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Torres y castillos en tierras de Castellón (cuatro conferencias)

Revest Corzo, Lluís; Sánchez Adell, José; Sánchez Gozalbo, Ángel; Espresati Sánchez, Carlos G.

Abstract

Contiene: - Prólogo, por ]osé Ferrer Forns - El castillo de la Magdalena y sus vecindades, por Luis Revest Corzo - Montornés : Pequeña historia de un castillo, por ]osé Sánchez Adell - Territorialidad del castillo y teoría de castillos en las comarcas castellonenses, por Angel Sánchez Gozalbo - La proyección de un castillo sobre el paisaje, por Carlos G. Espresati Sánchez

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• .¡ TORRES Y CASTILLOS EN TIERRAS DE CASTELLON TORRES Y CASTILLOS EN TIERRAS DE CASTELON CUATRO CONFERENCIAS m: LUIS REVEST CORZO JOSE SANCHEZ ADELL ANGEL SANCHEZ GOZALBO CARLOS G. ES PRESA TI SANCHEZ CASTELLON DE LA PLANA UNIVERSIT AT JAUME 1 BIBLIOTECA lllllllllllllllllllllllllllllllllllll 11111111111111111111111 1001034065 IMPRENTA DE LA E1,C~1A. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE CASTELLÓN Depósito Leg&I : CS 90 • 1966 PRÓLOGO D. Luis Revest Corzo, desarroll6 el enunciado: El Castillo de la Magdalena y sus vecindades. D. José Sánchez Adell, eligió el estudio de: M ontomés; pequeña historia de un castillo. D. Angel Sánchez Gozalbo, pronunció su lección acerca de la: Territorialidad del Castillo y Teoría de Cast-illos en las comarcas castellonenses. D. Carlos González-Espresati Sánchez, comentó: La proyección de un Castillo sobre el Paisaje. Contando con el beneplácito de la Sociedad Castellonense de Cultura para auspiciar y dirigir la impresión de los textos, la Excma. Diputación Provincial acordó editar en un sólo libro estos cuatro ensayos en torno a las arcaicas fortalezas de nuestra provincia, considerando que tales monografías, pese a su aparente diversidad, guardan unidad temática y sus tesis resultan complementarias por referirse a los distintos aspectos, histórico, estético y cultural, de un sólo y mismo objeto sometido a estudio. De las páginas de este libro podrá el lector deducir amenas noticias y provechosas enseñanzas, lo que justifica la actual edición, con la cual cumple esta Diputación uno de sus fines más genuinos. Así, pues, declarado el interés didáctico de la .presente obra ilustrada con las fotografías más expresivas seleccionadas de la exposición de Forcada Martí, no debe olvidarse que simultáneamente a la exhibición de sus valores patrióticos para nuestros comprovincianos, este libro contiene, dados los elementos que lo integrán, un atractivo turístico que lo hace también interesante para el lector y público forastero. No puedo omitir al salir de la luz estas interesantes conferencias, una mención a los disertantes de aquella brillante jornada. Loar la personalidad de los insignes personajes autores de los trabajos, sería inocente puesto que ~a- TORIIE BADUM .- PEÑÍSCOLA todos conocemos su obra, la inmensa personalidad de cada uno y su amor a nuestra Historia que probaron con su dedicación de muchos años. D. Luis Revest Corzo, cuya memoria y recuei·do est~ presente en la mente de todos los castellonenses que le conocimos, nos ofrece, posiblemente con esta publicación, su última aportación al acervo histórico de la provincia. Que el ejemplo de su vida sirva de espejo para las generaciones estudiosas del presente que tiene el crisol de la experiencia viviente en la labor, la personalidad y la obra de los coautores de este folleto, señores Sánchez Adell, Sánchez Gozalbo y González Espresati, a quienes la provincia les agradece una vez mús, esta muestra de su inquietud por todo lo noble que la Historia de nuestro pueblo nos ofreció y que ellos, diariamente, ponen al alcance de los castellonenses. JOSÉ FERRER FOI\NS Presidente de la Excma. Diputación Provincial -9- inmortal, o para un don Juan de Tabares, el héroe siniestro que en las vibrantes décimas de "El Vértigo" incorporó a nuestra literatura la fantasía creadora de Núñez de Arce. Fortaleza en regla, no simple castillo, defendía la ciudad cabeza de un señorío del que nuestra provincia puede titularse con legítimo orgullo, pues de tal señorío fueron titulares personas de regia estirpe algunas veces y siempre individuos de los linajes más calificados de estos reinos. La dignidad de sede episcopal que Segorbe conserva, ha hecho olvidar la que en el orden civil alcanzó, y eso que fue tan alta que en tierras valencianas solamente la compartió con Gandía y Villahermosa que, también como Segorbe, fueron asiento de ducados y contaron entre sus señores varones ilustres de la Real Casa de Aragón. Los duques de Segorbe miraron con justificada predilección la bella capital de sus estados, y de ello le dejaron muestras que aún hoy contribuyen a darle singular prestancia, unidas a ,restos escalonados de otras épocas, entre las dos famosas torres romanas, demostración del aprecio en que siempre se tuvo población colocada en lugar tan ventajoso. · Otros castillos nos hablan de instituciones que ya no tienen parte entre las nuestras y cuya función se pierde borrosamente para los más en una oscura lejanía, pero que fueron beneméritas de las sociedades de antaño. Guardan unos el recuerdo de aquella orden militar y hospitalaria de San Juan, que aún hoy conserva -y ello sin territorio ·en que ejercerla-, dignidad y privilegios de soberanía de aquella Orden cuyo maestre Fray Rugo de Forcalquer tan señalado papel desempeñó con su valor, su lealtad y su consejo al lado del_ rey don Jaime en la empresa de reconquistar unas tierras y fundar en ellas un reino que no sólo menguara las fuerzas del poder islámico en - 17 - España, sino que iniciara un orden político y jurídico orientado con sagaz mirada hacia lo venidero. En otros castillos se perpetúa la memoria de la sacra milicia del Temple, extinguida por la presión de Felipe el Hermoso de Francia, aquél cuya insaciable avaricia, cuya tiránica y desenfrenada ambición estigmatizó Dante con versos candentes, en su divino poema. Más numerosas, como es natural, son las obras defensivas debidas a la Orden exclusivamente valenciana de Santa María de Montesa, por medio de cuya creación lograron la prudencia, el certero tino político y el espíritu justiciero de Jaime II -que hasta última hora se opuso con tenacidad a la extinción del Temple en sus estados-, librar de la crueldad de una sentencia inicua el honor, y las personas de los templarios, sustraer a la rapacidad sus bienes y continuar su obra tutelar de nuestro Reino aun recién fundado. Precisamente en nuestra provincia tuvieron los montesianos, ya que no su centro oficial, sus más extensos territorios y supieron ejercer tan dignamente su autoridad en ellos que los pueblos que de sus dominios formaron parte, lejos de presentar los defectos que han solido dejar rastro en la manera de ser de las tierras que fueron de señorío, no ceden a las de realengo en espíritu religioso y civil, ni en manifestaciones de cultura, ni en amor a una libertad legítima y ordenada. Otros castillos y murallas bajo el amparo directo de la Corona aseguraban con la tranquilidad el próspero desarrollo de villas y lugares en que, al lado de abnegados y laboriosos agricultores, surgía una artesanía floreciente, y aún en tierras lejanas famosas; y se formaba lentamente poderosa burguesía mercantil que a veces llegaba a alcanzar para algunos de sus miembros privilegios de hidalgo o, como aquí se decía, de "generoso"; y que aún sin alcanzarlo rivalizaba - 18 ·- con quienes lo eran de antiguo, y hasta los superaba ejerciendo, -como los Comín de San Mateo, los Berga de Cálig y los Spigol de Catí- , un