AUTOR A LA GLORIOSÍSIMA VIRGEN MARÍA, Nuestra Señora, Hija, Madre, yEsposa Virginal de su Criador, suprema princesa de las criaturas. Pues ya mis letras históricas de estas armas, por su autor yargumento, debo dedicarlas a tal Titular, que es mi dignísima Tutelar, yyo, aunque indigno, su devoto indio”. Si bien el prólogo antes mencionado ha sido comentado en varias ocasiones, menor atención ha recibido la dedicatoria a la Virgen Inmaculada que acompaña la portadilla del libro yque no nos parece accesoria dada la fecha en la que nos movemos así como de final de redacción que coincide con el momento del auge del dogma inmaculista. Paulo V emitió en 1616 un breve Regis Pacificis yen 1617 la nueva constitución Sanctissimus Dominus Noster, favorable en el que prohíbe de manera oficial que alguien niegue públicamente a la Inmaculada Concepción. En 1615 había concedido indulgencias a la oración a la Inmaculada Concepción. La batalla teológica se remonta a los pronunciamientos de Sixto IV (1476) que extiende la fiesta de la Concepción a toda la Iglesia latina, con oficio litúrgico propio. En 1484 Inocencio VIII aprobó la Orden de la Purísima Concepción, nacida en España. Los Reyes Católicos hicieron consagrar el monasterio de San Jerónimo a la Concepción de Nuestra Señora en 1492 yfundaron la hermandad nobiliaria de la Pura yLimpia Concepción en el convento franciscano. En 1613, desde el púlpito, un predicador dominico habló en Sevilla contra la opinión de la Concepción Inmaculada de María. La reacción popular no se hizo esperar: se organizaron novenas, misas, procesiones, luminarias, repiques ytodo tipo de actos de desagravio que se prolongaron hasta 1615. Por medio de la palabra (sermones) yde la imagen (grabado ypintura) se magnifica el fervor inmaculista, ycon estos medios la devoción a la Virgen Inmaculada 19 Núñez 1997, p. 88. 20 Sobre este aspecto se han ocupado también Virginia Gil Amate (2009) yBelén Castro Morales (2008). TRINIDAD BARRERA 19 enciende la conciencia colectiva. Se publicaron libros yse escribió mucho acerca de este acontecimiento extraordinario: sermones, oraciones, pláticas, triduos, poemas, comedias, relatos históricos, etc. La nómina de escritores, predicadores ypoetas marianos fue grande. Es evidente que la dedicatoria del Inca se inserta en esa corriente21: ¡Oh imagen de mi devoción yde las divinas perfecciones, tan perfecta yacabada, que el sumo artífice Dios haciendo alarde yreseña de su saber ypoder desde la primer línea de vuestro ser, con las luces de su gracia os preservó de la sombra yborrón del pecado de Adán, ycomo vivo traslado yretrato del nuevo Adán celestial para representar más al vivo la divinal hermosura de tan bellísimo dechado yoriginal, se dignó de preservaros de la mancha de la culpa original! Por lo tanto para siempre sin fin, a vuestra purísima ylimpísima concepción sin pecado original canten la gala los hombres, ylos ángeles la gloria.22 De lo divino a lo humano, volvamos al “urbi et orbi” criollista para señalar que de la primera parte a la segunda, Garcilaso, “su hermano, compatriota ypaisano” da un “paso tético decisivo”, como ha señalado Zamora, “comprometiéndose ya no sólo a escribir como indio quechua hablante o como mestizo bilingüe mediador entre dos culturas distintas, sino sobre todo por ypara los indios, mestizos ycriollos del Perú”.23 Los destinatarios elegidos han cambiado sensiblemente, la materia argumental yel tono también, la introducción de la conquista española en Perú necesita ser justificada yel equilibrio garcilasista se espeja: “nuestra patria, gente ynación, no menos rica al presente con los tesoros de la sabiduría yciencia de Dios […] ni menos dichosa por ser sujetada de los fuertes, nobles yvalerosos españoles ysujeta a nuestros Reyes Católicos […] que por haber sido poseída ygobernada de sus antiguos príncipes, los Incas peruanos.”24 Tres razones da como raíz de su escritura y, aunque las hace extensivas a las dos partes de la obra solo la primera afloraba en el prólogo Al Lector, la de “dar a conocer al universo nuestra patria, gente ynación”. El segundo motivo establece su otra orilla, “celebrar las grandezas de los heroicos españoles que con su valor yciencia militar ga21 En la representación iconográfica de la Virgen Inmaculada es lugar común colocar alrededor símbolos como el sol, la luna, la porta coeli, un cedro, un rosal, un pozo, un árbol, un jardín, una estrella, un lirio, un olivo, una fortaleza, un espejo, una fuente, una ciudad, etc. Garcilaso está atento al tema de actualidad hasta este punto, sin embargo en la impresión de 1616 aparece la Virgen, con la misma leyenda pero sin los atributos. Sobre este tema ha reparado últimamente Rodríguez Garrido en una conferencia no publicada en la que pone en contraste tres portadas distintas del libro (dos con la fecha de 1616 yla de 1617), apuntando “la identificación de los vínculos del Inca Garcilaso con miembros conspicuos de la tesis inmaculista (el jesuita Francisco de Castro, el canónigo Álvaro Pizaño de Palacios, el propio arzobispo Pedro de Castro) ydel reconocimiento de la participación del propio cabildo de la catedral de Córdoba en la afirmación de este culto”. En https://escriturasvirreinales.wordpress.com/seminario-2015/. 22 Garcilaso de la Vega 1617, p. 21. 23 Zamora 2010, p. 377. 24 Garcilaso de la Vega 1617, p. 22.