mecenazgo ejemplar en apoyo de los artistas de aqu ellas famosas escuelas de Morella y del Maestrazgo, desde hace poco mis de medio siglo conocidas merced a las investigaciones qu e inició, casi con instinto adivinatorio, el sabio maestro sanmatevano mosén Manuel Betí, y han continuado otros historiadores aún vivos gracias a Dios y en primer lugar el doctor Sánchez Gozalbo... Entre esos castillos dependiente s, sin intermediarios, del poder real, y como cifra y representación de todos ellos es obligado mencionar el de Morella, la fi e l, prud e nt e y fuert e, qu e ganó con lealtad ejemplar y nunca desmentida las distincion es de que le hicieron constante objeto sus monarcas. Capítulo aparte exige una fortaleza cuyo nombre ha escapado al olvido en que los de tantas otras se hundieron, y qu e hasta l ej os de las fronteras de España es conocidá. Los ingenios bélicos de hoy miden por el mismo rasero despectivo cuantos lugares se conceptuan por es trat égicos; pero hasta llegar ahí, d es de los tiempos históricos más remotos se ha ido manteniendo la firm e y general convicción del extraordinario valor militar de Peñíscola qu e, en su nombre actual, de claro abolengo latino, lleva el sello de otras edades en que por fuerza había de contar ya largos siglos de existencia. Apenas iniciada la Reconquista el nombre de Peñíscola ya apar ece al tratar del frustrado ataque, único fracaso guerrero del victorioso rey Jaime, muestra de la es tima singular en que la posesión de aquel lugar se tenía; como lo es también el regodeo con que su inesperada y teatral rendición es na'rrada en una de las páginas más sabrosas que encierra el "Libre de ls Fe yts" del glorioso Monarca. Antes de conseguir su definitiva incorpo- · - 19 - • • ración a la Corona pasó Peñíscola por diversas manos: el Temple y Montesa dejaron señales de ¡,u paso en los muros del viejo castillo al que entre todos los de España estaba reservado un privilegio· especial y único; el de dar albergue a la Sede Pontificia, escapada de Aviñón cuando ya se bamboleaba, sostenida apenas por la tenacidad del irreductible Papa Luna cuya sombra aún parece coronar aquella mole, y cuyo recuerdo es lo primero que se presenta ante los ojos menos atentos a la historia para eclipsar totalmente la muy dilatada del altivo Peñón, cuyos primeros capítulos son hoy y es probable que lo sean siempre, materia de embrolladas discusiones. Si hubiéramos de escuchar con la atención merecida cuanto nos dicen esas piedras, poco menos que olvidadas, el tiempo siempre sería escaso; más aún si se tiene en cuenta que la diligencia del señor Forcada Martí ha descubierto y fotografiado algunos documentos casi desconocidos hasta por los estudiosos mejor informados de nuéstras cosas. Pero por muy sabrosa que sea la relación es menester cortarla si hemos de reservar como es justo un poco de la atención de nuestros benévolos oyentes, ya un tanto fatigada, al castillo núcleo de la ciudad que hoy recibe con cálido agradecimiento la deleitosa lección de estas fotografías. De atender solamente a lo que los tiempos han respetado de su fábrica no muchas palabras serían menester: unos r es tos de paredones de tapial que por milagro no han ido a confundirse del todo con la tierra de que nacieron; poco más que los cimientos de algunas humildes casas en el área de lo que fue recinto amurallado; y un edificio, ermita desde hace siglos, pero cuyo destino primitivo ni ' ha llegado a ponerse en claro ni es probable que llegue a averiguarse nunca ... He aquí todo lo que allí se ofre- -20 - Ce al contemplador ya que n.o pueden entrar en la cuenta por no estar inmediatamente a la vista los objetos hallados, tanto en el inteiior del castillo como en sus alrededores, preciosos datos que han ido incorporando a las ya conocidas investigaciones doctas y empeñadas, muestra bien cumplida de amor al terruño nativo en los profesores Esteve y Codina y en el artista arqueólogo Porcar. Desde luego no se reducían a tan corto espacio los dominios del "Reí Barbut" defendidos por el invencible "Tomba-Tossals", el gigantón que la inspiración genial de Pascual Tirado elevó desde el acervo copioso de los relatos popular es, a imperecedera dignidad literaria: a los pies de nuestro castillo estaba la población que él defendía, diseminada por las tierras llanas, y sus gentes sólo en casos de peligro se replegaban al interior de la humilde fortaleza, parte de un sistema defensivo cuyos inmediatos eslabones anteriores eran Montornés y Miravet y que se continuaba sin duda con Almazora cuyo término lindaba ya entonces con el de Castellón. Dios sólo sabe desde cuándo desempeñó ese papel "Castellón", cuyo nombre más o menos alterado suena ya en los primeros intentos de reconquista, en tiempo de reyes aragoneses antecesores del Conquistador; pero es lo más probable que la situación del cerro de la Magdalena, avanzada sobre el llano y a la vista de la costa, ya le diera cierta importancia militar en épocas prehistóricas trocándolo en "arx", acrópolis -o como con más o menos pompa quiera llamárselede las tierras que comprendían nuestro término, y el de Fadrell, o sea el actual de Castellón. Los progresos de la Reconquista incorporaron esas tierras a los dominios de una corona poderosa y temida, y alejaron muy pronto a los únicos posibles enemigos, los sojuzgados musulmanes, sobre todo cuando el incumplimiento por éstos de los pac- - 21 - tos de rendici6n obligó en 1241 a qile don Jaime, contrariando los bemgnos propósitos que le 11abían inspirado su buena te y su generosidao tan mal correspondida, los expulsara del liberado territorio. Entonces vino a pensar ya sólo en lo incómodo e improcedente de que el núcleo de la Villa y sus organizaciones rectoras, estuvieran en un extremo, el menos · productivo y el menos poblado de su término; se acudió al Rey y éste con una visión muy clara, la misma que le indujo a la acerfadísima fundación de Villarreal, dictó el privilegio de traslación que, según opinión muy atendible de don Arcadio García Sanz, debe considerarse en cierto modo de fundación también, y cuyo original hallado en Archivo Histórico .Nacional por Miret y Sans, transcribió y publicó por primera vez don Miguel Gómez del Campillo con motivo del séptimo centenario de nuestra ciudad en el mismo número del "Boletín de la Sociedad Caste- .llonense. de Cultura" que contiene un jugoso estudio de don José Sánchez Adell acerca de las murallas medievales del Castellón actual, de las cuales hemos visto desaparecer uno de los últimos restos al levantarse de nuevo la capilla de la Purísima Sangre, cuyo antiguo edificio se apoyaba por el lado Norte en un trozo .de aquéllos, perteneciente sin duda a lo reconstruído en el reinado de Pedro el Ceremonioso. Digresiones aparte, volvamos a nuestra primitiva fortaleza para verla, poco a poco, dejar de ser habitada, hasta el punto de que olvidado sin duda por casi todos que lo había sido, se la designaba ya a mediados del siglo XIV con el nombre de "Castell Vell". No se extinguió con todo en el pueblo su respeto y su amor al viejo solar, y allá en momentos difíciles y angustiosos acudía la Villa en procesión de rogativa y de penitencia, procesión que acabó por ser fija y anual y que más adelante asoció al primitivo -22 - CASTELL o'ÜNDA "3 00 TORRES" Hn religioso ei sigrtiAcacÍo civil conmemoraHvo de ia traslación; con. este doble aspecto ha llegado hasta nosotros viva, llena de lozanía, rebosante de un simbolismo familiar y sentido desde el fondo del alma por los buenos hijos de Castellón. Fueron desmoronándose los muros y viniendo a tierra las humildes mansiones que aquellos amparaban, en un proceso dirigido por fuerzas ineluctables y para el que aparecen escritas las palabras melancólicas y lapidarias del excelso poeta florentino: "Le vostre cose tutte hanno lor morte. Si come voi" .... Mas quedó allí un edificio humilde, pero permanente, destinado al culto religioso y que, tal como hoy está, fue comenzado a construir o quizá mejor dicho a reconstruir y adaptar a ese actual destino, en 1452, precisamente al acabar de cumplirse la segunda centuria del privilegio de traslación. Floreciente, en su crecimiento vigoroso y pleno, la ciudad aún conserva el amor fervoroso al rincón cuya historia exorna con fantasías, no del todo ajenas a la idea exacta de lo que aquello fue, y desde luego empapadas en ese encanto que hace siempre gratas y sabrosas las tradiciones del hogar nativo... Pero lo que sobresale y brota del alma popular, lo que a pesar de los vaivenes del tiempo ha quedado firme e inconmovible, lo que hace del viejo castillo algo vivo y entrañable para los castellonenses de cepa, no es la estima de un valor militar siglos ha superado, desaparecido y olvidado, sino el calor del sentimiento patrio y más aún la significación religiosa que, con exclusión hasta del secular de "Castell vell", ha reservado y mantenido para designar aquellos lugares el nombre de la Santa Penitente que conmueve de manera especial y única los corazones de cuantos en él cifran lo que anima el .ser de su pueblo, es decir, lo espiritual. .. Y. -23 - con eÍio voive~os al principio, a justificar pÍenamente el afecto cordial y efusivo con que la exposición de fotografías de "Torres y Castillos en Tierras de Castell6n" es ª"ogida en esta casa. -24 MONTORNÉS: PEQUEÑA HISTORIA DE UN CASTILLO Por JOSE SANCHEZ ADELL tiana, es el siglo x1, "el siglo de nuestra historia más rico en momentos gravemente decisivos", según Menéndez Pidal, aquel que ha de registrar la entrada de la comarca castellonense en los planes y acciones cristianas sobre esta fachada mediterránea de la Penímmla. Aragón mira hacia estas costas, además, con el deseo de conjurar el peligro que sobre él se cierne: quedar bloqueado entre Castilla y Cataluña si éstas se unen por su parte meridional. Por eso se proyectará muy pronto hacia el mar, y será precisamentt bajo Pedro I cuando, en conjunción con los movimientos de Rodrigo Díaz de Vivar, las tierras de Castellón y dentro de ellas el castillo de Montornés van a empezar a jugar su papel en la dinámica histórica de la Edad Media española. Al producirse la ruína del Califato de Córdoba y quedar constituídos los Reinos de Taifas, la región castellonense quedó englobada en los estados de los emires zaragozanos de la familia de los Beni-Hud. En la corte del tercero de éstos, Amed Moctádir, se acoge el Cid al ser desterrado de Castilla. Muerto Amed Moctádir en 1081, su territorio es repartido entre sus hijos Mutamin y Alhabig. En las manos del último -que tenía su corte en Tortosaquedan las tierras castellonenses. El de Vivar siguió como amigo y consejero de Mutamin de Zaragoza, razón por la cual Alhagib no le miró nunca con buenos ojos, descontento además con la parte que le había correspondido en el reparto. Conquistada Valencia, y con el deseo de asegurar la frontera Norte y ensanchar a un tiempo su territorio, el Cid conquista los castillos de Onda, Oropesa y Alcalá. Es de suponer que se los tomó al reyezuelo moro tortosino, Alhagib, y no a Mutamin ni ál hijo de éste Mostain II que le había sucedido en 1085. En lo que se refiere a Oropesa, y. por ende a-la zona in- -32 . ..,._ PEÑÍSCOLA mediata a Caste116n, el Padre Ram6n de María supone que la conquista debió de realizarse en la segunda venida del Cid desde Castilla, al no estar atado por la amistad que le había unido a los emires de Zaragoza. El castillo de Mirabet vecino del de Oropesa, fue conquistado hacia 1090. Ante la creciente amenaza cristiana, el jefe almorávide Yussuf decide en 1092 avanzar desde el Sur para proteger a los reinos musulmanes, si bien luego se vuelve contra ellos. El Cid y Mostain de Zaragoza renuevan la amistad y en la concordia interviene el rey aragonés Sancho Ramírez. El camino del Mediterráneo, mar de sus futuras glorias, se inicia para Aragón. Envía Sancho Ramírez cuarenta caballeros que ocupan la comarca de la costa de Castellón, cubriendo la retaguardia de don Rodrigo. Este hecho abre la primera etapa de la intervención aragonesa, de la cual cita Menéndez Pidal como primera fecha conocida la de 1 de junio de 1094. No obstante, dice Ubieto: "Las primeras noticias documentales que hemos recogido de la presencia de aragoneses en las costas levantinas son del mes de diciembre de 1093, fecha en la que Pedro I confirmó a su repostero el alodio que éste había comprado a Hotmen en el lugar de Ariéstoles y en cuyo documento encontramos por vez primera al señor Fortún Sánchez como dominante in Quelga, identificada por Menéndez Pidal con la moderna villa de Culla, en el partido de Albocácer, provincia de Castellón de la Plana. A partir de 1093 las menciones son frecuentes, pero únicamente se refieren en los primeros años del reinado de Pedro I a la villa de Culla". Ya establecidos los aragoneses en la zona castellonense, la presión de los almorávides hacia la capital valenciana -ahora dirigidos por Mohamed, sobrino de Yussufreafirma la amistad de Pedro l con el Cid. Las vistas tuvieron lugar en Burriana 33 - hasta dónde había llegado el rey aragonés pasando por Montornés, que era una de sus posesiones. Ocurría esto en 1094. Es en 1097 cuando esta concordia se ha de poner de manifiesto por la inminente amenaza almorávide sobre Valencia. El Cid y Pedro I luchan juntos en la bat alla de Bairén, después de cuya victoria el rey de Aragón se dirige a Montomés que se había sublevado. Dominada la plaza, Pedro I se encamina hacia Aragón. Desde este momento las posesiones aragonesas en tierras valencianas se consolidan y aumentan. Oropesa aparece en diciembre de 1097 bajo la tenencia de Fortún Sánchez, que continúa poseyendo Culla, punto clave de los dominios aragoneses. Después de la muerte del Cid, ocurrida en 1099, aparecen nu evas tenencias en la comarca castellonense y hay una variación de tenentes. En noviembre de 1099 Oropesa está en manos de Rodrigo Gustioz, y en 1100 en los de Ortí Ortiz. Castellón está desde noviembre 1099 hasta enero de 1100 bajo la tenencia de Rodrigo Gustioz, pasando posteriormente a depender directamente del antiguo señor de Culla, Fortún Sánchez, y lu ego de Muño. Muñoz que en dicho áño aparece como tenente de Castellón, Azafaz y Monte Rojo sobre Montomés. La última mención a Castellón es de 1103 en que Fortún Sánchez reaparece como tenente de Culla y Castellón. Al arreciar la presión musulmana contra Valencia los reyes cristianos se consideran incapaces de defender sus posesiones valencianas. Alfonso VI se retira prudentemente, y Pedro I no tiene más remedio que abandonar también es tas tierras castellonenses y con ellas el castillo de Montomés. Montomés formaba parte de un sistema de defensas que, con la Rambla de la Viuda por eje, se apoyaba en el interior en Culla y se asomaba al mar entre Castellón y Oropesa. '- 34 - ¿Qué términos abarcaba el castillo de Montornés? En la donación que del mismo hace Jaime I a su notario Pedro Sanz, en 1242, se dice que abarca los mismos límites que tuvo en tiempos de los moros. Cabe deducir de esta indeterminación cronológica que igual podía referirse a época inmediatamente anterior a la conquista que a la ocupación de Pedro I. El Padre Ramón de María, que dedicó en varias ocasiones su atención al castillo, supone por exclusión -es decir, siguiendo los límites de los términos cir- ' cundantes, explícitamente determinados en documentos contemporáneosque "el término histórico del castillo de Montornés comprende la misma extensión que suman los términos municipales de Benicasim y Puebla Tornesa". Eran los aludidos términos vecinos los de Mirabet y Sufera, Villafamés, Borriol y Fadrell. · El primer señor cristiano de Montornés después de la conquista es don Pedro Sanz, notario y repostero real, a quien Jaime I hace donación del castillo y sus tierras en 29 de noviembre de 1242. De este personaje relevante decía Sanz de Bremond en las páginas del Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura: "En conjunto su figura se perfila como la de una persona letrada, que obtuvo un lugar destacado en la corte y gozó de cierto predicamento cerca de Jaime I, a quien sirvió lealmente durante muchos años, y de quien recibió importantes mercedes, la más importante de las cuales fue sin duda el feudo de Montornés". Cinco años más tarde, en 1247, el propio Pedro Sanz recibe permiso real para construir un hospital con capilla dentro de sus territorios, pero dos años después el señorío está en manos de un Jachesio Sanz, posiblemente hijo del anterior,· quien en esa fecha (1249) es autorizado por el rey para poner en venta la baronía de Montomés. ~ 35 - No sabemos si la venta llegó a realizarse. Sin embargo, vemos por esos años en alguna ocasión citado como tenente del castillo a Pedro Ximén. Y pasan unos años más sin noticias concretas, hasta que en 1268 Montomés es dado a la Iglesia de San Vicente de Valencia, momento a partir del cual y durante un largo período la historia de la baronía queda ligada a la de nuestra villa de Castellón en un juego de donaciones y permutas de señoríos alguna vez acompañado de pleitos. San Vicente era una iglesia situada en el recinto urbano de la Valencia musulmana, transferida a dominio cristiano a raíz de la algara que hacia 1172 hizo Alfonso II de Aragón por tierras valencianas, mediante pacto con el rey moro. Esta iglesia fue donada por el mismo Alfonso II al monasterio de San Juan de la Peña cinco años después, siendo confirmada la donación por su hijo Pedro II el Católico en 1212. Jaime I mostró siempre una marcada predilección por esta iglesia -junto a la cual se erigió después un hospital de pobres y peregrinosa la que dotó de cuantiosas rentas y posesiones, entre ellas la villa de Castellón en 12 de septiembre de 1244. Mas no conforme con la administración de San Vicente, en 1255 da la iglesia y sus posesiones a la Orden de la Merced, desposeyendo para ello al Monasterio de San Victorián al que tras la conquista había donado el propio Jaime I San Vicente. Y hubo pleito, con triunfo final para el rey, que nombró prior vitalicio de San Vicente a Pedro de Rege, canónigo de Valencia y Lérida, hombre de su mayor confianza. Desde 1268 los dominios de la iglesia de San Vicente (poseedora, repetimos, de Castellón) se ven acrecentados con el señorío de Montomés, de cuya tenencia al parecer seguían encargados los Ximén de Arenós, señores de Borriol. Muerto Jaime I en 1276, su hijo Pedro 111 el Gran- - 36 - de no cumpÍi6 mucho de Íos compromisos de su padre. Así, en 31 de julio de 1281 ordena a Pedro Ximén que entregue Montomés al desposeído abad de San Victorián y prior de San Vicente de Valencia. Volvían con esto las cosas atrás. Mas al subir al trono Alfonso III los acontecimientos van a tomar un nuevo giro. Jaime I, próxima su muerte, había hecho donación del castillo de Piera al Monasterio de Poblet. Donación que no cumplió, como tampoco su hijo, y que ahora su nieto se disponía a poner en ejecución, aunque con la reserva de permutarla por otros castillos en el plazo de cinco años. Y así fue. En 12 de diciembre de 1287 Alfonso III concedía al monasterio de Poblet la casa de San Vicente y todos sus dominios (o sea, Castellón y Montomés incluídos) a cambio del castillo de Piera. Durante diez años señorearon los monj es populetanos Montornés y Castellón, cuyas rentas no evitaban, sin embargo, que el glorioso cenobio se viera envuelto en deudas no pequeñas que llegaban, se dice, a la suma de 300.000 sueldos. Entonces ofrecen los monjes al rey -lo era en este momento Jaime IIla venta de los señoríos a la corona, que tampoco por su parte se hallaba en condiciones económicas muy prósperas. Castellón, que ardía en deseos de recuperar su condición de villa real (tardaría aún mucho en poderla disfrutar de forma definitiva) ofreció su ayuda económica, y, por fin , en 11 de enero de 1297 Jaime II compra a Poblet la villa de Castellón y la baronía de Montomés por la cifra de 290.000 sueldos, a los que contribuyó nuestra villa con 40.000. Muy pocas noticias tenemos de Montomés a lo largo del siglo XIV. Sus tierras eran pobres y no constituían posesión apetecible. En época de crisis demográfica como fue ese período, había pocas posibilidades de repoblación por ningún señor a quien el rey diese la guarda del castillo. Pensemos que Cas- - 37 - tell6n, con mejores tierras y más lisonjeras posibilidades, se las veía y deseaba por ese mismo tiempo para encontrar pobladores. Una noticia de 1333 nos sitúa en la posesión de Montornés a Juan Ximén, hijo de Pedro Ximén de Arenós, único a quien la proximidad de su señorío de Borriol podía ofrecer ocasión de rendimiento la "baronía montetornesiana. y luego viene otro largo silencio de la documentación hasta 1389 en que nos enteramos por los libros de actas de acuerdos municipales de Castellón que Montomés está en manos de Nambert de Barberá. Y nos viene precisamente a decir la noticia que Nambert de Barberá · tiene puesta en venta la baronía. Pero. dejemos aquí la noticia _para hacer nueva referencia a ella más adelante. . En 7 de diciembre de 1416, Alfonso V concede a Alfonso de Thous, Obispo de Vich, el señorío de Montornés. Regentaba el Obispo Thous. la sede ausetana desde 1410, y aunque al parecer no era persona dada a prodigarse en actuaciones públicas, viose forzado por las ,circunstancias a intervenir · en importantes y decisivos hechos de su tiempo. Hombre de la dilección de Martín el Humano y canónigo de Barcelona, estaba destinado Alfonso de Thous, en el deseo del rey, a ocupar una sede catalana en la primera vacante que se produjera. En 1408 muere en Perpiñán el Obispo de Barcelona Juan Armengol, lo que ofrece inmediata oportunidad al proyecto del rey Martín. Pero no contaba éste con que Benedicto XIII tenía su propio candidato -Francisco de Blanes, Obispo de Gerona-, que con el apoyo papal y sin conocimiento del rey tomó posesión de la sede de la Ciudad Condal. Una amenazadora tormenta diplomática ·estaba ª. punto de estallar entre la corte real y la pontificia, con retirada de rt_lpresentantes acreditados y reproches airados ... pero todo quedó conjurado con el nombramiento de Thous como -38 Obispo de 'Eina, ái6cesis que ápenas rigió un aíio, pues pronto fue trasladado a la de Vich. Una fidelidad extrema al Papa Luna caracteriza a Alfonso de Thous, aún cuando hechos como el que hemos visto pudieran hacer pensar lo contrario. En 3 de febrero de 1420 muere el Obispo Thous y dispone en su t es tamento la venta de la baronía de Montornés. Es entonces el comprador don Gilabeito de Centelles, señor de Nules, que pagó por el castillo y sus tierras la cifra de cuarenta y siete mil sueldos. Pero no iba a hacerse largo este señorío pues poco después, en virtud del pacto entre este noble y el rey, la baronía de Montornés pasaba a las manos de la Corona. En 24 de febrero de 1467 Juan II de Aragón, por documento concedido d es de San Cugat del Vallés, hace nueva donación de Montornés, esta vez a su vicecanciller el doctor en leyes Juan Pagés, ratificada en 22 de agosto del mismo año estando el rey en Valencia. El carácter de su cargo dentro de la corte real, hace de Pagés personaje íntimamente unido a todos los hechos important es de los reinados de Alfonso V, Juan II y Fernando el Católico. Procedía de familia burguesa de Perpiñán y pued e ser considerado como prototipo del hombre de estirpe llana acomodada, formado en las aulas universitarias y puesto al servicio de la administración de la cosa pública. Formó parte del consejo asesor de la reina doña María durante la larga permanencia de Alfonso V en Italia. Fue también embajador en Francia e intervino en los acuerdos entre Juan II y su hijo el desgraciado príncipe Carlos de Viana. Casi medio siglo señoreó la familia Pagés la baronía de Montornés. A principios del siglo XVI -gracias a documentado trabajo de don. Angel Sánchez ...... 39 '-- Cozalboéót'lóéefi'l.oS' t\ un F'randsco ~agés comó pleiteante a la sazón contra la villa de Castellón por razón de los derechos de leíías y pastos de los vecinos castellonenses en las tierras baldías de aquel castillo. Bien merece este asunto que hagamos un alto en la relación cronológica de señores de Montornés y dediquemos un momento nuestra atención a los siempre discutidos derechos -discutidos por los barones montetomesianossobre aquellas tierras por nuestros honrados vecinos de siglos pasados. Que el viejo Castellón del Sas, el de la Magdalena, ejerciese desde siempre los citados derechos sobre las vecinas e inmediatas tierras de Montomés no ha de sorprendernos, precisamente por esa condición de inmediata vecindad. Mayormente por tratarse de tierras incultas y no vinculadas de forma continuada a una posesión familiar ininterrumpida. Por otra parte, el ir involucrado este castillo con el de Castellón en la donación de Alfonso III al Abad de Poblet Fr. Bernardo (12 de diciembre de 1287), a que antes nos hemos referido, abona la posibilidad de la conjetura. Y cuando el abad populetano vende a Jaime II (11 de enero de 1296) el castillo y villa de Castellón, por el mismo precio comprende también los derechos que tenía sobre el castillo de Montornés. Pero es que de una manera concreta y sin lugar a dudas sabemos que en 23 de enero de 1321 Jaime II concede a la villa y vecinos de Castellón licencia para cortar leña y apacentar ganados en el término de Montornés. Vacante el señorío en 1389, se presenta la ocasión a la villa de Castellón para adquirirlo, y así lo propone el gobernador "degá lo riu d'Uxó" al consejo municipal. Pero no se encuentra entonces nuestra villa en condiciones de afrontar la empresa (son los tiempos de la peste negra: mortalidad, miseria, des- -40 - P LACE hablar de castillos en esta tierra de Cas- . tellón, sembrada a voleo en la costa y en la montaña, de los mismos. Y place aún más, rodeados como estamos de estas bellas y fidedignas imágenes captadas por la intuición y saber de Vicente Forcada Martí, que nos descubren, hasta para viejos excur- . sionistas como yo, detalles y exomos de los mismos que se nos escaparon en aquellas rápidas correrías de los ya lejanos tiempos en que afanosos recorriendo nuestros pueblos y lugares íbamos estudiando restos de pretéritas edades, hitos espiritual es que nos marcarían el ímpetu y la fuerza de los pobladores de los Puertos de Morella, del viejo Maestrazgo de Montesa, de la Plana, de las tierras tributarias del Palancia, más tard e comarca conocida por Ducado de Segorbe. Hay que agradecer pues a Vicente Forcada Martí, la ocasión que nos brinda con esta Exposición de Torres y Castillos en tierras de Castellón, de exponer con brevedad, de intentar explicamos cómo se efectuó la repoblación cristiana de estas tierras por el gran monarca nuestro rey Jaime el Conquistador, y cómo en tomo de cada castillo, se moldeó un vico, un poblado y con su agrupación se inició el germen y configuráronse las comarcas de esta parte norte del antiguo Reino valenciano, es decir, su territorialidad. Prescindamos ahora de las correrías del Cid por estas tierras y de las treguas y pactos con Pedro I y - 47 - Ramón Berenguer, olvidemos, a Juan, Rodrigo Gostioz, Don Muñoz y a Fortún Sanchis, habitadores el último de Culla y los tres primeros de Kastilgon o Castilión ripa mare -nuestro Castellóntierras señoreadas por Pedro I; recordemos las cabalgadas de Pedro II el Católico y los dos Alfonsos por tierras fronterizas de Cataluña y el documento de la dotalia de la Catedral de T ortosa por Alfonso II el Casto y su esposa Dña. Sancha en 1178 por el que hace donación al Obispo y Catedral Dertusense del castillo y villa de Khadrel o Fadrell comprensivo de los actuales términos de Castellón y Almazora; recordemos también que en 1180 Alfonso II donó al Hospital el castillo de Olcaf, hoy Olocau, como en 1195 donaba el de Beni-Hasa, hoy Benifassá, a Poncio, prior de la catedral de Tortosa, para recordar las bellas páginas de la Crónica real donde se refiere la caída en manos de Jaime I del fruto ya maduro de estas tierras norteñas. Fracasado en 1225 ante Peñíscola, es por el castillo de Bixaich por donde empieza la reconquista. Entre 1227-29 cobran las tropas de Jaime I el castillo de Begís, castillo que· promete devolver a Zeit-Abuceit (Promitimus etiam quod castrum de Bexis ponemus in manu unius nob'ilis hominis regni nostri). Mas · es por el norte, decidida la reconquista, por Ares· y Morella, por donde ]as armas cristianas avanzan en 1232 cobrando Morella. Sigue Burriana en julio de 1233 y después Peñíscola en septiembre del mismo año. A Morella, Burriana y Peñíscola siguen los castillos de Xivert y Polpis, después el de Culla, el 12 de noviembre el castillo de Cervera y un día no precisado del mismo año, se rinden los castillos de Fadrell, Cuevas, Alcalatén, Borriol y Villafamés. Observemos que van cayendo en poder de Jaime I castillos, es decir, demarcaciones o entidades geográficas formadas y cobijadas a la sombra de un castillo. "El castillo y villa -ha dicho el historiador Betí- -48 - MonELLA cabeza de la demarcación formaba, con los poblados comprendidos, un pueblo social definido por una unidad geográfica, con leyes y costumbres comunes. Por lo general, no admitía desmembración". Que estas entidades sociales en torno del castillo existían en la denominación árabe nos lo confirma la delimitación del término del castillo de Morella hecho por Mahomat Aman, Muc;a, Aben-Ma9at, Aben-Ba90 y <;arie• 9ela, cuatro moros expertos conocedores del terreno elegidos de entre los más ancianos afincados en el término donde percibían el derecho de herbaje, para dar fe, como hombres buenos así en paz como en guerra. Había moros en Morella y así también en Fanzara con restos árabes en la Alcudieta y Leu¡a, que aquí veis, como en El Xinquer, en el término de Alcudia de Veo, en la Alfandiga de Algimia de Almonacid, en el Bou Negre y la torre con lápida árabe de Argelita y en tantas torres y castillos, aquí recordados, que una restauración adecuada nos descubriría sus cimientos y muros mahometanos1 aprovechados después de la reconquista como castillos y torres defensivas en los también azarosos tiempos posteriores. Todo conforme con crónicas y documentos anteriores y coetáneos de la conqwsta que nos descubren la existencia de unas demarcaciones geográficas parecidas a nuestros actuales arciprestazgos o distritos, como ha dicho Betí, formadas por las viviendas de los primitivos pobladores, los árabes antes y los cristianos después, diseminadas en granjas y heredades atraídos por el cultivo de la tierra. Así las granjas de Belloc y Albario que dieron origen a la actual Puebla de Benifasar; Saranyana, Alabor y Perarola, granjas agrupadas en Sarañana primero, ya hoy desaparecidas; las alquerías de Beniayxo y Tahalfazar que originan el actual Benlloch; los villares de Alí, Benigulfur, Beniterey y Oleya en - 49 - término de Cálig, hoy desaparecidos, como Carrascal en término de La Jana; como Barcella en la ciclópea mola murá de Chert del que subsiste sólo la ermita de Sant Pere de la Barcella; Xerer, hoy masía de Xirosa; Molinar también masía; Más dels Estellers, hoy San Jorg e, todos enclavados dentro de la contribución o demarcación geográfica del Castillo de Cervera. Unas veces por el apelativo del castillo cimero se conoce toda la demarcación geográfica; así Alcalatén, Oropesa, Xivert, Villamalefa, Bou Negre, Nules, Montomés, Olocau, Polpis, Miravet y Sufera, Ludient y Zucaina, Borriol, etc. Otras es el castillo y la villa o el lugar, el que tiene la capitalidad; así Cervera, Cuila, Peñíscola, Fadrell, Eslida, Fanzara, Villafamés y Onda. Otras ejerce la capitalidad la villa sólo, como Burriana, pero siempre al lado de la villa estaba el castillo que la señoreaba, como esa torre de Calatrava, que aquí veis. Superó en importancia la villa al castillo que la dominaba en Morella, en Onda, en el alcadiazgo de Eslida, etc. Englobaban estos grandes términos generales otros, como el del castillo de Benifazá, dentro del general de Morella, como ei de Peñíscola las alquerías de Benicastló y Vinalaros que crecieron y se emanciparon ganándole en importancia a la capitalidad. Otros castri o castelli como el de Esbuy, no poseían término propio gozando del general de la demarcación del de Culla. y torres, turricellae, les Torroselles en la zona fronteliza del general de Alcalatén; Argelita en el de Bou Negre y Saranyana y Cinctorres en el de Morella. Hubo en estas grandes demarcaciones heredades como Catí en Morella, como Riu de les Truites en Culla que persistieron y acabaron en municipios independientes, con el mismo apelativo el ·primero y con el de Villafranca del Cid el segundo, si bien conocido antes con el de Pobla de Ballestar -50 - (que lleva hoy un poblado anejo), en el linde de Aragón, camino de Iglesuela del Cid y la vera del riu de les truites que cita la Crónica de Jaime I, hoy cauce seco del Barranco de las viñas donde, con el grupo de masías persiste una iglesuca gótica con un retablo del titular que contrató el famoso pintor retablista Bernardo Serra. Infinidad de poblados y alquerías, muchos desaparecidos comprendía el Alcadiazgo de Eslida formado por los castillos de Eslida, Ahín, Veo, Suera y Xinquer, Alfuig, Almaxaraca, Lauret o Loret, Cilios, Almaxiquiella, Bebalbotuig y Lampadares en la contribución de Eslida; Alcudia, Benitandus, Aífara y Bonafarig en el término de Veo; Cauden, Benisulseymo o Benisulons y Sunia en el de Sueras y Pelmes en el de Xinquer, que aquí veis. Otros castillos como los de Boy y Corbó,. subsistentes hoy sus topónimos como masías del término de Benasal, han sido también captados por el perspicaz objetivo fotográfico e incansable caminar de Vicente Forcada Martí; es tán pidiendo una exploración minuciosa de sus restos, como el de Mallo, en los lindes de Aragón, donado por Pedro II en 1204 a Gastón de Castellot, en poder de Blasco de Alagón en 1289, cuando concede a Martí de Na Toda y a su mujer Elvira el tercio diezmo obligando al alcaide don Peregrín de Paulo procure su cumplimiento por los habitadores de dicha villa y término. Enclavado en el territorio del Castillo de Benifazá está el castrum nuncapátum de Cabres, Castell de Cabres, castro donado también por Pedro II el Católico, padre de Jaime I, en 1210 a Artal de Alagón, quod est situm iuxtam Benihacan in capite V allí bone in frontaria Morellae, en cuya demarcación a la vez dio a poblar en 1237 su hijo Blasco las heredades de Mola Escobosa en cuya cima está emplazada hoy la ermita ruinosa de San Cristóbal de la Miranda, de Vilaµova, desaparecida y de Corachyan hoy Corachar-, - 51 _.::. et Pinna del Aranyonsal, Peña del Aranyonal y les Cingles que en 1250 era del Abad de Escarpe que lo volvió a dar a poblar, sin resultado. Como han desaparecido Alforre, después conocido por Mas de Fra Eximeno, dado a poblar en 1258 por Sancho, abad de Roda, y Malgraner, dado en 1269 , por Fray Berenguer de Concabella, abad de Benifazá, quien dio también a poblar la granja de Bellestar, hoy municipio independiente de Ballestar. Como no prosperó la población de Mola Scirta y la de Molinell, la primera desaparecida hoy y el segundo subsistente como masía; como la Torre de Vinrobí, hoy Torre Embesora, así llamada por haber sido dada al caballero Guillem de Besora y a su mujer Romia y her e dada por su hijo Raimundo y su mujer Dulce que la mandaron poblar. Granja de Mola Scirta, .lugar de Molinell y Torre de Vinrobí, los tres situados en la contribución del Castillo de Culla, no habiendo llegado a municipio independiente más que la Torre d'en B es ora. Antes como después de la reconquista de estas tierras por Jaime I, es la misma la manera de agruparse la población en torno del castillo, aglutinante que dio origen a estas demandacion es o áreas geográficas regidas por las leges muni ci pales romanas con el oppidum o cabeza que comprende pagi, loci y vici, comarcas, lugares y vicos o aldeas señoreadas por el castillo cimero. Así la sabiduría política de Jaime el Conquistador supo dar pervivencia a esta distribución antigua conquistando primero aquellos castillos que como los de Morella, Burriana y Peñíscola eran claves de resistencia, para con su posesión lograr la rendición de los de Fadrell, Borriol, Alcalatén, Cuevas de Vinromá y Villafamés en 1232-33 para seguir entre 1234-37 con los de Xivert, Onda, Montornés, Galintort y Oropesa y continuar en 1238 con los de la Sierra de Espadán: Uxó, Nules, Castro, Artana y Eslida y con ellos dominar ya toda la parte -52 - MAS NA MoRAGUE s .- SAN MATEO WJ.eridionaÍ de ia que se Ía llamó con e1 tiempo Gobernación dellá Uxó o Gobernación foral de Castellón; por la pacífica entrega, ya pactada con ZeitAbuzeit de los de Villamalefa, Ludiente, Zucaina y Bou Negre, que heredó su hija Alda casada con Ximén Pérez de Arenós, áulico de Jaime I. Siguió el rey la táctica de expulsar los moros habitantes de los territorios que ofrecieron resistencia y respetar los bienes, religión, usos; y costumbres de aquellos que se entregaron. De Burriana y Almazara fueron expugnados; en Peñíscola, Xivert, Uxó, Castro, Ahín y Eslida, que se le entregaron, fueron respetados sus bienes, creencias y costumbres y hasta dieron su nombre a algunos poblados con Ben-Figos, BenHasal, Beni-Castló, Beni-Casim, Beni-Tandús, BenAfellí, Ben-Alí, cuya equivalencia actual bien fácilmente se adivina. Por el tratado de rendición respetó el rey las leyes, usos, religión y costumbres de los sarracenos que coexistieron en sus respectivas áreas geográficas en Xivert, Eslida, Uxó y Tales. Sustituyó, bien el rey, bien las órdenes del Temple y del Hospital, bien el Obispo de Tortosa, bien · magnates y áulicos que le acompañaron y ayudaron en la conquista, a los musulmanes expulsados con nuevos pobladores cristianos mediante un contrato colectivo de trabajo entre el señor de una parte y los nuevos pobladores de otra, es decir, mediante la firma de un documento de antiguo conocido por carta-puebla que hizo florecer en las abruptas tierras norteñas y en las más redimibles de las llanuras, aldeas y villas donde cristianos y mudéjares transformaron los campos y crearon un vivir por desgracia hoy agotándose en algunas zonas. No vamos a estudiar ahora las condiciones en que se desenvolvieron estos nuevos pobladores que el rey, magnates y caballeros templarios y sanjuanistas heredados les concedieron; baste saber lo fueron bajo -53 - dos :Íigura.s jurídicas; eÍ feudo y Ía enfiteusis; queda fuera de cuanto nos propusimos, pero sí hemos de señalar cómo a la sombra de estos cimeros castillos y dentro de su área, contribución o. demarcación, surgieron tantos núcleos de· poblaciones, prósperas unas, canijas otras, pero reveladoras todas del sentido político de aquel gran rey Conquistador, taumaturgo de nuestra geografía agreste que previó el trueque de los yermos en tierras fértiles e impulsó la vida, el bienestar y la prosperidad de sus moradores con normas y reglas trazadas por sabios juristas .Y teólogos, guardadas entre estameñas de monjes blancos, a la sombra del árabe castillo de Beni-Hasan, bajo las góticas bóvedas del cenobio cisterciense de Benifazá en cuya biblioteca se conservaba el precioso códice de los Furs, el código de nuestro Derecho foral. Así nació y pervivió por estas tierras de castillos aquel primer ímpetu que supo recoger en sus normas reguladoras impregnadas de romanidad, los usos y costumbres anteriores a. la conquista, que un historiador y coterráneo nuestro, Honorio García, vislumbró y estudió en el Código de Jaime l. Y que estos castillos, con el correr de los siglos se remozaron o hundieron, pruebánlo tantos y tantos en ruínas que aquí veis en estas bellas fotografías. Hospedaron próceres ilustres y hasta Papas; ahí está Peñíscola ostentando todavía .las armas de Pedro de Luna, Benedicto XIII, como en otras torres y paramentos luce alternadas las del Temple con las de Berenguer de Cardona, su Maestre General, y las de Arnaldo de Banyuls, su Comendador, sus antiguos señores y constructores. En Argelita esas Torres de ZeitAbuzeit, el rey moro convertido al cristianismo y aliado de Jaime I, el castillo de Montornés, que nos recuerda Pedros y Berengueres con el Cid Campeador y esas torres ribereñas de nuestro mar ~Madum, Cap-i-Corp, Torrenostra, Torreblanca, Oropesa, San. -54 . - rales o bien otro aspecto de panorama en una verde planicie huertana, con. orla de azul marino en el horizonte. La fronda naranjera se alboroza, en plena euforia de fiesta, con su charolado verdor salpicado de lunares de fuego entre una blanca nevada de estrellitas de azahar. Nuestro ánimo, al contemplar estas brillantes estampas de campiña rara y fecunda -que nos envuelve en su aliento perfumado y nos extasia con el murmullo de su rumorosa paz en silencio-, recibe una impresión plácida, de beatífico alivio de toda pesadumbre y de tranquila renuncia a toda ambición mundana. Nadie ignora aquellos versos de Fray Luis de León, siempre lozanos: "El aire el huerto orea y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con un manso ruído que del oro y del cetro pone olvido". Mas, de pronto, observamos enmedio del agro, que por raro privilegio, una torrecilla casi derrumbada, resíduo solitario de un abandonado castillejo, quiere empujar hacia arriba sus corroídas almenas con intención de hacerles emerger por encima del ramaje de los árboles; y es inútil su empeño porque nada señorean, y nadie advertiría su presencia si no surgiera a su lado un bosquete de palmeras, balanceándose al viento, para limpiar con el vaivén de sus plumeros el polvo añejo de las grietas y brechas de la torreta. No admite el paisaje bucólico de la llanura emblemas altivos ni cánticos heroicos. Este vergel campestre es familiar heredad de la barraca cuya poética ejecutoria grabó en inmortales versos D. Teodoro Llorente: "Com la gavina de la mar blavosa que en la tranquila platja fá son niu; com lo nevat colom qué'l vol reposa -62 - del arbre vert en lo brancatge ombriu; blanca, polida, somrisent, bledana, casal de humils virtuts i honrats amors !'alegre barraqueta valenciana s'amaga entre les flors. "Quatre pilars mes blanchs que la azutzena formen davant un portich de verdor: corre sobre ells la parra tota plena de pámpols d'esmeralda i rahims d'or; a son ombra lo pa de cada día repartix a sos :6lls lo Trevall sant en la taula la Pau i !'Alegria les flors van desfullant ... " No hace falta seguir recitando esta admirable plegaria geórgica para captar la emoción de felicidad hogareña que trasciende desde sus primeros versos. Miremos ahora hacia un paisaje montañés; rocas; bosques; cumbres con nieve; el sol y grises cimas con guiñapos de nube enganchados en los galayos. Nuestro ánimo, suspenso ante la grandiosidad del escenario natural, se avizora y prepara en espera de imponentes sucesos, al escuchar el trueno interminable de las aguas, en cascada, del lejano torrente cuyo monótono tambor nos asorda; o bien nos estremecemos al oír desgarrarse de los riscos un alud rodando ladera abajo con estruendo multiplicado por los ecos en sus escondrijos de los barrancos. Al sacudimos los nervios el confuso cataclismo, una zozobra excita nuestro afán de explorar, de "adivinar" el secreto de aquel paisaje dinámico, inquieto al impulso de fuerzas, ignoradas en la llanura; y miramos, atónitos ante el misterio que nos rodea, sin encontrar en el contorno ningún signo eficaz para devolvemos la calma contemplativa; ¿qué falta para fruir con la completa emoción estética? Si todo paisaje es un estado de es- -. 63 ·- píritu, para rendir culto esencial a su belleza y comprenderla y gozarla, necesitamos paz y serenidad, tener el espíritu en estado de gracia estética. Y sí que es razonable aquella interrogación, ¿qué falta aquí, en este paisaje frenético?. Algo falta, capaz de equilibrar lo ~ilvestre de la naturaleza con la presencia de un artificio humano que demuestre y exalte su señorío. Si surje en lo alto de una desnuda crestería serraniega la gallarda arquitectura de un castillo, en cuanto el castillo aparece, domina y avasalla toda la poesía del paisaje: por suave y frondoso que éste sea entre las breñas, la canción lírica se nos transforma y deviene en himno épico: "La muntanya es corona -de un gran castell, lo castell de tres torresamb sos merlets ... " dice la estrofa varonil de Mossén Cinto Verdaguer en el Canto V del CANIGó. Porque así como el paisaje llano era deudo de la barraca, el paisaje de serranía es patrimonio del castillo. Son el anverso y el reverso de la medalla del paisaje de tierra firme: en la barraca nace la copla, la ·canción de cuna o el chascarrillo y el cuento chisrtoso; en el castillo, cuando vibra y vive su sino militar, sólo puede nacer la epopeya. Mas, acaso da pábulo a las leyendas fantásticas, si está el castillo inerte y ruinoso y se convierten sus antros melancólicos en propicio habitáculo para los duendos y en guarida de brujerías nocturnas. No sé si en algún paraje de nuestra provincia, existió algún castillo con leyenda diabólica o simplemente misteriosa. Y o sólo conozco la de un castillo imaginario, cuya sede no llegué a descubrir jamás, y eso que se dice si estuvo en los andurriales que rodean los cerros y lomas a espaldas del Castell-vell de .nuestro abolengo. Me refiero al castillo del Rei Barbut . en: el qµe nació la burlesca eponeva. antóctona - t>4 - CASTELLNOVO del héroe gigantesco Tomba Tossals, el vástago del Tossal Gros y de la Penyeta Rotja, gala de nuestro paisaje en el secano familiar. Epopeya vernácula cuyos regocijados episodios fueron la delicia de nuestra niñez al escuchar el relato vérbal en los tartajosos labios de Pepot Marco, nuestro masovero, cuya bilingüe versión le daba a la fábula un gracioso realce; y también fue mi deleite en la edad madura cuando Pepe Pascual Tirado perpetuó en páginas literarias los alegóricos personajes de la contalla popular. Pero ni ese castillo incógnito ni otro ninguno de los que en tomo nuestro ahora y aquí nos enseñan en fotográfico testimonio su deteriorada estructura, al- ~ánzan el prestigio romancesco de los castillos de "irás y no volverás" habitados también como el del Rei Barbut por criaturas mitológicas. Ahora bien, en nuestra geografía nacional, si hay castillos de irás y no volverás no albergan, -como los escoceses y otros de extraños países-, ni románticos aquelarres de brujas, ni macabrerías tenebrosas de espectros y ánimas en pena, sino vaporosas hadas casi tan dignas de ser amadas como la de la vernácula rondalla de La flor del lliri blau, que todos conocéis. Así pues empingorotados y vecinos de las nubes, esos castillos altísimos de "irás y no volverás" son argénteos nida0 les de hadas volanderas enmedio de un maravilloso fulgor. U no de tales castillos pirenaicos; el de la sierra de Cadí, al decir de la sutilísima poesía del Canigó, es un verdadero "colomer de fades" y agrega la musa de Verdaguer, puntualizando las fantasmagorías del castillo a orillas de su laguna: "fades que dansen a la llum de la celístia". Luego advierte Mossén Cinto el peligro mortal. "Castell a on qu e hi vá no torna; Sols un de cent que hi puguen, ne devalla .... " -65 - Ajeno a la voz . de la prudencia, el paje Gentil ansía escalar aquel castillo, aquel palomar de hadas envuelto en su aureola de irisado nácar como un rayo de amor, que desde su lejanía ha cautivado ya al doncel en su hechicero encanto. Y mientras sueña su idilio mágico camino de ese castro el héroe olvidado de sus béllcos deberes, resuena por contraste en las estrofas del poema otro castillo, con guerrero estrépito en vivo zafarrancho de combate: "pl,é el castell d'Arriá d'estocs í llanees, encara pugen, fent remor de ferro cavallers í peons per ses escales". Entre los vigorosos versos de Caní gó, en virtud de las metáforas verdaguerianas, brotan castillos y torres hasta en los paisajes fragosos desnudos, que carecen de ellos, pues la fantasía del vate convierte en siluetas castrenses los perfiles geológicos de los abruptos crestones montarac es de Cadí: "Avut"l estany no hí es, í alta muralla d'un castell de títans es eíxa serra .... " Y cuando observa que el pétreo galayo cimero, de la montaña más gigantesca "La Maleida" sobresale de todas las cumbres que le rodean y le siguen encadenadamente, lo proclama su adalid o caudillo: "Cabdill es d'eix exercít en ordre de batalla la torre que domina la colossal muralla .... Otro tanto podemos decir nosotros de nuestra paira! y soberana l>eñagolosa cuyo peñasco cumbreño rebasa todos los picos de sus vecinas sierras de Espadán y de Espina. A vuestra vista la tenéis en esas fotografías que nos rodean, y luego, Dios mediante, podéis contemplarla también en una proyección de diapositiva en colores, como algún paisaje pintoresco interesante por su propia singularidad, aunque no -66 - lo decore la alcurniada silueta de· ningún castro ni torre de estos que ~ún permanecen casi como yacentes vestigios, al borde de los caminos arcaicos, o en vericuetos recónditos, así como en la cúspide de cerros y alcudias estratégicas de nuestra provincia. ¡Nuestra hermosa y misteriosa provincia; hermosa por la plenitud variada de sus paisajes, y misteriosa por los tesoros que guarda y nuestra desidia desconoce! ¡Nuestra incógnita provincia, pletórica de bellezas vírgenes aún de exploración! ¡Provincia de Castellón, la bella desconocida! Porque, vamos a cuentas: ¿quiénes, aparte del limitado grupo de montañeros y excursionistas, conocen al natural esta serie de monumentos históricos que aquí nos acusan con los escombros de su desgarrado cuerpo, víctima de las inclemencias seculares y de la incuria de los hombres? Yo, pecador, entono también el mea culpa: confieso mi ignorancia de gran parte de estos rincones de paisaje prestigiados en su belleza con el sello heráldico de una torre o un castillo mutilado; y declaro con gozo mi viva y grata sorpresa al descubrir tantas gloriosas ruínas gracias al regalo estético de estas imágenes fotográficas, cifra del buen gusto de su autor al escoger los temas de su obra con exigente criterio y afortunado enfoque de su arte. Este paisaje disfruta de mil semblantes: alegre y vivo de colorines en las tierras del litoral con más refulgencias populacheras y más alborozos cuanto más ribereños del mar son los paisajes; y semblante austero y recio, con decoroso empaque señoril, en la entraña montesina del Maestrazgo o del Alcalatén, o del Ducado de Segorbe. Nuestro paisaje como sujeto y tema de arte ha sido mejor pintado con los pinceles que con la pluma. Como fondo del cuadro pictórico o literario lo descubrimos en el siglo XIX, y ya en el siglo actual cuando el paisaje nuestro alcanza la categoría de tema prin- -67 - dpal o Jnico ele la obra é:le arte. Nuestros poetas y novelistas, le rinden homenaje; nuestros pintores lo exaltan y divulgan, y de las dos escuelas paisajísticas tiene más importancia y fecundidad la pictórica que la literaria. Juzgo a la ligera, con lo que acabo de decir, la producción de artistas y escritores castellonenses, cuya obra, por ser de paisanos nuestros, está al alean~ ce de todos vosotros y por lo tanto es ocioso que yo la examine ahora. Los escritores foráneos que han· tocado con su pluma el tema de nuestro paisaje, lo han hecho en gene~al de pasada y sin reparar en castillo de más o de menos. No obstante, voy a dar lectura dada la alta categoría de sus autores, a tres o cuatro bosquejos descriptivos de paisaje nuestro (en tomo a alguna arquitectura noble y antigua) que figuran en páginas ilustres de nuestro tiempo. Pero, pensándolo mejor, creo preferible no leeros Jos fragmentarios párrafos en que tan insignes phimas describen a grandes rasgos, cada uno lo que le impresionó ver: Pérez Galdós las ruínas del Monasterio de Benifazá; Blasco Ibáñez voltejea alrededor del tómbolo peñiscola,n.o encandilado con el recuerdo del Papa Luna; Baroja protesta de la arquitectura campestre de la Plana y luego se regodea con la montañesa de Mirambel y Olocau, y Gabriel Miró pasa de largo embarcado, casi soñando, a la vista de · la orilla del mar. En todo caso les dedicaremos un bre ~ ve comentario si al proyectar las diapositivas, .alguna de ellas, nos da pie para aludir a cualquier de los mencionados novelistas. La lectura de esas páginas, no añadiría nada . a la visión que tenéis ante vuestros ojos, ahora mismo, de estas malparadas obras, y en cuanto a mi propia efü cada verbal tampoco sirve para mejorar vuestro per, sonal concepto, acerca de tan zarandeadas ruínas: PalaJ:>ras , palabras, sólo palabras. . Ya está pues .. de -68 - sobra tanta palabreda gárrula, potque aquí cte lo que se ha tratado es de adquirir una noción artística de los castillos por medio de su representación gráfica, única garantía de exactitud descriptiva, y no de suplantar esta imagen real, con la trampa de su descripción literaria, que en el más 'favorable de los casos, sólo alcanza a pintar un frívolo y fugaz castillo .. . de fuegos artificiales. Todo se .reduce a humo y .... .. ¡Nada! Buenas noches. -69 - INDICE Prólogo 5 Por ]osé Ferrer Forns El castillo de la Magdalena y sus vecindades . . . . .. .. . . .. 11 Por Luis Revest Corzo Montorné s: Pequeña historia de un castillo ......... ..... . 25 Por ]osé Sánchez Adell Territorialidad del castillo y teoría de castillos en las comarcas castellonenses .... . ... . . ............ ...... .... .. .... . 45 Por Angel Sánchez Gozalbo La proyección de un castillo sobre el paisaje ............ 57 Por Carlos G. Espresati Sánchez